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Universidad ​​ de ​​ Chile Facultad ​​ de ​​ Ciencias ​​ Sociales Departamento ​​ de

Universidad​​de​​Chile

Facultad​​de​​Ciencias​​Sociales

Departamento​​de​​Antropología

Cátedra:​​Prehistoria​​II

Profesora:​​Patricia​​Vargas

Informe​ ​1:​ ​Simbolismo​ ​en​ ​Mesoamérica ​ ​(Período​ ​Pre-Clásico)

Profesora:​ ​Patricia​ ​Vargas

Integrantes:​ ​Diego​ ​Alvarado José​ ​Tomás​ ​Amigo Joaquín​ ​Delgado Valentina​ ​Herrera Guillermo​ ​Sánchez Mauricio​ ​Sánchez

Introducción​ ​(presentación​ ​del​ ​tema​ ​y​ ​contextualización)

El tema que será abordado en el presente informe de investigación bibliográfica es

el

simbolismo en mesoamérica durante el periodo preclásico, periodo que va desde

el

2500 A.C. hasta el 100 A.C. Por lo tanto, hay que dejar en claro que debido a este

periodo, este informe apuntará al simbolismo mesoamericano ligado a la cultura Olmeca. Como contextualización cabe decir que lo que se conoce como Mesoamérica es una zona cultural y geográfica que comprende el sur de México y algunos países de centroamérica, los olmecas habitaron Mesoamérica pero sólo una parte, puntualmente lo que hoy en dia es el sur del estado de Veracruz y el

oeste del estado de Tabasco (los dos son estados mexicanos), quedando patente que​ ​su​ ​patrón​ ​de​ ​asentamiento​ ​fue​ ​principalmente​ ​costero​ ​(golfo​ ​de​ ​México). Usualmente se considera a los olmecas como la cultura madre del resto de las culturas mesoamericanas que fueron surgiendo a posteriori, aunque más adelante se verá que hay algunos autores (como Rebeca González) que se muestran escépticos ante tal afirmación aunque no desconocen que la cultura olmeca haya ejercido cierta influencia sobre las demás. De todos modos, cabe destacar que existe consenso en lo que respecta al status que tuvo esta civilización como la primera con características complejas en la zona mesoamericana, características complejas en el sentido de que se especula que tuvieron una sociedad jerarquizada con estratos sociales bien diferenciados, formas intrincadas y profundas de expresión​ ​artística​ ​y​ ​simbólica,​ ​división​ ​del​ ​trabajo,​ ​etc. Para una mejor comprensión del contexto bajo el cual se desarrolló el simbolismo olmeca hay que dejar explícitas las etapas o fases en las cuales se divide la extensión temporal de su cultura en el preclásico; la extensión temporal a la que se hace referencia se divide en tres etapas claramente definidas que Alfredo Lopez y Leonardo Lopez (2002) reflejan bien en su texto, preclásico temprano (2500 A.C.- 1200 A.C.), preclásico medio (1200 A.C.- 400 A.C.) y preclásico tardío (400 A.C.- 150 D.C.). No está demás recalcar que el preclásico mesoamericano llega a su fin aproximadamente 3 siglos después del ocaso de esta civilización. A pesar de la inexactitud de estas periodizaciones con respecto al final de la cultura olmeca, hay que tener en cuenta que a grandes rasgos estas mismas juegan un rol fundamental

a la hora de caracterizar a los pueblos mesoamericanos del periodo preclásico, de

hecho estas periodizaciones se basan en los modos de vida de estos pueblos; estando el preclásico temprano marcado por el modo de vida sedentario de tipo agrícola e igualitario, el preclásico medio por la constitución de sociedades categorizadas​ ​en​ ​jerarquías​ ​y​ ​el​ ​preclásico​ ​tardío​ ​por​ ​las​ ​primeras​ ​proto-ciudades. Ahora bien, ya que el tema principal de esta investigación es el simbolismo, se podrían destacar algunos símbolos recurrentes de dicha civilización que serán ahondados en el desarrollo propiamente tal, por ejemplo; las cabezas colosales (gigantes) esculpidas en piedra, las figuras y patrones representados en cerámica, las máscaras trabajadas en jade, las representaciones felinas, entre otros. A pesar

