Siguiendo a Palacio, Lino Enrique, señalamos que son procesos especiales “todos aquellos

procesos judiciales contenciosos (de conocimiento, ejecución y cautelares) que se hallan
sometidos a trámites específicos, total o parcialmente distintos a los del proceso ordinario.
Se caracterizan por la simplificación de sus dimensiones temporales y formales, y en
consecuencia, por la mayor celeridad con que son susceptibles de sustanciarse y resolverse.
Pueden clasificarse en plenarios rápidos o abreviados y sumarios.” (2)

2.- Concepto de desalojo
Coincidiendo con Alsina y de la Colina, Augusto Morello señala que la acción de desalojo
persigue asegurar la libre disponibilidad de los inmuebles a quien tiene derecho a ello,
cuando son detentados contra su voluntad por personas que entraron en posesión precaria –
tenencia – mediante actos o contratos que por cualquier causa no se los puede considerar
existentes o, en su caso, cuando se hallan sin derecho y contra la ley, en el uso y goce de la
cosa ajena (intrusos).
Palacio refiere que el proceso de desalojo es aquel que tiene por objeto una prestación
tendiente a recuperar el uso y goce de un bien inmueble que está ocupado por quien carece
de título para ello, sea por tener una obligación exigible de restituirlo o por revestir el
carácter de simple intruso, aunque sin pretensiones a la posesión.
Jorge Orlando Ramírez hace hincapié en que en el juicio de desalojo no se intenta recuperar
el uso y goce de la cosa sino la tenencia del bien, citando como ejemplo el caso del
hospedaje, donde el hotelero sólo se desprende del uso y no de la tenencia, no cometiendo
él mismo el delito de usurpación si penetra en la habitación del pasajero, retira su equipaje y
no le permite entrar más en ella. También cita determinados contratos de concesión privada,
en los cuales se suele otorgar un simple uso del lugar (quiosco en el hall de un cine), sin
desprendimiento de la tenencia, no necesitando el dueño o concedente promover un juicio de
desalojo para hacer cesar ese uso, pues al no haberse desprendido de la tenencia le bastará
con impedirlo, sin perjuicio de las acciones que pudiera intentar la otra parte en el supuesto
de que tal privación no se ajuste a lo pactado.
Nuestro Código Civil en su art. 1493 define la locación diciendo que “Habrá locación cuando
dos partes se obliguen recíprocamente, la una a conceder el uso y goce de una cosa, o a
ejecutar una obra o prrestar un servicio, y la otra a pagar por ese uso, goce o servicio, un
precio determinado en dinero”.
Haciendo referencia a ello Ramírez enseña que esto no debe llamar a engaño puesto que
entre las obligaciones del locador está la de entregar la cosa al locatario, y entre las del
locatario la de devolverla al término de la locación, pudiendo suceder que el locatario deje de
usar y gozar de la cosa, porque transfirió la locación a un tercero, pese a estar ello prohibido
en el contrato, y el juicio de desalojo siempre será necesario para que el locador recupere la
tenencia, y pese a que el locatario ya no tenga uso y goce.
En relación a lo que puede ser objeto del juicio de desalojo, entendemos que nada impide en
nuestro ordenamiento procesal santafesino, admitir la acción de desalojo tanto para bienes
muebles como inmuebles. Recordemos que el art. 1499 C.C. refiere a la locación de cosas
muebles, y el 517 del CPC no lo impide, y al hablar de ocupante o tenedor, restituir o
entregar, refiere claramente que el desalojo procede respecto de cosa mueble. Por supuesto,
ello será solo respecto a las cosas no fungibles. (3)

3.- Legitimación activa y pasiva. Concepto.
Enseña Couture que el vocablo legitimación significa…”condición jurídica en que se halla una
persona con relación al derecho que invoca en juicio, ya sea en razón de su titularidad o de
otras circunstancias que justifican su pretensión (legitiimatio ad causam). Aptitud o
idoneidad para actuar en un proceso, en el ejercicio de un derecho propio o en
representación de otro (legitimatio ad processum). (4)
El prestigioso jurista rosarino Jorge W. Peyrano (5), señala con acierto, que estamos en
presencia de un concepto que se ha ampliado muchísimo, no teniendo, necesariamente,
relación con el derecho material, sino que debe analizarse caso por caso. Se trata, en rigor
de verdad, de una aptitud para postular proveimientos judiciales, que tiene un sujeto o
pluralidad de sujetos en determinado proceso o tramos o aspectos de ese procedimiento.
Si el sujeto que interviene en un juicio, luego de sustanciado el mismo, resulta perdidoso y
apela el pronunciamiento adverso, es el único legitimado para apelar, tenga o no derecho de
fondo.
Por otro lado, se puede estar legitimado para todo un proceso para postular en general, pero
en algunos aspectos o tramos de ese mismo proceso no estar legitimado, como sucedería
por ejemplo, cuando el sujeto perdidoso apela, le deniegan la apelación, y deduce recurso
directo ante la Alzada; aquí la parte procesal que resultó gananciosa, no puede presentar
ningún escrito relacionado con la sustanciación del recurso directo, no se halla legitimado.
Otro ejemplo lo encontramos en el supuesto de un juicio entre dos partes, donde se traba
embargo sobre un bien perteneciente a un tercero. El tercero
pide el levantamiento liso y llano del embargo invocando el art. 324 de CPCCSF;

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