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La carta de Pablo a los

GÁLATAS

En el contexto judío del primer siglo

Reineiel Borjas

Febrero, 2016

I. INTRODUCCIÓN

SECCIONES

II. UN POCO DE TRANSFONDO HISTÓRICO

III. PABLO EL RABINO FARISEO

IV. LOS ORÍGENES DE LA LEY JUDÍA

V. PABLO Y LA LEY JUDÍA

VI. LA CONTROVERSIA SOBRE LA CIRCUNCISIÓN

VII. OBLIGAR A LOS GENTILES A JUDAIZAR

VIII. LA FE VS. LAS OBRAS DE LA LEY

IX. ¡OH GÁLATAS INSENSATOS!

X. LA MALDICIÓN DE LA LEY

XI. LA BENDICIÓN DE ABRAHAM ES POR LA FE, Y NO POR LA LEY

XII. CONFINADOS BAJO LA LEY (EL AYO)

XIII. LA ESCLAVA VS. LA LIBRE

XIV. EXHORTACIÓN A VIVIR EN LA LIBERTAD

XV. LA VIDA EN EL ESPÍRITU

XVI. LA LEY DE CRISTO

I. INTRODUCCIÓN

La carta de Pablo a los Gálatas es probablemente la más citada en nuestros círculos cristianos para sostener la idea de que la ley de Dios (la Torá) ya está abolida y obsoleta en términos de observancia. Y aunque es cierto que hoy en día esa ley no puede ser observada a plenitud en ningún lugar, también es verdad que nunca fue intención de los apóstoles siquiera insinuar su abolición o expiración como resultado del sacrificio de Jesús en la cruz. Para una gran cantidad de cristianos, la carta de Gálatas no es un libro de la Biblia, ¡Es la Biblia misma! Esta

y otras cartas de Pablo, se han convertido en el criterio principal para interpretar

las palabras de Jesucristo, del Antiguo Testamento, y en general de la Biblia. Así,

todo lo que Jesús haya dicho, tiene que ser filtrado por Pablo para darle la correcta

y válida interpretación, aún cuando los resultados de esas interpretaciones

impliquen ir en contra de lo que el Mesías dijo, o de todo el contexto global de las Escrituras. Incluso, quien difiera de ello ha caído de la gracia”, y ha rechazado al Mesías. Más aún, muchos sostienen que cualquiera que procure observar los mandamientos de la ley de Dios, está implicando que el Mesías murió en vano. De esta manera se hace de Pablo y de sus cartas algo que no es consistente con la realidad.

A través de este documento sugiero que todo ello está alejado de la verdad. Que

Gálatas no desecha la ley de Moisés, sino que de hecho confirma, como otros escritos de Pablo, la responsabilidad de obediencia que todo creyente en Jesús tiene para con los mandamientos expresados en su ley. Pretendo demostrar que la carta de Gálatas ha sido una de las más mal entendidas en nuestra cristiandad, a causa de abordarla desde nuestras traducciones castellanas, con una mentalidad reemplacista, dispensacionalista, occidental, hispana, y totalmente pos moderna, e ignorando un conjunto de factores esenciales de la Judea del primer siglo, tales como el contexto social, religioso, cultural y antropológico; las expresiones idiomáticas y hebraísmos de la época, la mentalidad judía de Pablo y de la audiencia a la que escribió, la problemática que enfrentaban como creyentes en el Mesías, los tecnicismos rabínicos propios de la Halajá (Ley Judía) que Pablo

utilizó en sus cartas, etc. Estos y otros aspectos similares ni siquiera son familiares

a nuestro contexto occidental del siglo 21, porque pertenecen completamente a un

contexto y circunstancias que se desarrollaron en un período de tiempo y en una

cultura completamente desconocida para la gran mayoría de los cristianos modernos.

Pero cuando consideramos invertir tiempo en adentrarnos en el contexto judío del primer siglo, y leemos la carta a los Gálatas a través de esa óptica, sus palabras adquieren un sentido distinto y francamente mucho más enriquecedor y comprensible. Se puede ver claramente que Pablo de hecho está enseñando que la fe en el Mesías significa fidelidad a la Torá dada por Moisés, y no a la ley judía ni a sus tradiciones como medio de justificación.

Pablo al igual que Jesús, fue un judío, que nació, vivió y murió como judío. Y como tal siempre afirmó la validez y la vigencia de la ley de Moisés, y la obediencia a ella como el camino práctico de fe para todo aquel que cree en Jesucristo como Señor y Salvador. Al mismo tiempo enfatizó que todas las prácticas, costumbres, tradiciones, ordenanzas, reglas, y preceptos de la Halajá (ley judía), no tienen ningún valor para propósitos salvíficos. Tales mandamientos de hombres llevan a quienes se someten a ellos a alejarse de la intención original de Dios al habernos dado la Torá, incluso llevando a las personas a rechazar a Jesús, y por lo tanto, su obra redentora.

A lo largo de este documento vamos a explorar aspectos como:

Que el judaísmo del primer siglo no estaba basado en la ley de Moisés sino en la tradición que se desarrolló a partir del retorno de los judíos de su cautiverio en Babilonia.

La circuncisión y porqué fue un problema en el primer siglo.

Qué es “la maldición de la ley” y el uso que Pablo como buen judío le da a esa expresión.

Qué significa en el judaísmo “estar bajo la ley”.

A qué se refiere Pablo cuando dice que la ley es “el ayo”.

Qué significaba “ser salvo” para un judío del primer siglo, como Pablo y los demás apóstoles.

El concepto bíblico de “Feen el contexto hebreo del primer siglo.

La diferencia entre la Ley de Moisés y la Ley Judía, y el uso que Pablo les da en sus cartas.

Es importante aclarar que esta no es una disertación teológica verso por verso de

la carta a los Gálatas, sino una exposición enfocada en los puntos críticos

contenidos en ella que generan la controversia. Espero que al final, este contenido sea una aportación para aclarar que Pablo no está en ningún punto de esta carta contradiciendo la Torá dada por Dios a Moisés, ni a los Profetas, ni las palabras de Jesús. Sino que está exhortando a los Gálatas a caminar y vivir en obediencia a los mandamientos del Padre, dados por el mismo Mesías en el monte Sinaí, sin dejarse arrastrar por el sistema judío o algún otro sistema como medio para la inclusión al pueblo de Israel.

II. UN POCO DE TRASFONDO HISTÓRICO

Es pertinente aclarar que Galacia no era una iglesia, sino una región dentro de lo que hoy es Turquía, donde había un número de congregaciones creyentes en Jesús, incluidas la iglesia de Antioquía, Iconio, y Listra. La carta está dirigida a

esas congregaciones. Aunque las llamamos iglesias, no debemos olvidar que eran agrupaciones de personas que al menos en gran parte del siglo primero asistían a las sinagogas judías, las cuales se componían tanto de judíos como de gentiles de la localidad. A los gentiles que se convertían en su edad adulta se les llamaba prosélitos. Es decir, la mayoría de las sinagogas estaban compuestas mayormente de estos tres grupos:

1. Judíos de nacimiento, provenientes del Reino del Sur (descendientes de las tribus de Judá, Benjamín y Leví).

2. Prosélitos (gentiles convertidos al judaísmo en su edad adulta).

3. Temerosos de Dios (gentiles simpatizantes del judaísmo, pero que no eran conversos).

Es importante entender como hecho histórico que el cristianismo original nunca fue una religión separada del judaísmo, sino más bien una secta del judaísmo. Los primeros cristianos fueron todos judíos por espacio diez años después de que Jesús ascendió al cielo, y toda la dinámica cristiana en esos años se desarrolló como algo totalmente interno y perteneciente al judaísmo. De hecho, en ese período los cristianos judíos no esperaban que esta nueva fe incluyera a gentiles. Por eso el Padre tuvo que mostrare a Pedro la visión de Hechos 10, para hacerle ver que los gentiles ya no debían ser llamados inmundos, pues ahora por medio de la fe en el Mesías podían tener parte en la misma herencia de todo judío creyente. Pero aún después de estos acontecimientos, el evangelio se siguió predicando en las sinagogas, especialmente por Pablo, cuyo objetivo era demostrar a los judíos que Jesús era el Mesías.

Hechos 13:14

"Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron a la sinagoga un día de reposo y se sentaron."

Este versículo nos dice cual era la audiencia que Pablo buscaba en un principio; no eran iglesias evangélicas, eran sinagogas judías.

El mensaje de Pablo, demostrando que Jesús era el Mesías, algunas veces fue bien recibido entre la audiencia que lo escuchaba en las sinagogas, y otras veces no. Principalmente los gentiles se mostraron más receptivos, pues ellos entendían la buena noticia de poder retornar a ser parte del pueblo del pacto por medio de la fe en Jesús, como podemos verlo en este pasaje:

Hechos 13:42-46

42. Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que

el siguiente día de reposo (no en domingo) les hablasen de estas cosas.

43. Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos

piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a

que perseverasen en la gracia de Dios. (Nota: Si Pablo y Bernabé les persuadieron a

perseverar en la gracia de Dios, es porque YA ESTABAN EN LA GRACIA DE DIOS siendo judíos observantes. La gran diferencia es que habían reconocido a Jesús como el Mesías.)

44. El siguiente día de reposo (otra vez, no el domingo) se juntó casi toda la ciudad

para oír la palabra de Dios.

45. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que

Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. (Nota: ¿Qué es lo que Pablo les exponía,

que ellos rebatían? Qué Jesús era el Mesías, y que por medio de la fe en él somos justos ante Dios, y no por medio del sometimiento al sistema judío. Lee los versículos 17-41).

46. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la

verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.

Uno de los errores más comunes dentro del catolicismo romano y el cristianismo evangélico, es que cuando leen los acontecimientos narrados en pasajes como Hechos 13, donde Pablo y Bernabé son rechazados por los judíos y recibidos por los gentiles, creen que ese rechazo de los judíos hacia la exposición de Pablo significa que él en respuesta despreció y desechó la observancia de la Torá. Lo que no toman en cuenta, es que Pablo no estaba rechazando la observancia de la Torá por haber sido rechazado. Pablo estaba rechazando al sector judío que no recibió el mensaje. Son dos cosas distintas.

De hecho, era imposible que Pablo rechazara la observancia de la Torá, pues en Romanos 3:31 él mismo escribe:

“¿Queda la Torá inactiva, inoperante, o abolida por causa de la fe? ¡De ninguna manera! Al contrario, la Torá sigue en pie, firme, establecida, y mantiene su autoridad.”

Un detalle a tomar en cuenta: Si Pablo les escribe a los Romanos que la Torá sigue vigente, ¿cómo puede escribirles a los Gálatas lo contrario? Eso lo haría un hipócrita. Es fundamental entender que en ninguna de sus cartas Pablo está enseñando en contra de guardar los mandamientos; Pablo está predicando en contra de someterse a la ley judía, al judaísmo como el medio para obtener la salvación. Pero de ninguna manera Pablo, o alguno de los apóstoles anularon, o le restaron importancia a conocer, aprender y vivir en los mandamientos de Dios después de cree en el Mesías. De hecho, enseñaron lo opuesto.

III. PABLO EL RABINO FARISEO

Pablo contaba con credenciales impecables: Hebreo de hebreos; circuncidado al octavo día; graduado de la más distinguida escuela farisea de su tiempo, la de

Gamaliel; de extracción celosamente farisea; experto en la ley de Moisés, y la ley judía; funcionario directo del Sanedrín, cargo que le daba una distinción de las más prestigiadas en Israel en aquel tiempo. Él lo dice de sí mismo de esta manera:

Gálatas 1:13-14

"Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres."

Sin duda gozaba de una reputación en el judaísmo. El consintió en la muerte de Esteban (Hechos 8:1), es decir, como funcionario del parte del Sanedrín, tuvo que aprobar su muerte. Era un hombre celoso de sus creencias y de su estilo de vida, que adquirió de su formación como fariseo desde su juventud. Esto es lo que lo llevó a perseguir a los seguidores de Jesús, ponerlos en prisión, y también matarlos.

Pablo describe su trayectoria y sus credenciales en diversos sitios del Nuevo Testamento, como lo vamos a ver en los siguientes puntos:

• Nunca dejó de identificarse a sí mismo como hebreo, israelita, descendiente de Abraham.

2 Corintios 11:22

“¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo.”

• Conocía a qué tribu pertenecía, y lo hacía del conocimiento de sus destinatarios.

Romanos 11:1

"Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín."

Nota: Hay un aspecto importante señalar en estos dos primeros puntos. Pablo amaba a sus hermanos judíos y afirmaba que Dios no los había desechado. Pablo no se hizo antisemita. Que Pablo siguió amando a sus hermanos judíos a pesar de que estos rechazaron al Mesías, es una verdad. Ahí lo dice, está escrito, y eso nadie lo puede negar.

• Aún enfrentando el juicio, Pablo admite su perfil como judío observante, y fariseo.

Hechos 22:3

"Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros."

Hechos 23:26

"Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga.”

• Fue educado en la escuela farisea de mayor prestigio de su tiempo, la de Gamaliel.

¿Quien fue Gamaliel? Era uno de los más distinguidos fariseos de su tiempo, respetado aún por sus opositores los saduceos, y reconocido aún en el judaísmo actual. Era nieto de Hilel, el fundador de una de las dos principales escuelas de pensamiento fariseo. La otra era la escuela de Shamai. Era tan difícil tener acceso a estas escuelas, que solamente los mas destacados estudiantes de la Torá en Israel tenían acceso. ¿Sabes cual era el examen de admisión? Conocer toda la Torá…de memoria.

Con esto nos podemos dar una idea de cual era el nivel intelectual de Pablo con relación a la Torá.

• Fue un devoto judío fariseo cuya costumbre era asistir a la sinagoga en Shabbat y enseñar la Torá.

Hechos 14:1

"Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.”

Hechos 17:1-2

"Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos…”

Hechos 18:4

"Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.”

Hechos 19:8

"Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios.”

• Ante los filipenses se acreditó como fariseo, para contradecir enseñanzas fariseas que eran contrarias a la doctrina de los apóstoles.

Filipenses 3:4-6

"Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más:

circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de

hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” Ante esto, hay quienes argumentan que cuando Pablo dice en Filipenses 3:8 que todo lo tiene por basura, se refiere a la ley de Dios. Pero no, el contexto nos indica que se está refiriendo a sus credenciales que le daban reputación como fariseo.

Aún así las Escrituras nos dejan ver que Pablo como fariseo fue el mejor. Pero al estar en el Mesías, Pablo considera todas aquellas cosas como vanas en términos salvíficos. Ahora que pertenece a Cristo, ha descubierto que toda justicia viene de Dios, y está basada en la fe en el sacrificio redentor de Jesús en la cruz. De manera que, si él verdaderamente quiere ser congruente con esa fe, ha de vivir como un discípulo de Cristo, llevando el yugo de su Maestro, es decir, obedeciendo la interpretación de la Torá que Jesús enseñó.

Pablo sabe que Jesús es el Hijo de Dios, pero también entiende que Jesús vino a este mundo como un hombre judío, que nació, vivió y murió siendo judío, que enseñó el sentido ético y espiritual más puro de la Torá, que nunca la contradijo ni la abolió, sino que la engrandeció y restauró su intención original; y Pablo también sabe que este Jesús del que estamos hablando, resucitó y volverá como judío, para reinar desde la Ciudad Santa de Jerusalén, y que como dice el profeta Isaías, “las costas esperarán su Torá”.

IV. LOS ORÍGENES DE LA LEY JUDÍA

La base y fundamento de la fe de Israel, eran la Instrucción (Torá), los Profetas (Neviim), y los Escritos (Ketuvim). Estos tres componen lo que hoy es conocido en el cristianismo como el Antiguo Testamento. Durante los años en que Israel estuvo conformado como un solo reino durante el reinado de Saúl, David, y Salomón, no se tenían ni los libros de los profetas, ni los demás escritos, solo la Torá, Josué, y las historias de los jueces. Cuando Roboam, el hijo de Salomón, no atendió las peticiones del pueblo, las tribus del norte, diez tribus de la parte norte lideradas por Jeroboam, finalmente se separaron, estableciendo un reino aparte, el reino del norte. En el sur quedaron las tribus de Judá y Benjamín, con una parte de la tribu de Leví. Ellos fueron fieles a la casa de David. Esta historia la puedes leer a partir de 1 Reyes capítulo 12.

Años más tarde el reino del norte fue llevado cautivo por el imperio Asirio alrededor del año 722 A.C., para nunca regresar a Israel. Algunos cientos de años después, el reino del sur (Judá) también fue llevado cautivo a Babilonia, de lo cual advierte el profeta Jeremías. Durante el cautiverio en Babilonia fueron escritos los libros de Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Ester; y Esdras y Nehemías durante el

proceso de retorno luego de 70 años.

Mientras estuvieron cautivos en Babilonia, los judíos (Judá), con el afán de preservar la obediencia a la Torá, y que ésta no se perdiera por estar viviendo en una tierra extraña donde nadie creía en el Dios de Israel, comenzaron a elaborar una serie de mandamientos alrededor de cada mandamiento de la Torá, que tenían como objetivo asegurar y fortalecer su observancia. Todas esas medidas y jurisprudencias fueron añadidas por los sabios judíos, estudiosos de la ley, y más adelante pasaron a ser conocidas como la Torá Oral. Luego para darle mayor peso entre el pueblo, se recurrió a la idea de que ésta Tora Oral le fue dada a Moisés en el monte Sinaí, juntamente con la ley de Moisés. Esta Torá Oral se fue transmitiendo de generación en generación, y después quedó compilada en documentos como el Talmud de Babilonia, el Talmúd de Jerusalén, la Mishná, la

Guemará, y otras obras judías de gran riqueza histórica. Es decir, la Torá Oral comenzó a desarrollarse a partir del cautiverio en Babilonia. Con el paso del tiempo, se convirtió en la autoridad principal de las sectas fariseas para interpretar

la ley de Moisés. Aunque los saduceos (otra secta judía) se oponía en gran

medida a la Torá Oral, en otros aspectos ésta tradición si les influyó. Gran parte del orden y los protocolos que se desarrollaban en el Templo de Jerusalén durante

el

primer siglo estaban influenciados por dicha forma de pensamiento.

