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FLOREriTIMO AMEGhlhO

Nació en Lujan el 18 de septiembre de 1854. Cursó allí primeras

letras y continuó sus estudios en la Escuela Normal de Preceptores

de Buenos Aires, siendo más tarde ayudante primero, y lue&o direc

tor de la Escuela Elemental de Mercedes. Su afición por las cienciaa naturales se manifestó en edad temprana: sus primeras publicacio-

nes se remontan a 1875, y durante treinta y cinco años

estudió afa-

nosamente la greología, la paleontología y la antropología sudame-

ricanas.

La nómina de sus publicaciones comprende 179 títulos; las más

significativas son las siguientes: "Los mamíferos fósiles de la Amé-

rica Meridional", 1880; "La formación pampeana", 1880; "La anti-

erUedad del hombre

en el Plata", 1880; "Un recuerdo a la memoria

de Darwin", "El transformismo considerado como una ciencia exac-

ta", 1882; "Filogenia", 1884; "Contribución al conocimiento de los

nxamíferos fósiles de Ja República Argentina", 1889; "Recherches ao

Morphologie p&ilogénétique sur les nsolaires supérieures des Úngu-

las", 1904; "Paleontología Argentina'*, 1904; "Les formations sédi- mentaires du crétacé supérieur et du tertiaire de Patagonie", 1906;

"Notas preliminares sobre el Tetraprothomo argentinus", 1907; 'Xo

Diprothomo Platensis, un precurseur de Thommo du pliocéne infe-

rieur de B. Aires", 1909; "Geología, paleogeografía, paleontología y

antropología de la República Argentina", 1910; "Origen poligénico del lenguaje" (postuma), etc.

Su único título oficialmente adquirido fué el de maestro ae es-

cuela; en las ciencias naturales fué un autodidacta, encauzándose en

la orientación evolucionista de Lyell y Darwin. Fué profesor en las universidades de Córdoba, Buenos Aires y

La Plata, miembro de numerosas Academias y Sociedades Científicas,

y en 1902 fué nombrado director del Museo de Historia Natural (l«

Buenos Aires.

Falleció en la ciudad de La Plata el 6 de agosto de 1911; el se-

pelio de sus restos y el funeral civil celebrado en el Teatro Argon-

tino fueron dos grandes homenajes tributados por nuestro mundo in-

telectual al sabio naturalista, cuyas virtudes morales fueron tan

eximias como su genialidad científica.

FLORENTINO AMEGHINO

La antigüedad del Hombre

en el Plata

PARTE PRIMERA

Texto de la edición oficial, dirigida por A. J. Torceili

bajo la dirección de

CA R Los AM EQH I NO

BUENOS AIRES

«I/a Cultura Argentina» - Avenida de Mayo 646

1918

PRÓLOGO

Toutes les fois

q'un

fait nouveau et sai-

síssant se produit au jour dans la science, les genb disent d'abord: ce n'est pas vrai; ensuite:

c'est contraire á

la religión; et á la fin: il y a

longtemps que tout le monde le savait.- AOASSiz.

Al emprender la publicación del presente trabajo descontamos de antemano en nuestro favor la indulgencia del público en general. Hállanse en él reunidas un gran número de observaciones que nos

son propias sobre la grandísima antigüedad del hombre en las pampas

argentinas.

Los estudios prehistóricos han sido tan descuidados hasta ahora

en la América del Sur qne puede decirse que aun están por empezar.

Felizmente, nuestro ,país constituye una excepción. Durante la última década se ha formadlo en él una falange de jóvenes naturalistas que

han abordado la ardua tarea del pronto conocimiento del país y de

todos los inmensos recursos de

que la naturaleza lo ha dotado.

Los estudios prehistóricos están en esa falange dignamente repre- sentados. Don Francisco P. Moreno ha recorrido la República Argen-

tina, desde las frías mesetas de la Patagonia austral hasta los cálidos

valles del norte de Salta, coleccionando los materiales necesarios para el estudio de las razas primitivas de nuestro suelo. El doctor Estanislao

S. Zeballos ha hecho colecciones valiosas, alentando este movimiento

con su pluma y con su ejemplo. Los señores Lista, Leguizamón, Libe-

rani, Hernández y otros, han reunido igualmente interesantes colecciones

de objetos.

