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PONTIFICIA UNIVERSIDAD GREGORIANA

INSTITUTO DE CIENCIAS RELIGIOSAS

CONCIENCIA AFECTIVA

Mente, afectos y formación

Profesora: FINAMORE Rossana


Alumna: URIBE SOLÍS María de los Ángeles
2

CONCIENCIA AFECTIVA
3

INTRODUCCIÓN

Ante el dualismo actual entre la dimensión afectiva e intelectiva, que no


raramente encontramos en la educación1 y formación de la persona humana, escribo
estas líneas, basada en el libro Teología afectiva, del Padre Bernard2, integrando
elementos que a lo largo de las sesiones del seminario hemos reflexionado.

La afectividad y la mente son dos dimensiones del hombre que se deben


considerar con paridad. La razón está penetrada de sensibilidad y la sensibilidad de
racionalidad.

Esta investigación quiere, de un punto de vista pedagógico- formativo,


reflexionar sobre la conciencia afectiva, comprobando de manera implícita y
explícita el equilibrio y la importancia de la mente y de los sentimientos.

El tema central es la conciencia afectiva, comenzando con una amplia


deliberación sobre la afectividad, hasta tomar posición ante los afectos, elevándolos
al nivel intelectivo. Posteriormente abordando el tema de la corporeidad, como
expresión de la interioridad y unidad constitutiva del hombre. Los sentidos son
elementos fundamentales en la relación del hombre con el mundo, por eso en tercer
lugar tenemos la percepción, para llegar al fundamento ontológico del hombre
abierto a la trascendencia.

Por eso, «para ayudar a la razón, que busca la comprensión del misterio,
están también los signos contenidos en la Revelación»3 que por una parte dan fuerza
a la razón para investigar el misterio, pero también va más allá para descubrir el
significado que porta.

1
Educar en sentido etimológico quiere decir: «sacar», traer al nivel de la conciencia lo que la persona es,
para que se realice al máximo de su potencialidad.
2
C.A. BERNARD, Teología affettiva, Edizioni Pauline, Milano 1985.
3
JUAN PABLO II, Enc. Fides et Ratio (14/IX/1998), Roma 1998, 23.
4

Encomiendo este trabajo a la Santísima Virgen María, que por su «fiat»


constante, nuestro buen Padre, quiso confiarle la gran misión de formar a su Hijo
amado, y nos presenta su protección con las palabras que dirigió a san Juan Diego
en su advocación de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac: «Oye y ten entendido, hijo
mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no
temas» «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy
yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?»4.

4
A. VALERIANO, Nicán Mopohua, Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C., México, D.F., 10.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 5

1. CONCIENCIA AFECTIVA Y CONCIENCIA DE SÍ

«La conciencia afectiva es el sujeto que toma conciencia


de sí, y lo hace tomando contemporáneamente conciencia de una
cierta distancia respecto a todo lo que puede entrar en contacto
con él e influir en el desplegarse de su vida»5

La afectividad implica la unidad personal, ya que incluye desde el dato biológico


hasta el trascendente. Empeña todos los aspectos del vivir humano.

«La afectividad es una resonancia activa en la conciencia del viviente, de su


relación con el ambiente y de su propio estado vital»6.

La podemos encontrar en diversos niveles ontológicos: El nivel orgánico7, nivel


psíquico8, nivel interpersonal9 y nivel trascendente10, con esta base ya que podemos
afirmar la importancia que tienen los sentimientos en la conciencia, toda la vida afectiva
requiere de un empeño total.

Es necesario, afirma Bernard, tener una cierta experiencia para que los
movimientos afectivos puedan integrarse a la conciencia. La conciencia afectiva
depende de la historia personal11 y no podemos hacer menos del aspecto psicológico.
Las determinaciones y decisiones afectivas nos atribuyen una actitud moral. Cuando la
conciencia percibe un movimiento afectivo exige que la conciencia moral tome posición
en su confronto, siendo responsable de sus afectos. Si el movimiento afectivo apela a la
conciencia moral, está ligada a la conciencia de sí.

