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Los trabajadores mexicanos en Estados Unidos:


recurso estratégico para el mercado laboral norteamericano
por Ana Alicia Peña López1

Introducción
La migración internacional de población es un fenómeno íntimamente ligado a la dinámica de

globalización de los procesos productivos, los mercados y demás ámbitos económicos,

sociales, políticos y culturales relacionados con ésta.

La migración masiva de mexicanos ilegales, los flujos de refugiados cubanos y los miles de

centroamericanos y sudamericanos que ingresan anualmente a Estados Unidos son sólo una

fracción de los millones de trabajadores de países subdesarrollados que se incorporan a las

economías y sociedades más desarrolladas para llevar adelante el proceso de acumulación

capitalista de estas últimas.

Cotidianamente miles de personas emigran de países como Colombia, El Salvador, Guatemala,

Cuba, Haití o México para introducirse ilegalmente a Estados Unidos, viajando por tierra o por

mar en las peores condiciones de transporte, alimentación y seguridad. En su intento muchos

pierden la vida (por inanición, frío, asfixia, etc.) durante el trayecto, o a manos de las fuerzas

de seguridad de los Estados, que controlan y vigilan su fuerza de trabajo, su mercancía que

produce plusvalor.

Es muy elevada la cifra de los emigrantes que ingresan de forma ilegal a Estados Unidos (tan

sólo en el década de los 80 se calcula que ingresaron alrededor de 10 millones de personas,

provenientes de América Latina y el Lejano Oriente)2; pero también lo es la correspondiente al

1
Profesora de la Facultad de Economía, UNAM.
2
Comisión Nacional de Derechos Humanos, Segundo informe sobre la violación a los derechos humanos de los
trabajadores migratorios mexicanos en su tránsito hacia la frontera norte, México, CNDH, 1996, p. 21.
2
3
ingreso legal (12 millones entre 1970 y 1990) , ya sea por reunificación familiar o por la

llamada “fuga de cerebros”(atracción de fuerza de trabajo calificada de los países

subdesarrollados a los centros de inmigración más desarrollados). Así, Estados Unidos

establece redes de población migrante que abastece su necesidad de trabajadores en maquilas,

cultivos agrícolas y servicios personales y domésticos en California, Texas, Nueva York,

Arizona y otros estados de la Unión Americana. El uso de esta fuerza de trabajo le permitió

responder, en los últimos 50 años a su proceso de producción y reproducción capitalista: de un

lado, mediante el apuntalamiento de las ramas productivas de vanguardia con el empleo de

trabajadores calificados de todo el mundo, especialmente asiáticos, y de otro, con las ramas

retrasadas tecnológicamente, que utilizan en forma masiva la fuerza laboral menos calificada,

más barata y superexplotable, los latinoamericanos, en especial los mexicanos.

Entender la dinámica del movimiento migratorio de mexicanos, cubanos, haitianos,

guatemaltecos, etc., es fundamental en un contexto regional y mundial de ataque racista y

xenofóbico hacia estas poblaciones, que parecieran emigrar de su país por “voluntad propia” y

sin motivos claros4 que los orillen a arriesgar su vida, romper lazos familiares y culturales e ir

en busca de un país que frecuentemente se presenta como la nación más universal y

cosmopolita que recibe a los pueblos del mundo con los brazos abiertos y “ayuda” al Tercer

3
U.S. Department of Commerce; Statistical Abstract of the United States 1994; USA; Bureau of the Census, 1994;
p.11.
4
La creciente pobreza, el mayor desempleo y subempleo, la baja salarial, y la degradación generalizada de las
condiciones de vida que el neoliberalismo a impuesto a la población mundial no resultan ser suficiente explicación
para aquellos que plantean una postura alarmista, de sorpresa o incluso xenófoba y racista frente a los creciente
flujos migratorios en todo el mundo.
3
5
Mundo empleando a los trabajadores migrantes en su economía y otras veces como una

nación saturada por la plaga extranjera a la que se debe detener y expulsar a como de lugar.6

La dramática situación de la región latinoamericana al ver sus poblaciones trabajadores

subordinadas a la dinámica de acumulación de Estados Unidos es sólo una expresión de un

fenómeno que acontece a nivel mundial: en la Conferencia Internacional sobre Población y el

Desarrollo, realizada en el Cairo en 1994, se estimaba que más de 125 millones de personas se

encontraban fuera de su país de origen o ciudadanía; de éstos, 107 millones correspondían a

flujos migratorios de tipo laboral (también llamadas “migraciones voluntarias”), el resto

corresponde a refugiados o desplazados. 7(Ver mapa 1).

Sin embargo, cabe resaltar que el flujo migratorio entre México y Estados Unidos es

especialmente relevante dentro del proceso actual de la migración internacional de trabajadores

a nivel mundial, por dos razones principales: 1) el país de inmigración con mayor número de

inmigrantes y con el más diverso origen étnico de éstos es Estados Unidos, y 2) el país con el

mayor flujo migratorio es México, además de que el principal destino de estas emigraciones es

Estados Unidos. Así, entre ambos países se produce el principal flujo migratorio a nivel

mundial. Pero, ¿qué significa que la relación migratoria entre México y Estados Unidos sea el

centro de las crecientes y amplias redes por las que se mueve la mercancía fuerza de trabajo?

¿Por qué son los mexicanos el principal flujo migratorio hacia Estados Unidos si a lo largo de

la historia de ambos países cada día se restringe más violentamente su inmigración? ¿Son los
5
Recordemos el Programa Bracero sucscrito por los gobiernos mexicano y estadounidense, donde se acordó el
traslado temporal de trabajadores mexicanos, para emplearse inicialmente en la siembra y recolección de
productos agrícolas y, posteriormente, incorporarse al trabajo industrial en la manufactura y en los servicios. Este
programa funcionó desde 1942 hasta 1964, proveyendo a la economía estadounidense más de 5 millones de
trabajadores.
6
En 1954, la Operación espaldas mojadas constituyó la campaña entonces más extensiva de persecución y
expulsión de fuerza de trabajo migrante. La vigilancia policiaca y la militarización ampliada comenzaron a formar
parte de la regulación de la mano de obra migrante, de manera que la campaña antiimigrante que hoy día es
desplegada en Estados Unidos, no constituye un fenómeno nuevo u original.
7
Comisión Nacional de Derechos Humanos, Op. cit., p. 20-22.
4
mexicanos un problema o un recurso estratégico para la economía estadounidense?, ¿Qué

beneficios obtiene el capital norteamericano del uso de la fuerza de trabajo mexicana? A estas

preguntas intentaremos dar respuesta en este artículo.

