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i AIME CESAIRE DISCURSO Sterling C. Evans Library ‘ SOBRE EL COLONIALISMO: (fragmento) LUIS A, AROCENA Book Collection | Texas A&M Univers UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA DE MEXICO ‘COORDINACION DE HUMANIDADES CENTRO DE ESTUDIOS LATINOAMERICANOS | Facultad de Filosofia y Letras | "UNION DE UNIVERSIDADES DE AMERICA LATINA Aime Cesaire (1913) poeta antillano, nacido en Basse Pointe» Martinica, Creador, junto con el africano Leopold Sédar Senghor, del movimiento de reivindicacién de 1a raza negra Haiaado “negritud”. En Francia, donde va a estudiar, junto con Senghor, publica L’Etudiant Noir en donde xe injeia la bésqueda de los valores de la raza negra y se hace de Ja negritud bandera de esta raza. En su tierra natal a, publicé la revista Tropiques. Entra al Partido Comunista y sale diputado por Martinica ante la Asam- bblea Constitucionsl francesa y en la Asamblea Nacional, Rompe después con el Partido Comunista. Su postura cor: tra el colonialismo se endurece. Entre otras muchas obras el poeta antillano publica en 1965 Cuaderno de un retorno at pais natal. Obra ya clisica en la que expresa, poéticamente, su preocupacién por el hombre y la cultura negros. Dos obras de teatro, La trage- dia det Rey Christophe, y Una Tempestad. Esta sltiwa es tuna reinterpretaciGn de Ia obra de Shakespeare, La Tem- pestad. En 1955 escribe un alegato contra el colonialismo que titula Discurso sobre el colonialismo. Es 1a protesta del hom- bre negro contra la Cultura Occidental que le ha negado y Je niega su calidad humana. El discurso que, desde ottos 4ngulos se expresara en otfos latinoamericanos contra la negacién de lo humano. Frantz Fénon, en ua principio su diseipalo, mantendré esta protesta y ‘motira por ella en Argelia, pero haciendo de lado ef caricter racial de Iz mis- ‘ma. EI trabajo que publicamos es una parte del libro de Césaire aparecido en espaiiol en la Revista Casa de las Américas, en La Habana, Cuba, (Ci. Rene Depestre, LA~ TINOAMERICA 14 y Coulthard, LATINOAMERICA 51). DISCURSO SOBRE EL COLONIALISMO Aime Cesaire Una civilizacign que se muestra incapaz de resoh problemas que su funcionamiento suscita, es una ci cién decadente. Una civilizacién que decide cerrar los ojos a sus pro- blemas cruciales, es una civil zacién que escamotea sus principios, es una civilizacién moribunda. El hecho es qué la civilizacién Wamada “europea”, la civilizacién “occidental”, tal_ como la configuran dos siglos de régimen burgués, resulta incapaz de resolver los dos ma- yores problemas a que su existercia misma ha dado origen: el problema del proletariado y el problema colonial; que, Hamada a comparecer ante ef tribunal de la “razén” 0 el de la “conciencia”, esta Europa se revela impotente para justificarse, y que, a medida que pasa el tiempo, se refugia en una hipocresia tanto mas odiosa cuanto menos posibi- lidades tiene de engafiar a nadie. Europa es indefendible Esta parece ser la conclusién que se confian al ofdo los estrategas norteamericanos, Eso, en si mismo, no es grave. Grave resulta que Europa sea moral y espiritualmente indefendibte. 'Y hoy dia ocurre que no son s6lo las masas europeas Jas que la incriminan, sino que, en escala mundial, esta misma acusacién es proferida por decenas y decenas de millones de hombres que desde lo més profundo de la escla- vitud se erigen en jueces Pueden asesinar en Indochina, torturar en Madagascar, encarcelar en el Africa Negra y arrasar em fas Antillas. En Jo adelante, los colonizadores sabrén que tienen por sobre Jos colonialistas una ventaja. Saber que sus “amos” cir- ‘cunstanciales mienten. De modo que son débiles sus amos. Y ya que tengo que hablar de colonizacién y de civil zacién, vayamos directo a la mentira principal a partir de Ja cual proliferan todas las demas, {Colonizacién y civili- En este asunto, 1a més comtin de las desgracias es Ia de servir de hazmerreir de una hipocresia colectiva, habil en eso de plantear mat los problemas pra mejor legitimar las detestables soluciones que se les brindan. Esto es tanto como decir que squi lo esencial es ver claro, pensar claro (Iéase peligrosamente) y responder cla- ro a la inocente pregunta inicial: jqué es en principio la colonizacién? Ponerse primero de acuerdo en lo que no es: ni evangelizacién, ni empresa filantrépica, ni voluntad de hacer retroceder Ias fronteras de la ignorancia, de la en- fermedad, de la tirana, ni propagacion de Dios, ni difu- sién del Derecho; admitir, de una vez y por todas, sin tra- tar de evadir las ‘consecuencias, que aqui la sltima palabra Ia dicen el aventurero y el pirata, el gran almacenista y el srmador, el buscador de oro y el comerciante, el apetito y la fuerza, seguidos de la sombra amenazadora y maléfica de una forma de civilizacién que en un momento de su historia se descubre intimamente obligada a extender al plano mundial la competencia de sus economias antagénicas. Siguiendo con mi andlisis, yo creo que Ia hipocresia data de fecha reciente: que ni Cortés cuando descubre México desde lo alto del gran teocalli, ni Pizarro frente al Cuzco (mucho menos Marco Polo frente a Cambalue), se quejan de ser los proveedores de un orden superior: que maten, que saqueen; que leven cascos, lanzas y codiciosos propé- sitos; que los impostores vinieron después; que el maximo responsable de esto es el pedantismo cristiano, por haber planteado las deshonestas ecuaciones de eristianismo-civili- zacién, paganismo-salvajismo, de las que no podian por me- nnos que desprenderse abominables consecuencias colonia- listas y racistas cuyas victimas serian los indios, los ama- rilos y los negros. ‘Aclarado esto, admito entonces que poner en contacto las diferentes civilizaciones ¢s bueno; que €s excelente casar mundos distintos; que una civilizaci6n, cualquiera que sea su intimo genio, al replegarse en si misma, se marchita: que 41 intercambio sirve en este caso de oxigeno, y que la gran suerte de Europa esté en haber servido de encrucijada, y que, por haber sido centro geométrico de todas las ideas, Teceptaculo de todas las filosofias ,albergue de todos los sen= fimientos, se ha convertido en el mejor de los generadoses de energia, ‘Ahora bien, yo hago a siguiente pregunta: jes que en realidad Ja colonizacién ha puesto en contacto? O, si se prefiere, de todas las formas de establecer contacto, era ésta Ia mejor? 