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CURSO DE CAPACITACIÓN POLÍTICAS PÚBLICAS 2017
CURSO DE CAPACITACIÓN
POLÍTICAS
PÚBLICAS
2017

cencap.contraloria.gob.bo

CONTRALORÍA GENERAL DEL ESTADO CENTRO DE CAPACITACIÓN - CENCAP

EVENTO

 

POLÍTICAS PÚBLICAS

 

SUPERIOR ESTRATÉGICO

TÉCNICO OPERATIVO

APOYO

NIVEL

ADMINISTRATIVO

CARGA

     

HORARIA

8 horas

10 horas

8 horas

ANTECEDENTES

 

Las Políticas Públicas juegan un rol fundamental en el desarrollo económico del país, ya q ue esta s son un c o njunto d e linea miento s y de c isiones q ue o rienta n la a c c ió n q ue permitirá alcanzar determinados objetivos, es decir es un conjunto de acciones cuyo propósito es el de resolver un problema o conjunto de problemas que beneficien al conjunto de la población.

Las políticas públicas involucran, por una parte la formulación de normas, el financiamiento de acciones de las instituciones del Estado para que las mismas realicen la provisión de bienes y servicios que se implementan para contribuir al logro del bien común en la sociedad en su conjunto y con alcance territorial, es precisamente en ese contexto de permanentes demandas sociales que se visibiliza la Política Pública como mecanismo que permite al Estado adoptar decisiones, dentro de un espectro de alternativas, adecuadas y coherentes en beneficio de la población.

JUSTIFICACIÓN

En el texto constitucional y en varias normas se puede encontrar el tema de “políticas públicas” por lo que es importante que las y los servidores públicos puedan comprender y analizar el funcionamiento del Estado Plurinacional e identificar a través de sus características cuál es la génesis y desarrollo de las políticas públicas y la importancia que tiene en el actual marco constitucional y bajo el horizonte de la Agenda Patriótica 2025.

OBJETIVOS

- Establecer el marco teórico y conceptual Estado y las Políticas Públicas y contextualizar el establecimiento y la necesidad de la configuración del Estado Plurinacional.

- Indagar la espec ific idad de las polític as públic as y su impac to en la realidad boliviana haciendo una revisión de carácter temporal hasta la actualidad, identificando los principales ámbitos de intervención del Estado.

- Establecer la relación de la política púbica con los marcos normativos del Estado Plurinacional como ser la Agenda Patriótica 2025 y los planes de desarrollo.

DIRIGIDO A:

- Servidoras y servidores públicos

- Consultores de línea

- Personal eventual

- Actores de Control Social

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CONTENIDO DEL DOSSIER CURSO POLÍTICAS PÚBLICAS

1. Lecturas obligatoria 1

1.1. Políticas Públicas y Estado

1.2. Derecho y Políticas Públicas

2. Lecturas obligatoria 2

2.1. Del Estado neoliberal al Estado plurinacional autonómico y productivo

2.2. El Estado Plurinacional

2.3. El Papel del Estado en el Modelo Productivo

3. Lectura complementaria 1

3.1. La Ley 777 del SPIE (Sistema de Planific ac ión Integral del Estado en Fac ilito)

3.2. Decreto Supremo N° 19758

3.3. Normas de Auditoria operacional

DOSSIER DEL CURSO DE CAPACITACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS 2017 cencap.contraloria.gob.bo
DOSSIER DEL
CURSO DE
CAPACITACIÓN DE
POLÍTICAS
PÚBLICAS
2017
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CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICAS PÚBLICAS LECTURA OBLIGATORIA 1 - Políticas Públicas y Estado - Derecho
CURSO DE CAPACITACIÓN:
POLÍTICAS
PÚBLICAS
LECTURA
OBLIGATORIA 1
- Políticas Públicas y Estado
- Derecho y Políticas Públicas
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CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICASPÚBLICAS MODULO I: POLÍTICAS PÚBLICAS Y ESTADO cencap.contraloria.gob.bo
CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICASPÚBLICAS MODULO I: POLÍTICAS PÚBLICAS Y ESTADO
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POLÍTICASPÚBLICAS
MODULO I:
POLÍTICAS PÚBLICAS Y ESTADO
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CONTRALORÍA GENERAL DEL ESTADO CENTRO DE CAPACITACIÓN - CENCAP

Docente: Farit Rojas Tudela, PhD

MÓDULO: POLÍTICAS PÚBLICAS Y ESTADO

1. INTRODUCCIÓN A LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

En esta primera parte relacionamos la teoría de las políticas públicas con las prácticas democráticas.

1.1. Concepto de Políticas Públicas

El concepto tradicional de Políticas se refiere al programa de acción de una autoridad pública o al resultado de la actividad de una autoridad investida de poder público y de legitimidad gubernamental (Ives y Thoenig, 1992). A esta definición de Ives y Thoenig, debe precisarse que si bien la autoridad lo es a cuenta de que responde a un mandato democrático, sus funciones están establecidas y limitadas por la Constitución y las leyes. Cuando se dice poder público se está diciendo poder limitado por las leyes. Y cuando se dice legitimidad gubernamental se está diciendo que el programa de acción debe ser aceptado por la población. Es más, la población debe sentirse hacedora de este programa de acción para que el mismo adquiera una constante legitimación.

Uno de los expertos en políticas públicas es el mexicano Luís Aguilar Villanueva, quien en su clásica colección de Antología de Política Pública señala que la política pública supone “las decisiones de una autoridad legítima, adoptada dentro de su campo legítimo

a p ro c edimiento s lega lmente esta b lec idos(Ag uila r Villa nueva,

de jurisdicc ió n y c o nfo rme

2003:22).

En un texto de hace unos años, Luís Aguilar Villanueva refuerza esta idea de decisión y autoridad legítima al señalar que:

“La política pública es producto de la interacción gobierno-sociedad, una obra coproducida por el poder público y el público ciudadano según diversas formas y grados de interlocución e influencia. Es una obra pública y no sólo gubernamental” (Villanueva, 2012:17).

En consecuencia la política pública, bajo un gobierno democrático, debe llevarnos a re pensar las nociones de lo público y de la ciudadanía. Lo público ya no sería sólo lo perteneciente al Estado y su administración. Lo público sería la esfera constituida por la participación de la ciudadanía, en la planificación, ejercicio y control de las decisiones, o del programa de acción de este poder público. Y la ciudadanía ya no se referiría sólo a la participación individual de cada ser humano en el campo político, sino a la manifestación colectiva de participación en las decisiones políticas de un Estado.

En la concepción tradicional de política pública se ha otorgado un papel demasiado central al Estado y al Gobierno de turno, sin una explícita mención a la necesaria participación en el diseño de estas políticas a la población.

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Para Robert Dewey y Harlod Lasswell se debe unir, en el proceso de construcción de una agenda pública y un programa de políticas públicas, a la sociedad democráticamente activa (Dewey y Lasswell citados por Lahera, 2002), asimismo se debe introducir, a la noción de políticas públicas, la aplicación de la ciencia, el desarrollo tecnológico (especialmente en lo relativo al desarrollo de la información y la comunicación) para habilitar un proceso democrático de construcción de la agenda pública, es decir del conjunto de sectores y temáticas sobre los cuales se precisa la acción del Estado.

Atendiendo a lo señalado la política pública puede ser entendida como:

“(C)ursos de acción y flujos de información relacionados con un objetivo público

por el sector públic o y,

frecuentemente, con la participación de la comunidad y el sector privado. Una política pública de calidad incluirá orientaciones o contenidos, instrumentos o mecanismos, definiciones o modificaciones institucionales, y la previsión de su resultados” (Lahera, 2002:16).

definido en forma democ rátic a; los que son desarrollados

Nótese como Eugenio Lahera (2002) señala la necesaria vinculación democrática respecto al objetivo de las políticas públicas, y el necesario desarrollo institucional para su realización.

En efecto, una política es en un doble sentido un curso de acción: es el curso de acción deliberadamente diseñado y el curso de acción efectivamente seguido. No sólo lo que el gobierno dice y quiere hacer. También lo que realmente hace y logra, por sí mismo o en interacción con actores políticos y sociales” (Aguilar Villanueva, 2003:25).

En resumen, y para cerrar este primer acercamiento, podemos decir que la política

pública es un curso

democráticamente constituida.

de acción construido en base a una agenda pública

1.2. Programa o espacio de las políticas

Cuando se habla de políticas públicas se habla de un conjunto de temáticas a ser abordadas de manera sistémica, en este sentido en EE.UU. se prefiere hablar de un program of policies 1 o un programa de políticas. Es programa en tanto se habla de un conjunto de políticas estrechamente interrelacionadas por un marco, una estructura procesal que permite arribar a la previsión de resultados. Muchas veces la suma de acciones, la suma de políticas públicas es la que permite observar la concreción de una política pública mucho mayor y a la vez mucho más compleja.

Para Giandomenico Majone los programas de políticas públicas deben contar con debate, discusión y argumentación en un espacio democrático, de esta manera señala que:

1 En inglés se nota la diferencia entre Política y Políticas Públicas en los términos: Politics, referido a la política en sí, y Policies, referido a las políticas públicas como cursos de acción, más cercano en su tratamiento a una ciencia de la administración pública.

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“(L)a argumentación es un proceso clave mediante el cual los ciudadanos y los elaboradores de políticas llegan a juicios morales y a la elección de políticas. La discusión pública moviliza el conocimiento, la experiencia y el interés de mucha gente, y hace que concentren su atención en un conjunto limitado de cuestiones. En la discusión cada participante es acicateado a ajustar sus puntos de vista con la realidad y puede llegar hasta cambiar sus valoraciones como resultado del proceso de persuasión recíproca. De esta manera la discusión puede producir resultados que van más allá de la capacidad de los métodos autoritarios o tecnocráticos de elaboración de las políticas” (Majone citado por Aguilar Villanueva, 2003:60)

La argumentación y la deliberación son formas necesarias de democracia participativa. La democracia participativa se encuentra expresamente establecida en el numeral 1 del parágrafo I del Artículo 11 de la Constitución Política del Estado boliviana.

Justamente, la argumentación y la deliberación son elementos constitutivos de “lo público”. No es posible “lo público” sin la posibilidad de que los seres humanos dialoguen, debatan, se informen y se convenzan los unos a los otros de sus argumentos.

1.3. Factores que inciden en la calidad de las políticas públicas

Siguiendo a Lahera (2002) los factores que inciden en la calidad de las políticas públicas son los siguientes:

a)

Cursos de acción y flujos de información referidos a un objetivo público definido de manera democrática

El

objetivo público que persigue un programa de políticas públicas debe emerger de

un diálogo constante entre Sociedad y Estado, esto supone una relación entre el diseño de políticas públicas y el espacio democrático deliberativo, bajo la idea de que una política pública será efectiva, legítima y justa si los destinatarios de la misma se sienten hacedores o son efectivamente hacedores de ella 2 . En este sentido lo señalado anteriormente por Majone cobra mayor relevancia, pues sólo es posible el debate la discusión y la argumentación en un espacio público propiciado por la democracia, es decir en un public space of reasoncomo lo denomina Habermas.

Respecto a los cursos de acción y flujos de información debe diferenciarse entre la administración pública de carácter estructural, institucional- y las políticas públicas de carácter procesal y con amplia fluidez-. La administración es un concepto de equilibrio y las políticas corresponden a un concepto de dinámica.

La administración pública debe ser autoridad legítima, con un campo de jurisdicción

y conforme a procedimientos legalmente establecidos, por ello la importancia de

relacionar a las políticas públicas con el Derecho, específicamente con la Constitución Política del Estado (CPE), la Ley 1178 de Administración y Control

Gubernamental (conocida popularmente como Ley SAFCO) y el Plan Nacional de Desarrollo (Agenda 2025).

2 Esta premisa es una adecuación del principio de legitimidad de Jürgen Habermas.

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b) Actores y Participantes

Entre los actores y participantes en el diseño de políticas públicas aparece de manera central el Estado y la comunidad política, es decir la población motivadamente movilizada.

Lahire señala al respecto:

“El Estado aparece como el responsable de determinar por sí solo las políticas a seguir y debería ser también su único ejecutor (…) la comunidad en la que se encuentra el origen del poder democrático legítimamente busca ejercerlo también en este terreno; las personas se interesan y participan en la solución de sus inquietudes, a nivel nacional y a nivel municipal o regional. Por otra parte, se incrementa la participación del sector privado y la puesta en práctica de diversas políticas públicas” (Lahera, 2002: 20-21).

En este sentido una participación democrática en el diseño de políticas públicas tiene que comprender a ambos actores (Gobierno y ciudadanía) en busca de resultados óptimos.

La Comunidad desde la esfera ciudadana debe poseer una participación activa en busca de otorgar legitimidad al plan o programa de políticas públicas, esta comunidad puede participar en el debate, la argumentación y la discusión mediante modelos de democracia deliberativa. La Constitución Política del Estado (CPE) establece en su artículo 11 a la asamblea y el cabildo como mecanismos de democracia deliberativa.

La deliberación permite una comprensión esclarecida, es decir una comprensión ilustrada de las temáticas y asuntos de la agenda pública.

c) Orientaciones o contenidos, instrumentos o mecanismos y definiciones o modificaciones institucionales

Para una correcta planificación de políticas públicas debe quedar claro qué se quiere hacer y cómo se lo puede hacer. La concreción de qué, es decir la búsqueda del objetivo de la política pública, depende de la articulación entre Estado y Sociedad en el marco de una democracia deliberativa, y el cómo supone definir los mecanismos y definiciones de manera institucional, referentes a la legalidad de las acciones de la Administración Pública.

Como señala Lahera:

“Con frecuencia sucede que quienes proponen políticas públicas no prestan suficiente atención a sus aspectos institucionales. Diversas políticas tienen requisitos institucionales de diferentes tipo y muchos de estos no están asegurados o cuando están presentes- lo están de manera diferenciada en las diversas áreas temáticas y geográficas” (Lahera, 2002: 22-23).

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Por ello se precisa una planificación institucional con una variante democrática para la planificación de políticas públicas a través del diálogo y la democracia deliberativa.

1.4. Políticas Públicas y la unidad de lo público

No todo lo que es el Estado son políticas públicas. No todo lo que hace un gobierno son políticas públicas, es más una pequeña parte de la acción estatal y gubernamental son las políticas públicas. Sin embargo éstas pueden ser mecanismos de legitimidad del Estado y del Gobierno, pues en todo caso el fin de un Estado es el bien común, y el fin de un gobierno es la gestión estatal en busca de este bien común.

Para lograr este marco de legitimidad, vía políticas públicas, de la labor del gobierno y de la forma Estado 3 , se precisa de algunos elementos que posibiliten la unidad de lo público.

a) Instituc iones, en lo que se refiere a la transparenc ia en el c urso de la s polític as pública, el costo de las mismas y los niveles de legalidad de éstas.

b) Costos transparentes, en lo que se refiere a las condiciones de existencia de las polític as públic as. La existenc ia de Instituc iones para el desarrollo de polític as públicas supone la necesidad de planificar costos específicos, tanto de funcionamiento, como del desarrollo de la política pública específica. Asimismo la transparencia en el manejo de los recursos es un factor clave para determinar la buena gobernabilidad.

c) Criterios de remediabilidad, referidos a la eficiencia de los niveles institucionales y la ejecución de políticas públicas. Para el politólogo Oliver Willliamson un modo de organización no debería ser condenado como ineficiente a menos que pueda demostrarse una alternativa superior y que respete las mismas restricciones, en consecuencia se presupone la eficacia y eficiencia de la organización hasta que se pueda postular una organización mejor.

d) Proceso político, en tanto las políticas públicas deben ser vistas como procesos políticos y económicos que se condicionan mutuamente. Una responsable agenda pública, de la que se desprenda el programa de políticas públicas, debe tomar en cuenta sus posibilidades económicas y políticas de realización, de esta manera se dice que “la economía es el arte de lo óptimo, la política es el arte de lo posible” (Lahera, 2002: 29).

El último punto, el proceso político, debe ser institucionalizado en el marco de la unidad de lo público, en busca de determinar de manera democrática la agenda pública, es decir el eje ordenador de las políticas públicas y de los niveles de planificación estratégica del Estado.

La Política y las políticas públicas convergen en éste espacio de lo público, pues la política sin propuestas de políticas públicas corre el riesgo de concentrarse en la distribución del poder entre los agentes políticos y sesgar cada vez más las prácticas políticas y sus actores. En este sentido los gobiernos son instrumentos para la realización de políticas públicas y en consecuencia para la concreción del bienestar social.

3 La forma estado se refiere a los mec a nismos de legitimid ad del Estado, en social y política.

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tanto c ompleja c onstrucc ión jurídic a,

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1.5. Políticas Públicas, Agenda Pública y Programa de Gobierno

¿Cómo se puede pasar del mundo de las ideas a la acción pública?

¿Cómo se puede pasar de lo deliberativo de la política, y en nuestro caso de la democracia, a la acción de una política pública?

Una respuesta a ambas preguntas puede encontrarse en lograr que las ideas ingresen a la construcción de la Agenda Pública.

La Agenda Pública es el conjunto de temas que una sociedad discute, se dice que la Agenda Pública es el reflejo mismo de una sociedad democrática, por ello la democracia supone un proceso y una construcción de ciudadanos.

Para aclarar mejor este tema de la Agenda, vale la pena, a riesgo de simplificar lo que es una Agenda Pública recordar la llamada Agenda de Octubre, que se originó después de

la denominada Guerra del Gas y que tenía tres temáticas principales: 1) No venta del gas

a Chile; 2) Nacionalización de Recursos Naturales; 3) Asamblea Constituyente. Esta

agenda se constituyó en el mapa de navegación del gobierno desde el año 2004.

Para la construcción de una Agenda Pública se precisa la formulación de problemas pendientes que precisan soluciones. Se evalúa los alcances del problema, se evalúan los alcances de las soluciones propuestas y se presenta la Agenda Pública.

Para la construcción de una Agenda Pública se precisa una amplia participación de actores de la sociedad. La ciudadanía motivadamente movilizada generalmente lo hace

a partir de alguna organización social, es decir de alguna agencia de movilización, en

este sentido será mejor denominar a esta ciudadanía, agente. Es posible que algunos agentes tengan mayor incidencia en la construcción de una agenda pública, sin embargo la definición de agenda pública es un proceso político continuo que permita la participación de distintos agentes. Es responsabilidad de quien planifica generar mecanismos democráticos que posibiliten la participación.

Como señala Lahera: “Hay una definición y redefinición de la agenda pública, dependiendo de la dinámica de las fuerzas sociales y de otras fuerzas que tienen poder” (Lahera, 2002:38).

La formación de la agenda pública necesariamente implica una selección y jerarquización de los temas, la inclusión de ciertas materias o cuestiones públicas y la definición del modo de ser abordadas, en este sentido la agenda supone una dinámica que precisa de mecanismos democráticos, pues el resultado de una agenda pública, luego traducida a políticas públicas, precisa de la aprobación ciudadana.

“Los procesos de concertación suponen la existencia de una serie de factores tales como la participación de los agentes sociales en la elaboración y toma de decisiones de políticas públicas; su responsabilidad respecto a las normas de negociación y su voluntad de cooperación” (Lahera, 2002: 55).

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El tránsito de la agenda pública a políticas públicas nunca es un proceso cerrado, pero debe de ponerse límites y condiciones tanto a utopistas y tecnócratas, dos de los enemigos del tránsito de la agenda a la política.

Los utopistas se concentran en resultados, y mientras más complejos los resultados, es decir mientras más cercanos a crear utopías o mundos de soluciones perfectas, más críticos a la elaboración de cualquier política concreta. Por otro lado los tecnócratas se concentran más en los procedimientos y lo realizable, descuidando la idea misma, y los resultados que se esperan, que en el fondo es la idea misma de la política como respuesta a una Agenda.

El tránsito de la agenda pública a las políticas públicas precisa una acción social concertada, es decir se precisa de una voluntad política que se construya en el seno mismo de la sociedad.

Una alternativa para la construcción de políticas públicas, no la única, es la posibilidad de habilitar un diálogo a través de prácticas de democracia deliberativa.

La democracia deliberativa, es una parte de la democracia participativa, como su nombre lo indica supone la participación en la deliberación y en la comprensión de un tema de carácter público.

2.

ESTADO

Generalmente se enseña que el Estado es la sociedad política y jurídicamente organizada, y una buena parte de las teorías de raigambre contractualista considera que el Estado proviene de un gran pacto social, es decir un contrato, o en algunas corrientes más realistas de un gran armisticio, en el que la guerra es el dato inmediato previo al Estado.

En el texto que se desarrolla a continuación se esboza un acercamiento a las condiciones de posibilidad de estudiar al Estado, de formular una teoría del Estado. Para ello se revisan los acercamientos de Marx al Estado, de Zavaleta Mercado, Bob Jessop y Álvaro García Linera.

2.1. Producir el Estado

En la Introducción a la crítica de la Economía Política de 1857, Karl Marx, dando un prefacio para una reflexión política más profunda, señala lo siguiente:

“(…) mis investigaciones me llevaron a la conclusión de que tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de la vida (…)” (Marx, 2008: 96).

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En este sentido se puede desagregar una reflexión marxista sobre el Estado partiendo de las siguientes dos premisas:

a) que lo que se conoce como Estado moderno, no es un modelo arquetípico que pueda ser reconocido y aplicado en todo el planeta, o que en todo caso lo sea a condición de que dicho modelo arquetípico, en su aplicación, sea mutilado, corregido, tergiversado, reducido e incluso después de todo ello, sea excepcional.

b) que aquello que denominamos como Estado, necesite, precise una formulación propia, es decir una base material propia en cada caso de experiencia que se busque analizar. En este sentido se debe proceder al estudio de cada Estado como situación concreta. Una teoría del Estado no sería otra cosa que la revisión crítica de la producción de estatalidad concreta en cada caso, es decir en cada país.

En este sentido, una teoría del Estado para América latina debe dar cuenta de la serie de transformaciones en la producción de estatalidad en latino américa, desde las transformaciones constitucionales que inaugura Colombia en 1991 y que se extienden por los procesos constituyentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador, las movilizaciones sociales que se manifiestan en Chile y Colombia con demandas de Asamblea Constituyente, hasta las estrategias de movilización de los pueblos indígenas de las Américas.

2.2. Estatalidad

Entendemos por estatalidad a la sustancia social del Estado, mediante la cual puede pensarse al Estado como una agregación histórico-social, una producción relacional, es decir, una producción que supone una serie de actores que en sus relaciones crean la sustancia ymateria estatal.

El Estado, en palabras de Bob Jessop:

“(…) puede definirse como un conjunto de instituciones, organizaciones, fuerzas sociales y actividades, incrustadas y reguladas socialmente, seleccionadas de manera estratégica y organizadas alrededor de la toma de decisiones que son vinculantes colectivamente para una comunidad política imaginaria (o que, al menos, están involucradas activamente en esa toma de decisiones). A su vez, el poder del Estado puede entenderse como una relación de poder que es mediada por y a través de este conjunto institucional. El poder no es ejercido por el Estado como tal: El Estado no es un sujeto. Tampoco se origina enteramente en el Estado mismo o en el personal del Estado, sino que depende del equilibrio de fuerzas tanto dentro de la sociedad entendida en sentido amplio, como dentro de los propios aparatos de Estado” (Jessop, 2008: 7).

En este sentido, y siguiendo lo señalado por Jessop (pero también por Zavaleta Mercado), el Estado es un fenómeno relacional, más que existir un Estado como sujeto lo que existe es estatalidad, es decir un c onjunto de sujetos e instituc iones en querella por el poder y que materializan forma-estado.

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La materia estatal, la sustancia social del Estado se produce. Por ello podemos decir que hay un producir el Estado, un crear el Estado. Y para comprender esta idea, será bueno referirnos a las nociones de momento constitutivo.

2.3. Momento constitutivo

Momento constitutivo es una categoría desarrollada por el pensador boliviano René Zavaleta Mercado, a quien ya referimos. Mediante la idea de momento constitutivo se trata de dar cuenta de aquel momento en el que las cosas empiezan a ser lo que van a ser por un largo tiempo. Se trata de un momento inicial, un momento que luego será reiterado, una y otra vez. Dicho de otra manera, estamos delante de un momento constitutivo cuando se estructuran formas de vida social, económica y política que se han de desplegar por un largo tiempo, hasta que llegue un nuevo momento constitutivo. Entonces, se trata de un momento de articulación de saber-poder y subjetividad.

La estrategia de Zavaleta consistía en recorrer la historia hasta encontrar un cambio estructural que daba cuenta del presente en que vivimos, entonces rastreaba las causas que producían este momento constitutivo a partir de la revisión histórica, de los procesos políticos que lo puedan explicar. Entonces comprendía que hubo un momento constitutivo anterior que había entrado en crisis. La crisis supone una pérdida de hegemonía de las formas y estructuras de dominación que habían sido generadas antes por un momento constitutivo anterior.

En la idea de Zavaleta de lo que es un momento constitutivo se encuentra presente una manera, una forma específica de articulación de Estado y sociedad, también llamada forma primordial, es decir una articulación de procesos económicos y políticos duradera.

Un ejemplo. Zavaleta consideraba que un momento constitutivo fue la revolución de 1952, debido a que ésta (re)configura un determinado modelo de estructuras y de formas de vida social que se desplegaron por un largo tiempo. La revolución no sólo generó transformaciones en la noción de ciudadanía o en la tenencia de la tierra, sino que generó las bases, muchas veces inconscientes, de cambios y transformaciones en la intervención política de la población.

Entonces una manera de comprender la creación de materia estatal se encuentra en los momentos constitutivos, donde se puede observar una materialización de las relaciones de fuerza con efectos de verdad y que signan la vida de las personas.

En este sentido, los procesos políticos deben ser pensados no coyunturalmente sino como procesos de larga duración que determinan la acción política particular, que constituyen sujetos políticos que posiblemente no existían antes. Esta estrategia me parece la más plausible para dar cuenta de las transformaciones del Estado boliviano los últimos años, y para poder analizar la materia estatal.

Desde mi comprensión el Estado no es algo. No es una cosa. El Estado es una estructura de relaciones de poder que se materializa en determinados momentos y actos. En este sentido podemos decir que el Estado aparece, se materializa, lo hace con mucha fuerza y deja una huella, una marca, una manera en la que se articula institucionalidad, legalidad y legitimidad, que luego perdura.

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Por ejemplo, imaginemos una ciudad en la que por primera vez se pone un semáforo. Primero se tendrá que instruir a la población sobre el uso del semáforo. Una vez agotada esta primera etapa, se empezará a sancionar a quien no respete el semáforo, por ejemplo a quien se pase una luz roja. Este primer momento en el que un policía sanciona y aplica una multa a quien se pasó una luz roja, este primer momento, supongamos visto por todos, es un momento de materialización del orden. El policía está allí, el policía puede castigar, el policía castiga, el policía genera orden. Se muestra de manera efectiva que se puede sancionar, que se lo hará, que por ello se debe respetar la luz roja. Todos los que asisten a esta materialización se llevan de recuerdo que deben de respetar la luz roja. Entonces al día siguiente, los carros se paran ante la luz roja, sin que el policía esté allí. Y es que en realidad no podrían estar policías allí todo el tiempo.

Esta materialización del Estado, de una pequeña parte del orden que representa el Estado, es una dimensión de estatalidad.

2.4. Dimensiones de estatalidad

Para dar cuenta de la estatalidad, es decir de las maneras en las cuales se hace presente el Estado en la vida cotidiana de las personas, se debe pensar, siguiendo a García Linera (2015) en, al menos, tres dimensiones:

El Estado como correlación política de fuerzas sociales;

El Estado como materialidad institucional; y

El Estado como idea o creencia colectiva generalizada.

En la primera dimensión (correlación política de fuerzas sociales) el Estado es pensado como un campo de batalla, un enfrentamiento de fuerzas entre bloques y clases sociales con capacidad de influir.

Como lo señala García Linera

“(E)n cualquier institución (como el Ejecutivo, la universidad, la gobernación, la alcaldía) hay grupos de personas que tienen mayor capacidad de influencia sobre tal o cual decisión o acción estatal y por tanto otras que tienen menos. Desde la alcaldía, el puesto policial, el juzgado, la universidad, la gobernación, el ministerio, el Parlamento, la Presidencia; absolutamente en todas las instituciones del Estado existen grupos, clases, identidades sociales, estructuras, colectividades, que tienen mayor influencia, presencia y capacidad decisoria sobre tales o cuales temas y otras que tienen menos influencia. A esa diferenciación de capacidades decisorias le vamos a llamar Estado como correlación de fuerzas” (García Linera,

2015:16)

El Estado nace de la correlación de fuerzas. Justamente el francés Michel Foucault, en la década de los años 70 del siglo XX dedicó una buena parte de sus investigaciones a dar cuenta de la manera en la cual se presentan las correlaciones de fuerzas, y en consecuencia a tratar una genealogía del poder. No a explicar precisamente qué es el poder, sino cómo se da el poder en situaciones relacionales. Se señala que esta etapa de su pensamiento se denomina genealogía, en tanto busca observar las maneras en las que el poder produce la realidad y la subjetividad en la que vivimos.

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El curso que Foucault dedica el año 1976, llamado Defender la Sociedad, trata justamente de la guerra o las guerras como variable de la formación del Estado en Europa, tanto a finales de la Edad media y durante la Edad moderna, hasta la Revolución francesa.

Foucault rechaza la idea contractualista de Estado y ve en la formación de la soberanía y del Estado moderno, una manera de continuación de la guerra por otros medios, dejando en claro las ideas de guerra externa (entre estados) y guerra interna (la cohesión de la idea misma de soberanía y de súbdito).

El Estado, en este sentido, es una formación histórico- social que se refiere a una forma de organización social, económica, política, soberana y coercitiva, conformada por un conjunto de instituciones, que tienen el poder de regular la vida en común, en un territorio determina do o territorio na c ional; a unque c on tendenc ias expa nsionista , c omo es el c a so del imperialismo. Suele incluirse en la definición de Estado el reconocimiento por parte de la comunidad internacional como sujeto de derecho internacional, pero esta formulación es en sí una regulación jurídica posterior, determinada por los procesos bélicos.

Por ello, no es posible pensar que el Estado es una regulación armónica de igualdad y de respeto. El Estado es un campo de lucha, es un espacio de correlación de fuerzas, de guerra de razas. Es interesante que este curso que dicta Foucault en 1976 también se encuentre publicado por la Editorial Altamira de la Argentina bajo el nombre de genealogía del racismo.

En la segunda dimensión (material-institucional) el Estado es pensando como institución, como maquinaria burocrática y jurídica. Esta dimensión corresponde a la manera más sencilla de dar cuenta del Estado, es decir su presencia institucional, su presencia física como poder.

García Linera enumera las instituciones, en busca de su visibilidad:

“(L)a Presidencia, el Parlamento, los ministerios, los tribunales de justicia, las Fuerzas Armadas, la policía, el régimen cultural, el sistema de partidos políticos. Entonces, el Estado son instituciones como los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, el ámbito c oercitivo legal, etc étera; y en tanto instituc iones, forma n el primer componente del orden o la estructura estatal” (García Linera, 2015:14)

Esta materialidad estatal institucional supone también el análisis de la performatividad de las instituciones, es decir su existencia en la acción misma. Tal vez la materialidad más visible, pero que a la vez se relaciona con la dimensión anteriormente mencionada, es decir la de correlación de fuerzas.

En la tercera dimensión (la simbólica) el Estado es pensado como sentido común de época, como yo colectivo que garantiza el consentimiento entre gobernantes y gobernados, en palabras de Pierre Bourdieu sería el Estado como relación de legitimación política.

García Linera caracteriza esta dimensión de la siguiente manera:

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“El conjunto de formas en las que recordamos la historia a través del sistema educativo, cómo entendemos nuestro pasado, valoramos o depreciamos a nuestros héroes, dirigentes y libertadores. Esa narrativa de nuestro pasado y la manera en que está ordenada, el régimen de enseñanza, de ideas legítimas, lo que se enseña y lo que no se enseña en el colegio, lo que es valorable y lo que3 no lo es en el aprendizaje universitario, todo eso forma parte del orden estatal. Son ideas, pero también creencias. A lo largo de su existencia, el Estado sedimenta, difunde (en las mentes y en las almas de las personas) creencias, valores, principios; y ordena esquemas morales de vida, de sociedad, de lo que debiera ser el futuro y el porvenir en la formación de los niños, de los jóvenes, en la vida cotidiana, en el trabajo de las instituciones. Esta es una dimensión más complicada de la existencia del Estado, pero tan o más decisiva que la institucional” (García Linera, 2015:15)

Entonces se trata del Estado como creencia, como idea-fuerza, como aquello que une, que aglutina a los bolivianos, que permite la cohesión. Se trata de la Bolivia que nos contamos y que nos pone felices cuando por ejemplo logramos una victoria, como c uando la C orte Internacional de Justic ia da la razón a la demanda boliviana y se declara competente para conocer el caso de la obligación de negociar de Chile respecto a un acceso soberano al mar para Bolivia.

Estas tres dimensiones permiten dar cuenta de la materia estatal, es decir pensar al Estado como correlación de fuerzas, como instituciones y como creencias. Monopolio de la violencia, de la creencia y de la institucionalidad.

2.5. Singularidad

El análisis de la estatalidad que se propone llevar a cabo para una comprensión del Estado debe concebir a éste como un fenómeno relacional conflictivo concreto. Es decir, si bien se pueden tener las dimensiones analizadas, como la correlación de fuerzas, la institucionalidad y las creencias compartidas, el Estado no es otra cosa que la suma conflictiva de las relaciones de poder históricamente dispuestas en una forma singular de desarrollo. Y que sólo puede comprenderse ex post, es decir sólo puede comprenderse un tiempo o momento después.

En este caso, cada Estado retrata la particularidad de una situación concreta,

determinada por su pasado, por sus momentos constitutivos y su trayectoria. Cada Estado lo es sólo a condición de ser después. No hay una fórmula que permita al Estado comenzar de cero. El Estado se levanta sobre su pasado, sobre sus determinaciones, que

si bien pueden ser siempre actuales, no dejan de ser formas de presentar el pasado.

No es lo mismo el Estado boliviano, de lo que podría ser el Estado chileno, el mexicano, el argentino o el colombiano, y la distancia es mayor si se busca extrapolar el análisis del Estado a Europa: la particularidad de una Alemania (con una monarquía desparecida, la primera y segunda guerra mundial, la división de las dos alemanias, su participación y liderazgo en la unión europea), la particularidad de una Holanda (que aun conserva monarquía, que recién profundiza en descentralización y que ha construido un sistema complejo de co-gobierno llamado gobierno consociacional) son complejamente distintas

a la realidad de cualquier Estado de America Latina.

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Sociólogos como Alain Touraine o filósofos como Enrique Dussel, han enfatizado en las diferentes formas de materizalición de la estatalidad, en Europa y en America Latina. Cómo señala Touraine mediante la voz de Dussel:

“A partir de la revolución burguesa inglesa, y de la emancipación de las colonias anglosajonas de Norteamérica, divide primero entre a) Estados de una tradición que defiende los derechos del individuo como propietario, económicamente independiente y varón, y que podría denominarse «Estado particular liberal». b) Otros parten de la afirmación de una comunidad política que tiende a definirse como «nación» ante Estados extranjeros ante los que deben defender su soberanía (en Europa central o en América Latina, por ejemplo), y serían «Estado de afirmación nacional»” (Touraine citado por Dussel, 2009:253).

Por otro lado, investigadores sociales c omo las de Isabella Radhuber (2009)

los Estados en América Latina se han formado alrededor de un eje central: el poder de disposición sobre los recursos naturales, elemento vital que después devino en las formas de colonialidad que se experimentan hasta el día de hoy. Entonces los modelos de comprensión del Estado y la estatalidad europea difieren si tomamos este rasgo de relación dentro del modelo de explotación capitalista.

afirman que

Mientras en la historia europea, la formación de la nación giraba alrededor de la lucha por el derecho de voto universal y la democratización de las instituciones, en la historia latino americana, la lucha se basó en la nacionalización de recursos naturales, la diferencia étnica para y el cuestionamiento del Estado.

Los procesos de ciudadanía han sido otro ejemplo, en tanto la dimensión liberal- individual es central para la comprensión de la ciudadanía en Europa, las formas de motivación movilizada muestran un proceso de participación política colectiva, en busca de la concreción de derechos. Dicho de otra manera, una forma distinta de participación política y de ciudadanía, que encuentra su práctica en la acción colectiva.

La singularidad es un componente central de una teoría del Estado, es la manera en la que se puede leer y comprender al Estado concreto, es decir al Estado desde su existencia. Y decíamos que este fenómeno es siempre ex post, es decir es siempre de determinación posterior y no prospectiva.

Por ello se puede decir, en esta manera de comprender la singularidad que el Estado es una X a determinar.

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BIBLIOGRAFÍA

Aguilar Villanueva, Luis (editor), Antologías de Política Pública, Tomo 1: El estudio de la política Pública y Tomo 3: Problemas públicos y agenda de gobierno, México, Porrúa, 1996, 2003. Aguilar Villanueva, Luis, “Política Pública, una visión panorámica”, La Paz, PNUD, 2012. Dussel, Enrique. Política de la liberación. Tomo II. Madrid España (Trotta), 2009. García Linera, Alvaro. La potencia plebeya. Buenos Aires - Argentina (Clacso), 2008. García Linera, Álvaro. Estado y Proceso Revolucionario. En VV.AA. Democracias en Revolución & Revoluciones en Democracia. La Paz, CIS, 2015. Ives, Meny. Thoenig, Jean Claude, Las Políticas Públicas, Barcelona, Ariel, 1992. La hera, Eugenio, Introducc ión a las polític as públic as, Sa ntiago, Fondo de C ultura Económica, 2002. Jessop, Bob. El futuro del Estado capitalista. Madrid España (Catarata), 2008.

M a rx, Karl. Introducc ión a la c rític a de la Ec onomía Polític a.

(Luxemburgo), 2008. Marx, Karl. El capital. México (Siglo XXI), 2009. Zavaleta Mercado, René. La autodeterminación de las masas. Bogotá - Colombia (Clacso), 2009.

Buenos Aires - Argentina

TAREAS COMPLEMENTARIAS PARA ESTE DOCUMENTO

La lectura de este primer documento debe complementarse con la lectura de:

Luis Aguilar Villanueva, “Política Pública, una visión panorámica”, La Paz, PNUD, 2012. Versión en PDF.

Humberto Maturana, “La democracia es una obra de arte”, versión en PDF.

Alvaro García Linera, Estado, “Revolución y Construcción de Hegemonía”, versión en PDF.

EVALUACIÓN

1. En sus propias palabras defina lo que es una política pública y su relación con la democracia (extensión recomendada 1 página, letra Arial 11 interlineado simple).

2. En sus propias palabras caracterice las tres dimensiones del Estado y vincule su relación con las políticas públicas (extensión recomendada 1 página, letra Arial 11 interlineado simple).

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CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICASPÚBLICAS MODULO II: DERECHO Y POLÍTICAS PÚBLICAS cencap.contraloria.gob.bo
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DERECHO Y POLÍTICAS PÚBLICAS

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Docente: Farit Rojas Tudela, PhD

MÓDULO:DERECHOYPOLÍTICASPÚBLICAS

1. INTRODUCCIÓN A LA REGULACIÓN JURÍDICA DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

En esta segunda parte relacionamos la disciplina del Derecho con la elaboración, ejecución y el control de las políticas públicas.

1.1. Funciones sociales del Derecho

El Derecho es una manifestación normativa del poder político. Tiene por finalidad regular las relaciones sociales de modo que sean adecuadas a determinado contexto histórico/político.

Algunas de las funciones sociales del Derecho están relacionadas con la efectividad del poder político y otras con su legitimidad. A continuación, se explicitan seis funciones del Derecho que tienen que ver con las políticas públicas. Se sigue las enseñanzas del jurista español Luís Recasens Siches respecto al Derecho.

1.1.1. Función de Certeza, Seguridad y Cambio Progresivo

El Derecho busca otorgar certeza al ser humano. Pero no sólo certeza teorética (saber lo que se debe hacer), sino también certeza práctica, es decir, seguridad: saber que x o z tendrá forzosamente que ocurrir, porque será impuesto por la fuerza, si es preciso.

Desde esta perspectiva el Derecho regula a la sociedad en su conjunto. Cada ser humano como miembro de la sociedad actúa en función a presupuestos de lo que el poder político ha determinado como relevante en la regulación de las relaciones sociales.

La sociedad políticamente organizada se da horizontes colectivos. En democracia, los organiza, en tanto lo que la mayor parte de sí misma considera como relevante normar para su realización. Pero esos fines varían en cada contexto socio cultural y, en consecuencia, la generalidad del Derecho debe ser flexible al cambio social y político que se da manera constante en una sociedad.

El Derecho, como expresión del poder político, brinda a través de la seguridad en la regulación de las relaciones sociales históricamente relevantes, estabilidad social, la cual es una necesidad histórica, sin embargo no quiere decir que dicha estabilidad implique invariabilidad, ya que las relaciones sociales son el objeto de regulación jurídica, y al ser variables, el Derecho también debe ser variable y adecuarse a las mismas, que a su vez van a variar el orden político que es fuente fundamental del Derecho.

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C omo señala el teóric o del Derecho espa ñol Re c asens:

“(E)l Derecho, por una parte, pretende ser estable, más por otra parte no puede permanecer invariable, sino que, por el contrario, debe ir cambiando al compás de las nuevas circunstancias y necesidades sociales” (Recasens, 1976:226).

La democracia es el mejor sistema político para adaptar el cambio social al cambio político, porque abre constantemente los espacios para que todos los actores sociales intervengan en la adopción de programas de acción y decisiones colectivas que en forma de Derecho guían los horizontes de la comunidad. Su reto constante, es sin embargo ampliar los espacios de debate público que sean adecuados al surgimiento de nuevos actores sociales, y para llevar a estos a espacios de concretización de los programas de acción. Esta es la relación de esta función del Derecho con las Políticas Públicas. Son éstas las que pueden llevar a cabo el cambio social necesario y concordante con el cambio político en una sociedad tan compleja (plural) como la nuestra.

1.1.2. La Función de Resolver los Conflictos de Intereses

Se puede entender a la sociedad como un sistema de cooperación y conflicto, dentro

del cual se mueven constantemente un conjunto de actores individuales y colectivos con

el objeto de alcanzar ciertos fines, en dicha pretensión entran en conflicto entre ellos; ésta

es la esencia de las relaciones sociales; los conflictos que se hacen relevantes a nivel público, se sintetizan y configuran en el nivel político en el que se gestionan hacia la adopción de las decisiones colectivas

Es así que los variados conflictos sociales, tanto en la esfera privada como en la pública, son gestionados por el poder político a través de las instancias públicas correspondientes

y conforme a las normas jurídicas vinculantes, de tal modo que se canalicen de modo pacífico y eviten la violencia física generalizada en las relaciones sociales.

En la solución de los conflictos de intereses, el jurista Recasens señala que:

“(L)a tarea del orden jurídico, consiste en reconocer, delimitar y proteger eficazmente los intereses reconocidos, nunca llega a terminarse definitivamente, sino que, por el contrario, está siempre en curso de reelaboración. Es así, porque los intereses no reconocidos siguen hoy ejerciendo constantemente una presión para obtener mañana el reconocimiento que ayer no consiguieron”

(Recasens,1976:228).

Es funda menta l entend er, q ue la s normas jurídic a s en func ión a la s c ua les se gestiona n los conflictos, no abarcan la total gama de pugnas sociales, lo hacen, en relación a las relevantes para determinada sociedad políticamente organizada. Por otro lado, si nos referimos a los conflictos sociopolíticos relevantes a la organización del poder como tal, las normas de jurídicas para solucionar dichos conflictos, tienden a asumir más un papel de canalizadoras de los mismos. Son, en este entendido, las políticas públicas una manera de generar las condiciones para la solución pacífica de los conflictos sociales. Por ejemplo, una buena planificación en la dotación de servicios públicos básicos, evitará una serie de manifestaciones y acciones políticas conflictivas.

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1.1.3. Función de Organización del Poder Político

Lo que hace el Derecho es organizar el poder político de tal conflictos irresolubles.

modo que no cause

“El Derecho, para zanjar los conflictos de intereses, necesita no solamente un criterio para resolver tales conflictos, sino que además necesita estar apoyado por el poder social que quiere ser más fuerte que los demás poderes sociales, es decir, por el poder político, o sea por el Estado. Ahora bien, el Derecho satisface también la necesidad de organizar este poder político, esto es, el poder del Estado. El Derecho organiza precisamente la serie de órganos competentes que hablan y actúan en su nombre” (Recasens,1976:230).

La organización del poder político, es una manera de evitar el conflicto a nivel de la pugna política por el poder de Estado, ya que institucionaliza el mismo al delimitar de modo abstracto y general, plasmado en normas jurídicas, el espectro de atribuciones que el poder público ejerce sobre la sociedad, ya que el Derecho vigente es efectivo, sólo en tanto lo apoya el poder del Estado (es decir aquel que legítimamente posee el monopolio de la violencia), por otra parte también el poder del Estado está organizado y legitimado por el Derecho, o dicho en otras palabras, “el Derecho es uno de los ingredientes más importantes del poder del Estado. En efecto, el poder del Estado se apoya sobre una serie de hechos sociales; es poder estatal, precisamente porque es el resultado de los poderes sociales más fuertes; pero, a su vez, el Derecho da al poder del Estado su organización” (Recasens, 1976:230).

El Estado, desde la perspectiva antes planteada, es entendido como la síntesis e integración de una comunidad política que articula el conjunto de poderes sociales que compiten por monopolizar la violencia estatal. En consecuencia, el Derecho que tiene como objeto regular las relaciones sociales evitando los conflictos violentos, debe organizar el poder estatal, debe lograr crear materia estatal a partir de las políticas públicas.

1.1.4. La Legitimación del Poder Político

Una de las funciones centrales del Derecho es el de lograr la subordinación consentida al poder político por parte de la población. Por ello una norma de Derecho, que por ejemplo es una herramienta de Políticas Públicas, debe ser aceptada por la población y ser considerada como propia y necesaria. Dicho en otras palabras debe ser considerada ajustada a sus necesidades, justa en su praxis.

En palabras de Recasens:

“El Derecho legitima el poder político en cuanto que lo organiza según criterios de justicia. El valor justicia es, pues, en términos absolutos, el principio de legitimación del orden político social, lo que hace de él un orden jurídico” (Recasens,1976:230).

La legitimidad de un orden establecido, se sustenta en la creencia que se tenga del mismo, con arreglo a valores socialmente aceptados y defendibles.

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El Derecho, como legitimador del poder político surge en primera instancia con la idea del Estado de Derecho, el cual organiza el poder en torno a principios generales y no a voluntades personalizadas que pueden degenerar en tiranías. El Estado racional moderno está legitimado gracias a que el Derecho ordena de modo abstracto las relaciones sociales en torno a valores y a fines racionales.

1.1.5. La Limitación del Poder Político

Esta función es una de las más importantes y está directamente relacionada con la de organización del poder político, ya que la organización del mismo, implica las formas regladas de limitación del poder. Una de ellas es la división social de las funciones del poder público, en orden a una eficiente administración, pero más importante aún se encuentra la subordinación de los actos del poder público a lo establecido por la norma de Derecho.

“La organización jurídica del poder, como ya se expuso, dota a éste de una mayor estabilidad, de una mayor regularidad; pero al mismo tiempo limita el alcance de ese poder, porque tal alcance está definido, determinado, delimitado por el Derecho, y, consiguientemente, no puede ir más lejos de lo establecido en el Derecho, en tanto quiera permanecer como poder jurídico y no quiera intentar ser un poder arbitrario” (Recasens,1976:231).

La limitación del poder, es la forma en la que la característica de estabilidad de la norma jurídica, conduce el poder por canales generales que evitan su extrema volatilidad, la cual causa el carácter social y la fuerza que proviene del mismo. El Derecho es general, y en consecuencia el poder político que a través de él emana, debe tener carácter integrativo y no estar circunscrito a intereses de clase u otro tipo de segmentación social, sino que esos intereses deben configurarse a través de la norma en intereses generales que denoten un proyecto de sociedad, aun cuando éste se base en una visión particular de la sociedad.

Es por ello que, a momento de que un servidor público trabaje, ya sea en la planificación, programación, ejecución, control o evaluación de una política pública, debe hacerlo apegado al Derecho, en tanto sus funciones y acciones dependen de su adecuación a la norma jurídica, de la cual dependen y de la cual emanan.

1.1.6. Función de Asegurar una Evolución (o cambio) Social Ordenada

Las sociedades no dejan de moverse y actualizarse. Siempre se transforman en grado mayor o menor. Esta evolución (o cambio) de la sociedad es causa de luchas y también, a pesar de muchos, violencia. El Derecho hace los posible para evitar esa violencia y lograr un cambio social ordenado.

Muchas veces la existencia oportuna de una (o varias) norma (s) jurídica (s) logra (n) la transformación de la sociedad sin violencia. En este sentido, se puede expresar que el Derecho es una fuerza ordenadora, que se revierte sobre la sociedad para evitar el cambio violento.

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El cambio social implica pugnas por el poder, y violencia en más o menos medida, la cual puede tratar de ser afianzada por un tiempo, por la clase hegemónica, pero que no podrá sostenerse en forma de un ordenamiento jurídico eficiente y legítimo si no se canaliza dicho cambio social a través del Derecho. Es decir, si no se crea un Derecho, que en su característica de generalidad amplíe los marcos institucionales de la creación de una comunidad política.

Para efectos del presente texto de formación, el Derecho es una expresión del poder político, en consecuencia, es reflejo de una fuerza monopolizadora de la violencia en una sociedad, y tiene distintas funciones sociales, las cuales, sirven a la función estatal de gestionar los conflictos de poder que se dan dentro de la sociedad con objeto de crear una comunidad política que se trace horizontes comunes, canalizando el conflicto e integrando socialmente al tejido humano a través de un Derecho positivo, general y vinculante, y por medio de un programa de gobierno que se exprese en políticas públicas. Es, en este sentido, que mediante las funciones sociales del Derecho puede habilitarse la dimensión normativa necesaria para la hechura y planificación de políticas públicas.

2. DERECHO E INSTITUCIONALIDAD.

Hablamos de instituciones cuando en un espacio público (regulado generalmente por el Derecho) se generan conductas reiteradas, estables, apreciadas, valiosas y estables, que nos permitan percibir que existe una organización y un procedimiento racional y universal (es decir que se aplique sin discriminación a todos)

Si entendemos al Estado como una sociedad que organiza su poder con objeto de cumplir fines determinados, la institucionalidad es el medio.

Desde la perspectiva de la institucionalidad las normas tienden a ser generales, reiteradas y estables, y son apreciadas en la medida especialmente en democracia- en que sean legítimas y efectivas, reflejando la realidad social y siendo aceptadas por los que se someten a ellas, al sentirse partícipes en su configuración. La institucionalidad, en ese sentido debe posibilitar el flujo que permita la construcción de políticas públicas, en la medida en que la hechura de políticas públicas supone un proceso y la búsqueda de un resultado a través de los mecanismos institucionales.

La institucionalidad democrática brinda un conjunto de procedimientos por los cuales, el Derecho como decisión vinculante y colectiva, fruto de la participación libre e igual de los ciudadanos, varía de acuerdo a lo que la sociedad considera necesario en determinado momento histórico, momento que es una expresión de la variación del contexto social, al cual el Derecho emanado de la voluntad política democrática puede hacerle frente de modo flexible sin descuidar la estabilidad que trata de brindar a través de la seguridad y certidumbre respecto a la norma.

La institucionalidad política aumenta en la medida en que aumenta la complejidad de la organización, ya que de ese modo puede abarcar una mayor área de situaciones sociales y en consecuencia integrar políticamente a mayores segmentos de la población.

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El Derecho, en este sentido tenderá a cubrir las relaciones sociales relevantes de todos los segmentos de la sociedad objeto de su regulación, por un lado, y por otro, al ser una de sus funciones la organización del poder político, se transforma en el conjunto de normas

que tornan estable y a la vez flexible la división del poder político administrativo, cuyo fin, precisamente es atender o gestionar los distintos ámbitos de relacionamiento entre Estado

y sociedad civil a través del Derecho y las políticas públicas.

La

institucionalización política.

coherencia

o

integración

es

otro

de

los

medios

que

denota

una

mayor

“Una organización efectiva requiere por lo menos un consenso sustancial en cuanto a los límites funcionales del grupo y a cerca de los procedimientos que se suscitan dentro de ellos” (Huntington,1968:31).

El Derecho, en consecuencia, es la expresión de consensos básicos sobre relaciones sociales relevantes o que merecen ser reguladas hacia la búsqueda de fines comunes;

por su parte, los procedimientos tienden a solucionar los conflictos de intereses en función

a pasos que se deben dar en ejercicio de la función del Derecho para dirimir los conflictos de intereses.

El Derecho, por todo lo desarrollado anteriormente, puede ser entendido como la manera más efectiva de institucionalización política, ya que sus funciones intrínsecas se condicen de modo amplio con los requerimientos o principales criterios de institucionalidad política.

La institucionalidad política, busca guiar los horizontes de una sociedad de modo estable, coherente, participativo y legítimo traduciendo la voluntad política fruto de pugnas sociales en organización efectiva de los principios rectores de la comunidad como tal, y en esta función el Derecho es herramienta fundamental porque es un conjunto de normas generales, flexibles y que en democracia tienden a ser legítimas.

3. LA CONSTITUCIÓN Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS

En nuestro país (Bolivia), la norma fundamental, la de mayor jerarquía y la de aplicación preferente, es la Constitución Política del Estado.

Respecto a las Políticas Públicas cabe destacar los artículos 232, 241 y 242 de la CPE, desde los cuales se analiza la construcción de políticas públicas.

3.1. Artículo 232 de la CPE

El Artículo 232 inaugura el apartado dedicado a las servidoras y los servidores públicos. Hace referencia a los principios rectores de la Administración Pública de Bolivia.

Artículo 232 La Administración Pública se rige por los principios de legitimidad, legalidad, imparcialidad, publicidad, compromiso e interés social, ética, transparencia, igualdad, competencia, eficiencia, calidad, calidez, honestidad, responsabilidad y resultados.

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En principio, el concepto de administración hace referencia al ordenamiento, a la organización, a través de actos y procedimientos, de los medios y recursos disponibles con el fin de aprovecharlos de manera adecuada y en correspondencia a las necesidades existentes. En efecto, la administración se traduce en las actividades de ejecución, planificación y organización necesarias para mantener las funciones y el cumplimiento de objetivos de una organización.

Por otra parte, la esfera de lo público supone el ámbito perteneciente a la colectividad, como sea que ésta sea entendida (nación, comunidad), en tanto es percibida como tal por la propia colectividad (Bobbio, 1999). Comprende lo común, lo que es del colectivo.

En este entendido, administrar lo público, la Administración Pública, implica organizar y ejecutar los asuntos pertenecientes al ámbito público, aquellos relativos al interés colectivo, su dirección o gestión.

La Administración Pública, siguiendo esta idea, es la parte orgánica del Estado, encargada de realizar las actividades relacionadas a los intereses colectivos, en vinc ula c ión al Esta do, e n el marco del orden jurídic o esta blecido, q ue c onsisten en la creación de actos, tanto jurídicos como materiales, con el fin de satisfacer necesidades y requerimientos de la sociedad a la que se debe.

Estos actos administrativos se traducen en la prestación de servicios públicos y actividades burocrático-administrativas, como la otorgación de licencias, concesiones elaboración de normativas, entre otras. Asimismo, estos actos implican la intervención del Estado en los diferentes sectores y ámbitos, con el propósito de modificarlos en beneficio de la colectividad, como la creación e implementación de políticas públicas. (Cabanellas, Tomo I, 1996).

