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CORRELACIONES ENTRE LA EXPANSIÓN DEL CULTIVO

DE SOJA Y LAS CONDICIONES SOCIOAMBIENTALES


EN EL CHACO SECO ARGENTINO EN LA DÉCADA DE 1990

JULIETA KRAPOVICKAS
CREAF - Universidad Autónoma de Barcelona
ISES – Universidad Nacional de Tucumán
krapovickasjulieta@gmail.com
JOAN PINO VILALTA
CREAF - Universidad Autónoma de Barcelona
Joan.Pino@creaf.uab.es
PABLO PAOLASSO
ISES – Universidad Nacional de Tucumán
pablopa@filo.unt.edu.ar
IGNACIO GASPARRI
IER– Universidad Nacional de Tucumán
Ignacio.Gasparri@gmail.com
BERNAT CLARAMUNT LÒPEZ
CREAF - Universidad Autónoma de Barcelona
bernat.claramunt@gmail.com
RAQUEL GIL MONTERO
ISES – Universidad Nacional de Tucumán
Raquelgilmontero@gmail.com

1. INTRODUCCIÓN

El Gran Chaco, compuesto por las ecorregiones del Chaco Seco y del Chaco
Húmedo, es la mayor extensión forestal y el mayor reservorio de carbono del hemis-
ferio sur extratropical (Fig.1). Sólo la porción del Chaco Seco se extiende por 1.1
millones de km2 a través del territorio de Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil. Esta
ecorregión contiene el único bosque seco subtropical del hemisferio sur (MORELLO
y MATTEUCCI, 1999). Su porción situada en Argentina representa más del 55% de
la superficie total (unas 650 millones de hectáreas) y en ella el bosque chaqueño en-

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cuentra su mayor expresión, por la continuidad y la extensión de la masa boscosa, y


concentra la mayor diversidad biológica (GRAU et al. 2005).
Desde las últimas décadas del siglo XX, la expansión agrícola ha representado
una amenaza creciente para este ecosistema. La acelerada deforestación, principalmen-
te para el cultivo de soja, no tiene precedentes en la historia; representa el 70 % de la
superficie anual deforestada en Argentina y supera hasta tres veces el promedio de
desmonte mundial1 (SAyDS, 2002). Sin embargo, la transformación del bosque nativo
destinada a este tipo de proyectos no se traduce en un desarrollo significativo para los
habitantes de la región; por el contrario, suele involucrar el desalojo de campesinos y
comunidades indígenas que habitan en el bosque, y cuya supervivencia depende de él.
A partir de la década de 1960, algunos autores hablan de una progresiva “pam-
peanización” del Chaco, en relación a la creciente tendencia a importar desde la Pam-
pa Húmeda la tecnología para la puesta bajo cultivo de las tierras. Así pues, se produce
el desembarco en el Chaco de una economía que requiere grandes superficies de ex-
plotación, poca cantidad de mano de obra, ningún valor añadido, y una alta tecnifica-
ción, requisitos a los que el pequeño productor local no puede acceder (REBORATTI
et al, 1996; MORELLO, 2006).

Fig. 1: Ubicación de las ecorregiones Chaco Seco y Chaco Húmedo.

El avance de los cultivos de soja, concentrados sobre todo en los bordes del
ambiente, se produjo, y continúa produciéndose, sobre un territorio que no está vacío,
con el resultado de que pasan a coexistir las actividades de subsistencia de la pobla-

1
En la década de 1990, se perdían por año en Argentina más de 250 mil hectáreas de bosques nativos, de
las cuales 175 mil pertenecían al Chaco Seco (GASPARRI y GRAU, 2006), significando una tasa de de-
forestación del orden de los -0.66%, siendo la tasa anual de deforestación mundial para la misma década,
según PUYRAVAUD (2003) de –0.23 %. En años más recientes, estos niveles se han incrementado. Sólo
en la provincia de Salta se deforestaron en el año 2007 más de 400 mil hectáreas de bosque nativo (EL
TRIBUNO, 2007).

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Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

ción local (indígena y criolla), junto a la producción capitalista de gran escala y orien-
tada al mercado externo. La articulación entre ambos sistemas es problemática y por
ello es relevante la pregunta acerca de la interacción de los factores socio-económicos
y ambientales en el proceso transformación del paisaje (a través fundamentalmente
de la deforestación y de la implantación de grandes superficies con soja) y las conse-
cuencias de éste sobre el ambiente natural y sobre las condiciones socioeconómicas
de la población local.
Las causas y consecuencias de estas transformaciones económicas-demográfi-
cas-ecológicas en el Chaco han recibido, por el momento, escasa atención. Aunque la
importancia de entender las relaciones entre los sistemas naturales y sociales en esta
región es ampliamente reconocida, los estudios existentes son en general poco cuan-
titativos y arrojan resultados ambiguos.
En este trabajo nos propusimos analizar, a través de un análisis de correlaciones,
cómo el avance de la frontera agrícola en este espacio se apoya en unos condicio-
nantes sociales y ambientales previos y resulta en la coexistencia de dos modos de
producción, de dos culturas muy diferentes y aparentemente inconexas. Cada una de
ellas, refleja y expresa en el territorio su cultura, a través de un uso particular de los
recursos (en especial del bosque), de unas formas de división y apropiación del espa-
cio, e incluso de unos niveles de concentración de población diferentes. Este objetivo
general se concreta en los siguientes objetivos específicos:
• Establecer las condiciones de partida del proceso de expansión del cultivo de
soja en el Chaco Seco, observando cómo se relacionaban los factores socioam-
bientales que componen el sistema antes de dicha expansión.
• Analizar cómo esos factores se relacionan con el incremento de la superficie
con soja en la década de 1990, a partir de las correlaciones entre las diversas
variables estudiadas y el incremento de soja.

2. EL ÁREA DE ESTUDIO

Nuestro estudio se centrará en el sector norte del Chaco Seco y Húmedo argen-
tino, correspondiente a 69 departamentos de seis provincias argentinas: Chaco, For-
mosa, Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Jujuy (Fig. 2). La definición del área y
el tratamiento de la información a nivel de departamentos se deben a la disponibilidad
de datos estadísticos y a que las fuentes utilizadas así se disponen.
Con sus casi 400.000 km2, los 69 departamentos que aquí denominaremos Chaco
Seco concentran unas 2,6 millones de personas, resultando una densidad poblacional
notablemente baja, del orden de los 7 hab/km2. Un 70% de la población es urbana y
reside en poblados, que en su mayoría no superan los 10.000 habitantes. Y mientras
el 25% de la población se concentra en dos grandes ciudades –Resistencia y Santiago
del Estero–, un porcentaje similar se clasifica como población rural dispersa, es decir,
no reside en localidades rurales, sino dispersa en el campo.
Por otro lado, esta escasa población irregularmente distribuida, se destaca por
ser la población más pobre de Argentina. El Índice de Privación Material de los Ho-
gares sitúa a más del 50% de los hogares con algún tipo de privación, encontrándose

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algunos departamentos como Ramón Lista (Formosa) y Rivadavia (Salta) donde más
del 90% de los hogares presentan alguna carencia (BOLSI et al., 2006). A esto debe
agregarse que el área tiene actualmente la mayor proporción de población indígena
del país, con más de trece grupos étnicos para los cuales el español es su segunda
lengua (CENSABELLA, 2007).

