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CAPITULO PRIMERO LA HEGEMONIA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN EL HEMISFERIO OCCIDENTAL Y SU EXPANSION EN EL OCEANO PACIFICO J. DESARROLLO DE LA REPUBLICA FEDERAL Cuando en el afio 1797 el joven John Qui cy Adams, que debia a una recomenda de George Washington su nombramiento de embajador americano en Prusia, se dirigié a Berlin para’ tomar posesiGn de su cargo cerca de fla corte de Federico Guillermo Hl, el co ‘mandante de Ja guardia de puertas le impidio entrar en la capital prusiana, fundéndose en {que jamais habia oido hablar de un pais lla- mado «Estados Unidos»; fue necesario que interviniera un oficial mejor informado para que el coche del diplomatico ultramarino ob- tuviera paso libre. E destino habia reservado 1a aquellos dos estados, entonces todavia pe- quefios, Prusia y los Estados Unidos, aleanzar cen la segunda mitad del siglo xix la impor- tancia, el rango y la influenci de grandes po- tencias e intervenir en la suerte de la humani- ‘dad moderna. Prusia unificé e pueblo alemén haciendo de él Ja poderosa nacién militar € industrial que conocimos en el centro de Euro- pa; los Estados Unidos unificaron medio subeontinente norteamericano en una repibli- ca inmensamente rica en hombres y medios ‘econémicos. Ambas, Prusia y América, pre sentaron a principios del siglo xx a las ate- NORTEAMERICANS rrorizadas viejas naciones y potencias histé- ricas la pretension de superar fos océanos con sus productos, su capital y sus escuadras de guerra—y con sus objetivos politicos—, asu- miendo papeles de grandes «potencias mun- diales». Ambas se patecian en su talento téc- nico, en su laboriosidad, su capacidad de organizacién y su moderno sistema industrial pero sus tradiciones politicas y sus concepeio- nes sociales—su espiritu, en una palabra: eran muy diversas. Pero ante todo eran diver- sas sus posibilidades de desarrollo, por las circunstancias materiales objetivas; y, junto ‘con las gigantescas energias que el pueblo americano absorbia de su democracia y de la fe en su misiGn civlizadora, aquella diferen- cia favorecia a los Estados Unidos. Como en todos los terrenos de fa vida y de la actividad humanas de nuestra época el curso de la his- toria ha quedado determinado y marcado por principios, métoxios, descubrimientos y con- quistas téenicas americanas—y hasta por las victorias militares de esta nacion en los océa- nos y en los campos de batalla europeos—, se hha dado al siglo xx el nombre de «siglo ame- ricano», denominacién nada injustificada, por HEGEMONIA DE LOS ESTADOS UNIDOS Firma de la Declaracién de Independencia de los Estados Unidos el 4 de julio de 1776 Jo menos para la primera mitad de dicho siglo. ‘Jamas ha cubierto una nacién en tan breve tiempo tan largo camino como el recorrido por el pueblo americano en el siglo que le ha Hevado a la posicién de gran potencia, Cuan- do a fines del siglo xvint Jas trece colonias britdnicas de Ja costa oriental norteamericana se fundieron en una Unién, consiguieron su independencia y se dieron una constitucién, su naciente estado era modesto por lo que hace territorio y poblacién; en tiempos de su primer presidente, George Washington, su po- blacin era menos numerosa que la de la Suiza actual: unos cuatro millones de almas de los cuales tres y medio aproximadamente eran blancos. La mayor parte del subconti nente norteamericano—en cuanto habia sido ya explorado y poblado—pertenecia entonces 1 dos grandes potencias europeas: Espaiia y la Gran Bretafia, También México, América Central y América del Sur se encontraban en manos de Espafia, a excepcion del Brasil p tugués y de algunas islas cuya posesion se di- vidian las potencias coloniales europeas. Peto ya en la época en que Washington era una fldea que no respondia a su condicion de nueva capital con sus pésimas calles. y sus poeas casas, aldea en la que el presidente y un pufiado de funcionarios tentan dificultades para encontrar acomodo, pioneros y colonos se lanzaban con incesante empuje mas allé de Jos Apalaches, por las infinilas praderas del este, hasta las orillas del Mississipi. Alli fundaron nuevos estados que en el curso de los afios se sumaron a la Union. Kentucky y Tennessee alcanzaron el rango dle estados ane tes de 1800, Ohio to obtuvo poco despu pend hom no s de derad va a como pero. ‘cum titue pia ¢ ejecu sto prop bast ey. I fide ceder con Georg presi CONGEPCIONES JURIDICAS DE LA UNION 23 4 principios de la segunda década del siglo 1o hecian ya Tinos, Indiana y Missouri. A tas trece primeras estrellas de la bandera de la Unidn fuzron afladiéndose otras en vertiginosa sucesiGn, hasta convertirse en cuarenta y ocho, simbolizando cada wna de ellas un esiado de la repliblica federal Como segiin las concepciones juridicas an- slosajonas y ¢! derecho constitucional ameri ano s6lo se reconoce como estado legal aquel euyo gobierno descansa en la voluntad de los sbernaclos, y como ya la declaracién de inde- pendencia de 1776 habia declarado que los hhombres son libres ¢ iguales por nacimiento, no se establecié relacion de servidumbre al- ina entre Jos hombres blancos, ni relacion de dependencia entre los diversos estados fe- dderados y el estado federal; una zona de nue- va adquisicién se consideraba. ini como «territorioy sin personalidad politica, pero alcanza Ja categoria de estado en cuanto cumple las condiciones previstas en 1a cons titucién, es decir, cuando dispone de una pro- pia constitucion’ y de poderes legislativos y ejecutivos elegidos y puede financiar los gastos administrativos y_policiales con sus propios medios fiscales. El derecho civil se fas en el principio de Ja igualdad ante Ja ley. En este terreno se habian suprimido los fideicomisos y derechos de mayorazgo pro- cedentes de la época colonial, arrebatando on ello toda base a la aristocracia heredi- George Washington, primer presidente de los Bstados Unidos taria, Por lo que hace a neutralidad del es- tado en Jos asuntos religiosos y a ta igualdad entre las iglesias y sectas, el modelo fue la Tey del estado de Virwinia de 1786 sobre la libertad de religion y de conciencia (proyec- tada por Thomas ‘Jefferson, gual que la declaracién de independencia), A ella se atuvieron_ulteriormente los demas estados, de la Unién, En el curso de los aifos que- daron sin efecto las disposiciones de algu- nos estados del este que hacfan depender el ejercicio de ciertas funciones piblicas de la pertenensia a alguna confesi6n religiosa de- terminad, La Union desconoce desde su fun- dacién Ja institucion de la jalesia estatal, ast como las prerrogativas que suelen reivindicar das iglesias en cuestiones de derecho civil y familiar; a diferencia de los europecs, el es- tado americano no tiene herencia medieval alguna politica, eclesistica, social o juridica, y por ello es estructural e ideoldgicamente verdadero resultado de una revolucion en grado ain més acusado que la Francia post- revolucionaria. En contraposicién con los es- tados del este y de la costa atlintica, largo tiempo conservadores con su clase de grandes comerciantes y su capa intelectual que, si bien se declararon republicanas al caer el dominio inglés, desconfiaron siempre, como la clase terrateniente del sur, de las formas de demo- cracia. radical, manteniendo hasta mediados del siglo xix un derecho electoral limitado por al pago de un censo, los nuevos estados det este, con su poblacién de granjeros, sus abo- gados, médieos, pequefios comerciantes, p ticos, especuladores dlel suelo, periodisias y ‘mecénicos, fueron pronto un semillero de r0- busta democracia pequefio-burguesa. El valle del Mississipi fue lamado con razin «valle de la democraciay, y del oeste legaron, con el presidente Andrew Jackson (1829-37), ef radicalismo politico, el gusio democrtico pot Ja reforma, un nuevo tono popular y el uso dde métodos radicales—enire Tos que hay que ccontar el reparto de cargos y puestos oficiales entre Jos miembros del partido vietorioso en las eleeciones; todos esos rasgos se introduje- ron en la administracion washingtoniana, pro- cadentes del oeste. Dado el ritmo tempestuoso del desarrollo de os Estados Unidos, seria indtil intentar medit los acontecimientos con unidades, 4 HEGEMONIA DE LOS ESTADOS UNIDOS europeas. Por su origen la repliblica norte- americana—igual que las sudamericanas—es una fundacién colonial. Europeos fueron los hombres que llegaron a esas tierras como des- ubridores, conquistadores, navegantes, co- merciantes—como colonizadores—, a veces también como aventureros y hasta’ como fu- gitivos obligados a abandonar su patria por Su fe; como buscadores de fortuna otras ve- es: siempre empero como hombres que hi- bian vuelto la espalda a la estrechez, los prejuicios y las desigualdades y tiranias reli- sgiosas, sociales y politicas del viejo mundo y uerian halla fa libertad lejos de la patria y fundar una nueva existencia. Lo que de hecho hallaron fue ante todo tierra en superabun- dancia, ¢posibilidades ilimitadas» en cuanto, tras desembarcar en Ia orilla atlantica, se po- nian en marcha hacia el oeste. Pues tal fue Ia orientacién de esa migracién, y con ella Ja de Ja gigantesca expansién de los Estados Unidos en el siglo x1x. La expansidn se orien- 16 del Atlimico al Pacifico, se alejé cada ver. mis de Europa, y ya alrededor de 1830 habia en América una poblacion que no co- nocia Europa sino de ojdas 0 que no sabia absolutamente nada de Ia patria de origen de sus antepasados. Los americans se convicte- on en «un pueblo ocupado durante toda su historia en liberarse de los asuntos y proble- ‘mas del continente que le vio nace.» (N. Pfeffer). La primera inmigracién, la que dio cardcter al pals y a la futura ‘naciOn, fue inglesa, escocesa, protestante y puritana, nor- teuropea, en Ja que hay que contar también hrolandeses, escandinavos, {uteranos alemanes, hhugonotes franceses y hasta catélicos ingleses ¢irlandeses, aunque en niimero mucho menor ue los protestantes. Hasta fines del siglo xix rho Tego la gran oleada inmigratoria proce dente de los paises roménicos y de la Europa Oriental: italianos, eslavos y judios: «Lengua inglesa, detecho inglés, Biblia inglesa»—tales fueron os elementos de formacion espiritual y. moral que han estructurado la joven na- El Capitolio de Washington en el siglo XIX fortuna de render el nal libre prejuicios atadas al evo pais bre, nia quia ciencia—y militar fundo y politica sobre todo Java) una pitiun y ‘eo en testigos de bien en ional, tei quella po i mismo narracin de carrera de oco puede americano, | existe cinta en el fil de calvinista en) dll siglo xv inconfundibl tervenido a yy fuera del dentemente¢ americana d interior cua zada por ung titucion ya liberalism j del siglo se politico ¢ in fivo siempre decor de 1830 jn que no co- que no sabia 4 de origen de se convittie- urante toda su ntos y proble- jnacer..0 (N. in, la que dio a nacién, fue ppuritana, nor ontar también anos alemanes, licos ingleses ‘mucho menor s del siglo xix patoria_ proce jde la Europa dios: eLengua inglesa»—tales cin espiritual ) Ja joven na Solo en un mundo verdaderamente nuevo podia evitarse que Ja cuestiOn lingiistica se convirtiera en un problema como el que coe- tdneamente daba lugar en Europa a inextri- cables dificultades y violentas luchas y dios: en Norteamérica el inmigrante admit Ia ne- cesidad de aprender inglés—si él procedia de otro Ambito lingUistico—como cosa natural, como tinico procedimiento para disponer de un instrumenio de comprensién universal. La fortuna de este pueblo ha sido el poder em- pprender el camino hacia fa prosperidad nacio- nal libre de tantas tradiciones, limitaciones y prejuicios que son como ruedas de molino atadas al cuello de los pueblos europeos. El nuevo pais no conocia deberes de servidum- bre, ni ataduras gremiales 0 de clase, ni jerar- quia feudal y eclesidstica, ni opresién de con- ciencia—y también estaba libre de servicio militar obligatorio y, ante todo, de aguel pro- fundo y oscuro basamento dei romanticismo politico que habfaprovocado en Europa (y sobre todo en las naciones germénicas y es- lavas) una peligrosa sobreestimacion del «es- piritun y del «estilo nacional» presentes en la Jengua y en las canciones, en las castumbres, fen los recuerdos hist6ricos y en los mudos testigos de piedra del pasado. Cierto que tam- bién en América surgié una conciencia na- cional, testimonio de Ja notable confianza de quella poblaciOn en si misma, «Confianza en si mismo» es precisamente el titulo de una natracién de Emerson que describe la agitada carrera de un americano hasta el éxito, Tam- poco puede desconoverse que en el espiritu americano, biblico y siempre moralizante, existe cieria tendencia a colocarse a si mismo en el fiel de 1a balanza de la Justicia, La fe calvinista en la predestinacion, fruto cultural del siglo xvi, ha dejado en América huellas inconfundibles. La politica americana ha in- tervenido a menudo apasionadamente dentro yy fuera del pais, mostrando un estilo sorpren- Gentemente duro; pero pese a ello la vida americana del siglo xix, tanto en la politica interior cuanto en la exterior, esta caracteri- zada por una escrupulosa fidelidad a 1a cons- titucién y a la Jey, por aquel postivismo y liberalisto juridicos que en la segunda mitad del siglo seran también propios del derecho politico ¢ internacional europeo, més llama tivo siempre de todos moos en Tos Estados La Casa Blanca en 1848 Unidos por el hecho de que el tribunal su: remo tenia alli atribuciones para examinar Ta constitucionalidad de las leyes del congre- 0, de las disposiciones del gobierno y de los tratados con otras potencias, pudiendo anu larlos en caso necesario, Un presidente de os Estados Unidos tenia, pues, que evitar conflictos con la tendencia idealista de. su opinién pablica, enamorada de la idea de jus- ticia, siempre inclinada a distinguir tambign fen politiea un Bien y un Mal absolutos, y Iena de fe en el progreso. Cierto niimero de dogmas nacionales, como el anticolonialismo, Ja antipatia por toda politica de alianzas, fa ddesconfianza respecto de Europa y la falta de comprensiOn para toda politica Tealista que tenga en cuenta las verdaderas relaciones de fuerza, han dado al pensamiento politico in- femacional americano un rasgo de confusién ¢ inconsecuencia. ‘Todo lo que en Europa era santo principio politico y orden social y estatal legitimo e in- tocable—para el zar ruso, por ejemplo, que condend por Jo demés explictamente los Es- tados Unidos como producto de un indigno espiritu revolucionario y no acepté embajador americano hasta 1809; 0 para un Metternich ¥y pata los partidarios de la Santa Alianza; 0 incluso para el Bismarck que fundamentabe Ja alianza con los imperios central y oriental aludiendo a los peligros del republicanismo y de la democracia—, todo lo que en Europa era orden consagrado, resultaba profunda- mente ajeno al espiritu ameticano, y hasta Iiteralmente repugnante. En cambio, fa inte- lectualidad europes—especialmente ‘la occi- dental—aprendi6 pronto a comprender Amé- rica, Talleyrand—que durante el Terror de Robespierre, es decir, durante la presiden- 26 HEGEMONIA DE LOS ESTADOS UNIDOS cia de Washington, estuvo en Jos Estados— ha sido