Los actos a los que se hace referencia son ejercidos por los organismos de poder público, reconocidos por el texto constitucional vigente y por la legislación. Entre éstos puede destac arse a los c uatro órganos de poder públic o; Ejecutivo (Artíc ulo 165), Legislativo (Artículo 145), Judicial (Artículo 179) y Electoral (Artículo 205); las entidades territoriales autónomas y descentralizadas: gobiernos autónomos departamentales (Artículo 277), regionales (Artículo 281) y municipales (Artículo 283), los gobiernos departamentales descentralizados (Artículo 274); además de otras instituciones públicas como el Tribunal Constitucional Plurinacional (Artículo 196), la Contraloría General del Estado (Artículo 213), la Defensoría del Pueblo (Artículo 218), el Ministerio Público (Artículo 225), la Procuraduría General del Estado(Artículo229).

Las funciones de las mencionadas instituciones son ejecutadas por servidoras públicas y servidores públicos, los cuales se encuentran en sujeción contractual con el Estado, además de otras condiciones específicas.

El Artículo 232 dispone los principios que rigen la Administración Pública 1 , éstos se traducen en los lineamientos, las directrices que establecen un marco que comprende no sólo

1 La Ley N° 2027 Estatuto del funcionario público de 27 de octubre de 1999, prevé principios en referencia al

que rigen: el Esta tuto (Artíc ulo 1), la ac tivid ad

pública (Artículo 12), los procesos de reclutamiento de personal (Artículo 23), los procesos de evaluación del

desempeño (Artículo 28) y las declaraciones juradas de bienes y rentas (Artículo 54).

ejercicio de la función públic a , en sus diferentes á mbitos, aquellos

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actividades de las y los servidores públicos, sino la manera en que se realizan éstas. En efecto, estos principios se aplican al ejercicio de la función pública, a las actividades que ésta conlleva y la forma en que son llevadas a cabo.

Los principios rectores de la Administración Pública, establecidos por el Artículo 232 son:

Legitimidad, legalidad, imparcialidad, publicidad, compromiso e interés social, ética, transparencia, igualdad, competencia, eficiencia, calidad, calidez, honestidad, responsabilidad, y resultados.

3.2. Artículo 241 de la CPE

El Artículo 241 se encuentra en el apartado dedicado a la participación y control social. Hace referencia a potestad de la sociedad civil organizada de participar en el diseño de políticas públicas y de ejercer control social a la gestión pública y servicios públicos. Asimismo, establece que las entidades del Estado deben generar espacios de participación y control social.

Artículo 241 I. El pueblo soberano, por medio de la sociedad civil organizada, participará en el diseño de las políticas públicas.

II. La sociedad civil organizada ejercerá el control social a la gestión pública en todos los niveles del Estado, y a las empresas e instituciones públicas, mixtas y privadas que administren recursos fiscales. III. Ejercerá control social a la calidad de los servicios públicos.

IV. La Ley establecerá el marco general para el ejercicio del control social.

V. La sociedad civil se organizará para definir la estructura y composición de la

participación y control social.

VI. Las entidades del Estado generarán espacios de participación y control social

por parte de la sociedad.

El parágrafo I del Artículo 241 dispone que el pueblo soberano, por medio de la sociedad civil organizada, participará en el diseño de las políticas públicas.

Dentro de la composición de la sociedad civil, se encuentran cuerpos, conjuntos de personas que conforman grupos o conjuntos estructurados sobre normas, intereses, objetivos y fines particulares, que tienden a dar respuestas a necesidades sociales, grupales o colectivas y que se traducen en organizaciones dentro de la sociedad civil. Esta caracterización supone una definición amplia de sociedad civil organizada.

Las políticas públicas suponen, como se lo mencionó anteriormente, el conjunto de acciones que emprenden las autoridades públicas, en correspondencia a su función y, en respuesta a una determinada temática o problemática que requiere la atención y una postura activa de la estructura gubernamental en la generación de espacios de participación.

Siguiendo esta idea, el diseño de una política pública adquiere una condición más participativa, en tanto la sociedad civil organizada, de manera efectiva, incide en su diseño eimplementación.

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De acuerdo a lo establecido por el parágrafo I del Artículo 241, la sociedad civil organizada podrá participar en el diseño de las políticas públicas. En este caso, la posibilidad de participación de las diferentes organizaciones dependerá de su pertenencia a un sector determinado. Así, por ejemplo, una organización social conformada por personas con discapacidad, deberá tener la posibilidad de participar en el diseño de las políticas públicas que afecten sus intereses.

También debe aclararse que el diseño de una política pública no supone una temporalidad definida, en tanto se prevé que éstas son permanentemente rediseñadas, con el fin de corresponder a su ámbito de aplicación, es decir la realidad en la que la sociedad se desenvuelve. Por tanto, la participación de la sociedad civil organizada debe realizarse de manera constante, incidiendo en los replanteamientos de las políticas públicas y su ejecución.

Por otro lado, el Artículo 241 se refiere también al control social. El control social se constituye en una herramienta de la sociedad para ejercer un monitoreo sobre la gestión pública y los servicios públicos, de acuerdo a lo estipulado en los parágrafos II y III del Artículo 241.

El control social, en cuanto a sus características generales, se traducen en un conjunto de prácticas que nacen en la misma sociedad civil ante la aparición de problemas concretos. El control social no es necesariamente político-partidario, sino está pensado para lograr una mayor participación de la sociedad. En este sentido, toda actividad que suponga la organización de la sociedad con el fin de interpelar al Estado y modificar o controlar la conducta de las entidades pertenecientes al aparato estatal supone un acto de control social. Éste no sería posible sin el ejercicio constante de derechos políticos (Artículo, parágrafo II, numerales 2 y 5) a través de los espacios reconocidos por el Estado.

Ahora bien, los parágrafos II y III del Artículo 241 señalan que el ejercicio del control social se dará a la gestión pública en todos los niveles del Estado; en empresas e instituciones públicas, mixtas o privadas que administren recursos fiscales y a la calidad de los servicios públicos.

El primer ámbito, es decir la gestión pública en todos los niveles del Estado, hace referencia a la aplicación de todos los procesos e instrumentos que la Administración Pública implementa respecto a sus funciones, con el objetivo de lograr los objetivos planteados. En sí implic a :

“(L)a articulación permanente y continua de los procesos de planeación, ejecución y evaluación de las acciones que el Estado emprende, tendientes a dar cumplimiento a los compromisos democráticamente concertados y asumidos por los mandatarios electos para atender de forma integral, oportuna, transparente y eficiente las necesidades de la ciudadanía y dar cumplimiento a la función y competencias encomendadas por la Constitución y la ley” (Alzate, 2009).

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En este sentido, el control social “supone una actividad destinada a dirigir, coordinar y

administrar dichos procesos, cuyo propósito último es la materialización de las decisiones

en resultados concretos.” (España y otros, 2005: 40).

De acuerdo a lo establecido transversalmente en el texto constitucional, se prevén cinco niveles del Estado: el nivel central, conformado por los órganos de poder público: Órgano Ejecutivo (Artículo 165), Órgano Legislativo (Artículo 145), Órgano Judicial (Artículo 179) y Órgano Electoral (Artículo 205); el nivel departamental, conformado por sus órganos ejecutivo y legislativo-fiscalizador-deliberativo: Gobernadora o Gobernador (Artículo 279) y Asamblea Departamental (Artículo 278); Prefecta o Prefecto (Artículo 274) y Consejo Departamental (Artículo 274); el nivel regional, conformado por sus órganos ejecutivo y deliberativo-normativo-administrativo-fiscalizador: ejecutivo regional (Artículo 281) y Asamblea Regional (Artículo 281); el nivel municipal, constituido por sus órganos ejecutivo

y deliberativo- fiscalizador-legislativo: Alcaldesa o Alcalde (Artículo 283) y Concejo

Municipal (Artículo 283); nivel indígena originario campesino, conformado por normas,

instituciones, autoridades y procedimientos propios (Artículo 290, parágrafo II).

Por otra parte, también se prevé que el control social sea ejercido en empresas e instituciones públicas. La Constitución vigente prevé las siguientes instituciones públicas:

Contraloría General del Estado (Artículo 213), Defensoría del Pueblo (Artículo 218), Ministerio Público (Artículo 225), Procuraduría General del Estado (Artículo 229), la institución de regulación de bancos y entidades financieras (Artículo 332). Debe señalarse que la función de las entidades se da a partir de una interacción con todos los niveles del Estado. Asimismo, se disponen empresas públic as como: Yacimientos Petrolíferos Fiscales

d e Hidrocarburos

Bo livia nos (YPFB) (Artíc ulo 361),

(EBIH) (Artículo 363), además de la concepción de otras empresas con fines específicos. Asimismo, se dispone que se ejerza control sobre las empresas mixtas y privadas que administren recursos fiscales.

la Empresa Bo livia na d e Industria liza c ió n

Como se mencionó, el parágrafo III del Artículo 241 establece que se ejercerá el control social a la calidad de los servicios públicos.

En principio, la calidad hace referencia a la propiedad, o el conjunto de propiedades inherentes a un objeto o una actividad, a partir de las cuales es posible determinar la valía del objeto o actividad correspondientes.

En un sentido estricto, los servicios públicos suponen aquellas prestaciones realizadas con

el fin de satisfacer necesidades públicas, de la población, entre ellos los servicios de agua

potable, alcantarillado, electricidad, gas domiciliario, servicio postal y telecomunicaciones (Artículo 20, parágrafo I) estos servicios son considerados servicios básicos, dado que son indispensables para el desarrollo de una vida digna y, en el marco de la narrativa constitucional, son considerados como derechos fundamentales.

3.3. Artículo 242 de la CPE

El Artículo 242 clausura el apartado dedicado a la participación y control social. Hace

referencia a las formas de ejercicio de la participación y el control social.

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Artículo 242 La participación y el control social implica, además de las previsiones establecidas en la Constitución y la ley:

1. Participar en la formulación de las políticas de Estado.

2. Apoyar al Órgano Legislativo en la construcción colectiva de las leyes.

3. Desarrollar el control social en todos los niveles del gobierno y las entidades

territoriales autónomas, autárquicas, descentralizadas y desconcentradas.

4. Generar un manejo transparente de la información y del uso de los recursos en

todos los espacios de la gestión pública. La información solicitada por el control

social no podrá denegarse, y será entregada de manera completa, veraz, adecuada y oportuna.

5. Formular informes que fundamenten la solicitud de la revocatoria de mandato,

de acuerdo al procedimiento establecido en la Constitución y la Ley.

6. Conocer y pronunciarse sobre los informes de gestión de los órganos y funciones

del Estado.

7. Coordinar la planificación y control con los órganos y funciones del Estado.

8. Denunciar ante las instituciones correspondientes para la investigación y

procesamiento, en los casos que se considere conveniente.

9. Colaborar en los procedimientos de observación pública para la designación de

los cargos que correspondan.

10. Apoyar al órgano electoral en transparentar las postulaciones de los

candidatos para los cargos públicos que correspondan.

La participación y el control social, previstos en el Artículo 241, suponen la potestad de la sociedad civil, a través de sus organizaciones, de incidir de manera directa en el ámbito de toma de decisiones de un Estado. En efecto, se prevé la posibilidad de que la sociedad civil organizada participe en los diferentes ámbitos que supone la Administración Pública, en una condición, casi, de un cogobierno (Tapia 2007) y, asimismo, que pueda ejercer fiscalización y monitoreo sobre los actos de todas las entidades circunscritas al ámbito público. Esta potestad se traduce en un derecho de participación política (Artículo 26, parágrafo I) y, asimismo, implica una extensión, una apertura al reconocimiento de derechos.

Si bien en el Artículo 241 se prevén los ámbitos en los que puede ejercerse la participación y el control social, es decir los espacios de su accionar, el Artículo 242 dispone las formas específicas de ejercer esta actividad, y las instancias en las que corresponde su ejercicio.

A continuación se analizará lo relacionado a las políticas públicas y gestión pública.

La concepción de gestión pública implica las acciones llevadas a cabo por la Administración Pública, es decir la organización y ejecución de los asuntos relativos al ámbito público, supone la sección del Estado encargada de realizar las actividades relacionadas a los intereses colectivos, vinculados al aparato burocrático-estatal.

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En este entendido, el Artículo 242 prevé cuatro formas de ejercicio de la participación y el control social relacionadas a la gestión pública, en tanto las organizaciones de la sociedad civil inciden directamente en el ejercicio de esta función.

Participación en la formulación de políticas de Estado

En principio debe hacerse una diferenciación entre los conceptos de política pública y política de Estado. Mientras el primero hace referencia al programa de acción de una

autoridad pública o del conjunto de autoridades públicas, en cuanto al desarrollo de las funciones correspondientes a su cargo, en efecto implica la consecución de las actividades gubernamentales planificadas para intervenir en un determinado ámbito

implementac ión, en forma

soc ial; en c ambio una polític a de Estado implic a la

permanente, de directrices que guíen la conducción del Estado, sin ser modificadas fácilmente por los gobiernos de turno y sus políticas.

Ahora bien, el numeral 1 del Artículo 242 hace referencia a la participación de la sociedad civil organizada, en la formulación de las políticas de Estado en el sentido estricto del mandato constitucional, la participación y el control social deben ser ejercidos en la formulación de los lineamientos permanentes de conducción estatal.

También debe hacerse notar que la participación de la sociedad civil organizada, en cuanto al diseño de políticas públicas es previsto en el Artículo 241, parágrafo I, en este sentido, la participación se da en los dos ámbitos, tanto en las políticas públicas, como las políticas de Estado.

A partir de esta aproximación, se puede inferir que la facultad de participación en la

formulación de políticas de Estado, por parte de la ciudadanía, está vinculada a la necesidad de poder concertar las diferentes problemáticas que son razón de una política pública, es decir que esta potestad de participación implica un acercamiento entre la administración gubernamental y la sociedad civil en busca de poder formular políticas de Estado que se ajusten de mejor manera a la realidad y que respondan con mayor eficacia a las demandas y necesidades que emanan de la sociedad.

Aunque no se ha esquematizado una vía formal de participación, se puede suponer que

la formulación de políticas de Estado supone un trabajo en conjunto que articule a la

administración gubernamental y a la sociedad civil organizada.

Desarrollo del control social en todos los niveles del Estado

En concordancia con el Artículo 241, parágrafo II, el numeral 3 del Artículo 242 prevé las instancias públicas en las que el control social puede ser desarrollado. En este sentido, dispone su ejercicio en: todos los niveles del gobierno y las entidades territoriales autónomas, autárquicas, descentralizadas y desconcentradas.

Generación de un manejo expedito y transparente de la información

Las instancias de control social basan su trabajo en la recolección de datos con el propósito de realizar las investigaciones correspondientes en cuanto a la ejecución de proyectos y a la utilización de recursos, en este sentido la imposibilidad de acceder a fuentes de información fehaciente dificulta en gran medida las actividades de las organizaciones de la sociedad civil.

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En todo caso, el principio establecido por el numeral 4 del Artículo 242, supone que la sociedad civil organizada pueda manejar de manera transparente, la información obtenida con respecto a las actividades y el uso de recursos en la gestión pública, esto sólo es posible a partir de las prácticas de rendición pública de cuentas que las instituciones públicas deben realizar.

Por otra parte, también se dispone que la información solicitada por las organizaciones de la sociedad civil, en ejercicio del control social, no puede ser denegada y ésta debe contemplar todo lo requerido.

Conocimiento y pronunciamiento sobre informes de gestión

En el numeral 6 se prevé, como una forma de ejercer el control social, el conocer y pronunciarse sobre informes de gestión de los órganos y funciones del Estado. En este caso, dado que no se realiza ninguna especificación en cuanto al origen de los informes, debe considerarse a la totalidad de informes emergentes de la Administración Pública, sin importar a qué entidad o nivel estatal corresponden.

Por informe de gestión debe entenderse al recuento, generalmente escrito, de los actos llevados a cabo por una persona, en el ejercicio de sus funciones, en un tiempo determinado, en éste se incluyen los objetivos cumplidos, los puntos presupuestarios ejecutados, entre otros. En este entendido las organizaciones de la sociedad civil deben, en primera instancia conocer, informarse con respecto a los diferentes informes emitidos y, posteriormente, deben pronunciarse en referencia a los contenidos que éstos puedan tener, en tanto su veracidad y completitud.

Por otra parte, la Constitución Política del Estado cuatro informes referidos a gestiones públicas: el de la Presidente o el Presidente del Estado (Artículo 172, numeral 12), de la Contraloría General del Estado (Artículo 217, parágrafo II), la Defensora o Defensor del Pueblo (Artículo 224) y la Presidenta o el Presidente del Banco Central de Bolivia (Artículo 329, parágrafo III). Debe denotarse que todos los informes mencionados deben ser dirigidos hacia la Asamblea Legislativa Plurinacional 2 . En este mismo sentido, la ley que regule el ejercicio del control social debe especificar la totalidad de los informes de gestión que la sociedad civil organizada puede conocer, con el propósito de poder delimitar su accionar.

4. PLAN NACIONAL DE DESARROLLO ECONÓMICO SOCIAL

El Plan Nacional de Desarrollo Económico Social (de aquí en adelante lo denominaremos como “el Plan”) comprende el marco de la planificación de las políticas públicas, teniendo que el mismo desagregarse en los Planes Estratégicos Institucionales (PEI) y en los Programas Operativos Anuales (POA).

2 El informe de la Defensora o Defensor del Pueblo también debe estar dirigido al Control Social.

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El Plan se constituye en el marco estratégico y de priorización de metas, resultados y acciones, mismo que se elabora pensando un tiempo largo de desarrollo que se ha denominado en Bolivia la agenda patriótica 2025. La idea central de esta planificación macro, de esta hoja de ruta de Bolivia, es la de llegar al 2025 (bicentenario de Bolivia) con un Estado boliviano en desarrollo y progreso.

El Plan es el resultado de una reflexión de los últimos años de gobierno, específicamente de los resultados del periodo 2006-2015, de esta manera el Plan se propone sentar las bases y guías para el desarrollo de políticas públicas durante la gestión 2016-2020.

Justamente, el Plan presenta una evaluación de los logros y estado de situación del Estado boliviano de 2006 a 2014. Luego desarrolla como eje articulador de cada una de las partes del Plan a la noción de vivir bien.

“El Vivir Bien es una visión que nace de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, comunidades interculturales y afrobolivianas y trasciende al resto de la sociedad boliviana.

„El Vivir Bien es el horizonte civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo y a la modernidad que nace en las cosmovisiones de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas, y es concebido en el contexto de la interculturalidad. Se alcanza de forma colectiva, complementaria y solidaria integrando en su realización práctica, entre otras dimensiones, las sociales, las culturales, las políticas, las económicas, las ecológicas y las afectivas, para permitir el encuentro armonioso entre el conjunto de seres, componentes y recursos de la Madre Tierra. Significa vivir en complementariedad, en armonía y equilibrio con la Madre Tierra y las sociedades, en equidad y solidaridad y eliminando las desigualdades y los mecanismos de dominación. Es Vivir Bien entre nosotros, Vivir Bien con lo que nos rodea y Vivir Bien consigo mismo‟ (Artículo 5, Numeral 2 de la Ley N° 300, Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien).

El Vivir Bien es el horizonte que reivindica la cultura de la vida comunitaria en plenitud, en contraposición a la cultura del individualismo, del mercantilismo y del capitalismo que se basa en la explotación irracional de la humanidad y la naturaleza, recuperando las raíces más profundas de nuestra historia y de la identidad de nuestros pueblos. Vivir Bien no es igual a vivir mejor. El vivir mejor hace que otros vivan peor, hace que unos se aprovechen de otros y busquen estar por encima, el vivir mejor es la causa del mundo extractivo, depredador y consumista al que se ha llegado en la actualidad y pone en riesgo a las siguientes generaciones. El Vivir Bien es vivir en igualdad y en justicia, donde no existan explotados ni explotadores, excluidos ni quienes excluyan, ni marginados ni marginadores. El Vivir Bien es vivir en comunidad, colectividad, solidaridad y en complementariedad entre todos los seres vivos de la Madre Tierra. El Vivir Bien significa construir un mundo basado en una cultura de la vida y de la paz, en la identidad, la filosofía, cosmovisión y espiritualidad milenaria de los pueblos indígenas originarios, aplicando los conocimientos y saberes ancestrales, consolidando procesos de intercambio y hermandad entre las naciones y pueblos” (extracto del Plan Nacional).

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Si bien la concepción de vivir bien es amplia, la misma debe ser interpretada como un

mandato de optimización, es decir como una manera positiva y abierta de lograr lo más

adecuado a cada caso

concreto.

El Plan luego desarrolla 13 pilares fundamentales, sobre los que se desarrolla toda la planificación en Bolivia.

1. Erradicación de la pobreza extrema.

2. Socialización y universalización de los servicios básicos con soberanía para Vivir

Bien.

3. Salud, educación y deporte para la formación de un ser humano integral.

4. Soberanía científica y tecnológica con identidad propia.

5. Soberanía comunitaria financiera sin servilismo al capitalismo financiero.

6. Soberanía productiva con diversificación y desarrollo integral sin la dictadura del

mercado capitalista.

7. Soberanía sobre nuestros recursos naturales con nacionalización, industrialización

y comercialización en armonía y equilibrio con la Madre Tierra.

8. Soberanía alimentaria a través de la construcción del Saber Alimentarse para

Vivir Bien.

9. Soberanía ambiental con desarrollo integral y respetando los derechos de la

Madre Tierra.

10. Integrac ió n c o mplementa ria d e los pueb lo s c o n

11. Soberanía y transparencia en la gestión pública bajo los principios de no robar,

no mentir, no ser flojo y no ser adulón.

12. Disfrute y felicidad plena de nuestras fiestas, de nuestra música, nuestros ríos,

nuestra selva, nuestras montañas, nuestros nevados, de nuestro aire limpio, de nuestros sueños.

13. Reencuentro soberano con nuestra alegría, felicidad, prosperidad y nuestro

mar.

sob eranía .

Son estos trece pilares el horizonte desde el cual se desarrolla el diálogo con la población en la re-constitución de lo público, en miras al desarrollo de políticas públicas.

5. UNA BREVE INTRODUCCIÓN A LA CONTRALORÍA GENERAL DEL ESTADO Y SU RELACIÓN C O N LAS PO LÍTIC A S PÚBLIC A S.

El diseño institucional incluido en la Constitución Política del Estado establece que el Estado organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral (Artículo12 parágrafo I).

Adicionalmente a los cuatro órganos, existen otras funciones que debe cumplir el Estado, la función de Control, la de Defensa de la Sociedad y la de Defensa del Estado (Artículo 12 parágrafo II). Estas funciones son realizadas y cumplidas por instituciones estatales especializadas, que no se encuentran asimiladas a los Órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial ni Electoral. Es por este motivo que este conjunto de organismos e instituciones reciben el denominativo de órganos extrapoder, pues su actividad no se encuentra directamente vinculada a un órgano del poder público.

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Cada una de estas funciones específicas del Estado Control, Defensa de la Sociedad y Defensa del Estadotiene un paralelo en la organización institucional, y su ejercicio se encuentra delegado a instituciones específicas y especializadas. Se debe notar que no necesariamente existe una institución para cada función, pues de acuerdo a su naturaleza puede existir más de una institución que ejerza atribuciones diferentes dentro de la misma función.

En este sentido, para asumir la Función de Control, se creó en 1883 el Tribunal Nacional de Cuentas, que posteriormente se convertiría en la actual Contraloría General del Estado, que tiene el fin de ejercer la supervisión y el control externo posterior de las entidades públicas y de aquellas en que tenga participación o interés económico el Estado (Artículo

217).

La Contraloría General del Estado es una institución de carácter técnico. Esto significa que la actuación de dicha institución no debería estar ligada al quehacer político sino estar dirigida por la capacidad técnica y profesionalismo, en el marco de la autonomía funcional, financiera, administrativa y organizativa.

El carácter técnico de la Contraloría se encuentra relacionado con que el control se realiza, fundamentalmente, a través de la “auditoría”, que consiste en un examen reglado, sistemático y crítico de determinados indicadores que exige cualificación e idoneidad profesional de quienes la practican para garantizar la fidelidad e imparcialidad de sus resultados.

La función principal de la Contraloría General del Estado es ejercer la función de control de la administración de las entidades públicas y aquellas en las que el Estado tenga participación o interés económico. El establecimiento de mecanismos que controlen el ejercicio de las entidades públicas es básico en un sistema político democrático, ya sea a través del establecimiento de mecanismos internos al funcionamiento estatal, en el que un órgano controla la actuación de otro, o con el establecimiento de instituciones específicas de control.

Con el incremento del accionar estatal, se han aumentado progresivamente las responsabilidades de la administración pública, y por lo tanto se ha convertido en un aspecto medular tanto el control como la evaluación de la gestión administrativa, esta es medularmente la íntima relación entre la Contraloría y las políticas públicas. En tanto el Estado, a través de los servidores y funcionarios públicos, administran bienes y recursos públicos, su actuación es de interés social, y se expresa mediante la planificación y ejecución de programas y políticas públicas.

Es por este motivo que la actuación de la administración pública debe ser controlada, es decir, sometida a observación y vigilancia específica. Esto se traduce necesariamente en la posibilidad de contar con información sobre las operaciones del gobierno, que sea útil en la toma de decisiones, en la toma de acciones correctivas y en el ejercicio del control directo.

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En este sentido la información requerida a la administración pública gira en torno al adecuado uso de los recursos, pero también respecto a la dirección general de este uso.

La función central de la Contraloría es la denominada accountability, que no tiene traducción exacta al castellano, pues implica la responsabilidad fiduciaria de cumplir con labores específicas y de rendir cuentas en forma precisa y oportuna.

“Las Contralorías Generales […] constituyen una pieza fundamental en el sistema nacional de integridad de cada país. Como entidades encargadas de la auditoría de los gastos e ingresos del Estado, las Contralorías actúan como vigilantes de la integridad financiera o de la credibilidad de la información divulgada” (Lozano y Merino, 1998:116).

Para la realización de esta actividad, las Entidades Superiores de Fiscalización, tomando en cuenta la diversidad de cada diseño constitucional, comparten la tarea de “realizar la auditoría externa sobre las cuentas de los recursos financieros del Estado; tiene el propósito de proveer información oportuna, tanto al poder ejecutivo como al legislativo, fomentando la trasparencia en el uso de los recursos y la responsabilidad por la función pública.” (Lozano y Merino, 1998: 116).

Se debe diferenciar la Función de Control como función estatal del Control Social. La Función de Control es una función estatal encargada a una institución pública específica, la Contraloría General del Estado, mientras que el Control Social es el control que realiza la sociedad civil sobre la gestión pública y la calidad de los servicios públicos (Artículo 241 y Artículo 242, numeral 4 de la CPE).

El Artículo 213 de la CPE establece que la Contraloría General del Estado ejerce la función de control de la administración de las entidades públicas y de aquellas en las que el Estado tenga participación o interés económico. En este sentido la Contraloría tiene el mandato de ejercer el control sobre la administración de dos tipos de entidades: las entidades públicas y las entidades en las que el Estado tenga participación o interés económico.

La Contraloría General del Estado no sólo ejerce control sobre las instituciones públicas, sino también sobre las empresas públicas que son propiedad del Estadoy sobre las entidades de economía mixta (Artículo 306) en las que una de las partes sea el Estado, pero se amplía el mandato en tanto no sólo implica la participación del Estado, pues se puede dar el caso en el que una entidad no sea estatal ni mixta, pero su actividad implique el interés económico del Estado, por ejemplo por tratarse de un servicio estratégico (Artículo 217) o producto de una concesión de explotación de un recurso natural estratégico, por lo que sería de interés público para el desarrollo del país (Artículo

348).

En el ejercicio de la Función del Control, se le asigna a la Contraloría General del Estado la facultad de determinar indicios de responsabilidad administrativa, ejecutiva, civil y penal.

