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Hay tres tipos de rocas: Ígneas, sedimentarias y metamórficas.

Las rocas Ígneas o magmáticas se


originan en las profundidades de la Tierra, como magma fundido, que posteriormente se abre camino
a través de la corteza, enfriándose y solidificándose. Las rocas sedimentarias se forman, en su
mayoría, cuando cualquier tipo de roca se desintegra en finas partículas que a continuación se
vuelven a depositar bajo el agua y, posteriormente, se compactan. Las rocas metamórficas son rocas
Ígneas o sedimentarias que han estado expuestas a altas presiones o temperaturas, lo cual a echo que
cambiase su naturaleza. Por ejemplo, la roca madre del río Pas en la zona del puente de la Unión
deseada, en nuestro municipio (Santiurde de Toranzo), es una roca sedimentaria , que debido a las fuertes
presiones , litificaciones y glaciaciones que ha sufrido, se ha convertido en una roca metamórfica
(Pizarra y Arcillita), y en la que puedes encontrar fósiles de primitivos peces y caracoles. Pues es un
yacimiento del Mioceno Triásico, Cuaternario, nada menos que unos cuantos millones de años atrás.

La Tierra recicla sus rocas permanentemente. El material que llega a la superficie es erosionado,
transportado y, por último, regresa al interior de la Tierra, donde el ciclo vuelve a comenzar. Esta
serie de procesos se conoce con el nombre de ciclo de las rocas o ciclo geológico. La energía necesaria
procede en parte del Sol (que alimenta los procesos erosivos) y en parte del interior de la Tierra (que
genera la actividad volcánica).

El magma, que llega a la superficie terrestre mediante la actividad volcánica, comprende una
combinación de óxidos (compuesto que contiene oxigeno) y, silicatos (compuestos que contienen
silicio y oxígeno). Cuando se enfría se solidifica, los óxidos y silicatos producen una mezcla de
cristales minerales. Las características y propiedades de los cristales de cada tipo de rocas ígneas
dependen en parte de la composición del magma original y en parte de las condiciones físicas en
que se produjo su cristalización. Puesto que las composiciones y las condiciones son sumamente
variadas, existen miles de tipos de rocas ígneas diferentes.

Las rocas ígneas que se forman sobre la superficie terrestre se conocen como extrusivas. Las que se
forman dentro de la corteza, a partir de magma que no llega a la superficie terrestre se denominan
intrusivas. Las rocas intrusivas tardan más en enfriarse porque, al estar rodeadas de otras rocas, en
vez de estar al aire libre, les cuesta más perder calor. En consecuencia, los cristales crecen más y los
granos de mineral son más gruesos.

A pesar de las numerosas variedades de rocas ígneas, con seis bastan para designar la mayoría de
los componentes ígneos de la corteza, a saber: granito, diorita y gabro, que son rocas intrusivas, de
grano grueso, y rolita, andesita y basalto, que son rocas extrusoras, de grano fino.

La mayor parte de la lava que se produce en los bordes constructivos es basáltica. En los bordes
destructivos se generan tanto basalto como andesita y a veces también se produce rolita. El granito
es común en la corteza continental superior y es probable que el gabro predomine en corteza
continental inferior.
Por lo menos el 75% de todas las rocas sedimentarias se conoce como roca sedimentaria clásica o
detrítica; esto significa que deriva de los productos de la erosión de otras rocas, incluso las que se
encuentran en las cadenas montañosas más impresionantes, acaban por deshacerse cada vez en
fragmentos más pequeños. Cuando llegan a ser lo bastante pequeños, estos fragmentos son
transportados por el agua, el viento o el hielo y por lo general acaban en el océano, donde caen al
fondo como sedimentos y allí, bajo la presión de depósitos posteriores, se compactan y forman
rocas duras. Las rocas sedimentarias más comunes son las areniscas.

