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Mejor solo que mal acompañado

Era solo eso lo que teníamos en común? ¿En realidad no nos importaba de la
misma forma nada más? ¿Podía ser verdad que yo hubiera pensado que había
algo más? Hace 2 años yo estaba sentada en la playa una tarde de invierno y
el me había preguntado por el libro que leía. Yo le había respondido que
estaba leyendo “Sueño de una noche de verano” y había el respondido con
una exclamación diciendo que era su libro favorito. Así era como todo había
comenzado. Nuestra historia, nuestro futuro. Al haber esa coincidencia mi
mente había usado en mí la primera cosa que se le vino a la mente, eramos el
uno para el otro. Pero en esos momentos yo me preguntaba si existía algo mas
en lo que coincidíamos. Algo mas en lo que compatibilizáramos, no solo un
libro que, mas allá de mi creencia de que los libros era lo mejor que había
llegado a la tierra, era tonto. Porque si no fuera por ese libro yo podría decir
que eramos totalmente diferentes, como el agua y el aceite. Pensaba que si
esa tarde fría yo hubiera pensado en todas las posibilidades quizás no estaría
acá. Pero no, en esos tiempos yo estaba totalmente desesperada por
encontrar a mi príncipe azul como en los cuentos que tanto leía que no había
vacilado en que el no fuera el indicado. Pero ahora que si me detenía a
observar la situación me daba cuenta de que había cometido un gran error,
uno que no tenia reparación. Pero aunque no lo pudiera arreglar si podía
seguir adelante. No hacer como si nada hubiera pasado, pero tampoco estar
estancada en este enamoramiento que no era el indicado. Si es que había
alguno indicado porque con este suceso me preguntaba ¿Existen las historias
de los libros? ¿Es que se puede encontrar un Romeo? ¿Y que tal un Edward, un
Stefan, un Othello o un Harry Potter tal vez? ¿Las historias románticas eran
mentiras para engañarnos en cuanto al amor? Comprendí que todo cuanto
había creído de esas hermosas historias de amor y pasión era un gran complot.
La pregunta era quien armaba ese complot. ¿Las historias o los escritores? ¿Y
si era yo misma? ¿Qué tal si era yo misma la que había hecho un complot
contra mi porque quería encontrar al hombre perfecto ya que el mismo no
existía? ¿No existía? Aun después de esta experiencia me costaba pensar que
mi Edward Anthony Masen Cullen en verdad no existía. ¿Que tal si creer que
este hombre existía era tan loco o mas que pensar que los vampiros, magos,
brujas, duende y hobbits si lo hacían? ¿Estaba loca? Loca de amor no. Fueron
esas cuatro palabras que surgieron inesperadamente de mi mente las que me
hicieron decidirme.

Mire a la cama, en la cual estaba recostado Alejo. Esa era la ultima vez que
iba a ver esos ojos celeste, esa cabellera negra, ese torso musculoso...
Habíamos pasado por tanto y a la vez por tan poco. Estuve a punto de
echarme abajo en mi cometido recordando esas experiencias juntos. ¿Pero
porque importaba? ¿De que servía haber pasado tanto con una persona que
solo compartía un libro con vos? Yo sabia esa respuesta, de nada.

Agarre mis bolsos sigilosamente para no despertarlo, me di vuelta, agarre el


pomo de la puerta y al girarlo pensé en mirar atrás una ultima vez ese cuarto
y a esa persona a la que había creído amar por tanto tiempo engañándome.
Pero simplemente no lo hice. Atravesé la puerta y baje la escalera hasta
llegar a la entrada de la casa. Estuve por abrir pero decidí hacer algo antes.
Gire sobre mi misma y me acerque al sillón. Saque un lápiz y un papel y
escribí una nota para mi ex-amado. La deje en la mesa que se encontraba a
un costado del sillón y saque nuevamente algo de mi bolso. Deje “Una noche
de verano” junto a la carta. Cerré mi bolso y me dirigí de nuevo a la puerta.
La abrí y salí. Una paz reinaba en el vecindario. Baje las escaleras del porche
y al llegar a la acera y entendí el tan famoso dicho que nunca lograba
comprender. Mejor solo que mal acompañado.