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DESARROLLO HUMANO EN ECUADOR.

Dr. Fidel Márquez Sánchez.*


Eco. Olinda Cecilia Carriel de Márquez**

INTRODUCCIÓN A LA NOCIÓN DEL DESARROLLO.

La concepción teórica-metodológica de cada uno de los investigadores, lógicamente, tiene un reflejo


objetivo que en gran medida es condicionante de los resultados de su análisis. Por tanto, se pueden
encontrar múltiples interpretaciones para un mismo objeto de estudio, principalmente, cuando se trata de
analizar causas, motivos, interrelaciones, consecuencias y tendencias de fenómenos económicos-sociales,
aunque se muestre una relativa coincidencia en lo que se refiere a la descripción del fenómeno,
características y rasgos más sobresalientes.

El término desarrollo describe en general el proceso de mejorar la calidad de la vida, que entraña el
cambio progresivo de la condición socioeconómica y política. El desarrollo no sólo se refiere al
crecimiento económico, sino también a cambios fundamentales en la estructura económica y al desarrollo
social y humano. Una noción importante en la conceptualización del desarrollo es la que hacen Rodríguez
y Goldman (1996), "el proceso de mejorar la calidad de la vida mediante cambios que derivan en una
mayor productividad y más elevados niveles de vida, una mayor participación política y el acceso a
bienes y servicios básicos". En ese contexto, el desarrollo debe representar teóricamente mayores
oportunidades de elección y capacidad para aprovecharlas.

Históricamente se han dado diversas definiciones de lo que es el desarrollo. Después de la Segunda


Guerra Mundial se popularizo la llamada teoría de la modernización, que hizo hincapié en la primacía del
crecimiento económico por medio de la industrialización y el desarrollo de la infraestructura para sostener
el crecimiento. Se supuso que todos los países habrían de pasar por un conjunto similar de etapas
sucesivas, ejemplificadas por las naciones industriales modernas, como parte del proceso de desarrollo
económico. Uno de los modelos emulados con frecuencia fue el de la industrialización mediante la
sustitución de importaciones.

Aunque el desarrollo social se considero importante, se entendió en general como consecuencia más que
como medio o incluso fin especifico del desarrollo. Muchos planificadores del desarrollo propendieron a
considerar los gastos públicos en salud y educación como consumo más que como inversión en capital
humano. Los planificadores dieron por sentado que el crecimiento económico generaría recursos para
invertir en esas esferas y que mejorarían por lo tanto las condiciones imperantes. Las excepciones fueron
posiblemente el criterio de capital humano de Schultz (1965) y el estudio de Myrdal (1970) sobre la
función de una salud y una nutrición mejores en el aumento de la productividad. Ambos autores ganaron
premios Nobel por su trabajo en estos campos.

En los años sesenta surgieron dos importantes concepciones contrapuestas de la teoría del desarrollo. La
primera de ellas, la teoría del cambio estructural, se centro en la transformación de las estructuras
económicas nacionales de economías basadas en la agricultura de subsistencia en economías más
modernas, urbanizadas e industrialmente diversas de manufacturas y servicios. Los instrumentos
empleados para describir esta transformación comprenden la teoría neoclásica del precio y la
asignación de recursos y la moderna econometría.

* Doctor en Ciencias Económicas.


Director de la Universidad de Fin de Semana. Coordinador del Área de Economía. Facultad de
Economía y Ciencias Empresariales. Investigador del Centro de Investigaciones Económicas.
UEES.

** Economista
Gerenete General de AGROMEDICA SA y Jefe Financiera de Importadora Del Monte.
La segunda tendencia apareció cuando las naciones subdesarrolladas empezaron a impugnar los modelos
occidentales de desarrollo económico. Los defensores de esta tesis criticaron el orden económico mundial
por haberse establecido para beneficiar a las naciones industrializadas y para mantener a las naciones
subdesarrolladas en una posición periférica y desventajosa de desarrollo dependiente. Esta formulación,
suponía que el sistema de desarrollo económico que controlaban las antiguas potencias coloniales
industrializadas constreñía el desarrollo económico de las naciones subdesarrolladas. Una expresión
descollante de esta tendencia fue la Teoría de la Dependencia (Frank, 1967), que se desarrollo en América
Latina y se adopto posteriormente en África.

El debate consiguiente entre dependencia y modernización empezó a apagarse en los años ochenta cuando
las condiciones emergentes en el mundo hicieron poner en duda ambas teorías. El crecimiento no
sostenible impulsado por la deuda durante los años setenta, trajo como resultado la crisis de la deuda en
1982, la cual fue seguida por la recesión y el ajuste económico de la llamada “década perdida”.

Portes y Kincaid (1989), señalaron que los adelantos en la tecnología y las nuevas y notables modalidades
de inversión eran factores dominantes que beneficiaban a algunos países (como Corea del Sur y Taiwan)
durante este periodo y les permitía experimentar un crecimiento económico significativo. Aunque esta
observación es correcta, los gobiernos de Corea, Taiwan y Singapur sancionaron políticas industriales que
se centraron en la fabricación de productos de alta tecnología y promovieron selectivamente las
exportaciones favorecidas. Este enfoque se caracterizo por una orientación hacia el exterior, a diferencia
de las tendencias estructurales, que miraban hacia adentro. Las cambiantes modalidades de inversión
hicieron que las industrias se desplazaran de los países industrializados más avanzados a zonas en las que
los beneficios y las ganancias eran superiores, e inferiores los costos de mano de obra y de expedición.
Sin embargo, otras naciones subdesarrolladas todavía no se han beneficiado con los nuevos modelos
industriales; por el contrario han padecido una grave erosión económica y social.

Simultáneamente con la formulación de los conceptos de transiciones de sociedades agrarias a sociedades


industriales modernas, en los años setenta se empezaron a desarrollar teorías de la redistribución del
crecimiento preguntándose si el "desarrollo" había tenido realmente lugar, habida cuenta de las
condiciones persistentes de desempleo, pobreza y desigualdad. Seers (1969) y otros redefinieron el
desarrollo económico como proceso multidimensional para examinar estos temas. El intento de abordar
los temas de la pobreza, la desigualdad y la riqueza ayudando directamente a los países subdesarrollados
y mejorar su infraestructura en los sectores de servicios de salud y educación, así como prever una mayor
generación de ingresos, vino a llamarse "enfoque de las necesidades básicas". Este enfoque contrasto con
los modelos "de desbordamiento", que consideraron que las necesidades de estos sectores podrían
atenderse como resultado del crecimiento general de la economía. Como consecuencia de las
interrogantes formuladas por Seers (1969) y Goulet (1971), empezaron a cobrar impulso y evolucionar los
enfoques del desarrollo basados en las necesidades básicas y la comunidad, que procuraron remover los
obstáculos fundamentales para el desarrollo abordando temas claves como la educación, la salud, el
saneamiento y la vivienda.

