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Premio Nacional de Educación Francisca Radke

Premio Nacional de Educación Francisca Radke Ideal de formación de las mujeres en la provincia de

Ideal de formación de las mujeres en la provincia de Bogotá, 1848-1868

Magnolia Aristizábal

Educación Francisca Radke Ideal de formación de las mujeres en la provincia de Bogotá, 1848-1868 Magnolia
Educación Francisca Radke Ideal de formación de las mujeres en la provincia de Bogotá, 1848-1868 Magnolia

Rector Oscar Armando Ibarra Russi

Vicerrector Académico Alejandro Alvarez Gallego

Vicerrector Administrativo y Financiero Ricardo Wilches Rojas

Vicerrector de Gestión Universitaria Gerardo Andrés Perafán Echeverri

Director Ejecutivo de la Fundación Francisca Radke Francisco Rodríguez Oróstegui

© Universidad Pedagógica Nacional

© Fundación Francisca Radke

© Magnolia Aristizábal

ISBN: 978-958-8316-26-0

Primera edición, 2007

Preparación Editorial Universidad Pedagógica Nacional Fondo Editorial Luis Eduardo Vásquez Salamanca Coordinador

Impreso en D'vinni Bogotá, Colombia, 2007

Prohibida la reproducción total o parcial sin permiso escrito de la Universidad Pedagógica Nacional.

Usted

es tan joven, está tan antes de todo comienzo,

que yo querría rogarle lo mejor que sepa, mi querido señor, que tenga paciencia con todo lo que no está resuelto en su corazón y que intente amar las preguntas mismas, como cuartos cerrados

y libros escritos en un idioma muy extraño.

No busque ahora las respuestas, que no se le pueden dar, porque usted no podrá vivirlas. Y se trata de vivirlo todo. Viva usted ahora las preguntas

La cultura del terror/ 3 Sobre la niña ejemplar:

Rainer Maria Rilke Cartas a un joven poeta

Una niña juega con dos muñecas y las regaña para que se queden quietas. Ella también parece una muñeca, por lo linda y buena que es y porque

a nadie molesta. (Del libro Adelante, de J. H. Figueira, que fue texto de enseñanza en las escuelas del Uruguay hasta hace pocos años).

Eduardo Galeano El libro de los abrazos

Dedicatoria

Este libro es un homenaje a las mujeres colombianas que realizan día a día una labor civilizadora, muchas veces invisibilizada por la ignorancia y la arrogancia del poder.

Agradecimientos

El proceso de investigación adelantado para optar al título de Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, de Madrid, España, ha sido una inmejorable oportunidad para vivenciar en la práctica la idea de que una investigación es un trabajo colectivo, en el cual se confrontan todas las relaciones vitales tejidas a lo largo de los años. El libro que ahora presento sólo fue posible gracias a la paciente y cálida labor de acompañamiento de muchas personas, quienes otorgaron sus mejores dones para cooperar en la labor del día a día del proceso, así como su infinita paciencia para asumirme como ser humano en toda mi complejidad y conflicto. Sobre todo en los momentos más críticos, esos que siempre están presentes en la búsqueda de las respuestas a los infinitos interrogantes que van surgiendo en el camino. Saber habitar en las preguntas, sin premura, con confianza y seguridad de la construcción de caminos para llegar a las respuestas: ese fue el aporte de todos. Muchas gracias. A ustedes ofrezco este grano de arena en la ruta trazada para generar posibilidades de una nueva humanidad, en la cual mujeres y hombres seamos sujetos de nuestro destino en toda su plenitud.

Igualmente, agradezco a Colciencias y a la Fundación para la Promoción de la Investigación y la Tecnología, del Banco de la República. Sus fondos, obtenidos a través de la participación en convocatoria abierta de concurso, me permitieron trabajar en condiciones menos difíciles. También, a la Biblioteca Luis Ángel Arango, a la Biblioteca Nacional, al Archivo General de la Nación de Bogotá y al Archivo Pedagógico de la Universidad de Antioquia en Medellín, pues fueron instituciones de puertas abiertas para las labores de archivo.

Magnolia Aristizábal

Presentación

La Universidad Pedagógica Nacional y la Fundación Francisca Radke para el desa- rrollo de la Universidad Pedagógica Nacional se complacen en poner a disposición de la comunidad educativa y científica latinoamericana el presente trabajo, titulado Madre y esposa: silencio y virtud. Ideal de formación de las mujeres en la provincia de Bogotá,1848-1868.

Nuestra complacencia se centra en dos aspectos: primero, estamos aportándole al sector un estudio de alto nivel que, sin duda, contribuirá a nuestro objetivo final:

lograr una educación de calidad e incluyente. Segundo, estamos reconociendo, animando y promoviendo el trabajo intelectual de estudiantes colombianos de pregrado y posgrado.

El trabajo resultó ganador en el VII Premio Nacional de Educación Francisca Radke, versión 2005-2006 que promueven y organizan nuestras dos entidades desde hace siete años. Adicionalmente, en esta ocasión el Premio contó con el valioso apoyo del Ministerio de Educación Nacional, la OEI, Colciencias, Canapro y la Cooperativa Editorial del Magisterio.

Para la ganadora del Premio Nacional de Educación Francisca Radke y autora de este libro, doctora Magnolia Aristizábal nuestras sinceras y entusiastas felicita- ciones y nuestros deseos para que continúe haciendo aportes al desarrollo del país y la región latinoamericana.

Osear Armando Ibarra Russi Rector Francisco Rodríguez Oróstegui Director Ejecutivo

Capítulo 2

i Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la

familia: espacios significativos de educación de

¡

las mujeres

" '

| La Iglesia: su preponderante papel en la provincia de Bogotá y su influencia en la formación moral de las mujeres

68

i Matrimonio y familia: destino ineludible para las mujeres

89

Segunda parte

Capítulo 3

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

La escuela pública elemental como el espacio específico para la educación de las mujeres

117

119

12 0

Consideraciones iniciales

1

20

Caracterización de la educación que recibían las mujeres. La segregación explícita como expresión de discriminación

1

26

La escuela pública secundaria y superior:

lugar de privilegio para la educación de los varones

145

El Colegio de La Merced: baluarte de la educación de las mujeres de la élite en la provincia de Bogotá

15 6

La vida interna de la institución: regida por reglamentos que

prefijan todo

1

59

Primera señal de la discriminación: las materias de enseñanza

1

63

Segunda señal de discriminación: vicisitudes de un proyecto

de formación para las mujeres de la provincia

174

Tercera señal de discriminación:

Hablan las protagonistas

hablan las cifras

La educación privada elemental: espacio para la educación de las mujeres y su ampliación durante el periodo de la libertad de enseñanza

1

85

18 7

19 0

Capítulo 4

El curriculum y los manuales escolares:

medios y fuentes para estudiar la discriminación

Las materias de enseñanza en las disposiciones legales de 1848 a 1868: ¿otra expresión de la discriminación?

"Modelos" de ser mujer propuestos en algunos manuales escolares

No sólo los manuales escolares educan:

otros textos que difunden "modelos" de ser mujer

Capítulo 5

El oficio de maestra:

201

203

218

241

un espacio de discriminación

257

La Escuela Normal como centro de formación de los varones

257

El ejercicio de la docencia por parte de las mujeres en el periodo de la libertad de enseñanza

267

Tercera parte

Capítulo 6

Colofón

Bibliografía

Conclusiones

289

291

301

303

Fuentes primarias

303

Fuentes secundarias

324

Introducción

Las palabras hombre, persona, niño, adulto i otras semejantes que en un sentido general se aplican a individuos de la especie humana, sin distinción de sexo, se entenderán comprender ambos sexos en las disposiciones de las leyes, a menos que por la naturaleza de la disposición, o el contesto, se limiten mani- fiestamente a uno solo. Por el contrario, las palabras mujer, niña, viuda, i otras semejantes, que desig- nan el sexo femenino, no se aplicarán al otro sexo, a menos que espresamente las estienda la lei a él 1 .

E l epígrafe que da comienzo a este estudio marca con claridad el espíritu de una época en Colombia, el siglo xix, entre 1848 y 1868, en la cual existían particulares modos de vivir y comprender las relaciones entre los géneros.

Esta investigación trata de las condiciones en las cuales las mujeres accedieron a la educación, en dos sentidos: uno, en lo respectivo al ideario que se desarrollaba en el conjunto de la sociedad y la cultura sobre la forma en que debían educarse las mujeres, y otro, en el campo específico de la escolarización.

1 "Código Civil y de Comercio". En Los doce códigos del estado de Cundinamarca, Bogotá, Imprenta de Echeverría Hermanos, 1859, tomo 2, título preliminar, capítulo 4, art. 22, p. 3. Se conserva en la cita la ortografía de la época. Todas las citas textuales se presentarán con la ortografía que aparece en el documento original. Es bueno advertir que, en ocasiones, seguramente por problemas tipográficos de la época, algunos textos aparecen al mismo tiempo sin uso y con uso de tildes. En todo caso se procuró ser fiel a la manera en que aparece el documento en el archivo.

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Introducción

Durante esta época, las mujeres aparecíamos incluidas en el universo de lo masculino, tal como lo muestra la legislación, y en particular el artículo señalado. Para ellos no sucedía lo contrario. Los varones no aparecían in- cluidos en el universo de lo femenino. ¿Por qué se producía esta particular manera de entender las cosas? ¿Cuáles eran las condiciones sociales, políticas, culturales, económicas que permitían esta situación? ¿Qué implicaciones específicas producían estas condiciones en la educación de las mujeres? ¿De qué mujeres en particular? Múltiples preguntas orientaron el presente estudio, con el propósito de adentrarnos en el pasado para desentrañar un universo que pueda explicar con mayor detalle y profundidad la educación de las mujeres colombianas en la actualidad. Queríamos encontrar la trama de los hilos que tejieron durante muchos años las inequidades entre hombres y mujeres que hoy persisten de manera distinta, quizá con menos intensidad, pero al fin y al cabo inequi- dades. Las mismas impiden y han impedido hoy, en los comienzos del siglo xxi, la existencia de una verdadera y completa democracia y el ejercicio de la ciudadanía de las mujeres con plenitud de derechos. Este estudio se refiere a lo que fuera la provincia de Bogotá durante el período de desarrollo del principio de la libertad de enseñanza. Esta medida estuvo acompañada de otras, que configuraron lo que se conoce con el nom- bre de "reformas de mitad de siglo", las cuales buscaron imponer el ideario liberal en medio de la tradición colonial que aún pervivía, no obstante haberse independizado de España en 1819. La investigación realiza un análisis pormenorizado de la educación de las mujeres en la provincia de Bogotá, utilizando para el mismo las categorías analíticas centrales de género e historia social. A través de una mirada global del contexto de la época, presenta de una manera comparada el ideal de for- mación que existía para los varones y las mujeres, particularizando el análisis en el papel de dos instituciones clave: la Iglesia y la familia. Se expone el proceso de incorporación de las mujeres a la instrucción pública y a la edu- cación privada, los modelos de formación que recibían las mujeres y cómo respondían los manuales escolares a este ideal. En suma, se ha establecido la relación entre cultura, Iglesia y familia en el proceso de educación de las mujeres, a través del estudio de la escolarización de aquellas que tuvieron la oportunidad de acceder a la escuela.

Madre y esposa: silencio y virtud

Para que en el Código Civil de la época aparecieran textos como el del epígrafe o el que presentamos a continuación, tendrían que existir unas par- ticulares condiciones que condujeran a una cosmovision de lo masculino- femenino en la cual las mujeres eran seres totalmente dependientes:

CAPITULO SEGUNDO. Escepciones relativas a la profesión u oficio de la mujer. Artículo 157. Si la mujer casada ejerce públicamente una profesión

o industria cualquiera, como la de directora de colejio, maestra de

escuela, actriz, obstetriz, posadera, nodriza, se presume la autoriza- ción jeneral del marido para todos los actos i contratos concernien- tes a su profesión o industria, mientras no intervenga reclamación

o protesta del mismo marido, notificada de antemano al público, o especialmente al que contratare con la mujer 2 .

Esta dependencia se gestó en la sociedad, la cultura, la escuela, espacios que cumplieron la misión específica de legitimarla en discursos y prácticas. La presente investigación procura mostrar estas condiciones. Estanislao Zuleta 3 , reconocido filósofo colombiano, afirma que es posible hacer preguntas significativas en un proceso de investigación sobre aquello que se conoce o se sabe suficientemente, pues en la medida en que se posee un amplio conocimiento de la temática que se va a abordar se logra descubrir aquellos aspectos borrosos, débilmente planteados por otros investigadores, insuficientemente planteados o que no se han tenido en cuenta. De este modo, dice el autor, pueden formularse preguntas de investigación sobre aquello que se sabe. En el caso de este estudio, mis inquietudes personales sobre la temática obedecen a tres campos de la vida que fueron integrándose en el proceso de formulación de las preguntas para la investigación. En primer lugar, mis estudios de Licenciatura en Ciencias Sociales, y particularmente el acercamiento a la Historia, dieron lugar a la necesidad de encontrar caminos que me permitieran conocer de manera más precisa el in- trincado mundo de sectores sociales excluidos, hecho que se complementaba

2 Ibidem, p. 18.

|19

3 E. Zuleta, Sobre la lectura. En Elogio de la dificultad y otros ensayos, Fundación Estanislao Zuleta, 1994, Feriva, Cali, 1997, pp. 107-108.

Introducción

con una discusión muy fructífera que se registró en Colombia, a raíz de la promulgación de la llamada renovación curricular 4 para la educación básica y media, la cual en el campo de la enseñanza de las ciencias sociales se planteó trabajar con la concepción de una "historia nueva" que se opusiera a la tra- dición de la llamada "historia monumental y heroica". Estos planteamientos están ricamente recogidos en las propuestas de la historia social, campo de trabajo muy nuevo en nuestro país. En segundo lugar, mi participación activa en el movimiento social de mujeres en Colombia, desde la década de 1980, permitió la incorporación

a mis saberes de toda la discusión que en ese entonces se gestó en torno a

los estudios de género. En lo que a esto respecta, la mayoría de las investi-

gaciones se han orientado en nuestro país a analizar la coyuntura política

para responder a las urgencias del momento, pero son escasos los estudios

de carácter histórico que aborden distintos aspectos de la vida de varones y

mujeres desde la perspectiva de género.

Y en tercer lugar, gracias al proceso de investigación realizado para obtener mi título de posgrado en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali 5 , se afirmó

mi

interés por profundizar y ampliar el conocimiento sobre las condiciones

en

las cuales las mujeres tuvieron acceso a la educación en nuestro país. En

suma, mi aspiración y el resultado de mi trabajo fueron los de integrar saberes

y vivencias acumulados en varios años de experiencia, tanto en la docencia

como en la investigación, y en la vida misma también. Un estudio de doctorado encuentra sentido justamente en esta posibilidad de integración que se torna

en una riqueza incalculable, pues permite tejer en la tarea de investigación

4 La renovación curricular se produjo en Colombia a partir del año 1984. Su planteamiento principal en las ciencias sociales fue el de la integración de las disciplinas alrededor de los conceptos centrales de espacio, tiempo y estructura social. A partir de su promulgación se produjeron nuevos textos escolares en los cuales, para el caso de la historia, insistieron en planteamientos críticos a la historia que se ocupaba sólo de resaltar los héroes (no las heroínas) de la Independencia y las fechas importantes de los eventos políticos más significativos del país.

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5 La investigación realizada para optar al título de Maestría en Educación se denominó Género y discriminación en la escuela. Propuesta de estrategias para su reconocimiento y revisión, Pontificia Universidad Javeriana, Cali, 1993. Se trató de un estudio de carácter etnográfico mediante el cual se diagnosticaron las actitudes de maestras y maestros respecto a las relaciones de género, en cinco instituciones educativas de las ciudades de Cali, Buenaventura y Puerto Tejada.

Madre y esposa: silencio y virtud

todos los hilos que quizá se encontraran sueltos y construir una red explicativa

y comprensiva que amplíe significados y perspectivas. El hecho de haber conocido los aportes de la tesis doctoral de Olga Lucía Zuluaga G. 6 , quien se ocupó de estudiar la instrucción pública en Colombia en el siglo xix, así como de haber trabajado en el desarrollo del proyecto de compilación de las disposiciones legales sobre instrucción pública de la pro-

vincia de Bogotá 7 , me permitieron formular muchas preguntas, entre las cuales

la principal fue la de tratar de descubrir si durante los veinte años estudiados,

de 1848 a 1868, se habían registrado cambios significativos en la educación de las mujeres. Esta primera inquietud fue ampliándose a la necesidad de buscar una mayor y mejor comprensión del ideario de la época, y en particular qué ideal de formación existió para las mujeres y para los varones. En tanto este ideario se encarnaba en instituciones, tenía que acercarme a la familia y a 3a Iglesia, en especial al sistema escolar, a través de sus establecimientos, las escuelas, y sobre todo a los planes de estudio y los manuales escolares. Para allanar el camino propuesto fueron muy útiles los seminarios de doctorado 8 que cursé, pues me permitieron realizar búsquedas específicas en cada uno de los temas mencionados, hecho que garantizó la construcción de la tesis de una manera más completa.

Para responder a las preguntas de la investigación inicié el proceso de pesquisa orientada por una hipótesis de trabajo: si durante el período de las reformas de la mitad de siglo venían registrándose cambios significativos en la vida social, económica, religiosa y política, podría evidenciarse una sensible repercusión de éstos en el sistema educativo, y muy particular- mente en la educación de las mujeres. Sin embargo, existía la posibilidad

6 O. L. Zuluaga. La instrucción pública en Colombia,

1845-1868: entre el monopolio y la libertad

de enseñanza. El caso de Bogotá, tesis doctoral, Madrid, UNED, 1999,

7 O. L. Zuluaga, D. B. Osorio y M. Aristizábal. Disposiciones legales sobre instrucción pública en Bogotá (1832-1858), Santafé de Bogotá, IDEP, 1998.

8 Para el seminario de doctorado del curso Historia del Currículo Escolar realicé el inventario de manuales escolares en los años 1840-1870. Para el de Historia de la Educación Infantil elaboré un análisis de los modelos de mujer y varón presentes en algunos de los manuales escolares. Igualmente las cuestiones teóricas fueron abordadas en los seminarios Género, Sexismo y Educación Escolar; Métodos y Enfoques en la Historia del Curriculum y La Educación como Objeto de Investigación en la Historia Social.

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Introducción

de que en un tiempo tan breve -veinte años-, difícilmente pudieran mos- trarse con claridad tales cambios, más aún si se tiene en cuenta que, en las condiciones de un sistema patriarcal, que ha subsistido durante estructuras sociales como el feudalismo y el capitalismo, las transformaciones son muy lentas y, por lo tanto, más claramente verificables si son períodos de larga duración los que se consideran. Ya en el desarrollo del proceso investigativo fueron mostrándose las dificultades de encontrar variaciones significativas en el ideal de formación de las mujeres y varones, aunque sí fue posible encontrar algunos aspectos importantes, como el hecho de que hubiera una ostensible preferencia por enviar las niñas a escuelas privadas elementales, situación que se ve en las cifras aportadas al contar el número de estas ins- tituciones abiertas durante el período de duración de la Ley de Libertad de Enseñanza. Se puede entonces hablar de una tendencia generalizada en el país, con características claramente señalables, respecto a un modelo de for- mación distinto para varones y mujeres, el cual seguramente puede presentar variaciones de carácter regional. Esta circunstancia obligaría a realizar estudios comparados por regiones mediante investigaciones para el mismo período.

Este libro se encuentra organizado en tres partes. La primera, constituida por los capítulos 1 y 2. El capítulo 1 aborda los problemas teóricos generales. Por un lado, se ocupa de la presentación de la historia social de la educación como un campo de estudio muy reciente en Colombia y de la categoría gé- nero como un aporte de la teoría feminista a los estudios de historia social en general. Es importante señalar cómo la perspectiva de género es muy útil porque nos obliga a abordar el problema de manera comparada, de manera relacional. Las especificidades para uno y otro género (femenino y masculi- no) son consideradas en cuanto tales, para luego detenernos en el colectivo mujeres más precisa y específicamente. Por otro lado, se ocupa de las delimitaciones de la investigación desde el punto de vista espacial: la provincia de Bogotá, y temporal: el período de la libertad de enseñanza, de 1848 a 1868. Primero se hace una descripción de las características de la provincia de Bogotá como espacio geográfico y ad- ministrativo, y luego se analizan las condiciones en las cuales se promulgó la Ley de Libertad de Enseñanza en Colombia, así como sus implicaciones prácticas para los efectos de la educación en general. Además, este capítulo sitúa la investigación en el contexto colombiano de la época. Así, se detiene

Madre y esposa: silencio y virtud

en el análisis de los aspectos económicos, sociales y políticos de la vida co- lombiana de 1830 a 1870, deteniéndose con mayor detalle en las reformas adelantadas en la mitad del siglo xix, con el fin de conocer cuáles fueron sus repercusiones en la Iglesia y en el sistema escolar. El capítulo 2 analiza de manera específica las fuertes influencias que ejercieron tanto la familia como la Iglesia en la formación de las mujeres. También muestra la estrecha relación existente entre los preceptos de la Iglesia católica y sus repercusiones en un modelo de familia que era de tipo patriarcal, con el consiguiente destino natural otorgado y exigido a las mujeres de ser madres portadoras per se de instinto maternal, abnegadas, sacrificadas, virtuosas. Esta relación es de vital importancia a la hora de comprender cuál era el ideal de formación para las mujeres, y cómo la Iglesia desempeñó un minucioso papel en el cumplimiento de su doctrina, hasta lograr la imposi- ción del matrimonio católico con un modelo de familia nuclear, extraño a las condiciones culturales de los habitantes de América Latina a la llegada de -~

los españoles a este territorio. La segunda parte, la más extensa, está conformada por los capítulos 3, 4

y 5. Estos se ocupan de desarrollar los planteamientos centrales de la inves-

tigación en cuanto a presentar de forma pormenorizada las condiciones en las cuales las mujeres de la provincia de Bogotá accedieron a la educación formal, en el marco de una instrucción pública precaria, la cual enfrentaba dificultades de todo orden: financieras, de escasez de maestros y maestras, irrisoria disponibilidad de útiles escolares, deficiencias locativas, etcétera.

El capítulo 3 analiza con detenimiento cómo la instrucción pública ele-

mental fue el espacio de formación para las niñas de la provincia, eviden- ciando como factor de discriminación el hecho de que no tuvieran acceso a

la educación secundaria y superior, al contrario de los varones, que sí fueron

educados en las profesiones liberales: sacerdocio, medicina y derecho. Se muestra en este apartado la ostensible discriminación que existió para la educación de uno y otro género. El lugar de privilegio para la educación de las mujeres de la élite de la provincia de Bogotá fue el Colegio de La Merced, institución pública a la cual se dedica un análisis detallado de su vida interna, materias de enseñanza, dificultades que afrontó durante los veinte años que abarca nuestro estudio y algunas voces de las mismas protagonistas. Asimis- mo, se señala cómo la educación privada elemental fue uno de los espacios

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Introducción

preferidos por padres y madres de familia para educar a las niñas, basados en argumentos de carácter moralista. Las evidencias señaladas sobre la clara asimetría que existió entre la edu- cación de las mujeres y la de los varones se corrobora en el capítulo 4, el cual se ocupa de analizar, por un lado, la relación entre los planes de estudio y los contenidos de los manuales escolares usados en la época, tanto para las insti- tuciones escolares de niños como para las de las niñas. En ellos se muestran los modelos ideales de formación propuestos para las mujeres y los varones. Por otro lado, se logra documentar cómo otros textos de amplia difusión en la prensa de la época promovían también estos modelos, lo cual muy seguramente no es una coincidencia, sobre todo si se tiene en cuenta que la casi totalidad de estos textos fueron escritos por los varones de la época. Además, estos modelos de "ser mujer" fueron encontrados en otro tipo de documentos, los cuales fueron estudiados para hallar coincidencias que nos permitieran afirmar todo lo expuesto en este capítulo. Así, se analizaron los diferentes artículos de opinión aparecidos en los periódicos, en su gran mayoría escritos por hombres, en los que se reflejan concepciones específicas del modelo de mujer que se tipificó durante el siglo xix. El capítulo 5 presenta una caracterización del oficio de maestra. En este apartado se revela cómo la docencia era un oficio aún no "feminizado" de- bido a varios factores: la escasez de escuelas para niñas, la inexistencia de una escuela normal para las mujeres en el período estudiado y, por ende, la insuficiente preparación de las maestras. Estos factores operaron en un círculo vicioso que reproducía la discriminación en el acceso a la educación, así como el carácter y la calidad de la formación que se impartía a las mujeres. La tercera parte está constituida por las conclusiones generales de la in- vestigación y la bibliografía. Esta aparece clasificada por fuentes primarias y fuentes secundarias. Las fuentes primarias se encuentran organizadas por tipos de documentos: periódicos, constituciones, códigos, leyes, decretos, ordenanzas, acuerdos y circulares, ordenados cronológicamente. En el caso de las memorias e informes de gobernadores, así como de los manuales escolares, se encuentran consignados alfabéticamente por el apellido y nombre del autor. Las fuentes secundarias se encuentran en estricto orden alfabético. Las fuentes de esta investigación fueron consultadas en los archivos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Biblioteca Nacional, el Archivo General de

Madre y esposa: silencio y virtud

la Nación de Bogotá y el Archivo Pedagógico de la Universidad de Antioquia en Medellín. La primera cuenta con una sala de Libros Raros y Manuscritos, así como con una Hemeroteca en la cual se encuentra la prensa colombiana del siglo xix. La segunda posee la sala de Libros Raros y Curiosos y una He- meroteca con prensa del siglo xix también. El Archivo General de la Nación posee una sección de documentos del período de la República, debidamente catalogados en la división de instrucción pública. El Archivo Pedagógico de la Universidad de Antioquia tiene fuentes documentales catalogadas en el campo de la educación para el siglo xix. Es necesario señalar aquí una de las mayores dificultades que hemos afrontado en el trabajo documental, por cuanto no existen en Colombia inves- tigaciones previas sobre los documentos del período estudiado que ofrezcan una clasificación temática y, sobre todo, no existen fondos documentales pensados desde la perspectiva de género. Uno de los resultados del trabajo documental realizado es la identificación de una serie de textos en educación -manuales escolares, artículos de periódicos y revistas- que son una fuente rica para estudios posteriores. Sumada a esta dificultad se encuentra también el hecho incontrovertible de la abrumadora ausencia de fuentes escritas por las mismas mujeres. Esta circunstancia puede interpretarse en dos sentidos:

por un lado, como limitación para la investigación, situación que nos llevó a realizar una inferencia permanente de lo dicho entre líneas en los discursos elaborados por los varones (léase disposiciones, leyes, manuales, normas, artículos de opinión, poemas, novelas, etc.), y por el otro, como expresión evidente de la invisibilización que vivieron las mujeres de ese tiempo en los lenguajes escritos 9 , pues fueron escasos los documentos escritos por las mu- jeres en el período estudiado. De este modo, las posibles actitudes y prácticas de resistencia de las mujeres ante la evidente exclusión de la vida pública y de los espacios sociales resultan casi imposibles de documentar convencio-

8 En Colombia aú n no existen compilaciones temáticas de textos escritos en el siglo XIX en los diferentes campos del saber, a la manera, por ejemplo, del interesante libro de las autoras Catherine Jagoe, Alda Blanco y Cristina Enríquez de Salamanca titulado La mujer en los discursos de género. Textos y contextos en el siglo XIX. Barcelona, Icaria-Antrazyt, 1998. En este libro se recogen textos producidos por hombres y mujeres en el siglo XIX en España, en campos como la medicina, el derecho y la educación.

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Introducción

nalmente siendo necesario realizar, repetimos, procesos de inferencia de las fuentes localizadas. En el marco de una construcción de proyecto de nación muy débil, con una democracia precaria, evidenciada en factores flagrantes de desigualdad social y política, se produjo la educación de las mujeres -algunas mujeres- de la provincia de Bogotá de 1848 a 1868, bajo el modelo de formación en el silencio y la virtud. Esta muestra, probablemente representativa de lo que ocurría a lo largo y ancho de Colombia, se convierte en una prueba fehaciente de la deuda histórica que se tiene con las mujeres en lo relativo a principios de igualdad. Estudios regionales adicionales podrán corroborar este hecho. En todo caso, esta investigación pretende ser un estudio, en línea con otros, que contribuya al análisis de la historia social de la educación en Colombia. Queda entonces la puerta abierta para futuras investigaciones.

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Primera parte

Capítulo 1

Contexto teórico y espaciotemporal. Los estudio s de géner o en el marco de la historia social de la educación

L a presente investigación ha estado iluminada en su desarrollo por dos cuestiones teóricas centrales, las cuales han servido como sustento de la argumentación y para acompañar todo el proceso de análisis de los docu-

mentos, además de haberse constituido inicialmente en faros orientadores de la misma búsqueda de las fuentes probatorias del estudio. No es casual que ambos campos teóricos hayan tenido históricamente sus momentos más productivos hacia las décadas de los años sesenta y setenta del siglo xx. Por un lado, la llamada historia social y, por el otro, los estudios de género. No quiere decir esto que ambos campos hayan surgido "cogidos de la mano", pero sí se dieron simultáneamente en condiciones políticas, sociales, económicas y culturales que en cierto modo fueron uña ruptura con paradigmas tradicionales de las ciencias sociales, en un ejercicio de crítica fundamentada a los mismos, y en la producción o construcción de nuevas propuestas de abordaje de los estudios sociales y humanos. En este sentido, la presente investigación se ha apoyado en los aportes teóricos de la historia social de la educación, para trabajar el período elegido intentan- do salirse del paradigma de la llamada "historia monumental", para presentar desarrollo s d e l a époc a escogid a a travé s de l tejid o socia l qu e s e construí a e n e l 129 momento y procurando también encontrar en diversidad de actores sociales las rutas de elaboración de ese tejido. Y al mismo tiempo, apoyándose en la catego- ría de género, mostrar en las relaciones asimétricas, jerárquicas y desiguales, a las mujeres y los varones como sujetos de su propia historia. Una historia que

Contexto teórico y espaciotemporal

otrora aparecía neutra, pero que hoy exige estudiarse encarnada en cuerpos sexuados. Es éste el aporte del género.

