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Teo social © UNIDAD TE- TL Serie Breves dirigida por ENRIQUE TANDETER José Nun Marginalidad y exclusi6n social ef : pont ‘Mexico « Argentina -Brasl- Chl ~ Colombia -Bepane Estados Unidos de América Per - Venezsels ene tn) . Primergiviifln, 2001 saghaygpresin, 2003 OBTENIDG ROR: OBTENDO Ss — : ere! ta0% sian: 303-5, i N42 El Salvador 5665; 1414 Buenos Aires war fes.com.ae | fondo@ice.comar Av Pieacho Ajusco 227; 14200 Mexigo DE A, ISBN: 950-557392-8 Forocopiae libros esta penado pot la ley. Probibida su reproduccisn wotal 6 parcial por cualquier medio de Iimpiesion © digital, en forma idéntice, extractada o modificada, en castellano o en cual sin mutorizacisn expresa de la editorial, limpreso dp-Atrgentina - Printed in Argentina ‘Hecho el depésito que previene Iatey 11.723, Ala memoria de mis padres yde mi hermano 1969 La teoria de la’ masa marginal’ Introduccion El objeto de este trabajo es situar tedricamente el tema de Ia "marginalidad’ al nivel de las relacio- nes de produccion, con especial referencia al ca "EDGE Tos PAE capitalists de América Latina S pesalia ya ca banat sostener que se apertion tardie, su cardcter dependiente y la persistencia del atraso agrario asignan rasgos propios al desa- srollo del capitalismo industrial en nuestro conti- nente: Si esta constatacién previene ‘sobre los Hiesgos de trasladar mecénicamente a su estudio conceptos adquiridos en el anilisis de los proce- sos de industrislizacién consideradas “elésicos”, suele fundar otra actitud igualmente ingenua: Ia * Aparecido en Revista Larnoamecana de Sociologia, vol asim 2, pp. 178.236 bao el tla ‘Superpoblacion re= lasiva, ceric industrial ce resucvay musa ginal 35 de un rechazo aprioristico de tales conceptos, apoyade en la pretension de una originalidad ab- soluta que acaba por reintroducislos de manera subrepticia y, sobre todo, acritica, La prictica teérica es el campo por excclencia de sistemas de realimentacin particularmente fe- ccandos, Categorias elaboradas en otras épocas y para otros contextos sirven para aproximarse a rucvas situaciones, la reflexién especifica acerca de estas permite volver sobre aquellas para acla- rarlas y para enriquecerlas, poniendo a prueba las potencialidades del paredigma que las sustenta, En este sentido, el materi sons- tituird el universo de mi discurso, Coa el privile- gio relativo que otorga uit siglo de distancia, pro- curaré mostrar que la relectura de algunos textos de Marx —a veces no totalmente conscientes de si mismos~ proporcions los primeros elementos ne- cesarios para un planteo fructifero de nuestro asunto, Més coneretamente, me propongo estruce srar la nocién de "masa marginal” a partir de una itica a Ta asimilacion corsiente entre las catego- “Has de “superpoblacion relative” y de "3jerate ta ‘dustrial de_pesenva", seaatando las ventzjas-que— de estas precisiones teoricas? — Este trabajo contints parcialmente oto antec, eser- to en 1967 (¢f Ns, Maris y Maris 1968) En este lapse he sevitado citrus teas all presentadar con cates peekrsnay For eso seconozco ml deuda hacia los cosstores de agual Dojo por algunas de las ideas agus eqpueena al temp Ge los ‘ume de cualquier responesblidad por era roelaborscio, 36 A fin de que los argumentos que siguen ganen cen claridad, explicitare brevemente sus princips- les premises epistemologicas? 1, El objeto propio del “materialiamo histéri- co” no es el estudio de la historia “en general” si- zo el conocimiénto teérico de las extructuras ¢s- pecificas de historicidad (Althusser, 1966, p. 59) que singularizan diversos estadios del devenir hhumeno. Tales estaucturas expecificas de histori Como des- 3 En uns care a Conrad Schmid, obser Iiidamente EngelLa conceposin de uns cos au realidad orren ado Ao como dor aitotay acercindote espe, per sin ovaj isa diferencia esa que pide que el concept gue a ser eects « samediatamente realidad y que Ia realidad eae a ser nmadiataente su propio eoncepto" (ef Dob, 1961, 9.23). 38 pués veremos con mayor detalle, esta es una to- talidad histérica singular que se vuelve inteligible como combinatién especifica de diversos modos de produccién, con uno dominante que subord:- na al conjunto. A este objeto real-cancreto se lo denomina "formacién econémico-social” Sumariamente enunciadas, estas son las pro posiciones que sirven de soporte al anilisis que resento a continuacién, El concepto de superpoblacién relativa Como se sabe, Fl capital es una obra inconclusa que elabora parcialmente la teoria particular del modo de produccién capitalists en su fase com: petitiva, (Digo parcialmente pues lo que expone es la teoria regional de Ia instancia econdmica de este modo de produccion en ese fase} Desde el titulo ~"Produccién progresiva de una superpoblacién zelativa o ejército industrial de re- serva" (Marx, 1956,1, p. 507)~, el apartado 3 de su capitulo 23 parece identificar dos de las nociones mencionadas al comienzo, lo que ha inducido a la mayoria de los comentaristas de la obra a consi- derarlas como sinénimos. Asi, uno de sus exégetas nis serios se refiere a Marx y a "su famoso con- cepto del ‘ejército de reserva del trabajo’, o como también lo llamé, la ‘poblacién excedente relaci- va” (Sweezy, 1958, p. 100}. 39 Esta asimilaciOn resulta, sin embargo, inco- rrecta:no solo se trata de dos categorias distintas sino que se sitian « diferentes aiveles de genera- lidad. Mientras el concepto de ejército industrial de reserva corresponde a la teoria particular del modo de produccion capitalista, los conceptos complementarios de “poblaciéa adecuada” y de “cuperpoblacion selativa’ pereenecen a la teoria general del materialisme histérica, En el mismo apartado aludido hay ya un pé- rrafo que asi lo deja entender Pero la publi cacién de los Grundrisse der Kris der Poliischen Gkionimie® la que ha venido a despejar toda duda al respecto. Basindome, por eso, en los pasaes 4 relided, todo ségimen histrice concreto de pro- Aduccén tere sus leyes da poblacign props leyer que igen de un mode hisusicamenteconereta. Leyes abetacas de 0 blaaién solo exsen par los animeler yin plants rietas ©) hombre no intervene histrcamente en estos seine (Mare 1986, p. 509) S hkte wabsjo fondamentl -preparatono pero, en mu- has partes mr amplio que El capital dado el glodio crte™ ter inconclusa de este~ fue eset por Marx en 1857-1858 5, peso dune eaicion rosa de 1939-1341, permanecio de hecho Ignorado hasta 1953, en que se publicd sn Bevin una version 23 Ge decise, in vaca, que cunlguier andi istrco maresea (gue no tenga en cuants eta obre~er decks prictcamente to dos los andlss antencres 2 1941, y por desgracia mochos da Jos poseriares~daben ser reconsiderios anu luz" Me he = vid dela taduccicn Sancesa Paar, 1968), aunque en el tox to idesifiaré la obya con a primer palabra dl teso en sle- min ~Grdrsse..