Las tendencias del pensamiento del desarrollo prevaleciente se caracterizan por propuestas de
descentralización de los recursos dentro de los países, una meta de desarrollo nacional como medio de
ayudar a los países a incorporarse al sistema económico internacional y a la formulación de políticas
nacionales de desarrollo que tomen en cuenta las diferencias regionales internas. Los aspectos sociales del
desarrollo empiezan a adquirir relevancia a medida que los gobiernos procuran mejorar el
comportamiento de sus economías y corregir las desigualdades internas, mientras mantienen su
compatibilidad con los aspectos fundamentales del enfoque de la economía del desarrollo, aunque
encuentren nuevos actores sociales bajo la forma de movimientos políticos. Algunos consideran que el
péndulo se esta desplazando de nuevo hacia el activismo gubernamental, sobre la base de frecuentes
comentarios en este sentido que se escucharon durante la conferencia sobre la economía del desarrollo del
Banco Mundial de 1992. Este nuevo activismo se concentra a menudo en las funciones del gobierno con
respecto a la pobreza y en las iniciativas de políticas sociales vinculadas con las políticas de desarrollo y
crecimiento económico. Se pueden advertir algunos indicios de este desplazamiento en el Informe sobre
el Desarrollo Mundial 1990, del Banco Mundial, relativo a la pobreza. El programa "Ajuste con rostro
humano" del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) fue el comienzo de un cambio de
orientación encaminado a beneficiar a los pobres, creando redes de seguridad e instituyendo programas de
salud y educación como parte de las condiciones de los créditos del Banco Mundial y el Fondo Monetario
Internacional (FMI).
Las dudas acerca del crecimiento económico pueden parecer nuevas, pero vienen planteándose desde
hace dos siglos o más. Los modernos métodos de producción generaron un gran incremento de la riqueza,
y políticos, economistas, industriales y banqueros se aventuraron en afirmar la eliminación de la escasez.

Por otra parte, desde hace muchos años, pensadores de disciplinas diversas han sostenido que los seres
humanos deben ser el fin, y no solo medios del desarrollo.

La estrategia de las necesidades básicas comprende tres aspectos. En primer lugar, destaca la importancia
del aumento del ingreso mediante la producción eficiente con alta densidad de mano de obra en los países
en que esta abunda. En segundo lugar, asigna un papel fundamental en la reducción de la pobreza a los
servicios públicos: la enseñanza de masas, el agua apta para el consumo, la planificación de la familia y
los servicios de salud. En tercer lugar, comenzó a orientar la atención de la gente hacia la participación;
los servicios públicos debían ser financiados por el gobierno, con frecuencia por medio de la ayuda
internacional, pero su planificación y prestación debía hacerse con la participación de los beneficios.

No obstante en la práctica, muchos gobiernos y organismos se concentraron sólo en el segundo factor, la


prestación de servicios públicos básicos. Como resultado de ello, se criticó la estrategia de las necesidades
básicas y se adujo que era una receta para “contar, costear y entregar” (contar con los pobres, calcular el
costo de lo necesario y entregárselo). De esta manera se le criticó además porque dejó de lado algunos
aspectos no materiales del bienestar humano y porque no potenció económicamente a los pobres, ya que
no hacía hincapié de estos a los bienes de producción y al crédito.

La estrategia de las necesidades básicas fue también controvertida por otra razón. Algunos países en
desarrollo consideraron que el apoyo de los países industrializados a dicha estrategia era un medio para
distraer la atención y apartarla del examen de la política internacional y de la necesidad de establecer un
nuevo orden económico internacional. En realidad, siempre se había considerado que la reforma a escala
internacional era un componente de la estrategia de garantizar las necesidades básicas, aunque las
medidas para efectuar esa reforma fueron inevitablemente objeto de un debate muy animado.

Fueran o no válidas esas críticas, la estrategia de las necesidades básicas pronto fue superada por los
acontecimientos. A mediados del decenio de los 70 y a comienzos de los 80, la pérdida de impulso del
crecimiento, la crisis de la deuda y el deterioro de los términos de intercambio abrumaron a muchos
países, y la mayoría de las ideas sobre un desarrollo centrado en el ser humano pasaron a segundo plano, a
medida que los programas de estabilización y posteriormente de ajuste estructural ocuparon lugares
protagónicos.

Inicialmente, el objetivo de esos programas del Banco Mundial y del FMI consistió en ayudar a los países
en desarrollo a responder a las convulsiones externas: el aumento de los precios del petróleo, la merma
del crecimiento de los países industrializados, el aumento de las tasas de interés y la reducción de las
aportaciones de capital. Las medidas de “estabilización” propuestas por el FMI y el Banco Mundial
estaban encaminadas a reducir tanto los déficit presupuestarios como los déficit comerciales y solían
involucrar la reducción del gasto público y los salarios y el aumento de las tasas de interés. La
restauración del proceso de crecimiento económico, que era el objetivo nominal, rara vez se logró en la
práctica. Aunque esas políticas redujeron los déficit de algunos países, generalmente lo hicieron a costa
de inducir una recesión. En suma, con frecuencia las políticas de ajuste equilibraron los presupuestos pero
desequilibraron la vida de la gente.

Pronto, sin embargo, se pasó a hacer hincapié en el “ajuste” a largo plazo, una realineación fundamental
de las economías de los países en desarrollo con arreglo a los principios de libre mercado. Esto
significaría reducir la función del Estado, eliminar los subsidios, dejar en libertad los precios y abrir las
economías a las corrientes internacionales del comercio y las finanzas. Que esto fuera o no efectivamente
“estructural” era otra cuestión; excluía muchas medidas que anteriormente se habían determinado eran
críticas para cambiar las estructuras sociales y económicas, como la reforma agraria o una redistribución
radical de las instancias de poder.

Para muchos países, la era del ajuste acarreó mayores tensiones y cambios de la filosofía económica. Se
sometió a los países a fuertes presiones para privatizar las industrias de la propiedad estatal y poner fin a
la planificación centralizada. El control estatal de la industria y la planificación centralizada, tras algunos
éxitos iniciales, demostró ser cada vez más ineficiente e impuso cargas substanciales a los presupuestos
gubernamentales, y los intentos radicales de imponer criterios igualitarios con frecuencia rindieron pocos
frutos.

Durante todo este proceso la liberalización, ajuste y privatización, se dejó de lado la preocupación por los
pobres. Los dirigentes políticos presumieron que, aunque la pobreza aumentara en el corto plazo, era un
precio que había que pagar por la estabilidad a largo plazo y el crecimiento económico.

Se levantaron en este sentido muchas voces de protesta, incluidas las de sindicatos, iglesias,
organizaciones no gubernamentales, la Organización Mundial del Trabajo y el UNICEF, que publicó el
documento “Ajuste con rostro humano”. Si bien no dudaba de la necesidad de cierto tipo de ajuste, el
UNICEF exhortó al FMI y al Banco Mundial prestar más atención a la pobreza y a los seres humanos.
Entre diversas propuestas, surgió que se mantuvieran los servicios básicos mínimos, especialmente para
los más vulnerables, y que se distribuyera la carga del ajuste de manera más equitativa. Pero el principio
básico consistía en que las preocupaciones por los seres humanos no debían ser “elementos adicionales”
de un mismo conjunto de políticas de ajuste, en cambio, debían incorporarse en un marco nuevo e
integrado de desarrollo a largo plazo, centrado en los seres humanos.

En síntesis, las teorías y políticas de desarrollo han solidó dar prioridad al crecimiento económico antes
que al crecimiento y al desarrollo de los servicios sociales, incluídas la salud y la educación. Como
resultado, se ha producido, en general, un crecimiento económico pero se ha reducido la pobreza sólo en
ciertas partes del mundo, y las diferencias sociales y económicas entre las naciones y dentro de ellas
siguen siendo abrumadoras. Se ha descrito con nitidez que de continuar las tendencias actuales, las
disparidades económicas entre países industrializados y en desarrollo ya no serán sólo inequitativas y
pasarán a ser inhumanas (PNUD, 1996, Prologo).

SURGIMIENTO DEL CONCEPTO DE DESARROLLO HUMANO Y SU RELACIÓN CON EL


CRECIMIENTO ECONÓMICO.

En 1990, PNUD con la publicación del primer Informe sobre Desarrollo Humano, asumió el reto de
incorporar diversas ideas en una nueva visión del desarrollo. En eses momento, se puso a la luz un
criterio más amplio para mejorar la condición humana, que abarcara todos los aspectos del desarrollo
humano tanto para los países industrializados como para los países subdesarrollados, tanto, para los
hombres como para las mujeres y tanto para las generaciones actuales como para las futuras.

El desarrollo humano se conceptualiza como un proceso mediante el cual se amplían las oportunidades
de los individuos, las más importantes de las cuales son la presencia de una vida prolongada y saludable,
al acceso a la educación y el disfrute de un nivel de vida decente.

Se ha sugerido en ocasiones que el ingreso es un sustituto de todas las demás oportunidades del ser
humano, ya que el acceso al mismo permite el ejercicio de cualquier otra opción. Esto es sólo
parcialmente cierto por diversas razones:

• El ingreso constituye un medio, no un fin. Puede utilizarse para adquirir medicamentos esenciales o
narcóticos. El bienestar de una sociedad depende del uso que se le dé al ingreso, no del nivel de
ingreso mismo.

• La experiencia de los países muestra muchos casos de altos niveles de desarrollo humano con niveles
modestos de ingreso, y de deficientes niveles de desarrollo humano con niveles de ingreso bastante
altos.

• El ingreso actual de un país puede ofrecer muy pocos indicios sobre su perspectivas futuras de
crecimiento. Si ya ha invertido en su gente, su ingreso potencial puede ser mucho mayor que el que
muestran sus niveles actuales, y viceversa.

• Los múltiples problemas humanos de muchas naciones industrializadas ricas demuestran que los altos
niveles de ingresos, en sí mismos, no garantizan el progreso humano.
No existe por tanto un vínculo automático entre el crecimiento del ingreso y el progreso humano. El
análisis sobre el desarrollo debe concentrarse primordialmente en descubrir la mejor manera de establecer
y fortalecer dicho vínculo.

El concepto de desarrollo humano implica en este contexto tanto el proceso de ampliar las oportunidades
de los individuos como el nivel de bienestar que han alcanzado. También ayuda a distinguir claramente
entre dos aspectos del desarrollo humano. Uno es la formación de capacidades humanas tales como un
mejor estado de salud o mayores conocimientos. El otro es la forma como los individuos emplean las
capacidades adquiridas, ya sea para el trabajo o el descanso.

El fin es el desarrollo humano, el crecimiento económico es un medio. El propósito del crecimiento


económico debe ser enriquecer la vida de la gente. Pero con demasiada frecuencia no lo hace. En los
últimos decenios, se ha puesto claramente de manifiesto que no existe un vínculo automático entre
crecimiento económico y desarrollo humano. Incluso cuando tal vínculo se establece, puede ir
erosionándose gradualmente, a menos que se le refuerce en forma constante por medio de una gestión
política hábil e inteligente.

El informe sobre Desarrollo Humano de 1996 (el séptimo, de los diez publicados) analiza el carácter y el
grado de fortaleza de los vínculos entre el crecimiento económico y el desarrollo humano.

El mundo está cada vez más polarizado, y la distancia que separa a los pobres de los ricos se está
agrandando cada vez más. Seguidamente se exponen algunos hechos, tomados de los 10 Informes sobre
Desarrollo Humano del PNUD, que ilustran esta polarización:

• Del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, de 23 billones de dólares en 1993, 18 billones
corresponden a los países industrializados y sólo 5 a los países en desarrollo, aunque estos últimos
tienen casi un 80% de la población mundial.