Y

aquí es importante comprender una cosa:

En la medida en que la Torá Oral (o Ley Oral) se sistematizó, pasó a ser lo que luego se conoció como Halajá, o la Ley Judía. Y la Ley Judía es el conjunto sistemático de leyes desarrolladas desde el cautiverio en Babilonia, que son la base del sistema religioso que hoy conocemos como judaísmo. De aquí en

adelante, y solo para propósitos de contraste con la ley de Moisés, me voy a referir

a todo este sistema como la ley judía.

En cuanto a los orígenes de la Torá Oral, cito un trabajo titulado “An Introduction to the History and Sources of Jewish Law” (Una Introducción a la Historia y a las Fuentes de la Ley Judía), que fue publicado por la prensa de la Universidad de Oxford (ISBN 0-19-826262-0), y editado por el Instituto de Ley Judía, la escuela de leyes de la Universidad de Boston, profesores de rabinismo en el Colegio Unión Hebrea - Instituto de Religión en LA.; y la Universidad Hebrea de Jerusalén.

En el capítulo dos “La ley judía durante el período el segundo templo” (que fue construido luego del retorno de Babilonia, y que Jesús y los apóstoles conocieron), dice lo siguiente:

«Los fariseos surgieron como grupo alrededor del año 160 A.C. Ellos buscaban desarrollar prácticas y analogías de los rituales que se hacían en el templo, y traerlos al hogar. Sostenían que la tradición oral había sido dada por Dios a Moisés junto con la Torá en el monte Sinaí. Esto es algo que los Saduceos

(otro grupo judío de ese tiempo) se oponían. Cuando los rabinos escribieron la historia de la ley judía de acuerdo a su concepción de la Ley Oral, lo plasmaron así: “Moisés recibió esta ley en el Sinaí, y la entregó a Josué, y Josué a los Ancianos, y los Ancianos a los Profetas, y los Profetas a los hombres de La Gran Sinagoga (en el tiempo de Esdras, después del retorno de Babilonia). Simeón el Justo fue un remanente que quedó de La Gran Sinagoga.; y Antígono de Soko recibió esta ley de Simeón el Justo. De ahí, se dice que cinco pares de autoridades recibieron esta ley de sus predecesores, conectando así a La Gran Sinagoga con las escuelas rabínicas cuyas disputas dominaron la literatura tanaítica (la ley judía post segundo templo). Estos cinco pares son (y finaliza con el cuarto par): Shemaía y Avtalión, en el período de Herodes el Grande, y Hillel y Shammai”.»

Así que, básicamente, después del regreso de Babilonia, eventualmente se estableció una institución llamada La Gran Sinagoga, fundamentada principalmente en la ley oral. El documento del cual estamos citando, también reconoce que la Torá Escrita prohíbe tal cosa como una torá oral. El mismo capítulo dos lo menciona en otro párrafo, diciendo:

«Sabemos que los grandes tratados de la Mishná y el Talmud fueron preparados para perpetuar los valores de una tradición que creció a través de los siglos, y que corría el riesgo de desaparecer si no quedaba escrita. La voluntad de Israel de sobrevivir prevaleció, y como ocasión de eso, a pesar de la inhibición en contra de escribir cualquier cosa fuera de lo que ya estaba escrito (la Ley de Moisés). Al haber escrito la Torá Oral, los rabinos buscaron perpetuar tradiciones que se desarrollaron con el consentimiento de la comunidad de Israel.»

Después de la destrucción del templo en el año 70 D.C., todas estas enseñanzas orales fueron escritas en la Mishná, que comenzó a ser compilada alrededor del año 200 D.C.

Aquí está el link del documento que cité (en inglés):

http://www.oxfordscholarship.com/view/10.1093/acprof:oso/9780198262626.001.0001/acprof-

9780198262626

¿Y donde dice la ley de Moisés que cualquier tipo de Torá Oral está prohibida?

Deuteronomio 4:2

"No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene."

Ahora, para poner las cosas en perspectiva, considera por un momento el tamaño de la ley oral en el primer siglo, y luego compáralo con la ley de Moisés. Sabemos que el Tanaj (mal conocido como Antiguo Testamento) está dividido en La Torá, Los Profetas, y Los Escritos. La Torá son los cinco primeros libros: Génesis,

Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Si tomas tu Biblia y separas esos cinco libros, y mides su grosor. ¿Cuantas páginas son? Si usaras una Biblia versión King James, son alrededor de 290

páginas desde la primera hoja de Génesis hasta la última de Deuteronomio. Pero

si tomas la Mishná, que es un tratado de la ley judía, por ejemplo, la traducción de

Danby, son cerca de 790 páginas. Sí…790. ¿Ves como no hay comparación? La Mishná es por lo menos dos veces mas grande que la Torá. Qué no decir del Talmud, que son 39 tomos.

Y el siguiente dato es importante:

La ley de Moisés era probablemente tan solo un tercio de toda la ley judía en el primer siglo. ¡Un tercio!

¿Qué decía la ley oral? Como todo, contenía cosas buenas, y cosas que definitivamente no tenían fundamento en la Torá. Estas son tan solo algunas pocas citas:

“Elohim le dio la Ley Oral (rabínica) a Moshé en el Monte Sináy.” – Abót 1.1, p.1

“Elohim hizo la Alianza con Israel únicamente por causa de la Ley Oral.” – Guitím 60b, p. 284

“La Biblia dice que los reglamentos de los rabinos deben ser obedecidos.” – Tebamót 20a, p. 116

“Los que obedecen a los rabinos son santos; los que los desobedecen son impíos.” –Tebamót 20a, p. 117

“Los decretos del concilio de Rabinos (Bet Din) no se pueden cuestionar, y tienen igual autoridad que Moisés.” – Rosh Hashanáh 25a, p. 109

Al leer cosas como estas, no resulta difícil notar que es lo mismo que hizo la Iglesia Católica Romana con la infalibilidad del Papa, y la tradición, que en conjunto son el criterio final para interpretar las Escrituras. Pero no solo la Iglesia Católica, dentro del protestantismo actual, ocurren fenómenos bastante similares.

Y es precisamente este tipo de pensamiento lo que Pablo está combatiendo en la

carta a los Gálatas. Pablo no está hablando en contra de guardar la Torá y obedecer los mandamientos. Mas bien se está oponiendo al sistema religioso desarrollado en su tiempo que se había adjudicado una autoridad exclusiva como instrumento de salvación, y para determinar cómo una persona era aceptada por Dios.

Es de fundamental importancia comprender que judaísmo no es sinónimo de guardar la ley de Moisés. Judaísmo es el sistema de creencias que proviene de todo lo que se desarrolló a partir del cautiverio en Babilonia.

Este dato permite entender porqué Pablo reprendió a Pedro en Gálatas 2:14 por

obligar a los gentiles a judaizar. No lo confrontó por obligar a los gentiles a guardar

la Torá. Lo confrontó porque con su actitud los hizo someterse a una ley rabínica

del judaísmo que no tenía fundamento en las Escrituras. ¿Qué decía esa ley

rabínica? Que un judío no puede comer en la misma mesa con un gentil.

Y algo que es crítico, de verdad crítico de entender:

Para la época en que Jesús nació, el judaísmo ya no estaba basado en la ley de Moisés, sino en la ley judía. Es decir, ahora tenía más valor cumplir la Halajá judía, que obedecer los mandamientos de Dios, sin importar que esa Halajá fuera contraria a lo escrito en la Torá y los Profetas. El judaísmo del primer siglo sostenía que la obediencia a la ley de Moisés sólo era válida si se hacía a través de la ley judía, y que solamente así una persona era hecha justa ante Dios.

Cuando un judío observante en el primer siglo, y aún en la actualidad, utilizaba la expresión “la ley”, no siempre se estaría refiriendo a la ley de Moisés, sino que

estaría usando terminología rabínica que podía significar la ley de Moisés, la ley, o

la ley judía.

De ahí la gran necesidad de entender que cuando Pablo escribe a los Gálatas acerca de “la ley”, no siempre se está refiriendo a la ley de Moisés. Sino que está usando esa terminología dentro del lenguaje judío que todo rabino del primer siglo y todo judío en general conocía.

Nota: Si lo mencionado arriba no se entiende, no se entiende el Nuevo Testamento. Y antes de que esa afirmación se tome como ofensa, considera que si no entendemos la diferencia entre la Ley de Moisés, y la Ley Judía, entonces no se entiende al judaísmo del primer siglo, y en consecuencia, no se pueden entender las palabras de Jesús y los demás apóstoles. Esto no es una cuestión de interpretación personal; es una verdad que nadie puede cambiar porque es de carácter histórico.

Y es precisamente la falta de este entendimiento, lo que ha provocado que todo el

catolicismo romano, y la mayor parte de las 40 mil denominaciones cristianas existentes en la actualidad, hayan elaborado la doctrina que hoy conocemos, especialmente extraída de las cartas de Pablo. Todo por pensar que cada que la palabra ley es mencionada en el Nuevo Testamento, se está refiriendo a la ley de

Moisés.

Los Gálatas sí estaban familiarizados con todo este entendimiento y conceptos. Por eso Pablo los utilizó en sus cartas sin explicarlos, de la misma manera que hoy estamos familiarizados con el término “democracia”, y cuando lo usamos en un texto no tenemos que detenernos a dar su definición y una explicación de

cómo, cuando y donde usarlo.

Lo que preocupa hoy, es que la gran mayoría de los cristianos modernos desconocen este trasfondo judío, y además se resisten a aprenderlo. Es información completamente ajena a nuestro pueblo. Afortunadamente eso está empezando a cambiar.

V. PABLO Y LA LEY JUDÍA

Como todo buen judío fariseo, Pablo se formó en la ley oral y en la ley judía. Anteriormente vimos cómo Filipenses 3:5-6 él mismo describe sus credenciales.

Comenté anteriormente que el hecho de que Pablo tuviera todas esas credenciales por basura, no quiere decir que desechó la obediencia la Torá para hacerse gentil, empezar a comer puerco y mariscos, maldecir a los judíos, y vivir quebrantando todo mandamiento en la Torá, bajo la excusa de que “ahora estamos bajo la gracia”. Amigos, eso es un error categórico. Sí, un error categórico. Las credenciales de Pablo representaban su rango y su reputación dentro del judaísmo. Como cuando un general, sargento o teniente en el ejército es condecorado con insignias honorables por actos valerosos. Cuando Pablo dice que todas estas cosas las tiene por basura, se está refiriendo precisamente a todos esos reconocimientos que le daban una posición social y religiosa dentro del sistema judío, pero no se está refiriendo a la ley de Moisés.

Él lo expresa de la siguiente manera:

Gálatas 1:14

"y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres."

¿En donde aventajaba Pablo a muchos de sus contemporáneo? En el judaísmo.

¿Y era mucho más celoso en qué cosa? En las tradiciones de sus padres.

¿Puedes ver la conexión que Pablo está haciendo? Judaísmo – Tradiciones

¿Ves cómo no está hablando de la ley de Moisés?

Dos textos más al respecto:

Hechos 23:1

"Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad,

instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres (la Torá Oral), celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros.

Hechos 26:4-5

“Mi vida, pues, desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, la conocen todos los judíos; los cuales también saben que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo.”

¿Cómo vivió Pablo desde su juventud? Fariseo, conforme a la ley de sus padres. ¿Quienes eran los portadores y transmisores de la ley oral? Los fariseos. Él fue enseñado en las tradiciones orales de los fariseos, en la escuela de Gamaliel.

Ahora, lee con atención el siguiente versículo, en el cual Pablo está hablando de luego de haber conocido a Jesús:

Hechos 24:14

"Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas."

¿Notaste alguna diferencia? ¿Qué pasó con Pablo después que le fue revelado el Mesías? ¿A qué le concedió autoridad? A la Torá y a los Profetas.

Y aquí es pertinente hacer otra aclaración:

Creer, es una palabra que se entendía muy diferente en el contexto judío del primer siglo, en contraste con el entendimiento que hoy se le da en nuestra cultura occidental moderna. Para nosotros, creer significa simplemente tener alguna información en la cabeza y darla por cierta. En el judaísmo del primer siglo, del cual Pablo nunca dejó de ser parte, creer era sinónimo de obedecer.

Cuando Pablo dice en este versículo que él cree todo lo que dice la ley y los profetas, está diciendo que él obedece y vive por todo lo escrito en ellos. Lo interesante es que ya no mencionó las tradiciones de sus padres. Antes de su conversión, Pablo era un fariseo celoso de la ley judía. Posterior a su conversión, Pablo criticó duramente la idea de concederle a la ley judía la misma autoridad que a la ley de Moisés, y mas aún, depender de ello para salvación.

Aún con esto, a muchos les sorprendería saber que Pablo no desechó por completo la ley judía, sino que incluso se sirvió de ella para dar instrucciones de carácter práctico en las congregaciones que fundó. Un ejemplo de ello lo podemos ver en lo que le dice a los Corintios.

1 Corintios 14:33-34

33 “Como en todas las iglesias de los santos, 34 vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. 35 Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación.”

El problema con esta instrucción de Pablo, la misma que le da a Timoteo en 1 Timoteo 2:12, es que no hay ningún texto en la Torá que diga que la mujer esté sujeta a su marido, o que deba callar en la congregaciones porque sea indecoroso que hable. ¿Entonces a qué ley se está refiriendo Pablo aquí? A la ley judía. Era la ley judía la que establecía que la mujer guardara silencio en las sinagogas.

En la obra “Discovering Biblical Equality: Complementarity without Hierarchy” (Descubriendo la Igualdad Bíblica: Complementariedad sin Jerarquía), de Ronald W. Pierce, Rebecca Merrill Groothious, y Gordon D. Fee, en las páginas 169-170, dice:

«Entre los judíos y los temerosos de Dios que constituían el núcleo inicial de las congregaciones de Corinto, las mujeres tenían menos oportunidades para estudiar las Escrituras. Aunque aprendían junto con los hombres en las sinagogas, les faltaba la formación que muchos hombres sí tenían. Mientras que a los chicos judíos se les enseñaba a recitar la Torá mientras crecían, no era así con las mujeres. Los maestros dentro de las congregaciones probablemente fueron en su mayoría hombres que pertenecieron a las sinagogas. Lo que sorprende a la luz de esto, es que en ningún lugar la ley manda ni el silencio de las mujeres, ni su sumisión. Pablo pudo haber apelado al orden de la creación, pero el relato de la creación tampoco enseña la subordinación de la mujer al hombre.»

Aquí está el link para el libro electrónico:

https://books.google.com.mx/books?id=9AuAnxFoLcEC&pg=PA169&lpg=PA169&dq=hagigah+%2

B+silence+of+women&source=bl&ots=nt2ryUaN8p&sig=2VU9tNQmk5vH0pQm6Y0OPidG5uA&hl=

en&sa=X&ved=0ahUKEwjH8ur_hJnKAhVO8GMKHVyeB0wQ6AEIRDAI#v=onepage&q=hagigah%2

0%2B%20silence%20of%20women&f=false

Es cierto que en Génesis 3:16 Dios le dice a la mujer que su marido se enseñorearía de ella. Sin embargo esto todavía no es una disposición explícita que demanda el sometimiento de la mujer; esto más bien vino como una consecuencia de la caída. Eso no quiere decir que no sea parte de la enseñanza de los apóstoles.

Aún así, como dato histórico necesitamos considerar que había tres cuestiones culturales con respecto a la mujer en el judaísmo primitivo:

2. No podía encontrarse a solas en ningún lugar con un hombre que no fuera su marido o sus hijos; tampoco podía mirarse a los ojos o saludar a otro hombre si no era su esposo o su familiar, pues era indecoroso y de mala educación.

3. No tenía acceso al estudio de la Escritura de manera sistemática. Cuando iban al Templo de Jerusalén se les recluía en el atrio de las mujeres, y en las sinagogas debían limitarse a escuchar.

Existe una obra llamada “Jerusalén en tiempos de Jesús: Estudio económico y social de mundo del Nuevo Testamento”, escrita por Joachim Jeremías, en el capítulo VII “Situación social de la mujer”, que dice así en la página 372:

«Es referida la sentencia de uno de los más antiguos escribas que conocemos, Yosé ben Yojanán de Jerusalén (hacia el 150 a. C.): "No hables mucho con una mujer", y después se añadía: "Esto vale de tu propia mujer, pero mucho más de la mujer de tu prójimo". Las reglas de la buena educación prohibían encontrarse a solas con una mujer, mirar a una mujer casada e incluso saludarla; era un deshonor para un alumno de los escribas hablar con una mujer en la calle. Una mujer que se entretenía con todo el mundo en la calle, o que hilaba en la calle, podía ser repudiada sin recibir el pago estipulado en el contrato matrimonial.»

Con todo esto, y aunque para algunos esto sea inadmisible:

La instrucción de que las mujeres callen en las sinagogas como una cuestión de decoro, era un precepto de la ley judía, completamente perteneciente al contexto cultural del primer siglo. Y si se me permite un comentario arriesgado: La ley de Moisés no manda en ningún lugar de manera explícita que la mujer se subordine al hombre. Y menos en un sentido de sumisión insana.