La historia social de la educación

El estudio se enmarca en la historia social de la educación, un campo de in- vestigación de reciente actividad en Colombia. El método de la historia social, de carácter hermenéutico, se centra en el análisis de los movimientos y grupos sociales, de sus mentalidades, de los sujetos que no habían tenido espacio para ser estudiados por la historia tradicional. Estos grupos: mujeres, niños, niñas, an- cianos y grupos étnicos tienen ahora su propia voz en la disciplina histórica. La historia de la educación en su desarrollo como un campo de saber espe- cífico no ha sido ajena a los avatares de la historiografía general. Y no podría ser de otra manera, puesto que como lo plantea L. Febvre metafóricamente,

" se puede asir al hombre, por comodidad, de tal o cual miembro, por la

pierna o por el brazo, más que por la cabeza. Es igual: siempre será el hombre entero lo que se arrastra desde el momento en que se tira de él. No se puede descomponer a un hombre en trozos sin matarlo. Por eso el historiador no tiene que hacer pedazos de cadáveres" 1 . En tal sentido puede hablarse de una historia de la educación al "viejo estilo" 2 y de una historia social de la educación. En el primer caso, la historia de la educación se ha realizado desde una pers- pectiva historicista-positivista en la cual se ha puesto énfasis en lo institucional de la educación, limitada a registrar y describir hechos relativos a aspectos político-institucionales de la educación. Este modo de trabajar es hijo de una concepción de la historia como erudición, narración al estilo rankeano, donde era más importante registrar las ideas de las personas, los acontecimientos y las acciones de grupos en el poder. Es la llamada historia monumental. Dentro de esta tradición de realizar historia, se ha caracterizado este modo de hacer historia de la educación como historia de la enseñanza y, más es- pecíficamente, historia escolar, reducida al estudio de los establecimientos

1 Citado por A. Tiana en La investigación históríco-educativa actual. Enfoques y métodos. Madrid, UNED, Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, 1988, p. 85.

2 Término prestado a M. de Vroede en Tendances Actualles en Histoire de L'éducation. En Full infomatin de la coordinadora de les Jomades d'Historia de l'educaió ais països catalans, n.° 1. Girona, maig de 1980.

Madre y esposa: silencio y virtud

escolares, biografías, monografías sobre ciertos movimientos, o asociaciones que han influido en la enseñanza, evolución de ciertos tipos de escuela o ciertos niveles de enseñanza, monografías que dan una visión de la evolu- ción de las instituciones escolares o de cierto sector de la enseñanza en una comuna o región en períodos más o menos largos, entre otros. Este modo de hacer historia se sitúa cronológicamente en el siglo xix y comienzos del xx y no analiza las relaciones entre el sistema escolar y los factores configurativos de las estructuras histórico-sociales. Ahora bien, con el desarrollo de disciplinas como, la.sociología, la economía, la psicología y la antropología, se estableció un encuentro con la historia que derivó en la necesidad de establecer los vínculos entre los fenómenos educa- tivos y la sociedad, produciéndose una apertura que "podría llamarse el des- cubrimiento de la educación y de la enseñanza como fenómenos sociales" 3 . Esta idea tomó fuerza en las décadas de los años sesenta y setenta. Afloraron importantes estudios y publicaciones en Francia, Alemania, Gran Bretaña, Esta- dos Unidos, que se ocuparon específicamente de las relaciones entre educación y sociedad. En palabras de A. Tiana, "el fenómeno educativo debe ser estudiado en relación con el resto de la sociedad" 4 . Se llega así a lo que ahora se llama historia social de la educación, que se propone "resituar el fenómeno educativo dentro de la compleja dinámica social y económica de las sociedades" 5 .

En consecuencia, el carácter de la historia social de la educación se ubica en dos grandes campos de investigación. Por un lado, en las relaciones entre enseñanza y economía, y por el otro, en las relaciones entre escuela y sociedad. Desde estos dos campos puede plantearse un inventario aproximado, abierto, de temas que permitan ubicar a la historia de la educación en la esfera de la historia social, teniendo en cuenta la necesidad de un trabajo interdisciplinario 6 :

Desde la demografía histórica: útil para conocer el grado de implementa- ción de los sistemas escolares o los efectos culturales de la escolarización formal, medidos a través de las tasas de alfabetización; el tratamiento cuantitativo de las poblaciones escolares. Aunque en el siglo xix en

3

De Vroede. Ibidem, p. 16.

4

5

A. Tiana, op. cit., p. 51.

E Sola. Citado por A. Tiana, op. cit., p. 51.

6

Es importante aclarar que el "inventario" sigue la propuesta hecha por A. Escolano, Historia de la Escolarización e Historia Social. En Cinco lecturas de historia de la educación, Universidad

Contexto teórico y espaciotemporal

Colombia la información estadística disponible es precaria, imprecisa y dispersa, en el capítulo 3 se presenta en forma detallada un breve análisis comparativo de la escolaridad de niños y niñas, tanto en la instrucción pública como en la privada. Se mostrarán básicamente las tendencias de escolarización y, sobre la base de la categoría de género, se pondrá en evidencia el acceso desigual e inequitativo de las niñas al sistema escolar del período estudiado.

Desde la historia económica: los sistemas educativos se desarrollan a impulso de las expectativas, demandas y coberturas de las revoluciones industrial y burguesa. Desde este punto es posible asociar ritmos de la implantación escolar con determinadas coyunturas o ciclos de expansión o recesión de la economía; establecer relaciones entre determinados modos de producción económica y ciertos aspectos del proceso de escolariza- ción; investigar sobre aspectos internos de la escuela como presupuestos

e inversiones en materia escolar, etc. En el caso del período estudiado,

se mostrarán las permanentes vicisitudes sufridas por los distritos pa-

rroquiales, los cabildos, los alcaldes en el tema presupuestal y cómo los permanentes déficits afectaron de manera directa la instrucción pública

y en particular la existencia de escuelas para niñas.

Desde la historia social, en sentido estricto: conocer las características de los grupos que ostentan el poder educativo o luchan por él, quiénes no acceden al sistema educativo; extrapolación de conceptos como movilidad

y cambio, estatus, élites y masas sociales; relaciones entre la pertenencia

a un grupo y el acceso a la educación formal; extracción social de los

docentes; actitudes ante la escuela; modos de educación rural y urbana. Esta característica de la historia social es particularmente significativa para mostrar cómo en Colombia, en el período estudiado, la instrucción

pública fue un privilegio para determinados grupos sociales del siglo xix, grupos de élite y mestizos, mestizas pobres, habitantes de las áreas urbanas, no de las rurales.

32 |

de Salamanca, 1984, sin desestimar que los abundantes interrogantes planteados por De Voedre muestran y complementan la lista de temas aquí señalados, y puede convertirse en un rico catálogo de opciones para la investigación.

Madre y esposa: silencio y virtud

Desde la historia de las mentalidades: actitudes ante el mundo, la vida, la familia, el sexo, las relaciones de género, la escuela y la infancia. Los análisis que se presentan en los capítulos 2, 3 y 4 muestran en detalle los efectos que produjeron instituciones como la Iglesia y la familia. Un modelo muy específico de formación para las mujeres, que se diferenciaba ostensiblemente del impartido a los varones.

Desde la historia política: explicación de las interdependencias de los hechos institucionales y administrativos con las actitudes, ideologías y condicionamientos de los grupos de presión o poder. En esta perspectiva, las reformas de mitad del siglo xix que se dieron en Colombia, las cuales se describirán ampliamente en este capítulo, promo- vieron de manera intencional el desarrollo de la instrucción primaria en la búsqueda de alfabetizar a la población que pudiera luego presentarse a las urnas y hacer uso del sufragio universal. Se mostrará cómo esta medida afectó directamente la educación de los varones y de las mujeres, pues en el caso de ellas no tuvieron derecho a la participación en ningún proceso electoral durante este período, circunstancia que influyó de manera profun- da en el modelo de formación que imperó para las mujeres durante todo el siglo xix e inclusive la primera mitad del siglo xx. Es una discusión directa con el hecho de que las mujeres no fueron ciudadanas plenas.

Desde una perspectiva más interna:

- Una nueva historia del curriculum, de los métodos y materiales de instrucción.

- Su relación con la historia de las ciencias.

- Construir una historia de los métodos de enseñanza con una historia material de la enseñanza, interrelacionada con la historia de las técnicas.

- Estudio de la organización interna de las instituciones; el microuni- verso escolar.

De las tres perspectivas mencionadas, en esta investigación se logra presentar una relación entre las materias de enseñanza vigentes entre 1848 y 1868, y los manuales escolares utilizados. En el capítulo 4 se seleccionan algunos de los manuales, para desentrañar concepciones de formación para varones y mujeres, estableciendo de esta manera una relación entre la historia social y la categoría de género.

33

Contexto teórico y espaciotemporal

El aporte del trabajo histórico en el campo de la educación a través de la historia social de la educación es invaluable, puesto que, al lado de los amplios progresos que ha realizado la sociología de la educación para desentrañar las relaciones escuela/sociedad, para explicar esta dinámica es absolutamente in- dispensable incorporar la dimensión histórica. Los problemas, las concepciones y las actitudes frente a la educación no se producen en una realidad ahistórica. Obedecen a cambios específicos producidos en el tiempo y en tal sentido la historia social de la educación puede dar cuenta de dichos cambios.

En la línea de esta reflexión, las palabras de Agustín Escolano ayudan a precisar el papel de la historia social de la educación:

No se puede hoy hacer una historia de la educación rigurosa sin analizar las estructuras y comportamientos sociales que operan sobre

la historia social, en sus relaciones con las

investigaciones acerca de la escolarización, ayuda a conocer las carac- terísticas de los grupos que ostentan el poder educativo o luchan por él, así como de los colectivos escolarizados y de los que no acceden a esta condición, incluidos las minorías y otros sectores ignorados del conglomerado social -las llamadas "gentes sin historia" 7 .

los sistemas escolares

El género como categoría de análisis

Le aseguro que no soy enemigo de las mujeres. Soy muy partidario a que se empleen como labradoras o en cualquier otra condición manual. Tengo dudas, sin embargo, en cuanto a la probabilidad de que triunfen en los nego- cios como capitalistas. Estoy seguro de que los nervios de la mayoría de las mujeres no resistirían la ansiedad, y que casi todas ellas están absolutamente desprovistas de la disciplinada reticencia necesaria para cualquier especie de cooperación. Tal vez dentro de dos mil años haya cambiado todo, pero las mujeres actuales sólo pueden flirtear con los hombres y discutir entre sí. (Extracto de una carta de Walter Bagehot a Emily Davies, que le había solicitado su ayuda para fundar Girton).

34

7

8

Virginia Woolf Tres guineas 6

A. Escolano. Cinco lecturas de historia de la educación, Universidad de Salamanca, 1984, p. 25.

V. Woolf. Tres guineas, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1979, traducción de Román J. Jiménez, p. 65.

Madre y esposa: silencio y virtud

Ha pasado mucha agua debajo del puente, después de que se hubiera publicado por primera vez este vigoroso ensayo de Virginia Woolf (1938), justamente cuando en Europa se gestaban las condiciones para el estallido de la Segunda Guerra Mundial. A la pregunta ¿cómo pueden las mujeres contribuir a im- pedir la guerra? Virginia Woolf escribe tres cartas, tres ensayos, tres guineas como ella las llama, en las cuales plantea que la manera de hacerlo no es uti- lizando los mismos métodos del mundo masculino, como las contribuciones en dinero, las conferencias, los mítines, sino a través de la educación de las mujeres, primera guinea; a través de profesiones que les permitan indepen- dencia, segunda guinea; y mediante la protección de la cultura y la libertad intelectual, tercera guinea. Este trabajo, junto al libro de Simone de Beauvoir, El segundo sexo, escrito en 1949, en el cual discute con los puntos de vista de la biología, del psicoanálisis y del materialismo histórico sobre la mujer, para mostrar cómo se ha constituido la realidad femenina definida como el Otro 9 , constituyen los aportes más significativos de la primera mitad del siglo xx para estudiar y comprender las condiciones de las mujeres. Desde la literatura y la filosofía, podría decirse que esos dos documentos son los ante- cedentes 10 más importantes para una reflexión que luego sería profundizada y ampliada por el movimiento feminista a partir de la década de los sesenta. El antecedente más claro de la categoría de género lo vislumbraba Simone de Beauvoir cuando afirmaba que:

No se nace mujer: llega uno a serlo. Ningún destino biológico, físico

o

económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad

la

hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese

producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino. Sólo la mediación de un ajeno puede constituir a un individuo en un Otro".

q

111

11

S. de Beauvoir. El segundo sexo, Buenos Aires, Siglo Veinte Editores, 1987, tomo 1, traducción de Pablo Palant, p. 181. La autora afirma que "la historia nos muestra que los hombres han tenido siempre todos los poderes concretos; desde los comienzos del patriarcado han juzgado útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus códigos han sido establecidos contra ella, y de ese modo ha sido convertida concretamente en el Otro".

Sin desconocer los valiosos aportes hechos en el siglo XVIII por Mary Wollstonecraft con su obra Vindicación de los derechos de la mujer escrita en 1792 y por Olympe de Gouges en su manifiesto

Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana,

1791.

De Beauvoir. Op. cit., vol. 2, p. 13.

Contexto teórico y espaciotemporal

En efecto, el concepto de género es una categoría de análisis aportada por las feministas estudiosas de las ciencias sociales, en la década de 1970. Por lo tan- to, su uso es muy reciente 12 . Como categoría de análisis, es una construcción mental elaborada para comprender la vida de los seres humanos, adentrarse en su mundo y poder así construir las respuestas a los múltiples interrogantes sobre la condición humana. Esta categoría explica las relaciones entre mujeres y hombres por un lado, y a su vez, explica las condiciones y características sociales, culturales, económicas, políticas de uno y otro género. Las relaciones entre mujeres y hombres están fundadas, según Joan Scott 13 , sobre relaciones primarias de podei;,jexp.resadas en diferencias significativas de oportunidades sociales, culturales y políticas, las cuales se manifiestan de forma distinta y desigual en el acceso y control de los recursos para la vida. Tales diferencias son producto de un entrelazamiento entre lo biológico (que ubica el sexo) y lo cultural (que ubica el género), sin que existan límites o fronteras claramente delimitadas en esta diada sexo-género. Ya Simone de Beauvoir, en su obra clásica, destinaba un capítulo completo a analizar los presupuestos de la biología, los cuales mostraban las diferencias biológicas entre machos y hembras en el reino animal, así como las diferencias entre hombres y mujeres como especie humana, pero "lo que existe concretamente no es el cuerpo, objeto descrito por los sabios, sino el cuerpo vivido por el sujeto" 14 . Aquí empieza a avizorarse lo que luego se definiría como la diada sexo-género, particularmente útil para comprender la construcción cultural, histórica y social que viven los sujetos, varones y mujeres.

En tanto no existe una taxativa separación entre los dos conceptos, sexo y género, puede afirmarse que la categoría género permite asociar ambos para definir la construcción cultural que se hace de cada ser humano a través de la socialización. Como construcción cultural, realizada en el proceso de socializa-

12 Para una información más amplia del uso del concepto género, véase el artículo de P di Cori.

Marco teórico-metodológico para la historia de las mujeres y las relaciones de género. En Bailarín

y T. Ortiz, La mujer en Andalucía. Primer Encuentro Interdísciplinar de Estudios de la Mujer,

tomo 1, Universidad de Granada, 1990, pp. 134-135.

36 j

13 J. W. Scott. El género: una categoría útil para el análisis histórico, en J. Amelang y M. Nash.

Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea, Valencia, Ediciones Alfons

el Magnànim, 1990, pp. 44-46.

14 S. de Beauvoir. Op. cit., vol. 1, p. 61.

Madre y esposa: silencio y virtud

ción, se aprende a "ser mujer" y a "ser varón" en determinada cultura. Por ello, el ser mujer y el ser varón, como conceptos culturales, varía en los diferentes contextos del mundo, y en tal sentido no puede hablarse de "la mujer" y "el hombre" como categorías universales. Además, como construcción cultural, es a la vez histórica. Los conceptos de ser mujer y de ser varón son dinámicos

y diversos. Han sufrido profundas variaciones a lo largo del tiempo. Todas las instancias que contribuyen al proceso de socialización (primarias

y secundarias) están inmersas en una cultura que va configurando determi- nados y específicos comportamientos marcados por la pertenencia a un sexo, femenino o masculino, y por papeles que ubican el ser mujer y el ser varón dentro de unos modelos construidos y fijados culturalmente. A estos pape-

les, construidos socialmente, en tanto corresponden a uno u otro sexo, se les denominan roles de género. Según Berger y Luckman 15 , la socialización es

el modo en que el individuo se inserta en la objetividad del mundo, de una

sociedad o de parte de ella. La realidad de esa sociedad va cambiando, se va aprehendiendo e interiorizando por parte del sujeto. El mundo objetivo donde ""/ nace el niño o la niña les asigna diferentes roles que la sociedad históricamente / ha construido y que se convierten en el capital simbólico que permite a los seres humanos, varones y mujeres, insertarse en el mundo, en la cultura. \

r" La categoría género, por otro lado, ha sido clave para discutir con los plan- teamientos de carácter determinista y esencialista que han pretendido ubicar en la "naturaleza" de las mujeres su destino de subordinación y opresión. .En este sentido, mucho antes ya las feministas habían trabajado el concepto de patriarcado, como una noción que se refiere a la relación social y sexual, constituido como sistema político, social, económico, cultural, que expresa las relaciones de asimetría entre mujeres y hombres, y en el cual el varón ha mantenido un poder de dominación, ha sido el "opresor" o "dominador". En el capítulo 2 se verá cómo las concepciones que portan tanto la Iglesia como la familia, en tanto instituciones socializadoras de mucho poder en el siglo xix, despliegan de manera profusa argumentos de carácter naturalista y esencialista para justificar la necesidad del mantenimiento del matrimonio monogámico, católico, como el modelo a seguir por las mujeres; esta idea tuvo | 37 una divulgación constante y se encuentra en la mayoría de los documentos

.

15 P. Berger y T. Luckman. La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1986.

Contexto teórico y espaciotemporal

estudiados en el período. Asimismo, junto a esta idea, se difunde una concep- ción de los "deberes naturales" de las mujeres entre los cuales el ser madre

y esposa, son los centrales. Igualmente, en los capítulos 3 y 4 se presenta en

detalle cómo estas instituciones, familia e Iglesia, eran acompañadas por la escuela, para completar el ciclo de formación hacia este modelo propuesto para las mujeres. Tales argumentos se sustentan en una concepción patriarcal de la sociedad. El tema del patriarcado ha sido ampliamente estudiado por las teóricas feministas, quienes se han ocupado desde diversas disciplinas, como la antro- pología, la sociología y la psicología, de estudiar su génesis, sus estructuras, sus expresiones culturales, etc. De acuerdo con estos estudios, el patriarcado es un sistema que ha sobrevivido en todos los estadios históricos conocidos,

de allí que se hable de su "universalidad". Etimológicamente significa "go- bierno de los padres o patriarcas" 16 . En la definición aséptica que le da María Moliner, en su segunda acepción, lo presenta como el "sistema político en que la autoridad es ejercida por un patriarca dentro de cada linaje" 17 . Esta noción ha mostrado su utilidad para desvelar el carácter asimétrico de las relaciones personales y sociales y, aunque algunas autoras se han atrevido

a mencionar que en los inicios del siglo xxi nos encontramos en el fin del

patriarcado, otras mantienen una voz de alerta sobre su presencia inequívo- ca en los intersticios de la sociedad, como bien lo documenta Susan Faludi, escritora norteamericana, en su libro Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna 18 .

El núcleo de la reflexión de estas dos categorías, patriarcado y género, se encuentra en una abierta discusión sobre el problema de la democracia,

tema acerca del cual se desarrolló una amplia literatura en la década de los años noventa por parte del movimiento feminista, y que se enraiza en una consigna que fue fundamental para la década de 1970, cuando se planteó que "lo personal es político", proponiendo con esto la necesidad de reflexionar

y discutir sobre las fronteras entre los ámbitos de lo privado y lo público y sobre las concepciones de ciudadanía para el desarrollo de una democracia

38 18

17

18

A. H. Puleo. Patriarcado. En C. Amorós. 10 palabras clave sobre mujer, Pamplona, Verbo Divino, 1995, p. 24.

M. Moliner. Diccionario del uso del español, Madrid, Gredos, 1996, versión en CD-ROM.

S. Faludi. Reacción, La guerra no declarada contra la mujer moderna, Barcelona, Anagrama, 1996.

Madre y esposa: silencio y virtud

radical 19 . En líneas generales, se han cuestionado las teorías de la democracia que conciben de manera inclusiva a las mujeres dentro de la categoría hombre, ancladas en la concepción de igualdad del liberalismo, el cual presenta a los seres humanos bajo la idea de un sujeto universal, como modelo de sujeto, que en últimas representa a un varón, blanco, rico, europeo. En una discusión sobre el problema de la igualdad, la autora Isabel Santa Cruz plantea que "la igualdad reivindicada para las mujeres es una relación no identificativa de semejanza recíproca, que comporta autonomía, equipotencia, equifonía, equi- valencia, interlocución y responsabilidad de los individuos-sujetos actuantes en todas las relaciones sociales, familiares y duales" 20 . En la misma línea de argumentación, y con respecto al patriarcado como relación social que explica la estructura social entre los géneros, la autora María-Milagros Rivera 21 señala dos conceptos centrales: uno, el del contrato sexual, a través del matrimonio como vínculo social, cultural, político y sexual entre varones y mujeres; y otro, el de la heterosexualidad obligatoria, presente en el contrato sexual. Ambos conceptos están estrechamente vinculados y han producido implicaciones significativas en las relaciones sociales, y en el caso de las mujeres han provocado una sujeción, una subordinación evidente. En palabras de Rivera:

El contrato sexual comporta, para las mujeres, una pérdida muy importante de soberanía sobre sí y sobre el mundo. Una soberanía que se refiere a las funciones que su cuerpo tiene capacidad de des- empeñar en la sociedad y también a las codificaciones simbólicas que definen lo que el sexo femenino es en la cultura de que se trate 22 .

19 Véanse los artículos publicados por las revistas Debate Feminista, años 90, e ¡segoría, en especial los siguientes: M. G. Dietz. El contexto es lo que cuenta: feminismo y teorías de la ciudadanía. En Debate Feminista (marzo de 1990), pp. 114-140; N. Fraser. Repensar el ámbito público: una contribución a la crítica de la democracia realmente existente. En Debate Feminista (marzo de 1993), pp. 23-58; Ch. Mouffe. Feminismo, ciudadanía y política democrática radical. En Debate Feminista (marzo de 1993), pp. 3-22; I. Santa Cruz. Sobre el concepto de igualdad: algunas observaciones. En ¡segoría, n.° 6 (1992), pp. 145-152.

20 I. Santa Cruz. Ibidem, p. 148.

21

M.

Barcelona, Icaria, 1998.

Rivera.

M.

Nombrar el mundo

22 Ibidem, p. 75.

en femenino.

Pensamiento

de

las

mujeres y teoría feminista.

39

Contexto teórico y espaciotemporal

Sin embargo, lo paradójico de esta sujeción es que de todas maneras tal condición ha permitido que las mujeres hayan desarrollado con profusión de detalles, prácticas individuales y sociales civilizadoras de cuidado de la especie, de la cultura, de la naturaleza, de los bienes materiales para la vida, de fortalecimiento de las relaciones entre los seres humanos, cuya valoración ha sido desigual y escasamente tenida en cuenta. En las condiciones materiales de vida del siglo xix en Colombia, esta tarea adquiere una significación ma- yor, lo cual obliga a no perder de vista este hecho en los análisis que puedan hacerse bajo la óptica de este estudio. Para terminar, con la irrupción en los estudios sociales de las categorías antes analizadas, se permitió la ampliación del campo de trabajo de la historia social; más aún, se permitió la concreción de una "veta" en la investigación histórica. Siguiendo a Gisela Bock, el género como "categoría" es una herra- mienta analítica que nos ayuda a descubrir áreas de la historia que han sido olvidadas 23 . No obstante, el uso de esta categoría ha provocado en muchas ocasiones discusiones sobre su pertinencia para explicar y comprender las relaciones sociales y sexuales entre los seres humanos como relaciones asimétricas que generan desigualdades y discriminaciones. En este estudio la categoría género tiene relevancia para brindar un marco de análisis a las relaciones sociales, tomando a las mujeres y a los varones como grupos sociales no homogéneos que pueden ser comparados para verificar sus condiciones reales de existencia y derivar de ello las implicaciones que han tenido esas condiciones para el desarrollo de la vida de ambos grupos. Como bien dice Gisela Bock, En realidad, ni la clase ni el género se refieren a grupos homogéneos, menos aún a vínculos de solidaridad, pero ambos tienen un valor relevante como categorías que, específicas y dependientes de un contexto concreto, reflejan la realidad de las relaciones sociales, tanto entre los distintos grupos como dentro de cada uno de ellos 24 .

40 J

23 G. Bock. La historia de las mujeres y la historia del género: aspectos de un debate internacional. En Historia social (Valencia), n.° 9 (1991), p. 61.

24 Ibidem, p. 74.

Madre y esposa: silencio y virtud

Desde este planteamiento, tiene razón Paola di Cori sobre la necesidad de tener cuidado acerca del uso dado a las diferentes definiciones que se han utilizado en los variados estudios que se ocupan de este campo. Ella señala en su revisión por lo menos cinco definiciones diversas: historia de la mujer, historia de las mujeres, historia de género, historia de las relaciones entre los sexos, historias de mujeres 25 . Todas estas definiciones las clasifica en tres ámbitos para el desarrollo de la historia: el rol de la subjetividad en la historia, el problema de la tradición femenina en la historia como escritoras o autoras de una historiografía en femenino, y la problemática del género. La pertinencia de esta reflexión se encuentra en la manera en que el ob- jeto de estudio puede ser abordado, por las implicaciones que reviste para el desarrollo de las pesquisas que marquen el rumbo del estudio. Por ello, este estudio se enruta hacia la educación de las mujeres (en plural, no en singu- lar), como grupo social que en su interior presenta diversidades marcadas por la condición socioeconómica, la etnia, la edad. No puede hablarse de "la mujer" como una categoría homogénea, menos aún en el siglo xix, cuando las desigualdades eran flagrantes. Igualmente, el concepto de género permite establecer las relaciones de la educación de las mujeres con la educación de los hombres, a modo de un trabajo comparado, puesto que las asimetrías han estado presentes, y realizar la investigación de modo relacional permite desvelar las inequidades: lo que le hace falta a un grupo social lo posee el

esta categoría [se refiere

a la de género] nos invita a entender que el saber más sobre las mujeres y su

educación es saber más sobre los hombres y la suya" 26 .

Las categorías patriarcado y género, en su orden, se constituyen en este estudio en conceptos centrales para analizar las condiciones en que las mu- jeres del siglo xix en Colombia, entre 1848 y 1868, accedieron a la educación. De esta manera puede mostrarse relacional y comparativa cuáles fueron las condiciones de desventaja vividas por este colectivo, y cuáles fueron las características de tal desventaja, en cuanto a la visualización de un ideal de formación para las mujeres en esta parte del continente americano.

otro, o viceversa. Como lo afirma Pilar Bailarín: "

41

25 Remito al lector al texto completo de Paola di Cori, citado antes, pues en él realiza una síntesis interesante del uso de estas definiciones en las diferentes investigaciones.

26 P. Bailarín Domingo. La educación contemporánea de las mujeres. En J. L. Guereña et al. Historia de la educación en la España contemporánea. Diez años de investigación, Madrid, MEC, 1994, p. 183.

Contexto teórico y espaciotemporal

La libertad de enseñanza: 1848-1868. Concepto y delimitación temporal

Es necesario advertir que en tanto el sistema patriarcal se ha mantenido a lo largo de muchos estadios sociopolíticos, hecho que dificulta evidenciar claramente los cambios acaecidos en el orden cultural y social en lo que se refiere a las relaciones de género, de todas maneras en esta investigación se optó por estudiar los años 1848-1868 de la historia de Colombia. Durante este período se produjo en el ámbito educativo la libertad de enseñanza. Esta se refirió a la facultad que recibieron los granadinos de "adquirir y recibir la instrucción literaria y científica en establecimientos públicos, privados o de particulares, con el objeto de obtener grados académicos" 27 , de manera libre. Así, cualquier particular o corporación podía establecer colegios o casas de educación en cualquier ramo de la enseñanza "con tal que no se oponga a las buenas costumbres o a las leyes" 28 . Esta determinación fue corroborada dos años más tarde con la Ley de mayo 15 de 1850 sobre instrucción pública, en cuyo artículo 1 manifestaba: "Es libre en la República la enseñanza de todos los ramos de las ciencias, de las letras y de las artes" 29 . Estas disposiciones fueron promulgadas junto a otra serie de reformas significativas como: separación entre la Iglesia y el Estado, libertad religiosa, libertad de imprenta, libertad de prensa, desamortización de los bienes de manos muertas, abolición de la esclavitud, matrimonio civil y divorcio, expulsión de los jesuítas, extinción del monopolio del tabaco, entre otros.

Las reformas mencionadas, significativas para la vida nacional, se con- sideraron en un sentido amplio como procesos de secularización que con- tribuyeron al desarrollo del Estado-nación colombiano. Esta secularización significó un proceso gradual de disminución de los poderes eclesiásticos en determinados campos de la vida social, entre los cuales se encontraba el edu-

27 Ley 8 de mayo de 1848 sobre libertad de enseñanza y habilitación de cursos. En Codificación

13 de

Nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de

1821,

hecha

conforme

a

la

ley

1912, tomo 13, Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, pp. 71-73., art. 1.

42 I

28 Ibidem, art. 1, p. 71.

29 Ley de mayo 15 de 1850 sobre instrucción pública. En Codificación nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912, tomo 14, Bogotá, Imprenta Nacional de Colombia, 1928, pp. 363-365, art. 1.

Madre y esposa: silencio y virtud

cativo, de manera tal que al lado de la libertad de enseñanza, entendida como la libertad para enseñar, libertad para aprender, convivencia de la instrucción pública con la instrucción privada, las opciones por la educación religiosa no fueron tomadas como norma obligatoria a cumplir por los ciudadanos, sino como elección de acuerdo con la oferta del mercado. Esto tuvo especial significación en países de amplia y profunda tradición católica. En el caso de Colombia, los liberales de mitad del siglo xix eran en su inmensa mayoría católicos, así que una ruptura total con la religión como concepción íntima- mente personal no fue posible. El sentido de secularización es trabajado por otros autores como "separar lo religioso y lo moral de lo racional" 30 , analizando la influencia del carte- sianismo en el desarrollo de las ciencias y cómo éstas introducen una nueva concepción de infancia, ya no como depositaría del pecado, en un sentido dogmático y clerical, sino como depositaría del error o de otro modo como la "antípoda de la razón" 31 . Esto significa, a nivel político, una expresión de los enfrentamientos entre la Iglesia como institución, y el Estado. Éste último, al ir asumiendo funcio- nes sociales que antes hegemonizaba la Iglesia, la educación entre otras, va "secularizando", va disminuyendo tal hegemonía. Ello se plasmó en muchas naciones, entre ellas Colombia, en proyectos de libertad de enseñanza, que tuvieron diversos significados. Las funciones del Estado docente están ligadas también al desarrollo de la obligatoriedad y la gratuidad de la educación. Aunque sólo fuera como proclama-

"'

J. Sáenz Obregónef al. Mirar ¡a infancia: pedagogía moral y modernidad en Colombia, Medellín, Universidad de Antioquia, 1997, p. 53.

1903-1946,

" J. Sáenz Obregón ef al. Ibidem, p. 53, lo dicen de esta manera: "El significado de la tarea de Pestalozzi fue, entonces, trabajar en la dirección de hacer que la infancia no fuese el tiempo del error: la infancia era el reino de las 'intuiciones confusas', pero explorando este principio en su funcionamiento afectivo, la pedagogía halló el camino del desarrollo de las facultades humanas, el amor materno", p. 54. En Colombia, de acuerdo con estos autores, así como con la tesis doctoral de Olga Lucía Zuluaga, ¡a difusión de las propuestas pedagógicas de Pestalozzi tuvo fuertes influencias en el período que se estudia en esta investigación, en O. L. Zuluaga. La instrucción pública en Colombia, 1845-1868: entre el monopolio y la libertad de enseñanza. El caso de Bogotá, tesis doctoral, Madrid, UNED, 1999.

I 43

Contexto teórico y espaciotemporal

ción, los Estados que abanderaban la libertad de enseñanza deberían asimismo plantearse la exigencia de ofrecer a sus ciudadanos educación gratuita y obliga- toria, aun cuando esto no logró hacerse realidad durante muchísimos años. El proceso de definición de la libertad de enseñanza se inició en Colombia propiamente a finales de la década de 1840. Como se ha dicho antes, hubo dos disposiciones de carácter nacional que reglamentaron este tema. La pri- mera de ellas, la Ley 8 de mayo sobre libertad de enseñanza y habilitación de cursos, disponía en su artículo 1 que "la enseñanza en todos sus ramos es libre. En consecuencia, podrán los granadinos adquirir y recibir la instrucción literaria y científica en establecimientos públicos, privados o de particulares, con el objeto de obtener grados académicos" 32 . Este primer artículo centraba la norma en un problema fundamental: el otorgamiento de títulos, que hasta ese momento era de responsabilidad exclusiva del Estado, a través de las institu- ciones de carácter universitario que existían en el país. Este hecho concentró en cierto modo la discusión sobre la pertinencia o no de la ley de libertad de enseñanza en la educación superior y secundaria, aunque en el artículo 2.° de esta misma ley se definía que:

cualquiera corporación o particular puede establecer en la República colegios o casas de educación para la enseñanza de los ramos que a bien tenga, con tal que no se oponga a las buenas costumbres o a las leyes, y con el solo deber de dar el competente aviso a la respectiva autoridad política del distrito parroquial; estos establecimientos serán regidos por los reglamentos que adopten sus respectivos su- periores o directores 33 .

El hecho de que la mayoría del articulado de esta ley se centrara en definir el tema de los grados académicos hizo que las polémicas sobre su aplicación se die- ran en torno a esta cuestión, dejando de lado alguna influencia específica sobre la educación de las mujeres, quienes no tenían acceso a ninguna de las ofertas que brindaban las universidades y colegios de secundaria. Por ello también se

44 J

32 Ley 8 de mayo de 1848 sobre libertad de enseñanza y habilitación de cursos. En Codificación Nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912, tomo 13, Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, pp. 71-73.

33 Ibidem., art. 2, p. 72.

Madre y esposa: silencio y virtud

indicará cómo el uso de esta ley, para el caso de las instituciones de carácter privado, permitió la proliferación de colegios y casas de educación para las niñas, aunque en ellas no se brindaron nunca grados académicos. Entonces, puede afirmarse que el ideal liberal de un Estado docente que asumiera el carácter público de la educación, con sus principios de gratuidad y obligatoriedad, no tocó en lo esencial a las instituciones donde se educaban las mujeres. De todas maneras, la concepción de la libertad de enseñanza estaba ligada al ideario liberal y se veía como un elemento consustancial a éste. Pero siempre primó la idea en los sectores liberales de que el Estado debería asumir parte de la tarea de educar a través del fomento de la instrucción primaria elemental. En un artículo aparecido en El Neogranadino se manifestaba que:

abundan los colejios particulares mui capazes de dar esa ins-

trucción con mayor desvelo i mejores frutos que los producidos por el monopolio de la enseñanza universitaria. Así pues, de grado en grado i por la fuerza del tiempo se ha hecho evidente la necesidad de secularizar i jeneralizar la enseñanza, i se va comprendiendo que dice mal a nuestro Gobierno el rejentarla, tocándole tan solo el protejerla; con la única escepcion de las es- cuelas primarias, las cuales debe fomentar i pagar el Tesoro hasta donde alcanzen sus recursos; porque hai una obligación perfecta de instruir elementalmente al pueblo pobre, i hai conveniencia social i política en que así sea en las democracias 34 .

hoi

Se insistía en esta discusión sobre la importancia de que el Estado asumiera la educación del pueblo en los aspectos básicos de leer, escribir y contar y que los grados académicos en medicina, jurisprudencia o teología los otorgaran las instituciones particulares, sin monopolio del Estado, porque:

los negocios de instrucción pública se sujetan, igualmente que las otras necesidades de la sociedad, a las reglas de la economía política. Cuando se sienta la urjencia de formar médicos i abogados, el interés particular hará que broten i hormigueen por todas partes planteles para formarlos, quedando a la autoridad la facultad de inspeccionar [ 45 las empresas que para ello se levanten 35 .

34 Educación. En El Neogranadino (Bogotá), n.° 25 (20 de enero de 1849), p. 18. Cursiva del original.

35 J. Blanco. Educación. En El Neogranadino (Bogotá), n.° 28 (10 de febrero de 1849), p. 47.

Contexto teórico y espaciotemporal

La otra disposición sobre este tema se promulgó dos años después, previo un largo debate en el Senado y la Cámara de Representantes, así como muchos artículos de opinión aparecidos en los periódicos de la provincia. Esta nor- ma, la ley de mayo 15 de 1850, se dedicó exclusivamente a legislar sobre la educación superior, destacándose aspectos como la supresión del grado de bachiller (artículo 4); la supresión del grado o título científico de doctor para ejercer las profesiones de medicina y jurisprudencia (artículo 2), con excep- ción de la de farmaceuta; y la supresión de las universidades (artículo 16). Quedó reservado para los seminarios otorgar el grado de doctor en ciencias eclesiásticas (parágrafo del artículo 4) 36 . Es necesario señalar nuevamente que la disposición que se analiza no tuvo efectos directos sobre la educación de las mujeres en cuanto ellas no tuvieron acceso a las profesiones de teología, medicina y jurisprudencia, pero sí hace mucho más evidente la exclusión de que fueron objeto durante el siglo xix. Sin embargo, la disposición mantenía en su artículo 1 el criterio de que "es libre en la República la enseñanza de todos los ramos de las ciencias, de las letras y de las artes" 37 . En la práctica, al legislar sobre esta disposición, lo que los liberales buscaban era acabar con el monopolio de la educación superior por parte del Estado y los términos del debate en el Senado y la Cámara se concentraron con suficiencia en este aspecto 38 . La pugna por conseguir mayores libertades en el país se mostró en estos debates en el Senado y la Cámara de Representantes, cuyos integrantes apro- vecharon el marco de la discusión sobre la ley de libertad de enseñanza para referirse en un sentido más amplio a los problemas de la instrucción pública, pero con un absoluto desconocimiento de la educación para las mujeres. La pregunta que se hacían los legisladores aludía además a si la descentralización municipal favorecería el desarrollo de amplias libertades. Sobre los problemas

36 Ley de mayo 15 de 1850 sobre instrucción pública. En: Codificación nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912, Tomo 14, Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, pp. 363-365.

46

37 Ibidem, art. 1, p. 363.

38 La discusión que precedió a la sanción de la ley fue publicada en el Diario de Debates (Bogotá)

de fechas 4 de abril,

de mayo de 1850. Véase el detalle de este tema, con mayor profundidad, en la tesis doctoral de Olga Lucía Zuluaga Garcés, op. cit.

6 de mayo y 7

7 de abril, 28 de abril,

29 de abril, 30 de abril,

1

de mayo,

Madre y esposa: silencio y virtud

de la libertad de enseñanza se refería el gobernador de la provincia de Bogotá, Patrocinio Cuéllar, así:

Resumiendo lo dicho, mi opinión sobre el primer punto de la circular puede formularse así (se refería a la pregunta sobre si sería mejor mantener lo dispuesto en la ley sobre libertad de enseñanza o hacerle algunas reformas):

Libertad absoluta para estudiar el tiempo que se quiera. Libertad absoluta para estudiar en donde se quiera, en colejios públicos, o en sus casas. Libertad absoluta para ejercer cualquiera profesión, sin necesidad de ningún título ni grado académico. Conceder el mismo derecho para elejir i ser elejido para cualesquier destino o empleo público, sin atender a que se tenga o no grado científico. Escrúpulo i severidad en los exámenes, para conceder grados o títulos. Exijir para la concesión de tales grados el estudio de todas las ma- terias que se crean conducentes al buen ejercicio de la profesión que pretenden ejercer. Abolir los derechos de exámenes para grados. Que la lei no tenga efecto retroactivo 39 .

Algunos de los efectos de la aplicación de la ley de libertad de enseñanza se hicieron evidentes en la actitud de muchos estudiantes -hombres- de distin- tos colegios, quienes veían mucha facilidad para acceder a una profesión sin necesidad de portar el grado o título que otorgaban otrora las universidades. Se señala esta situación como especial, pues en un órgano de difusión de un colegio privado de la provincia se reseñaba con alarma este hecho y se hacía una comparación con la situación de la educación de las mujeres, quienes al no tener posibilidades de acceder a alguna profesión, de todas maneras cum- plían a cabalidad sus estudios. Algunos apartes de este documento plantean esta circunstancia así:

3S

P. Cuéllar. Instrucción pública. En El Constitucional de Cundinamarca (Bogotá), n.° 340 (13 de diciembre de 1851), p. 214.

| 47

48 |

Contexto teórico y espaciotemporal

Los actos literarios que han tenido lugar en el Colegio del Espíritu Santo, en el de la Concordia, en el de la Independencia i en el Instituto de Cristo (colegios privados), los reputamos como actos de verdadera prueba para los respectivos directores de estos útiles i bien organiza- dos establecimientos. La absoluta inteligencia que los estudiantes se figuran poder dar a la lei sobre libertad de enseñanza, los ha inducido no solo á descuidar sus estudios, sino á rebelarse contra la disciplina menospreciando sus propios deberes. Los directores i preceptores han tenido que luchar contra la desaplicación sistematizada de algunos alumnos, que pretenden ampararse con la libertad de enseñanza; i contra la insubordinación que entraña esta misma libertad, cuando por otra parte no existen los medios coercitivos para compeler a los refractarios a llenar las condiciones que también requiere la libertad, so pena de que se convierta en libertinage i licencia. .Felizmente la semi-anarquía que ha habido en los Colegios de niños, no ha asomado en los Colegios i casas de educación consagradas a la de las niñas. La razón es clara: ellas, ó mejor dicho, sus padres, no aspiran a ganar tiempo para obtener un grado académico que les sirva de pasaporte á su entrada en el gran mundo. Por consiguiente, las niñas permanecen en el Colegio el tiempo necesario para adquirir los conocimientos que deben constituir una sólida educación. I es in- dudable que en estos planteles la enseñanza no ha dejado qué desear, pues las niñas así lo han acreditado en los actos literarios, fruto de sus constantes estudios. En el Colegio provincial de la Merced las alumnas dejaron satisfecha la solicitud de sus padres, no menos que la constancia i celo de la Directora, Preceptoras i Catedráticos de aquel establecimiento. En el Colegio fundado por la señora Sista de Santan- der sabemos que los certámenes presentaron los mismos brillantes resultados. Otro tanto decimos respecto de la Casa de educación que regenta la señora Mercedes Borda de González, de cuya inteligencia i maestria no podía esperarse otra cosa. También ha llegado á nuestra noticia que la señora Josefa Castro de Carrillo ha regentado una Es- cuela de niñas, i como una prueba de su consagración sus discípulas sostuvieron dos certámenes privados, que, á juicio de los inteligentes,

Madre y esposa: silencio y virtud

sirvieron de prueba suficiente, en abono del aprovechamiento que

han alcanzado. Tal ha sido el estreno de este nuevo plantel 40 .

El texto citado es suficientemente elocuente de los efectos de la aplicación de la libertad de enseñanza en la educación de varones y mujeres, lo cual se detallará en el capítulo 3 de este estudio. Lo que llama la atención en toda la discusión sobre el problema de la liber- tad de enseñanza es que no se hiciera una mención explícita por ninguno de los senadores y representantes sobre el papel de la enseñanza religiosa en las instituciones educativas, así como sobre la injerencia de la Iglesia y el clero en este aspecto. Sin embargo, en los periódicos del año 1853 aparecieron algunos artículos traducidos del francés y publicados por entregas, que reproducían el discurso de Mr. Victor Hugo que se referían a este tema 41 . Con la mira puesta en los cambios registrados y cómo éstos afectaron a la educación de las mujeres, el interés primordial de nuestra investigación se mantuvo en tratar de mostrar si la libertad de enseñanza operó como un factor favorable para el desarrollo de la educación de las mujeres en varios sentidos: ampliación de la cobertura, transformaciones en los contenidos de enseñanza, transformación en las concepciones de formación, cualificación del oficio de maestra, entre otros. En consecuencia, la investigación se orientó por una serie de interrogantes, a modo de hipótesis de trabajo:

• ¿Hasta dónde la libertad de enseñanza tuvo un impacto sobre la educación de las mujeres, teniendo en cuenta que esta educación era básicamente urbana y que el porcentaje del analfabetismo de la época llegaba casi al 90%? El período de la libertad de enseñanza en Colombia, ¿operó como un factor positivo para mejorar la escolaridad de las mujeres a través de la proliferación de instituciones privadas? ¿De qué mujeres en particular?

• ¿Cuál fue la influencia de la Iglesia en la educación de las mujeres durante este período?

40 Instrucción Pública. En La Crónica Mensual del Colegio del Espíritu Santo (Bogotá), n.° 34 (31 de diciembre de 1851), pp. 229-230. Cursiva fuera del texto original.

41 Véase el artículo aparecido por entregas titulado Discurso de Mr. Víctor Hugo pronunciado en la Asamblea Nacional sobre Libertad de Enseñanza. En El Repertorio (Bogotá), n. os 25, 26 y 27 (6, 13 y 20 de agosto de 1853). Los artículos traducidos directamente del francés no aclaran si el autor de los mismos es el famoso escritor Víctor Hugo.

¡49

Contexto teórico y espaciotemporal

• ¿Cuál era el contenido del curriculum (entendido aquí como plan de es- tudios) que se impartía a las mujeres? ¿Existían diferencias sustanciales con el que se impartía a los varones?

• ¿Qué mensajes planteaban a las mujeres y a los varones los manuales escolares utilizados en este período?

• Sobre la base de que la primera profesión que ejercieron las mujeres en el país fue la docencia, ¿cuál era el perfil que se les exigía para ejercer tal profesión? ¿En qué niveles de la educación formal fueron aceptadas las mujeres y en qué niveles los varones?

• ¿Existían diferencias entre la instrucción privada y la instrucción pública para la educación de las mujeres y de los varones?

• Las normas, legislaciones y discursos de los mandatarios, ¿plantearon medi- das explícitas dirigidas a las mujeres para su educación? ¿Lograron cumplirse estas medidas y qué obstáculos se enfrentaron para su desarrollo?

• ¿Qué conceptos de feminidad y masculinidad eran dominantes en el siglo xix? ¿Cómo eran divulgados estos conceptos en el sistema escolar, y qué mecanismos y estrategias se utilizaban?

• ¿En qué momento el oficio de maestro se volvió una "labor feminizada", siendo que existían mayores ventajas para ejercerlo por parte de los varones en el siglo xix?

Delimitación espacial. La provincia de Bogotá: 1848-1868

Esta investigación se circunscribe a la provincia de Bogotá 42 , espacio geográfico que en el siglo xix era una extensa zona del país, localizada en el centro del territorio, en lo que hoy son los departamentos 43 de Cundinamarca, Tolima,

50]

42 El nombre de Bogotá fue adoptado, según nos lo informa Jaime Jaramillo Uribe, en el siglo XVII para diferenciar la capital Santafé (nombre dado por Gonzalo Jiménez de Quezada) respecto de Santafé de Antioquia, ciudad de la provincia de Antioquia. Se ha sugerido que este nombre, Bogotá, es una derivación de Bacatá, acepción del dialecto muisca, de los primitivos habitantes del altiplano cundiboyacense. Asimismo, la palabra Cundinamarca también proviene de la lengua muisca. En J. Jaramillo Uribe. Perfil histórico de Bogotá, Ensayos de historia social, tomo 2, Bogotá, Tercer Mundo y Uniandes, 1994, pp. 11-34.

43 Ésta es la división administrativa que tiene en la actualidad el país.

Madre y esposa: silencio y virtud

Huila y parte de Boyacá. Geográficamente estos departamentos reciben el nombre de altiplano cundiboyacense, y es en el departamento de Cundina- marca donde hoy se encuentra el distrito capital, Bogotá. En la época que nos ocupa, la nación colombiana evolucionó en su forma de gobierno de un marcado centralismo basado en la Constitución de 1843, al sistema federalista que se inició con la Constitución de 1853, se acentuó con la Constitución de 1858 y se volvió un federalismo radical con la Constitución de 1863. Tales circunstancias provocaron permanentes cambios administrativos y territoriales en todo el país. La provincia de Bogotá tuvo durante los 20 años de este estudio, de 1848 a 1868, diferentes cambios administrativos y políticos, producto de la inestabi- lidad política del país. Cambió varias veces de denominación como estructura administrativa al tiempo que cambiaron los límites que definían su territorio:

Provincia de Bogotá (1832), Estado de Cundinamarca (1856), Distrito Federal de Bogotá (1861) y Estado Soberano de Cundinamarca (1863). En el primer caso, la provincia se dividía en 13 cantones y 91 distritos parroquiales. En el segundo caso, el estado se dividía en siete departamentos y éstos en ciudades, villas o parroquias, de acuerdo con el número de habitantes. En el tercer caso, el distrito federal se independizó totalmente del estado de Cundinamarca y en el cuarto caso, el estado soberano de Cundinamarca se organizó en cuatro departamentos 44 . Es necesario tener en cuenta las divisiones administrativas señaladas para comprender cómo se realizó la búsqueda de los documentos del período estudiado.

Una rápida mirada a las reformas de mitad del siglo XIX en Colombia

Al momento de producirse la independencia, el territorio colombiano era mucho más extenso en comparación con el actual (1.138.338 km 2 ); contaba con el territorio de lo que hoy es Panamá, y junto con Venezuela y Ecuador formaba la Gran Colombia, organización administrativa y territorial que duró hasta 1830 con la muerte de Simón Bolívar, momento en el cual se separaron

51

44 La información que se presenta aquí ha sido obtenida del trabajo de R. Velandia. Enciclopedia histórica de Cundinamarca, Bogotá, Biblioteca de Autores Cundinamarqueses, 1979.

52 |

Contexto teórico y espaciotemporal

Colombia, Venezuela y Ecuador. Panamá permaneció como parte del territorio colombiano hasta 1903. De 1831 a 1886 nuestro país adoptó diversos nombres:

Nueva Granada, Confederación Granadina, Estados Unidos de Colombia y República de Colombia, sancionados con las constituciones correspondientes, las cuales serán señaladas en otro aparte de este capítulo 45 . Mirar este extenso territorio con los ojos del presente nos permite evocar la inmensidad de los problemas que tendría que enfrentar una región que con el peso de largos años de dependencia, se dispone a construir un proyecto de nación en medio de los atavismos de la tradición y de la escasez de recursos, no naturales, pues los había de sobra, sino humanos. De por sí, una tarea de largo aliento y supremamente compleja. La principal característica orográfica, y a la vez gran dificultad, era la frag- mentación geográfica. En su centro, tres grandes cordilleras pertenecientes al sistema de los Andes, y a su alrededor extensas llanuras: la amazónica, los Llanos Orientales, la región Pacífica y la llanura del Caribe. Así que en el siglo xix esta condición geográfica permitía la existencia de grandes enclaves escasamente comunicados entre sí. Colombia era un país con una red de comunicaciones absolutamente pobre. Las regiones aún se comunicaban a lomo de muía y la red fluvial, cuyo eje era el río Magdalena, era el principal vehículo de conexión entre los diferentes lugares. Las provincias de Bogotá, Cauca Grande, Antioquia y Santander eran las de mayor actividad comercial, agraria, social y política. Los investigadores de la historia de Colombia en el siglo xix han lo- grado realizar un estudio pormenorizado de las condiciones en que se desarrolló la vida. Por supuesto, entre ellos se evidencian diversos en- foques en la interpretación de los hechos, que son fuente de riqueza para comprender el curso de los acontecimientos sobre los cuales esta investigación pretende dar cuenta: el de la educación de las mujeres en la provincia de Bogotá entre 1848 y 1868. Sin embargo, aun con di- ferencias, la mayoría coincide en afirmar que fueron las reformas de la mitad del siglo xix las que permitieron al país luchar contra los atavismos de la Colonia y perfilar la tarea de construcción de un Estado-nación.

45 A. Tirado Mejía. El Estado y la política en el siglo XIX. En Nueva Historia de Colombia, Bogotá, Planeta, 1989, tomo 2, p. 155.

Madre y esposa: silencio y virtud

En el aspecto económico, sobre la base del conocimiento que se tenía de la gran riqueza de materias primas y recursos naturales sin explotar, se pensaba que era necesario abrirse a los mercados del mundo. "Para salir del atraso y para entrar en la corriente de la civilización, era necesario exportar" 48 , para lo cual se promulgó una serie de medidas enmarcadas en la filosofía del libre cambio y del laissez faire. Las principales medidas se centraron en la eliminación de la protección a algunos monopolios, como el estanco del tabaco, la descentralización de las rentas y la apertura de las aduanas. En muy poco tiempo se pasó de una política económica proteccionista a una política abierta al librecambio. Sin embargo, esta "transformación" se produjo en unas condiciones que poco tuvieron en cuenta las particularidades del desarrollo de las fuerzas productivas del país, así como de la estructura social y política que se levantaba sobre ellas. Existía cierto consenso en que la manera de enfrentar las trabas coloniales, expresadas en el sistema de impuestos y tributos, en el monopolio del tabaco, la sal 47 y el aguardiente, para desatar la acumulación, era a través del libre comercio. Pero, según Kalmanovitz, otra traba sobre la que no se actuó era el sistema de haciendas, que impedía la libre circulación de tierras y de trabajadores, de modo que se diera impulso a la iniciativa individual y se posibilitara también su entrada en el mercado, de una manera libre 48 . ¿Por qué se consideran tan particularmente sensibles estas medidas para el desarrollo de una política liberal, con miras a erigir un Estado laico? Exis- tía la firme convicción de que se borraría el pasado colonial transformando el sistema de recaudo de rentas para el Estado. Hasta mediados de 1850, la mayor fuente de ingresos del gobierno central eran en primer lugar las rentas estancadas, y en segundo lugar, los derechos de importación. Igualmente, el

46 J. Jaramillo Uribe, La controversia jurídica y filosófica librada en la Nueva Granada en torno a la liberación de los esclavos y la importancia económica y social de la esclavitud en el siglo xix. En Ensayos de historia social, tomo 1, La sociedad neogranadina, Bogotá, Tercer Mundo, 1994, p. 47.

47 Este monopolio tiene particular importancia para la provincia de Bogotá, pues el principal centro de producción de sal se encontraba en Zipaquirá. Su consumo, indispensable para el engorde del ganado, por ejemplo, hacía que tuviera implicaciones importantes en la producción pecuaria, de manera que su control era vital para el Estado.

48 S. Kalmanovitz, op. cit., p. 103.

J 53

Contexto teórico y espaciotemporal

Gobierno recibía importantes ingresos por el diezmo, el cual consistía en la extracción del 10% de la producción agropecuaria recaudada por el Estado para el mantenimiento del culto y por el quinto de oro, extraído de la pro- ducción de este metal. Al sistema se agregaba una serie de ingresos por el uso de papel sellado, la amonedación y otros 49 . Con el recaudo de todos estos impuestos, el Estado central pagaba sus gastos de funcionamiento, atendía al ejército y en una mínima parte cubría gastos de fomento, entre ellos los de la instrucción pública. En la concepción liberal del Estado, era necesario entonces promulgar dis- posiciones que descentralizaran las rentas y gastos, como en efecto se produjo en 1851, durante la administración de José Hilario López. Con ello se buscaba ceder a las provincias las rentas de diezmos y quintos, así como los ingresos por aguardientes, peajes, fundición de oro y otros menores. Lo que se proyectaba era entregar estos recursos a las provincias para que fueran ellas quienes asu- mieran el pago de sus propios funcionarios, la instrucción pública, el culto y el desarrollo de las vías de comunicación. En otras palabras, se preparaban las condiciones para iniciar un proceso de federalización, hecho que a la postre se fue consolidando a través de la promulgación de distintas constituciones que proliferaron en el período de estudio y que se sintetizarán más adelante. Las anteriores medidas económicas no operaron en el vacío. Respondían a intereses sociales específicos, que a su vez estaban encarnados en seres humanos de carne y hueso, quienes pretendían trabajar en función de sus intereses parti- culares. Es importante entonces procurar realizar una radiografía de los grupos sociales, qué intereses alentaban y cuáles eran sus condiciones de existencia. Alvaro Tirado Mejía, en su análisis histórico-social de la mitad del siglo xix, habla de la existencia de los siguientes sectores sociales: la burguesía, los artesanos, los pequeños propietarios agrícolas y los esclavos, quienes formaron una coalición para enfrentar a la aristocracia terrateniente. Presenta los inte- reses de cada uno de estos sectores en función de las reformas de corte liberal planteadas para el momento. Así, veía al sector de los comerciantes como un grupo social interesado en la supresión de los resguardos indígenas, lo cual

54 provocaría su emigración a las ciudades o a las grandes haciendas, "proletari-

49 J. O. Meló. Las vicisitudes del modelo liberal (1850-1899). En J. A. Ocampo (compilador), Historia económica de Colombia, Bogotá, Tercer Mundo-Fedesarrollo, 1987, p. 147.

Madre y esposa: silencio y virtud

zándose", de modo que al recibir un salario por su trabajo tendrían medios de consumo y por ende provocarían un desarrollo de la economía mercantil. En esta misma lógica, consideraban necesaria la abolición de la esclavitud. Frente a medidas como la abolición del estanco del tabaco se mostraban igualmente interesados en función de la ampliación que podría darse del mercado 50 . En cuanto a los artesanos, coincidían con los comerciantes en su interés por las medidas señaladas, pero no compartían la supresión de los aranceles ni las disposiciones de carácter proteccionista, que les eran enteramente favorables para su actividad artesanal. Por otro lado, los pequeños agriculto- res veían con buenos ojos la supresión del estanco del tabaco y además les interesaba sobremanera la abolición del impuesto del diezmo, el cual pesaba de manera muy fuerte sobre sus ingresos. Obviamente, los esclavos estaban interesados en su libertad. El grupo social que menos interesado estaba en todas estas reformas era la aristocracia terrateniente, que se vería afectada seriamente si se producía la liberación de los esclavos, además, porque quería mantener intacta la estructura de tenencia de la tierra en el país 51 . En el análisis que realiza Tirado Mejía, no precisa a qué se refiere cuando habla de la existencia de una burguesía. A nuestro modo de ver, es una ligereza hablar de burguesía en un mundo casi totalmente ruralizado, donde las áreas urbanas eran muy pequeñas y las industrias eran de carácter incipiente. Estas se reducían a la producción de loza, tejidos, cristal y papel 52 . Por eso, la labor de los artesanos era de una gran importancia en el país, pues ellos producían la mayor parte de los bienes de consumo de la población. En otro sentido, las repercusiones que las medidas de corte liberal pudie- ron tener sobre la estructura social son analizadas por Salomón Kalmanovitz, quien plantea que los efectos de estas medidas no lograron totalmente liberar mano de obra y generalizar el régimen de trabajo asalariado. Por el contrario, con la liberación de las importaciones y la ampliación de las exportaciones se produjeron dos efectos: por un lado, un cambio en los hábitos de consumo de los sectores dominantes 53 , que los condujo a ejercer mayores presiones sobre

50 A. Tirado Mejía. Introducción a ¡a historia económica de Colombia, Bogotá, El Ancora Editores, 1971, p. 119.

51

Ibidem,

p. 120.

52 G. Colmenares, op. cit., p. 13.

56 I

Contexto teórico y espaciotemporal

los arrendatarios para obtener ingresos líquidos de manera más rápida, y por el otro, un aumento del trabajo a los campesinos con el fin de obtener mayores producciones para la exportación, lo que llevó a refinar las prácticas bárbaras de trabajo. La producción artesanal se vio afectada por las importaciones de textiles, calzado, vestido y muebles, lo cual implicó también una reducción por parte de los artesanos del consumo de materias primas agrícolas, como algodón y cuero. Con base en una estructura económica tan compleja, cada uno de los dis- tintos sectores sociales mencionados pugnaba por obtener para sí medidas y espacio social que les permitieran "sobrevivir". De este modo, estos grupos sociales tuvieron diversas formas de organización social, política y religiosa, con el fin de ejercer presión sobre un régimen político que les favoreciera con disposiciones acordes con sus propios intereses. La gran mayoría de los historiadores colombianos de este período coincide en afirmar que el nacimiento de los partidos Liberal y Conservador se produjo en la mitad del siglo xix. En la base de esta incipiente formación de partidos se encontraban los distintos grupos sociales antes mencionados, que pug- naban por hegemonizar sus propios intereses. El tipo de organizaciones que alimentaban el ideario político era de un carácter diverso, como sociedades democráticas, agrupaciones religiosas o pequeñas tertulias, que se nuclea- ban por lo regular alrededor de las opiniones vertidas en periódicos de corto tiraje. En estos medios se presentaban las agudas polémicas que se atizaron con mayor virulencia a partir del gobierno de José Hilario López (1849-1853). Según Alvaro Tirado Mejía, "como fechas de referencia están, 1848 para el programa liberal que esboza Ezequiel Rojas y 1849 para el programa conser- vador redactado por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro" 54 . El ideario de estos incipientes partidos se centraba en pensar cuáles de los atavismos coloniales había que cambiar y cuáles conservar. Esta pregunta se encontraba fuertemente influenciada por las ideas del liberalismo económico y político que se ventilaban en Europa, las cuales llegaban a nuestro país por diversas vías: a través de periódicos, de los viajes que realizaban comerciantes y políticos sobre todo a Francia, y al intercambio comercial que se realizaba con Inglaterra y con Estados Unidos.

53 S. Kalmanovitz señala que se aumentó el consumo de "géneros, moda, moblaje y hasta en la misma arquitectura", op. cit., p. 113.

