Sergio Gonzalez Rodriguez

Huesos

en el desierto

M

EDITORIAL ANAGRAMA
BARCELONA
AGRADECIMIENTOS

El autor agradece la comprensión de los directivos del pe­
riódico Reforma que, a lo largo de seis años, aceptaron publicar
Diseño de li! colección:
Julio Vivas los artículos y reportajes que son la semilla de este libro: Alejan­
Ilustración: «Ritual con hacha», performance de Marcos Kurtycz, dro Junco de la Vega, Lázaro Ríos, René Delgado, Roberto Za­
loro © Michacl Schnorr
marripa, Rosa María Villarreal, Enrique Quintana y Homero
Fernández.
Este libro habría sido imposible de realizar sin la ayuda di­
recta de Rossana Fuentes Berain, Luis Enrique López, Salvador
Camarena, Dinorah Basáñez y Beatriz de León.
Además, el autor reconoce las aportaciones de Diana
Washington Valdez, Esther Chávez Cano, Irene Blanco, Osear
Máynez, Sergio Melgar, Alfredo Limas Hernández, Israel Co­
varrubias González, Marisela Ortega, Rosa Isela Pérez, Arsene
van Nierop, Luis Gómez, Jorge Carrasco, julieta García Gon­
zález, Luis Barquera, María Luisa Pérez, Marcha Trejo, Rafael
© Sergio GonzáJez Rodríguez, 2002 Ruiz Harrell, María de Jesús García, Raymundo Riva Palacio,
Miguel Sarre, Mauricio Montiel Figueiras, Luz Emilia Aguilar,
© EDITORIAL ANAGRAMA, S. A., 2002
Pedró de la Creu, 58 Juan Villoro, Ricardo Cayuela, Fabrizio Mejía Madrid, Julio
08034 Barcelona Trujillo y Roberto Bolaño.
ISBN: 84-339-2554-7
El autor agradece también el apoyo de Carlos Monsiváis,
Depósito Legal: B. 39437-2002 Gabriel Zaid, Enrique Krauze, Sergio Pitol, Gloria Pérez jáco­
me, Christopher Domínguez Michael, Amonio Saborit, Alfon­
Prinred in Spain
so Morales, Gerardo de la Concha, Ilán Semo, Leonardo T ari­
Lihcrduplex, S. L., Cousrirució. 19, OSO14 Barcelona feño, Guillermo J. Fadanelli, Yolanda Martínez, Norma Lazo,

7
Aurora Tejeda, Alberto Román, Delia Juárez, Rafael Pérez
Gay, César Silva Gamboa, Adolfo Castañón, Xavier Guzmán
Urbiola, Carlos Silva, Héctor Manjarrez, Alberto Paredes, Ge­
rardo Ochoa Sandy, Benjamín Mayer, Luis Franco Ramos, Ig­
nacio Herrera Cruz, Rafael Aviña, José Xavier Navar, Patricia
Nettel, Guadalupe Sánchez Nettel, Héctor de Mauleón, Móni­
ca Nepote, Manuel Verduzco, Gabriela Pereda, Elizabeth Be­
llon, David Lida y Lorea Canales.
Asimismo, Roberto Diego Ortega, Rocío del Vecchio, Lli­
gany Lomelí, Luz María Martínez, Araceli Friscione, Bernardo
Esquinca, Enrique Blanc, Elda González Valdez, Silvia Che­
rem, Anamari Gomís, Auxilio Alcantar, Marcela Rivas, Rogelio
Carvajal, Miriam Mabel Martínez, Fernando de Ita, Ixchel Lege rubrum si vis intelligere nigram (Lee lo ano­
Delgado Jordá, Julia Tuñón, Gabriel Santander, OIga Garda tado en rojo si quieres entender lo escrito en ne­
Tavares, Juan Veledíaz, Maricela Ramos, Arturo Mendoza Mo­ gro).
ciño, Miguel Icaza, Andrés Tapia, Patricia Gola, Ana Rosa Proverbio europeo del siglo XV
González Matute, Gabriel Bernal Granados, Benjamín Anaya,
Ricardo Pohlenz, Teresa Arciniega, Enrique Portilla Fuentes,
Daniel Toscano, Mauricio Hammer, Carlos Martínez Rentería, -De modo que cabe sospechar que existe una
Claudia Guillén, Alana Gómez, Miguel Ángel Morales, Mari­ Constitución no escrita cuyo primer artículo reza­
carmen Rion, Miriam Audiffred, Rodrigo Rodríguez, Andrea ría: la seguridad del poder se basa en la inseguri­
Medina, Anel González y Álvaro U ribe. dad de los ciudadanos.
Por último, el autor expresa la gratitud más especial a sus -De todos los ciudadanos: incluidos los que, al
hermanas: Magdalena, Margarita (t), Clara, Victoria, Elia, Ana difundir la inseguridad, se creen seguros... Y ahí
Laura, así como a su padre José de Jesús (t), a Marta López de está la estupidez de que le hablaba.
González, y a sus hermanos Jesús (t), Javier, Carlos, Pablo, Vi­ -Así que estamos atrapados en una farsa...
cente, y a sus sobrinos (jesús, Juan Carlos, Iván, Ornar, Mauri­
cio, Adrián, Javier, Jesús Fernando), sobrinas (Laura Andrea, LEONARDO 5CIASCIA, El caballero y la muerte
Gloria, Gabriela Margarita, Karla, Charleen, Kim), a María
Antonieta Aceves, Mayra Medina de González, Javier Ortega,
Jorge Cervantes y el resto de sus familiares y amigos.

R
PREFACIO

Al inicio de! siglo XXI en México, por cada nueve hombres
víctimas de homicidio doloso se mata a una mujer; en Ciudad
Juárez, Chihuahua, en la frontera norte con Estados Unidos, la
proporción aumenta a cuatro asesinadas.
De acuerdo con las autoridades, están resueltos en un SO 0/0
los más de 300 homicidios contra mujeres en Ciudad Juárez de
la última década.
y los culpables, presos.
El revuelo y la curiosidad de la prensa nacional e interna­
cional son, a su juicio, exagerados e inexplicables, tanto como
las denuncias insistentes de las organizaciones civiles desde
1993.
Pero surgen las dudas detrás de! criterio oficial,
Se distingue allí e! efecto decisivo de las acciones y omisio­
nes de las autoridades: su imposibilidad de hacer cumplir la ley
o aplicar la justicia. El fracaso de las promesas en torno de un
cambio en México, la zanja entre e! país formal y e! país real. O
la ofensa extrema contra los derechos humanos.
Este libro entrecruza documentos y testimonios múltiples
de un suceso que se ubica en e! límite de lo delincuencial y e!
femicidio: entre aquellos crímenes, está detectada la existencia
de un centenar de asesinatos en serie.
Una orgía sacrificial de cariz misógino propiciada por las
autoridades: los responsables estarían libres, a la sombra de una

11
pirámide corrupta que tiene su base en la ineficacia policiaca y 1. LA DIMENSIÓN DESCONOCIDA
los delitos impunes en un índice de casi ciento por ciento en la
República mexicana.
Más allá de las cifras, semejantes crímenes dejan traslucir
dos hechos de análoga gravedad ahora y hacia el futuro: la
inadvertencia o amnesia global ante un fenómeno extremo de
signo anárquico; y el impulso de normalizar la barbarie en las
sociedades contemporáneas.
Aquí están las claves para comprender y resolver a fondo
los homicidios. En este instante, quizás se consuma otro asesi­
nato más de aquéllos.

Hubo en el origen un deslizamiento fuera de los limites.
Entre 1993 y 1995, los cadáveres de 30 mujeres víctimas
de homicidios dolosos en Ciudad juárez, Chihuahua, forma­
ban parte de una trama compleja de violencia sexual, cantinas,
bares, bandas delincuenciales e inculpaciones mutuas entre di­
versos protagonistas de la vida colectiva.
Era el núcleo de una sociedad desgarrada que comenzaba a
confrontar sus flaquezas culturales. Y hada del espacio público
la arena de sus diferencias y contrastes extremos. La sobrepo­
blación, la penuria urbana, la violencia externa o intrafamiliar,
las inercias de género -presentes en muchas otras partes de la
República mexicana- transformaban lo cotidiano en una pesa­
dilla singular. Sobre todo para las mujeres, la mitad de la po­
blación, poco más de 400.000 de ellas.
Cualquier frontera del norte de México conforma un terri­
torio idóneo que urde el anonimato radical de los migrantes.
Para los menos de ellos, la «línea» fronteriza implica una nueva
identidad, para los más, aquélla encarna la experiencia del trán­
sito de México hacia Estados Unidos, la pérdida de la identidad
natal y la búsqueda de otra nueva, volátil, proclive a enfrentar
riesgos. Una golpiza policiaca, estafas, robos, cohechos, o hasta
la muerte.
La promesa de mejoría que entraña lo peor. El anverso y el
reverso de la violencia: la casa y la calle.

