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DE LA PREHISTORIA DEL AMOR: LÓGICA DE

LA SEXUACIÓN EN LACAN Y CONSECUENCIAS©


César Mayoral Figueroa*

*Investigador de EL COLEGIO DE OAXACA. OAXACA, MEXICO. cooax@prodigy.net.mx

En el capítulo VII del Seminario 20, Aún, Lacan (1981) escribe y traza,
“como soporte” un esquema que se ha dado en llamar el cuadrado de la
sexuación, mediante el cual intenta hacer inteligible el proceso de constitución
de la posición femenina y de la posición masculina del ser humano. A mi
parecer el recurso es de una eficacia máxima con la condición de que se halle
al lector preparado. Él mismo lo advierte: ofrece un sentido para alguien
“dispuesto a absorber[lo].”La prehistoria del amor comienza en el espacio
inferior donde S, o sea: el sujeto, señala, apunta, se dirige hacia “a”, el objeto
del deseo, vale decir el objeto de amor. Este objeto, llamado por Lacan
pequeña a u objeto pequeño a, representa la posibilidad de completitud
imaginada frente a la inexistencia de ese universal que sería La mujer,
referencia paradigmática por otra parte de todo partenaire, e inexistencia
ignorada por el sujeto, sea que se trate de un hombre o de una mujer. A quien
el protagonista de una película mexicana describe como aquella que perdimos
y que nunca tuvimos. Vale esto para el niño como para la niña en una primera
etapa de la vida; luego quedará fijada esta forma para el varón; para la mujer
que ocuparía el lado derecho, ella siempre se dirigirá al otro que se supone
tiene el falo, es decir, en tanto supuesto, en cuanto ficción, a cualquier
hombre, a uno, y ahí se mantendrá.

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De ahí también todas las paradojas de la vida amorosa y la condición de


trauma con que se la puede asumir.
Aquí se pretende recorrer el camino inverso de una posibilidad, cuyas
fórmulas son conclusiones sólidas, desde la perspectiva lógica de Primer
Orden. La glosa del cuadrado ha dado materia a muchos autores para su
esclarecimiento conceptual. Se trata de una aproximación estrictamente
lógica, y de sus consecuencias teóricas para el Psicoanálisis como se obtienen
siguiendo el orden de ideas tal como las enuncia Lacan.

∃x ¬ Φx ¬
∃x ¬ Φx
¬
∀x Φx ∀x Φx

S S(A)

a La
Φ

Una primera división significante la estableció Lacan al señalar que “Todo


ser que habla se inscribe en uno u otro lado”. En el cuadrante superior izquierdo la
fórmula bien formada (fbf), (∀x Φx), como luego se verá, indica la ubicación del
hombre, es decir que para todo x, para cualquier hombre, esa x tiene la propiedad
representada por Φ; propiamente se trata de la posición masculina de los seres que
hablan; sin embargo, por encima de esta fórmula se halla otra, (∃x ¬ Φx), que
constituye el límite por el que una x, o sea alguien, niega la función Φ. Al negar
dicha función se entiende la ausencia de la función y por eso propiamente se

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estatuye la castración, y la relación sexual no se da sino por una vía supletoria. He


aquí el fundamento lógico de la tesis “No hay relación sexual”, y la consecuencia
mediata del carácter ilusorio del amor cuando se dice que “se hace el amor”: o
sea que un signo del amor no es el amor.
Del mismo modo, en el lado derecho se ilustra “la parte mujer” con la
fórmula bien formada (fbf): (¬ ∀x Φx). Lacan explica a las claras lo que esto
significa: un sujeto “vetará toda pretensión” de universalidad. Basta recordar a
Antígona para tener una noción franca y precisa de los alcances de dicha ubica-
ción; si ella negó la función detentada por Creonte, hizo su apelación a otra Ley;
es decir, que pudiendo elegir estar en Φx, recurre a un nivel trascendental. Su
límite, representado por la fbf (¬ ∃x ¬ Φx), no constituye, como en el caso del
hombre un obstáculo, sino una posibilidad. En cambio el varón, para tener esta
misma posibilidad ha de ubicarse primero del lado derecho del cuadro, es decir,
del lado de las mujeres. Mi propuesta para esta situación compleja da una idea
del goce al que la mujer puede acceder por el hecho de ser No-toda, feliz
expresión de Lacan que sólo describe en el lenguaje étnico el contenido semántico
del matema (¬ ∀x Φx). Con sólo subdividir los cuadros superiores por una línea
horizontal, puede aclararse el sentido que Lacan otorga a los límites con que se
enfrenta cada uno de los hablentes:

∃x ¬ Φx ¬
∃x ¬ Φx

¬
∀x Φx ∀x Φx

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Cada sujeto se ubica en uno de los cuadros inferiores de este esquema modificado,
según se coloque del lado de las mujeres, a la derecha, o del lado de los hombres,
a la izquierda, y ambos tienen siempre, indefectiblemente, como un
referente del alcance de su función (lógica), el sentido que denota cada una de las
fórmulas del cuadro ubicado por encima. Pero para abundar en la vertiente del
sentido, veamos a qué clase de proposiciones corresponde cada una de las
fórmulas del cuadro de la sexuación, con la salvedad de que, para hacer ofrecer
mayor inteligibilidad desde la perspectiva lógica , al sentido de los límites de los
seres que hablan, examinemos la cualidad y la cantidad de cada fórmula,
utilizando sus equivalencias lógicas cuando sea necesario, para mayor claridad:
∀x Φx = A (1)
¬
∃x ¬Φx = A (2)
∃x ¬Φx = O (3)
¬
∀x Φx = O (4)

La primera fórmula no tiene dificultad alguna; se trata de una proposición


universal afirmativa en su forma “canónica”, o A como ya lo estableció Aris-
tóteles (1972 [~ 335 a.e.]).
La segunda no lo parece, pero también corresponde a una proposición uni-
versal afirmativa en su forma equivalente como lo establece la regla derivada de
Predicados Monádicos DefGen (Falguera y Martínez, 1999) ilustrada a
continuación:

∀x Φx
¬
∃x ¬Φx

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Mediante esta regla se puede sustituir una fórmula por la otra indistintamente,
que es lo que indica la doble línea que las separa como si fuera una fórmula
algebraica de numerador y denominador.
Ahora bien, ¿porqué utilizar la fórmula con la doble negación y no su
equivalente? Pues por el sentido de intensionalidad, de connotación que ad-
quiere; sentido más amplio que en la proposición equivalente, como ocurre con
las paráfrasis que con frecuencia se realizan en el lenguaje cotidiano; o con las
“posiciones” de un proceso judicial que tienen, por ejemplo la siguiente forma:
“que diga el indiciado si no es cierto como lo es en verdad que no...” con las
cuales las paráfrasis apuntan a la caída de la conciencia crítica para provocar la
insurgencia de una respuesta incriminatoria, o de búsqueda de la “verdad
jurídica”, aunque no necesariamente de la verdad empírica.
La fórmula (3) (∃x ¬Φx) corresponde a la subordinada de la universal
negativa, y por lo tanto es de la clase “O” de Aristóteles.
Salta a la vista que del cuadro clásico de las proposiciones no se hallan las
correspondientes I o particular afirmativa, ni la E o universal negativa. Sin
embargo hay que hacer una salvedad, pues existiendo la Universal afirmativa, su
particular afirmativa, como subordinada que es, se encuentra implicada, como se
puede demostrar. O lo que es lo mismo: obtener (∃x Φx) a partir de (∀x Φx).
Simplemente tenemos:

-1 ∀x Φx Demostrar que ∃x Φx
Prueba:
-1 ∀x Φx
2 Φx EG 1

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3 Φa Ej 2
4 ∃x Φx IP 3
- ∃x Φx

De modo que si la proposición (∀x Φx) afirma para todos el relator Φ, la


consecuencia (∃x Φx) se sigue necesariamente de la primera. O lo que puede
expresarse de modo que, concediendo que todos los seres que hablan se ubican
del lado de los hombres, uno de cada uno se ubica en la misma posición. Vale
aquí afirmar en forma apodíctica que de lo general se sigue lo particular. La
proposición particular afirmativa se halla, pues, implicada.
No ocurre lo mismo con la proposición particular negativa (∃x ¬Φx) de la
que sólo podemos obtener ¬∀x Φx , siguiendo la regla derivada de predicados
monádicos NegGen:

¬
∀x Φx

∃x ¬Φx

Y esto es así, primero, si se piensa en una consecuencia desde un punto de


vista intuitivo: de un caso particular no podemos establecer una generalización
universal, sino tal sólo una generalización existencial, como se demuestra
mediante la deducción lógica:

-1 ∃x ¬ Φx
2 ¬ Φx EP 1
3 ¬ Φa Ej 2
4 ∃x ¬ Φx IP 3

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5 ¬
∀x Φx NegGen 4
- ¬
∀x Φx

En el cuadro de la sexuación no tiene cabida, desde el punto de vista lógico, la


proposición universal negativa formalizada (∀x ¬
Φx). Esta es una propuesta
genial de Lacan que es consecuente con toda la teoría freudiana, en cuanto que
todo ser que habla, comenzando por su infancia, tiene una inscripción originaria
que le hace afirmar que todos tienen (“sexo”). Es la creencia loca de los niños de
la existencia de un sexo universal. De ningún modo, en la historia del sujeto, se
concibe la ausencia de la sexuación. Y puedo decir para mayor abundancia, en la
historia natural de la constitución de un sujeto, por-que la posibilidad de una
fórmula universal negativa implica, a su vez, otra lógica: una lógica modal que
incluya los operadores correspondientes, y sobre todo la ubicación diferente de un
ser que habla; vale decir: en el campo de la psicosis. Tendríamos entonces la
fórmula siguiente:

∀x ¬ Φx

expresando con el operador “ ” de la lógica modal (Orayen, 1995), la necesidad


que se postula para la forclusión (o prescripción), fórmula que también propongo
como matema de la no inserción del Nombre del Padre; aunque, desde luego, no
se me escapa que habría que tener presente la posibilidad como opción a la
necesidad, que se expresaría en la fórmula:
◊∀x ¬ Φx

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en la cual “◊” representa al operador lógico de posibilidad. La psicosis tendría


como matema a la disyunción inclusiva:

(∀x ¬ Φx) v (◊∀x ¬ Φx)

El sentido, en una interpretación semántica de esta última fórmula, me parece


útil frente a la pérdida de la realidad de quien no puede ubicarse aún en la
neurosis severa con un delirio como defensa o en la psicosis con un delirio como
enfermedad.
La neurosis tendría su correlato formalizado en la fórmula:

(¬ ( ∀x ¬ Φx) ∧
(C∀x ¬ Φx)

en la cual “C”, es el operador que significa Contingencia en la Lógica modal.


Pero esto rebasa los límites de este ensayo y lo dejo para otra oportunidad. No
obstante, esta digresión, o acotación, sirve para demostrar la pertinencia de no
hallar en el cuadro de la sexuación a la proposición de clase “E” o universal
negativa. En la constitución de un sujeto que opta por lo masculino o por lo
femenino está excluida la negación de la función del Falo.
De lo que antecede puede extraerse otra consecuencia muy importante pa-
ra la constitución del sujeto, pues si el ser que habla se ubica frente al Falo
para inscribir en él una identificación o un imago, que denominamos con Lacan la
sexuación, hacia una de las vertientes, masculinidad o feminidad, entonces el
matema ∀x Φx es correlativo de la inscripción en el sujeto de un significante
originario que aporta una ordinalidad y, en consecuencia, un imperativo

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inconsciente, tal como acontece con el rasgo unario o S1. El proceso queda
ilustrado en la secuencia lógica siguiente:

∀x Φx  S1  ordinalidad  norma  Ley

Como elemento de orden, durante la sexuación se inscribe una regularidad


determinada por lo simbólico, que sería la condición para la instauración de la
dimensión de la Ley en el sujeto. No se puede afirmar con los datos aquí
aportados que la Ley se inscriba en el sujeto por este sólo proceso, sino que se
propone una correlatividad en una temporalidad lógica que se expresa mediante el
enunciado necesario:
Sólo si se da el proceso de la sexuación se inscribe la
dimensión de la Ley en el sujeto,
Que se formaliza: L  ∀x Φx con L = Ley.
La tesis que sostengo es que el proceso de la subjetivación es correlativo
de la sexuación. Incluso esta formalización permite dar sentido al proceso de
retroacción o nachträlicht y aprehenderlo en su temporalidad lógica, del siguiente
modo:
∀x Φx  L
Siguiendo este orden de ideas, puede verse, a contrario senso, lo que
ocurre en la clínica con los asesinos seriales, por ejemplo, quienes con frecuencia
cometen actos de naturaleza sexual en forma reiterada. No se trata de un goce que
tenga como premisa a la sexuación, sino de un puro goce del cuerpo en el terreno
sexual, y de un goce inconsciente de ambos: el acto homicida y del abuso sexual.

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Hay una disociación, pues del goce en el homicida serial congruente con la
ausencia de la dimensión de la Ley, con la forclusión
Finalmente, y para hallar el sentido a que convoca Lacan de sus lectores,
veamos la ubicación de las fórmulas de la sexuación distribuidas en el cuadro
clásico de las proposiciones: la fórmula colocada arriba a la izquierda, de clase

“A” del cuadro de la sexuación tiene en el cuadro clásico de las proposiciones


una relación de

∀x Φx = A Ø
¬
∃x ¬Φx ≡ A

∃x Φx = I ¬
∀x Φx = O v ∃x ¬Φx = O
contradicción con la fórmula de clase “O”. Lógicamente se dice que tales pro-
posiciones contradictorias no pueden ser ambas verdaderas o que al menos una de
las dos es falsa. Así, no se puede rebasar la línea de las contradicciones y en
consecuencia Lacan argumenta con toda la fuerza de la Lógica que, ya interpre-
tando semánticamente la ubicación del lado del hombre, de lo masculino, el ser
que habla encuentra su límite en la fórmula inmediatamente por encima en el

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cuadro de la sexuación, a su vez correspondiendo a la contradictoria del cuadro de
las proposiciones. Lo mismo exactamente se concluye de la fórmula inferior
derecha, que define a las mujeres, quienes encuentran su límite precisamente por
las mismas razones en su contradictoria.
He colocado en el último cuadro de las proposiciones, del lado superior
derecho el símbolo del conjunto vacío, por las razones ya dadas antes. Además
resulta apropiado y pertinente extraer algún sentido de tal recurso. Primero, el más
simple: para todo aquel que se ubica del lado de los hombres como una ejempli-
ficación singular, digamos: como si él fuese el imperativo categórico de sujeto,
como (ι Φa), su límite sería el vacío, la locura quizás, pues implicaría la asunción
a (∀x ¬ Φx). Para el lado de las mujeres la relación de subordinación con el
vacío plantea la posibilidad del enigma, del misterio: ¿cómo es posible que haya
una relación de subordinación de una mujer con el vacío? Una respuesta sería:
porque una mujer es capaz de estatuir en el lugar de la negación universal otra
cosa; por ejemplo otra Ley. Lo que a su vez nos remite al ejemplo de Antígona.
Pero, además, el límite de la posición de las mujeres no es del mismo orden que
para los hombres sino el de la ejemplificación del lado de los hombres, lo cual
ocurre en la realidad, pues hay mujeres fálicas, y eso lo sabemos bien. Podemos
abundar más en este camino, que es todavía más complicado, correlativo del goce
de la mujer, de lo femenino. Ya que el límite de una mujer pasa por hacerse lugar
del lado del hombre, la imposibilidad de la relación sexual genérica tiene su
contra argumento en la forma siguiente: “No hay relación sexual” [Lacan dixit],
excepto una, a su vez imposible y mortífera que es la relación madre/hija. Si nos
detenemos un instante podemos reparar en que una de las dos grandes prohibi-

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ciones, la del incesto, tiene su paradigma en la relación madre/hijo y no en la de
madre e hija. Podría argumentarse que la posibilidad no está excluida; sin embar-
go esto no constituye objeción válida, porque su posibilidad impone a la Lógica
modal o bien a la ubicación de una mujer del lado de los hombres. Recuérdese
que tanto Freud como Lacan advierten que lo genital está excluido de este proceso
de subjetivación.

César Mayoral Figueroa.


Alcalá 700
Oaxaca, C.P. 68000México
cooax@prodigy.net.mx

Referencias bibliográficas
1.Aristóteles. Peri hermeneias. En Tratados de Lógica. México. Editorial Porrúa, Col.
“sepan Cuantos...” Num. 124. 1972 [~335 a.e.].
2. Falguera L, JL. Martínez V, C. Lógica Clásica de Primer Orden. Madrid. Editorial
Trotta. 1999.
3. Lacan, J. El Seminario 20, Aún. Venezuela, Editorial Paidós, 1981.
4. Orayen, R. Lógica modal. En: Alchourrón, CE, Méndez, JM, Orayen, R. Ló-
gica. Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía. Madrid. Editorial Trotta, 1995.

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