probablemente el primer personaje europeo que ha adivinado fa importancia que tendria el nuevo pais en la futura politica in- ternacional. Desie la rigidez ingenua y cam- pesina de su pequeiia Alemania lanzaba el Viejo Goethe miradas de admiracién y nostal- gia al nuevo continente y a sus gigantescas posibilidades, y hablaba con admiracin de 1a idea, ya por entonces considerada en América, de poner ambos océanos en comunicacion ‘mediante un canal que atravesara el istmo centroamericano. El canal del Erie, tan im- portante para el desarrollo econémico del noroeste, fue inaugurado ya en 1825, Pero el testimonio. mas concluyente de penetrante comprensién y larga perspectiva es el célebre libro del historiador francés Alexis de Toc- queville La Démocratie en Amérique (1835- 1839). Tocqueville era_un aristocrata liberal que habia estudiado en América la adminis- traciOn tan caracteristicamente americana del presidente Jackson y analiza en su fibro ese fendmeno nuevo y—como acertadamente predice—llamado a triunfar, el fendmeno de Ia democracia americana basada en Ta liber- tad y en la colaboracién activa de un tipo hhumano politicamente despierto. Un fil6sofo de la Historia, un sabio y reposado pensador, del que Wilhelm Dilthey, dice que ha sido «el ‘més grande analitico del mundo politico des- pués de Arisisteles y Maquiavelon; sin orgu- No intelectual alguno, honesta y objetivamen- te, Tocqueville ha expuesto el modo cémo vivia en América un pueblo joven, c6mo go- bernaba su vitalisimo y enérgico estado en el que la democracia oftecia a cada cual una oportunidad de ascenso econémico, social y politico, y en el que el sentido comunitario y el espiriiu de libre asociacién imponian su impronta a Ja politica del municipio, del es- tado federado y de la federacién. En un mo- ‘mento en que casi todos los estados de Euro- pa se encontraban minados por movimientos revolucionarios que amenazaban con romper Jas opresivas riendas del estado autoritario tradicional y la estructura de una economia atin trabada por ataduras de todo tipo, la Unién americana habia creado ya una escue- la verdaderamente libre para st misma, para todos sus ciudadanos eficaces y para su des- arrollo econdmico. En el momento en que Una escuela americana en 1887 Metternich se encontraba en Ia cima de su poder, Tocqueville ha dado a la ciencia poli tica europea los nuevos criterios que permi- tian dar raz6n del crecimiento y de la forma de gobierno de los Estados Unidos. En el prélogo a una reedicion de su libro, prélogo ‘escrito tras fas tormentas revolucionarias del ato 1848, Tocqueville aficma que América ha resueito sesenta afios antes 1os problemas po- liticos por cuya solucién se esfuerzan en vano Francia y Europa, El erecimiento de la repiblica federal ame- ricana fue al principio—y_sigui6 siénd: hasta fines del siglo xtx—un asunto princ:pal- mente interno, pues se trataba de la explora cién, roturaci6n, cultivo y poblacién de las igantescas extensiones del subcontinente. ‘Cuando los pueblos europeos en su vertigino- so crecimiento demogréfico empezaban a sen- tir que la estrechez de_ sus tertitorios na cionales era un obsticulo inhibidor de su desarrollo, los Estados Unidos no habian al- canzado todavia sus fronteras naturales y te nian atin ante sus plantas, a disposicion de nuevos colonos € inmigrantes, grandes exten siones de tierra barata y sin duefio, que no pedia mas que iniciativa y habilidad para ser civilizada, aprovechada 0 fecundada indus- trialmente, La superabundancia de espacio, 1o favorable del clima propio del hemisferio sep- ‘enirional, Ja fertilidad de gigantescas super- ficies, los bosques casi infinitos, la inagotable riguezasubterinea y—por afiadidura—las incon sgener0s0 los que os vida de pi Esa front ‘sino que hendiduras, refuer20s ql ‘ce—