6 Yo digo que no. Y digo que de la colenizacién a la eivilizacién la distan- cia es infinita; que, de todas las expediciones coloniales acu- muladas, de todos los estatutos coloniales elaborados, de todas 1as circulates ministeriales expedidas, no sale airoso ni un solo valor humano. Habfa que estudiar primero c6mo trabaja Ia colonizacién para descivilizar al colonizador, para embrutecerlo, en el sentido exacto de la palabra, para degradarlo, para desper- tarlo a sus escondides instintos ,a la codicia, a la violencia, al odio racial, al relativismo moral, y demostrar que, cada vez que en Vietnam cortan una cabeza o sacan un ojo y en Francia se acepta, violan a una muichacha y en Francia se acepta, sacrifican 2 un malgache y en Francia se acepta, tun logro’de Ia civilizacién pende con peso muerto, una regresiGn universal se opera, una gangrena se instala, un foco de infeccién se extiende, y al final de todos esos’ tra- tados violados, de todas esas mentiras propagadas, de todas esas. expediciones punitivas toleradas, de todos ‘esos pri- sioneros atados © “interrogados”, de’ todos esos pattiotas torturados, al final de ese orguilo recial enardecido, al final de esa jactancia desplegada, esta el veneno inoculado en tas venas de Europa, y el progreso lento, pero seguro, de la salvajizacién del continente. ¥ entonces, un buen dia, la burguesia se despierta de una sacudida formidable: gestapos muy atareadas, prisiones re~ pletas, torturadores que inventan, refinan y discuten junto a sus’ torniquetes, Uno se extrafia, se indigna. Uno dice: “Qué raro! (Pero, bah! jEs el nazismo, ya pasaré! Y uno aguarda, y uno es- era; y uno se oculta a si mismo Ia verdad: que se trata de una barbarie, pero de la barbarie suprema, Ia que co- rona, la que resume la cotidianeidad de las barbaries; que es el nazismo, sf, pero que antes de ser victima se ha sido ‘eémplice; que a’ese nazismo se le ha soportado antes de sufrirlo, que se Te ha absuelto, que se han cerrado los ojos frente a él, que se le ha justificado, porque, hasta exe mo- mento, s6lo habia actuado contra pueblos no curopeos; que ese nazismo ha sido cultivado, que uno es el responsable, y que, antes de engullirlo en sus rojizas aguas, se fitra, pe- ietra, gotea, por las rendijas de Ia cristiana civilizacién occidental, ‘Si, valdrfa Ia pena estudiar, clinicamente, en detalle, tos pasos dados por Hitler y el hitlerismo, y enterar al muy distinguido burgués del siglo 2c de que lleva dentro de si a un Hitler ignorado, que Hitler lo habita, que Hitler es su 7 demonio, que si él, burgués, lo vitupera, no es més que por falta de légica, y que, en el fondo, lo que no per~ dona a Hitler no ¢s el crimen en si, el crimen contra el hombre, uo es la humillacién det hombre en si, sino el cri- men contra el hombre blanco, Ia humillacién del hombre blanco, y ef haber aplicado a Europa procedimientos colo nialistas contra los que se alzaban hasta ahora s6lo los 4ra- bes de Argelia, los culies de la India y los negros de Africa. 'Y es ése el gran reproche que hago al seudohumar al de haber aminarodo por demasiado tiempo les derechos el hombre, el haber tenido sobre ellos y mantener atin un riterio estrecho y parcelario, parcializado y parcial y, en fin de cuentas, sérdidamente racista, ‘He hablado mucho de Hitler. Es que él se Jo merece: él permite ver claro y entender que la sociedad capitalista, en su estado actual, es tan incapaz de fundamentar uno solo de los derechos de la gente, como impotente se declara de fundamentar una moral individual. Quiérase o no, al final de ese callején sin salida que es Europa —es decir, la Eu- topa de Adenauer, de Schuman, Bidault y otros—, est Hi- tler. Al final del capitalismo, ansioso de sobrevivirse, est Hitler. Al final del humanismo formal y del renunciamiento filosético, esta Hitler. Y es entonces cuando me viene a la mente una de sus frases: “Aspiramos, no a Ia igualdad, sino a la dominacién, El pais de raza extranjera deberd convertirse en pais de siervos, de jornaleros agricolas 0 de trabajadores industria- les. No es cuestién de suprimir las desigualdades entre los hombres, sino de’ ampliarlas y hacerlas ley”. Esto suena terminante, altanero, brutal y nos sitéa en pleno y aullante salvajismo, Pero bajemos un escalén. {Quién habla? Vergiienza me da decirlo: es el humanista ‘occidental, el filésofo “idealista”. Que se ame Renan, es pura coincidencia. Que esto provenga de un libro titulado La reforme ‘intellectuelle et morale, que haya sido esctito en Francia al dia siguiente de terminada una guerra que, porque Francia lo quiso, fue del derecho contra la fuerza, es algo que dice mucho de las costumbres burguesas, La regeneracin de las razas inferiores 0 bastardas por Jas razas superiores, entra en el orden providencial de 1a hhumanidad. El hombre del pueblo es casi siempre, entre nosotros, un noble desclasado, su pesada mano esta he- cha mas para ef manejo de fa espada que def instrumento servil. Prefiere-el combate al trabajo, es decir, que regre- sa a su estado primero. Regere imperio populos, he ahi nuestra vocacién. Vuélquese esta devorante actividad so- bbre paises que, como China, claman por la conquista cextranjera, Con los aventureros que alteran la sociedad europea hégase un ver sacrum, un enjambre como el de los francos, los lombardos 0 los normandos, y estaremos dando a cada uno su papel. La naturaleza ha hecho una raza de obreros, la raza china, de maravillosa destreza manual y sin casi ningtin sentido del honor; gobiérnesela con justicia extrayéndole, en aras de tal gobierno, un jugoso beneficio para ta ‘raze conquistadora, y se dard ppor satisfechas raza de trabajadores de la tierra es el ne- gro; séase bueno y humano con él y todo ir bien; raza de amos y de soldados es la raza europea, Redizcase a esta noble raza a trabajar en la ergéstula como negros © chinos, y se rebelaré. Toda rebelién es més 0 menos, en nosotros, un soldado que no ha seguida su vocacién, tun ser hecho para la vida heroica, y que se esté apli- cando a tareas contrarias a su raza, mal obrero y dema- siado buen soldado. Luego la vida que subleva a nuestros trabajadores haria feliz a un chino o a un fellah, seres que no son en modelo alguno militares. Haga cada uno aquello para lo que ha sido hecho, y todo ird bien, {Hltler? (Rosenberg? No, Renan. Pero bajemos todavia otro escalén. Y es el politico ver- oso. ;Quién protesta? Nadie, que yo sepa, cuando Albert Sarraut, al sermonear a Tos alumnos de Ia escuela colonial, les ensefia que seria pueril oponer a las empresas de colo~ nizacién europeas “un pretendido derecho de ocupacién y no sé qué otro derecho a un aislamiento hurafio que pere~ rnizarla en manos incapaces ta vana posesién de riquezas ociosas”. 2¥ quién se indigna al oft a un cierto R. P. Barde ase- gurar que los bienes de este mundo, “si permanecieran in- definidamente repartidos, como ocurriria caso de ao haber colonizacién, no responderfan ni a los designios de Dios, ni a las justas exigencias de la colectividad humana”? ‘Sin olvidar, como afirma su colega en cristianismo, el R. P. Muller, “gue 1a humanidad no debe ni puede tolerar que la incapacidad, la incuria y Ia pereza de los pueblos salva- jes dejen indefinidamente ociosas las riquezas que Dios les hha confiado con la misién de ponerlas al servicio del bien Nadie. Esto es, ningin escritor patentado, ningtin académico, ningsin predicador, ningin politico, ningin cruzado del de- 9 recho y de la religién, ningtin “defensor de la persona hu- mana” Y sin embargo, por boca de fos Sarraut y de los Barde, de los Muller y de los Renan, por boca de todos los que juzgaban y juzgan licito aplicar a los pueblos extraeuropeos, y en beneficio de naciones més fuertes y mejo requipadas, “una especie de expropiaci6n por razones de utilidad pé- biica”, ;Ya era Hitler quien hablaba! JA donde quiere Vegar? A lo siguiente: que nadie colo- niza inocentemente, que nadie colonize tempoco impune- ‘mente; que una nacién que