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COMPRAVENTA Y TRANSFERENCIA DE UNIVERSALIDADES

María de los Ángeles Soza


Universidad de los Andes

I. LA UNIVERSITAS Y EL OBJETO DE LA COMPRAVENTA

En primer lugar, es necesario hacer una afirmación que parece bastante segura:
la compraventa fue paulatinamente extendiendo su campo de aplicación, de modo que
ya no solo podían comprarse y venderse cosas particulares y determinadas -cosas
simples-; también fue posible adquirir por medio de este contrato un conjunto de cosas
como, por ejemplo, un rebaño o derechamente un conjunto patrimonial como una
herencia.

En efecto, según sabemos, el contrato de compraventa es el contrato mercantil


por excelencia, de modo que se refiere especialmente a cosas venales, a mercancías.
Según dice A. d’Ors, la fuerza expansiva de la mercantilización hizo que también
conjuntos patrimoniales como la herencia pudieran ser objeto de este contrato. Esta
ampliación sirvió para considerar como mercantiles toda clase de bienes. Si la
complejidad en que consiste una herencia, como veremos más adelante, puede ser
vendida, con mayor razón pueden serlo otros conjuntos de cosas como es el caso de un
rebaño, una biblioteca, e incluso complejos como un establecimiento de comercio o una
casa con su mobiliario.

Para comprender mejor este tema debemos definir si los romanos conocían el
concepto universitas. Por lo que se refiere al término mismo, existen lugares de las
fuentes en que se habla de universitas, y otros en que, a pesar de no mencionarse
expresamente el vocablo universitas, se hace referencia a un conjunto o universalidad
de cosas.

a) Los romanos usan el vocablo universitas para referirse tan simplemente a un grupo
de cosas o de personas, cuando se les quiere considerar como conjunto o totalidad y no
en cuanto a su singularidad. En este sentido la voz universitas, que va siempre
acompañada de un genitivo, no tiene alcance jurídico sino únicamente descriptivo. Así,
por ejemplo, cuando se habla de universitas civium, o de universitas servorum: el
conjunto o totalidad de los ciudadanos, de los esclavos. Algunos ejemplos de las fuentes
en este sentido:

D.50,16,239,8 Pomp.l.S. enchir.:" territorium" est


universitas agrorum intra fines cuiusque civitatis:
quod ab eo dictum quidam aiunt, quod magistratus
eius loci intra eos fines terrendi, id est summovendi
ius habent.
C.1,23,7,2: Imp.Zeno: Pragmaticas praeterea
sanctiones non ad singulorum preces super privatis
negotiis proferri, sed si quando corpus aut schola vel
officium vel curia vel civitas vel provincia vel
quaedam universitas hominum ob causam publicam
fuderit preces, manare decernimus, ut hic etiam
veritatis quaestio reservetur. (a 477 d. x k. ian.
constantinopoli post consulatum armati.)

b) También se habla de universitas o de corpus para hacer referencia a la


asociación de personas unidas en torno a un fin común. Aunque se sospecha acerca de la
posible interpolación de algunos de estos textos, no parece que deba ponerse en duda
que los romanos clásicos hablaban de universalidad en oposición a singularidad.
Veamos por ejemplo,

D.3,4,2-Ulp. 8 ad ed.: Si municipes vel aliqua


universitas ad agendum det actorem, non erit
dicendum quasi a pluribus datum sic haberi: hic
enim pro re publica vel universitate intervenit, non
pro singulis.

D.3,4,7,1-Ulp.10 ad ed.:Si quid universitati debetur,


singulis non debetur: nec quod debet universitas
singuli debent.

Gayo, 2,11: Quae publciae sunt, nullius videntur in


bonis esse; ipisius enim universitatis esse creduntur.
Privatae sunt, quaes singolrum hominum sunt.

Claramente el objeto de esta exposición no es dirigirnos al análisis de estas


universitates, que como tales conjuntos de personas asociadas, no son susceptibles de
ser enajenadas. De todos modos, estos y otros textos de las fuentes permiten pensar que
sí se había desarrollado en la época clásica el concepto de personalidad jurídica, en el
sentido de que las ciudades y algunas corporaciones actuaban como una unidad y no
como entes singulares. En efecto, estas entidades eran capaces para actuar en una gran
variedad de relaciones patrimoniales, pudiendo realizar negocios de la más variada
índole. Ya en una época posterior –posclásica-fueron adquiriendo también capacidad en
materia sucesoria.

c) Por otra parte, encontramos en las fuentes un texto de Pomponio en que se


hace una clasificación que distingue entre cosas simples, compuestas y agregadas.

D.41.3.30pr.-Pomp.30 ad sab.: Rerum mixtura facta


an usucapionem cuiusque praecedentem interrumpit,
quaeritur. tria autem genera sunt corporum, unum,
quod continetur uno spiritu et graece hynwmenon
vocatur, ut homo tignum lapis et similia: alterum,
quod ex contingentibus, hoc est pluribus inter se
cohaerentibus constat, quod sunymmenon vocatur,
ut aedificium navis armarium: tertium, quod ex
distantibus constat, ut corpora plura non soluta, sed
uni nomini subiecta, veluti populus legio grex.
primum genus usucapione quaestionem non habet,
secundum et tertium habet.

Las cosas compuestas (corpora ex contingentibus) son aquellas que, aunque


están formadas por varias cosas que se tocan entre sí y tienen una coherencia, como es
el caso de el edificio, la nave, el armario; las cosas agregadas (corpora ex distantibus)
están formadas por varias cosas independientes entre sí pero que están sujetas a un
único nombre: el pueblo, la legión, el rebaño.

Aunque en el texto de Pomponio, solo se habla de la posibilidad de usucapión de


estos conjuntos, de una interpretación armónica de las fuentes, puede deducirse que
éstos se estiman verdaderamente como un todo, y pueden entonces, reivindicarse,
usucapirse, legarse, pignorarse y venderse.

Debemos observar, sin embargo, que entre las cosas mencionadas a modo de
ejemplo, no aparece la herencia, u otros conjuntos de cosas heterogéneas, como es el
caso de los bona de un deudor concursado. Los ejemplos que ofrece Pomponio se
refieren a conjuntos de cosas homogéneas. Entonces habría que ver si para un jurista
romano, la herencia, o estos otros complejos, en los cuales no solo hay cosas
heterogéneas, sino también derechos pueden o no considerarse como cosas agregadas, o
si definitivamente debe quedar fuera de esta clasificación.

A juicio de diversos autores, los romanos no usaron el concepto de universitas


en el sentido de una unidad ideal que puede ser objeto de una multiplicidad de negocios
jurídicos. Se piensa que más bien debe considerarse como un conjunto de cosas
singulares, que en determinadas ocasiones cumple una función.

d) Por último, encontramos en las fuentes un uso peculiar de universitas en Gayo, el


cual ha sido el inicio de infinitas discusiones doctrinales. El profesor bizantino habla de
adquirere per universitatem, y utiliza la universitas como un vehículo, instrumento o
medio de transferencia. Por medio de la universalidad se adquiere o se asume una
determinada posición jurídica. En efecto, Gayo, en su libro II, habla en primer lugar de
unos modos de adquirir a título particular: traditio, mancipatio, in iure cessio, usucapio y
sus derivados, ocupación y modos asimilados, y otros en los que se adquiere per
universitatem: la herencia, la bonorum possessio, la bonorum emptio, la adrogatio y la
conventio in manum.

Gayo 2,97: videamus itaque nunc, quibus modis per


universitatem res nobis adquirantur.

Gayo 2,98: Si cui heredes facti sumus, sive cuius


bonorum possessionem petierimus, sive cuius bona
emerimus, sive quem adoptaverimus, sive quam in
manum ut uxorem receperimus, eius res ad nos
transeunt.
Pero curiosamente, al analizar estas figuras de manera pormenorizada, las
califica como supuestos de successio, de modo que puede observarse en Gayo una cierta
confusión entre adquisición por medio de la universalidad y sucesión. Por lo que se ve,
de alguna forma la adquisición per universitatem no es más que una forma de sucesión.
En otras palabras, es un mecanismo por medio del cual una persona se coloca en el
lugar de otra, concepto que coincide con el de successio entendido como fenómeno
cualificado por la subrogación. Aunque en esta sede no podemos extendernos en esta
materia, solo debemos dejar claro que este concepto instrumental de universitas
utilizado por Gayo, precisamente por confundirse con el mecanismo de la successio, no
es un concepto técnico que se halle presente en los textos de los juristas clásicos1. Más
bien podemos pensar que es una cierta inexactitud de las ilustraciones pedagógicas del
profesor bizantino. Algo de esto estudiaremos al analizar la bonorum venditio, que es
una de las categorías que Gayo califica primero como una forma de adquisición per
universitatem, y luego como una successio:

Gayo 3,77: Videamus autem et de ea successione quae


nobis ex emptione bonorum conpetit.

Para efectos de este trabajo, nos dirigiremos a analizar la compraventa de tres


tipos de conjuntos que aparecen como universalidades y que pueden ser vendidos y
transferidos. Naturalmente que dejaremos de lado el uso de universitas en su sentido no
jurídico, considerada ésta como totalidad de objetos o de personas. También
excluiremos del análisis la expresión universitas en cuanto conjunto de personas
asociadas en torno a un fin común, la cual universalidad evidentemente no puede ser
vendida.

I. COMPRAVENTA DE CORPORA EX DISTANTIBUS O COSAS “AGREGADAS”

El texto ya mencionado de Pomponio (D.41.3.30pr.-Pomp.30 ad sab) se refiere


explícitamente a la posibilidad de usucapir estas cosas como un todo. Solo para efectos
de recordar lo que son las cosas agregadas - corpora ex distantibus-, reproduciremos la
parte del texto que se refiere a ellas:

tertium, quod ex distantibus constat, ut corpora plura


non soluta, sed uni nomini subiecta, veluti populus
legio grex. primum genus usucapione quaestionem
non habet, secundum et tertium habet.

También se permite, de acuerdo con el pasaje que acompañamos a continuación,


la posibilidad de reivindicar el conjunto.

D.6,1,1,3-Ulp.16 ad ed.: Per hanc autem actionem


non solum singulae res vindicabuntur, sed posse
etiam gregem vindicari pomponius libro lectionum

1
El detalle sobre el concepto clásico de successor que solo se habría referido al heres, y no a estos otros
adquirentes, puede verse en SOZA, M. ÁNGELES, Procedimiento concursal. La posición jurídica del
‘bonorum emptor’, editorial Dykinson, Madrid, 2008, p.245ss.
vicensimo quinto scribit. idem et de armento et de
equitio ceterisque, quae gregatim habentur,
dicendum est. sed enim gregem sufficiet ipsum
nostrum esse, licet singula capita nostra non sint:
grex enim, non singula corpora vindicabuntur.

Pero nos interesa referirnos especialmente a la venta de estos conjuntos de cosas.


Sabemos que efectivamente pueden ser vendidas como un todo, pero nos encontramos
con la siguiente pregunta: ¿cómo ha de hacerse la transferencia de las cosas que
componen el conjunto?, respecto de este punto, nada dicen explícitamente las fuentes.

Pensamos que, aunque las cosas se vendan como conjunto, la transferencia debía
tener lugar del modo apropiado a cada cosa. Así, en caso de tratarse de un rebaño, o de
una biblioteca, pensamos que debía recurrirse a la numeratio: el contar las cabezas de
ganado o los volúmenes de la biblioteca.

Una mención especial requiere el análisis de otras cosas que, aún siendo simples
o compuestas en sí mismas, pueden ser consideradas en un negocio y enajenarse junto
con sus accesorios. Es el caso de la venta de la casa con su mobiliario (domus instructa)
o a la venta del establecimiento de comercio (taberna instructa). Los instrumenta (cosas
accesorias) de la casa o de la tienda, son en realidad separables, pero si las partes así lo
disponen en un negocio, pueden considerarse como dependientes de lo principal. De
este modo, si en el marco de un contrato de compraventa se vende una casa, puede
entenderse que con ella se vende todo su mobiliario; lo mismo respecto de una tienda, o
de un fundo. Pero como una cosa es la venta y otra la transferencia, habrá que ver de
qué modo han de entregarse estas cosas en el caso de ser enajenadas junto con sus
accesorios. Papiniano señala que la entrega de las llaves donde se encuentran las
mercancías se debe entender como traditio de las mercancías vendidas:

D.18.1.74-Pap.1 def.:Clavibus traditis ita mercium in


horreis conditarum possessio tradita videtur, si
claves apud horrea traditae sint: quo facto confestim
emptor dominium et possessionem adipiscitur, etsi
non aperuerit horrea: quod si venditoris merces non
fuerunt, usucapio confestim inchoabitur.

II. COMPRAVENTA DE LA HERENCIA

La clasificación hecha por Pomponio no aparece en otros lugares de las fuentes.


Si leemos a Gayo, vemos que, en sus Instituciones, habla de cosas que están en nuestro
patrimonio o fuera de él; de cosas de derecho divino y de derecho humano; de cosas
corporales e incorporales; de cosas mancipables y no mancipables. Pero sí interesa
destacar que, al referirse a las cosas incorporales, pone de ejemplo la herencia:
Incorporales sunt, quae tangi non possunt, qualia
sunt ea, quae <in> iure consistunt, sicut hereditas,
ususfructus obligationes quoquo modo contractae2.

En otras palabras, Gayo dice que la herencia es una cosa incorporal. Pero aquí
entramos en un tema –el asunto de la naturaleza de la hereditas- que ha sido objeto de
innumerables debates doctrinales entre los romanistas del siglo XX.

La concepción de Gayo es seguida por Justiniano en sus Instituciones, como


puede apreciarse del presente texto, que reproduce con bastante fidelidad lo que aparece
en el anteriormente citado:

Inst. 2,2: Incorporales autem sunt quae tangi non


possunt. qualia sunt ea quae in iure consistunt: sicut
hereditas, ususfructus, obligationes quoquo modo
contractae. nec ad rem pertinet quod in hereditate
res corporales continentur: nam et fructus qui ex
fundo percipiuntur corporales sunt, et id quod ex
aliqua obligatione nobis debetur plerumque
corporale est, veluti fundus, homo, pecunia: nam
ipsum ius hereditatis et ipsum ius utendifruendi et
ipsum ius obligationis incorporale est.

En opinión de Bonfante, para los juristas clásicos, la successio es la colocación


en la misma posición jurídica que tenía el causante. De este modo, a su juicio,
distinguen entre el transire per universitatem, que se refiere solo a las cosas, del
traspaso de los créditos y las deudas, que es otra consecuencia de la successio. Así, el
heredero asume las deudas del causante dado que entra en todas las relaciones del
difunto, es decir, le sucede in locum, in ius. De este modo, entonces, la herencia sería un
complejo de derechos y cargas; el heredero sucede en la posición jurídica del causante
bajo su aspecto patrimonial. En definitiva, tanto el paso de los créditos como de las
deudas es consecuencia de haber sucedido al causante, de haberse colocado en su lugar,
de la successio in ius. A su juicio, el uso de universitas para referirse a la herencia es
propio de la época justinianea, en que ésta se entiende como una unidad orgánica que
comprende también las deudas. En derecho clásico, el heredero no adquiere un todo
orgánico, un único objeto, una res, sino que se coloca en una posición que incluye el
dominio sobre bienes, el ejercicio de derechos y la asunción de cargas, además de unos
derechos y cargas de carácter extrapatrimonial.

Planteamientos similares se encuentran en otros autores de la época. Así, por


ejemplo, Albertario, quien, a efectos de lo que analizamos en este apartado, pone énfasis
en la definición que proporciona Gayo en 2,14. A su juicio, cuando Gayo enumera las
res incorporales, colocando dentro de la enumeración la hereditas, no es porque
considere la herencia como un objeto. En realidad es el ius successionis el que debe
considerarse como una res incorporalis. De este modo, agrega, los juristas nunca
entienden el vocablo universitas de modo abstracto, sino siempre con genitivo, como
por ejemplo, universitas civium (la universalidad o totalidad de los ciudadanos). Al
2
Gai Institutiones 2,14. Se ha transcrito solo una parte del pasaje: la que interesa a estos efectos.
igual que Bonfante, considera que el traspaso de las deudas hereditarias se explica en
virtud del fenómeno de la successio. En el mismo sentido, Betti, quien afirma que la
successio supone la asunción de una posición familiar. La transmisión de las deudas
solo puede encontrar su fundamento en la successio in ius, calificada por el título de
heredero.