• En los últimos 30 años, la participación en el ingreso mundial del 20% más pobre de la población
mundial se redujo de 2.3% a 1.4%. Mientras tanto, la participación del 20% más rico aumentó’ de
70% a 85%. Así se duplicó la relación entre la proporción correspondiente a los más ricos y a los más
pobres, de 30-1 a 61-1.

• Hay en el mundo 358 personas cuyos activos se estiman en más de mil millones de dólares cada una,
con lo cual superan el ingreso anual combinado de países donde vive el 45% de la población mundial.

• En los últimos tres decenios, la proporción de la población cuyo ingreso per capita creció por lo
menos a un ritmo de un 5% anual se duplicó con creces, del 12% al 27%, en tanto que la proporción
de los que experimentaron un crecimiento negativo se triplicó ampliamente, de 5% a 18%.

• La diferencia en cuanto al ingreso per capita entre el mundo industrializado y el mundo en desarrollo
casi se triplicó, de 5700 dólares en 1970 a 15400 en 1993, y en menos de 4 años (en 1997) la cifra es
de 20501 dólares.

La intensificación de la polarización se refleja en los contrastes crecientes en cuanto al rendimiento


regional. La mayor parte de Asia, donde vive más de la mitad de la población mundial, experimentó un
crecimiento acelerado y con frecuencia espectacular del ingreso per capita durante el decenio de los 80.
Los países de la OCDE, en general, mantuvieron un aumento lento pero sostenido de su ingreso per
capita.

Pero el fracaso del crecimiento económico fue la experiencia predominante en diversos grupos de países
como seguidamente se señala:

• En África al sur del Sahara, la declinación económica comenzó principalmente a fines del decenio de
los 70. Hubo muchos intentos de reforma, que a veces impulsaron un principio de recuperación, pero
20 países se hallan todavía por debajo del ingreso per capita que tenían hace 20 años.

• Varios países de América Latina y el caribe iniciaron una lenta recuperación a fines del decenio de los
80, pero 18 de ellos tienen todavía un ingreso per capita inferior al que tenían hace 10 años.
• Los países de Europa Oriental y la CEI mantuvieron un crecimiento lento durante la mayor parte del
decenio de los 80, pero luego sufrieron una reducción aguda de su ingreso per capita, que bajó como
promedio en un tercio respecto a los niveles máximos a mediados de esa década.

• Muchos Estados árabes sufrieron también reducciones abruptas de su ingreso en el decenio de los 80,
debido a la caída de los precios del petróleo y a otros reveses de la economía mundial.

Aunque el muy acelerado crecimiento demográfico explica en parte el aumento negativo del ingreso per
capita, resulta demasiado simple atribuir al crecimiento demográfico toda la declinación, o la mayor parte
de ella. Incluso con una menor fecundidad y un crecimiento demográfico más lento, el ingreso per capita
se habría reducido en muchos países.

En el decenio de los 90, 12 países de América Latina y el Caribe tuvieron ingreso per capita mayores que
nunca antes; entre ellos se encuentra Costa Rica, Colombia, Dominica, Granada y Uruguay. El total de
habitantes aproximado de este grupo de países es de 60 millones. El resto de los países (22) de América y
el Caribe no lograron superar el ingreso per capita que alcanzaron en décadas anteriores, con la población
de aproximadamente 400 millones.

Esta forma de examinar el desarrollo difiere de los enfoques convencionales sobre crecimiento
económico, formación del capital humano, desarrollo de recursos humanos, bienestar humano o
necesidades humanas básicas. Es preciso delinear estas diferencias.

El crecimiento del Producto Nacional Bruto (PNB) se considera necesario pero no suficiente para el
desarrollo humano. Algunas sociedades pueden carecer de progreso humano a pesar del rápido
crecimiento de su PNB o sus altos niveles de ingreso per capita a menos que adopten medidas
adicionales.

Las teorías acerca de la formación de capital humano y el desarrollo de recursos humanos ven al ser
humano primordialmente como medio y no como fin. Se preocupan únicamente por el aspecto de la
oferta y lo conciben como un instrumento para fomentar la producción de bienes. Es cierto que existe una
relación, ya que los seres humanos son los agentes activos de toda producción. Pero los seres humanos
son más que bienes de capital para la producción de bienes de consumo. Son también los fines posteriores
y los beneficiarios de este proceso. Por lo tanto, el concepto de formación de capital humano (o desarrollo
de recursos humanos) considera únicamente un aspecto del desarrollo humano, no su totalidad.

El enfoque de bienestar social considera al hombre más como beneficiario del proceso de desarrollo que
como participante de él. Destaca las políticas de distribución en lugar de las estructuras de producción.

El enfoque de necesidades básicas generalmente se concentra en el grueso de bienes y servicios que


necesitan los grupos desposeídos de la población: alimentos, vivienda, ropa, atención médica y agua. Se
centra en el suministro de estos bienes y servicios en lugar de hacerlo en el aspecto de las oportunidades
del ser humano.

En cambio el nuevo concepto de desarrollo humano compagina la producción y distribución de artículos


de consumo y la expansión y uso de las capacidades humanas. También se concentra en las alternativas,
en qué debe tener la gente, en qué debe ser y en qué debe hacer para asegurar su propia subsistencia.
Además, el desarrollo humano se refiere no solamente a la satisfacción de las necesidades básicas, sino
también al desarrollo humano como un proceso dinámico de participación. Es aplicable tanto a los países
menos desarrollados como a los países altamente desarrollados.

Se pueden usar las dimensiones del desarrollo humano para evaluar la calidad del crecimiento económico.
¿Qué es un “buen” crecimiento económico?. Es el crecimiento que promueve el desarrollo humano en
todas sus dimensiones.

El generar empleos, el propiciar la libertad, el distribuir equitativamente los recursos, el promover la


cohesión social, el salvaguardar el desarrollo humano futuro son los objetivos que deben trazarse los
países, y es posible que tengan éxito en fomentar algunos y no otros. Lo importante es considerarlos
como medida para juzgar el grado de progreso. Los países que tienen éxito son eficientes en lograr que el
aumento del ingreso redunde en adelantos en esos aspectos del desarrollo humano.
En todos los países es necesario prestar más atención a la estructura y a la calidad del crecimiento
económico a fin de contribuir al desarrollo humano, la reducción de la pobreza y la sustentabilidad a largo
plazo. A menos que los gobiernos adopten oportunamente medidas correctivas, el crecimiento económico
puede quedar distorsionado y ser defectuoso.