Fig. 2: Ubicación de área de estudio

Este territorio, históricamente considerado como escasamente poblado en tér-


minos absolutos y relativos, tiene sin embargo, una representatividad en aumento en
relación al total de la población argentina. Y es que en las últimas décadas las diná-
micas demográficas han variado sensiblemente en todo el norte del país. De acuerdo
con estudios sobre la región del Noroeste Argentino (NOA), como por ejemplo el
de BOLSI (2004), en las últimas tres décadas del siglo XX se observa un cambio de
tendencia en relación al patrón emigratorio de la población del NOA. Se constata una
mayor permanencia de la población en la región, en paralelo a un progresivo deterioro
de sus condiciones de vida. Esta situación se puede verificar en algunos departamen-
tos del Chaco Seco y se atribuye al significativo incremento del crecimiento natural de
la población fruto de altas tasas de natalidad que se mantuvieron hasta 1990, y de una
mortalidad en descenso, junto a la disminución de las alternativas extrarregionales
para emigrar.

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Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

Entre 1988 y 2002 la superficie cultivada en el Chaco Seco se incrementó un


93%. Dicho incremento fue el resultado del avance de las oleaginosas (sobre todo de
la soja), de los cereales (trigo y maíz) y de las forrajeras. La soja fue sin lugar a dudas
el cultivo que lideró el proceso de aumento de la superficie cultivada, pasando de re-
presentar el 16% del total en 1988 al 37 % en 2002, con unas tasas de crecimiento del
350% y equivalentes a un incremento de más de un millón de hectáreas. Esto estuvo
muy relacionado con el aumento en los precios internacionales del grano, pero tam-
bién con la introducción a partir de 1997 de variedades transgénicas, que representó
un marcado aumento en los rendimientos (PAOLASSO et al, en preparación).

Fig. 3: Incremento del área cultivada en el Chaco Seco, por grupos de cultivos.
Fuente: Censo Nacional Agropecuario 1988, 2002. INDEC.

3.500

3.000

2.500
Hectareas (en miles)

Soja
2.000

otras oleaginosas
1.500
Cereales

1.000
Forrajeras

500 Hortalizas y
legumbres
Industriales
0
1988 2002
Año

A pesar de que el proceso de expansión agraria con soja se inicia con anterioridad
a la década del ’90, es aquí cuando toma fuerza y se generaliza en el Chaco Seco, tal
como se observa en la Fig. 3. Incluso hasta el año 2002 no se habían producido aún
los mayores cambios en el territorio (tales como el incremento desmedido de las áreas
incorporadas a la producción, la pavimentación de rutas, o el desalojo de pobladores
al ser vendidas las tierras sobre las que se asentaban) (MANZANAL et al, 2006).

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3. METODOLOGÍA

3.1. Las variables y las fuentes

Las unidades medidas son los 69 departamentos que se extienden y cubren parte
del Chaco Seco y Húmedo, y las variables son indicadores que reflejan las condicio-
nes ambientales, socio-demográficas, de la estructura agraria, infraestructura y del
cultivo de la soja en particular (Tabla 1).
Originalmente, el conjunto de datos incluía 40 variables que finalmente se re-
dujeron a 12, tras sucesivas pruebas a través de las cuales se eliminaron las variables
redundantes. Las variables que escogimos corresponden a la situación de partida del
proceso de expansión de la frontera agraria, es decir, son datos de inicios de la década
de 1990; todas, a excepción de una que es, precisamente, el incremento de la superfi-
cie sembrada con soja entre 1988 y 2002.

3.1.1. Variables ambientales: Finalmente reducidas a una, la superficie boscosa


en 1985/1991, que se obtuvo empleando imágenes Landsat TM con una resolución
espacial de 30m. La identificación del bosque se realizó mediante interpretación vi-
sual y digitalización en pantalla tomando como base la cartografía de bosque confec-
cionada por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable (SAyDS, 2006) y
siguiendo los procedimientos estándares del Sistema de Monitoreo de Bosques de la
Nación Argentina (UMSEF, 2008). Mediante este procedimiento se realizaron mapas
binarios (bosque-no bosque). Este procedimiento ya fue utilizado en estudios previos
de deforestación (GASPARRI et al, 2009) y la cartografía obtenida tiene un precisión
superior al 90 % calculada con puntos de control independientes tomados en el terre-
no (GRAU et al, 2005). Para cubrir toda el área de estudio correspondiente al Chaco
Seco se interpretaron un total de 19 imágenes correspondientes a fines de la década de
1980 y principios de la de 1990. Finalmente, los datos de bosque fueron agrupados por
departamento para poder ser analizados en conjunto con las estadísticas de población
y agricultura.

3.1.2. Variables socio-demográficas: Las variables socio-demográficas provie-


nen del Censo Nacional de Población de 1991 (información que recopila el INDEC
–Instituto Nacional de Estadísticas y Censos–). Se utilizaron los datos de la cantidad
de población indígena y de la distribución de la población según su residencia urbana
o rural y según fuera población rural agrupada o dispersa. Análisis previos en áreas
rurales (GIL MONTERO et al, 2007) sugieren que es conveniente distinguir la pobla-
ción estrictamente rural de la que vive en aglomerados (concentración espacial de edi-
ficios conectados por una red de calles, VAPÑARSKY, 1998), ya que frecuentemente
éstos cumplen funciones urbanas, aunque no alcancen los 2000 habitantes necesarios
para ser clasificados como centros urbanos.

3.1.3. Variables de la estructura agraria: Se emplearon los datos provenien-


tes del Censo Nacional Agropecuario 1988. Se calcularon, el tamaño medio de las
Explotaciones Agropecuarias (EAPs), el número de EAPs grandes (mayores a 2500

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hectáreas), y de EAPs pequeñas (menores de 25 hectáreas). También se seleccionó la


variable número de EAPs que presentan sus límites definidos. Este dato es importante
ya que en el Chaco Seco, así como en todo el Norte argentino, encontramos en algu-
nos departamentos una alta proporción de las EAPs presentan sus límites indefinidos.
Esta última designación, empleada por el INDEC (2002), incluye a explotaciones
que se caracterizan por tener límites imprecisos o carecer de ellos. Se trata en general
de campos comuneros, es decir de explotaciones que derivan de formas de tenencia
originarias de la época colonial. Estas tierras fueron generalmente otorgadas en con-
cesión por la corona española, con una delimitación muy poco precisa. La imprecisión
de origen se acentuó con el tiempo, por los cambios en las medidas de superficie
(legua castellana, legua riojana, legua tucumana), por la falta de trámites de sucesión
o complicaciones en éstos, la existencia de títulos de propiedad imperfectos, las cesio-
nes de derechos hereditarios, etc. Con frecuencia, estas explotaciones son utilizadas
en forma común por los productores (generalmente para pastoreo).

3.1.4. Variables de la infraestructura: Las variables de infraestructura se toma-


ron de bases cartográficas del INDEC, en formato shapefile. A través de análisis con
SIG se calculó los kilómetros de caminos pavimentados por departamento.

3.1.5. Cultivo de soja: Se emplearon datos de los Censos Nacionales Agropecua-


rios 1988 y 2002. Se calculó el área al inicio y el incremento de las hectáreas culti-
vadas con soja a lo largo del período estudiado. Se consideró de importancia el dato
del área cultivada con soja en 1988 por departamento, ya que el mismo representa el
estado de avance de la frontera agrícola en cada uno de ellos al principio del período
estudiado.

