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Ricardo Pérez Montfort Estampas de nacionalismo popular mexicano.., Ensayos sobre cultura popular y nacionalismo coleccién miguel othon de mendizabal clesas La Ciudad de México en los noticieros filmicos de 1940 a 1960 I. Del ‘corto’ al comentario visual Las décadas de los afios cuarenta y cincuenta fueron la ‘edad de oro’ de aquellos noticieros que antecedian rigurosamente la proyec- cién de cualquier pelicula en las principales salas de la Ciudad de México. Para ciertos aficionados, esos noticieros fueron el mejor pretexto para llegar al cine unos diez o quince minutos mas tarde de la hora fijada sin perderse los primeros momentos del largometraje requerido por su aficién. Aunque los verdaderos amantes del sépti- mo arte también supieron apreciar el oficio y el beneficio que conte- nian las actualidades, los homenajes, los casos curiosos e insdlitos, los deportes, los chistes, e incluso, los ‘ensayos con imagen’ que fue- ron la médula de esos noticieros. Los Ilamados ‘cortos’ tuvieron varios nombres segiin la época y las casas productoras que los realizaban. A través de los pequenos rollos de celuloide de Telerevista, Cine Verdad, Cine Mundial, Cinesco- pio, El Mundo al Instante, Actualidades Cinematograficas 0 el Noticiero EMA ' los espectadores se podian asomar tanto a lo que acontecia en México como fuera del pais, de una manera que, al parecer, no necesitaba mucha atencién y, dada su ligereza, hacia las veces de aperitivo antes de entrar con el plato fuerte. Una buena cantidad de imagenes que aparecieron en estos noti- cieros provino de los servicios de intercambio cultural que propor- cionaban las embajadas extranjeras en México. Otros reportajes eran comprados a productoras noticiosas norteamericanas y euro- peas.? Los ‘cortos’ en su mayoria, y sobre todo antes de la década de los sesenta, eran realizados en territorio mexicano. Y como las com- pafiias productoras —Acapulco Films S.A., CLASA Films S.A. 0 Tele- producciones S.A.— radicaban en la ciudad capital, la mayor parte de las imagenes se referian a ella y, cuando mis lejos, a los estados de México, Puebla o Morelos. Gracias al trabajo de editores como Xavier Rojas L., Gloria Orte- ga y Horacio Alba; y de fotégrafos como Rafael Corkidi, Antonio Reynoso, Jestis Moreno, Guillermo Romero e Ignacio Lépez, estos 203 noticieros lograron momentos notables, que desafortunadamente han recibido poca atencién por quienes estudian la cinematografia en este pais. Esas imagenes eran capaces de meter al cinéfilo en el mundo del espectaculo y hacian que acontecimientos politicos, so- ciales, econémicos, tecnoldégicos, catastrofes, hechos insdlitos e in- cluso algunos sin la menor relevancia, aparecieran en toda la dimension de la pantalla grande, con un comentario y una musica muy caracteristicos. El acompafiamiento musical era mas bien limitado. Cada noticie- ro tenia un pequeiio repertorio de ribricas y mtisicas que servian para identificar secciones, temas, entradas y salidas. Habia melodias especificas que acompafiaban las referencias al cine, a los toros, a la propaganda oficial y a los chistes. El repertorio discografico de aquellos noticieros parecia reducirse a no mas de veinte acetatos con piezas obligadas como Begin the Beguine, Stormy weather y South of the border interpretadas por orquestas al estilo de Luis Arcaraz o Pa- blo Beltran Ruiz y una que otra obra ‘clasica’ de Sergei Prokofiev o de Silvestre Revueltas. Pasodobles y marchas nunca faltaban acom- paiiando a la fiesta brava y a los desfiles. Los charlestones de ‘La Cémoda de Alambres’ de Guillermo Al- varez eran el fondo para los comentarios ‘a la antigiiita’ que acom- pafiaban cualquier imagen de los afios veinte —sobre todo aquellas reliquias del cine mudo que el Che Reyes ridiculizaba con toda clase de comentarios y ‘argentinismos'— y el bebop estilo Nueva Orleans era el anuncio del chiste con que estos ‘cortos’ empezaban o terminaban. Los textos que acompaniaban estas imagenes eran elaborados por Rafael Solana, el mismo “Che” Reyes 0 el gran José Alameda.’ El co- mentario rapido en voz ligera, la advertencia con un tono severo, la evocacién con aires languidos o el simple cotorreo de frases cortas; todo ello combinado con ciertos aires poéticos (por lo general cursis € inocentones) se expresaban en la aterciopeladas voces de Edmun- do Garcia y el licenciado Carlos Ortigosa, en las sabrosas crénicas de Pepe Alameda o.en las exageraciones nasales del “Che” Reyes. Los noticieros abrian con su clasicas nibricas de aviones ‘de pro- pulsién a chorro’, universos en movimiento, cartones con el Quijote de Picasso, 0 acaso un montaje rapido de imagenes con personajes 0 acontecimientos relevantes de lo que iba del siglo xx. En seguida ve- nia un chiste de Pomponio, {caro, Pepito, el yucateco Kahuich, Cu- co Pelucho, segtin el noticiero. Después seguian entre cinco y diez reportajes.4 Finalmente se terminaba con otro chiste antes de dejar co- trer los créditos, sobre una imagen igual o semejante a la del inicio. En algunas ocasiones entre reportaje y reportaje se insertaba al- gan comercial de Polvos Taba, de agua de colonia Sanborn’s, fijador y locién Dana o Brylcream, de refrigeradores La Nacional, televiso- 204 res Admiral 0 Zenith, de cervezas Corona o El Aguila, en fin, hasta de don Fernando Soler sentado en su escritorio, tomando una ta- za de Nescafé. La revisién de los contenidos —tanto iconografica como semanti- camente— muestra una gran multiplicidad de factores que formaban parte de la vida de lo que parecia un sector relevante de la Ciudad de México. Por ejemplo, a través estos noticieros era posible ente- rarse de asuntos que iban desde la forma en que los aztecas elabora- ban instrumentos musicales hasta cémo se reconstruia el averiado Angel de la Independencia después de su estrepitosa caida durante el terremoto de 1957, pasando por aquella vez en que Kitty de Ho- yos se ‘midié’ con Jane Mansfield en la cena anual de los producto- res cinematograficos en 1959. En esos noticieros aparecian por igual las mds famosas corridas de toros —sobre todo esas en donde el fotégrafo habia logrado do- cumentar una aparatosa cogida—; los inventos alemanes “para no dormirse en el automévil”; la “aplicacién de la energia at6mica en una cocina francesa”;5 el encuentro de los presidentes Ruiz Cortines y Eisenhower con el fin de inaugurar la presa Falcén o la visita de la reina Isabel 11 de Inglaterra a Nigeria. Pero también se hacian co- mentarios sobre pintores, deportistas, charros, artistas de cine, le- yendas, coleccionistas, calles, plazas, edificios, simbolos, avances cientificos, tradiciones, recuerdos, proyectos, hospitales, preocupa- ciones de orden moral o metafisico. En fin, la variedad era tal que parecia no haber més criterio que aquel que en tiltimo caso impusie- ran sus productores. Miguel y Manuel Barbachano Ponce, asi como Fabian Arnaud Jr., Rubén C. Chacén y Alfonso Ugalde fueron los encargados de dirigir y producir algunos de los mejores momentos de estos noticieros que, como ya se dijo, tuvieron a la Ciudad de México como una de sus principales protagonistas. La combinacién de esas imagenes y textos, puede ser, sin duda, uno de los mejores ejemplos del comentario clasemedicro y desenfadado, por lo general conciliatorio, tipico de aquel periodismo juguetén , pero moralista y conservador de la época.6 En otras palabras: forman parte del lenguaje, tanto textual como visual, de ese sector de la sociedad me- xicana centralista y urbana que, al mediar los aitos cuarenta y a lo largo de todos los afios cincuenta, no ocultaba sus pretensiones cosmopolitas y su gran aficién por los gustos occidentales sobre todo ‘los de nues- tros vecinos del norte’. Ese sector sofiaba con treparse en el carro del ‘progreso’ y decia sentir los signos nacionalistas patrioteros con que Menaba su discurso, intentando vehementemente ser parte del mun- do ‘moderno’. Ese sector que lo mismo recitaba “México creo en ti” que moria por una licuadora Osterizer. 