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DAVID HERNANDEZ p= ee teeta) PORFIRIO JAMBLICO DIOGENES LAERCIO DIODORO DE SICILIA FOCIO DE CONSTANTINOPLA ATALANTA Memoria mundi En el mundo occidental, la primera figura que encarna el arquetipo del mediador sapiencial entre la comunidad humana y lo divino es, sin duda, Pitagoras de Samos. Las implicaciones de las doctrinas de este chaman en la historia de las ideas son enormes, pues sus invenciones abarcan todos los campos del saber: matematicas, astronomia, filoso- fia, retorica, politica, adivinacion, medicina y religion. Nada escapa a este sabio griego, al que se atribuye un famoso teorema matematico, las escalas musicales y la idea de la inmortalidad del alma. La primera parte del libro se ocupa de estudiar a Pitagoras como figura carismatica y legendaria, la coleccidn de sus ensenhanzas, sus aspectos manticos y politicos y, finalmente, la tradicion pitagorica entre la realidad y la falsificacion. En la segunda parte se presenta por pri- mera vez, en una nueva traduccion anotada, una recopilacion de todas las biografias del filosofo: las escritas por Porfirio de Tiro, Jamblico de Calcis y Didgenes Laercio, y, como novedad, la mas antigua que se con- serva, redactada por el historiador griego Diodoro de Sicilia (s. 1 a.C.}, y la del patriarca Focio de Constantinopla (s. 1x). Todo ello, junto a la coleccion de maximas pitagoricas de origen tardio, llamada Versos de oro, asi como el epitome de la enciclopedia bizantina Suda (s. x), forma el presente corpus biografico-doctrinal de Pitagoras, que era una labor pendiente en el panorama bibliografico espanol. David Hernandez de la Fuente (Madrid, 1974) es escritor y profesor universitario, especializado en religion griega, antigledad tardia e his- toria del platonismo. Doctor en filologia clasica y sociologia, es autor de los ensayos Ordculos griegos (Alianza) y Bakkhos Anax (CSIC), asi como de numerosos articulos en revistas académicas y ediciones de autores clasicos, y ha coordinado la obra colectiva New Perspectives on Late Antiquity (Cambridge Scholars Pub.]. Como autor de narrativa ha publi- cado Las puertas del sueno (Premio de Arte Joven 2005 de la Comunidad de Madrid], Continental (2007) y A cu- bierto (Premio Diputacién de Valencia 2010). www.atalantaweb.com \ p wee MSS \ ] 7 14% AA By Lr i s Sy . Py Ala Lay PLANT ZAMAN F Xe J w iy Ay > Sj oJ ass ps i Ww TIONS — | 7 Ts sf e 6 a f-/ Gas a Eo DEERE Vea FE > BESS aa ie a) Joes reeD Re a : bi (EBS ASE 0 A aK Ore ssrasiere MEMORIA MUNDI ATALANTA 59 DAVID HERNANDEZ DE LA FUENTE VIDAS DE PITAGORAS Fufire ere ATALANTA 2011 En cubierta: Busto del llamado «filésofo de Porticello» (ss. V-IV a.C.). Museo Nazionale di Reggio Calabria. En guardas: Grabado del Theorica musicae de F. Gafurio (ca, 1480), con Pitagoras y Filolao. Direccién y disefio: Jacobo Siruela Cualquier forma de reproduccién, distribucién, comunicacién publica o transformacién de esta obra slo puede ser realizada con la autorizacién de sus tivulares, salvo excepcién prevista por la ley. Dirijase a CEDRO (Centro Espaiol de Derechos Reprogréficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar © escanear algiin fragmento de esta obra. Todos los derechos reservados. © David Hernandez de la Fuente, 2011 © EDICIONES ATALANTA, S. L. Mas Pou, Vilaiir 17483. Girona, Espafia Teléfono: 972 79 58.05 Fax: 972 79 58 34 atalantaweb.com ISBN: 978-84-938466-6-4 Depésito Legal B-29.646-2011 {INDICE Prefacio: Pitagoras y sus vidas en la encrucijada 13 Primera parte: Mediador con lo divino. Un estudio sobre Pitagoras I. El mito del hombre divino: en torno al «chamanismoy griego 19 1. Vocabulario y concepto del hombre divino 22 2. Entre Apolo y Dioniso 28 3. Algunos chamanes griegos 39 4. Del hombre divino al santo 43 IL. El mito de Pitagoras: vidas y ensefianzas del hombre divino 46 1. Pitdgoras: de la biograffa a la hagiografia 50 2. Las ensefianzas del hombre divino 67 3. La vida pitagérica: ética e iniciacién en la secta divina 75 IIL El mito del pitagorismo: la caverna, el adivino y la comunidad 87 1. La caverna y el espacio sacro subterréneo 87 2. Algunos adivinos griegos 93 3. Méntica pitagérica: katdbasis, incubacién, filosofia 104, 4. Politica pitagérica: el adivino y la comunidad 117 5. El legado del modelo politico pitagérico 130 IV. Breve panorama de la tradicién pitagérica: pitagéricos y falsarios 134 1. Pitagéricos: la cuestién del ntimero y la armonia 138 2. Falsarios: el problema de la tradicién pitagérica 167 3. Algunos bidgrafos pitagéricos: acerca de la interpretacién neoplaténica 182 Segunda parte: Vidas de Pitagoras I. «Pitagoras y el pitagorismo.» Diodoro de Sicilia 199 IL. «Vida de Pitagoras.» Didégenes Laercio 202 ILL «Vida de Pitégoras.» Porfirio de Tiro 220 IV. «Sobre la vida pitagérica.» Jamblico de Calis 240 V. «Vida de Pitdgoras.» Focio de Constantinopla 346 VI. «Vida de Pitdgoras.» Suda 352 Apéndice: Versos de oro 353 Notas 356 Bibliografia Ars Abreviaturas 437 Indice de ilustraciones 438 Vidas de Pitagoras uxori optimae PREFACIO: PITAGORAS Y SUS VIDAS EN LA ENCRUCIJADA Después de haber recibido una atencién ambivalente en la tradicién de los estudios clasicos, que ha oscilado a lo largo de los siglos entre la veneracién y el escepticismo, Pitagoras y su es- cuela se