Tabla 1. Variables seleccionadas.

Categoría Variable Unidad


AMBIENTAL Bosque, 1985/1991 Has.
Población Rural, 1991 Hab.
Población rural agrupada, 1991 Hab.
SOCIO-DEMOGRÁFICAS
Población rural dispersa, 1991 Hab.
Hogares Indígenas, 1991 Hab.
Explotaciones delimitadas, 1988 EAPs
Tamaño medio de las parcelas, 1988 Has.
ESTRUCTURA AGRARIA
Explotaciones grandes, 1988 EAPs
Explotaciones pequeñas, 1988 EAPs
INFRAESTRUCTURA Caminos pavimentados, 1991 Km.
Soja, 1988 Has.
SOJA
Variación de la superficie con soja (1988-2002) Has.

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3.2. El método

En este estudio exploratorio nos propusimos abordar el problema de la coexis-


tencia de dos culturas sobre un mismo territorio con técnicas simples de correlación
y regresión lineal. El coeficiente de correlación indica la fuerza de una relación lineal
entre dos variables y la regresión lineal es un método matemático que modeliza la
relación entre una variable predictora y una variable respuesta. Ambas técnicas esta-
dísticas son susceptibles de interpretación en el ámbito descriptivo.
Para evaluar la normalidad de los datos se realizaron los test de Kolmogorov-
Smirnov y Shapiro-Wilk. Los resultados exhibieron una distribución leptocúrtica para
ciertas variables, por lo cual fueron transformadas a su logaritmo natural según la
ecuación: ln(x – (min x)+1); en donde se solucionó el problema de los valores nega-
tivos y ceros. Los resultados del test Shapiro-Wilk para las variables transformadas
indicaron una distribución normal, con lo cual era posible utilizar pruebas paramé-
tricas para evaluar las correlaciones entre las diferentes variables. Se realizaron ade-
más análisis de regresión lineal en aquellos casos en los cuales la evaluación de las
variables permitió concluir que este tipo de prueba era adecuada. Se obtuvieron los
coeficientes de regresión y el valor de R2 que expresa el grado de ajuste de la recta y
el poder predictivo de la variable independiente sobre la variable de resultado. Tanto
para los coeficientes de correlación como para las rectas de regresión, se consideró
significativo un valor p menor a 0.05.
El análisis estadístico se llevó a cabo con el programa informático SPSS 15.0
para Windows.

4. RESULTADOS

La matriz de correlaciones expresa algunos resultados que nos permiten inter-


pretar el proceso de la expansión de la soja en el Chaco Seco como un proceso que
transcurre en paralelo y sin relaciones significativas a las condiciones socioeconómi-
cas locales.
La variación de la superficie de soja en la década de 1990, se correlaciona con
todos los grupos de variables, excepto particularmente con las variables socio-demo-
gráficas. En primer lugar, se constatan correlaciones altamente significativas con la
superficie sembrada con soja en el año 1988 (Fig. 4), de lo cual se interpreta que la
existencia previa de mayores superficies con soja, favoreció en ciertas áreas el incre-
mento del área cultivada con esta oleaginosa.

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Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

Tabla 2. Coeficientes de correlación de Pearson entre a) variación de la superfi-


cie con soja (1988-2002) y variables seleccionadas; y b) población rural y varia-
bles seleccionadas

a) Variación de la superficie con soja (1988-2002)


Correlación de
Variable P
Pearson
AMBIENTAL: Bosque, 1985/1991 0.278 0.023
SOJA: Soja, 1988 0.687 <0.001
ESTRUCTURA AGRARIA: Explotaciones grandes 0.282 0.002
INFRAESTRUCTURA: Caminos pavimentados 0.379 <0.001

b) Población Rural 1991


Correlación de
Variable P
Pearson
AMBIENTAL: Bosque, 1985/1991 0.313 0.010
SOJA: Soja, 1988 0.374 0.002
SOCIO-DEMOGRÁFICAS: Hogares Indígenas 0.365 0.002
ESTRUCTURA AGRARIA: Explotaciones delimitadas 0.808 <0.001
ESTRUCTURA AGRARIA: Tamaño medio de las parcelas -0.259 0.034
ESTRUCTURA AGRARIA: Explotaciones pequeñas 0.690 <0.001
INFRAESTRUCTURA: Caminos pavimentados 0.491 <0.001

La infraestructura, especialmente los caminos pavimentados, también manifies-


tan correlaciones positivas significativas, indicando que cuanto más extensa era la
red de caminos en 1990, mayores han sido los incrementos de la superficie sembrada
con soja. En tercer lugar se observan correlaciones entre la variación de la superficie
con soja y las explotaciones agropecuarias de más de 2500 hectáreas; es decir, en
aquellos departamentos donde había en 1988 una mayor cantidad de explotaciones de
gran tamaño, fue donde mayor crecimiento hubo de la superficie cultivada con soja.
La última correlación, por orden de significación, le corresponde a la superficie del
bosque. La relación nuevamente es positiva, resultado de lo cual se entiende que los
incrementos de la superficie cultivada con soja se han concentrado en los departamen-
tos con mayores superficies con bosques.
En relación con los resultados del análisis entre las variables socio-demográficas
y las de estructura agraria, se destacan las correlaciones entre la población rural de
1991 y las explotaciones de pequeño tamaño, inferiores a 25 hectáreas, así como una

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correlación positiva altamente significativa con las explotaciones con límites defini-
dos. También se manifiesta una correlación de signo negativo con el tamaño medio
de las parcelas (Fig. 5). Esto indicaría que en el Chaco Seco, los departamentos que
presentan una mayor cantidad de población rural, exhiben una estructura de la tierra
específica, donde predominan los minifundios, con límites definidos, y de muy poco
tamaño.

Fig. 4: Relación entre la variación de la superficie con soja y el área cultivada


con soja a comienzos del período.

Por otro lado, la población rural, si bien no se relaciona con el incremento de las
superficies sembradas con soja en el período analizado, si muestra una correlación
positiva con la superficie con soja en 1988 (Tabla 2). Esto indica que en los departa-
mentos “más rurales” o con gran cantidad de población rural, encontramos mayores
superficies cultivadas con soja a comienzos de la década.

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Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

Tabla 3. Coeficientes de correlación de Pearson discriminados según población


rural dispersa y agrupada.

Población rural agrupada Población rural dispersa


Variables
Correlación de Pearson P Correlación de Pearson P
Bosque, 1985/1991 0.133 0.288 0.286 0.019
Soja, 1988 0.351 0.004 0.271 0.028

Por último, la población rural del Chaco Seco se relaciona también, según se
observa en la Tabla 2, con la superficie de bosque, indicando que a mayor superficie
boscosa, mayor cantidad de población rural.

Fig. 5. Rectas de Regresión. Relación entre la población rural de 1991


y variables de la estructura agraria.

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Es interesante, por otro lado, observar las diferencias que surgen al considerar se-
paradamente la población rural agrupada de la dispersa (Tabla 3). Como ya se explicó,
la población rural agrupada es aquella que reside en aglomerados de menos de 2000
habitantes, pero en cuales se pueden encontrar funciones y servicios característicos
de las zonas urbanas. Es interesante observar que ambas formas de distribución de la
población correlacionan positivamente con la superficie sembrada con soja en 1988,
a pesar de que la correlación es más significativa cuando refiere a la población rural
agrupada. En relación a las correlaciones con la superficie de bosque, el resultado nos
indica que la relación importante se encuentra, lógicamente, entre la población rural
dispersa y el bosque.