~ que la ncvidsaliza usalenente 0 pertinentes de este texto (Marx, 1968, 11, esp. pp. 105-113), sintetizaré el rezonamiento en que se fundan las nociones de “Poblacion adecuada" y “superpoblacicn relativa” I. Les Uabajadores y los medios de produc- i6n constivayen Jos factores fundamentales de todas las formas sociales de produccisn, 2. Sin embargo, mientras permanecen separs- dos, son solo factores en estado virtual Para cualquier produccidn, «= precisa que #2 combinen, La manera especial en que se opera festa combinecién es la que distingue las dife- entes Gpoces econdmaicas por las cules ba pr- sado la estractura socal (Marx, 1956, 11 p36) 3. La forma specifica que asume esta combina cin establece en cada caso el tamadio de la pobla- cin que puede considerarse adecuada: "Sus limi- tes dapenden de la elasticidad de la forma de pproduccién determinada; varian, se contraen 0 s¢ Gilatan de acuerdo con estas condiciones” (Marx, 1968, 1, p. 107) 4-La'parte de la poblacion que excede tales I mites permanece en el estado de mero factor vir- tual, pues no consigue vincularse ni alos medios reproducctén nia los productos: es lo que 3¢ Genomina una superpoblacién. Conviene subra- yar, por lo tanto, que 5 Ea ete como en algunos ot0s pale, he alterado ie sgenmente la traduccion castllang, compartndale con ln er Son Exncera de Fl capa. a s0n los medios del emplea ¥ ao los medios de substsencis los que hacen ingressr al trabajas dor en la categoria de superpeblacion, En sea. lidad, es necesasio concebir esta formula de tena manera todavia mas general y vincularla ¢ 4a mediacién social que le permite al ndividus Uigarse a los medios de se reproduccion y's los productos, En una palabra, se trata de las Con” Giciones de prodactién y de las relaciones del individu con ellas (Marx, 1968, 0, » 109). 5. De lo expuesto se desprende que:'a) Jos limi- tes de le poblacion adecuada fijan, a la vez, los de Js superpoblacién, ya que la base que los determi ‘na es Ia misma; b) el excedente de poblacisn es siempre relativo, pero no 8 los medios de subsis. ‘tencia en general sino al modo vigente para sa produiccién: “es entonces Gnicamente un exce- dente para tal nivel de desarrollo” (Marx, 1968, 1, P-110),0 sea que no se trata de un hecho unifor. me sino de una relacién historica,? y ©) las condi- Glones de produccién dominantes deciden tanto el carécter como los efectos de la superpoblacion, 7 Bate esol ncleo dele xtica « Malthus, ao siempre bien entendida (f, por eempla Suny 1963), Marx no po" pe en duds que, en clerss contexte productive, In publ. ‘ion pueda cece mae rapianunte que los mesos de pray aceon y de subsieencs cf Mars, 1568, 2109). Lavaee ‘hastona es Ia concepcicn abstracte y shistiviea defendida px el monje ngs ete “pedantesc ingeaidad” ue lleva ‘interpreta los movimientos demogrfices del siglo 0X con ‘pautasexradas dal andi de le efectos de le peste nee” x 6 silo 20V (Marx, 1956, tp 565). Para un buena disc sn del problem, wea Lante (1964), a Se advierte sin dificultades a extension de Ia categoria, restringida indebidamente por las in- terpretaciones as que antes sladi, El concepto de superpoblacién relativa comresponde a la teoria general del materialisme histérico y Marx (1968, 1, p, 106) lo indica de manera expresa:"Cada mo do de produccién tiene sus propias leyes de cre- cimiento de la poblacién y de la superpoblacién, sinénimo esta ultima de pauperismo” ‘Si hago hincapié en el punto no es por un pro ito escolistico sino porque, al no tenerlo en cuenta, se ha tendido a confundir dos problemas: elde la genesis estructural de una poblacion ex- cedente ¥ el de los efectos que su existencia pro voca en el sistema. Aquellos principios generales guian el anilisis te6rico de los movimientos de poblacién propios de cada modo de produccién; pero es solo el estudio de la estructura particular de ste el que permite detectar las consecuencias que tiene para él la eventual aparicion de una su- oblacion relativa.® PSR exe fn, es Stl introducir con propésitos hheuristicos [a idea de “funcion’. A diferencia del 8 Desde lace, es posible la inexitencis de supempobla- én en un moda de producci dado-"A wn cero nivel de 1 produsaiin socal pusde aber ono superpoblacio, y se efectos pueden varia (Mart, 1968, p. 108). La mea Baal ‘de socialise ~condensada tn ls famosa formula "de cada ‘cul Sogn sus habisdades « cada cual segen sus necesida doses prensamente a eliminacion definitva de ualgier forma de superpoblaccn, a uso que hace de ella la escuela funcionaliste clé- sica, se trata aqui de emplearla como una nocién metateérica, referida a una clase de atribuitos ex- cluyentes comprendidos en una proposicidn for- ‘mal del tipo: "Dados un elemento x y un conjun- toy, la relacién entre ambos puede ser funcional, disfuncional o afincional”. Como se ve, este e tun enunciado que no concieme a le realidad so- cial sino al lenguaje que utiliza el investigador ara analizarla (Boudon, 1967, p, 25). Aplicado a ‘uestro objetivo, lleva a preguntarse, en cada ca 50, por la funcionalidad que reviste el excedente de poblaciéa y, de acuerdo con ella, por los me- canismos de respuesta que elaboran les distintas instancias estructurales del modo de produccion examinedo. Algunos ejemplos serviran pare aclarar el pun- to, que hasta ahora ha recibiclo muy poca aten- ign sistemstica. Conviene subrayar previemente el mero caricter ilustrativo de tales ejemplos ya gue, en verdad, su planteo riguroso tendria que ser mediado por un endlisis de las formaciones econémico-sociales a las que comresponden. Las condiciones de repraduccién de los pue- bles primitivos en su fase recolectora-cazadora (Olmeda, 1954, p. 82) obligeban a disponer de vvastos territories y hacian que los limites de la poblacién adecuada fueran rigidemente inclasti- 0s. En ese contexto, toda superpoblacién zesul- ‘taba "disfuacional’, La respuesta del sistema era su eliminacion lisa y lana a través de las constan- 44 tes gues de exterminio entre as diversas s'En nuesoe das en nosso propio cone rent Pease ha estudlade una covrontad ind feoe de ie poroquia de Sen Rafoe, Otrl Emnndor enlinasce dol minnie y en em pobreceents eros del stl a conti Res rodunentarias den producién agraa'y relive ablamieno torman funcional ci {ule intemone demonic que supers Sots see Tumi nga insolucon conse en ge Sera encedente ‘Dow gor por fui se ha adhe orm dserdn El nfantito por shor fe delet eriturs po ex avo yn elo conden cise 1968903 F Pie vagtbundos medievles stan el sue puesto de una superpoblacién “afuncional” Los mendigos que importunaban a los conven: ‘try les ayudaban = comer su sobreproduccién pertenecen a la misma clase que los cortesanos feudales: esto demuestra que la produccién texcedente no posis ge totalmente consurnida por los pocor individwos que se la apropiaban (Mare, 1968, 2, p. 110). En otras palabras: con respecto a le forma pro ductiva dominante, tales mendigos resultaban su- perfluos pero, sin embargo, indiferentes, pues el sistema podia proporcionarles medios de subsis- rencia sobrantes. Algo similar podria decirse tal vex del “popolino” de las grandes ciudades prein- dustriales del sur de Europa, cuya relacién “sim- 65 histica” con el principe describe Hobsbawra (1963, pp. 114-118). Ambos casos son especial mente instructivos pues permiten formular una doble observacién general: por una parte, la “fan- Sionalidad” de la relacion na debe ser entendida en terminos estaticos; por atra, su cardcter puede cambiar por razones no necesariamente econd- micas, Cusndo el avance del capitalismo agrario Somienza a incrementar de manera considerable el ntimero de mendigos y de vagebundos, su vo- lumen atemorize cada vez mis a las clases diri- gentes europeas: el excedente “afuncional” ame- raza volverse “disfuncional” y la actitud caritative dominante en la Edad Media es sustituida, a par- tir del siglo xv, por severas leyes represivas (Bet~ telheim, 1952, pp. 83-85). También se disfuncio naliza en ciertas coyunturas la relacién del ‘Popolino” con el sistema: es cuando su concien- ia politica primitiva estalla en wn “legitimisma de Tas barricadas” que pone en peligro la domins- ci6n seitorial (Hobsbawm, 1963, p. 118) El andlisis que hace Weber (1954,-t, pp. 311- 314) dal dessrrollo de Ia forma eikos provee, fi nalmente, un ejemplo de superpoblacién “fan sional’. El vikos es una “gran hacienda doméstica, autoriteriamente dirigida, de un principe, setior territorial, patricio, cuyo motive sltimo no reside en Ia adguisicién capitalista de dinero, sino en le cobertura natural y organizada de las necesidades del senor” (p. 311). Pars lograrlo, es posible que la hacienda tenga que incorporar explotaciones 46 de indole lucrativa, pero lo decisive sigue siendo el “aprovechemiento del patsimonio” y no la lorizacion de| capital’. Ello explica que prefiera utilizar trabajadores serviles ¥ no esclavos, pues estos tltimos son, en general, “un media de pro- duccién comprado en el mercado y no abtenido por uno mismo”. Sin embargo, para que los tra- bajadores serviles puedan ser “producides” en la propia economia doméstica, se requiere la exis tencia de "familias" serviles y estas tienden a ge- nerar un volumen superfluo de mano de obra en relacién con las exigencias productivas del otkos, Esta superpoblacién es, no obstante, “funcional” para cl sistema desde que constituye la condicién necesaria pare el desarrollo mismo del trabajo servil. Pero la explicacién no puede detenerse aqui. Como bien sefala Gouldner (1959, pp. 248-251), cuando se analiza la persistencia “fun- ional” de una pauta es preciso que se demues- tren no solo las consecuencias que ene A para B sino también las que seviste B para A. En el caso. del oikos, esta reciprocidad funcional me parece clara: para contar con ese trabajo servil, el sefior descentraliza la vineulacién doméstics original, renuncia a une explotacién ilimiteda de la fuerza de trabajo y otorga una porcién de tierra a cada familia, Esta debe poner « disposicin de aquel “solo una parte de su capacidad de trabajo o en- tregarle tributos cuya cuantia, en especie o en di- nero, se fija de un modo mas o menos arbitrario © tradicional” (Weber, 1954, 1, p. 313); su esfuer- a productivo restante crea las posibilidades de sub- Sistencia de una poblacién que es excesiva y, al misma Siempo, funcional en términos del regi men econémica aludido, El concepto de ejército industrial de reserva Es necesario refer hora el ands que precede 1 torte particlar del modo de prelceoneee italia y, especialmente w lates egeed de 5 insencia economica La tests que tare toe ter et pare purd eames ge rreca simiacion de las categorie age pcb, Glen relnve’y "rei nds de secon fs lievadoaconflndlsen el extadio dl copes los proceonexpecificos que generin tee poblt cit excedente on lov fecis que es proves Galas Red concur amb usr eben diferencias al indagar cas poses Becificos, se obuenen las caractersticas propiss Br te “sperpeblacin rlaves de one metas nedacl et concepts dec ina as recerv”conesponte en cambio deren sus efectos de lat slaiones de ee saperebie Sign con i extrscrre global, acs ocho missiles en ext forma production wae Superpoblacon’consttye Secesreenenge as fyerio industrial de reserva, eategora gee ian a pica une relacién fimcional de ese excedente con el sistema en su conjunto, Para fundar el argumento, conviene revisar las dos causas principales de esa confusién entre el fenémeno y sus consecucncias. Una se conecta con la evoluicién misma del pensamiento de Marx, quien en rigor uss el concepto de ejército industrial de reserva en dos etspas distintas del desarrollo de sus andlisis econémicos, lo que ha sido fuente de ambigiiedades. La otra se vinculs ‘a una tendencia bastante difundida a reducic las totalidades complejas con que trabaje a procesos simples entre dos contrarios. 