de que sea bastante simple analizar qué es lo que podemos observar como símbolo y/o representación, el gran problema y desafío que se presenta en esta indagación tiene que ver con otorgarle significados aproximados, sino iguales a los que le dieron los olmecas, a los símbolos ya referidos (entre otros) y en ese sentido cobra relevancia lo que dicen los autores estudiados al formular interpretaciones respecto a estos objetos. De forma preliminar, se puede decir que hay varios autores que concuerdan con que algunos símbolos, por ejemplo, los felinos habrían sido indicadores de relaciones sociales y de poder intragrupales en este pueblo amerindio. Tomando en cuenta el tema interpretativo también cabe preguntarse si es que es pertinente o no efectuar estas formulaciones considerando que prácticamente todo lo que sabemos sobre los olmecas se basa en hallazgos que se han hecho en unos cuantos sitios. En directa relación a lo que se ha comentado en torno a la interpretación de los autores, las relaciones sociales y de poder presentes en la simbología felina y la pertinencia de tales interpretaciones es que se desprenden tres objetivos específicos; reconocer los significados otorgados por los autores a los símbolos olmecas, identificar las relaciones sociales y de poder inferidas a partir de los símbolos, tomando como foco central a los felinos y reflexionar​ ​sobre​ ​la​ ​pertinencia​ ​de​ ​la​ ​interpretación​ ​de​ ​símbolos​ ​olmecas.

Contextualización​ ​de​ ​los​ ​autores

Por medio de la recopilación y posterior análisis de fuentes, lo que sin duda pretende este trabajo es reconocer aquellas distintas concepciones y recuperaciones históricas que distintos autores proponen pocidas deara, en este caso particular, una de las sociedades o culturas más reconl período post-clásico. Estamos hablando de los Olmecas; aquella singular, y a la vez muy diversificada, “cultura madre” que se gestó en Mesoamérica y que ha sido reconocida por sus exuberantes y colosales representaciones talladas en piedra, por su simbolización, tanto en términos icónicos y sígnicos- muchas veces se han mencionado avances en la numerología y la alfabetización- como también en los avances tecnológicos que desarrollaron para la época. No está demás fundamentar que mucho de lo que se conoce de aquellos hombres/mujeres del pasado está influenciado bajo distintas cátedras, epistemas y teorías que a lo largo del mundo moderno se han desarrollado- y más que ello analizado- por ende, mucho de lo que podamos decir de Olmecas u hombres preclásicos está lleno de aquellas interpretaciones que tanto Antropólogos como Arqueólogos intentan reflexionar a partir de distintos registros materiales o teóricos. En última instancia se debe destacar que la recopilación de fuentes escogida ha sido dirigida a la comprensión, principalmente, de aquellos hechos simbólicos que se destaca en los Olmecas, sus interpretaciones para

distintos autores y su posterior relación con la configuración, para unos como sociedad,​ ​para​ ​otros​ ​como​ ​cultura.

Para este estudio ha sido necesaria y primordial la revisión bibliográfica de distintos autores. Uno de ellos, y dentro de los más destacados o mencionado en este caso particular, es Nicholas J. Saunders, un prestigioso Arqueólogo y Antropólogo social graduado en dos de las Universidades mejor reconocidas en Inglaterra- University of Sheffield y Cambridge respectivamente- entre los años 1979 y 1981, además de la Universidad de Southampton en los años 1991. Su apertura intelectual abrió paso a la incursión de su trabajo en el continente Americano llegando a interesarse por el arte, el simbolismo y el territorio en culturas precolombinas, e incluso en temas sobre el mundo Araucano. Sus trabajos, como su formación académica, está ligada tanto a la antropología como a la arqueología, denota intenciones e interpretaciones desde la escuela británica como al período de la nueva arqueología y posterior -como lo podrías ser el postprocesualismo; cabe destacar que dentro de la fuente designada Icons Of Power ha sido un texto reiterativo en la utilización, y que su recopilador​ ​principal​ ​en​ ​la​ ​revisión​ ​de​ ​éste,​ ​es​ ​el​ ​mismo​ ​Saunders.