De aquí podemos extraer tres puntos fundamentales para comprender al Pablo seguidor de Jesucristo y su relación con la ley judía:

1. Aunque Pablo desecha la ley judía como autoridad en términos de salvación y observancia a la Torá, resulta que en otros aspectos no la desecha, sino que la aplica a las nuevas congregaciones mesiánicas emergentes, según el judaísmo de su tiempo.

2. Cuando él en sus cartas usa el término “la ley”, no necesariamente se está refiriendo a la ley de Moisés, sino bien puede estarse refiriendo a la ley judía, o bien, a las dos como conjunto; cosa que sólo podemos saber si leemos los versículos en contexto, y no arrancados de él.

3. El hecho de que Pablo disponga de la ley judía como aquí lo hizo en el caso de mujeres en la congregación, rotundamente termina de demostrar de una vez por todas que Pablo nunca dejó de ser judío observante. ¿Qué mas evidencia queremos si a los Corintios y a los Efesios (a través de Timoteo) les esta aplicando un criterio totalmente judío? Más claro no se puede.

Sé que hay denominaciones cristianas que no permiten que la mujer predique, ocupe cargos de responsabilidad en la iglesia, y otras cosas parecidas. Yo no quiero entrar en esa controversia. Pero es bueno que sepan que al aplicar ese criterio basados en las palabras de Pablo, en realidad están aplicando una ley del judaísmo que hoy ya ni siquiera se aplica en muchos sectores judíos.

VI. LA CONTROVERSIA SOBRE LA CIRCUNCISIÓN

Dentro de la teología cristiana tradicional, la circuncisión no es un tema de controversia, sino resuelto. El cristianismo no practica la circuncisión porque asume que todos los que hemos creído en Cristo, ya no tenemos que circuncidarnos físicamente, pues ahora lo único que importa es la circuncisión del corazón. Sin embargo, en el primer siglo, la circuncisión sí era un tema de gran controversia entre los discípulos.

Distinto a quienes creen que la teología cristiana está totalmente errada en este tema, yo creo que no es así. La teología cristiana sí entendió una parte de la verdad: que la circuncisión del corazón es lo principal y lo más importante. El error ha sido llevar esta verdad hasta asumir que la circuncisión del corazón anula la circuncisión física. Y este error se debe precisamente a la idea de que la ley de Dios quedó abolida luego de que Jesús murió en la cruz, y que ya no ha de ser observada por los cristianos.

No obstante, la controversia sobre el tema de la circuncisión en el primer siglo, no fue originada por los motivos que sostiene el cristianismo, pues ni Jesús, ni ninguno de los apóstoles (incluyendo a Pablo) creían ni enseñaban que la Torá ya no era aplicable para los creyentes en Jesús el Mesías. La controversia sobre la circuncisión fue originada por motivos muy distintos. No era una batalla entre el judaísmo y el cristianismo; era una batalla interna entre sectas del judaísmo; el asunto era totalmente judío, que venía desarrollándose desde unos ciento cincuenta años antes de que Jesús naciera.

Los dos grandes fariseos del judaísmo, Hilel y Shammai, que fundaron las dos escuelas principales de pensamiento fariseo, tenían ideas opuestas en este asunto. Para Shammai, todo el rigor de la ley judía tenía que aplicarse a aquellos que querían convertirse al judaísmo, incluyendo una circuncisión que prácticamente era una mutilación, como requisito iniciático. Había que hacerles el camino más difícil a los gentiles, para que fuera una conversión totalmente llena de méritos. En cambio, para Hilel, todo lo que un gentil necesitaba para ser incluido en el pueblo de Dios, era creer con todo su corazón en el Dios de Israel, aprender sus mandamientos y comenzar a obedecerlos. La circuncisión no sería

un requisito inicial para ser considerado judío. Uno la haría más adelante, luego de haber aprendido los mandamientos de la Torá.

Las determinaciones tomadas en el concilio de Jerusalén narrado en Hechos 15, acerca de no imponer cargas a los gentiles que estaban entrando al pacto, se tomaron completamente bajo la línea de pensamiento fariseo de Hilel. Daré mas detalles de esto más adelante. Necesitamos comprender como hecho histórico, que el cristianismo como nosotros lo conocemos actualmente, ni siquiera existía en el primer siglo. Los cristianos en realidad eran sencillamente una nueva secta del judaísmo. No estaban intentando crear una nueva religión, ni separarse del judaísmo en términos de observancia. Creían que Jesús era el Mesías, pero seguían siendo judíos observantes. Los conocían como “los nazarenos”, o como los de “el Camino”, y posteriormente fueron llamados Cristianos.

A continuación voy a exponer cual fue el motivo que dio origen a la controversia entre los cristianos judíos y el judaísmo tradicional, en relación al tema de la circuncisión. Voy a citar varios pasajes del Nuevo Testamento, y lo haré usando la Biblia Reina-Valera 1960, que es la Biblia más conocida en la iglesia evangélica, y también para no dar ocasión a que alguien piense que estoy sustentando esta exposición en alguna versión de Biblia que favorece mi punto de vista.

En el capítulo 2 de Gálatas, Pablo comienza a describir una situación:

Gálatas 2:1-10

1 “Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. 2 Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. 3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; 4 y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, 5 a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. 6 Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas , a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. 7 Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), 9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. 10 Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.”

Pablo habla sobre la controversia acerca de la circuncisión y la resolución que los apóstoles tomaron de darle su aprobación. A causa de estas y otras declaraciones que Pablo hace en sus cartas, el cristianismo ha establecido un sistema doctrinal que enseña que el mandamiento de la circuncisión en los hombres ya no es válido para los que somos creyentes en Jesucristo, y miembros de su cuerpo. Pero tal enseñanza en realidad no es consistente ni con las enseñanzas del Mesías, ni con las enseñanzas de la Torá, ni con las enseñanzas del mismo Pablo.

En los dos primeros versículos del capítulo dos, Pablo narra que después de catorce años fue a Jerusalén con Bernabé y Tito a dar razón de sus enseñanzas y su misión entre los gentiles. Para poder comprender lo que Pablo habla en éste capítulo, es necesario que entendamos bien lo que pasó durante el Concilio de Jerusalén que está narrado en Hechos 15. Lo que ocurrió allí nos proveerá del contexto para tener una perspectiva más apropiada y acertada del asunto que Pablo trata en Gálatas 2.

El Concilio de Jerusalén

Hechos 15:1-2

1 “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.”

Este texto nos dice que unos hombres de Judea vinieron a Antioquía de Siria, donde Pablo y Bernabé habían estado predicando. ¿Quiénes eran esos hombres? Ellos eran judíos que querían obligar a los creyentes en el Mesías a circuncidarse como evidencia de salvación. El texto menciona un detalle muy interesante. Dice que estos hombres de Judea querían que los gentiles se circuncidaran “conforme al rito de Moisés”. Este detalle es clave para entender la problemática. Si logramos comprender este punto específico, entonces será como quitarle un candado a la carta de Gálatas, y a una gran parte del Nuevo Testamento, que hará que el mensaje se aclare y adquiera un sentido congruente con las circunstancias y la problemática de aquel entonces, ayudándonos a entender cosas que de otra manera jamás habríamos entendido.

El Rito de Moisés

Nota: El tema del rito de Moisés no es tratado aquí de manera exhaustiva, pues no es el tema principal. Pero los detalles que aquí expongo son suficientes para explicar la causa del concilio de Jerusalén, las palabras de Pablo en Gálatas y la problemática que la iglesia primitiva enfrentó en este respecto.

¿Qué es el rito de Moisés? O mejor dicho, ¿qué es la circuncisión conforme al rito de Moisés? La respuesta que todos daríamos sin pensarlo es: la circuncisión del Antiguo Testamento. Te sorprenderá saber que no es así.

La palabra usada en ese versículo para el rito de Moisés, es:

Strong’s 1485. θος édsos:—rito, costumbre.

Esta es una palabra que en el Nuevo Testamento se aplica indistintamente tanto para la observancia de un mandamiento de la ley de Dios, como para alguna otra costumbre.

Pero más allá de lo que esa palabra significa en el griego, lo que nos interesa saber es a qué se estaban refiriendo estos hombres de Judea con la expresión “el rito de Moisés”. El rito, o la costumbre de Moisés era una expresión idiomática, un término técnico que tenía un significado muy específico en el judaísmo del primer siglo: Era la circuncisión que la ley judía estipulaba para a los gentiles adultos que querían convertirse al judaísmo.

Dos detalles importantes al respecto:

Primero:

Desde que Judá regresó del cautiverio en Babilonia, cuando el sistema religioso del judaísmo fue tomando forma con el establecimiento de la Gran Sinagoga y la Torá Oral (tradición farisea), y que luego se sistematizó dando lugar a la ley judía, el pueblo judío estableció que la única manera válida ser admitido dentro del pueblo de Dios, sería ser circuncidado dentro de este sistema, por medio de una

autoridad oficial rabínica avalada solo por ellos. Es decir, tu no podías ir al hospital

a circuncidarte porque leíste en la Torá que es un mandamiento de Dios, y luego

pretender disfrutar de todos los derechos y responsabilidades de un prosélito

(convertido); eso no valía ante el sistema. Te tenían que circuncidar ellos mismos. Tal circuncisión tenía su método y su protocolo para todo adulto gentil que quería tener plena participación en el Templo, acceso y reconocimiento en las sinagogas

y en la sociedad judía. Además, cualquier persona que hacía esa conversión, se

comprometía a guardar la Torá bajo los criterios, interpretaciones, tradiciones y mandamientos de hombres que eran y son parte del judaísmo rabínico, que está regulado no por la ley de Moisés principalmente, sino por la ley judía.

Avi Ben Mordechai, en su libro “Galatians: A Tora-Based Commentary in First Century Hebraic Context” (Gálatas: Un comentario basado en la Torá en el contexto hebreo del primer siglo), en la página 165, dice:

«Para la circuncisión, había una Hatafat Dam Brit (extracción de la sangre del pacto), Peri’ah (remoción del prepucio), Metzitzah (comprimir y succionar la herida), y una recitación de oraciones especiales.»

¿Sabes cómo se hacía esa succión de la herida? De manera oral…

Ya puedes imaginarte lo terriblemente vergonzoso y repugnante que eso era.

Avi Ben Mordechai es un judío que vivió como ortodoxo hasta que conoció a Jesús el Mesías. Ha escrito otros libros tales como:

Signs in the Heavens: A Jewish Messianic Perspective of the Last Days and Coming Millenium)

Messiah: Understanding His Life and Teachins in Hebraic Context (two volumes) – Discovering first century definitions of terms like “repentance”, “salvation”, “grace”, and “law”, “church” and “Israel”.

Y otros mas. Este es su sitio web:

https://m7000.com/

Ya vimos que la ley judía no tiene fundamento en la Torá escrita. Y con respecto a la circuncisión, resulta que no existe en toda la Torá ninguna costumbre o rito establecido por Moisés para la circuncisión en adultos.

Nota: Es importante aclarar que aunque hay tradiciones en el judaísmo que son contrarias a la Escritura, no todas las tradiciones que ha desarrollado el judaísmo son malas. Muchas de ellas resultan bastante enriquecedoras para la vida espiritual y para comprender más acerca de la Torá. Lo mismo sucede con las tradiciones católicas y protestantes, no todo es necesariamente malo. Hay cosas que tienen su valor. Lo importante es tomar lo que está en armonía con la Palabra de Dios, y descartar lo que no.

Segundo:

En la Torá, la circuncisión nunca fue un requisito para salvación, sino una señal física de haber entrado en pacto con Dios. Este mandamiento, como todos los demás, se obedecía por convicción, y no por imposición, como fruto de haber crecido en una relación con el Padre después de haber sido salvo.

En la Torá vemos dos ejemplos de esto:

1. Abraham primero le creyó a Dios, y caminó en obediencia, pero fue

circuncidado más de 20 años después. Esto lo explica Pablo en Romanos

4.

2. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, Éxodo 12:38 dice que una multitud de toda clase de gentiles (no israelitas) salió con ellos. Posteriormente en el versículo 48 se da una orden acerca de la circuncisión, pero como requisito para comer del cordero de Pascua, mas no para ser aceptado en la congregación de Israel.

Por lo tanto, en esos dos puntos podemos ver que en la Torá no existe fundamento para decir que la circuncisión sólo puede ser hecha por una autoridad

rabínica; ni tampoco de imponer esto como requisito para ser aceptado por Dios dentro de su pueblo. Estas dos disposiciones no eran parte de la ley de Moisés, sino de la ley judía.

Los fariseos en el tiempo de Pablo querían que todos los gentiles que estaban convirtiéndose a la fe mesiánica alrededor del mundo conocido, lo hicieran como cualquier otro prosélito se convertía al judaísmo, es decir, que se circuncidaran de acuerdo a la costumbre rabínica, el rito de Moisés.

Por esa razón, el concilio de Jerusalén, por medio de la palabra final de Santiago, llegó a la siguiente conclusión acerca de cómo recibir a los gentiles que se estaban convirtiendo:

19 “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, 20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre. 21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.”

De ese modo, los apóstoles determinaron que los gentiles no se sometieran al extenuante proceso de conversión que exigía el judaísmo para ser aceptados en la comunidad. Pedro mismo dice en ese concilio:

Hechos 15:10

10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?”

El entendimiento cristiano es que Pedro se está refiriendo a la ley de Moisés. Pero no es así. Pedro está hablando de la conversión ortodoxa. De hecho la última frase del versículo “hemos podido llevar”, no es la mejor traducción. Para ser más fiel al texto griego, el versículo debería decir:

10

Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros habríamos podido llevar?”

¿Cuál es ese yugo que ellos no habrían podido llevar? La rigurosa y difícil conversión a la fe mesiánica, por medio de la ley judía.

Lo que sí ocurrió, es que los apóstoles, con la aprobación del Espíritu Santo, instruyeron a los discípulos gentiles a guardar cuatro mandamientos iniciales. ¿Y porqué digo que son iniciales? Porque el versículo 21 nos dice que Moisés (la Torá) ya era leído cada Shabbat en las sinagogas, y cuando los gentiles asistieran a ellas, aprenderían el resto de los mandamientos (que incluye la circuncisión), y entonces podrían comenzar a obedecer poco a poco cada uno de ellos.

Esta es la razón del versículo 3 de Gálatas 2, que leímos al principio:

Gálatas 2:3

3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; 4 y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud…”

Tito era un creyente en el Mesías y un compañero de Pablo. Pero no se le obligó a circuncidarse. ¿Y cómo le llamó Pablo a los que espiaban la libertad de los nuevos creyentes para tratar de reducirlos a esclavitud? Falsos hermanos. ¿A qué esclavitud los querían reducir? ¿A obedecer la Torá? No. A someterse a la circuncisión rabínica argumentando que solo así su fe era válida. En protesta a eso, Pablo no permitió que obligaran a Tito a circuncidarse.

Recuerda lo que dijo Jesús:

Mateo 23:15

“Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito (convertir a alguien), y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.”

Los falsos hermanos —como Pablo los llama—lo único que querían era adjudicarse a los nuevos creyentes y hacerlos sus propios conversos. Hacían esto por medio de insistirles en obedecer la ley judía.

En el último capítulo de la carta a los Gálatas, Pablo vuelve a mencionarlos, diciendo lo siguiente:

Gálatas 6:12-13

12 “Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. 13 Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne.”

¿Cuál era el objetivo de estos falsos hermanos al adjudicarse para ellos a estos nuevos creyentes? Gloriarse en la carne. Pablo peleó contra esto. ¡Por eso escribió la carta! ¡Ese es el tema principal de Gálatas!

Lo siguiente es importantísimo y fundamental:

Toda vez que Pablo parece hablar en contra de la circuncisión en sus cartas, no está hablando en contra del mandamiento de la circuncisión, sino del rito de conversión impuesto por la ley judía para los gentiles adultos.

Entonces ¿Debe circuncidarse un creyente en el Mesías?

No, si es por obligación o imposición de un sistema ajeno a la ley de Moisés. Si, cuando uno a crecido en una relación con el Señor y en el entendimiento de su Palabra, y la quiere obedecer por amor.

Veamos qué piensa el mismo apóstol Pablo. Dentro de la epístola a los Gálatas encontramos lo siguiente:

Gálatas 5:6

“porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.”

La fe que obra por el amor es la que no obedece por obligación, sino por convicción.

Gálatas 6:15

“Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.”

¿Qué significa que ni la circuncisión ni la incircuncisión vale nada? Pablo está aludiendo al sistema rabínico de su tiempo, sostiene que el hecho de que un hombre se corte el prepucio para ganar un estatus religioso y social, no tiene ningún valor ante Dios.

¿Qué es lo que cuenta para Dios? La circuncisión del corazón. Pero, ¿qué propósito tiene la circuncisión del corazón?

Deuteronomio 30:6-8

6 “Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. 7 Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. 8 Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.”

¿Para qué circuncida el Padre nuestro corazón? Para que lo amemos.

¿Y cómo dice que le amemos? Guardando los mandamientos que Él ordenó.

¿Y acaso no es la circuncisión un mandamiento?

Ningún mandamiento dentro de la ley de Dios fue dado como un medio de justificación propia, sino como un medio a través del cual amamos al Padre. Dios define nuestro nivel de amor hacia él por nuestra obediencia a su palabra:

1 Juan 5

2 “En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y

guardamos sus mandamientos. 3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.”

Por eso Pablo les dice a los Corintios:

1 Corintios 7:18-20

18 “¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. 19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. 20 Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.”

Es decir, si alguno fue llamado a ser parte del cuerpo de Cristo, y no estaba circuncidado, quédese en ese estado. No permita que se le obligue a hacerlo para validar su fe. Crezca primero en entendimiento, en amor al Padre, en obediencia, y después actúe. Lo importante es guardar los mandamientos de Dios.

