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CAPÍTULO

3

L A S TRADICIONE S DEMOCRÁTICA S Y REVOLUCIONARIA S

E N AMÉRICA

LATINA*

Este artículo intenta desenredar dos hebras cruciales en la historia política

de Améric a Latina: la de la democracia y la de la revolución, co n sus respec- tivas "tradiciones" y relaciones recíprocas, partiendo con una clarificación de conceptos. L a razón de esto es que aun cuando el comenzar artículos con una excesivamente escrupulosa "definición de términos " no constituye necesariamente buen estilo, en este caso estamos manejando varios térmi- nos escurridizos -revolución, democracia, tradición - por lo que puede ser

qu e los término s se nos escapen de

u n a buen a ide a e l definir a fin de evitar

las manos y se genere confusión. Por lo tanto, luego de una breve clarifica- ción, presentar é u n amplio y esquematizado análisis de las tradiciones de- mocráticas y revolucionarias en Améric a Latina, que invita a la compara- ción con otros casos.

/. Democracia, revolución,

tradición

De los tres aspectos constitutivos, "democracia" es aquél sobre el que má s

se ha teorizado y, me atrevo a decir, el má s teorizable. E n otras palabras, es

u n concept o útil, ademá s de real . Po r e l contrario , revolució n y, a fortiori, tradición son conceptos menos elaborados y, me permito sugerir, menos

que un a políticos

de considerar la democracia liberal representativa, a menud o definida en

la norma , ya que esta defini-

útiles; de

ayuda. E n líneas generales, hay u n consenso entre los cientistas

hecho,

el concepto

de

"tradición" es má s u n

estorbo

los término s de Dahl ("poliarquía"), com o

ción abarcaría los dos principios de (i) libre asociación y expresión (dere-

Esta ponencia fue escrita en respuesta a una invitación a participar en un panel transnacional sobre "Tradiciones Democrática s y Tradiciones Revolucionarias", en ocasió n de la 114 S Reunión Anual de la American Historical Association, realizada en Chicago en enero de 2000. Fue posteriormente revisada a la luz de comentarios de mucha ayuda de algunos lectores. El artí- culo fue publicado originalmente en inglés, "Democratic and Revolutionary Traditions in Latin America", Bulletin of Latin American Research, Voi. 20 (2001) y luego reproducid o en Bicentenario. Revista de Historia de Chile y América, Vol. 2, N ° 1 (2003).

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Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

chos cívicos) y (ii) participación electoral (derechos políticos). 1 Po r su- puesto, esta definición no pretend e ser normativa (no estamos diciend o

qu e este sistem a sea mejor) o exclusiva (qu e sea l a única form a d e democra -

de las prin-

cipales preocupaciones de este artículo es el considerar cóm o algunas va- riedades alternativas de "democracia " ("no-liberal" , "no-burguesa",

"participativa") han sido concebidas n i má s n i menos que po r regímene s de proveniencia "revolucionaria" y "tradicional". Así, los críticos de la de- mocracia burguesa ha n clamado -y a sea en teoría o en la práctica - po r

u n a democracia popular, participativa, orgánica, directa, social y de los

trabajadores. Tengo la impresió n que ellosjustifican este clamo r en térmi-

no s d e do s supuesta s ventajas: l a primera , un a representación mayo r (un a

transparente, e inherentemente democrá - provisió n d e seguridad social, d e beneficio s

socioeconómicos , co n lo que los "derechos sociales" de Marshall se injer- tan en los derechos cívicos y políticos. 2 D e este modo , los beneficiarios

podría n gozar de los mismos derechos políticos de los ciudadanos de Ate- nas y, también , de la seguridad social de, po r ejemplo, el estado benefactor sueco en sus mejores días. A su vez, los críticos de estos críticos han clama-

d o -e n palabras de Enriqu e Krauze - po r un a "democracia sin adjetivos",

es decir, un a democracia, simple y sin adornos, centrada en los procesos

democráticos , a lo Dahl. 3

El párrafo anterior contení a el crucial calificativo de "en teoría o en la práctica". A través de nuestra discusión es claramente necesario distinguir

sea un a ma -

yor representatividad política o provisiones socioeconómicas de mayor equi-

da d y, po r otr a parte , los resultados prácticos , l o qu e pued e ser mu y diferen -

te. Puede ser

cuando existe alguna divergencia entre la teoría y la práctica, tal divergen-

cia es el resultado de:

de interés (aunque u n tanto difícil) el tratar de evaluar si

entre , po r un a parte , las argumentaciones retórica s a favor d e y a

cia en término s conceptuales o prácticos).

A decir verdad, un a

representatividad má s directa, tica) y, l a segunda , un a mayo r

(a)

un a hipocresía inicial - o ¿"estructural"?-: la teoría nunc a fue

seriamen-

te considerada; los bolcheviques nunc a tuvieron la intenció n

de instau-

1 Véas e R. Dahl, Polyarchy: Participation and

Opposition (New

Haven

CT , 1971)

y, para glosario y

operacionalizaciones de

pp. 201-208; Samuel Huntington , The Third Wave. Democratization in the Late Twentieth Century

(Norman,

Latin America 1800-1900 (Durham NC , 2000), p. 4.

la definición ,

D . Held ,

Models of Democracy (Cambridg e

1996),

Oklahoma ,

1991), pp. 6-9; Fernand o López-Alves , State Formation and Democracy in

2 T. H . Marshall, Class, Citizenship and Social Development (Chicago, 1977).

3 Enriqu e Krauze, Poruña democracia sin adjetivos (México , 1986).

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

rar un a democracia de los trabajadores; se trató de u n mero recurso

retórico; o

(b)

un a hipocresía rastrera - o ¿"contingente"?-: alias, "la revolución trai-

cionada"; un a instancia de l viejo principio de p o r qué , po r ejemplo, los bolcheviques y Stalin,

Acton, 4 que explicaría en particular, au n cuan-

do tuvieran inicialmente sinceras intenciones, sucumbieron a la tenta- ción del poder y las presiones de la paranoia; o

(c)

circunstancias ineludibles: la "lógica de la revolución"; 5 lo que podría- mos llamar "el principio de MacMillan"; 6 o, en otras palabras, la revo- lución desviada de su curso por turbulencias hostiles, ya sean de origen

o externo (v.g., la rebelió n de Kornilov, la intervenció n de los

Aliados en Rusia), todo lo cual fuerza a revolucionarios inicialmente

interno

sinceros a renegar de sus promesas anteriores.

De má s está decir que estas tres interpretaciones

- a

las que

m e

referiré

nuevamente en m i conclusión - no son mutuamente excluyentes; la mayo-

ría

las tres. Sin embargo, este (conocido) argumento tiene un a cosa que es impor- tante y, sin embargo, fácil de ignorar. Los regímene s revolucionarios n o son los únicos que muestran un a brecha abierta entre la teoría y la práctica, entre su transcripción "pública" y la "oculta". 7 N i tampoco son los único s en querer llenar dich a brecha po r medi o del razonamiento engaños o y la retórica hueca. Lo s regímene s liberales burgueses son tambié n bastante experto s e n hace r gal a d e un a falsa fidelidad a sus autoproclamado s princi - pios (democráticos) . L a esclavitud coexistió durante décadas co n la Decla- ración de Derechos; a las mujeres les fue negado el voto -hasta en demo- cracias "consolidadas"- durante u n tiempo aú n má s prolongado. 8 Ho y en

de las situaciones revolucionarias incorpora n aspectos de cada un a de

"Todo poder corrompe; el poder absoluto corrompe en forma absoluta". Ala n Knight, The Mexican Revolution (Cambridge, 1986), I, p. 302, dond e se enfatiza la

importancia de "factores" (exigencias, motivos, lealtades), que no puede n ser explicados exclusiva o ni siquiera primariamente en término s de factores (¿estructurales?) previos (v.g., clase, ideología , geografía, etnicidad), sino que deben ser considerados en término s de la lógica contingente de la Revolución. E n realidad, se podría generalizar burdamente que a medid a que las revolucione s sigue n su curso, los factores estructurales previos pierde n

importancia en relació n a los contingentes.

Se le pregunt ó en cierta ocasión al Primer Ministro británico, Harold MacMillan, qu é eraJa

que los político s má s temían . A lo que replicó ; "los acontecimientos, estimado amigo , los

acontecimientos".

J.

C . Scott, Domination and theArts of Resistance. Hidden Transcripts (New

Haven, CT , 1990).

R.

B. Collier, Paths Toxoard Democracy (Cambridge, 1999), pp. 26-27;J. Markoff, Waves ofDemocracy

(Thousand Oaks, California, 1996), pp. 55-56.

Ala n

Knigh t

Revolución, Democracia y Populism o e n Améric a

Latina

día, cuand o la democracia (a lo Dahl) nuevamente h a pasado a ser l a nor- ma e n Améric a Latina (sólo Cub a y, e n opinió n de algunos, Venezuela, resisten esta tendencia), se trata de un a democracia de mucho s matices, l o cual, aparte de su inherente fragilidad, 9 involucra fallas significativas: elec- ciones menos que transparentes; 1 0 medios de comunicació n manipulados; 1 1 corrupció n endémica, 1 2 y violencia política recurrente. 1 3 D e hecho , pue- de ser verdad que el país má s democrátic o de Améric a Latina (Colombia)

sea tambié n e l má s violento. 1 4 D e ah í se desprende que los estudiosos de la política latinoamericana hayan tenido qu e recurrir a sus propios calificati-

vos académico s

(la contrapartida a la democracia "de los trabajadores", "so-

, J Vale la pena enfatuar que la cuestió n de la fragilidad, por muy crucial que sea en término s prácticos, debe ser separada analíticamente del estado de democracia. Se pueden tener democracias genuinas, aunque frágiles, tal com o se pueden tener sewdodemocracias fuertes y duraderas: véase Huntington , The Third Wave, pp. 10-11.

1 0 México , cuya "transición" hacia la democracia ha sido la má s vacilante y ambigua de todos los

en

términos de elecciones limpias y competitivas y, consecuentemente, de un mayor pluralismo

político, tal com o pareciera confirmarlo la elecció n presidencial de julio de 2000. Las elecciones estatales (v.g., Tabasco, en octubre de 2000) son cuento aparte. E n 1998, el 61% de los mexicano s esperaba que las eleccione s fueran "sucias" (contra 33% que esperaba que fueran limpias); los costarricenses y los chilenos tenía n un a percepció n muy diferente: los

países grandes de Améric a Latina, ha experimentado significativos avances, sin embargo,

costarricenses: 28% (sucias) contra 63% (limpias),

MORI , Encuestas de Opinión Pública en México, Chile y Costa Rica. Reporte Final (1998), p. 34.

los chileno s 23% y 68%: véas e Hewlett/

1 ' A medid a que las eleccione s se ha n hech o má s limpias, el foc o crític o se h a desplazado al contexto má s amplio de las campaña s política s y procesos eleccionarios, especialmente, en lo

que tiene que ver con

W. A . Orm e (editor), A Culture of Collusion. An Inside Look at the Mexican

financiamiento

de los partidos y cobertura de los medios: por ejemplo,

Press (Coral Cables,

1997); T. E . Skidmore, Televisión, Politics and the Transition toüemocracy in Latín America (Balti-

1 2

1 8

1 4

more, 1993).

W. Little y Eduard o Posada-Carbó (editores), Political

(Basingstoke,

1996), caps. 3 y 9-12.

Corruption in Europe and Latin

America

K. Koonings y D . Kruijt (editores), Societies of Fear (London , 1999). Hay evidencias muy sugerentes de México que permiten decir que a medida que aumentan la competencia y el

pluralism o político , tambié n aumenta la violencia polític a (v.g., ataques a activistas de partido

y periodistas). E n consecuencia, los derechos civiles y los políticos no avanzan al mismo paso:

Foweraker y Landman , Citizenship Rights and Social Movements: A Comparative and Statistical Analysis (Oxford, 1997), pp. 95-97. U n factor más serio y penetrante -e n particular en México , Colombia y Perú - es la "narcoviolencia". Obviamente, el impacto de la droga es una variable

independiente y no se puede culpar de ello a la democracia. E n este caso se trata de una desafortunada coincidencia en el tiempo (democratización + boom de la droga). Sin em-

bargo, podrí a argumentarse que los sistemas políticos de estos países han

deficientes en mitigar la violencia; en algunos casos, hay una clara evidencia de colusión entre políticos ("democráticos") y narcointereses.

E l más violento en términos de actividad de

y secuestros). Los críticos podrán señalar el déficit democrático de larga duración en Colom-

bia. Sin embargo, el país ha tenido la experiencia de má s de cincuenta año s de gobierno civil, elecciones competitivas en forma regular y alternancia de partidos políticos en el poder.

demostrado ser

guerrilla abierta y violencia cotidiana (asesinatos

Capítulo

3. Las tradiciones democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

cial" y "orgánica" en la jerga de los políticos): "regímenes híbridos", "demo- cracia delegativa", "democracia de baja intensidad"; todos ellos términos que buscan transmitir el importante "déficit democrático " de l que adolece Amé -

rica Latina. 1 5 D e esta manera, la brech a entre transcripción pública y la oculta n o se confina

"socialistas" o "de los trabajadores". (Se podrí a debatir acerca de l tamañ o

hacerlo podrí a fácil-

relativo de la brech a

mente convertirse en u n burd o juego de ganar puntos en la Guerra Fría).

A u n cuand o el concepto de "democracia" es complicado, pero relativa-

teoría y práctica, y entre la a los estados "progresivos",

en diferentes contextos, pero el

mente claro, n o se

E n lo qu e respecta a "tradición", n o hay necesidad (afortunadamente) de

que quedemo s atrapados e n las redes

dos impostoras conceptuales que ha n estado engañand o al público duran- te demasiado tiempo y que, aparentemente, ha n vuelto a las andadas re- cientemente. Porqu e e n este contexto, el concepto de "tradición" n o deno - ta u n conjunto de atributos que todo l o abarcan y están presuntamente relacionados estructuralmente (las "variables de patrón " de Parsons, si se prefiere), comprometidos e n tensiones dicótoma s atemporales co n sus con- trapartidas "modernas". 1 6 Po r el contrario: considero nuestras tradiciones ("revolucionarias" y "democráticas") com o organismos vivos, contingentes, idiosincrásicos e históricos que evolucionan en el tiempo y están moldea- das po r u n entorn o tempora l y espacial particular. (Dada la metáfor a darwiniana, hasta podríamo s llamarlos "memes"). 1 7 D e esta manera , en Améric a Latina podríamo s habla r de las tradiciones revolucionarias de México o Cuba, o las tradiciones democrática s de Uruguay o Costa Rica; 1 8 y cad a un a d e ellas comprenderí a un a serie suigeneris (aunqu e posiblemen - te conectada) 1 9 de principios, experiencias, mitos, textos, "transcripciones",

pued e decir l o mism o de "revolución" o de "tradición".

de la "tradición y modernidad", esas

1

1

1

1

5

6

7

8

K. Von Mettenheim yj . Malloy, "Introduction Malloy, Deepening Democracy in Latin America

Parsons, Shils y Olds, "Values, Motives, and Systems of Action", en T. Parsons and E . Shils, Toward a General Theory of Action (New York, 1962), pp. 76 y siguientes.

S. Blackmore, The Meme Machine (Oxford , 1999). H e escogido estos casos porque son estereotipos que nos son familiares. El caso de la democracia uruguaya es interesante, puesto que figuraba com o la democracia clásica -¿consolidada? - (la Suiza de Améric a Latina) en textos más antiguos: v.g., R. H . Dix, "Latin America: Oppositions and Development", en Robert A . Dahl, Regimes and Opposition (New Haven , CT , 1973), pp. 294-295. E n pocos año s pas ó a ser, en término s de prisioneros políticos per capita, el régime n autoritario má s duro de Améric a Latina: A . Rouquié , The Military and the State in Latin America (Berkeley, 1987), pp. 24-25 y 248-257.

and Conclusion", en K. Von Mettenhein andj.

(Pittsburgh, 1998), pp . 4-6 y 176.

1 9 Conectada especialmente en virtud del efecto de demostración que pareciera generar la emulació n política por toda Améric a Latina (y quizás el mundo): un a ola autoritaria en los

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

canciones, símbolos, héroes , recuerdos, supuestos y narrativas. Siguiend o

la tendencia hacia la historia provincial y local, podríamo s descompone r el

concepto aú n má s y referirnos, po r ejemplo, a las tradiciones revoluciona- rias de la Sierra Maestra de Cuba, o de las zonas insurgentes de México:

Chihuahua , Morelos, Juchitá n o la región de Laguna. 2 0

Mientras la "tradición" puede definirse útil y brevemente en estos tér- minos, el calificativo "revolucionario" complica la cosa e n form a considera- ble. E n comparació n co n "democracia" el concepto de "revolución" h a sido escasamente teorizado, en parte, porqu e se le h a prestado menos atenció n (especialmente e n los último s veinte años), 2 1 y lo que es más , po r ser inherentemente resistente a la teorización. Las revoluciones son, com o lo

expresara alguna vez Eric Wolf, "just-so stories" ("historias ejemplares"), individuales, únicas y contingentes. 2 2 Estas "just-so stories" puede n po r su- puesto constituir un a categoría significativa: podemo s referirnos e n gene-

ral a "revoluciones", o

ciales", "campesinas", "burguesas"

categoría reconocible análoga, po r ejemplo, a "guerras", "guerras civiles",

o

ción " incluiría el proceso (una lucha substancial, violenta y voluntarística por el pode r político) y u n producto (una reordenació n mayor de las rela-

má s específicamente, a revoluciones "grandes", "so-

o "socialistas" y co n ello denotar un a

de

trabajo

de

un a "gran

revolu-

"guerras

totales". M i propi a definición

ciones

sociales y políticas) P Sin embargo, un a descripción reconocible - y

por lo

tanto útil - n o constituye un a teoría (que considero implica algún

tipo de lógica causal; 2 4 o si se siente nostalgia po r la jerg a de l pasado,

112

sesenta y a comienzo s de los setenta, una ola democrátic a desde los ochenta: Huntington,

Third Wave, pp. 31-3 y 45; Markoff, Waves of Democracy, pp. 81 y 86. Para un análisis de la

tendencia emulatoria

mocratization (Oxford, 1996).

H. Thomas, Cuba: Or The Pursuit ofFreedom (London , 1971), pp. 246-247,329,904 y siguientes;

Alan

373-374.

Aunque se sigue publicando -ejemplos recientes incluyen a Kimmel, Revolution: A Sociological Interpretation (Cambridge, 1990); Rice, Revolution and Counter-Revolution (Oxford 1991) yForan , Theorizing Revolutions (London, 1997)-, tengo la impresión de que tanto el volumen com o la

originalidad de los "estudios revolucionarios teóricos" han experimentad o una declinació n desde los año s sesenta y comienzo de los setenta, especialmente en comparació n con otros temas (tales com o democratización , construcció n del estado, formació n de la nació n y economí a

política) , tendencia que no deb e sorprender, dados

E. R. Wolf, "Introduction", en N . Miller y Roderick Ayas, National Liberation: Revolution in the

Third World (New York, 1971).

The

reciente, véase L . Whitehead

(ed.),

The International Dimensions of De-

105-106, 118-127

280-281 y

Knight,

The Mexican Revolution (Cambridge,

1986), I, pp.

los acontecimientos en el "mundo real".

Perspective", Bulletin of Latin American

Research, 9/2 (1990), pp. 179-80. Se incluye en el capítul o 4 del presente libro. Dich a "lógica " pued e involucra r supuesta s causas (v.g. , "privació n relativa" , la "curv a ]") o etapas en el proces o - o "historia natural" - de la revolució n (v.g., moderad a - radie al Termidor): Kimmel, Revolution, pp. 47-52 y 75-82.

Alan Knight, "Social Revolution:

A Latin American

Capítulo

3. Las tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

ciertas "leyes del movimiento"). Aú n n o he encontrado un a lógica explica- tiva o "leyes del movimiento" que arrojen luz sobre las revoluciones (el tipo de leyes o lógica que se presenta generalmente es francamente errado, to-

talmente trivial o puramente tautológico). 2 5 Las revoluciones, com o lo su- giriera alguna vez Alasdair Maclntire, son com o hoyos en la tierra: sabemos

la tierra" sería un a

que hay u n hoyo al verlo, pero un a quimera escolástica. 2 6

sólo un a catego-

"teoría de hoyos e n

Pienso que "democracia" es u n

tanto diferente. N o es

ría reconocible sino tambié n es u n concepto que se presta má s al análisis y

a la teorización. Un a buena razón -s i comparamos "democracias" co n "gran- des revoluciones"- es que las democracias ha n sido much o má s corrientes y, po r lo tanto, el universo es mayor. (América Latina ha experimentad o sólo tres, o quizás cuatro "grandes" revoluciones "exitosas" en el transcurso del siglo XX). 2 7 L o má s importante, sin embargo, es que "democracia"

denota un a form a de

organización política que puede abstraerse de l desor-

denad o "mund o real"; su incidencia y viabilidad puede n ser objeto de eva- luación; se la puede correlacionar con , po r ejemplo, tamañ o de l país, in -

medida; y, quizás

lo má s convincente de todo, las variantes formales de la democracia pue-

(sistema binomina l versus multipartidismo; representa-

gres o per rápita o alfabetismo ) ; 2 8 su longevidad puede ser

den ser evaluadas

ción proporciona l versus lista co n má s votos; presidencial versus parlamen- taria) . 2 9 Tales investigaciones, au n cuand o n o sean siempre concluyentes,

puede n po r lo menos proceder sobre la base de premisas razonablemente claras, datos accesibles (incluyendo información cuantitativa), y muestras amplias. Ningun a de estas condiciones se da en el caso de "grandes revolu-

2 5 Un a lista reciente aparece en Wickham-Crowley, "Structural Theories of Revolution", en

J. Foran, Theorizing Revolutions (London, 1997), pp. 46-64. Es interesante observar que, a pesar

de toda una generación dedicada a la teorización revolucionaria, la caída de la Unió n Soviética

y su imperio no se anticiparon (aunque, por supuesto, ello confirmó en forma retrospectiva

alguna s teoría s favoritas): Runciman , The Social Animal (London , 1998), p. 16.

2 6 Alasdair Maclntyre, Against theSelf-Images oftheAge (London, 1971), p. 260.

2 7 México , 1910; Bolivia, 1952; Cuba , 1959; Nicaragua, 1979. Estas revoluciones fueron exitosas

en el sentido que derribaron a los antiguos regímene s y transformaron los sistemas sociales y

políticos. E n Cuba, aú n gobierna el régimen revolucionario; en México, gobern ó en una

forma que experiment ó una notable mutación hasta el añ o 2000. E n Bolivia, el régimen

revolucionario cay ó despué s de tan sól o doc e años , per o sus esfuerzos revolucionarios n o

pudieron anularse

(compáres e con Guatemala, 1954, que experiment ó una contrarrevolución

bastante definida).

L a revolución nicaragüense (1979), quizás pueda compararse a la boliviana.

2 K Dix, "Latin America", pp. 270 y 274-275; Huntington, The Third Wave, pp. 59-72; Seligson,

"Democratization in Latin America: Th e Current Cycle", en J . M . Malloy y M . A . Selig|on,

Authoritarians and Democrats. Regime Transitions in Latin America (Pittsburgh, 1987), pp. 6-10.

)uan Linz y Arturo Valenzuela, The Failure of Presidential Democracy: The Case of Latin America

(Baltimore, 1994).

1 13

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Revolución, Democracia y Populism o en Améric a

Latina

ciones", y aú n cuand o eliminemo s el calificativo de "grandes" -expandien -

do de esta form a el camp o para incluir todas las formas de revolución, gol-

pes, insurrección

la categoría se estira de tal manera que deja de ser categoría. Finalmente, el términ o "revolución" tiene un a cualidad inherentemente narrativa y, po r ende, contingente, de la que "democracia" carece. Un a democracia -espe- cialmente un a democracia "consolidada"- puede analizarse en término s de características estructurales durables (partidos, elecciones, patrones de

y hasta violencia civil 3 0 - la muestra puede ser mayor, pero

votación y, quizás, "cultura política"). Un a revolución -po r definición u n fenómen o pasajero 3 1 - lleva incorporados bruscos virajes y vueltas, y una mul- tiplicidad de factores inconmensurables (políticos, sociales, económico s y militares). Se presta para - y hasta requiere- u n tratamiento de narrativa. Es

fotografía- de la democracia

posible aprender de u n análisis estático -un a

europea o norteamericana. Si n embargo, un a "fotografía" sincrónica de las revoluciones rusa o mexicanas n o tendrí a much o sentido. 3 2 Un a vez más , se puede decir que las revoluciones son com o las guerras.

queremos

decir cuand o hablamos de un a

se

Dad a la contingencia y variación de

un a "revolución", ¿qué

tradición revolucionaria? Po r definición,

9 0 Por ejemplo, Eckstein, Internai War (New York, 1964); Tilly, "Changing Foims o f Révolution", en E . E . Rice, Révolution and Counter-Revoluiion (Oxfor d 1991); Craha n y Smith, "The State of Révolution" , en A . Stepan, Americas. New Interprétative Essays (New York 1992), pp. 79-108, tienen una posición un tanto ambivalente: definen "revolución" en términos amplios com o "la tom a ilegal del pode r polític o po r medi o del uso o la amenaz a de uso de la fuerza, co n el propósito de producir un cambio estructural en la distribución del poder político, social o económico " (p. 79): definición que por cierto parece incluir una gama de golpes militares políticament e ambiciosos (Guatemala, 1954; Perú , 1968; Chile, 1973; Argentina, 1976). N o obstante, ellos concuerdan con mi estimación de que ha habido "sólo cuatro revoluciones genuinas" en América Latina (México, Bolivia, Cuba, Nicaragua), y que golpes, com o el de Pinochet, no son "revolucionarios en el sentido estricto del término" (p. 83). Esto parece implicar una definició n má s rigurosa que la originalmente dada por los mismos autores.

" Trotsky nos leg ó la noció n de "revolución permanente". Esto, sin involucra (a) la elisió n de las revolucione s burguesa, proletaria y

embargo, a mi entender, campesin a en algú n paí s

dado (v.g., Rusia) y (b) u n proceso de revolució n mundial (que a la vez reforzaría yjustificaría

tanto, una revolución dilatada o

prolongada; por el contrario, la idea de elisión implica un rápido proceso de compresión,

que contrasta con el "vulgar

(erradamente) consideraban que "democracia y socialismo

Jaurès , Guesde y los mencheviques, quienes

[eran] dos etapas en el desarrollo

[a]). L a "revolución permanente"no significa, por lo

marxismo"

de

1

2

de la sociedad, que no son sólo distintas sino también separadas por grandes distancias temporales entre sí": Trotsky, Th e Permanent Révolution and Results and Prospects (New York, 1969), pp. 125-34; cita en la p. 131).

Por supuesto, las "fotografías" del antigu o régime n -los análisi s sincrónico s de las estructuras

de poder y de producció n prerrevolucionarias- son enteramente válidas y necesarias (considéres e el famoso primer capítulo de la Historia de Inglaterra de Macauly, en esencia, un preámbul o a la revolución de 1688). Pero tales fotografías no pueden explicar ni el proceso ni el producto de revoluciones subsiguientes.

114

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

l.nliii/i

e incluso co n

una regió n o grupo. Tambié n necesariamente implica algún grado de lon- gevidad y hasta de prescripción. Las tradiciones revolucionarias (o cual-

quier otra) n o salen, plenamente formadas, com o Palas Atene a de la cabe- za de Zeus. Ellas nacen, crecen y maduran , y puede n morir (la tradición revolucionaria mexicana, si es que n o está moribunda , po r lo menos está

deriva de circunstancias particulares: se relaciona co n u n país

en triste declinación; el sesquicentenario de

1848, po r lo que sé, no evocó

much a nostalgia popula r o conmemoració n

espontáne a

en

Europa) . Aú n

despué s

de producid a la "muerte" a nivel nacional -cuand o

los regímene s

deciden

abandonar la

política, el mit o y el discurso revolucionario; cuan-

do se derriba n las estatuas de Leni n o se borr a a Cárdena s de los textos

aú n perdura r

en las mentes de algunas personas, e n ciertas regiones o sectores de la sociedad. D e aqu í se desprende que debe evitarse la confiada exhibició n de certificados de defunció n de las revoluciones: la rebelión de Chiapas, con su explícita apropiació n de la bandera de l zapatismo, tom ó po r sorpre- sa a u n México supuestamente comprometid o co n u n nuevo (anturevo- lucionario) proyecto de reform a neolibera l y de integración de los países de Norteamérica. 3 3

A pesar de su inherente contingencia y especificidad, las "tradiciones

escolares e n México - la "tradición revolucionaria" puede

revolucionarias" aceptan u n cierto análisis tipológico de grandes trazos. D e hecho , tal análisis pued e ser necesari o co n e l fin d e capta r e l fenómen o y relacionarlo co n la democracia. M i análisis tiene dos ejes (aunque, sin duda , puede haber más) . E n prime r lugar, un a "tradición revolucionaria" puede ser "oficial" o "no oficial", es decir, puede formar parte de un a transcrip- ción "oficial" (en países en los cuales las revoluciones ha n triunfado: v.g., México o la Unió n Soviética despué s de 1917, Cub a despué s de 1959); o puede constituir un a transcripción "no oficial" o contestataria (en países en los cuales la revolución n o h a triunfado: la lista es larga, pero obviamen- te casos clásicos en Améric a Latina serían Per ú y Colombia, de los cuales ningun o h a experimentad o un a genuin a revolución popula r pero ambos han producid o vigorosos y durables movimientos revolucionarios: Sendero Luminos o en el Per ú las FAR C y el EL N en Colombia). Existe tambié n el complicado caso de regímene s revolucionarios de antañ o -po r ejemplo, la Rusia contemporánea , y cada vez más , el México contemporáneo , los cua-

pro-

les ha n repudiad o su "tradición revolucionaria" a favor de u n nuevo

G. A . Collier y E . L . Quaratiello, Basta! Land and the Zapatista Rebellion in Chiapas (Oakland,

1994); N . Harvey, The Chiapas Rebellion (Durham, 1998).

115

Ala n

Knight ^

yecto "antinA

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f Zhirinovsky y Marcos apelan a la gente má s que al

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, r etorn e a la vieja "tradición revolucionaria". Tam -

realmente que el gobiern o renun-

£ C jr, n o esperan

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término s

de su propi a "transcripción pública"

mandat o

popula r a fin de transforma r l a polí -

^eflos, extraer substanciales concesiones. 3 4 E n los

tradición com o e n

a la décad a de los ochenta), dich a contr a de l mism o gobierno . Cuan -

y proclamaciones, sus

proporciona n el cano n en contra del cual se pue-

de los derechos humanos,

filados del socialismo. 3 5

¿oí* 1 0 1 0 sugiere este breve men ú ideológico, es , ¡-evolución de la que estamos hablando. Aqu í se

a revolucionaria, sin embargo, cuand o la /ip¡finab a en form a oficial (tanto en Rusia

1917

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///ha y un a

especie de "contrarrevolución" ,

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. ¡-ras y, e n meno r grado, los golpes y regímene s

/ ¿e l Con o Sur de Sudaméric a en las década s de

> 1 os presidentes Fox y Putin.

J^lgg Arts of Resistance. Hidden Transcripts (New Haven , CT, 1990),

rries of Transition", en S. Mainwaring, G . O'Donnell and J . S.

jjTj Consolidation (Notre Dame, 1991), pp. 1-3, que incluye

bueno s

» de patrones de apoyo de clases sociales y "progresista" (que es , m términos del programa revolucionario y su capacidad para

ido de poder a los grupos populares. Nótes e que no son esenciales

(v.g., marxista), y que los movimientos campesinos

:^

v olucionarios

' i e rito s revolucionarios a programas bastante moderados y

( .'"

(véase Knight, The Mexican Revolution, I, pp. 309-315).

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

los sesenta y los setenta (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile) P Au n cuand o el status "revolucionario " de estos fenómeno s depender á de l a definició n de "revolución" que usted adopte (así com o de su lectura de los registros históricos), no hay dud a que ellos tambié n encarnan los principios, expe-

riencias,

mitos, textos, "transcripciones", canciones, símbolos,

héroes , re-

cuerdos,

supuestos y narrativas que, e n conjunto, constituyen

un a "tradi-

ción", o u n meme, o u n conjunto de memes). Podríamos , si as í l o deseamos, referirnos a ellos com o "tradiciones contrarrevolucionarias", puesto que

influencias formativas en, po r dar

un ejemplo, la trayectoria histórica de Argentina. 3 8 Au n cuand o n o pre-

inclusión rebasaría los límites ya forza- debe ser reconocida: (a) porque son

numerosos; (b) porqu e existen en un a relación dialéctica co n las tradicio- nes "revolucionarias", co n cada un a de ellas sirviendo para definirse y com- probarse mutuamente (retomar é este punt o má s adelante), y (c), porqu e

hasta puede n derivarse d e tradicione s revolucionaria s previas. E n otras pa-

labras, al i r avanzando

revolucionaria) se convierte en la contrarrevolució n del mañan a (y la tra- dición contrarrevolucionaria).

han sido percibidos po r algunos com o

tendo detenerm e e n estos casos -s u dos de este artículo - su existencia

la historia, la revolución

de l ayer

(y la

tradición

Com o he hecho notar (nota 16), Crahan y Smith, "The State of Revolution", pp. 79-83, admiten que las "revoluciones de derecha" podría n calzar co n su definició n general. Sin embargo,

cuando

militares del Con o Sur -qu e son bastante violentos y que, en

"alteran substancialmente los medios de acumulació n de capital" y "causan una profunda

transformación socioeconómica " (p. 83)-le s falta atrevimiento y afirman que tales regímene s

representan "no una revolución sino

podría decirse del nazismo. Si deseamos reservar el término "revolución" sólo para movimientos progresistas o de izquierda, tenemos que ya sea incorporar tal criterio dentro de la definició n inicial (un enfoque un tanto arbitrario que Crahan y Smith no adoptan) o tenemos que inferir

están confrontados precisamente a esas revoluciones, bajo la forma de regímene s

las propias palabras de los autores

represió n de derecha". Por supuesto que lo mismo

el necesario izquierdismo/progresivismo de la definición dada: por ejemplo, se podría argumentar que solólos movimientos/regímene s de izquierda pueden (a) concitar un apoyo lo suficientemente amplio y (b) prometer y establecer un "cambio estructural" lo suficientemente profundo como para calificarlos de verdaderamente revolucionarios. Tal argumento no carece de mérito, pero pienso que, a la larga, resulta inconvincente. Hágase una simple pregunta: ¿fue Hitler más revolucionario que, digamos, Dantón, Zapata o Víctor Paz Estenssoro (líder del MN R boliviano en 1952)? Si tiene que darse el tiempo para pensar, quiere decir que, al menos, usted considera la posibilidad de que movimientos de derecha represivos y reprobables puedan ser "revolucionarios", en el sentido de despertar un amplio apoyo y obtener profundas transformaciones sociopolíticas.

Shumway, The Invention of Argentina (Berkeley, 1991), postula una especie de pecado original

ideológic o con el cual naci ó Argentina, y que condena a ese país a la recurrencia de regímene s autoritarios y de exclusión : los expertos no están totalmente convencidos. Rock, Authoritarian

Argentina (Berkeley, 1993) lucionaria nacionalista.

ofrece un estudio meno s controversial de la tradición contrarrevo-

117

Al.in Knight

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

La

yecto "anturevolucionario", permitiend o así a los disidentes (Zhirinovskj

opoil

ción al "nuevo" régimen . Zhirinovsky

gobierno de turno, es decir, n o esperan realmente que el gobiern o renin i cié a su proyecto actual y retorne a la vieja "tradición revolucionaria". Ta m

Subcomandante Marcos), recoger la descartada bandera e izarla en

y Marcos apelan a la gente má s qiu.il

poco apelan al gobiern o

en

término s

de su propi a "transcripción pública"

oficial.

Má s bien , busca n u n

mandat o

popula r a fin de transforma r l a poli

tica de

estado o, po r lo menos, extraer substanciales concesiones. 3 4 E n los

viejos días de la ortodoxia revolucionaria, sin embargo, cuando la tradición revolucionaria todavía dominab a en form a oficial (tanto en Rusia com o en México, aproximadamente, desde 1917 a la décad a de los ochenta), dicha táctica discursiva podí a ser empleada en contra del mism o gobierno. Cuan-

d o las revolucione s deja n d e cumpli r sus promesa s y proclamaciones , sus transcripciones oficiales proporciona n el cano n en contra del cual se pue-

den emitir juicios o apelar, ya sea e n nombr e

Herraj libertad, o los postulado s de l socialismo. 3 5

E n segundo lugar, com o lo sugiere este breve men ú ideológico, es crucia l señala r l a clase d e revolució n d e l a qu e estamo s hablando . Aqu í se necesitan dos clarificaciones relacionadas. L a primer a es que, po r diversas buenas razones, las revoluciones "grandes" y "sociales" de la historia -aqué - llas que calzan cómodament e co n m i definición anterior - usualmente ha n

de carácte r popula r y progresista e n su arre- un a especie de "contrarrevolución" , conser-

sido, e n término s generales, metida. 3 6 Sin embargo, hay

vadora y de derecha, que tambié n calza co n un a versión diluida de esta definición (una movilización de masas violenta y voluntarística, u n reorde- namiento social y político substancial): las "revoluciones" fascistas de la Europ a entre las dos guerras y, e n meno r grado, los golpes y regímene s

"burocrático-autoritarios" del Con o Sur de Sudaméric a en las década s de

de los derechos humanos,

Huelga decir que la comparació n no implica ningú n tipo de parentesco polític o entre Marcos y Zhirinosky y tampoco entre los presidentes Fox y Putin.

Ufi

J . C . Scott, Domination and

the Arts of Resistance. Hidden

Transcnpts (New

Häven , CT , 1990),

p.

Valenzuela, Issues inDemocratic Konsolidation (Notre Dame, 1991), pp. ejemplos y chistes. Defino "popular" en término s de patrones de apoyo de clases sociales y un poco má s complicado) en términos del programa revolucionario

beneficiar y otorgar cierto grado de poder a los grupos populares. Nótes e que no son esenciales los programas formalmente revolucionarios (v.g., marxista), y que los movimientos campesinos pueden enganchar movimientos revolucionarios a programas bastante moderados y ostensiblemente "reformistas" (véase Knight, TheMexican Revolution, I, pp. 309-315).

S.

54,

y A . Przeworski,

"Games of

Transition",

en

S.

Mainwaring,

G . O'Donnell

and J .

1-3, que incluye bueno s

"progresista" (que es y su capacidad para

Capítulo

3. Las tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

los sesenta y los setenta (Brasil, Argentina , Uruguay , Chile) . Au n cuand o el status "revolucionario " de estos fenómeno s depender á de la definició n de "revolución" que usted adopte (así com o de su lectura de los registros bistóricos), n o hay dud a que ellos tambié n encarnan los principios, expe-

riencias,

mitos, textos, "transcripciones", canciones, símbolos,

héroes , re-

cuerdos,

supuestos y narrativas que, e n conjunto, constituyen

un a "tradi-

ción", o u n meme, o u n conjunt o de memes). Podríamos , si as í lo deseamos, referirnos a ellos com o "tradiciones contrarrevolucionarias", puesto que han sido percibidos po r algunos com o influencias formativas en, po r dar

un ejemplo, la trayectoria histórica de Argentina. 3 8 Au n cuand o n o pre- tendo detenerm e e n estos casos -s u inclusión rebasaría los límites ya forza-

dos de este numerosos;

nes "revolucionarias", co n cada un a de ellas sirviendo para definirse y com-

probarse mutuamente (retomar é este

hasta puede n derivarse d e tradicione s revolucionaria s previas. E n otras pa-

labras, al ir avanzando la historia, la revolución del ayer (y la tradición revolucionaria) se convierte en la contrarrevolució n del mañan a (y la tra- dición contrarrevolucionaria).

artículo - su existencia debe ser reconocida : (a) porqu e son (b) porqu e existen en un a relación dialéctica co n las tradicio-

punto má s adelante), y (c), porqu e

3 7 Gomo he hecho notar (nota 16), Crahan y Smith, "The State of Revolution", pp. 79-83, admiten que las "revoluciones de derecha" podría n calzar co n su definició n general. Sin embargo , cuando están confrontados precisamente a esas revoluciones, bajo la forma de regímene s

militares del Con o Sur -qu e son bastante violentos y que, en las propias palabras de los autores "alteran substancialmente los medios de acumulació n de capital" y "causan una profunda transformació n socioeconómica " (p. 83) - les falta atrevimiento y afirman que tales regímene s

represió n de derecha". Por supuesto que lo mism o

podría decirse del nazismo. Si deseamos reservar el término "revolución" sólo para movimientos progresistas o de izquierda, tenemos que ya sea incorporar tal criterio dentro de la definició n inicial (un enfoque un tanto arbitrario que Crahan y Smith no adoptan) o tenemos que inferir el necesario izquierdismo'/progresivismo de la definición dada: por ejemplo, se podría argumentar que jófolos movimientos/regímene s de izquierda puede n (a) concitar u n apoyo lo suficientemente amplio y (b) prometer y establecer un "cambio estructural" lo suficientemente profundo com o para calificarlos de verdaderamente revolucionarios. Tal argumento no carece de mérito, pero pienso que, a la larga, resulta inconvincente. Hágase una simple pregunta: ¿fue Hitler más revolucionario que, digamos, Dantón , Zapata o Víctor Paz Estenssoro (líder del MN R boliviano en 1952)? Si tiene que darse el tiempo para pensar, quiere decir que, al menos, usted considera la posibilidad de que movimientos de derecha represivos y reprobables puedan ser "revolucionarios", en el sentido de despertar un amplio apoyo y obtener profundas transformaciones sociopolíticas. 3 8 Shumway, Thelnvention of Argentina (Berkeley, 1991), postula una especie de pecado original ideológic o con el cual naci ó Argenüna , y que conden a a ese país a la recurrencia de regímene s autoritarios y de exclusión : los expertos no están totalmente convencidos. Rock, Authoritarian Argentina (Berkeley, 1993) ofrece un estudio menos controversial de la tradició n contrarrevo- lucionaria nacionalista.

representan "no una revolució n sino

117

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

Esto nos lleva a la segunda clarificación. Las grandes revoluciones asu-

m e n diferentes formas, y se ha n propuesto diferentes tipologías. Dichas tipologías puede n estar relacionadas co n el componente de clase (revolu- ción "campesina" en contraposición a "de los trabajadores"); con el de agente (revoluciones "desde arriba" o "desde la base"); 3 9 co n objetivos amplios (v.g., revoluciones "nacionalistas" y guerras de liberación nacional) ; co n patrones de construcció n del estado, com o lo destaca Skocpol; 4 0 o co n

"orientales " y "occidenta -

les" de Huntington. 4 1 Au n cuand o preferiría n o tener que escoger -las

revoluciones puede n tener múltiples características y, po r consiguiente,

puede n demandar tipologías de clase convencional que en

versiones "burguesa" y "socialista". D e hecho , esta distinción es particular- mente pertinente en el presente contexto, dado que la relación de la tradi-

l a tradició n "democrática " está firmemente asocia-

da co n las formas contrastantes de "burguesa" y "socialista".

Las revoluciones "burguesas", definidas convencional y útilment e en-

carnan (i) la tom a del pode r po r la

circular al que le llora la pregunta de quiéne s son los burgueses), y (ii) u n

program a o proyecto que esté dirigido a los intereses burgueses y que co n ello promueva un a economí a de mercado capitalista, el libre movimiento de los factores de producció n (de ah í la abolición de la servidumbre, la tenencia colectiva de la tierra y monopolio s del Antiguo Régimen) , garan- tías a la propieda d y contratos, y (probablemente) la formación de un a nación-estado (¿liberal, representativo?) capaz de proteger y promove r los

burguesí a (un argumento u n tanto

ció n "revolucionaria " y

categoría s suigeneris, tales com o las revolucione s

múltiples 4 2 - yo le darí a priorida d al enfoque las "grandes revoluciones" distingue entre las

Barrington Moore, Social OriginsojTHctatorshipandDemocracy (Harmondsworth, 1969), caps. 7y 8. Thed a Skocpol, States and Social Revolutions (Cambridge, 1979). Samuel Huntington, Polilical Order in Changing Societies (New Haven, CT , 1971), pp. 266 y siguientes.

Eso n o quier e decir que todas las tipología s posea n el mism o pode r explicativo. Algunas -aú n suponiendo que sean "verdaderas" (i.e., que presentan una razonable conformidad a la realidad)- son mayoritariamente descriptivas y no arrojan mucha luz sobre los por qu é y los para qu é de las revoluciones (¿po r qu é suceden ? ¿qu é es lo que logran?). Por ejemplo , el análisis de Moor e en Social Origins, de las "tres rutas" incorpora, en m i opinión , un a serie de proposiciones contundentes y plausibles sobre los tipos de revolución . L o mism o se pued e decir del modelo demográfico de revoluciones en sociedades agrarias de Goldstone, Revolu-

in the Early Modern World (Berkeley, 1991). Por el contrario, la asimilación en States and Social Revolutions, de las revoluciones inglesa, francesa y chin a causas y consecuencias - bajo la rúbric a de construcció n de u n estado, me

tion and Rebellion que hace Skocpol, - y sus respectivas parece ser menos

Puede ofrecer una tipología descriptiva moderadamente convincente, pero no estoy seguro de que sea much o lo que explique.

útil, ya que

el criterio comú n es deficiente y, hasta cierto punto, tautológico .

1 IS

Capítulo

3. Las tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

intereses burgueses. 4 3 Tal proyecto, tradicionalmente definido en térmi- nos político-económicos restringidos (en realidad, a veces concebid o e n forma instantáne a y antropomór f ica: la burguesía, luciend o u n gorro frigio

en su cabeza

Liberta d co n

u n

dos com o la caíd a de la Bastilla, y que comprende n n o sólo un a transfor- mació n política y económica , sino tambié n cultural. Co n esto llegamos al "Gran Arco " de E . P. Thompson , concepto que h a sido desarrollado po r Corrigan, Sayer y otros. 4 4 Au n cuand o las revoluciones socialistas involucran una transformación comparable en las estructuras políticas y económica s (socialización de los medios de producción , creación de un a economí a di-

el pech o desnudo), deberí a ser considerad o má s bie n com o proceso punteado, quizás po r eventos dramáticament e acelera-

colectiva, asaltando la Bastilla, bajo la conducció n de un a

largo

rigida, proyecto cultural, generalmente bajo el domini o de u n únic o parti- d o socialista) , 4 5 tienden a ser má s repentinas y deliberadas, entre otras ra-

zones, porqu e revolucionaria. 4 6

Es axiomático -o , al menos, comú n y convencional - el discernir un a diferencia mayor entre los proyectos políticos de estas dos revoluciones (y sus consiguientes tradiciones revolucionarias), diferencia que tiene que ver con democracia. E n término s simples y familiares, la form a liberal repre- sentativa (dahliana) de la democracia está íntimament e asociada a las revo- luciones burguesas (que son las que, típicamente, instituyen tal forma).

está n equipadas de u n program a detallad o de acció n

Alan Knight, "Social Revolution", p. 184. Véas e Corrigan y Sayer, The Great Arch: linglish State Formation as Cultural Revolution (Oxford, 1985), que sirve de base para una visión teórica sobre la formació n del estado revolucionario mexicano enjosep h y Nugent (eds.), Fverydaj Forms of State Formation (Durham, 1994). Me refiero, por supuesto, a las revoluciones marxistas/socialistas, que acomete n una decisiva transformación de la sociedad y de la economía , y no a reformas socialdemócratas, que

generalmente

democracia es un programa para mitigar los efectos de la propiedad privada y la asignació n de mercado y no un proyecto de sociedad alternativo"). Por supuesto, un proyecto social- demócrat a podría ser revolucionario en un contexto lo suficientemente atrasado, feudal, cleri- cal, autoritario (v.g., ¿el sur de Españ a en los año s treinta? E n la práctica, las revoluciones socialistas exitosas (= perdurables) siempre han sido marxistas/socialistas, má s que social- demócratas. De esto se desprende que la norma haya sido el "gobierno de un único partido socialista". As í y todo, el experimento de corta vida de Allende fue socialista -fue má s allá de la socialdemocracia- pero no impuso el gobierno de un solo partido. L a aparente incompatibilidad histórica entre un socialismo (auténtico) y la democracia electoral ha sido

explorada por Przeworski y Sprague, Paper Stones (Chicago, 1986).

no lo hacen (com o dice Przeworski, "Carnes of Transilion", p. 7: "la social-

E n este punt o estoy de acuerd o con la descripció n de Hobsbawm de las revoluciones burguesas com o (en mis términos) flexibles y fungibles, pero veo má s propósito -y quizás menos "experimentación , tanteo y cambio de rumbo" - en las revoluciones o regímene s socialistas:

Hobsbawm , "Revolution", en R. Porter an d M . Teich , Revolution in Hütory (Cambridge, 1986), pp. 26-27 y 30-31.

1 19

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o en Améric a

Latina

Por el contrario, los revolucionarios socialistas a menud o repudian dich a forma (com o una "farsa burguesa") y afirman -sincera o hipócritamente , com o hemos podid o notar- que ellos ofrecen un a form a superior de de-

mocracia (de los trabajadores, popular, participativa o directa). 4 7 Po r lo tanto pareciera ser un a conclusión de certeza casi euclidian a que las revo-

luciones burguesas

destruidas po r las revoluciones socialistas, quizás a la búsqued a

generan

democracias dahlianas, las que, a su vez, son

de u n régi-

men que sea má s auténticament e representativo y/ o económicament e má s justo.

Historia, sin embargo, n o funciona com o la geometría . Au n cuando

hay u n cierto grado de verdad en

por lo menos dos desviaciones de la norm a presunta. E n prime r lugar, au n cuando u n orde n liberal democrátic o es, com o dijera Lenin, la "mejor cora-

za política" para u n orde n económic o

la generalización anterior, son aparentes

L a

burgué s capitalista, n o es el único. 4 8

Las sociedades capitalistas tempranas fueron -durante largos períodos de

tiempo - oligárquicas má s que democráticas (esto es aplicable tanto a la In- glaterra del siglo XVIII com o a Améric a Latina del siglo XIX); 4 9 algunas sociedades capitalistas má s maduras han sido francamente autoritarias - dan testimonio de esto el fascismo en Europ a o el "autoritarismo burocráti- co" de l Con o Sur. África poscolonial es ampliamente capitalista pero nada

de democrática . Quizás éstas sean

d o la relación entre capitalismo y democracia esté lejos de ser una certeza, dicha relación sea mutuamente óptima, de manera tal que podemos hablar de un a "afinidad elecüva" que, felizmente, se logra en las circunstancias apro- piadas; quizás, com o comento en m i conclusión, las "circunstancias apropia- das" actualmente se dan en América Launa . Si n embargo, las excepciones son numerosas y, e n algunos casos, de bastante larga duración . E l punt o esencial fue bien planteado po r Barringto n Moore hace unos treinta años:

aberraciones pasajeras; quizás, aun cuan-

la "ruta capitalista hacia el mund o moderno " n o necesariamente pasa po r

Com o decí a Lenin , "el parlamento burgués , inclusive el má s democrátic o en la má s democrátic a

burguesía , es

una máquin a para la supresió n de millones de trabajadores por pequeño s grupos de explotadores": citado en Przeworski, "Carnes o í Transition", p. 41. Co n respecto a América Latina, véas e üix , "Latín America", p. 283, n. 85. C. W. Barrow, Critical Theories of the State (Madison, 1993), p. 59.

"Oligárquico " es un o de las mucho s posibles rótulo s para los regímene s del siglo XI X y

268, prefiere

hablar de "aristocracias con participación limitada [sic]"; Moore, Social Origins, p. 438, en una

de sus dos referencias a

comienzos del siglo X X en gran parte de Améric a Latina: Dix, "Latín America, p.

de las república s en la cual se sigan preservando la propiedad y el gobiern o de la

Améric a Latina, sugiere "gobiern o autoritario semiparlamentario"; a

lo que hace eco Mouzelis, un a de las mejores y má s sistemática s de tales comparaciones . Ver N . Mouzelis, Politics in the Semi-Periphery. Early Parliamentarism and Late Industrialization in the Balkans and Latin America (London , 1986).

120

Capítulo

3.

Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

los verdes campos de la democracia liberal: tambié n puede abrirse paso por el medi o de los desiertos del autoritarismo. 5 0 Además , la Historia h a

producid o bastantes casos de retroceso

de 1964, donde el capitalismo perdur ó - y hasta floreció- al tiempo que la democracia cedía el paso al autoritarismo.

L a segunda desviación es en parte teórica y en parte práctica y tambié n tiene particular relevancia para Améric a Latina. Las actitudes socialistas y marxistas hacia la democracia liberal n o han sido uniformemente hostiles o excluyentes. Si bien para algunos era un a farsa burguesa, para otros ofre- cía u n medio de promover los intereses políticos e incluso los económico s

de la clase trabajadora. Los defensores de esta última alternativa n o necesa- riamente eran discípulos revisionistas de Eduar d Bemstein : el mism o Mar x era ambivalente co n respecto al potencial de la "democracia liberal", y mucho s de sus seguidores -"marxistas pluralistas", segú n un a de las

formulaciones- ha n enfatizado el potencial de explotar las oportunidades

democrática s para favorecer los intereses de la clase trabajadora: "en aque-

bien establecida, la dich a tradición -l a

urn a de votación, el sistema de partidos competitivo - primero para ganar

y segund o par a usar e l estad o co n e l fin d e reestructu -

como , po r ejemplo, Brasil despué s

llos países en

que la tradición liberal democrátic a está

utilizar los recursos de

"transición al socialismo" debe

el contro l de l estad o

rar la sociedad". 5 1 Much o antes de

su reciente conversión al liberalism o y

al capitalismo corporativo, la social

democracia europea se adapt ó a

la po-

lítica democrátic a (dahliana), com o lo hiciera n igualmente mucho s

parti-

dos comunistas. E n Améric a Latina, también , la mayorí a de los partidos

comunistas opt ó po r la participación democrátic a (cuando se les permi- tió); ellos rechazaron co n desdé n el aventurerism o revolucionario quijo- tesco (com o el del Ch e en Bolivia); 5 2 y Chile fue testigo de la primer a elecció n en la historia de u n gobiern o democrátic o marxista. L a "vía chi- lena" ofreció, po r lo tanto, la posibilidad de combina r u n genuin o pro-

paladines

del socialismo (Lenin, Stalin, Mao , Castro), vencedores en el camp o de

batalla y n o en las urnas, había n evitado cuidadosamente. E l experiment o chileno , es sabido , tuv o u n prematur o y sangrient o fin. Si n embargo , tam -

gram a socialista y un a política democrática , algo que anteriores

bié n los

sandinistas, aunque

victoriosos

en el camp o de batalla, permitie-

ron un a

política democrátic a y, a

su vez, fueron derrotados e n las urnas

e n

1990.

5 0 Barrington Moore, Social Origins, cap.

5 1 D. Held, Models ofDemocracy (Cambridge, 1996), pp. 147-152. 5 2 R. Gott, Rural Guerrillas in Latin America (Harmondsworth, 1973), pp. 498-514.

8.

Ala n

Knigh t

Revolución, Democracia y Populism o e n Améric a

Latina

D e tod o esto se desprende

qu e l a relación entre revoluciones y "tradi-

ciones revolucionarias", po r un a parte, y regímene s democrático s o autori- tarios, po r l a otra, claramente n o es invariable y exige u n examen má s cer- cano para ver si aparecen algunos patrones reconocibles. E n e l resto d e este artículo, po r consiguiente, har é precisamente eso e n el contexto d e América Latina, desde un a perspectiva amplia e n términos tanto d e tiemp o (c. 1800 hasta e l presente) com o d e espacio (toda Améric a Latina).

2. El liberalismo latinoamericano

Las América s e n genera l se ven , sub specie aeternitatis, com o u n baluart e de l liberalismo. Lo s principios del "liberalismo burgués " -u n gobiern o repre- sentativo dentro de l marco d e naciones-estado republicanas, unid o a u n proyecto económic o formulad o sobre la base d e las relaciones d e merca- d o - ejercieron un a temprana atracción qu e se vio má s claramente e n las Trece Colonias/Estados Unidos, pero tambié n a l su r de l Rí o Grande . Ha y dos razones básicas y obvias para ello. L a primer a es qu e las Américas for- maro n parte d e la expansió n imperial inicial d e Europa, po r lo que recibie- ron e l sello d e los valores y prácticas europeas má s profund a y durade- ramente que Africa o Asia. Iberoaméric a vivió la experiencia d e má s d e tres

siglos d e u n imperi o europe o formal,

e n contraste co n India, qu e experi-

ment ó u n siglo d e hegemoní a informal, seguida d e u n siglo d e

domini o

(más o

menos) formal. Africa experiment ó menos d e u n siglo d e

domini o

formal, y China, menos d e u n siglo d e hegemoní a informal. L a impronta

europe a fue especialmente

cadas e n la periferia y n o e n las antiguas zonas d e importancia andinas < > del interio r mesoamericano-, dond e l a població n indígen a fue mayori-

tariamente eliminada y se desarrollaron sociedades

com o fu e e l caso d e Canadá , Estados Unidos, Uruguay, e l Chile Central, el

sur d e Brasil y el litoral argentino. 5 3

profund a e n las Américas "neoeuropeas" -ubi -

d e colonos europeos,

Las zonas periféricas

americanas -comparada s co n e l interio r amei i

cano (especialmente Méxic o y Perú) - encarnaro n cuatro características:

(i) y a a fines de l siglo XVII I se encontraba n estrechament e vinculada s a l

comercio mundia l y, e n especial, al comerci o e n bienes agrícolas primarios (en contraposició n a metales preciosos); 5 4 (ii) s u població n d e colabora-

A. W. Crosby, Ecological Imperialism (Cambridge, 1986), p. 2 y siguientes.

Buenos Aires fue, obviamente, u n gran centro de almacenaje del comercio en niélales preciosos, especialmente luego d e las reformas administrativas d e los Borbón . Sin embargo,

122

Capítulo

3. Las tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

dores "prefabricados", n o solamente tenía u n ágil comercio co n Europa, sino qu e tambié n er a inusualmente abierta a las ideas europeas, incluyen- do e l liberalismo (d e dond e se deriva e l aforismo d e Tuli o Halperín : "Ar -

gentina naci ó liberal") ; 5 5 (iii) l a relativa ausencia d e un a població n indíge- na densa disminuy ó las barreras étnicas y d e casta, co n l o qu e l a noció n d e una ciudadaní a uniform e se convirtió e n plausible y atractiva, 5 6 y (iv) la

Iglesia Católica , qu e estaba firmemente arraigad a era má s débil e n l a periferia (com o se desprende

oposiciones binarias d e algunas ciudades: Ciuda d d e México/Veracruz ; Bogotá/Barranquilla ; Quito/Guayaquil) . L a participación e n e l comercio mundia l hizo qu e las restricciones mercantilistas fueran aú n má s amargas de tragar, mientras qu e l a ausencia d e divisiones d e casta y la debilidad d e la Iglesia incentivaron los sentimientos d e gobiern o autónom o e indepen - dencia. (Por el contrario , dond e la población indígen a o negra er a nume-

rosa y constituía un a amenaza, e l gobierno colonial ofrecía un a cierta ga- rantía para los intereses d e los blancos o d e la clase propietaria, tal com o l o

ejemplo

e n la s tierras interiore s d e un a simple serie d e

admití a co n franqueza l a élite cubana, a l contempla r e l horrible

de Haití: "Cuba será español a o africana"). 5 7 N o es d e extrañar, po r lo tan- to, qu e las cunas d e la independenci a d e Améric a Latina hayan estado e n l a periferia -Bueno s Aires, Caracas, Santiago - y n o e n e l viejo corazón colo-

dich o comercio declin ó rápidament e co n las guerras d e la Revolució n Francesa y las

la exportación de

productos agropecuarios: cueros, charqui, sebo y, má s adelante, lana. A decir verdad, este resultado "fisiocrático" correspondi ó a las preferencias declaradas d e ideólogo s d e la

Independencia com o Belgrano: J . Adclma n Republic of Capital: Buenos Aires and the Legal Trans-

napoleónicas y, luego de 1810, la economí a porteña pasó a depender de

formation of the Atlantic World (Stanford,

1999), pp . 63-3 y 69.

Tulio Halperin-Donghi, "Argentina: Liberalism in a CoUntry Born Liberal", en J. L. Love and

N. Jacobsen, Guidingthe Invisible Hand

Hay una obvia falla e n este argumento: precisamente por carecer de una población indígena

lo suficientemente densa para

americanas -desde el antiguo Su r de los Estados Unidos a Buenos Aires- terminaron po r

depender en varios casos de la man o de obra de esclavos negros, lo qu e n o contribuyó en

absoluto a la formació n d e u n amplio espíritu ciudadano, e hizo qu e la rebelió n d e las colonias

fuera un tanto riesgosa. D e hecho, e l proceso de rebelión -e n Venezuela, por ejemplo- estuvo fuertemente influenciado por la existencia de la esclavitud. Sin embargo, es necesario hacer notar do s puntos: primero, la hipocresí a estructural de l "liberalismo burgués " (vista má s descarnadamente en las Trece Colonias) podía permitir la coexistencia de la esclavitud y la

rebelió n colonial, po r lo meno s mientras la rebelió n n o abriera las compuertas a la insurrecció n

(New York, 1988), pp. 99-116.

hacerla trabajar e n la

producció n d e ganancias, las periferias

de los esclavos (com o sucedi ó e n Haití) y, segundo", Aires y Caracas estaban preparados -a l contrario de

Habana - para, a la larga, sacrificar la esclavitud en aras d e la rebelió n y el republicanismo, ya

sea porque su compromiso ideológic o co n los principios liberales era má s fuerte, o porque su apego material a la mano de obra esclava era má s débil.

los rebeldes anticoloniales d e Buenos

lo que sucedía co n los rebeldes en L a

J. Martínez Alier, Haciendas, Plantations and CollectiveFarras (Hassocks, 1977), p . 95.

123

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améritii

Latini

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

L^atina

nial (Lima, Ciuda d de México). Fue tambié n en la periferia que el ejen iplo de los Estados Unido s tuvo má s peso y, además , mayor relevancia poi MI má s directamente comparable. 5 8 Bueno s Aires, en particular, demosi r ó Ufl

liberalismo precoz, que uní a el

clavos, el sufragio universal, patriotismo popula r y nociones de virtudes i r

publicanas. 5 9

Por supuesto, "republicano" n o quiere decir "democrático". Pero en

de la patria inevitables,

virtud de l a disolució n de principio s dinástico s y adscriptivos, y la

reafirmación de la noció n de gobierno republicano, los padres de los estados latinoamericanos hiciero n posibles, po r no decir

las prácticas democrática s liberales. Porque , si el puebl o era soberano, ¿cóm o podría expresarse esa soberaní a sino po r medi o de u n gobierno represen- lalivo? A decir verdad, al comienzo, el gobierno en Améric a Latina n o sólo era republican o sin o tambié n libera l y alguna s vece s hast a democrático .

I .as primera s constitucione s incorporaro n e l sufragi o masculino , e l qu e a veces era u n sufragio masculino bastante amplio. 6 3 Au n cuando en la déca-

d a d e 1830 vin o un a reacció n

cx( lusionista, esto rara vez di o po r resultado principio s de repudio hacia el gobierno republicano. L o que sucedió fue que hub o un a restricción de derechos políticos, las elecciones fueron arregladas, y caudillos conserva- dores cogiero n las riendas del poder. Si n embargo, los caudillos -Santa \niia, Rosas, Páez, Portales- continuaron siendo republicanos, atribuyén- dose legitimida d popula r y nunc a establecieron dinastías perdurables. Más aún , e l gir o exclusionari o d e los 1830 fue seguido , a mita d d e siglo aproxi -

II laciamente, po r un a renovada afirmación de los valores liberales, asociada .1 la aparición de un a nueva generación posterior a la independencia (Juárez

Argentina) que en cierta

en México, Mosquer a en Colombia, Sarmiento en

libre comercio, la emancipació n

de

los el

asunto de acción ln

roica independiente en, po r ejemplo, el Rí o de la Plata y Nuev a Granada

gener ó mito s patriótico s que entretejiero n nocione s de mito s fundacionale s d e las nuevas repúblicas . A pesa r d e

Por otra parte, el logro de la independencia -u n

liberalism o i lo-,

coqueteo s

inicia

les co n la monarquía , las naciones hispanoamericanas emergiero n com o

monárquico s había n probai li l

ser costosos fracasos; de ah í que no hubiera u n principio dinástico al ma l los conservadores o clericales pudiera n apelar en form a efectiva. (Los m

dio s andino s s í podía n remontars e a los Incas, per o tal atavism o indígena, breve y sangrientamente encarnado en la revuelta de Túpa c Amar u de 178( >.

del siglo XIX , sólo podía

aterrorizar a los blancos y a los mestizos). 6 0 Las repúblicas, nacidas en el

context o d e un a

ll o de l liberalism o desd e e l comienzo : hasta lo s conservadore s com o Garcíl

Moren o d e Ecuador , quie n dedicar a l a nació n a l Sagrad o Corazó n d e fesúl, predicaban la soberaní a del pueblo com o la base del gobierno legítimo "'

Comparativament e hablando , desd e comienzo s de l siglo XI X

hispana no tuvo monarcas, zares, reyes tribales ni principados. Preval» < le

lll

rebeliones anticoloniales y el Presidente Monro e servicialmente compr o meti ó a los Estados Unido s a defende r este status quo republican o d< I revanchismo europeo. 6 2

r o n los principio s de gobiern o republican o cuyos cimiento s estaban en

l a Améric»

y revivido esporádicament e en revueltas menores

qu e conduj o a u n tip o d e polític a má s

firmemente republicanas . Lo s experimento s

luch a anticolonia l a menud o antidinástica , llevaro n el si-

medid a estab a inspirad a

Se pued e decir que el patró n dialéctico evidente en las primeras dos generaciones despué s de la Independencia (apertura liberal en las década s

i le los 1810 reapertura

neraciones subsiguientes: u n gir o hacia gobierno s má s autoritarios y

I M >sitivistas e n e l últim o cuarto de l siglo XIX ; mayo r contestació n y apertu - i i política a comienzos del siglo X X (actualmente, algunos estados latinoa-

mericanos forma n parte de lo

11( inocratización mundial) ; u n renovado autoritarismo en el períod o entre las do s guerra s mundiale s (especialment e despué s d e 1930); un a apertur a democrátic a a fines d e lo s año s cuarent a (l a "segund a ol a corta " d e I luntington); 6 5 el "nuevo autoritarismo" de los sesenta y setenta; 6 6 y el re-

po r 1848 y e l ejempl o de l liberalism o europeo. 6 4

y 1820; limitacione s conservadora s a dich a apertur a e n los 1830; liberal a mediados del siglo XIX ) pareciera repetirse en las ge-

que Huntingto n llama "primera ola" de la

J.Adelman , Republic of Capital, y. 87; David Bushnell, The Making ofModem Colombia (Berki li 1993), pp. 118-119.

J. Adelman, Republic of Capital, p. 90.

Como resultado, la herencia india

contrastantes. E n México , ésta pud o ser apropiada (debidamente sanitizada) por criollos; po r el contrario, la herencia peruan a era demasiad o amenazante para

un símbol o comú n de nacionalidad: D. A . Brading, The First America (Cambridge, l'i'H i pp. 341-342,386-390,455-564 y 489-491. Cuando Belgrano propuso un monarca constituí ¡i mal inca a los porteños , no es de sorprender que la propuesta "no lleg ó a nada": Adelman, Republit of Capital, p. 90.

de

Méxic o

(azteca) y Perú

(inca)

tuvo consecm

los

|

sel vil

1 , 1

Eduard o

(Basingstoke , 1996), pp . 4-6 y siguientes; Fernand o Lópe z Alves, Slate Formation, p. 4 L

1). Bushnell , Th e Making , pp . 101-102 ; Cristia n Gazmuri , El '48'Chileno: igualitarios, reformistas,

radicales, masonesy bomberos (Santiago de Chile, 1992).

Posada-Carbó ,

"Introduction",

en

Posada-Carbó ,

Elections

Before Democracy

J.

Maiguashca, "The

electoral reform s of

1861

in Ecuador

and

the

rise of

a

new

pol

1

, 1

order", en E . Posada-Carbó , Elections Before Democracy (Basingstoke, 1996), p.

101.

N

Doctrina Monroe se mantuvo com o una declaració n retórica durante gran parle del sigli i \ IX

o

es

qu e

Monro e

hubier a podid o hace r much o acerc a d e est o e n l a práctica , po r l o ti

I.i

'• '

I luntington . The Third Wave, p.

16.

"

I). ( loftier, The Neiu Authoritarianism in Latin America (Stanford , 1979).

124

125

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

dent e y casi unánim e giro hacia la democracia y el neoliberalism o e n los

Huntingto n llam a "tercer a ola". 6 7 Au n cuand o esta

secuencia pued a ser argumentable -pasa po r alto algunas importantes va-

riaciones regionales y nacionales y considera el "autoritarismo" y la "demo- cracia" en sus significados aparentes en form a quizás excesiva- sirve, sin embargo, para ilustrar el hecho de que durante unas seis generaciones, la

forma republican a de gobierno h a sido la norma. 6 8 Las

cuando hayan sido arregladas o postergadas- han seguido siendo la princi-

pal form a de legitimización y, co n algunas escasas

ningú n hombr e a caballo ha proclamad o su derecho a u n mandato de go- bierno indefinid o y, menos aún , dinástico. 7 0

Sin embargo, al llegar el siglo XX , el escenario político habí a cambiado sustancialmente . E l flanco de l liberalism o habí a sid o sobrepasad o po r doc - trinas y movimientos de izquierda (socialismo, comunismo , anarquismo) y el crecimiento de las ciudades, las exportaciones y la industria hizo que el foco de atenció n fuera la nueva "cuestión social". 7 1 Puesto e n término s crudos, se podrí a decir que los sindicatos militantes y los incipientes parti- dos radicales había n reemplazado a los indios beligerantes y a los campesi- nos insurgentes com o amenazas a la paz y la propiedad , y las tradicionales promesas del liberalismo -derechos civiles, gobiern o representativo- eran com o bazas sobretriunfadas po r las nuevas demandas socioeconómicas (tra- bajo, salarios, tierra, seguro social). N o hay lugar a dudas que las demandas de algún tipo de beneficio material o protecció n eran antiguas -remontan ,

1980 y 1990,

o

l o

qu e

elecciones -au n

menores, 6 9

excepciones

Huntington , The Third Y/ave, pp. 16, 40 y siguientes.

Von Mettenheim y Malloy, "Introduction

DeepeningDemocracy in Latín

La monarquí a brasileña, por ser oligárquic a y constitucional, no constituye en realidad una

excepción , y,

a comienzos de la décad a de los 1820 y Maximiliano en los 1860- fuero n fracasos de corta

duració n que sirvieron para reforzar la

-regímene s "sultanísticos" com o los de Stroessner en Paraguay, Trujillo en la Repúblic a Dominicana, los Somoza en Nicaragua, los Duvalier en Haití - son de "menor" importancia en el sentido de que mal gobernaron países pequeño s y, en consecuencia, a sólo una pequeñ a

minorí a (quizá s e l 5%) d e l a població n tota l d e Améric a Latina . Po r supuesto , par a lo s paraguayos, dominicanos, nicaragüenses y haitianos, esto no sirvió de mucho consuelo. Sin embargo, los Somoza y los Duvalier alcanzaron a tener dinastías de dos generaciones. Com o continuació n a la nota 32, se podrí a agregar que a fines del siglo XIX , la Doctrina Monro e comenz ó a ser tomada en cuenta en término s tanto retórico s com o de Realpolitik. De ah í que la exportació n de dinastías europeas -au n en el caso de que los latinoamericanos

las hubieran

por lo demás, cayó en 1889. Los dos emperadores de Méxic o -Agustí n Iturbide

and Conclusión", en K Von Mettenhein y J . Malloy,

America (Pittsburgh, 1998), pp.

2-3.

norma republicana. Las excepciones del siglo X X

deseado - habrí a sid o aú n má s difícil.

Dix, "Latín America", p. 285; Bushnell, The Making of Modern Colombia, pp. 162-163; Knight, TheMexicanRevolution, I, p. 148; R. B . Collier y D . Collier, ShapingthePoliticalArena (Princeton, 1991), p. 59 y siguientes.

I2<">

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

por lo menos, a invasiones de tierras, los motines de hambrun a y las tomas de territorios, revueltas po r cereales y protestas contra los impuestos de la colonia. L o que era nuevo era la -rea l o abogada - inscripción de tales de- mandas socioeconómicas dentro de la "transcripción pública" del estado:

p o r

cha d e Lópe z Pumarejo , o las constitucione s d e Méxic o y Cuba , d e 1917 y

en mar-

ejemplo , co n e l batllism o (1902-1906, 1911-1915), l a revolución

1940, respectivamente. 7 2 Un a vez más , e n término s mu y esquemáticos, se podrí a decir que Améric a Latina reflejaba la formulació n de Marshall co n

respecto a la protecció n de derechos: al principio el liberalism o habí a pro-

metid o ciertos derechos civiles básicos; luego, se concedi ó u n má s amplio acces o a l a representació n (i.e., derecho s políticos) ; y, a l final, los "dere - chos sociales" fueron reconocidos.

Améric a Latina, com o habí a sucedido e n un a gran

Sin

embargo,

en

parte de Europa , esta secuencia demostr ó ser altamente contenciosa e n la práctica : e l má s fluido camin o socialdemócrat a (liberalism o polític o con - ducente al estado benefactor) tuvo sus escasas contrapartidas latinoameri- canas e n Costa Rica y posiblemente Urugua y (com o mencionar é má s ade-

lante) . Pero en los otros lugares la dificultad de injertar los derechos sociales

a los derechos políticos

por derechos sociales -d e sindicatos, partidos de izquierda y, posteriormente,

movimiento s

campesinos - a menud o provoc ó un a reacción (e n e l sentid o

específico), u n cierre político y un a revocación de derechos previamente

ejercidos. E n casos alternativo s -Méxic o (1910), Bolivi a (1952), Cub a (1959)

y Nicaragu a (1979)- las demanda s populare s

y civiles qued ó demostrada. D e hecho, la demand a

asumiero n un a form a revolu- para la democracia dahliana.

cionaria, nuevamente co n resultados mixtos

Los derechos civiles, políticos y sociales, en apariencia, n o necesariamente

se desarrollan e n form a secuencial, n i tampoco coexisten e n un a feliz siner-

u n jueg o de sum a cero. D e ah í que sea

u n

está consolidad a e n la actualidad y que, segú n la lógica secuencial de

Marshall, está e n condiciones de proporciona r un a base sólida para la re- forma social y, po r consiguiente, para los derechos sociales. Necesitamos

entre la larga tradición liberal democrátic a Améric a Latina y su experiencia e n el siglo

concentrarnos

tanto aventurado el asumir que la democracia política latinoamericana

gia. S u relación puede parecerse a

en la relación

(en realidad, tradiciones) de

X X de demandas sociales, movilización popula r y franca revolución.

Las variantes de

de síntesis

esta relación son múltiples. D e ah í que

cualquier in -

pero

tento

(en vez de la narració n

de un a serie de detalladas

7

2

Lópe z Alves, State Formation, p. 50; Bushnell,

The Making ofModern Colombia, pp. 185-187; Knight,

TheMexican Revolution, II, pp. 470-471; Hug h Thomas,

Cuba, pp. 716-721.

127

Alan

Knight

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

inconcluyentes historias ejemplares) involucre u n resumen ambicioso o, si se prefiere, u n pródig o "aglomerar" que puede ofender a los detallistas

empedernidos. Además , complicar é el problem a aú n má s y m e aventurar é m á s allá d e las "grandes" revolucione s per se (es decir, má s allá d e México , Bolivia, Cuba y, quizás, Nicaragua). E l razonamiento que m e mueve es que

distintivas de cambio social -rápi -

au n cuand o las revoluciones son formas

do, violento, desde las bases- a pesar de ello encarnan muchas de las mis-

revolucionarias. E l escenario y los

mas tensiones que las fases históricas n o

personajes puede n ser bastante parecidos y es el desarrollo de la trama lo

qu e difiere. Siguiend o co n la metáfor a teatral, presentar é primer o u n te-

arguméntale s importan-

tes dond e cada un a tendr á qu e ver co n los

lón de fondo inicial, y luego sugeriré cinco líneas

temas qu e hemo s estado desa-

rrollando: las "tradiciones" revolucionarias y democráticas.

3. Los desafíos al liberalismo

E n prime r lugar, he aqu í el telón de fondo democrático . Cuand o comenza-

ba el siglo XX , todos los países latinoamericanos se había n convertido e n repúblicas independientes que ostentaban constituciones liberal-represen-

caíd o e n 1889; y la última colo-

nia, Cuba, había experimentado un a independencia imperfecta en 1898). 7 3

E n algu-

nos casos, especialmente e n la América andina , las constituciones incorpo -

electora-

d o enormemente. Po r lo demás , en todos los casos a las mujeres se les negaba

el derecho a voto. 7 4 L o que no es menos importante, las constituciones eran muchas veces com o u n mer o saludo a la bandera. Los gobiernos civi-

raban requisitos de propieda d o alfabetismo, lo que restringía el

Sin embargo, e l grado de democratizació n variaba enormemente.

tativas (la última monarquía , Brasil, habí a

7

3

Es necesario resaltar el caso excepcional de Puerto Rico, el cual lueg o del colapso final de los

último s remanente s del imperio españo l en las América s en

independencia y se convirtió en u n protectorado de los Estados Unidos.

1898, n o logr ó alcanzar su

7 4 Luego de la aurora democrátic a de los 1810 y 1820, el segund o cuarto de siglo vio un cambio hacia una mayor restricción de derechos políticos y, a pesar de que dicha restricción fue

lueg o de 1848, las república s "indo-

americanas" de Ecuador, Perú y Bolivia resistieron la tendencia democratizadora: Posada-

Carbó, "Introduction", p. 7; Francois Xavier Guerra, "Spanish-American Tradition of Repre-

sentation and its Europea n Roots",Journal ofLatin American Studies, 26/1

provincia colombiana de Vélez, gobernada por un liberal "radical-doctrinario" casado con

el sufragio a las mujeres en en los Estados Unidos). Sin

1853 (dieciséi s año s antes de que Wyomin g iniciara la tendencia

un a mujer "políticament e enérgica " legisl ó a favor de extende r

seguid a por un a nueva apertura en alguno s estados

(1996), pp . 18-19. L a

embargo, la Corte Suprema de ese país anul ó la reforma antes de que ningun a mujer veleñ a pudiera emitir su voto: Bushnell, The Making of Modern Colombia, pp. 108-109.

128

Capitula

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

LMina

les eran recurrentemente

de las elecciones se veía regularmente comprometid a po r la fuerza y el fraude. Sin embargo, aunque los generales tomaban el poder, habitualmente

much o tiempo. Cuand o sí lo hacían, n o constituciones y elecciones, sino que ma-

las segundas. Lo s ejemplos

nipulaban las primeras y recurría n al fraude e n

interrumpidos po r golpes militares y la limpieza

n o desempeñaba n el cargo po r prescindía n descaradamente de

incluyen a Porfirio Díaz e n Méxic o (1876-1880 y 1884-1911), Jua n Vicente

Guatemala

(1898-1920). Cab e señala r qu e estos regímene s autoritario s de fin d e siglo

justificaron su violación de las prácticas democrática s (aunque n o de los

principios democráticos) en término s de u n énfasis positivista en el desa- rroll o material , l o qu e requerí a d e u n estado fuerte, finanzas sanas y un a población disciplinada. L a democratizació n debí a ser postergada mientras estuviera pendiente la creación de un a economí a productiva, integrada y

moderna. 7 5 D e esta

tativa, au n cuando n o se diera en la práctica, siguió siendo la norm a oficial

cual los críticos liberal-democráticos de los

manera, la form a de gobiern o republicana y represen-

Góme z en Venezuela (1909-1935) y Manuel Estrada Cabrera en

y, po r supuesto, el model o al

regímene s autoritarios podía n apelar, co n

en Brasil. 7 6 Dond e habí a gobiern o civil y genuin a alternancia

"oligárquicos" o "semiparla- consistían de pequeña s cama-

rillas de ciudadanos notables y carecían de un a membresí a masiva y aun- que las elecciones eran regulares y ocasionalmente bastante animadas, en general se disputaban entrejefes rivales (caciques, gamonales, coroneles) y

sus clientelas. Au n cuand o la clase terrateniente dominante n o proporcio -

narajefes, 7 8 podí a tener la seguridad

de que el sistema político n o infringi-

Mader o en México o

Ru i Barbosa en el poder,

esto generalmente sucedí a bajo auspicios mentarios". 7 7 E n otras palabras, los partidos

A u n cuand o los objetivos eran diferentes, los

saltón a la vista.

Alan Knight, The Mexican Revolution, 1, pp. 56-58 y 68-69; J. M . Bello, A History of Modern Brazil

(Stanford, 1996), pp. 211-212.

Mouzelis, Politics in the Semi-Periphery, pp. 3-4, 16-20 y 28-29; Bushnell, The Making of Modern

Colombia, pp.

paralelos con los regímene s autoritarios socialistas

161-162; Sábalo , "Citizenship, Political Participation

and the Formation of

the

Public Sphere in Bueno s Aires 1850s-1880s", Past and Present, 136

Al parecer, a menud o había una especie de división del trabajo entre la clase terrateniente

social y económicament e dominante y las fuerzas política s que manejaban la maquinaria elec- toral. Esta divisió n era particularmente notoria cuand o se trataba de (a) puestos inferiores en el escalafón (en México , por ejemplo, los grandes terratenientes con mayor frecuencia ocupaba n las gobernacione s que las jefaturas) y (b) las adinerada s élite s terrateniente s

empresariales

(que desdeñaba n el fragor de la política electoral y, por otra parte, tampoco

(1992).

necesitaban el dinero). E l caso típico de éstas es Argentina. Véase Halperín Donghi, Argen- tina: Liberalism in a Country Born Liberal. In J . L . Love y N . Jacobsen, Guiding the Invisible

Hand (New York, 1995), pp. 39-66.

129

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

l./ilmn

ría sus intereses básicos. Com o resultado de esto, la política oligárquica a

florecido en la époc a de la Independencia, mientras que la política estricta-

menud o ofrecía u n genuino espacio para el debate,

u n congreso y un a pren-

mente oligárquica o autoritaria sobrevivía en las antiguas tierras indígena s

sa semilibre, u n

congreso

y u n cierto respeto

po r

los derechos civiles

(en

al interior de Mesoaméric a y los Ande s (México, Guatemala, Perú, Boli-

forma destacada

en Chile,

Urugua y y Argentina). Los paralelos co n las "de-

via) 8 3 Hasta aquí, po r lo tanto, la historia es de relativa continuidad , cam-

mocracias artificiales" de

establece u n iluminado r paralelo co n

España

o Italia son fáciles de

percibir. Mouzeles

los Balcanes e n Europa. 7 9

La democratizació n progresiva de comienzos del siglo X X -e l impulso

final d e ricanos

mente democrático. 8 0 Es significativo que esto haya ocurrid o e n el próspe - ro Con o Sur (Argentina, Uruguay, Chile), dond e los estándares de vida y niveles de alfabetismo eran superiores, y las tradicionales tensiones étnicas

eran má s

población indígen a grande, la política oligarca tendí a a ser má s estrecha- mente exclusionaria y duramente autoritaria. Lo s regímene s respondía n a los temores de los blancos y mestizos a la insurgencia indígen a y a la necesi- dad que se percibía de u n sistema laboral represivo (v.g., Perú, Bolivia, Guatemala, el sur de México) . Aparte de la evidente correlación entre in - greso y democracia, 8 2 podemo s tambié n nota r que la tendenci a a la proíundizació n de la democracia ocurrí a e n aquellas regiones de la perife- ria (Argentina, Uruguay, Chile), dond e el liberalism o anticolonial habí a

l a "primer a ola " d e Huntington - llevó a alguno s estados latinoame - má s allá de la política oligárquica estrecha, hacia algo má s propia-

débiles. 8 1 Po r el contrario, en países dond e predominab a un a

130

Mouzelis, Politics in the Semi-Periphery.

Huntington , The Third Wave, pp. 14-15, incluye cuatro casos latinoamericanos en su "primera

ola" (i.e., la democratizació n que

tuvo lugar antes de los 1920): Argentina, Uruguay, Colom -

bia y Chile. El punto donde la política "oligárquica" se transforma en "democrática" es

indudablemente debatible (observ é que estas flagrantes democracias involucraban el sufragio

universal masculino, pero negaban el voto a la

enfoque dicotomista a la cuestió n de definició n (la mayoría de los estados o son democracias

o no lo son); sin embargo, concede que hay casos ambiguos, y la llegada súbita de la democracia

(por ejemplo, en Argentina, dond e la ley Sáen z Peñ a de 1912 reform ó el sufragio y posibilitó

la elecció n de la administració n Radical en 1916) quizás no es la norm a (compárens e Chile o

Colombia, donde la expansión de un electorado masivo, basada en una tradición de política electorera fuerte, aunque sea limitada en el siglo XIX , era má s gradual e incremental).

Deseo enfatizar lo de "tradicional" en el sentido de que la población indígena había sido reducida y marginalizado, mientras que la esclavitud había sido abolida hace ya bastante tiempo

y la población de ascendencia negra

inmigració n europea gener ó nuevas tensiones (de ah í el "pogrom" contra los inmigrantes -si

es que no es u n términ o demasiado fuerte- en

argentinos naturalizados tenían derecho a voto, por lo que el sufragio masivo podí a avanzar sobre la base de una ciudadanía (del géner o masculino) bastante homogénea . Sobre todo, imperaba el trabajo libre por un salario y por ese motivo la democratizació n no estuvo impedida por sistemas de servidumbre o peonaje ("coerción extraeconómica") . Seligson, "Democratization in Latin America", pp. 7-9; Huntington , The Third Wave, pp. 60-61.

mujer). Huntington, pp. 11-12, opta por u n

(en comparació n con Brasil o Cuba) era escasa. L a

1919

en Bueno s Aires. Sin embargo, sól o

los

bio gradual (¿quizás progreso?) y u n camin o previa de política liberal -i.e., representativa,

los cimientos para la posterior apertura y democratización . Es posible ir a ú n má s lejos (tanto analítica com o cronológicamente) , y sugerir que el republicanism o anti-colonial, cuyas premisas estaban basadas e n el revolu- cionario repudio de los principios dinásticos y atributivos, fue lo que a su vez sirvió de soporte a esa tradición liberal. Podríamo s decir que Sáenz Peñ a le debí a bastante a Belgrano y a Rivadavia: las "ficciones orientadoras" de Argentin a pudiero n promover tanto la inclusión com o la exclusión. 8 4

U n a vez entrado el siglo XX , sin embargo, la historia tiene unas vueltas

pronunciadas. (L a má s obvia es que

las formas má s duras de autoritarismo

post-1960 se diero n precisamente e n los países del Con o Sur que fueron los

que abriero n el camin o liberal-democrático). 8 5 Au n cuand o la historia involucra a un a multiplicidad de actores y acontecimientos (algunos de ellos de proveniencia externa com o las dos guerras mundiales y la depre- sión), se puede sugerir un a explicación bastante esquematizada. Siguiendo la secuencia postulada po r Marshall, las demandas po r derechos civiles y políticos eran ahora secundadas po r demandas sociales: trabajo, contratos

agraria, arriendos protegidos,

seguridad social, planificación del estado y la nacionalización de los me- dios de producción , mucho s de los cuales estaban e n manos extranjeras. En resumen, la propieda d de libre mercado y las relaciones laborales fue- ron sistemáticamente cuestionadas. Pero aparte de hacer suyas estas nuevas demandas, algunos voceros de izquierda (socialistas, comunistas, anarquistas, populistas) 8 6 tambié n declaraban que la democracia burguesa era un a mera

cuasieuropeo. Un a tradición tolerante, civil- proporcion ó

colectivos (y exclusividad gremial), reform a

8

3

Se

pued e decir que Markoff, Waves ofDemocracy, p. 44, probablemente esté much o má s cerca

de

la verdad de lo que é l piensa cuand o dice

que "los paíse s que bordea n el Atlántic o fueron

los punto s de penetració n de la democracia" (se refiere a la incipiente liberalizació n del siglo

XVIII, tal com o fuera experimentada en Inglaterra, Francia, Holand a y

los Estados Unidos).

8 4 Shumway, The Invention of Argentina. 8 5 Los dos paíse s que convencionalment e se pensab a que había n lograd o las democracia s má s "consolidadas" en Sudaméric a en la décad a de los sesenta eran Chile y Uruguay (véase Dix, "Latin America", p. 294). 8 6 Tengo dudas reales acerca del "populismo" com o categoría de análisis sólida, especialmente cuando se le usa para describir una familia específica de movimientos o regímenes en América Latina, y no simplemente un estilo político que se manifiesta a través de una gran franja de espacio y tiempo (véase Knight, "Populism and Neo-Populism", pp. 223-48; en el capítulo 6

L'.l

Alan

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

latina

farsa

y que

era

posible

alcanzar

un a

democraci a

superior,

orgánic a

o

del ex presidente, Leó n Cortés, en 1946). 8 8 L a producció n de café gener ó

participativa.

L a tríada

completa

de

los derechos

marshallianos

-civiles,

recursos económico s y, al mism o tiempo, u n

cierto grado de consenso polí-

desbarat ó

en la práctica la tradición liberal? E n form a esquemática, se podría n identi-

ficar cinc o principale s vías qu e contribuyero n a esto: l a social-democracia , el populism o revolucionario, el populism o estatista, la revolución socialista

y la reacción

políticos y sociales- estaba en oferta po r vez primera. ¿Cóm o se

autoritaria.

3.1

La socialdemocracia:

Uruguay

y Costa Rica

tico, n o porqu e -com o l o sugiere e l mit o tico- e l café generar a un a igualitari a

esencialmen-

te "democrático " (compáres e co n Guatemala), sino porque generaba u n "abrumador compromis o que abarcaba toda la sociedad en favor de la agri- cultura de exportació n y de la cultura del café", compromis o que, además , estaba basado en man o de obra libre asalariada en vez de coerción extra- económica. 8 9 Condicione s previas favorables -per o escasamente "sobre-

clase de pequeño s terratenientes agrícolas o fuera u n cultivo

E

agenda social pud o injertarse en la antigua tradición liberal: la democracia

n u n comienzo, siguiendo el patró n socialdemócrata europeo, la nueva

determinadas" - se conjugaro n co n l a fortuna par a da r po r resultad o a l que , despué s d e l a final caíd a d e graci a d e Urugua y e n 1973, Cost a Ric a siguier a siendo el únic o estado benefactor estable y democrátic o de América Latina.

liberal estaría suplementada po r beneficios concedidos por el estado y la

Además , co n e l tíempo, l a democraci a costarricense adquiri ó un a especie

d e

secuencia de Marshall tendrí a lugar. Para que esto ocurriera se necesitaba

capital moral autónom o -se

podrí a hablar de un a "relativa autonomía "

de

que hubiera un a tradición liberal funcionando, unid a a u n estado dispues-

circunstancias adversas contingentes . Lo s ticos llegaro n a autodefinirse

e n

to y capaz de maneja r la necesaria transferencia de pagos. E l ingres o per

término s de su cultura civil y democrática ,

definición

aú n má s digna

de

capita po r sí sol o n o er a condició n suficiente. Tambié n debí a habe r u n míni -

m o consenso sociopolítico previo que permitiera establecer dichos pagos. A

convergiero n e n Urugua y

alrededor de ciertos principios comunes de gobierno civil liberal, los que

de lana

le dio u n impulso a la economí a sin que se originara una "configuración

reaccionaria" de terratenientes; las élites concordaro n en términos genera- les sobre la distribución del patrocinio del estado, tanto entre ellas mismas y

embargo, fue

u n a especie de golondrin a de verano. L a democracia uruguaya tropez ó en

los 1930, y luego de un a frágil recuperació n en los 1940, entr ó en crisis

la democracia prob ó ser rever- social que se le agregó .

en beneficio de la masa de electores. 8 7 Este fenómeno , sin

cristalizaron en el pacto "confederado" de 1903-1933; la producció n

fines del siglo XIX , los Blanco s y los

Colorado s

terminal en los 1960. L a "consolidación" de sible, a pesar del contrafuerte de seguridad

En

fenómen o

Costa Rica, aproximadamente

similar. Aquí, también ,

medi o siglo despué s

u n modesto

tuvo lugar

estado

de

u n

bene-

la

muerte

la llegada de

factor, vinculado a una democracia durable, dependi ó del resultado

guerra civil (que, a su vez, estuvo condicionad a por la inesperada

132

del presente libro). Sin embargo, puede servir com o un apelativo cómod o -y bastante

convencional - para movimientos o regímene s que combina n (a)

(1)) un gran atractivo popular, posiblemente concentrad o en (c) u n líde r carismàtico ; (d) ostensible s (y a veces reales) política s de redistribución ; (e) nacionalismo ; per o que (f) n o son ni socialista ni comunista ni (habitualmente) impecablemente democráticos . Fernando Lópe z Alves, State Formation and Democracy in Latin America, 1800-1900 (Durham NC, 2000), cap. 2; Gillespie, 1992, pp. 178-180.

la movilizació n de masas;

destacar dad a la ubicació n de Costa Ric a en el camp o de batalla de Centroamérica. 9 0

3.2

El populismo

revolucionario:

México

y

Bolivia

Costa Rica alcanzó este inusual beral previa prob ó ser capaz de

reforma social moderada. E n gran parte de Améric a Latina, co n excepció n del Con o Sur, las tradiciones liberal-democráticas eran -e n la práctica - su- mamente débiles. L a reforma social, por lo tanto, se incorpor ó a la agenda antes de que se hubiera establecido cualquier tipo de democracia liberal

Bolivia (1952-) y má s tenuemente

viable. E l resultado -e n México (1910-),

Guatemala (1945-) y Nicaragua (1979-)- fue un a form a de populism o revo- lucionario. Tengo que admitir que uso el términ o "populismo" co n cierta

riguro-

resultado gradual porque un a tradición li - encontrar u n lugar para la democracia y la

inquietud, y en

deferencia

má s

a

su

uso

comú n

que

a

u n

análisis

8 8 D.J.Yashar, DemandingDemocracy. Reform and Reaction in Costa Rica and Guatemala, 1870s-1950s

(Stanford, 1997), pp. 170-190.

8 9 L . Gudmundson, "Lord and Peasant in the Making in the Modern Central America, en E .

Huber y F. Safford, Agrarian Structure and PoliticalPower (Pittsburgh, 1995), p. 163.

90 Véas e Clark, Costa Rica: Portrait of an Established Democracy. El "capital moral autónomo " de la

democracia costarricense se hace evidente en los datos de encuestas. Cuando se dan tres

posibilidades: (i) la democracia es preferible a otras formas de gobierno; (ii) no hay mayor

diferencia entre ellas, y (iii) el gobiern o autoritario es preferible, los costarricenses totalizan

80%, 9%, 8%; los chileno s 50%, 28%, 17%, y los mexicano s 50%, 26%, 20% (Hewlett/MORI ,

1998, p. 4).

133

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

so. Po r "populistas" me refiero a movimientos y regímene s que fueron

cierta

medid a de genuin a reforma social (la provisión de los derechos so-

progresistas, reformistas, nacionalistas y democrático s (a su manera, que

ciales

definidos po r Marshall): educación , trabajo y reforma agraria, legis-

voy

a aclarar),

aunqu e no completamente liberal-democráticos n i socialis-

lación sindical, cierto grado limitado de seguridad social. Los grilletes del

tas,

po r lo que

evitaron las nacionalizaciones masivas y permaneciero n en-

capitalismo no se rompieron , pero surgió una sociedad má s abierta, móvil

cerrados dentro de u n sistema capitalista amplio. E n cada caso, los movi- mientos revolucionarios derrocaron a regímene s que eran abiertamente autoritarios, a menud o "personalistas" (e incluso "sultanísticos"), y profun- damente racistas (el porfiriato, la rosca boliviana, Ubico, Somoza). E n rea- lidad, tales regímenes , que negaban los cuestionamientos legítimament e

democráticos , sól o pudieron habe r sid o derrotado s po r forma s de moviliza-

ción de masas: prolongados levantamientos en México

serie de insurrecciones populares

y Nicaragua; un a Bolivia; un a serie

de protestas y demostraciones má s desarticuladas en Guatemala. Las tradi- ciones liberal-democráticas anteriores eran relativamente débiles y, po r

del program a revolucionario- auténticament e democrático .

E n cada caso, además , esto fue seguido po r el sufragio masivo: en Bolivia, el

exiguo electorado anterior a 1952 se expandi ó en form a

consecuencia, un a de las plataformas clave populista fue la instalación de u n gobierno

de corta duració n

en

impresionante; en

México y Guatemala, una artificial democracia le abrió paso (temporal) a las elecciones libres; en Nicaragua, la democracia hizo a la larga posible la salida del propi o gobierno revolucionario-populista (sandinista).

E n conjunto co n estos avances procesales/electorales/dahlianos, estas

revoluciones tambié n diero n realce a la democracia de manera má s amplia

e

informal . E n México , po r ejemplo, las organizaciones populares -e n

es-

pecial los sindicatos y ligas de campesinos- echaron raíces y adquiriero n

u n

genuin o poder. Los partidos de los notables se convirtieron en partidos de masas, susceptibles a la presión de las masas. Se produjo un a expansió n de la educación , el alfabetismo y la "democracia cultural"; los símbolos popu -

listas, nacionalista s e indígena s suplantaro n a lo s símbolo s elitistas y filo- europeos del antiguo régimen. 9 2 Se derrumbaro n las antiguas jerarquía s de deferencia; los terratenientes y la Iglesia perdieron influencia y, co n gran

pretensiones sociales

disgusto, constataron cóm o campesinos e indios co n

pasaban a ocupar posiciones de poder. 9 3 Junt o a este trastoque vino un a

"Populismo" se usa en má s o menos este sentido (y abarca varias subcategorías) en Collier y Collier, Shaping the Political Arena, especialmente, cap. 5. Vaughan, The State, Education, and Social Class in Mexico, 1880-1928 (North Illinois, 1982) y Cultural Politics in Revolution. Teachers, Peasants and Schools in Mexico, 1930-40 (Tucson, 1997). Knight, The Mexican Revolution, II, p. 517-527, esboza la fase preinstituciona l de esta transformació n social, que no se capta fácilment e en los recuentos nacionales; un ejemplo local gráfico, aunque poco típico, lo proporciona Henderson (1998). Para un ejemplo boliviano (Coroico), véase McEwen, Changing Rural Society: a Study of Communities in Bolivia (New York, 1975), p. 143 y siguientes.

134

e igualitaria. E n verdad, si adoptáramo s un a terminologí a convencional

(marxisante) podríamo s ve r a éstas com o "revolucione s burguesas" -totale s

o parciales- caracterizadas po r la división de los latifundios, u n sufragio mayor y u n consecuente empoderamiento de los ciudadanos (de todos los colores), y la creación de un a població n má s integrada, educada, móvil,

secular, productiva y nacionalista. 9 4 E n otras palabras, podemos ver la cons-

trucción de u n "Gra n Arco " mexican o

o boliviano. 9 5

 

Debe n

enfatizarse tres aspectos clave de esta transformación. E n pri-

m

e r

lugar,

el "empoderamiento democrático " asociado a estas revolucio-

nes "populistas" cuasiburguesas no involucró la simple implementació n de

las normas dahlianas, au n cuand o en algunos casos esto má s claro el de Bolivia despué s de 1952. Pero en México, crática formal fue breve; en Bolivia se vio comprometid a tar de 1964; en Guatemala llegó a brutal términ o co n la

con apoyo de la CIA . E n u n sentido má s amplio e informal, sin embargo,

estas revoluciones efectivamente

lograron "empoderar" a personas de u n

status subordinado : brevement e e n Guatemala , má s duraderament e e n

Bolivi a y, afortiori,

e n Méxic o dond e e l acceso a l a polític a se expandi ó y las

viejas jerarquía s fueron derribadas. 9 6 L a contrarrevolución guatemalteca hizo que el tiempo retrocediera parcialmente; el golpe boliviano de 1964

fue má s ambiguo (los militares,

por ejemplo, continuaro n co n la reforma

ocurrió, siendo el la apertura demo- por el golpe mili- invasión de 1954,

agraria); México no experiment ó ningun a contrarrevolución decisiva; en realidad, el régime n de Victoriano Huert a (¿el Kornilov de México?) termi- n ó en ignominiosa derrota en 1914. 9 7 Estos casos confirman que u n enfo- que basado sólo en la democracia dahliana es demasiado estrecho y formal.

Knight, "Social Revolution", pp. 186-189. Capítul o 4 del presente libro.

Knight, 1994, pp. 56-64.

U n buen ejemplo de empoderamiento popular lo da Simpson (1937, cap. 17), que describe la exitosa historia del ejido (comunidad de reforma agraria) de Octlán. El ejido de San Juan

aparece pintad o con colores meno s brillantes pero,

"hay una marcada diferencia entre el ejidatario en San Juan y el peó n jornaler o agrícola . E l primero exhibe una sensación de orgullo y un espíritu de independencia, en marcado contraste con el servilismo y la fatalista aceptació n de "las cosas son así" de parte del peón . Estos ejidatarios son propietarios de parte de la comunidad y poseen algo acerca de lo cual pueden hacer

108) que

aú n aquí , Simpson destaca (p.

planes. E n resumen, por muy lento que sea el proceso, estos ejidatarios están en vías de transformarse en algo nuevo en el México rural: en ciudadanos". Knight, The Mexican Revolution, II, pp. 93-94 y siguientes.

135

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o en Améric a

Latina

El avance democrátic o -l a provisión de acceso, representació n y "empodera-

miento" - no necesariamente depend e en form a de elecciones regulares, libres y limpias.

exclusiva de la institución

Sin embargo (y éste es el segundo aspecto al que me quiero referir), el

avance democrátic o que depend e en gran medid a de u n

o trabaja-

dores en virtud de su movilización política y militar - corre el riesgo de revertirse. Esto fue lo que sucedió en Guatemala y en Bolivia, dond e los

y 1964, respectivamente. 9 8 O en Méxi- contra de los intereses populares en

forma má s gradual, poco a poco, e insidiosamente despué s de 1938. E n

ningun o de estos casos se pudiero n destruir totalmente los logros de la revolución (aunque en Guatemala, la contrarrevolución anduvo cerca). Sin embargo, cuando la balanza se inclinó, la ausencia de procedimientos cla-

ros,

prob ó ser un a falla mayor: el déficit democrá -

librio de pode r -que, por ejemplo, "empodera" a los campesinos

contingente equi-

militares cogieron el pode r en 1954 co, dond e la balanza se inclinó en

durables y democrático s

Capitulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

divididas. Esto plante ó serios problemas a los regímene s revolucionarios:

no era cuestión de redistribuir la riqueza existente, sino de impulsar el desarrollo y construir u n estado y un a nació n -"forjando patria", en las palabras del mexican o Manue l Gamio. 1 0 0 Dond e Mar x optimistamente habí a contemplad o que los revolucionarios se apoderaran de avanzados estados y socializaran avanzados medios de producción , los revoluciona- rios en México, Bolivia y Nicaragu a (un tanto menos en Cuba) tomaro n el control de estados frágiles y economía s atrasadas. E l régime n revoluciona-

rio mexicano , a pesar de todas sus fallas y faltas, logr ó u n progreso sustan- cial: hub o u n crecimiento sostenido y la integració n nacional avanzó. E l M N R de Bolivia ciertamente contribuy ó a "forjar patria", pero se encontr ó atrapado en el clásico dilem a de los gobiernos reformistas en países po- bres y au n en aquellos no tan pobres: la rápid a redistribución hizo de com -

ortodoxi a d e las finanzas

traicionó la revolución y produjo fracturas en la coalición revolucionaria.

bustibl e par a l a inflació n y l a deud a extern a y l a

tico facilitó el acceso al gobierno de los militares de Bolivia y la consolida- ción de u n régime n corrupto, semiautoritario y cada vez má s conservador en México. D e esta manera, aun cuando las revoluciones populistas pudie- ron informalmente reforzar a la democracia y el "empoderamiento", su falla en la implementació n de reglas, estructuras y prácticas democrática s

De ah í que se produjera el golpe de 1964. 1 0 1 L a comparació n co n Costa Rica es apropiada: la revolución de 1948 n o sólo "empoderó" : tambié n elimin ó la amenaza de los militares y estableció reglas democrática s dura- deras: la democracia se transform ó en "the only game i n town" ("la únic a posibilidad"). 1 0 2 Po r lo demás , com o lo he mencionad o anteriormente,

hicieron

que la contrarrevolució n -d e un a vez o po r partes- fuera eminen-

aun cuand o difícilmente se podrí a considerar que Costa Rica es efectiva-

temente

factible. 9 9

mente rica, gozaba de u n nivel de ingreso e igualdad que hací a que el

es-

trictos y autoritarios, pero en sociedades relativamente pobres y étnicament e

El

tercer

aspecto

es que

estas revoluciones derribaro n regímene s

9 8 L o que subraya algo que los costarricenses hicieron bien: lueg o de la guerra civil de 1948

abolieron el ejército regular y convirtieron el principal cuartel militar de San José en su museo nacional. (Sin embargo, mantuvieron la Guardia Civil y proscribieron el Partido Comunista).

y directo de

La extracción de colmillos a los militares parece un métod o bastante simple

asegurar el gobierno civil y (quizás) democrático. Esto, por supuesto implica la ausencia relativa de "amenazas" tanto internas com o externas. Despué s de la revolució n de 1952, el gobiern o boliviano estuvo a punto de abolir el ejército, pero al aumentar la inestabilidad y la militancia de la clase trabajadora, ést e fue reconstituido, lo que hizo posible el golp e militar de 1964.

9 9 Nuevamente, Costa Rica es el caso a contrastar. E n Chile, la existencia de "reglas y estructuras democráticas " no bastó para impedir el golp e de 1973. Méxic o experiment ó una especie de Termido r atenuad o despué s de 1938 cuand o las reformas y movimiento s populare s se debilitaro n y vin o l a consolidació n d e u n régime n "institucional-revolucionario " mal conservador y amigable hacia la empresa privada. No promovió la democracia liberal (por lo meno s no hasta muy recientemente). Sin embargo , mantuvo a los militares controlado s (poi lo tanto, no hubo un golpe com o en Bolivia) y retuvo algo de su antiguo carácter popul.u populista, evidenciado en episodios esporádico s de reform a agrariay nacionalism o económico Incluso a fines de los 1990, la renuencia del régime n a lanzar tanques y helicóptero s armadl 4

contra el EZL N probablemente tuvo algo que ver con residuos de su autoimagen populista.

136

popul. u

provee r beneficio s sociales fuera

difícil tarea de combina r la

consolidación democrátic a formal y genuinos beneficios sociales. E n México

y Bolivia, el empoderamiento revolucionario n o se tradujo en un a consoli-

dació n democrátic a forma l y la auténtic a provisió n de segurida d social es-

tuvo restringida po r la relativa pobreza del país, especialmente en el caso de Bolivia.

Costa Rica, po r lo tanto, pud o acometer la

factible , tant o polític a com o fiscalmente.

3.3 El estatismo popular:

Argentina

Mucho s de los cambios introducidos po r la revolución en México y Bolivia - u n mayor acceso político, reforma laboral, seguridad social, integración na- cional, la erosión de la deferencia- tuvieron su contrapartida en los países más grandes de Sudamérica, especialmente Brasil y Argentina, dond e estu-

'""

M . Gamio , Forjando patria (Méxic o 1916) .

" "

< i. Miu hell, The Legacy ofPopulism in Bolivia: From the MNR

to Military Rule (New York, 1977).