Luego de Saunders es necesario mencionar a Richard Cooke como a Tom D. Dillehay, dos colaboradores de la revisión bibliográfica de Icons Of Power, los cuales respectivamente se disciplinaron en Arqueología y lenguas modernas en Bristol y la Universidad de Londres, y por su lado Antropología en Norteamérica. Ambos recorren un trabajo disciplinado orientado en el continente Americano. Cook investigador en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales de Panamá, trabajó en Patrimonio Histórico del INAC, Colaborador en los estudios arqueológicos del Museo Americano de Historia Natural y UNESCO y el Patrimonio Histórico en proyectos de salvamento arqueológico. Por su lado Dillehay ha sido profesor tanto en la Universidad de Kentucky como en la Universidad Austral de Chile; donde también se ha desarrollado en estudios del Sitio de MonteVerde, demostrando una fuerte influencia Anticlovis. Ambos en un contexto post-nueva arqueología y con fuertes intenciones culturalistas y al estudio de cambios sociales de perspectivas ecológicas​ ​y​ ​paleoecológicas,​ ​aun​ ​así​ ​cada​ ​uno​ ​en​ ​distintas​ ​maneras.

Ann Cyphers es doctora en Historia titulada en la facultad de Filosofía y Letras, UNAM a esos del 1987 y actualmente investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas se especializada en culturas pre-clásicas, en este caso particular, en Olmecas. Cabe destacar que ha sido reconocida como discípula de David Grove. Por su lado Rebecca González realizó sus estudios de pregrado en la universidad de Tulane en Nueva Orleans y de magíster y doctorado en la universidad de Berkeley. Es Arqueóloga e investigadora del Centro INAH-Tabasco, Villahermos. En sus principales estudios se aferra a la línea de investigación de la iconografía, los sistemas constructivos sociales y la conservación; basándose principalmente en el periodo​ ​Preclásico.

De modo no muy apresurado, se pretende mencionar que muchos de los estudios desde la escuela Americana (Norteamericana) muchas veces se han visto inmiscuidos en situaciones de explotación de registros en las culturas de América central y Sudamérica. Por lo cual mucho de lo que estas interpretaciones entreguen deben ser analizadas bajo la responsabilidad del análisis contingente que ésta posee. Sin embargo en este espacio acotado se hace tan sólo su alarma y reflexión desde​ ​niveles​ ​muy​ ​simplificados,​ ​y​ ​sin​ ​equivocarse​ ​en​ ​falacias​ ​de​ ​generalización.

Otro punto importante a tratar es aquel que se relaciona a la manera antropológica de tratar aquellas etnias o civilizaciones del pasado. Donde la prehistoria se ve imposibilitada en su total comprensión por su lejanía al presente y por otro lado, por su amplia gama relacionada a la intencionalidad y al problema “objeto- sujeto” con que se trata a las ciencias sociales y en particular a la antropología en sus diferentes precisiones. En este sentido se pretende destacar que muchas veces aquello que se dice tiene distintas concepciones según el lugar y el contexto en el que se esté tratando este –objeto-sujeto- social. Para ello se hace referencia a un análisis post-estructuralista de Sahlins sobre la concepción de la cultura, el cual interesa destacar en esta instancia por análisis de teorías tanto Británicas como Americanas.

“Como señaló Murdock, la antropología cultural americana y la antropología social británica tienen dos objetos científicos: los primeros estudiaron la cultura, los segundos,​ ​los​ ​sistemas​ ​sociales”​ ​(Sahlins,​ ​2001)

Bajo esto nos insertamos a reconocer aquellos sentidos e interpretaciones que se nos entregan en esta revisión sobre los habitantes del Golfo mexicanos, en el periodo​ ​pre-clásico.

Metodología

Tom Dillehay, en su artículo del libro Icons of Power, realiza un análisis cualitativo sobre el papel del símbolo del jaguar en la cultura mapuche. Asimismo hace un análisis cualitativo sobre la relación de los apellidos mapuches con la posesión de tierras con más o menos productividad. No hay trabajo de campo al menos en esta investigación, pero si analisis de fuentes primarias y secundarias que ya habían tocado el tema del jaguar o de los mapuches En dicho artículo, se hace énfasis en el “objeto” de los apellidos mapuches, obviamente haciendo hincapié en los que hacen alusión al jaguar. La conjetura que hace el autor es que las familias con apellidos relacionados a Nahuel (jaguar) serían las familias nobles y mas acaudaladas en relación​ ​al​ ​resto​ ​de​ ​los​ ​clanes.