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Esta facultad implica que, si en el ejercicio del control a la gestión administrativa pública o de las entidades en las que el Estado tenga participación o interés económico, la Contraloría General del Estado, a través de sus funcionarios, encuentra indicios de irregularida des, de b e investiga rlos y p ro p o ner p roc esos a dministrativos o judic ia les, según el caso, contra la persona responsable de éstas irregularidades.

En caso de que la irregularidad sea producto de un descuido o negligencia, puede proponer que se tomen medidas administrativas, en cambio en caso de encontrarse indicios de voluntad, es decir de fraude o corrupción, debe proponer el inicio del proceso penal correspondiente.

Se debe notar que la Constitución Política del Estado otorga la facultad a la Contraloría General de determinar indicios de responsabilidad 3 , lo que significa que esta institución está facultada para identificar los elementos (indicios) que podrían establecer algún tipo de responsabilidad de un funcionario, pero no tiene la facultad jurisdiccional de sancionar al funcionario. Se debe aclarar que los indicios no son lo mismo que pruebas, sino más bien elementos de sospecha que deben ser probados procesalmente.

Por este motivo en caso de determinarse los indicios de responsabilidad la Contraloría General del Estado debe poner en conocimiento de la autoridad competente estos indicios, para que dicha autoridad, en ejercicio de su competencia, determine la existencia o no de una acción sancionable.

La posibilidad de identificar responsabilidad en la actuación de los servidores públicos es central en tanto la Administración Pública se rige, precisamente, por los principios de transparencia y responsabilidad, entre otros (Artículo 232).

La Contraloría General del Estado puede encontrar indicios de diferentes tipos de responsabilidad, en este sentido la Constitución determina que esta responsabilidad puede ser administrativa, ejecutiva, civil o penal, siguiendo la clasificación existente en la legislación 4 que definía estos cuatro tipos de responsabilidades:

La responsabilidad es administrativa cuando el servidor público, por su acción u omisión, incurra en una irregularidad en el desempeño de sus funciones administrativas, sus sanciones pueden ser desde la llamada de atención hasta la separación del cargo. La autoridad competente para determinar esta responsabilidad es la autoridad ejecutiva de la entidad en la que se produjo la irregularidad.

3 La incorporación de la competencia para la determinación de indicios de responsabilidad administrativa, ejecutiva, civil y penal, tiene también su origen en la Ley 1178 que entre sus finalidades incorporó el concepto de que todo servidor público, sin distinción de jerarquía, asuma plena responsabilidad por sus actos rindiendo cuenta no sólo de los objetivos q que se destinaron los recursos públicos que le fueron confiados, sino también de la forma y resultado de su aplicación (Artículo 1, inciso C). Éste es el principio que sustenta el Capítulo V de la Ley SAFCO que desarrolla la noción de la responsabilidad por la función pública, desagregada en los 4 tipos de responsabilidad: administrativa, civil, penal y ejecutiva, esta última una innovación en el marco jurídico nacional, pues comprenden a autoridades o ejecutivos. Este capítulo es particularmente relevante para la nueva CP de 2009 pues introduce y define el concepto de “servidor público”, asimilado por ésta (Artículo 28 inciso C), los cuatro tipos de responsabilidad; las nociones de repetición por daños que responsabilidad civil; la noción de responsabilidad sobre servidores y ex servidores sujetos al ámbito del control, entre otras, aunque , en algunos casos con modificaciones sustantivas, como , por ejemplo la eliminación de los plazos de prescripción de la responsabilidad funcionaria (que antes era de 10 años, por el Artículo 40, aunque la Constitución actual les establece carácter imprescriptible) 4 La clasific ación de la responsabilidad de los servidores públicos en administrativa, ejecutiva, civil y penal se encuentra presente en la Ley Nº 1178, Ley de Administración y Control Gubernamental de 20 de julio de 1990.

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La responsabilidad es ejecutiva cuando la persona que incurre en la irregularidad es la autoridad ejecutiva correspondiente 5 , ya sea por no presentar informes o estados financieros oportunamente, por no respetar la independencia de la unidad de auditoría interna o en casos de negligencia o deficiencias en la dirección de la entidad a su cargo. La determinación de la responsabilidad ejecutiva corresponde a la autoridad de la entidad que ejerce tuición. La sanción puede ser de suspensión o destitución.

La responsabilidad es civil cuando la acción u omisión del servidor público cause un daño patrimonial valorable en dinero. La responsabilidad por el daño civil debe ser determina da jurisdicc ionalmente a través de un proc eso judic ia l. Su sa nc ión es el pago del daño civil, incluyéndose el pago por daños y perjuicios.

La responsabilidad es penal cuando la acción u omisión del servidor público incurre en una de las conductas previstas como delito. La responsabilidad penal debe ser determinada jurisdiccionalmente a través de un proceso judicial. Su sanción es la determinada por la norma que tipifica la conducta como delito.

Se debe notar que la existencia de un tipo de responsabilidad no es excluyente con las demás, pues por ejemplo en una autoridad, en una decisión ejecutiva se puede cometer un delito que cause un daño económico, en este caso la autoridad tendría tanto responsabilidad ejecutiva como civil y penal.

En el ejercicio de la Función de Control, la Contraloría General del Estado tiene plena autonomía respecto a otros órganos o instituciones públicas, pues no tendría sentido que la Contraloría controle a una institución, estando bajo tuición administrativa de ésta. Es por este motivo que la autonomía es una característica fundamental de todo ente auditor, incluyendo las personas encargadas de realizar auditoría interna públicas o privadaspero con mayor énfasis en las auditorías externas. Si bien la autonomía es un elemento común y deseable en las auditorías tanto públicas como privadas, en las públicas se convierte en fundamental, pues para poder cumplir cabalmente sus tareas, según Lozana y Merino (1998), la Contraloría requiere, entre otras características:

1. Plena independencia operativa, funcional, técnica y presupuestaria, que permita evitar injerencias externas, ya sean económicas o políticas.

2. Disponibilidad suficiente de recursos humanos y financieros.

3. Acceso irrestricto a la información sobre las operaciones del Estado.

En este sentido la Constitución Política del Estado determina que la Contraloría General del Estado tiene autonomía funcional, financiera, administrativa y organizativa.

La importancia de que un servidor público o cualquier persona que contrate con la Administración pública tenga conocimientos básicos de Estado, Derecho y Políticas Públicas permite, desde nuestro punto de vista un trabajo más eficiente, informado y comprometido con la institucionalidad y la legalidad estatal.

5 En este sentido, p ueden incurrir e n responsa bilida d eje c utiva servidores públic os c on fa c ulta d de d ec isión, es decir, autorida des ejec utivas, que pueden, o no, tratarse de la Máxima Autoridad Ejecutiva de la entida d.

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BIBLIOGRAFÍA

Alzate, José. 2009. Capital social, descentralización y modernización del Estado. Estados Unidos: Universidad Atlántica Internacional. Disponible en:

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Bobbio, Norberto. 1999. Estado, gobierno y sociedad. México, FCE.

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Cortez, Roger. 2010. Partic ipac ión y c ontrol soc ial: piezas c laves de la c onstrucc ión democrática y la autodeterminación social. La Paz - Bolivia: FES-ILDIS; FBDM.

Huntington. P. Samuel. 1968. El Orden Político en las Sociedades en Cambio, Editorial Paidós, Buenos Aires-Argentina, 1990.

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Recasens Siches, Luis. 1976. Tratado General de Filosofía del Derecho. México DF, Ed. Porrúa.

Tapia, Luis. 2007. La igualdad es cogobierno. La Paz - Bolivia: Plural editores

TAREAS COMPLEMENTARIAS PARA ESTE DOCUMENTO

La lectura de este primer documento debe complementarse con la lectura de:

Plan de Desarrollo Económico Social, 2016. Versión en PDF.

EVALUACIÓN

1. Elija una función del Derecho, la más importante desde su parecer. Por favor justifique su elección (extensión recomendada 1 página, letra Arial 11 interlineado simple).

2. Elija tres pilares del Plan de Desarrollo Económico que se relacionan directamente con la elaboración de políticas públicas. Por favor justifique esta elección (extensión recomendada 1 página, letra Arial 11 interlineado simple).

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CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICAS PÚBLICAS LECTURA OBLIGATORIA 2 - Del Estado neoliberal al Estado plurinacional
CURSO DE CAPACITACIÓN:
POLÍTICAS
PÚBLICAS
LECTURA
OBLIGATORIA 2
- Del Estado neoliberal al Estado plurinacional
autonómico y productivo
- El Estado Plurinacional
- El Papel del Estado en el Modelo Productivo
cencap.contraloria.gob.bo

Presentación

“Del Estado neoliberal al Estado plurinacio- nal autonómico y productivo” es la primera propuesta que la Revista Discursos y Ponen- cias, pone a consideración de sus lectores en este 2009 y es el resultado de la conferencia magistral del ciudadano Álvaro García Li- nera, Vicepresidente de la República y Pre- sidente Nato del Congreso Nacional, en la Universidad Domingo Savio de la ciudad de Santa Cruz, en el mes de diciembre de 2008.

En esta edición, el Vicepresidente de la Re- pública define al Estado y sus tres compo- nentes estructurales, y plantea elementos para estudiar al Estado en momentos de cri- sis y transición.

La Paz, enero de 2009

Héctor Ramírez Santiesteban

SECRETARIO GENERAL VICEPRESIDENCIA DE LAREPÚBLICA PRESIDENCIA DEL H. CONGRESO NACIONAL

Del Estado neoliberal al Estado plurinacional autonómico y productivo

Conferencia del Vicepresidente de laRepública Ciudadano Álvaro García Linera Universidad Domingo Savio

Santa Cruz, diciembre 11 de 2008

En

esta conferencia voy a conversar con uste-

simple Poder Ejecutivo. Al dar el ejemplo de

des

entorno a unos conceptos sobre el Estado

lo que es el Estado me referí a sistemas insti-

que trabajé tiempo atrás. Cuando daba clases

en la licenciatura de Sociología, en el post gra- do y en el doctorado, escribí un par de textos sobre ellos. Mi último libro editado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) en Argentina 1 , recupera la parte fi-

tucionales pero también a sistemas de gene- ración de ideas, como la escuela, la currícula, el ejercicio y cumplimiento de órdenes judi- ciales, etc.

nal

de la temática que compartiré con ustedes.

Entonces, a partir de este primer acercamien- to, lo que propongo es que cuando hablamos

Mi

exposición girará alrededor del concepto

del Estado, en términos académicos e intelec-

de

Estado, del poder al interior del Estado y

de una categoría que yo propuse en un debate académico hace tres años atrás que es el pun- to de bifurcación o la transición de una forma estatal a otra.

tuales, nos estamos refiriendo a un sistema político que tiene al menos tres componentes:

el Estado como un conjunto de instituciones, el Estado como un conjunto de ideas fuerza y el Estado como correlación de fuerzas entre bloques sociales.

El Estado y sus tres componentes estructurales

Cuando hablamos de Estado lo primero que se nos viene a la mente es el gobierno. Es cier- to que el gobierno forma parte de la estruc- tura estatal, también el Congreso, el Poder Judicial, las prefecturas que forman parte del Ejecutivo y de esta manera del Estado. Pero no solamente estas instituciones forman parte de la estructura estatal, también lo hacen, por ejemplo, la Policía Nacional, las Fuerzas Ar- madas, el sistema judicial, las universidades y escuelas públicas, el régimen de impuestos, el Banco Central de Bolivia, el control de di- visas, el dinero, la currícula educativa. Si us- tedes se fijan, al hablar de Estado, entonces, hablamos de algo mucho más amplio que el

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El Estado es, entonces, un conjunto de insti- tuciones, procedimientos y normas, ése es el primer componente estructural del Estado. El marxismo es el que más ha contribuido a estu- diar la temática del Estado como institución, en la clásica lectura marxista de que el Estado es una máquina de dominación.

El segundo componente consiste en que el Estado es un monopolio de las ideas fuerza de la sociedad, del sentido común de la vida colectiva. El Estado es más que un conjunto de máquinas burocráticas administrativas,

1 García, Álvaro. La Potencia Plebeya: Acción Colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Boli- via. Buenos Aires: CLACSO. 2008.

también es un tipo de generación de ideas como por ejemplo: el respeto a la autoridad, la aceptación de los procedimientos judiciales, normativos o financieros, que son fundamen- talmente ideas, creencias que permiten que el dinero juegue el papel de dinero, que la ley juegue el papel de ley, que la educación jue- gue el papel de formación de las personas y de creación de una cultura nacional. En fin, el Estado monopoliza las ideas y creencias que permiten que la gente acate “voluntariamen- te” o consienta la aplicación y la legitimación de las decisiones gubernamentales entorno a la ley, el orden, la educación, la cultura, el uso del dinero, etc.

Qué es lo que permite que el papel pintado de azul que lleva una persona sea aceptado por otra como diez bolivianos. Esa magia que se pone en juego cuando uno tiene un papel y lo presenta a una vendedora que lo acepta como algo que tiene valor, es un régimen estatal de creencias que ha hecho que niños, adolescen- tes y mayores, aceptemos que la entrega de ese papel sea devuelta con un producto: alimento, ropa, servicios, etc. O el hecho de que cuando ustedes sacan el título profesional, de aboga- do por ejemplo, piden trabajo en una empresa con ese título y el empresario les crea que son abogados y les proponga pagarles cierto sala- rio. Ésa es la creencia, la aceptación de que ese título emitido por la universidad es legítimo, correcto, verdadero, representa algo y no es una estafa.

La vida cotidiana, en la economía, en la cultu- ra, en la justicia, en el ámbito administrativo, se mueve a partir de estas creencias que va- lidan y que hacen respetar ciertas decisiones burocráticas. Ésta es la segunda dimensión del Estado, la de una máquina que monopo- liza un conjunto de creencias, de ideas fuer- za de la sociedad. Este segundo ámbito del Estado lo han trabajado fundamentalmente Max Weber, sociólogo alemán muy importan- te, y otro sociólogo alemán llamado Norberto

Elías, que trabajó el concepto del monopolio de procedimientos tributarios pero también el de creencias y de legitimaciones del compor- tamiento social.

El tercer componente del Estado es el de la co-

rrelación de fuerzas o flujos de poder político.

Esto quizás es más visible hoy, en momentos

tensos, cuando una sociedad se crispa por tal

o cual problema o demanda. Eventualmente

hoy, la posibilidad que el dinero del Estado pueda ser utilizado para fomentar al peque- ño productor es más viable que la posibilidad que ese mismo dinero pueda fomentar al gran terrateniente. Hace cinco o diez años atrás, era más probable que cien o quinientos millones de dólares fueran utilizados en función del la- tifundio que del crédito al pequeño productor. Este ejemplo quiere decir que algo ha sucedi- do con la correlación de fuerzas en la toma de decisiones acerca del uso de los recursos del Estado. Hoy se puede tomar, por ejemplo, la decisión de nacionalizar las empresas que fue- ron privatizadas hace diez años y, por tanto, los beneficiados con esas decisiones del Esta- do se han modificado y, principalmente, se ha modificado el bloque social que toma decisio- nes, que define el uso de los recursos públicos. Son los intereses de determinadas clases o sec- tores sociales los que orientan el uso del exce- dente social público. La externalización de las

ganancias públicas, como sucedía antes, fue decidida por clases y grupos sociales cuyos in- tereses y necesidades radicaban fuera del país. En cambio, la retención del excedente público

a través de las nacionalizaciones, como suce-

de hoy, favorece a la utilización nacional de las riquezas y está claro que quienes empujan esta necesidad son clases sociales cuya vida y proyectos están anclados en el territorio nacio-

nal.

La correlación de fuerzas habla, entonces, de cambios en los bloques sociales del poder es- tatal. Si bien el Estado es una estructura po- lítica que pertenece a todos, que atraviesa a

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todos y que afecta a todos los habitantes del país, el mando y la dirección de esa estructura política recae en un sector social, el bloque de poder. Y ese bloque de poder que caracteriza la vida de un Estado cambia de una época a otra, dependiendo de la correlación de fuerzas prevaleciente en ese periodo histórico.

Lo que vemos por tanto es que todo Estado es también correlaciones de fuerzas, esto es bloques de poder que en un momento dado tienen la capacidad de controlar el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, y en otros momen- tos se repliegan y asciende otro bloque de po- der que tiene más capacidad de influencia en el Legislativo, el Ejecutivo o en la banca y los créditos.

Ésta es la dimensión más dinámica del Estado, como correlación de fuerzas entre bloques so- ciales, fracciones de clase que temporalmente ocupan posiciones de mando o posiciones de obediencia y de dominación.

El año que viene, el Estado boliviano inverti- rá 1.800 millones de dólares. Con la inversión de mil millones de dólares en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), será una inversión histórica de 2.800 millones de dólares. Quién define eso, por qué se invertirá aquí y por qué no allá, por qué en la produc- ción y por qué no en la inversión en bancos externos, por qué no en ferrocarriles y sí en hidrocarburos; esas decisiones del destino de los recursos públicos las toman gente de car- ne y hueso, hombres y mujeres que provienen de una colectividad y clase social. Esas clases sociales varían en el Estado y son sus intere- ses, sus preocupaciones, sus necesidades las que hacen priorizar en la decisión de Estado. Si un obrero llega a ser Vicepresidente, por ejemplo, está claro que su preocupación, en términos de empujar la línea de gobierno, será a partir de su experiencia y su preocupación como obrero. Y si un académico o un empre- sario llegan a ser Vicepresidente o Presidente,

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está claro que las leyes que le interesarán o que promoverán en el debate administrativo en gabinete, que priorizarán para utilizar los fondos estatales, las van a direccionar a partir de su ser social: ser obrero, ser campesino, ser empresario, ser académico, como experiencia y posición social en la toma de decisiones es- tatales; ésa es la correlación de fuerzas. Todo Estado en el mundo entero resume o crista- liza una determinada correlación de fuerzas entre clases sociales, entre bloques de poder; el fondo de un Estado es eso, un flujo de in- tereses sociales que logra articular al resto de la sociedad, se objetiviza como institución, la institución se pone en funcionamiento y se cohesiona con el comportamiento individual a partir de las ideas.

Con ello, ya tenemos una panorámica inicial de cómo podemos entender el Estado en ge- neral, el norteamericano, el boliviano, el del año 1952, el francés, el coreano. Es una má- quina política que tiene una dimensión insti- tucional: Parlamento, Poder Ejecutivo, Poder Judicial, Policía, tribunales, Fuerzas Armadas, procedimientos internos, etc.; el Estado tam- bién es un monopolio de las creencias e ideas dominantes de una sociedad; qué es lo bueno, lo deseable, lo abominable, lo execrable; y en tercer lugar, como fondo de todo, el Estado es una correlación de fuerzas, de bloques de poder, de bloques de influencia que logran tener mayor o menor capacidad de decisión en la administración de recursos, de ideas, de leyes, de financiamientos públicos. Es como una moneda de tres caras: a la vez el Estado es instituciones, es creencias dominantes de la sociedad y es el resultado de una correlación de fuerzas sociales.

Pero además, en el Estado estamos todos, no hay que ser gobernante para estar en el Esta- do, desde el momento en que se paga impues- tos, se habla un idioma, se hace un trámite, se recibe un salario, se acata la disposición de un juez, desde ese momento, se es parte del Es-

tado. Evidentemente, hay un sector que tiene un papel influyente en el Estado, ése es el blo- que de poder. Aquellos sectores que no tienen un papel influyente en las decisiones estatales conforman el bloque dominado al interior del Estado.

Una definición un poco más filosófica kan- tiana dice que: “El Estado es el yo colectivo”, Marx le respondía: “es un yo colectivo iluso- rio”, no entraré al debate filosófico Kant-Marx ni Hegel-Kant, simplemente recojo esta idea:

el Estado es una relación entre las personas que versa sobre lo político, se objetiviza en instituciones, se viabiliza a través de ideas do- minantes de la sociedad y es la representación de cómo han quedado jerarquizadas por un tiempo (un año, diez años, cien años) las cla- ses sociales de una sociedad nacional. Pode- mos resumir así el primer concepto de lo que es un Estado en tiempos modernos.

En el ámbito académico, buena parte de los es- tudiosos del Estado Kelsen, desde el punto de vista más judicial, Weber, que es el clási- co al que todos acudimos, Hegel, Kant, Marx, Bourdieu, Norberto Elías, más recientemente la escuela regulacionistapor lo general lo han estudiado en los momentos en que está es- table, el Estado como regularidad, y sus estu- dios académicos han reflexionado sobre eso.

Pero hay un ámbito del Estado no muy estu- diado por la sociología, la ciencia política o el derecho que es el Estado en sus momen- tos de transición o turbulencia de fase. Es un estudio muy interesante y complicado, no es fácil estudiar al Estado en transición, es más fácil estudiar al Estado cuando es sóli- do, estable, regular, repetible, previsible, en momentos de estabilización social. El Esta- do en momentos de crisis, en momentos en que transita de una creencia a otra, de una correlación de fuerzas a otra, de una institu- cionalidad a otra, requiere otro tipo de cate- gorías y no es muy fácil buscar autores para

apoyarnos en ellos. En el caso de Bolivia, evi- dentemente el clásico para estudiar el Esta- do en estos tiempos de transición es Zavaleta Mercado, recientemente han reeditado en La Paz el libro “Lo nacional popular” que es un excelente texto para estudiar dos momentos, fundamentalmente el tránsito del Estado re- publicano, la primera etapa, hacia el Estado liberal de fines del siglo XIX, y en parte, el fin del Estado liberal y el tránsito al Estado na- cionalista revolucionario. Es un texto clásico para la ciencia política boliviana que se lee en las universidades del mundo.

Otros textos útiles para este análisis son, por supuesto, los de Marx, también los de Robes- pierre, llamado “El incorruptible”, un hombre de clase media que fue gobernante en los tres años de la Revolución Francesa y dejó una se- rie de escritos muy reveladores sobre ese Esta- do en transición. Otro autor clásico puede ser Lenin, pero también podemos usar a Antonio Gramsci (que lee a Lenin), un intelectual ita- liano de principios de siglo XX. Es de Grams- ci de quien utilizaré ahora algunos conceptos para introducirme al Estado en tiempos de transición.

Turbulencia de fase o el Estado en momentos de transición

Una vez definido el Estado, entraré ahora al Estado en crisis, que es un poco lo que Bolivia ha vivido y está viviendo desde el año 2000. Permítanme hacer una periodización de los Estados bolivianos del siglo XX. El Estado li- beral duró de 1900 a 1942, la crisis del Estado liberal duró diez años y en 1952 se dio la Revo- lución; de 1952 a 1977 duró el Estado naciona- lista revolucionario, tuvo un momento demo- crático y otro autoritario, su crisis se dio entre 1978 y 1986. El periodo del Estado neoliberal fue de 1986 al 2000, su crisis el año 2000. La hipótesis de trabajo que voy a trabajar es que en septiembre de 2008 para adelante, como culminación de la crisis del Estado neoliberal,

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se dio origen a la fase inicial de la construcción del nuevo Estado.

Cómo estudiamos el Estado en transición, es decir, cuando la estructura estatal entra en declive, cuando las creencias se debilitan, las instituciones dejan de ser legítimas, las corre- laciones de fuerza dejan de ser acatadas, re- frendadas, aceptadas y se entra en un proceso de turbulencia política. Bolivia ha vivido por el lapso de ocho años una crisis estatal, enton- ces, voy a proponerles unos conceptos para intentar estudiar estos ocho años del Estado en transición que hoy están dando lugar a otro Estado.

Viendo la historia estatal boliviana de los últi- mos cien años, tendríamos procesos cíclicos: el inicio del Estado, la estabilización, el periodo de crisis, el de transición, el inicio del nuevo Estado, y así sucesivamente. Si representamos estos ciclos con unas ondas, nos estaríamos fi- jando, entonces, en la parte baja de la onda, el momento de crisis. ¿Cómo estudiamos este momento?, pues a partir de estudiar qué su- cede con las tres dimensiones del Estado, es decir, qué les sucede a las instituciones, a las creencias y a la correlación de fuerzas.

Cómo era la estructura de correlación de fuer- zas, el sistema de instituciones y el de creen- cias de 1985 al año 2000. En breve, la correla- ción de fuerzas consistía en lo siguiente: en el bloque de poder dominante estaban el capital extranjero, recordemos que hasta 2003 cerca del 35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) estaba en manos extranjeras, es decir, de cada cien bolivianos que se generaban en el país, 35 pertenecían al sector extranjero que era el dominante fundamentalmente en los rubros de hidrocarburos y telecomunicacio- nes y, en menor medida la agroindustria. Per- tenecía también al bloque de poder un sector del empresariado local vinculado a mercados externos (minería y agroindustria), el sector financiero, los organismos de apoyo interna-

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cional que definían las políticas públicas y su financiamiento, básicamente Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI), en menor medida la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Ellos conformaban el bloque de poder entre los años 1985 al 2000.

Las ideas dominantes que en los medios de comunicación, en la academia, en el debate in- telectual, en la charla personal o en el debate político, regían la vida intelectual de los boli- vianos fundamentalmente eran tres: una, que la privatización traería recursos para moder- nizar la economía del país; dos, que la globa- lización era un hecho irreversible, casi natural al que había que sumarse para conquistar el bienestar y la modernización de la sociedad; y tres, que la democracia era un régimen de pac- tos políticos de élite que resolvían los temas políticos en tanto la población se dedicaba a su vida cotidiana, civil, económica o cultural. Ése era el régimen de creencias dominante.

La institucionalidad que se armó alrededor de esas creencias, de esa correlación de fuerzas, era básicamente la separación ilusoria de po- deres Ejecutivo, Legislativo y Judicial, cuando en los hechos el Ejecutivo mandaba sobre el Legislativo y el Legislativo se cuoteaba el Ju- dicial; la conformación de la Corte Suprema, del Tribunal Constitucional y otras instancias era fruto de una componenda, de una distri- bución entre partidos de acuerdo a la votación que habían sacado en las elecciones. Si un par- tido tenía el 35 por ciento de votos, este cuoteo consistía en que le correspondía nombrar al 35 por ciento de los magistrados, de los tribunos, de los fiscales, etc. Éste era el régimen, la co- rrelación de fuerzas, las creencias y la institu- cionalidad de “la democracia pactada”.

Cómo es que este régimen entra en crisis. Per- mítanme usar una breve reflexión de un soció- logo norteamericano llamado Ted Gurr, quien asegura que uno de los elementos para enten-

der las crisis sociales es estudiar la separación entre la línea de las expectativas colectivas y la línea de las realidades alcanzadas por una so- ciedad. Un gobierno estable, dice, se da cuando

el nivel de expectativas se mantiene casi para-

lelo al régimen de satisfacción de necesidades. Cuando estas dos líneas se separan, por ejem- plo cuando el nivel de expectativas se incre- menta y el de satisfacción de necesidades está estable, surgen la crisis social. O viceversa, si el nivel de expectativas se mantiene estable pero

el nivel de satisfacción de necesidades cae, sur-

gen la crisis social. Esta reflexión puede servir para interpretar lo que ha pasado en Bolivia en el periodo 1995 2000. Se crearon demasia- das expectativas respecto a la modernización de la economía vía inversión extranjera; se ofreció 500 mil empleos y la industrialización del país,. Supuestamente la capitalización iba

a generar progreso y desarrollo del capitalis- mo en Bolivia. Existieron demasiadas expec-

tativas con una realidad económica modesta o depauperante en satisfacción de necesidades.

Y es en esta frustración relativa de la sociedad

que las estructuras colectivas de movilización

local se articulan en redes de acción regionales

o nacionales de tipo reivindicativo y político, dando lugar a los ciclos de protesta social.

Paso al siguiente punto que es el periodo 2000- 2003, cuando la gente comenzó a descreer en sus gobernantes, a distanciarse; el momen- to clave para la emergencia de esta distancia entre gobernados y gobernantes fue, no cabe duda, la Guerra del Agua, en Cochabamba, en el año 2000.