Si así no fuera, pasaría lo que Pablo le dijo a los Romanos:

Romanos 2:25-29

25 “Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. 26 Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? 27 Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. 28 Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”

Obediencia a Dios es lo que cuenta. Pues la circuncisión física sin obediencia, no tiene ningún valor ante Dios. Ser circuncidado o no circuncidado, no necesariamente indica que uno tienen un corazón para obedecer al Padre. Uno puede estar circuncidado y vivir en total rebelión contra Dios y su ley. Sin embargo, ¿se circuncidará alguien que ama a Dios y quiere obedecer sus mandamientos? ¡Por supuesto que si! Dios no lo obliga, uno quiere hacerlo. Circuncisión física fue siempre intencionada para ser una expresión externa de nuestro amor y lealtad a Dios.

Existe un caso así en el Nuevo Testamento. El caso de Timoteo:

Hechos 16:1-3

1 “Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego; 2 y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3 Quiso Pablo que

éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.”

¿Les circuncidó por causa de quien? De los judíos. ¿Porqué hizo esto Pablo? Pareciera que se está contradiciendo. Primero nos dice que la circuncisión no vale nada, y luego circuncida a Timoteo para no tener problemas con los judíos. La causa nos la da el mismo versículo al final: El padre de Timoteo era griego. Seguramente su padre no lo circuncidó al octavo día, como lo manda la Torá. De modo que Timoteo se convierte a la fe del Mesías sin estar circuncidado. Pablo encuentra en él un compañero de ministerio, pero la audiencia de Pablo son los judíos en las sinagogas. Si Timoteo iba a acompañar a Pablo en su viaje, y los judíos se daban cuenta que no estaba circuncidado, esto sería un estorbo para que escucharan el mensaje. Por cierto, la madre de Timoteo era judía. Esto sería causa de reproche, ¡cómo iba a ser posible que conociendo la Torá desde su niñez al tener una madre judía, no estuviera circuncidado! Por eso Pablo lo circuncida.

Este es un detalle muy importante, ¿quién circuncidó a Timoteo? Pablo mismo.

Timoteo no fue circuncidado por una autoridad rabínica ortodoxa del sistema judío tradicional. Fue circuncidado por una autoridad establecida por el mismo Mesías, el apóstol Pablo.

¿Se habrá sentido obligado Timoteo? Te voy a sugerir que no. Por supuesto que no. Él conocía la Torá y amaba al Mesías. Estamos seguros que fue una circuncisión completamente por amor y obediencia. Completamente bíblica.

Podemos ver que el caso de Tito y el de Timoteo fueron totalmente distintos. Pero ninguno de los dos está registrado para que concluyamos de ahí que Dios abolió sus mandamientos.

VII.OBLIGAR A LOS GENTILES A JUDAIZAR

Gálatas 2:11-14

11 Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. 12 Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. 13 Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. 14 Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del

evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”

Al estar en Antioquía, Pedro fue víctima de un acto de hipocresía. ¿Cuál fue el error de Pedro? Que mientras estaba allí, convivía y comía con los gentiles sin ningún problema, hasta que cambió de actitud, retrayéndose, cuando de Jerusalén vinieron otros hermanos enviados de parte de Jacobo (el cual es Santiago, el hermano del Señor Jesús, y también el principal en autoridad hasta ese momento dentro de la iglesia).

¿Qué está pasando aquí?

Pedro es un judío observante.

Pedro está comiendo con gentiles.

Llegaron a Antioquía judíos creyentes, llamados “los de la circuncisión”, término relacionado con lo que vimos en la nota anterior sobre “el rito de Moisés”.

Cuando ellos llegaron, Pedro procura no quedar mal con ellos, y se aparta de los gentiles.

Pablo lo reprende delante de todos.

¿Qué fue lo que movió las acciones de Pedro en todo este relato?

Por increíble que parezca, la respuesta que por años hemos escuchado es:

Pedro sabía que la ley de Dios ya estaba abolida y clavada en la cruz, por lo tanto estaba sentado con los gentiles dándose un festín de cerdo, mariscos, y todo animal inmundo, pues Dios ya había limpiado todos los alimentos y abrogado las leyes dietéticas de Levítico 11, y ahora ya nadie estaba bajo la ley, sino bajo la gracia”.

¿Y de donde obtuvimos esas conclusiones? De una lectura superficial y fuera de contexto de Hechos 10. De todos los pasajes del Nuevo Testamento que se usan para sustentar la idea de que Dios abolió las leyes dietéticas de la Torá, Hechos 10 es uno de los más frecuentes. Pero si vemos el capítulo con atención, obtenemos las siguientes observaciones:

En los versículos 9 al 15, se nos narra que Pedro, estando en un momento de oración (y con hambre), tuvo una visión en la cual un lienzo con toda clase de animales prohibidos descendió y se le presentó, viniéndole una voz que le invitaba a matar y comer de estos animales, exhortando a Pedro a no llamar inmundo lo que Dios ya ha limpiado. Esto ocurrió tres veces.

Debido a que casi siempre leemos hasta ahí, hemos sacado la conclusión de que efectivamente Dios le estaba mostrando a Pedro que Él ya limpió todos los animales inmundos, los hizo alimentos, y ahora ya “podemos comer de todo”.

En el versículo 13, Dios le dice: “Pedro, mata y come”. Pero en todo el pasaje no podremos encontrar algún versículo donde diga: “y Pedro mató y comió”. ¿Porqué? Porque Pedro no lo hizo.

El versículo 17 dice que Pedro se quedó perplejo sin entender qué había significado la visión. Es decir, nunca relacionó la visión con la idea de que ahora podía comer de cualquier cosa aunque estuviera prohibida en la Torá.

El versículo 28 aclara todo el enigma. Cuando Pedro llega a la casa de Cornelio finalmente comprende que la visión no se trata de animales, sino de personas.

¿Qué quiere decir esto? Que Dios permitió que Pedro tuviera tal visión, porque lo estaba preparando para lo que iba a ocurrir en los días siguientes: Mostrarle a él y posteriormente a los creyentes judíos que ya no había razón para considerar inmundos a los gentiles, porque Dios ya los había limpiado para que por medio de la fe en Jesús el Mesías, fueran injertados a Israel y recibieran el don del Espíritu Santo.

Por cierto, hay un versículo en Hechos 10 que es clave para entender esto, y también el pasaje que hemos citado de Gálatas, y es el siguiente:

Hechos 10:28

28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.

Momento…¡Cuan abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero! ¿Cómo Pedro podía decir eso, si en la Torá no existe ningún texto que diga que para un judío (del reino de Judá) sea abominable juntarse o acercarse a un extranjero? ¿De dónde pues se sacó Pedro estas palabras? De la ley judía.

Para la tradición rabínica, particularmente la que procede de la escuela farisea de Shamai, la cual ya predominaba en la jurisprudencia del judaísmo del primer siglo, los gentiles eran considerados inmundos, y se tenían prohibido convivir con ellos. Había una cantidad de leyes que estipulaban cómo un judío debía relacionarse con un gentil. Aquí hay algunos comentarios del Talmud al respeto:

“Un judío fue azotado por un rabino por tener relaciones sexuales con una gentil.

 

El judío fue donde los romanos, quienes a su vez le preguntaron al rabino por qué

había hecho eso. El rabino les dijo que el judío castigado había tenido relaciones

 

sexuales con una burra. Los romanos exoneraron al rabino después que el profeta

Elías bajó del cielo y dijo que el rabino estaba diciendo la verdad. Después de eso,

el judío castigado llamó mentiroso al rabino. El rabino respondió que él no mintió

 

porque los gentiles son burros. El judío fue a decírselo a los romanos, pero el

 

rabino lo mató, y con razón.” –Berakhót 58ª, p. 361-362.

 

“Está prohibido derramar aceite sagrado sobre los israelitas. Pero los rabinos

 

legislaron que era permisible derramarlo sobre vacas y gentiles, porque no son

 

humanos.” –Keritót 6b, p. 45.

 
“La leche, el pan y el aceite de los gentiles están prohibidos.” –Abodáh Zaráh 35b,

“La leche, el pan y el aceite de los gentiles están prohibidos.” –Abodáh Zaráh 35b,

p. 171

“La leche, el pan y el aceite de los gentiles están prohibidos.” –Abodáh Zaráh 35b, p.
“Los utensilios gentiles hacen que la comida sepa mal.” –Abodáh Zaráh 67b, p.

“Los utensilios gentiles hacen que la comida sepa mal.” –Abodáh Zaráh 67b, p.

325

“Los utensilios gentiles hacen que la comida sepa mal.” –Abodáh Zaráh 67b, p. 325
“El vino tocado por un gentil queda inapto para el consumo judío.” Abodáh Zaráh

“El vino tocado por un gentil queda inapto para el consumo judío.” Abodáh Zaráh

72b, p. 348

“El vino tocado por un gentil queda inapto para el consumo judío.” Abodáh Zaráh 72b, p.

“Está prohibido enseñarle la Torá a los gentiles.” –Haguigáh 13ª, p. 75.

“Elohim se desagrada cuando un judío le muestra hospitalidad a un gentil.” –

“Elohim se desagrada cuando un judío le muestra hospitalidad a un gentil.” –

Sanhedrín 104ª, p. 707.

“Elohim se desagrada cuando un judío le muestra hospitalidad a un gentil.” – Sanhedrín 104ª, p.

“Dios se muestra en la tierra en las semblanzas del judío: Judío, Judas, Judá, Jevah o Jehová, son el mismo y único ser. El hebreo es el Dios viviente, el Dios encarnado; es el hombre celeste, el Adam Kadmon. Los otros hombres son terrestres, de raza inferior. Sólo existen para servir al hebreo; son pequeñas bestias.” - (Qabbalah ad Pentateucum, fol. 97, 3)

“Así como los hombres son superiores a los animales, los judíos son superiores a todos los pueblos de la tierra.” - (Sepher Zeror a Mar, folio 107, b.) “Solamente los judíos deben ser llamados hombres, pero los goim (gentiles), que vienen del espíritu impuro, no tienen derecho más que al nombre de puercos.” - (Jalkut Reubeni, folio 10, b.)

"El no judío es basura; es excremento.” - (Schulkhan Arukh, con las palabras del Rabí Josef Caro)

“Todos los niños gentiles son animales." - (Yebamoth 98, a)

"Los pueblos de gentiles constituyen el prepucio del género humano que debe ser cortado." - (Libro de Zohar, s.n. con.)

“Todos los niños gentiles son legalmente bastardos porque los gentiles son sólo animales.” – Yebamót 98ª, p. 670-671.

“Si tu comes con un gentil (un no judio) es lo mismo que si comes con un perro.” - (Tosapoth, Jebamoth 94 b).

“Las almas de los no judios provienen de espíritus impuros y se llaman cerdos.” - (Jalkut Rubeni Gadol, 12 b).

“Así como los hombres son superiores a los animales, los judíos son superiores a todos los pueblos de la tierra.” - (Sepher Zeror a Mar, folio 107, b.)

“Solamente los judíos deben ser llamados hombres, pero los goim, que vienen del espíritu impuro, no tienen derecho más que al nombre de puercos.” - (Jalkut Reubeni, folio 10, b.)

"El no judío es basura; es excremento." - (Schulkhan Arukh, con las palabras del Rabí Josef Caro)

"Los pueblos de gentiles constituyen el prepucio del género humano que debe ser cortado." - (Libro de Zohar, s.n. con.)

“Un gentil que estudie la Toráh merece la muerte.” –Sanhedrín 59ª, p. 400.

“El gentil que observe un día de reposo merece la muerte.” - Sanhedrín 58b, p.

“El gentil que observe un día de reposo merece la muerte.” - Sanhedrín 58b, p.

399.

“El gentil que observe un día de reposo merece la muerte.” - Sanhedrín 58b, p. 399.

Como podemos ver, era la tradición rabínica la que prohibía que un judío tuviera trato con gentiles.

Pero ¿qué dice la Escritura?

Deuteronomio 4: 5-6

5 Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. 6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta.”

Isaías 56: 3-7

3 Y el extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo. Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. 4 Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, 5 yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. 6 Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, 7 yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.”

En este sentido podemos ver que la ley judía es diametralmente opuesta a lo que dice la ley de Moisés y los Profetas.

Debemos considerar lo siguiente:

Cuando Pedro le dijo a la casa de Cornelio que para él como judío era abominable acercarse a la casa de un extranjero (no judío), Pedro estaba citando la tradición rabínica, no la Torá.

Cuando Pedro se apartó de los gentiles en Antioquía luego que llegaron los creyentes de Jerusalén, lo hizo por miedo a ser juzgado por ellos de acuerdo a la ley judía.

Cuando Pedro hizo esa separación entre judíos y gentiles en Antioquía, estaba tratando a los gentiles conforme al desprecio de la ley judía.

Por eso Pablo reaccionó.

¿Y qué término usó Pablo para referirse a lo que Pedro estaba sometiendo a los gentiles? ¡Judaizar!

Gálatas 2:14

14 Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?¿Y porqué usó Pablo ese término? Porque ese es el término que se utilizaba en el primer siglo cuando una persona guardaba las leyes, mandamientos y tradiciones orales del judaísmo. ¡No la Torá!

Es tan sencillo como esto:

Si guardar la ley de Moisés es sinónimo de judaizar, ¿porqué ese término no aparece en todo el Antiguo Testamento…ni siquiera una sola vez?

Quiero hacer esta afirmación a estas alturas de lo que he estado diciendo:

¡No hay absolutamente ningún pasaje en toda la Escritura, que señale la observancia a la ley de Moisés como sinónimo de judaizar. Ni uno solo!

Claramente podemos ver a través de esto, que la suposición de que Pablo reprendió a Pedro por guardar la ley de Moisés, es completamente una distorsión y una tergiversación de esta carta, ocasionadas por un completo desconocimiento del contexto legal, religioso y cultural del judaísmo del primer siglo.

Podemos ver entonces que tanto la evidencia interna de la Biblia, como la evidencia externa de la historia, nos dejan ver que judaizar es un término que deriva de someterse a aspectos fundamentales del judaísmo tales como:

Adoptar al judaísmo como el medio para ser injertado a Israel, en vez de la fe en Jesús el Mesías.

Hacer la conversión al judaísmo por medio de una sinagoga autorizada, que implica la circuncisión de “el rito de Moisés” como requisito iniciático.

Practicar las tradiciones y mandamientos del judaísmo, aún cuando vayan en contra de los mandamientos de Dios.

Negar que el Mesías (Jesucristo) ya vino.

En la siguiente sección voy a hablar de otra expresión que Pablo usa en esta carta: “las obras de la ley”. Un término del judaísmo anterior al primer siglo, y completamente ignorado por la teología cristiana. Seguimos adelante.

VIII. LA FE VS. LAS OBRAS DE LA LEY

Gálatas 2:15-21

15 Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, 16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. 17 “Y si buscando ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. 18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. 19 Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.”

Este es otro pasaje de la Escritura que se ha convertido en uno de los principales argumentos de la teología cristiana para sostener que Jesús abolió la ley de Moisés, y que Pablo también predicaba en contra de ella. Debido a que nadie puede ser declarado justo por “las obras de la ley”, entonces resulta sencillo concluir que Dios ya desechó su propia ley, la Torá.

Pero hay un problema con ese entendimiento, y lo quiero plantear de la siguiente manera:

Pablo es un rabino judío, del cual ya vimos todas sus credenciales en una sección anterior.

Como rabino judío, fariseo por formación, Pablo conoce la Torá perfectamente, habiendo estudiado en la que fue probablemente la escuela farisea de mayor prestigio en su época.

Pablo por lo tanto entiende que la Torá sigue vigente y es aplicable para todos, pues eso les escribe a las congregaciones de Roma, en Romanos 2:12-13, y en Romanos 3:31.

Tal es la vigencia que Pablo le concede a la Torá, que cuando lo acusan de enseñar a otros judíos a quebrantarla, el obedece la instrucción de Santiago de demostrarle a todos en Jerusalén que esa acusación es falsa (historia narrada en Hechos 21:17-24).

Entonces… Por un lado Pablo le escribe a los Romanos acerca de la validez de la Torá como instrumento vigente de justificación para todos los seres humanos, ¿y por otro lado tenemos a Pablo diciéndole a los Gálatas justamente lo contrario?

Algo está mal aquí:

1. O Pablo es un incongruente que está enviando un doble mensaje en sus cartas, diciéndoles una cosa a unos y otra cosa a otros acerca de la Torá,

2. O somos nosotros los que estamos entendiendo mal el mensaje de Pablo por desconocer el contexto judío del primer siglo, y en consecuencia sacar conclusiones equivocadas de sus cartas.

Sugiero que la segunda opción es la más acertada, y existe una razón muy fundamental para ello:

Pablo conoce bien la Torá y los Profetas; por lo tanto él sabe que ellos establecen que la obediencia a los mandamientos del Padre sí producen justicia.

Deuteronomio 6:24-25

24 “Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy. 25 Y tendremos justicia cuando cuidemos de

poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.”

Resulta interesante cómo lo traduce la Reina Valera Contemporánea:

Deuteronomio 6:24-25

24 “El Señor nuestro Dios nos mandó cumplir todos estos estatutos, y temerlo, para que nos vaya bien siempre y él nos conserve la vida, como hasta el día de hoy. 25 Si tenemos cuidado de poner por obra todos estos mandamientos delante del Señor nuestro Dios, como él nos lo ha mandado, tendremos justicia.” La frase “tendremos justicia” es en hebreo “jayá tsedacá”.

Jayá significa ser, o llegar a ser.

