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La época que vivimos nos obliga a reflexionar sobre el saber vivir. Los efectos
negativos en el alma humana ocasionados por el desempleo, la violencia, el
narcotráfico, las tensiones políticas y sociales y otras circunstancias fuera de
nuestro control, están generando crisis a nivel de la familia, las relaciones
interpersonales y la autoestima de las personas, incidiendo seriamente en su
desarrollo personal y en la convivencia social.

Porque saber vivir no resulta fácil en estos días. Muchos luchan por
desarrollar una ocupación o arte y trabajan en actividades legales, mientras
otros piensan que sobrevivir es lo que importa y se preocupan por obtener
dinero rápido, llegando a incursionar en actividades ilegales.

Por eso me agradó la lectura del libro ÉTICA PARA AMADOR, del filósofo
Fernando Savater. En un estilo ameno y coloquial nos va induciendo en la idea
de que c  c  c  c  c c c c c c c
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debemos cultivar los valores que hacen la vida humana más amable.

Recogiendo experiencias y teorías de diversos autores sobre el


comportamiento humano, el Dr. Savater plantea más o menos lo siguiente:
³ninguna buena vida puede prescindir de las cosas, pero menos aun puede
pasarse sin personas: Y como nadie puede dar lo que no tiene, debemos tener
siempre presente que de las cosas solo podemos sacar cosas, mientras que de
las personas podemos recibir amor, solidaridad, servicio, etc., gratuitamente,
si las tratamos como a personas´

NOTA: Antes de seguir adelante, registro lo que dice el asesor de empresas


James C Hunter en su libro LA PARADOJA: La gran verdad de todo en esta
vida son las relaciones: relaciones con Dios, relaciones con uno mismo y
relaciones con los demás. Por eso, los matrimonios que funcionan, las familias
que funcionan, las iglesias que funcionan, lo equipos que funcionan, los
negocios que funcionan, todos tienen que ver con relaciones humanas que
funcionan.
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Mientras los animales solamente pueden hacer lo que hacen, debido a que
están programados por la naturaleza para cumplir su misión, cc' cc
 para decir ³SI´ o ³NO´ ante una determinada circunstancia.

Respecto a la libertad, es necesario aclarar dos cosas:

Primero: no somos libres para elegir siempre lo que nos pasa: p.e. haber
nacido en tal fecha, en tal ciudad y en tal familia; ser atropellados por un
vehículo; ser altos o pequeños de estatura. Pero sí lo somos para responder o
actuar frente a lo que nos pasa: obedecer o rebelarnos, ser prudentes o
temerarios, vengativos o resignados, tolerantes o intolerantes, vestirnos a la
moda o al gusto propio, etc. Segundo: ser libre para intentar algo no tiene nada
que ver con lograrlo a la fija, porque en ese caso seríamos omnipotentes

Lo anterior nos indica que hay cosas y circunstancias que no dependen de mi


voluntad, porque en el mundo hay otras muchas voluntades y necesidades que
no controlo a mi gusto. Existen fuerzas que limitan mi libertad, desde
terremotos y enfermedades hasta tiranos. Afortunadamente, también hay otras
cosas y circunstancias que sí dependen de mi voluntad, es decir, de mi
capacidad de decisión y de acción.

En consecuencia, cuando decidimos hacer algo lo hacemos porque: a)


preferimos hacer eso a hacer otra cosa; b) preferimos hacerlo a no hacerlo; o
c) las circunstancias nos imponen elegir entre 2 opciones no elegidas por
nosotros. En cualquier caso, cuando renunciamos a elegir, habremos elegido
no elegir por nosotros mismos.

Y aunque digamos que no queremos saber nada de un asunto que nos parece
fastidioso, estaremos queriendo no saber nada. En síntesis, no somos libres de
no ser libres
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Libertad es una facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o
de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Es el estado o
condición de quien no es esclavo« (Diccionario de la Real Academia
Española ³RAE´)

Libertad es un movimiento de la conciencia que nos lleva, siempre que


debemos tomar decisiones, especialmente ante situaciones como: ofertas,
tentaciones, presiones, amenazas, lisonjas, sobornos, etc., a pronunciar un SI o
un No; un ³Sí Quiero´ o un ³No Quiero´; un ³Lo haré´ o un ³No lo haré´.

