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Masculinidades

Los tres textos propuestos para esta actividad abordan la masculinidad desde distintas perspectivas. En “Las virtudes nacionales masculinas y las moralidades en el futbol”, Archetti analiza como los hombres argentinos dicen construir sus moralidades desde el futbol, este análisis lo realiza cruzando fuentes escritas y charlas de café con amigos. En cuanto al texto de Fuller “Repensando el machismo Latinoamericano”, la autora realiza un recorrido por lo que representa la masculinidad en el territorio del nuevo continente, en el encuentro de poblaciones nativas con los conquistadores, exponiendo el vínculo entre masculinidad y machismo. Por otra parte en “La masculinidad de los otros: narraciones del placer y relaciones de clase en hombres gay de la ciudad de México”, en este texto Parrini Roses y Flores Perez analizan la masculinidad desde el erotismo gay, por medio de entrevistas dirigidas a varios grupos de hombres habitues de los circuitos gay mexicanos. En el primero de los textos “la mujer”, lo femenino, solo es citado en dos ocasiones, en ambas son opuestas a lo esperable de un hombre, “Sí, ya sé, las mujeres no son de la misma raza, aunque nos acompañan, nos toleran y hay hombres que no están de acuerdo con nosotros.” (Archetti, 1999- 217); “No lloren como mujeres lo que no supieron defender como hombres” (Archetti, 1999-232). Esta frase, recogida por Bayer del decir popular, podemos pensarla con lo escrito por Fuller cuando sostiene que la masculinidad se construye y opone de modo binario con lo femenino, siendo esto último el límite que un hombre no debe cruzar para seguir siendo considerado como tal. El llorar es el espacio no permitido para el hombre, simboliza la pérdida de la masculinidad y al mismo tiempo evidencia la fragilidad de su constitución. Por su parte en Parrini Roses, leemos como también lo femenino es un límite que no debe ser transitado, un chacal debe tener gestos de hombre, oler como hombre, vestirse como hombre y tener sexo desapegado como hombre, cualquier transgresión lo ubicaría en el terreno de lo anómalo, un hombre afeminado. “ Ser hombre es algo que se debe lograr, conquistar y merecer” (Fuller, 119), en el fútbol al igual que en la masculinidad no basta con hacerlo bien, hay que refrendarlo en todos los campos, hay que citar la norma sin equívocos que den lugar al quiebre de la moralidad. Este vínculo que establece Archetti entre hombres, fútbol y moralidad, encuentra sentido cuando se reflexiona acerca de las creencias populares sobre los argentinos en comparados con los otros externos. Cuando uno de los interlocutores sostiene que nuestras creencias en el fútbol contrapuestas a las de otros diferentes indican como vemos el mundo, está sosteniendo al mismo tiempo a ese discurso del ámbito popular

donde los argentinos masculinos héteros son cultores de la viveza criolla y de un conocimiento técnico tal que les permite resaltar fuera de nuestro país, la gambeta y la habilidad técnica, el chamullo y el encanto argento, parecen ser modos diferentes de nombrar lo que los entrevistados llaman “la nuestra”, pero esta “idiosincrasia” es frágil como la masculinidad y siempre está acechada por el deber de cumplir la norma. La crisis surge entonces cuando esa tradición no es citada con fidelidad, cuando la hombría, es disputada y puesta en duda en la cancha de fútbol, cuando el arco es vulnerado y falta valentía se estaría frente a lo abyecto, el hombre afeminado. Recordando a Parrini Roses y la diversas distinciones que hace entre chacal, gay, afeminado etc, la crisis surgiría cuando en este encuentro futbolístico se abandona “la nuestra” y se es derrotado, ya que dejaría de ser un juego entre masculinidades, al modo de hombres que tienen sexos con hombres cuando algún participante muestra sentimientos hacia el otro, o toma una actitud pasiva o cualquier otro rasgo que lo vincule a lo femenino es descartado. Fuller dice que lo masculino es el modelo de humanidad, en esto Archetti parece acordar cuando dice que o masculino y sus moralidades son los que constituyen el ser nacional, el modelo de argentino prototípico. Ahora bien en los tres textos analizados lo femenino es planteado como antítesis, como lo abyecto, lo ausente, es el límite sobre el que se construye una masculinidad frágil, temerosa de ser exhibida sin la suficiente claridad, un gigante con pies de barro. Resulta extraño que en ninguno de los textos se pregunte a mujeres sobre la masculinidad, en el texto de Archetti no hay siquiera citas de textos producidos por mujeres y tampoco ninguna mención a la homosexualidad y el fútbol. En el texto de Fuller la masculinidad , el machismo, los hijos, el trinomio natural-doméstico-público son trabajados casi en ausencia de la mirada femenina, a excepción de su autora. En cuanto a las lectura que pueden hacerse más allá de los textos, destaco algunas algunas frases que funcionaron como gatillos hacia otros géneros más allá del literario, en este caso al cine, cuando en una película de los años setenta dos personajes enfrentados entablan una lucha con sables láser y uno le dice al otro respirando a través de la máscara -Luke, I am your father- creímos entender un llamado a la unidad, cuando en realidad podría no tener ningún sabor paternal sino sería un modo de imponer una superioridad, un modo de humillar, como gritaría la hinchada triunfadora -Hijos nuestros!!. Otro vínculo entre estos textos y otros que hemos visto, surge de una frase de Menotti en 1994 que cita Archetti, donde dice “la aceptación del buen gusto no solo estuvo presente en el fútbol sino en el modo de vestirse, en la música, en el baile, en las costumbres”, pareciera estar parafraseando a la definición de cultura de Tylor. Sherry Ortner en el artículo “¿Es la mujer con respecto al hombre lo

que la naturaleza a la cultura?, analiza la relación femenino/masculino en comparación con naturaleza/cultura y nos permite pensar que esta relación puede ser convalidada desde el texto de Archetti cuando uno de sus interlocutores dice que “los argentinos somos de raza futbolística” (Archetti, 1999-217), “las mujeres no son de la misma raza” (Archetti, 1999-217), es decir son no futbolísticas. Esto refuerza lo sostenido por Ortner en cuanto a la mujer como ser de la naturaleza por su capacidad de engendrar hijos y por ser afutbolística (en la argentina entre los años 20 y 90) y el hombre como ser de la cultura en tanto que es quien ejerce construye y defiende su masculinidad en el potrero .

ARCHETTI, Eduardo (2003). MASCULINIDADES. FÚTBOL,TANGO Y POLO EN LA ARGENTINA. Antropofagia. Buenos Aires. Capítulo 6. FULLER, N. (2012). “Repensando el machismo latinoamericano”.MASCULINITIES AND SOCIAL CHANGE,1(2), http://dx.doi.org/10.4471/MCS.2012.08 PARRINI ROSES, Rodrigo y Edith FLORES PÉREZ. 2015. “La masculinidad de los otros:

Narraciones sobre el placer y relaciones de clase en hombres gay de la Ciudad de México” En:

PRISMA SOCIAL ,13.

inidad_otros_288-341.pdf