Para ello, comenzaremos por ubicar, en un primer apartado, la importancia que la inmigración

de fuerza de trabajo ha tenido para Estados Unidos en su proceso reciente de constitución como

nación hegemónica, resaltando las funciones que dicha migración ha cumplido en la

acumulación de capital de este país. En un segundo apartado describiremos brevemente la

estructura actual de las inmigraciones hacia Estados Unidos con el objetivo de ubicar el lugar

que ocupan los mexicanos en el amplio proceso inmigratorio de ese país. Finalmente, en un

tercer apartado intentaremos abordar las características especificas de los mexicanos que se

dirigen a Estados Unidos a trabajar, explicando porque la ilegalidad en su traslado y la

sobreexplotación en sus procesos laborales son los rasgos claves para entender la situación

contradictoria -de atracción creciente y rechazo violento- en que se da el actual flujo de

mexicanos hacia “el país de las oportunidades”.


5

Estados Unidos como país de inmigración


Estados Unidos es un país construido sobre la base de grandes flujos migratorios provenientes

primero de Europa y África (siglos XVIII, XIX y principios del XX) y posteriormente

incorporando además población de otras regiones del mundo (América Latina y Asia). La

historia de Estados Unidos es en cierto sentido, una historia de migraciones, cuyos objetivos

han sido tanto el poblamiento de su vasto territorio como la utilización de la fuerza de trabajo

extranjera para satisfacer los requerimientos de su planta productiva en los distintos momentos

de su desarrollo.

La figura actual del proceso migratorio de Estados Unidos, donde resalta este país con el de

mayor inmigración a nivel mundial, se puede explicar remitiéndonos a la situación económico-

social que se vive a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. En este momento, Estados

Unidos disfrutaba de un auge sin precedente. Internamente, el alcance o generalización de la

producción en masa de bienes de amplio consumo se vio fortalecido con el dinamismo

inyectado por las actividades de guerra primero, y de reconstrucción después. Mundialmente,

conquistó definitivamente el liderazgo, mostrando su superioridad armamentista y tecnológica.

El auge de la producción se generaliza rápidamente en el conjunto de la economía. El

desarrollo de la producción de bienes estimula la industria de transportes y comunicaciones

que, por cierto, ya había sido notable por las necesidades de la guerra y ahora debía orientarse a

resolver problemas generales del proceso de valorización dentro del proceso productivo y el

espacio de reproducción del ciclo global. Toda la estructura se transforma, se extiende la

urbanización y la capitalización de la agricultura, se amplían los vínculos productivos

internacionales y todo ello genera, incluso, algunas nuevas actividades (las llamadas de

servicios), ya sea ligadas a la producción o a la reproducción.


6
Esta vorágine, que para Estados Unidos no era importante sólo por su desarrollo interno sino

por la participación que tenía en el resto del mundo, determinó una ampliación de la

acumulación de capital en general y una necesidad mayor de fuerza de trabajo.

El carácter especial de la mercancía fuerza de trabajo proviene, entre otras cosas, del largo

período que insume su reproducción. Es decir, no basta, como en el caso del resto de las

mercancías, con una ampliación de su demanda sino que las condiciones de su producción, en

tanto población con la capacidad de trabajar, se crean en períodos generaciones, de alrededor

de los 20 años. En estas circunstancias, el capital recurre a las reservas externas o

extranacionales que ha ido formando en su largo proceso de universalización. Es aquí donde se

ubica la verdadera importancia de la construcción de un ejército industrial de reserva de

alcance mundial y de la capacidad del capital para utilizar sus diferencias y para determinar su

ubicación o distribución espacial, mediante el impulso de los distintos tipos de migraciones o la

imposición de políticas de población que respondan a sus intereses.8

La situación de la posguerra, en general, además de propiciar importantes desplazamientos de

capital por todo el mundo, implicó una apertura de canales para garantizar la fluidez de la

fuerza de trabajo desde los puntos más alejados del planeta. Cada región, en primera instancia,

recurrió a sus contrapartes: antiguas colonias o zonas huéspedes de sus capitales.

Estados Unidos, por la posición de vanguardia consquistada en este proceso, resulta ser un

fuerte demandante de fuerza de trabajo extranjera y, a la vez, el mayor punto de atracción. Por

esta razón, recibe 2 millones de migrantes de América Latina (en el mismo período) originarios

de México, las Antillas y Costa Rica, principalmente, y un millón más de Canadá, entre 1950 y

8
Ver Ana Esther Ceceña y Ana Alicia Peña “En torno al estatuto de la fuerza de trabajo en la reproducción
hegemónica del capital” en; Ana Esther Ceceña y Andrés Barreda (Coordinadores); Producción estratégica y
hegemonía mundial; México; Siglo XXI; 1995; pp. 369-382.
7
9
1960. En total más de 5 millones y medio, lo que representa aproximadamente el 8% de la

fuerza laboral en ese momento.

Puede decirse que, en conjunto, en este período de fuerte expansión del fordismo, lo que se

requiere son amplios contingentes de fuerza de trabajo resistente pero no especialmente

calificada aunque, por supuesto con una indudable integración a la disciplina capitalista.

En general, la política estadounidense para recibir inmigrantes legales de otros países es

diferenciada. Desde 1924 hasta 1965 los asiáticos, en especial los chinos y los japoneses,

quedan excluidos de la posibilidad de entrar legalmente a residir al territorio estadounidense;

en cambio, los trabajadores del hemisferio occidental, a pesar de existir una política de cuotas

determinadas por país, están en posibilidad de incrementar su número, especialmente en el caso

de la población europea. Por esta razón, para el período inmediato a la posguerra, el mayor

porcentaje de migrantes legales son europeos, seguidos por los mexicanos y canadienses

(migraciones tradicionales para Estados Unidos desde fines del siglo XIX) y los refugiados

cubanos de principios de los años 60.

La discriminación será una característica sobresaliente de la política estadounidense hacia la

fuerza de trabajo extranjera. Esta característica perversa no responde sólo a la necesidad de

regular los flujos de los diferentes tipos de trabajadores, clasificados en grueso por
10
nacionalidad (práctica generalizada en todos los países de inmigración), sino también a la

9
Véase ONU, Estudios sobre Población, núm. 50, Nueva York, ONU, 1978, pp. 239-241. En los registros
oficiales de Estados Unidos se considera, en la categoría de inmigrantes, a los extranjeros a los que les es
permitido residir permanentemente e Estados Unidos. Estos extranjeros gozan de ciertos derechos civiles,
exceptuando aquellos reservados a los ciudadanos norteamericanos (votar, ejercer ciertos cargos públicos o
incorporarse a cierto tipo de actividades reservadas a los nacionales). Así pues, la categoría de inmigrante no
incluye a los trabajadores migrantes temporales o ilegales. Los refugiados son incluidos en la categoría de
inmigrantes únicamente si son aceptados para residir de manera permanente en Estados Unidos.
10
En realidad esta clasificación por nacionalidad expresa bastante bien la diversidad de calidades de fuerza de
trabajo. Se recoge aquí las experiencias de trabajo, las costumbres laborales, las tradiciones culturales, las razones
de la migración, etc., características que van a determinar las especificidades de calidad de la fuerza de trabajo
migrante y su adecuación a los requisitos de la acumulación de capital en el país huésped.
8
búsqueda del abaratamiento general de la fuerza de trabajo y de su desvalorización, mediante

la utilización masiva de trabajadores temporales a los cuales no reconoce como inmigrantes en

los términos ya señalados y, por tanto, no se hace cargo de su reproducción. El carácter ilegal

de esta fuerza de trabajo es lo que permite asignarle las tareas más infames en las condiciones

más degradadas de la escala social.11

A partir de 1965, las innovaciones tecnológicas de la industria de guerra empiezan a provocar

cambios importantes en la estructura técnica de la producción y ponen en entredicho el

régimen fordista de organización del trabajo y de la relación social entre las clases. Nuevos

mecanismos técnicos para el aumento de la tasa de plusvalor ofrecían la perspectiva de una

mejor valorización del capital que la desarrollada por las tecnologías características del

fordismo:

“Se inicia el descenso en el ritmo de incremento de la productividad del trabajador


propiciado por la producción en cadena (...) La producción masiva que tantos beneficios
reportó al capital, tanto en la desvalorización de la fuerza de trabajo como en la lucha
intercapitalista, apoyando la concentración de capital, comenzó a enfrentar una
paulatina saturación de mercados y una disminución en el ritmo de desvalorización. La
estabilidad productiva lograda a través de los convenios colectivos y las altas tasas de
productividad apareció excesivamente rígida al modificarse los términos del concierto
entre las clases. La rigidez de la cadena dificultó la disminución de obreros
involucrados. La cadena tenía poca versatilidad y a pesar de sus enormes virtudes
manifiestas en el período de auge, se mostró poco adaptable para enfrentar los
momentos de recesión”.12
De conformidad con los cambios que se registraban en la producción, la política relativa a la

inmigración legal también se modifica: se abren las puertas a los inmigrantes asiáticos, se

11
A partir de 1920, con la política restrictiva de inmigración en Estados Unidos que se vio acompañada de la
creación de la Patrulla Fronteriza, “el status del trabajador mexicano cambió de ser uno entre muchos trabajadores
inmigrantes, cuya entrada sin visa oficial podía se incidental, a aquel de un fugitivo de la ley que debía
sistemáticamente esconderse para no ser aprehendido y regresado a México. Así, el concepto y condición de
trabajador ilegal fue introducido en la relación de trabajo” (Juan Gómez Quiñones, citado por Marlene Dixon,
“Reindustrialization and the transnational labor force in the United States today”, en Contemporary Marxism,
núm. 5, San Francisco, Institute for the Study of Labor and Economic Crisis, 1982, p.107).
12
Ana Esther Ceceña, “Sobre las diferentes modalidades de internacionalización del capital”, Problemas del
desarrollo, núm. 81, México, Instituto de Investigaciones Económicas-UNAM, abril-junio de 1990, p.36.
9
fomenta el proceso de reunificación familiar y se centra la aceptación de fuerza de trabajo

migrante en los obreros calificados.

Lo más importante era refuncionalizar el proceso productivo y garantizar una adecuación de la

clase obrera a las nuevas necesidades del capital. Los altos salarios y las prestaciones obtenidas

en los años de alta productividad (servicios médicos, seguro de desempleo, etc.) representaban

costos muy altos para un capital que empezaba a enfrentar serios problemas de obsolescencia y

dificultades de reconversión, entre las que se contaba la rigidez de los convenios colectivos. En

este contexto, la fuerza de trabajo migrante fue un mecanismo que apuntaló el abaratamiento

de la fuerza laboral estadounidense, gracias a las características primordiales de los

trabajadores migrantes: portadores de una fuerza de trabajo más barata y más controlable

laboral y políticamente. Además, con la modalidad de atracción de trabajadores calificados y

profesionistas,13 Estados Unidos da un paso hacía una nueva estrategia para refuncionalizar el

proceso productivo.

La nueva estrategia de acumulación capitalista en los Estados Unidos, y a nivel mundial, tendrá

dos puntales primordiales: 1) el desarrollo tecnológico -microelectrónica, biotecnología,

nuevos materiales, medios de comunicación y transporte, industria militar, etc.- y 2) la mayor

explotación de la fuerza de trabajo sobre la base de una intensificación del trabajo y la rebaja

del salario (sea directamente, disminuyendo el monto de los salarios o indirectamente, vía la

13
El fenómeno de la fuga de cerebros corresponde a una política deliberada para atraer fuerza de trabajo calificada
de los países de menor desarrollo. Por lo general, a estos trabajadores (que por lo demás constituyen una fuerza de
trabajo altamente productiva) les son ofrecidos salarios mayores que los que pueden percibir en sus países de
origen. La ventaja de este mecanismo reside en que los costos de preparación y capacitación de estos trabajadores
recae en las economías subdesarrolladas. Está es una práctica muy difundida desde la década de los 70. Tan sólo
entre 1972 y 1974, Estados Unidos atrajo a más de 950,000 profesionistas, técnicos y trabajadores de alto nivel de
países en desarrollo, bajo la categoría de residentes permanentes, así como otros 50,000 con empleos temporales.
Véase OIT, El trabajo en el mundo, Suiza, 1984.
10
reducción o cancelación de prestaciones y la privatizacion de los servicios educativos y de

salud que prestaba el Estado).

En síntesis, es la necesidad del capitalismo norteamericano por fomentar la acumulación de

capital la que confiere al uso de la fuerza de trabajo extranjera una importancia estratégica

central, en tanto sirve para:

1. Satisfacer la demanda de trabajadores en las diversas ramas productivas, desde

aquellas de vanguardia tecnológica que requieren una fuerza de trabajo muy

calificada hasta ramas de “retaguardia”, que aun no incorporan las nuevas

tecnologías, sea por dificultades técnicas, por su peligrosidad o por la disponibilidad

de mano de obra muy barata, con poca calificación laboral.

2. En una situación de auge económico hay una disposición ampliada de fuerza de

trabajo calificada y no calificada, de manera inmediata.

3. En una situación de crisis económica, los primeros en ser desempleados (e incluso

expulsados del país) son los inmigrantes indocumentados, que generalmente son los

que tienen una menor calificación. Esto permite disminuir cifras de desempleo en

Estados Unidos y con ello, neutralizar las contradicciones sociales provocadas por

la crisis.

1. Disminuye costos, puesto que el capital estadounidense emplea trabajadores que no

le ha costado nada producir y reproducir en tanto fuerza de trabajo (en términos de

educación, salud, vivienda, capacitación laboral, etc.). Además, en los casos de la

inmigración temporal e “ilegal”,14 la reproducción cotidiana completa de estos


14
Utilizaremos el término de migración “ilegal” o migrantes “ilegales” en tanto dichos términos nos parecen
expresan la realidad que viven los trabajadores que cruzan la frontera sin documentación. Esto no significa que
avalemos el trato de criminales que se les dá a estos trabajadores, sólo consideramos que el uso del término
“ilegal” no es un problema conceptual-formal sino una cruda y brutal realidad capitalista que como trabajadores
debemos comprender cabalmente y luchar contra ella.
11
obreros no se encuentra plenamente garantizada con su salario nominal, por lo que

estos trabajadores deben regresar a su país de origen a trabajar y completar su salario

anual, garantía de su reproducción. Otro factor que disminuye los costos por el

empleo de esta fuerza de trabajo extranjera –y acaso más importante–, es el

mecanismo que nosotros llamamos el seudosobresalario. El seudosobresalario del

trabajador extranjero no significa para los capitalistas de las regiones de inmigración

como Estados Unidos, el pago de un salario mayor, pues comparativamente es

inferior a los mínimos nacionales de los trabajadores establecidos; sin embargo, sí lo

es para el trabajador migrante, pues la base salarial de la que parte en su país de

origen es muy baja (no sólo por una diferencia de productividades y canasta de

consumo distintas sino por el contexto de reestructuración capitalista actual, en la

que la reducción del salario obrero a nivel mundial es una de las estrategias centrales

para aumentar la acumulación de capital).

2. Apuntala la disminución de los salarios reales en Estados Unidos, con lo que las

condiciones de vida se ven degradadas, al tiempo que permite un mayor control de

la clase obrera nacional. El trabajador inmigrante ha sido usado como esquirol para

desplazar a los obreros nacionales y reducir la eficacia de sus movimientos o

reivindicaciones políticas. En la medida en que el inmigrante carece de todo derecho

laboral, es más controlable y no posee los mismos derechos políticos de un

ciudadano norteamericano (aun siendo un migrante legal), por lo que han sido un

instrumento útil en el actual proceso de desmantelamiento del sindicalismo y del

llamado “Estado de bienestar” en los países de inmigración. La relación establecida

entre el Estado y los sindicatos en el período de acumulación anterior, no sólo tiene


12
su ruptura por el mecanismo de la inmigración de trabajadores, en realidad como

ya dijimos más arriba es parte de una estrategia más general del capital, que utiliza

diversos mecanismos, y que se dirige a desvalorizar y sobreexplotar la fuerza de

trabajo para refuncionalizar su proceso de acumulación.15

3. Permite la conformación de mercados laborales (estructura del empleo y el

desempleo) a nivel regional y mundial, ya que la migración internacional de

trabajadores posibilita la conexión de los mercados laborales nacionales y permite su

mejor aprovechamiento por el capital (el otro mecanismo que conecta esos mercados

laborales es la migración de capitales).

4. Divide a la clase trabajadora que labora en el territorio estadounidense, pues enfrenta

a los trabajadores nacionales con los extranjeros, o a éstos entre sí, dado su diverso

origen étnico o de clase, con lo que se produce lo que llamamos la polarización

étnica16 de los trabajadores, que refuerza el enfrentamiento laboral entre los que

tienen empleo y los que carecen de él.

5. Finalmente, el capital norteamericano logra inmovilizar la lucha obrera en su

territorio, pues divide y confronta a los trabajadores entre sí, confundiéndoles su

lucha de clase (contra el capitalismo) por una de razas (racismo), en contra de los

extranjeros (xenofobia) y/o una entre los propios pobres y desempleados

(competencia por el empleo).17

15
Para ilustrar esta situación, véase Marlene Dixon et al., “Reindustrialization and the transnational labor force in
the United States today”, en Contemporary Marxism, núm. 5, San Francisco, Institute for the Study of Labor and
Economic Crisis, 1982, pp. 101-115.
16
Cf. Ana Alicia Peña, La Migración Internacional de la fuerza de trabajo (1950-1990): una descripción crítica;
México, Instituto de Investigaciones Económica-UNAM y Cambio XXI; 1995; pp. 95-96
17
Cf. Karl Marx, “Repulsión y atracción de obreros al desarrollarse la industria maquinizada. Crisis de la industria
algodonera”, en Karl Marx y Friedrich Engels, Sobre el colonialismo, México, Ediciones de Pasado y Presente,
núm. 73, 1979, pp. 223-225.
13
Una vez comprendido el papel estratégico que fueron adquiriendo los trabajadores

inmigrantes en Estados Unidos, pasemos a observar cuál es la estructura de los flujos

migratorios actuales y su magnitud para visualizar de manera más categórica su importancia, y

ubicar como se insertan los trabajadores de origen mexicano en dicha estructura.


14

Estructura Migratoria Actual en Estados Unidos


Para 1970, según cifras oficiales, la población nacida en el extranjero18 en Estados Unidos

ascendía a 9.6 millones de personas (4.7% del total de la población en el país); para 1990, la

cifra se había más que duplicado, llegando a ser de aproximadamente 22 millones (8.7% del

total). Estas cifras se vuelven más significativas si incluimos a los inmigrantes que ingresan de

manera ilegal:19 según datos del Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) de Estados

Unidos a principios de los 70 se calculaba la inmigración “ilegal” en aproximadamente 6

millones de personas;20 para 1990, de acuerdo con un informe de las Naciones Unidas 21 ya se

contaba con más de 10 millones de “ilegales”. Así, para 1970 ascendería a 15.6 millones la

población nacida en el extranjero y a 31.6 millones para 1990, lo que representa el 7.5% y

12.2% de la población total de Estados Unidos, respectivamente (ver cuadro 1).

Si además de la importancia demográfica de los trabajadores inmigrantes y sus familias

observamos también su participación directa en el mercado laboral estadounidense tenemos

-solo considerando a aquellos que ingresan legalmente- una participación en la fuerza laboral

civil de 5.3% en 1970, que se incrementa en cerca del 90% hacia 1990, en que llega a ser del

10%. Si incluimos la fuerza de trabajo “ilegal”, tenemos una participación de 11.9% para 1970

y de 16.9% para 1990 (ver cuadro 2).

Si nos detenemos a ver quiénes componen los flujos migratorios legales actuales, en base a la

conformación reciente de la estructura de la población nacida en el extranjero (ver cuadro 3),


18
En esta categoría se registra a los inmigrantes legales y a los llamados no inmigrantes extranjeros, admitidos por
períodos temporales y para un propósito especifico; generalmente se trata de funcionarios, empleados de
empresas, estudiantes y turistas. También se incluye a refugiados que no han adquirido la categoría de inmigrantes
legales.
19
Si bien estos trabajadores permanecen generalmente sólo por temporadas que van de 3 a 9 meses, deben
considerarse como parte de la población de Estados Unidos en tanto trabajan y viven buena parte de su vida en ese
territorio.
20
Ver David Simcox, U.S. Immigration in the 1980s: Reappraisal and reform, Washington, Westview Press,
1988, p. 29.
21
Comisión Nacional de Derechos Humanos, Op. cit.; p. 21.
15
observamos un cambio significativo entre 1970 y 1990. Hacia 1970, el peso de los

inmigrantes europeos era aun muy importante, representaba cerca del 47% del total recibido;

en cambio para 1990, había disminuido su participación al 22%. Los principales flujos, en

1990, provienen de México (22%), Asia (25%) y el resto de América Latina (20%).

Para entender estos cambios es necesario recordar que para inicios de los años 70, el desarrollo

de Europa Occidental determinó en buena medida la disminución de la migración de europeos

hacia Estados Unidos, hecho que marcó la orientación de la nueva política. Así, la necesaria

apertura a los migrantes asiáticos y la selección por calificación marcó el inicio del cambio en

el tipo de trabajador migrante, ya no sólo caracterizado por su baja calificación ni por ser

desempleado o subempleado en su país de origen (como en los casos de la inmigración

mexicana y caribeña), sino por ser portador de una mayor calificación (trabajadores de oficina,

obreros especializados y profesionistas), especialmente entre los trabajadores asiáticos, que

gracias a la situación económica de sus países de origen poseían una educación de alto nivel y

una disciplina laboral adecuada a condiciones tecnológicas avanzadas e, incluso, de

vanguardia.22 Asimismo, ingresa una proporción mayor de latinoamericanos y caribeños, en

parte por las mismas consideraciones de calificación y, en parte, por el proceso de

reunificación de familias.

En 1990 el censo estimó el total de la población hispana en 22.5 millones. Esto representaba un

incremento del 150% (13.5 millones, en términos absolutos) respecto de la cifra de 9 millones

22
Generalmente, cuando se habla de la ley de 1965, se dice que con ella Estados Unidos pierde su carácter racista,
ya que permite la entrada, no por origen nacional sino por capacitación laboral, integración familiar y refugio (al
respecto véase Javier Espiago, Migraciones Exteriores, Madrid, Salvat, 1982, p.48). Sin embargo, vemos
claramente con el caso de los asiáticos, quienes tenían prohibida la entrada, que su aceptación como residentes
permanentes es comprensible sólo por la calidad y calificación de su fuerza de trabajo. De los trabajadores
asiáticos admitidos entre 1975 y 1980, más de la mitad tenían alta calificación laboral, ver Roger Waldinger, “La
integración económica y ocupacional de los nuevos inmigrantes”, en Richard R Hofstetter (de.), La política de
inmigración de Estados Unidos, México, Ediciones Gernika, 1989, p. 2.
16
23
de 1970. Este crecimiento tan acelerado se explica por dos factores centrales: la intensa

migración y la alta tasa de natalidad de este grupo étnico amplio. De la población hispana total

en 1990, 9.3 millones están registrados como nacidos en el extranjero, mientras que los 13.2

millones restantes pertenecen a las grandes comunidades de residentes latinoamericanos en

Estados Unidos, que desde la segunda guerra mundial ( e incluso antes, para el caso mexicano

y puertorriqueño) llegaron a este país para trabajar e incorporarse a la economía

estadounidense. De los hispanos nacidos en el extranjero, los grupos de mayor inmigración a

partir de 1965 son, en primer lugar, los mexicanos, cubanos (ingresados como refugiados desde

1960), dominicanos, jamaiquinos, colombianos y salvadoreños. ( ver cuadro 3).

A diferencia de los asiáticos, la mayor parte de los caribeños y latinoamericanos poseen una

baja calificación (el 56% de los inmigrantes en 1979 habían trabajado previamente en

ocupaciones obreras de bajo nivel o de servicios. Sólo el 16% de este mismo flujo de

inmigrantes tenía experiencia en trabajos profesionales, técnicos o de administración)24, niveles

de educación ínfimos, así como poco conocimiento del idioma inglés.

Lo anterior no significa que en América Latina, o en México, no exista fuga de cerebros hacia

Estados Unidos, ni que entre los inmigrantes asiáticos no haya grupos con poca calificación

laboral y condiciones miserables de vida y trabajo (por ejemplo, los vietnamitas, chinos,

filipinos y otros grupos que engrosan la fila de “ilegales” que ingresan a este país). Tan sólo, se

quiere marcar las diferencias generales entre los grandes grupos étnicos que migran a Estados

Unidos.

23
Ver The Hispanic Almanac, Nueva York, Hispanic Policy Development Project, 1984, p.22 y U.S. Department
of Commerce, Op. cit., p.18
24
Roger Waldinger, Op.cit.; p.345
17
Los sectores de empleo en los que se concentran trabajadores de baja calificación son

fundamentalmente la industria manufacturera y los servicios públicos y personales. Por su baja

calificación ocupan los puestos de menor nivel dentro de la cadena productiva, muchas veces al

lado de los trabajadores ilegales, a quienes reclutan de entre sus familiares o conocidos. Por su

situación marginal dentro del empleo, con salarios por abajo de los nacionales que realizan

labores similares, las peores condiciones de trabajo y los derechos laborales reducidos a

mínimo, esta fuerza de trabajo es uno de los mejores recursos para las industrias intensivas en

mano de obra, que no han entrado al proceso de reindustrialización de Estados Unidos, puesto

que resulta más económica la utilización de este ejército de obreros, sean legales o -mejor aún-

ilegales. En Estados Unidos proliferan las actividades que requieren la utilización masiva de

fuerza de trabajo, por ejemplo los servicios de limpieza, transporte, comercio y mantenimiento

necesario en las grandes ciudades, que los trabajadores nacionales se rehusan a llevar a cabo

por las pésimas condiciones de trabajo o bajos salarios. Por esta razón se explica que las

comunidades de trabajadores extranjeros no calificados (latinoamericanos y asiáticos) se

concentren en las zonas urbanas; además los flujos de inmigrantes que ingresan ilegalmente

generalmente se alojan en las viviendas de los parientes o conocidos residentes.

Los trabajadores que ingresan ilegalmente a Estados Unidos siguen siendo en su mayoría de

origen hispano. El grupo más numeroso está constituido por mexicanos, le siguen los

guatemaltecos, dominicanos, haitianos y colombianos. De la magnitud de este flujo migratorio

no se tiene conocimiento real dado su carácter de “no reconocido” por las leyes del país de

inmigración, e incluso del país de emigración. Por ello existen cálculos muy diversos, la última

cifra oficialmente reconocida de migración ilegal hacia Estados Unidos es de 10 millones de

personas; en la cual se estima que una tercera parte son mexicanos. Así, tenemos que la
18
inmigración más importante hacia Estados Unidos proviene de México con alrededor de 8

millones de migrantes (4.6 son migrantes legales y 3.4 son “ilegales”), si consideramos

también a los ciudadanos norteamericanos de origen mexicano (hijos de migrantes nacidos en

Estados Unidos o migrantes que han obtenido su ciudadanía) hablamos de cerca de 17 millones

de personas de origen mexicano en Estados Unidos,25 que equivale al 19% de la población de

México en 1990.

Cabe señalar que la situación de crisis extrema en que los sucesivos gobiernos y sus políticas

económicas han sumido a nuestro país, han empobrecido a la población en grado extremo (en

1995 se calculaba que existían en México alrededor de 40 millones de pobres) y han obligado a

miles de trabajadores a buscar un empleo o mayores ingresos en Estados Unidos, con lo que en

los últimos 7 años estas magnitudes han crecido rápidamente,26 no sólo por el ingreso de

trabajadores de baja calificación sino que el nuevo fenómeno en la década de los 90 es el

creciente ingreso ilegal de trabajadores calificados, aumentando también de manera importante

la participación de las mujeres trabajadoras que pasan la frontera con sus hijos.27

El inmigrante mexicano en Estados Unidos: ilegalidad y superexplotación


El problema migratorio para nuestro país, no es un fenómeno coyuntural sino histórico. La

emigración de connacionales es un hecho que data desde la anexión del norte de México a

Estados Unidos durante el siglo pasado. Sin embargo, este fenómeno adoptó un carácter

masivo a partir de la Segunda Guerra Mundial, cuando millones de mexicanos cruzaron la

25
Para 1990, la población de origen mexicano residente en Estados Unidos era de 13.5 millones, más 3.4 millones
de migrantes “ilegales” nos resulta una cifra de 16.9 millones. Ver U.S. Department of Commerce, Statistical
Abstract of the United States 1994, Washington, DC, Bureau of the Census, 1994, p. 30
26
A fines de 1995 se estimaba en 18 millones el número de desempleados en México. De éstos, seis millones se
hallaban en el desempleo total y el resto en el subempleo. Veáse Edgar Amigón, “Falsea INEGI las cifras de
desempleo: UNAM” en El Financiero, México, 21 de noviembre, 1995, p.26.
27
Según informes de la Casa de la Mujer Migrante del municipio de Tecate, Baja California, desde 1994 han
recurrido a ese centro 2 mil mujeres en busca de ayuda después de ser repatriadas por las autoridades migratorias
de Estados Unidos; La Jornada; 15 de abril de 1997, P.3
19
frontera para trabajar en los campos agrícolas norteamericanos a través de la

implementación del “Programa Bracero”, que incluía en sus comienzos (1942) la provisión de

un promedio de 50,000 trabajadores mexicanos por temporada para las faenas agrícolas, para

después pasar a 200,000 y extenderse a la producción manufacturera y los servicios. De esta

manera, entre 1942 y 1964, período de duración del programa, fueron contratados 4.5 millones

de trabajadores temporales. A partir de 1964, Estados Unidos da por cancelado el “Programa

Bracero”, no porque ya no requiera de trabajadores temporales o permanentes de baja

calificación para sus procesos productivos, sino porque requiere ahora de distintos tipos de

trabajadores migrantes: por un lado, los inmigrantes con mayor experiencia y calificación

laboral, que son incorporados de manera permanente a través de los cauces legales de

inmigración y reunificación familiar y, por el otro, los trabajadores poco calificados que

laboran temporalmente en la agricultura, la manufactura o los servicios, que son incorporados

de manera ilegal, con la finalidad de no asumir ningún tipo de compromiso con estos

trabajadores, lo cual permite explotarlos de mejor manera: pagándoles los salarios más bajos,

obligándolos a trabajar en las ramas productivas más peligrosas y en las peores condiciones

(jornadas laborales más largas, ninguna seguridad en el trabajo, etc.), negándoles todo tipo de

derechos laborales y de seguridad social –salud, vivienda, educación, etc.– y con la posibilidad

de expulsarlos en el momento en que ya no se les requiera.

Así, a mediados de los años 60 Estados Unidos decide establecer en su territorio un amplio

ejército de trabajadores extranjeros “ilegales”. Con esto se opta por regular violentamente y

de forma “no reconocida” a una parte importante del mercado laboral estadounidense. El

complemento necesario de esta forma “ilegal” de utilizar a millones de trabajadores extranjeros

en Estados Unidos ha sido una constante política antiinmigrante que toma diversos tintes
20
xenófobos y racistas según sea la situación económica, social y política por la que atraviese

Estados Unidos.

Desde inicios de los 90, Estados Unidos promueve la campaña anti-inmigrante más amplia de

su historia. Esta coyuntura es resultado de una serie de políticas migratorias que el gobierno

norteamericano ha implementado desde 1993 con la puesta en marcha de la “Operación

Bloqueo”, consistente en la construcción de bardas y fosos en la frontera, la incoporación de

nuevas tecnologías para la detección de indocumentados y el incremento significativo del

número de efectivos de la Patrulla Fronteriza. En 1994 se añade y refuerza ésta con la

“Operación Portero” al tiempo que es aprobada la “ley 187” por el Congreso del estado de

California (aunque es suspendida un año más tarde por orden judicial), y que propone la

suspensión de la atención social -salud y educación- a los trabajadores indocumentados y sus

familias. En 1995, las campañas políticas de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos

retoman la discusión sobre la problemática migratoria como uno de los ejes centrales de la

contienda y todos los candidatos apoyan el endurecimiento de la política migratoria

norteamericana, particularmente en lo referente a los trabajadores indocumentados, incluyendo

el tema de la militarizacion de la frontera. Finalmente, en 1996 el Presidente Clinton firma las

reformas a la ley de inmigración de Estados Unidos, las cuales entran en vigor en abril de

1997, con los siguientes contenidos:

ACTA DE 1996 PARA LA REFORMA DE LA INMIGRACIÓN ILEGAL


Y DE LA RESPONSABILIDAD MIGRATORIA
Señala que a partir del 2 de abril de 1997, y durante los siguientes 5 años, se desplegarán a lo largo
de la frontera entre México y Estados Unidos 5 mil agentes de la Bordel Patrol, así como un mayor
Capítulo 1 número de inspectores del SIN; además se adquirirán helicópteros de vigilancia y se construirán más
bardas en esta frontera.
Capítulo 2 Autorizará el reforzamiento de las sanciones carcelarias y monetarias en contra de los traficantes de
indocumentados y falsificadores de documentos
Capítulo 3 Permitirá a funcionarios del SIN a expulsar a extranjeros indocumentados sin necesidad de que sean
presentados ante un juez migratorio. Igualmente, autoriza al SIN a solicitar la ayuda de los policías
locales para detener a indocumentados.
21
Capítulo 4 Prevé nuevas medidas para recurrir a la contratación de indocumentados por empresas
estadounidenses.
Capítulo 5 Instituye restricciones de beneficios públicos a inmigrantes legales, e impone condiciones más
estrictas para que los residentes permanentes y ciudadanos naturalizados puedan reunirse con sus
familiares, incluyendo a esposos e hijos.
Capítulo 5 Contiene nuevas medidas vinculadas con peticiones de asilo, y prohibe a estudiantes extranjeros
obtener educación gratuita en escuelas públicas
Fuente: Laura Juárez Sánchez; “Los trabajadores migratorios de México en el marco de la regionalización y globalización económica”;
ponencia presentada en el Foro Internacional en Defensa de los Derechos Plenos de los Trabajadores Migrantes y sus Familias, llevado a cabo
en la Universidad Obrera de México, 7 y 8 de junio de 1997.

Con la Nueva Ley de Inmigración de los Estados Unidos vemos reforzados todos los

mecanismos anteriores que violentan los derechos laborales e incluso civiles de los

trabajadores migratorios. El trato de criminales que están fuera de la ley es llevada al extremo

con las nuevas disposiciones que el gobierno norteamericano decide unilateralmente contra los

trabajadores indocumentados, en especial para los mexicanos, que laboran y viven en el

territorio estadounidense para apuntalar el proceso de acumulación de capital de ese país. Darle

más poder a la policía y los inspectores del SIN para reprimir a los indocumentados, así como

el ser sancionados sin previo juicio de una autoridad competente, viola los más elementales

derechos civiles de esta población. Por otro lado, la privación de los servicios públicos y

sociales que sufrirán los trabajadores ilegales, e incluso los legales, viola los más elementales

derechos laborales de cualquier trabajador.

Los trabajadores mexicanos siguen siendo en este proceso el núcleo al que hay que enfrentar y

detener a como de lugar. Cabe recordar aquí, que nuestro país, además de ser el flujo más

importante numéricamente de migrantes legales e ilegales que llega a Estados Unidos, tiene

una importancia adicional en este proceso de inmigración: funciona como territorio de paso por

el que ingresan otras corrientes migratorias de indocumentados proveniente del resto de

América Latina e incluso Asia.


22
Para algunos analistas, esta coyuntura restrictiva significaba el cierre definitivo de la frontera

al paso de los trabajadores indocumentados;28 para otros era un problema derivado de las

campañas electorales en Estados Unidos y vería su fin cuando éstas concluyeran, 29 situación

que no aconteció así.

Para México, como principal proveedor de trabajadores extranjeros para el mercado laboral

estadounidense, ¿qué significan estas amenazas? ¿acaso la economía norteamericana ya no

necesita de los trabajadores indocumentados, en especial de los masivos flujos de mexicanos?

