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Academia y Gestión:

Campos yuxtapuestos en las Políticas Públicas de Memoria

Resumen

María Eugenia Mendizábal 1

Joan ManuelPortos 2

El objetivo de nuestro trabajo es reflexionar acerca de cómo se vinculan el mundo de la producción académica con los proyectos de activación de sitios de memoria que funcionaron como Centros Clandestinos de Detención durante la última dictadura militar. El abordaje se realizará a partir de un caso particular, el Programa de Recuperación de la Memoria Histórica sobre el ex CCDTyE "Olimpo". En el trabajo centramos el análisis sobre los aportes, las comunicaciones e incomunicaciones que se dieron en los últimos seis años en el campo que emerge de la yuxtaposición de aquello que se asume como específicamente militante, la gestión y aquello que es definido como académico (antropológico y sociológico).

En el trabajo nos preguntamos acerca de cómo se compone ese campo de yuxtaposiciones, saberes y objetivos diversos, cómo se organizan las producciones en uno u otro caso dependiendo de los intereses explícitos de los agentes que en él operan y al mismo tiempo cómo aportan o no a un diálogo donde la observación participante y las prácticas que se asumen como etnográficas o cualitativas devienen en diversos modos de relación. Qué condiciones de objetivación y problematización se habilitan, se alcanzan, se ocultan y/o se silencian. Qué interpretación asumen los investigadores de sí mismos, de “los otros” y viceversa. Y qué reciprocidades se demandan y se ponen en juego.

1 Sitio de Memoria Ex Olimpo. Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

2 Sitio de Memoria Ex Olimpo. Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Academia y Gestión:

Campos yuxtapuestos en las Políticas Públicas de Memoria

Políticas públicas de memoria

Las Políticas Públicas de Memoria referidas a los lugares que funcionaron como Centros Clandestinos de Detención durante la última dictadura militar (ex CCD) crearon una serie de nuevas tareas y desafíos dentro de las administraciones del Estado (los estados). La incorporación de estas políticas en la economía de la administración pública, los recursos necesarios, los trabajadores necesarios, la sustentabilidad de los mismos espacios “recuperados” se fueron resolviendo de forma desigual en cada uno de los contextos en los que estos lugares fueron convertidos en Sitios de memoria.

En términos generales podemos decir que la lógica por medio de la cual se instituyeron en los ex CCD Sitios de Memoria y sobre los Derechos Humanos en CABA (y el interior) del país se funda en la noción de la potencialidad del estado de responder al imperativo de memoria, Verdad y Justicia sostenido por las organizaciones de Derechos Humanos y a la posibilidad de hacer de los lugares que funcionaron como CCD “Lugares de Memoria y de derechos Humanos” convirtiéndolos (sic) en lugares de vida (sic). Sostienen, por lo general, los decretos y normativas de estos sitios que aportan al Nunca Más y a la reparación simbólica al hacerse cargo el estado de su historia como perpetrador de los crímenes de lesa humanidad.

La emergencia de un tipo de trabajador (entre quienes nos encontramos nosotros)

Entre las novedades que trajo aparejado este complejo proceso se encuentra la emergencia de un trabajador estatal nuevo: el trabajador de los sitios de memoria. El perfil del mismo es variado pero en casi todos los casos incluye compañeros para la producción de investigación y saberes acerca del CCD, compañeros que se dedican a las acciones didácticas, a las de archivo, y administrativas, de limpieza y de conservación.

En este trabajo nos proponemos comprender algunas de las formas de articulación que se vienen dando entre nosotros como trabajadores, específicamente quienes realizamos

trabajos de investigación y de desarrollo de contenidos, con los investigadores que no tienen una incorporación institucional dentro de los proyectos de recuperación de los sitios de Memoria pero que investigan estas novedosas políticas públicas.

Nuestra constitución como trabajadores de Sitios de Memoria se va dando con diversas modalidades: algunos compañeros eran trabajadores de la Secretaría de Derechos Humanos de la Ciudad de Buenos Aires otros fuimos contratados especialmente para esto, otros se fueron incorporando desde diferentes despachos de la administración pública. Las formas de decidir los ingresos a los incipientes equipos también fue diferente. Algunos provenían de la militancia, otros no, algunos de los que venían desde la militancia tenían formación en gestión, otros en la academia y eran profesionales de distintas disciplinas.

El crear una identidad propia como Trabajadores de Sitios de Memoria nos llevó un largo esfuerzo de convencimiento, argumentación y disputas entre nosotros y con una serie de interlocutores que fueron en diversos momentos. Entre los diálogos que se generaron en ese contexto se encuentra el que sostuvimos con quienes -desde los organismos de Derechos Humanos- proponían en nosotros una continuidad sin más de sus prácticas e identidades aunque dejándonos en un estado de subsunción al respecto de ellos).

La pregunta ¿Qué éramos? se enmarcó en una experiencia preexistente la de las organizaciones de Derechos Humanos. Así de un modo sucesivo fuimos interrogados, o puestos en situación de responder para otros y nosotros si éramos militantes, si éramos continuidad de los organismos en el Estado, continuidad subordinada, si éramos sólo trabajadores estado o si la especificidad implicaba algo distinto. Sin entrar en dentro de los detalles que estas divergencias podían implicar -e implicaron- en distintos contextos, cabe destacar que se iba manifestando una suerte de especificidad de la tarea que al tiempo en que nos la íbamos respondiendo también ingresaba al mundo de las preguntas que desde la academia se harían acerca de las Políticas Públicas de Memoria.

Por otro lado, en el forjamiento inicial de esa identidad conversamos con otros trabajadores del Estado y con quienes desde la Academia reflexionaban acerca de nuestras prácticas. Con estos últimos tuvimos nosotros un efecto refractario encontrando en colegas consideraciones intelectuales y de tinte analítico acerca de nuestras prácticas, incluso aquellas que se centraban sobre la investigación acción . Es decir, esto implicó otra situación inesperada, el volvernos nativos de investigaciones sociales.

Así, en diferentes ocasiones, como trabajadores de Sitios de Memoria, hemos sido parte de investigaciones llevadas adelante acerca de las políticas públicas en estos sitios. Hemos sido entrevistados y observados. Nuestro trabajo ha sido observado y registrado por otros que provenían -en la mayor parte de los casos- de la academia (ya sea para trabajos para seminarios y materias, como también para tesis doctorales, de maestría, licenciatura, etc). Así, dentro de un ejercicio de curiosa factura para nosotros, fuimos/somos observados como nativos por parte de colegas.

Hay dos momentos de transformación, conversión en nuestro caso, el primero el de convertirnos en Trabajadores de Sitios de Memoria (asumiendo un lugar activo en la construcción de nuestra identidad) y un segundo momento -que le sucede lógicamente al mismo pero que se da de modo yuxtapuesto- que es la conversión en nativos por parte de las investigaciones en ciencias sociales; Así, nos convertirnos en objetos de otros. La primera conversión nos encuentra como sujetos, la segunda como objetos. Quizás, colocados como brujos de aldea, como aquellos sujetos con capacidad y posición de reflexionar sobre las propias prácticas, sobre las estructuras de las relaciones sociales que nos envuelven, pero no como pares en diferentes posiciones en el, muy discutido, campo de producción de saberes.

Entre los trabajadores de sitios de memoria se dio un proceso en el cual muchos de quienes producimos saberes y acciones en el sitio somos además formados en las mismas academias que formaron a quienes acuden al estudio de lo que hacemos. Para decirlo más simplemente, somos los nativos de nuestros colegas. Esta es una primera apreciación que requiere de una serie de operaciones para ser comprendida:

¿Qué lugar tienen los nativos en las investigaciones académicas? ¿Qué tipo de vínculos se establecen entre los investigadores y sus nativos? No es una pregunta abstracta o retórica. Nosotros nos vinculamos con quienes desarrollan trabajos de investigación en algunos casos fueron compañeros nuestros en la facultad, o comparten con nosotros ámbitos académicos más o menos consagrados…

Entre las clásicas vicisitudes que se viven entre el investigador y el objeto de estudio vivimos varias. Por ejemplo, el que los investigadores no regresen al campo, aunque lo prometan, que no traigan sus trabajos, o que lo hagan sin intenciones de establecer conversaciones o discusiones acerca de los alcances de lo que hicieron. Entre las

cosas que se van viendo en este vínculo están claramente el lugar de subsunción del nativo frente a la libertad aseverativa del investigador. El investigador en la práctica intelectual- académica instituida. Allí interpreta, sella significación y cierra el diálogo. En la escritura y la no circulación de los textos para su puesta en crítica se esconde -o se dejar- ver una posición de asimetría.