Aristóteles dijo al respecto: ³Tanto la virtud como el vicio están en nuestro


poder. En efecto, siempre que está en nuestro poder el hacer, lo está el no
hacer; y siempre que está en nuestro poder el no, lo está el sí. De modo que si
está en nuestro poder el obrar cuando es bello, lo estará también cuando es
vergonzoso. Y si está en nuestro poder el no obrar cuando es bello, lo estará
asimismo, para no obrar cuando es vergonzoso´. ÉTICA PARA NICÓMACO

A propósito de la libertad, cuando uno habla con otras personas observa que la
mayoría tiene mucha mas conciencia de lo que limita su libertad, que de la
libertad misma; y echan la culpa de lo que les pasa: a los padres, a los
profesores, al gobierno, a los medios de comunicación, a las drogas, al
terrorismo, etc. Pareciera que tales personas se están quejando, cuando en
realidad están como satisfechas; porque al quejarse consideran que no son
libres y, por lo tanto, creen que no tienen la culpa de nada de lo que hacen o
les ocurre.

Con esta actitud tratamos de eludir nuestra responsabilidad como seres libres,
posiblemente porque resulta más fácil decir que no hay libertad a tener que
reconocer que libremente preferimos lo más fácil, es decir, esperar que otros
decidan lo que debemos hacer, o esperar que otros hagan lo que nosotros
podríamos haber hecho. Y luego que ocurren los hechos nos quedamos con el
remordimiento, porque algo en nuestro interior siempre nos dirá: ³Si usted
hubiera querido«´
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³La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro
camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o les impidamos esforzarse por
conseguirlo. Cada uno es el guardián natural de su propia salud, sea física, mental o
espiritual«´ John Stuart Mill, SOBRE LA LIBERTAD.
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Nuestros comportamientos siempre obedecen a un motivo, es decir, a la razón
que creemos tener para hacer algo; es la explicación más aceptable de nuestra
conducta cuando reflexionamos un poco sobre ella; es la mejor respuesta que
se nos ocurre cuando nos preguntamos: ¿por qué hago esto?

Hay 3 respuestas que solemos emplear cuando actuamos sin utilizar la fuerza
de nuestra libertad:

1) porque obedezco las órdenes de otra persona  órdenes superiores.


2) porque así lo hacen los demás, o sea  por las costumbres.
3) porque me da la gana, por antojos, es decir,  por los caprichos.

Cada grupo de motivos tiene su propio peso y nos condiciona a su modo:

Las órdenes sacan su fuerza, en parte, del miedo a las represalias por parte de
quien nos ordena hacer algo; también pueden actuar como fuerzas la
confianza y el afecto que tenemos en la persona que nos dan las órdenes, es
decir, que las aceptamos ³por nuestro bien´; finalmente, puede ser que la
fuerza sea nuestra esperanza de una recompensa: salario, regalos, etc.

Las costumbres sacan su fuerza de la comodidad de seguir una rutina, o de la


presión social de los demás (miedo a la censura, el deseo de aceptación); pero
también puede ser que la fuerza sea una orden implícita, como la de la moda.

Los caprichos sacan su fuerza del interior de la persona, salen de dentro;


constituyen una forma de conseguir lo que ella quiere o de hacer algo por
simple deseo. Sin embargo, también puede ser que la fuerza del capricho sea
la respuesta de una orden pero al revés, es decir, por ganas de llevar la
contraria.

También es posible que actuemos así por miedo a la muerte.

³Quizá el hombre es malo porque, durante toda su vida, está esperando morir;
y así muere mil veces en la muerte de los otros y de las cosas. Pues todo
animal consciente de estar en peligro de muerte se vuelve loco: loco miedoso,
loco astuto, loco malvado, loco que huye, loco servil, loco furioso, loco
odiador, loco embrollador, loco asesino´ Tony Duvert, Abecedario Malévolo.
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Pues no dejándonos llevar por los demás. Para decidir con libertad, debemos
pensar al menos 2 veces lo que vamos a hacer:

La primera vez que pensamos acerca del motivo de un comportamiento, la


pregunta es: ¿por qué hago esto? y la respuesta puede ser: porque me lo
ordenan, porque es costumbre hacerlo, o porque me da la gana.