La crisis económica por la que atraviesa Estados Unidos ha incrementado los niveles de

desempleo, sin embargo el uso de indocumentados no ha disminuido. Al contrario , sigue

aumentando. Es claro que los mexicanos y demás indocumentados (otros latinoamericanos y

asiáticos) siguen siendo altamente benéficos para los empresarios norteamericanos. La

situación represiva actual que viven estos trabajadores incrementa su “ilegalidad”; esto es,

reduce aún más sus salarios nominales, sus derechos laborales e incluso sus derechos humanos

más elementales. Además disminuir los servicios de salud, educación, vivienda, etc. que el

Estado tenía a su cargo, es bajar, de manera indirecta, los salarios del trabajador extranjero

-que ya de por si eran los más bajos en comparación con el resto de los trabajadores

nacionales- Esta superexplotación de los trabajadores indocumentados es sin duda una de las

fuentes de la prosperidad y el poder económico de Estados Unidos.

El miserable salario de los trabajadores mexicanos se coloca a la cabeza como uno de los más

baratos a nivel mundial. Por ello, aun cuando el salario mínimo en Estados Unidos no es

suficiente para sacar de la pobreza a una familia de 3 personas, significa un ingreso nueve

veces mayor que el salario mínimo mexicano. Además, cerca del 80% de la población

28
Ver Sergio Aguayo Quezada; “Adiós frontera” en; La Jornada; 10 de abril de 1996; pp.1 y 7.
29
Ver Carlos Fuentes; “La querella con México” en ; La Jornada; 11 de abril de 1996; pp. 1 y 19.
23
mexicana tiene ingresos anuales que no llegan a más de una tercera parte del salario mínimo

estadounidense)30. Así la fuerza de trabajo mexicana constituye una de las principales “ventajas

comparativas” que poseen tanto el capital mexicano como los grandes capitales

norteamericanos que invierten en nuestro país, o que utilizan fuerza de trabajo mexicana en sus

procesos productivos dentro del territorio estadounidense. Con ello podrán competir con las

economías de Europa y Japón, las cuales utilizan indiscriminadamente trabajo barato de

africanos y asiáticos para reducir costos de producción de sus mercancías y lograr mayor

competitividad en el mercado mundial.31

Sólo en este contexto puede entenderse la actuación que el gobierno mexicano ha tenido en

relación con el problema migratorio: por una parte, con la adopción de la política Neoliberal ha

fomentado el empobrecimiento y nos ha colocado como una de las fuerzas de trabajo más

baratas del mundo; por otro parte, respecto a los migrantes ha tenido una actitud despreocupada

y evasiva. La expresión más clara de esta actitud tuvo lugar cuando el gobierno mexicano

“negoció” el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y dejó deliberadamente de lado

los problemas laborales, entre los que destacaba el tema migratorio. Al gobierno

norteamericano no le interesaba incluir la libre movilidad de la fuerza de trabajo en la

integración comercial, y el gobierno mexicano acató la decisión. Así pues, la ilegalidad de los

trabajadores migratorios mexicanos constituye uno de los elementos centrales que explican la

dependencia y sometimiento de nuestro país a las necesidades de acumulación de ganancias en

Estados Unidos.

30
Ver Elaine Levine, “Los mexicanos que migran a Estados Unidos: costos y beneficios”; en Problemas del
Desarrollo, vol. 27, núm. 104, México, Instituto de Investigaciones Económicas-UNAM, enero-marzo de 1996, p.
238.
31
La creciente participación de China en el Mercado Mundial deja más claro la poderosa “ventaja comparativa”
que significa un vasto ejército de trabajadores baratos.
24

ANEXO ESTADÍSTICO

CUADRO 1
POBLACIÓN NACIDA EN EL EXTRANJERO EN ESTADOS UNIDOS, 1970-1990
(MILES DE PERSONAS)
Población Población nacida en el extranjero Población Población
Total extranjera extranjera
legal/Población total/Población
Total Total*
Legal Ilegal Total
1970 203,210 9,619 6,000 15,619 4.7% 7.5%
1990 249,924 21,632 10,000 31,632 8.7% 12.2%
* A la población total registrada se suma la población ilegal para un mejor cálculo.
FUENTE: Elaboración propia en base a U.S. Department of Commerce, Statistical Abstract of the United States; varios años.

CUADRO 2
FUERZA LABORAL CIVIL EXTRANJERA, 1970-1990
(MILES DE PERSONAS)
Fuerza laboral Fuerza laboral
extranjera extranjera
legal/Fuerza total/Fuerza
Fuerza laboral total laboral total*
laboral civil Fuerza laboral civil extranjera
Legal Ilegal Total
1970 80,051 4,223 6,000 10,223 5.3% 11.9%
1990 124,787 12,816 10,000 22,816 10.0% 16.9%
Incremento de 55.9% 203.5% 66.7% 123.2% 88.7% 42.0%
1970 a 1990
* El cálculo incluye a la fuerza de trabajo ilegal dentro de las cifras de la fuerza laboral total para dar una idea más aproximada de la realidad.
FUENTE: Elaboración propia con base en The effects of immigration on the U.S. economy and the labor market; Washington; Department of
Labor-Bureau of International Labor Affairs, 1989, p. 34 y U.S. Department of Commerce, Statistical Abstract of the United States, 1994,
pp.49 y 51.
25

CUADRO 3
POBLACIÓN NACIDA EN EL EXTRANJERO EN ESTADOS UNIDOS
POR REGIÓN DE ORIGEN. 1970-1990
(MILES DE PERSONAS)
1970 1990 Principales países por tamaño del flujo migratorio (1990)
Todo el mundo* 8,518 21,632
América del Norte 1,643 5,318 México (4,447); Canadá (871).
América Latina** 1,109 4,297 Cuba (751); El Salvador (473); Rep.Dominicana (357);
Jamaica (343); Colombia (304).
Europa 3,999 4,812 Alemania (1,163); Reino Unido (765); Italia (640);
Polonia (397).
Asia 777 5,412 Filipinas (998); Corea (663); Vietnam (556); China (543);
India (463); Japón (422).
Unión Soviética 308 337 -
Africa n.d. 401 Egipto (69); Nigeria (58).
Oceania n.d. 122 Australia (52)
n.d. = no disponible
* Incluye regiones y países no anotados en el cuadro.
** No incluye México, que por razones de su ubicación geoeconómica se incluye en la región de América del Norte.
FUENTE: Elaboración propia con base en datos del Statistical Abstract of the United States, op. cit., varios años.