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La democratización, el desdoblamiento del Espíritu Absoluto,

o
la ideología política hegemónica del capitalismo tardío
(Una argumentación a partir del caso de El Salvador)

Vicente Moctezuma Mendoza


2

Mayo 2007
3
Todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta nuestros días,
marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que
avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo. Y
como ha sido siempre la costumbre, el botín de guerra es
conducido también en el cortejo triunfal. [...] No hay documento
de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie. Y así
como éste no está libre de barbarie, tampoco lo está el proceso
de la transmisión a través del cual los unos lo heredan de los
otros. Por eso el materialista histórico se aparta de ella en la
medida de lo posible. Mira como tarea suya la de cepillar la
historia a contrapelo.
Walter Benjamín, Tesis sobre la historia.
El mecanismo de la ideología
Hay que reconocer, guiados por Etienne Balibar y Slavoj Zizek, que la tesis
marxista que formula que las ideas dominantes de una época son las ideas de la
clase dominante, no es del todo precisa; más aún, ésta necesita ser reformulada,
de hecho, la afirmación podría ser más asertiva si se plantea que: las ideas
dominantes no son precisamente las ideas de aquellos que dominan.
Zizek explica que las ideas dominantes se constituyen a través de dos
distintos contenidos, el primero que incorpora una serie de motivos y aspiraciones
fundamentales de los oprimidos, de modo que la mayoría explotada/oprimida
pueda reconocer en ellas sus anhelos auténticos, y el segundo contenido que es
la “distorsión” del primero generada por las relaciones de dominación y
explotación; en este segundo momento se opera una articulación concreta que
lima las asperezas subversivas de los contenidos para volverlos compatibles con
las relaciones existentes de dominación.1
La lucha por la hegemonía ideológica se debate en el hecho de lograr
presentar un contenido, que es en sí mismo particular, como el contenido
universal como tal, en sus palabras: “el Universal adquiere existencia concreta
cuando algún contenido particular comienza a funcionar como su sustituto.”2
Lo que hay que tener claro, es que lo realmente ideológico no es un
contenido universal determinado, sino la articulación en la que un contenido
universal queda representado por un contenido particular específico. Para poner
un ejemplo preciso, pensemos en el fascismo: el anhelo de una auténtica
solidaridad comunitaria y social, no guarda en sí mismo de manera soterrada un

1
Slavoj Zizek, El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política., trad. Jorge
Piatigorsky , Argentina, Paidos, 2001, (espacios del saber 20) p. 198
2
Slavoj Zizek, Multiculturalismo o la lógica cultural del capitalismo multinacional, trad. Moira
Irigoyen, Argentina, Paidos, 2005 (espacios del saber 6) p. 139
4
ideal reaccionario y fascista, lo realmente fascista es cómo el trabajo ideológico
puede elaborar y transformar dicho anhelo (el Universal) “convirtiéndolo en el
texto ideológico explícito que continúa legitimando las relaciones sociales de
explotación y dominación” 3 (el contenido particular). Así el que el vínculo entre el
contenido particular y el Universal sea contingente, nos habla de una lucha
política por la apropiación del significado, una lucha política por lo que
constituyen los anhelos sociales y quién es capaz de representarlos.
Pero todo esto, ¿Qué nos dice sobre la democracia?
¿Amanece...?
Nadie que considere la historia de este siglo en que sólo un
puñado de los estados que existen hoy han surgido o sobrevivido
sin experimentar revoluciones, contrarrevoluciones, golpes
militares o conflictos civiles armados, apostaría por el triunfo
universal del cambio pacífico y constitucional, como predijeron en
1989 algunos eufóricos creyentes de la democracia liberal. El
mundo que entra en el tercer milenio no es un mundo de estados
o de sociedades estables.
Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX.

El 16 de enero de 1992, en el Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México, en


México, fueron finalmente firmados los acuerdos de paz con los que se buscó
poner fin a la violencia política (masiva) vivida en El Salvador, los acuerdos se
tranzaron entre las fuerzas políticas insurrectas, el FMLN (Farabundo Martí de
Liberación Nacional) y el gobierno salvadoreño.
En términos políticos, este acontecimiento quedaría inscrito en el proceso
que se ha tendido a (mal) llamar la transición a la democracia. El movimiento
insurreccional propiciaría el fin del régimen autoritario en El Salvador que
caracterizó su vida política durante casi todo el siglo XX, inaugurando una época
de democratización de las instituciones políticas salvadoreñas.4
En este contexto, Boutros Ghali, secretario general de la ONU quien presidió
la firma del documento de paz definitivo, afirmó una frase que no escatima en su
pretendido tono providencial: “Así termina la larga noche de El Salvador”.5

