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Poesía y actividad cerebral La poesía ayuda a entrenar el cerebro

Un estudio del BCBL demuestra el poder de las figuras retóricas para estimular la actividad cerebral

La poesía no solo proporciona placer sensorial y estético al lector con sensibilidad. Es, además, una potente arma, capaz de aumentar la actividad cerebral de quienes disfrutan de ella.

Porque no hay mayor poder que el de las palabras hábilmente combinadas:

pensemos en un discurso político bien tejido o en una campaña publicitaria impactante. El Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) ha ido más allá y ha logrado medir empíricamente la capacidad de las figuras retóricas para generar actividad cerebral. Una constatación que abre la puerta a aplicaciones terapéuticas para pacientes con algún tipo de deficiencia intelectual.

Al frente de este estudio está Nicola Molinaro, un 'staff scientist' del centro donostiarra a quien la bombilla se le encendió tras leer un artículo sobre la capacidad de los monos de distinguir no solo palabras con una relación concreta con objetos que están viendo, sino también las características que éstos poseen. "Podían distinguir entre plátano un pequeño y otro grande", apunta Molinaro. Entonces, ¿dónde está la peculiaridad del lenguaje humano?

La diferencia radica en la capacidad de comunicar cosas que no existen y conceptos abstractos. Por ejemplo, a través de las figuras retóricas, que "tienen un poder comunicativo terrible. Eso es algo muy humano". Para la investigación, se centraron en el oxímoron, "una construcción básica de dos palabras de significado opuesto que originan un nuevo sentido. Por su brevedad, resulta más fácil medir con precisión la actividad cerebral que generan". Oxímorones son, por ejemplo, construcciones como 'clamoroso silencio' y 'selección completa'.

Aplicaciones terapéuticas

Molinaro, en colaboración con su compañero del BCBL Jon Andoni Duabeitia y el director del centro, Manuel Carreiras, contó con la participación voluntaria de estudiantes de la UPV de entre 18 y 25. Ideó varias listas de frases incorrectas, neutras, oxímorones y pleonasmos, empleando el mismo sustantivo como sujeto. Por ejemplo: 'monstruo geográfico', como expresión incorrecta; 'monstruo solitario', como neutra; 'monstruo hermoso', como oxímoron, y 'monstruo horrible', como pleonasmo. "A los participantes se les enseñaban las listas mientras se medía su actividad cerebral con un electroencefalograma para extraer información sobre el procesamiento de las figuras", explica Molinaro.

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Observó que el oxímoron genera una intensa actividad cerebral en el área frontal izquierda del cerebro 500 milisegundos después de percibir la expresión, algo que no se produce con una expresión neutra o un pleonasmo, que requieren de un menor esfuerzo. En cuanto a la incorrecta, el cerebro tarda 400 milisegundos en detectar que hay un error. "Cuanto menos natural es la expresión, más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda, un área relacionada con la actividad intelectual, muy desarrollada en los humanos", anuncia el investigador del BCBL.

Molinaro cree que, en un futuro, esta investigación puede llegar a tener aplicaciones terapéuticas. "Por ejemplo, en el caso de los dementes fronto- temporales, una discapacidad que impide acceder a los sentidos. Son personas que ven una puerta y no saben qué deben hacer". El investigador ve factible un 'entrenamiento' con figuras retóricas para aumentar el trabajo cerebral y así tratar estos problemas. "Se dice que leer es bueno, ahora sabemos por qué. Leer poesía y perder el tiempo en saber qué estaba pasando por la cabeza del poeta puede tener una repercusión muy buena y positiva en capacidades como la creatividad". De momento, el científico ha comenzado a repetir este experimento con resonancias magnéticas para estudiar las conexiones entre el área frontal izquierda y el hipocampo, dos partes muy implicadas en el proceso del significado.

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Amor condusse noi ad una morte

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Amar es una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda; es un querer saber todo lo tuyo

y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras,

y pretender seguir tu pensamiento

cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta, una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho sueñas entre mis brazos que te ciñen,

y odiar el sueño en que, bajo tu frente, acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho, hasta colmar la oreja codiciosa, el rumor de tu sangre y la marea de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia

y juntar nuestras bocas en un cauce

hasta que de la brisa de tu aliento se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda, una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante en que tu piel busca mi piel despierta; saciar a un tiempo la avidez nocturna

y morir otra vez la misma muerte

provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga

que arde sin consumirse ni cerrarse,

y el hambre de una boca atormentada que pide más y más y no se sacia.

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Amar es una insólita lujuria y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos, dejar que el sueño invada nuestro cuerpo como un río de olvido y de tinieblas, y navegar sin rumbo, a la deriva:

porque amar es, al fin, una indolencia.

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Amor condusse noi ad una morte

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Amar es una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda; es un querer saber todo lo tuyo

y a la vez un temor de al fin saberlo.

Amar es reconstruir, cuando te alejas, tus pasos, tus silencios, tus palabras,

y pretender seguir tu pensamiento

cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta, una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho sueñas entre mis brazos que te ciñen,

y odiar el sueño en que, bajo tu frente, acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho, hasta colmar la oreja codiciosa, el rumor de tu sangre y la marea de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia

y juntar nuestras bocas en un cauce

hasta que de la brisa de tu aliento se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda, una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante en que tu piel busca mi piel despierta; saciar a un tiempo la avidez nocturna

y morir otra vez la misma muerte

provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga

que arde sin consumirse ni cerrarse,

y el hambre de una boca atormentada que pide más y más y no se sacia.

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Amar es una insólita lujuria y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos, dejar que el sueño invada nuestro cuerpo como un río de olvido y de tinieblas, y navegar sin rumbo, a la deriva:

porque amar es, al fin, una indolencia.

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Nocturno

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Todo lo que la noche dibuja con su mano de sombra:

el placer que revela,

el vicio que desnuda.

Todo lo que la sombra hace oír con el duro golpe de su silencio:

las voces imprevistas

que a intervalos enciende,

el grito de la sangre,

el rumor de unos pasos

perdidos.

Todo lo que el silencio hace huir de las cosas:

el

vaho del deseo,

el

sudor de la tierra,

la

fragancia sin nombre

de la piel.

Todo lo que el deseo unta en mis labios:

la dulzura soñada

de un contacto,

el sabido sabor

de la saliva.

Y todo lo que el sueño

hace palpable:

la boca de una herida,

la

forma de una entraña,

la

fiebre de una mano

que se atreve.

¡Todo! circula en cada rama del árbol de mis venas, acaricia mis muslos, inunda mis oídos,

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vive en mis ojos muertos, muere en mis labios duros.

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Nocturno a la alcoba

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

La muerte toma siempre la forma de la alcoba que nos contiene.

Es cóncava y oscura y tibia y silenciosa, se pliega en las cortinas en que anida la sombra, es dura en el espejo y tensa y congelada, profunda en las almohadas y, en las sábanas, blanca.

Los dos sabemos que la muerte toma

la forma de la alcoba, y que en la alcoba

es el espacio frío que levanta entre los dos en muro, un cristal, un silencio.

Entonces sólo yo sé que la muerte es el hueco que dejas en el lecho cuando de pronto y sin razón alguna te incorporas o te pones de pie.

Y es el ruido de hojas calcinadas

que hacen tus pies desnudos al hundirse en la alfombra.

Y es el sudor que moja nuestros muslos

que se abrazan y luchan y que, luego, se rinden.

Y

es la frase que dejas caer, interrumpida.

Y

la pregunta mía que no oyes,

que no comprendes o que no respondes.

Y el silencio que cae y te sepulta

cuando velo tu sueño y lo interrogo.

Y solo, sólo, yo sé que la muerte

es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos y tus involuntarios movimientos oscuros cuando en el sueño luchas con el ángel del sueño.

La muerte es todo esto y más que nos circunda,

y nos une y separa alternativamente,

que nos deja confusos, atónitos, suspensos, con una herida que no mana sangre.

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Entonces, sólo entonces, los dos solos, sabemos que no el amor sino la oscura muerte nos precipita a vernos cara a los ojos, y a unirnos y a estrecharnos, más que solos y náufragos, todavía más, y cada vez más, todavía.

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Nocturno amor

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

El que nada se oye en esta alberca de sombra no sé cómo mis brazos no se hieren

en tu respiración sigo la angustia del crimen

y caes en la red que tiende el sueño.

Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos pero encuentro tus párpados más duros que el silencio

y antes que compartirlo matarías el goce

de entregarte en el sueño con los ojos cerrados

sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca el cuerpo que te vence más que el sueño

y comparo la fiebre de tus manos

con mis manos de hielo

y

el temblor de tus sienes con mi pulso perdido

y

el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos

que la sombra corroe con su lepra incurable. Ya sé cuál es el sexo de tu boca

y lo que guarda la avaricia de tu axila

y maldigo el rumor que inunda el laberinto de tu oreja sobre la almohada de espuma sobre la dura página de nieve

No la sangre que huyó de mí como del arco huye la flecha sino la cólera circula por mis arterias amarilla de incendio en mitad de la noche

y

todas las palabras en la prisión de la boca

y

una sed que en el agua del espejo

sacia su sed con una sed idéntica De qué noche despierto a esta desnuda noche larga y cruel noche que ya no es noche junto a tu cuerpo más muerto que muerto que no es tu cuerpo ya sino su hueco

porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte

y es tan grande mi frío que con un calor nuevo

abre mis ojos donde la sombra es más dura

y

más clara y más luz que la luz misma

y

resucita en mí lo que no ha sido

y

es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego

no ser sino la estatua que despierta en la alcoba de un mundo en el que todo ha muerto.

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Nocturno en que nada se oye

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes

al tiempo que huyeron los ángulos

en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre

para salir en un momento tan lento en un interminable descenso

sin brazos que tender sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible sin más que una mirada y una voz que no recuerdan haber salido de ojos y labios ¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?

Y mi voz ya no es mía

dentro del agua que no moja dentro del aire de vidrio

dentro del fuego lívido que corta como el grito

Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro

cae mi voz

y

mi voz que madura

y

mi voz quemadura

y

mi bosque madura

y

mi voz quema dura

como el hielo de vidrio

como el grito de hielo aquí en el caracol de la oreja

el latido de un mar en el que no sé nada

en el que no se nada porque he dejado pies y brazos en la orilla siento caer fuera de mí la red de mis nervios mas huye todo como el pez que se da cuenta hasta ciento en el pulso de mis sienes muda telegrafía a la que nadie responde porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

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Nocturno eterno

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Cuando los hombres alzan los hombros y pasan

o cuando dejan caer sus nombres

hasta que la sombra se asombra

cuando un polvo más fino aún que el humo se adhiere a los cristales de la voz

y a la piel de los rostros y las cosas

cuando los ojos cierran sus ventanas al rayo del sol pródigo y prefieren la ceguera al perdón y el silencio al sollozo

cuando la vida o lo que así llamamos inútilmente

y que no llega sino con un nombre innombrable

se desnuda para saltar al lecho

y ahogarse en el alcohol o quemarse en la nieve

cuando la vi cuando la vid cuando la vida quiere entregarse cobardemente y a oscuras sin decirnos siquiera el precio de su nombre

cuando en la soledad de un cielo muerto brillan unas estrellas olvidadas

y es tan grande el silencio del silencio que de pronto quisiéramos que hablara

o cuando de una boca que no existe

sale un grito inaudito que nos echa a la cara su luz viva

y

se apaga y nos deja una ciega sordera

o

cuando todo ha muerto

tan dura y lentamente que da miedo alzar la voz y preguntar "quién vive"

dudo si responder

a la muda pregunta con un grito

por temor de saber que ya no existo

porque acaso la voz tampoco vive sino como un recuerdo en la garganta

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y no es la noche sino la ceguera

lo que llena de sombra nuestros ojos

y porque acaso el grito es la presencia de una palabra antigua opaca y muda que de pronto grita

porque vida silencio piel y boca

y soledad recuerdo cielo y humo

nada son sino sombras de palabras que nos salen al paso de la noche

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Nocturno mar

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Ni tu silencio, duro cristal de roca, ni el frío de la mano queme tiendes, ni tus palabras secas, sin tiempo ni color, ni mi nombre, ni siquiera mi nombre que dictas como cifra desnuda de sentido;

ni la herida profunda, ni la sangre que mana de sus labios, palpitante, ni la distancia cada vez más fría sábana nieve de hospital invierno tendida entre los dos como la duda;

nada, nada podrá ser más amargo que el mar que llevo dentro, solo y ciego, el mar antiguo Edipo que me recorre a tientas desde todos los siglos, cuando mi sangre aún no era mi sangre, cuando mi piel crecía en la piel de otro cuerpo, cuando alguien respiraba por mí que aún no nacía.

El mar que sube mudo hasta mis labios, el mar que me satura con el mortal veneno que no mata pues prolonga la vida y duele más que el dolor. El mar que hace un trabajo lento y lento forjando en la caverna de mi pecho el puño airado de mi corazón.

Mar sin viento ni cielo, sin olas, desorientado, nocturno mar sin espuma en los labios, nocturno mar sin cólera, conforme con lamer las paredes que lo mantienen preso

y

esclavo que no rompe sus riberas

y

ciego que no busca la luz que le robaron

y

amante que no quiere sino su desamor.

Mar que arrastra despojos silenciosos, olvidos olvidados y deseos, sílabas de recuerdos y rencores, ahogados sueños de recién nacidos,

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perfiles y perfumes mutilados, fibras de luz y náufragos cabellos.

Nocturno mar amargo

que circula en estrechos corredores

de corales arterias y raíces

y venas medusas capilares.

Mar que teje en la sombra su tejido flotante, con azules agujas ensartadas con hilos y nervios y tensos cordones.

Nocturno mar amargo que humedece mi lengua con su lenta saliva, que hace crecer mis uñas con la fuerza

de

su marca oscura.

Mi

oreja sigue su rumor secreto,

oigo crecer sus rocas y sus plantas que alargan más y más sus labios dedos.

Lo llevo en mí como un remordimiento,

pecado ajeno y sueño misterioso

y

lo arrullo y lo duermo

y

lo escondo y lo cuido y le guardo el secreto.

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Nocturno miedo

Xavier Villaurrutia Poeta Mexicano

Todo en la noche vive una duda secreta:

el silencio y el ruido, el tiempo y el lugar.

Inmóviles dormidos o despiertos sonámbulos nada podemos contra la secreta ansiedad.

Y

no basta cerrar los ojos en la sombra

ni

hundirlos en el sueño para ya no mirar,

porque en la dura sombra y en la gruta del sueño

la misma luz nocturna nos vuelve a desvelar.

Entonces, con el paso de un dormido despierto, sin rumbo y sin objeto nos echamos a andar. La noche vierte sobre nosotros su misterio,

y algo nos dice que morir es despertar.

¿Y quién entre las sombras de una calle desierta, en el muro, lívido espejo de soledad, no se ha visto pasar o venir a su encuentro

y no ha sentido miedo, angustia, duda mortal?

El miedo de no ser sino un cuerpo vacío que alguien, yo mismo o cualquier otro, puede ocupar

y

la angustia de verse fuera de sí viviendo

y

la duda de ser o no ser realidad.

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Algún vestigio de tu paso

Enrique Molina

La dulzura de recordar el sol en la espiral del sueño y el vano poder de haber ido tan lejos.

Es tan extraño perdurar, oír aún la lenta letanía de los huesos y el hechizo del mundo.

Déjame ver, déjame ver:

sin duda, alguien me condujo hasta aquí y se oculta,

alguien cubierto de grandes praderas, de climas, de refugios baldíos, frutales, luces remotas brillan

en el faro donde la tierra termina. Cubierto de lugares inciertos, de trópicos y lluvias,

se mueve entre los animales y las nubes rápido como fuego, intruso,

la huella de sus dientes y sus besos en la manzana. ¿De quién es ese rostro desconocido entrevisto

en la sombra? Es sinuoso y presente, es alguien sin duda. Quizás lo sepa algún día.

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Alta marea

Enrique Molina

Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo

la errónea maravilla de sus noches de amor

las constelaciones pasionales los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras sus plegarias y cóleras sus dramas de secretas injurias enterradas sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas

el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas

los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños

la mirada de pulpo de la memoria

los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono

dos o tres libros y una camisa en una maleta

llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta

el hotel da al mar

tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o enfundadas en ropas polvorientas pasan cementerios de pájaros

cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes cada noche cuando te desvestías

la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo

los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas puertas desconocidas rostros vírgenes los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura

siempre a punto de partir siempre esperando el desenlace

la

cabeza sobre el tajo

el

corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y

ese reguero de sangre

un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol

el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas

insaciables esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro cielo en otro infierno regresaba en un barco

una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un

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enorme galápago todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas pero no hay piedad para mí ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las aguas y de los campos con las violencias de este planeta que nos pertenece y se nos escapa entonces tú estabas al final esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos como un pájaro en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el cabo de Manila fue recogido

todo termina los viajes y el amor nada termina ni viajes ni amor ni olvido ni avidez todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que acecha en el sol de su instinto todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y a sus muertos todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa unos labios lavados por el diluvio y queda atrás el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas

vacías y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.

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Itinerarios

Enrique Molina

Tu cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce a las plantaciones de la

costa

al sudor de tu cabellera quemada por las nubes

a los instantes inolvidables

tantas mutaciones de nómada y de clandestinidad tantos homenajes a una belleza salvaje que exige el desorden¡oh raza de labios de abandono

hechizada por la vehemencia!

y nuestra fuerza de profundos besos y tormentas para el infierno de los amantes hasta volver a su placer fantasma

a su ola de hierro de ayer detrás del mundo!

Aquellos hoteles Todas las rampas de la vida cambiante la velocidad del amor el mágico filtro de la excomunión la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas de azote cartas desamparadas antiguas prosas de la noche de los abrazos

y el solitario frenesí de las palmeras cuando en la ausencia creciendo hacia mi pecho el fondo de la tierra me devuelve de golpe todas nuestras caricias el nudo furioso de la pasión en las negras argollas del tiempo aquellos moblajes de desvalijamiento y de lluvias luz de senos en el mar y sus gaviotas y músicas sobre un altar de desunión con grandes lunas fascinantes sin más pradera que tus ojos

país incorruptible país narcótico con risas del alcohol del viento

y

tu pelo sobre mi cara

y

las cálidas bestias doradas por el trópico

y

el jadeo abrasador de la ola que vuelca en tu corazón su grito de espasmo y de caída

y

de nuevo esos lugares intactos para el sol

y de nuevo esos cuerpos ilesos para el amor en medio del perezoso meteoro del día levantando hacia el alma aquel esplendor

los paroxismos el lecho de las dunas y de la corriente con sus besos en

marcha

y las tareas de los amantes mientras la llamarada de la muerte brillaba

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alrededor de sus cuerpos como un afrodisíaco avivando el deseo el hambre ¡aquella furia de ayer detrás del mundo!

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Las calaveras de Posada

Enrique Molina

Ríen a subterráneas carcajadas. Secas mandíbulas en los alvéolos de la noche;

mi madre no les teme, les reza con dulzura como a una maldad,

que dejen bajo las piedras sus pistolas,

semejante jarana, zapateos, hembras, las guitarras apenas emiten un rumor de alimaña que escarba, devoran frituras, vociferan,

no quieren perder la vida de los huesos,

acarician las esqueletas, cantan con descomunales sombreros en punta que protegen sus cráneos del sol de los muertos.

Este es el verano del cactus del desierto y la rata en la almohada:

¿qué le pasa a esa gente? Seguro bebieron mucho tequila o mordieron un ají bravo para hacer tanta bulla en las familias.

Ni

un pájaro queda, ni un suspiro

en

la jaula vacía de sus costillas.

¿Quién toca para su fiesta el arpa de los placeres perdidos,

el sigue y sigue a la luz de un candil de burdel enterrado ¿Se bañaron en el río? ¿Durmieron en la arena de las gaviotas y vieron fornicar un asno? ¿Olieron el sol en las hojas, los rozó una pluma, una mano, han mordido siquiera un higo para estar tan contentos

?

?

¡No importa! ¡No importa! El lugar es un concilio de ebrios. No hay difuntos

en ese loquerío, quizás un módico albergue

para viajantes de comercio de la tumba y gentes populares, vendedores de baratijas, bordadoras, narradores de crímenes espantosos,

enanos tartamudos de los mercados,

un frenético foco de putas de ayer

azuzadas por la corriente del Golfo.

Un convite de petrificadas sandías.

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Las tentaciones

Enrique Molina

No te apartes de la joven jíbara que yace a tu ladoque nunca estuvo a tu ladodelirio y sueño, teñida con pinturas de boda, el sexo lavado con agua de coco, sus aceitadas piernas cobrizas con pulseras, curvas como ríos a lo largo de la noche.

Acurrucada contra tu pecho, sumisa bajo el brillo de Orión, su boca para toda sed de hombre desatada por la vehemencia, su respiración como un eco de tambores apagado en tus venas.

con el olor ancestral de su cuerpo, en ella se restriega la seda nocturna, abanicada por el lento balanceo de las hojas, azotada y besada desde sus pies hasta el sagrado rostro de la luna.

Y el reverbero elemental de sus muslos, el peso de su cabellera amazónica, lejos de las arpías, con centelleantes axilas y la comisura de los ojos llena de asombro.

No te apartes tampoco de la voluminosa mujer blanca invocada en secreto, de gran opulencia, la ostentosa cúpula palpitante de su vientre, la espesa nube carnal tendida en la blandura de la pereza, la firme claridad de su nuca mordida, una rosa sobre el pecho inmensamente misteriosa como toda rosa, como toda partícula del infinito que captan los sentidos, el cimbrador canal de su espalda que nada puede agotar. Y tampoco ella yace a tu lado.

Pero todo sueño es una emanación de la vida, un reguero de los astros que calienta tu aliento.

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Mensaje secreto

Enrique Molina

Hacia abajo en la oscura humedad de los helechos que tal vez sean yo mismo o divinidades monótonas desciendo al antro de mi sexo con la investidura de un cuerpo torturado por poderes frenéticos presa de esas imágenes soñadas de mulatas de dientes crueles con las franjas fosforescentes de sus vientres y de sus espaldas las tiernas estranguladoras inclinadas sobre sus amantes para dejarles en la boca la fragancia de menta y de sal que emana de sus pechos en el oleaje

He ahí la misteriosa serpiente con la aureola de sus labios y su canto de profanación infinita el foco ávido donde flotan regiones de una blancura de relámpago

La serpiente de mirada de catástrofe la papisa del sol en su archipiélago de espejismos donde crea fantasmas carnales y suntuosos que se retuercen con caderas llenas de savia mujeres palpables y rápidas cabelleras desplegadas para el lujo de un loco

Y mi sangre de príncipe animal heredero de una raza de paroxismo Se filtra por esas grietas de abismo que reconocen la especie se irisa cuando ese indolente demonio despliega sus alas y con un acto mágico con una brasa de ceremonia de la noche de las cavernas con una sílaba de raíz arrancada y de fronteras que se desvanecen toca a mi corazón para decirme que la tierra es errónea

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Sentar cabeza

Enrique molina

La raza blanca la raza negra la raza roja la raza amarilla:

yo sólo conozco la raza violeta y la raza verde y la raza de tu lengua que descifra el agua y el fuego Seré rico tú sabescon la miseria y el hambre que hace correr los ríos rico de errores de desollado y de piedra sobre la cabeza rico como la paciencia y la piedad puestas al rojo

Y yo no tengo misión ni familia ni otra dialéctica que esos conjuros mortales donde se deshace la espuma de los grandes escrúpulos

Pero obstinado siempre en el furor de un mundo que silba como una sirena en fuga por cada beso hacia el alma por cada boca con el plan de las cantáridas por cada latido que se precipita y estalla bajo el cauterio de la tormenta

Seré rico amor míobajo las patas de los caballos, estrangulado por una contracción de la noche sobre el oleaje desvalijado por la noche del mar y la rapiña de las caricias rico hasta la locura como un intruso inconfesable en todas las situaciones de la pereza y en los lugares desiertos de la sangre donde hay crueldad extravío poder promesas incumplidas por el cielo

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