12 13
En 1995, se reportaron en Ciudad juárez 1.307 delitos se­ tumbrado al análisis de indicios y patrones de conducta sutiles,
xuales, de los que el 14,5 % fueron violaciones a mujeres, poco Ressler conjeturaba, por ejemplo, que sería posible pensar que
menos de 200. Durante el primer trimestre de 1996, el número quien ha golpeado o violado a una mujer alguna vez puede vol­
de delitos reportados aumentó 35 % respecto del año anterior. ver a hacerlo. Sobre todo, en ausencia de un castigo real a su
Asimismo, a mediados de los años noventa, las autoridades conducta. Al opinar aquello, quizás vislumbraba también el
reconocían la existencia de 400 pandillas urbanas que tendían a destino que le aproximaría en un futuro próximo a Ciudad
contender con las imposibilidades policiacas. juárez.
-A twilight zone..., una dimensión crepuscular, desconocida El verano de 1995 había traído allá un clima de tensiones:
-señalaba Robert K. Ressler al describir la frontera en entrevista aparecieron los cuerpos de tres mujeres jóvenes en Lote Bravo,
con Rossana Fuentes Berain para el diario Reforma; de la Ciu­ una zona semidesértica al sur de Ciudad Juárez, Chihuahua, en
dad de México. E incluía en este rango a Ciudad Juárez, y los las cercanías del aeropuerto local.
homicidios contra mujeres que ya causaban alarma en México y En las semanas siguientes, se añadieron más cuerpos.
comenzaban a trascender al exterior del país. Las muertas estaban semidesnudas, boca abajo y estrangu­
-Es una zona que por su naturaleza misma, por el tráfico ladas. Vestían ropa análoga: playera y pantalones vaqueros.
de personas y de drogas, se convierte en una dimensión desco­ Eran delgadas, de piel morena y cabellos largos.
nocida -repetía el célebre investigador estadounidense de asesi­ Las autoridades dijeron identificar sólo a tres, oriundas de
natos seriales. Juárez: Elizabeth Castro García (17 años), Silvia Rivera (17) y
En aquel momento, era casi obligatoria la consulta con este OIga Carrillo (20). Al parecer, habían sufrido violación. La so­
experto. Robert K. Ressler había sido el asesor de la película El ciedad juarense estaba conmocionada, y los medios de comuni­
silencio de los inocentes, que dirigió jonathan Demme en 1991. cación dedicaron amplios espacios al «Estrangulador» o «De­
En todo el planeta, la figura del asesino serial que impuso tal predador» fronterizo.
película se convirtió en el emblema de la criminalidad contem­ En los meses siguientes, diversos grupos civiles como el
poránea. La mezcla aviesa del depredador humano, la bestia se­ Comité Ciudadano de Lucha contra la Violencia, los de Ra­
xual, la mente superior y el gesto elegante de quien considera el dio Banda Civil llamados «Frecuencias» o el 8 de Marzo ten­
asesinato una más de las bellas artes. drían un papel protagónico en el caso al demandar el esclare­
Robert K. Ressler, desde las oficinas directivas de su em­ cimiento de los crímenes, o colaborar en la búsqueda de más
presa Forensic Behavioral Services en Fredericksburg, en Virgi­ cuerpos. Era una atmósfera de psicosis colectiva que inquie­
nia, Estados Unidos, atendía los requerimientos telefónicos de taba al gobierno del conservador Partido Acción Nacional
la prensa internacional entre las pausas de sus múltiples viajes a (PAN), entonces en el poder estatal desde 1992.
Japón, Gran Bretaña o Sudáfrica. y concluía, ominoso, sus El vocero de la Policía Judicial del Estado de Chihuahua
atentas consideraciones sobre los homicidios contra mujeres en (PJECH), Ernesto García, declaraba:
Ciudad Juárez: -Alertamos a la comunidad para evitar que las mujeres
-Aunque desconozco a fondo el caso mexicano, prevengo 1ransiten por lugares desconocidos o a obscuras. Que vayan
que los homicidios allá van a continuar. Se necesitaría una in­ acompañadas y de ser posible carguen un spray de gas lacrimó­
vestigación científica al respecto. geno para defenderse.
En los siguientes años, tal indagatoria estaría ausente. Acos­ Era una advertencia que denotaba las limitaciones policiacas.

14 15
A mediados de septiembre, el gobernador Francisco Barrio se Earl James definió así al asesino serial: «es aquel que mata a
Terrazas recomendaría también un extremo cuidado a las mu­ más de una víctima en un periodo dado de tiempo, con un lap­
jeres, mientras el procurador Francisco Molina Ruiz ofrecía so entre los asesinatos para enfriar lo acontecido. El Federal
1.000 dólares de recompensa a quien proporcionara datos so­ Bureau of Investigations (FBI) requiere el asesinato de tres víc­
bre «El Depredador». timas en un periodo de tiempo para que el crimen sea colocado
Los asesinatos de mujeres en Ciudad [uárez superaban por en dicha categoría».
mucho los expedientes históricos de un Gregorio «GoyO» Cár­ A su vez john E. Douglas, el legendario policía, compañero
denas, culpable del asesinato de cuatro mujeres en la Ciudad de y amigo de Ressler en el FBI, ya precisaba los rasgos de un ho­
México en el verano de 1942. O igualaba el de las hermanas micidio sexual en su Crime Classification Manual. Este tipo de
Delfina y María de Jesús González, «Las Poquianchis», que ase­ crimen «implica un elemento (o actividad) sexual como el fun­
sinaron a 80 mujeres en San Francisco del Rincón, Guanajua­ damento de la secuencia de actos que conducen a la muerte»,
to, en un periodo de diez años que culminó en 1964. Estos crí­ expresa Douglas, ya que «la representación y el significado de
menes recordaban también los homicidios de Andréi Chikatilo, este elemento sexual varía de acuerdo con quien lo realiza. El
el llamado «Carnicero de Rostov», que en el ocaso de la Unión acto puede incluir desde la violación con penetración (ya sea
Soviética, entre 1978 y 1990, había asesinado, mutilado y devo­ antes o después de la muerte) hasta el asalto sexual simbólico,
rado en algunos casos a 52 niños y jovencitas. El fantasma del por ejemplo, la inserción de objetos extraños en los orificios de
asesino serial estaba en la atmósfera de la época. la víctima».
E13 de octubre de 1995, la PJECH detuvo al egipcio Abdel En octubre, Diario de[uárez publicó un texto al que se lla­
Latif Sharif Sharif, un químico que llevaba poco tiempo de vivir mó el «Diario de Richy», que una persona recogió en la calle,
en Ciudad Juárez después de una residencia de dos décadas en cerca de una conocida frutería de la ciudad. Se trataba de un
Estados Unidos. Tenía 49 años de edad y sus antecedentes pe­ mazo de hojas tamaño carta unidas por la parte superior con
nales le hacían sospechoso de antemano: 14 denuncias en juz­ un listón. Mediante una caligrafía dispersa se describían actos
gados estadounidenses por violación y atentados al pudor, se de extrema violencia sexual contra mujeres. Algunos dibujos
divulgó. Una joven a la que había conocido en un bar juarense torpes completaban el texto, y era asombrosa la similitud des­
le acusaba de violación, secuestro y lesiones, lo que había lla­ crita allí con las agresiones que sufrieron las muertas de Lote
mado el interés de las autoridades. Bravo.
La Policía Judicial del Estado le incriminaría por los asesi­ De inmediato, la Subprocuraduría General de Justicia de la
natos contra mujeres descubiertos en agosto y septiembre. En Zona Norte del Estado de Chihuahua (SPGJZNECH) realizó
privado y ante un grupo de periodistas, el gobernador Barrio un análisis grafológico para determinar si los trazos provenían
Terrazas le declaró culpable de aquellos crímenes, la psicosis de la mano de Sharif Sharif. El resultado fue negativo. Las au­
colectiva parecía menguar. toridades desestimaron la autenticidad y pertinencia del «Dia­
Todo indicaba que los homicidios de Ciudad Juárez expo­ rio de Richy». Era el desvarío de algún pervertido que quería
nían la violencia, el sexo y el ocio entrelazados. Ya se tenía en la aprovecharse del escándalo público, se dijo.
cárcel a un asesino serial al estilo de las películas de Hollywood. La palabra del gobernador Barrio Terrazas pesaba demasia­
Pero el deseo de exactitud permanecía entre el público. do, pero tal vez más el clamor de los estereotipos: la consigna
En su libro Catching SerialKillers, el policía estadouniden­ oficiosa entre los cuerpos policiacos mexicanos era que el asesi­