La importancia asignada en los últimos años a la problemática del desarrollo sostenible es una
manifestación de la creciente toma de conciencia de los políticos, los académicos y del público en general
acerca de la gravedad que han alcanzado estos problemas y la urgente necesidad de emprender acciones
encaminadas a su solución. Su esencia es que todos tengan igual acceso a las oportunidades de desarrollo,
ahora y en el futuro. Sugiere equilibrio y conservación de los recursos y capacidad para mantener los
proyectos y programas sin apoyo externo.

El desarrollo sostenible se pudiera definir como un desarrollo que no solo genera crecimiento, sino que
distribuye sus beneficios equitativamente, regenera el medio ambiente en vez de destruirlo, fortalece a las
personas en vez de marginarlas, acrecienta las opciones y oportunidades de las personas y les permite su
participación en las decisiones que afectan sus vidas. El desarrollo humano sostenible es un desarrollo
que está a favor de los pobres, a favor de la naturaleza, del empleo y la mujer.

El desarrollo sostenible es uno de las más importantes retos a los cuales se enfrenta la humanidad porque
su logro es una importante precondición de la seguridad global: una seguridad que contempla la de los
seres humanos, la del orden político y la del ambiente, no sólo para las actuales generaciones, sino
también para las futuras.

En conclusión, el desarrollo que perpetúe las desigualdades actuales no es sostenible ni vale la pena
sostenerlo.

Muchos suelen confundir el concepto de desarrollo humano con el de desarrollo de los recursos humanos.
Las expresiones pueden parecer semejantes, pero hay una gran diferencia entre ellas. Si bien las nuevas
teorías sobre el crecimiento económico se concentran en el capital humano, que es el foco de desarrollo
humano, es más amplia que la capacidad productiva.

La distinción fundamental es la que se hace entre medios y fines. En el concepto de desarrollo de los
recursos humanos se considera a los seres humanos simplemente como un medio para obtener una mayor
producción. En el desarrollo humano, por el contrario, se estipula que la gente es el fin y se considera que
su bienestar es el propósito último y exclusivo del desarrollo.

El desarrollo humano ha sido un concepto en evolución. Todos los años, teniendo en cuenta las críticas,
se ha examinado en los Informes sobre Desarrollo Humano o se ha analizado en mayor detalle. En los
últimos años, esta labor ha incluido extensos debates sobre cuestiones como la participación, la
sustentabilidad y la equidad de género. Como resultado de ello, se ha ampliado y profundizado el criterio
básico. Se entiende que el desarrollo humano debe contemplar la potenciación, la cooperación, la
equidad, la sustentabilidad, y la seguridad.

En conclusión, puede definirse el desarrollo humano como el proceso de ampliar las opciones que se le
dan a las personas, con lo cual aumentan las oportunidades de educación, atención de salud, ingresos y
empleo, abarcando así toda la gama de opciones del ser humano desde un entorno físico seguro hasta
libertades económicas y políticas.

LA MEDICIÓN DEL DESARROLLO HUMANO.

Características del índice de desarrollo humano e índices complementarios y


alternativos.

Los individuos no aíslan los diferentes aspectos de sus vidas. Por el contrario, tienen una sensación
general de lo que es el bienestar. Ese es, pues, el mérito de crear un índice compuesto de desarrollo
humano.
Con este fin los Informes sobre Desarrollo Humano elaborados anualmente para el PNUD, diez hasta el
presente, se ha introducido el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

El IDH pretende ser una medida integradora, aunque no perfecta, del desarrollo humano, teniendo en
cuenta que el desarrollo económico no es simétrico al desarrollo del bienestar.

Se considera al IDH como “una medida de la capacidad de la gente para lograr vidas largas y sanas,
comunicarse y participar en las actividades de la comunidad y contar con los recursos suficientes para
conseguir un nivel de vida razonable” y contempla las dimensiones longevidad, conocimientos e ingresos.

Aunque las dimensiones contempladas en el índice han sido siempre las mismas, las variables que
cuantifican estas dimensiones se han modificado.

La longevidad se ha cuantificado en todas las oportunidades mediante la esperanza de vida al nacer, que
es una medida resumen de los niveles de mortalidad de un país, o cualquier región definida.

La dimensión conocimientos se cuantificó en el informe de 1990 considerando la tasa de alfabetización en


adultos. En los Informes de 1991 a 1994 esta dimensión se midió mediante la variable “logro
educacional” que integraba la tasa de alfabetización en adultos y la escolaridad promedio de la población,
ponderando con peso 2/3 la tasa de alfabetismo y con peso 1/3 la escolaridad promedio. En los informes
de 1995 y 1996, la escolaridad promedio se sustituye, considerando que su cálculo es complejo y
requiere de gran número de datos, por la tasa de matricula combinada en la educación primaria,
secundaria y terciaria que refleja el grado de alfabetización de los menores de 24 años.

La cuantificación de la dimensión ingresos también ha sufrido cambios en los diversos informes. En el


Informe de 1990 el ingreso se cuantificó mediante el logaritmo del PIB real, valor obtenido del Proyecto
de Comparaciones Internacionales de las Naciones Unidas en el que se utilizan como factores de
conversión paridades de poder adquisitivo. El PIB real se expresa en dólares PPA. El empleo de
logaritmo de este valor, en lugar del valor en si, procuraba reflejar los rendimientos decrecientes al
traducir los ingresos en capacidades humanas.

En el Informe de 1991 se modifica de una forma importante la cuantificación de los ingresos,


manteniéndose así hasta el de 1998, basado en la premisa, ya establecida en el Informe de 1990, de la
existencia de una contribución marginal cada vez menor del ingreso al desarrollo humano. La dimensión
ingresos entonces se mide mediante el “PIB real ajustado per capita” que es una función del PIB real y del
umbral de ingresos, denominado hasta el Informe de 1994 como umbral de pobreza.

Se definió umbral de pobreza como el “nivel de ingresos por debajo del cual no es posible garantizar una
dieta mínimamente adecuada en términos nutricionales, ni las necesidades esenciales y distintas de los
alimentos”. Este umbral de pobreza se ha definido en distintos valores. En el informe de 1998 se establece
en 5990 dólares PPA correspondientes al ingreso medio mundial.