3
Idem., p. 140
4
Mario R. Vázquez, Del desafío revolucionario a la reforma política. El Salvador, 1970-1992. pp.
195-227 en Ignacio Sosa (coord.) Insurrección y democracia en el Circuncaribe, México, UNAM,
1998, (Serie Nuestra América, 58) p. 226
5
Alain Rouquié, Guerras y paz en América Central., trad. Daniel Zadunaisky, México, Fondo de
Cultura Económica, 1994, (Política y derecho) p.323
5
Hoy, al cabo de 15 años de la firma de los acuerdos de paz. El Salvador no
es, de ninguna forma, un país donde prevalezca la tranquilidad y el bienestar
social, muy al contrario, la violencia sigue corroyendo el tejido que cohesiona a la
ya desgarrada sociedad salvadoreña, una violencia social producto de condiciones
de marginación, exclusión y opresión que no sólo siguen operando en el país sino
que en muchos sentidos se agravan; y no podemos pasar por alto el hecho de que
las condicionantes de dicha violencia pasan necesariamente por el orden político,
por un accionar de la institución de instituciones encargada de organizar la
reproducción de la vida en el orden social (el Estado), que privilegia una forma de
reproducción de la sociedad, adicta a la desigualdad y discriminación como base
estructural de su sistema.6
Siguiendo la costumbre que se ha impuesto de argumentar con cifras y
datos cuantificables, a razón de no caer tan fácilmente en el dominio de nociones
abstractas que albergan obscuros fines políticos como alienación, explotación y
por supuesto pobreza (más allá de la percepción cuantificable de dólares por día)
entre otros; aquí van unos datos sobre el pulgarcito “democratizado”:
1. El porcentaje de pobreza en el Salvador, en 2004, en términos de hogares
llegaba a alrededor de 35%, durante los años anteriores la tendencia había sido
a la baja, sin embargo, en el rubro de pobreza relativa, hubo un incremento
frente al año anterior. Por otra parte, más allá de que uno pueda poner en
cuestión las herramientas de cuantificación de la misma, el mismo Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera que es posible que la
pobreza este subestimada.7
2. En 2004, en el informe mundial del PNUD, que mide el desarrollo humano de 177
países, El Salvador aparece en la posición 104, en el siguiente informe aparecerá
un lugar detrás.8
3. En lo relativo a la distribución del ingreso para 2002, el 20% de la población más
pobre del país recibió 2.7% del total de los ingresos, mientras el 20% de la
población más rica recibió el 56.9% de los ingresos y la tendencia es al
incremento de la diferencia.9
4. En 1994 y 1995, hubo 150 y 160 homicidios por cada 100 mil habitantes,
convirtiéndose en el país más violento de América Latina en términos de
asesinatos. En el 2005, la cifra total de homicidios fue de 3,761 (54.71 por cada

6
¿Qué es el fenómeno de las Maras sino el síntoma del fracaso del desarrollo “democrático” de los
últimos años, en el El Salvador, el fracaso de los Acuerdos de Paz?
7
Global Policie Network. Desempeño económico y del mercado de trabajo en el Salvador, p.9.
Consultado en www.gpn.org/data/elsalvador/el-salvador-es.pdf el 17 de mayo del 2005 p.9
8
Globlal Policie Network: Country report, El Salvador. Consultado en www.gpn,org el 17 de mayo
de 2007
9
Globlal Policie Network, global labor market database: El Salvador, p. 5. Consultado en
www.gpn.org/data/elsalvador/el-salvador-data.pdf el 17 de mayo del 2007.
6
100 mil habitantes) convirtiéndose nuevamente en el país más violento de la
región.10
5. En 1980-1984, las remesas de los emigrantes apenas representaban el 1.5% del
valor de las exportaciones de productos primarios y el 5.8% de las exportaciones
de café; en los noventa llegaron a representar el 11.2% del PIB y alcanzaron un
valor casi tres veces superior a las exportaciones de café. Para el año 2002, las
remesas alcanzaron un monto total de 1,968 millones de dólares, lo cual
equivale al 91% del déficit total de la balanza comercial. 11
6. Según los datos del PNUD (para 2006) el gobierno de El Salvador gastó más del
11% del PIB en seguridad, cifra que duplica el presupuesto dedicado a educación
y salud que en conjunto sólo sumaron el 4.8%.12 El país es el segundo receptor
más grande de ayuda militar y es el onceavo en la lista de compra de armas,
adquiriendo un total de 46.8 millones de dólares en armamento entre el año
2000 y el 2003.13
Todavía se preguntará, pero todo esto ¿Qué nos dice sobre la democracia?

Democracia... ¿Y la violencia?
En El Salvador la violencia
no será tan sólo la partera de la
Historia
Será también la mamá del niño-
pueblo,
[...]
Y como hay que ver la casa pobre
La clase de barrio marginal
Donde ha nacido y vive el niño-
pueblo
Esta activa mamá deberá ser
también
La lavandera de la historia
La aplanchadora de la Historia
La que busca el pannuestro de
cada día
De la Historia
[...]
Porque sino
El niño-pueblo seguirá chulón
Apuñalado por los ladrones más
condecorados
Ahogado por tanta basura y tanta
mierda
Luis Luna [Roque Dalton] La
Violencia Aquí

Marx en algún momento escribió que la “así llamada evolución histórica reposa en
general en el hecho de que la última forma considera a las pasadas como otras
tantas etapas hacia ella misma y dado que sólo en raras ocasiones [...] es capaz

10
Alai Celia Medrano, El Salvador –15 años después de firma de Acuerdos de paz ¿tenemos
motivos para celebrar?. 5 de febrero de 2007 consultado en http://www.alterinfos.org/spip.php?
article848 el 17 de mayo de 2007
11
PROCESO, INFORMATIVO SEMANAL, EL SALVADOR, C.A. Año 23,número 1039, marzo 5, 2003.
Consultado en http://www.uca.edu.sv/publica/proceso/proc1039.html. el 17 de mayo de 2007
12
Fernando M. López, El Salvador: de los escuadrones de la muerte al TLC., revisado en
www.rebelion.org/noticia.php?id=31236 el 17 de mayo de 2007
13
Alai Celia Medrano, op. cit.,
7
de criticarse a sí misma [...] las concibe de manera unilateral.” 14 Así también la
llamada democratización se celebra como un momento de madurez inigualable
de la sociedad, como el ordenamiento político en el cual es finalmente posible
resolver las diferencias políticas por otros medios que el de la vía violenta, es
decir, diría Rouquié, se dejaría la violencia como un mecanismo de resolver los
diferendos sociales15, o en palabras de Ignacio Sosa:
Las fuerzas emergentes comprendieron que las sociedades, al democratizarse,
crean nuevos espacios para la participación política en que las armas ya no
pueden seguir decidiendo la suerte de todos.16

Sin embargo, interpretar así la resolución del conflicto armado en El


Salvador, así como el tiempo que esta resolución inaugura, plantea serios
problemas y puntos ciegos, relativos al problema de la violencia y el orden
político-social, así como al problema mismo del significado de este ordenamiento
llamado “democrático”.
Esta visión, de la llegada de la “democracia” que podemos llamar, por lo
menos, optimista, pero que no es menos ideológica, pasa por alto la dialéctica de
la violencia subyacente a cualquier ordenamiento político y peor aún la crueldad
específica del aquí revisado.
El ejercicio del poder en cualquier orden social presenta el problema de la
violencia desde el momento mismo de la consolidación de un derecho u orden
legal como tal, en su imposición misma, así como en el desarrollo de una fuerza
legal, codificada, de un derecho a ejercer la violencia. En otro nivel la dialéctica
de la violencia se representa en la lucha de poderes y contrapoderes, no se
debate únicamente en la sucesión episódica o no, de momentos de violencia y
contraviolencia, pues su eficacia en muchos casos depende del poderío de sus
justificaciones simbólicas, entendamos ideológicas. Y en un tercer nivel, no se
puede desconocer, que la violencia se presenta también mediante formas menos

14
Marx citado de Daniel Bensaïd, Una mirada a la historia y la lucha de clases pp. 247-261, en
Atilio A. Boron, Javier Amadeo y Sabrina González (comp.), La teoría marxista hoy problemas y
perspectivas, Buenos Aires, CLACSO, 2006, (colección campus virtual) p. 251
15
Alain Rouquié, “Guerras y paz...” op.cit. p.324
16
Ignacio Sosa (coord.) Insurrección y democracia en el Circuncaribe, México, UNAM, 1998, (Serie
Nuestra América, 58) p. 46
8
tangibles, más idealistas, más suaves, pensemos en los discursos del poder, en la
educación, en la información mediática.17
En las interpretaciones esbozada hay dos ejercicios de concesión (de olvido)
que en pos de la objetividad no podemos pasar por alto: Olvidar la violencia
implícita en los ordenamientos sociales, es olvidar la historia de los mismos,
implica un fuerte ejercicio de abstracción, saltar la brecha que divide un orden
ideal con el orden real, para decirlo sintéticamente en este caso: implica
equiparar “la democracia a una mera forma de gobierno.”18 La segunda concesión
consiste en olvidar que el ejercicio del poder en El Salvador, fue (es)
específicamente cruel.19
Habría que revisar la genealogía de la “democracia” en El Salvador20, para
poder situar en su dimensión los acuerdos más allá de lo dicho por sus
protagonistas: El comandante Shafik Nadal, en la ceremonia de la firma de los
acuerdos en México, dijo a nombre del FMLN, que el conflicto salvadoreño
terminaba “sin vencedores ni vencidos.”21 Pero como afirma Mario R. Vázquez:
Lejos de representar un mero balance de fuerzas entre “revolución y
“contrarrevolución”, […la “democracia”…] en El Salvador fue producto de una
serie de acuerdos y modificaciones graduales iniciados en 1979 con la
participación de diferentes fuerzas y grupos de presión –la Fuerza Armada,
organizaciones civiles, partidos políticos de diverso signo, los ejércitos
revolucionarios y sobre todo la misma derecha oligárquica- bajo la tutela de la
comunidad internacional y, por supuesto, la estricta vigilancia –así como también
el sustancial financiamiento [e involucramiento militar]- del gobierno de Estados
Unidos.22

17
Etienne Balibar, Violencias, identidades y civilidad. Para una cultura política global., Barcelona,
gedisa, 2005, (Serie culturas) pp. 101-120
18
Ver Elias Palti, verdades y saberes del marxismo, Reacciones de una tradición política ante su
“crisis”., Bueno Aires, Fondo de Cultura Económica, 2005, pp. 232 (sección de obras de filosofía)
19
El conflicto salvadoreño generó alrededor de 75,000, muertos; la distribución de la masacre
entre las fuerzas combatientes, sin embargo, no fue equitativa (lo que a mi parecer deslegitima el
que el conflicto sea considerado una guerra civil como lo estiman autores de la importancia de
Rouquié, es una lucha entre un sector de la población y las fuerzas armadas leales al Estado): en
el informe de la Comisión de la Verdad realizado por la ONU entre 1992 y 1993, de un registro de
22 000 denuncias de graves hechos de violencia ocurridos entre enero de 1980 y julio de 1991
85% de los casos se atribuyen a agentes del Estado, a grupos paramilitares aliados a éstos y a
escuadrones de la muerte, y sólo el 5% de los casos se atribuyen al FMLN.
(Informe de la comisión de la verdad para El Salvador (ONU, San Salvador-Nueva York (1992-
1993), De la locura a la esperanza. La guerra de 12 años en El Salvador., p. 41 revisado en portal
de Internet, de la ONU en El Salvador.)
20
Por motivos de espacio este ejercicio no se puede hacer a cabalidad aquí pero recomiendo la
lectura de el artículo de Mario R. Vázquez. “Del desafío revolucionario a...” citado anteriormente.
21
Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”, op.cit., p.324
22
Mario R. Vázquez “Del desafío revolucionario a...” op. cit., p. 195
9
En términos generales lo que se debe señalar es que la “democracia” no arriba
con la firma de los Acuerdos de Paz, en 1992, tampoco con las negociaciones al
conflicto, estos son los pasos que la llevan a su consolidación como régimen
reconocido por todas las fuerzas políticas del país, pero sus primeros brotes, los
que le dan un cause específico son inextricables de los primeros años de la
guerra. Así, la génesis de la democracia si bien la podemos reconocer en los
anhelos populares, en la aspiración de los revolucionarios o de los reformistas
congruentes, su aprehensión en una forma de gobierno concreta que pretende
representarla, la veremos en manos de las fuerzas políticas que se hicieron del
poder desde el golpe de Estado que tiró al general Romero, al lado de la
Democracia Cristiana, respaldando a las fuerzas armadas, a las fuerzas policíacas,
a los grupos paramilitares, a los escuadrones militares ilegales (todos ellos
sabemos bien, homicidas), con la complicidad, en un primer momento forzada,
del nuevo partido de la oligarquía Alianza Republicana Nacionalista y de la mano
siempre de los Estados Unidos.
La democracia fue una más de las respuestas contra la lucha revolucionaria,
y no es de extrañar que en pleno conflicto, el gobierno impuesto haya convocado
a elecciones, al mismo tiempo que daba la espalda al diálogo exigido por las
fuerzas insurrectas después de la (poco profética) “ofensiva final”.23 En pocas
palabras, las elecciones de 1982 con las cuales se inaugura la marcha de la
democracia actual en el salvador, sirvieron como mecanismo para desconocer la
legitimidad de las fuerzas rebeldes,24 para evitar la negociación con una fuerza
23
Tras la “Ofensiva final”, las fuerzas del FMLN que tenían un importante control sobre el territorio,
y mantenían una lucha férrea y aguerrida poniendo continuamente en crisis la capacidad del
ejército gubernamental por preservar el control con sus propios medios, comenzaron a exigir un
diálogo con el gobierno para participar del gobierno provisional de la “segunda Junta”, (Alain
Rouquié, “Guerraz y paz...”, op.cit., p. 191) durante años, los suficientes para consolidar el nuevo
orden del Salvador, el gobierno evadió la negociación seria.
24
La respuesta contra el diálogo fue el proceso que constituyó el primer paso para la consolidación
del nuevo orden, se empieza a dar cabida al ordenamiento “democrático”. El objetivo principal es
legitimar el gobierno reformista regularizando la situación política para descartar cualquier
pretensión de poder dual por parte del FMLN. Así, el ejército optó por la democracia con el fin de
justificar la guerra que estaba librando. En palabras de Rouquié: “El ejército de torturadores y