16 17
no en serie no podía ser un mexicano. Debía ser un extranjero. de 8 presuntos responsables de los crímenes de 17 jovencitas, la
N o había alternativa. Contra las opiniones de expertos como banda «Los Rebeldes», encabezada por Sergio Armendáriz «El
Ressler, que reconocían que la mayoría de los casos de asesinos Diablo». «Las líneas de investigación», afirmaban las autorida­
en serie se han registrado en Estados Unidos y son hombres des, señalaron «la presencia de dichas personas en centros de
caucásicos o blancos, prevalecieron las acusaciones contra el diversión nocturna conocidos como el joe's Place, La Tuna, El
egIpCIo. Fiesta, El Alive.» También expresaron que los «datos ofrecidos
Advertía aquel ex agente del FBI: por los presuntos implican de manera contundente y clara al
-Las conductas aberrantes no tienen nacionalidad... ade­ egipcio Abdel Latif Sharif Sharif, quien enfrenta un proceso re­
más, el asesino en serie siempre deja una marca personal en la lacionado con el delito de violación».
superficie, algo que le identifica, por ejemplo, los zapatos al La acción de la policía local para detener a «Los Rebeldes»
lado de la víctimas podrían ser una firma. desató la alarma pública sobre la presencia de menores en los an­
El 15 de diciembre de 1995, a pesar de tener en prisión a tros de la zona roja de la ciudad: la avenida Juárez, o la calle Ma­
Sharif Sharif, se halló otro cuerpo, menos de 12 horas después riscal, las inmediaciones del Paso del Norte, los bares de la calle
de haber muerto la víctima. Mejía y Azucenas, entre otra gran cantidad de bares y cantinas.
La única pista considerable era una medalla de La Virgen El Vértigo, Willys, Casino Deportivo, Manhattan. O el Noa­
de la Caridad del Cobre: la muerta, una adolescente, estaba N oa. El reino de las tribus de jóvenes de ambos sexos llamados
desnuda de la cintura hacia abajo. Tenía atadas las manos con «Cholos» (pandilleros urbanos de camisas y pantalones holgadí­
las agujetas de sus propios zapatos tenis y presentaba huellas de simas, zapatos tenis o botas de exploradores y gorras de jugado­
estrangulamiento. Los indicios eran claros: así habían encontra­ res de base-hall). O bien, «Cheros», vaqueros (grupos vestidos
do otros cuerpos en el verano. de cowboys y cowgirls al estilo del Viejo Oeste mezclado con lo
Poco después, se sabría el nombre de la muerta: Rosa Isela ranchero mexicano).
Tena Quintanilla, de 14 años. Las autoridades de Ciudad Juárez informaban que muchos
Ressler había subrayado que la revisión cuidadosa del lugar de esos lugares tenían licencia de restaurantes, por lo que se
del crimen era fundamental. Así como el estudio de los patro­ desconocía su número exacto. Un centenar de personas urdían
nes de conducta y el análisis psicológico que pudieran conducir allí el lenocinio y el tráfico de drogas: los «giros negros» como
a un perfil del asesino. se les conoce en México a estos negocios. De acuerdo con el
Se sabría que más de una de las víctimas del verano apare­ Ayuntamiento, sólo entre octubre de 1995 y abril de 1996 se
ció atada de manos con las agujetas de sus propios zapatos. És­ habían abierto diez nuevos centros nocturnos.
tos aparecieron al lado de las víctimas, como si fuera un guiño Pero pronto comenzó a resquebrajarse la rectitud de aque­
fetichista. llas detenciones y la campaña moralista que trajo consigo.
Durante los siguientes meses se hallarían más cuerpos. El 19 de abril, la Comisión Estatal de Derechos Humanos
La tercera semana de marzo de 1996, las autoridades trata­ (CEDH) denunció que seis de los ocho testigos de cargo pre­
ron de encausar a Sharif Sharif por el asesinato de Silvia Rivera, sentados por la Subprocuraduría de Justicia para apoyar las
hallada en Lote Bravo, pero el juez quinto de lo Penal, Neza­ acusaciones contra «Los Rebeldes», habían sido «privados ile­
hualcóyotl Zúñiga, declaró insuficiencia de pruebas al respecto. galmente de su libertad». Además, se les había obligado a fir­
El 15 de abril, las autoridades anunciaron la detención mar declaraciones alteradas. La policía estaba en entredicho.

I~ 19
T odas y cada uno de «Los Rebeldes» negaron los cargos y se ra de las autoridades acerca de la culpabilidad de Sharif Sharif,
quejaron de golpes y tortura por parte de los agentes judiciales. otros periodistas, los menos, trataban de explicitar para el resto
Pero el Ministerio Público desestimó estas quejas: «se trata de de sus colegas el escepticismo o la renuencia que los convocaba.
una retractación no fundada», minimizó. Al fin, llegó Abdel Latif Sharif Sharif, un hombre de cerca
En réplica, la Subprocuraduría alegó extralimitación de de un metro noventa centímetros de estatura, de vientre rotun­
funciones por parte del visitador de Derechos Humanos, Luis do, gesto afable y mirada aguileña. Llevaba pantalones vaqueros
Miguel Hernández, a quien acusó, a su vez, de convertirse en y camisa de color claro con mangas cortas.
«abogado defensor» de los detenidos. Las madres de dos de las Los representantes de la prensa se animaron. La expectativa
muertas, convencidas por las autoridades de que «Los Rebel­ era mayúscula.
des» eran los culpables sin 'que aún hubiera un juicio de por El egipcio llevaba en sus manos amplias un cuaderno en­
medio, se inconformaron contra dicho visitador. Denunciaron gargolado tamaño carta y de hojas amarillas. Anunciaba, en un
que tenía intereses de parte: su hermano era dueño de un bar español escaso, que daría lectura a un cuento, «Srory», dijo, an­
de aquéllos, el Bar Nebraska, reclamaban. tes de desvelar lo prometido: los nombres de los responsables.
Poco después, el visitador renunciaba ante las presiones de Solicitó un intérprete, y una periodista se ofreció a traducir lo
la Subprocuraduría. que él leería en inglés. Sharif Sharif quería contar la historia de
El mismo 19 de abril de 1996, en las instalaciones del Cen­ «Alejandro»:
tro de Readapatación Social (CERESO), reclusorio enclavado -... un mexicano veinteañero, blanco, rico y prepotente
en la planicie desértica de las afueras de Ciudad Juárez, uno de que se enamoró en 1990 de una adolescente humilde llamada
los protagonistas del suceso ofrecía una rueda de prensa. Silvia, morena, delgada, de cabellera larga...
Era el egipcio Abdel Latif Sharif Sharif. Insistía, como des­ Los asistentes al acto mostraron su molestia. Murmuraban
de el momento en que fue preso, en clamar su inocencia. Y entre sí mientras el egipcio leía: habían ido por información y a
prometió revelar quiénes eran los verdaderos culpables de los cambio sólo obtenían un relato que parecía extraído de un co­
homicidios de mujeres en la ciudad. rrido popular, o de la balada de un grupo de música norteña. A
Dentro del penal, a través de las ventanas enrejadas, se po­ pesar de su desconcierto por los murmullos de los periodistas,
día observar las Colonias polvosas calcinarse bajo el sol de la Sharif Sharif continuó su relato.
primavera y el tráfico lento de los vehículos por los senderos su­ - ... La muchacha aquella se negó a tener amores con él y, a
burbanos. Esta inusual costumbre de que los internos atendie­ mediados de aquel año, Alejandro la mató por despecho. Jamás
ran a la prensa fue una conquista de diversos grupos sociales. El se le investigó, ni se le detuvo por ese crimen: la familia de Ale­
preso se hizo esperar cerca de quince minutos en una oficina jandro había pagado a las autoridades para evitarlo. El padre
próxima a la dirección del penal, que rebosaba de reporteros, adoptivo de Alejandro, conocido dueño de antros en juárez...
camarógrafos, fotógrafos de diversos medios de comunicación Un reportero interrumpió y exigió que el egipcio propor­
lo mismo de Ciudad juárez u otras localidades mexicanas que cionara el nombre. Nervioso, pero dispuesto a salir adelante,
de El Paso, Texas. Los guardias y los empleados del reclusorio Sharif Sharif, dijo:
parecían acostumbrados a esta efervescencia, y se limitaban a -Guillermo, Guillermo Máynez.
observar el tráfago de los periodistas. U n periodista le dijo a otro, al oído:
La mayoría de los reporteros estaba convencida de la postu­ -Sí, es el dueño de lugares como el Safari, Paralelo 38,

