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hoy ~ ~ “4 . 6th, ae. INAS DE EGIPTo & SECRETO DEL PODER #&# TERESA BEDMAN Disefio cubierta: Carola Cerezo Fotografias: Archivo personal de la autora Nota a la documentacién grafica: Se ha hecho todo lo posible por encontrar a los duefios del copyright de las imagenes. Los editores tendrén sumo gusto en incorporar en postetiores ediciones los adecuados reconocimientos no presentes en la actual, asi como la tetribucion correspondiente a los derechos de las mismas, Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra estd protegido por la Ley, que establece penas de prisi6n y/o mul- tas, ademas de las correspondientes indemnizaciones por daios y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiarea, dis- tribuyeren 0 comunicaren publicamente, en todo 6 en parte, una obra literaria, artistica 0 cientifica, o su transformacién, interpretacién o ejecucién artistica fijada en cualquier tipo de soporte 6 comunicada a través de cualquier medio, sin la pre- ceptiva autorizacion © del texto, Teresa Bedman, 2008 © OBERON. Grupo ANAYA, S.A., Madrid, 2003 Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid; teléfono 91 393 88 00 www.oberoneds.com ISBN: 64-96052-16-8 Depdsito Legal: M-24.887-2008 Impreso en Graficas Muriel, Getafe (Madrid) Nota de la autora: Los términos egipcios incluidos en esta obra han sido fonetizados al espafiol con arregio a los criterios de la Gransdtica Heipcia. Iniciacion a la lengua clisica escrita en sistema jeroglifico, Madrid, 1999, de la que también es autor F. J. Martin Valentin. Los datos cronolégicos han sido elaborados con base en la cronologia basica recogida en el British Museum. Dictionary of Ancient Egypt. London, 1997, 310-312, de I. Shaw y P. Nicholson y The Hicsos. CoNTENIDOS INTRODUCCION.... CariTuLo UNO. LA MUJER REAL EN LA EPOCA TINITA Y EN LA DINASTIA IIL. «LAS QUE CONTEMPLAN AL HORUS-SETH» «00.00... Del mito a la historia: La diosa Isis la reina Neith-Hotep La reina Meryt-Neith .. la reina Ny-Maat-Hepet La vida cotidiana de las mujeres reales en la corte tint Cuadro I.. CariruLo Dos. LAs REINAS DE LA DINASTIA IV. DE Mi A Jent-Kau-es [ El Imperio Antigu Las reinas llamadas Mer-es-Anj Las reinas llamadas Hetep-Her-e Las reinas llamadas Ja-Merer- Neb Cuadro II... Carfruto Tres La DAMA RubyYE-DyEDET ¥ EL MITO DEL PAPIRO WESTCAR. Los Hijos DE Ra... La reina Jent-Kau-es I. CariruLo Cuatro. LA MUJER TOMA EL PODER. ENTRE LA REINA [PUT Y LA SOBERANA DE LAS Dos TIERRAS NITOKRS....... 3 El final de la dinastia V en manos de Jas mujeres reales... La reina Juit.... Lesireinas llaraadas, Anis en-es ; Mery Ra. Los servicios del fiel Uni.. El clan de Anj-en-es Mery-Ra Il... La misteriosa reina Nitokris, soberano elective de Egipto .. Cuadro IIL... 27 27 29 32 36 39 41 8 49 49 50, 50 51 52 54 57 REINAS DE EGIPTO CapfruLo Nueve. LAs CONCUBINAS REALES ASALTAN EL PODER. CaprfTULO CINCO. LA CRISIS DE LA IGUALDAD DE LA MUJER. EL FINAL DEL IMPERIO ANTIGUO... Los setenta reyes que reinaron setenta dias La mujer real en el Primer Periodo Intermedio... CAPITULO Seis. EL RENACIMIENTO EGIPCIO DURANTE EL IMPERIO MEDIO. DE LA DAMA NEFERU A LA FARAONA SOBEK-NEFERU..... Las reinas de la dinastfa XI Winlock descubre a las reinas de Montu- Hote I La fundacién de la dinastfa XII..... De Morgan y las esposas reales de Se-ny-Useret III. Los hallazgos de Flinders Petrie... La reina del Alto y del Bajo Egipto Sobek-Ka-Ra La confirmacién de la linea legitima a través de las reinas.. Cuadro IV .... Capfruto SieTe. LAS MUJERES DE TEBAS EXPULSAN A LOS EXTRANJEROS...... Los reyes hicsos, la peste de Egipto La gran Teti-Sherit.... Una herofna de leyenda: la reina Iah-Hotep IL... CaprfruLo OcHo. La DINASTIA DE LA REINA AHMES NEFERTARY. HATSHEPSUT, FARAON. ‘Alimosis-Nlefertary, lareEapoua tel diese La casta divina de Ahmosis-Nefertary La Estela de la Donacion.. El titulo de «Esposa del dios» La dinastia XVIII se asienta Hatshepsut, la primogénita de Amon El reinado de Hatsehpsut y Thutmosis II] Los valedores de la reina: Hapu-Seneb y Sen-en-Mut . Hatshepsut y Sen-en-Mut: Una historia de amor imposible Cuadro V.. La creacion del Palacio de Mi-Ur.. Las intrigas del gineceo .. Mi-Ur, la colmena de Egipto. Mut-em-Uia: de «Ornamento Real» a «Esposa del dios» El misterio de la Teogamia, un regalo para Mut-em-Uia.. 89 90 Wn 93 98 95 96 101 102 104 108 109 109 112 116 118 120 CONTENIDOS sFue Thutmosis IV el verdadero padre de Amen-Hotep Il Cuadro VE. CariTuto Dikz, EL MATRIARCADO DE ATON.... La Gran Esposa Real Tiy...... Sat-Amon, Gran Esposa Real y primogénita de Amen-Hotep I La reina Nefert-Ity y la Esposa muy Amada Kiya. La seina-rey AnjetJeperu-Ra Meryt-Aton ..... El epilogo de El Amarna, la reina Anj-es-en-Amon. Cuadro VII Cuadro VII. CaptTULO ONCE. LAS MUJERES DE SANGRE AHMOSIDA ENTREGAN EL PODER A LOS REYES RAMESIDAS...... La reina Mut-Nedyemet, «La dulce Mut» La desconocida reina Ta-Nedyemy, el eslabén perdid La dara que fue convertida en reina: Tuya, la madre de Ramsés Il. La teina Nefertary Meryt-en-Mut...... La Gran Esposa Real de Ramsés If, la reina Isis-Nofret Bent-Anat, hija y Gran Esposa Real de Ramsés II. Meryt-Amon, hija y Gran Esposa Real de Ramsés Il Otras hijas-esposas de Ramsés IL... El final de ta dinastia: decadencia e intrigas ‘de harén Los acontecimientos histéricos del fin de la dinastia Cuadro IX....... CartTuLo Doce. LAs MUJERES PROTAGONIZAN EL FINAL DEL IMPERIO NUEVO. Las Divinas ADORATRICES DE AMON.. Ramsés Ill y sus esposas reales. La decadencia atenaza a Egipto. El complot contra Ramsés TIL Egipto se fractura.... Las Divinas Adoratrices de Amén mantienen la unién. de las Dos Tienas.... CONCLUSION .. CRONOLOGIA... NOTAS...... BIBLIOGRAFIA .... INDICE ONOMASTICO 122 127 129 130 186 141 144 146 155 156 157 158 164 167 169 177 181 183 184 185 189 191 191 193 195 199 211 213 225 239 245 1 REINAS DE EGIPTO. 12 MAK MEDITERRANEO Alejandra muy, vetinsd eg] Heraciepais VY Onitrinee penx 2” OASIS DE BAHARIYA Boni Hasan Antinonpols Khernenu/Ashinunein (Heemopeti MAR ROJO. Fund eb Gabol® Mei OASIS KHARGA eas etthab . SDcicehBohet Hicreosmpotis Dar e:Mtedinse’, ORemwsseun serbia uns Templo de Amen KARNAK , xine © Tomiphn de Mat (fe Korn Omi NOR Pawo sece Hletanting dy Asin TEAS od Mapa de Egipte. INTRODUCCION Es FRECUENTE ENCONTRAR PUBLICACIONES en el Ambito de la egiptologia que traten el mundo femenino. Por Jo tanto, se podria pensar que este libro es un nuevo catélogo de reinas egipcias mas o menos familiares para el piiblico. Sin embargo, Reitas de Egipto: e/ secreto del poder, quiere poner de manifiesto gue dichas soberanas fueron algo mas que consortes reales, o madres de reyes, figuras femeninas sentadas a la izquierda del rey como simples compafieras de eternidad. En realidad las reinas egipcias, o las mujeres que estuvieron muy cetca de Jos reyes aunque no Ilevasen aquel titulo, fueron las verdaderas deposita- tias del poder, pues eflas daban por via del nacimiento la fegitimidad nece- saria al principe futuro rey— para poder sentarse en el trono!. Si sabemos contemplar la historia, mds allé de lo que nos cuentan las ins- eripciones oficiales, dedicadas exclusivamente a magnificar Ia figura de los reyes, veremos que en Egipto existié una casta especial de mujeres que per- petuaron a través de su descendencia el mito de la reina madre por excelen- cia: la divina Isis. Ello resulté specialmente evidente durante el Imperio Nue- vo cuando la mujer asumié un protagonismo independiente, Ilegando a tener una enorme influencia sobre los acontecimientos politicos de Egipto. Veremos a lo largo de Ja obra como, en épocas de profunda crisis, seran precisamente estas mujeres -soberanas explicitas o implicitas— las que asu- man el poder, sacando al pais del caos y de la oscuridad. Ejemplos tenemos muchos. Citemos, por el momento, algunos de los nombres mds conocidos entre los de aquellas mujeres cuyas historias surgi- ran con fuerza en las paginas que siguen: las Meryt-Neith, Sobek-Neferu-Ra, lah-Hotep, Sat-Amon, Nefertary o Meryt-Amon. 13 REINAS DE EGIPTO 14 Muchas de ellas son personajes cuyo rastro ha sido recuperado a duras penas entre los restos de una tumba o en las inscripciones de algan monu- mento. Sin embargo, gracias a ellas comprenderemos que fue una ley no escri- ta la que se aplicé para ordenar la sucesién al trono. En Egipto, los faraones Jegitimaron su poder a través del desposamiento con una Hija Real. La rea~ leza siempre tuvo dos componentes igualmente importantes: el masculino, como ejercicio externo del poder divino, y el femenino, auténtico fundamento imprescindible que apoyaba la existencia de! primero. He aqui el por qué las auténticas «custadias del trano de Egipto» fue- ron las mujeres, en tanto que esposas y madres de reyes. Aunque tal poder no siempre fuera explicito, estuvo presente a io largo de toda la historia egipcia. Este principio fundamental se repetiria, en una especie de caden- cia regular, desde fas primeras dinastias hasta la conquista de Egipto por Alejandro Magno. Esta es la historia de [as mujeres que fueron las guardianas y depositarias del trono de las Dos Tierras; quizds, sus auténticas duefias. TERESA BEDMAN Madrid, 7 de febrero de 2008 e-mail: bedman@telefonica.net CAPITULO UNO La mujer real en la época tinita y en la dinastia III. «Las que contemplan al Horus Seth» DEL MITO A LA HISTORIA: LA DIOSA Isis Al comienzo sdlo existia el grande, inmévil e infinito mar universal, sin vida y en absoluto silencio. No habia ni alturas ni abismos, ni principio ni fin, ni este ni este, ni norte ni sur. De las primeras sombras se desprendieron las tinieblas y aparecia el caos. De este ilimitado y sombrio universo surgio la vida y, con ella, la estirpe de los dioses. Cuenta la mitologia solar que el creador de todo fue Atum, el padre de los padres. En su infinita sabiduria deseé y materializo una separaci6n entre s{mismo y las aguas primordiales, dejando emerger la primera tierra seca en forma de colina a la que los egipcios llamaron la «colina benben». Entonces Atum creé a los otros dioses. Recogié su propio semen en la mano, y tragandolo se fecunds a sf mismo. Vomitd, dando vida a Shu y a Tefnut, el viento y la humedad. Asi, él fue padre y madre al mismo tiempo Shu y Tefnut se unieron entre sf generando al dios Gueb, la tierra, y a la dio- sa Nut, el cielo. Los relatos mitolégicos contaban que «Gueb, la tierra, y Nut, el cielo, estaban permanentemente separados, después de haber sido crea- dos por su padre, Shu, el aire». Los egipcios, muy ingeniosos, contaron que ambos dioses estaban sepa- rados durante los trescientos sesenta dias que, para ellos duraba un aio. Gra- cias a un juego, el dios Thot enganando a los dioses, consiguié ganar cinco dias més, llamados epagémenos., durante los cuales, los dioses Gueb y Nut se unieron fisicamente y engendraron a sus cuatro hijos: Osiris, Seth, Isis y Neftis, nacidos en este orden. La enéada divina habia sido creada. REINAS DE EGIPTO. Osiris, el primogénito, habia heredado de su padre Gueb la tierra para gobernarla. La diosa Isis, cuyo nombre significa «el trono», «la sede», se unié a su hermano, Osiris, para sostener ese poder, estableciéndose asi la primera pareja real de Egipto. Si él era el rey, sobetano de la tierra, ella iba a ser su tro- no, la sede eternarnente estable desde donde ejercer la realeza sobre Egipto. Ademas, Osiris era el dios de la vegetacién. Ensefié a los hombres a cul- tivar los campos. A Seth, por el contrario, se le habia concedide el don de la caza. Por tal raz6n, sus dominios eran los desiertos y sus subditos, cuantos animales habitaban en ellos. Pero los hombres estaban més agradecidos a Osiris, porque gracias a él, los campos estaban siempre verdes, tenfan abun- dantes cosechas y sus hijos no pasaban hambre. Por éstas razones, Seth pen- 86 que los dioses, perjudicandole, habjan favorecido més a Osiris; entonces, surgieron de lo mas profundo de su corazén tertibles sentimientos de envi- dia y odio hacia su hermano que le {levaron a conspirar contra él y, final- mente, a matarlo. Isis, al ver el cadaver inerte de su esposo, se desesperé de dolor. Abrazé aquel cuerpo sin vida, mientras por sus mejillas corrian amargas lagrimas; cuenta alguna de fas leyendas osirianas que, al contacto con Osicis, las lagri- mas de la diosa devolvieron la vida a Osiris. Entonces, ambos dioses se unie- ton, fundiéndose en un profundo y amoroso abrazo. Concluido este uJtimo gesto de amor, Osiris debié alejarse de Isis para gobemar el reino de fos muet- tos. De aquélla unién péstuma naceria el futuro rey de Egipto: el dios Horus. Al enterarse Seth de que Horus habia nacido y heredado a su padre, fa rabia y los celos se apoderaron nuevamente de él. Comenzé a buscar al nifio para darle también muerte. La diosa, para salvar a su hijo, tuvo que huir del valle. En su desesperada marcha, lleg6 hasta el Delta, donde el rio Nilo desem- bocaba en el mar. Los altos y profundos bosques de papiro, que alli crecian par todas partes, dieron su proteccién a ambos fugitives, y Seth nunca con- siguié enconirarlos. Mientras tanto, durante el tiempo que madre e hijo permanecieron ocul- tos para salvar la vida, Seth habja reclamado a la Asamblea divina el trono de Egipto y, gracias a Ja intervencién en su favor de algunos de ellos, habia conseguido gobernar el doble pais, es decir, el Alto y Bajo Egipto. Los afios fueron pasando y el nifio Horus creci6, Convertido en adulto, reclamé a su tio Seth el trono que habia pertenecido a su padre Osiris. Ante la negativa de Seth a entregarselo, tio y sobrino se enfrentaron en un feroz, duro y largo combate. CAPITULO 1 Por su parte, la diosa Isis hablé al Consejo de los dioses en favor de su hijo, utilizando toda su sabiduria de mujer. Por medio de sus artes de encan- tamiento se hizo con el poder magico del dios sol, Ra; convencié a la Asam- blea divina para que ayudasen a su hijo, llegs incluso a amenazarles si no lo hacian, bajo el aspecto de la terrible expandidora de las enfermedades y, final- mente, consiguid que su hijo, el joven dios Horus, fuera reconocido por todos ellos como el primer rey de Egipto en sucesidn de su padre, el dios Osiris. LA REINA NEITH-HOTEP Hasta aqui el mito y la leyenda divina. Después de que sucedieran todos estos acontecimientos entre los dioses, los egipcios creian que se inicié el reinado de los hombres. Desde los tiempos més remotos de la unificacién egipcia, el poder se atribuyé al rey. Este papel de gobernante, Ifder y Seftor de las Dos Tierras, el Alto y el Bajo Egipto, estaba intimamente unido al de la mujer como transmisora de la legitimidad dindstica. Ya desde la época tinita (hacia 13100 a.C.), surgieron en la historia de Egipto, figuras como las de la reina Neith-Hotep, presunta esposa del rey Aha y madre del rey Narmer, artifice de la unificacién egipcia durante la dinastia 1. Algo parecido sucedié con la reina Meryt-Neith, cuyo monumento funerario, sugiere la importancia que ya tenia a la muerte de su esposo, el rey Dyet, cuando el hijo de ambos, el futuro rey Den, era todavia un nifio de corta edad. Sdlo la idea de que la rea- leza era transmitida a través de la mujer justifica la existencia de una regen- cia durante la minorfa de un futuro rey. Este ejemplo se repetira multiples veces a lo largo de la historia egipcia. La unificacidn de las Dos Tierras de Egipto fue un acontecimiento histérico de primer orden fruto de un larguisi- mo proceso religioso, politico, y militar, que se desarrollé en las ultimas fases del llamado periodo predinastico. Seguin las tradiciones egipcias a las que se refieren los historiadores Mane- ton? y Herodoto® hubo un rey unificador llamado Menes, que procedia de una ciudad del sur llamada Tinis (de ahi el nombre de dinastia tinita), que fue fundador de Ja ciudad de Menfis. Los arquedlogos identificaron a este rey con Narmer, el primer nombre que aparecia en las listas reales de la dinastia 1. Se cree que unifico el Alto y el Bajo Egipto bajo una sola estructura de poder y desposo a una reina, cuyo nombre ha llegado hasta nosgtros desde aque- llos tiempos tan remotos. Se trata de la reina Neith-Hotep. No conocemos 17 REINAS DE EGIPTO 18 Dibujo de la tumba de la reina Neith-Hotep en Nagada, Spencer, J. Early Egypt. The rise of Civilisation in the Nile Valle. Londres, 1993, 60. demasiado de su vida aunque en ella resalta la figura de la esposa y madre real en aquélla época. Su nombre, cuyo significado es «la diosa Neith esta en paz», indica que serfa originaria de! Delta, en el Bajo Egipto. Ser desposada por Narmer, un rey del Alto Egipto, implicaria la existencia de algiin tipo de pacto de paz entre el sur y el norte, hasta entonces terriblemente enfrentados. Este acuer- do permitié cimentar la unificacién de estas dos grandes regiones naturales bajo un solo rey. Lo cierto es que la reina Neith-Hotep fue enterrada en el cementerio real de Nagada, en una tumba semejante a las otras alli existentes*. Su hijo, el Horus Aha, sucesor de Narmer, ordené que se construyera para su madre ese gran monumento funerario®, La tumba de una importancia tal que, en principio, se pens6 serfa la del rey Narmer-Menes, finalmente, se atribuyé a nuestra reina. Asi pues, Neith-Hotep fue una esposa principal del rey por lo que tuvo que poseer el titulo de «La que vé a Horus y a Seth»®. Con él se resaltaba la gran importancia que debi tener respecto a otras mujeres del harén. Ella era la que podia contemplar directamente, a solas, al soberano identificado con los dioses Horus y Seth que simbolizaban las fuerzas enfrentadas entre el norte y el sur. Sus excepcionales exequias confundieron a los arquedlogos, quienes al principio pensaron que se trataba de un rey. Neith-Hotep habia estado por encima del resto de la corte y al mismo nivel del propio monarca, Esta gran CAPITULO 1 consideracién fue otorgada a la reina gracias al nacimiento de su hijo, el «Horus Aha», que més adelante serfa el sucesor del primer rey de la dinastia. De esta manera la reina madre fue reconocida como la segunda causa de la unificaci6n egipcia, la base sobre la que se establecerian los principios suce- sorios de la monarquia. LA REINA MERYT-NEITH En los albores de la civilizacién egipcia, durante la dinastia I, surge el nom- bre de Meryt-Neith, que fue coronada como soberano de Egipto. Concreta- mente, parece que fue el quinto soberano de la lista de los reyes tinitas. Pero, realmente, squién fue esta mujer? Cuando Sir Flinders Petrie, el gran arquedlogo britanico, descubric su tumba en Abidos, en la necrdpolis real de Umm El Kaab, durante el invier- no de 1899-1900,’ también penso, como habia sucedido con Neith-Hotep, que se trataba del enterramiento de un rey, no del de una reina. Reconsinucci6n de la tumba de la reina Meryt-Neith en Abidos. Spencer, J. Early Egypt. The tise of Civilisation in the Nile Valle. Londres, 1993, 82. 19 REINAS DE EGIPTO Fstela de la reina Mei funerario en Abidos. Museo Egipcio de El Cairo. LE.A.E. sith, De su complejo Las primeras conclusiones de Petrie eran Idgicas puesto que, aunque la tumba care- cia de los restos ceramicos caracteristicos de las tumbas de reyes, sus dimensiones y calidades constructivas eran tales que no desmerecian para nada de las de los otros soberanos. Ademas, nadie creyé que se encontrarfa el enterramiento de una mujer en un cementerio real donde solo habia hombres. Entre los restos del monumento de Meryt-Neith habia también dos magnificas estelas en las que aparecia inscrito su nom- bre. Cuando fueron leidas se pens6 que se trataba de un personaje real y, aunque no contenia el «nombre de Horus» dentro del Serej (representacion jeroglifica de la facha- da del palacio real), Petrie creyé que el per- sonaje era un rey llamado Mer-Neith, que habria ocupado el tercer puesto en las listas de la dinastia I. Sin embargo, a la luz de los hallazgos, se comprobé que la inscripcién debia leerse «Meryt-Neith», literalmente «la amada de la diosa Neith» y que, por tanto, se trataba de un nombre femenino. Esta teoria inicial se vid con- firmada por abundantes descubrimientos posteriores. Alrededor de la tum- ba aparecieron setenta enterramientos pertenecientes a nobles y funciona- tios de la corte. Estelas con el nombre de la soberana, numerosos vasos de piedra y un friso de leones esculpido en un dintel de caliza, hicieron com- prender la magnitud del hallazgo® También fueron localizados sellos de jarras con el nombre del rey Uad- vit (Dyet), lo que hizo pensar a los arquedlogos que Meryt-Neith podria haber sido su esposa. Ademas, en las inmediaciones de la tumba de la reina se des- cubrid otra de dimensiones més reducidas que se atribuyé al soberano”. CAPITULO I Los hallazgos relacionados con Meryt-Neith continuaron. Se descubrié su templo funerario en Abidos, en las proximidades del recinto del templo del dios Osiris!. Las dudas sobre el hecho de que !a reina hubiera llegado areinar de modo efectivo se despejaron a la vista del descubrimiento de su barca solar y de la tumba n° 3503, en la necr6polis de Sakara, donde se encontraron mds vasos de piedra y sellos de jarras con su nombre. La con- firmacién definitiva de que Meryt-Neith fue la primera reina de Egipto se produjo cuando se descubriéd muchos aftos después la «Lista real de la Impronta de Abidos», que contiene una relacién oficial de reyes a partir de un cilindro-sello procedente de la tumba del rey Den. En ella consta la ins- cripcion «...la madre del rey Meryt-Neith»!!y queda probado que la reina habja sido esposa del rey Dyet y madre del rey Den (Udimu), su sucesor. Es evidente que Meryt-Neith ejercié la regencia en nombre de su hijo menor, con las prerrogativas y poderes de un soberano. Es decir, que durante el tiempo que duré la infancia del futuro rey Den, ella fue el efectivo rey de Egipto, De ah la razon de que fuera enterrada en Abidos y, ademés se constru- yera en su honor otra falsa tuma o cenotafio en Sakara, como era la costumbre para los otros reyes de la época. Asi pues, Meryt-Neith fue la mas importante Esposa Real del rey «Serpiente» (Dyet), quien habia muerto dejando un nifio de corta edad con todos los derechos para sucederle como rey del Egipto casi recién unificado. Cabe imaginarse lo que esta mujer tuvo que luchar para defender los dere- chos de su hijo. No olvidemos que la unificacién de las Dos Tierras, el nor- tey el sur de Egipto, se habria Ilevado a cabo muy pocos ahos antes, bajo el La Lista de Abides de la iumba del rey Den. De Dreyer, G. «Ein friihzeitlichen Konigsnekropole von Abydos». MDAIK, 43 (1987), 36. Fig.3. 