La segunda pregunta es para volver sobre la primera respuesta. Si lo hago


porque me lo ordenan, ¿por qué obedezco?... ¿ por miedo al castigo?, ¿por la
esperanza de un premio?, ¿no estoy así como esclavizado por quien me
manda ? y si obedezco porque quien da las órdenes sabe mas que yo, ¿no es
aconsejable informarme lo suficiente para decidir por mí mismo?.

Lo mismo sucede con las costumbres. ¿ por qué tengo que hacer lo que otros
suelen hacer, o lo que yo suelo hacer? ni que fuera esclavo de mis amigos, o
de mi familia, o de lo que hice ayer o el mes pasado.

Asimismo, cuando me interrogo por segunda vez sobre mis caprichos, el


resultado es parecido. ¿Por qué hago lo que me da la gana? Si el actuar en
forma irreflexiva me afecta negativamente o puedo lastimar a otra persona, lo
conveniente es revisar y cambiar esa forma de actuar. A propósito, capricho
viene del latín caper: macho cabrío.

Cuando uno es niño pequeño, inmaduro, basta con la obediencia, la costumbre


o el caprichito. Pero como adultos, debemos ser capaces de inventar, en cierto
modo, la propia vida, y no simplemente vivir la que otros han inventado para
uno.

Además, nadie cree de veras que no es libre; porque nadie acepta que funciona
como un mecanismo de relojería o como un animal.

³No hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino de vivirlos


satisfactoriamente; porque vivir largos años depende del destino, vivir
satisfactoriamente de tu alma. La vida es larga si es plena; y se hace plena
cuando el alma ha recuperado la posesión de su bien propio y ha transferido a
sí el dominio de sí misma´. Séneca, CARTAS A LUCILIO
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Decirle a alguien ³haz lo que quieras´ no es mas que una forma de decirle que
tome en serio su libertad, de asumir la responsabilidad creadora de escoger su
camino sin apoyarse en órdenes, costumbres ni caprichos.

Una cosa es ³haga lo que quiera´, y otra bien distinta es ³haga lo primero que
le venga en gana´. A veces con la ³gana´ no se gana sino que se pierde, como
le pasó a Esaú con las lentejas de su hermano Jacob, y como suele pasar con
las drogas: ganamos por unos minutos una satisfacción física, pero perdemos
toda noción de la realidad, y de lo que a larga nos importa de la vida:
relaciones, esperanzas, sueños«

Frecuentemente las personas queremos cosas contradictorias, que entran en


conflicto unas con otras: correr en una moto pero no rompernos la cabeza;
tener amigos pero sin que afecten nuestras decisiones; tener dinero
rápidamente pero sin quitárselo a los demás; estudiar pero sin dejar la
diversión; vivir a nuestro modo pero que haya alguien que nos proteja.

La vida es complejidad y trae casi siempre complicaciones. Si una persona


rehuye toda complicación y busca sólo la gran simpleza (las lentejas, las
drogas«), no está buscando vivir más y mejor, sino morirse de una vez, o por
lo menos vivir como si ya estuviera muerto. Porque lo que hace que todo nos
parezca igual es la muerte; ella es una gran simplificadora: cuando alguien
está a punto de morirse le importan muy pocas cosas.

Hay que tener cuidado con las cosas que deseamos, porque la verdad es que las cosas que
tenemos nos tienen también a nosotros en contrapartida. Lo que poseemos nos posee, es
decir, lo que tenemos muy agarrado nos agarra también a su modo.