5
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 140. (La traducción del texto italiano presentado en este
trabajo es personal)
6
Cf. Ibid., 22.
7
Ibid., 34; sentimientos vitales como el cansancio, ligereza, sensaciones fuertes o débiles de la vida,
calma y tensión, angustia, sentimiento de salud y enfermedad.
8
Ibid., 37; reconocer las causas de su alegría y tristeza, de su miedo y de su esperanza.
9
Ibid., 43; unión parental, amistad, amor heterosexual.
10
Ibid., 56; deseo de conocer, sentido de la belleza, aspiración a la plenitud, simpatía cósmica, esperanza,
deseo de salvación.
11
Ibid., 127 - 128.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 6

En el primer momento de la conciencia afectiva está el afecto, que debe pasar a


un segundo momento que es la conciencia intelectual. El afecto garantiza al animal su
sobrevivencia y autonomía; en este sentido predomina la actividad vital, pero en el
hombre aparece otro principio de acción, fundado en la inteligencia12. El hombre es
capaz de tomar una decisión sobre sus afectos.

En el momento que mi atención se fija en mis afectos, el cambio puede operarse


en diversos sentidos, si puntualiza el placer o el dolor, el afecto invade toda mi
conciencia; o si me distancio la representación que forma mi conciencia intelectual
oculta el impacto afectivo; o introduzco interés intelectual en mi conciencia afectiva, y
los afectos, convirtiéndose en materia de experiencia, pasan a la esfera de la conciencia
intelectual.

La persona no sólo necesita adquirir la conciencia afectiva y elevarla al nivel de


la conciencia intelectual, sino que es necesaria una profunda formación de la
personalidad13, sobre este punto podemos analizar dos elementos que el padre Bernard
nos propone14:

El primer elemento se refiere a la temporalidad de la formación personal.


Durante este proceso debe operarse una integración personal, para que la conciencia
intelectual llegue a comprender el conjunto de las propias relaciones con la esfera
afectiva: con el cuerpo, con el otro, con el partner sexual.

Otro elemento interviene entre el movimiento de personalización y la capacidad


de integración de la conciencia afectiva15.

El behaviorismo16, apoya la construcción de la personalidad sobre un conjunto


de síntesis orgánicas, viscerales y nerviosas, organización manual y formación del
lenguaje. Las relaciones afectivas se producen con el crecimiento vital. Los

12
Ibid., 26.
13
A.A. V.V., «personalità» in Dizionario di Psicología, Edizioni Paoline, Torino 1986, 844. Organización
dinámica del individuo de los sistemas psicofísicos que determinan la individual adaptación al ambiente
(G.W. Allport). Singularidad o propiedad distintiva de un ser.
14
Ibid., 132.
15
Ibid., 132.
16
Término anglosajón para referirse a las técnicas del comportamiento.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 7

instrumentos orgánicos que permitirían la integración a la conciencia total no son


inmediatamente capaces de garantizar sus funciones. Es importante el lenguaje: cuando
los movimientos afectivos se escapan a la expresión verbal, algo de su fuerza emotiva
permanece en el inconsciente. Los gestos que no se completan con la organización
verbal: son portadores de una carga afectiva desproporcionada al contenido. La
formación de la conciencia afectiva es condicionada del ambiente en el que vive su
historia.

El ambiente físico y social donde el hombre se desarrolla, constituye un


dinamismo que tiende a establecer, mantener o modificar una constelación de relación17.

«Los instrumentos que el hombre ha fabricado y los campos de cultura que ha


dispuesto, ha modulado sus actitudes manuales y prácticas, a tal punto que las
producciones materializadas y socializadas de su espíritu han refinado su
funcionamiento intelectual y afectivo»18.

La teoría Behaviorista afirma que hay tres comportamientos de base que poseen
los propios estímulos elementales: para el miedo el ruido y la falta de apoyo; para la ira,
el impedimento a moverse; para el amor las caricias19.

Mientras el behaviorismo considera la historia afectiva de la persona en función


de los estímulos externos, la psicoanálisis Freudiana20 ve el fundamento en el principio
del placer inherente a las funciones vitales que se fija sucesivamente en diversas
regiones del cuerpo y debería referirse a sus objetos connaturales.

El proceso de transfert21 y de sublimación22. Con el primero, el complejo que


trae a la conciencia dirige el apego afectivo sobre las personas presentes.