21 REINAS DE EGIPTO 22 reinado de un rey llamado Narmer-Menes, después de un largo proceso de combates y luchas entre clanes del Alto y del Bajo Egipto. La regencia ejercida por Meryt-Neith en nombre del futuro Horus Den, debid suponer el reconocimiento de la autoridad moral que amparaba y daba apoyo a la legitimidad real. Este fundamental pilar que sostenjan el edificio de la incipiente monarquia unificadora de Egipto estuvo indudablemente representado por esta mujer. Los feroces guerreros, jefes de los clanes del sur, se sometieron sin dis- cusi6n para reconocerla como reina, atin siendo descendiente de un sobe- rano del norte (puesto que su nombre, compuesto con el de la diosa Neith del Delta, delata su origen nortefio). Ellos la aceptaron como si de un rey se tratase. Meryt-Neith desempeiié de nuevo el papel de la gran Isis pro- tegiendo al heredero, el pequefio ¢ indefenso Horus. Ella fue la primera rei- na que gobernd Egipto en igualdad de condiciones, como los reyes que la habian precedido. Sin embargo, en la Lista real del Horus Kaa, tltimo rey de la primera dinastia, ya no fue incluida entre los soberanos de la unificacién, lo que pare- ce indicar que, tras su muerte, y a pesar de haberse concedido a si misma el innegable derecho real a ser enterrada como un rey var6n, fue excluida del censo oficial de los reyes de Egipto. El poder en Egipto siempre se ejercid siguiendo como modelo los esquemas de los relatos mitolégicos. Asi, la mujer era la madre divina que habia dado vida al Horus reinante. Sin ella no habria reyes, pero tampo- co se la permitirfa exhibir ptblicamente su condicién de poseedora del poder real. LA REINA Ny-MAAT-HePET Repasando la historia egipcia y el relevante papel de las mujeres reales duran- te el periodo tinita, destaca el nombre de otra reina, esta vez, de finales de la dinastia II. Se trata de la reina Ny-Maat-Hepet, cuyo nombre significaba «el tim6n pertenece a Maat». Lo poco que sabemos de ella se halla en una impronta de sello procedente de la tumba en Abidos del rey Ja-Sejemuy, el tiltimo de esta dinastia. Su nom- bre también se ha encontrado en un sello procedente de una mastaba situa- da en Beit Jallaf y en otras improntas del reinado de Netchery-Jet (Dyeser), CAPITULO I el segundo soberano de la dinastia III. Ny-Maat-Hepet llevé los titulos de «Madre del Hijo del rey» y «Madre del Rey del Alto y del Bajo Egipto». Fue esposa del ultimo rey de la dinastia y madre del fundador de la siguiente. Esta reina influy6 de manera decisiva en los acontecimientos que conduje- ron a la extincién de la dinastfa II y el nacimiento de la II]. Ny-Maat-Hepet fue el eslabon que conecté el final del periodo tinita y con el principio del grandioso Imperio Antiguo. Su hijo construiria la primera piramide escalo- nada conocida. Las improntas de sellos halladas en las tumbas del tiltimo rey de la dinas- tia Il y el primero de la III, en las que esta incluido el nombre de esta mujer real muestran que tuvo consideracin de rey como habia sucedido con Meryt- Neith. Sino gobemé en solitario, como es el caso de sus antecesoras, al menos no cabe duda de que, gracias a ella, la realeza continud vigente en Egipto. Ademas, su nombre sugiere otras muchas ideas. Asf como la diosa Maat, hija de Ra, simbolizaba el orden del universo en forma de ley eterna e inmu- table que no se podia alterar que el nombre de esta reina estuviera compuesto con el de la diosa dice mucho del papel que desempeno: ser el timon perte- neciente al principio divino de la justicia con el que se rige firmemente el rumbo de la creacidn y también, el de la realeza. Que no hayamos encon- trado su tumba no significa que no existiera. Es facil imaginar el magnifico monumento funerario en forma de mastaba, en cuyas cercanfas se alzarfa un. templo para darla culto. Tal habia de ser la minima dignidad que esta impor- tantisima mujer debia gozar en su vida ultraterrena. LA VIDA COTIDIANA DE LAS MUJERES REALES EN LA CORTE TINITA La condicién social de la mujeres durante el periodo surgido de la unificaci6n no alcanz6, en términos generales, al alto nivel de independencia que verian los tiempos posteriores. No obstante, no cabe duda de que las mujeres de estirpe real tuvieron privilegios que las convertian en seres especiales dentro dela sociedad egipcia de la época. Integradas dentro del palacio real debian disponer de sus propias dependencias en él. Podemos imaginar aquellas mag- nificas estructuras construidas con adobe macizo, fresco en verano y calido en invieno, cuyas fachadas, de un blanco esplendente, se pintaban también con vivos colores verde cobalto, ocre y rojo. Desconocemos la estructura inte- tior de estas residencias reales; sin embargo si sabemos como era su apa- 23 REINAS DE EGIPTO 24 riencia exterior, gracias a los textos jeroglificos y las fachadas de las masta- bas, que imitaban las viviendas de los vivos. No obstante, podemos imagi- nar como serfan estas fastuosas y sdlidas moradas, al menos en comparacién con las de los particulares. Algo nos puede aportar también la contemplacién del magnifico conjunto palacial simbélico, materializado en piedra, a imita- cién del barro, el ladrillo, la madera y los haces de palmas, que qued6 sdli- damente plasmado en el conjunto funerario del Horus Netchery-Jet (Dyeser). Hablamos del célebre recinto que rodea a los edificios simulados y a la pird- mide escalonada de Sakara. Un pequefio ejército de servidores, masculinos y femeninos, eran los encargados de atender las necesidades de estas muje- res. Eran humanas, pero con el indiscutible privilegio de estar en contacto permanente con el dios viviente sobre la tierra. Ellas eran las que podian ver al Horus y al Seth. Ellas eran las madres y las esposas de aquellos reyes que tuvieron un poder sin igual sobre la faz de la tierra. Es seguro que estas mujeres condicionaron las decisiones cotidianas del tey de Egipto. Conscientes de que el poder residia en sus vientres, ellas indu- cirfan a sus hijos e influirfan sobre sus esposos. Si, en algtin momento, el sobe- rano faltaba, ellas representarfan la esencia del poder. La tiltima palabra seria siempre la suya. CAPITULO 1 4asaAq + yeda}H-300/\-AN | @ An-wales-vj -] & @ uasqueg +4 rr An-wiales-dejoH] @ ? rr °Pn @? & @ jehiewes “| & @aspeuy “] ie | WPNAGEN rr Spouses @ ? re Sun @ ? rre4en-An @ 2 rr WN-Pd @? @lqUe Sol 4 ved +7 jped psodsq UDID @ Oa +4 LO wha4 i a ow 4 | por | | daqoy-yieN @ 42UU0N 25 CAPITULO DOS Las reinas de la dinastia IV. De Mer-es-Anj I a Jent-Kau-es I EL IMPERIO ANTIGUO Durante el Imperio Antiguo (hacia el 2686-2181 a.C.), el sistema que garan- tizaba la perpetuacidn de la estirpe real, se reprodujo o, més bien, continud. Lareina Meryt-ef-es, llevo los titulos de Gran Esposa del rey Esnefru y Gran Esposa del rey Kheops, lo que parece indicarnos que se desposd con ambos, padre e hijo. Conforme a la tradicién egipcia, hay que descartar que Kheops hubiera podido casarse con su propia madre. Asi pues, parece que el rey pre- tendia conseguir la legitimidad que sélo aquella mujer podia entregar para alcanzar e] trono. Durante la dinastia IV (hacia el 2613-2498 a.C.) la organizacién social crea- da en la época tinita llegé a su maximo esplendor y desarrollo. El rey era con- siderado como un dios viviente. Fue la era de las grandes pirémides, momen- to que conocié un alto momento civilizador en el arte, la sociedad y la politica. Este seria el modelo que imitarian una y otra vez los egipcios de épocas pos- teriores. La importancia de las mujeres en estos momentos de tan alto refina- miento, estuvo en consonancia con las manifestaciones culturales del periodo. El papel de la mujer real se habia consolidado, reafirmando la gran influencia adquirida durante los periodos de formacién histdrica de Egipto. Ya desde esta época podria haber existido el titulo de «Mano del dios», uti- lizado con profusién mucho mas tarde, durante el Imperio Nuevo. Unido al de «Esposa del dios» evocaria de manera clara el proceso de a masturbacién llevada a cabo por el dios Atum en el acto primigenio de la creacién. Los egip- cios, siempre tan aficionados a conferir personalidad divina a los actos basicos de la naturaleza, atribuyeron esta cualidad a «da Mano del dios Atum». Por ello, 27 REINAS DE EGIPTO 28 Jos sacerdotes concibieron una nueva diosa, llamada «Nebet-Hetepet», nom- bre que significa «La Sefiora de la satisfaccidn». Ella fue en lo sucesivo la «Mano del dios», siendo considerada por ciertos relatos cosmogénicos madre de la pri- mera pareja de dioses : Shu y Tefnut!?, A imitacién de la diosa, el titulo fue inmediatamente adoptado por las esposas reales que eran primogénitas del soberano. Ellas eran «Herederas» de esta esencia divina, En adelante, la espo- sa principal del rey Ilevé siempre los titulos de «Heredera», «Mano del dios» y «Gran Esposa Realn'5. Ella era la encargada de incentivar el apetito sexual del dios sobre la tierra, el faraon. En ausencia de mujer directamente descendien- te del rey y de la reina principal, el derecho al trono se transmitia por otras mujeres que, necesariamente debfan llevar en sus venas sangre de estirpe real EI periodo que medio entre el final de la dinastia Illy la fundacion de la IV, vio un interesante proceso politico que se apoyaba en la estructura de la familia real y de las mujeres que llevaron los nombres de Mer-es-Anj, Hetep- Her-es y Ja-Merer-Nebty. Sus padres fueron reyes, y sus madres, hijas de reyes. Eran la estructura trenzada que daba soporte a la dinastia. Fueron la realeza a la sombra. Sin ellas, ningtin rey podria haber tomado el trono.Tam- bién sabemos que Esnefru lego a ser rey gracias a su uni6n con la reina Hetep- Heres, hija del rey Huni (hacia el 2637-2613 a.C.). Los titulos de estas muje- res indican que sus duenas figuraban entre las elegidas para transmitir la legitimidad real. Conacemos el de «Aquella que ve al Horus-Seth», o la «Espo- sa del Horus», 0 también, «Aquella que se une al Senor de las Dos Diosas (Uadyet-Nejebet)», Pasaban de madres a hijas. Aunque el desarrollo de la dinastia IV gravité sin duda alrededor del gran Kheops (2589-2566 a.C.), no es menos cierto que la misma fue pujante en la medida que el conjunto de las mujeres que integraban la familia real estu- vieron en paz entre sf. Cuando surgieron las luchas y los enfrentamientos entre las mujeres de la familia real, comenz6 un irremediable proceso de deca- dencia. El rey Kheops tuvo dos esposas reales de importancia equivalente que dieron origen a la familia que gobernaria Egipto durante cerca de ciento cin- cuenta afios. Fueron sus hermanas, las reinas Meryt-It-es y Henut-Sen; las dos, hijas de Esnefru. La rama familiar de la primera tuvo como descendien- tes, a través de las reinas llamadas Mer-es-Anj y Hetep-Her-es, a los reyes Ra-Dyed-ef (2566-2558 a.C.) y Shepes-es-Ka-ef (2503-2498 a.C.), que fue el Ultimo de la dinastia IV. Por via indirecta también fue descendiente suyo el rey User-Ka-ef (2494-2487) , que funds la dinastia V. La rama familiar de CAPITULO DOS Henut-Sen, con sus sucesoras, fueron las reinas a quienes se impuso el nom- bre de Ja-Merer-Nebty. De ella procedian los reyes Khefren (2558-2532 a.C.) y Mikerinos (2532-2503 a.C.). Cuando las descendientes de Meryt-It-es y las de Henut-Sen se enfrentaron entre si, pugnando por controlar y poseer el tro- no por medio de sus hijos, la dinastia se derrumb6. Esta es la mejor prueba de que ellas fueron el verdadero centro del poder en Egipto. Las REINAS LLAMADAS MER-ES-ANJ Mer-es-Anj significa «Aquel que vive (el rey), la ama». ;Que hermoso nom- bre para una mujer! Con él, probablemente, se quiso expresar la especial pre- ferencia que sus portadoras debian gozar cerca del soberano. Ademas, pare- ce légico pensar que cuando este nombre se le imponja a una nifia era porque, desde su nacimiento, estaba destinada a ser futura esposa del rey. Esta idea gueda plenamente confirmada a la vista de las relaciones familiares y de parentesco que, sabemos, unieron a las princesas llamadas Mer-es-Anj, des- tinadas a ser reinas. La primera que conocemos, Mer-es-Anj I, fue la madre del rey Esnefru (2613-2589 a.C.), el primer soberano de la dinastia IV. Aunque habia sido una esposa secundaria del tiltimo rey de la dinastia II[, Huni, proporcion6 al rey el vastago var6n para sucederle en el trono. Emparentada con los anteriores monarcas, estaba destinada por via secundaria a ocupar el trono de Egipto junto a su esposo y medio hermano. El nombre de Mer-es-Anj I esta inclui- do en la «Piedra de Palermo» y se la menciona junto a su esposo Esnefru en un grafito existente en Meidum Todo ello indica la alta importancia de esta mujer dentro de la realeza!*. Otra de las mujeres que llevé el nombre de Mer-es-Anj (II) fue hija de la reina Meryt-It-es y del rey Kheops, el constructor de la gran pirémide. Esta reina fue enterrada en la necrdpolis Guiza, en una magnifica mastaba!®. Su espléndido sarcofago, (hoy en el Museo de Boston), nos ha proporcionado el conocimiento de los tftulos que Ilevé en vida. A través de ellos la reina se nos muestra como «Esposa Real» ¢ «Hija Real de su propia carne» (del rey)! El segundo de dichos titulos nos indica que fue hija biolégica del gran Kheops, mientras que el primero es la prueba inequivoca de que estuvo uni- da en matrimonio como esposa principal con el rey Khefren, hijo y sucesor del anterior. 29 REINAS DE EGIPTO. 30 Relieve de fa reina Mer-es-Anj III en su mastaba de Guiza. La tercera Mer-es-Anj que conocemos fue una princesa hija del principe Ka-Uab (el primogénito del rey Kheops) y de la hermana del primero, la rei- na Hetep-Her-es II. La importancia que esta mujer tuvo en la corte real se pone especialmente de relieve en la hermosa capilla que su madre hizo excavar para ella en la roca, cerca del barrio de mastabas de Guiza. Esta capilla, una de las mejor conservadas en el cementerio de Guiza, nos ilustra muy detalladamente acer- ca de quien fue su duefia. El sarcéfago que contenia sus restos se habia hecho a partir de un bloque de granito negro. En principio, fue preparado para su madre, la reina Hetep-Her-es Il, aunque luego serfa retallado y entregado CAPITULO DOS como regalo a la reina Mer-es-Anj IIT. Cuando los arquedlogos lo descubrie- ron, contenia parte de los huesos del cuerpo de la reina, los cuales, una vez estudiados, permitieron conocer que tendria alrededor de cincuenta afios cuando murié. Desposada con Khefren, dio a éste cinco hijos, de los que nin- guno lego a ser rey. Esta desdichada hija del principe Ka-Uab, nunca renuncié a lo que el destino le habia arrebatado. Su padre deberia haber sido el sucesor al tro- no después del rey Kheops. Pero, sin embargo, Ka-Uab perecié victima de algiin complot. Entonces, ella debié ver como su tio, el principe Ra-Dyed- ef (2566-2558 a.C.), despos6 a su madre, la princesa Hetep-Her-es II, para recibir de sus manos el gobierno de Egipto. En su capilla, Mer-es-Anj III se hace llamar «Hija Real del cuerpo de su padre», es decir, hija biolégica del rey, Pero, si su padre no llego a cenir la corona, lo cual sabemos con cer- teza, squé significa que su madre hiciera construir para ella esta hermosa capilla funeraria insertando ese titulo entre los que constan alli por toda la eternidad? La gran brecha estaba abierta. Probablemente, madre e hija estuvieron muy unidas ante la adversidad de una injusticia cimentada sobre el asesinato del pricipe Ka-Uab. intaciones de posibles mujeres de la familia de la reina Mer-es-Anj Ill, en su mastaba de Guiza 31 REINAS DE EGIPTO. Muerto el tirano Ra-Dyed-ef, se entregé el trono a otro hijo de Khe- ops, el principe Ja-ef-Ra, el Khefren de los griegos. Pero, para poder tomar posesién del mismo con arreglo a las leyes sagradas de Egipto, este rey necesité desposar a su sobrina Mer-es-Anj III, la mujer més directamente emparentada con Kheops. Ella murié durante el primer mes de [a estacion seca (shemu), del primer ano del reinado de su hijastro Mikerinos (hacia el 2532 a.C.). La ironfa del destino quiso que ninguno de sus cinco hijos pudie- se suceder al rey Khefren. Todos ellos muricron antes de que lo hiciera este monarca LAS REINAS LLAMADAS HETEP-HER-ES. Hetep-Her-es significa «Aquella cuyo rostro esta en paz». Seguramente, el nombre de estas reinas hace referencia a alguna divinidad femeni- na, quizas la diosa Hat-Hor. Las tres muje- res que llevaron el nombre de Hetep-Her- es formaron parte esencial de la columna vertebral de la dinastfa IV. La primera entregé la realeza a Esnefru y fue madre de Kheops; la segunda, did el trono a Ra-Dyed-ef y fue madre de otras dos importantes reinas, Mer-es-Anj III (hija de Ka-Uab) y Hetep-Her-es III (posible hija de Ra-Dyed-ef). Finalmente, la ultima pudo haber sido desposada por Mikerinos. “Se puede advertir con facilidad \ como la dinastia tenia unos firmes cimientos femeninos sin los cua- les el edificia no se habria man- tenido en pie. La Reina Hetep-Her- es I. A partir del dibujo de Reisner y Smith, Hetepheres, 1995. CAPITULO DOS Silla de mano de la reina Hetep-Her-es |. De su tumba ew Guiza. Museo Egipcio de El Cairo. Hetep-Her-es I fue, ya se ha dicho antes, la esposa principal del rey Esne- fru y madre del gran Kheops. Cabe incluso la posibilidad de que fuese una de las hijas del ultimo rey de la III dinastia, Huni Parece, pues, claro que Hetep-Her-es facilito la subida al poder del fun- dador de la dinastia IV. Lo curioso es que apenas sabriamos nada de esta gran mujer, si no hubiera sido por una de esas casualidades que de vez en cuan- do se producen en el mundo de la arqueologia, para dar un brillo espectacu- lara la historia del Antiguo Egipto. En la fria mafiana del 2 de Febrero de 1925, uno de los fotégrafos de la mision norteamericana que trabajaba en Guiza a las rdenes de Reisner, trataba de colo- car su maquina para tomar unas fotos cuando el firme del suelo cedié bajo una de las patas del aparato. Esto sucedia junto al angulo noreste de la mas septen- trional de las tres pequeiias piramides auxiliares de la de Kheops. Lo sucedido fue que, a causa de la maniobra, el fotégrafo habia perfora- do, por casualidad, una masa informe de yeso destinada a cerrar la entrada de una tumba a la que se accedia a partir de una galeria. El fotdgrafo avisé a Alan Rowe, responsable de la misin en ausencia de su director, George Reisner, Este comprendis inmediatamente la importancia del hallazgo. Orde- né que una cuadrilla de obreros limpiara la boca de la entrada a la galeria, lo que dejé al descubierto doce peldaiios, y después, un camino que, tras algu- nos metros, desembocaba en un pozo completamente Ileno de cascotes y tie- tra, Todo indicaba que podia tratarse de una tumba inviolada. La emocion era intensisima. 33 REINAS DE EGIPTO. 34 Brazaletes de la reina Hetep-Her-es 1 De su tumba en Guiza. Museo Egipcio de El Cairo. Cuando se hubo limpiado el pozo de los cascotes que lo cegaban, a més de siete metros de profundidad se descubrié un nicho que contenia los res- tos de un bévido envuelto todavia en una estera de cafias, junto a dos jarras de vino. E18 de Marzo, una vez alcanzado el fondo del pozo, a veintiséis metros de la superficie, se descubrio finalmente lo que parecia ser el techo de la céma- ya funeraria. A través de sus ranuras los arquedlogos pudieron vislumbrar asom- brados cémo brillaban desparramados en el suelo de la estancia multiples obje- tos de oro. Desgraciadamente, hubo que esperar diez meses hasta que Reisner regtes6 de Estados Unidos para proceder a la apertura de la camara. Llegado el dia, en enero de 1926, se procedié a desvelar el secreto que después de més de cuatro milenios guardaban en aquél lugar las entrafias de Ja meseta caliza de Guiza. E] suelo estaba recubierto por millares de frag- mentos de oro e incrustaciones que se habian desprendido de los muebles del ajuar funerario cuando la madera, al caer al suelo podrida, se hizo afiicos. Un hermoso sarcéfago labrado en un bloque de alabastro, estaba situado en la parte este de la cdmara. Reisner y su equipo se dieron cuenta de que a pesar de las pequefias dimensiones de la habitacién y de su tosca ejecucién, su due- fo (o duefia) tendria que haber sido un personaje de gran importancia. Después de un mes de minuciosos trabajos para documentar todos los objetos de la tumba, se produjo un nuevo descubrimiento que devolvié a la vida al misterioso personaje: en un armaz6n de madera carcomida por el tiempo, se podia leer la siguiente inscripcién fragmentada: «a madre del rey del Alto y Bajo Egipto [....] Hetep-Her-es» . No habia duda, los excavadores pensaron haber descubierto la sepultu- ra real inviolada més antigua que se conocfa. Pero, atin les esperaba una sor- presa mayuscula. Cuando se procedié a la apertura del sarcofago, que toda- via conservaba sus precintos originales, se pudo comprobar uno de los grandes CAPITULO DOS engafios (0 enigmas) de la historia del antiguo Egipto: alli no habia ningtin cuerpo; el sarcéfago de la reina Hetep-Her-es estaba vacio. Reisner concluy6 que aquél era un falso enterramiento, probablemente hecho a espaldas del rey Kheops cuando se conocis la terrible noticia de la profanacion de la sepultura de la reina que habia sido enterrada junto a la piramide de su esposo, en Dashur. A Kheops se le habria hecho creer que los restos de su madre habian recibido nueva sepultura, junto a la gran pirami- de; pero, en realidad, la momia habria desaparecido, raz6n por la cual, los sacerdotes depositaron un sarcofago vacio y sellado donde debiera haber reposado el cuerpo de la reina por toda la eternidad. No obstante, también hubo quien penso que la verdadera tumba de la reina atin no se habia encon- trado. En tal caso, el escondite hallado en Guiza seria una especie de ceno- tafio o falsa tumba, a la que tan acostumbrados eran los reyes y sus familias durante las primeras dinastias. Hetep-Her-es II fue la segunda de las reinas que llevé este nombre. Esta mujer, pretendidamente rubia!’, se casd con el principe Ka-Uab, primer heredero del rey Kheops. Muertos ambos, padre e hijo, la reina fue enton- ces desposada por Ra-Dyed-ef, su medio hermano, con la evidente finali- dad de legitimar su ascenso al trono!