5. DISCUSIÓN

5.1. El proceso de cambio socioambiental en el Chaco, un marco de inter-


pretación

El estudio de los cambios de uso del territorio involucra complejas interacciones


entre sistemas naturales y humanos (LAMBIN et al. 2003). El uso de los recursos
refleja y expresa la conducta de un grupo social en su medio natural dado. En cada
momento, lo que los grupos humanos hacen puede derivarse de la naturaleza pero
principalmente de lo que han aprendido o de lo que se les impone (BOLSI, 1997).
Así pues, con cada cambio de hábito, se producirá una reinterpretación del hábitat
(SAUER, 1941); con cada cambio en el modelo cultural, la sociedad redefinirá el me-
dio natural. En términos de la explicación de tal proceso, ello significa que un nuevo
sistema de factores reemplaza a uno anterior, implicando un proceso de destrucción y
reconstrucción territorial (PAOLASSO et al, en preparación).
A través del tiempo, el territorio del Chaco se fue transformando según las nece-
sidades, los usos y las costumbres de los agentes que actuaron en él. Quizás la primera
gran perturbación de la ecorregión del Chaco ha sido causada por la implantación de
la ganadería y el sobre-pastoreo producidos tras el ingreso de los pobladores criollos.
Otros cambios ambientales se sucedieron con otras actividades económicas que fue-
ron desembarcando, como la explotación forestal (fundamentalmente de quebracho
colorado), y las actividades agrícolas industriales (sobre todo la caña de azúcar en
el margen occidental del Chaco, y el algodón en el margen opuesto) (VAN DAM,
2002).
Desde la década del ‘60, el ingreso de un nuevo agente en el territorio -los cultivos
de oleaginosas-, trae aparejado nuevos desequilibrios y cambios ambientales y territo-
riales en el Chaco. Bajo el incentivo de los bajos precios de la tierra y del desmonte, y
los altos precios internacionales, comienza el proceso de cambio socioambiental más
violento de la historia del Chaco. Este proceso provee oportunidades de desarrollo
socioeconómico a nivel nacional y regional; pero, simultáneamente, representa una
importante amenaza tanto para las estructuras sociales locales, históricamente mar-
ginales, como para los ecosistemas naturales y sus servicios ecológicos. El desafío,

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Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

entonces, consiste en analizar el proceso y colocarlo bajo un marco de interpretación


que pueda franquear el hiato entre el cambio cultural y la dinámica económica.

5.2. Las condiciones socioambientales de partida

El análisis de correlaciones llevado a cabo, nos ha brindado cierta luz para com-
prender cómo funcionaba la red de relaciones en el momento de partida del proceso
de expansión de la frontera agraria en el Chaco Seco argentino. Se pudo observar que
la población rural de 1991 se correlaciona claramente con el minifundio, que está
compuesta en parte por población indígena, y que sus relaciones con la superficie de
bosque y con la soja sembrada en 1988 difieren según esa población sea agrupada o
dispersa.
La población en el Chaco Seco, como ya se mencionó anteriormente, se compo-
ne de criollos e indígenas. Aunque una parte muy importante de éstos últimos se han
trasladado a las periferias de las ciudades del Chaco, donde han variado sustancial-
mente sus modos de vida, una proporción muy importante de ellos continúan viviendo
según sus costumbres ancestrales, hablan su propia lengua y utilizan los recursos del
bosque libremente. En el mismo ambiente, conviven con los criollos, criadores de
ganado, con los cuales compiten por el uso del espacio, y donde esta competencia se
trasluce en múltiples ocasiones en conflictos entre los dos grupos. Actualmente, los
grupos indígenas, con ayuda de organizaciones no gubernamentales, se han organiza-
do y formado asociaciones civiles, y llevan adelante acciones legales para conseguir
la tenencia de sus tierras de uso ancestral.
Finalmente, los resultados nos muestran una asociación entre la población rural
y las infraestructuras. Efectivamente, las poblaciones en el Chaco, así como en todo
el norte argentino, históricamente se han concentrado en torno a las principales vías
de comunicación.

5.3. Las relaciones entre los factores socioambientales y el incremento de


soja

A través de la ausencia de correlaciones significativas, se puso de manifiesto


cómo el incremento de la superficie con soja en el Chaco Seco argentino en la década
de 1990 no se vio afectado de un modo positivo o negativo por las condiciones socio-
demográficas locales.
Estos resultados nos llevan a suponer que la población rural no actúa de ningún
modo alentando o desalentando el proceso en los distintos departamentos, ya que a co-
mienzos de la década del noventa se observa la coexistencia en el territorio de grandes
superficies sembradas con soja y grandes cantidades de población rural. Sin embargo,
estos resultados no nos permiten aún desechar la hipótesis contraria, frecuentemente
afirmada por muchos autores (LATTUADA y NEIMAN, 2005), que afirma que la
expansión de la soja sobre el Chaco Seco estaría ligada a un vaciamiento progresivo
del campo, a una “descampesinización”.
En el análisis de la relación entre la variación de la superficie con soja y las
estructuras agrarias, comprobamos que las formas de apropiación del territorio difie-

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ren sustancialmente con respecto a las que describe la población rural. Así pues, la
variación de la superficie con soja se encuentra correlacionada con la existencia de
un sistema de división de la propiedad, donde una porción importante de las EAPs
son latifundios de más de 2500 hectáreas. Y es aquí quizás donde se observa el mayor
contraste entre ambas culturas.
Finalmente, en cuanto a la correlación positiva encontrada entre la población
rural agrupada y el incremento de la superficie con soja, podemos interpretarla consi-
derando la hipótesis formulada por algunos autores como REBORATTI (1996). Dicha
hipótesis, afirma que los procesos de avance de la frontera agraria en el Chaco Seco
van ligados a una urbanización de la población. La nueva producción demanda servi-
cios técnicos, apoyo de repuestos, combustible, sistemas financieros y utiliza mano de
obra especializada y por cortos períodos de tiempo. De esta forma, la frontera agraria
es una frontera vacía de hombres en el campo y llena de maquinaria y tecnología en
los pequeños centros urbanos o pre-urbanos. Sin embargo, ha de tenerse en cuenta
que, tal como lo señalan BOLSI y MEICHTRY (2006), el crecimiento urbano debe
reconocerse más como un problema social, que como resultado de un proceso de cre-
cimiento económico, ya que se trata ante todo de un traslado de la miseria desde las
zonas rurales a las urbanas.

6. CONCLUSIÓN

En este trabajo se han establecido las relaciones existentes entre variables am-
bientales, socio-demográficas, de la estructura agraria, de la infraestructura y de la
soja, antes del proceso de avance de la frontera agrícola con soja. Se han puesto de
manifiesto cómo las variables sociodemográficas se relacionaban ya en 1990 con una
estructura agraria determinada. A su vez, se ha comprobado que, mientras el incre-
mento de la soja se ve condicionado por ciertas implicancias territoriales, como ser
una estructura de la tierra caracterizada por el latifundio, no se observan implicancias
socio-demográficas. Al parecer el incremento de soja es independiente de las con-
diciones socio-demográficas y ambos sistemas conviven en un mismo territorio sin
apenas manifestar relaciones entre ellos.
Sin embargo, es necesario refinar estas conclusiones, realizando modelos linea-
les más sofisticados, a través de los cuales podamos conocer qué factores determinan,
y en qué medida lo hacen, el incremento de la superficie con soja en el Chaco Seco.
A partir de ahora, con el aporte de este trabajo y conocidas las condiciones de partida,
es posible analizar las consecuencias socioambientales de la expansión de la frontera
agraria con soja en el Chaco; lo que sea quizás mucho más importante para trabajar a
favor de la conservación biológica y cultural del bosque chaqueño.

1800
Correlaciones entre la expansión del cultivo de soja y las condiciones socioambientales en el chaco seco argentino en la década de 1990

7. BIBLIOGRAFÍA

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1802
LA VARIABILIDAD EN LA PRODUCCIÓN DE
ESCORRENTÍA Y SEDIMENTO EN DIFERENTES USOS
DEL SUELO DEL PIRINEO

TEODORO LASANTA MARTÍNEZ


Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).
Campus de Aula Dei. Apdo.13034- Zaragoza. E-mail: fm@ipe.csic.es
ESTELA NADAL ROMERO
Dep. Earth and Environmental Sciences, Physical and Regional Geography
Research Group, K.U.Leuven, Celestijnenlaan 200 E, 3001 Heverlee (Belgium).
E-mail: MariaEstela.NadalRomero@ees.kuleuven.be
Mª PILAR SERRANO MUELA
Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC).
Campus de Aula Dei. Apdo.13034- Zaragoza. E-mail: pili@ipe.csic.es
JOSÉ M. GARCÍA RUIZ
Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC). Campus de Aula Dei. Apdo.13034- Za-
ragoza. E-mail: humberto@ipe.csic.es

Los usos del suelo y su gestión tienen una gran influencia sobre la generación de
escorrentía, el arranque de partículas y el transporte de sedimento por la red fluvial,
con efectos sobre la calidad del agua, la magnitud y frecuencia de las avenidas y la ve-
locidad de aterramiento de los embalses (LLORENS y DOMINGO, 2007; GARCÍA-
RUIZ et al., 2008). De ahí, que los modos de organización del espacio y la gestión que
el hombre hace del territorio sean factores esenciales en el control de la disponibilidad
y calidad del agua.
Estos aspectos adquieren especial relevancia en las regiones de ámbito medite-
rráneo, donde los recursos hídricos son muchas veces limitados y siempre dependien-
tes de las áreas de montaña, que actúan como auténticos islotes de humedad (GAR-
CÍA-RUIZ et al. 2001). Por ello, los cambios de uso del suelo y de vegetación que
tienen lugar en esas áreas, espacialmente muy limitadas, tienen consecuencias de gran
envergadura no sólo para las propias áreas de montaña, sino sobre todo para las llanu-
ras próximas, donde se asienta la población, los complejos industriales y las áreas de
regadío (GARCÍA-RUIZ et al., en prensa).

1803
TEODORO LASANTA MARTÍNEZ, ESTELA NADAL ROMERO, Mª PILAR SERRANO MUELA Y JOSÉ M. GARCÍA RUIZ

En la montaña mediterránea europea los cambios de cubierta vegetal y de usos


del suelo constituyen procesos muy activos desde mediados del siglo XX (CHAU-
CHARD et al., 2007; SLUITER y DE JONG, 2008). En el Pirineo, al igual que en
otras montañas españolas, la despoblación y la incorporación de la montaña a una
economía global son responsables de los cambios agrícolas, la concentración del ga-
nado en pequeños enclaves del territorio y la reforestación de parte de la montaña
media (GARCÍA-RUIZ y LASANTA, 1990; ORTIGOSA et al., 1990), lo que ha con-
ducido a un intenso proceso de revegetación, con avance de los matorrales y bosques
(PÉREZ-CHACÓN y VABRE, 1988; VICENTE-SERRANO et al., 2004).
Entre los cambios de uso del suelo que han tenido lugar en el Pirineo se incluyen
los del espacio agrícola: cese de la agricultura itinerante, abandono de campos en
pendiente, sustitución de cereales por prados, recolonización vegetal por matorrales
de sucesión (LASANTA, 1989; GARCÍA-RUIZ y LASANTA, 1990).
Tales cambios tienen importantes efectos sobre la variabilidad de la escorrentía y
el transporte de sedimento, como se ha comprobado a escala regional (BEGUERÍA et
al., 2003; LÓPEZ-MORENO et al., 2008). Para estudiar tales efectos, el Departamen-
to de Procesos Geoambientales y Cambio Global del Instituto Pirenaico de Ecología
(CSIC) mantiene monitorizadas, a partir de mediados de los años ochenta, cuatro cuen-
cas experimentales representativas de varios usos del suelo del Pirineo central: Izas
(pastos subalpinos), Arnás (campos abandonados), San Salvador (bosque) y Araguás
(cárcavas, campos abandonados y bosque sobre margas y flysch) (GARCÍA-RUIZ et
al., 2008). Además, en 1991 se puso en marcha la Estación Experimental “Valle de
Aísa” para aportar información sobre el funcionamiento hidrológico y geomorfológi-
co de varios usos del suelo y prácticas de la agricultura del Pirineo, durante el llamado
sistema tradicional y de los cambios que se han producido durante las últimas déca-
das. El objetivo de este trabajo es analizar la variabilidad que presenta la producción
de escorrentía y sedimentos en diferentes usos del suelo como base para explicar la
heterogeneidad paisajística de la montaña media sometida a fuerte presión humana.

1. EL ÁREA DE ESTUDIO

La parte experimental del estudio se ha llevado a cabo en el valle de Aísa, Piri-


neo Central español (Fig. 1). Dos grandes unidades morfoestructurales dominan en
el valle: al norte, las Sierras Interiores, de litología calcárea, han originado grandes
escarpes debido tanto al dispositivo estructural y la resistencia del roquedo como al
glaciarismo pleistoceno. Inmediatamente al sur se localiza el sector del flysch Eoceno,
que ha dado lugar a una sucesión de colinas de divisorias suaves y vertientes regula-
rizadas, afectadas localmente por abarrancamientos (GARCÍA-RUIZ y PUIGDEFÁ-
BREGAS, 1982).

1804
La variabilidad en la producción de escorrentía y sedimento en diferentes usos del suelo del pirineo

Figura 1. Localización de la Estación Experimental Valle de Aísa (EEVA).

En la localidad de Aísa, a 1100 m s.n.m., la precipitación media anual es de 1100


mm y la temperatura media anual de 10ºC. Por debajo de 1500 m los bosques de Pi-
nus sylvestris dominan en las laderas umbrías, mientras que en las solanas coexisten
pequeños rodales de Quercus gr. faginea con diversos matorrales submediterráneos
(Genista scorpius, Rosa sp., Crataegus monogyna, Buxus sempervirens, Juniperus
communis y Prunus spinosa constituyen las especies dominantes). El piso subalpi-
no (por encima de los 1700-1800 m s.n.m.) fue completamente deforestado desde la
Edad Media para ampliar la superficie de pastos de verano (MONTSERRAT, 1992;
GARCÍA-RUIZ y VALERO, 1998). Los suelos son pardos, muy pedregosos y de
escasa potencia. Son pobres en nutrientes y en materia orgánica (1,5%) y ricos en
carbonato, por lo que su pH es siempre básico (RUIZ FLAÑO, 1993).
El valle de Aísa ocupa una superficie total de 8540 ha, de las que al menos 1749
ha (el 23,8% del total) se cultivaron hasta las primeras décadas del siglo XX. El espa-
cio agrícola ocupaba el fondo del valle y la mayoría de las laderas solanas localizadas
entre 900 y 1500 m s.n.m., con pendientes comprendidas entre el 20 y el 40%. El
cultivo principal era el cereal, que alternaba anualmente con el barbecho; una parte
importante del espacio agrícola (643 ha) lo constituían las articas (campos itinerantes
dedicados a cereal y fertilizados mediante la quema de matorrales), que se cultivaban
durante 3-5 años para abandonarse a continuación durante 20-30 años. Desde 1930
se han abandonado 1456 ha, manteniéndose en cultivo sólo los espacios llanos y de

1805
TEODORO LASANTA MARTÍNEZ, ESTELA NADAL ROMERO, Mª PILAR SERRANO MUELA Y JOSÉ M. GARCÍA RUIZ

suave pendiente (campos que pueden ser trabajados con maquinaria agrícola), donde
los cereales han sido sustituidos por cultivos forrajeros (LASANTA, 1989). Tanto los
campos de artigueo como los abandonados están inmersos en un proceso de sucesión
vegetal, encontrándose en la actualidad cubiertos mayoritariamente por Genista scor-
pius y Rosa gr. canina. (MOLINILLO et al., 1997).

2. MÉTODOS

La Estación Experimental “Valle de Aísa” (EEVA) se localiza cerca del pueblo


de Aísa (30TXN957285), a 1240 m s.n.m. en un antiguo campo de cultivo con el 32%
de pendiente, abandonado a principios de los años sesenta y cubierto por matorral
denso de Genista scorpius y Rosa gr. canina como especies más representativas.
En 1991 se instaló la Estación Experimental con nueve parcelas cerradas de 10 x
3 m, para controlar el comportamiento hidromorfológico de los usos y prácticas de la
agricultura tradicional y actual del Pirineo. Cada parcela dispone de un canal Gerlach
en la parte baja, conectado a un sistema de balancines y a data loggers para registrar
los eventos de escorrentía de forma continua. Además la estación cuenta con un plu-
viógrafo conectado a uno de los data loggers para registrar el volumen e intensidad
de la lluvia. Parte de la escorrentía de cada parcela es desviada desde los balancines a
depósitos de entre 130 y 220 litros de capacidad. Después de cada evento lluvioso se
recoge una muestra de agua para conocer la exportación de sedimento en suspensión
y los materiales disueltos.
Las parcelas reproducen varios usos del suelo: (i) cereal siguiendo los procedi-
mientos de la agricultura itinerante o de rozas (Artica), (ii)cereal fertilizado con abono
químico (Cereal), (iii) Barbecho, (iv) Artica abandonada en 1996, después de 4 años
de cultivo, (v) cereal fertilizado abandonado en 1993 (Abandonada), (vi) matorral
incendiado en 1991 (Quemada A), (vii) matorral incendiado en 1993 y de nuevo en
2001 (Quemada B), (viii) prado y (ix) matorral denso o parcela Testigo (vegetación
natural inalterada). Hay, pues, nueve parcelas que simulan los principales usos agro-
pecuarios en los llamados sistema tradicional y actual de gestión del territorio en el
Pirineo y, en general, en la mayoría de las montañas mediterráneas españolas. En el
caso de la parcela de Artica se procedió a desbrozar el matorral, quemarlo lentamente
bajo un montón de tierra y distribuir las cenizas a modo de abono (LASANTA et al.,
2006).
Dos variables tienen especial importancia desde un punto de vista hidromorfoló-
gico: el laboreo del suelo y la densidad y estructura de la cubierta vegetal. El barbe-
cho, el cereal fertilizado y la artica se labran cada año a finales de otoño, mientras que
el resto de los usos se dejan sin labrar. El barbecho desarrolla una cubierta de plantas
anuales que cubre del 10 al 20% del suelo. El cereal fertilizado y la artica, que se
siembran en enero, comienzan a partir de marzo a cubrir progresivamente la parcela,
llegando a ser del 100% entre mayo y julio en el fertilizado y del 60-70% en la artica.
En la primera quincena de julio el cereal se siega en ambas parcelas, permaneciendo
un rastrojo muy denso en el cereal fertilizado y aclarado en el de artigueo.

1806
La variabilidad en la producción de escorrentía y sedimento en diferentes usos del suelo del pirineo

El resto de los usos tenía un cubrimiento del 100% en el año hidrológico


2007-2008, si bien la composición entre los usos varía. En las parcelas abandonadas
y en el prado dominan las herbáceas o leñosas muy bajas (Brachypodium pinnatum,
Carex flacca, Thymus vulgaris, Medicago sativa, Centaurea jacea, como especies
más representativas) sobre las que se superpone un estrato de matorral (de Genista
scorpius) más o menos denso: del 15% en el prado y la artica abandonada y del 60%
en el cereal abandonado. En las parcelas quemadas y en la testigo la estructura de la
cubierta vegetal es más compleja, ya que por debajo de un estrato de matorral que
cubre el 100% de la parcela o casi, se localiza una cubierta de herbáceas muy densa:
100% en la Quemada B y la Testigo, y del 80% en la Quemada A.

3. RESULTADOS

Los resultados obtenidos en la EEVA proporcionan información sobre las salidas


de agua y las pérdidas de suelo en los diferentes usos del suelo monitorizados. La
Figura 2 muestra los coeficientes de escorrentía medios para el periodo de estudio
(1992–2008). En la parte de la izquierda de la figura aparecen los usos que a lo largo
del periodo de estudio han tenido un cubrimiento vegetal muy denso de forma perma-
nente (excepto durante algunos meses tras el incendio en el caso de la parcela Que-
mada A). Los coeficientes de escorrentía (CE), expresados en %, son bajos todos los
años, dando unos valores medios de 4,7% en la Testigo, 7,2% en el Prado y 6,1% en la
Quemada A. En la derecha de la figura aparecen los usos de la agricultura tradicional,
con remoción del suelo y con fuertes variaciones de la cubierta vegetal a lo largo del
año. Estos usos muestran coeficientes de escorrentía más elevados: del 12,9% en el
Cereal, del 13,1% en el Barbecho y del 18,7% en la Artica. Esta última, sujeta a un
procedimiento de cultivo con muy pocas medidas de conservación y con una baja pro-
tección del suelo gran parte del año, es la que registra, con diferencia, los valores más
elevados de escorrentía superficial. En el centro de la figura se encuentran las parcelas
que han tenido importantes cambios de cubierta vegetal durante la fase de estudio.
Es el caso de las dos parcelas cultivadas en el pasado y posteriormente abandonadas.
Estas parcelas han seguido un proceso de sucesión vegetal que las ha llevado del suelo
desnudo a un cubrimiento actual muy denso, donde dominan las herbáceas, si bien el
matorral va teniendo cada vez mayor presencia, sobre todo en la parcela abandona-
da a partir del cereal fertilizado. La parcela Quemada B, por su parte, ha tenido que
experimentar dos procesos de recolonización tras las quemas de 1993 y 2001. Estas
circunstancias han hecho que los CE presenten valores muy dispares a lo largo del
tiempo, aunque muestran una tendencia descendente a medida que la cubierta vegetal
se hace más densa y más compleja. Los CE medios dan valores próximos a los usos
agrícolas tradicionales, de 13,7% en la Quemada B, 9,8% en la Abandonada y 11,7%
en la Artica abandonada.

1807
TEODORO LASANTA MARTÍNEZ, ESTELA NADAL ROMERO, Mª PILAR SERRANO MUELA Y JOSÉ M. GARCÍA RUIZ

Figura 2. Coeficiente medio de escorrentía (1992-2008) en los diferentes usos de


suelo.

La Figura 3 incluye las pérdidas medias anuales de suelo entre 1992 y 2008. En
general, puede afirmarse que el patrón de distribución de la pérdida de suelo por usos
sigue pautas similares a la escorrentía superficial, con pequeñas diferencias. De he-
cho, los usos con cubrimiento denso permanente (parcelas de la izquierda en la figura)
y los usos agrícolas tradicionales (parcelas de la derecha) guardan una buena relación
con los coeficientes de escorrentía. Así, las primeras presentan tasas de erosión muy
moderadas (100 kg ha-1 en la Testigo, 153 kg ha-1 en el Prado y 114 kg ha-1 en la Que-
mada A) y bastante más elevadas en las segundas (899 kg ha-1 en el Barbecho, 666 kg
ha-1 en el Cereal y 1464 kg ha-1 en la Artica). Aunque los resultados de pérdida de sue-
lo en parcelas experimentales no deben ser tomados como valores absolutos o tasas de
erosión debido a las limitaciones impuestas por el propio sistema de medida (BOIX-
FAYOS et al., 2006), lo cierto es que las diferencias son muy llamativas. Así, la Artica
llega a exportar 14 veces más sedimento que la parcela de matorral denso. Destaca
también el hecho de que mientras los coeficientes de escorrentía son aproximada-
mente 3 veces más elevados en los usos agrícolas que en los de elevado cubrimiento
vegetal, las tasas de erosión se multiplican entre 6 y 10 veces, lo que demuestra que
el agua sale mucho más cargada de sedimento en los parcelas correspondientes a la
agricultura tradicional. Las parcelas del centro de la Figura 3 muestran pérdidas de

1808
La variabilidad en la producción de escorrentía y sedimento en diferentes usos del suelo del pirineo

suelo intermedias, acercándose más a las tasas de los usos con vegetación permanente
(sobre todo en las parcelas abandonadas), al contrario de lo que ocurría con los coefi-
cientes de escorrentía. Este hecho pone de manifiesto que tales usos producen bastante
agua pero no muy cargada de sedimento. También refleja un hecho conocido: el pro-
gresivo cubrimiento de la vegetación representa un rápido descenso en la pérdida de
suelo, mientras la escorrentía disminuye más lentamente.

Figura 3. Pérdida media de suelo (1992-2008) en los diferentes usos de suelo.

La Tabla 1 informa sobre las relaciones existentes entre precipitación, escorren-


tía y transporte de sedimento. Resulta sorprendente la ausencia de significación en las
correlaciones entre precipitación anual y coeficiente de escorrentía en todos los usos
del suelo, lo que demuestra la extrema variabilidad en la respuesta hidrológica, esto
es, que los años más húmedos no son necesariamente los que producen más agua, ni
los más secos los que menos. Las correlaciones son también muy bajas entre preci-
pitación anual y exportación total de sedimento, siendo solamente significativa en el
caso de la Artica abandonada (r = 0.623) y próxima a la significación en las parcelas
de Prado (r = 0.458), Matorral denso (r = 0.430) y Artica (0.409). En cambio, las co-
rrelaciones son más que aceptables entre el coeficiente de escorrentía y la exportación
o transporte de sedimento, especialmente en el caso de la Artica (r = 0.826), seguida

1809
TEODORO LASANTA MARTÍNEZ, ESTELA NADAL ROMERO, Mª PILAR SERRANO MUELA Y JOSÉ M. GARCÍA RUIZ

por la Quemada A (r = 0.711), el Matorral denso (r = 0.604), parcela Abandonada (r


= 0.578), Prado (r = 0.574) y Artica Abandonada (r = 0.459). No existe significación
en las relaciones entre escorrentía y transporte de sedimento en el caso de las parcelas
Quemada B, Barbecho y Cereal.

Tabla 1: Coeficientes de correlación entre los datos anuales de precipitación,


coeficiente de escorrentía (CE) y transporte de sedimento en los diferentes usos
del suelo.

Uso del suelo Precipitación – CE Precipitación – Transporte CE - Transporte


Testigo -0,126 0,430 0,604*
Prado 0,188 0,458 0,574*
Quemada A 0,205 0,156 0,711**
Quemada B 0,324 0,383 0,305
Abandonada 0,209 0,623* 0,578*
Artica Abandonada -0,194 0,270 0,459*
Barbecho 0,315 -0,207 0,158
Cereal 0,333 0,241 0,460
Artica 0,365 0,409 0,826**
* Significación al 0,05; ** Significación al 0,01%

4. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El Pirineo español ha experimentado importantes cambios de uso del suelo desde


mediados del siglo XX. La gestión tradicional de las laderas medias y bajas (<1600 m
a.s.l.) se basaba en el cultivo de cereal (algunas parcelas mediante sistemas itinerantes
o de rozas) en alternancia con el barbecho, el pastoreo intensivo en primavera y otoño,
e incendios periódicos de matorral para mejorar temporalmente la calidad de los pas-
tos. En general, los campos cerealistas cultivados en laderas fueron abandonados en
un proceso muy rápido (LASANTA, 1988). Los mejores campos, en los fondos de va-
lle, o en rellanos colgados de origen glaciolacustre, fueron sustituidos por prados para
la alimentación invernal del ganado (GARCÍA-RUIZ y LASANTA, 1990). En la Es-
tación Experimental “Valle de Aísa” se han reproducido esos usos del suelo, utilizan-
do para ello parcelas cerradas de 30 m2, incluyendo también dos parcelas de matorral
que se quemaron para hacer un seguimiento de los efectos hidromorfológicos de los
incendios, y se dejó una parcela de matorral denso como testigo de lo que serían unas
condiciones relativamente naturales. El uso de parcelas experimentales constituye un
procedimiento muy habitual para obtener información cuantitativa sobre escorrentía y

1810
La variabilidad en la producción de escorrentía y sedimento en diferentes usos del suelo del pirineo

transporte de sedimento, a pesar de sus limitaciones. Partiendo de ello, tales medidas


sirven para establecer comparaciones sencillas de la escorrentía y erosión en diferen-
tes condiciones de manejo (LÓPEZ BERMÚDEZ et al., 1993; BOIX-FAYOS et al.,
2006). No obstante, la escasas relaciones encontradas entre precipitación, escorrentía
y transporte de sedimento anuales demuestra que existen además otros factores que
han podido ser bien identificados en cuencas experimentales, en particular la hume-
dad antecedente y el periodo del año en que se concentran las lluvias más intensas)
(LANA-RERNAULT et al., 2007). La información tiene, por supuesto, tanto más
valor cuanto más prolongado es el periodo de estudio. En el caso de la EEVA, con 18
años de seguimiento, se trata de una de las estaciones de mayor antigüedad de Espa-
ña, clave para el estudio de la variabilidad espacial de la producción de escorrentía y
sedimento en el Pirineo y otras montañas submediterráneas.
Los resultados obtenidos en este trabajo muestran que la generación de agua
y sedimento no es, en absoluto, independiente de la cubierta vegetal o de los apro-
vechamientos, y que, por lo tanto, aspectos tan importantes del aprovechamiento y
gestión territoriales, como la disponibilidad de recursos hídricos, así como su calidad,
o el aterramiento de embalses están condicionados por la densidad y estructura de la
cubierta vegetal y de los tipos de cultivo. Este es un hecho de enorme trascendencia,
como se ha comprobado a diferentes escalas espaciales (BEGUERÍA et al., 2003;
GARCÍA-RUIZ et al., 2008) y da un margen de maniobra a la gestión del territorio
para mejorar la calidad del agua (es decir, para reducir su carga de sedimento) o para
introducir variaciones en su régimen.
Los resultados precedentes permiten distinguir tres grupos de usos del suelo:
(i) Las parcelas de Matorral denso, Prado y Quemada A tienen coeficientes de
escorrentía bajos y muestran una concentración de sedimento moderada, derivándose
de ambos hechos bajas tasas de erosión. Este comportamiento se explica por su cu-
brimiento vegetal denso y permanente, por poseer un suelo bien estructurado, al no
labrarse, y un elevado contenido en materia orgánica. Estas circunstancias favorecen
volúmenes de infiltración superiores al resto de los usos del suelo, sea cual sea el vo-
lumen de lluvia registrada (LASANTA y GARCÍA-RUIZ, 1998 y 1999).
(ii) En el lado opuesto se sitúan las parcelas de la agricultura tradicional (Cereal,
Barbecho y Artica), que presentan coeficientes de escorrentía más elevados y mayores
pérdidas de suelo, en relación con altas concentraciones de sedimento y altos volúme-
nes de escorrentía. En estos usos se produce una rápida saturación del suelo, ya que
el agua no penetra a mayor profundidad que la capa removida. Por otro lado, la exis-
tencia de material suelto como consecuencia del laboreo favorece concentraciones
de sedimento elevadas. Destacan los altos CE y tasas de erosión de la Artica. Ello se
explica por su bajo cubrimiento vegetal durante todo el año (la producción media de
cereal grano es de 600-700 kg/ha/año) y por la formación de una pequeña costra su-
perficial, como consecuencia de que el suelo se alisa tras la siembra, favoreciendo así
el escurrimiento superficial del agua (LASANTA et al., 2006). En la parcela de Cereal
el cubrimiento es mayor entre abril y septiembre (la producción media es de 2800 kg/
ha/año, y después de la siega en julio queda el rastrojo), mientras que en el Barbecho
el sistema de laboreo crea pequeñas depresiones que resultan suficientes para retener
el agua durante lluvias moderadas.

1811
TEODORO LASANTA MARTÍNEZ, ESTELA NADAL ROMERO, Mª PILAR SERRANO MUELA Y JOSÉ M. GARCÍA RUIZ

(iii) Las parcelas abandonadas a partir de cereal fertilizado y de artigueo y la


Quemada B forman un grupo intermedio entre los dos anteriores, mostrando una fase
de transición –muy ligada a las etapas de colonización tras la fase de cultivo o los
incendios controlados- entre los usos agrícolas muy intervenidos por el hombre (agri-
cultura tradicional) y los poco intervenidos. Estas parcelas presentan coeficientes de
escorrentía y tasas de erosión a medio camino entre el resto de usos (GARCÍA-RUIZ
et al., 1995).

Estos resultados confirman, una vez más, el importante papel que desempeñan
la cubierta vegetal y la mayor o menor intensidad de las perturbaciones de origen
antropogénico, factores esenciales que condicionan la evapotranspiración, intercepta-
ción, infiltración, consumo de agua por la vegetación, tipo de escorrentía e incluso las
propiedades físicas y químicas del suelo (BOIX-FAYOS et al., 1998; BOCHET et al.,
1998; GARCÍA-RUIZ et al., 2008).
El funcionamiento de la EEVA contribuye a explicar la dinámica hidromorfoló-
gica de diferentes usos del suelo en áreas de montaña y ayuda a predecir los efectos de
determinadas decisiones de gestión. Así, el matorral denso y el pasto natural represen-
tan excelentes opciones para la conservación del suelo y del agua. El cultivo cerealista
en laderas, por el contrario, en alternancia con el barbecho, tiene un comportamiento
muy negativo para la conservación del suelo, por lo que el abandono generalizado
de su cultivo en laderas y la consiguiente recolonización vegetal ha representado un
cambio drástico en la dinámica hidromorfológica de las vertientes, con progresiva
reducción de la generación de escorrentía y de la erosión. La agricultura nómada, con
articas que cultivaban laderas muy pendientes sin medidas de conservación, aún tenía
efectos más negativos y a ella se atribuyen algunos de los rasgos del paisaje reciente
y actual en la montaña media pirenaica y en el Sistema Ibérico (GARCÍA-RUIZ y
VALERO GARCÉS, 1998; LASANTA et al., 2001). Sus efectos negativos pueden
perdurar bastantes años después de su abandono, pues la reducción de las tasas de ero-
sión es mucho más rápida cuando el abandono se produce a partir de rastrojo de cereal
fertilizado con abono químico que a partir del cultivo de cereal mediante artigueo. Por
último, los incendios del matorral significan una pérdida brusca de sedimento parti-
culado y de nutrientes durante los primeros meses después del fuego, pero si no hay
nuevas perturbaciones la recolonización vegetal es suficientemente rápida e intensa
como para establecer tasas de erosión próximas a las anteriores al incendio (CERDÀ
y LASANTA, 2005). La existencia de fuegos frecuentes parece, sin embargo, retrasar
la recuperación de la vegetación, incrementando los coeficientes de escorrentía y las
pérdidas de suelo, como parece suceder en la parcela Quemada B.
Los cambios que se están produciendo a escala regional en el Pirineo van en la
misma dirección que los resultados obtenidos en las parcelas experimentales. El aban-
dono generalizado de tierras de cultivo en pendiente desde mediados del siglo pasado
ha representado un cambio espectacular en la organización del paisaje, con expansión
de matorrales y bosques y sustitución de cereales por prados. De ahí la tendencia
negativa que muestran los caudales, con independencia de la evolución de la precipi-
tación anual (BEGUERÍA et al., 2003), la moderación de la actividad torrencial de la

1812
La variabilidad en la producción de escorrentía y sedimento en diferentes usos del suelo del pirineo

red fluvial (BEGUERÍA et al., 2006) y la reducción de los aportes de sedimento hacia
los embalses (LÓPEZ-MORENO et al., 2003).

AGRADECIMIENTOS
Este trabajo ha contado con el apoyo de los proyectos de investigación PROBA-
SE (CGL2006-11619/HID) y CETSUS (CGL2007-66644-C04-03/HID), financiados
por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología, y PI032/08, financiado por
el Gobierno de Aragón. Ha contado también con la ayuda del Ministerio de Medio
Ambiente a través de la RESEL y del Gobierno de Aragón mediante el “Programa
de Grupos de Investigación Consolidados”. La contribución de E. Nadal-Romero
ha sido posible gracias a la financiación del Ministerio de Educación y Ciencia, me-
diante el Programa Nacional de Movilidad de Recursos Humanos del Plan nacional
de I-D+I 2008-2011. La contribución de P. Serrano-Muela ha sido posible gracias a
la beca predoctoral I3P concedida por el Consejo Superior de Investigaciones Cien-
tíficas (CSIC).

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