-

.,

'

'

Y, por fin,^ la creación del Museo Antropológico y Arqueológico

de Buenos Aires, ñmdado por el Gobierno provincial con las coleccio-

nes doiiadas con tal objeto al Estado por el señor Moreno

y

por este

distinguido naturalista argentino dirigido, propagará aún más los co-

a

nocimientos prehistóricos y aumentará el número de los adeptos

su estudio.

Es de desear que este movimáento se comunique también a las

naciones hermanas limítrofes. La antigüedad del género humano sobre

la tierra esta gran cuestión que desde hace algimos años tanto

está dando que hablar a los sabios de las naciones más civilizadas

del

la

antiguo continente

tiempo es

ya

que ocupe seriamente

atención de los investigadores sudamericanos, para que, despertando

de su letargo, legiones de obreros remuevan los terrenos de las inmen-

sas praderas de estos países para poder presentar así

día

del

materiales que han de contribuir de un modo poderoso a la com-

a la luz

.

.

pleta solución de esa cuestión,

qne le son conexos.

y de un gran número de problemas

Por

nuestra parte, no

vamos

a hacer

má5

que descorrer una

punta del tupido velo

que encubre la pasada existencia del hombre

americano.

Descorrerlo por completo, le está reservado

fuerzos de muchos.

a Jos

es'-

El

cuadro siguiente dará una idea de la obra

que presentajnos

y de la clasificación que hemos adoptado:

CLASIFICACIÓN DE LOS TIEMPOS PREHISTÓRICOS EN EL PLATA

ÉPOCAS

GEOliÓGICAS

PERIODOS

GEOLÓGICOS

ÉPOCAS

ARQrEOLÓ-

GICAS

8UBPERIODOS

UAMIFEROS

CABACTKRÍ8TIC08

( Aluviones

I contempo-

Reciente '

'^^«^

{ Histórica

V

Aluviones | Neolítica

modernos I

( (Animales domésticos y

< Tiempos históricos. <

 

fauna actual indígena

I

\

del Plata.

I

 

I

{Tiempos neolíticos. /Fauna actual indígena del

I Plata.

Cuater-

naria

SuT>er¡or /Mesolltica

/Tiempos mesollticos;

Inferior

Paleolítica |Tiempos paleolíti eos

I

/Tiempos de los gran-

des lagos o plioceno

superior.

Tiempos pampeanos

' modernos o plioce-

no medio.

Palaeolama mesolUica, La-

gostom US diluvianus.

Auchenia diluviana,

ru8 diluvianus.

Cer-

llMgoslomtíS fossüis, Canis

C. cnUri~

1 Azarae fossilis,

j dens,

Cervas pampaeiw,

\

Toxodon plat., .Maslodon

I

iSmüodon, Arctolherium, La-

\ gostomiis angustidens, Ca-

\ nis vulpinus, Doedicurus,

I Macrauchenia

Tiempos pampeanos

antiguos o plioceno

inferior.

iTvpotherium cr is ta lum, I Hoplophorus orncUus, Pro-

( topUheeus Bonariensis, Cte-

[ nomys lalidens.

Patagónico

o mioceno

¡Megamys, Toxodon platen- sis, Nesodon, Homalodon-

toíhcrium,

Anoplotherium,

Palaeotherium, Snurocetes.

Empezaremos nuestro trabajo por la época neolítica, describien- do los principales objetos de piedra y las alfarerías que de ella hemos

encontrado, y los paraderos que hemos explorado; seguiremos con

el estudio de la época mesolítica: armas, instrumentos, alfarerías, (isa-

mentas y modo de yacimiento

de

todos esos objetos.

Entraremos en

el

estudio de las épocas geológicas pasaxlas, tratando de aclarar en

PRÓLOGO

9

cuanto nos sea posible los fenómenos cuateniarios que han dado por

de las pampas,

haciendo conocer también la fauna qne presenció tales fenómenos;

resultado la formación de los terrenos de transporte

y entonces,

lanzaremos

fuertes en lo que nos haya enseñado la experiencia,

nos

a encontrar los rastros

de

la existencia del

hombre en

plena época pampeana, en medio de los restos óseos de innumerables

generaciones que ya no existen, esforzándonos para demostrar del modo

más ev-idente y comprensible que nos sea posible su contemporaneidad

con esos antiguos colosos.