17
NUTTIN, Teoria della motivazione umana, ed. Armando, Roma 1996, 76.
18
Cf. Idib., 83.
19
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 133.
20
A.A. V.V., «Psicoanálisis», in Dizionario di Psicología op. cit., 902; según la definición de su
fundador, Seguismundo Freud, es una disciplina científica que consiste en un método de indaguen con la
finalidad de hacer comprensible el significado inconsciente de las palabras, acciones e imágenes.
21
Ibid «Transferenza», 1217; Fenómeno general de la percepción o interpretación de situaciones actuales
a la luz de situaciones pasadas.
22
Ibid., «sublimazione», 1155; mecanismo de defensa interior con el cual son sustituidas y desarrolladas
formas primitivas y socialmente menos aceptables de la satisfacción de motivos con formas socialmente
más aceptables.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 8

Transfiriéndose misteriosamente en el presente se libera de la condición obscura y del


peso del pasado, y puede integrarse en la conciencia. La sublimación se distingue del
transfert porque no son ya las personas presentes, sino la actividad realizadora del valor:
el arte, la religión. La líbido que no ha podido encontrar su punto de conexión
connatural encuentra una compensación en la sublimación.

Mi conciencia afectiva ha precedido a mi conciencia intelectual y se ha atrofiado


en base a los acontecimientos de mi vida. La imposibilidad de pensar totalmente mi
historia lleva con sí la imposibilidad de reducir con el pensamiento el contenido de mi
conciencia afectiva.

Antes que se desarrolle en mí el pensamiento crítico, algunas de mis reacciones


afectivas son preformadas del ambiente. La pesantez sociológica actúa por el canal de la
conciencia afectiva: la familia, casta o nación imponen juicios donde la evidencia deriva
sólo del orden afectivo.

Integrar la religión con la persona23 comporta la unificación de varios elementos


constitutivos: la dimensión cognoscitiva, la dimensión emotivo-afectiva, la dimensión
volitiva-operativa e intencional, que se complementan entre ellas24. No se puede
evacuar cada idea de dicotomía afectiva: porque el mundo presente se opone al mundo
celeste, de manera símil se contraponen sus actividades y sentimientos que inspiran25.
La afectividad constituye y expresa la relacionalidad de la persona y desarrolla un papel
fundamental en la formación de varios vínculos del sujeto con el otro, hasta el
«Radicalmente Otro»26.

Cristo subraya la posibilidad de dos niveles de empeño: un efectivo y otro


afectivo, en la medida en que aparece un conflicto entre los dos, sólo el primero da
testimonio de la autenticidad del amor27.

23
G. SOVERNIGO, Religione e persona, Edizione dehoniane, Bologna 1990, 203; la afectividad es un
factor central de la personalidad en relación con la religión, ya que influye de modo determinante en la
estructura y funcionamiento, sea de la religión que de la persona.
24
Ibid., 336, 337.
25
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 194.
26
G. SOVERNIGO, Religione, op. cit., 1990, 204.
27
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 195.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 9

La afectividad espiritual cristiana presenta sus rasgos específicos en la Sagrada


Escritura y en la experiencia espiritual, en estas dos dimensiones no se presenta un
movimiento afectivo sin la cooperación de la conciencia intelectual28.

No hay oposición entre experiencia del Espíritu y la Palabra. El cristiano es


movido por el Espíritu, pero a través de la palabra de la predicación29.

Para darnos una idea del modo de acción de la palabra acogida en la fe,
podremos paragonarla a una motivación de orden moral y personal. Por motivación
entendemos no solo el principio de la determinación voluntaria, sino la misma razón de
obrar en cuanto comporta una resonancia afectiva, gracias al hecho que las vías de
comportamiento concretas entre el sujeto y los objetos del mundo no son programadas
de modo hereditario, cada individuo debe construir su propio sistema de motivaciones y
comportamiento personalizado en función de experiencias y posiciones respecto a los
fines personales en un contexto social30.

En función de este carácter vital, la palabra de Dios es portadora de luz, pero


también de energía espiritual. Suscita las decisiones, así como en la vida ordinaria yo
actúo no sólo en virtud de motivos racionales sino también por una cierta inclinación,
fruto de mi proyecto personal.

En relación a la instancia volitiva, a la conciencia intelectual y a la experiencia


espiritual, la conciencia afectiva desarrolla una función central. Considerada en su
soporte vital, dotada de un dinamismo endógeno, la afectividad es la misma subjetividad
y la conciencia afectiva, el sujeto que se afirma.

La conciencia afectiva es el sujeto que toma conciencia de sí y lo hace tomando


contemporaneamente conciencia de una cierta distancia respecto a todo lo que puede
entrar en contacto con él e influir sobre desplegarse de su vida.

28
Ibid., 166; hay una afinidad profunda entre el «ruah» y el «davar», es el mismo Dios que inspira y
habla.
29
Ibid., 138; la palabra recibida en la fe obra por medio del Espíritu. Su función es antes que nada
iluminar. Pero su luz no se refiere sólo al sentido de Dios y a la inteligencia de su plan de salvación, sino
a la conducta concreta del hombre espiritual.
30
NUTTIN, Teoria della motivazione, op. cit., 87.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 10

2. CONCIENCIA AFECTIVA Y CORPOREIDAD

«La subjetividad no se reduce sólo a la conciencia


intelectual sino comprende también una conciencia afectiva
31
mediada por el cuerpo» .

El hombre tiene un principio espiritual por sus facultades: inteligencia y


voluntad, pero en primer lugar tiene un cuerpo que en su exterioridad revela la
interioridad; es humano por su capacidad expresiva. No hay dualismo en el cuerpo
humano, la tradición griega es dualista, pone una separación entre alma y cuerpo.

Para Santo Tomás de Aquino, el hombre es un compuesto indisoluble de materia


y forma, donde la forma es el alma espiritual que informa al cuerpo y en cuanto
espiritual no está vinculada al destino último del cuerpo. Cartesio habla de sustancia
extensa (res extensa) y sustancia pensante (res cogitans), sostenía el pensar como una
actividad separada del cuerpo32. La razón no puede estar aislada y los sentimientos y
emociones no son intrusos en la racionalidad33

En la cultura moderna podemos verificar este dualismo, de una parte hay un


espiritualismo extremo donde el cuerpo es visto como obstáculo, y de otra, un cuerpo
reducido a un motor.

La existencia de cada hombre es un evento único, exclusivo; la corporeidad


juega un papel importante. La diversidad de rostros expresa la singularidad de cada
persona. La mediación de la conciencia respecto al mundo se efectúa a través del
cuerpo. La intimidad del hombre no ocupa espacio; pero necesita de la materia para
revelarse y se hace presente mediante el cuerpo; en él se expresa y se manifiesta34. En el
mismo acto de existir el sujeto se aferra indisolublemente como conciencia capaz de

31
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 140-141.
32
A.R. DAMASIO, L’errore di Cartesio. Emozione, ragione e cervello umano, Adelpphi, Milano 1995,
336.
33
Ibid., 18.
34
R. LUCAS LUCAS, El hombre espíritu encarnado, Sígueme, Salamanca 1999, 207.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 11

intencionalidad y como cuerpo manifestante de tal intencionalidad. Eso significa que la


subjetividad no se reduce a la conciencia intelectual pero comprende la conciencia
afectiva mediata del cuerpo.

En el A.T. los términos de cuerpo y alma son elaborados en modo unitario. El


espíritu no es contrapuesto al cuerpo pero indica sólo que la vocación última del hombre
es su relación con Dios, relación que es posible porque el hombre es espiritual. El
hombre se expresa en su cuerpo y a través de su cuerpo; en la misma persona la vida se
despliega hacia fuera y se recoge dentro. En cuanto conciencia encarnada, el hombre es
sujeto relacional.

La idea de cuerpo sujeto encuentra su plena justificación en el momento en que


el niño accede a la conciencia moral.

El hombre está llamado no sólo a vivir el propio cuerpo, sino también a


emplearlo como instrumento. Psicológica y moralmente el ser humano tiene una cierta
distancia del propio cuerpo, el hombre no se para ante la inmediataza del cuerpo
orgánico35.

