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I

P.IMCETON

I 5 2000

THEOLOGICAL SEMINakY

BX4625.V4 C352 1963 v.l

Catedral de Caracas. Cabildo.

Actas del Cabildo Eclesiáastico Caracas; compendio cronoláogico

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BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

64

ACTAS

DEL CABILDO ECLESIASTICO

DE CARACAS

COMPENDIO CRONOLOGICO

TOMO I

(1580 - 1770)

Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela

CARACAS - 1963

LI8HARY OF PHINCETON

AUG

1

7

2000

THEOLOÜICAL Sl.MINAHY

BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA

NACIONAL DE LA HISTORIA

64

ACTAS

DEL CABILDO ECLESIASTICO

DE CARACAS

Director de la Academia Nacional de la Historia:

Cristóbal L. Mendoza

Comisión Editora:

Héctor García Chuecos Carlos Felice Cardot

Guillermo Morón

Joaquín Gabaldón Márquez

Mario Briceño Perozo

Jefe de la Oficina de Publicaciones:

Guillermo Morón

BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

64

ACTAS

DEL CABILDO ECLESIASTICO

DE CARACAS

COMPENDIO CRONOLOGICO

TOMO I

(1580 - 1770)

LIBHAHY OF PRINCETON

JUL 2 1

2000

THEOLOGICAL SEMINARY

Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela

CARACAS - 1963

Copyright by

ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Caracas, 1963

Impreso en Venezuela por Italgráflca. c. a.

teléfono 4 1 . 26 . 8 6 - ca rae a

Portada manuscrita del Indice - Compendio Cronológico de las actas del Cabildo, elaborado por Juan José Guzmán.

La Academia Nacional de la Historia expresa su gratitud al muy Venerable Deán y Cabildo de la Iglesia

Catedral de Caracas por haber autorizado la transcrip-

ción de este Indice, cuyo manuscrito original se conserva en su Archivo, en la Sala Capitular. Igualmente agra-

dece a la Fundación John Boullon la cooperación pres-

tada para llevar a cabo la transcripción.

ESTUDIO PRELIMINAR

DE

Manuel Pérez Vila

A comienzos del siglo XIX, la Iglesia Venezolana había alcan-

zado una plena y bien lograda madurez, tanto en su organización como en las junciones que a la jerarquía y al clero les correspondía

desarrollar. En el proceso de la integración j urídico-territorial ve-

nezolana, que culminó durante las últimas décadas del siglo XVIII

y primeros años del siguiente, todavía dentro del marco del imperio

hispánico, instituciones como la Capitanía General y la Real Au-

diencia habían extendido ya su jurisdicción, antes de que lo hiciera la Iglesia, sobre todo el territorio que más tarde iba a constituir la

República de Venezuela. En materia eclesiástica, aquella integración

sólo se produjo en 1804, al quedar erigida en Metropolitana

la

sede de Caracas, con los Obispados sufragáneos de Mérida y de

Guayana} . Mas es digno de ser tomado en cuenta, por tratarse de un

hecho no jrecuente en la historia de los dominios españoles de Amé-

rica, que a la cabeza del Arzobispado de Caracas jiguraba un prelado nativo de la propia provincia* , el Dr. Francisco de Ibarra, quien

había sido años atrás, desde 1778, chantre del Cabildo eclesiástico

de la catedral caraqueña, hasta que jue promovido en 1791 al obis-

1 La Bula de erección del Arzobispado fue dada por el Papa Pío VII en

Roma el 24 de noviembre de 1803. El pase regio estaba contenido en una Real

Cédula de Carlos IV, fechada en Madrid el 16 de julio de 1804. La publicación de ambos documentos en Caracas es decir, la fecha del establecimiento efec-

tivo del Arzobispado Metropolitano fue el 15 de noviembre de 1804. Adsum,

Organo oficial del Arzobispado, Año 48, N° 207, Caracas, abril-mayo 1955,

pág. 315.

2

Había nacido en Guacara en 1726. Murió en Caracas en 1806. Véase,

para datos biográficos: Nicolás Eugenio Navarro, Anales Eclesiásticos Ve- nezolanos. Caracas, 1951 (2 a edición), págs. 177-186. Mencionado en lo sucesivo.

Anales.

XIV

ESTUDIO PRELIMINAR

pado de Guayaría, de donde se le trasladó en 1799 al de Caracas, y al ser convertido éste en Arzobispado continuó al frente de él como

primer Arzobispo de Venezuela, luego de haber sido el primer Obispo

venezolano.

Este hecho, simple en apariencia, y que podría ser considerado

como baladí por un observador superficial, es índice elocuente, sin

embargo, de que la Iglesia Venezolana había sabido cumplir a ca-

balidad su tarea, suscitando las vocaciones en el medio vernáculo y

llevando a los más altos puestos de la jerarquía eclesiástica, dentro

de la propia Capitanía General, a meritorios hijos de Venezuela.

Así, a partir de los comienzos dijíciles a los que más adelante me re-

feriré, las creencias religiosas y el desarrollo del espíritu nacional

tuvieron entre íntima vinculación. Si se compara el caso del Obispo-

Arzobispo /barra con tos de los Capitanes Genera/es, Intendentes o Regentes de Audiencia, la dijerencia se hace bien patente, pues nunca se vio en Venezuela a alguien nacido en la Provincia y por lo

común, ni siquiera a un criollo de cualquier región de Hispano- américa desempeñar tan alias funciones 1

Dejemos, sin embargo, apuntado el lema, sin insistir por ahora

en él. Tampoco habremos de intentar aquí en sus aspectos posi-

tivos, como en sus limitaciones y errores el balance de la acción

de la Iglesia en Venezuela durante el dominio hispánico, en el triple

campo de lo espiritual, lo cultural y lo económico-social. Nos inte-

resaba destacar cómo la Iglesia jue a la par del Cabildo secular

la institución que más pronta y projundamente se criollizó, no en

dogmas y doctrinas, claro, pero sí en hombres y en procedimientos.

Y poner de relieve asimismo el importante papel que desempeñó du-

rante aquellos siglos, papel que sintetiza agudamente Octavio Paz al escribir: « La Iglesia Católica es el centro de la sociedad colonial

porque de verdad es la juente de la vida que nutre las actividades, las

pasiones, las virtudes y hasta los pecados de siervos y señores, de

juncionarios y sacerdotes, de comerciantes y militares. Gracias a la

.

1 Distinto es el caso, naturalmente, del Cabildo secular, del Municipio,

que por sus atribuciones fue en Hispanoamérica el órgano específico de las

aspiraciones populares, o tal vez sea más exacto decir, vehículo de la presión económico-política de los grupos dirigentes criollos. Sin embargo, recuérdese

que el 19 de abril de 1810, si uno de los dos Alcaldes que luego compartieron la jefatura de la Junta, Martín Tovar Ponte, era vastago de una linajuda familia

mantuana de Caracas, el otro Alcalde, Joseph de las Llamozas, era un español europeo, como entonces se decía.

ESTUDIO PRELIMINAR

XV

religión, el orden colonial no es una mera superposición de nuevas

formas históricas, sino un organismo viviente. Con la llave del bau-

tismo, el catolicismo abre las puertas de la sociedad y la convierte

en un orden universal abierto a todos los pobladores »*. Así, colocada la Iglesia en el centro mismo de la vida colonial, la publicación de

sus fuentes documentales habrá de interesar no tan sólo a quienes

cultiven la Historia Eclesiástica, sino asimismo a los estudiosos de la cultura, de la economía, de la evolución política y social del país.

*

* *

Se ha dicho, y con razón, que ta preocupación por conservar los

testimonios del pasado edificios, utensilios, escritos, monedas, etc.

es propia de pueblos o comunidades que han alcanzado un grado

de plenitud en su desarrollo. Y claro exponente de la madurez que,

como se dijo más arriba, había logrado la Iglesia Católica en

Ve-

nezuela, jueron los acuerdos tomados en septiembre de 1806 y en

julio de 1807 por el Cabildo Eclesiástico de la Catedral de Caracas,

para que se procediese a reordenar, restaurar y encuadernar los

Libros manuscritos de Actas del Cabildo, y para que se elaborasen

dos índices, cronológico y alfabético, del contenido de dichos libros.

Queden aquí consignados, como tributo de gratitud que les debe la

posteridad, los nombres de quienes constituían el Cabildo cuando se adoptaron aquellos acuerdos, que salvaron un archivo de inapreciable

valor para la Historia de Venezuela: el Deán Pedro Martínez, el Ar-

cediano Antonio Patricio de Alcalá, el Chantre Joseph Francisco

López Aléndez, el Alaestrescuela Baltasar Alarrero, el Tesorero San- tiago de Zuloaga, el Canónigo Alagistral Juan Vicente de Echeverría,

el Canónigo Penitenciario Joseph Suárez de Aguado, el Canónigo

Doctoral Domingo Blandín, el Canónigo de Merced Joseph Cortés

Madariaga, los racioneros Raymundo Bolea y Justo Buroz, y los

medio racioneros Francisco Antonio Pimentel, Domingo Díaz Argote,

y Nicolás Antonio Osío.

*

* *

La misión de reorganizar y preservar el archivo capitular, así

como la elaboración de los índices cronológico y alfabético, recayó

1 Citado por Jaime Delgado, en « La cultura en la colonización de Amé-

rica ». Bolívar (Revista Colombiana de Cultura), vol. XIII, Nos. 55-58. Bogotá, enero-diciembre 1960, pág. 50.

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Portada manuscrita del más antiguo Libro de Actas del Cabildo Eclesiástico

(1580 - 1625).

ESTUDIO PRELIMINAR

XVII

en el meritorio sacerdote que desempeñaba entonces las Junciones de

Secretario del Cabildo: el presbítero Juan Joseph Guzmán. No hubiera

podido encontrarse persona más apta e idónea para aquella tarea, ni

que hubiera sido capaz de llevarla a jeliz término con el entusiasmo, la dedicación y la constancia realmente ejemplares de que dio pruebas

Guzmán. Este, cuando aún vestía sólo traje talar, había acompañado

al gran Obispo Jlariano Martí en la visita pastoral realizada de

diciembre de 1771 a marzo de 1784, como notario, sustituto del se- cretario, y hombre de confianza. Lo jué también del sucesor de Martí,

el Obispo jray Juan Antonio de la Virgen Alaría y Viana quien Le

conjirió en 1793 las Sagradas Ordenes y años después, cuando jue

trasladado al Obispado de Almería, en España, quiso llevárselo con-

sigo,

lo cual no se

llevó a efecto.

Consumado latinista como lo

demuestra su elogio fúnebre del Obispo Martí el presbítero Guzmán desempeñó luego las Junciones de Vice-Secretario del Arzobispo

Ibarra. En los dijíciles tiempos de la guerra de la independencia, mereció la entera conjianza que en él depositó el Arzobispo Narciso

Cotí y Prat, a quien secundó Guzmán con discreta e ilustrada Jide-

lidad. Cuando bajó al sepulcro, en octubre de 1819, desempeñaba aún el cargo de Secretario del Cabildo Eclesiástico. De él ha escrito quien mejor ha estudiado su persona y sus actuaciones: « Durante

más de cuarenta años Jue el hombre de la máxima conjianza de sus

cuatro prelados, Jidelísimo y leal servidor, llevando los libros, lo mismo del Archivo episcopal que los del Cabildo, con tal exactitud y escru- pulosidad, al mismo tiempo que con la más hermosa caligrajía del

Archivo, que se desearía hubiese durado un siglo más en el ojicio »'. Hasta el año de 1807, las Actas del Cabildo Eclesiástico se habían

asentado en 25 volúmenes, numerados de 1 a 23 inclusive, pues había

dos de ellos {el 7 y el 18) que tenían repetido el número. Al volumen más antiguo, que abarcaba el período 1580-1625, luego de haber sido

convenientemente restaurado y reencuadernado bajo el cuidado del

Secretario Guzmán, se le colocó una carátula redactada por éste, que

a la letra rezaba así:

« Libro primero de Acuerdos Capitulares del M[uy] V[enerable]

Se[ñor] Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia, entonces Catedral y

1 Jaime SuriÁ, El eximio Prelado doctor Jlariano Martí, Obispo de Caracas

y Venezuela. Caracas, 1962, págs. 30-31. De este trabajo hemos extractado

la mayor parte de los datos que proporcionamos sobre Guzmán. Es de desear

que el Padre Suriá publique pronto su anunciado estudio biográfico sobre tan

interesante personaje, precursor de los archiveros venezolanos.

XVIII

ESTUDIO PRELIMINAR

hoy Aletropolitana. Está, joliado desde el número 1 hasta el 281,

pero le Ja/tan el 198 y 199, y otros dos más que no le hacen Jaita, pues

sigue bien lo escrito, y acaso sería error al numerar; pero también

tiene menos el 245 y 246 que le pueden hacer Jaita y no se hallaron

al tiempo de hacerse esta nueva encuademación en el presente año

de 1807 de mandato del M. V.S. Deán y Cabildo en acta de 12 de

septiembre de 1800. Comienza en 3 de septiembre de 1580, y sigue hasta 25 de agosto de 1625. Del Jolio 258 hasta el Jin contiene algunos

inventarios. Es el Libro más antiguo que existe en este Archivo Ca-

pitular ». Y al pie, Jirmaba y rubricaba: « Juan Joseph Guzmán, Secretario del Cabildo ».

Los pormenores que Jiguran en esta carátula, toda de puño y

letra de Guzmán, dan Je del celo y la escrupulosidad con que se

abocó a su tarea. Haciendo gala de una extraordinaria capacidad de

trabajo, el Secretario del Cabildo, luego de haberse concluido la encua-

demación de los 25 libros y de haber provisto a cada uno de éstos

de una carátula similar a la transcrita, emprendió la elaboración

tos cuales

de los índices cronológico y alfabético, el primero de

quedó terminado el 31 de diciembre de 1808, al cumplirse los diez

y ocho meses de haberle sido encomendado aquel trabajo por el Ca-

bildo. Es verdad que Guzmán hubo de contar con la cooperación de

uno o más amanuenses. Por otra parte, varios indicios permiten su-

poner que tal vez él hubiera ya empezado por su cuenta los índices

antes de la resolución ojicial del Cabildo. Es cierto igualmente que

el índice alfabético 1 hubo Jorzosamente de ser terminado más tarde,

pues sus entradas no rejerían directamente a los Libros de Actas,

sino al índice cronológico. Pero así y todo, la labor que llevó a cabo es de una magnitud extraordinaria. Piénsese que sólo para redactar el índice cronológico, hubo de leer unos 7.500 Jolios, o sea, 15.000

páginas, de letra manuscrita, a veces casi ilegible, ya Juese por ha- berse desvaído la tinta, o porque el exceso de anilina había corroído

1 He aquí su carátula: « Indice Alfabético de lo contenido en los Acuerdos del M[uy] V[enerable] S[eñor] Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia antes Ca-

tedral y ahora Metropolitana del Arzobispado de Caracas y Venezuela exten-

didos en sus respectivos Libros Capitulares y substancialmente extractados en otro Indice Cronológico de ellos, a que es relativo el presente, el cual se ha for- mado en virtud de lo dispuesto por su Señoría Muy Venerable en sus actas de 3, 17 y 31 de julio de 1807. Consta de 184 hojas todas sucesivamente numeradas

desde la que sigue por el infrascrito Presbítero Juan Joseph Guzmán [rubricado], Secretario de Cabildo ».

ESTUDIO PRELIMINAR

XIX

el papel; amén de que la escritura encadenada o curialesca en que

aparecen asentadas no pocas actas desde Jines del XVI hasta me-

diados del XVII no debía de facilitarle la tarea. Pero Guzmán su-

peró todos los obstáculos y pudo presentar ante el Cabildo un grueso

tomo de 554 folios en el cual, por orden cronológico estricto, figu-

raban los extractos, clara y elegantemente redactados, del contenido de cada una de las actas de las sesiones celebradas por el Cabildo Eclesiástico desde el 3 de septiembre de 1580 hasta el 31 de diciembre

de 1808, siempre que tales actas hubiesen sido consignadas en los

Libros del Cabildo. Al margen de cada extracto, Guzmán había ano-

tado el Libro y el folio en donde se hallaba el acta original, con lo

cual la obra que había elaborado era a la vez un índice y un compendio

de las actividades del Cabildo Eclesiástico durante aquel período.

La portada decía así:

« Indice Cronológico de los Acuerdos del M\uy\ V[enerable\

S[eño]r Deán y Cabildo de esta Santa Iglesia antes Catedral, y ahora

Metropolitana del Arzobispado de Caracas y Venezuela extendidos

en sus respectivos Libros Capitulares. Se ha formado en virtud de lo dispuesto por su Señoría Jluy Venerable en sus actas de 3, 17 y 31 de julio de 1807. Consta de 554 fofas todas sucesivamente nume-

radas desde la que sigue por el infrascrito Presbítero Juan Joseph

Guzmán [rúbrica], Secretario de Cabildo ».

Tal es la obra que publica ahora en dos volúmenes de su Biblio-

teca la Academia Nacional de la Historia, en la serie « Fuentes para

la Historia Colonial de Venezuela ».

*

*

*

« Los Cabildos - escribe un ¿lustrado sacerdote venezolano 1

se llamaron también Capítulos, por el Capítulo de la Escritura o

de las Reglas que leían en sus reuniones; etimológicamente, ambos nombres se derivan de ¿a palabra latina Caput; históricamente toman

su origen del antiguo Presbiterium, que ayudaba al Obispo, con su

obra y su consejo, en el gobierno de la Diócesis; sus miembros se

llamaron canónigos, porque estaban inscritos en la matrícula de la

Iglesia Catedral, llamada Canon, o porque vivían según una regla,

1 Guillermo Figuera, La Iglesia y su Doctrina en (a Independencia de América. Contribución al estudio de las causas de la Independencia. Biblioteca

XX

ESTUDIO PRELIMINAR

dicha Canon; o porque vivían del estipendio que se les daba de los

proventos de la Iglesia, cuyas rentas jormaban el Canon: por primera

vez se les llama « Capítulos »

mente, los Cabildos, como no se concibe principado sin Senado, ni autoridad sin Consejo, desde el siglo XII adquieren ciertos honores

en el concilio II de Letrán; jurídica-

y derechos propios, cuando antes constituían una sola Corporación

con el Obispo; Jueron sujeto de derecho, por consiguiente persona

jurídica, con atribuciones propias y exclusivas, como el derecho de

elegir el Obispo, de gobernar la diócesis, sede vacante, y de ayudar

al Ordinario en el régimen de la diócesis ». Luego de haber expuesto

así, con insuperable concisión, tanto el origen como las junciones de

los Cabildos Eclesiásticos, el historiador que nos sirve de guía en la

materia agrega, entre otros pormenores de interés, que « el Derecho

Canónico vigente lo dejine [al Cabildo] como Colegio Sacerdotal dec-

linado a servir al culto de la Catedral y a asistir al Obispo con su

consejo o asentimiento, como Senado, y a gobernar la Diócesis, sede

vacante o impedida »'.

En efecto, entre las junciones esenciales del Cabildo jiguraban

las de sostener el culto divino en la iglesia catedral, celebrando dia-

riamente la misa conventual y recitando en el coro la,r horas canónicas. Además, en sede plena, es decir, mientras el Obispo se hallase a la

cabeza de la diócesis, el Cabildo actuaba como cuerpo consultivo del

Prelado en ciertos negocios trascendentales que requerían meditación

y consejo. En los casos de sede vacante es decir, luego del jalleci-

miento de un Obispo, antes de que tomase posesión el sucesor, la cual podía retrasarse por años durante el período colonial el Cabildo

se convertía en la más alta autoridad eclesiástica de la diócesis, a la

cual gobernaba directamente. A partir del Concilio de Trento, o sea,

desde el último tercio del siglo XVI, el Cabildo hubo de designar un

Vicario Capitular que gobernase en su nombre. Este vicario era gene- ralmente algún prebendado, si bien no jue tampoco raro que se le eli-

giese entre los sacerdotes ajenos al Cabildo. En todo caso, éste solía re- servar para importantes jacultades, y conservaba el derecho de revocar

el nombramiento. De este modo, la jurisdicción ejecutiva del Cabildo

Eclesiástico que, en sede plena, apenas si trascendía los muros de la

catedral, hacíase extraordinariamente amplia, hasta abarcar el terri-

torio entero de la diócesis, en los casos de hallarse vaca la sede epis- copal. Como estos casos, dadas las dijicultades en las comunicaciones,

ESTUDIO PRELIMINAR

XXI

se presentaron con relativa frecuencia en Venezuela durante el do-

minio hispánico, el Cabildo hubo de asumir en numerosas ocasiones^

por períodos de dos a tres años generalmente, pero a veces hasta de seis o siete, el gobierno del Obispado, ya por sí, ya mediante Vicario

Capitular.

*

*

*

La primera sede episcopal venezolana y en ella, su corres-

pondiente capítulo Jue erigida en la ciudad de Coro, mediante Bula expedida en Roma el 21 de junio de 1531 por el Papa Cle- mente VII, que en la parte que nos interesa, decía así:

« por el tenor de las presentes señalamos con título de ciudad

el pueblo llamado Coro que está en la dicha provincia de Venezuela

en la cual hay algunos cristianos e instituímos en ella una iglesia

catedral debajo la invocación que parecerá al mesmo don Carlos

Emperador, en la cual esté un Obispo llamado de Coro que en la

iglesia y ciudad dicha y diócesis que se le señalare predique la pa- labra de Dios y convierta los naturales infieles delta y las gentes

bárbaras al culto de la Santa Fe Católica y les la gracia del bau-

tismo y administre y haga administrar así a todos los convertidos como a los demás fieles que hubiere en la dicha ciudad y diócesis y

a los que a ella y de otras partes vinieren, los sacramentos eclesiás-

ticos y las demás cosas espirituales. E instituya en la dicha iglesia,

ciudad y diócesis dignidades, canonjías, prebendas y beneficios ecle- siásticos con cura y sin cura, y distribuya y siembre las demás cosas

espirituales como mejor le parezca que convenga al culto divino y

salud de las ánimas de los naturales

» 2

.

1

Por varios años, aunque sin poderse precisar bien cuáles, en tiempos

del Obispo fundador, Diego de Bastidas, a partir de 1531; luego, desde el tras-

lado de Bastidas hasta la llegada del sucesor, Miguel Jerónimo de Ballesteros,

entre 1542 y 1547 posiblemente; por corto tiempo también a la muerte del tercer Obispo, Fray Pedro de Agreda, en 1579-1580; y luego, de 1592 a 1595;

de 1596 a 1599; de 1600 a 1603; de 1610 a 1612; en 1618-1619; de 1633 a 1635;

de 1637 a 1640; de 1653 a 1661; de 1668 a 1672; de 1682 a 1684; de 1706 a 1712;

en 1717-1718; de 1729 a 1731; en 1741-1742; de 1747 a 1750; en 1752-1753; en 1755-1756; en 1769-1770; en 1792-1793; de 1806 a 1808. Es decir, en números redondos, unos 75 años sobre un total de 277 que corrieron de 1531 a 1808.

Véase Anales, págs. 505 sgs.

2

Anales, págs. 11-12. Hemos modernizado la ortografía.

XXII

ESTUDIO PRELIMINAR

Las « dignidades, canonjías, prebendas *, del párrajo tránsenlo,

apuntan, aun cuando no se le mencione expresamente, al Cabildo

Eclesiástico. De acuerdo con la Bula de Clemente VII, el primer

Venezuela », Rodrigo de Ba.rtida.r, Jirmó en

Obispo « de Coro y

Medina del Campo el 4 de junio de 1532 unas « letras * o consti-

tuciones para la organización de su diócesis. En ellas, luego de se- ñalar la iniciativa de los monarcas españoles al pedir a la Santa

Sede la creación de nuevas diócesis en tas tierras recién descubiertas,

y después de insertar el texto de la Bula citada, el Obispo escribía:

« Después de la presentación y recibimiento de las letras Apos- tólicas fuimos con debida instancia requeridos de la serenísima Reina

Doña Juana y del Emperador don Carlos su hijo nuestros señores

Reyes de Castilla que procediendo al cumplimiento de las dichas

letras Apostólicas y de las cosas en ellas contenidas ordenásemos e instituyésemos en la dicha nuestra iglesia catedral en honor de Santa Ana en la dicha provincia de Venezuela tierra Jirme del mar océano, dignidades, canonjías, prebendas, raciones y otros benejicios y o/icios eclesiásticos todos los que nos parecieren más convenir ansi en la

dicha ciudad como por toda la diócesis, por lo cual

« Nos don

Rodrigo de Bastidas Obispo y Comisario Apos-

tólico ya dicho considerando la petición y requerimiento ser justo y

muy allegado a razón queriendo como verdadero hijo de obediencia guardar y cumplir los mandamientos apostólicos a Nos dirigidos

como somos obligados aceptamos la dicha comisión y con la misma

autoridad apostólica de la cual usamos en esta parte y pidiéndolo su Jlajestad en la dicha iglesia catedral de la ciudad de Coro y de

la dicha provincia de Venezuela a honra de Dios y de Nuestro Señor

Jesucristo y de la bienaventurada Virgen Santa Alaría su madre y de La bienaventurada Santa Ana en el título y debajo del título de la

cual por el dicho nuestro Santísimo Padre la catedral Iglesia es

elegida.

Por el tenor de las presentes letras elegimos criamos e

« Deán.

instituimos el deanazgo la cual dignidad primera después de la

Obispal asista en la misma Iglesia el cual Deán provea y procure

el o/icio divino y todas las demás cosas que al culto divino perte- necen ansi en el coro como en el altar y en las procesiones y en el

cabildo y donde quiera que el cabildo estuviere junto procure que con todo silencio, honestidad y modestia recta y religiosamente sea hecho,