Hay una especie de tradición de investigación que aísla al investigador del mundo social que observa, esa mentada neutralidad/distancia/soledad termina ratificando una especie de autoridad intelectual sobre su universo de estudio. Quizás el que seamos compañeros, colegas podría generar una ruptura de semejante estado naturalizado del status de investigador (a parte/ separado) neutro. No sucede sin embargo: ni los vínculos preexistentes o coexistentes, ni las relaciones personales aparecen en la escritura, ni en la consideración del nativo como par.

La investigación y su modalidad canónica y consagrada en el ámbito académico parece primar sobre la experiencia personal y vincular que -incluso- facilita y posibilita en trabajo de campo, etc. La investigación en su modalidad canónica Mecaniza una distancia, ficcional y que poner como necesaria, una extranjería inventada para la construcción de un saber que se propone como objetivo o superior vis á vis quienes, como nativos, ponderamos un saber, un conocimiento que se funda en el hacer (asumiendo la fricción de lo imponderable y de lo deseable, de la vida cotidiana en los Sitios de memoria).

La fuerza de esta consagración académica, del canon y de la distancia de extranjería es tan fuerte que hace, a veces que, personas que trabajan en los sitios, borren su identidad y su lugar material en el momento de la escritura de artículos y tesis: tal es la inercia, tal la distancia considerada necesaria.

Descripción de paradoja

El ingreso al sitio de memoria de los investigadores académicos, muchas veces se da a partir de un conocimiento previo, o con el guiño de un interés que parece ser común. Sin embargo, a poco de andar se deja ver que en el sitio somos nativos- y nuestros colegas investigadores que luego asumen su lugar de escritura y análisis (como todos aprendimos a hacerlo) con una pretendida distancia, que se consolida en la escritura y en la circulación de

lo hecho por fuera del vínculo que posibilita ese ingreso.También como colegas- nativos vemos cómo en algunos casos esos trabajos se instalan sobre premisas que se forjan en algún sitio y se corroboran en visitas de escasa duración en el/los espacios.

Así, hemos visto a colegas ingresar al Sitio y hacer una visita y luego utilizar esa sola visita como empiria suficiente. Y también en otros casos, encontrar que nuestras propias reflexiones sobre nuestra propia práctica vertidas en charlas y entrevistas con investigadores se ven volcadas, a veces, previo tamiz de un vocabulario “academicista” como interpretaciones del investigador/a. Y por último, a veces encontramos posicionamientos y aseveraciones sobre la política desarrollada en el sitio, afirmaciones en torno, por ejemplo, las vinculaciones que desde el espacio se dan con la comunidad, que desde una mirada absolutamente simplista y reduccionista, se valen de la “cientificidad” para plantear “verdades” que, insertas en la arena pública de los debates y la política, pueden llegar a ser seriamente dañinas para los proyectos que desarrollamos en los sitios. De esa forma, con la irresponsabilidad de un trabajo de campo realizado “a vuelo de pájaro” pero con la responsabilidad de formar parte de una supuesta “comunidad académica” se han dicho muchas cosas que implican profundas y complejas discusiones que a los investigadores poco les importaron.

Una lógica de vínculo o una lógica extractiva y una pregunta sobre la extensión de las políticas públicas de Memoria.

Una mención aparte merece la situación que se desarrolla con “nuestros” sujetos de estudio. En tanto trabajo de investigación que desarrollamos desde y para el sitio, la interacción con nuestros entrevistados (familiares, sobrevivientes, vecinos, militantes, etc.) tiene un sentido político en la construcción de dicha relación. Donde, más allá de la relación de “entrevista”, se pretende que se genere una vinculación “con el espacio”. Que la entrevista sea también una excusa para “conectar” a las personas con el “Proyecto de Recuperación de la Memoria del ex CCDTyE.

Muy lejos estamos de entablar una relación con los entrevistados como si fueran meros “dadores de datos”. Esto también choca con los intereses de investigadores, que

aunque no contemplen a sus sujetos de estudio como “cosas que dan datos”, sí plantean el desafío de requerir la relación de entrevista, muchas veces, con la misma persona (familiar, vecino, sobreviviente, militante) que nosotros hemos contactado. O sea, cuando no somos requeridos por investigadortes para que “le demos contactos”, otras veces, la misma persona es requerida por nosotros y por investigadores con, en apariencia, objetivos semejantes.

Surge aquí un problema complejo: Nosotros desarrollamos una relación particular con los entrevistados ya que los convocamos y se vinculan también con nosotros no sólo por las entrevistas sino en virtud de muchas cuestiones referidas a la política pública en el Sitio. Entre las particularidades de nuestro trabajo se encuentra que los entrevistados/informantes no están disponibles sin más a hablar sobre sus experiencias vinculadas a la militancia y a la represión. Así consideramos prioritaria nuestro desarrollo de entrevistas con personas atravesadas por la historia del CCD. Eso significa que muchas veces encontramos dificultades al ver cómo desde las investigaciones individuales se impone una lógica extractiva y desvinculada con nuestros mismos informantes produciendo obstáculos para la vinculación a largo plazo en virtud de las políticas prioritarias del Sitio.

Entre los obstáculos se encuentra el de “volver a hablar”, el “volver a recordar” y este obstáculo se vincula con uno de los objetivos primigenios de esta política pública que es la de generar Archivo y transmisión -pero también- generar las condiciones de una reparación simbólica. A la política pública en sitios de memoria se le impone el imperativo de hacer público, de transmitir, de generar legado. Las condiciones de publicidad se ponderan caso a caso. Nuestras entrevistas serán públicas en su totalidad en algún momento a diferencia de la de la mayoría de los investigadores “solitarios”. Ellos ¿ estarían dispuestos a brindar su material de campo antes de haberlo sometido a análisis? Y después de haberlo sometido a análisis, ¿Estarían dispuestos? El trabajo que desarrollan los/as investigadores/as ¿No es también una política pública?

El lugar del especialista

Al mismo tiempo, muchos de los investigadores que se acercaron a los sitios se comenzaban a convertir en especialistas en temas de memoria. Y en parte, sus trabajos vinculados a nuestros trabajos fueron centrales para ellos. Así, mientras se constituía un campo de producción de saberes sobre Sitios de Memoria, in situ, se configuraban algunos espacios de reconocimiento académico de especialistas en la temática. Esto es, en el mismo breve período de tiempo emergen -por un lado- quienes producen sentidos, acciones y contenidos en los Sitios de Memoria y quienes se convirtieron en especialistas sobre lo que nosotros hacemos.

Hay una espacio de incomodidad ambivalente: compartimos un lenguaje, compartimos lecturas y algunos espacios. Pero con las mismas herramientas construimos diferentes saberes. ¿Compiten los dos espacios de producción de saberes sobre la memoria enmarcados en los sitios? ¿Cooperan? Qué tipo de reciprocidades se instalan o podrían instalarse. Cabe preguntarnos si competimos por el reconocimiento, o el prestigio, por tener voz autorizada dentro del ámbito de las ciencias sociales y en el ámbito de los derechos humanos (incluyendo el espectro estatal y los otros).