En Predators of Culture, Saunders hace uso de la figura del jaguar representada tanto en arte como en ropa, metalurgia, enterramientos, cerámica, iconografía,

tallado en jade y en piedra y como un adherido, a nombres de personajes y roles importantes.

Una de las interpretaciones de tanto registro relacionado a los felinos se relaciona en simple instancia a partir de la común o compartida manera de ver los animales tanto en la prehistoria como en la moderna biología taxonómica que tienen Saunders​ ​y​ ​Cooke.

Dando cuenta de que aunque estos niveles organizacionales taxonómicos pueden no dar cuenta con los mismos que efectúan en la actualidad los biólogos, a modo de decir por Cooke “morfologías semióticamente distintos”, no quiere decir que estos representen una trivialidad. A partir de ello la interpretación del autor va en la comprensión acerca de los félidos relacionados a una fuerte relación metafórica, casi en un sentido estructuralista, donde la observación se mezclaría con la ambivalencia y la subliminalidad y con las características predatorias febriles, nocturnas y dimorfismo sexual con aspectos del artificio humano. Por consiguiente no es extraño, dado que estos tres elementos se relacionan así con relaciones de poder, relaciones de caza entre humano y jaguar, relaciones chamánicas y jaguar, y finalmente con distinciones sexuales- y de poder- en relación al dimorfismo, en textos​ ​posteriormente​ ​analizados.

El trabajo de Ann Cyphers y Anna Di Castro se centró en el análisis de los motivos presentados en dos tipos de vasijas, seleccionadas además por su nivel estratigráfico, del cual derivó en la identificación de íconos relacionados con la cultura Olmeca y otras culturas, en consideración de que esta es considerada una cultura madre. Gracias a la amplia bibliografía disponible sobre iconografía y simbología Olmeca, se pudo otorgar un valor de significancia a estos íconos - aunque aproximado, puesto que se recurría a la opinión de diversos autores para darle valor a determinado ícono. Sin embargo, el punto clave de este trabajo fue establecer oposiciones entre los símbolos -para lo cual pudieron haber sido suficiente las aproximaciones realizadas- y luego, relacionar estas oposiciones con los motivos presentes en los jarrones, dando especial importancia a los contrastes. Esta relación se estableció en base a principios estructuralistas, donde tuvo lugar desde la semiótica, a la hora de analizar los diseños, hasta llegar análogamente a las​ ​estructuras​ ​inconscientes​ ​del​ ​contexto​ ​en​ ​el​ ​cual​ ​fueron​ ​producidas​ ​las​ ​piezas.

Importancia​ ​del​ ​Simbolismo​ ​en​ ​Mesoamérica

Una de las cosas más interesantes que ha sugerido el estudio y conocimiento de la prehistoria en el continente Americano, ha sido conocer y revisar aquello que desde la antropología se entrega en la vertiente de los símbolos y los signos, que en el ámbito arqueológico se estudia en relación a la cultura material que han dejado aquellos hombres del pasado. Sin embargo, alejados de las corrientes más antiguas

de organización, estructura o relaciones sociales, aquello que se puede decir sobre éstas actualmente está limitado por una barrera temporal y espacial que para los arqueólogos sólo es posible interpretar por aquello que han dejado como registro. Si bien el evolucionismo, el anticuarismo y el historicismo cultural valoran explosivamente esta cultura material; de manera posterior y hoy en día el “centro” en el que se pretende interesar la “arqueo-antropología” y otras disciplinas símiles es llegar a aquellas respuestas sobre los patrones en los que se efectuaba la vida en aquellas primitivas sociedades- muchas de ellas sociedades estado- y cómo o para qué estás generaron tales registros, muchas veces sorprendentes, ya sea por su complejidad tecnológica, simbólica o por su dificultad o desconexión con su medio​ ​ecológico.