®. Vemos asi un ejemplo claro del papel desempefiado por las reinas durante el Imperio Antiguo. Resulta incues- Relieve de la reina Hetep-Her-es Il. Procedente de su mastaba y° G 7350 ett Guiza. Museo Egipcio de El Cairo, © LE.AE. 35 REINAS DE EGIPTO. 36 tionable que para conseguir la corona no s6lo habia que ser hijo del rey, sino que habia que desposar a una Hija Real, a su vez hija de una Esposa Real, como fue el caso que nos ocupa. La madre de Hetep-Her-es Il, la rei- na Meryt-It-es I, «Aquella que es la amada de su Soberano», habia sido la esposa principal de Kheops y esta circunstancia marcaba indeleblemente el rango de su hija. Hetep-Her-es II fue también la «Gran favorita del rey.» Este titulo, inde- pendiente de la condicion principesca de la reina, hace clara alusién a su influencia personal cerca del soberano de Egipto, quien la distinguié entre el resto de sus otras esposas!, La reina Hetep-Her-es II debié morir a edad bas- tante avanzada, quizas cumplidos los setenta ajios, bajo el reinado del suce- sor de Mikerinos, el rey Shepes-es-Ka-ef, tiltimo soberano de la dinastia IV. La reina Hetep-Her-es II], posiblemente hija de Hetep-Her-es Il y del rey Ra-Dyed-ef, pudo haberse casado con el rey Mikerinos, su probable medio hermano. Esto habria sucedido para reforzar el ejercicio de la realeza por este tiltimo, aunque él era hijo de Khefren. El destino de esta reina fue cruel. Su hijo, el rey Shepes-es-Ka-ef ( hacia el 2503-2498 a.C.), abandoné Guiza y orden6 hacerse construir un monumento funerario que no segu(a la tradici6n de las construcciones piramidales, como lo habian hecho sus inmediatos ante- cesores desde los tiempos del gran Kheops. Su tumba, una enorme mastaba inspirada en las de los reyes de las pri- meras dinastias no seguia el disefio arquitecténico impuesto por los princi- pios de la teologia solar de Heliépolis. Este hecho indica que hubo una rup- tura de las relaciones con el clero del dios-sol Ra, que dominaba politicamente a la casa real. Las consecuencias fueron rotundas. Shepes-es-Ka-ef fue borra- do de las listas reales y la memoria de su madre también. Esta es la principal raz6n por la que el perfil de esta reina se nos pierde entre las brumas de la historia. No serd esta la dltima ocasién para poder comprobar cémo, en Egip- to, el destino de los hijos determinaba a la vez el de las madres. Cuando se decidia maldecir a un faraén por toda la eternidad ello traia aparejado con- sigo la eliminacién de la memoria de su madre. LAS REINAS LLAMADAS JA-MERER-NEBTY Su nombre significa «Ella es la aparicion gloriosa del que es amado de las Dos Seftoras.» Estas reinas, dos en la dinastia, pertenecian a una rama secundaria CAPITULO DOS Reina Ja~Merer-Nebiy II. Museo de Boston. que descendia directamente del rey Kheops. Sin embargo jugaron un papel primordial en la dinastia IV y en la instauracién de la dinastfa V. Comencemos por Ja-Merer-Nebty I. El rey Kheops habia desposado a una mujer cuyo nombre no nos es conocido, la cual fue con toda certeza una esposa secundaria del gran rey. A pesar de no ser esposa principal, la hija habida de dicha unidn estuvo destinada desde el prin- cipio a ser esposa del futuro soberano. Esta con- clusién la sugiere su nombre. Ella seria el «Ador- no resplandeciente del amado de las Dos Sefioras», las patronas tutelares del Alto y del ie Bajo Egipto, las diosas Uadyet y Nejebet: es decir, del rey de Egipto. Su destino se cumplié y fue desposada como «Primera Esposa Real» con el sucesor de Ra-Dyed-ef e hijo de Kheops, el rey Khefren. Ella dio a la dinas- tia uno de sus mds grandes reyes, el tercer constructor de las piramides de Guiza, el rey Mikerinos. Su hija, habida de su unién con Khefren, llevé el mismo nombre y de nuevo, fue destinada a desposar a un rey, su propio her- mano, Mikerinos. La reina Ja-Merer-Nebty II, hija mayor de Khefren y «Esposa Real» de Mikerinos, vio como la muerte prematura de su hijo var6n Ju-en-Ra truncé sus expectativas de llegar a ser la madre real. El sucesor de Mikerinos fue Shepes-es-Ka-ef, hijo, segtin algunos, de la reina Hetep-Her-es III. A pesar de ello, la pirimide mas importante de las que se hicieron construir para las reinas en la meseta de Guiza, fue la de Ja-Merer- Nebty II, no la de Hetep-Her-es III. Podemos imaginar, al final de la dinastia, la existencia de complicadas intrigas de harén. Los combates por el poder debieron ser terribles. Todas procuraban que los hijos de las demas esposas reales murieran antes que sus propios hijos. En tal contexto podriamos fabu- lar acerca de las causas que motivaron el final de la dinastia IV. Durante el reinado de Mikerinos pudo haberse producido un gran enfren- tamiento de harén. Las dos hermanas y esposas principales de este rey fue- ron Hetep-Her-es Ill y Ja-Merer-Nebty II. Las dos eran hijas de reyes; la pri- 37 REINAS 38 PTO mera de Ra-Dyed-ef ya segunda de Khefren. La primera, con mayores dere- chos para sus hijos varones, pues su padre habia sido hijo de Kheops y rey antes que el padre de Ja-Merer-Nebty II, el rey Khefren. De este modo, Hetep- Her-es III consiguié que el hijo de la esposa preferida de Mikerinos, el prin- cipe Ju-en-Ra, nunca alcanzase el trono, aunque desconocemos los medios empleados para ello. Sin embargo, el hijo de Hetep-Her-es III, Shepes-es Ka- ef, sf fue finalmente coronado rey de las Dos Tierras. Todas estas intrigas debieron tener draméticas consecuencias, Shepes-es- Ka-ef fue atacado por el partido de Ja-Merer-Nebty II quien, aliada con los sacerdotes del dios Ra de Helidpolis, consiguié quizds su derrocamiento, 0 incluso su muerte. La dinastia IV se extinguié a causa de una lucha terrible entre estas mujeres que daban o quitaban el derecho al trono. CAPITULO DOS |sg-noyy-qUe/ J2-b){-se-sedays PF eyuo-ny __ t t _ [WL s2-19H4-deq0H| @ sounsyyw @ || Aqon-10-1012/\-0/ | $f 8 t GeN-PH @ | WseTeH-deveH | | __ Il {UWY-52-49N gw uexyoy} @ { 4 I Ray-52-H0/\ —— [was-nueH | @ ye-perp-0y t t F te PUI @ | 188-40H-d029H | “Uo? O1UOLULADY t t “BAUD SOL -t [fuy-se-uew| @ wnH @ ? [pay Bsods3 UDID @ 39 CAPfTULO TRES La dama Rudye-Dyedet y el mito del Papiro Westcar. Los hijos de Ra EL PAPIRO HIERATICO N° 3038 Dz BeRLiN”! contiene un relato verdaderamente interesante que describe las circunstancias idealizadas del nacimiento de los tres primeros reyes de la dinastia V. En realidad, la historia se debio escribir con posterioridad al momento en que el narrador la sitta, el del nacimiento de los nifios reales. Es como si se tratase de una profecia de lo que poste- riormente sucederia con la intervencién de los dioses. Este cuento recoge la elaboracién de un mito revestido con una especie de halo divino destinado a sublimar el origen de estos reyes. Parece que esta circunstancia vendria determinada por la posible falta de legitimidad directa de los monarcas, 0 por la existencia de algtin problema politico en el seno de la familia real, lo que requirié un pacto de sumisién a los cultos solares. Pare- ce, como si se quisiera confirmar con el respaldo de los dioses lo que los hom- bres podrian poner en duda. La historia hace referencia a una dama, desco- nocida por otros datos, de nombre Rudye-Dyedet, que estaba casada con un sacerdote del dios Ra llamado Ra-User. El propio texto establece la forma ficticia del relato, cuando se descri- be que un mago llamado Dyedi fue requerido por el propio rey Kheops para que le entregase un cofre que estaba escondido en el Templo del dios Thot. Se suponia que se guardaban en su interior diversos secretos de magia. El sabio respondio que la caja le seria entregada por el mayor de los tres nifios que llevaba en el vientre Rudye-Dyedet, esposa de un sacer- dote de Ra. También le dijo que aquellos nifios habian sido engendrados por el propio dios solar y que algun dia ejercerian la realeza en el pais de Egipto. Este relato que hacfa de unos reyes humapos los hijos carnales de la divinidad, precisaba incluso el dia en el cual tendria lugar el parto mdl- 41 REINAS DE EGIPTO tiple: el dia 15 del primer mes de peret {invierno) de un afio no determi- nado. Como aquella concepcién tenia naturaleza divina y un parto de trillizos resultaba ser una auténtica proeza, Ra, preocupado por Rudye-Dyedet y los nifios decidio enviar a la tietra a las diosas que asistirfan el dificil alumbra- miento, ayudando sobrenaturalmente a la mujer y a sus hijos. Bajo la forma de un anexo al cuarto cuento del Papiro WestcaP?, el texto dice lo siguiente: Sucedié un dia que Rudye-Dyedet fue presa de fos dolores, stu alumbramien- to era muy laborioso. Entonces, la Majestad de Ra, Seflor de Sajebu, dijo a Isis, Neftis, Mesjenet, Heket y Jeaum: Id pues, y liberad a Rudye-Dyedei de los ires hijos que estén en su seno y que efercerdn esta funcién bienhechora en ef pais entero. Elles coustruitan vaestros tentyles, aprovisionardn vuesiros altares, havan prosperar vuestras mesas de libaciones, acrecentardn vuestras ofrendas. Partieron estas divinidades, después de haberse ansformado en danzantes-mist- cas. fenum las acompaitaba llevando su equipaje. Llegaron a la casa de Ra-User, fe hallaron inmévil, con la ropa revuelta, las diosas hicieron entonces para él una ofrenda musical con sus collares Menat y sus sisiros. El les dijo : Mis nobles Sefto- ras, he aqui que wi mujer sufte, pues su parto es dificil. Ellas te dijeron: Permite que la veantos, porque sabemos como ayudar en un parto. El les dijo: Id pues. Penetraron las diosas cerca de Rudye-Dyedet y cerraron fa habitacién alvede- dor de ella, Isis se sivud frente a Rudye-Dyeder, Neftis, detrds de ella, mien- tras que Heket aceleraba el nacimiento. Isis pronuncid esias palabras -;No seas demasiado poderoso en su seno, en 1u nombre de User-Ka-efl . Entonces este nifio se arrojé sobre las manos de Isis. Fra un recién nacido de un code de largo; sus huesos eran duros, sus miembros estaban revestidos de oro, su pelo estaba hecho de lapislazuli verdadero, Le lavaron, después de haber cortado su cordén umbilical, y le coiccaron sobre un tefido de lino, como si de un esca- bel se tratara. Mesjenet, mientras Jenum hacia que sus miembros fuesen vigo- roses, se aproximd a é diciendo: He aqui ut rey que ejercerd la funcién real en este pais todo entero”, El relato contintia describiendo el nacimiento de los otros dos nifios, Sahu- Ra y Nefer-Ir-Ka-Ra, la pareja que completaba el grupo de trillizos engen- drados por el dios Ra. Como en otra muchas ocasiones, los sucesos de la his- 42 CAPITULO TRES toria en Egipto siempre dejaron sus ecos en forma de relatos y narraciones para el pueblo. Pero, scomo encajar adecuadamente esta historia legendaria con la posible realidad de los acontecimientos? Los restos arqueoldgicos egipcios no han desvelado referencias a ningu- na dama llamada Rudye-Dyedet que fuera madre de tres reyes cuyos reina- dos, sin embargo, estan perfectamente documentados. En compensacién, ya hemos visto que al término de la dinastia IV, al parecer sucedié algo de espe- cial trascendencia. Algo que complico la continuidad de la estirpe dinastica proveniente de la raiz original cuyo tronco era el rey Kheops. Esto, cualquiera que fuera la catisa, Ilevé a los compiladores de las listas reales y al sacerdote Manetén, a quien debemos la clasificacion de los reyes egipcios en diferen- tes dinastfas-, a concluir que User-Ka-ef (hacia el 2494-2487 a.C,), fue el pri- mer soberano de una nueva familia reinante. La REINA JenT-Kau-es [ En la campania de 1982, el arquedlogo egipcio Selim Hassan descubrié en Gui- za, al sudeste de la piramide de Khe- fren, una magnffica mastaba en forma de gigantesco sarcéfago”* construido para una reina que se daba a si misma enlas inscripciones el titulo de «Madre de dos reyes del Alto y del Bajo Egip- to». Esta mujer resulté Ilamarse Jent- Kau-es””, En realidad, la historia nos dice que fue una hija de Mikerinos y la esposa —_ del tltimo rey de la dinastia IV, Shep- \~ ses-es-Ka-ef. Fue elegida para conferir a ese principe la necesaria legitimidad para poder acceder al trono. También Dibuijo cel relieve de ta reina Jent-Kau-es I s procedente de su tumba en Guiza 43 REINAS DF FGIPTO. parece que en ella gstuvo el origen de la familia real de la dinastia V. De nue- vo una mujer... Su hijo User-Ka-ef, ascenderfa en gloria y poder al trono de Egipto para establecer la nueva saga de los «Hijos de Ra». Lo chocante es que esta reina se hizo representar a sf misma con el tireus en la cabeza —lo que era un inu- sual privilegio para la época- y, lo que es mas especial, con barba, como si de un rey se tratara. Al aire de la reflexién ofrecida por esta representacion hay que resaltar que la inscripcién existente en las jambas de la entrada a su tumba, copiada por el arquedlogo Selim Hassan, también podria ser tradu- cida sin problemas como «La rey del Alto y del Bajo Egipto, la madre del rey del Alto y del Bajo Egipto». Esto hizo pensar que ella fue verdaderamente un rey corona- do, aunque lo cierto es que ninguna de las Listas Reales conocidas hasta ahora la reco- gen como tal. En cualquier caso ella fue la madre de User-Ka-ef, Sahu-Ra y de Nefer-It-Ka-Ra, los tres primeros reyes de la nueva dinastia (hacia el 2494-2455 a.C.)°°. Entonces, spor qué se le da el nombre de Rudye-Dyedet en el cuento del Papiro Westcart spor qué su esposo, el padre terrenal de los tres futuros reyes, recibié en el mismo relato el nombre de Ra-User? Quizds sdlo se trate de licencias literarias sin mayor trascendencia. Pero se dirfa que se quiso librar de toda polémica o discusién el origen de los tres reyes, cuyos nombres si se han trasladado en el relato correctamente. Sin embargo, el cuento oculté la verda- dera personalidad de los padres de estos nuevos reyes de Egipto. sHubo alguna razon i | | . D ie . > ESS 43. rigs q p 9 D Saab aL $ Z oe BAS EE} Copia a partir de ta inscripcién de Selim Hassan de la puerta de la tumba de la Reina Jent-Kau-es |, de su tumba en Guiza. CAPITULO TRES para marginarlos de la historia? Lo mas probable es que, a la muerte del rey, la reina Jent-Kau-es | asumiera la regencia durante la minorfa de sus tres hijos. Eso no era tan extrafio; ya habia sucedido antes. En esta ocasién la soberana goberné efectivamente como rey con todas sus prerrogativas y facultades, Que se sepa, era la primera vez que acaecia algo asf en la his- toria de Egipto. Algunos investigadores piensan que el caso de Jent-Kau-es, constituye un precedente de lo que sucederfa siglos después con la reina Hatshepsut. En cualquiera de los supuestos, la reina Jent-Kau-es I facilité el transito desde la IV a la V dinastia y lo hizo sin sobresaltos ni revueltas. Parece que hubiera sido un modelo de gobernante y una persona altamente respetada; no hay més contemplar su magnifico monumento funerario para compren- derlo. Con unas dimensiones de 45,5 por 46,5 metros de base y 10 metros de alto, todo él parece un sarcéfago de enorme tamafo. Asf las cosas, es ine- vitable comparar su estructura arquitecténica con el Mastabat FI Faraun, la tumba que se hizo construir su esposo, Shepes-es-Ka-ef, en un uadi situado a medio camino entre la piramide escalonada y Dashur. Ambos monumen- tos son idénticos en casi todo. Al menos, lo es la concepcién religiosa que ampar6 el disefio de ambos. Los dos se muestran en su estado original como dos enormes sarc6fagos de piedra2’. Sabemos que la construccién en forma piramidal de las tumbas reales fue expresion de la sumisi6n de la realeza a los principios de la teologia solar de Helidpolis, en tanto que doctrina religiosa dominante durante la dinastia IV. Pero Shepes-es-Ka-ef y su esposa, la reina Jent-Kau-es, se apartaron de un modo evidente de estos principios, quizds como pura reaccién de defensa ante la presion del partido solar representado por la reina Ja-Merer-Nebty II. Parece muy claro que cuando Mikerinos murio, Shepes-es-Ka-ef se apar- t6 de la influencia que habfan ejercido los sacerdotes del dios Ra de Helié- polis sobre la casa real. Tanto el nuevo faraén como su esposa, la reina Jent- Kau-es I, decidieron enfrentarse a la presién del clero de Ra y de sus partidarios dentro de la familia de Mikerinos, capitaneados por su esposa favorita, la rei- na Ja-Merer-Nebty IL Abandonando la forma piramidal para construir sus monumentos funera- tios, los nuevos reyes declaraban formalmente su ruptura con el clero solar. Sin embargo, desconocemos los caminos seguidos por los sacerdotes de Ra para conseguir que los hijos de un faraon que a sus ojog era un renegado, accedie- ran al trono con el titulo expreso de «Hijos de Ra», que, en adelante, formaria 45 REINAS DE EGIPTO Relieve de la reina Jent-Kau-es Ul, de su tumba en Abusir. parte de la sagrada titulatura de todos: los reyes de Egipto”®. La dinastia V fue absolutamente dependiente y estuvo entregada a los dictados de la ciudad santa de Helidpolis. Todos sus reyes descendian del vientre de la reina Jent- Kau-es I, aunque los sacerdotes inven- taran relatos mitoldgicos para cubrir con su opaco manto una verdad que no les convenia. La reina Jent-Kau-es I defendié su verdad y la de su amado esposo mas allé de la muerte. Fallecié anciana y respetada por sus stibditos. Su tercer hijo, Nefer-Ir-Ka-Ra se encargé de con- cluir el monumento funerario de esta reina, tal como ella habia ordenado que se hiciera, aunque ésto supusiera una afrenta eterna para los sacerdotes del poderoso dios sol, Ra de Helidpolis. Es curioso que no tengamos mas noticias de otras soberanas de la dinas- tia V, aparte de la que también llev6 el nombre de Jent-Kau-es, en este caso la segunda, y para la cual se construyé una pirdmide auxiliar y un templo funerario en Abusir. Este templo de grandes dimensiones nos indica que esta reina fue muy importante. Ademés, ella también se hizo representar con el Greus en la cabeza De nuevo la prueba del ejercicio de la realeza por dere- cho propio? No lo sabemos con certeza absoluta, pero es algo muy posible. La aparente preeminencia publica de las mujeres reales durante estos ahios ces6 rdpidamente. Eran acontecimientos que debilitaban el poder y los reyes estaban dispuestos a suprimirlos. Asi pues, estas «veleidades» del mundo feme- nino de la realeza desaparecieron muy pronto del panorama politico de Egip- to. Las reinas pasaron entonces a ocupar un discreto segundo plano. La naturaleza propia de los soberanos de la dinastia V fue realzada por los sacerdotes de la ciudad santa de Helidpolis hasta llegar a la proclamacién de su divinidad indiscutible. Que el rey Nefer-Ir-Ka-Ra (hacia el 2475-2455 CAPITULO TRES a.C.) permitiera a uno de sus stibditos, el Sumo Sacerdote del dios Ptah, Ptah- Shepes-es, que le besara el pie en lugar de tener que tumbarse boca abajo sobre su vientre, tocando el suelo con la nariz en sefial de sumisi6n y respe- to hacia la divinidad real, demuestra que el soberano era intocable, por ser él mismo un dios vivo? Con este panorama, el papel de las reinas en relacién con el trono no podria ser demasiado facil. Los acontecimientos pasados habian ensehado a los sacerdotes del dios Ra que, cuando las mujeres alcanzaban el poder no eran fcilmente manipulables. Quizés por ello, se pens que serfa mejor para todos que las reinas volvieran al interior de los gineceos reales, impidiendo su excesivo protagonismo en la corte. Conocemos no obstante, los nombres y, en algiin caso, los restos de los monumentos funerarios de algunas de ellas. Por ejemplo una reina de nombre Mer-es-Anj (como las notables de la dinas- tia IV), que fue esposa de Isesi; o la reina Nebet, esposa principal del rey Unas; oJenut, también esposa, pero secundaria, de este mismo rey*”. En cualquier caso, la mujer, la reina de tumo, siguid velando, aunque fue- raen la sombra, para que la sangre de los antiguos reyes se transmitiera a los nuevos soberanos de Egipto. La prueba de que este discreto papel tuvo su efecto indiscutible, la proporciona el silencioso paso de la dinastia V a la VI. Fragmento de relieve de la reina Jent-Kaui-es II, de su tumba en Abusit, Museo Egipcio de El Cairo. 