masacradores se [...convertió...] en una fuerza al servicio de la democracia [subrayado mío] y las
reformas iniciadas por ésta.” (Alain Rouquié, “Guerraz y paz...” p.246) Y la intervención del FMLN
para evitar los comicios le hizo juego a la estrategia norteamericana que logró presentar El
Salvador como una democracia sitiada por la subversión. (Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”p. 193)
De éste modo se buscó desprestigiar “la adopción de la violencia por grandes sectores populares
como un lenguaje propio para reivindicar sus aspiraciones sociales […que fue la…] respuesta a la
violencia originaria, la injusticia estructural del orden oligárquico. (Mario R. Vázquez “Del desafío
10
política que, en clara desventaja numérica y económica, podía poner en jaque al
ejército nacional, contando con el respaldo de amplísimos sectores de la
población.25
Es así que el inicio de la democracia, si bien responde a anhelos legítimos
de la población salvadoreña su articulación concreta, su institucionalización
histórica, se da como parte de una estrategia múltiple de contención de la lucha
revolucionaria.26 La lucha contrainsurgente promovida por Reagan y que seguirán
los regimenes Salvadoreños, por el benefició económico, militar27 y podemos decir
moral que E.U. representaba28 planteaba en términos generales tres puntos
interrelacionados: 1) La imposición del terror social, el desbordamiento de la
violencia por la crueldad, traducido en el exterminio de la disidencia política
radical: la posición por una transformación real (más allá del capital como su
limite estructural) de la sociedad.29 2) Una serie de prácticas reformistas, así
como el fomento a la economía salvadoreña.30 3) Reemplazar el régimen militar
con un gobierno civil que se convirtiera en una “tercera fuerza”.31 Papel que será
revolucionario a...” p. 207)
Ver Daniel Siegel y Joy Hackel, El Salvador, La nueva visita de la contrainsurgencia en Michael t.
Klare y Meter Kornbluh. (coord.), Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los años
80. El arte de la guerra de baja intensidad., trad. Argelia Castillo, México, Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes, Editorial Grijalbo, 1990 (Los Noventas 45) pp. 165-168
25
Un carácter sumamente importante que se debe destacar de las organizaciones insurrecciónales
salvadoreñas, y sin el cuál no se puede entender su fortaleza militar, es que éstas lograron
constituir una muy importante base social con asociaciones campesinas, gremios estudiantiles,
sindicatos obreros y multitudinarios frentes de masas; debemos destacar además, la alianza de los
guerrilleros con sectores eclesiásticos revolucionarios que contaban con un importante trabajo
organizativo en diferentes zonas rurales. (Mario R. Vázquez “Del desafío revolucionario a...” p.
205)
26
Las campañas electorales de 1982, 1984 y 1985 “apuntalaron el intento de la administración de
Reagan de encaminar a El Salvador hacia una democracia constitucional limitada [subrayado
mío].” (Daniel Siegel y Joy Hackel, “El Salvador, La nueva visita de la contrainsurgencia...” op.cit.,
pp. 165-166)
27
“Entre 1980 y 1987, Estados Unidos entregó cerca de mil millones de dólares a las fuerzas
armadas de El Salvador. En esos años, la ayuda estadunidense expandió la dimensión de los
militares y las fuerzas de seguridad de 12 mil a más de 53 mil hombres, muchos de los cuales
fueron entrenados por los asesores estadunidenses. (Idem., p. 152)
28
No olvidemos el gesto del presidente José Napoleón Duarte de besar la bandera norteamericana
en una visita importante a dicho país.
29
“En 1984, un diplomático estadunidense afirmó que el objetivo de las maniobras de los
escuadrones de la muerte es que ‘nadie tenga ideas en la cabeza’”. (Idem., pp. 150-151)
30
La dosis masiva de ayuda económica entregada a El Salvador por parte del gobierno
norteamericano convirtió a El Salvador en tercer país receptor de fondos estadounidenses. (idem.,
p. 162)
31
(Idem., pp. 147-148)
Ignacio Sosa, afirma temerariamente que: “La democratización de los países del Circuncaribe ha
sido obra de sus propias fuerzas políticas y no de presiones externas, como lo afirman los actuales
políticos estadounidenses. (Ignacio Sosa, “Presentación...”., p 23) Pasando por alto (por lo menos
11
cubierto en un primer momento por la Democracia Cristiana y posteriormente por
ARENA.

Democracia… ¿Y la democracia?
El movimiento de la humanidad camina hacia la libertad.
Nosotros lo hemos visto en El Salvador, lo hemos visto en
Afganistán y creo que lo veremos en Irak.
Donald Rumsfeld, de visita en El Salvador, 2006.

¿Cómo llamar los últimos veinte años del siglo si no segunda


Restauración? [...] una restauración nunca es otra cosa que un
momento de la historia que declara imposibles y abominables las
revoluciones, y tan natural como excelente la superioridad de los
ricos.
Alain Badiou, El siglo.

El proceso de diálogo y negociación se extendió durante varios años, el primer


encuentro entre las partes se remonta a 198432 y si bien durante todo su
transcurso es claro que ambos bandos tienen que ceder, también es cierto que no
se encuentran en una posición de negociación simétrica, los cambios operados
durante casi una década evidentemente habían transformado ya el orden político
y social en El Salvador. Así cuando el diálogo se da en serio, ya están las
coordenadas del nuevo orden establecido legal y fácticamente33 y serán acaso,
sólo algunas reformas sobre dicho orden particular lo que se debata.
La resolución del conflicto, en última instancia, implicó el abandono de una
serie de nociones y de principios o anhelos que, convocaron a la movilización
popular, “la adopción de aquellos principios doctrinarios [marxismo-leninismo]
dotó al movimiento de singular coherencia orgánica y temple combativo, afianzó
sus bases obreras y campesinas, orientó la formulación de un programa de

en el caso del Salvador, pero creemos que es más extensivo en el Circuncaribe), que Estados
Unidos lejos de representar una “presión” externa, fue una fuerza política activa en el conflicto,
tanto impidiendo el triunfo militar de los guerrilleros, con asesoría, adiestramiento y apoyo
económico, como utilizando la coacción económica como condicionante de las políticas
emprendidas por las fuerzas políticas contrarrevolucionarias. Ninguno de los autores que hemos
revisado sobre el tema, deja de reconocer el preponderante papel del gobierno norteamericano en
el desarrollo del conflicto Salvadoreño. Ver los datos presentados en las notas 27 y 30. Así como el
hecho de la presión ejercida por Norteamérica para que la derecha, ganadora en las elecciones de
1982, con 30% de Arena y 19% del PCN, no escogiera al mayor Roberto d’Aubuission como
presidente. (Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”, p. 193 y 247)
32
Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”, op.cit., p. 311
33
Ver Daniel Siegel y Joy Hackel, “El Salvador, La nueva visita de la contrainsurgencia...” op.cit.,
pp. 147-172
12
transformaciones...”34 Pero para la hora de los acuerdos el momento ideológico ya
era otro, en la lucha que se libró durante la segunda mitad del siglo XX, la
representación de las aspiraciones populares por la ideología socialista fue
derrotada.35 Así a la hora de la negociación los insurrectos no sólo abandonan las
armas, sino también las “purezas ideológicas”36, desdeñadas para asumir una
posición de compromiso con las otras fuerzas políticas (en un orden concreto
establecido); cabe destacar que los Acuerdos de Paz son firmados con el gobierno
de ARENA (partido en el cual se agrupan los partidario del status quo ante, donde
se reorganiza la derecha oligárquica incluyendo a los altos mandos del ejército,
sostenida por todo el sector privado -incluyendo los medios de comunicación
masiva-, con fuertes respaldos institucionales y financieros).37
Uno se ve tentado a interpretar la frase de Joaquín Villalobos en plenas
negociaciones: “aceptar la realidad y convertirla en acuerdo”38, como una frase
que trascendiendo el contexto en el que fue referida, sintetiza la transmutación
sufrida, tras el giro ideológico posmoderno, por el concepto de política. La
confrontación política de las negociaciones de paz, se define en un campo donde
los límites internos que bordean el espacio de la contienda política están
claramente establecidos39, pero el problema aquí es, como explica Zizek, que “la
lucha política clave no es tanto la competición agonística dentro del campo de lo
admisible, entre sujetos políticos que se reconocen como adversarios legítimos,
sino la lucha por la delimitación de este campo, por la definición de la línea que

34
Mario R. Vázquez “Del desafío revolucionario a...” op. cit., p. 203
35
Por otra parte, debemos de sumar también, que la guerra de El Salvador se inscribe en un
contexto internacional donde no sólo hay un conflicto geoestratégico característico de la Guerra
Fría, sino que, y con un desplazamiento que impide subsumir el siguiente conflicto al primero
(Mario R. Vázquez lo pasa por alto), hay una importante batalla ideológica que también se está
llevando a cabo, que se suele (mal) simbolizar con la caída del muro de Berlín, pero que en
realidad es una lucha que se debate en otro ámbito y no queda representada a cabalidad por los
sujetos implicados en la Alemania de posguerra, ni por los actores de la Guerra Fría, y es de la que
sale victoriosa el proyecto ideológico todavía hegemónico actualmente, el que identifica al
capitalismo neoliberal con la democracia normativa liberal como el proyecto político social global.
36
Según Rouquié la democracia y el mercado se convirtieron en palabras familiares en boca de los
comandantes del FMLN (Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”, p. 320)
37
Mario R. Vázquez “Del desafío revolucionario a...” op. cit., p. 223.
Alain Rouquié (coord.), Las fuerzas políticas en América Central, trad. Daniel Zadunaisky,México,
Fondo de Cultura Económica, 1994 p.81
38
Tomada en Alain Rouquié, “Guerraz y paz...”, op.cit., p. 320
39
Como hemos visto la cartografía de los social y lo político ya se había trazado en sus líneas
generales durante la contienda bélica.
13
separará al adversario legítimo del enemigo ilegítimo.”40 Así, la postura de
izquierda radical fue desdeñada en El Salvador, y se reconoce como un límite
infranqueable de la contienda política, las coordenadas delimitadas en la lucha
contrarrevolucionaria: el espacio que establecen las instituciones democráticas y
el sistema electoral de partidos, soportado en las relaciones sociales impuestas
por el modo capitalista de producción41. La conclusión lógica es que a la hora de
firmar los acuerdos de paz las fuerzas de izquierda ya estaban derrotadas, y es en
este mismo sentido que la “democracia” en El Salvador se debe de entender
como el aporte de la derrota insurgente, o inversamente, como el aporte de la
lucha contrarrevolucionaria, frente a la diminuta posibilidad de la transformación
democrática sustantiva.
La impostura ideológica de la democracia actual estriba en que al mismo
tiempo que se celebra la democracia normativa liberal como mecanismo para la
resolución de los conflictos sociales (la organización de la vida social), se excluye
de la discusión democrática, un sistema de reproducción de la vida social que
sujeta a una parte de la población (la parte mayoritaria) a venderse como fuerza
de trabajo para sobrevivir, aislándola además de la posibilidad de decidir sobre la
dirección privilegiada de reproducción de la sociedad de la que forma parte,
sujeta a los dictados de la acumulación de capital e inscrita en la lógica del poder
40
Slavoj Zizek, A proposito de Lenin. Política y subjetividad en el capitalismo tardío, Buenos Aires,
Atuel /Parusía, 2003 (serie posiciones) p. 96-97
Aquí es importante recordar la noción marxista de lucha de clases que designa precisamente la
brecha/soporte insalvable que impide que la realidad social objetiva pueda constituirse como una
totalidad encerrada en sí misma, es decir, la “lucha de clases” designa el antagonismo
fundamental que estructura a la sociedad, e impide su cierre en una Totalidad racional,
transparente, armónica. Esta noción apuntala el hecho de que la realidad social (simbólicamente
construida) tiene ya una configuración política particular. Lo que no hay que perder de vista es
que la lucha de clases no puede resolverse en el reconocimiento pluralista de la diferencia, pues
no se reduce a una confrontación binaria óntica, es más que eso, la conciliación entre las clases es
ya la victoria de una de ellas en tanto que la reproducción de la clase capitalista depende de la
explotación/opresión del trabajador. Slavoj Zizek, El espectro de la ideología, en Slavoj Zizek
(comp.) Ideología. Un mapa de la cuestión., Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1994 pp.
7-42
Sobre el antagonismo ver a Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista.
Hacia una radicalización de la democracia., 2 ed., Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica,
2004. pp. 246. Sin embargo estos autores, acaban encerrados en la paradoja de que para ellos no
hay posibilidad de resolución del antagonismo, sino el reconocimiento de la diferencia (lo que
como acabamos de expresar en la contradicción capital-trabajo implica ya la resolución a favor del
capital). Esta visión se puede contraponer frente a la de Jacques Rancière, El desacuerdo. Política
y filosofía., trad. Horacio Pons, Buenos Aires, Ediciones nueva Visión, 1996, pp. 175
41
Cabe aclarar que no estamos defendiendo la perduración del conflicto armado, este trabajo no
pretende justificar a uno o a otro de los participantes sino explicar el carácter del orden que se
inaugura con la “paz” y la forma como la “paz” se dio.
14
fetichizado de las leyes naturales del mercado. Es decir, el Universal, el ideal
democrático, es suturado por la democracia liberal capitalista actual, como la
forma de la democracia, convirtiéndolo en el texto ideológico implícito que sigue
justificando las relaciones de explotación, opresión y marginación que el sistema
entraña.

El fundamento (enajenado) de la democracia


Claude Lefort, un importante defensor de la democracia, crítica la lectura
marxista de los derechos del hombre planteando que este pensamiento no pudo
entender la dimensión simbólica que la noción de derechos humanos inaugura;
éstos al establecer un poder descentrado del poder estatal, le imponen un límite
al poder mismo contra sus arrebatos totalitarios, “la noción de derechos humanos
apuntará en el sentido de un foco de actividad que no se puede someter; el
derecho representará frente al poder una exterioridad indeleble.”42 Así, el gesto
totalitario según dicho autor consiste no en la anulación de los derechos, sino en
la identificación del poder como uno y lo mismo con ellos, como la materialidad
transparente de su sustancia. El carácter indeterminable de los derechos,
representa para la política un giro radical, “los derechos humanos exceden
cualquier formulación producida hasta ahora”43, siempre están en
cuestionamiento y siempre pueden reformularse, pues responden al principio
genérico del hombre, la política vendría a ser la lucha por definir el contenido.
La democracia así, presenta una contradicción inherente que la caracteriza
como sistema político, por un lado representa el movimiento de la sociedad para
constituir los derechos, por otro lado representa el lugar de los derechos ya
determinados (siempre cuestionables) que pertenecen ya en su determinación a
la esfera del poder (al orden judicial, las instituciones, etc.). La política se
despliega en esta frontera de lo incierto, en el conflicto que implica el doble
exceso entre el poder y la sociedad: por parte del poder, la constitución del
derecho en una herramienta jurídica permite, respecto de lo social “trascender las
voluntades y los intereses accidentales de sus miembros para articular un orden

42
Claude Lefort, La incertidumbre democrática. Ensayos sobre lo político., (Edición de Esteban
Molina) 2004, Anthropos, España, (pensamiento crítico/pensamiento utópico) p. 200
43
idem., p. 201
15
institucional”, por el otro lado, lo social no sólo constituye el fundamento de
legitimidad del poder, sino que como fuente del derecho amenaza
constantemente con dislocarlo.44
Ahora bien, regresemos a la crítica marxista de la ideología, el problema de
la democracia planteada así no es la referencia a los abstractos derechos
humanos de la que habla Lefort, sino precisamente, que los derechos humanos ya
están determinados, es decir, no responden al ser genérico Hombre, sino a
hombres históricos concretos en particulares condiciones de clase, así pues el
poder está investido de un fundamento particular preciso, que privilegia a un
sector particular de la sociedad. Específicamente la realización del derecho a la
propiedad privada de los medios de producción, como un derecho individual
fundamental determinado, muestra la paradoja de que al mismo tiempo que
satisface a pocos, priva a muchos otros hombres del goce del mismo derecho
(entre otros); sin embargo, respondiendo a un elemental mecanismo ideológico,
se argumenta que dicho derecho es una enunciación que garantiza el propio ser
del hombre, el derecho a la propiedad privada es un elemento natural para la
realización del hombre45. Pero entonces, y siguiendo la argumentación de Lefort,
¿No estamos descubriendo la matriz totalitaria del pensamiento liberal, el punto
de inflexión que (beneficiando a un grupo de la sociedad, por lo que es un interés
y no un derecho) no está a discusión, que no es revocable, que no es
democrático? La reificación de los derecho individuales (en general), implica si
seguimos el razonamiento de Lefort, abandonar la incertidumbre democrática,
imaginar una sociedad conciliada espontáneamente consigo misma, pero
entonces, preguntamos con Lefort “¿Qué es ese punto de vista por encima de
todo y de todos, este amoroso abrazo de la buena sociedad, sino un equivalente
de la fantasía de omnipotencia que el ejercicio fáctico del poder tiende a
producir?”46 Nuevamente el defendido sistema democrático liberal queda

44
Elías Palti, “Verdades y saberes...”, op. cit., p. 168
45
“Se reconoce como Principio de nuestra vida económica el derecho individual de adquisición,
retención y uso de la propiedad como una proyección de la personalidad humana, fuente
generadora de productividad, factor indispensable para el engrandecimiento y promoción de la
dignidad; por lo tanto, merece el reconocimiento, respeto y protección del Estado.” El subrayado
el mío. Sin comentarios. Tomado del sitio oficial de la ARENA, en ¿quiénes somos? Principios.
http://www.arena.com.sv/ el 17 de mayo de 2007.
46
Claude Lefort, “La incertidumbre democrática...” op. cit., p. 217
16
evidenciado en su parcialidad y autoritarismo; el sistema de derecho que
inaugura tiene la condición oculta de que hay derechos (intereses) que no se
pueden cuestionar.
Pero entonces, ¿Dónde quedó la democracia y la libertad a la que los
políticos actuales son tan afines? O, parafraseando a Lenin: “Democracia –sí, pero
¿Para quién? ¿Para hacer qué?”
Y, quizás esto sea todo lo que podamos hacer hoy, en esta era oscura: hacer
visible el fracaso de todos los intentos de redención, del obsceno travestismo de
cada gesto que nos reconcilia con la violencia que estamos obligados a cometer.
Tal vez sea Job el héroe adecuado para estos días: aquel que se rehúsa a encontrar
un sentido más profundo en el sufrimiento que enfrenta.47

47
Slavoj Zizek, La suspensión política de la ética., trad. Marcos Mayer, Buenos Aires, Fondo de
Cultura Económica, 2005, p. 217
17
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http://www.nacionesunidas.org.sv/
18
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consultados el 17 de mayo de 2007.