El hecho está en analizar si estas relaciones materiales simbólicas dependen de la estructura y relaciones sociales que se efectuaron en la cultura Olmeca, o si al contrario la estructura y connotación de “cultura/sociedad madre”, de un amplio poder social, jerárquico y segmentación social, son dependientes de la cultura material​ ​y​ ​en​ ​específico​ ​de​ ​la​ ​simbolización​ ​que​ ​en​ ​ella​ ​se​ ​efectuaba.

Acerca de la relevancia arqueológica de la simbología mesoamericana, particularmente sobre la figura del jaguar en la cultura Olmeca y algunos grupos posteriores como Mayas, Aztecas o incluso Mapuches (ya que la Olmeca es vista como una cultura madre, en una posible directa relación con Mayas y Aztecas, que además se expandió hacia los andes sudamericanos por medio de ritos y símbolos llegando a estar presente en la cultura Mapuche post hispánica según Dillehay) es fundamental su asociación a un conjunto de características o rasgos que se extraen o se suponen del jaguar que a su vez son homologables a los seres humanos. Es importante dejar en claro que tal como Saunders nos dice en Predators of Culture; “no se debe caer en el error de pensar -como se hizo en estudios previos- que la importancia simbólica del jaguar se explica por sí misma, es decir que el jaguar es importante para los Olmecas por ser lo que es, que resulta evidente el porqué de su representación”. Realiza un énfasis en que la aparición del jaguar de forma profusa en el arte -por ejemplo- no es arbitraria, se centra en los sistemas simbólicos que usan la metáfora para expresar cualidades significativas dentro de contextos particulares. De la misma forma la aparición de restos dentales de jaguar en tumbas de Panamá o Costa Rica -como el Cerro Juan Díaz, un gran sitio de asentamiento precolombino en la costa del pacífico- tiene su propia explicación, sobretodo si se considera que en contextos funerarios diferenciados no se encuentran restos del animal pero sí representaciones iconográficas de este, asociando este tipo de entierro a individuos de una posición más elevada en la jerarquía como guerreros, sacerdotes o jefes (siendo los entierros con restos del animal presuntamente de cazadores).

Pero, ¿qué representaba el jaguar para los Olmecas? ¿A qué se le asoció? ¿Cuál

es su importancia dentro de la cultura?. Para comenzar tenemos que la figura de esta especie en particular o la de un hombre-jaguar es ampliamente representada a lo largo de por lo menos 3 mil años en Mesoamérica, desde el Olmeca preclásico (1200-400 AC aprox) hasta el Azteca postclásico (1350-1520 DC aprox) habiendo existido en América Central (y Sudamérica) una cercana relación simbólica entre el

jaguar, el estatus social, la guerra y el ejercicio del poder espiritual y político por

parte de chamanes y jefes. También se le asocia -de esta manera en Sudamérica- a

la fertilidad, el maíz, el sol y rituales que podían o no incluir el uso de alucinógenos (esto último es un tema de debate respecto a Mesoamérica ya que la existencia de tubos para inhalar y piedras moledoras no necesariamente son equivalentes al uso de alucinógenos, los primeros eran similares a las pipas de tabaco de Sudamérica y las​ ​segundas​ ​bien​ ​pudieron​ ​ser​ ​usadas​ ​para​ ​moler​ ​cacao).

La amplia representación de grandes felinos desde los Olmecas y de forma posterior resultó en un problema interpretativo para diversos autores sobre cómo o por qué se representaba tanto a los grandes felinos (sin definir una especie en concreto) osea cual era la “naturaleza de la representación”. Estudios del Siglo

XVIII cayeron en el grave error de creer que solo existió una sola gran cultura

mesoamericana justificando esto mediante -entre otras cosas- a la constante representación casi invariable de jaguar durante 3 mil años en contextos sumamente similares reduciendo el imaginario felino simplemente al término de jaguar, como para ellos era león o tigre. Negando así el proceso por el cual las civilizaciones pre colombinas reconocían y nombraban diferentes especies con sus características particulares y los usaban para simbolizar valores sociales, actitudes y comportamientos. Para Richard Cooke las relaciones de clasificación animal, su denominación e identificación y posterior iconografía tiene mucho que ver con la observación; donde ésta sería una analogía tanto para aquellos artesanos precolombinos, como para los observadores modernos, elemento al que se le suma Saunders. Reconociendo por ende, en primer punto que a esas alturas de la conformación social ya existía un interés por reconocer taxonómicamente a los animales. Pese a esto autores como Cooke y Saunders destacan una manera anti-formalista, donde el interés de conocer y representar en grandes cantidades, no estaba dado por la obviedad de la grandeza de los felinos- en este caso- sino, más allá de ello, de aquella imagen recurrente y compartida- no obvia- que el Jaguar generaba​ ​en​ ​los​ ​Olmecas.​ ​Es​ ​decir,​ ​su​ ​orden​ ​o​ ​simbolización. “Taxonomic accuracy, then, does not necessarily conform to universal standards of realism. However, it is also true that strong discrepancies may exist between observational (Biological) and intellectual (semantic) levels of classification” (Saunders,​ ​1994).