47 REINAS DE EGIPTO 48 Manetén y los compiladores del Canon Real de ‘Turin sabrian, sin duda, por qué razon habia que concluir la dinastia V con el rey Unas (hacia el 2375- 2345 a.C.) y comenzar la VI con el rey Teti. Para nosotros ésto sigue siendo un misterio. sAcaso ambos reyes eran de distinta rama o familia? El hecho es que el paso de una dinastia a la otra parece haberse producido sin turbu- lencias ni revueltas. El orden siguié imperando perfectamente; la adminis- tracién y el pais continuaron su actividad como si a un padre le hubiera suce- dido su hijo y todos hubieran estado de acuerdo con el cambio. Este fendmeno no habria sido posible sin la reina de turno, vigilante detrds del trono. No es exagerado proclamar que esa estabilidad institucional sdlo pudo tener su fun- damento en la mujer real. CAPITULO CUATRO La mujer toma el poder. Entre la reina Iput y la Soberana de las Dos Tierras Nitokris EL FINAL DE LA DINASTIA V EN MANOS DE LA MUJERES REALES Ala muerte de Unas (hacia el 2375-2345 a.C,), el tiltimo soberano de la dinas- tia V, subi6 al trono un rey llamado Se-Hetep-Tauy Teti (hacia el 2845-2523 a.C.) Su nombre de Horus (Se-Hetep-Tauy) explica claramente cuales fueron las circunstancias de su entronizacién en Egipto. Dicho nombre significa «Aquél que pacifica las Dos Tierras», lo que parece ser un hecho. Ya se ha dicho antes que Ja transicion de la dinastia V a la VI se hizo en paz, sin apa- rentes rupturas violentas. Otra vez surge, como Gnica explicacién plausible para justificar este cal- mado transito entre dinastias, la recepcidn del poder real de manos de una mujer. En el caso de Teti, tal entrega pacifica se produjo por ser hijo de la rei- na Sheshet*!, que llev6 el titulo de «Madre real» y probablemente también «Hija Real». Por su parte, el rey Teti tuvo como esposa principal a la reina Iput™, quien, dado que fue madre del siguiente monarca de la dinastia, Pepy I (hacia el 2321-2287 a.C.}, habria de tener forzosamente en sus venas la san- gre real de las mujeres emparentadas con la antigua linea matrilineal, proce- dente de la familia del rey Kheops. Una vez mds los monumentos vienen en nuestra ayuda para tratar de aclarar algo sobre la trascendencia de los personajes. Sabemos que al nor- oeste de la pitamide de Teti, en la necrdpolis de Sakara, se construyo otra de menor tamafio para la reina Iput. Este hecho subraya decididamente la impor- tancia de esta mujer dentro de la realeza. Sin embargo, muy recientemente se ha descubierto, cerca de la piramide de Teti, el lugar donde se construy6 la de una reina llamada Juit que también debis ser esposa de este rey. 49 REINAS DE EGIPTO. LA REINA JUIT ‘ Esta reina Juit habria sido primera Esposa Real antes que Iput y habria teni- do un hijo de Teti, llamado Teti-Anj-Kem, o Teti-Anj «El negro» que estaba destinado a ser el heredero del trono. Se especula con la posibilidad de que, el rey Teti ordenase asesinar a su heredero Teti-Anj-Kem. Recientemente se ha descubierto la momia de este personaje que, se calcula, tenfa unos vein- ticinco afios cuando murié. Quizés participé en la conspiracién para elimi- nar a este heredero no deseado ni por su propio padre, otro personaje real llamado User-Ka-Ra, que rein por poco tiempo hasta que la reina Iput con- siguid sentar en el trono a su hijo Pepy F* En los capitulos anteriores se ha visto como las reinas ocuparon en oca- siones un puesto relevante en la corte, lo cual hacfa de ellas las auténticas gobernantes de Egipto. Este papel parece acentuarse en momentos en los que la crisis 0 la inestabilidad amenazaban especialmente a la casa real. La dinas- tia VI, fue un periodo historico especialmente delicado y antesala del des- moronamiento de la organizacién estatal egipcia que dio paso al periodo de anarquia e inestabilidad que los egiptélogos han llamado «Primer Periodo Intermedio». A partir de este momento hubo un ascenso de la influencia de la mujer en los 4mbitos de la corte, aunque de modo bastante desordenado. Se advierte al final de la dinastia la existencia de verdaderas luchas por el poder desde el interior de las residencias reales. Veamos, por ejemplo, el caso de las dos esposas que tuvo Pepy I, ambas con el mismo nombre, Anj-en-es Mery-Ra Ly I. LAS REINAS LLAMADAS ANJ-EN-ES-MERY-RA El poder real sobre todo Egipto creado por los reyes que fundaron la dinas- tia IV se estaba desmembrando por momentos. De esta suerte, y para refor- zar el efectivo ejercicio de su autoridad en el sur, el rey Pepy Ill (hacia el 2278- 2184 a.C.) hubo de tomar en matrimonio a dos hijas de un noble seforial de Abidos llamado Juit que, al parecer, deberfa poder ofrecer al monarca men- fita la seguridad de que el Alto Egipto seguiria obedeciendo las ordenes de los funcionarios reales. Pero ésto seria posible solo a cambio de la entrada en la familia real de las dos mujeres que iban a ser desposadas por el rey. Tam- bién cabe en lo posible que e] monarca tomara como esposa primero a una CAPITULO CUATRO de las dos hermanas y, mas adelante, se casara con la otra. De este modo, y esta vez en sentido contrario, fueron las mujeres quienes aseguraron con su presencia la estabilidad de la corona y, quienes de camino, pusieron a su fami- lia, simples nobles locales, a la altura de la antigua realeza divina menfita. Para reforzar el protagonismo de esta familia se lleg6 a inventar la exis- tencia de un complot de harén que resulto ser un montaje contra una reina cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros. En efecto, cierta «Esposa Real» que era ademas «Gran Favorita del rey» cuyo nombre no conocemos porque fue cuidadosamente suprimido, fue acu- sada de organizar una conspiracién contra el propio soberano en beneficio de su hijo, vastago habido de su unién con Pepy I. Se dice que «el complot» fue descubierto y desarticulado y la mujer real «debidamente castigada». De paso, parece que también se hizo desaparecer al hijo. LOS SERVICIOS DEL FIEL UNI La biografia de Uni, un funcionario de alto rango que desempefié importantes funciones para Teti, Pepy I y Mer-en-Ra I (hacia el 2287-2278 a.C.), recoge en un bloque, procedente de su mastaba en Abidos,*4 la mencion de este asunto: Hubo un proceso en ef Harén real contra la Esposa Real, fa Gran Favorita, en secreto. Su Majestad hizo que juizgara yo solo, sin que hubiera ningun Visir del Fstado, ni ningtin magistrado all, salvo yo, porque yo era capaz, porque yo tenia éxito en la estima de Su Majestad, porque Su Majestad tenia confianza en mi. Fui yo quien instruy6 (el proceso verbal) poniéndolo por escrito, estando solo, con un encargado del Estado en Hierakdnpolis que estaba solo, mientras que mi fun- cidn era la de director de los empleados de la Casa Grande. Nunca antes, nin- guno de mi condicién habia escuchado un secreto del harén real, pero Su Majes- tad me lo hizo escuchar, porque yo era excelente en el corazon de Su Majestad mas que cualquier otro magistrado suyo, mas que cualquier otro dignatario suyo, mds que cualquier otro servidor suyo*’. Al parecer, toda esta historia estaba mezclada en el gran embrollo de la sucesion de Pepy I, cuyo largo reinado vio muchos extrafos acontecimien- tos. Es probable que Ja primera reina Anj-en-es-Mery-Ra diera al rey un hijo, 51 REINAS DE EGIPTO su suicesor Mer-en-Ra I, mientras que la segunda, Anj-en-es-Mery-Ra fuera la madre de Pepy Il. Resulta muy plausible que la presunta conjura de harén hubiera sido pro- vocada por alguna esposa anterior, al comprender que las expectativas de su hijo se veian frustradas por las recién llegadas; no en balde traian entre su dote la condicidn de hijas de un muy poderoso sefor local. Es obvio que el secretismo del que alardea Uni en su texto biografico al referirse al proceso sumarisimo contra la reina y, probablemente su hijito, sugiere mas un horro- roso crimen de gineceo que una limpia accién de justicia. La descomposici6n y la debilidad de la monarquia en aquellos momentos hicieron pagar este terrible precio para garantizar su misera subsistencia A la sombra del matrimonio de Pepy I con las dos hijas de Juit, toda la familia de este ambicioso noble local subié inmediatamente a lo mas alto de la corte menfita. Dyau, hijo también de Juit, fue nombrado Visir de Mer-en- Ray de Pepy Il; el hijo y el nieto de Juit acabarian siendo gobernadores del Alto Egipto. Decididamente esa familia supo progresar. Todo sugiere que la pobre «Esposa Real», «Gran Favorita» de Pepy I, cuyo unico crimen habria sido estorbar los planes de la ambiciosa familia de Abi- dos, fue injustamente acusada de un complot inexistente y condenada en un proceso, burla de la justicia egipcia, cuya ejecucién se encargd a un hombre «fiel al régimen», el eficacisimo Uni. Asi, despojada de sus dignidades y expul- sada del palacio, su destino final no nos es conocido aunque podemos sos- pechar que se decreté lo peor contra ella y su hijo. Es sabido que esta clase de personajes encargados de ejecutar limpiamente, y a ser posible en secre- to, los trabajos sucios, siempre han sido muy utiles al poder. EL CLAN DE ANJ-EN-ES MERY-Ra II El emparentamiento con la realeza por parte de la familia de Juit, el noble de Abidos, tuvo enormes consecuencias que se extendieron hasta el mismo fin de la dinastia. De las dos hijas de Juit fue la segunda, Anj-en-es Mery-Ra II, la que salio finalmente triunfante al imponer su propia rama familiar gracias a su union con Pepy I. Las intenciones de esta reina se vieron reforzadas con los apoyos de su hermano, el Visir Dyau, y del fiel Uni, cuya recompensa fue la concesién del inusual titulo de «Gobernador» de los veintidés nomos del Alto Egipto. CAPFTULO CUATRO Ala muerte de Pepy I subi al trono en solitario y por poco tiempo, su hijo, Mer-en-Ra I (hacia el 2287-2278 a.C.) habido de Anj-en-es Mery-Ra I. Este rey, al parecer, habfa colaborado con su padre en el gobierno de Egipto en los tiltimos anos del reinado. La reina Anj-en-es Mery-Ra II se encargé de que su hija mayor, la princesa Neith desposara al nuevo rey, su medio her- mano para controlar asi el poder de modo muy efectivo™. Sin duda habia mis intereses en liza. Tal como se esperaba, Mer-en-Ra | murid rapidamen- te. Le sucedié un nino de corta edad, llamado Pepy II (hacia el 2278-2184 a,C.), también hijo de Anj-en-es Mery-Ra II. Ejerciendo la realeza en nombre de un pequefio de no mis de seis afios, la madre podria gobernar a su antojo todo Egipto, apoyada en su hermano y en el fiel Uni. De hecho, Anj-en-es Mery-Ra II llevaba el tireus sobre su cabeza, como indudable signo de que la realeza era ejer- cida por ella por derecho propio. Para cerrar adecuadamente el cfr- culo, la reina madre decidi el matri- monio del pequefio rey, su hijo, con su medio hermana Neith. Casados. entre si y bajo el férreo control de la madre, los tres harian inexpugnable el trono y el poder ante cualquier eventual competidor. Neith, mayor que su marido, fue la reina principal de Pepy II; asi Jo muestran diferentes inscripcio- nes” y su pirémide, la més impor- tante de las tres que se hicieron construir para reinas en la necr6é- polis de Sakara Sur*®. Aunque Fstatua de la reina Anj-en-es-Mery- Ra y su hijo Pepy I, Brooklyn Museum of Art. Fundacion C.Edwin Wilbour. REINAS DE EGIPTO. 54 Canon Real de Turin, Museo de Turin. © LE.A.E, Pepy Il desposé al menos a cuatro reinas -Udyebten (hija de Anj-en-es-Mery-Ra I) y Neith, Iput Iy Anj-es-en-Pepy (hijas de Anj-en-es-Mery-Ra Il)-, sin duda las herederas del poder femenino en la casa real fueron la reina Neith y Ja reina Anj-es-en-Pepy. La primera no sdlo se hizo construir, como se ha dicho, la piramide mas gran- de elevada junto a la de su esposo Pepy Il, sino que pose- y6 los titulos de «Hija Real», dos veces «Esposa Real» y «Madre real», puesto que puso en el mundo al que seria sucesor de Pepy Il en el trono, el rey Mer-en-Ra I Anti-em-Sa-ef (hacia el 2184-2181 a.C.)*”. Anj-es-en-Pepy, por su parte, obtuvo privilegios inima- ginables unos afios antes para una reina. Las paredes de la camara funeraria de su pirdmide recogen para ella las formulas de Los Textos de las Pirdimides, conjunto de formulas funerarias hasta entonces exclusivamente reservadas para los enterramientos de los reyes"”. La prueba definitiva de que ambas mujeres, Anj-es-en-Pepy y Neith, cons- tituyeron un poderoso clan de poder sobre la agonizante monarquia de la dinastia VI, la tenemos en el hecho de que, a pesar de los desdrdenes y revuel- tas sociales que marcaron su final, el culto funerario de ambas se perpetud asociado al de su madre, Anj-en-es-Mery-Ra II, hasta mucho después del final de la dinastia‘!. La saga seguiria. LA MISTERIOSA REINA NITOKRIS, SOBERANO EFECTIVO DE EGIPTO Net-Ikerty”, la mitica reina Nitokris (hacia el 2184-2181 a.C.) fue una sobe- rana efectiva del Alto y del Bajo Egipto y su nombre esta perfectamente docu- CAPITULO CUATRO mentado en el Canon Real de Turin“, El sacerdote-historiador egipcio Mane- ton la reconocié en su Historia de Fgipto como el iltimo soberano de Ia dinas- tia VI. Esta reina fue probablemente la hija habida de la union entre Mer-en- Ral y la poderosa reina Neith. De ella nos cuentan los textos griegos lo siguiente: Hubo una mujer, Nitokris, que reind; era mds valiente que todos los hombres y més bella que todas las mujeres de su tiempo, doiada de una hermosa piel y de sonrosadas mejillas. Se dice que construyé la tercera pirdmide que tiene aspecto de montana”. Desposé a su hermano, Mer-en-Ra Il y, ala prematura muerte de éste, al parecer provocada por los propios egipcios, se erigi6 en rey indiscutible de las Dos Tierras. Goberné en solitario como rey del Alto y del Bajo Egipto, durante dos afios, un mes y un dia® llevando los titulos de Nesut Bity («El de la Cafia y la Abeja»), y su nombre se inscribié dentro de un cartucho real, como era la norma para escribir los de un rey. La leyenda, atravesando la historia a lo largo de dos mil afios, llegé has- ta la época en que Herddoto visité Egipto. Alli le contaron lo que sigue, a propésito de la mitica Nitokris: «Después de este rey los sacerdotes enumeraron de un libro los nombres de otros trescrentos treinta reyes....y el nombre de una mer, que fue rena, era el mismo que el de la reina de Babilonia, Nitokris. Y me contaron que ella, para vengar a sut hermano —él era rey y los egipcios le habian dado muent y, después de matar- lo, habian entregado a ella el trono— para vengarlo, digo, hizo perecer con enga- to a muchos egipcios. Se hizo construr una cdmara subterranea muy espaciosa y hablo de inaugurarla, pero en su mente maquinaba otra cosa: invité a un ban- quete a muchos egipcios, los que sabia que eran los més culpables del asesinato, y atando se hallaban en pleno festin solid sobre ellos el agua del rio por un gran conducto secrete. No me contaron més sobre esta mujer, sino que, cuando hubo realizado este acto, se precipité en una camara llena de cenizas, para evitar las represalias?®, Ala muerte de Nitokris, se sucedieron en el trono de Egipto una serie de reyes que gobernaron muy poco tiempo. El ejercicio de su efimera sobera- nfa apenas rebasaria el Egipto Medio. Hay quien ha admitido que todos ellos, REINAS DE EGIPTO. en un ntimero no determinado, no inferior a cinco, reinaron no mas de seten- tay cinco dias”, He aquf que, donde el poder politico no podia seguir pros- perando a causa de las lamentables circunstancias que imperaban en Egipto en aquellos dias, la herencia de la sangre continué entregando la realeza como en una suerte de ensayos repetidos que, finalmente, pudieran dar al pafs de nuevo una familia real fuerte y poderosa. Pero éso, por el momento, deberia esperar. CAPITULO CUATRO HOY-U2-12N @ —((s1u2071N) 4y104-30N 4daq-ua-sa-fuy, @ t + [tard @usced @ | WIEN | @ : t + t | DY-Us-19~ uazqedph, | t t t I] DY-Auayy-se-ue-fuy & ? é t @ 1 2y-Auey\-se-ue-fuy 2 @ \4ded Wwiay-fuy-199 4 t : | wry | @ °L @ |anq | puppunres psodsy_ ‘ “"UO> CIUOLULIDYY L* us | @ ““gique sofip, —f PIN @ soun @ I ;uEy jodiouig osodsy CAPITULO CINCO La crisis de la igualdad de la mujer. El final del Imperio Antiguo EL HUNDIMIENTO DE LA CORTE DE MENBS, la gran capital del Imperio Antiguo en el norte de Egipto, dio lugar a Ja fundacién de otras dinastias locales como lade la ciudad de Heracledpolis. Todas coexistieron en Egipto al mismo tiem- po, hasta que una de ellas, la XI, procedente de Tebas conquisté y derroté a la X de Heracleépolis. Este lapso de tiempo se ha llamado por los egiptélo- gos «El Primer Periodo Intermedio». Se trata de no més de doscientos aiios, desde el final de la dinastia VI (hacia el 2181 a.C.) hasta el reinado de Mon- tu-Hotep III (hacia el 2004-1992 a.C.). Este periodo de la historia de Egipto fue un momento en el que la crisis y el desorden reinaron en todo el pais. La soberania real qued6 fragmentada en miiltiples retazos de poder en manos de los principes y nobles locales que gobernaban las capitales y provincias administrativas en las que el pais habia estado siempre dividido. En el origen de estos acontecimiento hay que situar dos grandes proble- mas: el fraccionamiento de la soberania real, distribuida y repartida entre los sefiores provinciales, y una profunda crisis agraria. Las «Listas Reales»*® cono- cidas muestran que, después del reinado de Nitokris, se sucedieron en el tro- no un amplio numero de reyes no determinados, durante un lapso de tiem- po que debié ser muy breve*?. Durante aquellos tiempos la dinastia mantuvo conexién con las mujeres reales de las tiltimas familias reinantes antes de la desaparicion de la corte men- fita. Desatada la guerra civil que enfrenté a Tebas con Heracledpolis, y derro- tada esta tiltima, se cred una nueva dinastia que volverfa a unificar Egipto. Se trata de la XI (hacia el 2125-2025 a.C.). Sin embargo, parece que los principes tebanos que la fundaron habrian carecido de la necesaria vinculacién sanguinea con mujeres originarias de la ancestral familia real de Menfis. 59 REINAS DE EGIPTO 60 Los SETENTA REYES QUE REINARON SETENTA DIAS Manetén, un sacerdote egipcio de Baja Epoca que escribié el primer libro de historia de Egipto, se refirid a este periodo de anarquia como «...el de los setenta reyes en setenta dias». Asi queria significar este historiador la gran cantidad de efimeros soberanos que trataron de gobernar Egipto sin éxito durante aquel tiempo. Esta sticesion casi desesperada de reyes que no dura- ron mas que meses 0 incluso dias, nos indica que, a pesar de ser monarcas con legitimidad para ocupar el trono, las circunstancias de la casa real debie- ron ser tremendas La dinastia VII ha sido considerada, (si es que en verdad Ileg6 a existir como tal), como un régimen de emergencia organizado desde la ciudad de Menfis para reemplazar temporalmente a la realeza desaparecida al morir la reina Nitokris™. Sin embargo, todo hace suponer que, en el tiempo de estos efimeros monarcas, debi producirse una sorda y terrible lucha por el poder llevada a cabo a través de las maniobras de las mujeres reales para colocar en el trono a sus respectivos hijos. Tales circunstancias, ciertamente, no debieron ser aje- nas al desarrollo de este turbulento periodo. Al término de estos brevisimos reinados y como consecuencia del man- tenimiento del mecanismo tradicional de la transmision del trono a través de la via femenina de la familia real, surgié el fundador de la dinastia VIII, pro- bablemente un rey llamado Nefer-Ka-Ra, hijo del rey Pepy Il, y de una reina descendiente de Anj-en-es Mery-Ra II, la fundadora del clan, llamada Anj-es- en-Pepy®!, De ella sabemos que Ilevé los titulos de «Esposa Real, su amada» y de «Madre del rey del Alto y del Bajo Egipto»™. Del conjunto de la dinastia se conoce muy poco mas. Con la desapari- cidn de Nefer-Ka-Ra, la gran obra del Imperio Antiguo desaparecié también. La unidad de Egipto se quebré, el Delta fue ocupado por invasores asidticos y el Alto Egipto se fragmento en reinos independientes y hostiles entre si. Durante el periodo que se abrié a continuacion, la anarquia camp6 por doquier en Egipto. La condicién de la mujer en estos tiempos fue lo que cabia esperar como fruto de tales épocas de crisis. Al derrumbarse la monarquia menfita y esta- blecerse reinos locales, cambié la estructura politica de Egipto, pero no debid hacerlo la tradicién matriarcal de entrega del poder a los principes locales de cada nomo, a través de las mujeres de cada familia gobernante. CAPITULO CINCO No obstante, llego un tiempo en el cual no hubo refugio ni consuelo para nadie. Dicen las «Lamentaciones de Ipu-Uer»®; ..ved, pues, esas nobles damas, sus cuerpos sufren a causa de los harapos que deben llevar y sus corazones estan afligidos cuando se las saluda....