Entre los aspectos más controversiales de la metodología de cálculo de IDH se encuentra justamente lo
relativo a la medición del ingreso. Varios autores señalan la existencia de al menos cuatro aspectos
polémicos: el uso del PIB en lugar de otro indicador macroeconómico, como el PNB; el ejemplo del PIB
promedio por habitante; la utilización del PIB per capita ajustado a paridades de poder adquisitivo (PIB
per capita real) en lugar del empleo del PIB per capita per se, y el ajuste del PIB per capita real de
acuerdo al umbral de ingresos.

Seguidamente se amplía sobre este último aspecto. La idea subyacente de ajuste al PIB real per capita
según su valor en relación al umbral de ingresos es que más allá de cierto nivel de ingresos el dinero no
es ya necesario para vivir, o al menos se va haciendo cada vez menos indispensable para vivir
dignamente. Luego, este proceder atenúa bruscamente las diferencias entre aquellos valores del PIB real
per capita superiores al umbral de ingresos. De acuerdo con los resultados del Informe de 1998, por
ejemplo, los habitantes de Ecuador tienen una PIB real por habitante de 4602 dólares PPA ajustado,
inferior solamente en 1648 a igual indicador en Estados Unidos, mientras que la diferencia del PIB real
per capita sin ajustar es de 22375 dólares, valor 1357% mayor que la diferencia que existe entre los PIB
reales PPA ajustados.

El procedimiento, empleado en el Informe de 1998, para el cálculo del IDH para cada país es el siguiente:
IDH = (I1 + I2 + I3)/3

donde:

»I1 es el índice de la esperanza de vida al nacer dado por

(EVN-25)/(85-25)

siendo EVN la esperanza de vida al nacer.

»I2 es el índice de escolaridad obtenido mediante la expresión

(2 I2.1 + Y2.2)/3

siendo la I2.1 el índice de la tasa de alfabetismo dado por

(TA-0) / (100-0)

donde TA es la tasa de alfabetización en adultos (%)

y siendo I2.2 el índice de tasa de matrícula combinada que viene dado por

(TMC-0) / (100-0)

donde TMC es la tasa de matricula combinada en educación primaria, secundaria y terciaria.

»I3 es el índice de PIB dado por

(PIB-100) / (6311-100)

donde PIB es el PIB per capita ajustado (PPA en dólares).

El ingreso medio mundial de 1995, que es el año de los datos, fue de 5990 dólares PPA, se adopta como
limite (y*) y cualquier ingreso superior a ese limite se descuenta utilizando la siguiente formula de
utilidad del ingreso.

W(y)=y* para o<y<y*

W(y)=y*+2[(y-y*)1/2] para y*<y<2y*

W(y)=y*+2(y*1/2)+3[(y-2y*)1/3] para 2y*<y>3y*


Para calcular el valor descontado del ingreso del ingreso máximo de 40000 dólares PPA se utiliza la
siguiente variante de la formula Atkinson:

40000/5990=6.67 esta entre 6 y 7 y*

w(y)= 5990 + 2(5990)1/2 + 3(5990)1/3 + 4(5990)1/4 + 5(5990)1/5 + 6(5990)1/6 +


7[(40000-6(5990))1/7]

W(y)=6311 dólares PPA.


En el Informe de Desarrollo Humano de 1999, dado ha conocer el 12 de julio pasado, el calculo del Índice
de Ingreso per capita (I3) tiene una modificación, la cual esta basada en un trabajo de Anand y Sen
(1999).

Esta modificación consiste en no usar el PIB per capita real (PPA dólares) ajustado, sino el uso del PIB
real per capita (PPA dólares) en la siguiente formula:

I3= logy-log100/log40000-log100

El IDH puede tomar valores entre 0 y 1. Tomaría valor 0 en aquel país para el cual los valores que
cuantifican las tres dimensiones coincidieran con los mínimos y sería igual a 1 para el país cuyos valores
de las variables sean iguales a los valores máximos observados.

CALCULO DEL IDH PARA ECUADOR.

Método del Informe de 1998

ENV: 69.5 Años.

I1= 69.5-25/85-25=0.742

T.A: 90.1

TMC: 71

I21=90.1-0/100-0=0.901

I22=71-0/100-0=0.71

I2=[2(0.901)+0.71]/3=0.837

PIB REAL PER CAPITA AJUSTADO(PPA EN DÓLARES): 4602

I3= 4602-100/6311-100=0.725

IDH=(0.742+0.837+0.725)/3=0.768

Comparando los resultados del IDH de Ecuador con los del mundo (0.772) y América Latina y el Caribe
(0.831), se puede observar que en ambos casos los índices son mayores, lo que significa, de acuerdo a
este índice, que el país tiene un desarrollo humano inferior a la media mundial y la latinoamericana.

Método del Informe de 1999

ENV: 69.5 Años.

I1= 69.5-25/85-25=0.742

T.A: 90.1

TMC: 71

I21=90.1-0/100-0=0.901
I22=71-0/100-0=0.71

I2=[2(0.901)+0.71]/3=0.837

PIB REAL PER CAPITA AJUSTADO(PPA EN DÓLARES): 4602

I3= log4602-log100/log40000-log100= 0.64

IDH=(0.742+0.837+0.64)/3=0.740

Después de ajustados los cálculos para hacer compatibles y comparables los resultados de los dos últimos
informes veamos su variación.

COMPARACIÓN DEL IDH Y SUS SUBÍNDICES


Año I1 I2 I3 IDH
1998 0.742 0.837 0.64 0.740
1999 0.74 0.85 0.65 0.747
Fuente: Elaborado por el autor con datos de los Informes sobre Desarrollo Humano de 1998 y 1999 del
PNUD. Los datos son de los años 1995 y 1997 respectivamente.

Como se puede apreciar en las cifras en el país prácticamente se pudiera estar hablando de un
estancamiento en materia de desarrollo humano, por la poca variación de los índices.

La situación del país en comparación con el resto de los países latinoamericanos y caribeños nos da como
resultado que el país esta por debajo de la media de la región que es de 0.756, ocupando el puesto numero
18.

Ranking de los países de América Latina y El Caribe.