54 A. Tirado Mejía, op. cit., p. 159.

Madre y esposa: silencio y virtud

Por supuesto que transformaciones de esta naturaleza no siempre fueron debatidas en medio de un ambiente de tolerancia y convivencia pacífica. En

muchas ocasiones, los conflictos de intereses buscaron solución por la vía de las guerras civiles, ocho en total en el siglo xix, y de ellas tres registradas en el período de este estudio: la de 1851; provocada por el rechazo a la medida de la abolición de la esclavitud; la de 1854, donde se enfrentaron dos fracciones de los sectores liberales, "gólgotas", partidarios de las medidas de libre cambio,

y "draconianos" 55 , artesanos interesados en mantener las medidas proteccio-

nistas, y la de 1859 a 1862, que trabajó por el federalismo del país, sancionado

con la Constitución de Rionegro de 1863, la cual puso fin a esta guerra 56 . La inestabilidad del país durante todo el siglo xix, en la búsqueda por cons- tituirse en una nación, se refleja en su régimen político y en los vaivenes del ordenamiento jurídico y territorial. Luego de la disolución de la Gran Colombia (1830), se promulgaron siete constituciones. En su mayoría, se produjeron para sellar procesos de enfrentamiento civil armado. Estas fueron: la Constitución de 1832, de carácter centro-federal, sancionada después de la Guerra de los

Supremos; la de 1843, centralista; la de 1853, en la cual se inician los fermentos del federalismo; la de 1855, que sanciona la existencia de Estados Soberanos;

la de 1858, que define el federalismo de manera que el país adopta el nombre

de Confederación Granadina; la de 1863, también denominada Constitución de Rionegro (población del Estado Soberano de Antioquia), que radicalizó el federalismo y, por último, la de 1886, de corte netamente centralista, que se promulgó durante el período de la Regeneración 57 .

55 De acuerdo con Germán Colmenares, los gólgotas estaban vinculados al ascenso de la clase comerciante y fundaron una sociedad denominada la Escuela Republicana. Tres de sus representantes más connotados fueron: Ezequiel Rojas, Florentino González y Manuel Murillo. Los draconianos eran en su mayor parte manufactureros, buscaban la protección aduanera y defendían los aspectos más tradicionales del liberalismo. Op. cit., p. 97.

56 Sobre las causas que suscitaron estas guerras, afirma Malcolm Deas: "La sangre penetró en el sistema, intensificando los antagonismos y lealtades locales y de partido. Estos tienen orígenes muy variados y a veces es posible remontarlos hasta los primeros días de la Colonia: las causas que inducen a una familia o a una localidad a preferir un partido a otro son muy complejas, pero cuando terminó la última de las guerras citadas anteriormente, había muy pocas personas o localidades que todavía abrigasen dudas sobre sus lealtades". Op. cit., p. 209.

57

57 f&ra una comprensión más detallada de estas constituciones, véase la síntesis que de ellas presenta Jaime Jaramillo Uribe, en su libro Ensayos de historia social, tomo 2, en el capítulo Nación y región en los orígenes del Estado nacional en Colombia. Bogotá, Tercer Mundo-Uniandes, 1989, pp. 118-121.

Contexto teórico y espaciotemporal

A estas alturas, la pregunta que surge es: ¿dónde estaban las mujeres? La respuesta sale de una manera veloz: en el anonimato. Dedicadas al cuidado de la vida en toda la extensión de la palabra. Enajenadas en cuerpo y alma. Por supuesto que en los distintos sectores sociales descritos con anterioridad estaban también las mujeres, pero ellas estaban en la sombra, asumiendo la "domesticidad", de manera que ello garantizara la supervivencia de la especie humana. En primer lugar, y de acuerdo con el estudio realizado por Suzy Bermúdez (1993), la mayoría de la población en los sectores urbanos se componía de mujeres. Ella lo afirma del siguiente modo:

Alrededor del decenio de los cincuenta la Capital era una ciudad en donde la mayoría de los habitantes permanentes eran mujeres. La razón principal que se aduce para explicar este hecho eran las frecuentes guerras civiles que generaban una mayor mortalidad y ausencia temporal masculina 58 .

58 I

En segundo lugar, las diferencias sociales se manifestaban de manera más agu- da entre las mujeres. Ellas, al contrario que los varones, no eran consideradas ciudadanas. Mientras las distintas constituciones promulgadas después de la Independencia hasta 1843 definían la calidad de ciudadano sin especificar el

sexo, a partir de la Constitución de 1843 se introdujo la fórmula que se repetía en todas las constituciones que se promulgaron durante el siglo xix: "son ciudada-

nos los granadinos varones

madres, tías, abuelas de terratenientes, comerciantes, aristócratas dependían totalmente de los varones, y no tenían ninguna posibilidad de ser propietarias en el sentido estricto del término. Así, el Código Civil de 1859 del estado de Cundinamarca "en algunos apartes otorgaba derechos patrimoniales mínimos a la mujer casada, como la administración y uso libre de 'los de su exclusivo uso personal, como son sus vestidos, ajuares, joyas e instrumentos de su profesión u oficio' (art. 1804)" 59 . Por supuesto que los instrumentos de su oficio se podrían reducir a un piano, o los objetos de su costurero, o a las plumas que utilizaba

".

En este sentido, las mujeres de las élites, esposas,

58 S. Bermúdez. El bello sexo. La mujer y la familia durante el Olimpo Radical, Santafé de Bogotá, Ediciones Uniandes-Ecoe Ediciones, 1993, p. 6.

59 Citado por Magdala Velasquez Toro, Condición jurídica y social de la mujer. En Nueva historia de Colombia, Bogotá, Planeta, 1989, tomo 4, p. 11.

Madre y esposa: silencio y virtud

para escribir 60 . En suma, las mujeres de las élites dedicaban todas las horas del día a organizar la vida doméstica, a cultivar la música, algunas a escribir y en algunas ocasiones a las labores de caridad. Estas labores, consagradas y per- mitidas por el conjunto de la sociedad, podían constituirse en un medio eficaz para salir de las cuatro paredes en las que se hallaban confinadas y encontrar otro modo de discurrir por la vida. Según Beatriz Castro Carvajal,

Mirado desde otro ángulo, las obras de caridad y beneficencia am- plían paulatinamente la vida privada restringida de las mujeres. La religión compensaba su rigidez, facilitándoles actividades fuera de sus casas, como la rutina de ir a misa. Al salir podían tener encuen- tros con la aprobación de la comunidad y de la familia. Posterior- mente, el trabajo en alguna obra benéfica, les permitía ampliar sus labores en otros espacios diferentes a la casa. Además, les ofrecía la posibilidad de realizar un tipo de socialización diferente. Lograban conversar con otras mujeres, relacionarse con los miembros de las comunidades religiosas y servir a los necesitados. Era una forma de ser útil en el ámbito público, ya que de lo contrario, su misión estaba limitada al privado. Esta cotidianidad se acomodaba más a las mujeres pudientes, a las otras, el trabajo y sus obligaciones eran lo que les daba la pauta diaria 61 .

Otra era la situación de las mujeres mestizas, indígenas, negras, de las des- poseídas, de las mujeres pobres. Tanto en los centros urbanos como en los rurales, las mujeres estaban dedicadas al trabajo, desde el doméstico hasta el de producción de distinto tipo de bienes. Las que estaban concentradas en las labores domésticas, como criadas 62 en las casas de la élite o como traba-

60 Entre las mujeres de la élite hubo algunas escritoras que lograron publicar sus textos. Entre ellas, para el período de este estudio, se destacaron Silveria Espinosa de Rendón, Josefa Acevedo de Gómez, quien escribió un Tratado de economía doméstica, analizado más adelante, y Soledad Acosta de Samper, quien llegó a dirigir un periódico titulado La Mujer, ya a finales del siglo XIX.

61 B. Castro Carvajal. La vida pública en las ciudades republicanas. En Historia de la vida cotidiana en Colombia, Santafé de Bogotá, Norma, 1996, p. 253.

59

62 La mayoría de las trabajadoras domésticas eran jóvenes campesinas de las zonas más cercanas. En ciudades como Barranquüla y Cali procedían de la población negra y en Bogotá eran indias. La trabajadora doméstica a principios de siglo estaba sometida a una condición servil. Encargada

Contexto teórico y espaciotemporal

jadoras en las haciendas, debían, entre otras cosas, preparar cinco comidas diarias para la familia que atendían, para los trabajadores contratados y para su propia familia, atender al cuidado de los hijos de sus "patronas" así como de los suyos, realizar diferente tipo de mandados, ir a las compras del mercado, lavado y planchado de la ropa, etcétera. Si se piensa en las condiciones de los servicios públicos de la época, donde no había alumbrado público, ni el agua llegaba directamente a las casas, por supuesto que todas las horas del día se ocupaban en atender esta diversidad de oficios. Esta circunstancia hizo especializar algunos oficios como el de las "aguateras", mujeres que se dedicaban a realizar la distribución del agua casa a casa después de recogerla en los chorros o pilas comunes que había en los cen- tros urbanos. O el de las "lavanderas", quienes realizaban el oficio de lavado de ropa en los ríos cercanos a los pueblos. O las que se dedicaban al planchado de ropas, utilizando planchas de carbón y almidón para remojar la ropa. Igualmente hay que tener en cuenta que muchas de estas mujeres ela- boraban en las casas una gran variedad de productos como: velas, harinas, conservas, embutidos, chocolate, jabones, barnices, tinta, goma, alcoholes, vinagres, cosméticos, medicamentos, chicha 63 ; "moler y preparar chocolate era uno de los oficios domésticos mejor remunerados" 64 . Por otro lado, en el campo las mujeres participaban en labores menores relacionadas con el ganado, en el corte del tabaco, la recolección y selección de granos de café, y algunas veces en la siembra, la poda y la escarda. Además, sacaban los productos al mercado para su comercialización. Elaboraban nu- merosos objetos en su labor artesanal, como canastos, ollas de barro, esteras y demás utensilios para uso doméstico.

generalmente por sus padres, la señora de la casa debía responder por su virtud. Su libertad personal era casi nula, sus salidas eran escasas, en la práctica, a la iglesia y al mercado en compañía de la señora. Su salario era más simbólico que real y los padres de estas muchachas generalmente se contentaban con deshacerse de una boca más para alimentar. La señora, al darle techo, alimentación y algo de ropa vieja, sentía que estaba más que compensando a esta trabajadora. Las empleadas domésticas trabajaban desde el alba hasta que terminaban sus numerosos oficios, tarde en la noche".

60 Tomado de C. Reyes y L. González. La vida doméstica en las ciudades republicanas. En Historia de la vida cotidiana en Colombia, Bogotá, Norma, 1996, p. 223.

63 Bebida alcohólica que se preparaba con base en la fermentación del maíz, en alambiques caseros.

64 Aída Martínez Carreño. La vida material en los espacios domésticos. En Historia de la vida cotidiana en Colombia, Norma, Bogotá, 1996, pp. 354, 357.

Madre y esposa: silencio y virtud

Con respecto a la estructura familiar, en este período hay que tener en cuenta que el proceso lento y prolongado de mestizaje registrado durante los trescientos nueve años de vida colonial hizo convivir distintas formas de organización familiar que fueron imbricándose con la exigencia, por parte de la Iglesia, de la constitución de matrimonios monogámicos. Esta estructura familiar era diversa y estaba atravesada también por las condiciones sociales y económicas, así como por las prácticas culturales aportadas por los grupos indígenas y los grupos negros 65 .

En todo caso, ya en la vida republicana coexistían distintos tipos de familias (de hecho, extensa, nuclear), soportados por la fuerza de la patriarcalidad, la monogamia exclusiva de la mujer como obligación explícita y el prestigio de la poligamia para el varón. Y las mujeres eran el soporte material y moral de estas organizaciones sociales. De modo que este papel de cohesionadora era vital para el mantenimiento del statu quo:

Es importante señalar que aunque la familia era la gran portadora de valores, era la mujer, en su rol de madre, esposa, hermana y maestra de sus hijos, el elemento en torno al cual se cohesionaba aquella. El ámbito doméstico era impensable sin la mujer. Como la mujer no tenía educación y la vida claustral de nuestras ciudades no permi- tía otro tipo de actividades gratificantes, para ella el matrimonio lo era todo; asumía el rol doméstico y controlaba por completo todo lo interno de la casa: servidumbre, comidas, vestuario de los hijos pequeños, y los más mínimos detalles 66 .

65 En Colombia un estudio pionero de la familia lo realizó la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda, titulado La familia en Colombia. Trasfondo histórico, cuya primera edición se produjo en 1963, Medellín, Ministerio de Cultura-Universidad de Antioquia, 1997.

66 C. Reyes y L. M. González, op. cit., p. 218. Era tan fuerte la concepción de que sin las mujeres la vida doméstica no era posible que, aunque las guerras civiles fueron hechas por los varones, las mujeres estaban allí, sosteniendo la vida: "Los hombres, cuando no tenían mujer en la retaguardia, andaban siempre buscando una, no sólo por placer sino porque quien no tuviera mujer, estaba condenado a contratar su manutención y a cargar a cuestas todas sus pertenencias. Las mujeres eran una parte esencial de las contiendas y en particular de las fuerzas en operación, al punto que en el siglo XIX es inconcebible un ejército en cuya retaguardia no aparezcan de manera orgánica las mujeres", C. E. Jaramillo Castillo. Guerras civiles y vida cotidiana. En Historia y vida cotidiana en Colombia, Bogotá, Norma, 1996, p. 299.

61

Contexto teórico y espaciotemporal

Efectos de las reformas de mitad de siglo sobre la Iglesia

62 í

Aunque durante los trescientos nueve años de dominación española en Co- lombia, la Iglesia católica como institución y como credo religioso tuvo la mayor preponderancia, ésta no se vio opacada luego de la Independencia. Por el contrario, mantuvo su poder y hegemonía a lo largo del siglo xix. Tal poder fue abiertamente controvertido en la mitad del siglo con la irrupción del ideario liberal, acompañado de medidas que afectaron directamente los intereses económicos de esta institución. Durante la época de presencia de los españoles en nuestro territorio, la Igle- sia católica estaba regulada por la institución del Patronato, la cual consistía en los poderes que les otorgaba el Papa a los reyes de España para nombrar obispos y sacerdotes, fijar tributos y determinar las diócesis y parroquias en los territorios de dominación, bajo el compromiso de sostener el culto cató- lico y permitir la permanente evangelización con miras a la ampliación de la influencia de la fe católica en América. El Patronato se mantuvo una vez que se produjo la Independencia. En efecto, las autoridades de la República con- tinuaron emitiendo disposiciones para organizar parroquias, diócesis y crear nuevos obispados. Entre las disposiciones relevantes, por ejemplo, el Congreso de Cúcuta de 1821 abolió la Inquisición. Y el 28 de junio de 1824 se sancionó nuevamente la ley del Patronato. En suma, de 1819, año de la Independencia, a 1850, las condiciones de poder de la Iglesia se mantuvieron; relación estrecha entre la Iglesia y el Estado, administración de cuantiosos bienes -entre ellos gran cantidad de tierras-, ingresos permanentes por fuentes fiscales -impuesto del diezmo, por ejemplo- y control sobre el sistema de educación 67 .

Sobre la base de este poder, la Iglesia católica se abrogaba el derecho a evangelizar y a desplegar sus postulados en la formación de las personas, de manera que su fuerte influencia sobre la educación religiosa y moral de los habitantes de la República era notoria. Y ello tuvo un especial significado para las mujeres. De ello puede dar fe la manera como las casas de élite de la época estaban construidas: todas ellas tenían un oratorio, "el cual, junto con el costurero, era el espacio preferido por las mujeres, para quienes las prácticas religiosas eran parte fundamental de su vida diaria" 68 . El papel de la Iglesia Católica sobre la cultura del país se describe de este modo:

67 A. Tirado Mejía, op. cit., p. 168.

68 C. Reyes y L. González, op. cit., p. 211.

Madre y esposa: silencio y virtud

Aparentemente la Iglesia católica ejercía un completo dominio cul- tural sobre la mayor parte del territorio, como legado del proceso relativamente rápido y completo de mestizaje y aculturación ocu- rrido durante la colonia. Una iglesia se erigía en la plaza principal de la mayoría de las poblaciones y ciudades en el campo, incluso pequeños villorrios tenían su capilla; en algunos casos se trataba de construcciones impresionantes y en otros eran apenas chozas gran- des con piso de tierra, pero unas y otras, simbolizaban la capacidad del poder eclesiástico y la autoridad ejercida durante un siglo de acalorados y, con frecuencia, violentos conflictos acerca del lugar que ocupaba la religión en asuntos tanto públicos como privados. Los curas o párrocos con frecuencia jugaron un papel protagónico en las vidas de las poblaciones rurales: ofrecían bendiciones y ora- ciones durante todo el ciclo vital, es decir en los nacimientos, en los matrimonios y en las muertes, servicios que con frecuencia debían ser remunerados. En las misas dominicales y en el abarrotado calen- dario de celebraciones religiosas, los clérigos predicaban la doctrina y exhortaban la moral en sus feligreses transmitiendo la visión de una deidad intimidante y vengadora. Dicha imagen era mitigada por una intervención piadosa, especialmente la de la Virgen María. En tales ocasiones, también consolidaban su posición de pilares del orden social, al censurar abiertamente a los librepensadores, a los criminales, a los que protestaban desde abajo y, con no poca frecuencia, a los supuestos "descreídos liberales" 69 .

Una presencia así, tan hegemónica, en la vida de los colombianos y las co- lombianas del siglo xix, empezó a ser cuestionada por los sectores sociales y políticos que pugnaban por salir de los atavismos legados del período colonial. Por supuesto que el centro de la discusión era el poder administrativo, eco- nómico y político que tenía la Iglesia como institución, puesto que muchos de los partidarios del ideario liberal conservaban el ejercicio de la fe católica, apostólica y romana. En cierto modo, la cuestión religiosa diferenciaba a los

| 63

69 M. F. Jiménez. La vida rural cotidiana en la República. En Historia de la vida cotidiana en Colombia, Santafé de Bogotá, Norma, 1996, p. 190.

Contexto teórico y espaciotemporal

liberales y a los conservadores de una manera bastante clara en la vida públi- ca; porque en la vida privada tanto unos como otros mantenían intactas sus creencias religiosas y su afiliación al credo católico. Entre 1850 y 1861 se promulgaron alrededor de 14 disposiciones 70 , las cuales estaban encaminadas a disminuir o terminar el poder de la Iglesia en diferentes niveles: sociales, económicos, administrativos, políticos. Este cau- dal de medidas, emitidas de manera progresiva por los diferentes gobiernos liberales, en un país fuertemente influenciado por las ideas religiosas, produjo una agria y prolongada discusión, de un fuerte matiz intolerante, a lo largo y ancho del territorio. La Iglesia, para su discusión, disponía de los pulpitos y además de un periódico de ámbito nacional, El Catolicismo, órgano de difu- sión que se mantuvo durante toda la época de la hegemonía liberal. Por su parte, los liberales, denominados "anticlericales y radicales" justamente por su apoyo a las mencionadas medidas, hacían su parte en los periódicos de los que disponían para tal fin.

El enfrentamiento entre quienes apoyaban las medidas y quienes las con- denaban reflejó claramente la discusión de fondo: el desarrollo del proyecto de un Estado laico, mediante una progresiva secularización de la sociedad. Ello puede encontrarse dicho en el programa liberal emitido por Ezequiel Rojas desde 1848:

Quiere el partido liberal que no se adopte la religión como medio para gobernar: las dos potencias deben girar independientemente, cada una dentro de su órbita, puesto que cada una tiene su objeto y fin distintos. Emplear la religión y sus ministros como medios para

hacer ejecutar las voluntades de los que gobiernan los negocios temporales, es envilecerla, desvirtuarla y separarla del fin con que

El partido liberal ve en inminente

peligro las libertades públicas, las prerrogativas de la soberanía y

las garantías con la permanencia en el país del Instituto conocido

con el nombre de 'Compañía de jesús'

Instituto en la República y extender su semilla por las provincias, es

la instituyó su Divino fundador

Permitir la continuación del

64 abdicar la soberanía nacional en la Compañía de jesús

71 .

70 Para conocer en detalle estas medidas remito a A. Tirado Mejía, op. cit., pp. 169-170.

71 Citado por A. Tirado Mejía, op. cit., p. 169.

Madre y esposa: silencio y virtud

Tal secularización también pued e encontrarse esbozada en las diferentes me- didas que progresivamente fueron buscando la disminución del monopolio de la Iglesia en la educación: por un lado, las decisiones en torno a introducir cátedras de economía y filosofía bajo los postulados de Juan B. Say y Jeremías Bentham, así como mucho más tarde la promulgación de la Ley de 15 de mayo sobre libertad de enseñanza, cuyos efectos sobre este monopolio analizaremos en los siguientes capítulos. Por otro lado, esta discusión religiosa tuvo sus efectos sobre la vida de las mujeres, sobre todo las de las élites, quienes sentían como propios los "dolores" que estaban sintiendo las amadas instituciones eclesiales. Según Mariano Ospina Rodríguez, reconocido partidario de la religión católica y del mantenimiento del poder de la Iglesia Católica, las mujeres eran las depo- sitarías auténticas del clericalismo: "Sólo las mujeres y la masa del pueblo,

confunde en una idea compleja la religión, la justicia y la libertad, y

esta idea expresa el catolicismo', poseen ese elemento pasional que infunde energía en la lucha contra el error" 72 .

Sobre este sentido del papel de la Iglesia y de la religión católica en rela- ción con la actuación de las mujeres se refiere Suzy Bermúdez, afirmando que

difícil que en el período de los radicales se considerara a una mujer

era "

como alguien respetable si ella no era seguidora del catolicismo. Es más, ya se ha sugerido en otro escrito que las mujeres constituyeron uno de los pilares centrales del catolicismo" 73 . Por ello, es claro también que existieran fisuras entre los grupos liberales, alentados por una discusión en las familias acerca del papel de la religión en la formación moral, lo cual en algunas ocasiones condujo a que "algunas liberales acompañaban a sus maridos en sus ataques en contra de los conservadores y representantes de la Iglesia, siempre y cuando no se cuestionara la religión" 74 .

'que

72 Citado por Germán Colmenares, op. cit., pp. 54-55.

73 S. Bermúdez, op. cit., p. 102. Remito al texto completo que presenta la autora en las páginas 103- 105, en el cual hace una descripción detallada de las beatas, mujeres que dedicaban la mayor parte de las horas del día a los ritos religiosos católicos, con una rutinariedad impresionante, que en algunas ocasiones produjo clamores de algunos liberales para que se moderaran estas prácticas.

I 65

74 S. Bermúdez. Debates en torno a la mujer y la familia en Colombia, 1850-1886. En Texto y contexto

Capítulo 2

Educar en el silencio y la virtud La Iglesia y la familia:

Espacios significativos de educación de las mujeres

La mujer prudente, aplicada y piadosa es el alma aún de las mayores casas, pone en orden la economía, arregla los espíritus y fortifica la salud de la familia

Rufino José Cuervo

i

f

Y a se mencionó en líneas generales en el capítulo 1 cómo se desarrollaban las contradicciones entre la institución Iglesia y los grupos sociales, ade- más de su fuerte influencia en la vida de la República.

Durante el período de 20 años de este estudio, 1848-1868, se produjeron las condiciones y se gestaron las bases de lo que luego sería el período más radical del enfrentamiento entre los poderes obtenidos por la Iglesia y los grupos liberales radicales que pretendían una secularización de la sociedad. Me refiero al período

de 1870 a 1886, que en la historia de Colombia se conoce como el más radical,

donde hubo una de las guerras civiles más cruentas, la de 1876 1 .

1 Esta guerra se denominó la "guerra de las escuelas", que "va desde 1876 hasta 1877. En ella se enfrentan el gobierno federal, presidido sucesivamente por Santiago Pérez y Aquileo Parra, y los obispos católicos.

j

El primero lucha por establecer una educación laica en las escuelas de la nueva República, que culmina con la ley de tuición del 9 de mayo de 1877 en que se determinó que los sacerdotes que no acataran la Constitución y las leyes de Colombia serían castigados con multa y destierro del país. El clero y una gran parte de los políticos conservadores se opusieron violentamente a esta medida, boicotearon las I 57 escuelas laicas, amenazaron con la excomunión a los padres que enviaran a sus hijos a estas escuelas y llegaron a prohibir a sus fieles la lectura de la prensa liberal, convirtiéndolo en un problema espiritual y religioso y negándose así la oportunidad de establecer un debate intelectual". P. Encinales de Sanjinés. La obra de Soledad Acosta de Samper: ¿Un proyecto cultural? En L. Campuzano (comp.). Mujeres latinoamericanas: historia y cultura siglos XVI al XIX, La Habana, Casa de las Américas-U. Autónoma Metropolitana Iztapalapa, 1997, tomo 2, p. 229.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

Por ello, es preciso analizar con mayor detalle las características de la influencia de la Iglesia en la vida de las colombianas y los colombianos de mediados de siglo y evaluar su presencia en la educación y, sobre todo, en la de las mujeres.

La Iglesia: su preponderante papel en la provincia de Bogotá y su influencia en la formación moral de las mujeres

La Iglesia tenía una presencia viva en la provincia de Bogotá. Esta presencia era tanto física como espiritual, a través de los ritos, fiestas, así como de los libros, actividades educativas y calendario anual, entre otros. Un dato signi-

en la primera mitad del siglo xix había

el norteamericano Holton escribía en 1853 que Bogotá

era sobre todo una ciudad de iglesias, pues con una población de 29.649 ha- bitantes no tenía menos de treinta iglesias mientras que París, con un millón, tenía cincuenta templos" 2 . Si la vida republicana en la provincia de Bogotá estaba signada profunda- mente por las prácticas religiosas y el control de la Iglesia sobre cada uno de los habitantes era tan fuerte, se entiende cómo las diversas disposiciones que empezaron a producirse desde 1849 hacia una secularización del país genera- ron toda especie de oposiciones. Pero antes hay que detenerse un poco en las características de la relación entre el poder municipal y la Iglesia como insti- tución. Un instrumento para hacer este análisis es el Decreto 5 de septiembre de 1843, en ejecución de la Ley de 14 de junio del corriente año, sobre rentas de fábricas de las iglesias 3 .

ficativo evidencia esta afirmación: "

en Bogotá 31 iglesias

En efecto, este decreto reglamentaba de manera minuciosa cómo debían ser administrados los bienes de la Iglesia. La sola extensión del documento es un indicador de la importancia de este tema, tanto para el régimen municipal como para la Iglesia misma. Constaba de 10 capítulos y 289 artículos. Las jun- tas de fábrica eran organizaciones de los distritos parroquiales, constituidas

68

2 Dato tomado de Religión e Iglesia. Vida religiosa. En Historia de Bogotá, tomo 2, siglo XIX, Bogotá, Villegas Editores, 1988, pp. 217-218.

3 Decreto 5 de septiembre de 1843, en ejecución de la ley de 14 de junio del corriente año, sobre rentas de fábricas de las iglesias. En Codificación nacional de todas las leyes de Colombia, Bogotá, Imprenta Nacional, 1928, pp. 377-433.

Madre y esposa: silencio y virtud

por padres de familia católicos, vecinos del distrito y el cura de la parroquia. En ellas intervenían el cabildo municipal y el alcalde. Es decir, tanto el po- der ejecutivo como el legislativo intervenían activamente en las decisiones de la Iglesia respecto de los bienes y las rentas de la misma. El artículo 114, que disponía todo lo referente a las rentas de la Iglesia, muestra claramente la dimensión del poder económico que detentaba. Así, las rentas provenían de: el producto de los capitales impuestos a favor de la fábrica, de las fincas y bienes raíces urbanos como rurales, de los semovientes y muebles, de las fundaciones, capellanías o cofradías, de los hatos, rebaños, del noveno y medio de diezmos, de las contribuciones denominadas limosnas y de la contribución directa para "gastos obligatorios del culto" 4 . Habría que pensar entonces que esta situación se producía en cada uno de los distritos parroquiales de la provincia de Bogotá, lo cual es un indicio claro de la presencia de la Iglesia en la vida cotidiana de las colombianas y los colombianos. Así que cuando empezaron a promulgarse las medidas para limitar este poder la reacción no se hizo esperar. Una de las leyes que más oposiciones provocó fue la Ley 27 de mayo de 1851, adicional y reformatoria de las de patronato, mediante la cual se otorgaba a los cabildos parroquiales el nombramiento y la presentación de los curas, y se impedía a los obispos y sus secretarios cobrar derechos de visita y de títulos 5 . Las voces de indignación que se presentaron se publicaron en periódicos que, como La Religión y El Catolicismo, se intitulaban periódicos religiosos, morales, históricos, filosóficos y literarios, los cuales se convirtieron en los voceros de quienes encontraban "abominables" las medidas que buscaban la secularización. Así, en el prospecto de La Religión se decía:

La persecución (sic) directa i sistemática que se ha adoptado contra las instituciones religiosas son, un deber, cuyo cumplimiento han jurado llevar al cabo sus enemigos, para cuyo efecto allanan todos los obstáculos que se les oponen, por mas difíciles que parezcan: el dogma, la moral, la disciplina eclesiástica i el sacerdocio son, los

j 69

Ibidem, art. 114, pp. 400-401.

Ley 27 de mayo de 1851, adicional y reformatoria de las de patronato. En Codificación nacional de todas las leyes de Colombia, Bogotá, Imprenta Nacional, 1929.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

objetos que se han propuesto destruir, a pesar de sus convicciones Patente es ya a nuestros ojos, i no hai duda alguna; que las venganzas. el odio, la aversion i rencor acia la Religion i sus ministros son, por parte de los Socialistas, la base sobre que fundan una tan barbara i despótica persecución.

Persuadidos de esta verdad, que solo un hombre falto de juicio puede negar, exhortamos encarecidamente al clero granadino, a los verdaderos católicos i a cuantos tengan fe i celo por la Religion, que nos presten su cooperación para mantener este periódico, que será el grito de alerta diriiido a los pueblos granadinos, con el fin de que no se dejen seducir ni engañar de los feroces i hambrientos lobos que con rapaz audacia corren apresurados a deborar el Pastor

i su rebaño 6 .

En el número 8 de este periódico apareció un artículo titulado "Atentados horribles", en el que se transcriben sendas comunicaciones, una dirigida por el jefe político del cantón de Honda al cura de la ciudad, y la otra, la respuesta del mismo. Este tipo de misivas, que debió repetirse por mucho tiempo, era calificado por el periódico como "estado de persecución", "los rojo-socialistas disponen de las cosas santas", "bárbaros hechos". Por su valor testimonial se transcriben a continuación en su totalidad:

República de la Nueva Granada. No. 11. fefectura política del canton. Honda 8 de julio de 1852. Señor cura de esta ciudad. El cabildo de este distrito, exije que U. elija las funciones que tenga a bien desempeñar, bien las de cura, bien las de capellán de la misa de doce, por que deceo nombrar uno u otro, i para verificarlo se espera su contestación; al efecto se servirá U. hacerlo dentro de dos horas; en la intelijencia que si U. no lo verifica, me veré en el caso de imponerle la multa de ochenta reales con que desde ahora lo apercibo.

Son las doce del día, hora en que dirijo a U. esta comunicación. De U. atento servidor. Tomás Pereira.