°4 Todo parece indicar que los principes de los nomos obtuvieron una inde- pendencia absoluta. En Mentfis, las oficinas de la administracién fueron saque- adas y el palacio real, abandonado. Entre la bruma histérica que caracteriza este periodo aparece un personaje llamado Shemai, principe de Coptos que gobernaba bajo su poder a todos los nomos del Alto Egipto. Se cas6 con una de las hijas de un rey llamado Nefer-Kau-Hor, llegando a ser Visir del sur de Egipto, Algunos autores han querido ver en el matrimonio de Shemai con la hija mayor de Nefer-Kau-Hor un intento para restaurar la monarqu{a unifi- cada en todo Egipto®*. Después de un rey llamado Demedye-Ib-Tauy Uad- ye-Ka-Ra, no se sabe mucho mas de la dinastia VIII® Eclipsada definitivamente la monarquia de Menfis, se alz6 en un lugar cercano a la antigua capital del norte una dinastia, la IX, en la ciudad de Nen- Nesut (Heracledpolis), Se desconocen sus origenes, pero no seria demasiado aventurado suponer que su primer rey, llamado Jety, hubiera asumido la con- dicién de soberano del Alto y del Bajo Egipto, gracias a su matrimonio con alguna mujer de origen real menfita, cuyo nombre no conocemos. La nueva dinastia nacio con la vocacidn de expulsar de Egipto a las tri- bus asidticas que se hab{an asentado en el Delta gracias a la debilidad de la corte de Menfis. Sin embargo, nunca lograron dominar del Alto Egipto, don- de los principes tebanos fundaron otra nueva, la XI, que coexistié con las heracleopolitanas, la IX y la X. LA MUJER REAL EN EL PRIMER PERIODO INTERMEDIO El funcionamiento de los mecanismos de transmisién del poder real volvid, en cierto modo, a los esquemas que debieron funcionar durante el periodo tinita, en el que se produjo la primera unificacién histérica conocida de Egip- to. La mujer torn a ser considerada sin discusién la que entregaba la legiti- midad para ocupar el trono a los sefores provinciales 0 a los dinastas de Hera- 61 REINAS DE EGIPTO 62 cledpolis o de Tebas. Los principes locales eran fundamentalmente los Jefes de un clan familiar que controlaba un determinado territorio™” El sistema, literalmente copiado del de la antigua casa real de Menfis, suponia que el hijo mayor del principe y de la primera «Esposa Real», era quien recibia la funci6n y el cargo. Muerto el primer varén, heredaba el siguien- te hermano, y asi, hasta concluir con los hermanos vivos. Muerto el tiltimo de éstos, el poder volvia a la rama primogénita original®, Si no hubiera hijos varones, el trono pasaria a la hermana mayor aun- que al no poder ejercer el poder personalmente, lo entregaria a su esposo, no importando que este ultimo no fuera de la misma familia. Si la «Here- dera» era viuda, entonces era ella quien asum{a su herencia en nombre del hijo menor de edad para ejercer la fFuncién como «Gobernador», hasta que el infante fuese «fuerte de brazos», es decir adulto y fuerte para gobernar solo. Dentro de este concepto de clan real, de familia agrupada para ejercer el poder, la mujer desempefiaba un papel preponderante. Si bien no gozaba del grado de independencia que habfa caracterizado a las épocas anteriores, ejer- cia una firme autoridad desde dentro de la organizacién familiar. Ella era la garantia de la primogenitura. Una esposa secundaria nunca estaria por enci- ma de una esposa principal con hijos varones, en cuanto a la entrega de los derechos al trono se refiere. Todos estos principios se ven reflejados en diver- 80s monumentos representativos del periodo. Un ejemplo muy claro lo encontramos en las familias de los nomarcas de Beni-Hassan, seguramente instalados en el poder desde el finales del Impe- tio Antiguo. Las inscripciones de las tumbas de estos dinastas locales reco- gen cuidadosamente los datos de su ascendencia materna. Las esposas prin- cipales declaran todas ellas, a su vez, ser «Hijas de un Hatya», 0 principe. Asi, en la tumba numero dos de Beni Hassan, perteneciente al principe Amen- em-Hat, consta que su madre, llamada Henu, era hija de un Hatya (Principe). A su vez la esposa de Amen-em-Hat, llamada Hetepet, reclama para sf mis- ma la posesién del mismo titulo. En el caso de Jenum-Hotep I, en la tumba ntimero tres, consta que este «Seftor Hereditario» era hijo de Baket; ésta, a su vez, era hija del principe del nomo del Oryx, por lo cual Ilevaba como propios los titulos de «Princesa Iry- Payt» y de «Princesa Hatyet». La esposa principal de Jenum-Hotep, llamada Jety(t), fue hija del principe del nomo del Chacal y posefa entre sus titulos los de «Hija de (un principe) Hatya» y «Princesa Hatyet»®, CAPITULO CINCO Relieve funcratio de las princesas del womarca Dyehuti-Flotep. Museo Egipcio de El Cairo. ~ Finalmente, se produciria la caida de Heracledpolis, proba- blemente destruida por los ejér- citos de los principes tebanos y sus coaligados. Asi se cerraba uno de los periodos mas oscu- ros de la historia de Egipto. Res- pecto al mundo de las mujeres reales, nos enfrentamos a una casi total oscuridad. Practica- mente carecemos de datos que nos arrojen luz sobre este momento. 63 CAPITULO SEIS El renacimiento egipcio durante el Imperio Medio. De la dama Neferu a la faraona Sobek-Neferu LAS REINAS DE LA DINASTLA XI Como ya se ha repetido més arriba, la dinastia XI, de Tebas, fue coeténea de laX, heracleopolitana, y el primer rey que conocemos de la misma fue Uah- Anj Antef, (Antef II) (hacia el 2112-2063 a.C.)®!. El resto de los principes del comienzo de la dinastia no se conocen en detalle® y sus sucesores les nega- ron la consideraci6n de reyes, ya que no estimaron oportuno incluir sus nom- bres en las listas de sus antepasados reales. Este Antef II, «El Grande», fue hijo de una dama llamada Neferu, que llevé el titulo de «Madre real», Es dificil en este caso reconocer en esta mujer a una descendiente sanguinea de laantigua realeza menfita. Pero, no obstante, si que podemos aventurar su origen noble entroncado con la linea femenina origen de la que descendian los principes gobernadores del nomo tebano. La obsesién de los reyes por incluir en sus monumentos el nombre de las mujeres que les dieron la vida, iba més alla de la manifestacién publica de un puro sentimiento de piedad filial. Este habito nos ha permitido conocer datos muy importantes. La importancia de Neferu esta confirmada por el hallazgo en el templo del dios Amon de Karnak de la pieza considerada el resto mas antiguo encon- trado en las excavaciones de este gran templo: una pequefia columna que lle- va inserta la siguiente inscripcion: «Antef el Grande, el fuerte, al que ha pues- to en el mundo Neferu»®, En todo caso, este rey, imbuido de su convencimiento de que el destino le habia sefialado para ejercer la realeza de Egipto y, consecuentemente, para dominar todo el pais, probablemente fuera el destructor de la ciudad de Hera- cledpolis y de su corte. 65 REINAS DE EGIPTO 66 Detalle del sareéfago de la princesa Kau-lt. Procedente del templo de Montu-Hotep Il en Deir el Bahari. Museo Egipcio de El Cairo. Antef se casé con su propia hermana, la reina Neferu-Kayt. Esta mujer llevé los tftulos de «Hija Real» y «Esposa Real». Pero, ademés, los monumentos hablan para referirse a ella como «La soberana del Alto Egipto, la que ha exaltado las Dos Tierras (Egip- to), la Grande de esta tierra». La confirmacién de la existencia de estas dos mujeres como directa- mente vinculadas al primer per- sonaje real reconocido en las Lis- tas Reales oficiales para el Imperio Medio, abre la puerta al hecho incontestable de que el sistema tradicional de transmision del poder real, esta- ba plenamente vigente en Tebas en esta época. Esta reina Neferu-Kayt, tam- bién llamada en los monumentos simplemente Neferu, seria la madre del siguiente rey de la dinastia, el Horus Najt-Neb-Tep-Nefer, Antef III®. Si nuestros cdlculos son ciertos, una hija de Antef II y de una esposa prin- cipal de este soberano, llamada lah (nombre que significa «la Lunas), fue lue- go desposada por el medio hermano del primero, Antef III. Esta mujer daria a luz al futuro rey, Montu-Hotep II. Montu-Hotep II, nacido como se ha dicho de una familia de estirpe real, con arreglo a las leyes ancestrales, seria el reu- nificador de las Dos Tierras, al final de la gran crisis social y politica que se padecié en aquélla época, Este gran soberano, con sangre matera de reyes, fue venerado en el Rameseum (el palacio de Millones de Atos de Ramsés II, en Tebas), por haber iniciado un glorioso periodo de la historia de Egipto: el que discurrié entre el primer unificador, Menes, y el rey Ahmosis, fundador del Imperio Nuevo. La estirpe real estaba instaurada de nuevo. Con la seguridad en el vincu- lo de la sangre, el poder de los reyes volvia a ser indestructible. Y todo ello CAPITULO SEIS era en beneficio de Egipto que, de este modo, volvia a ser una tierra bendita de los dioses. WINLOCK DESCUBRE A LAS REINAS DE MONTU-HoTEP II Entre 1920 y 1931, el gran arquedlogo americano Herbert Winlock estuvo excavando en las inmediaciones del templo de Neb-Hepet-Ra Montu-Hotep I, en Deir El Bahari. Los trabajos realizados permitieron descubrir en el rea del patio de su monumento funerario cerca de treinta tumbas pertenecien- tes a sus numerosas esposas y concubinas. Enre ellas las mas importantes fueron, la «Primera Esposa Real» Tem y la «Esposa Real» Neferu, su propia hermana. Otras esposas y favoritas fueron la «Esposa Real» Amonet, quien dio al rey la «Hija Real» Ideh, las princesas Hen-Henet, Kem-it, Kau-It, Sad- he, Asha-it, Mu-it y Ja dama As‘, La «Gran Esposa Real» Tem fue la encargada de transmitir la herencia del trono a favor de su hijo, Se-Anj-Ka-Ra Montu-Hotep III®”. En realidad no se conoce demasiado de esta reina, casi apenas su tumba y su nombre. Pero, una vez mas, se evidencia que el inte- rés del rey por dejar claramente establecida su ascendencia mater- na obedecia al respeto de la ley sucesoria al trono. La leyenda ha acompanado a estos personjes femeninos hasta nuestros dias. Cuando las tumbas de todas estas mujeres fueron descubiertas, se produjeron extra- fos acontecimientos. Concreta- mente, la momia de la princesa Asha-it fue encontrada en una la princesa Asha-it. Proceddente de del templo de Montu- Hotep Il en Deir el Bahari. Museo Egipcio de El Cairo. 67 REINAS DE EGIPTO 68 Sarcofago de la princesa Asha-it. Procedente de del templo de Moniu-Hotep Ul en Deir el Bahari. Museo Egipcio de El Cairo. caja de madera, dentro de su sarcdfago de piedra calcdrea. Extraer el sarcd- fago de la angosta y profunda camara fue un durfsimo trabajo. Cuentan que la cuadrilla de obreros que desmont6 las losas del sarc6fago para que fuesen y enviadas al Museo de El Cairo, resulté afectada por una enfermedad infec- ciosa que se difundié rapidamente entre todo el equipo de trabajadores™. La arqueologia no ha encontrado demasiados datos personales acerca de los integrantes de la familia real en este momento. Sin embargo, si parece que a Montu-Hotep III no le sucedié ningun hijo propio sino, probablemen- te, un principe real que llevaba el mismo nombre, aunque era hijo de Mon- tu-Hotep II, y por tanto, su medio hermano. Una vez mas, nos consta el nombre de la madre de este rey Neb-Tauy- Ra Montu-Hotep IV. Se trata de la dama Imi, que, al parecer, sélo tuvo el titu- lo de «Madre real»®. Sin embargo, el hecho de que aparentemente se trata- se de una simple esposa secundaria no impide que fuese elegida para desposarse con el rey, porque en sus venas habria sangre real. Lo que parece CAPITULO SEIS indudable es que sin poseer el doble origen real, matetno y paterno, nadie podja ser considerado legitimo heredero del trono, LA FUNDACION DE LA DINASTIA XII Ala muerte de Montu-Hotep IV, con la fundacion de la dinastia XII, se repro- dujo la ausencia de conexién con las mujeres descendientes de la realeza. Amen-em-Hat I, se declaré simplemente «nacido de una mujer del suro”. 4Se trataria de una nubia? Su padre fue, también seguin la Profecia de Neferty, uit hombre que se haria un nombre por toda la eternidad’'. Todo ello quiere decir que ni el padre ni la madre de Amen-em-Hat I parece que fuesen de origen real En todo caso, queda patente la ruptura del hilo conductor de la sangre como elemento que concedia el derecho para ocupar el trono de Egipto. Ello no implica que la idea de la transmi- sion de la realeza por medio de la mujer no hubiera subsistido. No es casual que el fun- dador de la nueva familia de dinastas, que carecia por si mismo de legitimidad algu- na, adoptase como nombre de Horus el de Uhem Mesut, es decir, «Aquél que repi- te o renueva el nacimiento»”’, Esta frase pudiera referirse a la propia creacion de la dinastia y a la reinstauracion del princi- pio en virtud del cual las mujeres eran las auténticas transmisoras de la reale- za. Esta era una condicion inexcusable para instalar en el trono a una nueva saga de reyes. De este modo se volvia ala tradicién de las’épocas mas remo- tas. Asf pues, el rey, para instaurar la nueva dinastia despos6 a una mujer lla- mada Neferi-Ta-Tchenen, a la que se Estatua de una reina anénima, procedente de Abidos. Museo Egipcio de El Caito. © LEA.E. 69 REINAS DE EGIPT¢ + dio el titulo de «Madre real»”°. Que esta dama tuvie- ra sangre de la dinastia anterior parece mas que posi- ble. No llevo el titulo de «Hija Real» ni alguno seme- impide que pudiera haber sido hija de una esposa secundaria de a fa XI. jante, pero nad uno de los tiltimos reyes de la din: Para mantener la sucesién dindstica se acu- 6 al més estricto de los cauces tradicionales. Una hija de Amen-em-Hat I, llamada Neferu, se desposé con su propio hermano, el primo- génito y heredero del trono, Se-ny-Useret | acia el 1965-1920 a.C.)”4. El hijo de éste ultimo, Amen-em-Hat II hacia el 1922-1878 a.C reina Kemi-Nebu que fue enterrada en el recinto funerario de la pirdmide real en Deis Después, el rey Se-ny-Useret Il (hacia el 1881 74 a.C.), tuvo de si Jenumet-Nefer-Hedyet Veret a su heredero, el ny-Useret III (hac ), se desposé con la hermana y Esposa fa a el 1874-1855 a.C.) Este desposaria, a su vez, a una de sus her- manas, lamada también J Nefer-Hed- yet Jeredet”. Pero este rey también desposd ‘nume| a muchas otras mujeres”®. El nombre de estas dos reinas, que parece cor de honor (Jenumet-Nefer-Hedyet «La que se une a la Belleza de la Corona Blanca») y de un nor puesto del titulo e propio en cada una de ellas, «la grande» o «la nifia», implica un origen espe cialmente distinguido, privativo de las espo- sas principales del rey. La primera de estas reinas parece que tuvo el titulo de «Hija Real». Alcanzo un ran- go preeminente que la destacé del resto « Estatua de la reina Jenumei-Nefer-Hed\ las mujeres de su misma estirpe. La inclusién je de Tanis. del nombre de esta reina en un cilindro-sello (o de El Cai lugar normalmente estaba reservado para CAPITULO SEIS Cinturén de la princesa Mereret. Procedemte de Dashur, Museo Egipcio de El Cairo. inscribir el nombre del rey), indica que su rango enla corte debio ser muy destacado. Al contrario de lo que sucedio en el Imperio Antiguo, durante el Imperio Medio las mujeres reales se mantuvieron en un discreto segundo plano, lo que no merm6 su trascendente papel en elcontrol del poder del rey. De hecho, ocuparon importantes cargos sacerdotales y administrativos. Este fue el caso de la esposa de Se-ny-Useret Il, la reina Jenumet-Nefer-Hedyet Ueret. Ella fue la primera mujer,que conozcamos, que ejercid el cargo de Sacerdote del dios cocodrilo Sobek de Sumenu, una ciu- dad cercana a Tebas””, El enterramiento de esta reina, como era habitual, se incluyé dentro del recinto funerario de su esposo en El-Lahun, en forma de piramide secundaria, formando parte del conjunto real presidido por la pird- mide del rey’®. La segunda de estas reinas, esposa de Se-ny-Useret II] (hacia el 1874-1855 a.C.) , fue la principal del rey y aunque no conocemos mucho mas acerca de su biografia sf sabemos por su nombre que utilizé el titulo de «Jenumet-Nefer- Hedyet», lo que implicaba un especial honor. Este era un titulo muy relevante que a partir de la dinastia XIII se utilizé siempre junto con el de «Gran Espo- sa Real. De MorGAN Y LAS ESPOSAS REALES DE SE-NY-UsereT IIT En los aftos de 1894-1895, el egiptdlogo francés Jacques de Morgan encon- tré en Dashur, investigando el monumento funerario del rey Amen-em-Hat Ill, las tumbas de varias reinas y princesas que asombraron al mundo con el esplendor de sus ajuares funerarios. Se trataba de la reina Nofret-Henut, espo- sa del rey y de las princesas hijas reales Menet, Senet-Senebtisi y Mereret; esta tiltima, a su vez, también esposa del rey Amen-em-Hat III (hacia el 1874- 1855 a.C.). Después vinieron los hallazgos de los ajuares de las tumbas de las princesas de Amen-em-Hat II, Ita y Jenumet, que capstituyen uno de los conjuntos mas esplendorosos de la orfebreria egipcia antigua. 71 REINAS DE EGIPTO. 72 zquierda, pufal de la princesa lia. Procedente de Dashur. A la derecha Espejo de la Reina Sat-Hathor-lunit. Procedente de Lahum. Museo Egipcio de El Cairo. La princesa Ita fue enterrada con sus magnificas joyas, que hoy se pueden ver en el Museo Egipcio de El Cairo. También se encontré su pufial de bronce con empufadura de oro y lapislazuli dentro de su vaina de cuero. La princesa lo llevaba sujeto a sus caderas por medio de un cinturdn. La presencia junto a la momia de un arma de estas caracteristicas tal vez signifique que esta mujer pudo haber desempefia- do algun importante papel en el ejército. El marcado relieve que tuvieron estas mujeres se confirma tam- bién por el hallazgo de sus estatuas en lejanos lugares de Asia, con- cretamente en Ugarit y en Mishrifé7’. Hay que tener en cuenta que solo se solian enviar las imagenes de personas integrantes de la fami- lia real a lugares tan distantes fuera de Egipto, si su importancia den- tro de la corte era muy relevante. Normalmente eran objeto de culto y veneraci6n religiosa por parte de los pueblos que las recib{an. Los HALLAZGOS DE FLINDERS PETRIE En la campafia de 1913-1914, Flinders Petrie excavé en el complejo funera- tio y la piramide de Se-ny-Useret II en El Lahun, en el extremo sur de la necré- polis de Sakara. Brunton, su ayudante, encontr6 alli la tumba auxiliar de la princesa Sat-Hathor-lunit. El sarc6fago habia sido violado, puesto que su tapa estaba desplazada para robar su contenido. No obstante, se hizo otro impor- tante hallazgo que compensaria con creces la violacion del sepulcro. Los exca- vadores localizaron en la antecdmara un nicho, repleto de [odo endurecido. Se procedié a limpiar este pequeno hueco y rascando en la dura pasta de barro los trabajadores hallaron otra nueva serie de joyas pertenecientes a la citada princesa. Todas eran un duplicado exacto de las encontradas afios antes por De Morgan en Dashur. Lo mismo sucedié con la «Hija Real» y ‘Esposa Real» de Amen-em-Hat Ill, la reina Neferu-Ptah, enterrada en su pirdmide de Haua- racon un riquisimo ajuar funerario. El esplen- dor de las joyeria descubierta con esta reina es un claro exponente de su importancia. El hallazgo de su tumba habia tenido lugar durante 1936, a unos dos kilémetros al sures- te de la piramide de Hauara. En este caso, fue- ron los egipcios Naguib Farag y Zaki Iskander quienes, continuando el trabajo del prestigio- so arquedlogo egipcio Labib Habachi, descu- brieron en 1971 un conjunto de importantes joyas de esta reina. Amen-em-Hat III despos6 también a una reina llamada Aat®?. Todos estos hallazgos muestran el alto nivel de consideraci6n que gozaron estas mujeres en el desempenio de las funciones de la realeza. Es muy destacable que casi todas ellas fueran ente- rradas con uno de los cetros tradicionales de los reyes de Egipto. Se trata del llamado latigo Nehaha. Era una especie de fusta metilica, tra- dicionalmente utilizada por los faraones junto con el cetro Heka, para simbolizar las ideas de poder y soberania. No se puede minimizar la importancia de la presencia de este objeto en los enterramien- tos de estas reinas y princesas. Era un emble- ma arquetipico de la realeza egipcia desde los tiempos tinitas. La existencia de este simbolo de autoridad indica que estas mujeres la ejer- cieron de un modo efectivo y auténtico. Pode- mos concluir que durante el Imperio Medio, {as mujeres reales fueron muy respetadas y el nivel de su poder no debié ser muy diferente del que ejercieron los faraones. CAPITULO SEIS Arriba, collar la reina Nefert-Ptah. Procedente de Hauara. Abajo, létigo «Nel de la reina Neferu Ptah. Procedente de Hauara, Museo Egipcio de El Cairo. OLEAE 73 REINAS DE EGIPTO LA REINA DEL ALTO Y DEL BAJO EGIPTO SOBEK-KA-RA La monarquia representada por los soberanos de la dinastia XII, tuvo mag- nificos resultados para todo Egipto. Se unificé el pais de nuevo. Se acome- tieron gran cantidad de obras publicas por todas partes. Concretamente Amen- em-Hat III construy6 grandes obras hidraulicas para ordenar y extender los regadfos en El Fayum. La institucién faraénica alcanzé de nuevo niveles de enorme poder y prestigio, dentro y fuera de Egipto, tal como no se recorda- ban desde los mejores tiempos del Imperio Antiguo. Este periodo se caracterizé por ser un tiempo de paz y prosperidad que duré mas de doscientos afios. Sin embargo, a su término, las revueltas y las luchas entre los nomarcas locales hicieron que la calma del préspero valle de Nilo se tambalease. En este inestable y alterado ambiente surge la figura de la reina Sobek-Neferu (hacia el 1799-1795 a.C.). La historia de esta notable mujer es un misterio en sf misma. Su reinado coincide con la extincién de la dinastfa y no sabemos mucho més de ella que la inclusién de su nombre en las Listas reales, algunas inscripciones y ciertos restos arquitecténicos®!, E] hallazgo de cinco estatuas suyas, cuatro proce- dentes de Jatana-Kantir® y otra cuya procedencia no se conoce (el torso real existente en el Museo del Louvre®*), com- pletan los pocos datos que conocemos de ella. Para averiguar algo mas sobre este mis- terioso y magnifico personaje habria que suponer su origen y el de su familia en la zona de El Fayum. Sabemos que los reyes del Imperio Medio dotaron a esta gran mancha humeda natural, situada en el desierto del Sahara, sistemas de regadios que favorecieron la explotacién agricola de la regidn. Ademés, el propio nombre de la soberana: Sobek-Neferu Shedty, (Ella es) La belleza de Sobek-Shedty (Sobek «el del Torso de la reina Sobek-Neferu-Shedty Museo de El Louvre. CAPITULO SEIS Lago»), hace una clara alusién a la divinidad especialmente venerada en esta zona, el dios cocodrilo Sobek**. Segtin todos los indicios, la reina Sobek-Neferu fue el Ultimo soberano coronado de la dinastia XII y reiné con los nombres de «La Amada de Ra», «Hija del Poder», «Seriora de las Dos Tierras», «Eterna de Apaticiones Radian- tes», la Hija de Ra «Sobek-Neferu Shedty», «la Reina del Alto y del Bajo Egip- to, Sobek-Ka-Ra». Aparece en la historia junto a su probable hermano el rey Amen-em-Hat IV. Ambos, fueron reyes legitimos de Egipto. Lo més curioso de esta reina-fara6n es que nadie cuestioné su condicién, en solitario, como rey de Egipto. De hecho esté incluida en las Listas Reales oficiales de Karnak, Sakara®* y Turin®, y su reinado duré, segtin esta ultima fuente, tres afios, diez meses y veinticuacro dias. Fue hija de Amen-em-Hat Il. Asi lo atestigua un bloque encontrado en su piramide de Hauara. Alli se lee, sw monumento...para sti padre (de ella), que é viva eternamente®’, Por tanto, era hermana, 0 medio hermana, de su predecesor en el trono, el rey Amen- em-Hat IV (hacia el 1808-1799 a.C.). No estamos en disposicién de afirmar si los dos hermanos estuvieron casados entre sf, aunque Amen-em-Hat IV desposs a otra hija de Amen-em- Hat [II {lamada Ta-nef-Ra, que tenia el titulo de «Esposa Real». Algunos auto- tes han querido ver en ambos nombres a la misma reina, aunque es posible que ambas fuesen hermanas. Es probable que cuando su esposo y hermano, Amen-em-Hat JV, muri se produjese un vacio de poder dentro de la familia real y que, con tal motivo, Sobek-Neferu se viera obligada a tomar las rien- das del pais. Esta teorfa tiene su apoyo en el torso de una estatua de la reina que actual- mente se encuentra en el Museo del Louvre, en Paris®8, El monumento en si mismo es excepcional; se trata de una estatua de gra- nito rojo que representa a Sobek-Neferu come mujer y como soberana del Alto y del Bajo Egipto. De la estatua en cuestién sélo queda Ia parte del bus- to que muestra a la reina tocada con el semes (prenda tipicamente real que llevaban los faraones en la cabeza), y vistiendo la ropa femenina tradicional en [a dinastia XII. La estatua exhibe también un faldellin real ajustado con un cinturén; en su parte central se lee la siguiente inscripcién con el nombre de la reina dentro de un cartucho real: La hija de sur vientre (Sobek-Neferu), dota- da de vida, como Ra, eternamente. Se han localizado otros testimonios perteneciertes a Sobek-Neferu en un templo cerca de Heracleépolis Magna®”, en Kom el Akarib, en las inmedia- 75 REINAS DE EGIPTO. 76 ciones del actual Fayum. Su monumento funerario podria haber estado ubi- cado al sur de Menfis, en la necrépolis de Mazghuna, donde se conservan los restos de dos piramides”. La reina Sobek-Neferu habria sido, pues, la primera Horus femenina —es decir, la primera reina coronada como faraén~ de la historia de Egipto, anti- cipandose en trescientos cincuenta afios a su gran emuladora, la reina Hatshepsut, que también tomé posesién del trono como «Reina del Alto y del Bajo Egipto», quizds amparandose en el ejemplo de su predecesora. LA CONFIRMACION DE LA LINEA LEGITIMA A TRAVES DE LAS REINAS De todo lo expuesto, se podrfa obtener una conclusién esencial : la dinastia XII quedo configurada en el pensamiento de los egipcios posteriores junto a la gloriosa época del Imperio Antiguo como el modelo legitimo que se utili- zaria como referencia de lo que fue la ‘época clasica egipcia’. Las leyes suce- sorias establecidas en aquellos tiempos permanecerian inalterables ya para siempre. Los reyes del Imperio Medio que habfan recibido el nombre de Amen- em-Hat que significa «(el dios) Amon esta delante» nacieron todos ellos, sal- vo el fundador de la dinastia, de hijas reales de linea directa que llevaban en su nombre el sustantivo «Neferu». Se trata de una clara referencia a la cir- cunstancia de que tales soberanos eran lo que se podria llamar «de primera linea legitima». En cambio, los reyes que adoptaron el nombre de Se-ny-Use- ret, mas conocidos como Sesostris, que significa «E] hombre que pertenece ala Poderosa», fueron hijos de otras reinas, que podriamos llamar de rama segundona. Idéntico esquema se reproducird durante la dinastia XVII, en el Imperio Nuevo (hacia el 1550-1295 a.C.). Los reyes que recibieron el nombre de Amen- Hotep, fueron todos ellos hijos de mujeres que aportaban sangre de prime- ra linea a la sucesi6n dinastica. Los que adoptaron el de Thutmosis, fueron siempre hijos de esposas secundarias. He aqu{, claramente definida una ley esencial que pudo haber regido de modo permanente en la eleccién de los reyes que gobernaron la tierra de Egipto con plena legitimidad. En base a ello se puede establecer que la dinastia XII transmitis su legitimidad a la XIII (hacia el 1785-1652 a.C.), cuyos tiltimos reyes, huyendo de la presién de los asidticos, terminaron ejerciendo su soberania sdlo sobre una parte del pais, CAPITULO SEIS desde algo al norte del Egipto Medio hasta el sur, con Tebas como principal capital. En el sur, la dinastia XVII (hacia el 1652-1560 a.C.), tomé el relevo inme- diatamente después de la XIII. Se trataba de una sucesién histérica perfecta- mente légica para el conjunto de los egipcios que no se habfan sometido a los asidticos y sus federados que imperaban desde el pasillo sirio hasta casi el Egipto Medio. Hay que considerar que este aparente salto entre las dinas- tias XIII y la XVII, sdlo lo es en la divisin convencional de los reyes de Egip- to adoptada por el historiador Maneton. Es decir, que al mismo tiempo que reinaba la dinastia XVII en el sur, en el norte lo hacfan los soberanos de las dinastias que se han ordenado como las XIV, XV y XVI (hacia el 1715-1552 a.C.), respectivamente. De este modo, quedaban fuera de la sagrada linea sucesoria que daria lugar a la gloriosa dinastia XVIII (hacia el 1550-1295 a.C,) los reyes de la dinas- tia XIV, todos ellos del Delta, sin legitimidad alguna, y, naturalmente, los reyes hicsos que integraron las dinastfas XV, (si es que realmente existid) y XVL Egipto se hallaba dividido en dos mitades, una genuina y legitima, y la otra, invadida y fragmentada. Las mujeres reales eran en aquéllos momen- tos la promesa de que Egipto volveria a florecer. 77 REINAS DE EGIPTO F Cucciro 1 | ‘ @ Neferu | po > @ |Tem| @ Epos Principal | € | @ Antef ll @ |Neferu-Kayt | sditu-Hetep Ml j—- Hijos entre... + + lah @ Anjeril <>» Matrimonio con... @ Esposa Secundaria [Neferu | @ Montu-Hotep Il 3 l Lé -em- Neferi-ta-Tch = 7 Amen-em-Hat « enen Montu_Hotep IV [Neferu| @ Sesostris | = |Kem-it 4 — _ (ance @ Amen-em-Hat Il & _ Kemi-Nebu Kau-it | ns ~ Sethe ital |Jenumet | Sesostris Il. @ Jenumet-Nefer-Hedyet-Ueret | : (aah il |Sat-Hathor-lunit | Sesostris II @ Jenumet-Nefer-Hedyet-leredet| Mu-it_| Nofret-Henut | @ Amén-em-Hat Ill > @|Neferu-Ptah| ee ee [cee Polat | Senet seme] erat Sobek-Neferu-Ra| @&@ Amen-em-Hat IV CAPITULO SIETE Las mujeres de Tebas expulsan a los extranjeros AL TERMINO DE LA DINASTIA XII, después de la desaparicién de la reina Sobek- Neferu, Egipto fue presa de una crisis sucesoria de las que regularmente so- lian acontecer cuando Jas familias reales se extinguian. Después del reinado de Sobek-Neferu, las brumas se ciernen sobre la his- toria egipcia. Una larga decadencia vio reinar, practicamente al mismo tiem- po, a dos dinastfas, la XIII y la XIV (hacia el 1715-1650 a.C.), una en el cen- tro y el sur de Egipto y la otra en el Bajo Egipto. Maneton habla de sesenta reyes originarios de Didspolis para la dinastia XIII, y setenta y seis, origina- tios de Xois, para la XIV*!. Mientras en el Egipto Medio y en el sur imperé la dinastia XIII, un militar llamado Se-Menej-Ka-Ra Mer-Mesha, ocupo el tro- no como rey en el norte. No sabemos casi nada acerca de estos reyes que las Lisias Reales recogen en una larga relacién muy dificil de ubicar exactamen- te en un adecuado contexto histdrico. Conocemos algunos destellos histéricos puntuales como fue el caso de un rey llamado Sejem-Ra Se-Uadye-Tauy Sobek-Hotep y los de algunos Visi- res, cuyos nombres destacaron mas que los de sus propios soberanos, como fue el caso de Anju y de Iy-Meru. Parece claro que ambas dinastias fueron la consecuencia de la fragmen- tacién del poder en Egipto, lo que facilitd, por el debilitamiento de las insti- tuciones, que se fueran infiltrando por el Delta grupos de asidticos que, a su vez, habian sido expulsados de sus habitats tradicionales, por las invasiones arias del lejano norte. Los débiles reyes egipcios no supieron, o no pudieron, contener esta corriente inmigratoria y al final de este periodo bajo el reina- do de un faraén que Manetén llama Tutimaios,” la infiltracién se habia con- vertido en una auténtica invasion. 79 REL 80 \S DF FGIPTO En realidad se trataba de un conjunto de poblaciones semiticas que se habian establecido en Canaan, y quizds en Siria. Estas gentes irrumpieron en Egipto por la regin del Delta, aprovechando la inestabilidad interna que rei- naba en el pais. Primero ocuparon la parte oriental de] Delta, donde funda- ron la ciudad de Hut Heret (Avaris), lugar probablemente ubicado en el actual Jatana El Kantir, cerca de Tanis. Cien afios més tarde de estos acontecimien- tos (hacia el 1600 a.C.) los asiaticos habfan Iegado hasta el Egipto Medio, ayudados por nuevas oleadas de invasores. LOS REYES HICSOS, LA PESTE DE EGIPTO Este periodo de Ia historia de Egipto seria considerado por las generaciones del futuro ejemplo del oprobio y la vergiienza que no deberfan volver a repe- tirse. Desde su capital, Avaris, y una vez asentados y debidamente organiza- dos, los hicsos (asi se denomind por los egipcios a estos invasores extranje- ros que constituyeron las dinastias XV y XVI), comenzaron Ia conquista de Egipto bajo las érdenes de un rey llamado Salitis. Dotados con una terrible maquina de guerra de origen hurrita, los ligeros carros tirados por caballos, y con sus armas de bronce que, practicamente deshacian como si fueran de mantequilla a las egipcias hechas con cobre, consiguieron imponer su domi- nio con facilidad sobre los egipcios. Sus fortalezas se extendieron por el valle, llegando hacia el sur, algo mas alla de Abidos. No alcanzaron Tebas, pero les falts muy poco para doblegar el indémito corazén de Egipto que latia en aquel rincén. En la dramitica historia egipcia de este momento surgen los nombres de tres princesas tebanas que representan de nuevo el papel defensor de Ia tradi- cién y del trono que siempre tuvo la mujer egipcia. Se trata de las «Hermanas Reales» Ta-Ny, Tchar-Udyet® y, finalmente, Herti. Parece que estuvieron des- posadas con reyes hicsos, concretamente con Aa-User-Ra Apopis. El hallazgo de un vaso con los nombres de este rey y el de la princesa Herti en la tumba de Dra Abu E] Naga (en Tebas), que Howard Carter atribuyé a Amen-Hotep D4, parece indicar que se trataria de una mujer emparentada con la realeza de Tebas que contrajo matrimonio con un rey hicso como prueba de sumisién de los principes tebanos a los asiaticos”*. El hecho de que la memoria de esta mujer se haya conservado en la necrdpolis de Tebas, en el mismo lugar donde se halla- CAPITULO SIETE ron restos de vasos de la mismisima reina Ahmosis-Nefertary, es algo que da que pensar. La princesa Herti debi pertenecer a la familia real tebana de la dinastia XVII que daria a Egipto sus libertadores. Desposarse con el enemigo més odiado por su pueblo muestra hasta qué punto estas mujeres estaban destinadas a servir a sus tradiciones por encima de todo. La GRAN TETI-SHERIT Es bastante probable que, hacia el 1650 a.C., los descendientes de los reyes de la dinastia XIII, que habian acabado refugiandose en Tebas, fueran reem- plazados en el trono por una linea de principes originarios de esta ciudad del sur, fundandose entonces la dinastia XVII. Es dificil determinar cudl es el fin de la dinastfa XVII y el comienzo de la XVIII, pues el final de una y el principio de la otra se encuentran vinculados por el mismo lazo familiar. Las reinas Teti-Sherit («Teti, la pequefia») e Jah-Hotep II («el dios Luna —lah— esta satisfecho»), fueron los eslabones femeninos que darian el transito desde una dinastia a la otra. Iah-Hotep nacié en medio de una guerra de reconquis- tanacional. Tebas se habfa levantado en insu- rreccion y se enfrentaba a los hicsos que controlaban la casi totalidad del pais. Su padre, Se-Najt-en-Ra Tao I, «el Grande», seria quien encabe- zase los primeros enfrenta- mientos. Este principe se habia casado con una mujer llamada Teti-Sherit. Aungue la teina Teti-She- rit fue una mujer de origen Estela de Ahmesis dedicada a su abuela Teti-Shenit. Procedemte de Abidos, Museo de E| Cairo. OIEAE. 81 REINAS DE EGIPTO 82 popular, segtin nos indicgn las anotaciones que se encontraron en los ven- dajes de su momia, seria a partir de ella cuando el papel de la mujer comen- Zase a tener un peso especifico dentro de la corte tebana. Su hija, la reina Iah- Hotep reivindicaria mas tarde para ella el titulo de «Gran Esposa Real». De la gran Teti-Sherit sabemos muy poco, slo que era hija de un magistrado llamado Tienna; su madre se Ilamaba Neferu, en consonancia con la tradi- cién acufiada durante la dinastia XII. No es casual que esta mujer fuera la madre de una dinastia. Tradicionalmente, se ha considerado a Teti-Sherit como la esposa de Se- Najt-en-Ra Tao I «el Grande» (hacia el 1580 a.C.), pero en ningwin lugar apa- rece con el titulo de «Esposa Real»%’. Tan solo en una estela postuma locali- zada en Abidos se la atribuye dicho titulo””, mientras que en el resto de los documentos conocidos sdlo figura como «Madre real»*°. Esta mujer tuvo dos hijos, una nifia y un varén: lah-Hotep (Il) y Se-Ken- en-Ra Tao II (hacia el 1577 a.C.). A su vez, estos dos hermanos se casarian entre si. De tal uni6n real nacerian, al menos, seis hijos: el futuro rey Ka-Mose (2), la princesa Taé Iah-Hotep, Ahmosis (el fundador de la dinastia XVII), la princesa Ahmosis «la pequenia», Anmosis-Nefertary, la futura madre de Amen-Hotep I y otro principe también llamado Ahmosis, del que apenas se sabe mds que su nombre. UNA HEROINA DE LEYENDA: LA REINA TAH-Horer I EI proceso de rebelidn contra los hicsos comenz6 bajo el reinado del rey Se- Ken-en-Ra, Tao II, mientras en Avaris, la capital enemiga en el Delta, reina- ba Apofis III, cuya soberanfa se extend{a desde el pasillo sirio hasta el Egip- to Medio. Las casualidades de la vida quisieron que el cuaderno de ejercicios de un escolar del Imperio Nuevo cuyo nombre no conocemos fuera descu- bierto por los arquedlogos. Hoy lleva el nombre de Papiro Sallier I y su con- tenido nos ha permitido conocer el motivo de Ja querella entre Se-Ken-en- Ra, Tao II, ef principe tebano, y Apofis III, el rey de los hicsos. En este relato se ponen de manifiesto los ecos de un conflicto anunciado desde hacfa ya generaciones. Al parecer, el enfrentamiento comenzé porque el rey Apofis habia enviado un mensaje al tebano ordenandole que vaciara el estanque donde tenia sus hipopdtamos, porque los bramidos de esos ani- males no le dejaban conciliar el suefio, ni de dfa, ni de noche. CAPITULO SIETE Brazaletes de la reina lah-Hotep. De su ajuar funerario en Dra Abu el-Naga. Museo de El Cairo. El mensaje, era una clara provocacién del asiatico quien con una arro- gancia sin limites buscaba una excusa inaceptable para provocar la guerra con Tebas y completar su conquista de Egipto. El rey tebano se sintié ofen- dido y gravemente humillado pero despidié al mensajero del asiatico col- méndole con toda clase de presentes para su rey, en sefal de sumisién. Tras la partida del mensajero, Se-Ken-en-Ra, Tao II reunié a sus consejeros. Desgraciadamente el contenido del payiro Sallier | se interrumpe en este punto debido al mal estado del fragil documento, por lo que desconocemos las res- puestas y opiniones que los consejeros dieron a su principe con tal motivo. Lo que si hemos Ilegado a saber es que el rey se lanzé al combate contra sus odiados enemigos y llegs con sus tropas hasta cerca de Cusae. Se-Ken-en-Ra, Tao I murié durante la campaiia, en el transcurso de una terrible batalla. Su momia!™, recuperada por Gaston Maspero, en 1881, en la primera Cachette de Deir El-Bahari (cueva donde habia sido escondido un gran ntime- ro de momias reales), mostraba evidentes signos de haber sufrido una muer- te violenta producida por los golpes de una hacha de tipo Bronce Medio II, similar a las encontradas en Avaris. Le sucedio en el trono su hijo Ka-Mosi que pronto tomaria el relevo de su padre en Ja guerra contra los extranjeros. El también morirfa en breve tiempo después de haber conquistado gran par- te de los territorios bajo dominio hicso. Es poco lo que sabemos del final de Ka-Mose; la fecha mas alta que conocemos de su reinado es el afio tres!"', tal como figura en uno de los textos conocidos donde se relata la campana del rey tebano contra los hicsos. Tampoco tenemos constancia de que reali- zase ninguna Fiesta Sed (ceremonia magica y ritua] que se celebraba a los treinta afios de reinado para revigorizar al faran). 83 REINAS DE EGIPTO 84 En tiempos de Ramsés IX (hacia el 1126-1108 a.C.), con motivo de los saqueos de tumbas reales que se produjeron a finales de la dinastia XX, se traslad6 el sarcofago de Ka-Mose (hacia el 1560 a.C.), con el fin de preservar el cuerpo del rey de la profanacién de los ladrones, siendo enterrado de nue vo en una zona de escombros cercanos a su tumba originaria en la necrépo- lis de Dra Abu el Naga. Alli, fue descubierto por Auguste Mariette en el ano 1857, Desgraciadamente, cuando se intent6 extraer la momia de su sarcdfa- go, ésta se convirtié en polvo y s6lo quedaron los adornos con los que el rey habia sido enterrado: un punal con hoja de bronce, pufio de plata y madera dorada, y un cartucho de oro con leones en sus extremos. Fl sarcéfago, que se encuentra en la actualidad en el Museo de El Cairo, muestra el rostro del soberano adornado con el nemes y con la barba postiza. Su nom- bre esta escrito en jeroglifico en una columna, en el centro de la tapa, el pecho esta decorado con un amplio collar, y el resto del sarc6fago exhibe el aspecto del plumaje de un halcon. En reali- dad, se trataba de un sarcéfago demasiado pobre para albergar los restos de este gran héroe de Egipto; por ello, todo parece indicar que el rey pudo haber muerto de manera inesperada en el campo de batalla y lejos de su residencia habitual Muertos su esposo y su hijo, y con un futuro rey a su cargo que, a duras penas habia alcan- zado los cinco afios de edad, la «Gran Esposa Real» lah-Hotep Il se puso entonces al frente de Sarcéfaga de la reine Museo de El Cairo. laltHotep. CAPITULO SIETE Ja monarqufa tebana. Pero, ;qué sabemos de ella? En principio conocemos que hubo tres reinas Ilamadas Iah-Hotep, nombre que significa «(El dios Luna) lah esta satisfecho». La tercera de ellas fue la esposa de Amen-Hotep I y nos es conocida por su sarcéfago, descubierto también en la Cachette de Deir el- Bahari. En cualquier caso su titulatura no alberga dudas, [ah-Hotep If fue: «Hija Real», «Hermana Real» y «Esposa Realo!”. El papel que desempeiié esta reina en los trascendentales momentos de la guerra contra los hicsos nos es conocido a través de la estela de Ahmosis que se encuentra actualmente en el Museo de El Cairo!®. Este documento, que fue encontrado delante del octavo pilono del templo de Karnak, es un. auténtico monumento laudatorio de la reina y dice lo siguiente: Alabad a la Seftora del pais, la soberana de las orillas de los Hau-Nebut, cuyo nombre se eleva sobre todos los paises extranjeros, aquélla que toma las decisio- nes en beneficio de su pueblo, Esposa Real, hermana de un soberano, vida, salud y fuerza, Hija Real, venerable madre del rey, que esta al corriente de los asun- tos, que une Ella ha reunido a sus notables asegurandoles Ella ha vuelto a waer a los fugitivos, ha convencido a los disidemes. Ella ha pacificado el Alto Egipto; ha derrotado a los rebeldes. La Esposa Real, lalt-Hotep, dotada de vida'*. ipto. su untion. A partir de este importante texto podemos comprobar que la reina asu- mio el poder en Egipto en nombre de su hijo. Tomé las riendas del gobierno con firmeza y autoridad. Era aquél un momento de suma gravedad para el resultado final de la guerra que habian iniciado afios antes su padre y su espo- so. Fue, asi pues, una auténtica regencia ejercida durante la minoria de edad de su hijo Ahmosis, quien no reanudaria la lucha contra los hicsos hasta el ano 15 de su reinado. Parece evidente que la muerte prematura del que probablemente fuera su hijo Ka-Mose y la minorfa de edad de su otro hijo, Ah-Mosis debieron plantear un nuevo desequilibrio de poder en Egipto. Las antiguas tendencias disgregadoras de los sefiores feudales se reprodujeron, tal y como parece des- prenderse del texto laudatorio de Iah-Hotep. Sin duda, esta mujer supo suje- tar con su inteligencia y su energia alrededor de la casa real a la nobleza del Alto Egipto. De hecho, el reino de Tebas estaba dividido, las ambiciones de REINAS DE EGIPTO. 86 Jos senores locales se gponian a la voluntad centralizadora de la familia rei- nante. La reina, enfrentandose a todos estos problemas supo ganarse a la cla- se dirigente y controlar la voluntad del pais. Fue actuando con firmeza e inte- ligencia, recuperando para la tarea de reconstruir Egipto a todos los que, habiendo confraternizado con el odiado enemigo hicso, habian huido por temor a las represalias, Convencié a los que no compartian los puntos de vis- ta tebanos en la marcha de los acontecimientos politicos y bélicos. Ademas, parece que tuvo que hacer frente a una rebelion de aquéllos que, no conten- tos con mostrar su desacuerdo, habian pasado ademés a la accion para impo- ner sus planes. Entre los afios 15 al 22 del reinado de Ahmosis (hacia el 1550-1525 a.C.) se reanudaron las hostilidades contra los invasores hicsos, que concluirian con su expulsién tras la conquista de Avaris. E] relato de la toma de esta ciu- dad y de la campana del rey Ahmosis, el hijo de la reina, se encuentra en la tumba de Ahmes hijo de Abana, en la necrépolis de El Kab. Este oficial de la marina del rey nos cuenta su valiente comportamiento en el combate, lo que Je valid ser recompensado con el oro de fa victoria en forma de collares y cade- nas; también fue ascendido en el ejército. Ademas se le entregaron tierras, siervos y siervas y una morada de eternidad para su familia y para él, en la necropolis de E] Kab Mientras tanto, las prolongadas ausencias del rey Ahmosis, primero a causa de sus campafias en Asia, y luego, en el sur, hasta la segunda catarata obligaron a la reina Iah-Hotep II a tomar de nuevo las riendas del gobierno, ejerciendo el poder real, dentro y fuera del pais, en nombre de su hijo. Des- pués que Ahmosis conquistara la ciudad hicsa de Sharuhen, en Palestina meri- dional, debis partir para el lejano sur de Egipto, a fin de enfrentarse a las tri- bus negras de Nubia. Iah-Hotep II se encargé entonces, en nombre de su hijo, de organizar la presencia egipcia en la zona del pasillo sirio que habia sido arrebatada a los hicsos derrotados. Es muy probable que Iah-Hotep llegase, incluso, a ser comandante militar de las tropas egipcias, dirigiéndolas perso- nalmente para hacer frente a los rebeldes interiores y dominar su insurrec- cion. Cuando su tumba fue descubierta, figuraban, entre su ajuar funerario los atributos habituales de un jefe militar egipcio del Imperio Nuevo: hachas, punales y un collar del que cuelgan varias imagenes de moscas de oro, dis- tintivo de alta graduaci6n militar que sdlo concedia el rey a aquellos que ha- bian demostrado un valor sin igual en el combate. CAPITULO SIETE Las Moscas del Valor de ta reina lah-Hotep. / De su ajuar fiunerario en Dra Abu el-Naga. Museo Egipcio de El Cairo. Esta es una de las facetas mas atractivas de la biografia de la rei- na por cuanto se nos presenta entre las brumas de la historia como una especie de heroina que en tiempos tan duros y turbulentos como fueron los de la reconquista del suelo egipcio, cargé sobre sus espaldas la enorme tarea de aglutinar a su alrededor el espiritu nacional egip- cio. Ella, la viuda del valeroso Se-Ken-en-Ra, Tao II, que vio morir también asu hijo Ka-Mose, victima de la peste durante el asedio de Avaris, se entre- g0 con su ejemplo viviente a la predestinada tarea de recomponer la unidad de Egipto bajo la soberanfa de los reyes tebanos. El gesto tiene, desde luego, todas las caracteristicas de lo épico, lo que nos hace tan especialmente atrac- tivo el personaje. Después de haber ejercido tal poder y con tanta autoridad moral, la rei- na Iah-Hotep, debio fallecer anciana y respetada por su pueblo en una fecha anterior al afio 22 del reinado de su hijo Ahmosis!°, Hacfa poco que la ansia- da paz se habfa conseguido. Habian sido mAs de cien afios de luchas... Dema- siada sangre de los hijos de Egipto habia regado la tierra del Nilo. Pero aho- ra esa sangre germinaba con fuerza, impregnandolo todo: valor, coraje, orgullo... De nuevo eran una sola nacién, un solo soberano. Creyeron que, retomando a las tradiciones pasadas, todo volveria a ser como antes. Pero no se dieron cuenta de que, para bien o para mal, Egipto se habia transforma- do. Ya se estaba empezando a escribir la pagina mas espléndida de toda su historia: la del Imperio Nuevo. 87 CAPITULO OCHO La dinastia de la reina Ahmosis-Nefertary. Hatshepsut, faradn La CREACION DEL IMPERIO NUEVO Y EL TITULO DE «ESPOSA DEL DIOS» Las turbulencias del Segundo Periodo Intermedio no repitieron los proble- mas sucesorios que habian acaecido al término del Imperio Antiguo. En este caso se traté de una ruptura aparente puesto que, con toda probabilidad, los principes tebanos habian mantenido en sus desposamientos vinculaciones sanguineas con las mujeres descendientes de los reyes de la dinastia XII. Esta seria la raz6n por la que la reacci6n nacional egipcia surgirfa de nuevo en el sur, en Tebas. Asi pues, los integrantes de la dinastia XVII habrian bebido de las mismas fuentes de la tradicidn que lo hicieron los creadores de la dinas- tfa XII, que representé el momento clasico de la tradicién egipcia. La primera «Esposa del dios» conocida en este periodo, justo antes de la fundacion del Imperio Nuevo, es la Hija del rey y «Esposa del dios», Sat- Amon I, probablemente hija de Ka-Mose, de la dinastia XVII. La siguiente mujer perteneciente a la realeza que Ilevé el titulo de «Esposa del dios», fue una princesa llamada Ahmose. Tras ella, la portadora de tal titulo fue la rei- na Ahmose-Nefertary. Ella transmitid en vida a sus descendientes, el titulo de «Esposa del dios» a las princesas Sat-Ka-Mose, Sat-Amon y Ahmose-Meryt- Amon. Durante el resto del Imperio Nuevo, dicho titulo seria otorgado normal- mente a las esposas reales que, ademas, eran primogénitas. Sin embargo, en algunas ocasiones estas mujeres se limitaron a ejercer las funciones deriva- das de dicho titulo sin que las inscripciones nos indiquen que eran reconoci- das como «Esposa del dios». Este fue el caso de las reinas Mut-em-Uia, Tiy, ola propia Nefertary. 89 REINAS DE EGIPTO. AHMOSIS-NEFERTARY, LA «ESPOSA DEL DIOS» La reina Iah-Hotep Il, ademés de ocupar- se del gobierno, también se cuidé de que la linea sucesoria de los ahmésidas, esa sangre joven y reformadora que devol- veria a Egipto el esplendor de otros tiempos pasados, no se perdiese. hijo Ahmosis era el heredero elegido por los dioses para sentarse en el trono de Egipto, pero debia hacerlo como ordenaban las anti- guas tradiciones. Para ello, necesi- taba casarse con una princesa de obtener asi la sangre real, a fin d confirmacion de su derecho al trono Existian en la corte tres princesas er candidatas a tal sus tres hijas, por lo tanto, hermanas de Ahmosis. De reales que podria honor. Se trataba d entre las tres, la reina Jah-Hotep eli- gid a la joven princesa Ahmosis-Nefer- tary, probablemente porque estaba adornada con su mismo orgullo y su coraje, cualidades heredadas, a su vez, de la reina madre Teti-Sherit. Ademas. estaban los inconfundibles rasgos de su rostro y el color ébano de su piel. Todo ello recordaba el origen supremo de esta noble princesa y la misidn que tenia asig- nada: transmitir el legado divino de la nueva dinastia, una de las mas gloriosas de la historia de Egipto. La reina Akimosis-Nefertary y Anten-Hotep | Museo Oriental de Durham 90 CAPITULO OCHO LA CASTA DIVINA DE AHMOSIS-NEFERTARY Con la reina Ahmosis-Nefertary se inicia la historia de una saga de mujeres que llevarian con ellas, como marca distin- tiva inconfundible, uno de los dos nombres de su ilustre antepasada, es decir, Ahmosis «La nacida del (dios lunar Con la impo- sicién de estos nombres, las princesas quedarian marcadas como «Herederas» directas de la tradicion sar pura. Ellos reivindicarfan y recordarfan a todo el mundo Ih» o Nefertary «La que ha sido hecha Bel guinea mds cual era el origen de estas princesas y la casa de la que procedian Ahmosis-Nefertary, «la nacida del (dios lunar) lah que ha sido hecha bella», pronto tomaria el testigo que le habfa sido entregado por su madre lah-Hotep, hacien- do valer su poder en la corte tebana. Su papel preponde- en la corte de Tebas qued6, desde muy pronto, bien ado. Alcanzé una autoridad y una influencia tales que lego a formar parte del propio clero del dios Amon, el més poderoso de todos los dioses de Egipto. En ver- dad se trataba de algo realmente insdlito, no sucedido nunca antes. Solamente algunas reinas de la dinastia XII habian utilizado el titulo y la funcién de «Segundo Pro- feta del dios Sobek». Esto puede indicar claramente que hubo ciertas reinas que gozaron de un especial estatus vinculado con su alcurnia que permitia que forma nalmente integrados sdlo por hombres, Ya hemos visto en un capitulo anterior, que el dios Amon era una antigua divinidad que habia comenzado a cobrar impor- i6n de la subida al poder de los reyes tebanos de la dinastfa XII. Desde muy remotas épocas habia estado rela- en parte de cleros nor- tancia con oc cionado con el poderoso Min, dios de la fertilidad que ejercia su influencia en los desiertos orientales. El tenia atribuida la cau- sa de las escasas tormentas que hacian corter el agua vivi- Estatua de madera de la reina Ahmosis-Nefertary. Procedemte de Deir ef Medina. Mu co Egipcio de El Cairo. 91 REINAS DE FGIPTO 92 Dibujo de la reina Alesis lefertary como sacerdotisa en Karnak, ficadora por los secos uadis , Ilenando los pozos donde los beduinos del desier- to se abastecian y saciaban su sed y la de sus rebanos. En principio, el dios Amon, que no poseja una forma definida, asumié como propia la imagen de Min, un hombre tocado con dos altas plumas sobre la cabeza, dotado con un enorme pene erecto, simbolo y expresién de su fuerza generadora. Pero, el verdadero auge del poder del clero de esta divi- nidad tuvo lugar en Tebas, a comienzos de la dinastfa XVIII. Los principes tebanos, se habian considerado especialmente protegidos por este dios de su ciudad, cuyos favorables ordculos les habian inducido a plante- ar su tremendo desaffo contra los invasores asiaticos, asegurandoles su victoria final sobre aquéllos. En agradecimiento, el pueblo de Tebas dedicd a Amon toda su devocion. La monarquia, por su parte, ordené embellecer el templo que el dios posefa en la ciudad, convirtiéndolo en la gran ciudad divina por excelen- cia, el Ipet Sut, es decir, «el mas excelente de los lugares». Pues bien, el momen- to mas sefialado en el cual se marca de especial manera el inicio de la supre- CAPITULO OCHO macia del culto amoniano sobre el de otros dioses de origen tebano, como Mon- tu o Min, se produjo bajo la influencia de la reina Anmosis-Nefertary, coinci- diendo con la adopcién por su parte del titulo de «Esposa dei dios», el cual ya poseia la reina antes de desposarse con Ahmosis'™®. De la reina Ahmosis-Nefertary sabemos que, al menos, tuvo dos hijos varones, Ah-Mes y Amen-Hotep, y una hija llamada Meryt-Amon. LA ESTELA DE LA DONACION La llamada Estela de la Donacién, fue localizada fragmentada en tres partes y usada como material de relleno, dentro del tercer pilono de Amen-Hotep Il en el templo de Karnak", Por medio de este documento sabemos que la teina Ahmosis-Nefertary era «Segundo Profeta de Amon» y que cedié este cargo religioso, renunciando al mismo, a cambio de una indemnizacidn. Se trataba de un contrato establecido entre el rey y la reina, por medio del cual, ésta renunciaba al citado tftulo religioso del que, no hay constancia, existie- se con anterioridad a ella y que, después de esta renuncia, sdlo ejercerian hombres. Como testigos del contrato asistieron al acto los altos cargos de la corte tebana; al mismo tiempo, la transmisién fue confirmada por el ordculo de Amon, corno garante de la transaccidn. En funcién de ello, sabermos que se ordené construir para la reina una nueva residencia. Se doté a este palacio con un clero femenino, integrado por mujeres de alto rango, hijas de las prin- cipales familias que componian la nobleza tebana y por mujeres pertene- cientes al harén del dios Amon. Este palacio estuvo situado, con toda pro- babilided, en la orilla occidental de Tebas. Para poder hacer frente a los gastos derivados de esta nueva fundacién, el rey entregé también a la reina tierras, plata, oro, ropas, sirvientes y todos los recursos necesarios para que esta nue- va comunidad religiosa fuera del agrado de su querida esposa. Fr TITULO DE «ESPOSA DEL DIOS» Se sabe que la reina Ahmosis-Nefertary poseia también el titulo de «Gran Esposa del dios». Tradicionalmente, este cargo habia sido desempefiado por una sacerdotisa, mujer de alto rango, muy posiblemente virgen, que habria 93 REINAS DE EGIPTO 94 Fstela votiva de la reina lah-Hotep, su hijo Akmosis, Ahmosis-Nefertary y Amen-Hotep 1. Museo Egipcio de El Cairo. © LE.AE. llevado los titulos de «Esposa del dios» refiriéndose al dios Amon, y de «Mano del dios»!8, en clara alusién al dios Atum, antiquisimo dios solar, que de su propia esencia habia crea- do el universo. Por esta raz6n, la unién fisico- mistica entre la sacerdotisa que Ile- vaba estos titulos, es decir la reina, y el dios Amon, aseguraba, segtin las creencias egipcias, que la creacion era un constante proceso ciclico que se renovaria permanentemente. Asi pues, después de su renuncia al citado titulo sacerdotal en el clero de Amon, la reina se puso al frente de una fundaci6n religiosa, sin duda vinculada con su condicién de «Esposa del dios», que contaba, entre otros, con un sacer- dote varén y una sacerdotisa designada por los textos como la «Superiora del Harén» y la «Divina Adoratriz». Esta sacerdotisa tenia como principal misién sustituir a la reina en la practica de determinados rituales que exigirian la representacién de una unién carnal fisica para simbolizar o evocar la crea- cin del mundo y su regeneracién fertilizadora. Los relieves muestran a la reina Ahmosis-Nefertary, desempenando esta sagrada funcién cifiendo el vestido ritual de las sacerdotisas del Imperio Anti- guo: un vestido blanco con tirantes muy ajustado que cubria sdlo parte del pecho y que llegaba hasta los tobillos, cenido en la cintura por medio de un cinturén. La cabeza estaba cubierta por una peluca corta sobre la que se ajus- taba un tocado con dos largas plumas. Sera este tocado el que llevaran des- pués todas las «Grandes Esposas Reales» como simbolo de su funcién mater- na, lo que las asimilaba con la diosa Mut, la «Esposa del dios» Amon de Tebas. Con este tocado también se querian establecer vinculos entre la «Gran Espo- sa Real» de turno y las diosas Isis y Neftis, pues dicen los textos que, gracias a ellas, la mirada de la «Esposa del dios» alcanzaba la cima del cielo. CAPITULO OCHO Finalmente, el sireo que adornaba este tocado representa- baa la diosa Maat, expresion de la verdad y garantia del cum- plimiento de la justicia, principio ordenador del arménico fun- cionamiento del universo. A partir de este momento parece que las princesas que debian «heredar» (por decirlo de algdin modo) la funcidn de transmisoras de la realeza con derecho al trono, llevarian todas ellas, el titulo de «Esposa del dios». Por esta raz6n debian ser descendientes en una linea mds o menos directa de la reina Ahmosis-Nefertary. Esta regla, parece que se cumplid habitualmente, en la medida en que fue posible. De este modo, durante el reinado de Ahmosis, el poder y la influencia de la Esposa Real aleanz6 un nivel predorninante. Al mismo tiempo, también crecié la influencia y el poder del dios Amon, lo que sucedia desde el mismisimo inte- rior de la familia real, a través, y por medio, de la propia reina quien, no en balde, era la «Esposa divina (de Amon)». La DINASTIA XVIII SE ASIENTA El transito entre los reyes del comienzo de la dinastia fue pausado. Después de las extensas campafias guerreras que concluyeron con la expulsién de los hicsos fuera de las fron- teras de Egipto, se produjo una etapa de tranquilidad duran- te el reinado de Amen-Hotep I (hacia el 1525-1504 a.C.), el hijo de Ahmosis y de la reina Ahmosis-Nefertary. Su esposa y hermana, la «Gran Esposa Real» Meryt-Amon no consiguié dar a Egipto un heredero que pudiera ocupar el trono a la muer- te de su padre. Asi pues, un largo reinado de mas de veinte afios cubrié de paz’y calma las tierras de Egipto. Sélo una importan- te campaha punitiva realizada en el afio 8 del reinado contra Nubia, altero ligeramente el ambiente egipcio. Ala muerte de Amen-Hotep I, subié al trono un joven principe que llevaba el nombre de Thutmosis. Se coroné con Sarcdfago de la reina Ahmosis-Nefertary. Procedente de Tebas ceste TT 320. Museo Egipcio de El Cairo. 95 REINAS DE EGIPTO. 96 Procedeute de su tumba en Tebas oeste TT Museo Egipcio de El Cairo, © LEA.E. el nombre de Aa-Jeper-Ka-Ra Thutmosis I (hacia el 1504-1492 a.C.). Fue el primer rey cuyo nombre estaba compuesto con el del dios Thot. Significaba «EI dios Thot le ha dado el nacimiento». Sin duda se queria explicar que, atin no siendo el heredero directo, habido de una «Gran Esposa Real», sin embar- go, era hijo biolégico de Amen-Hotep I, lo que le daba «derecho legal» para ser coronado, La madre fue una dama llamada Seni-Seneb, que probable- mente debi6 llevar el titulo de «Oma- mento Real», Sin estas premisas el principe Thut- mosis nunca hubiera subido al trono y, mucho menos, con la rapidez que evi- dencia el mensaje que se envid a todos los Gobemadores egipcios y demas responsables de la administracién del pais anunciando la muerte del rey y la coronacién del joven principe!”. Sin embargo, se desposé como primera «Esposa Real» con una reina lla- mada Ahmosis ta-Sherit, una hermana menor del rey Ahmosis!!”. Aunque no tengamos evidencias documentales, tendria que estar vincu- Jada sanguineamente con la gran Ahmosis-Nefertary, puesto que asi lo indi- ca su nombre. Ademias, en las inscripciones vemos que se utilizan para ella los titulos de «Hija del Rey» y «Gran Esposa Real»!!!, HATSHEPSUT, LA PRIMOGENITA DE AMON Se sabe que la reina Ahmosis ta-Sherit no llev6 durante el reinado de su espo- so, Thutmosis I, los titulos de «Heredera» y «Esposa del dios», pues parece CAPITULO OCHO Relieve de la reina Ahmosis ta-Sherit embarazada de Hatshepsut, Templo de Deir el Bahari, © LEA.E que no tenia derecho a ellos. Estos titulos le serian otorgados posteriormen- te, cuando su hija subid al poder. Sin embargo, esta reina dio al rey seis hijos: Hatshepsut, Amen-Mose, Amen-Neferu-Ra, Meryt-Ra, Ajbet-Neferu y Nefe- tu-Bity'!? de los que sobrevivieron sélo la primogénita, Hatshepsut!, y la mas pequeiia, la princesa Neferu-Bity. Ademas, el rey Thutmosis I, habia engendrado con una esposa secundaria llamada Mut-Nefer, a un : robusto nifio a quien se dio el nombre de Thut- Ca mosis, él seria el futuro rey Aa-Jeper-en-Ra Thut- ff mosis II (hacia el 1492-1488 a.C.)!4, Como ya hab{a ocurrido a la sucesién de Amen-Hotep I, en esta ocasién y por segunda vez, | un hijo de una esposa secundaria era el tinico var6n con posibilidades de ascender al trono de Egipto. Pero ello debia hacerse conforme alaley, {4 Escarabeo con el nombre de Mut-Nefer. Coleccién privada. © LE.A.E 7 REINAS DE EGIPTO por medio del desposamiento con una princesa real que le dies? la legitimidad necesaria para ocuparlo. En este caso esa mujer fue Hatshepsut. El reinado de este soberano duré poco mis de tres 1 afios Por tercera vez, a la muerte de Thutmosis Il, se reprodujo el planteamiento de una sucesién al trono sin un heredero vardn con plena legitimidad de ascen- dencia. Thutmosis II habia fallecido sin hijos varones habidos de la «Gran Esposa Real» Hatshepsut, de la que sdlo hab enido hijas: las princesas Neferu-Ra y Meryt-Ra!!