coloniza, que una nacién que justifica la colonizacién —y por tanto la fuerza— es ya una civilizacién enferma, una civilizacién moralmente minada que, irremisiblemente, de consecuencia ea consecuentia, de negacién en negacién, clama por su Hitler, o sea, por su condena. Colonizacién: cabeza de playa en una civilizaciéa de ta barbarie por donde, en cualquier momento, puede infil- ‘rarse la negacién simple y lana de la civilizacién. He sacado de Ja historia de las expediciones coloniales algunos rasgos que en otra parte cito con toda minucio- sidad, Esto es algo que no ha tenido la dicha de complacer a todo el mundo. jImaginense! Era como ponerse a sacar viejos esqueletos del armario. {Pero es que era initil citar al coronel de Montagnac, uuno de los conquistadores de Argelia? “Para ahuyentar las ideas que a veces me asedian, hago cortar cabezas y no precisamente eabezas de aleachofas, sno de hombres” {Era acaso conveniente negar 1a palabra al conde de Herison? “Es cierto que traemos un barrit Ueno de orejas recog das de par en par entre los prisioneros, amigos 0 enemi- B03”. {Flabria que rehusar a Saint Arnau del derecho a hacer su barbara profesién de fe? “Arrasamos, incendiamos, saqueamos, destruimos las ca- sas y 10s frboles”, gimpedir al mariscal Bugeand que sistematizara todo esto ea una audaz teoria que reclamaba los grandes antepasados? “Hace falta en Africa una gran invasién por el estilo de Jo que hacian los francos y lo que hacfan os godos”. {Habfa, en fin, que dejar caer en el olvide ta memo- rable accién de armas del comandante Gérard y no deci nada sobre la toma de Ambuke, una ciudad que, a decir 10 verdad, jams habfa pensado en defenderse? “Los tiradores slo tenfan orden de matar a fos hom- ‘bres, pero no se les pudo contener; embriagados por el olor de la sangre, no perdonaron a una sola mujer ni a un solo nigo. A la caida de ta tarde, por efecto del calor, s¢ extendié una ligera aiebla: era fa sangre de las cinco ‘mil victimas, Ia sombra de la ciudad, que se evaporaba al sol poniente™ {Si no son ciertos estos hechos? ;¥ 1a sédica volupmuo- sidad, ef goce indescriptible que nos le erizan el lomo a Loti cuando tiene en la punta de sus anteojos de oficial una ‘buena masacre de anamitas? ;Cierto o falso? Y siendo ciertos estos hechos, como nadie puede negar, se dir en- tonces, para minimizarlos, que ¢50s cadéveres no prucban nada? Por ‘mi parte, si he mencionado algunos detalles de ‘esas pavorosas carnicerias, no lo he hecho buscando una morbosa delectaciéa, sino’ porque pienso que de esas ca- bezas de hombres, de esas recogidas de orejas, de esas casas quemadas, de esas invasiones goticas, de esa sangre hu- meante, de esas ciudades que se cvaporan al filo de 1a es- padz, no qos desharemos tan facifmente, Todo esto prueba Gue al colonizacién, repito, deshumaniza aun al mas civi- Tzado de los hombres; que la accién colonial, la empresa colonial, In conquista ‘colonial, basada en el desprecio al hombre indigena y justificada por ese desprecio, tiende ine~ vitablememe a modificar al que la emprende; el colonizador que, para irse haciendo a Ia idea, se habitda a ver en el otro & la bestia y a tratarlo como bestia, tiende objetiva- mente a trasformarse él mismo en bestia. Es este hecho, esta regresién de la colonizacién lo que yo queria sefialar. {Pareialidad? No. Es que hubo un tiempo en que estos mismos hechos eran motives de orgullo, un tiempo en él gue no se tenfa pelos en la lengua. Una altima cita; la tomo de un tal Carl Siger, autor de un Essai sur la colonisation.* 1 Se tata det relsto de fn toma de Thouan-An publicado en. el igaro, en septiembre de 1883, y citado en el Miro de N. Ser ban, Loto, 1a ia, son oewsre Gomenzaba la. gran matanza. Se habia organizado un fueKo Smultineo! Y daba gusto ver cémo aquellos racimor de bales we dellmente ditigibes, se abatian sobre ellos dos veces por Ininuto, precedider de Ja vor de mando metddica y segura. Se vela 2 algunos completamente enloguecidos, que te reincor poraban provos del vertigo de cotrer... Haclan vigzags a lo lar sede aguells carrera de ia muerte; era eémico cémo se les alzaba {0 fopa hasta las eaderas...¥ después mos entreteniamos con tando los muertot", eteéters 2 Can Siger, Busei sur [a colonisation, Paris, 1907. " “Los pafses muevos constituyen un vasto campo abierto a actividades individuales y violentas que, en fas metré- polis, chocarian con ciertos.prejuicios, con’una concepcion prudente y met6dica de la vida, y que, en las colonias, pue- den desarrollatse con mayor libertad, y afirmar mejor, en consecvencia, su valor. De este modo las colonias pueden, hasta cierto punto, servir de valvula de escape a la socie- dad modema. Si ésta fuera Ia sinica ventaja, ya seria in- mensa”. En realidad, hay faltas que no esti en manos de nadie reparar y que no se han terminado nunca de expiar. Pero hablemos de los colonizados. Sé muy biem qué es fo que la colonizacién ha destruido: las admirables civilizaciones indias, y que nj Deterding, ni Royal Dutch, ni Standard Oil me ‘consolarén por los azte- cas ni por los incas. S€ muy bien de aquellas —condenadas a muerte— en las que esa misma colonizaciOn ha introducido el principio de la rvina: Oceania, Nigeria, Niasa. Sé menos de lo que hha aportado. ¢Seguridad? Cultura? ;Jurismo? Mientras tanto, observo y veo, dondequiera que se encuentran frente a frente colo- Tizadores y colonizados, Ie fuerza, fa brutalidad, Ia cruel- dad, el sadismo, el choque y, como parodia de formacién cultural, la fabricacién en serie de unos cuantos miles de funcionarios subalternos, sitvientes, artesanos, empleados de ‘eomercio e intérpretes, ‘necesarios a la buena marcha de Tos. negocios He hablado de contacto. Entre colonizador y colonizado no hay lugar sit la servidumbre, la intimidacién, la presién, los policias, el impuesto, el robo, la violacién, Ias culturas obligatorias, el menosprecia, la desconfianza, Ia altaneria, te suficiencia, la groseria de élites descerebralizadas y masas envilecidas, Ningdn contacto humano, sino rélaciones de dominacién y de sumisién que transforman al hombre colonizador ea vigilante, en sargento, en mayoral, en azote, y al hombre indigena en instrumento de produccién, Ahora me toca a mi plantear una ecuaci6n: colonizacién =cosificacién. igo venir la tormenta. Me hablan de progréso, de “rea lizaciones”, de enfermedades curadas, de niveles de vida elevados por encima de si mismos. Yo bablo de saciedades vaciadas de si mismas, de culturas pisoteadas, de institu- ciones carcomidas, de tierras confiscadas, de religiones ul- timadas, de magnificencias artisticas aniquiladas, de extra- 12 ordinarias posibitidades suprimidas. Me bombardean con hechos, estadisticas, kilémetros de catreteras, de canales y de vias férreas. Yo hablo de millares de hombres sacrificados en el Con- g0 Océan, Hablo de los que, en el momento en que escri- bo, estén cavando a mano el puerto de Abidjan. Hablo de los millares de hombres arreacados de sus dioses,, de sus tierras, de sus costumbres, de su vida, de la vida, del baile, de la sapiencia, Hablo de millares de hombres en los que hébilmente se kha inculcado ei miedo, el complejo de inferioridad, el tem- blor, el