1. A pesar del riesgo de esquematismo que im- piica un corte de esta indole, puede sostenerse (que, @ partir de los Grundrisse..., se opers un ver- dadera cambio cualitativo ea cl enfoque econé- mico de Marx, Hasta entonces, el centro de su re- Alexién habia sido el mercado, el sistema de cambio que rige las relaciones de la sociedad ci- vil, En este trabajo, reconoce la superficialidad de esta perspectiva y descubre que i mercado es simplemente un mecanisms que lina lor varie momentos individuales de-un proceso riche més fundamental que el cam ‘bia, Mientras que antes la economia de Marx habia girado en tomo del movimiento de la competencia, en los Grundriste.., por primera vez an su obs, analiza sisteméticamente la eco rnomia dela produccién (Nicolaus, 1968, 9 46) 49 Para apreciar en toda su magnitud la importancia de este replanteo, baste recordar que datan recién de esta época (1857-1858) las mayores contribu iones de Mare al campo de la economia politica. bu reelaboracién de la teoria clasica del valor tra. bajo; su teoria de la plusvalia y su ley de la tenden. Gia descendente de la tara de la ganancia En este contexto, hay un hecho sobre el que me importa llamar la atencién’ la idea del ejército in- Sustrial de reserva aparece ya contenida en los es- critos juveniles de Marx y Engels -o sea, mucho antes del mencionado cambio de perspectiva~y es Fetomada luego por ambos en sus trabajos de ma- drez, Se sigue de ello un problema teérico evi dente que, sin embargo, Is literatura ha tendido a ‘gnorar: ces posible que ese “corte epistemaldgico”™ no afectase el sentido inicial del concepta? Vale la pena detencrse por un instante en este unto porque su falta de examen es precisamen- te una de las causas principales de la confusion que critico: antes de los Grundrisse..., superpo- Blacion y ejército industrial de reserva no se dis- tinguian porque lo que se analizaban eran los efectos de ese excedente sobre el mercedo de tra bajo, sin tener todavia una visién clara del proce: so de produccién capitalista en sts conjunto; es a partir de los Grundrisse... que la comprension de este proceso obliga a diferenciar ambas nociones en la forma que sugiero, Dé hecho, hasta la década de 1850 Marx y En- els no logran trascender el encuadre ricardiano 50 del problema de las relaciones entre el capital y el trabajo. Como se sabe, Adam Smith (1958, pp, 68 y 85) habia sentado un principio clasico: Ia demanda de trabajo aumenta con el aumento del ital sea cual fuer el benefcio Ricard m0 solo acepta este supuesto sino que se afirma en una ides central. "Silos salaios suben, las genancias ‘bajan", Por Jo tanto, al avanzar el proceso de acu- mulacién ¢ incrementarse la demanda de trabsjo, el precio de esta mercancia podria subir hasta ha- cer desaparecer la utilidad del empresario. ‘Sin embargo, el modelo ricardiano supone que el “precio de mercado” de una mercancia debe tender a coincidir con s valor 0 “precia natural” que, en el caso de Ja mano de obra, esté cepresen- tado por el trabsjo socialmente necesario para “permitir a los trabajadores subsistir y perpetuar su especie", es decir, por el minimo fisiolégico de subsistencia, Si-esto es asi, el riesgo para la utili- dad del empresario queda sliminada. Pero dada tung mercancia tan especial como el “trabajo”, que no puede producirse a tenor de Iss fluctuaciones fn fu precto, gual es el mecanismo capa de hae 0 de su valor? La pregunta resulta decisiva y, para responder- Ja, Ricardo echa mano de Ia teoris de la pobla- clon de Malthus. Supongamos que los salerios (precio de mercedo") cayesen por debajo del minimo fisiol6gico de subsistencia (“precio natu- 51 ral"): aumentaria la mortalidad, se reduciria la oferta de mano de obra y, por lo tanto, se inten- sificaria la competencia entre los patrones, con lo gue los salarios volverian 2 subis. Supongamos, en cambio, que este ascenso excediese el "precio natural’: Ios trabajadores se beneficiarian, su con- dicion seria “mis praspera y feliz" pero, como con- secuencia, tendrian familias més numerosas, cre- cerian Ia poblacién y la oferta de mano de obra, Ja competencia entre los trahsjadores seria ma. Yor y, por consiguiente, los salarios disminuirian (Ricardo, 1929, p. 71). Como se advierte, se trata de un movimiento pendular y mecinico de equi- libsio: "Toda perturbacién de la posicién ‘normal’ rovoca un juego de fuerzas que lo trae de nue- ¥0 a la ‘normal”” (Dobb, 1957, p. 72) y este juego de fuerzas regulador opera siempre s través de la competencia en el mercado. Seguin queda dicho, hasta la década de 1850 también Marx y Engels consideran al mercado, como Ia categoria esencial para entender la dia~ léctica de Is economia burguesa. Una lectura de sus textos de este periodo més relevantes para nuestro asunto® permite elaborar la siguiente sin- ‘esis: a) Io mismo que en Ricardo, el andlisis de sete einen Benn en itctensestptensbteurn nee cio oh eben Sg nice e teasa acme Sct e i On risen asec 52 las relaciones entre el capital y el trabajo arranca del estudio de los movimientos de la oferta y de la demanda en el mercado; b) comparten la idea sumida en la formula "si Jos salarios suben, las ganancias bajan”; c) coinciden igualmente con la tesis salarial ricardiana del minimo fisioldgico de subsistencia; d) concuerdan, por tltimo, en el pa- pel fandamental que, para establecer este punto de equilibrio, desempefia la competencis de los ‘rabsjadores entre si, debida a un exceso ms 0 ‘menos permanente de ls oferta sobre fa deman- a; ¢) sostienen, ea cambio, que la razén de este exceso no es ninguna ley demogrifica sino la existencit de una ‘poblacion supernumeraria” 0 “ejército industrial de reserva’!O que tens por origen: I, la separacién de los productores de sus medios de produccién; 1, la sustitucién del obre- ro por la maquina cada vez que los salarios tien- den a elevarse;!? y U, las crisis periédlicas del sis tema, que no sole aumentan le desocupacién obrera sino que proletarizan a diferentes sectores de la pequetia burguesia. 2” Hasta dine yoo, len pmeo ee seo Sadiad a fe competencts, 1V'E signy ests aegumento ya estaba impliment ‘contenido en el famnoto eapinule “Sobre la maquina’, que FReardo incorpors si trcersedickn de sus Princpiay, n= (que sin elsboralo en toda mur consecuencas Fevser el {althsiaasina de au plane incial. Pare una Jetallada c= ‘Ses, vense Max (1956, V, pp. 68-85). 