pusieron de actualidad académica en 1962 con la publi- cacién de un ya clasico estudio de W. Burkert,' que alcanzarfa enorme difusion desde su version ampliada en inglés diez afios més tarde. En la década de 1960 comenzaron a valorarse algunos aspectos del mundo griego que las posturas més tradicionales en filosofia y filologfa clasica parecfan empefiadas en descuidar. Se puso de manifiesto entonces, retomando algunas interpretacio- nes antiguas, el legado del pitagorismo para la religidn y el mis- ticismo en la Grecia arcaica y clasica, separandolo nitidamente de adiciones ¢ influencias posteriores, en su mayoria proceden- tes del mundo del platonismo, como la atribucién de teorfas ma- tematicas y musicales a una figura sapiencial clave de la cultura griega arcaica. Esta recuperacién de la figura de Pitégoras como simbolo re- ligioso se hacia eco de ideas anteriores relativas a la historia de la filosofia y la religidn griega que ya se encontraban presentes en trabajos de enorme importancia, como el de E. Frank sobre la relaci6n entre platonismo y pitagorismo temprano,* los de los llamados «ritualistas de Cambridge» y los estudios de K. Meuli, M. Eliade o E. R. Dodds} sobre algunas figuras de la religion griega arcaica. Estas obras se interesaban por los aspectos tradi- a3: cionalmente considerados «legendarios» en la vida de Pitagoras, es decir, su vertiente magica y semidivina, de sabio marcado por una inspiracién sobrenatural o divina. Quedaba asi en evidencia lo dificil que era deslindar entre el origen de la filosofia —Pita- goras es el supuesto inventor de esta palabra—+ y las antiguas tra- diciones sapienciales de la religién griega, a menudo tachadas de supersticiones por los estudiosos més racionalistas del mundo antiguo, que tendian a ver en Grecia el origen de una ldgica y un materialismo modernos. Pese a esta rehabilitacién del Pitagoras legendario, su fama de padre de la matematica, la astronomia y la musica persiste en diversas tradiciones mds o menos apécrifas que han visto en esta figura histérica -y, recordémoslo, también literaria— un simbolo de la ciencia y el progreso, la reduccién del universo a ntimero y proporcidn. Puede decirse que las opiniones sobre la realidad histérica y filoséfica de Pitagoras se dividen entre la primera co- rriente, representada principalmente por Burkert, y la idea tra- dicional de un Pitdgoras cientifico, que ha reelaborado y defendido L. Zhmud¥ Asi, este autor y algunos otros‘ argu- mentan que no se puede relegar a Pitagoras, el padre simbélico del espfritu analitico moderno -con la maxima tradicional pita- gorica de «todo es nimero»-, a una mera figura religiosa. Algu- nos autores que han intervenido recientemente en el debate proponen un punto intermedio entre el aura legendaria de Pita- goras y una visién més racionalista y «cientifica» del sabio, que rebaje los tonos religiosos del personaje; se mantienc en cllos, sin embargo, un cierto prejuicio contra los fenémenos religiosos que subyacen tras esas notas de leyenda, En estudios més recientes, como las visiones de conjunto de C. Kahn y C. Riedweg? o las sugerentes propuestas de P. Kings- ley,? se han consolidado las visiones casi excluyentes entre si de un Pitdgoras histérico, actor politico en la Magna Grecia, frente aun Pitdgoras mégico y relacionado con lo sobrenatural. Pero, asi como Platén, nuestra gran fuente indirecta de toda esta tra~ dicién, entrelazé lo politico con todo aquel mundo mistico, filos6fico y magico, una aproximacién actual también debe per- mitir que ambos ambitos se entremezclen. Es preciso ofrecer aqui una visién que combine tanto los temas legendarios y el 14 pensamiento mitico, tan caro al Pitdgoras de las biograffas anti- guas que aqui se presentan, como la actividad social y politica de su secta, todo ello desde una aproximacién que evoque la fas cinante influencia de esta figura clave en los origenes de la tra- dicién intelectual de Occidente. Ambas corrientes esgrimen con especial énfasis, a veces como opuestos irreconciliables, los dos grandes bloques atri- buidos al filésofo: la nocién de la inmortalidad del alma (y sus peripecias fuera del cuerpo) y la idea de que el universo se puede entender mediante niimeros. No hay contradiccién entre ambos, y es muy posible que convivieran en el pitagorismo primitivo, pero lo cierto es que en la figura de Pitgoras sélo tenemos cons- tancia de la primera faceta, como se verd en las paginas siguien- tes, mientras que de la segunda apenas disponemos de leves indicios, pues las evidencias apuntan siempre a los pitagéricos posteriores, notablemente Filolao y Arquitas."° Por ello nos cen- traremos en la esfera del pensamiento religioso y de los inicios de la metafisica griega, tratando de superar, por un lado, anti- guos prejuicios y, por otro, la tradicién de favorecer la idea de un Pitagoras cientifico. Se intentard poner de relieve, por tiltimo, la importancia de Pitégoras como hombre divino (theios aner) en los comienzos de la reflexién politica de! mundo griego. Com- binando los dos puntos de vista ya consagrados y tradicionales, hay una via mas actual para abordar el papel de mediador con lo divino que representa Pitdgoras en cl mundo antiguo: la que, mas alla de los estudios clisicos o de la historia de la filosofia, parte del pensamiento actual, la sociologfa de la religién y la his- toria cultural y de las religiones. Aparte de estas nociones iniciales, la Jectura que aqui se pro- pone pretende centrarse en una faceta del «divino Pitagoras» que, como se argumentard en las paginas que siguen, supone el nticleo de su realidad historica y se presenta en dos vertientes. La primera se refiere a su labor de mediacién con el mundo de lo divino, que ha sido interpretada en clave religiosa en la his- toria de la cultura griega y que hace del Pitégoras legendario un salvador de la raza humana enviado por los dioses: aqui Pitago- ras es el intermediario entre la divinidad y toda la humanidad, que puede beneficiarse de una sabiduria més alld de su expe- vy riencia. La segunda vertiente se refiere a la prerrogativa de este mediador para unir a la comunidad mediante los vinculos in- quebrantables de la identidad religiosa y para intentar construir en la tierra un tipo de sociedad que refleje los modelos divinos; esa antigua politica pitagérica de la Magna Grecia" dejaria mas adelante huellas indelebles en el pensamiento de Platén. Pita- goras se inserta directamente en la tradicién de los legisladores miticos de la Antigiiedad, marcados por Ia inspiracién o direc- tamente por la revelacién de un dios. Cabe preguntarse ante todo qué se puede aportar hoy desde esta perspectiva a campos como la historia del pensamiento, la filologia clasica o la historia de Jas ideas para el conocimiento de las ideas clave del pitagorismo: desde la vida mas alld de la muerte a la relacién proporcional entre el macrocosmos y el mi- crocosmos, pasando por la posibilidad de reducir la materia y la conciencia a numeros. La fisica, la ética, la politica y, sobre todo, la metaffsica del antiguo pitagorismo dificilmente pueden ser re- construidas en la actualidad a partir de los testimonios que han Negado hasta nosotros, aunque una nueva lectura de las biogra- fias conservadas del filésofo, contrastada con los mencionados estudios sobre la historia de la religién griega y de la filosofia antigua, posibilita una valoracién adecuada no sélo de las fuen- tes mds antiguas sino también de las tardias. Y ello porque en el estudio del pitagorismo puede aplicarse una vieja regla del estu- dio de los manuscritos: recentiores non deteriores. Aqui se tratard la figura de Pitagoras desde su tradicion biogréfica tardia pres- tando especial atencién a sus aspectos mas legendarios, con el propésito de distinguir lo mitico de lo histérico y de ofrecer a la vez un estado de la cuestién acerca del pitagorismo y de sus implicaciones filoséficas y religiosas. El método de aproximacién a un legado histérico-cultural tan enorme como el de Pitdgoras, en sus diversas etapas y ver- tientes, ha de dar cuenta de dos variables ineludibles: por una parte, se debe situar el pitagorismo en el marco del complejo sis- tema de la religién griega y, en concreto, en el campo de la reli- gién subterrdnea y de los misterios;'* por otra parte, hay que tener siempre presente el catalizador ideoldgico que para el pi- tagorismo supuso la tradicién platénica, tanto la obra del pro- 16 pio Platén como la recepcién de ésta en el neoplatonismo y en los varios renacimientos neopitagéricos. Todo ello desde una vi- sién sugerente y libre de complejos que retina las nociones re- ligiosas basicas del pitagorismo y examine de qué forma se entendieron en su contexto e impregnaron literaria e ideolégi- camente las fuentes antiguas y tardias. La escasez de bibliograffa en lengua espafiola sobre este tema aconsejaba vivamente la publicacién de un libro de estas carac- terfsticas. Se pretende aqui, ademas de solventar dicha carencia mediante un estudio parcial y con tesis propias -por ejemplo, la relevancia del mediador Pitagoras en la historia de la teorfa del alma," en Ia tradicidn oracular y en la politica de la Grecia an- tigua-, elaborar una suerte de antologfa biografica pitagérica lo més completa posible, que supere la dispersién de las ediciones existentes.’ La primera parte del libro se ocupa de estudiar a Pi- tégoras como mediador con lo divino, su figura carismatica, la confeccién de su biografia legendaria, los aspectos manticos y politicos de su labor de intermediacién y, finalmente, la cues- tidn de la tradicién pitagérica. El theios aner Pitdgoras se perfila como mistico y chaman -pero con implicaciones para la filoso- fia y la politica~ mas que como precursor de las ciencias exactas, de las que se erige en inventor legendario, demostréndose asi- mismo que su faceta de mediacién sociopolitica no es sino una extensién de su actividad en el campo de la antigua religién griega. En la segunda parte se presenta una recopilacién de las vidas de Pitagoras, que constituyen las fuentes sobre su figura histé- rica, mitica y literaria, en una nueva traduccién anotada. Las vidas mds conocidas y completas, escritas por Porfirio de Tiro, Jamblico de Calcis y Didgenes Laercio (siglo 1 d.C.), son tra- ducidas y comentadas a la luz de los puntos tratados en la pri- mera parte. Como novedad se incluyen la breve vida de Pitégoras redactada por el historiador griego Diodoro de Sicilia (s. 1a.C.), por su interés como resumen biografico mas antiguo,"s la del patriarca Focio de Constantinopla (s. 1x) y el breve epi- tome de la enciclopedia bizantina Suda (s. x). Las seis vidas van seguidas, a modo de colofén, de los Ilamados Versos de oro, una coleccién de maximas pitagéricas de origen tardio. 7 PRIMERA PARTE: MEDIADOR CON LO DIVINO. UN ESTUDIO SOBRE PITAGORAS. I. El mito del hombre divino: en torno al «chamanismo» griego El hombre divino, el mediador entre la comunidad politica y la divinidad que es a la vez lider de una secta social y religiosa, es una de las concepciones humanas més antiguas y, como es obvio, su discusién sigue vigente. El liderazgo carismético en un grupo humano, ya sea religioso o politico, se aborda a me- nudo en el debate académico moderno como un don y un riesgo al mismo tiempo. Hay ciertos modelos de lo que podriamos Ila- mar «excepcionalidad publica» que transitan entre lo politico y lo religioso: héroes con un aura sacra, hombres providenciales y caudillos salvadores que sirven a la comunidad como media- dores con un mundo mis alld de la experiencia humana y las ca- tegorias racionales. Es una figura algo alejada del racionalismo occidental, que tiende a circunscribirla al mundo oriental, a un misticismo extranjero alejado de las modernas democracias. Y, sin embargo, el hombre divino, el profeta politico o legislador méntico, estd en la base de nuestea propia civilizacién y de la an- tigua y prestigiosa cultura en la que queremos reconocer nues- tras raices. La figura del hombre divino, ademas, ha cobrado especial re- levancia en la discusién politica, filoséfica y sociolégica de la modernidad a causa de la radicalizacidn del poder personal en el siglo XX y a comienzos del xx1, asf como del énfasis que ciertos 19 regimenes han puesto en las relaciones entre la politica y la di- vinidad. Asi se refleja en los estudios sobre sociologia de la re- ligién de Max Weber, o en la idea de excepcionalidad en la filosoffa politica actual. Se trata de un fenémeno que, en el siglo Xx, y en la atmésfera ideolégica previa a la ascensién del totali- tarismo en Alemania, generé un interesante debate en el ambito de la filosofia del derecho y la historia de las ideas y de las reli- giones entre figuras fundamentales para entender el pensamiento politico y social de la modernidad, como el propio Weber, pero también Walter Benjamin o Carl Schmitt.' Es preciso mencionar ademés la radicalizacién de la idea del hombre providencial que se ha producido en los tltimos tiem- pos en ciertos regimenes populistas, en las relaciones entre el grupo politico y la divinidad 0 a propésito de ciertas figuras del fundamentalismo ~cristiano o isldmico-, sectas y grupos reli- giosos, etcétera. La idea del hombre divino es, pues, un campo de trabajo idéneo para remitirse como marco conceptual a las tesis weberianas sobre el carisma dentro de la sociologia de la religion, por los interesantes resultados que ha ofrecido en los casos en que conviven lo politico y lo sacro. Tanto las teorias sobre el carisma como las de la iluminacién mistica que se expo- nen en Economia y sociedad (1905) pueden aplicarse al mundo antiguo.? El liderazgo carismatico, caracter{stico de los hombres providenciales, confiere una autoridad distinta a la que otorgan la ley o la tradicién gracias a ciertas cualidades sobrenaturales inaccesibles para la persona normal y consideradas de origen di- vino y ejemplares. La sociedad carismatica que surge en torno a una personalidad excepcional de estas caracteristicas tiene como atributos esenciales: una autoridad que emana de la cjemplari- dad del lider y que se asocia a veces con el poder divino; la pro- cedencia marginal del lider, ya sea social o geograficamente; y la aparicion en tiempos de cambio social o inestabilidad politica, a menudo como resultado de una revuelta contra la sociedad tra- dicional o legal-racional. Otras caracterfsticas son su breve du- racion y su final frecuentemente violento. Por otra parte, hay que remitirse a la nocién esencial del co- municador de lo divino que analizé el pensador Max Scheler en su obra De lo eterno en el hombre (1921), un estudio de feno- 20 menologia de la religién que propone aplicar una metodologia gradual en el estudio de las diversas formas en que la divinidad ha conferido al hombre su esencia y su ser: «el brujo, el mago, el adivino, el sabio, el profeta, el legislador y jucz, el rey y héroe, el sacerdote y salvador, el redentor, el mediador, el mesias...», estableciendo las diferencias esenciales entre el homo religiosus u hombre santo y otros tipos de figuras intermedias, entre el prototipo de fundador de una religién, el de una secta y el de santo 0 iluminado. A ello se afiaden las tipologias del grupo re- ligioso que se forma en torno al hombre divino, establecidas por la sociologia de las religiones, desde Weber y Troeltsch hasta Wilson, con la dicotomfa iglesia-secta. E] Ifder carismatico que atina las caracterfsticas de mediador sociopolitico y religioso es capaz de fundar un grupo religioso de nuevo cuiio, reforzado por una pureza o piedad exacerbadas que acaban segregindolo de la sociedad general mediante reglas estrictas en materia de vi- vienda comin, propiedad, vestimenta o alimentacién.4 Al abordar un ensayo sobre el «hombre divino» como figura mediadora, reparamos inmediatamente en que no sélo se trata de un trabajo de intencién meramente anticuaria, filolégica o his- t6rica, sino también de un acercamiento a una figura clave para el pensamiento, tanto religioso como politico, de un enorme in- terés para comprender patrones de comportamiento actuales. El concepto de hombre divino, sin embargo, no se circunscribe ala filosofia metafisica o politica; puede aplicarse a otras dreas del saber (antropologia, sociologia, derecho, historia de las religio- nes y las ideas), asf como contribuir a un mejor conocimiento general de la naturaleza humana. Hay muchas razones, en fin, para indagar atin hoy en los modelos de comportamiento que aparecen en algunos hombres santos y fundadores de grupos re- ligiosos de los tiempos antiguos. En el mundo occidental, la primera figura de hombre divino de la que tenemos noticia, que supo reunir a su alrededor una secta doctrinal de este tipo, fue, sin duda alguna, Pitdgoras de Samos. Pitagoras fue un sabio, cientifico, sacerdote y politico al que desde antiguo se aplicé la consideracién de «divino» (theios) con preferencia frente a cualquier otra. Pero, més alla de la no- cién capital de hombre divino, la influencia ejercida por este per- 21 sonaje y sus doctrinas en la historia de las ideas es enorme. Se le atribuyen invenciones en todos los campos del saber: como un auténtico descubridor (protos heuretés)’ de toda la sabiduria hu- mana, Pitdgoras parece un ser a medio camino entre los hom- bres y los dioses, un Prometeo que acerca a los mortales el fuego del progreso. La matematica, la astronomia, la filosofia, la re- t6rica, la politica, la adivinacién, la medicina, la religion; nada escapa a este sabio primordial al que tradicionalmente se ha adjudicado la invencién de un famoso teorema matemiatico, las escalas musicales y algunas ideas astronémicas sobre el movi- miento de los cuerpos celestes. Hay quien recuerda también que es suyo un concepto que ha revolucionado a la humanidad: la idea de la inmortalidad del alma (y su consecuencia inmediata, la vida tras la muerte y la reencarnacién). Y quien afiade que fund6 un estilo de vida, una secta filoséfica de estricta ascesis y doctrinas secretas. Pitagoras y el pitagorismo, el hombre divino y sus ensefianzas, han logrado, en fin, una pervivencia ambigua pero indeleble en la tradicién filoséfica, cientifica y literaria de Occidente. 1. Vocabulario y concepto del hombre divino Antes de emprender cualquier aproximacién a la figura his- torica de Pitagoras, es preciso hacer algunas consideraciones previas para delimitar terminoldégicamente la categoria del hom- bre divino en la historia cultural y politica de la Antigiiedad griega desde la edad arcaica a la tardia.’ El vocabulario griego referido a este concepto filoséfico, re- ligioso y politico y su utilizacidn en la literatura antigua pueden proporcionar un panorama de los rasgos caracteristicos del hombre providencial.” Una breve historia de la terminologia griega sobre esta figura muestra algunos detalles clave sobre su evolucién diacrénica y semantica. En el mundo griego antiguo, habia diversas palabras que aludfan a este concepto. La idea se expresa en toda su plenitud mediante la locucién aner theios («hombre divino»), aplicada tradicionalmente a Pitagoras y al- gunos presocraticos como Empédocles,' y mas tarde a los hom- bres santos paganos 0 cristianos, de época helenistica y romana. 22 La inspiracién intelectual era divina para los griegos, y el ca- racter cercano a los dioses de los poetas, profetas y sabios es a menudo subrayado en las fuentes antiguas. Homero, por su- puesto, es el divino (theios) poeta, y su obra la «més divina» (thei6taton)."° También es un concepto aplicado a la filosoffa: en la tradicién platénica, el discurso parece un ente independiente y casi divino, un logos theios," inspirado por un principio so- brenatural. La locura divina que inspira a poetas, sacerdotes, profetas o fildsofos, segtin la célebre clasificacién del Fedro de Platén," se puede interpretar como una enajenacién mistica hacia lo divino cuyo grado maximo es la contemplacién final de la verdad. La locura de inspiracién divina es una iluminaci6n su- perior del alma racional. Por su participacién en esta inspira- cién, el hombre divino se diferencia del hombre normal,"} pues participa de lo divino (to theion) o las cosas divinas (ta theia).'* El adverbio derivado (theiés) es usado también en la filosofia para el hablar inspirado por la divinidad. También en la tradicién biogrdfica griega de personajes ex- cepcionales, desde Plutarco y sus Vidas paralelas,'® hasta las vidas de santos paganos (Porfirio, Filéstrato, etcétera) y cristia- nos (Atanasio, los padres del desierto, etcétera) la idea del hom- bre marcado por las sefiales divinas se fundamenta sobre el ad- jetivo theios y algunos derivados interesantes. Como es normal, los textos cristianos serdn més parcos en el uso de este adjetivo, salvo en la figura de Cristo y en los conceptos derivados de la providencia divina, mientras que los paganos van a hacer un uso tradicional y patrimonial de él, referido a filésofos de tradicién pitagérica y platénica. Entre los derivados més interesantes que se usan en estos textos, encontramos los adjetivos isétheos y an- titheos («semejante a un dios»), el sustantivo theiotes («santi- dad») y los verbos theiazo («actuar como un dios», «interaccio- nar con un dios» u «obrar en nombre de un dios») y su variante theazo, que merecen brevemente nuestra atencién. Isétheos («casi dios», «divino» o «igual a los dioses») parece ser uno de los vocablos més frecuentes para este concepto en la poesia antigua, ya en Homero, Pindaro o los escritores de tra- gedia.”” Pero la palabra tiene una especial relevancia conceptual para la filosofia, la retérica y la ciencia, en las que designa a un 23 experto en estas artes que se iguala con lo divino por el origen de su inspiraci6n en aquel mundo:'* recordemos la figura del ia- tr6s philésophos 0 iatrémantis, médico heroizado y sagrado, que a menudo es Ilamado isétheos, tanto por sus curaciones mila- grosas como por sus medicamentos.'? En cuanto a la politica, por supuesto, un régimen ideal debia tender a ser isdtheos, desde la alusién de Euripides a un «tirano divino»* hasta el ideal pla- tonico de la direccién filoséfica bajo tal advocacién. También antitheos denota la idea de un mortal que «es como un dios» o «sustituye> la figura de un dios: el epiteto aparece a menudo en Homero y Pindaro para designar a los héroes.*! El sustantivo abstracto therotes caracteriza al santo o al pia- doso, mientras que el verbo theiazo -y su variante epitheiazo- se emplea para el que dice ordculos o habla inspiradamente en nombre de un dios.” En el mundo filoséfico de la Antigiiedad tardfa, este verbo aparece sefialadamente cuando se habla de grandes filésofos divinos, no slo Pitagoras y Platén, que ya de por sf tenfan esa consideracién, a la par que Homero en la poesia, sino también sus epigonos Porfirio, Jamblico, Siriano o Proclo.} Destaca una variante del verbo anterior, theazo, y su uso con preverbio -entheazo o epitheazo-, que mas bien desig- nan la posesi6n divina,** y que completan una serie de palabras que, como ha observado Briand, corresponden en general al campo semantico de la profecia y la adoraci6n, pero también tie~ nen implicaciones politicas en historiadores o biégrafos. Hay que mencionar, finalmente, otro vocablo que alude al ser intermedio por excelencia: daimon. Mientras que theos de- signa al dios, daimon se puede referir a todo tipo de actuaciones edivinas» o «propias de un dios». Las expresiones para el azar suclen incluir en griego la mencién de este poder deménico* que mueve los hilos de la suerte (katd daimona). E| daimon pasa de equipararse con el destino que controla a los mortales, en la épica y mas frecuentemente en la tragedia,7 a designar, con mayor interés para nuestro tema, el «genio» que favorece o dafia a una persona particular. Con este sentido se puede leer daimon en Platén, pero también en los papiros magicos griegos, lo que da una muestra de la sensibilidad religiosa antigua al respecto,** Desde un punto de vista filoséfico, la figura del demon se con- 24 vierte en un guia que inspira y protege, un ser divino que, como el caso de Sécrates, es individual y se le asigna a cada ser hu- mano antes de su nacimiento para que le acompajie durante el resto de su vida’? Pero en la religion griega el daimon es también un tipo de ser divino intermedio que resulta de las almas de los hombres de las edades de oro y de plata, segtin el célebre mito religioso que cuenta Hesfodo en Trabajos y dias, y que acta como demonio tutelar.° Al poeta le interesa el destino ultraterreno de estos hombres de oro de los tiempos de Crono que, al morir, se con- vierten en «genios benéficos terrestres [...] guardianes de los hombres» (daimones hagnoi epichthonioi (...] alexikakoi, phy- lakes thnetén anthropén). Los hombres de la raza de plata, no- tablemente inferiores en cuanto a naturaleza y pensamiento (Trab. y dias, 127-128), son exterminados por Zeus a causa de su soberbia, pese a lo cual serén honrados como «genios subte- rrdneos» (141, hypochthonioi mdkares). En tercer lugar, otros hombres sobrenaturales, héroes que han mostrado su excelencia en vida, adquieren al morir el privilegio de habitar las islas de los Bienaventurados —un paraiso en la tierra donde, por cierto, reinard Crono tras ser derrotado y desterrado por Zeus-, en eterna dicha y abundancia: un més allé feliz que, segtin las cre- encias mistéricas, esperaba también a los iniciados. Algunos hombres heroicos, por su comportamiento o su vida excepcio- nal, poseen asimismo la condicién de démones tutelares y reci- ben veneracién de los mortales.3' Ahi esta el origen mitico de dos ambitos de adoracién diferenciados, deménico y heroico, que se comentardn mds adelante. Hay una tipologia de seres intermedios que se puede estu- diar, en cuanto a su cardcter y funciones, teniendo en cuenta tres ejes: religioso, filosdfico y politico. Los seres intermedios son espiritus semidivinos, dafiinos o benefactores, muy relaciona- dos con las religiones mistéricas, que se caracterizan por la pre- sencia mediadora del genio en el rito de iniciacién. También ejercen de intermediarios entre dioses y hombres, con un papel fundamental tanto en ordculos como en otras practicas de adi- vinacién.» Se consideran generalmente seres inferiores a los dio- ses, que admiten un tipo de interaccién mAs cercana por parte de 25 los mortales, a efectos incluso de forzar su voluntad mediante procedimientos magicos o de tetirgia, como se denominara esta practica en el neoplatonismo de la Antigiiedad tardia.> A partir de la época cristiana, como es bien sabido, daimon pasard a es- pecializarse sin duda por influencia de la condena eclesiastica de la adivinacién pagana- para designar al espiritu malvado.’s Como el demon, el héroe divino cl4sico era un mediador en lo excepcional y actuaba en un espacio intermedio entre hom- bres y dioses. Cabe incluso relacionarlo con las divinidades menores que aparecen en la mitologia griega. El testimonio de poetas tradicionales como Hesiodo o Esquilo lo pone en con- tacto con mitos relativos a ciertas figuras heroicas y religiosas que conviven entre dos mundos: las diversas taxonomias de los héroes o los démones se plantean desde época tan antigua como la de Empédocles hasta los neoplat6nicos (especialmente Porfi- rio)* y los primeros autores de época cristiana, pasando por Pla- t6n o Plutarco.” La evolucién de los paradigmas de definicin de estos seres intermedios desde la Antigiiedad clasica hasta el mundo cristiano estara determinada, en todo caso, por la figura del hombre santo por antonomasia en el mundo grecorromano y semitico: el adivino o profeta. El verbo daimonao, derivado del vocablo anterior, sefiala el estado de visitacién o posesidn divina ya en los autores de tra- gedia.3* Pero es en la filosoffa donde el demon sera sindénimo de la inspiracién que viene de fuera, a través de ciertos ddimones 0 genios no muy diferentes al que Sécrates afirmaba que le ha- blaba y aconsejaba.# Poesia y profecia estan ligadas a la posesin divina de ciertos individuos, como los poetas, de los que Platén dice que «componen no gracias a su ciencia, sino por una suerte de don natural y bajo inspiracién divina, como los adivinos 0 los profetas oraculares, pues también estos dicen muchas y her- mosas palabras, sin comprender nada de lo que dicen».*? Si $6- crates comparaba la voz de su daimon interior con las palabras que proferia la Pitia en su trance adivinatorio, también soste- nia que habfa realizado su misién filoséfica en la tierra porque le «habia ordenado obrar asi el dios, a través de ordculos y sue- jios y en todas las formas en que un hombre fue alguna vez di- rigido por el poder divino para hacer algo» (Apologia, 33C). 26 A este respecto, el ofr voces interiores es una experiencia muy comtin en el mundo griego desde que Atenea se le apare- ciera a Aquiles para impedir que cargase contra Agamenon (liada, 1 189-192). Estas epifanias interiores, Ilmense thymos homérico 0 daimon socratico, han llevado a diversos autores a teorizar sobre el tipo de experiencia psicolégica o de nivel de conciencia que entrafian. Dodds, por ejemplo, define el daimon griego como el «yo oculto», aquello que permanece después de Ja muerte y tras las encarnaciones (como lo entiende hablando de Empédocles) frente a la psyché que anima el cuerpo." Por su parte, el psicdlogo estadounidense Jaynes, que en un libro con- trovertido ha teorizado sobre el surgimiento de la conciencia, afirma que la mente humana dotada de dos cémaras —una de las cuales refleja este estado, o tal vez «voz», interior— cs un paso re- lativamente reciente en la evolucién del cerebro. Para Jaynes, en la etapa del desarrollo de la conciencia moderna que supone el mundo griego, la mente del héroe homérico presenta ciertas diferencias respecto de nuestra mente subjetiva moderna, pues entonces «{...] la naturaleza humana se dividia en dos, una parte regulativa llamada dios y una parte ejecutiva llamada [...] hom- bre», en esa incipiente estructura de conciencia que denomina «mente bicameral». El daimon y su control, en todo caso, tienen que ver con un nivel de conciencia superior que supone un contacto con rea- lidades metafisicas. El genio interior de Sécrates es definido como un mediador entre mundos que le avisa cuando va a ha- cer algo mal, en claro recuerdo de la presencia divina que im- pide a Aquiles matar a Agamenén. Pero también se define como daimon al Eros filoséfico de Platén, «gran genio mediador» entre mortales ¢ inmortales, que en ocasiones ejerce la funcién de dios oracular: «Interpreta y comunica a los dioses las cosas humanas y las divinas a los hombres, las stiplicas y los sacrifi- cios de estos, las 6rdenes y recompensas de aquéllos. Al estar entre unos y otros rellena el espacio intermedio, de manera que el todo quede ligado con lo uno. A través de él discurre todo el arte de la adivinacién, y el arte de los sacerdotes de sacrificar, de las iniciaciones, los encantamientos, toda profecia y magia. La divinidad no entra en contacto con el hombre sino por este tipo 27 de seres, mediante los cuales sucede toda comunicacin y dié- logo entre dioses y hombres, tanto durante la vigilia como en suefios».4} Conque es en este vocablo, daimon, donde se centra la cues tidn del hombre divino pitagérico, en un contexto en el que este concepto funciona, siguiendo a Detienne, como una clara trans- posicién al lenguaje del pensamiento religioso de ciertos fend- menos de la vida humana, desde el punto de vista de la experiencia sacra colectiva y de la mediacién con la divinidad en un plano subjetivo y comunitario: «En el pensamiento religioso del antiguo pitagorismo, el demon, aunque esté dentro del ser humano, funciona también de cara al exterior de su cuerpo; forma parte del mundo exterior. Es a la vez interno y externo. Como principio divino interior, daimon, en el pensamiento re- ligioso de los pitagéricos, es una forma objetiva y puede apare- cer en el mundo exterior». El daimon arcaico de los griegos y, en particular, del pitagorismo antiguo se configura, en defini- tiva, como un ente mediador entre theos y anthropos. 2. Entre Apolo y Dioniso El mito del hombre divino, en su faceta de comunicador con el mundo de lo divino, se concreta en la antropologia y en la his- toria de las religiones de diversos pueblos mediante el concepto de chamanismo. El historiador de las religiones Mircea Eliade ha definido este fendmeno como una «técnica del éxtasis» que se puede usar de formas muy diversas en beneficio de la comuni- dad humana y para la obtencién de favores divinos.*s El chaman realiza varias funciones de mediacién en la comunidad, que os- cilan entre la medicina, la poesia, las ofrendas a la divinidad, la adivinacién y el contacto con el mundo divino, la memoria co- lectiva y mistica de la tribu o la conduccién de almas al ms alla, que pueden suponer un viaje solo de ida o de ida y vuelta. Es muy caracteristica esta estancia breve en el otro mundo del alma sola o acompafiada, en la cual el chamén asiste en la experiencia cognoscitiva e iniciatica de experimentar una «muerte antes de la muerte». Entre sus diversas funciones en la comunidad, casi siempre prevalece la de mediador con lo divino, sirviendo de 28 puente entre los hombres y el mundo que hay mis allé de lo sen- sible, el de los dioses, démones 0 espiritus de los muertos. Asi, el viaje de ida y vuelta al otro mundo, que en la mitolo- gia griega llevan a cabo no sdlo dioses como Hefesto o Dioniso, 6 héroes como Orfeo, sino también personajes manticos como Epiménides, Abaris o el propio Pitégoras en la tradicién sa- piencial, es caracteristico de esta actividad, que, en este sentido, bien puede ser considerada chamanica.* También el adivino retine espfritus y convoca a los muertos para utilizarlos en sus profecias. En su célebre libro El chamanismo y las técnicas ar- caicas del éxtasis, M. Eliade mostraba cierta reticencia a hablar de un chamanismo griego, aunque sf reconocia en ciertos mitos, como el de Orfeo, claros rasgos de los métodos chaménicos.”” Desde el punto de vista de la antropologia actual, la actividad mistica del chaman griego, especialmente en el campo de las practicas adivinatorias, es considerada, més alla de la simple ex- periencia religiosa, como un sistema de pensamiento Frente a las concepciones més usuales de la religion griega como un sistema de divinidades celestes, indoeuropeas y pa- triarcales, hay otra vertiente subterranea y mistérica, en la que el clemento médntico desempefia un papel fundamental. La dua- lidad entre divinidades olimpicas del cielo y démones cténicos, con la correspondiente divisién en el culto, sefiala estos dos estratos, uno acaso mis reciente y otro mas antiguo. Como se desprende de las interpretaciones de Eliade, los componentes chamAnicos se configurarian como restos de ese estadio subte- rranco de la religién griega que subyacen tras los cultos extati- cos del dionisismo, la mantica inspirada de Apolo o los miticos viajeros al otro mundo. Sin hablar de chamanismo griego, quizd si se pueden ver en la Grecia antigua, siguiendo a Eliade, algu- nos motivos o técnicas andlogas a este fendmeno cultural, rastros potencialmente chamanicos como curaciones milagrosas, adivi- naci6n por el sueiio, experiencias extaticas, etcétera. Los griegos de la época arcaica ya habian entrado en con- tacto con pueblos de tradicién chaminica como los tracios y los escitas. En un estudio clasico de Meuli sobre la influencia cha- ménica en la religion griega, se apunta en concreto a la antigua Escitia, situada en una extensién que abarca desde el norte del 29 Mar Negro hasta las estepas de Altai.** Sericto sensu, el cha- manismo como fendmeno religioso se origina precisamente en las areas de influencia escitica, en las Hanuras de Asia central, y se caracteriza por la mediacién con espiritus, la practica del trance, la hibernacién, la incubacién o la posesién divina, el poder sobre los animales, la capacidad para transformarse en animal o cambiar de sexo y la capacidad para viajar al més alld y regresar, a veces, rescatando del otro lado a algiin espiritu par- ticular para que venga a comunicar algo o simplemente a vivir de nuevo. Entre los antiguos escitas, los sacerdotes y adivinos eran la segunda clase en importancia tras los guerreros. Practicaban una religion chaménica, por lo que sabemos de ella, con culto a los animales ~como prueban las abundantes representaciones ico- nograficas halladas en los tuimulos- y a una serie de dioses que los griegos asimilaron a los suyos merced a la interpretatio graeca.*° Habia ritos de éxtasis y contacto con el mundo de los muertos parecidos a los de otras religiones antiguas de la Rusia del norte. Las costumbres funerarias imponfan el embalsama- miento del cadaver del jefe, relleno de hierbas aromiticas, y su transporte sobre un carro por las extensas Ilanuras para recibir las muestras de dolor de sus stibditos en forma de automuti- laciones. Cuando el convoy finebre llegaba a los confines de Escitia —

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