205 El conservadurismo en esos textos era muy evidente. El reconoci- miento de “nuestras mexicanisimas tradiciones”, —desde las ‘clasicas enchiladas’ hasta ‘el estdico catolicismo de nuestro pueblo’— se fue convirtiendo en una gran promocién del cristiano lazo de la familia mexicana y en bandera ondulante del anticomunismo. As{ como se defendian la abnegacién y fidelidad de la mujer mexicana, también se repetian los llamados condescendientes a los maridos con pro- pensién a ‘echar una cana al aire’ (“cualquiera la tiene” diria el Che Reyes) y de paso acusaban (en 1963) a los estudiantes “de salir de la escuela sin rumbo en su vida ni en sus ambiciones” como presagian- do el 68. ‘La auténtica felicidad’ era aquella que solo podia obtenerse en el seno familiar como la representaban figuras como Alberto Mariscal con sus hijos y su mujer en la sala de su casa, 0 Manolo Fabre- Bas con sus cuatro vastagos jugando en los columpios de su jardin. También enunciaban su machismo sin ambages —“‘mujer al volante es un peligro espeluznante”— pero jamés aparecia un comentario ‘subido de tono’ cuando el camarégrafo llenaba su objetivo con las enormes caderas y abultados pechos de alguna artista de la talla de Giovanna Pampanini 0 Leticia Palma. Cuando mucho se sugeria al- gtin “Contémplenla y ... luego hablamos” o un “éQué le parecen esas formas de mantener las formas, caballero?” Habia ademas, en esos noticieros, cierto tinte pedagégico. Se se- fialaban los sitios olvidados de la ciudad que seria necesario cuidar, como La fuente del Quijote “entre los milenarios ahuehuetes de Chapultepec que dan sombra al espiritu”; y con los violines de Villa- fontana de fondo, aquel comentario terminaba diciendo: “La ciudad —para la que se trabaja con tanto amor— merece que en aquel rin- c6n se pose su mirada benévola.” Pero también se hablaba de la “sanidad social” tan necesaria en “el reino de las sombras de la gran ciudad.” Las acciones del ‘Regen- te de hierro’, Ernesto P. Uruchurtu contra los fritangueros, los la- drones de autos, y especialmente “contra la seduccién de la noche” eran aplaudidas y justificadas por aquellas voces en off que acompa- fiaban las imagenes de antros y calles apenas iluminadas. La ‘limpie- za’ impulsada por aquel encargado del Departamento del Distrito Federal pretendia ponerle cierta ‘decencia a la vida nocturna’ de la capital. Para ello, segtin los noticieros, se necesitaba dosificar la se- duccién de la noche a quienes trabajaban a las seis de la mafana del dia siguiente. “Una cosa es el puritanismo y otra la prudencia...” — decian— “Limpiar la ciudad de la oscuridad de la noche es mas bien un problema de salud publica.” Aquel espiritu pedagégico afloraba —como es légico— cuando los reportajes se topaban con la historia nacional o universal en su reco- 206 rrido por calles, colonias, edificios y monumentos de la Ciudad de México. Datos y fechas se mezclaban con comentarios y evocaciones capaces de cualquier asociacién imaginable dentro del inmenso pan- teon nacional. Asi, por ejemplo, al retratar las diversas calles que Ile- vaban los nombres de Hidalgo, Morelos o Juarez en varios barrios citadinos, se aprovechaba para soltar alguna referencia particular so- bre el ‘padre de la Patria’, ‘el héroe de la Independencia’ o ‘el gran patricio oaxaquefio’. Al mostrar algunos 4ngulos de la escultura de “EI Caballito” se mencionaba que: Carlos 1v a falta de glorias propias, tuvo las