53 Lo que aqui me interesa subrayar es que razonamiento, si bien corrige el analisis de Ricas- do, acepta los términos mismos en que este plan- tea el problema, Tal encuadre hace que la peble~ cién excedente sea solo conceptualizade desde el punto de vista de sus efectos fiancionales en el mercado de trabajo, ye que este constituye el ee de la reflexi6n. El ejército industrial de reserve aparece asf como el factor de ajuste necesario en. ‘re la oferta y la demanda, que impide concebie a estas como dos curvas auténomas, ala manera de Jos clasicos esquemas marshallianos:"No hay una oferta de trabajo que se mueva independiente- mente de la demande de trabajo” (Bettelheim, 1952, p, 102). Si se examina, por ejemplo, el texto mas difun- dido de este periodo, el Manifesto comunista, se advierte que no contiene en realidad una teria del proceso de acurnulacién capitalista salvo en la medida en que esta pueda deducirse del concep- to de explotacion. Pero aun esta categoria es muy distinta de la que expondrin luego los Gramdris: se... y El capital: se trata de un verdadero “consu- ‘mo destructivo” del obrero, que “desciende siem- pre més y mas por debsjo de las condiciones de vida de su propia clase”. La zelacién capital-traba- jo es concebids como tn juego suma cero, cuyo resorte es la competencia en sl mercado La condlicién esencial de la existencia y de le dominacion de la clase burguasa es la acimula- sién de la squeza en manos de particular, fa formaciéa y el acrecentamienta del capital. La 54 condicion de existencia del capital er el teabajo asaleniaco. El abajo asalariado descansa exelu- sivamente sobre la competencia de los obreror fenere st (Mars y Engels, 1957, p. 22) Por eso la burguesta produce sus propios sepultu- zeros cuando el progreso de Ja industria “sustitu- ye el aislamiento de los obreros, resultante de la Competencia, por su unién revolutionaria me- diante la asociacién" (Manx y Engels; 1957, p.22). Notese que este famoso pasaje excluye la posibi- lidad de un juego de suma positiva que permiti- ria al capitalista eumentar los salarios de los obre- 708 asociados” sin mengua para su ganancia, Mas Gn: hasta tal punto Mare ve al mercado como el centro de grave- dad dele sociedad burguesa (que) en este caso Tega al extremo de creer que un cambio en el mercado (aqui, el mercado de trabajo) produci- rina trimsformacion drésice de toda [a er ‘ructura social (Nicolaus, 1967, p. 32) La propia logica del enfoque hace, entonces, que el fenémeno de la superpoblacién no sea estudia- do en si mismo sino en terminos de sus conse- ‘cuencias equilibradoras para el sistems, es decir, en tanto “ejército industrial de reserva’. Este extd claramente llamado a cumplic dos finciones en. el mercado de trabajo: por uns parte, intensifica la competencia entre los obreras y deprime los salarios a nivel del minimo Asiolégico de subsis- tencia, condicién indispensable para la explota- ion ~entendids como “consumo destructive" de 35 la mano de obsa~ que promueve "la formacion y ¢l acrecentamiento dei capital”; por otro lado, ‘mantiene constantemente disponible una masa de trabajadores para que la industria puede, "en Jos meses de mayor actividad, producir en el mercado la centidad de mercancias requerides” (Engels, 1955, p. 97). A partir de los Gramdrisse.... las premises sie cardianas son definitivamente abandonadas. Es- capa al propésito de este articulo referir toda la niquezay la complejidad del auevo campo te6ri- co en que Comienza a moverse el discurso de Marx. Mencionaré solo algunas cuestiones perti- nentes @ mi argumento, ficilmente contrastables con sus puntos de vista anteriores, sintetizados mas arriba, Ante todo, se introduce ahord por primera vez Ja distincién esencial entre “trabajo” y “fuerza de ‘abajo", entre el valor de cambio y el valor de uso. de la mercancia "trabajo". Si nos atenemos estric- ‘amente a las relaciones que se entablan en el mer cado, cuando el obrero vende su trabajo y el ca pitalista le abone un salario se produce un mero cambio de equivalentes, como en el caso de la compravents de cualquier mercancis. Solo que lo que ¢! obrero ha engjenado no es una mercancia cualquiera sino la nica cepaz de producir valor: no ha vendido en realidad “trabajo” ano “fuerza de trabajo”. Por eso, a diferencia de las denne ope- raciones de cambio, en ésta el uso que el compra dor hard de la mercancia que adquiere, lejos de 56 ser relevante, condiciona I extract misma de is transaccibn el capitalist paga el valor de cam= tho de la fuerea de trabajo -representado por el salario- para aduefiree de su valor de uso solo porque ese le permit generat on nuewo valor de Cambie superior al que shone. El eambio de equ alentes que ocurre en el mercado encubre esta ranocelon de novequivalentes que ela pancipal ueeze capitalista de produccion Ta explotacion del trabajo asslarad consita- ye Sn cid ol motor Gel sintems: pero ya-20 com Site, como antes, en el“contumo destractvo” del bre nn fs aropacin capa de 5 Dover creadlor del abajo que exces al necesrio ara repones el precio pagado por a mano de Sire. La teora dels phvaia se conviert= ast en {2 Gare para entender el proceso de acemulacion Capita y para descubye "Ts erecta sterna Sch capital, requistor fundassentales de cuale Guicr anise Gentifice del fenémeno de fa com= Deteness, “el mismo iodo que para intexpretar Elmovimicnto aparente de los astos es iadispen- Sable conocer su movizienso real aungue ape eptible para los sentidoe” (Marx, 1956, 1 p.256) De esta manera, cambia radicalmente el je te6- ico el examen de ins relactones entre ct cpital y abajo snstligibles a nie! del mercado, donde a forva del slario borra Toda hula dela di sion dels jornada Ge rajo.en taba necosero y trabajo excedenteen tabajo pagaca y abajo n0 renribuido® (Mars, 1956, 1 p 432) A la ver lex 7 tadio de “la estructura interna del capital” leva « diferenciar los diversos tipos de plusvalia y a redu- cir el principio general de Ricardo que dice que “si los salarios suben, las ganancias bajan"a solo uno de los casos particulares posibles '? Queda entonces planteada la altemativa de una relecion capital-tra- bajo como juego de suma positiva y Marx abando- na la idea de una tendencia al empobrecimiento absoluto de la clase obrers, que se derivaba simul taneamente de su primer enfoque de la explote- cin de la teoria del salario como minimo Ssiol5gi- co de subsistencia. Cada capitalsta ve a los obreros “exclusién heche de los propios~ sobre todo como. consumidores y se esfuerza por convencerlos de mil maneras de que tienen “nuevas necesidades’ “Este aspecto de la relacién entre el capital y ltra- bajo es un factor fundamental de civilizacion” (Mane, 1968, 1, p. 237) y explica por qué el valor de canibio de le fuerza de trabaja “esta formado por dos elementos, uno de los cusles es puramen- te fisico, mientras que el otro tiene wn earacter his- t6rico 0 social” (Marx y Engels, 1957, p. 299).13 12 "ste caso: comapaseiin porcentual constant del cap tal jormada de wabajo conrante inensidad de abajo cons. ‘nie y variscién def cuote de phan doveminade por as atiacionesdelsalario eel Gaico en que reponde ala verdad le hipstene de Ricardor‘Ls cuote de genaacia srk alto Ja exactamente en a misma propordn en que sean bao: © sling le salarios™ (Marx, 1986, 38.78), 'S Pare un armplio decarollo de este punto que finde le tess de una tendenca al empobrecimiento relative no aby soluto dela clateabrere, vense Maal (1969, pp 137-150) 38 ese a su brevedad, estas referencias sirven pa- ra mostrar hasta qué punto Marx revisa incliso las partes de le construccion ricardiana que antes aceptaba, Lo que es todavia mas importante: al reestructurar de este modo el anilisis consigue romper el circulo de hierro ea que aparecia en- cerrade la teoria clasica del valor trabajo. En efec- to: si el valor de todas las mercancias reside en el ‘trabajo socialmente necesario para producirlas y el trabajo es también una mereancia, cuyo valor esté representado por el salario, el valor de este no puede determinarse sino recurriando a propo- siciones ajenas # ls teoria misma. ¢Cémo estable- cer sino el valor de aquello que precisamente crea el valor? Por eso Ricardo logra identiSear el valor del trabajo con el del minimo Asiolégico Ge subsistencia solo # condicién de introducir un factor de ajuste extemno: le teoris malthusisna de la poblacién. Al descubrir I categoria “fuerza de trabajo” y seitalar la especificidad de esta mer- cancia ~la tinica cuyo valor de uso posee “la pe- regrina cuslidad” de ser frente de valor, Marx revela, en cambio, la contradiccién no advertida por los economistas clésicos: el trabajo aparece en el mercado como una mercancia cualquiera cuando no lo es, cuando en rigor no constmuye luna mercancia porque "es a sustancia y ls medi- da inmanente de los valores pero de suyo carece de valor" (Marx, 1956, 1, p. 430). Se pone asi én evidencia un hecho sparente- mente misteriaso: en la realidad percibida existe eo algo que es imposible. Como anota Rancitre, esta posibilidad de una imnposibilidad es la-que reen- via a la cause ausente que Ia explica, ¥ esta cew sa ausente 2 nivel del fendmeno inmediato son las relaciones de produccisn: Como consecuencia de ls scurmulacién primiti= vva que ba separado 2 los productores directos de sus medios de produccién, estos estin obli- gados a vender su fuerza de trabajo como si ‘fuera una mercencia. Su trabajo se convierte en trabajo asalariado y se produce la apariencia se- spin Ia cual Io que es pegado por el eapitalirea fs su trabajo mismo y no su fuerza de trabsjo (Rancitre en Althusser, 1966, p. 146) Se ha disipade el misterio: el valor del trabajo ~el salario~es la forma exterior de manifestacion de Ia fuerza de trabajo y solo a través de esta catego- sa se vuelve inteligible le combinacién particular gue define al modo de produccién capitalista: el trabajo asalariado, como la bésica relacién social de produccién, y la apropiacién de la plusvalia, como ia basics fuerza social de produccién, Era preciso superar la problemética ricerdiana yaprehender la esencia de ests combinacién par- cular para conseguir trascender el examen de 8 funcionales que produce en el merce inte de poblacién y poder estudiar 4 este en s{ mismo. Por eso es que recién en los Grundrisse... Marx formula su teoria general de le poblacién adecuada y de la superpoblacién re- Istiva y que solo entonces est en condiciones de 60 comprender Ia forma especifica que asume la se- gunda en el caso del capitalismo: Es tinicamente en el mode de praduccisn capi telista que el pauperismo (es deci, a superpo- Blacisa) encuentra se origen en a trabajo, Jo nism que on el desarrollo de la fuerza produc: tiva del trabajo (Marx, 1968, 0, » 106). Sucede, en efecto, que en este sistema el trabaja: dor solamente puede acceder 2 los medios de pro- duccién para efectuar el trabajo necesario a la re- produccibn de su existencia ¢ su trabajo excedente tiene valor para el capital: cuando este trabajo ex- cedente deja de ser neceserio para el capital, es el trabajo necesario para el trabajador ebque se vuel- ve excedente y, por lo tanto, el trabajador mismo asa a ser superiluo, Esta es la ley particular que sige “la existencia de una superpoblacién obrera como producto necesario de la acumulacien o del incremento de la riqueza dentro del régimen ca- pitalista” (Marx, 1956, 1, p. 509). Como tal, nada ros dice todavie acerca de la fancionalidad, de la disfuncionalidad o de Ia afuincionalidad de fas re- laciones que se establecen entre esa superpobla- ion y el sistema en su conjunto 2. Esta interpretacién difiere de ia que propone Lange (1935, pp. 189-201, y 1965, pp. 167-182) yadopta, entre otros, Sweezy (1958, pp. 95-108). Conforme # ells, superpoblacién relativa y ejerci- to industrial de reserva son sindnimos pucs la fun- Gionslidad de la primera esté predeterminada par a cl razonamiento: quien le genera es el progrese: tfcnico, que se vuelve asi indispensable para la subsistencia del sistema porque produce ese ex- ceso de poblacion que sirve para frenar el alza progresiva de los salarios que, si no, terminaria por absorber 1a ganancia capitalista. El esquema “sin duda stractivo por su sencillez~ me parece equivocado en un sentido « insuficiente en otro. Para exprasario en forma sucinta, su error con? siste en leer esta parte del EI capital en términos del planteo ricardisno de'la cuestién que su au- tor admitis antes de la décade de 1850: Marx se Iimitaria, entonces, a sustituir [a solucion malehu- siana arbitrada por Ricardo por la tesis del despla- zamiento permanente del obrero por la maqui- na. De esta manera, en ambos casos se recurriria aun factor de ajuste extemo, poniende en evi- denciads incapacidad de la teoria del valor teaba- jo para explicar la naturaleza del salario y el man- tenimiento de la genancia (Lange, 1935, p. 199; Sweezy, 1958, p. 97) Las consecuencias que se siguen de este enfo- que van, en rigor, mas alld de lo que Lange o Sweezy explicitan. Como se sabe, Mare afirma en diversos lugares que cada modo de produccién reproduce constantemente las relaciones sociales de produccién gue su fancionamiento presupone y anota, en especial, que “el proceso capitalista de Teproduccién no produce solamente mercancias, no produce solamente plusvalia, sino que produ- ce y reproduce el mismo régimen del capital: de e tuna parte al capitalista y de fa otra al obrero asa- lariado” (Marx, 1956, 1, . 