Nuestro principal propósito consiste en probar que durante la

argentinas esos gigantes de la

creación que han sido denominados Megatéridos, Gravígrados o Tar- dígrados: el Toxodonte, que participaba a la vez de la conformación

se

época en

cpie vivían en las pampas

liel elefente, el rinoceronte,

distinguía de todos ellos por caracteres que no tienen analogía, con los

(le ningún otro mamífero; la Macrauquenia, que reunía los caracte-

res

el hipopótamo y los roedores,

y qiae

de

los

solípedos,

los camélidos, los tapires

y los nuniantes;

el

Tipoterio, que no entra en ningimo de los órdenes de mamíferos co-

nocidos; y los extraordinarios animales llamados Gliptodontes, que

estaban cubiertos por corazas óseas

que alcanzaban a tener hasta

que durante la época en que las pampas

dos pulgadas de espesor;

argentinas eran habitadas por terribles camice>ros que tenían colmillos

de más de diez pulgadas de lai'^o, corvos como una hoz, afilados como

puñales y dentellados como una sierra, cual si hubiesen estado des-

tinados

cubiertas una gran

coetáneas,

por elefantes de formas macizas, pro\-istos de defensas

a hendir, rajar

y

y aserrar

las corazas

óseas de

que estaban

fueron

parte de las esjjecies animales

que les

de más de dos metros de largo; que durante la época en que pros-

}>eraba esa fauna singular, únicamente propia de las pampas argentinas,

el hombre también poblaba estas comarcas,

contempló y admiró las macizas formas de los extraordinarios seres

que lo rodeaban por todas partes.

Sabemos perfectamente que nos exponemos a que alguien nos pregunte quiénes somos y con q\ié derecho nos atrevemos a sondear

y más de una vez vio,

ima cuestión de tanta importancia.

Altos

han hecho,

Ni nos extrañará

la

ciencia en

el

tal

pregunta.

ya nos

la

y egoístas representantes de

Plata

y con armas nada nobles han combatido los resultados

de nuestro trabajo.

Se

nos

ha tratado

de

explotadores, de ignorantes y de otras

lindezas por el estilo, por haber cometido el inmenso delito de afirmar

(Tue el hombre habitó las pampas en plena época cualei'naria.

De

modo, pues,

que debemos una contestación

anticipada

a

quienes tal pregunta pudieran hacemos.

Hace diez años que venimos ocupándonos del estudio de la geo-

logía,

la paleontología y la arqueología de la pampa argentina.

Kemos empleado la mitad de nuestra existencia en este género

lie investigaciones.

Los

años de nuestra juventud,

los

de la

buena fe y las agra-

dables ilusiones, los hemos pasado recorriendo tliariamente leguas

enteras a lo largo de las riberas de nuestros ríos, usando como único medio de locomoción nuestras propias piernas y teniendo por únicos

compañeros una pala y un cuchillo.

Tanto durante los fríos del invierno como durante los abrasantes

soles del verano, hemos vivido días enteros removiendo solos o sirvién-

donos de trabajadores constantemente vigilados por nosotros, ios te-

rrenos de

las orillas

de

las lagunas,

los

ríos

y los axi-oyos

de la

provincia de Buenos Aires en busca de los restos de los seres que

10

PRÓLOGO

on

cfíoca antiquísima

durante

la

cual

fué

bien disLinla

de

la

presente la configuración del continente americano poblaban el

suelo argentino.

En el transcurso de esos diez años de continuo trabajo,

hemos

terrenos de trans-

porte de la cuenca del Plata; hemos formado interesantísimas colecciones

de fósiles, aumentando con im gran número de especies desconocidas

el número de animales cuaternarios de

Buenos Aires; y hemos explorado metódicamente varias estaciones o paraderos indios prehistóricos, de los cuales hemos recogido millares de objetos de diferentes clases.

Y en el transcurso de ese mismo espacio de tiempo hemos aco-

piado los materiales

antes de nuestros trabajos,

estudiado

hasta en

sus más mínimos detalles los

que

nos

han traído el convencimiento de

la

gran anti^edad del hombre en las pampas.

ÍEste convencimiento no ha sido,

pues, la obra de

un

día,

de

algunas semanas o de algunos mes«es, sino el resultado de diez años

de trabajo,

empleados en

recorrer los

ríos

y los

arroyos

de

las

pampas unas veces; en hacer remoVer o remover por nosotros mismos

y con nuestras propias manos sus depósitos fosilíferos,

siempre en la observación, clasiñcación y estudio de las j)iezas que

en esas continuas excursiones y excavaciones conseguíamos.