La persona es constitutivamente relacionada hacia el objeto que lo trasciende36 y


a lo largo de su vida va adquiriendo valores que contribuyen al desarrollo de su
personalidad, así cada uno se forma sus actitudes, y su facilidad de responder a las
acciones habituales37. El hombre por constitución ontológica tiende y es abierto a
autotrascenderse en el conocimiento, en la moralidad y en el amor38.

El momento de la vida ética implica un distanciamiento del cuerpo orgánico y de


sus pulsiones; el alcanzar y objetivarlo se convierte en condición de la integración en el
proyecto ético personal. Pero en su caminar encuentra fuerzas ambiguas que se
resisten39 a progresar en el camino hacia la autotrascendencia con un valor Teocéntrico,

35
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 144.
36
L.M. RULLA, Antropología della vocazione cristiana. Basi interdisciplinari, I, Edizioni Piemme,
Casale Monferrato 1985, 112.
37
Ibid., 113.
38
Ibid., 118.
39
Ibid., 118 – 121; necesidades, valores, actitudes y el inconsciente con cuatro funciones: la unitaria,
defensiva, expresión de los valores, conocimiento.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 12

sobre este punto podemos encontrar elementos dialécticos40. Sin embargo, podemos
bien afirmar que, en el ejercicio de los valores, entra la práctica de la libertad de la
persona y de su responsabilidad por la autotrascendencia Teocéntrica41.

Más allá de la ascesis y de la renuncia, el sujeto debe encontrar la unidad del


propio cuerpo e integrar sus pulsiones en una prospectiva espiritual, en la que el sujeto
desarrolla una forma de religiosidad vivida como actuación de la vocación personal42.

3. CONCIENCIA AFECTIVA Y PERCEPCIÓN43

«La aprehensión vital del mundo se efectúa por medio


de los sentidos: a través de estos, el sujeto es tocado por el
mundo y solicitado a dar una respuesta»44

La conciencia es afectiva sólo en cuanto en ella se repercute la relación de las


tendencias con sus objetos connaturales. El cuerpo vive de las tendencias, las cuales se
dirigen espontáneamente hacia el mundo de los objetos y de las personas.

En relación al mundo, el cuerpo-sujeto aparece un cuerpo orgánico, o sea, un


conjunto dotado de un dinamismo interno, capaz de insertarse en el mundo para vivir y
actuar.

Tal inserción activa supone un medio de comunicación: de aprehensión y de


acción correlativa. La aprehensión vital del mundo se efectúa a través de los sentidos.
La percepción se concluye en un conocimiento conceptual, científico y objetivo,
inconmensurable a la dimensión animal. La situación de la conciencia afectiva está
ligada a las necesidades vitales.

40
Ibid., valores autotrascendentes- naturales, oposición entre atracción por el Infinito y por el finito,
oposición entre el Yo ideal y el Yo actual, contradicción entre el conciente y el inconsciente, entre el bien
real y el bien aparente.
41
Ibid., 124.
42
G. SOVERNIGO, Religione, op. cit., 221.
43
A.A. V.V., “percezione” op. cit., 832; es una función psicológica que permite al organismo de recibir y
elaborar las informaciones por medio de los órganos de sentido.
44
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 146.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 13

La doble función de la percepción. La reacción vital y el conocimiento objetivo


es en el sentido de un esfuerzo por aumentar la distancia entre el viviente y los objetos
que lo circundan, y hacia un conocimiento más preciso del mundo donde la acción se
inserta. Este fin se alcanza gracias al proceso de la formación de las imágenes.

La constitución del objeto es sólo el principio de un proceso de objetivación que


deja caer la particularidad de la percepción para elevarse a la universalidad del
concepto.

Elaborando una imagen, la conciencia representativa no se despega todavía


completamente de la reacción afectiva, porque el mundo percibido pertenece al orden
cualitativo y cada cualidad constituye la materia prima de la aprehensión vital. Al
opuesto del concepto, la imagen conserva su poder de desencadenar la reacción del
viviente y se convierte instrumento privilegiado por el cambio de energía psíquica. Una
tal proposición encuentra verificación en la experiencia corriente: la imagen utilizada
por los mass media posee un poder de sugestión diverso de la evocación racional;
provoca un movimiento de respuesta al estímulo; puede ser utilizada, según el
vocabulario moderno, para sensibilizar la opinión y desencadenar reacciones afectivas
después prácticas.