El 25% de los sedimentos pueden ser químicos u orgánicos. Los ríos disuelven los minerales de las
rocas por las que pasan y las soluciones minerales acaban en los océanos. Cuando los océanos
alcanzan el punto de saturación de un determinado mineral, el mineral sobrante se precipita
químicamente en forma de partículas sólidas, que caen al fondo. Las rocas sedimentarias químicas
más frecuentes son las calizas (carbonato cálcico, CaCO3).

Pero no todas las calizas se precipitan químicamente. Numerosos organismos oceánicos extraen
carbonato cálcico del agua para construir sus esqueletos y, al morir, estos se depositan en el fondo,
como sedimentos. Por lo tanto, las calizas también son rocas sedimentarias orgánicas más
abundantes, aunque también hay organismos que, por un procedimiento similar, generan
sedimentos de dióxido de silicio (SiO2).

La mayoría de las rocas sedimentarias son una mezcla de rocas detríticas, químicas y orgánicas,
aunque con un tipo predominante.

Cuando las rocas ígneas o sedimentarias se exponen a altas temperaturas y presiones, sobre todo si
también se producen filtraciones liquidas, a veces se producen cambios en el interior de sus
estructuras y en ocasiones incluso en su composición mineralógica. Todos estos procesos en su
conjunto se conocen con el nombre de metamorfismo. Para ello hace falta una temperatura de
300ºC y una presión de 100 mega pascalios (equivalente a 100 atmósferas).

Las condiciones más extremas de la corteza terrestre se producen en los bordes de las placas,
donde chocan los continentes. Por lo tanto, la mayoría de las rocas metamórficas se generan en las
raíces de las montañas. Según las temperaturas y presión, hay diversos grados de metamorfismo;
en los más intensos, las estructuras de las rocas los agujeros e incluso los fósiles, cambian tanto
que después ya no se puede identificar el tipo de roca original, como en el caso de la roca madre en
nuestro río Pas en la zona de nuestro municipio.

Como consecuencia de la realineación de los minerales bajo presión, numerosas rocas


metamórficas forman estratos, o capas. En ocasiones estas capas son visibles; pero aunque no sea
así, a menudo se destacan por la manera en que se rompe la roca. Un ejemplo común es la pizarra
(roca madre del río Pas en el municipio), que se quiebra fácilmente en lajas, a lo largo de los
estratos.

Sin embargo, no todas las rocas metamórficas forman estratos. Como ejemplos mas habituales de
rocas no estratificadas se puede citar el mármol, creado por el metamorfismo de las calizas, y la
cuarcita, derivada de las areniscas.
En cuanto se forman las rocas, no solo comienza a erosionarse sino que, además, están expuestas a
sufrir fallas y pliegues. En ambos casos, los ejemplos de mayor intensidad se producen en los
bordes de las placas, aunque estas presiones son también muy frecuentes en el interior de las
placas, a escalas que van desde centímetros hasta miles de kilómetros.

Las fallas son fracturas a lo largo de las cuales se mueven, o se han movido en el pasado, bloques
opuestos de rocas. La superficie sobre la cual se produce el deslizamiento se llama plano de la
falla. La línea de falla, por otra parte, es la intersección del plano de la falla con la superficie del
terreno (en caso de que la hubiera, ya que no todas las fallas llegan hasta la superficie).

Las fallas se clasifican de acuerdo con la dirección en la que se produce el deslizamiento de los
bloques. Si el movimiento es fundamentalmente vertical (hacia arriba o abajo del plano del plano
de la falla), el resultado es una falla vertical, de la cual hay dos tipos principales: normal o directa,
e inversa. Los movimientos horizontales originan una falla de dirección. Cuando hay dos fallas
paralelas, el resultado puede ser un horst o bien un graben (rift valley).

Un pliegue se produce cuando las rocas se doblan, sin llegar a romperse. Los dos lados de un
pliegue se llaman flancos y ,la superficie que biseca el ángulo entre los flancos se conoce con el
nombre de plano axial. Los pliegues se clasifican según lo cerrados que sean, su forma y el ángulo
de plano axial. Hay unos cuantos tipos básicos de pliegues y una gran cantidad de variaciones.
*Enciclopedia Temática Guines*

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Francisco José López Fra. .
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