Ni nos hemos atenido tampoco exclusivamente a nuestro juicio:

hemos sometido nuestros trabajos al examen de las personas más

competentes de Buenos Aires,

encontraran concordes con las nuestras.

Y ni aun con esto conformes, quisimos considtar a los sabios de

apreciaciones no se

y

otras;

por más que sus

allende el

Océano y completar el

estudio de nuestras colecciones,

comparándolas con las que so han hecho en el otro continente; y

con tal fin nos trasladamos a Europa y j)us¡mos en exhibición nuestros

gbjetos en la reciente Exposición

UiHvers.Tj de París,

cujo Jurado

especial encargado de examinarlos, nos acordó un premio, lo mismo

que

ya lo había hecho la

Sociedad

Científica

Argentina.

Nuestra colección de objetos del hombre fósil

de Pampa, ñi<-

examinada allá por De Quatrefages, De Mortillet, Gervais, Cope, Car-

tailhac, Vilanova. Capellina, Valdemar, Schmidt. Hamy, Ribeiro, Tu-

bino y otros sabios especialistas de Europa, quienes, sin excepción,

aprol)aron la mayor parte de imcstras demostraciones acerca de la

antigüedad

del hombre en el

Plata.

Y sólo recién después ,de haber \isitado las grandes colecciones prehistóricas de Europa, los yacimjentos de Francia, Inglaterra, Bél- gica, etc., y de haber reunido una numerosa colección de objetos prehistóricos europeos, de haL>er presentado nuestros trabajos en Con-

gresos internacionales de sabios, donde fueron recibidos con muestra?;

de aprobación, y se ocuparon

favorablemente de ellos las rexTstas

científicas de Europa, iios

ensayo.

Creemos, pues, .que con tales antecedentes tenemos derecho para ocuparnos de esta cuestión y razones para §er escuchados.

hemos

resuelto

a dar

a luz

el presente

Aún debemos hacer una advertencia que, por cierto,

no le

in-

teresa directamente al púl>lico, ]>ero cuya ignorancia podría inducir

a algimos a juzgarnos desfavorablemente. En presencia de nuestras colecciones, se creyó generalmente en

formado bajo los auspicios del gobierno

argentino; y como tal error jwdría resiütarnos perjudicial, debemos

declarar que tcKÍas las exciu-sioues y excavaciones que hemos practi- cado durante diez años, fueron llevadas a calx) exclusivamente a costa

Europa que las habíamos

de nuestros modestos reciu^os particidares.

PRÓLOGO

11

En Buenos Aires mismo^,

donde todo el mundo sabe que no te-

liemos recibido de las autoridades ningún sulísidio, nuestros desvelos

son apreciados de diferentes modos,

perjudiciales.

que, en algunos casos, nos son

Así,

por ejemplo, cierto número

de personas

han pretendido

ciue nuestros descubrimientos no eran más que el resultado de miras

especulativas inspiradas en el alto precio que dicen tienen los objetos

pertenecientes al hombre fósil.

'

Para des\'ii"tuar tal especie

y confundir

a quienes

la han

pro-

palado, es menester, pues,

ni

que declaremos

que

no

una sola pieza de nuestro museo prehistórico,

hemos vendido

a pesar

de

ha-

bérsenos hecho proposiciones ventajosas para que lo enajenásemos.

Si nos hemos desprendido

de

luia

parte de

miestra colección de

fósiles, ello fué para sufragar los gastos que recpiiere la publicación

Aun asimismio, la colección de fósiles de la Parapa, de

de esta obra.

nuestra propiedad, es la más rica en especies qixe la que, de la misma

todos

comarca,

los tipos conocidos. Y hay más aún: no sólo nos hemos rehusado a

enajenar los citados objetos, sino que, con nuestras economías, hemos

posee cualquier Miiseo del mundo,

y contiene casi

hecho la adquisición de

una colección de objetos prehistóricos de

Europa, correspondientes a todas las épocas, que comprende más de

cuatro mil ejemplares.

Por esta breve digresión,

a la

cual

nos han

inducido

'

,

circuns-

tancias especiales, pedimos disculpa a nuestros lectores ; y a los

que

nos

han condenado sin oímos

y nos

han tratado

de explotadores,

ignorantes, etc., les recordamos las palabras del célebre Agassiz que nos sirven de epígrafe.

argentino, como

El

problema de la

existencia del hombre fósil

un hecho de gran interés científico, tiene necesariamente que pasar

por

gran

los

tres

períodos

con lanta

exactitud definidos por el

naürralista.

Por más .que abrigamos la convicción íntima y profunda de que

no

hemos

de

probar de

un modo tan evidente

nuestra tesis,

que

podrá ser puesta en duda, no por eso tenemos la pretensión de creer

que nuestro trabajo está exento de errores.

'En

el

curso de nuestra obra tocaremos cuestiones muy dife-

rentes, relacionadas con div^ersas ciencias y de una manera especial

con la antropología, la geología y la paleontología.

Más de una vez

tendremos el atre\imiento de enunciar nuestra opinión con respecto

a

ciertos problemas que aun no han recibido ima solución definitiva

y

estamos muy lejos íle creer que todas nuestras deducciones puedan

estar al abrigo de toda crífica. No tenemos la menor duda de que futuras observaciones, nuevos

descubrimientos y hechos hasta ahora desconocidos, han de echar más

tarde por tierra una buena parte de nuestro trabajo, especialmentei

en

lo

qne

se refiere

a la etnografía comparada, a la clasificación

de los tiempos prehistóricos argentinos y a la geología de los terrenos cuartenarios de la Pampa.

Esperamos esos nuevos materiales y nos prometemos tomar una

participación activa en su recolección, perfectamente dispuestos a ren-

dimos ante las conclusiones

Carlos

a que su estudio nos conduzca.

Lyell,

dice que

El célebre geólogo inglés

sólo ]K)demos

llegar

tiuranto los tiempos cuaternarios,

a conocer

la

larga

serie de evoluciones

por

que se veriucaron

espe-

el esfuerzo repetido de

cialistas preparados al fracaso parcial de sus primeras tentativas.

Persuadidos

de la verdad que

encierran las

palabras

del sabio

geólogo, nos hemos

atre\'ido

a tocar ciertas

cuestiones preparados

12

PRÓLOGO

aJ fracaso parcial de nuestro trabajo, dispuestos a sacrificarlo en aras

de la verdad que nos llegue a demostrar los hechos y descubrimientos

que sobrevengan.

comienzo

(Guiados por tales principios

y por

ser esta

obra

el

de im estudio que nos proponemos hacer extensivo a todas las co-

marcas del Plata, declaramos que nos harán im señalado favor todas a([u ellas personas que se sirvan comunicamos pública o privadamente

sus observaciones con respecto

a este humilde ensayo, para que así

nos sea posible enmendarlo y mejorarlo,

de la discusión más fácilmente al conocimiento de la verdad, de tan

difícil hallazgo en medio de restos tan incompletos como los que por

todas partes pone a riiliestra disposición el inmenso archivo geológico

a fin de

llegar

por medio

cuaternario de la superficie del

globo.

Ahora, sólo nos resta dirigir cuatro palabras a los que, aferrados

a

creencias de otros

tiempos

y ligados por artículos

de

fe,

comba-

ten toda innovación, condenan

sin

juzgar y niegan que

el

hombre

tenga derecho a indagar lo que ha sido s\i pasado y cuál pueíle haber

sido su origen. Que éstos son los que han hecho una oposición formi-

dable

a la existencia del

hombre cuaternario europeo y han de ser

los que combaüráii también la posibilidad de la existencia del hom-

bre fósil sudamericano.

«Nada más frecuente

dice el

doctor Pa^e

que las acusa-

ciones lanzadas contra las tendencias de la ciencia moderna desde

lo

l>or

alto de las cátedras

personas

que,

no

de los predicadores o profesores de retórica,

feólo

ignoran los elemejitos

de

la

ciencia,

sino que también se han ligado por fórmvdas y artículos de fe, desde

íuiles que su inteligencia estunese completamente desanollada y su

saber fuese lo bastante

gran-le para que les fnera dado entresacar,

de en medio de esas

trabas,

lo que es esencial de lo que no lo es.

«Aqiü recordamos, una vez por todas, que cualquiera que admita fórmulas o artículos de fe, sea en filosofía, sea en teología, no puede

ser ni un amante de la verdad, ni un juez iiuparciaJ de las opiniones

ajenas, porque sus ideas preconcebidas le hacen intolorante hasta para

las convicciones más honorables».