20 21
Monterrey, Azteca, Parral... o La Rueda, allí donde se reúnen anunciaba que haría la denuncia formal de lo que había dicho.
los policías con los narcotraficantes. Se despidió de mano de los reporteros: le aterraba la idea de pa­
Sharif Sharif proseguía: sar cuarenta años en una cárcel mexicana. Estaba seguro de evi­
-Alejandro, originario de Juárez y residente en El Paso, tie­ tarlo: ni siquiera imaginaba la magnitud de lo que habría de vi­
ne un primo, Melchor Máynez, muy parecido a él, que es el vir después.
cómplice de sus crímenes. Entre ambos, son culpables de asesi­ Algún reportero localizaría a los familiares de Alejandro
nar a más de cincuenta mujeres ... Máynez, que afirmaron haberle dejado de ver desde «mucho
Los reporteros se inquietaban, querían saber de dónde pro­ tiempo» atrás. Nada sabían ni querían saber.
venía aquella información. Subían la voz. Otros pedían silen­ Al día siguiente de aquellas revelaciones del egipcio, la ado­
ClO. lescente Susana Domínguez, citada como testigo de cargo con­
-". Melchor era el verdadero redactor de los textos y dibu­ tra "Los Rebeldes», declaró ante el juez quinto de lo Penal lo
jos que la prensa publicó bajo el título de «Diario de Richy»". que repetiría en un pasillo de los Juzgados a un par de periodis­
Los murmullos de los reporteros se convirtieron en pregun­ tas:
tas y gritos que obligaron a Sharif Sharif a detener la lectura. -Me secuestraron ocho días. El comandante Navarrete me
Algunos se dirigían en inglés al egipcio, que ya sudaba e inten­ amenazó y un agente me puso su pistola en la cabeza y cortó
taba responder al mismo tiempo diversas preguntas. Pedía pa­ cartucho. También me agarraron de los cabellos así, así, así...
ciencia y un poco de orden. y me azotaron contra la pared para obligarme a declarar lo que
-¿Cómo obtuvo tal información? ¿En qué se basa? ¿Qué me ordenaban.
pruebas tiene? -preguntaba la prensa. Afirmaba, categórica, al lado de su madre:
El egipcio respondía: -«Los Rebeldes» no son culpables.
-Son testimonios de una persona que desea el anonimato y A través de la ventana de un pasillo, se veía el caserío preca­
escuchó alguna vez cómo presumía Alejandro Máynez de sus rio de los alrededores azotado por un viento denso, que levan­
crímenes. taba remolinos de polvo en la tarde fronteriza. La idea de la
Algunos reporteros se miraron, decepcionados. Otros in­ tortura persistía en el eco de las palabras de la muchacha. Con­
tercambiaron bromas o burlas. O abuchearon a un compañe­ tra el cristal sucio, un cartel anunciaba la presentación de un li­
ro por preguntar lo que juzgaban obvio. Alguno llamó por un bro titulado Derecho Constitucional. El cartel transmitía un dejo
teléfono móvil a su periódico para compartir el enfado que 1riste, de plegaria laica, de principio inútil de orden contra el
sentía. caos.
Sharif Sharif trataba de mantener la calma, convencer a sus Susana Domínguez, la denunciante de abusos policiacos,
interlocutores. Sus manos, trémulas, transmitían la ansiedad una adolescente esbelta, morena, de ojos grandes y cabello lar­
que sentía. Insistió en que él era un científico, jamás un asesi­ go, representaba la imagen promedio de la muchacha juarense.
no. Ofrecía explicaciones sobre su estancia en Juárez, se contra­ Vestía pantalones vaqueros y llevaba una playera. Como todas
decía en las fechas y en las razones de su estadía, acaso más por las muchachas que pululan en los malls de ambos lados de la
su falta de dominio del español que por otra causa. Se veía frontera, como las que abundan en las escuelas, como las que
inerme ante la molesta recepción a su relato. Con todo, el egip­ 1rahajan en oficinas. Como las que sostienen a sus hijos -casa­
cio expresaba su esperanza en que los hechos se esclarecerían. Y das, madres solteras- y sobreviven al margen de lo funesto.

22 23
Como las que salen por centenares de las fábricas para irse a su tribulaciones. Cada día se recibía un promedio de seis denun­
casa o a los bares cada viernes en autobuses suburbanos al con­ cias por violación. Las víctimas solían ser menores de edad, de
cluir su turno. O como las que terminan con su cuerpo tortu­ trece años, la que más de treinta.
rado en el desierto. -En las fábricas es donde más agresiones sexuales se dan
En aquella primavera de 1996, las voces de los diversos -precisaba-o La mayoría por estupro. Resulta que, para entrar a
protagonistas expresaban las discordancias y contradicciones de trabajar, las niñas falsean su acta de nacimiento... Yen la calle
la propia sociedad juarense. están los lenones, la droga, las enfermedades venéreas, las de­
El vocero de la Subprocuraduría decía: sapariciones ... El problema principal es la sobrepoblación -in­
-Las acusaciones contra Sharif están amarradas, son sólidas. sistía la abogada Pérez.
Abdel Latif Sharif Sharif respondía, en un lenguaje químico: Exceso de personas y exceso de desierto.
-Soy ciento por ciento inocente. Al mediodía del domingo 21 de abril de 1996, se supo de!
Erika Fierro, de la supuesta banda «Los Rebeldes», también hallazgo de otro cuerpo femenino. Esta vez en Lomas de Poleo
se defendía: -poco antes, se había corrido la versión de! hallazgo de nuevos
-Todo esto es mentira. restos humanos en Lote Bravo, lo que resultó después una falsa
Susana Domínguez reiteraba: alarma: se trataba de los huesos de un animal, dijo la policía.
-Me amenazaron para que declarara contra «Los Rebel­ Bajo e! sol de las dos de la tarde en e!lomerío periférico de
des». Juárez, se queman la aridez, la basura que resiste e! viento y e!
El reportero Sergio Melgar de Diario de ]uárez opinaba: silencio.
-La policía no logra convencernos de que ha realizado una Una denuncia de los vecinos -agrupados en torno de las
investigación científica. bandas civiles de radiocomunicación- había atraído a los servi­
Romana Morales, madre de la víctima Silvia Rivera, se cios forenses, la policía judicial y dos o tres periodistas. Lomas
mostraba satisfecha y vengativa: de Poleo es un asentamiento paupérrimo de Ciudad ]uárez, se
-Qué bueno que golpearon a «Los Rebeldes» y ojalá los llega por un sendero paralelo a la línea fronteriza y su territorio
maten... consta de brechas que curvean la desolación y decora un mar
Luis Miguel Hernández, visitador de la Comisión Estatal de bolsas de plástico errátiles sobre los matorrales y e! polvo
de Derecho Humanos (CEDH), aseguraba: aquí blancuzco, allá rojizo. Ruedan al viento algunas yerbas es­
-Renuncio por presiones de las autoridades policiacas de! lloricas -«saladillos», «chemís», «voladoras», les nombran- y lle­
estado de Chihuahua. ga el aroma de la podredumbre en ráfagas. La gente habita ca­
Y, por último, e! juez quinto de lo Penal Nezahualcóyotl sas construidas con desechos, trozos de madera, lámina de
Zúñiga anticipaba su criterio: metal o asbesto, alguna puerta metálica. El alambre se vuelve
-En todo expediente, las pruebas y las evidencias son lo 1111 componente imprescindible, sirve para amarrar, sostener,

importante, no tanto las declaraciones de los testigos. Daré mi deslindar, contener lo que se fuga siempre. Desde Lomas de
dictamen de acuerdo con la ley. Polco se observan las construcciones sólidas, e! verdor, la tecno­
Pero e! episodio imponía interesarse en las víctimas. logía esplendente que rodea a El Paso, Texas.
Martha Pérez, una mujer treintañera y cortés, jefa del De­ Una vecina robusta, Martha Martínez, baja de un Ford
partamento de Delitos Sexuales de Ciudad ]uárez, explicaba sus ( ;aJaxie modelo 76 averiado y polvoso, muestra a quien quiera

24 25
, '

verlo algo que lleva en el fondo de una bolsa de plastico arru­ .'" 2. EL MAPA DIFfcIL
gadisima -como las miles que decoran el paisaje-: un mechen
de cabellos tefiidos y un dije con una piedra amarilla inserta
en una correa de cuero. Teme que sean los indicios de otro
cadaver. Entre los vecinos hay una verdadera fiebre por ras­
trear nuevos cuerpos, mientras las autoridades ostentan su des­
interes.
De dla, los caminos de terrace ria de alla pertenecen a los
pastores y algunos vecinos; de noche, el sitio reviste un peligro
extremo: es dominio de bandas de jovenes violentos a quienes
les gusta balear los vehiculos ajenos, de drogadictos y de «polle­
ros», esos contrabandistas de personas que aguardan el minuto
oportuno y la ruta de paso a Estados Unidos. Ciudad Juarez muestra una fuerza expansiva que se repliega
De cuando en cuando, se levantan en Lomas de Poleo fin­ hacia las lomas y los cerros bajo el cielo azul del desierto. En
cas con alambradas y puertas de hierro. Son ranchos minimos, primavera, los ronos del territorio -inserto en la confluencia del
donde algunas familias se disponen a comer allado de sus autos Rio Grande 0 Rio Bravo, dos cadenas montafiosas y El Paso,
y camionetas ruinosas. Conversan y miran, hostiles, a los extra­ Texas- enlazan un tamiz gris, 10 arenoso, el calcinamiento
fios que por aUi transitan. Los nifios juegan, los perros ladran, blancuzco, los matorrales amarillentos. En invierno, los mis­
corretean con ellos. A 10 lejos, se observan las torres de los ca­
bles electricos de alta tension, y de un sendero lateral surge un
to . mos colores se atenuan y se funden con el velo espectral de las
nubes 0 la niebla. A pesar de la luminosidad celeste que cae so­
convoy policiaco, que abandona la zona sin haber localizado bre el desierto, la urbe fronteriza luce palida, aqui y alla desco­
nada mas que los restos de un «campamento de polleros», de­ lorida. Algun reflejo metalico 0 un color restallante rompe la
terminan. monotonia: la potencia solar y el polvo tienden una patina cru­
Ni siquiera sc oCllparon los policias de recoger como evi­ da sobre las avenidas, las azoteas, el cristal de la ventanas, las la­
dencia -«~ Fvidencia de que, al fin?», pregunta un vecino- unos minas de zinc y los vehiculos,
pantalones de marca Guess cortados a la altura de la rodilla y Como tantas ciudades mexicanas, Juarez presenta el aspecto
un sarape de lana con motivos hipicos. De esos que hay en los de un enorme traspatio que alternara la multitud, el reposo de co­
mercados de artesanias de la Ciudad de Mexico, de los que se sas obsoleras, el verdor esporadico, el asfalto irregular y las calles
usan en Aguascalientes, en Guanajuato, en Michoacan. terregosas, con la eficacia de las maquinas, las telecornunicacio­
La finisima arena al viento de Lomas de Poleo se traga las nes, los servicios modernos, la industria de vanguardia. Una pro­
huellas. El silencio es avasallador. La sensacion de inermidad se tesis de concreto, alta tecnologia, basura en los baldios urbanos,
vuelve absoluta. El paso de cualquier persona se cancela en que decoran el plastico, los baches, el oxido y los jirones de trapo.
aquella tierra suelta que repele la memoria. Avidez ilimite y ca­ Ciudad ] uarez seria tambien otra locacion idonea para la musica
rencia absoluta se cruzan en Lomas de Poleo. Entre estos extre­ electronics «nor-teo> oriunda de Tijuana, Baja California: un en­
mos debieron situarse las victimas en la vispera de sucumbir. samble de sonidos digitalizados de grupos nortefios, ritmos care­
goricos, bandas uadicionales de Sinaloa y ecos «latinos».

26 .. 2/
La traza de la ciudad se ha desbordado en un sentido conflic­ ~' migratorios. Durante la Segunda Guerra Mundial, los militares
tivo, abigarrado, abrupto, de pronto continuo al mismo tiempo. de la base de Fort Bliss, Texas, explayaron en la ciudad mexica­
Y endeble: al contrario de las macr6polis mexicanas -la Ciudad na sus horas de relajamiento.
de Mexico, Guadalajara 0 Monterrey-, que contemplan una ma­ POI' su parte, la pequefia industria local que proveia algunos
yor urbanizaci6n respecto de sus arrabales, Ciudad Juarez expone productos basicos -aceites, jabones, hilados- entre en decaden­
un giro contrario: las orillas dominan su centro. Se yen miles y cia en la siguiente decada, A principios de los sesenta, el poder
miles de personas y construcciones precarias en busca de una federal creo los programas Nacional Fronterizo (1961) y de In­
reinvenci6n del futuro, dentro -0 mas alla- de las atracciones dustrializacion de la Frontera (1965), que poco despues abridan
diarias de la violencia, el templo catolico 0 protestante, la indus­ paso a la industria de la maquila -fabricas de capital extranjero
tria, los autos, la vida nocturna, los bazares, la toxicomania, el donde se manufacturan 0 rnontan las distintas piezas de un pro­
crimen, la inclemencia misma del clima y los contrastes sociales. ducto con vias a la exporracion y mediante mana de obra barata.
o el trabajo: el imperativo de resistir a toda costa. La gente lucha Ciudad Juarez se convertirla asi en un mayusculo polo hu­
y busca salir adelante. El musculo yel temperamento como for­ mana en la frontera norte de Mexico. El censo de 2000 arrojo
mas de una astucia que se renueva cada dla. AI igual que sucede la cifra de 1.217.818 personas. A su vez, Tijuana, Baja Califor­
con otros polos franterizos del planeta, explotar el cuerpo ha sido nia, sumaba 1.212.232 habitantes. De todas aquellas personas,
una urgencia y un estigma en la historia de Ciudad Juarez. Tam­ el 40 % vive en la pobreza extrema, segregado de los servicios
bien escabullirse de las norrnas. Es un rasgo historico. urbanos y en los rnargenes sociales. Se estima que cada dia lle­
Ciudad Juarez, asl llamada desde 1888, antiguo «Paso del gan 300 personas a Juarez, 10 que constituye una poblacion £10­
tante de 250.000. La urbe constituye el puente preferido de los
Norte» y asiento de una misi6n en la epoca colonial, ha sido un ~
-. mexicanos hacia Texas y Nuevo Mexico, en Estados U nidos. A
territorio de inmigraciones, de transite, de contrabando y, rnu­
chas veces, de violencia aguda. La economia informal 0 subte­ mediados de los afios noventa, la Oficina de Tierra de Nuevo
rranea y, en general, la vida vinculada a esta pertenecen a su Mexico la consideraba una de las franteras de mayor transito
historia y a su desarrollo. Pero, en la ultima mitad del siglo xx, humano de todo el mundo. En 1996, la alcaldia juarense ofre­
Ciudad Juarez se vinculo a modelos rnultinacionales de pro­ ci6 sus datos: 42 millones de personas y 17 mill ones de vehlcu­
duccion industrial con tecnologias de vanguardia. Al mismo los de paso anua!. Y esta fluidez se ha convertido en un dilema
tiempo, creda su importancia como parte de un territorio in­ mexicoestadounidense.
serto en el narcotrafico. Ciudad Juarez resiente la asirnctrla econornica de los dos
Desde los primeros afios posteriores al terrnino de la Revo­ paises: inctemento poblacional, falta de infraestructura, servi­
lucien mexicana de 1910-1921, la urbe juarense desarrollo una cios y vivienda, negligencia ante sus recursos naturales, escasez
industria de servicios turisticos y de ocio, cuyo nudo era el des­ de agua -se desperdicia el 15 % del consumo total-, contami­
con trol migratorio. El prohibicionismo antialcoholico en Esta­ nacion alarmante, de indole industrial, vehicular 0 por las ladri­
dos Unidos (1919-1933) arrojada al sur de la frantera a los Ileras locales -unas 300-. Para 1999, seria la cuarta urbe mas
I'n'llligos de las restricciones y al crimen organizado. Asimismo, contaminada de Mexico.
Sl' vivl.m en Mexico los ajustes 0 desajustes entre el gobierno
Adernas, padece exceso de autornoviles: cerca de 307.000,
n'lltl:d y los cstados de la Republica. Con los afios cuarenta, I'or 10 que el 80 % de los viajes urbanos se realiza en auto par­
I icular. Mientras en la Ciudad de Mexico s610 el 37 % de los
( :illdad /11:11'1"/, crecio debido al rurismo, el comercio y los Ilujos