6 IM Religión (Bogotá), n." 1 (24 de agosto de 1852), p. 1. Subrayado fuera del texto original.

Madre y esposa: silencio y virtud

República de la Nueva Granada. Vicaría jeneral del cantón. Honda 10 de julio de 1852. Señor Jefe político del cantón:

He recivido su oficio conminatorio como a las doce i media, el que tengo el honor de contestar. Dice su atenta nota: el cabildo de este distrito, exije que U. elija las funciones que tenga a bien desempeñar, bien las de cura, bien las de capellán de la misa de dose, porque decea nombrar uno u otro. El empleo que obtengo i funciones que ejerso los he recivido de la Iglesia única que pudo dármelos, i única que puede quitármelos, por lo cual no me encuentro en el caso de eximirme de ninguno de ellos; pues si de tal manera obrase me haría altamente responsable para con el prelado i para con Dios: seria desconocer la autoridad santa de la Iglesia para atribuírsela a una corporación incompetente: el cabildo pues podrá nombrar eclesiástico para uno u otro beneficio; pero sin prestarme yo a ello. Soi de U. atento servidor. R Ignacio Fernandez. Es copia 7 .

En este mismo tono se escribieron muchos artículos que expresaban el des- acuerdo airado de la Iglesia con las medidas que iba tomando cada gobierno. Así, cada cabildo parroquial fue legislando de acuerdo con las leyes que sobre el particular se expedían. Por ejemplo, el acuerdo del cabildo parroquial del Cocui se emitió el 28 de diciembre de 1852, con base en la "lei de 27 de mayo de 1851 adicional i reformatoria de la de patronato" 8 . En él se reglamentaban con detalle los derechos de estola en favor del cura párroco, al igual que la asignación que recibiría el sacristán. Además se suprimían las primicias, limosnas, estipendios y alferazgos (art. 3). Este acuerdo era comentado por el periódico La Religión de la siguiente manera:

En otros números de este periódico hemos publicado reglamentos i acuerdos tan absurdos e impíos como el que en este insertamos; por ellos vé el lector i conoce la lengua profana i sacrilega que

I 71

7 La Religión (Bogotá), n.° 8 (7 de diciembre de 1852), p. 36.

" Acuerdo del cabildo reglamentando lo perteneciente al culto, 28 de diciembre de 1852. En La Religión (Bogotá), n." 14 (24 de febtero de 1853), p. 60.

72 I

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

los dicta. Ese cabildo corrompido, e irreligioso que existe en cada parroquia, es el instrumento abominable de que se vale el jenio del mal, el hijo de perdición, para hollar y conculcar el santuario, con las reglas i ritos formados con el negro i diabólico tinte que el padre de la mentira al heresiarca Lutero, cuando escribió el libro de abolición de la Misa.

Los demócratas conjurados a manera de una horda de caribes han metido la mano en el santuario para destruirlo i volver nugatorios los santos ritos i las ceremonias sagradas de la Iglesia: nombran ministros del culto para profanar con ellos el lugar santo, abatiendo al párroco hasta lo sumo, dejándolo sin funciones, prescribiéndole reglas desdorosas a su ministerio, i tratándolo como el mas abyecto esclavo.

La cárcel, los irrespetos, los insultos, las calumnias, i el odio, son los dones i presentes que ofrecen a los señores curas estas autoridades liberales, que no contentos con ellos, por parecerles módicas, añaden la asignación de sus rentas tan miserable, ratera i mezquina que no les sufraga ni aun para el calzado. Esa pobre i miserable asignación debía llenarlos de rubor i vergüenza, para con las naciones, aun las mas barbaras, las cuales honran i respetan en gran manera, a sus ministros, cuidando siempre de que sus rentas sean pingües i capaces de sufragar los gastos necesarios, para mantener con decen- cia el rango de su alto i sublime ministerio: mas en la República de la Nueva Granada sucede lo contrario, pues usurpadas las rentas eclesiásticas señalan al párroco un jornal profano que comparado con el que ganan los jornaleros i el mas vil altozanero, es el de estos mayor que el de aquel; diganlo sino, la fatal esperiencia los lamentos continuos de los párrocos i los barbaros acuerdos de los

gobierno digno de la execración, de la maldición, i

anatema de todos los pueblos! Los Editores 9 .

cabildos

¡Oh

Esta discusión fue un claro enfrentamiento entre los dos poderes: el de las autoridades eclesiásticas y el de las civiles. Pero la progresiva secularización

9 Ibidem, p. 60.

Madre y esposa: silencio y virtud

de la sociedad no penetró profundamente en las mentalidades de los habitan- tes de la provincia de Bogotá. La fuerza ideológica de la religión católica se mantuvo en la educación, en las festividades, en las costumbres, en los ritos, que permanecieron casi intactos durante el período estudiado. Esta afirmación es particularmente significativa en lo que se refiere a la educación de las mujeres. En un sentido amplio, la Iglesia como institución, la religiosidad y la espiritualidad por ella promulgada mantuvieron su he- gemonía en las concepciones que sobre la formación de la moral y de las costumbres era necesario mantener para las mujeres. En los veinte años estu- diados, no se encontraron evidencias de que las cosas hubieran cambiado de manera significativa. Por el contrario, como se mostrará en el apartado sobre el matrimonio, las actitudes y creencias de los habitantes de la provincia de Bogotá se conservaron. Las mujeres eran un grupo social fuertemente influenciado por las con- cepciones religiosas católicas. Era muy difícil imaginar la vida de la provincia de Bogotá sin las prácticas religiosas permanentes, de las cuales las mujeres eran sus principales depositarías. Hubo durante el período de este estudio claras manifestaciones de protesta de grupos de mujeres con respecto a las medidas que afectaban en forma directa a la institución religiosa, así como a las costumbres que se tenían como virtualmente defensoras de la fe católica y de la moral a toda prueba. Las que se refieren, por ejemplo, al matrimonio y la familia, se detallarán en otro apartado de este mismo capítulo. En efecto, con ocasión de la promulgación del decreto ejecutivo de mayo 18 de 1850 sobre expulsión de la Compañía de Jesús del territorio colombiano, las mujeres de la élite de la provincia de Bogotá dirigieron una extensa comu- nicación a los representantes del Congreso presentando sus opiniones sobre el hecho y solicitando derogar todas las medidas legislativas y ejecutivas de "proscripción e intolerancia que se han ejecutado en el país como contrarias a aquellos principios [los de la razón y de la justicia]" 10 . En su misiva argumenta-

"' El Día (Bogotá), n.° 809 (15 de abril de 1851). La carta iba firmada por más de cien mujeres de la provincia de Bogotá, la mayoría de ellas pertenecientes a la élite criolla, esposas e hijas de generales de la república que habían participado en las guerras de independencia y de "mártires" de las mismas. Al lado de la firma aparecía este dato: "Gabriela Barriga de Villavicencio (viuda del protomártir de la independencia de la República, Antonio Villavicencio, que murió en un patíbulo el día 6 de julio de 1816)". Y así sucesivamente se especificaba cada una de las firmas.

73

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

ban su protesta "impelidas por el sentimiento puro de patriotismo, con el decoro propio de nuestro sexo i educación, con la conciencia de la justicia" 11 . Nótese que es posible conocer este tipo de manifestaciones en el grupo de las mujeres de la provincia que habían tenido la posibilidad de acceder a la instrucción pública o privada y que, por lo tanto, contaban con el capital cultural necesario para expresar sus opiniones de forma escrita. Algunas de las mujeres firmantes eran directoras de escuelas públicas (Matilde Baños), o dirigían casas de edu- cación y escuelas privadas (María Francisca Domínguez de Madrid, Dolores Lozano de Junguito, Margarita Nariño, Rosa Rubio, Dolores Borda, Mercedes Borda, Concepción Borda, María Josefa Castro, Virjinia Arenas) 12 . Poco se sabe de las propias reacciones del resto de las mujeres: mestizas pobres, mulatas, indígenas y negras. Este hecho es en realidad una verdadera limitación en el presente estudio, pues no podría afirmarse que hubiera indiferencia sobre el tema, ni interés por manifestarse de alguna manera acerca de las decisiones de la política que afectaban sus vidas. ¿Acaso en los lugares de frecuente re- unión de este tipo de mujeres (las pilas donde se recogía el agua, los lavaderos públicos, las chicherías, las pulperías, las tiendas, los mercados), tuvieron lugar comentarios y conversaciones sobre diversos temas, y en particular, sobre los enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado? En un artículo de autor anónimo aparecido en 1868, el cual describía cómo discurría la vida de hombres y mu- jeres en la Bogotá de entonces, se encuentra esta interesante nota:

La política es la ocupación preferente, casi única de Bogotá: de política se ocupan los corrillos que en las esquinas de la calle real hai a todas horas; de política tratan en todas las tiendas de comercio, ya que nada negocian; de política se ocupan en los talleres faltos de obra de los artesanos; i cosa espantosa, la política es también la ocupación de muchas mujeres a quienes faltan paseos, bailes i teatro para no sentir las horas de la vida 13 .

En un sentido restringido, la Iglesia mantuvo su hegemonía en el sistema de instrucción pública, así se hubiera limitado su presencia en él. Lo hizo a través

74 |

11 Ibidem. La carta estaba fechada el 31 de marzo de 1851.

12 Estos nombres pueden verse en la lista de escuelas y colegios privados para niñas que aparecen en el capítulo 3.

13 Revista de Bogotá. En Revista de Colombia (Bogotá), n. os 1-2 (25 de marz o de 1868), p. 27.

Madre y esposa: silencio y virtud

de la aprobación de determinados manuales 14 , se mantuvo en las concepciones sobre ética y moral que se divulgaban a través de éstos, y en algunas ocasiones, apoyándose justamente en la ley de libertad de enseñanza, la Iglesia se dio a la tarea de atender escuelas en los distritos parroquiales, con el apoyo y la aprobación de los vecinos. Esto es una muestra de que no puede absolutizarse la "polarización" que se dio entre los anticlericales y los clericales. Se han documentado inclusive hechos que muestran la incoherencia de muchos dirigentes liberales, quienes en lo público hacían gala de su anticle- ricalismo, pero en lo privado exigían de su familia una profesión de fe sin tacha. Así los describen en el trabajo sobre la Historia de Bogotá realizado por la Fundación Misión Colombia:

Desde luego, mal podríamos dejar de anotar las debilidades e in- coherencias de numerosos radicales en su posición "anti-católica". Se sabe de algunos de los que aprobaron el matrimonio civil y el divorcio en el Congreso de 1853, que defendían ardorosamente estas reformas en público para llegar en seguida al recinto del hogar a prohibir severamente a sus hijas hacer caso de pretendientes "a la nueva moda" que aspiraban a uniones distintas de la católica. Por otra parte, bien vale evocar el escándalo farisaico que, años después, muchos de los jerarcas radicales armaron en torno al matrimonio civil del doctor Rafael Núñez con Doña Soledad Román. Por todos los medios posibles, sin excluir los pasquines esquineros, los "des- creídos", "agnósticos" y "librepensadores" radicales motejaron al presidente Núñez de "bigamo" y a Doña Soledad de "barragana". Igualmente es bien sabido que no fueron pocos los caudillos radicales

14 Así, en la contraportada del Catecismo de Relijión para el uso de la juventud, estractado de ¡a célebre obra del señor canónigo de Arras, M. Ayme, Bogotá, Imprenta de El Mosaico, 1860, aparece una nota que dice: "Santafé de Bogotá, a 28 de febrero de 1859. Visto el informe que el señor canónigo doctor Andrés María Gallo nos da del examen que ha hecho de un cuaderno estractado por el señor Lino García, de la célebre obra del señor canónigo de Arras, M. Aymé, i que contiene un compendio de la relijión para el uso de la juventud granadina, i manifestándose su utilidad, i que nada tiene contrario a la santa fe i a la sana moral del Evanjelio, podrá imprimirse con dicho informe i esta resolución. Antonio, Arzobispo-Fonseca, Secretario". Muchos otros manuales de materias de enseñanza como la gramática o la aritmética aparecían con este tipo de inscripción, o en ocasiones con la frase "con las debidas autorizaciones".

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

que al percibir la proximidad del guadañazo inexorable, solicitaron con afán la presencia del confesor que los pondría en paz con el Altísimo y les franquearía el ingreso a la bienaventuranza. "Para godos los liberales de Rionegro", empezó a decirse jocosamente desde entonces 15 .

Con respecto al tema de los manuales, se produjeron discusiones entre el poder ejecutivo de la provincia y los prelados de la Iglesia. Las discusiones

se ventilaron en torno al uso de textos para la enseñanza de la doctrina cató- lica en las escuelas. Ya para 1851 las autoridades civiles empezaban a tomar determinaciones sobre el asunto. Un ejemplo de ello fue la disposición expe- dida por el gobernador de la provincia de Mariquita. Mediante el decreto de

4 de marzo de 1851, el señor Francisco Useche determinaba que "mientras

se obtienen catecismos elementales propios para instruir a la juventud en las máximas i doctrinas del cristianismo, los preceptores de escuelas podrán usar de los que hasta ahora han servido de testo para aquella enseñanza, o de otros que en su concepto sean mejores". De este artículo se infiere que existía la intención de promover en las escuelas el uso de manuales no necesariamente

aprobados por la Iglesia católica, lo cual también puede deducirse del artículo

2 del mismo decreto: "como en algunos catecismos se encuentran doctrinas

relijiosas mezcladas con los principios políticos de las naciones, debe procu-

rarse inculcar a cada paso la independencia nacional i la soberanía" 16 .

Las reacciones a esta medida no se hicieron esperar. A los pocos días, el señor arzobispo de la provincia de Bogotá, Manuel José, dirigía una extensa comunicación al gobernador de Mariquita realizando un análisis del decreto y formulando algunas peticiones. En su análisis, el arzobispo interpretaba la norma con tres considerandos así: "I o . se atribuye la gobernación el derecho de poner otros catecismos; 2 o . deja al arbitrio de los preceptores que puedan usar del catecismo diocesano; i 3 o . constituye a los mismos preceptores en

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15 Fundación Misión Colombia, op. cit., p. 234. Godos era el apelativo que se les daba a los conservadores más recalcitrantes, y se refieren a Rionegro porque fue en esta población donde se sanciono la Constitución de 1863, calificada como la más radical. Barragana es un término español que alude al concubinato, a partir de la constitución de una relación de pareja de hecho, en la cual la mujer era de una condición social inferior a la del varón.

16 Decreto de 4 de marzo de 1851. En El Día (Bogotá), n.° 815 (6 de mayo de 1851), pp. 2-3.

Madre y esposa: silencio y virtud

superiores del Obispo para usar de otros catecismos, que en concepto de ellos,

mejores, que el aprobado canónicamente" 17 . Los principales argumentos

para rechazar el contenido del decreto se centraban en: proclamar la indepen- dencia i soberanía de la Iglesia en cuanto a las doctrinas de la fe, señalar que los "gobiernos temporales" no han recibido de Dios la misión para enseñar la

sean

religión, precisar que un catecismo es el compendio del cuerpo de la doctrina

o símbolo de la Iglesia y recordar que para "formar semejantes compendios

se requiere profunda ciencia teolójica" 18 . Por lo tanto, el arzobispo solicitaba

a la Gobernación que:

I o . en materia de testos para la enseñanza de la relijion se limiten los decretos de instrucción pública a disponer que se use de los catecismos aprobados canónicamente en la Arquidiócesis; 2 o . que se deroguen las demás disposiciones que analicé en mi oficio de 8 de los corrientes número 45. Solo con esto podrá darse a los fieles de la provincia de Mariquita la garantía que con derecho perfecto se debe a su relijion 19 .

Volviendo al tema de la educación, de todas maneras la Iglesia, así como sus

fieles seguidores, no cejaban en su empeño de expresar sus voces de desacuer- do frente a todos aquellos hechos que en su opinión atentaban contra la fe y

la libertad religiosa. En El Catolicismo apareció un extenso artículo en el año

de 1853 titulado "La Relijion en la Nueva Granada durante la administración llamada del 7 de marzo", con el subtítulo "Indiferencia en la educación reli- jiosa". En este artículo se hace una prolongada disertación sobre "la incuria i abandono con que se ha mirado en este siglo la educación relijiosa". Entre sus argumentos están que los padres de familia han preferido enviar a sus hijos a estudiar jurisprudencia o medicina en vez de teología, "esta es la ra-

zón porque la Nueva Granada está hoi llena de doctores, sin que por esto sea

más rica ni más moral

Además, con ocasión de la libertad de imprenta

".

17 Inserciones. Carta del arzobispo de la Provincia de Bogotá, Manuel José, al señor Francisco Useche, gobernador de Mariquita. En El Día (Bogotá), n.° 815 (6 de mayo de 1851), p. 3. Cursiva del texto original, subrayado fuera del original.

18 Ibidem, p. 3.

19 Ibidem, p. 3.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

"i la libre introducción de toda clase de obras", la juventud se dedicó a leer todo aquello que le llegó a sus manos, por esto "los jóvenes se empaparon en las malas doctrinas, sucediendo en sus cabezas con la aglomeración de principios, lo que en el estómago con la abundancia i variedad de alimentos,

que, descomponiéndose mal, enferman el cuerpo

manera explícita el nefasto papel cumplido con las lecturas de "la herejía" de autores como Voltaire, Volney, Rousseau, Diderot, Rochefoucault, Holbach, Rollin, Blanc, Saint-Simon, Owen, Fourier 20 . Con respecto al sistema de instrucción pública, en tanto había libertad de enseñanza, de ella se sirvieron también los prelados de la Iglesia. Arguyendo su papel de ser los primeros educadores de la juventud, abrieron escuelas gratuitas argumentando que:

Y finaliza señalando de

".

Cuando los enemigos de la Iglesia verdadera no economizan medios de traer a la Nueva Granada el protestantismo, desprestijiando el catolicismo, toca con preferencia a los Párrocos oponer eficazmente sus esfuerzos, instruyendo a los niños i arraigándoles en su corazón inocente, la doctrina católica sembrada teórica i prácticamente, esto es, con la palabra i con el ejemplo, con la instrucción i el ejercicio diario de las obras buenas i cristianas, provechosas al espíritu i al corazón 21 .

Este periódico informa cómo el cura de Tasco en la provincia de Tundama, Indalecio Barreto, abrió la escuela primaria de niños de esa parroquia "para tener libertad en la enseñanza, i no depender de ninguna autoridad política ni civil", con 60 niños, en un local facilitado por los vecinos, iniciando clases el 3 de febrero de 1856. Se impartía clases de lectura, escritura, doctrina cris- tiana, historia sagrada por Fleury, fundamentos de la fe por Aimé, urbanidad, moral cristiana y aritmética. Realizaban diariamente las prácticas religiosas que consistían en misa, un ejercicio religioso en la mañana, al mediodía y por la tarde, canto diario de alabanzas y asistencia todos los domingos al templo acompañados del sacerdote. Según el periódico, sus padres estaban

78 "mui contentos i satisfechos bendiciendo la mano benéfica del sacerdote i

El Catolicismo (Bogotá), n.° 91 (junio de 1853), pp. 100-101. El cura en la escuela. En El Catolicismo (Bogotá), n.° 215 (17 de junio de 1856), p. 165.

Madre y esposa: silencio y virtud

del ciudadano que así llena tan ejemplarmente la doble misión que le está encomendada" 22 . Vale la pena detenerse aquí para mostrar algunos otros hechos que demues- tran cómo el monopolio de la Iglesia en el campo educativo para impartir su doctrina, sus preceptos, sus concepciones morales, nunca se perdió. Por una parte, en la instrucción pública ninguna de las disposiciones producidas en el período estudiado determinó la salida de los sacerdotes de las escuelas, hecho que sí se produjo después de 1870. Por la otra, hay evidencias de la labor que desempeñaban los capellanes en las escuelas y colegios de ambos sexos, y en especial en el Colegio de La Merced. Veamos. En las cinco principales disposiciones sobre instrucción pública que se pro- dujeron en los veinte años estudiados (Decreto 2 de noviembre de 1844 sobre establecimiento y arreglo de escuelas, Ordenanza 210 de 31 de diciembre de 1853 sobre instrucción pública, Ordenanza 15 de enero 3 de 1856, Ordenanza de 18 de diciembre de 1863 y Código de Instrucción Pública), se determinaba, por un lado, la presencia de un capellán en las instituciones educativas, con funciones precisas entre las cuales estaban las de sacerdote como tal (oficiar misas, confesar y dar la comunión) y las de preceptor de doctrina, moral y al- gunas veces urbanidad; y por el otro, se especificaban las actividades religiosas que debían cumplir alumnos y alumnas en las escuelas y colegios durante los días ordinarios, así como en los festivos y los domingos. Además, los sacerdo- tes, como capellanes de estas instituciones, asistían siempre a los certámenes privados y públicos que se organizaban al finalizar las actividades escolares, y participaban de los exámenes de opositores a la hora de elegir a los futuros preceptores y futuras preceptoras. Es decir, su presencia era activa y además estaba investida de una fuerte autoridad en la comunidad.

Un detalle significativo, que aparece en tres de las disposiciones mencio- nadas, es que se incluía siempre un artículo que hacía la salvedad sobre la no obligatoriedad de cumplir las actividades religiosas a aquellos alumnos que no pertenecieran a la Iglesia católica romana (Decreto 2 de noviembre de 1844, art. 110 y Ordenanza 15 de 3 de enero de 1856, art. 3), o se les excluiría de las actividades religiosas por expresa solicitud de los padres (Decreto 2 de noviem- bre de 1844, art. 30 y Ordenanza 210 del 31 de diciembre de 1853, art. 5).

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

Otro detalle importante en el caso de la norma de 1844, entre otras cosas porque fue firmada por el entonces Secretario de lo Interior, Mariano Ospina, declarado defensor de las ideas conservadoras, es el parágrafo único del artículo 103: "La bandera de la escuela será de los colores del pabellón nacional, i tendrá escritas estas palabras: Respeto a la relijión, obediencia a la lei, amor a la virtud i a la libertad" (cursiva del texto original). Sin embargo, es necesario decir que a medida que iban produciéndose las disposiciones sobre separación entre el poder civil y el eclesiástico, la manera en que aparecían redactadas las normas mostraba con claridad la intención de ir disminuyendo la presencia de la Iglesia en las escuelas y colegios. Así, el artículo 6 de la Ordenanza 15 del 3 de enero de 1856 sobre instrucción primaria prescribía que "el párroco tendrá derecho de dar instrucción relijiosa en el local de la escuela, a los jóvenes que haya en ella, siempre que esto no perjudique el réjimen i orden de la escuela, a juicio del Director".

Además de las mencionadas actividades que desempeñaban los párrocos, cumplían otras labores, como apertura de escuelas, dirección de las mismas e inspección y vigilancia de las mismas en los diferentes distritos parroquiales. Algunas evidencias se señalan a continuación. En 1847, el jefe político del cantón de Guatavita, señor Rafael García, dirigía una comunicación al gobernador de la provincia informándole de la apertura de:

una escuela de primeras letras con cuarenta i dos alumnos, la cual es dirijida por el venerable párroco de este Distrito Dr. José Isai Rueda, quien no perdiendo de vista un solo momento el exacto cumplimiento de su ministerio, i fomento de esta población, se ha consagrado gustoso i sin el menor interés pecuniario, a difundir i propagar con sus luces la ilustración de la juventud 23 .

En 1848, aparecía un aviso mediante el cual se informaba que el párroco del distrito de Nariño "ha promovido con patriótico i laudable celo el estable- cimiento de una escuela pública de primeras letras, la cual dirijirá él perso-

80 nalmente en un pequeño local que se cuenta para el efecto". El jefe político de Tocaima, jurisdicción del mencionado distrito, expresaba en el aviso la satisfacción que en la Gobernación producía este hecho y se determinaba el

23 Escuela gratuita. En El Constitucional (Bogotá), n.° 209 (21 de mayo de 1847), p. 2.

Madre y esposa: silencio y virtud

envío de "los útiles que ecsisten en esta oficina para distribuir á las escuelas primarias" 24 . En el mismo año y en el mismo sentido, aparecía otro anuncio mediante el cual el presbítero de Quetame, Guillermo Marino, establecía en "su casa una escuela de primeras letras que él dirije personalmente, i en la cual da lecciones gratuitamente a 16 alumnos". Y el aviso concluía diciendo: "es tanto mas digno de alabanza el celo recomendable de este párroco, cuanto el distrito de Quetame, en el cantón de Cáqueza, es uno de los mas pobres i escasos de población de la provincia" y "que se tribute por medio de la prensa un justo elojio al párroco de Quetame por este acto de patriotismo" 25 . Pero, para el año de 1853 este párroco hubo de renunciar a esta labor pues "sus ocupaciones no le permitieron continuar, seguramente, i tal vez hace dos años, o mas, que la juventud de aquel se halla privada de recibir una mediana instrucción" 26 , información que suministraba el jefe político del cantón, Tomás Hernández, al Gobernador de la Provincia. Para 1856 se informaba de la apertura de la escuela del distrito parroquial de Síquima con "la asistencia de 12 alumnos i bajo la dirección del joven José Espíritu González i de la inspección i vijilancia del señor Cura de esta parroquia, presbítero José Joaquín Forero, quien ha ofrecido cooperar en cuanto le sea posible, al adelantamiento i progreso de la juventud" 27 . En el mismo año apareció publicada una carta dirigida por el Alcalde del Dis- trito de Macheta al señor Secretario de Fomento informando la apertura de una escuela. Por lo significativo del contenido se transcribe buena parte de ella:

El I o . de julio se abrió por fin la escuela de este distrito, después de que el Sr. Gobernador aceptó el ofrecimiento tan patriótico como laudable que el Sr. Cura actual, Dr. Ramón Rueda Martínez, hizo de desempeñar un destino tan ingrato como este, echándose encima un trabajo tan ímprobo, que sobrelleva gustoso, no obstante las delicadas funciones de Cura de almas. Para ser bien cumplido como Cura, en un pueblo que, como este, tiene cerca de ocho mil almas, i a la vez desempeñar con puntualidad las funciones de Director, se necesita

24 Nueva escuela. En El Constitucional (Bogotá), n.° 233 (20 de febrero de 1848), p. 2.

I 81

25 Nueva escuela. En El Constitucional (Bogotá), n.° 236 (30 de marzo de 1848), pp. 1-2.

26 Instrucción Pública. En El Repertorio (Bogotá), n.° 21 (9 de julio de 1853), p. 85.

27 Apertura de una escuela. En El Repertorio (Bogotá), n.° 44 (27 de noviembre de 1853), p. 179.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

algo mas que actividad, trabajo i constancia: se necesita ser como el Dr. Rueda Martínez, que al mismo tiempo que por medio de la palabra nos recomienda el trabajo, nos da un ejemplo brillante de cuánto se puede hacer cuando se aprovecha el tiempo. Inmensas ventajas reportará este pueblo de un tal Cura: apenas hace seis meses que está aquí i ya se nota una gran reforma en las costumbres, por su constancia en inculcar al pueblo, por medio de la predicación i el ejemplo, los sanos principios de la relijion i de la moral. Este pueblo, que se hallaba tan contento con su Cura por su comporta- miento ajeno de la política, por su esactitud en el cumplimiento de sus obligaciones, i por su deseinteres, no halla hoi términos para espresarle su agradecimiento al saber que ha llevado su solicitud paternal hasta hacerse cargo de la importante cuanto delicada tarea de educar sus hijos; i sea dicho en honor de los padres de familia, casi todos han ocurrido a matricular a sus hijos, i hoi se cuentan ya cincuenta niños en la escuela; pero no podía ser de otro modo, por- que habiendo estado por tanto tiempo cerrado este establecimiento, es natural que todos se apresuren a ponerlos para hacerlos partícipes de la abundante cosecha de virtudes i sanos principios que se les prepara bajo un Director que ofrece tantas garantías i que no dejará de inculcar en sus tiernos corazones el amor al trabajo, fuente de

la felizidad social, i las virtudes que, engrandeciéndolos, los hacen

útiles a su familia i a su patria

José M. Forero 28 .

No cabe duda de que una carta tan elogiosa, cargada de epítetos favorables a la labor del sacerdote, evidencia con mucha claridad cómo era apreciada la tarea de la Iglesia en la divulgación de su doctrina y en garantizar las sanas costumbres en una comunidad. En este sentido, es posible que dicha acción educadora tuviera connotaciones más arraigadas entre las mujeres, si se tiene en cuenta que la presencia de la Iglesia era sinónimo de moralidad, buenas costumbres y sobre todo, virtud, preceptos que con mucha insistencia se pre- gonaban en boca de dirigentes, sectores de la élite y de las propias mujeres, como se ha señalado antes.

28 Instrucción Pública. En El Repertorio (Bogotá), n.° 167 (23 de agosto de 1856), pp. 3-4.

Madre y esposa: silencio y virtud

De manera que es valioso acercarse con esta mirada a la presencia que tuvo la Iglesia en el Colegio de La Merced, establecimiento de carácter públi- co, lugar en el cual se educaban unas pocas mujeres de la élite criolla de la provincia. En función de las disposiciones legales que existían en instrucción pública, los reglamentos producidos para el funcionamiento de este colegio son la mejor fuente de información al respecto, así como algunos decretos que se produjeron sobre el particular. La minuciosidad de los reglamentos, en cuanto a las prácticas religiosas que debían cumplirse en esta institución, así como su estrecha relación con el carácter disciplinario de la vida normativa que regía a las alumnas, evi- dencia al menos dos cosas. Por un lado, el éxito que tenía la Iglesia, a través de su autoridad en el Colegio, el capellán, en la implantación de su ideario; y, por el otro, la fuerza de las costumbres de una sociedad que contaba con prácticas religiosas constantes en la vida cotidiana, las cuales operarían de manera persistente en la conciencia de las personas, más aún si se trataba de alumnas en proceso de formación. El Colegio de La Merced, por ley, siempre contó con un capellán, el cual en un principio era un servicio gratuito que prestaban los devotos provinciales de las órdenes religiosas de la provincia de Bogotá, quienes se turnaban por meses para asistir a la institución en las labores de la capellanía. Posteriormente era un cargo que se otorgaba por nombramiento de la Gobernación, y recibía por su labor un sueldo de forma regular. Sus funciones eran: decir misa los días que correspondiera realizarla, confesar y dar la comunión a las alumnas, dar lecciones de historia sagrada, moral, religión y, además, nociones generales de higiene "que son indispensables para conservar la salud i prestar una asisten- cia racional i metódica a los enfermos" 29 , asistir a los certámenes privados y públicos en los cuales eran examinadas las alumnas. En la normativa siempre aparecía la función de instruir a las niñas acerca de sus deberes religiosos y morales, "haciéndoles al efecto las correspondientes exhortaciones".