A esos enemigos de toda innovación y de toda investigación, de

quienes habla el doctor Page y a quienes de algún modo les podamos

demostrar

advertimos desde luego que sus diatribas no aminorarán el mérito

f[ue ante las personas desprovistas de ideas preconcebidas pueda tener

nuestro trabajo, con cuya convicción no nos abstendremos jamás de

exponer nuestras opiniones con entera franqueza por temor a lum

crítica sistemática.

que sus

artículos de

fe carecen

de

base científica, les

Y a los

que llegan hasta negar el dei"echo

que tiene el hombre

de

creemos tener la obligación de tomar parte en los debates que se

suscitan con respecto a la antigüedad del hombre sobre nuestro pla-

neta, porque ya es hora de dar en tierra con las antiguas y agonizantes

creencias, ideas y preocupaciones sustentadas por el despotismo teo-

cráüco que encadena el pensamiento, apaga la inteligencia, embrutece

el entendimiento y priva al hombre de su libre albe<lrío; y porque también creemos que es un deber sagrado de todo hombre libre y amante del

progreso,

indagar su pasado,

les observaremos que más

que

el

derecho

contribuir con

todos los medios

que estén

a su

alcance,

a que esa transformación se roalii-e lo inás pronto posible. Si afortimadamente no lo hubiesen comprendido así un gran

número de personas ilustres del

hecho los grandes descubrimientos y adelantos cpie en este ramo del saber hiunano se han efectuado en estos últimos reñite años a des-

antiguo continente, no se habrían

PRÓLOGO

13

pecho de todos los

tebidas,

de todos

que no quieren ab:uidonar sus creencias precon-

que están ligados por fórmulas y artículos

los

de fe y de todos los que son enemigos

declarados de

todo lo

que

significa progreso,

y han

puesto

en

juego un sin

fin de mentiras,

maldades e intrigas con la intención de reducir a la nada el

resul-

tado de centenares de observaciones practicadas en diversos piuitos

de Europa por notabilidades científicas.

¡ Hombres vanos ! ¡ Perseguidores de la verdad ! ¡R.émoras eternas del progreso ! ¡ Ya conocemos vuestro objeto, vuestro fin y vuestros

dilemas;

poderosos argiunentos con que intentáis detener todos los actuales

progresos de la humanidad; esa es la gran máquina con cuyo poder

¡Imposible! ¡Imposible! \Locura\ \Locura\

Esos son los

intentáis detener el

crisálidas

Idesarrollo de su perfeccionamiento mioral e intelectual.

esfuerzo

cuales

aún

que hace el

tiene que

hombre

para romper las

completar el

por

las

pasar para

¿Negar

que la Tierra da

vuelta alrededor del

Sol porque dicen

¿Afirmar la existencia de

que Josué dijo: Párate, sol y se paró?

\m Diluxio universal contra todos los principios de la ciencia moderna,

porque así nos lo han contado?

mos de estudiar qué es lo que hay de cierto

porque de chiquitines nos

¿Negarnos el derecho que tene-

en el transformismo,

dijeron

que el

hombre

fué formado con

barro?

¿Negar rotundamente la gran antigüedad del género humano,

porque la tradición hebraica

nos dice

¡Mil veces

Vuestras palabras son inútiles, vuestros trabajos estériles, vues-

y tan sólo la hebraica

¡No! ¡No!

que sólo tiene seis mil años de existencia?

no 1

tros, dilemas vanos y vuestros esfuerzos imjx)tentes

;

tos

La humanidad ha marchado siempre a pasos más

hacia el progreso,

pero

se prepara a segiur

o menos len-

esa marcha en el

porvenir a verdaderos pasos de gigante; y todas las trabas reunidas que los oscurantistas quieran oponerle a su paso, no producirán más

efecto que el que causaría un dimjiniUto grano de arena puesto sobro

detener la marcha

los

rieles de

ima

vía férrea,

con el

objeto de

de una locomotora lanzada a todo vapor.

El hombre tiene una antigüedad muchísimo mayor que la que

le supone la tradición hebraica.

probar lo contrario.

Ya es en

vano que se pretenda

Falconer y

hachas de pedernal

En

1859, Lyell,

faz

del

Flower, Prestwich,

Evans, declararon

encontradas por Boucher des Perthes en las cercanías de Abbevilli',

pertenecen a la época cuarl;enaria. Pocos años después, Bourgeois,

Desnoyers, C.

sos rayados y los instrumentos de piedra encontrados en los depósi-

Vogt, Ramorino y De Mortillet, examinando los hue-

a la

mundo que las