~ 29
.'H
habitantes tiene un vehiculo, en Ciudad Juarez este porcentaje
llega al 70 % de la poblaci6n. Asi, abunda el robo de autos, los
"I grupos de poblaci6n mas vulnerable, existen circunstancias que
exponen al riesgo. Para las rnujeres, una de estas seria el «estar
«yonques» 0 dep6sitos de chatarra vehicular. Se trata de una so­ sola», al igual que transitar territorios donde elias se exponen al
ciedad m6vil, que se expresa rarnbien en el uso vasto de los te­ peligro: «la ciudad tiene zonas de alto riesgo. Aquellas que han
lefonos portatiles. Casi la rnitad de la poblaci6n los usa, en tan­ sido segregadas del desarrollo urbano, confinadas en mayor gra­
to que, en el resto del pais, el rango de cobertura se lirnita a do al Occidente urbano, el Poniente juarense».
poco mas del 15 %. Este uso seria equiparable al de algunas na­ En sintesis, anota Limas Hernandez, ser mujer en Juarez
ciones europeas. implica vivir «cuerpo y construcci6n de genero en un sistema
La sociedad juarense de los afios noventa del siglo XX pre­ de relaciones en desventaja, en una ciudad y un espacio publico
senci6 la amplitud del modelo de producci6n en las maquila­ que vulneran», Un medio carente de politicas de desarrollo, ya
doras. En 1969, Mexico ocupaba ya el primer lugar entre los que tiene un sistema de relaciones de poder que soslaya enfren­
paises maquiladores. Para 1996, habia 372 empresas de este tar las formas de asimetria estructural hacia el interior de la so­
tipo, con cerca de 222.000 empleados ocupados, sobre todo, ciedad. Una autentica reserva y maquila del parque humano
en el ramo autornotriz y electr6nico. Buena parte de esta fuerza que aqui se congrega.
de trabajo provenia de Sinaloa, Durango, Coahuila, Zacatecas, Robert D. Kaplan ha subrayado que los mexicanos de la
Aguascalientes, el sur de Chihuahua... Y, pOl' primera vez desde lrontera con Estados Unidos, quienes apenas saben leer y escri­
que se instalo la maquila, la cantidad de hombres empleados ya bir y trabajan en condiciones peligrosas y «dickensianas para
superaba a la de las rnujcrcs. (:011 todo, el protagonismo de producir nuestros videos, pantalones vaqueros y tostadoras»,
elias parecia irreversible.
Alfredo Limas Hernandez CXpOllC en su ensayo La construe­
, pcrciben menos de cincuenta centavos de dolar por hora, sin
dcrechos ni beneficios. Y pregunta el periodista: ~tal cosa es de­
cion de ciudadanias que la industria maquiladora «rnaquila» a la mocracia, 0 bien oligarquia a la usanza de la antigua Grecia?
ciudad entera. Ha reestructurado su forma urbana y figurado En los ultirnos afios, la industria maquiladora se caracterizo
dinamicas de segregaci6n sociocultural que incluyen a todos los en Ciudad Juarez por la busqueda de un control de calidad im­
grupos de habitantes en el empleo. Esto vendria de los «ciclos placable, la mana de obra plurifuncional, el uso de la robotica y
de valor y capitalizaci6n para los trusts mundiales» a costa del las auromatizaciones, y este empuje se filtro poco a poco a los
empobrecimiento urbano. Por 10 tanto, se reducen el espacio cnrcndimienros colectivos de 10 econ6mico y 10 social, de 10 in­
publico, las responsabilidades del capital y las gestiones del dustrial y 10 dornestico.
desarrollo en el propio gobierno local. Todo a costa del cuerpo En la decada de los noventa, Ciudad Juarez alcanz6 el mas
de las personas, en especial, de las mujeres. hajo Indice de desempleo de todo el pais, y lleg6 a tener el ma­
Limas Hernandez describe a su vez, en el estudio Sexuali­ VOl' numero de empleados que en Mexico trabajaban en tal in­
dad, genero, violencia y procuracton dejusticia, que si bien desde .Iustria, donde la persona pasa a ser un brazo cibernetico bajo
afios arras se han registrado casos de nifias y mujeres trabajado­ mandos del mayor verticalismo a cambio de la paga exigua.
ras que desaparecen, cada dia es mas grande el numero de estu­ Pero en los ultimos veinte afios el salario en Mexico ha per­
diantes a las que se las reporta como desaparecidas. 0 que tam­ dido cerca de las tres cuartas partes de su valor: un obsraculo
bien han sufrido delitos sexuales por el simple hecho de estar inxalvable. El inequitativo reparto de la riqueza y las ciclicas cri­
en la calle. El acadernico agrega que; adernas de distinguirse .,i., cconornicas del pais, que comenzaron en la segunda rnitad
30 • 31
-I
de los afios setenta y tuvieron su culminacion en 1995, reduje­ .. distribucion de los valores colectivos y la pro mesa del enrique­
ron el acceso al minimo bienestar de la mayo ria de las personas. cimiento veloz mediante pricticas ilfcitas.
Un pais urbano y en pleno abandono de su perfil rural, que La imposibilidad de acceder a la elite de los privilegiados
concentra su poblacion en las ciudades y cuyo promedio de arroja a millones de j6venes mexicanos a una supervivencia co­
edad es de 22 afios al comenzar el siglo XXI. tidiana, que tiende a excluirlos, sobre todo, del acceso a los do­
Asi como la sociedad ha marginado a la pobreza extrema a nes de la revolucion tecno16gica. Al comenzar el siglo XXI, hay
cerca de 40 millones de personas en un territorio de 97 millones una minoria de jovenes, con 25 afios de promedio, como usua­
y medio, ha expulsado a los jovenes tarnbien de su horizonte co­ rios de Internet en Mexico. Menos de tres millones, de los que
lectivo. AI mismo tiempo, les ha hecho creer, mediante las pro­ el 76 % tiene estudios universitarios. Hacia el 2005, se estima
mesas del mercado 0 la ideologia del espectaculo, que encarnan que estes rebasaran los 7 millones.
«la riqueza. del pais, 0 bien, que son su capital hacia el porvenir. Pero el salario y el trabajo no son 10 unico subvaluado en
El hombre 0 la mujer como consumidor sintetiza dichas contra­ Mexico. Tampoco el futuro ni las expectativas culturales de los
dicciones. La hipnosis en torno del consumo esconde a los jove­ jovenes. Bajo sernejanres disoluciones, la mujer y su papel so­
nes mexicanos de entre 15 y 24 afios de edad la certeza de tener cial aparecen mas que subvaluados. En particular, en las ciuda­
un futuro escaso. Se trata de 20,3 millones de mexicanos que des fronterizas.
provienen de hogares cuyos ingresos en las ultimas dos decadas En Ciudad Juarez, «la mujer es un ser golpeable y viola­
han sido casi invariables, que tienen en promedio una escola­ ble», categorizaba -en el otofio de 1997- Melissa W. Wright,
ridad de segundo de secundaria y una tasa de desempleo de una especialista en estudios de genero de poco mas de treinta
12,5 %, mientras la del pais es de 5 %. 5 millones de desemplea­ , afios, delgada, incisiva, que ha profundizado en el estudio de la
dos. Y hay pocos sitios para ellos. Asi, a los jovenes les aguardan representaci6n ideo16gica de la «tipica mujer mexicana» -docil,
los ejercitos de la noche: la delincuencia y el crimen organizado. sumisa- que trabajaria en las maquiladoras.
La economia informal, subterranea 0 el subempleo. En un cubiculo de la Universidad Autonorna de Ciudad
En la decada de los noventa, el consumo de drogas se gene­ Juarez (UACJ), convocada a conversar sobre el tema de la vio­
ralizo rarnbien en las ciudades mexicanas. La Secretarla de Sa­ lencia en la frontera norte, Wright deda que era posible ha­
Ii lud (55) revelo, a mediados de 2000, que el 5 % de los mexica­
nos de entre 12 y 60 afios de edad consumieron drogas por 10
liar tarnbien entre las trabajadoras de maquila conductas
opuestas -en el lugar de trabajo- a tal represenracion dorni­
menos en una ocasion. Las cifras fueron superiores en dos ciu­ nante. La circunstancia expresaria que se registra alli un anhelo
dades fronterizas. En Tijuana, el14 % de los habitantes dijeron de las mujeres por asumirse protagonistas de un cambio social.
haber probado narcoticos, mientras que en Ciudad Juarez, el Pero, con el fin de ubicar la trascendencia de dicha actitud, la
promedio fue del 9,5 %. En tercer y cuarto lugar se ubicaron .icademica recomendaba desmontar los patrones de dominio y
las ciudades de Guadalajara y Mexico, las mas grandes del pais. subordinacion en el que se desenvuelven las personas. En Ciu­
Una decada arras, los inhalantes eran la droga de mayor dad Juarez, la violencia contra las mujeres se mostraria ubicua:
uso. Ahora, los adictos mexicanos prefieren la marihuana y la hay causas de fondo multiples. Los homicidios contra ellas se
cocaina. El orgullo de barrio en las ciudades aparece inserto en cxplicarian en este contexte.
el avatar de la toxicomania, de sus exigencias y nuevos habitos, Ciudad Juarez ha atraido, por la importancia que tiene Sll
del ejercicio de la violencia explfcita 0 encubierta. 0 de la re­ «aso en el marco de la econornfa global, a otros estudiosos
~
32 :n
I

como Ana Bergareche, una joven rubia, de temperamento serio .' «onsideran parte de una clase social donde saben, 0 mas bien
,ISlIl11en, que las clases bajas no van a llegar muy lejos en la
y analitico, oriunda del Pais Vasco y sociologa de la London
School of Economics. Aceptaba conversar sobre su terna de es­ vida, 0 que la gente con la piel oscura no va a tener tantas
tudio en una cafeterfa de la llamada «zona dorada» de la ciu­ opnrtunidades como la gente blanca.
dad. Es el perimetro que, mas de treinta alios atras, acogio el Semejantes ideas y valores subyacentes colaboradan a gene­
1:11' la violencia en Ciudad Juarez: atavismos, creencias patriar­
Programa Nacional Fronterizo (PRONAF), y que ahora consti­
tuye el barrio turlstico, empresarial y de servicios mas urbano (ales, abuso, surnision feme nina, marginalidad.
de Ciudad Juarez. Hay restaurantes, oficinas, bares, hoteles, co­ Sin embargo, Bergareche detectaba que podfa esperarse
1111 cambio en la transrnision de los valores en un lapso gene­
mercios, cafeterfas cosmopolitas y edificios de enormes estruc­
t .niorial, aunque en el caso de los hombres dicho cambio ha­
turas de acero que se quedaron a medio construir y son el em­
blema de un auge econornico siempre inconcluso. hra traido consigo muchos conflictos por la nueva y creciente
A pesar de la gran vigilancia que las autoridades municipa­ .uuoriomia de las mujeres, su independencia econornica y se­
XII:t1. Habria alli una fuente de rencor masculino, de barbarie a
les disponen, la «zona dorada. ha sido escenario de episodios de
Vl'CCS contenida, a veces suelta en toda su fuerza ciega.
violencia producto de las pllgnas entre narcotraficantes.
Para Bergarechc, b violencia juarense obedecerfa a una La percepcion masculina que ve a las mujeres como un
111('1"0 objeto sexual, detallaba la investigadora, vendria de que
mezcla de cuestiones psicologicas, sociologicas e institucionales,
y no se la podria reducir a una sola explicacion. Anticipaba: s(' ha desvanecido el carisma de la mujer pura, de la esposa y
-Yo estudio el terna social, por 10 que no puedo hablar del m.ulre. Ahora que la mujer trabaja y no necesita proteccion
terna psicologico, y, desdc el pllnto de vista social, des taco la fI masculina, se ha convertido en la antitesis de aquella fantasia.
ideologfa patriarcal dominante, que se ha transmitido a traves 1\1 scr libre desde muy joven, incluso desde la pubertad, a la
1IIIIjn se la identifica como la «sucia, la que le gusta el sexo, la
de muchos medios, pero he visto que la religion catolica ha
I Jill' gana su dinero y se 10 gasta en 10 que quiere, como diver­
sido fundamental aquf.
La especialista afirmaba que esta influencia era de 10 mas vioncs y ropa». As!, se cierra el drculo y la violencia se desata.
importante, ya que habia penetrado otros arnbitos de la vida A juicio de Ana Bergareche, las soluciones tendrian que en­
politica y social, como pueden ser las instituciones educativas 0 IIl(;lI"Se primero en el plano de 10 comunitario y de 10 personal,
,11I1('s que pretender cambial' el mundo:
las de tipo legal.
Bergareche, quien en 1997 preparaba su doctorado para la -Las necesidades son demasiado apremiantes como para
Universidad de Londres sobre violencia, trabajo e igualdad en \HllllTse a esperar que pasen alios y cambien las condiciones po­
las maquiladoras juarenses, ejemplificaba la ideologfa patriarcal. Ii I icas.
Desde esta, describia, la mujer es pOl' naturaleza pecadora y, En esta dinarnica contradictoria, habrla algo positivo: la
I
IIll1jn xe da mas importancia a sf misma dia tras dia. En la me­
pOl' 10 tanto, debe ser castigada, adernas de necesitar de la pro­
teccion de un hombre porque, sola, «que va a hacer en la vida, .!ida en que hubiera mas autoestima en las mujeres, concluia
ella no tiene poder, no se asume con poder». 1\('lgarcche, sedan menos vulnerables frente al abuso.
Y explicaba el trasfondo grave de tal conducta, que invitaba I'cro ganar esta fortaleza significa una empresa de alto riesgo.
al abuso en la rnarginalizacion de etnia y clase, al provocar que 1\ mcdiados de los alios noventa, los y las migrantes propor­
la autoestima de las mujeres todavia descendiera mas: ellas se (illll:,han la mana de obra para la maquila en Ciudad Juarez.

34 • 35
III

Eran, en su mayoria, de estados circunvecinos y aun de mas al ;
mi.nuus a la mujer se Ie reduce a 10 «otro, 10 irreal, 10 no esen­
I
I; sur, y viajaban a la Frontera norte en busca de mejores condi­ l i.il», As\, apropiarse del sexo femenino, torturar y disponer del
ciones de vida. Tarnbien se encontraban en esta indusrria hijos l IIl'lllO son parte de una estrategia de genero que convierte al
e hijas de viajeros que se instalaron aca veinticinco aries arras. l rimcn en una forma del erotismo.
En aquellos afios, las maquiladoras empleaban a obreros de I .os crimenes sexuales contra mujeres serian posibilidades
II I
14 a 35 afios de edad, pero se daba preferencia a los jovenes, lldillidas por la cultura, 10 que trasciende el hecho de referirse a
l Existia una poblacion aproximada de 53.000 obreros menores
i ljll il'I1CS cometen estos como seres enfermos 0 dementes, sen­
de 19 afios, 10 que representaba el 42 % del total de los em­ Il'lllia la investigadora. Apunta que los crimenes sexuales se han
II pleos de la industria maquiladora. ..uacrcrizado tambien por la imagen del cuerpo de la mujer
En cuanto al genero, hasta antes de 1984 la cornposicion de I lvsnuda, cuyo cadaver se arroja como si fuera basura: «el cuer­
la mana de obra estaba constiruida por mujeres, pero la gran de­ Ill) de la mujer es acomodado y exhibido en posiciones gineco­
i manda de trabajadores habia propiciado que en la decada de los Ic"gicas, como si Ie fueran a tomar una foro».
noventa se incrernentara la afluencia de los hombres, quienes Monarrez Fragoso subraya que, en esros casos, la mujer es
constitufan ya alrededor del 45 % del total empleado. IIll'I10S que mujer, menos que ser humano, es un objeto al que
Tarnbien habian disminuido los obstaculos para contratar \l' Il' niega su experiencia subjetiva. La estrategia de dominio
mujeres casadas 0 madres solteras. Solo el 29 % de las mujeres m.isculino se apropia del cuerpo de las mujeres al mismo tiern­
que trabajaban en aquellas fechas en la industria maquiladora 1'0 que posee y dispone del espacio publico.
eran solteras y sin hijos, 10 que significaba que las trabajadoras,
en su gran rnayorfa, eran casadas 0 madres. EI porcentaje de , Al interpretar la violencia contra las mujeres en Ciudad
[u.ircz, Israel Covarrubias Gonzalez ha subrayado la importan­
madres solas (solteras, divorciadas 0 viudas) habia aumentado, l 1;1 de un hecho: a los cuerpos de las victirnas de homicidio se
de modo que la tercera parte de las obreras eran madres solas. Ic,s arroja en el espacio publico. En su estudio Frontera y anoni­
Mujeres independientes. 11111/0, Covarrubias Gonzalez anota: «Los lugares donde ha sido
Al final del siglo xx, la violencia contra las mujeres consti­ posible la violencia estan ubicados en zonas definidas -en ter­
tuia un rasgo distintivo de la sociedad juarense. En aquella III i 110S espaciales- hacia el norte (poniente) de la ciudad y al sur
frontera, el delito de violacion solia centrarse en elias, pero (lruc Bravo), No obstante, los asesinatos han abarcado otras
afectaba tambien a los hombres. ill 11 as geograficas.»
Entre 1996 y 1999, un 20 % de las victimas fueron varo­ E infiere: «la geografia norte-sur es pertenencia de la poli­
nes. La mayor parte de estas victimas de deliros sexuales eran l (a, cl ejerciro 0 los traficantes de droga, sobre todo, cuando
menores de 10 afios, y los victimarios el padre 0 el padrastro, h.tlilarnos de territorios vastos. Cuando hablamos de terrirorios
en familias deshechas, pobres, carentes de educacion basica. til' una extension relativa, la pertenencia es de las bandas, los
Julia Estela Monarrez Fragoso, en su estudio Victimas de u.tlic.mtes de droga al menudeo -el lIamado "trafico horrni­
crimenes sexuales, afirrna que el crimen sexual «puede ser defini­ )',a " , de armas y de autos. En el ultimo aspecro, tendriamos
do y esta presente en los casos en los cuales el 0 los asesinos son q Ill' ponderar la relacion entre lugar, pertenencia y grupos ge­
motivados por impulsos sexuales sadicos, y la victima se con­ ncrnclorcs de violencia»,
vierte en un objeto sexual para los victimarios», En esta rela­ Asimismo, el investigador distingue las percepciones sirn­
cion, el hombre representana el «sujeto, 10 real y 10 esencial», Ill',lic;lS que se tienen del desierto respecto al hallazgo de las ase­

