Está en la página 1de 2

Una de las cosas curiosas con las que me encontré al momento de comenzar a ser parte de

la iglesia es lo extendido de algunas palabras, ideas, conceptos y frases, que forman toda
una subcultura que sólo entienden los cristianos evangélicos y que pueden aparecer
prácticamente en cualquier conversación. Al no haberme criado dentro, tuve que aprender
ese segundo lenguaje como lo haría un extranjero, y francamente, después de 10 años o
algo así, no sé si entiendo todos los matices de los “convertirse”, “ser salvo”, “es de Dios”,
etc. Pero definitivamente las que más me llaman la atención hasta hoy son dos preguntas: la
del “propósito de Dios para mi vida” y la de cómo saber si se está o no “dentro de la
voluntad de Dios”.

Algo que he aprendido al estudiar el Nuevo Testamento es que estas preguntas, por
importantes y valiosas que son, en realidad se pierden la riqueza que encierra el
cristianismo. Y es que aunque es normal que en una sociedad donde al parecer los marcos
de referencia se han perdido (o al menos difuminado) los cristianos busquen tener claridad
y seguridad respecto a cómo viven sus vidas y las decisiones que toman, esta forma de
plantear la cuestión tiene al menos tres problemas. Primero, es demasiado centrada en
nosotros mismos como individuos. Segundo, plantea una forma de ver a Dios o como
excesivamente controlador (que Dios tiene un “plan” predeterminado para mi vida) o como
un legalista (“¿estoy cumpliendo todo lo que Dios pide, o todo lo que espera de mí?”). Y
tercero, no es lo que enseña la Biblia.

En estos artículos comenzaremos a ver que la enseñanza de la Biblia acerca del “propósito
de Dios” va mucho más allá de (y es mucho más estimulante y desafiante que) esta visión
puramente individualista. Que debemos levantar la mirada y ver el panorama completo de
los planes y propósitos de Dios para toda la creación; que esos planes y propósitos tienen
que ver sobre todo con Jesús el Mesías y lo que él ya logró; cómo eso nos capacita para
nuevas tareas y vocaciones dentro de la creación de Dios renovada en Jesús; y finalmente,
que todo esto es motivado por y apunta hacia el deseo de Dios de relacionarse con sus
criaturas en libertad y amor.

Una vez que superamos la idea de un Dios controlador o que está todo el tiempo pendiente
de si cumplimos con sus expectativas, podemos ver las cosas de una manera diferente. El
propósito de Dios para nosotros se revela como desarrollar nuestra vocación de ser
humanos plenos a imagen de Jesús. Sí, debemos cumplir ciertos estándares (por eso
transformarnos para ser como Jesús), y en eso Dios también tiene un gran interés y mucho
que decir; pero el objetivo final de Dios para nosotros no es sólo que no pequemos (o que lo
hagamos lo menos posible) para que podamos ir al cielo, sino algo mucho más grande.
Cuando somos fieles a este cuadro más amplio, las decisiones que tomamos sobre nuestras
vidas e intereses se orientan de manera natural con el propósito mayor de Dios.

cultivan la paz. David fue llamado a ser rey. Cuando eso suceda. y toda la creación se verá liberada de su estado actual de corrupción para compartir la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Romanos 8:21). como se verá. un panorama mucho más amplio de lo que significa ser humanos y de nuestra relación con Dios que simplemente si debo tomar tal o cual decisión personal. Habacuc 2:14). sino que. dividida en dos partes de desigual valor y con una muy superior a la otra: el cielo y la (carnal. la administración y adoración de los seres humanos obedientes al plan y al propósito de su Creador. en la encarnación de Jesús y en la venida del Espíritu Santo. de acuerdo con la voluntad de Dios. esto supone la unión de los cielos y la tierra. con todas las cosas en el cielo y en la tierra unidas en el Mesías (Efesios 1:10). tampoco eligió a sus esposas). hacen florecer. se unen de maneras sorprendentes. sino una dualidad: ambas partes son iguales en dignidad en tanto parte de la creación buena de Dios. será así para toda la creación. Seguiremos desarrollando con más detalle esta visión en los siguientes artículos. es decir. el orden y la justicia de Dios en la creación) y adoran (celebran con entendimiento y alegría lo que Dios ha hecho. Los cristianos contemporáneos tenemos problemas con esto. eso corrió por cuenta suyal (y no. en el tabernáculo en el desierto. Pero la visión bíblica de los cielos y la tierra desde Génesis en adelante no es un dualismo. . En un nivel más amplio. Y en un nivel aún mayor. como fue la intención desde un principio. y con Dios mismo viviendo en medio de su pueblo (Apocalipsis 21:3). porque estamos acostumbrados a ver a la creación desde un punto de vista dualista. significa que los humanos como especie (no como individuos aislados) tenemos un llamamiento especial: ser transformados a imagen de Jesús (la “imagen del Dios invisible”) para poder ser así la imagen y semejanza del único y verdadero Dios hacia el resto de la creación: ser reyes y sacerdotes que administran (cuidan. Así fue (en pequeña escala) en el jardín del Edén. está haciendo y hará). cuando funcionan como debieran. siendo el signo principal de esta unión la presencia de Dios en medio de sus criaturas. No están hechas para estar divididas o separadas. corrupta) tierra. Todo esto (y mucho más) está dentro de la pregunta por “la voluntad de Dios” o “el propósito de Dios” tal como aparece en el Nuevo Testamento. en el Templo de Jerusalén. no decide por nosotros nuestros caminos de vida. pecaminosa. la tierra será llena del conocimiento de Dios como las aguas cubren el mar (Isaías 11:9.En un nivel individual esto significa que Dios llama a tareas o funciones. pero Dios no le dijo que escribiera poesía. y un día.

Intereses relacionados