Es posible pensar que el ámbito académico tiene sus propios modos de generar conocimiento, autoridad y refrendarse en sus prácticas. En las ciencias sociales -sobre todo- el intervenir en la realidad ha sido criticado, o visto como algo bajo, por debajo de las posibilidades de nobleza académica. Y aunque no todos los investigadores piensan de ese modo se impone una forma del hacer ciencias sociales donde los aportes son con autoría (seguro eso sí) pero distantes de las comunidades, instituciones de origen, etc. Paradójicamente eso no se da entre los investigadores más consagrados que son convocados a pensar políticas y acciones y crean instituciones…

Así, la elaboración de conocimientos/saberes que se produce desde/en los Sitios de Memoria no se encuentra con los estandares de acreditación académica. Por un lado, siendo la mayoría de las veces trabajos colectivos que para “refrendarlos académicamente” nos encuentra en la necesidad de establecer escrituras, mayormente despojadas de la colectividad en la que se produjo dicho saber y formateadas en y hacia los estándares solicitados por la academia. También es cierto que desde los ámbitos de gestión de los Sitios de Memoria, no se incentivó especialmente la articulación con quienes producen conocimiento desde la academia.

Confluencias paradigmáticas, competencias y solidaridades. Somos producto de nuestro contexto y nuestras opciones, habitus y deseos. La curiosidad y las oportunidades generan que estemos -un breve universo de personas- investigando sobre los sitios de memoria desde dentro de los mismos y desde afuera. Ya Bourdieu en La distinción nos habló de las afinidades electivas. En un mismo contexto sociopolítico, en el marco de un cambio abrupto de paradigma estatal al respecto de las violaciones a los Derechos Humanos se abre un campo de acciones donde podemos aportar desde la academia o desde la investigación-acción.

Así fue que unos formamos parte de los equipos incipientes de los incipientes proyectos de sitios de memoria y otros a los doctorados, post doc, becas PICT, etc sobre políticas públicas de memoria. Al unísono emergieron unos/as y otros/as. Así, al mismo tiempo, que se iniciaba la “recuperación” de la ESMA y el Olimpo hubo becarios con proyectos doctorales sobre cómo se recuperaron los sitios. En algunos casos, aunque se supone que no se puede, los becarios eran también miembros de los equipos. De un modo u otro, el campo de experticia sobre las políticas públicas de memoria se fue armando sincrónicamente con las mismas políticas públicas de memoria. En vías de institucionalización unas (las políticas) en vías de reconocimiento académico las otras (las experticias sobre) algunos de nosotros frecuentamos el otro universo pero con nuestra identidad fijada sobre una práctica determinada.

Las pretensiones de cerrar intelectualmente, y por fuera del ámbito de la intervención, las especialidades sobre los sitios de memoria como políticas públicas niega la coexistencia, sincrónica de la emergencia de estos trabajos y proyectos con la financiación de becas posgrados y encuentros etc sobre sitios de memoria. Quizás habría que pensar si esas becas doctorales y estudios no son también políticas públicas. Habría que considerar si esas becas y Programas no son parte de las mismas políticas públicas de memoria, extensión de las mismas en otra área institucional pero abordando una problemática compleja que requiere (entendemos nosotros) de responsabilidades nuevas, salidas del viejo continente canónico.

Es decir, en el ejercicio y búsqueda de consagración propia del campo académico algo de lo novedoso de la experiencia se pierde. Las estrategias de reconocimiento y

consagración de distinción requieren de cortar el vínculo entre lo práctico y la palabra. Genera una brecha con la noción de responsabilidad.

Ahí está el desafío: Hacer que las instituciones académicas y las de las políticas de derechos Humanos y Memoria converjan, articulen se lean y discutan. Que generen reciprocidad simétrica. Espacios concretos y asiduos de trabajo común de lectura común. Que no quede ni la consagración ni la herejía en la construcción de saberes cristalizada en una u otra parte, que la responsabilidad sea transversal y asumamos que la política pública de memoria nos es transversal a unos y otros de un lado y otro del campo de producción de saberes de memoria desde el/los Estados.

Producir saberes sin sordinas, con los oídos atentos a los otros; No acomodarnos en nuestros lugares negándonos a los otro,.producir saberes embebidos en las prácticas y haciéndonos responsables de nuestras prácticas es uno de los más grandes desafíos que tenemos por delante y una de las mejores maneras de dar cuenta de cuánto aprendemos de nuestros informantes.