Tsedacá significa justicia, y se deriva de tsaddíc, que quiere decir justo.

“Tendremos justicia”, en una traducción más apegada al hebreo, es “llegar a ser justos”.

¿Puedes ver la conexión que la Torá hace entre obediencia a los mandamientos del Padre y ser justos?

Otro texto…

Isaías 48:18

18 “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.”

Nuevamente una conexión entre obediencia a los mandamientos del Padre y ser justos.

Otro texto…

Ezequiel 14:13-14

13 “Hijo de hombre, cuando la tierra pecare contra mí rebelándose pérfidamente, y extendiere yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan, y enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias, 14 si estuviesen en medio de ella estos tres varones, Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarían únicamente sus propias vidas, dice Jehová el Señor.”

Ezequiel 14:19-20

19 “O si enviare pestilencia sobre esa tierra y derramare mi ira sobre ella en sangre, para cortar de ella hombres y bestias, 20 y estuviesen en medio de ella Noé, Daniel y Job, vivo yo, dice Jehová el Señor, no librarían a hijo ni a hija; ellos por su justicia librarían solamente sus propias vidas.”

¿Cuál es la característica principal de estos tres hombres, Noé, Daniel, y Job? Que fueron obedientes de manera ejemplar e intachable a los mandamientos del Padre.

Job era intachable en sus acciones a tal grado que Dios se lo presume al diablo.

Noé fue obediente al construir el arca aún cuando era prácticamente imposible que pasara lo que Dios le había dicho.

Daniel fue fiel a los mandamientos del Eterno, y a causa de ello pasó por las más terribles dificultades, y ni así se retractó.

Qué decir del Salmo 119, el cual no es necesario que citemos en este escrito, pero que todos sabemos que está lleno de declaraciones que hablan de la justicia que produce obedecer la Torá.

Pablo mismo lo dice en Romanos,

Romanos 2:12

13 “porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.”

Incluso Santiago va más allá y dice lo siguiente:

Santiago 2:21-24

21 “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice:

Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”

¿Cuál fue la obra que según Santiago justificó a Abraham? Obedeció la instrucción (torá) del Eterno de ofrecer a Isaac sobre el altar.

Entonces ¿de qué obras está hablando aquí Santiago? De la obediencia a un mandamiento divino. Santiago, quien también era judío, escribe en el marco del pensamiento judío del primer siglo, como el de Jesús, Pablo, Pedro, etc., consecuente con el concepto de fe en las Escritoras, que era sinónimo de obediencia a la voluntad de Dios expresada en sus mandamientos.

Para una mentalidad fuera del contexto judío, como la nuestra, fe tranquilamente puede significar dar por hecho que algo es cierto, y hasta ahí. Pero para un judío del primer siglo, es fe no vale. Por ello Santiago les dice:

Santiago 2:14

14 “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”

Al ver estos textos, y la conexión que la Escritura hace siempre entre obediencia a los mandamientos y ser justo, podemos ver un concepto hebreo que sabemos puede ser ofensivo para muchos porque es abiertamente contrario a la teología tradicional, pero que era parte de las convicciones de todo judío del tiempo de los apóstoles, como lo podemos ver en el Nuevo Testamento:

¡La “sola fe” no salva. Requiere obediencia a los mandamientos de Dios. Si la fe no tiene obediencia, está muerta. Y una fe muerta no sirve!

Entonces, ¿qué significa el término “las obras de la ley” que Pablo usa aquí en Gálatas y también en Romanos?

Las Obras de la Ley Entre 1947 y 1956 se hizo el descubrimiento que es considerado por muchos el más importante del siglo veinte: el hallazgo de los rollos del Mar Muerto, en las cuevas de Qumrán. Este descubrimiento arqueológico es inmensamente importante y aporta valiosísima información acerca del contexto religioso del tiempo de Jesús, ya que todos los documentos hallados en esas cuevas datan de entre los años 250 a.C. y 66 d.C., antes de la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70. Uno de los rollos encontrados, lleva por nombre Miqat Ma’ase Ha- Torá. Increíblemente, la traducción de esa frase es… “Las obras de la ley”.

Resulta interesante saber que el contenido de ese documento expone la aplicación de diversos mandamientos de la Torá, con ordenanzas y añadiduras rabínicas que las agrupaciones esenias anteriores al primer siglo ya había añadido a la ley de Moisés en diversos aspectos.

Martin Abegg, miembro de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales en la Trinity Western University, en un artículo para la Biblical Archeological Review, en 1994, escribió:

«En resumen, Miqat Ma’ase Ha-Torá (el rollo encontrado) es equivalente a lo que conocemos en las cartas de Pablo como “las obras de la ley”. Este rollo del Mar Muerto, y Pablo, usan la misma frase. La conexión se enfatiza por el hecho de que esta frase no aparece en ningún lugar en la literatura rabínica del primer y segundo siglo, solamente en las cartas de Pablo y en el rollo hallado.

Las Obras de la Ley a las que el rollo se refiere son tipificadas por los 20 o más preceptos detallados en el cuerpo del texto. Por primera vez podemos realmente entender acerca de qué escribió Pablo.”

Algunas de las cuestiones discutidas en el rollo eran:

La inclusión de maíz no judío en el Templo

La presentación de ofrendas gentiles

La preparación de carne sacrificial en recipientes impuros

Reglas referentes a la limpieza de leprosos

La admisión de ciegos y sordos en el Templo

Matrimonio entre amonitas y moabitas convertidos al judaísmo

La transmisión de impureza por agua contaminada

La mezcla de lana y lino

No arar con animales de diferente raza

El matrimonio entre miembros de familias sacerdotales y gente común

“La mayoría de las reglas expuestas por el autor de Las Obras de la Ley están basadas directamente en la ley bíblica. Otras son interpretaciones y amplificaciones de prescripciones mosaicas. La lista claramente refleja una reacción en contra de relajar los preceptos de la Torá (y hacerlos más difíciles).

Si miramos a Gálatas y Romanos a la luz de Las Obras de la Ley, parece claro que Pablo está usando la misma terminología para refutar dicha teología. No estoy sugiriendo que Pablo conocía este documento, o a los miembros de la comunidad de Qumrán. Lo que digo es que Pablo sí reaccionó contra el tipo de teología contenida en Las Obras de la Ley.

La secta de Qumrán desdeñaba las extensiones rabínicas del Talmud, las cuales eran como una cerca alrededor de la Torá; como capas codificadas en los escritos rabínicos de la Mishná y los dos Talmuds. Qumrán (según el comentarista) era la única comunidad bíblica de la época.

Algunos académicos han sugerido que Pablo estaba creando algo así como un espanta pájaros para reforzar (entre los creyentes) la idea de fe vs la ley. En el pasado, esta perspectiva fue apoyada por el hecho de que la frase “las obras de la ley” no aparece en los libros del judaísmo rabínico. Pero ahora, Las Obras de la Ley provee la evidencia que los estudiantes han buscado por generaciones, encontrada en las enseñanzas de Qumrán. Las Obras de la Ley demuestra que Pablo no se ajustó, sino que se opuso en un dramático duelo a esa teología sectaria, que en última instancia, también contaminó al cristianismo

Sobre Martin Abegg y sus credenciales académicas:

http://twu.ca/directory/faculty/martin-abegg.html

La conocida empresa televisiva católica EWTN, en uno de sus artículos cita a un académico de nombre James Akin, que dice lo siguiente acerca de este documento:

«La traducción de “las obras de la ley” es confirmada por la evidencia arqueológica-léxica, porque aparece en los Rollos del Mar Muerto, que son los escritos de la comunidad del Qumrán en el Israel del primer siglo. Este documento sirvió como la Constitución o Declaración de Independencia de ésta comunidad. El documento, cuyo nombre también se traduce “Algunas Pertinentes Obras de la Ley”, está enfocado en ciertas disputas sobre interpretaciones de regulaciones mosáicas, y revela una enorme preocupación de parte de los judíos del primer siglo con las obras de la ley. La frase “las obras de la ley” es usada repetidamente y arroja gran luz del significado para Pablo.»

Aquí la fuente:

http://www.ewtn.com/library/ANSWERS/WORK-LAW.htm

Y aquí otro sitio de apologética católica que presenta el mismo documento pero en español:

http://www.apologeticacatolica.org/Salvacion/Salvacion02.htm

James D.G. Dunn, y James H. Charlesworth, en su libro “The Bible and the Dead Sea Scrolls: Scripture and the scrolls, Vol. 1” (La Biblia y los Rollos del Mar Muerto: La Escritura y los rollos Vol. 1), en las páginas 189 -190 dicen lo siguiente acerca de este documento:

«El primer punto de interés es la auto descripción del escritor de este rollo: “Nos hemos separado de la multitud del pueblo, y de toda su impureza”. Está claro por el contexto, especialmente cuando se toma en conjunto con la segunda parte del MMT (nombre técnico del rollo), que la separación fue motivada por cuestiones de pureza. La implicación es clara, que estos judíos eran llamados separatistas porque trataron de separarse incluso del resto de Israel, de nuevo con una clara implicación de que la motivación estaba basada en reglas de pureza e interpretaciones de la Torá. No menos interesante aquí es la evidencia de que el autor del MMT evoca lo que fuentes posteriores indican haber sido una hajalá saducea, y que sus oponentes sonaban más como fariseos. Sin embargo, el énfasis expresado aquí es claramente una actitud sectaria. Y el hecho de que esta es la primera vez que el término ‘prsh’ (del cual se deriva ‘fariseo’) en la literatura judía, es bastante significativo del MMT. En este primer caso, el posible punto de contacto es la descripción que Pablo hace de la actitud de Pedro, seguida por los otros judíos cristianos, que ‘se separó’ de los gentiles cristianos en Antioquía cuando previamente comía con ellos. El hecho de que Pablo use el verbo ‘separar’, del griego aforízo (Strong’s G873) en Gálatas, puede hacer eco de que su propia experiencia de separación como

fariseo es algo del pasado. La inferencia es apropiada, de que la motivación de Pedro de separarse de la mesa de los gentiles cristianos en Antioquía, era de un carácter similar y racional tal como la separación del grupo MMT de la comunidad judía en general”.»

Fuente:

https://books.google.com.mx/books?id=TmVYVHrr3JcC&pg=RA2-PA188&lpg=RA2-

PA188&dq=Martin+Abegg+MMT&source=bl&ots=bPrh4YcAS1&sig=e-

aAxjWWkBMr6uzVOnyYQkvzs_A&hl=en&sa=X&ved=0ahUKEwjbkM2LwpPKAhVG3WMKHe7IAgM

Q6AEIMjAE#v=onepage&q=Martin%20Abegg%20MMT&f=false

Aquí un documento en la web, con información en español al respecto:

http://spanish.ccg.org/s/p104.html

Y

aquí el sitio oficial (en inglés) de los rollos del Mar Muerto, para quien guste revisar y comprobar

la

veracidad de lo que aquí exponemos:

http://www.deadseascrolls.org.il/home

Cualquiera que desee indagar más y hacer investigación sobre este asunto, podrá confirmar que estas “obras de la ley” que Pablo menciona en Gálatas 2, no son la ley de Moisés, sino una expresión idiomática dentro del contexto judío del primer siglo, que hacía referencia a interpretaciones, regulaciones y jurisprudencias que distintos grupos dentro del judaísmo hacían a la Torá.

David M. Rogers, en su comentario sobre Gálatas dice lo siguiente:

«Para un fariseo, “las obras de la ley” eran una acción de un rabino o sabio que justificaba una manera práctica en la que alguna tradición debía ser observada. Las obras de la ley eran leyes basadas en las acciones u obras de un rabino. Si un fariseo o rabino desempeñaba cierta acción, esa acción era establecida como una ley, y era conocida como una “obra de la ley”.»

Un ejemplo de esto lo encontramos en el Talmud:

«Una vez pasó que aquellos del Rabino Gamaliel regresaron tarde a casa de un banquete de bodas, y le dijeron: “Aún no hemos recitado el Shemá vespertino”. Él les dijo: “Si aún no ha amanecido, deben recitarlo”. Y no solo con respecto a esto ellos decidieron, “hasta cuando sea que los sabios digan ‘hasta la media noche’, el precepto puede ser realizado hasta que amanezca”.» – Berajot 2ª

“Las obras de la ley” es una expresión que no significa la ley de Moisés, sino las leyes establecidas por los rabinos. Y Pablo les dijo a los Gálatas que por medio de observar esas leyes rabínicas nadie será justificado ante Dios. Esa justificación se obtiene solamente por la fe del Mesías. ¿Y qué significa eso?

Anteriormente establecimos cual era el concepto de fe dentro del contexto y época de Jesús y los apóstoles: Obediencia a los mandamientos de Dios.

Por lo tanto, ¿qué crees que significa la fe del Mesías? Obediencia a los mandamientos del Mesías. Seguir sus palabras e imitarlo en sus acciones.

¿Qué fue lo que el Mesías dijo?

Mateo 5:17-19

17 “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18 Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. 19 De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.”

Cuando Jesús terminó lo que conocemos como el sermón del monte, dijo las siguientes palabras:

Mateo 7:24-27:

24 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”

Juan confirmó las palabras de Jesús cuando dijo:

1 Juan 5:3-6

3 “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4 El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5 pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. 6 El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”

Como cristianos, cuando defendemos celosamente la verdad de que nadie se justifica por las obras de la ley, sino por la fe, es importante comprender qué estaba diciendo Pablo cuando escribió eso, para poder estar completamente alineados con su pensamiento.

IX. ¡OH GÁLATAS INSENSATOS!

Gálatas 3:1-5

1 “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? 2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? 3 ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? 4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. 5 Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?”

Una vez que hemos entendido que el término “las obras de la ley” no es sinónimo de obedecer los mandamientos de la ley de Dios, sino una expresión que se refiere a practicar la ley judía, resulta obvio que Pablo reprenda duramente a los Gálatas, preguntándoles a manera de reclamo si recibieron el Espíritu por “las obras de la ley”, o por el oír con fe.

El versículo 2 nos arroja tres términos que son claves para entender el pensamiento el pensamiento de Pablo al usarlos en la carta. El primero es “las obras de la ley”, de cual ya hablamos. Así que nos resta definir los otros dos para entender lo que Pablo está diciendo:

Recibir el Espíritu

Oír con fe

Recibir el Espíritu Hoy en día este término tiene una infinidad de significados entre las 43,000 denominaciones existentes en la cristiandad. La mayoría de esos significados son extraídos de una lectura aislada del término en el Nuevo Testamento. Pero aquí crítico traer a colación una regla de hermenéutica bíblica que es fundamental:

«Todos los conceptos que vienen en el Nuevo Testamento, no son conceptos nuevos, inventados por ninguno de los escritores. Cada concepto que aparece en el Nuevo Testamento tiene su origen en dos lugares: En el Tanaj (Antiguo Testamento, o en el judaísmo del primer siglo.»

La Torá, los profetas y los escritos eran las únicas Escrituras que existían en el tiempo de los apóstoles, cada concepto que ellos mencionan fue extraído de ellas. Fuera de ahí, el otro lugar del cual podía provenir la terminología neo testamentaria, es del judaísmo del primer siglo.

Entonces, ¿qué significaba “recibir el Espíritu” para una persona dentro del judaísmo del primer siglo? La Escritura responde a través del profeta Ezequiel:

Ezequiel 36:26-27

26 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”

De acuerdo a Ezequiel, Dios quita de nosotros el corazón de piedra, nos da un corazón de carne, para poner dentro de nosotros su Espíritu y que así podamos ser obedientes a sus estatutos y sus preceptos.

Pedro en su predicación de Hechos 2, cita al profeta a Joel:

Joel 2:28-32

28 “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 30 Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. 31 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. 32 Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.”

Y esta declaración de Joel se viene desarrollando desde versículos anteriores:

Joel 2:12-14

12 “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. 13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. 14 ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él, esto es, ofrenda y libación para Jehová vuestro Dios?”

Nuevamente vemos a través de las palabras del profeta Joel la necesidad de que nuestro corazón sea transformado, para que Dios pueda derramar su Espíritu sobre nosotros.

Pedro y Juan manifestaron un entendimiento de esto cuando fueron interrogados por el Sanedrín, y dijeron así:

Hechos 5:29-32

29 “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien

vosotros matasteis colgándole en un madero. 31 A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.”

¿A quienes les es dado el Espíritu? A los que le obedecen.

De manera que podemos ver que en las Escrituras siempre hay una conexión directa entre recibir el Espíritu Santo, y obediencia a Dios. Pablo mismo les dice a los Romanos

Romanos 8:7-8

7 “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

¿Puedes verlo? Los designios de la carne no se sujetan a la ley de Dios, solo el que vive en el Espíritu puede hacerlo.

¿Qué se necesita entonces para poder sujetarse a la ley de Dios? Así es… El Espíritu Santo.

Entonces, ¿qué es lo que el Espíritu Santo produce cuando le es dado a una persona? Obediencia a la ley de Dios.

Entonces ¿qué significa “recibir el Espíritu”? Mas allá de la semántica que tu quieras utilizar para armar una definición, no puedes por ningún motivo descartar que fundamentalmente hablando, la consecuencia directa de haber recibido al Espíritu Santo, es querer obedecer los mandamientos de Dios; y hemos visto que según Jesús, y todos los demás apóstoles, esos mandamientos se encuentran en la ley de Moisés.

Oír con fe Oír con fe, era una expresión que toda persona familiarizada con el contexto hebreo de las Escrituras comprendía, y por eso Pablo la utilizó. ¿De donde lo sacó? De la Torá.