Una posición distinta se observa en otros autores como Biondi, Ambrosino y


más tarde Imapollomeni. Para Biondi, no parece haber incompatibilidad entre
universitas e successio: algunos fenómenos hereditarios se justifican por medio de la
noción de universitas y otros con la de successio. De este modo, la hereditas, que en el
texto gayano (Gayo, 2,1) queda colocada entre las res incorporales, hace referencia más
a la universitas que a la successio. Y la adquisitio per universitatem a la que se refiere
Gayo en 2,97 indica el modo: las cosas se adquieren por medio de la universalidad. A su
juicio, el hecho de concebir la herencia como un todo orgánico, como una universitas,
hace más comprensible algunas figuras del Derecho Romano como la hereditatis
petitio, la in iure cessio hereditatis y la usucapio pro herede. Agrega que en los albores
del Derecho Romano, las relaciones jurídicas activas y pasivas no formaban parte de la
herencia, pero que, en virtud de una labor de interpretación posterior, quedaron
comprendidos en ella los créditos y las deudas. El autor afirma, sobre la base de algunos
textos, que la herencia en Roma era considerada como un nomen iuris, que es decir,
como una entidad incorporal que prescinde de los elementos que la componen. De este
modo, a su juicio, el traspaso de los créditos y las deudas se justifica, no con la noción
de successio sino con la de universitas entendida ésta como nomen iuris. En definitiva,
afirma que la successio es el efecto de la adquisición de la universitas: se sucede porque
se adquiere. El concepto de adquisitio per universitatem explica que se puedan asumir
las deudas hereditarias: se adquiere una unidad ideal en la que están comprendidas las
deudas. Ambrosino, por su parte, concibe la herencia como una res corporalis a la que
posteriormente se le fueron añadiendo una serie de elementos inmateriales como las
deudas, los sacra privata, el ius sepulchri y el derecho de patronato. Probablemente la
responsabilidad por las deudas hereditarias se habría impuesto al heredero en virtud de
la ley de las XII Tablas. A su juicio, el contenido de la noción de successio es
simplemente el de sustitución de un sujeto por otro, la cual sustitución no puede tener
como consecuencia la colocación del heredero en la misma posición jurídica del
causante: solo puede quedar en su mismo lugar en virtud de la hereditas, porque ha
recibido una universalidad en la que se comprenden los commoda y los incommoda.

En una dirección parecida, Impallomeni considera que la noción de hereditas


habría tenido un doble significado: como universitas iuris y como derecho subjetivo
perteneciente al heredero. A su juicio, la adquisición de la universalidad produce el
fenómeno hereditario. De este modo, el concepto de sucesión en la época clásica es
amplio: no solo comprende todos aquellos casos en que se produce la adquisición de un
patrimonio (herencia, bonorum possessio, adrogatio, conventio in manum, y otros), sino
también los casos en que una persona sustituye a otro, colocándose en su lugar (casos de
representación), y los supuestos cuando alguien se coloca en el lugar de otro para una
determinada relación jurídica como el caso del legatario o donatario.

A nuestro juicio, si bien no puede negarse que la hereditas es un conjunto de


bienes y de créditos del difunto, no debe confundirse este concepto con el de successio,
que es el modo a través del cual alguien se coloca en el lugar del causante y que es un
fenómeno de otra índole, por cuanto se refiere también a otros derechos y cargas de
carácter extrapatrimonial. Entendidas las cosas de este modo, puede decirse que la
hereditas se identifica con el concepto clásico de patrimonio del difunto, en el cual se
encuentran los corpora y los iura y se descuentan las deudas. Esta afirmación podemos
desprenderla del siguiente texto de Ulpiano, referido a la hereditatis petitio:

D.5,3,1,8,2-Ulp.15 ad ed.:Nunc videamus, quae


veniant in hereditatis petitione. et placuit universas
res hereditarias in hoc iudicium venire, sive iura sive
corpora sint,

Sin embargo, según aclara Guzmán Brito, también puede hablarse de hereditas
cuando no hay más que deudas (hereditas damnosa) o cuando no se compone más que
de iura, para lo cual aduce los siguientes textos:

D.50,16,119-Pomp.3 ad q. muc.:" hereditatis"


appellatio sine dubio continet etiam damnosam
hereditatem: iuris enim nomen est sicuti bonorum
possessio.

D.37,1,3,1-Ulp.39 ad ed.:Hereditatis autem


bonorumve possessio, ut labeo scribit, non uti rerum
possessio accipienda est: est enim iuris magis quam
corporis possessio. denique etsi nihil corporale est in
hereditate, attamen recte eius bonorum
possessionem adgnitam labeo ait.

D.5,3,50pr.-Pap.6 quaest.: Hereditas etiam sine ullo


corpore iuris intellectum habet.

Como ya se ha dicho, el hecho de que el heredero se haga carga de las deudas


del causante se identifica con una de las consecuencias de la successio, que se refiere a
la asunción de las deudas del causante, al colocarse en su misma posición (de deudor, en
este caso). De esta forma, a través de la successio, el heredero se coloca en el ius, en la
posición jurídica del causante: se hace dueño de sus bienes, se hace acreedor de esos
créditos y deudor de sus deudas.

Pero como se trata en esta exposición de referirnos a la compraventa de


conjuntos de cosas, veamos cómo en el Derecho Romano se produce la compra de la
hereditas. La primera forma que asume esta figura es la de una in iure cessio
hereditatis. Esta cesión podía ser a título oneroso o gratuito, aunque naturalmente nos
interesa la de causa onerosa que se basaba en la compraventa.

El agnado que sucedía ab intestato podía ceder in iure la herencia antes de


haberla aceptado, lo cual tenía lugar en una demanda de hereditatis petitio intentada por
el pretendido cesionario. El pretor, en virtud de la addictio, constituye el derecho a
favor del demandante (cesionario), el cual se convierte en heredero. Hay que dejar claro
que para que la cesión produzca el efecto de hacer heredero al cesionario,
necesariamente ha de realizarse la cesión antes de la aceptación de la herencia. Si la
cesión se produce después de la adición de la herencia, el cedente no se desprende de su
condición de heredero, de modo que responde ante los acreedores hereditarios, pero las
cosas de la herencia pasan como un todo al cesionario, tal como dice Gayo,2,35:

...corpora uero eius hereditatis proinde transeunt ad


eum, cui cessa est hereditas, ac si ei singula in iure
cessa fuissent.

Más adelante se permitió en el Derecho Romano la venta consensual de la


herencia, -venditio hereditatis- de modo que ya no era necesario recurrir a la in iure
cessio hereditatis. Sin embargo, cuando pensamos en la enajenación de este patrimonio,
nos encontramos con un problema: el de la dificultad que existe en el Derecho Romano
para la transferencia de créditos y para el traspaso de las deudas. Y, a pesar de que
hemos dicho que la hereditas comprende (cuando los hay), corpora et iura, de la
regulación de la venditio hereditatis que aparece en las fuentes, podemos deducir que
comprador no adquiere una universalidad que comprende automáticamente los corpora,
los créditos y las deudas.

En efecto, los corpora deben ser entregados por medio de traditio o de un modo
solemne, en caso de ser res mancipi:

D.18,4,14,1-Paul. 33 ad ed.: Si hereditas venierit,


venditor res hereditarias tradere debet: quanta autem
hereditas est, nihil interest,

C.4,39,6: Imp. Alex. Sev.: Qui tibi hereditatem


vendidit, antequam res hereditarias traderet, dominus
earum perseveravit et ideo vendendo eas aliis
dominium transferre potuit. sed quoniam contractus
fidem fregit, ex empto actione conventus quod tua
interest praestare cogitur. * alex. a. pomponio mil. *
<a a. 230 pp. viii k. iul. agricola et clemente conss.>

Los iura y los debita, por su parte, deben ser tansferidos de acuerdo con la
naturaleza de los mismos: al no poder ser entregados, debe recurrirse a algún expediente
negocial o procesal que permita operar la transferencia. Los juristas utilizaron, a estos
efectos, la procuratio in rem suam, la novatio o la delegatio.

En definitiva, nos parece que ha de hacerse una distinción entre el negocio


mismo de compraventa, que se perfecciona de un modo consensual, y la transferencia,
que debe hacerse de acuerdo con la naturaleza de lo que se transfiere.

Como el heredero que vendía la herencia seguía manteniendo su condición de


heredero, el vendedor y el comprador se cruzaban unas promesas recíprocas –
stipulationes emptae et venditae hereditatis- en virtud de las cuales el vendedor que
pagó deudas de la herencia puede exigir al comprador su reembolso, y el comprador
exigir al vendedor el traspaso de los créditos que le fueron pagados.
III. COMPRAVENTA DE LOS BONA DEBITORIS EN UN PROCEDIMIENTO CONCURSAL

Un problema distinto presenta la compra de los bienes del deudor concursado.


En primer lugar, se trata de una compraventa especial por cuanto no se desarrolla de
modo consensual, sino forzado, a través de una pública subasta dentro de un
procedimiento concursal. En efecto, el deudor cuyos bienes han sido embargados, no ha
prestado su consentimiento para que éstos sean enajenados: se venden contra su
voluntad. El precio, por su parte, no ingresa al patrimonio del deudor concursado sino
que se reparte entre los acreedores a prorrata de sus respectivos créditos.

Por otra parte, es necesario analizar si verdaderamente los bienes del deudor
concursado se estiman como una universalidad. De acuerdo con una interpretación
armónica de las escasas fuentes clásicas que conservan los rastros del procedimiento
concursal de la época clásica, podemos decir que el mejor postor adquiere un conjunto
de cosas y derechos que están individualizadas en la lex venditionis (leyes generales de
la venta), y no propiamente una universalidad. De hecho hay algunos objetos del deudor
que no quedaban considerados en el embargo y posterior venta: los bienes del deudor
concursado afectos a garantías, los bienes respecto de los cuales el deudor concursado
era fiduciario, el derecho de usufructo (de carácter personalísimo), el legado de
alimentos, e incluso los bienes de los cuales no se tenía noticia en el momento de la
venta, o aquellos que no quedaron incluidos en las leges venditionis por un descuido de
los acreedores o del magister bonorum.

En definitiva, ¿qué compra el bonorum emptor? Por lo que se ve, compra una
cantidad de cosas y derechos del deudor concursado previamente individualizados. Lo
que no figura en las fuentes es la forma en que se realiza la transferencia de estas cosas.
Sin embargo, no nos parece relevante, ya que, en el momento en que se realiza la
subasta, no opera la transferencia del dominio: según figura en las fuentes, el bonorum
emptor se coloca en la posición de poseedor civil respecto de todas las cosas compradas,
y, para conseguir el dominio, tendrá que usucapirlas. Así lo dice expresamente Gayo, y
el título que le sirve para la usucapión, a nuestro juicio, es el pro emptore. Suponemos
que el magister, en representación de los acreedores que habían puesto en marcha el
procedimiento concursal, hace el traspaso posesorio de estos bienes, de lo contrario, el
bonorum emptor le puede perseguir con un interdicto adispiscendae possessionis, es
decir, un interdicto para entrar en posesión, llamado en las fuentes possessorium.

Y, en relación con los créditos, si bien el bonorum emptor los adquiere, no se


hace directamente titular de los mismos, sino que, para cobrarlos, en caso de que el
deudor concursado esté vivo, debe hacer uso de la acción Rutiliana, que, en definitiva,
es la misma acción básica a la que se agrega una transposición de personas, o la acción
Serviana, en el supuesto de que haya muerto. Por otra parte, las deudas no quedan
incluidas en la venta, dado que éstas se pagan con cargo al precio que paga el bonorum
emptor en la subasta.