de sus artistas, como el gran Goya 0 el arquitecto y escultor espafiol Manuel Tolsi{...] Poco importa su pasado —afiadia— porque ahora el Caballito pertenece a México y como simbolo plistico de la capital, ve pasar el rio de la vida bajo sus cascos que, afio con aio y siglo con siglo, se han ido hacien- do cada vez mas mexicanos. Pero la libre asociacién de ideas lograba momentos sublimes cuando al fotografiar ciertas escenas en una pulqueria, la voz del li- cenciado Carlos Ortigosa decia: En el renacimiento Papas y Cardenales se hacian pintar en las paredes de el Vaticano por Rafael y por Miguel Angel. Cuatro siglos después y cn México, Alfredo Urusquieta pinta en las paredes de la pulqueria Rancho alegre en la Colonia Villa de Cortés a los clientes mas asi- duos, que de esta manera han ganado, libando, su pequeiia dosis de inmortalidad. Asi los noticieros también servian de pretexto para insistir en al- gunos rasgos que pudieran identificar a los pobladores de la Ciudad de México entre si. Entre nostalgias con profusién de referencias tradicionalistas y proyecciones de un futuro promisorio para “todos los mexicanos”, estos cortos combinaban su fe en todo aquello que no alterara el camino hacia la modernidad, con la critica velada a la ‘velocidad de los nuevos tiempos’. Todo aquello que atentara contra el nacionalismo conservador y peculiar de la clase media también re- cibia sus comentarios de desaprobacién. Una sintesis clara de esta combinacién se podia ver en los repor- tajes sobre monumentos de la ciudad. Se dolian por la demolicién de un mercado antiguo como el de San Juan, pero festejaban la ‘modernizacién de nuestra ciudad’ con los edificios multifamiliares de la Unidad 20 de Noviembre. El tono, por lo general, cerraba con una frase optimista que despedia cierto olor a discurso oficial. La es- cultura porfiriana de Cuauhtémoc —“siempre nimbada de nobleza, de un lado a otro del Paseo de la Reforma sostiene un simbdlico ma- 207 no a mano con la bellisima Diana, Son como el ayer y el hoy de Mé- xico, la historia en piedra y agua, en flor y esperanza hacia el futu- 10.7 También se percibe esta actitud al mostrar los edificios y el ‘cam- pus’ de la inconclusa Universidad que el presidente Miguel Aleman inaugurara en 1952. El narrador decia: “Aquellas aulas oscuras en cu- yos cristales temblaba el vaho de los siglos, han dejado el paso a la moderna ciudad universitaria... ]gigantesca jaula sin barrotes donde pudiera volar el espiritu.” Algunos rincones de la ciudad les inspira- ban toques de melancolia y otros apostaban a “los indiscutibles lo- gros del México nuevo.” La plaza Romita o Xochimilco eran “pequefios rincones del tiempo viejo, mejor dicho: el eterno”; y la creaci6n de seis pasos a desnivel en la calzada de Tlalpan “operacién quirirgica para crear nueva vida”. La planeacion del viaducto mere- cian el siguiente comentario: “Como si ensanchara el pecho hacia el porvenir, la Ciudad de México va tomando amplitud interior. Ahora ¢s la ciudad de los espacios abiertos(...|conserva su fisonomia pero cambia su expresién.” Asociado con el caracter simbélico que cupiese en cada lugar 0 cada personaje tratado por estos noticieros, era comin ver lecciones ilustradas de civismo. El “nombre abstracto” de la calle Articulo 123 era pretexto para mostrar un montaje de imagenes con personas en su cotidiana labor en fabricas, tiendas, talleres 0 estudios; acompa- fiadas por un texto que decia: México: pueblo de trabajadores. Donde todos se afanan por el pro- greso personal y colectivo, en una sinfonia de esfuerzos que va desde cl obrero al artista, pasando por el comerciante y el intelectual{...]To- dos como abejas de una colmena sinfin en incesante laborar. Al corte aparecia el cémico Pomponio desperezindose bajo la sombra de un Arbol, mientras el narrador preguntaba: