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JUAN PEDRO QUINORERO (Totana, 1946). Es, sin duda, un desconocido en la vida cultural murcia- na. Como mucho, lo conoce una minorfa especiali- zada, autor de culto pues, a pesar de estar presente al piiblico en su web Una temporada en el infierno y en una tiltima promocion de su obra a cargo de Con- fluencias, editorial de Almeria que le est publican- do una serie de libritos que contienen su pensamien- to sobre Ja esencia, construccién y lucha cainita de TOI José Luis Molina, “Aoercamiento cortés a un escritor murciano afincado en Paris. La literatura compleja de Juan Pedro Quionero’, en Actas XXXVEI Congreso de la AEPE. Cultura, economia y desarrollo en Lorea en etalba del siglo XI" Murcia, Ayuntamiento de Lorca-Universidad dle Murcia, 2003; 269-286 José Luis Molina (2009), Juan Pedro Quiionero segin JPG. Cultura y pensamient, éica e ideologia, literatura y critica (Documento en linea], Direccién URL: < hitpdfesscribd.com/doct 229577 12/Ensayo-de-Jose-Lais-Molina-Martiner-sobre-la-obra-de-Juan: Pedra-Quinonero>.[Consulta: ? marzo 2016] 02 los habitantes regionales de las Espaiias, que ilustra en la portada con alguno de los Caprichos de Goya", a cuyo contenido hace referencia Pero, llegar a su medida forma de pensar y enten. der los problemas de Espaiia, que enumera extensa- mente en sus escritos, ha supuesto una larga anda dura en la que no todo ha sido una alfombra de ro- sas, Sus padres, librepensadores racionalistas laicos, formado el padre en la Escuela de Ferrer i Guardia, pedagogia libertaria y vanguardista, tras la Guerra Civil son represaliados y condenado su padre a veinte aiios de cércel, aunque fue amnistiado en 1945 por no haber cometido delito de sangre. Tras esta situacién, comienza un exilio del que nunca regresa: Francia (1961), Palma del Rio (1963), Almansa (1966) y Ma- drid (1964). En Madrid inicia estudios de arquitectu- ra que no concluye. A partir de 1966, trabaja en Arri ba, Destino e Informaciones, del que es corresponsal on Paris hasta 1979. Desde esta fecha es corresponsal de Diario 16, Cadena SER, Antena 3 y Onda Cero. Asi ha vivido todos los frentes y todas las guerras. Des- de 1983 hasta la fecha es corresponsal en Paris del diario ABC También fue colaborador de Cuadernos Hispanoamericanos y director literario de la Editora Nacional. Habia aprendido de Luis Rosales, Pablo Corbaln y Javier Conte, entre otros, 102 Es una sitva de la Espasa de hoy mismo que sélo sabe arreglar sus problemas a garrotazos. Sus titulos publicados son De qué mal rmorid?, Ti que no puedes, Y no hubo remedio, Disparate ridiculo, Duelo 4 garrotazos y Volaverunt. En la contraportada del libro zDe qué mal rmarird?, se puede leer: “juan Pedro Quifionero, a laestela de los Caprichos de Goya, hilvana el relato de la actualidad espafiola para comprender y Jagar todos los elementos del puzzle donde estin hipotecados el destino de Espafa y d elos espafoles. Espafia y sus crisis... econdmica, sociales, politica, insttucionales, europeas, clturales, morales, que son, {ntima y diariamente trabadas en Una temporada en el inferno” 103 Su obsesi6n vital es el rearme moral de Espafia, una civilizacién del didlogo como medio de solucio- nar problemas (no con el garrotazo) y una visin més amplia del terruio y de la geografia nacionalista. Esto es lo que defiende en sus escritos, sean artfcu- Jos de fondo, sea novela, ademds de ser un testigo de cuanto ha vivido y por lo que probé el exilio de Paris, hoy su patria chica. Viaja a una parte de Espaiia amenazada de escisién por una aventura ideol6gica nacionalista mas propia del siglo XIX, tras modificar hechos histéricos y aventar el odio de las masas ala Espafia que calla, aunque algunos estan desairados por la ofensa. Juan Pedro Quinonero pasa sus vaca- ciones en Caldetes (Barcelona) y, a veces, viene por ‘Murcia e incluso lega a Calabardina para rescatar las reminiscencias aguilefias de su padre. De su etapa madrilefia de formacién, tenemos al- gunos ejemplos de por dénde van sus intereses li- terarios, en medio de cierta anarqufa vanguardista que alejaba su escrito de los cdnones normales y de los lectores que no deseaban estrujarse su cabeza. Sélo hemos de conocer los titulos de sus ensayos: Proust y la revolucién (1972), un Proust al que si- gue devoto y considera como un clasico. El problema radica en que ejemplifica su exposicién con un texto no muy conocido de Proust, Jean Santeuil, y arre- mete contra la critica exigiendo la exclusién de los metalenguajes quizé por las mismas razones por las que Marcel Proust arremetié contra la critica esta- Dlecida de su época. En Baroja, surrealismo, terror y tranagresién (1974), aparece un Baroja ya demodé y casi fuera de érbita del que, sin embargo, hace una moderna lectura desde un prisma desusado, tal vez no muy coincidente con la realidad. Bien es verdad que quizé ese ensayo no es tanto el objeto de un and- 104 lisis sino una excusa para exponer su pensamiento y mostrar lo que ya se adivina, una gran cultura, procedente, sin duda, de sus multiples lecturas. Es obvio que muchas de sus afirmaciones serfan discu- tibles, pero de lo que se trata es de entender el es- tadio intelectual en el que se encuentra Juan Pedro Quifioneros y en ese sentido hay que leer esa obra. En De Ia inexistencia de Espaiia (1998) disecciona diez siglos de historia literaria, rastreando las semi- las de una atormentada identidad cainita." Este li- bro se traduce al catalan en 2008: De la inexisténcia d'Espanya. 8u vocacién europeista y la experiencia adquirida como corresponsal de prensa en muchas partes del mundo, su conocimiento de cuanto en las cancillerias europeas se cocia y el porvenir de la Co- munidad Econémica Europea, la expone en un libro en parte bastante técnico, en parte realista: La gran mutacién. Espana. Europa ante el siglo XXI (1982). Es Espafia ante el reto de la CEE, Espafia como pro- blema, Europa como unidad, como desarrollo econ6- mico, como deseo de ser una pluralidad de naciones, ante la exigencia de los gobiernos de un bienestar que exige a su vez un ideario comin. En 1974, aparece Memorial de un fracaso, que él mismo juzga sin mucha piedad. Es, segiin su propio criterio, una coleceién muy parcial de ensayos y ar- ticulos periodisticos que, si no ofrecen una visién de su trabajo, como publicista, si proponen una reflexién, 103 Mas tarde, Quinonero recordari que fue con la escritura de este libro, “cuando algunos hombres de su generacion creian que el arte y la cultura cambiarian para siempre nuestra historia cainita, fue cuando “se alumbré el concepto de arguitectara espiritualcuya restauracin pudiera permitienos rescatar Ia Atlintida que es auestro pueblo y cuya pérdida, en los confines de la historia, nos condené a una existencia de dolor, incertidumbre y dessrraigo” (Juan Pedro Quionero, Ramén Gaya y' ef destino de la pintura, Madrid, Biblioteca Nueva, 2005: 25) 105 voluntariamente dispersa, en torno a obsesiones y au- tores. En esta su primera etapa de escritura, hemos de sefialar la publicacién de dos novelas experimenta- les de tinte biognifico y una estructura muy compleja, tanto que podriamos estar hablando de novela intelee- ‘tual porque obviamente son novelas de minorias: Rui- nas (1973) ¥ Eseritos de VN (1976), premio esta viltima Marbella de novela y reeditada en Confluencias. Cuando, alejado de una vanguardia extemporé- nea, no s6lo minoritaria sino dificilmente comprensi- ble, fuera del que la produce, quedan como modelos ‘un Proust, como voluntad de estilo, y un Baroja, al que antepondria a Galdés, para redactar unos epi sodios modernos de la transicién politica, de dificil complejidad también. Por ello, sus tiltimas novelas tampoco han sido lefdas sino por una pequefia mi- noria por razones de amistad 0 por descubrimiento de una parte de la critica periodistica murciana que tampoco explica muy bien el sistema técnico que em- plea cl autor ni su contenido, contentos con desou- brir qué personaje real se encuentra bajo unas siglas oun nombre fingido. ‘Podemos considerar primera etapa de su produc- cién literaria, en la que entremezcla ensayo y nove- Ja, desde su primer libro hasta lo escrito en 1976. La segunda época se iniciarfa en el afio 2000, aunque ya sabemos que publica dos ensayos en 1982 y 1998. isa pausa es la que lo madura. Hay que atender a su nueva produccién literaria y de pensamiento a partir del nuevo siglo XXI. A lo largo de lo que le- vamos del mismo, publica cuanto sigue: El misterio de itaca (ensayo, autobiografia, 2000), Anales del Tos Bn la contraporteda, podemos leer: “Siguiendo la pista y la huella de algunos apéstoles dela palabra y las creaciones de la ilusion (Nabokov, Bavoja, Pla, Castelao, Baleac, Gargalo, Santayana {.] 0 Ta ruta del exlio 108 alba (2000, Premio Juan March Cencillo de novela corta)'"*, Retrato del artista en el destierro (autobio- grafia, 2004, Premio Caballero Bonald de ensayo), Hl caballero, la mufieca y el tesoro (novela, 2005)", Ra- mén Gaya y el destino de la pintura (ensayo, 2005), La locura de Lazaro (novela, 2006), Una primavera atroz (novela, 2007), El taller de la gracia (ensayo, 2009) y Dark Lady (2011). Entre estos titulos hay uno que parece fuera de lugar puesto que es un en- sayo acerca de la figura de Ramén Gaya, mureiano universal, exiliado en Paris, amigo del periodista hasta el punto de que se le organiza una exposicién, 1999, en la galeria que tuvo en Paris la esposa de Juan Pedro Quifioneros, de la que era directora. La locura de Lézaro', Una primavera atroz"* y El taller de la gracia’® forman una suerte de episo- dios nacionales cuya temética tenemos tan cerea que atin no hemos sido capaces de entrar en esta litera- tura peculiar y particular. Dark Lady"® es su iltima incursién en la novela: pardbolas y leyendas sobre elarte de Ja fotografia iluminan un paisaje de vidas de Arturo), perdidos, también ellos, en la gran metropoli, las calles de luna ciudad de leyenda se uminan, para los conjurados: Ia revocacién del tiempo saturnal de a historia.” Se incia una constante que se observard To largo de su obra posterior. 105 En el aio 2001, aparece un articulo de su autorfa en El extramundi y 1s papeles de Iria Flavia, n° XVI, pp. 37-62, ttulado “Dos capitulos de luna memoria’, que es necesario leer para conocer las motivaciones de JPQ ‘con relacin a su propia literatura. 106 Esta novela es una fabula moral Cuenta “Ia historia de un caballero de laestipe de Arturo ol Cid, condenado a enfrentarsea las fuerzas del mal, para intentarliberar a su pueblo de una ominosa esclavitud” De leerse st ‘obra completa, se podrs constatar la presencia de este aserto en cas toda ella, al menos en a de feci6n. 107 Sevilla, Espuela de Plata, 2006, 108 Sevilla, Espuela de Plata, 2007. 109 Sevilla, Renacimiento, 2008, 110 Sevila, Renacimiento, 2011, 107 perdidas y ganadas entre la gran historia, la publi- cidad, la moda, el terror, la alta costura, el erotismo, el vagabundeo nocturno y los paraisos artificiales. Elconceptualismo, minimalista en ocasiones, que busca la minima expresién, queda manifestado en os comentarios que acompaiian a sus propias ima- genes. Asi funciona en la actualidad su blog. Por otro ado, estd sustituyendo la palabra por la imagen creo que para llegar a todos los estamentos culturales y por su propio amor a la fotografia que le ha hecho publicar libros reconocidos en Francia que no apare- cen por esta Murcia del sureste: Hay fotos que captan el instante, una mirada o una tragedia. Hay fotégrafos que, en su biésqueda de la be- za, sélo Hegan al esteticisma, Pero también los hay que nos permiten compartir eu mirada limpia, generosa y humilde, La luz no esté en el objeto, en el ambiente, ni depende del objetivo de su cdmara. Esti en su retina Juan Pedro Quifionero pertenece a esta iltima clase de fotdgrafos. Viendo sus fotos de Paris y sus gentes, uno recupera del recuerdo el Paris que ya no existe ~que tal vez nunca existié- y volvemos a los dias grises, y a las caléndulas que alguien puco en el alféizar de su ventana para alegrar los muros de verdin. Y, sin embargo, Quifio- nero, no retrata ese Paris, sino una ciudad moderna, cha- acana y arrasada por ol narcisismo de sus arquitectos y Ia mediocridad de sus dirigentes, y consigue hacer intima ¥y amigable una ciudad fria gracias al encuentro con sus fgentes: la muchacha que espera a alguien, la mujer que se arregla el sombrero en un dia de perros, los que no se resignan... Bn las fotos de Quifionero, todas las, personas son hermosas porque enearnan su historia, la suya, la que nos cuenta Quifionero o la que inventamos, nosotros. ¥ todas, en su alegria, en su cabreo, 0 en su s0- ledad, salen de su ensimismamiento para mirarnos direc tamente a los ojos a través de quien Ins ha fotografiado, y las ha reseatado de la grisura impersonal (Gatopardo, 2011"). TI Las fotografia de Juan Pedro Quifonera, [Dosumento en linea 108

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