Si buscamos solamente el poder que brinda el tener dinero y bienes físicos, corremos el
riesgo de tratar a las personas como si fueran cosas y lo que recibiremos de ellas serán
³cosas´: servilismo, adulación, venganza, traición, pero nunca nos darán esos dones sutiles
que únicamente las personas pueden dar: amistad, respeto, amor, lealtad«

³En efecto, por lo que respecta a aquellos cuya atareada pobreza ha usurpado el nombre de
riqueza, tienen su riqueza como nosotros decimos que tenemos fiebre, siendo así que es ella
la que nos tiene cogidos´ Séneca, CARTAS A LUCIO.
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Lo que hace humana a la vida es su transcurrir en compañía de otros seres
humanos: hablando, pactando, mintiendo, siendo respetados o traicionados,
amando, haciendo proyectos, recordando el pasado, desafiándose, organizando
actividades, jugando, intercambiando símbolos«

Puede que dos personas al encontrarse sean totalmente diferentes: color de


piel, aficiones, lengua, costumbres, riqueza, etc. Pero también tienen
semejanzas esenciales: ambos hablan, y eso indica que su mundo está lleno de
símbolos y de relaciones entre ellos; ambos son capaces de valorar sus
comportamientos y distinguir lo bueno y lo malo; ambos pueden coincidir en
que hay criterios para justificar qué es aceptable y qué es horroroso, aunque
tengan posiciones muy distintas desde las que discutir; y ambos pueden
discutir y comprender de qué están discutiendo.

Por eso, al tratar con otro humano lo más importante no es si su conducta me


parece conveniente, sino que en cuanto humano me conviene; porque su
inteligencia, conocimientos y pasiones, que pueden hacerlo muy peligroso
cuando quiere serlo, también lo hacen sumamente útil cuando quiere serlo; y
cuando un ser humano me viene bien, nada puede venirme mejor.

Por lo tanto, al tratar con otra persona debemos tener en cuenta:

 Que sin importar lo que ella hubiera hecho, y aunque haya llegado a ser alguien
detestable, puede volver a transformarse en lo más útil para nosotros.
 Que dada la capacidad de imitación del ser humano, el ejemplo que les demos es muy
importante, porque es casi seguro que en la mayoría de los casos nos tratarán tal como sean
tratados.

 Que la mayoría de los llamados ³malos´ se comportan así con sus semejantes porque
carecen de cosas necesarias que otros poseen, o se han sentido tratados sin amor ni respeto,
o sienten miedo y soledad.
 Que cuanto más alegre se siente alguien, menos ganas tendrá de ser malo.
 Que es mejor sembrar lo que uno intenta cosechar (afecto, lealtad«) aún a sabiendas que
la cizaña (envidia de otros) puede estropear la cosecha.

Y si nada es mejor que ser amado, lo que me conviene es tratar a los demás como a
personas, fomentando un vínculo de respeto y amistad, tomando en cuenta lo que quieren o
necesitan y fomentando su felicidad; así estaremos haciendo posible que me devuelvan lo
que solamente una persona puede darle a otra. Es decir, buena vida humana.
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Tratar a otro ser humano como persona consiste en reconocerlo como


semejante y ponernos en su lugar, esto es:

 Adoptar por un momento su propio punto de vista, tratar de ver las cosas como él las ve,
procurar comprenderle desde dentro.
 Es tratar de tomar en cuenta sus derechos; y cuando los derechos falten, comprender sus
razones, así sea para condenarle con leyes existentes.
 Es considerarle tan plenamente real como uno mismo y por lo tanto también con derecho
a ser él mismo, es decir, a ser diferente.
 Es hacer un esfuerzo por relativizar nuestro interés y tomar en cuenta también su interés,
ya que uno no vive solo en el mundo.
 Es desarrollar la habilidad y el esfuerzo por entender lo mínimo que el otro espera de uno,
y ser justo en nuestro actuar con él.
 Es participar de algún modo en sus pensamientos, sentimientos y pasiones, es decir, tratar
se sentir simpatía o compasión por el otro. A propósito, simpatía es palabra derivada del
griego que significa ³concordancia de sentimientos entre dos personas´; y compasión es
palabra derivada del latín que significa ³ser sensible al mal que padece otro´.

Por lo tanto, al tratar al otro como ser humano esperamos que él nos trate de
igual manera. Al no convertir a otra persona en cosa, defiendo por lo menos
mi derecho a no ser cosa para ella. Y ese proceso, que es recíproco, se
denomina HUMANIZACION

³La vida del hombre es una larga marcha a través de la noche, rodeado de
enemigos invisibles, torturado por el cansancio y el dolor, hacia una meta que
pocos pueden esperar alcanzar, y donde nadie puede detenerse mucho tiempo.
Uno tras otro, nuestros semejantes se alejan de nuestra vida, atrapados por las
órdenes silenciosas de la muere omnipotente. Muy breve es el lapso durante el
cual podemos ayudarlos, en el que se decide su felicidad o su miseria. Ojalá
nos corresponda derramar luz solar en su senda, iluminar sus penas con el
bálsamo de la simpatía, darles la pura alegría de un afecto que nunca se cansa,
fortalecer su ánimo desfalleciente, inspirarles fe en horas de desesperanza´
Bertrand Russell, MISTICISMO Y LÓGICA

³En el arte de vivir, el hombre es al mismo tiempo el artista y el objeto de su


arte; es el escultor y el mármol, el médico y el paciente´ Erich Fromm, ÉTICA
Y PSICOANÁLISIS.
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En épocas antiguas se llamó imbécil al que caminaba apoyado en un bastón,
por ser cojo o anciano. La palabra imbécil es derivada del latín baculus, que
significa ³bastón´; por lo tanto, imbécil era el que necesitaba bastón para
caminar. En la actualidad, la palabra imbécil se aplica a quien es escaso de
razón; y poco se usa como equivalente a débil.

Con referencia al comportamiento humano, podríamos decir que los imbéciles


morales son personas incapaces de tomar decisiones y actuar por sí mismas,
con libertad; siempre necesitan apoyarse en cosas externas, como si fueran
cojos o debiluchos del espíritu.

Ejemplos de ese comportamiento o actitud:

 El que cree que no quiere nada, y dice que todo le da igual; por eso vive en siesta
permanente aunque tenga los ojos abiertos y no ronque.
 El que no sabe lo que quiere ni se molesta en averiguarlo; y todo lo hace en función de la
opinión mayoritaria de quienes le rodean.
 El que sabe lo que quiere, pero lo quiere con miedo o con poca fuerza, y termina dejando
lo que quiere para mañana.
 El que quiere con fuerza y ferocidad, pero se engaña a sí mismo sobre lo que es la
realidad, y termina confundiendo la buena vida con aquello que va a hacerle polvo.

Lo contrario de ser imbécil moral es tener , , 1c esa ³propiedad del
espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las
modificaciones que en sí mismo experimenta. Es conocimiento interior del bien y
del mal. Es actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto. Es
conocimiento reflexivo de las cosas«´ Diccionario RAE

Lograr esa conciencia, que puede ser más difícil para quien se ha visto privado
desde su nacimiento de lo humanamente necesario, depende de la atención y el
esfuerzo de cada cual en los siguientes aspectos:

 Saber que no todo da igual, porque queremos vivir humanamente bien.


 Estar dispuestos a fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que de verdad
queremos.
 Desarrollar el buen gusto moral mediante la práctica constante, de tal modo que haya
ciertas cosas que nos repugne espontáneamente hacer ( p.e. mentir)
 Renunciar a buscar coartadas que disimulen que somos libres y, por tanto,
razonablemente responsables de las consecuencias de nuestros actos.
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El ser humano no se siente tan contento y de acuerdo con la vida como cuando
goza. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el placer tiene la fastidiosa
tendencia a ser excluyente; y si uno se entrega a él con demasiada frecuencia y
generosidad puede terminar apartándose de la vida. Por eso debemos aprender
a usar los placeres.

Usar los placeres es no permitir que uno cualquiera de ellos nos borre la
posibilidad de los otros, distinguiendo la diferencia entre uso y abuso. Porque
cuando usamos un placer enriquecemos nuestra vida, y tanto la vida como el
placer nos gustan más; pero cuando abusamos del placer empobrecemos
nuestra vida, la cual poco a poco deja de interesarnos, y sólo nos interesamos
por ese placer específico. Pe. la droga, el alcohol, el juego, el sexo, el dinero.
¡Cuidado! En ese momento, el placer se convierte en un refugio para escapar
de la vida.

Debemos aprender a saborear el presente, es decir, a disfrutar de lo que nos


rodea, buscando todos los placeres de hoy, sin obsesionarnos en que cada
momento tenga de todo y nos brinde las satisfacciones más improbables.

Y ¿Cuál es la mayor gratificación que podemos obtener de cualquier circunstancia que nos
ocurra en la vida? ¿Cuál es la recompensa más alta que podemos obtener de un esfuerzo, de
una palabra, de una melodía, de una caricia, de un conocimiento, del dinero o del poder,
etc.? Pues lo máximo que podemos obtener es ALEGRIA.

¿Y qué es la alegría? Un ³SI´ espontáneo a la vida que brota del interior de nuestro ser, a
veces cuando menos lo esperamos. Un ³SI´ a lo que somos, o a lo que sentimos ser. Es un
sentimiento que nos hace sentir animados, joviales, y nos permite apreciar nuevas
cualidades en las personas y en las cosas que nos rodean; incluso nos permite aceptar las
penas de la vida, porque el placer y el dolor son parte de la existencia.

Por eso, si notamos que empezamos a perder la alegría por culpa de un determinado deleite,
seguro que estamos disfrutando con lo que no nos conviene, es decir, estamos
aficionándonos a un placer cuyo principal encanto es el peligro que proporciona a nuestra
vida humana; es un castigo disfrazado de placer, una vil trampa de nuestra enemiga la
muerte.

Al arte de poner el placer al servicio de la alegría, a la virtud que sabe no ir a caer del gusto
en el disgusto, se le suele llamar TEMPLANZA. Nota: Esta palabra proviene del latín y
significa moderación. Es considerada una de las 4 virtudes cardinales y consiste en moderar
los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón (diccionario DRAE).
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La vida de los seres humanos no puede desarrollarse repitiendo los patrones de
nuestra especie. Por mucha programación biológica y cultural del ambiente en
que hayamos nacido, como: lengua, valores, tradiciones, hábitos y formas de
comportamiento, siempre podemos optar finalmente por hacer algo diferente
con nuestra vida.

En otras palabras, por muy difíciles que sean o hayan sido las circunstancias
que afectan nuestra existencia, no tenemos un solo camino a seguir, sino
varios, porque somos libres de inventar y elegir, en gran parte, nuestra forma
de vida.

En consecuencia, nuestra principal preocupación debe ser la de procurarnos la


mejor vida posible, no simple supervivencia y miedo constante a morir. Y
como la vida va siempre hacia adelante, debemos reflexionar sobre lo que
deseamos y fijarnos bien en lo que decidamos hacer. Después«guardar
siempre el ánimo ante las fallas, porque no es posible acertar en todas las
ocasiones.

Porque la buena vida solo existe a la medida. Cada cual debe ir inventándosela
de acuerdo con su individualidad única, irrepetible y frágil.

La vida la recibimos sin receta y sin prospecto; por lo tanto, cada uno debe
buscar y pensar por sí mismo, sin trampas, en libertad y responsablemente.

Recuerde que muchos pueden mostrarle formas de andar, pero nadie está
obligado a llevarlo sobre sus hombros, ni usted obligado a dejarse llevar.

Por lo tanto, aprenda a elegir. Procure siempre elegir aquellas opciones que le permitan
luego un mayor número de nuevas opciones posibles, no las que le dejen de cara a la pared.
Elija lo que abra su espacio vital: a otras personas, a nuevas experiencias, a diversas
alegrías. Evite lo que le encierra y lo que le pueda enterrar.

Y siempre ¡confianza!, o sea, tenga FE: en usted mismo, en la inteligencia que le permitirá
ser mejor de lo que ya es; y en su capacidad de relación con los demás para conseguir que
le apoyen sus ideas, sueños y proyectos. Y avance con fe en el amor y la misericordia de
nuestro señor Jesucristo.

* Síntesis y adaptación del libro ÉTICA PARA AMADOR, por Orlando Rojas Fernández.