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Cuentos y mitos de los piaroa

Cuentos y mitos de los piaroa
© Lajos Boglár © Fundación Editorial El perro y la rana , 2015 Centro Simón
© Lajos Boglár © Fundación Editorial El perro y la rana , 2015 Centro Simón
© Lajos Boglár © Fundación Editorial El perro y la rana , 2015 Centro Simón

© Lajos Boglár

© Fundación Editorial El perro y la rana, 2015

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Edición

Yuruhary Gallardo

Corrección

Ninoska Adames

Diagramación Joyce Ortiz Montoya

HecHo el Depósito De ley

ISBN 978-980-14-3108-4 Depósito legal lfi40220158003456

ey ISBN 978-980-14-3108-4 Depósito legal lfi40220158003456 Amalivaka llegó en una curiara a la cima del Tepú-Mereme,

Amalivaka llegó en una curiara a la cima del Tepú-Mereme, eran los tiempos del diluvio y los únicos sobrevivientes del aguacero habían sido un hombre y una mujer tamanaco. Desde la punta del cerro, Amalivaka encauzó las aguas de los ríos, secó la tierra y de la única palma de moriche que quedaba dio a los tamanaco una semilla para sembrar gente nueva. Al culminar su trabajo remontó las aguas del río Orinoco. Aquí dejó hombres y mujeres de moriche y todo lo que para ellos había creado. El canto, el barro, la yuca amarga, la curiara, el tiempo del mito, obsequios divinos homenajeados en cada gesto del espíritu indígena. Esta colección comparte esos gestos retratados en la sabiduría, el ingenio práctico, la sutileza estética y la voluntad necesaria para mantener la integridad cultural.

La colección Amalivaka contempla cuatro series:

Voces recoge la expresión poética, mitológica, ritual de los pueblos originarios. Esta serie reivindica la palabra indígena de producción individual o colectiva, oral o escrita, atendiendo y defendiendo esa realidad compleja en la que han sido creados, en donde la tradición oral es la herramienta que asegura el crecimiento y la pervivencia de la cultura, y en donde la palabra es la que permite vivir en armonía, comprender y saber interpretar el entorno.

Saberes recoge la pluralidad de creaciones genuinas del quehacer indígena ancestral y actual vistas desde su participación en la vida cotidiana y en los distintos espacios rituales, temas como la indumentaria, la alimentación, la medicina, la magia curativa, la artesanía, la decoración corporal y, por supuesto, el trabajo comunitario enfocados en la preservación de las tradiciones, forman parte de este espacio que no solo comparte dichas prácticas culturales sino que también contribuye a la enseñanza de estos modos de vida tan necesarios para el buen vivir.

Resistencias comparte investigaciones y ensayos que reconocen y valoran la sabiduría originaria, las lenguas y las identidades. Además recoge testimonios sobre la resistencia a la invasión –física y cultural– de los pueblos indígenas, sin olvidar el activismo político que hoy día se lleva a cabo para la defensa de las prácticas culturales autóctonas y del territorio.

Pueblos da a conocer de manera general cada una de las comunidades indígenas, comprendiendo aspectos como su historia social y mítica, su relación con el territorio y las problemáticas actuales. Abordajes prácticos que permitirán un primer acercamiento a otras prácticas culturales.

Cuentos y mitos de los piaroa

que permitirán un primer acercamiento a otras prácticas culturales. Cuentos y mitos de los piaroa Lajos

Lajos Boglár

que permitirán un primer acercamiento a otras prácticas culturales. Cuentos y mitos de los piaroa Lajos

NOTA EDITORIAL

La Fundación Editorial El perro y la rana presenta esta nueva edición

de Cuentos y mitos de los piaroa, en ella el lector encontrará el material recogido por el antropólogo húngaro Lajos Boglár durante su conviven- cia con la comunidad wotjüja (piaroa) de la selva amazónica venezolana. De la edición de 1978 conservamos los comentarios introductorios, al igual que las notas a pie de página, tal y como fueron concebidos por el autor. Sin embargo, siguiendo los lineamientos de nuestra Carta Magna, en los diferentes relatos se han modificado aquellas denominaciones

y expresiones frecuentes en el terreno antropológico de hace cuaren-

ta años, pero que hoy día, gracias al permanente diálogo intercultural, demuestran atentar contra el propio fortalecimiento y desarrollo de la identidad cultural de los pueblos indígenas que habitan el territorio ve- nezolano. Mucho ha cambiado en el terreno de la antropología desde que este libro fue escrito y aunque acompañamos el esfuerzo del autor

por reconocer y difundir la palabra wotjüja, es necesario que la siguiente publicación se una a dicho objetivo tomando en cuenta la importancia del lenguaje con el que cada pueblo se define, especialmente porque vi- vimos en una nación pluricultural y multilingüe cuya estructura legislati- va reconoce la necesidad de que la expresión de los saberes tradicionales

y ancestrales se despoje de las imposiciones de la cultura dominante.

PRÓLOGO Y ESTUDIO SÍNTESIS DE LOS RELATOS ORALES

Luis o Lajos Boglár nació en Brasil el 27 de diciembre de 1929. Lajos Boglár y Anna Ratz fueron sus padres, húngaros de nacimiento. Vivió en Brasil hasta el año 1942, luego se trasladó a Budapest, Hungría. Allí rea- lizó estudios universitarios en la prestigiosa Universidad Eötvös Loránd de Budapest. Esta casa de estudios fue denominada por primera vez Trnava 1 , fun- dada por el arzobispo de Esztergom Peter Pázmány junto a otros teólogos de la Orden de los jesuitas. Al principio la universidad estuvo dedicada a los estudios de Filosofía y Teología. En 1667 se agregaron los estudios de Derecho; en 1769 –102 años más tarde– se agregaron los estudios de Medicina, y en la misma época cambió su nombre a Karalapítástól. Pade- ció las consecuencias de la expulsión de los jesuitas de América en 1777; sin embargo, una vez que se agregan estudios universitarios de Ingenie- ría y Educación Veterinaria, la universidad obtiene ayuda de empresas relacionadas con estas áreas que la auxilian en 1784. Sus enseñanzas eran siempre en idioma húngaro y estaba dedicada exclusivamente a la educación de varones. Eventualmente se agregan estudios en carreras humanísticas y a partir de 1895 empiezan a incorporarse mujeres. Se llamó también Universidad de Plagas y Universidad de Budapest. En- tre 1821 y 1950 se llamó Universidad Pázmány (en reconocimiento a su fundador); durante este período inicia sus estudios Lajos Boglár, pero al egresar en 1953 la universidad ya se llamaba Eötvös Loránd. En este

1 La historia de Eötvös Loránd, otrora Trnava, data del año 1635 (N. del P.).

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tiempo, específicamente entre 1953 y 1956, había abierto dos áreas fun- damentales de estudios: Artes y Ciencias. Entre 1953 y 1979 Lajos Boglár fue curador del Museo de Etnografía de Budapest y jefe del Departamento de Investigación Internacional. En

1966 se casa con Eva Horvath, con quien tiene dos hijos, Andrea en 1967

y Gabriel en 1969. En 1979 fue investigador de la Academia de Ciencias de Hungría. Luego vuelve a la Universidad Eötvös Loránd como profesor asociado de Antropología Cultural y se convierte en líder del grupo de expertos en Estudios Internacionales. En 1989 fue vicepresidente de la Sociedad Húngara de Latinamerikanisták (latinoamericanistas), perío- do durante el cual publica en revistas científicas internacionales como Szerkesztte (Estructura y Simbiosis). A partir de allí se da a conocer y lo nombran presidente de la Sociedad Húngaro-Brasileña. Su trabajo se conoció en nueve museos europeos dedicados a coleccio- nes etnográficas y mantuvo una exposición permanente en Tatabánya que es la mayor ciudad del condado Komárom-Esztergom en Hungría. Pronto

Lajos Boglár se dedicaría de manera definitiva a la investigación etnográfica de pueblos indígenas, muy especialmente en Brasil y en Venezuela. El antropólogo produjo varios documentales que causaron mucho interés al público de la época. Rodó en filmes de 16 milímetros comen- zando la década de los sesenta y también durante los años setenta. En

1969 realiza un documental llamado Los Nambikuara (pueblo indígena

de Brasil), investigación que alterna con trabajos de campo en Venezuela, pues entre 1967-1968 y 1974 trabaja también con el pueblo piaroa de la selva amazónica venezolana. De esta investigación surgió el documental Piaroak Vilaga. El autor se dedicó con entusiasmo a recoger la expresión literaria

indígena, trabajo del cual resulta Cuentos y mitos de los piaroa publicado en principio por la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas en la revista Montalbán n.° 6 fechada en 1977, el artículo está inserto entre las páginas 218 y 313. Además, el documento fue publicado en la revista Montalbán como una separata que consta de casi 100 páginas. Entre 1979 y 1988 Lajos Boglár trabajó en un pueblo indígena guara- ní en Brasil llamado kaiapó, cuyas manifestaciones culturales también quedarían registradas en película de 16 milímetros. Entre los años 1991 y

1997 trabajó entre el pueblo indígena wayana, este pueblo está asentado

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

en la Guayana Francesa, en los distritos de Cayena y Saint-Laurent-du-Marouni,

o Marowein, departamento de ultramar de Francia desde 1946. Durante el año

1998 trabajó con los indígenas botokudo en Brasil, sobre estos también realizó un documental. Entre las obras más reconocidas de este autor encontraremos: Entre los indios tropicales (1964); Wahari (1978, publicado originalmente en húngaro); Arte indígena desde México hasta el Perú (1983); Mito y cultura (1997); Nekro (1998); Palo Brasil (2000) y Los rostros de la cultura (2001). Wahari cuenta con varias ediciones: Wahari. Eine Südamerikanische Urwaldkultur de la editorial Müller & Kiepenheuer de Viena, Austria; una edición del año 1982. Y Wahari. Eine südamerikanische Urwaldkultur de la editorial Gustav Kiepenheuer Verlag de Leipzig y Weimar, Alemania; edición del año 1986. El libro fue originalmente escrito en húngaro, y

traducido al alemán. En español su título sería Wahari, una cultura sel- vática suramericana. En el título el autor omite la denominación piaroa

o dea’ruwä, y en su lugar la nombra Wajari, haciendo referencia al héroe

cultural del pueblo piaroa, hermano de Buoka y de Tchejeru. Vale decir que estos tres personajes están representados con un alter ego en tríada de animales de la selva: danto o tapir para Wajari, venado para Buoka y báquiro o cerdo de monte para Tchejeru. Esta última en su representación femenina pues siempre se hace referencia a ella como mujer, madre y procreadora. Lajos Boglár muere en el año 2004 a la edad de 75 años. Con respecto

a los dos documentales que realizó en Venezuela, estas son las fichas técnicas registradas:

1. Piaroak Vilaga (Aldea piaroa) Sinopsis: la elaboración de las máscaras utilizadas en una danza ritual conocida como Warime es considerada tabú por los wotjüja. Sin embargo, este realizador logró captar imágenes secretas de este proceso

y de la preparación del curare, una sustancia utilizada en la cacería, so-

bre la que también existe una serie de tabúes. El documental narra todas las etapas de preparación del Warime y muestra la celebración del ritual.

Titulo original: Piaroak Vilaga Director y productor: Lajos Boglár

Cuentos y mitos de los piaroa

Países: Venezuela y Hungría Formato: 16 mm Categoría: Documental Tipo: B/N Duración: 20 minutos Año de producción: 1967 Productora: Mafilm Népszerü Tudonáyon es Oktatófilm Stúdojaban, Hungría Distribuidora: BL Idioma: Húngaro

2. Shaman’s necklace (Collar de chamán) Sinopsis: el documental muestra la importancia de los collares en la actividad chamánica de los piaroa. Título original: Shaman’s necklace Director: Lajos Boglár Tipo: Full color Duración: 18 minutos Año de producción: 1968 Idioma: Inglés

Otros documentales:

L’Indien (1974) Diario de viaje a Wayanad (1991-1996) Húngaros en Brasil (1997)

Premios y reconocimientos:

Ciencias de la Etnografía (1969) Doctorado en Sociología (1999) Premio de la Fundación Soros-Creativas (1999)

Sobre Cuentos y mitos de los piaroa

Este hermoso libro de relatos del pueblo piaroa de la Amazonia vene- zolana comienza con la traducción de un canto del chamán o meñé-ruwä Carlos Caballero, padre de Jesús Caballero (el traductor de Lajos Boglár)

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quien afirma que Buoka, el primer dios creador, nació de las palabras del canto, pues en el principio no existían más que las palabras. Las palabras poseían pensamientos y visiones que fueron difundidas por el viento. Esas palabras mágicas, que luego son asumidas por Buoka, fueron las que crearon a los dioses del origen, pero también a los animales, a las plantas y luego a los seres humanos. A través del canto de Buoka se van estruc- turando todos los elementos que conformarán la vida en los espacios vegetales, animales, minerales y humanos para vivir en armonía perfecta, siempre y cuando se honren a sus dioses creadores. Así, en varias partes de los cantos piaroa actuales se reafirma que ellos al principio no tenían más que palabras y que estas eran sagradas. Esta misma tradición del canto sigue siendo la norma para mantener la extraordinaria cultura piaroa. Todos los actos fundamentales de su vida se evocan, rememoran y predicen con el canto, asimismo los ritua- les, las ceremonias, el nacimiento de todos los seres vivos, la cacería, la labranza de la tierra y la agricultura, la construcción de sus casas de habitación (itsode), las relaciones sexuales, la estructura de su parentes- co, el aparecimiento de la cultura criolla en sus áreas de selva, sus imple- mentos y los daños que provocan, también se enuncian y describen los caminos de la muerte. Una realidad que debe entenderse en la mitología y en los relatos piaroa es que todo su mundo inicial se produjo de manera precisa en los momentos primordiales del tiempo fuerte de sus orígenes, cuando plantas, animales y espacios geográficos eran poblados solamente por seres animales y, en algunas circunstancias muy especiales, cuando seres humanos del origen –dioses y animales– podían entenderse en un solo idioma, el idioma del conocimiento también llamado el wotjüja. La virtud de este principio está en que todos los seres vivos, ya sean humanos, aves, reptiles, insectos, etc., aún no eran diferentes a los “seres humanos” y todos se comprendían. Hay, sin embargo, muchos relatos en los cuales se afirma que algunas aves u otros animales no hablaban su propio idioma y hay lamentos sobre este desencuentro. También encontramos relatos en los cuales se describen a seres primitivos, salvajes y caníbales. Estos seres no son despreciados por los piaroa, pero sí colocados en observación. Los dea’ruwä (como se auto- denominan) son “Seres de la selva”, y dentro de sus principios filosóficos

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todos los seres que viven en “su selva” son sus hermanos, por ello no se pueden ingerir en su alimentación diaria. Dadas estas razones ellos poseen en su cultura un ritual muy complejo y extremadamente sagrado al que llaman Warime, cuya traducción no es esa que se ha asumido en la cultura criolla, pues –con absoluto respeto a los colegas que lo han interpretado de otra manera– no es una simple fiesta. Warime es un es- tado del tiempo que se produjo en los orígenes de la vida con el fin de

solicitar a sus dioses creadores que les permitieran adquirir los alimentos necesarios para su manutención. Según sus interpretaciones, es en este estado sagrado en el cual los dioses primigenios aparecen enmascarados para ocultar su verdadera persona, y a través de sus cantos o meñé les dan las orientaciones para que puedan comer en abundancia de acuerdo con

la época, a la vez que se establece el sacrificio de los dioses del origen que

eran animales. Ellos mismos son los que, utilizando complejas comunica- ciones en los cantos, les autorizan que pueden comerlos pero no sin antes honrarlos. Este es el verdadero sentido del Warime, el cual, hasta hoy, es un ritual sagrado y muy secreto. El hacerlo de forma artificial –como han pretendido miembros de la sociedad dominante– puede traer muy malas consecuencias para la comunidad piaroa, pues ellos afirman que no se puede solicitar la presencia de sus dioses cuando no es el verdadero tiem- po para hacerlo. Los chamanes o meñé-ruwä, es decir, los “Dueños del

canto y de la palabra” están atentos para llevar a cabo estos rituales en los cuales se realizan infinidades de ceremonias sagradas, cantos, comidas

y bebidas muy eficaces para solicitar la continuidad de la vida de toda la

sociedad piaroa. Son sus ancestros quienes les brindan la posibilidad de

saber cómo vivir y perdurar en el tiempo. Volviendo sobre el trabajo de compilación y estudio de Lajos Boglár

el texto introductorio ofrece una revisión de la ubicación del pueblo pia- roa, una aclaratoria sobre la densidad poblacional para la época y una descripción del área que en ese momento se llamaba Territorio Federal Amazonas, el cual en 1992 pasó a ser estado Amazonas. El autor describe además los diversos períodos en los cuales hizo su trabajo de campo, reconoce los conocimientos que sobre los piaroa poseían los investiga- dores y antropólogos norteamericanos Joanna Overing y Myron Kaplan,

y destaca el acompañamiento del etnomusicólogo István Halmos, hún-

garo como él, con quien formó equipo para la grabación de los cantos

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y ceremonias piaroa. Necesario es reconocer de inmediato que István

Halmos publicó el libro Music among the Piaroa Indians. Melodies and Life of an Indigenous Community in Venezuela (Budapest, 2012) el cual constó de 501 páginas más un CD con cantos piaroa. Boglár también da reconocimiento a las instituciones europeas que lo auspician en sus investigaciones de campo. En una primera visita, agradece al Museo Etnográfico de Budapest, al Museo Koninklijk del Trópico de Amsterdam y a la Fundación Werner-Green. En otro período reconocería la ayuda del Tervuren o Museo Real del África Central. Des- taca también la ayuda que le brindaran los doctores Pablo Anduze y Juan Baumgartner, especialmente el trabajo llevado a cabo por su guía e in- térprete Jesús Caballero (quien fue su traductor al idioma wötjuja) y a su interpretación cuidadosa de los cantos o meñé que fueron grabados en

Nagra III en cintas reel. En ese mismo lugar también se filmaron escenas importantes de la cultura piaroa, en filmadora de 16 milímetros, de estas filmaciones surgió en 1968 Piaroak Vilaga. Boglár explica con precisión el sentido de su investigación de cam- po. En ella reconoce el valor de la expresión literaria de los piaroa y muestra su preocupación en referencia a lo que él suponía podría ser

la última etapa de un rico acervo cultural que estaba próximo a desapa-

recer; quizás, por estas razones, su trabajo fue titulado: Cuentos y mitos de los piaroa, pues el lector verá que algunos relatos, como él mismo lo explica, poseen más bien la estructura de un cuento y no de un mito. El autor dice: “Ciertos rasgos explican que esta estructura simple no puede ser antigua, sino más bien, resultante de un desarrollo secundario. Así, por ejemplo, diferentes grupos locales no tienen las mismas relaciones míticas con ciertos animales y plantas”. Algunos relatos resultan un tanto confusos pues se mezclan diver- sos elementos de la cultura criolla: bicicletas, machetes, cuchillos, acor- deones, anzuelos, casas, escopetas, zapatos; también alimentos de los criollos a quienes llaman puruna; mencionan productos foráneos como arroz, pan, cacao, vacas, motores; usan conceptos como capitán, nom- bres criollos como Pedro, mencionan en sus mitos de origen los nombres de los ríos de la región amazónica como se conocen hoy en día, y has- ta se refieren a ciudades como Puerto Ayacucho y Caracas, sobre todo

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cuando relatan historias referidas a la presencia de los criollos o lo que ellos llaman españoles asentados en la selva de la Amazonia. Estos elementos no le quitan valor a la expresión piaroa, más bien la acercan a la realidad. No obstante, es una preocupación del traductor, el maestro de escuela Jesús Caballero, quien responde con inteligencia y entiende perfectamente aquello que el maestro Boglár manifiesta en torno a lo que ahora acontece, un período de transformación y de desin- tegración de la comunidad, ante lo cual el mismo Jesús Caballero le da su interpretación:

Debes redactar esta parte con mayor claridad. Lo que escribes sobre la caza y las plantaciones se comprende plenamente pero hay varios detalles que no son claros para mí, por eso redáctalos con mayor cla- ridad para que no solamente los especialistas sino nosotros también lo comprendamos puesto que lo que escribes es sobre nosotros y para no- sotros. Aunque parte de mi vida haya pasado fuera de la selva, es por eso que parte de nuestra religión no la comprendo, sin embargo por mi pa- dre sé cómo era nuestra vida antes. No podría decir que yo comprenda todo de la cultura piaroa pero estoy seguro en que todo lo que se pueda debemos explicar puesto que es importante para ti y para nosotros. Eso puede facilitar a que los niños y los jóvenes sepan cómo era la vida de los piaroa antes y qué es lo que se conservó de aquella vida. ¿Qué es lo que pasará con los piaroa? En la selva vivían con toda tranqui- lidad su “literatura”, la mitología, y seguían sus ritos pero hoy día tanto viejos como jóvenes viven de otra manera aquí a poca distancia de Puerto Ayacucho. Se mudaron para acá para sobrevivir porque en la selva en los últimos años muchos se han muerto. De aquellos jefes que también tú escribes se murieron Pjarapja, Ijure, Piu, Capita, Cabo, incluso el hijo del jefe Pitah, José, ha muerto. Aunque hayamos escogido esta vida mo- derna, la vida de hoy, no por eso quiero que se pierda todo lo que sea tradicional incluso por eso está bien que tú anotes lo que hace seis años existía porque la gente olvida muchas cosas, es poco lo que conserva la memoria. Cuando el libro esté listo sobre nosotros, los niños piaroa ya lo podrán leer, los niños que estoy enseñando. Es otra razón más para que lo escribas con sencillez.

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Es necesario destacar esta extensa cita de su traductor y guía Jesús Ca- ballero, porque es un documento auténtico grabado por el doctor Boglár en su investigación. Sin embargo, en el texto solo aparece como una cita de pie de página que pudiera pasar inadvertida para algunos lectores. Las palabras de Caballero se cumplieron, el libro fue utilizado por el doctor Boglár para impartir clases en la escuela y además fue guía de otros inves- tigadores actuales. Entre ellos, del etnomusicólogo surinamés-holandés Terry Agerkop, quien en 1975 hizo estudios musicales entre los piaroa del

Orinoco medio con un equipo de estudiantes del Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore (Inidef) dirigido por la doctora Isabel Aretz. El equipo fue conformado por el profesor Agerkop y por los profesionales

y estudiantes Israel Girón, Oscar Malo, Rolando García Adrianzén y Arturo

Chamorro. De esta investigación se produjo un pequeño libro sobre la música piaroa llamado sencillamente Piaroa (1979). Este contiene descrip- ciones de rituales, dibujos de instrumentos musicales, 36 diapositivas y además, un casete que contenía más de veinte ejemplos musicales. Varios años más tarde, en la década de los ochenta, la antropóloga Beatriz Bermúdez filmó un documental en la región amazónica sobre el Warime guiada por Jesús Caballero y su hijo. Luego, Jesús Caballero dejó de trabajar en la educación primaria y se dedicó a llevar una especie de vida criolla en Puerto Ayacucho hasta que un día lluvioso un conductor ebrio derribó un poste de electricidad de alta tensión muy cerca de su casa que interrumpió la corriente eléctrica de su hogar y provocó que Caballero, sin

saber del accidente, conectara algunos cables de electricidad a una antena de televisión. El impacto de la corriente de alta tensión le quitó la vida a él y

a su hijo. Volviendo sobre las preocupaciones expresadas por el investigador Boglár a su intérprete y guía, en la misma introducción el autor interpreta teóricamente hechos fundamentales sobre la exactitud que debe regir los cantos piaroa del mundo chamánico, así afirma:

Conocemos casos en que el grupo expulsó a su jefe por haber ejecutado con errores las canciones mágicas (la persona en mención padeció de trastornos mentales como consecuencia del excesivo consumo de yopo y los efectos se manifestaron en las actividades de la caza, y por los fallos de su memoria, tampoco dominaba absolutamente los textos rituales.

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Perdida la reputación, seguía cierto tipo de vida paria, e iba solicitando su admisión ora en este grupo, ora en el otro).

Con respecto a este chamán en particular, aún vive en la comunidad llamada Churuata de Don Ramón, cercana a la localidad del pueblo hiwi de Coromoto. En abril del año 2015 le hicimos una entrevista y aún relata el desprestigio sufrido por su propio pueblo; sin embargo, en solitario sigue fiel a sus conocimientos ancestrales y todavía canta sobre hechos del pasado. Otros chamanes o meñé-ruwä que han tenido el mismo com- portamiento sufrieron estos mismos abandonos de su pueblo, ya que los piaroa respetan mucho el legado de los dioses creadores. Sus cantos deben realizarse con absoluta ceremonialidad y exactitud, pues con fre- cuencia se hace necesario conjurar a los espíritus malignos que hacen daño a la sociedad piaroa y estos requerimientos exigen solemnidad y conocimientos profundos para que se produzca la armonía que debe prevalecer en sociedades que habitan la selva. Boglár dice además que: “La concepción básica de los pensamientos, las actividades y creaciones –realizadas en los mitos, ritos y las ideas religiosas– es la humanización de la naturaleza”. Y más adelante indica:

“La afirmación de que el hombre se identifica con determinados fenó- menos naturales, se repite no solamente en el caso de examinar la vi- sión del mundo de los indios, sino también al examinar los de diferentes sociedades”. Estas observaciones sin lugar a dudas confirman que el conocimien- to y la práctica chamánica exigen precisión. No se puede improvisar al ejercer un oficio tan serio como lo es el chamanismo, lo que nos confir- ma que el chamanismo no es una actividad aleatoria ni improvisada. Se requieren largos años de estudio y de práctica para entender esas intrin- cadas relaciones que se producen entre los seres humanos y la naturaleza en la cual viven. Los cantos que relatan mitos, y los mismos que curan y se aplican a ceremoniales de todas sus actividades rituales deben cono- cer en detalle las interrelaciones que se establecen entre seres humanos, dioses del origen, plantas, montañas sagradas, cascadas, ríos, árboles, sueños, animales, etc., cuyas relaciones son inmanentes, pertenecen a los seres vivos. Es quizás por estas razones que el autor dice que:

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La identificación con las plantas, a pesar de que los procesos sean re- gularmente repetidos, por lo largo de esto (siembra-cosecha) son más abstractos; es obvio que sea más real la relación con los animales –proyec- ción mítica de los contactos verídicos–, pues incluso los cazadores suelen domesticar animales como el perro, pájaro, etc., (es del todo natural que los animales sean objetos de la identificación por excelencia. Hay varios relatos que lo afirman, así, por ejemplo “El canto del danto”, “Canto de la historia de la babilla” 2 ).

Entendemos aquí que en los cantos chamánicos piaroa existe una especie de estructura del sentimiento y práctica ritual. Pues cada can- to chamánico piaroa se interrelaciona con otros cantos, otros rituales y otras ceremonias. Parafraseando a Lévi-Strauss: cada mito es intermina- ble y asimismo en un mito todo puede suceder. Resta decir que la lectura de este libro permitirá conocer la extraordinaria cultura de los piaroa y su mundo mágico, y tener una visión ecológica que parte del hecho de que los piaroa existen en armonía con su naturaleza, en relación sagrada con el planeta en que vivimos.

Breve síntesis e interpretación de los relatos

La creación de Buoka (I) De la nada surgió una voz con la siguiente orden: “Jumora ujkwoku nkereu ujkwoku”. Luego nació Buoka, Aruttu Buoka. Surgió del vacío, pero nació con pensamientos y saberes. De la retina de uno de sus ojos Buoka formó a Wajari, su hermano, quien nació ciego pero tenía voz, y susurró: “Enemey ereuke tjuruode”. Así surgió Tchejeru. Estos fueron los primeros seres de la creación piaroa. El lugar se llama Ñuema-a, cerca de Mariweka. En la región surgieron altas montañas que se llamaron Kwawai. Luego se formó un raudal y un gran lago. Al otro lado del lago emergió un gran árbol y de este árbol nacieron nuestros alimentos.

La creación de Buoka (II) Antes de que naciera Wajari no había luz. El sol no había nacido, todo era oscuridad. Wajari fue ordenando el mundo y creo un árbol llamado

2 Pequeño caimán del Orinoco (N. del P.).

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kareru. Era árbol sagrado del origen y Wajari bebió de su savia. Ambos hermanos bebieron extractos de este árbol y tuvieron visiones y volaron sus pensamientos de creadores. Este árbol es el padre de los animales del origen. Es el que les da sus lenguajes. En sus visiones Wajari creó los instrumentos musicales que representan a estos animales del origen del

mundo. Luego creo el sol, el agua, la tierra. Al fin, Wajari recobró la vista porque seguía ingiriendo el jugo de kareru, que le enseñó a tomar un es- píritu llamado Tjenemu Ofoda-a. Y así le confirmó a su hermano Buoka que el jugo del kareru da las imágenes del futuro porque es el árbol de la verdad. De esta manera Wajari se convierte en el creador de la sociedad piaroa y de otros pueblos originarios, así como también de su cultura y del firmamento en general con todos sus elementos. Por estas virtudes de Wajari se inician las competencias entre los dos hermanos. Buoka, entonces, disgustado, empieza a crear todo lo malo y especialmente las enfermedades que producirán los animales cuando sean ingeridos por los seres humanos. Tchejeru, hermana de ellos pero creada por Wajari, se convierte en aliada de su hermano creador y representa la agricultura

y la naturaleza.

Wajari crea a Tchejeru Según este relato, Wajari preparó una masa informe elaborada de pan, arroz y cacao. Este es alimento de los criollos. Lo hizo porque los seres originarios eran varones y necesitaban una mujer. Y según se explica, el concepto puruna representa al criollo (hay una variante que es Pa’a-rata). En el mito se dice que en el origen se creó un lugar llamado Pefu Ojuna, cerro cercano a los raudales de Átures, donde hoy está ubicado Puerto Ayacucho, y se afirma que este era el lugar del origen destinado a los criollos, pues como todos los mitos de los pueblos indígenas, muy espe-

cialmente de los barí de la Sierra de Perijá y warao del Delta del Orinoco, ellos son incluyentes; se afirma que los dioses del origen también crearon

a los descendientes de españoles. Dice el mito que Wajari creó este lugar

destinado a ellos y que él mismo Wajari lo llamó de otra manera, Mete’wa, que significa “La casa de puruna”. Concepto metafórico que alude a todo lo que es criollo. En este mito, se habla del intercambio de la única mujer que hasta ese momento existía que era Tchejeru, por bienes de la cultura

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

criolla. Es decir que del lado femenino de los piaroa nace también la descendencia criolla.

Kareru Antes de la creación de los árboles Wajari levantó el firmamento, empezó el ordenamiento de la tierra; sin embargo, todavía había oscu- ridad. Luego, llamó a su espíritu auxiliar, de nombre Pjepju, para que le ayudara a buscar todos los árboles necesarios, entre ellos: dada, tuminya y kareru. Y una vez que bebió el extracto de kareru, con toda su fuerza y sabiduría, colocó el sol en su lugar. Ahora vino la claridad.

Wajari creando hombres Wajari, con carne de pescado creaba los cabellos negros, los ojos, las caderas y el olor de la piel de los seres humanos. Les asignó tierras para vivir y les advirtió de los peligros que pasarían. También habló de las enfermedades y de los partos difíciles, a los cuales llamó: jilichi papuli. Explicó que para el buen parto, dejaba sus cantos. Mientras Wajari trabajaba, se apareció su hermano Buoka disfrazado una vez de lagarto, otra vez de mosca para espiar a Wajari y saber como hacía seres humanos. Luego se convirtió en el pájaro y así pudo volar alrededor del árbol mágico llamado tiannawa, que solo posee cuatro ramas. Este mismo pájaro voló alrededor del árbol Ñuema-a, aquí Wajari percibió su vuelo, y se dispuso a saber quién era. Lo descubre, pero solo ve a un insecto colorado, llamado masate wala, Wajari tranquilo excla- ma: “Es solo un bicho”, pero era el mismo Bouka ahora transformado en bichito minúsculo.

La creación de los piaroa Buoka que era menos hábil y menos ingenioso que Wajari, deseaba saber cómo hacía su hermano para elaborar los seres humanos, admi- raba con envidia la creación de la primera pareja y vio que eran buenas creaciones. Así, para atisbar cómo los hacía, adquirió diversas persona- lidades, espiaba a su hermano y se marchaba. Estas observaciones se- cretas las realizaba cuando Wajari trataba de preparar la segunda pareja de seres humanos, pero Wajari se durmió y así un cangrejo le comió la

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carne de pescado que ya tenía lista para su próxima obra. Sin embargo, insistió, logró obtener más carne de pescado y así hizo a la segunda pareja. Buoka, quería saber cómo lo hacía y transformado en diferentes animales de la selva lo vigilaban de cerca. Wajari ya había creado a dos parejas de seres humanos con carne de pescado. Pero obtenía los peces cazándolos con “anzuelo de los blancos”. Luego se dio cuenta de que les desgarraba la garganta y eso no le pareció. Entonces inventó otro tipo de masa con yuca, plátano, piña y batata. Estos productos sirvieron

por Wajari), árboles, montañas, firmamento, sol, estrellas, ríos, cascadas, raudales, animales, piedras, riscos, seres humanos e inclusive otros pue- blos no piaroa, como el hiwi, guajaribo, waika, yabarana, virú, yekuana, kuiba y hasta españoles. Los reclamos de Buoka son agresivos. Wajari responde con sabiduría que todo lo hizo con la ayuda del jugo del árbol kareru y con el auxilio de Maripa que es el Sueño, y que todo lo que ha cantado se hizo realidad. Y le reafirma: “Solo los sueños de los ver- daderos mené-ruwä se convierten en realidad”. Buoka lo instiga a que

para los peces y para crear a los seres humanos. Al mismo tiempo creó la brisa, el espacio y la bóveda celeste para que los seres vivos tuvieran una adecuada separación del sol y así no quemarse. Los hijos de las parejas se multiplicaron y asimismo los alimentos. Los seres humanos aprendieron

le demuestre sus creaciones y así pasan días enteros en esta lucha de demostraciones. Wajari también le pide pruebas a Buoka de sus creacio- nes, quien realmente queda avergonzado de no poder competir con su hermano. Wajari, benevolente, le afirma a su hermano que él hizo cosas

a

cultivarlos, a cazar y a pescar, respetando a los animales como sus

le

te

importantes: la luna, la noche, las nubes cargadas de agua y el rocío. Y

hermanos de la selva.

recalca que la luna es fría, que la luna es débil, y le dice: “Allá vives tú,

Wajari no vivía solo en la tierra, pernoctaba en el firmamento, su

ves como una especie de humo, de sombra y de oscuridad”. Wajari le

casa se llamaba Umonloja Ojuna, significa “La casa del cielo”. Wajari via-

a

los seres de la creación de Wajari, los maldecía y les enviaba enferme-

y

y,

recuerda que él viajó a todas partes de la tierra con el sol en sus manos

jaba para saber cómo vivían los seres de su creación y así vio cómo los

que en este recorrido conoció todos los lugares sagrados de la tierra

humanos celebraban con el Warime que era llevado a cabo en honor a

por tanto, esta es su gran virtud, porque pudo dar vida a todo lo que

sus dioses creadores, pero los seres humanos elaborados de carne de pescado y luego de verdura y frutas, nada sabían de su creador. Él los observaba porque entraba a sus casas transformado en mosquito rojo y se colocaba en el techo. Y desde allí celebraba su creación con amor y admiración. Por el contrario, su envidioso hermano Buoka, no aceptaba

dades e injurias con el fin de que fueran devorados por los jaguares y por los malos espíritus. Buoka creó todos los peligros que hoy acechan

existe y, a la vez, aprendió los cantos meñé, que son los cantos sagrados que se convierten a través del sueño (de Maripa) en realidad y este co- nocimiento incluye, a la vez, saber soplar yopo, utilizar bien el humo del tabaco y saber soplar las aguas que curan las diferentes enfermedades que producen los animales cuando se les come sin realizar los rituales, ya que ellos son también parte de su creación. Después de esta larga y cansada discusión cerca de los raudales de Átures, Wajari se elevó al cielo donde ahora vive y lo vemos todos los

su mismo pueblo y por eso mueren. También afirmó que los blancos superarían a los piaroa.

a

días al amanecer.

Diálogo entre dos creadores Se produce una larga conversación entre Buoka y Wajari. El primero, siempre envidioso del segundo le reprocha sus creaciones aduciendo que es mentira lo que Wajari ha hecho pues muestra como creaciones suyas todo lo existente en el universo. Esto incluye selvas, sabanas (que no le corresponden geográficamente a los piaroa, pero igual son creadas

Mariweka Ñemej pronunció: “¡Jina-itsoma mariwekane peyenne Kuaomine!” “¡Venimos de abajo desde el origen donde Wajari nos creó!”, ese lugar es Mariweka. Wajari dijo: “¡Jajkwawatamu!”, “¡Crezcan!” Crecimos y nos dio nombre. Vivimos en el antiguo raudal, se llama, Piaje Muotsa. Wajari cantó allí contra las enfermedades que aquejan a los piaroa y pronun- ció los nombres de todos los animales y de las enfermedades que cau- san a los humanos cuando se ingiere su carne sin hacerles los rituales

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correspondientes. Los cantos meñé son los que curan las enfermedades del cuerpo y las fiebres altas. Son los espíritus de los animales los que dejan de hacer daño al cuerpo a través del meñé-ruwä, chamán curador, pues Wajari sopla el agua que bebemos. Las enfermedades son inconta- bles, ellas provienen de cada animal. El canto general para curar todas las enfermedades se llama meñé-jawapu, y todos los remedios juntos, jawapu. Wajari creó las enfermedades para que no nos olvidemos de él. Él es nues- tro creador y el abuelo de todos nosotros. También hay una verdad secreta sobre Wajari y es que cometió incesto con su hermana Tchejeru. Y este acto orienta las relaciones de parentesco entre los piaroa de toda la vida. Debemos agregar aquí unas notas explicativas que no aparecen en este relato pero que son necesarias para entender otros mitos de origen sucesivos. Wajari está y siempre estuvo representado en el danto o tapir, animal herbívoro y comedor de diversas frutas de la selva, considerado el “Padre de los frutos”. Los piaroa comen danto o tapir en circunstancias especiales por ser un animal grande que bien podría compararse con algún vacuno de la cultura occidental. Sin embargo, él es el creador. Por esta razón abundan los cantos o meñé sobre Wajari, creador y dador de vida a través del sacrificio de su propio cuerpo. Se sacrifica ante su pueblo posiblemente por el error cometido con su hermana y por otros errores 3 . Por estas razones los cantos o meñé son sagrados, lo mismo que el Warime; tanto que hoy día hay partes del ritual del Warime que no pueden ser vistas por extraños, ni por mujeres o niños piaroa. Tampoco pueden ser vistos los instrumentos musicales usados en el Warime, entre ellos, diversas flautas, especialmente el instrumento más sagrado que es el llamado wora, instrumento que representa las voces de los espíritus del pasado cuyo sonido es muy respetado y solo aparece a la media no- che desde el día que inicia la realización del Warime hasta que finaliza el ritual. Pocos pueden ver el wora, todos los demás lo escuchan y le temen.

La primera fiesta de Buoka y Wajari / Wajari y los instrumentos musicales / Kwoimoi se come las máscaras Estos tres relatos guardan una relación estrecha. El primero muestra que los dos hermanos, Buoka y Wajari, se propusieron hacer juntos un Warime. Al parecer, Buoka se lo planteó con la intención de quitarle

3 Tema desarrollado en el mito sobre el origen del danto, véase Mito n.° 23 (N. del P.).

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mérito a Wajari. Sin embargo se nota la bondad de Wajari cuando declara que los cantos de Buoka son mejores que los suyos. Contraria posición demuestra el envidioso Buoka, quien declara que los cantos de Wajari no son buenos. Wajari no hace comentarios negativos. Ambos soplan yopo mientras siguen los preparativos del ritual. Buoka y Wajari cantaron juntos sus pensamientos. En el siguiente canto o relato, Tchejeru que escuchaba se encantó de los meñé de su hermano y le pidió que hiciera una festividad para ella sola. Él respondió que sí, pero que tenía que sembrar abundante yuca para hacer la chicha o yucuta que era necesaria para el evento. Los hermanos siguieron cantando y las mujeres prepara- ron los conucos para la siembra de la yuca. Tchejeru comentaba que su hermano era un gran pensador y por lo tanto el mejor meñé-ruwä. Así, muy emocionada le pidió a Wajari que le mostrara los implementos e instrumentos del ritual. Wajari se negó y le dijo que ninguna mujer podía ver estos implementos ni los preparativos, pues eran secretos y solo eran vistos por los especialistas. Esta declaración despertó la curiosidad de Tchejeru, quien deseaba descubrir cómo se hacía el Warime: quiénes acudían a él, quiénes eran los que estaban vestidos con las máscaras de moriche y quiénes ejecutaban los instrumentos musicales que no se po- dían ver. Hizo hasta lo imposible para averiguarlo, pero no le fue factible conocer los misterios y secretos del Warime, pues hasta hoy es un secreto para las mujeres, para los niños y para los extraños a la cultura piaroa. En el tercer relato de esta saga ya pueden apreciarse las diferencias entre Bouka y Wajari. Buoka manifiesta que desea comer, Wajari res- ponde que no pueden comer aún, pues según la tradición dejada por los dioses del origen, los meñé-ruwä o cantores de los Warime comen solo cuando todo el pueblo lo ha hecho. Ante esta negativa de Wajari se demuestra su sabiduría, pero Buoka reacciona encolerizado, profiere maldiciones sobre Wajari, y estas palabras llenas de maldad se convier- ten en serpientes venenosas. Estas serpientes ya habían nacido de otros malos desencuentros entre ellos, las mismas que procrearon descendencia, y entre los des- cendientes aparece en este relato un personaje que lleva por nombre Kwoimoi, nieto de las serpientes originarias y el padre de una mujer llamada Kwawañamu, la compañera de Wajari. Lo que quiere decir que Kwoimoi es el suegro de Wajari y es, además, un personaje peligroso,

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pero la esposa de Wajari, Kwawañamu, lo sabe y siempre defiende a su compañero. En el canto se declara lo que ella afirma, que su padre es asesino y puede hacer mal a Wajari. Por esta razón Wajari lo trata con cuidado y con algunas artimañas va dilatando la elaboración de un Warime en casa de su suegro, quien se lo había insinuado bajo diversos argumentos. Wajari sabe que lo que desea Kwoimoi es devorarse a los warimesa, que son los animales del origen disfrazados con máscaras elaboradas de marima y palmas de cucurito o moriche. El relato describe que Wajari es defensor de todos los animales de la selva, de las frutas, de los insectos, de las aves, y él mismo tenía la facultad de convertirse en uno de ellos. Pero también sabía que su suegro, a la vez, se convertía en jaguar cuando deseaba atacar a los animales de su selva. Kwoimoi es un personaje híbrido entre serpiente y jaguar y adquiere ambas perso- nalidades, normalmente para hacer daño. Y así lo hizo, cuando Buoka llevaba las máscaras del Warime por la selva, Kwoimoi convertido en tigre saltó de una madriguera y se comió cuatro de las cinco máscaras, las de los ime o báquiros. No pudo comerse a mékira (chácharo). Estas eran las máscaras del Warime que Buoka trasladaba de una celebración a otra y esto ocurrió porque Bouka no escuchó los consejos de Wajari. Las máscaras eran de la fiesta de Buoka. Wajari, en cambio, con su astucia, sí acudió a la invitación que le ha- bía hecho su suegro Kwoimoi, pero con toda precaución Wajari primero tocó los instrumentos sagrados y las voces que se escuchaban eran de los recintos mágicos de los orígenes del mundo. Las máscaras iban delante formando un cortejo por el sendero de la selva que conducía a la casa de Kwoimoi. Él escuchaba las voces y suponía que podría comerse a los en- mascarados. A la vez Buoka, escondido en la selva, con gran envidia veía pasar el cortejo y se lamentaba haber perdido sus máscaras. Kwoimoi acechaba la llegada y esperaba atacar, pero los hijos de Kwoimoi lo impi- dieron, pues eran cuñados de Wajari y como conocían las intenciones de su padre le proporcionaron un amuleto poderoso con el cual podía pro- tegerse y así lo hizo. Wajari salió airoso y pudo cumplir con el Warime en la casa de su propio suegro. El Warime se sigue elaborando hasta el día de hoy, cumpliéndose con todas las restricciones que este acto implica y así la vida de los piaroa se desenvuelve y continúa.

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Wajari, los waikunis y la gestación Todos los cantos de curación de los piaroa se cantan evocando un lugar mítico llamado Mariweka que está ubicado en un mundo al in- terior profundo de la tierra. Algunos traductores hablan de un mundo “inferior”. Nosotros omitimos este concepto, no se trata de ser inferior por el hecho de estar en el subsuelo, es más bien un lugar de origen y alude también a las cavernas, lugares donde se aíslan a vivir los que se preparan para ser meñé-ruwä o chamanes. También aluden a lugares insondables donde van a vivir eternamente los espíritus de sus difuntos. De hecho, es una cavidad oscura pero no tenebrosa, sino creativa, pues también a ese lugar se refieren en los cantos que les hacen a las partu- rientas para que tengan un alumbramiento sin traumas ni problemas, especialmente en el primer parto. En ese lugar viven los waikunis, son espíritus pichones de los pájaros. Pero también viven allí los ancestros de los monos, váquiros y armadillos. Por lo tanto, son lugares sagrados del origen, es decir, una especie de vientre ancestral. En los cantos para estas necesidades se afirma que muchos animales que no poseen estos cantos no logran dar a luz, y que si sus crías se mueren dentro de su vientre, asimismo, se mueren sus madres dando a luz. En este mismo canto se habla de la fuerza que posee el espíritu del árbol marima, que es un árbol de cuya corteza se extrae una especie de lámina que asemeja una tela gruesa. El marima sirve para cobijar al niño piaroa recién nacido y de allí se hacen las primeras hamacas y sujetadores para que las madres lleven a sus bebés acomodados sobre el pecho o espalda en sus trave- sías. Hay cantos secretos para cortar la piel del árbol marima, si no se hace de manera adecuada el espíritu del marima puede atacar a la misma parturienta en el momento del parto. También, con tela de marima se recubren las estructuras de las máscaras del Warime. Por estas virtudes, entendemos que es tan importante conocer los cantos que aluden a estas necesidades. Algunos investigadores hemos grabado (en el año 2014) el canto de una chamana piaroa al extraer la corteza de un árbol de marima en el caño Grulla de Orinoco medio. Grabación que reposa en el Centro de Documentación e Información del Arte de la Escuela de Artes en la Universidad Central de Venezuela.

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Canto sobre Wajari, sobre su hermana Tchejeru y sobre Jurewei Este canto bastante complejo aclara situaciones que han aparecido en otros mitos pero sin explicación. En resumen dice que Wajari, en estado de trance con yopo, tuvo relaciones con su hermana Tchejeru. Este acto hace que se marche del lugar y ella quede embarazada en su sitio de origen llamado Pureydo. Wajari emprendió un largo viaje. Pronto Tchejeru tuvo un hijo a quien llamó Jurewei que nunca vio a su padre, pero sabía quién era por información de su madre. Wajari volvió a Pureydo varias épocas más tarde pero con diferentes personalidades: pájaro, serpiente y anciano cazador, con arco, flecha y cerbatana. No obstante, Tchejeru sabía que era Wajari y lo abordó diciéndole que ese niño era su hijo. Wajari no lo quiso reconocer y decidió marcharse enseguida. Pero el niño que estaba instruido por su madre tuvo la determinación y declaró que se iría con su padre. Wajari no lo aceptó pero el niño lo siguió por montes, ríos, cascadas y acantilados. Wajari le reclamaba y le pedía que no lo siguiera. Jurewei insistía en que era su padre porque su madre se lo había dicho siempre y quería aprender de él. Wajari le dijo enfáticamente: “Yo no soy tu padre. Soy tu tío. Porque tú eres hijo de los cielos, de las aguas y de la tierra”. El niño se lo negaba: “Yo soy tu hijo”. Wajari respondía: “Yo no tengo hijos”. Pero, a tanta insistencia Wajari decidió ponerlo a prueba y así, en un trayecto del camino, saltó por un gran acantilado y fue a caer sobre una enorme piedra a la orilla de una cascada que bajaba de una inmensa montaña. El niño, también lo hizo y cayó sobre los hombros de Wajari. Wajari se sorprendió, pero igual volvió a repetir que él era hijo de su cuñado. El niño insistió: “No, mi madre dice que tú me creaste con tus pensamientos”. Al final, si bien Wajari no lo aceptó del todo, en su viaje de cacería creó a los venados de la sabana y le dijo a Jurewei que con su arco y flecha matara a un venado. El niño elevó el arco y lanzó la flecha al cielo, y la flecha bajó directamente con toda su fuerza y dio en el blanco matando a un venado. Así, Wajari entendió que ese niño era capaz de hacer cosas extraordinarias. Vemos en el relato que, como en todo mito, hay elementos comple- jos, se declara que Tchejeru está en Pureydo viviendo con su marido Puruna (el criollo). Sin embargo, Waikuni, un espíritu gigante de olor perfumado y muy adornado, se robó a Tchejeru. Wajari interviene con sus pensamientos y le dice a Tchejeru que regrese donde su marido. Ella

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retorna, pero ahora ocurre que Puruna la desprecia y así Tchejeru entra en llanto, enloquece y sale de su casa a vagar llorando desconsolada y se convierte en peregrina. Tanto Wajari como Tchejeru en Pureydo, tuvieron mucha vergüenza de todo lo que había acontecido. Enseguida aparece otro episodio, en el cual se afirma que Wajari ahora también posee un comportamiento de paria, quizás por los errores cometi- dos se va a vivir solo cerca de los raudales de Átures. Aquí se dedicó a pes- car. Aparentemente allí aún no vivía nadie; sin embargo, alguien le robó los pescados que había logrado agarrar y que colocaba en una sarta, a las orillas del raudal. Así empezó a indagar sobre quién se los robaría. Pronto encontró unas tortas de casabe bien fresco, las cuales comió y saboreó con mucho gusto. Estas tortas de casabe las había elaborado Kwawañamu “La cocinadora de casabe”. Así se dio cuenta de que ahora vivía allí la familia de Kwoimoi. Y para descubrirlos, Wajari se convirtió en culebra de agua. Luego se transformó en ijuri paují (pavo de monte) y su canto llamó la atención. Así vinieron a verlo, pero antes de que lo descubrieran se trans- formó otra vez, en esta oportunidad, obtuvo la apariencia de un anciano arrugado, cabellos ralos y rostro repugnante. La primera persona que lo descubre es Kwawañamu, la hija de Kwoimoi (serpiente-jaguar). Ella era quien cocinaba el casabe. Se asusta, pero Wajari la detiene y es así como se inicia otra relación en la cual todos opinan que él sí es un pensador, un chamán, un pájaro, una serpiente, etc. Finalmente, Wajari vuelve a adquirir su personalidad de hombre guapo, hermosísimo, deslumbrante, adornado con collares, coronas de plumas y otros abalorios. Además, hablaba di- versos idiomas de otros pueblos de la selva. Ahora Wajari solicita al señor Kwoimoi que le dé a su hija Kwawañamu para hacerla su compañera de vida, y le da como dote todos los peces de los raudales. Wajari ahora emprende un largo viaje con su mujer a Pureydo, lugar donde vive su hermana Tchejeru. Ella, al saber quién es y que su padre es Kwoimoi le aconseja a su hermano que la deje y le dice que por esta mu- jer el padre de ella lo matará, pues es un asesino. Wajari no teme y opina que no va a morir por eso. Ambas mujeres se quedan en Pureydo y ahora Kwawañamu se convierte en aliada de su cuñada Tchejeru y emprenden un trabajo juntas en sus conucos. Luego se realiza una gran fiesta. 4

4 Así se estrechan lazos entre este mito y el mito número 11 de esta selección.

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Tchejeru enloquece y los piaroa pierden las cosas de los blancos Aquí se confirma lo expresado en el canto anterior. Tchejeru, por ser sometida a tantos e inadecuados comportamientos se vuelve loca y se convierte en paria de la selva. Puruna, su esposo, la busca. Pero ella no desea volver con su esposo criollo. Es por esta razón que los piaroa expli- can cómo se perdió la posibilidad de que ellos pudieran tener los bienes de los criollos o de los blancos. Mientras, por otro lado, los blancos no tienen bailes de máscaras ni hacen Warime.

Redyo y la tortuga Redyo, también llamado Rediñu, es un personaje selvático que se dice representa el canibalismo. Sin embargo, nosotros lo interpretamos como “El cuidador de la selva”. Pues también participa en el Warime. El chamán o meñé-ruwä controla sus acciones con una piedrecita sagrada llamada Redyo-Idoky. Algunas personas lo describen como el huérfano de la selva, monstruo y mal espíritu. Sin embargo, cumple un papel im- portante para la cultura piaroa. En cuanto a la tortuga o Kjeni, por ser milenaria conoce muy bien a Redyo, y es ella la que en los cantos acon- seja de qué manera hay que tratar a Redyo para que no mate o pierda en la selva a los cazadores piaroa. Ella misma no aconseja exterminarlo ni destruirlo sino llegar a diálogos inteligentes con él para no caer en sus trampas. Este es un personaje importante y necesario para el adecuado resguardo de la selva y de su biodiversidad.

¿Cómo crearon al báquiro? El ime, báquiro o cochino de monte es de suma importancia porque es un dios del origen y por eso, parte fundamental del Warime. Comer- lo puede traer enfermedades. De esta manera, el canto sobre el ime es obligatorio. En los cantos sobre su creación, la danza de las máscaras va en línea recta hacia el frente. Cuando se canta sobre las enfermedades que pueda producir su carne, la danza se hace en líneas zigzagueantes, o como ellos dicen: “Serpenteando”, tal como corren las aguas de un caño o de un río. El canto dice: “Entre los manantiales Sipari-aje, allá crearon al báquiro, Ime-tajtawinawa. Yo conozco la gran montaña de piedra, frente al caño Sipari, en la selva”.

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Existen muchas frases mágicas que se refieren al origen del báquiro:

“Ijku-vasruvé, ujku-yuwe-yuwe. Arikoto”. Esas palabras se dicen cuando se dirigen en el canto hacia su lugar de origen. Ya de regreso, cantan, ahora hacia abajo. “Arikoto, nea-a parewa”, o sea, “vamos hacia abajo”. Así suben y bajan como lo hace el báquiro cuando se le está cazando. En el origen del mundo solo había selva y montañas de piedra. Las montañas de piedra eran nuestras casas. Ahora las hemos abandonado porque Wajari ordenó salir de allí pues Kwoimoi, la serpiente venenosa, deseaba su muerte, pero Wajari escapó, cubriéndose el rostro con más- cara de Warime. Así dice el canto.

El canto del báquiro Este canto refiere aspectos ya tratados en otros mitos: Kwoimoi eter- no enemigo de Wajari, deseaba acabar definitivamente con los enmasca- rados, tanto de Buoka como de Wajari. Aquí se reafirma cómo Kwoimoi se comió las cuatro máscaras de Buoka y solo dejó una. Esta máscara que se salvó fue la del espíritu del mékira o chácharo que es un cerdo de monte pero más pequeño que el báquiro. El báquiro o ime es el jabalí, sus grandes colmillos se usan en los collares de los chamanes. En el canto se vuelve a aludir a la discusión que se produjo antes entre Buoka y Wajari por la persistencia de Buoka de querer demostrar que tenía más poderes que Wajari. Aquí ya vemos que Buoka acepta que le ha ido muy mal, pues casi fue destruido por Kwoimoi cuando tenía forma de jaguar. También se desarrolla una escena en la cual se afirma que Wajari al fin mata a la culebra que representa a Kwoimoi, su suegro. Sin embargo, esta es aparentemente una muerte simbólica, en la cual la mis- ma esposa de Wajari, Kwawañamu, y sus hermanos Kewiyepu, Irekuwa y Kumarati, apoyan a Wajari en la destrucción de su propio padre Kwoimoi; representado esta vez en la serpiente que tenía como objetivo fundamen- tal destruir a los bailadores del Warime, pero no pudo lograr su cometido.

La creación del perro y del tigre / Historia sobre el perro / El canto del danto Estos relatos breves poseen una relación estrecha y deben ser co- mentados en conjunto. Por una parte, el primero declara que el perro es una elaboración de Kwoimoi, suegro de Wajari y a la vez, su enemigo.

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Sabemos que Kwoimoi ostenta la habilidad de representar a dos entidades de poder, a la anaconda y al jaguar. Kwoimoi con su doble personalidad, crea al perro pero en realidad no es perro sino un jaguar, una de las es- pecies de su álter ego. La esposa de Wajari, Kwawañamu, desde Pureydo envía a su esposo a casa de su padre para que haga negociaciones con él

con fines de intercambio porque ella desea un perro cazador. Pero Kwoi- moi se lo niega arguyendo varios subterfugios, entre ellos, darle un perro

o darle un jaguar. Al final, no le da a ninguno de los dos y Wajari regresa ante su esposa y le manifiesta la pérdida de tiempo y el mal momento pasado con su suegro. Sobre el canto 20 de esta selección existen otras apreciaciones sobre el perro, pero esta vez como creación del omnipo- tente Wajari. Aquí se declara cómo Wajari, al no haber logrado obtener un perro cazador de parte de su suegro, decide hacer un perro por sus propias manos y no hizo uno, sino dos, un perro grande para los criollos

y una perra para los piaroa. Su suegro lo supo y envidioso de este acto se

sintió ofendido e incluso retado. Por esta razón viaja a Pureydo para exi- girle a Wajari que le regale un perro y él se lo niega. Entre las discusiones que se produjeron se reveló una verdad fundamental sobre el sentido de los deseos de cada uno, pues el perro creado por Kwoimoi era un mal cazador y mortal, y el de Wajari era un gran cazador e inmortal. Aquí se produjo una gran dificultad pues Kwoimoi, envidioso, pero con el poder que lo caracterizaba como dios creador, maldijo a los perros de Wajari y afirmó que aunque eran buenos cazadores tendrían su fin con la muerte. Por lo tanto, estos perros fueron destinados a morir de viejos. El siguiente canto hace referencia al danto, este es un canto de pro- funda reflexión porque en él se demuestra la fragilidad de la vida y del destino, el ser que viene a cumplir un papel en esta vida nunca puede lo- grar la eternidad. Es exactamente como ocurre en la antigua historia del Poema de Gilgamesh, pues estando ya en los umbrales para encontrar la vida eterna, la serpiente roba la planta de la eternidad y por esta razón Gilgamesh debe morir. El canto del danto es la representación de Wajari como dios creador, dice:

Wajari bebió jugo de dada, alucinógeno que predice el devenir, y vio su propio futuro en la imagen del danto. Pero primero vio el re- cinto sagrado de todos los animales, como el báquiro, el mono y otros

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animales, en fin, todos los animales que él creó. Luego visitó también los lugares donde conseguía los accesorios para sus ceremonias. Y también vio dónde habría de encontrar la muerte. Y en la muerte se percibió como un danto o tapir. Wajari vio que el espíritu del danto no perma- nece mucho tiempo en la tierra. A él le pasará lo mismo que a los mo- nos. Los blancos lo matarán y se comerán su carne. Y vio que el grupo inakwedya, seres antiguos que eran parte de los piaroa, o parte de su sangre, se lo comerían. También vio a un hombre que lo mataba con arco y flecha. Vio que también el tigre se lo comía. Y vio también a un hombre que lo mataba con escopeta y a otro que lo mataba con lanza. 5

Así, podemos entender cómo en la filosofía piaroa la eternidad no existe, y cuando habla de su carne en el canto original, se refiere preci- samente a su propia familia, como también se relata en los mitos wayúu, donde el concepto eiruku, es “mi carne” aludiendo a la familia, ascen- dientes y descendientes.

El canto de los waikunis Los waikunis son espíritus del origen de la vida. Fueron creados por Tchejeru, la hermana de Wajari, en el poblado de Ruweydu, región de Mariweka, orígenes del mundo. Ella bebió el jugo de dada, pero muy espeso, y así, en el estómago de ella, se produjeron estos espíritus que hacen daño a los seres humanos. Es necesario saber los cantos para evi- tar las enfermedades que producen. Se afirma que los espíritus waikunis son enviados por Redyo o Rediñu, espíritus que se encargan del cuido del bosque y de la selva y que están presentes en el Warime. 6

Historia sobre los insectos Los zancudos fueron creados por Kwoimoi para que atacaran a Wajari. Sin embargo Wajari los evadió siempre soplando humo de tabaco. Kwoimoi, no sabía cómo dañar a Wajari para poderlo eliminar. Wajari decía: “Los in- sectos no me pican, y solo cuando yo muera picarán a mis descendientes”. Devolvía los zancudos a Kwoimoi y este sí sufría las picaduras que él desea- ba para Wajari. Lo mismo ocurrió con el dolor de muelas que fue causado

5 Resaltados del prologuista para mejor entendimiento.

6 Los cantos 12 y 15 describen esto con claridad.

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por Kwoimoi, pero el dolor de muelas se lo devolvía Wajari a su creador y llegó a ser tan fuerte para Kwoimoi que tuvo que arrancarse todos los dientes y al final de su vida se quedó desdentado. Este acto explica el sistema dental de la anaconda o de la serpiente tragavenados.

Sobre los monos Wajari creó los monos, los hizo parecidos a los humanos y les enseñó el uso de diversos yopos, pero no les dio a probar dada ni tuipa, que son árboles con sabiduría. Tampoco les hizo los rituales necesarios que re- quieren todos los jóvenes piaroa, como por ejemplo horadarles la lengua con la aguja-cola de la raya, ni tampoco el ritual de la fuerza dejándose picar por las avispas. Sin embargo, les preparó su árbol para que vivieran en él, este árbol se llama K’elau Mak’ili’a. También les pidió que soplaran yopo y luego les preguntó qué veían en sus visiones. Ellos contestaron:

“Vemos que nuestra vida será corta, no será muy larga porque las águilas nos matarán y los hombres nos cazarán con cerbatanas”. Wajari les dijo:

“Pero ustedes cuando sirvan de alimento, transmitirán la enfermedad del árbol en que viven, esta enfermedad se llamará K’elau Mak’ili’a”.

Canto sobre la historia de la babilla “Wajari le dio cuerpo a la babilla, le dio forma sobre una mesa, luego le dio piel y por último le sopló los pensamientos con agua amarga y chicha envenenada. Por eso es que la babilla no tiene lengua. La chicha se la quemó. Wajari dijo: ‘Es mejor que la babilla viva en el agua, donde también vivían su madre y su padre’”. Boglár reconoce que este canto no refleja ningún tipo de identifica- ción de la sociedad piaroa con el caimán del Orinoco, pues el mismo casi nunca está referido en sus cantos de curación. Boglár se pregunta:

¿Por qué el hombre se identifica con ciertos animales y qué factores pue- den intervenir –en el caso de los indios piaroa– en la formación de la relación hombre-animal? Esta relación se manifiesta en el rito del Warime en el cual los animales están representados por la forma-sonido-movimiento: se representa a los “señores” míticos de los animales o de los espíritus de los mismos y esta no es solamente una representación formal sino de contenido

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“desde adentro” por medio de la animación y de la dirección. La evoca- ción se logra por la representación fiel, y la identificación se condiciona por el ambiente creado con la presencia del conjunto de sonidos y mo- vimientos singularmente rítmicos. El hombre se identifica con ciertos animales creando tal situación que lo hace obvio, lo imita, “se pone en su pellejo”, etc. El mito que explica el origen del rito de las máscaras concientiza la relación primitiva de hombres y animales, la relación de “parentesco” entre ambos.

La apreciación de Boglár se encuentra en la introducción de este li- bro, y es de gran valor pues el caimán del Orinoco, las babas o las babillas no son frecuentes en los mitos piaroa, pero sí lo son por ejemplo, entre los yanomami, cuyo creador del fuego es iwa o iwariwa, el caimán. Entre los yanomami precisamente está como prototipo de poseedor del fuego porque no emite ningún sonido ni se comunica, además es muy egoísta con los seres humanos, pues solo él posee el fuego y por esta razón es necesario jugarle una treta ingeniosa para robárselo. Un pájaro de color rojo cumple este papel.

Muka Kuyeli: “Canto contra todas las enfermedades animales” Este canto es quizás uno de los fundamentales o quizás el más im- portante de los cantos piaroa. En la montaña sagrada de Tiannawa hay un águila que los piaroa jamás han visto. Se llama Muka Kuyeli. Cantan sobre ella en todas las entonaciones de curación. También Muka Kuyeli emite un canto que protege a los pichones (y niños) contra la enfermedad si comen carne, puesto que el águila come todo tipo de animales: monos, pavos, báquiros. Este canto de Muka Kuyeli transforma la carne de los ani- males en alimento vegetal inofensivo. Así se come carne pero es como si se comiera papa, ñame, ocumo, yuca. Los meñé-ruwä o chamanes piaroa cantan el mismo canto de Muka Kuyeli contra sus propias enfermedades. Muka Kuyeli vive como Enemey y Redyo en la selva. Mucha gente, hombres y animales se encuentran viviendo en la casa de Tchejeru (la selva) y cantan contra las enfermedades que producen los animales. El canto de ellos fue el primer canto en el mundo. Y los piaroa todavía lo siguen cantando. Los cantores piaroa cantan así: “Quisiera poder comer como Muka Kuyeli, para que la carne del pavo, del mono y de otros animales fuera

Cuentos y mitos de los piaroa

como la papa. Quisiera poder comer como Yubeku, como Enemey, como

Estos últimos son espíritus primigenios, Tchejeru los llama

Chao, padres originarios en la creación de la vida. En la investigación de campo se percibe que todo el Warime está dedicado a buscar la armonía entre los seres humanos y la naturaleza. Por esta razón a los piaroa se les considera “Los filósofos de la selva”, el pueblo yek’kwana los llama “Los dueños de la palabra sagrada”. Se afirma que son los más pacíficos, pues otros reconocen que sus cantos tienen mucho poder sagrado. Bajo ninguna categoría los piaroa podrían ser considerados salvajes como generalmente se definían a los pueblos de la selva amazónica. Este ritual del Warime y sus cantos son prueba fehaciente del respeto que tienen a todos los seres vivos que son parte de su mundo, proveerse de los alimentos no es una tarea adjudicada a la fuerza o a la ventaja de usar armas o utensilios para la caza, pesca o reco- lección, sino al respeto, incluso al temor, pues saben que corren el riesgo de adquirir las enfermedades de los distintos animales, especialmente, a la veneración de lo ritual y ceremonial.

Winilki

”.

El canto del armadillo En muchas mitologías indígenas los armadillos son los seres de las profundidades de la tierra, aparecen como creadores de la complejidad porque ellos horadan la tierra, abren caminos y muestran las riquezas del subsuelo y resuelven los problemas difíciles de los chamanes. Entre los kuna de Panamá, por ejemplo, el armadillo o nono, es un auxiliar poderoso del chamán, Kanalekwa, en el parto difícil de la parturienta primeriza, a quien llaman yaidula. En este canto los dos armadillos hermanos, el mayor, Remu, que lle- gó primero a la superficie y su hermano menor Sera, que llegó después,

vinieron de las profundidades de la tierra y antes de que existiera vida hu- mana. Cuando esto pasó no habían nacido ni Buoka ni Wajari ni Tchejeru. Tampoco había luz, todo era tinieblas. Pero ellos descubrieron las aguas antiguas de las corrientes subterráneas. Remu, hermano mayor con sus pensamientos inspirados en el yopo que soplaba, creó las corrientes de agua subterránea. Sera se introdujo

a las profundidades para saber canalizar las aguas. Las mismas brotaron

a la superficie en grandes torrentes que todo lo inundaron. Pero Remu

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

supo contener las aguas sobre la superficie, pues de lo contrario un gran diluvio hubiera destruido todo. Estas aguas antiguas formaron el río Cuao, sus aguas son viejas, antiquísimas. Cuando nacieron Buoka y Wajari surgió el Orinoco, que se convirtió en el gran padre de las aguas, porque todos los ríos van hacia él. Él es creación de Wajari.

Canto del armadillo y del oso hormiguero Woya, el oso hormiguero, nació inmediatamente después de Remu y Sera. Su origen está debajo de una montaña en el bajo Orinoco. Pero nació en la época en que él no pudo ver si había luz, agua o estrellas. Era un período en el cual Wajari aún no había creado la claridad. Sin embargo, recorrió inmensos territorios y así llegó a la casa de los arma- dillos, quienes no se enteraron de su presencia. Volvió a su región y aquí preparó yopo. Y sopló, sin haber sido sometido a los rituales porque Wajari aún no los había creado. Así, con algunos pensamientos adquiri- dos por la influencia del yopo, retornó a casa de los armadillos y para ser notado se transformó en meyré, que es el colibrí. En este punto se esta- blecen una serie de diálogos sobre el yopo y al final las dos entidades de mayor tamaño, tanto Remu como Woya, intercambiaron la sustancia de sus yopos. Los dos tuvieron visiones muy fuertes. Incluso Remu percibió que Woya lo mataría y así enloqueció con el yopo. Su hermano menor, Sera, lo ayudó a salir de su estado alterado, una vez sobrios conversaron sobre lo sucedido en sus predicciones. Antes de marcharse Woya de la casa de los armadillos les declaró que dentro de poco nacería Wajari. Y les confirmó que todos los animales serían de Wajari, incluso ellos, los armadillos; sin embargo el chácharo o mékira, sería su animal de poder. Es necesario recordar aquí que cuando Kwoimoi atacó a las máscaras del Warime de Bouka se comió las cuatro máscaras que iban en el cor- tejo, menos la máscara de mékira, que es la que simboliza el chácharo. 7

Wajari crea las frutas Del vientre de Wajari nace el grandioso árbol que daba todos los fru- tos. Sucedió que una señora de nombre Parubo le solicitó que le regalara parte de esas frutas. Lo que hizo Wajari fue tener relaciones con ella y germinarla. Estas relaciones le produjeron embarazo de semillas. Ella

7 El mito 17 desarrolla esta escena.

Cuentos y mitos de los piaroa

se fue embarazada por el río hacia arriba y vagaba por diversos lugares, por donde pasaba iba regando su sangre vaginal. Así, de esta sangre, nacieron las frutas silvestres. Algunas son dulces, otras son amargas. Po- siblemente también ácidas, pero este relato no lo declara.

La creación de las frutas cultivadas Wajari celaba mucho su árbol de frutas. También distribuía bien el agua, y preparaba su yopo y el kaapi, plantas de los dioses del origen. Los waikunis, trabajaban y descansaban. Le pidieron agua y frutas a Wajari, pero se las negaba. Antes bien ató las ramas del gran árbol para que no fuera cortado. Los waikunis entonces soplaron yopo contra Wajari y lo volvieron loco. Así, anduvo enajenado por varios períodos deambulando por la selva. Cuando se recuperó volvió a su lugar de origen y comprobó que su árbol aún estaba intacto, pero ya no tenía frutos. Los waikunis se los habían comido y solo le dejaron una piña a la cual Buoka, su herma- no envidioso, le colocó una enfermedad. Cuando él preguntaba quién le había comido sus frutos nadie le respondía y solo le echaban la culpa a otros pueblos que no eran piaroa, entre ellos yek’kwana, yabarana, guajibo, yaruros e inclusive, los blancos. El tiempo pasó, y al final la envidia triunfó, el árbol fue cortado y las frutas se difundieron por todas partes, pero por acción de los seres humanos. Así los hombres y las mujeres de todas las culturas aprendieron a cultivar las plantas, a través de semillas y esque- jes, gajos o fragmentos de plantas que separados de una planta principal pueden reproducirse a voluntad del que la siembra.

La creación del casabe El casabe surge según el mito de la relación amorosa e incestuosa de Kwoimoi, quien ebrio y enloquecido por el uso de un yopo demasiado fuerte, comete incesto con su hija Kwawañamu, quien era la esposa de Wajari. En este momento ya se había convertido en varios animales, pero sus dos últimas personalidades antes de cometer este acto, fueron Remu, el armadillo, y Ofo’da’a u Ojow-dae, que es el híbrido entre anaconda y jaguar. De esta violación nace entre grandes penalidades, y en un parto difícil, otra serpiente llamada Kwawawaruna. Según el canto, Kwoimoi nunca supo que había cometido incesto porque lo hizo bajo los efectos de un mal yopo y asumió que el hijo de su hija era su nieto, es decir,

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

su chuddo. Luego, esta serpiente macho se relacionó con otra serpiente llamada Kwawawaraju, que era hija de Buoka, el hermano envidioso de Wajari, y se fueron a vivir a las entrañas de la tierra. Allí se relacionaron sexualmente y de esta relación aparecieron sobre la superficie grandes yucales en los conucos. El piaroa actual para dar beneficencia y obtener éxito en la siembra de yuca y otras plantas alimenticias tiene que entonar el canto del casa- be: Kwawawaraju y Kwawawaruna.

La creación de los españoles Este canto reafirma que Wajari es el creador de los seres humanos, tanto de los piaroa como de los blancos o criollos. A ambos los formó con sus manos en el lago de un lugar del origen llamado Parake. Se dice que este lugar está en las grandes montañas del alto río Sipapo. Pescaba con su anzuelo peces para preparar a los piaroa, y también para crear a los blancos o criollos, la diferencia estaba en la forma de los anzuelos y en la carnada. Para hacer gente piaroa el anzuelo poseía carnada elaborada con alimentos de la selva. Para hacer gente blanca o criolla, elaboró un anzuelo de dos puntas y en una de las puntas colocó una masa de café y en la otra punta una masa de frijoles o caraotas. A los hombres los hizo de la carne de los pescados que caían por la punta de la masa de café, y a las mujeres, por la punta de la masa de frijoles. Sin embargo, elaboró dos diques de agua: uno de los diques hacía correr sus aguas en dirección del Orinoco abajo y el dique de los piaroa hacía correr sus aguas hacia arriba. De esta manera, quedó sellado el destino del asentamiento de ambos pueblos, los piaroa pertenecen a la selva y de allí su denomina- ción, dea’ruwä “Señores de la selva” y los blancos o criollos son puruna o paa’rata, que significa “Señores del dinero”. 8

La muerte de Kwoimoi Kwoimoi siempre quiso deshacerse de Wajari, y era alentado por su hija Kwawañamu, esposa de Wajari; ella misma pidió a su padre que lo aniquilara. Con gran gusto Kwoimoi aceptó la petición de su hija, y para tales efectos Kwoimoi adquirió varias personalidades. Su más agresiva

8 El mito 6 aclara este aspecto.

Cuentos y mitos de los piaroa

representación fue la de convertirse en jaguar, así, penetró en la churuata de Wajari. Wajari estaba preparado, pues ya sabía de las intenciones de Kwoimoi, había inhalado yopo. Wajari se había convertido en águila. Cuando el jaguar entró en la oscura churuata, el águila bajó del techo con gran fortaleza, tomó del cuello al jaguar, lo elevó por los aires, le dio varias vueltas por el firmamento y así terminó la vida de Kwoimoi.

La muerte de Bouka Un chamán especialista mató a Buoka, Ruwa’yai, el dueño del vene-

no. Le dio de beber ñiyaekwa. Wajari no se enteró, pero Buoka no murió de manera definitiva. Recibió una nueva apariencia dada por Ohoj-Dae,

el alter ego de Kwoimoi, quien le puso sus ojos pero su espíritu estaba

contenido en el cuerpo del venado Tuwa Ñemeli, que es el ciervo rojizo.

La muerte de Wajari Wajari murió asediado, perseguido y descuartizado por los perros. Perros reales y perros espíritus. No hubo lugar en el cual pudiese ocul- tarse. Wajari ya sabía de su muerte, lo había visto en sus visiones a través del yopo. Y un gran chamán de nombre Yubeku también percibió su muerte. En vano recorrió territorio para escapar de los perros. Al fin llegó a un lugar hostil de nombre Dimoro, allí había seres humanos diferentes, se trataba de los mabus y los wohitemus quienes dispararon sus lanzas cumpliendo las órdenes de Kikaipuro. Yubeku, el gran chamán, trans- formó la carne de Wajari en una planta comestible y la ingirió para que Wajari pudiera vivir eternamente.

Aventuras de caza Esta aventura es infructuosa y cómica. En ningún caso los cazadores pudieron lograr la cacería de algún animal de la selva. Este es un cuento que relata la experiencia de un enano llamado Viricha, quien cargaba una gran piedra pintada de todos los colores. Empezaba la temporada de lluvias fuertes y de pronto vio un enorme agujero en la selva y en cuyo fondo percibió que había un ser humano al cual deseaba matar y trató de hacerlo lanzándole la piedra, lo hizo pero no logró matarlo. Tres

intentos hizo por matarlo, pero el hábil indígena se escabulló del agujero

y subiéndose a la copa de un árbol observaba con sonrisa pícara los

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

intentos fallidos del enano. Entendemos que esta es una especie de burla agradable contra algunos espíritus de la selva. Es un cuento relacionado con animales enanos y seres humanos enanos que pertenecen a la selva. También se detallan las trampas que se colocan para cazar animales, en- tre ellos el picure. Se destacan las habilidades de algunos animales para

escaparse de las trampas y la potencialidad de algunos otros animales míticos, o que pertenecen a su tradición, como lo que para ellos significa

el danto, que es Wajari, ser herbívoro por naturaleza, descubridor de los

frutos más exquisitos de la selva y dueño, señor o cuidador eterno de la selva de los piaroa. Este otro cuento relata el encuentro en la selva de un piaroa con un enano que cuidaba el bosque. En el diálogo el enano se enteró que el piaroa andaba buscando hormigas rojas venenosas. El enano manifestó su disgusto por esta búsqueda y el piaroa lo agredió.

Pero el enano, siendo un espíritu del bosque, tuvo más habilidad para defenderse y mientras el piaroa se había escondido en la oquedad de un

árbol, el enano preparaba una gran cantidad de hormigas venenosas co- locándolas en grandes hojas para luego depositarlas en el árbol en el cual estaba escondido el piaroa. Este se dio cuenta de la revancha del enano y por el mismo árbol agujereado subió a lo alto del mismo y luego, a través de unas lianas o bejucos pudo escapar del lugar. Estas actitudes indican que el humano posee menos posibilidades en contra de los espíritus de

la selva, sin embargo, aplica sus habilidades escapatorias.

Historia de ahora Este es un relato influenciado por la cultura criolla, en el cual apare-

cen dos jóvenes que viajan solos por la selva. El joven, en una bicicleta.

A él le ocurre el encuentro fortuito con una extraña joven que emana

un mal olor. Al parecer, es una raposa. Sin embargo, su aspecto es de

una señorita hermosa a la cual invita a que sigan el camino juntos, ella de mala manera lo acepta pero no ocurre nada extraordinario. Luego se encuentran con un joven cazador de murciélagos que colabora con unos norteamericanos. Les informa que su trabajo solo puede realizarse de noche. Aquí ocurre que deben pasar una noche los tres juntos. El joven cazador de murciélagos es el único que posee dos hamacas y mosqui- tero. Le ofrece su hamaca a la joven, pero ella no acepta. Y ocurre que

la joven que huele mal no acepta dormir en la hamaca sino que decide

Cuentos y mitos de los piaroa

dormir al lado de un perro. A la mañana siguiente, el joven de la bicicleta decide repentinamente volver a su casa y a poco andar el camino de re- torno se encuentra con una raposa que posee las manos atadas. Él desea desatarlas, pero la raposa trata de morderlo y lo agrede fuertemente, él se desmaya. Cuando se recupera y al fin llega a su casa, cuenta a su madre lo sucedido. Entonces admite que posiblemente hubiese muerto en esta experiencia. A lo que su abuelo que escucha la historia narrada, recon- firma los hechos y le asegura que sí, que iba a morir en este viaje por la selva, pero que él en espíritu lo estuvo acompañando siempre. Vemos que el relato narra historias sobre las acechanzas y peligros que pueden pasar los seres humanos si andan solos por la selva. Con estas ex- periencias, el joven de la bicicleta decidió nunca más salir de esa manera.

Sobre la valentía Opinaríamos que es más bien una historia sobre la desobediencia y

sobre la precaución pues una joven huye y se pierde en la selva debido

a que fue reprendida por no cumplir con las obligaciones de su casa. Un

buen piaroa que recolectaba frutos la encuentra perdida y le ofrece ayu- da, ella acepta. En el trayecto se encuentran con una tortuga y luego con una serpiente. Sin embargo, no deciden hacer nada con estos hallazgos.

Al día siguiente, al parecer debido al hambre, deciden volver a ubicar a la tortuga para comerse sus huevos. En el trayecto hablan sobre la serpiente

y deciden que no es bueno comerla. Luego observan que cerca de ellos

está merodeando un enorme jaguar, pero no ocurre ningún incidente, pues consideran que este animal huye si uno es precavido. Continúan

el viaje hacia el encuentro con la tortuga y al divisarla notan que hay un buey y al parecer está furioso. Ante este hecho, el joven decide que de- ben retirarse de allí de manera inmediata, pues según su consideración, el buey es más peligroso que el jaguar. Al ser el buey un animal de la cultura criolla no será posible para un piaroa llegar con él a ningún entendimiento pues no conocen sus historias

y relatos de origen. Es posible que por esto hayan decidido emprender su

huida. El canto no muestra el final ni las consecuencias de sus actos.

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

La fila de piedras Esta narración se transmite de generación en generación. El gran chamán Pitah se lo contó a Ñemej, y Ñemej se lo transmitió al chamán Carlos Caballero y, este a la vez, a su hijo Jesús Caballero. Este canto fue grabado por el investigador Boglár en la palabra del chamán Caballero. Se narra que los kerimine eran asesinos de seres humanos y que además practicaban el canibalismo. Los piaroa, siendo pacíficos, casi fueron exterminados por los kerimine. Es por esta razón que los pia- roa antiguos, o los que se salvaron, en un afán de conocer la verdad y, dirigidos por un gran chamán, durante una larga temporada buscaron el lugar que para ellos estaba ya perdido en la selva. Se afirma que los kerimine subieron a las montañas donde antes vivían los antiguos pia- roa. Llevaba cada kerimine, fuera hombre, mujer o niño, una piedra para colocarlas en hilera y cada piedra representaría a un piaroa asesinado por los kerimine. Estas piedras están ubicadas en línea recta en el filo de la cordillera. El número de piedras aún simboliza la cantidad de piaroa asesinados y llevados casi a su extinción. Este pueblo antiguo, donde los piaroa hacían sus conucos, se llamaba Meñu-rujewa. Otros piaroa, de diversas regiones, que conocían esta historia, qui- sieron vengarse de esta fatalidad, buscaron y buscaron el lugar por largos períodos, hasta que al fin lo encontraron. Se establecieron allí, hicieron vida y a la vez pensaron en una treta, así que elaboraron un gran puente de lianas o bejucos muy fuertes que subía hacia las altas montañas. Y con absoluta calma se dieron a la tarea de esperar a los kerimine. Así ocurrió, los kerimine volvieron cuando descubrieron que había más piaroa en el lugar e igual que en el principio de los tiempos, con el fin de matarlos y comerlos, emprendieron su viaje hacia la montaña y en el trayecto nota- ron el puente de lianas elaborado por los piaroa. Los piaroa esperaron que llegaran cerca hasta que pudieron ver los dientes rojizos de uno de los kerimine que iba adelante del ejército de kerimines y de manera inmediata soltaron las lianas que detenían el largo puente y todos los kerimine se fueron por los acantilados y en el acto murieron. Se asegura que solo quedó viva una mujer kerimine embarazada. Y se afirma que a partir de este embarazo, los kerimine se han vuelto a reproducir.

Cuentos y mitos de los piaroa

En el mismo canto se narra otra parte de la historia de estas mon- tañas, pues se asegura que eran espacios del origen. Se afirma que allí

vivió Kwoimoi, dios del origen y de la maldad, que creó allí los animales dañinos, y a las serpientes a las cuales les colocó los venenos. Se asegu- ra que en los acantilados del otro lado de las montañas hay dibujadas muchas cestas tejidas con entramados de serpientes. Se afirma que fue Kwoimoi quien pintó en los acantilados muchos dibujos de serpientes, pues además de preparar el veneno, preparó las pinturas para distinguir

a cada culebra y a la vez, para hacer tantos dibujos en los acantilados.

Se cuenta además que en esa parte de las montañas hay abundantes manantiales de agua. Estos lugares son en la actualidad regiones de los nacimientos del río Cuao. Como sabemos, los piaroa son los seres más pacíficos de la selva, y se ha demostrado en los textos anteriores que solo en casos extremos han te- nido que recurrir a estrategias de muerte para defenderse, como es el caso de estos piaroa inmolados, sacrificados e ingeridos por los antropófagos kerimime. Ellos aseguran que todavía existen como espíritus del mal.

Ñemej enseñó a cantar a mi padre Se hace en el canto un retrato biográfico del padre de Jesús Caballero,

de su abuelo, de una joven sobrina de su padre, de la esposa de su abuelo

y de otras personas que se disponen a pasar la noche. Esta es una típica escena de cómo se aprenden los cantos chamánicos en la tradición oral

de todos los pueblos indígenas. Así, el gran chamán Ñemej, en una noche normal, soplando yopo entona los cantos sobre los animales del origen

y describe las enfermedades que puedan causar a sus descendientes

actuales si se comen sus carnes sin hacerles los rituales necesarios. Se mencionan tres cantos: uno sobre el espíritu del ime, báquiro; otro sobre el espíritu del ijure, paují o pavo de monte; otro sobre el espíritu de los monos. Como es normal en todas las noches de los piaroa donde hay chamanes, estas sesiones se producen naturalmente y entran en la con- versación, en este relato y en otras informaciones, entre ellas, noticias de familias lejanas, y sobre la preparación del yopo, pero el aspecto central está en la enseñanza de forma onomatopéyica de los cantos, pues de eso se trata el relato. Mientras la familia se va durmiendo, el meñé-ruwä, due- ño o señor del canto, el señor Ñemej, canta para que el señor Caballero

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

aprenda sus cantos, enseñanza que se desenvuelve durante la noche y parte de la madrugada. Este acto se realiza hasta el día de hoy, con todos los chamanes y aprendices de chamanes. Se transmite el canto de forma oral mientras están acostados en sus chinchorros. El maestro canta, el aprendiz o estudiante de los cantos escucha atentamente y repite las pa- labras chamánicas con absoluta rigurosidad. Así es que se aprenden los cantos chamánicos piaroa.

Cuando vi blancos por primera vez Este relato se refiere a un cuento del año 1949, cuando Jesús Caballero

era un niño. Él afirma que andaba con su familia, de pesca y de cacería. Que pescaban con barbasco y a la vez habían cazado una liebre con perro

y con machete. Y sucedió que repentinamente aparecieron en el lugar,

llamado Arroyo Caracol, unos extranjeros que los sorprendieron en estas faenas. Al verlos no se sintió asombrado, como sí ocurrió con el esposo

de la hermana de su madre y su tía, quienes de manera inmediata se in- trodujeron en el refugio. Entonces los extranjeros empezaron a retratarlo

a él. La manera en que lo retratan lo cuenta de forma muy graciosa, pues

aunque su guayuco estaba sucio, lo colocaban para posar de todas for- mas con la liebre en la mano, con el machete, etc. Le hicieron cientos de fotografías que él supone deben estar en Caracas y que manifiesta nunca haberlas visto.

Lamento El investigador Boglár no hace ninguna descripción sobre la carac- terística de este tipo de canto que él, o su traductor, llama simplemente Lamento. En realidad es un lamento, pero en piaroa se denomina “llanto cantado”, lo cual lo vuelve una rareza de relato, pues estos cantos solo fueron conocidos cuando el investigador Terry Agerkop trabajó entre los piaroa en 1975. Estos cantos se producen cuando hay muertes, cuando existe mucha tristeza, cuando la persona se queda sola y sin familia di- recta, cuando se recuerda a los difuntos y, muy especialmente, cuando se está en presencia del cuerpo de un difunto. Este tipo de expresiones las habíamos investigado con el mismo et- nomusicólogo Terry Agerkop cuando trabajamos juntos en el año 1974 entre los miskitos de Honduras y parte de Nicaragua. Aquí también se

Cuentos y mitos de los piaroa

llevan a cabo este tipo de llantos cantados (inanka) desarrollados por las mismas causas: muertes de familiares, abuelos, esposos, hermanos, suegros, pérdida de hijos pequeños, nietos, y también se realizan en remenbranza de sus difuntos o en la despedida de los mismos. Se llevan a cabo al anochecer o al amanecer. Otros motivos para lamentar son la pobreza, el abandono del lugar de algún familiar por ra- zones diversas o porque son aquejados de alguna enfermedad o porque se han quedado solos en la vida y ya no desean más vivir y así deciden o predicen su muerte. También son comunes estos cantos entre indígenas tapirapé del Brasil central, que pertenecen a la familia lingüística tupi-guaraní, y cuya tra- ducción del nombre del pueblo Tapirapé, significa “los que siguieron el camino del danto o tapir”, y cuya cultura fue profundamente estudiada por Charles Wagley. Aquí también se dan bienvenidas de lágrimas o despedi- das de lágrimas, con los mismos fines. Este canto-lamento no es un canto

chamánico, es un canto autobiográfico de una situación crítica, social, per- sonal y emocionalmente perturbadora. Este canto-lamento o llanto cantado de los piaroa es verdaderamente de extraordinaria fuerza y transmite la emotividad que hemos sentido quienes hemos trabajado y en parte convivido con el pueblo piaroa. Es

el sentir más profundo de sus tristezas y además se aprecia en el mismo

canto su crítica a la cultura dominante que se ofrecía como la solución

a lo que antes se llamaba “la problemática del indio” ante la cual, se

brindaba como única posibilidad convertir al indígena en criollo y cuya propuesta era “sacar a los indios de su ignorancia” y no se hacía ningún esfuerzo por establecer un diálogo intercultural. Hoy día, los indígenas ocupan un sitial importante en las políticas del Estado venezolano. Son parte constitutiva de las leyes y acciones educativas y culturales del país y este es, precisamente, el esfuerzo que hace la Fundación Editorial El perro y la rana, cuyo nombre vale resaltar procede de la literatura del pueblo panare o eñepá. El equipo profesional y de compromiso intelectual de la editorial, reconoce el esfuerzo de otros investigadores y reedita algunos libros como el presente, cuyos testimonios grabados poseen más de cincuenta años, y cuyo esfuerzo de edición en aquellas épocas le correspondió a la

Prólogo y estudio síntesis de los relatos orales

respetuosa Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), quien hoy nos da el permiso para su publicación actual. Vayamos ahora a la lectura de estos cuentos y mitos tomados de la expresión piaroa gracias al esfuerzo del maestro Lajos Boglár.

Ronny Velásquez

Siguatepeque, Honduras, 24 de agosto de 2015.

Bibliografía consultada

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Cuentos y mitos de los piaroa

Velásquez, Ronny. (1992). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas:

Publicaciones Fundef-Conac. Wagley, Charles. (1983). Welcome of Tears: The Tapirapé Indians of Central Brazil. EE.UU.: Waveland Press.

Cinta cinematográfica Bermúdez, Beatriz (Directora). (2001). Warime. Las máscaras de los Dioses. (Documental). Venezuela (País): Producción Cinesa y Caribana Produc- ciones. Color. 15 minutos de duración.

PRESENTACIÓN

“Dicen que Buoka nació con las palabras, con las palabras del canto. Y que lo crearon los pensamientos y visiones que el viento llevaba Estas son las palabras de un respetado jefe de los indios piaroa. Se mere- ció la fama y la consideración por saber varias docenas de relatos sobre animales, plantas y personas, lo veneraron como gran jefe, pues conocía excelentemente la mitología de su tribu. ¡Y es grande la reputación de la memoria allí donde la escritura no se conoce! Llevaba un simple tejido de algodón y sobre la cabeza una corona, he- cha de las plumas rojas y amarillas del piapoco. A pesar de ser interesante, tenía un aspecto pobre, como si fuera la encarnación de sus propias pala- bras: “¡No tenemos más que las palabras!”. ¿Quién creería lo abundantes y multicolores que son los pensamientos tras el aspecto pobre? ¿Y cuál es la esencia de los pensamientos que se redactan en las cancio- nes? Que los indios tratan de establecer armonía entre su comunidad y la naturaleza que los rodea. Lo mismo que en formar la gama de sus utensilios ponen todo lo que sea útil a su servicio, han humanizado y poblado con cuentos el reino animal y vegetal. De esta manera, se convierten Wajari, Buoka y otros héroes míticos en transmisores de la sociedad y cultura pia- roa, no solo para los estudiosos, sino también para los niños indios que aprenden a leer y escribir. Hace algunos años al visitar escuelas de indios vi y escuché con qué empeño aprendían los niños piaroa el idioma español y a leer y a escribir. Lo mismo podía darme cuenta de cuán rápido se alejaban de los valores culturales de sus tribus respectivas. Entonces surgió la idea: “Hagamos una colección de textos, un tomo de cuentos, útil en las escuelas de in- dios, que facilite salvar la abundante tradición en forma escrita”. El parecer

Cuentos y mitos de los piaroa

de Jesús Caballero, maestro piaroa, sin cuya colaboración no hubiera sido posible la edición de este tomo: “Porque la gente olvida muchas cosas, es poco lo que conserva la memoria. Cuando el libro esté listo, los niños piaroa ya lo podrán leer, los niños que estoy enseñando”. *

* Redacción, introducción y notas: Luis Boglár. Textos recogidos: Luis Boglár, István Halmos, Joanna O., y Myron Kaplan. Traducción del piaroa: Jesús Caballero. Versión española: Irma Agüero.

INTRODUCCIÓN

El número de los piaroa, “Los hombres de la selva”, se estima sobre tres-cuatro mil almas. Sus asentamientos se hallan en la zona limitada por los ríos Orinoco, Parguaza, Ventuari y en el Territorio Federal Amazonas. En dos ocasiones visité a los piaroa, primero en 1967-1968, luego seis años más tarde, en 1974 1 . A fines de mi primer viaje, cuando me pareció tener una idea sobre la cultura piaroa, les pedí a los propios indios ejercer la crítica sobre las descripciones que expertos, viajeros, etc. habían escrito sobre ellos. En 1974, cuando volví a visitarlos, me pareció importante que los piaroa controlaran también lo que escribí sobre ellos. Leí el manus- crito en el cual resumía los resultados de mis investigaciones de hace seis años y los textos del tomo; los presenté a Jesús Caballero, mi intérprete y colaborador de entonces, y algunos más de su familia. Sus observaciones fueron grabadas en cinta magnetofónica 2 . Así entre todos ellos estuvi-

1 En mi primer viaje, entre noviembre de 1967 y mayo de 1968, me acompañó el doctor István Halmos, etnomusicólogo. Esta expedición era respaldada por el Museo Etnográfico (Budapest), por el Koninklijk Museum Voor de Tropen (Amsterdam) y por la Fundación Wenner-Gren. La segunda vez estuve en Venezuela, de febrero a mayo de 1974, entre los piaroa fue respaldado por el Musée Royale de l’Afrique Céntrale (Tervuren). Les debo especial agradecimiento al doctor Pablo Anduze y al doctor Juan Baumgartner, ambos médicos-antropólogos, por la ayuda amistosa que en ambos viajes de pesquisa me brindaron.

2 Al final de mis pesquisas, en 1968 –al igual que durante mi estancia en 1959 entre los indios nambiquara en Brasil–, hice un experimento con mis amigos indios: el objetivo

del experimento era El libro negro en el cual antes de partir a Europa anoté todo lo que

la literatura dice sobre los piaroa. Les leí a los indios varias páginas y le pedí a mi in-

térprete Jesús Caballero, que me dijera su opinión sobre las mismas y que preguntara

a su padre u otros parientes cuando tuviera alguna duda. Las preguntas y respuestas

están grabadas en cintas magnéticas: esta crítica de la literatura especializada la vamos

a publicar en español junto con Caballero bajo el título Etnografía piaroa: una visión

indígena. En el año 1974 procedí de la misma manera, o sea, le pedí a los indígenas que ejercieran la crítica sobre los escritos hechos por mí. Sus opiniones fueron tradu- cidas por Jesús Caballero, que mientras tanto se hizo maestro. Sus observaciones son

Cuentos y mitos de los piaroa

mos tratando de disminuir los errores debidos a la mala interpretación y a los malentendidos. Además, naturalmente me interesaba saber cuál era la suerte de los piaroa, qué cambios hubo en la vida de la tribu en los seis años transcurridos. Pero veamos cómo vivía la gente de la selva entre 1967-1968, en la época de la colección de los cuentos y canciones míticas. En cuanto a su formación económica, vivían lo mismo que las demás tribus de las selvas tropicales: además del cultivo de la tierra era impor- tante la caza y la recolección, cuyo carácter no era solamente adicional. En cuanto a los aspectos sociales de la obtención de alimentos, podemos afirmar que dominó la división del trabajo por sexos: el cultivo de ve- getales (yuca, ñame, ocumo etc.), parte de la recolección y las tareas de preparar los alimentos le correspondió a las mujeres; los hombres más bien se ocupaban de la caza. La organización social se caracterizaba –por lo menos hasta 1968– por la falta de una unidad superior que abarcase a varios grupos locales. En los asentamientos había una única cabaña grande (churuata) en que vivía una familia extendida, o sea varias familias nucleares de variado número de integrantes, (en la zona del curso superior del Paria Chico que mejor conocimos, los asentamientos tuvieron de tres a seis familias nucleares).

importantes no solamente por haber criticado y completado los datos del manuscrito, sino también por ilustrar hasta qué punto conoce un piaroa en el período de desinte- gración y de la transformación de su comunidad la cultura tradicional de su tribu. Su observación en cuanto al manuscrito y a la introducción ha sido la siguiente:

“Debes redactar esta parte con mayor claridad. Lo que escribes sobre la caza y las plan- taciones se comprende plenamente pero hay varios detalles que no son claros para mí, por eso redáctalos con mayor claridad para que no solamente los especialistas, sino, nosotros, también lo comprendamos, puesto que lo que escribes es sobre nosotros y para nosotros. Aunque parte de mi vida haya pasado fuera de la selva, es por eso que parte de nuestra religión no la comprendo, sin embargo por mi padre sé cómo era nuestra vida antes. No podría decir que yo comprendo todo de la cultura piaroa pero estoy seguro de que todo lo que se pueda debemos explicar puesto que es importante para ti y para nosotros. Eso puede facilitar a que los niños y los jóvenes sepan cómo era la vida de los piaroa antes y qué es lo que se conservó de aquella vida”. “¿Qué es lo que pasará con los piaroa? En la selva vivían con toda tranquilidad con su literatura y su mitología, y seguían sus ritos, pero hoy día, tanto viejos como jóvenes viven de otra manera aquí a poca distancia de Puerto Ayacucho. Se mudaron para acá para sobrevivir porque en la selva en los últimos años muchos se han muerto. De aque- llos jefes que también tú escribes se murieron Pjarapja, Ijure, Piu, Capita, Cabo, incluso el hijo del jefe Pitah, José, ha muerto”. “Aunque hayamos escogido esta vida moderna, la vida de hoy, no por eso quiero que se pierda todo lo que sea tradicional incluso por eso está bien que tú anotes lo que hace seis años existía porque la gente olvida muchas cosas, es poco lo que conserva la memoria. Cuando el libro esté listo sobre nosotros, los niños piaroa ya lo podrán leer, los niños que estoy enseñando. Es otra razón más para que lo escribas con sencillez”.

Introducción

Cada asentamiento –más precisamente, cada casa comunal– formaba una unidad autónoma, no por eso aislada, al contrario: frecuentemente se visitaba a los parientes o jefes muy respetados que vivían en los otros asentamientos. Pero en cuanto a la organización política, cabe subrayar que no hubo tal jefe que fuera de los límites de su propia organización política haya tenido autoridad institucionalizada. 3 Ciertos rasgos indican que esta estructura simple no puede ser anti- gua, sino resultante más bien de un desarrollo secundario. Así por ejem- plo diferentes grupos locales no tienen las mismas relaciones míticas con ciertos animales y plantas. Algunas de las relaciones míticas mencionadas servían para unir a las mujeres o a los hombres de determinados asenta- mientos, o sea, ni remotamente servía para reunir a todos los descendien- tes de un antepasado mítico común o a todos los habitantes de una zona, sino para servir de base ideológica a aquella división entre hombres y mujeres que se subrayaba también por la típica división del trabajo. El equilibrio de la comunidad se rompe y –sin llegar a casos extre- mos– se acentúa la importancia de los hombres basada en sus actividades rituales muy importantes: el confeccionar las máscaras e instrumentos de música, el uso de los mismos, el curar e iniciar con canciones, etc., que solo lo hacen los hombres. De todos modos, incluso en relación con lo anteriormente mencionado, algunos indicios nos indican que no debe- mos proyectar las condiciones, que hoy día se notan, al pasado. Según las tradiciones, antes algunas mujeres tenían función ritual (en 1965, Ata Kando sacó una foto de una “mujer de las medicinas”) y existen frag- mentos de mitos según los cuales antes también las mujeres conocían las técnicas hoy practicadas por los hombres solamente. 4 Al estudiar las instituciones sociales debemos hacer énfasis en la simplificación secundaria que se observa en este terreno también. A pesar de que en el idioma piaroa hay varias expresiones para diferentes cargos, en los años sesenta encontramos un solo jefe al frente de los asentamientos, un especialista religioso (meñé-ruwä, “El hombre de las canciones”, o sea, de la medicina).

3 Ver más ampliamente sobre el tema: Luis, Boglár. “Aspects of Story-Telling among the Piaroa Indians”, Acta Ethnographica, (tomo xix), 1970, pp. 38.52.

4 Durante mi primer viaje escribí un breve resumen, en español: Luis, Boglár. “Nota sobre la cultura de los piaroa”. Boletín Venezolano de Folklore , (2/2), 1969, pp. 63-67.

Cuentos y mitos de los piaroa

El meñé-ruwä tuvo que proveer una serie de actividades rituales (como lo pude observar en 1974, apenas podemos encontrar al frente de las comunidades meñé-ruwäs activos), pues era una actividad cotidiana, de estos la lucha, en parte preventiva, contra las enfermedades. El meñé-ruwä era el que organizaba los ritos de la comunidad (danza de máscaras, inicia- ción), era el mejor conocedor de las tradiciones míticas y el que proveía y se aseguraba de que estas no se olvidasen. Al mismo tiempo era un maestro fabricando y usando los instrumentos rituales. Según las observaciones, también en la vida cotidiana gozaba de gran reputación si es que cumplía bien sus tareas, si hacía sin errores lo que le correspondía. Sobre todo era válido para las canciones mági- cas (meñe) 5 que trataban de las relaciones mágicas con los animales, ejecutadas casi todos los días. En el presente tomo se hallan numerosas canciones de este tipo. Conocemos casos en que el grupo expulsó a su jefe por haber ejecu- tado con errores las canciones mágicas, (la persona en mención padeció de trastornos mentales como consecuencia del excesivo consumo de yopo y los efectos se manifestaron en las actividades de la caza. Por los fallos de su memoria, tampoco dominaba absolutamente los textos rituales. Perdida la reputación, seguía cierto tipo de vida paria, e iba solicitando su admisión ora en este grupo, ora en el otro). Investigando las fuentes del prestigio, debemos examinar ante todo las actividades que son las esenciales del meñé-ruwä, lo cual es la caza, mejor dicho: el animal cazado. Puesto que también el animal conlleva fuerzas mágicas. El botín de la caza, antes de haber comido de la carne, se debía purificar con las canciones por las noches porque de otra mane- ra causaría peligros (enfermedades) para los que comiesen de la carne. Las canciones míticas tienen contenido épico y están estrechamente vin- culadas con los mitos. Tomando en cuenta que las canciones no solo se cantaban después de haber efectuado la caza sino también antes, podemos comprender que la caza –actividad de los hombres piaroa, importante económicamen- te, al mismo tiempo que servía para ganarse prestigio– prácticamente

5 Jesús Caballero: “Nosotros decimos que meñé-ruwä es ante todo el que cura. El meñe significa ‘remedio’, con que se cura enfermedades que tantas veces se presentan en el hombre. Meñe es la canción que cura, es la canción-remedio. El nombre de todas las demás canciones que no curan, solamente divierten: laü”.

Introducción

estaba bajo la dirección de los meñé-ruwäs. Dependían de él no sola- mente los importantes componentes objetivos de la caza sino el control de las fuerzas sobrenaturales en lo cual ningún hombre piaroa dudaba. En relación con lo anteriormente descrito, llegamos a tocar el más importante evento ritual de la vida de los piaroa, la ceremonia del Warime

en la cual el mito, concepto religioso, pintura y escultura, música y danza,

o sea, todas las manifestaciones de la cultura expresiva piaroa se desplie-

gan 6 . El cuento que lleva por título “La primera fiesta de Buoka y Wajari” trata sobre el origen de la ceremonia de máscaras.

Los preparativos del Warime se realizan en la casa situal (ruwode), donde los hombres iniciados bajo la dirección del jefe religioso en circuns- tancias especiales y secretas, están fabricando máscaras e instrumentos rituales. En esta escuela de la selva transmitieron los conocimientos de las tradiciones a los jóvenes que les ayudaban, por ejemplo, en la recolección de las materias primas les enseñaron los secretos de la escultura, la pin- tura, la danza y la música piaroa. Mientras tanto, sin pausa prácticamente, los participantes podían escuchar los relatos míticos; a lo mejor no había ningún detalle de los preparativos que no se hallase ligado la actividad manual con alguna expresión oral. 7 Los relatos míticos que se escuchaban en el transcurso del Warime servían para diferentes finalidades, por una parte facilitaban el aprender,

el recordar; por otra parte se transformaban en una especie de guion del

ritual, pues los actores y los hechos del rito se pueden conocer por los eventos míticos.

6 Con las palabras de Jesús Caballero: “El rito Warime es la unión de los indios piaroa,

a lo mejor se podría decir también que es la escuela elemental de la selva, donde los

viejos enseñan a los jóvenes, los padres a los hijos. Todos nosotros somos indios del Amazonas, pero los ritos de las tribus no son los mismos”.

7 La observación de Jesús Caballero: “Ellos, los jefes, dirigen el rito, pero debemos saber que eso no tiene que ver nada con la iniciación. Acá entre nosotros hay muchos que dicen que es la diversión de los casados. Porque en los preparativos del rito todos los hombres y todas las mujeres tienen sus tareas respectivas. Hasta que se preparen, con- versan sobre lo que creó Wajari, porque el rito está creado por él. Conversan que Wajari sabía cómo había que vivir y cómo los jefes de tribus tenían que pensar. Durante el rito danzan y se divierten también. Pues entre dos ritos pasa mucho tiempo, solo raras veces pueden escuchar la música ritual y pueden ver las máscaras bailando. La misma danza de máscaras no es digamos sagrada, es diversión para todos los que se reúnen en la casa de la comunidad. En esta zona hace muchos años no se ha organizado Warime. Hay muchos niños que nunca lo han visto y no saben cómo vivían antes los piaroa. Porque los jefes dan los ritos una vez acá una vez allá. También por ahora van

a organizarlo, junto al río Vichada, lo sabemos, pero los piaroa de allá no nos invitan. Verdad es que queda bastante lejos”.

Cuentos y mitos de los piaroa

La lucha de espíritus pacíficos y enemigos, las repetidas y frecuente- mente conflictivas relaciones del hombre con la naturaleza, las contradic- ciones de la promesa mítica con la realidad, motivaron el funcionamiento de instituciones que aseguraran el equilibrio de las comunidades y la armonía de las mismas. Por boca del meñé-ruwä se escuchaba cada día el canto curativo, o el que conjura los espíritus malignos, o en casos que fuera necesario, el jefe religioso organizaba el rito de máscaras que movilizaba a la comunidad entera. Resumiendo todo, podemos decir que distinguimos ritos permanen- tes y periódicos lo cual determina la forma en la cual se presentan los eventos de tipo mítico: 1) las canciones contra las enfermedades de los animales que el meñé-ruwä ejecutaba acompañado por una maraca o eventualmente por un coro de hombres y 2) los mitos recitados en el transcurso de los preparativos del Warime, del rito de máscaras en la mayoría de los casos en prosa rítmica. Debo advertir que el intérprete que hablaba bien el español, empleaba las expresiones canto y cuento. En un estudio de 1976 relacionado con los ritos de máscaras traté de resumir la esencia del arte ritual piaroa e hice referencias a los rasgos ca- racterísticos de su visión del mundo. También en cuanto a las canciones- míticas son válidas algunas de estas consideraciones. La concepción básica de los pensamientos, las actividades y creaciones –realizadas en los mitos, ritos y las ideas religiosas– es la humanización de la naturaleza. En adelante pienso hacer algunas referencias a los detalles esenciales de la humanización: de las ideas de la identificación y del medio virtual de la misma sobre la transformación. La afirmación de que el hombre se identifica con determinados fe- nómenos naturales, se repite no solamente en el caso de examinar la visión del mundo de los indios, sino también al examinar los de diferen- tes sociedades. Diferentes factores, el medio natural, el modo de vida, la mentalidad, etc., determinan qué fenómenos o grupo de fenómenos se escoge. Varios estudios demuestran que ciertas tribus de las selvas consideran el transcurrir de la vida humana paralela a la de las plantas. La identificación con las plantas, a pesar de que los procesos sean re- gularmente repetidos, por lo largo de esto (siembra-cosecha) son más abstractos; es obvio que sea más real la relación con los animales –pro- yección mítica de los contactos verídicos–, pues incluso los cazadores

Introducción

suelen domesticar animales como el perro, el pájaro, etc. Es del todo natural que los animales sean objetos de la identificación por excelencia. Hay varios relatos que lo afirman, por ejemplo: “El canto del danto”, o el “Canto de la historia de la babilla”. Es una pregunta ineludible: por qué el hombre se identifica con cier- tos animales y qué factores pueden intervenir –en el caso de los indios piaroa– en la formación de la relación hombre-animal. Esta relación se manifiesta en el rito Warime en el cual los animales están representados por la forma-sonido-movimiento: se representa a los señores míticos de los animales o de los espíritus de los mismos y esta no es solamente una representación formal sino de contenido, es decir, desde adentro, por medio de la animación y de la dirección. La evocación se logra por la representación fiel, y la identificación se condiciona por el ambiente creado con la presencia del conjunto de sonidos y movimientos, singular- mente rítmicos. El hombre se identifica con ciertos animales creando tal situación que lo hace obvio, lo imita, se pone en su pellejo, etc. El mito que explica el origen del rito de las máscaras concientiza la relación primitiva de hombres y animales, la relación de parentesco entre ambos. Resumiendo podemos afirmar que la pretensión cultural y la huma- nización de la naturaleza se manifiesta a través de la identificación; la presencia de los espíritus de los animales no solamente comprueba la continuidad del estado mítico sino mágicamente (por los ritos) la anima- ción de los seres representados desde adentro y que en última instancia procuran también su procreación. La esencia del rito es que resulte un aumento en cantidad en una situación especial –diferente de lo cotidiano en calidad–, ideológicamente profundizando las relaciones entre hom- bres y animales y en el sentido social es una fuerza que facilita la forma- ción de la sociedad ante todo por medio de aumentar el prestigio de los jefes organizadores, dirigentes religiosos. El hecho de la identificación misma alude a que el indio piaroa clasifi- ca los fenómenos del mundo en diferentes categorías. Sin entrar en deta- lles podemos hacer constar que los animales aptos para la identificación, los simpáticos, forman un grupo general. Es importante la categoría co- mestible - no comestible (o sea peligroso - no peligroso, útil - inútil), pero esta categoría muy precisa no solo indica la separación y clasificación de los fenómenos naturales sino implica la necesidad de la transformación.

Cuentos y mitos de los piaroa

A cada paso se puede notar el hecho y la demanda por la transforma- ción en los mitos, pero también en los ritos cotidianos. Wajari, en el cur- so de la creación, continuamente se estaba transformando y volviéndose utilizable, humano. También los ejemplos que se citan en nuestro tomo:

“Muka Kuyeli: ‘Canto contra todas las enfermedades animales’”, “Wajari crea las frutas” 8 , apuntan hacia las pretensiones principales, que consisten en la transformación de la carne de los animales en plantas comestibles por medio del canto. El otro objetivo es la transformación de las plantas amargas (venenosas) en plantas dulces comestibles. La transformación de las plantas es un hecho real, es ampliamente conocido el procedimiento de los cultivadores tropicales mediante el cual de la yuca venenosa se logra el alimento. La transformación simbólica de la carne se hace ante todo con el canto, pero también con las maracas, el paquete mágico (warawa), el humo de los tabacos sagrados, el soplar, o sea, todos los detalles y prácticas del rito sirven el mismo objetivo. * * * Además de los mitos y canciones míticas, el presente tomo contiene creaciones orales (cuentos, historias reales y un lamento) que se carac- terizan porque no son recitadas por el meñé-ruwä y son realizadas en circunstancias no rituales. Sobre el conjunto publicado bajo el título de las aventuras de cazadores podemos decir que son las expresiones de los pensamientos de los hombres-cazadores luchando con los fenómenos de la naturaleza. El rasgo más importante desde el punto de vista de la propia cultura piaroa: el énfasis en las cuestiones de subsistencia (la caza y recolección que realizan los hombres), alude a los aspectos sociales, la caza de los cuñados, la presencia del ancestro animal y un rasgo negati- vo: ni una sola mujer figura en las historia de cazadores. De los relatos que siguen: “Historia de ahora”, “Sobre la valentía”, se nota claramente que son improvisados, son relatos llenos de detalles realmente sucedidos. Aunque la estructura de estos recuerde a la de los anteriores, la excesiva acumulación de hechos sucedidos, la inseguridad de la interpretación en algunas partes causa desproporción. Debemos

8 Jesús Caballero: “Wajari en cada relato mencionó muchos animales y nos habló sobre las enfermedades que podemos tener si es que comemos de la carne de los animales. Los meñé-ruwä cuya lengua se perforaron con la espina de la raya, y los relatos des- de entonces se convirtieron en curadores. Actualmente están cantando los relatos de Wajari. Es más fácil el curar con las canciones, el meñé-ruwä puede estudiar de qué enfermedad padece el hombre”.

Introducción

anotar que también los relatos se hacían ante la comunidad pero frente a los mitos y canciones míticas, las reacciones de la comunidad se mani- festaban en la participación activa (intervenciones, preguntas, ampliacio- nes) que en sí implican una forma menos estricta. * * * Los textos del libro fueron recogidos por el autor de estas líneas entre 1967 y 1968 y por los antropólogos J. O. y M. Kaplan en 1968 9 . Apro- vecho la oportunidad para expresar mi agradecimiento por haberme proporcionado su colección de textos para esta publicación. Ante todo debemos agradecer a los indios piaroa que no solo nos cantaron o relata- ron sus creaciones orales, sino que, con mucha paciencia soportaron las molestias y la fatiga propia de la traducción y redacción. Los que nos pro- porcionaron los relatos y canciones fueron los siguientes: los capitanes Carlos y Pitah, los meñé-ruwäs ya difuntos Ijure y y Pjarapja, el maestro Jesús Caballero y su abuela, además de Joaquín y Carmen Solano. 10 En cuanto a las circunstancias de la colección, todos trabajamos con el mismo intérprete-traductor Jesús Caballero y con casi los mismos infor- mantes. Los textos fueron grabados en cinta magnética y luego fueron tra- ducidos. Las traducciones a pesar del control repetido, llevan en sí los giros idiomáticos del “Informante bien informado” Jesús Caballero. En ningún caso pudimos anotar el texto piaroa completo, por lo tanto no se podía hacer una edición bilingüe. También esperamos que entre los estudiantes piaroa que hoy estén aprendiendo el idioma castellano habrá alguno que se encargue de fijar en letra escrita la abundante mitología de su tribu. Espero que esta colección, aunque no sea un monumento al idioma, presente los valores de la mentalidad rica y excitante de los piaroa que vi- ven la época de la transculturación y del cambio socioeconómico general de la región amazonense.

9 La pareja de antropólogos americanos Joanna O. Kaplan y Myron Kaplan pasaron varios meses entre los piaroa en 1968. Varios mitos y relatos han sido anotados por ellos, traducidos en su mayoría por Jesús Caballero. También el control de estos textos lo hice en 1974 con la colaboración de Jesús Caballero.

10 Los informantes en la época de la colección de los relatos vivían en la región de los ríos Paria Chiquito y Samariapo salvo el matrimonio Solano que vivía junto al caño Temblador (hoy llamado Churuata Don Ramón).

1. LA CREACIÓN DE BUOKA (I) 1 Al principio no había nada: ni hombres, ni

1. LA CREACIÓN DE BUOKA (I) 1

Al principio no había nada: ni hombres, ni aguas, ni animales, ni montes, ni tierras. Después apareció el cielo. Comenzó la creación del mundo. —¡Jumora ujkwoku nkereu ujkwoku! –con estas palabras nació Buoka. Su nombre es nombre humano. Se creó antes de la palabra, en la propia palabra. Hablaron de él y lo vieron, aunque aún no había crecido, pues dijeron las palabras completas:

—Jumora ujkwoku –y en esas mismas palabras creció y creció

Antes de Buoka no había nada: ni tierras, ni árboles, ni montes, ni aguas, ni animales; nada. Nada existía, solo la nada. Y nació un ser único, creció con las palabras: era Buoka, Aruttu-Buoka.

Y nació con el viento de la palabra del canto. Y lo cantaron: el nom-

bre le vino del viento. Buoka se hizo de la nada. Y en su cabeza procreó, en sus pensamientos vio a su hermano, Wajari. La mujer, hermana de los dos, a la que llamaron Tchejeru, fue pensada por Wajari. Así fue la creación de Wajari.

Y aún no había aguas, montes ni frutas; pero apareció la tierra. Antes

de la creación de la tierra solamente existían el aire y el viento. La palabra trajo a Buoka, él a Wajari y este a Tchejeru. Dicen que Buoka nació con las palabras, con las palabras del canto. Y que lo crearon los pensamientos y visiones que el viento llevaba.

1 Las figuras centrales de la mitología piaroa son los tres hermanos Wajari, Buoka y Tchejeru. No lejos de Puerto Ayacucho, en territorio colombiano, hay una montaña de tres picos que lleva los nombres de los héroes míticos. En el primer relato se habla sobre la creación de los hermanos; el que lo contó era el capitán Carlos y el que lo interpretó, su hijo.

Cuentos y mitos de los piaroa

Desde entonces también nosotros tenemos la propiedad de imagi- narnos algo. No tenemos más que el pensamiento. Para donde voy, sé que se alza una churuata; vaya por donde vaya, sé lo que me espera. Los creadores meditaron, se imaginaron a Buoka y luego se dieron a la tarea de crearlo. Palabra tras palabra y he aquí a Buoka, nació Buoka. Luego Wajari y después Tchejeru. —Enemey ereuke tjuruode –llegó con estos nombres, surgió como el pensamiento pleno de algo. Desde entonces pensamos, desde entonces sabemos. —Putjadiarimando –y nació Buoka. He aquí su nombre completo:

Aruttu-Buoka. Buoka fue tomando cuerpo poco a poco: le crecieron los brazos, el tronco, la cabeza. Decimos tjasarine. Desde entonces es que tenemos cuerpo, brazos, todo en su lugar. Y así decimos: tjasarine: creación, creci- miento. Nos parecemos a Buoka. Ñuema-a se llama el lugar donde nació el mundo piaroa. Cerca del Mariweka, en la orilla de acá, a la derecha de nosotros. Junto al Ñuema-a

se extendía el lago, que crecía cada vez más. Y allá nos crearon a nosotros. Allá se alzaba un árbol gigante, un árbol de cuatro ramas, cuatro brazos. Ahora somos los mismos: tres tribus indias y los españoles. A cada rama se subió un hombre y una mujer, y se apoyaron en las ramas del árbol. Son innumerables los nombres de la creación. Llamémosla Ñuema-a

y Jajkawana Meredye también. La segunda es la sirena, el estruendo de la tierra. En vano la buscaríamos, no la podríamos encontrar. Solo po- demos oír su voz. Es el raudal del caño de aguas frías. Cuando íbamos

a buscar curare teníamos que atravesarlo. Y siempre lo atravesábamos.

Hoy en día no hace falta el veneno, pues cazamos con escopetas. Kwawai, el árbol gigante, estaba junto al Sipapo. Todo esto ocurrió después de que crearon a los tres hermanos. Junto al Kwawai crearon nuestro alimento. Fue donde nació todo lo comestible, nosotros, los pia- roa, lo llamamos Kwawai. Y Kwawai es obra de Wajari. Hoy se ve entre los ríos Cuao y Autana la alta montaña en la que se convirtiera el árbol gigante, que tenía encima todas las plantas

1. La creación de Buoka (I)

comestibles: yuca, maíz, ocumo, ñame, batata y muchas frutas. Y todo lo creó Wajari. Un día Wajari decidió cortar el árbol para que todo el mundo pudiera disfrutar de las frutas. Cayó el árbol gigante. Su inmenso follaje cayó hacia allá, si hubiera caído hacia acá habría más montañas altas y piedras en el lado de acá de la selva. Ahora, en el otro lado, por el Alto Cuao, se pueden ver los cerros y montañas cubiertos por la selva. Como el follaje del árbol cayó para allá, también la tierra es mejor por allá. Aquí, de este lado, se dan pocas frutas. Sin embargo, Buoka fue el primero, el primero delante de todos, los demás llegaron solo después de él. Buoka creó con sus ojos: se sacó uno, vio adentro al hombre y le puso nombre: ¡Wajari! Así dijo Buoka:

—Lo arranqué a él que será mi hermano, mi hermano menor. Se sacó el otro ojo también y fue Tchejeru, su hermana menor. Pues eran tres hermanos y una sola familia. ¿Sabes? En el medio de los ojos ves una figurita negra, un muñequito. Esta imagen fue la que se arrancó de los ojos y luego le dio nombres:

Jiarea jaana, el muñequito en el ojo, hombre en el ojo, el hombre del ojo. Eso fue idea de Wajari. La historia siempre suena igual: Buoka hizo a sus hermanos de sus ojos. Al principio nacieron ellos tres. Sí, señor. Mékira, el chácharo, era de Buoka. Si se canta la canción del Mékira que ahuyenta la enfermedad, cantamos a Buoka. Si cantamos al Ime, el báquiro, las palabras hablan sobre la creación de Wajari.

2. La creación de Buoka (II)

2. La creación de Buoka (II) 2. LA CREACIÓN DE BUOKA (II) Estaba oscuro. No se

2. LA CREACIÓN DE BUOKA (II)

Estaba oscuro. No se veía el Sol. No se veía el agua. No se veía el cielo. No se veían las montañas. No se veían los hombres. Esto ocurría antes de Wajari. Le dio nombre a un hermoso árbol: kareru. Y bebió del jugo de ese

árbol para ver el futuro. Buoka dijo que Enemey Ofoda le había dado del jugo del árbol:

—Este árbol es del padre del báquiro, del padre del chácharo, y del padre del armadillo. Este árbol era de mi padre y de mi abuelo. Buoka bebió del jugo del árbol. Y en sus visiones vio el futuro. Y se

preguntó:

—¿Adónde volaron mis pensamientos? ¿Qué futuro me predicen las

visiones?

En sus visiones llegó a los lugares sagrados subterráneos del báquiro

y otros animales. Vio todos los animales de las profundidades y escuchó

las voces de los instrumentos musicales del báquiro. Un solo trago de jugo de kareru le trajo la primera visión, y se le apa- reció la imagen de los instrumentos musicales del báquiro. Vio a través de las cascadas, atravesó el cielo con sus ojos, alcanzó a ver las monta- ñas. Vio el Bajo Orinoco, el Alto Orinoco, el monte Paria, las montañas Raya. Vio el Sipapo, los lugares del Alto Cuao, los lugares sagrados de los animales en las montañas. —El kareru da la voz del padre del báquiro, del padre del chácharo

y del padre del armadillo. También tiene adentro la voz de mi abuelo. Y hasta lleva el grito del oso –dijo Buoka. Él volvió a beber el jugo del kareru. En sus visiones vio y reconoció a su hermanito:

—Oh, es mi hermanito y será capitán del mundo. Es muy bello, tiene zapatos, manos y pies. Es alto como yo. Lo haré mi hermanito. Trabajará como yo. Convertiré a mi hermanito en el segundo capitán del mundo. Buoka se arrancó a su hermano menor del ojo derecho. Luego dijo:

—Mi hermanito tendrá los ojos claros como el danto. Pero Wajari vino ciego al mundo. No vio nada. Luego habló:

—¡Estoy ciego! nunca se me quitará esta enfermedad que se le pega- rá a todos los animales: vacas, báquiros, cochinos. Todos los animales tendrán esta enfermedad y será peligrosa para los hombres también. Buoka dijo algo parecido:

—La enfermedad de Wajari pasará a los animales y será peligrosa para los hombres. Después de ser creado Wajari no veía el sol, no veía la tierra, no veía el agua. Le preguntó a Buoka:

—Hermano, ¿cómo puedes vivir sin el sol, sin la tierra y sin el agua? Pero Buoka tenía agua suficiente (Wajari creó el agua para el mundo entero). Cuando Wajari abrió los ojos, reinaban las tinieblas. No se veía el Sol. —Hermano, ¿cómo puedes vivir así? ¿sin luz? Buoka le respondió:

—Yo veo, aunque no haya luz. Siempre viví así. Ya me acostumbré. Wajari le dijo:

—Me dijiste que bebiste el jugo de kareru y pudiste ver el futuro. ¡Cuando yo lo tomé no vi nada! Buoka agregó:

—Mis visiones hablan sobre cosas muy cercanas. Cosas que luego tú mismo verás con tus propios ojos. El agua que tomé me dio pensa- mientos ciertos, no mentiras. Porque el kareru es el árbol de la verdad. El oscuro jugo de kareru da imágenes del futuro. Wajari repitió:

—Este líquido da visiones del futuro. Visiones sobre tu esposa, tus hijos, tus nietos. Buoka respondió:

—¡Pues sí! Cuando tomé de este líquido, las visiones me enseñaron cómo se crea el sol, cómo se crea la tierra, cómo se crea el alimento del hombre, cómo se crean las cascadas.

Cuentos y mitos de los piaroa

Wajari dijo:

—¡Está bien! Son imágenes ciertas. Comencemos a trabajar en estas cosas. El sol, el cielo, las estrellas, la tierra, las cascadas, han de ser vistos por nuestro pueblo piaroa, pero también por los baniva, waika, jabarana. Wajari levantó el sol después de haberlo limpiado y lo sopló hacia lo alto. ¡Él se levantó al firmamento! Todavía imperaban las tinieblas. Wajari no veía luz. Entonces se fue a visitar todos los lugares sagrados en las cercanías de las montañas a ver si encontraba el sol. Pera Buoka encontró la luz, la luna, allá en uno de los lugares sagrados. Más tarde encontró el sol para sí. Wajari se apoderó del sol, dio un salto bien alto y lo colgó del firma- mento. Luego le dio una temperatura muy alta al sol. Después Buoka experimentó, quiso colocar la luna en el firmamento. No pudo saltar tan alto como Wajari. Por eso es que la luna tiene luz más débil que el sol. Cuando Wajari saltó con el sol en la mano se escuchó un trueno: la voz del báquiro. Wajari elevó más la luz del sol. Sus rayos llegaron a todo el mundo. Todos los pudieron ver. Buoka hizo lo mismo con la luna. Pero cuando saltó a lo alto para crear la noche, chocó de tal manera que descascaró al firmamento. Aún hoy la luna lleva las huellas de esto. Dijo Buoka:

—¡La luna es mi pueblo, es mi figura! Buoka regresó a la tierra y dijo:

—Soy pobre, no puedo tener nada. No tengo pensamientos, no tengo máscaras que luego llevarán los chácharos y transmitirán enfermedades como el báquiro transmite la enfermedad de Wajari. Y esas enfermeda- des no dejarán nunca a los piaroa. Wajari habló de Ku-upa 2 , el relámpago, su compañero celestial cuando saltó a lo alto. Su voz nunca cesa y nuestro espíritu la escucha- rá también. Wajari sentado en el borde del relámpago creó al hombre. Preparó todas sus partes: la piel, los huesos, los ojos. Y mientras tanto relampagueaba constantemente. Wajari dio al relámpago distintas voces, suaves y fuertes. Wajari saltó al penacho del cocorito que llegaba al cielo y cada salto fue acompañado por relámpagos y truenos.

2 También el estampido de la escopeta se llama ku-upa.

Y así habló sobre la palmera:

2. La creación de Buoka (II)

—Quiero pintar mi cielo. Oh, hermano, quisiera que mientras pinto escucharas la voz de los relámpagos. Buoka respondió así:

—No oí las voces porque andaba por la tierra visitando a los waika, yabarana, piaroa y virú. Por allá abajo apenas se escuchan las voces del cielo. Las voces de tu cielo no fueron demasiado fuertes, no pensé nada de ellos. Buoka agregó que al igual que Wajari él también iba a crear las voces del cielo:

—¡Tendré un relámpago propio! Y escucharás mi relámpago, como yo escuché el tuyo. Buoka imitó a Wajari, creó las orejas, los huesos, la piel del hombre-relámpago:

—Quiero crear relámpagos para mi cielo y quiero, hermanito, que los escuches. Dio un salto hacia lo alto como hiciera su hermano. En tanto que

Wajari visitaba en la tierra a su familia. Wajari estuvo donde los blancos

y donde los pueblos del Alto Orinoco. Cuando Buoka saltó, emitió un

sonido tan fuerte que fue como si hubiera golpeado el corazón, la sangre,

el cuerpo de Wajari. Hasta sorprendió al báquiro, al cochino y a la vaca.

Pero Wajari fue el que se sorprendió de verdad. Buoka regresó a la tierra y le preguntó a Wajari:

—¿Qué te pareció mi voz, hermano gigante? ¡He creado también las voces de las enfermedades de los animales! Wajari respondió:

—¡Pues sí! Escuché tu relámpago cuando andaba por allá abajo vi- sitando mi pueblo. Me quedé impresionado por lo fuerte de las voces. La voz era muy buena, se extendió desde tu cielo a todas partes. Y sor- prendió a los animales. Por eso, Buoka, hermano mayor, ¡cambiemos nuestras voces! Pero Buoka no quiso cambiar los relámpagos. Pero sí cambiaron in- sultos. Por último, Wajari le dijo a Buoka:

Cuentos y mitos de los piaroa

—¡Quédate con tus voces! Ahora crearé a Redyo 3 , el huérfano de la selva, que les ordenará a los animales que tengan enfermedades y se las pasen después a los piaroa.

Y Wajari creó a Redyo, el huérfano, que controló todas las enferme-

dades. Si no hubiera creado al huérfano, los animales no transmitirían las enfermedades. Se sentó en el banquito de los huérfanos y se dio a la tarea de formar

las partes del huérfano: la sangre, los pies, la piel, los huesos y la voz. Luego pronunció el nombre de los animales que transmiten la enferme- dad, y los nombres de los lugares sagrados donde creó a los animales. Enumeró largamente los nombres de los lugares sagrados. Los pensamientos de Wajari y Redyo vagaron en torno de los lugares sagrados. Todavía no era perfecta la vista de Wajari:

—¡Nunca me curaré de esta! ¡También los animales tendrán siem- pre enfermedades!, y Redyo, el abuelo de los animales, el huérfano, será quien controlará si en verdad los hombres han recibido las enfermedades de los animales. Wajari enumeró los nombres de los grupos piaroa y de los lugares sagrados donde fueron creados y le dijo a su hermano:

—Muchas enfermedades peligrosas para mujeres y niños amenazan

a nuestro pueblo. Los niños no pueden comer animales. Si tomas agua amarga ¡no comas animales! Si cuando en la fiesta de iniciación te atra- viesan la lengua con espinas de raya, ¡no comas animales! Las enferme- dades de los animales serán peligrosas tanto para los jóvenes como para los viejos. Esto dijo Wajari a su hermano.

El capitán Wajari escuchó voces maravillosas: las voces de los grupos

piaroa. Sus pensamientos escucharon esas cosas, las voces del Warime.

Y dice que cuando se vaya, a los piaroa les quedará el Warime. Los pen-

samientos de Wajari fueron a visitar todos los lugares sagrados de la crea- ción de los piaroa, los recorrieron de rabo a cabo. Dice Wajari:

—Mis pensamientos son claros porque yo soy bueno. ¡Soy el señor de todos los pensamientos, animales, hombres, alimentos!

3 Ver “Redyo (el antropófago) y la tortuga”.

2. La creación de Buoka (II)

En las visiones de Wajari se presentaron todas las frutas de la selva. Por eso es el señor de todas las frutas de la selva. En sus visiones bajo el Kurey Mariweka vio también los pensamientos de su hermana Tchejeru. También vio que en los pensamientos de su hermana había dioses occi- dentales. Wajari vio los pensamientos del padre de su hermana y de otros como Neya’wa, Mararedyo, Enemey y Puruna. Los pensamientos de es- tos hombres se parecían a los pensamientos de Wajari. Wajari comenzó a golpearse con una mazorca de maíz y dijo así:

—Soy bueno. ¡Conozco mi futuro! Y las visiones de Tchejeru se parecieron a las de Wajari. Los pensamien- tos de Tchejeru viajaron por encima y por debajo del Mariweka. A donde lle- garon, los pensamientos fueron aprovechados por los meñé-ruwäs. Por eso es que ahora los capitanes pueden enseñar y los hombres pueden aprender, porque las visiones también atravesaron a los capitanes. Aprender es muy difícil y cuesta mucho. Y no es fácil el aprendizaje de los meñé-ruwäs: los pican las hormigas, les atraviesan la lengua con espinas de raya, tienen que tomar agua amarga. ¡No temas si tienes que pasar la fiesta de las puyas! Si no tienes miedo, aprendes más rápido. Si tienes miedo, no podrás pensar bien. Si tienes que pagar por cada lección, no puedes perder tus pensamientos. Tienes que aprender hasta la muerte y tienes que someterte a la fiesta de las puyas. Y tus hijos tendrán que hacer lo mismo.

3. WAJARI CREA A TCHEJERU Wajari creó a su hermana del alimento de Puruna –que

3. WAJARI CREA A TCHEJERU

Wajari creó a su hermana del alimento de Puruna –que más tarde sería su marido–, que no era más que el alimento de los blancos: pan, arroz, cacao. En su casa mezcló todo aquello y lo tapó. Aún no habían pasado dos meses y ya estaba lista Tchejeru. Wajari creó a su hermana porque ni él, ni Buoka, ni Puruna tenían mujer que se preocupara por ellos y les preparara la comida. Wajari le habló a Tchejeru y la llamó hermana. La casa de Tchejeru estaba en la montaña de al lado del caño Pedro y Wajari llamó a este lugar Mete’wa Ahi. La casa de Puruna la llamaban Pefu Ojuna, y se alzaba sobre un cerrito junto a Puerto Ayacucho. Él vivía con los blancos. Wajari vivía con su hermana y sus sobrinos. Un día Wajari dijo:

—Vengan, vamos a visitar a Puruna, veamos cómo vive. Tchejeru era apenas una niña cuando los tres salieron para visitar a Puruna en Pefu. Wajari entró con su familia en casa de Puruna que tenía varias cajas con cosas de blancos. Acordeones, anzuelos, y muchas cosas más. A Wajari le gustaron mucho los objetos de los blancos. Puruna le preguntó:

—¿Te gustan estas cosas? Wajari le respondió:

—¡Sí! ¡Me gustan mucho! Puruna dijo así:

3. Wajari crea a Tchejeru

—Tengo seis cajas llenas con todo tipo de cosas de blancos. Puedes tenerlas si quieres, pero mucho te han de costar. Más que una persona. Pero por una persona podrás recibir estas cosas. Wajari le respondió así:

—Solamente me llevaría la mitad, pues todo junto costaría mucho. Porque Wajari no quería cambiarlas por Tchejeru o por alguno de sus sobrinos. Mas Puruna le dijo:

—No, te lo tienes que llevar todo. Lo que pasaba era que Tchejeru, que era bonita, le había gustado a Puruna:

—Dame a Tchejeru o a uno de tus sobrinos. —Cuesta demasiado, no puedo dar tanto en cambio. Me gustan esas cosas, pero tengo poca gente y mi hermana vale más que las seis cajas juntas –dijo Wajari. Puruna dijo:

—Fíjate, nosotros somos parientes. Seamos amigos y no nos eno- jemos uno con otro. Si me dejas aquí a tu hermana, le permitiré que te visite varias veces.

Y así fue como Wajari tomó las seis cajas y le dejó su hermana a

Puruna. Puruna y Tchejeru se casaron.

Y desde entonces Wajari visitó a menudo a su hermana para conse-

guir nuevas piezas de las cosas de los blancos pues ¡su hermana valía más que seis cajas!

4. KARERU En el centro del mundo había una selva en la que vivían las

4. KARERU

En el centro del mundo había una selva en la que vivían las plantas para bebidas: dada, tuminya, kareru. Claro, primero tuvieron que encon- trar los árboles. Wajari ordenó:

—¡A buscar los árboles! A conseguir un pedazo de cada uno de ellos luego hacerlos polvo, echarles agua, y beberlo. Cuando los encontra- ron, Wajari se tomó de verdad el jugo del kareru y al igual que a los meñé-ruwäs nacieron sus pensamientos. La bebida de kareru ayudó a los pensamientos. Esto pasó antes que nos hubieran creado a nosotros. Cuando alza- ron el firmamento. Porque Wajari levantó el firmamento pero todavía no había claridad. Por eso, Wajari mandó a Pjepju, su ayudante, a buscar los árboles con fuerza mágica. Porque solamente con esos podía conseguir la luz, la claridad. Wajari quería trabajar, por eso necesitaba la claridad. Y mandó a Pjepju a buscar los árboles. Wajari bebió el kareru y consiguió la claridad.

árboles. Wajari bebió el kareru y consiguió la claridad. 5. WAJARI CREANDO HOMBRES Wajari creó cabellos

5. WAJARI CREANDO HOMBRES

Wajari creó cabellos negros, luego ojos, y dijo:

—Muchos peligros amenazarán a este hombre. También creó olor de gente y luego el lugar donde el hombre podía vivir. Le preparó tierra y arregló el lugar para poder crear a todos los hombres. Wajari le dio forma a las caderas, luego dijo las enfermedades de las mujeres, el jilichi papuli, el parto difícil. No le gustaban las enfermedades de la mujer porque eran peligrosas para todo el mundo. Wajari dijo que sin canto el niño ha de dejar el útero con mucha dificultad. Mientras Wajari estaba muy hacendoso creando hombres apareció Buoka, su hermano, enmascarado para espiar a Wajari. Se escondió en la figura de varios animales –ora lagarto, ora mosca, etc.– Y Wajari no se dio cuenta, no se percató de su presencia. Mientras espiaba, Buoka pensó:

—Le voy a decir a Wajari que también cree hombres para mí. Enmasca- rado le dio la vuelta a Wajari y siguió observando. Luego salió revoloteando disfrazado de pájaro. También revoloteó en torno del Tiannawa, el árbol sa- grado de cuatro ramas. Y Wajari no sabía que se trataba de Buoka, pues se había transformado. Y al revolotear en derredor del árbol Ñuema-a, Wajari escuchó un ruido. —¿Qué clase de animal será? –se preguntó–, voy a buscarlo. Y el bichito colorado, el masate wala era Buoka. Wajari pensó que había oído a una persona, pero vio un animal y dijo:

—Solo veo un bicho.

6. LA CREACIÓN DE LOS PIAROA Buoka quería ver cómo era que Wajari creaba a

6. LA CREACIÓN DE LOS PIAROA

Buoka quería ver cómo era que Wajari creaba a los hombres y tam- bién hubiera querido que le creara hombres blancos para él. —Le encargo a mi hermano, el gran capitán, que me prepare hom- bres. Él es el capitán del mundo. Quisiera que me preparara hombres como estos de aquí. Sé que mi hermanito crea hombres muy buenos, como los piaroa. En ese preciso momento Wajari había terminado la primera pareja. Buoka pasó por dentro de un tronco y al salir por el otro lado volvió a tener apariencia de hombre y se encaminó de vuelta a su casa. Wajari preparó carne para la segunda pareja. Wajari se echó a des- cansar, mientras tanto vinieron cangrejos muy grandes que se comieron la carne preparada. Por eso fue que Wajari tuvo que tomar otro pescado para hacer la carne humana. Formó el cuerpo, la garganta y por último el corazón del segundo hombre. Y así quedó lista la segunda pareja. Para la tercera pareja se fue a pescar a la otra orilla del río. Allá, en aquella orilla, creó los pueblos del Sipapo, Guayapo y Autana. Wajari habló sobre los peligros que amenazaban a los pueblos de los ríos:

—Y aquí, en este lugar ¿qué fruta ha de ser carnada para los peces con los que he creado los pueblos del Sipapo, del Guayapo y del Autana? Wajari decidió utilizar un anzuelo para tomar al pescado. Esperó y mordieron los peces, pero el anzuelo les desgarró la garganta. Y entonces dijo:

—¿Cómo capturar los peces para crear los pueblos del Sipapo, del Guayapo y del Autana? Probaré con el anzuelo de los blancos. Pero le pasó lo mismo. El anzuelo les desgarró la garganta a los peces. —¿Qué haré? No sirven los anzuelos –dijo Wajari.

6. La creación de los piaroa

Él amasó yuca, plátano, piña y batata. Con esa masa moldeó un an- zuelo y un hilo de pescar y lo echó todo en el agua. Y esto sí que sirvió. Los peces mordieron mejor que antes. —Pues bien –dijo Wajari–, que todo esto sea el alimento de este pueblo, los piaroa. Los peces mordieron muy bien las frutas. Wajari le dio nombre al aire y a la brisa. Él creó ambas cosas para los hombres, para que el sol no los quemara tanto. El edificio hecho de aire es atravesado por la brisa y refresca a los piaroa, protege del sol a los piaroa. Y ese aire es la brisa del salto de agua. Si no hay brisa, el sol calienta muy fuerte y la piel se seca y se endure- ce. El sol puede matarlo a uno. Wajari se dispuso a preparar la cuarta pareja con la misma carne. For- mó los ojos, el pelo, las orejas, la boca, la nariz. Luego habló de los peligros que acechan a este pueblo. El olor de los hombres puede ser peligroso para ellos. Y puede ser peligroso si le gritan al capitán. Wajari le preparó esta pareja al Guayapo y al Autana. También les hizo huesos y uñas. La pareja tuvo hijos. Wajari creó el alimento para la familia y para todas las familias. Preparó un poquito de cada fruto: yuca, piña, etc., y los hombres sembraron mucho de cada uno de ellos y sus alimentos se multiplicaron al igual que los niños. Wajari creó todas las plantas para los piaroa. Siempre tuvieron que comer. Crecieron distintos troncos de árboles y las tribus también crecieron como sus alimentos. —Los piaroa se han de multiplicar, al igual que sus alimentos –dijo Wajari. El capitán Wajari vivía en su hogar, en Umonloja Ojuna, la casa del cielo. Los hombres no sabían que a él le debían su creación. Había oído en el aire que su pueblo era muy bueno: se multiplicaban los hombres y se multiplicaban sus alimentos. Por ello Wajari decidió ir a ver cómo era el pueblo que había creado. Se acercó a sus churuatas y ya de lejos iba escuchando las conversa- ciones y las exclamaciones llenas de alegría. Estaban de fiesta, bailaban dos Warimes. Wajari escuchó lo que le decían los hombres a su capitán:

—¡A fiestear, tenemos mucho alimento! Cuando Wajari decidió ir donde su pueblo, visitó uno a uno, con el pensamiento, todos los lugares sagrados del Mariweka.

Cuentos y mitos de los piaroa

Atravesó por esos lugares en forma de mosquito rojo y de otro bi- chito. Wajari llegó a la churuata y se escondió en el techo de guano para atisbar lo que pasaba. Sus pensamientos bajaron a la tierra en forma de otro bichito para poder observar desde más cerca. Luego Wajari se disfrazó de español, con el pelo negro, vestido de

rojo, con un cuchillo al cinto y zapatos puestos. Era alto, delgado y de piel clara. Pero los piaroa se asustaron al ver este disfraz. Por eso Wajari se transformó en piaroa, adornándose con muchas joyas. Luego se dio cuenta de que podía asustar a los piaroa con tantos abalorios. Por eso se los quitó y así entró en la churuata. —¿Y tú quién eres? –le preguntaron los hombres. —No se preocupen, no tengan miedo. Yo soy uno de los creadores de ustedes, el capitán Wajari.

Y los hombres dijeron:

—No somos como tú, somos gente de otra clase. El capitán Wajari pensó en comer del alimento de ellos para probar- les que él era amigo de los piaroa. Aunque no le gustó la comida, decidió comérsela. Luego dijo así:

—He comido del alimento de ustedes, por lo tanto soy un amigo. Solamente he venido para saludarlos a todos. Así Wajari dejó a los piaroa. El capitán Wajari creó a los piaroa para que formaran una familia única. Les otorgó el derecho de habitar en los lugares sagrados de la tierra. Y enumeró los nombres. Además les otorgó a los piaroa el derecho de darles nombre a sus parientes para que tuvieran familia. Y recibieron el derecho a la vida. Luego llegó Buoka y se puso a insultar a Wajari. Se apropió de las

plantas de los piaroa, las arrancó y se puso a soplarles magia a los piaroa. Buoka dijo:

—¡Esa gente no puede vivir! Los primitivos, los tigres y los espíritus de los muertos los asesinarán. El piaroa no puede ir solo a cazar, pues lo acecha el peligro. Todas estas cosas asesinarán a los piaroa.

Si los piaroa maldicen, morirán. Si así hacen, se arrancan el espíritu.

Se caerán de los árboles y esto ocasionará su muerte. Todo esto lo planeó Buoka contra la familia de su hermano. Si Buoka no hubiera hecho así, los piaroa vivirían en una abundancia tal como los españoles. Si Buoka no hubiera dicho todo esto, solamente morirían los

6. La creación de los piaroa

ancianos, pero no los niños ni los jóvenes. Buoka creó los peligros que amenazan a los piaroa. Peligros similares creó Wajari contra las familias de los blancos, de Puruna y de Buoka. Wajari dijo entonces:

—Ahora tu familia es como la mía. La espada y el cuchillo traerán peligros a los blancos. Con esos matarán a sus amigos. Encerrarán en la cárcel a sus amigos, a sus familiares. Buoka respondió:

—Morirá mucha gente, mas los españoles se multiplicarán más que los indígenas. Así dijo Buoka.

7. DIÁLOGO ENTRE DOS CREADORES Buoka: —Hermanito, bebí del jugo de kareru pero, no sé

7. DIÁLOGO ENTRE DOS CREADORES

Buoka:

—Hermanito, bebí del jugo de kareru pero, no sé por qué, no se me ocurrió nada. Wajari:

—Y eso que dijiste que pensaste más que yo. Buoka habló, pero muy poco. Wajari habló mucho más. Habló sobre los lugares, las plantas, el sol, las estrellas, las aguas, la tierra, las piedras. Buoka le dijo:

—¡Tú soñaste más que yo! El que bebe el agua soplada 4 ya puede oír los ruidos extraños y así puede pensar más largamente. El meñé-ruwä cierra los ojos y piensa, sue- ña. Por eso fue que Buoka le puso a su hermano el nombre de Rua-Wajari, porque soñó más que él. —Eres mejor meñé-ruwä que yo –le dijo Buoka–, así que te llamaré Rua-Wajari, dios. —¿Por qué? –preguntó Wajari. —Tú eres el capitán, has soñado mucho más que yo.

4 “El agua soplada es uno de los medios importantes del meñé-ruwä empleados casi diariamente. Su esencia es que en las noches cuando el meñé-ruwä está cantando la canción contra las enfermedades de los animales, después de haber absorbido yopo, el humo de su tabaco lo sopla a través de un tubo delgado de caña en varios recipientes llenos de agua. Con eso purifica simbólicamente el agua potable de la comunidad que al mismo tiempo sirve para la cohesión de la misma. El meñé-ruwä emplea el humo del tabaco en otras ocasiones también para purificar, por ejemplo, antes de la danza de máscaras lo sopla sobre los instrumentos musicales pero también sobre las máscaras. Frecuentemente ponen pedacitos pequeños de resina en el tabaco hecho por ellos mismos aumentando de esta manera también la fuerza del humo. Ver el cuento titula- do “La primera fiesta de Buoka y Wajari”.

7. Diálogo entre dos creadores

El sueño se llama maripa. El que sueña piensa. Mi padre también tiene maripa: sueños y cantos. Porque esos son sus pensamientos. —Ahora toda corriente de agua tendrá nombre –le dijo Wajari a Buoka–. Y desde entonces se oyen en los cantos los nombres de todos los raudales. —Hemos soñado mucho juntos –dijo Wajari–. Soñé con el raudal de Atures, vamos a buscarlo, a ver dónde está. —Todo es mentira, me quieres engañar, todo eso es sueño –dijo Buoka, que siempre dudaba. Pero lo pusieron a prueba y todo salió bien. Pobre Buoka, se quedó solo, incrédulo. Wajari dijo:

—Probemos levantar juntos el firmamento. Wajari lo levantó y así se quedó. ¡Pues era verdad el sueño! Y así pusieron a prueba la creación, soñada ya en su totalidad. Porque se hizo realidad lo que Wajari soñó. Y todo salió bien. —Todo es mentira –pensó Buoka–, seguro que Wajari me está en- gañando. Pero todo lo puso a prueba, lo situó en su lugar y todo se completó. ¡Porque Wajari es dios! —¿Quieres que lo probemos todo? Es mucho lo que hay que crear: la tierra, el sol, las plantas, las montañas, las frutas, todo. —Quiero probarlo todo, para saber si es verdad lo que soñaste –dijo Buoka. Y pusieron a prueba los sueños sobre el sol, el raudal y el firmamento. Buoka discutió con Wajari:

—Déjame –le dijo Wajari–, tengo muchos parientes, te matarán. Buoka seguía discutiendo porque Wajari no quería enseñárselo todo. No le gustó a Wajari que constantemente tenía que hacer demostraciones. —Tú no hiciste nada –le dijo Wajari–. ¿Por qué te pones a discutir conmigo? Aquí está mi familia, mis amigos, los piaroa. Y tú, en cambio, estás solo. Si peleas conmigo, te matarán con toda seguridad. Buoka se enojó porque su hermano no puso a prueba todos sus sue- ños y no quiso demostrar la veracidad de los mismos. Aunque se asustó con los parientes, Buoka continuó su arenga:

¿Cómo será entonces? ¿Lo probamos o no? —Nada de pruebas –dijo Wajari–, exiges más de la cuenta. No pode- mos probarlo todo, hagamos silencio, descansemos.

Cuentos y mitos de los piaroa

—¿Cómo podríamos probar todo esto de golpe? Buoka estalló furioso:

—¡Si no seguimos probando, te caigo a golpes! —No te fajarás conmigo porque tengo muchísimos parientes, pues yo creé a todo el mundo. Mi familia es gigantesca –dijo Wajari. Buoka se calló la boca, no volvió a hablar, se asustó. —Cuando levanté el firmamento no estabas por ninguna parte –continuó

Wajari–. El cielo es obra mía, trabajé en él más que tú. Tú solamente estabas de espectador cuando lo elevé a las alturas infinitas. —Cierto, no te ayudé mucho que digamos –dijo Buoka–. Tú sabes mucho, has hecho mucho.

Y Buoka quedó en silencio.

Desde entonces todo el mundo puede ver el cielo desde todas partes. Porque Buoka solo fue capaz de crear la niebla, el rocío y las nubes. ¡Todo lo demás es obra de Wajari! Buoka también creó algo; no mucho, porque su creación duró muy poco tiempo. En cambio Wajari creó mu- chas cosas durante largo tiempo. Wajari creó también los grupos de indígenas: yabarana, waika, guajaribo, kuiba, guajibo. —Todos los pueblos son obra mía –dijo Wajari–. Y tú, Buoka, ¡ape- nas has hecho algo! Arriba, junto al Orinoco, viven los indígenas sencillos, los yabarana,

los virú. Yo los creé, los ayudé a venir al mundo, les di nombre. Y ellos son muchos. Si me quieres matar, me basta con mandárselo a decir a mi pueblo y te matarán. Cuando Wajari enumeró a los pueblos, Buoka se asustó porque su hermano también mencionó los nombres de los salvajes. Pero no debía haber temido, pues en verdad Wajari no quería hacerle daño.

Y Wajari enumeró los lugares, el Sipapo, el Guayapo, hasta el río

Autana, y también los nombres de los que viven por allá. Tomó agua soplada, los soñó y así los creó a todos ellos. Lo que soñó por dentro, lo vio por fuera y lo creó. Lo que los meñé-ruwäs sueñan, por fuera se hace realidad. Si estoy aquí sueño algo, si voy a otra parte, lo sueño de la misma manera. Así son los sueños de los meñé-ruwäs.

7. Diálogo entre dos creadores

Buoka encontró agua debajo del cielo, le ralló la corteza del kareru

y preparó el agua soplada. Amarró su chinchorro, tomó del líquido y se puso a pausar y soñar. Buoka todavía no había tenido mujer.

Y soñó a la mujer. Puso su chinchorro al lado del suyo.

—Así la soñé –dijo Buoka.

Y la mujer estaba ahí. Mas en cuanto se levantó del chinchorro, la

mujer desapareció con chinchorro y todo. No la encontró por ninguna parte, y eso que se trataba de Tchejeru, su hermana. Wajari le preguntó:

—¿Dónde está la mujer? Solo los sueños de los verdaderos meñé-ruwä se convierten en realidad. ¿Qué clase de sueño es ese que desaparece si te despiertas? Buoka seguía diciendo:

—Era mi mujer, se convirtió en mi esposa. Y tuve un hijo y una hija. Ya los dos eran grandes cuando los conocí. —¿Y cómo se llaman? –preguntó Wajari–. No tienen nombre porque solamente los soñaste. Los soñaste, pero no los creaste. Lo que Wajari sueña se convierte en realidad. Como lo soñó, así mis- mo, creó las plantas y la claridad. Hoy en día las cosas son así: la gente se casa y tiene hijos. Esto también lo soñó Wajari. Si no lo hubiera soñado, no existiría nada ni nadie. —¿Dónde está la mujer?, ¿dónde están los niños? –preguntó Wajari–. Los soñaste, mas no se aparecieron. Lo que yo soñé sí se apareció. Soñé las plan- tas, la tierra, las aguas, los animales, la creación en sí. ¡Lo que soñé, lo soñé listo para aparecer! Lo que tú soñaste, no apareció –continuó Wajari (porque Buoka no sabía que los sueños se hacían realidad). Callaron y se pusieron a trabajar. Trabajaron con las plantas y crearon muchas cosas. A decir verdad, Buoka no quería trabajar ni ese día ni al otro día. Porque Buoka creaba menos, en vano existía el firmamento, las estrellas, la luz. Buoka solo creó las nubes, las nubes cargadas de lluvia. Primero Wajari situó la estrella pauji, luego las demás. Nuestro cielo es azul, y el cielo de todo el mundo también es azul, no solamente el de los piaroa, guajibo, kuiva, sino el de otros igual. El cielo es de todo el mundo, todos lo pueden conocer. También los españoles lo pueden ver.

Cuentos y mitos de los piaroa

Wajari descansó un ratico y luego elevó el cielo. Desde entonces, to- dos lo vemos allá arriba. Al principio no había luz, no había sol, no había luna. Solamente existía el cielo y muchas nubes. Wajari le dijo a Buoka:

—Dijiste que eras mejor meñé-ruwä que yo, pero no me pudiste ayu- dar cuando levanté el cielo. Luego dijiste que habías soñado con una mu- jer y que los sueños de los meñé-ruwäs eran falsos. Dijiste que mi obra era un engaño. ¡Pues mira, soñé las estrellas y ahora voy a soñar el sol! Wajari elevó el redondo sol. Y desde entonces está allá arriba y allá está la luz. Buoka se alegró mucho:

—¡Cierto, son ciertos tus sueños! Y vio la gran luz en medio del cielo azul.

Y Wajari agregó:

—Para que aprendas quién soy, levanté el sol y las estrellas radiantes. Para que veas que la creación no es mentira. Buoka dijo así:

—¡Verdad, todo es verdad! Porque los sueños de Buoka eran todos falsos. Wajari soñó el sol y Buoka, creó el sol de la noche, la luna. En época de luna llena se puede ver en medio de la luna un humo como una nube, porque allá está Buoka. Vemos la luna cuando no brilla el sol. Cuando hay

mucho calor, no vemos la luna. Porque la luna es fría, porque la luna es débil. Todo lo creó Wajari porque, como él mismo dijo, Buoka no fue ca- paz. Solo dice cómo hay que crear las cosas. Pero Wajari actuó:

—¡Así hay que hacer! –dijo.

Y en seguida lo hizo. Pudo crear todo, así como elevó el sol.

Buoka creó dos cosas: la luna y las nubes. Soñó muchas cosas, pero no las pudo realizar. Buoka estaba viejo. Cuando crearon al chácharo (mékira) Buoka todavía no sabía su nombre. Wajari le dio nombre a los animales. Y en el lugar donde los chácharos nacieron, vivió Buoka también. Varios animales lo cuidaban, no fuera a ser que le pasara algo. Entre ellos el armadillo. Todos esos ani- males transmitían enfermedades. Son incontables los nombres de esos animales y existen innumerables cantos contra las enfermedades de los animales.

7. Diálogo entre dos creadores

Se dice que los animales nacieron en una cueva, que igualmente Wajari creó. Los animales vivían bajo las piedras, en madrigueras. Y el sol brillaba sobre ellos, por eso es que son fuertes esos animales. El sol llegó a todas partes. Los animales se cansaron de los constantes rayos del sol. Los hombres también se enferman si reciben mucho sol. Por eso Wajari creó para ellos las cavernas. Pero ya para entonces habían recibido suficiente sol, así es que se enfermaron. Pero cosas así no pue- den ocurrir a la luz de la luna. Wajari soñó el sol y lo encontró. Primero lo soñó en silencio, luego se dispuso y elevó a lo alto el redondo sol. También le dio nombre a las enfermedades del sol: fiebre de sol. Nos da mucho dolor de cabeza y en todo el cuerpo. Si no hubiera sido así, hoy no tendríamos fiebre. Bajo el sol vivían los imes, es decir, los báquiros. El lugar se llamaba Wanariva. También les daba el sol. Por eso ellos tienen enfermedades. Todos los animales de sabana: el cerdo, el caballo, la vaca, resisten el sol 5 . Ellos son llamados las criaturas del redondo sol. El sol llegó a todas partes, incluso allá donde más tarde celebraron la fiesta de Warime. El sol de Wajari llegó a todas partes, visitó a todo el mundo. El sol iba y venía de un lugar a otro. Wajari lo siguió, lo encontró, luego lo llevó al firmamento y entonces se tranquilizó. Wajari encontró el sol en el ángulo de una churuata. Allá fue que lo soñó. En el caño Ihure se alza una montaña de piedra llamada Maparaku. También el sol pasó por allá. En la churuata cada familia tiene su lugar aparte. Ellos también recibieron nombre de Wajari. Todo tiene nombre, incluso aquellos que están aquí por el Temblador. Todos los lugares tie- nen nombres de animales. También el lugar de la creación tiene innumerables nombres. A veces las montañas tienen tres o cuatro nombres, incluso hasta veinte. El Maparaku tiene cinco. También las montañas estaban bajo el sol: el Dyaho, la montaña junto al Alto Paria, junto al caño Ihure, en todas partes hay montañas y todas tienen innumerables nombres. En un lugar así, Wajari encontró el sol y lo levantó. Tuarike es una alta montaña, la más alta es Parake, junto a la que se alza otra llamada

5 Generalmente el piaroa liga todo lo ajeno a él con la sabana porque todo lo que sea típicamente piaroa es de la selva.

Cuentos y mitos de los piaroa

Woloy. Esta mole de piedra tiene varios nombres al igual que las demás. La montaña se alza bajo el sol. El redondo sol anduvo por muchos, muchísimos lugares; por el Ventuari, por el Cuao (donde también hay montañas por el sol). Vino y visitó. Por eso, el sol cae tan a menudo. En todas partes había un pueblito, una churuata. Wajari conoció al sol junto a una churuata. Nosotros tenemos muchas montañas altas, junto al nacimiento del Ventuari también hay un pueblito. Cerca está una alta montaña. También más arriba, en el nacimiento del Cuao, en los alrede- dores del Cataniapo. También junto a la cascada de Alto Cataniapo. Y junto al raudal de Átures hay una montaña de piedra. Esta última es en sí una casa submarina con muchas habitaciones por dentro. Por allá anduvo el sol. Visitó tantos lugares cuando aún no estaba en el cielo, antes que Wajari lo hubiera elevado al firmamento. Wajari siguió al sol y así llegó a todas las aldeas. La corriente del Átures es inmensa porque Wajari también estuvo por allá. La casa se llama ratuoda, es grande como la de los blancos. Adentro estaba el sol. Allá fue donde Wajari lo cambió. Tjuawedya es el otro nombre de la casa donde Wajari encontró al sol y lo cambió. Todo esto pasó aquí en el raudal de Atures. En vano lo buscó por otros lugares, no lo encontró. Si entraba en una casa, el sol seguía andan- do y ya estaba por otra. Wajari no hacía más que seguirlo, pero el sol se le adelantaba constantemente. Lo buscó por todas partes hasta que por fin lo encontró junto al Atures. Y andando en pos del sol, le dio nombre a todos los lugares. En cuanto encontró el sol se lo llevó consigo, lo sopló y lo elevó a las alturas. Más tarde también encontraron la luna.

a las alturas. Más tarde también encontraron la luna. 8. MARIWEKA 6 —Jina-itsoma mariwekane peyenne Kuaomine

8. MARIWEKA 6

—Jina-itsoma mariwekane peyenne Kuaomine –dijo Ñemeh. Venimos desde abajo, desde abajo del Mariweka. Donde nacimos, donde Wajari nos creó. Donde nos dio nombre. Allá crecimos, allá nos creó, allá nos dio nombre Wajari. Mariweka es un lugar, es un nombre. Ya lo llamaban así antes de

habernos creado a nosotros. Con ese nombre, con esa palabra, nos qui- sieron llamar para podernos crear.

Y bajo el Mariweka, allá en el medio, Wajari pronunció la palabra

Jajkwawatamu. Y poco a poco empezamos a crecer. Dijo:

—¡Jajkwawatamu! –y les dio nombre a los piaroa y a los españoles. Wajari era así, si no hubiese sido así, ¡no hubiéramos nacido! Pero aquí estamos. Así comenzó. Entre el Cuao y el Autana se alza Parake, la montaña. Somos de allá,

parientes del capitán Pitah. Allá nació y se robusteció la familia de los piaroa. ¡He aquí la obra de Wajari! Por él nos hicimos hermanos, por eso somos amigos.

El viejo raudal se llama Piahé Muotsa. Porque así lo llamaron. Por allá

pasó Wajari cantando contra las enfermedades. Nosotros también canta-

mos, todos los parientes piaroa, si pasamos por ahí, por el escenario de la creación del mundo. Los piaroa cantan si están enfermos, si tienen fiebre.

”. Son nom-

bres, los nombres de nuestras regiones. Porque Wajari les dio nombre, por eso son así nuestros nombres. Él lo cantó así.

Así dice el canto: “Parake nyuerike urarike kwawatamu

6 No es el relato completo sino las interpretaciones de Jesús Caballero con varias expli- caciones que las canciones no contienen.

Cuentos y mitos de los piaroa

Nosotros nacimos dentro de aquella caja. Se llama Jajkwawalayentume. Le dieron nombre y así nacimos en ella al igual que Buoka. Él dijo: “Tjenemu tu-uridye” –y con eso vino al mundo. Dijo: “Pujtedine” –y todos vinimos al mundo en esa cosa que pensó al igual que los nombres. En primer lugar se escucha el nombre. Si un niño nace, la voz lo trae al mundo. Si no está flaco, si tiene pecho, no le da la fiebre. Todos sabemos que con el canto no da fiebre. Wajari pronunció los nombres de los anima- les, de las enfermedades, de los cantos que atraviesan el cuerpo y lo purifi- can de las enfermedades. Wajari nombró las enfermedades leves y graves. Tjuarikye es la respiración, el aire, el viento. Wajari sopló su aliento en el agua y habló con las palabras de los cantos. Así fue como nos creó. Bebemos el agua soplada, comemos la carne de los animales que hemos matado, no nos da fiebre si bebemos del agua. Las enfermedades tienen incontables nombres: viricha, tuaritsa, enemey. La primera es la fiebre en sí, la gran enfermedad. También dyubeku es enfer- medad. Si canto esta canción no me da fiebre, no me pasará nada, y los niños no se enfermarán. ¿Ves? También ahora estamos sin fiebre. Tjamure ojkorua es el nombre de alguien que está vivo. Si tenemos hermano vivo, aunque tengamos hermano muerto, siempre decimos así:

Tjamure ojkorua. Así cantamos siempre para que la fiebre no se lleve al vivo. Wajari también cantó sobre el Jawapu, la medicina contra todas las enfermedades. 7 El canto dice nombres, habla sobre nuestros alimentos y sobre los can- tos de nuestros alimentos. Sobre la creación de ellos. Para que el piaroa no se enferme si come carne. También hay cantos sobre las enfermedades de los niños, porque los pequeños se enferman muy fácilmente. Wajari también cantó sobre el mékira, el chácharo. Su enfermedad trae unas fiebres muy altas y graves. Pero los armadillos y otros animales también pueden ser peligrosos. Por eso es que Wajari canta sobre los animales. Ware es la herida en la carne, la pudrición blanca. Si es muy grave, se llama jura y duele mucho. La herida se mueve, se contrae, no lo deja dormir a uno de tanto que duele. Y si cantamos sobre ella no nos da fiebre, ni a los niños, ni a los hombres, ni a las mujeres. Cantamos sobre toda la familia.

7 Jesús Caballero: “El nombre completo de la canción de curar es meñejawapu. Todos los remedios los llamamos jawapu”.

8. Mariweka

“Peinede”, dijo Wajari, y luego comenzó a subir la montaña Kjorei. Partió desde abajo e iba cantando según fue subiendo. Allá arriba pidió, llamó y creó las enfermedades para que no nos olvidemos de él, del que nos creó. Allá, en ese lugar Kjorei Mariweka Nea-a Layentume donde creó el canto, donde oyó, donde escuchó el canto. Oyó muchos cantos. Nuestra creación tuvo lugar abajo, junto al Mariweka, pero las almas ascienden hacia la montaña de Tiannawa. Esto también es parte de nues- tra creación. Pennerü Tiannawa Mariweka Ñuema-a es también nuestra creación. Y todo esto nació en el pensamiento de Wajari. —Pennerü Tiannawa –dijo Wajari cuando Buoka creó las cosas. Por eso es que nosotros tenemos varios nombres. Los nombres surgieron de la nada. Dicen que en aquel entonces se oyeron muchas palabras:

Kwawaru ruare Tchejeru, Tiannawa

a nosotros. ¡Nacimos y empezamos a crecer! En este canto Wajari nos enseñó que de repente nació la gran pala- bra. Wajari es el abuelo de todos nosotros. Por eso fue que cantó sobre todas aquellas cosas. Kwawa-jiñene, Kwawa-kwawatamu Rineruode son nombres también, porque Wajari los pronunció cuando nos creó. Ocurrió que Wajari vivía con su hermana Tchejeru en la churuata. Tchejeru estaba rallando la yuca, inclinada hacia adelante y moviéndose para adelante y para atrás: “Chas, chas, chas”, decía el haoda, el rallo de yuca. Wajari estaba acostado en el chinchorro mirando a su hermana Tchejeru. Ya en la estera había un montón de blanca harina rallada. En ese momento Wajari se le acercó a su hermana por detrás. ¡Y fue cuando creó a los seres extraños! También nos creó y mientras tanto cantaba e iba diciendo las palabras Kwawa-jiñene. Por eso, también can- tamos hoy en día. Si un piaroa tiene fiebre, cantan los piaroa. Cuando yo era ya gran- decito me enseñaron las palabras. Porque no son fáciles las palabras de Wajari. Lo que primero cantó y se lo entregó a alguien. Kwawanyamu nos dio lo que se come, nuestros alimentos, sea la carne de báquiro o cualquier otra cosa. De todos los animales podemos contraer enfermedades; y sí que hay muchos animales en la selva. El canto primero creó el agua, luego el alimento que aún no contenía enfermedades. Ahora sí tiene enfermedades, nos puede dar fiebre, por

Todo esto lo dijo Wajari al crearnos

Cuentos y mitos de los piaroa

eso tenemos que cantar. Y podemos enumerar las enfermedades: kauwa, ware, la herida infectada. El canto puede expulsar las enfermedades. Tjiwedine, hay quien tiene la cara gruesa y corta, y hay quien la tiene larga y delgada. Hay muchas caras de hombre. Wajari dice que el canto

hasta puede cambiar la cara. El hombre puede tener disfraz, máscara; y al que llega disfrazado, no le puede dar fiebre. Por eso es que hay muchas caras de hombre y por eso es que tenemos máscaras. Uruwatsa, la flor de la enfermedad, si tienes sudores. Si tienes fiebres

y escalofríos bebes el agua soplada y te tranquilizas. Si se acerca la fiebre, tiemblas; si algo te asusta, te entra la fiebre. Si bebes del agua soplada no te entrará fiebre. El ruwaire es como la medicina. Para nosotros, el agua soplada es la medicina porque se lleva las enfermedades. El canto es nuestro medicamento, nuestra medicina. Hay muchas enfermedades y, por ello, muchos cantos. Todo lo creó

Wajari: el canto y el agua soplada que protege a la familia contra las

enfermedades, y no tendrá fiebre ni el viejo ni el joven. El canto se llama meñe y el que lo canta meñé-ruwä, el hombre del canto, el curandero, el hechicero. Si viene la fiebre y le entra al niño, viene el meñé-ruwä, mira al niño

y les dice a sus padres: “¡Lo curo con el canto!” Así es. Sacan las enferme- dades del cuerpo, purifican lo comestible. Y hacen beber a la gente y no le pasará nada malo. Wajari lo creó todo y todos decimos: “Todo se lo debemos a Wajari”.

Y cada vez más cosas y cada vez más cantos.

a Wajari”. Y cada vez más cosas y cada vez más cantos. 9. LA PRIMERA FIESTA

9. LA PRIMERA FIESTA DE BUOKA Y WAJARI

Estaban sentados juntos Wajari, Buoka, Imiña Enemey (el protector de los piaroa, al que Wajari llamó Chujorimu) y Ujori Ruadyei (al que Wa- jari llamó Chujori) soplando yopo mientras que hacían los preparativos de su fiesta. Trabajaban juntos y ayudaron a Wajari en la celebración de la fiesta. Sembraron mucha yuca para la ceremonia. Por el efecto del yopo se les presentaron las imágenes de lo que iba a pasar en la fiesta. Wajari y Buoka cantaban juntos sus pensamientos. Imiña Enemey y Ujori Ruadyei se reían juntos del canto de Wajari y Buoka que, así y todo, les gustaba mucho. También Tchejeru oyó el canto y quiso que su hermano le preparara la fiesta para ella. Hoy en día, si no ves con anticipación las imágenes de la fiesta con una churuata, no puedes dar la fiesta. Al otro día todo se repitió. Wajari y Buoka cantaron juntos y vieron las imágenes de su fiesta. Buoka le dijo a Wajari que sus imágenes no eran buenas. En cambio, Wajari le explicó que las suyas eran muy hermosas. Por eso Buoka le dijo a Wajari que se sentía capaz de preparar la fiesta. Así Wajari comenzó la fiesta. Le dijo a Tchejeru que si ella quería una fiesta para ella, tendría que sembrar mucha yuca y de la cosecha hacer mucha yucuta. Wajari se dispuso a construir el ruwode, en donde, con Buoka, se darían a la tarea de preparar las máscaras para la fiesta. A las mujeres gustaba oír la música del Warime. Así trabajaban en los conucos y luego venían a escuchar. Ya casi todo está preparado. Tchejeru estaba orgullosa de su herma- no. Y dijo: “Pues sí, en realidad mi hermano es un gran pensador”.

Cuentos y mitos de los piaroa

Le preguntó a su hermano cómo había preparado todas estas cosas para la ceremonia, pero Wajari le dijo: “Las mujeres nunca pueden ver los preparativos”. Los parientes de Wajari, su chujori, su chimiña y el mismo Wajari, se pusieron el ime, el Warime del báquiro. Tres hombres cuidaban los warimes que las mujeres no podían ver ni comprender. Las mujeres se quedaron en su churuata. Los warimes dejaron el ruwode, bailaron en torno de la churuata donde estaban las mujeres y luego regresaron al ruwode. Tchejeru hizo una fogata ante la churuata. Y el aroma de este humo soplado mantiene en el cielo a los espíritus de los muertos y man- tiene alejados a los primitivos. El humo los cegaría. Wajari, el jefe de los bailarines, bailaba en el medio y puso carne so- bre una estera. Entró en la churuata mientras los otros quedaron afuera. Cantó algunas palabras. Tchejeru alzó el Warime y vio a su hermano. Wajari regresó al ruwode. Allá estaba Buoka con el Warime del mékira, el chácharo. Entonces Buoka y Wajari dejaron el ruwode uno detrás del otro. En la fila de los warimes venían Redyo, el huérfano, y Jischu, el mono. Entraron en la casa. Los warimes de Wajari, los imes, se separaron de los bailarines de Buoka, es decir, los mékiras. Tchejeru respondió al canto de los bailarines de Wajari, mientras que Kwawañamu al de los Warimes de Buoka. Luego estuvieron dos horas cantando el canto del Warime, el canto de Wajari y el canto de Buoka. Cantaron sobre su recreación y sobre sus pensamientos. Al final del canto los warimes regresaron al ruwode. La fiesta en la casa de Pureydo duró nada más que cuatro días. Kwojmoj no sabía que Wajari y su gente habían celebrado la fiesta. Para el último día de la fiesta llegaron los chisapos (sobrinos) de Wajari, que eran los hijos de Kwoimoi. Al regresar a su hogar, le contaron a su padre qué bailes tan bonitos habían visto. Y Kwoimoi dijo: “Nunca he visto los bailes de mi yerno”. Claro, Wajari no quiso invitarlo porque sabía que su suegro se come- ría a los warimes.

porque sabía que su suegro se come- ría a los warimes. 10. WAJARI Y LOS INSTRUMENTOS

10. WAJARI Y LOS INSTRUMENTOS MUSICALES

La voz de Wajari sale por la flauta nasal, porque no la descubrieron en aquella época. Tchejeru, la hermana de Wajari, hubiera querido des- cubrirla. Porque Wajari estaba tocando el chuwo fuera de la churuata. Tchejeru estaba adentro, acostada en el chinchorro. Desde allí oyó la voz y así despertó su curiosidad. —Debe ser algo interesante. ¿Qué es lo que suena allá afuera? –preguntó Tchejeru. Le gustó la voz de la flauta nasal. —¿Quién la estaría tocando? –se preguntó. Y entonces fue que empezó a tener miedo. Wajari, andando cautelosamente, estaba tocando el chuwo fuera de la churuata, mientras que su hermana estaba adentro. En cuanto salió el sol, con mucho cuidado escondió y enterró el ins- trumento. Luego su hermana salió y se puso a buscar el instrumento, pues quería saber de dónde había venido esa voz. —¿Qué estás buscando, hermanita? –preguntó Wajari. —Quisiera saber quién estaba tocando ese instrumento que sonaba tan bien. Lo escuché acostada en el chinchorro. —No te ocupes de eso –le dijo Wajari–, es una cosa secreta. —¿Por qué? –insistió Tchejeru. —Porque es secreto –dijo Wajari–, y no se puede descubrir. Tchejeru quería descubrirlo de todas maneras; mas en vano buscó al chuwo, no lo encontró.

Cuentos y mitos de los piaroa

¿Por qué lo enterraron, por qué lo escondieron? El chuwo es tan pe- ligroso como el worrah o el da-a, el dyajo o la muotsa 8 . Esos son peligro- sos porque al tocarlos no están cubiertos, como los bailarines bajo los Warimes. Tchejeru pensó que algún hombre estaba tocando el instrumento. Aquella vez Tchejeru se escabulló tres veces para saber de dónde venía el sonido. La flauta nasal trae muchos peligros. Se llama chuwo, Wajari le puso el nombre. No todo el mundo sabe tocarla. Mi padre la sabe tocar, mi hermanito está aprendiendo. Cuando suena, dicen las mujeres chuwo ujkwoku, “está hablando el chuwo”. Al igual que el dyajo y la muotsa. Wajari tomó el instrumento y lo escondió porque ese era su instru- mento. Lo tocó, lo fue probando en secreto. Tchejeru quería no solamen- te oírlo sino verlo también; es más, hasta quería ver los Warimes, quería saber cómo eran. Wajari le dijo: “Ni los instrumentos musicales ni los Warimes son pro- pios para las miradas de las mujeres”. Wajari fue el que los hizo. Luego él también se puso los warimes y entró en la churuata, como nosotros mismos hacemos. Wajari cantó, tocó su maraquita. Tchejeru le respondió, cantó y se dio cuenta que era la voz de su hermano la que venía de adentro del Warime. Salió corriendo hacia el bailador y corrió la cortina de hojas de palmera que le cubría la cara. Wajari salió corriendo, dejó a su hermana y escondió el Warime en su churuata. Dijo que no era de aquí, que no la había traído de la casa de su madre. Tchejeru quería saber por qué solamente Wajari podía conocer el se- creto. Ya una vez había corrido la cortina y había visto quién se escondía bajo la máscara. Tchejeru era muy curiosa, hubiera querido ver las cosas prohibidas. Pero no la llevaron allá, donde suenan los instrumentos mu- sicales. Pudo ver la danza del Warime, eso sí, pero esta no era tan secre- ta. Porque cuando bailan, las hojas de palmera cubren los rostros. Si te pones una máscara en la cabeza, nadie sabrá quién está bajo el Warime. Porque hasta tu voz cambia. Cuando yo bailé esa danza, también canté con otra voz.

10. Wajari y los instrumentos musicales

Mi padre, el difunto Ñemeh, si que tenía buena voz. Sabía tocar el chuwo, el worrah y hasta la muotsa. También tocaba el dyajo; conocía todos los instrumentos. Él me enseñó a mí también cómo tocar el chuwo, la voz de Wajari.

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Los instrumentos de música mencionados son los instrumentos de viento de la “orquesta” del rito Warime. Estos son completados por una maraca y un zuñidor.

 

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11. KWOIMOI SE COME LAS MÁSCARAS Buoka le explicó a Wajari que él siempre quería

11. KWOIMOI SE COME LAS MÁSCARAS

Buoka le explicó a Wajari que él siempre quería comer antes que todo el mundo. Wajari le dijo:

—¡No! ¡Nosotros somos capitanes! ¡Nosotros somos los últimos en comer! Buoka se fue para la casa muy enojado y aplicándole a Wajari cuantos insultos se le ocurrieron. Wajari hizo lo mismo. Después de su muerte, las malas palabras se convirtieron en serpientes, porque los her- manos se dijeron entre sí palabras repugnantes. Por eso es que ahora, después de cada fiesta, los piaroa tienen que cantar contra el peligro de las serpientes. Según Wajari y Buoka estas dos serpientes son los abuelos de Kwoimoi, la serpiente venenosa. Por eso es que ellos también se burlan de Kwoimoi. Los piaroa dicen que esas serpientes son cosas de Kwoimoi. Kwoimoi estaba muy curioso. Había ido varias veces hasta la casa de Pureydo para saber cómo había que organizar una fiesta. Pero Wajari siem- pre olía cuando iba a venir porque lo veía acercarse con el pensamiento. Y entonces se iba de caza con Buoka y Tchejeru, salía con Kwawañamu para el conuco. Kwoimoi vino tres veces, mas no los encontró en casa ni una sola vez. Por último fue hasta el conuco y le preguntó a las mujeres que por qué desaparecían Wajari y Buoka siempre que él venía de visita. Su hija, Kwawañamu, le respondió así: “No se escaparon, lo que pasa es que tenían hambre y salieron a buscar comida”. —¿Por qué no vienes a visitarme con tu marido? No te he visto desde que te casaste –dijo Kwoimoi. Kwoimoi le pidió a su hija que un día de estos mandara a Wajari a verlo, pues quisiera conversar con él sobre la fiesta.

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11. Kwoimoi se come las máscaras

—En caso de que Wajari no pudiera ir, vendré yo. ¡Pero no se vaya de la casa como hasta ahora! Sin embargo, las mujeres no le dijeron nada a Wajari de la visita y la invitación de Kwoimoi. Kwawañamu le dijo a Tchejeru: “Mi padre es un asesino. Con toda seguridad quiere matar a Wajari. Mi padre es un mal hombre”. Un día Kwoimoi se volvió a aparecer y volvió a encontrar vacía la churuata. Más tarde volvió a venir y encontró en casa a Wajari. Mientras tanto las mujeres que trabajaban en el conuco regresaron y se pusieron a escuchar. Kwoimoi le dijo a Wajari: “Mis hijos me contaron de lo bien que que- dó la fiesta que hiciste. Por eso seguro que gozarás de una larga vida”. Kwoimoi agregó que él también quería dar una fiesta, y para ello tenía un poquito de casabe. Luego le preguntó a Wajari si no le podía dar un poquito de su yopo y que, en cambio, él le daría del suyo. Y cambia- ron los yopos. Pero Wajari con el pensamiento transformó su yopo en otro material y esto fue lo que cambió por el fuerte yopo de Kwoimoi. Kwoimoi le preguntó a Wajari: “¿Te dieron el recado las mujeres?”. —No sé nada –respondió Wajari. —¿Por qué? –preguntó Kwoimoi. —No sé, yo vivo en silencio, no digo nada –fue la respuesta de Wajari. Kwoimoi comenzó por decirle a Wajari:

—Mi madre y mi abuela me mandaron a conversar contigo, porque ellas también quisieran ver la fiesta (lo que por supuesto era mentira). ¿Por qué no vienes a mi casa para hablar de todo esto? Wajari respondió:

—Fíjate, suegro, eso no fue una fiesta verdadera sino un ensayo, pero ya sabemos que quedará bien. Antes yo no sospechaba nada. Cuan- do Tjenemu Ofoda-a me dio a beber jugo de palo, yo no sabía nada. Era un pensador malo, aún no había escuchado lo que traía el viento, lo que decía el agua. Tampoco había captado los rumores de la fiesta. ¡Y aún sigo siendo ignorante! Kwoimoi respondió:

—Está bien, no vengas a mi casa ignorante. ¡No me visites si no eres capaz de dar una fiesta! Wajari respondió:

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Cuentos y mitos de los piaroa

—Pero, suegro, tu invitación significa mucho para mí, pues eres un gran capitán. Puedes estar seguro de que iré a visitarte. Sin embargo, has de saber que cuando Tjenemu Ofoda-a me dio de tomar jugo de palo, yo aún no veía ni sentía las cosas. Kwoimoi se fue muy enojado. También Wajari dejó Pureydo para ir a su otra churuata, Umonaja Ojuna, situada en el medio del mundo. Wajari recogió distintos palos para preparar el dada, el jugo de palo. Porque de nuevo quería estudiar para el Warime. Wajari bebió la bebida mágica, el dada, y en sus pensamientos tomó la forma de distintos animales, entre ellos la del picaflor que bebe el néctar de las flores. Luego formuló las palabras de los animales. Wajari quedó fuertemente narcotizado, así pudo escuchar los nom- bres mágicos de innumerables lugares mágicos. También desde esos lugares vino gente para la fiesta. Porque hay que saber que todos los animales portadores de enfermedades viven con sus familias en las profundidades de la tierra, en los lugares sagrados. Desde los lugares sagrados que se encuentran bajo nosotros le llegaron a Wajari las voces de la fiesta, que fueron traídas por una suave brisa. Y Wajari escuchó la brisa, y sus pensamientos, transformados en picaflores, revolotearon en torno a los lugares mágicos. Wajari también escuchó las voces del báquiro, de la fiesta y de todos los lugares sagrados. Wajari quiso traer algunos animales de las entrañas de la tierra. Luego habló de los huesos del báquiro, de su carne, de sus ojos, de su pelo, de su hígado, de sus orejas, y les dio forma. El canto se llamaba Dyajowey Ukempeñu. Y luego trajo la vaca a la superficie de la tierra, luego al ime, el báquiro, después al mékira, el chácharo y por último al cerdo. A caballo fue a buscar los animales a las profundidades de la tierra. Creó un lugar para cada animal en la tierra y les dio pensamientos. Les enseñó los nombres de los parientes y que cada animal transmite una enfermedad distinta, no vaya a ser que los hombres, que comen la carne de los animales, vayan a olvidarse alguna vez de Wajari. Cada día aparecerá el animal portador de enfermedades y hay que cantar contra las enfermedades para recordar así a Wajari. El primer día los enseñó con puyas de raya. El segundo día los sopló con humo de tabaco mágico, y luego les fue diciendo palabras mágicas.

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11. Kwoimoi se come las máscaras

Los animales se dieron cuenta de que, si no fuera por las enseñanzas de Wajari, una vida muy mala les esperaría en la tierra. Por último, al quinto día, les dio pensamientos tan fuertes que por poco

se volvieron locos. Y dijeron así: “¡No más!”. Pero Wajari no los escuchó, les dio más y más y les dijo que iban a necesitar pensamientos fuertes. Después Wajari le dio nombre a todos los animales, insectos y peces,

y luego a todas las frutas. Actuó de esta forma, porque cada uno de ellos podría tener la enfermedad del báquiro, de la vaca, del cerdo, del caballo,

y de otros animales. Y todos juntos pueden transmitir las enfermedades

a los indígenas piaroa. Si un pájaro se baña en un río donde ya anduvo

un báquiro, el pájaro tendrá olor de báquiro y podrá pasarle la fiebre de báquiro a los piaroa. Wajari regresó con el báquiro a su churuata en Pureydo. Le dijo a sus parientes que esta vez había escuchado voces buenas. Y como Kwoimoi nos invitó a su casa, vaya pues Buoka de visita. Buoka estaba ocupado en el arreglo de su propia fiesta. Él quería dar primero la fiesta y no junto con Wajari, como su hermano quería. Aunque Wajari le había dicho a su hermano que era bien difícil dar solo la fiesta. —Si Kwoimoi se come tus máscaras, tú mismo serás el culpable. Pero Buoka siguió con su plan. Wajari le dio el chácharo traído de bajo la tierra y Buoka pudo preparar su fiesta. Así los mékiras eran las máscaras de la fiesta de Buoka. Buoka salió por el sendero llevando cinco máscaras de mékira. Kwoimoi lo vio, saltó de su escondite y devoró las máscaras una a una. Buoka solamente pudo salvar una sola. Luego le tocó a Wajari. Primero tomó los instrumentos sagrados, las voces escuchadas en los recintos mágicos. Las máscaras iban delante por el sendero, eran seguidas por los instrumentos, estos por Wajari y este por las voces, y el cortejo fue avanzando de esta manera, en dirección a la casa de Kwoimoi. Kwoimoi escuchó las voces de la fiesta que se iban acercando cada vez más y gritó: “¡Por fin! Aquí viene mi yerno con su fiesta”. Mientras tan- to, Buoka se había escondido en la madriguera de Kwoimoi y apretando contra su pecho la única máscara que le quedaba, lloraba la pérdida de las demás.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Kwoimoi oyó que Wajari se acercaba y quiso salir para comerse tam- bién las cosas de Wajari. Sin embargo, los hijos de Kwoimoi, que estaban del lado de Wajari, le dijeron a su padre: “¡Te amenaza un peligro si abandonas la casa!”. Vinieron también los espíritus de los muertos. Kwoimoi sonrió irónicamente (siempre hacía así cuando se estaba rompiendo la cabeza en algo malo). Afuera estaban las mujeres junto a la yucuta y de vez en cuando se les acercaban a ellas para beber. Mientras Kwoimoi anunció: “Estoy dispuesto a soplar yopo y así mis pensamientos se comerán las cosas”. Pero su hijo le advirtió: “No lo hagas, así será más peligroso”. Los hijos de Kwoimoi le dijeron a Wajari lo que le había pasado a las máscaras de Buoka. Wajari respondió: “Yo no tengo la culpa de que no me haya hecho caso”. Uno de los hijos de Kwoimoi le dijo a su cuñado Wajari:

—Tengo un polvo hecho de una fruta muy rara, te lo daré y te defen-

derás contra mi padre. Si tienes contigo el amuleto, mi padre no te podrá vencer y de esto se volverá loco. –Y se rio a carcajadas. El muchacho regresó a su churuata. Wajari le pidió a las máscaras que fueran al final del cortejo y mandó adelante a los músicos. Los indígenas, con los instrumentos, se acercaron

a la churuata donde vivían la madre y la abuela de Kwoimoi, las que

querían ver los instrumentos musicales y no hablar de Kwoimoi. Pero el hijo de Kwoimoi le explicó a su padre el peligro que represen- taba si alguien veía los instrumentos:

—Si los miras te morderá una serpiente venenosa. Por ello escondieron los instrumentos en el ruwode. Wajari le ordenó a su hermana Tchejeru y a Enemey que todo el mun-

do recibiera tabaco soplado en la churuata. Tchejeru le dio a las mujeres,

y Enemey a los hombres. Mientras tanto, Wajari le dijo a Tchejeru: “¡Dile a todo el mundo que los instrumentos no se pueden ver!”. Al frente de los bailadores venía Jischu, el de la máscara de mono, luego los Ime, los de máscaras de báquiro, la fila estaba cerrada por Redyo, el huérfano. A la cabeza del cortejo de máscaras venía Enemey; al medio, Wajari, y cerrándolo, uno de sus cuñados; cuidando los tres que

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11. Kwoimoi se come las máscaras

las hojas de palmera que cubrían el rostro de los bailadores siguieran formando una cortina y nadie pudiera ver quién se escondía debajo de la máscara. —¡Me encanta esta fiesta! ¡Oh, yerno mío! ¡Capitán del mundo! ¡Qué fiesta más buena! –dijo Kwoimoi cuando sonriente se alejaba de la chu- ruata con la intención de devorar a los bailadores. Mientras tanto, los bailadores entraron en la churuata. Kwoimoi, en cambio, elaboró un plan para comérselos. Cortó una rama espinosa para con ella herir mortalmente.

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12. WAJARI, LOS WAIKUNIS Y LA GESTACIÓN Esta historia la dicen en todos los cantos

12. WAJARI, LOS WAIKUNIS Y LA GESTACIÓN

Esta historia la dicen en todos los cantos contra las enfermedades de animales para ayudar al parto rápido de las mujeres embarazadas. Los pensamientos de Wajari andaban por Mariweka y visitaron nu- merosos recintos del mundo inferior. ¿Y qué encontraron por allá? Que todas las hembras de los animales estaban embarazadas y en- fermas. Los pensamientos también vieron que la madre del mono, del báquiro, del armadillo paren con mucha dificultad. Wajari dijo: “Ya hace tiempo que creé a los piaroa, sin embargo, se enferman tanto al parir, como los animales. Y si me muero, las enfermedades quedarán”. Wajari usó a los waikunis, que son hombres como los piaroa, pero en la tierra ellos son el “Pueblo de Mariweka”. Como si ese pueblo fuera la madre de los piaroa. Los piaroa dicen: “Los waikunis son nuestros parientes. Nos los co- memos en forma de pájaros porque nunca nos enfermaremos de la carne de nuestros parientes”. Los waikunis le dijeron a Wajaris: “Nosotros somos el pueblo de Mariweka. Queremos un canto que facilite el nacimiento de los niños”. Wajari dijo:

—¡Sé un canto así! El canto les sirvió a los waikunis: lo cantaron y al momento sus muje- res dieron a luz. Dijeron los waikunis: “Nosotros no necesitamos enfermedades así. De ahora en adelante nuestras mujeres comerán siempre carne de ani- males y parirán fácilmente. No queremos esta enfermedad. Podemos comer todo tipo de animales y tenemos nuestro canto, ya ahora nuestras mujeres tienen menos problemas”.

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12. Wajari, los waikunis y la gestación

Los piaroa también cantan, y las mujeres no sufrirán más. Si ataca el espíritu marima, no puedes salvar a la mujer enferma. Pero los animales no tienen un canto así y se mueren con frecuencia con los pichones en su vientre. La madre de los animales trae al mundo sus pichones y Wajari les da forma: huesos, ojos, carne, uñas, pelo y muchas cosas más.

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13. CANTO SOBRE WAJARI, SOBRE SU HERMANA TCHEJERU Y SOBRE JUREWEI Wajari fumó yopo y

13. CANTO SOBRE WAJARI, SOBRE SU HERMANA TCHEJERU Y SOBRE JUREWEI

Wajari fumó yopo y en su pensamiento vio a su hermana Tchejeru. Un día Wajari hizo el amor con su hermana. Tchejeru quedó embarazada, pero Wajari no lo supo. Luego de preñar a Tchejeru, Wajari la dejó sola en su casa, en Pureydo, y emprendió su camino a otras tierras. Poco después nació un niño, Jurewei, que fue la imagen exacta de su padre. El niño tenía siete años cuando Wajari regresó a Pureydo. Tchejeru le pidió a Jurewei que saliera a jugar delante de la casa, y así podría ver primero a su padre cuando llegara. Y es que no existía otro hombre que Wajari. Tchejeru le dio un jugue- te al niño, una totuma con algunas semillas por dentro. Wajari se echó a volar por el aire de regreso a casa, y aterrizó en las cercanías de la casa. El niño, en lugar de saludar a su padre, se asustó y entró corriendo y gritando a la casa:

—¡Ha venido un extraño! Pero Tchejeru lo tranquilizó diciéndole que no era un extraño sino su padre, Wajari, el que había venido. Tchejeru escondió al niño. Wajari llegó con su equipo de caza: arco, flecha y cerbatana. Dejó sus armas fuera de la casa y atravesó el umbral de la puerta. Wajari le preguntó a su hermana:

—¿Cómo estás? —Bien –respondió Tchejeru. Wajari dijo que no se podía quedar por la noche pues ese mismo día tenía que seguir su camino para pescar. Y dijo:

—Me voy a pescar a la gran cascada donde antaño creé a los hombres.

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13. Canto sobre Wajari, sobre su hermana Tchejeru y sobre Jurewei

Tchejeru le pidió a su hermano que se quedara a pasar la noche con ellos, al otro día podía irse a pescar y se podía llevar a su hijo con él. Wajari aceptó. El niño salió de su escondite y comenzó a jugar con las armas de caza de Wajari, la cerbatana, el arco y la flecha. Wajari le dijo a Tchejeru que no dejara al niño jugar con sus armas. —No lo podemos permitir –dijo Wajari–, porque es algo peligroso y el niño se puede enfermar. Sin embargo, el niño siguió jugando con el arco y las flechas, y el resultado fue que se rompió la cuerda del arco. Wajari tomó sus armas, se vistió, se calzó sus alpargatas y se puso sus joyas. Lo mismo hizo el niño, él también llevaba alpargatas y joyas. Wajari partió para pescar. Más tarde Tchejeru le dijo a Jurewei que siguiera a su padre:

—Si quieres comer, tienes que irte con él. El niño siguió a su padre llorando. Wajari escuchó el llanto y esperó al niño en la mitad del sendero. —Papá, papá –dijo el niño entre sollozos. Wajari le dijo:

—¡No me llames papá, sino tío! Sin embargo, el niño respondió:

—Mi mamá me dijo que tú eres mi padre. —No –respondió Wajari–, tú eres el hijo de los cielos, de la tierra y de las aguas. –Pero el niño seguía con su cantaleta. —Mi mamá siempre me explicó que tú eras mi papá, y nunca me dijo que yo fuera hijo de los cielos, de las aguas o de la tierra. ¡Yo soy tu hijo! —¡No tengo hijos! –respondió Wajari. Sin embargo, el niño no cesó de repetir lo mismo. Wajari le respondió:

—Tú no conoces la diferencia entre chimiña (tío), chao (padre) y chado (abuelo). ¡Eres demasiado joven para que sepas y entiendas esas cosas! ¡Eres el hijo de mi cuñado! Jurewei respondió así:

—¡No! mi madre dice que tú me creaste con tus pensamientos. Wajari respondió:

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Cuentos y mitos de los piaroa

—¿De dónde sabría tu madre lo que hice contigo? No tiene de dónde saberlo. Pero el niño se mantuvo en sus ideas. Y Wajari le dijo:

—Está bien. Si dices la verdad tu cara ha de parecerse a la mía. –Le pidió a su hijo que le mirara para poder observar bien su rostro. Y Wajari vio su propio rostro y se asombró. —¿Cómo pude hacer algo semejante? ¿Cómo pude hacer un daño tal? Wajari le dijo al niño, a su hijo, que no podía irse con él a pescar, pues era una tarea muy peligrosa. Había que saltar de piedra en piedra. Pero el niño dijo que se sentaría en el hombro de su padre. De oírlo Wajari le volvió la espalda, iracundo dio una patada en tierra y el niño cayó con el arco y la flecha para volver a aparecer junto a la cascada que está en Colombia, tras la montaña sagrada. El niño secó su guayuco, luego escaló la montaña sagrada desde donde se divisaba el mundo entero. Vio a su padre que estaba pescando. Y Jurewei de un salto cayó en los hombros de su padre. —¿Cómo estás, papá? –preguntó. Pero Wajari no podía ver al que estaba sentado en sus hombros y dijo así:

—¿Quién está hablando conmigo? ¡Pero si no existen hombres! Tal vez sea Ojo, el ser de la selva que puede ser pájaro y hombre. Por estos lares solamente viven seres de esta especie. El muchacho le preguntó:

—¿Qué pescaste? Wajari se volvió y vio al niño. Se asombró, pues creyó que su hijo se había muerto. Wajari se sentó y le dijo a su hijo:

—¡Te maté! ¿Por qué estás vivo? ¡Voy a matarte de nuevo! Mas el niño dijo así:

—¡Yo sé tanto como tú! Mientras me quisiste matar, aprendí mucho de ti; y ahora quiero hacer lo mismo contigo. Wajari dijo:

—¡Aquí viene un bote lleno de hombres blancos! ¡Esos hombres nos van a matar, a comer o a encerrarnos en la cárcel! ¡Te voy a entregar a ellos! Pero el niño no tuvo miedo. Dijo que si lo hacía, mataría a su padre. Wajari dijo:

—Está bien, niño. Quédate con vida. No me mates.

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13. Canto sobre Wajari, sobre su hermana Tchejeru y sobre Jurewei

Luego Wajari se dispuso a crear el ciervo de las sabanas. “No me

mates –dijo Wajari–, sino a los animales de la sabana”. Wajari le pidió eso a su hijo para saber si era cierto que el niño era ca- paz de matar. El niño disparó al cielo, la flecha bajó a la tierra y encontró al animal. Así supo Wajari que su hijo era capaz de matar. El ciervo agonizaba, y Wajari habló de las enfermedades de los cier- vos (parecidas a las enfermedades de las vacas). El animal murió poco después. Tchejeru, la hermana de Wajari, vivía con Puruna en Pureydo. Un buen día Waikuni, el gigante que usaba perfume de aroma dulce y lleva- ba hermosas joyas, vino y se llevó consigo a Tchejeru. Wajari le dijo a Tchejeru que Waikuni no era muy buen hombre que digamos, pues usaba perfume. Él se volvería loco si tuviera que usarlo. Por ello a Tchejeru no le gustó Waikuni y retornó a Puruna. Pero Puruna no la quiso ni ver, por lo que la mujer se enloqueció y se convirtió en peregrina incansable. Puruna estaba descansando en su chinchorro. Tchejeru entró en la churuata y colgó su chinchorro bajo la de Puruna. —¡No! –dijo Puruna–, pues antes dijiste algo malo de mí, dijiste que no sé cazar. Tchejeru se volvió a mudar donde su hermano Wajari. Wajari le dijo

a Tchejeru:

—Waikuni es un mal hombre. Alto, se pinta muy bien y es muy buen cazador, mas vagabundea mucho. Puruna sin embargo es un buen hom- bre y vive tranquilo en el poblado. Wajari le contó a Tchejeru que Puruna la volvería a recibir y serían nuevamente marido y mujer. El canto no sirvió de nada, Puruna no deseó

a Tchejeru, quien se echó a llorar. Entonces Tchejeru se quedó con su hermano por un tiempo, mas en seguida enloqueció y se convirtió en peregrina incansable. Wajari vivió por mucho tiempo en el Alto Orinoco, en los alrededo- res de San Carlos. Vivía con su hermana, y los dos se hicieron peregrinos. Con el tiempo Wajari visitó a muchos blancos y jugó con las mujeres blancas y Tchejeru con los hombres blancos. Pero se tuvieron que ir de todas partes, pues los blancos se enojaron con Wajari y lo apresaron.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Al regresar a casa, luego del viaje, celebraron una gran fiesta en Pureydo. Mientras Wajari vagó y estuvo en la cárcel, Tchejeru regresó a la casa de Buoka, a la churuata situada en el cerro junto al Pureydo. Wajari llegó más tarde, avergonzado y agitado. Buoka le dijo que tenía un aspecto terrible. —¡Hace tiempo fuiste un gran jefe! Ahora eres como una peregrina loca destinada a vagar eternamente. Wajari no encontraba palabras para contestarle. Luego Wajari y Buoka bebieron agua soplada y fumaron yopo para extasiarse. Todo esto lo hicieron en su casa de Mojana Ojuna. Y se pusie- ron a meditar. Un tiempito después Wajari se fue al gran raudal del Orinoco, hoy Puerto Ayacucho, para pescar. Pero uno de los hombres de Kwoimoi se robó su botín. En el sendero por donde pasó Kwawañamu, la hija de Kwoimoi, Wajari encontró casabe que consumió con gran deleite. —¿Quién es la que asa tan bien? –se preguntó–. Yo siempre estoy enfermo porque me paso la vida comiendo pescado. Y aquí vive gente que se alimenta de casabe, que es muy sabroso. –Entonces Wajari vio en pensamientos a Kwawañamu. Y se puso a esperarla en la orilla del agua. Deseó que vinieran los hombres de Kwoimoi y le robaran el botín de pesca, que para esto había dejado en la orilla del agua. Kwoimoi vino con su familia para pescar. Se quitó la ropa para bañar- se. Entre tanto, Wajari se escondió, tomó la figura de la gran culebra del agua y devoró las ropas de Kwoimoi. Luego se escondió en un agujero para buscar los hombres de Kwoimoi. Las ropas lo condujeron hasta ellos. Luego Wajari se convirtió en paijí y cantó como acostumbraba el ijure. El hijo de Kwoimoi escuchó el canto y se lo contó a su padre. Le dijo que ese hombre hermoso sería su cuñado. Mientras tanto, como Wajari le robó la ropa, Kwoimoi se estaba con- gelando. Kwawañamu le dijo a su padre que quería este hermoso pájaro de hermoso canto. Kwoimoi le dijo a su hija:

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13. Canto sobre Wajari, sobre su hermana Tchejeru y sobre Jurewei

—No conozco a este pájaro y este pájaro no nos conoce. Y si el pá- jaro no tiene canto para curar, los hombres morirán por su culpa. Pero Kwawañamu deseó, quiso ver al pájaro. Kwoimoi dijo:

—Está bien, pero primero tráeme ramas secas, no vaya a ser que me

congele. El pájaro vive en la punta de un árbol seco y alto. Ve y tráeme de esa madera. –De oírlo Kwawañamu salió corriendo hacia el árbol. Wajari, viendo que se acercaba, se transformó rápidamente en un viejo arrugado, de cabellos ralos y rostro repugnante. Kwawañamu lo vio, se asustó y quiso salir corriendo, pero Wajari la agarró por los pelos para averiguarle por dónde se hallaban los hombres de Kwoimoi. Wajari le habló en todos los idiomas pero la muchacha no entendía

ni uno, no los conocía. Por último habló en piaroa y la muchacha respon-

dió, dijo que vivía sola. Entendía un poco de piaroa y pudo decir que era hija de Kwoimoi y que fuera a ver a Kwoimoi para preguntarle por dónde andaban sus hombres. Kwoimoi lo sabe todo. Luego Kwawañamu regresó donde su padre y le contó sobre el ho- rrendo viejo. —Mi hermano me dijo que era hermoso pero no, es muy feo. Kwoimoi respondió:

—Ese hombre es un pensador pero no puedo decirte si es bueno

u horrendo. –Kwoimoi se quedó en la casa, pues todavía tenía mucho frío sin ropas. Wajari se transformó en un hombre hermoso: se pintó de manera deslumbrante y se presentó ante Kwoimoi. Wajari probó de nue- vo hablarle a Kwoimoi en todas las lenguas. Kwawañamu vio a Wajari y quedó muy perturbada, vio ante sí a un hombre hermosísimo, y eso que antes lo había visto muy feo. Kwoimoi no entendió ningún otro idioma que no fuera piaroa. Y dijo que él era Kwoimoi, y que había venido aquí porque en la cascada había muchos peces y antes de morir quería verlos. Wajari le contestó:

—Está bien, chimiña (pariente). Pero lo que pasa es que la gente dice que hay muchos peces, cuando en realidad hay muy pocos. Ven y mírate

si quieres. Además este es un lugar peligroso: si el sol está en el alto,

llegará un bote lleno de blancos que traerán el peligro. Kwoimoi dijo:

—No se pueden ir hasta que no aparezca mi ropa. ¡Tengo frío! Wajari respondió:

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Cuentos y mitos de los piaroa

—Sí, por aquí vive un animal que también se comió mi ropa. Subió la corriente y mi ropa desapareció. No sé qué le pudo haber pasado a tu ropa. Wajari sacó del río una gigante culebra de agua. Kwoimoi pasó un susto terrible y se puso a dar carreritas completamente desnudo. Kwoimoi preguntó que cómo podrá matar a la serpiente y cómo recuperaría su ropa. Wajari le respondió:

—Si matas esta culebra, morirá alguien de tu familia. Kwoimoi le preguntó a Wajari:

—Y tú, ¿cómo recuperaste tu ropa? Wajari respondió:

—Le di yopo a la culebra y vomitó la ropa. Kwoimoi le dio yopo a Wajari para que lo aprovechara, pero era de- masiado fuerte, por eso Wajari lo botó y le dio de su propio preparado. Luego Wajari golpeó el lomo de Pjarapja, la culebra que inmediatamente vomitó la ropa y Kwoimoi se puso de lo más contento. Lavaron las ropas, las secaron al sol y luego se encaminaron a la churuata de Kwoimoi. Wajari dijo:

—Me robaron los peces más valiosos. Si te quieres quedar con los peces que me robaste tienes que darme a tu hija Kwawañamu por espo- sa. Luego que me robaste los peces, págamelos con tu hija. Kwoimoi estuvo de acuerdo con la proposición y Kwawañamu se fue con Wajari. Wajari regresó a casa de su hermana en Pureydo, la que le preguntó:

—¿Dónde conseguiste esta mujer? Tú siempre has dicho que no hay nadie que viva por el raudal ¿Acaso es una blanca? —No –respondió Wajari–, es tu chobiya, tu cuñada. Su padre es tu chimiña, tu tío. Tchejeru se asombró y dijo:

—Si se queda contigo, su padre te matará, pues es un asesino. Sin embargo, Wajari opinó que no iba a morirse por eso. Tchejeru le tomó aprecio a la mujer, trabajó junto con ella en el conuco. Luego hicieron una gran fiesta.

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con ella en el conuco. Luego hicieron una gran fiesta. 112 14. TCHEJERU ENLOQUECE Y LOS

14. TCHEJERU ENLOQUECE Y LOS PIAROA PIERDEN LAS COSAS DE LOS BLANCOS

Varia gente le contó a Wajari que su hermana se había vuelto loca. Por eso se fue a ver a Puruna y le preguntó:

—¿Es cierto que mi hermana se volvió loca? Puruna respondió:

—Es cierto. Como ves, no está en casa. Se pasa el tiempo vagabun- deando, de una churuata a otra. Wajari pensó que seguramente Puruna fue el que enloqueció a su hermana, pues tal vez le ocasionaba muchas preocupaciones o la enga- ñaba con otra mujer. Pero Puruna no cesaba en decir:

—Yo no soy el culpable, la culpable es Tchejeru. Pregúntale a ella misma, es la loca. Wajari salió para buscar a su hermana y llamarla a contar. Y la en- contró en una churuata, donde su hermana, metida en un chinchorro, cantaba sobre relaciones amorosas mantenidas con jóvenes buen mozos. Wajari se acercó a ella y la llamó a contar:

—¿Por qué eres así? ¿Por qué dejaste a Puruna? Tchejeru contestó:

—Fíjate, ¿acaso me quieres injuriar porque dejé a mi marido? ¡Lo hice porque tú me abandonaste en su casa! Wajari la interrumpió:

—No me gusta que hayas dejado a Puruna. Si una mujer tiene esposo e hijo, ¡no puede hacer una cosa así! Y se marchó.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Pasaron algunos años y Puruna visitó a Wajari en su pensamiento,

y decidió que en realidad lo iría a ver por si acaso encontrase allá a su

esposa. Wajari no vivía solo, sino con Buoka y sus sobrinos. Puruna ya los oyó desde lejos: cantaban, soplaban yopo y conversaban sobre sus visio- nes y reían –hay que saber que Buoka estaba siempre bromeando. Puruna entró en la churuata, lo miraron y le preguntaron riendo:

—¿Y esto qué cosa es? De repente lo reconocieron y dejaron de reírse. Buoka avanzó hacia Wajari y le dijo:

—Aquí está tu cuñado. Los habitantes de la churuata atendieron al visitante según las cos- tumbres piaroa. Wajari invitó a Puruna a su lugar en la churuata:

—Aquí está mi chinchorro para ti. Las mujeres le trajeron yucuta fresca al visitante, y los hombres le brindaron con yopo:

—Sírvete del yopo que ya luego te volverán a dar yucuta. Luego Wajari le preguntó a Puruna:

—¿Qué noticias tienes para el capitán del grupo? ¿Tal vez viniste por una cerbatana? Puruna respondió:

—No, he venido para saber algo sobre mi esposa. ¿Está aquí contigo? Wajari dijo:

—No sé dónde puede estar. ¡Si es que la dejé contigo! Pero luego se le ocurrió:

—No hace mucho que me dijeron que la habían visto en otra churua- ta. El pueblito se llama Marayua Kojuna. Ve por allá y averigua. ¡Yo no tuve éxito! Puruna se va a averiguar sobre la muchacha; se despidió de Wajari y salió de la casa. Wajari se imaginó que Tchejeru vivía de nuevo con Puruna y sonrió de felicidad.

Wajari viajó muy lejos para conseguir de las cosas de los blancos. Puruna

le había dicho a Wajari hace tiempo que desde que se casó con Tchejeru no

tenía que viajar tanto, que él le iba a mandar cosas a Wajari. Pero aquello había ocurrido cuando todavía Tchejeru no se había vuelto loca.

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14. Tchejeru enloquece y los piaroa pierden las cosas de los blancos

Por eso es que los piaroa no pueden alcanzar las cosas de los blan- cos, porque Tchejeru se volvió loca y dejó a su marido. Por eso es que aún hoy en día los piaroa son más pobres que los blancos. También Puruna le dijo a Wajari que los piaroa se podrían casar con los blancos y tendrían muchos hijos. Mas los piaroa también perdieron esta oportunidad cuando Tchejeru se volvió loca. Los waikunis llamaban madre a Tchejeru y ella los llamaba hijos. Los waikunis le preguntaron:

—¿Por qué nos dejaste?

Y se la llevaron con ellos a su casa para curarla, le cantaron y la bañaron

en la caída del agua. Todo esto lo hicieron para que se le quitara la locura. Y Tchejeru se curó, luego de lo cual hicieron una gran fiesta. Hoy también hacen lo mismo los piaroa a las mujeres que se vuelven locas.

A Puruna le llegó la noticia de que Tchejeru era la misma de antes, se

sentía bien y vivía con sus hermanos. Puruna decidió ir a visitar a Tchejeru. Sin embargo, Tchejeru le dijo a sus hijos:

—No me gusta la churuata de Puruna. Todos los días le pedía a los waikunis que impidiera con brujería que Puruna viniera a buscarla.

Puruna planeaba todos los días visitar a Wajari, pero siempre se sen- tía cansado. Esa era la brujería de los waikunis.

Y ni para la fiesta de los waikunis vino Puruna. Por eso es que los

blancos no tienen bailes con máscaras.

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15. REDYO Y LA TORTUGA 9 En aquella época vivían en la selva muchos piaroa.

15. REDYO Y LA TORTUGA 9

En aquella época vivían en la selva muchos piaroa. Pero no solamen- te vivían los indígenas, sino también Redyo, el que se comía a todos los hombres. Y también la tortuga habitaba en la selva. Una vez Redyo le dijo al indígena: “Ven conmigo al conuco a recoger batata”. —Está bien, vamos, pero mejor a recoger fruta de seje. Sabía que era costumbre de Redyo matar a las mujeres. Pero el indí- gena estaba consciente de que era la esposa de Redyo la que acostum- braba matar a los hombres; por eso fue a pedirle consejo a la tortuga. La tortuga propuso lo siguiente: “Si vas a la selva, lleva contigo un bejuco y prepáralo bien. Corre, apúrate y sube a las palmeras de seje, porque si vas despacio, te matarán”. —Está bien –respondió el hombre y se adentró en la selva. Al llegar al palmar, se subió a una palmera y se puso a esperar. Al poco rato llegó la esposa de Redyo y lanzó un palo hacia arriba. —Me quiere matar –dijo el indígena. —¡Oh, qué va! –respondió la esposa de Redyo–. Solamente tiré el palo para tumbar los racimos de frutas. El hombre arrancó los racimos. —Tíralos –le dijo la esposa de Redyo–, no los vayas a probar, pues son muy amargos.

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El único cuento que nos relató una mujer (Carmen Solano, la esposa de uno de nues- tros intérpretes, de Joaquín Solano, ellos viven junto al caño Temblador). (Unas pa- labras al cuento: la figura central es Redyo, ser que figura en varios mitos piaroa que también tiene papel en la danza de máscaras. Es un espíritu de la selva, frecuentemen- te es fuente de peligros, el meñé-ruwä protege su comunidad con una piedra especial (Redyo-idoki). Tiene varias formas, al traducir su nombre emplearon tres expresiones:

huérfano, monstruo y diablo.

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15. Redyo y la tortuga

—Lo mejor será si los dejo caer poco a poco –pensó– y se inclinó hacia abajo.

Pero la mujer, la esposa de Redyo, quería atraparlo. Él colgando a una altura como de dos a tres metros, de repente soltó el racimo que cayó sobre la esposa de Redyo, exactamente sobre su cabeza. La esposa de Redyo se fue de lado y pereció de muerte horrible.

¡Y el hombre se salvó! Poco después entró en la madriguera de Kjeni

la tortuga. La tortuga le dijo: “Sácale el hígado y cocínalo para que Redyo se lo coma. Él vendrá más tarde, seguramente por la tarde”. Cocinó el hígado con mucha pimienta.

Y de verdad vino Redyo y se comió el hígado.

—Yo me comí mi parte –dijo y luego se echó a reír–. Ay, ay, ay –dijo–. Porque la pimienta picaba. Redyo pidió agua. —No traje agua –dijo el indígena–, mejor será que tú mismo vayas al caño. La tortuga habló:

—En cuanto Redyo regrese y entre por la puerta, agárralo y rómpele la cabeza, pues si no te matará. Así pasó, Redyo entró por la puerta, el indígena lo agarró por detrás y le dio un fuerte golpe en la nuca. Y Redyo murió al igual que la esposa. Con un ramo de espinas le pincharon la barriga, las piernas, los brazos. Y hasta le echaron encima el palo del sebucán. —Me voy –dijo el hombre. —Quédate un ratico más –dijo la tortuga. Si te vas ahora, vendrá otro Redyo y te comerá. Mejor si esperas un ratico. Yo te avisaré cuando podamos salir. Más tarde la tortuga dijo:

—Súbeme a tu espalda y te diré por donde vamos. Casi enseguida llegaron al conuco de la tortuga y entonces el animal dijo:

—Ahora siémbrame todo un claro de túpiro y tráeme los frutos a mi madriguera. Pasó un tiempo y el indígena le llevó como cuarenta túpiros a la tortuga. —Ven a visitarme dentro de cinco meses –dijo la tortuga. Obedeció el indígena y visitó de nuevo a la tortuga. Kjeni lo estaba esperando en el conuco. Ahora le dijo de nuevo al hombre:

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Cuentos y mitos de los piaroa

—Ven a visitarme por segunda vez y tráeme más túpiros. De nuevo vino, ahora por segunda vez. La tortuga se comía en el

conuco los túpiros recibidos como pago. —Ahora haz un claro, limpia el conuco, siembra nuevos túpiros, le ordenó la tortuga.

Él derribó los árboles de la selva y sembró.

—Ven otra vez, pero esta sí que es la última porque me voy de aquí.

El indígena fue a visitar la tortuga, pero no la encontró por ninguna parte.

—Me engañó –dijo para sí.

Y la tortuga estaba sentadita en su madriguera porque ya se había

llenado. Por eso fue que el hombre no la encontró.

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llenado. Por eso fue que el hombre no la encontró. 118 16. ¿CÓMO CREARON AL BÁQUIRO?

16. ¿CÓMO CREARON AL BÁQUIRO?

Muchas veces cantamos sobre el báquiro, el ime, antes de comernos su carne y mientras bailamos con su máscara. Hay varios cantos sobre los ime, y también hay una historia sobre su creación. El canto de la danza de máscaras sigue derecho, mientras que el can- to sobre las enfermedades del báquiro serpentea como el caño. Me gusta el canto del Warime y también el del báquiro porque son interesantes. En la zona de los manantiales, el Sipari-aje, allá donde en época de la seca se alza la churuata de Marepa hay una montaña, la Ime-tajtawinawa. Allá crearon al báquiro. Yo sé dónde está la gran montaña de piedra, la Ime-tajtawinawa. Frente al caño Sipari, en la selva. Allá cantaban también el Warime, el canto de la fiesta del báquiro. Son innumerables las palabras del canto: ujku-vasruve, luego ujku-yuwe-yuwe, luego arikoto. Son muchas las palabras como esas. Cuando suenan los ins- trumentos y bailan las máscaras, se puede escuchar el canto del Warime. Los bailadores se van deteniendo, van diciendo las palabras del canto y las mujeres responden. Solamente las mujeres que dan las respuestas conocen el canto. Las otras, no. Y los que responden van vertiendo de su garganta las palabras. Los bailadores y cantantes se quedan un rato en el monte, como una hora, luego siguen subiendo. Arikoto, dicen abajo. Nea-a parewa, se encaminan hacia abajo. Luego vuelven a subir y a bajar como el báquiro. Allá fue donde crearon al báquiro. Esa es también obra de Wajari. Pureydo es el lugar donde las sierras se suceden entre sí. Los hombres andan enmascarados. Luego entran en una churuata, en otra, en otra tercera.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Antes de haber creado a los piaroa solamente existían muchas mon- tañas de piedra y la selva. La montaña de piedra era una churuata aban- donada, pues la churuata de los piaroa es como la cima de la montaña.

Y Wajari reconoció las churuatas abandonadas cuando se escapó de sus

enemigos. Porque Kwoimoi, la culebra venenosa, deseaba su muerte. Pero Wajari, para que no lo reconocieran, se puso una máscara. Cambia- ba constantemente de aspecto e iba de una churuata a otra disfrazado

con las máscaras, y le dio muchas cosas a los hombres hasta que llegó a

la churuata abandonada. Por eso es que cantamos sobre ese lugar. Pureydo no está cerca,

Pureydo está lejos.

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ese lugar. Pureydo no está cerca, Pureydo está lejos. 120 17. EL CANTO DEL BÁQUIRO Buoka

17. EL CANTO DEL BÁQUIRO

Buoka llegó primero, lo siguió Kwoimoi, la culebra venenosa. Buoka nunca fue a visitar a Kwoimoi porque tenía miedo que lo atacara y se lo comiera. Wajari después de haber sido creado por Buoka, quiso ir a visitar a Kwoimoi, porque no lo conocía y no sabía que Kwoimoi había probado varias veces matar a Wajari y a Buoka porque le envidiaba las ceremonias enmascaradas, quería robárselas para poderse comer a los bailadores enmascarados. La culebra venenosa se escondía tras todo tipo de más- caras y no hacía más que pensar cómo podría matar a los dos hermanos. Sin embargo, en cuanto a sabiduría, Kwoimoi quedaba mucho más atrás que Wajari, sus pensamientos eran más pequeños. Wajari le dijo a Kwoimoi:

—¡Primero te mataré antes que tú me mates! Los dos hermanos decidieron celebrar una gran fiesta y enseguida comenzaron a prepararla. Mientras tanto, Kwoimoi, bajo la forma de todo tipo de animales los iba espiando. Sin embargo los dos hermanos estaban alerta, advirtieron al enemigo y salieron corriendo. El único deseo de Buoka era el de dirigir la primera fiesta. Pero Wajari le dijo:

—No lo hagas. Nosotros tenemos que organizar juntos la fiesta, pues tú no sabes lo suficiente y va a terminar mal la cosa si celebras solo la ceremonia. Sin embargo, Buoka no le hizo caso a su hermano y salió para prepa- rar él solo la ceremonia de los enmascarados. Pero vino Kwoimoi y se co- mió todos los objetos sagrados que Buoka había preparado para la fiesta.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Hoy en día el mékira, el chácharo, es el espíritu de los bailadores que Kwoimoi se comió. Esos chácharos hubieran podido ser aún mayores que el báquiro de hoy si Kwoimoi no los hubiera devorado. Luego Wajari preparó los instrumentos de la fiesta, pero los mantuvo bajo su más estricta vigilancia. Buoka, llorando, contemplaba los trabajos de Wajari. Wajari le preguntó a su hermano:

—¿Cómo van los preparativos de tu ceremonia? ¿Todo bien? —Kwoimoi devoró todos mis bailadores a excepción de uno –respondió Buoka–. Como ves, las cosas van muy mal. —¿No ves? Te lo dije, preparémoslo todo juntos. Yo sé más que tú –dijo Wajari. Pero Kwoimoi solamente esperaba el inicio de la fiesta, también as- piraba a los bailadores de Wajari. Poniéndose una máscara se acercó a espiar. Pero en vano se escondió, Wajari reconoció al enemigo y le dijo:

—No te acerques. Los instrumentos de la fiesta son sagrados, y no es necesario que otros los guarden; es suficiente si yo, Wajari, cuido los instrumentos. Kwoimoi fue para su casa y se buscó otra máscara. Pero Wajari sos- pechaba lo que se traía entre manos (al final Wajari mató a Kwoimoi para vengarse de que le había devorado los bailadores a Buoka). Tenemos que saber que la esposa de Wajari, Kwawañamu, era hija de Kwoimoi. Pero hasta los hermanos de su esposa, ayudaron a Wajari contra su padre. Querían ayudar a su cuñado Wajari, querían salvarlo y lo consiguieron con el yawa-keba (amuleto hecho de una fruta negra, que por eso los piaroa no la comen hoy en día). Ellos le dieron a Wajari el amuleto de fruta para que lo protegiera contra Kwoimoi. Wajari lo aprovechó y se defendió contra Kwoimoi. Luego de la fiesta de los enmascarados, le devolvió a sus cuñados el amuleto y les dio las gracias. Los cuñados de Wajari, hermanos de Kwawañamu se llamaban: Kewiyepu, Irekuwa y Kumatari.

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de Kwawañamu se llamaban: Kewiyepu, Irekuwa y Kumatari. 122 18. LA CREACIÓN DEL PERRO Y DEL

18. LA CREACIÓN DEL PERRO Y DEL TIGRE

Kwoimoi creó al tigre a puño limpio. Lo creó para que se comiera los desperdicios. —El tigre es mi perro –dijo–, y luego se llevó al animal a Jerenyefi, donde vivía su familia. Wajari se enteró que Kwoimoi había creado un perro muy singular y con fama de ser excelente cazador. Kwawañamu le dijo:

—Está bien, esposo. Vete a la churuata de mi padre y trae un ca- chorro, si es posible que sea hembra. Pero no importa tampoco que sea macho. Wajari sopló su tabaco y su yopo. Así se protegió contra el tigre y luego se despidió de su esposa:

—¡Si no regreso en cinco días, da por seguro que fui asesinado! Wajari entró en la churuata de Kwoimoi, los hijos del dueño de la casa estaban jugando. Wajari les preguntó que dónde estaba su padre. —Está durmiendo –respondieron los niños (ya que el cauteloso Wajari había hecho dormir a Kwoimoi). Los niños se pusieron a mover el chinchorro para despertar a Kwoimoi, que se despertó con un gemido y frotándose los ojos soñolientos, preguntó:

—Sobrino, ¿por qué has venido? Acércate más, ¡déjame verte! Pero en realidad le mandaba que se acercara para matarlo. Los tres niños sabían que Kwoimoi era malo y comenzaron a regañarlo:

—¿No sabes que hay que brindarle tabacos al capitán que viene de visita? Recibe a Wajari de acuerdo con su fama. ¡No puedes portarte así con el capitán que viene a visitarte!

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Cuentos y mitos de los piaroa

Kwoimoi tenía aún mucho sueño, pero le brindó un tabaco a Wajari que no se lo fumó, sino que lo dejó consumirse. En cambio, Kwoimoi quiso del tabaco de Wajari. Wajari con anterioridad había soplado un cigarro, y fue esto lo que dio a Kwoimoi. El humo del cigarro soplado le quitó a Kwoimoi sus instintos criminales y sonriendo le dio un abrazo a Wajari. Kwoimoi preguntó:

—¿Por dónde anda mi hija, tu esposa? Quisiera verla. Tráela, vengan a visitarme. No soy malo. No digo nada malo de ti. Wajari respondió:

—Tu hija me mandó a verte, por eso vine. Hace tiempo nos dijiste que si no teníamos hijos, tuviéramos un animal y lo tratáramos como si fuera un niño. Por eso vine a verte. Kwoimoi preguntó:

—¿Qué me pagas por eso? Este perro es muy caro. No habla y no trabaja como el hombre, pero vale mucho. Por el perro tienes que darme una cerbatana, un rallo y cuentas. Wajari le preguntó:

—¿Tu perro es buen cazador? ¿Atrapa toda clase de animales? Kwoimoi respondió:

—Este perro no es cazador. Y dijo esto porque no quería que más tarde Wajari le hiciera repro- ches si el perro no era tan buen cazador como pensaba. —No quiero discutir contigo por culpa del perro. Por eso no permito que te lo lleves. Así Kwoimoi no quiso cambiar el perro. Wajari le dijo:

—¡Sí! ¡Quédate con el perro! Wajari se enojó e hizo al perro peligroso para todo el mundo y lo transformó en caníbal. Además trae peligros tan grandes, que el mismo perro se muere. Los tres hijos de Kwoimoi propusieron:

—Padre, si alguien viene a vernos, regálale el jaguar. Porque también se enojarán y le soplarán magia al animal, como hizo tu sobrino. Wajari le dijo a Kwoimoi:

—¿Tú crees que es un perro de verdad? No es buen cazador, no es buen perro. Tengo una gran familia y muchos amigos, blancos, guajibos

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18. La creación del perro y del tigre

y otros. Y ellos me darán un verdadero perro. ¡El tuyo no es perro, sino tigre! ¡Me voy a buscar al verdadero perro! Y se fue.

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19. EL CANTO DE LOS WAIKUNIS Los waikunis eran hijos de la buena Tchejeru. Los

19. EL CANTO DE LOS WAIKUNIS

Los waikunis eran hijos de la buena Tchejeru. Los waikunis eran de Mariweka y su poblado se llamaba Ruweydu. Un día la buena Tchejeru bebió dada, pero no la coló como era debi- do. Y lo espeso se le trabó en el estómago. De ahí nacieron los waikunis. Los waikunis tienen un canto contra las enfermedades de los animales, que hacen a la gente cada vez más flaca y esquelética. Es el canto de los waikunis. El huérfano Rediñú manda esta enfermedad y contra ella es que los piaroa emplean este canto. El canto de los waikunis expulsa la fiebre de los waikunis.

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canto de los waikunis expulsa la fiebre de los waikunis. 126 20. HISTORIA SOBRE EL PERRO

20. HISTORIA SOBRE EL PERRO

Wajari dijo que se iba donde los blancos a conseguir una perra, por- que nunca había tenido perros. Wajari regresó a su churuata, donde su esposa estaba trabajando con su hermana Tchejeru. Wajari no trajo nada y su esposa le preguntó:

—¿Dónde está el perro? Wajari respondió:

—Tu padre pide demasiado por el perro, que para colmo no caza bien. Kwawañamu se enojó con su marido Wajari. Wajari dijo así:

—No tengo la culpa. Mis amigos me prometieron darme un perro mejor. Voy a verlos y conseguiré uno –así dijo, pues todavía no había podido conseguir un perro. Wajari se puso a crear un perro con sus propias manos. En primer lu- gar un perro grande para los blancos y luego uno más pequeño para los pueblos del alto Orinoco. Creó una perra y un perro. Le dio a su esposa el perro más pequeño. Kwoimoi oyó que Wajari creaba perros mejor que él:

—Déjame ir a pedirle un perro a Wajari. Mi perro no es buen cazador. Kwoimoi llegó a la churuata de Wajari en Pureydo. El señor de la casa le preguntó a Kwoimoi:

—¿Por qué viniste? Si el capitán del grupo viene de visita, siempre quiere algo. ¿Viniste a ver a tu hija? Kwoimoi respondió:

—Oí hablar de tus perros, que son buenos cazadores. Atrapan todo tipo de animales. Yo también quiero comer de la cacería. Wajari continuó así:

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Cuentos y mitos de los piaroa

—Tú no me diste a mí perro; yo tampoco te daré. Me dijiste que tu perro no es buen cazador y por eso discutimos. Es parecido lo que ocurre con estos perros. Por ello es que yo tampoco puedo darte a ti un perro. Kwoimoi respondió así:

—Está bien –luego maldijo al perro–. Tu perro también morirá, igual que el mío. El tigre lo matará en la cacería y se lo llevarán los primitivos. Wajari le dijo:

—Escúchame, Kwoimoi, lo que acabas de decir de mi perro crees que es mentira, más esa es la realidad. Mi perro morirá como has dicho.

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esa es la realidad. Mi perro morirá como has dicho. 128 2 1 . H I

21. HISTORIA SOBRE LOS INSECTOS

Los zancudos fueron creados por Kwoimoi para que mataran a Wajari. Les ordenó que picaran a Wajari mientras dormía, pero Wajari se defendió soplando y no pudieron acercársele. Kwoimoi dijo:

—¿Cómo podría matar a Wajari para comérmelo? —A mí no me pican los insectos, pero después de mi muerte picarán a mis familiares –dijo Wajari. Luego le mandó los insectos a Kwoimoi al que estuvieron picando toda la noche. Kwoimoi tomó la cosa a risa, mas los insectos lo atacaron toda la noche y no hacía más que dar ayes. Algunos insectos se introdu- jeron muy bien en la piel de Kwoimoi y se le hincharon tanto las piernas que ya no podía ni pararse. Kwoimoi plañía y gritaba. Con el dolor de muelas pasa lo mismo. Si bien Kwoimoi lo inventó para Wajari, este se lo devolvió inmediatamente a Kwoimoi. Mientras Wajari estaba de caza, Kwoimoi se infiltró en la churuata de Wajari y preparó una gran hechicería contra la vida de Wajari. Pero Wajari lo sabía, así es que le hizo lo mismo a Kwoimoi. Una noche Kwoimoi despertó con un horrible dolor de muelas. Salió corriendo, dando vueltas gritando:

—Me muero, me muero –y se dio cabezazos contra el suelo–. ¿Qué habré comido que me dan estos dolores? Por último se arrancó el diente que le dolía, mas al momento le em- pezó a doler el otro. Se lo arrancó también, y así continuó, uno detrás de otro. Al final, no le quedó ni un solo diente.

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22. SOBRE LOS MONOS El mono y la mona tuvieron un monito. Wajari le dio

22. SOBRE LOS MONOS

El mono y la mona tuvieron un monito.

Wajari le dio forma al monito: pelo, ojos, carne, piel, etc. El mono creció. Se reunieron todas las especies de monos y Wajari se dispuso a enseñarlos. Les dio agua amarga y yopo. Pero no les dio ni dada, ni tuipa ni espinas de raya. Wajari les dio a los monos varias clases de yopo, todas muy fuertes. Wajari les preparó a los monos varias clases de yoperas y cigarros también. Sobre las yoperas sopló el humo de los cigarros sagrados. Wajari les dio a probar esos yopos, una especie tras otra, y los monos crecieron y comenzaron a chillar. Gritaron las mismas palabras que acos-

tumbran hoy en día. Y en sus visiones vieron el futuro. Wajari les dijo que esos eran los peligros que los acechaban. “Ustedes están chillando ahora, y de hoy en adelante será así como chillarán. Y ustedes mismos transmi- tirán esta fiebre si los piaroa se enferman, chillan como los monos”. Allá se alza un árbol, el K’elau Mak’ ili’a. También así se llama la en- fermedad de los monos. Wajari creó el árbol para proteger a los monos. Los monos ebrios de yopo saltaron a este árbol, donde poco a poco volvieron en sí. Wajari les preguntó a los monos:

—Les he dado yopo. ¿Cómo ven ahora el futuro?

Y dijeron:

—Nuestro futuro no parece muy largo que digamos. Morimos, como todo el que llega a viejo. Así será nuestro futuro. Un águila nos matará, un hombre nos matará con cerbatana.

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nos matará, un hombre nos matará con cerbatana. 130 23. EL CANTO DEL DANTO Wajari bebió

23. EL CANTO DEL DANTO

Wajari bebió dada y vio su propio futuro en la imagen del danto. Pero primero vio el recinto sagrado de todos los animales, como el

báquiro, el mono y otros, en fin, de todos los animales que él creó. Luego vio también los lugares donde conseguía los accesorios para su ceremo- nia. Y también vio dónde habría de encontrar la muerte. Y en la muerte se vio como un danto. Wajari vio que el espíritu del danto no queda mucho tiempo en la tierra. A él le pasará lo mismo que a los monos. Los blancos lo matarán y se comerán su carne.

Y vio que el grupo inakwedya de los piaroa también comerán de su

carne. Y también vio a un hombre que lo mataba con arco y flecha.

Vio que también el tigre lo mataba.

Y vio también a un hombre que lo mataba con escopeta y a otro con lanza.

Luego de estas visiones, Wajari creó el cielo, la luna y el sol.

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24. CANTO SOBRE LA HISTORIA DE LA BABILLA Wajari le dio cuerpo a la babilla,

24. CANTO SOBRE LA HISTORIA DE LA BABILLA

Wajari le dio cuerpo a la babilla, le dio forma sobre una mesa, luego le dio piel y por último le sopló los pensamientos con agua amarga y chicha envenenada. La babilla no tiene lengua. La chicha se la quemó. Por eso dijo Wajari que era mejor si la babilla vivía en el agua, donde también vivían su madre y su padre.

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en el agua, donde también vivían su madre y su padre. 132 25. MUKA KUYELI: “CANTO

25. MUKA KUYELI: “CANTO CONTRA TODAS LAS ENFERMEDADES ANIMALES”

En la montaña sagrada de Tiannawa hay un águila que los piaroa jamás han visto. Se llama Muka Kuyeli. Cantan sobre ella en todos los cantos. También Muka tiene un canto, que protege a los pichones con- tra la enfermedad si comen carne, puesto que el águila come todo tipo de animales: monos, pavos, báquiros. Este canto de Muka transforma la carne de los animales en alimento vegetal inofensivo, como la papa. Los piaroa cantan contra sus propias enfermedades el canto de esta águila. Muka Kuyeli vive como Enemey y Redyo. Mucha gente, hombres y ani- males se encuentran en la casa de la buena Tchejeru y del bueno Enemey y cantan contra las enfermedades animales. El de ellos fue el primer canto en el mundo. Y los piaroa todavía lo siguen cantando. Los cantores piaroa dicen así: “Quisiera poder comer como Muka, para que la carne del pavo, del mono y de otros animales sea como la papa. Quisiera poder comer como Yubeku, como Enemey, como Winilki Tchejeru los llama chao, es decir padre.

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26. EL CANTO DEL ARMADILLO Al principio solamente Remu, el gran armadillo, vivía en su

26. EL CANTO DEL ARMADILLO

Al principio solamente Remu, el gran armadillo, vivía en su recinto sagrado, junto al bajo Orinoco. Eso fue antes del nacimiento de Buoka. Remu dijo:

—Enemey Ofo’daa me dio cuerpo, huesos, piel. Aún era un niño cuando llegó a la superficie de la tierra: no vio claridad, no vio agua, ni montañas, ni estrellas. Luego nació su hermano Sera, el pequeño armadillo, y él también siendo niño, dejó el recinto sagrado. Cuando llegó a la superficie de la tierra, él tampoco vio nada. Llegaron a la superficie bajo un platanal. Primero vino Remu y luego Sera. —Sera –preguntó Remu–, ¿cómo puedes ver sin claridad? ¿Cómo puedes vivir sin agua? Sera respondió así:

—Vivo porque le ordené a mis pensamientos que me consiguieran agua. ¡Me acostumbré a vivir así! Bajo la tierra escucharon la voz de una cascada. Remu se dispuso al momento a excavar la tierra a ver si encontraba la caída del agua. En sí no sabía cómo llegar hasta el agua. Su hermano, Sera, era más pequeño y más delgado. Primero escuchó la cascada y una voz animal sobre sí. Acechó durante un rato y luego volvió a la superficie. Entonces escuchó bajo sí la voz de la cascada. —¿Qué pasa aquí? –preguntó–. Esta voz se mueve. Sera dijo:

—Sopla yopo, tal vez entonces puedas encontrar el agua.

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26. El canto del armadillo

Preparó el yopo, le dio hojas de palma a su hermano para que en ellas recogiera el agua. Sera volvió a bajar a las profundidades de la tierra. Vio que el agua no podía llegar a la superficie porque un dique se lo impedía. Sera se metió más abajo y vio unos hombres que cuidaban el agua. Se puso a conversar con ellos. Después abrió el dique y el agua lo atravesó. Arriba Remu reunió un montón de hojas de palma para poder recoger agua con ellas. Pero ya el agua corría en un tumulto. Sera subió a la tierra y le preguntó a su hermano cómo van las cosas. Remu respondió:

—Hay demasiada agua para poderla recoger. Sera le pidió:

—Recoge toda el agua que puedas. Pero no pudo; así es que Sera bajó y cerró el dique. Si lo deja abierto, todo el mundo se hubiera ahogado. ¡Pues ya tenían agua! De aquí se formó una de las ramas del Cuao superior. Aquí se encuentra la mejor agua del mundo, que nunca se seca, y de ahí se originan todos los ríos de la tierra. Luego de esto, Remu y Sera comenzaron a trabajar en la tierra. Pre- pararon tierra roja, amarilla y blanca. Tomaron un poco de tierra y la amasaron como casabe, y la tierra, por sí sola, comenzó a crecer y crecer. Comenzaron el trabajo en el centro de la tierra, y en su derredor, en forma circular comenzó a tomarse cada vez más y más tierra. Al princi- pio, el suelo era muy delgado, mas ellos lo hicieron espesarse. Sera le ordenó a su hermano que cultivara la tierra, pero Remu no sabía nada del yopo. —No sabes nada –dijo Sera. Por eso Sera sopló la tierra que él mismo creó y de eso creció. Ya estaba lista la tierra y tenía un pequeño río. Sera bajó de nuevo a las profundidades de la tierra para conseguir más agua. Abrió el dique y el agua que brotaba a borbotones corrió y se esparció a través de canales. Por eso es que el agua tiene forma de río. Sera le dio nombre a los ríos y a sus afluentes. Cuando creó el primer río, no existía aún el Orinoco sino el Cuao. Más tarde, cuando crecieron Buoka y Wajari, agrandaron el Orinoco. También fueron ellos los que crearon el río del mar.

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27. CANTO DEL ARMADILLO Y DEL OSO HORMIGUERO Inmediatamente después de los armadillos, nació Woya,

27. CANTO DEL ARMADILLO Y DEL OSO HORMIGUERO

Inmediatamente después de los armadillos, nació Woya, el oso hor- miguero. Su recinto sagrado está bajo una montaña, en el Orinoco infe-

rior. Dijo que había tomado forma, piel, cola de Enemey Ofo’daa. Cuando fue creciendo, bajó a la tierra. Pero no vio nada, ni agua, ni luz ni estrellas. —¿Cómo pueden vivir sin nada esos hombres? No tienen comida, no tienen agua. Antes Wajari había creado la claridad. Tenía faroles en los ojos y veía con ellos (todos los animales tenían lo mismo antes de haber claridad). —¿Cómo conseguir hombres amigos? –se preguntó Woya. Salió pues y recorrió el mundo entero para encontrar amigos. Y así llegó hasta la casa del armadillo. Remu y Sera vivían juntos en la casa. Woya quiso entrar, mas la puer- ta estaba cerrada. Los armadillos no se dieron cuenta de su presencia, por eso volvió para la casa. En su casa se puso a meditar en cómo iba

a poder meterse en aquella morada. Sopló yopo para que le vinieran

pensamientos. Los animales sopladores de yopo no tienen que pasar por

la ceremonia de las espinas de raya. Cierto que no había nadie que se las

hubiera podido hacer a ellos. Preparó el yopo y lo sopló. Luego partió hacia la morada de los arma- dillos, pero se perdió. En el aire flotaban las palabras: te perdiste. Por fin llegó al hogar de los armadillos. Se paró afuera y se puso a pensar.

—Hace un rato pasé por aquí y no me dejaron entrar. Se transformó en picaflor y voló hasta el árbol situado en el techo de

la casa y cantó en la voz del pájaro meyre.

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27. Canto del armadillo y del oso hormiguero

Los hermanos escucharon el canto. Remu dijo:

—Podrías matar este pájaro con cerbatana. Sera trató, pero erró el tiro. El pájaro se echó a reír. —¡Oh, ese pájaro se está riendo de mí! –dijo Sera. El pájaro se transformó en dos: quedó como picaflor, pero al mismo tiempo se transformó en un hombre, que por el sendero se encaminaba hacia la casa. El hombre le habló a Sera, quien se asombró mucho, pues en ese momento estaba tratando de disparar con la cerbatana al pájaro. Sera dijo:

—Yo soy el hermano mayor, pero no te conozco. Puedes entrar. Mi hermano sabrá seguro a qué grupo perteneces. Y el pájaro al igual que hoy en día, se quedó en el árbol sobre la casa. Remu estaba jugando y riéndose en su chinchorro, en la mitad de la churuata. —¿Qué clase de gente nos ha venido a visitar? No te conozco, aquí está tu chinchorro, al lado mío. Sera siguió tratando de matar al pájaro, pero sin efecto. Woya le explicó que ese pájaro lo acompaña siempre, y si lo matan, han de morir los tres. —Ese pájaro es un pensador disfrazado. No lo mates, pues morire- mos nosotros tres. Remu le dijo a su hermano que dejara ya la cacería, pues era peligro- sa. Sera entró. Woya le preguntó a Remu si tenía yopo. Remu mandó a Sera a buscar yopo. Trajo claridad a la churuata. Remu le preguntó a Woya:

—¿De qué pueblo eres? ¿De dónde has venido? Woya le respondió:

—Primero dame yopo, después te lo diré todo. Luego Remu le pidió yopo a Woya. Pero Woya dijo:

—Yo soy un gran pensador, no soy como son ustedes. Si soplaras de mi yopo, dirías cosas raras de mí. Pero Remu así y todo le pidió del polvo y luego dijo que ya su yopo estaba listo:

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Cuentos y mitos de los piaroa

27. Canto del armadillo y del oso hormiguero

—Dáselo, Sera.

Sera dijo así:

 

Woya dijo:

—No hiciste nada. Estabas sentado en tu banquito.

—¿Qué efecto te hizo mi yopo? ¿Qué fue lo que viste?

—No, no quiero que sea Sera el que me lo dé. Pues así no vale nada. El propietario del yopo es el que tiene que dármelo, o sea tú, Remu. Yo soy un mejor pensador que tú. Yo he soplado yopo y he bebido dada

—Está bien. Tú también puedes soplar yopo y podrás convertirte

Woya le preguntó a Remu:

Remu:

también. Remu solamente quería darle un poquito, pero Woya lo quería todo de golpe. Y en verdad se lo sopló todo de una vez. Woya dijo:

también en un pensador como yo.

—Vi que me matabas, pero seguro era mentira. Woya:

—Te dije que el yopo era algo peligroso. No estás acostumbrado al yopo fuerte. Remu:

Y

así Woya le dio tres veces yopo a Sera. Y dos veces a Remu.

—¿A qué grupo perteneces, Woya? ¿De dónde has venido? Woya:

El

yopo de Remu no le hizo efecto a Woya, pero el de Woya era más

—Yo vine de abajo, hacia donde voy a regresar y donde seré el padre

—¿Y tú, quién eres?

—Mi tierra está aquí. Esta es mi tierra. Yo llegué aquí antes que tú.

fuerte. No le hizo efecto a Sera, pero a Remu sí. Remu vomitó y gritó:

—Woya me quiere matar, yo mato hombres. Sera dijo:

—Esa es una visión del futuro. Remu gritó:

de los animales. Woya le preguntó a Remu:

Remu le contestó:

Woya se quedó dos días más con ellos y luego regresó a la casa de abajo. Antes de irse, dijo:

—Ese hombre que entró en mi casa va a matarme. Sera le dijo a Remu:

—No vales mucho si te emborrachas tan rápido. Es tu error. No tenías que haber pedido yopo. Remu gritaba y gritaba y en la figura del armadillo que antes había sido hombre, corría por toda la churuata, daba brincos y tirábase al suelo diciendo:

—Woya me quiere matar, pero yo lo mataré. Sera ató a su hermano, pero Remu rompió las amarras. No había qué hacer. Sera le pasó la maraca por la cabeza a su hermano y se curó. Remu le preguntó a su hermano:

—¿Qué me pasó? Tuve visiones sobre el futuro. —Sí –respondió Sera. —¿Grité algo malo? ¿Qué fue lo que me pasó? –preguntó Remu. Woya mientras tanto intervino, le pidió a Sera que no contara lo que había pasado, pues de lo contrario se iba a enojar.

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—Dentro de poco nacerá Wajari y todos ustedes serán sus animales. Pero sépalo, el chácharo, el mékira, será mi animal. Luego dejó la casa de los armadillos.

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28. WAJARI CREA LAS FRUTAS Del estómago de Wajari creció un árbol gigante y en

28. WAJARI CREA LAS FRUTAS

Del estómago de Wajari creció un árbol gigante y en él germinaron todas las frutas comestibles. Un buen día Wajari estaba sentado en la orilla del Orinoco esperando un bote que le transportara las frutas río arriba. Al poco tiempo llegó su sobrino, que después de llenarse con frutas condujo a Wajari a San Carlos del Río Negro. Poco tiempo después Wajari fue transportado por sus sobrinos hasta Puerto Ayacucho para conseguir allá más alimento. Mientras tanto, una mujer, Paruba Awektuva’ju, también hubiera querido probar las frutas. Un pájaro acuático voló sobre ella y dijo así:

—Wajari está en Ayacucho ¿por qué no lo esperas? La mujer fue por los alrededores del puerto y sentada en una roca se puso a esperar. —Dame de tus frutas –le pidió la mujer a Wajari, que llegaba en esos momentos. —No es posible –respondió– porque ya las probé y todas me dieron fiebre de mujer: Se me hinchó el vientre, sentí dolores y tuve pérdidas de sangre. ¡Esas frutas son peligrosas! Wajari violó a la mujer, que de todas formas quería probar las frutas y luego se fue. Una fruta creció en el vientre de la mujer, que vomitó y orinó sangre. La mujer, ya embarazada, salió río arriba, vagando de un lugar a otro. En cada lugar que se detuvo derramaba gotas de sangre, de las que nacie- ron, silvestres, las frutas de Wajari. Porque hay frutas que nacen silvestres y frutas que hay que sembrar- las. Los nombres de los lugares nos indican por dónde fue Paruba, la que hubiera deseado endulzar las frutas amargas, mas no fue capaz.

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deseado endulzar las frutas amargas, mas no fue capaz. 140 29. LA CREACIÓN DE LAS FRUTAS

29. LA CREACIÓN DE LAS FRUTAS CULTIVADAS

Los waikunis trabajaron y luego descansaron. Aún no habían visto agua, pues todavía no existían los ríos. Los waikunis le pidieron agua a Wajari, pero Wajari respondió así:

—Los hombres no beben agua cuando trabajan. Solamente las mu- jeres lo hacen. Los hombres soplan yopo o beben kaapi. Pero ustedes siempre quieren agua. Y no está bien. Yo siempre trabajo con yopo y no con agua. En verdad Wajari tenía agua, pero no les quería dar. En las plantaciones trabajaban varias mujeres y Wajari les pidió agua:

“Nosotras tomamos agua mientras trabajamos, pero los hombres no ha- cen así”. Wajari les preguntó de dónde tomaban agua. —Nosotras tomamos el agua de allá –y señalaron hacia el campo. Wajari dijo así:

—Está bien. Tengo sed. Y se fue para el arroyo. Y entonces ocurrió, cuando se dirigió hacia el arroyo, que los waikunis soplaron magia a los pensamientos de Wajari. Wajari se enajenó y estuvo vagando por la selva durante años. Pero antes Wajari preparó una soga bien gruesa y ató entre sí las ramas del árbol, para que los waikunis no lo pudieran cortar. Wajari les preguntó a los waikunis que por qué no habían cortado los árboles. Trataron pero no pudieron. Un bicho se subió al árbol y se comió las amarras.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Los waikunis estaban felices, pues ya podían comer de las frutas. Comían felices. Vino Enemey y también Buoka para comer. Cada vez venía más gente, recogían las frutas y se las llevaban para su churuata. Mientras tanto, Wajari andaba medio enajenado por la selva:

—¿Dónde está mi árbol? –preguntó–. Le preguntaré a los waikunis que si se comieron o no mis frutas. Discutieron los waikunis y decidieron que si Wajari llegaba y pre- guntaba por las frutas, habían de responderle:

—Nosotros no sabemos nada del árbol. Seguro se lo diste a otro pueblo. No nos comimos las frutas. Otros pueblos se las comieron. Los blancos, los makiritare, los yabarana, los guajibo. Más tarde, Wajari vio el árbol, pelado completamente. No tenía nada, solamente el tronco. Wajari no tenía qué comer. Se puso a mascar las hojas. —¿Quién se comió mis frutas? –preguntó. Los waikunis dejaron una sola piña. Se llevaron todo con excepción de la piña. Wajari dijo así: “¡Oh, mi pueblo me dejó una piña!” Pero Buoka en la fruta dejó una enfermedad, que pudo habérsele pegado a Wajari. El aire se llenó con las mentiras de los waikunis. Wajari dijo:

—Está bien. Le preguntaré a esos pueblos, a los makiritare, a los yabarana, a los guajibo si fueron ellos los que se comieron mis frutas. Wajari peló la piña y cortó una tajada. Pero sintió un dolor terrible, se enfermó, la cabeza y los dientes le empezaron a doler. Según los piaroa todavía ahora tiene la piña esta enfermedad, pero no le cantan. Esta enfermedad la tienen todos los animales: sobre todo si te comes la cabeza de los animales, especialmente la de los peces. Por eso es que los jóvenes no pueden comer cabezas de pescado. Atraviesa todo el cuerpo del báquiro. En cuanto se le fue la fiebre, Wajari entró en su churuata, en la Affaraba ojucho en donde se encontró con Buoka. Wajari le preguntó:

—¿Quién se comió las frutas de mi árbol? ¿Fueron los piaroa? Buoka le respondió así:

—No hermanito, jefe de todo el mundo. Nosotros no las comimos. Los waikunis no se las comieron. Vimos que saliste para el arroyo, pero no regresaste. Por eso salimos a buscarte, gritando tu nombre pero no me contestaste. Nosotros, waikunis y piaroa, no comimos de tus frutos.

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29. La creación de las frutas cultivadas

Y cuando regresamos de buscarte, ya las frutas habían desaparecido.

Seguro que fue obra de los maquiritare. Wajari solamente oía sin responder. Sabía que su hermano estaba mintiendo. Y entonces dijo:

—Hermano, creo que mientes. Tú te comiste mis frutas. Cuando creé

el árbol no había makiritare por los alrededores. Creo que fuiste tú, junto

con los waikunis, quienes se comieron mis frutas. Pero Buoka lo negaba rotundamente. Por eso Wajari dijo que iba a ir a preguntarle a los blancos sobre todo esto y salió en dirección de la tierra de los blancos y los makiritare. —¿Comieron ustedes mis frutas? Respondieron que no habían ido por allá y que no sabían de eso. Solamente oyeron que tenía un árbol de frutas. Wajari regresó donde Buoka y le dijo que esos pueblos no se comie- ron sus frutas. Buoka respondió:

—Tal vez fueron los piaroa. Así Wajari fue a visitar a los piaroa. Entró en sus churuatas y les pre- guntó si habían comido de sus frutas. Ellos negaron y dijeron que ni sabían que ese árbol existía. —Oímos que trabajas junto con tu hermano, tus sobrinos y tu tío. Pero no sabíamos que habías cortado el árbol, o que nosotros te hubiése- mos ido a visitar.

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30. LA CREACIÓN DEL CASABE Kwoimoi dormía en la churuata grande mientras Wajari preparaba yopo,

30. LA CREACIÓN DEL CASABE

Kwoimoi dormía en la churuata grande mientras Wajari preparaba yopo, es decir, narcótico, en la churuata pequeña. Wajari conjuró a Kwoimoi para que durmiera mientras él trabajaba. Kwoimoi se despertó y sintió el olor del narcótico de Wajari. Y como siempre, se echó a reír y luego dijo así:

—¡Quiero de este yopo! Tiene un olor muy bueno. ¡Me lo quiero comer! Pero Wajari, dijo:

—No, suegro, es un alimento malo, muy amargo. Sin embargo, Kwoimoi siguió queriendo comérselo. Wajari le respondió:

—Más tarde puedes soplar yopo. Kwoimoi dijo así:

—¡Dame un poquito, seré tan feliz! –Por eso fue que Wajari le prepa- ró a Kwoimoi un poquito de yopo. Kwoimoi le preguntó a Wajari que dónde había comprado el yopo. —Yo también quisiera para mí –dijo. Wajari le dijo que se lo había comprado a los blancos y a los yaruro. —Y suegro, no uses demasiado de él porque es muy fuerte y aún no te has acostumbrado. Wajari le dio un poquito de yopo. Pero Kwoimoi quería más y más. —Quiero más para poder aprender –dijo. Wajari le dijo a Kwoimoi que si le da más, verá visiones y narcotizado hasta podrá ver la muerte de Wajari. Kwoimoi le respondió:

—No, yerno, no quiero emborracharme. Así Wajari le dio más. Y Kwoimoi quedó un poco atontado. Wajari dijo:

—¡Más no!

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30. La creación del casabe

Pero Kwoimoi insistió y pidió una nueva ración.

Y se emborrachó mucho e injurió a Wajari porque lo había emborra-

chado. Gritó y corrió como un loco:

—Me muero, me muero, yerno, hija, denme agua. Wajari, mi yerno, te voy a matar. Wajari le respondió así:

—No me mates. Mejor haz el amor con tu hija. Kwawañamu se enojó con su esposo Wajari:

—¡Qué le hiciste a mi padre! Luego le echó agua a su padre para que volviera en sí, pero no sirvió de nada. Wajari la injurió:

—Esposa, tienes olor a sangre. No eres hombre. Por lo tanto, en vano le echas agua a tu padre, la borrachera no se le quitará más rápido.

Y Kwoimoi, narcotizado, corría de un lugar a otro persiguiendo a

Kwawañamu, su hija. Luego se transformó en todo tipo de animales. Y apareció en forma de armadillo. Luego se transformó en serpiente, en ofo’da’a.

Kwoimoi tomó a su hija por los pelos, se la llevó y le hizo el amor.

Y mientras hacía el amor con su hija, pronunció los nombres de los

recintos sagrados, de Mariweka y de Kureimariweka.

Después de esto, Kwawañamu quedó embarazada. Parió en medio de grandes sufrimientos, pues su padre nombró los recintos sagrados, mientras hacía el amor con ella. Kwawañamu estaba embarazada con Kwawawaruna, la serpiente.

Y nació Kwawawaruna, el hijo-serpiente.

Luego que el niño vino al mundo, Kwoimoi habló de dónde va a crear la yuca. Kwoimoi dijo que el hijo-serpiente de su hija era hijo de Ruwa-Wajari. El hijo de mi yerno. Él es mi nieto, mi chuddo; ya que Kwoimoi no se acordaba en lo más mínimo que había hecho el amor con su hija. Las dos serpientes, Kwawawaruna y Kwawawaraju (la hija de Buoka) hicieron el amor en las entrañas de la tierra y de esta unión salió el tallo de la yuca. La yuca es la hija de las dos serpientes. Existen varias clases de yuca. Y todas crecieron en Jerenyafi, en los sembrados de Kwoimoi.

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Cuentos y mitos de los piaroa

El hechicero le canta a la serpiente la canción del casabe, Kwawawaraju y Kwawawaruna. Canta sobre una hoja y le sopla sus pensamientos a la hoja. Luego pone las hojas en distintos agujeros en la plantación. Y esto hace posible que la yuca crezca y al mismo tiempo ayuda a crecer a las otras plantas sembradas.

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tiempo ayuda a crecer a las otras plantas sembradas. 146 31. LA CREACIÓN DE LOS ESPAÑOLES

31. LA CREACIÓN DE LOS ESPAÑOLES

Buoka observaba escondido a su hermano Wajari. Quería que Wajari le creara familia a él también. Habló también con su suegro sobre esta cuestión de que si quería familia él también. Puruna le respondió afirmativamente. Buoka es el amigo de los guajibo, mientras que Puruna lo es de los blancos. El jefe Wajari creó a los blancos por el parake, junto a las mon- tañas que se alzan en el territorio del Sipapo. Allá había un lago donde pescaba los peces para crear tanto a los hombres, como a los piaroa. Puruna le pidió a Wajari que le preparara hombres a él también. Buoka le preguntó a Wajari que si podía ver cómo era que creaba a los blancos. Wajari dijo así:

—No te preocupes, todo ocurre igual que antes. Pero Buoka dijo que él pensaba que iba a ser distinto, y por eso quería verlo:

—Hermanito, quisiera ver cómo es que preparas a nuestros amigos. Quisiera ver cómo pescas y cómo creas a los hombres. Pero Wajari respondió así:

—No hermano, si los dos observamos, los peces apenas morderán y no habrá hombres suficientes. Wajari conjuró un dique al lago y así los peces destinados a los piaroa fueron a parar a un lado y los destinados a los blancos a otro. Conjuró un nombre de un gran animal que los piaroa nunca habían visto. La tarea de este animal era la de asustar a los blancos y hacer peligrosa la selva para ellos. Wajari conjuró también la dirección de los blancos: preparó una figura para el centro del lago. Por eso es que los blancos tienen idea de los hombres y los animales. La figura la hizo en base de su hermano Buoka: Chubuo Buoka, Aruttu Buoka, Avika Jawikwo, Tsañaka Buoka.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Luego Wajari hizo desaparecer de la mente de Buoka el recuerdo de cómo había sido la creación. Luego le ordenó a Buoka que se fuera para la casa y cuidara sus asuntos. —Vete y observa mi churuata y luego verás a los hombres. Y se pudo dar a la tarea de la creación de los blancos sin que Buoka se fijara. Wajari reunió todo tipo de alimentos: arroz, café, frijoles, para poder pescar. (Por eso es que los blancos comen arroz y frijoles y toman café). De esta manera preparó un anzuelo de dos puntas. Con el pez pescado con la punta hecha de café, preparó a los hom- bres; y con el pez pescado con la punta hecha de frijoles, a las mujeres. Wajari solamente pescó dos peces y no más para hacer a los blancos. Al igual que en el caso de los piaroa se puso a hacer huesos, dientes, cabe- llos, narices, ojos. Luego conjuró los peligros de los blancos. Señaló lo que significaba peligro. Habló sobre el cabello rizado de los blancos, sobre los matices de sus cabellos. Les sopló tamaño y fortaleza. Luego los puso en agua, pero se hundieron. Wajari dijo que él no tiene la culpa de esto. —Tenía que haber creado hombres para mi hermano de la misma manera que creé a los piaroa. Así los sacó del río y sus cabezas salieron del agua. Y fue entonces cuando pudieron respirar. Wajari arrancó una flor con la que pescó a los hombres. Vino Buoka y preguntó si los había creado de la misma manera. —Sí –respondió Wajari–, ven a ver. Buoka dijo:

—Tenemos que decidir dónde van a vivir. Buoka también dijo que le gustaría que intercambiaran territorios, viviendo los piaroa en la sabana y los blancos en la selva. Wajari estuvo de acuerdo y fue donde su hermana Tchejeru y su esposa Kwawañamu a preguntarles si actuaba correctamente o no. Le respondieron: “¡No!”. Por eso hoy en día viven los piaroa en la selva y los blancos en las sabanas. Tchejeru le preguntó a Wajari:

—¿Por qué quieres mandar a los piaroa hacia abajo, en dirección de Caracas? Wajari respondió que no fue él quien quiso, sino su hermano Buoka.

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31. La creación de los españoles

—¿Él pidió el cambio? No puede hacerlo. Los piaroa le pertenecen a la selva –dijo Tchejeru. Así Wajari fue a hablar con Buoka a preguntarle si así estaban las cosas en orden. Wajari movió la figura en el lago y ya no miró hacia abajo en direc- ción a Caracas. Así todo se aclaró. Luego le dijo a Buoka:

—Fíjate para dónde está mirando la figura. Allá tienen que vivir los blancos. Buoka estuvo de acuerdo:

—Mi familia blanca vivirá por Caracas, bajo el Orinoco superior.

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32. LA MUERTE DE KWOIMOI Ya desde hacía tiempo Kwoimoi venía rompiéndose la cabeza para

32. LA MUERTE DE KWOIMOI

Ya desde hacía tiempo Kwoimoi venía rompiéndose la cabeza para ver cómo podía matar a su yerno Wajari, porque se lo quería comer. Su hija, Kwawañamu no era una esposa muy buena que digamos para Wajari. Estaba un poquito loca y se pasaba la vida quejándose de Wajari. Un buen día fue donde su padre y le dijo:

—Me gustaría que te comieras a mi marido. Y Kwoimoi se echó a reír lleno de maldad, pues eso era lo que quería desde hacía tiempo. Precisamente andaba Kwoimoi por la churuata de Wajari, mas ya Wajari sabía que su suegro estaba preparándose para matarlo. Se puso a pensar:

—¿Por qué querrá mi suegro matarme? Kwoimoi tomó la figura de diferentes animales para poder observar a Wajari pasando inadvertido. Wajari siguió su ejemplo transformándose primero en tigre, luego en serpiente y por último en águila. Una noche Kwoimoi también se transformó en tigre y se escabulló en la churuata de Wajari para devorarlo. Pero Wajari se escondió bien en el techo, tomando la forma de águila, luego descendió sobre Kwoimoi le dio un pico- tazo en el hocico a su enemigo y, bien sujeto, salió volando con él hacia lo alto. Y tanto voló y voló alrededor de la tierra que Kwoimoi se murió.

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y voló alrededor de la tierra que Kwoimoi se murió. 150 33. LA MUERTE DE BUOKA

33. LA MUERTE DE BUOKA

Un veneno mató a Buoka: el ñiyaekwa. Ruwa’yai le dio el veneno porque Buoka puso en ridículo a un niño y los padres se ofendieron. Ellos fueron los que le pidieron a Ruwa’yai que matara a Buoka. Wajari no sabía nada de lo ocurrido. Un buen día salió a visitar a Buoka. Entró en la churuata y preguntó por Buoka. —Se fue a visitar a los blancos y a los indígenas waika. Wajari buscó a su hermano por todas partes, pero nadie supo darle noticias de él. Solamente sabían que Wajari tenía un hermano que se llamaba Buoka. Wajari regresó a la churuata de Buoka y acusó a los que allí vivían:

—¡Ustedes mataron a Buoka y no se atrevieron a decírmelo! Más tarde Buoka renació y se convirtió en lo mismo que era antes. Recibió de Enemey Ofo’daa su figura y todas las partes de su cuerpo. Renació en la figura de Tuwa Ñemeli, el ciervo rojo. Buoka recibió los ojos de Enemey Ojo’daa y eran exactos a los suyos.

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34. LA MUERTE DE WAJARI Wajari entre sus viajes fue a parar entre los hombres

34. LA MUERTE DE WAJARI

Wajari entre sus viajes fue a parar entre los hombres blancos, donde lo atacaron perros rabiosos y lo botaron de allí. Y por dondequiera que viajó fue perseguido por los perros. Por los perros de los makiritare, de los yabarana o de los waika. Wajari corrió hasta Colombia, y luego todavía más al sur. Bajo los

raudales de Ayacucho cambió de figura y se sumergió bajo el agua, lle- gando a la orilla después de Mariweka. Pero allá lo persiguieron los virus de los perros. Se escapó corriendo. Wajari saltó al agua y los perros detrás de él. Se zambulló bajo el agua

y saltó de una tierra a la otra, saliendo por aquí y por allá. Pero siempre los perros le seguían el rastro. Wajari llegó a Dimoro y lo atacaron los perros de los indígenas mabu y

wohitemu. Se escondió en los montes que se encontraban entre el Sipapo y

el Cuao. Allá escaló la montaña y se sentó a pensar:

—¿Por qué esos perros me persiguen? ¿Tal vez por el olor de mi cuerpo? Después de decirlo, se lavó minuciosamente y se cepilló el cuerpo. Pero la limpieza no le sirvió de nada. Apenas se puso en camino, los perros se le tiraron. Por fin Wajari cayó desmadejado de tanto correr y lo mataron las lanzas de los mabu y los wohitemu cumplieron las órdenes de los kikaipuro. La muerte de Wajari apareció en una de las visiones de Yubeku, uno de los grandes sopladores. Yubeku transformó la carne de Wajari en una planta comestible y se la comió.

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1.

de Wajari en una planta comestible y se la comió. 152 1. 35. AVENTURAS DE CAZA

35. AVENTURAS DE CAZA

Un día el piaroa se fue de caza. Anduvo varios días por la selva, pero regresó sin cazar ninguna presa. Al otro día dos indígenas, dos cuñados, emprendieron su camino, tam- bién de caza. Llevaban perro consigo y palos en la mano. De repente se vie- ron cubiertos por un tremendo aguacero, llovió durante tres días seguidos. Los cazadores llegaron a un arroyo. Uno de ellos en la orilla descu- brió una cueva llena de murciélagos. Y los cuñados se refugiaron ahí. Dijo uno:

—Verás que aquí hay hasta armadillos gigantes. Su cuñado se dirigió hacia el interior de la cueva, con el machete en la mano. El otro hombre avanzaba tras él. Caminaron durante mucho tiempo y ya creían que ha- bían llegado al final de la cueva. De repente asustaron a un tigre. El animal se les fue corriendo. El hombre que iba delante pasó un susto grandísimo. Su cuñado dijo:

—¿Por qué no te fijaste? ¿Por qué no usaste el machete? —Se me asustó hasta el machete en la mano –contestó el otro–; aunque sabía, tenía el machete en la mano para cortar en dos al tigre. El tigre se fue corriendo. Uno de los hombres le salió atrás:

—¡Tigre, tigre, eres tú tan grande que me asustaste! ¡Me asustaste pero te fuiste corriendo! Vete, vete, mejor si te vas por tu lado. Luego llamó a su cuñado y volvieron a casa sin cacería.

2.

Un buen día un indígena abrió un hoyo, tendría como diez metros. Por allá pasó el enano Viricha, con una piedra pintada gigante a cuestas. En la

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Cuentos y mitos de los piaroa

piedra había tanta pintura como en una flor. A cada lado arañas gigantes, serpientes, lunas, estrellas pintadas, y muchas flores, flores de mayo. Vino el enano y descubrió al hombre en el hoyo. El indígena salió del hoyo cautelosamente y vio al enano con la piedra gigantesca. Y el enano quiso matar al hombre, agarró el pedrusco y lo tiró contra el hoyo. El enano le debía dinero al indígena, por eso quería matarlo. El ena- no bajó al hoyo para sacar la piedra, pero de repente oyó un ruido:

—¡El hombre vive todavía! –pensó. De nuevo volvió a arrojar la piedra. Solo que no cesaron las voces del fondo del agujero. ¡El hombre quedó con vida! Por tercera vez volvió la piedra en el hoyo, y ya esta vez no escuchó nada. Se murió el hombre –pensó el enano. Sacó la piedra y aunque no encontró nada abajo, siguió su camino. Mientras tanto, el indígena estaba sentado en la copa de un árbol. Y riendo se iba diciendo:

—Si me hubiera quedado en el hoyo, el mal agradecido de Viricha me hubiera matado.

3.

Una vez los indígenas prepararon una trampa en el sendero del pi- cure. Vinieron muchísimos animalitos. Serían como quinientos y todos enanitos. No sabían que en el camino había una trampa. En la cabeza del largo cortejo avanzaba un diminuto enanito y la trampa lo agarró. Una vez un indígena fue a la selva a ver al pendare, pues habían madurado ya sus frutos. El indígena que andaba por la selva encontró grandes racimos de frutas allá en la selva, adonde había ido. Junto a un árbol encontró una escalera, hecha de finas ramitas y lianas delgadas. Díjose el hombre para sí:

—¿Qué clase de gente habrá puesto aquí la escalera? No creo que pesaran más que yo. Pues se subió a la escalera, pero enseguida se cayó. La escalera se desbarató a sus pies. El indígena se apoyó en el árbol como un mono. Ya casi había llegado a la corona cuando aparecieron enanitos chillando y rodearon el pendare.

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Aventuras de caza

—¡Vopayuti! –gritaron todos–. ¡Miren! –se decían unos a otros–. Alguien nos desbarató la escalera. ¿Será un indígena? —Topi, topi –decían los enanitos–. ¡Miren, está allá arriba del árbol! ¡Tiene la cabeza redonda como una pelota! ¡Allá está, véanlo! Lianas en las piernas, estrellas en las manos, ojos como frutas. ¿Qué hacer? ¿Cómo matarlo? ¿Cómo? –gritaban. —Soplémosle veneno –propuso uno. —No, eso no, porque se le pondrá la carne amarga –dijeron otros. —Si baja del árbol, lo mejor será ahogarlo en agua –propusieron varios. Se hizo de noche. Mientras tanto el hombre en la punta del árbol había recogido muchísimos pendares maduros. Los fue recogiendo, y los amarró en un racimo. Luego lo dejó caer. Todos los enanos estaban allí, recogieron el racimo y se fueron co- rriendo. Luego el hombre arrojó otro racimo a tierra y dijo para sí:

—Los enanos se irán a dormir llevándose las frutas y yo dormiré también. Ya era tarde cuando volvió a arrojar algunas frutas maduras. Unos cuantos enanos, serían como cinco, regresaron al árbol en medio de su algarabía acostumbrada. El piaroa, esta vez, por cuarta vez, volvió arrojar algo. Pero al golpe solamente apareció un enano. —Topi, topi –gritó–, y el hombre se despertó completamente. A pe- sar de que estaba soñando, comía de la prohibida carne del danto. Y el piaroa llamó al danto, espíritu de Wajari, a que le ayudara a bajar del

árbol. Y vino el danto y fue hasta el árbol. El hombre saltó a tierra junto al danto, pero le dio un pisotón a un enano. Gritó el enano, luego los otros también y salieron en persecución del danto en fuga.

El piaroa corrió como cincuenta metros protegido por el danto, luego

de repente dio un salto de lado y se encaramó en la rama de un árbol. Los enanos siguieron corriendo tras el danto. Sentado en el delgado árbol, se decía el hombre:

—¡Cuántas veces han querido matarme!

Y en ese mismo momento se quebró la rama seca y cayó en tierra. En-

seguida lo agarraron los enanos y se pusieron a darle golpes y más golpes. Estas fueron sus últimas palabras:

155

Cuentos y mitos de los piaroa

—¡Aquí en este lugar me alcanzaron por fin los enanos malignos y me van a matar!

4.

Un piaroa decidió ir a recoger hormigas rojas. Y salió para ver la casa de las hormigas. Por el camino se encontró con un enano que le preguntó:

—¿Cómo están las hormigas? —Bien –respondió el hombre–. Las hormigas rojas están bien. Den- tro de poco saldrán volando. Luego siguieron conversando.

El piaroa dijo:

—Tan chiquito que eres y lo gruesa que tienes la voz –y le dio un

golpe en la frente al enano–. ¡Sé que me quieres matar, pero yo soy quien te mataré!

El enano se defendió, agarró un palo del grueso de un brazo, pero el

hombre salió corriendo y se escondió en un árbol. El enano creyó que se había escondido en la oquedad del árbol y tapó la abertura. Pero el piaroa descubrió un pequeño agujerito como a la mitad del

árbol, se escabulló a través de él y con una liana se dejó caer al suelo. Mientras tanto el enano se encontraba acechando tras otro árbol y recogió las hormigas más venenosas para echárselas al indígena. —Pues así me quiere matar –pensó el hombre–, pero esto no me lo hace a mí.

Y se escapó corriendo.

De jovencito se había encontrado ya una vez con el enano, acostado bajo un palo. Aquella vez el enano le puso una zancadilla al hombre y luego le pidió que lo curara.

—No, a ti no te curaré –dijo el piaroa, llorando de dolor–. ¡Mejor será que te mueras!

El enano dijo:

—Yo no me muero, sé como ayudarme a mí mismo.

Y por fin se curó, y con la ayuda de las hormigas quiso vengarse.

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se curó, y con la ayuda de las hormigas quiso vengarse. 156 36. HISTORIA DE AHORA

36. HISTORIA DE AHORA

Había una vez una muchacha que dejó la churuata de sus padres y se tomó el sendero de la selva; un muchachito de unos ocho años también estaba en camino. —¿Para dónde vas? –le preguntó el muchachito. —Aquí cerca no más –respondió la niña. —¿Por qué no vas más lejos? –continuó el chico. Pero la muchacha siguió diciendo que solamente iba por ahí cerquita. El muchachito la acompañó hasta el final del camino. Encontraron una bicicleta y se sentaron arriba de ella. El muchacho no podía impul- sarse más, por lo que le pidió a la niña:

—No te muevas pues nos caeremos en el hueco. La niña le respondió:

—No, no nos podemos caer. —¿Por qué no? –preguntó el muchacho, pero no obtuvo respuesta–. Agárrate pues nos caemos, nos vamos a despeñar. Siguieron andando y de repente el muchacho sintió un olor muy desagradable, como si hubiera algún animal muerto cerca. Tal vez una serpiente, esa suele tener tanta peste. Le preguntó a la muchacha:

—¿Por qué tienes tanta peste? La muchacha le respondió:

—Mi familia apresó muchos pescados y comimos mucho. Y después no me lavé las manos, solo me las pasé por el pelo. —¿Por qué lo hiciste? —Esa es la costumbre en mi familia –dijo la niña. —Si alguna vez comes pescado, después lávate siempre las manos –dijo el muchacho.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Siguieron avanzando, luego el muchacho se detuvo para tomar agua. La muchacha no quería, pero el muchacho le pidió:

—Bebamos juntos, pues esta es agua sagrada. —Está bien –dijo la niña.

Y bebieron juntos, luego se volvieron a montar en la bicicleta.

Andarían unos diez kilómetros cuando se bajaron a descansar y lue- go siguieron viaje otra vez. De nuevo lo aturdió el penetrante olor:

—¡Tienes tanta peste! ¿Qué te pasa? –le preguntó el muchacho. —Ya te dije –respondió la muchacha– que me restregué en el pelo mis manos embarradas de pescado. —Lo mejor será si te pelamos al rape –propuso el muchacho. La muchacha protestó:

—Tengo el pelo limpio. Era un chiste lo que dije del olor a pescado.

El muchachito, sin embargo, no cesaba de decir:

—Mejor si te lo cortamos ahora mismo. Aquí tengo una tenaza, con esa también lo podemos cortar. —No, no me lo puedes cortar –protestó la muchacha. La muchacha tampoco se quedó al otro día en la churuata de sus

padres. Pero no se encontró con el muchacho, porque este escogió otro sendero. El muchachito anduvo durante horas, exactamente ocho kilómetros. Se encontró con otro muchacho que llevaba un animal. El animal se llamaba kohua, el murciélago. —¿Qué haces aquí? –le preguntó el primer muchacho.

El otro le respondió así:

—Estoy haciendo un trabajito a los americanos, les estoy atrapando murciélagos. —¿Y trabajas de día? –le preguntó el de la bicicleta. —No –respondió el otro–. Trabajo de noche hasta las cinco de la mañana. Entonces apareció la muchachita de once años. —Esa es la muchacha –dijo el de los murciélagos–. ¡Qué muchacha más bonita, más graciosa! Viene por aquí. Luego agregó:

—Será mejor si la recibo solo.

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36. Historia de ahora

—A mí no me recibas –dijo la muchacha–, solo ando por aquí.

El otro indígena no respondió. Con furia se montó en la bicicleta.

El de los murciélagos se quedó allá y preparó una red muy larga. En la red se quedaban prendidos los murciélagos. Cayó la tarde, serían como las diez. Regresó el piaroa de la bicicleta y le preguntó al otro muchacho que alumbraba con una linterna (la batería tendría unos diez kilogramos):

—¿Cómo puedes resistir este peso tan grande? Yo también tengo lin-

terna, es mas, mi bicicleta también tiene linterna. ¿Cómo puedes resistir este peso?

El otro respondió:

—Tengo un morral donde acostumbro llevar pan, y ahí la llevo. —¿Para qué quieres el morral?

—Para poner los animalitos apresados, los murciélagos. —Pues entonces regálame veinticinco carteras –le pidió el muchacho.

El de los murciélagos dijo que no.

—No te puedo regalar ni una sola cartera, pues las recibí para el trabajo, para la caza de murciélagos.

De nuevo la muchacha pasó por allá. Y el de los murciélagos le dijo:

—Ven acá, te daré un bocadito muy sabroso. Pero la muchacha no quiso nada. Él mismo insistió:

—La muchacha no quiere la comida, tan sabrosa como está. Lo mejor será si se queda conmigo y trabajamos una media hora.

Y el de la bicicleta dijo:

—Yo no quiero trabajar, mejor me acuesto. Y lo mejor sería si la mu- chacha hiciera lo mismo. ¡Durmamos juntos! La muchacha protestó y el cazador de murciélagos tampoco quería que la muchacha durmiera con el otro. Pero solo estaba bromeando pues el de la bicicleta no tenía ni chin- chorro ni manta con qué taparse. La muchacha se dispuso a dormir, se acostó al lado de un perro. El cazador de murciélagos tenía dos chinchorros, uno se lo ofreció, pero la muchacha no tuvo ganas de acostarse en él. El muchacho de la bicicleta se fue a un almacén y se acostó a dormir allá solo. Al amanecer se montó en la bicicleta y se fue.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Una hora después vio una raposa. La raposa tenía las dos manos ata- das. El muchacho pasó un susto tan grande que se cayó de la bicicleta, se dio en la cabeza y se desmayó. Quedó veinte minutos sin conocimiento. No había nadie por ahí. El muchacho se incorporó y se fue a su casa dando tumbos. Descansaba un poco y luego seguía media hora pedaleando. En la casa, su madre lo esperaba muy triste. El muchacho le contó que había visto una raposa amarrada que lo había querido morder, y el muchacho se dio cuenta de repente que se había desmayado. Su madre le pidió:

—Nunca te vuelvas a ir de la casa.

El muchacho le hizo caso y no dejó más la churuata.

A eso de las tres o de las cuatro de la mañana, se apareció el caza-

dor de murciélagos y preguntó por él, pero el muchacho estaba en lo

mejor de su sueño. Aunque al poco rato se levantó y le preguntó al otro indígena:

—¿Qué hacen los animalitos, los murciélagos? —Y tú, ¿cómo estás? —preguntó el cazador.

El muchacho estaba triste por el accidente:

—Me siento mal, estoy triste porque me asustaron, a lo mejor me morí, pensé para mí –así dijo el muchacho. Entonces dijo el anciano padre del muchachito:

—¡No te moriste porque te cuidé! Te estuve observando todo el tiempo. La madre lo reafirmó:

—Por eso fue que te salvaste –le dijo.

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lo reafirmó: —Por eso fue que te salvaste –le dijo. 160 37. SOBRE LA VALENTÍA Una

37. SOBRE LA VALENTÍA

Una vez una niña entró a la selva y se perdió. Se detuvo en medio del sendero y lloró. Por allá pasó un indígena con una carretilla y siguió su viaje. Cami- naron juntos un largo trecho. La niña le preguntó:

—¿Por dónde vamos? —Hacia la orilla del río –respondió el indígena. —¿Qué haremos allá? –preguntó la niña. —Nos bañaremos y luego iremos a mi churuata. El indígena preguntó:

—¿Por qué te pegaron tus padres? —Porque me porté mal. Porque la niña nunca hizo nada en la casa, no trabajó, no cocinó, no cosió, no mantuvo el orden entre sus cosas. En cambio andaba por los senderos, hasta después del crepúsculo, hasta la madrugada. —No pasas la vida en casa, sino por ahí por los caminos –le dijeron. Le pusieron tres días de castigo, pero ya no resistió más y se fue huyendo. Allá fue donde se encontró con el indígena. Siguieron andando y primero se encontraron con una gran tortuga. Luego anduvieron otro tramo y se toparon con una culebra. La muchacha le preguntó al muchacho:

—¿Te comes la carne de la tortuga y de la culebra? Porque a mí no me gusta la tortuga, tiene mal sabor. —¡Cómo no! Opino que la tortuga tiene una carne muy sabrosa –dijo el muchacho. —¿Y cómo son los huevos? –preguntó la muchacha.

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Cuentos y mitos de los piaroa

—Redondos como una pelota. Volvamos donde la tortuga. Comá- mosla juntos –dijo el muchacho. Al otro día fueron por allá, mas se encontraron con un gigantesco tigre. —¿Qué busca el tigre aquí en el sendero? –preguntó la muchacha. —El tigre no nos hace nada si le pasamos corriendo por el lado –contestó el indígena. Siguieron andando sin problemas, hasta que se encontraron con un buey tremebundo. —Eso es una bestia –dijo el piaroa. —Mejor si vamos despacio –dijo la muchacha. Pero el muchacho tuvo miedo. —Si vamos despacio la bestia nos apresará. Mejor si corremos, pues si el buey se encoleriza, es más cruel que el tigre.

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si el buey se encoleriza, es más cruel que el tigre. 162 38. LA FILA DE

38. LA FILA DE PIEDRAS

Pitah conoce bien la historia, él se la contó a Ñemej, que fue quien se la contó a mi padre. Por aquella época vivían pocos piaroa porque los kerimine los habían matado. Los asesinos atacaron las churuatas: apresaron tres o cuatro, se los comieron y luego atacaron otras churuatas. Después los kerimine su- bieron a la montaña donde hoy en día se encuentran las piedras en fila, fueron para la montaña Meñerujewa y todos llevaban una piedra consigo. Su jefe le ordenó:

—Todos y cada uno de nosotros tiene que llevar una piedra. Cada uno tomó una piedra y la llevó. Hombres, mujeres, niños. Lle- varon tantas piedras para la montaña, como piaroa habían asesinado, y colocaron en fila las piedras en la montaña. Desde la cima se ve hasta muy lejos. Los kerimine se pusieron a observar la selva: se fijaron en la columna de humo que iba ascendiendo, porque donde hay piaroa trabajando en las plantaciones queman las ma- las hierbas. Y siempre subía el humo por sobre la selva. Y como desde la montaña se podía ver hasta muy lejos, el humo les mostró el camino a los kerimine. Salieron en dirección a las churuatas y asesinaron. Las piedras quedaron allá. Las puedes contar. Si alguien subía, lleva- ba consigo una piedra. Así siempre sabían cuántos piaroa habían matado. De la alta montaña podían ver todas las churuatas, todas las planta- ciones, y partían siempre por donde se alzaba la columna de humo. Si encontraban vacía una churuata, seguían avanzando, porque si en una casa atrapaban a un piaroa para comérselo, la noticia se extendía y la gente huía. Hombres, mujeres iban de casa en casa para alertar a los pia- roa de lo sucedido. Si los kerimine encontraban una churuata habitada,

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Cuentos y mitos de los piaroa

apresaban tres, cuatro y a veces hasta cinco piaroa. Los kerimine eran muchos y los piaroa eran cada vez menos. Los piaroa buscaban y buscaban la montaña y por fin la encontraron. Se llamaba Meñerujewa. Todos los piaroa subieron juntos la montaña. Entre cimas de montañas, en lugares bien visibles colocaron especies de puentes tejidos de lianas. Vinieron los kerimine a la montaña. Algunos tenían cascos en la cabeza, parecidos a las cazuelas de aluminio y se alegraron mucho del puente. Los piaroa los estaban esperando arriba en la montaña. Los kerimine avanzaron, cada vez ascendían más. Ya casi habían llegado a la cima; de tan cerca que estaban, se pudieron ver los dientes rojizos de un kerimine. Cuando llegaron a la cercanía inmediata de la cima, se desprendió el puente tejido con tanta habilidad. Los kerimines se despeñaron en el vacío. Solamente quedó con vida una mujer embara- zada. Todos los demás murieron. Dicen que la mujer dio a luz a su hijo que ya es un adulto y de nuevo se multiplicaron los kerimine. También dicen que en el futuro harán lo mismo, al igual que sus antecesores: regresarán a la montaña. Pero la montaña tiene también una historia anterior. Antes que los kerimine hubieran situado las piedras, Kwoimoi, la serpiente venenosa, había andado por ahí. Hay que saber que esta montaña es el centro del mundo de los piaroa. Tiene cuatro nombres, cuatro lados, cuatro partes, Iyakome se llama la montaña de enfrente y la otra Neñurekju. Dicen que fue allí donde Kwoimoi les dio nombre a los animales venenosos, y también donde les entregó el veneno, pues Kwoimoi es en sí la misma serpiente venenosa. Los animales recibieron de él sus dientes venenosos. Pero esto ocurrió hace mucho tiempo, antes de nosotros nacer. Dicen que una vez un hombre descubrió la peligrosa madriguera de Kwoimoi, en el otro lado de la montaña. El hombre andaba de cacería, seguro que vio el veneno, esta cosa prohibida, y luego siguió tranquilamente su ca- mino sin sospechar que no se podía contemplar el veneno. Partió para su casa cuando de pronto comenzó a llover, soplaba un viento muy fuerte, tronaba y relampagueaba. Se acercó a su churuata y en el sendero una serpiente venenosa lo mordió. Todo esto ocurrió donde Kwoimoi la ser- piente venenosa, mezcló y pintó el veneno.

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38. La fila de piedras

Dicen que al otro lado de la montaña hay todavía más pinturas ru- pestres que en este lado, y que el hombre que las miró se murió. Vio todo tipo de figuras pintadas, por eso lo mordió la serpiente. Pero antes de morir, hizo el cuento de lo que había en las rocas. Dijo así:

—Allá están las figuras pintadas y cual guapitas tejidas se enredan las serpientes. También Kwoimoi estaba allá. Kwoimoi preparó el veneno, pintó las figuras sobre la roca, incluso allá por donde brota agua de la montaña. Este lugar solamente puede ser visto por animales. Si el hombre lo mira, muere. Si alguien quiere mo- rir, vaya a verlo. Pero las laderas de acá no son peligrosas. Hace mucho tiempo, sobre estas laderas soplando madyaka, cera mágica, pintaron las figuras contra la serpiente venenosa. Y la serpiente no se atreve a venir por aquí. En aquella época los piaroa primero se imaginaron las figuras, luego cantaron en las cercanías de la montaña, por último llenaron las paredes de las rocas de pinturas. Solo después de esto se fueron a casa. El hombre que no sabía nada de esto descubrió el secreto; pero la serpiente venenosa lo mordió y el cazador se murió. Desde entonces nosotros tampoco podemos ver el secreto, porque es un lugar secreto tampoco podemos pronunciar el nombre de la montaña si aparece a nuestros ojos ni aunque estemos lejos, como por ejemplo, ahora. Los manantiales del Verras, el caño Caracol, y el río Paria rodean la montaña, y no está lejos del curso superior del Cuoto. La montaña se llama Meñerujewa.

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39. ÑEMEJ ENSEÑÓ A CANTAR A MI PADRE Escuchaba, escuchaba el canto y luego preguntó:

39. ÑEMEJ ENSEÑÓ A CANTAR A MI PADRE

Escuchaba, escuchaba el canto y luego preguntó:

—Ñemej, ¿qué vas a cantar esta noche? —Voy a cantar el ime, el báquiro y sus enfermedades. —Está bien, canta no más –dijo mi padre. Escuchaba, escuchaba el canto y se le quedó en la cabeza. Esto pasó aquí, donde ahora escuchan ustedes el canto de mi padre. Mi padre vino aquí al Temblador desde el Caño de Ijure. Llegó y en seguida le dijo a Ñemej:

—Tío (siempre lo llamó así, mientras que yo le decía abuelo, pues según mi padre era el hermano de mi abuelo), ¿sobre qué vas a cantar esta noche? ¿Qué trabajas? (Pues ese es el trabajo del meñé-ruwä, del hombre de los cantos). —Tengo un canto sobre las enfermedades del báquiro –respondió Ñemej. —Está bien –dijo mi padre. Había caído ya la tarde cuando Ñemej se preparó para soplar yopo. Poco tiempo después llegó su hija. Mi madre aún no había llegado. Yo tampoco. Y la hija de Ñemej le preguntó a mi padre:

—Dime, ¿por qué no trajiste a mi hermana? Tengo algo que decirle. —No podía venir –respondió mi padre–, trabaja en el sembrado, pre- para el conuco. —Me engañas –continuó la muchacha–. ¿Por qué dejaste a mi herma- na? –así le dijo mordaz a mi padre. Nemej empezó a cantar. La muchacha dijo así:

—Está bien, esposo de mi hermana, tú responderás al canto de mi padre. Mi padre se separó de ella.

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39. Ñemej enseñó a cantar a mi padre

Y la muchacha repitió:

—Mira, esposo de mi hermana, contesta a lo que mi padre canta. —¿Yo? –preguntó mi padre–, yo sí que tengo mucho sueño –así dijo.

—Vete a soplar yopo –dijo la cuñada–, con eso se te quitará el sueño. —Me cansé –respondió mi padre–, tuve que cargar mucha yuca.

La muchacha decía y decía:

—Vete a soplar yopo, te quitará el cansancio, te quitará el sueño. Vete y respóndele a mi padre.

Mi padre respondió:

—Está bien, voy, soplaré yopo y dormiré un poquito. —No –dijo la muchacha–, ve donde mi padre, conversa con él. —Sí, sí –dijo mi padre, riendo juguetón. De nuevo Ñemej se dispuso a cantar. Mi padre se dirigió a su chin- chorro. La muchacha le preguntó:

—¿Soplaste yopo? —Pues sí, soplé, pero me dijiste: “El yopo te quitará el sueño”, pero

me dio más sueño todavía –dijo mi padre sonriendo e hizo como si dur- miera. Porque no quería responder al canto. Dormir era su único deseo. —¿Soplaste mucho o poco? –preguntó la muchacha. —Mucho, pero no me sirvió de nada, solo me dio más sueño –fue la respuesta. —Vete y respóndele a mi padre –pidió la muchacha–, y por fin mi padre se dirigió al meñé-ruwä.

Y luego cantaron hasta la madrugada.

Mientras tanto llegó mi madre también. Mi padre, según su costum- bre, se dirigió a ella y le dijo algunas palabras juguetonas. Mi madre le pidió que la dejara en paz porque quería conversar con tranquilidad. Pero mi padre no cedió y siguió hablando. Sin embargo, más tarde la dejó y se fue a soplar yopo. Y entonces fue cuando mi madre pudo conversar tranquilamente con su hermana.

Dentro de un rato mi padre regresó a donde estaban las mujeres y mi madre le preguntó:

—¿No tienes sueño? —Ustedes me pidieron que soplara, ¿no? soplé un poquito, pero no me quitó el sueño. Luego le pedí a Ñemej que cantara sobre las enferme- dades del mono.

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Cuentos y mitos de los piaroa

Ñemej era brujo, mi padre también, aunque más joven, por eso visi- taron a Ñemej, él era el centro de todo. Mi padre fue para ayudarlo, pues era su pariente. Ñemej le dijo a mi padre:

—Fíjate, sobrino, vete al odú (como llaman en piaroa al lugar desti- nado a los huéspedes), amarra tu chinchorro y canta desde ahí. Mi padre cantó la respuesta acostado en el chinchorro, unas veces solo una pala- bra. La canción era sobre las enfermedades de los monos. Luego también llegaron los otros, entre ellos hombres, que enten- dían de cómo responder los cantos. El hijo de Ñemej le preguntó a mi padre que qué había pasado. —Tu padre me mandó a venir –dijo–, a responder desde aquí –contestó mi padre. —Está bien, canten no más. Dentro de poco, todo el mundo cantó bien bajito. Así fue. Ñemej le dijo a mi padre:

—Canta tú solo. —No sé cantar –respondió mi padre. Pues él había venido a estudiar, a escuchar el canto. Ñemej cantó sobre el mono. Mi padre lo escuchó, le gustó la palabra, tomó su chinchorro y lo amarró a la cercanía de Ñemej para poderle contestar desde allá. Así fue como lo contó mi padre. Luego la hija de Ñemej habló de nuevo:

—Mi padre pide que seas tú el que cante ahora, y de otra cosa. —Pero yo solamente sé un solo canto –respondió mi padre. Luego escucharon el canto del mono y luego otro canto también.

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el canto del mono y luego otro canto también. 168 40. CUANDO VI BLANCOS POR PRIMERA

40. CUANDO VI BLANCOS POR PRIMERA VEZ

Por aquel tiempo vivíamos por el arroyo Caracol, allá estaba la chu- ruata de mi padre. Vinieron algunos civilizados, eran como españoles. Nosotros estábamos dentro del arroyo, pescando con plantas venenosas y atrapamos un montón de peces, grandes y chiquitos. El perro encontró una liebre y corrió tras ella. El marido de la her- mana de mi madre –al que en aquel entonces no lo había mordido la serpiente– esperaba el botín con un machete en la mano. La liebre saltó de pronto hacia unos matorrales planos, donde encontró una madriguera. La liebre sabía bien que si salía la mataban. Aunque tampoco quería salir, pues se había cansado en la persecución. Al igual que el perro. La liebre se escondió, el perro no la encontró. Y allá seguía parado el esposo de la hermana de mi madre, con el machete en la mano. Metió la mano en la cueva y la descargó sobre el animal: ¡Tak! Y la liebre se murió en seguida. Luego el esposo de la hermana de mi madre vino con el botín hacia el montón de pescados, donde estábamos nosotros. —Fíjate –le dijo a su esposa–, maté a la liebre de un machetazo. No quería salir del agujero donde había caído. El machete había partido en dos al animal, todo se embarró de sangre. Hay que saber que si cazamos, nuestra ropa se ensucia mucho. Mi tío me dio el botín en la mano, se puso un guayuco limpio y partió para la casa. Yo me quedé con el guayuco sucio. Serían como las diez cuando junto a la churuata me vi a los civilizados que estaban parados por ahí. Esto ocurriría en 1949 o quizás un año después. Los españoles me agarraron y me dijeron que me iban a retratar con la liebre en la mano. La toma de fotografías tardó varias horas, serían ya

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Cuentos y mitos de los piaroa

como la una y media y me había entrado un hambre terrible. Entonces me dieron un caramelo, y luego galleticas. Me lo comí todo. Estaba yo por ahí parado, en mi guayuco sucio, y me tomaron canti- dad, pero cantidad de fotografías. Me pararon aquí, me retrataron; luego me agarró otro español, me paró por allá y me retrataron de nuevo. Creo que hicieron como dos rollos enteritos. Luego entré en la churuata. Mas, apenas salí, me volvieron a agarrar de nuevo y me hicieron cantidad de fotografías. —Sabes, en la montaña hay una planta de hojas grandes y blancas. Mi tío me mandó a traerle una para poner encima la liebre ensan- grentada. Me mandó a mí porque los otros le tenían miedo a las fotogra- fías. Y solo me retrataron a mí, a los demás no. Fotografiaron de nuevo, como durante una hora. En el guayuco su- cio. ¿Para qué necesitaban una fotografía así? Nunca vi fotografías cuando era niño. Y con la liebre en la mano seguía de pie mientras me retrataban y volvían a retratar. Cuando todavía era chiquito me tomaron como tres rollos de películas. Creo que estoy en las fotos de Caracas.

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de películas. Creo que estoy en las fotos de Caracas. 170 41. LAMENTO Tristemente veo cada

41. LAMENTO

Tristemente veo cada día caer el sol. Mi esposo, tu abuelo, me dijo que te cuidara cada día. Mi esposo me dijo:

—Cuida al hijo de tu hija, cada día.

Tú eres el único hijo y tu abuelo dijo que te quería mucho.

—Cuídalo mucho cada día. Cada día estoy triste.

El niño me despierta cada noche, ¡y cuídalo bien! –me dijo.

—No soy hombre –le dije–, no puedo conseguirle agua a mi nieto que está enfermo. ¡Si es que no soy hombre! —Estoy muy cansado y ya no puedo cuidarlo –me dijo tu abuelo. Muchas veces estoy triste por las noches porque no soy hombre y

no puedo conseguirle agua a mi nieto enfermo. Todas las mañanas me despierto muy triste. Todas las mañanas tengo la garganta seca. —Padre mío, padre mío

Él me dijo:

—No soy capaz de levantarme porque estoy muerto. Hija mía, eres joven y no sabes nada. ¡Qué temprano te dejo!

Y todavía estoy viva, pese a que me convertí en una vieja. Pero ahora

me acuerdo de mi padre. —Madre mía, madre mía

¡La tierra no está aquí! Y yo soy su hija.

Es decir, no somos de aquí. Pero yo me quedo aquí, en este lugar, sola, triste. Tengo la garganta seca. Pero veo claro las montañas: la montaña vive mucho tiempo y no muere como el hombre. Veo la montaña y me da tristeza.

Estuvo tanto tiempo con el estómago

malo y no fue capaz de cuidar a su hijo. Por eso es que yo te llevaba y

Mi nieto, tu madre, tu madre

171

Cuentos y mitos de los piaroa

te traía y te tenía constantemente. Le di jugo de madyuha para que se curara. Aquí, en la montaña Keriña tu tío tuvo una hija, la niña lo hizo feliz. Le dije:

—¿Ves? Ya tienes hija. Pero ya la niña se murió, se murió. ¡Qué feliz estaba con ella! Luego tu tío la enterró bajo las rocas de la Keriña. Estoy triste por esa niña. Yo soy buena piaroa, pero a menudo estoy

triste, lloro todos los días. Todos los días bebo mis lágrimas. Siempre después del ocaso tengo la garganta seca, duermo mal.

Mi nieto, déjame contarte qué triste y qué mal duermo. Porque tu

madre te mandó a la ciudad para que fueras a la escuela. Mientras esta- bas por allá yo estaba triste día y noche. Tu madre me dijo:

—Mando a mi hijo a la ciudad para que estudie. Pero yo le respondí:

—Cuando todavía ese niño era chiquito, lo tenía en mis brazos toda

la noche y siempre dormía triste.

Tu madre dijo:

—Pero tú nunca lo tuviste en tus brazos.

Y yo le respondí:

—Yo siempre lo llevaba cargado y no lo dejaba ir por el suelo. Todas las noches me quedaba con el niño.

Tu padre nunca le dio a beber del agua soplada. A otros sí que les dio.

Y le dije:

—Dale agua al hijo de mi hija.

Tu padre respondió:

—No le quiero dar agua.

Y si ese niño se muere, no me quedaré aquí mucho tiempo.

Mi esposo me dijo que cuidara al niño. Tu abuelo me dijo que me

ocupara del niño. Pero ahora ya no me siento capaz, pues ya no me quedaré mucho tiempo en la tierra.

Tu abuelo me dijo:

—Si ese niño se muere, puedes quedarte con el esposo de tu hija. Pero yo te digo que no seguiré viviendo si el niño se muere. Por eso es que estoy tan triste.

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41. Lamento

No soy de aquí y si el niño se muere, me voy al Alto Sipapo, allá donde antes, hace cuarenta años, vivía mi pueblo. Hace mucho tiempo un hombre le dijo a mi madre:

—Yo puedo salvar a todo el mundo, menos a mi hijo. Soy curandero, ¡mas no puedo salvar a mi propio hijo!

Un matrimonio quedó muy afligido cuando se les enfermó el hijo. El

curandero vino, pero dijo que no era capaz de curar al muchacho, puesto

que le dio la enfermedad de los primitivos, es decir, los marimus. Eso fue lo que dijo la gente.

¡El niño murió! Y en vano dijo antes el curandero que él lo cura todo

y es pensador y que lo sabe todo. ¡Pero no fue capaz de impedir la muerte del muchacho! Y vino la gente a verlo, y le preguntaron ¿por qué se murió

el muchacho? ¡Dijiste antes que lo sabes todo! le dijeron al curandero, pero él no hizo más que callar.

Mi madre oyó decir a un viejo:

—Yo no soy de por aquí. Yo vine del territorio del Umenaraa, del Paruajera, del Jakaedu. Y lo dijo muy triste. También mi padre anduvo por ahí. Yo no anduve por allá por donde mi padre, pero por todas partes vivían primitivos. Aunque sé muchas cosas, no sé cómo es que hay que salvar a la gente de los primitivos. Cuando mi hijo murió, pensé muchí- simas cosas. Sé todo lo que los primitivos hacen, porque los he visto. También sé cómo jugaban los primitivos alrededor del Aratteba Ruwode. Yo también jugué con ellos. Tenían cigarros y fumé con ellos también. El Aratteba Ruwode y el Morojejadyou Chedyela Wokomi son el centro del mundo. Estuve por allá por el cielo, donde los primitivos jugaban, donde está el centro del mundo. Fui por allá con el pensamiento. Parakepajare, también vi este lugar cuando volví hacia él la mirada. Cuando dejé este lugar estaba casi como los primitivos, mas ni siquiera soy capaz de salvar vidas, al igual que los primitivos. Eso fue lo que dijo mi madre. Eso fue lo que oí, lo que dijo mi madre sobre lo que ella había oído. Y el viejo dijo:

—Yo sé cómo hay que salvar vidas, pero no sé cómo mantener con vida a mi hijo.

173

Cuentos y mitos de los piaroa

Y no soy capaz de hacer vivir a una persona, de transformarla en

viva. No soy capaz de salvar a mi hijo. Ya nunca más podré proteger de

lágrimas mis ojos. Esto dijo el hombre.

Y yo digo lo mismo. A menudo vi llorar a mi abuelo, y yo lloro

también.

—Soy como los primitivos. Mi mirada ha recorrido todos los lugares

de los primitivos. Pero no soy capaz de salvar a mi propio hijo. Soy pen-

sador, eso soy. Sé cómo matar a los primitivos con mi piedra mágica. Mi piedra, la maitsa idoki, es pequeña y verde y creo que esa piedra es la mejor. Luego de la muerte de mi hijo vagué tristemente por todas partes.

Traje de estos viajes estos tres nombres: maitsa idoki, kemui idoki que son piedras como la waruna idoki. Creo que esas piedras son únicas. Pero creo que de las tres, la mejor es la última, la waruna idoki. Ahora recuerdo dónde dejé mi pincel, pues así llamaban a mi hijo, y

mi cordel. Los dejé en una tumba, entre las montañas del Autana. No era

una tumba verdadera, pues había por ahí muchas hormigas y mariposas.

En la roca lo dejé todo, dejé a mi hijo. Soy pensador, pero no puedo

salvar. Tengo muchas piedras, puedo salvar a muchos con esas, pero las piedras no me sirven para salvar a mi hijo.

Ella le dijo esto a mi padre. Eso dijo tu vieja hermana, tu bisabuela.

Yo le dije cosas parecidas a tu tío, el hermano de tu madre. Pero él no lo

entendió muy bien. Tu padre me dijo de él que él era mi único hijo, pero

no piensas lo suficiente y siempre me dejas tristemente porque tu hijo

murió. Aquí ya no tengo a nadie. Mas oigo las tristes palabras del águila. Tu hija está en la tumba de korosco, por allá no se oyen palabras piaroa, sino solamente la voz del águila. Yo no soy de aquí. Me siento muy triste aquí. No tengo parientes.

Paso toda la noche muy triste. Lo digo llorando, me afligen los muertos,

día y noche.

Pero por aquí voy de un lado a otro, mas las lágrimas no desapare- cen. La gente me dice que ando muy triste, pero sé que en otros territo- rios, por el Alto Cuao también estaba muy triste.

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41. Lamento

Aquí murió un niño y en mi tierra murió mi hija. Con ella dejé mi collar de cuentas y mi collar con medalla. Tu abuelo dejó a mi hija en la tumba con esas cosas. Ahora me acuer- do dónde está mi collar de cuentas y mi cadena con medalla. Me quedo triste. Allá también estaba triste. Escuché las palabras del guacamayo. Todo el día estaba triste, oí las palabras del pájaro sin comer ni beber. Tu abuelo me dijo:

—Pobre mujer, no eres como una verdadera piaroa, siempre estás triste. No te quedarás aquí mucho tiempo, siempre estás triste. Dijo que no me quedaré aquí mucho tiempo, sin embargo me quedé más que él. ¡Con qué tristeza me dijo:

—Pobre esposa, te dejo muy triste. ¡Nunca comes nada, no haces más que llorar! Oí las mismas palabras, que ahora yo le digo a la madre de mi her- mano. El dijo que las mujeres son siempre más tristes que los hombres. Las mujeres entristecen hasta por pequeñas cosas, como cuando se les enferma su hijo, los hombres nunca. Siempre estoy despierta cuando el gallo de la selva canta en la ma- drugada. Yo lo escucho muy triste. Y lloro. Aquí en este lugar me volví más triste porque no tengo parientes. Me quedo triste porque ya no tengo por aquí ni a mi hermana, ni a mi padre, ni a mi madre. Estoy triste. Tenía una gran familia, pero estoy triste por- que me quedé sola. También estoy triste en otros lugares. Ya no tengo parientes en nin- guna parte. Lloro en todas partes, todo el mundo me dejó. Hay por allá un pájaro que no habla el idioma de los piaroa. No me habla en la lengua de los hombres. No me puede ayudar en nada. Nunca me dice aquí estoy contigo. Oigo la voz de la paloma, pero nunca me dice aquí estoy contigo. Los pájaros se despiertan muy felices. Pero yo me quedé sola; así pues, me despierto triste. No tengo parientes. Agua corre por mis ojos. No tengo familia. Tenía familia, pero me dejaron antes. También mi hermana me dejó. Antes de irse me dijo:

—Vamos a cazar, consigamos alimentos para nuestros hijos. Ahora yo no escucho estas palabras, porque me quedé sola. No ten- go hermanos, no tengo hermanas. Mi hermana con la que íbamos a cazar me dejó antes y yo sigo viviendo triste.

175

Cuentos y mitos de los piaroa

Pero me acuerdo de mi hermana la que cazaba conmigo. Otros dicen que ya hace demasiado tiempo que murió para que nos recordemos de

ella. Pero yo me sigo acordando de ella y estoy muy triste. Otros pueden reírse, pero yo me he quedado sola y solamente escucho la voz de los animales. Pero los animales no me dicen nosotros dormimos tristes.

Mi padre ya no está aquí en este lugar y yo tampoco soy de aquí.

Ahora me acuerdo donde vivió mi padre y te digo: “Me acuerdo dónde

vivió mi padre”.

Tú estás enfermo y creo que morirás antes que yo. Siempre estás

acostado en el chinchorro. Cuando allá te veo, me vuelvo más triste. Sigo estando triste, me despierto triste. Te cargué y te alimenté con mis pechos.

41. Lamento

Pero pienso en otras cosas: que no soy capaz de darle agua al hijo de

mi hija. Por eso estoy triste todos los días. No soy una buena piaroa. En este

pueblo todas las casas me entristecen. No soy de aquí. Duermo muy triste.

Mi padre antes de morir me dijo que me acordara de él si envejezco.

Me dijo:

—Hija mía, me muero. Lástima que sabes muy poco. Pero acuérdate

de mí cuando seas vieja. Te hablo de mi muerte, pero tú no sabes nada.

Los jóvenes no lloran; cuando envejezcas, lo comprenderás. Ahora que hace tiempo que se murió realmente pienso muy triste en todo. Constantemente estoy triste y no puedo dormir tranquila.

Mi madre, mi propia madre, me dijo:

Te dije que yo fui la que te crie, pero tu madre dice que no te di de comer.

 

—Si una mujer no tiene hijos, no piensa en nada. Cuando crezcas ya

Y

ahora me dice tu madre que manda a su hijo a estudiar en la ciudad.

lo

comprenderás. Yo te lo digo: soy vieja, estoy compungida, soy capaz

Escuché las palabras de tu madre. Yo soy una buena mujer, pero si te

de

dejarte. Eso le dije a tu tiíto.

vas a la ciudad, seré capaz de irme de aquí y ahorcarme en alguna parte. Estoy triste, no soy capaz de quedarme. Pero tu madre me dice que es una buena cosa enviarte a la ciudad y que tienes que despertarte feliz. Pero yo creo que los muchachos piaroa no se despiertan felices en la ciudad. Mi madre dijo que su hermano, que fue a la ciudad, no se desper-

tó contento, sino enfermo. Los jóvenes piaroa se enferman en la ciudad.

Mi padre se fue a la orilla de la tortuga y su hijo se enfermó. El niño

dijo que la orilla del Orinoco es muy hermosa: quedémonos aquí, no regresemos a la selva. Mi padre me dijo:

—No nos podemos quedar mucho tiempo porque estás enfermo. Esta no es nuestra tierra, no es la tierra de los piaroa. Viajé contigo, hijo mío, a la orilla, y como el pájaro, no pensé en

nada. Vagué como un animal, pero el niño cuya mente va por otro lado, no puede conocer su casa.

Yo te dije, hijo de mi hija:

—Si vas a la ciudad bebe agua y no ron, pues no crecerás ni un po- quito. Si bebes de esas cosas, te debilitarás. Yo te lo digo. Te enfermarás de las malas aguas. Y yo de nuevo estaré triste y me iré y nunca más entraré en esta casa. Esta agua no es para los piaroa. Hace tiempo mi hermano me contó de lo mala que era esa agua.

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Pero mi padre me dijo:

—Te dejé en la otra orilla del arroyo. Hijo mío, yo no soy de aquí. Te lo digo, mi hijo, hijo de mi hija, que mi espíritu volverá allá adonde antes viví. Soy vieja, pero me acuerdo de donde me crié, de donde se crió mi

padre. Estoy triste, allá, en ese lugar, creció mi hermano y toda la familia. Allá no hay más hombres. ¡Allá no hay más hombres! Una montaña

de piedra se alza por allá. Ha pasado mucho tiempo, pero la montaña

sigue allá. Por la madrugada la montaña está como si echara humo. Sigo llorando. Mi madre oyó hablar a los viejos. Mi madre también lloró. Mi

madre me dijo que lloraba por todas partes y siempre tenía los ojos llenos

de lágrimas. Nunca se le secaron las lágrimas. Lloró por doquiera que fue.

Tu madre me dijo que antes no era un cuervo viejo. Ahora solo sé llo -

rar. Pero tu padre y tu abuelo me dijeron que yo seré capaz de quedarme

con el esposo de mi hija. Puedes cuidar al esposo de tu hija, pobre madre