País I1 I2 I3 IDH
1. Barbados 0.86 0.92 0.80 0.857
2. Bahamas 0.81 0.88 0.85 0.851
3. Chile 0.83 0.89 0.81 0.844
4. Ant. y 0.83 0.89 0.76 0.828
Barb
5. Argentina 0.80 0.91 0.77 0.827
6. Uruguay 0.82 0.91 0.75 0.826
7. Trin y 0.81 0.87 0.71 0.797
Tob
8. Costa Rica 0.85 0.85 0.70 0.801
9. Venezuela 0.79 0.84 0.75 0.792
10. Panamá 0.81 0.85 0.71 0.791
11. México 0.79 0.83 0.74 0.786
12. S.Kitts y N 0.75 0.86 0.73 0.781
13. Granada 0.78 0.90 0.65 0.777
14. Dominica 0.82 0.88 0.63 0.776
15. Colombia 0.76 0.84 0.70 0.768
16. Cuba 0.84 0.88 0.57 0.765
17. Suriname 0.75 0.86 0.66 0.757
18. Ecuador 0.74 0.85 0.65 0.747
19. S. Vicente 0.80 0.81 0.63 0.744
20. Brasil 0.70 0.83 0.70 0.739
21. Perú 0.72 0.85 0.64 0.739
22. S. Lucia 0.75 0.79 0.67 0.737
23. Jamaica 0.83 0.78 0.59 0.734
24. Belice 0.83 0.74 0.63 0.732
25. Paraguay 0.74 0.83 0.61 0.730
26. R. Dom. 0.76 0.77 0.65 0.726
27. Guyana 0.66 0.87 0.58 0.701
28. Salvador 0.74 0.73 0.56 0.674
29. Bolivia 0.61 0.79 0.56 0.652
30. Honduras 0.74 0.66 0.52 0.641
31. Guatemala 0.65 0.60 0.62 0.624
32. Nicaragua 0.71 0.63 0.50 0.616
33. Haití 0.48 0.39 0.42 0.430
Fuente: Informe de Desarrollo Humano 1999.

ÍNDICES COMPLEMENTARIOS DEL DESARROLLO HUMANO.


En el Informe de 1995 se introducen dos nuevos índices complementarios, el Índice de Desarrollo de
Género(IDG) y el Índice de Potenciación de Género (IPG), con la idea de incorporar mejor de cómo hasta
el momento se venía haciendo, la condición de los géneros en el análisis del desarrollo humano.

El IDG mide el grado de adelanto en el desarrollo humano, igual que el IDH, pero incorpora la
desigualdad entre la mujer y el hombre en cuanto al grado de dicho adelanto. Un valor de 1, máximo
posible, en este índice refleja máximo adelanto con la perfecta igualdad entre hombres y mujeres. Las
variables básicas para calcular el IDG son, para ambos sexos, la esperanza de vida al nacer, la tasa de
alfabetización en adultos, la tasa de matrícula combinada en educación primaria, secundaria y terciaria, la
participación proporcional en la población total y en la población económicamente activa, y el salario
medio; y globalmente, el PIB per capita real ajustado.

Entre 130 países considerados para este análisis en el Informe de 1998, ningún país tiene en ese índice el
valor de 1, lo que reflejaría un máximo adelanto en la capacidad básica con perfecta igualdad de género.

En el cálculo del Índice de Desarrollo de Género (IDG) se utilizan las mismas variables que para el
cálculo del IDH. La diferencia es que al calcular el IDG se introduce un ajuste del adelanto medio de cada
país en materia de esperanza de vida, nivel educacional e ingreso, en función del grado de disparidad de
desarrollo entre las mujeres y hombres.

En el cálculo del IDG también se ajustan los valores máximo y mínimo de la esperanza de vida para
reflejar el hecho de que las mujeres viven en general más que los hombres. El valor máximo para la
esperanza de vida de la mujer es 87.5 años y el valor mínimo, 27.5 años; para los hombres los valores
extremos son 82.5 y 22.5 años.

Los índices de esperanza de vida, nivel educacional e ingreso se suman asignándoles igual ponderación
para obtener finalmente el valor del IDG.

El valor del IDG para el caso ecuatoriano fue de 0.667, valor que como se puede apreciar es inferior al del
IDH, lo que nos demuestra la discriminación de las mujeres en el acceso a una vida mas plena
socialmente y la subutilización de la fuerza femenina en el desarrollo económico y social del país. En este
índice Ecuador esta a nivel de la media de los Estados Arabes (0.638) y de Asia sudoriental y el Pacifico
(0.651) y muy por debajo de Asia Oriental (0.749), América Latina y el Caribe (0.724), Europa Oriental
(0.738) y por supuesto los Países Industrializados (0.902).

En el Informe de 1999 se realiza una modificación en el calculo del subíndice del ingreso, se calcula el
PIB (PPA dólares) femenino y masculino per capita y después se procede de igual forma que en el calculo
del IDH para el calculo del ingreso per capita PPA $ ajustado.

En el Índice de Potenciación de Género (IPG) se utilizan variables construidas explícitamente para la


medición de la potenciación relativa de hombres y mujeres en esferas de actividad política y económica.
Comprende la participación porcentual de mujeres y hombres en puestos administrativos y ejecutivos y la
participación porcentual en empleos profesionales y técnicos. Dado que la población perteneciente a cada
una de ellas es diferente, se calculan por separado los índices para cada una y seguidamente se suman.
Otra variable, la participación porcentual de mujeres y hombres en el numero de escaños parlamentarios,
se escoge a fin de que refleje la participación política y la facultad de adoptar decisiones.
Se utiliza así mismo una variable de ingreso a fin de reflejar el grado de control sobre los recursos
económicos. Se calcula de la misma manera que el IDG, para hombres y mujeres, salvo que se utiliza el
PIB real per capita no ajustado al umbral de ingresos, en lugar del PIB real per capita ajustado. Por
consiguiente, el valor máximo del ingreso es 40000 dólares PPA y el mínimo, 100 dólares PPA.

A fin de obtener el valor final del IPG, se suman con igual ponderación tres índices: de participación y
adopción de decisiones en cuestiones económicas; de participación y adopción de decisiones en
cuestiones políticas; y de grado de control sobre los recursos económicos. Este índice toma valores igual
entre 0 y 1, tanto mayor en tanto menor es la desigualdad de género en las esferas básicas mencionadas.