Para todo judío, el concepto de “oír” es el Shemá. Y sabemos que el Shemá es la declaración principal dentro de la fe hebrea, que todo judío tanto del primer siglo como en la actualidad aprendía desde niño, y también era la principal cosa que un gentil aprendía cuando quería obedecer al Dios de Israel.

Deuteronomio 6

3 “Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la

tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres. 4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. 6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; 7 y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. 8 Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; 9 y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”

Texto que por cierto Jesús citó, como todo buen judío, cuando los fariseos lo cuestionaron.

Mateo 22:34-40

34 “Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le

dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Habrá quien diga que debido a que este mandamiento está citado en boca de Jesús con una fraseología diferente a la que Moisés usa en Deuteronomio, es una señal de que Jesús modificó el mandamiento haciendo uno nuevo donde la ley de Moisés queda fuera y ahora solo hay que amar a Dios y al prójimo con un corazón sincero y ya.

Yo sugiero que si alguno tiene semejante ocurrencia, necesita hacer uso del sentido común. Obviamente Jesús usó una fraseología diferente, porque esto es algo que todos hacemos cuando queremos hacer referencia a algo que nuestro receptor ya conoce, y así ahorrarnos el tener que decirlo de manera exhaustiva. Es obvio que Jesús cita el Shemá de manera resumida, no porque está omitiendo otras partes del mandamiento, o modificándolo, sino para propósitos de agilidad en la conversación que está teniendo con los fariseos.

Entonces ¿qué es el oír con fe? De acuerdo a la Torá (la cual Pablo está citando), oír con fe es igual a oír para obedecer los mandamientos del Padre expresados en su ley.

Pablo les está diciendo a los Gálatas que el Espíritu Santo no se recibe por “las obras de ley”, es decir, de la ley judía, sino por “el oír con fe”, es decir, escuchando los mandamientos del Padre, y obedeciéndolos.

El versículo 3 es clave en esto:

Gálatas 3:3

3 “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?”

Este es un versículo que en la teología cristiana se entiende de la siguiente

manera:

“Aquí la carne significa obedecer la ley Moisés, y el Espíritu es andar en una libertad que ya desechó la ley de Moisés para vivir en la gracia”.

A estas alturas ese argumento se desbarata solo, pero aún así quiero poner un

poco de fundamento para confirmar que es un argumento equivocado.

Decir que “acabar por la carne” significa terminar obedeciendo los mandamientos de Dios, se sale completamente del marco bíblico. Pablo escribió a los Romanos

lo siguiente:

Romanos 7:12-13

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. 13 ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso. 14 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.”

Si Pablo les dice a los Romanos que la ley es santa, y el mandamiento santo, justo

y bueno; y luego les dice que la ley es espiritual… ¿Cómo puede decirles lo contrario a los Gálatas?

Es obvio que en el pensamiento de Pablo, la obediencia a la ley de Dios y vivir en

a carne son cosas opuestas.

Para un creyente del primer siglo, vivir en el Espíritu es vivir obedeciendo la ley de Dios, tal y como el profeta Ezequiel dice. En cambio, vivir en la carne es andar bajo nuestro propio gobierno, tratando de ganar un estatus ante Dios por medio de tradiciones y mandamientos de hombres.

Dicho sea de paso: Podemos considerarnos a nosotros mismos personas devotas, místicas y espirituales, pero al resistirnos a obedecer a la ley de Dios expresada en la Torá, y escoger mantenernos en una tradición que es contraria a la Palabra de Dios, no andamos en el Espíritu. No importa cuan espirituales digamos que somos; no importa cuanto nos arrodillemos, no importa cuanto profeticemos, o si estamos en algún ministerio… a la luz de las Escrituras, necesitamos volver a los mandamientos. Si elegimos no hacerlo, entonces si, en vano murió Cristo.

X. LA MALDICIÓN DE LA LEY

Hemos llegado a la parte que en mi opinión es la más rabínica de toda la carta de Gálatas. La manera en que esta porción está escrita es de una complejidad particular, que refleja dos cosas interesantes:

1. La erudición de Pablo como buen rabino fariseo al aplicar criterios, conceptos, tecnicismos y expresiones idiomáticas pertenecientes totalmente al judaísmo de su época.

2. Que los receptores de la carta, contrario a nosotros, estaban bien familiarizados con todos esos factores; si no, Pablo no les hubiera escrito de esa manera.

En una sección anterior de este documento, que se llama “Pablo y la Ley Judía”, hablé de la aplicación que Pablo le dio a ciertos criterios de la halajá judía en las congregaciones de creyentes. Mencioné la situación de las mujeres en las sinagogas, y lo que Pablo habla al respecto en 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2. A través de ello traté de demostrar que cuando Pablo, como buen rabino judío, usa el término “la ley”, no siempre se está refiriendo a la ley de Moisés, sino a la ley judía, o bien a las dos como conjunto. Podemos ver esto sólo cuando conocemos contexto judío del primer siglo, y leemos sus cartas en contexto, y no solamente versículos aislados.

Debido a que los fariseos tenían la firme convicción de que la ley oral también le fue dada a Moisés en el Sinaí, para ellos la Torá y la ley oral eran parte de la misma cosa, por eso no les representaba ningún problema usar la misma terminología para las dos en diversas ocasiones. Es decir, dentro de un escrito totalmente judío, un rabino fariseo podía referirse a la Torá, a la tradición oral, o a la ley judía, y en los tres casos usar el mismo término: “la ley. Este también fue el caso de Pablo.

Teniendo eso presente, veamos ahora si la siguiente porción de Gálatas 3:

Gálatas 3:10-14

10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero , 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

Quiero desglosar esto por partes.

Ya vimos anteriormente que el término “las obras de la ley” significa las determinaciones rabínicas que luego pasaban a ser mandamiento.

El versículo 10 tiene su particular complejidad porque Pablo está citando un término judío, e inmediatamente cita la Torá, las dos cosas en la misma frase.

El dice que todos los que dependen de “las obras de la ley” están bajo maldición. ¿Porqué? Porque escrito está: “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”

Entonces aquí tenemos dos cosas que Pablo está contrastando en el mismo versículo:

Las obras de la ley

Las cosas escritas en el libro de la ley

(El sistema judío)

(La Ley de Moisés)

Las obras de la ley vs. Las cosas escritas en el libro de la ley

Míralo bien…

Pablo cita la Torá (Deuteronomio 27:26): “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.

De acuerdo a Deuteronomio 27:26, ¿quién es el maldito? ¿El que permanece en las cosas escritas en el libro de la ley, o el que no permanece?

¡EL QUE NO PERMANECE EN LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY!

En otras palabras, Gálatas 3:10 nos dice que todo aquel que depende para su justicia ante Dios, de tradiciones, mandamientos de hombres, y las doctrinas de algún sistema religioso ajeno y contrario a lo establecido en la Escritura, está bajo maldición. ¿A quien maldice el Creador? Al que no permanece en lo que está escrito en el libro de la ley.

Esta es la maldición de la ley: No permanecer en las cosas que están escritas, sino cambiarlas o modificarlas, o desecharlas para abrazar otra ley, ya sea de una denominación cristiana, o judía, o de cualquier otra índole.

¿Qué significa permanecer? Es la palabra que Pablo usa en este texto.

De la concordancia Strong’s G1696 “Emméno”: Permanecer; quedarse en el mismo lugar; continuar.

Del hebreo Strong’s H6965 “Cum”: Afirmar; alzar; confirmar.

¿Sabes qué está diciendo Pablo? Que si no confirmamos la ley y no continuamos en las cosas escritas en ella para hacerlas, sino que la cambiamos por las tradiciones, ordenanzas y mandamientos de hombres, estamos bajo maldición.

Sé que suena tajante y crudo. Pero no lo digo yo, es lo que la Escritura dice. Y Pablo lo está avalando.

Como buen judío, Pablo conoce la Torá por dentro y por fuera; es un erudito de alta gama dentro del judaísmo de su tiempo, y no puede evitar escribir como tal. Conoce la Torá de memoria y conoce su aplicación. Él usa aquí la frase “la maldición de la ley” como un término directamente extraído de la Torá, que evidentemente los creyentes en la dispersión entendían bien. Lo usa sin problemas porque está escribiendo a una audiencia bien familiarizada con el judaísmo del primer siglo.

Luego viene otra parte que parece ser confusa, el versículo 11:

“Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá.”

¿Cuál es la ley que no justifica a nadie? ¿La ley judía, o la Torá? ¿De cual está hablando Pablo aquí? Voy a citar otra carta de Pablo para aclarar esta cuestión.

Romanos 2:

11 “Porque no hay acepción de personas para con Dios. 12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.”

Aquí tenemos otro contraste. Pablo dice en Gálatas 3:11 que por la ley nadie se justifica, y en Romanos 2:12 dice que son los hacedores de la ley los que serán justificados.

Aquí es donde aplicamos el principio que comenté anteriormente:

Cada que Pablo usa el término “la ley”, puede estarse refiriendo a la ley de Moisés, o a la ley judía. El contexto nos dice a cual de las dos se está refiriendo.

El contexto de Romanos 2 claramente se refiere a la Torá, pero el contexto de Gálatas 3 es la ley judía. Si Pablo dice en Gálatas 3:10 que todo el que depende de las obras de las obras de la ley (el sistema judío) están bajo maldición por no permanecer en las cosas que sí están escritas en el libro de la ley (la Torá), y

luego en el siguiente versículo les dice que por la ley nadie se justifica para con Dios, ¡obviamente esa ley que no justifica es la ley judía! Mientras que Pablo les está diciendo a los Romanos que la obediencia a la Torá sí produce justicia a una ante Dios, a los Gálatas les está diciendo que la ley judía no tiene esa facultad.

Luego Pablo hace otra declaración totalmente judía: “El justo por la fe vivirá”.

Vimos que desde una perspectiva hebrea, la fe se demuestra obedeciendo la palabra de Dios. Es decir, la evidencia de que una persona tiene fe, es que obedece. De modo que si el justo vivirá por la fe, y la fe es obediencia, entonces el justo vivirá por su obediencia a la palabra de Dios.

¿Puedes ver la diferencia y el contraste que Pablo está haciendo entre las dos?

Nuevamente en el versículo 12 Pablo vuelve a hacer este contraste entre el sistema judío y la Torá:

“y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.”

¿Cuál es la ley que no es de fe? La ley judía. Pero no solamente la ley judía; también todo sistema, que por muy noble que sea, no se alinea a lo que escrito está. Pues la Escritura dice: “el que hiciere estas cosas vivirá por ellas”.

¿Cuáles cosas son las que nos hacen vivir si las hacemos? Los mandamientos.

Levítico 18:5

5 Por tanto, guardarás mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.”

Dicho de otro modo, todo sistema religioso que no se apegue a lo que dice la Escritura, no es de fe, pues la Escritura dice que lo que produce vida es hacer lo que la Escritura dice.

Mira cómo Pablo confirma esto a los Corintios:

1 Corintios 4:6

6 Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.”

No pensar más allá de lo que ya está escrito. Ese es el consejo del apóstol Pablo.

Sé que lo que acabo de exponer en esta sección no es sencillo para la mentalidad cristiana, y que la primera reacción que podemos tener es rechazarlo. La cuestión es que ésta es, como dije al principio, posiblemente la porción más rabínica de la

carta de Gálatas. Nosotros no estamos acostumbrados a pensar como un rabino judío del primer siglo. Nosotros somos hispanos, ex católicos, occidentales, y pos modernos. Mi sugerencia es que no lo descartes, revísalo una y otra vez, y examínalo con una mente abierta.

El versículo 13 dice algo poderoso. Que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley”. ¿Cuál es la maldición de la ley? Haberse apartado de la Torá. Él nos redimió del castigo y la maldición que nos vino por habernos apartado de su Torá. De habernos apartado y haber vivido en pos de otras cosas que eran ajenas y opuesta a la Palabra de Dios. ¿Y para qué nos redimió? ¿Para que volvamos a desechar su Torá? ¡Por supuesto que no! Todo lo contrario, ¡Para que la confirmemos y andemos en ella!

¿Y cual es la finalidad de traernos de vuelta?

Gálatas 3:14

14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

XI. LA BENDICIÓN DE ABRAHAM ES POR LA FE, Y NO POR LA LEY

Gálatas 3:13-18

13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), 14 para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu. 15 Hermanos, hablo en términos humanos:

Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. 16 Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. 17 Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. 18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.”

Jesús nos redimió de la maldición de la ley, del castigo que nos correspondía por habernos alejado de la Torá. Y la manera en que el Señor Jesús se hizo maldición, fue en la cruz. Tomó nuestra culpa y la puso sobre él, como si hubiera sido él quien transgredió la Torá y no nosotros.

Ahora, en esta porción de Gálatas 3 hay otros cuatro conceptos que emergen:

1.

La bendición de Abraham

2. La promesa del Espíritu

3. El pacto ratificado con Cristo

4. La herencia

Vamos a definirlos para poder comprender el uso que Pablo les da. Definimos estos conceptos partiendo del principio que comenté anteriormente:

Todo concepto que leemos en el Nuevo Testamento encuentra su definición en dos lugares: El Antiguo Testamento, o el judaísmo del primer siglo.

Debido a que los escritores de las cartas neo testamentarias no eran filósofos griegos, entonces no recurrieron a Platón o Aristóteles para extraer sus conceptos de allí. Ellos recurrieron a las mismas Escrituras con las que ellos contaban en ese momento: La Torá, los Escritos, los Profetas. Y también recurrieron al sistema judío de su tiempo, en el cual vivieron.

Así que voy a tratar de definir estos términos de manera breve con la Escritura.

1. La bendición de Abraham ¿Qué es la bendición de Abraham y dónde la encontramos en las Escrituras?

Génesis 12:2-3

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Esta es la bendición que Dios ofrece a Abraham. Pablo acaba de decir que por medio de Cristo esa bendición alcanza a los gentiles. Aquí hay que señalar un punto fundamental: La bendición de Abraham no es solo engrandecer su nombre y bendecir a todas las familias de la tierra. La bendición de Abraham comienza con una nación. Sabemos que esa nación es Israel.

También quiero aclarar que cuando hablamos de Israel, no hablamos únicamente de los judíos. Los judíos son una tribu, Judá. Israel estaba compuesto de trece tribus. Cuando un gentil o un judío del primer siglo escuchaban el versículo de Génesis que acabo de citar, sabían que esa nación que Dios le promete a Abraham, era el Israel físico. Ellos no pensaban en un Israel espiritual en primera instancia. Sabían que era la nación de Israel compuesta por todas las tribus. Es bueno que tengamos eso claro, para no caer en el error de creer que solamente los judíos son Israel. Ciertamente que son parte de Israel, pero no el Israel total.

Por tanto, si Pablo dice que la bendición de Abraham alcanzó a los gentiles por medio de Cristo, la consecuencia directa de ello es que cuando un gentil cree la obra redentora de Jesús en la cruz, deja de ser gentil para ser parte de Israel. Por esta razón es fundamental que entendamos que en la Biblia no hay un pacto con gentiles. Dios no hace pactos con gentiles, los hace con Israel. Para poder estar en pacto con Dios, uno tiene que ser parte de Israel.

Pablo mismo sabía esto. Se lo dice a los Corintios y a los Efesios.

1 Corintios 12:2

2 “Sabéis que cuando erais gentiles, se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.”

Efesios 2:12-13

12 “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

Al haber creído en Cristo, dejamos de ser gentiles, y nos alcanzó la bendición de entrar a formar parte de la nación que Dios le prometió a Abraham. Estábamos alejados de la ciudadanía de Israel, pero por la sangre de Cristo ahora hemos sido hechos cercanos.

2. La promesa del Espíritu Nuevamente la Escritura define qué es la promesa del Espíritu.

Ezequiel 36:26-27

25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. 28 Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.”

Podemos ver cómo a través del profeta Ezequiel, Dios está prometiendo a Israel, que pondrá sobre ellos su Espíritu, ¿y para qué se los daría? Para que anden en sus estatutos, guarden sus preceptos, y los pongan por obra.

Otra cosa que incluye la promesa del Espíritu, es lo que Jesús dijo en Hechos 1.

Hechos 1:4-5,8

4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5 Porque Juan ciertamente

bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días… 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

¿Serle testigos de qué? De que él es el Mesías. Podemos ver a lo largo del libro de los Hechos, que los apóstoles testificaban tanto a judíos como a gentiles que Jesús era el Mesías. No iban por ahí diciendo que la ley de Dios ya estaba abolida. Eso es algo que jamás le hubiera pasado por la cabeza a un judío creyente en el Mesías. Ellos testificaban que Jesús era el Mesías, para arrepentimiento de pecados, que bíblicamente significa retornar a Dios y a su ley.

La palabra de Dios es clara en que el resultado de haber sido llenos del Espíritu Santo es creer en Jesús y guardar los mandamientos de Dios. Incluso el último libro de la Biblia lo declara:

Apocalipsis 12:17

17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

Apocalipsis 14:12

12 “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.”

Romanos 8:6-7 también nos dice que se necesita al Espíritu Santo para poder guardar la ley de Dios, porque los designios de la carne no se sujetan a ella ni tampoco pueden.

Si somos honestos para definir bíblicamente los términos que Pablo está utilizando en Gálatas 3:14, entonces no deberíamos tener ningún problema con admitir que en el Mesías nosotros somos alcanzados por la bendición de Abraham (ser parte de Israel), y recibir la promesa del Espíritu, que nos hace conocer que Jesús es el Mesías, y nos lleva a guardar los mandamientos de su Padre.

3. El pacto ratificado con Cristo ¿Cuál pacto fue ratificado con Cristo? El pacto que Dios hizo con Abraham. ¿Y cual fue el pacto que Dios hizo con Abraham?

Génesis 15:18-21

18 “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; 19 la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, 20 los heteos, los ferezeos, los refaítas, 21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.”