Przeworski, "Carnes of Transition", p.

28.

137

Ala n

Knigh t

Revolución , Democraci a y Populism o e n Améric a Latina

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

l^atina

vieron asociados co n el varguismo y el peronismo. 1 0 3 E l peronism o en parti-

tanto los derechos políticos com o los sociales. E l caso del peronismo, para

cular le trajo a la clase trabajadora argentina tanto beneficios materiales com o

no menciona r el varguismo, es much o má s ambivalente. N o

es sólo que la

u n sentido de empoderamiento e inclusión políticos. 1 0 4 A decir verdad, los

democracia peronista tuviera u n defecto inherente en virtud de

beneficio s materiale s fuero n substanciales dad o e l relativament e alto nivel

te

corrupción , personalismo y arbitrario abuso de pode r

(todo

su crecien- lo cual fue

del ingreso en Argentin a (en comparació n con México, Bolivia e, incluso, Costa Rica) y los activos públicos que se había n acumulado durante la Segi 111

tambié n evidente en México y Bolivia postrevolucionarios). Más bien, la diferenci a consiste e n e l status quo ante el punt o de partid a peronist a y l a

da Guerra Mundial. 1 0 5 D e esta forma, au n cuando sería un a exageración

vara co n la cual la democracia peronista deberí a ser juzgada.

Au n cuando

decir que el peronism o fue "revolucionario" -l a subida al poder de Perol i no

es

efectivo qu e e l régime n inmediatamente precedent e -e l cua l gobern ó du -

implicó u n proceso "revolucionario" violento y su régimen, a pesar de todas

rante la décad a infame - era conservador, exclusionista y oligárquico en

sus reformas populistas, n o consiguió un a transformación estructural de im

cierto

revela

grado, 1 0 8 un a consideració n má s amplia de la Argentin a pre-1930

portancia e n la sociedad argentina-; sin embargo, comparti ó algunas de las

u n récor d de inclusión democrática , política electoral competitiva,

característica s d e l a revolució n mexican a o l a

cuenta año s antes de Tony Blair, el peronism o se declaraba pionero de un a "tercera vía" entr e e l capitalism o libera l y e l socialism o marxista , y al ace ntuai

los derecho s sociales y e l empoderamient o

rica hueca. Com o recordaba u n veterano estibador procedente de Rosario, al compara r l a vid a d e l a clase trabajador a ante s y despué s d e l a líne a divis< > ria de 1943-1946: "con Perón , todos éramo s machos". 1 0 6

ha y otr a significativ a diferent ia

qu e apart a lo s proyecto s "revolucionari o populistas " d e Méxic o o Bolivia del proyecto "estatista populista" de Perón . México y Bolivia antes de ka revolució n era n estados oligárquico-autoritarios , cuy o fin a mano s d e los revolucionarios populares abri ó camin o a un a substancial movilización política y a lo que he llamado democratizació n informal (con algunos ai pectos formales). Las "naciones políticas" de México y Bolivia crecieron substancialmente despué s de 1910 y 1952, respectivamente. Sería, poi lo tanto , un a apreciació n razonable , au n cuand o u n tant o burda , e l deci r que estas fueron revoluciones "progresistas" o "empoderadoras". 1 0 7 O, pan emplear los término s de nuestro argumento, estas revoluciones realzaron

boliviana . D e est a manera ,

cin

popular , fue má s allá d e un a reta

Pero , ademá s

d e las ya mencionadas ,

libertad de expresió n y asociación relativamente libre. Po r esto, dentro del amplio recorrido del siglo XX , el peronism o aparece com o u n movimiento

supuesto este jui-

cio - y su premisa básica, i.e., los derechos civiles y sociales pueden ser sepa-

expresara u n trabajador

peronista cuando u n interlocutor de clase medi a le pregunt ó si el adveni-

de ex-

presión tiene que ver co n gente com o ustedes. Nosotros nunc a la hemos

u n trueque: un a

restricción a l a democraci a dahlian a (al meno s e n

tus quo pre-1930) a cambi o de beneficio s sociales e inclusió n polític a (n o

con

demasiada desenvoltura- hayan dibujado u n paralelo co n el fascismo euro-

peo, que podrí a considerarse com o (Podríamo s acotar al pasar que la

parte interesada en este tipo de trueque a lo Fausto: las burguesías liberales

únic a

dahliana). N o sorprende que

tenido". 1 0 9 E n término s simples, el peronism o represent ó

miento de Peró n n o amenazaba sus libertades básicas: "la libertad

socialmente progresivo pero políticament e ambiguo. Po r

rados limpiamente - son cuestionables. Com o lo

comparació n co n el sta-

críticos -quizá s

algunos

observadores

la encarnació n del mism o trueque. 1 1 0

clase

trabajadora

no

h a

sido la

francesa y alemana hiciero n tratos similares co n Napoleó n III y Bismarck,

respectivamente). E n Argentina , el precio a largo plazo fue caro: el peronis-

 

m

o polarizó la sociedad, comprometi ó el temprano "empoderamiento" de

la

clase trabajadora y n o restaur ó e l status quo libera l democrátic o anterio r

11, 3 "Numerosos y variados experimentos en organizació n populista y/ o corporativa han

bus.

.ni.

a

1930. E n consecuencia, dejó u n legado de tensión política, debilida d

1

1

1

0

0

0

4

5

6

alcanzar las metas de la revolució n sin pasar por el proceso de revolución": Crahan y Símil.

"The State of Revolution", p. 80.

D.James, ResislanceandIntegration:PeronismintheArgmtineWorkingClass, 1946-76 (Canil >i Ldgf

1988).

H . S. Ferns, TheArgentineRepublic (Newton Abbot, 1973), pp. 147-148.

James, Resislance and Integration, p. 29.

1 0 7 L a duració n de dich o empoderamiento es, por supuesto, importante. E n Méxic o el |

138

dur ó por lo menos una generación , comenzand o en los 1910

décad a de los treinta. E n Bolivia, el proceso fue relativamente má s corto: los primeros indi, ioi

eran evidentes en los 1930 y 1940. L a revolució n ocurri ó en 1952, pero la retirada

fueron aparentes aú n antes del golpe de

y culminando a mediado! di I

un .

1964.

institucional e intervenció n militar. 1 1 1

(Sillier y Collier, Shaping the Political Arena, pp.

17-18; D . Rock, Authoritarian Argentine. The Nationalist Movement, its History and its Impact (Ber- keley, 1993), pp. 88 y siguientes.

James, Resistance and Integration, p.

S. M . Lipset, Political Man:

I ,a culpa no se le puede adjudicar total o ni siquiera primariamente al peronismo. N o sólo

el peronism o el resultado de lo que habí a sucedido antes (la "década infame" -obra de intereses

154-155; James, Resistance and Integration, pp.

17.

The Social Bases of Politics (London,

1963).

fue

139

Ala n

3.4

Knigh t

La revolución

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

socialista:

Cuba

Latina

Se h a convertido en un a especie de cliché que América Latina, a pesar de todo su supuesto récor d de inequidad social, violencia política y franca revo-

lución, haya tenido sólo un a revolución socialista a cabalidad. 1 1 2 Tanto la revolución mexicana com o la boliviana, anteriormente mencionadas, encar- naban algunos elementos radicales (anarquistas, socialistas, comunistas), pero, en ambos casos, éstos estaban subordinados a reformadores nacionalistas y populistas quienes, a pesar de toda su retórica, n o consideraban seriamente u n a transición al socialismo. A decir verdad, tal com o he argumentado ante-

riormente, dado

revolución "burguesa" (democrática, nacionalista, agraria) era en sí lo sufi- cientemente radical. Podría decirse que los mexicanos estaban contentos de

seguir siendo mencheviques. Com o resultado de esto, los regímene s revolu- cionarios se vieron enfrentados a constreñimientos inevitables: lo que Nor a Hamilto n h a descrito com o "los límites de la autonomí a de estado", límites que han sido determinados po r el contexto capitalista imperante. 1 1 3 Tanto las "burguesías" internas e internacionales -o , com o preferiría llamarlas, en términos má s impersonales, los imperativos de tanto el capitalismo interno com o del internacional- inhibiero n seriamente la acción de dichos estados

un a debili-

revolucionarios (especialmente el estado boliviano, que sufría de

tante dependencia de la producció n y exportación de estaño). 1 1 4

L a Revolución lógicamente) co n

un a

el carácter de

antiguo régime n

de

México y Bolivia,

Cubana, que en los primeros días podí a compararse (ideo- las revoluciones mexicana, boliviana o guatemalteca, se

soltó de sus amarras capitalistas y enfiló u n rumb o radical hacia el socialismo. Por el moment o n o m e referiré a las razones de este inesperado resultado, que ha n sido objeto de bastante debate, algunas veces en términos de las meditaciones íntimas de Fidel. L a tarea inmediata es ubicar el resultado den- tro de los términos de nuestro estudio. Claramente, la Revolución Cuban a representa u n manifiesto trueque entre la democracia dahliana (que fue ro-

1

1

2

conservadores y militares), sino que lleg ó a ser tambié n la pesadilla de dichos intereses, que

sine die. Co n posterioridad a 1955,

por lo tanto, la democracia argentina existió en forma condicionada: en términos crudos, la

derecha toleraría la democracia siempre y

enfrent ó un a obstrucció n similar en la antagonista relació n entre las fuerzas armadas y el APRA.

cuando los peronistas fueran excluidos. Per ú

decidiero n primero derribarlo y lueg o excluirlo

del pode r

Craham y Smith, "The State of Revolución", pp. 78-80; Dix, "Latin America", p. 287.

1 1 3 Nora Hamilton, The Limits of State Autonoy. Post-Revolutionaryt Méxic o (Princeton, 1982).

1 1 4 Keneth Lehman, Bolivia and the United States: A Limited Partnership (Aúens , Ga, 1999).

Capítulo

3. Las

tradiciones

democráticas

y revolucionarias

en América

Latina

tundamente repudiada) y los derechos sociales o beneficios (que experimen- taron u n significativo avance). E n u n grado much o mayor que el peronism o

o el PRI, el régime n de Castro aplastó a la oposición, creó u n estado co n u n partido único, nacionalizó los medios de producció n y mejor ó la salud, el

nivel de alfabetismo y los estándares materiales de vida para la mayoría de los

sistema político que, a pe-

sar de lo corrupto y violento, tenía u n genuino récord de participación de- mocrática y pluralismo. A decir verdad, el paralelo co n Argentin a es notable:

mientras tanto la Revolución Cubana com o el peronism o llegaron inmedia- tamente después de u n episodio autoritario (la "década infame"; la dictadu-

ra de Batista de 1952-1959), un a perspectiva má s amplia sobre Cuba, tal com o

sobre Argentina, revela una política electoral má s pluralista y competitiva (pero corrupta), que abarca hasta comienzos del siglo XX .

en lo material entonces fue acompañad a po r restricciones

en lo político. Los derechos sociales desplazaron a los derechos políticos.

Viene n a

el precio que se necesita pagar por el progreso material? y (ii) ¿se compen -

só de alguna manera la eliminación de la democracia procesal dahliana

con algún grado de empoderamiento popular informal, com o he postula-

d o en

argument o de qu e los avances de tip o materia l requieren d e u n viraje

hacia el autoritarismo o -u n argumento menos fuerte- que el autoritaris-

m o acelera e l progres o

res surgen co n respecto a las revoluciones rusa y chin a (por n o mencionar

regímene s autoritarios de derecha). Cualquier respuesta deber á diferenciar

entr e (a) crecimient o materia l per se, i.e., crecimient o per cápita de l PI B (lo

en la Cub a revolucionaria), y (b) bienestar Cuba probablemente hubiera crecido po r con un a provisión de beneficios sociales

significativamente menor. L a proposición general de que el crecimiento requiere de medida s autoritarias (v.g., l a colectivización y planificación es- talinista) y que la democracia inhibe el crecimiento (por lo que, en India,

cubanos. 1 1 5 A l hacer esto, el régimen eliminó u n

U n a mejorí a

la mente dos preguntas pertinentes: (i) ¿fue la restricción política

el caso de México, Bolivia e incluso Argentina?

El

materia l es, po r supuesto, antiguo . Preguntas simila-

que n o fue precisamente notable (que sí lo fue). Sin la revolución, lo menos al mism o ritmo, pero

Com o observa Dix "Latin America, p. 283: "no el meno s importante entre los aspectos único s del gobiern o de Castro en Cuba, dentro de la gam a de comportamiento polític o latinoamericano , h a sid o el que se haya negad o a apelar, n i siquiera retóricamente , a las elecciones com o el definitivo mecanismo de legitimización del gobierno". Para un cuidadoso estudio comparativo de las implicancias en término s de seguridad social de la Revolució n Cubana (entre otros puntos), véase S. Eckstein, "Révolution and Redistribution in Latin America" , en C . McClintoc k an d A . F. Lowenthal, The Peruvian Experiment Reconúdered (Princeton, 1983), pp. 347-386.

Ala n

Knigh t

Revolución, Democraci a y Populism o e n Améric a

Latina

aras

de la democracia") 1 1 6 n o puede , e n m i opinión , ser promovid a de status al de principi o universal. Lo s resultados depende n de (a) la naturaleza de l model o (tanto la URS S com o Taiwán combinaba n crecimiento y autorita- rismo, pero el model o económic o era radicalmente diferente); (b) el con- texto internacional (crucial en el caso de Cuba) , y (c) el marco temporal: el autoritarism o pued e lograr espectaculares arranque s económicos , pero es- tos parecieran conducir a u n posterior estancamiento.

comparada co n Chin a "algún sacrificio en el ritmo

es necesario en

E n

lo que

respecta

a la segunda

pregunta

(¿compens ó

el

empodera-

miento informa l la pérdid a de democracia dahliana?), ésta es

delicada, y

sería mejor dejarla a los expertos que pueda n evaluar lo "informal" , que

p

o r definición corresponde

a los rasgos elusivos y no cuantificables de

u n

sistema político. Sin embargo, m i hipótesis inexperta podrí a ser que

e n

Cub a hub o un a compensació n mu y limitada. Las organizaciones políticas de la Revolució n Cuban a -e l Movimient o 26 de Julio, el Partido Comunis - ta Cuban o (PCC) , los Comité s de Defensa de la Revolución (CDR) , los Órgano s de Pode r Popula r (OPP) - tienen todos un a fuerte cualida d "de- mocrátic o centralista". 1 1 7 Po r otra parte, la Revolución Cuban a no pued e aducir el haber destruido u n feudalismo retrógrado , un a oligarquí a estre-

cha y racista o un a jerarquí a político-clerical exclusionista, porqu e ningu -

n o de éstos existía en Cub a en los 1950. Po r lo menos, cualquier defensa de la revolució n y su repudi o de los procesos democrático s debe estar

basada principalmente cación) má s que en u n

sería aplicable de la Revolució n Rusa o la China . Esta última, sin embar-

go, tom ó el pode r en sociedades (¿feudales? ¿absolutistas?) gobernadas

p o r estados dinásticos dond e las "tradiciones democráticas " establecidas

eran débiles. Cuba , po r el contrario, era un a "patria forjada" co n un a larga, au n cuand o ocasionalmente interrumpid a historia de competencia electoral y pluralism o político. E l precio político de l trueque fue propor- cionalmente mayor.

en un a mejorí a material (incluyendo salud y edu- empoderamient o político informal. 1 1 8 L o mism o

142

Moore, Social Origins, p. 407.

R. P. Rabkin, "Cuban Political

Kirk, Cuba: Twenty-five Years of Revolution, 1959-84 (New York, 1985); A . R. M . Ritter, "The

Organs of People's Power and the Communist Party: Th e Nature of Cuban Democracy", en