arrodillamiento, la desesperacién, el lacayismo. Me ofrecen el dato exacto de tonclatlas de algodén o de cacao exportadas, de hectireas de olives 0 de viéias plan- tadas. ‘Yo hablo de. economias naturales, de economias armo- niosas y viables, de economias a la medida del hombre in- ligena, desorganizadas, de necesarias siembras destruidas, de sub-alimentaci6n instalada, de desarrollo agricola tinica- mente orientado en beneficio’ de las metr6polis, de saqueo de productos, de saqueo de materias primas. Yo hablo tainbién de abusos, pero para decir que a los, de antes —muy reales— se han superpuesto otros —muy detestables—. Me hablan de tiranas locales puestos a buen recaudo, pero yo verifico que ,en general, se las entienden muy bien con los nuevos y que, entre étos, y los de antes y_ Vieeversa se establece en detrimento de los pueblos ua Circuito de buenos oficios y de complicidad. Me hablan de civilizaci6n, y yo habla de proletarizacién y de mistifi- cacién. ‘Yo, por mi parte, hago Js apologta sistematica de las ci- vilizaciones paraeuropeas. Cada dia que pasa, cada juicio ignorado, cada paliza po- liciaca, cada reclamacién obrera ahogada en sangre, cada tscéndalo sofocado, cada incursi6n punitiva, cada carro del GRP., cada policia y cada soldado nos hacen pagar el pre+ io de nuestras viejas sociedades. Eran sociedades no sélo antecapitalistas, como st ha di- cho, sino también anticapitalistas, Eran sociedades comunitarias, no de todos para unos cvantos. Eran soviedades democriticas, también. Eran sociedades cooperativas, sociedades fraternales Hago la apologia sistemética de sociedades destruidas por el imperialismo. Ellas, que eran el hecho, que no pretendian en lo abso- 13 tuto ser fa idea, que no eran, a pesar de sus defectos, ni odiosas ni condenables. Se conformaban com ser. Ante elas no tenian sentido palabras como fracaso o avatars, Era qus en intacta, la esperanza. fientras que eran éstas las inicas palabras aplicables, con toda honestdad ls empresas curopeas fuera de Ev: ropa. Mi tinico consuelo es que las colonizaciones_pasan, que las naciones no permanecen mucho tiempo én el letar. 0, y que los pueblos quedan, 4 Dishes, parece como gue en ciros medios decir rieran en mi a un “enemigo de Europa” y profeta del re~ totno al pasado anteuropeo, may profes de Por mi parte, yo busco initilmente en qué momento pu- de pronuaciar ales palabras; cudndo se me hi visto sub- estimar Ia importancia de Europa en la historia del pensa- mato huano;eusndo se me fs oto preter un retoro ualguiera que éste sea; cudnda se me ha visto pretender que pudiera haber retorno. ae. La verdad es que dije algo muy distinto: a saber, que el $ran drama hist6rico del Africa ha sido menos su con- tacto demasiado tardio con el resto del mundo que la ma- nera en que se ha opecado ese contacto, que een el mo- mento en que Europa eae en manos de los financieros y de los capitanss de lz industria ms carentes de escrtipulos que Europa se “propaga”; que nuestra desdicha ha querido que sea esa Europa la que nos hayamos tropezado en el camino Y¥ que sea Europa responsable ante Ia comunidad humana el mayor montin de cadsweres de fa historia, Por otro lado, juzgando la accién colonizadora, agrebué que Europa ha sabido sacar muy buen partido de todos Tos feudales nativos que aceptaban ponerse. $0. servi uedir con ellos una vitosa complicdad; hacer més fect vas y sfieaces sus tranias; y que su accién ha tendido ni mis ni menos que a prolongar arificialmente Ia superviven- cia de tos panos losis en fo que de ms pemiioso tos —Dije —y es muy distinto— que la Europa colonizadora ha injertado abuso moderno en la antigua injusticla; odioso racismo en la vieja desigualdad. Que si de Jo que se trata era de seguir contra mi un proceso de intencién, yo man- tengo que la Europa colonizadora es desleal cuando legitima 4 posterior! la accién colonizadora apoyandose en evidentes Progrsos materilesesperinentadce en eros teens blo €1 régimen colonal, site tene en cuenta que la mutacin bbrusca es siempre posible, en la historia como fuera de ella; que nadie sabe qué estado de desarrollo material hubieran 14 alcanzado esos mismos paises sin la intervencién europea; {que el equipamiento téenico, la reorganizacién administra- fiva, Ia “europeizacion”, en’ una palabra, de Africa 0 de ‘Asia, fio estaban —comio 10 muestra e ejemplo japonés— Tigados en modo alguno a la ocupacién europea; que la eu- ropeizacién de los continentes no europeos podia no haber- se realizado bajo Ia bota de Europa; que ese movimiento de eucopeizacién estaba siendo; que fa resultado incluso re- tardado; que en todo caso ha sido falseado por 1a intromi- sign de’ Europa. Prueba de esto es que, en Ia actualidad, son los nativos de Africa y Asia los que recfaman escuelas y que és la Eu~ ropa colonizadora la que as niega; que es el hombre afti- ano el que pide puertos y carreteras, que es Europa colo~ rrizadora la que, en este sentido, regatea; que es el colonizado ef que quiere marchar hacia adelante, que es cl coloniza- dor quien le corta el paso. ‘Yendo atin més alld, no me oculto para decir que, en 1a actualidad, la barbarie’ de Europa occidental es increfble- mente grande, slo sobrepasada, y ampliamente, por otra Ia norteamericana. Y no hablo de Hitler, ni del mayoral, ni del aventurero, sino del “buena gente” de al lado; ni del S.S., ni del gangs- tet, sino del cumplido burgués. El candor de Leon Bloy se indignaba antafio porque estafadores, perjuros, falsifica- dores, ladrones y proxenetas fueran los encargados de “Ile- ‘var a las Indias el ejemplo de la virtud cristiana’” El progreso radica en que hay es el poseedor de la “vir~ tud eristiana” quien se agencia —y con mucha maha— ol honor de administrar en ultramar segiin los procedimientos de esbirros falsficadores. Sefial de que la crueldad, Ia mentira, 1a corrupcién y 1a bajeza han prendido maravillosamente en el alma de Ia burguesia europea. "Repito que 20 hablo de Hitler, ni de los SS.. ni del progrom, ni de la ejecucién sumaria. Sino de aquella reac- ign sorprendida, de aquel reflejo admitido, de aquel cinis- mo tolerado, Y si hacen falta pruebas de aquella escena de Ihisteria antropotagica que tave oportunidad de presenciar em Ja Asamblea Nacional francesa. Caramba, mis queridos colegas (como suele decirse), permitanme saludarlos (saludo de antropéfagos, claro esta). ‘Hmaginense! jnoventa mil muertos en Madagascar!, {I~ dothina pisoteada, triturada, asesinada, fuerza de torturas sacadas del fondo de la Edad Media! |Y qué especticulo! ‘Aquel esealofrio de goce que renovaba el grato sopor! 