Está en la página 1de 2

Anoche tuve un ataque de furia.

Todo comenz con mi nio desoyendo el pedido simple de sentate a terminar de


comer, o vaya a saber que otra orden que no deba suponer mayor esfuerzo. Estas
cosas son como la lluvia, que percibimos cuando comienza pero no como termina.
Porque a una orden le sucede una negativa, entonces pap redobla el nfasis en la
demanda y el hijo duplica el no, y luego lo multiplica, y ya es un NOOO.

Cansado, tom alguno de los palitos de madera que mi hijo suele juntar en el
parque y que acumula para jugar a los sables, escopetas y lanzas y lo revolee
desde la ventana a la vereda. l se enfureci y me grit boludo. Entonces tom
otro y lo arroj como al primero. A esta altura, l lloraba y me insultaba, y yo le
repeta que tena que callarse y ser respetuoso. Entonces tom las llaves del auto y
amenaz con botarlas del modo en que yo lo haba hecho con sus tronquitos. Y
ante su amenaza tom su espada de madera, la apoy sobre mi rodilla y la part
en dos piezas.

La espada de madera fue un regalo de su abuelo. Hecha a mano tallada sola


decir orgulloso mi hijo- y pintada con dos manos de cario. Era una espada
hermosa y cuando la romp en dos pedazos sent que tambin yo me astillaba.

Me ba y me fui a dormir. Dej la escena en manos de su mam con el


sentimiento de haber sido el actor que arruino el estreno.

Esta maana fui a retirarlo del cole pasado medioda. Lo abrac y caminamos en
silencio los primeros cien metros. Despus hablamos de los amigos y de la
calculadora que haba estrenado. Y finalmente me detuve para pedirle disculpas y
arrepentirme. El me abraz y dijo que me perdonaba. Llegamos a la puerta de
casa y buscamos los tronquitos que tir anoche.

Quisiera volver el reloj y detenerme en el momento de quebrar la espada, para no


hacerlo, o pedir un deseo a la lmpara mgica y unir las piezas; pero no se puede
y estoy roto por eso.

En el momento, me gobernaron el enojo y la fuerza, pero al disiparse el fuego de


la furia pude observar las cosas desde otro ngulo. He sido cruel y miserable con
mi hijo. Este episodio es una de esas heridas que dejarn cicatrices de pena por el
resto de la vida.
En la vereda, Lucio dibuj una sonrisa en sus labios, era la primera vez que me
vea llorar.