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contratiempo

chicago, illinois

número 31

diciembre 2005

Consumismo globalizado
Consumismo
globalizado

Dos poetas La Habana

de

Olivia Maciel:

Sombra en plata

mesa directiva Frances R. Aparicio, Leon Fink, Gregory X. Gorman, Jochy Herrera, Roberta Piedra, Moira

mesa directiva

Frances R. Aparicio, Leon Fink, Gregory X. Gorman, Jochy Herrera, Roberta Piedra, Moira Pujols, Josefina Ratto

directora ejecutiva

Moira Pujols

director editorial

Raúl Dorantes

consejo editorial

Ricardo Armijo, José Castro Urioste, Raúl Dorantes, Jorge Frisancho, Juan Mora-Torres, Francisco Piña, Julio Rangel, Febronio Zatarain

jefe de redacción

Febronio Zatarain

diseño

Francisco Piña

asistente editorial y administrativo

Carlos Jaime

distribución

José Guzmán

arte

Elizabeth Catlett

cartón de la portada

Canasta básica, Angel Boligan, El Universal, Mexico City, www.caglecartoons.com

fotografía

José Guzmán, Guillermo Munro Colosio, Luis F. Soto

© contratiempo NFP

773.769.2923

1434 W. Thorndale Ave. Chicago, IL 60660

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acepta textos para su publicación Raúl Dorantes car tas @ revistacontratiempo.com Jorge Frisancho des horas

acepta textos para su publicación

Raúl Dorantes car tas@ revistacontratiempo.com

Jorge Frisancho deshoras @ revistacontratiempo.com

José Castro Urioste tiempo extra @ revistacontratiempo.com

www.revistacontratiempo.com

@ revistacontratiempo.com www.revistacontratiempo.com 3 Editorial dos sier 9 Negocios genéticos: El patentamiento

3

Editorial

dossier

9

Negocios genéticos:

El patentamiento de la vida Federico Kukso

3 El centro comercial Beatriz Sarlo 6 Consumismo y globalización Jerry Espinoza Rivera 7 Mi
3
El centro comercial
Beatriz Sarlo
6
Consumismo y globalización
Jerry Espinoza Rivera
7
Mi carnal y la Devon
Daniel Patiño
8
La falacia del consumismo
Eduardo Madrid

10

Consumismo:

Tiempos de libido y velocidad Agustina Castillo

11

Gestiones artísticas:

Una alternativa al consumismo

Alicia Romero y Marcelo Giménez

12

La Chica Material Tanya Victoria

y Marcelo Giménez 12 La Chica Material Tanya Victoria lati N ida D 14 Condición actual

latiNidaD

14

Condición actual de los latinos en Chicago Timothy Ready y Allert Brown-Gort

16

deshoras

21

Caminos;

Monolito;

Emigrado

20

Ante los muros de la ciudad

Amalia Iduate

Sigilosa República; Sin aliento

sumergida (fragmento) Ernesto Santana Zaldívar

17

Ernesto Santana Zaldívar

Feelings; Retrato de familia Amalia Iduate

22

Nínive; Que no se detenga la gran cacería Ernesto Santana Zaldívar

mirada cómplice

Elizabeth Catlett

18 Delia Negro

23 Carencias y presencias en el Pulitzer de teatro José Castro Urioste 24 Notas sobre

23

Carencias y presencias en el Pulitzer de teatro José Castro Urioste

24

Notas sobre Inventario secreto de La Habana Angel Trueba

24

California De Eduardo Mendicutti Marcelo Ayala

25

La distancia entre el vivir y el sentir:

Las antimemorias de Alfredo Bryce Echenique Ismael P. Márquez

tiempo extra

26

De consumos y de idiomas Fernando Olszanski

26

Desnudo de un mundo artificial Iván Torrijos

Olszanski 26 Desnudo de un mundo artificial Iván Torrijos 27 Dónde Sandra Russo 28 La novela

27

Dónde

Sandra Russo

28

La novela sin fin o Fox, el zorro libre en el gallinero libre Leda Schiavo

28

Acteal, ocho años después

Alex Wyman

29

Olivia Maciel:

Sombra en plata Jorge Frisancho

30

Thalia Hall, o cuando el arte se convierte en publicidad Jefferson Gutiérrez Lozano

31

Eddie Guerrero Juan Mora-Torres y Juan Ignacio Mora

el arte se convierte en publicidad Jefferson Gutiérrez Lozano 31 Eddie Guerrero Juan Mora-Torres y Juan

32

Buenos Aires y los mitos Jochy Herrera

tiempo de sobra

32

¿Feliz? Navidad Bernardo Navia Lucero

33

Gabriela Juárez Domínguez y sus fotograbados Humberto Uribe

Editorial

L a presente entrega de contratiempo la dedicamos a la sociedad de consumo. Nos referimos a este mundo global en el que cada vez más personas encuentran

su realización en el momento de comprar. Lo mismo sueña con comprar un i-pod, un teléfono celular con cámara fotográfica o incluso un BMW último modelo el que vive en las montañas de Bolivia que el que vive en los suburbios de Chicago. Esta ansia por consumir —que igual se ha alimentado en Madrás, India, que en San Juan Teotihuacan, México, a través de sofisticados métodos de publicidad— ha provocado hoy por hoy un libre tránsito de mercancías sin precedente. La ropa, las vajillas, los aparatos con sistema digitales, los utensilios de plástico, etc., viajan desde las miles de fábricas establecidas en China a las tiendas Wal-Mart ya propa- gadas en muchas partes del mundo. El consumismo de nuestros días, ha llegado al punto en que, por ejemplo, un joven se torna interesante no por su bagaje cultural y educativo sino a partir de las marcas que resaltan en su vestuario. Lo cultural y educativo hoy por hoy no tiene importancia. Por desgracia, se lee cada vez menos a los clásicos de la literatura uni- versal, y se visita con menos frecuencia los museos. La lectura se ha reducido a los libros de superación personal, es decir, a los libros que ayudan a triunfar en la so- ciedad de consumo. Lo visual se ha limitado al mundo televisivo y a las películas de Hollywood, producciones en las que el arte pasa a un tercer plano. El objetivo de la presente edición fue la de internarse en este fenómeno, siem- pre tratando de no caer en el maniqueísmo. Es claro que el consumismo se ha

vuelto parte ya de nuestra vida diaria. De ahí que las cumbres económicas intergubernamen-

tales que mes tras mes se llevan a cabo, giren en torno al libre tránsito de productos. En dichas cumbres no deja de proponerse el desmorona- miento de todas las fronteras que obstaculizan el comercio. Nuestros gobernantes muchas ve- ces se olvidan que representan a seres humanos

y no a las mercancías. No es casual que las na-

ciones que más luchan porque los productos lleguen sin ningún tipo de obstáculos son las mismas que cierran cada vez más sus fronteras

a los seres humanos de otras naciones. Ya no es tal la disyuntiva del hombre moder- no que llegó a plantear Erich Fromm en su libro Tener o ser. Indudablemente, en el siglo XXI ser es tener. Es obligación de los gobiernos, a través de sus sistemas educativos, que se dé un balan- ce para que las necesidades de ese joven, ade-

más de materiales, sean también espirituales.

El centro comercial

Beatriz Sarlo

E n muchas ciudades no existe un “centro”. Quiero decir:

un lugar geográfico preciso, marcado por monumentos,

cruces de ciertas calles y ciertas avenidas, teatros, cines,

restaurantes, confiterías, peatonales, Carteles luminosos des- tellando en el líquido, también luminoso y metálico, que ba-

ña los edificios. Se podía discutir si el “centro” verdadera- mente terminaba en tal calle o un poco más allá, pero nadie

discutía la existencia misma de un solo centro: imágenes, rui- dos, horarios diferentes. Se iba al “centro” desde los barrios como una actividad especial, de día feriado, como salida noc- turna, como expedición de compras, o, simplemente, para ver

y estar en el centro. Hoy, Los Ángeles (esa inmensa ciudad

sin centro) no es tan incomprensible como lo fue en los años sesenta. Muchas ciudades latinoamericanas, Buenos Aires entre ellas, han entrado en un proceso de “angelinización”. La gente hoy pertenece más a los barrios urbanos (y a los “barrios audiovisuales”) que en los años veinte, cuando la salida al “centro” prometía un horizonte de deseos y peligros, una exploración de un territorio siempre distinto. De los ba- rrios de clase media ahora no se sale al centro. Las distancias se han acortado no sólo porque la ciudad ha dejado de crecer, sino porque la gente ya no se mueve por la ciudad, de una punta a la otra. Los barrios ricos han configurado sus propios centros, más limpios, más ordenados, mejor vigilados, con más luz mayores ofertas materiales y simbólicas. Ir al centro no es lo mismo que ir al shopping-justify, aun- que el significante “centro” se repita en las dos expresiones. En primer lugar, por el paisaje: el shopping-justify, no importa cuál sea su tipología arquitectónica, es un simulacro de ciu- dad de servicios en miniatura, donde todos los extremos de

lo urbano han sido liquidados: la intemperie, que los pasajes

y las arcadas del siglo XIX sólo interrumpían sin anular; los ruidos, que no respondían a una programación unificada; el

claroscuro, que es producto de la colisión de luces diferentes, opuestas, que dispu- tan, se refuerzan o, simplemente, se igno- ran unas a otras; la gran escala producida por los edificios de varios pisos, las dobles y triples elevaciones de los cines y teatros, las superficies vidriadas tres, cuatro, cinco veces más grandes que el más amplio de los negocios; los monumentos conocidos, que por su permanencia, su belleza o su fealdad, eran los signos más poderosos del texto urbano; la proliferación de escritos

de dimensiones gigantescas, arriba de los edificios, recorriendo decenas de metros en sus fachadas, sobre las marquesinas, en grandes letras pegadas sobre los vidrios de decenas de puertas vaivén, en chapas relucientes, escudos, carteles pintados sobre el dintel de portales, pancartas, afiches, letreros espontáneos, anuncios impresos, señalizaciones de tránsito. Estos rasgos, producidos a veces por el azar y otras por el diseño, son (o fueron) la marca de una identidad urbana.

el diseño, son (o fueron) la marca de una identidad urbana. El centro de la ciudad

El centro de la ciudad de Chicago y el otro centro. Foto: Luis F. Soto

“Los pobres también compran”. Foto: José Guzmán Hoy, el shopping opone a este paisaje del

“Los pobres también compran”. Foto: José Guzmán

Hoy, el shopping opone a este paisaje del “centro” su propuesta de cápsula espacial acon- dicionada por la estética del mercado. En un punto, todos los shopping-justifys son iguales:

en Minneapolis, en Miami Beach, en Chevy Chase, en New Port, en Rodeo Drive, en Santa Fe y Coronel Díaz, ciudad de Buenos Aires. Si uno descendiera de Júpiter, sólo el papel mone- da y la lengua de vendedores, compradores y mirones, le permitirían saber dónde está. La constancia de las marcas internacionales y de las mercancías se suman a la uniformidad de un espacio sin cualidades: un vuelo interpla- netario a Cacharel, Stephanel, Fiorucci, Kenzo, Guess y McDonald’s, en una nave fletada bajo la insignia de los colores unidos de las etiquetas del mundo. La cápsula espacial puede ser un paraíso o una pesadilla. El aire se limpia en el reciclaje de los acondicionadores; la temperatura es benig- na; las luces son funcionales y no entran en el conflicto del claroscuro, que siempre puede re- sultar amenazador; otras amenazas son neutrali- zadas por los circuitos cerrados, que hacen fluir la información hacia el panóptico ocupado por el personal de vigilancia. Como en una nave es- pacial, es posible realizar todas las actividades reproductivas de la vida: se come, se bebe, se descansa, se consumen símbolos y mercancías según instrucciones no escritas pero absoluta- mente claras. Como en una nave espacial, se pierde con facilidad el sentido de la orientación:

lo que se ve desde un punto es tan parecido a lo que se ve desde el opuesto que sólo los expertos, muy conocedores de los pequeños detalles, o quienes se mueven con un mapa, son capaces de decir dónde están en cada momento. De to- das formas, eso, saber dónde se está en cada momento, carece de importancia: el shopping no se recorre de una punta a la otra, como si fuera una calle o una galería; el shopping tiene que caminarse con la decisión de aceptar, aun- que no siempre, aunque no del todo, las tram- pas del azar. Los que no aceptan estas trampas alteran la ley espacial del shopping, en cuyo ta- blero los avances, los retrocesos y las repeticio- nes no buscadas son una estrategia de venta. El shopping, si es un buen shopping, respon- de a un ordenamiento total pero, al mismo tiempo, debe dar una idea de libre recorrido:

se trata de la ordenada deriva del mercado.

galerías comerciales que pasan a ser shoppings-galería), lo usa como decoración y no como arquitectura. Casi siempre, inclu- so en el caso de shoppings “conservacionistas” de arquitectura pasada, el shopping se incrusta en un vacío de memoria urba- na, porque representa las nuevas costumbres y no tiene que rendir tributo a las tradiciones: allí donde el mercado se despliega, el viento de lo nuevo hace sentir su fuerza. El shopping es todo futuro: construye nuevos hábitos, se convierte en punto de referencia, acomoda la ciudad a su presencia, acostumbra a la gente a funcionar en él. En el shopping puede descubrirse un “proyecto premonitorio del fu- turo”: shoppings cada vez más extensos que, como un barco factoría, no sea necesario abandonar nunca (así son ya algu- nos hoteles-shopping-spa-centro cultural en Los Ángeles y, por supuesto, en Las Vegas). Aldeas-shoppings, museos-sho- ppings, bibliotecas y escuelas-shoppings, hospitales-shoppings. Se nos informa que la ciudadanía se constituye en el mercado y, en consecuencia, los shoppings pueden ser vistos como los monumentos de un nuevo civismo: ágora, templo y mercado, como en los foros de la vieja Italia romana. En los foros había oradores y escuchas, políticos y plebe sobre la que se manio- braba; en los shoppings también los ciudadanos desempeñan papeles diferentes: algunos compran, otros simplemente miran

y admiran. En los shoppings no podrá descubrir-

se, como en las galerías del siglo XIX, una ar- queología del capitalismo sino su realización más plena. Frente a la ciudad real, construida en el tiempo, el shopping ofrece su modelo de ciudad de servicios miniaturizada, que se independiza soberanamente de las tradiciones y de su en- torno. De una ciudad en miniatura el shopping

tiene un aire irreal, porque ha sido construido demasiado rápido, no ha conocido vacilaciones,

marchas y contramarchas, correcciones, destruc- ciones, influencias de proyectos más amplios. La historia está ausente, y cuando hay algo de his- toria no se plantea el conflicto apasionante en-

tre la resistencia del pasado y el impulso del pre- sente. La historia es usada para roles serviles y se

convierte en una decoración banal: preservacio- nismo fetichista de algunos muros como cásca- ras. Por esto, el shopping sintoniza perfectamen- te con la pasión por el decorado de la arquitec- tura llamada posmoderna. En el shopping de intención preservacionista la historia es para- dojalmente tratada como souvenir y no como soporte material de una identidad y temporali- dad que siempre le plantean al presente su con- flicto. Evacuada la historia como “detalle”, el sho-

pping sufre una amnesia necesaria a la buena marcha de sus negocios, porque si las huellas de

la historia fueran demasiado evidentes y supera-

ran la función decorativa, el shopping viviría un

conflicto de funciones y sentidos: para el sho- pping, la única máquina semiótica es la de su propio proyecto. En cambio, la historia despil- farra sentidos que al shopping no le interesa conservar, porque en su espacio, además, los sentidos valen menos que los significantes. El shopping es un artefacto perfectamente adecuado a la hipótesis del nomadismo contem- poráneo: cualquiera que haya usado alguna vez

un shopping puede usar otro, en una ciudad di- ferente y extraña de la que ni siquiera conozca

la lengua o las costumbres. Las masas tempora-

riamente nómadas que se mueven según los flu- jos del turismo, encuentran en el shopping la dulzura del hogar donde se borran los contra- tiempos de la diferencia y del malentendido.

Después de una travesía por ciudades descono- cidas, el shopping es un oasis donde todo mar- cha exactamente como en casa; del exotismo que deleita al turista hasta agotarlo, se puede encontrar reposo en la familiaridad de espacios que siguen conservando algún atractivo, dado

Quienes usan el shopping para entrar, llegar a un punto, comprar y salir inmediatamente, con-

tradicen las funciones de su espacio, que tiene mucho de cinta de Moebius: se pasa de una su- perficie a otra, de un plano a otro, sin darse cuenta de que se está atravesando un límite.

Es difícil perderse en un shopping precisamente

por esto: no está hecho para encontrar un punto

y, en consecuencia, en su espacio sin jerarquías

también es difícil saber si uno está perdido. El shopping no es un laberinto del que sea preciso buscar una salida; por el contrario, sólo una

comparación superficial acerca el shopping al

laberinto. El shopping es una cápsula donde, si

es posible no encontrar lo que se busca, es com-

pletamente imposible perderse. Sólo los niños muy pequeños pueden perderse en un shopping, porque un accidente puede separarlos de otras personas y esa ausencia no se equilibra con el encuentro de mercancías. Como una nave espacial, el shopping tiene

una relación indiferente con la ciudad que lo rodea: esa ciudad siempre es el espacio exterior, bajo la forma de autopista con villa miseria al lado, gran avenida, barrio suburbano o peatonal.

A nadie, cuando está dentro del shopping, debe

interesarle si la vidriera del negocio donde vio lo que buscaba es paralela o perpendicular a una calle exterior; a lo sumo, lo que no debe olvidar

es en qué naveta está guardada la mercancía

que desea. En el shopping no sólo se anula el sentido de orientación interna sino que desapa- rece por completo la geografía urbana. A dife- rencia de las cápsulas espaciales, los shoppings

cierran sus muros a las perspectivas exteriores. Como en los casinos de Las Vegas (y los sho- ppings aprendieron mucho de Las Vegas), el día y la noche no se diferencian: el tiempo no pasa,

o el tiempo que pasa es también un tiempo sin

cualidades. La ciudad no existe para el shopping, que ha sido construido para remplazar a la ciudad. Por eso, el shopping olvida lo que lo rodea: no sólo

cierra su recinto a las vistas de afuera sino que irrumpe, como caído del cielo, en una manzana

de la ciudad a la que ignora; o es depositado en

medio de un baldío, al lado de una autopista, donde no hay pasado urbano. Cuando el sho- pping ocupa un espacio marcado por la historia (reciclaje de mercados, docks, barracas portua- rias, incluso reciclaje en segunda potencia:

4 contratiempo

que se sabe que están en el “extranjero”, pero que, al mismo tiempo, son idénticos en todas partes. Sin shoppings y sin Clubs Mediterranée el turismo de masas sería impensable: ambos proporcionan la seguridad que sólo se siente en la casa propia, sin perder del todo la emoción producida por el hecho de que se la ha dejado atrás. Cuando el espacio extranjero, a fuerza de incomunicación, amenaza como un desierto, el shopping ofrece el paliativo de su familiaridad. Pero no es ésta la única ni la más importante contribución del shopping al nomadismo. Por el contrario, la máquina perfecta del shopping, con su lógica aproximativa, es, en sí misma, un ta- blero para la deriva desterritorializada. Los pun- tos de referencia son universales: logotipos, si- glas, letras, etiquetas, no requieren que sus in- térpretes estén afincados en ninguna cultura previa o distinta de la del mercado. Así, el sho- pping produce una cultura extraterritorial de la que nadie puede sentirse excluido: incluso los que menos consumen se manejan perfectamente en el shopping e inventan algunos usos no pre- vistos, que la máquina tolera en la medida en que no dilapiden las energías que el shopping administra. He visto, en los barrios ricos de la ciudad, señoras de los suburbios bonorenses, sentadas en los bordes de los maceteros, muy cerca de las mesas repletas de un patio de comi- das, alimentando a sus bebés, mientras otros chicos corrían entre los mostradores con una botella plástica de dos litros de Coca-Cola; he visto cómo sacaban sandwiches caseros de las bolsas de plástico con marcas internacionales, que seguramente fueron sucesivamente recicla- das desde el momento en que salieron de las tiendas, cumpliendo las leyes de un primer uso “legítimo”. Estos visitantes, que la máquina del shopping no contempla pero a quienes tampoco expulsa activamente, son extraterritoriales, y sin embargo la misma extraterritorialidad del sho- pping los admite en una paradoja curiosa de li- bertad plebeya. Fiel a la universalidad del mer- cado, el shopping en principio no excluye. Su extraterritorialidad tiene ventajas para los más pobres: ellos carecen de una ciudad limpia, segura, con buenos servicios, transitable a todas horas; viven en suburbios de donde el Estado se ha retirado y la pobreza impide que el mercado tome su lugar; soportan la crisis de las socieda-

des vecinales, el deterioro de las solidaridades comunitarias y el anecdotario cotidiano de la violencia. El shopping es exactamente una reali- zación hiperbólica y condensada de cualidades opuestas y, además, como espacio extraterrito-

rial no exige visados especiales. En la otra punta del arco social, la extraterritorialidad del sho- pping podría afectar lo que los sectores medios

y altos consideran sus derechos; sin embargo, el

uso según días y franjas horarias impide la coli- sión de estas dos pretensiones diferentes. Los pobres van los fines de semana, cuando los me- nos pobres y los más ricos prefieren estar en otra parte. El mismo espacio cambia con las horas y los días, mostrando esa cualidad transocial que, según algunos, marcaría a fuego el viraje de la posmodernidad. La extraterritorialidad del shopping fascina también a los muy jóvenes, precisamente por la posibilidad de deriva en el mundo de los signifi- cantes mercantiles. Para el fetichismo de las marcas se despliega en el shopping una esceno- grafía riquísima donde, por lo menos en teoría,

no puede faltar nada; por el contrario, se necesi- ta un exceso que sorprenda incluso a los enten- didos más eruditos. La escenografía ofrece su ca- ra Disneyworld: como en Disneyworld, no falta ningún personaje y cada personaje muestra los atributos de su fama. El shopping es una exposi- ción de todos los objetos soñados. Ese espacio sin referencias urbanas está repleto de referencias neoculturales, donde los que no saben pueden aprender un know-how que se adquiere en el estar ahí. El mercado, potenciando la libertad de elección (aunque sólo sea de toma de partido imaginaria), educa en saberes que son, por un lado, funcionales a su dinámica, y, por el otro, adecuados a un de- seo joven de libertad antiinstitucional. Sobre el shopping nadie sabe más que los adolescentes, que pueden ejercitar un sentimentalismo anti- sentimental en el entusiasmo por la exhibición

y la libertad de tránsito que se apoya en un de-

sorden controlado. Las marcas y etiquetas que forman el paisaje del shopping reemplazan al elenco de viejos símbolos públicos o religiosos que han entrado en su ocaso. Además, para chicos afiebrados por el high-tech de las com- putadoras, el shopping ofrece un espacio que parece high-tech aunque, en las versiones de

un espacio que parece high-tech aunque, en las versiones de Encontramos “el sueño americano”. Foto: José

Encontramos “el sueño americano”. Foto: José Guzmán

Encontramos “el sueño americano”. Foto: José Guzmán Tú y yo, el mall y la fábula. Foto:

Tú y yo, el mall y la fábula. Foto: Luis F. Soto

ciudades periféricas, ello sea un efecto estético antes que una cualidad real de funcionamiento. El shopping, por lo demás, combina la plenitud iconográfica de todas las etiquetas con las mar- cas “artesanales” de algunos productos folk-eco- lógico-naturistas, completando así la suma de estilos que definen una estética adolescente.

Kitsch industrial y compact disc. La velocidad con que el shopping se impuso en la cultura urbana no recuerda la de ningún otro cambio de costumbres, ni siquiera en este siglo que está marcado por la transitoriedad de la mercancía y la inestabilidad de los valores. Se dirá que el cambio no es fundamental ni puede compararse con otros. Creo sin embargo que sintetiza rasgos básicos de lo que vendrá o, mejor dicho, de lo que ya está aquí para que- darse: en ciudades que se fracturan y se desinte- gran, este refugio antiatómico es perfectamente adecuado al tono de una época. Donde las insti- tuciones y la esfera pública ya no pueden cons- truir hitos que se piensan eternos, se erige un monumento que está basado precisamente en la velocidad del flujo mercantil. El shopping presenta el espejo de una crisis del espacio pú- blico donde es difícil construir sentidos; y el espejo devuelve una imagen invertida en la que fluye día y noche un ordenado torrente de significantes.

Beatriz Sarlo: Escritora argentina. Dirije la revista Punto de vista. El presente texto pertenece a su libro Escenas de la vida posmoderna; intelectuales, arte y videocultura en Argentina (Seix Barral, 2004, Buenos Aires, Argentina). Se publica con autorización del autor.

Consumismo y globalización

Jerry Espinoza Rivera

S egún datos recientes de la Comisión Económica de América Latina (CEPAL), actualmente más de 222 millones de latinoamericanos viven en la miseria.

Al mismo tiempo, irónicamente, varios latinoamericanos se

encuentran entre los cien hombres más ricos del mundo, de acuerdo con la revista Forbes. No es casual, por tanto, que

el Banco Mundial señale que América Latina sea la región

del mundo con mayor desigualdad en la distribución de

la riqueza.

Sin embargo, la concentración de la riqueza no es un problema exclusivo de la región que se extiende desde el río Bravo hasta la Patagonia. En los Estados Unidos, el país más rico del mundo, el país con mayor consumo per capita de energía y bienes en el planeta, más de 37 millones de per-

sonas viven por debajo del nivel de pobreza, según datos ofi- ciales del propio gobierno norteamericano, algo que quedó reflejado ante el mundo entero después del desastre causado por el huracán Katrina en Nueva Orleáns. En la misma ciu- dad de Chicago existe una abismal brecha entre la opulencia

y el derroche de la Magificent Mile y la cruda miseria de los

homeless. Durante los últimos veinticinco años, tanto los latinoa- mericanos como los estadounidenses hemos sufrido las con- secuencias de la aplicación de un modelo económico deshu- manizante: la globalización neoliberal. La globalización neo- liberal ha significado esencialmente un retorno a las viejas recetas del capitalismo salvaje decimonónico, ese capitalis- mo tan fielmente retratado por Karl Marx como cruel, inhu- mano y explotador. Irónicamente, ese mismo Marx cuyas tesis parecían que habían quedado definitivamente supe- radas tras la creación y el fortalecimiento del Estado de Bienestar en el mundo capitalista después de la Gran Depresión del 29, volvía nuevamente a cobrar vigencia setenta años después. Pero además hay un aspecto de la obra de Marx que tra- dicionalmente ha sido subestimado y dejado de lado. Para Marx, el capitalismo no sólo era condenable por ser un sis- tema que se sostiene en la explotación de la fuerza de traba-

jo, sino también por producir la alienación de los seres humanos. Es decir que para Marx el capitalis- mo no sólo produ- cía miseria mate- rial, sino también miseria espiritual. En el capitalismo el ser humano es convertido progre- sivamente en una mercancía, mien- tras que las mer- cancías van adqui- riendo rasgos pro- pios de los seres humanos, es decir, se “fetichizan”. Es- to significa, en o- tras palabras, que el ser humano em- pieza a ser valorado no por lo que es, sino por lo que po- see. Esto es lo que Erich Fromm deno- mina el salto de la lógica del ser a la lógica del tener. Por esta razón, en las sociedades capitalistas conte- mporáneas, un pa- pel fundamental en

la vida de los seres humanos lo ocupa el consumo compulsivo de bienes mate- riales. Parafraseando a Descartes, pode- mos decir que el lema del homo capita- lista es “Consumes, luego existes”. Sin embargo, el consumista nunca encuentra la satis- facción en el objeto adquirido, sino que cada vez aspira a un objeto diferente y así sucesivamente, por lo que termina atra- pado en un intermi- nable círculo vicioso de perpetua insatis- facción. Además, la lógica consumista inevita- blemente conduce a la depredación y la destrucción acelera- da de los recursos naturales para po- der satisfacer una demanda cada vez más creciente de bie- nes, lo cual la hace insostenible a media- no y largo plazo, pues nos conduce directa-

a media- no y largo plazo, pues nos conduce directa- Entre la opulencia y el derroche

Entre la opulencia y el derroche y la cruda miseria de los homeless. Foto: Luis F. Soto

mente al desastre ecológico, cuyas prime- ras manifestaciones ya están siendo evi- dentes en el medio ambiente global. Existe entonces una estrecha y perversa relación entre la globalización neoliberal y el consumismo. Conforme la globalización neoliberal ha incrementado la desigualdad en la distribución de la riqueza y la aliena- ción de los seres humanos, el consumismo se convierte en un reflejo de esa misma alienación. En otras palabras, la pobreza material de los que tienen muy poco se refleja también en la pobreza espiritual de los que lo tienen todo. Frente a la globalización neoliberal alie- nante y depredadora surge entonces el im- perativo de una globalización alternativa, en la que el bienestar no sea sinónimo de despilfarro y depredación, sino más bien de construcción de sociedades justas y solidarias, sociedades sostenibles a largo plazo, en armonía con la naturaleza. Éste es el descomunal reto al que nos enfrenta- mos todos y cada uno de los habitantes del planeta.

Jerry Espinoza Rivera: profesor en la sección de Filosofía y Pensamiento en la Escuela de Estudios Generales Universidad de Costa Rica.

la Escuela de Estudios Generales Universidad de Costa Rica. Hay un aspecto de la obra de

Hay un aspecto de la obra de Marx que se ha dejado de lado. Foto: Luis F. Soto

6 contratiempo

Mi carnal y la Devon

Daniel Patiño

E n el atardecer de ayer, cuando el cielo aún estaba nu- blado y el viento sacudía las ramas de los árboles, pro- vocando así la primera caída de las hojas, yo pedaleaba

mi bicicleta rumbo a la tienda en la que trabaja el Chuy (mi

carnalito). Este viaje lo repito todos los martes, sin prisa al- guna, regularmente después de las cinco. Él ha trabajado allá por la Devon y Western, en la North Water Fruit Market por ya casi siete años, en ese barrio en el que la población india y pakistaní tiene una gran presencia. Cuando veo al Chuy, me doy cuenta que las energías por vivir se le han

ido disminuyendo, y ha de ser por el estado anímico que le

aqueja, pues últimamente los desajustes económicos como

que lo van consumiendo lentamente.

A finales del 2000, el Chuy decidió traer a su esposa Vic-

toria y al Chuchito, su primer hijo. Recuerdo que le pagó a

un coyote para que los trajeran por tres mil dólares, y afortu- nadamente llegaron bien a Chicago. En ese tiempo él y Vic- toria optaron por vivir junto con parientes y conocidos de Michoacán; en total éramos trece, incluyendo al Chuchito, todos amontonados en un departamento de dos recámaras. Así era requerido, pues de esa manera mi carnal podía aho- rrarse una lana para después mudarse a otro lugar Pasaron diez meses y el objetivo de mudarse llegó final-

mente; alquiló un pequeño departamento de una habita- ción, donde los utilities (gas, electricidad, cable, etc.) esta- ban incluidos. Ya instalado en su nuevo hogar, se compró

un Ford Thunderbird modelo 95, que requería para trans-

portarse durante el invierno y evitar el estar titiritando en la parada del bus. Unos días después de la compra del auto- móvil, Victoria salió embarazada. Y en julio de 2003, dio a

mento donde vivían estaba casi vacío, prosiguieron a pedir fiado en una bodega de la Ashland y North, hasta que se en- deudaron comprando sillones, comedor,

televisor de 26 pulgadas, vajillas, horno de microondas, dos camas (una matrimonial

y una pequeña para el Chuchito) y la cu-

na para Pablito. Al parecer todo iba bien

en esos días. La situación de que todo era alegría se mantenía constante. El Chuy

y Victoria reflejaban la apariencia de

una familia feliz, pues al trabajar él en dos fruterías los aprietos económicos es- taban casi eliminados. Ella también con-

siguió un part-time en un hotel de Evans- ton limpiando habitaciones. Y si por equis razón, ellos no podían cuidar a los niños,

le pagaban a una vecina que se alquilaba

de babysitter. Incluso ya comenzaban a ahorrar. Pero un día alguien le llamó a Victoria por teléfono: era una llamada proveniente de México en la que le decían que su madre había muerto; la noticia golpeó muy fuerte el corazón de

aquel hogar feliz. Para Victoria era increí- ble que su madre hubiera fallecido tan de repente (cuarenta años de edad, paro car- diaco). Y después de largas conversacio- nes con el Chuy, acordaron de que ella regresara a su tierra natal, Los Remedios, municipio de Naucalpan, Estado de Méxi- co, y que se llevara consigo al Chuchito y

a Pablito. En esos días el Chuy no tenía

ahorros suficientes para solventar el regre-

luz

a

Pablito; se veía sano el muchachito con sus siete libras

so repentino de Victoria, y acabó pidiendo

de

peso. Y como los gastos aumentaron el Chuy optó por

prestado. Se requería de algo de capital

buscar empleo en otra frutería, ya que con el salario que ga- naba en la North Water no le alcanzaba para mucho. Y como

para que ella gastara allá en México (no se podía regresar con las manos vacías del

quería un chingo a los dos varoncitos, les compraba cuanta

Gabacho)

chuchería se les antojaba (no quería que sus hijos sufrieran

Dos meses después de la partida de

las

miserias que él sufrió de niño). A Chuchito, por ejemplo,

Victoria, el Chuy se sentía solo otra vez.

le compró muñecos intergalácticos, carritos de control remo-

Bueno, digamos que no tan solo; le acom-

to,

Play Station y películas de Terminator. Y como el departa-

pañaban el horno de microondas, las ca-

como el departa- pañaban el horno de microondas, las ca- “Aquí no es como en la

“Aquí no es como en la calle 26 th .” Foto: Luis F. Soto

mas, la cuna, el Play Station, los sillones, dos vajillas (sin estrenar), el televisor de 26 pulgadas y las películas de Terminator Al paso de otra temporadita, el Chuy se fue a vivir con unos compañeros del traba- jo a un departamento de tres recámaras, y

las cosas que había comprado cuando vivía con su familia acabaron siendo regaladas

o rematadas. En su nuevo alojamiento ha vivido

desde el 2004 con otros quince paisanos. En la sala (como es un poco grande), unas

sabanas colgadas de un mecate simulan ser divisiones de habitación, y los cuartos son compartidos por tres o cuatro personas (el propietario de la casa no dice nada, pues

la renta de $1500 mensuales justifica la

causa). Ahí en ese departamento, cada cual vive como le da la gana. Algunos compran teléfono celular, otros un carro chingón, discos de rap, esclavas de oro,

cervezas y hasta tequila Patrón para con- trolar las nostalgias. Algunos de ellos tra- bajan también por la Devon y la Western. Ayer, el Chuy me contó que todavía le gusta trabajar por esa área, no tanto por observar a los “camellitos” (así les llama

a los indios y paquistaníes con vestimenta

del Medio Oriente) sino porque cree que los peligros de robo y violencia en la Devon son

casi inexistentes. “Aquí no es como en la calle 26 th —me dijo—. Allá los vatos se la

pasan dando vueltas y vueltas en sus tro- cas, que ni tan siquiera han terminado de pagar, con tremendo escandalazo musical y presumiendo sus mejores garritas.” Eso me dijo el Chuy mientras continuaba acomo- dando los productos en la North Water. Por ahora se encarga de la sección de ve- getales (baby eggplant, okra, squash opo, aparte de los ya conocidos, como cebollas, chiles, apios, etc.). En el rostro del Chuy ayer se reflejaba un cansancio indiscutible (uno de sus ojos ya tiene algo de carnosi- dad y su mirada es triste). Entonces me preguntó que cuándo nos íbamos a ir a México. No le contesté. “Yo ya me voy en diciembre —me dijo—, para festejar allá mi cumpleaños. Tú, Daniel, vete por favor juntando un billete para que luego me prestes pa’l coyote.” Tampoco le res-

pondí. Mi silencio era justificable, y es que

el Chuy, después de que Victoria se fue a

México, le siguió mandando casi todo lo que ganaba, que para construir una casita, que para la comida de los chilpayates, si- llones, comedor, televisor de 26 pulgadas, vajillas, horno de microondas, camas (una matrimonial y otra pequeña para el Chu- chito) y la cuna para Pablito, muñecos in- tergalácticos, carritos de control remoto, Play Station y las películas de Terminator.

Daniel Patiño: Estudiante del Truman College.

La falacia del consumismo

8 contratiempo

Eduardo Madrid

P osiblemente el indicador económico más importante de la economía de un país sea el Producto Interno Bruto

de la economía de un país sea el Producto Interno Bruto El mar Aral se redujo

El mar Aral se redujo a menos de la mitad en 40 años de abuso. Foto: Christopher Staecker, primavera de 2003.

El otro problema de la “desechabili- dad” es no tomar en cuenta los costos de oportunidad de los recursos, es decir, que comprometer un recurso en algo lo exclu- ye de ser usado en otra cosa. Me decía un amigo químico que las moléculas de pe- tróleo son fascinantes, ya que permiten plásticos para todo y que le da tristeza que más del 95% de ese material tan especial, al quemarse para producir energía, se con- vierta finalmente en dióxido de carbono. Nuestro planeta tiene apenas 40,000 Km 2 . de superficie. Parece mucho, pero compa- rado con el “infinito” ese tamaño es insig- nificante, y nuestra mentalidad es la de creer que todo es inagotable. Pero los re- cursos que usamos hoy no vamos a poder- los usar en el futuro; por eso se debería gastar en forma responsable y eficiente. Pero es ineficiente producir cientos de millones de hojillas de afeitar desechables cada semana sin ninguna racionalidad, porque la necesidad que ellas cubren pueden ser satisfechas con muchísimos menos recursos, haciendo hojillas más durables. Esta crítica parece abstracta e irrele- vante, pero no lo es. Básicamente la ge- neración de la que somos miembros está depredando el planeta hasta sus cimien- tos. Un ejemplo: en los últimos 150 años —de la Revolución Industrial a esta par- te— se ha consumido alrededor del 50% de los combustibles fósiles que fueron pro- ducidos en los mil quinientos millones de años pasados. Se trata de una relación de uno a… ¡tres millones!, es decir, que lo que le tomó al planeta 3 millones de años para producir se consume en uno. De nuevo, en apenas 200 años se ha des- truido el 35% de la diversidad biológica que requirió de 3 mil millones de años para desarrollarse, y lo peor de todo es

que la depredación es cada vez más in- tensa y demencial. Hemos llegado al punto que habiendo cambiado hasta el clima del planeta, las catástrofes que la humanidad ha generado se están retroa- limentando y son más intensas. Pareciera que el comunismo, al denun- ciar al consumismo, fuera un sistema eco- nómico menos hostil al ambiente, pero en realidad quedó plenamente demostrado todo lo contrario. El mar de Aral es una de las confirmaciones. Este mar era el cuarto cuerpo de agua interior más grande del mundo, pero en 40 años de abuso se redujo a menos de la mitad, dejando al descubierto un desierto de desechos tóxi- cos, incluyendo DDT y remanentes de pruebas de armamento de los soviéticos, cuyos vientos inducen enfermedades espe- luznantes en varios países. O tomemos en cuenta el desastre de Chernobyl, causado por el irresponsable uso masivo de reacto- res con conocidas graves fallas de diseño. Si el capitalismo o las economías de mercado son imperfectas para asignar to- dos los precios y costos de recursos y pro- ductos, en el comunismo los precios y los costos reportados siempre fueron irreales o por lo menos distorsiones severas de la realidad. Lo que es de todos, o que nos afecta a todos, por todos tiene que ser supervisado; el comunismo, hostil a la li- bertad de información, impidió la super- visión pública, y por eso no se protegió nada.

Eduardo Madrid: Venezolano. Estudia en el Saint Augustine College.

(PIB). De acuerdo con los cursos de econo- mía, mientras mayor sea el crecimiento del PIB de un país, mejor para él. Sin embargo, aun cuando este indicador es elaborado por gente de las mejores credenciales, resulta que enmascara los verdaderos problemas del con- sumismo; problemas que no son exclusivos de las economías de mercado o del capitalis- mo. Queda entonces pendiente resolver este “error contable”, que ya representa una ame- naza para la civilización misma. Intentemos explicar lo que sucede con el

PIB en su relación con el consumismo. Es cla- ro que si, por ejemplo, las hojillas de afeitar fueran artículos como un destornillador, que se espera que duren muchísimo, entonces no serían un negocio de consumo tan importante

y no se gastaría tanto en su promoción. Otro

ejemplo: la investigación médica se ha comer- cializado al punto en que pareciera que no se busca la verdadera cura de las enfermedades, sino desarro- llar medicinas que interfieran con los mecanismos de la enfermedad para convertir en fármaco-dependientes a los pacientes. ¿Por qué? Porque la verdadera curación “mata”

a la gallina de los huevos de oro. Vivimos en una época “desechable”, en donde cada vez se hacen las cosas más complicadas, donde más componen- tes pueden fallar, donde cada vez es más caro e impráctico hacer reparaciones en vez de simplemente botar lo dañado y comprar el substituto nuevo. Eso es “bueno” desde el punto de vista del PIB. La falacia radica, sin embargo, en que los problemas del consumismo no se perciben, quizás porque se esconden, o quizás porque ni los productores ni los con- sumidores terminan pagándolos, es decir, son una externali- dad que la pagan el ambiente o las generaciones futuras. Por una parte, está el problema de los desperdicios. Cada actividad humana genera muchísimos desperdicios. ¿Se ima- ginan la cantidad de procesos que tienen que ocurrir para poner la comida en la mesa, desde el agricultor que siembra las frutas hasta el fabricante del refrigerador? La cantidad de basura que se genera es grandísima. Sin embargo, desde el punto de vista del PIB, mientras más procesos haya, mejor, ya que hay más actividad económica. Que se produzca tam- bién más basura, es meramente incidental. ¿Entonces es lo correcto hacer las cosas desechables por el bien de la eco- nomía? Lo que no se está viendo es el precio negativo de los desechos. Con los desechos ocurre lo contrario que con los productos normales: quien los recibe no paga, sino que re- cibe dinero por tenerlos. La gente no paga directamente para disponer de los desechos, sino indirectamente a través de impuestos, que a la hora de la verdad son montos míni-

mos en comparación con lo que realmente hace falta. ¿Es barato deshacerse de la basura? Pues no. Lo barato es desa- parecerla de la vista, por ejemplo, enterrándola en lugares en los que va a generar problemas y nadie se va a enterar en lo inmediato. Hay personas que creen que la respuesta es el reciclaje; pero salvo excepciones, reprocesar la basura para extraer cosas útiles es como reducir la Entropía, es decir, contravenir la segunda ley de la termodinámica; por eso este enfoque es cuando mejor, limitado. Ese es el primer error, no tomar en cuenta los costos negativos de disponer de los desechos en forma tal que se vuelvan verdaderamen- te inertes o inofensivos ecológicamente.

Negocios genéticos:

El patentamiento de la vida

Federico Kukso

N ada escapa al libre juego de la oferta y la demanda; nada. Y si hay algo que se pueda comprar o vender, se vende, así de simple, sin tanto rodeo, por más

insignificante o pequeño que sea. Como un gen, por ejem-

plo. Aquellos casi invisibles ladrillos de la vida cuyas combi- naciones o presencias y ausencias determinan casi a marca

de fuego cómo es uno desde el momento cero de la existen-

cia, todavía (y sólo todavía) no se adquieren en kioscos o su- permercados chinos. Aunque sí ya está todo listo para que el proceso de patentamiento, preludio a la explotación comer- cial, eche a correr con toda la furia. Ya es un hecho: un quinto de los genes humanos —4000, casi el 20 por cientos de los supuestos 24.000 genes que, se- gún se cree, constituyen a un individuo— ya han sido paten- tados en Estados Unidos, principalmente por empresas pri- vadas y universidades. El grito de alarma salió ni más ni me- nos que en la revista Science, en donde se anuncia también algo sabido, pero no por eso menos sorprendente: para el sis- tema de patentes norteamericano el ADN es comparable a cualquier otro producto natural químico y es tratado de la misma manera que un medicamento. La avalancha patentizadora sin embargo no es nueva, por cierto. Las primeras patentes genéticas son de 1978 y

se otorgaron en relación al gen que produce la hormona de

crecimiento humano. Lo que sí es relativamente novedoso

es la velocidad y la aceleración de esta estampida para ase-

gurarse el mercado antes de la existencia de un mercado propiamente dicho. Ni hablar de la voracidad desaforada de ciertas empresas norteamericanas como In- cyte, una farma- céutica de Palo Alto, California, que ya se reservó la patente

de casi 2000 genes para llenarse las arcas con billetes verdes

provenientes de tratamientos médicos futuros; o Human Genome Sciences Inc., una compañía en Rockville, Mary- land, que ya le puso la firma al gen CCR5, al parecer el

punto de entrada clave del VIH en el organismo.

El bazo medio vacío

A primera vista, patentar un gen —o siquiera algo vivo—

parecería una contradicción. Después de todo, no es algo escaso o raramente único, desde ya, sino algo hallable en varios rincones de la naturaleza. Lo que se patenta, en cam- bio, son las aplicaciones futuras que se consigan con ese gen

en particular. Con estos temas, los bioéticos tienen la cancha

abierta para debates infinitos pues una significación que vie-

ne pegada a “patentar” es la de “propiedad”. La pregunta cae

por sí sola: ¿cómo alguien se atreve a llamarse propietario de

algo que está en el cuerpo de una persona?, ¿qué derechos y obligaciones conllevan esas patentes?, ¿uno no es dueño de los genes y células de su propio cuerpo? En cuanto a este úl- timo interrogante, la respuesta de la Corte Suprema de Cali- fornia, es un rotundo no. Así lo dejó en claro en 1976 cuan- do a un tal John Moore le extirparon el bazo tras habérsele diagnosticado un tipo poco común de leucemia y, en vez de destruir el órgano en cuestión, el médico que lo operó tuvo

la idea poco honesta de poner en cultivo, sin el consenti-

miento del paciente, algunas células y tejidos del órgano y encontró que producía una peculiar proteína, con la cual obtuvo una jugosa patente, la número 4.438.032. La patente

de línea celular —bautizada “Mo” y que supuestamente pro-

duciría compuestos para el tratamiento del cáncer— luego fue comprada por la empresa farmacéutica suiza Sandoz por

15 millones de dólares, de los cuales Moore no vio ni un centavo. En un reclamo de soberanía sobre su propio cuerpo, Moore llevó el caso a la Corte Suprema de California que, en con- tra del sentido común y de la razón, dicta- minó que el demandante (Moore) no tenía ningún derecho sobre sus propias células desde el momento en que éstas abandonaron su cuerpo.

Clóneme, soy famoso Las consecuencias de este caso sonaron tanto que ahora, en plena época de psico- sis clonativa, una corporación privada norteamericana, el Instituto de Derecho de Copia del ADN en San Francisco, em- presa en la que creen que pronto la clo- nación será tan accesible como la fertili- zación in vitro, lanzó una campaña entre personajes famosos —actores, músicos y otras figuritas del star system— para con- vencerlos de patentar su información ge- nética con un fin bondadoso: evitar ser clonados por mentes inescrupulosas. Propuestas desopilantemente creativas como ésta abundan: para no ir muy lejos, la semana pasada la agencia de patentes de la Unión Europea rechazó la solicitud de la empresa francesa Eden Sarl de pa- tentar el olor de las frutillas. La empresa alega que pretendía adueñarse de esa cua- lidad para usar el olor en sus jabones, cre- mas faciales, artículos de papelería, pro- ductos de cuero e indumentaria, y supues- tamente para que nadie más intente co- piarla y robarle el negocio. El peligro que asoma no incide sólo en la propiedad del cuerpo propio o de ele- mentos presentes en la naturaleza. Con estas privatizaciones de lo biológico, tam-

bién está en jaque la categoría bajo la cual caen los seres vivos. Microorganismos, es- pecies de cultivos alimentarios básicos, or- ganismos genéticamente modificados y a- nimales clonados ya cruzaron el portal y ahora son considerados objetos, productos:

el “oncorratón” —un ratón prefabricado, manipulado genéticamente en 1987 por la Universidad de Harvard ideal para los ex- perimentos con terapias para el cáncer— es propiedad de la multinacional DuPont (patente europea 169.672); “Tracey” —una oveja transgénica a la que se le me- tieron genes humanos en las glándulas ma- marias para que produzca un agente coagu- lante de la sangre— y sus descendientes pertenecen a la Pharmaceutical Proteins Ltd. y a Bayer (patente 5.476.995). Hasta la difunta ovejita Dolly —y la tecnología de clonación empleada en su “fabricación” por el Instituto Roslin— tenía no uno sino dos numeritos ideales para jugar a la lote- ría: WO 9707668 y WO 9707669. En el caso humano, cuando algo —los genes— pasan a pertenecer a alguien —un otro, una persona ajena al portador de esa información genética— implica la cuestio- nable entrada en un proceso de deshuma- nización, o sea, la transformación de un ser, de un sujeto, en cosa. Ni más ni menos que la misma lógica subrepticia que domi- nó en la historia humana y que justificó durante siglos y siglos la opresión y, sobre todo, la esclavitud.

Federico Kukso: Periodista científico argentino. Texto publicado en el Suplemento Futuro del periódico Página 12, Buenos Aires, Argentina (5 de Noviembre de 2005), autorizada la pre- sente publicación por el autor.

2005), autorizada la pre- sente publicación por el autor. Preparando una muestra de ADN para introducirlo

Preparando una muestra de ADN para introducirlo en el gel y posteriormente analizarlo. Foto: Luis F. Soto

Consumismo: Tiempos de libido y velocidad

Agustina Castillo

A nueve de la mañana de un jueves yo marchaba a

las

mi

trabajo. En plena caminata apresurada (estaba

llegando tarde) me sorprendió el afiche publicitario

de un conocido centro comercial. Decía: “Todo mal día tie- ne su shopping de consuelo”. Mi reacción fue asentir con una delgada sonrisa. Luego me subí a un taxi (había que resignarse, caminando no iba a llegar a tiempo) y, con la frente apoyada sobre la ventanilla, comencé a recordar in- genuamente los últimos “regalos-consuelo” que me había hecho: una remerita por un mal día de trabajo, un par de cd´s para olvidarme de alguna pelea, un recorrido por zapa- terías para liberar un poco la mente… todos buenos momen- tos. Sin querer, casi de un modo natural, extendí un poco más aquella premisa publicitaria: empezaron a llegar a mi mente diferentes momentos en que me fui “de shopping”, esta vez, para premiarme por algo o simplemente porque estaba contenta, como aquel jean que me compré cuando me aumentaron el sueldo. Después aparecieron todas esas veces que fui de compras sólo porque estaba aburrida, o por- que estaba sola o porque me había quedado alguna horita libre. Y cuando ya estaba pensando en que era hora de que me dé el gusto y me compre aquellas zapatillas para ir a co- rrer, una voz interior me gritó: ¡Estás loca! ¿Qué te pasó? De un salto me incorporé aterrada en el asiento. Pasaron ya varias semanas de aquel día y la verdad es que aún no sé cuándo fue que me dejé ganar por el sistema. Quizás habrá sido cuando jugué por primera vez con una Barbie, quizás cuando probé mi primer Bic Mac, pero que estoy “adentro”, desde hace mucho, y nunca me di cuenta, es un hecho. Aquel simple suceso hizo que de pronto co- menzara a ver que mi vida era una sofocante carrera cuya pista era el consumo, un maratón multitudinario con partici- pantes que provenían de todas partes del mundo. La realidad es que no hace falta pensar mucho para darse cuenta que las salidas con los amigos, los teléfonos, los mails, las nuevas marcas y modelos, todo nos tiene al trote, como un eficaz acelerador de partículas. Repito: no hace falta pensar mucho para darnos cuenta de todo esto, el problema es que no lo pensamos. La publicidad nos energiza como si estuviésemos enchufados a la corriente eléctrica, siempre marchando, y no nos deja ni un segundo para pensar en dónde, para qué o para quién estamos corriendo. Podemos arriesgarnos con una

para quién estamos corriendo. Podemos arriesgarnos con una Nueva ropa. Foto: Guillermo Munro Colosio 10 contra

Nueva ropa. Foto: Guillermo Munro Colosio

10 contratiempo

premisa: el tiempo, lo más abundante que existe en el mundo, hoy no nos alcanza. Así como el poderoso Cronos engullía uno

hacia sí y así hacia funcionar al mundo. De este modo es como trotamos ansiosos y angustiados, como adolescentes, con mie-

a

uno a sus hijos por miedo a que alguno

do a que si dejamos de comprar, dejamos

tiene que dejar de ser una edad, tiene que

lo destronase en el futuro, nosotros engu-

de ser. La adolescencia es la contraseña

llimos uno a uno todo lo que se nos ofrece en una góndola. ¿Por qué? Porque desde hace mucho tiempo estamos siendo entre- nados para nunca saciarnos, porque desde que los medios de comunicación se trans- formaron en un negocio, cada publicidad,

para poder entrar en el juego. Y para que haya muchos participantes, la adolescencia

ser un signo, una categoría bajo la cual viejos, jóvenes, mujeres, varones, malos, buenos, todos podamos estar. Porque sólo

cada película, cada canción, imprime en

si

jugamos todos, el sistema puede subsistir

nuestro alma algo así como un síndrome

y

perpetuarse. Es la redefinición del cuerpo

de escasez que hace que nunca nada nos alcance y que siempre estemos necesitan- do más y más. Max Weber ya lo predijo en los albores del capitalismo mundialista

como una sofisticada maquinaria dadora y productora de placer. Y la verdad es que todos entramos en el juego, todos aneste- siamos gustosamente nuestra capacidad de

y

el consumo masivo: “hoy podemos sen-

reflexión, simplemente porque comprar es

tirnos ‘cansados de vivir’, pero nunca ‘sa-

más fácil que pensar. Pero quizás haya lle-

ciados’”. Así es como “ser civilizado” es en estos días entender íntimamente que

gado la hora de despabilarnos. De dejar de correr y empezar a caminar, como camina-

el mundo (o, más bien, el mercado) cons-

tantemente se está enriqueciendo con

nuevas tecnologías, productos y servicios

y que, durante nuestra estadía en él, sólo

podremos absorber una mínima fracción de todo lo que hay o habrá. Es por esto que el hombre civilizado sabe que tiene que apurarse y acumular, hasta donde le den las fuerzas. Tenemos que ir rápido, tenemos que deambular por el supermer- cado de la vida y empezar a amontonar productos, experiencias, amigos, amantes, conocimiento, todo, porque todo es lo mismo, todas son mercancías, todo entra en el changuito: un celular, una carrera universitaria, un cuerpo desnudo, un modo de ser. Pero seamos específicos, el consumo es algo que existió en toda so-

ciedad, el problema es que en nuestra era, consumir implica consumir en un mundo cuyo ritmo es el de la alta velocidad. Hoy somos veloces y feroces consumidores que no deben aferrarse a nada, porque el pro- greso implica el cambio e incluso la des- trucción constante. Tenemos que supe- rarnos para no ser superados. ¿Y cuándo somos superados? cuando alguien es más envidiable que yo. Esta es la nueva ley de la naturaleza y su único legislador es

la publicidad, quien como un gran alqui-

mista medieval nos promete que podemos convertirnos en oro, sin conjuros, sin bre- bajes mágicos, sólo con dinero, compran- do aquel auto o suscribiéndote a una re- vista. La fascinación radica en la posibili- dad de ser envidiados y, así, no ser supe- rados, no ser eliminados del sistema. La publicidad debe conseguir que el

espectador se sienta marginalmente in-

satisfecho con su modo de vida presente

y, a la vez, que sienta que cambiar su re-

alidad es tarea sencilla (porque todo se puede comprar, incluso la felicidad). Es en este ecosistema signado por la publicidad donde permitimos que nos hagan andar a latigazos. Imágenes y más imágenes nos seducen sin descanso, nos embrujan como la peor serpiente, como aquel dios aristotélico que todo lo atraía

ban los viejos filósofos, deteniendo en el pensamiento todo lo próximo y cotidiano. Quizás haya llegado la hora de recordar

que “la ‘libertad no significa’ libertad de comprar lo que queramos y en cuantas cuotas queramos”. Quizás haya llegado la hora de ver que, desde sus comienzos, la publicidad —magnánima celebración a la propiedad privada— con sus carteles luminoso y sus pegadizos jingles, nos ha convencido de que a través de ella tene- mos libertad de elección, porque ella mis- ma significa la posibilidad del cambio so- cial y de la transformación personal. Qui- zás haya llegado la hora de registrar cómo adherimos pasivamente al gran discurso publicitario que convierte al consumo en un sustituto de la democracia justamente democratizando el placer, el deseo, com- pensando así todos los rasgos antidemocrá- ticos de la sociedad. Quizá haya llegado la hora de mirar fijamente el interior de nuestras carteras, de nuestras alacenas, de nuestras casas y darnos cuenta que todos adherimos silenciosamente a la fór- mula “Más deseamos, más consumimos, más sentimos, más somos” y a una lógica de autoservicio libidinal donde desde una casa hasta esperma congelado pueden ser

conseguidos con simple clic del mouse. Estas operantes fórmulas del sistema capitalista, mundializado y sin corazón nos afirman sin velos como, del mismo modo que una vez los españoles, por ejemplo, establecieron su poderío sobre gran parte del territorio americano exigiendo que sus colonizados hablaran una misma lengua, el castellano, y compartieran una misma religión, la católica, todos nosotros hemos sido voluntariamente colonizados a través

de la instauración de un mismo culto: el consumismo.

Agustina Castillo: Profesora de filosofía y pe- riodista argentina.

Gestiones artísticas:

Una alternativa al consumismo

Alicia Romero y Marcelo Giménez

C asi todo aspecto de la vida contemporánea sufre el avance desmesurado de la mercantilización global. Un consumismo a ultranza que alienta la devoración

indiscriminada de bienes se postula como fundamento y

finalidad de las delicias de un individualismo insensato. En apariencia despreocupado, procura agredir, pervertir

o neutralizar las instituciones culturales, las acciones colectivas, las identidades locales y regionales.

La esfera del arte no es una excepción. Incluso podría

decirse que, en la actualidad, es uno de sus blancos favori- tos. Concebidas como puros valores de cambio, las produc- ciones artísticas resultan mercancías privilegiadas a la hora de determinar la prestancia de sus poseedores. Esta situación implica diversas y complejas facetas que se despliegan particularmente desde 1970, hallando en el dece-

nio siguiente un síntoma notable: las cotizaciones que alcan- zaron las obras de arte. El consumo ha sido problematizado por los artistas mucho antes de este fenómeno. Vale la pena recordar, entre otras, las estrategias de Marcel Duchamp, Andy Warhol, Yves Klein y Piero Manzoni. En general, y a medida que el consumo se fue transformando en consumis- mo, los artistas multiplicaron sus acciones en pos de con- frontar el desvanecimiento de valores simbólicos en sus sociedades; son significativas las emprendidas por Joseph Beuys, Robert Filliou y Guy Debord.

A la fantasía democrática de la multiplicación de los ob-

jetos estéticos ha sucedido un funesto arrebato patrimonial

a manos de una minoría. Tal expropiación es un acto peli-

groso: uno de los indicios de extinción de las culturas es

la ausencia de circulación de sus artes.

Y porque el arte es, como decía André Malraux, lo único

que resiste la muerte, ante los poderes del consumismo han surgido nuevas formas de creación. Entre todas, elegiremos las denominadas gestiones artísticas. Ellas surgen cuando los miembros de la colectividad estética detectan algún malestar del medio social y proponen su saber como solidario y trans- formador. Se ponen a disposición del ‘deseo del Otro’ reco- nociéndolo constitutivo del propio. Este ‘nosotros’ que valo- ra la capacidad creadora de las comunidades y sus criterios de eficacia y equidad, tanto social como de género, cues- tiona concepciones tradicionales del arte. En Latinoamérica, el fenómeno de las gestiones artísticas es particularmente rico en su capacidad de dar respuestas a las crisis socio-culturales que agobian la región. Describire- mos sólo algunos de los innumerables casos que pueden rele- varse en Argentina. Memoria y presente son claves de la dinámica del Museo del Puerto de Ingeniero White (Bahía Blanca). Bajo la res- ponsabilidad de artistas, este emprendimiento comunitario trabaja desde 1987 con el patrimonio natural y cultural del pueblo. La narración es su instrumento básico: entrevistas a ferroviarios, pescadores, cocineras, maestras, peluqueros y otros trabajadores conforman un archivo fónico. Estos rela- tos de vida se complementan con los que aparecen en El

Puerto, su publicación periódica, orientada a favorecer una lectura sensible de la historia. La Cocina es taller y lugar de encuentro donde se comparten platos preparados según re- cetas de abuelas inmigrantes, se alienta a la diversión, se privilegian oficios no valorados. También es el nombre de su editorial, pues en ella “se cocinan libros y folletos sobre

la historia de Ingeniero White”. En el museo se organizan

los festejos del aniversario de esta institución, de la locali- dad, del Día del Inmigrante y la procesión de San Silverio, patrono de los pescadores. De la ciudad de La Plata (Buenos Aires) es Ala Plás- tica, otro grupo liderado por artistas. Desde 1991 promue- ve alternativas de desarrollo para regiones críticas. Su co- laboración a largo plazo con entidades nacionales e inter- nacionales en propuestas am- bientales lo ha hecho partici- par en Proyectos de Regene- ración para las zonas costeras, urbanas y rurales junto a pai- sajistas, autoridades locales, expertos en control de conta-

minación y en restauración ecológica. Ala Plástica advierte de daños provocados por empresas multinacionales

y genera redes de diálogo para la transfor- mación socio-ambiental. Se ocupa, en es-

pecial, de la desembocadura del Río de la Plata y su delta, reservorio de agua para más de quince millones de personas. Con

el aporte de entidades, escuelas y particu-

lares de la ciudad concretó un plan ten- diente a mejorar los habitats de los animales del Zoológico local a través de bio-arquitec- turas, quehacer que evaluó como “un palia- tivo ante una situación extrema, pues de ninguna manera ésta puede ser la solución final”. En 1998 fue delegada por Argentina en la I Conferencia de las Américas de la Carta de la Tierra (Cuiabá, Mato Grosso). Desde 1997 —con proyectos iniciales como Docentes Ayunando—, el Grupo Arte Callejero (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) se ha interesado en la toma de es- pacios públicos, publicitarios o señaléticos como lugares de expresión, “utilizando elementos gráficos como herramienta de acción y reflexión política”. Su obra Car- teles de la Memoria se vincula a las accio- nes efectuadas en 1998 con el grupo H.I.J.O.S —de desaparecidos durante la dictadura militar argentina de 1976- 1983—, donde GAC señalizó los ex cen- tros de detención clandestina y los domi- cilios de genocidas y torturadores. En co- laboración con los principales grupos de derechos humanos realizó una procesión por los sitios recordatorios de las víctimas de la manifestación del 20 de diciembre de 2001 para colocar, al mes de los asesinatos, placas con los nombres de los caídos. El proyecto Reparadores Itinerantes (2002–2003) de la artista Soledad Videla, se realiza en el Taller de Plástica del Área de Rehabilitación del Hospital Neuropsi- quiátrico de Córdoba, con el objetivo de la reinserción social de los participantes de la experiencia. Todos ellos tienen una

los participantes de la experiencia. Todos ellos tienen una condición activa y se rehabilitan en el

condición activa y se rehabilitan en el ha-

cer. Los objetos resultantes de esta tarea se

denominan itinerantes por ser creados desde —y volver hacia— la comunidad. El acto artístico disuelve una concepción cristaliza- da en la oposición sano/ enfermo. La con-

tinuidad del proyecto y su crecimiento dan un nuevo sentido a la otredad: no existe alguien que sea el Uno frente a los Otros:

Todos somos el Otro. Estas modalidades interdisciplinarias y colectivas no son excluyentes de todas las otras formas conocidas del arte, que siguen siendo frecuentadas incluso por los artistas gestores. Sin embargo, las gestiones consti- tuyen un acontecimiento fundamental en la escena contemporánea y prácticas insos- layables a la hora de reflexionar acerca de América Latina. A la variedad de las que hemos presentado es preciso incorporar, a modo de inventario, las que emprenden grupos de teatristas, de arquitectos, de di- señadores industriales, gráficos, de imagen

y sonido y otros protagonistas del campo

estético que trabajan integrados a la socie-

dad, muy lejos de la ética del consumo. A las redes comunitarias que entretejen estas actividades se suman las profesionales que confrontan el mercado específico del arte. Todas estas prácticas enfrentan los po-

deres globales que fuerzan, con sus lógicas,

la modelación y modelización de los com-

portamientos humanos, entre ellos el con- sumismo. La creciente resistencia del cuer-

po social, organizado en nuevas figuras de lo colectivo, adopta hoy una configuración multidimensional capaz de desvirtuar nues- tra propia antropofagia.

Alicia Romero, Marcelo Giménez: Especialistas en Artes egresados de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

12 contratiempo

La Chica Material

Tanya Victoria

C uando estuve en La Habana, Cuba, me pregunté una y otra vez cómo era que la gente vivía tan gua- pachosamente sin tener prácticamente nada, esto en

comparación con los países consumistas. Estuve ahí 20 días

participando en el festival Teatro del Unicornio. En mi gru- po íbamos cinco artistas, pero me llevé a mi hermano para que nos echara la mano como tramoyista. Comíamos en la Facultad de Medicina; nos teníamos que levantar a las seis para alcanzar desayuno: café y pan dulce. Luego había que llegar puntuales a la hora de la comida; nos servían caldo de verduras con sabor a pescado, y uno que otro sí llegaba

a sacar trozos de pescado. Recuerdo que uno de los compa-

ñeros había llevado un frasco de salsa Valentina. Ese frasco fue el tesoro más preciado del viaje. Para la cena otra vez servían café y pan dulce, pero casi nunca llegábamos a la cena . Preferíamos ir a esos lugares que en La Habana lla- man “paladares”, casas con restaurantes clandestinos, o

a las pizzerías (nada parecido a la pizza, pero le dicen así). Llevábamos papel de baño del aeropuerto de la ciudad de México. Pero mi hermano de plano iba al baño a los hote- les. Una vez yo traté de ir pero no me dejaron entrar, pues los de seguridad creyeron que era cubana. Entonces pensé en los cubanos, tan amables, tan alegres, tan entregados, y tan irremediablemente jodidos. Una noche fuimos a la can- tina La bodeguita de enmedio; allí había puro extranjero

y uno que otro cubano colado. Cuando nuestros amigos

cubanos vieron los precios, se sorprendieron muchísimo, to- do era muy caro para ellos. Otra cosa de la que me acuerdo bien fue cuando un compañero me vio poniéndome mousse en el pelo y me preguntó qué era. Le contesté que era para

el pelo rizado, “porque con el calor se me engrifa y no me

gusta”. El cogió la botella y me dijo: “Ja, capitalistas, no pueden vivir sin esto”. Saqué otro mousse de la maleta y se lo di: “tú también tienes el pelo rizado”. Se puso feliz

me lo agradeció mucho. En resumen, a pesar de que la pasé “bomba”, no me gus- taría vivir allá, o en ningún país en el que no pueda tener lo que aquí tengo. No me refiero nada más a los Estados Unidos (aunque las cosas aquí en Chicago son más fáciles de conseguir). Me parece que el consumismo es un vicio y una herencia también. Por ejemplo, me llama la atención que en la escuela primaria donde trabajo, en una muy bue- na zona llamada River Forest, el lugar de “Lost & Found” parece realmente una tienda: hay zapatos, chama- rras, abrigos, patines, videojuegos, libros, tenis, re- lojes, etc. Una vez el señor encargado del mante- nimiento me dijo: “en una semana esto lo empaca- mos y se va”. Me pareció extraño que los niños lle- garan a su casa sin algo y que nunca lo buscaran, o que sus padres les compraran otra vez el objeto per- dido para volverlo seguramente a perder. Es la for- ma en que han sido educados: compradores com- pulsivos. Pero cuando uno hace eso desde siempre, es difícil cambiar Yo voy mucho de compras. Eso no me hace una mejor persona, ni más amable, ni más culta, pero sí me da satisfacciones personales. No hay como el es- trenar pantalones o un par zapatos, como el comprar maquillajes o un abrigo que esté de moda, como el oler un coche nuevo o un perfume, o bien como el

y

ir a un buen estilista. A los niños hay que darles lo

que necesiten. En este momento no basta con que tengan computadora; también necesitan Internet, televisión de plasma, teléfono celular con cámara fotográfica. Todo eso es normal. Y es que todos somos consumistas en mayor o en menor grado

Y es que todos somos consumistas en mayor o en menor grado Chica Material. Foto: Guillermo

Chica Material. Foto: Guillermo Munro Colosio

entretenerse o de estar contentos, no sólo

yendo al centro comercial. Hacer lo posi- ble por no satanizar las tiendas, pues son

fuentes de trabajo finalmente. Que los cumpleaños no se basen solamente en los regalos, pero nunca hay que dejar a los cumpleañeros sin regalo. No quedarse con las ganas. Pero por qué no vas a con- sumir, a tener una casa no sólo limpia sino

con cosas buenas. Hay personas que con- sumen a lo bestia en cervezas, comida cha- tarra, vino, mota, cigarros, pornografía En cambio hay otros que hacen trabajos altruistas; eso es muy interesante y muy bello. Entonces cómo decidir que es lo

que se necesita para vivir. Mucha gente

define a quien no consume dentro de

un país consumista como codo o tacaño.

No sé. Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

Tanya Victoria: Mexicana. Enseña español en

una escuela primaria de Chicago.

En las noticias vi cómo las grandes empresas (Wal-Mart,

Gap, Old Navy y Banana Republic, entre otras) expri- men a sus trabajadores en Vietnam, China, Filipinas y

no sé dónde más. Pero basta

con checar todos los “MADE

IN…” de las etiquetas

no hay producto que no ven- ga de allá. A una señora que iba a comprar cuatro bicicle- tas le explicaron en qué con-

sistía el modo de trabajo de Wal-Mart: lo poquísimo que le pagaban a los empleados,

las condiciones de trabajo, de

seguro médico y demás. Ella contestó que lo sentía mucho,

pues cada una de esas bicicle-

tas ahí le costaba 100 dólares

menos que en cualquier otro

lugar. Dijo además que ella también se partía el lomo trabajando.

“Y si tuviera dinero no vendría a com-

prarlas aquí”. Y tiene razón: o va a gas-

tar 400 dólares para ayudar a quién-sabe-

quién, que en nada va a cambiar y a ella le va a servir mucho. Conozco a mucha gente que está en contra del consumismo, pero todo va de acuerdo a su conveniencia. Por ejemplo,

mi cuñado me dice: “ya no compres tu

café en Caribou, y mucho menos en Star-

bucks, vete a otra cafetería independien- ”

Coyoacán. Además no voy a salirme del

Qué exagerado, esto no es

te

Casi

familiar

trabajo 30 minutos antes para ir a buscar

las

dichosas cafeterías independientes,

ya

que no hay ninguna por donde vivo.

Lo

curioso es que mi cuñado sí consume

en

otras cien cosas en las que yo no gas-

taría ni un penny. El tiene 5 abrigos dife- rentes porque cada día de la semana es diferente

Me parece que lo mejor es enseñar a

las nuevas generaciones a valorar lo que

tienen. Decirles que hay mil formas de

a las nuevas generaciones a valorar lo que tienen. Decirles que hay mil formas de Princesa.

Princesa. Foto: Guillermo Munro Colosio

Condición actual de los latinos en Chicago Timothy Ready y Allert Brown-Gort Gracias a su

Condición actual de los latinos en Chicago

Timothy Ready y Allert Brown-Gort

Gracias a su incansable laborar, dedicación a la familia y fuerte sentido de comunidad, los latinos han pasado a ser parte de ese tradicional grupo de inmigrantes que han hecho de Chicago una de las grandes urbes del mundo. Las contribuciones, por cierto considerables, efectuadas por los latinos en el ámbito económico, cívico y cultural de la región seguirán indudable- mente en aumento a medida que su población continúe cre- ciendo. No obstante, una interrogante fundamental es si el progreso económico de los latinos de Chicago se mantendrá al mismo paso que su expansión demográfica. Lo cierto es que la prosperidad futura de toda la región se encuentra íntimamente ligada a la perspectiva de que la población latina logre inte- grarse totalmente a la fibra económica y social de la ciudad.

Cuadro demográfico En los últimos años, los latinos han pasado a ser un componen- te visible de ese gobelino de razas y grupos étnicos que confor- man el área metropolitana de Chicago. Sin embargo, muchos latinos guardan vínculos económicos y ancestrales con la re- gión que datan de los años 1800, cuando se estableció el pri- mer consulado mexicano en la ciudad. Fueron numerosos los mexicanos que llegaron a Chicago durante la Primera Guerra Mundial, ocupando los trabajos de aquellos que habían partido al frente. Para la década de 1920, Chicago contaba con la po- blación mexicana más numerosa de los Estados Unidos, fuera de la región del Suroeste. Posteriormente, entre los años 50 y 70, miles de puertorriqueños migraron a Chicago (Paral, Ready, Chun y Sun 2004, 23). De hecho el mayor crecimiento demográfico entre los lati- nos se produjo en el transcurso de las últimas tres décadas del siglo XX, y continúa hasta la fecha. Esta reciente expansión ha sido impulsada principalmente por una inmigración de mexica- nos y un aumento natural en las poblaciones latinas nacidas en EE.UU. Para 2002, los latinos habían superado a los afro-ame- ricanos como el grupo racial o minoría étnica más numerosa de la región, habiéndolos superados un año antes a nivel nacional. El área metropolitana de Chicago ocupa el tercer lugar en la nación, después de Los Ángeles y Nueva York, en lo que res- pecta al número de residentes latinos. Paralelamente, la región ocupa el segundo lugar, después de Los Ángeles, en cuanto al número de residentes de ascendencia mexicana. En otras pala- bras, si los latinos de Chicago decidieran formar su propia ciu- dad, la misma sería la decimoquinta área metropolitana en or- den de importancia en el país. El Chicago latino abarca aproxi- madamente, en términos demográficos, el área metropolitana de San Antonio o Indianápolis.

Crecimiento de la población latina en el área metropolitana de Chicago Entre los años 1970 y 2004, la población latina del área metro- politana de Chicago aumentó de casi menos de 325,000 a más de un 1,600,000 habitantes. En el transcurso de este período de crecimiento de 34 años, el aumento en la población latina totalizó el 96% de la expansión demográfica de toda la región. La mayor afluencia se dio en la década de los 90, durante la cual el aumento entre la población latina fue de aproximada- mente 570,000 habitantes o 57,000 por año. Dicha cifra casi

duplica el índice anual de crecimiento que se registró durante las décadas de los 70 y 80. Entre los años 2000 y 2004, la población latina en el área metropolitana de Chicago aumentó en un promedio de 50,000 habi- tantes por año. Durante dicho período de 34 años, entre 1970 y 2004, el porcentaje de la población blanca no latina del área disminuyó de más de 75 a 55%. Entre 1990 y 2004, el número

de habitantes blancos no latinos en los seis condados de la región disminuyó en más de un cuarto de millón, de 4,758,000 a 4,529,000. Durante el mismo período, la población latina experimentó un aumento de tres cuartos de millón de habitantes. Se prevé que este acelerado crecimiento continuará entre la población latina. Según recientes proyecciones de la Northeastern Illinois Planning Commission (NIPC), para

el año 2030 un tercio de la población de la

región será latina.

demográfico importante de las zonas subur-

banas. En 1980, apenas un cuarto de los lati- nos del área metropolitana de Chicago resi- día en zonas suburbanas. Para 1990, el por- centaje había aumentado más de un tercio;

y en 2000, menos de la mitad (Paral, Ready,

Chun, and Sun 2004). Para 2004, la mayoría

(54%) residía ya en las zonas suburbanas; y por primera vez en décadas la población la- tina en Chicago no registró crecimiento al- guno durante 2003 y 2004. Por el contrario,

la población suburbana continúa aumentan-

do a un ritmo acelerado, y consecuentemen- te los latinos se han convertido en el grupo racial o étnico más numeroso de la región, habiendo superado a los afro-americanos en 2002. En cada uno de los condados suburbanos, además del área suburbana del condado de

Cook, el porcentaje de residentes latinos al-

canzó cifras de tres dígitos. Dichos aumentos fluctúan de 189% en el Condado de Kane a 367 en McHenry. Estadísticamente hablan- do, el aumento registrado en cada condado fue considerable no sólo en términos abso- lutos sino también en comparación con la población total de dichos condados. La migración directa de América Latina, sobre todo de procedencia mexicana, es uno de los factores principales de tal expansión demográfica tan desproporcionada. Según cifras del Censo 2000, los inmigrantes que arribaron a los Estados Unidos en los años 90 tendieron más a establecerse en los subur- bios que en la ciudad (55% en comparación

a 45%, respectivamente). Más de 68,000 re-

sidentes de las áreas suburbanas manifes- taron que al llegar de América Latina

La “latinización” de las áreas suburbanas Durante muchos años, los latinos de la re- gión se concentraron principalmente en el cono urbano; sin embargo, a partir de los años 80 la población latina ha aumentado más rápidamente en las áreas suburbanas que en la metropolitana (Ilustración 4). En 1970, un cuarto de millón de latinos habitaba en la ciudad de Chicago, es decir 7.5% de la población de la ciudad. En el mismo año, tan sólo 76,000 latinos se en-

contraban dispersos por los suburbios de los seis condados, y constituían apenas el 2% de

la población suburbana. Para 1990, la pobla-

ción latina en la ciudad de Chicago llegó a 546,000 habitantes y para el año 2000 ha- bía aumentado a más de tres cuartos de mi- llón. Puesto que re- presentan más de un cuarto de la población total de la ciudad, los latinos de Chicago e- jercen gran influencia en la vida social, cul- tural y económica de

la ciudad, a pesar

de que entre 1990

y 2000, la población

latina se duplicó en los cinco condados circundantes. De una pequeña fracción de la pobla- ción suburbana en 1970, los latinos han pasado a ser rápida- mente un sector

1970, los latinos han pasado a ser rápida- mente un sector Nuevas huellas latinas en Chicago.

Nuevas huellas latinas en Chicago. Foto: Luis F. Soto

durante la segunda mitad de la década de los 90,

se establecieron directamente en las afueras de la

ciudad. Otro factor que ha contribuido a la expan-

sión demográfica en los suburbios es la migración

de la ciudad a los barrios periféricos. Durante la

segunda mitad de los años noventa, 55,000 latinos

se mudaron de Chicago a los suburbios mientras

que tan sólo 22,000 se mudaron de los suburbios a la ciudad.

¿Comunidades segregadas o enclaves étnicos?

A pesar del elevado número de latinos que se ha

mudado de la ciudad a los barrios periféricos, éstos

continúan concentrados en comunidades enclaves. Como lo fue para las generaciones pasadas de in- migrantes europeos, dichos enclaves étnicos, ya sea en la ciudad o en las zonas suburbanas, brin- dan a los residentes un entorno familiar con los sonidos reconfortantes de la lengua materna o an- cestral (español), tiendas con productos étnicos, restaurantes típicos y vecinos que comparten una

cultura común y experiencias similares. Dichos en- claves latinos constituyen también un ambiente relativamente seguro para la aculturación de los recién llegados y sirven como impulsores de nue- vos negocios. Efectivamente, estos barrios han contribuido al establecimiento de dinámicas zonas comerciales que no sólo generan empleo para los residentes locales sino que también les brindan acceso a bienes y servicios que consti- tuyen una importante fuente de ingresos tribu- tarios en la región. Por otro lado, la distribución de la población latina en la región bien podría considerarse como sumamente segregada, mas existen pruebas de que dicha segregación no es del todo voluntaria. Los resultados de recientes encuestas indican que tanto latinos como afro-americanos a menudo son víctimas de discriminación cuando se trata de al- quilar o comprar una vivienda u obtener un prés- tamo hipotecario (Turner, Ross, Galster y Yinger 2002). Aunque tales prácticas discriminatorias pueden ser uno de los múltiples factores que han contribuido al surgimiento de vecindarios altamen-

te segregados por raza, etnia y clase social en la re-

gión. Algunos estudios indican que los residentes

de barrios predominantemente latinos —los cuales

por lo general son de bajos ingresos— deben salvar obstáculos geográficos y sociales que limitan
por lo general son de bajos ingresos— deben salvar
obstáculos geográficos y sociales que limitan sus o-
portunidades para conseguir mejores empleos y re-
cibir mejor
educación
(Lukehart,
Luce y Ree-
El futuro depende de la integración de los niños latinos.
Foto: Luis F. Soto
ce 2005).
En los últi-
mos años, se
han duplicado
en el seno de
estas zonas
suburbanas
los mismos
patrones de
segregación
que tradicio-
nalmente se
registraron en
la ciudad y los
barrios perifé-
ricos. Según
un reciente
estudio, el ni-
vel de segre-
gación entre
latinos y blan-
cos declinó
levemente en
la ciudad en-
tre 1990 y
2000, pero
aumentó de
manera con-

14 latiNidaD

siderable en las zonas suburbanas (Stuart 2002).

Según un indicador de segregación muy usado, entre 1990 y 2000 la proporción de segregación residencial latinos-blancos aumentó en los su-

burbios, y la segregación entre escolares latinos y blancos incrementó aún más durante el mismo

periodo de tiempo, tanto en la ciudad como en las zonas suburbanas. Los niños que residen en comu- nidades latinas sumamente segregadas, muchos de los cuales reportan las mayores necesidades, a me- nudo asisten a escuelas de escasos recursos con un

elevado índice de pobreza, las cuales no satisfacen, por lo general, las expectativas de los residentes (Instituto de Estudios Latinos 2002, 2005).

Procedencia nacional Casi cuatro de cada cinco latinos que residen en el área metropolitana de Chicago son de ascendencia mexicana, en comparación con 64% a nivel nacio- nal (ACS 2004). La población mexicana en el área de Chicago, la cual asciende a 1,260,000 habitan- tes, ocupa el segundo lugar en el país. Los residen- tes puertorriqueños constituyen el segundo grupo más numeroso con 8% de la población latina de la zona. En notorio contraste con el acelerado aumento de mexicanos en la región, la población puertorri- queña no ha crecido en años recientes. Por cierto, el número de latinos del área de Chicago que se i- dentificaban en 2004 como puertorriqueños, o sea 133,000 habitantes, ha disminuido en 9,000 en comparación con las cifras de 1990, cuando los puertorriqueños constituían el 17% de la pobla- ción latina del área de Chicago. No obstante, para 2004 la población puertorriqueña comprendía sólo el 8% de la población latina en los seis condados. La población cubana del área asciende apenas a 20,000 residentes, a pesar de haber experimentado un modesto crecimiento en 2004 se redujo a 1% en comparación con 2% en 1990. El índice de crecimiento de las poblaciones de origen centro y suramericano se ha acelerado en los últimos años, sin llegar a los niveles de los ha- bitantes mexicanos o puertorriqueños. En 2004, el

número de sur y centroamericanos que residían en el área de Chicago ascendía a 71,000 y 50,000,

respectivamente. Entre los centroamericanos, los guatemaltecos constituyen el contingente más numeroso en la región con 29,000 habitantes, a los que siguen los salvadoreños con 11, 000 habitan- tes. Entre los suramericanos, las nacionalidades más representadas son la ecuatoriana (24,000), colombiana (21,000) y peruana (12,000).

Latinos nacidos en EE.UU. y en el extranjero Aunque más de la mitad (53%) de los latinos del área de Chicago nacieron en los Estados Unidos (Censo 2000; ACS 2003; Paral, Ready, Chun y Sun 2004), entre 1990 y 2003 el número total de latinos nacidos en el extranjero superó a la población nacida en suelo estadounidense (de 393,000 a 355,000). La ola migratoria se acrecentó especialmente durante los años 90, cuando el promedio de latinos extranjeros ascendió a 32,000 residentes por año. En el transcurso del mismo período, la población de latinos nacidos en EE.UU. aumentó aproxima- damente a 27,000 habitantes por año, debido a los elevados índices de fertilidad y bajos índices de mortandad que se registran en esta población su- mamente joven, pese al considerable número de habitantes que migraron a otras regiones de Esta- dos Unidos (Censo 2000, PHC-T-25). No obstan- te, entre 2000 y 2003 se registró un ligero aumen- to entre la población latina nacida en EE.UU. co- mo consecuencia de la migración internacional. Entre 2000 y 2003, el número de latinos nacidos en el extranjero aumentó a 24,500 por año mien- tras que entre sus homólogos estadounidenses el aumento fue de 28,200 por año. Durante el mismo período de tiempo, el índice anual de crecimiento de los residentes nacidos en EE.UU. tuvo un

aumento más acelerado que en los años 90, mien- tras que el índice de crecimiento entre los nacidos en el extranjero disminuyó significativamente. Es posible que los factores que influyen en el creci- miento de la población latina en el área metropo- litana de Chicago estén experimentando un cam- bio fundamental. Casi seis de diez latinos nacidos en el extran- jero pertenecen al grupo de adultos jóvenes o sea personas entre los 18 y 40 años de edad, y sólo el 12% son menores de 18 años. Por el contrario, só- lo 30% de los latinos nacidos en EE.UU. tienen entre 18 y 40 años de edad, y 61% son menores de 18 años (Censo de 2000). La edad promedio de los latinos nacidos en el extranjero es 33, en com- paración con los nacidos en EE.UU. que es 12. En lo que respecta a los residentes blancos no latinos del área, la edad media es 37 años. Dichos datos demográficos tienen profundas implicaciones en el análisis de diversos temas que son de importancia tanto para la comunidad latina como para el área de Chicago en general.

Siendo el más obvio que, a pesar del hecho que gran parte de los latinos adultos son inmigrantes y muchos recién llegados, la vasta mayoría de niños latinos son ciudadanos estadounidenses por naci- miento, y el área metropolitana de Chicago es el único sitio donde han vivido. Aproximadamente 30% de los niños menores de cinco años son lati- nos. Pese al marcado impacto que tiene la pobla- ción latina adulta en edad de trabajar en la vida económica y social de la región, el impacto de los jóvenes latinos en el futuro será mucho mayor. Otra implicación que vale la pena resaltar es que la mayoría de latinos adultos se encuentran entre los 20 y 30 años de edad, siendo relativa- mente pocos los mayores de 45 años. A pesar de trabajar arduamente, los jóvenes latinos reciben salarios muy bajos. ¿Tendrán acceso a mejores sueldos a medida que avanzan por las diversas etapas de su vida laboral? ¿Qué debe hacerse para que puedan ascender por la jerarquía laboral

y lleguen a ser más prósperos en sus profesiones,

y de esa manera contribuir aún más al progreso de la región?

A pesar de que pagan impuestos y aportan al

sistema de seguridad social, los trabajadores latinos son menos exigentes en las áreas de atención de la salud y planes de jubilación debido a su juventud. No obstante, dichas necesidades aumentarán a medida que envejezcan. ¿Satisfacerán los sistemas de atención de la salud y jubilación, ya sean de fondos públicos o privados, las necesidades de los latinos a medida que envejecen?

El futuro de la región depende en gran medida

de una integración satisfactoria de los niños latinos —y de sus padres, en su mayoría extranjeros— en

la vida económica, social, cultural y política de la

región.

Si desea mayor información del Instituto llame al (574) 631-4440 o escriba a latino@nd. edu. También puede visitar Chicago Fact Finder ww.nd.edu/~chi- facts.

Timothy Ready: Director de investigaciones del Institute for Latino Studies. Antes de integrarse al equipo de investigadores de la Universidad de Notre Dame, dirigió la campaña de la Association of American Medical Colleges, que buscaba incre- mentar la diversidad racial y étnica en las escuelas de medicina en los Estados Unidos.

Allert Brown-Gort: Director Asociado del Institute for Latino Studies de la Universidad de Notre Dame. Anteriormente trabajó para la Universidad de Texas en Austin y también fue parte del Departamento de Relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

Traducción: Luisa Oblitas-Feuerstein: Traductora ti- tulada peruana radicada en el área de Chicago, luisaof@aol.com.

Elizabeth Catlett: Special Houses de la serie “I am the Black Woman”), 1946. Grabado sobre
Elizabeth Catlett: Special Houses de la serie “I am the Black Woman”), 1946. Grabado sobre papel.

Dos de Cuba

Esta edición de deshoras publica el trabajo de dos autores cubanos de las nuevas generaciones. De la escritora y artista gráfica Amalia Iduate, una muestra de Fotopoemas, género que com- bina la tradición visual de la fotografía modernista con la precisión epigramática de los poemas concretos y conceptuales que tuvieron su boga en América Latina durante los años 60 y 70. De Ernesto Santana Zaldívar, figura de relieve en las letras cubanas recientes, una selección de poemas. Los primeros, tomados de su colección La Habana a dos luces, revelan una sensibilidad lírica afiladamente contemporánea, dispuesta a encarar de frente las tribulaciones del yo en nues- tros días; al mismo tiempo muestran un manejo formal embebido en las mejores vertientes de la poesía moderna en nuestra lengua siglo XX en particular, la Generación del 27 española. Tanto Iduate como Santana Zaldívar son autores para tomar en cuenta, y es nuestro honor pre- sentarlos por primera vez al público lector de Chicago. Bienvenidos sean.

Amalia Iduate Emigrado 16 des horas Caminos

Amalia Iduate

Amalia Iduate Emigrado 16 des horas Caminos

Emigrado

16 deshoras

Amalia Iduate Emigrado 16 des horas Caminos

Caminos

Retrato de familia Feelings Amalia Iduate: Escritora y artista cubana. Licenciada en filosofía por la
Retrato de familia Feelings Amalia Iduate: Escritora y artista cubana. Licenciada en filosofía por la

Retrato de familia

Retrato de familia Feelings Amalia Iduate: Escritora y artista cubana. Licenciada en filosofía por la Universidad

Feelings

Amalia Iduate: Escritora y artista cubana. Licenciada en filosofía por la Universidad de La Habana. Ha trabajado como artista gráfica en Cuba y España.

Elizabeth Catlett: La Presa, 1952. Grabado sobre papel.

Elizabeth Catlett: La Presa, 1952. Grabado sobre papel.

Delia Negro

Elizabeth Catlett

I have gradually reached the conclusion that art is important only to extend that it helps in the liberation of our people.

El Art Institute de Chicago acaba de adquirir cinco obras de la artista, afro-americana de na- cimiento y mexicana de adopción, Elizabeth Catlett. Tres de estas obras pertenecen al por folio conocido con el nombre de “I am the black woman”. Para remarcar este aconte- cimiento y abrir la colección al público más diverso, el Art Institute ha montado una exhi- bición especial que estará abierta al público hasta el 23 de abril de 2006. Un marcado en- foque didáctico conduce al visitante a obtener información abundante sobre la obra y la vida de esta singular personalidad. Elizabeth Catlett nacida en Washington D.C. en 1915, dio sus primeros pasos en la escultura y el grabado, cosechando los prime- ros logros en su país natal. Pero es posterior- mente en la ciudad de México donde alcanza su madurez expresiva y concreta su carrera tanto desde el punto de vista artístico, como docente. Corría el siglo XIX en los Estados Unidos

y el peso de ser afro-americano caía sobre el

talento creativo de muchos potenciales artistas visuales. La elite artística del momento sólo les permitía expresarse como buenos artesanos,

les cerraban las puertas y eran totalmente ex- cluidos de las academias, de las asociaciones artísticas o de las instituciones educativas, que por lo contrario, permanecían abiertas y dispo- nibles para aspirantes de raza blanca. Sin embargo en Europa la vanguardia artís- tica, transitaba por otros caminos. La fuente de inspiración circulaba por otros canales expre- sivos fuera de lo tradicional. La imagen de lo primitivo iba abriéndose paso y tanto el arte como el escenario con esas características, eran ansiosamente buscados por los artistas europe- os. Gauguin ya había encontrado el éxtasis cre- ativo en esos rostros inocentes de la raza mao- rí. Más tarde Picasso y muchos otros se intere- sarían por el arte etnográfico y la máscara afri- cana. Ésta sintetizaba la idea, la expresión, la magia y la espiritualidad del hombre primitivo, fuera de reglas preestablecidas y con total li- bertad de lenguaje estético. Fue recién alrededor de 1930 que The Ne- gro o The Harlem Renaissance, movimiento valorativo de la expresión afro, fue abriendo

el camino en la ciudad de New York, a todas

las manifestaciones artísticas de este grupo humano, hasta el momento relegado por prejuicios sociales y académicos. Elizabeth Catlett se encontraba en esta épo- ca en plena producción juvenil y sus aspiracio- nes de continuar su formación en el Carnegie Institute of Thecnology en 1932, se vieron

en el Carnegie Institute of Thecnology en 1932, se vieron Elizabeth Catlett: Sharecropper, 1970. Grabado sobre

Elizabeth Catlett: Sharecropper, 1970. Grabado sobre papel.

frustradas. A pesar de haber pasado su examen de ingreso satisfactoriamente, fue rechazada por razones raciales. Pero

sus intentos no quedaron allí, los aconte- cimientos sociales la favorecían y su vo- luntad y convicción la habían marcado profundamente. Continuó entonces su búsqueda y formación, hasta alcanzar renombre nacional e internacional, tanto en lo artístico como en lo académico. Su interés siempre fue enfocado hacia

la

justicia social, los derechos de la mujer

y

especialmente de la mujer de su raza.

Pero fue en México, lugar al cual se tras- ladó para perfeccionarse en la técnica del

grabado, donde tomó real conciencia del rol que el artista representaba en la trans- formación de la sociedad. Al vincularse sentimentalmente con el artista Francisco Mora y posteriormente contraer matrimo- nio con él, decide permanecer en esa ciu- dad y es precisamente el muralismo mexi- cano el que le ofrecerá el pensamiento y

la expresión estética que encajará perfec-

tamente con su necesidad expresiva. El bronce, la madera, el cobre, mate- riales que unen a Elizabeth Catlett con sus ancestros, fueron los medios usados para trabajar la escultura. Es sin embargo

en el grabado donde ella alcanza su máxima expresión creativa. Metal, madera, papel, otra vez productos de la tierra la inspiran para expresarse sobre lo que ella más cono- ce: su gente. El rostro de México y su ima- ginería aparecerá también en su obra, ya cuando la artista haga de ese país su do- micilio permanente. Las imágenes de Elizabeth Catlett ha- blan, son la voz de los sin voz, el volumen se alza y envuelve al observador en un compromiso adquirido en la comunicación e invita al público a la acción inmediata. Actualmente con sus 90 años la artista sigue expresando “art is important only to extend that it helps in the liberation of our people”, más allá de su raza, más allá de fronteras.

La obra de Elizabeth Catlett se exhibe en el Instituto de Arte de Chicago Galería 141 111 S. Michigan Avenue Chicago, Illinois

Delia Negro: Profesora de español en el Instituto Cervantes, en Chicago.

mirada cómplice

Ernesto Santana Zaldívar Sigilosa República No importa si al abrir tus ojos y tu corazón

Ernesto Santana Zaldívar

Sigilosa República

No importa si al abrir tus ojos y tu corazón alguien marca a escondidas la puerta de tu casa para que ya no seas uno más sino uno menos. Sabes que a veces estar alerta es estar en peligro, que hoy es arriesgado mostrar el corazón desnudo, que se tornan lunáticas las danzas solares, y que, en fin, día tras día cae Jerusalén. La salvación parece un fuego oscuro, parece ceniza, tentación, parece muerte. No elegirás sino entre volar hacia el sol o caer sobre la tierra, sobre el mar o sobre el viento. Es como elegir entre perecer o perecer. Han marcado la puerta del que aún osa velar, del que confiesa su silencio y del que vive su palabra, de quien sueña fuera de la ley y más allá del muro.

Sin aliento

Ya sabes que tu casa es el fuego aunque intentes esconderte en la espuma

y reniegues del corazón del caos: es inútil

que te mientas así, pues tu reino va contigo

y a donde vayas irá tu corazón.

No puede haber sosiego para aquel en quien habitan los demonios del límite

y sólo en el ojo del huracán amansa su nacimiento:

entre los altos guardianes:

la luna mandrágora y las fieles estrellas. Sólo en medio del estruendo te sentirás en casa.

Pensando vas, vaciándote, del turbión al turbión.

Y cada vez se inflama otra parcela

de tierra prometida debajo de tus pies. Sobre tu cabeza flotan preludios de catástrofes. ¿Cuánto valdrá tu arca en un diluvio de fuego?

20 deshoras

valdrá tu arca en un diluvio de fuego? 20 des horas Elizabeth Catlett: In Other Folks

Elizabeth Catlett: In Other Folks Homes (de la serie “I am the Black Woman”), 1946. Grabado sobre papel.

Monolito Sagrado es el animal que desconoce la muerte y vive sin otros signos que

Monolito

Sagrado es el animal que desconoce la muerte

y vive sin otros signos que los de la abundancia,

pese a que lo persiguen. Su sangre revive las piedras

y nutre al morador del fruto que germina en el vacío como si él mismo fuera su propio dios.

Si lo atrapan, su sangre estalla y se abre paso afuera hacia el sol que la anima y la luna que la torna savia. Nosotros los que pereceremos te saludamos, ánima:

tú, que desconoces el demonio de la melancolía

y

aun así te alimentas sólo de lo desconocido

y

te refugias a la sombra de bosques sin nombre

donde no te da alcance el acontecimiento cero.

sin nombre donde no te da alcance el acontecimiento cero. Elizabeth Catlett: And A Special Fear

Elizabeth Catlett: And A Special Fear For My Loved Ones (de la serie “I am the Black Woman”), 1946. Grabado sobre papel.

Ante los muros de la ciudad sumergida

(fragmento)

Están cerradas tus puertas, Habana, aunque es tan temprano. Todo se torna lejano como rumor de hojas muertas sobre las calles desiertas. Puedo escribir en un muro

un nombre amado y oscuro

que aún es sueño, sólo un ansia, pareciendo, en la distancia,

esa voz en que perduro.

Calles anchas, callejuelas con portales diminutos, bombillas, brillantes frutos

en los que te me revelas

luciérnaga. ¿Por qué no vuelas

en

el viento de mi amor?

No

dejes ya que el temor

te

aparte la vida abierta.

Si

abres, Habana, una puerta.

mi

amada cierra el dolor.

Nínive Tengo que alcanzar el arrabal de la ciudad que me habita. No debo aguardar

Nínive

Tengo que alcanzar el arrabal de la ciudad que me habita. No debo aguardar a que esa invasión de moradores, muertos en los sótanos o gastados de anhelar un día más, logre conquistar mi corazón con su melancolía. Tengo que asaltar el muro que circunda mi ciudad. Digo que hay ciudades que devoran a sus soñadores y caen sólo cuando acaban con el último ensueño.

y caen sólo cuando acaban con el último ensueño. Elizabeth Catlett: Civil Rights Congress, 1949. Grabado

Elizabeth Catlett: Civil Rights Congress, 1949. Grabado sobre papel.

22 deshoras

Que no se detenga la gran cacería

Sueña Jonás que al fin deja de andar, que al menos su alma está en reposo aunque sus pies no querían ni una tregua. Así, cuando despierta, exhausto y jadeante, su fervor lo arrastra de lejos y a través de la ciudad inundada de ciudadelas hasta el vértigo que acaba en el vértigo. Pero detenerse a respirar es perecer

y cerrar los ojos es abrir tormentas,

darse a un horror interminable, sacrílego, que pone piedras frías en los párpados

y evapora la luz en el sendero.

Jonás se ve a sí mismo como aquel cazador que perseguido por un tigre hambriento

persigue a su vez liebres inatrapables.

Ernesto Santana Zaldívar: Escritor Cubano nacido en Puerto Padre, Las Tunas, en 1958. Entre sus publicaciones están los libros de cuentos Nudos en el pañuelo (1993), Bestiario pánico (1995), Mariposas nocturnas (1999) y el poemario Escorpión en el mapa (1998). En el 2002, su novela Ave y nada ganó el premio Alejo Carpentier. Los poemas que publicamos son de su colección La Habana a dos luces.

Carencias y presencias en el Pulitzer de teatro José Castro Urioste Desde que Nilo Cruz

Carencias y presencias

en el Pulitzer de teatro

José Castro Urioste

Desde que Nilo Cruz obtuvo el premio Pulitzer hace dos años, se han venido representando en Chicago algunas de sus obras: Anna in the Tropics (la ga- nadora del premio), Two sisters and a piano, y desde el mes pasado se está produciendo en el Victory Gardens Theater Hortensia and the Museun of Dreams, bajo la dirección de Diane Rodriguez. Ya en las dos primeras se expresan determinadas características técnicas —el buen ritmo en el cambio de escenas, por un lado, y la incapacidad para resolver adecuadamente ciertos conflictos entre los personajes—, como

una posición ideológica que surge a par- tir de la imagen que se construye sobre

la sociedad cubana. Tales característi-

cas, se retoman en Hortensia and the Museum of Dreams. La historia de Hortensia and the Museum of Dreams no deja de poseer

el potencial para una buena obra. Se re-

lata el retorno a Cuba de dos hermanos, Luca (Iván Vega) y Luciana (Alex Mene- ses). Ambos, son parte y representan la operación Pedro Pan: los catorce mil ni- ños que entre 1960 y 1962 fueron envia-

dos por sus padres fuera de la isla (mu- chos crecieron en horfanatos norteameri- canos), supuestamente para protegerlos del regimen de Castro. Uno de los per- sonajes de esta obra, Luciana, se en- cuentra por casualidad con Hortensia

y sus hijos, quienes buscan el reconoci-

miento oficial de su museo. En éste se hallan los sueños cumplidos (historias a fin de cuentas) de los pobladores cuba- nos; en éste quedará, hacia el final de la obra, el supuesto sueño de los dos her- manos: dejar de lado la relación inces- tuosa que late entre ellos. Ahora bien, lo que destaca de este montaje y lo que mantiene la atención del espectador es tanto el trabajo actoral

como el de dirección. El diseño del mo- vimiento en escena, el ritmo en las en- tradas y salidas, el manejo de la luz, del sonido y de la música, construyen un discurso escénico bien organizado que atrapa a la audiencia. El elenco, no “le- vanta” el texto, sino que le da vida con gestos, con cambios de entonación. Todos los actores cumplen esa fun- ción: Iván Vega y Luciana Meneses, en

los roles de los hermanos; Cheryl Lynn Bruce expresando el afecto y a su vez la intensidad de Hortensia; Christopher de Paola y Joe Minoso dan cuenta de los deseos y las frustaciones de los hijos de Hortensia, y crean la dosis humorística de la obra; Marcela Muñoz construye la inocencia, la carencia y la sexualidad de Delita; y finalmente, Ricardo Gutierrez, destaca en su papel del General Via- monte. A nivel de dramaturgia, Cruz sabe ma- nejar el ritmo en el cambio de escenas (lo

cual, a ratos crea un efecto cinematográfi- co) y, especialmente en esta obra fluye el contrapunteo entre las voces de los dos hermanos. Sin embargo, existe una inca- pacidad del dramaturgo para enfrentar la resolución del conflicto: Cruz plantea una relación incestuosa entre los dos herma- nos, y ésta desaparece sin el suficiente

tratamiento. Tal carencia dramatúrgica hace que lo planteado por el ganador del Pulitzer quede un nivel superficial.

Por otro lado, Hortensia

visión maniquea sobre la sociedad cu-

bana. Para Cruz Cuba es el lugar de la represión y el abuso de autoridad (repre- sentado en el General Viamonte), y es también el lugar de la carencia. Esta ca- rencia es claramente ejemplificada en la escena en la que Luca, el personaje cu- bano-americano, abre su maleta llena de alimentos ante Delita, la adolescente cria-

da en la isla, la cual llora al ver tal abun- dacia de productos alimenticios. Tal ofre- cimiento de Luca también puede interpre- tarse como la actitud paternalista (y por lo

tanto de asumirse como superior y auto-

rizada) que podría poseer cierto sector de

la comunidad cubano-americana sobre la

población de la isla. En todo caso, la poca destreza para resolver el conflicto que genera determi- nada superficialidad, como la visión mani-

quea sobre Cuba, hacen que toda crítica

y toda confrontación expresada en Hor-

tensia

expresa un

se debilite.

Hortensia and the Museum of Dreams se presentará hasta el 18 de diciembre en el Victory Gardens Theater.

2257 N. Lincoln Ave.

Chicago, IL

(773) 871-3000

José Castro Urioste es profesor de Purdue University.

José Castro Urioste es profesor de Purdue University. Iván Vega como Luca y Alex Meneses como
José Castro Urioste es profesor de Purdue University. Iván Vega como Luca y Alex Meneses como

Iván Vega como Luca y Alex Meneses como Luciana en el premiere de Hortensia and the Museum of Dr eams en el Victory Gardens Theater. Fotos: Liz Lauren

libros

Notas sobre

Inventario secreto

de

La

Habana

libros Notas sobre Inventario secreto de La Habana Ángel Trueba Habana, si mis ojos te abandonaran,

Ángel Trueba

Habana, si mis ojos te abandonaran, si la vida me desterrara a un lugar de la tierra, yo te juro que voy a morirme de amor y de ganas de andar tus calles, tus barrios y tus lugares

Gerardo Alfonso

La reciente publicación de la casa editorial Tusquets en su número 557, brinda a los lectores la oportunidad de encontrar, como su título refiere, un inventario secreto de La Habana. Mezcla de absoluto testimonio

y pinceladas de ficción, el último libro del

escritor cubano Abilio Estévez es un bálsa- mo a los ojos, a los sentidos todos. Es una historia realizada por encargo donde el au- tor se debatió entre la creación de una ficti- cia realidad y de otra más terrenal, menos contada y sumamente personal; sin pará- metros políticos pero con sutil y sigilosa crítica. Estévez combina con excelencia citas de personalidades de la talla de Alejandro de Humbolt, Cernuda, Hemingway, Maria Zambrano, Graciela Pogollotti, Graham Green, Wallace Stevens, entre otros. Los trae a su propia historia coincidiendo a ve- ces, refutándolos otras. Simultáneamente, nos pasea por su Habana y decora, pinta

y describe los rincones ocultos del tiempo

y del alma. La invocación al pasado es indudable- mente parte esencial del libro. Ella nutre al hacernos partícipes del infortunio y la gracia de lo que fue y no será jamás igual, deján- donos risueña el alma y ajada la sonrisa.

24 tiempo extra

Escrito magistralmente con un lenguaje fluido, aunque no simple, la obra es una oda a La Habana y al Malecón Habanero, recurrente omnipotente señal de frontera y mar; de un estado de ánimo parte vital en la vida de propios y ajenos. Quisiera validar la acertadísima carpen- tieriana descripción de Abilio sobre la cu- banía: “…La primera consiste en tocar. Tocar siempre, a toda hora. Extender la mano, palpar, hurgar los entresijos de las cosas, gozar de las texturas de los elemen- tos tangibles. Constatar que el otro está ahí. Probablemente por eso el sexo resulta tan perentorio… Hablar sin parar, gritar, agitar las maracas, golpear el cuero del tambor. La algarabía, mucha algarabía, y también la música, que en el caso de La Habana es otra forma de algarabía”. Recuerdo la constancia dejada por otro autor donde mencionaba que la culpa de nuestras nostalgias las tienen los poetas, los escritores y todos los que de alguna manera nos acercan al pasado. Me pre- gunto ¿que habría pasado si todos los peregrinos que vinieron en el Mayflower hubieran tenido el lastre de la nostalgia, tan humano pero también desgarrador? Creo que ahí radica parte de la diferencia entre la emigración anglosajona y la hispana. Inventario secreto de La Habana es una obra que después de leerla y salir al bautizo de las primeras nieves del invierno de Chi- cago te hace reír de llanto o llorar de risa. Personalmente, no pude evitar que unas gotas de la transparente salubridad asoma- ran en mi mejilla. Fue instantáneamente de 36.5 grados centígrados (98 F) a 0 grados centígrados (32 F). Duelen más las lágri-

mas cuando son tan frías. ¿Y a ti?

Ángel Trueba: Cubano y radica en Chicago.

frías. ¿Y a ti? Ángel Trueba: Cubano y radica en Chicago. Abilio Estévez California De Eduardo

Abilio Estévez

California

De Eduardo Mendicutti

en Chicago. Abilio Estévez California De Eduardo Mendicutti matrimonio entre homosexua- les. Así, pareciera que la

matrimonio entre homosexua- les. Así, pareciera que la historia de Charly progresara, como en una

picaresca, desde la promiscuidad de

la experiencia inicial hasta la sabiduría

de la etapa final. Sólo que la evolución no está contada como espiritualización ni renuncia a lo sexual, sino que, por el con- trario, el conocimiento se alcanza sólo a

través de lo sexual. El mérito de Mendicutti está en mostrar cómo en la evolución no hay pérdida sino ganancia de alegría sexual para los protagonistas, cómo la austeridad

o la renuncia no son el precio del conoci-

miento. Es porque era actor porno que Charly-Carlos es una figura que crece ética

y políticamente, y no a pesar de ese pasado. El relato, que intenta ofrecernos un triple ejemplo moral, resulta no solo ingenioso si-

no divertido sobre todo en la primera parte, quizás un poco más creativa y más lúdica que la segunda. El mecanismo esencial de

la

narración consiste en el uso de una jerga

y

un lenguaje pleno de términos estadouni-

denses. Un cocktail de spanglish y colo- quialismos de las diversas comunidades hispanas del oeste de los Estados Unidos, salpicado por un español castellano no exento de modismos. Oportuna para los estudiosos de la len- gua, bastante indecorosa aunque plena de tópicos vigentes, agresiva desde un co- mienzo y recomendable para un público abierto y para quien quiera desprenderse de prejuicios, California es una propuesta atrevida que en sus escenas más torridas puede parecer, para algunos, demasiado

explícita. En definitiva, buena literatura.

Marcelo Ayala: Chileno. Es profesor del Instituto Cervantes, en Chicago.

Marcelo Ayala

En los últimos años, se ha venido desarro-

llando un debate acerca de si la literatura gay es un género literario o simplemente una temática más a la hora de construir historias. Personalmente me inclino por

lo

segundo, pero, además, pienso que

la

creación debe valorarse al margen de

la

naturaleza o contenido de una obra

y

de la tendencia sexual de sus autores.

En este sentido debiera bastar con hablar de buena o mala literatura. California, última creación del premia- do escritor español Eduardo Mendicutti, es una novela de temática gay. Presenta personajes homosexuales que por mo- mentos son caricaturas de ellos mis- mos, mujeres insólitas con atisbos de sabiduría, un desfile de preciosas ridí- culas y una desenfrenada acción sexual. La novela tiene dos partes. En la pri- mera nos ofrece una visión sectorial del mundo del espectáculo y del star system ya en decadencia desde la perspectiva de Charly, un promiscuo y desinhibido español homosexual, feliz de hallarse en California. Mientras tanto, en Madrid, el general Fran- cisco Franco agoniza y Luisito Soler, amigo de Charly, es detenido por subversivo y ho- mosexual. La segunda parte se desarrolla en la ac- tualidad. Charly ya es Carlos, vive en un a- partamento lujoso de Madrid, trabaja para una compañía estadounidense y mantiene una relación estable con Alex, su pareja. Es así como, 30 años más tarde, la trayec- toria del personaje ha dado un giro, pues ha tomado conciencia y se siente más com- prometido. De hecho, se juega su puesto en la empresa por razones éticas. Situada tras el reciente triunfo del Par- tido Socialista Obrero Español (PSOE) y su propuesta de legislar sobre el matrimonio entre homosexuales, la novela se ha con- vertido en la antípoda de lo que se nos ha- bía ofrecido en un principio. Las cosas han

variado sensiblemente. Luisito Soler ahora ocupa un cargo en el Partido Popular (PP), de la derecha española, y Charly, conver- tido en Carlos, se involucra en la defensa de sus pares. Y es que en lo que va del ge- neralísimo Franco al socialista Rodríguez Zapatero, España ha cambiado y California ya no es el lugar de la utopía, mucho me- nos desde el horizonte actual de la vieja

y antinorteamericana Europa. Hacia el final de la novela, un emociona- do Carlos observa por televisión, en un ho- tel californiano, a sus compatriotas que ce- lebran por las calles de Madrid la ley de

libros

libros Ismael P. Márquez La publicación de Permiso para vivir (Anti- memorias) de Alfredo Bryce Echenique

Ismael P. Márquez

La publicación de Permiso para vivir (Anti- memorias) de Alfredo Bryce Echenique en

1993 significó un hito importante en la larga

y exitosa carrera del escritor peruano. Lar-

gamente esperada por sus asiduos lecto- res, estas memorias aparecerían, en una rara coincidencia editorial, casi al mismo tiempo que las de sus paisanos Mario Var- gas Llosa (El pez en el agua) y Julio Ra- món Ribeyro (La tentación del fracaso). La larga espera valió la pena. Permiso para

vivir es la sentida confesión del escritor de que “sólo quiero preguntarme por mi condi- ción humana, y responder a ello con algu-

nos perdurables hallazgos que

una relación particular con el mundo”. Menuda tarea. La lectura de estas “anti- memorias” —a la Malraux— fue, en su momento, una deliciosa experiencia, no sólo por la prosa desenfadada e intimista que crea la ilusión de que somos —los lec-

tores— sus amigos de siempre, sino que

cada página es la confirmación de su con- vicción de que lo que cuenta más en su vida es “tan sólo al amor, la amistad

y el trabajo”. Doce años después, acaba de apare- cer Permiso para sentir (Antimemorias 2),

revelen

la igualmente ansiada continuación de Permiso para vivir. Durante estos años, la fama del escritor ha alcanzado posi- ciones envidiables en la narrativa hispa- noamericana con la publicación de nove- las como No me esperen an abril, Reo de

nocturnidad (Premio Nacional de Narrativa de España 1997), La amigdalitis de Tarzán (Premio Grinzane Cavour 1998), y El huerto de mi amada (Premio Planeta 2002). En el intervalo, y después de más de treinta años de vivir en Europa, Bryce regresaría a radi- carse en Lima en 1999, estadía que sólo duraría cuatro años pues vuelve a España donde se ha instalado nuevamente en Barcelona. Y es precisamente la crónica de ese azaroso regreso “a la patria” (así, siempre en bastardillas) que se convierte en materia de agridulce meditación por parte del escri- tor. La ilusión del volver pronto deviene en la desilusión del diario vivir en una Lima

caótica, ineficiente, pobre, corrupta, ruido-

sa

de joven, la Lima del Country Club de San Isidro, de Chabuca Granda, de las cuarenta familias, de los señorones con leontina, sino la Lima andina, de las clases socioeconómi-

cas C y D, “paupérrima Sodoma y Gomorra” donde Bryce no se ubica, no se acomoda, no se siente en su casa. El círculo de selec-

chicha.

No la Lima virreinal que dejó

La distancia entre el vivir y el sentir:

Las antimemorias de

Alfredo Bryce Echenique

tos amigos, los pocos autorizados a llegar

a su residencia en las alturas —”Hillside

Drive”, diseñada y construida con exquisito esmero— se hace cada día más reducido,

los jardineros que roban flores de los veci- nos se tornan más intolerables, las ineptas criadas domésticas se vuelven pesadilla, los matones de Fujimori lo raptan y mal- tratan mientras hace su jogging en el par- que. La realidad real de la patria aflora en estas páginas, y el deleite que fue leer Permiso para vivir se esfuma en el pesar de constatar la amargura que se destila

esfuma en el pesar de constatar la amargura que se destila cido semanario Oiga, entre otros.

cido semanario Oiga, entre otros. La viru-

al

leer Permiso para sentir. Como sería de esperar, la recepción en

lencia del tono de estos ataques frontales contrasta con la calidez de aquellos capítu-

el

Perú de estas Antimemorias 2 no ha sido

los que recorren espacios ya conocidos de

muy halagüeña, por decir lo menos. Y es que no sólo Bryce nos agobia con la frus- tración de su desadaptación en Lima, sino que nos sorprende por la vehemencia y severidad de sus opiniones sobre un nú- mero de visibles personajes de la vida po-

su vida, como en los que rememora sus ini- cios como escritor en Francia e Italia, sus improbables amoríos, su lucha contra la depresión y el insomnio, París 68 y las barricadas, sus eternos ires y venires, su entrañable amistad con Julio Ramón

lítica, cultural, social y artística del país en un ajuste de cuentas inusitado para alguien que siempre se preció de ser apolítico y, en gran medida, desinteresado de lo que no incidía en su oficio de escritor. Conocidas siempre han sido sus posiciones respecto

Ribeyro y Alfredo Ruiz Rosas. Permiso para sentir. Antimememorias 2 no hace sino corroborar el legendario talen- to narrativo de Alfredo Bryce Echenique. Su lectura entretiene, sorprende, molesta, conmueve y, sobre todo, desbarata para

al quehacer literario internacional, y su re-

lación —buena, mala o indiferente—con sus colegas, opiniones expresadas y difun- didas en diferentes medios a través de los años. Pero en estas antimemorias, Bryce arremete y fustiga por igual a los ex-gober- nantes Fernando Belaunde Terry, Alberto Fujimori, Juan Velasco Alvarado, y Fran- cisco Morales Bermúdez, como a su cuña- do Francisco Igartua, director del desapare-

siempre la imagen de “Woody Allen en La Habana” que él se había creado. Quizás es lo que habría de esperar de esa aventu- ra de maduración que supone el inevitable transitar entre el vivir y el sentir.

Ismael P. Márquez: Jefe del Departmento de Español y Portugués de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.

y Portugués de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Alfredo Bryce Echenique y Abelardo Sánchez León. tiempo

Alfredo Bryce Echenique y Abelardo Sánchez León.

consumismo

sexualidad

De consumo

y de idiomas

Fernando Olszanski

Un buen vendedor, de lo que sea, debe crear una necesidad en el cliente. Debe

decirle que lo que conoció hasta el día de hoy no sirve más y, que la alternativa que

él le está ofreciendo es la única que le ga-

rantizará progreso, felicidad y hasta quizás

la vida eterna. Qué mejor entonces que

menospreciar el pasado, hacer olvidar la

memoria y la historia e imponer una idea nueva, la de un sistema que asegura be-

neficios y que se inculque la necesidad de cambiar el idioma que habla un país para poder insertarse en el mundo y ser visto

de otra manera. Cuando los Estados Unidos invadió las

Filipinas, en una secuencia más de la ver- gonzosa guerra contra España, se encontró con un país arraigado a tradiciones hispa- nas, ligadas a la religión, a los sistemas educativos y judiciales, que no le sería posible doblegar si no se atacaba alguno

de estos vínculos que aún sostenía con el

antiguo régimen. Entonces había que des- truir la lengua franca del país y reempla-

zarla con la de los invasores. Suprimir al español como lengua oficial y crear la de- pendencia del idioma inglés. El consumo del idioma estaba asegurado. Después

de todo, las armas les habían dado ese

derecho. Durante trescientos años en las Filipi- nas se habló español como lengua oficial.

La historia del país y el himno nacional es- tán escritos en español, y hasta los héroes independistas se manejaban en esta lengua para comunicarse. Cabe preguntarse cómo

es posible hacer desaparecer un idioma y

reemplazarlo por otro en tan sólo el lapso

de algunas décadas. La respuesta es sen-

cilla y complicada a la vez. Pero una vez creada la necesidad el consumo está ga- rantizado. La regla de un buen vendedor.

O la de un país con sueños imperiales

que experimentó con un pueblo el modo de hacer prevalecer su Destino Manifiesto.

Los resultados de esta guerra de los usenses, como el hispanista filipino Gui- llermo Gómez Rivera llama a los estadou- nidenses, contra el idioma español en las

Filipinas son invariablemente inciertos. Por- que si bien el español como idioma oficial desapareció, el inglés nunca lo reemplazó en la práctica. La existencia del idioma de Cervantes está más que presente en la vida de los filipinos. Se lo ve en los nom- bres con que bautizan a sus niños y las varias lenguas y dialectos que aún tienen una fuerte base hispana. Como el chaba- cano, lengua del sur de las filipinas donde

el 70% de las palabras son de origen es-

pañol y por lo tanto de fácil compresión

para un hispano parlante.

26 tiempo extra

compresión para un hispano parlante. 26 tiempo extra Las Filipinas es uno de los dos países

Las Filipinas es uno de los dos países

que tiene una Academia de lengua españo- la donde no se habla español como primera lengua. El otro país, paradójicamente, es Estados Unidos. Los miembros de la Aca- demia Filipina de la Lengua Española están en lucha constante por recobrar el idioma como lengua oficial del país, que fue dero-

gada en el año 1987, porque saben que un pueblo que ignora su pasado y su historia está condenado a repetir los errores de sus mayores. Es obvio que hay muchas cosas diferen- tes entre el mundo hispano de América y Europa con estos "hispanos" de Asia. Pero hay muchas otras cosas que nos ligan por

historia, tradiciones y lenguaje. La lucha de los hispanistas en Filipinas es similar a la lucha por la lengua hispana en los Estados Unidos. Defender el idioma es la tarea na- tural que nos compete en cualquier latitud como patria común y medio básico de expresión.

Lo extraño es que la guerra contra el español que una vez fue a nivel mundial, hoy se ha retractado hasta las propias fron- teras de este país, y es de conocimiento cotidiano en casi toda urbe de la Unión. El hecho de escuchar voces que se alzan contra esta realidad es por el increíble efec- to que está causando en el espectro social

de este país. Los cambios que están ocu- rriendo parecen indicar que la reestructu-

ración idiomática es constante y perma- nente, y los beneficios pueden ser inmen- sos. Contrariamente a lo que sucedió en las Filipinas, no se está imponiendo la lengua

por la fuerza, sino que está regresando al estado natural que tuvo siglos atrás en la Norteamérica hispana. Tal vez no se hable nunca más español en la Filipinas, tal vez esta avanzada de nuestro idioma en los Estados Unidos algún día se detenga y no crezca más que de lo que aparenta crecer. Pero lo importante es distinguir que ser consumidor de nuestro idioma, hace que no seamos consumidos por la propuesta verborrágica de un ven- dedor ciego y a veces, mal intencionado. Nos cabe decidir a nosotros de qué lado del mostrador nos queremos poner. No se trata de comprar ni vender, sino de ser par- tícipes de nuestro propio destino.

Fernando Olszanski: Autor de Rezos de mari- huana y Parte del polvo. Reside en Chicago

Desnudo de un

mundo artificial

Iván Torrijos

Aquí estamos una vez más informando sobre la diversidad sexual. Les presento a la sexóloga Rinna Risenfeld. Ella radica en la ciudad de México y es cofundadora de El Armario Abierto, primera librería en sexuali- dad humana en ese país. La doctora Risenfeld hoy nos ofrece algunos puntos de vista relacionados a la homofobia.

Sobre el rechazo al amor que se da en las parejas homosexuales:

La sociedad dice que la gente crece y debe ser heterosexual, hacerse de una pareja, casarse y luego tener hijos. Cualquier per- sona que no cumpla con ese modelo es criticada; no solo la gente gay sino también las madres solteras o las parejas estériles. La sociedad también critica a parejas het- erosexuales que son de diferente raza, posición económica, niveles académicos, el tipo de trabajo. Entonces, si esta sociedad no entiende ni respeta al mismo amor het- erosexual, que es el que supuestamente vale, cómo esperar que entienda al amor homosexual. La gente se mete en la vida de los demás; y yo digo: la relación de pareja es de dos, ni siquiera tendría por qué ser un debate comunitario. No hay nada en la vida que le pongamos más tra- bas que al amor; parece que hay que ser de una manera muy particular para tener derecho a amar a otra.

Sobre el camino que toma la homofobia:

La mayoría de la gente homofóbica usa el prejuicio, es decir, juzga antes de conocer. Por ejemplo, una vez oí a un señor que decía que odia a los maricones y putos (así, hablando de esa manera de los homo- sexuales) y entonces le pregunte: “¿Pues a quién conoces que sea gay?”, y él me respondió: “todavía a nadie, que yo sepa, pero los odio”. En realidad este señor está diciendo que odia la idea que tiene de la homosexualidad, no odia la homosexuali- dad, pues la desconoce, lo que el odia es el concepto; él oyó desde niño que ésos son quién sabe cuántas cosas y entonces le causa repulsión y ganas de correr.

Sobre la homofobia y el campo laboral:

Muchas empresas se han dado cuenta que lo que sus empleados se desgastan mucho en su intento de esconder su orientación sexual. La orientación sexual se refiere a tratar el tema de la pareja, y si alguien no puede hablar de ese tema no puede hablar de la mayoría de su vida. Es muy positivo que algunos empleadores que han ofrecido los mismos derechos a todos sus traba- jadores, sin importar su orientación sexual, hayan logrado mejorías, pues la gente, en

lugar de usar su energía para cuidarse, la usa para trabajar y echarle ganas. Está contenta.

la usa para trabajar y echarle ganas. Está contenta. Sobre el machismo que alimenta la homofobia:

Sobre el machismo que alimenta la homofobia:

Me llama mucho la atención que si dos hombres se pelean en un duelo subidos en un ring, o simplemente a media calle, la gente les aplaude y hasta les echan porras; pero si de repente se dan un beso todo mundo se quiere morir del susto, y enton- ces ahí es cuando me cuestiono sobre cuáles son nuestros valores, qué pasa que tanto preocupa el amor cuando la guerra y

la violencia parecen estar bien.

Conclusión:

Más de una vez he conocido a gente que

dice: “qué bueno que en mi familia no hay”,

y le está diciendo a la persona que es gay.

La gente gay, se note o no se note, existe. En el mundo hay de todo y cada quien tiene que conquistar sus propios espacios; nadie va a venir a ofrecerlos, es un reto de cada uno. No a todo mundo le interesa salir a la calle y expresarse como gay, aunque sí creo que en los lugares donde más se ve la gente lo incorpora a su cotidianidad porque

el problema aquí [en México] es que nunca

se hace visible; pareciera como si se

tratase de un monstruo encerrado y a ver a qué horas sale; todo el mundo entonces se

la pasa desviviéndose de miedo y en el

momento que sale pues ni era un monstruo,

ni tampoco era tan complicado.

Iván Torrijos: Trabajador social. Fue fundador del programa radial Homofrecuencia; se transmite a través de Radio Arte 90.5 FM.

derechos

humanos

Dónde

Sandra Russo

“¿Dónde?” es una pregunta de época. Una pregunta en movimiento, formulada por una voz vacilante, soplada por una voz en trán- sito. En un mundo que avanza en dos senti- dos opuestos y complementarios —fabri- cando progreso y bienestar, y fabricando al mismo tiempo desechos humanos que no tienen lugar en ese mundo—, esa pregunta rebota en el silencio o arde en las calles. Fue tan negligente el diseño del mundo en

las últimas décadas, que los territorios des- tinados a la localización de los desechos humanos se volvieron inhóspitos, tan crue- les, que esos sobrantes migran. Uno de los más graves problemas de la modernidad es

el agotamiento de los depósitos de dese-

chos humanos. “¿Dónde?”, se preguntan los desesperados que escapan de guerras

y hambrunas, y que erizan a los habitantes

de los países centrales, que los ven llegar

e instalarse, y los ven reproducirse y hablar su lengua pero también la que adquieren, y

portar la carta de ciudadanía y hasta recla- mar por sus derechos. El bozal del discurso moderno estuvo reteniendo las soluciones que ahora empiezan a escucharse en el se- no de las sociedades autodenominadas de- mocráticas y hasta exportadoras de anti- guos ideales: expulsión, guetización, refor- mulación de las leyes de hospitalidad, blan- queo emocional colectivo; a los desechos hay que tratarlos como tales, y si no hay lugar en los basureros globales, habrá que crear nuevos basureros o impedir, por regla escrita, que los desesperados escapen de

la guerra y la hambruna. Que mueran en la

guerra o de hambre. De los desechos hay que hacer muertos.

guerra o de hambre. De los desechos hay que hacer muertos. “Si piensan que encerrándonos más

“Si piensan que encerrándonos más van a reestablecer el orden, no entienden nada. Lo peor es que cuando veíamos al primer ministro en televisión, teníamos la impre- sión de que hablaba de nosotros como si fuéramos extraterrestres. ¿Sabes qué? Para esa gente, nosotros no somos fran- ceses. Seguimos siendo árabes”, le dijo esta semana Djamel, de 17 años, a Eduar- do Febbro, corresponsal de este diario en Francia. Djamel vive en uno de los subur- bios parisinos en los que en los últimos días fueron incendiados miles de autos. Claro que sí, Djamel. Claro que son ex- traterrestres. Estás fuera de la tierra. De la que te pertenece por linaje y de la que eli- gieron tus padres o abuelos para sacar la

cabeza del lodo, y respirar. Ustedes no tienen tierra, Djamel. Se ha decidido que ustedes sean extraterrestres. ¿No te lo

avisaron? ¿Cómo que son franceses? ¿Creen que pueden ser franceses por el

solo hecho de haber nacido en Francia? Pobre Djamel. No, no te avisaron. Vayan donde vayan (“¿Dónde?”), ustedes siempre serán los árabes que no tienen tierra. Los han conferido a una nueva especie animal, imposible de asimilar. La savia francesa se transmite por sangre, no por haber nacido en Francia. Tu especie no tiene lugar, Djamel.

Queman autos. Automóviles. Móviles que se mueven a sí mismos. ¿Por qué que esos muchachos queman autos?

¿Será acaso por que ellos se están miran- do en un espejo terrible, será un happening monstruoso lo que está pasando en Fran- cia? ¿Será una instalación posmoderna en la que los sin tierra y sin lugar, los que han sido condenados a automoverse por el mundo y a despertar el rechazo más des- carado, incendian autos? En Aulney-sous- Bois, uno de los suburbios más agitados, un hombre va señalando a un periodista los destrozos. El barrio está arrasado. Se de- tiene en una casa. En la puerta hay un auto quemado. “¿Sabe quién lo quemó? Sus propios hijos”, lamenta, agarrándose la cabeza como quien no puede concebir lo que dice. La violencia que estalló en Fran- cia escapa de los parámetros conocidos, es loca. El hombre de Aulney-sous-Bois enten- dería, parece decir su gesto, que los mu- chachos hubieran quemado otros autos. ¿Pero cómo explicar que hayan atentado contra el de sus propios padres? Tal vez, ésta sea una revuelta en contra de los au- tomóviles en general, o tal vez, los automó- viles ardiendo son réplicas de esos miles de hombres y mujeres que diariamente se automovilizan de un lugar del mundo a otro,

diariamente se automovilizan de un lugar del mundo a otro, creyendo que todavía pueden merecer una

creyendo que todavía pueden merecer una vida. Uno puede ir en auto a un lugar, pero no puede ir en auto a ningún lugar.

El sociólogo alemán Zygmunt Bauman predice que tarde o temprano no habrá ni un rincón de espacio libre para aquellos que se encuentren con que los lugares ya ocupados están demasiado ocupados para brindar confort, son demasiado hostiles, in- cómodos o poco acogedores para brindar refugio o abrigo. Y concluye que por eso es necesario revisar, estudiar, reinventar la noción de hospitalidad recíproca como pre- cepto supremo. Esto, dice Bauman, ya lo dijo Kant hace doscientos años. “Pero el mundo, sin embargo, ni se enteró.” El mun- do sigue siendo redondo, pero alguien ha pintado la mitad de rojo. Hay globalización, pero no conciencia mundial. Hay dominio de una parte del mundo sobre la otra y ni asoma la ética por la cual y sólo por la cual los habitantes de la parte del mundo que sobrevive deberían darles chances o solu- ciones a los habitantes del mundo que ago- niza. Después de todo, francés, hay una cadena de causalidades entre el encanto de tus perfumes y la rabia de un marroquí. No hay hospitalidad. Hay dos mundos.

“Hostis”, en latín, significa “huésped” pero también “enemigo”. Esa es la raíz tanto de la palabra “hospitalidad” como la de la pala- bra “hostilidad”. En un seminario de 1996, el filósofo francés Jacques Derrida analizaba “la cuestión del extranjero”. De la relación

con el extranjero nace la hospitalidad. Sólo en relación con el huésped se puede ser anfitrión. El extranjero, desde los albores de la cultura occidental, fue siempre inqui- etante. Era un testigo que ponía en cues- tión lo que la cultura que lo recibía acepta- ba mansamente como parte de su natu- raleza. El extranjero, el xenos, interpela. Tanto, que fue necesario ya en tiempos de Sócrates implementar, regular, orquestar las leyes de la hospitalidad. Al extranjero se le ofrece un contrato que deberá ser a- catado por huéspedes y anfitriones. Pero eso ya no es ética. Es política. Las relacio- nes con los extranjeros son particulares en cada país y suelen estar regidas por moti- vos económicos. Los nietos de los árabes que Francia recibió después de la Segunda Guerra para trabajar en la reconstrucción del país hoy queman autos. Se rompió el contrato según el cual ellos vivían en Fran- cia pero como chatarra. Ese es el contrato que firman hoy los refugiados de tantos países: ser aceptados a cambio de acep- tarse menos que los demás. Vivir vidas fuera de lugar. ¿Qué deberían hacer los que no tienen lugar? Aceptar lo que son: son no perso- nas. Esa categoría subhumana que la mo- dernidad parió, junto con tantas pestes que ahora roen a Europa por dentro.

Sandra Russo Periodista y escritora argentina. El texto original fue publicado en Página 12, de Buenos Aires. La presente publicación fue autor- izada por dicho medio.

El

sur

del

sur

derechos

La novela sin fin o Fox,

el zorro libre en el gallinero libre

Leda Schiavo y hombría de bien de sus autores (¿algún día podremos decir mujería de bien?) La novela demuestra que el poder nos podrá quitar todo menos el humor, la solidaridad,

Vicente Fox quiso o debió convertirse en el campeón del libre comercio en su venida al sur del sur, es decir a la Cumbre de Mar del Plata, Argentina. El libre comercio, qué ironía. Cuando yo era demócrata cristiana me enseñaron que, según la doctrina social

de la Iglesia Católica, el liberalismo econó- mico era como el zorro libre en el gallinero libre. Hoy, cierta gente que posa de católica sostiene lo contrario y usa cualquier argu- mento para defender el llamado libre comer- cio. Fíjense señores, 29 países apoyaron al ALCA o NAFTA y solamente cinco se opu- sieron. Ese es el gran argumento de Fox para validar el tratado: el número. Ahora bien, por poco que se fijen verán que esos cinco países ocupan más espacio en el ma- pa que los pobrecitos países pequeños de Centroamérica, que como tienen poco que vender venden mano barata, inmigrantes sin derechos, y lo que podrían vender, igual se lo han robado históricamente los más grandes. Como el tomate, por ejemplo, y no sé si conocen la canción “Qué culpa tiene el tomate, que está tranquilo en la ma- ”

ta

den a los mismos que lo cultivaron. O las bananas, que hicieron de esos países que hoy apoyan el libre comercio repúblicas

bananeras

—Qué pena, compadre —dirán— a pe- sar de todo lo que hicimos no pudimos con-

vertir a Brasil y Argentina en repúblicas ba- naneras. —Qué cosa, cómo se rebelan e- sos líderes populistas. A la Argentina gra- cias a estas recetas logramos sacarles

el petróleo, el agua, los teléfonos

ahora se resisten y no quieren darnos

la sangre.

Yo creo que la mejor respuesta a los a- fanes de Vicente Fox son dos novelas que he leído. Como de economía sé poco y en cambio sé algo de literatura, prefiero hablar de esas novelas. Para la novela del zorro libre en el gallinero libre, busque en el

la cárcel por tratar de impedir la tala de ár-

tiempo y de la política, sino la saga de la nación mexicana. Nos muestra una socie- dad detenida en el pasado y a la que se le roba el presente y el futuro, una sociedad

en la que los sacrificios humanos siguen vigentes, aunque tomen otras formas que las que tenían en el pasado indígena. Pero la novela está lejos del realismo social, su manera de narrar está más cerca del surrealismo y de la poesía, quizás de una forma de realismo mágico tan practica- do en la literatura latinoamericana. Aunque a veces se acerca al ensayo antropológico, no abruma con disquisiciones. La búsqueda de la identidad o de un sentido forma parte

de la búsqueda enternecedora en el pasado de México del personaje entrañable que es Tomás Tonatiuh, por lo que la novela, como toda novela, convive con la épica. Todo es una novela y la novela es todo. La venida de Vicente Fox al sur del sur me-

rece ser contada en una novela negra o mejor en una novela esperpéntica. Sus de- claraciones después de la reunión, cuando volvía en el avión a México, son la obra ma- estra de lo grotesco; sobre todo, porque po- dría no haber dicho nada y creo que su cos- to político hubiera sido menor simplemente con callarse la boca. Pero se ve que no pu- do, y el pez y el zorro por su boca mueren.

Leda Schiavo: Poeta argentina. Autora de Con las debidas licencias.

el ingenio. A la vez que una exaltación de

los Nadie, es una denuncia de todas las co-

rrupciones de ese país que vive tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos. El hombre que amaba el Sol, de Homero Aridjis, es a la vez una excelente novela con protagonistas inolvidables y un acerta- do ensayo sobre México y la vida de sus ciudadanos. El protagonista, Tomás Martínez, cambia su apellido a Tonatiuh porque en náhuatl es

el nombre del sol, “el que va haciendo el

día”. Tomás está obsesionado por el sol, adorado como poder soberano y como cre-

ador del mundo en la cultura indígena. To- más es un maestro que fracasa en todo lo que emprende. Lo echan de su cargo, va a

boles y las depredaciones del medio ambi- ente, cae prisionero de unos guerrilleros, se va salvando casi por milagro de todos los peligros. Su gran amor, su esposa Mar- garita, muere en un accidente, y nunca lo- gra, por decencia o cobardía, unirse a otra mujer excepcional, la niña y después mujer Teresa. No sólo los hombres, sino también

los animales y las plantas, son víctimas de

la insensatez y la corrupción, en especial

los árboles, las mariposas monarca y el perro del protagonista. La novela no es sólo la saga de Tomás

luego lo ponen en una lata y se lo ven-

gracias a la United Fruit Co.

y de su pueblo, sujetos a la inclemencia del

Fruit Co. y de su pueblo, sujetos a la inclemencia del Collage. Gustavo Blandón Ruiz pero

Collage. Gustavo Blandón Ruiz

pero

buscador ubbi.com y leerá todo lo que quiera leer. Las buenas novelas de las que quiero hablar son Muertos incómodos y El hombre que amaba el Sol. Ambas reflejan mejor que un libro de ensayos o antropología lo que es México gracias al Partido de la Revolución Institucional —vaya nombrecito

que tiene— y el que está actualmente en el gobierno. La primera novela es del Subco- mandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II,

y la segunda, de Homero Aridjis. Muertos incómodos apareció en folletín en La Jornada y ahí mismo la puede leer si todavía no lo ha hecho. Es la lectura más refrescante y lúcida que he encontrado en los últimos tiempos. Rezuma la humanidad

28 tiempo extra

Acteal,

ocho años después

Alex Wyman

En la mañana del 22 de diciembre de 1997, varias decenas de gatilleros uniformados

entraron en la aldea de Acteal, Chiapas, en

el sureste mexicano, y empezaron una ma-

tanza que duró hasta el oscurecer. Una vez terminada, 45 indígenas tzotziles —21 mu- jeres, 15 niños y nueve hombres— yacían

muertos y 25 más estaban heridos. Todos

eran miembros de un grupo pacifista llama- do “Las Abejas”, que simpatizaba con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Como sabemos, el EZLN se levan-

tó en armas el primero de enero de 1994

para exigir una reforma democrática y el reconocimiento de una serie de derechos para los indígenas de México. Las víctimas fueron masacradas por ser zapatistas, o simpatizantes del EZLN. En cambio, los asesinos fueron reconocidos como “priis- tas”, o simpatizantes del entonces gober- nante Partido Revolucionario Institucional (PRI). La evidencia forense así como las declaraciones de varios testigos revelaron que los asesinos iban equipados con armas de todo tipo: desde machetes hasta “cuer- nos de chivo”. También se estableció que el ataque fue planeado de manera anticipada,

pues los gatilleros atacaron la aldea desde varias direcciones y su medio transporte estaba muy bien coordinado.

Al igual que sus víctimas, los asesinos

eran indígenas tzotziles. Sin embargo, este origen común no los inhibió para tratar a sus congéneres y vecinos con la brutalidad más profunda: a muchas víctimas se les disparó desde atrás, es decir, mientras in-

tentaban huir; varios niños pequeños fueron muertos a machetazos y el vientre de una mujer embarazada fue abierto para despo- jarlo del feto.

A pesar de lo remoto de Acteal, el cri-

men fue denunciado al día siguiente en la

prensa internacional. Varios gobiernos ex- tranjeros y grupos de derechos humanos reprobaron la masacre e insistieron que hubiera una investigación exhaustiva del crimen. En la misma semana, haciendo

a un lado a la policía estatal, el Gobierno

Federal mexicano se hizo cargo de la investigación. En su informe preliminar, el gobierno difundió que el móvil de la masa-

cre había sido la venganza, debido al ase- sinato de un priísta durante la semana anterior, supuestamente perpetrado por zapatistas. Este motivo aparente encajó luego en una interpretación más general que relacionaba la masacre con la violencia intercomunitaria; de esa manera se apoya-

humanos

poesía

humanos poesía A ocho años de la tragedia. Foto: Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de

A ocho años de la tragedia. Foto: Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

ba la idea de que tales enfrentamientos son inherentes a estas comunidades indígenas. Varios académicos, como Gustavo Este- va, y grupos de derechos humanos, como

el Centro de Derechos Humanos Fray Bar-

tolomé de las Casas, han rechazado la in- terpretación del gobierno mexicano. Para

ellos, la violencia es resultado de la estra- tegia federal y estatal de contrainsurgencia, dirigida al EZLN. Desechan la interpretación de violencia intercomunitaria, pues es una manera políticamente conveniente de hacer

a un lado la responsabilidad por la masacre

de las víctimas indígenas. Aunque la lectura de esta interpretación de contrainsurgencia tiende a demostrar un prejuicio a favor del EZLN —evidente en la general ausencia de responsabilidad consignada a los rebeldes por la violencia en la región—, todavía se esfuerza más en establecer quién era res- ponsable por la masacre que lo que se puede saber con la interpretación oficial. Aunque no se ha dado una versión a- ceptada por todos, ciertos hechos clave sugieren que las raíces van más allá de las antiguas hostilidades entre las comunidades indígenas, como el gobierno insiste en ar- gumentar. Pues entre los involucrados en la masacre había varios agentes del ejército y de la policía estatal, un presidente munici- pal y numerosos civiles que portaban armas de fuego restringidas al uso militar. Doce días después de la masacre, el 3 de enero de 1998, el secretario de Gobernación Emi- lio Chauyffet renunció, y el Gobernador de Chiapas, Julio César Ruiz Ferro, hizo lo mismo el 7 de enero. Aunque muchos agen- tes de seguridad y un político han sido en- contrados culpables, eso no significa que automáticamente la masacre haya sido pro- ducto de una gran conspiración orquestada por el Gobierno Federal. Por otro lado, lla- ma la atención que ni Chauyffet, ni Ruiz Ferro, ni ninguno de los demás oficiales del gobierno citados por la Comisión Nacional

de Derechos Humanos fuera investigado. Si la justicia no puede prevalecer hasta

que todos los asesinos y sus cómplices estén en prisión, entonces en el caso parti- cular de Acteal no se ha aplicado realmente la justicia. Además de la falla de no investi-

gar a los oficiales del gobierno ligados con el caso, muchas órdenes de aprehensión relacionadas con la matanza no han sido cumplidas. Era natural que no se lograra una solu- ción durante el mandato del PRI, pues este partido político no tenía nada que ganar (y sí mucho que perder) al investigar un caso

en el que estaba profundamente involucra- do. Pero con la llegada de Vicente Fox a la presidencia en 2000, parecía que un nuevo clima político había llegado, un clima en el que el gobierno no tendría ningún temor de enjuiciar a muchos oficiales del anterior ré- gimen. Parece que a Fox le faltó la volun- tad de esclarecer un caso que seguramente habría causado daño al PRI, y con ello ha- bría puesto en peligro sus alianzas con los congresistas priistas, de quienes dependía la futura agenda legislativa —esto, a pesar de la debilidad de tal agenda. En este momento no hay muchas posi- bilidades de hacerles justicia a las víctimas. Quizá sólo podría lograrse si se llevara a cabo una movilización masiva de la socie- dad que demande una investigación inde- pendiente sin restricciones a los testigos y los expedientes del gobierno. Desafortuna- damente, no existe razón para esperar que se dé tal movilización ahora, ocho años después de la masacre, y si tal esfuerzo fuera llevado a cabo es dudable que el go- bierno cedería fácilmente. Tal vez la masa- cre esté destinada a ser solamente un tema de debates académicos y legales. En Los Altos de Chiapas, Las Abejas siguen esperando justicia.

Alex Wyman es estudiante de maestría en estu- dios latinoamericanos.

Olivia Maciel:

Sombra en plata

Jorge Frisancho

de imágenes trascendentes en el sentido clásico: imágenes que apelen a una instan- cia de “lo poético” entendido como un mo- mento de revelación espiritual, definido

fuera del poema mismo. Esto no es, ciertamente, un demérito:

cada poeta escoge su tradición, y lo que cuenta es lo que hace con ella. Hay sin embargo algunos riesgos. En el caso de

Maciel, el riesgo más evidente se manifiesta

a nivel de vocabulario: la terminología que

adopta se esfuerza por ser convencional- mente “literaria” en su búsqueda de simbo- lismos y trascendencias, y por momentos puede deslizarse hacia el cliché. Las lunas de Maciel son rieladas, sus pensamientos son albos, sus palabras tienen alas; abun-

dan las filigranas, los narcisos, los olanes; hay “gloria preclara”, “flechas etéreas”, “éxtasis sonrosado”. Este vocabulario que a falta de mejor término estoy llamando simbolista, sin em- bargo, no es el límite final del trabajo de Maciel. Sus logros más importantes se dan

a otro nivel (y en última instancia, en sus mejores momentos, le permiten superar el

problema que su léxico presenta). Es en el terreno de la composición del poema donde

la visión de Maciel da frutos de verdadero

interés. En este plano, el apego de la autora a la construcción de imágenes cargadas de sim- bolismo y contenido alegórico (“he de hacer

un viaje breve / adonde las alegorías libren sus encuentros llanos y perezosos”) termina deslizándose hacia una dislocación de las estructuras significantes convencionales, y revela una densidad conceptual y una so- fisticación literaria (ahora sí sin comillas)

El nombre de Olivia Maciel no será descono-

cido para los lectores de Chicago. Presencia activa por muchos años en la escena litera- ria local, Maciel ha venido entregando en sucesivos poemarios los trazos de una obra

poética singular. A ella añade ahora Sombra en plata / Shadow in Silver, su cuarta publi- cación, aparecida bajo el sello de Swan Isle Press. Al igual que sus trabajos anteriores —incluyendo la antología Astillas de Luz / Shards of Light, de la que fue coeditora— esta es una edición bilingüe, con las ver- siones en inglés a cargo de Kelly Austin. Ya el título del libro pone en funciona- miento una de las claves más importantes de la escritura de Maciel. La frase Sombra en plata puede ser leída al menos de dos maneras. Por un lado, puede tratarse de una sombra hecha de plata, o, en todo caso, una de color plata (esta es la sugerencia que hace la carátula del volumen, donde una mariposa sobrevuela su sombra, que es plateada). Por el otro, uno puede pensar en una sombra proyectada sobre un objeto de plata, quizá como quien simula un grabado en el metal pero lo hace efímero, huidizo, apenas momentáneo. Me inclino por esta segunda interpre- tación, pues se condice con el carácter y

el tono de los poemas. La búsqueda de lo

fugaz, la captura de momentos evanescen- tes, la mirada en el punto en que estos hacen contacto con la solidez del mundo:

elementos todos ellos que reaparecen en los versos de Maciel con tenacidad sufi- ciente para convertirlos, o casi, en toda una poética. He dicho líneas arriba que los trazos que Olivia Maciel ha venido dejando constituyen una obra singular, y quiero reiterar ahora el adjetivo. Esta poética de las evanescencias, o de la dialéctica entre lo evanescente y lo sólido, a la que me estoy refiriendo, se construye en términos que son poco frecuentes

en nuestros días. El universo de Maciel, sus inten-

en nuestros días. El universo de Maciel, sus inten- ciones y su visión, son más cercanos

ciones y su visión, son más cercanos

al simbolismo francés del siglo XIX

que a ninguna de las tradiciones

posteriores de la poesía moderna.

A pesar de alguna que otra reso-

nancia vallejiana (“¡Qué perfección

la combinación poligónica / inscrita

en la cáscara de la piña!”), en ge- neral Maciel escribe desde fuera de los cánones contemporáneos, despreocupada de ellos; su interés no se centra en la mecánica del lenguaje o en la condición del sujeto (las dos piedras angulares de la poesía moderna), sino en la búsqueda

poesía

arte

que su terminología, vista fuera de contexto, podría más bien oscurecer. Los poemas de Maciel, con frecuencia compuestos como acumulaciones de imá- genes puras, o incluso como exploraciones breves de una sola imagen, acaban resis- tiéndose a la referencia, velando sus cone- xiones con el mundo objetivo o externo al texto, y con frecuencia afincan su significa- do (que por eso mismo permanece abierto) exclusivamente en la imagen misma. Arte por el arte es el nombre que, hace casi 150 años, se le quiso dar a este modo de hacer poesía, y en el caso de Olivia Maciel, el membrete es apropiado. Es interesante notar que Maciel logra este efecto de forma paradójica, a través de la suma de imágenes ultra concretas, ultra específicas, que sin embargo no pa- recen referir a nada fuera de sí mismas (o refieren, en todo caso, a instancias pri- vadas de la memoria o la experiencia de su autora). Por ejemplo, en este poema titulado “Qué es la libertad…, que cito entero: “el li- món henchido, / la sombra interrumpida / por el metal de la cuchara, // el roto des- bordamiento del gozo, / la noche oscura del alarido, / un fuego anónimo en la calle, / unas renegridas migas de pan…”. Sus mejores momentos, así, son aque- llos en los que el doble impulso hacia la trascendencia alegórica y hacia la concre- ción del imaginario se combinan para pro- ducir núcleos concentrados de palabras que son visiones, que tienen la textura del mundo pero no pretenden reproducirlo o referirse a él, que existen enteramente como una conjunción de objetos ideales sobre la página. Hay, otros ejemplos. El poema “Seca la garganta” incluye los siguientes versos:

“Temblor de los orificios, / escalofrío de los poros / estallar laqueado en oro / de los vasos capilares. // Ojos que no me miran: / caída y ascenso en el centro de las aguas / desbordamiento fluvial de diamantes escar- chados / helada simiente negra y cristalina. // Ojos que me acaban: // polvo polvo pol- vo”. En ellos volvemos a apreciar el encuen- tro de imágenes desprendidas de referen- cia, aunque en esta ocasión centradas en el cuerpo (orificios, ojos, poros) y en una sub- jetividad intensamente adolorida y trágica. En suma, este poemario, en el que los buenos momentos como los que cito abun- dan, es un importante avance en la obra todavía joven de Maciel. Nos permite apre- ciarla ya como conjunto, en sus propios tér- minos, y revela las posibilidades que se le abren a sus singulares opciones estéticas.

Olivia Maciel presentará Sombra en plata el 17 de diciembre a las 7:30 P.M. Décima Musa

1901 S. Loomis

Chicago, IL

(312) 243-1556

Jorge Frisancho: Poeta peruano. Reside en Chicago. Es autor de Estudios sobre un cuerpo.

30 tiempo extra

Thalia Hall,

o cuando el arte se

convierte en publicidad

Thalia Hall, o cuando el arte se convierte en publicidad Foto: Jefferson Gutiérrez Lozano. J e

Foto: Jefferson Gutiérrez Lozano.

Jefferson Gutiérrez Lozano

Cuando vivía en la calle Allport, todos los días miraba el Thalia Hall, un edificio de 1892 al que se le consideraba una réplica del Opera Hall de Praga. El tiempo y los po- cos recursos destinados a las obras públi- cas, le llevaron al abandono durante más de 50 años. Así, hasta que la compañía New Heritage Realty lo compró. Esta compañía forma parte del rápido desplazamiento po- blacional (gentrification) que está tomando lugar en Pilsen, sobre todo en lo que ya se conoce como UIC Neighbordhoods. Las compañías que hoy en día contruyen los proyectos habitacionales University Village, University Station Residents, University Commons, Roosevelt Square y Landmark Lofts, son los mismos que venderán depar- tamentos en el segundo piso del Thalia Hall. Estos proyectos son un claro aviso del desplazamiento de las familias que han vivi- do en Pilsen durante varias décadas. Las estrategias utilizadas por estas compañías son conocidas en otros barrios que ya han sido arrasados por la gentrificación, como Wicker Park, Lincon Park y Hyde Park. El concepto de comunidades universi- tarias surge como la peor maldición para una comunidad de bajos recursos econó- micos. Desde mi punto de vista, el modelo económico del urbanismo en sociedades capitalistas, funciona a partir del desplaza- miento y de la marginación de las clases más vulnerables; en el caso de Chicago se trata de las minorías sociales. En este artículo sólo pretendo enfatizar cómo una forma de gentrificación se apro- vecha del arte; lo usa como pretexto “altruis- ta” en el supuesto desarrollo social de un barrio. En este proceso, los primeros inquili-

nos son artistas a los cuales se les otorga un espacio con alquiler a bajo costo y con ciertas facilidades en los servicios domésti- cos. En su mayoría, los nuevos residentes no tienen mucha conciencia, o interés, en la comunidad que va a ser afectada en este proceso. El método de gentrificación generalmente viene acompañado con el argumento de que se va a rescatar y pre-

servar la arquitectura del sitio, la cual está protegida por la ley llamada “Chicago Land- marks”. El Thalia Opera Hall en la actualidad se encuentra en remodelación y sus exte- riores ha sido decorados temporalmente. Los dueños del futuro negocio, han lapidado las vitrinas frontales del primer piso, con posters de representaciones realizadas por diversos pintores neoclasistas. Al ser mostradas de manera espectacular, estas imágenes denotan la imposición de una estética eurocentrista que corres- ponde a un discurso purista y a- cadémico del siglo XIX. Las fra- ses que acompañan a las pintu- ras están repletas de clichés, pues han sido extraídas de una caduca concepción del arte. Esta combinación de imágenes y pala- bras pretende dar a conocer un restaurante-café que albergará exhibiciones con propuestas ar- tísticas que siguen sus propios parámetros de belleza. En la interacción de estas imá- genes con el contexto espacial surgen dos problemas: primero, la imposición de lo que debe ser el arte para una comunidad que no concibe las misma ideas es-

téticas, y segundo la invasión del

espacio público para los habitantes de este barrio, pues son exhibidas de manera es- pectacular y sin ninguna consideración a los vecinos de la calle Allport y a los feligreses de la iglesia San Procopio. Estos últimos manifestaron su desacuerdo por medio de la recolección de firmas y pidieron que di- chas imágenes sean retiradas del espacio público. Más allá de un asunto moral, esta situación es muestra de la intolerancia por parte de los propietarios del Thalia Hall que toman al arte como un medio de propagan- da. El principal objetivo de este sistema pu- blicitario es atraer clientela, ya que como el mismo dueño Giuseppe señaló al periódico Hoy: “Traer cultura y abrir un espacio para manifestar todo tipo de arte”. Me pregunto para qué público se abrirá este espacio. ¿Para aquel que ha cataloga- do como inculto por no entender las altas esferas artísticas de sus fotocopias a color? ¿O tal vez para el público yuppie, que es al que sirve el plan UIC Neighborhoods, públi- co que por cierto sólo está interesado en el arte como objeto decorativo de compra-ven- ta o como fetiche de clase (véase el caso de Pilsen Art District de Podmayersky)? En Pilsen, la estrategia del mercado de bienes raíces ha adaptado a sus necesida- des una imagen del arte fácilmente manipu- lable. En esta estrategia se revela una vio- lenta invasión de los espacios públicos, así como la imposición de concepciones ideo- lógicas. Detrás de las faltas a la moral que estas imágenes conllevan, Pilsen vive en estos días un desplazamiento brutal de muchas familias, que ahora tendrán que mudarse a los suburbios debido al alto costo de la vivienda.

Jefferson Gutiérrez Lozano: Artista visual. Vive en el barrio de Pilsen, en Chicago.

Jefferson Gutiérrez Lozano: Artista visual. Vive en el barrio de Pilsen, en Chicago. Foto: Jefferson Gutiérrez

Foto: Jefferson Gutiérrez Lozano.

obituario

Eddie Guerrero

(1967–2005)

obituario Eddie Guerrero (1967–2005) Eddie Guerrero. Foto: austinwm.club.fr dos Unidos con la esperanza de introducir la

Eddie Guerrero. Foto: austinwm.club.fr

dos Unidos con la esperanza de introducir

la lucha libre Mexicana en el mercado es-

tadounidense. Pero para la mayoría de los luchadores fue un combate difícil de ganar pues luchaban en arenas y auditorios muy pequeños y se acomodaban con pequeños empresarios que no tenían la capacidad para competir con los grandes de la lucha estadounidense, como The World Cham- pionship Wrestling y World Wrestling Federation. Además los luchadores eran bajos de estatura, la mayoría no hablaba inglés y las personalidades que se inventa- ban no lograban impresionar a la audiencia estadounidense. Ésta se encontraba acos- tumbrada a ver la glorificación de la fuerza

bruta, y no las ingeniosas acrobacias luchís- ticas de los luchadores mexicanos. Y por si fuera poco, los promotores más importante de los Estados Unidos les cerraron las puer- tas. Con la excepción de Eddie y Rey Miste- rio, el resto de los luchadores regresaron a México con la capa caída. Lleno de “coraje, furia y ambición”, Eddie persistió y poco a poco su nombre comenzó

a figurar en las carteleras de la lucha esta- dounidense. Claro, empezó desde abajo y junto a Rey Misterio comenzaron a transfor- mar la “lucha estadounidense”. Sus lanza- mientos aéreos y estilo acrobático, no sólo

capturaron la atención de los fanáticos sino que también fueron sus mejores armas para vencer a sus contrincantes. Con escasos cinco pies ocho pulgadas de altura y con

le llegó la oportunidad a Eddie de estar

en las luchas estelares, especialmente en los eventos de pay-per-view. Desde ese momento hasta su muerte, ganó todo los campeonatos, que incluye The World Championship of the World Wrestling Enter- tainment, otorgado por la principal corpora- ción de lucha libre del mundo. Y obtuvo dicho reconocimiento, ya que la lucha profesional es más un espectáculo que un deporte. Por eso convertirse en un luchador estrella depende de la popularidad entre los fanáticos y no de los atributos de luchador. Esto quiere decir que Eddie supo inventar su propio personaje con un buen puñado de artilugios. Su lema “engaña, miente y roba”, inmediatamente hizo eco entre los fans. El lema le sirvió de telón para el dra-

ma que se tejía en el ring en torno a su per- sonaje; su “telenovela” era seguida muy de cerca por los fanáticos semana a semana en la televisión. A Eddie también se le llegó a conocer como Latino Heat y su espectáculo iniciaba desde su entrada al auditorio para dirigirse

al cuadrilátero. Llegaba a la arena manejan-

do un carro low rider y se le anunciaba con

música latina de fondo y lo presentaban al grito de “Viva la Raza”. Después de bailar

a sus oponentes en el ring, los rendía con

llaves de su propia factura: “el chapoteo del sapo”, “el lazo del paso”, “los tres amigos” y “el hilo”. También introdujo el habla del chi- cano cholo a la audiencia: “órale, homes (homies)”, “ése”, “vato loco”, “wáchale” y “hazlo por tu jefita”, como le decía al Rey

Misterio. Con la muerte de Eddie Guerrero,

llega a su fin la tradición luchística de la dinastía de los Guerrero, una tradición

que brindó un gran regocijo a sus fans, pero muchos tragos amargos a sus rivales.

Juan Mora -Torres: Profesor de historia en

DePaul University, en Chicago.

Juan Ignacio Mora: Fanático de la lucha libre. Estudia en St. Ignatius High School.

Juan Mora-Torres y Juan Ignacio Mora

Eduardo “Eddie” Gory Guerrero murió de un ataque al corazón el 13 de noviembre de 2005. Tenía 38 años de edad y se en- contraba en la cumbre de su carrera como luchador. El patriarca del clan de los Guerrero, Gory —junto a El Santo, Mil Máscaras y Blue Demon— fue unos de los grandes íconos de la lucha libre mexicana. Además de Eddie —el más joven de cuatro herma- nos—, un sobrino y dos primos siguieron los pasos del ambiente luchístico del pa- triarca. Sin embargo, Eddie fue el único que alcanzó la estatura del gran Gory. Como los mejores luchadores mexica- nos de hoy en día, Eddie creció en una ciu- dad fronteriza, El Paso, y desde muy pe- queño, su padre lo comenzó a preparar. Asistió a la universidad gracias a una beca que obtuvo por sus méritos como luchador y en 1978 debutó profesionalmente en el Toreo Cuatro Caminos de la ciudad de México. Siguiendo la tradición de la lucha mexicana, resguardó su identidad bajo el nombre de Máscara Mágica. El Brazo de Plata, mejor conocido como Súper Porky, conoció a la familia Guerrero muy bien y en su reciente visita a Chicago recordó la manera en que conoció a Eddie:

“Tenía mucha furia, mucho coraje. Y como era el más chico, resultó ser la ovejita ne- gra de la familia y, a la misma vez, el con- sentido de los Guerrero”. El Satánico, otro luchador de gran tra- yectoria, coincidió con Súper Porky: “Eddie tenía mucho coraje”. Y El Villano III, por su parte, añadió que además de “coraje, esta- ba lleno de ambición, pero lo respaldaba

“coraje, esta- ba lleno de ambición, pero lo respaldaba El Satánico. Foto: José Guzmán. con mucho

El Satánico. Foto: José Guzmán.

con mucho conocimiento de la lucha. Como

él hay muy pocos en la actualidad”.

“Furia y coraje” fueron dos de las cuali- dades que siempre caracterizaron a Eddie arriba y abajo del cuadrilátero y aunque a menudo lo metieron en problemas. Mientras

se afanaba por forjar su nombre en el mun- do competitivo de la lucha libre mexicana,

a menudo le faltaba al respeto a los lucha-

dores establecidos. El Satánico —enemigo perpetuo del clan Guerrero— recuerda los orígenes de su pleito con Eddie que conti- nuó hasta su muerte: “Comenzó con una discusión y se calentó entre las cuerdas. Creo que se dio porque el que está abajo quiere el puesto del que está arriba y co- mienza a decir que es mejor que uno”. Esta rivalidad trascendió el ring, siguió en los vestidores y se extendió más allá de las arenas.

en los vestidores y se extendió más allá de las arenas. El Villano III. Foto: José

El Villano III. Foto: José Guzmán

Eddie luchó bajo los nombres de Más- cara Mágica, Black Tiger y por un corto tiempo luchó en pareja con el hijo del Santo. Esperaban continuar la fama que

habían iniciado los fundadores de la Pareja Atómica: Gory Guerrero y el Santo. Los hi- jos quisieron hacer lo mismo y comenzaron

a

luchar con el nombre de la Nueva Pareja

220 libras de masa corporal, a Eddie siem-

y

generalmente pesaban el doble que él.

Atómica. Y funcionó por un corto tiempo ya que Eddie había comenzado luchando co-

pre le tocaron los contrincantes más altos

mo “técnico” y terminó como “rudo” una vez

El

Villano III, quien también ha luchado en

que había traicionado al hijo del Santo. Ante

los Estados Unidos, recuerda que a Eddie

la ruptura, Eddie formó el grupo de lucha-

dores Los Gringo Locos. Por otra parte, se- gún El Satánico, “Eddie no soportó andar enmascarado ya que era hijo de una leyen- da, así que botó la máscara y siguió luchan- do con su nombre de pila: Eddie Guerrero”. En la década de 1990, muchos lucha- dores jóvenes mexicanos cruzaron la fron- tera en busca de fama y fortuna; entre ellos venía Eddie Guerrero. Llegaron a los Esta-

le tocó ser partícipe de las “luchas más

sensacionales e inigualables, y casi siempre fueron la mejor lucha del programa”. A pe- sar de que Eddie se convirtió en uno de los

favoritos de la fanaticada, no se le brindaba

la oportunidad de ser un luchador estelar.

Durante esa época bebió en exceso y se volvió adicto a las drogas, sin mencionar los problemas judiciales en que se metió. No fue sino hasta 2002 que finalmente

B UENOS A IRES Y LOS MITOS Jochy Herrera El nombre de una mujer me
B UENOS A IRES Y LOS MITOS Jochy Herrera El nombre de una mujer me

BUENOS AIRES

Y LOS MITOS

Jochy Herrera

El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Borges

Acabo de regresar de Buenos Aires. Era tal como lo suponía. Apoyado en un libraco volumen tres y poblado de cartas cortazarianas, recuento mis primeras horas rodeado de minas elegantes y de memoria: Guerra Sucia, Oliveiro Girondo y el Luna Park; la Plaza de Mayo inundada de bande- ritas para turistas que fotografían gendarmes jó- venes, tan ellos que a Videla sólo lo conocen de oídas (son casi inofensivos soldaditos bien vesti- dos, casi nuevos, pero mas que todo inofensivos porque protegen a no sé qué ni a quién de unos piqueteros buenas gentes que sólo exigen mejor fiambre). Éstas, mis confesiones, las comparto con un amigo que ya pertenece a los difuntos. Él escribió una vez que América era un texto cuya primera página estaba ahí para regresar a ella y vernos a nosotros y ver nuestro universo; que no importa- ba si entendíamos lo americano como descubri- miento o como encuentro de culturas, lo ameri- cano nacía con la certeza de los actos fundado- res: poseemos el origen constitutivo y sabemos nuestro punto de partida, uno que precisa el antes y el después. Esta concepción permitió a Enriquillo Sánchez definir lo que a su modo de ver era esencial para la literatura latinoamerica- na: el concepto de ley de la fundación. Para el fenecido escritor, Borges, Neruda y García Már- quez eran ejemplos capitales donde se encuen- tran los programas poéticos más ambiciosos en las letras hispanoamericanas. El poema de Borges Fundación mítica de Buenos Aires facilita mi reconstrucción de una urbe que solamente puede ser llevada en el corazón; un corazón que ha fundado sueños

y perpetuado irrealidades, un alma capaz de per- seguir el amor con sus mitologías y sus pequeñas magias inútiles. Empecé a encontrar esta ciudad en El Ateneo (librería de tertulias y huellas greco-romanas ) una tarde de café y jóvenes sedientos de libros, quienes, ahogados en palabras, se refugiaban tras un mar de páginas contra los 40 grados de la in- temperie del Cono Sur. A mi lado, una tía en su edad, leía impertérrita una biografía de bolsillo de Marco Polo. El silencio y el café negro me re- montaron al día que justo finalizaba: la niñez de Leda, mis amuletos, el fin del invierno austral y un piloto que unas horas antes habló en un len- guaje escandalosamente porteño a pesar de su evidente nariz anglosajona. Más tarde, anoche, fue tango. Yo era bando- neón mientras la pubertad me sacudía en ese barrio sin nombre del Santiago dominicano. Allí escuchaba los anocheceres musicales del único bar de mi memoria: El Morocho. Allí se anuncia- ba todo lo que se podía saber de tango allende Buenos Aires: Gardel que volvía y volvía mien- tras el primo Luis José iluminaba mi preadoles- cencia de inocente ciudadano, Damaris, que no entendía de cuerpos ni de edades, porque ella era sólo poseedora; y yo, que apenas me conocía, hurgaba pesares y sueños tucumanos. Caminito. Los vecinos de Boca dicen que cam- bian los gobiernos pero la miseria continúa; en- tre fútbol y fantasmas de inmigrantes italianos, nacen, crecen y se reproducen con y en el fútbol. Este callejón bohemio sobrevive el turismo por- que ya dejó de ser historia. Es la nueva Argen- tina, el nuevo país de unos cuantos y la nueva República gracias al Ménem ícono y usurpador. Ciudad de ausencias. Viví tinto, matahambres, bifes y una que otra milonga; la Galería Patio- Burlich y otras tumbas del consumo. Supe de alfajores y dulzuras, mas ahí no estabas. Estabas pero no me estabas con esos ojos de bandera oscura llena de sol, ojos de Borges celoso mien- tras te miraba en el Café Quebec. Te quedaste, che, en cada esquina del Buenos Aires que yo leía en Página Doce y lleno de ti imaginaba. Presa del Mar del Plata te quedaste, tras ese río gris que no vio tu color rosa a pesar de los viajes de la jungla; a pesar del Paraná dejando huellas justo frente a Puerto Madero una mañana cual- quiera de este quimérico presente. Hace unas horas que despedí a Buenos Aires sin desearlo. Mito o sueño, vivir ciertas historias es, únicamente, dominio de la literatura. Aclaro que no fuiste literatura mientras llegabas esa ma- drugada lúcida entre Recoleta y Callao, apenas media milla de Corrientes y Florida. Allí eras el amor amenazado, delatado en el nombre de una mujer. Y yo, como Borges, temeroso, tuve que ocultarme y huir.

Jochy Herrera: Escritor dominicano. Reside en Chicago.

¿F ELIZ ? N AVIDAD Bernardo Navia Lucero ¿Hasta qué punto hemos perdido para siem-

¿FELIZ? NAVIDAD

Bernardo Navia Lucero

¿Hasta qué punto hemos perdido para siem- pre la sensación única e irrepetible con las

que estas fechas de fin de año solían impreg- nar el mundo (real e imaginario) de antes? “El mundo ha cambiado mucho. Las cosas no son igual que antes”, se alude como rápida

y fácil salida ante el tema. Sí, es cierto, el

mundo ha cambiado y las cosas son diferen- tes. Pero son diferentes porque, me atrevo a asegurar, en alguna vuelta del camino hemos perdido la brújula de navegar. No quisiera

que se me acuse de fariseo pero, por ejemplo, ¿no celebramos Navidad para recordar el na- cimiento de un carpintero pobre? (De hecho,

la palabra navidad alude a ‘nacimiento’) Tal

vez, en el futuro, cuando los arqueólogos, los

exploradores e historiadores desentierren las ruinas de estos días, no podrán clarificar este enigma: “¿Cómo se relacionaban los centros comerciales atestados o las prístinas avenidas Michigan (la de Chicago y las de todas partes) con las enseñanzas de un humilde carpintero?” ¿En qué recoveco del camino hemos perdi- do la brújula? Me explico, por una parte, el imperio de turno de nuestros días celebra en noviembre un día para agradecer al mismo Dios a quien ruega bendecir a sus soldados quienes, a falta de nativos con plumas en la cabeza, apuntan a cabezas con turbantes; y, además, a pocos días después del día de ac- ción de gracias se celebra el nacimiento del hijo de ese mismo Dios, y esta celebración ocurre en toda la mitad occidental del pla- neta. Un Dios, que dicho sea de paso, ha de serlo sólo de la parte occidental del planeta;

y, siendo este país la fuerza dominante de

esta parte del planeta, su consigna God Bless America pareciera incluir no sólo sus fron- teras, sino también toda la mitad occidental del mundo. El resto no existe. O, de querer existir, ha de tener que adoptar la filosofía de vida de este sistema, ya que es el sistema al cual se espera que Dios bendiga a cada momento. Por otra parte, si aquí abundan los regalos de costosos, ruidosos y violentos juegos elec- trónicos que reconocen el dudoso mérito de quien mate más (pero que significan el sus- tento para la familia del obrero japonés que los arma), en el resto del mundo (aunque los

medios de comunicación, Hollywood, o la a-

patía en general, se esfuercen por insistir en que ‘el resto del mundo’ no existe), comentaba que en ese resto del mundo, dentro de muy pocos días, hacia fines de año, ya habrán muerto 6 millones de niños menores de 5 años debido al hambre (y no me refiero al hambre que sentimos entre comidas). Sí. Hemos perdi-

do la brújula, mientras la televisión, las ofer-

tas, las vitrinas, la fiebre del consumo, los centros comerciales; en fin, un sistema que

se muestra en todo su bendito esplendor

(porque, que quede claro: a las imágenes de desamparados en las calles, o a las de la gente negra y pobre que ya cayó en el olvido, allá,

en Nueva Orleáns; o a las de los huérfanos y

viudas de la guerra —árabe, ya que las otras

no cuentan, porque es a esa parte el mundo

adonde se debe imponer a la fuerza la demo- cracia y el cristianismo, ¿no es eso el origen

de la celebración del Día de Acción de Gra-

cias?—; o, como decía, a las imágenes de los inmigrantes ultimados en las fronteras —es- pañolas, estadounidenses, costarricenses, no

importa—; en fin, vivimos en la era electróni-

ca, de modo que da la impresión que a todas

estas imágenes mencionadas sólo basta con aplicarles el comando de turn off y, si no apa- recen en la pantalla de nuestro televisor, ya no cuentan y mucho menos importan); de modo que, decía, en este sistema nuestro de cada día, que en estas fechas especiales suele mos- trarse en todo su esplendor, no es exagerado sostener que todo parece estar apuntando a que hemos perdido la brújula que nos guiará a buen puerto. Ahora, sentado frente a mi ordenador, mientras escribo estas líneas y saboreo un café, intento (inútilmente, claro) no pensar

en el hecho de que el precio de mi café es

más o menos igual a lo que ganará en un año

un trabajador de Zaire y me costó más de diez

veces de lo que ganó un niño en algún cafetal centroamericano después de colectar los gra- nos durante un día entero de trabajo. Hemos perdido la brújula. Recuerdo que parte de la canción Vuele bajo, que interpre- taba el cantante argentino Facundo Cabral, decía: “El hombre ambiciona

cada día más y está equivocado si piensa encontrar con una escopeta la felicidad. No crezca, mi niño. No crezca jamás:

los grandes al mundo le hacen mucho mal”.

Bueno, en fin. “Qué le vas a hacer, ñato”, decía Julio Cortázar. Se me está haciendo tarde y hay que ir a comprar regalos. A ver

si también me sumo a atestar algún centro comercial y conseguir esa canción para Inti,

mi niño. Él, en su inocencia, va a seguir por-

fiando con crecer, de todas maneras; y yo,

en la mía, seguiré porfiando con la idea de

que, a pesar de los pesares, aún se puede desear una feliz navidad. Feliz, de verdad. Para todos.

Bernardo Navia Lucero: Profesor de español en la Universidad DePaul. Es autor de Doce muertes para una resaca.

DePaul. Es autor de Doce muertes para una resaca. Gabriela Juárez Domínguez: Cómo te veo. insectos

Gabriela Juárez Domínguez: Cómo te veo.

insectos negros que contrastan con el rojo que le rodea. Pes- tañas negras se dispersan so- bre un fondo color cobre que se desvanece sobre una super- ficie blanca. A pesar de que el tema es espeluznante, la obra encuentra su balance y los co- lores se hallan bien contrasta- dos. Gabriela la bautizó: Como te veo. Otro fotograbado de Gabriela

que me llama la atención tiene un fondo rojo; y a todo lo largo

y ancho hay rectángulos verti-

cales y horizontales. Dentro de ellos vemos formas elípticas

con diferentes matices de color cobre y negro. Al aproximarse al cuadro puedes observar que esas formas son bocas tenues, deformadas, semiabiertas unas

y otras completamente abier-

tas en aptitud de Diálogo en- tre paisanos que es el título

GABRIELA JUÁREZ DOMÍNGUEZ

Y SUS FOTOGRABADOS

Humberto Uribe

Nació en Guadalajara, ciudad donde creció. Obtuvo su licenciatura en Sociología en la Universidad de Guadalajara en 1995. Desde muy joven se interesó por el “arte alternativo”, y junto con familiares y amigos fundó una galería llamada La Grieta, donde se proyectaban pelícu- las y se daban conferencias que tenían que ver con los problemas sociales. Pero la inclinación

de Gabriela se dio por las artes plásticas. Por eso viajó a Nueva York, donde estudió grabado.

Y más tarde viajó a Brasil y a Francia donde

hizo algunas exposiciones.

Conocí a Gabriela porque mi hija Crisol me la presentó en el 2000. Ellas fueron compañeras de clase en el Instituto de Arte. Desde entonces fre- cuentó nuestra casa. En nuestros viajes a Guada- lajara y a Puerto Vallarta tuvimos la oportunidad de conocer a parte de su familia, quienes nos a- tendieron amablemente. Allá pudimos apreciar

el interés de su familia por diferentes disciplinas,

pues entre ellos hay científicos, fotógrafos, can- tantes y bohemios. Durante los cinco años que vivió en Chicago, Gabriela colaboró en movimientos a favor de los inmigrantes y expuso en varias galerías. En el Museo Mexicano de esta ciudad, Gabriela dictó clases de Arte. Su obra artística se enfoca en lo conceptual postmodernista y se concentró en la idea de re- vertir lo estético, creando una descomposición

en la imagen e integrando algunos otros elemen- tos estéticos. En la subasta que organizó la revista contra- tiempo en 2003, tuve la oportunidad de comprar

el fotograbado de Gabriela. A cierta distancia se

aprecia un contraste equilibrado de colores, pero

si te acercas apreciarás, en el primer plano, un

ojo gris en descomposición rodeado de larvas e

del grabado. Gabriela, antes de irse a España, ha dejado bajo mi custodia un fotograbado titulado Brazos del deseo. El fondo es blanco y el punto central son los brazos femeninos en blanco y negro con manos estilizadas que brotan de un encaje en forma de semicírculo color vino-tinto; una de las manos sostiene un dedo, recién arrancado, san- grante todavía con la uña finamente pulida y pin-

tada y la otra mano atrapa dos dedos semitritura- dos y sangrantes. Rectángulos grises y blancos con figuras elípticas ubicados horizontal y verti- calmente en el lado superior izquierdo y algunos otros dispersos en la parte inferior, de izquierda

a derecha, ayudan a darle contraste y equilibrio

a la composición artística. En este momento Gabriela se encuentra en Mallorca. Sé que en febrero del próximo año par- ticipará en una exposición internacional que se llevará acabo en la Plaza Dalí, de Madrid. Gabrie- la representará a México. También sé que posteri- ormente trabajará en la Casa de la Cultura en Mallorca. Alguna vez Gabriela me comentó que le gus- taría visitar Egipto y Marruecos, países que para ella tiene su encanto. Todo eso no quiere decir que se desvincule de Chicago, ciudad de su pre- ferencia, donde tuvo las mejores experiencias artísticas y donde deja recuerdos y amigos tanto profesionales como personales. Suerte en aquellos lares, Gabriela.

Humberto Uribe: Profesor colombiano en Malcolm X College, en Chicago.

Uribe: Profesor colombiano en Malcolm X College, en Chicago. Gabriela Juárez Domínguez: Diálogoentre paisanos. tiempo

Gabriela Juárez Domínguez: Diálogoentre paisanos.

Arte 1458 W. 18 t h ST. 1R FUMED: Meditations on Urban Aesthetics Jessica Aiken,

Arte

Arte 1458 W. 18 t h ST. 1R FUMED: Meditations on Urban Aesthetics Jessica Aiken, Mike

1458 W. 18 th ST. 1R

FUMED: Meditations on Urban Aesthetics Jessica Aiken, Mike Genovese, Víctor López, Nino Rodríguez Hasta el 24 de diciembre (773) 344-1940

CAFÉ

efebos

Viernes:

Trova con Luis Badillo 2123 S. Blue Island (312) 633-9212

Trova con Luis Badillo 2123 S. Blue Island (312) 633-9212 Ché Café arte, lecturas 1058 W.

Ché Café arte, lecturas 1058 W. Taylor St. (312) 850-4665

Décima Musa Jueves de trova con Ramón Marino 1901 S. Loomis (312) 243-1556 Jueves de trova con Ramón Marino 1901 S. Loomis (312) 243-1556

Kristoffer's Café

Ajedrez y ricos postres

1733

(312) 829-4150

S. Halsted

Mi Cafetal

Miércoles: Trova cubana

1519

(312) 738-2883

W. 18 th St.

Trova cubana 1519 (312) 738-2883 W. 18 t h St. Batey Urbano Café teatro Jueves: Open

Batey Urbano Café teatro Jueves: Open Mic 2647 W. Division (773) 394-5206

CINE

Jueves: Open Mic 2647 W. Division (773) 394-5206 C INE Los olvidados Hasta el 8 de
Jueves: Open Mic 2647 W. Division (773) 394-5206 C INE Los olvidados Hasta el 8 de

Los olvidados Hasta el 8 de diciembre Music Box 3733 N. Southport (773) 871-6604

Danza

250 años del nacimiento de Mozart Chicago Symphony Orchestra con Hubbard Street Dance 1, 2, 3 y 4 de diciembre Chicago Symphony Center 220 S. Michigan Ave. (312) 294-3000

MÚSICA

Symphony Center 220 S. Michigan Ave. (312) 294-3000 M ÚSICA Víctimas del Dr. Cerebro, [.Descarga.] 10

Víctimas del Dr. Cerebro, [.Descarga.] 10 de diciembre: 7:00 P.M.

Congress Theater

2135 N. Milwaukee

Buscando la banda más chida Cuarta eliminatoria: Corali, Exodo, El Jet Set, Los Pecadores, Monospit, Nahuales Underground, Polvo Lunar 8 de diciembre: 9:00 P.M. Mission Night Club 209 E. Chicago, en Elgin Illinois (847) 488-0320

Night Club 209 E. Chicago, en Elgin Illinois (847) 488-0320 Goran Ivanovic, Andreas Kapsalis y Alfonso

Goran Ivanovic, Andreas Kapsalis y Alfonso Ponticelli 28 de diciembre: 8:30 P.M. HotHouse 31 East Balbo (312) 362-9707

TEATRO

8:30 P . M . HotHouse 31 East Balbo (312) 362-9707 T EATRO Sopa de teatro

Sopa de teatro Meztli Gallery & Compañía de teatro Ñ Drama, Comedia, Baile, Monólogos, Pantomima, Performance, Improvisación 2, 3, 9, 10, 16 y 17 de diciembre: 8:00 P.M. Meztli Gallery 556 W. 18th St. (312) 226-0754

Abuelita de Batman Comedia en cinco cuadros Dirección: Karla Galván 16, 17 y 18 de diciembre Teatro Tariakuri 1530 W. 18 th St. (312) 738-4107

Teatro Tariakuri 1530 W. 18 t h St. (312) 738-4107 Ó PERA The Wild Party Bohemian

ÓPERA

The Wild Party Bohemian Theatre Ensemble 12 de diciembre 3175 N. Broadway (312) 786-9557

The Midsummer Marriage de Sir Michael Tippet Dirección: Sir Peter Hall Hasta el 16 de diciembre. Lyric Opera of Chicago Wacker Drive y Madison Ave. (312) 332-2244

ARQUITECTURA

Antonio Gaudí de Hiroshi Teshigahara Del 16 al 22 de diciembre Martes a Viernes:

6:15, 7:45 P.M. Sábados: 3:15, 4:45, 6:15,7:45 P.M. Domingos: 3:15,4:45 P.M. Gene Siskel Film Center 164 North State Street (312) 846-2600

Siskel Film Center 164 North State Street (312) 846-2600 H H o o r r ó

HHoorróóss ccooppooss

DOÑA MASAS hoy se las da de politi- quera y predice para los dirigentes de nuestro desnivelado continente…

ARIES: Los arianos creen sólo en sí mismos, por eso son autoritarios e intolerantes. Maduro es el Aries que más manda en Honduras aunque nacido en Panamá, vaya Ud.

a saber. En Lima, Toledo, vestido o encuerado, es un pe-

ruariano peligroso con las damacuchas, metiendo su cabecucha en todas las abiertas puertas (de moteluchos). En Ecuador, ya se sabía que Gutiérrez era un ariano con

exceso de educación militar, así que ahora que se fue, no

se duerman en sus galápagos, ecuas. Pronto podrían estar

de nuevo a la vanguardia monetaria en Latinoamérica con

el eurosucre, y si la cosa empeora, pues con el eurosufre.

TAURO: Las vaquitas son posesivas, siempre en busca de comodidad con tenaces tarritos. Por allá por Nicaragua el toro de Bolaños ya prepara la capada que le van a dar otra vez al insistente escarabajo de Daniel Ortega en las próxi- mas elecciones. Los nicas, sobrevivientes de un sinfín de gobiernos corruptos, se merecen mucho mejor que esos dos, digo yo. Recomiendo que empiecen otra guerra con Costa Rica y reclaman Guanacaste. Así se anima un poco Centroamérica, que eso de las guerras, según nuestro can- ceriano Bushinepto, le gusta al pueblo: Keep the masses entertained, and they shall not protest.

GÉMINIS: Entre los jefazos latinoamericanos no hay ni un geminiano. Y astutas son las estrellas porque, digo yo, un inestable al mando sería un espanto en cualquier potrero, y más en el nuestro, tan cagado. Un geminiano se aburriría de tantas malas noticias y querría enseguida cambiar de

continente. Ya ven, the stars, como Doña Masas, know what they are up to.

preside en tierras hispanoparlanchinas. Y eso es bueno, porque son de estructurados, criticones y respingones que tener un dirigente de esa calaña nos llevaría al tormento bien organizado. Y de eso nada, querida. Entre nos que reine el desorden, que de otra manera nos asustaría.

CÁNCER: Lunáticos de lagunita, los caprichosos y extrava- gantes Cáncer se destacan por el subi-baja emocional, siempre entre la depresión y el entusiasmo. Así vive Álvaro Uribe, rezando en la Santa Fe de Bogotá, que en cualquier momento Tirofijo se compra gafas, apunta bien y zas… Y más al norte, que se cuide el canceriano Fox del López Obrador, y de los negros bravos del norte, que le están preparando una tremenda mala obra mexicana. Las estre- llas pronostican que va a ser como un culebrón de Televisa

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LIBRA: Los libranos le huyen a la confrontación y prefieren

compromiso, lo que es buena noticia para el Paraguay,

donde reina Duarte Frutos, librano que veremos si da fru- tos. Así que tranquilos, colorados y guaraníes por igual, que hacia el progreso y la abundancia las reservas petro- leras del Chaco los ha de llevar en esta era donde la religión del oro negro es lo único que cuenta. Y bueno, si eso no funciona, ahí tienen las cataratas para recreación suicida. A que salto, a que salto, los saltos del Iguazúúúú….

donde la mucama llega a presidenta, pero sin comerciales de la Coca-Cola ni episodios del Zorro. En Panamá, el can- grejo Martín Torrijos y su socio Pedro Navaja, alias Rubén Blades, tienen planes de ampliar el canal tanto-tanto, que se dice abarcará desde las costas de Colombia hasta el río

ESCORPIÓN: Los escorpiones brillan por su agresividad, sea sexual o intelectual. Por eso a menudo los escarabajos son anticonformistas y, a veces, revolucionarios. Y ahora que por toda la puntita del coño sur se acomodan dirigentes fruto de las revoluciones y las evoluciones del siglo 20, dando toques de samba socialista anda el escorpioncito Lula da Silva por el carnaval de Río, encaramado en el gran trono político del Brasil. Yo, por si acaso, ya les prendí veli- tas a mis santos yoruba para que entre todos no caguen la oportunidad cíclica que brindan las estrellas a los nuevos socios demócratas-liberales.

Bravo. Será pa´facilitar el turismo económico adicto a lo que por acá llamamos migración perenne, ¿no creen?

LEO: Se creen los reyes del mambo, pero lo que sobra en este signo son dictadores de pacotilla. La momia de Castro no deja de escupir sus maratónicos discursos aunque provoquen un bostezo general. Chávez, aspirante al trono castrato por sus amoríos con Fidel, es un leoncito apto a sembrar el pánico en el poderoso Grupo Cisneros/ Venevisión con su cara de puerco ansioso. Por Bolivia ruge, a intervalos de quita y pon, Mesa Gisbert, que si se descuida un poquito MAS, el Evo le va a propinar un golpe cocalero digno de una alucinación. Y mientras, en Guatemala, Óscar Berger se la pasa comiendo bombones belgas entre llanto y lamento indígena. Por la madre patria, que no la podemos dejar fuera, Zapatero y el PSOE se encargan de que nadie olvide el 311, que a Bush el 911 le valió la reelección.

VIRGO: Los Virgo pertenecen al elemento tierra, y benditos sean por dedicados y laboriosos, pero por ahora ninguno

SAGITARIO: Dominados por el deseo del cambio cons- tante que lleva a la conquista de nuevos territorios, los

inquietos sagitarianos se pasan la vida de acá pa´llá. Y más

menos eso es lo que hace Abel Pacheco en Costa Rica.

Todos los días va en carretón tica de Guanacaste a Limón,

y luego hasta Golfito, cerquita de Panamá, vigilando sus

fronteritas pa´ que no se le cuelen más nicas desemplea- dos, colombianos huyendo de cocaleros y guerrilleros (que ya vienen siendo lo mismo), venezolanos anti-chavistas y cubanos balseros con brújulas sin agujas, donde el sur es

norte y el norte, sur. ¡Mae, que no hay cama pa´tanta gente, sólo pa´los ecoturistas!

CAPRICORNIO: La gente de este signo tiene gran capaci- dad racional para evaluar la realidad y dominar sus emo- ciones. Esa cualidad les vendrá como anillo al cuerno a los carneritos Leonel Fernández en la República Dominicana y

a Tabaré Vázquez en el Uruguay. Control, muchachotes,

control, que la cosa está mala. Ya Fernández sabe cómo se baila el merengue político dominicano, porque es repetidor de ofensa; pero el Tabaré, a pesar de su frente amplio, tiene mucho que aprender y debe andarse con cuidado por tierras cundidas de militares ansiosos por bailar el tango aquel de que en veinte años nos toca otra vez.

ACUARIO: Idealistas y místicos, los acuarianos dicen ser líderes pensantes y equilibrados. El gobernador de la Isla del Encanto, Acevedo Vilá, va a tener que implementar ese don acuariano para llevar las riendas, ya que después de las elecciones del 2004 las dos ramas del gobierno en Puerto Rico cayeron en manos de partidos opositores, y el tira-y-empuja va a ser descomunal entre esos nenes, ben-

dito. Si se empiezan a tirar alcapurrias y papas rellenas por

la Baldorioty, quién-tú-sabe los va a invadir… otra vez.

PISCIS: Estos pescaítos son seres complejos aunque tienen visión global. Pueden ser irracionales, al igual que sensuales y tiernos en exceso. En esta turbulenta pecera vive el populista pez Kirchner de Argentina. Y nada-que-te-

nada con la idea del capitalismo nacional anda el ché hasta ver qué. Su vecino chileno, Lagos Escobar, se ha ganado

el arrecife vinatero de la pecera sólo por haber lidiado cara

a cara con el sangriento tiburón sagitariano de Pinochet.

Representando a El Salvador, y de paso a Palestina para

ser abarca-todo, el Tony Saca se sacó el balón de la manga

y metió el golazo de la presidencia con la pierna derecha

después de transmitir muchos malos partidos de fútbol de

la selección nacionaaaallll.

Si desea saber dónde se distribuye contra tiempo, visite www.revistacontratiempo.com

Si desea saber dónde se distribuye contra tiempo, visite www.revistacontratiempo.com

contra tiempo, visite www.revistacontratiempo.com Casa de la Cultura Carlos Cortez Mestizarte los invita a
contra tiempo, visite www.revistacontratiempo.com Casa de la Cultura Carlos Cortez Mestizarte los invita a

Casa de la Cultura Carlos Cortez Mestizarte

los invita a la celebración anual

Todos Juntos en navidad

Comida, música y aperitivos

Domingo 25 de diciembre 1:00 P.M. Entrada gratuita 1444 W. 18th St.

diciembre 1:00 P . M . Entrada gratuita 1444 W. 18th St. busca voluntarios: fotógrafos, diseñadores,

busca voluntarios:

fotógrafos,

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distribuidores,

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administradores

Interesados comunicarse al (312) 769-2923

eventos@revistacontratiempo.com

www.revistacontratiempo.com

Vida y obra de

Marcos Raya

Vida y obra de Marcos Raya De venta en: El Museo de Bellas Artes Mexicanas (1852

De venta en:

El Museo de Bellas Artes Mexicanas (1852 W. 19 th St.) Librería Girón (1443 W. 18 th St.) Barbara’s Book Store (1218 S. Halsted) Raya’s Studio (2201 S. Halsted)

Subasta de arte

Subasta de arte para Celebre con nosotros en el Centro Museo de Bellas Artes Mexicanas y

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Celebre con nosotros en el Centro Museo de Bellas Artes Mexicanas

y disfrute de los deliciosos bocadillos de Café Efebos, Café Mestizo, Ché Café, Décima Musa, Kristoffer's Café y Mi Cafetal,

deleite la exclusiva selección de vinos argentinos,

disfrute los ritmos brasileños de Geraldo de Oliveira y Luciano Antonio,

y tendrá la oportunidad de coleccionar las obras de más de cincuenta artistas:

Patricia Acosta David Aguirre Miguel Alvarado Monserrat Alsina Tim Anderson Tim Arroyo Adriana Baltazar Victoria Bianco Tomás Bringas Edelweiss Cárdenas Carla Carr César Casas Javier Chavira Miguel Cortez

Roberto Ferreyra Esperanza Gama Manuela García-Faure María Gaspar Sergio Gómez María Issisi Nicolás de Jesús Alexy Lanza Juan Carlos Macías Islas Jeff Maldonado Ramón Marino Antonio Martínez Giovanni Matallana Francisco G. Mendoza

Montana Morrison Guillermo Munro Colosio Fernando Olszanski Kelly Pelka Liliana Pérez-Reynolds José Luis Piña Eufemio A. Pulido Josefina Ratto Luz S. Radinsky Marcos Raya Sebastián Rimoldi Pete Rodríguez Alejandro Romero Ricardo Santos Hernández

Pablo Serrano Lou Shields Rahmaan Statik Diana Solís Rosy Torres Gabriel Villa Thelma Uranga Gerardo Villarreal Garza Rebecca Villarreal Mauro Vásquez Paola Valera

Viernes 16 de diciembre de 2005

6:00 P.M.–10:00 P.M. Cierre de ofertas 8:30 P.M.

Donación: $10 (Incluye hors d’oeuvres y vino)

Centro Museo de Bellas Artes Mexicanas

1852 W. 19 th Street Chicago, Illinois

Información: (312) 427-5450

Museo: (312) 738-1503

Estacionamiento gratuito en la secundaria José Clemente Orozco: 1940 W. 18 th Street