La primera cosa que Dios dijo al hacer pacto con Abraham, fue darle la tierra a su descendencia. Es decir, a esa nación bendita en la cual todas las familias de la tierra serían bendecidas. En Cristo, ese pacto se ratifica.

Luego viene una parte que muchas veces confunde, y es a partir del versículo 17, que dice:

Gálatas 3:17-18

17 “Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. 18 Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.”

He repetido en varias ocasiones que el término “la ley”, podía ser usado por un rabino del primer siglo para referirse a la Torá, o a la ley judía, y que eso podemos si leemos los textos en su contexto, y no arrancados de él. En este caso, el versículo 17 Pablo claramente se refiere a la Torá, porque está siendo muy específico diciendo que es la ley que vino cuatrocientos treinta años después de que el pacto con Abraham fue ratificado. Contrario a los versículos anteriores, donde el contexto nos deja ver que se está refiriendo a la ley judía.

Pablo está dejando claro que la Torá dada a Moisés en el Monte Sinaí no invalida el pacto que Dios hizo con Abraham. Aunque la teología reformada se ha empeñado en decir que si alguien quiere guardar los mandamientos de la ley de Moisés, cae de la gracia y ya no es parte de la bendición de Abraham, Pablo está diciendo aquí precisamente lo contrario. Y esto es clave si queremos entender los pactos desde la perspectiva de un judío del primer siglo.

Para nosotros, occidentales, llenos de las nociones del derecho romano, un pacto nuevo invalida a uno anterior, lo anula y lo deja obsoleto. Por esa razón un teólogo romano se resiste tanto a aceptar que la Torá sigue vigente, porque está entendiendo la Biblia desde una perspectiva romana, y no hebrea. Para un judío del primer siglo, un pacto nuevo complementa al anterior, no lo elimina. Los pactos que Dios hizo a lo largo de toda la Escritura, todos siguen vigentes. Pablo mismo se los dice a los Efesios:

Efesios 2:12-13

12 “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

¿Lo ves? Los pactos. En plural. Pablo como todo buen rabino judío entiende que los pactos del Antiguo Testamento siguen vigentes, por eso dice “los pactos”. La

Torá no es contraria a la promesa hecha a Abraham. Al contrario, ¡confirma la promesa!

¿Entonces porqué Pablo dice en el versículo 18 que la herencia no es por la ley, sino mediante la promesa?

Porque está combatiendo el pensamiento del sistema judío del primer siglo, cuyo criterio era opuesto a lo que dice la Escritura. Para el judaísmo del tiempo bíblico, la obediencia era requisito previo para tener parte en los pactos y en las promesas que le corresponden a Israel. No había obediencia válida a los mandamientos, mas que por medio de lo que el sistema judío establecía. En la Escritura, la obediencia no es un requisito previo para ser parte de Israel, sino un requisito posterior para permanecer en esos pactos y en esas promesas. Por eso Pablo está diciendo que la herencia no es por la ley. Recuerda el concilio de Jerusalén en Hechos 15.

Hechos 15:1-2,5

1 “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión… 5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.”

El judío fariseo del primer siglo piensa: “primero cumple la Torá como nosotros lo decimos, y luego ya veremos si eres salvo”. Y Pablo se está oponiendo a esa forma de pensar en Gálatas 3:18, y está diciendo que las cosas no son así. No se trata de obedecer como requisito inicial para ganarte un lugar en la herencia de Israel; se trata de que obedeces porque ya has sido injertado a Israel, y porque ya te ha sido dado el título de propiedad de esa herencia, por medio de la fe en el Mesías.

Un ejemplo que nos puede ayudar a entenderlo mejor:

Supongamos que tu naciste en Colombia, ¿necesitas hacer algo para ganarte la ciudadanía colombiana? No, es tuya por derecho, por haber nacido allí. Sin embargo, si alguien que no nació en Colombia, en su edad adulta quiere hacerse ciudadano colombiano, necesitaría cumplir con una serie de requisitos y protocolos que la ley colombiana exige para poder admitir a un extranjero como ciudadano. ¡Eso es lo que estaba pasando en el primer siglo! El judaísmo se había impuesto a sí mismo como el sistema que determinaba quien era salvo: Es decir, quien se hacía ciudadano de Israel, el pueblo del pacto. Dicho sea de paso, para los escritores del Nuevo Testamento, que eran judíos, ser salvo no significaba irse al cielo; significaba ser parte de Israel. Pero para el judaísmo eso no sucedía por la fe (obediencia) según Abraham, sino por medio del sistema del primer siglo.

Lo que sucedió en el libro de los Hechos es que los judíos creyentes en el Mesías estaban divididos; había quienes creían que para hacerse ciudadano del pueblo del pacto todavía era necesario someterse al sistema judío de aquel entonces, y había otros que creían que eso ya no era necesario, porque ya el Mesías nos había ganado ese derecho. De ahí es que uno tiene que “nacer de nuevo”. Si originalmente nacimos alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos, entonces se hace necesario que nazcamos de nuevo por la fe en el Mesías, para que por medio de su sangre seamos hechos cercanos, ¿cercanos a que? A los pactos y a la ciudadanía de Israel.

Volviendo a nuestro ejemplo. El hecho de que seas ciudadano colombiano de nacimiento, o naturalizado en la edad adulta, ¿te da derecho de andar quebrantando la constitución de ese país? Por supuesto que no, ¿verdad? Lo mismo sucede cuando somos injertados a Israel. Nacimos de nuevo por la fe en Jesús, y ya no necesitamos del sistema judío para ser parte de la nación santa. Pero el hecho de haber nacido de nuevo y ahora ser ciudadanos de ese pueblo, no nos da derecho a andar quebrantando la ley que Dios le dio a ese pueblo del cual ahora somos parte.

¿Cual sería la manera en que podrías perder la ciudadanía colombiana, o de cualquier nación en general? Cometiendo traición a la patria. ¿Sabes cómo se le llama a eso en la Biblia? Pecado de muerte.

1 Juan 5:16

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida.”

El pecado de muerte es lo que pasaba con ciertos pecados señalados en la Torá, que cuando uno los cometía, era cortado del pueblo. Es el equivalente a cometer traición a la patria.

Ahora, ¿tuvo que hacer algo Abraham para ganarse la bendición y la promesa? No. Simplemente creyó con todo su corazón y obedeció a Dios. ¿Tenemos que cumplir con una serie de requisitos previos para ganar la ciudadanía de Israel y ser parte del pueblo del Pacto? No. Simplemente creer con todo el corazón que Jesús es el Mesías y guardar los mandamientos de Dios.

Como puedes ver, Pablo no está desechando la Torá en ningún sentido. Pablo entiende cómo funcionan los pactos en la perspectiva hebrea, y sabe que nuestra participación en la bendición de Abraham y la obediencia a la Torá, ambas son parte del mismo paquete. Tristemente al cristianismo le ha pasado lo mismo que al judaísmo pero en un sentido opuesto:

Mientras el judaísmo del primer siglo desechó la fe de Abraham, en el Mesías, y la reemplazó por la obediencia a la Torá por medio sus criterios, el cristianismo romano desechó la obediencia a la Torá y se quedó con la fe de Abraham, en el Mesías, según sus propios criterios. Gracias al Padre, se está levantando un pueblo que abraza la fe en Jesús, y guarda los mandamientos de Dios.

4. La herencia La herencia fundamentalmente es la tierra prometida. No que se limite únicamente a tierra física, pero fundamentalmente sí lo es.

Génesis 13:14-17

14 “Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. 15 Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. 16 Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. 17 Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré.”

Génesis 17:6-8

6 “Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. 7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.”

Cuando cité Ezequiel 36 al definir lo que es la promesa del Espíritu, es interesante que ese mismo pasaje dice en el versículo 28 que tal promesa incluye habitar en la tierra de Israel. Por la fe en el Mesías, la bendición de Abraham nos alcanzó, sin la necesidad de la conversión por el sistema judío. Por esa misma fe somos parte de Israel, descendientes de Abraham, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Por esa misma fe recibimos la promesa del Espíritu, que escribe los mandamientos de Dios en nuestros corazones y nos empodera para obedecerlos. Y por esa misma fe tenemos parte la tierra que Dios le dio por herencia perpetua a los hijos de Abraham, en Cristo.

XII. CONFINADOS BAJO LA LEY (EL AYO)

Gálatas 3:19-29

19 “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones,

hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. 20 Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. 21 ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; 27 porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

¿Para qué sirve la ley? Pregunta Pablo en el versículo 19. Fue añadida a causa de las transgresiones. Resulta increíble cómo estas palabras del apóstol Pablo son interpretadas de manera tan negativa dentro de muchos círculos cristianos, cuando en realidad son una declaración positiva. Así como hoy en día un ciudadano de cualquier país necesita leyes para poder vivir ordenadamente en esa tierra, también cuando la tierra prometida le fue dada a Israel, era necesaria una ley, una constitución escrita a través de la cual se le permitió al pueblo saber cómo vivir rectamente delante de Dios. ¿Acaso eso no es algo positivo? La Torá, al quedar escrita proveyó un medio objetivo y tangible para que todos pudieran saber si algo es agradable o desagradable ante los ojos del Creador. Por eso la Torá fue añadida a causa de las transgresiones. Si teniendo la Torá escrita, la transgredimos, ¿qué sería si no la tuviéramos y cada quien intentara vivir conforme a su propia definición de rectitud? La Torá fue dada precisamente para evitar eso.

El problema viene con la siguiente frase del verso 19: “hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”.

Esa frase ha sido entendida en nuestro cristianismo como que Pablo está diciendo que la Torá fue dada hasta que Cristo viniera, y luego que Cristo vino, la Torá pierde su vigencia. Pero si eso es lo que Pablo dice, entonces tenemos un problema, porque en Mateo 5:18 Jesús (la simiente que había de venir, según Pablo) dijo que la Torá seguirá vigente en su totalidad hasta que el cielo y la tierra que conocemos hayan dejado de existir. Es decir, la Torá no pierde su vigencia con la muerte y resurrección de Jesucristo. La Torá siempre ha sido, es, y será una constancia escrita para que Israel y las naciones puedan saber lo que agrada al Señor, y lo que no. Jesús no vino a abolirla, vino a modelar de manera perfecta cómo se guardan los mandamientos, cómo se vive la Torá, y de esa manera sernos ejemplo a nosotros.

Luego en el versículo 21 Pablo vuelve a enfatizar que la Torá de ninguna manera es contraria a las promesas de Dios, y menciona algo que también resulta confuso para muchas personas:

“porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.”

Esta es otra frase muy mal entendida en nuestro cristianismo, pues supone que Pablo está diciendo de manera indirecta que la Torá produce muerte. Claro que no está diciendo eso. Uno necesita entender que para el pensamiento judío en el primer siglo, todo aquel que no guarde los mandamientos del Dios de Israel, está muerto. Y aunque eso es verdad, dentro del pensamiento religioso del primer siglo, la manera de pasar de muerte a vida, es por medio de guardar la Torá bajo los criterios del judaísmo, y no por medio de haber creído en Jesús el Mesías y responder en obediencia. Pablo está combatiendo esa forma de pensamiento, como lo ha venido haciendo a lo largo de la carta. Está diciendo… ¿esperas que te sea impartida la vida por medio de la observancia a la ley según el sistema judío? No se puede”. Es solo por medio de creer en el Mesías y por seguir su ejemplo de obediencia al Padre, que somos vivificados.

La Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy lo dice de esta manera, el paréntesis es mío, para aclarar el punto:

Gálatas 3:21-22

21 “¿Es entonces la ley contraria a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Porque si se hubiera dado una ley capaz de impartir vida, entonces la justicia ciertamente hubiera dependido de la ley. 22 Pero la Escritura lo encerró todo bajo

pecado, para que la promesa (¿Cuál promesa? La promesa hecha a Abraham de hacer

de él una nación bendita sobre la tierra) que es por la fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen.”

Luego viene otra de las partes críticas de este capítulo, el versículo 23.

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.”

Este versículo comienza diciendo: “Pero antes de que viniese la fe…”

Momento… ¿No existía la fe antes de que Cristo viniera? Si la fe no existía, ¿entonces qué hace el escritor de Hebreos en el capítulo 11 presumiendo la fe de los santos que vivieron antes de Cristo?

¿Entonces a cual fe se refiere Pablo con esa frase “antes de que viniese la fe”? A la fe en Jesús.

Pero inmediatamente Pablo usa una frase que complica las cosas: “confinados bajo la ley”. Aquí Pablo está introduciendo por primera vez en toda la carta un término rabínico, de uso legal en el judaísmo. Y lo que queremos averiguar es si Pablo usó esa expresión para referirse a la Torá, o a algo más.

Confinados bajo la ley Para comenzar a explicarlo quiero proponer que este término no es una expresión negativa de la Torá, porque ni siquiera se refiere a la Torá. Pablo no se va a expresar mal de la ley de Moisés con los Gálatas, cuando a Timoteo le escribe esto:

2 Timoteo 3:16-17

16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.”

Entonces vemos que el problema no es la Torá. Pero voy a pasar a explicar lo que significaba estar “confinados bajo la ley” y qué es “el ayo” en el judaísmo del primer siglo.

Gálatas 3: 23-24

23 “Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.” 24 “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”

El término “confinado bajo la ley” , o “estar bajo la ley” es introducido por primera vez en todo el Nuevo Testamento en la carta de Pablo a los Gálatas. Aunque en tu Biblia la frase “estar bajo la ley” aparece primero en Romanos, hay que considerar que cronológicamente Gálatas se escribió primero.

En el contexto judío, tanto del primer siglo como de la actualidad, no bastaba con que alguna persona un día tuviera la noble idea de dejar de vivir conforme a sus propias ideas, y decidiera seguir al Dios de Israel, pretendiendo obedecer los mandamientos de la Torá de buenas a primeras, así como si nada. No. En el judaísmo, la Torá no puede ser observada sino únicamente bajo los criterios que el sistema judío ha sistematizó alrededor de la Torá.

La palabra “confinados” que es usada en Gálatas 3:23, es en la Concordancia Strong’s:

G5432 Frouréo: Ser un vigilante; montar guardia como centinela; cercar; proteger; guardar.

También algunas observaciones sobre la frase “bajo la ley”:

Bajo la ley, en griego Jupó Nómos (Strong’s G5259, y G3551, respectivamente)

Es introducido por primera vez en el Nuevo Testamento en Gálatas 3:23

Hay otros pasajes que se tradujeron como “bajo la ley”, pero Jupó Nómos se menciona siete veces en el Nuevo Testamento.

Es usado únicamente por Pablo, y solo en dos de sus cartas: dos veces en Romanos, y cinco veces en Gálatas.

Estos son los textos:

Romanos 6:14; Romanos 6:15; Gálatas 3:23; Gálatas 4:4; Gálatas 4:5; Gálatas 4:21; Gálatas 5:18.

Para poder comprender el uso de este término en las cartas de Pablo, necesitamos recordar nuevamente la regla de interpretación bíblica mencionada anteriormente:

Las Escrituras interpretan a las Escrituras. Por lo tanto, todo concepto que encontramos en los escritos mesiánicos (Nuevo Testamento), tiene su definición solamente en dos lugares: El Tanáj (Antiguo Testamento), o bien, en el judaísmo del primer siglo.

Debido a que el término “confinados bajo la ley” no puede ser encontrado en el Tanáj, necesariamente corresponde al judaísmo del primer siglo. Es decir, Pablo no se lo inventó de su propia creatividad, ni tampoco es una expresión al azar; él lo tomó de su educación académica judía, y lo usó en sus cartas.

Para ayudar a comprender esto de una mejor manera, recurriremos a dos conceptos conocidos en el judaísmo del primer siglo, y que tienen relación directa con el término que aquí estamos tratando de exponer.

Guer Toshav Este término quiere decir “residente extranjero”. Es un término que se usaba en el judaísmo del primer siglo para un gentil (no judío) que vivía en la tierra de Israel, y que aceptaba observar las “leyes de Noé” , y algunas otras regulaciones y tradiciones prescritas bajo la ley judía.

Nota: Las leyes de Noé son un conjunto de siete mandamientos que el judaísmo elaboró para todos los que no son judíos. Es decir, mientras que un judío está obligado a guardar los 613 mandamientos de la Torá bajo la normatividad de la ley judía, el gentil solo tiene que observar las leyes de Noé. De modo que el sistema judío propone dos opciones para seguir al Dios de Israel: convertirse al judaísmo, o ser un Ben Noaj (hijo de Noé), y en caso de vivir en la tierra de Israel, ese Ben Noaj pasa a ser un Guer Toshav. Esto no tiene fundamento en la Biblia. Es judaísmo.

Cuando un gentil se sometía a este proceso, era considerado por la ley judía como un gentil justo. Así lo expresa el Rabbi Shlomo Yosef Zevin, en la obra

Encyclopedia Talmudit, edición 1979, "Ger Toshav, Sección 1", Cuarta impresión. Jerusalem, Israel: Yad Harav Herzog (Emet).

Es decir, un Ger Toshav era un gentil que ponía la autoridad de la Torá y de los rabinos sobre sí mismo, pero específicamente los aspectos concernientes a los no conversos al judaísmo. En un sentido formal, el Ger Toshav aceptaba las siete leyes de Noé, y se sometía a ellas en presencia de de un Bet din (Corte Judía Rabínica).

En el Talmud de Babilonia, en la sección Sanedrín 56ª, 56b, hay una discusión sobre este asunto, donde los rabinos deliberan acerca de cuales son los preceptos que un Ger Toshav debe aceptar sobre sí mismo, y se mencionan estas dos opciones:

1. Abstenerse de la idolatría

2. Guardar los 613 mandamientos de la Torá, conforme a la numeración rabínica, con la excepción de comer animales kosher que hayan muerto fuera de la regulación ritual establecida por el judaísmo.