®, Sin embargo, el difunto rey habia engendrado con una mujer llamada Isis un hijo lla- mado Thutmosis, que seria el futuro Thutmosis III (hacia el 1488-1434 a.C.), Esta mujer ni siquiera tuvo la condicién de «Esposa Real»'!7, aunque si, probablemente, el titulo de «Omamento Real»! De esta manera, el problema planteado a la muerte del rey fue especialmente complicado, y: que el unico var6n que podria ocupar el trono, y ello por medio del matrimonio con una princesa de estirpe legitima directa, no debia tener en aquél momento mas de cinco 0 seis anos. La cuestién hubiera sido resuelta desposando al nifo principe con alguna de las nifias princesas, hijas de Thutmosis II y de la reina Hatshepsu con la y estableciendo una especie de regen: reina madre hasta que el nuevo soberano pudie- ra actuar por si mismo. Esa era la norma con- forme a los usos habituales hasta ese momen- to conocidos en la tradicién egipcia Con la reina Hatshepsut (hacia el 1488 1466 a.C.) la solucién adoptada discurrié por Estarua de la reina Isis, madre de Thauimosis II Museo Egipcio de El Cairo. CAPITULO OCHO La reina Hatshepsut, De su templo en Deir el Bahari. © LE. totalmente diferentes. otros cauce En primer término, ella era la «Gran Esposa Real» del difunto Thutmos ILy, ademas, el futuro Thutmosis III no era su hijo. Por esta raz6n no era viable la instauracion de una regen- cia, normalmente establecida en Egip- to para ser desempefiada por una madre respecto de su hijo biolégico Ademés, en la cabeza de Hatshepsut bullia otra idea: ella consideraba, (al igual que lo habian hecho su abuela ndo «Hija Rea xénita y, lo que a sus ojos era su madre) que, si as importante, descendiente por rama directa de la gran Ahmosis- Nefertary na Ahmosis Ta-Sherit, sdlo ella, tenia en tales circunstancias y fallecido el a través de su madre, la rei- rey, derecho a ocupar el trono de las Des Tierras Al estudiar este problema, siempre se ha subrayado por los egiptdlogos, que lo que impuls6 a Hatshepsut a ocupar el trono por derecho propio (apar- te un a desenfrenada ambicidn sin fundamento aparente) era el hecho de ser hija primogénita de Thutmosis I, cuando es mucho més verosimil que su mayor fuerza moral y legal estuviera Fundamentada en su ascendencia feme nina, directamente vinculada con la gran Ahmosis-Nefertary, su abuela. Lo que nunca fue definitivamente aceptado, ni por sus contempordneos y sucesores en el trono ni por los modernos investigadores es que, en aquel puntual momento de la historia de Egipto, la genuina representante del poder teal, una mujer, asumiera el trono por derecho propio, en una especie de «gol- pe de mano» matriarcal De hecho, este «golpe de Estado», tenia en sus previsiones el estableci- miento de un verdadero sistema sucesorio de linea femenina, cuya implan- tacién supondria un avance més en la linea de dominio de la mujer en las 99 REINAS DE EGIPTO La reita Hatshepsut. Museo de Berlin, © LE.A.E. estructuras politicas de Egipto. La princesa real Neferu-Ra, la pri- mogénita de Hatshepsut, esta- ba destinada a suceder a su madre en el ejercicio directo y personal de la realeza!!?. Desde muy poco antes de la pubertad ya le habian sido con- cedidos a la princesa los titulos de «Esposa del dios», «Mano del dios», «Divina Adoratriz de Amon», «Regente del Norte y del Sur» y «Sefio- ra de las Dos Tierras», cuyo contenido y significado no ofrece ninguna duda. Sin embargo, la princesa La princesa Neferu-Ra en Deir el-Bahari. © LE.A.E. 100 CAPITULO OCHO. Neferu-Ra, la luz de los ojos de su madre, moriria hacia el afio 16 del reinado dejando huérfanos de contenido todos los proyectos de Hatshepsut para impo- ner su supremacta sobre Egipto a través de sus “Herederas»!2°, EL REINADO DE HatseHrsuT Y THutMmosis Il El cuarto dia del primer mes de Shemu!?! Men-Jeper-Ra Thutmosis II], ascen- did al trono sucediendo a su padre, Thutmosis II. El inicio del reinado esta perfectamente descrito en la biografia del fiel Visir del Sur y Gobernador de Tebas Ineni quien, ya anciano, vivid estos extra- ios tiempos y los describis en el texto biografico inserto en su capilla fune- raria de esta manera: ...Su hijo (Thutmosis Ill), instalado en su lugar, como rey de las Dos Tierras reind sobre el trono de aquél que le habia engendrado, mientras que su hermana (de Thutmosis Il), la «Fsposa del dios» Hatshepsut, se ocupaba de los asuntos del pais; las Dos Tierras estaban bajo su gobierno. Se aceptd su autoridad, acaténdola (todo) el valle! Parece evidente, a partir de esta referencia de un contemporaneo, cual era la situacién en Egipto. Al principio del reinado todo funcioné de un modo mas 0 menos normal. En un determinado momen- to, sin embargo, la reina comenz6 a hacer que se inscribiesen sus nombres dentro del car- tucho real, lo que era un simbolo propio y exclusivo de los reyes. En adelante sus nombres serfan «La que es poderosa de Kau (espiritus)», «La que es Joven de afios», «La que es divina de apa- riciones» 28, Estos acontecimien- tos pueden ser datados con cer- teza en fecha posterior al ano dos de Thutmosis IIl'?4. De otra parte, la primogénita de Hatshepsut, Neferu-Ra, suce- Haishepsut. Procedente de Karnak. Museo Egipcio de El Cairo. OLEAE, 101 REINAS DF FGIPTO did a su madre en ehejerci subir al trono la primera. El mecanismo sucesorio previsto en los planes de Hatshepsut se habia puesto en marcha. Esta situacién de realeza y sobera- nia compartidas entre Hatshepsut y su sobrino-hijastro, permaneceria hasta el afto 22 del reinado, a partir del cual se pierde toda noticia de la reina. En el camino, atin cambiaré algo mas su nombre real suprimiendo del mismo los signos jeroglificos que servian para escribir los nombres femeninos y adop- tando en sus representaciones escultéricas un decidido aspecto de rey mas- io de las funciones de «Esposa del dios» nada mas Decididamente, Hatshepsut fue rey por derecho propio y lo hizo saber a todos los que la rodeaban. Pero, para poder dar este paso, la reina supo rodearse de influyentes, poderosos y fieles colaboradores que la ayudasen a hacer realidad su suefio: ser rey. ‘LOS VALEDORES DE LA REINA: HAPU-SENEB Y SEN-EN-MUT Un simple examen de los acontecimientos jamas permitiria comprender las razones y motivos que surgieron en las mentes y corazones de las per- sonas que rodearon a la joven reina. Sin el con- curso y la ayuda de dos personajes Ilama- dos Hapu-Seneb y Sen-en-Mut, es seguro que la reina no hubiera podido alcanzar los estrados del trono. Hapu-Seneb fue «Sumo Sacerdote de Amon», «Visir» y Jefe de todos los templos», encarnando en su persona el maximo poder politico y religioso de Egipto. Sen-en-Mut, por su parte, fue «Mayordomo de la reina», «Jefe El Mayordomo de la reina y Preceptor de Neferu-Ra, Sen-en-Mut. Procede de Karnak, Museo Egipcio de El Cairo. 102 Fl Dyeser-Dyesenu, e! Templo de Millones de Aitos de la Reina Hatshepsut. © LE.A.E. de todas las obras» y «Preceptor de Neferu-Ra». El era el baluarte de Hats- hepsut. Ambos dos, encabezaron el partido politico que amparé las pretensiones ala realeza de la reina Hatshepsut. Para ello, el primero, reprodujo para su soberana el desarrollo de un bello mito religioso ya conocido en la historia de Egipto!6, Se trata de «la Teogamia», misterio de naturaleza religiosa en cuya virtud un dios, en este caso Amon, encarnado en el propio faraén se habia unido carnalmente con la «Gran Esposa Real» para engendrar en su seno a la reina Hatshepsut, que por ser hija carnal del dios, era de naturale- za divina. Hapu-Seneb también fue el responsable de organizar en el afio 9 del rei- nado el viaje comercial enviado por Hatshepsut al Pais del Punt que tanta fama daria a la reina y reflejaria el periodo de paz y comercio que ella dese- aba para su amado Egipto!?”, Sen-en-Mut, mientras tanto, despleg6 su inteljgencia y su ingenio plas- méndolos en suave piedra dorada de rampas ascendentes. Construyo para 103, REINAS DE EGIPTO. 104 su reina en la orilla occidental de Tebas, en el circo rocoso existente junto al lugar hoy llamado Deir El Bahari, el Dyeser-Dyesert, el templo de Millones de Ajios mas hermoso de toda la tierra. Aquel edificio era un suefio de sol, oro, ricas maderas, jardines exdticos... Sin duda, un rincén de eternidad en el valle del Nilo. Un regalo de amor como no habia habido otro antes!?8, HATSHEPSUT Y SEN-EN-MUT: UNA HISTORIA DE AMOR IMPOSIBLE El solo nombre de Sen-en-Mut evoca inmediatamente el de la reina a quien sirvid. Ambos dos han quedado unidos en una historia de amor negada por los hombres y resaltada, sin embargo, por las evidencias que este «Mayordomo de la Reina» repartié por todo Egipto. Segtin todos los indicios, Sen-en-Mut y su familia procedian de «On del Sur», la actual Armant, localidad ubicada actualmente a unos 20 km. de Tebas. Su padre fue el «Venerable» Ra-Mose y su madre fue la «Sefiora de la Casa», Hat-Nefer!??. Su carrera comenz6, aparentemente, en el ejército y luego en la organizacién administrativa del tesoro real!®°, Sen-en-Mut alcanz6 los més altos puestos dentro de la admi- nistracién. Fue Mayordomo y administrador de la princesa Neferu-Ra. Entre los cerca de ochenta titulos que tuvo destacan los de «Mayordomo Jefe» del rey, de la reina, de Neferu-Ra y del propio dios Amon. También fue «Jefe de todas las obras de la reina y de Amon»!*! Desde luego, Sen-en- Mut se distinguid, no sélo por la amplitud de su «curriculum», sino por las obras realizadas bajo su direccién en favor de su soberana. Con toda certe- za fue el arquitecto que Supuestamente Hatshepsut y Sen-en-Mut. Graffito en la pared de una cueva cercana al templo de Deir el Bahari. CAPITULO OCHO. Haisheps ut. Museo Egipcio de El Cairo diseié y ejecuto el templo de «Millones de Afios» de Hatshepsut en el circo de Deir El-Bahari, entre los afios 7 y 15 del teinado!*?. Los dos obeliscos erigidos en el templo de Karnak y otras obras realiza- das dentro del mismo templo, también se construyeron bajo su direccién. La metedrica ascensién de Sen-en-Mut en la corte coincidi6 con la coronacién de la reina como faraén de Egipto. Este hecho, junto con el hallazgo de un grafito inscrito en el interior de una gruta sobre el templo de Deir El-Bahari que parece representar a la reina y a su arquitecto Jefe en una postura obsce- na, dieron lugar a pensar que existid entre ambos una relaci6n amorosa!*9 Pero, no solo son éstas, las pruebas de los posibles amores entre la reina y su arquitecto Jefe. Otro grafito localizado cerca de Assudn, muestra a Sen- en-Mut como «E! confidente de la «Esposa del dios» y «El que es agradable a la Sefiora de las Dos Tierras», «El Gran Mayordomo de la «Esposa del dios» y El regente de la totalidad de las Dos Tierras»!*‘, La sola contemplacién de tales titulos permite comprender que la relaci6n de confianza entre la reina y el arquitecto fue mds importante que la simplemente derivada de las fun- ciones de gobierno. De hecho, la presencia de Sen-en-Mut en el mismo tem- plo de Deir El Bahari, es algo que no deja lugar a dudas. Las efigies del arqui- tecto Jefe se encuentran presentes en la tercera terraza del edificio sagrado. Hacerse representar en aquél lugar suponia un inusual privilegio para un per- sonaje que no era de estirpe real. Una de las cuestiones que més han dado que pensar en relacién con el papel realmente desempeniado por Sen-en-Mut durante el reinado de Hatshepsut, es la construccién de lo que se ha querido interpretar como su segunda tumba, en Ja necrdpolis tebana. Se trata, de la catalogada como TT 353/59, Este singular monumento parece que mas bien tuvo en su concep- cién y disefio todas las caracteristicas rituales de lo qye podriamos llamar un recinto de culto para el Ka de Sen-en-Mut, en claro paralelismo con los tem- 105 REINAS DE EGIPTO plas de «Millones de Afios» de los reyes!*6, Esta exca- vado bajo tierra hasta llegar a coincidir con el patio del templo de Deir el Bahari. Se sabe, ademas, que la ver- dadera tumba de Sen-en-Mut se encuentra en una ladera de Gurnah. Es la hoy cata- logada como TT 71!57, De la decoracion y caracteristicas arqui- tecténicas de ambos monumentos se des- prende claramente que estaban ritual- mente conectados entre si, como lo estaban las tumbas de los reyes en relacin con sus templos de «Millones de afios». En este caso, parece que Sen-en-Mut obtuvo de la reina el secreto privilegio de compartir con ella y sus antepasados los beneficios religio- sos y de culto que se realizarian en el interior del recinto del templo de Deir el Bahari'*®. Esta distincién y las sefialadas més arriba, convertian a Sen-en-Mut en un rey sin corona a los ojos de su amada Hatshepsut. Sin embargo, ella quiso concederle los privilegios que le ha- brian correspondido de haber sido rey corona- do de las Dos Tierras. La misma designacién de Sen-en-Mut como «Mayordomo» y adminis- trador de la princesa Neferu-Ra, ha hecho pen- sar que la princesa pudiera haber sido su hija carnal, fruto de una apasionada relacién con la reina. Esta idea esta avalada por la serie de estatuas que representan a Sen-en-Mut con la pequefa princesa en una actitud amorosa y de Estaia de Sen-en-Mut y Neferu-Ra. The Field Museum of Natural History. Chicago, 106 CAPITULO OCHO proteccién que mas bien hacen pensar en un padre con su pequefa hija, que en un tutor friamente responsable de una princesa. Pero, en verdad, ésto excede los limites de la evidencia documental por lo que, esta teoria debe quedar en el simple mundo de las posibilidades, por muy atractiva que la historia parezca a nuestros ojos. El fin del reinado de Hatshepsut, preludiado por la desgraciada pérdida de la princesa Neferu-Ra, trajo consigo el final de los favores recibidos por Sen-en-Mut, quien habria desaparecido de la escena publica, casi al mismo tiempo que su reina, 0 qui- zs algo antes'*?, En cuanto a Thutmosis II], reinando ya en solitario, desposaria en un dis- creto segundo término, después del afio 24 y antes del 36 de su reinado, a la, que posiblemente fuese segunda hija de la reina, la princesa Meryt-Ra Hatshepsut. Esta princesa seria quien transmitiese la sangre de la linea matrilineal que represent la gran reina Hatshepsut. El hijo que dio a Thutmosis III, hereda- ria el trono con el nombre de Aa-Jeperu-Ra , Amen-Hotep II (hacia el 1427- 1400 a. Posible esfinge de la reina Meryt- Ra Hatshepsut. Museo Egipcio de El Cairo. 107 REINAS DE EGIPTO ay Teti-Sherit @ Se-Ken-en-Ra Tao Il @ Gran Esposa Real 4 rr Hijos entre... a-mose . ' eee Ns Taa-lah-Hotep lah-Mose-ta-sherit =—=>> Matrimonio a Sah-Mi ose @ Esposa Secundaria a | ~—we— Ahmosis-Nefertary | @ Ah-mosis Ah-mes Merit-Amon &@ Amen-Hotep ¢ |Seni-Seneb [Mut-Nefer | @ Thutmosis | . | | Isis | @ Thutmosisil @ 4 Thutmosis Ill [Meryt-Ro-Hatshepsut| Neferu-Ra 108 CAPITULO NUEVE Las concubinas reales asaltan el poder A PARTIR DEL FALLIDO INTENTO DE HATSHEPSUT por cambiar su status politico en perjuicio del rey, la represion llevada acabo en el grupo de mujeres que aportaban la herencia sanguinea para entregar el trono fue tajante. Estos acon- tecimientos trajeron consigo que las mujeres de la estirpe de Ahmosis-Nefer- tary fuesen en lo sucesivo seriamente controladas, y su poder, mas que peli- groso, reconducido y neutralizado. ‘Tras la desaparicién de Hatshepsut y de Neferu-Ra, se produjo un perio- do de oscuridad en el mundo de las mujeres reales que no ha pasado inad- vertido a los investigadores!*”. A la muerte de estas dos mujeres, no hubo ninguna reina o princesa en situacién inmediata de ejercer la funcidn de «Esposa del dios», que era la que determinaba el poder femenino dentro de la realeza. LA CREACION DEL PALACIO DE MI-UR Para prevenir nuevas situaciones parecidas a las sobrevenidas en tiempos de Thutmosis I y II, el nuevo soberano, Thutmosis III, determiné recluir en un palacio-gineceo a todas las mujeres con las que, en su condicién de rey y dios, estableceria relaciones carnales para engendrar a los hijos que nutririan todos y cada uno de los puestos necesarios para el funcionamiento del gobierno teal: desde la sucesi6n en el trono, hasta los ultimos, pero siempre impor- tantes, puestos de control administrativo del Estado Faraénico. De tal modo, se ordend que todas las princesas de sangre real junto con otras que no tuvieran tal condicién pero, simplemente, fuesen del agrado del 109 REINAS DE EF 110 IPTO fara6n, estuvieran recluidas en un palacio, a imagen y semejanza de como habia sucedido en tiempo de los grandes reyes del Imperio Antiguo. Alli, este colectivo de mujeres, que en los textos fue llamado Jeneret'*’, fueron privadas de su libertad, quedando ingresadas practicamente de por vida y sujetas a la disciplina impuesta por la «Superiora» de este harén. Las que no fueron princesas reales, estarian marcadas con el titulo de Jekeret- Nesut'#”, es decir Por qué raz6n este mecanismo funcion6 siempre de este modo? En este caso, desde Iuego, habia razones para que Thutmosis Ill silenciara al maxi- mo la presencia de esta reina, siendo hija de quien era. Sin embargo, se advier- te que nunca se la pudo privar del respeto y dignidad que por cuna y heren- cia Ja correspondfan. En conclusion, parece que Thutmosis III disefié un sibilino plan de cru- ces genéticos que diera como resultado la creacién de una saga de mujeres, dotadas de sangre real, pero no en la suficiente proporcién que las permitie- ra reclamar para si, de modo indiscutible, el derecho de entregar, e incluso de ocupar, el trono de Egipto como ya lo habian hecho Hatshepsut y otras reinas antes de ella. Se trataba de crear una casta de mujeres con calculada «pureza de sangre», evitando en las uniones del rey y en sus resultados fina- 113 REINAS DE EGIPTO. 114 Brazalete de una princesa de Thumosis III, Procedente de Qubbanet el Qirud. Metropolitan Museum of Art. New York. Fundacién Rogers. les que vinieran a la existencia mujeres que, destinadas al gineceo real, no fueran de esta clase. Sin embargo, los planes concebidos por este monarca, destinados a dar un definitivo «golpe institucional» que limitase en el futuro las prerrogativas de la mujer real, no llegaron a buen puerto. En poco mas de treinta afios resur- girfa el poder de la mujer, con la fuerza que sdlo posee lo que ha sido repri- mido contrariando el curso natural de las cosas. Precisamente, ésto sucedié a través de los «Ornamentos Reales». Este conjunto de mujeres acabaria poniendo en marcha un plan de asalto al poder real que dio lugar a la extincion de la dinastia XVIIL. Veamos, lo que, probablemente sucedié. En tiempos de Thutmosis III surgio otra misteriosa mujer que resulta ser clave para el conocimiento de los planes de futuro de la descendencia real y el control del trono. Ella se llamaba Huy, y llevé los titulos de «Favorita y amada del Sefior de las Dos Tierras», «Superiora de las Reclusas de la Casa de Amon», «Superiora de las Reclusas de la Casa de Ra», «Divina Adorado- ra de la Casa de Amon» y «Divina Adoradora de la Casa de Atum». Sabemos que fue madre de una «Gran Esposa Real» y «Esposa del dios» cuya perso- nalidad no se conoce!*?, Pues bien, con toda verosimilitud, esta mujer fue la madre de Tiaa, que afios mas tarde desposaria a Amen-Hotep II y al cual dio un hijo sin derecho directo al trono. No obstante, este nifio llamado Thutmosis, seria designado rey de Egip- to con el nombre de Men-Jeperu-Ra, Thutmosis IV. Siguiendo la norma estable- cida, la dama Tiaa, que no fue nombrada en los monumentos, sino después de que su hijo subiera al trono!!, debis haber sido prohijada por el noble que, final- mente, se habia casado con su madre, la dama Huy. CAPITULO NUEVE La misteriosa dama Huy, Museo de el Louvre. Recordaremos que, las mujeres que hab/an Ilevado el titulo de «Orna- mentos Reales», formando parte del gineceo real como concubinas podian ser dadas en matrimonio a ciertos hombres, una vez habjan concebido y dado ala vida un vastago de sangre real que no tenia derecho directo al trono. En este caso, el honrado con la entrega de esta «concubina real» de primer tango fue un extranjero llamado Yei, un militar de origen hurrita o mitannio que habria ido a vivir a Egipto, incorporado al ejército de Thutmosis III como ofi- cial de carros de alta graduacién con motivo de alguna de las numerosas cam- paftas militares del rey'®?, De este sutil modo, la hija de un «Omamento Real», «Superiora de las Reclusas», engendrada por el rey Thutmosis III, -el «Oma- mento Real» Tiaa—fue la designada para formar parte del gineceo real de Amen- 15 REINAS DE EGIPTO Tiaa, madre de Thutmosis LV. Museo Egipcio de El Cairo. © 1.E.A.E. Hotep II, queriendo el destino que diera un hijo a este ultimo, el principe Thut- mosis, que no tendria derecho al trono si antes no desaparecian los otros hijos varones del rey habidos con sus Esposas Reales!5 Pero no acabarian aqui las con- secuencias de este asunto. Del matri- monio entre la Dama Huy y el mili tar de carros Yei, debieron nacer otros hijos, entre los cuales una nifia. Ella, en su condicién de «Ora- mento Real», seria la madre de Mut- em-Uia, hija biolégica de Amen- Hotep II. A su vez, esta desconocida mujer, hija de Huy y de Yei, des- posada con algtin otro personaje que no conocemos, tuvo como hijo a Yuia. Este se despos6 con otro «Ornamento Real: llamada Tuya. Pues bien, Yuia fue el padre legal, posiblemente no bioldgico, de la rei- na Tiyy el padre bioldgico de un terrible personaje que tendria gran protagonismo en el desarrollo de los acontecimientos del final de la dinastia XVII, el «Padre Divino Ay». Tiy habria sido, de este modo, la hija biolégica de Thutmosis IV y del «Orna- mento Real», la Dama Tuya. Tiy, finalmente, se cas6 con el rango de «Gran Espo- sa Real» con Amen-Hotep III. Asi pues, y segtin todos los indicios, los «Ornamentos Reales», acabaron cons- tituyendo una nueva estirpe femenina que serviria para transmitir la realeza y ello a pesar de los deseos y calculos de Thutmosis III. Mr-UR, LA COLMENA DE EGIPTO Analizando la organizacion de este palacio-gineceo que fue una verdadera ciudad, todo en él recuerda el sistema que emplean las abejas o las hormigas en sus nidos y colonias. 116 CAPITULO NUEVE Las mujeres que habjan sido distinguidas con la union a la divinidad del rey, estaban jerarquicamente ubicadas con mejores derechos por encima de otras mujeres. Cuando estos «Ornamentos Reales», engendraban vastagos del monarca, si eran ninos, pasaban a formar parte de la larga lista de hijos que residian en el Kap!**; el Kap era una especie de organizacin especial para criar, educar y cuidar de los hijos varones del rey y de otros nobles, a veces extranjeros; si, por el contrario, eran nifias, pasarian a residir en pala- cio, formando parte asi de la casta de los nuevos «Ornamentos Reales», como hemos visto en el apartado anterior. Esta proximidad sanguinea con el monarca posiblemente tuviese varios objetivos, No solo conseguir una pléyade de fieles y leales stibditos, sino tam- bién repetir de una forma mistica Ia relacién familiar que tenian los dioses entre si. Se trataba de reproducir el misterio del cosmos y de la vida en una forma carnal y espiritual, al mismo tiempo. Ya hemos visto que algo pareci- do sucedia con los principes reales durante esta dinastia. Si nacian de la «Gran Esposa Real», llevarian el nombre de Amen-Hotep. En cambio si la madre habia sido una mujer de segundo orden u «Omamento Real», llevarfan el nombre de Thutmosis. Es muy posible que cuando la bella Tiaa sostuvo por primera vez en sus brazos al nifio que acababa de alumbrar, al que los sacerdotes impusieron el nombre de Thutmosis, no pensara que este nifio llegarfa a sentarse un dia en el trono de las Dos Tierras. ...O, squizas siz Para Amen-Hotep IJ, el nuevo principe era el séptimo hijo varén en el orden de descendencia. Esta circunstancia colocaba a Thutmosis en una difi- cil posicién que hacia poco probable que pudiera suceder a titulo de rey a su padre. Es posible que el joven principe pasase sus primeros anos de vida en el Kap real del gineceo de Mi-Ur para, més tarde, ser introducido en la Casa de la Vida del templo de Ra, en Helidpolis, No tenemos certeza sobre cmo se desarrollaron los acontecimientos de estos primeros afios de vida del prin- cipe, pero lo que si parece evidente es que las inesperadas muertes de los principes Uben-Nesu y Nedyem, mayores que Thutmosis y, por ello, pri- mogénitos sucesivamente, cambiaron el destino, no ya sdlo del principe Thut- mosis, sino del propio Egipto. Hacia el aio 25 de Amen-Hotep II, la muerte del principe heredero, her- manastro de Thutmosis, colocé a éste ultimo en la meta de salida para la sucesién al trono del Doble Pais. Su padre le hizo llamar a Tebas, donde lo asocié a las tareas del gobierno. El principe Thutmosis no era hijo de «Espo- 117