Los valores que tiene este índice en el país (0.369) nos muestra el alto grado de disparidad que existe
entre los hombres y mujeres a la hora de la toma de decisiones, lo cual es mas alarmante si comprobamos
que este valor esta a nivel de la región Sudsahariana, Asia Oriental y por debajo de la media de todos los
países subdesarrollados (0.374). En el informe de 1999 se aprecia una mejoría de este índice (0.516)
debido fundamentalmente a que las mujeres parlamentarias en el año 1997 representaron el 17.4% de los
escaños del poder legislativo.

En el Informe de 1996 se introduce el Índice de Pobreza de Capacidad (IPC) que pretende reflejar el
porcentaje de población que carece de capacidad humana básica o mínimamente esencial. En el cálculo
del mismo se tienen en cuenta la falta de tres capacidades básicas: la capacidad de estar alimentado y sano
(se cuantifica por el porcentaje de niños menores de 5 años con peso insuficiente), la capacidad de
procreación en condiciones saludables (indicada por el porcentaje de partos sin asistencia por parte del
personal de salud capacitado) y la capacidad de tener educación y conocimientos (representada por el
porcentaje de mujeres de 15 o más años de edad que son analfabetas).

Este índice fue sustituido en el informe de 1997 por el Índice de Pobreza Humana (IPH) que refleja la
distribución del progreso y permite medir las privaciones existentes. Los editores del Informe de 1998,
consideraron oportuno calcular dos Índices de Pobreza Humana, el IPH-1 para los países subdesarrollados
y el IPH-2 para los desarrollados, las diferencias se pueden apreciar en el siguiente cuadro.

PARÁMETROS UTILIZADOS EN EL ÍNDICE DE POBREZA HUMANA.


Parámetro IPH-1 IPH-2
% Población que se % Población que se
Longevidad estima no sobrevivirá estima no sobrevivirá
los 40 años los 60 años
Tasa de analfabetismo
Conocimientos Tasa de analfabetismo funcional
Privación en % de la población que
aprovisionamiento vive por debajo del
económico, medido limite de la pobreza de
por: ingreso de la mediana
1. % de la población del ingreso disponible.
Nivel decente de sin acceso a
vida servicios de agua y
salud.
2. % de la población de
niños menores de 5
años con peso
insuficiente
Participación o No se toma en cuenta Tasa de desempleo de
exclusión largo plazo (12 meses
o más)
Fuente: PNUD, Informe de Desarrollo Humano 1998, pag. 15.
Considerando las variables utilizadas para el calculo del IPH-1, somos del criterio que se hace necesario
una modificación de este índice para poder ilustrar mas claramente la situación de pobreza humana que
tenemos en nuestros países y así poder emprender acciones y planes mas realistas.

MODIFICACIONES PROPUESTAS AL IPH-1

La formula utilizada en los últimos tres informes es la siguiente:

IPH-1=[1/3(P13+P23+P33)]1/3

Donde:
P1: % Población que se estima no sobrevivirá los 40 años.
P2: Tasa de analfabetismo
P3=1/3(P31+P32+P33)
Siendo:
P31:% Población sin acceso al agua potable.
P32:% Población sin acceso a los servicios de salud.
P33:% de niños menores de 5 años con peso deficiente.

La formula que proponemos es la siguiente:

IPH-1=[1/4(P13+P23+P33+P43)]1/3

Donde:
P1: % Población que se estima no sobrevivirá los 40 años.
P2=(2/3P21+1/3P22)
P3=1/4(P31+P32+P33+P34)
P4:% Población por debajo de los niveles adecuados de consumo.

Siendo:
P21: Tasa de analfabetismo
P22: Tasa de analfabetismo funcional
P31:% Población sin acceso al agua potable.
P32:% Población sin acceso a los servicios de salud.
P33:% de niños menores de 5 años con peso deficiente.
P34:% Población sin acceso a los servicios de saneamiento.

Si se realizan los cálculos para el caso de Ecuador se podrá apreciar que en el índice utilizado por el
PNUD el valor es solamente de 15.3% en el informe de 1998 y 16.8 % en el de 1999, lo cual dista mucho
de la realidad y podría crear falsas apreciaciones y por ende malas políticas para enfrentar este flagelo.

CALCULO DE LA POBREZA HUMANA CON EL ÍNDICE MODIFICADO.

1998
DATOS
P1: 11%
P2=[(2/3)(10.5)]+[(1/3)(20.4)]=13.8
P3=1/4(32+12+17+24)=21.25
P4:55.8%
Siendo:
P21: 10.5%
P22: 20.4%
P31:32%
P32:12%
P33:17%
P34:24%

IPH-1=[1/4(113+13.83+21.253+55.83)]1/3=(46824)1/3=36.04

1999
DATOS
P1: 11.1%
P2=[(2/3)(9.3)]+[(1/3)(20.4)]=13
P3=1/4(32+20+17+24)=23.25
P4:55.8%

Siendo:
P21: 9.3%
P22: 20.4%
P31:32%
P32:20%
P33:17%
P34:24%

IPH-1=[1/4(11.13+13.03+23.253+55.83)]1/3=(47487.3)1/3=36.21

Como se puede apreciar en los resultados obtenidos hay una gran diferencia entre el índice modificado y
el utilizado por el PNUD, pero si estos los comparamos con la población por debajo de la línea de
pobreza nacional que era de 35%, se observa una mayor congruencia en el resultado.

En conclusión se puede plantear que estos indicadores sin ser perfectos nos brindan una medida
integradora del desarrollo humano, que ofrecen a los gobiernos información para desarrollar políticas
sociales en aquellas áreas y segmentos poblacionales mas necesitados.

En estos momentos, donde el impacto de la crisis y el “programa de ajuste” cobran un alto costo social, se
hace mas necesario conocer estos indicadores para poder realizar proyectos y programas en aquellas
regiones del país y estratos sociales mas vulnerables. Por lo anterior no es nada descabellado plantear la
necesidad de realizar un Informe de Desarrollo Humano Nacional, donde se puedan ver las diferencias
regionales y provinciales, y a partir del mismo se pueda realizar una adecuada distribución de los
menguados recursos con que cuenta el país para las áreas sociales.
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