El jaguar resulta significativo entonces como un símbolo de poder, de dominación, de masculinidad y de furtividad, energía y sigilo. Para los guerreros el usar un manto de jaguar significaba demostrar ferocidad además de que usar su piel supuestamente les otorgaba la protección del animal (el cual era una especie de signo zodiacal) pero además la caza de jaguares era una forma de adquirir y mantener un elevado estatus social ya que se le consideraba el gobernante del mundo animal, no tenía depredador ni ningún otro animal podía hacerle frente, esto lo ubica en una posición privilegiada al mismo nivel que el ser humano , de ahí el honor que proporcionaba su cacería y era -seguramente- por esta última razón que los gobernantes no solo usaban prendas de jaguar sino que también incluían en sus nombres al animal en cuestión (también surge la hipótesis de que la caza del jaguar sería el acto cúspide de la vida de un cazador, por eso serían enterrados con restos del animal pero no con representaciones del mismo ni con pieles, puesto que serían bienes reservados a las gentes de mayor estatus). En el caso de los Chamanes para ellos el jaguar era representativo de sigilo, de la noche, este animal era para ellos un mensajero, un verdugo y una deidad. Existe un ejemplo dentro de Predators of Culture de la importancia religiosa e ideológica que tenía la figura del jaguar para los Aztecas en un Dios que de día era Tezcatlipoca patrón de la realeza pero de noche se convertía en un jaguar llamado Tepeyollotli quien era un alter ego del primero, su forma nocturna que era el patrón de los chamanes Aztecas quienes usaban las garras y los corazones de los jaguares para echarlos en los calderos y realizar​ ​rituales.

Por otro lado, los Olmecas también desarrollaron la cerámica, en la cual aplicaron sus símbolos. Como plantean Di Castro & Cyphers, un elemento importante de la cosmología Olmeca presente en las vasijas cerámicas es el llamado monstruo cósmico, el cual sería la fuente de la fertilidad, del éxito agrícola y del poder de los gobernantes. Para las autoras, este monstruo pareciera ser un símbolo integral del universo​ ​Olmeca.

Otro elemento importante dentro de la cultura Olmeca son las cabezas colosales, esculturas con forma de cabezas humanas cuyo tamaño superaba los 2 metros de altura y estaban construidas de basalto. Para la arqueóloga Rebeca González, dichas​ ​cabezas​ ​simbolizan​ ​a​ ​líderes​ ​Olmecas.

Además, dentro del espectro de la cultura material Olmeca se pueden encontrar elementos heterogéneos. Se encontró una máscara de jade en un templo azteca, que, sin embargo, fue ratificada como perteneciente a la cultura Olmeca. Por otro lado, también se construyeron tronos y altares, los que para Rebeca González tendrían​ ​connotaciones​ ​míticas​ ​o​ ​de​ ​legitimación​ ​social.

Es interesante observar que, pese a que algunos autores estudiados se refieren al significado de los símbolos como algo a lo que es casi imposible acceder, la mayoría se decanta por una misma explicación. Rebeca González señala que las interpretaciones que pudiesen realizarse acerca del simbolismo Olmeca serían erróneas porque no se poseen registros de la tradición cultural de dicha civilización. A su vez, Dillehay, refiriéndose a la presencia del jaguar en la cultura mapuche, comenta que el significado de este animal es desconocido incluso para dicha cultura hoy en día. No obstante, ambos autores se inclinan por las explicaciones relativas al control y a la legitimación social. Tienden a ver en los restos materiales ya mencionados, símbolos de poder y jerarquización impuestos por las élites. A esto se suman Di Castro y Cyphers, quienes plantean el uso de vasijas cerámicas como forma​ ​de​ ​forma​ ​de​ ​homogeneizar​ ​ideológicamente​ ​a​ ​la​ ​población.