466). Sin embargo, si acepta el esqueme que comento, sin ese factor ajuste externo el progreso téenico~ el process productivo, librado 2 si mismo, destruiria le rela- in social entre el capitalist y el obrero asalaria- do, con lo que Marx se estaria contradiciendo al conceptualizar esta tiltima relacién de manera tal que su seproduccién -lejos de "eternizarse"- se tornaria imposible al cabo de un tiempo. ‘Una lectura atenta del capitulo 23 de El capital disipa esta pretendida contradiccién. Marx co- mienza suponiendo precisamente que la compo- sicién del cepital permanece invariable ~es decis, que no hay progreso técnico— y que, por lo tanto, con la acumulacién, crece la demanda de fuerza de trabajo, En otras palabras, asume el problema que Lange y Sweezy quieren resolver y, a la vez, elimina por hipétesis le solucién que prapanen. La importancia de este apartado me parece por eso fundamental para descubrir la esencia de la “combinacién” capitalista de los factores produc- ‘vos. ¥ esta aparece sintetizada en un parrafo cla- ve, que resume lo expuesto més arribe La produccién de plusvalis, la fabricacion de ginancia, es lt ley abeoluta de exte sicterna de produccién, Le fuerza de trabajo solo encuen- tra salida en el mercado cusndo sirve para ha. cer que los medios de produccién funcionen como capitales; e6 decir, cuando reproduce su propio valor como nuevo capital y suminista, 8 con el tebajo no retribuido, una fuente de cae pital adicional (Mars, 1956, 1, p. 498), El precio del trabajo puede subiz, reduciendo. cusntitativamente la parte del trabajo excedente que el obrero esta obligado a entregar al capita Lista, mientras no estorbe el progreso de le mulacién, Llegado a cierto punto, este aumento del salario no solo encuentra si propio limite si- Ro que provoca una reaccién contraria: como lo gue se acumula es el trabajo excedente, la plus- valia, su descenso excesivo equivale a desacclerar el proceso de acumulaciéa, lo que reduce la de~ manda de fuerza de trabajo y frena el curso as cendeate del salario, Es decir que el propio mecanismo del proceso de acumulacién capstalista se encarga Ge ven cer los ebstéculos pasajeror que él mismo cre, El precio del trabsjo vuelve 4 descender al ni- vel que corresponde a las necesidades de ex plotacién del capital, nivel que puede ser infe Flor, superior o igual al que se reputtaba normal antes de producizse la subida de los salaries (Marg, 1956, 1, p 499), No ha intervenido, pues, ningin factor de ajuste extemo: “Le magnitud de la acuzmulacién es la va- rable mdependiente, la magnitud del salario [es] Ja variable dependiente, y no a la inversa” (idem). La importancia de esta tltima frase me parece decisiva. Desde luego, Lange y Sweezy son dema- siado buenos lectores de El capital como para ig norar los passjes citados; sin embargo, el eror 64 ‘en que incurren resulta inevitable cuando, como. en su caso, se restituye de hecho al mercado el mismo papel de variable explicativa que desemn- pefieba en los escritos juveniles de Marx.!# De aqui se desprende tambien la otra debilidad de su esquema: uns exposicién insuficiente del movi miento del progreso tecnico, concebide come un. Proceso simple con dos contrarios, Uns propiedad estructural del modo de pro- duccion especificamente capitalista es Ia tenden- cia de las “fuerzas productivas" a “estar constante- mente en trance de pasar del trabajo de mane de obra al trabajo mecénico” (Balibar en Althusser, 1966, p. 229). No obstante, contrariamente a lo que sugiere el modelo de Lange, el presupuesto historico de esta téndencia aa fue una presion al- ista de los salarios: la maquina no se introduce “para remediar una falta de mano de obra sino pa- ra reducir ala parte necesaria al capital una fuer- za.de trabajo disponible en masa” (Marx, 1968, 1, p.217; también Sombart, 1946, 1, p. 465, y Lan. des, 1966). Es decir que ia instancia determinan- te fue el movimiento propio de la acumulacion 1M Despucs de escnto ext aoa aga a mle manos ne ‘ontroversia reciente sobre al problems checoslovacs en que Betts le eprocha 2 Sweeny un “eter de principio" pres ‘isaments olde define la aaturalez de una frmacion soca 4 pururde le exencia del mercad, lo cual implies ‘poner el Sais en ln superficie Jo que e iameeitarente eparea> te no logrindo asl aprchender lar relacones subycentes [que] existe 2 nivel dala grodacen, es deci «nivel de as Felaciones sociales bases" (Betelhezn, 1969, 3) 65 Capitalista y no la mera competencia en el merca- do de trabajo. Al respecto, es particularmente slustrativo el andlisis que hace Marx de la trans. formacién que se opera en Inglaterra en el sector ‘que producia articulos de vestir, basado en la ma- nufactura y en el trabajos domicilia. Ambas for~ mas superexplotaban a la mano de obra, tanto por el nivel infimo de los salarios como por la ex sion despiadada de Ia jornada de trabajo: Hasta que sobrevino el punto critica Los viejos métodos, la simple explotacisn brutal del tra bajo abrero, mis o menos acompatada por une ivisién sisternitica del trabajo, no bastaben ya para cubrir las necesidades cada vex mayores ‘el mercado ni para hacer frente a la compe: tencia atin mayor entablada entre los capitals: tas Habia sonado la hora de le maguinaria (Marx, 1956, 1p. 375), Mis alli del problema genético, este ejemplo sir- ve para mostrar la insuficiencia 4 que me reflero. Por una parte, es cierto que el capital no tiende @ aumentar la productividad de manera absoluta sino cuando ello le permite reslizer uma econo- a sobre la fraccion pagada del wrabajo presente superior al costo de agregar trabajo pasado: en es- te sentida, es valido afirmar que le competencia entre el capital y el trabajo actiia como motor del progreso técnico. Pero obran en la misma direc- ion el aumento de la demanda en el mercado de productos; a competencia entre los propios capi- ‘alistas, que deben “realizar Ia plusvalia en condi~ 66 ciones econémicas en que la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir una mercan- cia se revela solo a posteriori y es desconocida a prion” (Mandel, 1967, p. 93}; la concentracin y Ia centralizacion de los capitales; la relacién entce los costos micro y macroeconomicos (Landes, 1966, pp. 561-562), y la reduccién de la tasa de interés (of Sylos Labini, 1966, pp. 153-154), Conviene trasladar a esta cuestién ¢l esclarece- dor andlisis de Althusser, aludido al comienzo, s0- bre las totalidades complejas ~irreductibles a uma simplicidad originsris— de que parte siempre la reflexién de Marx y retener su conclusién princi- pal: la unided de esas totalidades complejas es la de une estructura articulada en funcién de una instancia dominante, constituids como tal por tuna determinacion ultima a descubrir (Althusser, 1966, p. 208). Esto lleva a deseartar, por un lado, explicaciones en términes de procesos simples con dos contrarios, como el expucsto por Lange; ‘pero implica, al mismo tempo, reconocer que ca da articulacién de la estructura es tan esencial como la relacién general de las articuslaciones es- tructurales que conforman esa totalidad comple- ja, puesto que cada articulacién es condicion existencia de la totalidad, a le vez que la totalidad es condicién de existencia de cada articulacién. Es claro que la circularidad de este condiciona- :niento reciproco es solo aparente porque no des- truye la estructura de dominacién ultima que da sentido 2 la unidad compleja de que se trata 7 En el caso que nos ocupa, hay un invariante es. tructural que determina en ltima iastencia la to- ‘alidad del proceso productive: este invariante no es la competencia en el mercado de trabajo sino al movimiento de Js acumaulacion.5 Su volamen, su forma y su ritmo condicionan las variaciones concretas de las contradieciones que constitayen sa totalidad, al tiempo que estas variaciones son el modo de existencia de ese invariante estructural Por eso, en consonancia con nuestros supuestos iniciales, también aqui la totalidad puede apare- cer dominada por una de sus variaciones concre- ‘tas que continiia siendo, sin embargo, solo el mo- do de existencia de aquel invariante. Para dlustrar esta afirmacion, baste recordar el reexamen ya ‘mencionado que hace Marx de la doctrina ricar- diana “si los salarios suben, les genancies bajan’ dadas ciertas condiciones, posible que esta con- ‘tradiccién asuma el rol de la variacién dominan- te, Pero lo que en ultima instancia determina su caracter de tal es precissmente el movimiento de Ja acusmulacién, pues para que ello ocurra deben mantenerse constantes la composicion orgénica del capital, la jomada de trabaje y la producti- Vidad. Enel ejemplo de la industria inglese del vestido, en cambio, el indice de dominacion ma- nifiesto recae sobre la competencia entre los mis. ‘mos capitalistas, asi como apunta ala competen 38 (Cf Godelier (1966, p. 218): "May Ieoe de sr el punts se partda imple de la economia politics, ln tori de laos. ‘87 de ia demanda conssniye ru comple punto de Uegadee 68 cia entre las empresas grandes y pequefias en los supuestos de la concentracion y de la centraliza- ion de capicales, 3. Estamos ahora en condiciones de retomar al aparta -apital. Al hacer Jo, debe tenerse ante todo en cuenta que los “reo remas abstractos’ (Rosdolsky, 1968, p. 265) desa- rrollados en esta obra suponen siempre un sistema en el que rigen exclusivamente relacio- nes capitalistas de produccién. En consecuencia, cada vez que Marx se refiere a la mano de obra esti aludiendo, por definicién, al trabajador "li- bre" de cualquier forma de arraigo precapitalista, que solo dispone de su fuerza de trabajo y que, por Jo tanto, necesitd tatar de venderla en el merca- do para procurarse un salario. Esta es, iguslmen- ‘e, la premisa de los proximos pérrafos. ‘Vimos ya cémo el modo de produccién capita- lista gonere uaa superpoblacién relativa aun cuan- do la composicién orginica del capical permanece inveriable Sefialamos, también, su tendencia expe cifica a aumentar esta composicién orginica me- diante el incremento del capital constante, como resultado de Ia compleja articulacion estructural del proceso productive, determinada en ultima imstancia por el movimiento de la acurmulacién. La existencia de "una poblacién obrera excesiva para las necesidades medias de explotaciéa del-ca pital” aparece asf como “producto necesario de la acumulacion o del incremento de la riqueza den- 6 tro del regimen capitalista" (Manx,1956, p. 509), independientemente de las barreras naturales qué Pudiese oponerle el ritmo del crecimiento demo~ _nifico en un contexto determinade. Es recién en este punto que va a ocurrir wit desplazamiento del centro del anilisis. El estudio del proceso de acumulacisn capitalista le he per- mitido establecer cémo se particulerizs en este régimen la teoria general de la poblacisn y de qué manera se origina una superpoblacisn relati- va; ahora Marx va a examinar esta altima en si misma y en sus relaciones con el sistema, pare descubsir que [Eata superpoblacién se convierte a su vez en palanca de la acumulacién de capitel, més atm, fen una de las condiciones de vide de! regimen capitalista de produceién, Consttuye uno sito industrial de reserva, un coatingente dis ponible, que perténece al capital de un modo tan absoluto como si se cringe y xe mantuviese 4 sus expensas (Mare, 1956, 1, p. 503). Es agui donde se impone una observacién funda- ‘mental. A pesar de sus importantes consideracio- snes sobre los procesos de concentracién y de ¢: ‘ralizacién de los capitales, el objeto de la obra mayor de Marx es la instancia econémica del modo de produccién capitalista en su fase com- petitiva y su referente empirico general, la Ingla- ‘terra anterior a 1875, en que esta fase llega a su apogeo y el capitalismo constituye sobre todo un negocio de empresarios individuales en pequena 70 escéla, estechamente subordinados a Jos avatares del mercado. El notable capitulo sobre la auto- macion que contienen los Grundrisre... revela que esta limitacion fue deliberada; por eo sus ra- Zones deben buscarse no solo en el caracter in- oncluso de El capital sino en el propSsito de su stor de gular tedricamente la accion del movie ‘miento obrero de su tiempo, evitando excesivas especulaciones sobre el futuro (cf Supek, 1967, P. 105). En cualquier caso, cien sfos después, operado el pasaje del modo de produccién capi- talista a su fase monopolistica sin que en el inver- medio ocurriese la anunciada liguidacién total Gel sistema, no es posible pasar por alto las con- secuencias teéricas de esa zestricci6n. El ingreso a la nueva fase implica ‘una modificacién de conjunto de Jas carecteris- ‘eas del capitalism, de sus manifestaciones, Be- ro no de las leyes economicas sobre las cuales icho sistema se apoya (Pesent!, 1965, p. 281) Desde este punto de vista, gana otra vez relevan- Gia en zelacién con nuestro asunto le distincién {que vengo proponiendo: tanto en Ts fase compe- tiva como en la fase monopolistica sige la ley de Ia superpoblacién relativa en los términos antes expuestos; varian, en cambio, su.carfcter ¥ sus efectos. En otras palabras, hay que repensar la ea tegoria "efército industrial de reserva” En un mercado de libre competencia, los pre- ios son flexibles y las ganancias nominsles tien- n