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Aunque las estimaciones varían, la superficie total de plantaciones forestales en el mundo


alcanza entre 120 y 140 millones de hectáreas. Lo que es menos dudoso es el aumento de las
nuevas plantaciones (forestación) tanto en los países templados como en los tropicales.
Especialmente en los trópicos la tasa actual de plantación, de 2 a 3 millones de hectáreas
anuales, es el doble de la registrada en los años 60 y 70 (FAO 1992; Evans 1992). La finalidad
de estas plantaciones es sobre todo para la producción industrial o para uso doméstico como
postes de construcción, leña y forraje.

La gran mayoría de las plantaciones forestales son de edad y composición uniformes


(monocultivo) y en su mayor parte se manejan para conseguir la producción óptima de
madera a partir de la estación. El sistema selvícola más común es la corta a hecho y
replantación aunque, cuando procede, se utiliza el monte bajo como medio de regeneración.
Estas características de la selvicultura de plantación (uniformidad de la masa, intensidad de
producción y concentración de los trabajos) ha suscitado preocupaciones acerca de que
muchas de las estaciones en que se plantan los árboles pueden ser incapaces de sostener su
productividad. Los modelos de exportación de nutrientes, el examen del daño físico a la
estructura del suelo y las afirmaciones sobre un mayor riesgo de plagas y enfermedades,
todo ello son razones para mantener que la selvicultura intensiva de las plantaciones puede
ser intrínsecamente insostenible.

El problema de la sostenibilidad, al menos en un sentido biológico limitado, ha sido desde


siempre una preocupación de la agricultura, en especial con los cultivos de labranza. En
diversos países existen varios experimentos a largo plazo de los cuales el más antiguo y
famoso es el del Campo de Broadbalk en la Estación Experimental de Rothamsted,
Harpenden, Inglaterra, donde se han cultivado y evaluado continuamente desde 1843
cultivos sucesivos de trigo. Durante un largo período, las producciones del tratamiento de
control, que no recibió fertilizantes y sólo un tratamiento cultural mínimo para controlar las
malezas, han seguido siendo reducidas pero estables (Johnston 1994). Este trabajo ha
demostrado que, incluso después de 150 años, el propio terreno no ha sufrido la "enfermedad
del trigo" y que las bajas producciones obedecen a los reducidos insumos externos (aunque
éstos están aumentando especialmente el nitrógeno de origen antropogénico principalmente
en la lluvia, que asciende en la actualidad a 30 kgha-1 año-1).

Desafortunadamente, siguen siendo muy escasas las pruebas objetivas sobre la


productividad a largo plazo de las plantaciones forestales. Pero sin ellas, los forestales no
pueden demostrar adecuadamente la solidez de su selvicultura y no pueden refutar los
argumentos de que las rotaciones sucesivas de árboles de crecimiento rápido ocasionan
inevitablemente el deterioro del suelo. Este documento examina las pruebas de disminución
de la producción e informa en detalle sobre los mejores conjuntos de datos del mundo, que
describen los resultados de tres rotacionessucesivas en la misma estación (Evans 1996). El
tema fue analizado por el autor en el 8 Congreso Forestal Mundial de Jakarta en 1978 (Evans
1978). Desde entonces ha aparecido nueva e importante información relacionada con la
cuestión de la sostenibilidad.

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