Les propongo cuatro conceptos para estudiar este momento de crisis de Estado: momento del develamiento de la crisis, empate catastró-

fico, sustitución de bloques de poder y, por úl- timo, punto de bifurcación. Son conceptos que propuse hace seis años atrás y me parece que son consistentes para estudiar los tiempos de crisis del Estado. Explico los cuatro conceptos

y luego entro a la explicación ejemplificada.

El develamiento de la crisis de Estado

Entre un Estado (nacionalista - revolucionario o neoliberal) y otro Estado, hay un puente en el que la correlación de fuerzas, las creencias dominantes y las instituciones se desmoronan, se resquebrajan, se debilitan. Primero ocurre el desencanto, luego viene la turbulencia y final- mente, un nuevo Estado. Ninguna sociedad puede vivir indefinidamente en crisis y con- frontación estatal; a los seis meses, al año, a los cuatro, a los siete años buscará estabilidad, es decir, buscará consolidar la estructura estatal. Pero entre este viejo Estado y el nuevo, hay un puente que tiene cuatro etapas: momento de develamiento de la crisis, empate catastrófico, sustitución de élites y punto de bifurcación.

El develamiento de la crisis es el momento en el que las ideas dominantes de la sociedad ya no son creíbles y comienzan a ser cuestionadas de una forma tal que la gente está dispuesta a oír otras ideas, a aceptar o a interesarse por otras creencias que comienzan a sustituir a las dominantes. Cuando al interior de la so- ciedad, unos sectores sociales, todavía mino- ritarios, comienzan a movilizarse criticando y rechazando con eficacia a los sectores domi- nantes, ése es el momento de develamiento de la crisis del Estado. Es cierto que siempre hay protestas, pero cuando éstas impugnan el núcleo ordenador del sentido común de época dominante y esa impugnación tiene un nivel de eficacia, de impacto, que obliga a las clases dominantes a cambiar de actitud, se da el de- velamiento de la crisis. Este momento tiene la característica de que la institucionalidad do- minante deja de seducir los comportamientos colectivos de las personas, deja de tener regu- laridad y funcionamiento normal, se estanca, no se emiten leyes, no se cumplen decisiones, no se ejecutan resoluciones del Ejecutivo, etc. Ojo: una crisis de Estado es más que una cri- sis de gobierno, ésta última se resuelve cam- biando al Presidente, al Vicepresidente o a los ministros. Una crisis de Estado es eso y 50 ve-

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ces más que eso, es el derrumbe de las ideas dominantes de una sociedad, de las fuerzas dominantes y de las instituciones de una so- ciedad.

En el caso de Bolivia este momento se da entre 2000 y 2003, cuando en la sociedad comienzan a emerger con fuerza otras ideas distintas a las de la privatización, de la globalización y de los espurios pactos partidarios. Estas nue- vas ideas surgen como un sentido común de época. Y si en el fondo la política es la lucha por el sentido común de la sociedad, quien logra controlar ese sentido común, controla el Estado, porque éste es fundamentalmente ideas más que máquina, es creencias más que institución, es legitimidad regularizada e ins- titucionalizada más que legalidad. Al fin y al cabo, la legalidad no es nada más que la le- gitimidad institucionalizada y con el tiempo olvidada como tal.

Desde el año 2000 al 2003 surgen otras creen- cias movilizadoras, no dominantes pero in- terpeladotas, cuestionadotas y expansivas. En varios lugares del país tres ideas clave territorializadas comenzaron a surgir en ese periodo: la de la igualdad entre indígenas y mestizos, la idea de la nacionalización de los recursos naturales y la idea de la autonomía Estas tres grandes ideas fuerza existían antes pero no lograban cohesionar un auditorio, no eran fuerza movilizadora, estaban ahí, los in- telectuales y los periodistas hablaban de ellas, en una reunión de abogados se comentaba es- tos temas, pero no tenían todavía carne, no lograban enraizar en fuerza social. A partir de los años mencionados, estas ideas comen- zaron a emerger desde abajo, a apoderarse crecientemente del imaginario colectivo y, con ello, a sustituir gradualmente a las ideas dominantes. No las derrotaron todavía, pero comenzaron a corroer el régimen dominan- te de ideas, dando lugar a un nuevo sistema potencialmente sustitutivo de creencias y le- gitimidades.

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En lo que se refiere a la institucionalidad, a partir del 2000, las movilizaciones sociales co- menzaron a sustituir los acuerdos parlamen- tarios en la toma de decisiones. Ya no era tanto

el Parlamento el lugar donde se debatía, sino

las asambleas, los cabildos, las zonas de blo- queo y movilización donde se comenzaron a generar las nuevas ideas que empezaron a in- terpelar al conjunto de la sociedad y a volverse efectivas mediante la presión. Es el caso de la ruptura del contrato de privatización del agua

en Cochabamba o la anulación del tratamiento de la Ley de aguas en septiembre de 2000.

Y en términos de la correlación de fuerzas, co-

menzó a emerger otro bloque social que inter- peló, cuestionó y planteó un objetivo que iba más allá de la reivindicación social. Ahora, ese nuevo bloque social se planteaba el poder po- lítico y, con ello, comenzó a constituirse en un bloque social de poder alternativo.

El empate catastrófico

Del 2003 al 2005, se dio el momento del “em- pate catastrófico”. Éste un concepto que utili- zó Antonio Gramsci para hablar del nivel de conflictividad social que se genera cuando en una sociedad dos bloques sociales se enfren- tan por el liderazgo intelectual, moral y po- lítico. Hay un empate catastrófico cuando el bloque dominante del Estado se confronta con

el bloque emergente del Estado y ambos tie-

nen fuerza de movilización social, ambos son portadores de proyectos de poder nacional y ambos tienen la capacidad de irradiar territo-

rialmente esa fuerza.

En el país, el empate catastrófico se dio entre 2003 y 2005, porque a raíz de la movilización popular que hizo huir a Sánchez de Lozada del gobierno, se consolidaba un bloque de poder con capacidad de movilización no solamente regional sino nacional. Este bloque emergente era portador de un proyecto de poder nacio- nal con capacidad de irradiación. El poder del

Estado es nacional, por eso es importante po- ner atención que este momento político se da en presencia de movilizaciones y proyectos de poder político confrontados nacionalmente.

Ésta fue una de las debilidades, por ejemplo, del proyecto del Conalde, cuando en el año 2008, intentó construir un proyecto de poder a partir de la suma de regiones, gran error aca- démico, intelectual, teórico y político. No se construye proyectos nacionales sumando re- giones. La gran debilidad que tuvo el Conalde fue que creyó que sumando una región más otra y más otra, tendría la nación y eso no es cierto, lo que sucedió fue que perdió de tres regiones y se quedó con dos y media. Quien quiera tener un proyecto de poder, tiene que irradiar nacionalmente, o se es nacional en proyecto de poder o no se es nada más que un germen de proyecto. Por eso, una socie- dad atraviesa el empate catastrófico cuando se confrontan proyectos de poder nacionales con capacidad de movilización e irradiación también nacionales.

La sustitución de bloques sociales

El tercer momento de la crisis de Estado es la modificación del bloque de poder. Cuando en el empate catastrófico de dos proyectos de so- ciedad, de dos voluntades de poder nacional,

se confrontan, este empate no puede durar indefinidamente; uno de los proyectos tiene que sobreponerse al otro y cuando eso sucede, cuando se sobrepone temporalmente un pro- yecto sobre el otro, estamos ante la conversión

o transformación del bloque de poder. No sig-

nifica que eso sea irreversible, puede ser sólo temporal y puede darse que en unos meses o años se revierta. Pero cuando el bloque de po-

der emergente se sobrepone temporalmente al dominante, estamos ante una reconversión, transformación, mutación del bloque de po- der y de élites de poder. Eso sucedió en 2005, por vía democrática electoral con la victoria del MAS, con el histórico 54 por ciento de la

votación nacional. Esa victoria electoral luego tuvo su correlato en términos de uso de recur- sos de la inversión pública, modificación de la estructura de poder agrario, de la estructura productiva, de la renta petrolera; fue un hecho político que luego tuvo su correlato económi- co que modificó la relación socioeconómica de poder del país. Voy a dar un dato objetivo para entender esta idea: en 2003 el Estado se queda- ba con 27 al 30 por ciento de la renta petrolera. En 2008, ese porcentaje con el que se queda el Estado es de 65 a 75 por ciento, dependien- do del campo petrolero. Es una modificación estructural de porcentajes que corresponde a una modificación electoral y política de corre- laciones de fuerzas a nivel del Estado. Éste es el tercer momento de la crisis del Estado.

Pero esto es inestable todavía. La sustitución de bloques de poder no resuelve aún la nueva estructura del Estado y, por lo tanto, se man- tienen la inestabilidad, la confrontación y las polarizaciones. Tarde o temprano, (ha sucedi- do en Francia, en Rusia, en Estados Unidos, en Bolivia años atrás) o el viejo bloque de poder retoma nuevamente su liderazgo o el bloque de poder emergente se consolida. Algo tiene que suceder y por lo general ese algo sucede bajo la forma de un tensionamiento de fuerzas. A ese momento específico de la historia en el que la lucha por el poder se resuelve mediante un tensionamiento de fuerza, lo denominaremos con el concepto de “punto de bifurcación”. Por tanto, cuando hay crisis estatales que se carac- terizan por la estabilidad, confrontación, po- larización, habrá un momento en uno, cinco o diez años, en el que el sistema se estabilizará. Ese momento en el que la inestabilidad devie- ne en estabilidad duradera, cuando del caos surge tranquilidad duradera, ese momento se llama punto de bifurcación.

El punto de bifurcación

Bolivia ha atravesado el momento de la visi- bilización de la crisis de Estado, el del empate

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catastrófico, el de la transformación del blo- que del poder, ahora, la hipótesis de trabajo que propongo es que Bolivia ha vivido en los meses de septiembre y octubre de 2008 el mo- mento del punto de bifurcación.

Cuáles son las características del punto de bifurcación: primera, que cierra el ciclo de la crisis estatal y da lugar gradualmente a la construcción de la nueva estructura estatal, a su estabilización por vía de la construcción de instituciones correspondiente a la nueva co- rrelación de fuerzas predominante en el cam- po político; segunda, es un hecho de tensio- namiento de fuerzas. Un ejemplo violento de punto de bifurcación es el ocurrido en 1952, del 9 al 12 de abril, con insurrección popular, el levantamiento de la gente, la sublevación armada de los obreros que desarmó a la Po- licía y al Ejército, y tomó el poder político. En esos tres días se dio el punto de bifurcación entre el Estado liberal decadente y el Esta- do nacional revolucionario ascendente. Otro ejemplo de punto de bifurcación, uno pacífico porque el punto de bifurcación no siempre es violento, es el ocurrido en septiembre de 1986, cuando reconquistada la democracia y ante la decisión del gobierno de Víctor Paz de cerrar los centros mineros, la Central Obrera Boliviana (COB) convocó a una gran moviliza- ción de resistencia. Para ellos, en septiembre de 1986, marcharon de Oruro a La Paz quince mil obreros, la vanguardia obrera, la élite de la lucha proletaria revolucionaria de Bolivia, con el objetivo de impedir la aplicación de los proyectos neoliberales del gobierno. El movi- miento obrero se movilizó masivamente para restablecer los pactos del viejo Estado nacio- nalista que estaban siendo desconocidos por Víctor Paz. Cuando estaban marchando 300 Km., llegando a Calamarca (como a 60 Km. de La Paz), fueron rodeados por las Fuerzas Armadas y la Policía. Los 15 mil mineros que era la columna vertebral de la COB, heroica, histórica, luchadora por la democracia,fueron rodeados y conminados a retroceder. Había

dos opciones: o bien seguir la marcha con el riesgo de una gran confrontación entre mine- ros y Fuerzas Armadas, o bien que los obreros capitularan y se fueran para atrás. Los mine- ros vieron a los militares y dijeron: “aquí se acabó todo” y volvieron a las minas y a las f{- bricas. No hubo ni un solo disparo y ellos se rindieron. Luego se cerraron minas y fábricas, la COB se derrumbó. Ahí acabó la historia de la COB y acabó también la crisis de Estado que había surgido desde 1977 hasta 1986 yemerge lo que hemos denominado el Estado neolibe- ral, de 1986 al 2000. El punto de bifurcación se dio, entonces, en el momento de la Marcha por la Vida, cuando la vanguardia obrera boli- viana ve que no puede hacer nada, se rinde y se disuelve como clase social.

Hipótesis de trabajo: Bolivia habría vivido su tercer punto de bifurcación de los últimos se- senta años, en los meses de agosto a octubre de 2008. En esta periodización de la crisis de Estado, tenemos que la crisis nace en 2000, el empate catastrófico en 2003 a 2005, el cambio del bloque de poder en 2005 y el punto de bi- furcación en septiembre y octubre de 2008. Quizás es demasiado temprano para poder justificar esta hipótesis de trabajo, quizás los acontecimientos de aquí a unos meses me con- tradigan y delante de ustedes voy a tener que pedir disculpas y cambiar mis conceptos, pero me inclino a pensar que así ha sucedido.

Si esta hipótesis fuera cierta tendríamos un punto de bifurcación curioso, teóricamente singular e históricamente complicado, que ha resultado de una mezcla de hechos electorales, de hechos de fuerza y de hechos de consen- so. Si ustedes quieren, septiembre y octubre fueron una mezcla de Habermas, el filósofo alemán de la teoría de la acción comunicativa que apela a que uno puede lograr enriquecer las prácticas democráticas a partir de la acción dialógica discursiva de las personas, con un poco de Tsun Tsu, un antiguo estratega chino de los años 300 ó 400 antes de Cristo que tiene

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un hermoso texto que se llama “El arte de la guerra” (créanme que para mí es el mejor tex- to de política). A su modo, la política es la con- tinuación de la guerra por otros medios, no al revés como decía Klausewitz, un estratega militar alemán, que decía que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Siguiendo a Foucault y a Nietzsche, en estos momentos de polarización, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Inicialmente, el punto de bifurcación arrancó con un hecho democrático electoral: el Refe- réndum revocatorio de Presidente y Vicepre- sidente de agosto de 2008. Sus resultados mo- dificaron la correlación de fuerzas territorial del campo político, dos prefectos opositores fueron revocados, el Presidente de la Repú- blica se consolidó con más de dos tercios de los votos de los bolivianos y, lo que resultó de- cisivo, la “media luna” desapareció del mapa electoral al lograr el gobierno victorias en de- cenas de provincias y barrios populares de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando.

Estos resultados modificaron drásticamente la correlación de fuerzas territoriales, ases- tando un golpe mortal a la expansión política de las fuerzas conservadoras que perdieron proyección nacional y quedaron arrinconadas a testimonios de presencia política local. Los promotores de este referéndum: la derecha parlamentaria y la embajada norteamericana, calcularon mal. Habían pensado debilitar al gobierno y disminuir la mayoría electoral de diciembre de 2005. El resultado fue el inverso, se visibilizó una nueva mayoría política y terri- torialmente el gobierno expandió su presencia en la totalidad de los nueve departamentos.

El segundo momento de la bifurcación es la fuerza, la masacre de Pando, las tomas de ins- tituciones, las quemas, las tomas de aeropuer- tos, la movilización, los enfrentamientos, el es- tado de sitio y el repliegue de los movilizados. Éste es un tiempo en el que la política se des-

nuda como despliegue y exhibición de fuerza bruta. La derecha se lanza a un golpe de Esta- do, destruye instituciones, desconoce autori- dades, persigue y amenaza a pobladores, co- mete actos de terrorismo contra instalaciones energéticas y asesina a dirigentes campesinos. Lo que no pudo ganar con el voto, intenta ha- cerlo mediante la violencia. El gobierno reafir- mado con el voto, despliega el uso legítimo de la fuerza pública para defender la democracia y la institucionalidad. Complementariamente, los sectores sociales populares de Santa Cruz se movilizaron en lo que ha sido la moviliza- ción urbana y campesina más importante de la historia cruceña en defensa de la democra- cia y de la vida.

Las fuerzas confrontadas se miraron, no dialo- garon, hicieron el recuento de sus fortalezas y debilidades y, al final, tras la suma de capaci- dades, la derecha golpista retrocedió. En este recuento de fuerza desnuda, no solamente se tomó en cuenta la cantidad de la fuerza social potencialmente movilizable, sino también la convicción y la voluntad de los respectivos mandos políticos. Así, mientras la derecha gol- pista de día contabiliza el número de grupos fascistas y de recursos económicos disponi- bles para atemorizar a la población, de noche está preocupada en organizar sus vacaciones de fin de año a Miami o la compra del nuevo

para su colección de automóviles. El

Hummer

gobierno, en cambio, al tensionamiento de las fuerzas sociales y de las fuerzas de coerción legítimas del Estado, sumó la decisión de estar dispuesto absolutamente a todo en esta bata- lla, con tal de garantizar el respeto a la demo- cracia y la continuación de los cambios estruc- turales. La suma de fuerzas y voluntades dio lugar a la retirada vergonzosa de la derecha.

El tercer momento del punto de bifurcación es un hecho dialógico: en el Congreso se jun- taron las fuerzas políticas y lo que no pudo hacer la Asamblea Constituyente, culminar el proceso constituyente, el Congreso lo resolvió

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mediante una serie de acuerdos que recogie- ron lo avanzado en los encuentros con los pre- fectos semanas antes.

Tenemos, entonces, que este punto de bifurca- ción ha sido una compleja mezcla de hechos electorales, de práctica democrática, de acuer- dos, de razones articuladas y de tensionamien- to de fuerzas, es decir, una extraña mezcla de Habermas y de Tsun Tsu.

Si bien aún falta ver los resultados del Refe- réndum por la nueva Consfiución Política del Estado, considero que este momento cierra la crisis de Estado porque, primero, se consolida un bloque de poder territorialmente nacional; en segundo lugar, se consolida un horizon- te estable de creencias que define que nadie podrá hacer política en Bolivia los siguien- tes veinte años fuera de esta matriz de estas creencias dominantes. Si alguien quiere ser de izquierda o de derecha o de centro, obli- gadamente tiene que recurrir a ese bloque de creencias: presencia del Estado en la eco- nomía, distribución territorial del poder (au- tonomía) e igualdad entre pueblos, culturas e idiomas. Seamos de izquierda, derecha, ul- traizquierda, ultraderecha, centro, no impor- ta, cualquier persona que quiera hacer política ahora en Bolivia tiene que ubicarse en torno a esos tres ejes ordenadores del campo político nacional. Unos podrán priorizar más la parte del Estado, otros priorizarán más la autono- mía, otros la parte de los pueblos, no importa. Ahí se diferenciarán izquierdas y derechas en la manera en cómo articulan estos tres ejes or- denadores del campo político.

Algunos dirán que todavía existe mucha ten- sión, y es cierto. No estoy afirmando que se acabaron los conflictos, los seguirá habiendo, pero de baja intensidad. Lo que ya no habrá son conflictos estructurales, proyectos de país confrontados, eso es lo que terminó. Habrá un conflicto en, por ejemplo, quién podrá llevar delante de mejor manera la autonomía o el

papel del Estado en la economía o la igual- dad en el marco de un Estado de derecho. La pelea ya no será por proyectos de sociedad, sino por formas de administrar, de conducir, de viabilizar cada uno de estos tres ejes del campo político nacional para los siguientes veinte o treinta años, por lo que se estaría ce- rrando el ciclo de crisis estatal de ocho años y estaríamos ante la emergencia de un proceso de estabilización social y de construcción de las nuevas estructuras estatales. Esto no sig- nifica que se acabaron los conflictos, si eso sucediera seríamos una sociedad congelada; no olviden que la democracia es principios pero también, fundamentalmente, disensos, desacuerdos, distintas miradas acerca de, por ejemplo, qué hacer con el dinero del Estado, de qué hacer con la autonomía, distintas ma- neras de entender la igualdad; la democra- cia es, fundamentalmente, el reconocimiento práctico, material y objetivo del disenso como hecho estatal. Posiblemente de aquí a unos años surja otro proyecto de Estado alternati- vo, tengan la seguridad de que sucederá, pero todavía no se ve claro el siguiente lustro o la siguiente década, al menos estratégicamente.

A lo que vamos a asistir es a interpretaciones

y formas de gestionar estos tres ejes del cam-

po político.

Si esta hipótesis del punto de bifurcación es

cierta, como generación, deberíamos estar sa- tisfechos, porque a pesar de las terribles difi- cultades, nos está tocando vivir un momento histórico de resolución de conflictos que son de larga data, estructurales, de fisuras de la vida de los bolivianos que, en su origen, no se remontan a tres años atrás ni a cinco ni a diez. En el caso de la igualdad de los pueblos, esta- mos hablando de un tema que se remonta a la llegada de los españoles, a la fundación de la República, a la Guerra Federal, es un tema no resuelto por Bolívar, por Sucre, por Belzu, por Santa Cruz, por Pando, etc. Y esta generación, con complicaciones, idas y venidas, con pola- rizaciones, a su modo, está planteando una so-

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lución que no se la pudo construir en 183 años de vida republicana.

Igualmente el tema de la autonomía, que es

la desconcentración territorial del poder, no es

nuevo, no surge con el Comité Cívico cruceño, aunque éste puede haberlo reivindicado con más fuerza. Al menos, se remonta a los deba- tes del Congreso en 1860 sobre si el país de- bía ser federal o no. Es un tema viejísimo que está anclado en nuestra memoria como nación

y que ha resurgido luego en 1899, 1904, 1937,

1956, 1973, resurge a cada momento. Ese tema centenario de una vieja fisura de desigualdad territorial del poder. Hoy, con conflicto y pola- rización, esta generación está teniendo la va- lentía de afrontar y proponer vías de solución democráticas a fisuras estructurales del Esta- do que heredamos de décadas atrás.

Y el último tema que esta generación lucha

por resolver es cómo nos convertimos en una sociedad moderna, cómo articulamos la tra- dición comunitaria con la modernidad tec-

nológica e industrial. No cabe duda que la combinación de un Estado fuerte, la inversión privada, la actividad artesanal y microempre- sarial, sumada a la comunitaria es una apues-

ta audaz de construir una modernidad propia

a partir de nuestras propias fuerzas y cualida- des históricas.

Por eso, más allá de las tensiones, de las difi- cultades y peleas que tenemos, hemos tenido

y que seguiremos teniendo en menor medida

hacia futuro, considero que esta generación será recordada como una generación virtuosa que resolvió, a su modo, lo que ocho o diez generaciones anteriores no pudieron: demo- cracia con igualdad, democracia con distri- bución territorial del poder y democracia con desarrollo.

Muchísimas gracias.

Presentación

El “Estado Plurinacional” es el resultado de la po- nencia del Vicepresidente Álvaro García Linera pre- sentada en la inauguración del Cuarto Encuentro de Jóvenes “La Nueva Bolivia”, organizado por la Escuela de Formación Evo Morales Ayma en marzo de este año.

Los tres ejes transversales que atraviesan al Estado, para darle una forma particular, son: la correlación de fuerzas de la sociedad o el bloque de poder, el armazón institucional o su “institucionalidad” y las ideas, discursos y símbolos que lo componen.

Hemos transitado, desde la segunda mitad del si- glo XX, de un Estado Nacionalista Revolucionario (en sus vertientes democrática y autoritaria) a uno Neoliberal y ahora intentamos construir un nuevo proyecto societal y estatal que se refleja en nues- tra nueva Constitución Política; un Estado que re- conozca, rescate y respete nuestra diversidad his- tórica, lingüística, cultural, étnica, institucional, identitaria, civilizatoria, es decir, la diversidad de nuestras vidas y de lo que somos. No es casual que uno de los hilos conductores más importantes den- tro de la actual Constitución, sea el del pluralismo y lo pluricultural, el reconocimiento explícito de esa diversidad en plena igualdad, ensamblada, com- plementada y enriquecida para la construcción de ese nuevo Estado Plurinacional.

Ésas y otras son las reflexiones del Vicepresidente que en este número de la Revista Discursos y Po- nencias ponemos a su consideración.

Héctor Ramírez Santiesteban

SECRETARIO GENERAL VICEPRESIDENCIA DEL ESTADO PLURINACIONAL PRESIDENCIA DEL H. CONGRESO NACIONAL

El Estado Plurinacional

Discurso del Ciudadano Vicepresidente del Estado Plurinacional Álvaro García Linera en la Escuela de Fortalecimiento y Formación Política “Evo Morales Ayma”

IV Seminario Taller “La Nueva Bolivia”

La Paz, 10 de marzo de 2009

Muy buenas noches. Un saludo respetuoso a la Escuela de Formación Evo Morales Ayma que organizó este seminario.

El primer párrafo de una Constitución Políti- ca del Estado (CPE) es el súmmum del texto, leo a continuación el de nuestra nueva Cons- titución: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Co- munitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la plura- lidad y el pluralismo político, económico, jurí-

dico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”. Permítanme reflexionar sobre este párrafo a partir de dos momentos:

el de la definición del Estado y el de la explica-

ción de lo que podríamos entender por Estado

Plurinacional.

La nueva CPE dice que somos un Estado Plu- rinacional, ésa es la primera diferencia con la antigua Constitución que, con la reforma del año 1993, también reconocía la diversidad de culturas y de idiomas, pero definía a la socie- dad como pluricultural y no al Estado. Con- sideramos que la diferencia central de esta nueva Constitución, que marca el punto de ruptura con todos los precedentes coloniales

y colonizantes de la definición de Estado, es

que lo define como plurinacional. No es lo mismo definir al Estado como plurinacional que a la sociedad como pluricultural. Veamos por qué.

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De sociedad pluricultural a Estado Plurinacional

Un Estado es una máquina de poder político que concentra, de manera legítima y efectiva, el monopolio de ciertas decisiones. Cuando se habla de Estado, primero se está hablando de poder político y luego de monopolio en ciertos aspectos de la vida. El monopolio fun- damental de un Estado es, según la definición clásica, el de la coerción legítima pero, en el fondo, el Estado es también el monopolio de la representación general de una sociedad. Entonces, es una máquina de poder político que monopoliza exitosamente varias faculta- des y en particular, la capacidad de represen- tar la voluntad general de una sociedad, la imaginación y la ilusión de yo colectivo de la misma, de pertenencia a una familia grande y extensa que abarca el territorio de una de- terminada patria.

Entonces, surgen las preguntas sobre cómo es posible representar el yo colectivo de una socie- dad; cómo es posible tener la representación de la totalidad de una sociedad cuando ésta está dividida en clases sociales, en colectivida- des identitarias; cómo representar al todo, si la misma sociedad está dividida. Ése es el gran misterio del Estado: la capacidad de convertir la división real de una sociedad por clase, por género, por idioma, por región, en un sentido de totalidad o generalidad que unifique a to- dos. En el entendimiento de esa magia está el

don de la política y del político, está el don del poder. Ahí hay un hecho decisivo que es el de convertir la división en unidad. La construc- ción del yo colectivo solamente puede darse en el momento en que una de las partes, de las clases sociales o bloque de clases sociales, de las identidades culturales o bloque de iden- tidades, tenga la capacidad de incorporar en su visión de mundo los intereses y las necesi- dades parciales o totales del resto de la socie- dad, en eso radica el tránsito de una sociedad dividida al Estado como representación de la unidad. En otras palabras: en la posibilidad de

la construcción de una hegemonía política, in-

telectual y moral.

Ésa es la idea fundamental de hegemonía, de liderazgo: la posibilidad de convertir los in-

tereses de otros en realidad a partir de llevar adelante el interés propio. No cualquier clase

o grupo social lo hace y para que alguien lo

haga, tiene que haber una voluntad de poder, una voluntad de lo general y de articulación del resto en torno a un pedazo del todo.

Es posible imaginar otra forma de construir

manera tal, que el resto de los sectores socia- les se sienten reconocidos con esta decisión. Siempre habrá sectores opositores que no lo hagan, pero representan una minoría, la cla- se social que logra representación es la que construye Estado y lidera transformaciones sociales.