Comentario​ ​Crítico

La posibilidad de poder llegar a interpretar los símbolos de las culturas estudiadas fue un tema abordado por los arqueólogos citados. En ocasiones se hablaba directamente de la interpretación de otros símbolos, de las formas de hacerlo, pero en otros, como en el trabajo de Ann Cyphers, las interpretaciones realizadas en la bibliografía citada por la autora sirvieron como herramienta para lograr el objetivo de esa investigación. Llegamos a un punto entonces, en que el simbolismo en arqueología es, por un lado, un conocimiento cuya construcción no está determinada por un camino establecido, y a la vez, una fuente de información que posee cierta validez para dilucidar otro tipo de problemas en arqueología. En los casos anteriores, a pesar de los niveles distintos de cautela a la hora de evaluar la validez de esta información, se coincide en que la interpretación de estos símbolos posee cierta arbitrariedad. De todas formas, en esta reflexión crítica apuntaremos más a la construcción de ese conocimiento sobre simbolismo que a la pertinencia del uso de este como fuente de información, aunque claro, una sea consecuencia de​ ​la​ ​otra.

Para poder interpretar un símbolo se requiere una enorme cantidad de datos acerca de la forma en que vivía la sociedad estudiada y además el análisis formal del signo asociado con el símbolo. El salto hacia la interpretación es el trabajo clave, en el que se pueden considerar atributos del signo para intentar asociarlo con el estilo de vida e intentar asignarles un significado en base a este, como en el trabajo realizado por Cooke sobre los felinos. O, por otro lado, utilizar modelos teóricos como el estructuralismo, cuyos principios se pueden encontrar en múltiples disciplinas como en semiología del arte y psicología, lo que envalentona la realización de asociaciones​ ​más​ ​voraces​ ​basadas​ ​en​ ​analogías.

Sin embargo, la interpretación simbólica utilizando estos medios se vuelve endeble al considerar, por un lado, la arbitrariedad que poseen los símbolos; el significado que pueda tener un símbolo en determinada cultura no necesariamente va a estar relacionada con los atributos que puedan ser observados y considerados relevantes por el arqueólogo. En el caso de la Arqueología Cognitiva y su influencia estructuralista, cabe destacar, el cuidado que se debe tener al realizar analogías en las producciones de arte de una cultura, puesto que estas bien pueden haber sido, por ejemplo, instrumentos de control social, fabricados con el fin de reforzar determinado​ ​orden.

Considerando esto último, cabe considerar la materialidad disponible para ser estudiada y de la cual se debe inferir información (especialmente para sociedades para cuyo estudio no se cuenta con otro tipo de fuentes), en el sentido de su origen; su contexto de producción, puesto que esta puede no necesariamente ser representativa de determinado proceso cultural (considerar que fueron producidas por individuos). Aunque la arqueología utiliza criterios para discriminar la pertinencia de la asociación de materialidad a grupos culturales, como las tipologías, cronologías y frecuencia. A la hora de estudiar el simbolismo, estos criterios pueden ser insuficientes tomando en cuenta que siempre se va a estar supeditado a la cantidad de datos que se puedan reunir de un sitio/región, y por tanto, esa cantidad de datos pueden no dar cuenta de relaciones de poder que pudieron haber influido de una u otra forma en la producción de esa materialidad (por ejemplo una élite foránea) y que por tanto, puede estar involucrada en el entramado de una ideología. Finalmente, debido a los posibles sesgos de arqueólogos, la dificultad de alcanzar el el significado de los símbolos debido a su arbitrariedad y además a la gran complejidad de construir la simbología con modelos teóricos, por un lado debido a su fluctuante validez académica y a la dificultad de que exista evidencia arqueológica suficiente para elaborarla satisfactoriamente, se suma la validez de estos​ ​modelos,​ ​los​ ​metarrelatos,​ ​respecto​ ​a​ ​una​ ​realidad​ ​alcanzable.

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