15 jAquellos clamores salvajes! Bidault con su cara de hostia sacramentada, la antropofagia beata y santurrona; Teitgen, endemoniado camorrista, Alibor6n del descerebramiento la antropofagia de las Pandectas; Moutet, la antropofagia ma- ullera, Ia gansada altisonante y aserrin en la cabeza—, Coste Floret, la torpe antropofagia de elefante en loceria. jlnolvidable, sefiores! Con bellas frases solemnes y frias, ‘como bandas de honor amarran a nuestro malgache. Con al- gunas otras ya convenidas nos lo apufialan. En lo que tarda enjugarse el gaznate nos lo destripan, ;Lindo trabajo! jNo perderé ni una sola gota de sangre! Esos que empinan el codo y no bautizan. Esos que, como Ranadier, se embarran —a la silena —el rostro; Fonlup- Esperaber,* que se almidona su bigote de viejo-galo-carirre- dondo; el viejo Desjardins, inclinado sobre los efluvios de Ja cuba, paléndose como con vino dulce. ;La violenciat 1a de los débiles. Dato curioso: no se pudren por la cabeza las Civilizaciones. Primero es el corazén. Confieso, por la salud de Europa y de la civilizacién, que esos “mata! jmatal” y esos “que eche sangre” eructados por el viejo tembloroso y el jovencito alumno de sus Papa- cites, me impresionan mucho més que los més sensacion les asaltos a las puertas de un banco parisino. Y fijense que esto de excepcional no tiene nada, Por el contrario, la regia es Ia chabacaneria burguesa. Esa cha- bacaneria que se respira desde hace un siglo. Uno la aus- culta, la sorprende, Ia olfatea, 1a sigue, la pierde, la vuelve a encontrar jla abuyenta y ella sigue exhibiéndose, cada vez més nauscabunda. ;Ah! £1 racismo de esos sefiores no me veja. No me indigna. Tan sélo lo reconozco. Lo verifico, 630 es todo, Casi estoy reconocido de que se exprese y salga a Ia luz el signo. Signo de que a la intrépida clase que se Janz6 antaio a tomar las Bastillas se le aflojaron las piernas. Signo de que se siente mortal. Signo de que se siente cadé~ ver. Y el comatoso balbucco del cadaver salen cosas por el estilo de éta: No habia sino mucha verdad en aquel primer movimien- to de los europeos que se negaban, en el siglo de Colén, a reconocer como sus iguales a los degradados hombres que poblaban el nuevo mundo... No habrfan podido fijar ni un instante sus ojos en cl salvaje sin leer el anatema escrito, no ya en su alma, sino hasta en la forma externa de su cuerpo. ‘Buena persona, en el fondo, como después s# ha visto, pero que: se acalord aquel dia 16 Y Io firma Joseph de Maistre. (Esto es de la hornada mistica). Y de exo sale esto: Desde el punto de vista seleccionista, yo consideraria eno- joso el enorme incremento numérico de elementos ama- rillos y negros que resultarian asi de una dificil elimina- cién, Si de todos modos Ia sociedad futura se organiza sobre una base dualista, con una clase délicorubia diri- gente y una clase de raza inferior conjinada a la mano de obra més tosca, es posible que este tiltimo papel concier~ na a elementos amarillos y negros. En ese caso, ademés, no serfan ya una molestia, sino una ventaja para los dé- licosrubios... No debemos olvidar que [la esclavitud] no es més anormal que la domesticacién del buey 0 del caballo, Es pues posible que reaparezca en el futuro bajo una forma cualquiera. Esto se producira, quizés hasta inevitablemente, si no interviene la -solucién simplista: una sola raza superior, nivelada por seleccién. Esto es de la hornada cientificista y lo firma Lapouge. Y de eso sale esto (ahora Ia homada literaria) ‘Sé que debo considerarme superior a los pobres bayas de Ja Mamberé. Sé que debo sentir el orgullo de mi sangre. Cuando un hombre superior deja de creerse superior, de~ ja en efecto, de ser superior... Cuando una raza superior deja de creerse raza elegida, deja, en efecto, de ser raza elegida. Y lo firma Psichari-soldado-de-Africa. Traducido a la jerga periodfstica se lee algo a lo Faguett: El birbaro, después de todo, es de la misma raza que el romano y el griego. Es primo hermano, El Amarillo 0 el Negro, no es en modo alguno primo nuestro. Aqui si que existe una diferencia cierta, una muy cierta y gran distancia: ta etnoldgica. Después de todo, hasta este mo- ‘mento no han sido sino Blancos quienes han hecho la civilizacién... Si Europa se vuelve amarilla, se experi mentard sin duda una. regresién, un nuevo period de oscurantismo y de confusidn, es decir, una segunda Edad Media. Y después, més abajo, aiin més abajo, en el fondo de la fosa, més abajo de lo que puede descender Ia pala, el sefior 7 Jules Romains, de la Academia Francesa y de la Revista de ‘Ambos Mundos (no importa, claro, que el sefior Farigoule cambie de nombre una vez mas y se haga lamar aqui Sal- sette para mayor comodidad). Lo esencial es que el sefior Jules Romains legue a escribir lo siguiente: No acepto discusiones sino con gente cue consienta en plantearse la hipétesis siguiente: en una Francia que ten- ga sobre su suelo metropolitana diez millones de negros, de los cuales cinco o seis millones se concentian en el valle de Ia Garonne, no iba el prejuicio racial a alcanzar nunca a nuestras valientes poblaciones del Sudoeste? (Si hubiera aceptado mansamente la idea de devolver todos los poderes a esos negros ,a es0s hijos de esclavos? He tenido la oportunidad de ver frente mi a una vein- tena de negros puros... Ni siquiera me detendré a re- prochar a nuestros negros y negras que mastiquen chile. Solo haré notar... que ese movimiento tiene como re- sultado llamar la atencién sobre sus mandibulas y que las fevocaciones que se nos ocurren nos llevan mas cerca de Jas Panateneas... La raza negra no ha dado todavia y no dard nunca un Einstein, un Stravinsky o un Gershwin, Comparacién idiota por comparacién idiota: puesto que el profeta de la Revista de Ambos Mundos y de otras par- tes’ nos invita paralelismos “distanciantes”, que permita entonces al negro. que yo soy pensar —nedie es duciio de sus asociaciones de idéas— que su vor tiene menos rela- cién con la encina e inchiso con el caldero de Dodona, que con el bramido de los asnos de Missouri ‘Una vez més hago la apologia sistemética de nuestras vie- jas civilizaciones negras: eran civilizaciones cortesanas. Y bien, me dirt, el problema esté en cémo volver a ser- Jo, No, 10 repito, Nosotros no somos hombres de “o esto 0 quello”. Para nostros, el problema no esti en una ut6 y estéril tentativa de reduplicacién, sino en una superacién. | No se trata de que queramos hacer revivir una sociedad muerta. Eso se lo dejamos a los aficionedos al exotismo, Ni de que queramos seguir prolongando la actual sociedad colonial, la mas pestilente que se haya padrido nunca bajo el sol. Lo que nos hace falta es crear —con la ayuda de todos nuestros hermanos esclavos —una sociedad nueva, rica en toda la potencia productiva moderna, cobijada en toda la antigua fraternidad. De que esto es posible, la Unién Sovittica nos da algu- ros ejemplos 18 Pero volvamos al sefior Jules Romains. No puede decirse que este burguesito no haya leido na- da. Por el contrario, ha leido todo y todo lo ha devorado. Sélo que su cerebro funciona por el estilo de ciertos apa- ratos digestivos elementales. Filtra. Y el filtro no deja pasar ino aquello que sirve para cebar la buena conciencia bur- guesa. Los vietnamitas, antes de la legada de los franceses a su pais, eran gente de cultura vieja, exquisita y refinada, Ese recuerdo hace sentirse indispuesto al Banco de Indochina. jConecten el olvidador! {Esos malgaches, hoy torturados, eran hace menos de un siglo poetas, artistas y administradores? jSio! ;Callense Ia boca! ;¥ el silencio se hace profundo como una caja fuerte! jMenos mal que quedan los negros! ;Ah, los negros! jHa- blemos de los negros! Bueno, pues hablemos. {De los imperios sudaneses? {De los bronces de Benin? {De Ia escultura shongo? Como no; eso nos distraeré de Tantas sensacionales pacotllas como las que adornan tantas capitales europeas, De la mtsica africana. :Por qué no? Y de lo que han dicho, de lo que han visto los primeros exploradores. .. ;No de esos que comen en la mano de las compafifas! ;Sino de los Elbée, de los Marchais, de los Pi- gafetta! ;Y de Frobenius! Eh, zsaben ustedes quién es Fro- benius? Y leemos juntos: “jCivilizados hasta la médula de los huesos! La idea del negro barbaro es una invencién europea”. EI burguesito no quiere seguir escuchando. Sacude las, orejas para espantar la idea. La idea, mosca importuna, Asi pues, camarada, te serfin enemigos —de modo sonoro, lticido y consecuente— no s6lo gobernadores mor- bbosos prefectos sangrientos, no s6lo flagelantes colonos y bbanqueros golosos, no s6lo politicos lamecheques y jueces al portador, sino, de forma semejante y a igual titulo, aci- barados periodistas, académicos gotosos dolarizados de ton- teria, etn6grafos metafisicos y rugientes, tedlogos fantasiosos, y belgas, intelectuales cotorreros, engendros infectos del mus- lo de Nietzche, los paternalistas, los besucones, los corrup- tores, los que dan palmaditas en el hombro, Ios aficionados al exotismo, los. divisionistas, los socidlogos. agrarios, os lisonjeros, los mistificadores, los impostores, los intrigantes y, en general, todos aquellos que, desempefiando su papel en Ia sordida division del trabajo defensora de Ia sociedad occidental y burguesa, intentaban por vias diversas y por diversién infame desmembrar las fuerzas del progreso —a 19 riesgo de negar la posibilidad misma del progreso—, todos secuiaces del capitalismo, todos paladines declarados’o ver- ‘gonzantes del piratesco imperiatismo, todos responsables, to- dos odiosos, todos negreros, todos en lo adelante deudores de la agresividad revolucionaria, Y bérreme a todos los oscurantistas, a todos los invento- res de subterfugios, a todos los charlatanes mistificadores, a todos Jos peritos de la jerigonza, Y no intentes saber si esos seflores estén personalmente bien o mal intencionados, si actiian de buena o de mala fe, si son personalmente, es de- cir, en su intima conciencia dé Pedro © Pablo, colonialistas © No, porque lo esencial es que su muy aleatoria y subjetiva buena fe, no guerda ninguna relacién con el aleance obje- tivo y social del flaco servicio que nos hacen como perros de presa del colonialismo. Y siguiendo el mismo orden de ideas, cito, a titulo de smples (tomados 4 propésito de disciplinas muy distintas): —De Geourou, su libro Ler pays tropicaux, donde, en ‘medio de apreciaciones justas, Ia tesis fundamental se vevela parcial e inaceptable: aue no ha habido nunca gran civili- zacién que fuera tropical; que nto ha habido gran civilizacién que no fuera de clima templado; que, en todo pais tropical, el germen de la civilizacién viene y no puede venir sino de otro foréneo, extratropical, y que sobre los paises tropica- les pesa, a falta de la maldicién biolégica de los racistas, evando menos, y con las mismas consecuencias, una no me nos eficaz maldicion geogrética Del R. P, Tempels, misionero y belga, su filosoffa bantié considerablemente farragosa y mefitica, pero descubierta en forma muy oportuna, como por otros ef hinduismo, para jugarle una mala pasada al “‘materialismo comunista”, que amenaza, segin parece, con hacer de los negros “vagabun- dos. morales” —De los historiadores 0 de los novelistas de le civiliza- ign (son le misma cosa), no de tal o cual historiador, sino de todos © de casi todos, su falsa objetividad, sw chovinis- ‘mo, su racismo solapado, su viciosa pasién por negar a las razas no blancas, especialmente a las razas melanesias, todo mérito, sa monomanfa de acaparar en provecho de la suya toda gloria, Los sicélogos, sociGlogos, eteétera, con sus opiniones so- bre el “primitivismo”, sus investigaciones divigidas, sus in- teresadas generalizaciones, sus especulaciones. tendenciosas, su insistencia en el eardcter af margen, el cardcter “aparte™ de los no blancos, su negacién, en aras de la causa —al tiempo que cada uno de esos ‘sefiores pela, para acusar 20 con toda suficiencia la endeblez def pensamiento primitivo, af mas rotundo racionalismo—, su barbara negacién de la frase de Descartes, carta-de universalismo: que “la raz6n... existe completa en cada uno” y “que sélo aparece de mas © de menos en los accidentes, no asi en las formas o natu- ralezas de los individuos de una misma especie”. Pero no vayamos demasiado aprisa. Vale la pena seguir 4 alguno de estos seftores. No me extenderé sobre el caso de los historiadores, ni sobre el de los egiptélogos, por ser ef caso de los primeros ‘iuy evidente y, en el de los segundos, porque su mecanis- mo de mistificacién ha sido definitivamente puesto al descu- bierto por Cheikh Anta Diop en su libro Nations négres et culture —el més audaz que un negro haya escrito hasta ahora y gue contard, sin jugar a dudas, para el despertar de Africa. Retrocedamos hasta el sefior Gourou exactamente, {Ten- go necesidad de decir desde aué altura cl eminente sabio contempla a los pueblos indigenas, que “no fan: tomado parte alguna” en el desarrollo de la ciencia moderna? Y que + CK Cheikh Anta Diop: Nations négres et Culture, calecciin “Presencia Africana”, 1955, Habiendo Herodoto afirmado que los egipciones no eran primitivamente ino wna. colonia de fot ttioper; y babionda eepetido lo mismo Diodero de Sicilia, agra: vvado en su caso por el hecho de haber retratado a lor etiopes Ge modo tal que’ no es porible confundine. (Plerigue omnes para citar la taduccién Tatina— nigre sunt colore, facie sima, crispis capitis: thro THT, cap 8), resultaba sumamenge impor- ante rebatilos, Admitido sia, habiéndose fijado delibera- Ganjente como iets casi todos lor sabing occidentales arrebatar Egipto al Affica, aun cuando no pudieran siquiefra ofrecer ex: Plicaciones, habia varios medios de logearlo: el metodo. Gus- favo Le Bon, afiemacion brutal y descarada: “Los egipeios som camitss, es decie, blancos como los lidiey, oe gevules, low xno- 105, los nimiday fas Bereberes", el métods Magpero. condsten- te tn vinculat, contra toda verosimilitud, Ia lengua egipeia a las lenguas semiticas, especialmente a Iss del tipo hebraico-araneo, de donde se desprende la conclusign de que lot egipsior 10 po: ign ser. sino semitas en sus origenes: el" método Weigall, geo- svifico éste, segin el cual Ia eivilizacion egipela no\podia por ‘Menor que haber nacido en el Bajo Bsipio y de alli haber pee satio al Alto Exipto, remontando el rio... en vista de que det fenderlo ne padia. (rie). Se comprenderd que Ia secreta razin, de esta imposibilidad radica en que el Balo Egipto ests. préxi= my al Mediterrinea y por lo tanta, a las poblacionts. blancs, mientras que el Alto Egipto re halla cerea del pa de lor ne- tes En este sentido, y para oponesiar a Js tere de Weigall, no deja" de ser interesante secordar las ideas de Scheinfurth (Au- cocar de PAjrique, t, 1), sobe el origen de la flora y la fauna egipcia, que él itia “a cientos de miller co arriba”. a no €5 del esfuerzo de esos pueblos, de su lucha liberadora, de su combate concreto por Io vida, fa libertad y la cultura que 4) espera la salvacién de los paises tropicales, sino del ‘buen colonizador; teniendo en cuenta que la ley es explicita en cuanto a que “son los elementos culturales. preparados en las regiones extratropicales los que aseguran y asegura- én el avance de las regiones tropicales hacia una pobla~ cién més numerosa y una civilizaci6n superior”, Dije que habia ideas justas en el libro del sefior Gourou: “EI medio tropical y las sociedades indigenas”, escribe, pa- sando balance a la’ colonizacién, “han sufrido la introdue- cién de técnicas mal adaptadas de Ia servidumbre del trans- Porte humano, del trabajo forzado, de la esclavitad, del tras- plante de trabajadores de una regién a otra, de cambios sti- bitos del medio biolégico, de condiciones especiales nuevas ¥ menos favorables”. ;Qué hazafial ;Qué cara la del rector! iQué cara la del ministro cuando lea esto! Ya esté; se nos acobardé Gourou; va a decitlo todo; empieza: “Los paises clidos tipicos tropiezan con el siguiente dilema: estanca- miento econdmico y proteccién de los indigenas, o desarro~ lo econémico provisional y regresi6n de fos indigenas”. "“Se- for Gourou, jes0 es muy grave! Le adverti en serio que lo que se esté jugando es su carrera”. Entonces nuestro Gourow decide andar derechito y no aclarar que, si el dilema existe. no existe mas que dentro de! marco def régimen existente; que, si esta antinomia constituye una ley de bronce, no es sino la ley de bronce del capitalismo colonialista, luego de una sociedad no sélo perecedera, sino en vias ya de pereces. {Cuan impura y secular geogratfia! Si hay algo mejor, es del R. P, Tempels. {Que saqueen, que torturen en el Congo, que el colonizador belga le eche el guante a todas tas riquezas, que mate toda libertad, que optima toda sebeldis —vaya en paz, que el reverendo Padre Tempels da su venia. ;Pero cuidado! ;Va usted al Congo? Respete, no digo la propledad indigena (las grandes compa~ fifas belgas podrian tomatlo como piedras en su camino) no digo la libertad de fos indigenas (los colonos belgas podrian Suponer propésitos subversivos), no digo la patria congole- sa (quizé al gobierno belga no le parecerfa nada bien), yo igo: Va al Congo, jrespete Ja flosotia bantit “Seria realmente ins6lito”, escribe el R. P. Tempels, “que el educador blanco se obstinara en matar en el hombre ne- gro su espfritu humano propio, jesta vinica realidad que nos impide considerarlo un ser inferior! Seria un crimen de lesa hamanidad, de parte del colonizador, privar a las razas pri- mitivas de lo valioso, de lo que constituye un niicleo. de 22 verdad en su pensamiento tradicional”, etcétera, jCuanta generosidad, Padre! jY eudnto celot : Asi, pues, sepan que el pensamiento bantdé es esencial- mente ontolégico; que 12 ontoiogia banté esta asentada so- tre fas nociones verdaderamente esenciales de fuerza vital y de jerarquia de fuerzas vitales; en una palabra, que para el anti el orden ontolégico que define el mundo viene de Dios* y, como decreto divino que es, debe respetarse. jAdmirable! Con esto todo el mundo sale ganando: gran- des compaiiias, colonos, gobierno; todos menos el banti, naturalmente. ‘Como el pensemiento de los banties es ontolbgico, los antes no piden mas que satisfacciones de orden ontol6- fico, {Salarios decentes? ;Viviendas confortables?. {Com da? Les digo que esos banties son unos expiritus puros: “Lo que desean, antes que todo y por encima de todo, no es el mejoramienta de su situacién econémica o material, sino el reconocimiento por parte de Ios blancos y respeto a sv dignidad de hombres, a sv pleno valor humano”. Ea sama, un cortés saludo a Ja fuerza vital bantd, un guifio al alma inmortal banti. iY en paz! jConfiesen que sale bien! En cuanto al gobierno, de qué se va a quejar, dice el R. P. Tempels con evidente satisfaccién, si "los banties nos hhan considerado, a nosotros los blancos, y esto desde el pri- met contacto, desde su tinico punto de vista posible, ef de la filosofia banni”, y “nos han ubicado dentro de st jerar- quia de seres-fuerza, en un escalén muy elevado”. Dicho de otra forma, hagan que a la cabeza de la jerar- quia de las fuerzas vitales se cologue ¢) blanco y especial- mente el belga, y ms especialmente ain Alberto 0 Leopol- do, y estaré ganada la partida. Se obtendrén maravillas como &ta: el Dios banta serd fiador del orden colonialista belea y resultaré sacrilego todo banti que se atreva a levantar su ‘mano conira éte . En Io que respecta al sefior Mannoni, sus consideracio- nes sobre el alma malgache y su libro, merecen que se le tenga en alta estima, ‘Sigasele paso paso en las vueltas y revueltas de sus jue- iguitos de magia y se veré cémo nos demuestra, tan slaro fomo el agua, que la colonizacién ext basada en Ia sicolo- ia; que hay por ¢l mundo grupos de hombres que padecen, 4 Bx claro que aqui atacames no a la filosofia bant6, sino @ la wtilizacién que algunos, con fines politicos .tratan de dave (Del Discourr tur le colonialiome, Présence Aficaine, Paris, 1955. Troduceifa de Magaly Murguercia) 23 no se sabe cémo, de un complejo que habria que lamar complejo de dependencia; que esos grupos estén siquicamen- te hechos para la dependencia; que necesitan de In depen- dencia, que la postulan, que la reclaman, que'la exigen; que ée°es el caso de Ia mayor parte de los pueblos colonizados, en particular de tos’ malgaches. {Maldito racismo! jMaldito colonialismo! Apesta dema- siado su barbarie: El sefior Mannoni tiene algo mejor: el siconalaliss. Sazonado con. existencialismo, los resultados son asombrosos: a los més maltrechos lugeres comunes se Tes cambia la suela y quedan como nuevos; Ios més absur- dios prejuicios se explican y legitiman; y, ccmo por arte de magia, la gimnasia se convierte en la magnesia. Oiganlo mejor: El destino del occidental comporta obligacién de obede- cet al mandamiento: Dejards a tu padre y a tu madre. Esta obligacién es ineomprensible para el malgache. Todo europeo, en determinado momento de su desarrollo, des- cubre en si el deseo... de romper sus lazos de dependen- _ Gia, de igualarse a su padre, ;EI malgache jamés! No sabe de ‘ivalidades con la autoridad paternal, de “protesta Til” o de inferioridad adleriana, pruebas por las que debe pasar el europeo y que son como las formas civilizadas. .. de Jos ritos de iniciacién, mediante los cuales se aleanza Ja virlidad jPero no se dejen intimidar por las sutilezas del vocabu- lario y las terminologias novedosas! Ya ustedes conocen la Jetenia: “los-negros-son-nifios-grandes”, La cogen, la visten, Ja emperifollan y el resultado es Mannoni. Se lo repito, jtran- quilicense! 'A la salida puede parecerles un poco duro, pero ‘cuando lleguén verén cOmo se encuentran de nuevo con todo el equipaje. Nada va a faltarles, ni siguiera la célebre carga del hombre blanco. Asi que escuchen: “Mediante esas pruebas (reservadas al occidental [A.C.]), s© vence el miedo infantil al abandono y se adquiere libertad y autonomia bienes supremos y también cargas del occidental” 4X el malgache?, dirdn ustedes. Raza servil y artera, diria Kipling. El setor Mannoni diagnostica: “e! malgache ni si- quiera intenta imaginarse semejante situacin de ‘abando~ no... No desea ni autonomia personal ni libre responsabi- lidad”. (Vamos hombre, ustedes saben. Esos negros ni si- quiera se imaginan qué es la libertad. Ni la desean ni la reclaman, Los que les meten eso en la cabeza son los agita- dores blaneos. Y, si se les diera, no sabrian ni qué hacer con ella) 24 Si le recordéramos al sefior Mannoni que los malgaches, sin embargo, se han rebelado en varias oportunidades des- pués de la ocupacién francesa, ¢ incluso ditimamente, en 1947, el sefior Mannoni, fiel @ sus premisas nos explicard que no se trata més que de comportamientos puramente TeurSticos, de una locura colectiva, de reacciones de am que, por otra parte, en estas citcunstancias, no era cuestién para los malgaches de salir a la conguista de bienes. reales, Sino de una "seguridad imaginaria”, 10 que indica a fas cla- ras que la opresién de que se quejan es una opresién ima- ginaria, Tan rotunda, tan demencialmente imaginaria, que no seria injusto hablar de una monstruosa ingratitud, de tipico estilo fidjiano, que quema la tendera del capitén que Je ha curado las heridas. Que, si emprendemos la critica del colonialismo que aco- rrala en su desesperacién a las mas pacificas poblaciones, el sefior Mannoni nos explicaré que, después de todo, el responsable no es el colonialista blanco, sino los malgaches colonizados. ;Qué diablos! {Tomaban a los Blancos por dio- ses y esperaban de ellos todo lo que puedé esperarse de la divinidad! Que si encontramos que el tratamiento. aplicado 1 Ja neurosis malgache ha sido un poco rudo, el sefior Ma- moni —4l tiene una respuesta para todo— nos probaré que las famosas brutalidades de que se habla han sido nota- Dlemente exageradas, que se trata de pura ficcin... neu- r6tiea, que las torturas eran torturas imaginarias aplicadas por “verdugos imaginarios”. En cuanto al gobierno fran- és, se mostré al parecer singularmente moderado, porque se contenté con arrestar a los diputados malgaches cuando debia haberlos ajusticiado, si hubiera querido respetar las Jeyes de una sana sicologia, ‘Yo no exagero nada, Es el sefior Mannoni. quien habla Siguiendo las vias clisicas, estos malgaches trasformaban, fa sus santos en mértires, y en victimas propiciatorias a sus salvadores; querfan lavar sus imaginarios pecados en Ja sangre de sus propios dioses. Estaban decididos, aun a ese precio, o mejor dicho, sdlo a ese precio, a modificar una vez mas su actitud. Se di ria que uno de los rasgos de esta sicologia dependiente es que, ya que nadie puede tener dos amos, acepta que uno de los dos se sacrifique al otro. El sector mas confundido de los colonialistas de Tananarive comprendia vagamente Jo esencial de esta sicologia del sacrifcio, y reclamaba sus vietimas. Asediaban al Alto Comisionado asegurando que, si se les concedia la sangre de algunos inocentes, “todo 25 el mundo quedaria satisfecho”, Esta actitud ,humanamente deshonrosa, estaba basada en una visidn de conjunto bas- tante justa de los conflictos emocionales por los que atra- vesaba la poblacién de las alias mesetas. De ahi a declarar absueltos a los colonialistas vidos de sangre no hay, por supuesto, més que un paso. {La “sicolo- gia” del sefior Mannoni es tan “desinteresada” y tan “libre como Ia geografia del sefior Gourou o la teologia misionera del R. P. Tempels! 'Y he ahi la cautivadora unidad de todo esto, la perseve- ante tentativa burguesa de reducir los problemas més hu- manos a nociones cOmodas y vacias: la idea del complejo de dependencia en Mannoni, Ia idea ontolégica en el R. P. ‘Tempels, la idea de la “tropicalidad” en Gourou, {Qué se vuelve el Banco de Indochina en medio de todo esto? ¢¥ el Banco de Madagascar? :Y el latigo? ¢¥ el impuesto? 7Y el puiiado de arroz al malgache o al aque? Y ese dinero sangriento atesorado en vuestros cofres, sefiores? jEsfuma- dos! Desaparecidos, confundidos, irreconocibles en el reino de los palidos raciocinios. Pero una desgracia pesa sobre estos sefiores, Y es que la ccomprensi6n burguesa se vuelve cada vez mds renuente a Jos primores de la lengua y que los amos estén condenados ‘a apartarse de ellos cada vez més para, cada cada vez més, aplaudir otros medios menos sutiles pero més brutales. Es eso precisamenie lo que le da oportunidad al sefior Ives Florenne. Y, es asi como en efecto, a la palestra del pe- riddico Le Monde, asoman sabiamente dispuestas, sus ofer- tas de servicio. Todo previsto. Garantia absoluta, eficacia a toda prueba, experimentos concluyentes realizados; se trata de un racismo —racismo francés— debilucho atin pero que de veras promete, Oigimoslo mejor. Nuestra lectora [una seiiora que es profesora y que ha te- nido la audacia de contradecir al irascible seftor Flore ‘nne] siente al contemplar a dos j6venes mestizos alum- ‘nos suyos un emocionante orgullo producido por la certe- za de la creciente integracién a nuestra familia france- sa... {Seria su emocién la misma si viera, a la inversa, a Ja Francia integearse a la familia negra (0 amarilla o roja, da igual), es decir, diluirse, desaparecer? Esté claro que para el sefior Ives Florenne lo que hace 1 Francia es la sangre, y las bases de la nacién son bioié- gicas: “Su pueblo, su genio, estén hechos de un equilibrio 26 milenario, vigoroso y delicado a la vez y... ciertas inquie~ tantes oscilaciones en este equilibrio coinciden con la in- fusién masiva y a menudo riesgosa de sangre extranjera que ha venido suftiendo de una treintena de afios a esta parte”. En una palabra: el mestizaje, de ahi al enemigo. jNada de crisis sociales! {Nada de crisis econémicas! {Crisis racia- les solamente! Por supuesto, que el humanismo no pierde sus derechos (estamos en Occidente), pero cigamos esto: “No es perdiéndose dentro del universo humane con su sangre y su ingenio como Francia seré universal, sino perma- neciendo ella misma. (Hasta esto llega la burguesia francesa a cinco aiios de Ia derrota de Hitler! ¥ es justamente en esto donde reside su castigo histérico: esta condenada a tra- gar y volver a tragar, como por vicio, el vémito de Hitler. Porque, después de todo, el sefior Ives Florenne seguia em- pefiando en pulir sus novelas campesinas, “dramas de la tierra”, historias de mal de ojo, mientras que, con ojos de maldad diferente a la del ristico héroe de jefatura, Hitler anunciaba: “El objetivo supremo del Estado-Pueblo es con- servar los elementos originarios de Ia raza que, al difun- dirse en la cultura, crean la belleza y Ia dignididad de una hhumanidad superior” Esta filiacin no es extraiia al sefior Ives Florenne. Y no se preocupa de que le vaya a ocasionar molestias. May bien. Tiene derecho, ‘Como no tenemos derecho nostros a indignarnos por esto. Porque, después de todo, hay que tomar partido y de- se, de una vez y para siempre, que la burguesia est condenada a ser cada dia més impiidica, més someramente birbara; que es ley implacable que toda clase decadente se vea transformada en receptécule al que afluyan todas las aguas sucias de la historia; que es ley universal que toda clase, antes de déesaparecer, deba antes deshonrarse comple- ta, omnllateralmeute y que, con la cabeza hundida en el estircol, emtonen su canto del cisne las sociedades mori- bundas. 27