El hombre es un ser que simboliza, que vive y toma decisiones comunes en base
del símbolo y de las asociaciones simbólicas45. Un caso particular de la resonancia
afectiva de las imágenes es constituido del símbolo.

Por símbolo46 se puede entender cualquier representación sensible particular,


muchas veces visual, que conduce el espíritu a otro nivel de significado.

45
Ibid., 144.
46
Ibid., 184, 153-154; en relación a la autotrascendencia podemos individuar dos tipos de símbolos
polares, implica el sujeto – objeto; y como elaboración, la reacción que el sujeto establece entre los
símbolos polares o sea, el modo como el sujeto percibe el objeto y como el objeto influye en el sujeto.
Otra subdivisión de símbolos sería en tres tipos que son: 1) primarios, son subjetivos, no en relación con
la realidad externa, excluyen una relación de comunión con el otro. 2) culturales, la realidad adquiere un
significado autónomo del sujeto, sin embargo manteniendo una relación con el sujeto, se puede establecer
una condición de comunión con el otro. 3) Culturales – religiosos, en ellos hay una elaboración que es
específica, la relación intencional es establecido con una realidad que es Dios mismo y sus valores
trascendentes, implícitamente se supone la acción de la gracia.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 14

En la actividad simbólica, la percepción sensible permanece en su particularidad


y contemporáneamente provoca el pasaje hacia una esfera espiritual, el símbolo suscita
una reacción afectiva.

Los símbolos personales se cargan de resonancia afectiva. Las figuras del padre,
de la madre, del amigo, del esposo, del hijo, envían a las reacciones humanas más
profundas.

La expresión simbólica que desarrolla la figura de Cristo: No podemos


considerar a Cristo como símbolo solo en su figura histórica y en la explicación de sus
misterios porque son sólo el soporte sensible de proyección religiosa humana, sino
reconociendo en Cristo y sus misterios su espesor histórico, consideramos su
significado para el hombre, es necesario decir que corresponden a una función
simbólica. El Verbo encarnado es un símbolo privilegiado porque es imagen de Dios.
Los misterios que se han cumplido en su carne son paradigmas del destino de la
humanidad.

La imagen perfecta del Padre, asumió una naturaleza humana en la que Dios se
revela. Cristo como símbolo es la única vía que nos permite acceder al plan divino. La
principal realidad sensible es la humanidad de Cristo.

La conciencia afectiva esta ligada esencialmente a la vida: como las sensaciones


táctiles nos advierten la presencia del peligro a través del olor, así los sentidos
apropiativos del gusto y del olor están relacionados con las sensaciones agradables o
desagradables que deberían instruirnos sobre la conveniencia de los objetos a las
tendencias.

Los sentidos representativos del oído, de la vista, están al origen del placer
estético pero en sí todavía no son afectivos.

No todos los sentidos son capaces de trascender estéticamente. El tacto, el olor y


el gusto non poseen alguna capacidad de pasar a la esfera estética, porque estando en
LA CONCIENCIA AFECTIVA 15

relación directa con la vida47, no son susceptibles de situarse a una distancia de libertad:
son extraños a la gratuidad contemplativa.

El proceso de elaboración de las imágenes y de distanciamiento respecto al


objeto vital constituye una condición de posibilidad del gozo estético, pero no explica la
aparición del placer: las percepciones visuales y auditivas son representativas; no son
afectivas. Para que sean materia de placer es necesario que se eleven a otra condición de
existencia, que es la del espíritu. Del nivel de utilidad vital se pasa al nivel
contemplativo; el espíritu se siente transportado a otra esfera48. Hay placer estético
cuando las percepciones auditivas y visivas destacándose de su función vital, son
asuntas al plano del espíritu que las contemple por sí mismas.

De una parte, es liberación de la afectividad primaria orientada hacia su función


vital. No hay placer estético si no gracias a la creación de un espacio de libertad donde
pueda haber curso una operación contemplativa destacada de la urgencia biológica. Pero
de otra parte, el gozo de la belleza hace apelo a otra forma de vida, que es la del
pensamiento. Es el nivel racional donde el ser considerado comprenderte tendencias y
aspiraciones trascendentes. A partir de la afectividad estética se puede reconocer a la
conciencia afectiva una portada ontológica.

4. AFECTIVIDAD Y SER

«La conciencia afectiva me enseña que


independientemente de todas mis relaciones pensables con la
exterioridad tengo con el ser una relación más fundamental,
aquella que me apega a mi mismo con una particular voluntad,
aquella que me hace temer el nada de la muerte»49

No es partiendo de determinaciones psicológicas que resalen a su fundamento


personal y del ejercicio del conocimiento objetivo que pongo el Yo como su

47
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 58.
48
Ibid., 59.
49
Ibid., 155.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 16

fundamento subjetivo. Por una evidencia afectiva me percibo como ser. La conciencia
afectiva me enseña que independientemente de todas mis relaciones pensables con la
exterioridad, tengo con el ser una relación más fundamental, aquella que me ataca a mi
mismo con una particular voluntad, y que me hace temer el nada de la muerte.

En un primer sentido la conciencia afectiva aparece como rechazo de la


objetividad. Que opera a nivel personal.

La emoción50 trastorna mis reglas de conducta. En lugar de hacerme percibir el


objeto como se me presenta, en vista de una acción eficaz. La cólera o simpatía me lo
hacen valorar en su relación conmigo, amenazante o agradable51. En lugar de percibir el
objeto como se presenta, la cólera o la simpatía me lo hacen valorar de manera
amenazante o agradable.

En la emoción podemos distinguir dos componentes: una estática y otra


dinámica; la estática se refiere a la valoración del objeto como bueno o malo, y consiste
en la aceptación o rechazo del afecto. La componente dinámica es constituida del
impulso, de la atracción hacia lo que he valorado como agradable y rechazando lo
valorado como desagradable para mí, aquí y ahora52.

El rechazo puede constituir la negación de la realidad objetivamente percibida y


comúnmente acogida. Es también posible que el rechazo de la objetividad provenga de
una voluntad de superación.

La reflexión metafísica: va más allá del conocimiento común y de la


construcción científica para descubrir su fundamento y procurar justificar la posición
del ser operada de la conciencia primaria, simultáneamente intelectual y afectiva.

La fe religiosa: constituye una superación respecto al contenido de la conciencia


metafísica; pone a Dios como ser absoluto, pero con dificultad define su relación con el

50
L.M. RULLA, Antropología della vocazione op. cit., 93; “Es la tendencia sentida hacia cualquier cosa
valorada como buena y lejos de cualquier cosa valorada como mala”.
51
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 155.
52
Ibid., 93.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 17

mundo creado; muestra que la conciencia del hombre, condicionada del cuerpo en el
propio ejercicio, lo trasciende y es capaz de subsistencia53.

Cuando intenta concebir el modo de actuar, de ayudar a los deseos humanos


profundos, la metafísica aparece incierta e implica necesariamente un momento de
negatividad. La fe religiosa, en cambio, procede por afirmación.

De un lado, es confortada de la reflexión metafísica; del otro, cuando se trata de


fe cristiana se sitúa en el contexto de revelación. Las representaciones contenidas en el
mensaje de fe responden a todas las aspiraciones trascendentes de la conciencia
humana.

Si tratamos de caracterizar el modo afectivo de la conciencia ontológica,


podemos relevar su rechazo de la condición temporal.

La experiencia del tiempo es experiencia de una privación incesante y de una


perpetua compensación, el porvenir remplaza el presente, el cual huye hacia un pasado
que se desvanece. Las primeras experiencias del nacimiento, de la captación o el
descubrimiento de la diferencia sexual contribuyen a marcar la psique individual; los
encuentros personales, los fracasos, las enfermedades obligan a las reestructuraciones
afectivas muchas veces dolorosas54.

La persona humana siempre quiere unificar su vida afectiva, no la puede


descuidar: cada desarrollo afectivo está sometido al tiempo55.

Del punto de vista de la conciencia afectiva, el futuro aparece siempre como el


desconocido portador de riesgos, donde la tentación constante es dirigirse hacia el
pasado, del que se conservan sólo los instantes felices56.

«El predominio de la instancia afectiva resulta claramente en el apasionado. Lo


que define la pasión es la concentración de la energía afectiva sobre un objeto

53
Ibid., 157.
54
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 216.
55
Ibid., 215.
56
Ibid., 158.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 18

privilegiado. Tal concentración opera con el poner entre paréntesis las leyes objetivas
que gobiernan el mundo»57.

También en la contemplación estética encuentran el predominio de la conciencia


afectiva porque supone un desinterés en el confronto del mundo, busca de percibir una
armonía siempre presente y siempre ofrecida al espectador.

El tiempo de la contemplación forma un único instante: el ejercicio afectivo es


pregustar la eternidad.

El sentido de la mortalidad pertenece a la conciencia afectiva, y constituye el


elemento fundamental: el hombre reacciona afectivamente porque es impulsado del
deseo de crecer y se siente amenazado de la muerte. Utilizando la capacidad de creación
simbólica, la conciencia afectiva se esfuerza de proyectar en el espacio inmóvil los
diversos momentos que definen la sucesión temporal.

Pero se necesita discernir bien que todo este proceso se apoya sobre una
reivindicación ontológica de fondo: trascender la existencia caduca marcada de la
muerte.

La conciencia total del hombre no puede aceptar la reducción de su prospectiva a


la rivendicación de la conciencia afectiva: debe alcanzar el modo objetivo de la
percepción y de la ciencia constituida. Es verdad que el objeto no debe ser confundido
simplemente con el ser, es que la conciencia del hombre trasciende el mundo percibido.
La presencia del mundo objetivo permanece, el signo de la riqueza del ser no es origen
de la conciencia afectiva. Por cuanto fundamental, la conciencia afectiva debe tener en
cuenta de la conciencia representativa.

57
Cf. Ibid.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 19

CONCLUSIÓN

Al terminar esta reflexión sobre la conciencia afectiva, se puede afirmar que es


irreducible a otra función de la conciencia. La conciencia afectiva, obra para dar sentido
a los valores, se inserta en la voluntad, contribuye a rendir la decisión personal
extremamente compleja58. La conciencia afectiva es también, como la inteligencia y la
voluntad racional, capaz de percepción ontológica, pertenece al mismo fondo de la
conciencia.

La conciencia afectiva no puede ignorar la conciencia representativa, pero ésta


finaliza en la vida y actúa sólo en la prolongación de las tendencias vitales. Cualquier
representación es ordenada a una reacción vital y acompañada de una moción afectiva.
Si la esfera volitiva, debe en un primer momento negar la inmediatez de las pulsiones
afectivas, a su vez suscita una reacción afectiva59.

El ingreso en la instancia afectiva de una dimensión espiritual derivante de la


comunicación de la vida divina deja intactas las relaciones entre la conciencia afectiva
de un lado, y de la conciencia representativa y volitiva del otro. Es esto porque, del
sobrevivir como un elemento extraño en una estructura afectiva bien delimitada, la
afectividad espiritual utiliza los sentimientos trascendentes que califican el espíritu. Así
podemos presentar nuestro análisis de la conciencia afectiva como clave de
interpretación de la vida cristiana en toda su amplitud60.

«Si se quiere establecer legítimamente una correspondencia entre la estructura


del alma creada a imagen de Dios y las procesiones intratrinitarias, podemos referir la
memoria al Padre, primera Persona fuente de todo, la inteligencia al Hijo y la voluntad
al Espíritu. Pero, así como no sería pensable alguna separación o igualdad entre las
personas divinas, al mismo modo no se puede dividir la conciencia humana, aunque
también se pueden distinguir diversas funciones»61

58
C.A. BERNARD, Teología affettiva, op. cit., 165.
59
Ibid., 166.
60
Ibid., 166.
61
Ibid., 165.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 20

BIBLIOGRAFÍA

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VALERIANO, A. Nicán Mopohua, Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C., México, D.F.
LA CONCIENCIA AFECTIVA 21

ÍNDICE

Introducción …………………………………………………………………. 3

1. Conciencia afectiva y conciencia de sí ……………………………… 5

2. Conciencia afectiva y corporeidad ………………………………….. 10

3. Conciencia afectiva y percepción …….……………………………... 12

4. Afectividad y ser……………………………………………………. 15

Conclusión ….…………………………………………………………… 19

Bibliografía ……………………………………………………………. 20

Índice …………………………………………………………………… 21