En la historia de los Estados mundiales, en

la historia del capitalismo, se dice que quien

tiene esa capacidad es la burguesía nacional. Recientemente, en algunos lugares del mun- do ha sucedido esto, a los empresarios de esos países les ha tocado asumir el liderazgo

político, llevar adelante el desarrollo del capi- talismo, articular en torno a sí a los obreros, a los campesinos y a los sectores marginales,

y construir los llamados Estados nacionales

liderados por las burguesías nacionales. A ve- ces se han dado alianzas entre burguesías na- cionales y latifundistas o terratenientes que se

han reconvertido rápidamente en burgueses. Kautsky y Lenin diferenciaban esto en la vía farmer y la vía junker de la construcción del Estado. La vía farmer es la vía campesina, es decir, cuando los campesinos devienen en pe-

unidad sin Estado (y todo el debate de los

marxistas con los anarquistas tiene que ver con esto), hay otra manera de construir el yo colectivo, pero eso requiere que la división de

la

ya no haya sociedad fragmentada, el todo se

queños productores y se aburguesan; y en la vía junker, los terratenientes devienen en em- presarios; éstas fueron dos maneras distintas de construir un Estado nacional liderado por

clases sociales se extinga, entonces, cuando

la

burguesía.

puede construir con una libre asociación de

El

socialismo introduce en el debate que tam-

las partes. Cuando una sociedad está dividi- da en clases sociales o identidades colectivas, se requiere que alguien represente al resto, Gramsci le llamaba a este “representante”, el bloque de poder, el bloque histórico.

bién hay otra clase social encargada de llevar adelante la construcción de otro Estado, otra clase que tiene la virtud, dice el marxismo, de

articular al resto de las clases sociales y de re- presentar sus intereses en la toma de del po- der del Estado. Esta clase, para el marxismo,

Ésa es la idea de la construcción, la idea de

es

el proletariado, la clase obrera, los asalaria-

un Estado, una mezcla de Weber con Marx, si ustedes quieren, pero que ayuda a entender esta construcción de lo que es un Estado, el portavoz de la representación general de la sociedad que monopoliza decisiones a nom- bre del resto de la sociedad y lo hace de una

dos. Hubo experiencias históricas de ese in- tento de construir Estado liderado por la clase obrera: la Comuna de París, en sus tres meses de duración; la Revolución Rusa, en sus pri- meros cinco o siete años, son ejemplos de un intento del proletariado de unir al resto de las

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clases sociales, de articularlas y de construir un sentido de totalidad, de unidad, a partir de

la acción política.

Pero qué sucede en sociedades en las que no existe una fuerte burguesía nacional o un fuer- te proletariado que son los dos lineamientos generales que marcó la teoría. Esos son los mundos o las experiencias donde la teoría ya no alcanza y se vuelve insuficiente.

Estado Nacionalista, Estado Neoliberal y Estado Plurinacional

En el caso de Bolivia, el Estado de la Revolu- ción de 1952 no construyó la burguesía pro- ductiva y progresista del país, ésta era y sigue siendo diminuta. Le tocó a la pequeña burgue- sía, a la que René Zavaleta llamaba “los parien- tes pobres de la oligarquía”: funcionarios pú- blicos, intelectuales, universitarios venidos a menos, etc., asumir un liderazgo, construir un discurso, un aparato político, formar cuadros

y diseñar un horizonte de sociedad; a partir

de un proceso revolucionario, ellos lograron articular al resto de las clases sociales. En el caso de la Revolución de 1952, en su vertiente democrática del periodo 1952 a 1974 o en su vertiente autoritaria, de 1974 a 1981, hubo un mismo núcleo, un sector intermedio de clase media, civil o militar, que asumió la habilidad

de articular a sectores campesinos, obreros y parte del empresariado local, para construir un Estado, el llamado Estado nacionalista re- volucionario. Y a su modo, el Movimiento Na- cionalista Revolucionario (MNR) construyó parcialmente burguesía nacional.

Esta experiencia del Estado nacionalista en Bolivia duró 33 años pero cuando comenzó

a desprender el tutelaje hacia el movimiento

campesino, su discurso hizo aguas al interior de este movimiento y económicamente se des- plomó, resultó insostenible. Por consiguien- te, en el movimiento obrero se dio un debate entre lecturas más radicalizadas: había que

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arrancar hacia la revolución socialista o había que replegarse. Al final, la destrucción de la Central Obrera Boliviana (COB) y de la Fede- ración Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) acabaría con la posibilidad de una alternativa socialista a la crisis del Es- tado nacionalista revolucionario.

Se derrumbó el Estado nacionalista y surgió otro: el Estado neoliberal. Le tocó a otra co- lectividad, ya no a la clase media formada en universidades o en academias policiales o militares nacionales, sino a una colectividad vinculada a las exportaciones y al capital ex- terno, comenzar a construir liderazgo, articu- lar represiva y conservadoramentea la sociedad, en torno a un nuevo yo colectivo neoliberal, globalizado, que le hemos llamado Estado neoliberal, con otras ideas, otro núcleo articulador de la sociedad y otro tipo de insti- tucionalidad.

Ya no era la pertenencia al sindicato la forma de ser ciudadano, sino el voto individual; el discurso del Estado como poder económico era una cosa del pasado, en el neoliberalismo, la libre empresa y la inversión extranjera eran las líderes de la economía; ya no fueron los abogados o economistas graduados de la Uni- versidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz o de la Universidad Mayor Gabriel René Moreno (UMGRM) de Santa Cruz los encar- gados de diseñar el mando, sino las personas vinculadas a las grandes transnacionales y a los organismos de apoyo internacional como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Inter- nacional y a las universidades de Harvard o Chicago, que diseñaron el núcleo articulador discursivo del Estado neoliberal.

Se empieza a construir este Estado neoliberal en 1986 y en 2000 entra en crisis, comienza a resquebrajarse. No hay sociedad que no pue- da tener Estado, al menos, en tanto haya clases sociales, alguien tiene que construir el interés colectivo. Del derrumbe del neoliberalismo

emerge otro proyecto societal y estatal, que es

el que estamos construyendo ahora.

Un Estado, como máquina de poder político con la capacidad de monopolizar decisiones, representar el yo colectivo y articular intereses del resto de la sociedad, puede variar de eje articulador, eso haría variar la forma de Es- tado. Este eje articulador puede ser la clase media, la burguesía, el proletariado o puede ser otro núcleo nacional popular, como lo que justamente estamos viviendo hoy.

Tres ejes transversales para identificar la forma de Estado

El Estado tiene tres ejes transversales a partir de los cuales se puede identificar su forma; el primero es que todo Estado es una específica correlación de fuerzas, de luchas sociales. En el Estado, en tanto máquina política que mo- nopoliza decisiones y representa el yo colectivo de una sociedad dividida en clases, hay colec- tivos, clases sociales e identidades que tienen una mayor capacidad en la toma de decisiones, de representar al resto y hay otros colectivos, clases sociales e identidades que no tienen ca- pacidad de decisión y de representación. La correlación de fuerzas en el Estado significa que no todos tienen la misma capacidad de influir. La correlación de fuerzas en la toma de decisiones de una sociedad determina qué tipo de Estado tiene esa sociedad.

El segundo eje transversal define que todo Es- tado es también un armazón institucional que convierte en normas, procedimientos, minis- terios, decretos, leyes, burocracia, memoria

y conocimientos, la correlación de fuerzas de

una sociedad.

Aunque el Estado es también instituciona-

lidad, el núcleo de todo es la correlación de fuerzas, una lectura únicamente juridicista

e institucional del Estado puede llevarnos a

engaño. El Estado es como la costra, pero el

flujo de la sangre es la correlación de fuerzas; la institucionalidad es como el magma conge- lado con el agua cuando emerge de un volcán, la piedra fría, lo que ya se objetiviza, se crista- liza, se osifica, ésa es la institucionalidad del Estado, pero la fuerza del volcán es la correla- ción de fuerzas de la sociedad.

El tercer eje transversal del Estado son las ideas, los discursos, los símbolos. De hecho, un Estado es fundamentalmente idea, alguna vez dije: “no hay nada más idealista que el Es- tado”, aunque parezca contradictorio, porque el Estado también monopoliza representacio- nes del mundo: qué es lo correcto y lo inco- rrecto, qué es lo deseable y lo no deseable; cuáles son las expectativas de una sociedad. Un Estado regula, conduce y monopoliza las fundamentales ideas fuerza de una sociedad. Uno puede distinguir las diferencias entre el Estado nacionalista revolucionario y el neoli- beral o entre el Estado neoliberal y el plurina- cional, a partir de las ideas. Las ideas fuerza del Estado nacionalista se resumen en que la economía tenía un papel que estaba dirigido por el Estado, que la burguesía surgiría del desarrollo de la pequeña burguesía, que las clases campesinas e indígenas se disolverían como pequeños burgueses campesinos, urba- nos o como proletarios, que había que cons- truir mercado interno casi de manera autár- quica, sin mirar mucho al mundo y en que había que sustituir las importaciones al inte- rior de la sociedad. En el caso del Estado na- cionalista revolucionario, los indios no exis- tían, todos eran bolivianos y si no lo creían, tenían que hacerlo obligados.

Las ideas fuerza del neoliberalismo consistían en que la inversión extranjera fuera la que li- derara la economía, con el argumento de que el Estado es un mal administrador, y que la globalización era la mejor manera de salir de la pobreza. En el neoliberalismo, los indios eran la parte folclórica de la sociedad, la parte atractiva para el turismo

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Sin embargo, las ideas fuerza de este nuevo Estado son que éste será el líder en la econo- mía pero nunca sustituirá ni anulará al resto de las estructuras y de las fuerzas económi- cas de la sociedad; que las comunidades cam- pesinas y rurales no se van a extinguir ni se van a volver burguesas o proletarias, seguirán siendo comunidades, pequeños productores o artesanos por décadas; que hay que potenciar el mercado interno, pero a la vez hay que vin- cularse con el externo. En el Estado Plurina- cional, los indígenas son la fuerza motriz de la construcción del Estado. Como se puede ver, distintos núcleos de ideas regulan la forma- ción del Estado.

Con esta lectura teórica del Estado, analizare- mos el contemporáneo, este Estado Plurina- cional del que nos habla el primer artículo de la Constitución.

La correlación de fuerzas en el Estado Plurinacional

Para empezar, veamos cuál es el bloque his- tórico que articula la hegemonía y el lideraz- go moral e intelectual del nuevo Estado. La nueva correlación de fuerzas* ubica a un nú- cleo nacional popular como el articulador de la voluntad general de la sociedad. Está claro que no es la pequeña burguesía intelectual, a diferencia de lo que pasó con el MNR, que se construyó a partir de un periódico, de libros, de núcleos de intelectuales, de profesionales, vinculados a la rosca y a la academia.

En el caso actual, el núcleo se articula, prime- ro, en torno al sindicato agrario, a la estruc- tura vecinal urbana, a los núcleos del mundo obrero y luego, muy tardía y parcialmente, en torno a un cierto núcleo académico inte- lectual profesional. En un intento de caracte-

* Ojo: esto se debe ver siempre como un proceso: institucio- nalidad, correlación de fuerzas e ideas son procesos con idas y venidas, no se los debe estudiar como algo estático, sólo por motivos de exposición selos presenta así.

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rizar al bloque histórico gramsciano, al bloque de liderazgo social de la estructura del país, podemos ubicar al movimiento indígena sindical articulado con el movimiento social urbano vecinal, pequeño productor, además con núcleos obreros y otros pequeños de clase media. Ésa sería la suma virtuosa de lo que podría ser el bloque de poder histórico en el país. Y alrededor de él, la articulación, a veces parcial, a veces total, pero con muchas difi- cultades, de otros sectores medios urbanos y algunos empresariales emergentes del ámbito popular; y en un anillo más externo podría- mos encontrar también a sectores empresa- riales locales bolivianos. Pero quien no está vinculada es la inversión extranjera que en el modelo neoliberal fue el núcleo del Estado. Tenemos una definición de un nuevo bloque histórico, por lo tanto, de una nueva correla- ción de fuerzas al interior del Estado, ésta es la primera gran diferencia.

Con el MNR de 1952, la diferencia está en que éste fue un partido de la clase media, donde el núcleo discursivo organizador y dirigente era de clase media intelectual profesional. El núcleo dirigente del actual proceso revolucio- nario no es la clase media intelectual sino los sectores indígenas campesinos urbanos veci- nales que han logrado un cierto vínculo con sectores medios académicos de origen popu- lar. Tenemos, entonces, una naturaleza de cla- se social distinta.

Todo Estado articula y unifica, con dificultades e idas y venidas; la clase media intelectual es un articulador; el mundo empresarial vincula- do a los mercados externos en el neoliberalis- mo fue otro articulador y en el actual Estado Plurinacional, es el núcleo sindical popular vecinal. Su articulación, el ensamble de los intereses de otros sectores, no es todavía una hegemonía resuelta, ojo con eso, la hegemonía es siempre un proceso conflictivo, más aún en los tiempos en que apenas se está construyen- do el nuevo Estado. Hay un núcleo duro que

no acepta esta hegemonía, que todavía busca disputarle el poder, éste sería básicamente el núcleo agroindustrial y ganadero vinculado a los mercados externos, que se resiste al lide- razgo moral e intelectual de este núcleo nacio- nal popular, del nuevo bloque de poder.

Es la característica de este núcleo articulador de la sociedad y del Estado que explica un concepto decisivo en la Constitución: lo plu- rinacional. En el caso del MNR, como se trata- ba de mestizos de clase media, profesionales, intelectuales y funcionarios de la rosca, todos provenían de una misma homogeneidad lin- güística y cultural: todos eran mestizos, cas- tellano hablantes, funcionarios públicos que habían pasado, en mayor o menor grado, por la academia y la universidad, es decir, perte- necían a un grupo relativamente homogéneo, culturalmente hablando.

Cuando gobernaron los neoliberales, el nú- cleo decisivo lo constituyó un ensamble curio- so entre sectores empresariales bolivianos, la mayor parte de ellos educados en el extranje- ro, y la inversión extranjera. Si por ellos hubie- ra sido, los bolivianos hablaríamos en inglés, consideraban al castellano un estorbo, porque ellos no habían sido educados en el país.

En el núcleo nacional popular contemporá- neo, tenemos aymaras, quechuas, mestizos, guaraníes, una diversidad histórica lingüística y organizativa. En el primer caso había homo- geneidad, lo mismo en el segundo, en cambio, este tercer núcleo no es homogéneo cultural- mente, así como ni la vida ni el desarrollo de nuestras actividades cotidianas lo son. Por ejemplo, la vida del Presidente Evo Morales fue muy distinta a la del Vicepresidente Álva- ro García, el Presidente estudió en una escuela seccional, el Vicepresidente en una escuela de élite urbana, el Presidente tuvo que trabajar desde muy temprana edad y apoyar al pa- dre, el Vicepresidente tuvo el estudio asegu- rado hasta el último curso de secundaria, el

Presidente tuvo que migrar a otro lugar para conseguir tierra, porque la sequía arruinó su permanencia en Orinoca, su pueblo natal, el Vicepresidente pudo viajar al extranjero para seguir sus estudios universitarios. Nunca nos cruzamos en las mismas fiestas ni nos hemos visto en los mismos colegios ni fuimos a los mismos parques ni frecuentamos los mismos cines ni hablamos los mismos idiomas.

Eso se articula en este nuevo bloque de poder, ése es el fundamento último de por qué se tuvo que luchar para que sea aceptada la idea de un Estado Plurinacional. No es una imper- tinencia teórica ni un capricho intelectual, sino que tiene que ver con la historia real de lo que somos, cómo unir a un mestizo con un ayma- ra, con un quechua, con un guaraní, con un mojeño, etc.; cómo los unimos, si provienen de matrices culturales distintas. La idea de Es- tado Plurinacional es la solución virtuosa de esta articulación de historia, de vida, de idio- ma, de culturas, que nunca antes estuvieron en el ámbito del núcleo del poder porque, ha- cia atrás, quien tomaba el poder era un núcleo homogéneo, incluso vinculado familiarmente, los hijos se casan con los hijos de otra familia, etc., y así armaban roscas, la idea de la rosca en Bolivia se mantuvo hasta el año 2005, no fue algo que desapareció.

El Estado Plurinacional no es un tema de de- bate meramente intelectual, aunque sí tiene su vertiente intelectual, es un tema de hecho práctico, de realidad. Cómo nos sentamos juntos e iguales mestizos, aymaras, quechuas, guaraníes, mojeños, trinitarios, sin que ningu- na cultura se sienta superior a la otra: ésa es la plurinacionalidad. Éste es el primer núcleo del eje del nuevo Estado: un bloque de poder histó- rico construido a partir del ensamble de varias matrices culturales, lingüísticas, históricas, que dan lugar a un bloque de poder plurilingüísti- co, pluricultural. Y si ése es el núcleo del Esta- do, entonces éste tiene que ser plurinacional. Es un tema de la raíz misma del Estado.

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La institucionalidad en el Estado Plurinacional

En cuanto a la institucionalidad, el nuevo blo- que de poder trae en sus espaldas otras ex- periencias. No solamente trae otros idiomas, otras culturas, otros héroes, otras referencias geográficas, sino que también trae una diver- sidad de prácticas diferenciadas: la democra- cia entendida como sumatoria de voluntades individuales secretas o como construcción visible de una voluntad colectiva, es también una práctica distinta.

también tenemos un nuevo ensamble de prác- ticas políticas, tecnológicas, cognitivas, tanto en la salud, en la educación, en la tecnología, en la fiesta, en la democracia, en la elección, en el estudio, en la enseñanza. Tenemos entonces un ensamble de clases sociales diferentes y de interés colectivo diferentes, pero también un ensamble de civilizaciones distintas. Cada ci- vilización es una institución, ése es el segun- do componente del Estado Plurinacional, la amalgama, la articulación, el ensamble de una diversidad de lógicas organizativas de la so- ciedad, la nueva Constitución lo dice en va- rios lugares.

La relación frente a la naturaleza como un ámbito de negociación fructífera, porque la naturaleza es viva en el mundo indígena; o la naturaleza como materia prima de la industria- lización, que es la visión que hemos adquirido nosotros en la academia y en las escuelas. Éstas son dos maneras distintas de entender la natu- raleza y la tecnología. Existen maneras distin- tas de practicar la democracia: qué es primero, el individuo o la colectividad; en la sociedad moderna, atravesada por procesos mercanti- les, es el individuo que vive en su departamen- to o en su casa, que toma decisiones, que no conoce a sus vecinos y si los conoce, apenas los saluda, esa es la manera de entender lo común

La derecha hizo una campaña sucia cuan- do intentó asociar justicia comunitaria con linchamiento hay linchamientos también en el Bronx de Nueva York y ahí no hay jus- ticia comunitaria, evidentemente, era una campaña política denigrante e insultante. La justicia comunitaria es la posibilidad de la co- munidad de resolver conflictos internos y pre- venir el incumplimiento con la comunidad, mediante sanciones morales y simbólicas, y a partir de valores étnicos locales. Eso es básica- mente la justicia comunitaria y se la practica fundamentalmente en comunidades campesi- nas agrarias y también en zonas periurbanas

y

lo individual. En cambio, existe otra donde

de reciente migración, nada tiene que ver con

la

fuerza de lo colectivo para sembrar, para co-

linchamientos que son crímenes injustifica-

sechar, para regar, para celebrar, se basa en la preeminencia de lo colectivo por encima de lo individual. Son prácticas distintas.

bles. Es otra manera de entender la justicia, no como un acto punitivo: “si te portas mal, ir{s a la c{rcel”, sino entendida como acción moral

Hace siete años ensayé un concepto que con- sidero útil, el de civilizaciones distintas; una es la individual mercantil moderna y otra la co- munal comunitaria colectivista asociativa. Se traducen en la manera de ver la naturaleza, de practicar el vínculo con ella, de entender el yo común, la religiosidad, el desarrollo indivi- dual, el desarrollo colectivo práctico, etc.

y resarcimiento: “el sacrificio personal con el afectado”. Son racionalidades mentales dife- rentes. ¿Cuál será superior a la otra? Ningu- na: las dos son válidas, entonces, se requiere una estructura institucional que articule, en la vida del Estado, la justicia positiva y la justicia comunitaria, encontrando los vínculos, todo bajo el techo del respeto a los derechos huma- nos universalmente reconocidos.

Entonces, no solamente tenemos una nueva suma o ensamble de clases sociales, sino que

Ése es otro tipo de institucionalidad: un Es- tado Plurinacional tiene que reconocer una

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diversidad de institucionalidades y prácticas del mundo indígena campesino; hay todo un capítulo en la CPE dedicado a este tema.

Está también el tema de la democracia, la Constitución reconoce la democracia repre- sentativa: un individuo, un voto; la democra- cia participativa: el referéndum como figura democrática contemporánea, y otro mecanis- mo: la democracia comunitaria, nunca antes reconocida por las anteriores Constituciones, porque, los bolivianos las habíamos redactado pensando o creyendo que vivíamos en Fran- cia. Por la mentalidad colonizada, nuestros antiguos congresistas y constituyentes redac- taban las constituciones dando la espalda a la realidad, podían ser mejor entendidas por un francés o un inglés, pero para Bolivia no tenían

sustento histórico ni real; vivían de espaldas a

la realidad. Hay asambleas comunitarias, las

hay en los barrios, en la comunidad, en el sin- dicato y seguirán habiendo. Entonces, ¿cómo una CPE no va a reflejar lo que somos y lo va a proyectar hacia delante?

A partir de lo que somos, proyectamos el por-

venir, no lo hacemos para forzar lo que somos,

para lograr algo que a alguien se le ocurrió en algún café; ése es el típico procedimiento colo- nialista de ciertos sectores conservadores que

se rasgan las vestiduras ante una definición de

Estado Plurinacional.

pero no reconocida por las instituciones. Lo que estamos haciendo ahora es simplemente “sincerarnos”, esta CPE lo que ha hecho es “sincerar” lo que somos, mirarnos al espejo y decir “somos modernos y tradicionales, individuales y comunitarios, rezaremos a la virgen y ch’allaremos a la Pachamama”, todo junto, porque eso es lo que somos. La CPE no simplemente ha visto la mitad del espejo, como se lo hacía antes, y al vernos tal y como somos, en esta dualidad de lógicas civilizato- rias, las ha ensamblado: lo comunitario con lo individual, lo representativo con lo parti- cipativo, en la salud, en la educación, en el conocimiento, en la justicia, en la historia, lo que ha hecho la CPE es ensamblar la diversi- dad que existe en Bolivia.

Las ideas y los símbolos en el Estado Plurinacional

El reconocimiento de una diversidad cultural

y de una diversidad institucional y civilizato-

ria se traduce en cosas concretas: en la educa-

ción por ejemplo. Un porcentaje de los bolivia- nos habla aymara, otro quechua, otro guaraní, una mayor parte hablamos castellano, otros castellano-aymara, castellano-quechua, cas- tellano-guaraní, en fin, otros idiomas. Antes, el aymara hablante que había nacido en una comunidad o en El Alto, en tanto aymara ha- blante, no podía ejercer su derecho ciudadano de hablar en aymara al funcionario cuando iba

La CPE, y ahí está también el segundo com-

una parte de la institucionalidad republicana

a

la Vicepresidencia o a un ministerio. Cuan-

ponente de lo plurinacional, recupera, reco- noce y proyecta otras formas institucionales

do iba a la escuela, no podía aprender en su idioma, cuando entraba a la universidad tam-

complementarias a la institucionalidad mo-

poco y cuando defendía su tesis, mucho me-

derna. Somos democráticos representativos,

nos. ¿A título de qué el aymara o el quechua

democráticos participativos, somos comuni-

o

el guaraní o el mojeño tenían que ahogar su

tarios, practicamos la justicia convencional

idioma, esconderlo, taparlo y matarlo y tener

positiva y también la justicia comunitaria. La nueva institucionalidad del Estado recoge

del país, pero la enriquece, la complementa,

que ser castellano hablante para ser reconoci- do? ¿Por qué? ¿No son idiomas también? ¿No son culturas? ¿No tiene el mismo derecho un castellano hablante que un aymara hablante?

la

articula con otra institucionalidad existen-

Y

claro, la mamá inteligente, cuando sabía que

te

pero invisibilizada por el Estado, vigente

su niño iba a entrar al colegio, le dejaba de ha-

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blar en aymara para que aprendiera a hablar en castellano, porque sabía que si su hijo iba a ser bachiller o profesional, si no sabía hablar en castellano, le iba a ir mal, no iba a conse- guir trabajo ni poder hacer un trámite en una oficina pública, porque allá donde fuera como aymara hablante o quechua hablante, lo dis- criminarían, despreciarían o directamente no

lo tomarían en cuenta.

Cuando se instituyó la educación bilingüe, muchas madres de familia inteligentes no quisieron que sus hijos aprendieran a hablar aymara, porque para qué lo iban a hacer, si cuando llegaran a la universidad no les servi- ría para nada, si cuando fuera a un ministerio nadie lo atendería, la madre se oponía que su hijo estudie en aymara; éste es un proceso de dominación y colonialismo brutal frente a un idioma.

Así vivió Bolivia hasta hace tres años, con

un proceso interno de autonegación, de ase- sinato de las culturas vivas de nuestra socie- dad respecto a su tradición, historia, idiomas

y prácticas culturales, eso es una vergüenza.

No crean que Bolivia es el único país donde hay varios idiomas, hay cinco mil idiomas en el mundo y solamente entre 230 y 240 Esta- dos. Todas las sociedades son multiculturales, pero muy pocas han reconocido la diversidad

de sus culturas y de sus pueblos; en el resto prefirieron aniquilar étnica y culturalmente

a los pueblos en un proceso de colonización

interna. En otros países es normal que cuan- do alguien viene de una colectividad distinta, pueda aprender en su idioma, en la escuela, el colegio, la universidad. No es ninguna mara- villa ni algo exagerado, pero para Bolivia, este hecho de igualdad de idiomas se presentaba

como una herejía, como una ofensa al buen vivir.

Eso ha cambiado porque la nueva CPE permi-

te a la familia habla aymara, que la mamá o el

a

padre de familia pueda enseñarle a su hijo

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hablar en aymara, y cuando vaya a la escuela, pueda aprender en aymara, lo mismo cuando vaya al colegio y a la universidad, y ahí de- fender su tesis en aymara, y cuando vaya a la Vicepresidencia tiene que hablar en aymara y alguien ahí tiene que responderle en su idio- ma, y si no, el Vicepresidente y su institución tienen que ser castigados, porque no están cumpliendo su labor de igualdad de idiomas, de pueblos y de culturas.

Eso es la plurinacionalidad, la igualdad de po- der practicar en su propio idioma y sucultura el conocimiento universal, los burócratas del Estado tenemos la obligación de conocer el idioma del pueblo. No es ninguna excentrici- dad lo que establece la CPE, es mera democra- cia lingüística y cultural.

Claro, el compañero aymara hablante puede hacer su carrera en aymara y le tiene que ir bien, y cuando vaya al Congreso tendrá que hablar en aymara y nosotros tendremos que aprender aymara para entenderlo y respon- derle, pero a la vez, el compañero aymara o guaraní o quechua, también tiene que apren- der castellano, y los mestizos, como castella- no hablantes tenemos que aprender por lo menos un idioma indígena. Así como el indí- gena tiene que aprender castellano junto con su idioma, nosotros como mestizos, castella- no hablantes cerrados, tenemos que aprender obligatoriamente un idioma indígena, porque ésa es la forma de recoger la cultura del otro y que el otro recoja mi cultura.

No como antes, cuando la cultura mestiza era la que dominaba y las otras no servían, eso es colonialismo. Un aymara hablante tiene tanto derecho como un mestizo, un uru tiene tanto derecho como un guaraní y el guaraní tiene tanto derecho como un mestizo. Plurinaciona- lidad es eso, es que en la educación se respete la enseñanza, desde básico hasta el nivel supe- rior, en los idiomas indígenas maternos para- lelamente al idioma castellano, para todos, in-

dígenas y no indígenas. Pero además, que en cada institución pública: Presidencia, Vicepre- sidencia, ministerios, prefecturas, municipios, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, en todas las instituciones, se pueda usar y ser recono- cido en el uso de su propio idioma indígena. Allá donde predomine un idioma originario, la burocracia estatal tiene que aprender, prac- ticar y atender en la función pública a partir del idioma mayoritario de la región paralela- mente al castellano, de tal manera que de aquí

a un tiempo, si alguien va a hacer un trámite

a la prefectura o a la alcaldía en idioma ay-

mara, tendrá que haber un funcionario que lo atienda con el mismo respeto y en las mismas condiciones de igualdad que a una persona que viene a hablarle en castellano. Ésta es la idea de Estado Plurinacional, reconocimiento de igualdad de culturas, de idiomas, de prác- ticas de la sociedad a partir de su composición diversa.

Lo mismo en la educación, donde ya se fue avanzando. Como somos un país que tiene varias matrices y trayectorias históricas, los héroes, los procedimientos, los paisajes, los discursos, la memoria y los acontecimientos históricos que se registran y aprendemos en las escuelas y en la universidad, tienen que te- ner esa diversidad de distintas matrices y civi- lizaciones. Y así como tenemos que recordar a Bolívar, a Pedro Domingo Murillo, también te- nemos que recordar a Pedro Muiba, a Katari,

a Bartolina Sisa, en igualdad de condiciones,

porque así es Bolivia. Nuestra vertiente mesti- za, la indígena aymara, la indígena guaraní, la indígena quechua y nuestras otras vertientes indígenas, todas articuladas en igualdad de

condiciones.

Estado Plurinacional, en términos institucio- nales, significa toda una transformación de la lógica de aprendizaje, educación en varios idiomas, funcionarios públicos obligados a aprender gradualmente, era el pedido del prefecto Rubén Costas, recuerdo cuando el

Presidente Evo Morales lo convenció en una larga noche de debate, allá en el mes de sep- tiembre, le decía el prefecto: “si me dan un poco de tiempo, hago el esfuerzo”. Est{ bien,

eso no será inmediato, se trata de que de aquí

a unos años, tengamos una administración

pública plurinacional, plurilingüe; tengamos niveles de escuelas, de colegios, de universi- dad, igualmente plurilingües; tengamos tex- tos educativos plurihistóricos, con los héroes, los paisajes y la memoria de los distintos pue-

blos que componen nuestra amada Bolivia; que tengamos un Congreso donde, como en

la Organización de Naciones Unidas (ONU),

con traductores, si se habla en guaraní, qué se hable, y los otros se pondrán un audífono para entender al compañero guaraní, sin ningún complejo y sin ningún miedo, y la siguiente vez que publiquemos las actas del Congreso, que sean en tres idiomas por lo menos, para construir esta igualdad.

El primer eje del Estado Plurinacional, el nú-

cleo social articulador de los pueblos está lo- grando articular dificultosamente al resto de

la sociedad y ensamblarla. No olviden ustedes

que nunca en la historia democrática del país, un proyecto político ganó cuatro veces con más de 50 por ciento, como lo ha hecho el Mo- vimiento al Socialismo Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MASIPSP);

la única experiencia parecida es la del MNR

que en 1951 ganó con el 43 por ciento, pero en 1956, 1960 y 1964, sí lo hizo con más del 50 por ciento.

Sin embargo, el proyecto plurinacional del MASIPSP ganó en 2005 con el 54 por ciento, en junio de 2006 con el 51 por ciento, en agosto de 2008 con el 67 por ciento y en enero de este año (2009) con el 62 por ciento. Nunca en la historia se había logrado construir una mayo- ría social nacional y popular de tal enverga- dura, el pueblo ve que hay algo bueno para inclinarse efectivamente cuatro veces por un mismo proyecto de transformación.

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Algunos pueden reclamar consenso pleno, ésta es una ilusión, en ninguna parte del mun- do lo hay. Sin embargo, esos que lo reclaman ahora, se quedaban callados cuando teníamos presidentes que asumían el gobierno con sola- mente el 20 por ciento de la votación. El MNR en 1985 ganó con el 27 por ciento, el MIR en 1987 con el 28 por ciento, luego Sánchez de Lozada se hizo Presidente en 2002 con el 20 por ciento, a los que reclaman ahora el consen- so absoluto del cien por ciento, no se les ocu- rrió reclamarles ni a Paz Estenssoro ni a Paz Zamora y menos a Goni. Nosotros podemos tener tres veces eso y nos reclaman consenso de cien por ciento.

No hay consenso porque si bien es posible que este núcleo popular articule a la sociedad, es normal que haya un pedazo de ella que no lo acepta, es una minoría que hay que recono- cerla en esa actitud y más aún cuando estuvo acostumbrada a gobernar durante 183 años. Como ahora ya no puede decidir nada, por supuesto que hará todo lo posible para opo- nerse, y tiene derecho dar la pelea.

Ninguna Constitución fue de consenso, den- tro de la sociedad dividida internamente, siempre hubo y habrá un factor disidente, ha- brá unos pedazos que se mantienen distantes, eso es evidente: así pasó, así pasará y así está pasando. Lo importante es que el núcleo arti- culador y el entorno articulado tengan más de la mayoría, ésa es la clave, no solamente de su control sobre la legalidad, sino fundamental- mente del control de la legitimidad.

El Estado Plurinacional además se traduce en el reconocimiento práctico, institucional de la igualdad de oportunidades los pueblos, de los idiomas oficiales, reconocimiento de todas las identidades, posibilidad de ser educado en su propio idioma si uno lo desea y si no, sólo aprender el castellano, reconocimiento de los idiomas indígenas en igualdad de condicio- nes en la escuela, colegio, universidad e insti-

tuciones públicas del Estado. Recogimiento y articulación de los héroes, las propuestas y las simbologías del resto de los pueblos, en torno

a la simbología nacional estatal que nos une.

Ésa es la idea de Estado Plurinacional: igual- dad de culturas, supresión del colonialismo, de la discriminación por idioma, por color de piel o por apellido, igualdad de oportunida- des entre un indígena y un mestizo entre un mestizo y un indígena, absolutamente para todos los cargos, valoración de lo que somos,

si es mestizo: vale; si es aymara, quechua, mo-

jeño, trinitario: vale; todos están en igualdad de condiciones frente el Estado, ante el funcio- nario público, ante la ley, ante la justicia, pero ante todo, el reconocimiento de la igualdad de los pueblos. Ésa es la idea de un Estado Pluri- nacional.

Hay una discusión en torno a este tema que dice que la plurinacionalidad podría dividir a Bolivia, y la respuesta es un no rotundo. En el fondo, toda sociedad en el mundo y Bolivia no es la excepción, está dividida interna- mente por regiones, idiomas, culturas, clases sociales. La pregunta es: ¿cómo construimos unidad? Una opción es la colonial, que cons- truyó la unidad anulando al resto y solamente valorando una parte: en 183 años de vida re- publicana se reconoció un idioma, una cultu- ra, un color de piel y se anuló al resto. Ésta es una forma fallida de construir unidad, es decir, anulando la diversidad, metiéndola bajo la alfombra y haciéndonos creer que to- dos somos uniformes y homogéneos. Eso no aguanta, la gente debajo de la alfombra salta y nos hace saltar a todos.

En 2000, todo lo que el neoliberalismo colocó bajo la alfombra saltó y tapó a los neoliberales. No se puede ser impunemente discriminador durante años y años, no se puede ser impu- nemente colonialista durante tanto tiempo. La otra forma de construir unidad es recogiendo la diversidad clasista y étnica, y ensamblán- dola, en vez de anularla y homogenizarla, se

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la complementa y se la enriquece. Lo mestizo se enriquece con lo aymara, lo aymara con lo guaraní, lo quechua con lo mestizo, cada uno tiene el mismo derecho y cada uno de ellos en- riquece la cultura del resto, entonces tenemos un tipo de unidad superior, compleja, no la unidad simple, falsa y fallida. Por eso nuestro Estado ha sido débil.

Cuando se debate en torno a Bolivia como un Estado débil, justamente tiene que ver con esto, con lo que Zavaleta llamaba el Estado aparen- te: todos nos creemos homogéneos, liberales, modernos, castellano hablantes, cuando no lo somos, se trata de un Estado fallido, aparen- te, ilusorio, una unidad falsa; porque no todos somos liberales ni modernos ni asalariados ni castellano hablantes. Entonces, por qué no construir una unidad donde esté presente lo que somos realmente: soy castellano hablan- te, perfecto; soy aymara hablante, muy bien; practico lógicas comunitarias, bienvenido; practico lógicas individuales, también bienve- nido. Ésa es la idea del Estado Plurinacional,

reconocimiento de la diversidad de culturas, de instituciones, de civilizaciones, de idiomas, en igualdad de condiciones y en complemen- tariedad y enriquecimiento mutuo.

Es una lectura vanguardista de la convivencia de pueblos, culturas y civilizaciones. Cierta- mente somos el primer Estado Plurinacional del mundo que coloca esto en su CPE. Hay elementos que ya fueron practicados por otros Estados en la parte lingüística: Canadá, Bélgi- ca o India. Pero donde sí somos vanguardis-

tas, al menos en América Latina, es en la igual-

dad de culturas, pueblos y de idiomas; pero

además a nivel mundial somos vanguardistas porque reconocemos varias matrices organi- zativas, varias civilizaciones, varias maneras de entender el mundo, las técnicas, la salud,

la naturaleza, la justicia, y eso está escrito en nuestra CPE. La nuestra es una CPE del siglo

XXI que sincera al Estado con la sociedad y

a la sociedad con su Estado, sin complejo al- guno, al contrario, apoyándonos como fuerza productiva en nuestra gran diversidad.

Muchísimas gracias.

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Presentación

Para continuar con las reflexiones iniciadas en números anteriores de la Revista Discursos y Ponencias, ponemos

a consideración del público este número que titulamos “El

Papel del Estado en la Economía”, como resultado de la ponencia presentada por el Ciudadano Vicepresidente del Estado Plurinacional, Álvaro García Linera, en el Semina- rio: “Organización Económica en la nueva Constitución Política del Estado”, realizado por el Viceministerio de Presupuesto y Contaduría del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, el 20 de enero de este año, días antes de la histórica aprobación del nuevo texto constitucional, cuya aplicación presenta grandes desafíos que nos competen no sólo a los actores políticos directos sino a las instituciones estatales, organizaciones sociales y al sector académico.

En “El papel del Estado en la Economía”, el Vicepresidente pone a discusión la diversidad de lógicas de producción y acumulación que tiene nuestro país, donde se combinan,

por una parte, una economía moderna, formal y capitalista,

y por otra, una economía simple de mercado, informal, no

capitalista, que abarca desde actividades laborales urbanas hasta las agrarias y comunitarias. Esa complejidad econó- mica es la que nos permitirá avanzar hacia una economía plural, una nueva estructura productiva plural articulada para construir una modernidad y horizonte propios.

¿Quién asumirá el rol de locomotora de la economía para

hacerla próspera y pujante, pero sobre todo con igualdad

y equidad? ¿Será la burguesía empresarial, la inversión ex-

tranjera o la voluntad nacional popular general sintetizada en el Estado? ¿Cuál de ellas asumirá la tarea de desarrollar nuestra economía y construir progreso?

Invitamos al lector a reflexionar sobre éstas y otras inte- rrogantes que la lectura de la presente publicación nos plantea.

Héctor Ramírez Santiesteban

SECRETARIO GENERAL VICEPRESIDENCIA DEL ESTADO PLURINACIONAL PRESIDENCIA DEL H. CONGRESO NACIONAL

El papel del Estado en el Modelo Nacional Productivo

Ponencia presentada por el ciudadano Vicepresidente del Estado Plurinacional Álvaro García Linera Seminario “Organización Económica en la Nueva Constitución Política del Estado” organizado por el Viceministerio de Presupuesto y Contaduría del Ministe- rio de Economía y Finanzas Públicas, en el auditorio del Banco Central de Bolivia La Paz, enero 20 de 2009

El papel que el Estado desempeñará en la economía se define a partir de distintas apre- ciaciones y consideraciones. Sin embargo, un posicionamiento serio respecto de este tema tiene que tomar en cuenta fundamentalmente dos variables que serán la base para definir a dónde se quiere llegar. La primera variable es la característica de la sociedad hoy o en el mo- mento en que se vaya a tomar la decisión; y la segunda, las potencialidades, fortalezas, fuer- zas productivas técnicas y sociales que posee la sociedad. Puede haber otro tipo de criterios de carácter político o social, sin embargo, con- sideramos que estos son los elementos funda- mentales en un debate responsable para hacer esta definición.

Otra premisa falsa consistía en creer que Bo- livia tenía un mercado, cuando la realidad es que buena parte de la economía boliviana no se mueve bajo los circuitos reales y formales del mercado. Hay una parte de la economía boliviana que lleva adelante sus actividades e intercambia sus productos por vía del merca- do, pero hay otra parte grande de nuestra eco- nomía que se mueve bajo otros circuitos semi mercantiles o paramercantiles, fundamental- mente la economía agraria en tierras altas y en parte de los valles, y la economía doméstica familiar. Entonces, se hablaba de la existencia de un mercado en una sociedad en que éste es apenas un objetivo a futuro y no una reali- dad plenamente palpable, el mercado real en el mapa territorial de Bolivia son apenas man- chas urbanas y en ellas existen incluso otras manchas internas donde no se cumple la tota- lidad de las reglas del mercado.

del Estado en la economía por la del mercado. Apelaron a reflexiones recicladas para traer un poco a Smith y a uno que otro economista para decir que el mejor regulador de la economía y el mejor organizador de las potencialidades productivas de una sociedad era el mercado.

El fracaso del capitalismo de Estado y del neoliberalismo

En los años 80 y 90, se asumió una especie de credo sólo para países pobres, ningún país rico lo había practicado, un credo para “bobos intelectuales” porque cualquier economista sensato sabía que era una locura. Consistía en que el Estado debía apartarse formalmente de la actividad económica para dar paso a la ini- ciativa privada; en los hechos, ése fue el dis- curso que se difundió en la academia, en las instituciones, en los medios de comunicación, en foros, etc. Este debate partía de premisas falsas que escondían un interés oscuro, la pri- mera de ellas partía de sustituir la presencia

Otra de las premisas falsas fundamentaba que el hecho de sustituir al Estado por la iniciati- va privada en la economía, mejoraría el ren- dimiento y las capacidades productivas, y op- timizaría las potencialidades de la sociedad. Lo que se hizo, en los hechos, fue dualizar

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la economía, es decir, una economía moder- na, vinculada a mercados externos con reno- vación tecnológica, formación de su capital humano aceptable, y una economía llamada “informal”, no regulada, no cuantificada, no apoyada, que además es la inmensa mayoría del espacio económico donde los bolivianos desenvuelven sus actividades productivas y reproductivas. En realidad, el objetivo de fondo, el interés oscuro, era la transferencia de monopolios estatales públicos a monopo- lios privados.

Entonces, en el caso del gas y petróleo, teleco- municaciones, ferrocarriles, electricidad, etc., las grandes reservas del Estado, sus grandes inversiones y grandes conocimientos acu- mulados durante 40 años (no solamente los activos de las empresas sino sus conocimien- tos impalpables pero decisivos para un buen desempeño económico) fueron transferidos al monopolio privado, muchos de ellos, gratuita- mente. Si Bolivia fue estafada en alguna época, fue en los años 80 y 90, ésa fue “la estafa del siglo”. Todos conocemos los resultados, por ejemplo, en términos de crecimiento fueron pobrísimos, 3 por ciento en todo este periodo de construcción de monopolios privados con recursos públicos. Además, la inversión ex- tranjera en nuestro país no introdujo ninguna otra actividad nueva que no sea montarse so- bre los saberes, conocimientos y perspectivas de la empresa estatal.

Premisas falsas, intereses oscuros, la estafa, la expropiación de recursos públicos por la “ini- ciativa” privada. Atr{s quedó la transferencia de tecnología, la generación de 500 mil em- pleos que nos ofrecieron en campaña electoral los candidatos de entonces, atrás quedó tam- bién esa globalización expansiva que por la abundancia de recursos iba a hacer “gotear” éstos hasta a los más pobres. En realidad, lo que quedó fue una economía dualizada entre una parte moderna tomada en cuenta con cré- ditos, apoyo y mercado, y una parte no moder-

na, no reconocida, donde está el 70 por ciento de la fuerza laboral y la predominancia de las actividades económicas de los bolivianos. El papel del Estado fue reducido pero no a no hacer nada, sino a transferir recursos públicos al sector privado, en algunos casos a través de compras tramposas, en otros a través de frau- des, como la quiebra de los bancos que fue asumida por el sector público.

Se argumentaba que este modelo de un Esta- do que se retraía y que transfería lo público hacia lo privado generaría una locomotora económica que nos iba a permitir superar los errores de la etapa del capitalismo de Estado de los años 50 a los 70. Los resultados en tér- minos macroeconómicos fueron deprimentes; en los mejores momentos del capitalismo de Estado, el crecimiento llegaba a cerca del 5 por ciento, de 1965 a 1985, aunque el promedio de toda la etapa fue de 3 por ciento. El neolibera- lismo mantuvo esa misma tasa de crecimiento, además de las reservas internacionales estan- cadas, su déficit fiscal permanente y crónico, las exportaciones con una barrera que no per- mitía pasar de los mil millones de dólares que se arrastró desde los años 70 y que se mantuvo hasta fines de los 90. En términos de ingresos promedio por persona, los ingresos en el año 2000 seguían siendo similares a los de la déca- da de los 70.

Evidentemente, el capitalismo de Estado había marcado la estructura de la economía, pero al finalizar los tiempos de su impulso, terminan- do la década del 70 y a principios de los 80, éste había mostrado debilidades, entre ellas: alta corrupción interna en la administración públi- ca, subvención de pérdidas, falta de incentivo a la renovación tecnológica, sustitución de efi- ciencia por la administración y la subvención estatal, falta de exploración o de renovación o capacitación del personal. Entonces, se pensó superar los límites del capitalismo de Estado con el influjo de la inversión externa y de los procesos de privatización.

8

En el caso del neoliberalismo, se partía de la

que el Estado, como locomotora de la eco-

e

irradiaron, se modernizaron internamente

creencia que la inversión extranjera era la lo-

y

la sociedad no necesariamente se escindió

comotora, que el ingreso de inversión traería generación de riqueza que iba a derramarse hacia los sectores más pobres. En el caso del

entre obreros y capitalistas, como era la ilu- sión especialmente del ciclo del capitalismo de Estado.

capitalismo de Estado, se pensaba que la mo- dernización de la economía sería tan expan- siva que con el tiempo el sector premoderno desaparecería y que todos se iban a convertir en obreros o empresarios. En ambos modelos se vivía de la misma ilusión. En el estatista:

nomía, capitalizaría absolutamente todas las actividades urbanas y rurales, y escindiría

Frente al fracaso del capitalismo de Estado y del neoliberalismo, nos volvemos a plantear como generación, como académicos, como in- telectuales, políticos o dirigentes sociales, ha- cia dónde vamos, cuál es el rumbo ahora de la economía; si falló el ciclo del capitalismo de

Estado, si falló el ciclo del neoliberalismo, cuál es entonces la ruta de la sociedad boliviana,

la

sociedad entre millones de obreros y unos

y

ahí comenzó un debate entorno a la gene-

cuantos empresarios, es decir, la economía

ración de riqueza y el papel del Estado. Hoy

moderna. Los neoliberales con la ilusión, más

el

país, a través del debate intelectual, de de-

trágica todavía, ya que solamente contaban

cisiones gubernamentales, de ofertas políticas

los que pertenecían al sector moderno de la

y

de construcciones claras, ha comenzado a

economía y el resto era objeto no de políticas económicas sino de políticas sociales, había

construir una nueva ruta que no requiere mu- cha ciencia ni mucho misterio para hallar su

que darles algunos “remedios sociales” para que no estorbaran porque eran una parte no necesaria e inconveniente de la economía.

Mientras algunos pensaban que la economía premoderna, agraria y urbana, se iba a extin- guir, otros consideraban que no había porque tomarla en cuenta y que simplemente había que darles algunos paliativos sociales. En am- bos casos, los economistas creían que el sec- tor no moderno de la economía, el sector no capitalista, ese sector de subsunción formal del trabajo al capital (utilizando las catego- rías renovadas de Marx que ahora se vuelven

a poner vigentes para estudiar la crisis del

capitalismo planetario) no había que tomarlo en cuenta.

Y entonces, tanto en el capitalismo de Estado,

como en el neoliberalismo, se vivió una espe- cie de ilusión colectiva, se esperaba que la pre modernidad desapareciera, que se extinguie- ra y evolucionara hacia formas modernas. El resultado fue todo lo contrario, estas formas no modernas de la economía se expandieron

9

justificativo lógico.

Una economía boliviana diversa

Inicialmente, una constatación de hecho, es que nuestro país tiene una economía muy di-

versa en términos de sus estructuras organi- zativas internas, de sus lógicas de producción

y de acumulación. Está la parte moderna de

nuestra sociedad, capitalista, tecnificada, vin- culada a mercados externos, que es un sector importante, tanto estatal como privado, y en expansión, evidentemente. En una investiga- ción del mundo obrero en Bolivia, pudimos demostrar que hay una relación interesante de articulación de estructuras no capitalistas de trabajo, hacia estructuras estrictamente capitalistas de producción. Entonces, al lado de esa parte moderna de la sociedad, con ella misma, existe ese otro sector con diversos ma- tices, unos le llaman informal, que es simple- mente una categoría que juega el papel de saco hegeliano donde “todos los gatos se vuelven pardos”, pero en el fondo la informalidad es

una estructura muy compleja de actividades laborales; permítanme mencionar simplemen- te la actividad urbana artesanal con fuertes

de la modernidad, en verdad, la modernidad capitalista resulta ser el resquicio de un com- plejo mar de actividades mercantiles, semi

vínculos hacia el mercado interno, fundamen- talmente, y a veces hacia el mercado externo pero que combina internamente relaciones domésticas de padrinazgo y de compadrazgo

mercantiles, capitalistas, semi capitalistas, co- munales, campesinas y de caza y recolección. Usando otra vez a Marx, en Bolivia predomi- na la subsunción formal por encima de la real;

Son relaciones

mercantiles camufladas a partir de relaciones

con la relación obrera patronal.

territorialmente, lo que hay en Bolivia es sub- sunción formal del trabajo al capital mercantil

de fidelidad y de cercanía parental, en los que

y

comercial, y solamente en pequeños núcleos

también se da explotación del trabajo.

y

lunares hay subsunción real del trabajo, del

Está también la actividad mercantil simple, como la define El Capital de Carlos Marx, don- de no existen grandes procesos de acumula- ción ni se da la economía de escala y cuando se comienza a expandir, inmediatamente se parte entre otros familiares, para desconcen- trar actividades y disminuir los riesgos de las fluctuaciones cambiantes del mercado interno y de algunos mercados cercanos, Brasil, fun- damentalmente, Chile y en parte Perú.

Luego tenemos en Bolivia, la economía cam- pesina, igualmente agraria, mercantil simple, además tenemos trazos, fragmentos, pedazos de economía comunitaria, ambas vinculadas al mercado en términos de reproducción de necesidades básicas pero que luego una bue- na parte de sus actividades laborales circula a partir de otro tipo de circuitos de intercambios no mercantiles o semi mercantiles. Y, al final, queda un pedazo muy estrecho o pequeño, de economía de caza y recolección en algunos lu- gares de nuestro territorio.

La economía boliviana es una diversidad compleja de actividades económicas moder- nas, pre modernas, no modernas, mercanti- les, semi mercantiles y comunitarias. En este complicado sistema de actividades, está el 70 por ciento de la fuerza laboral urbana y por lo menos el 90 por ciento de la fuerza laboral rural que todavía concentra aproximadamen- te al 36 por ciento del total de los bolivianos. Estamos hablando nuevamente de resquicios

conocimiento y de la asociación, a las estruc- turas técnicas de la acumulación del capital.

Burguesía rentista e intermediaria

Ésa es la realidad de Bolivia y esa realidad, entonces, establece un tipo de presencia es- tructural y un tipo de burguesía pequeña en el sentido estricto, vinculada a estos sectores modernos que ya son pequeños, pero ade- más más pequeña porque su vieja generación optó, no únicamente pero fundamentalmente, por una actitud de intermediación o de rentis- mo. Ayer se quejaba el señor Gabriel Dabdoub (Presidente de la Confederación de Empresa- rios Privados de Bolivia CEPB) de las afirma- ciones que hice en ese sentido, pero ésa es la realidad. Cuando uno se fija en el empresa- riado paceño, cochabambino o cruceño, una parte de él ha preferido ser intermediaria, es decir, ofrecer servicios de compra y venta de cosas a los inversionistas. Fíjense en la agricul- tura, los principales productores de soya en Santa Cruz son pequeños productores cam- pesinos, esa economía semi mercantilizada de la que hemos hablado, y si son medianas o grandes propiedades, los productores son co- lombianos, peruanos japoneses o brasileños. Pero quienes les traen los productos, hacen el comercio, les proveen de insumos, venden esos productos o recopilan la producción del pequeño campesino, son familias de la bur- guesía local regional. Es una burguesía que ha optado más por la intermediación que por

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el liderazgo productivo, con excepciones evi- dentemente, en toda Bolivia encontraremos muy pocos empresarios productivos.

En otros casos, los empresarios han optado por el rentismo, no del que nos habla Rober- to Laserna* que no es el concepto real, por- que rentismo es la propensión de las clases sociales a vivir de una actividad económica derivada de su propiedad, es decir, tener una hacienda, alquilarla al mediano o gran pro- ductor brasileño, por ejemplo, y recibir un pago por eso, ése es el rentismo; o tener una concesión de bosques, alquilarla a una em- presa extranjera y vivir de ese alquiler. Una buena parte de la burguesía boliviana vincu- lada al agro o a las riquezas naturales es fun- damentalmente rentista.

Entonces, tenemos que en la parte moderna de la economía ya pequeña, la presencia em- presarial de la burguesía se restringe más aún porque se dedica a actividades de mediación o actividades de renta de la tierra y otra, más pequeña aún, se dedica a la actividad estricta- mente productiva agroindustrial o maderera. Ésa es una primera característica.

Nuevo tipo de burguesía boliviana

En el sector que rodea este ámbito medio, hay la emergencia de un nuevo tipo de empresa- riado de origen, digámoslo así, más popular, reciente, de los últimos treinta años, que emer- ge con otra mentalidad, más austera, más clá- sica en el sentido weberiano del término, más ahorradora, no exhibe su dinero en gigantes- cas mansiones ni se va a Miami cada fin de se- mana, ahorra y ahorra, y sigue comiendo con la modestia de cuando surgió de la clase po- pular, vive en el mismo cuartito y en el mismo hacinamiento de hace veinte años, pero tiene más dinero que todos los otros juntos. Hay esa

* Laserna, Roberto, Gordillo, José M., Komadina, Jorge. La Trampa del rentismo. Fundación Milenio, La Paz, 1996.

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nueva burguesía, digámoslo así, emergente, de actividades productivas artesanales y mi- croempresariales vinculadas a mercados in- ternos más grandes o mercados externos.

El sector mayoritario de la sociedad

Pero luego tenemos un sector productivo labo- ral, económico, pequeño campesino, comuni- tario, artesanal, pequeño productor, fragmen- tado y con niveles reducidos de acumulación interna y de asalariamiento interno de sus ac- tividades laborales. El 70 por ciento de las per- sonas ocupadas en Bolivia, está en ese sector.

Vistas así las cosas, no solamente tenemos una complejidad que la hemos llamado en la nueva Constitución Política del Estado (CPE), Economía plural, que no es la economía mix- ta, de dos, es una economía compuesta por muchas otras variables más, por eso es plural, muchas estructuras laborales, semi articula- das y semi sobrepuestas. Con un liderazgo económico muy pequeño, con una burguesía intermediaria también muy pequeña, con sec- tores empresariales emergentes pero todavía fragmentados y sin la capacidad de articular proyectos totalizantes de sociedad. Estos sec- tores no le piden nada al Estado pero tampo- co asumen su conducción, entonces, quién puede asumir el liderazgo de la economía, qué queda, si el liderazgo de la economía, si la construcción de un horizonte de moderni- zación, de generación de riqueza, de distri- bución, no lo pueden asumir estos sectores pequeños de la burguesía local, rentista, inter- mediaria, comercial y débilmente productiva. ¿Quién lo puede hacer? ¿Las estructuras semi modernas?, en parte sí y en parte no. En par- te sí, porque ocupan un buen segmento de la territorialidad productiva de nuestro país; en parte no porque sus miradas están centradas absolutamente en lo local y en lo inmediato, no articulan el proceso total de la producción, aunque sí tienen un potencial.

La inversión extranjera

Queda, entonces, o la inversión extranjera o el Estado. Entre los años 80 y 90 se intentó que la inversión extranjera se encargara de la mo- dernidad, les entregamos saberes, tecnología, medios de producción, dinero, les entregamos el país entero y el resultado es poco menos que catastrófico. Y no es que la inversión ex- tranjera directa sea mala, al contrario, la inver- sión extranjera directa ha hecho lo que tiene que hacer cualquier inversionista extranjero inteligente: meter un poco de capital para sa- car más y llevárselo lo más pronto posible. El gran fraude de Sánchez de Lozada, entre los muchos que tiene acumulados, es haberle en- tregado al inversionista extranjero la decisión de construir una nación, de construirmercado

o de construir desarrollo nacional. Al inversio-

nista extranjero no le importa el desarrollo na- cional, él tiene que responder a sus accionistas

al finalizar el año acerca de cuánta ganancia obtuvo con lo que invirtió, no tiene que rendir cuentas de la construcción de hospitales, de la transformación de la economía campesina o de la creación de mercados para los pequeños artesanos, eso no le importa al accionista que quiere, al final del año, solamente su ganancia

y cómo la obtendrá, es problema del director.

Entonces, no se puede construir país o eco- nomía nacional, todavía en una sociedad tan complicada, entregándole a un inversionista extranjero el papel que lo tiene que asumir la propia sociedad y sus propios líderes econó- micos. Perdimos veinte años bajo la ilusión de que iba a ser el capital externo el que crearía una economía nacional próspera, pujante, con igualdad y equidad, cuando eso no lo hizo en ningún país del mundo ni lo hará.

Ése es un papel colectivo que les toca a otros actores, no a la inversión extranjera y lo com- probamos dramáticamente. Cuando revisa- mos los datos del cierre del ciclo neoliberal en el año 2005, encontramos una economía en

ruinas, empobrecida, porque el empresario que invirtió aquí un dólar, por lo menos cada año, se llevó veinte por el dólar que invirtió, dejando nada más que depredación en el me- dio ambiente, algunos puestos de trabajo pe- queños para pocos profesionales bolivianos, mucha propaganda y muchos banquetes con las roscas y logias regionales y locales de cada departamento. En eso quedó todo lo que hizo la inversión extranjera directa en términos de desarrollo interno de la economía nacional.

Pero la idea no es que la inversión extranjera desaparezca en nuestro país, tiene que ha- ber y existe, estamos recuperando una fuerte presencia de esta inversión. El Presidente Evo Morales y el ministro de Economía y Finan- zas Luis Arce estuvieron revisando los datos de este año y hay sorpresas sobre la presen- cia de esta inversión, pero no puede volver a ocupar nunca más el liderazgo de la econo- mía nacional, el papel de constructor de mer- cado, de economía o de progreso nacional, no es su función ni su tarea, ellos no vienen a eso. Descartada la burguesía local pequeñísi- ma, rentista e intermediaria y descartada la inversión extranjera, queda la voluntad na- cional popular general, es decir, lo que llama- mos Estado.

El Estado plurinacional como constructor de país, mercado y progreso nacional

Alguien tiene que construir modernidad en el país, si no lo va a hacer la inversión extranjera porque produce riqueza y la externaliza, si no lo puede hacer el empresariado boliviano por- que no tiene la potencia ni la fuerza de acu- mulación interna capaz de generar un núcleo que atraiga actividades económicas, y anda preocupado más de sus vacaciones en Miami y de su casa en París, es decir, del uso dispen- dioso del excedente económico y no del uso industrioso de éste, tiene que ser el núcleo es- tatal quien se encargue de esto.

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Pero qué es el núcleo estatal, porque el Estado no es solamente una máquina, sino una sín- tesis colectiva de la sociedad con liderazgo interno que utiliza sus mecanismos los mo- nopolios coercitivos, tributarios y propieta- riospara cierto tipo de iniciativas, es decir, el Estado también es un pedazo de la socie- dad, jerarquizado internamente y con capaci- dad de decisión. Comenté alguna vez que si algo resume al Estado es la realización hege- liana de la idea, en el Estado la idea deviene en materia y no la materia en idea, es Hegel realizado, si algo diferencia al Estado de la universidad, de la academia, de una ONG o de un sindicato es que en el Estado la idea de- viene en materia, tiene ese poder simbólico, real y material, y ahí están los recursos, los financiamientos y la burocracia para hacer cumplir y materializar la idea.

Pero quién es el que produce las ideas, qué sec- tores sociales serán los que tengan que hacerlo. Cuando ahora se propugna que sea el Estado quien conduzca la economía, se está hablando de que hay un núcleo social unificado en su interior que ha asumido el papel de creador del horizonte colectivo y que está haciendo el papel de intelectual práctico colectivo.

Se requeriría otra reflexión sobre una sociolo- gía del Estado para ver cómo está la compo- sición interna de las fuerzas sociales al inte- rior de los órganos de decisión, pero al menos está claro, se lo puede ver cotidianamente por las iniciativas, que en el actual núcleo estatal, hubo una sustitución de liderazgos que lleva- ron adelante una modificación de los horizon- tes del Estado. Estaríamos hablando de una interesante alianza entre la intelectualidad de la clase media boliviana, un pedazo al menos de ella, con los sectores urbanos rurales peque- ños productivos. En el núcleo creador de polí- ticas del Estado, se dio esta especie de fusión o articulación clasista del bloque dirigente de la sociedad. Si bien está presente también el resto de sectores sociales, laborales, empresa-

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riales, al interior del Estado, el núcleodirigen- te, “el hegemón”, dig{moslo así, articulador del resto de las fracciones sociales, se ubica en esta alianza entre núcleos de clase media inte- lectual con núcleos de los pequeños produc- tores urbanos rurales mercantilizados y semi mercantilizados.

El núcleo dirigente del Estado en el periodo de los años 80 a 2005, lo conformaban los in- versionistas privados extranjeros con el capi-

tal minero, financiero y agroindustrial, vincu- lados a mercados externos. Antes estaba un núcleo intelectual también de clase media, vinculado en momentos a la burguesía local

y en otros momentos vinculado a los orga-

nismos de cooperación internacional, pero no

había una presencia de lo nacional popular en

la propia conducción y construcción de hori-

zonte estatal.

Cómo es que al interior de este nuevo bloque dirigente del Estado se visualiza el porvenir. Ya lo dijimos, primero un an{lisis de lo que tenemos: una economía moderna débil, una economía pre moderna, semi moderna y co- munitaria campesina grande; ausencia de una burguesía emprendedora y pujante, un contexto internacional complejo, con una eco- nomía profundamente interconectada de la cual no se puede uno salir y con la cual uno

tiene que convivir; una formación de la fuer- za de trabajo limitada (si bien ha resistido a procesos de formación y de educación esta- tal cada vez más expansivos desde hace más de 50 años, la colegiatura y gradualmente el bachillerato tienden a expandirse en cifras parecidas a sociedades en vías de desarrollo,

la formación y la especialización de la fuerza

laboral tiene demasiados límites en términos de su especialización y de su formación aca- démica universitaria); un parque tecnológico que va desde el arado egipcio que usan en las comunidades, hasta el Internet. Y en el caso de

minería, un poco en la agroindustria y en tele- comunicaciones, algo de tecnología de punta.

Cinco siglos de tecnología, de estructuras la- borales, de estructuras organizativas, están en el país, coexistiendo en un mismo escenario temporal y territorial, a eso llamamos econo- mía compleja.

Si ésa es la realidad del país, hay cosas que son imposibles siquiera de pensar, la prime- ra, esperar que la inversión extranjera se en- cargue del liderazgo; tampoco esperar que la burguesía local lo haga, pues como ya di- jimos, no tiene la suficiente fuerza económica ni el poderío intelectual; tampoco creer que la economía tradicional desaparecerá con un par de años de políticas económicas, la ilusión del capitalismo de Estado de obrerizar a todos o de capitalizarlos fue un fracaso. Las genera- ciones de la Guerra del Chaco y la de la Revo- lución de 1952 se equivocaron. Vamos a tener economía comunitaria informal, artesanal, pequeños propietarios, pequeños producto- res por décadas, quizás por siglos.

Entonces, tenemos que imaginar una moder- nidad boliviana a partir de las comunidades, de los artesanos, de la pequeña actividad em- presarial y microempresarial, y de la moder- nidad globalizada. Cómo construimos una modernidad propia a partir de lo que tene- mos, sin tener la “política del avestruz” de los neoliberales o las limitaciones intelectuales de los nacionalistas revolucionarios que pensa- ban que era cuestión de invertir un poco más en empresas del Estado para que los bolivia- nos se conviertan en obreros.

Tenemos un buen trecho de economías com- plejas, plurales, que estarán con nosotros, sus potencias son: el trabajo asociado, la ca- pacidad de articular saberes, conocimientos, esfuerzos, de redes familiares, vecinales, de compadrazgo, de paisanaje, que se convierten en una fuerza productiva. Sus limitaciones:

tecnología de bajo rendimiento, formación laboral restringida, conocimiento de los pro-

cesos económicos y de vinculación a los mer- cados externos igualmente restringida.

Tareas del liderazgo económico frente a la economía plural

Éstas son algunas de las virtudes y de las li- mitaciones que están presentes en este blo- que gigante de economía no moderna, semi mercantil, comunitaria, campesina. Si ésta es la realidad, este liderazgo estatal debe tener una mirada realista de los fenómenos econó- micos y de las potencialidades del país, y eso significa tener presencia en el núcleo moder- no donde se dan los fundamentales procesos de acumulación de capital, de riqueza, para no ceder el liderazgo a la inversión extranje- ra que únicamente se dedicará a externalizar los recursos. Pero además, significa tener pre- sencia en el sector petrolífero, porque Bolivia está viviendo y va a vivir de este sector, pese a estas fluctuaciones terribles del precio. El gas, el petróleo y sus derivados industriales repre- sentan la cuarta generación más importante de reproducción del excedente económico del país, primero fue la plata, luego la quina y la goma y luego el estaño.

Con cada uno de los tres precedentes, Bolivia generó ingentes cantidades de excedente eco- nómico y en las tres oportunidades éste, se fue para afuera, generó bolivianos ricos que vi- vían muy bien en París o en Londres y venían de vacación a alguna estancia o hacienda enel país. Bolivia está viviendo y vivirá del gas y del petróleo, pese a las fluctuaciones del pre- cio (cuando nosotros asumimos el gobierno en 2006, el petróleo estaba entre 35 y 38 dólares y ya se hablaba del petróleo y del gas como los recursos naturales que potenciarían la econo- mía del país, hemos llegado hasta 140 dólares, luego el precio bajó a 37, algunos dicen que se estabilizará, en 60 ó 50 dólares, habrá que ver). Hoy, el 50 por ciento de nuestras exportaciones es de gas y petróleo y lo seguirá siendo en los

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siguientes años. Con todo, viviremos una eco- nomía fuertemente vinculada a los mercados externos. En el momento en que pasemos a etapas de industrialización, las exportaciones de los derivados del gas y del petróleo fácil- mente llegarán a un 60 ó 70 por ciento, a partir de los siguientes cinco años para adelante.

Entonces, si éste es el excedente económico del siglo XXI para los bolivianos, no el único, pero el principal, no cabe duda que el Estado tiene que estar ahí, no exclusivamente, pero sí prioritariamente para controlar que el exce- dente económico, esas ganancias resultantes de la utilización, industrialización y venta de gas y petróleo, sean reinyectadas a la econo- mía, que no se conviertan en burocracia del Estado ni en mansiones de nuevos ricos, sino en nuevas industrias, nuevas empresas, nue- vas fuentes laborales, seguridad social, aten- ción social, es decir, en sacar a los bolivianos de la pobreza.

Lo virtuoso de este momento es que Bolivia debate el modelo económico como sociedad hacia futuro, no en momentos de derrumbe del ciclo económico, eso le sucedió a la izquierda en los años 70, que se puso a debatir sobre mo- delo económico cuando se derrumbaba el ciclo del estaño, o a los nacionalistas que tomaron el poder en 1952 cuando el ciclo de los precios y del poder del estaño en la economía mundial ya iba de caída, les tocó administrar las miga- jas que los varones del estaño habían dejado. Si el pueblo hubiera dejado un tiempo más a Sánchez de Lozada a cargo del Estado, tengan la seguridad de que se hubiera encargado de depredar todo lo que había en el país para de- jar a las siguientes generaciones simplemen- te las sobras. Hoy, gracias al pueblo que a su modo tuvo una especie de lucidez histórica económica, esta transformación del Estado y de los liderazgos clasistas de la sociedad está frente al arranque del ciclo de este nuevo uso del fundamental excedente económico de Bo- livia para los siguientes treinta años.

Junto al Presidente, revisábamos los datos que nos da Noel Aguirre, el ministro de Planifica- ción del Desarrollo, que demuestran que en el

año 2005, el Estado recibía por gas y petróleo cerca de 850 millones de dólares, por toda la cadena, más mercado interno; en el año 2008 lo que el país recibe son 2.650 millones de dólares. A partir de la modificación que hizo nuestro gobierno con la Nacionalización, de la relación de cuánto excedente queda en el país

y cuánto se va hacia fuera, pasamos de 850 a

más del triple.

Múltiples rutas de modernidad

Ahora bien, controlar el excedente significa ampliar la base industriosa del país, es lo que

el Presidente Morales ha venido mencionando

de vez en cuando, especialmente cuando habla de las hidroeléctricas, del litio, del Mutún, es

decir, controlar el excedente del mundo indus- trializado y moderno para reinvertirlo en su propia base. La utilización también del exce- dente económico que el Estado produce y con- trola para impulsar procesos de industrializa- ción propios de este otro mundo no capitalista, no empresarial en el sentido estricto del térmi- no, la economía artesanal, la urbana familiar, la campesina y la comunitaria. Lo que tiene que hacer el Estado, y lo estamos haciendo, es transferir excedente económico de lo moderno

a lo no moderno, de lo capitalista industrial a

lo semi capitalista o a lo semi mercantil; trans- ferencia de excedentes bajo la forma de crédi- tos, de tecnología o de insumos, para impulsar procesos de modernización interna.

¿Es una locura imaginar varias rutas de mo- dernidad económica y productiva?, creo que no. Le comenté al ministro de Hacienda sobre un libro muy interesante del profesor Giovanni Arrighi que titula Adam Smith en Pekín, es una reflexión sobre el modelo chino de desarrollo económico, en verdad más que chino,asiático. Este libro tiene un par de conceptos que me lla-

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maron la atención, diferencia el concepto de re- volución industrial que se dio en el siglo XVIII y XIX, del de revolución industriosa. Asocia la revolución industrial con el uso intensivo de capital y de energía que permitió el desarrollo de los países europeos y de Estados Unidos, y la revolución industriosa está basada en el uso intensivo de fuerza de trabajo y de articulación de los conocimientos y habilidades laborales, domésticas familiares. Arrighi nos muestra las tasas de crecimiento de Estados Unidos y Gran Bretaña, China y Japón; de 1600 hasta 1800, Japón y China producían el 35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del mundo, y Gran Bretaña con Estados Unidos producían el seis por ciento, esto fue en 1820. Y aquí viene esta diferenciación de revoluciones industrio- sa e industrial, Estados Unidos y Gran Bretaña llegaron a concentrar el 25 por ciento del PIB mundial en el mejor tiempo, 1950, y China y la India llegaron al siete por ciento. Pero a partir de los años 60 hasta 2006, cuando se edita el libro de Arrighi, la relación entre presencia en el PIB mundial es: Estados Unidos con Gran Bretaña cerca del 21 ó 22 por ciento y Japón con China cerca del 20 por ciento.

Este breve paréntesis en torno al libro del pro- fesor Giovanni Arrighi me sirve para explicar que no hay una sola ruta de modernización de las economías, la ruta clásica de inversión intensiva en capital, producción en escala, es una ruta de modernidad, y allá donde poda- mos invertir recursos en ella, hay que hacerlo. Si hay que invertir más dinero en Huanuni o en la Empresa Nacional de Telecomunicacio- nes (Entel) o en otro tipo de empresa, como la fábrica de papel, lo vamos a hacer.

Pero simultáneamente hay otras formas de construcción de desarrollo o de modernidad que utiliza otro tipo de facultades, de sabe- res y de fuerzas productivas, conocimientos, relaciones familiares, es la economía en pe- queña escala que está produciendo también formas alternativas o complementarias de

modernidad. En otras palabras, Bolivia tiene que avanzar hacia delante impulsando múl- tiples rutas de modernización interna, no seguir de manera obsesiva y fallida la única modernidad de capital intensivo, de econo- mía en escala, porque Bolivia no será así; ya lo dijimos, tendremos economía familiar, ar- tesanos, comunidades, productores del agro, por siglos.

Tenemos que producir la modernización in- terna de esas estructuras, en términos de mer- cados, de tecnología, de derechos sociales, de renovación asociativa, de mejora de sus capa- cidades laborales internas, nadie más que el Estado podrá impulsarla. El desarrollo capi- talista europeo no hubiera existido sin el Esta- do absolutista, los norteamericanos no hubie- ran llegado donde llegaron sin las relaciones, acuerdos, pactos entre empresarios, Estado y trabajadores durante el Estado de bienestar, sin esa ampliación de beneficios sociales y sostenibilidad de cinco dólares por día que in- trodujo Ford y que luego se generalizó a toda la industria automotriz y al mundo producti- vo industrial norteamericano. Hoy mismo, el que aparece frente al fracaso de los grandes bancos es el Estado norteamericano, Estados Unidos tiene hoy una economía más estatiza- da que la boliviana, sólo que no se habla mu- cho de ello porque no es muy correcto para los neoliberales, que todavía quedan, hablar de ese tema, les avergüenza que su modelo de sociedad sea estatizado. En Estados Unidos se han estatizado bancos y están inyectando di- nero estatal a las empresas automotrices, por ejemplo, la General Motors ahora es del Esta- do, le han inyectado capital por la totalidad de su costo.

Es decir, el Estado siempre jugó, siempre tiene que jugar y siempre jugará, en tanto síntesis cualificada de la sociedad, un papel de orien- tador, impulsador, organizador o conductor de la economía, más aún en sociedades como las nuestras, carentes de un empresariado

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vigoroso, y con una economía tan compleja

En este eje de una economía con una fuerte

y

diversificada internamente. El Estado debe

presencia estatal que diversifica y potencia

asumir las tareas de expansión de la moder- nidad y de producción de otras modernida-

los otros niveles económicos y productivos, nosotros tenemos claro que el Estado no

des vinculadas a la economía comunitaria, a

puede absorber la totalidad de las activida-

la

artesanal, al micro empresariado, junto con

des económicas, ni puede ni lo va a hacer, ni

la economía industrial globalizada de escala, para que ambas caminen simultáneamente y para que la que genere más riqueza la trans- fiera al resto. Se trata simplemente de senti- do común, no se trata de mucha ingeniería ni de mucha ciencia, pero es un camino que ningún gobierno ha recorrido y al que el Es- tado le ha dado siempre la espalda, pensaron que todos iban a ser obreros y empresarios, cuando en realidad, lo que para ellos era una “anomalía temporal” de campesinos y arte- sanos, es la mayoría del país. Pensaron que nos íbamos a globalizar y que estos sectores se contentarían con políticas sociales pero eso no ocurrió, son sectores productores, tienen tecnología, saberes, quieren mercados inter- nacionales y locales.

debemos hacerlo ni queremos hacerlo. Si us- tedes se fijan en nuestra relación con los agri- cultores, por ejemplo, el Estado hoy en día no produce alimentos sino que forma alianza con productores para generar alimentos para el país. Pusimos a disposición de los produc- tores 200 millones de dólares para que pro- duzcan trigo, arroz, maíz. El pequeño o el mediano productor produce y el Estado le da financiamiento, le compra, acopia y vende, pero quienes producen son ellos. En ningún momento imaginamos el Estado en granjas colectivas produciendo alimentos, no sería sostenible ni realista. Y lo mismo que esta- mos haciendo con los medianos y pequeños productores, podríamos hacerlo con grandes empresarios que quieran producir alimentos pero sin chantajes, para que utilicen real- mente la ganancia en el aparato productivo

Es decir, hoy se trata por lo menos de since- rarse con lo que somos, de abandonar la ac-

y

no en pagar a las bandas que queman ins-

titud bobárica de imitar, de la que hablaba Franz Tamayo. Nunca vamos a ser modernos como Francia, como Gran Bretaña o Estados Unidos, abandonemos esas ilusiones falsas, seremos modernos a partir de lo que somos, en una mezcla de arado egipcio con Internet, de espíritu austero de ahorro con Pachamama

tituciones.

Éste es un Estado fuerte que, por primera vez en los últimos 40 años, tiene recursos para di- versificar distintas actividades económicas. El Estado producirá donde está el núcleo fuerte, donde se genera excedente y, claro, también

y

fiesta de Carnaval. Así somos los bolivianos

habrá inversión privada. En otros núcleos, el

y

es en función de esas potencialidades que

Estado no tiene por qué producir, pero puede

tenemos que imaginar nuestro destino.

potenciar al pequeño productor, al artesano,

 

a

la comunidad campesina, a la asociación la-

Desde 2003 hasta agosto de 2008, había un de- bate de sociedad, de economía, de proyectos de poder que ha sido resuelto. Habrá conflic-

boral y a la cooperativa, y hacer un tipo de alianza para que esa producción quede en manos del Estado para una distribución pla-

tos, peleas, tensiones, pero por un buen tiem- po ya no habrá proyectos de sociedad con- frontados o polarizados. Nadie habla de que

nificada, regular precios, garantizar abasteci- miento interno, exportaciones con mercados regionales, etc.

el

Estado debe regresar a las catacumbas, pero

la

pregunta es hasta dónde debe llegar el Esta-

Ése es el modelo de economía que vamos a

do, en qué más debe intervenir.

transitar, podríamos hacer hincapié en un Es-

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tado más productivista, debemos valorar has- ta dónde intervenimos en la industrialización

del litio, en la fundición o en la elaboración de productos de acero con valor agregado, son inversiones gigantes. Debemos evaluar hasta dónde vamos y con quién compartimos la in- versión en la generación de electricidad para

el mercado interno y para la exportación. Eso

dependerá de los recursos disponibles, por- que son mega proyectos, una represa de las que hablaba el Presidente Evo Morales hace algunos días cuesta entre mil y dos mil millo- nes de dólares.

Nuestro objetivo es un Estado que interven- ga puntual y selectivamente en los núcleos

modernos de la producción del excedente estratégico del país, y a la vez, que inyecte

o transfiera tecnología, recursos, infraestruc-

tura, financiamiento a los otros bolsones, ejes, espacios de economía tradicional no capitalista, semi capitalista, semi mercantil, artesanal y comunitaria. Al final, quien lleve el liderazgo de todo el proceso será eviden- temente el Estado, sin obstruir la actividad económica, sino despertando sus potenciali- dades internas, empujando su propio desa- rrollo interno.

Ésta es, consideramos, la única manera de generar una economía nacional, de tomar en

cuenta absolutamente a todos pero, a la vez,

la única manera de estar siempre vinculados

al mundo. No hay economías autárquicas, nunca las hubo, Marx decía que quizás, con excepción, en algunas islas coralinas nunca antes visitadas por el ser humano (La mise- ria de la filosofía, 1847), pero no hay lugar del planeta que no esté vinculado con el otro. Desde entonces han pasado casi 160 años y

el mundo se ha intensificado en su interde- pendencia.

El Estado no solamente se vinculará al merca- do interno, trabajará también para el mercado externo, es más, hoy estaba revisando los da-

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tos del ministro de Planificación que muestran que sólo YPFB controla aproximadamente el 35 por ciento de las exportaciones del país. En- tonces, es una economía vinculada inteligen- temente también a los mercados externos, no vamos a encerrar al país en un núcleo aislado del resto de la economía internacional. Ahí donde hay una fuerte ganancia que puede servir para el país, ahí estaremos; ahí donde podríamos expandir trabajo industrial, per- mitiendo a la vez una sana competencia con la inversión extranjera, estaremos; y donde el Estado pueda usar dinero para que se avi- ven actividades productivas de otros sectores, también tendremos presencia.

Creemos que de esta manera, la economía plural de la que hablan el texto constitucional y nuestros discursos, es un reconocimiento de la diversidad de actividades productivas que tiene el país y también un horizonte de socie- dad. La economía plural sintetiza una mirada hacia futuro que quiere un país altamente in- dustrializado, vamos a construir muchas in- dustrias como Estado junto con el sector pri- vado. Seremos una economía industrial, pero no únicamente, también, seremos una econo- mía que despliega procesos de acumulación interna, de renovación tecnológica, de amplia- ción de mercados y fuerza laboral, de mejora de su tecnología en el resto de los sectores no estrictamente capitalistas del país.

El objetivo es obtener más riqueza, el desa- rrollo interno de nuestra economía, la conver- sión del país en un centro energético, ahora lo somos, pero lo seremos de más maneras: vía gas, vía energía eléctrica y vía valor agrega- do de nuestros energéticos, además, con la capacidad de promover desarrollos internos y sociales de cada uno de los pobladores. El industriosismo que reivindicamos no es un industriosismo por sí mismo, es para generar mayor bienestar para los bolivianos, mayores ingresos, renovación y ampliación de sus ca- pacidades de consumo.

La socialización de la que hablamos no es ha- cia abajo, es decir, no pensamos socializar la pobreza, eso no conduciría a ningún lado, lo que sí pensamos socializar es la riqueza, más riqueza producida, internalizada, reinvertida y redistribuida en el país. Estado, inversión privada, economía comunitaria, artesanal, microproductores, mediano productores, con sus distintas relaciones de fidelidad. Esto es lo que pensamos como gobierno y no sólo como tal, considero que es lo que estamos pensando como sociedad, es lo que se debate hoy en la academia que ha dejado ya las viejas olas libe- rales que tanto daño han hecho al país.

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Evidentemente, habrá algún momento en que este modo de desarrollo de la economía, Mo- delo Nacional Productivo es el nombre que le pusimos, podrá encontrar sus límites, todo tiene sus límites, nada es eterno, pero en tanto surjan esos límites (estoy hablando fácilmen- te de unos veinte o treinta años para delan- te), tenemos mucho por hacer en cada uno de los sectores. Esperemos que la misión de cualquier economía de cualquier país, que es garantizar el bienestar de su población, pueda ser ya no una quimera, ya no un deseo ni una buena intención sino una realidad.

Muchísimas gracias.

CURSO DE CAPACITACIÓN: POLÍTICAS PÚBLICAS LECTURA COMPLEMENTARIA 1 - La Ley 777 del SPIE (Sistema
CURSO DE CAPACITACIÓN:
CURSO DE CAPACITACIÓN:
POLÍTICAS PÚBLICAS
POLÍTICAS
PÚBLICAS
LECTURA COMPLEMENTARIA 1
LECTURA
COMPLEMENTARIA 1
- La Ley 777 del SPIE (Sistema de Planificación Integral del Estado enFacilito) - Decreto
- La Ley 777 del SPIE (Sistema de Planificación
Integral del Estado enFacilito)
- Decreto Supremo N° 19758
- Normas de Auditoria operacional