En efecto, los deberes religiosos que debían cumplir las alumnas fueron señalados en detalle en los reglamentos y con seguridad que debía existir en el interior de la institución un gran celo por hacerlos obedecer. Había obli- gación de asistir a misa todas las mañanas antes de iniciar las clases o, en

j 83

29 Ordenanza 117 del 24 de octubre de 1850, dando nueva planta al Colejio de La Merced. En O. L. Zuluaga y otros, Disposiciones legales sobre instrucción pública en Bogotá (1832-1858), Bogotá, IDEP, 1998, p. 159. Cursiva fuera del texto original.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

su defecto, rezar las oraciones. En la tarde, después de las clases había rezo del rosario. Los domingos siempre había misa en la mañana y por la tarde de nuevo se rezaba el rosario. A estas prácticas religiosas cotidianas se sumaba una serie de normas sobre los uniformes, la manera de llevarlos, la actitud que debían observar las niñas y los preceptores en las clases, detalles todos que completaban una férrea moral de carácter punitivo y controlador. Las referencias al pudor, la compostura, el recato, la modestia y la virtud eran permanentes en estos aspectos. Y si no eran obedecidos, los castigos estaban organizados de manera gradual: reprensión en clase, reprensión en la comunidad, privación de los recreos, encierros durante los descansos y recreos, prohibición de salir los días de fiesta o de paseo, aviso de las faltas al Inspector, reprensión en comunidad por el Inspector, aviso de las faltas a la Gobernación y expulsión del colegio. En relación con la temática que viene tratándose, el reglamento para el Colegio de La Merced sancionado por el presidente del Estado Soberano de Cundinamarca, Rafael Mendoza, el 21 de noviembre de 1865, es particular- mente meticuloso y pródigo en preceptos, referidos al control del cuerpo y de las manifestaciones de la sexualidad de alumnas, personal de servicios y preceptores de la institución. La mención a este hecho se realiza por cuanto la Iglesia católica mantenía el mismo rigor en estos aspectos. Para las alumnas, "la mayor modestia i honestidad en el traje"; para la Directora, ser mayor de 25 años con una "conducta ejemplar, moral i relijiosa", orientar a las alumnas inspirándoles "constantemente máximas de virtud i de honradez; habituarlas a

afearles las murmuraciones i chis-

acostumbrarlas a

la compostura

mografía que tan perjudiciales son en todo establecimiento

finos modales i a porte modesto i recatado

para la vicedirectora, "vijilar en que las educandas no usen

de juegos ni tengan conversaciones que desdigan del recato i la decencia, que

debe ser el ornamento de las niñas"; para las celadoras, "cuidar que las horas de descanso [de las niñas] las empleen en recreaciones honestas, propias de

su sexo i edad

una señora mayor de

", que

cumpla la función de "

la prohibición de entrar persona estraña, principal-

mente hombres, al interior del Colejio sea de dia o de noche "

treinta años, que inspire la mayor confianza por su conocida honradez

las sirvientes del establecimiento

celar en que las niñas no se rocen ni tengan trato íntimo con

";

"; para la portera, "

30

.

30 Decreto reglamentario del Colejio de niñas de La Merced de esta capital. En El Cundinamarqués (Bogotá), n. us 192 y 193 (22 de noviembre y 8 de diciembre de 1865), capítulos 2 y 3.

Madre y esposa: silencio y virtud

Volviendo al asunto del papel de los capellanes en la institución, es necesario

señalar que en algunos períodos, después de promulgadas las disposiciones que separaban el poder civil del eclesiástico, hubo preceptores civiles de moral y religión, lo cual podría interpretarse como el afán de la institución de contem- porizar con los vientos de las reformas de carácter liberal. Así, en el año de 1853 el señor Pedro Vezga aceptaba impartir gratis lecciones de moral y religión en el Colegio de La Merced, hecho que la Gobernación alababa con estas palabras:

" la Gobernación debe manifestar que nunca temió que un ciudadano que tan

brillantes pruebas ha exhibido en repetidas i solemnes ocasiones, de civismo, de firme lealtad a los principios liberales i de cordial amor a su patria, rehusase ocurrir decidido i pronto al llamamiento que hoi se le hace" 31 . Otra evidencia en este mismo sentido se lee en el programa de los certámenes públicos del Colegio, en el año de 1860, en el cual convoca a los exámenes de religión, moral

e historia sagrada el preceptor Nicolás Escobar (civil, algunas veces congresista

de la República) 32 . En 1869, se anunciaba la apertura del colegio con el listado de

las cátedras y los preceptores. En la cátedra de religión, historia sagrada, moral

e higiene, el profesor sería el doctor Jesús María Uribe 33 .

Así como en el Colegio de La Merced sus autoridades procuraban cumplir con sumo cuidado los preceptos ordenados por la Iglesia, en las escuelas pú- blicas ocurría otro tanto. Una evidencia de ello lo constituye una interesante carta dirigida por la directora de la escuela de niñas de San Victorino, señora Elena Junguito, al Gobernador del Estado Soberano de Cundinamarca, en la cual informaba con detalle el cumplimiento de lo ordenado por el Código de Instrucción Pública de 1858 en lo que concernía a la instrucción religiosa. El texto completo decía así:

Dirección de la escuela de niñas de San Victorino. Bogotá, 15 de abril de 1869. Señor Gobernador del Estado Soberano de Cundinamarca.

Como la maledicencia i las malas pasiones se han permitido difundir la villana calumnia, de que en las escuelas públicas que sostiene el Gobierno, se enseñan doctrinas protestantes, tengo el gusto de

I 85

31 Colejio de La Merced. En El Repertorio (Bogotá), n.° 15 (14 de mayo de 1853), pp. 58-59.

32 Programas para los exámenes públicos del Colejio de La Merced en el año del 860, Bogotá, Imprenta de Nicolás Gómez, 1860, pp. 3-4.

33 Colejio de la Merced. En: El Cundinamarqués (Bogotá), n.° 16 (19 de enero de 1869), p. 121.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

poner en su conocimiento (por si cree conveniente desmentir la imputación) que el dia de hoi han hecho su comunión, para cum- plir con la iglesia, 63 niñas a quienes juzgué capaces de un acto tan solemne i delicado, de entre las 108 alumnas de que consta el personal de esta escuela. El Gobierno pues ha cumplido con dar a las niñas la instrucción relijiosa que ordena el Código de Instrucción Pública, i que tan encarecidamente se me ha encargado por los Majistrados. Este hecho piadosamente plausible, ha tenido lugar en la iglesia de San Victorino i después de algunos dias de devoto retiro, en los que con edificante recojimiento, se prepararon las niñas: la confesión se hizo bajo los auspicios del venerable i digno señor Provisor del arzobispado, quien gustoso se apresuró a señalar para confesores sacerdotes virtuosos e ilustrados.

Doi este aviso al Gobierno, que anhela porque la moral cristiana se inculque a las hijas del pueblo, a quienes imparte su protección. Señor Gobernador.

Elena Junguito 3 *.

La carta es suficientemente explícita. Y corrobora el hecho de que, a pesar

de todas las disposiciones existentes sobre la separación de los poderes civil

y eclesiástico, en el terreno de la educación en general, y de las mujeres en particular, nunca la Iglesia perdió su influencia de manera definitiva.

Si esto era lo que acontecía en la instrucción pública, puede presumirse que en

la educación privada, la cual fue vivamente alentada por sectores de la élite con

el argumento de la garantía que daba para la formación moral de las mujeres, la presencia de los preceptos de la Iglesia era muy fuerte. Los avisos de apertura de colegios y casas de educación privada para niñas con frecuencia hacían mención

a este tipo de formación. Uno de los ejemplos más significativos lo constituyó

el Colegio del Corazón de Jesús para niñas, fundado por la señora Sixta Pontón de Santander (viuda del General Francisco de Paula Santander, militar y políti-

86 co importante en el proceso de independencia de la Nueva Granada). El aviso presentado por la señora Pontón comenzaba con la siguiente nota:

34 Nota de la directora de la escuela de niñas del barrio de San Victorino. En El Cundinamarqués (Bogotá), n." 43 (23 de abril de 1869), p. 337. Cursiva del texto original.

Madre y esposa: silencio y virtud

Un colejio, bajo los auspicios y título del Corazón de Jesús, destina- do a la educación cristiana y civil de las niñas, me atrevo por fin a presentar en la patria de mi esposo y mía, para honrar la respetable memoria del padre de mis hijas y sus constantes votos por la ilustra- ción de la juventud fundada en 7a pureza de la moral evanjélica.

Según se anota en el aviso, la idea de la fundación de este colegio había sido lar- gamente pensada luego de conocer y tener presentes "como modelos aquellas casas relijiosas en donde se educa lo selecto de las jóvenes de Europa" 35 . Y la concepción fundamental de la enseñanza en la institución traía impreso este carácter:

El objeto de todas las enseñanzas será compuesto: la práctica cordial de la virtud cristiana acompañada de los medios y recursos nece- sarios y útiles a las jóvenes en cualquier estado y circunstancias a que lleguen en la sociedad, y cortejada de todos los adornos posibles que en ellas las hacen apreciables, y todos estos recursos y adornos subordinados y regulados por las virtudes relijiosas y sociales 36 .

En suma, puede decirse que es sintomático verificar cómo tanto los discursos morales como las prácticas religiosas se cruzaran tan claramente y, asimismo, tuvieran como corolario las diferentes normas que regían la vida de las insti- tuciones educativas de la provincia. El tema de la libertad de enseñanza, por otro lado, fue discutido por la Iglesia católica cuando ésta no era proclive a sus intereses, y era utilizada como un argumento para mantener su influencia en instituciones en las cua- les su presencia era hegemónica o definitiva. Con ocasión de un proyecto de ley que cursaba en la Cámara de Representantes para el año de 1851, basado en la Ley de Libertad de Enseñanza, que pretendía incorporar el Seminario Conciliar de la Arquidiócesis al colegio nacional de San Bartolomé, la Iglesia se pronunció rechazando esta idea. Para ello el arzobispo de Bogotá de ese entonces, Manuel José, se apoyó en los mismos artículos de la Ley de Libertad de Enseñanza:

35

16

Colejio del Corazón de Jesús para niñas. En El Nacional (Bogotá), n.° 36 (3 de febrero de 1849). Cursiva fuera del texto original.

Ibidem.

87

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

La amplia libertad de enseñanza consignada en nuestras leyes, no solo es contradicha por el proyecto en el Seminario de la Arquidiócesis, sino que presenta una monstruosa contradicion. Es libre la enseñanza para todos i en todo: no hai diferencia de provincias, de lugares, de profesiones, ¿qué digo? no la hai de sectas. Desde el católico hasta el cuákaro tienen por la lei de 1850 libertad de enseñanza; i solo la Iglesia Arquidiocesana de Bogotá, Metropolitana de la República, i su prelado, son encadenados, i con cadenas tanto más pesadas cuanto que no oprimen las manos i los pies sino la conciencia 37 .

Es importante señalar también cómo otras dos leyes promulgadas en 1861, durante el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera, provocaron rebeliones de distinto orden. Ellas fueron el decreto de 9 de septiembre de 1861 sobre desamortización de bienes de manos muertas, con la cual todos los bienes de la Iglesia pasaron a manos de la Nación, y el decreto de 5 de noviembre de 1861 sobre extinción de comunidades religiosas. Ante la negativa de éstas de extinguirse, muchas fueron literalmente asaltadas por los soldados, con el fin de dar cumplimiento a la norma. En La Religión se documentó uno de estos hechos en agosto de 1865, en un artículo titulado "Las monjas", en el cual se afirmaba:

La historia de la esclaustración de las relijiosas granadinas es el baldón i el inri de sus verdugos, porque bien claro manifiesta la cobardía de estos, su inmoralidad, su bárbara crueldad, i mas que todo, el interés que tenían los viles ejecutores de tan tamaño crimen, en apropiarse las fincas que llevadas allí por las relijiosas, eran su único patrimonio i su sustento. Pero al paso que este doloroso re- cuerdo cubre de lodo la frente de los verdugos, enaltece i honra en alto grado a las heroicas víctimas; víctimas que después de deponer en manos de sus enemigos su escasa renta, i de salir al golpe de los fusiles i látigos de los sayones, han sufrido con admirable resig- nación, unas la pobreza mas estremada i otras los rigores i fatigas

88 de un penoso viaje, para ir a buscar en países estraños el asilo i el pan, que no diremos, no les quiso conceder sino que les arrebató

37 Ciudadanos senadores y representantes. En El Día (Bogotá), n.° 802 (22 de marzo de 1851).

Madre y esposa: silencio y virtud

el gobierno de su patria; el mismo gobierno que tolera los garitos, los lupanares i todas las casas de prostitución. Desde el momento en que las relijiosas fueron arrancadas de los silenciosos claustros de sus conventos, la caridad i el sentimiento de jenerosidad de nuestros compatriotas tomó cuerpo, i de ello hemos visto las mas consoladoras pruebas, entre los vecinos, i habitantes de Bogotá, Villeta, Guaduas, Honda i todos los demás sitios recorridos por las virtuosas monjas espatriadas; por todas partes no pisaban sino un alfombrado de flores que los niños, los ancianos i las jenerosas i nobles señoritas se apresuraban a regar; i puede mui bien decirse que desde su partida de Bogotá hasta su llegada a la hospitalaria Habana, no vieron sino heroísmo i caridad 38 .

Matrimonio y familia:

destino ineludible para las mujeres

En la documentación revisada correspondiente a los años de esta investigación, un tema tratado ampliamente fue el del matrimonio y la familia. Esto resulta muy sintomático si se piensa en función de las mujeres. En tanto su papel era prepararse para la unión conyugal, para atender las responsabilidades del cuidado del marido, en primer lugar, del hogar, en segundo lugar, y de los hijos que resultaran de dicha unión, se entiende entonces que fueran abundantes las diatribas y peroratas que sobre este tema se hacían.

Lo que sorprende es verificar que, a pesar de que la Iglesia católica tuvo una influencia tan marcada durante los años de vida colonial en Colombia, es sólo en la segunda mitad del siglo xix cuando viene a consolidarse la inten- ción de la Iglesia de consagrar el rito del matrimonio religioso como la unión por excelencia, la cual permitiría organizar una familia para el progreso de la sociedad. De acuerdo con el historiador Pablo Rodríguez, "el matrimonio católico de la Colonia fue más una ambición que una realidad. Ante las rígidas condiciones sociales que debían cumplirse para efectuarlo, muchas mujeres y hombres iniciaban informalmente relaciones que terminaban en auténticas uniones consensúales" 39 . El autor no precisa de qué sectores sociales hacían

89

38 Las Monjas. En La Relijión (Bogotá), n.° 2 (1 de agosto de 1865), p. 57.

39 P. Rodríguez. Historiografía e historia de las mujeres, s. f. Material mimeografiado, p. 29.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

parte estos hombres y mujeres, pero podría suponerse que lo fueran de las clases más pobres, que no tenían que justificarse ante ninguna convención social para discurrir en su vida cotidiana.

Este mismo historiador, quien se ha dedicado a investigar sobre las estruc- turas familiares durante la Colonia, plantea que la consolidación de la familia nuclear, modelo católico por excelencia, se produjo en la segunda mitad del siglo xix. En sus palabras:

En el caso colombiano la laicización de la sociedad no buscó, en manera alguna, cuestionar o limitar la intervención de la Iglesia en la vida familiar o conyugal. La aceptación del divorcio de 1853 fue un breve episodio político que sólo duró tres años. Por el contrario, fue durante la segunda mitad del siglo cuando la Iglesia gozó de las

mayores prerrogativas para incidir sobre el orden familiar

La Iglesia

logró durante este período la catolización que no había cumplido durante el virreinato 40 .

El discurso dominante en la segundad mitad del siglo xix era el de la necesi- dad de promover y defender la constitución de familias nucleares que bajo el sagrado tutelaje de la Iglesia garantizaran la existencia de sanas costumbres, lo cual redundaría en beneficio de una sociedad y una nación progresista. Este discurso se apoyaba básicamente en la atribución que se le adjudicaba a la maternidad como un hecho eminentemente natural que necesitaba ser consagrado por el rito del matrimonio.

En torno al matrimonio católico, la Iglesia portaba una concepción sa- cramental. Como sacramento, el matrimonio era la ejecución de la voluntad de Dios en la tierra y por ello se afirmaba que "lo que Dios ha unido, no lo puede el hombre separar". Y en desarrollo de este sacramento, el matrimonio era el garante de la existencia de familias, pues su fin era la procreación de la especie humana. Así aparecía expresado en un periódico de la época el concepto del matrimonio:

El matrimonio entre católicos supone la doctrina que dejamos

90 sentada; i por eso las leyes que arreglan el matrimonio tienen por norma otra lei superior, dada por un lejislador que no es hombre:

Ibidem, p. 35. Cursiva fuera del texto original.

Madre y esposa: silencio y virtud

el motivo de los deberes del matrimonio, como el premio de su cumplimiento, son también de un orden superior, independiente del interés de las pasiones 41 . San Agustín observa, en el libro que escribió del bien del matrimo- nio, que Jesucristo no elevó este contrato a la dignidad de sacramento solo con el designio de procurar la santificación de los particulares, sino igualmente para el bien jeneral, i para la perfección del cuer- po de la Iglesia. De aqui dimana que el matrimonio tenga ciertas funciones espirituales, como la educación de los hijos, mantener la sociedad i la paz entre los consortes, empeñarles a que se tributen mutuamente todas las obligaciones que exige esta sociedad, a hacerle guardar la fé conyugal, ligarlos tan estrechamente que no puedan separarse para contraer otros vínculos 42 .

Y sobre la misma definición del matrimonio como sacramento, esta otra cita:

MATRIMONIO. Desde que la Iglesia ha declarado que el matrimonio entre católicos es un verdadero sacramento de la lei de gracia, es una consecuencia indudable i segura, que el contrato del matrimonio no es materia cuyo arreglo corresponda a la autoridad civil. Porque ¡qué es este sacramento, sino el matrimonnio! i ¡qué es el contrato matrimo- nial, sino el matrimonio mismo!? Por manera que el sacramento es el contrato i el contrato es el sacramento i el que arreglare el contrato arre- glará el sacramento. La nulidad del contrato anularía el sacramento, porque no puede haber sacramento sin contrato; i la nulidad sacra- mento anularía el contrato, porque no puede haber contrato sin sa- cramento. Se vé por esto, que es imposible hacer una distinción real entre el contrato i el sacramento, porque sería distinguir el matrimonio del matrimonio; esto es, distinguir una cosa de sí misma 43 .

11

42

43

Cuatro palabras sobre la indisolubilidad del matrimonio. En El Catolicismo (Bogotá), n.° 34 (15 de marzo de 1851), p. 284.

Matrimonio civil. En La Religión (Bogotá), n.° 19 (24 de abril de 1853), pp. 79-80.

Matrimonio. En El Catolicismo, (Bogotá), n.° 100 (13 de agosto de 1853), p. 81. Llama mucho la atención en esta cita la manera circular de argumentar.

I 91

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

La concepción del matrimonio católico, planteada por la Iglesia con tanta insis- tencia durante la segunda mitad del siglo xix, buscaba consolidar la constitución de una familia nuclear, lo cual significaba contribuir al proyecto de nación por la vía de garantizar una estabilidad social y económica a los miembros de la familia, y posibilitar la legitimidad de los herederos de los bienes de las élites. Al parecer, la Iglesia tenía claro conocimiento de que en los sectores más pobres de la población las familias se constituían de hecho. Algunas cifras estadísticas nos permiten afirmar esto. Así, el número de casamientos registrados en la ciudad de Bogotá en 1848 fue de 17; en 1850, de 6; en mayo de 1851 de 7; en julio de 1851 de 10; en diciembre de 1851, de 8; en mayo de 1852, de 19 44 . Si se tiene en cuenta que la población total de la provincia de Bogotá era en estos años de 320.000 habitantes aproximadamente [véase cuadro de población en el capítulo 3), la proporción de matrimonios era supremamente baja.

Así que la pugna por la legislación, en cierto modo, buscaba proponer me- didas legales para los sectores sociales donde se movían bienes y patrimonios importantes. Era, en definitiva, el control sobre la propiedad y sus herederos. Es ésta una de las causas de la breve existencia del matrimonio civil, como resultado de la pugna entre los sectores más liberales, los liberales radicales, y los sectores conservadores de las élites. Pero antes de analizar cómo se desen- volvieron los hechos que originaron la promulgación de la ley de matrimonio civil, es necesario detenerse sobre el papel que desempeñó la Iglesia Católica en el proceso de "imponer" un modelo de matrimonio y familia traído de Europa, el cual era ajeno a las poblaciones aborígenes de América.

Un estudio pionero en Colombia sobre esta temática es el de la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda, quien ha realizado una exhaustiva investigación de la transformación de las estructuras familiares en el país desde el período colonial hasta nuestros días. El trabajo de esta autora parte de describir y analizar con detalle las estructuras familiares que tenían los aborígenes colombianos a la llegada de los españoles, para luego mostrar paso a paso, en un proceso de mestizaje lento y complejo de más de trescientos años,

92 |

44 Datos tomados de los Cuadros de movimiento de población. En El Constitucional (Bogotá), n. os 230, 293, 311, 320, 346 y 367 (20 de enero de 1848; 15 de febrero, 14 de junio y 24 de agosto de 1851; 24 de enero y 19 de junio de 1852).

Madre y esposa: silencio y virtud

cómo fueron produciéndose los cambios, cómo fueron imponiéndose paulatinamente modelos europeos de vida y cómo, especialmente la Iglesia católica, cumplió el papel de misionera para implantar su doctrina y sus concepciones de familia y matrimonio en el país. Su estudio tenía el propósito de analizar la estructura de estas institu-

ciones [se refiere a la cultura matrimonial peninsular y a la indígena] con el fin de encontrar los sistemas de deculturación que emplearon, y en especial, el trabajo misionero cristiano que buscó imponer a los remanentes indios y mestizos la concepción de la familia sacramental indisoluble y un régimen de dominación patriarcal, en contravía con

las herencias nativas 45 .

Es necesario tener en cuenta cómo el largo y complejo proceso de mestizaje, que involucró la cultura, las relaciones sociales y familiares, las tradiciones

y costumbres, se produjo por imposición de la etnia dominante, la blanca

europea, masculina, que portaba particulares concepciones de la vida, cosmo- visiones, tradiciones y costumbres harto distintas de las existentes en América. Por un lado, los grupos aborígenes colombianos en sus sistemas de organiza- ción social, de relaciones intergrupales y de estructuras matrimoniales, eran

poligínicos, "pero en un grado de intensidad variable. En algunos grupos esta forma matrimonial era casi privativa de las cabezas de poder, de la nobleza

y de la medicina, mientras en otras, ella descendía hasta estratos más bajos

llegando en algunos casos a abarcar el conjunto" 46 . Por el otro, con la llegada de los conquistadores españoles, quienes portaban en su universo simbólico un tipo de matrimonio y familia monogámico, patriarcal, puede entenderse entonces el choque de estas dos concepciones, de modo que se iniciara de manera deliberada, por parte de quienes poseían el monopolio de la fuerza, conquistadores y colonizadores, un trabajo de imposición de su propio mode- lo. Éste se gestó en más de trescientos años, atravesó por muchas vicisitudes

y, finalmente, se impuso no siempre con un éxito total, pues los aborígenes

primero, y luego los mestizos, buscaron diversas formas de resistencia a esta imposición, una de las cuales fue la de las uniones de hecho.

93

45 V. Gutiérrez de Pineda. La familia en Colombia. Trasfondo histórico. Medellín, Ministerio de Cultura- Editorial Universidad de Antioquia, 1997, p. xiv.

46 Ibidem, p. 84.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

El amplio estudio que realiza la autora sobre el encuentro de estas dos cos- movisiones pasa por analizar, de uno y otro lado, aspectos como los sistemas y normas de parentesco, los sistemas de filiación, las normas de residencia, las reglas de sucesión, las normas de herencia, la regulación matrimonial, para concluir que:

El sistema español -religioso y legal-, cuya autoridad y fuente eco- nómica estaba en el padre, implícitamente destruía el sistema de estructuración familiar indio. En él la mujer era una fuerza eficaz de trabajo, ya fuera porque ella labraba en la tierra de sus parientes, o porque sus actividades favorecían al marido. El nuevo concepto anulaba a la mujer como factor de producción y le restaba además los valores sociales anexos que esta actividad conllevaba. Por otra parte, el hecho de que el hombre debiera ser la cabeza eco- nómica de la familia, rompía el sistema de división del trabajo por sexos de la comunidad nativa. Según este principio, la guerra, la roza, la pesca y la caza dejaban de ser las únicas actividades masculinas de la mayoría de las culturas, para que, por el régimen extranjero, pasaran a ser sustituidas y complementadas por la agricultura, la ganadería, el transporte, la construcción, la minería y las formas artesanales, etc. Sin embargo, la resistencia debió ser fuerte y las recomendaciones religiosas tales como las del Sínodo de Fray Juan de los Barrios —"Mándeles que no estén ociosos, y hagan sus semen- teras para sustentar a sus mugeres y hijos"— no tuvieron resonancia práctica, porque aún en las zonas donde existieron fuertes núcleos aborígenes, hoy en día la mujer continúa cumpliendo tareas tales como el cultivo del suelo, dentro del ámbito de Boyacá, altiplano de Cundinamarca, porciones de los Santanderes, Nariño y Cauca, amén de otros retazos nacionales de tradición india 47 .

Es necesario tener en cuenta lo descrito por la autora a la hora de entender qué modelos de familia y de matrimonio eran los dominantes en el siglo xix

94 en Colombia, y sobre todo en el período de este estudio, segunda mitad del mismo siglo. En todo caso, como se señala un poco más adelante, ya para este período el discurso visible y dominante del modelo de matrimonio era

47 Ibidem, p. 228.

Madre y esposa: silencio y virtud

el señalado por la Iglesia Católica, el cual se encontraba bastante asimilado por los sectores de élite de la república, más que por otros sectores. Por eso Virginia Gutiérrez de Pineda afirma en su libro lo siguiente:

Pese a los esfuerzos de transformación de las instituciones españolas, no podemos decir que el patrón hispánico de la familia se hubiera logrado implantar en Colombia en los comienzos del siglo XIX. Era apenas una realidad limitada dentro de ciertas clases sociales, mien- tras que en otras apenas se insinuaba un comienzo de aculturación a las pautas españolas. En algunos estratos convivían las herencias aborígenes con los patrones castizos, o los dos cumplían procesos de sincretismo en las normas de institución familiar. No faltaban grupos que se resistían eficazmente a la interferencia foránea 48 .

En definitiva, para la segunda mitad del siglo xix, todo parece indicar, por el contrario, que el modelo dominante había ido imponiéndose y los aspectos inherentes al modelo, como la patria potestad más severa con la mujer, el pa- rentesco bilateral, los conceptos de hijos legítimos y naturales, la unidad del domicilio de la institución primaria, entre otros, eran ya de corriente uso.

En las condiciones sociales y culturales descritas tan brevemente, la sanción de la Ley de matrimonio civil se produjo en el período de los gobiernos liberales que desde 1851 venían realizando una serie de medidas favorecedoras del desa- rrollo de un mundo más abierto, más "liberal". Este tipo de medidas buscaban en el fondo oponerse a los atavismos del sistema colonial, que aún después de 30 años de vida independiente estaban presentes en la vida cotidiana de la nación. Y como se ha insistido, la relación entre la Iglesia como institución y la religiosidad como espíritu de la época estaban imbricadas y ejercían por tanto una fuerte influencia sobre las decisiones en las esferas del Estado. En tal sentido, Suzy Bermúdez caracteriza este momento de la siguiente manera:

Existían dos posiciones encontradas durante el período de los go- biernos liberales frente a la importancia que debía tener la religión en la educación de las mujeres. Por un lado, los liberales aducían que era conveniente separar a las mujeres del control que la Iglesia ejercía sobre ellas, para así lograr que permanecieran más tiempo en

Ibidem, p. 311. Cursiva fuera del texto original.

95

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

el hogar que en la iglesia y para debilitar la influencia de la institu- ción en la sociedad, ya que ellas tenían mucho poder al transmitir cierto tipo de valores en el espacio doméstico. Por el contrario, los conservadores y la mayoría de la población femenina se oponían

a tal propuesta porque consideraban que la única forma de lograr

un pueblo civilizado era a través de la religión y además, en el caso particular de las mujeres, la ayuda religiosa era fundamental porque se creía que ellas eran más débiles frente al pecado 49 .

Aunque la autora no logra documentar suficientemente esta afirmación, en la pesquisa realizada por este estudio se encontraron algunos documentos que evidencian las diferentes posiciones que se debatieron en torno al papel de la formación moral y religiosa para las mujeres, y también al papel unificador que representaba la Iglesia en la vida de la nación. Así, en las memorias es- critas entre 1864 y 1882 por un liberal de la época, Salvador Camacho Roldan mencionaba lo siguiente:

La revolución de 1810 había roto los lazos que unían estas colonias

a la metrópoli española, pero no los que los pueblos reconocían a

la autoridad del Supremo Pontífice. Hubo tendencias visibles hacia la emancipación de esta última dependencia, en la ley de patronato

de 1824, en la de 1852 sobre nombramientos de curas, en la separa- ción de la Iglesia y el Estado en 1853, en la del establecimiento del

pero estas tentativas no

habían desarraigado la reverencia que nuestro sexo femenino y gran parte de nuestra población masculina profesan a la unidad del catolicismo 50 .

matrimonio civil y en la de 1855 sobre

;

Por su parte, el liberal Lorenzo María Lleras, dueño y director del Colegio del Espíritu Santo, uno de los colegios privados para varones más importantes de la provincia de Bogotá, sobre el mismo tema hacía las siguientes reflexiones:

96 j

¿Acaso la fe y las prácticas del catolicismo serán buenas solamente para las mujeres, pensaba yo, pero a ios hombres, que tenemos más

49 S. Bermúdez. El bello sexo. La mujer y la familia durante el Olimpo Radical, Santafé de Bogotá, Ediciones Uniandes-Ecoe Ediciones, 1993, p. 115.

50 S. Camach o Roldan . Memorias, Medellín , Bedout , s. f., pp . 279-280 .

Madre y esposa: silencio y virtud

entereza de voluntad y amplitud de espíritu, lo que conviene es un deísmo que nos mantenga en la plenitud de la independencia moral?

Pero esta reflexión no resistía al criterio más elemental. Ni era cierta

la inferioridad intelectual de las mujeres, -pues toda la diferencia con-

siste en el grado de fuerza o de finura, de perspicacia o de extensión, de tendencias políticas o de tendencias morales y afectivas con que se distinguen, según su esfera de acción, las inteligencias femeninas de las masculinas-; ni era racional admitir que dos sexos insepara- bles, sin cuya unión no existe el hombre, -que componen al hombre mismo, maravillosamente uno en su diversidad de formas-, pudieran estar sujetos a distintas leyes de estética, de moral, de psicología ni de filosofía religiosa. Lo que podía ser la verdad para las hijas y la

madre, tenía que serlo también para el padre, puesto que la verdad es indivisible y no puede ser contraria a sí misma. Ello es que yo me sentía fuera de quicio y de nivel como padre de familia. Mi esposa poseía mi alma, y yo era dueño de la suya,

y nuestras almas armonizaban en el culto por la belleza, en su

patriotismo y en sus esfuerzos por adquirir luz en todos sentidos;

y sin embargo, faltaba entre los dos la comunidad en la cosa más

elemental de la vida: en las relaciones de nuestras almas con la Di-

vinidad. Yo idolatraba a mis hijitas, que eran mi mayor encanto y mi más poderoso estímulo para todo esfuerzo; y sin embargo, llegaría un tiempo en que ellas, al crecer y tener conciencia religiosa, no estarían en comunidad de creencias y culto conmigo, faltándonos así uno de los más poderosos vínculos de confianza, de intimidad

y destino. Yo adoraba a mi madre, de quien había recibido como

herencia una fe, y sin embargo, había entre los dos un abismo de

sentimiento y de esperanzas

51 .

Así mismo, los liberales que accedieron a los cargos del poder ejecutivo fueron prolíficos en argumentar sobre la importancia de la educación de las mujeres en un sentido moral y religioso que permitiera a su vez la formación de hijos útiles a la república.

j 97

51 L. M. Lleras. Historia de un alma, Medellín, Bedout, 1971, p. 581. Esta obra la escribió el autor entre 1848 y 1894.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

No obstante, había otras voces que, aunque reconocían el importante papel de las prácticas religiosas en la formación de las mujeres, abogaban por darles un cierto límite, de manera que no afectaran la vida del hogar, espacio por excelencia de las mujeres. Así lo expresaba Josefa Acevedo de Gómez, en su Tratado de economía doméstica:

Hai otro modo de perder el tiempo, proporcionándose males físicos

i morales que es necesario evitar. Este consiste en el estremado

abuso de las prácticas religiosas; i para evitar ultrajantes i malignas interpretaciones, repito que solamente hablo del abuso, i que mis indicaciones se derijen a las madres de familia, i a las personas que, teniendo casa que gobernar, deben su tiempo i sus cuidados

á obligaciones mui superiores i urjentes. La muger que, estando

en este caso, deja sus atenciones de madre para oir tres misas en La Candelaria; que de allí sale á visitar á Nuestro Amo, á quien se

hace una velación en San Juan de Dios; que por la tarde va á salve á San Diego, i por la noche á cuarenta horas al Carmen; la que asiste

á la novena del Patriarca, que no falta al mes de María, que está

frecuentemente en retiro espiritual ó en Madre Antigua; la muger, en fin, que puede siempre entrar a ejercicios, ya de penitente, ya de lectora, ya de sirviente; i que comulga todos los diez i nueves, fuera de los días de la Virgen, los Evangelistas, los Apóstoles, el Corpus, la Semana Santa i el día de las animas; esta muger, digo, sea cual fuere la hermosa i respetable calificación que crea merecer, no es buena para esposa, para madre de familia, para preceptora, para gefe de un establecimiento cualquiera, escepto un beaterío; i por buena que sea la devoción, llevada a este estremo, perjudica a personas que, teniendo deberes sagrados que cumplir, deben á estos su tiempo preferentemente 52 .

La autora no pedía que las mujeres abandonaran las prácticas religiosas, sino que cumplieran sus deberes con moderación. Así concluye:

98

52 J. Acevedo de Gómez. Tratado sobre economía doméstica para el uso de las madres de familia i de las amas de casa, Bogotá, Imprenta de José A. Cualla, 1848, pp. 12-13. Cursiva del texto original. En el capítulo 4 aparece un análisis detallado de esta obra.

Madre y esposa: silencio y virtud

Las mugeres para quienes escribo, tienen el deber de oír la misa en el templo más inmediato, de enseñar á los suyos la relijión del Evan- gelio, de presidir las oraciones diarias con que una familia cristiana debe comenzar i concluir el día, de confesarse i comulgar cuando lo manda la Iglesia, i de consagrarse de resto al exacto cumplimiento de los deberes de su estado, siguiendo los admirables consejos de San Pablo i San Francisco de Sales. La persona que, con perjuicio de sus obligaciones, da su tiempo á la devoción consistente en prácticas esteriores, i en paseos de Iglesia á Iglesia, hace una cosa nociva, im- pertinente, ridicula, i que no le produce ni el corto placer de engañar momentáneamente al público; porque cada cual sabe á lo que ha de atenerse, i Jesucristo pintó con tal maestría á los Fariseos, que con dificultad dejan de conocerse los que él llamó tan enérgicamente sepulcros blanqueados 53 .

Por el lado de la opinión conservadora, el ideario de la Iglesia sobre la formación moral de las mujeres se mezclaba claramente con el papel que le daban a la educación de las mismas, en cuanto éstas aseguraban un porvenir más sano para la República y para la patria. En este sentido se pronunciaba Rufino Cuervo, dirigente de ideas conservadoras, promotor de la fundación del Colegio de La Merced, quien presentó los siguientes argumentos en una carta al Gobernador de la Provincia en 1832 para solicitar la creación de esta institución:

sexo hermoso adornado de brillantes cualidades físicas e inte-

lectuales, tiene títulos incuestionables a que se le fomente y eduque a nivel de las luces del siglo. En nada se grava el exhausto erario del Estado, y solamente pide esta Gobernación que se decrete el esta- blecimiento de dicha casa de educación y se expida el reglamento sobre su régimen interior y económico. No sea inútil, exponer a usted la necesidad de que sean educadas las mujeres: ellas tienen la principal parte en las buenas o malas costumbres de la República,

porque encargadas de la crianza de los hombres, les inspiran las primeras ideas que marcada influencia tienen en el porvenir de la vida. La mujer prudente, aplicada y piadosa es el alma aún de las

Un

53 Ibidem, p. 13. Cursiva del texto original.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

mayores casas, pone en orden la economía, arregla los espíritus y

fortifica la salud de la familia

54 .

Con ocasión de la apertura del Colegio del Corazón de Jesús para niñas, di- rigido por la señora Sixta Pontón de Santander, hubo polémica pública, la

cual giró en torno a cómo se entendía la educación religiosa de las mujeres y

a la influencia que pudiera ejercer la Iglesia en su formación moral. Así, un

artículo de autor anónimo aparecido en el periódico £7 Siglo veía la funda- ción de este colegio como "perjudicial a los intereses de nuestra patria, como

que vemos allí más bien que una casa de educación un femenino plantel de

. El documento en mención era una fuerte y aguda crítica a la concepción

religiosa que orientaba la institución, la cual no era, según el autor, "de edu- cación social sino de educación monjil". La educación para las mujeres la entendía el autor como de preferencia a la del hombre, "cuidando de cultivar con esmero su mente espiritual y fina al mismo tiempo que su corazón noble

y dándole una conveniente dirección á sus bellos instintos y a sus delicados

sentimientos, para que ella á su vez forme la mente y el corazón del hombre, ya que á su poder lo tiene sometido Dios". Y por lo tanto, veía con mucha

preocupación que una señora [se refería a doña Sixta Pontón de Santander], separada del mundo por más de diez años,

jesuitismo" 55

completamente, sepultada en vida, -sin oir el ruido de la

sociedad, sin observar la marcha de la civilización, sin escuchar otra voz que la de los Jesuítas ni otro acento que el relijioso-, será, si se quiere, una mujer que está bien preparada para emprender su marcha á la otra vida, pero de ninguna manera puede ser la llamada á educar mujeres para este mundo 56 .

aislada

Y se anticipaba entonces a predecir qué tipo de mujeres saldrían de la men- cionada institución, de esta manera:

100

54 Citado por J. Acuña de Moreno. Albores de la educación femenina en la Nueva Granada. Colegio Departamental de La Merced, Bogotá, Editorial Mineducación, 1989, pp. 6-7.

55 Colejio del Corazón de Jesús. En El Siglo (Bogotá), n.° 9 (27 de mayo de 1849). Cursiva fuera del texto original.

56 Ibidem.

Madre y esposa: silencio y virtud

creará mujeres rezanderas, mujeres beatas, mujeres hipócritas, pero no creará buenas esposas, no creará buenas madres, porque si bien es cierto que á la mujer lo mismo que al hombre se la debe dar educación relijiosa, no por eso se debe desatender la educación que demanda la sociedad ni debe llevarse la idea hasta el estremo absurdo de separársela totalmente de este mundo 57 .

Muy por el contrario, había defensores acérrimos de la existencia de insti- tuciones del tipo que había fundado la señora Sixta Pontón de Santander. En un artículo titulado "El individuo y la sociedad", se elogia el papel que desempeña este colegio, resaltando la manera digna en que ha orientado la educación de las alumnas:

Por las pocas ideas que dejamos apuntadas [se refiere a que las mu- jeres deben ser educadas en tanto tienen una fuerte influencia sobre la educación del corazón de los hombres y por ende de la sociedad, en tanto madres y esposas], se ve bien lo estenso de la misión que la mujer puede ejercer en la sociedad si su educación es bien dirijida. ¡Cuánta es, pues, la importancia de un establecimiento en que se puedan educar las jóvenes bajo tales principios que las pongan en actitud de perfeccionar la vida privada en cualquier estado en que se encuentren! Cómo podrá espresarse debidamente la importancia del servicio que presta á la sociedad el que ponga los cimientos de la importante obra de educar á las mujeres de una manera digna del influjo que estas ejercen en la sociedad! Pues bien, toda la gratitud á que es acreedora tal persona, la merece, en nuestra opinion, la estimable señora Sista Pontón de Santander 58 .

Finalmente, desde el lado de la opinión conservadora, su más fiel representan- te fue don Mariano Ospina Rodríguez, dirigente de notable influencia en las decisiones de la vida de la nación colombiana y quien fue artífice de distintas medidas en el campo educativo, amén de haber ocupado los cargos de goberna- dor, secretario de Estado y presidente de la República. Sus concepciones sobre

57 Ibidem.

¡101

58 El individuo y la sociedad. En El Nacional (Bogotá), n.° 36 (3 de febrero de 1849), pp. 2-4.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

la educación de las mujeres estaban estrechamente ligadas a la necesidad de imprimirles un férreo sello moral, y las mismas estaban a su vez directamente conectadas con la idea que el destino de las mujeres debía ser la construcción de un hogar que garantizara la estabilidad de la sociedad. Sus palabras:

La educación maternal y doméstica, que es la primera y la más im- portante, y con frecuencia, la única, depende enteramente de la que hayan recibido los padres, especialmente la madre, que la que más propiamente educa. En esta educación la acción del Sacerdote y del Magistrado es indirecta, pero puede tener una influencia absoluta 59 .

102

Los partidarios del matrimonio civil han sido y son de la escuela anticatólica y disociadora que profesa las ideas del amor libre y de la comunidad de la mujer, ó sea del mas desenfrenado libertinaje erigido en sistema, en institución pública, hacia el cual el matrimo- nio civil no es mas que el primer paso Nadie puede desconocer el gran papel que juega la mujer en la vida y en la suerte futura de las sociedades, que casi puede decirse de ella, al menos en una gran parte, y esto lo enseña el sentido íntimo, esto se siente y se palpa. Allí donde la mujer es buena y virtuosa, la sociedad es buena necesariamente; y al contrario, donde la mujer es mala, no hay sociedad buena posible

En efecto; quitarle al matrimonio, que es el acto más solemne y más trascendental de la vida, el carácter de sacramento instituido por Dios para hacer de dos uno, ó uno en dos indisolublemente, como lo enseña la doctrina católica; y reducirlo a un simple pacto

civil, efímero y precario, disputable y por consiguiente rescindible y disoluble, es hacer a la mujer una vil mercancía entregada a la rapacidad y al desenfreno de los bandoleros, es como hacer de ella un mueble ó un semoviente litigioso, y del matrimonio un asunto

de covachuela y de chicana

60 .

59 FAES (Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales) y D. Wise de Gouzy. Antología del pensamiento de Mariano Ospina Rodríguez, Bogotá, Banco de la República, 1990, v. 1, p. 424.

60 Ibidem, pp. 467-468.

Madre y esposa: silencio y virtud

La insistencia en establecer la relación mujeres-matrimonio-Iglesia-religiosi- dad es muy importante para comprender la contienda que se produjo cuando el gobierno liberal de José María Obando sancionó la Ley de Matrimonio, mediante la Ley de 20 de junio de 1853, que constaba de ocho títulos y 55 artículos. Contemplaba las condiciones mediante las cuales podían realizarse matrimonios: debían celebrarse ante jueces parroquiales de cada distrito en presencia de dos testigos hábiles; determinaba los deberes y derechos de los cónyuges; trataba sobre las demandas de nulidad del matrimonio y, lo que fue motivo de mayor polémica, definía la disolución del vínculo mediante divor- cio, bien por delito de uno de los cónyuges o por mutuo consentimiento 61 . El hecho de que esta ley fuera, en cierto sentido, de carácter muy progresista para la época, no quiere decir que las concepciones sobre las cuales se funda- mentó lo fueran también. Algunos detalles de la ley muestran con claridad que se mantenía una idea de dependencia de las mujeres respecto de los varones y de sus familias. Así, en el artículo 35 de la ley se definía que "durante el juicio de divorcio, la administración provisoria de los bienes comunes a los cónyuges corresponde al marido, quien pasará los alimentos a la mujer e hijos, regulados a juicio del juez". Y en el artículo 36 se determinaba que "la mujer será depositada, durante el juicio, en la casa de sus padres o parientes más inmediatos, y por falta o excusa de éstos, en la que determine el juez". Además, en el artículo 39 se planteaba que dejaría de haber consentimiento mutuo para el divorcio "si la mujer tiene cuarenta años cumplidos" y "cuando los padres de los cónyuges no convienen en que el divorcio se efectúe". En este último caso puede fácilmente presumirse que si los padres consideraban que el destino de toda mujer era el matrimonio, difícilmente consentirían en que el vínculo se deshiciera 62 .

La Ley de Matrimonio se produjo días después de que se hubiera promul- gado la ley de 15 de junio de 1853, sancionada también por el presidente de la República, José María Obando, declarando que cesaba la intervención

81

62

Ley 20 de junio de 1853 sobre matrimonio. En Codificación Nacional de todas las leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912, Bogotá, Imprenta Nacional, 1929, tomo 15, pp. 598-607. Llama la atención que esta ley fue sancionada por José María Obando a un mes escaso de haber sido promulgada la Constitución de 1853, la cual en su artículo 5, numeral 5, definía la libertad de cultos.

Ibidem, arts. 35, 36, 39 (numerales 4 y 5), pp. 604-605. Cursiva fuera del texto original.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

de la autoridad civil en los negocios relativos al culto. En otros términos, esta ley definió la separación entre la Iglesia y el Estado 63 . En general, los sectores liberales más radicales consideraban que "entre las reformas que en beneficio del pueblo se han consumado desde el advenimiento del principio liberal al Gobierno de la República, ninguna más importante, ninguna más radical que la que establece i reglamenta el contrato del matri- monio" 64 . Según ellos, la importancia radicaba en que esta disposición tendía a mejorar la suerte de la familia, los individuos no tendrían que esclavizar su porvenir, pues ya no habría lugar a matrimonios desavenidos, se mejoraría el régimen social, "asunto esclusivo del hombre cuyo porvenir no se vincula en la forma de gobierno, sino en la suerte de la familia". Y quizá lo más importante radicaba en que la ley era la viva expresión de que "el gobierno no tiene que ver con la relijion mas que la garantía de la inviolabilidad de la conciencia, la libertad del rito, la tolerancia para todas las comuniones" 65 . De acuerdo con los términos del debate que se inauguró con la promul- gación de la Ley de Matrimonio, logra vislumbrarse que era muy difícil para la población católica asumir con todo rigor el ejercicio de esta ley. Pesaban mucho los argumentos de carácter moral, lo cual dio pie para que se busca- ran soluciones intermedias que no afectaran la vida de los feligreses. Así, en un artículo aparecido en el periódico El Repertorio, de tendencia liberal, se hacía referencia al tema apoyándose en una nota de un ciudadano escrita en El Panameño, de esta manera:

Tenemos en consecuencia, que el cristiano, apostólico, romano, al querer unirse en matrimonio está en el deber, para gozar de los dere- chos civiles que las leyes otorgan a los casados, ocurrir ante el juez parroquial a practicar las dilijencias provenidas en la lei de 20 de junio último, i luego acercarse a las puertas de su templo a santificar aquella union elevándola a sacramento. Una i otra cosa tenemos que hacer, dando la preferencia a la que se quiera; de lo contrario, ni hai contrato, ni hai sacramento de matrimonio, faltando alguna de las dos ritualidades

104 J

63

84

65

Lei declarando que cesa la intervención de la autoridad civil en los negocios relativos al culto. En El Catolicismo (Bogotá), n.° 91 (junio de 1853), pp. 98-99.

La lei de matrimonio. En El Constitucional (Bogotá), n.° 14 (7 de octubre de 1853), p. 2.

Ibidem, p. 2.

Madre y esposa: silencio y virtud

Deducimos de todo lo dicho, que el sacerdote católico no tiene razón para oponerse a la lei civil, ni llenarla de apodos, por cuanto ella no contraría ni puede privar la esencia del matrimonio católico, sino que estiende tan solo su poder a lo civil o mundano puramente; i que aquel debe ceñirse, en el ejercicio de su ministerio, a inculcar en cada cristiano la manera de proceder según el rito que profesa. Esto mismo deberá hacer cualquier otro ministro de cualquiera otra relijion o secta, por la cual el matrimonio deba celebrarse de tal o cual manera; pero que, jeneralmente hablando, todo granadino sea católico, protestante, metodista, anabatista o judío, &, &, tiene el deber de cumplir con la lei, es un hecho que no deberá ponerse en duda, i se espondrá a sufrir sus consecuencias todo aquel que trate de infrinjirla 66 .

La discusión sobre el matrimonio civil y el divorcio dio para que se produjeran también algunas situaciones curiosas, las cuales reflejan no sólo el carácter del debate, sino también hacia qué sector de la población iba dirigido el mismo. Por ejemplo, en El Neogranadino apareció un aviso en los siguientes términos: "LEI DE MATRIMONIO. Se ha hecho una bella edición en cuadernito, destinada esclusivamente al bello sexo; i se vende en esta Imprenta i ajencias de El Neo- granadino, a real el ejemplar" 67 . A los dos días de esta publicación, el periódico El Catolicismo publicó una nota rechazando con términos muy fuertes este tipo de invitación. La nota decía lo siguiente:

Este cartel ultraja publicamente la virtud de las granadinas de cuya moralidad han formado la mas triste idea los empresarios de la edición que se anuncia. Toca a los padres i a las hijas de familia re- chazar con su sanción unánime, la audacia especuladora e inmoral que estimula para el concubinato a la modestia i a la honestidad. La bella edición de esa lei, tiene su Mecenas natural que la decencia no permite escribir 68 .

Como se ha dicho ya, las notas anteriores corroboran el hecho de que el tema del matrimonio era especialmente tratado como un discurso para las mujeres,

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69 Matrimonio civil. En El Repertorio (Bogotá), n.° 47 (10 de diciembre de 1853), p. 191.

67 Avisos. En El Neogranadino (Bogotá), n.° 268 (25 de agosto de 1853), p. 310.

68 Lei de matrimonio. En El Catolicismo (Bogotá), n.° 102 (27 de agosto de 1853), p. 98.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

y el tono de la respuesta dada por El Catolicismo muestra cómo la Iglesia veía

una verdadera amenaza para la seguridad de la familia en el matrimonio civil

y el divorcio. Para buscar la derogatoria de la ley, la Iglesia trabajó incansable- mente divulgando sus opiniones de manera constante en su medio de divul- gación, el periódico El Catolicismo. Pero también lo hizo en otros periódicos de carácter religioso, como La Esperanza, El Hogar y El Día.

Los argumentos de la Iglesia para oponerse al matrimonio civil y el divorcio estaban centrados en su propia concepción acerca de lá unión de un hombre y una mujer, unión que sólo podía realizarse por vía del sacramento del matrimo- nio consagrado en su ideario. Una lista de estos argumentos es la siguiente 69 :

• Al proponente del proyecto de ley de matrimonio civil, Francisco Javier Zaldúa, se le calificó de "desviado de las cristianas sendas", seguidor de la "tortuosa vía de la impiedad".

• Aceptar el matrimonio civil significaba corromperse e inmoralizarse, usur- par la divina autoridad y destruir el dogma revelado por Dios y definido por la Iglesia.

• El matrimonio en las sociedades civilizadas y cristianas es una sociedad indisoluble.

• El matrimonio civil es en la práctica un concubinato, una relación de hecho no consagrada por el sacramento.

• Un matrimonio entre cristianos desnudo de sanción religiosa es una apos- tasía de las creencias de la fe de nuestros abuelos.

• Sólo el sacerdote es el dispensador de los misterios de Dios y no es dado a los hombres destruir lo que Jesucristo ha establecido, como tampoco disolver lo que ha hecho indisoluble.

• El matrimonio civil conduce al paganismo.

• El matrimonio y la familia son anteriores a la sociedad política.

Ya se ha mencionado que la mayoría de los argumentos esgrimidos por la Iglesia para oponerse al matrimonio civil estaban dirigidos a las mujeres. Un ejemplo de ello lo constituye el siguiente apartado, extraído de un extenso

106 artículo sobre el tema:

69 Esta lista de argumentos se obtuvo de la lectura de los artículos aparecidos en los periódicos El Catolicismo, La Esperanza y El Día, en los meses previos a la sanción de la ley y luego en los posteriores, realizando una síntesis de los mismos.

Madre y esposa: silencio y virtud

Cuando se dio esa lei se minó por su base la sociedad, se trastornó el orden i armonía de las familias, se rompió el velo del pudor que cubre

a la mujer, se oscureció ese reflejo celestial que aumenta el encanto de la que es hermosa, templando la fealdad de la que no lo es, se quitó

a este ser encantador el májico i misterioso poder que le da tanta

importancia en la sociedad i que hace de ese ente anjelical, aunque débil en la apariencia, una palanca mas robusta que la de Arquimedes para mover la tierra. Se dio un golpe funesto a la moral i un brusco ataque a la Relijion de los granadinos, salvando para hacer tanto daño sus autores, por encima del honor nacional i de su propia reputación, hollando los principios cardinales de la República, e infrinjiendo a un tiempo todas las leyes que gobiernan el mundo civilizado 70 .

Sobre el tema del matrimonio se pronunciaron también los gobernadores de la provincia de Bogotá o los secretarios de Estado. Así, ya desde 1848, el secre- tario de Estado en el despacho de Gobierno, Alejandro Osorio, introducía los primeros elementos en su informe acerca de la necesidad de legislar sobre el matrimonio invocando el espíritu de libertad y tolerancia que se respiraba en el momento 71 . Lo interesante de esta reflexión radicaba en que el señor Osorio se apoyaba en los vientos de cambio que se respiraban en la República, y los comparaba con el pasado cuando hubiera sido muy difícil hacer propuestas de este tipo: "Materia fué esta [se refiere a la de proponer reformas] ardua i azarosa allá en los tiempos de la intolerancia de nuestros mayores, cuando la caridad, el mundo i los hombres se redujeran en una estrechez que en los días que alcanzamos apenas se concibe por los vivos ejemplos que aun nos restan" 72 . Pero sus propuestas iniciales sobre las reformas que debería tener el contrato del matrimonio estaban en función de atender las necesidades de los extranjeros, así como los matrimonios que se realizasen en el exterior, o entre distintas religiones.

70 Matrimonio civil. En La Esperanza (Bogotá), n.° 12 (22 de marzo de 1855), p. 45.

71 A. Osorio. Informe que el Secretario de Estado en el Despacho de Gobierno, presenta al Congreso de la Nueva Granada en sus sesiones ordinarias de 1848, Bogotá, Imprenta de José A. Cualla, 2 de marzo de 1848, p. 35.

72 Ibidem, p. 35.

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Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

Unos meses después de promulgada la Ley de Matrimonio, en el año de 1854, Antonio del Real 73 , como secretario de Estado en el despacho de Gobier- no, realizaba un balance de los efectos de esta ley y proponía urgentemente reglamentar sobre sus efectos civiles, apoyándose en algunos defectos que acusaba el articulado de la ley y que previamente habían sido advertidos por el mismo presidente de la República José María Obando, quien no logró de- volver la ley al Congreso por encontrarse en receso. Con relación a este último aspecto circuló una nota en la Gaceta Oficial, que evidencia las dudas que se atisbaban entre los funcionarios acerca de las consecuencias de aplicar la ley y que refleja además que se avizoraba un espinoso debate sobre el tema en el seno de la sociedad. Por su importancia, a continuación se transcribe la nota en su totalidad:

108 |

En este mismo número de la Gaceta aparece publicada la lei sobre matrimonio, i deseando el Ciudadano Presidente que sus opiniones respecto de ella, sean conocidas de la Nación, nos ha autorizado para consignar aquí las esplicaciones siguientes. El Ciudadano Presidente vaciló mucho antes de poner el Ejecútese a la espresada lei, no porque no estuviese perfectamente de acuerdo con su parte fundamental, a saber: la organización civil del matri- monio; sino porque en ella se consagra el principio de la disolución del lazo conyugal por el mutuo consentimiento de los esposos; i en concepto del Ciudadano Presidente, la aceptación de semejante doctrina, aunque tomada del Código Civil francés, puede ocasionar perjuicios de notable consideración en un país de las tradiciones i de las creencias de la Nueva Granada.

La lei es, ademas, deficiente en una materia tan cardinal, cual lo son los derechos i las obligaciones que se derivan de la sociedad conyugal. Pero como la lei "sobre no intervención de la autoridad civil en los negocios relativos al Culto", derogó todas las disposiciones referentes al matrimonio que habían rejido hasta ahora; i como, por otra parte, cuando se presentó, en proyecto, al Poder Ejecutivo la de matrimo- nio, el Congreso habia cerrado ya sus sesiones estraordinarias, el

73 A. del Real. Informe del Secretario de Estado del Despacho de Gobierno de la Nueva Granada al Congreso Constitucional de 1854, Bogotá, Imprenta del Neogranadino, 1 de febrero de 1854, pp. 24-25.

Madre y esposa: silencio y virtud

Ciudadano Presidente tuvo que optar entre la sanción de disposi- ciones que no se conformaban del todo con su manera de pensar, i los graves peligros a que quedan espuestos la moral pública, i todos los intereses sociales conexionados con el matrimonio, desde el I o . de setiembre venidero, en que debe principiar a surtir sus efectos la derogatoria antes mencionada. Reflexionando el Ciudadano Presidente en que el término que falta para la futura instalación del Cuerpo Legislativo, es menos de un año, i que, por consiguiente, no es posible que, conforme a la misma lei, haya de dictarse en ese espacio de tiempo, ningún fallo de divorcio por el mutuo consentimiento de los respectivos cónyuges; i detenién- dose, principalmente en los males inmensos a que quedaría sujeta la sociedad, durante todo ese lapso en que habría de carecer la Repú- blica de disposiciones legales relativas a un asunto tan importante como el matrimonio; adoptó el partido de sancionar el proyecto, esperando que la Legislatura venidera, a quien trasmitirá sus ideas, no vacilará en acojerlas, a la vista de las poderosas i mui graves razones que presentará a su consideración en apoyo de ellas. Esto no obstante, el Ciudadano Presidente velará, como es de su deber, en que la lei sea relijiosamente cumplida en toda la estension de la República 74 .

En el año de 1855, Pastor Ospina, en su calidad de Secretario de Estado del Despacho de Gobierno de la Nueva Granada, se refería a las dificultades que se registraban en la aplicación de las normas referidas a la relación entre la Iglesia y el Estado, e iniciaba sus opiniones sobre los asuntos religiosos introduciendo uno de los puntos del programa de la administración del gobierno del que hacía parte y que decía: "La Administración sostendrá la prescindencia de la autoridad pública en todo asunto relijioso, la perfecta libertad de conciencia i la absoluta tolerancia de cultos, sin otra limitación que la exijida por la moral entre las naciones civilizadas". De este modo, afirmaba que

no os hablaré tampoco de las disposiciones de la lei sobre matri-

monio civil, que violentan las conciencias de los católicos, porque os

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74 Lei de matrimonio. En Gaceta Oficial (Bogotá), n.° 1584 (17 de agosto de 1853), p. 672. Cursiva fuera del texto original.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

son conocidos sus inconvenientes. Pero si os encarezco, que pongáis esta lei, i la de que antes he hablado [se refiere a la ley de 15 de junio de 1853 por la cual cesaba la intervención de la autoridad civil en los negocios relativos al culto], en consonancia con el artículo que encabeza este párrafo [artículo I o .] 75 . Así lo exijen los principios de libertad i seguridad que garantizan nuestras instituciones, así lo exijen los principios de la sana filosofía, i así lo exije la dignidad de la República 76 .

En el informe, Pastor Ospina manifestaba su preocupación por las contradic- ciones que podrían presentarse en la interpretación de la ley e insistía en la necesidad de que se legislara con coherencia respecto del principio filosófi- co de libertad y de tolerancia. En el fondo, el señor Ospina no apoyaba una separación radical entre Iglesia y Estado y consideraba que, por ejemplo, los artículos 4 y 5 de la mencionada ley "ofenden los derechos perfectos de la Iglesia". Estos artículos legislaban sobre los bienes y rentas de la Iglesia en cada parroquia, los cuales eran entregados a "los vecinos católicos de la

respectiva parroquia" (art. 4), y "ninguna corporación relijiosa tiene carácter

público en la Nueva Granada"

Si desde el comienzo de la promulgación de la ley ya se encontraban sus objeciones, para el año de 1856 aparecieron claramente propuestas para su

[art. 5) 77 .

75 El artículo en mención decía: "Desde el I o . de setiembre próximo cesa toda intervención de las autoridades civiles nacionales i municipales en la elección i presentación de cualesquiera personas para la provision de beneficios eclesiásticos, i en todos i cualesquiera arreglos i negocios relativos al ejercicio del culto católico, ó de cualquiera otro que se profese por los habitantes de la Nueva Granada en uso de la libertad que se les garantiza por el inciso 5 o . del artículo 5 o . de la Constitución", Ley de 15 de junio de 1853 declarando que cesa la intervención de la autoridad civil en los negocios relativos al culto. Op. cit., p. 98. El inciso 5 del artículo 5 de la Constitución de 1853 se refería a "La República garantiza a todos los granadinos la profesión libre, pública ó privada de la relijión que á bien tengan, con tal que no turben la paz pública, no ofendan la sana moral, ni impidan á los otros el ejercicio de su culto".

110]

76 P. Ospina. Esposición del Secretario de Estado del Despacho de Gobierno de la Nueva Granada al Congreso Constitucional de 1855, Bogotá, Imprenta del Neogranadino, 1 de febrero de 1855, pp. 37, 39. Cursiva fuera del texto original.

77 Ley de 15 de junio de 1853. Op. cit., p. 98.

Madre y esposa: silencio y virtud

reforma. Así se expresaba en su informe al Congreso el secretario de Estado del despacho de Gobierno de la Nueva Granada, Cerbeleón Pinzón:

La lei de 20 de junio de 1853, sobre matrimonio civil, necesita, en concepto del Poder Ejecutivo, una reforma que la ponga en armonía con la opinion i las creencias nacionales en esta parte. La esperiencia ha manifestado que dicha lei, en los términos en que está concebida, no es bien aceptada por los granadinos i parece que se desea jene- ralmente su reforma. Desde el año antepasado cursa en las Cámaras lejislativas un proyecto sobre el particular, i aun entiendo que fueron presentados varios otros procurando dar una solución satisfactoria a tan grave como delicada cuestión. En concepto del Poder Ejecutivo, debe en esta parte buscarse una combinación feliz de disposiciones que deje satisfecha la conciencia individual i que al mismo tiempo mantenga ilesos los derechos del poder público. Reconocer los matri- monios celebrados conforme a los ritos de la relijion de los contrayen- tes, obligando a estos a comprobar conforme a la lei la celebración del matrimonio i hacerlo anotar en los rejistros de la autoridad civil, podría ofrecer el medio de llenar los dos objetos espresados; agregando a esto, desde luego, el desconocimiento de aquellas estipulaciones que no estuviesen en armonía con la decencia pública, o con las costumbres consagradas en este punto por la civilización i por la moral 78 .

En efecto, en la Gaceta Oficial n.° 1712 de 1854 se publicaron los textos completos de dos de los proyectos de ley presentados, el uno a la Cámara de Representantes por el diputado Antonino Olano, titulado "proyecto de lei que arregla el matrimonio para los efectos civiles", y el otro presentado a la Cámara por el senador Benigno Barreto, titulado "proyecto de lei que determina los ma- trimonios válidos en la Nueva Granada". Ambos proyectos de ley aparecen con fecha de marzo 17 de 1854. En el primero de los proyectos dos cosas llaman la atención: desaparece la palabra divorcio y en su remplazo se plantea el término "separación"; y se elimina como una de las causales de separación el mutuo consentimiento de los cónyuges. En el segundo proyecto, lo más significativo está planteado en el artículo 1, el cual dice que "reconócense como válidos en

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78 C. Pinzón. Esposicion del secretario de Estado del despacho de Gobierno de la Nueva Granada, al Congreso Constitucional de 1856, Bogotá, Imprenta del Estado, 1 de febrero de 1856, pp. 22-23.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

la Nueva Granada, los matrimonios celebrados conforme a los ritos relijiosos de los contrayentes", y expresa explícitamente la validez tanto de los matrimonios celebrados por lo civil como de los celebrados por cualquier religión 79 . Los debates sobre la reforma de la Ley de Matrimonio se prolongaron por dos años y, finalmente, se produjo su derogatoria mediante la ley de 8 de abril de 1856 80 . El texto de la ley en su parte sustancial consagraba en igualdad de condiciones tanto el matrimonio celebrado ante un juez como el celebrado por el rito religioso; reconocía los efectos civiles del matrimonio católico siempre y cuando se registrara ante notario una vez celebrado; y, quizá lo más importante, se legislaba sobre la separación de los cónyuges pero sin desaparecer el vínculo matrimonial, lo que en la práctica era semejante a la tradición del matrimonio católico. El artículo 4 definía que el matrimonio sólo podía disolverse por la muerte de alguno de los contrayentes. Es decir, la figura del divorcio vincular desapareció. Todo parece indicar que, en la práctica, los habitantes de la provincia de Bogotá no hicieron uso de la ley de matrimonio civil y del divorcio para es- tablecer sus uniones, pese a los deseos de sus partidarios 81 . Dos argumentos acompañan esta afirmación. Uno, el hecho de que en los tres años de existencia de la citada ley no aparecen en los registros de los negocios eclesiásticos de los archivos, demandas sobre el tema 82 . Otro, el de los testimonios mismos de los gobernantes, quienes se referían a "la repugnancia que muchas perso-

79 Proyecto de lei que arregla el matrimonio para los efectos civiles y Proyecto de lei que determina los matrimonios válidos en la Nueva Granada. En Gaceta Oficial (Bogotá), n.° 1712 (25 de marzo

8,1

de 1854), pp. 277-278.

Ley 8 de abril de 1856 sobre matrimonio. En Codificación nacional de todas ¡as leyes de Colombia desde el año de 1821, hecha conforme a la ley 13 de 1912, tomo 16, Bogotá, Imprenta Nacional, 1930, pp. 24-32.

81 En 1864 aparecía un aviso con el siguiente texto: "Instrucciones sobre el matrimonio civil i sobre las desgracias de varios matrimonios católicos. Con este título se ha publicado un opúsculo, i se encuentra de venta en la tienda del sr. Francisco Ramírez Castro, al módico precio de un real cada

112 ejemplar", en: La Caridad (Bogotá), n.° 15 (29 de diciembre de 1864), p. 240.

82 La búsqueda fue realizada en el Archivo General de la Nación, en la Sección República, en el apartado sobre los Negocios Eclesiásticos, así como en Negocios judiciales, demandas y asuntos criminales (divorcios).

Madre y esposa: silencio y virtud

ñas han mostrado a solemnizar, según ella [se refiere a la ley vigente sobre matrimonio civil], sus contratos matrimoniales" 83 , o el señalado más arriba, de Cerbeleón Pinzón [véase nota de pie de página n.° 78). Para corroborar la anterior afirmación es interesante detenerse en una nota publicada en El Catolicismo, que relata con detalle un episodio de "persecución" a los matrimonios católicos por el fiscal de la población de Amalfi y presenta el fallo del juez del Tribunal superior del Distrito sobre el mismo. De acuerdo con los términos de la ley del 20 de junio de 1853 sobre matrimonio civil, el fiscal de la citada población "empezó a perseguir a los casados canónicamente, i al efecto presentó al juez una larga lista, con una denuncia, para se les castigase conforme al Código penal" 84 . El juez y el tribunal que atendieron la demanda dictaminaron que el matrimonio católico no era amancebamiento escandaloso y el periódico señaló esta decisión como feliz, pues "el juez de Circuito i el Tribunal, no están imbuidos en esas ideas progresistas". Y a renglón seguido publican en su totalidad el fallo proferido por el doctor Ramón Martínez Be- nítez, ministro del Tribunal, en que "vindicó el santo matrimonio instituido por Dios, de la mancha que se pretendiera arrojar sobre él, confundiéndolo con el torpe concubinato" 85 .

Los términos del fallo son abundantes en afirmaciones que muestran con claridad las concepciones que en torno a uno y otro tipo de matrimonio tenían los habitantes del Distrito. Según la primera parte del fallo, en la cual se hace una descripción minuciosa de los hechos, se decía:

El encargado del ministerio público denunció al Sr. Juez del Circuito del Nordeste como amancebadas a varias personas de uno i otro sexo, casadas conforme a los ritos de la santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana. Su principal fundamento para considerarlas criminales consiste en que en la Nueva Granada no hai otro modo de contraer matrimonio lejítimo, que el establecido en la lei de 20 de junio de 1853, i que por lo mismo, todo el que no esté casado conforme a ella, debe ser castigado como reo de amancebamiento público i escandaloso 86 .

83 A. del Real. Op. cit., p. 25.

1113

84 "El matrimonio católico perseguido como amancebamiento escandaloso!!!". En £7 Catolicismo (Bogotá), n.° 161 (10 de julio de 1855), pp. 149-150.

85 Ibidem, p. 149.

86 Ibidem, p. 149.

Educar en el silencio y la virtud. La Iglesia y la familia

El doctor Ramón Martínez Benítez replica informando que en efecto esas personas habían contraído matrimonio por el rito católico y "que ni uno sólo de los testigos se atrevió a aseverar que esas uniones produjesen escándalo en el pueblo, antes bien casi todos dijeron que en su concepto no lo causaban". Y confirmaba su fallo de no castigar a los casados por la Iglesia como "amancebados escandalosos" por- que "un matrimonio que está de acuerdo con la moral evanjélica, que es la única moral que reconocen los pueblos civilizados, no puede considerarse nunca como un concubinato escandaloso, ni castigarse conforme al Código penal patrio como delito contra la moral pública" 87 . La nota del periódico que publicaba el fallo del Tribunal terminaba con un comentario en estos términos: ".'. Honor al Tribunal que así ha llenado su deber sin infrinjir la lei i calificándola como ella merece. ¡I habrá todavía lejisladores que no quieran derogarla! ¡I habrá quien no quiera trabajar porque se elijan buenos lejisladores!" 88 . De todo lo anterior se desprende que muy posiblemente en la práctica si- guieron registrándose matrimonios por el rito católico, a pesar de la existencia de normas que autorizaban el matrimonio civil. En realidad, la vida de la ley de matrimonio civil fue muy fugaz si se compara con otras medidas que bus- caron reducir el poder de la Iglesia. Esto es un indicador de que la fuerza de la tradición y de la formación moral que impartía esta institución había calado muy profundo en las conciencias de los colombianos y las colombianas. Fue un intento fallido de secularización de la vida cotidiana. Por el contrario, a partir de este hecho se dio un amplio espacio de afirmación de las concepcio- nes moralistas prodigadas por la Iglesia, que muchos años después, en 1886, tuvo una cristalización bajo el ideario de "regeneración o catástrofe". Un año después, con la promulgación de la ley 57 del 15 de abril de 1887, se acabó definitivamente con el matrimonio civil y el divorcio, y se le otorgó efectos civiles y políticos a los matrimonios celebrados por el rito católico 89 . El ideal de familia nuclear siguió prosperando, y con ello se confirmó la necesidad de que las mujeres llegaran "bien educadas" al matrimonio, para garantizar la

87 Ibidem, p. 149.

114 |

88 Ibidem, p. 150.

89 Ley 57 de 1887 (15 de abril) sobre adopción de códigos y unificación de la legislación nacional. En Leyes de la República de Colombia expedidas por el Consejo Nacional Legislativo en sus sesiones de 1887, Bogotá, Imprenta de Vapor de Zalamea Hermanos, 1888, p. 90.

Madre y esposa: silencio y virtud

existencia de familias honorables y dignas que entregaran hijos e hijas sanas a la república. Transformar la cultura es un proceso de largo aliento y, tal como se ha descrito, en el ámbito familiar hubo muy pocas cristalizaciones de las propuestas liberales. En palabras de Ana María Bidegaín:

A pesar de las ideas liberales y las separaciones jurídicas intentadas,

la secularización de la sociedad colombiana no fue posible, entre otras cosas, porque la secularización es un difícil proceso cultural

que implica el desarrollo autónomo de la individualidad, como fruto del proceso de modernización capitalista y de democratización que

el país oligárquico no se ha decidido llevar adelante 90 .

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90 A. M. Bidegaín. Presentación. En S. Bermúdez. Op. cit., p. xiv.

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pH¡ Madre y esposa: silencio y virtud Segunda parte í

Madre y esposa: silencio y virtud

Segunda parte

í

Capítulo 3

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

la enseñanza no hará de las granadinas sabias ridiculas y pedantes Rufino José Cuervo

L a instrucción pública así como la privada, en el período que nos ocupa,

estuvo marcada por muchas vicisitudes, fruto precisamente de los vaivenes

del proyecto de construcción de un sistema educativo que estuviera acorde

con las necesidades sociales y políticas del momento. Este capítulo analizará primero las líneas generales de las condiciones de la educación en la provincia de Bogotá, establecerá las diferencias entre la escuela pública elemental y la secundaria para establecer la comparación entre la formación dada a los varo- nes y a las mujeres, detallará el desarrollo de uno de los colegios públicos más importantes de la provincia para la educación de las mujeres, el Colegio de La Merced, y presentará líneas generales de la educación privada elemental. Este último aspecto mostrará cómo, por efectos de la Ley de Libertad de Enseñanza, se produjo una ampliación de la "cobertura" 1 , hecho éste que tuvo un registro más significativo en la educación de las mujeres. También se presentarán las razones para que fuera de esta manera.

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1 Empleo el término entre comillas con el fin de mantener la alerta sobre el uso de acepciones del presente para estudiar el pasado. En efecto, para el período de estudio que nos ocupa, en ningún documento aparece el concepto de cobertura, pero resulta adecuado en este momento para señalar los cambios de carácter cuantitativo que se registraron en ese momento por efectos de la libertad de enseñanza, hecho que se demostrará con datos empíricos en el lugar correspondiente.

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

Más que describir, se buscará analizar de manera crítica cómo, por diversas vías, la educación de las mujeres fue concebida y desarrollada bajo el influjo del ideario más tradicional, en el marco de dos fuertes instituciones: la familia y la Iglesia, tal como se ha presentado en el capítulo anterior. En este sentido, la escuela como institución entró a completar ese marco, para que reforzara las concepciones impartidas por aquellos espacios de socialización.

La escuela pública elemental como el espacio específico para la educación de las mujeres

Consideraciones

iniciales

Las numerosas parroquias que constituían administrativamente la provincia de Bogotá debían disponer, de acuerdo con la legislación, de escuelas para niños y de escuelas para niñas, al menos una para cada sexo, con el fin de atender las necesidades de educación de niños y niñas. Pero hay que tener cuidado al nombrar la palabra "escuela" y pensar en ella como un espacio amplio, confortable, con muchas aulas, muchos maestros y maestras, muchos materiales, etc. No. Al decir escuelas en este período hay que referirse a otra cosa. Veamos 2 :

Los locales escolares se componían, en la mayoría de las ocasiones, de un aula, dos o tres, pequeñas, construidas de bahareque o adobe (ladrillo hecho de barro y paja). Tenían escasa iluminación, eran estrechas. Muchas veces no contaban con baño. En su mayoría eran cuartos alquilados para cumplir las funciones de escuela. Durante la lluvia los locales se veían afectados por las goteras. No contaban con jardines, ni patios para el recreo

Los datos e informaciones que se presentan en este apartado se han tomado de los informes periódicos entregados por los alcaldes de las diferentes parroquias de la provincia, los informes de los jefes políticos de los cantones, los informes presentados por los cabildos a los gobernadores de la provincia, los informes realizados por inspectores nombrados para el efecto de supervisión

120 del estado de las escuelas. Todos estos informes aparecían regularmente en los periódicos oficiales editados en la provincia. Así mismo se obtuvieron datos significativos de los informes anuales o semestrales dados por los gobernadores a la Cámara Provincial; en éstos casi siempre había un apartado para la instrucción pública. En función de la necesidad, irán citándose las fuentes para respaldar el hecho citado.

2

Madre y esposa: silencio y virtud.

de los estudiantes. En algunos de los locales, además de los salones, se utilizaban los corredores para impartir las clases. Todas estas condiciones sólo posibilitaban albergar un número muy reducido de alumnos; esta cifra oscilaba entre 30 y 100 estudiantes, aunque hubo algunas excepciones en las que se alcanzaron cifras de hasta 150 alumnos.

• El mobiliario utilizado en las aulas se componía de algunas mesas, las cua- les la mayoría de las veces escaseaban. Se disponía de algunos tableros. El material para la enseñanza de la escritura y la lectura consistía en cuadros que se colgaban a la vista de todos los estudiantes. Estos trabajaban con gizes (pequeñas tablas donde escribían con arena o con tiza).

• Los métodos empleados para la enseñanza de la escritura y la lectura, durante todo el período de esta investigación, estaban enmarcados dentro del modelo de enseñanza mutua, el cual consistía en organizar el número de alumnos por clases, bajo la orientación de un monitor seleccionado por el preceptor de quienes fueran más aventajados. De esta manera una escuela sólo contaba con un maestro, quien controlaba los grupos a través de la labor del monitor.

A manera de ilustración del tipo de informes que se registraban sobre el esta- do de las escuelas y para acompañar las afirmaciones hechas en los párrafos anteriores, a continuación se presentan registros textuales de tales informes. Se han seleccionado los más significativos, año por año. De acuerdo con los mismos, puede asegurarse que durante los veinte años estudiados, el estado de la instrucción pública en cuanto a condiciones materiales fue bastante deplorable, no obstante las constantes "buenas intenciones" que sobre la instrucción primaria se manifestaban con bastante retórica en los informes de los gobernadores de la provincia. En el año de 1846, el señor José María Triana, como director de la Escuela Normal de la Provincia, cumplió con lujo de detalles su función de visitador de las escuelas, razón por la cual se encontró de febrero a octubre de ese año un total de 25 informes de visitas hechas a las parroquias de Soacha, Bosa, Bojacá, Facatativá, Tenjo, Tabío, Chía, Cota, Cipaquirá, Macheta, Sesquilé, Guatavita, Guasca, Funza, La Mesa, Tocaima, Anolaima, San Juan y Guaduas. En la circular n.° 25 del 25 de junio de 1846, el gobernador Pastor Ospina disponía esta tarea así:

¡121

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

Gobierno de la provincia. Bogotá, 25 de junio de 1846. Al sr. Jefe político del cantón de Circular núm. 25. Debiendo quedar provistas en el corriente mes todas las escuelas que han podido establecerse en la provincia, he dispuesto que el Sr. José María Triana, director de la escuela normal, salga a practicar una visita en ellas con el objeto de correjir los defectos que encuentre, disponer todo lo conveniente para la mejora de dichos establecimientos, con arreglo a las instrucciones que le comunicaré, e informarme detallada- mente, respecto de ellos, todo lo que sea conducente para perfeccionar cuanto sea posible la educación y la instrucción primarias, que es uno de los objetos preferentes de mi atención.

Lo participo a U. para su intelijencia y demás fines. Dios guarde a Ud. Pastor Ospina 3

Ahora se presentan algunos de los textos seleccionados de las visitas realizadas por el señor José María Triana. En ellos se muestra de una manera muy detalla- da la situación de las escuelas. La selección se realizó teniendo en cuenta los aspectos mencionados antes para que pueda ser una muestra representativa que evidencie con claridad las condiciones físicas de estas instituciones. VISITA DE LAS ESCUELAS.

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Bosa. El local de la escuela de este distrito es estrecho, oscuro y sin blanquimento. El mobiliario se reduce a ocho mesas con sus bancas; los cuadros de lectura están en un legajo por falta de tablas para fijarlos. Los libros que debe llevar el profesor (Sr. Mariano Galviz) están arreglados y de ellos se deduce que están matriculados cuarenta y cuatro niños de los que solo se hallaron presentes quince, i que las faltas son continuas. La instrucción, si se atiende al tiempo que hace está en ejercicio la escuela, no es nada satisfactorio; pero si se valúa por lo que resulta del rejistro, donde se ve que casi todos entraron sin ninguna instrucción;

P. Ospina. Circular n.° 25. En El Constitucional (Bogotá), n.° 172 (1846).

Madre y esposa: silencio y virtud.

i por las reiteradas faltas, no es tan desconsoladora. Una gran parte de los discípulos leen por sílabas; dos están en la segunda clase y solo tres en la primera. Escriben la mayor parte sílabas de dos y tres letras en la pizarra; y en jeneral están aprendiendo la numeración. Saben las oraciones del Catecismo, pero ignoran todavía la esplicacion. Los métodos no se han puesto en práctica, lo que me obliga a prevenir al maestro su relijiosa observancia, dando por ahora las lecciones simultáneamente, puesto que es corto el número de niños y que casi Yoàos están a\mmve\, para Yo cua\\e\ie dado regias prácticas.

Y en cuanto al mal estado del local y mobiliario oficié al alcalde del

distrito para que en virtud de las facultades que le dan las disposi-

ciones que hai sobre la materia use de toda su autoridad para obligar

a los vecinos a que manden sus hijos a la escuela y para que libre

los fondos necesarios para proveerla, de tablas, perchas, un estante y para blanquear la sala.

Facatativá. El local destinado para la escuela en este distrito es

absolutamente malo, pues además de carecer de un corredor para recibir los niños, está lleno de goteras, es oscuro y desaseado. El mobiliario está reducido a las mesas porque no hai mas que unos pocos cuadros de lectura sumamente sucios y casi borrados. Los que recibió el profesor están amontonados por no haber medio de

hacer uso de ellos

4 .

Cipaquirá. Director Sr. José María Rivera. Día 20 y 21. En el pueblo más importante de la provincia de Bogotá no se encuentra un local para escuela que esté en proporción con su población, con las espe-

ranzas que ofrece su juventud y con el estado de su civilización. Una sala oscura por falta de blanquimento, espuesta a todos los vientos y sin abrigo, sin mas muebles que las mesas, bancas y algunos cuadros de lectura que están sin orden por falta de perchas para colgarlos, es el lugar donde se han de imprimir a ciento veintiséis niños los

sentimientos de aseo y orden a la par de las demás virtudes 5

. | 123

4 J. M. Triana. Visita de las escuelas. En El Constitucional (Bogotá), n.° 180 (1846), pp. 304-305.

5 J. M. Triana. Visitas de las escuelas. En El Constitucional (Bogotá), n.° 181 (1846), p. 307.

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

En el año de 1847 continuaba en sus funciones de director de la Escuela Normal el señor José María Triana. En este período realizó 25 visitas, de las cuales es importante destacar la siguiente:

Cipaquirá. Escuela de niños. Preceptor J. María Rivera. En esta escuela como en algunas otras de este canton, no se han he- cho las reformas ordenadas en la visita anterior. Existen las defectuo- sas mesas i la oscuridad de la sala i no hai el competente número de cuadros ni de perchas. Examinados uno por uno los procedimientos mandados practicar por el Gobierno, cuya ventaja ha sancionado la esperiencia, no se observan todos ellos en todo su rigor sino que están sustituidos por otros que mezclados con algunas de las prácticas que deben usarse, no puedo menos que desaprobar. Por esta razón aunque se dan lecciones en todas las materias i aun- que no falta la eficacia i consagración del preceptor, los progresos no han sido con la estension que se esperaban. Uno de los abusos introducidos es que los niños salgan a la calle a las dilijencias corporales, práctica que conduce a innumerables males. Por estas razones se hicieron al preceptor las prevenciones correspondientes. Cipaquirá agosto 23 de 1847 6 .

En los años siguientes hasta 1854, los informes de las escuelas fueron esca- seando. Un buen número de ellas permanecían cerradas por falta absoluta de fondos de sostenimiento, algunas veces porque las guerras civiles convertían los locales de las escuelas en pequeños cuarteles. En otras ocasiones, los dine- ros destinados para el pago de los preceptores se destinaban a otras actividades de las alcaldías. Un ejemplo de ello es el siguiente informe:

República de la Nueva Granada. Alcaldía del distrito. Número 24. Funza, 16 de febrero de 1854. Sr. Gobernador de la provincia:

En cumplimiento de lo dispuesto por U. en la circular de 4 de enero del año que cursa, diré a U., que existe en este distrito un local para

124 escuela de niñas, de tapia i teja, tiene una pieza, i puede contener hasta ochenta niñas. Dicha escuela no está en ejercicio, porque la señora que

6 J. M. Triana. Visitas de las escuelas. En El Constitucional (Bogotá), n.° 226 (1847), p. 4. Cursiva fuera del texto original.

Madre y esposa: silencio y virtud.

la desempeñaba, renunció el dia último de octubre del año pasado, i el Cabildo en virtud de un acuerdo, dispuso entonces, que se cerrara por un año contado desde esa fecha, i apropió su sueldo que es el de trescientos pesos de a ocho décimos, para ayudar a la construcción de la obra de la cárcel i casa consistorial de este distrito. Lo que participo a U. para los fines convenientes. Soi de U. atento servidor, Laureano Lee 7 .

A esta nota respondió el gobernador de la provincia, señor Pedro Gutiérrez Lee, de la siguiente manera:

Gobernación de la provincia. Bogotá, 21 de febrero de 1854. El Cabildo de Funza o habrá de derogar el acuerdo por el cual des- tinó el sueldo de la directora de la escuela a la obra de la cárcel, o tendrá que arbitrar otros medios de mantener en ejercicio la escuela de niñas, porque la Gobernación no conviene en que se posponga la instrucción primaria por atender a otros objetos, que, si bien son de mucha importancia, nunca pueden compararse con la de la educación de la juventud.

El Cabildo de Funza, pues, cumplirá con lo dispuesto en el decreto gubernativo del 18 del corriente.

P. Gutiérrez Lee. Currea 8 .

Así mismo, con bastante frecuencia las escuelas se encontraban cerradas por ausencia de los preceptores, los cuales no eran nombrados con la debida oportunidad. Las informaciones sobre estas vacantes aparecían regularmente en el periódico oficial, en el cual se convocaba para exámenes de oposición, mencionando el sueldo que se ofrecía y las materias en las que serían exami- nados los candidatos. He aquí un ejemplo:

ESCUELAS VACANTES. De niños. Las de Acosta, Bojacá, Cota, Facatativá, Funza, Síquima, Sobachoque, Tenjo, Usaquén i Villeta.

| 125

7 P. Gutiérrez Lee. Escuelas. En El Repertorio (Bogotá), n.° 71 (1854), pp. 71-72. Cursiva fuera del texto original.

8 Ibidem.

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

De niñas. Las de Acosta, Cáqueza, Chía, Chipaque, Choachí, Funza, Oriente, San Juan de Rioseco, Sobachoque, Tenjo, Ubaque, Vega i Villeta. Se invita a todas las personas que quieran encargarse de la dirección en propiedad de dichas escuelas, a que dirijan a la Gobernación el memorial respectivo, solicitando ser examinadas para señalarles dia i hora con este objeto. Los exámenes de todos los opositores tendrán lugar ante el Goberna- dor de la provincia i la Junta de Inspección de los Establecimientos públicos, precisamente en uno de los dias de el 16 al 28 de abril del corriente año. Los exámenes de los varones versarán, sobre: moral i relijión, lectura, escritura, gramática castellana i aritmética. Los de las Señoras, sobre las mismas materias, i ademas sobre costura i bordado. El sueldo de las escuelas mencionadas puede ser mayor, pero en ningún caso menor de la suma de 160 pesos fuertes o sean de a diez reales 9 .

Las evidencias mencionadas reñían claramente con las intenciones expresas de los gobernadores y alcaldes, quienes en sus informes regulares a la Cá- mara Provincial hacían gala de su vivo interés por fomentar y desarrollar la instrucción pública elemental. Sus argumentos eran de todo tipo, pero en el que con mayor hincapié se insistía era en el de considerar la educación un verdadero "motor del progreso y de la civilización".

Caracterización de la educación que recibían las mujeres. La segregación explícita como expresión de discriminación

126 |

En las anteriores condiciones materiales se desarrolló la educación primaria elemental para varones y mujeres en la provincia de Bogotá. Sin embargo, tales condiciones no operaban de la misma manera para uno y otro sexo. En particular para las mujeres, la situación era muy distinta, y sobre todo de desventaja.

9 Escuelas vacantes. En El Repertorio (Bogotá), n.° 92 (1855), p. 44.

Madre y esposa: silencio y virtud.

En primer lugar hay que decir que en teoría no existían dudas sobre la importancia de la educación de las mujeres en la provincia de Bogotá. Los informes de los gobernadores abundaron en estas afirmaciones, con diversos argumentos. Por un lado, existía un reconocimiento del abandono en el cual se encontraba sumida la instrucción pública para las niñas. Las palabras de Vicente Lombana eran elocuentes en este sentido: "La inmoralidad, las preo- cupaciones i la ignorancia hasta del idioma propio, nacen del lamentable i criminal descuido en que hasta ahora ha estado la educación de la mujer que es la primera maestra del hombre sobre la tierra 10 . En este mismo sentido se expresaba al año siguiente el secretario de Gobierno de la Nueva Granada:

Colejios de niñas. Nunca haremos lo bastante en favor de la educación de esta hermosa mitad del jénero humano, en cuyo seno recibimos la vida, cuya vivificante ternura nos modela el corazón acia el bien, i que tanto influjo ejerce sobre la suerte de las naciones. Mui pocos Colejios existen de niñas, i si el Lejislador no se penetra de la necesidad de acometer una reforma importante, tendremos el dolor de ver pasar otra jeneracion del sexo delicado sin recibir los beneficios de la educación industrial e intelectual. Asi como la lei ha dirijido sus esfuerzos al es- tablecimiento de escuelas normales en cada capital de provincia i ha prevenido que de las rentas municipales se atienda de preferencia a su sostenimiento, con la misma razón debería imponer a las Cámaras el debe de escojitar los medios mas al propósito para plantear i sostener una escuela o colejio de niñas en las mismas capitales".

Hay en estas afirmaciones una de las concepciones más fuertes desarrolladas por los dirigentes de la república a mitad de siglo: era necesario educar a las mujeres en cuanto madres, que a su vez educan a las generaciones. Se erige en argumento fundamental la función de la maternidad como la función principal de las mujeres y por ello la educación que recibirían debía realizarse cumpliendo con rigor este cometido. Las palabras del gobernador José María Mantilla son muy reveladoras:

'"

V. Lombana. Informe del Gobernador de Bogotá a la Cámara de Provincia en su reunión ordinaria de 1849, Bogotá, Imprenta del Neogranadino, 1849, p. 4.

1127

11 F. J. Zaldúa. Informe del Secretario de Gobierno de ¡a Nueva Granada al Congreso Constitucional de 1850, Bogotá, Imprenta del Neogranadino, 1850, pp. 17-18.

Una formación restringida: el "bello sexo" no necesita del privilegio de la ciudadanía

Las escuelas de niñas que se han establecido, prometen un resultado mui ventajoso para la descuidada educación de la mujer, que es la que forma las inclinaciones de los hombres, i estoi decidido a protejer el establecimiento de ellas donde quiera que haya rentas para subvenir a los gastos que demandan su establecimiento i dirección. Es preciso empezar por enseñar a las preceptoras a poner en práctica los méto- dos conocidos como mejores para la enseñanza primaria, i que no es posible que ellas conozcan bien, porque hasta hoi la enseñanza en la mujer no ha sido profesional, ni lo será, hasta que no se presente un aliciente de utilidad, que exite el interés en ellas, para buscar la enseñanza de las niñas, un medio seguro i decente de subsistencia. Me propongo cercenar hasta donde pueda ser posible i justo, los sueldos de los preceptores de escuelas, con el objeto de establecer las de niñas, en todos los distritos donde las rentas del ramo puedan soportar este gasto. Cuando esas niñas lleguen a ser madres, podrán dirijirla educación de sus hijos, desde los primeros años de su infancia, i estará aquí la mejor i mas abundante fuente de ilustración para las masas populares 12 .

No cabe duda de que la retórica sobre la educación de las mujeres era abun- dante. De modo que es significativo insistir en los argumentos empleados y cómo éstos perdían todo su valor ante la cruda realidad. No existe actualmente una sola escuela de niñas, pues aun cuando el año pasado hubo una en este distrito, el Cabildo no ha querido continuarla en este. No comprendo por qué se ha descuidado siempre tanto la educación de la mujer, cuando de ella, como madre, dependen casi esclusivamente las primeras ideas i los primeros sentimientos que, gravados en el tierno corazón del niño con la fuerza omnipotente de la ternura maternal, jamas se borran i deciden después de la suerte del hombre. Educad, pues a la mujer i ella os dará hijos que serán buenos ciudadanos, porque de nada sirven, o mas bien es perjudicial

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12 J. M. Mantilla. Informe que el Gobernador de la Provincia de Bogotá, dirije a la Cámara de ella, en sus sesiones ordinarias de 1850, Bogotá, Imprenta del Neogranadino, 1850, pp. 7-8. Cursiva fuera del texto original.

Madre y esposa: silencio y virtud.

la instrucción, si el corazón está pervertido, si no existen en él senti- mientos de honradez i de virtud 13 .

Por supuesto que, además de insistir en la maternidad como el principal papel que debía desempeñar la mujer, se acompañaban otros argumentos en torno

a este papel, como la vida doméstica, por ejemplo. Por tanto, también se afir-

en algunas poblaciones hai escuelas de niñas, planteles que el

Poder Ejecutivo ha deseado se fomenten con particular esmero, como que la educación de la mujer es la primera condición de la felicidad doméstica i del progreso de la sociedad"". Y se argumentaba también en este sentido:

maba que "

Apenas hay doce escuelas de mujeres en todo el Estado, q