36
,
37
I

,~
: I sinadas: un espacio inhospito, carente de agua, sujeto a tempe­ 'I 'ales inversionistas terminan por ver al «desierto s610 como otra
raturas extrernas, liberrirno y, desde luego, opuesto a la cultura, .ihstraccion de dos signos: el dinero y la basura entrelazados».
los valores civilizados y la identidad urbana. En Ciudad Juarez, el crimen organizado ha llegado a cohabi­
El desierto, arguye Covarrubias Gonzalez, seria un espacio tar con el poder econornico. Los beneficios son mutuos. Uno sirve
apropiable, al menos durante algun tiempo, pOI grupos genera­ .rl otro. Aleernan sus pendencias y sus acuerdos: la politica es una
dores de violencia. A esta perspectiva habria que anteponer una guerra electoral a la que se patrocina mediante uno u otro partido.
circunstancia determinante: el espacio publico en Ciudad J ua­ Pedro Zaragoza Fuentes, duefio de Lomas de Poleo, fue se­
rez tiene propietarios antes que poseedores temporales. Lomas n.ilado por la prensa esradounidense luego de que se «descubriera
de Poleo, pOI ejemplo, uno de los sitios donde han aparecido qLle camiones de su empresa familiar habian sido usados para
muchos cuerpos de mujeres asesinadas, es una de las Colonias «ontrabandear cocaina a Estados Unidos», como consigna An­
que constituyen el area de Anapra. Esta area engloba una su­ dres Oppenheimer en su libro Ojos vendados. El periodista pun­
perficie de cerca de 7.190.000 metros cuadrados. iualiza que Mariano Hemin Salvatti, a cargo del combate a las
Los registros del municipio revelan que este territorio es drogas en Mexico entre 1997 y 2000, le indico que eran inexis­
propiedad de cuatro duefios: Pedro Zaragoza Fuentes, Alfredo t cntes los cargos federales contra Pedro Zaragoza, pero que «ha­
U das, Oscar Cantu y la familia Luge, tal como 10 dio a cono­ hia una investigacion en curso sobre su primo, Miguel Zaragoza».
cer Diario de }udrez el 26 de mayo de 1999. El area resulta es­ El 6 de abril de 2000, en Reftrma, el reportero Abel Barajas
trategica debido a la apertura del Boulevard Fronterizo, una cntrevisto a Pedro Cital, encargado de Planes y Programas Ur­
obra de urbanizacion de cara al siglo )eXI en el cruce internacio­ banos en Ciudad Juarez, que describia c6mo la superficie de
nal de San Ieronimo-Santa Teresa, en la Frontera de Chihuahua
con Nuevo Mexico, al poniente de Ciudad Juarez.

csra localidad crece por encima de su poblaci6n debido a las in­
vusiones de nuevos colones y a la estrategia de los desarrollado­
Esto indica que el uso, manejo y posesion del espacio publi­ res, «que fraccionan e introducen servicios en terrenos alejados
co en cuanto a los homicidios de mujeres en Ciudad Juarez esta de. la zona urbanizada». Aquel funcionario apuntaba: en los
inscrito no solo en el arb it rio de grupos que ejercen la violencia proximos quince afios, Ciudad Juarez crecera hacia el sur y al
ilegal, sino en la estrategia de dominio territorial de esta Frontera. xuroriente. Justo en este rumbo se encuentra el perlmetro mas
En otras palabras, el origen y el crecimiento del capital, el de­ i luportante en cuanto al hallazgo de cuerpos de mujeres asesi­
sarrollo urbano, las empresas constructoras, las especulaciones nadas. Entre otros, incluye sitios como Lote Bravo, Zacate
inmobiliarias y la industria maquiladora. Y las fortunas histori­ Blanco, Granjas Santa Elena.
cas de un pufiado de familias en los grandes negocios de los La sociedad juarense de finales del siglo XX hacia el XXI ha
centros nocturnes, el control de la venta de cerveza, licor y re­ vivido el impacto disolutorio de las instituciones tradicionales
frescos, los servicios de infraestructura basica, como las distri­ corno un estigma que se ahonda mediante la muerte anonima y
buidoras de gas natural. 0 los medios de comunicaci6n. dl' genero en el espacio abierto 0 publico. El enrorno de ruptura
Lo anterior parece asociarse al esquema de urbanismo de Los y d ispersiori tiene su causa, entre otros factores, en el aislarnien­
Angeles, California, que cuestiona Mike Davis en City o/Quartz: I () secular de estos territories, en la lejania del Mexico central,
una suerte de «ecologia del mal» a cargo de inversionistas que des­ ,\()\m' rodo de la capital. Aquella cima de 10 ajeno que desde el
III I pejan, nivelan y pavimentan el terreno, se ocupan apenas del IllllllO de vista de los nortefios merece un nombre ir6nico: se le
I agua, .construyen algunos valladares y conectan el «producto». ll.una «Chilangolopolis». 0 admire un apelativo infamante para
,

38 39
,I mia multinacional, cuya industria maquiladora impone un pa­
xu gmtl': los «chilangos». Un sinonirno de personas tramposas,
ladronus, ahusivas. radigma que penetra y ordena el cuerpo de la sociedad -solo Ia
I,os sfrnbolos se imponen.
recesion mundial de 2001 afectaria en forma grave a la ecorio­
I
mla fromeriza.

II' La nocion de Norte, de pertenencia a una latitud extrema,
I' caxi olvidada por el Centro, y por 10 tanto recia y entera por sf EI Norte, la tierra de las realidades y de los hechizos imagi­
misrna, desdefiosa de una idea de la nacionalidad adscrita por
narios. Juarez, la que se quiere mas nortefia de las ciudades me­
xrcanas.

hegemonfa a los poderes centrales de la Federacion, ocupa un
lugar basico entre los habitantes de Ciudad Juarez. Y en esta Sobre las condiciones econornicas y sociales, el norte de Me­
idcntidad nortefia los males suelen venir de afuera. En especial, xico de fin del siglo XX habria consumado la propuesta de ima­
del Sur. Es decir, de abajo. De 10 bajo. Del Sur del Esrado y del genes y representaciones multiples sobre 10 mexicano de mayor
Sur de la Republica, en particular el crecimiento urbano, in­ poderio desde que la Hamada cultura «chicana» se ditundio en
cquitativo, sub ito y vertiginoso que ha tenido la localidad desde los afios sesenta y setenta. Bajo su mapa dificil, se ha multipli­
I()70 hasta la fecha, debido al flujo migratorio, la poblacion cado la alrernativa de estar en el mundo al estilo del narcocon­
Ilorante provista por el irnan de ser una ciudad que es al mismo trabando, las leyes incumplidas y el ocio nocturno -por cada
ricmpo un enlace: un puente. escuela, hay 5 bares en Ciudad Juarez, aparte de mil «picade­
EI puente como simbolo primario: Paso del Norte, Frontera ros», puntos de vema de drogas duras al menudeo. De nuevo,
COil Esrados Unidos. Punto superior respecto de 10 bajo del res­
se demuestra que la historia es un paisaje complejo que surge
I
lO de la Republica. En tiempos de la econornia global, la rna­
de la geografia y la culrura. Asi como cantan, en un corrido lo­
II
quila seria el segundo sfrnbolo juarense despues del puente. Los
111 igrantes se han asentado en condiciones precarias en las areas

• cal, Los Dinamicos del Norte en «Contrabando de Juarez»:

I! de la Sierra de Juarez, al oeste de la ciudad, des de donde puede Bonito Juarez querido,

conternplarse la promesa del «otro lado»: Estados Unidos. El yo desde aqui te diviso,
.uuornovil serfa, en la urgencia de desplazamiento y anhelos de lastima que aqui en El Paso,
prosperidad, el tercer simbolo juarense. tenga ciertos compromisos.
Francisco Javier Llera Pacheco, acadernico de la Universi­ Son las once de la neche,
dad Autonorna de Ciudad Juarez, afirmaba en 1997 que 10 mas oigo musica en los bares,
imporrante que debia reconocerse era que los problemas de
mi querida alla me espera,
!II aquclla Frontera no venian de procesos locales, «sino de fuerzas en una calle de Juarez.

Illi cxrvruas», que representaban el resultado del fracaso de la esrra­ Giierita de ojos azules,
I
Iq~i:1 nacional de desarrollo en Mexico. Y afiadia que, para re­
no [e puedo dar mi mano,
1III ,\olvl'l' problemas como el exceso de migrantes, la concentracion porque me tiene enjuiciado

pollbion:tl, Ia falta de infraestructura, los asentamientos preca­ el gobierno americano.
I io,~ y (,I (iL-tl'l'ioro ambiental se requerian cambios radicales en

Que bonito es el Rio Bravo,
M(:xim ('II ru.uuo a las politicas nacionales y las regionales. ya nadie podra negarlo,

1:,11 Sflll('sis, {u.irez encarnaria un territorio vehicular e in­ porque el contrabando pesa,
I('ll\() ('II todos los scntidos, un puente, un enclave de la econo­
cuando se pasa nadando.

'I ()
• 41

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful