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Psicoanálisis con n1nos y adolescentes

Lo que aporta la enseñanza de J. Lacan

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Susana Goldber y Etel Stoisa

compiladoras

Departamento de estudios del niño en el discurso psicoanalítico Pequeño Hans

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© GRAMA ediciones, 2007.

Fondo de la Legua 2476, Edif. 3, Dpto. 40 (1640) Martínez, Pcia. de Buenos Aires Tel.: 4743-8766 • grama@gramaediciones.com.ar http://www.gramaediciones.com. ar

© Departamento de estudios del niño en el discurso psicoanalítico Pequeño Hans

Stoisa, Etel Psicoanálisis con niños y adolescentes. : lo que aporta la enseñanza de J. Lacan 1 Etel Stoisa y Susana Goldber -lra ed.- Buenos Aires: Grama Ediciones, 2007.

192 p.; 2lxl4 cm.

ISBN 978-987-1199-56-3

l. Psicoanálisis Infantil. l. Goldber, Susana II. Título CDD 150.195

Hecho el depósito que determina la ley 11.723 Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos, electrónicos o cualquier otro sin permiso del editor.

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_ L!vRO MERCADO AGÉNCIA LTDA. • Belo Horizonte- MGTel/Fax: (31) 3223 6444

Presentación

Indice

Susana Goldber y Etel Stoisa

EL NIÑO EN LA ~POCA

Por qué leer a Lacan

Catalina Guerberoff

Traumatismo y responsabilidad. ¿Cómo interviene el analista?

Liliana Cazenave

Las nuevas inscripciones del sufrimiento en el niño

Éric Laurent

El niño y las enfermedades del lazo

Alejandro Daumas

Lacan y las enfermedades de la mentalidad

Mirta Berkoff

El objeto en "La lógica del fantasma": tres casos

Catalina Guerberoff

TESTIMONIOS DE LA CL(NICA CON NIÑOS

La angustia y el padre hoy

Introducción al plenario del Área Clínica

Mirta Berkoff

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La angustia y las respuestas del sujeto contemporáneo*

Relatora: Susana Malbergier

El padre y la época*

Relator: Mario Urani * Participantes: Mónica Grossman, Katia Vargas, Verónica Tucci, Sonia Miguez, Susana Cifran, Alejandra Breglia, Graciela Caminero, Mariela Coletti, Paula Bonina, Ángeles Romay, Viviana Modrykamien, Marta Rodríguez, Inés Ramírez, Liliana González, Gabriela Luna, Alicia Sanso, Victoria Rocha, Graciela Lucci, María Eugenia Cara, Silvia Harari, Teresita López, Emilia Martínez, Claudia Zampaglione, Cecilia Sastre, Cecilia Feldstein, María Mercedes Salinas.

78

82

Caso Soledad

Inés Comentario, Ramírez Mirta Berkoff

85

90

En el camino del sinthome: la dirección de la cura en la psicosis en la infancia Introducción

Liliana Cazenave

De la injuria al nombre

Susana C. Puricelli Hacia la nominación

95

103

111

1

Mariana Aranovich, Marina Mosquera, Florencia Nikitchuk, Roxana Vogler

Interpretación en la psicosis. "Hacia un nombre que no sea la injuria"

114

María Eugenia Arieu, Silvia Contreras, Aurora Kochi, Teresita Lépez Bressi, Alicia Sanso, Diana Steinbrun, Elizabeth Toscano

Caso ¿Desvestida N. o sin amigas?

Etel Stoisa

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~ Maniobras en la transferencia con un paciente psicótico

o Lucila Donnarumma

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g Caso R

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123

131

~ Tres momentos en la dirección de la cura

B Ines Ramírez

De las "invansiones" a las invenciones

Veronique Mariage

139

RESULTADOS TERAP~UTICOS DE LA PSICOSIS EN LA INFANCIA

Del "correcaminos" al camino del sinthome

153

Relatores: Gustavo Slatopolsky y Liliana Cazenave Participantes: Mirta Berkoff, María Diharce, Lucila Donnarumma, Alicia Farinati, Cecilia Feldstein, Catalina Guerberoff, Susana Goldber, Ana Meyer, Alfredo Nemirovsky, Susana Puricelli Susana Sosa, Etel Stoisa

TESTIMONIOS DE LA CL(NICA CON ADOLESCENTES

Caso L. Del vértigo a las alturas a pade-ser de baja estatura

Susana Goldber

161

Notas sobre un caso clínico. Armar una historia

María Diharce

¿El discurso de la historia o adoptar una historia?

165

171

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Angeles Romay

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Presentación

SUSANA GOLDBER Y ETEL STOISA

En esta publicación, el Departamento de Estudios sobre el niño en el discurso analítico Pequeño Hans renueva la apuesta con la que sostiene la transmisión del psicoanálisis con niños y adolescentes ~ desde su creación. Los seminarios de investigación y las jornadas de trabajo han si- do durante los últimos años los ámbitos privilegiados de lectura y ~ debate en los que la enseñanza de Lacan ha orientado nuestra prác-

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tica. "Una enseñanza retroactiva que avanza a partir de los escollos y fracasos. Teoría y práctica no se recubren y cada tropiezo nos obliga

a interrogar el acto del analista allí donde falla".* §

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Siguiendo las trazas de lo que se escribe en un psicoanálisis orien-

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tado por una política, la del síntoma, se trata en esta ocasión de ofre- cer al lector la oportunidad de una relectura de los testimonios clíni- cos y de los artículos que sitúan modalidades del padecimiento del niño y el joven en la época: el niño como objeto de goce de la madre, de la familia y aún, de la civilización; la responsabilidad del sujeto s

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frente al traumatismo en la infancia; niños y jóvenes alienados a lo ~ imaginario, "enredados
frente al traumatismo en la infancia; niños y jóvenes alienados a lo ~
imaginario, "enredados en los embrollos del narcisismo del Uno que
produce la tiranía de todos o el tormento del yo"**. Testimonios de la
dirección de la cura en la psicosis y de una clínica que se presenta en-
tre angustia e inhibición con precipitaciones en relación al desvío del
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GUERBEROFF, C.: En "Apertura XIV Jornada Depto. Estudios sobre el Ni-
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ño en el Discurso Psicoanalítico Pequeño Hans", citando a M
Silvestre
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DAUMAS, A: "El niño y el lazo", en esta publicación citando a Éric Lau-
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acto, al sufrimiento en el cuerpo, a dificultades en el lazo y a proble- máticas ligadas a la relación al saber . El formato en que hemos concebido este libro -lejos de ordenarse en un eje lineal con apartados temáticos-, obedece a un hecho insos- layable que desafía la ética del analista en la práctica de hoy. La va- riedad de presentación del obstáculo en la clínica cotidiana renueva la exigencia de dejamos no sólo sorprender, interrogar, sino también responder a lo que la contingencia de lo actual nos propone. Contamos en esta publicación con trabajos que nos hicieron llegar colegas de la AMP residentes en otros países: Éric Laurent, Susana Carro y Veronique Mariage, a quienes agradecemos su contribución.

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EL NIÑO EN LA ÉPOCA

Por qué leer a Lacan*

CATALINA ADRIANA GUERBEROFF

Les damos la bienvenida a la decimocuarta Jornada del"Departa- mento de Estudios sobre el niño en el discurso analítico Pequeño Hans". Esta Jamada tiene por nombre una pregunta, que hoy com- partimos con ustedes: "¿Qué aporta la enseñanza de Lacan a la clíni- ca con niños?". Plantear una pregunta implica que hay respuestas, o al menos la suposición de que hay respuestas. Hoy compartiremos la pregunta, y algunas respuestas que nos fuimos dando a lo largo de 8 varios años de trabajo en el Departamento, esta vez producidas en ~ los espacios de investigación del Pequeño Hans durante este año ¡¡;

2006.

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Quienes trabajamos con niños conocemos bien de qué estaba ha- blando Lacan cuando decía que "basta haber analizado niños para ~

conocer este elemento que da peso clínico a cada uno de los casos que

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el psicoanálisis con niños como especialidad, pero sabemos de las di- g

tenemos que manejar. Ese elemento es la pulsión"

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1 . No planteamos

ficultades singulares que nos plantea esta práctica. t"' En 1980, en Caracas, un año antes de morir, Lacan dijo que sus ~ tres no eran los tres de Freud, que sus tres eran lo simbólico, lo real y lo imaginario; y que en el camino de su enseñanza se vio llevado a si- tuar a esos tres con la topología del nudo borromeo. Y que entregó esos tres a quienes lo seguían para que supieran orientarse en la prác- tica. Nos dio una clave, una llave, una orientación. En ese mismo Seminario en Caracas, se había dirigido a quienes fueron a escucharlo como "mis lectores" porque nunca antes los ha-

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bía visto.

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Apertura a las XIV Jornadas del Departamento de Estudios del niño en el
discurso psicoanalítico Pequeño Hans, año 2006.
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LACAN, J.: El seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psi- _

Autorizándome a partir de este lugar en el que Lacan nos ubicó, como lectores suyos, voy a citar un libro póstumo de Italo Calvino, escrito en 1981. Su título también tiene forma de pregunta aunque no lleve signos de interrogación. Se llama "Por qué leer a los clásicos" 2 , y en el primer capítulo del libro -el libro está organizado como una serie de ensayos- responde a la cuestión que da título a su obra des- plegando catorce tesis derivadas de catorce definiciones que sinteti- zan los recorridos de su pensamiento. De esas catorce definiciones de Calvino sobre lo que para él es un clásico, elegí seis. -Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que son de una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez. -Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento co- mo la primera. -Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene pa- ra decir. -Son esos libros que traen la huella de las lecturas que han prece- dido a la nuestra y dejan tras sí la huella de las culturas que han atra- vesado. -Un clásico es una obra que provoca incesantemente un polvillo de discursos críticos, pero continuamente se lo saca de encima. -Es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone. El psicoanálisis con niños comienza con el análisis de Juanito, aunque Freud haya dado una serie de argumentos para sostener que, más allá de este caso inaugural y excepcional, los niños eran inanali- zables. También con respecto al psicoanálisis con adultos Freud des- cubre en la castración el límite en el que todo análisis se detiene; tam- poco pensaba en la accesibilidad de los sujetos psicóticos al psicoaná- lisis. Sin embargo, la práctica con los sujetos llamados niños y la lite- ratura psicoanalítica alrededor de esa práctica se han acumulado y han dejado su huella -es el tema que nos convoca, la clínica con ni- ños. Si Lacan postula vencer los obstáculos, superarlos, le debemos a él los instrumentos teóricos para orientarnos en la clínica. Teoría y práctica no se recubren, y cada tropiezo nos obliga a interrogar el ac- to del analista allí donde falla 3 . La enseñanza de Lacan es una ense- ~ ñanza retroactiva, que avanza a partir de los escollos y los fracasos 4 .

Su enseñanza del psicoanálisis y su examen riguroso de las lógicas

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CALVINO, 1.: Por qué leer a los clásicos, Tusquets, Barcelona, 1992.

SILVESTRE, M.: "Límites de la función paterna", en Clínica bajo transferen- cia, AA.VV., Manantial, Bs. As., 1985.

que guiaron a los psicoanalistas que han trabajado con niños antes que nosotros, antes que él, nos ha permitido seguir leyendo a esos otros clásicos (Freud con su caso Juanito, Anna Freud, Melanie Klein, Donald Winnicott) y seguir aprendiendo y avanzando a partir de allí. Lacan nos dejó su enseñanza como fundamento, y la técnica no es más que la consecuencia de dejarnos guiar por la teoría, y no una re- gla excluyente. Recordemos que en Argentina el psicoanálisis con ni- ños nació como especialidad, y que a partir de las primeras analistas de niños que legitimaban su técnica con relación a Melanie Klein se edificó una técnica rígida que incluía el uso obligatorio de la caja de juegos, indicaciones inflexibles para el encuadre, entrevistas con los padres, horarios y honorarios al tiempo que perdía sus fundamen-

tos5.

Lacan recorrió los textos de los autores que dejaron marcas en el psicoanálisis con niños; él mismo analiza la solidaridad entre las con- cepciones teóricas de esos analistas y las prácticas que sostenían -es- tuvieran ellos advertidos de esto o no. Y nos dejó el instrumento pa- ra poder escuchar y leer a quienes vinieron después, para fundar en razones nuestra práctica, para dar razones de nuestra práctica más 'J{

allá de un éxito o fracaso insondables. Los que hemos seguido las en- señanzas de Lacan conocemos el valor de su orientación para la prác- tica con niños, no solamente su distinción entre los tres registros ~ -imaginario, simbólico y real-; también la metáfora paterna, el lugar

del niño respecto de la significación fálica; el niño como objeto a, et- cétera. En un trozo de papel, Lacan escribió a Jenny Aubry lo que ~

pensaba sobre el síntoma del niño; es lo que conocemos como Dos z•

Notas sobre el niño 6 . El síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar: el síntoma pue- de representar la verdad de la pareja de los padres, y estos casos es- tán más abiertos a las intervenciones del analis.ta. O el niño está arti-

culada solamente al fantasma materno, sin mediación: el niño es allí objeto de la madre, del fantasma de la madre, satura la falta de la ma- dre; se refiere al síntoma somático como el garante máximo para ob- turar la castración en la madre. Lacan enumera sus modalidades: en- carnar la culpa de la madre, el fetiche de la madre, el rechazo de la ~ madre. Estas notas fueron escritas en 1969. ¿Podemos sostener que ~ hemos ido más allá en cuanto a situar los lugares que ofrece la estruc- tura para que un niño encuentre allí su lugar? Sin embargo, orientán-

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SILVESTRE, M.: "Límites de la función paterna", ob. cit.

LESERRE, A.: Un niño no es un hombre, Atuel, Bs.As., 1994.

LACAN, J.: "Dos notas sobre el niño", en Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs.As., 1988.

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donos con la enseñanza de Lacan, guiándonos por lo que dijo y escri-

bió también antes y después del '69, y por las nuevas preguntas que la clínica nos plantea, intentamos avanzar. Las consecuencias de los desarrollos de la ciencia -un solo ejemplo: las técnicas de procreación asistida-, las modalidades que toman hoy las cuestiones de género y las nuevas formas de familia; el lugar que "lo materno" parece arro- garse frente a la declinación de la función paterna, etcétera, etcéte-

Para estas cuestiones Lacan nos dejó caminos abiertos, pero fun-

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damentalmente una manera rigurosa de plantear los problemas, de renovar las preguntas y precisarlas, de intentar caminos para abordar lo imposible de decir -ya que sabemos que en el parletre significante y goce no se recubren y que los ideales, nuevos o viejos, no podrán resolver las cuestiones del goce. La estructura, el formato de la Jornada de hoy les resultará dife- rente de las anteriores a los que nos han acompañado antes. Esta vez, su núcleo es la producción de quienes han trabajado articulados a los dos Seminarios que dicta el Departamento desde hace mucho tiem- po, y al Área clínica que está concluyendo las actividades de éste, su tercer año. Habrán visto en el Programa que un número importante de personas ha participado en los tres plenarios en vez de presentar sus trabajos y sus casos en forma individual -por cuestiones de dia- gramación y espacio quizás no figuren todos, y lo lamentamos. Después de un recorrido de muchos años que abarcó diversos te- mas, este año el Seminario que sostienen Liliana Cazenave y sus co- laboradores apunta -lo enuncio de modo muy sintético- a la cons- trucción del sinthome como dirección de la cura en los casos de psico- sis. El Seminario que conduce Adela Fryd y del cual participo traba- ja en la línea que llamamos "Hacia la castración"; este año, con el subtítulo de "No retroceder ante el narcisismo" aborda desde ese án- gulo una serie de casos difíciles que parecen no hacer lazo con el Otro. Cuando me preguntaba recién si hemos avanzado más allá de las Dos notas sobre el niño es porque en la trayectoria de la cura el camino sólo se recorre en la medida en que el sujeto construya algo singular con relación a su posición respecto a la estructura a la cual responde. Valorando a Lacan como un clásico, subrayaría con Calvino el (Jl efecto de resonancia de su enseñanza; ni antiguas ni modernas, son 3 clásicas las obras que van más allá de los lectores concretos de un

i país determinado. Y a pesar del tiempo transcurrido, y de que él no ·~ lo haya dicho todo -ni sobre el futuro, ni sobre nuestros casos, ni so- § bre las características que en nuestro país han asumido la globaliza-

~ ción y la segregación- nos puede guiar para resolver las preguntas y

1s problemas que nos plantea nuestro tiempo. A medida que avanza-

mos en nuestros Seminarios, que tienen como eje la teoría y la prác- tica del psicoanálisis con niños, se renuevan los motivos para leer a Lacan. Su riqueza, su rigor, sus cambios de perspectiva para afrontar los problemas a partir de las dificultades de la práctica; también las huellas que ha dejado en el psicoanálisis y en la cultura; la transmi- sión que nos ha entregado de lo que fueron sus propias lecturas, su tantas veces sorprendente anticipación de lo actual, nos permiten, al leerlo o releerlo, orientar nuestra escucha, ampliar los problemas, re- novar nuestras definiciones. Lacan nos propone sobrepasar los obstáculos, y a nosotros, como analistas que no retrocedemos ante los niños, nos corresponde de- mostrar la posibilidad de hacerlo. Es lo que nos impone seguir la en- señanza de Lacan. Los casos que vamos a escuchar hoy; los comentarios sobre las complicaciones que presentaron; las teorizaciones y respuestas de los analistas; las soluciones que cada sujeto construyó -no sin el encuen- tro con un analista-; lo que se podría haber hecho y no se hizo, que tal vez ya no servirá para ese caso pero sí para proponer problemas y preguntas que quizás sugieran direcciones posibles para otros Proponemos esta Jornada como testimonio de lo que aporta la en- señanza de Lacan a la clínica con niños.

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Traumatismo y responsabilidad:

¿cómo interviene el analista?

LILIANA CAZENAVE

El título de este trabajo es el que hemos elegido en el Departamen- to Pequeño Hans para la Jornada del CEREDA (Centro de Investiga- ciones del Niño en el Discurso Analítico) en el marco del Primer En- cuentro Americano: Usos del Psicoanálisis. La inquietud por este tema

responde a los acontecimientos catastróficos, crisis colectivas, gue- ~ rras, que sacuden a América en el comienzo de este milenio. Estos acontecimientos, cuyos alcances desbordan las tramas discursivas, > desencadenan condiciones subjetivas del orden del acontecimiento § traumático. Éric Laurent 1 en una conferencia que dio en Estados Unidos du- ~ rante un Congreso donde se trabajaron los efectos traumáticos de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, plantea que estamos @ hoy en día frente a una expansión de la clínica del trauma. ;.

Laurent llama a este fenómeno civilización del trauma y lo conside-

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ra resultado de una interfaz entre la descripción científica del mundo y un fenómeno cultural. La ciencia hace existir una causalidad pro- "'Q gramada; el mundo puede plantearse desde la civilización de la cien-

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cia como un programa de computación. Esto da lugar, como contra-

partida, a una tendencia cultural a considerar como traumático todo

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lo que no es programable. No solamente los clásicos accidentes trau-

máticos devenidos de catástrofes, sino todo tipo de peligros que ame-

nazan la seguridad y la salud de la gente, hasta la sexualidad misma,

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son calificados dentro del orden del traumatismo y ubicados dentro

del Post Traumatic Stress Disorder.

Varias prácticas abordan hoy esta clínica a partir de la palabra. La civilización del trauma es también, la civilización de las terapias que

surgen a partir de una práctica de la escucha. Esta civilización tam- bién ha descubierto las virtudes terapéuticas de la palabra y se ofre- cen diversas propuestas para tratar el trauma. Algunas, por ejemplo, proponen recordar la escena traumática, reconstruirla con un objeti- vo catártico, como Freud proponía en el tiempo preanalítico; otras, buscan reabsorber por la palabra el traumatismo, desconociendo su núcleo real. La propuesta de terapiar el trauma ha derivado en un discurso de prevención del trauma, en un intento de eliminar su con- tingencia. También están dentro de estas terapias, las que se dicen psicoana- líticas. Es por esta razón que corresponde que los psicoanalistas de la .orientación lacaniana demos cuenta y demostremos cómo y en qué consiste nuestra práctica de escucha, que va más allá de las palabras y de los semblantes para abrir a lo real. La cura psicoanalítica de la orientación lacaniana no es simplemente una terapéutica, sino funda- mentalmente una ética que apunta una verdadera mutación subjeti- va e implica hacerse responsable de lo real, es decir, del goce. Para ilustrar lo que circula con el nombre de psicoanálisis en la opinión pública, tomaré un artículo publicado en la revista del diario La Nación que se titula "Saltearse la angustia" 2 , que transcribe un ár- tículo del New York Times de Lauren Slater. La propuesta del artículo demostrada, según la autora por inves- tigaciones, es que algunas personas traumatizadas pueden mejorar si reprimen la experiencia en vez de esclarecerla en la terapia llamada aquí, psicoanalítica. No se trata de recordar sino de olvidar. Con este planteo nos encontramos ya con una primera dificultad:

la oposición entre recordar y olvidar es falsa, ya que la represión con- siste justamente en lo que retorna bajo la forma del olvido abriendo el camino del recuerdo. Más adelante en el artículo, vamos a encon- trar la causa de esta dificultad, ya que la represión es definida como

desvío de la atención de las ideas desagradables, concepto que correspon-

de a la definición que da Freud de la inhibición 3 . La inhibición es un mecanismo que corresponde al yo y al proceso secundario. Este des- lizamiento conceptual ha acarreado en la ego psychology la reducción del sujeto al yo, con la consiguiente eliminación del inconsciente, y la conducción del psicoanálisis a callejones sin salida. "' Retomando el artículo, lo que pretende ser una crítica al trata- 3i miento psicoanalítico del trauma, adjudica a dicho tratamiento un método preanalítico. Efectivamente, esclarecer la experiencia para fa-

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SLATER, L., "Saltearse la angustia", en: Revista La Nación, 4 de agosto 2003. FREUD, S., "Proyecto de psicología para neurólogos", en: Obras Completas

22 Tomo I, Biblioteca Nueva, Madrid, 1978.

cilitar su abreacción era la base del método catártico, abandonado por Freud al inventar el método psicoanalítico. El problema con los accidentes traumáticos, como Freud lo com- prueba en las neurosis de guerra, consiste en la dificultad de hacer- los entrar en el olvido, como lo demuestran los sueños repetitivos de angustia, que fracasan en su función de establecer la represión. Para la consideración de la tramitación de lo traumático, Freud ubica en 1920 4 un tercer término que se contrapone a la memoria y el olvido: la compulsión de repetición, verdadero núcleo de lo traumá- tico, verdadera huella del trauma. Hay en el trauma un núcleo real no susceptible de recordar y que retorna como repetición. El artículo prosigue con una investigación que hizo el equipo de Karni Ginzburg, Zhava Salomón y Avi Bleich en Tel Aviv con perso- nas que habían padecido ataques cardíacos, para individualizar a los que padecían estrés postraumático. Encontraron que los represores, definidos como aquellos que manifestaban una combinación especí- fica de angustia mezclada con una fuerte actitud defensiva, eran los que volvían a su casa "silbando bajito"; en cambio, aquellos quema-

nifestaban un alto nivel de angustia, ansiedad, una débil actitud de- ;;r

fensiva y que enfrentaban su experiencia preocupándose y pensando en ella, eran los mejores candidatos para presentar el Trastorno de Es- trés Postraumático. George Bonano, profesor de psicología de la Universidad de Co- lumbia, efectuó una investigación en adolescentes y mujeres jóvenes que pasaron por experiencias de abuso sexual. El investigador dedu- ce que las que se negaron a hablar del tema en las entrevistas, tenían menos síntomas de angustia o depresión y eran menos propensas a >< una actitud hostil. La hipótesis que sostiene tales conjeturas es que saltearse la angus- tia, es indicador de salud. Se considera la angustia como algo patoló- gico a eliminar, ignorando su función de motor de la represión y es- tructuración del síntoma.

Desde nuestra perspectiva remarquemos que no se trata simple- S mente de medir los niveles de angustia, sino de ubicar si ésta fundo- na o no como señal. Recordemos la distinción que hace Freud entre a la angustia automática del accidente traumático y la angustia señal ~ que prepara al aparato psíquico para defenderse. ~ El artículo concluye: "¿Quién puede decir cuál es la actitud co- ~. rrecta y cuándo? Hay veces que en este mundo cada vez más frené- tico nos viene bien un poco de represión como filtro para mantener- ~ nos libres de la ansiedad, de la angustia y de la depresión". · ~

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4 LAURENT, É., "El revés del trauma", ob. cit.

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No cabe duda que el trasfondo de este artículo apunta a beneficiar al mercado farmacéutico. Saltearse la angustia, eliminarla sin la me- diación de la palabra es la propuesta del artículo. Es claro que la repre- sión, en tanto que inscripción simbólica, es necesaria. Pero, si como se- ñalamos anteriormente, en este artículo lo que se nombra como repre- sión es propiamente inhibición, ésta conduce muy por el contrario, al fracaso en la elaboración de la angustia y1o a la depresión. Aunque no podemos ignorar que esta propuesta se erige en un marco de terapias que se centran en el yo y hacen un uso sugestivo de la palabra. Intentaré dar cuenta de cómo interviene el psicoanalista en la clí- nica del trauma a partir de situar a éste como concepto, es decir, no solamente como accidente, sino también como hecho estructural que concierne a toda cura. É. Laurent4 ubica el trauma en el lugar de piedra de toque en la teoría. La piedra de toque es un jaspe utilizado por los joyeros para detectar el oro. En este sentido, podemos pensar el trauma como la piedra de toque que nos orienta en la experiencia del análisis hacia lo que constituye su núcleo de real.

l. El traumatismo en Freud

Freud comienza interrogando el traumatismo como aconteci- miento fáctico. La seducción del niño por parte del adulto es al prin- cipio la génesis de las histerias. Pero el psicoanálisis se funda con el abandono del método catárti- co y de la teoría del trauma como acontecimiento. Resulta paradójico que los psicoanalistas de hoy tengamos que volver a plantear cómo intervenir en el trauma, ya que el psicoanálisis surge barriéndolo de su carácter de hecho fáctico para darle valor como hecho estructural. Freud en ese camino va desplazando el lugar del trauma desde un acontecimiento que produce un encuentro con el goce, en el comien- zo de su obra, a la sexualidad como esencialmente traumática. El fan- tasma pasa a ocupar el lugar de lo traumático, luego lo hará la pul- sión y finalmente, el hecho estructural de la castración. Es por la vía de la introducción de la temporalidad, que el trauma deviene un proceso con diversas escenas que se resignifican a poste-

~ riori. La huella de la vivencia infantil sexual deviene traumática por el modo de procesarla: la vivencia traumática no se retranscribe, la ·~ 0 represión es la ausencia de retranscripción misma 5 . Es por ello, que

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FREUD, S., "Carta 52", en: Obras Completas, t. I, Amorrortu Editores, Bue-

24 nos Aires, 1980.

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la esencia de la constitución del trauma es el pasar al olvido. La am- nesia infantil es resultado de la represión primaria. Lo que emerge re- troactivamente como traumático en el segundo tiempo es algo silen- cioso y no representado por la palabra. En "Moisés y la religión monoteísta", en el capítulo "La analo- gía"6 Freud plantea que lo que retoma en el trauma no se presenta al

recuerdo sino a lo vivido como afecto que agujerea la representación revelando que el verdadero núcleo de lo traumático es lo real. No se trata en el trauma de recordar la escena primera. En "El hombre de los lobos" 7 , la escena primaria traumática es construida, nunca recor- dada. Aún así, Lacan critica la aspiración de Freud de querer acceder a la "realidad" de esta escena. En el Seminario 24 8 plantea que Freud delira al pretender encontrar una verdad en el núcleo de lo traumá- tico, pues en este núcleo sólo hay real y como tal, inalcanzable por el sentido. En el Seminario 11 9 adjudica el episodio tardío de psicosis del Hombre de los lobos a este forzamiento. Para el psicoanálisis de la orientación lacaniana el trauma tiene que ver con la represión primaria, con el ombligo del inconsciente, donde escribimos A barrado (.A:1, es decir, el punto donde el signifi-

cante falta en el Otro, y

No es por la vía del recuerdo sino por la vía de la repetición que vamos a localizar el núcleo real del trauma, es decir, se trata de la re- ladón con el goce que se repite más allá de la cadena inconsciente, se trata de una relación con el cuerpo pulsional del sujeto que emerge 8 como éxtimo, fuera de la representación. Es el planteo freudiano de

Z•

fantasmáticas son ficciones que permiten cernir ese núcleo real de go-

ce, pero sin absorberlo. En "Inhibición, síntoma y angustia" 11 lo traumático es la castra- ción misma, que adquiere así valor estructuúmte. La confrontación Dl con la castración mueve al sujeto a dar respuestas. Inhibición, sínto-

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que presentifica un real.

"Más allá del principio del placer"

10 . Los recuerdos y construcciones

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6 FREUD, S., "Moisés y la religión monoteísta", en: Obras Completas, t. III, Bi- blioteca Nueva, Madrid, 1989.

7 FREUD, S., "Historia de una neurosis infantil", en: Obras Completas, t. II, Bi- blioteca Nueva, Madrid, 1989.

LACAN, J., Seminario 24, L 'insu que sait de 1'une-bevue s 'aile a mourre (Inédi-

to).

LACAN, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psi-

coanálisis, Seix Barral Editores, Barcelona, 1972. FREUD, S., "Más allá del principio del placer", en: Obras Completas, t. III, Biblioteca Nueva, Madrid, 1980.

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11 FREUD, S., "Inhibición, síntoma y angustia", en: Obras Completas, t. III, Bi- _ blioteca Nueva, Madrid, 1980.

25

,,1!

ma y angustia son las respuestas del sujeto para tratar ese real que emerge. Este trípode constituye el tratamiento estructural de lo trau- mático que orienta la cura. La dirección de la cura freudiana propone hacer al sujeto respon- sable de cómo ha respondido a esa emergencia de goce. En "Análisis terminable e interminable" 12 , el final del análisis depende de que el sujeto haga una nueva elección sobre el goce que permita el cese la repetición y que abra a algo nuevo.

2. El traumatismo en Lacan

El trauma es retomado por Lacan como un hecho de estructura, que resulta de la captura del viviente por el lenguaje. Lacan despla- za el estatuto del acontecimiento traumático freudiano a un aconteci- miento de discurso que deja huellas de goce en el viviente. La castración para Lacan es un hecho de lenguaje, que acarrea la pérdida de goce del viviente e introduce un goce por el significante. La concepción de la estructura va variando en la perspectiva de la enseñanza de Lacan. El traumatismo que el lenguaje produce va ad- quiriendo diferentes matices que aportan precisiones a una dirección de la cura orientada hacia lo real.

2. a) El traumatismo del lenguaje

Si hacemos una partición amplia de la enseñanza de Lacan con respecto a su conceptualización del lenguaje tenemos una primera concepción del mismo como campo, como Otro simbólico previo. Es la época del inconsciente estructurado como un lenguaje. Podemos pensar que aquí el traumatismo resulta de la entrada del viviente en ese campo. J.-A. Miller, en Biología lacaniana y aconteci- miento del cuerpo 13 señala que cuando el viviente pasa a habitar ese campo se produce una operación de elevación del viviente que trans- forma su cuerpo en un cuerpo significantizado. La operación es de elevación de la Cosa al significante.

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12

FREUD, S., "Análisis terminable e interminable", en: Obras Completas, t. III, Biblioteca Nueva, Madrid, 1980.

13 MILLER, J.-A., Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, Colección Di-

26 va, Bs. As., 2002.

significante

cosa

Esto implica una mortificación, ya que se produce una pérdida

del goce de la vida, una separación de las funciones naturales de ese cuerpo viviente.

14 leemos: "la letra mata, el espíritu vi-

En "Instancia de la letra

"

vifica". En efecto, la letra, que ya anticipadamente en este escrito po- demos ubicar como el significante en sus efectos de goce, mata por un lado el goce del viviente e introduce el goce libidinal. La entrada del viviente en el orden del lenguaje produce por un lado una heri- da, trauma, un desfasaje en el orden natural del organismo viviente y por otro, introduce el goce libidinal.

La regulación de la vida se recuperará en un cuerpo articulado al discurso, donde situamos el espíritu. Un cuerpo regulado ya no por el saber instintivo del viviente, sino por un saber discursivo, aquel que en los términos freudianos constituye el principio del placer. Sin embargo, sabemos que este cuerpo regulado por el principio del placer se desregula fácilmente, entra permanentemente en con- ;;¡:¡ flicto con el cuerpo libidinal. Es así como el traumatismo retoma en 8

un segundo tiempo, con la emergencia de lo que Lacan llama en esta

 

época, la emergencia de un significante traumático sexual, enigmáti-

1:

co, que no se enlaza a ninguna significación y cuyo goce lleva a la ~ castración.

8

Un ejemplo de la emergencia de ese cuerpo libidinal, es el caso ~ Juanito que Lacan trabaja en el Seminario 4 15 . El goce del órgano real

se presenta como traumático porque se sitúa por fuera del cuerpo del

-<

placer, amenazando su unidad. Se trata de la amenaza de castración,

momento prínceps de la emergencia del segundo tiempo del trauma. Podemos seguir aquí la temporalidad del trauma con sus dos mo- ~ mentas:

1) Entrada del viviente en el campo del lenguaje, primera puesta

sn

en forma de la castración.

S

2) Retomo del significante traumático. Es propiamente el Com-

piejo de Castración, segundo momento del trauma siempre posible

de re-actualizarse.

Es interesante el rastreo del concepto de goce traumático porque

 

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14 LACAN, J., "La instancia de la letra en el inconsciente o la razón después ~ de Freud", en: Lectura estructuralista de Freud, Siglo Veintiuno Editores, ~ Madrid, 1971.

[

15 LACAN, J., El Seminario, Libro 4, Las relaciones de objeto, Paidós, Barcelona,_

1994.

27

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tiene sus raíces en el esquema freudiano de la "Carta 52" 16 , donde Freud define que las huellas que devienen traumáticas son las viven- cias sexuales infantiles que no se retranscriben, permaneciendo sin traducción. Aquello que no puede articularse en el discurso incons- ciente, retorna bajo el modo de la repetición. El síntoma es la respuesta del sujeto a ese significante traumático, si nos limitamos a la neurosis, donde se trata de un consentimiento al traumatismo como castración. Es en esta respuesta, donde locali- zamos la responsabilidad del sujeto. El sujeto es responsable no del traumatismo, que es de estructura, sino de su respuesta al mismo. La definición que da Lacan del síntoma en "La instancia de la le-

tra

"Entre el significante enigmático del trauma sexual y el término al que viene a sustituirse en una cadena significante actual, pasa la chis- pa que fija en un síntoma -metáfora de la carne o bien la función es- tán tomadas como elementos significantes- la significación inaccesi- ble para el sujeto consciente en la que puede resolverse". El síntoma es un modo de tratamiento que da el sujeto a este sig- nificante traumático. El síntoma metaforiza este significante traumá- tico, este significante intraducible. La dirección de la cura que se desprende de este momento de la enseñanza de Lacan con respecto al traumatismo es que éste tiene de por sí un tratamiento estructural, el tratamiento del síntoma. El suje- to trata el traumatismo por el síntoma, y el análisis trata al síntoma. El significante traumático insiste en actualizarse en la transferencia, al modo, de la memoria de una computadora, es decir una memoria que está en el olvido, que se actualiza, se repite, pero no es suscepti-

ble de recuerdo. El desciframiento del síntoma no consiste en restaurar una verdad como significación, ya que ese significante traumático no tiene tra- ducción. Se trata de la verdad de la castración, de su simbolización y no de una verdad significantizada, es decir, pasar de la falta imagina- ria del falo a la falta simbólica.

" 17 es claramente una respuesta a ese significante traumático:

2. b) El traumatismo de !alengua

A partir de Aun 18 Lacan concluye lo que viene elaborando del len-

~ guaje en sus efectos de goce. Es decir, no ya del lenguaje en sus efec-

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o tos de significación, sino del lenguaje como aparato del goce.

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17

28 18

FREUD, S., "Carta 52", ob. cit.

LACAN, J., "La instancia de la letra en el inconsciente

LACAN, J., El Seminario, Libro 20, Aun. Paidós, Bs.As., 1981.

",

ob. cit.

Es para referirse a ello que acuña el concepto de lalengua. En la "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma" 19 Lacan dice que inventa este neologismo para ubicar el significante en sus efectos de goce. La- lengua alude al laleo, al balbuceo, al juego infantil con los sonidos donde se trata de un goce del sonido por fuera del sentido. Como plantea Miller en La psicosis ordinaria 20 la concepción del lenguaje se descompone en:

a- Lalengua que comprende el lenguaje como puro sinsentido y los efectos de goce del significante. Podemos escribirla como un 5 1 solo, aislado, que no sirve para el diálogo y conlleva un goce autista. b- El lenguaje, que se redefine como lazo social e implica el S 1 en- lazado al S 2 . Ya no se trata simplemente de los efectos de sentido y comunicación del lenguaje. Definir el lenguaje como lazo social im- plica considerar a éste en su posibilidad de permitir al parlante apa- rejar su goce en el lazo con los otros. Comprende entonces, las leyes que normalizan el goce autista de lalengua, enlazándola a los otros. Las formas de este enlace, incluyen los sentidos comunes estableci- dos por el código y la gramática, pero se pone el acento más que en la comunicación, en el saber hacer con el goce. ';]{ Lalengua es primera con respecto al lenguaje, éste se redefine co- 8

mo elucubración de saber sobre lalengua 21 . ~ Con este nuevo paradigma cambia la
mo elucubración de saber sobre lalengua 21 .
~
Con este nuevo paradigma cambia la definición del Inconsciente.
~
En "La tercera" 22 lo define como un saber que se articula con lalengua, ~
no anudándose a él, el cuerpo que allf habla, sino por lo real con que se go-
8
za. Lalengua tiene su existencia y función propia: es la que anuda el
cuerpo al inconsciente. El saber inconsciente normaliza lalengua, per-
mitiendo que haga lazo.
¿Cómo pasa a redefinirse el traumatismo en este nuevo paradig-
ma? El traumatismo es el encuentro del viviente con lalengua, hecho
estructural que inaugura su estructuración coino parletre.
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En la "Conferencia en Ginebra
23 y en el Seminario 24 24
Lacan
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habla del traumatismo de lalengua como el encuentro de las palabras con el cuerpo. Para
habla del traumatismo de lalengua como el encuentro de las palabras
con el cuerpo. Para que lalengua se encuentre con el cuerpo del vi- S
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~
~
19
LACAN, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", en: Intervenciones y
textos II, Manantial, Bs.As., 1998.
~
~
20
MILLER, J.-A. y otros autores, La psicosis ordinaria, ICBA-Paidós, Bs.As.,
~.
2003.
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21
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LACAN, J., "La tercera", en: Intervenciones y textos II, Manantial, Bs. As.,
a
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~
22
LACAN, J., El Seminario, Libro 20, Aun, ob. cit., Cap. XI.
~
23
LACAN, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", ob. cit.
24 LACAN,
J.,
Seminario 24, L 'insu que sait de
,
ob. cit.
29

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viente y se encarne, es necesario que sea introducida por la madre o, más precisamente, por la función materna. Por eso, Lacan coincide en llamar materna a su invento de lalengua. Es la madre, y en su horizon- te el padre, quien la introduce. Es así como lalengua se materializa y parasita el cuerpo del viviente afectándolo con el goce. En la "Confe- rencia en Ginebra sobre el síntoma" 25 , Lacan dice que los padres con su particular modo de hablar no pueden sino llevar la marca del mo- do en el cual desearon al niño. El encuentro con esas palabras parti- culares dirigidas a ese sujeto, deja una huella de goce en el cuerpo. Podemos decir entonces, que esa primera impronta de la lengua es el traumatismo. Pero para que este cuerpo del viviente advenga cuerpo del sujeto y no sea simplemente un cuerpo parasitado por el goce, co- mo bien lo demuestra la psicosis desencadenada, esta lengua habrá de inscribirse, corporizarse, como dice Miller en su libro Biolog(a laca-

niana y acontecimiento del cuerpo 26

Lacan, al igual que Freud, nos remite a un proceso de tramitación del trauma que tendrá consecuencias en la elección de estructura. En "El malentendido" 27 Lacan da cuenta de las condiciones de transmisión para que la lengua se corporice, de lugar a un cuerpo de sujeto y no simplemente lo parasite. Sabemos que una transmisión implica dos polos. Un polo trans- misor que concierne a los padres, aquellos que hablaron al niño, la manera en que le hablaron. Y un polo receptor, que implica la mane- ra en que éste escuchó, si consintió o no a escuchar. En la "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma" 28 Lacan nos dice que los autistas se escuchan a sí mismos, de manera tal que son aque- llos que no consintieron a escuchar y por lo tanto, se posicionan en un rechazo a corporizar lalengua. La transmisión implica un acto de enunciación por parte de quie- nes transmiten y otro acto por parte de quien accede a esa transmi- sión, consintiendo o no a la misma. Tenemos aquí dos polos en la res- ponsabilidad. Si hay transmisión del emisor y consentimiento por parte del receptor habrá inscripción de la marca de !alengua como traumatismo, si no, esta marca reaparecerá en lo real. Existe ya en es- ta primera y tempranísima época una responsabilidad y una elección que determina la estructura. ¿Cuáles son las condiciones para que esa marca se inscriba? Veamos en primer lugar, las condiciones del mensaje. La caracte-

~ o

·~ ~: LACAN, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", ob. cit.

MILLER, J.-A., Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, ob. cit.

~

30

27

28

LACAN, J., "El malentendido" (Inédito).

LACAN, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", ob. cit.

rística que define a /alengua es su equivocidad, su malentendido. Es en función de su equivocidad que la manera en que fue hablada pa-

ra un sujeto, puede ser malentendida al ser escuchada. Cada sujeto entonces, puede extraer de esta equivocidad con que la lengua le fue hablada su marca particular, de esa marca particular nace el sujeto. Por eso Lacan coloca la contingencia del encuentro traumático en el equívoco. En la "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma" leemos:

para nada es un azar que en !alengua, cualquiera sea ella, en la que alguien recibió una primera impronta, una palabra es equívo- ca"29. La impronta del traumatismo de /alengua no es azarosa sino equívoca. Por eso en "El malentendido" Lacan define el traumatismo como traumatismo del malentendido: "El traumatismo del nacimien-

to no es otro que el hombre nace malentendido

rece en lo real más que como malentendido, eso les da la vida de par-

letres".30

El cuerpo no apa-

"

Lo esencial para el nacimiento del parletre es la transmisión del malentendido de /alengua, un equívoco particular inscripto que nos

marca con un goce particular. La inscripción es la extracción por par-

te del sujeto de un Uno de lalengua que se inscribe en el inconsciente

fundándolo, operación de castración que permite al sujeto tener un 8 cuerpo, y no quedar parasitado por el goce.

Lacan retrabaja aquí la metáfora paterna desde la perspectiva del goce. Para que se transmita el malentendido de /alengua que consti- til tuye el inconsciente es necesario que esta transmisión "se reparta en- tre dos parlantes que no hablan la misma lengua y se completan pa-

rala reproducción de

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8

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un malentendido" 31 . Dos mediodecires incons-

dentes que se malentiendan y transmitan un imposible de decir que es radicalmente donde se ubica el trauma. El inconsciente hará des-

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pués de esa inscripción una elucubración de saber sobre la lengua, se

trata

de

las ficciones que cifran lo traumático.·

Que los dos parlantes no hablen la misma lengua implica un ma- !entendido del verbo y también, un malentendido de goces del Uno

 

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y

del Otro. Si la transmisión es de Uno solo sin hacer jugar al Otro,

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no habrá malentendido ni imposibilidad a transmitir. Cuando esa ~ lengua es transmitida sólo por la madre, allí hay psicosis. Son nece-

 

sarios dos enunciados inconscientes que se malentiendan para trans-

mitir un imposible de decir.

 

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29

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LACAN, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", ob. cit. LACAN, J., "El malentendido", ob. cit. LACAN, J., "El malentendido", ob. cit.

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31

La intervención del analista

El recorrido efectuado nos permite diferenciar el traumatismo co- mo hecho estructural, de los accidentes traumáticos que acontecen en la vida de un parlante, que constituyen actualizaciones del trauma- tismo de lalengua y ponen en juego las respuestas del sujeto frente al mismo. En la orientación lacaniana, lo esencial para que el traumatismo de lalengua se inscriba y para que su actualización se elabore, es que se juegue el malentendido de la lengua y su correlato, lo imposible de decir. Presentaré a continuación dos viñetas, la primera corresponde a una analista de la IPA, la segunda es de mi propia clínica, para com- parar dos modos de concepción del trauma que dan lugar a dos orientaciones diferentes en la intervención.

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a. Transmisión intergeneracional

Así titula Elsa First3 2 la viñeta que presenta, dando cuenta de có- mo entiende el traumatismo y su abordaje. Pasemos a transcribir de manera abreviada la viñeta en los términos planteados por la autora. Se trata de María, una niña de casi cuatro años de un país centroa- mericano, que concurre junto con su padre al equipo de atención psi- cológica para los afectados por la catástrofe del 11 de septiembre. Al principio a María le inquietaba separarse de su padre, el señor P., pero se calmó de buena gana cuando es incluida en una mesa de juegos mientras él hablaba a un consejero en una cabina contigua. María, una niña de ojos grandes con pelo largo a la altura de los ojos, habló animadamente en español y empezó a hacer garabatos, muy concentrada, en rojos, amarillos y negros brillantes y super- puestos. Explicó inmediatamente que estaba dibujando los edificios que se cayeron y se incendiaron. Nos dijo que su padre se había es- capado de las torres grandes donde él había trabajado cuando se ca- yeron, lo que ella había visto en la televisión. Hizo hincapié en que los pulmones del padre se habían llenado de humo de manera que apenas podía respirar. Mientras su padre corría cayeron sobre él tro- zas ardientes del edificio y le quemaron sus brazos, tiene marcas del

fuego en sus brazos.

Un segundo dibujo repitió el salvaje garabato del brillante incen-

~

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32

FIRST, E., "Las secuelas delll de septiembre", en: Newsletter IPA, Volumen

32 11, Número 1, 2002.

dio con un añadido: un grueso monolito negro; a la vez, una torre carbonizada y un vacío negro. Esta niña se estaba despertando por pesadillas y tenía demasiado miedo para dormir en su propia cama, como muchos niños de la ciu- dad de Nueva York. Había compartido la cama de sus padres desde el 11 de septiembre. Cuando volvió su padre, el Dr. Schetcher le pre- sentó el trauma que había descrito su hija; éste quedó sorprendido:

yo no estuve en absoluto cerca del World Trade Center, dijo ¿Le dijo que yo

estuve allf? Es cierto que el señor P. había trabajado como cocinero en Windows on the World. Las antiguas cicatrices de quemaduras de sus brazos eran de salpicaduras de grasa, pero había cambiado el turno del desayuno con un colega la semana anterior al ataque. Enlama- ñana del 11 de septiembre, mientras su hija se había quedado en ca- sa con su madre, el fue a hacer unos recados a Manhattan, pero no cerca del WTC. El Dr. Schetcher también preguntó al padre cómo estaba. El señor P. era un joven delgado, de voz suave que quería quitarle importan- cia a sus problemas, hicieron falta dos o tres sondeos discretos para que revelase que estaba profundamente perturbado por la pérdida 'Jl

de sus compañeros de trabajo, luchó con el sentimiento de responsa- bilidad por haber cambiado los turnos y por haber encontrado pues- tos de trabajo para amigos inmigrantes en el WTC, sobretodo su an- gustiosa culpa de superviviente adoptó la forma de imaginar vivida- mente cómo habían muerto sus amigos del incendio o del humo as-

fixiante y lo que habían experimentado. Tenía pesadillas por las que se despertaba varias veces cada noche sólo para cavilar entonces, so- bre sus muertes "cuando cierro los ojos están ahí entre las llamas y el humo y no hay nada que pueda hacer para ayudarlos". > Cuando el padre habló, el Dr. Schetcher exclamó "Así que su hija está dibujando los sueños de usted". El Sr. P. estaba bastante impre- ~ sionado por el hecho de que los dibujos e imaginaciones de su hija y quizá también, sus pesadillas se pareciesen tanto a sus propias pesa- dillas, ya que él no le había hablado a ella de éstas. S La autora piensa que la fantasía de que el padre había sido en- ~ vuelto en humo y llamas evidentemente condensaba la profunda so- lidaridad de la niña con la culpa de superviviente del padre, así co- mo su miedo de haber podido perderlo. Designa esto como una for- ma de transmisión intergeneracional del trauma. En consecuencia, se propone que el padre compartiese explícitamente la angustia y la pe- ~ na que había creído que debía esconder, además de su clarificación de los hechos. En este contexto María dibuja su colegio, un rectángulo bajo con ~ muchas ventanas y puertas. Recalcó que había tantas ventanas como 33

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puertas y las contó. La analista sugirió que quizá quiso decir que ha- bía muchas aberturas, muchas formas de salir del colegio para que fuera seguro salir si había un incendio. Le preguntó si queríamos- trarles que ella creía que su colegio era seguro, estuvo de acuerdo y parecía sentirse comprendida. Una semana más tarde fueron informados que la niña estaba me- nos preocupada y sin pesadillas. Hasta aquí la viñeta, pasemos a nuestro comentario. El aconteci- miento traumático para María ha sido no solamente el temor de per- der a su padre, sino también su caída fálica. El dibujo de un grueso monolito negro, una torre carbonizada y un vacío negro, da cuenta de esta caída que confronta a la niña con la angustia. En tanto el pa- dre silencia su duelo, María queda presa de los fantasmas del padre. Recordemos que el síntoma del niño responde al fantasma de uno de los padres cuando este fantasma no se malentiende con el fantasma de su pareja. En este caso, es el silencio el que contribuye a ello. No se trata de una transmisión intergeneracional del trauma, sino de una transmisión que no se malentiende. No obstante, ha habido efectos terapéuticos. Pienso que el resorte de la intervención no pasa por dar sentido al trauma, clarificando los hechos. Tampoco pasa por compartir la angustia del padre, sino muy por el contrario, se trata de separar a la niña de la misma, por la pues- ta en palabras de lo silenciado. A partir de allí la niña encontrará su propia salida, como lo demuestra el dibujo que cierra la viñeta. Ya no se trata del lugar del padre y sus peligros, sino del lugar de la niña y sus recursos de salida.

b. Transmisión del malentendido

Juan es un niño de 8 años, que hace dos está en tratamiento a cau-

sa de episodios de angustia en los cuales se descontrola y desorgani- za. Padece de una malformación congénita que le dificulta la audi- ción. Su madre se angustia desmedidamente ante cualquier enferme- dad del niño, independientemente de su gravedad. El padre intervie- ne poco en estos temas, de modo tal que las consultas médicas que- dan prácticamente a cargo de la madre. "' Juan debe ser operado de su malformación para mejorar sus posi- ~ bilidades de audición. El niño prácticamente no habla de la opera-

o ción en sesión. Interrogado al respecto, dice: "Me van a coser con

Lo único

·~ agujas en el oído y con anestesia. Voy a poder oír mejor

o que me dijo mami es que me van a tener que operar, no sé nada más". 8: La analista insiste, le dice que tiene dudas de que tenga todo claro.

34 Juan contesta: no me hagas hablar de eso que me pone triste y me da míe-

do, si me despierto cuando me están operando .La analista pregunta cómo

es la anestesia y responde: "Es un gas como el de los incendios; la

gente se duerme

<millo de metal, le pusieron anestesia, se despertó y vio todo. En los

t>studios me ponían tapones en la panza, pensé ahí que me iban a operar, ese día".

Cambia de tema y comienza a hablar de un chico que no puede hacer las cosas, no puede nada, es un inútil. Mientras dice esto trata de armar un conejito de papel, pero no le sale. Sin embargo, no pregun- ta ni pide ayuda. La intervención sitúa: ¿Por qué no preguntás? Juan comienza a preguntar y la analista le va indicando cómo armar el co- nejito. Por otro lado la analista le dice a la madre que cuando vaya a ver al cirujano vaya con el chico para hablar de la operación. La madre llama a la analista para contarle que el niño le preguntó mucho al ci- rujano. Juan vuelve después de la operación y dice: "Obtuve muchas res- puestas. Cuando me desperté parecía el Increíble Hulk. Eso me lo ha- bía dicho el cirujano, por la anestesia me dijo el doctor que me iba a ;x

Ví en Los Simpsons cuando Marge se comió un

despertar así, pero duró poco". Se le pide que dibuje esto. Primero se dibuja él en la cama y la madre al lado. Luego comienza a tachar a la madre y dice: "Me voy cortar" y hace un segundo dibujo, donde se ¡:

~

8

representa junto a los doctores, el padre y la madre. Corta la hoja en ~ dos partes, quedando en una parte él junto a los doctores, y en la otra parte la pareja parental. El corte desprende un pedacito del dibujo de

8

Pasemos a comentar la viñeta. Juan está confrontado a la opera- § ción atrapado en la angustia materna. La única versión que le llega de la operación es la materna y esto lo deja preso de un fantasma de ·

ahogo e intrusión de

La intervención del analista apunta a la transmisión de un malen- tendido que le permita separarse de la angustia materna. De allí que se apele por un lado a la responsabilidad del niño para no quedarse en posición de inútil, pegado a la versión materna y por otro lado también, se apela a la responsabilidad de la madre para que deje en- trar otra versión, la del cirujano. De regreso de la operación, Juan ubica un corte simbólico entre él ~ y su madre, no sin el pago de la libra de carne que esta castración im- plica. El resorte de la eficacia de la intervención no reside en la clarifica- ción de lo que va acontecer en la operación, información que obvia- mente no objetamos, sino en la puesta en juego de dos decires dife- rentes que se malentienden.

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la mirada.

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Las nuevas inscripciones del sufrimiento en el niño*

ÉRIC LAURENT

No estamos lejos del momento en que tuvo lugar en Angers un proceso histórico, un verdadero hecho social. Efectivamente, fue por abril de 2005, que se abrió una especie de mega proceso que testimo- niaba acerca de actos de pedofilia y de prostitución de niños por sus propios padres. La realización incestuosa tomaba a partir de su ca- ~ rácter serial y de la edad de las víctimas, a 65 acusados y 40 niños que se encontraban confrontados. Lo que se sumaba, como una particu- >

laridad, a este hecho social, es que los servicios sociales y la justicia ~ sabían y no sabían a qué habían estado sometidos los niños y se en- contraban impotentes para reaccionar 1 . Se entraba en una zona don- de a la vez se sabía y se desconocía. Un magistrado responsable po- día así efectuar esta declaración: "posiblemente yo produzca descon- tento, pero no era un dossier prioritario. El asunto más urgente se pro- duce cuando la víctima está en contacto todavía con el agresor. Iden- tificaciones, yo tenía una media docena por semana sobre mi escrito-

rio. En materia de pedofilia, es una ruleta rusa 2 , si la inspección no Q da nada, no hay más qué hacer!" 3 Allí había algo horrible, que esta- ba ocurriendo y que no entraba en el discurso corriente. ~ Frente a este lugar extraño que ocupaban los niños víctimas, un lu- gar poco identificable en el que el aparato llamado de asistencia reve-

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LAURENT, É., "Les nouvelles inscriptions de la souffrance de l'enfant", La petite girafe, octobre 2006, 25, pág. 88-97. Leer los artículos de Franck Johannes en Le Monde acerca de este proceso. En particular los del 6 de abril y el 29 de julio del 2005. [N. del T.] "on a un fusil a un coup" expresión para significar "hay una so- la oportunidad".

[cámara de menores] recogidas el 61

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1 Palabras del exresponsable de la de abril de 2005 por Le Monde.

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laba su falla, la justicia, retrospectivamente y en forma proporcionat trataba de taponada. Como decía un artículo publicado por un soció- logo en ese momento: u este proceso está allí para, en comienzo, recor- dar que frente a transgresiones que representan lo contrario absoluto de las reglas y los valores fundamentales del vivir juntos, la sociedad no puede asegurar su sobrevivencia más que movilizándose exclusi- vamente y solemnemente sobre el acto de castigar" 4 . El autor subra- yaba entonces cómo el castigo debe considerarse la última fortifica- ción5 del lazo social. Cuando no se sabe ya qué más hacer, se castiga. Se debe al psicoanálisis el haber reconocido este punto. Finalmen- te el lazo social no se encuentra fundado sobre la justicia distributi- va, la solidaridad o la asistencia, sino sobre un punto último que con- siste en castigar. La tesis freudiana subraya que toda formación humana supone en su horizonte un asesinato, quedando el mismo reprimido. En el lugar de lo reprimido, surge el masoquismo, la voluntad de ser castigado. En su texto uun niño es pegado" 6 , Freud introduce un masoquis- mo original, fundamental, cuyo desarrollo se encuentra en escritos posteriores. Lacan, siguiendo a Freud, replantea tanto la muerte del padre como el masoquismo primario. Para explicar el masoquismo primario conceptualiL:.ado por Freud hablará sobre todo de la padre-

version7.

Entre el lazo padre/ hijo y el masoquismo primario hay una vía de pasaje entre el texto freudiano y la relectura que hace Lacan de él.

El fuera de sentido y su tratamiento

Las personas encargadas de velar por las familias a la deriva se consideraban impotentes, confrontadas con u comportamientos irra- cionales por parte de sujetos pertenecientes a universos sociales total- mente desestructurados", en los que la miseria social y la violencia desafiaban toda captación hecha con la ayuda de las categorías que la moral aprueba o reprueba. Sin embargo, esta verdadera epidemia de

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COMMAILLE, J.: "El proceso de Angers y la falla de la solidaridad social",

en: Le Monde, edición del 23 de abril de 2005. [N. del T.] Hemos elegido traducir como "fortificación" la palabra rempart que utiliza el autor, pero es útil señalar que también podría traducirse co- mo "protección": Ambos sentidos enriquecen la frase.

del T.] Se respeta el título utilizado por el autor y no la traducción que

[N.

solemos escuchar en español "Pegan a un niño".

[N.

tuído por la fórmula homofónica pere-version.

del T.] Reconstrucción de la palabra perversión, que Lacan ha susti-

goce mortífero en la que cinco pedófilos confesos, reincidentes, arras- traron a una sesentena de personas, no tiene nada de irracional si ad- mitimos que la razón desde Freud puede explicar estos fenómenos. Sería mejor hablar de fuera-del-sentido. Se puede calificar estos fenómenos como expresión de la pulsión de muerte o de un punto de real, de un goce que se afirma fuera de todo sentido posible. Allí es imposible reducir el acontecimiento a causalidades sociológicas co- mo la miseria, por ejemplo. Bernard Henry Lévy, escribió hace algunos años un hermoso libro

al que llamó Reflexiones sobre la guerra, el Mal y el fin de la historia 8 Ex-

plicaba en él que las guerras contemporáneas, después de la caída del muro de Berlín, no pueden clasificarse dentro de las categorías del sentido. De 1945 a 1989 todas las guerras que se desarrollaban sobre el planeta tenían un sentido. Se inscribían en el sentido del campo ca- pitalista o bien en el del campo socialista. La guerra que tuvo el má- ximo de sentido fue la de Vietnam, puesto que los campos estaban muy bien distribuidos. Lo que a continuación tiene lugar en Angola, en Liberia y en Ruanda, son masacres enteras de población arrasadas por los señores de la guerra quienes controlan las materias primas. Es una nueva versión de la esclavitud, y 9 del control de los recursos que se hace fuera del sentido. Allí hay una manifestación de algo que es del orden de la violencia irracional. El pasaje de una clase de guerra a otra puede también ilustrarse por el encuentro en los años sesenta, en el contexto de la Resistencia, del Che Guevara y de Laurent Dési- ré Kabila, padre del actual presidente de la República Congolesa. ~ Hoy el hijo Kabila, llamado J oseph en honor a Stalin, dirige un país que hace todos los esfuerzos para no importar el genocidio >< Ruandés. El proceso de Angers reveló que esos pobres desdichados, más allá de las prácticas y de los comportamientos observables, no tenían relación con perversión alguna. La patología parece hablar más bien de psicosis a cielo abierto, en la que la deshumanización del cuerpo de las víctimas tiene poca relación con la pedofilia perversa. El horror de los hechos no permitía que se planteara la cuestión que se impu- so durante el proceso de Outreau. En ocasión de este otro proceso la cuestión lancinante que se impuso fue la de saber el límite entre ver- dad y mentira en el dicho de los niños.

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LÉVY, B.-H.: Reflexiones sobre la guerra: el Mal y el fin de la historia, Grasset,

París, 2001. [N. del T.] Se ha respetado "y" en varios lugares del artículo pues, si bien es un uso poco frecuente, agrega un sentido de puntos suspensivos en el _ texto del autor.

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De alguna manera, en Outreau, se deseaba saber hasta qué punto

el goce puede ser tomado a su cargo por el Otro. Angers nos confron-

ta con el surgimiento de un goce que domina el registro del Otro y del sentido. En los dos casos el verdadero punto que se destaca es que la institución familiar oculta, pone un velo, disimula el trauma- tismo que está en el centro de toda formación humana: el goce.

El niño, dos veces víctima

Francia no se apasionó por el proceso de Angers como lo hizo en

el caso de Outreau. No hubo comisión parlamentaria para Angers. El

proceso de Outreau en cambio fue fascinante, porque frente al trau- matismo y el surgimiento del goce fuera del sentido se trató de hacer de los niños el vector de la verdad. Toda la cuestión radicó en saber si los niños decían la verdad. Frente al traumatismo era necesario reubicar la verdad en la jugada y reconducir hacia nosotros el horror pero encuadrado, tratando de domesticarlo por medio de la verdad. ¿Es posible que una palabra diga lo verdadero sobre el horror? En la Edad Media no era suficiente quemar una bruja sino que era nece- sario hacerla confesar, que diga la verdad acerca de sus encuentros con el diablo, con el mal absoluto. La extracción del discurso se hacía bajo tortura. En eso nosotros no estamos, no en la tortura felizmente,

sino dentro de un dispositivo más democrático: un dispositivo en el cual los expertos eran los encargados de reunir todas las declaracio- nes necesarias para saber la verdad. Todo se jugó alrededor de la no- ción de credibilidad. La apuesta de la reforma judicial que se esbozó

después del examen crítico del proceso de Outreau lleva en sí esta noción que si bien no es jurídica, está en el límite. Los jueces pedían

a los expertos evaluar la credibilidad de la palabra de los niños, una

credibilidad médica o psicológica, mezclados los dos niveles. Tanto había psicólogos no médicos como médicos no psicólogos. Después de la catástrofe, el proceso permitió captar los límites de los expertos en credibilidad. Los niños víctimas aparecían entonces a la audiencia como frágiles acusadores. Es por éso que el Ministerio

de la Justicia propuso a las jurisdicciones una nueva configuración de tfJ peritajes suprimiendo la noción de credibilidad. Consecuentemente

~ se sale de la credibilidad para entrar en el trabajo de policía, saber lo

0 que ha ocurrido desde el punto de vista factual. Es el retorno a la po- ·~ licía científica. Se relevó a los expertos anteriormente movilizados

o porque se notó que los niños producían un discurso siempre nuevo

P y contradictorio. 4o Un psiquiatra formado en la clínica clásica sabe que cuando se en-

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tra en la clínica de la mitomanía, más se hace hablar al sujeto, más és- te va a producir. En esto no hay límite. La interpretación paranoica es lo que sirve de modelo. Jamás se llega a interpretar tan bien como lo hace un sujeto paranoico, quien tendrá siempre una interpretación más. Este es el límite que encontró Jung cuando quiso comenzar a tra- tar a un sujeto que le había derivado Freud. En la correspondencia Freud-Jung 10 , la primera carta de Jung era entusiasta: Este muchacho

es excepcionalmente inteligente y lúcido, hacemos un trabajo extraordinario.

En la segunda carta Jung se muestra algo más escéptico: Hacemos un

trabajo extraordinario, pero lo que resulta enojoso es que me agota porque te-

nemos sesiones de varias horas. La tercera carta indica la desesperanza de Jung cuando comprende que no llegará jamás a interpretar mejor que su paciente: Es él el que me interpreta. Se trata del primer encuen- tro de un límite del método psicoanalítico con los sujetos psicóticos. Lo mismo ocurre con el sujeto mitómano. Los expertos colaboraron en hacer a una proliferación de la transferencia y con esto perdieron su herramienta. El sueño de explorar la verdad de la palabra del niño era el de po-

der probar que había en el discurso una traducción, una reincorpora- g ción del goce producida por el traumatismo que habían sufrido esos ~ desdichados niños. Se trataba de producir lo verdadero por medio de ~

su reintroducción en el discurso común, en el malestar en la civiliza- Clon.

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o Y bien, esta tentativa de reintroducir el goce en el Otro es lo que ~ Lacan considera como una de las formulaciones de lo que es la per- versión. Ante la falla en el Otro, el sujeto perverso la colma con una certidumbre de goce. Así esta extracción del objeto de estas víctimas del trauma, es una especie de perversión del Estado, producida en nombre de la razón. El niño, desde este punto de vista, es a la vez víctima de aquellos ~ que lo tomaron como objeto sexual pero también de la perversión del ~ estado que lo confrontó a la misión imposible de poder decir la ver- 5' dad sobre lo real. El resultado hubiera sido el mismo así se tratara de uno u otro experto: hay cosas que se pueden saber, pero la verdad es otra cosa. De la misma manera en una reciente edición de Le Monde 11 , un artículo evocaba a los niños víctimas del aparato del estado por- que fueron privados durante años de sus padres injustamente conde-

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1 ° Correspondencia 1906-1914, S. Freud- C. G. Jung, ediciones Gallimard, Pa-

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VAN RENTERGHEM, M.: "El calvario de los niños inocentes", en: Le Monde,

edición del 3 de junio de 2006.

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nados. Vemos cómo el niño en estos casos extremos de desgarro, re- vela que la familia es un velo puesto sobre la falta de articulación del goce del cuerpo que se satisface del objeto de la pulsión.

Las experiencias comunitarias

Es a partir de ahí que se puede descifrar la forma en que Lacan si- tuó la inscripción del goce del niño, a la vez síntoma y fantasma en la familia. Lacan, de entrada, interrogó las relaciones entre el mito del complejo de Edipo y el complejo de castración con la ayuda de otro gran mito freudiano: el de la pulsión. Lacan aborda de entrada la dimensión histórica y cultural del lu- gar del padre en la civilización. En su gran artículo de 1938 12 sobre los "Complejos Familiares" insiste sobre el hecho de que Freud qui- so salvar al padre, en el momento en que en Viena, gran megalópolis del siglo XIX, el éxodo rural en el seno del imperio mezclaba múlti- ples posibilidades, múltiples culturas, múltiples tradiciones, múlti- ples sistemas de parentesco. Confrontado a la relatividad culturat Freud buscó situar algo invariable, el padre, en esta dispersión. · En ese mismo texto, Lacan describe un doble movimiento. Asisti- mos por un lado al fin del patriarcado con su correlato, la declinación de la dimensión trágica del padre, y por otro asistimos a la multipli- cación de las formas de la familia conyugal. La familia no reposa ya sobre la línea patriarcal sino sobre las formas del conyugo. Es el fin del patriarcado pero el comienzo de la multiplicidad de las formas de la alianza. La otra etapa del examen que hace Lacan de la inscripción del ni- ño en la familia, es un conjunto de textos escritos alrededor de 1968- 1969. El'68 es un momento donde la familia se ve cuestionada y apa- rece depreciada, donde las utopías comunitarias venidas de ultramar se difuminan como reguero de pólvora. Sin embargo, el'68 no es más que la reedición de los movimientos de los años '30. El grito que sa- ludó el nacimiento del siglo XX es el de Andre Gide: "familia, yo la odio" en 1896, momento en el que Freud comenzó a escribir. Los años '30 también son el momento de experiencias comunitarias que apun- tan a prescindir de la familia.

~ Entre las dos guerras Europa estaba a la cabeza de este movimien-

0 to con las utopías inglesas. Francia estaba menos comprometida. Ru- ·~ sia no se quedaba atrás con el gran pedagogo Anton Makarenko que

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12 LACAN, J.: "Los complejos familiares", en: Otros Escritos, Seuil, París, 2002,

págs. 23 a 84.

se ocupaba de los niños extremadamente violentos y abandonados,

consecuencia de la primera guerra mundial. Hubo también, luego de

la segunda guerra, la experiencia de los Kibbutz en Israel.

Para Lacan, que había conocido los años treinta, el'68 era así re- petición del mismo fenómeno. Su "Nota sobre el niño" 13 comienza justamente con "Se hace presente el fracaso de las utopías comunita-

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desentona, porque por entonces la gente pensaba que realmente in- novaba y que iban a triunfar. Lacan debilita un poco ese entusiasmo recordándoles que ya pasaron por allí, y que éso ya fue hecho. Subra- ya de esta manera que estas utopías no impidieron la existencia de

)". Hablar de "fracaso de las utopías comunitarias" en 1969

un irreducible de la posición de padre y de madre.

La función de residuo

Esta Nota se inscribe en una serie de textos. En septiembre de 1968 Lacan interviene en un congreso sobre la infancia alienada presidido

por Maud Mannoni 14 . Además, está su Seminario De un Otro al

Y más particularmente la sesión del30 de abril de 1969. 8 En octubre de 1969 finalmente tenemos la "Nota" escrita en un es-

tilo límpido, Nota que es una carta interna escrita a una amiga, la se- ñora Aubry, pionera de la ayuda a la infancia y que por esa época til busca inventar las nuevas formas de ubicación para los niños. He §

aquí lo que dice Lacan: "La función de residuo que sostiene a la fa-

milia conyugal (y al mismo tiempo la mantiene) en la evolución de :z, las sociedades, destaca lo irreductible de una transmisión que es de § otro orden que el de la vida según las satisfacciones de deseo, pero i?:

que es el de una constitución subjetiva implicando la relación a un ~

deseo que no sea anónimo"

ta de condensaciones de las reflexiones de Lacan, porque el término "residuo", que parece comprensible es, en realidad, muy enigmático.

,., Aproximemos el término "residuo" a lo que Lacan desarrolla en su S Seminario De un Otro al otro "Si para el perverso es necesario que ha- ya una mujer no castrada o, más exactamente, si él la construye de es- ta manera y hombre-ella, el famil no es acaso notable en el horizonte del campo de la neurosis? Este algo que es un El en alguna parte pe- ~

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16 . Esta pequeña nota se encuentra reple-

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LACAN, J.:

LACAN, J.: "Alocución sobre la psicosis del niño", ob. cit., págs. 361 a 371.

LACAN, J.: Le Séminaire, Libro XVI, De un Otro al otro, Seuil, París, 2006,

págs. 279 a 293.

LACAN, J.: "Nota sobre el niño", ob. cit., pág. 373.

"Nota sobre el niño", ob. cit., págs. 373 y 374.

43

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ro del cual el Yo es en verdad la apuesta de aquello de que trata el drama familiar" 17 . Lacan en el horizonte de la perversión pone a la madre, es decir la mujer fálica, y en el horizonte de la neurosis pone el drama familiar. ¿No hay algo común entre las dos posiciones? ¿No es el "objeto a en tanto que liberado" 18 ? De este modo el perverso tendrá a la mujer fálica y el neurótico a la familia con el objeto a en tanto que liberado, como residuo. En la "Nota" Lacan parte del fracaso de las utopías comunitarias, no habla del éxito de la familia nuclear sino del fracaso de toda ten- tativa de conmover ésto. Por lo tanto, rescata un residuo. Este residuo es la madre de los cuidados que llevan "la marca de un interés parti- cularizado al que hace por el camino de sus propias faltas" 19 Lacan está acá a la escucha de Winnicott que inventó la "madre suficiente- mente buena". Indica que ella tiene que tener faltas y construye esta lógica: es una particularidad, no es una madre universal. Así define al padre "en tanto que su nombre es el vector de la encarnación de la Ley en el deseo" 20 . "El vector" es un término matemático, la "encarnación" es un tér- mino religioso. La Ley es la Ley Mosaica en tanto que ella define al padre, la ley Levistrosiana es una variable de la Ley Mosaica. Siendo el padre el portador de un deseo hacia esa mujer, conjuga la Ley y la prohibi- ción, al mismo tiempo que el deseo, puesto que desea a esa mujer. De paso se percibe que la autoridad se funda desde el comienzo sobre lo autorizado antes de la prohibición. El fundamento de la autoridad es el poder de decir que sí. Es el sí, y el no sobre el fondo de un sí. La madre es entonces el vector de la encarnación del fracaso del cuida- do, y el padre es el vector de la Ley en el deseo del Otro.

El niño 11 0bjeto a liberado"

Para comprender esto del "objeto a liberado", tal como Lacan lo presenta en el Seminario 16, hace falta que avancemos en la forma en que sitúa al niño en la "Nota". El abordaje freudiano clásico sitúa al niño como Ideal del Yo, <fl ideal de la pareja. Esto es lo que Freud llamaba "His majesty the

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LACAN, J.: Le Séminaire, Libro XVI, De un Otro al otro, ob. cit., pág. 293

LACAN, J.: Le Séminaire, Libro XVI, De un Otro al otro, ob. cit.

LACAN, J.: "Nota sobre el niño", ob. cit. LACAN, J.: "Nota sobre el niño", ob. cit.

baby" 2 1, 2 2. Es a partir del niño que se distribuye la familia. Lacan

te de él, en esta "Nota", desde otro punto: "el niño representa la pre- sencia de lo que Jacques Lacan designa como el objeto a en el fantas- ma"23. Mientras Freud abordó al niño a partir del Ideal, los desarro- llos siguientes en Melanie Klein, Winnicott y Ferenczi abordan al ni- ño como objeto. El acento está puesto sobre el niño tomado no en un

Ideal sino en el goce, el suyo propio y el de sus padres. Esto es lo que Lacan resumió con "objeto a". En la metáfora edipiana clásica lo que responde al deseo de la ma- dre es el padre. El padre interviene sobre el deseo de la madre para producir la significación fálica. Pero en la Nota, por el contrario, es el niño el que satura la falta de la madre, es decir, su deseo. Tapona aquello que es del orden de la falta en la madre pero no como Ideal sino como objeto. El es el falo en los casos más bien favorables. Tiene entonces un valor. Pero más allá del penisneid de la mujer, hay la concretización para la madre no de tener su falo sino de tener aquel objeto que res- ponde por su existencia y que puede responder todas las preguntas. En este punto se puede tomar el ejemplo del síntoma somático como máximo de garantía de obtener este objeto. "Según el caso es la fuen- te inagotable para testimoniar acerca de la culpabilidad, para servir ~

de fetiche, para encarnar un rechazo primordial"

. Jacques-Alain Miller, en la presentación de las Jornadas de la Es- cuela de la Causa Freudiana de octubre de 2006 25 nos hace compren- der fenómenos tales como el de las asociaciones de niños que sufren, entendiendo el movimiento que hace que estas Asociaciones estén comprometidas en el hecho de que los problemas del niño se definan como somáticos. El éxito de los trastornos de atención, de hiperacti- vidad, así como el éxito de los trastornos bipolares, es muy poderoso porque permite reducir la cuestión subjetiva aun problema somáti- ~ co. También porque los psicoanalistas dicen "pero no, no es un pro- blema somático, es subjetivo" pensando que están llevando un men- saje de esperanza, pero contrariamente, producen desesperación. El efecto retorno es impiadoso: es el odio. Hace falta, planteándolo a la inversa, respetar este punto.

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FREUD, S.: "Introducción del narcisismo", en: La vida sexual, Ed. P.U.F., Pa-

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LACAN, J.: "Nota sobre el niño", ob. cit., pág. 374.

LACAN, J.: "Nota sobre el niño", ob. cit.

MILLER, J.-A.: "Hacia las próximas jornadas de la Escuela", en: Carta Men- _!_

sual No 247, abril 2006, pág. 6.

majestad, el niño".

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El gran éxito de la mudanza actual de la clínica, y de la condensa- ción de la causa en la amígdala, que no da para más, encuentra su ex- plicación en este corto desarrollo de Lacan. El deslizamiento actual de la clínica permite asegurar el lazo de la madre y del niño. El niño es entonces el objeto a y ocupa el lugar de un objeto a y es

a partir de allí que se estructura la familia. Esta se constituye ya no a partir de la metáfora paterna que era la fachada clásica del complejo de Edipo sino enteramente según la manera en que el niño es el ob- jeto del goce de la familia, no solamente de la madre, sino de la fami- lia y más allá, de la civilización. El niño es el"objeto a liberado", pro- ducto. Este objeto a que el niño representa se encuentra en el Semina- rio26 donde Lacan articula el problema de la familia al hecho de que en el Otro haya una falta. Hay dos maneras de tratar esta falta. La primera consiste en agre- gar no la palabra que falta sino el goce que falta en el Otro. Es la vía del perverso, que produce certidumbre de goce. Esto tiene por efecto producir un significante del Otro lleno, lo que Lacan escribe con el materna S (A) que califica de Hombre-ella. A esto el opone el Jamil, lo cual que escribe s (A). Aquí está la vía del neurótico que desea com- pletarse con una familia pero el problema es que tiene que pedírselo

a una mujer. En suma, es inscribirse como un Uno en el Otro, propo- sición inversa de lo que Lacan indicaba en su "Cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis" donde el Nombre del Padre es la inscripción en el Otro del significante que da garantía del suje- to. En este sentido el Nombre del Padre es un operador formidable que se agrega a la civilización y que permite al sujeto inscribirse en ella. En ese año 1969, Lacan presenta el reverso del Nombre del Pa- dre como garantía. El padre no es más que un sueño del neurótico, quien para inscribirse en el Otro desea ser padre de familia. Es éste el punto en que Lacan interroga la distinción entre el padre de familia sueño del neurótico y la función del Nombre del Padre que puede ser sostenida por otros personajes que el padre de familia. Es una fun- ción del tipo "puesta de freno al goce" pero no es una función que se releva, simplemente, de la interdicción. "Poner un freno al goce" también es poder abrirle al sujeto una vía que no sea la del empuje al goce mortal, autorizar una relación fiable con el goce, una relación di- Vl ferente al empuje al hedonismo contemporáneo, el que puede tener

3 una cara mortal, tal como se constata en las adicciones. :I: En suma, el padre residuo es una función que se diferencia del pa- .~ dre de familia. Es el instrumento que permite tener reunido simbóli- § co, real y padre imaginario.

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LACAN, J.: Le Séminaire, Libro XVI, De un Otro al otro, ob. cit.

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Simbólico, real e imaginario se mantienen reunidos por una fun- ción que puede desligarse del padre de familia.

Ser padre, un acto

A partir de aquí ¿cómo aprehender las nuevas formas de la paren- talidad? Este deseo de ser padre, esta "padre-versión" seduce en efecto a las nuevas identidades. La familias horno-parentales desean poder casarse, tener el título de padre, y cuestionan la distribución clásica padre/madre. Cuando se dice que no hay que tocar esta distribución porque existe el riesgo de una destrucción de la civilización es sin duda un error porque siempre ésta ya estará tocada. Los entusiastas como Judith Butler consideran que se puede y que es necesario tocar lo que se llama el género (the gender). Es una sub- versión de las formas reconocidas que puede ir muy lejos con la pro- mesa de rehacer todo deshaciendo todas las identificaciones posibles hombre/ mujer, donde los nombres de "padre" y "madre" pueden es- tar dados a todo sujeto, de preferencia a uno transexual. Pero entre B

los partidarios de la inmovilidad, partidarios del fin de la historia ~ (quienes dicen que las buenas ficciones ya han sido encontradas y ~

que no hace falta tocarlas más) y los partidarios de un constructivis- mo radical, sería necesario una medida precautoria, que tome en ª

cuenta los efectos, consecuentes a esas dos posiciones. Se trata de sa-

ber desde el punto de vista clínico cómo vamos a verificar los efectos de estas remodelaciones. Se decía por ejemplo en los años '50 que no se podía psicoanalizar a los hijos de padres divorciados. Si los psicoanalistas hubieran con- tinuado diciendo ésto no tendrían a nadie en su consultorio. Duran- te los mismos años Lacan, gracias a su teoría del Nombre del Padre, permitía ya desplazar el problema. Las mujeres solas, divorciadas, sn viudas o que jamás hayan contraído matrimonio, pueden igualmen- te transmitir el Nombre del Padre. Se puede en forma completamen- ~ te correcta analizar hijos de las formas múltiples del conjugo, incluso cuando uno no sabe demasiado bien donde está el padre. En el pre- sente se debe analizar hijos que son producto de la post-parentali- ~ dad, de la era post-paternal, es decir donde no se destaca más el pa- dre de la tradición. Los sociólogos sostienen la idea de que provenimos de la paren- ~ talidad antigua, aquella del imperio del padre de la autoridad, de la ~ tradición y de la ley. Hoy la paternidad es responsable y negociada ~

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por contrato. La ventaja nos dicen, es que en sus prácticas muy diver-

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sas hay una paternidad pacificada: terminados los dramas del tiem- po antiguo, terminadas las dramatizaciones que los psicoanalistas conservaron con referencia al complejo de Edipo. Hay, es verdad, una paternidad pacificada, pero el problema de la autoridad está externa- lizado. El Otro social ordena, en efecto, a los padres tener hijos, encuadrar

a la familia, o amenaza poner a todo el mundo en internados milita- res. De este modo los padres se ven transformados en agentes del or- den público. ¿Podemos creer en esta buena nueva sociológica que reduce la pa-

ternidad a una normativa? La política desapareció, no quedan más que normas a negociar. Un mismo método es empleado para construir Europa, al Orden In- ternacional e igualmente bien a las familias. Pero esto supone resuelto el problema del residuo del concentra- do de goce sobre el hijo y los padres. Hemos superado el patriarca- do, el machismo de la tradición y de la promesa de antaño: "si te con- duces como un hombre debe conducirse entonces podrás gozar de una mujer". El único problema es que es imposible definir una relación entre los sexos, horno o hétero que sea la buena. El goce no es jamás ésto. Ninguna norma llega a estabilizar el empuje al goce y cada uno se ve entregado a la contingencia del encuentro con el partener sexual y al

puede reducirse

síntoma/ fantasma que lo define. Este encuentro no

a normas. El lugar del padre es el de un residuo que, como nombre, recubre este imposible. Ser padre no es una norma sino un acto que tiene con- secuencias, consecuencias positivas y consecuencias nefastas. La fi- liación contemporánea reenvía más allá de las normas aquel deseo particularizado del cual el niño es el producto. El padre contemporá- neo es un residuo y un nombre que continúa inconmensurablemen- te como apuesta pasional. Entonces toda esperanza de pacificación de la paternidad es una ilusión. Es la fuerza de la ilusión de la teoría

sociológica de la felicidad de las normas. La apuesta de la búsqueda psicoanalítica consiste en demostrar, sin conservadurismo ni entusiasmo por el progreso, pero con el mo-

do del lúcido pesimismo lacano freudiano, las redistribuciones clíni-

cas de las que somos testigos.

He aquí la apuesta de los próximos años.

TRADUCCIÓN Y ESTABLECIMIENTO DE TEXTO: MARTA TOPPELBERG

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El niño y las enfermedades del lazo*

ALEJANDRO DAUMAS

Cuando buscaba una referencia para comenzar mi introducción

me detuve en un texto de J. Lacan: El número trece y la forma lógica de

1a sospecha y por curiosidad leí allí lo siguiente:

este apólogo a aquellos para quiénes la síntesis de

lo particular y lo universal tiene un sentido político concreto. Y que

los demás prueben aplicar a la historia de nuestra época las formas que hemos demostrado aquí.

Sin duda aparecerán as( singularidades que, por no carecer de ana-

" Dedicamos

logías de estilo con la que se manifiestan en la física, o incluso en la 8 pintura o en el nuevo estilo de ajedrez, desconcertarán a mentes cu-

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armonía que llegaría hasta disolver los principios. Precisamente, si §

ya formación sólo es hábito, dándoles la impresión de una ruptura de

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sugerimos que se ha de realizar un retorno a la lógica, es para encon-

tra en movimiento

".

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trar su base, sólida como la roca y no menos implacable cuando en- ·

Con la resonancia de esta cita, la apuesta en la orientación lacania-

na dada por J.-A. Miller en su curso El lugar y el lazo, donde se exa- ~ mina de forma particular la relación del sujeto con el lazo, nos dice: 5' "

da por una voluntad de coherencia. Es lo que puede llamarse un pre- juicio de coherencia. Aparece como tal aquí en función de algo que ~ precisamente nos concierne, la experiencia de un psicoanálisis. ~ Este campo de experiencia que designamos psicoanálisis, donde ~. un cierto número de hechos inéditos son susceptibles de aparecer, no

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La lógica es también una ética, una ética del bien-decir, anima-

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*Trabajo de apertura de la Jornada del Departamento de Estudios del niño_!_

en el discurso psicoanalítico Pequeño Hans 2005.

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se abre si no a condición de que el prejuicio de coherencia lógica re- sulte puesto en cuestión -a beneficio de un bien-decir lógico de otra especie". Basta de nostalgia de lo que pudo ser el psicoanálisis, del lazo del sujeto con el inconsciente, dice Miller. Considerar lo que se presenta incoherente, fuera de lugar, síntomas estragantes, que testimonian efectos de todas las prácticas humanas como modalidades de goce, ubicar en ellos la opción al decir lógico. Éste es el marco para propo- ner algunos elementos para pensar las enfermedades del lazo.

l. Deslocalización de lo real

Ocurre, en efecto, que asistimos a una suerte de agotamiento de los mecanismos que sustentan el lazo sociat la radicalización de ello

es la presencia de la disgregación que se instala tanto en la esfera más intima de un sujeto hasta el intercambio de la vida social. Si el Otro no existe, si el Otro como garante de una verdad univer- sal no existe, entonces lo que ocupa su lugar, como lo dijo Lacan, es

el discurso como principio del lazo social.

Es el discurso lo que estructura toda formación humana, en tanto aparato constituyente de todo lazo social. Decir aparato implica remitirnos a un dispositivo simbólico que determina diferentes lugares y, por lo tanto, diferentes ordenaciones

y ubicaciones posibles para un sujeto. El sujeto puede así ocupar cualquiera de los cuatro lugares en los cuatro discursos, salvo en el discurso capitalista, en el que siempre está en el mismo lugar, lugar del que no puede moverse. Es la deslocalización de lo reat que produce que en el discurso contemporáneo, se reestablece un circuito entre el plus de gozar y el sujeto. Contrariamente al discurso del amo en el que hay ruptura en- tre ambos, el rechazo actual de la castración produce esta deslocali- zación de lo real que Miller llama "vaporización de lo real". El capitalismo más la ciencia producen, dice Miller, "vaporización de lo real". En esta sociedad la continuidad de lo imaginario, no permite a lo simbólico atravesarlo "lo simbólico aparece como vasallo de lo ima-

~ ginario, y en continuidad con él", en el que la estructura de ficción ha

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~ sumergido a la verdad en este desuso ficcional de la verdad, que se •Z impone el retorno a lo real como aquello que no tiene estructura de § ficción, siendo el privilegio del psicoanálisis la relación unívoca que 8; sostiene a lo real.

¡ so Bajo esta perspectiva de la deslocalización de lo real, del rechazo

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de la castración en el discurso es como se presentan hoy en día las nuevas formas del síntoma, nuevas presentaciones subjetivas, nue- vas sexuaciones, nuevas familias. Si hay una deslocalización de lo real: ¿Cómo aparece el retorno de L'Ste real sobre cada sujeto, sobre cada niño, sobre cada familia? Esta pregunta guía de algún modo la manera, para mí, de enten- der las enfermedades del lazo.

11. El niño y las enfermedades del lazo

"El niño es el problema fundamental de las sociedades desarrolla- das". Nos recuerda Éric Laurent en El niño del mañana. El niño es una ficción para los padres y es por esto mismo que ocupa una posición paradoja!, porque ese "ideal" da lugar a todos los síntomas que precisamente comporta el "deseo de niño". Éric Lau- rentes más taxativo: "ese niño precioso, resulta a sí cargado de todas las paradojas del objeto de lujo, el niño deviene, entre otros, recurso humano". El niño se hace ficción sin verdad propio de lo simbólico avasalla- do por lo imaginario y en todas las ficciones que le son ofrecidas y ~ t•ntre las cuales, en la ocasión, se extravía. ~ "El niño es, por lo tanto, el objeto a, viene al lugar de un objeto a, y es a partir de allí como se estructura la familia. La misma ya no se constituye a partir de la metáfora paterna, que era la cara clásica del

complejo de Edipo, sino enteramente en la manera en que el niño es l'l objeto de goce de la familia, no solo de la madre, sino de la familia y más allá, de la civilización. El niño es 'el objeto a liberado', produ- > rido. Este objeto a que el niño realiza". (É. Laurent: "El niño, objeto a ~ liberado", en: El Caldero de la Escuela No 1, Bs.As., 2006). ~

Así podemos decir que ese niño que encontramos es el niño obje- Lo de goce asentado en la eficiencia del desarreglo de la disociación t•ntre síntoma y sujeto. Propios de las enfermedades como los modos de tratamiento del Goce contemporáneo. ~ Ubicados en dos categorías que se imponen, una regida por lo que llamaría: Clínica de intercambio del Habla, en donde colocaría como l'jemplo entre otras las llamadas sexuaciones y una Clínica (más du- ra), que es la Anulación del intercambio. Quedan así claramente delimitados dos conjuntos de las enferme- dades del lazo, los casos de anulación del intercambio y los recursos ; que se producen en los tratamientos con las maneras de pensar el en- ~ ganche y el desenganche del Otro, y un conjunto de casos donde una _z_ serie de síntomas sociales aparecen ligados al intercambio del habla 51

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pero se lee en primer plano la preeminencia de la anomalía donde es claro un desinterés por los fenómenos subjetivos para privilegiar los "objetivos" que van desde razones de una adecuada sexuación, a fe- nómenos en el cuerpo. Niños alienados a lo imaginario, niños yoicos, niños pegados a al- go, que cuando desaparecen de ese lugar imaginario, actúan de una manera loca, imparable. Sostenidos desde un exceso de mirada. Tiranos narcisistas, aquellos que no logran armar una unión con

el Otro ni con otros, pero quieren ser reconocidos por el Otro todo el

tiempo. Siguiendo a É. Laurent, embrollos del narcisismo del Uno que produce la tiranía de todos o el tormento del yo. Es una constatación en nuestra clínica escuchar cómo el sujeto-ni- ño viene a dar testimonio de una pasión feroz, de ese punto sin sali-

da en la que el sujeto se debate por querer hacer de él, su yo mismo. No es el yo en función de desconocimiento o de infatuación, sino

en un modo del verbo: se cree

"Muy distinto es lo que se haya en el horizonte de esta ascensión del sujeto amo en lo que se afirma como la verdad de su igualdad consigo mismo, esta yocracia de la que les hablaba en cierta ocasión

y que es, me parece, la esencia de toda afirmación en la cultura que

más ha visto florecer este discurso del amo". Es tiránica, así la certidumbre que impone este 5 1 , y por ello se percibe la cercanía del sacrificio donde el niño es tomado allí. Basta para ejemplo a aquellos sujetos enfermos del ideal que sos- tienen el cuerpo como sepultura de la subjetividad. Llamadas las en- fermedades de la voluntad que se derivan de un goce no localizado.

el yo.

111. Síntoma social y credibilidad

El Otro moderno es otro del goce deslocalizado y la única locali- zación está en el producto que somos, Lacan enuncia en "La tercera" de 1975: "no hay más que un síntoma social: Cada individuo es real- mente un proletario, no posee ningún discurso con qué hacer víncu- lo social, dicho de otro modo, semblante". C/l El sintagma síntoma social parecería una redundancia ya que to- ~ do síntoma es social en tanto tiempo un lazo con el otro. Sin embar-

~ go, hay diferencias entre el malestar particular de un sujeto en el sín- ·~ toma analítico y las formas de manifestación del malestar en la cul-

tura en el síntoma social. _::_ Al síntoma social, resto de un funcionamiento discursivo, hay que

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52 tomarlo como un desecho.

Hay demasiados de estos desechos que devuelven a la sociedad la imagen deformada de su propia indignidad, de su feroz pasión por la ignorancia. Y que ninguna sociedad ha sabido encontrar el ca- mino de la autoridad moral y del respeto sin que con ella lo hayan encontrado los "desechos" humanos que produce. Hacer existir el psicoanálisis en el mundo actual hace necesario tomar distancia de las oposiciones sin salida que plantean los bino- mios imperantes (renuncia-satisfacción, homogeneización-segrega- ción) y descarta tanto la ingenuidad reivindicativa como el catastro- fismo. Estas son las condiciones para que los psicoanalistas estemos a la altura de llegar a abrir lo que esos binomios suturan. En el mo- mento de clausura del inconsciente, el individuo se ofrece como ma- terial disponible consumidor de ciertas ofertas,llamémoslas terapéu- ticas, que aseguran poder superar el malestar subjetivo a través de las desconexión entre síntoma y sentido. El síntoma se hace social allí donde queda desvinculado, ajeno a la castración. Por su parte, el goce, como desabandono del discurso, se presta a obturar la hiancia del inconsciente. Es el goce de lo Uno que desde el nuevo paradigma del autismo sostiene al individuo. Las enfermedades del lazo prueban que es de- terminante la exclusión del sentido por parte del discurso social ac- tual; cuanto más se niega el sentido y el sujeto del síntoma, más pro- liferan los síntomas que sólo pueden ser entendidos en su sentido so- 8

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De manera tal que es necesario "permanecer fiel a la relación ver- dad síntoma", ya que si para Freud el mundo era un partenaire con- dicionado por el Nombre del Padre, el nuestro no tiene ese partenaire por las razones que se saben. Siendo así la apuesta por el síntoma, la que Ímplica la responsabi- lidad y la perseverancia en el lazo. Hay tres buenas razones para apostar al síntoma:

a. En primer lugar, porque el síntoma supone la castración, ésta es

"la clave", como dice Lacan ("De un sujeto por fin cuestionado", en:

Escritos, Siglo Veintiuno editores, Bs.As., 1988, pág. 225). Es conside-

rar al síntoma como objeción a la desmentida de la castración.

b. La segunda razón es que el síntoma es una respuesta posible a

la desmentida frente a lo real. Lacan dice en "La tercera" que la letra del síntoma es la única posibilidad de acceso a lo real, es decir, a un ~ agujero. Cada síntoma es la inversión de una pasarela singular con lo real y no con el semejante. El síntoma es el estigma viviente de esta hiancia real.

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c. Finalmente, tercera razón, si el síntoma no autoriza más que al 53

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ascenso a lo real y no al semejante, prohibe todo proceso "de agrega- ción" fraterna alrededor de esta hiancia. El síntoma hace lazo, pero sin copulación posible. Puedo arriesgar, de qué forma lógica alrededor de estas razones podemos ubicar al analista:

No son jerarquizables, son formas de nombrar la posición que ca-

be.

Permitirle al niño leer lo real de las ficciones siguiendo a Éric Lau- rent la manera de hacer frente a la irrealización del mundo. (Tercera razón) Analista síntoma como posición que sostiene el no todo frente al inconsciente homosexual, siguiendo lo que decía hacerle frente a la desmentida de la castración. (Segunda razón) Finalmente, en los términos que traté de transmitir: a las "nuevas singularidades" ofrecer al analizante otro orden de credibilidad liga- do al síntoma. (Primera razón) El psicoanálisis con niños supone las razones de una práctica ló- gica de la refutación, que permite a un sujeto construirse un antides- tino por su voluntad de decir en contra de ser alguien abandonado al goce del otro y permite cernir su propio síntoma articulado al deseo del analista, que tiende a acoger las invenciones que funcionan como marcas y de las cuales se elaboran saber.

Bibliografía

LACAN, Jacques: El Seminario 17 El reverso del psicoanálisis, Paidós, Bs. As.,

1992.

LAURENT, Éric: "Responder al niño del mañana", en: Los objetos de la pasión,

Ed. Tres Haches, Bs.As., 2002.

MILLER, Jacques-Alain: El otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Bs.

As., 2005. MONRIBOT, Patrick: Las respuestas del psicoanalista, Nueva Escuela Lacaniana, Bogotá, 2003.

Lacan y las enfermedades de la mentalidad

MIRTA BERKOFF

Propongo leer en este trabajo a las enfermedades de la mentalidad desde el cambio de paradigma que hace Lacan en la última enseñan- za, donde propone que pensemos al significante ya no en sus efectos de significación sino en sus efectos de goce y del funcionamiento que allí introduce de la lengua.

Los efectos de goce del significante

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Es a partir de Encore 1 donde Lacan pone el acento en la conexión entre significante y goce. No se plantea el goce sólo como lo que res- ta del significante que no puede ser significantizado. Desde esa nue- va perspectiva, no se trata de pensar el significante por un lado y el goce por otro. En este seminario se propone que el goce se extrae de la lengua misma, de los significantes sin significación. Este goce que se extrae de los demás se percibe en el uso sinsenti- do que hace el infans de la lengua. Antes de desmaternizar la lengua, el sujeto no busca en la palabra la respuesta del Otro. A este nivel la jaculación sirve para otra cosa que la comunicación, es la lengua pri- vada. No se trata de la representación sino del vacío del fuera de sen-

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o. Para hacernos una idea de lo que Lacan denomina lalangue, pode- mos hacerlo al escuchar a alguien hablando una lengua que no se en- tiende. Percibimos entonces, que en el escuchar y pronunciar esos so- ~ nidos hay un goce que está desvinculado del sentido. Entonces, po- ~

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LACAN, J.: El Seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs.As., 1981.

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demos decir que en esta época Lacan propone que los efectos de sen- tido y los efectos de goce van cada uno por su lado, están disjuntos. La lengua es introducida por Lacan para marcar un nivel del lengua- je pregramatical o preescrito. La investidura libidinal de la lengua es propia, es la integral de equívocos que la historia de cada quien dejó persistir. El lenguaje es lo que armamos con la lengua para comunicarnos, hace lazo. El lenguaje está del lado del Otro mientras que la lengua está del lado del Uno. Lo único que pone orden en la semántica ab- soluta de la lengua, que es paralela a la soledad del goce, es ser cap- tado en un discurso, en un lazo social. Lo que llamamos lenguaje está hecho de la lengua más el elemen- to social que la normaliza. El lenguaje es una desmaternalización de la lengua, es una elucu- bración de saber sobre la lengua. La elucubración de 5 2 , significante de los nombres del padre, hace desmaternizar la lengua del puro 5 1 sin sentido materno.

Funcionamiento de la lengua en la psicosis y neurosis

·

El neurótico tiene una lengua llena de surcos que son producto del uso standard del lenguaje. Esos surcos son la desmaternización de lalangue, son los puntos de capitón dados por los significantes amos del discurso social. En el neurótico hay represión y metáfora; esto hace que la metá- fora paterna haga de broche entre significante y goce. Este broche funciona como un lastre en su lengua que hace que no sea tan priva- da, hace que los sentidos sean compartidos, que tengamos un len- guaje común. En la psicosis el estado de funcionamiento de la lengua está de en- trada desenganchado del Otro, no hay un funcionamiento común normalizado. El psicótico tiene una lengua sin surcos, tiene en ese sentido una lengua privada, que no hace lazo, el sentido huye cons- tantemente sin poder abrocharse en un 5 1 amo que le ordene, que le marque un rumbo o que lo oriente.

¿acaso los neuróticos estamos tan orientados? ¿Acaso

<J) Pero

~ nuestro sentido no huye? ¿Acaso podemos decir lo real?

0 No, porque nunca alcanzamos lo real con el sentido. Si bien los •Z sentidos nos marcan un rumbo, no hay un rumbo fijo, un sentido úni- § co, eso siempre huye por estructura. Sin embargo, el neurótico pue-

8: de detenerse en alguna parte gracias a ese punto de capitón que es el

56 Nombre del Padre.

En el Seminario 21 2 Lacan dice que lo imaginario es lo que detiene l'l desciframiento, es el sentido. "Es preciso detenerse en alguna par- te, e incluso lo más pronto que se pueda". En el psicótico, el desamarre imaginario puede hacer que el senti- do flote sin capitón. Podría decirse, entonces, paradójicamente que la relación con la lengua es más normal en el psicótico pues no se detiene en ningún sentido establecido que es lo que caracteriza el funcionamiento de la lengua. Siempre flota por los sentidos.

La fuga del sentido

¿Por qué Lacan dice que el sentido es imaginario? Y además, dice que es lo imaginario lo que detiene el desciframiento. Para seguir a Lacan en estas vueltas de su pensamiento, nos va a ayudar hacer una diferencia entre la cifra del sentido y la determina- ción del sentido. La cifra del sentido es el significante en tanto no dice nada, es el

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puro ciframiento del goce.

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Por otro lado está el sentido que este significante toma, que pue- ~ de ser infinito pero que en un punto detiene el ciframiento. Esta es la

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determinación del sentido.

Esta detención está del lado de lo imaginario, no es un punto en

que se toca lo real, es una mentira.

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La cifra del sentido es lo real del sentido, es su fuga y es disjunto

de la determinación del sentido en tanto efecto de detención. Cuando pensamos en la cifra del sentido planteamos un goce que

 

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se produce en el camino de un zig zag infinito, qonde nunca se cap- tará lo real pero hay goce en este mismo despiste de la palabra.

La huida es estructural, no hay sentido del sentido como no hay

Otro del Otro.

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Lacan cambia en "Televisión" 3 lo que proponía en "La instancia g "

4 , ya no plantea que la batería significante abastece la

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de la letra

determinación del sentido. Allí dirá que la batería significante no abastece más que la cifra del sentido. Con el cambio de paradigma ya

sentido. Allí dirá que la batería significante no abastece más que la cifra del sentido. Con

no cuentan la metáfora y la metonimia como determinantes de la ob- tendón de sentido. En este nuevo paradigma, el significante es una cifra que se des- cifra y cada uno lo hace a su manera.

2 LACAN, J.: Seminario Los desengañados se engañan. (Inédito)

~ LACAN, J.: Radiofonía y Televisión, Anagrama, Barcelona, 1977

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Lacan decía que el goce (jouissance) es ante todo el joui-sens, o sea que el sentido gozado es el gozar del movimiento del zig zag, que es patente en el juego de lenguaje en el niño. Y el sentido gozado justa- mente, no tiene nada que ver con el buen sentido, es incluso lo con- trario. No tiene que ver con la determinación imaginaria del sentido. El sentido gozado tiene que ver con la cifra del sentido, no con su determinación. Miller dice que el joui-sens no sirve para nada, sino sólo para mostrar que sabemos pronunciar. Entonces huir es la manera misma del ser del sentido. Es un real que el sentido no se deje fijar y eso testimonia de la no relación se- xual. Esta es la relación del sentido con lo real.

La debilidad mental

Lacan va a decir que el ser humano no es como el animal, pues es un desorientado a partir de su castración, un perdido en su propio mundo. Su mente no lo pone nunca en relación con lo real, por eso su mentalidad es débil. Aquí Lacan utiliza su particular concepto de la debilidad mental, pues esta duplicidad propia del doble sentido del significante es lo que lo sumerge en la debilidad mental. Lacan siempre trató de trasmitir la ausencia de armonía en el ser parlante y le dio nombres: el conflicto, la spaltung, la castración, la no relación sexual. En la última enseñanza para nombrar esta ausencia de armonía propone la debilidad mental que nombra la desarmonía RSI. Aquí se vislumbra un rebajamiento del pensamiento en la teoría de Lacan. El sentido miente. La mentalidad es dicha "mientalidad "porque que el parletre miente, es un hecho. El pensamiento, la intelligencia, quedan para Lacan en este sentido del lado de la debilidad mental In- telligere =leer entre líneas, implica la duplicidad del sentido y esta es- puma del sentido, como la llama en el Seminario 21, es la debilidad mental. Lo sentido, (senti) mental, es débil porque siempre es por algún sesgo reductible a lo imaginario. Recordemos que la determinación del sentido es imaginaria, producto de la fuga infinita de sentido

~ Para Lacan el sentido es débil mental y desde esta perspectiva to-

dos somos débiles. Miller dice que la última enseñanza de Lacan empieza cuando el ~ pensamiento pierde su categoría simbólica para pasar a lo imagina- rio.

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58 En relación al concepto de lo real en tanto que excluido del senti-

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do, todo lo que proporciona sentido cobra el valor de futilidad y de elucubración.

Enfermedades de la mentalidad

Podemos entender ahora a qué llama Lacan las enfermedades de la mentalidad. J.-A. Miller nos cuenta que ha tomado al vuelo este término utilizado por Lacan en sus presentaciones de enfermos, de hecho no lo encontramos en sus escritos o seminarios. Miller en "Las enseñanzas de la presentación de enfermos" 4 ca- racteriza a los enfermos de la mentalidad como aquellos que no to- man la palabra en serio pues la misma dimensión del Otro está en dé- ficit, esto los diferencia de los enfermos del Otro donde hay un Otro consistente. Decíamos que todos tenemos una mentalidad desorientada que no nos pone en relación con lo real pero hay algunos sujetos que no pueden abrochar un sentido. Su lengua no se encuentra surcada por

5 1 amos y se produce entonces, la fuga metonímica sin significación.

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Si no se hace un lazo al Otro, incluso al Otro significante, 5 2 ,

la len-

gua queda sin referencia. La lengua en ellos es un caos, las palabras

 

saltan unas sobre otras, sin peso del sentido, privadas de la articula-

ción al Otro.

Así es como llamamos débiles a los que no están inscriptos en un

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discurso

pues no se inscriben el discurso del Otro.

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Estos sujetos, dice Lacan, sufren de la mentalidad. Seguimos las enseñanzas de Los inclasificables 5 y entendemos >< ahora cómo estos sujetos pueden estar en un flotamiento perpetuo, ~ pues sufren de puros equívocos de la lengua sin capitón, sin el lastre del discurso que realiza el Nombre del Padre. ~ "Su extravío obedece a la falta de sometimiento a la escansión ~ simbólica. No fueron convenientemente capturados por lo simbólico y guardan respecto de él un flotamiento, una inconsistencia, cuya S reabsorción, con frecuencia no puede esperarse". ~ Hay distintas formas descriptas, por ejemplo, aquellos que se ~ acercan al puro semblante. Puro semblante implica que no se articu- la lo real del cuerpo pulsional, son sujetos que no tienen cuerpo. El ~ ejemplo aquí es Pessoa y sus múltiples personalidades. Incluso se puede pensar a Joyce como ejemplo, con la falta de uni-

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4 MILLER, J.-A.: Uno por uno N°44, Eolia, Paidós, España, 1997.

5 MILLER, J.-A. y otros: Los inclasificables de la clfnica psicoanalftica, Paidós,

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As., 1999.

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ficación en un yo fuerte que lo que caracteriza a las enfermedades de la mentalidad. Se ubican aquí también la manía y la melancolía siguiendo esta caracterización de su relación a la lengua y al punto de basta. "La manía es una enfermedad del punto de basta, en la que se pierde el freno del sentido. Es una enfermedad de la puntuación. Sin puntuación en la cadena no hay efecto sujeto. El maníaco al evitar el punto de capitón evita ubicarse como sujeto. Extrae un goce excesivo de la lengua, triunfa sobre la gramática. No hay amo, él es el amo. En el melancólico falla la puntuación porque interrumpe en gene- ral su discurso antes de que haya posibilidad de puntuación o bien se calla resueltamente. En la melancolía, se trata del objeto a por fuera de toda puntua- ción fálica. El a queda sin relación al brillo fálico. Al no haber puntua- ción fálica no hay relación al discurso inconsciente. El sujeto no se ve confrontado con el Otro del significante sino con el lugar de la letra, donde el sujeto se ve excluido como viviente".

Vemos que tanto en la neurosis como en la psicosis, la debilidad de lo mental es el malentendido, pero entre la tontería, el puro neo-· logismo y el chiste hay la diferencia que logra la articulación del Nombre del Padre. Para aquellos que no cuentan con este articulador habrá que buscar otra puntuación, otro broche que reduzca el sufri- miento que la mentalidad les acarrea.

Bibliografía

LACAN, Jacques: Radiofon(a y Televisión. Anagrama, Barcelona, 1977. -: "La instancia de la letra en el inconsciente", en: Escritos I, Siglo Veintuno editores, Bs.As., 1988. -: "Introducción a la edición alemana de los escritos", en: Uno por Uno, n° 42, Revista Mundial de Psicoanálisis, Madrid, 1995.

-:El seminario, Libro 20, Aun, Paidós, Bs.As., 1981. -: El seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Bs. As., 2006. -:Seminario Los desengañados se engañan. (Inédito)

MILLER, Jacques-Alain: "La fuga del sentido". Curso inédito.

Cf)

-y otros: Los inclasificables de la clfnica psicoanalftica. Paidós, Bs.As., 1999.

-: Lectura del Seminario 5 de J. Lacan, Paidós, Bs. As., 2000.

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El objeto en La lógica del fantasma:

tres casos*

CATALINA ADRIANA GUERBEROFF

En "Reseñas de enseñanza"\ Lacan precisa la consistencia lógica del objeto a que había desplegado en el Seminario La lógica del fantas- ma2. Luego de la última clase de este seminario y antes de la prime-

ra sobre El acto analftico agrega una nota al pie del escrito "De una ~

cuestión preliminar

esa nota afirma que "el campo de la realidad sólo se sostiene por la >

extracción del objeto a que sin embargo le da su marco

ción del objeto, necesaria y verificable en las neurosis, está en el fun- l"l damento de su Lógica del fantasma. Sin intentar una cronología, se tra- ta de ubicar de qué modo se prolongan en este seminario las articu- ladones entre objeto a y castración de los Seminarios 10 y 11, y sobre la posición del niño respecto de la relación padre-madre-hijo como ;

síntoma de la pareja parental u objeto del fantasma materno que va a fijar dos años después en "Dos notas sobre el niño" 4 . Los fragmentos de tres casos mostrarán el valor de esos desarrollos para la clínica con niños.

a todo tratamiento posible

de la psicosis" 3 . En

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Este texto es un extracto de la clase dictada el 18 de septiembre de 2005 en el seminario "Hacia la castración" del Departamento de Estudios so- bre el niño en el discurso analítico Pequeño Hans. LACAN, J.: Reseñas de enseñanza. Hacia el Tercer Encuentro Internacional del Campo Freudiano, Bs.As., 1984.

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3

LACAN,

J.:

Seminario La

lógica del fantasma, 1966-1967, (Inédito).

LACAN, J.: "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la

 

psicosis", en: Escritos 2, Siglo Veintiuno editores, México D.F., 1975, pág.

;.

239.

4

LACAN, J.: "Dos notas sobre el niño", en: Intervenciones y textos 2, Manan-_!_

tial, Bs. As., 1988.

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Parte de la escritura de la fórmula del fantasma que representa a la división del sujeto en su lazo con otra cosa llamada a. A partir de ese objeto a establece la lógica del fantasma, insistiendo en dar forma lógica al lazo del sujeto con el objeto a, al que desde la primera clase distingue de todo lo imaginario que se asienta allí. Si la reunión e in- tersección de dos conjuntos vacíos producían una positivización -el objeto a- por la lógica del fantasma, vía el grupo de Klein, teoriza al objeto como consistencia lógica: el objeto es una falta, como el aguje- ro central del toro. Recién cuando termine de elaborar el concepto de plus de goce ese objeto volverá a positivizarse y tendrá por función recuperar algo del goce perdido. En el curso de las elaboraciones de Lacan podemos seguir las transformaciones que sufren las articula- ciones entre el significante y el goce. A una operación significante (alienación) respondía una operación relativa al goce, al objeto (sepa- ración). En el Seminario 11 las operaciones de alienación y separación eran operaciones de causación del sujeto: cómo nace un sujeto a par- tir del significante, en tanto que conjunto vacío, y cómo se comple- menta con un resto, el objeto a. Cuando Miller las retoma en La Lógi- ca del pase 5 indica que estas operaciones de causación del sujeto no to- can directamente a la experiencia analítica siendo necesarios muchos rodeos para articular la clínica a partir de ellas, mientras de La lógica del fantasma puede deducirse con facilidad una lógica de la cura. En esta época Lacan está trabajando la cuestión del pase -en el que debe verificarse la producción del objeto como consistencia lógi- ca- y formula por primera vez al analista en el lugar del objeto a. No se trata del objeto como sustancia sino de un lugar que es un vacío. De ahí que la posición del analista sea tratar de no consistir, a dife- rencia de la lógica que continuaba a Freud donde el analista podría estar en el lugar del Nombre del Padre, o en el lugar de Otro sin ta- char. En este seminario la operación analítica está sustentada en un objeto que es el analista, y esta lógica no puede producirse sin la ope- ración de la transferencia. Lacan está intentando articular la metapsicología freudiana, rela- cionando inconsciente y ello, significante y goce. Ya no se trata de los conjuntos ser y sentido del Seminario 11 sino de la conjunción incons- ciente-ello, que ahora interseca nombrándolos no pienso y no soy. En ffl esta ocasión la elección, la elección forzada, no es entre el ser y el sen-

3 tido, donde algo de ser aunque mínimo se elegía: "la bolsa o la vida",

i o "el pito o la mamá" si pensamos en niños. La elección ahora va a

~ ~' por el 'no pienso" ya que al no pensar mantiene el ser, el que le da

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MILLER, J.-A.: La logique de la passe, L'Orientation Lacanienne, Angers,

1994.

l'l fantasma, el que le da el goce, el ser que le da el yo. Al elegir el no f'ienso parece quedar de lado el inconsciente, que será algo que habrá que producir. Esto se ve frecuentemente en los niños que llegan con "mucho" yo, o con "mucho" fantasma, o con "mucha" pulsión; este "mucho" describe el desborde con que pueden presentarse. Y se tra- ta de hacer algo con ese exceso de ser o con el poco de ser que los de- ja en el absoluto no pienso. Para Lacan hay que llevar el yo a la lógica del ello; donde había yo encontrar la lógica, que es la del ello. Lacan plantea la lógica de la cura con el fantasma como sostén: la construcción del fantasma como guía de la cura y su atravesamiento como su final, ya que el fantasma es lo más articulado al goce que hay en el campo de la palabra y el lenguaje. Más tarde propondrá que el goce está primero y que el inconsciente goza cifrando. El analista tra- baja con la palabra, y en el campo del lenguaje no hay ninguna ope- ración por la cual podamos llegar en cortocircuito al goce del sujeto. El fantasma es lo que desde el principio muestra una articulación en- tre significante y goce, significante y pulsión. Pero a la vez que sostie- ne al deseo el fantasma hace desaparecer a la pulsión, es decir que también se pierde el goce de la pulsión en el fantasma y así lo de- ~ muestra en estas clases: recién a partir de que se pierde un objeto al- go de la pulsión podrá recuperarse. El final de la cura no sería sola- ~ mente llegar a una versión del falo o de lo que se pierde de falo en re- !ación al deseo -el deseo imposible, el deseo insatisfecho- sino que

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habría que poder llevar a un sujeto a que algo de la pulsión se satis- 8 faga más allá del fantasma que lo eclipsa. Esto va a ser el plus de gozar. Podríamos ubicar -y se ve bien en los niños- al sujeto que llega re- chazando el inconsciente y gozando del fantasma, y habría que lle- ><

vario a consentir al inconsciente. Esto que vale para cualquier sujeto,

en algunos niños presenta otras dificultades ya que además del re- ~ chazo del inconsciente muchas veces la profusión "imaginaria pone de manifiesto la fragilidad del fantasma para que el sujeto pueda sos- tenerse allí. Frente a la opacidad del deseo del Otro, el sujeto respon- de ofreciéndose él mismo como objeto para colmar lo que le falta al S Otro. En el análisis con niños observamos con claridad esta posición ~ de no pienso, y la positivización de goce en el yo y en el fantasma. a Es importante diferenciar "Posición del inconsciente" y Seminario ~ 11 por un lado, y Lógica del fantasma por el otro. En los primeros, plan- ~ tea que frente al inconsciente y su apertura -actos fallidos, formado- nes del inconsciente- el objeto se patentiza como cierre; algo del go- ~ ce se positiviza pero funcionando como un punto de cierre, y la trans- ferencia sería un momento de cierre ligado al engaño del amor. En ~ Lógica del fantasma aborda la consistencia lógica del objeto. Frente a la ~ inconsistencia del inconsciente el objeto a puede dar alguna consis- 63

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tencia a partir de la falta en que se fundan los objetos, y a partir de esa pura falta, por la operación verdad-transferencia, podrá tomar función de causa para el deseo.

Agostina

Lo que sigue son algunas notas sobre los primeros tramos del tra- tamiento de una niña de siete años. Tiene serias dificultades de aten- ción, cada vez más marcadas a pesar de ser muy inteligente; la con- sulta se hace a pedido de la escuela. Muy competitiva, quiere ser la mejor y ser elegida siempre; seduce a los adultos pero con sus pares no le resulta tan sencillo. Ha robado objetos de sus maestras y com- pañeritos. Es descripta por sus padres como charleta y fantasiosa; es- tá muy preocupada por el tema novios; el padre dice que entre Agos- tina y él hay "una relación incestuosa edípica guasa". Ante mi pre- gunta comentan que desde los cinco años se masturba con frecuen- cia, frotándose contra el muslo de algún adulto. Desde los tres o cua- tro años sabe que es adoptada. Agostina me plantea de entrada sus problemas escolares, y agrega que "la escuela es muy importante" -le pregunto para quién, responde que para ella y su papá-. En la segun-

da entrevista pregunta: "¿ya entendiste las cosas que me pasan?". Hasta

acá, y en el marco del Seminario 11, rápidamente podemos pensar:

transferencia, supone que yo sé. Más adelante irrumpe en primer plano el amor que estaba presente desde los primeros encuentros a través de notitas y dibujos llenos de corazones donde escribía "Agos- tina y Catalina" y relata sus sufrimientos por amor: dice que se distrae porque ama mucho a su novio, y que quiere ser mamá. También di- ce que la mamá sueña con que ella tenga un hermano y que va a te- ner un hermano, lo que no es cierto. El amor aparece de una manera muy impactante, no sólo en sus dibujos y escritos, sino que cuando puede se cuelga de mi cuello y me abraza. Este amor que me dedica pone de manifiesto este a como tapón, como cierre del inconsciente, también presente en su modo permanente de consumir objetos. Esta posición no podría explicarse solamente con Lógica del fantasma, no sólo por tratarse de los inicios del tratamiento sino porque está en <J) primer plano su dedicación a tapar la falta en el Otro a través de sus ~ pantomimas de amor. Por otra parte, porque es posible servirse de

0 los argumentos que cada seminario puede aportar para iluminar un ·~ caso, o algún momento de una cura, sin pensar que la última ense-

o ñanza de Lacan hace desparecer el valor de la anterior.

~ En La lógica del fantasma está en primer plano el objeto como pér-

64 dida, como castración, como falta, un objeto que no hay y que puede

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tomar distintas modalidades: en la "Nota a los italianos" 6 Lacan las llama "las sustancias episódicas del objeto". Si se soslaya este con- cepto suele pensarse que cuando el chico hace caca se trata del obje- to anal. Todo fantasma se sostiene en algo del orden de la voz -por el lado del superyó o de la frase gramatical- y de la mirada. Ya en el se- minario sobre La angustia el objeto en falta sostenía los objetos imagi- narios. En el Seminario 11 este objeto aparece positivizado, positiva- ción como cierre. El recorte clínico elegido da cuenta de esta concep- l ualización. En La lógica del fantasma va a promover la consistencia lógica del objeto a frente a la inconsistencia del inconsciente, comienza con la fórmula del fantasma y concluye con el objeto a como pura falta que causa al sujeto, fórmula que retoma del seminario sobre La angustia. De La lógica del fantasma quiero desarrollar la referencia a Marx y a la Economía, única manera para Lacan de entender la castración como desligada del pene. A consecuencia de sus desarrollos que parten de Marx y de Lévi-Strauss, la castración tiene que ver cada vez menos con el cuento de Juanito de una canillita que puede estar o no estar, o con la prohibición de la masturbación. Según Lacan solamente el psi-

coanálisis, la castración tal como la entiende el psicoanálisis, puede B

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dar la clave de lo que es la economía, la circulación de objetos y el go- ce. De la Antropología de Lévi-Strauss recoge que el intercambio es de mujeres. Si ellas circulan es porque tienen algún valor, y en esto pien-

Lévi-Strauss recoge que el intercambio es de mujeres. Si ellas circulan es porque tienen algún valor,

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sa que el psicoanálisis da la clave de lo que falta en la economía. Para que los objetos circulen, tengan valor de cambio, tienen que perder su

valor de uso. Algo se pierde en un lugar para que pueda positivizar- se en otro. ¿Cómo sería para el psicoanálisis? Para el sujeto todo lo >< que circula tiene valor fálico, si vale es porque tiene que ver con el fa- lo. ¿Quién representa al falo?: las mujeres. Circula el valor, circulan las

mujeres, pero la unidad de medida la da el falo, algo perdido por la 6 imposibilidad propia del goce autoerótico y que la amenaza de castra- ción puede redoblar. Si la mujer tiene valor fálico -después podrá ~ transformarse en objeto de goce, ser poseída- es porque se perdió el valor de goce que tenía el pene. Lacan recurre a varios ejemplos: la ~ amenaza de castración, pero también la detumescencia -y el objeto a ~ como la diferencia que habría entre el pene erecto y el pene en detu- ~ mescencia-. Lo interesante es esta articulación entre el significante, el valor, algo absolutamente simbólico que se intercambia, y lo que tie- ne que ver con el goce, con la satisfacción, con algo que no puede ser aprehendido ni entendido y que es un plus en esta economía; esta ar-

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6 LACAN, J.: "Nota a los italianos", en: Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis,

EEP, Granada, 1991.

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ticulación la da la castración. Lo que circula es el valor de la cosa, no la cosa misma; el objeto a no tiene esencia ni es especularizable, y sin embargo a partir de cierto momento algo puede simbolizarse, puede haber ecuaciones y puede hacerse la metáfora pene-niño-heces. La- can insiste en estas clases en la inconmensurabilidad del significante

y el objeto a, tratando de logicizar esta relación en la cual las cuentas nunca dan cero sino -Ji. El deseo por un niño está en las ecuaciones de la madre, y también la idea de unidad, de que se puede ser uno con

el otro, en tanto que la idea de castración la pone el padre, quien de-

be haberse separado de su madre para acceder a una mujer -acá están ya los elementos que después desarrollará en RSI-.

Carolina

Las notas siguientes están tomadas de algunas entrevistas con

una nena de casi seis años y deben entenderse a la luz de la nota agre- "

7 , donde Lacan sostie-

ne la necesidad de la extracción del objeto para que se constituya el campo de la realidad a la que da marco del fantasma. ·

Se trata de una chiquita a la que recibí durante dos semanas casi todos los días, a partir de un llamado urgente un fin de semana. Me llaman para saber si podía atender a una niña que se suponía vícti- ma de un abuso sexual; accedo al pedido informando que dos sema- nas después yo interrumpiría por vacaciones. Los antecedentes: era un sol, pero cuando tenía tres años, un año después del nacimiento de su hermanita, empezó a apagarse y a ponerse agresiva. Una psi- cóloga de la prepaga con la que mantuvo seis entrevistas no encon- tró nada patológico aparte de los celos fraternos normales. Un mes

antes de la consulta conmigo comenzó a decir a la madre: "te quiero;

te odio", y quince días después que la cachucha le ardía; estaba obse-

gada en 1966 a "De una cuestión preliminar

sionada por secarse el pis porque se sentía siempre mojada. Dos días antes de la consulta había comenzado con la idea de que su cachucha

le quería hablar, que se la mataban con un revólver, que sus manos

eran dos arañas que controlaban cada una la mitad de su cuerpo. Un día después comenzó a decir que las lámparas le hacían pis y caca en la cabeza, que no le sucede sino que lo piensa y pide a la mamá que

~ haga parar esas ideas. Fantasea con gente desnuda en la bañera; tam-

o bién cree ser la novia del protagonista de una novela de televisión. La •Z mamá cuenta su propia historia: hija única de padres a los que des- § cribe como muy narcisistas, relata problemas de alimentación y de-

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Cfl