La definición legal aceptada por la mayoría fue que los Ger Toshav debían aceptar las siete leyes de Noé ante una corte rabínica de por lo menos tres testigos. Así, el Ger Toshav recibía ciertas protecciones legales y privilegios dentro de la comunidad; las reglas de trato entre judíos y gentiles eran modificadas, y el mandamiento bíblico de ofrecer ayuda a alguien en necesidad entraba en vigor (ya que la ley judía prohibía a un judío ayudar a un gentil).

Esta información ya te da una perspectiva más amplia sobre lo que ocurrió en Hechos 15 en el Concilio de Jerusalén. Puedes darte cuenta que cuando los apóstoles pidieron que los gentiles guardaran cuatro mandamientos, estaban aplicando un criterio totalmente judío sobre la participación inicial de gentiles a los pactos de Dios con Israel. Esto con dos diferencias básicas:

Que para un gentil creyente en el Mesías, ya no había necesidad de hacer esto bajo el sistema judío de aquel tiempo.

Que cada Shabbat asistiría a las sinagogas a aprender el resto de la Torá escrita para obedecerla (Hechos 15:21).

De esta manera podemos entender que la determinación de los apóstoles en Hechos 15 concerniente a los gentiles, no fue un establecimiento de doctrina de “guardar solamente cuatro mandamientos por el resto de tu vida”. Ellos sencillamente se valieron de una medida administrativa perteneciente a la ley judía para lidiar con la situación del momento, y que el mismo capítulo dice que pareció bien al Espíritu Santo.

Al parecer no hay mucha información disponible en la web sobre la Enciclopedia Talmúdica, pero si puedes leer inglés, aquí hay un link de Wikipedia sobre el tema:

https://en.wikipedia.org/wiki/Encyclopedia_Talmudit

Guer Tzeddek Este término significa “residente justo”, y era empleado en el judaísmo del primer siglo (y también en la actualidad) para los prosélitos viviendo en Israel. Es decir, para un hombre o mujer que había nacido gentil, y que había pasado por todo el proceso completo de conversión al judaísmo bajo la supervisión de una corte rabínica autorizada. El Ger Tzeddek pasaba a tener todos los privilegios, obligaciones, y estatus social que cualquier judío de nacimiento tenía. Podía observar los mandamientos concernientes a los sacrificios y los votos en el Templo, cosa que a los no convertidos no les era permitido hacer. De nuevo, el Ger Tzeddek es lo que conocemos como un prosélito.

De acuerdo al ley judía (no la Torá), una conversión al judaísmo debía hacerse ante una Bed din (corte rabínica), y cumplir con los siguientes requisitos:

La circuncisión en los hombres

El bautismo o baño ritual para hombres y mujeres

Ofrecer un sacrificio (corbán) en el Templo

Se requería del nuevo convertido que entendiera y aceptara las obligaciones de la ley judía. Cuando las aceptaba y había cumplido con los requisitos mencionados, la corte le extendía un certificado de conversión (Shtar Giur), que avalaba al nuevo convertido como oficialmente judío. Esta era la única conversión válida ante el judaísmo, y hoy en día también, con algunas variantes.

Mas información en este link:

http://es.wikinoah.org/index.php%3Ftitle%3DGer_Tzedek

¿Qué tiene todo esto que ver con la expresión “confinados bajo la ley”?

Tim Hegg, quien obtuvo una Maestría en Divinidad en 1976, y una Maestría en Teología en 1978, ambas en Northwest Baptist Seminary, y quien postuló su tesis “El Pacto Abrahamico y el Pacto de Concesión en el antiguo Medio Oriente”, y quien también es presidente de Torah Resource Institute

(http://www.torahresource.com/index.html), en su Comentario sobre la Carta a los

Romanos (Romans 1-8,155) menciona lo siguiente:

«En resumen, “bajo la ley” significa principalmente “bajo la condenación de la Torá”, o puede definir a aquellos que confían en la Torá para darles un estatus judío, el cual ellos creen que significa una membresía de pacto. De ese modo, estar “bajo la condenación de la Torá” se contrasta con estar “bajo la gracia”.

Aquellos que están “bajo la Torá” son quienes (siendo judíos o gentiles prosélitos) confían en su estatus judío para ser miembros del pacto, y como tales, permanecen bajo la condenación de la Torá. En contraste, aquellos que están “bajo gracia” han confiado enteramente en el regalo de Dios de la salvación como un asunto de su pura y soberana gracia.»

Cuando una persona, sea gentil o judío, se sometía a los preceptos de la ley judía, ya sea como un ben Noaj o como un judío observante, técnicamente estaba “confinado bajo la ley”. Había puesto a la ley judía como el criterio de autoridad para determinar su justicia ante Dios.

Hay otros dos conceptos más que son importantes para comprender esto:

D’oraita y D’rabbanan Estos son dos términos arameos que se utilizaban cuando los judíos tenían diálogos y discusiones sobre cuestiones de la ley judía.

D’oraita significa “de la Torá”. D’rabbanan significa “de los rabinos”.

Es decir, cuando se hablaba de un mandamiento directamente escrito en la Torá,

la expresión era mitzvá d’oraita (mandamiento de la Torá). Pero cuando se

hablaba de un mandamiento establecido por un rabino, la expresión era mitzvá d’rabbanan.

A continuación voy a citar dos fuentes que van a hablar por sí solas y te van a

permitir entender, desde una perspectiva totalmente judía, el término “confinados bajo la ley”, y juntamente con eso, “el ayo”.

De sitio llamado Judaism 101, en su sección de preguntas frecuentes, hablando sobre la Halajá (ley judía), dice lo siguiente:

«Además de las leyes que vienen directamente de la Torá (d’oraita), la halajá incluye leyes que fueron promulgadas por los rabinos (d’rabbanan). Estas leyes rabínicas también se conocen como mandamientos, aunque no sean parte de los 613 mandamientos de la Torá. Los mitzvot d’rabbanan son considerados como unidos a las leyes de la Torá, pero hay diferencias en la manera que se aplican unos y otros. Los mandamientos d’rabbanan son comúnmente divididos en tres categorías: guezerá, takkaná, y minág.»

Nota: Esta es la razón por la que he venido diciendo que cuando un rabino utilizaba la expresión “la ley” en sus escritos, bien podía referirse a la Torá Escrita, a la Ley Judía, o incluso a las dos en su conjunto. Esas tres opciones eran usadas indistintamente, Pablo lo hace en sus cartas. De ahí la necesidad de conocer contexto judío del primer siglo.

Aquí el sitio de Judaism 101 http://www.jewfaq.org/halakhah.htm

Aquí hay otro artículo sobre el mismo tema, de un medio de comunicación judío, “The Jewish Chronicle”:

http://www.thejc.com/judaism/jewish-words/d%E2%80%99oraita

De las tres categorías en que se dividen los mandamientos de los rabinos (d’rabbanan), quiero enfocarme solamente en el primero “guezerá”. Esto es lo que la Jewish Encyclopedia (Enciclopedia Judía) dice de esta palabra.

Guezerá: Una promulgación rabínica emitida como un guardián, o medida preventiva; también como una prohibición o restricción en general. El término es especialmente aplicado a ordenanzas negativas (takkaná) aplicadas a mandamientos positivos, los cuales, los rabinos instituyeron como un guardián o una cerca de un precepto bíblico.

Fuente:

http://www.jewishencyclopedia.com/articles/6646-gezerah

¿Qué era una guezerá? Una ley rabínica que se establecía alrededor de la Torá como un guardián o una cerca.

Lo repito: Una guezerá era un guardián o una cerca. No era la Torá.

Gálatas 3:24 dice: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”

¿Cuál es la palabra griega que fue usada para ayo en ese versículo?

Strong’s G3807 Paidagogós: Tutor o guardián. Siervo cuyo oficio era llevar a los niños a la escuela.

Cuando Pablo dice que la ley fue “nuestro ayo”, está usando un concepto perteneciente al marco del judaísmo de su tiempo, una expresión idiomática muy ortodoxa referida a la ley judía, no a la Torá. Antes de que viniera el Mesías, la ley judía había funcionado como una cerca, un guardián o vigilante que determinaba el estatus en que una persona se relacionaría con el Dios de Israel. Pero al venir el Mesías, ese guardián ya no era necesario, pues ahora lo teníamos a Él.

Ahora es solamente a través de la persona de Jesucristo que nosotros podemos saber de manera definitiva cómo obedecer los mandamientos del Padre con plenitud y sin las tradiciones y mandamientos de hombres. Jesús es el modelo por excelencia.

Pablo escribe a los Gálatas, una audiencia de gentiles que ya conocían el evangelio porque Pablo fundó sus congregaciones, y ahora estaban siendo tentados, y muchos de ellos atraídos y arrastrados por la enseñanza judaizante de que solamente podemos ser admitidos dentro del pueblo de Israel y obtener el estatus de hijos de Dios a través de lo que manda de la ley judía.

En resumen, “el ayo” era la ley judía, y estar “confinado bajo la ley”, o “bajo la ley", era una expresión idiomática judía, un tecnicismo rabínico que se refería a someterse al sistema judío ortodoxo para adquirir justicia delante de Dios, generando la obligación de guardar todas las leyes judías y sus tradiciones. Pablo dice ¡No! Ya no es por medio de esa ley, “ pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26).

Otra vez, esto es lo que vemos con el Concilio de Jerusalén en Hechos 15, en el cual los apóstoles determinaron por el Espíritu Santo que ahora el instrumento de inclusión de gentiles al pueblo de Dios era la fe en Jesús, y ya no el pesado y riguroso proceso ortodoxo. ¿Te imaginas el shock que eso representaba para un judío del tiempo de los apóstoles, creyente o no creyente? Especialmente para aquellos que se habían convertido en su edad adulta y se habían sometido a la rigurosidad del proceso de conversión. Para muchos la determinación de Hechos 15 fue insultante. Más para los judíos que no creían en Yeshua. Era totalmente revolucionario. ¿Porqué crees que los perseguían para matarlos? La carta de Gálatas está perfectamente alineada con este pensamiento.

El capítulo tres termina con las siguientes palabras:

Gálatas 3:27-29

27 “porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

¿Te fijaste? Todos los que han sido bautizados en Cristo, y están revestidos de él, son linaje de Abraham y herederos según la promesa (aspecto que ya explicamos). Ya no hay judío ni griego, lo cual era una separación que el judaísmo hacía, ya sea que fueras judío de nacimiento, o convertido al judaísmo en la edad adulta, al tener todas las acreditaciones que el sistema te otorgaba, eras considerado judío, y desde el cautiverio en Babilonia hasta antes de Cristo solo un judío podía ser considerado linaje de Abraham y con derecho a las promesas (criterio que prevalece hasta el día de hoy dentro del judaísmo). Pablo está diciendo ¡Ya no! Ahora para ser considerado linaje de Abraham, y heredero según la promesa, lo único que necesitas es estar en Cristo, sin necesidad de la ley judía.

XIII. LA ESCLAVA VS. LA LIBRE

Una vez que hemos entendido que estar “bajo la ley”, significaba buscar un estatus de justicia según la ley judía, y que Pablo se refiere a esa ley judía como un ayo o tutor, Gálatas 4 adquiere un sentido distinto al que tradicionalmente se le da en nuestro cristianismo.

Esta sección y la siguiente tratan con la segunda mitad de la carta (capítulos 4, 5 y 6) de manera expositiva; vamos a ir a través de los versículos, haciendo los comentarios pertinentes apoyándonos en los criterios que se expusieron en las secciones anteriores. Una vez que se conocen estos elementos del judaísmo del primer siglo, la lectura es fluída y bastante comprensible. No es un comentario verso por verso, sino únicamente de aquellos que están relacionados al tema que hemos venido tratando.

Gálatas 4:

1 “Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;

2 sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

3 Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

(¿Nosotros quienes? ¿Quién está escribiendo? Pablo. ¿Y Pablo qué es? Es judío. Entonces, ¿Nosotros quienes? ¡Los judíos!. Dice que estaban en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. ¿Cuáles eran esos rudimentos del mundo? ¡Las tradiciones y las leyes judías! No la ley de Moisés, porque Pablo nunca, en ninguna de sus cartas, llama a la Ley de Moisés un rudimento mundano.)

4 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de

mujer y nacido bajo la ley, (Nuevamente Pablo está usando el tecnicismo rabínico para referirse a la ley judía. ¿Nació Jesús bajo el sistema judío? ¡Por supuesto!)

5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley (a aquellos que ya estaban bajo el sistema judío), a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (es decir, para que

ahora pudieran pasar a ser hijos por la fe en Jesús el Mesías, y no por medio del sistema judío).

6 Y por cuanto sois hijos (“Y por cuanto ustedes también son hijos”, esa una mejor traducción del griego. Es decir, ahora se está refiriendo a los Gálatas), Dios envió a

vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: !!Abba, Padre!

7 Así que ya no eres esclavo (ni de tus antiguas costumbres antes de conocer al Mesías,

ni del sistema judío), sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de

Cristo.” (¿Heredero de qué? ¡De la herencia prometida a Abraham!, que el judaísmo consideraba exclusiva sólo para ellos y para quienes se convertían en judíos).

Es decir, ustedes Gálatas, que no son judíos, sino gentiles que creyeron en el Mesías, ¡Ya son considerados hijos de Dios por haber creído en Jesucristo! No busquen dejar de ser gentiles e injertarse a Israel por medio del sistema judío (poniéndose “bajo la ley”). Ustedes ya han sido injertados a Israel por medio de la fe en el Mesías, para ser hijos de Dios y guardar sus mandamientos según el ejemplo de Jesús, y no bajo las tradiciones y mandamientos que el sistema religioso exige.

8 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por

naturaleza no son dioses; (Asimilados en culturas y creencias paganas de las naciones donde nacieron)

9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis

volver a esclavizar? (Si el Padre los sacó de la esclavitud de su mundana manera de vivir, en las costumbres, creencias y religiones paganas en las que crecieron; y los hizo libres para ser parte de su pueblo Israel por medio de Jesús el Mesías, ¿Cómo es que ahora quieren esclavizarse otra vez, pero bajo los débiles y pobres rudimentos de la ley judía? Es decir, de un sistema ajeno a la Escritura ahora estaban buscando entrar a otro)

10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me temo de vosotros, que

haya trabajado en vano con vosotros. (¿Días, meses, tiempos y años de la Torá, o de la tradición judía? Obviamente está hablando de las múltiples festividades y costumbres del judaísmo que no eran parte de la ley de Dios sino de la ley judía, y que los gentiles estaban comenzando a guardar como mandamiento)

Dentro del judaísmo hay múltiples días festivos que no están mandados en la Torá. Ayunos, días santos, festividades y conmemoraciones, etc., que aún sin haber sido ordenados en la Torá, el sistema judío los había hecho ley y mandamiento. Algunas de esas tradiciones y costumbres habían sido añadidas a las festividades que sí estaban ordenadas en la Torá, de modo que se habían convertido en la forma válida de guardar las fiestas del Señor. Es decir, si no guardabas las fiestas ordenadas por Dios conforme a la ley judía, entonces tu obediencia no contaba.

Es importante aclarar que este comentario de ninguna manera debe entenderse como un desprecio por la tradición judía de nuestra parte. Tenemos la convicción de que todo el combo de tradiciones y costumbres judías, si bien no son mandamiento y nadie está obligado por la Torá a guardarlas, sí son una fuente de recursos que gran aprendizaje, y que muchas de ellas pueden aportar a enriquecer nuestro entendimiento de la Torá.

Aquí algunos links de páginas oficiales judías donde puedes tener más información sobre las festividades:

Jabad

http://www.es.chabad.org/holidays/default_cdo/jewish/holidays.htm

Sefarad Aragón http://www.sefaradaragon.org/fiestasjudias.htm

My Jewish Learning http://www.myjewishlearning.com/article/five-year-jewish-holidays-calendar/

12 Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros. Ningún agravio me habéis hecho.

13 Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio;

14 y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús.

15 ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos.

16 ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?

(Al leer estos versículos, del 12 a 16, no es difícil darnos cuenta que Pablo está recordándoles a las congregaciones de los Gálatas los primeros años cuando él trabajó en ellas, dándoles de su vida, aún estando enfermo. Y ellos lo recibieron con gran gozo, y él se regocijó con ellos. El versículo 16 nos deja ver que ya no lo veían igual)

17 Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos.

¿Quién tenía celo por ellos? Los que se habían introducido en las congregaciones a enseñar otro evangelio. Y este versículo es muy revelador, porque muestra el espíritu que motivaba a los judaizantes; el objetivo de ellos no solamente era enseñar en contra del evangelio, sino desacreditar a Pablo, sacarlo del corazón de los Gálatas, y ganar adeptos para ellos mismos.)

18 Bueno es mostrar celo en lo bueno siempre, y no solamente cuando estoy presente con vosotros.

19 Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea

formado en vosotros, (Es decir, como si de nada hubiera servido todo el trabajo que Pablo hizo con ellos, y tuviera que volver a comenzar)

20 quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.

21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? (Nuevamente

está utilizando la expresión “bajo la ley”, es decir, bajo la ley judía. Luego hace referencia a la historia de Abraham citada en la Torá, en Génesis 16)

22 Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la

libre. (Sabemos que esos dos hijos fueron Ismael e Isaac)

23 Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.

(Sabemos que Ismael nació como producto de la impaciencia de Abraham y Sara. Esta historia es un ejemplo de pretender alcanzar las promesas de Dios por medio de el esfuerzo propio.)

24 Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos