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Política y perspectiva

Continuidad y cambio en el pensamiento
político occidental

Sheldon S. Wolin

Amorrortu editores
Buenos Aires

Director de la biblioteca de ciencia política y relaciones internaciona­
les, Eugenio Kvaternik
Politics and visión. Continuity and innovation in Western political
thought, Sheldon S. Wolin
© Liítle, Brown and Company, Inc.. 1960; sexta reimpresión
Traducción, Ariel Bignami
Revisión técnica, Alfredo Antognini

Unica edición en castellano autorizada por Little, Brown and Compa­
ny, Inc., Boston, Mass., y debidamente protegida en todos los países.
Queda hecho el depósito que previene la ley n? 11.723. © Todos los
derechos de la edición castellana reservados por Amorrortu editores
S. C. A., Luca 2223, Buenos Aires.

Industria argentina. Made in Argentina.

Dedico este libro a Emily y Rose.

Prólogo

En este libro he procurado describir y analizar algunas de las preocu­
paciones continuas y cambiantes de la filosofía política. Existe hoy,
en muchos círculos intelectuales, una marcada hostilidad hacia la filo­
sofía política en su forma tradicional, e incluso desprecio por ella.
Tengo la esperanza de que este volumen, si no logra hacer reflexionar
a quienes están deseosos de echar por la borda lo que resta de la tra­
dición de la filosofía política, consiga al menos poner en claro a qué
habremos renunciado.
Aunque adopto aquí un enfoque histórico, no he tenido la intención
de ofrecer una historia global y detallada del pensamiento político.
Al elegir dicho enfoque me ha guiado, en general, la convicción de
que este representa el mejor método para comprender las preocupa­
ciones de la filosofía política y su carácter de empresa intelectual.
Estoy convencido, además, de que la perspectiva histórica es la más
eficaz cuando se trata de revelar la índole de nuestras dificultades
actuales: si no es la fuente de la sabiduría política, constituye al
menos su precondición. El lector no tardará en descubrir que han sido
omitidos muchos temas y autores que suelen incluirse en las historias
corrientes, y que respecto de otras cuestiones me he alejado en gran
medida de las interpretaciones prevalecientes. En las omisiones im­
portantes — como en el caso de la mayor parte del pensamiento polí­
tico medieval— no debe verse el indicio de un juicio adverso de mi
parte, sino la contrapartida inevitable de una obra que es, ante todo,
interpretativa.
Mis deudas intelectuales son muchas, y me place reconocerlas. Jamás
podré pagar lo que debo a los profesores John D. Lewis y Frederick
B. Artz, del Oberlin College, quienes, desde mis días de estudiante
hasta la actualidad, han sido al mismo tiempo mis maestros, conse­
jeros y amigos, alentándome para que emprendiera una obra como
esta. Quisiera también hacer llegar mi agradecimiento a los profeso­
res Thomas Jenkin, de la Universidad de California, Los Angeles, y
Louis H artz, de la Universidad de Harvard, por haber leído todo el
manuscrito y ofrecido sugerencias para mejorarlo; a mi colega el pro­
fesor Norman Jacobson, con quien discutí algunos problemas del libro
y que ha sido fuente constante de estímulo intelectual; a Robert J.
Pranger, quien no solo me ahorró la tediosa tarea de verificar nume­
rosas referencias, sino que también criticó la formulación inicial de
algunas ideas contenidas en el último capítulo; y, sobre todo, a otro
de mis colegas, el profesor John Schaar, cuyo selecto gusto e inteli­
gencia han contribuido sobremanera al mérito que este libro pueda
poseer.
Agradezco asimismo el espíritu de colaboración y la paciencia demos-

irados por varias mecanógrafas: Jean Gilpin, Sylvia Diegnau, Sue K.
Young y, en especial, Francine Barban. Quisiera expresar mi estima
al director de la American Political Science Review por su autorización
para reproducir, con algunas modificaciones, los dos artículos que
sirvieron de base a los capítulos 5 y 6. En su mayor parte, este es­
tudio fue posibilitado por la Fundación Rockefeller, cuyo generoso
respaldo financiero me dio cierto respiro en mis obligaciones docentes
habituales.

Sheldon S. Wolin
Berkeley, 1960

1. Filosofía política y filosofía

« . . . Expresar diversos significados acerca de cosas complejas con un
reducido vocabulario de sentidos estrictos». W alter Bagehot.

I. La filosofía política como form a de indagación
Este libro versa sobre una tradición especial de discurso: la filosofía
política. E n él procuraré examinar la índole general de dicha tradición,
las diversas preocupaciones de quienes contribuyeron a elaborarla y
las vicisitudes que han señalado las líneas principales de su evolución.
Al mismo tiempo intentaré hacer alguna referencia a la actividad de la
filosofía política en sí. Como es natural, esta declaración de intencio­
nes induce a esperar que el examen comience con una definición de
la filosofía política. Sin embargo, tratar de satisfacer esta expectativa
resultaría infructuoso, no solo porque es imposible lograr en unas
cuantas frases lo que se propone un libro entero, sino también porque
la filosofía política no es una esencia cuya naturaleza sea eterna, sino
una actividad compleja, más fácil de comprender si se analizan las
diversas formas en que los maestros reconocidos la han practicado. No
se puede decir que algún filósofo o época histórica la hayan definido
de modo terminante, así como ningún pintor ni escuela pictórica ha
llevado a la práctica todo lo que entendemos por pintura.
Si la filosofía política abarca algo más que lo expresado por cualquier
gran filósofo, se justifica en parte suponer que constituye una empresa
cuyas características se revelan con más claridad a lo largo del tiempo.
Dicho de otro modo, la filosofía política debe ser comprendida de la
misma manera en que se aborda la comprensión de una tradición com­
pleja y variada.
Aunque tal vez sea imposible reducir la filosofía política a una breve
definición, podemos, en cambio, elucidar las características que la dis­
tinguen de otras formas de indagación y la vinculan con ellas. Exa­
minaré estos factores bajo los subtítulos siguientes: relaciones de la
filosofía política con la filosofía, características de la filosofía política
como actividad, su contenido y lenguaje, problema de las perspectivas
o ángulos de enfoque, y modo en que actúa una tradición.
Desde que Platón advirtió por primera vez que la indagación acerca
de la índole de la vida buena del individuo se relacionaba inevitable­
mente con una indagación convergente (y no paralela) acerca de la
índole de la comunidad buena, se ha mantenido una íntima y continua
vinculación entre la filosofía política y la filosofía en general. Además

de haber contribuido generosamente al acervo principal de nuestras
ideas políticas, la mayoría de los filósofos han proporcionado al teó­
rico político muchos de sus métodos de análisis y criterios de evalua­
ción. Históricamente, la diferencia fundamental entre filosofía y filo­
sofía política ha radicado en un problema de especialización y no de
método o de temperamento. En virtud de esta alianza, los teóricos
políticos han adoptado como propia la búsqueda básica de conoci­
miento sistemático que lleva a cabo el filósofo.
La teoría política se vincula con la filosofía en otro sentido fundamen­
tal. La filosofía puede ser diferenciada de otros métodos de extraer
verdades, tales como la visión mística, el rito secreto, las verdades
de conciencia o el sentimiento íntimo, porque pretende referirse a ver­
dades públicamente alcanzadas y públicamente demostrables.1 Al mis­
mo tiempo, una de las cualidades esenciales de lo político — que ha
moldeado v igorosam inte^"enfoque de los teóricos políticos acerca
de su objeto de estudio— es su relación con lo «público». En esto
pensaba Cicerón cuando denominó al cuerpo político una res publica,
una «cosa pública» o la «propiedad de un pueblo». De todas las
Instituciones que ejercen autoridad en la sociedad, se ha singularizado
el ordenamiento político como referido exclusivamente a lo que es
«común» a toda la comunidad. Ciertas funciones — tales como la de­
fensa nacional, el ordenlnterno, la administración de la justicia y la
regulación económica— fueron declaradas responsabilidad primordial
de las instituciones políticas, basándose fundamentalmente en que los
intereses y fines servidos por estas Funciones beneficiaban a todos los
integrantes de la comunidad. La única institución que rivalizó con la
autoridad del orden político fue la Iglesia medieval; pero esto sólo
fue posible porque, al asumir las características de un régimen polí­
tico, pasó a ser algo distinto de un cuerpo religioso. La íntima cone­
xión existente entre instituciones políticas e intereses públicos ha sido
incorporada a la práctica de los filósofos; se ha considerado la filoso­
fía política como una reflexión sobre cuestiones que preocupan a la
comunidad en su conjunto...............
Corresponde, en consecuencia, que la indagación de los asuntos pú­
blicos se realice según los cánones de un tipo público de conocimiento.
Elegir la otra alternativa, vincular el conocimiento público con modos
privados de cognición, sería incongruente y estaría condenado al fra­
caso. El símbolo dramático de la vinculación correcta fue la exigencia
de la plebe romana para que las Doce Tablas de la Ley se trasformaran,
de un misterio sacerdotal sólo conocible por unos pocos, en una for­
ma pública de conocimiento, accesible a todos.

1 Hay, es cierto, el lamento de Platón sobre la incomunicabilidad de determi­
nadas verdades. Se diga lo que se diga respecto de tales verdades, no se puede
decir que posean valor filosófico alguno. Lo mismo rige para las supuestas doc­
trinas secretas atribuidas a los antiguos filósofos. Las doctrinas esotéricas pueden
ser aceptadas como una forma de instrucción religiosa, pero no de enseñanza
filosófica.

Si pasamos ahora al objeto de la filosofía política, aun el más super­
ficial examen de las obras maestras de la literatura política nos reve­
lará la continua, reaparición de ciertos temas problemáticos. Podrían
exponerse muchos ejemplos, pero bastará mencionar unos pocos, tales
como las rekcjones de poder entre., gobernantes y gobernados, la ín­
dole de la autoridad, los problemas planteados por el conflicto social,
la jerarquía de ciertos fines o propósitos como objetivos de la acción
política, y el carácter del conocimiento político'. Sí bien los filósofos
políticos no se han interesado en igual medida por todos estos proble­
mas, se ha establecido, en cuanto a la identidad de los problemas,
un consenso que justifica la creencia de que estas preocupaciones han
sido permanentes. Y la circunstancia de que los filósofos hayan di­
sentido, a menudo violentamente, respecto de las soluciones, no des­
miente que haya un objeto común de estudio. Lo que importa es la
continuidad de las preocupaciones, no la unanimidad de las respuestas.
E l acuerdo en cuanto al objeto de estudio presupone, a su, vez, que
aquellos a quienes les interesa ampliar el saber dentro de un campo
determinado coinciden en cuanto a lo que es pertinente para dicho
objeto y lo que debe excluirse. Con respecto a la filosofía política,
esto significa que el filósofo debe tener en claro qué es político y qué
no lo es. Aristóteles, por ejemplo, aducía al comienzo de su Política .
que no se debía confundir el papel del estadista (politikós) con el
del propietario de esclavos o el del jefe de familia; el primero era
específicamente político; los otros, no. La distinción establecida por
Aristóteles sigue teniendo vital importancia, y las dificultades que
presenta formarse una idea clara de lo que es político constituye el
tema básico de este libro. Aristóteles aludía a los problemas que ex­
perimenta el filósofo político cuando intenta circunscribir un objeto
de estudio que, en realidad, no puede ser circunscrito. Esta dificultad
'oBédece a dos razones principales. En primer lugar, una institución
política, por ejemplo, se halla expuesta a influencias de tipo no polí­
tico, de modo que explicar dónde comienza lo político y dónde termina
lo no político pasa a ser un problema desconcertante. En segundo
lugar, hay una difundida tendencia a utilizar, cuando describimos fe­
nómenos no políticos, las mismas palabras y conceptos que cuando
hablamos de asuntos políticos. En contraste con los tecnicismos de
la matemática y las ciencias naturales, frases como «la autoridad del
padre», «la autoridad de la Iglesia» o «la autoridad del Parlamento»
evidencian usos paralelos en las discusiones sociales y políticas.
Esto plantea uno de los problemas básicos que enfrenta el filósofo
..político cuando intenta establecer la especialidad de su objeto de es-
. tudio: ¿Qué es político? ¿Qué distingue, por ejemplo, la autoridad
política eterotras formas de autoridad, o la participación en una so­
ciedad política de la participación en otros tipos de asociaciones? Pro­
curando dar respuesta a estas cuestiones, generaciones de filósofos han

& Agregamos este signo cuando se cita por primera vez, en el texto o en las
notas de cada capítulo, una obra que tiene versión castellana. La nómina com­
pleta se encontrará en la Bibliografía en castellano al final del volumen.

contribuido a gestar una concepción de la filosofía política como forma
permanente de discurso acerca de lo que es político, y a describir al
filósofo político como alguien que filosofa acerca de lo político. ¿De
qué manera lo han hecho? ¿Cómo han llegado a escoger determinadas
acciones e interacciones, instituciones y valores humanos, y a llamar­
los «políticos»? ¿Cuál es el rasgo común específico de ciertos tipos de
situaciones y actividades — v. gr., votar y legislar— que permite de­
nominarlas «políticas»? O bien, ¿qué condiciones debe satisfacer de­
terminada acción o situación para que se la llame política?
En cierto sentido, el proceso de definir el ámbito de lo político no
ha diferido mucho del que ha tenido lugar en otros campos de inda­
gación. Nadie sostendría con seriedad, por ejemplo, que los campos
de la física o la química han existido siempre en una forma evidente
por sí misma y bien determinada, esperando únicamente que Galileo
o Lavoisier los descubrieran. Si aceptamos que un campo de indaga­
ción es, en importante medida, producto de una definición,_el campo
de la política puede ser considerado como un ámbito cuyos límites han
sido establecidos a lo largo de siglos de discusión política. Así como
los perfiles de otros campos se han modificado, también los límites
de lo político han sido cambiantes, abarcando a veces más, a veces
menos, de la vida y el pensamientó humanos. La era de totalitarismo
genera el lamento de que «esta es una era política. Vivimos pensando
en la guerra, el fascismo, los campos de concentración, las cachiporras,
las bombas atómicas . . .». E n épocas más serenas, lo político es menos
ubicuo. Según Santo Tomás de Aquino, «el hombre no está formado
para la hermandad política en su totalidad, ni en todo lo que po­
see . . ,».2 Quisiera insistir, sin embargo, en que el campo de la polí­
tica es y ha sídoTen un sentido decisivo y radical, un producto de la
creación human a. Ni la designación de ciertas actividades y ordena­
mientos como políticos, ni nuestra manera característica de pensar en
ellos, ni los conceptos con que comunicamos nuestras observaciones
y reacciones, se hallan inscritos en la naturaleza de las cosas, sino que
son el legado de la actividad histórica de los filósofos políticos.
Con estos comentarios no me propongo sugerir que el filósofo polí­
tico se haya sentido en libertad de llamar «político» a lo que quisiera,
ni que — como el poeta de lord Kames— se haya ocupado de «fabri­
car imágenes sin base alguna en la realidad». Tampoco me propongo
insinuar que los fenómenos que designamos como políticos sean, en
un sentido literal, «creados» por el teórico. Se admite sin discusión
que las prácticas establecidas y los ordenamientos institucionales han
proporcionado a los autoes^olíticós.sus. datos básicos; a esto me re­
feriré enseguida. También es cierto que muchos de los temas aborda­
dos por un teórico deben su inclusión al simple hecho de que, en las
convenciones lingüísticas existentes, se alude a tales temas como
políticos. Por otro lado, también es verdad que las ideas y categorías,
que empleamos en el análisis político no son del mismo orden que los
«hechos» institucionales, ni están «contenidos» en los hechos, por así
decir, sino que representan un elemento agregado, algo creado por el
teórico político. Conceptos como «poder», «autoridad», «consenso»
2 G. Orwell, England, your England, Londres: Secker & W arburg, 1954, pág.
17. T. de Aquino, Summa Theologiae, St la, I I ae, Q. 21, art. 4, ad 3.

por las prácticas de las sociedades existentes. en el enunciado de Bodin que seracaba líe t r a s c r i b í enTecBo de que. Cuan­ do los conceptos políticos se exponen en un enunciado como el si­ guiente: «No son los derechos y privilegios de que goza un hombre los que hacen de él un ciudadano. En otras palabras. crean una zona de conocimiento determina­ do y con ello nos ayudan a separar los fenómenos pertinentes de los que no lo son. median entre nosotros y el mundo político que pro­ curamos hacer inteligible. la validez de dicho enunciado no puede establecerse remitiéndose a los datos de la vida política. ya sea con fines de ^análisis. o una combinación de estos fines. Pensamiento político e instituciones políticas En su intento de dar significado a los fenómenos políticos. el integrante de una sociedad tuviera ciertas obligaciones hacia su soberano. no era tan decisivo como que estos deberes pudieran ser comprendidos de un modo tal que sugiriera algo im portante acerca de la pertenencia a la sociedad y — en las fases posteriores de la argumentación de Bodin— acerca de la autoridad del soberano y sus condiciones. Cuando el significado de tales conceptos se tom a más o menos estable. ellos actúan como «señales indicadoras» que llevan a buscar o tener en cuenta determi­ nados factores cuando procuramos comprender una situación política o em itir un juicio acerca de ella. Así. III. De este modo. Entendemos por «prácticas» los procesos institucionalizados y procedimientos establecidos que se emplean ha­ bitualmente para resolver asuntos públicos. en gran medida. cierto grado de ordena­ miento. Tienen como función volver significativos los hechos políticos. sino la mutua obligación entre súb­ dito y soberano». crítica o justificación. introducen algún or­ den en lo que podría parecer. de lo contrario. En otras palabras: los límites y la esencia del objeto de estudio de la fi­ losofía política están determinados. Este sería un procedi­ miento circular. El papel organizador de las . aunque estén destinados a señalar al­ gún aspecto importante relativo a las cosas políticas. y viceversa. y demás no son «cosas» reales. el filósofo se ve respaldado y restringido al mismo tiempo por la circunstancia de que las sociedades poseen cierto orden. los conceptos y cate­ gorías que constituyen nuestra comprensión política nos ayudan a de­ ducir conexiones entre los fenómenos políticos. por motivos legales o por la práctica. el concepto de per­ tenencia a la sociedad permitió a Bodin extraer consecuencias e inferir interconexiones entre ciertas prácticas o instituciones que no eran evidentes sobre la base de los hechos mismos. ya que la forma del enunciado determinaría inevi­ tablemente la interpretación de los hechos. Dicho de otra manera: la teoría política no se interesa tanto en las prácticas políticas o su fun­ cionamiento como en sus significados. Lo importante para la teoría política es que estas prácticas institucionalizadas cumplen una función fundamental en cuanto a ordenar y dirigir la conducta huma­ na y determinar el carácter de los sucesos. que existe al margen de que los filósofos filosofen o no. un caos irremediable de actividades.

sin embargo. Es posible. Aunque podrían darse múltiples ejemplos acerca del modo en que las actividades hu­ manas se vuelven «políticas». como en un tribunal. También sirven para definir el «tiempo político». con esos réditos. más elevado. que el trabajador no reciba de hecho tales beneficios has­ ta un cuarto de siglo más tarde. Una decisión pública — encaminada. La iniciativa puede par­ tir de las instituciones mismas. por ejemplo. Por medio de las decisiones que adoptan y ponen en práctica los funcionarios públicos. al menos en parte. el funcio­ namiento de un sistema nacional de seguridad social. quedan integradas. se reúnen actividades dispersas. o período dentro del cual tienen lugar la decisión. Los ordenamientos políticos 'proporcionan así un marco dentro del cual se vinculan espacial y temporalmente las acti­ vidades de individuos y grupos. procuramos que un «or­ den temporal de palabras» represente a «un orden relacional de co­ 3 Es im portante cuidarse de la idea de que las instituciones representan un agente impersonal. por ejemplo. a controlar la fabri­ cación de tejidos o a prohibir la difusión de ciertas doctrinas— tiene el efecto de conectar estas actividades con el orden político y conver­ tirlas. podría establecerse un sistema de seguridad social o de pensiones que beneficiaría a trabajado­ res que no tienen otra vinculación con dicha compañía. una legislatura. las instituciones políticas agregan otras dimensiones a la naturaleza política. Como es natural. por así decirlo. en general. Tal vez pueda esclarecer el significado de la «naturaleza política» describiendo parcialmente la función de las instituciones. una institución política gracias a cuyo funciona­ miento una serie de actividades. el «espacio político» o lugar donde se relacionan las fuerzas tensionales de la sociedad. una audiencia administrativa o el con­ greso de un partido político. Una institución es un grupo determinado de personas que llevan a cabo ciertas funciones dentro de un esquema organizacional. por medio de los conceptos y símbolos que utiliza nuestro pensamiento. en fenómenos políticos. la reso­ lución o el acuerdo. El sistema de instituciones políticas de una sociedad dada represen­ ta un ordenamiento de poder y autoridad. En algún punto del sistema. a la naturaleza que debe abordar el especialista en ciencias naturales. Sirven para definir.instituciones y las prácticas habituales crea una «naturaleza» o ám­ bito de f enómenos que es análoga. se reconoce que ciertas instituciones poseen autoridad para tomar decisiones aplicables a toda la comunidad. De este modo. el ejer­ cicio de esta función atrae la atención de grupos e individuos que intuyen que las decisiones adoptadas influirán en sus intereses y ob­ jetivos. Cuando esta toma de conciencia cobra la forma de una acción dirigida hacia las instituciones políticas. Un agente fiscal cobra réditos provenientes de las ganancias obtenidas el año anterior por una compañía. lo principal es la función «relacionante» que cumplen las instituciones políticas. se las dota de una coherencia nueva y se mol­ dea su curso futuro de acuerdo con criterios «públicos». y se les imparte un significado a lo largo del tiempo. Examínese. Tenemos aquí.3 H a dicho un filósofo contemporáneo que. que de otro modo estarían desvincu­ ladas entre sí. en la forma de un agente de réditos. las actividades pasan a ser «políticas» y a integrar Ja naturaleza política. a su vez. o de los hombres que las manejan. .

debe. y en el vigoroso intento de Hobbes por fundar una ciencia política que permitiera a los hombres crear. cuando el filósofo político re­ flexiona acerca de la sociedad. Fhilosophy in a new key. y que la filosofía política trata de formular enunciados significativos respecto de esas «cosas». de ahí que. 1952. casi todos los grandes enunciados de la filosofía política han sido propuestos en épocas de crisis. también el teórico político que es­ 4 S. en suma. Se hallan indicios de esta preo­ cupación en las interminables exposiciones de escritores griegos y romanos acerca de los ciclos rítmicos que estaban destinadas a seguir las formas gubernamentales. por así decir. de un «estado natural» como condición que carece de las relaciones establecidas y formas institucionales características de un sistema político en funcionamiento. o sea.4 Aplicando esto mismo a los asuntos políticos. de una vez por todas. las teorías de Platón. los filósofos políticos occidentales se han preocupado por el vacío que se produce cuando la ¡red de las relaciones políticas se ha disuelto y los vínculos de lealtad se han cortado. En otras palabras: las instituciones dan coherencia previa a los fenómenos políticos. . no se encuentra ante un torbellino de sucesos o actividades inconexos que se precipitan a través de un vacío democriteano. Langer. evidencian una rela­ ción de «desafío y respuesta» entre el desorden del mundo y el pa­ pel del filósofo político como encargado de encuadrar ese desorden. en el concepto. modelar t o cosmos político a partir del caos político. debe reconstruir un desar­ ticulado mundo de significados. una comunidad perdurable capaz de sopor­ tar las vicisitudes de la política. sin embargo. El colapso Institucional pone en libertad.sas». La gama dé posibilidades parece infinita. y destruyen los significados habituales que habían formado parte del antiguo mundo político. Desde la época en que el pensamiento grie­ go quedó fascinado por las inestabilidades que afectan la vida política. elaborado en el siglo x v n .filosofía política se complica sobremanera en un período de desintegración. fenómenos que hacen que los comportamien­ tos y acontecimientos políticos tomen un carácter algo aleatorio. Aunque las condiciones de extrema desorganización política hacen más urgente aún la búsqueda de orden. en las sutiles distinciones establecidas por Maquiavelo entre las contingencias políticas que el hombre podía dominar y las que lo dejaban impotente. por ejemplo. podemos decir que las instituciones políticas proporcionan las relaciones internas entre las «cosas» o fenómenos de naturaleza política. cuando los fenómenos políticos son integrados por las formas insti­ tucionales con menos eficacia que antes. A Nueva York: M entor. sino ante fenómenos ya dotados de coherencia e interre- laciones. IV. Maquiavelo y Hobbes. 58-59. págs. ya que ahora el filósofo político no se limita a criticar e interpretar. La filosofía política y la índole cíe lo político Al mismo tiempo. Aunque la tarea de la. y sus expresiones institucionales con­ comitantes.

pasando por la concepción cristiana del orden político como una especie de praeparatio evangélica. la tradición política occidental ha con­ . E n los escritos de todo teórico importante se encuentran palabras como «paz». sirven como indicios importantes para el objeto de estudio de la filosofía política. el aforismo aristo­ télico de que los hombres que viven una vida en asociación desean. sino alcanzar una buena vida. desde la idea griega de la autorrealiza- ción individual. «armonía» y «equi­ librio». cribe para tiempos menos heroicos ha clasificado el orden como un problema fundamental de su objeto de estudio. Quisiera señalar aquí que las palabras «pú­ blico». «común» y «general» tienen una prolongada tradición de uso que las ha hecho sinónimas de lo político. Cualquiera que sea el énfasis específico. han existido opiniones diversas referentes a lo que debía ser incluido dentro del concepto de orden. En su sentido más elemental. es decir que los hombres tienen aspiraciones que trascienden la satisfacción de ciertas necesi­ dades elementales. la defensa contra enemigos externos y la protección de su vida y posesiones. Ningún teórico políti­ co" abogó jamás por una sociedad desordenada. El filósofo político pregunta: ¿Qué función cum­ plen el poder y la autoridad para defender la base de la vida social? ¿Qué exige el mantenimiento del orden a los integrantes de la so­ ciedad. Esto nos lleva hasta el segundo aspecto general del objeto de estudio: ¿Qué clases de cosas resultan adecuadas para una sociedad política. aludimos muy brevemente a la idea de que la filosofía política se refería a asuntos públicos. en alguna forma. Desde sus comienzos en Grecia. en cuanto a un código de civilidad? ¿Qué tipo de conocimien­ to necesitan gobernante y gobernados para que se mantenga la paz y la estabilidad? ¿Cuáles son las fuentes de desorden y cómo pueden ser controladas? Al mismo tiempo. no solo vivir. antes. la filosofía política y su relación con la sociedad. Por esta razón. hasta el enfoque liberal moderno según el cual el orden político tiene escasa relación con las psiques o las almas. dentro del cual las exigencias básicas de paz y seguridad eran satisfechas mediante el orden político. hacia los factores que favorecen o contrarían el mante­ nimiento del orden. casi biológicas. Tal como lo definió San Agustín. toda investigación política se dirige. el orden contenía una jerarquía de bie­ nes que ascendía desde la mera protección de la vida hasta el tipo de vida más elevado. A través de la historia de la filosofía política. y por qué motivo lo son? Al examinar. el orden ha implicado una situación de paz y seguridad que hace posible la vida civilizada. en al­ guna medida. La avasallante preocupación de San Agustín por el destino trascendente del hombre no lo cegó ante el hecho de que prepararse para la salvación presupo­ nía un marco terrenal. la mayoría de los escritores políticos han aceptado. como la paz interna. y ningún teórico polí­ tico ha propuesto jamás la revolución permanente como modo de vida. La preocupación por el orden ha dejado señales en el vocabu­ lario del teórico político. la preo­ cupación por el orden ha conducido al teórico político a examinar los tipos de fines y propósitos adecuados para una sociedad política. advertir esto lo llevó a admitir que incluso un sistema político pagano tenía cierto valor. «estabilidad». con importantes excepciones. De modo similar.

creado para resolver las cuestiones en que todos los integrantes de la sociedad tienen algún interés. W . El integrante de la sdciedad puede compartir algunos intereses con sus semejantes. 321-25. Está presente en la creencia básica de los teóricos: el poder político se ocupa de los intereses generales compartidos por todos los integrantes de la comunidad. decidieron suministrar justi­ cia y virtud: «Temeroso de que toda la raza fuera exterminada. estallaron continuos conflictos y violencias. Zeus envió a Her- mes. 84 y sigs. C. . págs. En este se relataba que los dioses proporcionaron a los hombres las artes y talentos necesarios para sobrevivir físicamente. . El gran problema que plantean éstos y otros temas proviene de que los objetos y actividades que tra­ tan no están aislados. La inserción de lo político en una situación de factores que se entre­ cruzan sugiere que la tarea de definirlo es continua. . inter­ preto que «actividad política» incluye lo siguiente: a) una forma de actividad centrada alrededor de la búsqueda de ventajas competitivas 5 Protagoras. El concepto de un orden que era político y común al mismo tiempo. la autoridad política se diferencia de otras formas de autoridad en que habla en nombre de una sociedad considerada en sus características comunes. . ) a todos? “ A todos — contes­ tó Zeus— . In the beginning. cuando los hombres fundaron ciudades. sino que.A de Platón. pág. quisiera que todos tengan una parte. se encuentra compitiendo con ellas. . K. que amenazaron retrotraer la humanidad a una condición brutal y salvaje. Para los fines de este trabajo. Londres: Methuen. Levinson en In defense of Plato. y el orden presidido por la autoridad política debería extenderse a lo largo y a lo ancho de la sociedad en su conjunto. de modo similar. la autoridad política no solo es una entre varias autoridades de la so­ ciedad.” ». porque las ciudades no pueden existir si solamente unos pocos disfrutan de las virtudes.siderado el orden político como un orden común. B.5 El «carácter común» del orden político se ha reflejado tanto en la gama de temas que los teóricos políticos juzgaron adecuados a su mate­ ria. al inglés por Jow ett. como en el modo en que tales temas han sido tratados en la teoría política. la pertenencia a una so­ ciedad política simboliza uña vida de experiencias comunes. Esto se hace más evidente si pasamos a considerar otro aspecto de este objeto de estu­ dio: el de la actividad política. portador de reverencia y justicia para que fueran principios or­ denadores de las ciudades y vínculos de amistad y conciliación. pero otros intereses pueden ser peculiares a él o a algún grupo al cual pertenece. vale decir. Her- mes preguntó a Zeus cómo impartir justicia y reverencia a los hom­ bres: ¿Debía distribuirlas como están distribuidas las artes. temiendo que los hombres se destruyeran. Protágoras describía luego cómo los dioses. como de las artes . en ciertos aspectos. Cambridge: Harvard University Press. A trad. 1953. 293-94. solo a unos pocos favorecidos/[o] ( . G uthrie. fue expuesto con ¡suma elocuencia en el diálogo Protágoras. sin embargo. La cuestión referente a si el mito de Protágoras representa los pensamientos del propio Platón es abordada por R. 1957.

estas actividades provocan conflicto por que representan líneas de acción que se cortan. y ha producido una filosofía política de la cual fueron eliminadas la acti­ vidad política y gran parte de aquello a lo que alude el término «política». El vocabulario de la filosofía política Una característica importante de un conjunto de conocimientos reside en que es trasmitido mediante un lenguaje bastante especializado. Podemos resumir este análisis diciendo que el objeto de la filosofía política ha consistido. de tal manera que provoque protesta y agitación de parte de aquellos cuyo status ha sido afectado de modo adverso por el nuevo orden. De esta forma. otras veces. mediante las cuales indi­ viduos y grupos tratan de estabilizar una situación de modo afín a sus aspiraciones y necesidades. individuos o sociedades. las actividades políticas son una res­ puesta a cambios fundamentales que tienen lugar en la sociedad. las comunidades occidentales han tenido que sobrellevar drásticos ajustes frente a cambios inducidos tanto desde adentro como desde afuera. Desde cierto ángulo. la perspectiva del filósofo ha sido a veces la de un orden exento de política. como el que tuvo lugar en Roma.entre grupos. puede ocasionar exigencias de ampliación de los derechos políticos. la política es tanto una fuente de conflicto como un modo de actividad que busca resolver con­ flictos y promover reajustes. ha dejado a la actividad política un margen tan amplio que parece haber descuidado la preservación del orden. sino también modificar los objetivos por los cuales compiten indivi­ duos y grupos. ofrecien­ do mediante esta exigencia un elemento que invita a la manipulación política. En el trascurso de la mayor parte de los últimos dos mil quinientos años. un gran aumento de la población con introducción de nuevos elementos raciales. b) una forma de actividad con­ dicionada por el hecho de tener lugar dentro de una situación de cam­ bio y relativa escasez. que alterarán las posi­ ciones competitivas de diversos grupos nacionales. V. la expansión territorial de una sociedad puede abrir nuevas fuentes de riqueza y poder. El cambio tiene como efecto no solo alterar las posiciones relativas de los grupos sociales. Con esto queremos decir que las palabras son utilizadas en ciertos sentidos . la política ha llegado a ser una actividad expresiva de la necesidad de reajuste constante por parte de la sociedad. en la tentativa de hacer com­ patible la política con las exigencias del orden. Des­ de otro punto de vista. Como un reflejo de este fenómeno. La historia de la filosofía política ha sido un diálogo sobre este tema. un cambio en el modo de producción económica puede originar la redistribución de la riqueza y la influencia. en gran medida. De este modo. o puede aparecer un profeta religioso proclamando una nueva fe y reclamando que sean extirpados los antiguos ritos y creencias que el tiempo y la costumbre habían entretejido en la trama de expec­ tativas. c) una forma de actividad en la cual la prose­ cución de beneficios produce consecuencias de tal magnitud que afec­ tan de modo significativo a la sociedad en su conjunto o a una parte sustancial de ella.

han elaborado un complejísimo sistema de signos y sím­ bolos. y quedarán simientes perpetuas- de Resistencia. sería erróneo concluir que estos y otros conceptos de la teoría política son empleados deliberadamente para evitar la descripción del mundo de la experiencia política. «No puede haber verdadera Lealtad. conceptos como «estado natural» o «sociedad civil» ni siquiera pueden ser so­ metidos a observación. Por su parte. especiales. por ejemplo. seleccionados entre algunos fi­ lósofos políticos: «Para el hombre. la seguridad es imposible si no va unida al’poder» (M aquiavelo). se libra del sentimiento de su debilidad. así como un conjunto aceptado de convenciones que rigen su manipulación. Los matemáticos. En sentido estricto. Este aspecto de un con­ junto de conocimientos es su lenguaje o vocabulario. una comprensión de sentido común de sus consecuencias prácticas. comparados con la precisión que caracteriza al discurso científico. La frase citada de Maquiavelo alude a la circunstancia de que la vida y láT posesiones tienden a volverse inseguras cuando quienes gobiernan la sociedad no pueden imponer la ley y el orden. Sin embargo. «seguri­ dad» es algo así como una abreviatura que expresa el hecho de que la mayoría de los hombres prefieren una situación que garantice sus expectativas con respecto a su vida y propiedad. a saber. "No queremos agregar una contribución más a la aburrida controversia acerca de si la ciencia política es o puede ser una verdadera ciencia. Algunas de estas han sido señaladas por críticos que se quejaron de la vaguedad de los conceptos políticos tradicionales. Por otro lado. la frase de Maquiavelo expresa una generalización que consta de dos conceptos claves: poder y seguridad. Podríamos empezar por trascribir unos pocos enunciados característicos. ya que se lo construye deliberadamente de modo que exprese significa­ dos y definiciones del modo más preciso posible. el lenguaje del teórico político tiene sus propias peculiarida­ des. Ambos «contienen». contra un poder construido sobre un cimiento tan antinatural como el miedo y el terror» (H alifax). Aceptemos que el lenguaje y conceptos contenidos en los enunciados antedichos son tan vagos que desafían la rigurosa verificación pres­ crita por los experimentos cieñtíficos. y que ciertos conceptos y categorías son considerados fun­ damentales para una comprensión del téma. La seguridad implica así ciertas actividades. o que establecie­ ron paralelos igualmente desfavorables entre la baja capacidad predic- tiva de las teorías políticas y el gran éxito de las teorías científicas a este respecto. cesa la igualdad y entonces comienza el estado de guerra» (M ontesquieu). Tomada en conjunto. «En cuanto el hombre ingresa en un estado de sociedad. En gran medida. pero tal vez evitemos algunos errores de concepción si exponemos brevemente lo que los teóricos políticos han procurado expresar me­ diante su vocabulario especializado. cualquier lenguaje especializado representa una creación artificial. por así decirlo. también los físicos emplean una cantidad de definicio­ nes especiales destinadas a permitir la explicación y la predicción. que los .

el len­ guaje "dé" la teoría política contiene muchos conceptos destinados a ex­ presar señales de prevención: algunos de esos conceptos son los de desorden. De tal modo. en cuanto corresponde a muchos de los enunciados y conceptos contenidos en la mayor parte de las teorías políticas. Halifax. como una ley de la física. una prevención sugiere una consecuencia desagradable o indeseable. en primer lugar. pues presupone que una . Sin embargo. pasibles de ser sometidas a una verificación empírica. Esto no quiere decir que sea imposible formular. casti­ gos. en tanto que una predicción científica es neutral. Maquiavelo advierte que habrá inseguridad en ausencia de una auto­ ridad gobernante efectiva. etc. El uso de conceptos y un lenguaje especiales le per­ miten reunir una variedad de experiencias y prácticas comunes. Se ocupa también de las posibilidades. el ejercicio del poder efectivo será acompa­ ñado por ciertas acciones usuales. no es una objeción concluyente. no resulta tan evidente para el sentido común la conexión entre poder y seguridad. tales como promulgar leyes. En primer lugar. revolución. y mostrar sus interconexiones. Los concep­ tos son demasiado generales como para lograr esto. Yo sugeriría. En segundo lugar. Se sugiere únicamente que es­ tos enunciados no son del tipo de los que han ocupado tradicionalmen­ te la atención de los teóricos políticos. En cambio. Aunque cada una de estas admoniciones presenta cierta similitud con una predic­ ción. proposiciones rigurosas. De modo similar. en lugar de criticar a los teóricos por la mala ejecución de una empresa que nunca abordaron. En concordancia con esta función de prevenir. procura enunciar las condiciones necesarias o suficientes para lograr fines a los cuales. en resu­ men. tales como las vinculadas con el goce de la seguridad y el ejercicio del po­ der. con res­ pecto a la actividad política. Aunque estas generalizaciones pueden expresar cosas importantes. y esto es lo que procura establecer el teórico político. por una u otra razón. el enunciado de Maquiavelo contenía tanto una prevención como una posibilidad: el poder era la condición para lograr seguridad. pero menos riguroso. pero un poder ineficaz abriría el camino a la inseguridad. conflicto e inestabilidad. y la evidencia se­ ría harto endeble para respaldar cualquiera de las afirmaciones antes transcritas. sería más útil indagar si el teórico político intentaba algo similar a la predicción. una prevención expresa un compromiso que está ausente en las predicciones. se considera buenos o deseables. difiere de ella en dos importantes aspectos. Esta objeción es aceptada sin discusiones. SitLembargo. una prevención es habitualmente hecha por una persona que siente cierta relación con el grupo o las personas a quienes se previene. Por consiguiente. que una autoridad que se apoya demasiado en el temor provocará a la postre resistencia. la teoría política no solo ha implicado el pronóstico de desastres. que en vez de predecir los teóricos se han ocupado de prevenir. no permiten predicciones exactas.integrantes de la sociedad pueden utilizar sus posesiones y gozar de ellas con pleno conocimiento de que no les serán arrebatadas por la fuerza. Una objeción obvia para la línea de argumentación antedicha es que coloca al teórico político en situación de poder adelantar proposicio­ nes y emplear conceptos que no pueden ser juzgados como ciertos o falsos mediante un canon empírico riguroso.

y la exposición de C. cap. ningún concepto es idéntico a la experiencia. las cuestiones que Aristóteles intentaba esclarecer le exigieron remodelar o reconstruir los significados acepta­ dos. teoría política. vol. empleadas tanto en el habla cotidiana como en la discusión científica. 2. 1952. podemos adop­ tar. contenía mucho que era familiar para los atenienses. Quiza se comprenda mejor todo ¿F procedimiento si introducimos una explicación genética. acaso sea más fructífero considerar a la teoría política como perteneciente a una forma diferente de discurso. una propuesta formulada por Carnap. estas palabras no pueden ser definidas como verdaderas o falsas. Siguiendo esta sugerencia. G. Chicago: University of Chica­ go Press. La explicación emplea significados menos precisos que los idealmente adecuados para una discusión rigurosa. Ellos sugieren que una teoría política no es una construc­ ción arbitraria. Por ejemplo. The logicd joundations of probability. Hempel.yla~experien- cia política. en las etapas iniciales de su evolución. Con la sistematización del pensamiento po­ lítico. I.!idealm ente). Con frecuencia se trata de palabras similares a las del uso común. casi todos los vocabularios especiales dependen del vocabulario del lenguaje cotidiano para ex­ presar sus significados. _La palabra empleada por el teórico. El lenguaje coloquial cotidiano fue modificado v redéfinido de modo que el teó­ 6 R. e l lenguaje de Ja teoría política pasó a ser más especializado y abstracto. pero prácticos. pueden prestar servicios muy útiles en una teoría. E n la medida en que se las formula como propuestas. pero ninguno está d d todo separado de ella. Una teoría sistemática como la formulada por Hobbes consiste en una red de conceptos interrelacionados y coheren­ tes. Nos hemosHetenido en destacar esta cuestión con el fin de poner de relieve los nexos entre los conceptos . Este mismo procedimiento ha sido seguido para formar otros conceptos claves en el lenguaje de la teoría política. y que. puede ser guiada por el uso común. Internationd Encydopedia of Unified Science. n° 7. pág. conceptos como «autoridad».verificación empírica proporciona el único método que permite deter­ minar si un enunciado es significativo o no. Al mismo tiempo. la definición de Aristóteles acerca de un buen ciudadano co­ mo alguien que poseía tanto el conocimiento como la capacidad para gobernar y ser gobernado. 1950. petoJian sido remodelados pa­ ra satisfacer las exigencias del discurso sistemático. La teoría política no constituye excepción alguna al principio general de que. Carnap.de la. El lenguaje de la teoría política abunda en conceptos que son empleados para explicar ciertos problemas. y apenas lo sobrepasaban. Por ejemplo. porque sus conceptos se vinculan con la experiencia en diversos puntos.6 Este ha sugerido el término «explicación» para abarcar ciertas expresiones. «Fundamentáis of concept formation in empirical Science». una vez redefinidos y precisados. En vez de demorarse en torno de las deficiencias científicas de las teorías políticas. tal como la ejemplifican T l a t ^ y ”itóstotéÍés. pero no se halla necesariamente limitada por el significado común.yl^MfeMciaJcómunes. «causa» y «verdad». los conceptos del pensamiento griego primitivo podían ser comprendidos remitiéndose al uso común. . Ejemplos de tales palabras serían «ley». pero redefinidas y retocadas para hacerlas más útiles. «obligación» y «justicia» conservan cierto contacto con los significados . para nuestros fines. 6 y sigs.

«espacio». págs. ibid. ha adoptado alguna for­ mulación implícita o explícita acerca de los conceptos de «tiempo». Se ha hecho notar con frecuencia que el concepto de justicia {di­ ke) experimentó una prolongada evolución antes de convertirse en concepto político. en forma modificada. es en gran medida el producto de los esfuerzos creadores del teórico. En cambio. en lugar de tiempo.. al tiempo «político». que ignoraban las reglas de la dike} En las filo­ sofías de Platón y Aristóteles. Toda teoría política que ha procurado alcanzar. tales como «mostrar». En la época de Homero. y recordaba a los hombres que ellos dife­ rían de los animales. vol. Es cierto que pocos o ningún autor ha em­ pleado esta forma de terminología.. 167 y sigs. Este previno contra el príncipe que im­ partía dike «deformada». vol. Classical Philology. Véase también J. A vs. 65-83. el concepto de justicia era formulado de modo más abstracto. Platón construía un concepto de justicia vinculado. en muchos aspectos. y los dos excelentes estudios de G . coherencia y exten­ sión 'qué'el uso habitual no le permitía alcanzar. etc. sino al mundo de los fenómenos políticos. «realidad» o «energía». Vlastos. vale la pena hacer notar que en La República. Nueva York: Abingdon Press. trasmitía diversos signifi­ cados. 263-65. La preocupación del teórico no ha sido el espacio y el tiempo como categorías que hacen referencia al mundo de los fenó­ menos naturales. 1946.*** de Platón. con una tradición del uso común. Aunque estas son. vale de­ cir.s 7 Hesíodo. un carácter global. puede haberse referido a la historia o a la tradición. Sin embargo. el Estado o la nación. «Solonian justice». el teórico político ha utilizado sinónimos. pue­ de haber hablado de poder. en vez de espacio político quizás haya escrito acerca de la ciudad. Aunque algunas de estas eran descartadas. en lugar de energía. 1947. En Los trabajos y los días. se habría referido al espacio «político». págs. Mvres. 1927. 275-85.i* Hesíodo lo adopta para usos políticos. pág. Esta estructura de significados contiene no solamente conceptos políticos — como ley. Sin embargo. en su mayoría. «señalar» o indicar «de qué manera ocu­ rren normalmente las cosas». lo cual equivale a decir que se las incorporaba. 41. una metafísica oculta o latente. Aunque el vocabulario del teórico político lleva consigo rastros de lenguaje y experiencia cotidianos. autoridad y orden— sino también una sutil fusión de ideas filosóficas y políticas. W orks and days. otras eran consideradas in­ suficientes. De este modo. se iniciaba el examen de la justicia hacien­ do que varios oradores propusieran nociones habituales de justicia. el teórico político 110 enun­ cia sus proposiciones ni formula sus conceptos de igual manera que el metafísico. The political ideas of the Greeks. en alguna medida. 8 La expresión «metafísica política» es utilizada por primera vez en un sentido . El conjunto de estas categorías puede ser denominado metafísica Dolítica.rico pudiera enunciar sus ideas con una precisión. 42. a la definición más global y abstracta de justicia que rela­ cionamos con el diálogo. persis­ tía el vínculo que conectaba el concepto perfeccionado y los antiguos usos. 156-78. al mundo de la naturaleza política. Si hubiera querido ser preciso y explícito en estos aspectos. y no se podía decir que se identificara con los significados habituales. categorías tradicionales de los metafísicos. y «Equality and justice in early G reek cos- mology».

Oliver St. incluida la metáfora de los límites. . que Hobbes ilustró notablemente: «Respecto de lo que se halla sujeto o circunscrito de modo tal que no puede moverse sino dentro de cierto espacio determinado por la opo­ sición de algún cuerpo externo. es adoptado en el influyente libro de A. Si suspendiéramos por un momento nuestras refinadas nociones acerca de una sociedad política. 1943. Lindsay. una sociedad procura estructurar su espacio: mediante sistemas de derechos y obligaciones. xxi. uniéndose. en la edición Oakeshott. ) En consecuencia. La idea hebraica de un pueblo separa­ do. *** I I . sus ordenamientos institucionales racionalizados y sus canales es­ tablecidos por donde pasa con facilidad la conducta. legales: «Difícilmente merece el nombre de limitación lo que solamen­ te nos separa de pantanos y precipicios».10 similar al mío en P. Londres: O xford University Press. Pero el concepto de espacio político se basaba en algo más que la dis­ tinción entre el «medio interno» de un contexto específico y diferen­ ciado de acciones y sucesos. poseedores de una identidad cultural común. En la mayor parte de las teorías políticas encontramos este sentido del espacio estructurado. la noción medieval de cristiandad: todo esto contribuyó a profundizar el sentido de identidad distintiva. . París. distinciones so­ ciales y de clase. el orgullo romano por la rornanitas. Essai sur les institutions sociales dans leur rapports avec les idees nouvelles. beneficios y castigos. Por diversos medios. John: sin su . Ballanche. ambiciones y acciones de individuos y grupos se ponen en contacto constantemente — chocándose.9 En run espíritu similar. Se podría co­ menzar señalando cómo esto se originó en el mundo antiguo. 208. y pensáramos en estos como elementos que constituyen un área determinada. estorbán­ dose. vender y establecer con­ tratos mutuos . . 12. permisos y tabúes. pág.Las categorías metafísicas que se hallan en la teoría política pue­ den ser explicadas mediante la noción de espacio político. Oxford: Blackwell. con sus imponentes jerarquías de po­ der. Estos ordenamientos sirven para señalar a las leyes caminos a lo largo de los cuales pueden desarro­ llarse sin perjuicio — o con provecho— los movimientos humanos. la distinción griega entre helenos y bárbaros. en la evo­ lución de la conciencia nacional. 10 Second treatise of civil government. un «espa­ cio político» donde los planes. . ocupaban una misma zona determina­ da. restricciones y prohibiciones legales y extralegales. 9 Leviathan. que luego se vincu­ laba con una zona geográfica determinada y una cultura particular. 137.». Véase el reflejo del problema de la estructuración política del espacio en un discurso del abogado parlamentario del siglo x v i i . y un «medio externo» en gran medida desconocido e indiferenciado. 57. decimos que no tiene libertad para ir más allá ( . separándose— podríamos advertir mejor el ingenio­ so papel que cumplen estos ordenamientos en lo que atañe a reducir fricciones. pág. Locke defendió la utilidad de las restricciones. la Libertad de un Súbdito reside únicamente en las cosas que el Soberano ha omitido al regular sus ac­ ciones: por ejemplo. 1818. También involucraba la cuestión deci­ siva de los ordenamientos destinados a zanjar los problemas surgidos del hecho de que una gran cantidad de seres humanos. la Libertad de comprar. S. The modern democratic State. D . E l mismo argumento. pág.

citado en L. ciudad. Si se quisiera conti­ nuar con este análisis. ed. Visión e imaginación política Nuestro examen del espacio político nos ofrece un indicio acerca de otro aspecto de la filosofía política. The theory o f economic policy in English dassical political economy. . New Brunswick y New Jersey: Rutgers University Press. Robbins. The crisis of the Constitution. Judson. ej. . Inglaterra no era «más que un trozo de Tierra..12 VI. poblado o asociación. fueron las ambiciones del empresario. como manifiestos desafíos a la estructura espacial creada por la sociedad industrial burguesa. ) ahora.Como lo inferimos antes. D oktor Yaustus. Bentham. pág. el mundo se renovaría bajo nuestro signo . M artin’s Press. Londres: Macmillan y St. . el espado político pasa a ser un problema cuando no es posible controlar las energías humanas por medio de los ordenamientos existentes. 1952. al final de la época burguesa iniciada unos ciento veinte años atrás.. Faustus. D .A de Thomas Mann— podría ser tomada como representativa del punto de vista de su generación a principios de este siglo. en el siglo x v i i i . y su frustrante sensación de ahogo ante las restricciones impuestas por las disposiciones nacionales e internacio­ nales: «Parecía inminente una nueva apertura ( . 11 J. T. . . Y que no calumnie ni desdeñe a ningún otro». 1949. el marxismo). Durante la Reforma y sus secuelas. ..11 Las teorías de los fisió­ cratas. O bien una novela — p. fueron los aspectos vitales de la religión los que amenazaron los principios estructurales moldeados por las sociedades políticas medievales. Tam­ bién se podrían interpretar los grandes movimientos revolucionarios del siglo xix (v. 12 Dr. Adam Smith y Bentham. 1949. Las diversas concepciones del es­ pacio indican que cada teórico ha visto’el problema desde una pers- «sistema político y gobierno». gr. M. se podría explicar cómo cuestionó Malthus la teoría espacial de los economistas liberales al prevenir acerca de las crecientes presiones provenientes del aumento de la población. sin propiedad salvo en Posesión». Véase un ejemplo perteneciente al siglo xvi en Edward Dudley: «Esta raíz de concordia no es otra cosa que u n buen acuerdo y confor­ midad entre el pueblo o los habitantes de un reino. Citado en M. 1948. sin jerarquías ni dis­ tinciones de hombres. Londres: Secker & W arburg. T he tree of Commonwealth. 354. solamen­ te exigimos un sendero seguro y abierto». . «No necesitamos privilegios. en el cual tantos hombres tienen su Residencia y morada. Cambridge: Cambridge University Press. ) Nos colmaba la certeza de que este era el siglo alemán ( . pág. pág. Lowe-Porter. pág. al inglés por H . 40. respondieron trazando nuevas vías de acceso y redefiniendo la dimensión espacial. trabadas por la com­ plicada red del mercantilismo. 301. y que cada hombre se contente con cumplir su deber en el cargo. :*** trad. .». ) nos había llegado la hora de poner nuestra marca en el mundo y dirigirlo ( . . y tam­ bién como una exigencia para que esta fuera reorganizada. lugar o condi­ ción en que se encuentre. Brodie.

pero estaba en lo cierto al decir que el cuadro de la sociedad que ofrecen la mayoría de ellos no es «real» o literal. per­ siste la creencia de que el hombre de ciencia se asemeja a un cronista experto. del lugar donde se «sitúe» el observador. En este se­ gundo significado predomina el elemento imaginativo y no el des­ criptivo. en gran medida. ) Conciben a los hombres. En la actualidad se admite de manera bastante:generaLque esta concep­ ción de la ciencia es errónea. se han sentido obligados a trazar un modelo adecuado del or­ den político? ¿Qué esperaban ganar. la El concepto de visión. Quiero examinar dos sentidos distintos. u n intento de proyectar al futuro las tendencias del momento: «Apuntamos más alto en nuestro intento de llegar. en Bodin. por ejemplo. no como son. quien negó todo objetivo utópico. En este sentido. Suele utilizarse este término para referirse a un acto de percepción.* Esto sugiere que la filosofía política constituye una forma de «ver» los fenómenos políticos. los acusó de satíricos. al menos. por ejemplo. según ellos. (N . fenómenos depende. Esto es evidente. la cuestión es la siguiente: ¿Tienen esos cuadros el carácter de las sátiras? ¿Por qué la mayoría de los autores políticos. sin em­ bargo. la «objetiva». desde un ángulo de visión particular. en lo que atañe a la comprensión teórica. Spinoza. del R. seeun los casos. . pero relacionados. diciendo que parten de la premisa de que la «teoría debe estar en desacuerdo con la práctica ( . uno y otro han desempeñado un papel importante en la teoría política.va.) 13 Este elemento imaginativo no es lo mismo que el utopismo. . Desde la revolución científica de los siglos xvi y x v n . de acercarnos. como Comte. tal como lo emplea Wolin. o. en cambio. sino como ellos quisieran que fuesen». aun los que se proclamaban científicos.ti. «perspectiva» o «ángulo de enfoque». diferente. ¿cuál debía ser.pec.13 En cambio. puede traducirse como «vi­ sión». Así. y que el modo de visualizar los. Fue. Quizá Spinoza pasó por alto que muchos teóricos políticos han procurado seriamente con­ templar los datos políticos como «realmente» son. en la medida en que trata de ofrecer una información textual sobre la «realidad» Esta idea se ha expresado en repetidas ocasiones en una crítica a los teóricos políticos. T . la «visión» es un informe descriptivo acerca de un objeto o suceso. pero el término se utiliza también con otra acep­ ción cuando se habla de una visión estética o religiosa. hemos optado por la forma que más se ajustaba a cada contexto. por cuanto es menos un intento de elevarse por sobre las realidades del momento que una tentativa de ver las realidades existentes como posibilidades trasformadas. la función de la teoría po­ lítica? La posibilidad de que los teóricos políticos no hayan advertido que introducían la imaginación o la fantasía en sus teorías es fácilmente descartable. destinada a informar de modo desapa­ sionado. Ahora bien. Hay demasiados testimonios de que en este punto pro­ cedían de modo deliberado. decimos que vemos al orador disertando ante una asamblea po­ lítica. No obstante. creían que la fantasía. fue el primer tipo de visión. del término «visión». no se puede decir que su propia obra sea una descripción de la Francia del siglo xvi. pues subestima el papel que cumple ía imaginación en la construcción de teorías científicas. la relacionada comúnmente con la observación científica. . al agregar una dimensión imaginativa a su representación? En resumen.

pág. como los demás seres humanos.. No es que nos propongamos describir una república puramente ideal e irrealizable. H a sido el medio para expresar los valores fun­ damentales del teórico. s. . ed. cuadros en los cuales ha sido eliminado cuanto era extraño al propósito del autor. Willey. sino que procura iluminar. Si el elemento imaginativo en el pensamiento político no fuera más que un recurso metodológico que permitiese al teórico manejar con más eficacia sus materiales.14 Cuando Hobbes. incluso la extravagancia. deben ser presentados en lo que cabe denominar «su plenitud mejorada». ayudarnos a percibir mejor las cosas políticas. describió una m ultitud de hombres que deliberadamente acep­ taban formar una sociedad política. Los teóricos nos han dado cuadros en miniatura de la vida política. pág. 10-26. nos permiten a veces ver cosas que de otro modo no se advierten. el medio por el cual el teórico político ha procurado trascender la historia. cap. La imposibilidad de una observación directa obliga al teórico a epitomar una sociedad abstra­ yendo ciertos fenómenos y proporcionando interconexiones donde no se las ve. Oxford: Blackwell. pág. el canciller de Inglaterra. Londres: Chatto and W indus. 14 Biographia Iliteraria (Everym an). La fantasía no prueba ni refuta.) Sorel presenta uno de los más fructíferos análisis sobre esta cuestión al tratar de distinguir su «mito» del pensamiento utópico. 1946. o por Tomás Moro. la mayoría de los pensadores políticos han opinado que la imaginación era un elemento necesario en la teorización. Hobbes sabía que los enun­ ciados imaginarios no tienen igual jerarquía que las formulaciones ten­ dientes a probar o refutar. IV . por ejemplo. como la imaginada por Platón. X II.. 1949. Six books of the Commonwealtb. J. cap. X IV . cap. para que el intelecto pueda manipular los fenó­ menos políticos. E n su descrip­ ción de la comunidad política. 151-52. guiada por el arte divino del estadista y encaminada hacia la idea del Bien. En la filosofía política. a las formas políticas que son practicables». La imaginación es el recurso del teórico para comprender un mundo que jamás puede «conocer» de manera íntima. el elemento imaginativo ha cumplido un papel semejante al que Coleridge atribuía a la imaginación en la poesía: un poder «esemplástico» que «reúne todo en una totalidad armoniosa e inteligente». M. no justificaría la prolongada atención que le hemos prestado. Al mismo tiempo. 42. págs. f. están impedidos de «ver» de primera mano todas las cosas políticas. Platón exhibió una forma de vi­ sión esencialmente arquitectónica. S t París: Riviére..exageración. 139. pero confiaba en que esa des­ cripción imaginaria permitiría a sus lectores visualizar algunos de los presupuestos básicos sobre los cuales descansa un orden político. Nos pro­ ponemos limitarnos. 2. Nineteenth cen- tury studies. págs. pág. 46 y sigs. Véase también la exposición de B. véase Réflexions sur la vio- lence. (J. 10? ed. sabía muy bien que semejante acto jamás había ocurrido «realmente». Fue Platón quien más artísticamente desplegó la visión imaginativa a que aquí me refiero. Una visión política arquitectónica es aquella en la cual la imaginación trata de modelar la totalidad de los fenómenos políticos de acuerdo con alguna idea del Bien que está a la verdadera imagen de un gobierno correctamente ordenado. en la medida de lo posible. por­ que advirtieron que. Tooley. Esto es necesario porque los teóricos políticos. Como la mayoría de los filósofos políticos. Bodin. La imaginación ha abarcado mucho más que la cons­ trucción de modelos.

fue un intento de proyectar al futuro un pasado permanente. los fenómenos políticos deben someterse a las exigencias de la producti­ vidad económica. . Platón advirtió que la 15 Laws. Para la mayoría de los teóricos. sino también con las conservadoras. que los encamina hacia un fin último.». Todas ellas poseen un carácter de futuro o son una proyección del orden político a una época venidera.10 Algo de este mismo carácter reapareció en el sistema finamente cincelado de Santo Tomás. . trad. . En otros momentos. en la Inglaterra del siglo x v n . M. estaba destinada a disminuir la brecha entre las posibilidades captadas mediante la imaginación po­ lítica y las realidades de la existencia política. exactitud científica y pro­ greso económico. el impulso ar­ quitectónico asumió una forma esencialmente estética « . El único fin de nuestros pensamientos y afanes debe ser el tipo de organización más favorable para la industria ( . y el orden político pasa a ser instrumento del ade­ lanto tecnológico: « . Markham. trajo como consecuencia proporcionar diferentes dimen­ siones a las perspectivas de la filosofía política: dimensiones de belleza estética. Esto ha ocurrido. al inglés por Jow ett. Selected wriiings. En el caso de Platón. donde los fenómenos de la política adquieren hondura temporal y di­ mensión histórica al ser absorbidos en una finalidad puesta por enci­ ma de todo. el impulso hacia el ordenamiento total de los fenómenos polí­ ticos ha tomado muchas formas. Sr. la perspectiva exterior se ha teñido con frecuencia — como co­ rresponde— de consideraciones económicas. 706. pág. por ejemplo. y ed. . 70. . así ocurrió. cuando las sectas milenaristas soñaban con una esplendorosa Nueva Jerusalén que reemplazara al orden entonces vigente. trad. y hasta un reaccionario confeso como Maistre in­ tentó recobrar un «pasado perdido». la visión ordenadora ha sido decididamente religiosa. 1952. Nueva York: Macmillan. . no solo con las teorías políticas declaradamente reformistas e incluso revolucionarias. la mayor parte de los pensadores políticos han opinado que la filosofía política. ) El tipo de or­ ganización favorable a la industria consiste en un gobierno cuyo poder político no tenga más fuerza ni desarrolle más actividad que las nece­ sarias para impedir que sufra estorbos el trabajo productivo». por F. el verda­ dero legislador. el reordenamiento imaginario de la vida política que tiene lugar en la teorización no se limita a ayudarnos a comprender la política. . Contrariamente a lo que sostenía Spinoza. verdad religiosa. A lo largo del pensamiento político occi­ dental. como un arquero. . En épocas más re­ cientes. 16 H enri Comte de Saint-Simon. precisamente por ser «política». El conservadoris- mo de Burke. irremisiblemente corrupto. tiempo histórico. en cualquiera de las formas en que se ha manifestado. donde se asignaba al orden político un lugar preciso en la encumbrada catedral que era toda la creación.10 El impulso arquitectónico. La visión puede originarse también en un enfoque de la historia como el de Hegel. en la esperanza de que fuera po­ sible restaurarlo en el futuro.más allá del orden político. H . Según este enfoque. . apunta únicamente hacia aquello en lo que siempre está presente alguna belleza eterna . por ejemplo.

el pensador ha elegido una determinada red. 1959. Precisamente porque implicaba la intervención en asuntos reales. pero no ha liberado a la teorización de las limitaciones inheren­ tes a las categorías empleadas por el teórico. sino aspectos de una visión más glo­ bal de las cosas. Esta perspectiva más global se alcanzaba pensando en la sociedad política en su plenitud mejorada: no corno es. Heller. sino con la naturaleza cambiada y trasformada por nuestra actividad cognitiva». sitúa a la ciencia más cerca de la teoría política en este aspecto: «Los peligros que amenazan la ciencia moderna no pueden ser evitados mediante más y más experimentación. Citado en E. que caracterizaba tanto a los reyes homéricos como a los estadistas atenienses. Pero en todo el procedimiento. Para un filósofo como Thomas Hobbes. que luego son reco­ gidos y distribuidos de un modo que ese pensador particular considera significativo y pertinente. 33. inteligencia y no­ bleza no eran cualidades ad hoc. Los conceptos y categorías de una filosofía política pueden compararse con una red que se arroja para apresar fenómenos políticos. The disin- herited m in i. pág. que vivió la agitada vida política de la Inglaterra del siglo xvn. y consciente y deliberada en gran medida. tal como lo expresa Heisenberg. ya que nuestros complicados experimentos nada tienen que ver con la naturaleza tal como es. la acción requería con urgencia una perspectiva de po­ sibilidades tentadoras. la tarea ur­ gente del filósofo político consistía en definir las condiciones nece­ sarias para un orden político estable. no fue una ex­ 17 Un enfoque moderno.acción política era de índole sumamente intencional. «irreal». a partir de la cual contempla los fenómenos de índole política. Los enunciados y formulaciones que produce son — como dice Cassirer— «abreviaturas de la realidad» que no agotan la amplia gama de la experiencia política. que arroja en un sitio por él elegido. . en el «asesorarse» antes de actuar se veía un requisito específico de la actividad política. Pero actuar con inteligencia y nobleza exigía una perspectiva más vasta que la de la situación inmediata a la cual se destinaba la acción. Podemos observar cómo funciona este proceso recurriendo a una ilus­ tración histórica. la teoría política era un complemento imprescindi­ ble para la acción. VII. Esta forma trascendente de perspectiva no ha sido compartida por el hombre de ciencia hasta la época moderna. A este respecto.17 Cuando los primeros teó­ ricos científicos describían con matices poéticos la armonía de las es­ feras. Precisamente porque describía la sociedad de manera exagerada. faltaba en su visión el elemento esencial presente en la filosofía política: el ideal de un orden sujeto a control humano que pudiera ser trasformado mediante una combinación de pensamiento y acción. Toda filosofía política — por más refinadas o variadas que sean sus categorías— representa una perspectiva necesariamente limitada. Nueva York: Merídian. Conceptos políticos y fenómenos políticos El ejercicio de la imaginación en la teoría política ha excluido la ca­ racterización del orden político en términos de una semejanza descrip­ tiva. sino co­ mo podría ser.

«El idioma francés se adecúa solamente a la expresión de ideas claras. 19 H ay una interesante protesta de Renán. los superó en mucho en cuanto a la minuciosi­ dad con que investigó las condiciones necesarias para la paz. sino por haberlas descartado. resultaron ser los últimos en aceptarlo. En con­ secuencia. sin em­ bargo. respecto de las dificultades de expresar ciertas ideas nuevas en idioma francés. simple- . U na tradición de discurso De todas las limitaciones a la libertad del filósofo para especular. los problemas de las relaciones exteriores. nin­ guna ha sido tan vigorosa como la misma tradición de la filosofía po­ lítica. experiencia y refinamiento del pasado. esta categoría de «paz» u «orden» pasó a ser. Si quiere lograr la atención de sus contemporáneos. aquellos con­ ceptos han sido enseñados y discutidos. ni de la idiosincrasia de un filósofo deter­ minado. aunque los franceses fueron los primeros en percibir los principios de lo que ahora se conoce como darwinismo. En el pensamiento de un filósofo influyen. en su filoso­ fía. no por no advertirlas. en suma. historiador del siglo xix. 54. N . este mate­ rial ha sido elaborado y trasmitido como legado cultural. el teórico interviene en un debate cuyos términos ya han sido establecidos. las que gobiernan la trasformación de la vida.A Nueva York: Macmillan. examinados y. preservan­ do la comprensión. en gran medida. o señaló apenas. no son claras. en un cuerpo de conocimiento heredado. las leyes más importantes. Así. VIII. A dventures in ideas. 1933. para el debate. W hitehead. un centro magnético que atrajo a su órbita únicamente los fenó­ menos que Hobbes consideró pertinentes para el problema del orden. con frecuencia. en gran medida. las cuestiones de administración gubernamental (en sentido estricto). obran como agentes con­ servadores dentro de la teoría de un determinado filósofo. De tal modo. modificados.19 Esta tradición ha sido tan tenaz. Los franceses han desatendido de este modo verdades valiosas. Omitió. pero estaba situado fuera de los hábitos usuales de su lenguaje y del molde de la frase bien construida. la selectividad no es solo cuestión de elección. muchas cosas: la influencia de las clases so­ ciales. 18 A.18 Sin embargo. En el acto de filosofar. mientras que se deja languidecer a otros. los problemas que agitan a su sociedad. de antemano. los términos que estas preocupaciones imponen. y. Cuando pasan de una época a otra. Con el tiempo. pero como era un pensador rigu­ rosamente sistemático. Como dijo "Whitehead: «Cada modalidad de examen es como un reflector que ilumina determinados hechos y abandona los restantes en un fon­ do que no se toma en cuenta». sino que se nos aparecen en penumbras. M u­ chos filósofos anteriores se han ocupado de reunir y sistematizar las palabras y conceptos deldiscurso político. el uso de ciertas categorías políticas pone en juego un principio de «exclusividad especulativa». pág. Se convirtieron. debe encarar sus problemas y aceptar. mediante el cual se proponen para su examen algunos aspectos de los fenómenos políticos y algunos conceptos políticos. Veían todo aquello per­ fectamente. cepción entre sus contemporáneos. obligan­ do a quienes desean tomar parte en el diálogo político occidental a someterse a ciertas realas v usos.

Hay que mencionar.que incluso rebeldes sumamente individualistas como Hobbes. H . 1941. De este modo. Wilson. no me avergüenzo de hablar con ellos y preguntarles los motivos de sus actos. prolongaciones de las ideas y prácticas existentes que es­ taban en perfecto acuerdo con ellas. Durante cua­ tro horas no me aburro y olvido toda preocupación. Me entrego por completo a los ancianos. En la puerta me quito las ropas que tuve puestas todo el día. cómo se los obtiene. 38. G ilbert. Les proporciona la sensación de transitar por un mundo fami­ liar. por último. discutiendo qué es un principado. To the Fin­ landés tation. al escribir durante su retiro forzoso de la vida pública. y para el cual nací. 10 de diciembre de 1513. Una tradición de filosofía política contribuye también a la tarea interminable de adaptar la nueva experiencia política al ordena­ miento de cosas vigente. cuáles son sus atributos. tanto para el pensador político como para el actor po­ lítico. y por qué se los pierde». Se podría dedicar un libro entero a mostrar el éxito que han logrado los reformadores políticos toda vez que han podido convencer a los hombres de que los cambios propuestos eran. Los conceptos y categorías de la política cumplen el papel de una conveniente «taquigrafía» o lenguaje simbó­ lico. en realidad.A en el cual me interno lo más po­ sible en reflexiones sobre este tema. Nueva York: Hendricks House. y compuesto un libríto. Uno de los testimonios más notables de la tenacidad de las tradiciones fue ofrecido por un escritor a quien se suele considerar uno de sus más acérrimos enemigos: Nico­ lás Maquiavelo. exis­ te igualmente una amplia variedad de indicios respecto de las rutas alternativas. es posible compartir además la experiencia social y aumentar la cohe­ sión social. pág. En cam­ bio. y ellos me contesta# cortésmente. he anotado el beneficio que recibí de las conversaciones con ellos. También permite la comunicación entre contemporáneos sobre la base de un lenguaje común. Ben­ tham y Marx llegaron a aceptar la tradición a tal punto que no logra­ ron destruirla ni colocarla sobre una base totalmente nueva.20 Una tradición ininterrumpida de pensamiento político presenta m u­ chas ventajas. A. que permite a un usuario entender qué dice otro cuando se refiere a «derechos cívicos». y donde no lo ha sido. 242. E. donde. cómo se los conserva. embarradas y sucias. .. Y como Dante dice que no hay conocimiento si no se conserva lo leído. me nutro con ese alimento que es el único para mí. quien. ofrece un vivido cuadro de lo que significa participar en el diálogo perenne: «Al anochecer vuelvo a mi casa y entro en mi estudio. como inútiles o como imposibles de expresar». al ser recibido con afecto. Dos hechos: que los pensadores mente. no temo la po­ breza ni me aterra la muerte. aun cuando se lo encuentre tra­ ducido a diferentes dialectos. consiguieron únicamente ampliarla. Nueva York: Anchor. Así. pág. entro en las viejas cortes de hombres viejos. en «The prince» and other works. cuyo territorio ya ha sido explorado. 1953. E l príncipe. que una tradición de pensamiento político ofrece un vínculo de con­ tinuidad entre pasado y presente. ed. adecuadamente vestido. y me pongo prendas regias y cortesanas. 20 Carta a Vettori. «poder arbitrario» o «soberanía».

La novedad no es solo función de los elementos efectivamente estable­ cidos por un teórico. Rousseau y Marx. es mencionado con el único fin de señalar que la tradición del pensamiento político no es tanto una tradición de descubrimientos como de significados extendidos a lo largo del tiempo. las discontinuidades evidentes en los campos científicos hacen muy improbable que un hombre de ciencia moderno recurra a la ciencia medieval. 1929. Esto. Hobbes. Nueva York: Macmillan. como de lo que proponían como nuevo y diferente. En contraste. ha tomado una idea existente. nada tiene que ver con la supuesta superioridad de la indagación científica sobre la filosófica. es esencial no ignorar las respuestas sumamente origina­ les y creativas que han tenido lugar. por ejemplo. claro está.3¡-. Enfocando la experiencia política común desde un ángulo algo distinto del predominante.papel del miedo. Un hilo conduc­ tor o principio unificador no solo integra ideas particulares en una teoría general. Tradición e innovación Al poner de relieve el horizonte especulativo que limita a cada pensa­ dor político. En otros momentos. separándola del hilo conductor que con­ vierte un agregado de ideas en un conjunto orgánico. Las innovaciones del pensamiento vinculadas con hombres como Marsilio. en general. Cualquiera que sea la exactitud del aforismo de White- head. y. en busca de respaldo o inspiración. según el cual «la creatividad es el principio de la novedad» en la historia de la teoría política el genio no siempre se ha presenta­ do como originalidad sin precedentes. en el plano de las premisas fundamentales unificadoras. Marsilio no fue original'cuándo condenó abiertamente al papado. 31. han servido para h a­ cer comprensible y estimulante el pensamiento político de otros siglos. pág. y se abrieron nuevas líneas de reflexión política. IX. la necesidad de re­ pensar la experiencia política. En este sentido. sino que además determina el énfasis que se asigna a 21 Process and rea!ity. rebelándose contra las ten­ dencias conservadoras del pensamiento y el lenguaje.políticos sucesivos se hayan atenido. ante sus contemporáneos y la posteridad. . cuando Platón preguntó «¿Qué es la justicia. y qué relación tiene con la comunidad?». A veces ha consistido en un énfasis mas sistemático t r acentuado de una idea ya existente. a un vocabulario po­ lítico común. Esto también es cierto de la frase inicial de El contrato so­ cial & y las frases finales del Manifiesto comunista. provinieron tanto de lo que estos rechazaron y omitieron silenciosamente. P or ejemplo. se creó una nueva serie de problemas. como lo atestiguó una vez Lenin. y que hayan aceptado un cierto núcleo de problemas co- mo tema adecuado para la investigación política. determinados pensadores han ayudado a liberar modos de pensar establecidos y a plantear. presentando de manera novedosa una antigua cuestión. el genio es recuperación imaginativa. la ma­ yor parte de las ideas principales de Marx pueden ser halladas en auto­ res anteriores. ni lo fue Hobbes cuando puso de relieve el .

pero expresan con ellos cosas muy distintas: cada uno responde a un conjunto diverso de fenómenos. justicia. Como resul­ tado de esto. Si se desplaza el principio unificador. ley. y la Iglesia era establecida como guardián institu­ cional para proteger e impulsar la pretensión unificadora de la religión cristiana. pasan súbitamente a tener implicaciones profundas. en el cual la religión era considerada rectora de todas las demás acti­ vidades humanas. De aquí que. Por ejemplo. Cualquier desplazamiento o alteración im portante del principio de representación. en parte. situados en puntos diferentes de la historia. si bien dejaba intacto el contenido de la doctrina cristiana. que afirmar. La originalidad de un filósofo político determinado recibe ayuda desde otra dirección. Así como la historia nunca se repite con exactitud. pasan a ser prominen­ tes. y otras. o cualquier én­ fasis exagerado en uno o varios conceptos. Esto se debe a que una teoría política consiste en una serie de conceptos —-tales como orden. no puede dejar de haber una modificación en las categorías de la filosofía política. así como tampoco se propone hablar solamente al futuro distante. logró examinar la cuestión que más inquietaba a sus contemporáneos: la de la relación adecuada entre poderes espirituales y seculares. el enunciado de Marsilio formaba parte de una argumentación sistemática que. Pocos autores han superado a Tomás de Aquino en cuanto a parecer que enfocaba los problemas políticos sub specie aeternitatis. como lo había hecho Tomás de Aquino. que el gobernante temporal no debía hallarse bajo la fuerza coactiva (vis coactiva) de la ley. y que toda obra de filosofía política es. que eran subordinadas. poder. así como algo de tradicional. en el juego que tiene lugar entre conceptos políti­ cos y experiencia política cambiante. como Marsilio. que eran primordiales. utilizan los mismos conceptos.— ligados. Esto explica. que el poder del orden político no debía ser trabado por ninguna institución humana. las formula­ ciones contenidas en el conjunto. unas. da como resultado un tipo de teoría diferente. Por su parte. Ningún pensador político se interesa exclusivamente por el pasado. la frecuencia con que presenciamos el espectáculo de dos teóri­ cos políticos que. Se puede resumir esto de otro modo. como ya dijimos. ja­ más la experiencia política de una época es precisamente la misma de otra. etc.cada una de ellas. liberando así al orden político de todo control externo. cada filósofo político se ha ocupado de lo que considera un problema vital de su tiempo. en uno u otro caso. Con esto queremos decir única­ mente que todo filósofo político está engagé en alguna medida. procuraba reducir la independencia de su guar­ dián institucional. Cuando una pretensión unificadora es desplazada. que antes eran banales o innocuas. paz. El prim er enunciado surgió en un conjunto completamente integrado. sin embargo. por una especie de principio de representa­ ción que asigna acentos y modulaciones. diciendo que la mayor parte de la reflexión política formal ha operado simultáneamente en dos nive­ les diferentes. se desequilibra el sistema de ideas. fue muy diferente decir. un manifiesto di- . en alguna medida. el precio sería la ininteligibilidad. En uno de ellos. retroceden a un lugar de importan­ cia secundaria. cada filosofía política im portante lleva en sí algo de exclusivo.

Se podría decir que estos ejemplos inducen a confusión porque los pensadores políticos mencionados no se preocuparon por contribuir a la tradición de la reflexión política occidental. políti­ cos han sido proyectados como algo más que livres de circonstance: se los ha destinado a contribuir al diálogo continuo de la filosofía po­ lítica occidental. En otro nivel. la definición misma de una tradición política? ¿Acaso una con­ tribución no toma habitualmente la forma de una «corrección» de un error tradicional. se ocupa de ideas que reflejan. o suerte. se podría señalar la tempes­ tad de controversias suscitada en años recientes por la polémica de Karl Popper contra Platón.jácicmalizar un suceso específico de su propia época. Por último. y otra hacia la acumulación. se lo recupera cons­ tantemente. Boston: Beacon Press. La tradición del pensamiento político occidental ha exhibido así dos ten­ dencias algo contradictorias: una hacia un regreso infinito al pasado. La respuesta es sencilla: ¿Acaso «una influencia persistente y contemporánea» no es. es inevitable que un filósofo po­ lítico impregne su propio pensamiento de ideas y situaciones anterio­ res. y observar cómo fue manipulada crí­ 22 W. la obra de John Locke Tw o treatises of civil governrnent suele ser utilizada por cualquier autor dé libro de'texto como ejemplo de literatura política encaminada a. sino que dedicaron buena parte de su energía a refutar ciertas ideas a las que atribuían una influencia persistente y contemporánea. 1955. Esto explica por qué es tan frecuente que nn pensa­ dor político aparezca atacando a otro muerto mucho antes.22 en parte nuevos. una situación espa- ciotemporal anterior. pág. John Adams se en­ colerizaba todavía contra las ideas de Marchamont Needham. pa: rece ocupado en los problemas peculiares de su época. en el momento mismo en que el pensamiento humano. y lo nuevo recibiendo 3a influencia de lo viejo. a su vez. acaecida medio siglo antes. Asimismo. podemos decir que ha habido una ten­ dencia a adquirir nuevas dimensiones de comprensión. un pan­ fletista relativamente desconocido del siglo x v ii . sin embargo. por hipó­ tesis. muchos escritos. G uthrie. se inserta en un pro­ ceso bastante complejo. K. The Greeks and their gods. Y si esto último se parece demasiado a la idea del progreso mecánico. En A defense of the Constitutions of America (1787). el pasado nunca es totalmente sustituido. . una lectura minuciosa permite comprobar que Locke procuraba también refutar a Thomas Hobbes. sin pretender echar por la borda la totalidad? Dicho de otro modo: cuando un pensador político crítico encara el análisis de una idea persistente que proviene del pasado. la Gloriosa Revolución de 1688. situado en un punto espacio- temporal. E n este sentido. C. análogamente entrelazadas con las que las precedieron. No obstante. Al abordar ideas persistentes del pasado. cuyos escritos se referían principalmente a otra revolución. en parte heredados. Además.rioido a su época. El resultado es — tomando una frase de Guthrie— una «coexistencia de elementos diversos». 28. las ideas en cuestión se relacionan de modo similar con el pensamiento político previo y sus situaciones. Como pensador. lo viejo destilán­ dose en lo nuevo. Una manera de ilustrar estas dos tendencias consistiría en tomar la idea clásica de fortuna.

Classical Review. pág. 26 T.».A. la intrusión que trastorna los pla­ nes y cálculos mejor trazados. vol. lo que a Calvino le interesaba respecto de esto no era ayudar a San Agustín a refutar a los paganos clásicos. W. En este ejemplo. La concepción clásica de fortuna es expuesta por D. xxviii. V. Histories. que la validez de una idea no puede ser separada de su efectividad como for­ ma de comunicación. sino atacar a los humanistas renacentistas de su época.23 Con seguro instinto. y el futuro. quien. 117. Brace. viii. fue profunda­ mente influido por su pensamiento. Y no llaméis inmutabilidad al punto en que el pasado y el futuro se reúnen . como luego se­ ñaló agudamente Calvino. Para Tucídides. sí. Eliot. Nueva York: Harcourt. A study in the political philosophy o f Thucydides and Plato. . Polibio y los his­ toriadores romanos en general. Four quartets #* («Burnt N orton». A partir de San Agustín. vemos dos prolongaciones paralelas: la noción clasico-renacentista de la fortuna y el rechazo agustiniano-calvinista de esta. Calvino.. Institutes of the Christian religión. la n o c ió n cristiana de una Divina P r o v id e n ­ cia. The Peloponnesian W a rjlt I. agregando un ele­ mento específico. pág. sustituyendo la fortuna impredecible por la inescrutable Providenciar5 Sin embargo. 474 y sigs. Significa. 25 J. 1950. II . La moraleja de todo esto se halla contenida en los versos de Eliot: «Quizás el pasado y el presente están presentes en el futuro. . D e Civitate Dei. Warde Fowler. Salustio. pág. 18. y véase C. H. 445-49. en nombre de una fortuna más elevada. 456 y sigs. Si todo tiempo está presente eternamente.. . 24 San Agustín. IV . primero por San Agustín y más tarde por Calvino. op. en The complete poems and plays. I. I I ) . sino una gramática y vocabula­ rio en continua evolución. Polibio. una dimensión diferente. ed. S. contenido en el pasado. p e se a h a b e r vivido más de m il años después de aquel. cit. V II. >í* I. quienes habían revivido la mis­ ma idea clásica atacada antes por este. 140. 1952. todo tiempo es irrecuperable. . 119. rev. y sostuvo que esta noción había sido reem­ plazada por el c o n o c im ie n to cristiano de un Dios que c o n d u c ía a la naturaleza y a la historia hacía un fin revelado. págs. . 16. C.ticamente. Christianity and classical culture. Cochrane. I. 56 y sigs. Man in his pride. Esto no significa que el legado de ideas con­ tenga solo verdades de validez apenas pasajera.. destinados a facilitar la comunicación y orientar la comprensión. 1. Lon­ dres: Oxford University Press.26 En las ideas y conceptos elaborados durante siglos no debe verse una reserva de sabiduría política absoluta.24 Pero. Bellutn Catilinae. Greene. págs. 1944. 8.. lejos de eliminar la fortuna. Las funciones cumplidas por una tradición de pensamiento político 23 Tucídides. 18. N. . V I. Cochrane. 4. Chicago: University of Chicago Press. 3. cada participante del diálogo construyó so b re lo hecho por sus predecesores. en realidad la había incorporado. San Agustín se­ ñaló esta idea como representativa de ese espíritu clásico que el cris­ tianismo debía superar.i* xxxvii. la fortuna representaba el elemento impredecible en la historia humana. «Polybius’ conception of Tyché».

Locke o Marx. Pero. una justificación para el estudio de la evolu­ ción histórica de dicha tradición. sino una forma de edu­ cación política. . Cuando estudiamos los escritos de Platón. una evolución intelectual dentro de la cual sucesivos pensadores han agregado nuevas dimensio­ nes al análisis y comprensión de la actividad política— investigar esa evolución no es una búsqueda de antigüedades. además. como veremos. por sobre todo — dado que la historia de la filosofía política es. estamos en realidad familiarizándonos con un vocabulario relativamente estable.proporcionan. y con un conjunto de categorías que nos ayudan a orientarnos hacia un mundo particular: el mundo de los fenómenos políticos.

A Chicago: University of Chicago Press. Schopenhauer. no «cómo» funcionaban las cosas. algo que debe ser explicado racionalmente. Frankfort y otros. nature. 233 y sigs. gozaban de una estabilidad compartida y su fría aja violencia de los dioses encoleriza­ dos. C. el hombre se conside­ raba a sí mismo y a la sociedad como partes integrales de la natura­ leza. C. 1951. Este fue el gran aporte de los filósofos griegos de los siglos vi y v a. No obstante. acerca de sus comienzos. y fijar en pensamientos perennes las vacilantes imágenes que flotan frente al espíritu». págs.. en el siglo vi a. 1912. y no se conocía la «explicación» política como forma específica de pensar] El primer paso en el largo proceso de crear la filosofía política tuvo lugar cuando la actitud del hombre respecto de la naturaleza experi­ mentó una drástica revisión. Before philosophy. Invención de la filosofía política Tal como lo sugerí en las páginas anteriores. Cornford. quienes abordaron la naturaleza como algo comprensible para el intelecto humano. M. sometidas a las mismas fuerzas naturales y sobrenaturales.2. por medio de un arte deliberado. Antes de que surgiera la filosofía griega. 1943. en esencia. otras hostiles. salvo en la medida en que aquellos puedan haber influido sobre la evolución posterior. Society and. hombre y sociedad formaban un continuo. Platón: La oposición entre la filosofía política y la actividad política «. sus orígenes tienen tanta importancia que se puede decir. Debemos a los griegos la. la filosofía política y la naturaleza política tienen una historia: se puede decir. . Kelsen. M. Na­ turaleza.2 1 H ay útiles exámenes de los modos precientíficos de pensamiento en H . sin recurrir a los caprichos de los dioses. una serie de comen­ tarios. 24 y sigs. Cambridge: Cambridge University . lo que así se ha aprehendido. en consecuen­ cia. sino qué factor so­ brehumano las dirigía. F. 2 F. I. unas veces favorables. págs. 237- 62. Before and after Sócrates. A. las cuestiones relativas a los orígenes solo tienen importancia para los anticuarios. From religión to philosophy. Londres: Pelican. 11-36. Ja explicación de los acontecimientos tanto naturales como sociales tomó la forma de «mitos». En el caso de la filosofía política.. Cornford. que una y otra tienen un comienzo. Interesaba a los hombres. que la historia del pensamiento político es.. H . . casi sin exagerar. En esta era prefilosófica. Londres: Arnold. reproducir. invención de la filosofía política y la delimi­ tación del área correspondiente a la índole política.1 Los fenómenos políticos quedaban indiferen- ciados de otros fenómenos.

Nueva York: Oxford University Press.En esta etapa. págs. . Jaeger. derivan sus ideas sociales y políticas de razonamientos pre­ vios acerca de la naturaleza. cit.Una vez dado este paso. 114.i%:. 56-57. Porque todas las leyes humanas se nutren de una. Cambridge: Cam­ bridge University Press. se consideraba que le multiplicidad de cosas en conflicto no era más que la apariencia ex terior de su unidad esencial. ed. sino cuándo descubrieron las diferencias entre ambas. pág. frag. en conflicto. o si. op. Burnet. de ser oídas sus plegarias. pág. vol. como la ciudad se basa en la Ley (N g- rnos) y con más vigor aún. y aún más que suficiente». 31-32. frag. no se trata de establecer si los griegos interpretaban la so­ ciedad a partir de la naturaleza o viceversa. pág. ambos dominios eran gobernados por las mismas «leyes». 151. 7 «Pero la relación del elemento social. Freeman. 3 Los fragmentos pertinentes han sido traducidos por K. pág. cit. 43. en el pensamiento griego. 24.. 3 vols. págs. no importa demasiado determinar si los griegos llegaron a una filosofía de la naturaleza extrayendo de su ob­ servación del mundo natural conceptos políticos y sociales.ü En otro frag­ mento leemos: «En consecuencia. pág. op. Freeman. Véanse también los comentarios de F. 140. ya que. Burnet. The theology of the early Greek philosophers. frag. a la inversa. también la estructura política era derivada del orden eterno del cos­ mos». moira. Cornford. Highet.3 En esta como en otras filosofías presocráticas. op. 4 J. Early Greek pbilosophy. I... que es divina. Faideia. W . 35. . 32. . págs. 1947. frag.4 Esta idea de un principio común a la naturaleza y la sociedad aparece en los fragmentos de Heráclito: «Homero se equivo­ caba al decir: “ Ojalá se extinga esta lucha entre los dioses y los hom­ bres” . frag. y de explicar su funcio­ namiento de acuerdo con un principio unificador común. pág. kos?nos. Pues esta gobierna hasta donde quiere y es suficiente para todo.7 La cuestión esencial es que en la filoso­ fía griega primitiva. Londres: Black. 8 y sigs. 1948. 4a. en consecuencia. sino de la percepción de la unidad subyacente de los opuestu. M. W . 143. 2a. o sea] lo que es común [a todos] ( . hay que seguir [la ley universal. las tensiones entre Amor y Odio (o Lucha) constituían el principio dinámico que actuaba en toda la creación. 26. ) debemos basar nuestra fuerza en lo que es común a todos. págs. Hay también observaciones al respecto en J. tanto políticos y sociales como naturales. el surgimiento de la filosofía política y de un campo especial de la política fue oscurecido por la tentativa de in­ cluir todos los fenómenos en la «naturaleza». 136. quedaba abierto el camino para una explica­ ción racional de todos los fenómenos. frag. Burnet. . pág. y por J. con el ele­ mento cosmológico. Ancilla to the pre-socratic philosophers.6 Para nuestra investigación. 197-250. S» Nueva York: Oxford University Press. 2. Consecuen­ temente. 1952. trad. 150 y sigs. cit. el principio explicativi no debía ser derivado de un conocimiento de muchos «tipos» de fenc menos. sin embargo. T he laws of motion in ancient thought. los pensadores griegos no establecían una distinción clara entre la naturaleza física y la sociedad. No advirtió que con esto imploraba la destrucción del universo. 5 Ibid. Jaeger. igualdad. Oxford: Blackwell. 6 K.. 1931. Press. todo moriría .». ed. nomos. 1920. al inglés por G ... 1945. 53. 17. pág. pág.. . Según Em- pédocles. .. 55-56. fue siempre recíproca: así como el universo era compren­ dido en términos de ideas políticas como las de dike. por ejemplo.

Sócrates había abordado los problemas de la filosofía en términos esencialmente éticos. si la filosofía se proponía explicar la naturaleza del cosmos. Sin embargo. y al estar solo. por la discusión contenida en el diálogo Fedón. corporizada en los ordenamientos políticos vigentes. correspondía al filósofo demostrar por qué era este el mejor ordena­ miento. cit. B e fo r e . Cornford. págs. En otras palabras. y en plantear la premisa de que lo «político» constituía un ámbito de indagación cla­ ramente determinable. Por consiguiente.. op. M. pero. y no acerca de la naturaleza. me­ jor dicho. respetara sobremanera las normas legales. los problemas de los hombres no coincidían estrictamente con los de la naturaleza. respetara sobremanera las leyes de la naturaleza.. en cierta medida. Esto se debe a que las leyes de la naturaleza 8 Phaedo. los primeros en liberar a la política de la naturaleza. Pero en ellas encontró. en realidad. había recurrido con avidez a las ideas de los primeros «filósofos de la naturaleza». en lugar de certeza intelectual..** de Platón. y en consecuencia apartó su curiosidad de la natu­ raleza para fijarla en el hombre y la sociedad. F. en no evidenciar que se trasgrede ninguna de las normas le­ gales del Estado en que se vive como ciudadano. En la parte inicial de este diálogo. y a los que la antigua «filosofía de la naturaleza» no podía dar respuesta! Se quejaba de que. La filosofía política surgía a través de un in­ terrogante ético al cual la naturaleza nunca podía dar respuesta. acérrimos enemigos de Sócrates y Platón. con la justicia impuesta por la naturaleza: «Según el enfoque habitual. que la tierra se hallaba en el centro del universo. como Anaxágoras. 3-8. El hecho importante en el relato de Sócrates era que su cambio de enfoque filosófico fue resultado de los interrogantes que él planteaba. vale decir. En un fragmento del sofista Antifón. nada más que honda desilusión. Si se de­ claraba. C.9 Aunque la crítica de Sócrates resulte curiosa para el lector moderno. 98-99. Estas distinciones se hallaban implícitas en la pretensión de los sofistas de enseñar a los hombres el arte de la política. un hombre practicaría justicia del modo más ventajoso para sí mismo si. Antifón se atuvo a la antítesis establecida entre «naturaleza» y «convención» (physis y nom os) para contrastar la jus­ ticia legal convencional. se conserva un claro enunciado acerca de la distinción entre política y naturaleza. la justicia consiste en no trasgredir o. Sócrates describía cómo. se habían esforzado por demostrar la necesidad lógica en que se basaban sus cosmovisio- nes. debía explicar necesariamente la naturaleza del orden de lo mejor. en ausencia de aquellos. su importancia residía en el método utilizado por aquel. por qué el bien tenía este carácter imperativo.fi* 96-97. los sofistas del siglo V a.Esta cuestión es aclarada. 9 Phaedo. . Mientras que los filósofos de la naturaleza. Sócrates no fue el primero en señalar la posibilidad de que la sociedad y el hombre fueran explicados mediante principios diferentes de los que actúan en la naturaleza! Fueron. en su búsqueda de la verdad.. por ejemplo.^. en presencia de testigos. al margen de toda cosmogonía... su método se adecuaba en realidad a suscitar respuestas acerca del hombre y la sociedad.

Al contrastar las conven­ ciones de la sociedad política con las de la naturaleza. como lo explica la filosofía platónica. por otra afirmación: la de que el observador podía. más audaz que la in­ dagación científica de aquella época. En este aspecto. y que esta misma separación permitía a los hombres advertir en qué aspectos se había diferenciado lo político. En cambio. cit. Havelock. El distanciamiento del filósofo de la naturaleza consistía en considerar a esta como algo que debe ser comprendido. Pero a esta al­ tura comenzaron a surgir ciertas diferencias. 255 y sigs. donde las categorías de las aspiraciones humanas no fueran pertinentes. mientras que con las leyes de la naturaleza ocurre precisamente lo contrario». además. como un orden abarcable por la razón humana y no como una mezcla de elementos naturales y so­ brenaturales que desafiaba la explicación racional. pág. pero. Pueden hallarse más comentarios y referencias en T.. Al separar el orden político del orden natural. . 70-73. la «naturaleza» de la política debía ser considerada como manipulable. que más tarde cobrarían mayor importancia. y una explicación favorable en E. el camino de los antiguos filósofos de la naturaleza.. en cierto sentido. a su vez. que el' fenómeno político poseía una identidad propia. podía 10 La traducción al inglés ha sido tomada de Sir E. pero no necesariamente como algo que debe ser controlado.son inevitables e innatas. Pero si la idea de un orden natural.. este ataque dirigido contra el orden político en nombre de la naturaleza.10 Si dejamos de lado. Londres: Routledge. págs. y que el mismo obser­ vador político podía lograr cierto grado de distanciamiento. las normas legales son creadas por convenio y no producidas por la naturaleza. extrajo con­ clusiones erróneas. lamentablemente. además. por así decir. ni que la aceptación humana de ellas no pueda aportar el elemento sancionador que antes se buscaba en la naturaleza. 1951. sino indiferentes. op. admitía implícitamente que era posible distinguir el orden político. vemos con más claridad las importantes premisas en que se basaba la crítica hecha por Antifón. 44. 83 y sigs. págs. Antifón avanzó en la dirección correcta. Estas eran: que el orden político se había apartado de la naturaleza. quie­ nes habían captado la idea de que los objetos externos poseían una naturaleza propia que.. Freeman. como un conjunto de fuerzas a partir de las cuales se podía moldear el orden. 147-49. Greek political iheory. La filo­ sofía política no adoptó esta forma de distanciamiento. pág. La gran contribución de estos últimos había sido abordar el mundo externo de modo naturalista. los sofistas seguían. Esto se torna claro si prestamos atención a un segundo elemento de la actitud de distanciamiento de los filósofos de la naturaleza. Londres: Methuen. por el momento. El hecho de que las reglas políticas tengan base convencional no significa necesariamente que sean falsas o desventa­ josas para el hombre. Barker. 1957. en ciertos aspectos. Estos objetos. Antifón. Londres: Cape. Esto era acompa­ ñado. The liberal temper in Greek politics. «situarse afuera» del objeto que describía. la fi­ losofía política estaría armada con una premisa. vale decir. hay también una versión en K. Sinclair. 1918. no eran afines ni hostiles al hom­ bre. A. A history o f Greek political thought. frag. Plato and bis predecessors. era extraña a la naturaleza del hombre. A.

Pero en el mundo de la política predo­ minaba una actitud antropomórfica: el hombre podía ser un arquitecto del orden. 1952. corresponde a este arte y solo a él.13 11 Statesman.ft. ante todo. el nombre de “A rte de gobernar” ».ser aceptada como un postulado de la indagación científica. 12 Statesman.#* donde intentó distinguir el verdadero arte del estadista de los ardides del «político». Skemp. Se ocupa de las leyes y todo lo que corresponde a la vida de la comunidad. Hay un intento anterior de definir al estadista en Gorgias. Es evidente que este era iu propósito en el diálogo E l político. Segundo: Platón enunció en tér­ minos clásicos la argumentación contra la «actividad política». que influyó de modo vigoroso en el pensamiento de teóricos políticos posteriores. New Haven. Todas las traducciones del Statesman corresponden a esta edición. que no guardaba conexión con un orden mo­ ral universal? ¿Cómo podía el hombre ordenar este mundo? ¿Se re­ quería para ello un tipo especial de conocimiento? Alrededor de estos y otros interrogantes similares construyó Platón la primera filosofía política globalí En nuestro examen destacaremos dos aspectos de esta filosofía. pocos lo ignoraron. H e utilizado la traducción de J. y establecer la superioridad del arte político sobre todos los demás artes necesarios para la vida de la comunidad: «¿Dónde.í Él mundo político era accesible al arte humano. Es un arte uni­ versal. .12 «Hay un arte que controla todas estas [otras] artes. publicada por la Yale University Press. . su método de argumentación. este segundo aspecto. como es natural. Primero: Platón delineó una teoría notablemente clara de lo político. Estas ideas políticas suscitaban. A 258c. Al mismo tiempo. adjudicándole el signo especial de su forma específica». un nom­ bre que. una multitud de preguntas: si el mundo político era distinto. B. tendían con insistencia a oscurecer la nitidez de lo político. y por eso le damos un nombre de alcance universal. 276b.11 Lo verdaderamente «político» era el «arte de la custodia responsable de toda una comunidad» de acuerdo con un modelo absoluto. 452-53. Frente al mundo de la naturaleza. Con per­ fecta habilidad. Republic.fi. 305e. Aun­ que luego otros autores objetaron enérgicamente su razonamiento. en mi opinión. el hombre podía moldearse resig­ nado y curioso al mismo tiempo. 427. hay que buscar el camino del Estadista? Porque de­ bemos distinguir este camino de todos los demás.— Dejando de lado. pues. así como la motivación que lo respaldaba.■. ya que este era un orden al que él no podía crear ni cambiar. su rechazo por parte de los pensadores políticos griegos marcó una importante separación inicial entre los modos de pensar científico y político. ¿significaba esto que era plenamente autónomo. por ahora. IV . la indagación acer­ ca de la naturaleza de lo político efectuada por Platón estaba guiada por la convicción de que. debía diferenciárselo de las de­ más dimensiones de la vida. 13 Statesman.. lo incorpora todo a su tejido único.

era necesario considerar la sociedad como un todo siste­ mático. Cada rol.. esto nos parece ahora un lugar tan común. puso igual énfasis en negar su autonomía o aislamiento moral.! A nosotros. la tranquilidad. cada uno era definido en términos de su contribución al mantenimiento del conjunto de la sociedad. una estructura ordenada. una de las características de la filosofía política fue su enfoque de la sociedad política como un sistema en funcionamiento. por J W e tt. «Y los filósofos nos dicen. sin embargo. fue el primero que consideró la sociedad’ política en conjunto. y definíaij el lugar destinado al individuo dentro del sistema. Antes de él. procedimientos y actividades políticas como un sistema que dependía de la ejecución de funciones o tareas determinadas. la templanza y la justicia unen el cielo y la tierra. 508. deberes y expectativas que proporcionaban guías y orientaciones nítidas para la conducta humana. enseñó a los autores posteriores a pensar en la sociedad po­ lítica como' un todo coherente. sobre todo. trad. auxiliar o productor. Calicles. el primero en describir la so­ ciedad política como un sistema de roles específicos o diferenciados. entrenar con cuidado a cada integrante en su habilidad especializada y. que se nos puede escapar el ver­ tiginoso adelanto representado por esta intuición de Platón. por consiguiente. cada uno entrañaba derechos. los hombres y los dioses. y que. La armonización e integra­ ción de estos roles hacía de la sociedad política un todo operativo e interdependiente. .14 Utilizando en El político el famoso mito de la Era de Kronos Platón puso de relieve su convicción de que el orden político debía ser visto como parte de un universo significativo y moral. Tal vez Platón haya exagerado las posibilidades de que una sociedad lograra la unidad sistemática.] Desde Platón en adelante. para pensar de modo verdaderamente político. Al mismo tiempo. Platón fue. en resumen. se llama a este uni­ verso Cosmos u orden. sin embargo. utilizó este mito para destacar la especificidad del orden 14 Gorgias. los autores se ocupaban solamente de aspectos fragmentarios de la sociedad política. como un «sistema» de funciones interrelacionadas. ya fuera de filósofo-estadista. que la comunión y la amistad. no desorden ni desgobierno». represen- Taba una función necesaria. quizá concentrándose en las cualidades necesarias para un gobernante. Aunque Platón insistió en la identidad especial del orden político. pero la grandeza de su aporte consistió en señalar que. La reflexión política no había llegado aún al nivel de con- ceptualizar las instituciones. interconectado. edu­ cados para pensar en términos de análisis estructuraf-funcionales.En estas observaciones se encuentran también indicios de una idea que Platón elaboró plenamente en La República & y más tarde en Las leyes/* y que dejó marcado para siempre su genio en la natura­ leza de la filosofía política. Dicha idea puede ser expuesta en términos sencillos:. Mantenerlo exigía delimitar nítidamente las tres cla­ ses de la comunidad. o en las obligaciones del ciudadano. restringir al individuo a una sola función: no debía haber confusión de roles ni identidades borrosas.

». ) también hay una . a convertirse en verdaderos filósofos». . 291b. Thirteen epistles of Pteto.20 Y nunca se ha insistido con más vigor en que el lugar adecuado de la filosofía política debería estar en el trono del poder político: « . por algún favor de la Providencia. . 19 Statesman. . 1925.político efectuando serias advertencias contra una confusión del orden político con el divino'?. a sus propios medios. 326a-b. ya que todas estas se hallaban divididas para ser provincias vigiladas por deidades tutelares». . 21 Epistle V I I . Las ideas de Platón ofrecen el primer reflejo pleno de la dra­ mática confrontación entre la visión ordenadora de la filosofía po­ lítica. 292d. y de modo similar. representado por la sabiduría filosófica. 212A. y estaba a cargo de la rotación del universo en su con­ junto. y los fenómenos de la actividad política. era en la cual abandona este control»— 10 el poder divino había sol­ tado los hilos conductores que controlaban los asuntos humanos. era el gobierno de sus diversas regiones. sino que también reformará sus caracteres. y lo guía ( .21 15 Statestrían. A tal fin elaboró una alianza entre el principio divino. A.és: trad. 17 Ibid. Oxford: Clarendon Press.17 Sin embargo.. «Dios era gober­ nante supremo. en la medida en que la naturaleza humana lo permita»..19 Nunca han sido expuestas de modo más vasto las pretensiones de la filosofía política: esta «110 solo protegerá las vidas de los súbditos.18 II. El orden político tomó forma e identidad recién al atenuarse la con­ ducción divina. Filosofía y sociedad Esto nos lleva al centro de la concepción platónica de la filosofía po­ lítica. . 21 Id. ** en L. El arte de gobernar nunca fue revestido de mayor dignidad: «¿Qué arte es el más difícil de aprender? Pero ¿qué arte es más importante para nosotros?». 712A. no había constituciones po­ líticas .. en gran medida. y el ejercicio del arte político: «Cuando el poder supremo en el hombre coincide con la más grande sabiduría y templanza. «Cuando Dios era Pastor. Post.15 Pero con la dramática inversión del ciclo cósmico i— «hay una era en la cual el mismo Dios ayuda al universo en su trayecto. . pero también divino. 16 Ibid. 18 Laws. . de­ jando a los hombres librados. pero no de otro modo». surgen las mejores leyes y la mejor constitu­ ción. por Jow ett.Durante la Era de Kronos. 20 Ibid. 269C. o hasta que los miembros de la clase que posee el control político sean conducidos. esta aparente separación de lo político respecto de Jp divino era un mero preludio al intento platónico de recuperar el prin­ cipio divino. la raza humana 110 verá mejores días hasta que el linaje de quienes siguen correcta y genuinamente la filosofía obtenga autoridad política.

Sophist.. ) quien ex­ hibe el modelo sobre el cual debería moldearse una iniciativa no debe disminuir nada de la excelencia perfecta y la verdad absoluta . recu­ rrieron a este concepto del pensamiento como agente ordenador de la vida política. A París: Riviére. pero nadie superó a Platón en su insistencia respecto de la urgencia moral y la importancia decisiva de la visión política: «No puede haber discusión en cuanto a si es necesario que el que debe vigilar algo tenga vista penetrante o sea ciego. se debe su­ poner que los conceptos y categorías de la filosofía podían englobar y penetrar todos los diversos aspectos de los fenómenos políticos y so­ ciales. que no tienen en su alma un pa­ radigma nítido de la verdad perfecta al cual pudieran estudiar en 22 Three philosophical poets. en este mismo sentido. . Cambridge: Harvard University Press. el conocimiento político era esencialmente una ciencia del orden. trad. sin embargo. Como todo verdadero conocimiento. V I. . in. en consecuencia. . 1944. Véanse también las observaciones de Sorel. Com­ párese con Platón. 208-12. una visión ordenadora de qué debía ser y en qué debía convertirse el sistema político. «Tratándose de un plan para el futuro ( . De modo similar. 746. pág. págs. no a describir fenómenos políticos. E. al inglés por A. si se aseguraba que el orden político era mol- deable por una verdad eterna mediante la ciencia fundamental de la filosofía política. desde los comienzos mismos de la filosofía política.23 En el centro de la tarea emprendida por la teoría política había. Londres: Dent. otros pensadores políticos. 1946. 503. los materiales componentes de tal orden debían ser sumamente dúctiles. ¿Y acaso no es precisamente ceguera la situación de los hombres totalmente apartados del conocimiento de toda realidad. en el tiempo futuro.£k 235C. sino a trasfigurarlos !a la luz de una visión del Bien. un orden más perfecto. No debe haber dudas — como las expresadas por Santayana— en cuanto a la sensatez del intento de «inmovilizar este mundo descabellado en una terminología cerebral».Para que la filosofía política cumpliera esta función arquitectónica. era necesario aceptar antes dos premisas acerca de la ín­ dole de la actividad política. el filósofo político procuraba proyectar."2 Si existía una verdadera pauta para toda la vida de la comunidad. en Réflexions sur la violence. . que dilucidaba la relación adecuada entre los hombres. Tavlor. y maleable para el arte humano. Así se estableció. 10? ed. se enraizaban una y otra en el significado de «visión». y la de recibir forma la «materia» política. 139. para la impresión del diseño adecuado. y si la filosofía política poseía la auténtica ciencia capaz de trasformar un sistema político enfermo en algo bello y saludable. Republic.». V. 23 The Laws of Plato. En siglos posteriores. como Hobbes y Comte. . Las dos palabras — eidon e idea— que Platón Utilizó para representar los objetos eternos del conocimiento. Toda la gama de fenómenos políticos debe ser considerada plenamente comprensible para la mente humana. dicaba los orígenes del mal en la comunidad y prescribía el modelo que dominaba sobre todo. un elemento imaginativo. una dualidad entre la función de dar forma del pensamiento político. Esto tenía como efecto im partir una cualidad proyectiva a la filosofía política. Se encaminaba. Mediante un acto de pensamiento. 1934.

V I. en el extremo opuesto hay fragmentos cargados de desencanto: sin embargo. en el alma humana. trad. al inglés por Jow ett.27 La regenera­ ción era. la tarea de moldear almas no sería cumplida por el gobernante actuando directamente sobre la psique humana. 650. 292 B-C. V I. y el conocimiento polí­ tico salvador debía tener alcances tan vastos como la vida misma de la comunidad. 27 Statesman. Strauss. un proceso social. La índole seria de la filosofía política ha sido bien planteada por L. I. en definitiva.25 Los defectos del orden existencial de las cosas no destruían la aspiración de la filosofía política a ser una tarea severa­ mente práctica de la mayor seriedad. desesperó de ver afirmarse en una sociedad concreta el sistema político ideal. al final de su vida. Sin embargo. 491-96.detalle y remitirse a él constantemente.28 La creación de una sociedad ordenada de modo justo prometía la solu­ 24 T be Republic of Plato. V I. 780A. 26 E utbydem usjh trad. ni siquiera los mejores caracteres podían quedar libres de corrupción. X II. X . 120 y sigs. Como dijo Samuel Butler. I. el ansia -adquisitiva y la astucia. como un pintor observa su modelo. La ciencia política era «el cono­ cimiento mediante el cual debemos hacer buenos a otros hombres» 26 Su ministerio residía. en esos momentos en que parece asombrarse ante su propia audacia. ninguno de estos estados de ánimo alteró su convicción básica de que los hombres podían lograr una unión entre verdad y práctica. siguió insistiendo en que no podía haber un perfecciona­ miento decisivo de los sistemas políticos existentes si los hombres no tenían una pauta ideal a la cual aspirar. 484 (todas las traducciones de Republic corres­ ponden a esta edición). M. V II. Es cierto que. . . Laws. honor y bon­ dad en instituciones terrenas o ( . De esto se desprendía también que la esfera del arte político era coextensa con todas las influencias — públicas y priva­ das— que influían en el carácter humano. 962. Laws. 25 Laws. 1953. A diferen­ cia de algunos pensadores cristianos posteriores. El pro­ blema esencial era establecer las influencias adecuadas y el medio más propicio para que el alma pudiera ser atraída hacia el Bien. 190A. . 7884. Na­ tural rigbt and history. 644. Platón nunca creyó que el alma pudiera ser perfeccionada desafiando los ordenamientos políticos y sociales ambientes. ) preservar esas instituciones tal como ya existen?». 1945. 902-04. X I. 28 Republic. Latas. y el verda­ dero gobernante. Londres: Oxford University Press. sin embargo. el arte de gobernar era un «arte de almas». 291b.24 Según se halla elaborado en el pensamiento de Platón. el elemento de imaginación nunca estuvo destinado a ser un ejercicio de construc­ ción de utopías. V I. E-645. 923. Laws. un arquitecto de almas. El conocimiento político de lo mejor seguía siendo absolutamente esencial para que los hombres pudieran compartir aun esa exigua participación en la realidad que los dioses permitían. como su opuesto. antes de pasar a encarnar conceptos de justicia. 771. al inglés por F. En una sociedad donde se alentaba la ambición desnuda. Cornford. Chicago: University of Chicago Press. Muchos -diálogos de Platón se distinguen por su espí­ ritu burlón. pág.

habían asumido implícitamente una responsabilidad por la estabilidad del orden político y una responsa­ bilidad por el alma humana. se lo condenaba a muerte. nos basta con sustituir filósofo por «intelectual» para tener un documento eterno que describe la suerte del intelectual en la sociedad: rechazado. una figura solitaria. la superficialidad de sus 29 Republic. no solo' de los filósofos y la filosofía. como lo fueron Alcibíades y Cridas. ser poseedores de una for­ ma de verdadero conocimiento. como lo fue Platón por el tirano Dionisio. en el mejor de los casos. en realidad. Una ciudad acogedora para la filoso­ fía sería. cuando no era humillado. y si muchos de sus miembros pa­ recen atrofiados en su estatura moral e intelectual. En las censuras de Platón contra las sociedades existentes. Procurando instruir a los hombres en las técnicas del éxito político. una ciudad que siguiera el principio de la virtud y desarrollara lo mejor en sus miembros. era producto directo de las creen­ cias sostenidas por sus miembros. . . El destino de la filosofía y el de la humanidad se hallaban tan íntimamente li­ gados como el de los mellizos de Hipócrates. «contentándose con poder mantener las manos limpias de iniquidad mientras dura su vida . subyacía la premisa común de que todo sistema político. lograr un mundo seguro para la filosofía era una motivación tan importante como reformar la sociedad y perfeccionar moralmente a sus miembros. 496D. cuando no se lo podía corromper. como a Sócrates. estos tres objetivos se entrelazaban. ipso jacto. Según Platón. V I. así como en sus planes de regeneración política.29 En la teoría política de Platón. que medraban y sufrían como si hubieran sido uno solo. esta convicción acer­ ca de la función soberana de las creencias era confirmada por la actúa ción de los sofistas en la actividad política democrática de Atenas. Cuando el filósofo no era es­ carnecido. el verdadero crimen de la sociedad consistía en hacer que una vida dedi­ cada a la filosofía fuera imposible o. bueno o malo. comparada por Platón con un peregrino que se refugia de la tempestad junto a un muro. En verdad. Algunos de los fragmen­ tos más conmovedores del diálogo aparecen cuando Platón reflexiona acerca del hondo antagonismo existente entre filosofía y sociedad. Todo esto resultaba de la profunda convicción de que un mundo de tazón gobernado por la filosofía sería la salvación. esto no era la ven­ ganza de un intelectual que acaricia las heridas que la sociedad le ha infligido. sino de todos sus integrantes.ción de otro problema. los sofistas estaban afirmando. Sin embargo.». . vivir de manera filosófica era una invitación al martirio. si los rasgos de la so­ ciedad platónica parecen ásperos. Dada la forma de las sociedades existentes. era humillado. pues proponía que los hombres reordenaran su conducta de acuerdo con determinadas creencias. seducido. y prometiendo equiparlos para encarar las exigencias de la vida «real». íntimamente vinculado con los demás objetivos de regeneración moral y estabilidad política. En la actualidad. Platón insistía en que este aserto era serio. De esto se desprendía que los so­ fistas — lo admitieran o no—. nunca plenamente aceptado. aven­ turada. se lo corrompía. En efecto. No se trataba únicamente de que las prácticas de la sociedad se hallaran en contradicción fundamental con las enseñanzas de la filosofía.

53 ID . si el drama de la trasformación política ya había sido representado pre­ viamente en el plano mental. Véase el comentario citado en H . 466-70. en la filosofía de Platón. y si el filósofo poseía el conocimiento que permitiría representarlo en la vida política real. atestiguaba.32 En virtud del jsoder trasformador de la teoría política. que las órdenes del tirano o las artes persuasivas del retórico político fue­ ran verdaderas formas de poder. En consecuencia.30 Más exactamente. 1952. Esto proporcio­ naba respaldo adicional a la formulación según la cual la filosofía política era una tarea muy urgente y práctica. Con respecto a la opinión de Platón. enseñanzas no condujo sino a la confusión. pero esto solo ocurría cuando aquel tenía un verdadero conocimiento de lo bueno y lo justo. 534E. El filósofo que adquiría poder o el gobernante que adquiría filosofía no simboli­ zaban una unión de términos opuestos. 33 Gorgias. el filósofo ya EaEía llevado a cabo. Captar la verdadera idea de la teoría política era alcanzar una posición intelectual donde el caos de la vida política había sido re­ modelado por la visión informadora del Bien. aparece una afirmación más notable aún: la de que el filósofo político merecía el título de «estadista» aunque nunca llegara a poseer el poder político real. tanto en la ciudad como en el alma. La forma perfecta del poder político debía ser lograda mediante una combinación de los dos: el poder del pensamiento prescribía el modelo adecuado y el poder del gobernante lo ponía en práctica. 31 Statesman. pág. hacia el cual orientar su poder. J. En el diálogo E f político. 24. lo que el gobernante aún tenía que cumplir en la práctica: había remediado todos los :males de la comunidad. el conocimiento verdadero ex­ 30 E tithydem us. la alianza plató­ nica entre filosofía y poder político surge bajo otra luz. sino una fusión de dos tipos de poder. Un poder. se podía interpretar en esto que la distinción básica se plantea­ ba entre quienes eran dueños del verdadero conocimiento político y quienes — como los sofistas y los «políticos»— solo poseían un falso conocimiento. ordenán­ dola de acuerdo con un modelo de perfección. considerándolo desde otro ángulo. o los filÓ M Ío^g^ernantes. La creencia de Platón en el carácter práctico de la filosofía política tuvo su expresión clásica en el aforismo acerca de la necesidad de que Jo s gobernadores fueran filósofos. Six existenticilist thinkers. véase Republic. sin embargo. en el pensamiento. Blackham. según la cual la filosofía era una ciencia totalmente ordenadora. 221B. no obstante. había existido desorden en la ciudad «y en las vidas de los ciudadanos porque los sofistas.31 Desde cierto ángulo. Platón razonaba que. Se negaba. Pero. Si bien esta experiencia había sido desastrosa. Platón decía algo mucho más importante acerca de la naturaleza de la filosofía política. la im­ portancia suprema de las creencias. sino mera «opinión» (doxa). . en cambio. 293a. una creencia verdadera podía actuar con el mismo vigor en sentido opuesto. una conjunción de complementos. debía aportar algún bien a su poseedor. si el poder de la mera opinión podía ocasionar tanto daño. por definición. no enseñaban conocimiento. en ambos casos. 32 Este aspecto del pensamiento de Platón fue captado por Níetzsche. 305B-306D. Sophist.33 Ahora bien. Londres: Routledge. 295a-b.

belleza.33 El mundo del sen­ tido y la materia. 1953. M. las ca­ tegorías se adecuaban a expresar certidumbre. 2a.al ¿le! conocimiento. 28a-b.». 454. el mundo sensible debía ser comprendido mediante cate­ gorías adaptadas a su naturaleza: categorías de incertidumbre. (Oxford: Clarendon Press. I. véase R. TheaetetusJ:* 18U3-183C. reposo. y a las que se re­ lacionan con el mundo de la percepción sensorial. que subraya los cambios en el pen­ samiento de Platón acerca de este tema. era un mundo colmado de semiverdades exasperadáménte esquivas. guiado por la filosofía. 1951). B. vol. En uno de los casos. Nueva York: The Library of Liberal Arts. en cambio. Sir D. por su parte. cambio y variedad. Cada uno de estos ámbitos debía ser abordado de modo diferente. . y su resultado final era el principio de que «cualquier cambio. salvo respecto del mal. trad. la perfecta uni­ 34 Plato’s cosrnology. dado que el conoci­ miento de las Formas representaba una intuición de la belleza eterna. 18. Podríamos denominar a las categorías que describen a las Formas. 595-96. permanencia y una objetividad no afectada por los caprichos del gusto humano.38 Y como último ejemplo. trad.37 Además. 522. 1945. V II. 797. Estas características se resumían en su concepción de la índole del modelo verdadero: «Cuando el artesano hace algo observando aquello que no cambia y utilizando un modelo de esa descripción para plasmar la forma y calidad de su labor. 38 Laws. armonía. 36 Statesman. 269d. constantes y perdurables. V III. es lo más peligroso». medida y simetría: todas estas cate­ gorías derivadas de la naturaleza de las Formas debían ser ángulos de visión. Nueva York: Humanities Press. no podía elevarse del nivel de la «opi- nión». Estabilidad. las categorías de desvalor eran. ines­ tabilidad. «categorías de des­ valor». pero no lo será si observa algo que ha llegado a ser y u tiliza un modelo engendrado». especialmente los caps. M. In defense of Plato. 627-29. era un mundo en movimiento. n ? 101. Plato’s theory of ideas. . el conocimiento genuino era derivado del ámbito estable de las Formas inmateriales. y percepciones deformadas. Popper. Reimpreso con autorización de los editores. 1957. Cornford. ya que cada uno poseía su propio conjunto de categorías. también V I. Ross. descriptivas y evaluativas del inundo existencial de la actividad política.*** 61E.. The open society and its e n e m i e s . R. Para un análisis crítico. mientras que las categorías de valor indicaban lo que podía llegar a ser ese mundo. Philebus. 772. 3 4 . todo lo que logre de este modo será bueno. el orden político debía ser trasformado a la luz de las categorías esté­ ticas: «el verdadero legislador. atemporalidad. 846.34 Así. Levin- son.. por Jow ett. Londres: Routledge. siempre en flujos q u ejen consecuencia. moldes para captar fenómenos y reducirlos a la forma adecua- daTjDeTSl módó71a inmutabilidad de las Formas — «ser siempre las mismas. al mismo tiempo. Cambridge: H arvard University Press. al inglés por F. 35 Véase el examen general en F. véase K. Cornford. 1951. 37 Latos. y para una respuesta a Popper. «categorías de valor». págs.hibía ciertas características generales que ejercieron profunda influen­ cia sobre las categorías que asignaba al pensamiento político. Plato’s theory o f knowledge. . ed. the Timaeus o f Plato. Trasladadas a la teoría política. es producto solamente de las cosas más diversas»— 36 era expresada en la categoría política de estabilidad. 706. IV. sólo aspira a lo que siempre posee alguna belleza eterna .

Política y arquitectura Aunque habitualmente se ha visto en Platón al arquetipo del pensador. . op.40 La intensidad de la lucha de las facciones. The Sophists. sino materia prima de la historia política ateniense. ) que no se deja nada a los vencidos. vol. político que tiene los pies bien afirmados en las nubes. 40 Sobre los sofistas. haciéndose así jmás generalizado el elemento de la «actividad política». . Al adjudicarse a nuevos grupos los privilegios de ciudadanía. Untersteiner. mientras nada lo beneficia más que lo que tiende a unirlo y hacerlo uno? ( . I. ) decimos que los hombres que están a favor de un partido no son ciudada­ 39 Republic. se ensanchó el círculo de la participación política. mientras que el vínculo se rompe cuando tales sentimientos ya no son universales. lógicos acompañantes d é la " participación democrática. Con él llegaron los sofistas. no fueron invento de la fanta­ sía filosófica. 461. .. V. durante el siglo v a. al inglés por K. 286-331. hablaba directamente a la experiencia po­ lítica griega.. .dad y armonía demostradas por las Formas tenían sus equivalentes políticos en la obsesiva preocupación de Platón respecto de la unidad y cohesión de la ciudad: « ¿Acaso el peor mal para un Estado no surge de cualquier cosa que procura despedazarlo y destruir su unidad. que prometían instruir a los hombres en ef arte de la persuasión política. trad. Apareció en consecuencia el «político». ) Y ¿acaso no une a los ciudadanos el compartir los mismos placeres y dolores. instituciones y prácticas demo­ cráticas. alegrán­ dose o apenándose todos en las mismas ocasiones de beneficio o pér­ dida. «Después de una disputa en procura de cargos. ni siquiera a sus descendientes. véase W. resentimientos y ambiciones que enconaban a la comunidad. 1954.39 III. cit. . el bando victorioso absorbe tan completamente la conducción de la cosa pública ( . . C. revolución y facción. Paideia. el conflicto entre clases so­ ciales y la pérdida de confianza en los valores tradicionales ^habían actuado creando una situación en la que el orden político parecía tambalear constantemente al borde de la autodestrucción. la dimensión de la «actividad política» había sido ampliada al establecerse. en celoso temor de una insurrección ( . Jaeger. el vertiginoso ciclo de las formas gubernamentales. cada partido vigila al otro. sino que cada suceso de interés personal o público llena a unos de alegría ¡y a otros de inquietud?». que incluían el derecho a deliberar en las asambleas públicas y tribu­ nales. . Oxford: Blacfcwell. En este aspecto. . el hábil manipulador que obtenía poder a partir de las quejas. M. ) Tales sociedades ( . ) no son Estados constitucionales ( . . el reconoci­ miento de la «actividad política» fue índice de su vigoroso espíritu empírico. págs. Además. Conflicto y cambio. Freeman. . .

diversidad y turbulencia de la de­ mocracia ateniense. IV . al dominio de la sabiduría sobre la ambición desnuda. pero sin establecer nunca las disposiciones básicas sobre un cimiento es­ table. V. y del conocimiento sobre el apetito. el fluir de la vida política era síntoma de un sistema po­ lítico enfermo. V I. Mientras que la Idea del Bien enseñaba la necesidad de una mezcla armoniosa sin tachas de facciones48 — ne­ cesidad que reaparecía en el imperativo según el cual el mejor sistema político era el que aseguraba felicidad para todos.e inte­ reses opuestos. y 110 beneficios desproporcionados para una parte— . por Taylor. El predominio de actividad política había disuelto la vida política en un «remolino». porque cada uno se esforzaba por imponer su provecho particular. Gorgias. 43 Pbilebus. Además. IV .45 las instituciones políticas 41 Laws. y que sus pretendidos derechos son palabras vacías». Mientras que el mundo de las Formas señalaba el triunfo del Ser inmutable sobre el flujo del D e­ venir — la naturaleza inmutable del Bien sobre el cambiante mundo de las apariencias— la práctica política real estaba plagada de constan­ tes innovaciones a medida que primero una clase.un grupo gobernante basaría sus credenciales para gobernar en cualquier cosa — en la cuna. una contradicción a todo canon de orden. Laws. alterando esto. luego otra. 925. 31C. u. 42 Epistle V I I . 500. 465. política violaba a cada rato los dictados del mundo de las Formas.nos. sin embargo. residía el factor perturbador de la «actividad política».44 Mientras que el verdadero modelo era un plan de belleza. 45 Republic. la riqueza o el derecho democrático— menos en la sabiduría. 65A. X . En los sistemas políticos existentes.42 Para Platón. 421. X I. probando primero una. y el inevitable producto de una situación que permitía a las formas y relaciones políticas florecer con un mínimo de orientación preconcebida y un máximo de espon­ taneidad. mientras que el ámbito de las Formas atestiguaba una verdad de majestuosa sencillez que existía con independencia de los gustos y deseos humanos. sin hallar descanso sino en un escepticismo respecto de todos los valores políticos. la espontaneidad. Estos pasajes deben ser comparados con la exposición de Platón sobre la naturaleza de las formas en Pbilebus. trad. 474. 325e. 902-04. la vida política seguía una frenética trayec­ toria de una «opinión» a otra. . un todo donde cada parte se adaptaba a la simetría y era suavizada por la templanza — caracterís­ ticas que apuntaban a la conclusión de que «un Estado puede alcanzar la felicidad recién cuando sus lincamientos son trazados por un artista que trabaja según un modelo divino»— . 715. . Timaeus. El or­ den era producto de la subordinación d e jo inferior a lo superior. chapu­ ceaban con la constitución. 715. El mundo de la actividad. IV . hecha de ambiciones rivales .41 En esta competencia por el poder. los regímenes existentes eran desgarrados por acerbas luchas entre grupos y clases.n «movimiento incesante de corrientes cambiantes». 63e-64a. modificando aquello. la fuente de la inestabilidad y el cambio. sino faccionarios. 44 Republic. luego otra for­ ma de vida.

las sociedades políticas se de­ senvuelven en un ámbito indistinto. debemos preguntar: ¿Qué sig­ nificados adjudica a la «actividad política» v a «lo político»? Resu­ miendo. la condición po­ lítica se caracterizaba por movimientos al azar que iban hacia uno u otro lado según que la energía desordenada de los demagogos y revo­ lucionarios dominara a la polis. Advirtiendo la lucha por ventajas competitivas. como si este fuera un botín codiciable . la filo­ sofía y el gobierno tenían por misión librar a la comunidad de la~aeti- vidad política. y la inestabilidad originada en las relaciones sociales y económicas cam­ biantes entre sus integrantes.40 Sin una vi­ sión del Bien que los iluminara. siguiendo vanamente imágenes distorsionadas de la realidad y empujados sin ce­ sar por deseos irracionales. Como una especie de antítesis permanente al mundo de las Formas. por consiguiente. la «actividad política» era perversa. tanto a ellos como a su país».Una vida sin una perspectiva de esta es­ pecie suscitaba. no se puede decir lo mismo acerca de su concej> cion de la «actividad política».20 - . Platón entendió «actividad política» en el sentido en que utilicé antes este término. Mientras que en el mundo de las Formas no había sino movimiento regular y ordenado. el mundo de la actividad política atestiguaba cómo era la vida cuando no estaba redimida por esa visión que «todo lo ilumina». y sus conflictos los arruman.reales eran desfiguradas por una fealdad y distorsión que cambiaban permanentemente a medida que los sucesivos grupos gobernantes in­ clinaban la balanza en su favor. un mundo onírico «donde los hombres viven disputando por sombras y combatiéndose por el po­ der. En cambio. E n particular. o que la tolerante democracia otorgara a sus ciudadanos una libertad ilimitada para que siguieran sus propias preferencias. Emprenden la lucha por el poder. . ya que «todo va mal cuando.48 Aquí debemos detenernos para examinar algunas implicaciones del razonamiento platónico. decidió abordar estos fenómenos como síntomas de una sociedad enferma. hambrientos por la carencia de algo bueno en sus propias vidas. luchas que arruinaban a la comunidad. . Tanto la filoso­ fía política como el gobierno tenían como objetivo crear la buena so­ ciedad. Se puede discutir la definición que daba Platón de la vida "buena y su concepción del arte de gobernar. además. Platón^interpretó que la filosofía política significaba conoci­ miento respecto de~lavida buena en el plano público. los miembros de una comunidad se hallaban condenados a vivir en una caverna de ilusiones. . ¿ que g °E ?mo político era la” correcta administración de los intereses públicos de la comunidad. como el problema con el cual de­ bían enfrentarse la filosofía política y el arte político. pero resulta difícil negar que demostró una segura intuición de que lo político ■ — ya sea filoso­ fía o gobierno— se relaciona con lo que es'público en la vida de una sociedad.». los hombres recurren al interés público en la esperanza de lograr allí la felicidad qu-e ansian. La concepción Diatónica de la filosofía política v el. el problema de distri­ buir lo bueno de la vida entre los diversos grupos de la sociedad.47 Lejos de ser un mundo «real». En gran medida.

bienio se basaba así en una paradoja: tanto la ciencia como el arte de ■-qrear'orden debían prometer eterna hostilidad a la actividad política. La cuestión no es cómo lo uno puede eliminar a lo otro. su gama de creatividad es definida y determinada por la necesidad de respaldar las actividades continuas de la comunidad. en otras palabras. la naturaleza de la ética política. Estas críticas sugieren que la debilidad fun­ damental de la filosofía platónica consistía en no lograr establecer una relación satisfactoria entre la idea de lo político y la idea de la activi­ dad política. De manera semejante. perdiendo así contacto con las cuestiones esencialmente políticas que son su objeto propio. o bien — si no se consigue esto— ha­ cer posible una transacción entre las fuerzas rivales. Su incansable búsqueda de conciliación está inspirada. Hay implícito en la actividad política conciliatoria un concepto del orden que difiere profundamente del sostenido por Platón. descuidar el contexto político tiende a producir un tipo peligroso de arte político. ambi­ güedad y cambio. . no lo acometen bacterias dañi­ nas. vale decir. a los fenómenos que hacían importantes y necesarios ese arte y esa ciencia. A este respecto. sino la búsqueda infinita de un cimiento capaz de sostener la masa de contradicciones presentes en la sociedad. El arte político tiene como tarea la actividad política conciliatoria. que evite recur­ sos más duros. Por otra parte. sino individuos con esperanzas. el destino último del hombre o el problema de la conducta justa. la teoría política tiende a disolverse en interrogantes más vastos. El arte de gober­ nar se convierte en el arte de imponer. sino cómo lograr el necesario conocimiento de la actividad política que nos perm ita actuar sabiamente en un contexto de conflicto. Para Pía- . Una ciencia enfrentada con su objeto. una condición que exige buena voluntad para aceptar soluciones parciales. la fascinación de Platón respecto del arte de la medi­ cina conduce a una analogía engañosa: el cuerpo político no experi­ menta «enfermedades». Si la con­ ciliación es una tarea permanente de quienes gobiernan — y así parece indicarlo la índole de la «actividad política»— . que in­ tenta liberarse del contexto específico en que los problemas de dicha ciencia toman forma. la conducta justa en una situación política. Si no se conserva el contexto político específico. una acción planeada para extirpar las que son circunstancias inevitables de la existencia social tendrá que recurrir a los duros métodos que el mismo Platón admitía a regaña­ dientes como necesarios. sino algo semejante a un equilibrio precario. o el problema de la índole de los bienes que son posibles en una comunidad política y que se pueden lograr me­ diante la acción política. tomarlos como materias primas para la tarea creativa de establecer zonas de acuerdo. tales como la naturaleza del Bien. su finalidad no es la «salud». ambiciones y temores que a me­ nudo contradicen los planes de otros individuos. especial­ mente si lo motiva el odio a la «actividad política». sino conflicto. en el fondo. De modo similar. el orden no es un pa­ trón fijo. es un instrumento inadecuado para la compren­ sión teórica. por la creencia de que el arte de la imposición debería estar limitado a las si­ tuaciones en que no existe otra alternativa. Esta paradoja teñía serias consecuencias para el paísam iaíto y la acción. sería verdade­ ramente político el arte construido con el objeto de resolver conflictos y antagonismos.

sino únicamente que tal sociedad no es «política». 506. ¿qué clase de orden podía resultar de una ciencia política dedicada. estaba convencido de que el ámbito político te­ nía una propensión intrínseca al desorden. trad. ) Y ¿acaso la virtud de cada cosa no depende del orden u ordenamiento?». sino como resultado del orden. unidad. por Jow ett. el dominio del conocimiento. destinado a tratar de diversas formas las fuer­ zas vitales resultantes de una vida asociada: compensarlas cuando es necesario. instrumento o ser viviente. es decir. pero no orden «político». El orden político era producido por una visión informadora proveniente de un «medio externo». así como pocos problemas políticos se resuelven alguna vez de modo irrevocable. a eliminar la actividad política? Si el orden sólo podía surgir cuando no había conflicto ni antagonismo. entre las diver­ sas fuerzas y grupos de una comunidad. el orden era la creación positiva del arte. como Temístocles. urúdad y belleza— nunca surgiría del cur­ so normal de los acontecimientos políticos. y que lo contrario del desor­ den -—estabilidad. «La virtud de cada cosa. y el arte. . armonía. El ideal del orden debe ser moldeado en la conexión más íntima posible con las tendencias exis­ tentes. a erradicar el conflicto. así como la explicación de su poder. para moldear a la comunidad sobre un Bien preexistente. es decir. sino que debían ser traídos de un «medio externo». No existían de modo inma­ nente dentro de los materiales de la actividad política. Cimón y Pericles. por haber fracasado en la prueba suprema del arte de gobernar: el perfeccionamiento de la ciudadanía. Platón atribuía la razón de su fracaso. ya sea cuerpo o alma. Nunca se habían arriesgado a perder poder y prestigio tratando de convertir 49 Gorgias. no obstante. en gran medida. y el político y el sofista por el otro. la verdad y el arte que se les imparte ( . La visión exterior tenía importancia decisiva para la distinción estable­ cida por Platón entre el verdadero estadista y el filósofo. De esta con­ cepción de una sociedad «política» se desprende también que el arte de la política debe actuar basándose en la premisa de que el orden es ^Igo a lograrse dentro de una sociedad dada. Platón. Porque la esencia de un orden «político» es la existencia de un ordenamiento institucional establecido. Se habían satisfecho con manipular y utilizar los deseos y ambiciones de los ciudadanos. a su vez. del conocimiento del modelo eterno. la índole del orden era la de un molde cuya forma correspondía a la de un modelo divino. Pero. les llega no por casualidad. cuando les es dada de la mejor manera. . .ton. permitirles actuar con desenvoltura o reorientarlas y tras- formarlas creativamente cuando la ocasión lo permite. por un lado. En el diálogo titulado Gorgias *** se criticaba severamente a los grandes dirigentes políticos de Atenas. a un falso enfoque del arte político. en cambio. un concepto que se debía uti­ lizar para fijar la sociedad en una imagen definida. y atemperado por la sensata comprensión de que ninguna idea política — incluida la idea misma del orden— se cumple jamás plena­ mente. quizá fuera orden.49 En todas sus facetas de armonía. quería decir que el orden así creado renunciaba a su elemento político específico. Esto no signi­ fica que una sociedad no pueda obtener orden por medio de la impo­ sición. medida y belleza.

Republic. . Republic. Tenía como «virtudes» agilidad. Su grupo de adeptos. o — si esta palabra adolece de asociaciones pos­ teriores— el grupo de adeptos ante el cual cada uno debe responder. El dirigente popular debía su poder a una habilidad para olfatear los estados de ánimo y aspiraciones del populacho. para manipular una amplia diversidad de variables. sino su trasformación: «[Los políticos de la antigua camada] eran sin duda más complacien­ tes que los que viven ahora. y para buscar la solución ad hoc. astucia y capacidad de calcu­ lar la cambiante distribución de las fuerzas políticas en el interior de la comunidad. solamente puede reproducir lo que agrada a la multitud. no en la «actividad política».. A este respecto. como el verdadero hombre «político». en suma. se degradaba no solo la ciudadanía. sino en los verdaderos dictados de su arte. pero en cuanto a trasformar estos deseos y no permitirles pre­ dominar. el verdadero estadista buscaba inspiración. hay una similitud implícita entre la concep- sión de Platón sobre el poeta y sus críticas a los políticos. . . Como resultado. o cuando 50 Ibid. Como político. X. 51 Gorgias. aun­ que impopular. y en cuanto a emplear los poderes con que contaban. ya que quien merezca ser un verdadero amigo natural del Demos atenien­ se ( . IV . Surge.51 La diferencia decisiva entre el dirigente «democrático» y el gobernan­ te platónico está centrada en el grupo de adeptos ( constituency) que cada uno «representa». . . no procuraba la astuta combinación de las tendencias políticas existentes. ) [n o ] eran superiores ni en un ápice a nuestros estadistas actuales . en la medida en que estos se manifestaban política­ mente. sólo puedo decirte que te equivocas. sin adaptarte a los usos de la ciudad.las exigencias y opiniones populares en algo más elevado. . a veces del tipo más burdo.». para bien o para mal. Su actividad política era de reconciliación. ) debe ser como ellos por naturaleza. y cuyo conocimiento es pragmático y empírico. incluso en las páginas hostiles de Platón. y 110 solo un imitador» 00 Por su parte. era la comunidad: sus necesidades. su existencia se hacía posible únicamente en ciertas condiciones: por ejemplo. sino a descubrir un método político cuya duración depende de la posición que ocupan las fuerzas políticas en determinado momento. 513. 602A. en el perfeccionamiento de sus conciu­ dadanos. y podían gratificar mejor los deseos del Estado. . 517. el poeta no posee verdadero conocimiento. ya que no apunta a se­ guir un principio absoluto. ya fue­ ran de persuasión o de fuerza. tampoco se habían mostrado dispuestos a imponer un sistema político justo. el dirigente cuyos problemas eran de­ finidos por las pautas siempre cambiantes de la «actividad política». 426. cuando los hombres se hallaban agotados por ásperos conflictos de principios. sino también los dirigentes: «Pero si supones que cualquier hombre te enseñará el arte de llegar a ser grande en la ciudad. Como estos. Calicles. por lo tanto. exi­ gencias y humores. que es el objetivo primordial del verdadero buen ciudada­ no ( .

sino un fi­ lósofo dotado de poder político.».. ed. cit. Como gobernante. ya que no era por sobre todo un «hombre político». 277 a 279a. como gobernante. sino la del esteta. Su triun­ fo era la victoria del principio apolíneo de armonioso orden sobre las tendencias dionisíacas de la vida política. 342. 1955.. La comunidad proporciona el medio es­ tético para satisfacer este impulso hacia la belleza.i% K. Prolegomena to the study of Greek religión. The Greeks and their gods. Sobre medicina. los ejemplos artísticos se destacan especialmente en Republic. asimetría y fealdad moral de la «actividad política». sin embargo. la comunidad ocupaba una posición intermedia entre el impul­ so que motivaba al gobernante y el modelo del Bien al cual apuntaba su arte. Paideia. aparte del suyo. pág. Al atenerse al verdadero arte de gobernar. «un mundo de orden permanente y armonioso».53 Este aspecto del grupo de adeptos se aclara más cuando se lo relacio­ na con las motivaciones del gobernante platónico. . a «moldear otros caracteres. 54 Véase el famoso examen de Nietzsche sobre el espíritu apolíneo y dionisíaco en El origen de la tragedia-. C.habían dejado de creer en verdades inmutables. Plato's theory of . 3-5. Y al seguir los dictados de su arte en lugar de los deseos de la comunidad. Como filósofo. 3a. La analogía del tejedor domina el Statesman. 215-16.. los ejemplos médicos se repiten en arabos diálogos y en Laws.00 La práctica de cada una de estas artes involucraba tres ele­ 52 Republic. ya que la finalidad de su arte coincidía exactamente con los verdaderos intereses de la comunidad. 55 Véase la concepción de Platón de analogía en Statesman. satisfacía las exigencias del gobierno. que procura imprimir en sus materiales la imagen de la perfecta belleza. además. 53 Ibid. J. Bos­ ton: Beacon Press.32 En la formulación platónica. plasmar las realidades políticas de acuerdo con el modelo divino. perfil definido. 183 y sigs. sino darle existencia. estaba obligado a conducir la comunidad más cer­ ca de aquel ámbito.. el tejedor y el artista. armonía racional y todo lo que era antitético respecto del desorden. pág. G uthrie. como dijo Balfour. I. V I. 500. la del político — obtener el poder y go­ zar del prestigio y las recompensas del cargo público— . págs. véase W. Nueva York: Meridian. tenía un grupo de adeptos dife­ rente. El elemento estético del arte político connotaba forma. Jaeger. y modelar las pautas de vida pública y privada. o. no podía haber conflicto de intereses ni deberes entre ambas funciones. cuando se hallan. 439. el gobernante se adecuaba al conocimien­ to posibilitado por la filosofía y cumplía la obligación de buscar la ver­ dad que tenía el filósofo. y sobre las artes en general. I I I . 1955. Harrison. La motivación del gobernante no era. . de acuerdo con su visión del ideal». C. véase R. por las analogías establecidas por Platón entre el gobernante y el médico. en cambio. El verdadero gobernante estaba inspirado por un anhelo que no podía satisfacer únicamente en la función de filósofo. sino por la Idea de la buena co­ munidad. «tan unidos que pueden permitirse reñir». «Un arte es sano y sin tacha en cuanto es totalmente fiel a su propia naturaleza como un arte en el sentido más estricto . vol. por último. Su grupo de adeptos no era la comunidad. op. entonces. es decir que su lealtad no era reclama­ da por un grupo político de adeptos. En el esquema pla­ tónico. El gobernante platónico. guardaba lealtad al ámbito de la verdad. el filósofo. Lodge.54 Estas consideraciones se veían robustecidas. 110 solo co­ nocer lo real.

una verdadera hermandad por medio de la concordia mutua y vínculos de amistad. 2a. Todos estos aspectos.mentos: la mediación activa del profesional experto. . 309a. El arte de los reyes tenía como finalidad la más grande adquisición humana. 1956. politics and society. 98-115. 735. . En cada caso. 399. tal como la salud o la belleza. surgida en el impulso de crear una armonía ordenada al asignar las «partes» de la comunidad a las funciones co­ rrespondientes.. Plato’s earlier dialectic. ya que el cuerpo enfermo. que envuelve en su sólida trama a todos los que habitan en la ciudad. si los materiales eran contrarios al «designio de la inteligencia pura». ed. Los criterios para juzgar cada ar­ te eran predominantemente estéticos: armonía entre las partes. 58 Statesman. 57 Republic. Laws. 293d. Las limitaciones inherentes al empleo de la analogía por Platón son examinadas por R. los materiales no te­ nían «aspiración» propia. los materiales adecuados eran las diversas formas de virtud. 1953.58 La finalidad de su arte justificaba al gobernante. el brillante estudio de R. una moderada combinación de diversidades. V. 56 State ¡man. sier­ vos o libres.4. Peter Laslett. así como prescripciones para las instituciones de la sociedad. Statesman. 564. como a cualquier pro­ fesional experto: esta consistía en eliminar los obstáculos que impidie­ ran concretar la verdadera Forma.también el gobernante podía purifi­ car al cuerpo político de sus «miembros» deformes por cualquier me­ dio adecuado. también el estadista se inspiraba en un modelo de belleza. unidad de propósito y rechazo de los extremos: todos estos pasaron a ser imperativos que guiaban las acciones de los estadistas. Bambrough. la Idea por la cual se guiaba este. .uS Traducido en términos políticos. Oxford: Blackwell. Este es el primero y el mejor de los tejidos. págs. 311c. o el tejedor a descartar materiales defectuosos. pág. 568. fueron trasladados por Platón a su concepción del arte de gobernar. I I I . Oxford: Clarendon Press. «Plato’s political ana- logies». Como el artista. y no carece de nada de lo que constituye la felicidad humana. Su regio tejedor la controla y vigila. 310:7. sim e ­ tría de proporción. y el material pasivo. Armonía del conjunto. 410.57 Esta preocupación por la condición de los «materiales» del arte hizo que Platón forzara al máximo la analogía entre el gobernante y los de­ más profesionales expertos. No podía combinar lo malo con lo bueno •— ya que esto daría como resultado un producto inútil y feo al mismo tiempo— . 1953. 202 y sigs. Philosophy. V III. ni satisfacerse en verdad ningún impulso estético. las hebras sueltas y el mármol informe no podían alcanzar sus fines respectivos sino me­ diante el arte experto del profesional. a su vez. una comunidad unificada en « . Así como el médico podía verse obligado a amputar un miembro para salvar al cuerpo. receptivo a la presión de la Idea. en cuanto se puede lograr la felicidad en una comunidad humana». ed. Londres: Routledge. Véase asimismo. . art. esto significaba que el «regio tejedor» debía tener especial cuidado en escoger la naturaleza humana con la cual entretejer­ los vínculos comunitarios. sobre este tema. Ningún arte podía concretarse plenamente. Robinson..

64 Ibid. es decir. V. eliminados. Esto no es cosa fácil. Las leyes. 500. en la cual muchos comentaristas insisten aún en ver un esquema político más «práctico». la nueva situación. una especie de Dionisio idea­ lizado. a poco de comenzar el diálogo. como condición necesaria para el éxito político. en cambio. 60 Republic. . se presentaba la gran opor­ tunidad de una situación política «limpia». la misma fórmula de poder absoluto sometido a un conocimiento absoluto.03 Faltaba solamente la mano maestra que moldeara en un orden los materiales receptivos. antagonis­ mos permanentes y supersticiones arraigadas. 684. o sea. En este diálogo. uno de los participan­ tes irrumpa anunciando — en un estilo algo parecido al del melodrama barato— que se le ha encomendado preparar una constitución para una nueva colonia. podría el artista pintar con libertad so­ bre un lienzo flamante: «Tomará como lienzo la sociedad y el carácter humano y comenzará por limpiarlo. niirábile dictu. o redactar leyes. . sobre todo por el sistema educacional.. La relación de Platón con Dionisio es examinada en L. los demás serían modelados y moldeados en la forma deseada por las insti­ tuciones de la sociedad. donde podría capi­ talizar el sentido de comunidad existente. la búsque­ da de una tabula rasa política. V II. o la haya limpiado él mismo».04 59 Ibid.. Los demás caracteres humanos debían ser descartados. 736. así como un material menos moldeable. las deudas y los antagonismos so­ ciales resultantes. creado por un idioma.. en cambio. ( .00 En­ tonces. Pero. plantea al legislador imaginario una elección: ¿el legislador podrá aplicar su arte con más eficacia en una sociedad establecida. 309a. . 63 Laws. y un espíritu de amistad desarrollado en un largo período de convivencia. IV.02 Presentaría. V I. 709-12. Aquí. hasta que se le proporcione una superficie limpia pa­ ra su labor. Platón establecía. o tendría más posibilidades de éxito si sacri­ ficara estas ventajas de una empresa en marcha buscando. un medio que no sería estético. libre de las desproporcio­ nes afeantes traídas por la riqueza. 736. expulsados. 62 Laws. que fueran desterrados todos los miembros de la comunidad que tuvieran más de diez años. En La República. 540.tales como el valor y la moderación. V. IV . Véase controles sobre inmigración en ibid.. Esta era. y solamente entonces.39 Esta búsqueda de los materiales adecuados era. en lugar del filósofo edu­ cado para el poder político -—idea dominante en La República— Pla­ tón proponía un filósofo-legislador que actuaría indirectamente por medio de un tirano joven y dócil. en esencia. No asombra que. 708. en suma. o desacredi­ tados con tal severidad que no les quedara ninguna influencia. por intereses creados. ) a diferencia de otros refor­ madores.01 La búsqueda de un nuevo comienzo preocupó también a Platón en su última obra. sin embargo. leyes y un culto comunes. I I I . 61 Ibid. donde tampoco hallaría las desventajas de aquella? Cualquier sociedad donde faltara la mano informadora del filósofo- gobernante estaría surcada. no aceptará hacerse cargo de un individuo ni de un Estado.

y las doctrinas morales y religiosas. no alcanzaría las verdades especulativas. 66 Pbilebus. ordenamientos econó­ micos. las principales fuentes de discordias y conflictos políticos. Las prescripcio­ nes detalladas acerca de instituciones políticas. 240. la estructura de las profesiones. creando así una vida más armo­ niosa y regular. la estabilidad y unidad que reflejan el modelo comunitario ideal. sería posible regularizar la conducta humana y eliminar. Lovaina. el arte político podía empren­ der la construcción de ordenamientos institucionales. 67 Laws. Ames. Bloom- ington: Indiana University Press. según la cual el arte político podía trasferir a la socie­ dad las propiedades de los números. Primero. V. 65 Republic. por su índole. Lógicamente. Nueva York: Knopf. pág. . mientras puedan evitarlo. en el plano humano. capaces de soportar las presiones del cambio político. Plato and Dionysius. Si la estabilidad y la coherencia sociales eran objetivos im­ portantes. V. a esta uniformización numérica. en suma. Vigilando su estrecha regulación. M. porque. por sí sola. El anverso de estos fundamentos políticos era más positivo. pág.. 463-64. y W . Jaeger. Porque tanto en la vida doméstica y pública como en todas las artes y oficios. ) Todo debe ser tenido en cuenta por el legislador en su mandato a todos los ciudadanos. .. De este modo se reprodu­ cirían. religión y vida cultural — tan predominan­ tes en los diálogos políticos— eran guiados por dos objetivos genera­ les. 1953. ninguna rama de la educación tiene. . educación. La pbilosopbie politique de Platón dans les «Lois». 51. un consenso social que.60 «El legislador debe adoptar el principio general de que las subdivisio­ nes y complicaciones numéricas poseen utilidad universal ( . según este último enfoque.63 Eran. 44. Brumbaugh. 527. Paideia. sus elementos impredecibles. .6' Esta creencia. tal poderosa eficacia como la teoría de los números . convertirse en la materia en la cual podría expresarse una verdad eter­ na. Eran los recursos que permitirían a la humanidad acercarse al modelo del Bien. A dottble biography. ¿qué base más adecuada podía haber para la acción política que el conocimiento referente a objetos fijos de simetría y consisten­ cia incomparables?. estos diversos temas constituyen una especie de catálogo de las áreas de la vida comunitaria con mayores potencialidades para ocasionar desorden político. establecer puntos de fijeza política o fundamentos inal­ terables. en cuanto fue­ ra posible. vol.». Tomados en conjunto. Vanhoutte. Republic. al inglés por J. la comunidad expresaba. influyó particularmente en el esquema político des- Marcuse. I I I . en su organización política. Plato’s matbematical imagination.Una vez definida la situación adecuada. V II. 47 y sigs. que nunca deben faltar. S. 747. op. su po­ blación. familia. trad. . 1954. Entre estos puntos rígidos se contaban la magnitud de la polis misma. cit. matrimonio y educación. 1947. las instituciones de propiedad. Una de las principales técnicas para establecer puntos fijos era la ma­ temática. Hay exámenes de la relación entre mate­ mática y política en R. pág. esta concepción excluía la concepción según la cual los fundamentos políticos de una sociedad eran un índice de acuerdos entre sus miembros.

Compárase con la siguiente formulación de un sociólogo moderno: «No puede haber sociedad que no sienta la necesidad de sostener y reafirmar. 1915. Mientras que antes la preocupación se centraba casi de modo exclu­ sivo en la unidad que predominaba en la élite gobernante. paz. mediante el uso de los números. reafirman en común sus comunes sentimientos. un movimiento armonioso que reflejara sus mejores ideales. pero en Las leyes el ritmo era utilizado también como instrumento para la integración social. la vida de la comunidad llegaría a reflejar las propiedades matemáticas de estabilidad y precisión. los resultados que producen o los procesos empleados para lograr dichos resultados». V I. hallándose estrechamente unidos entre sí. Platón había confiado primordialmente en la estruc­ tura ordenada de las clases. Republic. 744-45. reimpreso con autorización de la Free Press^ Glencoe. . 414. al inglés por J. pág. V III. a intervalos regulares. 427. En La República. podía ser utilizada para dividir a los ciudadanos con fines i? guerra. V. debía ser controlado: «el orden en el movimiento se llama ritm o». ya sea en su objeto. I. 828. Por ejemplo. impuestos y administración. 775. 664E.70 En Las leyes se adjudicaba un significado más amplio al estilo musical y poético prefigurado en La República. sin embargo. el arte ayudaría al impulso estético trascribiendo el ritmo a la vida y el carácter de la comunidad.. los sentimientos colectivos y las ideas colectivas que constituyen su unidad y su personalidad. Véanse también las observaciones de Platón sobre cómo una interrupción del ritm o del proceso reproductivo contribuye a la desinte­ gración social.09 Al prescribir así las formas de la música que debían ser incorporadas a los esquemas educacionales. véase op. véase ibid. Durkheim. W . T he elementary forms o f the religious Ufe. E. Swain.'oá En consecuencia. V III. 396-97. 3-4. el drama público y los festivales religiosos.crito en Las leyes. 326B. E n su intento de probar que a Platón lo obsesionaba encau­ zar el fluir de los asuntos humanos. cit. y un alma condicionada a las pautas rítm i­ cas de la armonía ordenada era muy propensa a ser situada «en afinidad y armonía con la belleza de la razón». esta reconstrucción moral no puede ser lograda salvo mediante reuniones. vol. Londres: Alien and Umvin. 400. el cuerpo de la ciudadanía debía que- dai fijo en 5040 porque esta cifra representaba no solo la magnitud óptima. Este movimiento. 738. el otro era dictado por la consideración opuesta de proporcionar movimiento al cuerpo social. I I I . Así. Sien­ do esta la cifra capaz de sufrir el «mayor número de divisiones suce­ sivas». sino también la base más útil para los cálculos políticos.S í trad. Republic. «La vida toda del hombre «necesita ritmo y armonía»... de aquí provienen ceremonias que no difieren de las ceremonias religiosas habituales. caps. 757-58. donde cada miembro contribuía con una función única a la armonía ordenada del conjunto — y aquí la justicia se vinculaba con el ritmo— . V II. ahora se hacía necesario integrar toda una comunidad puesto que no había una clase gobernante claramente definida que compartiera una vida de aus­ 68 Ibid. 401- 70 Laws. I I I . asambleas y encuentros donde los individuos. II . Ahora bien. la vida de la comunidad debía expresar una especie de ritmo. lo cual correspondía a las más amplias concepciones de unidad y armonía que caracterizaban el último diá­ logo. Pero si un objetivo era crear puntos de estabilidad política. Popper ha descuidado totalmente la preo­ cupación de aquel por tener también en cuenta el «movimiento». 816. 773. 546. 69 Protagoras.

lo cual ofrecería ocasiones regu­ lares para la liberación controlada de las emociones y entusiasmos po­ pulares. Al enfatizar que esta debía ser una comunidad en la participación de cier­ tos beneficios comunes y en sus denuncias de todos los intentos de ex­ plotar las disposiciones políticas para el beneficio de individuos o gru­ pos particulares. Maquiavelo. A los pensadores políticos que indicaron otro rum ­ bo •— tales como Polibio. IV . los festivales públicos debían regirse por un calendario fijo. casi en cualquier período dado. Se puede señalar. Platón logró conservar por lo menos un aspecto distintivo de dicha asociación. de modo tal que las estaciones. Locke o los autores de los Fe- derálist papers— se les ha atribuido. 420-21. De estas regulaciones surgía una triple re­ lación entre números.73 Si una de las funciones del gobierno político era asegurar una cualidad «pública» a decisiones que 71 Laws. o si — dicho de otro modo— la búsqueda constante de una verdad última no destruye en forma inevitable la cualidad específicamente política4e la asociación. con sus sacrificios y festividades. 1934. el pro­ blema real que plantean estos antiplatónicos no puede ser descartado con tanta facilidad. sino los atribu­ tos más deseables de un régimen político y los fines fundaméntales de la acción política. «moderación» y «estabilidad» no eran'solamen- te las modalidades fundamentales de análisis político. 465. Al orientar la asociación política hacia Bienes eternos. mientras sus dioses gozan de los honores que les corresponden y los hombres avanzan en la comprensión de estas cuestiones». había aclarado el elemento específicamente «publico» en lo referente a las decisiones políticas. puedan ajustarse al verdadero orden natural y recibir sus diversas cele­ braciones adecuadas. Es el problema de establecer si la asociación políti­ ca se vincula necesariamente con una verdad eterna. V. trad. 427. en el mejor de los casos. 809. y la ciudad pueda ser mantenida así viva y alerta. cierto valor irritativo. teóricos influyentes que aceptaron la creencia de que «armonía». dando así a la existencia una especie de solemne periodicidad. Sin embargo. el matrimonio debía ser solemnizado mediante festividades anuales destinadas a convencer a los participantes de la importancia pública de esta institución. Los ritos religiosos debían celebrarse a intervalos fijos. al inglés por A. «unidad». .71 IV. V II. 72 Republic. ritmo y orden. que ligaba a la comunidad con el ritmo del cosmos: «El agrupamiento de los días en períodos mensuales y de los meses en años. Tavlor. Para este fin había que dar a la vida de la comunidad un ritmo común y un movimiento ordenado hasta en sus más íntimos aspectos. La búsqueda de un instrum ento desinteresado Una medida de la influencia de Platón sobre el pensamiento político occidental es la persistencia con que pensadores posteriores se han atenido a las categorías platónicas.teridad. Londres: Dent. E. o se los ha relegado a la categoría secundaria reservada para los teóricos asistemáticos o desordenados.

como las del conflicto entre grupos. debido a la tendencia de Platón a examinar el problema de la acción únicamente a través de las categorías de «exceso». Platón podía permitirse ignorar algunas disyuntivas muy apremiantes. al mismo tiempo. Platón sostenía. No era un conocimiento referente a cuestiones políticas. sin embargo. la obligación no era para él un problema particularmente político. Al insistir en que el orden político debía vincularse con un orden tras­ cendente. Esto puede ser demostrado si exa­ minamos cómo aborda Platón tres ideas políticas básicas: la obligación política. ¿Por qué era así? Platón respondía que el Bien era un bien verdadero para todos. 73 se trataba. más cercana a la aquí propuesta. como una comunidad que participa de esos beneficios. conciernen al beneficio común.74 Cuando la autoridad política se armaba con este tipo de conocimiento. el arte de dirigir o el problema de cuándo actuar y cuándo no hacerlo. la asociación política podía ser defini­ da parcialmente. de carácter verdaderamente político. en ningún sentido real. vale decir que represen­ taba el verdadero interés de cada uno. ni era. que los lincamientos de una teoría de la acción política. . «deficiencia» y el «justo medio». Dicho con más pre­ cisión: logró vaciar de contenido político algunas concepciones básica­ mente políticas. 293a-c. ni una disyuntiva realmente política. excepto el político. se hallaban latentes en la exposición de Platón sobre el «segundo tipo de medición» en Statesman 284e. 74 Statesman. el funcionamiento de las instituciones políticas. 296a-e. dicha exposición fue imperfecta. Plan­ tear la cuestión en este contexto sería comparable a pedir a los hom­ bres que eligieran entre salvación y condenación. Lamentablemente. Debido a la posición predominante que Platón asignaba al conocimien­ to. cuando se advierte que la aceptación de autoridad compromete al individuo en una elección real entre bienes 73 Se debe hacer notar. aunque no exhaustivamente. Fue esta calificación por parte de Pla­ tón — que el concepto de asociación política no podía agotarse en los beneficios de una vida en común— lo que amenazaba el carácter políti­ co de la asociación. una cuestión que pudiera ser decidida políticamente. de esto se desprendía que un arte como el político -—basado en un conocimiento del verda­ dero interés del hombre— nunca podía perjudicar a nadie mientras se lo observara fielmente. de modo que estas se volvieron -—si podemos decirlo así— peligrosamente irrelevantes. El problema de la obligación política surge cuando las consideraciones en conflicto son recurrentes. la comunidad política y la naturaleza del gobierno político. E l Bien al cual apuntaba la comunidad platónica no dependía en modo alguno de la comunidad. esto no implicaría una verdadera elección. que la asociación política constituía un vehículo adecuado pa­ ra larealización del bien último. de un conocimiento extrapolítíco que el gobernante llegaba a aprender. puesto que nadie se ne­ garía a sabiendas a seguir sus propios intereses. Además. El conocimiento del Bien — que correspondía al gobernante aplicar a la comunidad para zanjar la brecha entre la existencia política y la ver­ dadera realidad— no era realmente una forma de conocimiento polí­ tico. la pregunta de por qué un súbdito es­ taba obligado a cumplir sus órdenes perdía toda significación. más bien. sino por medio de una educación que abarcaba todos los temas importantes. no observando la política ni ac­ tuando en ella.

así como entre males rivales. no es estrictamente significativo. y que ahora iba a despojarlo de la vida misma? «Dinos. como ya se mencionó. condenado. sin ser derribado. . ) ¿Escaparás de las ciudades bien or­ denadas y de los hombres virtuosos? ¿Y vale la pena existir en estos términos ?». ¿crees tener derecho algu­ no a destruirnos a tu. ¿cuál sería la respuesta de la ciudad que tan mal lo había juzgado. sino como instrumentos desin­ teresados. Platón se vio llevado a formular la cuestión de la obligación en térmi­ nos del filósofo porque. Una vez adoptada la premisa de que los verdaderos intere­ ses de todas las clases e individuos serían satisfechos recién cuando la sociedad no estuviera en conflicto con la filosofía. es de­ cir. asumió en la historia del pensamiento político diver­ 75 Crito. la tarea pasaba a ser la de asegurar que la sociedad fuera gobernada por la filosofía. por ejemplo. 76 Republic. Como médico. pero que en los diálogos posteriores ■ — como La República y Las leyes— era reem­ plazado por un problema de otro orden: ¿cuál era la obligación del filósofo hacia la sociedad? La respuesta de Platón — que el filósofo tenía una obligación. un Estado en el cual las decisiones de la ley no tienen poder. . un deber político. IX . . de un pequeño grupo cuya especial excelencia y sabiduría coincidiera con el bien de toda la sociedad. . . sino por los principios del verdadero conocimiento.7u Al hacer de la posibilidad de la injusticia el precio del vivir civilizado. no concierne al filósofo como ciu­ dadano. ¿no vas a destruirnos a nosotros. Pero siendo imposible eludir el gobierno de los hom­ bres. ) Y porque consideramos correcto destruirte. Sócrates. en cuanto de ti dependa? ¿Imaginas que puede subsistir. mé­ dico o filósofo. el que sea artesano. vez? ( . no como hombres comunes. . sino al ciudadano que puede ser incidentalmente un filósofo. Suponiendo que hubiera adoptado la primera alternativa.-?* 50-53. ¿puedes negar que eres nuestro hijo y esclavo. como lo fueron antes tus padres? ( . 591. se ve ante la elección de eludir la injusta sentencia de la ciudad o beber la cicuta. sino que son apar­ tadas y pisoteadas por los individuos? ( . pero este no es. I. ¿qué te propones? Con un acto tuyo. gobernada no por hombres. el objetivo primordial de todo ordenamiento social — y de las instituciones educacionales en especial— era crear una élite que go­ bernara. consideraba que los intereses del filósofo eran idénticos a los verdaderos intereses de la sociedad. ) Puesto que fuiste traído al mundo y alimentado y educado por nosotros. en todo caso. se planteaba un legítimo problema de obligación política.' La disyuntiva de la obligación política. trad. 345-46. Es interesante hacer notar que esto lo había suscitado el mismo Platón en el diálogo Gritón A Só­ crates. cuyo cumplimiento se le podía imponer solamen­ te en una sociedad que hubiera alentado el desarrollo del filósofo— no respondía a un interrogante político La obligación política'concier- ne al hombre en su capacidad de ciudadano.rivales. . por Jowett. entonces. las leyes y el Estado entero. puede tener un deber hacia sus pacientes o hacia la «socie­ dad». 342.70 Este sueño de una visión dotada de poder.

H . porque obedeciendo a esta mentalidad causará cosas todas buenas. y las referencias en G. pág. si bien lo hicieron viendo en este. idea que fusionaba mito. y que el gobernante que se subordinaba a la verdad anun­ ciada por Cristo podía obrar como instrumento santo para purificar la sociedad. Solón. leyenda y recuerdo para crear el arquetipo del héroe político. con tal profundidad que le permitiera resistir casi indefinidamen­ te las fuerzas corrosivas del conflicto y la desorganización. 79 The commonweálth of Oceana.78 En términos del pensamiento político más reciente. pero nada malo». 4-5. I. Church H istory. págs. y no meramente un hombre poseedor de sa­ biduría o virtud excepcionales. se haya enderezado ( . sin embargo. Había estado latente en la idea familiar griega del Gran Legislador. Londres.. De las grandes hazañas atribuidas a los Dracón. 1951. . esp. como Euse- bio. V. «The political philosophy of hellenistic king- ship». Licurgo y Clístenes. el símbolo de lo que podía lograr la gran­ deza sin trabas. en cambio. 173. Yate Classical Studies. págs. Goodenough. 71. habiendo nacido torcida. ed. que infundía a los hombres nuevo ímpetu y revitalizaba sus comunidades. «Christology and church-state relations in the fourth century». «en constante asociación con el di­ vino orden del mundo». Algunos de estos. I. Arriano y Cirilo de Jerusalén llevaron adelante la antigua idea de que el buen gobernante gobernaba sus reinos como Dios gobernaba el universo. 1887.í agregó un nuevo elemento que tendría profunda influen­ cia en el pensamiento posterior: la concepción del gobernante como agente de una idea divina y eterna. se haya torcido. 78 Eusebio. 3-33. De Laudibus Constantini. recurrieron a la antigua concepción del Gran Legislador. . Williams.sas formas. es importante se­ parar y diferenciar algunas de estas enredadas madejas. vol. no al agente de una idea divina. donde se veía al rey como tras- misor de una fuerza vivificadora.79 77_ O tado por E. porque no to­ dos los autores posteriores visualizaron de igual modo al Gran Legis­ lador o Divino Gobernante. como Maquiavelo y Harrington. habiendo nacido recta. vol. 6. También Platón pareció compartir la idea de que un gran estadista podría grabar en las realidades políticas la imagen de la buena socie­ dad. En realidad. transformar a los hombres y sus relaciones. salvo cuando ha sido obra de un solo hombre». «en cuanto posee una mentalidad sagrada y divina es un ver­ dadero rey. I. 86. Morley. R. 192S. sino. y hacer a la sociedad humana a imagen del divino arquetipo?Esta con­ cepción del gobernante como corporización política de u n logos fue revivida en el pensamiento helenista. Decía Ecfanto que el gober­ nante. a un hombre inteligente bendecido por una áurea opor­ tunidad. tampoco nadie podrá mostrarme una Nación que. H . 20.77 Escritores cristianos primitivos. «Así como nadie podrá mostrarme una Nación que. . págs. ) Pocas veces o nunca surge o se constituye bien una Nación. I I I . Tenía como tarea mediar entre la di­ vinidad y la sociedad. 55-102. se extrajo la imponente figura del legislador que interviene súbitamente para salvar de la desintegración la vida de la polis y restablecerla sobre nuevos cimientos.

el orden político era potencial- mente autorreceptor. vii. en W hat is to be done?. 62-66. Uno era la con­ vicción de que ningún orden político podía perdurar por mucho tiem­ po.82 Los argumentos de Platón en favor de confiar poder absoluto al filósofo no se originaban en una actitud in­ genua respecto de las tentaciones del poder. IV . hallamos tenues ecos del divino gobernante del pensamiento helenístico. como Jacobo I de Inglaterra y muchos de los autores realistas que respaldaban su causa. y mucho menos en un se­ creto anhelo de étatisme-. El triun­ fo del proletariado señalaría la realización de una verdad que había estado inmanente en la historia. 98-107. I I I . con las famosas observaciones de Lenin acerca de la «conciencia sindicalista». Entonces el ciclo quedó completo. cit. 82 Para algunas de las actitudes de Platón respecto del poder.. en cambio. Se asignaba al Legislador la rarea de preparar el camino para el logos instilando en la ciudadanía la conciencia de que cada uno es «parte de un todo más grande. 526.Otros. Laws. que se esfuerza por infundir en los hombres un logos del cual apenas tienen una vaga conciencia. del cual recibe. ya que en la teoría leninista del Partido que guía y acicatea a un proletariado letárgico. vale decir. 151-58. . véanse Gorgias. 875. La cuestión del poder Para comprender cómo se relaciona Platón con estas ideas.. negaban el argumento de la virtud intelec­ tual del gobernante. de dos objetivos total­ 80 Social contract. . Goodenough (op. 2. cuando los individuos trascienden su yo íntimo para querer . 691. su vida y su ser». Selected works. págs. vol. así como la concepción de este como intermedia­ rio del logos. 713-14. 81 Compárese el examen hecho por E. Rousseau reunió muchos de estos hilos en su intento de combinar la idea del Gran Legislador con una nueva perspectiva de la comunidad como medio activo para expresar el logos. debemos tener en cuenta los dos factores que lo guiaron al elegir al filósofo co­ mo instrumento desinteresado de una verdad divina.el bien general de la sociedad.[provenía.Cuando se hizo necesario hallar un agente más catalítico del logos. págs. R. Eenin propuso la teoría de la élite re­ volucionaria desinteresada. en cierto modo.' factor omitido con frecuencia por sus críticos. 90-91) del concepto helenístico de la relación entre el gobernante y sus súbditos. cuando Marx trasladó la actualización del logos de la sociedad a una clase. 696.81 V. y solo entonces.i% I I . Londres: Lawrence v W íshart. IX . a menos que sus dirigentes procuraran gobernarlo en interés de toda la comunidad^ El otro se relacionaba con la profunda y perdura­ ble desconfianza de Platón hacia el poder absoluto'. 470. fSe dio a estas ideas otra forma.80 Pero el logos mismo se expresa únicamente a través de la voluntad de los miembros cuando esta satisface el criterio de generalidad. En resumen. 693. 510. Se contentaban con afirmar que los reyes habían sido enviados por Dios para proporcionar al universo político el mismo tipo de orientación y control que Dios desplegaba en Su reino cósmico. el Rey era un motor i n m ó v i l . 12 vols. Tal como Dios.

de una verdad que él ha­ bía descubierto. disfrutan de una vida más noble que los políticos. la vida familiar. un modo de vida mejor que el desempeñar cargos públicos . el ordenamiento de la vida y la propiedad.84 Platón sugería que la verdadera dificultad residiría en convencer al filósofo de que abandonara su contemplación de objetos eternos para cumplir un deber en la «caverna» de la política. W . Foster en The political philo- sophies of Plato and Hegel. pero no inventado. Paideia. véanse también algunas observaciones críticas sobre el enfoque de Foster en H . 1950. Jaeger. C. Pero la renuencia del filósofo demostraría su desinterés. 186 y sigs. impermea­ bles a las . op. ¿A quién se puede obligar a que se encargue de tutelar a la na­ ción. Levinson. Essays in ancient and modern philosophy.83 Simultáneamente. cit. Su apetito era el único que beneficiaba a la comunidad en su conjuntoJM ientras que. ed. W. Era el servidor de una verdad no contaminada por sus propias preferencias o deseos subjetivos.so Su profesión era la úni­ ca en la cual era admisible la «adquisitividad»..». « . Por definición. vol. 68-80. B. . el carácter del gobernante debía ser templado por medio de influencias que comple­ mentarían la disciplina filosófica con un estricto control sobre la edu­ cación. Oxford: Clarendon Press. págs.. para los gobernantes futuros. .85 Platón nunca pensó seriamente que la misma elevación de la vida filosófica podía dejar al futuro gobernante mal equipado para los vaivenes de la vida política^ La beneficencia del gobernante platónico no era el fruto de una natura­ leza desapasionada. . Joseph. véase la exposición de M. B. . Guthrie. cit. «Sólo es posible lograr una sociedad bien gobernada si se logra descubrir. el amante de la sabiduría no competía con sus conciudadanos ni lograba sus fines a expensas de su vecino. porque el conocimien­ to del Bien que buscaba era de un tipo que contenía límites inherentes. Oxford: Clarendon Press. 114 v sigs. y su entrega definitiva a la filoso­ fía garantizaría su generosidad. Cambridge: Cambridge University Press. pág.. salvo a aquellos que. el filósofo alimentaba una «pa­ sión por la sabiduría» que no se aquietaría hasta que aquel llegara a conocer la naturaleza esencial de cada cosa. 1935. 81 y sigs. K. además de comprender mejor los principios del gobierno. por definición. W . las contiendas políticas 83 Sobre este punto. Cornford. R. Como filósofo.mente irreprochables: beneficiar al conjunto y evitar la tiranía. The unwritten^philosophy. Todo esto debía formar parte de un condicionamiento en la abnegación y la austeridad que produciría gobernantes desinteresados. el gobernante poseía un conocimiento de los verdaderos fines de la comunidad. pág.tentaci°nes del poder y el placer que resultaban irresistibles al tirano. Estos dos objetivos se reconciliarían en la figura del filósofo-estadista. y bus­ can recompensas de otro tipo?». 1935. o sea que un conocimiento del Bien. . pág. B. 18 y sigs. en la mayoría de los sistemas políticos. V II. op. no ocasionaba co­ nocimiento para el mal. 5 2 l' 85 Ibid. Sobre el carácter apolítico del filósofo véase Theaetetus.. 86 E l problema del conocimiento y el eros es discutido en F. 173 A-E. pág. I I . A diferencia de quienes se esforzaban por ob­ tener riqueza y poder.. M. 84 Republic.

. por encima tanto del gobernante como del gobernado. sino a degra­ dar también a la ciudadanía. la ambición quedaba sublimada en la búsqueda de la sabiduría. En su búsque­ da del conocimiento. La índole apasionada atribuida al filósofo ilumina de modo interesan­ te la concepción de la comunidad sostenida por Platón. esp. Pero si un impulso co­ mún unificaba así a quienes buscaban conocimiento. Platón podía de­ finir al ciudadano como alguien que participaba de los beneficios de­ rivados de dicho principio. 166 y sigs. pierde su elemento compul­ sivo. El súbdito se hallaría bajo «el mismo principio que su superior. donde los go­ bernantes eran elegidos por métodos irracionales. y este hondo anhelo del alma purificada no solamente lo empujaba a procurar ía unidad con el conocimiento. por definición. y la idea de la comunidad 87 Véase A. el filósofo era animado por el eros. M. a los verdaderos intereses de uno y otro. Nueva York: Meridian. lo par- ricipable era la Forma del Bien. pág. págs. sino por los agentes. y desde una posición tomista. la riqueza y el prestigio. T he mina and beart of love. Nygren. los car­ gos públicos. al inglés por P. Nadie quiere imponer otra cosa que sus verdaderos intereses. Según el esquema platónico. Jtu- iadelfia: W estminster Press. Agape and Eros. no había ningún poder del cual participar. IX . el poder absoluto estaba destinado no solo a corromper a los gobernantes. sino que creaba un profundo vínculo con quienes se dedicaban a una finalidad similar. en consecuencia. 1953.surgían de una competencia por los bienes limitados del poder. D ’Arcy. S. de­ dicado no a la actividad política.ss La verdad superior. Esta línea de argumento tenía un doble resultado: la idea de ciudadanía quedaba separada de la idea de participación significativa en la elaboración de decisiones políticas. que es goberna­ do a su vez por su elemento divino interior». E ra necesaria la noción cristiana de agape para que pudiera haber una idea del amor como fuerza fusionadora de una comunidad. en cambio. ni ligaba a los integrantes de esta entre sí. el poder oolítico se espiritualiza en el principio Este argumento contenía también algunas derivaciones importantes para la comunidad. Watson. no los ligaba con la comunidad. Aunque eros pudiera vincular entre sí a los filósofos. se beneficiaría con el ejercicio del poder absoluto. 590. En las sociedades existentes. 62-96.impersonales de una verdad eterna. inscrita en la estructura de la comu­ nidad. resolvería el pro­ blema del poder absoluto. sino a la filosofía. De estas consideraciones surge este principio político: cuando el poder político se une al conocimiento. 1956. no se forjaba la voluntad de nadie cuando se la hacía adaptar a dichos in­ tereses. trad. ya que en último análisis no sería compelido y controlado por un poder personal. Esto contrasta con la noción aristotélica del ciudadano como alguien que participa del poder de la polis. los gobernantes platónicos diri­ girían sus instintos adquisitivos hacia los bienes inagotables e inma­ teriales del conocimiento) El ámbito de la filosofía no sabía de «acti­ vidad política». El ciudadano de la comunidad platónica. De esta manera. correspondía. C. 88 Republic. la unidad de la sociedad en general constituía un beneficio indirecto de la búsque­ da filosófica.S7 Platón opinaba también que un grupo gobernante desinteresado. . Al trasformar poder en principio.

Según la definición de Aristóte­ les un ciudadano era alguien que participaba en las deliberaciones legis­ lativas y judiciales. y que un hombre de virtud sobresaliente debía recibir plenos pode­ res. Esto señala uno de los puntos decisivos en que Aristóteles se apartó de su maestro. iii.' I I I . representaba algo más. 1281*6-9. 91 Ethics. y esta finalidad de bastarse a sí mismo no era posible sino mediante diversas contribucio­ nes. 1276b. sino insistir en la im­ portancia de su regreso a la concepción de que la comunidad política equivalía al conjunto de los ciudadanos. . Esta definición era salvada de la estrechez platónica por la tolerante admisión aristotélica de que a una comunidad política co­ rrespondían diversos tipos de bien. En este sentido. la exigencia de participar surgía de la contribu­ ción que cada uno diera a la vida civilizada de la comunidad. por consiguiente. ^Sin embargo. tenía derecho a participar de los beneficios de la comunidad. el hombre nacía para ser ciudadano.91 La crítica hecha por Platón a la participación política brotaba directa­ mente de su distinción entre conocimiento público y «opinión» polí­ 89 Politics. 1283a 1-4. por humilde que fuera su contribución. Desde el punto de vista del ciudadano.90 Aunque la bondad tuviera mayores derechos que cualquier otra virtud. cuya premisa es la igualdad de derechos. sí. la participación era una exigencia derivada de la naturaleza humana. I I I . El problema inherente al enfoque democrático es que la función dis­ tributiva impuesta al orden político influye contra la aplicación de un trato igual a derechos rivales. xi. 7. Con es­ to no se niega que Aristóteles considerase que algunos derechos eran superio­ res a otros. 1276¿?. En palabras de Aristóteles. 1283* 9-12. 15. vii. sin «actividad política». ií. Aristóteles se acercó más a la práctica de la democracia ateniense. I I I . 11-12.}:s I.En consecuencia. que de esta contribución pu­ diera derivarse la pretensión de tomar parte en la elaboración de de­ cisiones políticas. negaba. como afirmó Aristóteles. Ni el conocimiento ni la virtud — y mucho menos la riqueza o la cuna— eran aceptables como cimientos de un derecho exclusivo al poder político. 10976. Al rechazar la marcada delimitación establecida por Platón entre un grupo gobernante activo y una comunidad política­ mente pasiva. Quizá la cuestión del valor de unos derechos res­ pecto de oíros no pueda ser resuelta de modo satisfactorio sobre una teoría de la contribución. resulta difícil ver la su­ perioridad de las teorías democráticas modernas. es significativo también que esta última conclusión aparece recién después de una larga argumentación que deja dudas en cuanto a la pro­ babilidad de que una persona asi apareciera con frecuencia suficiente como para plantear un problema real. en cambio. Con esto no pretendemos presentar a Aristóteles como un partidario de la democracia. política — o sea de una comunidad que procura resolver sus conflic­ tos internos por métodos políticos— es reemplazada por la idea de la comunidad virtuosa sin conflictos y. la asociación política te­ nía la índole de un todo que se bastaba a sí mismo. xiii. xiii.89 El derecho a participar derivaba de la contribu­ ción que el ciudadano efectuaba a la verdadera finalidad de la asocia­ ción política. no obstante. donde la distinción básica había sido entre quienes eran ciu­ dadanos y quienes no lo eran. Platón no negaba que cada miembro de la comunidad. I I I . . La ciudadanía connotaba el derecho de un individuo a vivir en la única forma de asociación que le permitía desarrollar en plenitud sus capa­ cidades. I I I . 90 Politics.

habría que demostrar que la concepción platónica del conoci­ miento político era indebidamente estrecha. Quien ha formulado este punto con mayor elocuencia en la historia del pensamiento político ha sido eí más grande discípulo de Platón: «Nuestra exposición será adecuada si es tan clara como lo permite el tema. que Platón fuera singularmente ciego ante la experiencia política. sino también cómo esta experiencia es reproducida muchas veces en sus diálogos. corresponde cierta humildad. inmutables y simétricos los objetos del pensamiento. Pero la argumentación platónica acer­ ca del carácter absoluto del conocimiento político ino surgía de un mi­ nucioso examen de la actividad política o de las "situaciones políticas. Pero si se quiere afirmar que la posible precisión. en una disciplina determinada. por la naturaleza de los fenómenos políticos. Lo primero que se debe señalar es que Platón exageró sobremanera el grado de precisión que podía lograr el conocimiento político. las acciones buenas y justas. esto sería ignorar no solo su trato directo con las personalidades y problemas políticos de su época. no podía haber co­ nocimiento válido cuando los objetos del pensamiento eran cambian­ tes y carentes de proporción. además. este sólo podía venir de una verdade­ ra ciencia de la actividad política. en una concepción definida de qué constituía una fuente re­ levante del conocimiento político. entonces. A la inversa. En otras palabras. la «opinión» no constituía una forma rele­ vante de conocimiento político. el pensamiento podía lograr precisión y exactitud absolutas. ya que la precisión alcanzable no es similar en todas las exposi­ ciones. Era una mezcla de semiverdades y creencias correctas. y que una concepción más adecuada — que correspondería mejor a la naturaleza de las decisiones políticas— se vincula directamente con un esquema de participación más amplio. como han sostenido algunos autores. Para defender la participación po­ pular. Perm itir que la persona común tomara parte en las decisiones políticas era abrir el camino a que gobernara la «opi­ nión». es con­ dicionada por la índole de su objeto. Platón se basaba. que son investigadas por la . en primera instancia. Representaba. VI. La creencia de que la ciencia política era un cuerpo de cono­ cimiento absoluto se vinculaba íntimamente con el carácter estático que Platón atribuía a los objetos del conocimiento. matemática y medicina. la «opinión» ocupaba un puesto interme­ dio entre el conocimiento y la creencia incorrecta. sino de otros campos: la matemática o las artes especializadas como la medicina. como no lo es en todos los productos de los diversos oficios. la tejeduría ÍT la navegación. el tipo de ideas toscas que el individuo común llevaba en la mente. que su concepción de una filosofía política absolutamente válida no era moldeada. imperfectamente comprendidas. Ahora bien. sino inspirada por la notable precisión lograda en ciencia. en cambio.tica/E n la escala platónica. Esto no significa. siendo fijos. Conocimiento político y participación política En su desconfianza hacia la participación política. Se sostiene.

1287&.93 Dentro de este marco. . 95 Politics. a l h a b la r d e ta le s te m a s y d e s d e ta le s p re m is a s . é k l l . La natura­ leza misma era definida como «un principio de movimiento y descan­ so. Nueva York: Oxford Uni­ versity Press. trad. era una ciencia práctica. e v id e n te m e n te .. sin embargo.9" Estos comentarios de Aristóteles cobran toda su significación cuando se los sitúa en el contexto de una filosofía que insistía en el crecimien­ to. a d m ite n m u c h a v a rie d a d y flu c tu a c ió n d e o p in ió n ( . . 18. 12-19. al inglés por R.95 Una vez establecida la índole incompleta de la ciencia política. c o n in d ic a r la v e rd a d d e m o d o g e n e ra l y e n e sb o z o . b u s c a la p re c is ió n h a s ta d o n d e lo p e rm ite la n a tu r a le z a d e l te m a . 15-16. 1286a-1286¿. 10946. en The basic works of Aristotle. La cuestión reside. una peligrosa arrogancia. y armar de poder absoluto a los profesionales de la ciencia política. Aristóteles adoptó el enfoque de sentido común de que el gobernante. 1098a. . 93 Physics. págs. ¿Cuáles son los criterios de un juicio político? ¿Exigen admitir dos tipos de conocimiento político: uno popular y el otro experto. L. McKeon. 1193&. d e b e m o s s a tis fa c e rn o s c o n lle g a r a c o n c lu ­ sio n es d e ig u a l c a te g o ría ( . resumidos en la idea de potencialidad (dynamis). Esta argumentación contradecía la aíirma- ción_ de Platón en el sentido de que un buen gobernante. R. 1941. D. ) Un h o m b r e c u lto se d is tin g u e p o rq u e . el problema es más complejo. 8. se concebía a la ciencia política como un arte que ayudaba a la naturaleza y la completaba. esta posición es inobjetable: el conocimiento experto está reservado a pocos. vol. Sin em­ bargo.94 Esperar precisión mate­ mática de la teoría política era un absurdo. xvi. y al h a b la r d e cosas q u e so n c ie rta s so lo e n su m a y o r p a r te y cu y as p r e ­ m isas so n d e l m ism o tip o . xiv. 1887. . 20-34. P. como cualquier experto. Ross. Tenía por finalidad la acción. K.. I. H ardie y R. ) D e b e m o s s a tisfa c e rn o s. este rebosaba de tensiones y es­ fuerzos. los dos significativos y ninguno suficiente por sí solo? Se halla alguna respuesta a estos interrogantes si volve­ 92 Ibid. en la na­ turaleza de un juicio político. La réplica de Platón — que un gobernante así no po­ see las cualidades necesarias para su posición— fue rebatida por Aristóteles co­ mo lógica frívola: ¿Qué bien práctico obtiene una comunidad al descubrir que el gobernante traicionó su arte? Aristóteles pasa a rechazar la analogía con las artes en Politics. pero acción dentro de una situación pre­ ñada de cambio. vii. podía ser influido por sus propias pasiones. e n c a d a clase d e cosas. Desde cierto punto de vista. Al mismo tiempo.Á I I I . respecto del lugar. Aunque la finalidad ( telos) ocupaba un gran lugar en el universo aristotélico. accidente y contingencia. es ta n d e sc a b e lla d o a c e p ta r u n ra z o n a m ie n to p ro b a b le d e u n m a te m á tic o co m o e x ig ir p ru e b a s a u n re tó ric o » . I. como un verdadero médico. al inglés por W . iii. Afirmaba Platón que el único conocimiento político significativo era e l que po­ seía una élite preparada. trad. o por medio de la alteración». 1287a. no debía ser estorbado por la ley. Newman. o de crecimiento y disminución. 21-24. el cambio y el movimiento. entonces. I I I . y no puramente teórica. McKeon. 94 Véase el examen respectivo en W.cien c ia p o lític a . consiste en determinar si el co­ nocimiento experto es la única forma significativa de conocimiento para efectuar juicios políticos. I. ed. p u e s . se hace posible cuestionar la posición platónica desde otro ángulo. The politics of A rhtotle. Oxford: Cíarendon Press. Gaye en la edición de R.

I I . tales como cargos pú­ blicos y poder. los criterios que guían un juicio político? ¿Qué cualidades diferencian un juicio «político» de otros tipos de juicio? Se puede responder a estos interrogantes preguntando si el adjetivo 96 Politics. admitiendo la intuición de Aristóteles en el sentido de que una de las tareas de gobierno más importantes y exigentes en una sociedad civilizada es la distribución de diversos bienes. ¿Cuáles son. Lo que tiene importancia suprema. 18-39. Esto es posible si aquel llega a advertir que su vida personal se halla incorporada al funcionamiento de la sociedad política.mos a la noción de «opinión» sostenida por Platón. y tratamos de re­ plantearla. los medios para realzar el carácter político de la sociedad. 1332a. al mis­ mo tiempo. sino del tipo especial de racionalidad que se exige a un juicio aplicable a toda la comunidad. políticamente. si se logra que expresen un sentido de compro­ miso de parte de sus miembros. no es que el miembro individual formule nociones res­ pecto de sus necesidades o esperanzas personales. al contrario.88 La función distributiva del gobierno plantea este interrogante: ¿con qué elementos se debe elaborar un juicio acerca de la distribución? Al sos­ tener que las «opiniones» de la comunidad deben ser un elemento decisivo.^En otras palabras: una opinión adquiere significación pública cuando trasciende las preocupa­ ciones meramente privadas del individuo. cuando se la puede relacio­ nar con lo general y demostrar que es un problema comúm Se puede ampliar esta noción de la función que cumplen las «opinio­ nes». potencialmente. se argumenta que esto no es ningún tipo de juícicf político. aspiraciones y exigencias de sus integrantes. una comunidad no solo de bien­ estar. xiii. y si aquella quiere. mantener entre sus miembros un sentimiento de comuni­ dad — si quiere ser. Aquí. 1261c. en otras palabras. la cuestión fundamental no gira alrededor de la veracidad o falsedad de dichas opiniones. por­ que se exige al integrante de la sociedad que enuncie. La cuestión no es la existencia de una verdad inmutable. admisión social y prestigio. Si una de las funciones principales de la asociación política consiste en formular jui­ cios «públicos» en situaciones en que se hallan en conflicto los planes. Las opiniones son. sus necesidades. Como ya señalamos. ni tampoco si los hombres pueden efectuar juicios derivados de esta fuen­ te. entre una opinión «particular» y una opinión «pública». ii. entonces. su hostilidad hacia la «opinión» se vinculaba con la convicción de que un verdadero juicio político deri­ vaba de una intuición especial de las Formas eternas del conocimiento. re­ presenta un vacilante paso inicial hacia la conciencia política. sino si este tipo de verdad y juicio tiene alguna conexión significa­ tiva con la especial naturaleza de la asociación política. 15. mediante los cuales las «opiniones» de los integrantes puedan ser incorporadas a las decisiones que afectan a esa comunidad. Esta percepción de la conexión entre lo público y lo privado. quejas o aspiraciones privadas. sino que exprese una opinión «pública». de modo público. V II. si percibe una relación entre aquello que lo inquieta como persona y lo que la sociedad busca en términos de metas y obje­ tivos generales. sino de pertenencia— es imprescindible que haya algunos pro­ cedimientos claramente definidos. riqueza y privilegio. . en otras palabras.

cuando han sido expresados por una persona o personas a quienes se atribuía autoridad. dispuestos a sacrificar las sutilezas morales para conservar poder y prestigio. en gran medida. a las tendencias reales de las fuerzas políticas. son los métodos que permiten ex­ presar las diferencias inherentes a la sociedad. en sus aspectos fácticos. Esto es lo que suele llevar a concesiones y modificaciones en un sistema político. pero sí disminuir la tosquedad del juicio. Para satisfacer el criterio de inclusividad política. connota un alejamien­ to respecto de una norma conocida de corrección. un juicio ha sido aceptado como legí­ timamente público cuando parece poseer carácter general. posibilitando así que . Ahora bien: la búsqueda de generalidad conduce pronto a otro crite­ rio adicional. Esta esperanza inspiró el tercer criterio de «inclusividad política». Estas reflexiones nos permiten distinguir con mayor claridad la co­ nexión entre decisiones políticas y participación política o ciudadanía. una política o una decisión. ya que es injusta hacía el actor político que pro­ cura seriamente actuar de modo correcto. del antiguo problema que se plantea al tratar de esta­ blecer una regla uniforme en un contexto de diferencias. por una autoridad acepta­ da por la comunidad. ya que la formulación de una política o juicio general procura hallar una regla aplicable a todos de manera más o menos igual. Sugiero aquí que la conveniencia resulta. pero descubre que se inter­ ponen otros factores. a la cual se sue­ le considerar de naturaleza levemente inmoral. este tipo de procedimientos estimula en los juicios políticos un fuerte elemento de conveniencia práctica. vale decir. Este es el dilema básico de los juicios políticos: ¿cómo crear una regla común en un contexto de diferencias? No es posible superar este dilema. Pero esta expli­ cación es deficiente. pero las personas y situaciones son tan variadas. Más adelante se ex­ plicará que así es. y a su generalidad. Aceptando que un juicio político puede ser conveniente en este sentido. La cualidad «pública» de un juicio ha tenido dos sentidos: primero. el esta­ do de las relaciones económicas y otros factores políticamente signifi­ cativos? Y ¿guarda correspondencia con los valores predominantes sostenidos por los grupos principales de la sociedad? Como es obvio. tales como las actitudes y estrategias de los grupos sociales activos.«político» ha tenido un significado más o menos estable durante toda la tradición del pensamienio político occidental. segundo. sino porque una sociedad política procura al mismo tiempo actuar y seguir siendo una comunidad. Los numerosos actos mediante los cuales el ciudadano toma parte en ios procesos políticos de la sociedad contribuyen a la inclusividad de las decisiones. Se puede contestar que el sen­ tido moral se embota en los actores políticos. que se debe abandonar la tentativa o establecer una formulación algo tosca y sim­ plificada en exceso. ya que úni­ camente lo general es aplicable a la sociedad en su conjunto. hay que pregun­ tar por qué surge con tanta frecuencia. un juicio debe ser evaluado de acuerdo con interrogantes como este: ¿responde. no por la simple razón de que sea bueno formularlo de modo que re­ fleje con sensibilidad las variaciones y diferencias que presenta la so­ ciedad. pero aquí nos limitaremos a declarar que lo «políti­ co» ha sido empleado con insistencia para designar lo que es «público». se ha considerado verdaderamente públicos a un juicio.

En gran medida. ya que inevitablemente. V. no obstante. Lamentablemente. xiii.9S La participación es el método básico para es­ tablecer zonas de acuerdo o consenso político. es decir. lo que une a una comunidad no es la verdad. cualquier medida o juicio político beneficia de modo directo a unos más que a otros. Desde este punto de vista. 21. 97 Ethics. o sea que encierra.100 Pero una vez definida la aso­ ciación política como un compuesto de muchas partes diversas. pero iguales» para las dos razas tiene mucho que ver con el tema tratado. pág. sino también a sus consecuencias políticas. 30. tiene como resultado que la asociación política es reemplazada por el estado de sitio.91 Las medidas políticas referentes a beneficios. v. las decisiones políticas pocas veces son de tipo general. Como lo advirtieron tanto Platón como Aris­ tóteles. en su mayor parte. sino el consenso. 11. o a cargas tales como los impuestos o el servicio militar. cit. ta­ les como subsidios públicos para los pobres. 100 Politics. una modificación diferente de la que podría dictar un juicio «objetivo» o puramente técnico. Como lo indicó agudamente Aristóteles. en el sentido de que Ios-individuos o grupos afectados son tratados de modo exactamente igual.99 El acuerdo derivado de la participación no es pensado como símbolo de la verdad. Por estas razones. no hay problema de juicio político cuando una sola pretensión es ad­ mitida como válida y entronizada por sobre todas las demás. Hace mucho que la Suprema Corte lucha con el problema de ¡as clasificaciones legislativas «racionales». I I I . pero no la verdad». Esta si­ tuación. un juicio político suele ser de índole «judicial». op. 130b. 99 L. el carácter político del juicio dependerá de una sen­ sibilidad para las diversidades. 98 Son pertinentes aquí los materiales referentes a casos de derecho constitucio­ nal en Estados Unidos. . En otras palabras: un juicio político es «verdadero» cuando es público. Strauss. discrimina­ ciones sensibles no solo a los problemas técnicos. un plan de meriendas gratuitas para escolares beneficia de manera más directa a los niños y sus familias que al soltero que paga impuestos para financiar ese plan. y toda la serie de casos relativos a la cuestión segregacionista de instalaciones «separadas. un juicio acerca de pretensiones conflictivas. 1283b. y una vez admitido que estas «partes» tendrán diferentes opiniones. deben basarse necesariamente en algún esquema discriminatorio de clasificación. El alcance y la naturaleza del consenso al que llega una sociedad ejercen una influencia vigorosa y a menudo determinante so­ bre las particulares decisiones que adopta tal sociedad. Eso im­ parte a los juicios políticos un carácter diferente del que posee una «verdadera» formulación filosófica o teológica.surjan juicios mejor informados. es irreal afirmar — como lo lía hecho hace poco un autor— que «del acuerdo puede surgir la paz. ocasionando. 1283a. esto no soluciona el problema de la acción. sino como expresión tangible de ese sentido de pertenen­ cia que constituye un dique vital contra las fuerzas de la anomia. En su aspecto político.. los acuerdos generales son preludios necesarios para la discriminado nj proporcionan la aquiescencia fundamental que permite al arte político elaborar esquemas «racionales» de clasificación. intere­ ses y pretensiones. y no público cuando concuerda con algún canon exterior a la actividad política. tanto en los medios como en los fines. poseedoras todas ellas de cierta validez.

la se­ gunda fuente importante de unidad era la proporcionada por la estruc­ tura ordenada de funciones asignada a cada individuo. 1253a. ordenamientos eco- 101 Politics. Dada la naturaleza del juicio político. aduciendo que confundía el mero unísono con la armonía. Según este enfoque. La visión del Bien. ¡Uná~2óña de unidad — p. ¡Aristóteles criticó'la concepción platónica de unidad. la finalidad de la unidad total seguía siendo la misma. En Las leyes. La unidad3jen suma. ni siquiera a cada aspecto importante. En consecuencia.' La importancia política funda­ mental de la unidad reside en que economiza las energías de una so­ ciedad. la justicia misma ha sido ampliada de modo que abarca la noción de conciliación política. La diferencia de método -entre estos dos diálogos no destruye su similitud esencial de enfoque. ej. es necesario esclarecer la no­ ción de unidad política que lo antedicho involucra. Antes de abandonar la cuestión suscitada por Aristóteles. ii. to­ da la gama de la existencia humana debía ser moldeada hacia la uni­ dad. que dejara de ser una asociación política. que debían ser preservadas inalterables. de que la comunidad política debía apun­ tar al Bien más elevado.} en ambos casos. P or medio de minu­ ciosas regulaciones legales. Observó con sabiduría que una asociación política podía unificarse de tal modo.^02 El arte político se relaciona con la conciliación de una extensa gama de pretensiones válidas. v. . lo importante es que esta creencia era acom­ pañada también por la idea de que la comunidad debía reconocer y promover otros bienes. como Platón tendía a pensar. Platón había insistido acer­ ca de la totalidad de la unidad. y desde allí fluían al resto de la sociedad. y preguntar si adjudicar al orden político la atención de las almas de sus integran­ tes no es infligirle una tarea imposible. esencialmente platónica. Platón acertaba al insistir en que era necesario un conjunto de valores y objetivos comu­ nes para que una sociedad expresara su solidaridad y actuara con una finalidad. el arte político se interesa por combinar y mediar entre los diversos bienes que contribuyen a que el conjunto se baste a sí mismo.. sin embargo. en religión. 102 Politics. situada en el filósofo-estadista o inscrita en la trama de las leyes.(En La República. se concebía a la unidad como producto de una visión nfipuesta. 310a. no equivalía a unifor­ midad. dictaminaba que el arte del gobernante tenía como objetivo educar almas. otra luz ilumina el arte del go­ bierno político y su relación con lg unidad. 310e. II .. mientras que la justicia sigue siendo el principio ordenador de la asociación política. objetivo que solo podía ser alcanzado si la comunidad estaba unificada en sensibili­ dad y sentimiento. pero se confia­ ba menos en una élite reducidaxomo el conducto a través del cual las fuerzas de la unidad fluían al resto de la sociedad.103 De esto. 1263¿>. la unidad derivaba primordialmente de la virtud y la sabiduría que ligaban entre sí a los grupos gobernantes. no se desprende que este aspecto de la unidad deba ser extendido a cada aspecto de la vida. 103 Statesman. I.101 Aunque Aristóteles no renunció a la creen­ cia.

nómicos o derechos políticos— simboliza una zona de acuerdo, o al
menos de aceptación, que ya no inquieta a una sociedad. De allí en
adelante, se puede dirigir sus energías y pensamientos hacia las cues­
tiones en que hay desacuerdo y conflicto. Dicho de otra forma: una
zona de acuerdo sirve de base al arte de gobernar; permite a la autori­
dad política encarar las zonas de divergencia con la seguridad de que
algunos problemas han sido temporariamente resueltos. Modificando
levemente esta metáfora, se podría indicar otra contribución a la
unidad: sirve de escalón para pasar de una zona de acuerdo a otra
de desacuerdo.
Una sociedad que concuerda con respecto a ciertas cuestiones es más
propensa a aceptar medidas políticas referentes a problemas más con­
trovertidos. De esta manera, deja al gobierno algún espacio para ma­
niobrar. Cuando existe cierta unidad, el gobierno puede dedicarse al
arte sutil de asimilar las continuas arremetidas de los grupos, y em­
prender una aguda exploración de las zonas en que se puede lograr
que la comunidad «ceda» sin quebrarse, en que algunos grupos tole­
rarán medidas que les desagradan porque en muchas otras cuestiones
coinciden con el resto de la sociedad.
La unidad, por último, es una precondición necesaria para el arte po­
lítico más difícil: el de saber cuándo no actuar) (quieta non movere).
Como toda organización humana, un gobierno dispone de energía en
cantidad limitada. Cuando la extiende en exceso, cuando intenta hacer
demasiado, resulta impotente. Esto significa que ’funa de las tareas
permanentes del arte de gobernar consiste en descubrir hasta dónde
pueden ser tolerados el desacuerdo, el conflicto y la diversidad sin po­
ner en peligro la estructura básica que hace posible la desviación. En
otras palabras: toda sociedad tiende a ser un conjunto de particulari­
dades imperfectamente integradas. Como más tarde lo señaló Hobbes,
Ja interacción de los objetivos particulares sostenidos por individuos
y grupos dentro de una situación de bienes limitados no podía sino
desembocar en conflicto. A la escasez de los bienes se agregaba su re -'
latividad. En la sociedad, la riqueza, la jerarquía y el privilegio adquie­
ren significación únicamente sobre una base comparativa; no habría
burguesía si no hubiera proletariado o aristocracia,’ni droit de seigneur
sin gabelle. La relatividad de los bienes sociales crea una condición
en la cual solo es posible mantener las previsiones existentes y satis­
facer nuevas exigencias a costa de grupos menos favorecidos. Las fuen­
tes de conflicto, además, son ampliadas por otros factores que influían
en la época de Platón y que aún siguen haciéndolo. En diversas etapas
de su desarrollo, las sociedades occidentales han sido afectadas por ten­
siones y trastornos que nadie ha planeado ni se ha propuesto. Las alte­
raciones acumulativas, como las que se registraban en la antigua Gre­
cia — guerra, colonización, cambios monetarios, innovación tecnológi­
ca, depresión económica, dislocación de clase y efectos perturbadores
del contacto con culturas diferentes— contribuyen a exacerbar las ten­
siones y antagonismos ya existentes en la sociedad.
Dadas estas consideraciones,: era sumamente improbable que se pudie­
ra construir una «lógica» para la actividad política a partir de las ca­
tegorías platónicas de belleza, estabilidad o armonía, y mucho menos
a partir d el concepto de una unidad no alterada por elementos con-

tradictorios. El último término de una lógica política no es «q.e.d.»,*
porque el carácter concluyente es la propiedad más esquiva de una
solución política. El juicio político aborda un orden de problemas re­
lacionados con el logro de estabilidades provisorias dentro de una si­
tuación de conflicto. En consecuencia, una lógica política adecuada
debe ser formulada de.modo que pueda asimilar las contradicciones
y asimetrías derivadas de una situación móvil y conflictiva! Su deidad
tutelar no es Procusto, sino Proteo.
Este tipo de lógica estaría respaldado por la vasta evidencia ofrecida
por las sociedades políticas occidentales, en el sentido de que las con­
tradicciones y los conflictos han podido coexistir casi indefinidamente
sin destruir la necesaria unidad de una sociedad. Hombres de una mis­
ma sociedad han discrepado acerca de la naturaleza divina, la distribu­
ción de las gratificaciones económicas, los ordenamientos políticos y
la naturaleza del bien; sin embargo, estos conflictos no siempre han
derivado en trastornos sociales y políticos. Esto se ha debida a dos
razones: primero, la existencia de zonas sustanciales de acuerdo que
han compensado las fuerzas centrífugas; segundo, la capacidad de los
gobernantes de limitar los conflictos a sus dimensiones más reducidas
posibles. Expliquemos un poco más este punto: a largo plazo, el do­
minio político tiende a ser menos eficaz cuando se atiene al simple
método de reprimir los conflictos, y más eficaz cuando procura evitar
que las fuentes potenciales de conflicto se alimenten mutuamente. El
punto peligroso no es la existencia de conflictos económicos, descon­
tento político o desacuerdo religioso, sino la convergencia de estas
frustraciones: así ocurrió en las guerras religiosas del siglo xvi y en las
guerras civiles inglesas del siguiente. El arte de gobernar debe apun­
tar, entonces, a lograr estabilidades temporarias y síntesis parciales; a
equilibrar algunas fuerzas sociales al mismo tiempo que se tolera cui­
dadosamente a otras. E l arte del estadista es el arte de encarar lo in­
completo. Por eso, la concepción platónica del gobernante que impo­
ne una perspectiva unificada es fatalmente defectuosa para el arte del
gobernante/ El mismo carácter completo de la perspectiva tendería
inevitablemente a provocar reacciones extremas, que debilitarían fatal­
mente la unidad que se buscaba asegurar. Las diferencias filosóficas
y religiosas se convertirían en herejías; las disputas políticas, en un
signo de sedición, y los conflictos económicos, en una contienda entre
vicio y virtud. AI mismo tiempo, se haría más difícil solucionar dichos
conflictos, debjdo al conocimiento especial en el cual se suponía basa­
da esa unidad.iJJn conocimiento no puede ser accesible a unos pocos
y servir, al mismo tiempo, como lazo vital que une a toda la comuni­
dad. Los principios de creencia que consolidan a una comunidad de­
ben ser compartidos; deben constituir un tipo de conocimiento «pú­
blico».

* Quod erat demonstrandum, o sea, «que era lo que se quería demostrar»; esta
expresión suele colocarse al término de una demostración lógica o matemática.
En castellano la sigla más habitual es «q.e.q.d.». (N. del R. T.)

En las páginas anteriores, las ideas políticas de Platón han sido selec­
cionadas para ilustrar cierto enfoque de los fenómenos políticos. Uti­
lizando a Platón como «tipo» se ha incurrido, inevitablemente, en
cierta distorsión, ya que una filosofía tan sutil, tan plena de ironía y
de poesía, no puede sino estar influida por los giros y bruscos virajes
que desgarran a las tendencias principales. Un estudioso no puede
cometer error más grande que presuponer que Platón era — como To­
más de Aquino, o Hobbes— un pensador severo y angulosamente
sistemático. Platón es un pensador en quien abundan las dudas, las
ambigüedades y los dilemas angustiosos:

«. . . Errante entre dos mundos: uno muerto,
el otro incapaz de nacer . . .».104

Como ya hemos señalado, acuciaba .a Platón un temor muy vivo res­
pecto del abuso del poder político; Sin duda, era esto lo que prevale­
cía en su espíritu cuando replanteoTuna y otra vez, el tema de que
infligir injusticia era el peor de todos los males; posición extraña en
alguien a quien se considera totalitario.105 También es posible inter­
pretar el artificio de la «regia ficción» o mentira como un intento suyo
de lim itarel uso de la violencia recurriendo al engano.
Tomados en conjunto, los escritos de Platón no 'fueron una apología
desnuda del totalitarismo, sino un cuerpo de ideas con una contradic­
ción no resuelta. Convencido de que la filosofía contenía el conoci­
miento salvador, único capaz de llevar felicidad a la sociedad, advir­
tió sin embargo, dolorosamente, que el conocimiento sólo podía ser
traducido a la práctica mediante el método del cual más desconfiaba:
un acto de poder. Y aunque intentó resolver estas dos creencias en la
idea del filósofo-rey, mantuvo una inequívoca aprensión con respecto
a cualquier ordenamiento inferior. Demasiado bien conocía el signifi­
cado del poder.
En Las leyes, las ambigüedades pasan a ser más pronunciadas. Aun­
que expresada con la misma urgencia anterior, la necesidad de cono­
cimiento es acompañada por una insistencia más acentuada en el valor
que le atribuye a la moderación en todo, incluso las empresas inte­
lectuales:

'«. . . Si se da demasiado poder a alguna cosa, demasiada vela a un
navio, demasiado alimento al cuerpo, demasiada autoridad al espíritu,
y no se tiene en cuenta el medio, todo se derrumba, y la irreflexión
del exceso conduce en un caso a desórdenes, y en el otro a la injusticia,
que es hija del exceso. Digo con esto, amigos míos, que ningún alma
humana, joven e irresponsable, podrá resistir la tentación del poder
arbitrario».100

104 A. T. Quíiler-Coüch. ed., The poems of Maithevj Arnold, 1840-1867, Lon­
dres: Oxford University Press, 1930, pág. 272.
105 R epublic, I, 34S y sigs.
106 Laws, I I I , 691. trad. por Jowett.

n

Este tema se refleja asimismo en la constitución de la polis, destinada
a fusionar la libertad democrática ceir la sabiduría que reside única­
mente en uno'o pocos. También se hacen concesiones al conocimiento
surgido de la experiencia; a la necesidad de efectuar algunos gestos
tendientes a satisfacer la opinión popular; a una concepción más am­
plia de la participación política y al principio de la responsabilidad de
los magistrados. Lamentablemente, todas estas tendencias eran com­
pensadas por la rigidez restrictiva de los controles legales, y por la
reaparición de los filósofos-gobernantes en forma del Concejo Noctur­
no. El sistema político descrito en Las leyes puede ser llamado, por
cortesía, un Rechtsstaat, como propuso un comentarista; pero sería
más exacto llamarlo un Rechtsstaat congelado.
La más notable de todas las ambigüedades era un tema esencialmente
trágico, que aparecía como un visitante extraño, oscureciendo una es­
cena iluminada por la promesa de un conocimiento salvador. A la con­
vicción de que la razón humana podía aspirar a la verdad absoluta e
inmutable se oponía otra, según la cual, cuando los hombres unían
teoría y práctica, cuando el modelo de perfección se encarnaba en dis­
posiciones concretas, iniciábase un inevitable proceso de deterioro. Las
obras de los hombres no podían escapar a la corrupción que disolvía
las meditadas creaciones.107 Un ciclo de creación, decadencia y disolu- -
ción dominaba férreamente el mundo, y solo en escasos intervalos
podía intervenir el arte de los hombres para arrancar un breve instan­
te de aparente inmortalidad. Ni siquiera la mejor de las constituciones
— como la esbozada en La República— era inmune.

«Si bien es difícil trastornar a un estado así estructurado, dado que
todo lo que llega al ser debe corromperse, ni siquiera una trama como
esta durará eternamente, sino que experimentará disolución».108

La ciencia política de Platón no culmina en un tono de ilimitada arro­
gancia, sosteniendo que el hombre puede construir un sistema político
inalcanzable por el tiempo, sino en un tono de heroísmo atenuado por
el conocimiento anticipado de la eventual derrota. Como dice Shelley,
es «la Eternidad que previene al Tiempo».

107 Statesman, 298s-300á.
108 Republic, V IH , 546

3. La era del imperio: Espacio y
comunidad

«¿llevarás a tus hijos a Tesalia, privándolos de ¡a ciudadanía ate­
niense?». Platón.

*Soy ciudadano de Grecia». Lisias.

«Eres ciudadano del universo . . .». Epicteto.

J. La crisis en lo político
Mucho es lo que han escrito los estudiosos modernos acerca del fraca­
so del pensamiento político clásico en cuanto a trascender la limitada
unidad de la ciudad-estado. Se ha sostenido que las ideas de Platón y
Aristóteles se vinculaban tan estrechamente con el destino de esta di­
minuta entidad política que, cuando la polis fue sustituida por los más
vastos imperios de Macedonia y Roma, quedaron al descubierto las
premisas parroquiales de sus ideas: premisas acerca de la homogenei­
dad racial de la población, la magnitud óptima de la comunidad polí­
tica, y una estructura social que ofreciera a una parte reducida de la
población tiempo disponible para los asuntos políticos. No cabe duda
de que estas creencias hicieron que el pensamiento político clásico pa­
reciera irremisiblemente municipal en una época en que las condicio­
nes de existencia eran imperiales. Más tarde fue expresada una obje­
ción similar contra Rousseau, a quien se acusaba de favorecer un mo­
delo político basado en la ciudad-estado genovesa cuando la nación-
estado se estaba afirmando en todas partes. Sin embargo, este tipo de
crítica fácil es erróneo, tanto en el caso de Rousseau como en el de
Platón y Aristóteles. Los interrogantes esenciales que estos pensado­
res políticos plantearon eran: ¿hasta dónde se podía extender los lí­
mites del espacio político; qué dilución numérica podía tolerar la no­
ción de ciudadano-participante; hasta dónde podían reducirse los as­
pectos «públicos» de las decisiones antes de que la asociación política
cesara de ser política?
Desde este punto de vista, el pensamiento político de Platón y Aristó­
teles adoleció 110 tanto de ser parroquial como de ser marcadamente
político. La asociación en que pensaban era «política» por diversas ra­
zones. Llenaba necesidades que ninguna otra asociación podía colmar;
reflejaba una parte de la vida del individuo que este vivía en c o m ú n
con otros hombres; era un todo compuesto por contribuciones mensu­
rables, efectuadas por sus miembros, y, en consecuencia, no era de

mejor ni peor calidad que sus ciudadanos. La asociación, en suma, era
política porque se relacionaba con temas de interés común, y porque
todos los integrantes tomaban parte en una vida común. Como lo hi­
ciera notar Aristóteles: aunque era posible encerrar todo el Pelopone-
so en una sola muralla, con esto no se crearía una polis.1
Ya a n te s de morir Aristóteles, el año 322 a. C., el concepto clásico de
lo «político» era socavado por una nueva serie de condiciones. El sur­
gimiento del Imperio Macedónico en el siglo iv a. C. inauguró una
era de organización en gran escala, que alcanzó más tarde su más ple­
na expresión en el estado mundial romano. Durante este período, la
tradición del pensamiento político occidental experimentó una tras-
formación que tuvo como resultado drásticas modificaciones de los
principios notacionales que determinaban las tendencias de la filoso­
fía política clásica. Surgieron nuevas prioridades, se redistribuyeron
los énfasis, y los fenómenos de la vida política fueron observados des­
de una perspectiva diferente. No obstante, el pensamiento político del
período helenístico y romano conservó en gran parte lo ya familiar.
Sin dejar de ser modificado, el legado platónico y aristotélico fue pre­
servado; se estaba construyendo una tradición del pensamiento po­
lítico.
Aunque no es posible analizar globalmente estos procesos dentro de
los límites del presente estudio, el tema principal de la relación entre
actividad política y pensamiento político puede ser aclarado poniendo
de relieve algunos problemas escogidos. Para esto se adoptará un mé­
todo no cronológico, sino temático. El primer problema elegido es el
desafío revolucionario al pensamiento político que planteó la circuns­
tancia de que la polis ya no era el núcleo político significativo, eclipsa­
da por formas estatales gigantescas carentes de los atributos de socie­
dades vigorosamente políticas y que, juzgadas según los cánones del
pensamiento político clásico, parecían aberraciones monstruosas. La
creciente disparidad entre las nuevas realidades de la vida política y
los criterios políticos del pensamiento griego clásico provocaron una
crisis intelectual que persistió hasta el advenimiento del cristianismo.
A partir de la época helenística, se intentó repetidamente adaptar las
categorías del pensamiento clásico a una situación sin precedentes, et)
la cual masas de hombres, dispersos a grandes distancias y de diferen­
tes razas y culturas, habían sido reunidos en una única sociedad y eran
gobernados por una única autoridad. Es posible rastrear esta continui­
dad de la preocupación por la naturaleza de lo político en una era im­
perial, desde las teorías filosóficas del período helenístico hasta los
escritores romanos de comienzos de la era cristiana.
El segundo problema general que he elegido corresponde a la activi­
dad política en la República Romana, durante el período que abar­
ca desde alrededor del año 150 a. C. hasta el establecimiento del Prin­
cipado de Augusto, en el 27 a. C. La expansión de Roma, desde una
ciudad-estado típicamente pequeña hasta un enorme imperio, se llevó
a cabo primordialmente durante el período de la república. El intento
de gobernar este enorme espacio conservando los valores e institucio­
nes de una pequeña comunidad política impuso al sistema graves pre­
1 Politics, & I I I , 1276a, 5.

siones. Al mismo tiempo, la tensión entre las exigencias de espacio y
los objetivos institucionales era acompañada por una intensificación
del conflicto y la rivalidad políticos. Examinando la reacción de los
escritores romanos ante esta situación, es posible poner de relieve con
mayor énfasis las repercusiones de ciertos problemas políticos que la
homogeneidad de la polis griega había mantenido ocultos: problemas
de los límites admisibles del conflicto político, función de las institu­
ciones en cuanto a contener y ordenar dichos conflictos y, sobre todo,
las implicaciones de orientar la actividad política sobre la base de los
intereses.
Antes de encarar estos problemas, refirámonos brevemente a ciertas
dificultades especiales que presenta el estudio de las ideas políticas
romanas. Aunque no falta material para quien estudie las prácticas
políticas romanas, al estudiar las ideas políticas se hallará un período
en el que es notoria la carencia de grandes pensadores políticos. La di­
ficultad aumenta porque, si se lo analiza con mayor atención, lo poco
que hubo en cuanto a teoría sistemática resulta ser de origen más a
menudo griego que romano. Pero si la falta de pensamiento sistemá­
tico es examinada junto con la universalmente reconocida contribución
de Roma en los terrenos del derecho y de las instituciones políticas, la
combinación de ambas sugiere, no que ignoremos el pensamiento po­
lítico romano, sino que lo encaremos de otro modo que a un sistema
formal como el de Platón. Esto significa, más concretamente, que de­
bemos tomar en serio el juicio trivial según el cual los romanos fue­
ron un pueblo «práctico» antes que teórico; dicho más correctamente,
que fueron un pueblo cuyo pensamiento político giraba alrededor de
cuestiones de acción inmediata.

II. Las nuevas dimensiones del espacio
En un largo discurso incluido en los Anales, & Tácito hace que Tibe­
rio explique el contraste entre la austeridad moral de la antigua Ro­
ma y el libertinaje de la sociedad contemporánea, diciendo que en la
antigüedad se practicaba la moderación «porque éramos todos miem­
bros de una sola ciudad. Ni siquiera más tarde sufrimos las mismas
tentaciones, mientras nuestro dominio se limitaba a Italia».2 Esta alu­
sión a la pérdida de intimidad cívica, derivada de la expansión del Im ­
perio Romano, puede servir de prólogo a los grandes problemas del
pensamiento político posaristotélico, las implicaciones teóricas de la
nueva dimensión espacial. Los problemas filosóficos que acompañaron
a la aparición de vastos núcleos gubernativos se referían tanto a la
significación como a la validez del significado clásico de lo «político».
El significado etimológico de «político» había sido «referente a la po­
lis», mientras que en términos de filosofía política se había vinculado
con el conocimiento y las acciones que podían beneficiar o perjudicar

2 A n n d s, *** I I I , 54, en M. Hadas, ed., The complete works o f Tacitas, Nueva
York: Random House, 1942; todas las citas de Tácito serán tomadas de esta
edición.

a la comunidad. Pero la cuestión fundamental era que, en el pensa­
miento griego, el concepto de lo político había llegado a identificarse
con la dimensión espacial definida de la polis. Los rígidos límites es­
tablecidos por Platón y Aristóteles respecto de la magnitud y pobla­
ción de sus ciudades ideales, y la meticulosa atención que dedicaron a
problemas de control de la natalidad, riqueza y comercio, expansión
colonial y militar, integraban su convicción de que la vida de la polis
■—que consideraban equivalente a su carácter político— solo podía
ser articulada dentro de los reducidos límites de la pequeña ciudad-
estado. Este marcado interés en una comunidad pequeña y sumamen­
te compacta impartió al pensamiento político griego una intensidad
nerviosa que contrasta vividamente, por ejemplo, con el espíritu del
estoicismo posterior, que contemplaba con tranquilidad y sin un sen­
tido de urgencia obligatoria la vida política, que se desarrollaba en un
escenario tan vasto como el universo mismo. El pensamiento griego
había sido intenso porque aceptaba el desafío de prescribir acciones
para una situación política que estaba fuertemente estructurada y era
al mismo tiempo cambiante. Es fácil advertirlo en el análisis crítico de
la democracia efectuado por Platón: pese al tinte humorístico de su
descripción, es obvio que le inquietaban profundamente la extrema
movilidad social de la democracia, la liberación de energías destruc­
tivas que resultaba de ella, y el sistema de sorteo y elección que pa­
recía destinado a convertir la inestabilidad en un rasgo permanente
de la vida política. En consecuencia, la solución platónica estaba en­
caminada, en parte, a superar la confusa anarquía, intolerable en una
situación política revuelta. Definiendo con claridad las funciones que
cada clase debía cumplir; desalentando el tránsito de una a otra clase,
la nueva estructura del espacio político quedaría protegida de movi­
mientos aleatorios.
La conciencia del espacio político, altamente desarrollada en la filoso­
fía griega, era el reflejo directo de un mundo político concreto, dentro
del cual una multitud de pequeñas ciudades independientes, movidas
por la dinámica de la ambición, la lucha de clases, las presiones de po­
blación y el desequilibrio económico, incidían mutuamente, resultán­
doles difícil actuar sin chocar entre sí.3 Era significativo, por otro lado,
que el escaso examen que Platón y Aristóteles dedicaron a los proble­
mas de la política exterior y las relaciones interestatales se presentara
como un llamado de alerta sobre las consecuencias morales de la gue­
rra y la expansión, sobre todo en cuanto estaban dirigidas contra otros
griegos.4 El hecho de que la reacción de los dos más grandes pensado­
res griegos fuera moralista, evidenciaba la cualidad hondamente in­
trospectiva del pensamiento político griego, su tendencia a volver ha­
cia adentro todos los problemas políticos. El miedo y la desconfianza
a lo «externo» eran el acompañamiento psicológico de una ncapaci-
dad^ de pensar políticamente en términos de un área más vasta que la
polis. Al negarse a buscar soluciones mediante la redefinición del es­

3 La conciencia del espacio de los griegos es puesta de relieve en J. Kaerst,
Geschichte des Hellenistnus, Leipzig: Teubner. 3a. ed., 2 vols., 1927, vol. I,
págs. 10-11. 28 y sigs.; V. Ehrenberg, Aspects of the andent uiorld, Oxford:
BlackwelL 1946, págs. 40-45.
4 Republic, *** V, 469B-470; Politics, 1265a. 1324a, 19b, 34, 13336,

pació político, los griegos se vieron obligados a contener los elemen­
tos vitales de la vida política dentro de límites asfixiantes. El resul­
tado fue una especie de teoría repleta de tensiones, creadas por los
conflictos económicos, la creciente exigencia de que se ampliaran los
derechos políticos, y el círculo de ciudades rivales que presionaban
sobre los límites externos de la polis.
En el nivel institucional se llevó a cabo algún intento de reconstruir
la dimensión espacial de la vida política por medio de experimentos
con organizaciones federales y otros sistemas destinados a concretar
los esfuerzos militares y diplomáticos de varias ciudades aliadas.5 Al­
gunos de estos avanzaron hasta eliminar las concepciones rígidas de
ciudadanía. Por ejemplo: según el ordenamiento denominado «isopo-
lítico», el ciudadano de una ciudad gozaba de ciudadanía en todas las
ciudades miembros; en otra forma de federación, la simpolítica, el ciu­
dadano de cada ciudad lo era, además, de la unión federal. Aunque estos
experimentos son importantes en cuanto nos recuerdan la etapa tran-
sicional que tuvo lugar entre la declinación de la polis y la aparición
de la monarquía mundial macedónica, el hecho de que no hayan al­
canzado corporización teórica indica que se sitúan fuera del significa­
do de «político», tal como llegaron a definirlo los principales autores.
Ya en el siglo vi a. C. se hallan ejemplos de ligas, alianzas y confede­
raciones; sin embargo, el pensamiento de Platón no incorpora nada
de esta experiencia. Como se sabe, tampoco la vinculación de Aristó­
teles con Alejandro, el constructor de imperios, causó gran impresión
al filósofo peripatético.0 Esto no se debe a que dichos filósofos fueran
obtusos, sino a que, según la forma impartida en la Academia a la fi­
losofía política, estos ordenamientos políticos más vastos no parecían
suscitar auténticos problemas filosóficos. La práctica del federalismo,
por ejemplo, exigía un conocimiento de técnicas: cómo aplicar una
política exterior que representara a varios estados, en lugar de uno
solo; qué patrón utilizar para asignar representantes ante los orga­
nismos deliberativos y ejecutivos; cómo distribuir los impuestos y
administrar un tesoro común. Si bien estas cuestiones eran importan­
tes y significativas, no parecían alcanzar la raíz del problema, tal como
se lo había llegado a definir en la filosofía política: ¿de qué natura­
leza y cualidad era la vida que podían lograr los hombres en una aso­
ciación política? En otras palabras, se presuponía que las cuestiones
técnicas constituían problemas de segundo orden, que se podía exami­
nar y manejar sin perturbar seriamente los problemas de primer or­
den. Esto fue precisamente lo ocurrido en estos experimentos, que

5 El mejor examen reciente de esta experiencia aparece en J. A. O . Larsen,
Representatíve government in Greek and Román history, Berfceley: U niversitr
of California Press, 1955; véanse también las conferencias en E. Barker, From
Alexander to Constantine, Oxford: Clarendon Press, 1946, págs. 65-82.
6 Debe agregarse, sin embargo, que Aristóteles, según se cree, escribió dos tra­
tados, uno sobre la dignidad real y otro sobre las colonias, pero que, lamenta­
blemente, se han perdido. Véase también la argumentación de H . Kelsen, según
la cual Aristóteles rechazó conscientemente la política de Alejandro tendiente a
reconciliar diversos pueblos y tratarlos de manera más o menos igual. «Aristotle
and Hellenic-Macedonian polícy», International Journal of Ethics, vol. 48, 1937-
1938, págs. 1-64. Véanse, asimismo, los comentarios en W . Jaeger, Aristotle,
trad. al inglés por R. Robinson, Oxford: Clarendon Press, 1934, págs. 117-23.

págs. op. en 338. Entre los dramaturgos. parece haber planteado las implicaciones teóricas fundamentales re­ sultantes de estos experimentos de unidad más vasta. I. 2a. al inglés por G. Sostuvo que la unidad de métodos políticos era posible debido a que los griegos compartían una cultura común. Fraenkel von Velsen. I I I . Aunque no fue un pensador profundo. París. Londres: Routledge. Higbet. cit.) fue un famoso orador y retórico que estudió guiado por Gorgias y Sócrates. según los indicios con que se cuenta.. 1918. Barker. advirtió que la dificultad suprema residía en el modo en que había llegado a organizarse el espacio político: «Son los métodos polí­ ticos mediante los cuales gobiernan sus estados lo que ha dividido a la mayoría». 8 Panegyricus. autores políticos secundarios. social y cul­ tural de la polis. Jaeger. Isócrates. Londres: M ethuen. 1952. salvo de acuerdo con las especificaciones de la misión moral de la polis. el famoso orador.) nació en Sicilia y llegó a destacarse como so­ fista y retórico. es decir. A .). . 1938. Paideia. Oxford: Blackwell. Paideia. J.. V. 3 vols. Sobre esta base. Es significativo. 138-53. y para un tratamiento más detallado. la creencia de que la extensión de la polis significaba la des­ trucción de la única dimensión en la cual era posible profundizar !a paideia de aquellos— fue puesta a prueba en el curso del siglo iv. y volvió después de los levantamientos contra el dominio macedonio. ** Isócrates (436-338 a. vol. * Gorgias (cir. 480-380 a. como Gorgias. 263-89. la necesidad de acción constructiva para resolver los incesantes conflictos entre las ciudades-estados griegas. no obs­ tante. Jaeger. se presentaron acusaciones contra Demóstenes. 100-05. págs. Fue uno entre varios escritores que proponían el panhelenismo. cuando. que fue en­ carcelado. los griegos co­ menzaron a advertir que las guerras intestinas entre ciudades griegas exponían a todo el mundo helénico a la dominación extranjera. al inglés por R. defendió una política exterior común contra los persas. C. vol. Greek political theory. La identificación de la actividad política con la paideia — es decir. Más tarde escapó. Kaerst.. no obstante. A history of Greek political thought. Ehrenberg. Plato and his predecessors.. Les idées politiques d ’Isocrate. pero los macedoníos recobraron el control y Demóstenes se suicidó. procuró levantar a los griegos contra la agresión de Fílipo de Macedonia. 133-39. Sobre Isócrates en general. y ninguno de ellos.* Isócrates ** y Demóstenes. Alexander and the Greeks. y su corolario. T. I I I .s Si bien Isócrates logró proyectar la idea de unidad he­ lénica — «el título “ helenos” se aplica a quienes comparten nuestra 7 Véase el examen en W . por ejemplo. G. Sinclair. con la educación moral y cultural de los integrantes de la sociedad. págs. =& trad. págs. págs. págs. op. per­ tenecían a los grupos tradicionalmente interesados en las técnicas y los medios. 46-155. sin embargo. tampo­ co el pan-helenismo logró modificar la empecinada convicción de que el espacio político jamás podría ser dividido de ninguna manera cohe­ rente. M athieu.*** que intentaron alertar a los griegos respecto de la urgente necesidad de superar las rivalidades surgidas del particularismo de la ciudad-estado. 61-102 («Aristotle and Alexander’s em- pire»). *** Demóstenes (cir. Hubo. vol. trad. nunca lograron eliminar ni modificar la primacía política. 71-S3. 1925. Después de la derrota griega en Queronea. C . advirtió. 16. debido a las presiones persas y macedónicas. que todos estos autores hayan sido retóricos o sofistas. ed. C. cit. Nueva York: Oxford University Press. véase E. 384-322 a. W. escritores políticos y los mismos políticos surgió una creciente conciencia de la unidad de la Hélade.7 Sin embargo.

las monarquías de los seléucidas. monarquías e imperios subsiguientes a la declinación de la polis eran organizaciones esencialmente apolíticas. van Hook.10 Al poner en manos de Filipo la última esperanza de unidad griega. . trad. puede ser la prueba de que la inventiva política griega no estaba agotada. con una intensa participación en una vida de intereses comunes. y el único problema residía en persuadir a otras ciudades de que la hegemonía sobre el conjunto correspondía. Norlin y L. al inglés por G. lo reveló la desesperación que más tarde lo condujo a implo­ rar a Filipo de Macedonia que se elevara hasta el sentido de lo griego de que las mismas ciudades griegas carecían: «Mientras que es natural que los demás descendientes de Heracles.9 Los sentimientos pan-helénicos expresados por Isócrates no se basaban en nada más sustancial que un temor hacia los bárbaros persas. 173-74. En grandes entidades como el imperio de Alejandro. 10 To Philip. en la mente de los hom­ bres. Aunque el vocabulario griego subsumiera la diminuta polis y las ligas de ciudades desparramadas bajo una palabra única: koinon. Cambridge: Harvard University Press. Mientras lo político siguiera identificándose. las propuestas teóricas formuladas por Isócrates y Demóstenes acerca de un frente unido entre las ciudades griegas. Aunque la vida de las ciudades griegas siguió siendo activa mu­ cho después de la conquista macedonia del siglo iv a. Persia— . no haría falta alterar el modo de vida existente en las polen separadas. C. mien­ tras que la teoría política griega había tenido como tarea histórica des­ cubrir y definir la naturaleza de la vida política. En consecuencia. y el Imperio Romano. no se podía dejar de advertir que la ciudad denotaba una asociación intensamente política. en tanto que las ligas. antes que a quienes comparten una misma sangre»—• esta no era en ningún sentido el retrato de un nuevo tipo de sociedad política. y los experimentos prác­ ticos con sistemas simpolíticos no podían competir por la lealtad po­ lítica. Se debía conservar la identidad específica de cada ciudad. en justicia.. fue que las condiciones políticas ya no correspondían a las categorías tradicionales del pensamiento político.. antigónidas. . los 9 Panegyricus. . tú tienes el privilegio ( . sin embargo. ) de consi­ derar a toda la Hélade como tu patria . . en Isócrates. . y los hombres sujetos por sus sistemas políticos y leyes se apeguen con afecto al estado en que moran. 127. 1928-45. Isócrates confesaba el fracaso del pensamiento político clásico en cuan­ to a traducir en términos políticos un núcleo cultural más amplio. C. Todo el argu­ mento se basaba en la creencia de que. tocó al pensamiento helenístico y romano posterior redescubrir el significado que podía tener la dimensión política de la existencia en una era imperial. el hecho fundamental. si las energías destructivas de los griegos eran apuntadas contra un poder exterior — en este caso.cultura.». ptolomeidas. a Atenas. 3 vols. las realida­ des de la existencia exigían repensar por entero la naturaleza de lo po­ lítico. Alejandro pudo conceder a los griegos una medida notable de independencia: la Liga Aquea del siglo i i i a. desde la muerte de Alejandro (323) hasta la de­ finitiva absorción del mundo mediterráneo en el Imperio Romano.

cuando los hom­ bres podían ver y sentir las formas de la acción pública y establecer comparaciones significativas con su propia experiencia. . Richards. ha sido criticada por M.métodos empleados para fomentar la lealtad y un sentimiento de iden­ tificación personal diferían necesariamente de los relacionados con la idea griega de ciudadanía. American Journal of Pbilology. Esto se conseguía trastornando la monarquía en un culto y rodeándolo con un complicado sistema de signos. sím­ bolos y devoción. . Bibliothéqtie de la Faculté de Philosophie et Lettres de lU niversité de Liége. F rom A lexander. 55 y sigs.. Al desa­ rrollarse la orgaiúzación imperial. Hel- lenistic civilization. 2 vols. vol. 1942. 1928. Cambridge: Cambridge University Press. Estos procesos sugieren la existencia de una necesi­ dad de acercar más la autoridad al súbdito infundiendo calidez religiosa a la relación. 41-70. A este respecto tenía especial importancia el uso del sim­ bolismo. pág. Goodenough. R. op. 12 Véase una introducción general en M. trad. T. W . págs. pues mostraba qué valiosos pueden ser los símbolos para unir vastas distancias. Alexander the Great. pág. W . vol. Nueva York: MacVeagh. vol. la actividad política desde la distancia. fueron técnicas importantes. 1948. Fisch. II . 58. Tarn. 3a. 97. Poca vincula­ ción parecía haber entre el medio que rodeaba las decisiones políticas y el reducido círculo de la experiencia individual. véase también. vol. 'Wilcken. E. 59-82. ed. E. aun­ que la realidad física esté muy lejos. I-IV. C. W. 2142.. «The political philosophy of hellenístic kingship». rev. vol. 11 Sir W . 1952. 1939. Journal of Hellenic Studies. ütuus. toga praetexta. cynics and stoics». Nock. págs.11 La persona del gobernante sem a de meta para las lealtades. U. G rant. «Alexander and the stoics». cit. vol. Hay una importante revisión de la posi­ ción de Goodenough en L. 24-25. también es hostil a Tarn. Londres: Arnold. pág. Griffith. quien afirma que Alejandro no fue influido por ideas estoicas. daba paso a la «actividad política abstracta». págs. 2. Tarn y G. ahora debía centrarse en una común reveren­ cia hacia el poder personificado. sino también por la necesidad de superar el carácter cada vez más abstracto de la vida política. cap. Delatte. muy diferentes en cuanto a cultura y refinamiento político. 1954. los símbolos son un medio invalorable para comunicar un conjunto elemental de significados en un nivel elemental. «Les traites de la royauté d’Ecphante.. I. acerca de este período. 129-51. parte I. apéndices 22. Sirven para evocar la presencia de la autoridad. véase también A. La tesis de Tarn. H . 1928. No es sorprendente que los roma­ nos hayan necesitado gran cantidad de símbolos de autoridad. Las fas­ ces. Y ale Classi- cal Studies. al inglés por G. des­ tinadas a superar las distancias. 8 y passim. de centro común que vinculaba las partes dispersas del imperio. La «actividad política visual» de una época anterior. y el empleo sistemático de la acuñación 12 como medio de propaganda política. La personificación de la autoridad y el recurso al simbolismo durante los períodos helenístico y romano fueron dictados no solo por la he­ terogeneidad de los grupos de sostenedores. Alexander the Great. Barker. . En otros términos. Dio- togéne et Sthénidas». Al mismo tiempo. esp. 48. Lon­ dres: Nelson. D. Román imperial money. Antes la lealtad provenía de un sentimiento de participación común. «Notes on ruler-cult». la actividad política estaba siendo conducida de un modo que las ca­ tegorías del pensamiento y la experiencia habituales no podían captar. 1932. 221. La contrarréplica aparece en la misma publi­ cación: «Alexander. el locus del poder y la decisión ha­ bía quedado muy lejos de las vidas de la gran mayoría. 60. 1937..

ya que ahora se pedía y obÜgaba a los hombres a colabo­ rar. las lluvias excesivas y otros males naturales» 14 III. los símbolos políticos eran indicadores esenciales de la existencia de una autoridad. C. no habían dejado de imponer a sus miembrgs muchas de las mismas exigencias. En cambio. y dónde residían los elementos políticos? Aun­ que las nuevas organizaciones de poder que controlaban los mundos helenístico y romano habían perdido algunas de las antiguas cualidades políticas de la polis. en consecuencia. Los grandes logros de los romanos en cuanto a jurispruden­ cia y a organizar y administrar un vasto imperio eran.. ¿qué significaba per­ tenecer a la sociedad. y de establecer las normas y regulaciones que debían gobernar las relaciones entre extraños. en realidad. tal como toleráis las estaciones áridas. pág. sacrificarse y servir en nombre de una asociación a la cual integra­ ban solo formalmente y a veces de modo ficticio. Estas condiciones cambiantes resaltan el tipo de ruego dirigido por los dirigentes romanos a ciertos rebeldes galos del siglo i a. . 91 y sigs.— afirmaba que los valores «convencionales» re­ presentados en la vida de la comunidad por las leyes.en que los hombres eran informados acerca de acciones públicas poco o nada semejantes a la economía doméstica ni a los problemas del mer­ cado. . en los ataques críticos de los cínicos. H istory. ) Tolerad las pasiones y ra­ pacidad de vuestros amos. En estas circunstancias. epicúreos y primeros estoicos contra los lazos y relaciones consuetudinarios que habían definido_ el status y rol del individuo en la sociedad. tal co­ mo la mantenida mediante una amistad entre familiares. cla­ ro testimonio del formalismo de la vida política. como en la conce­ sión romana de ciudadanía a pueblos distantes. La escuela cínica — surgida en el siglo IV a. de la necesidad de situar a gran número de individuos en categorías generales — y.13 El concepto de comunidad política había sido arrollado por el mero número y di­ versidad de los participantes. manejables— . El problema de la pertenencia tiene hondas raíces en la era helenística. La megalópolis ha­ bía desplazado a la polis \ y en en esta nueva dimensión espacial resul­ taba anacrónica la antigua concepción de la asociación política. op. 14 Tácito. . aunque habitéis tan lejos ( . Recibís igual beneficio de dignos em­ peradores. Goodenough. ins­ tituciones y estructuras de clases ya no podían ser descartados como cosas inofensivas y sin importancia o fastidiosas.: «No hay privilegio ni exclusión. En todo caso. Ciudadanía y desentendimiento Si la actividad política había dejado de ser un modo importante de experiencia humana — salvo para muy pocos— . IV . costumbres. R. La creciente distancia requería también nuevos métodos de control político. C. 74. cit. la índole de la perte­ nencia a la sociedad se había convertido en una cuestión más apre­ miante aún. había 13 E.

W. G riffith. 111. «Hellenistic popular philosophy». X II-X IV .. págs. The Greek Sceptics. pág. que el orden político poseía alguna utilidad. op. C.10 El consejo de Epicuro — «debemos librarnos de la prisión de los negocios y la actividad política»— 17 no fue la premisa. esp. 19 Doctrina autorizada 31. Nueva York: Random House.. 341-269 a. pág.. From A lexander. 1929. trad. Discourses. «Un hombre debe prepararse también para la soledad. A este respecto. W . Epicurus and bis gods. partes III-IV . cit. Kaerst.1S La fórmula era. y aconsejado de nuevo en su E utklem o. caps. sino que esta era la parte más significativa y valiosa de su vida. 325 y sigs. en The hellenistic age. Aunque los epicúreos se avenían a reconocer cierta utilidad al orden político. Tanto epicúreos como cí­ nicos cuestionaban la vinculación. I. T arn y G . entre la vir­ tud de la asociación política y la virtud del individuo. J. J. pág. al inglés por C. país y todas las co­ sas similares». "W. P. cit. Oates. Nueva York: Columbia University Press. supuestamente íntima. es esencial diferenciar un tema menor de lo que llegó a ser el leitm otif de las filosofías surgidas alrededor de fines del siglo iv a. op. la sociedad y la vida política hasta que no quedó más que el mínimo irreductible necesario para mantener la paz. 1954. op. X. Sinclair. M.. . Discourses. M. A. Oxford: Blackwell. Bevan. Dudley. rechazarlos. J. 1956.. E. En el argu­ 15 Epicteto. . Festugiére. Londres: M ethuen. sino la conclusión de la creencia según la cual no solamente los individuos te­ nían una vida propia independiente de la asociación política. cit. I I I . El enfoque socrático de la obligación política basada en la función civilizadora positiva de la polis distaba mucho de la con­ cepción epicúrea de la sociedad ligada por un contrato social. cit. C. Chilton. también ellos se dedicaron a reducir los derechos de la familia. W. Minneapolis: University of Minnesota Press. entre las con­ diciones del orden comunal y el descubrimiento del yo. 28.19 Este no es más que un indicio de la medida en que el pensamiento posaristotélico había comenzado a corroer los presupuestos políticos de la época anterior. N. X IV. al inglés por E.. Cambridge: Cambridge University Press. op. Festugiére. op- c i t . W. Dijo un estoico de los últimos tiempos: «Si lo bueno difiere de lo no­ ble y lo justo. vol. Los fuertes elementos de desesperanza y retroceso que impreg­ naban al cinismo y el epicureismo eran alimentados por un impulso antipolítico que aquellos no podían ocultar admitiendo. 3.) era la diferencia entre un gran «no» y un pequeño «sí». A history of cynicism. 13. . J. entonces: compromiso mínimo con una asociación de valor limitado. Barker. 1937. D. ed. 1923. 16 Véanse en general: T. véase N. A. de modo con­ temporizador y a regañadientes. en consecuencia. Matheson en The Stoic and Epicurean philosophers. pág. el perfil de la persona individual surgía con notable claridad. I* trad. 79-107. D eW itt. R. 295. el cual sólo garantizaba que «los hombres no deben perjudicarse entre sí ni ser perjudicados». D eW itt. 1940. 471 y sigs. W. Aunque el desentendimiento político había sido preanunciado en e'i libro sexto de La República A de Platón. 137 y sigs. esp. Epicurus and his philosophy. 17 Citado en A. la diferencia entre los cínicos y Epicuro ( cir. debe poder bastarse a sí mis­ mo y ser capaz de comunicarse consigo mismo». Patrick. 18 Epicteto.que clasificarlos como positivos obstáculos para el logro de la virtud y. entonces desaparecen padre y madre. T.. op.. .lu A medida que estas filosofías descartaban sucesiva­ mente los antiguos lazos. cit. pág. E. los caps.

. Arnold. E. los epicúreos abrían camino a un individualismo extremo. Llegar a ser miembro de la sociedad universal significaba cumplir las obligaciones atinentes a la propia posición social. 1929) contiene una explicación favorable de las doctrinas estoicas. un lazo de unidad 20 Los siguientes materiales contienen útiles estudios del estoicismo: E. Cicero on the commonweaíth (Columbus: Ohio State University Press.. 1948-49. From Ale­ xander. Ar­ nold. H . El ataque de los cínicos y epicúreos había tenido como efecto disolver las relaciones políticas en una situación de «naturaleza política».. autor de la Naturaleza. 2 vols. pág. los dioses no ha­ brían permitido que las ciudades se desintegraran al extremo de que ]a vida municipal lindaba con un estado natural. sigue teniendo valor. que guías un universo controlado por la Ley». pero lo bastante durable como para sobrevivir a una sociedad de miembros que no se comunicaban entre sí. Zeus.20 Esto no era fácil. en meros fenómenos sin estabilidad ni coherencia interna. cit. 1911). G . La felicidad era considerada un problema de definición individual. que lo obligaba a adaptarse a una definición pública de la felicidad. incumbió a los estoicos elaborar una nueva fórmula de per­ tenencia a la sociedad. basado en el interés propio y encaminado hacia el bastarse a sí mismo. algo así como una filosofía de «mi condición y los deberes que de ella derivan». Se instaba a los hom­ bres a seguir a la naturaleza. De haberse interesado realmente por el bienestar del hombre. en el equivalente político de un uni­ verso sin finalidad. 85. Barker. es decir. dictada por la nece­ sidad de apaciguar los temores e incertidumbres de los hombres. Sin embargo. Si los hombres no podían confiar en la mediación divina de los dioses. Smith. ■ op. y si la perfección humana ya no era posible dentro de la polis. V. a identificarse con la razón in­ manente o logos que impregnaba el universo: «Oh tú que sobre todo posees dominio eterno. eds. citado en E. parecía surgir una sola conclusión: el destino del hombre era asunto puramente personal. De esta mezcla de partes contribuyentes surgiría una «simpatía» universal. . el colapso de la polis y las inseguridades concomitan­ tes que sucedieron al triunfo macedonio eran tomados como prueba de una indiferencia cósmica hacia el destino del hombre. pág. ya que requería postular una forma de orden aceptable para el individuo ahora consciente de sí mismo.. Pohlenz. M. fue convocarlos a integrarse de nuevo en la sociedad. La respuesta de los estoicos.21 Toda la creación era descrita como parte de un orden. B. cit. 21 Cleantes. 19 y sigs. Gotinga: Vandenhoek y Ruprecht.. Román Stoicism (Cambridge: Cambridge University Press. Sabine y S.mentó epicúreo. Descartando los puntales cósmicos y comunales de la moralidad. H ym n to Zeus. Die Stoa. un esquema racionalmente integrado en cuyo interior las diversas partes contri­ buían con su función a la armonía conjunta resultante. aunque en muchos aspectos haya envejecido. la antigua idea de que el hombre debía lealtad a un or­ den de relaciones que cimentaban su existencia tenía raíces demasiado profundas. V. op. y todo compro­ miso a priori de tipo cívico o político llevaba aparejada la sospecha de ser una trampa para el individuo.

en tal caso. *** XCV. sin impedimentos. IV . En efecto. 4. en tal caso. ) ¿qué le impide llamarse ciudadano del universo e hijo de Dios?».) sobre el ideal estoico de la sociedad universal: «Si nuestra parte intelectual es común. soberano e inclusivo como este orden de cosas en que se unen el hombre y Dios ( .24 Aquí no corresponde preguntar cómo han contribuido estas ideas a las posteriores nociones de una sociedad internacional. y por el otro. si es así.22 De tal modo. libres. de algún modo. la mayoría de los críticos del estoicismo se han contentado con llamar la atención sobre la in­ congruencia entre la apelación estoica a los valores universales de ra­ zón. . es común. Debido a esto. Las deficiencias del estoicismo provenían. 52. si es así. Epistulae morales. la for­ ma superior de sociedad: «Cuando un hombre aprende a comprender el gobierno del universo. si no. ¿de dónde provienen?». libertad y dignidad humana hace difícil que un crítico no parezca regañón y mezquino. en verdad. sin trabas. y advierte que no hay nada tan grande. somos miembros de alguna comunidad política.23 La innegable contribución del estoicismo a las nociones occidentales de igualdad. las relacio­ nes auténticas que faltaban en las sociedades políticas existentes eran recreadas a la imagen de un orden más vasto. en cambio. de la confusión intelectual que envolvía su concepción de la naturaleza de la sociedad política. a cuyo res­ pecto somos seres racionales. si es así. al inglés por P. dignos de confianza y respetuosos de sí mismos». también hay una ley común. trad. I . algo así como una iglesia invisible de seres racionales. sino formular el mismo interrogante que se debería presentar a los modernos parti­ darios de una comunidad mundial: ¿en qué sentido — si lo hay— se puede decir que estas ideas han expresado una concepción política­ mente significativa de la sociedad? Es verdad que los estoicos emplea­ 22 Séneca. «so­ mos las partes de un solo y gran cuerpo». E. ya que la dificultad inhe­ rente en las enseñanzas de los estoicos no es descubierta extrayendo sus contradicciones lógicas ni señalando con dedo acusador su elitismo intelectual. también la razón. Matheson. el mundo es. . sino también una sociedad. . la vena de esnobis­ mo intelectual que tendía a restringir la pertenencia a la sociedad uni­ versal a una élite formada por los «eminentes. ix. común también es la razón que nos indica qué hacer y qué no hacer.que vinculaba a todos con tanta fuerza como la ciudad platónica. este tipo de censuras no van lo bastante a fondo. Sin embargo. 24 Meditations. Discourses. un Estado. Esto puede ser indicado recurriendo a un enun­ ciado clásico de Marco Aurelio (121-180 d. somos conciudadanos. ) de esta comunidad política común proviene también nuestra misma fa­ cultad intelectual y nuestra facultad de razonar y nuestra capacidad para la ley. el orden natural era no solo un ámbito de valor. C. . . igualdad y libertad por un lado. ¿de qué otra comunidad política común se podrá decir que la integra toda la raza humana? ( . 23 Epicteto.

pre­ viamente vinculadas con el orden político. a la de una sociedad ideal que abarcara toda la creación. Gilson.ron el antiguo lenguaje familiar de la teoría política: una comunidad de ciudadanos. Esto produjo una teoría basada en una grave confusión de contextos. págs. a su vez. A Lovaina: Publica tions Universitaires de Louvain. París: Presses Universitaires. El compromiso de los estoicos era hada una sociedad que residía fuera de la actividad política.. Marco Aurelio proporcionó un conciso epitafio: «Dice el poeta: “ Querida ciudad de Cécrope” .28 En otras palabras: la sociedad universal no era ni podía ser una auténtica sociedad política. como si este fuera una auténtica sociedad. por la razón de que no poseía seme­ janza alguna con las relaciones políticas que hacían de la «ciudadanías una categoría significativa. Se afirmaba con seriedad que la «ciudadanía» universal. y trasladarlas al orden na­ tural. y por dos razones fundamentales. la «ley» natural y la «justicia» eran atributos de este último orden. pero no como un acto de ciuda­ danía». Pero. uno de objetos naturales. el otro de seres humanos. a su vez. El estoicismo no lo consiguió. en la cual se esfumaba la distinción entre naturaleza y sociedad política. 27 Meditations. Para clasifi­ carse como político. sindi­ catos. IV. 209 y sigs. Les métamorphoses de la Cité de Diett. págs. El resultado final era una concepción bastarda a través de la cual se interpretaba políticamente la naturaleza.23 Lo que hicieron los estoicos fue extraer ciertas ideas. política. Pero el lenguaje político por sí solo no constituye una teoría política. el lenguaje debe servir como medio para expresar una concepción teórica que es. 261 _y sigs. corporaciones financieras o universidades hace que estos gru­ pos sean de naturaleza idéntica a una sociedad política. 1952. la identificación con la armonía cósmica «podía efectuarse como un acto de sabiduría. con la segunda debilidad fundamental: la ambigüedad inherente a la concepción de la sociedad universal. Primero. sino de una conclusión referente a su insuficiencia. el vínculo de la ley y la necesidad de orden y unidad. entonces. Esto se relacionaba. Se acostumbra distinguir varios períodos en el desarrollo del estoicis­ mo. y. como ha dicho con acierto el profesor Gilson. sino de que la filosofía había socializado y politizado la naturaleza mientras desnaturalizaba lo político. no dirás tú: “Querida ciudad de Zeus”» 2' No se trataba de que la filosofía política hubiera retrocedido a una etapa preplatónica. 6-7. 1951. 23. y se exhor­ taba a los hombres a que extendieran su lealtad al cosmos. se instaba a los hombres a identificarse políticamente con la na­ turaleza. Bréhier. . que es la ar­ monía de un universo racionalmente integrado. sobre esta base. su enfoque filo­ sófico no derivaba de una concepción positiva acerca de la índole de un orden verdaderamente político. 26 E. el importante proceso que turo lugar en el pensamiento político desde la época de Aristóteles se re­ sumía en esto: los elementos específicamente políticos de la filosofía política habían sido absorbidos en 1111 todo indiferenciado. La argumentación de los estoicos había pasado de una idea sobre el orden de la naturaleza. como tampoco la existencia de la «política interna» en iglesias. y hacer notar que los pensadores del estoicismo medio (siglos 25 Véanse los comentarios en E. Visto retrospectivamente. Cbrysippe et Vanden stoidsme.

. erigido sobre un sutil desprecio por las parcialidades de raza. M L. 22 y sigs. Oxford: Clarendon Press.. 135 y sigs. pág.i i y i a. lo mejor que podía producir la filosofía era una ética del servicio público. parecía coincidir a la perfección con el estado mundial romano. constantia.-s Había aquí una ética no tanto derivada de la vida política como destinada a proteger de sus tentaciones al que participaba de ella. Vida de Julio Agrícola. C . W . Sin embargo. esta filosofía llegó hacia co­ mienzos del siglo i i a. C ). en el fondo. Reflejaba. Román society from Ñero to Marcas Aurelias. 1951. donde influyó sobre varios destaca­ dos hombres públicos. C. pág. The Romans. disciplina. tales como Escipión el Africano el menor y Marco Porcio Catón. Su severa moral basada en la probidad. 1956. 411 y sigs. los comentarios de Tácito. Scullard. págs. indus­ tria. 223. clase y nación. burocratizado y sumamente impersonal. 1956. Cf. que perdió los determinan­ tes básicos de una comunidad política. En tales circunstancias. y pese a todas estas aparentes afinida­ des.. págs. C.. La tensión entre filosofía y so­ ciedad quedó abolida bajo la feliz coincidencia de que ambas eran apolíticas.) modificaron las tendencias apolíticas de la enseñanza ini­ cial y elaboraron una doctrina más adecuada a las necesidades de la vida romana. no estuvo marcado por el intenso mundo político de Tucí- dides. en alguna medida. frugalitas. 89-102. 29 H .. la convicción de que la vi­ da pública del imperio. 1947. sino por el mundo helenístico. Londres: Cohén and W est. el estoicismo llegó a ser el complemento natural de Roma recién cuando la sociedad estuvo tan agotada por los conflictos internos y distendida por las conquistas imperiales. cit. 1949. que exigía una compleja justificación.29 28 Hay exámenes breves y generales de las virtudes romanas en R. pág. H .. (4 ).. Fowler y M. había desarrollado un amor por h filo­ sofía mayor de lo que convenía a «un romano y un senador». 16 y sigs. donde Agrícola dice que. pág. 291 y sigs. Tal vez no haya sido simple filisteísmo. Barrow. No obstante. una lúgubre moral burocrática. Clarke. H . W. a Roma. El cargo público y la participación política pasaron a ser algo que nunca habían sido para los griegos: un deber estricto. Rome. Platón y Aristóteles. Nueva York: Meridian. Londres: Oxford University Press. Dill.. Aunque surgido de modos de pensar predominantemente griegos. M. me parece más exacto decir que el estoicis­ mo conservó siempre. 220-150 B. Charlesworth. donde la monarquía absoluta había marchitado las raíces de la participación po­ lítica y la organización imperial había convertido en una farsa la mi­ sión educativa de la polis. sino ins­ tinto político. lo que llevó al Senado — poco después de que el estoico Crates comenzara a disertar en Roma— a emitir un decreto por el cual se expulsaba a los filósofos (161 a. No obstante.) se refiere a la representación de las virtudes en las monedas del período imperial. The Román rnind. Román politics. pueden hallarse exposiciones más detalladas en Sir S. el sesgo antipolítico de sus orígenes. 37 y sigs. P. el modelo estoico de una so­ ciedad universal. tenía apenas vínculos muy delgados con el potencial de desarrollo moral del hombre. clementia. siendo joven. ecuanimi­ dad y austeridad parecía hecha de medida para un sistema político que necesitaba con urgencia un código de conducta para los magistra­ dos públicos y administradores. G rant (op. Algo de esto se entrevé en los valores de la vida pública romana que el estoicismo ayudó a sostener: gravitas. Pelican. Además.

estructurados por su parte en diversas graduaciones de clases y centurias. fue útil para preservar la sensibilidad del sistema político ante las presiones sociales cambiantes. y ayudó a guiar la conducta política por sendas bastante ordenadas. sin embargo. Aunque la interacción entre estructura social e institucio­ nes políticas no siempre funcionó sin tropiezos y con eficacia. Antes de este magnífico fracaso. e intentar todo esto por medio de una serie de disposiciones políticas elaboradas más para una ciudad-estado que para un imperio. C. cargos ejecutivos. efectuando con ello una notable contribución a la prác­ tica política. una vez for­ muladas todas las reservas necesarias. Las instituciones políticas mismas — es decir. Estos ordenamientos sociales. sino someter y gobernar una enorme extensión territorial. los romanos mostraron la función que podían cum­ plir las instituciones en cuanto a moldear y orientar la sociedad. que contenía una amplia variedad de culturas. queda en pie el hecho de que los romanos procuraron asimilar las fuerzas vitales políticas de un modo nuevo. se entretejían con el sistema de asambleas. I I I . tribunales y el Senado— constituían un complejo 30 De legibus. el sistema republicano resultó ser. someter a un control casi absoluto un mundo «fatigado por la con­ tienda cívica». y la conducción activa de la cosa pública quedaba siempre en manos de una oligarquía relativamente cerrada. libertos. a su vez. los romanos presidieron un experi­ mento sin precedentes en cuanto a manipular la dinámica de la activi­ dad política mediante formas institucionales. plebeyos. y que las grandes luchas del siglo i revelaron la calidad. No obstante.30 ella se basaba en un certero reconocimiento de la función de las instituciones en cuanto a definir y ordenar un segmento importante de la comunidad. La sociedad romana se diferenciaba nítidamente en varios órdenes — pa­ tricios. sin clasificación». cada una con sus propios derechos y obligaciones. elecciones y organiza­ ción militar. xix. trad. categoría y edad. Keyes. .Casi dos siglos antes de que Augusto lograra. En el bre­ ve período trascurrido desde mediados del siglo i i i hasta alrededor de mediados del siglo i a. 1928. en gran me­ dida formal. Y aunque Polibio se maravillara del modo excelente en que las instituciones romanas se adecuaban a esta misión imperial. equites— . el sistema de asambleas. insuficiente para sostener el enorme peso de aquella. por C. En primer lugar.. y a explorar los límites externos del conflicto político. Cambridge: H arvard University Press. del constitucionalismo romano. W . los romanos habían conocido una de las experiencias políticas más intensas entre todos los pueblos occidentales. en definitiva. 45. Si bien los prejuicios de Cicerón se evidenciaban en su observación de que «cuando se divide a las personas según su riqueza. clientes. según palabras de Táci­ to. que tuvo importantes consecuencias para la teoría política. Es verdad también que no siempre se observaban las sutilezas legales. El sistema mismo no era democrático en ei antiguo sentido griego. los romanos no solo debieron encarar los problemas sociales y económicos conocidos por el mundo antiguo en general. sus decisiones son más sabias que cuando se reúnen en las tribus.

para que pueda producir una decisión. el pensamiento político griego había conce­ bido la conducción en términos de un héroe político. Una institución. pocas veces son logrados de modo directo. debe ser integrado y coordinado. ni las facultades combinadas de todos los hombres . En gran medida. sino en un largo pe­ ríodo de varios siglos y muchas edades de los hombres. dejando a su paso un orden político marcado por una sola personalidad. que exigía que el actor político respetara las convenciones establecidas y las invariables expectativas. Aun en el mejor de los casos. Una de las más importantes se relaciona con el tipo de conducción posible cuando la actividad política se lleva a cabo a través de formas institu­ cionales. La función de las instituciones en cuanto a legitimar conflictos. Los romanos. Los límites impuestos a la conducción por las exigencias institucionales ejercían también un efecto significati­ vo sobre la índole de la acción política. Porque — de­ cía— nunca existió un hombre poseedor de genio tan grande que na­ da pudiera escaparle. es un complejo de acciones hu­ manas que. El pensamiento romano expresó una profunda desconfianza. las rivalidades grupa- les y las ambiciones personales. . en el acto político. trasformaba toda una comunidad. Intuían que las instituciones funcionan como una especie de denominador común de la acción. no de un solo hombre. la acción política pasa a ser de carácter indirecto: entre la palabra y el hecho se inter­ pone el medio distorsionante de las instituciones. sino de mu­ chos. se basaba en el genio. mejor dicho. en cuanto a ni­ velar la grandeza política adaptándola a las exigencias de la actividad política institucional. al contrario. Estas características de las instituciones fueron expresadas en el pensamiento político de este período a través de una crítica implícita al platonismo. trabajando directamente sobre sus «materiales». identificarla con el sistema político mismo. una inteligencia sobrehu* mana. la coordinación tiende a ser imperfecta. De la actividad política institucional se derivaban otras lecciones. Polibio y Cicerón se equivocaban tra­ tando de explicar el genio del sistema en términos de un exacto equi­ librio de fuerzas. tal como una asamblea o un cuerpo administrativo. estaba fundada. grandeza individual y poder político: «Catón [según informa Cicerón] solía decir que nuestra Constitución superaba a la de otros estados por el hecho de que casi todas estas na­ ciones habían sido establecidas por un solo hombre ( . consideraban la conducción como una actividad política que debía adaptarse a exigencias institucionales preestablecidas. en cuanto a hacer indirecta la acción política: todo esto sirvió para suscitar interrogantes acerca de la concepción platónica según la cual. muy similar a la de Burke. pero acertaban básicamente cuando llamaban la aten­ ción sobre la importancia fundamental de las instituciones para legiti­ mar el conflicto político entre diversas fuerzas e intereses dentro de la sociedad romana. ) La nuestra. no en una sola generación.mecanismo que proporcionaba al mismo tiempo un conducto y una limitación a la dinámica del conflicto de clases. En otras palabras. . cuya tarea era elaborar las instituciones de la sociedad. hacía esta unión de conoci­ miento arquitectónico. en consecuencia. en cambio. Estas conformidades tenían como efecto nivelar la grandeza individual. los objetivos de la acción.

47. Keyes. que permitiera al pen­ samiento y la acción imponer un modelo al conjunto. W . Patón. el hondo prejuicio de Platón contra el conflicto político y la tendencia general griega a ver en el desorden un síntoma de un sistema político enfermo 35 se contraponían con los fenómenos de intensa rivalidad política que caracterizaba la vida pública romana en los dos siglos anteriores al Principado. S» trad. 702E. sino en la experiencia obtenida a través de «muchos esfuerzos y difi­ cultades» 32 Al reunirse los principios fundamentales del pensamiento de Polibio — el vuelco hacia una forma pragmática de conocimiento. pese a ser griego por educación. Panegyricus (79-80). véase también cómo Polibio rechaza con cierto despre­ cio el Estado ideal de Platón. el uso de un método histórico y. también debe ser en cuanto a nuestro juicio sobre los Estados». la creencia de que se podía predecir el futuro a partir de una lectura correcta del pasado— . 1926. «En primer lugar — había declarado Platón— procuremos fundar el Estado por la palabra». 10. el resultado fue impri­ mir una nueva dirección a la teoría política. Cambridge: H arvard University Press. II . la teoría política debía ocupar un punto de observación dentro de los fenómenos. Cambridge: Harvard Univer­ sity Press. en V I. 1928. por Patón. véanse también los co­ mentarios de Isócrates. I I I . C . Aun admitiendo que algunas constituciones griegas probaban lo que era capaz de lograr una sola inteligencia. con­ tentándose con informar acerca del rumbo de los acontecimientos ea lugar de dominarlos. como la acción política. Cambridge: H arvard University Press. 1923. 2.31 Estas ideas fueron puestas en forma más sistemática por Polibio (d r. 34 The histories. En vez de buscar una ubicación ventajosa «fuera» de los fenómenos políticos.que vivieran en un momento dado podían prever todas las medidas necesarias para el futuro sin ayuda de la experiencia concreta y la prueba del tiempo».88 Ahora. 200-120 a. 33 Laws. 2. no basado en «ningún proceso de razonamiento». Bury. quien. donde se acepta la actividad de la s asociaciones políticas. al inglés por W . por C. sin embargo. sobre todo. el desprecio por las teorías de estados ideales. la teoría política. trad. Los romanos habían verifi­ cado y perfeccionado casi todas las técnicas de administración política: la manipulación deliberada de las masas por medio de espectáculos públicos y demostraciones. trad. 35 Además de la posición de Aristóteles. 32 The histories. V I. más tolerante. R.). Polibio sostenía que el ejemplo romano demostraba la existencia de otro tipo de conoci­ miento político. y la explotación de los símbolos de las 31 De re publica. había adqui­ rido un conocimiento íntimo de la actividad política tanto griega como romana. V I. al inglés por R.34 De modo similar. trad. G. 1. . debía volverse de índole más indirecta. y resignándose a un mundo en definitiva incon­ quistable: «[Así como] la única puesta a prueba de un hombre perfecto reside en su poder de soportar con altura y coraje los más absolutos reveses de la fortuna.

Al mismo tiempo. entre optimates y populares. pág. 3a. véanse también L. Para mantener y extender sus influencias. aún es digna de ser leída por su vigoroso sentido de lo político. The Román revolution. más tarde. Ross Taylor. Este vuelco hacia el interés como base de la actividad política se re­ gistró. existe un brillante y estimulante aná­ lisis de R.36 Dada la penetra­ ción general de la actividad política en Roma. su empleo atestigua una sentida necesidad de hallar conceptos que expresen con precisión la índole de la materia abordada. Se purgó a la amistad (amicitia) del desinterés que le atribuía Aristóteles. 1941. op.. La medida en que la idea de amistad fue convertida en instrumento de estrategia política resulta evidente en el intento de Cicerón de zanjar sus dife­ rencias con Craso. Emilios y Claudios. págs. «grupos de presión» y «aparatos». Berkeley: University of California Press. . de Mommsen. fuertemente endogámico. el matrimonio y la adopción pasaron a ser formas suma­ mente refinadas de estrategia política. cit. pág. Según la 36 H . como el consulado y la censura.. Caesar. M. de los mismos estratos sociales— competían por cargos públicos. y. pese a su tendencia a proyectar la política alemana de mediados del siglo xix en la política de los últimos tiempos de la república romana. Ross Taylor. en una concepción modificada de la virtud. soborno. Ross Taylor. Scullard. ed. la actividad política tomó la forma de actividad política grupal. Syme. 62 y sigs. Oxford: Clarendon Press. La Historia de Roma. Gelzer. 8-30.creencias religiosas y políticas. en la cual las oligarquías rivales — surgi­ das. adap­ tándola a la actividad política grupal antes descrita. corrupción de cuerpos electorales y venta de contratos públicos. fueron esen­ cialmente contiendas entre grupos rivales de la nobleza.). Las elecciones mismas eran asuntos sumamente organizados. 2a. Habían reducido la estrategia política a una de las bellas artes. L. en gran medida. cit. 1952. además. der Politiker tind Staatsman. y que siempre se esforzaron por restringir la pertenencia al Senado a su propio grupo. H . op. Pariy polifics in the Age of Caesar. las alianzas entre grupos de intereses y la táctica de cautivar a los partidarios de grupos rivales constituían la pauta básica de conducta en la actividad romana.. 37_ Además de H . Munich: Callwey. 12. op. las grandes casas entraron en alianzas con familias menos importantes.zs La virtud de la liberalitas también fue definida teniendo en cuenta sus usos políticos. escribiéndole que su carta de amistad debía ser considerada como un tratado (foedus). Estos.. 7. no es accidental que los modernos estudiosos de la historia romana hayan considerado jus­ tificado analizar estos procesos recurriendo a conceptos como «parti­ dos». aunque rara vez tuvieron escrúpulos para pujar por el apoyo de masas. nunca cedieron su control del juego. cit..37 Aunque estas ideas pue- den ser objeto de interpretaciones anacrónicas. Durante el período republicano. compra de votos. 1949. Scullard (op. cit. cit.. también se practicaba con gran pericia el aspecto más sórdido de la actividad política: prebendas. 38 Citado en L. dominada por la actividad política. H . prestigio y poder. citado en R Syme. Las famosas luchas entre la plebe y los patricios. que lograron establecer un virtual mono­ polio sobre ciertos cargos públicos. ed. en los cuales los can­ didatos podían peticionar (petitio) al electorado enviar a sus agentes (divisores) a pedir el voto y distribuir sobornos. op. como los Fabios. Centro nuclear de estas luchas fueron las grandes familias. pág.

y que los ciudadanos privados no sufran invasión de sus dere­ chos de propiedad por actos estatales». y cuáles son las técnicas más aptas para obtener este tipo de apoyo.42 Nada revelaba mejor la distancia entre Cice­ rón y Platón que la angustia experimentada por el romano cuando su proscripción de la política activa lo obligó a ejercer la profesión de filósofo. viii. A I.interpretaba Cicerón. además. xiii. es indispensable para la sociedad humana y ocupa. ix. es decir. el examen que hace Cicerón de la justicia en Los oficios & parece totalmente absorbido por los intrigantes problemas de por qué al­ gunos hombres trabajan voluntariamente en favor de los intereses de otro. 42 De re publica. «Los vínculos comunes de la sociedad se fortalecerán mejor si se extiende la bondad a quienes se hallan más cercanos a nosotros». sino en el gobierno de un estado. I. la dificultad prevista por Platón sería obligar a los custodios a abandonar la filosofía para gobernar. de modo que los amigos pudieran beneficiar­ se. 40 Ibid. De officiis. .30 En este espíritu. II . 11. una especie de diplomacia interna. La política del interés La importancia asumida por el interés en la práctica y pensamientos políticos romanos sumaba un nuevo matiz de significado a la actividad política. xxi. con el activismo que impregnaba la filosofía ciceroniana — virtus in usu sui tota posita est— y formaba el acompañamiento lógico para el én­ fasis sobre los intereses. la forma más elevada de acción virtuosa no debía ser ubicada en la contemplación filosófica — como lo hicieron Platón y Aristóteles— . se relacionaba con la prudente administración de los propios recursos. 41 Ibid.. 39 De officiis.. los problemas concomitantes debían ser resueltos sobre la misma base. sino que también la multiplicidad de intereses presuponía el carácter incompleto de las soluciones para las cuestiones políticas.40 La modificación de las virtudes se vinculaba. y realzaba el carácter específico de la acción política. Los romanos habían advertido instintivamente que la legitimación del interés no solo ocasionaba una forma limitada de acción. xvi. «Se emplea la acción principalmente para proteger los intereses humanos. la justicia era enfocada como un tipo de conocimiento útil para suscitar la cooperación de otros en cuanto a colmar nuestras necesidades «en medida plena y rebosante». En algunos momentos. I I . «Eí primer cuidado» de quienes administra­ ban la nación era ocuparse de que «cada uno tenga lo que le perte­ nece. un tango superior al del mero cono­ cimiento especulativo». en consecuencia. 1.41 Dado que «las acciones pú­ blicas abarcan la esfera más vasta y afectan la vida de más gente». sobre la base de exigencias que divergían precisamente por­ que cada una poseía una determinada particularidad que la diferen­ ciaba de otras. V. Si la actividad política se centraba alrededor de los intereses.

se podría aducir que en una sociedad que goza de una prosperi­ dad económica continua y en expansión — tal como Roma. gradualmente estos llegan a aceptar el mismo sistema de valores.«Es muy fácil lograr la armonía en un Estado en el cual los intereses de todos son los mismos. no podía sino suscitar interrogantes acerca de la índole del problema mismo. ya que la discordia surge de intereses en conflicto. . por Keyes. 45 . hasta una banda de ladrones debe aceptar ciertos lí­ mites para que el grupo sobreviva. por J. trad. compensar las deficiencias de sus generales y magistrados». Cambridge: Harvard University Press. 44 Bellutn Catilinae. lo que provo­ caba una diversidad de propuestas. El espectáculo habitual de grupos rivales. pero sí sugiere la presencia de cierto tipo de condiciones que actúan compensando los efectos de diferentes medidas políticas alternadas o bien limitando la gama de posibles remedios que podrían ser propuestos. 1921.U na república es propiedad de un pueblo. el mero hecho de que una sociedad política pudiera soportar la rivalidad entre grupos y sobrevivir. por elevados o innobles que estos sean. En el primer caso. allí donde diferentes medidas benefician a diferentes ciu­ dadanos». El historiador romano Salustio hizo notar que. en cambio. Como más tarde des­ tacó San Agustín. por Platón— fue rechazar este interrogante como engañoso afirmando. entre otros. C. «la grandeza de la nación le permitió. aunque esta sea en parte descabellada y poco imagina­ tiva. bajo una misma luz. y que. el de las condiciones compensato­ rias. en un problema político. trad. inicia­ da la decadencia de la sociedad romana. I. L U I. surge una especie de «racionalidad política» cuando los grupos rivales están sometidos a educación y experiencia similares. plantea la posibilidad de que el carácter de las disyuntivas políticas sea sui generis. sin embargo. proponían diferentes medidas políticas para el mismo pro­ blema. y en la actualidad Estados Unidos— puede absorber mucha experimentación y cambios en su política. 49. xxxii. Rolfe. 5-6. sino en el conocimiento que aquellos po­ seían de él. a su vez. Sin embargo. En el segundo caso. ¿Qué era. en gran medida.43 Las rivalidades por poder y ventajas enseñaron a los romanos algo más acerca del singular carácter de un problema político. de resul­ tas de su posición imperial. cada una incompatible con la otra? La respuesta más frecuente — dada. que cuando los hombres daban distintas respuestas al mismo problema la causa no residía en este. en medio de rápidos cambios de una a otra orientación polí­ tica. y luego Gran Bretaña. los grupos participantes llegan a ver el mundo. durante la etapa de la revolución industrial cumplida en el siglo xix. Cuando la competencia política tiene lugar dentro de un escenario en el cual existe cierto acuerdo en cuanto a las reglas y significado general de la justicia distributiva. 43 De re publica. robustecerse incluso. cuando las condiciones influyen limitando la gama de remedios.44 Esto no quiere decir que una sociedad política pueda soportar un número infinito de remedios fantásticos y dirigentes in­ competentes.40 Aunque haya desacuerdo respecto de los remedios. cada uno encabezado por dirigentes exper­ tos con más o menos las mismas motivaciones patrióticas. pero un pueblo no es cual- .

ed. pág. Chrisliamty and classical culture. este dilema no fue resultado de un accidente. Cochrane. cuando no se admite que se efectúe el control de cá­ nones de obligación. se ve obligado a tratar de conquistar a los partidarios de su rival adoptando un pro­ grama en gran medida similar. Strasburger. Lon­ dres: Oxford University Press. cuando se admite el motivo del interés en la actividad política. págs.. . una alianza de los optimates contra los populares. II . y los comentarios críticos de R. 46 Pro Sestio. La cuestión de si hay obligación cuando el sistema de reglas nunca sirve los intereses propios. ya que. el deseo del hombre de conservar lo que era suyo: «Si bien la humanidad se asoció con ayuda de la naturaleza. xxi. el verdadero peligro no reside en ninguna depra­ vación moral resultante de la persecución de supuestos fines materia­ listas. Aparte de esta situación extrema. como cada grupo puja por el apoyo de los mismos adeDtos. 97-99.47 El lamento ciceroniano — «algunos pertenecen a un partido democrá­ tico. según Cicerón. sino una asam­ blea de personas en gran número. 1931. XXV. fue la esperanza de conservar su propiedad lo que la condujo a buscar la protección de las ciudades». véanse también H . Además. El verdadero peligro surge. otros a un partido aristocrático. convenciones fundamentales o una moralidad política común. unidos en un acuerdo con respecto a la justi­ cia y una asociación para el bien común». a menos que se basara en intereses. El ejemplo perfecto de esto es el proporcionado por la fórmula ela­ borada por Cicerón para detener la gradual erosión del sistema cons­ titucional: proponía un concordia ordinurn entre los «mejores» ele­ mentos de la sociedad romana. pero pocos a un partido nacio­ nal»— no era más que una evasión retórica. susten­ taba el sistema romano. rev . 58 y sigs. Sin embargo. Al mismo tiempo.suele haber acuerdo sobre cuáles son los problemas. N . La razón principal para establecer una nación había sido el interés. 153-54. en cuanto ninguna alianza semejante era posible. Ya sea que los factores que contribuyen a una conducta política ra­ cional tengan el carácter de leyes básicas. vale decir. es de otro orden. 15-16. no se puede eliminar el quier conjunto de seres humanos reunidos de cualquier manera. 47 De officiis.. la rivalidad en estos términos significa que se excluye naturalmente ciertas alternativas. la única base capaz de unir a algunos hombres era la que los dividía de otros. 81. Concordia O rdinum. 39-xxvi. su continuo cumplimiento sugiere que la actividad política todavía no ha sido reducida por completo a una cuestión de interés. De re publica. 41. sino con­ secuencia ineludible del principio básico que. en realidad. según los requisitos previos vigentes de la acción política eficaz. Leipzig: Noske. Vale decir que la obligación de los grupos rivales de atenerse a las reglas básicas significa nada menos que obe­ decer las reglas aun cuando no siempre sirvan a los intereses y ambi­ ciones particulares. el relato de la historia del hombre cuando ha luchado por fines «ideales» no es atrayente. I. con solo leves cambios de énfasis. 1944. C. cit. es imposible llevarla a la práctica. op.4G Pero tal propuesta era fútil. cuando la actividad política se reduce a nada más que la persecución de intereses. Syme.

pág. cuando los significados públicos aparecen determinados exclusivamen­ te por los intereses de quienes poseen poder suficiente para imponer sus interpretaciones particulares. L II. xxxii. Libertas as a political idea at Rorne during the late republic and early principate. aparentemente infinitas. Wirszubski. las proscripciones. Los frecuentes llamados expresados por un Cicerón o un Catón en favor del renacimiento de los antiguos valores y virtudes sonaba a hueco. Cambrid­ ge: Cambridge University Press. 51 Bellum Catilinae. 49 B e legibus.. 39. La expansión imperial.interés llamándolo «nacional» ni ubicándolo en algún dominio miste­ rioso. 1950. XXV. pietas. una sociedad no puede soportar durante mucho tiempo un conflicto político incontrolado. en realidad.. la enor­ me afluencia de riqueza a Roma. trad. el «verdadero» motivo escondido bajo las santurronerías públicas. 31 y sigs. que parecían más disfraces de la realidad que in­ dicadores de ella. La queja de Catón — «hace mucho que hemos perdido los nombres verdaderos de las cosas»— 50 formaba parte de la prueba de que las palabras fundamentales que comunicaban el consenso político romano — libertas. aun a costa del desastre. La fluidez de la situación permitía al aventurero político evitar el largo y arduo ascenso por los diversos escalones de la función pública pres­ critos por el cursus honortim. los hombres comenzaron instintivamen­ te a estar alerta por el interés oculto «detrás» de las frases altisonan­ tes. porque una prolongada instrucción en la política del interés había condicionado a los romanos a descon­ fiar de su propio vocabulario político. según el cual. II. Las reglas básicas de la vida política — definidas por Cicerón como igual protección ante la ley y aceptación común de la ley como lazo inviolable de la socie­ dad (lex sil civilis societatis vinculum)— 49 perdían significado cons­ tantemente. comenzaron a hacerse evidentes las limitaciones de la política del interés. 50 Salustio. intensificaron el ritmo de la acti­ vidad política y volvieron impacientes a los hombres con respecto a las limitaciones tradicionales y los procedimientos acostumbrados. 66. y C. 153 y sigs. El terror.48 Redobló la violencia de la lucha partidaria. 49. Bellum Catilinae. op. y el creciente recurso a ejércitos privados pasaron a ser las técnicas predominantes. C. véanse también los co­ mentarios en R. la confiscación de propieda­ des de la oposición. incluso hombres buenos. & I I I . cit. hacia una grandeza prema­ tura». se hace sumamente difícil mantener el consenso. por Rolfe. 3-4. mos rnaiomm— eran manipuladas como consignas partidarias desde hacía tanto tiempo. A medida que llegaban a desconfiar de las formali­ dades de la actividad política. Tácito escribía: «Así perecieron mu­ chos. pág. que desdeñaron el éxito lento y seguro para apresurarse. por encima de la política. Hacia mediados del siglo i a. X X X V III. causando una pre­ sión intolerable sobre los procesos constitucionales. para la ambición política. la reacción inevita­ 48 Annals. I. las oportunidades..51 Los ro­ manos habían aprendido la dura verdad contenida en el aforismo aris­ totélico. Syme. cuando prevalecen «ideologías» particulares. para su propio beneficio». Sin embargo. La actividad política dejó de ser riva­ lidad para convertirse en guerra. auctoritas. . «Simulando preocuparse por el bienestar público — dijo Salustio— cada uno trabajaba.

antes de la época imperial. 53 The histories.a~ VI.*** el rápido surgimiento de la supremacía romana. dijo Tácito. 670.53 A partir de aquí. esto no quería decir que constituyese el rasgo principal de una asociación compuesta de partes que contribuyen a ella. salvo la más controlada. Aunque advirtieron el fenómeno del poder. ad­ mitiendo que la concepción predominante en su estudio era la natu­ raleza del poder: «cómo. . La tran­ sición al nuevo enfoque del poder había quedado claramente regis­ trada en el pensamiento político de Polibio. R. Este procuró explicar. agotada por la violenta actividad política de fines de la república. Al destacar el aspecto de poder de la nueva organización política. Patón. von Fritz. Polibio fue llevado a formular interrogantes acerca de la naturaleza del poder: ¿Cuáles fueron las causas de los triunfos militares y expansión polí­ tica de Roma? ¿Por qué esta tuvo éxito donde otros estados habían fracasado? ¿Había un patrón regular para el ascenso y caída de diver­ sos tipos de estados? Y cuando Polibio halló la respuesta. De la asociación política a la organización de poder La declinante significación de la participación política. Pero cuan­ do estos factores perdieron su fuerza determinante. en sus Historias. y aun­ que el poder era necesario para coordinar y orientar las actividades humanas a fin de que dichas necesidades fueran satisfechas lo mejor posible. 1954. Platón y Aristóteles lo insertaron en un contexto de consideraciones que lo controlaban. V I. I. Según ellos. evidenciaron que ahora los hombres eran gobernados por una organización de poder y no por una asociación política. y en virtud de qué instituciones políticas es­ pecíficas. halló refugio en un régimen destinado a eliminar toda actividad política. la asociación política existía para servirlas necesidades materiales y culturales de sus integrantes. hasta que la sociedad. sobre todo porque los demás factores de la sociedad política eran reducidos a una importancia secundaria. y la creciente importancia de la burocracia. Puede hallarse un excelente examen de la relación entre las ideas de Polibio y las circunstancias de su época en K. esta resultó 52 Pharsalia. por "W. The theory o f the m ixed constitution in antiquity. El Prin­ cipado de Augusto fue resumido por Lucano en palabras que también sirvieron de epitafio para la política romana: «Cura domino pax ista venit». trad. no pretendo sostener que.ble es exigir la paz a cualquier precio. sucedió que en menos de treinta y cinco años casi el mundo entero fue vencido y cayó bajo el único dominio de Roma. «No había costumbres ni leyes». el ingenioso uso de una fachada constitucional para ocultar el surgimiento de la monar­ quía. algo como nunca había ocurrido hasta entonces». Solo he sugerido que el poder asumió preeminencia como señal distintiva del gobierno. Nueva York: Columbia University Press. 2. los hombres se hayan negado a admitir que el poder era una parte esencial del gobierno. el fracaso en la lucha por mantener las instituciones republicanas. quedó abierto el camino para considerar al poder como hecho político central.

algo semejante a la salvación. Wirszubski. op.oñ O tro impulso. Hallamos esta idea en numerosos autores. mucho más vigoroso. religiosas y culturales.. Ante el poder. la psicología que determinaba la posesión de derechos era dictada como una res­ puesta al poder. preguntó al centurión: «¿Flagelarás a quien es romano y no ha sido condenado?». las teorías sobre la dignidad real habían revelado una tendencia en la cual el gobernante 54 De Domo Sua. Séneca. y de nuevo en los siglos posteriores al establecimiento del Principado de Augusto. no predominó el naturalismo de un Polibio. La naturaleza del poder de las nuevas organizaciones se reflejaba en el giro adoptado por la concepción de la ciudadanía vigente a fines del período romano. Si preguntamos cuál fue la respuesta intelectual a la primacía del poder. Epistulae morales. tratándolo como la fuerza salvadora que cimen­ taba al mundo político. coerción.55 y la ciudadanía tuvo como función operativa pro­ porcionar el único terreno común o lugar de encuentro de hombres que. el ciudadano del Principado y Dominio pasó a ser considerado más como súbdito que como participante. sino una concepción sobre- ^naturalista del poder. págs. En la reveladora definición de Cicerón. Para compensar la pérdida de identidad con la comu­ nidad. económicas. Este cambio fue puesto de relieve por un suceso dramático: cuando Pablo. «la señal específica de una co­ munidad libre» consistía en el principio según el cual era ilegal violar los privilegios cívicos o h propiedad privada de un individuo. lo interpreta­ rían de otra forma. cit. Durante gran parte del período helenístico. 4 y sigs. Esto fue un indicio infalible de que los hombres habían llegado a buscar. es decir. este hecho funda­ mental de la vida política de esa época. un impulso de la filosofía fue huir buscando refugio en una «edad de oro». ser una receta para la organización adecuada del poder por medio de un equilibrio institucional. como alguien que obe­ decía los dictados de la autoridad. 55 Véase C. nada demuestra mejor el fracaso de la filosofía política que su incapacidad de explicar.'34 De allí en adelante. Si los hombres no podían escapar del poder refugiándose en la edad de oro ni en la ciudad universal de la razón. en el régimen político. la categoría de ciudadano era altamente valorada. XC. 9-15 y las referencias allí citadas. la cantidad y el espacio. 56 Tácito. pero el detalle significativo es que describieron la humanidad en una sociedad limpia de todo rasgo político: en el estado de inocencia política no habían existido ley. los hombres buscaron garantías legales contra la comunidad. Annals. se distinguían nítidamente a causa de sus diferencias sociales. algo situado por en­ cima da sus necesidades materiales e intelectuales. Al mismo tiempo. propie­ dad ni conflicto. apóstol de una secta perseguida y hostil. Ya en épocas helenísticas. el elemento de participación pasó a tener impor­ tancia secundaria. 26. por lo demás. fue el de saturar al poder con símbolos e imaginería reli­ giosos. pero. I I I . si­ tuada en algún momento del pasado prepolítico. 33. salvo mediante decisiones del Senado. En Roma. . una vez pasado el breve período de republicanismo. Lo político de la comu­ nidad residía en la función que cumplía superando la heterogeneidad. pero igualmente apolítico. el pueblo o un tribunal adecuado. en términos políticos.

38 Los poetas solo consiguieron decorar al absolutismo con hermosos mitos. II. C . convirtiéndolo en una réplica de la homonoia divina. trad. pág.): «Es adecuado. así como los persistentes intentos de asimilar el gobernante a una deidad y describir el gobierno de la sociedad humana como aná­ logo al dominio de Dios sobre el cosmos. aunque menos vis­ tosa. 1937. Vroceedings of the British Academy. qué naciones quedarán totalmente destruidas. 60 Ibid. Estos mismos temas fueron retomados por los poetas de la era de Augusto. mediante los remedios de nuestra previsión. Si tomamos como ejemplo De la clemen­ cia/* de Séneca. la orgullosa tradición de la filosofía quedaba reducida a una servil impotencia. de esa fuerza salvadora capaz. ) esto lo decreto vo». Ante este terrible poder. 54. cit.. i. W . op. solo él podía librar al mundo de conflictos. los demás elementos de una teoría política pasaban a segundo plano. . véase R. Basore. se lo debía adorar con los nombres de Sal­ vador. por consiguiente. 23. 33. la sociedad entera se precipi­ taría a su propia destrucción. 500 y sigs. a cuáles se le quitará ( . que nosotros. I. 305 y referencias allí citadas. I. citado en M. de regenerar a la sociedad y sus miembros. el aliento vital que respiran todos estos miles». y el gobernante se destacaba solo y lejano. Augusto era descrito como un salvador político llegado «para socorrer a un mundo en ruinas» y trasformar «una era de violencia» en otra de paz. comprobamos que el absolutismo ha paralizado ía capacidad de la filosofía para hacer otra cosa que ofrecer alivio. . 1928. Puede verse la medida en que el emperador se había elevado por encima de la sociedad política en las palabras iniciales del edicto _de_ Dio- cleciano sobre fijación de precios (303 a. por J. fue igualmente fútil. Este era el único instrumen­ to del divino logos.57 En los escritos de esa época. El destino del cuerpo político era confiado al carácter moral y previsión de su jefe de gobierno. 59 De Clementia. sin él. iv. Dios Manifiesto. No es motivo de sor­ presa el que en las alabanzas ofrecidas Augusto haya habido rastros de las antiguas formas y lenguaje utilizados para adorar a Alejandro. eran temas que reflejaban en qué medida profunda los elementos políticos y religiosos se habían 57 Compárese Tácito.: Georgias. Todo el mundo político de Séneca estaba empequeñecido por la imponente figura del gobernante absoluto. por su mediación.60 Esta creencia en un salvador polí­ tico. y dependía por completo c!el menor capricho de este: «Los muchos miles de espadas que son contenidas por mi paz serán sacadas a una señal mía. I. Charlesworth. Benefactor y Creador. Cambridge: Harvard University Press.aparecía como símbolo de los temores y anhelos de los desposeídos políticos. Symc. 286 y sigs.. Virgilio y Horacio. 105-33.Si I. un alivio que el género humano ansiaba desde hacía tiempo. pág. esp. vol. 2-3. «The virtues of a Román emperor». la filosofía. Annals. 111. cuáles recibirán el don de la libertad. no quedaba más que Séneca rogando a Nerón que moderara su absolu­ tismo con la piedad {ciernentia) .59 El emperador era «el vínculo que une a la nación. miremos^ hacia el fu- turo a fin de conceder. que somos los padres de la raza humana. . en consecuencia. 58 ÁeneidjSz I. P. págs. quienes los incorporaron a patrones se- mirreligiosos. con I I I . pero no podía obtener por si solo».

«The virtues of a Román emperor». 28. págs. seguramente no creerá que necesitemos averi­ guar si el reino celestial es gobernado por el dominio de uno o por el control de varios». Goodenough. el súbdito y la sociedad. M.. resulta evidente que el carácter apolítico de la vida había sido fielmente descrito. C. P. pág. de Dión Crisóstomo y el Vanegyric on Trujan. L. la declinación de la polis como centro nuclear de la exis- tencia humana había privado al pensamiento político de su núcleo bá­ 61 Ibid. passim-. No se trataba de que las filosofías helenísticas hubieran criticado las sociedades po­ líticas existentes. a través de categorías religiosas. R. cap. 52 y sigs. El entremezdamiento de temas políticos y religiosos es exa­ minado a fondo en los siguientes trabajos: M. Harvard Theological Review. págs. From Ale- xan der. y el gobernante humano. la monarquía se convirtió en justifi­ cación para el monoteísmo. desde el siglo iv a. Munich: Hochland-Bucherei. Nilsson. 29. passim. vol. E..& de Plinio el Joven. De aquí surgió una situación paradójica en que la naturaleza del gobierno de Dios era interpretado a través de categorías políticas.. compuesto en el siglo i i i d. 121. en su Diálogo.mezclado en las mentes de los hombres. Peterson.. por el mismo autor.. Barker. 85. se había buscado el significado de la existencia política sólo para que los hombres pudieran escapar de él con más facilidad. En apariencia. sino de que habían reaccio­ nado ante el surgimiento de sociedades impersonales en gran escala proyectando el retrato de una sociedad sin límite discernible alguno. Decadencia de la filosofía política Volviendo la mirada hacia los tipos de especulación política subsi­ guientes a la muerte de Aristóteles. E. y no están siempre haciendo preguntas acerca de su providencia y monarquía?». J. uno de los interlocutores dice: «Ya que no dudas de que exista la Providencia. se hacía discernible la cualidad «política» en la concepción del gobernante. trad. O n monarcby. E. P. 1935. Rose. . 3. Al mismo tiempo. 62 Citado en M. los hombres pensaron con frecuencia en la Deidad en términos en gran medida políticos. El toque definitivo a estas confusiones de vocabu­ lario fue proporcionado por otro cristiano. Lo que pasaba por pensamiento político había sido.. op.63 VII. a menudo. pág. pág. hasta bien entrada la era cristiana. Los tratados. ibid. radicalmente apolítico. al inglés por H . 103-32. también es interesante «Providentia and Aeternitas».61 En el diálogo Octavio. por el escritor cristiano Mi- nucio Félix. Justino M ártir. «Der Monotheismus ais politisches Problem». Greek piety. 121. parte I I I . op. en Theologische Trak- tate. donde el valor de la filosofía era defendido con este comen­ tario: «¿Acaso todas las discusiones de los filósofos no se refieren a Dios. págs. 5-44. . Charlesworth puso de relieve los preparativos griegos para los posteriores cultos romanos del gobernante en «Some observations on ruler-cult especially in Rome». cit. 118-24. ni siquiera de que hubieran encaminado su pensa­ miento hacia una sociedad trascendente. 1936. C. vol. Delatte. 1948. Oxford: Clarendon Press. 1951. De diversas maneras. pero sin que sur­ giera ninguna filosofía verdaderamente política. P . y este para la monarquía. están llenos de pasajes pertinentes. cit. Charlesworth.

Observaba Aristóteles: «Los pueblos nordeuropeos han conservado su libertad. Lo «moral» había invalidado lo «político». que aquel no pudo sustituir. Cuando Eratóstenes aconsejaba a Alejandro que no tuviera en cuenta la distinción establecida por Aristóteles entre griegos y bárbaros. la filosofía política se trasformó en una especie de filosofía moral.sico de análisis. ni para gobernar a otros. sino una etapa en la decadencia de la filosofía política. 1521b. como la polis misma.63 El consejo de Eratóstenes indicaba que el pensamiento político. Los asiáticos adolecían de un espíritu servil. porque lo moral y lo «bueno» habían pasado a ser definidos respecto de lo que trascendía una sociedad determinada. por eso conti­ nuaron siendo súbditos y esclavos». pero sin de­ mostrar capacidad alguna para el desarrollo político. En lugar de redefinir las nuevas sociedades en términos políticos. había sido reemplazado por algo más vasto. esto marcó no solo un paso hacia una con­ cepción de la igualdad racial. Sin la polis. para gobernar en cambio dividiendo a los hombres en «buenos» y «malos». 63 Politics. 1 05 . más vago y menos político. la filosofía política había quedado reducida a la condición de un objeto de estu­ dio en busca del contexto pertinente. La distinción aristotélica había sido derivada de un juicio esencialmente político sobre la competencia de los griegos para asumir responsabilidades políticas. El suicidio de Séneca fue el símbolo dramático del colapso de una tradición de la filosofía política que había reemplazado su ele­ mento político por un insípido moralismo. dirigida no a tal o cual ciudad. sino a toda la humanidad. existente en el tiempo y el espacio.

teniendo en cuenta la creencia habitual de que el cristianismo. Principios de la era cristiana: Tiempo y comunidad «Ya no sois extraños y extranjeros. fra­ caso en cuanto a indicar métodos y medios de recobrar un sentido de pertenencia participante en la sociedad. . la centralización del poder y el aumento sin precedentes del electorado. si el orden político era parte de un esquema destinado a desaparecer en el Apocalipsis? Había dicho Jesús: «Mi . El elemento político en el cristianismo primitivo: la nueva noción de comunidad Los agitados siglos posteriores al establecimiento de la monarquía im­ perial en Roma hallaron más empobrecida que nunca la tradición del pensamiento político occidental. Concedamos que no es difícil reunir pruebas para demostrar que los cristianos. la ampliación del espacio. Esperanzados como estaban en que los «últimos días» eran inminentes. El intento de ordenar los fenómenos políticos mediante categorías cos­ mológicas sugiere que. y de que sus partidarios parecían absorbidos por preocupaciones de ultra­ tumba. le tocó al cristianismo revivificar el pensa­ miento político. Quizás esto parezca paradójico. Ante la defección de la filosofía. Los pensa­ dores helenísticos y romanos se habían esforzado por explicar las nue­ vas magnitudes de la actividad política. que duró varios siglos y manifestó singulares virajes y vuelcos. y fracaso en cuanto a preser­ var la integridad que distinguía al conocimiento político. las recientemente ampliadas magnitudes de la actividad política habían sobrepasado la comprensión política hasta tal punto que solo parecerían pertinentes los conceptos cósmicos. . en su fase inicial. profesaba una resuelta indiferencia hacia las cuestiones políticas y sociales. hasta entonces. Este proceso comenzó en paradoja y concluyó en ironía.». La reconstrucción del pensamiento político resultó ser un proceso lar­ go y arduo. jz«o conciudadanos de los san­ tos . en los dos primeros siglos. El fracaso había sido total: fracaso en cuanto a encarar las consecuencias de la concentración del poder. San Pablo. negaban que los asuntos políticos tuviesen importancia alguna con respecto al problema fun­ damental de la existencia humana. . «. I. Nuestra nación ya existe para nosotros en el cielo».4. ¿qué necesidad tenían de recurrir a la actividad política. pero terminaron por confesar que no podían ofrecer nuevas construc­ ciones teóricas que fueran políticas e inteligibles al mismo tiempo. .

en la cual los numerosos contactos entre la nueva secta y el orden político son vistos como una conver­ gencia dialéctica. 1927-1930. circuncisión ni incircuncisión»— y la dramática nega­ tiva de Jesús a aceptar el papel de rey-mesías. 3 vois. 219 y sigs. Bultmann. . 25 y sigs. fue crucificado por los roma­ n o s. págs. 1949-1951. Zeiller. 13. Oates. Lietzmann. Es incluso posible que la des- politización de la figura del mesías haya contribuido a la reacción judía ante el «escándalo de la Cruz».I reino davídico... págs. trad. Mes- singer. Londres: Lutterw orth Press. el rechazo del nacionalismo judío — «ni griego ni judío. 4 vols. vol. G . aparecía no tanto como agente de redención. El intento de los cristianos de comprender su propia vida grupal pro­ porcionó una nueva y muy necesaria fuente de ideas al pensamiento político occidental.’a los judíos les resultó difícil identificarlo con el héroe político triunfante de la tradición judía. pág. vol. Judaism. 59-93. A history_ of the early church. una figura política que conduciría al pueblo elegido a la supremacía política. al inglés por E C. donde ¡a tesis puramente política se encuentra con la antítesis puramente religiosa.. Lebreton y J. La importancia del pensamiento cristiano para la tradi­ ción política occidental reside. Esto conduce a una especie de interpretación hegeliana. pág.2 En las enseñanzas del cristia­ nismo primitivo. 42-43. 1942-1947. sino primordialmente en su actitud ante el orden religioso. ya que la actual apariencia de las cosas es pasajera». Lebreton y J. en cambio. En este capítulo cuestionaré esta in­ terpretación. 35-40. R. vol. 2 Daniel 7:9.1 La orientación apolítica del cristianismo primitivo parecía recibir confirmación adicional por su manera de establecer gradualmente una identidad distinta del ju­ daismo. el establecimiento de un reino político que permitiría a los judíos gobernar sobre el resto del mundo. Londres: Burns. 1956. Véase la explicación en J. Mateo 4:2-11. Iglesia y nación habían sido un solo concepto. I. págs. Cambridge: H ar­ vard University Press. ) Que quienes andan entre las cosas de este mund. indefenso y abandonado. 58-59. junto con marcados elementos de nacionalismo farisaico. op. Salmos X V II contiene una descripción del rey-mesías. Por eso cuando el autoprcclamado Mesías. I Corintios 7:31. En efecto. Gálatas 3:28.reino no es de este mundo ( . The history of the primitive church. la experiencia religiosa de los judíos había estado fuertemente teñida de elementos políticos. En la mayoría de los análisis del tema se co­ mienza por aceptar de modo literal la afirmación cristiana en el sen­ tido de ser un movimiento políticamente virgen. Primitive christianity in its contemporary setting. Nueva York: Meridian. Moore. a su vez. 27. F. pata los judíos el Mesías representaba no solo el cum­ plimiento de una promesa religiosa. and Washbourne. 3 Colosenses 3:11. Zeiller. es decir. Romanos 12:2. la tesis según la cual la nueva religión contribuyó sustancialmente a la revitalización de la teoría política solo puede ser mantenida sí se adopta un enfoque un tanto heterodoxo. Los términos del pacto entre Jehová y su pue­ blo elegido habían sido interpretados a menudo como si prometieran el triunfo de la nación.. no tanto en su actitud ante el orden político. I. La figura del mesías. Véase también J. sino un rey.. Véase también H . I. . . sino como restauradora d. El cristianismo tuvo éxito allí donde habían fra­ 1 Juan 18:36. agregaron coherencia adicional a la afirmación del nuevo movimiento de hallarse por enci­ ma de la actividad política.' vivan como si no estuvieran absorbidos por él.3 Dadas estas tendencias marcadamente apolíticas. I. 4 vols. vol. cit.

W . Al mismo tiempo. además. su enfoque no era comparable al clá­ sico culto del apartamiento. Estos procesos tuvieron inicio en un suceso que la teoría política suele pasar por alto. y su convicción acerca de la fugacidad de este era fortalecida por los períodos de persecución romana. 6 vols. Cullmann. . J. 1903- 1936. La hostilidad cristiana hacia el estado romano es abordada en A. la politización del pensamiento religioso — que acompañaba la fusión de la identidad religiosa de la Iglesia en un compuesto político-religioso— abrió camino al desarrollo de un cuerpo autónomo de teoría política.casado las filosofías helenística y clásica del último período. La notable expansión del cristianismo. porque propuso un ideal de comunidad nuevo y vigoroso. sin embargo. La prolongada tradición de ci­ vilidad construida «dentro» de la Iglesia. igual­ mente pertinentes para el pensamiento político. la conducción de la Iglesia se vio obligada a adoptar modos políticos de conducta y modalidades políticas de pensamiento. A history of medioeval political theory in the W est. ideales de solidaridad y pertenencia destinados a dejar una marca perdurable — y no siempre para bien— en la tradición occidental de pensamiento político. contenía. págs. donde el hombre sabio buscaba una for­ 4 Lucas 13:32-33. pero que fue decisivo desde el punto de vista de los cristianos primitivos.. el movimiento se trasformó con rapidez en una forma social más com­ plicada que un cuerpo de creyentes unido en el fervor y el misterio. Esto. generó nuevos problemas. Al perseguir fines religiosos. cuyo involuntario efecto fue continuar la educa­ ción política de Occidente. aunque su finalidad última se situaba más allá del tiempo y del espacio. no obstante. que convocaba a los hombres a una vida de participación significativa. I. como veremos. 91-97. que una teología comprometida no podía abarcar. El drama de la Crucifixión había sido represen­ tado contra un telón de fondo político. La ironía. El debilitamiento de la Iglesia permitió que gobernantes temporales establecieran su liber­ tad de acción y demostraran lo bien que habían aprendido sus lecciones políticas. 24 y sigs. el complejo punto de vista adop­ tado por el cristiano hacia su propia situación lo obligaba a enfrentar­ se con el orden político. pág. compleja vida institucional. vol. Aunque expresaba desdén por el «mundo». Por añadidura. que se preservaban modos políticos de pensar y actuar. y la evolución de su. Londres: Blackwood. el Señor de los cristianos fue ejecutado por orden de un régimen político. Aunque la natura­ leza de esta comunidad contrastaba vividamente con los ideales clási­ cos. y que cobró tanto mayor importancia cuanto que aquella actuaba como legatario residual del Imperio Romano. En estos procesos hubo también ironía. The State in the Nety Testam enté* Nueva York: Scribner’s. y el examen efectuado por O . pero. nada menos. 1956. reside en el hecho de que la Iglesia pagó un precio — una pérdida de vitalidad religiosa— que fue estrictamente exigido durante la Reforma.4 Este acto imposibilitó que los cristianos adoptaran una actitud estrictamente neutral respec­ to del orden político. la comunidad mística no tardó en encerrarse en su propia estructura de gobierno. pues la experien­ cia significaba. Carlyle. puso a Occidente en deuda eterna. fueron acompañadas por una politización de la Iglesia. tanto en su conducta como en su lenguaje. y R.

La lección de Pablo tuvo signifi­ cación crítica porque situó al orden político dentro de la economía di­ vina. Pablo no quiso sugerir que las lealtades cívicas estuvieran totalmente separadas de las religiosas. . cit.taleza de inexpugnable virtud que le permitiera resistir los golpes del azar y el destino. en parte. . Oxford: G arendon Press. ya sean tronos. . y que. 16:2. 50 y sigs. ) de donde es menester que estéis sometidos. por las dificultades psicológicas que experimentaba una secta hostigada y perseguida en una sociedad hostil. dominacio­ nes. A study in Paultne theo- logy. 10 O . que probablemente date del siglo I I ) . Cullmann. El que Pablo haya creído necesario inter­ venir vigorosamente en defensa de la autoridad política — «las autori­ dades que existen han sido ordenadas por Dios ( . visibles e invisibles. 7 Romanos xiii. 5 I I Pedro 3:13. Principalities and powers.7 Al exhortar a los cristianos a dar al César lo que le correspondía. Persistía un sentimiento de extrañamiento político. Se lo llamaba a luchar por una nueva vida. y la promesa de «cielos nuevos y una tierra nueva en los cua­ les more la justicia». cit.8 Pese al intento de Pablo de hacer lugar al orden político en el esque­ ma cristiano. y los hombres cifraban sus esperanzas en «la ultima hora» que pondría fin a los males e injusticias de la vida política y social. pág. en consecuencia.. en cam­ bio. el orden político existiera en deslucido aislamiento res­ pecto del resto de la creación divina. cf. principados o potestades: todo fue creado por Él y para Él». 1956. Pablo no habría tenido que ale­ gar en favor de la obediencia política en un lenguaje tan enfático. mientras se hallaba atrapado dentro de la antigua. 6 I Pedro 1:4-13. también G ... la incertidumbre que rodeaba el segundo advenimiento •de Cristo hacía inevitable que los cristianos debieran buscar algún modas vivendi con el mundo de los magistrados. ) en consecuencia. Cullmann. Epístola a los hebreos 1:10. Las actitudes políticas del cristiano nacían. 14:17. 4:7-8. XI-. . quien resiste a la autoridad resiste a la disposición de Dios ( .5 A veces la tensión se quebraba en un éxtasis milenarista. .6 Sin embargo. El resultado era una continua tensión entre las realidades no trasfiguradas de la existencia política y social. Si los cristianos hubieran sentido una lealtad natural y espon­ tánea hacia sus gobernantes romanos. obligando así a los cristianos a enfrentarlo: «Porque por Él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos y que están en la tierra. sino también por razones de conciencia»— 0 evidenciaba la honda in­ quietud que existía en las relaciones entre los cristianos y el orden político. 8 Colosenses 1:16. pág. dentro del cristianismo primitivo actuaban fuerzas po­ derosas que impedían una integración total. Bernabé 15:1-9. Una expresión de esto fue la distinción establecida por Pablo entre las obligaciones debidas a la autoridad po­ lítica y las reservadas a Dios. y el comentario de O . no solo por temor de la ira. op. 9 Romanos 13:1-5. Caird. B. 33. op. 50 y sigs.10 Esto se explica. Juan 7:7. D idaché 9-10 (u n manual primitivo de instruc­ ción pata los conversos cristianos. de tensiones inherentes a la índole de la convocatoria que se le formulaba.15-16. recaudadores de im­ puestos y oficiales de justicia.

. 13 Apologeticus. 13. .* En este aparecía el aguzado sentido de separación respecto del orden político: «el he­ cho de que Cristo rechazó un reino terrenal debería bastar para con­ vencerte de que todos los poderes y dignidades profanos son. «el más grande teólogo del período patrístico». sacerdocio real. que está allá arriba». o el vigor con que insistieran en la santidad de las obligacio­ nes políticas. De Corona. es Iglesia de Cristo ( . gente san­ ta. . tus magistraturas.Pero. y fue el primer teólogo cristiano que escribió en latín. Lo fundamental para comprender toda la gama de actitudes políticas cristianas es que estas provinieron de un grupo que ya se consideraba en una sociedad mucho más pura y de fines más elevados: «un linaje escogido. junto con San Agustín. recibió una educación jurídica y clásica que dejó en su pensamiento una huella duradera. entre la vida del espíritu ofrecida por el Evangelio y la vida de la carne simbolizada por las relaciones políticas y sociales. dejando de lado las explicaciones psicológicas. 39.13 Al mismo tiempo. sino que os trasforméis mediante la renovación de vuestra mente . ni de baños públicos. no sola­ mente ajenos a Dios. ) Eres extranjero en este mundo. Aparecía también la confianza derivada de ser miembro de una sociedad mejor: «Somos un cuerpo unido como tal por una misma profesión religiosa. ) Tu ciudadanía. aun después de su conversión. Eventualmente rompió con el montañismo para formar su propia secta Pese a su vinculación con herejías. Tampoco se la debe ex­ plicar en términos de los rígidos contrastes establecidos por los cris­ tianos entre bienes eternos y temporales. No tardó en convertirse en uno de los más eficaces apologistas del cristianismo. Cualquiera que fuese la frecuencia con que los primeros di­ rigentes cristianos rogaran a los fieles obediencia hacia sus gobernantes políticos. había renuencia a apartarse totalmente. no lograban disipar la impresión de una distancia infran­ queable entre el punto de mira cristiano para las cuestiones políticas y el locus real de estas. . * Tertuliano (cir. una secta rigorista y «entusiasta». 12 I Pedro 2:9. efectuó perdurables contribuciones a las doctrinas trinitaria y cristológica. la actitud política cristiana ex­ presaba la mentalidad de un grupo que se consideraba fuera del orden político. «Y que no os conforméis a este mundo. sino hostiles a él». . curia. y ciudadano de la ciudad de Jerusalén.) ha sido llamado. y el nombre mismo de tu. durante el período en que este fue perseguido. . Más tarde se unió a los montañistas. o expresión de una necesidad insatisfecha de pertenencia. . no carecemos de foro.12 Todos estos componentes del complejo político cristiano fueron muy bien ilustrados por el pensamiento de Tertuliano. 160-220 a. -». a negar que los cristianos fueran parte de la sociedad «exterior»: «vivimos con vosotros en este mundo. las presiones po­ líticas ambivalentes propias de un compromiso limitado y un desen­ tendimiento básico pueden ser comprendidas más plenamente en fun­ ción de otros factores. y volvió su talento contra la Iglesia.11 No se debe entender esta actitud como mera alienación. C. Nacido en una familia africana y pagana.». En primer lugar. . por una disciplina única y por el vínculo de una esperanza comparti­ da ( . pueblo singular . 11 Romanos 12:2.

C.) nació en Egipto. 1956. . ) y siguen las costumbres del país ( . sin em­ bargo.. la unidad social. «el nuevo legislador». En otras palabras. según palabras de Justino M ártir. Comparten todo como ciudadanos. Lon­ dres: Oxford University Press. en adelante esta colección será citada simplemente como H . ed. más bien. Bettenson. . los tipos de fines que po­ dían ser logrados en común y las relaciones que se debía establecer entre dirigentes y miembros. como lo expresó Newman. ejerció profunda influencia en las doctrinas teológicas posteriores. en H . 15 Epislle to Diognetus. pág. ) y otros sitios de contacto. 185-254 d. y especialmente en su versión neoplatónica. soportan todo como extranjeros ( .11 Más adelante procuraremos indicar más exactamente la naturaleza «política» de esta comunidad: cómo llegaron los cristianos a expresar su vida común a través de un vocabulario cada vez más político y cómo la Iglesia — al desarrollar muchos de los atributos y enfrentar muchos de los problemas que se solía considerar específicamente polí­ ticos— llegó a la postre a clasificar su propia vida comunal como superior de modo intrínseco a una sociedad política. Toda una gama de categorías tradicionales fue trastornada o modificada. 74. De acuerdo con Orígenes.tabernas. tiendas ( . lenguaje o costumbres ( . 18-19. Además. categorías referentes a la pertenencia a la sociedad. The early Christian Fatbers. aunque se la suele situar en los siglos II o II I. Educado en la filosofía clásica. . se esforzó por construir una teología filosófica a partir del platonismo y el cristianismo. representaba. en un «contrarreino». . no meramente se­ gún la pauta obvia de la espiritualidad. . sino según criterios políticos y sociales.15 La concepción sostenida por los cristianos sobre la naturaleza de su comunidad estaba destinada a ejercer efectos de mucho alcance sobre las posteriores ideas sociales y políticas. ) Pasan su vida en la tierra. . Por ahora. Fatbers. nos interesa solamente subrayar que la comprensión cristiana del orden político exterior — su criterio en cuanto al alcance de los poderes de este. Viven en sus propios países como visitantes. ) Si bien viven en ciudades tanto griegas como orientales ( . . * Orígenes (cir. trabajamos con vo­ sotros en el campo. para que la naturaleza humana. ) ostentan el status notable y confesadamente asombroso de su [propia] ciudadanía. Aunque luego fueron declaradas heterodoxas muchas de sus doctrinas. la sociedad política sería desafiada en su propio terreno por una sociedad de la Iglesia que se había convertido. navega­ mos con vosotros. los de un grupo cuya solidaridad era asegurada por un profundo sentido de pertenencia: «Los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad por su nacionalidad. El primer aspecto que hay que observar es que los autores cristianos vieron en Cristo a un arquitecto de la comunidad. pero son ciudadanos del cielo». . por me­ 14 De Idololatria. . la medida de sus legítimas obligaciones y su utilidad general— no expresaba los anhelos frustrados de algunas almas des­ heredadas en busca de comunidad. educándose en Alejandría. . La época y autoría de la Epistle son inciertas. . Bettenson.* Cristo «inició un entrelazamiento de la na­ turaleza divina con la humana. servimos en vuestros ejércitos. Se lo considera el más grande apologista griego de la religión cristiana. y comerciamos con vosotros».

) es incluido entre los Padres Apostólicos. 19 Véase ibid. Nueva York: Meridian. 124. 1955. por el bautismo. 37-107 d. la comunidad se basaba en el misterio del corpus Christi. Cambridge: Cambridge University Press. op. E n las muchas cartas que escribió. Danielou. 21 I Juan 3:14.17 Vale decir que. 17 í Corintios. Este contraste era realzado en los elementos básicos que los cristianos eligieron para señalar la iden­ tidad peculiar de su sociedad. Adoptaron la antigua analogía clásica entre cuerpo político y cuerpo orgánico. I. así es también Cristo. pág. Nueva York: Sheed and W ard. Chadwick. I. 1953. que com­ partían la promesa de vida eterna. 124 y sigs. I I I . cit.». subrayó con insistencia la unidad de la Iglesia y la autoridad de lo obispos y el clero. pág. pág.. * Ignacio (cir. 63. además. Fathers. al inglés por W ... .según una tradición. 74. II .20 Así como Cristo había muerto por amor a la humanidad.* cada individuo consti­ tuía una parte de una comunidad de verdaderos comulgantes. C. porque amamos a los hermanos. . en su nivel más profundo. El símbolo de comunidad era el sacra­ mento de la Eucaristía por cuyo intermedio el creyente recibía la sus­ tancia vivificadora del cuerpo de Cristo. 312. 238. H .». 150 y sigs. Pues en un solo Espíritu hemos sido todos bauti­ zados para constituir un solo cuerpo . 28. The mea- ning of Paul for today. 12:12-13. Véase también J.18 Su. págs. Hay una excelente edición erudita de esta obra: H .10 Pero la cualidad trascendental que se atribuía a Cristo separaba nítidamente sus esfuerzos de los efectuados por el Gran Le­ gislador descrito en la tradición clásica. que es la Comunidad». y todos los miembros del cuerpo. vol. 1957. . según la traducción en H . así cada miembro de la nueva comunidad estaba ligado a todos los demás por lazos afectivos que expresaban una emoción desconocida para la idea griega de una co­ munidad de amigos: «Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida. con sus sugerencias de uni­ cidad e interdependencia mutua. Aquel que no ama a su hermano mora en la muerte». trad. como la llamó San Ignacio. . se lo ejecutó después de ser condenado por el emperador Trajano.21 16 Contra Celsum. con ser muchos. 40 y sigs. pág. . que señalaba su ingreso en la nueva hermandad. Lietzmann. 20 De acuerdo con la versión de Colosenses 1:24 por C. pertenencia común era simbo­ lizada. pág. pero infundiéndole cualidades místi­ cas y emocionales ajenas al clasicismo: «Pues así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros. Mitchell. Bettenson. mediante la comida en comunidad de la cena del S eñor19 — en nítido contraste con las propuestas racionalistas para la comida en común contenidas en Las leyes A de Platón y en la Política & de Aristóteles— y mediante el constante esfuerzo de los miembros por emular a su Maestro. Al ingerir la «medicina de la inmortalidad». vol. Llegó a ser obispo de Antioquía y. cuya misma muerte tenía un significado social: «Completo en mi propia carne lo que falta a los padecimientos de Cristo por Su Cuerpo. Dodd. son un cuerpo único. Origen. vol. esp.dio de la coparticipación con lo que es más divino pudiera volverse divina . 18 La Eucaristía de la Iglesia primitiva es examinada en H .

convirtieron el desentendi­ miento en un desafío fundamental a la sociedad política. Con demasiada frecuencia. aunque tal o cual ley o la índole de un régimen pervertido. Podía elegir porque pertenecía y? a una sociedad que superaba a cualquiera existente en todo lo más importante. pero el aspecto verdaderamente revolu­ cionario era que el cristiano podía abordar la cuestión de la obligación política de un modo vedado al clasicismo. Esto. aunque este fuera de tono tras- cendentalista. nunca sostuvieron que en casos de lealtades divergentes hubiera alguna alternativa ge- nuina para el orden político. pues. Para los griegos. Pero hubo. ya que la pertenencia política era considerada como una obligación superior a todas. con la única excepción — señalada por Aristóteles— de los animales y los dioses. esta cues­ tión no implicaba una elección coherente. Un ejemplo de esto fue el impacto que ejercieron sobre la idea de obligación política. Fueron. en cambio. Además. no hay muchos indicios de que los cristianos atribuyeran a su sociedad el reemplazo de todas las funciones que llevaba a cabo la «otra» sociedad. Aunque los estoicos simularan ser fieles a una sociedad universal de seres racionales. En lugar de la protesta individual del cínico o el estoico. como una tiranía. donde los que no tenían com­ promisos políticos se habían unido en una sociedad de características particulares. no podían dejar de tener efectos per­ turbadores sobre las ideas políticas tradicionales. y no que los procedimientos cristianos hubieran sustituido a los tribunales romanos en todas las cuestiones.. Aquí se plantea un interrogante obvio: si los cristianos primitivos con­ sideraban superior su propia sociedad. . sin duda. pudieran suscitar una cuestión de deber ético. ¿por qué sus dirigentes insta­ ban constantemente a sus partidarios a cumplir sus deberes cívicos. y donde el desentendimiento político era acompañado por el redescubrimiento de la comunidad. porque su respuesta no era guiada por una rígida elección entre per­ tenecer a una sociedad política y no pertenecer a ningún tipo de so­ ciedad. los cristia­ nos primitivos quienes.Aunque estas eran nociones destinadas a definir la naturaleza de la nueva sociedad. algunas respuestas obvias. pertenecía a una sociedad que era «una avanzada del cielo». las discusiones se han enfocado sobre el conflic­ to causado por la creencia cristiana de que los límites de la lealtad po­ lítica debían ser determinados a la luz de un deber superior hacia Dios. podía abrigar dudas coherentes respecto de la obligación y la pertenencia políticas. por primera vez. así como a educar a los cristianos en una compren­ sión de su propia comunidad. introdujo una concepción radicalmente diferente de la sostenida en la antigüedad. pocas veces se planteaban dudas acerca de la pertenen­ cia a una sociedad política per se. La supervivencia exigía que una secta impopular no se esfor­ zara por provocar a las autoridades públicas. que. a establecer relaciones sociales normales y a respaldar el orden político en la mayoría de las cuestiones? Hay. el orden político se ha­ llaba ante una situación sin precedentes. quiso decir solamente que los cristianos podían resolver sus controver­ sias dentro del grupo. y no ante los santos». El cristianismo. Tan vigorosa era la creencia clásica en la conexión íntima entre la per­ fectibilidad humana y el orden político al cual correspondía establecer las condiciones adecuadas. Cuando Pablo previno contra «litigar ante los injustos. desde luego.

Ullmann. Londres. 1957. págs. La Iglesia como sistema político: el desafío al orden político La admisión. vol.28 Cuando los hombres se referían a un imperium christianum. continuación de este tipo de pensamiento. Dawson. 1-21. Payne. 1904. pág. por ejemplo. W ard. Aunque los cristianos se sintieran agradecidos hacia las legiones romanas por custodiar las fronteras. 70. The worid and the W est. de que el Imperio Romano constituía un baluarte de la civilización. XVI. Véase un breve y conciso resumen en D. más tarde. las tensiones intrínsecas entre el cristianismo y el or­ den político. Hay. págs. V I. o. no solo a las cuestio­ nes políticas. Europe. Basta con recordar la caracterización de Burke. por parte de los cristianos primitivos. C. select works. The W est at hay. no anuló totalmen­ te. 1955. 101-08. págs. en la literatura política moderna. sino a toda la creación y toda la historia humana. cuya identidad era definida por una fe común y cuya existencia era asegurada por medio del gobierno común de los emperadores y el Papa. Journal of the History of Ideas. «The conception of Christendom in Renaissance England». 1945. 1944. Baumer. existía el mismo impulso a separar las seguridades «internas» conocidas de las fuerzas oscuras y amenazantes del paganismo. Sin embargo. fue la noción de Europa. L. A. un regnurn Europae. Burke. «England. el impulso hacia el orden teórico ha tomado diversas formas. de ser cabezas gobernantes de un mundo que parecía no tener exterior. 1948. Oxford: Clarendon Press.ik Londres: Oxford University Press.29 Y el mismo tema ha reaparecido en escritos del siglo xx referidos a los desa­ fíos planteados por el comunismo. págs. es decir. Hay abundante material al respecto en los diversos artículos de F. sin embargo. 50. Toynbee. la herejía y el cisma. No es difícil hallar. 26-48. Europa era concebida como una unidad indu­ dable. fue expresado por la preten­ sión de los papas de ser caput totius mundis. The revolt of Asia. 131-56. vol. 1944. vol. y hacia los funcionarios romanos por administrar justicia. 1953. el fascismo y el nacionalismo asiático al sistema común de valores culturales vinculado con «Occidente». la gratitud no podía competir con la 28 Véase el examen y las referencias en W. and the common corps of Christendom». Journal of Modern History. J. en W. Londres: Methuen. B. Nueva York: Norton.30 II. the Turk. Edimburgo: Edinburgh University Press. Más modesta. 30 Véase. The growth of papal government in the M iddle Ages. American Histo- rical Review. a una societas christiana. «The church of England and the common corps of Christendom». Durante los comienzos de la Edad Media. si­ tuadas más allá de ese perímetro. . pero quizá por eso más significativa. que surgió como adecuado complemento a la consagración eclesiástica del dominio de Carlomagno. según la cual el gobierno revolu­ cionario francés rompió su «gran comunión política con el mundo cris­ tiano» y adoptó una base política «fundamentalmente opuesta a aque­ lla sobre la cual están construidas las comunidades europeas».minante de los cristianos primitivos — representado por el concepto agustino de ordo— de extender la regularidad. The emergence of an idea. 29 Tw o letters adressed to a rnember of the present Parliament on the pro- posals for peace. 1957.

33 Ya hemos visto antes cómo la tradición clásica se había esforzado siempre por explicar que el orden político abarcaba algo más que el mero poder.. y lo celeste a lo terreno». en un orden institucionalizado. de los aspectos políticos de la joven Iglesia. tuvo gran influencia en la defensa de la fe nicena y actuó como obispo de Constan- tinopla. Primordialmente por esta razón — vale decir. Sohm. al inglés por F. 35 El volumen de A. «Tam­ bién nosotros gobernamos». convirtiéndose. que era un complejo de funciones que contribuían posi­ tivamente al desarrollo del hombre. refleja una interesante admisión. A fines del siglo n . incluso una sociedad «alie­ nada del Dios verdadero» contenía cierta validez.lealtad cristiana hacia la comunidad de la Iglesia. 34 Citado en G.31 De estas conside­ raciones surgió la evaluación cristiana del orden político como el me­ jor ordenamiento después del primero. F. 2 vols. C ) . 32 Epístola a los hebreos. Im perium and sacerdotium according to St. donde aquel analiza los procesos iniciales mediante conceptos predominantemente jurídicos y políticos. Fue escrito. en cambio. ligados por lazos doctrina­ rios y por la vaga primacía de los primeros apóstoles. A. The constitution and law of the church in the first tw o centuries (trad. Reilly. Lo que el cristianismo logró fue igualar el orden político con el poder y luego. que fue paralela a la disminución de cualidades políticas atri­ buidas al orden político. la Iglesia había cesado de ser una asociación flexible de creyentes. 1910). D. 1892_. uno de los «Padres Capadocios». 1945. declaró Gregorio Nazianzeno. Este fue el juicio pro­ nunciado por Pablo en Romanos. 33 Romanos 13:4. . un vengador que aplicará la cólera contra quien obre mal». Nueva York: Putnatn. de pMíe del gran historiador. Bastí the Great. y era necesario lograr cierta unifor­ midad entre las Iglesias dispersas.* «Este go­ bierno es más excelente y más perfecto. ya que estos. se vinculaba con cambios que tuvieron lugar en la vida de aquella. sin un designio preme­ ditado. L. trasferir a su propia sociedad muchos de los tributos antes vin­ culados con el orden político.35 El nombramiento de sus funcionarios fue establecido sobre una base regular. si bien consideraban superior la comu­ nidad de la Iglesia. admitían que el orden político era valioso para servir los fines de la paz y mantener las condiciones de la vida social. 12:38. por H . a menos que el espíritu deba someterse a la carne. Pogson y ed. El cambio de una vida grupal es­ pontánea a un sistema político eclesiástico más formal atestiguaba que 31 Y véase I Timoteo 2:1-2. incluido el elemento de poder. inferior a la ciudad prometida «que no puede ser m ovida»32 y condenado en forma necesaria a recu­ rrir a la coacción más que al amor. Kirchenrecht (Munich y Leipzig: Duncker and Hum blot. en gran medida. la de que sintetizaba el poder coactivo— el orden político no podía rivalizar con la sociedad de creyentes. * Gregorio Nacianceno (329-389 d. W ashington: Catholic University Press. cuando insistió con especial énfasis en la índole represiva de la autoridad política: «él es el ministro de Dios. H arnack. se desarrolló una jerarquía de autoridad. Major. 1923). había que administrar vastas propiedades. La discrepancia en valor entre las dos sociedades no es más que una parte de la posición de los cristianos. 45. pág. el credo se hizo más formalizado. en respuesta a la precursora obra de R.34 La politización de la Iglesia. Como más tarde lo reconoció San Agustín.

.la lógica del orden. y que. y no es comparable en modo alguno a la Iglesia de Dios en Atenas. en Atenas. respondían proclamando la superioridad de la Iglesia. Aunque la unidad primordial de la sociedad cristiana se había basado en una unidad de creencia. cit. . . como deseosa de complacer a Dios que está por sobre todas las cosas. Fathers. y su poder destructivo es eliminado en la concordia de vuestra fe». . sin embargo. una superioridad que avanza hacia el logro de la virtud. Adversas Haereses. 58. Vale la pena trascribir un párrafo perteneciente a Orígenes. ) basta comparar al gobernante de la Iglesia (o sea. adaptado de ía traducción de Barker. el obispo) de cada ciudad con el gobernante del pueblo de la ciudad. págs. 1. 440-41. de formar parte del gobierno de dicha ciudad ( . . es tranquila y firme. lejos de alarmarse por la comparación.38 Alcanzado este punto. A los efesios. . . págs. Ireneo. es decir. donde se evidencia que el carácter cada vez más político de la Iglesia había hecho que los hombres advirtieran el paralelo con las sociedades políticas.38 Ya en los primeros años. ) Cuando os reunís con frecuencia. . gobierno. como el fervor de la creencia. A los magnesios. cuando se la mide respecto de la conducta y modales de los consejeros y gobernantes que se hallan en esas ciu­ dades». en op. tales como la obediencia ade­ cuada que se debía prestar a la autoridad y los instrumentos discipli­ 36 Contra Celsum. el poder del grupo iba siendo vinculado con la unidad y la uniformidad. las fuerzas de Satán son anuladas.3' Hacia el siglo xi. 55. pero unios en una sola oración. . con las cualidades que habían sido el centro de las indagaciones efectuadas por el pensa­ miento político clásico: «Y no queráis pensar que es digno de alabanza nada de lo que hacéis por vuestra propia cuenta. xxiv. I I I . Bettenson. Lo mismo ocurre en ( . por ejemplo. gradualmente se advirtió que una sociedad creyente no difería de cualquier otro tipo de sociedad en su necesidad de conducción. ) Corinto ( . como sistema político. Esta dos traducciones son de H . 37 Véase. vii. 38 Ignacio. una sola súplica. se comprobaría que algunos conse­ jeros de la ciudad serían dignos — si existiera una ciudad de Dios para todo el mundo— . comparando el Consejo de la Iglesia de Dios con el Consejo de cualquier ciudad. pero la asamblea — también llamada ecclesia— del pueblo de Atenas está llena de discordia. tenía sus propios imperativos. ) hay una verdadera superioridad. la tarea de preservar la unidad condujo a otros problemas de índole igualmente política. ) De modo similar. xiii. iii. . para advertir que ( . sobre otras entidades políticas: «La Iglesia ( ecclesia) de Dios. una sola esperanza ( .. y estableció proce­ dimientos para dirigir sus asuntos. 30. Este era identificado con las obras milagrosas del Espíritu Santo. inte­ riorizado en una congregación y realzando las solidaridades de doctrina y ritual. por ejemplo. . hubo indicios de que los creyentes habían advertido que era intrínseco a la Iglesia una especie de poder latente. disciplina.

. Ignacio señaló de qué modo el cargo de obispo serv ía para realzar el poder del grupo. digamos. Epístola. el súb­ dito-creyente debía obedecer sin vacilar: «Si la creación de “ uno o dos” posee tal poder. y cada acto de la Iglesia es guiado por esos mismos funcionarios prin­ cipales». . En un argu­ mento que no difería del habitualmente utilizado en respaldo de la obligación política. pues. Swete. Turner.) logró riqueza y posición como abogado antes de convertirse. de la comunidad a sus di­ rigentes. y que. Esta fue proporcionada por la idea de sucesión apostólica. H . . de modo que a través de nuestra sumisión al obispo podamos pertenecer a Dios ( . al principio hereditario en política. págs. en H . c. Debéis saber. . Fathers.». viii. de modo que la Iglesia se halla establecida sobre la base de los obispos. ..40 Para redondear la teoría de la autoridad. I en H . 367. 1921. y que si alguien no está con el obispo. y se lo consagró obispo. y las partes forman el todo. 54-55. en el año 246 Pronto se le reconocieron sus talentos como admi­ nistrador.39 Ese desplazamiento del centro de gravedad. «Apostolíc sucession». cuidado de no re­ sistir al obispo. que el obis­ po está en la Iglesia y la Iglesia en el obispo. los miembros individuales tienen cada uno una parte. * Cipriano (cir. Bettenson. sino que debería estar ligada y unida por la sustancia de los sacerdotes.narios que se necesitaban para asegurar la conformidad.* en palabras que revelaban con claridad el grado de politización que se había infil­ trado en los modos de vida y pensamiento cristianos: «El episcopado es uno. un obispo a otro obispo. ed. El principio de la sucesión apostólica es examinado en sus diversos aspectos por C. por consiguiente. . ) Que nadie haga nada correspon­ diente a la Iglesia alejado del obispo . 41 Cipriano. xxxiii. . Adversas Haereses. 200-258 d. fue resumido en el siglo siguiente por Cipriano. elaborando modos de conducta esta­ 39 A los efesios. . Londres: Macmillan.41 Estas tendencias políticas recibieron notable confirmación desde otro sector. también Ireneo. 40 De Catholicae ecclesiae unitate. 7. cuánto más tendrá la del obispo y toda la Iglesia ( . y por medio de esta una legitimidad comparable. ) la Iglesia está constituida por el pueblo unido a su sacerdote tal como el rebaño se apega a su pastor. lxvi. que sancionaba el poder en nombre de una cadena ininterrumpida de continuidad. págs. ed. vi. solo faltaba impartirle pro­ fundidad temporal. . págs. La Iglesia es una unidad ( . Epístola. . 67. ii-iii (ibid. Al hacerse más rutinaria. en H B. pág. 93-134. ) la Iglesia es una y no puede ser desgarrada ni separada. Fathers.. 2a. Sus escritos aportan una de las teorías ini­ ciales más amplias sobre la naturaleza de la Iglesia. . . Bettenson. que ligaba a los funcio­ narios actuales con los primitivos apóstoles: «Una época ha sucedido a otra. ) Tengamos. no está en la Iglesia ( . A los esmirnos. en consecuencia. í I I . y el cargo de obispo y el principio de gobierno de la Iglesia han sido trasmitidos. 5. Essays on the early history o f the church and ministry. que se hallan en armonía entre sí». 123-26).

Por un lado. cap. The Donatist church. Esto fue especialmente notable en el caso del montañismo. 4a. lo cual ayudaba a destruir las condiciones para una acción efec­ tiva. le hacían a ella muy difícil seguir tomando decisiones sin perjudicar a una parte de aquellos. sino fijar la atención en un aspecto: que una parte im portante de sus objeciones era dirigida hacia lo que hemos denominado características «políticas» de la Iglesia. la Iglesia tropezó con un grave dilema. caps. H . cit. I I .. cuya forma fue condicionada en no pequeña medida' por el hecho de que la Iglesia estaba profunda­ mente implicada en los dilemas circulares planteados por los tipos po­ líticos de elaboración de decisiones. Al mismo tiempo. y constituyó un elemento importante en el cisma donatista ** del siglo iv. Oxford: Clarendon Press. . cuya función era perm itir que la Iglesia manipulara sus muchas contradic­ ciones: amor y poder. G . C. Schism in the early church. fijando puntos doctrinarios y desarrollándose en un sistema jerárquico de cargos. vol. " El montañismo fue un movimiento que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo n . y la ense­ ñanza de que los sacramentos administrados p or un sacerdote impuro no eran válidos. Lo caracterizaba una vigorosa creencia en la inminencia del Apocalipsis.42 No nos proponemos examinar las diversas disyuntivas suscitadas por estos movimientos disidentes. una teoría «perfeccionista» de la Iglesia. basada en un concepto de autoridad tajantemente definido. Londres: SPCK. Early history of the Christian church. su complejidad y la diversidad de sus integrantes. 3. Los disidentes aducían que no era posible conciliar la verdadera naturaleza de la Iglesia con una organización elaboradora de decisiones. lo distinguió su rigorismo. 1912. 42 Sobre estas cuestiones se encontrarán referencias en H . II . como esto exigía asimilar una gran diversidad de enfoques en una épo­ ca en que la doctrina y el ritual no habían madurado plenamente. nacie­ ron las categorías de cisma y herejía. la Iglesia se plagaba de una serie de disensiones internas que sus imperativos de organización no podían tolerar. y técni­ cas de transacción. De origen africano. L Greenslade. Nueva York: H arper. los resentimien­ tos que esto provocaba debilitaban la unidad y consenso de la comu­ nidad. Londres: Longmans. L. Duchesne. 8-12. 1953. S. ** E l donatismo fue un movimiento cismático del siglo IV . vol. finalidad trascendental y participación mundana. Fue eventualmente condenado por la Iglesia. siendo asimismo evidentes fuertes matices de nacionalismo africano. m ilis . una jerarquía burocrática idea­ da para gobernar y administrar un grupo de adeptos dispersos. 1950. cuando atrajo a su con­ verso más famoso. compatible con la verdad. Este dilema era el de toda organización que se expande: su magnitud. op. instrumentos de poder destinados a imponer la disciplina y la uniformidad. G. intentaba elaborar doctrina y ritual de un modo que favoreciera la unidad más amplia posible. El antipoliticismo de estos mo­ vimientos consistió en que rechazaban precisamente aquellos aspectos de la Iglesia que eran a todas luces políticos. ed-. 1952. Lietzmann.* que comenzó a me­ diados del siglo H y continuó durante el I i i .blecidos. W . tales como concilios y sínodos eclesiásticos. era inevitable que la Iglesia fuera criticada por los puristas y acusada de apartarse del legado original. Como resultado. 2 vols. Los miembros del movimiento recurrieron a veces a la violencia. por el otro. Saint Augustine and the Donatist controversy. Frend. Tertuliano. verdad y solidaridad. y su enfoque estaba teñido de entusiasmo y ascetismo.

ya no hacía falta que los cristianos obedecieran el mandato bí­ blico de crecer y multiplicarse. .43 Esto contrastaba.Todo este complejo político-religioso fue atacado en varios puntos cru­ ciales por los disidentes. más sencilla. con el punto de vista sereno y medido de una gran organización. convirtiéndolos en una so­ ciedad realmente santa. Tom Paine y Rousseau— . entre el in­ dividuo y el espíritu vitalizador que este busca. los rebeldes expresaban con frecuencia un enfoque de la historia y del tiempo que. más pura y no des­ figurada por distinciones jerárquicas ni por los tortuosos métodos de la elaboración de decisiones organizativas. A. por lo extremo. un enfoque irruptor del tiempo: según Tertu­ liano. los legos?». por un lado. 200-01. el contraste en las concepciones del tiempo era lógicamente acompañado por evaluacio­ nes opuestas sobre el valor de los ordenamientos institucionales. y eres sacerdote por ti mismo». Si el Apocalipsis se acercaba — como creían los quiliastas— había que preparar a ía verdadera «Iglesia» para la prueba final. el alto entusiasmo generado por la creencia en un Apocalipsis inminente. H a­ bía. y su conclusión subversiva de que «tú mismo rezas y bautizas. al mismo tiempo. indicaba hasta qué punto la Iglesia había domesticado y modificado el primiti­ vo enfoque quiliástico del tiempo para adaptarlo a las necesidades de un orden institucionalizado. y separarnos de tan gran perversidad». más refinada que primitiva. como resultado.. con su creencia en que las instituciones ahogan la virtud. que veía al tiempo como un proceso suave y gradual. «¿Acaso Dios habló con Moisés para hablar con Jean-Jacques Rousseau?». tanto políticos como religiosos — los anabaptis­ tas. las instituciones se reducían a una preocupación ínfima frente al inminente desenlace de la historia. por otro lado. la Iglesia fue empujada a una comprensión más profunda de los elementos políticos de su propia composición. 10 vols. 43 De Monogamia. 1. 7. 45 De Exbortalione. De tal modo. según la primera. «escapar y evitar. Edimburgo: Ante-Nicene Libraty. vol. había que adaptar el tiempo a la vida institucional. de modo antinatural. ya que los últimos días eran inminen­ tes. Según esta última. en un estilo de argumentación análogo al utilizado por pensadores de avanzada posteriores. págs. Como en la Iglesia existente «el Anticristo bautizaba en nombre de Cristo. el profano administra el cargo sacerdotal. 44 D e un discurso de Cecilio de Bilta. Los portavoces de la Iglesia intuían el an­ tagonismo intrínseco entre las premisas subyacentes en una estructura ordenada. y las premisas de quienes se habían agrupado previendo una inminente destrucción del mundo. estos primeros disidentes volvían atrás sus miradas en busca de una sociedad que era. Roberts. ed. 1886-1907. los puritanos ingleses.43 resonaba un genuino acento de avanzada. tocaba a los verdaderos creyentes romper la comu­ nión. en que un cúmulo de interme­ diarios escalonados se ha interpuesto.44 Así. En primer lugar. II . que desarrollaba un sentido de la tradición y confiaba en la rutina. Era necesario librar de taras a sus miembros. En la protesta de Tertulia­ no: «¿:N o somos sacerdotes aun nosotros. los Niveladores. incluido en The writings o f Cyprian. «sin mancha ni arruga». en el tem po de la pieza de Elgar Pom pa y circunstancia. el blasfemo invoca a Dios. el sacrilego establece un altar»..

pág. sostenían que el valor del sacra­ mento quedaba destruido si el obispo era inmoral o herético. cit. de quien poco se sabe. en cierta medida. o cuando Paine proclamó la su­ perioridad de un sistema basado en el deseo espontáneo de cada uno de satisfacer sus intereses. la promesa divina había sido establecida únicamente en la vida de la sociedad religiosa. en la práctica. la gracia divina era expresada por medio de sus ins­ tituciones. Era con­ siderada como señal de autenticidad religiosa.. De Pudicitia. 1950). 47 Véase Tertuliano. una sociedad de espíritus ascéticos. esta disputa podría parecer un problema estrictamente teo­ lógico. por motivos muy semejantes a los aducidos en este estudio a favor de la utilidad del conflicto político. En cuanto a los cristianos primitivos de avanzada. los dl- 46 E l examen efectuado por monseñor R. Según la Iglesia. donde se admite que estas controversias fueron beneficiosas. estos no querían una sociedad burocrática. la distancia recorrida desde la época en que era una escueta organización de creyentes que procuraban imitar la vida de Cristo. es desfigurado por una total incapacidad de admitir que haya habido razones buenas y decisivas para que los cismáticos y heréticos protestaran contra el institucionalismo. En realidad ocurría lo contrario: los donatistas. 21. sobre otro en el cual las prescripciones y el derecho hereditario imponían un curso que ofendía al sentido común. cit. En consonancia con la conducta institucional que ahora se exigía. no las decisiones solem­ nemente meditadas de los concilios eclesiásticos. En consecuencia. bajo ese gobierno». sino la revelación súbita y espontánea del creyente privado. cuando. fuera de sus ataques contra el donatismo. Fathers. Igual estado de ánimo se evidenció más tarde. op. sin importancia política. aunque ingenioso y vivaz. por ejemplo. 183-84.) fue un obispo africano. sino espiritual. y no por los hombres que los adminis­ traban: «La Iglesia es una. pág. los Niveladores ingleses apelaban al juicio privado del ciudadano individual: «Todo hombre que deba vivir bajo un gobierno debería ponerse antes. C. sino por la verdad. en H . sobre la cual presidía. y eternamente estremecida por una ex­ plosiva intensidad. A..48 Los donatistas. por su parte. Una de las cuestiones importantes — si se nos permite simplificar— fue determi­ nar si los sacramentos administrados por un obispo de ortodoxia du­ dosa eran invalidados en razón de sus deficiencias morales o religiosas. no diferenciada por el rango ni la autoridad.Como en tantas formas posteriores de pensamiento de avanzada en estos movimientos iniciales 40 el «entusiasmo» era interno. y su santidad deriva de los sacramentos. 370 d. atacaban la concepción eclesiástica sobre el poder trasformador del cargo. ligada no por el poder. * O ptato (fl. no se juzga su valor sobre la base del orgullo por los éxitos persona­ les». L. por propio consentimiento. págs. El hecho de que la Iglesia adoptara esta posición indicaba. Compá­ rense los juicios más sensatos (escritos desde un punto de vista anglicano) de Greenslade (op.). En la superficie. 172 y nota 12. Enthusiasm (Nueva York: Oxford University Press.47 El antipoliticismo se evidenció también durante la gran controversia relativa a los sacramentos. Bettenson. 204 y sigs. Según la posición oficial — formulada por Optato *— los sacramentos eran sagrados por sí mismos. 48 Citado en S. la santidad personal de un obispo depen­ día de si había sido debidamente investido de la autoridad de su cargo. Knox. . Greenslade. que tuvo lugar en el siglo iv.

de donde tomé . 370. De modo similar. (págs. Barker. lix. Interesa también. 53 Filípicas.. Bettenson. y la realización final reside en la promesa de «un reino que no puede ser movido».. la respuesta «Jesús es el Señor» per­ tenecía de lleno a la tradición de las confesiones patrióticas utilizadas en el culto imperial. DiÜistone. cap. vol. 52 Epístola a los hebreos. incluyendo los que son responsables del gobierno». H . Según formuló Agustín la po­ sición «oficial». mediante su fe. 3:20. además. 28. Willis. op. op. 11-12. empleó la palabra sympólitai. caps. Dix. Comenta Caird (pág. ed. H . También en este caso. V II-V III. Jew and Greek. 5. en el cumplimiento de una función institucional y la autoridad que la acompañaba: «El origen invariable de las herejías y cismas reside en la negativa a obedecer al sacerdote de Dios [el obispo]. a este respecto.. 33-34.53 Tanto se habituaron los hombres a pasar del 49 Cipriano. Londres: Sands. Epístola.. recurrió a la palabra griega politeuma. Caird. Véanse ejemplos en G B. cit. 105. cit.rigentes ya no fundamentaban su superioridad — como antes—• sobre la base de que sus acciones eran in imitatio Christi. op. pág. vale decir. Lietzmann. como sa­ cerdote y como juez». W . 13:14. el orden y la jerarquía. 15): «Es interesante advertir que un judío helenista. pág. pág. interpretaba que el título “ Señor de los poderes” significaba que la providencia divina actuaba en la mayoría de los casos por intermedio de u n sistema de poderes.50 Dada la heterogeneidad de los miembros. sino en la ficción de representatividad. Battenhouse. se reunían con los santos en el Cielo. vale decir. op. 398-99). cómo la traducción del Antiguo Testamento en el Septuaginto introdujo los matices políticamente cargados inevitables en griego.. en la confesión de la Iglesia primitiva. cit. en no tener en la Iglesia uno a quien se considera representante temporal de Cristo. 51 G. V II. sino de Cristo. 1955. A companion to the study of St. W. 1:8. G . tal como se le incluye en H. 11:15-16. véase G . el rechazo de la afirmación montañista y donatista en el sentido de que la Iglesia debía ser una santa comunidad de los puros. Como acompañamiento natural a estas manifestaciones políticas. 1953. y fuentes allí citadas. conciudadanos. A study in the primitive church. entre los miembros de la sociedad eclesiástica se mez­ claban pecadores y santos. Londres: Dacre Press. refiriéndose a la «comunidad» definitiva en el Cielo. 21 y sigs. y véase E. «The anti-Donatist writings». 12:22-23. ya que estas no eran dones de los miembros.52 También San Pablo. págs.49 El énfasis puesto en la autoridad indicaba. Pope. F. II. Hay un indicio de esto en el hecho de que algunos discípulos de Cristo lo llaman «rey». la Iglesia recurría cada vez más a modos de pensar esencialmente políti­ cos.51 En la Epístola a los hebreos *** se evidencian fuertes matices políticos: Jesús recibe de Dios un trono y un cetro. pero esto no debilitaba su autoridad ni su santidad. cit. Saint A ugustine o f Hippo. un término rico en connotaciones políticas. III-IV . alcanza triunfos políticos. al leer las Escrituras en la versión Septuaginta. 50 Sobre estos aspectos. Augustine. especialmente los caps. Nueva York: Oxford Univer­ sity Press. sometiendo reinos e impo­ niendo la justicia. en virtud de su pertenencia al politeuma. Fathers. en R. eran tanto más necesarias la autoridad y la disciplina. las causas se remontan a los primeros co­ mienzos del movimiento. y al pasar a declarar que los fieles. 1937.

I. comparó el logos con un rey que presidía la fun­ dación de una ciudad. I I I . pág. la relación de Cristo con la sociedad de los cristianos. Ocupó el obispado de Cesárea y escribió vigorosamente en defensa de la fórmula nicena. haciendo que todo estuviera en orden y cumpliendo sus funciones. iii. 24.5- En estudios recientes. 56 Orígenes. C. que un texto de las Escrituras como Romanos xiii:2. y Atanasio. se ha investigado minuciosamente gran parte del vocabulario y formas conceptuales cristianas del siglo v. Lactancio. cit. a «devolver a los hombres la disciplina de la obediencia. Tertuliano recurrió a una conocida teoría de la monarquía para explicar la función del Padre en la fórmula trinitaria. I I .** en uno de sus primeros escritos. cit. Dodd. tal como un autor político clásico habría discurrido acerca de las ventajas de la monarquía sobre el gobierno de pocos o muchos. Lietzmann (op. Orígenes presentó a Cristo como un salvador político. no podían dejar de expresar sus pensamientos a través de las ideas predominantes acerca de la naturaleza del cargo de emperador. IV. 52) interpretó ese fragmento de las Escrituras como «nuestro hogar. Divinae Institutiones. D urante su vida se vio exiliado con frecuencia. está en el cielo». y a los poderes gobernantes. en otra parte. H . págs. A su vez. Bettenson. Orígenes presenta el retrato de un monarca im­ perial que gobierna las vastas extensiones de su dominio sin «dejar nunca su hogar ni abandonar su estado». no es sor­ prendente. en la época en que surgió el cristianismo. 296-373 d. C. Cuando los cristianos comenzaron a sistematizar sus creen­ cias acerca de la índole del gobierno divino. resisten las órdenes de Dios». op. H .fue utilizado por San Basilio * para magnificar la autoridad eclesiástica: «quienes no aceptan de las Iglesias de Dios lo que las Iglesias ordenan.. el elemento político nunca se hallaba muy lejos de la superficie. Ya hemos señalado que. Véase también la nota en C. ** Atanasio (cir. Lactancio examina el problema de «si el universo es gobernado por un solo Dios o por muchos». Fatbers. durante el período helenístico. 5.. También es sugestivo el uso que hace Tertuliano de este pasaje en Adversas Marcionem. 330-379 d. 6. comparaba el logos del Padre con un poder que gobernaba el cosmos con una señal. Esto. nota 7. en sí mismo. en H . en el cual tenemos derechos de ciu­ dadanos. las ideas políticas se habían fusionado con ideas referentes a la naturaleza y la deidad. 55 Contra Celsurn. De Principas. como resultado de las intrigas de sus enemigos. y el carácter de la comunidad cristiana. ccxxvii. y viceversa.55 Incluso en temas tan poco promisorios como Cristología y Trinitaris- mo. quien resiste el poder resiste las ór­ denes de Dios»—. enviado a res­ catar a los hombres de la perdición definitiva y a reanimar el vigor de gobernantes y gobernados. La contribución doctrinaria de Atanasio a la fe nicena fue decisiva para su éxito. . v. uso político al religioso. 292-93.) fue el líder de los eclesiásticos que defendieron las fórmulas del Concilio Niceno contra los ataques de Arrio. 54 Epístola. la disciplina de gobernar». vol. el pa­ pel del ciudadano y la función del poder gobernante. que había sido empleado para ordenar obedien­ cia política — «en consecuencia. I I I . obtenién­ dose evidencias convincentes de la profundidad con que las ideas po­ líticas habían penetrado en la teología. En consecuencia. Describiendo la naturaleza de Dios.56 este ejemplo. la especificidad del pensamiento político ya estaba gravemente com­ prometida.) fue famoso por su formulación de las reglas de la vida monástica. pág. * San Basilio (cir. 17.

En otras palabras: ¿se veía obligada la Iglesia a encarar los problemas de la «actividad polí­ tica»? En una parte anterior de este examen. 19. se hizo cada vez más natural que sus portavoces recurrieran a modos de expresión políticos. . I. hay abundantes indicios de que la Iglesia debía encarar continuamente situaciones po­ líticas. que es un artículo magistral. 17. falta establecer si se puede llamar «política» a la sociedad de la Iglesia en el sentido. 3. Kantorowicz. 38. H . Church History. págs. ) ¿Qué es Atenas ante Jerusalén. no fue accidental que la Iglesia declarara herético al Tertuliano que expresaba con tanta con­ cisión el temperamento antipolítico y antifilosófico de una antigua frase: «Nada nos es más ajeno que la actividad política. por el hecho de que muchos dirigentes de la Iglesia habían sido educados en la filosofía y retórica clásicas. págs. sin embargo. brillante estilista y vigoroso oponente de las interpre­ taciones alegóricas y teológicas del Evangelio. Actividad política y poder en la sociedad de la Iglesia Esbozados ya los diversos rasgos del perfil político de la Iglesia. 20. y. Un comentario de Crisóstomo * clarift- Tertuliano. 18-19 y passim. al convertirse la Iglesia en una estructura política. Esta tendencia fue fortalecida. Es cierto que se debe tener en cuenta cier­ ta refracción. 43.). encuadré la «actividad política» en las situaciones de conflicto y rivalidad que afloran en la sociedad y exigen emplear técnicas específicas de gobierno. M. Véanse referencias a los aspectos políticos de las ideas y conceptos cristianos en: K. * San Juan Crisóstomo (cir. in­ cluido el desarrollo de un vocabulario político. 1941. Nueva York: Columbia University Press. . Atanasio. n ? 3. y de los ti­ pos de problemas planteados. se hace evidente una medida asom­ brosa de actividad política. . lo dicho hasta ahora basta para indicar que tales características no eran productos fortuitos. H . tales como el acuerdo. E. Setton. mu­ cho más importante. un padre griego de la Iglesia. «Christology and Church-State relations in the fourth century». De Idololatria. C .Lo antedicho sugiere que. el arte de distribuir diversos tipos de bie­ nes sociales. fue famoso como reformador. De Incarnatione. Aunque podría de­ cirse que las características políticas tienden a convertirse en propie­ dades de cualquier organización de gran tamaño. a las cuales respondía de manera política. Expósito Fidei. vol. la Academia ante la Iglesia?». 3-33 y n° 4. University of California Publicatíons in History. ( . 1946. 33. Teniendo en cuenta la infusión de lo político en la vida y pensamiento políticos. págs. sino consecuencia lógica de motivaciones políticas posteriores. Adversas Praxean. 3-26. Christian attitude towards the ernperor in the fourth century. surgidos casualmente al adoptar la Iglesia una organización fija. de tener que resolver situaciones comparables con las que enfrenta cualquier sociedad política. 347-407 d. ade­ más. 1951. la utilización de la fuerza. cuando es necesario. Si apli­ camos esta concepción a la Iglesia. Contra Gentes. Se lo ha llamado «el más grande expositor cristiano». G . 57 Apologéticas. que puede surgir cuando las cuestiones políticas pasan por el medio diferente de la religión. «Laudes Regiae». disciplinas en las cuales se destacaba el elemento político. vol.37 III. 3. Williams. la conciliación.

a la cual se concibe como coextensa con aquella. alterando con ello su propia identidad. como cualquier orden político. . antes que la otra conclusión. En el otro nivel de conflicto secundario. riqueza o ascenso. La distinción entre conflictos primarios y secundarios puede ser ex­ presada de otro modo. pág. ya que en una sociedad de la Iglesia hay otros elementos de complicación. surge también en un sistema político eclesiástico. Por ejemplo. que plagaron la vida de la sociedad durante los siglos en que esta se formó. cit. se vio ante la alternativa de hacer concesiones sobre cuestiones fundamentales. por ejemplo.ss Esta prevención. era posible resolver los problemas sin tocar los principios esenciales de la sociedad de la Iglesia. debido a que esta pretende estar basada en verdades para cuya inter­ pretación hay un margen muy estrecho. el bien que la Iglesia simboliza es ilimitado y. con el resultado de que el «gobierno central» tuvo que hacer varios tipos de concesiones — referentes a finanzas. tuvo que enfrentar problemas políticos en dos niveles. cada uno de diferente intensidad. hubo otras riva­ lidades menos espectaculares. o extirpar a los disidentes. que pone de relieve algunas implicaciones adi­ cionales. Si bien la forma más extrema de conflicto político fue experimentada en relación con los fenómenos del cisma y la herejía. Podemos resumir estas reflexiones diciendo que la Iglesia. honores y dinero excede las existencias. Sin embargo. Esta fue la esencia de la fórmula de Cipriano. Greenslade. tuvo que zanjar disputas referidas a principios fun­ damentales de doctrina u organización. no susceptible del tipo de conflictos engendrados por la escasez o por la espinosa cuestión de la distribución relativa que se plantean cuando se trata de status social. co­ mo el provocado por pretensiones rivales de un obispado o por dispu­ tas jurisdiccionales. 58 Tomado de S. sugiere que la Iglesia estaba actuando políticamente.. El cisma donatista. la contienda por obtener altos cargos eclesiásticos no difirió mucho de la rivalidad habitual por posiciones políticas. el mismo problema de distri­ buir bienes escasos. En un nivel. la creciente superioridad del obispo de Roma ocasionó resentimientos nacionales entre las Iglesias en Antioquía. interminables disputas jurisdiccio­ nales de un tipo habitual en cualquier organización política. Los conflictos secundarios del tipo antes mencionado giraban alrededor de objetos escasos: la demanda de cargos. op. Por consiguiente. Esto ocurrió en los casos de cisma o herejía. Africa y otras partes. L. se había fortalecido con el resentimiento que los cristia­ nos africanos sentían hacía la interferencia «exterior» de Roma. pero igualmente políticas. 37. el problema de los conflictos primarios no es tan sencillo. que se repite muchas veces. Final­ mente. el crecimiento de una burocracia eclesiástica creó. junto con el federalismo de la Iglesia primitiva. En este último sentido. el del conflicto primario o de «primer orden». la Iglesia actúa tam­ bién como custodio de una verdad uniforme. Además. Al mismo tiempo. que ya hemos indicado en relación con los regí­ menes políticos. ca estas tendencias: «Nada sirve tanto para dividir la Iglesia como el amor por el poder». nombramientos o autonomía local— que satisficieran los sentimientos locales. en consecuencia. según la cual algunas de sus acciones parecían similares a la conducta política.

fue famoso tanto por su erudición como por sus habilidades organizativas. op. Se empleó una serie impresionante de técnicas de transacción y negociación para explorar rutas conciliatorias.). Así como un orden político se ve obligado a distinguir entre formas permisibles y no permisibles de conducta y pensamiento. en consecuencia. Es decir que. Greenslade. Bettenson. y lograr que su punto de vista tenga el sello de la autoridad «pública».60 Contra estas amenazas. y grupos organizados libraron controversias acer­ ca de doctrina. sus ceremonias ca­ recían de eficacia. la Iglesia primitiva se inclinaba a considerar que ambos plan­ teaban conflictos de importancia primordial. con el mismo culto y ritos.. organización o nombramientos. C. L. pág. tuvieron como efecto profundizar la conciencia política de la Iglesia primitiva. 374. Epístola. O. en cuanto exhibió. pero solo dentro de los límites de la Iglesia. concilios. Fuera de ella. cree como los demás. a la que definía en términos de una comunión uniforme. en el siglo i i i . De tal modo. 560-636 d. aunque un grupo cismático llevara a cabo los mismos rituales y pronunciara las mismas palabras.59 Las disyuntivas provocadas por el cisma y la herejía. obligándola a defender su unidad con métodos comparables a los utilizados por un orden político. cit. fuera de la Iglesia no hay salva­ ción. conferencias y 59 Cipriano. Porque. autor de la enciclopedia Etyniologiac. ya que no poseían el carácter santificador de lo sa­ grado que está presente en la vida de la Iglesia. . «El Espíritu Santo es uno. Iv. respecto de cuestiones decisivas. Les sínodos. en virtud de que tocaban principios fundamentales. y no puede morar con quienes no pertenecen a la comunidad». 4-5. sino la ruptura de la hermandad de la co­ munión». también la Iglesia tuvo que practicar el arte sutil de establecer límites. Aunque después del siglo n se admitió una distinción entre cisma y herejía. Véase H. Ixxi. Fathers.que ha seguido siendo durante siglos la afirmación que distingue a la Iglesia: extra ecclesiam nulla salus. con el interés y la po­ sición del conjunto. La respuesta de la Iglesia fue políticamente re­ veladora. la Iglesia insistía en la importancia de la unidad. simplemente se com­ place en dividir a la congregación». y Ixxiv. y a decidir cuándo los desacuerdos se convierten en sedición. ayu­ dando a difundir el catolicismo en España. tal como el qu-e tuvo lugar en Antioquía. Palabras como factio y sfash se filtraron en el voca­ bulario de la Iglesia. Estos conflictos reproducían otra forma de conducta idén­ tica a la que surge en las sociedades políticas cuando los grupos luchan por identificar su posición o interés parciales. «Lo que hace a los cismá­ ticos no es una fe diferente. una elas­ ticidad mucho mayor de la que se podría haber previsto. el bien administrado por la Iglesia era inagotable. que solo permitía diferencias secundarias. en una sociedad religiosa. * Isidoro de Sevilla (cir. cualquier gru­ po que cuestionara los elementos de uniformidad se convertía en una fuerza divisoria. no podía haber vida espiritual. según la posterior definición de Isidoro de Sevilla: * «El cisma recibe su nombre del desgarramiento de los espíritus. Esto tuvo como efecto colocar a los grupos disidentes — ya fueran de la variedad la­ tente o abiertamente cismática-— en la misma posición que una fac­ ción política. I. respecto de la disputa sobre la ho- moiouston. y. 19. 60 Tomado de S. pág. la índole de la unidad se basaba en la uniformidad.

como acostumbraban a hacerlo los apologistas papales posteriores. de San Agustín. 62 El comentario de San Basilio está incluido en G . 124) no compara de modo consciente estos problemas religiosos con los problemas políticos. ¿Cuál era. La referencia a perros rabiosos proviene de Ignacio. y durante todo el siguiente. cit. la revelación ni la inspirada literatura de la Iglesia. fren­ te a los males inevitablemente derivados de la desobediencia a la auto­ ridad? ¿Se justificaba rebelarse por unos pocos detalles. Tratan­ do de justificar este procedimiento. A los efesios. no se manchaba las manos con el poder. la decisión que debía tomar pre­ sentaba un paralelo notable con la que se plantea a un ciudadano que se niega a obedecer la ley. Es fundamental. Una vez al­ canzado este punto. sus­ tituyendo unas pocas frases. Aunque el rebelde afirmara que la Iglesia oficial ya no era la «verdadera» Iglesia. el De Baptismo. en consecuencia. vii. si bien la Iglesia definía los delitos religiosos.62 A partir de la conversión de Constantino a principios del siglo iv. cuando había acuerdo acerca de tantos otros? 61 La Iglesia. a este respecto. La fuente de la cual el poder extraía 61 Aunque el examen contenido en S. es tanto más notable. Greenslade (op. debía decidir en qué punto no podía seguir obe­ deciendo sin violentar sus escrúpulos religiosos y morales. no conformistas superficiales. L. 42. sus portavoces no tardaron en advertir que la inocencia de nada servía cuando el principio de la autoridad eclesiás­ tica era cuestionado por «perros rabiosos que muerden a traición».. debía encarar de lleno el problema de la coac­ ción. Desde el punto de vista del cismático. es decir. Fueron pocas las tentativas de estos autores cristianos primitivos de esquivar el problema. serían fácilmente aplicables a cuestiones políticas. En cambio. pues. voceros como Agustín enfrentaron de lleno el problema: ¿cómo podía justificar la compulsión una sociedad basada en la creencia. los apologistas de la Iglesia tuvie­ ron que examinar la naturaleza del poder y lo que involucraba su em­ pleo por parte de una organización que profesaba virtudes opuestas a la coacción: virtudes tales como amor. Una de las acusaciones formuladas por los donatistas contra la Iglesia Romana fue que esta había reclamado la intervención del poder secular en las controversias religiosas. op. una reorientación de la creencia hacia el bien? Planteando así la cuestión. señalando que la sucia tarea de castigar correspondía al orden temporal. Aunque San Basilio describiera a la Iglesia como «un sistema evangélico y cándido». la sociedad de la Iglesia exigía partida­ rios creyentes. págs. pág. por su parte. La apostasía es rebelión escrita en clave teo­ lógica. . adaptadas para encarar situaciones no abarcadas por la tra­ dición. el hecho de que sus observaciones. cit. Reilly. caridad y humildad. la diná­ mica del poder que le permitía inducir o imponer una conversión..otros métodos destinados a lograr acuerdo se convirtieron en artes políticas. podemos advertir el aspecto radical de la lección cristiana sobre el poder. se le planteaban muchos otros interrogantes: ¿có­ mo sabía que su criterio era infalible? ¿Qué efecto tendría su desobe­ diencia sobre la Iglesia? ¿Qué peso tenía la verdad que defendía. 56-57. F. el cristianismo pidió ayuda con frecuencia a las autoridades seculares. por esto. y que. en las convicciones íntimas de sus miembros? La posibilidad de orien­ tar la conducta externa por medio de la imposición de penalidades lega­ les no era el problema central.

. se declaraba que. ¿Quieres. no había un sentimiento de temor que indujera a los hombres a pensar cómo escapar. Así. * Ireneo (cir. sosteniendo que la coacción en sí no era perver­ sa. no podía haber mayor medio de inspirar terror que amenazar a los hombres con separarlos de la vivificante comunión. sino el temor de los injustos: «Porque los gobernantes no son un terror para las buenas obras. todo dependía del objeto hacia el cual se forzaba a los hombres Si bien la aplicación del poder no podía trasformar directamente en creyentes sinceros a heréticos y cismáticos. Porque es el ministro de Dios ante ti para el bien. 24. podía infundir un saluda­ ble temor. represiva. 66 Cipriano. ssiii.03 Esta formulación inicial. 2. . C. Pero si obras mal.. o podía aprovechar el temor para fines creativos? Este paso siguiente era sugerido en la críptica formulación de Tertuliano: «Ti- mor jundamentum salutis esí». un estímulo molesto que los obligara a reexaminar sus pro­ pias creencias a la luz de las verdades que les eran indicadas. es decir. en el Adversus Haereses. el hombre que había sufrido la caída existía en una condi­ ción de violencia. 211. IV . hacía ya casi cíen años que se experimentaba con el uso del poder secular en respaldo de la creencia religiosa. El cisma donatista lo obligó a cambiar de posición y reevaluar la cuestión. Fue u n firme oponente del gnosticismo y defendió la revelación evangélica y el enfoque cristiano primitivo de la historia contra las enseñanzas esotéricas. Como lo previno Cipriano. pero ahora el re­ belde religioso era expulsado de la Iglesia. pero que. para quienes la apli­ cación del poder no tenía importancia.». sino para las malas.64 Pero esto dejaba todavía sin resolver la cues­ tión fundamental: ¿el gobierno era simplemente una fuerza negativa. entonces. ii. Hacía falta. escrito por Ireneo * alrededor del año 185 d. esto pasó a tener menos importancia a medida que la Iglesia empezaba a desa­ rrollar sus propias formas de control. el miedo es esencial para la salvación. Epislle. fue per­ petuada por autores posteriores. 63 Romanos. C.su fuerza era el temor. que identifica el poder con el temor. L X IX . teme . De Unilate. 130-200 d. 65 De Cultu Feminsrum. no sentir temor a la autoridad? Haz bien. V. 13:3-4. origina­ riamente. .) ha sido descrípto como «el prim er teólogo bíbli­ co». a diferencia del posterior estado de na­ turaleza explicado por Hobbes. en cambio. de modo que los hombres pudieran conocer el miedo y ser recep­ tivos para obedecer. En una sociedad compuesta por creyentes. Sus opiniones eran tanto más significativas cuanto que ini­ cialmente había dudado de que la fuerza fuera eficaz para modificar convicciones. incluyendo el arma definitiva de la excomunión. bajo la antigua ley los judíos habían utilizado la espada temporal para eliminar a quie­ nes se rebelaban contra la autoridad del sacerdote. 64 Adversus Haereses. y obtendrás su elogio.66 En la época en que escribió Agustín. un acto de intervención divina: Dios tenía que enviar el gobierno y la ley.60 Aunque Tertuliano no se refería al uso del poder político. aniquilado por la espada espiritual. no el temor de los justos.

W elldon. págs. en San Agustín. . 185. Algunas de las más importantes formulaciones de San Agustín sobre la cuestión de la persecución aparecen en las siguientes Epislles: 87. de aquí la verificación pragmática: ¿la coacción aumentaba. Se utilizaba con justicia la coacción cuando la informaba y motivaba un espíritu de caridad. «Augus- tine's political realism».. 59. trad. 2. págs. C. Figgis. pág. Agustín insistía en que no había necesariamente mutua incompatibilidad entre el amor y el poder: era preciso dife­ renciar la «persecución justa» de la «injusta». Dado que la persuasión había re­ sultado inútil para inducir a la gran mayoría de los hombres a ingrésar en la Iglesia.. Saint Augustin. G . Nueva York. el ocupante agustiniano del poder había fusionado ambos roles de modo que no podía apelar a! amor contra el poder. de modo que la luz de la verdad expulsa las tinieblas del error. La doctrine politique de Saint Áugustin. Parsons. 185. 1953. St.60 La paradoja. Augustine’s «De C hilate Dei». En suma. habían carecido de los poderosos sentimien­ tos y pasiones del amor cristiano. vol. vii-xiii. quita­ ban al poder su estigma. en Christian realism and political problems. . A diferencia del Gran Inquisidor de Dostoievski que. Bardy. vol. 127-43: G. conferencias I I I . ) nos regocijamos por la salvación de los muchos que. París. 1924. Aunque esta concepción tenía algunos antecedentes en la tradición helenística y romana. ya que moldeó una teoría del poder que ha ejercido en Occidente una vigorosa influencia. Combes. en verdad. ’Willis. En medida asombrosa.0. Agustín fundamentaba sobre bases pragmáticas su alegato a favor de la compulsión. al inglés por la hermana W. IV . 10. 93. 325 y sigs . solo el poder podía aportarlos en gran número. I. 647-51. des­ cuidar a las almas que se desviaban de la verdadera creencia era más cruel que castigarlas. 1921. págs. 97. con noso­ tros. y. 7a. G. ed. 119-46..«Cuando se agrega la doctrina salvadora al útil temor. la fuerza del temor rompe las ligaduras del hábito perverso. 1953. 1948. e d . Es también importante la Contra Epistulam Parmemani. uso de la vio­ lencia contra personas con quienes el que ejercía el poder se hallaba vinculado e interconectado por los misterios de la fe: esto era algo nuevo y aterrador. pág. sin embargo. 1927. que con renuencia castigaba a sus aniñados súb­ ditos por su propio bien. al mismo tiempo. en la serie The fatbers of the church. . el amor dictaba la coacción. 330 y sigs. J. Nueva York: Scribner's. la can­ tidad de cristianos dentro de la Iglesia? 08 Este despiadado enfoque del poder parece incongruente en el gran ex­ positor del amor cristiano. N. aplicadas en un «espíritu de amor». 69 La evaluación «realista» del poder efectuada por San Agustín resultó atrac­ tiva pata un cristiano de época reciente que comparte los puntos de vista agus- tinianos sobre la naturaleza humana. 2 vols. véase el ensayo de R. Las siguientes publicaciones contienen útiles comentarios sobre estos problemas: J. donde el emperador había sido descrito como un padre bondadoso. 68 Epistle. Poder y compasión. G. pág. y una honda preocupación por las almas de los demás. Political aspects of St. entonces ( . eventualmente ahuyenta al Salvador. pero saludables». Augustine’s «City of God». ya que así se las condenaba a las tinieblas eter­ nas. Londres. 67 Epistle. Londres: Longmans. admitiendo sin vacilar que su función no era la del dulce y manso Jesús. Niebuhr. op cit. «Leyes terribles. E. Letters. París. es importante. bendicen a Dios».

La paz. Cuando la política romana de perse­ cuciones intermitentes no logró contener el rápido crecimiento del cristianismo. y si. . La amenaza a la identidad había surgido en el siglo iv. ¿Por qué permitir a un hombre que gozara de la protección de la ley y de los beneficios de la sociedad. y fuera libre para pecar? 70 Con esto. el cristianismo inició una nue­ va y difícil etapa. más benévolo y más peligroso. cuando el cris­ tianismo se vio ante la gran tentación de confiar en el apoyo de un gobierno amigo. Para los cristia­ nos primitivos. Dificultades de una religión politizada y tarea de A gustín Una vez que aceptó el poder como instrumento legítimo para el logro de sus fines. quedaría comprometido el carácter excepcional que tenía la sociedad de la Iglesia. la tradición política oc­ cidental llegaba al borde de una definición de la comunidad política que atormentaría a los hombres con innumerables dificultades teóricas y prácticas hasta fines del siglo x v n . ya que lo importante es que sus métodos conservaban muchas cosas que ha­ cían recordar antiguos modos de pensar referentes a la relación entre religión y orden político. C . No hace falta que nos deten­ gamos en la trajinada cuestión de la conversión de Constantino. Letters. en San Agustín. una especie de scandde du succés en el que dejó de ser una secta desacreditada y hostigada para pasar a una situación pri­ vilegiada: la de religión oficial del Estado. una de las principales distinciones entre los órdenes político y religioso era que solamente el segundo controlaba las prác­ ticas de redención. y de aceptar el uso del poder político en beneficio de la misión universal de la Iglesia. la definición de la comunidad po­ lítica como unidad de creyentes con criterios similares. IV. la Iglesia se vio ante el peligro de perder su identidad específica en un argumento que probaba demasiado. ya que contribuía a esa situación de paz que posibilitaba una vida cristiana. al mismo tiempo. como no podía ha­ ber unidad superior a la que se basaba en un conjunto común de creen­ cias o «preceptos acordados». 93. 74-75. se con­ sideraba al Estado como la suprema encarnación del poder. Agustín sostuvo que la unidad era una cualidad esencial de la sociedad. el Estado recurrió súbitamente al método. op. El peligro provenía. sino de su trasformación 70 Epistle.. orden y prosperidad mantenidos por el go­ bierno no favorecían la salvación de los creyentes ni trasgredían el mo­ nopolio de los recursos para alcanzar la gracia. Con el triunfo de Constantino en Occidente (312 d. era legítimo imponer penalidades tem­ porales en beneficio de la verdadera creencia. de favores a la nueva religión. cit. si se admitía que el poder podía pro­ mover la divina misión de la Iglesia. no tanto de la situación privilegiada de que gozaba el cristianismo. 10.Dispuesto a ir aún más lejos en su defensa del uso del poder.). vol. que se hallaban en po­ der de la Iglesia. y. Sin embargo. págs. Si la unidad era un bien — razonaba Agustín— entonces incluso la uni­ dad impuesta por la fuerza poseía cierto valor.

en un instrumento escogido para la regeneración política, una «religión
civil» moldeada sobre el antiguo modelo.
La brusquedad del proceso tomó a algunos dirigentes cristianos por
sorpresa, de modo que solo pudieron ver las grandes ventajas resul­
tantes de que el Estado promoviera activamente su fe. Para algunos
eclesiásticos, el hecho de que la religión destinada a toda la humani­
dad estuviera ahora ligada al imperio cuyo poder parecía extenderse
hasta ios límites de la tierra parecía un signo de que pronto se cumpli­
ría la divina promesa. De tal modo, convergieron dos presiones: la
cristiana, que apuntaba a la conversión de la sociedad, y la política,
que procuraba captar para fines políticos este nuevo élan vital. Con
Eusebío de Cesárea,* apareció un vocero que proclamaba la retórica
de la santa alianza, que no vaciló en identificar la suerte del cristianis­
mo con los ordenamientos políticos vigentes, al punto de inferir que
Dios había enviado a Constantino con la finalidad específica de reali­
zar la promesa de Cristo.

«. . . Por expresa designación del mismo Dios, dos raíces de bendición,
el Im perio Romano y la doctrina de la devoción cristiana, brotaron
juntas para beneficiar a los hombres ( . . . ) [Con el reinado de Cons­
tantino] había surgido una nueva y fresca era de existencia, y una luz
hasta entonces desconocida brilló de pronto desde las tinieblas de la
raza humana; y todos deben confesar que estas cosas fueron, por en­
tero, obra de Dios, que crió a este piadoso emperador para que en­
frentara a la muchedumbre de impíos».71

El desesperado anhelo de disminuir la aterradora distancia entre el
Reino de Dios y la sociedad del hombre fomentó la creencia de que
el emperador representaba un divino instrumento del logos, y el orden
político, un vehículo conveniente para difundir la verdad cristiana.
Sin embargo, cuando este anhelo tomó la forma práctica de una alian­
za entre Iglesia y Estado, planteó el peligro real de que se perdiera la
identidad específica de la sociedad de la Iglesia. Este fue el temor que
impulsó a Donato a protestar: «¿Qué tiene que ver el emperador con
la Iglesia?». Y no se podría decir que la respuesta de Optato haya sido
tranquilizadora: «La respublica no está en la ecclesia, sino la ecclesia
en la respublica; vale decir, en el Imperio Romano». Estas actitudes
en conflicto no eran más que una expresión parcial de una crisis en
desarrollo, que tenía lugar dentro del cristianismo y exigía respuestas
para toda una gama de problemas delicados: ¿Cómo podía el cristia­
nismo apoyar al Estado y ser apoyado por este, evitando al mismo
tiempo convertirse en otra religión cívica más? ¿Cuál era la identidad
~ Eusebío (264-340 d .C .) formó parte de una distinguida línea de eruditos
cristianos de Alejandría. Llegó a ser obispo de Cesárea, y luego consejero del
emperador Constantino. Se lo recuerda sobre todo por su formulación de una
ideología que justificaba la alianza entre cristianismo e imperio.
71 Vita Constantini, I I I , I; De Laudibus Constantini, X IV ; véase también
Praeparatio Evangélica, I, 4. H ay un excelente estudio sobre Eusebio en F. D.
Cranz, «Kingdom and polity in Eusebíus», Harvard Tbeological Review, vol. 45,
págs. 47-66, 1952; véase también Peterson, op. cit., pág, 88 y sigs.; N. H . Bay-
nes, «Eusebius and the Christian empire», en Byzantine studies and other essays,
Londres: Athlone Press, 1955, pág. 168 y sigs.

del Estado, en una situación histórica en que la Iglesia se había vuelto
cada vez más política en cuanto a organización y perspectiva? ¿Cuál
era la identidad de la Iglesia cuando el Estado se encargaba de fomen­
tar la fe y. vigilar la conducta de los creyentes? ¿Podía apresurar esto
el Juicio Final? ¿Dónde se situaban la Iglesia y la comunidad política
con respecto a la dimensión temporal de la historia?
El intento más global de abordar estos problemas se halla en los es­
critos de San Agustín (354-430), el primero y quizás el más grande
de los creadores de síntesis cristianos. Su obra fue importante, no por­
que resolviera ninguna de las ambigüedades del cristianismo, sino por­
que ofreció una hondura y agudeza que las arraigó con más firmeza
en la tradición occidental. Hizo un intento supremo de marcar con el
relieve más nítido posible la identidad religiosa del cristianismo, su
modo de vida y misión, su índole compleja como sociedad existencial
y como anunció de una sociedad celestial; su participación en la his­
toria y su triunfo definitivo sobre el tiempo. Pero mantuvo las ambi­
güedades, ya que admitió que el cristiano,.en el nivel existencial, se
hallaba políticamente involucrado en la sociedad política y dependía
de esta fundamentalmente, al punto de que el Agustín capaz de escri­
bir sobre la noción de amor {amor) con incomparable pasión y pro­
fundidad, fue también el teórico del poder, autor de la argumentación
más persuasiva a favor de la coacción sobre los espíritus humanos.
Estas ambigüedades tenían profundas raíces en la propia vida y per­
sonalidad de Agustín; casi todo lo que escribió'encierra las tensiones
de un espíritu apasionado, que ansia elevarse por sobre la existencia
finita, «y llegar, mediante el continuo ascenso del espíritu, hasta la
sustancia inmutable de Dios». Sin embargo, fue también el administra­
dor eclesiástico, obligado a ejercer el poder e imponer juicios y castigos.
La culminación de este sistema, formado por las más exquisitas oposi­
ciones, halló expresión en el vivido simbolismo de las dos ciudades;
la sociedad santa, cimentada en la caritas cristiana, y la «sociedad mí­
nima», desgarrada por la cupiditas humana:

«Dos ciudades han sido formadas por dos amores: la terrena, por
el amor a sí mismo, aun hasta menospreciar a Dios; la celestial, por el
amor a Dios, aun hasta despreciarse a sí mismo. La primera, en una
palabra, puso su gloría en sí misma; la segunda, en el Señor ( . . . ) En
aquella, los príncipes y las naciones que somete son gobernados por el
amor de gobernar; en esta, los príncipes y súbditos se sirven unos a
otros en el amor; los últimos obedeciendo, mientras que los primeros
piensan por todos».73

Es im portante no dejarse engañar por la vigorosa antítesis de las dos
ciudades, hasta concluir que a Agustín le interesaba manipular el or­
den político sólo como realce adecuado para la superioridad de la Igle­
sia y las glorias de la ciudad celestial. Agustín se refirió a las acerbas
disputas que desgarraban la ciudad terrena, y pudo hablar de un pro­
fundo enfrentamiento entre ambas ciudades, pero también estaba dis­
puesto a admitir que la sociedad era natural para el hombre; 'que, le-

72 De Cw, Dei, X IV , 28 (trad. Dods).

¡os de ser un mal sin atenuantes, era «mejor que cualquier otro bien
humano», y que incluso una sociedad «alienada del Dios verdadero»
poseía cierta validez».73
Una vez que se advierte la complejidad de las ideas de Agustín, y se
comprende que no interpretó la promesa de una ciudad celestial en el
sentido de que el orden político se hubiera reducido a la insignifican­
cia. podemos entender mejor que el dualismo de las dos sociedades
actuó estableciendo..la identidad del orden político tanto como la del
religioso. La intrincada trama de religión y actividad política, que se
intersectaban, pero no se absorbían, fue moldeada para enseñar que lo
político y lo espiritual eran específicos, por más complementarios que
pudieran ser en determinados aspectos; que, si bien cada uno debía
.beneficiar al otro, ninguno podía lograr la salvación del otro. Y como
de esto se desprendía que no se debía juzgar totalmente al uno según
la misión del otro, era necesario comprender a cada uno, en gran me­
dida, en sus propios términos.74
Esto puede ser formulado de otro modo diciendo que el agustinismo
contenía un fuerte elemento dialéctico, donde las polaridades de bien
y mal, carne y espíritu, Iglesia y sociedad política se situaban dentro
de un orden global vigorosamente estructurado, que contenía y guia­
ba esta dinámica hacia su fin predestinado. Por un lado, la teoría de
las antítesis significaba, en su sentido político, que el orden político,
pese a toda su utilidad, nunca era exaltado, sino solo prorrogado. Por
el otro, la teoría del ordo actuaba uniendo lo político a un todo
cósmico, á^una jerarquía de fines en gradual ascenso: con cada uno de
estos colaboraba un orden adecuado de poder y autoridad. «Orden es
la distribución que asigna cosas iguales y desiguales, cada una a su
propio.sitio».To Era un principio jerárquico y distributivo inscrito en
la trama misma d e ia creación, y que animaba a las cosas tanto eleva­
das como inferiores, racionales como irracionales, libres como esclavi­
zadas, buenas como malas. El principio que lo sustentaba era el amor,
el amor de Dios hacia sus criaturas, el amor del hombre hacia sus con­

73 D e Civ. B ei, X II, 21; XV, 4; X IX , 13, 26. G. Combes, op. cit., págs. 76-77;
Sir E. Barker, «St. Augustine’s theory of society», en Essays on government, Ox­
ford: Clarendon Press, 1946, págs. 243-69. F. E. Cranz («St. Augustine and
Nicholas of Cusa in the tradition of W estern Christian thought», Speculum,
vol. 28, 1953, págs. 297-316) ha tendido a minimizar la evaluación agus-
tíniana de la sociedad existente. Hay un excelente estudio de las ideas iniciales
de San Agustín por el mismo autor, «The development of Augustine’s ideas on
society before the Donatist controversy», Harvard Theological Review, vol. 46,
1954, págs.. 255-316. Se encuentra también abundante material al respecto en
C. Dawson, «St. Augustine and his age», en A m onument to Saint Augustine,
Londres: Sheed and W ard, 1930; este volumen contiene varios artículos inte­
resantes, incluido uno sobre la filosofía de San Agustín por el padre D ’Arcy.
74 Tres útiles análisis del lenguaje de San Agustín son los de R. H . Barrow,
Introduction to St. Augustine, «The City of God», Londres: Faber, 1950, pág.
20 y sigs.; R. T. Marshall, Studies in tbe political and socio-religious termino-
{ogV' of the «De Civitate Dei», W ashington, 1952; H . D. Friberg, Love and
justice in political theory. A study of Saint Augustine’s definition of the Com-
monwealth, Chicago, 1944.
75 B e Civ. D ei, X IX , 13. Hay también buenos exámenes del principio de ordo
en E. Gilson, Les métharnorphoses de la Cité de D ieu ,i* Lovaina: Publications
Universitaires de Louvain, 1952, págs. 154-55; E. Barker, «St. Augustine’s
theory . ..» , op. cit., pág. 237 y sigs.; R. H . Barrow, op. cit., pág. 220 y sigs.

generes. Ordo est arnoris,76 Cuando cada ser, dentro de la red univer­
sal, cumplía la función que le correspondía, el orden era aplicado en
paz. Un ordo perfecto y total se basaba en un conglomerado de órde­
nes que lo sostenían:

« .. .L a paz del hogar es el acuerdo ordenado de quienes habitan jun­
tos, ya sea que manden o que obedezcan; la paz de la ciudad es el
acuerdo ordenado de sus ciudadanos, ya sea que manden o que obe­
dezcan; la paz de 3a ciudad celestial es la hermandad de disfrutar de
Dios y difrutarse unos a otros en Dios, una hermandad íntimamente
ligada por el orden y en la armonía; la paz de todas las cosas creadas
es la tranquilidad conferida por el orden . . .».77

V. Refirmación de la identidad de la sociedad
de la Iglesia: tiempo y destino
La idea de ordo, sin embargo, era más que la perspectiva de un univer­
so jerárquico, estable, compacto y aparentemente estático, dentro del
cual las múltiples diversidades de la existencia se fundieran en un todo
armonioso. El orden de la creación era vibrante, y en su ser se inscri­
bía un impulso o «predisposición». Era una unidad encaminada hacia
la consumación, al fin de los tiempos. En la concepción agustiniana
del tiempo tuvo su enunciación clásica una de las contribuciones más
originales e importantes del pensamiento cristiano. 7f E n la nueva con­
cepción de tiempo había enormes implicaciones políticas, implicacio­
nes que contribuyeron en mucho a delinear el contraste entre las acti­
tudes clásica y cristiana respecto de los problemas políticos. Muchos
autores clásicos concibieron el tiempo en términos de ciclos muy seme­
jantes a las estaciones naturales de crecimiento y decadencia, regulari­
dad y repetición: «Las cosas que han de ser no surgen súbitamente en
la existencia; la evolución del tiempo es como el desenrollarse de una
soga; no crea nada nuevo, sino que solo despliega cada suceso en su

76 De Civ. Dei, X I, 18, 22; X II, 2, 4. La relación entre ordo y amor ha sido
minuciosamente analizada en diversas obras: E. Gilson, op. cit., págs. 217-18; J.
Burnaby, A m or Dei, Londres: H odder and Stoughton, 1938, esp. pág. 113 y
sigs.; T. J. Bigham y A. T. Mollegen, «The Christian ethic», en R. W. Batten-
house, ed., op. cit., pág. 371 y sigs.; A. Nygren, Agape and Eros, A trad. al
inglés por P. S. W atson, Filadelfia: W estminster, 1 vol., 1953, pág. 449 y sigs.
77 De C iv. Dei, X IX , 13.
78 Existe gran cantidad de literatura referente a la concepción agustiniana del
tiempo. Son útiles los siguientes materiales: E Gilson, op. cit., pág. 246 y sigs.;
J. Chaix-Ruy, Saint Augustin, temps et bistoire, París, 1956; H . I. Marrou,
L ’ambivalence du temps de l’histoire chez Saint Augustin, Montreal y París,
1950; tiene especial utilidad por la forma en que pone de relieve la influencia
social del tiempo; J. F. Callahan, Four views of time in ancient philosophy,
Cambridge: H arvard University Press, 1948, cap. IV; es u n tratamiento más
formal del problema. Hay algunos comentarios sorprendentemente elogiosos en
B. Russell, A history of ivestern philosophy, Nueva York: Simón & Schuster,
1945, págs. 325-55. En las obras de San Agustín Confesions, lib. X I, y Epistle,
137, podemos hallar pasajes al respecto que también deben ser tenidos en
cuenta.

orden».79 Para el cristiano, convencido de que el tiempo se encamina­
ba hacia una culminación única y destructiva, la noción clásica de un
ciclo eternamente recurrente que gobernaba los asuntos humanos, un
ritmo que comenzaba en la esperanza y concluía en la desesperación,
parecía una burla tanto a Dios como al hombre. Dijo Agustín: «¿De
qué extrañarse si, atrapados en estos círculos, no hallan entrada ni
salida?»*0 El cristianismo rompió el círculo cerrado, reemplazándolo
por una concepción del tiempo como una serie de momentos irrever­
sibles que se extendían en una línea de desarrollo progresivo.81 La
historia se trasformaba así en un drama de liberación, representado
bajo la sombra de un apocalipsis que pondría fin al tiempo histórico y
que, para Jos elegidos, concluiría con el sufrimiento. Animado por es­
ta «seguridad de cosas esperadas», y dotado de la certeza de que «el
misterio que había estado oculto durante épocas y generaciones ha si­
do revelado ahora a los santos», el cristiano podía esperar lo que el
espíritu clásico había temido: el despliegue del tiempo futuro. El fu­
turo pasaba a ser una dimensión de la esperanza:

«Por consiguiente, así como nos salva, la esperanza nos hace felices.
Y así como todavía no poseemos un presente, sino que buscamos una
salvación futura, lo mismo ocurre con nuestra felicidad ( . . . ) porque
nos rodean males que debemos soportar con paciencia, hasta que al­
cancemos el inefable disfrute del bien puro; pues entonces ya no habrá
nada que soportar».82

79 Cicerón, De Divinatione, I, 27.
80 De C iv.D e i, X I, 6; Epistles, 137 passim.
81 En su libro Cbrist and time, A el profesor O. Cullmann describe cómo los
cristianos primitivos veían en la llegada de Cristo la indicación del centro de la
línea temporal. En El se había cumplido el pasado, y todo lo venidero había
sido decidido. Véase también el examen efectuado por K. Lowith en Meaning
in history (Chicago: University of Chicago Press, 1949, pág. 182 y sigs.), que
en gran medida sigue a Cullmann, y, en general, R. L. P. M ilburn, Early Chris-
tian interpretations of history, Londres: Black, 1954; dos artículos de A. H.
Chroust, «The metaphysics of time and history in early Christian thought», New
Scholasticism, vol. 19, 1945, págs. 322-52; «The meaning of time in the ancient
world», ibid,, vol. 21, 1945, págs. 1-70.
82 Gelasianos 1:26; Epístola a los hebreos 11:1; Romanos 8:24; De Civ. Dei,
X II, 13-14; X IX , 4; De Doctrina Christiana, II, 43-44; véase también el
análisis en R. E. Cushman, «Greek and Christian views of time», Journal
of Religión, vol. 33, 1953, págs. 254-65. H . Scholz, Glaube und Unglaube
in der Weltgescbichte, Leipzig, 1911, pág. 137 y sigs. El problema del «progre­
so» en la filosofía agustiniana de la historia ha sido minuciosamente examinado
por T. Moinmsen, «St. Augustine and the Christian idea of progress, the back-
ground of the “City of G od”», Journal of the History of Ideas, vol. 12, 1951,
págs. 346-74. Los puntos de vista iniciales de San Agustín son examinados por
F. E. Cranz, «The development of Augustine’s id e a s...» , op, cit., pág. 273 y
sigs. Puede hallarse material adicional en K. Lowith, op. cit., cap. IX ; J. Pieper,
The end of time, =& trad. al inglés por M. Bullock, Nueva York: Pantheon,
1954, passim. El enfoque agustiniano de la historia, con su combinación de sínte­
sis general y sensibilidad para la índole variada de los fenómenos históricos, es
un interesante ejemplo del caso que no puede ser absorbido en las sugestivas
categorías de I. Berlín, The hedgehog and the fox, Nueva York: Simón and
Schuster, 1953, y Historical inevitability, A Londres: Oxford University Press,
1954. E l problema de en qué medida es correcto decir que San Agustín sostu­
vo una filosofía de la historia es examinado por H . Scholz, op. cit., Vorrede,

Todas estas ideas expresaban una nueva dimensión temporal para el
orden político. En el plan providencial que determinaba el destino
humano, el medio santificado era la sociedad de la Iglesia. Uno de los
aspectos notables del pensamiento clásico había residido en que el
tiempo era concebido en términos sobre todo políticos, como lo atesti­
gua el mito platónico de Kronos y la teoría cíclica del gobierno de
Polibio. Las formas políticas eran consideradas como los medios a tra­
vés de los cuales se revelaban los procesos del tiempo y la historia. La
nueva dimensión temporal, sin embargo, era tanto apolítica como anti­
política; apolítica en cuanto los momentos vitales significativos (kai-
rol) en el tiempo, tales como Creación, Encarnación y Redención,
carecían de una vinculación esencial con las cuestiones políticas; anti­
política en cuanto la sociedad política se hallaba involucrada en una
serie de sucesos históricos encaminados hacia una consumación final,
que marcaría el fin de la actividad política. Desde el punto de vista
cristiano, la cuestión fundamental era si el hombre y la sociedad ser­
virían a los fines de 3a eternidad o se contentarían con los bienes pa­
sajeros existentes en el tiempo. Los nuevos criterios políticos, tal co­
mo los cristalizó Agustín, podían 'ser leídos de esta manera: en la me­
dida en que una sociedad política promovía la paz, era buena; en la
medida en que encarnaba una concordia bien ordenada entre sus miem­
bros, era mejor aún; en cuanto alentaba una vida cristiana y evitaba
el conflicto de lealtades entre obligaciones religiosas y políticas, había
cumplido su función dentro del esquema universal. La más alta aspi­
ración de la sociedad política quedaba satisfecha si permitía que sus
ciudadanos enrolados en la chitas dei buscaran la salvación sin ser
estorbados por las distracciones políticas.

«La ciudad terrenal, que no vive de la fe, busca una paz terrenal; y la
finalidad que propone, en la bien ordenada concordia de obediencia
cívica y gobierno, es la combinación de las voluntades de los hombres
para lograr las cosas que son útiles en esta vida. La ciudad celestial
— mejor dicho, la parte de esta que anda peregrinando por la tierra
y vive de la fe— utiliza esta paz solo por obligación, hasta que se
extinga esta condición mortal que la hace necesaria. En cuanto vive
como un cautivo y un extraño en la ciudad terrenal, aunque ha re­
cibido ya la promesa de redención, y el don del Espíritu como prenda
de esta, no tiene escrúpulos en obedecer las leyes de la ciudad terre­
na], por cuyo intermedio son administradas las cosas necesarias para
el mantenimiento de esta vida mortal; y así, como esta vida es común
a ambas ciudades, también hay una armonía entre ellas con respecto
a lo que corresponde a esta».S3

En el sistema agustiniano, la chitas terrena no estaba destinada a re­
presentar de modo exacto la comunidad política, como tampoco ia
chitas dei equivalía a la Iglesia. La chitas terrena era, en cambio, una
categoría universal, construida imaginariamente para ilustrar el tipo

donde se sostiene que San Agustín no elaboró tal filosofía. Véase también E.
Gilson, op, cit,, pág. 37 v sigs.; C. N. Cochrane, op. cit,, cap. X II.
83 De Civ. Dei, X IX , 17.

de vida que contrastaba de modo más marcado con la chitas dei. Sin
embargo, tanto la chitas terrena como la chitas dei se relacionaban de;
una manera especial con la comunidad política, ya que esta contenía
individuos que tipificaban los modos antitéticos de vida vinculados
con ambas ciudades. El orden político ocupaba, entonces, una especie
de plano intermedio, en el cual se intersectaban los dos simbolismos
antitéticos. La vida colectiva de la comunidad política trascurría en
medio de una honda tensión entre el naturalismo de las actividades
diarias de la comunidad y el sobrenaturalismo de la Ciudad de Dios.
Según los autores clásicos, la extrema pluralidad de necesidades y as­
piraciones humanas había creado las funciones y justificado el status
de la comunidad política. La satisfacción de dichas necesidades orga­
nizando la división y coordinación del trabajo planteaba el problema
del gobierno político y de la sabiduría política. Sin embargo, el agus-
tinismo involucraba una formulación contraria: las más elevadas ne­
cesidades del hombre, y, por consiguiente, las fundamentales, eran
precisamente aquellas que ninguna sociedad humana podía llegar a
satisfacer. Las preocupaciones éticas ya no giraban sobre una base so-
ciopolítica, sobre las exigencias extrapolíticas del alma.

«[Los cristianos] no rechazarán la disciplina de esta vida temporal,
en la cual se preparan para la vida eterna; ni tampoco lamentarán su
experiencia de ella, ya que utilizarán las cosas buenas de la tierra como
peregrinos a los que estas no detienen, y sus males los ponen a prueba
o los mejoran ( . . . ) Incomparablemente más grandiosa que Roma es
esa ciudad celestial en la cual tenéis la verdad por victoria; la santidad
por dignidad; la felicidad por paz; la eternidad por vida».84

Pero, si el orden político resultaba deficiente cuando se le aplicaba
3a dimensión de la eternidad, ¿cómo era posible, dentro de las ca­
tegorías cristianas, abordar esa zona intermedia en que la existencia
política se trasformaba gradualmente en un ámbito de finalidades
tales como la ley, la justicia, la paz, la seguridad, el bienestar econó­
mico, y un sentido comunitario, todos los cuales eran significativos
sin ser definitivos?
Este problema asumió importancia fundamental en la famosa exposi­
ción de Agustín sobre si el Estado romano podía ser considerado una
verdadera nación, que ofreció un ejemplo clásico de cómo los cristia­
nos adoptaban los anteriores conceptos políticos solo para trasfor-
marlos. Agustín .tomó la definición ciceroniana de respublica — una
asociación basada en un acuerdo común acerca de lo justo, y en una
comunidad de intereses— para suscitar luego el interrogante de qué
condiciones debía satisfacer una nación antes de que se la pudiera con­
siderar «justa». Ahora bien; los autores políticos clásicos, como Pla­
tón y Aristóteles, no negaban la existencia de una justicia absoluta,
pero presuponían que una indagación de la relación entre lo «políti­
co» y lo «justo» debía apuntar al tipo de justicia relacionada con la
naturaleza peculiar de la comunidad política. Agustín, en cambio, si­
guió un método muy distinto. En vez de procurar descubrir de qué
84 De Civ. Dei, I, 29.

tipo de justicia era, capaz un orden político, adujo que Roma no podía
ajustarse a la definición romana,,,,ya que nunca había sido reconocida
la «verdadera» justicia. «La justicia que es verdadera justicia reside
únicamente en" la nación cuyo fundador y gobernante es Cristo».65
Pero es obvio que esta conclusión dependía de una definición de ia
justicia y una concepción de la nación que diferían de las sostenidas
por el clasicismo; una definición de justicia cristiana basada en el
amor de Dios, y una concepción de nación que trascendía cualquier
ciudad humana.
Indica la grandeza de Agustín el hecho de que haya sido sensible a
las limitaciones inherentes a este procedimiento. «Si adoptáis otras
definiciones, más aceptables», entonces «a su manera, y en medida
limitada, Roma era una nación».su ¿Qué otra definición era posible,
y hasta qué punto podía ser calificada como nación una sociedad no
cristiana? Agustín respondía con una definición notable por su natu­
ralismo; «Un pueblo es la reunión de una multitud de seres racionales,
unidos en hermandad por compartir un amor común hacia las mismas
cosas».87 Esta definición presentaba un notable contraste con la ri­
gidez moral de la primera, en la cual la «verdadera» justicia se restrin­
gía a la Ciudad de Dios y según la cual toda sociedad política, pasada,
presente o futura, podía resultar deficiente. Esto no significaba que
se abandonara la primera definición, que servía, en cambio, como
patrón absoluto de justicia. Por otro lado, la definición naturalista
indicaba la posibilidad de establecer una gradación de civitates. La
evaluación de un orden político determinado dependería, entonces, de
la calidad de los objetos a los que fuera dirigido el «amor común».88
Involucraba también una modalidad más empírica, ya que presuponía
algún tipo de investigación de los valores existentes buscados y reali­
zados por un orden determinado. Sobre todo, permitía que cualquier
sociedad política que hubiera logrado establecer el orden y la paz
fuera clasificada como nación en alguna medida, aunque fuese limitada.

V I. S o ciedad p o lític a y sociedad de la Iglesia

La evaluación del orden político, en la forma definitiva que tomó en
el pensamiento agustiniano, fue compleja. Se admitía que un orden
pagano era valioso, aunque sólo fuera por las condiciones mínimas de
paz que aseguraba. Por otro lado, aunque una sociedad política estu­
viera dedicada a fines cristianos y fuera administrada en un espíritu

85 De Civ. D ei, X IX , 21 El examen agustiniano de 1a definición ofrecida por
Cicerón ha sido tema de una permanente controversia: R. W . y A, J. Carlyie,
op. cit. (vol. I, pág. 165 y sigs.) sostuvieron que San Agustín eliminó de su
definición del Estado el concepto de justicia. Esto fue negado por J. N. Figgis,
op. cit., cap. I I I Hay un sensato resumen de la cuestión en C. H . Mclhvain,
The growth of political thought in the W est, Nueva York: Macmillan. 1932,
págs. 154-60. E, Gilson admite que San Agustín (.-forzó» e¡ texto de Cicerón
(op. cit... págs. 38-39, nota 1).
86 De Civ. Dei, X IX , 21.
87 De C iv. Dei, X IX , 24.
88 De Civ. Dei, X IX , 24

cristiano, nunca podía, como sociedad, conocer la salvación ni servir
como instrumento de realización divina. Estas limitaciones eran inhe­
rentes a la concepción de la historia que, en su significado más funda­
mental, había quitado toda importancia al orden político, volviéndolo,
en definitiva, obsoleto. La reorientación del tiempo, alejándolo del
centro político, excluía automáticamente algunos de los más audaces
temas del pensamiento político clásico; entre los primeros, la concep­
ción de la acción política como epopeya. El héroe político del clasicis­
mo había presupuesto que la historia era víctima de un elemento
impredecible, que desafiaba toda previsión humana*9 Si bien la exis­
tencia de la suerte o fortuna influía haciendo inestables y fugaces los
logros políticos, era también un desafío que requería capacidades he­
roicas. De este modo, la actividad política era un deporte de super­
hombres que enfrentaban sus habilidades con los caprichos incalcula­
bles de la fortuna, sostenidos únicamente por la esperanza de apun­
talar una isla temporaria de realización contra el corrosivo flujo del
tiempo.
En el enfoque cristiano de la historia no quedaba lugar para la tor-
tuna, y tampoco, por esa misma lógica, para el héroe político. En lugar
de este, apareció el «príncipe cristiano», un actor de tipo muy dife­
rente para quien el desafío político no ofrecía ningún estímulo, sino
únicamente un fatigoso deber, y a quien sólo mantenía la esperanza de
alcanzar algún día el verdadero reino. No era el héroe político, sino
el príncipe-mártir, que se esforzaba por «convertir al poder en sir­
viente de la majestad de Dios», pero siempre con algo de esa dulce
tristeza y resignación que había teñido las reflexiones de Marco Au­
relio.80
La concepción agustiniana del tiempo, con su enfática distinción en­
tre lo que era posible en la historia y lo que estaba reservado para
la eternidad, también condenaba la búsqueda clásica del sistema polí­
tico ideal como una ambición orgullosa e irreverente. La promesa de
eternidad estaba reservada solamente para la chitas dei. Al despreciar
la misión, eficacia y jerarquía moral dei orden político, el cristianismo
se veía ante la tentación de reemplazarlo por la sociedad de la Iglesia,
convirtiéndola en una forma política idealizada capaz de satisfacer las
potencialidades que se negaban a las sociedades temporales. En otras
palabras: ¿la Iglesia debía ser considerada como una especie de ver­
sión espiritualizada de la mejor forma posible de sociedad, una Re­
pública cristianizada? Complica la respuesta el hecho de que los pri­
meros autores cristianos atribuyeron a la idea de Iglesia por lo menos
tres significados distintos. Uno de estos se refería a la organización
local, como se expresa en la primera Epístola de Clemente: «La
Iglesia de Dios, que reside en Roma, saluda a la Iglesia de Dios que
reside en Cotinto». En segundo lugar, había la Iglesia universal, que
abarcaba todo el cuerpo de creyentes, cualquiera fuese la localidad.
89 Cicerón, A i , Fam., V, 12; César, Dé bello civili, I I I , 68, I.
90 De Civ, Dei, V, 24; De Doctrina Christiana, I, 23. Véanse también las
observaciones de San A gustín sobre el pecado y el orgullo humano y su efecto
en cuanto a pervertir el uso del poder; De Música, V I, 13-15, 40-41, 48, 53;
De Libero arbitrio, I. 6, 14. R. H . Barrow (op. cit., pág. 230) también contiene
algunos comentarios útiles.

91 sin entrar en las sutilezas del proble­ ma. págs. I. Grabowski («Saint Augustine and the prknacy of the Román bishop». Ya hemos señalado 91 J. aquellas per­ miten captar mejor las ideas de Agustín sobre la Iglesia. el destino final de quienes habían sido salvados. otros. pero su conclusión fue que San Agustín fortaleció la posición teórica de la Iglesia. 93 S. págs. 1946. De modo similar. de una asociación en la cual el poder no era el elemento de cohesión constitutivo. H . págs.político posterior de una compacta estructura jerárquica de poder y autoridad eclesiásticos. A. Battenhouse. vol. W . 140-68) señaló también los efectos debili tantes de la teoría de la predestinación. Traditio.Por último. 5. principalmente porque Agustín no siempre se atuvo a una distinción marcada entre la Iglesia visible y la invisible. op. al inglés de la tercera edición alemana por J. Willis.. Aunque hemos simplificado en exceso estas distinciones. Sobre esta cuestión ha habido desacuerdo entre los comentaristas. 23. Además. El primero y segundo signifi­ cados fueron formalizados más tarde en la concepción de la Iglesia «visible». 4. cit. 89-113) concluye que San Agustín se atuvo de modo consecuente a la doctrina de la supremacía eclesiástica. 84 y sigs. 1: I I I . 1887). es decir.. la Iglesia era comparada a una madre y una paloma. los elegidos y los condenados eran escogidos por un acto de Dios. no se la podía identificar con la mejor forma posible de sociedad. a ser condenados— la hacía inferior a la sociedad santa. por con­ siguiente. En otras palabras: la Iglesia visible no aventajaba al orden político por motivos «políticos». die christlicbe A n tike und das M itteldter. . 15-16. pág. J. 4. es evidente que Agustín no concebía a la Iglesia visible primor­ dialmente en términos de una estructura de poder u orden gobernante. N. 78. el futuro y que rechazaba toda identificación con cualquier institución visible— la que presentaba el más intrigante paralelo con la sociedad política. una sociedad institucionalizada y organizada. 1915. En la tercera definición. pág 113 y sigs. cit. vol. extraer de los escritos de Agustín el perfil. existía la Iglesia trascendente. Augustin. ya que lo desmienten sus ideas respecto del bautismo. era la chitas dei — la sociedad mística que se extendía en el pasado.93 Este no es el lenguaje del poder. 7 vols. En dos de sus símbolos favoritos. Troeltsch. págs. Véase también E. trad. la autoridad doctrinal y la unidad. 110 de la Iglesia. 184-85. no necesitaba las armas de la disciplina y la coacción. ¡Millar. sin em­ bargo. señaló las implicaciones de la teoría de la pre­ destinación para el poder de la Iglesia. Los pasajes pertinentes de San Agustín son: D e Baptismo. Reuter. Por extraño que parezca. G. la ciudad santa. 92 R. la Iglesia «invisible» no debía ser identificada con ninguna encarnación humana.93 Es difícil. 1896-1899.) se inclinó a ver en San Agustín un precursor del posterior sacerdotalismo de la Edad Media.. cit. sino en razón de su misión superior. era una sociedad de bienaventurados y. el presente. En su mente predominaba la concepción de una sociedad o comunidad. op. atribuyén­ doles una nitidez que no tenían en esos siglos iniciales. I I I . G. IV . el sacerdocio. Munich y Berlín. Augus- tiritscbe Studien (G otha. 26 y sigs. 10. lo cual no quiere decir que abogara por una teoría de una «Iglesia débil». poseedora de los atributos de poder y autoridad antes mencionados. Figgis (op.. Harnack (History of Dogma. Londres: Williams y Nor- gate. la doctrina de la predestinación imponía claros lí­ mites al poder de la Iglesia visible. ya que la heterogénea pureza de sus integrantes — unos destinados a sal­ varse.

. en lo esencial. la trasmutación de sus atributos en una gloria que aquella jamás conocería. X II. Proteger la identidad superior de la Iglesia exigía una concepción de esta como sociedad sin coacción... 23.que el pensamiento cristiano primitivo había presentado una tenden­ cia a asociar el orden político con la coacción. X V I... esta. 5.. y a compararlo desfavo­ rablemente... con la espontánea solidaridad de la so­ ciedad de creyentes. la ciu­ dad celestial no era la negación de la sociedad política..95 El punto crucial de estos contrastes residía en la inferencia de que la chitas dei era más perfectamente «política». 17. mientras que la chitas dei disfrutaba de una armonía y un orden sin tacha. marcaba la más alta hermandad de que era capaz la creación. X V II. Los conflictos que eran la raison d ’étre de la rácter «social» del piden. la sociedad terrenal no podía lograr. Dei. En una ciudad. .. en la otra. 28. De tal modo. pero no sobre otros hombres. Así.. por ser más perfectamente «social». ajena porque... Según Agustín. 3. en último aná­ lisis. La superioridad de la categoría «social» sobre la «política» era una proposición fundamental del pensamiento agustiniano.. 95 D e Civ. en el mejor de los casos. una mezcla inestable de bien y mal. I. 9: X IV . Pero este contraste se hizo menos notable cuando la Iglesia elaboró su propio sistema coactivo.. quien. sobre esta base. para el verdadero autoridad política disminuirían en la proporción en que la sociedad se cristianizara verdaderamente. De esto surgía la siguiente conclusión: cuanto más se aproximaba el orden político a una vida cristiana. Aquella connotaba armoniosa hermandad. me­ nos político se volvía.. Al mismo tiempo se realzaría el ca- 94 De Doctrina Christiana. 14. 23. pero la Ciudad de Dios nunca tendría otro gobierno que el de Cristo. Esto explica por qué... V I. 5.94 La pérdida de valor del orden político lo hacía vulnerable a ser cuestionado por la chitas dei sobre bases políticas. XIX. Dei. 10.. al describir ambas ciudades. al fin de la historia. la brevedad de la existencia humana quitaba toda importancia a «bajo qué gobierno vive un hombre moribundo. sino su per­ feccionamiento. más que una diversidad bien ordena­ da.. una socialis vita sanctorum». 26. 9. Mientras que los miembros de la ciudad celestial estaban ligados por un bien que era realmente común. Por consiguiente. De Civ. X IX ... y canali­ zarlos hacia la chitas dei.. en cam­ bio. Esto fue cristalizado en la chitas dei de Agustín. V. las ciudades terrenas se hallaban necesariamente divididas por la mul­ tiplicidad de los bienes e intereses privados. I. la autoridad política conser­ vaba una cualidad marcadamente artificial y ajena: artificial en cuanto Dios se había propuesto que los hombres tuvieran dominio sobre los animales.. era el acompañamiento inevi­ table de la situación. conflicto y dominación. perfectamente bueno... Su realización... el con­ flicto había sido eliminado. 4. era previsible que una sociedad política fuera gobernada alternativamente por buenos y malos gober­ nantes.. empleó lenguaje y conceptos de modo de eliminar los elementos divinos que tanto el pensamiento clásico como el cristiano primitivo habían atribuido a la sociedad política. . De esto se desprendía que el vínculo entre gobernante y gobernado en una ciudad era muy superior al que se podía alcanzar en la otra. con tal de que quie­ nes gobiernan no lo obliguen a ser impío ni inicuo».

and the State. págs.09 El marxismo. Oxford: Clarendon Press. I. I. el Estado «actúa de manera legal o compulsi­ va . en cambio. . de estas cosas. una verdadera chitas humatii- tatis. 241-42. y mutua y recíprocamente man­ tenido. fueron descritos como un controlador artificial. Los economistas liberales clásicos. vigoriza toda la masa del hombre civilizado. define la so­ ciedad como «la suma total de cuerpos o asociaciones voluntarios con­ tenidos en la nación». es una cosa más nominal e ideal que real. 2-4. aceptaron la noción de la sociedad como agrupamiento espontáneo. La revolución proletaria. ha vuelto a surgir repetidamente en el pensamiento posterior.98 Esta concepción.10° 96 De Civ. una vida que trascendía el orden polí­ tico en tal medida. del uso común universalmente aceptado. X II. preparando así el terreno para una so­ ciedad sin conflictos ni compulsión. describió el Estado como un poder «por encima de la sociedad. destruiría el Estado me­ diante un acto final de fuerza. Se debe mencionar que los sociólogos modernos han conti- . Origins of the family. 100 F. en realidad.os Tampoco las corrientes de pensamiento más recientes descartaron esta antinomia. a la sociedad de los elegidos. por ejemplo. padre del directorialismo moderno. 99 Principies of social and political theory. pero no pertenecía a él. pasando por sus innúmeros canales.9‘ persistió la creencia de que la_sociedad representaba un agrupamiento espontáneo y natural. por su parte. por ejemplo. Dei. Pertenecía.cristiano. De los grandes y fundamentales principios de sociedad y civilización. Es curioso que la superioridad de lo social sobre lo político haya alcan­ zado su más plena expresión a fines del siglo xvnr. Así lo expresó. . estaba en el orden político. cap. En contraste con el carácter «social» y «volun­ tario» de la sociedad. e incluso cuando se establece lo mejor que puede idear la sabiduría humana. Moscú. 1951. pero identificándola con actividades y relaciones económicas. Esta línea de pensamiento ha sido conservada también por liberales modernos. Sir Érnest. dependen la seguridad y prosperidad del individuo y del todo». que se podía decir que formaba una sola sociedad con los ángeles. y que se aliena de ella cada vez más». Baker. lo involuntario. lib. así como Saint-Simon. lo «político» era menos importante que lo «social». págs. que. de la incesante circulación de interés. cap. 98 Rights of Man. Engels. en definitiva. prívate property. El gobierno o lo político.». según la cual las relaciones sociales poseían algo más divino y natural. £ . parte II . 97 D e Regimine Principttm. Aunque más tarde Tomás de Aquino definió al hombre co­ mo un naturale ahünal sociale el políticum. I. infinitamente más que de cualquier cosa que pueda lograr aun el gobierno mejor instituido. cuya existencia era tolerada solo en la medida en que aseguraba las condiciones necesarias para la espontaneidad. 1948. mientras que lo político representaba lo coercitivo. 1. Tom Paine: «El Gobierno formal constituye sólo una reducida parte de la vida civilizada.

como órgano gobernante del cristianismo. C. señalando brevemente los cambios experimentados por la idea del corpus rnysticum. Cada ciudadano debía pronunciar el siguiente juramento: «En nombre de Dios Todopoderoso y sobre los Santos Evangelios. American Historical Review. en su unidad mística. «Pro Patria Alori in mediaeval political thousht». alimentada por el intento de la Iglesia de conservar una doble identidad: por un lado. Loornis. Princeton: Princeton Uni- . XXX. En las sociedades temporales. 2 vols. esta similitud entre la Iglesia y las so­ ciedades políticas modernas no es fortuita. Nueva York: American Book Company. vol. en la sociedad de la Iglesia. pág. Esta índole dual es significativa en cuanto expresa el dilema de casi todas las sociedades modernas. El lenguaje de la religión y eí lenguaje de la actividad política: nota sobre el pensamiento cristiano medieval El énfasis de Agustín sobre el aspecto social de la Iglesia resumió con bastante exactitud el enfoque cristiano de los primeros cinco si­ glos. algo desconcertante. trad. el perfil de poder de la Iglesia se hacía más evidente con el paso del tiempo. The political writings of Jean- Jacques Rousseau. el contraste establecido por E. H e recurrido también al excelente estudio de E. coactivo — es decir. 63.101 Aunque. lib. 1947. París. Mac- Iver en The modern State (O xford: Clarendon Press. Simpson. Cambridge: Cambridge Universitv Press. y de su mezcla surgió la imagen. 2a. _ ' 103 La obra básica a este respecto es H. al inglés por C. Por lo tanto.). Glencoe: Free Press. ed. afirmaba que era una comunidad. con todos los que de mí dependen». El término mismo. Estas dos concepciones no coexistían con facilidad. 350. por ejemplo. fue la fuerza del nacionalis­ mo. P. 101 De rnorihus ecclesiae. 2-3) y el concepto de «comunidad» sostenido por R. 1951. quedo ligado con mi cuerpo. mi propiedad. Tonnies en f u n ­ damental concepts of sociology. Por añadidura. además. y cómo se reflejaron en el pensamiento político. mi voluntad y mi fuerza toda a la nación corsa. I I . «es mejor que una sociedad ( . los con­ ceptos polares de Gemeinschaft y Gesellschaft expuestos por F. por el otro. es exclusivamente cris­ tiano y 110 tiene base bíblica. inspirada por el amor de Cristo. recién durante el período medieval subsiguiente llegó a predominar el aspecto organi­ zacional. para pertenecerle en total posesión. vol. ) es una fraternidad». E. 1926. en diversos momentos de la Edad Media se puede comprobar la exis­ tencia de una corriente subterránea de inquietud. el sacramento de la comunión simbó­ lica. 102 La mezcla de sentimientos nacionalistas y religiosos aparece con claridad en la constitución propuesta por Rousseau para Córcega. I. 1940.. corpus rnysticum. como ya señalamos.102 Se puede indicar con mayor claridad el elemento religioso en el sentimiento nacional. caps. eran miembros de un cuerpo viviente que seguían una vida común. La Iglesia escribía. 1915.103 No estuvo en uso hacia el siglo ix. de una organización imperial de poder que. la Iglesia como sistema político-eclesiás­ tico racionalizado— sobre el aspecto social o comunal. al inglés por G. pág.. Véanse. Kantorowicz. En ambos casos.. la fuerza que fusionó a los integrantes en un todo solidario ha sido mística. irracional. como sociedad de creyentes que. M. .VII. 451 y sigs. Dur- kheim entre solidarité méchanique y solidarité organique en The división of labor in society. nuado esta distinción sobre bases algo diferentes. 56. de Lubac. (trad. H . 472-92 y The kiug’s two bodies. Corpus rnysticum. que une los miembros al cuerpo místico de Cristo. . 1949. págs. Vaughan.

Además. sin embargo. «The corporate idea and the body polític in the Middle Ages». B. nunca la había concebido como un cuerpo místico reunido alrededor de una divinidad. o corpus naturale). 104 Summa Theologiae. El corpus mysticum fue llamado entonces corpus Christi (o corpus verum. La comunidad cristiana no era tanto una asociación como una fusión de espíritus. Esto surge con cla­ ridad de un pasaje donde Tomás de Aquino. T he «Summa Theologiae» of Saint Thomas A qui­ las. es incor­ porado en Cristo. I I I . un solo cuerpo místico cuya cabeza es Cristo. el elemento místico retrocedió. H e utilizado la traducción de los padres dominicos ingleses.. vol. tam­ bién de su cabeza espiritual. Ladner. 1957. fue previo a la socialización y politización del concepto del corpus mysticum. «Mediaeval thought on church and politics».y en esa época su significado era estrictamente sacramental. la hostia era consagrada e incorporada al cuerpo místico de Cristo. Q. 9. así como los miembros derivan sentido y movimiento de la cabeza material. La vida está solamente en los miembros que se hallan unidos a la cabeza. Puede hallarse material adicional en A. un ser espiritual. art. págs. ligado por una fe metarracional. Nueva York: Benziger Brothers. vol. sino que radiaba vínculos santos que unían cada miembro con sus congéneres. y el movimiento espiritual. R eview of Po- litics. 403-22. derivan los miembros el sentido espiritual. o sea Cristo. como uno de sus miembros. La fuerza y pasión místicas que envolvían la antigua idea pasaron a sustentar toda la sociedad de cristianos y su estructura de poder. 69. después de mediados del siglo x n . págs. . H . V. no utilitario. referido a la Eucaristía y no a la Iglesia ni a ninguna noción de una sociedad de cristianos. describió la índole de esa sociedad sacramental: « . ya que. Como resultado de las disputas doctrinarias suscitadas por Berengario. . . 22 vols. Pero el cristianismo ayudó a engendrar la idea de una comunidad como un cuerpo irracional. ibid. 175. 1947. mediante el bautismo. uno de ellos definió un pueblo como «hombres reunidos en versity Press. 5. antes empleado en el uso sacramental para describir la hostia consagrada. En la bula papal Uñara sanctam (1302) se describía a la Iglesia como unum corpus mysticum cuius caput Cbristus. X V II. 1913-1927. habiendo definido el sa­ cramento del bautismo como el método por el cual un hombre se con­ vierte en participante de una unidad eclesiástica. cap. Chroust. G. Y de aquí se des­ prende necesariamente que el hombre. A mediados del siglo x i i i . Esto. que resulta del instinto de la gracia». A II . pág. los autores laicos no tardaron en percibir la enorme fuer­ za emocional oculta tras la idea del corpus mysticum.. fue trasferido a la Iglesia. 423-52. siendo reemplazado por la doctrina de la presencia real del Cristo humano. Mientras que el pensamiento político clásico había atribuido a la co­ munidad política una naturaleza restringida y solidaria. el corpus mysticum. de la cual derivan sentido y movimiento. imbuido de un espíritu misterioso incorporado a los miembros. que consiste en el conocimiento de la verdad. un espíritu que no solo vinculaba a cada participante con el centro de Cristo. Mediante la administración del sacramento.104 Sin embargo.

y trad. 108 J. como el inglés Sir John Fortescue. 18-19. . 486 y sigs. op. . ed. Fortescue. y toda su alma. ) es el sentimiento de amor. cada individuo « . habéis creado. no la provincia ni el estado ( . B. embe­ llecido y consagrado con vuestros afectos.. pág. tendría que bendecir continuamente el feliz mo­ mento que lo apartó de ella para siempre. 1949. lih. (Everyman).108 Al aceptar los lazos de la sociedad civil. Rousseau. op. 106 The political writings of Jean-Jacques Rousseau. E. se priva de algunas de las ventajas que la naturaleza le otorgó. . 107 J. cap. 42-46. E. en fervorosos comulgantes. . cap. . sin comprender la idea de Unidad. «Pro Patria M o r í. tan ennoblecidos.. págs. ed. The social contract. vol. Cambridge: Cambridge University Press. ) Un país es una hermandad de hombres libres e iguales. que si los abusos de esta nueva condición no lo degradaran a menudo por de­ bajo de la anterior. tan ampliadas. Escritores elocuentes. 8. tan enaltecida. no podía ofre­ 105 Sir J. el hombre no es nada. capaz de convertir organizaciones políticas sumamente utilitarias en comunidades vibrantes. Los políticos. «Un país debe tener un solo gobierno. *** Chicago: University of Chicago Press. el pueblo. . Lo que vosotros. sus facultades son estimu­ ladas y desarrolladas a tal punto..107 Esta idea de la comunidad redentora y del «hombre nuevo» que surge de ella apareció con frecuencia en la literatura nacionalista y román­ tica del siglo xrx.. The duties of man and other essays (Everyman). Las antiguas palabras de Cipriano — extra ecclesiara mi­ lla salus— hallaron eco adecuado en el aforismo de Rousseau: «sitót qu’il est seul. pero. los miembros estaban imbuidos de un espíritu común que los conducía a la más íntima comunión y dependencia. También aquí. . es la ciudad y la comuna. The neto science of politics. sus ideas. en lugar de un animal estúpido e inimaginativo. . ten­ dieron a emplear indiscriminadamente las frases corpus mysticum y corpus politicum para designar un pueblo o un estado. la sensación de hermandad que une a todos los hijos de ése territorio». sus sen­ timientos.£¡i G . pero obtiene a cambio otras tan grandes. cit. D. págs.108 El elemento místico proporcionaba el ingrediente básico de cohesión a la sociedad de creyentes. y a sus apá­ ticos ciudadanos.» . por S. H . pág. D e Laudibtis Legum Attglie. buscaron con ahín­ co ideas de una comunión íntima.un solo cuerpo místico» ( hominum collectio in unun corpus mysti­ cum ). en cuanto está solo. 437. . 1952.105 Luego. vuestras alegrías. Autores posteriores. II . ) quieren desmembrar el país. un ser inteligente y un hom­ bre». págs. vuestras penas y vuestra sangre. y qüé ex­ presaba en los términos más nítidos posible la identidad específica del conjunto. cit. Rous&eau retomó algo de esta idea en su concepción de comunidad. Kantorowicz. Chrimes. ) El país ( .-J. Voegelín. ligados en una fraternal concordia de trabajo hacia un solo fin ( . que expresaban la soledad de sociedades vastas y cada vez más impersonales.. Mazzini. Colé. haciendo de él. I . . como el nacionalismo. 56-58. X III. H . . il est nul». que se hacen llamar federalistas ( .

. caps. . pág. 1900. 2 vols. 3-4. Para establecer la superio­ ridad de la Iglesia y su. . 391. . W . 75. quie­ nes la cumplieron de modo muy ingenioso. Q. por sobre todos los demás. Lewis. Lo que hizo. cit. 73. un primer m otor que impartiera al todo un movimiento regular y encaminado a u n fin. Maitland. Medieval papalism. . 387. B. Q. Tomás insistió en que este sacramento. art. al mismo tiempo. op. vol. art. ad 3. Explotar la mystique de la igual subordinación fue tarea de escritores papales de la Edad Media. Q. I l la . trad. porque no hay ingreso en la salvación fuera de la Igle­ sia . 1. 1943. Aquella era. 1954. O . art. 73. . al inglés por F. fue vigorosamente sugerida por Tomás de Aquino en su teoría sobre los sacramentos. art. Q. se podía utilizar la idea del corpus rnysticum cuando fuera necesario subrayar la cohesión y unidad de la sociedad de creyentes. El orden era el gran remedio contra las «divisiones 109 Pueden hallarse numerosos ejemplos de esto entre las siguientes obras: E. como cualquier cuerpo. Eschmann. de to­ dos estos. cabeza gobernante sobre los gobernantes tem­ porales. 421. passim. «El bien espiritual común de toda la Iglesia está sustancialmente con­ tenido en el sacramento mismo de la Eucaristía». Political theories of_ the Middle Ages. 1.' el más im portante era la Eucaristía. Cambridge: Cambridge Univer­ sity Press. Cambridge: Cambridge University Press. en esencia. esta. págs. 3. . Los vínculos sacramentales crea­ ban igualdad entre los participantes en un solo sentido: en el de una igualdad de mutua subordinación. 1949. 425. un argumento en favor de la co­ munidad.109 Así.. 2. 5. con el elemento de poder. 30 y sigs. passim. Q. en cambio. comunidad mís­ tica y estructura de poder. dando un giro político a la física aris­ totélica. von Gierke. págs. referida a los diversos cargos y funciones de la jerarquía eclesiástica. se vinculaba muy íntimamente con la Eucaristía. mientras que la analogía con el cuerpo físico proporcionaba una defensa para la posición del Papa como cabeza dirigente. 65. trasladaron el énfasis del aspecto rnysticum al corpus mismo. Londres.. art. 73. necesitaba una cabeza dirigente. ¡Londres: Routledge and Kegan Paul. The growtb of papal. Medioeval Studies. Puede hallarse un buen examen general de los antecedentes históricos de la concepción tomística del bien común en I. Ullmann. Q. Esto fue proporcionado por su concepción del sacramento del Orden. sin la cual no puede haber salvación. «La realidad del sacra­ mento es la unidad del cuerpo místico. 8. porque la Iglesia misma era idéntica al cuerpo místico de Cristo. I l la . I l la . 1. Tierney. y fortalecidas por el Bautismo y la Confirmación. 2.110 Faltaba que Tomás conectara las bases comunales preparadas por la Eucaristía. "W. la Iglesia. 110 Summa Theologiae. un argumento en favor de la autoridad y el poder. Medieval political ideas. 123-65. vol.». art.cer una explicación fundamentada del poder coercitivo. ad 1. Q. art. la argumentación papal podía explotar ahora ambos aspectos de la naturaleza de la Iglesia. 3. Era el medio para reunir a los hombres en la unidad eclesiás­ tica. IV-V. T. donde sostenía que. Significativamente. Esta idea de una sociedad que era. Voundations of the conciliar theory. «A Thomistic glossary on the principie of the pre-eminence of the common good». fue moldear el enfoque de los miembros de modo tal qué los hizo objetos receptivos del poder. 1955. También era notable la anticipación del nacionalismo: ni la mystique del corpus Christi ni la mystique de la nación podían admitir igualdad de derechos sobre la parte de cada miembro respecto de los demás. 67.

114 Dios. Como era un con­ cepto sumamente cargado de connotaciones políticas. . el hombre. 113 Summa Theologiae I l l a (SupL). una multitud ordenada de una sola manera bajo el gobierno de un solo gobernante. 73. dicha m ultitud no estaría ordenada. 3. «La Divina Providencia impone a todas las cosas un orden. . 2. art. por consiguiente. ad 1. y el orden dent'o de la Iglesia concernía a las diversas gradaciones de poder. 73. »Pero aunque una sola ciudad abarca así varios órdenes. . . 65. según la cual el orden polí­ tico tenía raíces en la depravación humana. las regiones mis­ mas tendían a asumir carácter político. Q. es decir. sino que también dejaron una nítida huella en su teo­ logía. I I I (SupL). la situación de los ángeles. 34. 112 Summa Theologiae I l la . 34. «Cada orden sitúa a un hombre por encima del pueblo. de la creencia clásica en la dignidad de la comunidad política. Este fue el centro concep­ tual que servía para organizar las regiones del ser.113 «El orden denota principalmente poder» y «el poder denota exactamente potencialidad activa. a r t 11. ley y gobierno moitárquico. Una jerarquía es un principado. junto con algún tipo de preeminen­ cia». Ahora bien. requería poder. poder. Q. sino confusa. los comentarios políticos sobre Tomás se han concentrado en explicar cómo el resurgimiento aristotélico del siglo x ii lo estimuló a revisar la idea cristiana. ampliamente difundida. Q. y manifiesta la verdad de lo dicho por el Apóstol: “ Todo lo que es. art. Q . . 65. «. en algún grado de autoridad encaminada hacia la dispensación de los sacra­ mentos». ad 1. El medio principal a través del cual lo «político» se difundía por todo el sistema tomista fue la idea de «orden». Q. art. 1. se hallaban involucrados en una serie de relaciones de­ terminadas que servían para articular la identidad específica de cada uno dentro de la encumbrada jerarquía de la creación. esta mezcla de elementos religiosos y políticos. pertenencia. En su mayoría. ad 2. ad 2. no solo para interpretar la filosofía política de Tomás de Aquino. Q. 114 Summa Theologiae I I I (SupL). la Iglesia o los sacramentos.111 el preservaaor de la unidad mística contra el cis­ ma v la herejía. 8. art. art. art. 1. en la comunidad». 34. si en ella no hubiera diferentes órdenes. xiii: I) » . sobre la tradición occidental. la Iglesia. art. la naturaleza y hasta los demonios. todos pue­ 111 Summa Theologiae I l l a . Aunque es innegable que el pensamiento político de Tomás contenía una importante reformu­ lación. en términos cristianos. comunidad. 3. Q. es ordenado por Dios” (Romanos. bien común.112 El carácter político del argumento tiene importancia. Lo más notable es la medida en que los conceptos y el vocabulario de la actividad política no solo habían penetrado la teoría de Tomás sobre la Iglesia -—lo cual no es sorprendente— . se crea la impresión de que el elemento político estaba principalmente limitado a las partes del sistema tomista refe­ ridas a las cuestiones de gobierno. sino también para comprender el efecto que tuvo. 65. 4. surgían en forma constante categorías esencialmente políticas: autoridad. Ya fuera que se refiriese a la naturaleza de la Divina Providen­ cia. Q. El orden. los ángeles. De modo que la índole de una jerarquía exige diversidad de órdenes .

el medio y la base». sino su status «público» como agentes autorizados de un orden institucionalizado. .den ser reducidos a tres. En cada ciudad. el plan de lo que se debe hacer fluye desde el artesano principal hasta los inferiores ( . que ningún defecto per­ sonal podía rebajar la potencia salvadora de la función. en cuestiones de arte. 65. 64. 116 Summa Theologiae la . el poder del se­ gundo m otor no puede sino derivar del poder del primer motor. 5. 108. que promoviera el bienestar de otros mientras actuaba como agente de una idea eterna. Lo im portante no era el ca­ rácter moral privado del sacerdote u obispo.113 Dado que cada orden era. . la misa lle­ 115 Summa Theologiae I. 93. C. Q. Existía un modelo del orden correcto para cada jefe de gobierno. arts. 103. ed. art. Pegis. y asimismo. arts. Tal era el poder y dignidad inherentes a esos cargos. . donde hay motores dirigidos a otro. y toda esta diversidad se reduce a tres: la cúspide. 117 Summa Theologiae I l la . The Basic writings of Saint Thomas Aqiánas. 2 vols. En un as­ pecto decisivo. sin embargo. 1. de manera muy similar al modo en que se había ins­ truido al gobernante platónico para que diera forma a la «materia» de su comunidad. la tarea de cada gobernante consistía en imprimir en sus súbditos el pa­ trón ejemplar. observamos en todos los que gobiernan lo mismo: que el plan de gobierno es derivado del gobernante principal por los gobernadores secundarios. 8: Q. 82. pues. exi­ gía un jefe de gobierno que impartiera al conjunto regularidad y un movimiento orientado. Ila e . de acuerdo con las leyes adecuadas para ese orden en particular. 1. Q. se puede ver un triple orden de hombres ( . Q. .. Q. en cada jerarquía angélica hallamos los órdenes que se distinguen según sus acciones y oficios. art.117 Como guardián platónico. Q. Nueva York: Random House. Q. si tenemos en cuenta que cada multitud tiene un principio. así como para guiar a cada una hacia su objetivo adecuado. 3 (ed. Por consiguiente. también el sacerdote debía ser un instrumento desinteresado. art. art. . A este respecto debe consultarse la exposición de Santo Tomás sobre el gobierno en general: Summa Theologiae I. el plan de lo que se debe hacer en un estado fluye desde la orden del Rey hasta sus administradores infe­ riores. « . 78. . 2. en A. 6. también l l l Contra Gentes I. Pegis). 1945. . hacía falta el poder. todos los planes de gobierno de los gobernantes inferiores deben ser derivados de la ley eterna». ) De igual modo.. esencialmente. Ahora bien. Así. ) En consecuencia. La ley denota algún tipo de plan que orienta los actos hacia un fin. el sacerdote se diferenciaba mucho del gobernante platónico y era mucho más poderoso que este: su poder y autoridad no descansaban sobre la insegura base del mérito personal. 6. 5. una forma de gobierno.116 Para mantener estas jerarquías de diferencias estructurales. sino sobre el sólido cimiento de la institución más perdurable y po­ derosa que se haya creado en Occidente. un medio y un fin. ya que el segundo no mueve sino en cuanto es movido por el primero. dado que la ley eterna es el plan de gobierno del Go­ bernante Principal.

y subestimar — como vere­ mos— la revolución cumplida por Maquiavelo. págs. Pero el eclesiástico. 6. el alcance y limitaciones del 118 Summa Theologiae la . Al igual que el gobernante político. es decir. «fe» y «razón». nueva reina de las ciencias. O tra impresión es que. ejercía poder en nombre de Cristo. Es fácil pasar.vada a cabo por un sacerdote pecador. ejercía su poder sobre un grupo de adeptos que solo po­ día ser objeto de la autoridad. convergieron para el único fin de in­ juriarse y crear mutuos malentendidos. E l concepto de «representación» en el^pensamiento político medieval ha sido examinado en O . Q. cit.. G . 78. durante estos siglos. B. Traditio. Todo estudiante llega a aprender una lista de dualismos. estos clisés han fomentado la idea de que la mente medieval estableció distinciones tan marcadas entre cuestiones espirituales y políticas que creó dos ámbitos contrastantes de discurso y acción. sino funcional. el pensamiento político disminuyó en importancia. I l l a . de esta simple descripción de las cosas. 119 Summa Theologiae I l l a . op. a la conclusión de que Maquiavelo y los escritores del Renacimiento Italiano «sal­ varon» a la filosofía política eliminando de ella todos los objetivos y presuposiciones cristianos. passim-.119 Era una teoría de la representación. Según este enfoque. La responsabilidad del agente se remitía a una au­ toridad superior. nunca su origen. el bien de sus «adeptos». . mediante los cuales se pretende describir modos de pensar medievales: «secu­ lar» y «espiritual». a una forma de la verdad. art. en definitiva. y. cit. págs. 34-48. art. al actuar sobre el cuerpo místico de la Iglesia. mientras que el obispo. Así el sacerdote. op. «naturaleza» y «gracia». pág. 176-86. 1. Voegelin. el funcionario eclesiástico existía para promover el bien de quienes se hallaban sometidos a su autoridad. cit-. En realidad. art. von Gierke. 1. 1. al administrar la Eucaristía. 125-27. E. Ila e . «Im pe­ rio» e «Iglesia». 1943. «Plena Potestas and consent in medieval assemblies». y nada demuestra mejor su índole política que los tipos de argumen­ tos y vocabulario empleados por los autores papales durante las pro­ longadas controversias entre el papado y los escritores seculares. Q .. Esto.. una pérdida de status determina automáticamente una pérdida de vitalidad. vol. los cuales existieron en contigüidad y. Q. el de alguien autorizado a actuar en lugar o en beneficio de otro. Post. por ejemplo. 355-408. Aplicados a los asuntos políticos. Estas consideraciones de lenguaje. hasta convertirse en mero sirviente de la teología.118 Más específicamente: el poder de sa­ cerdote y obispo era el de un representante. 235-37. la necesidad de una autoridad orientadora dentro de la sociedad cristiana. Tierney. es no entender el ca­ rácter del pensamiento político medieval. actuaba en lugar de Cristo. 82. aunque de tipo limitado. es decir. 61 y sigs. op. El poder de que este disponía no era personal. no era menos efi­ caz que la de un buen sacerdote. ocasionalmente. a diferencia del gobernante. conceptos y estilo de pensamiento deberían dar que pensar a quienes sostienen la opinión habitual res­ pecto del destino del pensamiento político durante los siglos cristia­ nos. el pen­ samiento político fue robustecido y ampliado durante la Edad Media. sin embargo. 93. En el intento de defender la causa de láxlglesia fueron exploradas todas las categorías principales del pensamiento político y legal: la legitimi­ dad del poder derivado de los papas.

que el ejercicio del gobier­ no no era monopolio del orden político. En efecto. como lo evidencia la siguiente cita de un apologista papal del siglo xiv. . en general. Porque el mismo Dios que es el gobernante universal de toda la maquinaria del mundo es el go­ bernante especial de Su Iglesia y de quienes creen en El». En esta situación. porque ambos eran órdenes de gobierno: «Los cuerpos inferiores ( . en las formulaciones y conclusiones no hay mucho que justifi­ que considerarlas específicamente religiosas o cristianas. referidas al encuentro cristia­ no con la actividad política.. . una teoría política — que a menudo procuraba reforzar su causa adoptando ideas religiosas de sus oponen­ tes— se enfrentaba con otra teoría política. . La suprema ironía de este proceso fue que ayudó a preparar el camino para que la teoría política se emancipara de su servidumbre respecto de la teología. sino únicamente poner de relieve su carácter vigorosamente po­ lítico. op. vol. . 578. Esto fue disimulado a menu­ do diciendo que los inferiores debían ser gobernados por los superio­ res. mientras los papistas los enfrentaban con ar­ gumentos esotéricos extraídos de los misterios de la religión revelada. Cuando se leen las volumino­ sas polémicas de esa época. en realidad. Salvo ciertas premisas importantes derivadas de fuentes cris­ tianas. no ocurría lo inverso en cuanto a la teoría política. si bien las categorías de la religión se estaban politizando sobremanera. le­ jos de destruir una tradición de pensamiento político. por medio de los más sutiles. por ejemplo. Co­ mo lo evidenciaron las ideas políticas de Tomás de Aquino. 2.dominio papal y su relación con diversas formas de ley. los más toscos. es difícil evitar la conclusión de que era poco lo que diferenciaba los argumentos papales de los puramente po­ líticos. la había revita- íizado: gratia non tóttit scientiam politicam sed perficit. cit. El orden po­ 120 Citado en E. ) son gobernados por medio de cuerpos superiores. diciendo que el aprendizaje cristiano. que hablaba en nombre de una religión organizada que se había politizado profundamente en su pensamiento y estructura. con apuntar los conceptos tradicionales de la teoría política hacia fines específicamente cristianos. Uno de los argumentos principales expues­ tos por autores papales fue. y los menos potentes. por los más potentes ( . la cuestión importante es la pre­ misa hecha natural por siglos de pensamiento y experiencia: que era provechoso comparar los dos órdenes. Sin embargo. Con esto no pretendemos disminuir la sutileza o la profundidad de la argumenta­ ción. la situación creada cuando los emperadores y monarcas nacionales llegaron a cuestionar los derechos papales no de­ be ser comparada con la que se plantea cuando los gobernantes secu­ lares y sus defensores presentaban una teoría «política» en defensa de una posición «política». . pero sin destruir el contenido de los conceptos mismos. En consecuencia. la Iglesia y el régimen político. y la naturaleza de la obediencia exigida a sus súbditos. Lewis. los escri­ tores cristianos se contentaban.120 Podemos resumir las páginas anteriores. pág. ) Y lo que vemos en el orden y gobierno del universo deberíamos reproducirlo en el gobierno de la nación y en el de todo el pueblo cristiano. Egidio Romano.

quedó preparado el terreno para que Maquiavelo reafirmara la autonomía radical del orden político. sus categorías de pensamiento podían ser conser­ vadas. sino que le dio a su identidad una nitidez. de los cuales carecía desde hacía siglos. en el mejor de los casos. Pero en cuanto el pensamiento político clásico nunca había abrigado la idea de que el orden político preparara a la humanidad para ningún bien suprahumano. aunque nunca pudiera realizar el bien supremo. en tanto la teoría política propiamente dicha permanecía. Al insistir. en cuanto concernía al estado de la teo­ ría política. Aunque lo «político» estuviera encerrado dentro de la encumbrada arquitectura de la creación. y al eventual eclipse de las cosas políticas. Cuando acompañó a esto una crecien­ te apreciación de la identidad del orden político. pero que en realidad es muy sofisti­ cado políticamente. examinar el último intento de establecer una perspectiva religiosa específica res­ pecto de la actividad política. con Lutero. debía pagarse un precio elevado. un ordén complejo e institucionalizado. Comenzó. en la medida en que se las utilizaba para explicar fenómenos esencial­ mente políticos. inmutable. por varios motivos. Antes de pasar a Maquiavelo es necesario. Tomás no solo rehabilitó al orden político. en gran me­ dida. un resultado opuesto al buscado. En efecto. no consigue subordinar lo político a lo religio­ so — lo cual. Al mismo tiempo que se conservaban las ideas políticas tradicionales. sin proponérselo de modo consciente. aunque sus términos no fueron revelados plenamente hasta varios siglos más tarde. la identidad de la teoría política y la integridad de su objeto de estudio se revelaron con mayor claridad. las categorías teológicas eran cada vez más influidas por concepciones políticas. había enseñado a los hombres a pensar políticamente. En cambio. al intentar defi­ nir las leyes específicas por medio de las cuales era gobernado. no había sido devorado por ella. compuesto de procesos regularizados y autoridades gobernantes. fue declarado necesario para alcanzar el más ele­ vado bien terreno. Sería naturalmente pre­ visible que la afirmación de la superioridad de la autoridad sacerdotal sobre la temporal condujera también a subsumir la teoría política en la teología. como un . sin embargo. una vez más este. por ejemplo. cuando un punto de vista que se presenta como espiritual. A es­ te respecto. en la función vital del orden político. La Reforma Protestante merece un lugar en este estudio. y el problema básico pasó a ser el de insistir acerca del punto en el cual las ideas clásicas ya no encerraban un bien. sino preservar la identidad de lo político. así como la «naturaleza». como lo hizo Tomás. Ahora bien: en una situación en que la teología había quedado comprometida por su carácter político. el bien común exclusivo al que servía y el tipo de prudencia adecuado para su vida. una claridad a su carácter. se plantearon ideas políticas para explicar la gracia. La crea­ ción misma era una estructura. solo puede ser un logro de corto alcance— . procura trazar límites bastante marcados entre Jo político y lo religioso. lítico. Tomás no hizo sino culminar un largo proceso que se de­ sarrollaba sin cesar casi desde el surgimiento del cristianismo. no sorprende que el intento de los autores medieva­ les que procuraron reafirmar la superioridad del ámbito espiritual so­ bre el temporal — intento perfectamente acorde con los postulados cristianos— haya producido.

con Cal- vino. apartado de la sociedad política. cedió con frecuencia a la tentadora visión de una Nueva Jerusalén que sería impuesta sobre la antigua sociedad. y concluyó — después de pasar por una etapa de profunda hostilidad hacia el institucionalismo— construyendo el edificio de gra­ nito de Ginebra. Inventó la «conciencia sensible» que inquietaría las sociedades occidentales durante dos siglos por lo menos. readmitiendo los elementos políticos en la religión. Comenzó con un ataque contra el sistema político eclesiástico que era la Iglesia medieval. sin embargo. y concluyó.intento de despolitizar el pensamiento^religioso. . y luego bus­ có frenéticamente una disciplina que controlara su creación. Le tocó a menudo predicar una doctrina de un reinado espiritual.

e incluso nítidas. . de­ bemos hablar con nuestros propios lenguajes ( . I. Lutero: Lo teológico y lo político «Todos los términos se hacen nuevos cuando se los trasfiere de uno a otro contexto (. En concordancia con esta tendencia. era que la mayor parte de los pensadores medievales podían establecer distinciones sutiles. antítesis modernas co­ mo «Iglesia» y «Estado». los pensadores medievales dieron por sentado que regnum y sacerdotium formaban jurisdiccio­ nes complementarias dentro de la respublica christiana. Para una época que desconfiaba de las discontinuidades.5. Lo más notable de esta propensión a diferenciar. Teología política En su teología y filosofía. pero esto no era tomado como prueba de falta de coherencia. espiritualidad y temporalidad. Con la misma facilidad. el terreno común puede convertirse en campo de batalla. . sin disolver irrevocablemente el tejido que las conectaba entre sí. . se podría deducir de la experiencia medieval que las disputas tienden a volverse más ásperas cuando cada bando pretende hacer suyos los mismos sím­ bolos de autoridad y verdad. Las cosas podían ser nítidamente definidas y analíticamente diferenciadas. . fe y razón. y fastidiosas por los temas. Lutero. En su mayoría. esencia y atributo. Sin embargo. que han resultado tan admirables como fastidiosas para generaciones posteriores: admirables debido a las sutilezas analíticas que se desplegaron. las continuas disputas entre el papado y los gobernantes temporales. la identidad — aunque fuera de un tipo sumamente específico— no denotaba aislamiento ni autonomía. en el pensamiento medieval. . la mente medieval demostró inclinación a establecer complejas distinciones.) Cuando ascendemos al cielo. debemos hablar ante Dios en nuevos lenguajes ( . deberían dar que pensar a quienes creen que el acuerdo sobre valores y premisas fundamentales elimina ipso facto la posibilidad de acerbos conflictos. ) Porque de­ bemos marcar cuidadosamente esta distinción: que en cuestiones re­ lativas a la divinidad debemos hablar de modo muy diferente que en cuestiones relativas a la política». respecto de cuestiones tales como los impuestos al clero y la investidu­ ra de los obispos. . entre materia y espíritu. los historiadores del Medievo nos aconsejan no ver. . que se discutieron.) Cuando estamos en la tierra. aparentemente triviales. y también lo que la hace atrayente para mu­ chos modernos.

conservaba aún profundas huellas del enfoque medieval.. Marsilio cambia bruscamente de tono. Londres: Lutter- . Nada podía haber sido más medieval que la promesa inicial de explicar la «causa eficiente» de las leyes. me he creído justificado en pasar directamente al siglo xvr. la de Maquiavelo y los humanistas italianos influyó en desteologizar la política. que enseña la libertad plena. Pero la gran cuestión suscitada cerca del final de la Edad Media se refería al destino de estas modalidades de pensa­ miento. Por un lado. en primera instancia. reflejaba con fidelidad las realidades de la vida medieval. la contribución de Lutero y los primeros reformadores protestantes con­ sistió en despolitizar la religión. «Sólo abordaré el establecimiento de aquellas leyes y gobiernos que brotan directamente de la decisión de la mente humana». por la figura de Marsilio de Padua. No cabe duda de que la secula­ rización del pensamiento político en el siglo xvi había sido anticipada por los escritos de hombres como Juan de París. procuraron elaborar una teoría polí­ tica más autónoma y más nacional en su orientación. 2 A quí es necesario formular ciertas reservas. y que lo refleja. en otras palabras. por el otro. xii. tenemos que explorar el siglo xvi para descubrir una revolución en el pensa­ miento político comparable con lo ocurrido en el plano concreto de la organización política. El fin de la alianza entre el pensamien­ to religioso y el político fue anticipado. mezcladas y entrelazadas. Ambos ban­ dos sirvieron a la causa del particularismo nacional. en un mundo en el cual el particu­ larismo nacional había sacudido visiblemente las premisas relativas a la sociedad universal cristiana. dos grandes impulsos del protestantismo y el humanismo hallamos las fuerzas vitales e inte­ lectuales que disolvieron el enfoque común logrado por el espíritu medieval.Lo expuesto en el capítulo anterior nos permite ver que el punto de vista común que informaba el enfoque medieval de los problemas re­ ligiosos y políticos extraía su fuerza de algo más que un conjunto compartido de creencias y costumbres religiosas. pese a todo su radicalismo. ed. Marsilio. y anuncia que no se re­ ferirá al establecimiento de leyes por ningún otro agente que la vo­ luntad humana. lib.1 No obstante. en la ferviente convicción de Lutero en el sentido de que «la palabra de Dios. Sin embargo. Lo sustentaba tam­ bién el modo en que los conceptos políticos y religiosos habían llega­ do a influirse mutuamente. I. a su vez. no debería ni debe ser limitada». donde lo político y lo religioso se en­ tretejían sutilmente. en el siglo xiv. 3 Réformation writings of Martin Luther. IL El elemento político en el pensamiento de Lutero El impulso tendiente a desprender los elementos políticos de los mo­ dos religiosos de pensar se originó. que no le interesa la función de Dios como legislador principal.3 Eventual­ 1 Defensor Pacis. Sin em­ bargo. Lee "Woolf. para no men­ cionar sino los ejemplos más conocidos. dado que los orígenes de una tendencia intelectual presentan un orden de problemas muy distinto del pleno impacto de una idea. Marsilio y Pierre Duboís. Cada uno a su modo. Esto. B.2 En los.

No hay esperanza de cura. de modo peculiar. sean derogadas para siempre. . debemos juzgar y gobernar de acuerdo con él en todos los aspectos». ni de que unas y otras formaran parte de un sistema unificado. el impul­ so fundamental de Lutero era hacia la simplificación: la verdad pura sería descubierta eliminando las complicaciones artificiales acumuladas con el tiempo. En conse­ cuencia Lutero. se orientó firmemente a reducir los elementos políticos en ambos temas. 303. No se trata de que las ideas políticas de Lutero sean lógicamente deducibles de sus pre­ misas religiosas. ignorantes e irreligiosas ordenanzas artificiales. por las pestilentes. un importante conjunto de ideas políticas sobre la autoridad. en gran medida. aquello que eliminó de la Iglesia en cuan­ to a poder y pautas políticas. vol. 341. 4 Woolf. la argumentación de Lutero significaba algo más que un retorno a la pureza primitiva en cuanto a doctrina y ritual. de categorías políticas. 81 y sigs. salvo a través de la hostilidad. 5 Hay un buen análisis del vocabulario de Lutero — aunque dirigido únicamente a las cuestiones religiosas— en el excelente libro de G.3 Sin embargo — y esta es la paradoja— este pensamiento religioso despolitizado ejercería una pro­ funda influencia sobre la posterior evolución de las ideas políticas. y contra un modo de pensar que había quedado imbuido de matices políticos. que indican la conclusión de que sus ideas políticas presu­ ponían. «Todas y cada una de las prácticas de la Iglesia son estorbadas. igualmen­ te complicadas. cualquiera que sea su duración. además. Su ataque principal estaba dirigido contra el eclesiasticismo y el escolasticismo. en cambio. I. Rupp.4 En sus líneas más generales. al elaborar sus ideas sobre la doctrina y la naturaleza de la Iglesia. a menos que todas las leyes hechas por el hombre. la teología de Lutero «alimentó» sus ideas po­ líticas. Elaboró. En ambos terrenos. 1952. y en­ redadas. ejercieron escaso efecto.mente. 1953. logró crear un vocabulario religioso libre. Al final. contra una estructura eclesiástica cuyo prin­ cipio jerárquico y complicaciones temporales habían dejado una hue­ lla profundamente política en la vida de la Iglesia. Los ataques de Lutero contra la confusa situación de las leyes matrimoniales caracterizan este «imperativo simplista». pág. pág. I. y las sutilezas. de la teología medieval. Antes bien. vol. en su concep­ ción del gobierno temporal. en el sentido de que se vio obligado a reafirmar. es decir. pág. tan íntimamente relacionadas con sus creencias religiosas. y amenazadas. las formulaciones del catolicismo. más densamente políticas. la obedien­ cia y el orden político. Cuando hayamos recobrado la libertad del Evangelio. citado en adelante como Woolf. esta búsqueda de lo «real» en la experiencia religiosa llevó a Lutero a oponerse tenazmente a los que consideraba los dos enemigos principales de la autenticidad religiosa: la estructura de poder de la Iglesia medieval. Dicho con más concisión: el autoritaris- w orth. The righteous- ness of God. sus creencias religiosas. La importancia de Lutero en la historia del pensamiento político no se limita a su ataque contra la teología política. Nueva York: Philosophical Library. H asta ahora han aparecido dos volúmenes. organizada jerárquicamente.

Jacobs. nadie había oído y nadie sabía nada acerca del gobierno temporal. Church History. La forma de su pensa­ miento político fue determinada. 228. R. A history o f political thought in the sixteenth century. 7 W orks of Martin Luther. La autonomía del pensamiento político — libre ahora del marco restrictivo de la teología y filosofía medievales— acompañó a la auto­ nomía del poder político nacional. ya que la precondición necesaria para la autonomía del pensamiento político era que este se hiciera más verdaderamente «político». 1915-1932.6 Aunque sería infructuoso negar la primacía de los elementos teológicos en el pensamiento de Lutero. véase «The mediaeval patterns in L uther’s views of the State». estaba motivado únicamente por preocupaciones religiosas. vol. págs. «nadie había enseñado.. págs. ed. Church History. Lo mismo. «nunca elaboró una filosofía política coherente. 2a.. esencialmente. vol. pág. en consecuencia. Ahora era posible identificar más plenamente los elementos políticos rechazados en cuestiones de dogma y eclesiolo- gía con las preocupaciones del pensamiento político. C. págs. Filadelfia: Muhlenberg Press. Algunos comentaristas han sostenido que el pensamiento de Lu­ tero. 79-94.. por la finalidad bá­ sica de reconstruir la doctrina teológica. Boston: Houghton Mifflin. ed. de fuentes políticas. por eso. hay que eliminar una dificultad pre­ via. 5. es erróneo deducir de ello que haya sido ajeno al interés por la actividad política.7 En esta exageración subyacía la premisa implícita de que un reformador religioso no podía evitar la especulación política. de dónde provenía.. Grimm. El mismo Lu­ tero no sostenía una opinión tan modesta sobre su propia perspicacia política: declaró que. pág. 82. antes que nada. W . su enfoque era fun­ damentalmente apolítico. Esto no solo tuvo profundo efecto sobre la teología. Fue una intuición profunda de Lutero 6 H . pág. y J. MacKinnon. así lo evidencia el hecho de que estos procesos fueron acompañados por acciones de Lutero encaminadas en la misma direc­ ción. es señalado por J. Schwiebert ha sos­ tenido que Lutero escribió esencialmente como teólogo. junio de 1943. J. y que. desembarazado ahora de los frenos impuestos por las instituciones eclesiásticas medievales. cit. en gran medida. 17.mo político de Lutero fue producto de las tendencias antipolíticas y antiautoritarias de su pensamiento religioso. una consecuencia de la destrucción crítica que acompa­ ñó a este intento fue despolitizar las categorías religiosas. ed. pero que sus ideas po­ líticas provinieron. cuál era su papel y funcionamiento. antes de sus escritos. junio de 1948. 81. vol. vol. desde el principio hasta el fin. op. Alien. M. o cómo debería servir a Dios». «Luther’s conception of territorial and national loyalty». Lutero «fue. teólogo y predicador». 1941.. en gran medida. Sin embargo. 1914. . 2. 98-117. La extraordinaria mezcla de religión y política en aquel período lo obligó a pensar en la actividad política e incluso a pensar políticamen­ te sobre cuestiones religiosas. en pág. 12. Life and letters of Martin Luther. 6 vols. Londres: M ethuen. 229. Antes de encarar estos problemas. citado en adelante como W orks. aunque Lutero no se lo hubiera propuesto. 214. 2a. y sabía poco acerca de las teorías que ci­ mentaban la formación de los estados nacionales en Europa occiden­ tal». Según dijo un autor reciente. Esto tendría vastos efectos. 15. La independencia del pensamiento político no constituía un problema de simple in­ terés teórico. y como ya he­ mos señalado. Smith. Ernest G. y por P . sino también importantes re­ percusiones políticas.

La índole del papado invitaba a una acusación formulada en términos políticos. «Se debe permitir que cada hombre escoja libremente la búsqueda y uso del sacramento ( . El Papa había dejado «de ser un obispo. Los problemas del pensamiento político de Lutero no eran producto de una monumental indiferencia hacia la actividad política. vol. y a veces combinaba ambos. Martin Luther W erke. 507. ) el tirano ejerce su despotismo y nos obliga a aceptar un solo tipo». sino que surgían de la índole «dividida» de una actitud política que oscilaba entre un interés des­ deñoso y otro frenético por la política. A t nunc cogit singtdis annis ttnam speciem accipi eadem tyrannide. citado en adelante como Werke-. y la eclesiología de Lutero.8 El acento político se hizo más pronunciado cuando Lutero pasó a acu­ sar al papado de tiranía eclesiástica: aquel había legislado arbitraria­ mente nuevos artículos de fe y de ritual. En primer lugar. la proliferación de la burocracia papal. Sus grandes polémicas anti­ papales del año 1520 estaban dirigidas contra una institución eclesiás­ tica que.». sicut in baptismo et potentia relínquitur. Más aún. 162. un factor más influyente aún residió en la índole de las instituciones religiosas a las que atacó. 6. y elxcontrol sobre los nombra­ mientos eclesiásticos.9 La usurpación de poder temporal había permitido a los papas presentar sus pretensiones tem­ porales bajo la apariencia de una misión espiritual. I. . . sino también perjudicado la efectividad de la autoridad secular. refugiándose. para convertirse en un dictador». Sus escritos de 1520 prueban de manera notable con qué claridad ad­ virtió que la cuestión ponía en juego el poder de un sistema político eclesiástico. D. . sino realzar el poder político del papado. págs. conservaba importantes elementos políticos. . 224. vol. las pretensiones temporales del pa­ pado no solo habían puesto en peligro la misión espiritual de la Iglesia. W eimar Ausgabe.10 8 « . ai tiempo que des­ naturalizaban sus responsabilidades espirituales tratándolas política­ mente. 1888. 10 Ibid. pág. Aunque los enredos históricos de la actividad política y la religión en el siglo xvi contribuyeron en no pequeña medida a la conciencia po­ lítica de Lutero. . 9 Woolf. 223-24. había llegado a ser el epítome del poder organizado. . . las anatas.. la venta de indulgencias. 127-28. págs. una «dictadura romana» (Romana tyrannis). pág. Woolf. Las prácticas sacra­ mentales del sacerdocio eran atacadas como «opresivas» ( tyrannicum) en cuanto negaban el «derecho» ( ius) del creyente a una plena parti­ cipación. — así como el origen de muchas de sus posteriores dificultades— el haber comprendido que las reformas religiosas no podían ser empren­ didas con total omisión de los factores políticos. en esta etapa de su evolución. Luego se planteaba la exigencia de restaurar «nuestra noble libertad cristiana». Se denunciaba al papado como la «tiranía de Roma» ( Roma­ nara tyranniiem ) . . al ser cuestio­ nada su autoridad. a la cual los cristianos debían «negar consentimiento» (nec consentiamus). en el argumento de que el poder papal no estaba limitado por ley alguna. en el vocabulario utilizado abundaban frases e imágenes ricas en connotaciones políticas. no tuvieron como objetivo consideraciones reli­ giosas. En este último aspecto. para la mente del siglo xvi. vol. al con­ fundir las jurisdicciones secular y espiritual. I. Cuiqiie suutn arbitrium pelendi utendique relinqueretur.

Sus críticas se basa­ ban en la premisa de que religión y actividad política constituían dos ámbitos distintos dentro del corpus christianum. El elemento político de la argumentación de Lutero recibió un énfasis adicional en los remedios que recetó para tratar con un Papa que se negara a reconocer los límites de su autoridad. 1957. entonces «debemos resistir a ese poder con uñas y dientes». vol. H . y ya no podría legislar nuevos ar­ tículos de fe.. 464 y sigs. pág. L uther’s correspondence mtd other contemporary letters. I.. vol. 13 Woolf. y. 4 vols. H . 1957. sí bien podía ser de tipo religioso o político. pág. salvo para promover el mayor bien».13 el elemento político alcanzó su culminación en sus consejos respecto de una situación in extremis en que el papado blo­ 11 Lutero había leído y admiraba a Gerson. 115-16. «La Iglesia no tiene autori­ dad. Boehmer. estaba dispuesto Lutero a aconsejar medidas más drásticas que cualquiera de las que propuso contra los gobernan­ tes seculares. pág. pág. por consiguiente. Schwiebert. Bainton. Nueva York: Columbia Uni­ versity Press. 2. haciendo caso omiso de las órdenes papales. 447-49. pág. básicamente. Lutero respondió que el papado mismo era de fabricación humana. Luther and his times. W erke. vol. Pese a estas distinciones. vol. Filadelfia: Muhlen- berg Press. Londres: Longmans.11 E l Papa debía cambiar su papel de déspota por el de monarca constitucional.12 Al argumento papal de que esta intromisión institucio­ nal era blasfema. 2 vols. Nueva York: Mentor. Smith y C. En un aspecto. road to Reformation. págs. consúl­ tese J..13 Cabe señalar. el programa de Lutero para la reforma papal contenía fuertes matices políticos. 12 Woolf. que esta fue la misma fórmula empleada más tarde por Lutero al referirse a gobernantes seculares cuyas órdenes contradijeran las Escrituras. una exigencia de constitucionalismo papal. 391. sostuvo que se podía resistir por la fuerza al papado. 121. cum­ plían la función de una constitución doctrinaria que limitara el poder de los papas. no debía ser lo uno y lo otro. 1918. H . I I . M. Jacobs. 104 y sigs. I. . Here I stand. Lutero estaba dispuesto a aceptar la per­ petuación del papado sobre una base reformada. su poder estaría limitado por los fundamentos del cristianismo. MacKinnon. págs. 88. 1950. Luther and the Reformation. en cuanto era. cit. págs. vol. susceptible de mejora. 14 Ibid. que cada ámbito requería su propia forma de autoridad gobernante y que el gobierno... 20-21.. G. The revolt o f Martin Luther. pág. G. trad. Martin Luther'. I. vol. Tappert. al inglés por J. R. op. 135. Fife. Nueva York: M eridian. Para u n examen general de estas cuestiones. No parece haber conocido los escritos antipapales de Guillermo de Occam hasta una época relativamente tardía. St. P. eds. ya que permitiría que manos impuras manosearán una institución divina.Durante estos años iniciales. y debía no poco a la inspi­ ración conciliarista. I. 156. págs. Si un Papa insistía en violar los claros mandatos de las Escrituras. 123. Si algún Papa impedía las reformas. 203-44. A Ufe of Martin Luther. 15 Véanse otros estudios al respecto en R. Works. En un argumento más político que bíblico. Louis: Concordia. En adelante. W . las enseñarlas contenidas en las Escrituras serían observadas en forma muy similar a una ley fundamental. 228-29. G. 224-25. vol. los cristianos estaban obligados a atenerse a la ley fundamental de aquellas. I.14 Aunque más tarde Lutero se retractó de estas exhortaciones y otras más sanguinarias.. pág. sin embargo. Rupp. 1955. Doberstein y T. D ’Ailly. 1925-1930. pág. y Dietrich de Niem. De tal modo. E. entre paréntesis.

En otras palabras: al hacerse menos política concep­ tualmente. I. en cuanto su búsqueda de lo «real» en la experiencia religiosa condujo a Lutero a descartar las instituciones eclesiásticas y a magnificar las instituciones políticas del gobernante. dependía en parte de la antigua concepción de los conciliaristas. re­ glas y procedimientos para regular la vida espiritual común de sus miembros. Pero al quedar cerrado este acceso a la reforma. Tampoco es correcto creer que sus 16 Woolf. la elección quedó automá­ ticamente limitada al gobernante secular. y el Papa obra de modo perjudicial para el bienestar cristiano. y mientras atri­ buyó alguna utilidad al papado. el gobernante secular quedó reducido a una importancia secundaria. Lutero aspiraba a que una combinación de iniciativa secular y reformas conciliares restauraran la pureza del papado. la Iglesia de Lutero se hizo cada vez más política en su dependencia respecto de la autoridad secular. cuando la necesidad lo requiere. De acuerdo con esta concepción. según la cual la Iglesia era una societas perfecta. fue abandonada la idea de la Iglesia como una societas perfecta. porque son religiosos en grado similar. 122. Mientras Lutero adhirió a una posición conciliarista. Alcanzada esta etapa. lo antes posible. la doctrina del «sacerdocio de todos los creyentes» asumió importancia fundamental. esencialmente aristotélica y política. la Iglesia encerraba en sí misma los recursos necesarios para remediar cualquier achaque o defecto que pudiera aquejarla. Las autoridades seculares poseían el derecho y la responsabilidad de iniciar el proceso de reforma: «En consecuencia.queaba todos los esfuerzos tendientes a la refoxma. cualquiera que sea miem­ bro verdadero de la comunidad cristiana en su conjunto debe tornar medidas. En lugar de la supremacía papal. sobre todo porque también son cristianos y sacerdotes. Mientras Lutero puso sus esperanzas en un concilio eclesiástico como agente de la reforma. su calidad revolucionaria era atenuada por el uso de argumentos con- ciliaristas. para lograr un concilio auténticamente libre. . Solo en parte es correcto atribuir la insistencia de Lutero en la autoridad secular a la desesperada situación de un reformador que no tenía otra alterna­ tiva que apelar a esos dominios. Nadie está en mejores condiciones para esto que las autoridades secu­ lares. Estos argumentos conciliaristas contribuyeron a ocultar dos aspectos que emergían del pensamiento luterano: el recurso a la autoridad se­ cular y el prejuicio contra las instituciones. págs. una sociedad que se bastaba a sí misma y contenía su propia autoridad. y porque su autoridad es similar en todos los aspectos». 167. y la concepción luterana de la Igle­ sia se hizo más clara. el carácter revolucionario de su teoría sobre la Iglesia permaneció atenuado.1® Pese a la acritud desplegada en los escritos de Lutero de este período. ahora se consideraba que la revitalización de su vida espiritual dependía de un agente externo. vol. Estos dos procesos — el recurso a los gobernan­ tes seculares y la idea luterana de la Iglesia— se interrelacionaban dialécticamente. Pero en cuanto rompió con el Papa y el concilio.

287-89. Ahora se confiaban a los gober­ nantes algunas de las prerrogativas religiosas que antes pertenecían al Papa. I I . abandonó naturalmente toda la idea de una autoridad que hi­ ciera las veces de contrapeso.extremas declaraciones durante la Guerra Campesina señalan un súbitc descubrimiento del poder absoluto de los príncipes seculares. Los orígenes de este dilema residían en el desequilibrio desarrollado entre su teoría de la Iglesia y su teoría de la autoridad política. Su insisten­ cia en el poder secular debe ser considerada. 17 A este respecto fue significativa la carta de Lutero a Juan. convirtiéndose en un rechazo plano del papado y de toda la estructura jerárquica de la Iglesia. se hace más comprensible el dilema posterior de Lutero. su doctrina de la autoridad política había evolucionado hacia un enfoque más amplio de las fun­ ciones y autoridad de los gobernantes. los poderes seculares. como produc­ to de la profundización del radicalismo antipolítico de sus convicciones religiosas.. en esta etapa de su pensamiento. . porque la amonestación papal está abo­ lida y cada uno hace lo que quiere ( . . al asignar derechos exclusivos sobre lo «político» a los gobernantes temporales. En este punto surgió la dificultad mayor. una necesidad que antes había subestimado. cit. véase W orks. M. cuya ayuda había invocado en la lucha por la reforma religiosa. aunque discrepó con los papistas respecto de la índole de ese cargo. Jacobs. De este modo. E n los años iniciales de su oposición al papado. no podía ser logrado sino recurriendo a las autori­ dades seculares. 383. En sus últimos años. vol. en cambio.. la organización eclesiástica era vista como un impedimento a la ver­ dadera creencia. cuyo poder él había exaltado de modo persistente. por razones prácticas. Lutero no desmintió el argumento fundamental de los papistas. eds. Smith y C. IV . vol. con ellos vienen el deber y dificultades de poner en orden estas cosas». que. según el cual los asuntos espirituales exigían una cabeza gobernante. y al minimizar el carácter político y poder eclesiástico de la Iglesia. abrigaba una elevada opinión sobre la autoridad secular. Hay in­ dicios suficientes de que. y todos los monasterios y fundaciones pasan a manos de vuestra Gracia como go­ bernante. su pensamiento conservó la tradición medieval de un conjunto específico de instituciones eclesiásticas.17 Así. pág. El producto final de esta situa­ ción fue la Iglesia territorial (Landeskircbe). . ya antes de los levantamientos campesinos. Pero al madurar sus opiniones. Quedó roto el vínculo entre creencias religiosas e instituciones religiosas. op. abrió el camino a un monopolio temporal so­ bre todo tipo de poder. ) Pero ahora que ha concluido el go­ bierno impuesto del Papa y el clero sobre los dominios de vuestra Gracia. comenzaron a asumir la forma de un aprendiz de brujo que amenazaba a la religión con un nuevo tipo de control ins­ titucional. capaz de contener las arremetidas de los poderes temporales. se la acentuaba en la política. De modo concurrente con estos procesos en la con­ cepción de la Iglesia sostenida por Lutero. Lutero comenzó a prestar creciente atención a la necesidad de organización religiosa. págs. P. pero esto. Lutero lamentaría en varias ocasiones que los gobernantes hubieran quedado liberados de los controles papales. mientras la autoridad institucional era socavada en la es­ fera religiosa. La debilidad institucional de la Iglesia no le permitía competir con el po­ der secular racionalizado por Lutero. Cuando se capta esto. elector de Sajonia: «Ya no hay temor de Dios ni disciplina.

169-70. la suprema vocación del hombre era pre­ pararse para el libre don de la gracia de Dios. op. Jacobs._2 vols. 23 (W erke. 10-27. intelectual. Sobre este telón de fondo. que procuraban recobrar el verdadero significado de la Biblia por medio de inves­ tigaciones filológicas. eran vanas si no estaban informadas por la gracia santificadora de Dios. cit. I. cit. Davies. 19 El prolongado aprendizaje de Lutero en escolasticismo es examinado en J. «Las obras buenas y piadosas nunca pueden producir un hombre bueno y piadoso. .19 Se declaró perniciosa la influencia de Aristóteles. en consecuencia.18 De modo similar. 31 y sigs.21 A este respecto. La significación de este «imperativo simplista» reside en la diversidad de modos en que fue expresado: político. I. pág. que a su vez fue resultado de su concepción de la religión. así como religioso. vol. vol. vol. 150. págs.. es necesario. 60. su radicalismo apuntó también contra el corpus de conocimiento tra­ dicional representado por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. vol. eds. 359. 486. pág. la autenticidad de la experiencia dependía del carácter directo y sin inhibiciones de la relación. The problem of authority in the continental reform en. vol. Londres: Alien & Unwin. Troeltsch. 225.. los ministe­ rios de una jerarquía eclesiástica y todo el sistema sacramental eran tan inútiles como peligrosos. 21 La distinción de Lutero entre las Escrituras y la Palabra de Dios es analizada por R. La experiencia religiosa se situaba alrededor de una comunicación intensamente personal entre el individuo y Dios. por consiguiente. 20 Woolf. cabe agregar que lo ayudaron estudiosos humanistas contemporáneos como Reuchlin y Erasmo. Wyon. trad. y por E. E n suma. Smith y C.Así. no hacían más que multiplicar los inter­ mediarios entre Dios y el hombre. al inglés por O . 1931. Lutero reclamó un retorno a la sabi­ duría sin adornos de la Biblia y la Palabra de Dios. págs. la elevación de la autoridad política planteada por Lutero estuvo íntimamente ligada con su idea de la Iglesia. 78. Lon­ dres: Epworth Press. 1946. el aristotelismo cristianizado de Tomás de Aquino fue condenado como una «desdichada superestruc­ tura sobre una base desdichada». pero un hombre bueno y pia­ doso hace buenas y piadosas obras».. Las buenas obras. decir algo respecto de sus doctrinas religiosas y la influencia de estas sobre su eclesiología y opiniones políticas. todo lo que se interponía entre Dios y el hombre debía ser eliminado. 64. Mackinnon. T he social teaching of the Christian churches. 18 Freibeit eines Christenmenschen.20 Impaciente respecto de la «Babel de la filosofía» y de sus interminables y sutiles controversias acerca de lo sustancial y lo accidental.. y suscitaban la inferencia de que existía un sustituto para la fe. Según la teología luterana. op. sino que fluía de la profunda convicción de que siglos de filosofía habían influido la desnaturalización del significado de las Escrituras y en el respaldo a las pretensiones del papado. los únicos mediadores verda­ deros eran Cristo y las Escrituras. I. V II). efectuada por Lutero. Intelectualmente. págs. 2. P. M. la famosa metáfora de Lutero sobre los «tres muros» que rodeaban al papado simbolizaba la fuerza impulsora predominante en su pensamiento religioso: la compulsión de borrar y arrasar todo lo que interfería con la relación correcta entre Dios y el hombre. 50 y sigs. 227-29._E. Con respecto a la búsqueda del signi­ ficado «original» de las Escrituras. Este rechazo no se nutría de ignorancia.. tomó la forma de un rechazo casi total de la tradición filosófica medieval.

67. Afirmó que los sacramentos debían ser entendidos como algo más que un signo o un símbolo. Q. Además. 63. en cambio. Es sipificativo. Q. 3. art. No fue un ac­ cidente. sino algo así como un instinto infalible. 65. Desde este punto de vista. se habían impregnado profundamente de tintes políticos. La «naturaleza de poder» de los sacramentos tenía además importante influencia sobre la función de los sacerdotes. art. Q.los pronunciamientos de los concilios y las doctrinas de los canonistas. es decir. 3. aparece en Summa Theologiae. según la cual el sacramento representaba más que u n signo. estos aspectos políticamente su­ gestivos fueron abandonados. y solo esta justifica a los hombres. 2. donde Santo Tomás pone de relieve cómo el sacramento imprime en el alma un «carácter». La gracia queda así restringida a una gracia sacra­ menta]. Este aspecto se amplía en I I I . La gracia no era algo administrado o infundido por el poder impersonal de un intermediario. si se recuerda que la doctrina de la Iglesia medieval. el ataque de Lutero tuvo como efecto disolver la alianza en­ tre pensamiento religioso y pensamiento político. y Q. 65. ad 1. ya que la medida en que cada uno de estos había incorporado conceptos po­ líticos era. =& I I I . I I I . La función de los sacramentos como un poder que causa o infunde gracia es descrita en I I I . Se capta mejor la significación de este ataque. 61. Q. ad 1-2. Q . 1. la promesa de perdón y reconciliación al pecador arre­ pentido. 60. arts. art. art. Es significativo que Lutero haya reducido la cantidad de sa­ cramentos. La relación entre la ad­ ministración de los sacramentos v los cargos eclesiásticos es definida en I I I . Aparece un importante indicio de esta tendencia en el pensamiento de Lutero en el contraste entre su teoría de los sacramentos y la sostenida por un teólogo medieval como Tomás de Aquino. por último. 1-3. y la naturaleza de los sacramentos era definida de modo que robustecía el carácter político de la Iglesia y su sacerdocio. y que entre los eliminados haya estado el sacramento de la ordenación. ad 2. 62. 8. lo que llevó a Lutero a reunir en un mismo grupo a filósofos. En pá­ ginas posteriores seguiremos examinando el descenso del nivel político del ministerio luterano. Q. 1. art. 3. 11. eran una forma de poder {vis spirituálh) que imprimía a quienes lo recibían determinado carácter. Q. era el libre don de Dios. Uno de los aspectos más notables de la exposición de este sobre los sacramentos era su ca­ rácter doblemente político: el lenguaje y los conceptos evocaban imá­ genes marcadamente políticas. La ne­ cesaria conexión entre sacramentos y salvación es expuesta en Summa Theologiae. 4. aquí basta con hacer notar que esto era augu­ rado en la doctrina de Lutero acerca de la relación entre los sacramen­ 22 La argumentación de Santo Tomás. 62. El sacramento de la or­ denación establecía una necesaria y saludable desigualdad de algunos hombres sobre otros. Q. entonces. ad 2. art. art. la superior excelencia del sacerdocio era esencial para la perfección de los legos. canonistas y teólogos. sobre todo. 72. la ordenación trasmitía al sa­ cerdote un poder ( potestas) para consagrar. cuestión de grado. que las doctrinas de la supremacía eclesiástica y de la plenitudo potestatis del Paoa estén insertadas en las explicaciones de los sacramentos: I I I . con sus insinuaciones concomitantes de jerarquía. . su teología formal y su filosofía. la gracia que informaba al alma era una gracia infusa {gratia infusa). para utilizar su divino poder efectuando un cambio milagroso en los elementos euca- rísticos de la Misa. art.22 En la concepción luterana.

IV. 24 W orks. Solo un reino. Debo a esta excelente obra su esamen de las formas contrastantes de los usos sacramentales. pág. «An essay on the development of Luther’s thought on justice.-4 Aunque las antítesis entre estos dos ámbitos se manifestaban de di­ versas maneras — en sus modos de vida contrastantes. 58. y todos los demás elementos de gobierno. 19. ley respaldada por la coacción. Véase el reciente estudio de F. 23 Citado en T. Lutero insistió desde un primer momento en que la vocación de Cristo había sido eminente­ mente apolítica. W hale. ya en Eusebio hallamos una argumentación en la cual monoteísmo y monarquía se justifican mutuamente. tos y el estado de gracia del creyente. E. Cambridge: Cambridge Uni- versity Press. Harvard Theological Studies. 426. vol. vol. Cranz. law and society». vol. 261-62. . donde el gobierno temporal go­ bernaba a los no cristianos y a creyentes tibios que requerían un poder coactivo y restrictivo que los mantuviera dentro de límites decentes. po­ seía algún atributo político que lo vinculara con el significado habitual de la palabra «reino». Todas estas tendencias. que buscaban con diligencia la Palabra de Dios y el Espíritu de Cristo. sin em­ bargo. 25 W orks. I I I .23 Un segundo ejemplo de las tendencias despolitizadoras en Lutero es el proporcionado por su concepción del Reino de Dios. Solo aquí había poder represivo. los exégetas cristianos recurrieron a conceptos políti­ cos para definir la naturaleza del poder de Dios y el gobierno de Cris­ to. . fueron resistidas por Lutero. compuesto de cristianos creyentes y practi­ cantes. Esto quedó claramente registrado en unas palabras de Melanchthon que pueden ser consideradas como el epitafio de la teología política medieval: «Los sacramentos no justifican ( . vol. . sino también porque la abolición del principio jerárquico había destruido la fundamentación de las dis­ tinciones de poder y autoridad entre crecentes. por otro lado. 1955. el reino del mundo.. The protestant tradition. del otro. 252. puedes ser justificado aun sin sacramento. S. 265. el del mundo. 26 Ibid. ) Por consiguiente. págs. en la ética vi­ gente en cada uno y en los objetivos buscados— un aspecto se relacio­ naba especialmente con este estudio. no entraba ninguna característica política importante. y los tintes políticos quedaron prácticamente eliminados. 234-37. I I I . una cuña de contención entre los dos ámbitos que impedía cualquier trasposición fácil de categorías. el elemento de poder en los sacramentos disminuyó en im­ portancia. Al insistirse en la justificación por la fe. basta con que creas».25 La índole apolítica del reinado de Cristo era posibilitada no ^solo porque la coerción y la ley eran innecesarias para los cristianos. quien. y trasladó esta idea al examen de la función cumplida por sacerdotes y obispos dentro de la Iglesia. al insistir repetidamente en una nítida demarcación entre el Reino de Dios y el reino del mun­ do. Desde el co­ mienzo mismo. págs. 238-40. pág. En la con­ cepción luterana del gobierno de Cristo.26 Coronaba estas ideas la vigorosa advertencia de Lutero en el sentido de que no era posible utilizar el poder para apresurar o impulsar la salvación de los hombres. De un lado se alzaba el Reino de Dios. 1959. introdujo. de hecho. págs.

a menos que pueda mostrarle el camino hacia el cielo. También aquí se insistía en derribar los «muros» que separaban al creyente del objeto de sus creencias. No era posible crear ni infundir la fe por medio de un agente externo. 252. 28 Ibid. ordenándole que ejerza su autoridad en nombre de los demás». . 318. cuando algo es común a todos. al grito de batalla de «sola Scriptu- ra» y «solafide». I. . aunque nadie tiene derecho a administrarlos sin autori­ zación de los miembros de su Iglesia. no podía haber distinción entre creyentes: «Todos tenemos la misma autoridad con respecto a la Palabra y los sacramentos. 114. so­ lamente Dios. pág. Toda la jerar­ quía eclesiástica. actúa simplemente en nombre de toda la congregación. págs. . fue una pronunciada veta de primitivismo religioso.29 La recom­ 27 Ibid. laboriosamente construida a través de siglos de interpretación. Estos aspectos del pensamiento de Lutero cobraron dimensión adicional cuando este. sino que debe esperar la orden de la Igle­ sia) ( . era una predispo­ sición interna del individuo que lo inclinaba hacia Dios.. el sacerdotalismo era superfluo. vol. que enarbolaba la simple fe contra la complicación filosófica y estaba dispuesta a destruir «las imágenes de la sabiduría ancestral» en nombre de un retorno al cris­ tianismo original. sino que surgía de la convicción de Lutero de que la fe solo podía ser alcanzada por medio del esfuerzo individual. el hecho fundamental no era Su poder sino Su Palabra: «Nadie da ni puede dar órdenes al alma. se lanzó a un ataque directo contra la concepción me­ dieval de la Iglesia. no se enseñará ni aceptará otra cosa que la Palabra de Dios».. o a invitación de la mayoría (porque.28 El igualitarismo extremo implícito en la doctrina del sacerdocio de los creyentes no era dictado por ninguna relación necesaria entre los creyentes mismos. El prejuicio contra las instituciones Uno de los productos de esta rebelión contra la autoridad de la filo­ sofía y la concepción católica de una sabiduría histórica acumulada. ) Cuando un obispo consagra. pág. con sus sutiles gradaciones de autoridad y función. debía ser arrasada. en consecuencia. la «libertad cristiana» del creyente no debía ser li­ mitada por factores externos. Dado que el hombre común podía comprender el sencillo significado de las Escrituras.Aun en el Reino de Dios. pero esto ningún hombre puede hacerlo.. sacerdotal ni político. 29 Ibid. en cuestiones relativas a la salvación de las almas. Pueden elegir uno de entre ellos. y que. cuyos miembros tienen todos igual autoridad. Por consiguiente. 113.27 III. ninguna persona aislada está facultada para arrogárselo.

. según la cual toda so­ ciedad u orden presuponía una cabeza dirigente. La teoría de la sociedad de la Iglesia elaborada por Lutero llevaba im­ plícitas algunas repercusiones novedosas y de vastos alcances. sino su inferior? Aun queriéndolo. En oposición a esta arraigada creencia. X IV .. no debía ser situada en un conjunto físico de cargos. aun­ que no tuviera cabeza— contradecía una de las premisas comunes de gran parte del pensamiento clásico y medieval. al mismo tiempo. vol. insistien­ do una vez más en la tendencia apolítica en la nueva eclesiología. salvo Cristo mismo y sólo Cris­ to. 30 Ibid. 349. . no se podría estable­ cer autoridad donde hay tales personas.32 La antítesis dialéctica a esta condición es el gobierno temporal. Esta insistencia en la hermandad de los creyen­ tes arraigaba en una antipatía hacia el poder que constituía una de las características básicas de la sociedad de la Iglesia luterana. 262. I I . el corpus mysticum gobernado por Cristo: «Entre los cristianos no hay superior. Propo­ nía esta formulación extrema: una sociedad no solo podía conservar su identidad sin el poder de una «cabeza» visible.pensa de la fe era la pertenencia a la comunión invisible de los cristia­ nos. dirigente. pág. I. a lo «superior». para constituir una Igle­ sia».. la cual aparece como una sociedad espontánea. que culmina en la sociedad invisible de santos donde «todos lo tienen todo en común». Es la noción que subraya la naturaleza social de la Iglesia. Y ¿qué clase de autoridad puede haber donde todos son iguales y tienen igual derecho. en gran medida. vol. ni identificada con ninguna institución jerárquica. ) Esta unidad basta. Ya desde Platón y Aristóteles. los fi­ lósofos habían sostenido que no podía haber orden correcto de ningún tipo a menos que lo «más bajo» estuviera subordinado a lo «más alto». de por sí. Había así. de que una sociedad podía florecer y expresar su identidad sin re­ currir a un principio jerárquico. sino que la perfección de su naturaleza exigía que fuera acéfala. 31 Ibid. de un lado. La Iglesia consistía sencillamente en «una reunión de corazones en una sola fe ( .80 La «verdadera» Iglesia. quienes gozaban de él se situaban en una condición de igualdad con sus congéneres. Este aserto — que una sociedad podía estar sólidamente unida y ser cohesiva. un gobierno sin verdadera sociedad o hermandad. que dirige su sociedad mediante la dominación y el poder. pues nadie quiere ni puede ser el superior». del otro.31 Había en esta idea de la Iglesia un aspecto que presentaba nota­ ble afinidad con un tema ya discutido respecto de Agustín. una fuente central de impulso. alegre — «nun jreut euch lieben Chrlsten gemein»— y. Ubre de coacción. lo «inferior». . una sociedad sin gobierno. 32 W erke. igualmente inquietan­ te. Lutero revivió la concepción radical de la pertenencia cristiana: ser cristiano significaba ocupar un rango más elevado que cualquier otro. pág. entonces. y nadie desea ser supe­ rior del otro. posesión y honor. Lutero sostenía además la afirmación. ya que su carácter y natura­ leza no les permiten tener superiores. poder. vol. pág. 714.

W orks.36 Este descenso de rango era acompañado por un cam­ bio drástico en la relación entre ministro y congregación. príncipes ni gente común. págs. esto se habría registrado en su doc­ trina sobre el ministerio. P or ejemplo: la igualdad de los creyentes y la mínima función del ministerio eran concepciones que se apoyaban en ciertas premisas acerca de la posibilidad de los creyentes para re­ 33 W orks.33 Esto significaba la trasformación del sacerdote medieval en un ministro. 117. sino en Cristo y en Dios mismo. el sacerdocio no denotaba poder ni autoridad. 181. en la cual el poder asignado a cada capa se hallaba en proporción in­ versa a la longitud de esta. el ministro enfrentaba a su congregación como un pri- rnus ínter pares. el ministro podía ser desplazado de su cargo por quienes lo habían elegido. la idea de una igualdad de opciones o derechos. 367. ni siquiera como la masa de hombres. es‘ decir. Esto plantea el interrogante de cuál sería la función de los ministros en la nueva Iglesia. I. 326-28. Como destacó Lutero. 252. sino derivaba del con­ sentimiento de los pares. príncipes.. págs. una influencia decisiva sobre las teorías democráticas. el ministro no podía recurrir a las misteriosas fuentes de autoridad surgidas de una tradición de siglos. por ese intermedio. Aunque Lutero negó con insistencia que la igualdad de los creyentes obviara la necesidad de un ministerio exper­ to. I I I . 36 Woolf. No somos bautizados como reyes. sino «cargo». 262. vol. IV. Works. sin embargo. fue descartada a cambio de la imagen plana de una sociedad cuyos miembros eran. A diferencia del sacerdote. 318. Despojado de la mysti- que del cargo. esta igualdad de condición no encerraba el mismo signi­ ficado que en el pensamiento democrático posterior. idealmente. 115. vol. donde «nadie desea ser el superior del otro. Significaba más bien algo más estimulante y ominoso a la vez: una igualdad de mutua subordina­ ción. ni se nos llama re­ yes. una función definida. I I I .«. sino su inferior». El cargo mismo ya no era consagrado por el represen­ tante de una poderosa institución eclesiástica. . Dado que era producto del consentimiento y no de la autoridad. si Lutero se hubiera sentido obligado a reincorporar al­ gunos elementos de poder papal. 115. 35 Ibid. pág. vol. y que ejercerían. . 37 Woolf. esta negativa no presagiaba en modo alguno la reintroducción de elementos políticos en la Iglesia. vale decir. 34 Ibid. 247. todos iguales.34 Al rechazar los dos principios de monarquía y jerarquía — en cuanto estos se aplicaban a cuestiones eclesiásticas— Lutero marcó también una etapa im portante en la destrucción de ciertas formas de imágenes políticas. sino cristianos». págs. 82. vol.37 Al despolitizar el ministerio. 249. E n otras palabras: si bien eliminó de su teoría sobre la Iglesia algunos elementos políticos — sobre todo los que se afincaban en la idea de una jerarquía eclesiástica— Lutero terminó también por adoptar otros. Lutero introdujo algunas trasparentes alusiones acerca de la congregación que serían incorpo­ radas al pensamiento de los sectarios radicales de los siglos xvi y x v n . un agente que administraba. 79.33 Sin embargo. La idea de que la sociedad formaba una enorme pirámide. vol. pág. exponía y explicaba la Pa­ labra de Dios. págs. I. .

si no logramos una devoción docta y elocuente. Esto representaba algo más que la idea aristotélica acerca de la superioridad de un juicio mancomunado. Lutero se refería luego con admiración a Tauler y la Tbeologia Germánico. porque todos tenemos una sola fe. de Lutero (1522): « . Compárese San Agustín. 227-29. . «no quedará en nuestra tierra un tomista ni un albertista. Pero que quienes medran en exquisi­ teces literarias no protesten contra la dicción rústica ni desprecien las envolturas toscas y humildes vestiduras de nuestro tabernáculo. Cuando comparo la teología es­ colástica con la sagrada. que simbolizaba la pretensión papal de ser el intér­ prete definitivo de la doctrina. I. En esta concepción de una her­ mandad religiosa cohesiva. compartido por un cuerpo de comulgantes. sino únicamente simples hijos de Dios y sus hermanos cristianos. la posición papal se basaba en una especie de platonismo cristia­ nizado. Sin lugar a dudas. sino de un conocimiento interior. Aunque más tarde Lutero modificó su optimismo en cuanto a las capacidades del creyente común. me parece algo lleno de impiedad y vanidad. bajo la influencia de los místicos.39 Contra esta «epistemología aristocrática». encerrando además vastas impli­ caciones para el pensamiento político. y en parte por una convicción de que ningún agente humano exterior podía obligar a salvarse a la conciencia individual. 135-36. 119-20. págs. La concepción luterana no implica­ ba juicio alguno. y a juzgar qué es correcto o erróneo en la fe?». al cual contribuían los ciudadanos. que enfrentaba la «fe sencilla» y sin complicaciones del pueblo con las sutilezas de los teólogos. sus enunciados iniciales dieron vigoroso estímulo a las corrientes que culminaron en el congregacionalismo. vol. y afirmaba tanto el derecho como la capaci­ dad de la congregación para juzgar las enseñanzas religiosas.40 Adoptó esta posición en parte por una profunda convicción acerca de la pri­ macía de la comunión directa entre Dios y el alma individual. es decir. ser puesto ante monjes cristianos no munidos de antemano de la armadura de Dios». vol. premisas que parecían reflejar la defensa aristo­ télica de la capacidad del ciudadano para juzgar: «. . Como lo advirtió instintivamente Lu­ tero. prefiramos al menos una devoción indocta e infantil a una impie­ dad que es tan elocuente como infantil». P. no se relacionaba con cuestiones contingentes.3s De esto se desprendía la exigencia luterana de que fuera derribado el «segundo muro». capaz de decidir y actuar sin ayuda de ninguna jerarquía.. págs. y peligroso en todos los aspectos. el cual sostenía que las verdades discutidas solo podían ser resueltas por una inteligencia especialmente dotada. Smith y C. Epistle. Estos sentimientos fueron enfatizados en la Carta al lector cristiano. se hallaba latente la idea adicional de una comuni­ dad que podía expresar una verdad. eds. 120. 41 Aunque la tecría conciliarista había subrayado la idea de una comunidad re- . págs. expresando la esperan­ za de que.conocer la verdad. I I . no era el producto de talentos y expe­ riencia diversos. 4-5. un solo y mismo sacramento. op.. vol. ¿por qué. . I. . porque contienen toda la gloria de la hija del rey. con la Santa Biblia. W orks.Todos y cada uno de nosotros somos sacerdotes. 76-77. 138. pág. I. sino con verdades fundamentales. un solo Evangelio. v o l/L V . entonces. págs. M. cit. un escotísta ni un occamista. 39 Woolf. no tendríamos derecho a probar o verificar. 40 'Woolf. Jacobs. vol.41 38 Woolf. Lutero proponía una «democrática».

. En Lutero. 191-213. «Luther». cit. y era. Pese al notable intento tomista por elaborar una cómo­ da adaptación entre el orden político y el divino. págs. Para evaluar el nuevo marco teórico dentro del cual debía actuar ahora la autoridad temporal. vol. «Luther’s ecclesiology and his concept of the prince as Ñotbischof». A.42 En los últimos años de su vida. págs. 27-87. V I. pág. vol. «The idea of the Church in Christian history». Desde sus comienzos. L. vol. pág. Paucfc. págs. 148. el impulso hacia el desentendimiento adoptó una forma muy diferente. 43 Compárese W orks. T. págs. vol. Véa­ se el examen en E. fue sistematizada más tarde por Agustín con el tenso simbolismo de la chitas dei y la chitas terrena. la concepción luterana de la autori­ dad política asume una importancia decisiva. era menos significativo que su creciente confianza en la auto­ ridad secular para vigilar la Iglesia visible y asegurar cierta uniformi­ dad religiosa. La primera abarcaba a aquellos cristianos cuya débil fe requería una forma visible de estructura organizativa. Gesammelte Aufsatze zur Kirchengeschichte. Spitz. I. vol. vol. y solicitaba la ayuda de estos. La advertencia bíblica. La unidad debía ser creada externamente. Londres: Roudedge and Ke- gan Paul. J. vol. McNeill. vol. aun para la Iglesia invisible. pág. «The Church in sixteenth century reformed theology». op. Mientras que Agustín había confiado en la Iglesia co- ligiosa con jueces. Nashville: Broadman Press. págs. 113-41. esta concepción fue debilitada. 1950. 1954. . págs. hay que referirse a las actitudes cristianas anteriores respec­ to del orden político y el cargo de gobernante. no solo por el hecho práctico de que la nacionalidad estaba socavando las ideas de una sociedad universal de cristianos. Church and State in Luther and Calvin. la actitud cristiana hacia la política se había mezclado con un persistente impulso a desentenderse del mundo. en gran medida.La nostalgia por la sencillez apostólica de la Iglesia primitiva no cegó a Lutero ante el hecho de que una forma casi anarquista de organiza­ ción eclesiástica no era receta adecuada para una congregación real. vol. 42 W orks.. 349-57. Mueller. 22. 1923. Church His­ tory. vol. I I . Dado este proceso. E. 2 vols.. Medieval political ideas. derivaba su unidad de la fe. op. ya que una religión que se había negado el poder de una organización eclesiástica se veía ahora ante gobernantes políticos no trabados por los frenos tradicionales de las instituciones religiosas. 'Whale. págs. julio de 1942. cit. Church History. W. 361. 288 y sigs. independiente de toda organización y regulaciones. 5-35. La Iglesia invisible. En una eta­ pa temprana de su obra. W . Tubinga. Lutero prestó mayor atención al valor de las «señales distintivas». IV . _V. I . La teoría luterana de la Iglesia ha sido discutida por K.. págs. V II. por la acción humana. no obstante. Holl. en págs. 24-54. J. «Mi Reino no es de este mundo». 22. pág. Glencoe: Free Press. Lewis. junio de 1953. cuyos miembros vivían en diversos estados de gracia y fe. 208-10. y del mismo autor. en cambio.43 Esto. I. I. Journal of Religión. sino también porque los mismos conciliaristas no pudieron o no qui­ sieron renunciar a las categorías de pensamiento jerárquicas y monárquicas. 21. págs. Troeltsch. comenzó a elaborar la distinción entre la Igle­ sia «visible» y la «invisible». septiembre de 1952. 251-69. S. 369-77. 1954._ 75. 477-94. W. The heritage of the Reformation. cap. los místicos y mo­ násticos perduraron como testimonios elocuentes de los rastros de in- civtsrne en el cristianismo. vol.

Estos contrastes de perspectivas temporales se relacionaban íntima­ mente con algunas diferencias importantes en las ideas políticas de Agustín y Lutero. 1952. Lutero. el legado teológico y eclesiástico de esos siglos debía ser descartado. 359 y sigs. participaba hasta entonces en la perfección inscrita en la esencia misma de las cosas. el concepto de un orden divino simbolizaba algo más que una ingeniosa mezcla de diversidades. Según Agustín. el ordo había actuado como principio inmanente en el conjunto de la creación. la idea de un futuro portador de la promesa de liberación siguió siendo un elemento vivido de su pensamiento. Aunque Agustín — en contraste con las expectativas de algunos cristianos primitivos— minimizó la inminencia del mile­ nio. El milenarismo ate­ nuado de Lutero contribuyó de modo importante a su marcada anti­ patía hacia la historia. Hay también algunas obser­ vaciones pertinentes en E. la perspectiva temporal luterana reflejaba una acuciante urgencia por volver a un estado más primitivo de perfección cristiana. págs. Después de los días de la sencillez apostólica. Voegefin. En consecuencia. N. Cbristianity and classical culture. pág.mo principal respaldo para la salvación individual. Glaube und ünglaube in der Welt- geschichte.44 Una razón fundamental de las diferentes funciones asignadas al gobierno por Agustín y Lutero reside en las diferentes posiciones históricas ocupadas por uno y otro. . en cambio. El pensamiento de Agustín estaba profundamente teñido por las es­ peranzas milenaristas habituales en los primeros siglos de la era cris­ tiana. un sustento ex­ traído de la naturaleza misma de la creación. en un cosmos pleno de sig­ nificado y dirección— adquiría una firme estabilidad. 109 y sigs. Por consiguiente. Para Agustín. Aunque Agustín había destruido la concepción clá­ sica de la autonomía y autosuficiencia del orden político. aunque la comunidad política estaba destinada a ser sustituida en el desenlace de la historia. Sobre la base de estas creencias. la historia había pasado a ser un registro de la degradación de la Pa­ labra. The neto Science o f politics. 45 D e Civitate Dei. Leipzig. pág. el or­ den político — integrado. toda aso­ ciación. era una concordia dinámicamente orientada hacia la perfección. no lo había dejado flotando en el limbo. se convirtió para el otro en un presente interminable. 1911. por consiguiente. y véase H . aunque no fuera cristiana. Scholz. se apartó signifícatxvatoente de la concepción agus- tiniana de ordo. Lutero se sintió obligado a invocar al poder secular para que ayudara a las almas cristianas a li­ brarse de la tiranía de la Iglesia organizada. tenía valor en la medida en que 44 Este aspecto de San A gustín es brillantemente descripto en C.40 Los mil años trascu­ rridos entre Agustín y Lutero no podían dejar de tener un efecto apa­ ciguador sobre el optimismo cristiano. formaba parte de un radicalismo orientado a recapturar los auténticos elementos cristianos del pasado distante. Lo que para uno había sido un futuro tentador. como lo estaba. Cochrane.& Chicago: University of Chicago Press. que exigía cierta resignación de parte del creyente. 81-84. Era natural que adoptara una perspectiva temporal orientada hacia el futuro. relegando al Esta­ do a la función de guardián del orden. Así. X X . Era una parte integral de todo el ordo de la creación y contribuía con su parte a la preservación de la armo­ nía total.

Al mismo tiempo. sino que el poder secular que defendía el orden provenía de la divinidad. inesta­ ble y propenso a caer. . En otras palabras: el orden político mismo no era sustentado por un prin­ cipio divino. como hasta ahora se ha creído que lo tenía el Orden Papal.. véanse vol. vol. V. 28. que había sufrido la caída. pág. IV . 38. V I. 81-82. 231- 33. Sobre este mismo aspecto.46 Al abandonar el concepto de ordo como principio sustentador dentro de una pauta de significado más amplia. Debe actuar libremen­ 46 W orks. vol.. V I. entonces. como primer «muro» a de­ rribar. Lutero no se jactaba en vano al afirmar que él había alabado al gobierno temporal más que cualquier otro desde Agustín. validez.47 Tales alabanzas eran necesarias. por su parte. y la espada es la vara y la violencia de Dios sobre él». las pretensiones papales de jurisdicción temporal. Aquí su ló­ gica exhibió el mismo impulso que su teorización religiosa: tal como el libre acceso de los creyentes a las Escrituras debía ser protegido de la interferencia papal. tiene valor intrínseco propio. . Pero todo orden encuentra su vida. la espa­ da del gobernante debe estar roja y ensangrentada. pág. 266-69. E l elemento divino de la autori­ dad política se trasformaba inevitablemente de principio sustentador en principio represivo y coactivo. así también el gobernante secular debía estar desembarazado en sus esfuerzos por lograr el orden: « . 299 y sigs. reducía el princi­ pio inmanente de «orden» a un principio formal. El orden debía ser impuesto: «Nadie piense que el mundo puede ser gobernado sin sangre. Este gobierno tiene jerarquía espiritual. 460. 248-53. La falta de integración entre el orden político y el divino produjo una marcada tensión dentro de la concepción luterana del gobierno. La adhesión de Lutero a la autoridad temporal no fue. 48 Ibid. pág. 186. 23. precario. ya que el mundo es y debe ser perverso. vol. El orden polí­ tico aparecía como un logro inequívocamente frágil. era básicamente desordenado. sino que estaba arraigada en la convicción de que el mundo del hombre. sin viabilidad real: «El orden es algo exterior. pues. V. una vez que el orden político había sido extraído de su contexto cósmico. págs. de lo contrario no tiene valor ni sir­ ve para nada».. pág. Por bueno que sea. págs. fuerza y virtud en su utilización correcta. Entonces ya no es orden. 47 Ibid. vol. I I I . vol. puede ser mal utiliza­ do. . Lutero.aseguraba paz y tranquilidad. IV . Ningún orden. la vulnerabilidad de este or­ den creaba la necesidad de una autoridad poderosa y represiva. pro­ ducto de una etapa especial de su evolución. El corpus social de la cristiandad incluye el gobierno secular co­ mo una de sus funciones componentes.48! Es significativo que Lutero haya indicado. aunque desempeña un deber secular. sino desorden. vol. Lutero privó al orden político del respaldo moral derivado de este conjunto más inclusivo. págs.

\cit. págs. 204-17. V. pág. Solo el gobernante secular derivaba de Dios sus poderes. págs. pág. vol. op. En su función más secular y política. 147. 121. sino en el hecho de que ahora su po­ der sería ejercido en un contexto en que las instituciones papales ha­ bían sido despojadas de divinidad y poder.50 El énfasis sobre la autoridad secular fue acompañado por otros cambios doctrinarios que realzaron más aún esa autoridad. 117. . Spitz. . Cuando se invocaba al gobierno temporal para que ayudara a fomentar reformas religiosas. pág. el poder papal era resultado de maquinaciones humanas o. a pesar del Papa. en cambio. ni en sus responsabilidades en cuanto a la reforma religiosa. Lutero elevaba el rango de los gobernantes invistiéndolos de dignidad sacerdotal: también ellos «son sacerdotes y obispos». L'essor de la philosophie politique au X V Ie. París: Vrin. cualquier cosa contra­ ria a Dios y perjudicial para el hombre en cuerpo y alma». el go­ bierno aparecía como esencialmente negativo y represivo. 1951.. sino que variaba según que el problema fuera primordialmente religioso o político. . vol. W. las referencias allí citadas. págs. 235. Al mismo tiempo que socavaba la jerarquía sacerdotal mediante la idea del sacerdocio de todos los creyentes.275. IV. En una es­ fera. ) Cada comunidad. Historicbe Zeiíschrifl. 51 Woolf. 118 y sigs. y por más que estos denuncien y excomulguen cuanto les plazca». 1920. se lo consideraba un agente positivo y constructivo. pág. 114. 54 W orks. 226-27. 1-22.54 El eslabón 49 Woolf. «Luther über chrisdiches Gemeimresen una christlichen Staat». se lo juzgaba la única alternativa para poner en marcha la refor­ ma. También hay algunas observa­ ciones interesantes en F. en la otra.52 El legado de la cristiandad pasaba a manos de nuevos depositarios: los príncipes «desempeñan su cargo como un cargo de la comunidad cristiana.33 La significación práctica de la función asignada a la autoridad política residía. peor aún. y el sacerdote y el campesino fueron situados en un plano de igualdad respecto de la jurisdicción secular. El orden político sin contrapeso El enfoque luterano de la autoridad política no era monolítico. 232. 129-30. concejo y ad­ ministración tiene autoridad para abolir e impedir. en cambio. debe castigar e imponer cuando haya culpa o lo exija la necesidad. págs. pág. 289-91. 52 Ibid. 114-15. Meinecke.. vol. obispos y sacerdotes. vol. además. no tanto en su amplio mandato. vol. te y sin estorbos sobre todos los miembros del corpus-. Mesnard. 53 Ibid. y en beneficio de dicha comunidad ( .01 Quedó borrada la nítida frontera que separa­ ba al clero de los legos. 141. 50 Hay un examen reciente de este problema en L.. véanse. 16/. siécle. la única alternativa frente a la anarquía. I. P. de las del Anticristo. I. al margen del co­ nocimiento o consentimiento del Papa u obispo.49 Las prolongadas disputas eruditas acerca de si Lutero mantuvo o no la concepción medieval de un corpus christianum han servido para os­ curecer los profundos cambios que efectuó en el contenido de dicho concepto. I I I .

por un lado. cit. La entidad política no puede ser felizmente gobernada solo me­ diante normas y reglamentos. de que los gobernantes fueran liberados de restricciones preexistentes para cumplir su tarea. vol. Hallando en las leyes de la sociedad la misma confusión y complejidad vigentes en las cuestiones religiosas. De aquí que. ni cómo adap­ tarlos al caso inmediato. ín the thought of Luther» (op. de que la ley natural se convierte en un mero conjunto de homilías morales cuando se la traslada a un contexto en que solo el poder de los gobernantes ha sido elevado por encima de todo otro rival institucional. pág. subraya la función de la ley natural y la razón en los es­ critos de Lutero. no limitado por las 55 Woolf. «Natural lav. ya que no sabrá cómo utilizarlos. Si no tiene esta sabiduría. . I. el gobernante secular. había procurado libe­ rar. 298. esto prueba solamente que Lutero no era Ma­ quiavelo. perm itían al gobernante desconocer las leyes o coá- tumbres existentes. provenían de las exhortaciones de los mi­ nistros. y en que la fidelidad a la otra gran institución de poder ha sido condenada. este elemento. que reapareció cuando aquel se abocó al análisis de las actividades seculares del gobierno. sea más importante asegurarse de que el control esté en manos de hombres buenos y sabios que promulgar determinadas leyes. . y los resolverán con equidad. Una de las pocas ocasiones en que Lutero recurrió a citas de Santo Tomás se relacionó con un argumento en favor de un poder laico ili­ mitado en momentos de emergencia. conducirá el gobierno con más acierto cuando lo guíen las circunstancias y no los decretos legales. desde que los ministros ya no hablaban como representantes de una poderosa institución eclesiástica. con argumentos análogos. En otras palabras. vol. V I. estarán alertas a todo tipo de problema. McNeill. Si la sagacidad nata acompaña al conocimiento de las leyes divinas. sus métodos legales no producirán sino daño. la eficacia de esta restricción sería problemática. I. III. vol. Es verdad que Lutero elogió ocasionalmente el de­ recho consuetudinario. o equidad. Estaba. págs.que ligaba ambos enfoques de la autoridad política era la exigencia. planteada por Lutero. aparte de las de su propia conciencia.). pág. Work¡. 234. 272-73. Véase Woolf. T. 187. vol. Ya hemos examina­ do. pero también en este contexto Lutero sostenía que la ley na­ tural y la razón. Lutero propuso una solución característicamente sencilla y extrema: « . Aunque algunos comentaristas han mostrado que Lutero nunca se propuso emancipar a las autoridades seculares de los dictados de la ley natural y la razón. es obvio que las leyes escritas serán superfluas y nocivas».55 Las únicas restricciones que actuaban sobre el gobernante. en efecto. la ley natural jugaba en el pensamiento de Lutero un papel liberador y restrictivo. La situación así creada estaba madura para un choque entre las dos en­ tidades que Lutero. Véase W orks. y no que aque­ llas fueran restricciones saludables. en los asuntos públicos. . Se trata. pág. pero un examen minucioso del contexto de su argumen­ tación demuestra que lo que afirmaba era que las leyes consuetudinarias se adap tafean mejor a las condiciones locales que las leyes imperiales. Hombres de este tipo serán por sí mismos la mejor de las leyes. J. con respecto al ataque de Lutero contra el papado. Si el administrador es sagaz.

ya que estos hacen. interfiriendo. 57 Ibid. su sal­ vación definitiva no dependía de ningún modo del mundo. El gobierno se justificaba por la existencia de grandes masas de injustos e impíos. los hom­ bres se combatirían mutuamente y la sociedad caería en el caos. como quiera que se llame. 23942. vol. I I I . El gobierno. y su fe nunca podía ser resultado de sus obras. W erke (W eimar Ausgabe). el verdadero cristiano no podía sufrir ningún per­ juicio real. La cuestión fundamental planteada en ese momento fue si el desenfreno generalizado llegaría eventualmente a socavar la paz de los fieles. págs. vol. así con la búsqueda de salvación. sin ayuda ni guía de las instituciones sacerdotales. 240-41. I. 234. 357. y el secular. por lo tanto. así como su impiedad y servidumbre. El verdadero creyente era un súbdito del Reino de Dios. Aunque se podía esperar que hi­ ciera más de lo exigido por sus obligaciones sociales y políticas.59 Lutero modificó la doctrina de la libertad cristiana guiándose por sus experiencias durante la Guerra Campesina. incluso contra su voluntad». de­ béis dejar el reino de la tierra a quien quiera tomarlo». 235-36. por sí mismos. La presión de los sucesos obligó a¡ Lutero a suavizar la distinción entre el Reino de Dios y el reino del mundo. que frena al no cristiano y al malvado obligándolos a mante­ nerse tranquilos por fuera. pág. a falta de coacción. las leyes y las modalidades de la sociedad po­ dían afectar los bienes físicos del hombre. pág. Sin embargo. . por el otro.presiones de instituciones rivales. 640-43. I I I . mucho más de lo que pueden exigir sus leyes y doctrinas». Lutero escribió a menudo como si el pri­ mero nunca presentara una amenaza para el segundo. el estado de que disfrutaba el creyente que había roto sus dependencias externas y orientado su alma hacia una completa sumisión a Dios. págs. 234. W orks. IV . espiritual. 378-79.57 Aun cuando los gobernantes seculares — cuyos caracteres criticó Lutero con frecuencia— excedieran sus límites y promulgaran órdenes con­ trarias a la Biblia. 58 Woolf. donde sólo Cristo gobier­ na. I I I . V I. sus buenas obras en el mundo eran la consecuencia de su fe. I. y 56 W orks. 235. págs. vol. es evidente que ninguna cosa exterior. «ambos reinos serían destruidos. Woolf. vol. la congregación cristia­ na. I. vol. pág. vol. puede hacerlo libre ni religioso. Es que su religión y libertad. «Por esta razón. entonces. no es posible que la espada y la ley seculares hallen tarea que cumplir entre cristianos. vol. el gobierno secular sería innecesario. págs. pág. Si vencían los campesinos rebeldes. 59 W orks. «Por consiguiente. pero nunca el centro vital de su alma: «Cuando observamos al hombre interior. 248. no son corporales ni exterio­ res». de hecho y de nombre. 447 y sigs. que median­ te el Espíritu Santo bajo Cristo hace cristianos y gentes piadosas.08 La «libertad cristiana» era. págs. y vemos lo que le pertenece si llega a ser un cristiano libre y devoto. Dios ha dispuesto dos gobiernos: el espiritual..56 Si todos los hombres llegaran a ser verdaderos cristianos. 357-58. 368-70. que buscaba la gracia divina. «Tenéis el reino del cielo. vol.

pág. Igual dificultad se planteaba cuando Lutero admitió que los hombres no estaban obligados a obedecer cuando un gobernante impartía ór­ denes contrarias a las enseñanzas de las Escrituras. I I I . de este modo: la autoridad temporal podía asegurar al verdadero creyente la paz exter­ na.02 Pero esto sólo podía referirse al verdadero creyente. A veces sos­ tenía que la autoridad no podía ejercer coacción sobre las conciencias de los creyentes. 61 W orks. insistía en que el gobierno no debía ejercer coacción sobre las conciencias. 211-12. Sin embargo. IV. comparada con el cuerpo principal de sus escritos. mientras que la autoridad política podía resistir a la autoridad religiosa sobre bases políticas o religiosas. sin embargo. op cit. nadie. I I I . Para el descreído. en la cual Lutero aprobaba la resistencia al emperador. entonces. págs. vol. Así. pág. pág. las autoridades religiosas nunca podían resistir a la autoridad política por motivos religiosos ni políticos. vol. vol. vol. 492. La religión y la actividad política se entrelazaban más íntimamente de lo inferido por la teoría de los dos reinos. págs. I I . El gobierno existía «para que los buenos puedan tener paz exterior y protección. P. vol. En otros momentos. 262-64. págs. Jacobs. De este modo. en paz y tranquilidad». La incongruencia definitiva surgió durante la Guerra Campesina. eds. su valor como prueba es re- . esto era coherente con su enseñanza de que ningún factor externo podía afectar la libertad del hombre cristiano. I I I . eds. pág. 28. V I. 320..».. el go­ bierno podía imponer orden externo y virtud externa. cit. Smith y C. Ciertos comentaristas han atribuido mucha importancia a la declaración conjunta de 1531. I. M. había insistido en que los gobernantes seculares recurrieran a la fuerza contra el papado.63 60 W orks. IV . Jacobs. solo él era dueño de una conciencia que las acciones externas no podían dañar. ciertas confusiones comenzaron a surgir en el pensamien­ to de Lutero cuando procuró relacionar su doctrina del gobierno con los problemas de la obediencia y la libertad de conciencia. 23. sino que el resultado sería la destrucción permanente de Alemania . 271. vol.. 460.eo Sí tanto el Reino de Dios como el reino del mundo compartían la necesidad de orden. el verdadero creyente no podía ser tan indi­ ferente respecto del orden político como lo sugería la doctrina de la libertad cristiana. 63 Ibid. vol. a un tirano.. vol. M. La teo­ ría luterana sobre el gobierno se resumía. II. págs. op. 226-28. sostuvo empeñosamente que no se debía resistir a los gobernantes seculares por ningún motivo. Smith y C. ya que solamente él poseía una conciencia guiada por la Biblia. Con ante­ rioridad. cuando Lutero sostuvo que cualquiera tenía dere­ cho a matar a un campesino rebelde. como lo admitía Lutero. cualquiera podía eliminar a un rebelde. 255-56. 231-32. Los elementos contradictorios aparecían en otros aspectos de las en­ señanzas de Lutero respecto de este mismo tema general. . vol. 220. y jamás podía afectar su virtud interna. vol. págs. . vol. P.01 No obstante. págs. Esto sólo podía querer decir lógicamente que la liber­ tad de conciencia era útil antes que nada para los injustos que algún día podían ser guiados de vuelta al rebaño.no habría gobierno mundano ni Palabra de Dios.. IV. y para que los perversos no puedan estar libres para hacer el mal sin temor. Al mismo tiempo. I. pág. 62 W orks.

además. págs. no mitigada por las sombras de nin­ guna reserva y destinada. Con algunas ideas ingeniosas acerca de la autoridad. vol.». en lugar de rechazarla. la hallaremos en su incapacidad de evaluar la importancia de las instituciones. Su obsesión respecto de la sencillez religiosa lo condujo a ignorar la función de las institucio­ nes religiosas como frenos políticos.. . En ambos casos. Cambridge: Cambridge University Press. Las consideraciones religiosas inter­ venían solamente en los extremos de la relación. 64 J. en gran medida. examinando sus ideas como si fueran dos la­ dos de una misma moneda. Lutero no pudo apelar a nin­ guna organización religiosa efectiva como mediadora. el orden y las clases sociales. Lutero sostuvo con firmeza el derecho de los cristianos a reprobar los excesos de los príncipes. N. obra de Me- lanchton. y a los súbditos. por ejemplo. Lutero sólo consiguió hacer que la ética cristiana pareciera carente de impor­ tancia para la lógica del orden político: «los dichos sobre clemencia corresponden al reino de Dios y entre cristianos. Studies of political thought from Gerson to Grotius. un año antes había aconsejado no resistir al empe­ rador. no al reino del mun­ do . ed. salvo la relación única entre gobernante y gobernado. En momentos de crisis política y social. págs. Lutero estampó su propia firma recién después de muchas angustias y vacilaciones espirituales. cit. tiende a presentar el problema principalmente en términos de frenos morales y religiosos. 389. op. pero la peculiaridad de la relación entre los supe­ riores políticos y sus inferiores residía en que gran parte de ella no era penetrada por valores religiosos. En realidad. en esencia. Así como sus enseñanzas religiosas recalcaron la relación única de un creyente que se confía a la misericor­ dia de Dios. MacKinnon. Véase J. se vio obligado a confiar a los príncipes toda la causa de la paz. vol.®5 La búsqueda de sencillez también tuvo efectos al examinar Lutero las instituciones políticas. también el orden político quedaba despojado de casi todo. 65 W erke. tal declaración fue. X V III. . comparó a Lutero con Maquiavelo. Lutero elaboró una doc­ trina política de severa sencillez. la impotencia moral del hombre. Figgis. 2a. pág. adoptando aquí la forma de aceptar la auto­ ridad. Al parecer. Durante la Gue­ rra Campesina. y sus propios escritos atestiguan en qué medida siguió ese consejo.Autores más recientes criticaron con frecuencia a Lutero por promo­ ver la causa del absolutismo político. . pese a estar convencido de que no todos los errores corres­ pondían a un solo bando. IV . 1931. de la perversidad de la desobediencia. eran el origen de su dependencia. Las consecuencias sociales de una religión débilmente organizada eran evidentes en su propia época. el súbdito se hallaba bajo una orden divina: obedecer a los gobernantes en toda circunstancia política ducido. Figgis. mientras que el go­ bernante recibía de Dios su autoridad. 1414-1625. Tratando de resolver esta dificultad. Si buscamos la debilidad fundamen­ tal del pensamiento de Lutero. 25-27. a convencer a los príncipes de la conveniencia de gobernar paternalmente. y su impiedad.64 Aunque este enfoque es correcto en cuanto subraya los extremos a que llegó Lutero al librar a los gober­ nantes temporales de las restricciones anteriores. 55-61..

concebible. No se formulaba ninguna estipulación en cuanto a las de­
más complejas relaciones existentes en un orden político. La relación
política, como la religiosa, era personalizada, más que institucionali­
zada. Estas ideas señalaron el eclipse de la concepción medieval de
una sociedad política, con toda su rica sugestión de un todo corpo­
rativo, entretejido en un interés común. En el pensamiento luterano
no había equivalente del monarca ideal de Tomás que veía a sus súb­
ditos sicnt propria metnbra, como miembros de su propio cuerpo.68 El
gobernante de Lutero, en cambio, estaba modelado a la imagen del
Dios del Antiguo Testamento: colérico y vengativo, aunque suavi­
zando su ira con una preocupación paternal. Esta creciente enemistad
entre la autoridad política y la sociedad que gobernaba se acrecentaba
por el hecho de que la sociedad misma ya no era descrita mediante
categorías teñidas por la idea del corpus mysticum. La promesa de una
sociedad basada en la hermandad había sido reservada exclusivamente
para la sociedad de la Iglesia. Además, el amor compartido de que
Cristo impregnaba a los integrantes de esa sociedad más perfecta crea­
ba en ella un dinamismo interior, una capacidad de movimiento auto-
generado ausente en una sociedad no santificada. La sociedad política
no estaba impregnada de amor, sino de conflictos que viciaban toda
posibilidad de vida común e impedían al conjunto actuar al unísono.
La incapacidad de la sociedad política para generar sus propias accio­
nes ofrecía justificación para la arrogante posición del gobernante
temporal, cuyo poder absoluto era el remedio lógico para una sociedad
depravada, urgentemente necesitada de control, pero impotente para
proporcionarlo; su posición fuera de la sociedad y por encima de ella
no hacía sino dramatizar la enfermedad de un cuerpo que sólo se mo­
vía con el estremecimiento del conflicto convulsivo.
A este respecto, la doctrina de la libertad cristiana expuesta por Lu­
tero, y su defensa de la desobediencia por motivos religiosos, no alte­
raron mucho el balance favorable al gobernante secular; ambas ideas
habían sido vaciadas de su contenido político. La «verdadera» libertad
quedaba trasformada en un estado interno de fe, mientras que la obli­
gación era desvinculada de las relaciones políticas, haciéndosela aplicar
únicamente a cuestiones religiosas; en asuntos políticos, los hombres
debían obedecer sin discutir.
La conclusión de lo antedicho es que el problema planteado por
Lutero no surgía del divorcio entre actividad política y valores reli­
giosos, sino de la falta de significación política de la ética cristiana.
Aunque Lutero presuponía, por cierto, que valores cristianos tales
como el amor, la amabilidad y la caridad ejercerían una influencia sa­
ludable sobre la sociedad y la actividad política, no logró demostrar
su viabilidad para abordar otros problemas que los situados en el
nivel elemental del hogar y la vecindad. La ética cristiana bien podía
ser aplicable en el nivel personal, íntimo, sin tener, sin embargo, sig­
nificación alguna para las relaciones creadas por un orden político
complejo. Lutero no llegó a advertir esta dificultad porque redujo las
relaciones políticas a una sola forma. El mismo entrevio, en parte, la
inadecuación política de la enseñanza cristiana. En el panfleto Sobre

66 De Regimine V n n á p u m , lib. I, cap. X II.

el comercio y la usura#* (1524) comenzaba su argumentación expo­
niendo las estrictas enseñanzas cristianas al respecto; no tardaba, sin
embargo, en tener que admitir que la ética cristiana tenía aquí poca
utilidad, ya que la mayoría de los miembros de la sociedad no actuaban
como cristianos. Solucionó esta dificultad abandonando el argumento
cristiano para invocar, en cambio, el brazo coactivo del gobierno. Con­
cluía su exposición afirmando que el mundo quedaría reducido al
caos si los hombres intentaran gobernar guiándose por el Evangelio.07
Estas dudas acerca de la efectividad política de las enseñanzas cristia­
nas tenían raíces en la ambigüedad fundamental característica del pen­
samiento de muchos de los primeros reformadores, que abogaban, en
el aspecto religioso, por reformas muy intransigentes y drásticas, mien­
tras que exhortaban al quietismo en el aspecto político. Lutero, por
ejemplo, rechazaba con vehemencia toda distinción jerárquica entre
creyentes cristianos; sin embargo, presupuso que una jerarquía social
era natural y necesaria.68 Defendía con elocuencia la santidad de la
conciencia individual, pero aceptó sin vacilar la institución de la servi­
dumbre. Admitía que algunas quejas de los campesinos eran justifi­
cadas; no obstante, les aconsejó que no atribuyeran mucho valor a las
preocupaciones materiales. Estaba dispuesto a plantear interrogantes
fundamentales acerca de toda forma de autoridad religiosa; respecto
de las instituciones políticas, en cambio, no abrigaba escepticismo al­
guno, aun cuando dudara de la moral y las motivaciones de los gober­
nantes. Su pensamiento representó una notable combinación de rebe­
lión y pasividad.

67 W orks, vol. IV, págs. 16-22. Sobre este tema, véase el estudio de B. N. Nel-
son, The idea o} usury, Princeton: Princeton University Press, 1949, pág. 29
y sigs.
68 Ibid., págs. 240. 308: vol. V, pág. 43 y sigs.

6. Calvino: La educación política del
protestantismo

«Quien camina hacia el oeste (. . . ) renuncia a orientarse hacia el
norte, el este y el sur. Ouien admite un unísono, renuncia a todas las
posibilidades de caos». D. H . Lawrence.

I. La crisis en el orden y la civilidad
El problema político legado por Lutero y alimentado por las sectas
radicales de la Reforma tenía su centro en una crisis que se desarro­
llaba en torno del concepto de orden y de la tradición occidental de
civilidad. La crítica al papado de los primeros reformadores había
significado, en realidad, una exigencia de liberar al creyente individual
de la masa de controles institucionales y restricciones tradicionales
que habían gobernado hasta entonces su conducta. La Iglesia medieval
había sido muchas cosas; entre ellas un sistema de gobierno. Había
procurado — no siempre con éxito— controlar el comportamiento de
sus miembros mediante un código de disciplina definido; ligarlos en
unidad por medio de compromisos tanto emocionales como materiales,
y dirigir todo el esfuerzo religioso a través de la estructura de poder
institucionalizado más notable que haya conocido el mundo. La
Iglesia había proporcionado, esencialmente, un conjunto racionalizado
de restricciones destinadas a moldear la conducta humana de acuerdo
con determinada imagen. Condenarla como agente del Anticristo era
favorecer la liberación de la conducta humana respecto del orden que
la había formado. Esta tendencia liberadora fue alentada por una de
las grandes ideas de los primeros reformadores: la concepción de la
Iglesia como una hermandad ligada por los vínculos de la fe y unida
en una búsqueda común de la salvación. Este énfasis en la comunidad
representaba una versión posterior del tema ya examinado con res­
pecto al cristianismo primitivo: la superioridad de una forma «social»
sobre una forma «política»; de una fusión voluntaria de miembros
sobre una sociedad sometida a normas que le eran impuestas desde
afuera:

«Communicare significa tomar parte en esta hermandad, o — como de­
cimos nosotros— ir al sacramento, porque Cristo y todos los santos
son un solo cuerpo espiritual, como los habitantes de una ciudad son
una sola comunidad y un cuerpo, ya que cada ciudadano es miembro
del otro y de toda la ciudad ( . . . ) En esto somos todos hermanos y
hermanas, tan estrechamente unidos los unos a los otros que no se

puede concebir relación más íntima ( . . . ) ninguna otra hermandad
es tan íntima . . .».1

La dificultad residía, sin embargo, en que la idea de Genossenschaft
carecía de la idea complementaria de la Iglesia como corpus regens,
como una sociedad corporativa soldada mediante una estructura viable
de poder. Dicha idea sugería que los hombres podían ser amoldados
para vivir en una comunidad ordenada sin uso firme y serio de
3a fuerza; que podían ser miembros de un grupo que era social, pero
no político; y que sus «otras» funciones como miembros de una so­
ciedad política exigían una actividad inferior en sí misma. Estas ten­
dencias aparecieron, en su. forma más extrema, en el movimiento
anabaptista, que se desarrolló de modo contemporáneo al luteranismo.
La obsesión que dominaba a los anabaptistas era la de preservar la
pureza de su Iglesia en el seno de un mundo que podía contaminarla.
Intentaron lograrlo separando su comunidad del mundo, y negando
que sus miembros tuvieran obligación alguna con respecto al orden
político. En otras palabras: la índole «social» de su comunión debía
ser mantenida evitando el contacto con el exterior «político».
A este respecto, la breve y violenta dictadura anabaptista establecida
en Münster tuvo una afinidad con el enfoque básico del movimiento,
pese a que la dictadura contradecía el ideal anabaptista de no-violen­
cia.2 Los partidarios de Thomas Muentzer eran motivados por el mis­
mo odio hacia el mundo, por el mismo impulso antipolítico presente
en la versión más pacífica del anabaptismo. En lugar de rechazar el
mal y tratar de evadirse del mundo, los muentzeristas reaccionaron de
modo muy similar a algunos grupos marginales del puritanismo del
siglo x v n : lucharon con «santa violencia» para vencer al mundo co­
rrupto, para eliminar sus elementos viciosos y remodelarlo a la imagen
de una pura comunión de santos.3 Pacífico o sangriento, el impulso
antipolítico era común a esta mentalidad.
Como ya vimos, Lutero había llegado a reconocer que, por la hetero­
geneidad de sus integrantes, la Iglesia visible era una sociedad defec­
tuosa, y necesitaba, en consecuencia, mecanismos disciplinarios. Su

1 W orks of Martin Luther, C. M. Jacobs, e d , Filadelfia, 6 v o ls, 1915-1932,
vol. I I , págs. 10, 29-30; citada en adelante como Works. Con respecto a la con­
cepción luterana de la sociedad, véase C. Trinkhaus, «The religious foundations
of L uther’s social views», en Essays in medieval life and thought, J. H . Mundy,
R. W. Emery y B. N. Nelson, eds., Nueva York, 1955, págs. 71-87.
2 Véase F. H . Littell, The anabaplist view of the church, Boston: Starr King
Press, 2a. e d , 1958, esp. caps. Ib , II , I I I .
3 La expresión «santa violencia» aparece en las obras de u n escritor puritano
del siglo x v n , R. Sibbes, y es citada por J. C. Brauer, «Reflections on the na-
ture of English puritanism», Church History, 1954, vol. 22, págs. 99-108, pág.
102. Véanse las características generales del pensamiento anabaptista en R.
Friedman, «Conception of the anabaptists», Church History, 1940, vol. 9, págs
335-40; H . S. Bender, «The anabaptist visión», ibid., 1944, vol. 13, págs. 3-24:
R. EL Bamton, The Reformation of the sixteenth century, Boston, 1952, pág. 95
y sigs.; J._S. Whale, T h e protestant tradition, Cambridge: Cambridge University
Press, 1955, pág. 175 y sigs. La estrecha relación entre las formas «pacíficas» y
«violentas» de anabaptismo es examinada en L. H . Zuck, «Anabaptism; abor-
tive counter-revolt w ithin the Reformation», Church History, 1957, vol. 26, págs.

pensamiento presentaba, no obstante, la siguiente paradoja: por un
lado, desconfiaba de las instituciones y personalidades políticas, y a
menudo las despreciaba; sin embargo, debido a que identificaba la
sociedad de la Iglesia con una unión voluntaria ligada por el amor,
la fe y la adorada presencia de Cristo, se veía obligado a invitar al
sospechoso orden político a que vigilara la santa comunidad. La razón
de esto residía en su concepción de la Iglesia como una unidad esen­
cialmente «social»; por ser una hermandad, no podía generar poder,
dominación ni autoridad. De tal modo, el gobierno secular aparecía
— sin que ello le otorgara dignidad— como la única encarnación de
una disciplina ordenadora efectiva; era la principal fuerza cohesiva de
la sociedad. A la jurisdicción política, pese a su importancia prác­
tica, no correspondía la virtud cristiana, sino la coacción y la represión.
El gobernador era menos el agente de los fines comunes de la comu­
nidad que una especie de sumo sacerdote que presidía misterios pro­
fanos. En suma, la hostilidad hacia el orden político también formaba
parte del enfoque luterano.
Estas ideas tuvieron como resultado poner en peligro toda una tradi­
ción de orden y civilidad, ya que, revestidas como lo estaban en el
lenguaje de la religión, y dirigidas como lo eran a un público que
tomaba la religión en serio, no podían sino determinar un conjunto
de actitudes que tendrían profundas repercusiones en la conducta
y enfoque políticos de sus partidarios. En medio de esta crisis en
desarrollo, Calvino propuso un sistema de ideas para contener el aban­
dono de la civilidad. En el aspecto político, procuró restaurar la re­
putación del orden político, recordar al hombre protestante el lado
político de su naturaleza, e instruirlo en los rudimentos de una educa­
ción política. Para lograr estos fines, tuvo que romper con la ense­
ñanza de Lutero, según la cual el gobierno era una potente maquinaria
de represión, y el orden político, superfluo para el hombre cristiano.4
En el aspecto religioso, la eclesiología de Calvino era una elaboración
sistemática del principio según el cual una sociedad de la Iglesia per­
manecería incompleta e ineficaz si no poseía una estructura institucio­
nal capaz de articular su vida. Una comunidad de creyentes reunida
no bastaba; hacía falta el elemento adicional del poder para asegurar
la coherencia y solidaridad del grupo. Las dificultades encontradas por
los luteranos y los anabaptistas serían superadas mediante el recurso,
esencialmente político, de un sistema político eclesiástico. La Iglesia
luterana resultaba cada vez más vulnerada a las presiones políticas;
las congregaciones anabaptistas, por su parte, parecían haberse eva­
dido del mundo solo para verse trastornadas por desórdenes internos.
Aquella, entonces, estaba plagada de interferencias políticas, esta, de
confusiones en la democracia congregacional. Frente a estos proble­
mas, Calvino declaró que el mejor sistema de gobierno de la Iglesia
debía tratar de bastarse a sí mismo, pero sin divorciarse de la vida de
la sociedad política; debía seguir el principio sostenido por la Refor­
ma de incorporar a los miembros a la vida activa de la Iglesia, pero
sin confiarles la estrecha supervisión de sus asuntos; debía proporcio­
nar dirección y conducción fuertes dentro de la Iglesia, pero sin res­

4 W orks, vol. V , pág. SI.

taurar al Papa. Al delinear en estos términos una solución, Calvino
creó una teoría política del gobierno de la Iglesia.
Aunque sería exagerado concluir que Calvino presidió la «liquidación
de la Reforma»,5 es innegable que su énfasis en la estructura y la
organización, en la necesidad de controlar los impulsos liberados por
la Reforma, inauguró una nueva etapa del movimiento. El individuo
debía ser reintegrado a un doble orden, religioso y político; estos ór­
denes, a su vez, debían vincularse en una unidad común. Se debía
remediar la discontinuidad entre obligaciones y restricciones religiosas
y sus equivalentes políticos; había que acercar más la virtud cristiana
y la virtud política. El orden resultante no era una «teocracia», sino
una comunidad corporativa que no era puramente religiosa iú pura­
mente laica, sino un compuesto de ambas.

II. C arácter político del pensamiento de Calvino
La obra restauradora de Calvino apareció con suma claridad en su
teoría de la Iglesia, ya que en este terreno había sido más evidente la
inclinación antiinstitucional de los primeros reformadores. E n su teo­
ría, la idea de la Iglesia tenía dos aspectos: la Iglesia visible y la
Iglesia invisible. Definía a la segunda como «la sociedad de todos los
santos, una sociedad extendida sobre todo el mundo, y ejdstente en
todas las épocas, pero ligada por la sola doctrina y el solo Espíritu
de Cristo . . ,».6 La Iglesia visible, por su parte, aparecía como una
concesión a la debilidad humana. Como incluía «muchos hipócritas» y
muchos miembros con diversos grados de fe, su existencia era acom­
pañada por señas más tangibles que la predicación de la Palabra y la
administración de los sacramentos. Su ubicación no era universal, sino
específica; su unidad no era garantizada por la gracia, sino que exigía
una estructura de cargos definida y tranquilizadora; de modo que su
concordia no era espontánea, sino producto calculado de la disciplina.
La Iglesia visible, en suma, era una especie de forma subalterna de
sistema político eclesiástico, adaptada a las debilidades de la naturaleza
humana. Al mismo tiempo, Calvino advirtió repetidamente que las
disparidades de perfección entre la Iglesia visible y la invisible no
podían justificar que los hombres se apartaran de la forma visible
en un deseo de evitar la contaminación. Dijo a este respecto que
«abandonar la Iglesia» era «renunciar a Dios y Cristo», «una disen­
sión criminal».7 Así como Aristóteles había creído que todo sistema
político imperfecto podía ser mejorado, también Calvino creía que
toda Iglesia visible podía ser reformada con medidas sensatas.

5 P. Im bart de la Tour, Les origines de la Réformation, París. 4 vols.. 1905-
1935, vol. IV , pág. 53.
6 «Letter from Calvin to Sadolet», Tracts relating to the Réformation, trad. al
inglés por H . Beveridge, Edimburgo, 3 vols., 1844, vol. I, pág. 37.
7 The institutes of the Chrístian religión, *** trad. al inglés por J. Alien, Filadel-
fia: W estminster Press, 2 vols., s. f., vol. II , págs. 281-83 (IV , i, 8-10); en
adelante será citado como Inst., y todas las traducciones, salvo cuando se indique
lo contrario, serán de allí.

El fin al cual debían encaminarse tales medidas era la unidad. Esta
era la marca que distinguía a cualquier sociedad, visible o invisible,
religiosa o civil. La solidaridad de cada tipo de sociedad, sin embargo,
se expresaba de modo diferente. La unidad de la Iglesia invisible, por
ejemplo, no era producto del arte humano, sino resultado de la elec­
ción secreta de Dios, que había predestinado para la salvación a sus
integrantes. El destino excepcional de los santos, sin embargo, no eli­
minaba el hecho de que vivían una vida social. E n su comunión, for­
maban una sociedad universal; los vínculos comunitarios provenían
del amor común de Cristo.8
También para la Iglesia visible, Cristo servía de punto central para
la lealtad, objeto de compromiso continuo y definitivo del que deri­
vaba la unidad del todo. La fuerza que conservaba a la sociedad de
creyentes no era producida desde el centro de control de un Papa que
actuaba como depositario del corpus christtanum. La fuerza cohesiva
provenía, en cambio, de un espíritu místico que actuaba a través de
los miembros que se habían unido a Él para formar un corpus mys-
t i c u m En el sacramento de la Ultima Cena, la sociedad poseía un
simbolismo unificador, que apuntaba no solo hacia el elemento divino
que se encuentra en el centro vital de la sociedad, sino hacia el prin­
cipio sustentador del amor que alimentaba la identidad común de los
miembros. El rito sacramental significaba un bien común que los
participantes compartían con Cristo y a través de él. Y el amor común
de Cristo pasaba a ser el principio actuante que impulsaba a los parti­
cipantes a compartir este bien con sus compañeros; no podían amar
a Cristo sin amarse los unos a los otros, ni herirse mutuamente sin
herir a Cristo.10
El segundo vínculo primario que influía para unificar la sociedad visi­
ble era de tipo doctrinario. Mediante la prédica constante de los
ministros y el arduo esfuerzo de los miembros por moldearse sobre una
imagen de perfección, las enseñanzas de las Escrituras llegarían a pe­
netrar e impregnar las zonas más íntimas del comportamiento humano.

S «Pues si no estamos unidos con todos los miembros bajo Cristo nuestra Ca­
beza, no podemos tener esperanzas de futura herencia ( . . . ) Pero todos los elec­
tos de Dios están vinculados entre sí en Cristo, de modo que, así como depen­
den de tina sola cabeza, crecen juntos como en un solo cuerpo, unidos como
miembros del mismo cuerpo; estando hechos verdaderamente uno, viviendo de
acuerdo con una sola fe, esperanza y caridad, a través del mismo Divino Espíritu,
convocados no solo a la misma herencia de vida eterna, sino también a una par­
ticipación de un solo Dios y Cristo ( . . . ) los santos están unidos en la herman­
dad de Cristo bajo esta condición: que cualquier beneficio que Dios les confiera,
deben comunicárselo mutuamente»; ibid., vol. II , págs. 271-72 (IV , i, 2-3).
9 Commentaries on the Epistle of Paul the Apostle to the Romans, trad. al in­
glés por J. Owen, Edimburgo, 1849, pág. 458. Esto será citado en adelante como
Commentaries on Romans. Sobre este mismo aspecto, véase J. Bohatec, Calvins
Lehre vom Staat und Kirche, Breslau, 1937, pág. 271.
10 « . . . a s í como cuidamos nuestro propio cuerpo, deberíamos ejercitar igual
cuidado de nuestros hermanos, que son miembros de nuestro cuerpo; que así
como ninguna parte de nuestro cuerpo puede sentir ningún dolor sin que cada
parte experimente sensaciones correspondientes, tampoco debemos soportar que
nuestro hermano sufra ninguna calamidad sin que lo compadezcamos». Inst., vol.
II , págs. 696-97 (IV , xvii, 3 8 ). U n vínculo suplementario era ofrecido, además,
por el sacramento del bautismo, que iniciaba al miembro en la «sociedad de la
Iglesia». Inst., vol. I I , págs. 583, 611 (IV , xv, 1; xvi, 9).

Pero, aunque la prédica de la Palabra y los ritos sacramentales bas­
taban para establecer la existencia de la sociedad invisible, la sociedad
visible, que contenía miembros en diversos estados de creencia y
descreimiento, exigía ayudas adicionales. A diferencia de la sociedad
invisible, la visible no poseía la unidad de un destino común; en
consecuencia, tenía que crear su unidad por medio de una estructura
coactiva. Dicho de otra forma: los sacramentos y la Palabra podían
proporcionar a la Iglesia visible una unidad «social», pero no podían
suministrar el gobierno eclesiástico, el elemento de poder, necesario
para resolver la índole heterogénea de los miembros. El carácter dis­
par de los integrantes, destinados unos a salvarse, otros a condenarse,
solo podía ser trasformado en unidad mediante un conjunto definido
de instituciones de control, un sistema político eclesiástico destinado
a difundir y aplicar la Palabra, imponer el orden, promover la cohe­
sión y asegurar la regularidad en las decisiones eclesiásticas. La Iglesia
visible, en suma, debía ser equipada con los instrumentos de poder
adecuados.
En la medida en que requería instituciones, leyes y funcionarios que
la gobernaran, la Iglesia visible pertenecía al ámbito de arte humano;
y en tal medida, desafiaba al legislador eclesiástico a que hiciera de
ella une égltse bien ordonnée et reglée. Aunque nunca podía alcanzar
la perfección de la sociedad invisible de los elegidos, podía aspirar a
una excelencia propia especial. Al mismo tiempo, el arquitecto de la
Iglesia no tenía carta blanca total para ejecutar el gran proyecto; lo
limitaban los mandatos de la Biblia y la reverencia que debía acor­
darse a una institución divinamente ordenada. No creaba él la idea
de la Iglesia ni sus fines; su tarea era imitar — en cuanto lo permitía
el arte insignificante del hombre— el orden divino que controlaba al
universo; fusionar la diversidad en una armonía ordenada y la indi­
vidualidad en un bien común; disponer las instituciones y cargos de
la Iglesia de modo que el todo funcionara con la coherencia de un
cuerpo vivo.11
Al llamar la atención hacia la estructura de la Iglesia, sus «constitucio­
nes» y «cargos», Calvino redescubría lo que la Iglesia Romana había
practicado siempre y los primeros reformadores casi olvidado: que una
sociedad religiosa, como cualquier otra, debe hallar respaldo en las
instituciones, y que estas, a su vez, eran sumas de poder. Muchos re­
formadores, en su ansiedad por condenar el «poder terrenal» de la
Iglesia medieval, parecían creer que existía otro tipo de poder, el «es­
piritual», que debía ser el modo adecuado de expresar la autoridad de
una sociedad religiosa. Lutero, por ejemplo, siempre estableció un ní­
tido contraste entre las dos formas de poder, «espiritual» y «secular»,
y negó con énfasis que hubiera elemento común a ambos.12 El poder
«espiritual» surgía como algo sui generis; era visualizado como una
forma de persuasión sobre las conciencias de los creyentes. Era el tipo
de influencia representado por las funciones ministeriales de prédica y
disciplina. Lo que mejor sintetizó en qué medida el «poder espiritual»

11 Commentaries on Rornans, págs. 458-59.
12 W orks, vol. IV , págs. 234-37, y véase la Confesión de Augsburgo (1530),
parte II , art. V II, en P. Scbiff, ed., The creeds of Christendom, Nueva York,
3 vols., 1877, vol. I I I , pág. 58 y sigs.

estaba «orientado hacia adentro» fueron las ideas de Lutero acerca
del poder eclesiástico de excomunión o proscripción. Insistió, primero,
en que este poder, si bien podía ser utilizado para excluir miembros
de la hermandad de la Iglesia y sus sacramentos, no podía llevar con­
sigo ninguna inhabilitación ni penalidad civiles.13 Además, aunque la
proscripción podía excluir a un individuo de la «hermandad exterior,
corporal y visible», no podía afectar «la verdad y rectitud [que] per­
tenecen a la hermandad espiritual interior ( . . . ) no se puede renunciar
a ellas a causa de la hermandad exterior, que es inconmensurablemente
inferior, ni debido a la proscripción».14 De este modo, la creencia lu­
terana en la superioridad de la verdad y la fe religiosas sobre las for­
mas institucionales ayudaron a trasformar el concepto de poder «es­
piritual» respecto de lo que había sido en la Iglesia medieval. Renun­
ció a su carácter obligatorio, coactivo y definitivo, y adoptó lo que
Hobbes habría llamado una forma «fantasmal».
En el caso de Calvino, en cambio, el redescubrimiento de la vida ins­
titucional condujo al rechazo de la antítesis entre los dos tipos de po­
der y de la premisa subyacente. Gobierno civil y gobierno eclesiástico
no simbolizaban distinciones de especie, sino de objetivos. Sus res­
pectivas naturalezas, en consecuencia, eran más análogas que antitéti­
cas. Un sistema político espiritual (spiritualis polltia) tenía la misma
relación necesaria con la vida de la Iglesia que el gobierno civil con
la vida de la sociedad civil.15 También los gobernantes de la Iglesia
debían estar bien versados en «la regla y la ley del buen gobiernos,
porque tal conocimiento era esencial para preservar cualquier tipo de
orden. Por consiguiente, el orden — definido por Calvino como «un
sistema político bien regulado, que excluye toda confusión, incivili­
dad, obstinación, quejas y disensiones»— era un objetivo fundamental
de los sistemas políticos tanto religiosos como civiles.10
En el enfoque de Calvino, el orden no era un estado de autosuficien­
cia que, una vez establecido, se mantendría con el impulso de su pro­
pia perfección; exigía un ejercicio constante del poder. Así como el
orden del universo era preservado por un Dios activo, también el or­
den humano, para mantener su coherencia, debía apoyarse en una fuer­
za permanente.17 Donde había orden, había poder. En consecuencia,
aunque el tipo de poder que sustentaba un orden religioso podía lle­
var el adjetivo «espiritual», esto no lo trasformaba en una especie de
compulsión radicalmente distinta de la que presentaba el orden social.
En otras palabras, el poder espiritual constituía un aspecto especial y
no «celestial» del poder aplicado a fines religiosos.
Es cierto que, con frecuencia, Calvino parecía sostener una marcada
antítesis entre poder secular y espiritual; según él, confundirlos era
«un desatino judío». El gobierno espiritual se relacionaba con «el
13 D. Martin Luther W erke, Weimar Ausgabe, 1888- , vol. XXX, parte II,
págs. 435, 462.
14 W orks, vol. II , págs. 37-38, 52.
15 Adviértanse las analogías establecidas por Calvino entre instituciones religio­
sas v políticas; Inst., vol. II , pág. 483 v sigs. (IV , xi).
16 Inst,, vol. II , págs. 477-83 (IV , x, 27-29; IV , si, 1).
17 Inst., vol. I, págs. 52, 218, 220, 232 (I, ii, 1; xvi, 1-3; xvii, 1), En esencia,
estos pasajes indican que Dios no está «ocioso y semidormido», sino «empeñado
en una continua actividad».

no quiso decir que la conciencia interesara únicamente al gobierno espiritual. Además. G. podría decirse. él prefería lla­ mar «l"une Royaume spirituel. Reuss. 15). xx. Tenía la obligación positiva de promover y moldear una «con­ ciencia cívica». pero una conciencia de tipo di­ ferente. sino de aplicación. Como señalaremos más adelante. a influir sobre el comportamiento «externo».hombre interior» y sus preparativos para la eternidad. págs. E. o lo que los antiguos habían llamado «virtud cívica». cuando Calvi­ no definió el gobierno espiritual como el medio a través del cual «la conciencia es formada para la devoción y el servicio de Dios». en primer término. 4. vol. a corregir la «incivilidad». 622-23. 358 (In st.19 Al evitar el contraste peyo­ rativo usual entre «espiritual» y «secular». Braunschweig. IV . Calvino observó que «era habi­ tual» distinguir los dos órdenes mediante las palabras «espiritual» y «temporal». contra el segundo. xix. sostuvo el poder independiente de la Iglesia y su derecho a una jurisdicción específica. mientras que solo el gobierno político regulaba el comportamiento «externo». regulaba la «conducta externa» y «las preocupacio­ nes del estado actual». vol. Las diferencias entre ellos re­ sidían en su campo de objetos o jurisdicción. Cunitz y E.. En el otro extremo — y. igualmente peligrosos— se situaban «los adu­ lones de príncipes» que habrían querido aumentar el poder de los ma­ gistrados civiles al punto de destruir la integridad del poder espiritual. era polémico: procuraba defender el poder contra quienes lo habían rechazado de una u otra forma. La conclusión indicada por todas estas consideraciones era que «el hombre contiene. el gobierno ci­ vil. 59 vols. alterum regnum politicum) . Contra el primer extremo. 1). dos 18 Inst. pág. estos volú­ menes forman parte del Corpus Reformatorum. En un trozo suma­ mente revelador de las Instituciones. y su derecho a mandar sobre los cristianos en es­ pecial. se hace evidente que la diferencia entre los dos poderes no era de sustancia. si bien esto era bastante correcto. Por un lado. xix. Baum. . 89-90. 2. Calvino indicaba el hecho de que el elemento coactivo era común a ambos gobiernos. y que. págs. en opinión de Calvino. eds. et l’autre civil ou politique» ( regnum spirituale. al examinar con más atención las distinciones calvinistas. también del gobierno espiritual se esperaba que.is No obstante. 770-71 ( I I I . 14. E n suma. 19 Calvini Opera. Uno de los motivos más importantes que habían conducido a Calvino a situar la distin­ ción. algunos sectarios radicales habían sostenido. y al go­ bierno civil como el orden «que instruye en los deberes de humanidad y civilidad». la distinción cal­ vinista entre los dos poderes se encaminaba a preservar el poder de cada uno y refutar la concepción según la cual el poder espiritual no era sino una forma de persuasión insustancial. al go­ bierno civil le interesaba la conciencia. II . y serán citados en adelante como Opera.. y al declarar que cada uno de estos era un reino.. vol. por su parte. en síntesis. que el verdadero creyente estaba totalmente absuelto de las imposiciones de la autoridad política. A la inversa. I I I . en nombre de la «liber­ tad cristiana».. 1863-1900. ayudara a formar los hábi­ tos y modales civiles. Calvino afirmó el valor del orden civil para todos los hombres. La afirmación de que el poder espiritual no representaba una diferen­ cia de tipo es confirmada desde otra dirección. al cum­ plir sus funciones de prédica e instrucción.

En otras palabras. pág. salvo lo contenido. v. que pueden ser gobernados por diversos gobernantes y di­ versas leyes». 8).mundos. vol. y la centralización de su interpre­ tación en el ministerio tenían una finalidad social tanto como religio­ sa: proteger los cimientos comunales de la creencia contra los efectos desintegradores de los enfoques particulares. págs. ordonner loix et statuts). Ya que Cristo había sido enviado para liberar la conciencia cristiana de las cargas del error y la superstición. 90 ( I I I . De acuerdo con el primer objetivo. la insistencia de Calvino en el sentido de que la interpretación de la Biblia fuera limitada estric­ tamente a los funcionarios eclesiásticos adecuados.». Por lo tanto. II . su insistencia en la prima­ cía de una verdad pública uniforme. xix. . Calvino se mostró más sutil y legalista que nunca. La índole del gobierno exigía «alguna forma permanente» o procedt 20 Inst. Dividía el poder de la Iglesia en tres aspectos. Se vinculaba íntimamente con este tema. en la ley y los profetas. .. los dere­ chos de la conciencia llegaron a revestirse de una inmunidad casi so­ berana. «En toda sociedad humana es necesario algún tipo de gobierno para asegurar la paz común y mantener la concordia». 422-23 (IV . 23 Inst. Al referirse a este poder. en cierta medida. 11).23 Una vez demolida la argumentación romana. no con los hombres. II . el punto de partida adecuado no era la con­ ciencia. podía conducir a tantas imágenes privadas de Dios como creyentes había.20 Calvino concebía al hombre. 22 Inst. de esto se desprendía que «en cuestiones que se dejaban libres e indiferentes» ninguna autoridad podía legislar nuevas barreras entre el creyente y la promesa bíblica. vol. en los escritos de los apóstoles. «Nuestras conciencias tienen que ver. págs. viii. vol. los Papas habían invadido la santidad de la conciencia individual. Calvino sólo podía reco­ brar el mismo poder para su propia Iglesia modificando el dogma de la conciencia. El poder de predicar y exponer un cuerpo de verdades inmutables era un método para reforzar la identi­ dad colectiva de la comunidad manteniendo ante los miembros el ob­ jeto de la fidelidad común. 15). sino el orden. pág. vol. En la argumentación calvinista.. como una criatura del orden. como bien lo advirtió Calvino. el poder sobre la doctrina..22 El segundo aspecto del poder eclesiástico se centraba en la facultad de elaborar leyes {in legibus ferendis. x. para que los hom­ bres pudieran aceptar con más facilidad Sus enseñanzas. primero. I. pues quería desacreditar el uso papal del poder legislativo sin desacreditar el poder mismo. 74 (I . 5). sos­ tuvo que el papado había abusado del poder legislativo al promulgar nuevas leyes de fe que habían ocasionado a los creyentes ansiedades innecesarias. Esto. sometida a restricciones y controlada por el poder. Aquí Calvino era motivado. .21 Pero en su relación con los miembros de la Iglesia adoptaba un aspecto más positivo. y segundo. 21 Inst. estaba limitado por el mandato de que «nada debe ser admitido en la Iglesia como Palabra de Dios. II .. por la amenaza a la unidad presente en el principio reformista de poner la Biblia en manos de todos. 452-53 (IV . El primero. en ambos mundos. sino solo con Dios». Para este fin.

. era la juris­ dicción. 2a. remoldeado como criatura del orden. el poder le­ gislativo. ) La disciplina sirve. 2. como un freno que refrena y contiene a los re­ fractarios que resisten a la doctrina de Cristo. 283 y sigs. . y a veces como la palmeta paterna con la cual quienes han caído lastimosamente pueden ser castigados con miseri­ cordia y con la mansedumbre del Espíritu de Cristo». vol. y man­ tienen a cada uno en el lugar que le corresponde ( . .24 El tercer aspecto del poder de la Iglesia. 503-04 (IV . H e seguido aquí la traducción de H . Y este sistema global de controles era reforzado por la sanción suprema (se- verissima ecclesiae vindicta) de la excomunión. 1953. la excomunión implicaba mucho más que la mera ruptura de vínculos externos. I I . 26 Inst. su preeminencia derivaba del hecho de que abordaba el problema fundamental del orden: la disciplina de los miembros. aunque no era esencial para la salvación del creyente. 439 (IV .25 Su alcance abarcaba des­ de el más humilde miembro de la congregación hasta los más elevados funcionarios políticos. L ’essor de la philosophte politique au X V Ie. pág. xi. Los expulsados eran condenados a una vida sin es­ peranza. pág. o como un acicate que estimula a los inactivos. la desfiguraría y disiparía por entero». Se logra­ ría esto regulando minuciosamente su comportamiento externo y adoc­ trinándolo en las enseñanzas básicas de la sociedad religiosa. e d . Beveridge en su edición.. la «variedad de sus mentes» y el «desacuerdo en sus juicios y predisposiciones». el creyente sería reintroducido en un contexto de res­ tricciones y controles. M idi. ) puede ser mantenida en estado adecuado sin disciplina. II . Contra toda disposición permanente militaban.27 Por medio de la disciplina.. París: Vrin. una vez establecidos estos controles. 2 vols. opinio­ nes caprichosas. sino para proteger a la comuna contra los descarríos de la conciencia liberada. cuyo estado debería ser el más ordenado de todos. 25 Inst. xii. Para dominar estas fuerzas anárquicas eran nece­ sarias leyes y ordenanzas como «una especie de atadura». «Eliminarlos trastornaría a la Iglesia. esto es mucho más necesario en la Iglesia. IV . G rand Rapids. una vida fuera del círculo de la hermandad: 24 Inst. En el sistema de Cal- vino. x. vol. Este poder no era «nada más que el orden suministrado para proteger el sistema de gobierno espiritual». su existencia jugaría un papel vital en cuanto a preservar el orden de la Iglesia. Tal como la doctrina salvadora de Cristo es el alma de la Iglesia. siéde. 1952. Calvino trató deliberada­ mente de ampliar el poder de jurisdicción remontándolo alSanhedrín judío. pág. 27 Véase el examen efectuado por P. Calvino lo rescató. Beveridge). así la discipli­ na forma los ligamentos que conectan entre sí los miembros.. no en bien de la conciencia individual. y «el principal».mientos que facilitaran sus transacciones «decentemente y en orden». 27.: Eerdmans. vol. «Pues si ninguna sociedad y ninguna casa ( . . Mesnard.26 El énfasis puesto por Calvino en la disciplina hace evidente que vio en ella otro método para controlar la conciencia liberada. 434. 1) (trad. y capitalizando con ello la vasta autoridad de dicho cuerpo. Así. era fundamental para la protección de la sociedad religiosa. tales como la «diversidad en las costumbres de los hombres». 1). págs. en consecuencia. . sin embargo.

ya ansioso. . 273-74 (IV . . y como agente vital para lograr la perfección individual. en coacción. 29 De Civ. lib. para adaptarlo a una imagen cristiana de civilidad. Indica solamente que la concepción calvinista de una sociedad de la Iglesia surgía como culminación de una larga herencia intelectual que se extiende hasta los comienzos del cristianis­ mo. en algún sentido mimético. Iglesia y creyente. . la concepción clá­ sica de la comunidad. por cuyo intermedio la idea de la comunidad como custodia de la virtud había sido trasladada de un marco político a uno religioso. i. el símbolo del destino humano. ) debe­ mos seguir bajo su instrucción y disciplina hasta el fin de nuestras vidas ( . el simbolismo calvinista de la madre Iglesia con los párrafos del Critón. pasó a ser el medio vital para el perfecciona­ miento humano. como representante del humanismo francés del siglo xvi. .. dijo Agustín. «como un extranjero en la tierra. y la soste­ nida por Lutero. Dei. págs. 4 ). a la espada con que castigaba el Estado. alimentados en su pecho y protegidos continuamente bajo su cuidado y gobierno hasta que somos descoja- dos de esta carne mortal y “ nos volvemos como ángeles” ( . X V III. ) Lejos de su seno. Esto no quiere decir que Calvino. fuera en modo alguno inferior a las más pesadas armas de que disponían los gobernantes civiles. Si comparamos. no puede haber esperanza de redimir pecados ni salvación alguna ( .«. por una re­ lación en tres términos de Dios. . El verdadero con­ traste era delineado por el intento calvinista de recapturar una con­ cepción más antigua de la comunidad como escuela de virtud. donde Sócrates declara que prefiere beber la cicuta antes que traicionar a la polis que lo ha criado en la dignidad. con más exactitud. ) Siempre es fatalmente peligroso separarse de la Iglesia». De acuer­ do con la lógica de Calvino.20 Aunque conservó la idea cristiana de la virtud superior de la sociedad religiosa. II . y no la ciudad. . A de Platón. La Iglesia. resulta difícil ver que un poder capaz de expulsar al creyente. 51. «hasta el fin de los tiempos». nacidos de ella. vol. la Igle­ sia viaja hacia adelante». por ejemplo. la solución exigía que la Iglesia empleara el poder positivo para remoldear al hombre protestante convirtiéndolo en una criatura del orden. del círculo de los fieles. sufriendo las persecuciones del mundo y recibiendo el consuelo de Dios. se haya propuesto revivir. . los pastores y el Consejo de Ancianos. . más sencilla. Calvino la reformuló de modo diferente tanto de las concep- 28 Inst. salvo la de ser concebidos por [la Iglesia]. es decir. surge una notable similitud de enfoque. no era producido simplemente por la disposición de Calvino a reemplazar la concepción luterana.28 Aunque Calvino negó que el poder de jurisdicción fuera comparable. sino a tendencias políticas. . La severidad que distinguía a este poder no era atribuible a ninguna tendencia «católica» en el pensamiento de Calvino. Es importante señalar que el poder de­ finitivo de excomunión era puesto específicamente en manos de los más altos funcionarios de la Iglesia. El contraste entre esta concepción del papel de la Iglesia. El poder era específicamente excluido del ámbito de los magistrados y la congregación. cap. ya que atestigua­ ba su convicción de que el problema del orden era decisivo. No hay otra vía de ingreso en la vida.

los dos más impor­ tantes eran los pastores y los ancianos (les Anciens). La teoría política del gobierno de la Iglesia Calvino era particularmente sensible a la acusación de que atacando. vii.). En su nivel más profundo.dones medievales de la Iglesia como de las luteranas. y respe­ tando a cada uno en su nivel. no era insensible al peligro de que los medios institucionales fueran trasformados en fines últimos. I. pág. al encerrar esa comunidad en una es­ tructura de poder. en que la autoridad de las Escrituras era superior a la de la Iglesia y en que la fe estaba por encima de hombres e instituciones: «Nuestra es la humildad que. mientras no culminara en una sola autoridad humana suprema. pero sobre este cimiento místico Calvino erigió un conjunto de instituciones destinadas a arti­ cular y poner en práctica un modo de vida específico. I. se apartó de Lutero. un cincelado edificio de cargos no era malo en sí mismo. E pist. vol. II . 50. nuestra es la obediencia que. había reintroducido una nueva jerarquía. De acuerdo con el sistema ginebrino. sino participación en un peregrinaje que. jerarquía equivalía a arbitrariedad. 35-36 (Ded. en suma. La Iglesia anunciaba el triunfo de Dios (y aquí Calvino seguía una antigua creencia cristiana). Como salvaguardia contra ello. 2-4). comenzando por el más bajo. pone a prueba toda obediencia mediante la Pa­ labra de Dios». págs. Jefe de la Iglesia. y no dentro de los límites espacio-temporales de la polis. no era tanto antijerárquico como antimonárquico. al papado.. De los principales cargos delineados por Calvino. Pese a que Calvino asignaba un alto valor a la vida comunitaria y a las instituciones de la Iglesia. Adoptando la idea luterana de una comunidad en hermandad.30 III. El resultado final apuntaba hacia una Iglesia que debía ser algo más que una comunidad y algo más que una polis cristianizada. 1-2). en de­ finitiva. mientras nos predispone a escuchar a nuestros mayores y superiores. vol. insistió en que el poder de la Iglesia era limitado. los ancianos eran laicos elegidos por el Concilio 30 Inst. págs. Calvino. sin embargo. 86-87 (I. Tracts. señalaba hacia una perfección en la eternidad. el elemento subyacente de misterio mantenía vivo el recuer­ do de esa dimensión trascendente completamente ajena a la comuni­ dad clásica. la Iglesia continuaba unida como un corpus mysticum. Calvino se apartó de la tradición medieval dominante. en apariencia. El carácter de­ cididamente corporativo del conjunto recordaba la antigua polis-. trascendería la historia. 417- 19 (IV . Ser ciudadano de la sociedad de la Iglesia no connotaba parti­ cipación en los cargos. «Letter to Sadolet». Según su definición. . Procuró responder a esto aduciendo que una Iglesia modelada según las Instituciones no podía ser jerárquica porque ninguno de sus car­ gos podía atribuirse una autoridad independiente de las Escrituras. vol. tributa el más alto honor y respeto a la Iglesia. aunque en subordinación a Cristo. viii.

vol. por los demás ministros. sino instrumentos de la Palabra de Dios. Estos métodos eran. Eran re­ sultado de procedimientos prescritos y de las acciones de funciona­ rios y agentes determinados. Los miembros gozaban de las intimidades com­ partidas de la comunidad a través del simbolismo de los sacramentos y la prédica de la Palabra. Doumergue no con­ vence en su intento de relacionar la teoría calvinista de la Iglesia con el moderno gobierno representativo. La dificultad reside aquí en que elección no es lo mismo que representación. Ginebra. Choisy. la ga­ rantía de que en las cuestiones eclesiásticas regirían el orden y la regu­ laridad. L ’état chrétien calviniste a Genéve au tem ps de Theodore de Beze.. T. En consecuencia. 681). pág. su argumentación queda debilitada porque este no se plantea qué y a quién representan los funcionarios de la Iglesia. véase su examen.31 Los pasto­ res eran. pág. Collected papers of Herbert D. debían ser ejercidas por todos sus integrantes. págs. Doumergue hace una defensa fogosa de la tesis según la cual la teoría calvinista de la Iglesia incorpora u n fuerte elemento «representativo». Los nom­ bres elegidos eran luego sometidos a la congregación para que los aprobara o rechazara. como la excomunión o la expulsión. «Calvin’s ptogram for a puritan State in Geneva». pág. vol. Calvino consideró las acciones y decisiones de la Iglesia como productos primordialmente institucionales. los poderes de la Iglesia resi­ dían «en parte» en los pastores y «en parte» en los concilios de la Iglesia. Sin embargo. el elemento que más correspondía a la participación popular surgía en el plano que podríamos denominar «social» o sacramental. impresión privada. y no en la elaboración de decisiones «polí­ ticas» en la Iglesia.. vol. op. cit. no debían ser considerados agentes de la comunidad. sobre todo.. Foster. E. 1899-1928. Nueva York. el más poderoso agente y el centro nervioso de todo el sistema. órgano principal de disciplina de la Iglesia. así como u n estudio general comprensivo del calvinismo en J. pero no formu­ lar medidas políticas.32 31 H . Les hommes et les choses de son temps. Pero los funcionarios de esta. quisd decir que aquellos representaban los objetivos de la Iglesia tal como los definía la Biblia. 64. The history and character of cdvi- nism. 1954. Para Calvino. ix-xii. en prim er lugar. Por ello. Lausana. 32 En la magistral obra sobre Calvino. D. 14. y de que algunas facultades de la Iglesia. y véase un examen reciente de la experiencia ginebrina. con indicar los diversos pasajes en que Calvino hizo preparativos para la aprobación congregacional de ciertos funcionarios de la Iglesia. . especialmente cuando no es acompañada por el poder de revocación. por consiguiente. el creador de todas las cosas (im trumentorum artifex). 301 y sigs. Doumergue. incuestionablemente.cívico secular. E. Jean Calvin. junto con un número escogido de ministros. 158-62. pág. se contenta. 188 y sigs. Estos aspectos del sistema de Calvino constituían un vivido contraste con ciertas ideas sectarias — también sugeridas a veces por Lutero— en el sentido de que los ministros de la Iglesia eran agentes de la co­ munidad y. 1929. 5. eran las alternativas de la confusión y desorden del control popular. y no que representaran las voluntades o intereses parti­ culares de los miembros de la congregación. caps. 1902.. si bien Calvino declaró que los ministros constituían un corpus ecclesiae repraesentans [Opera. Foster. 7 vols. Mesnard. P. McNeill. revocables. formaban el Consistorio. en cambio. y luego aprobados por el Concilio. Debían ser propuestos. 5. aunque elegidos por algunos miembros de la congregación. En la Iglesia calvinista. Estos procedimientos ofrecen una buena ilustra­ ción del papel adjudicado a la congregación en el esquema calvinista: los integrantes podían ratificar o rechazar decisiones.

si es necesario. . viii. viii. como abnegado artesano al servicio de la Palabra. .. H e modificado levemente la traducción.. vol. sino h_ablar por boca del Señor» y «no decir nada más que Su Pala­ bra». reprender y contener al re­ belde y al obstinado. puedan atar y liberar.Aunque el papel de la congregación era vaciado de la mayor parte de su sustancia. II . Los especialistas norteamericanos en derecho consti­ tucional reconocerán en esto un antecedente de la función que la Suprema Corte se atribuyó en el siglo x ix al interpretar la Constitución ejercitando su facultad de revisión judicial. vol. «no a las personas mismas. de la tradición plató­ nica. Pese a su posición central en el esquema calvinista. dicho más correctamente. gloria. vol. puedan descargar. 318-19 (IV . 9). Su poder no era personal. iii. como desinteresado demiurgo.36 No obstante. el de los pastores no era un cargo dotado de posibilidades ilimitadas. sabiduría y orgullo del mundo para obedecer y some­ terse a Su Majestad. desde el más elevado al más bajo ( . II . 34 Inst. ) puedan ins­ truir y exhortar al dócil. vol. No pertenecía a esa tradición se­ gún la cual los poseedores del poder podían moldear libremente la masa pasiva de los gobernados. 2 ). los pastores. 417 (IV . el cargo de pastor. 35 Inst. 424 (IV . en ciertos aspectos. ya que trasformaba lo que podía haber sido un vago mandato en una especie de poder limitado. Pero el pastor descrito por Calvino era deficiente en estos tres factores. y no había garantías de que el pastor. viii. 2 ). a la cual servía.. pág. 36 La autoridad y dignidad del cargo pastoral correspondía. o. como símbolo del objetivo social común — «el principal vínculo que mantiene a los creyentes unidos en un solo cuerpo»— 33 eran exaltados: «He aquí el supremo poder ( summa potestas) del que los pastores de la Iglesia ( . 424 (IV . pág. sino al ministerio para el cual fueron designadas. como tal. entonces. pero que no inventaba. como el de filósofo-gobernante. a la Palabra cuya ministración les fue encargada». véase también pág.34 Esta última frase — «todo en la Palabra de Dios»— era para Calvino la condición fundamental. En ciertos aspectos. pág. los elegidos simbolizaban la virtud. según Calvino. 317 (IV . sino institucional. . no era desfigurado por la personalidad del que lo ocupaba. con la única restricción de la maleabi­ lidad del material humano. Inst. ambos debían estar unidos al poder perfecto. págs.Sü El pastor debía actuar. . quizá poseyera un mayor conocimiento de 33 I n s t . puedan gobernar todo el género humano. Se ordenaba a los pastores «no presentar nada de sí mismos. si el conocimiento perfecto era la virtud perfecta. sustentados por su poder. perteneciera a este grupo. conocimiento y poder. . II . pero todo en la Palabra de Dios». 9 ). puedan refrenar toda la fuerza. puedan reprobar. Un pastor que se extraviaba más allá de las enseñanzas objetivas de la Biblia profanaba su cargo. la concepción calvinis­ ta del papel del cargo en una comunidad organizada se desviaba hacia la tradición platónica del filósofo-gobernante como agente objetivo de una verdad eterna. ) deberían ser investidos: que por la Palabra de Dios puedan aventurarse a todo confiadamente. sus rayos y truenos. El gobernante platónico simbolizaba la trinidad indivisa de vir­ tud. 1). las reservas concomitantes de la concepción calvinista de este cargo clave la alejaban. En su for­ ma ideal. iii. II .

La totalidad de estos problemas constituía algo más que una teoría de un sistema de gobierno eclesiástico. Aquí había un enfoque de una sociedad correctamente ordena­ da y su gobierno. y aunque poseía gran poder e influencia sobre la congregación. Era el cargo más elevado posible en una comunidad sin jefe. aquí. la mano modeladora forma­ ría a los miembros de acuerdo con un enfoque común. lo enfrentaba Calvino. pero habría sido blasfemo afirmar que esto representa­ ra un conocimiento perfecto. era nada menos que un enun­ ciado global que abarcaba los principales elementos de una teoría po­ lítica. que incluye la naturaleza del poder. procuraba escapar de los procesos institucionales a fin de defender su propia individualidad. estaba lejos de tener el monopolio de estos asuntos. tales como la función pasiva de la congregación y el repetido énfasis de la estructura institucional. sin un centro humano único de dirección y control. Tan obsesiva era esta idea domi­ nante. Calvino abordó una vasta ga­ ma de temas. El anverso de la concepción calvinista de la Iglesia consistía en que marcaba el redescubrimiento protestante de la dimensión institucional. residía un nuevo simbolismo. un nuevo conjunto de «mitos» que colaboran en la consolidación de la sociedad. El principal elemento unificador era el concepto general de orden. que acechaba con la exigente medida de las Escrituras. con su invariable creencia en la objetividad obligatoria de la Escritura. cuya estructura ha sido erigida pa­ ra anticipar y contrarrestar la amenaza de la libertad humana. en los misterios sacramentales y en la prédica de la Palabra. un monumento inhumano. y aquí. Vale la pena subrayar esta unidad de enfoque. las funciones del cargo. ya que contrasta vividamente con el de los . que al final la Iglesia surge como una especie de edificio de granito. Cada vez que el elemento humano. el pensamiento político y el re­ ligioso tendían a formar un ámbito continuo de discurso. y cuando estos son combinados. instruyéndolos en las lecciones de un bien común. como un espíritu descarriado y cambian­ te. El pastor. Al desarrollar sus ideas a este respecto. Cuando se sitúa esta concepción del cargo pastoral junto a los demás elementos de la eclesiología calvinista. no un gobernante. aquí.las Escrituras. En su teoría política aparecían las mismas ca­ tegorías de análisis y modos de pensamiento que habían informado sus escritos religiosos. El mensaje central de to­ do esto era la relación necesaria del hombre con un orden determinado. a su vez. La restauración del orden político La transición del pensamiento religioso de Calvino a su pensamiento político no fue brusca. en suma. en la estricta disciplina impuesta por la Iglesia. era un dirigente. se hallaba el objetivo de perfección hacía el cual se debía encaminar las voluntades particulares de los miembros. IV. premisa común tanto a la sociedad religiosa como a la política. Para Calvino. en la promesa de salvación. los lazos comunitarios y el papel de la pertenencia a la sociedad. se aclara la motivación fun­ damental: hacer de la Iglesia y sus funcionarios un instrumento desin­ teresado para promover la Palabra.

unida en santa hermandad y viviendo en armonía. Cuando describían la naturaleza de la Iglesia o la vida santa de los creyentes. las categorías políticas y religiosas. pese a la dismi­ nución de su rango moral. depositaría de la gracia de Dios. E n el pensamiento de algunos de los primeros reforma­ dores se podía comparar la sociedad política con un ámbito donde no regía el mandato cósmico. el es­ tado de naturaleza descrito por Hobbes. matad y matad». Calvino emprendió la tarea de reconciliar los diversos términos opues­ tos creados por la perspectiva escindida de los primeros reformadores. en cambio. Es que el lenguaje y los conceptos ya no se referían a la Iglesia. Sin embargo el gobierno. La hostilidad de muchos de los primeros reformadores hacia el orden político creó una especie de ruptura entre sus modos político y reli­ gioso de pensamiento. Amor. las categorías se desplazaban bruscamente y las imágenes se oscu­ recían. una notable incongruencia entre la cosmología cristiana y la sociología cristiana: la primera postula un Dios omnipotente que ordena toda la creación hacia la armonía. debía restablecer el rango moral del orden político. fraternidad y paz. que vacila al borde de la anarquía y parece hallarse fuera del orden bené­ fico de Dios. se reducían a melancólicas esperanzas frente a la sociedad política. no la virtud. Cuando pasaban. sin embargo. lejos de estar unidas por una conexión interna. instrumento de Su terrible venganza. sus palabras y conceptos evocaban el cuadro de una sociedad buena. en realidad. la humanidad nunca había abandonado.primeros reformadores. y buscaba sin des­ canso la posibilidad de trasponerlas. pero sin ha­ cerlo aparecer como sustituto de la sociedad religiosa. La sociedad po­ lítica debía ser rescatada del limbo devolviéndola a un marco ordena­ . Se tendía. En el pensamiento de Lutero y los anabaptis­ tas. Este cuadro presenta. naturalmente. había exhortado Lutero a los prín­ cipes durante la Guerra Campesina— destinada a imponer la paz y proteger al resto cristiano de los terrores del mundo. la se­ gunda pinta la sociedad como una masa oscura y desordenada. Como parte del reino del mundo. en una erup­ ción de matanza y desorden. Según este enfoque. sino evitar que los hombres se agredieran mu­ tuamente. fuerzas inmanentes en la vida de la Iglesia. en cualquier momento. Este pasó a ser el centro común al cual debían ser refe­ ridos los problemas de las dos sociedades como tales. había sido exaltado hasta el punto de con­ fiarle responsabilidades religiosas. amenazando brotar. sino al Estado. El método empleado por Calvino para establecer cierta congruencia entre las dos sociedades fue considerar a ambas como sometidas al principio gene­ ral del orden. La sociedad política caracterizaba a la condición de «natu­ raleza caída» en la cual el hombre pecador forcejeaba con impaciencia contra las restricciones impuestas por la autoridad. a examinar el reino del mun­ do. a representar la autoridad política como una potente maquinaria de represión — «gol­ pead y golpead. persistía una tensión extrema entre la naturaleza del hombre y las exigencias del orden. la sociedad polí­ tica era un ámbito en que el conflicto y la violencia retumbaban bajo la superficie. se enfrentaban en una actitud de tensión dialéctica. Debía resolver el conflicto entre la cosmología cristiana y su sociolo­ gía. Tal gobierno buscaba. debía suavizar los contrastes absolutos entre ambas formas de sociedad.

ya que por la fuerza somos conducidos a la equidad y la razón». pág. 4 ). 27. por lo tanto. 294 ( I I . ya no se podía considerar al go­ bierno civil como mero agente de represión o como «algo contamina­ do. 13). xx. I. sx.. no obstante. El juzgaba los asuntos de los hombres. I. 774 (IV . 39 Ibid. debía convertirse en parte de la cosmología cristiana. y las orienta hacia su finalidad adecuada». 52. vol. La justicia es.. 90 ( I I I . 223 (I. 15). y mucho más excelso». advirtamos que en ella tenemos el espejo de nuestra propia perversidad. Según Calvino. 90 ( I I I . es evidente entonces que la naturaleza del hombre debe conte­ ner algo más que una irreprimible inclinación al desorden. 41 «Si hubiéramos permanecido en el estado de integridad natural... Lejos de ser un lecho de Procusto que recortaba a la ingobernable humanidad sobre un patrón de obediencia. Y cuando se habla de justicia humana. s s . 7. I I . 771 (IV . la influencia desorgani­ zadora de la contingencia y el azar. I I . 249. y el estudio de Cheneviére. para sus propios fines. págs. véase también vol. pág. y haríamos en un mismo espíritu lo bueno. . París. 43 Ibid. la sociedad política era promovida aho­ ra a medio utilizado por la divinidad para el perfeccionamiento hu­ mano. El gobierno era elevado a la categoría de agente educativo «por cuyo intermedio se instruye a un hombre en los deberes de humanidad y civilidad que deben ser observados en el trato con la humanidad». el orden de la justicia no habría sido necesario..39 Dios lo había creado para proteger y perfeccionar a los seres con quienes El había pactado. vol. Las mentes de los hombres contenían «im­ presiones generales de probidad cívica y orden». 49. La plenitud de Su poder excluía. pág.3S Como parte de esta divina economía. exaltando al justo y protegiendo al creyente. pág. Cada uno sería su propio gobierno. pág. I I . xvii. ii. vol. 38 Ibid.42 Mediante un retorno a la tradición política más antigua. demostraban «una propensión instintiva a apreciar y preservar la sociedad». xvi. 44 Ibid. sis. sino de la providencia y la santa ley de Dios». vol.44 37 Inst. pág. pág. 93-94. 409.. 4). 1937. por consi­ guiente. pág. vol. 84. tal como Dios nos creó primeramente. ]a luz y el aire.37 Su dominio abarcaba tam­ bién la historia y la sociedad. 771 (IV . El «regula todas esas conmociones en el orden más exacto. castigando al perverso. Opera. 25). el gobierno de Dios se manifestaba en Su autoridad total sobre cuanto ocurría dentro de Su reino: «ni una gota de lluvia cae.41 comprobamos que este. «La autoridad que los reyes y otros gobernantes poseen sobre todas las cosas de la tierra no es consecuencia de la perversidad de los hombres. 233 (I.do más vasto. 267. vol. 2 ). 1). que nada tiene que ver con los cristianos». pág. vol. en la cual se describía al hombre como un ser destinado al orden. La pensée politique de Calvin. pág. de modo que no habría hecho falta ningún freno que nos contuviera. la idea de la sociedad política como realización de ciertas tendencias deseables en los hombres. 2). porque entonces cada uno habría llevado la ley en su propio corazón. Calvino logró rescatar. xlx. 40 Ibid. pág. formula­ ba una im portante reserva...40 Pero si se eleva a la función del gobierno por encima de la mera repre­ sión. 42 Inst. vol. Aunque ningún reformador superaba a Calvino en cuanto a baja evaluación de la naturaleza humana. pág. un remedio para esta corrupción humana.43 El go­ bierno era «tan necesario para la humanidad como el pan y el agua. salvo por designio expreso de Dios».

aún le que­ daba por cumplir un papel exclusivo: proporcionar a los hombres un tipo de civilidad y disciplina que no se podía obtener en otra parte. . sin em­ bargo. 772-73 (IV .. El cargo del ma­ gistrado se encaminaba no solo a proteger la vida. extinguiera la vida actual. aun ahora. sino a «promulgar leyes que regulen la vida de un hombre entre sus vecinos mediante las reglas de santidad. Ser buen ciudadano no era un fin en sí mismo. 46 Ibid. vol. aunque se les pudiera dar una coloración cristiana. moldear nuestras costumbres de acuerdo con la justicia civil. o en despojarla de sus atributos políticos específicos. De esto se desprendía que. Calvino resumió el valor de la sociedad política. xx. po­ niendo de relieve su función vital en la economía cristiana: «Porque ese reino espiritual. se inicia en nuestro interior con algunos preludios del reino celestial. la «paz» tanto como la «devoción». integridad y sobriedad». y esta vida mortal y transitoria nos proporciona alguna muestra de la inmortal e incorruptible beatitud. en otras palabras. es innegable que Calvino creía que la sociedad política debía promover los fines «superiores» del cristianismo: ad tnajorem Dei gloriam. en el cual condena la animosidad sectaria contra el orden político. uno se convertía en un buen ciudadano para ser un mejor creyente. II . crear concordia entre nosotros. xx. Confieso que todo esto sería superfluo si el reino de Dios. «regular nuestras vidas de modo adecuado para la sociedad de los hombres... Existía. 3). los fines de la sociedad política no se agotaban en su misión cristiana. man­ tener y preservar una paz y tranquilidad comunes. formar nuestros comportamientos de acuerdo con la justicia civil». pero la finalidad de este régimen temporal es fomentar y mantener el culto externo de Dios. págs. Sin embargo. pág 772 (IV . El gobierno civil debía. debía civil-u&t a los hombres o.De acuerdo con la restauración del rango de la sociedad política. adaptar nuestra conducta a la sociedad humana. es injusta con respecto a su propósito fundamental. los dos órdenes «no divergían entre sí de modo alguno». valores que eran necesarios para el orden y. El gobierno existía para promover la «decencia» tanto como la «piedad». para promover valores que no eran necesariamente cristianos. Si se analiza la cuestión simplemente en términos de ciertos valores «supe­ riores» e «inferiores». vol. y la reinvestidura del hombre con una naturaleza política. 2). sobre la tierra. La acusación de que Calvino estaba empeñado en imponer a la socie­ dad una imagen cristiana. la «mo­ deración» tanto como la «reverencia». Esta unión no eliminaba. condición previa para la existencia humana. los fines del orden político adoptaron una dignidad más elevada. Pero si es la voluntad de Dios que 45 Ibid. entonces. la integridad ni la especificidad del orden político. cuando las jurisdicciones espiritual y política se hallaban correctamente constituidas. la doctrina y religión puras. promover los valores que sustentaban el orden. defender la constitución de la Iglesia en su totalidad. el orden político se vinculaba con los objetivos superiores de la sociedad religiosa. II . como lo expresó Calvino.40 A través de la bús­ queda* de estos fines.40 En un texto notable. tal como existe dentro de nosotros. como tales.

50 Inst. no solo inevitables. abril de 1951. 48 Citado en E. Se encontrarán algunos comentarios sugestivos en dos artículos de E. es decir. Doumergue. ed. H . que ligaba a la hermandad. sino. II.. H e modificado levemente la traducción. 49 Compárese el uso que hace Calvino del término corpus mysticum con el del autor del siglo xv Sir J. vol. vol. las distinciones de status y jerarquía eran. afirmando que la obediencia a los superiores humanos contribuía a habituar a los hombres a obede­ cer a Dios. en una sociedad cristiana. pág. xiii. Con respecto a esta cuestión. II. pág. enero de 1955. 1949.. 2. satisfa­ rían uno de los instintos básicos del hombre. La plena unidad de la sociedad era el producto de una alianza entre naturaleza y arte.. Kanto- rowicz. es inte­ resante señalar cómo invirtió Calvino el argumento habitual. «Pro Patria Morí in medieval political thought». American Histórical Re- view. B. Fortescue. 45. significaba una educa­ ción en el orden. un sentido de orientación «para que no errara en la incertidumbre por el resto de sus días». que tan destacado lugar ocupan en el examen de la Iglesia hecho por Calvino.vaguemos por la tierra mientras aspiramos a nuestro verdadero país. la adquisición de un conjunto de hábitos civiles que sustentarían la vida civilizada y. 1094. pág. De Laudibus Legum Anglie. xx. Lejos de ser una fuerza divisoria. 790-91 (III. vol. Harvard Tbeologicd Review. por S. se evidenciaron también en su concepción de la comunidad política. cuya influencia llegaba a embotar 47 Ibid. cap. vol. simultáneamente. 6). 48.47 Los valores de unidad y cohesión. 2a. vol. estos mismos objetivos eran cum­ plidos también por el sistema de las profesiones. entonces quienes pretenden despojar de ellas al hombre lo privan de su huma­ nidad». de Lubac. Inst. Una jerarquía social graduada. Aunque la ley civil y las instituciones políticas eran dos de los agentes principales de estabilidad y orden. claramente definida en términos de cargos y obligaciones. poseía un potente factor cohesivo. y trad. ed. 433 (II. y si tal ayuda es necesaria para nuestro tránsito por aquí. págs. y había también una especie de unidad artifi­ cial que podía ser modificada mediante las instituciones de la sociedad. x. Chrimes. sin embargo. págs. París.48 pero la fuente más inmediata de cohesión se hallaría en la sociedad política misma. vol. Corpus Mysticum. Es fundamental para este problema. 56. sino el cuerpo místico y es­ piritual de Cristo»— . op. La unidad política extrae­ ría sustento y apoyo de la solidaridad mística de los cristianos — «los cristianos son no solo un cuerpo político. 1949. 2 ). La unidad del orden político. 65-91. viii.49 Había una especie de unidad natural que surgía del instinto innato del hombre hacia una vida or­ denada en la sociedad. Para el miembro individual. 5.50 La educación del hombre para su pertenencia a una comunidad orde­ nada era reforzada desde otra fuente. sa­ ludables. pág. 772 (IV. 35). véase el texto en Opera. I. págs. Los había instituido Dios para impedir que los hombres se revolcaran en «universal confusión». y en el elemento del amor.. no era la del corpus mysticum. cit. Queda por explorar todo el problema de la influencia de la Eucaristía sobre las ideas políticas. Equipaban al individuo con una especie de mapa social. H .. vol. no era sino el equivalente civil del principio divino que sustentaba el universo. La vida de la Iglesia era inten­ samente social. Cambridge: Cambridge University Press. . 472-92 y «Mysteries of State: An absolutist con- cept and its late mediaeval origins».

en tal caso. con­ tinúan brillando algunas chispas. Si bien la razón no podía conducir al hombre a la rege­ neración espiritual ni a la «sabiduría espiritual». ¿en qué medida este era seguro? Calvino admitía la existencia de tal forma de conocimiento. «En la naturaleza del hombre. una reserva importante: los efectos corruptores de la rebelión de Adán eran parciales. que demuestran que es un ser ra­ cional . 17-18). 13). en parte. vii. Se plan­ teaba. de su confianza en el instrumento imperfecto de la razón. ni lo aplica para su uso privado. se halla confinado dentro de sus límites». págs. . 19). ii. ¿era posible poseer conocimiento político?. 52 Ibid.53 La prueba de una relación natural entre la razón y la vida política residía en la «propensión instintiva del hombre hacia la sociedad ci­ vil». El amor pasaba a ser la fuer­ za fusionadora básica que convertía los bienes privados de los indivi­ duos en un bien común para toda la sociedad: «Ningún miembro [del cuerpo humano] tiene poder por sí mismo. no totales. sin recibir de él otra ventaja que la derivada de la conve­ niencia común de todo el cuerpo. ii. y que nos per­ mite ayudar a nuestro vecino. v. consul­ tando su propio interés privado. ) Somos los administradores de lo que Dios nos ha conferido. .. Como el resto de la naturaleza humana. como los antiguos. situado en el ámbito del «conocimiento terrenal» (l’intelligence des choses teniennes). 298-99 ( I I . 757 ( I I I . ü. aun en su estado corrupto y degenerado. El conocimiento político La afirmación de Calvino. «He aquí — declaró Calvino— un poderoso argumento en favor 51 Ibid. cualquiera sea la habilidad que posee un hombre piadoso. . el método de la ver­ dadera rectitud y los misterios del reino celestial». pero no aniquilada. 294 ( I I . . pág. Si virtud implicaba conocimiento — y Calvino. pág. pág. El tipo más elevado de conocimiento era el «conocimiento celestial». . Así. págs.31 Y. la ra­ zón había sido irremediablemente corrompida por la Caída. y.». así lo presuponía— . y algún día debemos rendir cuenta de nuestra administración».52 La inferioridad del conocimiento político era resultado. debe poseerla para sus hermanos.. suscitaba otra se­ rie de problemas. 14-15). sino que lo reparte entre los demás miembros. sin embargo. de ningún modo incompatible con una cordial atención a la edificación común de la Iglesia ( .. 295-96 ( I I . en parte. de su vinculación con objetos inferiores.los bordes afilados de la jerarquía social. según la cual había un tipo de virtud que podía ser lograda únicamente en un orden político. un conocimiento «que se relaciona por entero con la vida actual» y «en cierto sentido. podía serle útil en la sociedad política. La comprensión ra­ cional del hombre había sido mutilada. 53 Ibid. 5). 366 (I I . correspondiente al «puro conocimiento de Dios.

58 Sin embargo. pero esto no impedía una especie de parentesco entre la sabidu­ ría política de los preceptos cristianos — tales como los contenidos en la segunda tabla del Decálogo— y la comprensión política de la razón natural. pág. . dominio y fina­ lidad de todas las leyes». y este es un germen plantado en nosotros por la naturaleza. 16) . ii. se inclina también. .de que en la constitución de esta vida ningún hombre se halla des­ provisto de la luz de la razón».. II . comparando la fñosofía política ante­ rior con un establo de Augias que solo esperaba la escoba del Hércules de W ittem berg. la ley moral po­ día funcionar como versión cristiana de la equidad natural que era «la misma para toda la humanidad». vol. «el alcance. I. 197. Mientras que Lutero había condenado con violencia a la «ramera razón». Por esta razón. ii. que hay ciertos preceptos generales de honestidad y orden civil grabados en el entendimiento de todos los hombres.. voi. como esta ley moral universal de la conciencia era de­ masiado oscura para iluminar con fuerza las acciones humanas. 1). 56 Ibid. antes que por un maestro o un legislador». sino social y por consiguiente racional. Ambos tipos de sabiduría tenían origen común en la'voluntad de Dios. por naturaleza.».. y algo del renombre de los filósofos clásicos: «¿negaremos la luz de la verdad a los antiguos juristas. 13). vol. 13). en consecuencia. ii. Debía ser la norma informadora de una comunidad ordenada con justicia. xx. Dios la había complementado con el Decálogo. . 295 ( I I . que nos entre­ garon principios tan justos de orden civil y sistema político?». ( I I . sino deducciones de los dictados mo­ rales que Dios había «inscrito» y «grabado en los corazones de todos los hombres»: «Dado que el hombre es. que formulaba «con mayor exactitud lo que en la ley de la naturaleza estaba demasiado ( . afirmación que respaldaba con los escritos de los autores paganos clásicos. 55 Ibid. Calvino sos­ tenía — y esto era más importante aún— que la razón podía suscitar verdades políticas. I. por un instinto natural. no hay nadie que no reconozca que toda asociación humana debe ser regida por leyes. un animal social ( homo ani­ mal est natura sociale).. 789 ( IV. 57 Inst.5‘ Así reforzada mediante el Decálogo. . De tal modo. Vemos. pág. pág. 15). 397 (IV . véase el texto en Opera. Calvino propuso restaurar algo de la relación clásica entre razón y política.58 Las reservas efectuadas por Calvino a la ley moral eran compatibles con su convicción de que no se podía lograr un conocimiento perfecto 54 Inst. Por esta razón. viii. pág. a apreciar y preservar la sociedad.54 El hombre no era racional y por con­ siguiente social.85 Cal- vino admitía con vigor que la razón natural podía traicionar a los hom­ bres si estos intentaban convertirla en vehículo de la salvación espiri­ tual. y nadie que no posea en su propio entendimiento el principio de estas leyes. 2. pág. no se debía ver en los principios de la razón una invención humana ab nihilo. 58 Ibid. 296 (I I. La traducción ha sido levemente modificada. ) confuso . vol. hay entre naciones e individuos el acuerdo uni­ versal de aceptar las leyes.

59 El paralelo entre ambos cargos se expresaba aún de otra manera. Así como el conocimiento racional era inferior al conocimiento celestial. Incluso el lenguaje que Calvino utilizó para describir al gobernante civil — «sagrado ministerio».de la política con independencia de la enseñanza cristiana. «The political philosophy of hellenistic kingship». sino ser únicamente «la bouche de Dieu». El objetivo principal del hombre era conocer a Dios. que crear una analogía política con los pas­ tores. Mientras que se ordenaba al pastor no agregar nada de sí mismo al cargo o a la prédica de la Palabra. En ambos casos había una devota concentración en la naturale­ za impersonal del cargo. Sin embargo. xx. Yale Clasúcal Studies. y a quedar subordinados. Carente de la sabiduría cristiana. la insuficiencia de la razón constituía un paralelo lógico de los fines limitados persegui­ dos por el orden político mismo. Ambos se hallaban envueltos en una impresionante mystique. Magistrado y pastor estaban destinados a ser instrumen­ tos desinteresados de una finalidad superior. una ley que habla». De Legibus I I I . 787 (IV . el conocimiento político no poseía sino una in­ tegridad propia limitada. pág. y se relaciona con la tradición clásica del gobernante como lex anímala. reapareció en la magistratura. Las miras de la sociedad política se enfocaban más abajo. una vez señaladas estas distinciones de valores. pero respecto de la ley civil: «la ley es un magistrado silencioso. véase E. a una ley escrita. también el magistrado debía despersonalizarse. así también la virtud cívica se situaba por debajo de la vir­ tud perfecta que enseñaba el cristianismo. 55 y sigs. encami- 59 Ibid. 1. no había ambigüedad de su parte en cuanto al valor esen­ cial del sistema político mismo. R. Este tenía como misión adaptar los hombres a las costumbres de civilidad y orden: no podía curar almas. El cargo político Donde con más claridad se evidenció la coherencia del pensamiento político y eclesiástico de Calvino fue en su examen de la función y deberes del magistrado civil. . Aunque Calvino creía que una ba­ se cristiana era el requisito previo para un sistema político civil bien constituido. 14). «vicario de Dios». El mismo impulso que había dictado la concepción calvinista del cargo pastoral. la personalidad de quien ocupaba el cargo quedaba absorbida en el cargo mismo. Goodenough. 1928. en la institución. es decir. pág. Pero la tarea de moldear al «hombre nuevo» no era asig­ nada al orden político. «ministro de Dios»— dejaba la impresión inequívoca de que le interesaba menos describir un cargo político como tal. I. para lograrlo. los hombres debían ser regenerados: «apartarnos de nosotros mismos» y «dejar a un lado nuestra antigua mente y asumir otra nueva». porque la virtud a la cual apuntaba era del se­ gundo orden. La frase es derivada de Cicerón. En ambos casos. y asi como los fines de la sociedad civil eran inferiores a los de la sociedad religiosa. es impor­ tante no traducirlas como antítesis. En el sistema calvinista.2. VI. y el magistrado.. vol.

267. 3. En el fondo. El énfasis propio de la doctrina residía en su insistencia en una adhesión activa y afirmativa al gobernante. II . 106. totalmente ignorantes de la hu­ manidad». Los súb­ ditos. Mesnard. practicar la justicia y la rectitud. 480. entre gobernante y gobernado. sino también a causar temor reverente al funcionario. y no solo en una disposi­ ción a obedecer sus órdenes. Quienes debilitaban la trama del orden eran clasificados como «monstruos inhumanos». antes que al magistrado individual. pág.. 801-02 (IV . como ninguno de estos fines era posible sin or­ den. 1845-1849. Cheneviére. algún tipo de gobierno justo. Y. a consolidar la sociedad de los hombres». pág. op. cit. simbolizaba no el mero poder. en consecuencia.63 No aparecía como representante de los intereses u opiniones de grupos. sin embargo. pero en otro plano tras­ cendía lo político. op. pág. esta adhesión institucio­ nal correspondía a los objetivos más vastos de la sociedad. al inglés por J. . Edim­ burgo.. incorporando ambas partes en una relación con Dios. en un plano. 27). hacer valer su poder afirmativamente. vol. esencial­ mente política. 64 Commentary on the Book of Psalms. 285-89. que bajo un tirano que no permite libertad alguna». 481. Sus funciones consistían en mantener el orden y una «moderada libertad». y esta condición mínima podía ser cumplida por un tirano. en su tiranía.64 Aun el gobernante legítimo debía. No puede haber tiranía que no ayude. 61 Opera. un deber tanto político como religioso.. La lealtad era. promover la paz y la devoción.60 La reverencia de los súbditos respecto de su gobernante debía tener sus raíces en la conciencia y no en el te­ mor. págs.. respalda­ 60 Véase P. «Hay mucho de verdad en el antiguo dicho según el cual es peor vivii bajo un príncipe por cuya frivolidad todo es lícito. En el nivel humano. pág. El precio de la cohesión y la unidad era el ejercicio activo del poder.63 El tirano se vinculaba con la causa del orden a través de su mera posesión del poder. La apremiante importancia que había adquirido el'orden suscitó en Cal- vino la admisión de que hasta los tiranos «conservan. 52. vol. estaban obligados a obedecer las órdenes de un agente dotado de autoridad divina. ¿no había di­ cho Jeremías «debes ejecutar juicio y rectitud»? La relación de lealtad descrita por Calvino era. por su parte. xx. Al mismo tiempo. págs. por consiguiente. en ciertos aspectos. 63 Ibid. . pero que él no había establecido. clases o localidades particulares. pág. sino de un conjunto de objetivos a los cuales servía. trad. su lealtad debía estar dirigida al cargo. vol. «ene­ migos de toda equidad y derecho. Anderson. por su parte. a los fines civilizados asegurados por el orden político. El compromiso cívico era institucional y no personal. El gobernante desempeñaba transitoriamente un cargo divino y era responsable ante Dios por el fiel cumplimiento de su misión. 5 vols.61 El magistrado. cit. 62 Commentaries on Romans. Inst. 298. la tarea fundamental del magistrado era asegurar la vigencia de esta condición. Estos dos elementos eran necesarios para la teoría calvinista de la obediencia po­ lítica.nada no solo a desalentar la desobediencia en las respectivas socieda­ des. sino los fi­ nes permanentes de la sociedad.

la conciencia reprobatoria. xx. Se consideraba que. >3. 68 «Catechism of 1537».. el efecto de su razonamiento era destacar la naturaleza extraordinaria de la tiranía. La concepción calvinista de la resistencia era la. xx. deso­ bedecía una orden contraria a las Escrituras. II . Si bien la conciencia creaba una relación directa entre el indivi­ duo y Dios. el ciudadano que. En un sentido. sin embargo. xx. en el nivel definitivo. El pecado era una relación teológica.09 65 Dados los elevados fines servidos por la fidelidad — «Dios no destino a los hombres a vivir péle-méle» (Opera. pero que podía ser aprovechable para fines políticos sin forzar su significado fundamen­ tal. en otro. Según Calvino. pág. y no una derivada de los fines ge­ nerales de la sociedad. sino a su creencia de que los deberes sociales no debían estar sometidos a un grosero ordenamiento negociador. tenía que ver con el individuo como objeto de compulsión en un or­ den gobernado. vol. sino que recordaba algobernante laverdadera na­ turaleza de su cargo. obligándolo a examinar su concien­ cia en busca de los pecados cometidos. de un servicio desinteresado. 16). Opera. 24). En efecto: en un sentido. que tenía como fin proteger la identidad de las instituciones políticas contra los errores de los funcionarios temporarios. era la búsqueda de una justa relación con Dios. presentaba una poderosa amenaza a las pretensiones ilimitadas del tirano. el súbdito leal cumplía una obligación hacia Dios. Inst.67 Y pese a que Calvino inten­ taba hacer más aceptable la obediencia a los tiranos. ya se sintiera amenazada por el poder papal o por el civil. Sin embargo. enviado a flagelar la comu­ nidad por sus pecados. Esta tendencia a situar al tirano fuera de las relaciones políticas ha­ bituales resurgió cuando Calvino pasó a examinar el problema de la obediencia. xx. 798 (IV . por otro factor extrapo- lítico. por motivos estrictamente religiosos.. vol. porque el concepto de pecado. aislándola de las relaciones políticas normales. 74. entonces. el elemento religioso era. no solo cumplía suobli­ gación hacia Dios. conservaba una relación salvadora con Dios. vale decir. I I . 805 (IV. evitando así la relación política entre súbdito y gober­ nante. págs. Era el agente de la ira de Dios. no política. pág.60 En el caso del tirano. 69 Inst. * .06 La relación entre ciudadano y tirano. La obediencia. Esto no se debió a que deseara li­ brar de sus obligaciones a los gobernantes.. 27). su advenimiento debía provocar en el pueblo una sensación de culpa colectiva. Aunque se elevara al tirano a instrumento divino enviado «pour chátier les pécbés du peuple». 22. no pertenecía a la categoría política. pre­ dominante. la conciencia era una respuesta al poder. La conciencia era una concepción esencialmente religiosa y tenía sus comienzos en las controversias religiosas. pág. no era una concepción política. 805 (IV . 800)— no extraña comprobar la hostilidad de Calvino a la teoría del contrato.. II . obedeciendo al tirano. estaba limitada por los dictados de la conciencia.68 esta misma misión lo convertía en una figura esencialmente apolítica.ba los fines civilizados de la sociedad. 801-02 (IV . pág. 66 Inst. 32). vol. en cierto sentido. vol. 67 Ibid. el «tribunal de la conciencia» cal­ vinista encaminaba al individuo lejos de lo político. estaba destinado a todas luces al ciudadano políticamente implicado. vol. que vinculaba al tirano con el súbdito. pág. 51. 790 (IV . sino a la «ce­ lestial». 32). pág.

al abrir una brecha en «la divinidad que pone límites a un rey».. . op.Aunque nada nuevo había en esta formulación.71 Vale la pena destacar dos aspectos de esto. Calvino comenzó a virar. hacia una aceptación de la idea de que los juramentos de coro­ nación y las leyes de un país constituían un sistema de acuerdos que podía ser defendido contra un gobernante arbitrario: « . . xx. contrasta con la tendencia de Lutero a elevar el gobierno por sobre todos los otros cargos. 1160. vol. provisto de las únicas credenciales que podían respetar la mayoría de los hombres de ese período: un mandato divino. Calvino demostró más sensibilidad que la mayoría de los reformadores ante las implicaciones políticas de la resistencia religiosa. Primero. Calvino era extremadamente sensible a la pluralidad de 70 Ibid. 557. 636-37. Admitió que los estamentos. cuando se han establecido magistrados y estamentos. págs. 71 Opera. aquellos señalaron su redescubrimien­ to de la complejidad política. por mandato de Dios. vol.70 Casi al final de su vida. aunque con vacila­ ciones. 346-47. 804 (IV . ya que traicionan malicio­ samente la libertad del pueblo. pág. En virtud de su posición. según la cual los man­ datos bíblicos prevalecían sobre los políticos. podían «oponerse a la violencia y crueldad de los reyes». V. según la cual los estamentos y los magistrados inferiores eran depositarios de una responsabilidad divina. págs. 31). H a­ bía sido coherente con esto el marcado escepticismo de Lutero con respecto a la legitimidad de los estamentos como órganos restricti­ vos. Esto lo llevó finalmente a formu­ lar una teoría de la resistencia cuyas motivaciones eran más políticas que religiosas. págs. cit. así también los órganos específicos de la comunidad podían verse obligados a desobedecer para preservar dicho orden. Si bien ninguno de estos factores actuó desplazando la primacía dél motivo religioso en el pensamiento de Calvino ni la prioridad que poseían los valores espirituales. si intenta algo ilícito». 51-52. 29. estos agentes tenían la obligación positiva de proteger las libertades populares: «Si se confabulan con los reyes en la opresión de la gente humilde. . por su parte.. la declaración de Calvino.72 Calvino. dándoseles la custodia de la nación: ellos tendrán poder para recordar al príncipe su deber e inclu­ so para imponérselo. El segundo aspecto im portante de la teoría de Calvino sobre la resistencia fue su mención de los fines estrictamente políticos a los que servían los órganos de resistencia: la protección de «la libertad del pueblo». Esto tuvo como efecto proporcionar un paralelo nivelador a la teoría de la lealtad. sus protectores». Más que cualquier otro reformador con­ temporáneo. había creado un agente rival. su disimulo no está libre de malévola perfidia. pág. Cheneviére. 4. Por la misma razón por la cual los hombres obedecen a la autoridad para preservar los objetivos civilizadores respaldados por el orden político. 72 W orks. Opera. vol. Son admisibles ciertos remedios contra la tiranía. sabiendo que son. o magistrados especial­ mente designados. «la custodia de la nación».

Poder y comunidad Tomada en conjunto. el pueblo y la ley. Reorientando el protestantismo hacia el mundo. evitó esta simple explicación para insistir.. pero el fracaso en equipar a la hermandad reli­ giosa con la estructura institucional necesaria había amenazado a aque­ lla con la disolución interna y la invasión externa. poderosamente organi­ zadas. Entre la mayoría de los reformadores. 14). a la ley y a toda la gama de objetivos propios de una sociedad correctamente constituida. II. y al mundo. xx.relaciones y obligaciones actuantes en una comunidad política. tendría que enfrentar la amenaza de instituciones rivales. se esforzó por reunir el orden político con el orden de la gracia. sin embargo. o lo consideraron exclusiva­ mente como agente represivo. Como este. sino que tenía lugar a través del agente mediador de la ley. vol. la concepción calvinista de la Iglesia y de la sociedad civil marcó el redescubrimiento protestante de la idea de la comunidad institucionalizada. De modo similar. 787 (IV . Calvino. mientras que los primeros reformadores expresaron indiferencia respecto del orden político. a Dios. La fuerza de la posición de Calvino provenía de su compren­ sión de que la condición previa para la supervivencia de una comu­ nidad de creyentes era un gobierno de la Iglesia vigorosamente estruc­ turado. . págs. Aunque es innegable que la hostilidad institucional de los primeros reformadores era ali­ mentada por un hondo deseo de impedir que el sentimiento religioso fuera ahogado por el eclesiasticismo. 773. esto tenía como efecto agre­ gar un elemento más obligatorio a su cargo: debía responsabilidades al pueblo. a diferencia de él. tuvo además la tarea de explicar que la Iglesia podía contribuir al orden de la sociedad civil sin pervertir 73 Inst. pero. aquellos 110 encararon el hecho de que la Iglesia. era necesario combinar un sentido de las instituciones con un sentido de la comunidad. la insistencia de Calvino en una Iglesia fuerte y la dignidad de la sociedad política apuntaba a jun doble fin: hacer a la Iglesia segura en el mundo. El vínculo que ligaba al gobernante con el ciudadano no era di­ recto. Calvino se sitúa como equivalente protestante de Tomás de Aquino. en la relación triangular entre el gobernante. seguro para la Iglesia. 3. La suma total de estas obliga­ ciones formaba una premisa que convertía al acto de resistencia en una posibilidad lógica dentro del sistema calvinista. VII. y no — como lo pretendieron muchos comentaristas posteriores— en una cuestión de accidente geográfico. El genio del protestantismo de princi­ pios del siglo xvi había consistido en crear la idea de una asociación religiosa cohesiva. En suma. o entre estos dos y Dios. la tendencia general había sido redu­ cir la variada complejidad de la actividad política a una mera co­ nexión entre gobernante y gobernado. Calvino reafirmó su valor y negó que su esencia residiera en la coacción.73 Desde el punto de vista del gobernante. en cambio. en cuanto estaba ligada a este mundo.

E n el sistema calvinista la Iglesia pasó a ser el agente encargado de resolver la inquieta tensión fomentada por la creencia. en consecuencia. Dos elementos de la concepción calvinista del orden encerraban pro­ fundas consecuencias para el futuro. que moraba en parte en una sociedad de fe. pág. El resultado de estos esfuerzos fue. Desde la época de las primeras re­ percusiones políticas del protestantismo. un etos que habituara al protestante liberado a vivir sometido al orden y la disciplina. y en parte en la sociedad civil. en cierto sentido. y es­ taba preparado. pero la aversión a la monarquía secular se evidenciaba ya en los pro­ pios escritos de Calvino. proveniente de los comienzos de la Reforma. El etos creado por la Iglesia debía ser c¿w7-izador. para la vida de la sociedad civil. ya que en ambos el hombre era un ser acostumbrado al poder y las restricciones institucionales y a una vida de civilidad. La contribución de Calvino consistió en advertir que las costumbres de civilidad necesarias para la Iglesia eran también esenciales para la vida civil. y ambos unidos por la necesidad de orden. 43. ser discipli­ nada y cohesiva. El entrelazamiento de los órdenes religioso y civil en el sistema de Calvino era simplemente la realización de dos im­ pulsos predominantes en el hombre: uno religioso. 153-71. McNeill. Bajo el go­ bierno de la Iglesia. septiembre de 1949. de la idea medieval de acuerdo con la cual la existencia humana — vivida ya en el nivel espiritual ya en el «material»— era una existencia predomi­ nantemente social y ordenada. aunque no tuviera cabeza. Si bien todos los protes­ tantes eran necesariamente antimonárquicos en su convicción de que tina sociedad religiosa podía desarrollarse sin monarca papal. aunque no a la forma. y el estudio de J. La aplicación política de estas convicciones 110 tuvo sus prime­ ras manifestaciones hasta las guerras civiles inglesas del siglo x v ii . profundamente válida. el otro social. go­ bernada por Cristo. vol. Calvino retornaba a la sustancia. Al resolver la existencia bifurcada del hombre. Ninguna transición brusca separaba ambos aspectos de la existencia. . no solo impartir al protestantismo una profundidad de comprensión política de que antes carecía. el catolicismo había preten­ dido ser más compatible con las exigencias de la sociedad civil. Church History. tosco porque presuponía que los hábitos de la civilidad podían ser resumidos con tanta facilidad. las exigencias esenciales de orden eran las mismas para ambas sociedades. vol. El primero era la idea de que una sociedad podía estar al mismo tiempo bien organizada. Calvino fue el único que pudo describir los sustitutos institucionales para el Papa. págs. es fácil ver que la enfática insistencia de los primeros reformadores en una obediencia casi incondicional a los gobernantes civiles no era más que un tosco intento de eliminar la superioridad política del catolicismo. T. gobernada por la autoridad temporal.74 74 Opera. Esta pretensión era. Cuando se advierte esto. el creyente se había habituado a las pautas de comportamiento «civil» impuestas por la disciplina eclesiástica. sino ubicar al nuevo movimiento en un pie de mayor igualdad con el refi­ namiento político del catolicismo. 18. según la cual el hombre era un ser dividido. «The democratic ele- tnent in Calvin’s thought». 374.su propia naturaleza.

=& de Campanella. y no dentro de ella. no afecta­ do por la corrosión del tiempo. La otra idea potencialmente explosiva estaba contenida en la creencia calvinista. 1938. por ejemplo. La sociedad ideal exis­ tía más allá de Ja historia. y alcanzó plena expre­ sión en la concepción calvinista de la sociedad de la Iglesia.75 Ver en este paso la trasfor- mación radical de ideas esencialmente religiosas sería equivocar todo el significado del sistema calvinista. resurgió el concepto de la me­ jor sociedad. Woodhouse. como el más importante ( . En la medida en que era un orden gobernante. ya que el elemento político se hallaba presente en él desde el comienzo. el tema político fue in­ corporado al cuerpo principal de sus escritos. E l verdadero equivalente cristiano de las sociedades absolutamente mejores proyectadas por Platón y Aristóteles se halla­ ba en la Ciudad de Dios descrita por Agustín. el intento de erigir un sistema político eterno. había parecido un acto de lése-majesté. en la forma sublimada de la Utopía & de Moro o La ciudad del Sol. la Iglesia poseía muchas de las cualidades de una sociedad política. . en cambio. no empírica. Cuando se dio un sesgo po­ lítico a este concepto de participación. pero de modo específicamente cristiano y no clásico. se ilumina mejor la relación entre el cristianismo y el desarrollo del pensamiento político occidental. bastó un paso para llegar desde Ginebra hasta los Niveladores ingleses en Putney y la declaración del coronel Rainborough en el sentido de que «el más pobre en Inglaterra tiene una vida que vivir. Aceptando el punto de vista de que la idea calvinista de la Iglesia fue. un intento de emular la omnipotencia de Dios. una especie de teoría política. en cierta medida. . Para la creen­ cia cristiana. ya que la naturaleza del bien buscado por la sociedad estaba destinada a todos los participantes. plenamente institucionali­ zado y provisto de poder. el cuerpo de Cristo no establecía distinciones de valor entre los miembros. En el momento mismo en que Calvino captó la importancia del orden. Aunque un escritor como Tomás de Aquino. además. P. Uno de los efectos más importantes del cristianismo había sido desalentar la búsqueda clásica de un estado ideal. que no necesitaba «trasformarse» para extraer consecuencias políticas.. Puritanism and liberty. La fuerte gravitación que tendría esta idea so­ bre la imaginación occidental surtió el efecto de sublimar el antiguo concepto clásico de la mejor sociedad convirtiéndola en la idea del Reino de Dios. 53. ) cualquiera que deba vivir bajo un gobierno debería antes ponerse bajo dicho go­ bierno por su propio consentimiento». pág. esto se hallaba muy lejos de la perspec­ tiva platónica de una regeneración total del hombre a través de me­ dios políticos. En los escritos de Calvino. . La idea anterior reapareció solo ocasionalmente. Tanto la Iglesia como la sociedad civil se consideraban como órde­ 75 A. dedicara considerable atención a la mejor forma de gobierno. un concepto igualador. era una sociedad tras­ cendente. según la cual una comunidad se basaba en la pertenencia activa. S. ed. La unidad derivada de la participación era la respuesta calvi­ nista a la teoría papal de que solo la voluntad exclusiva del pontífice podía garantizar la unidad. Chicago: University of Chicago Press. La participación era.

272 (IV . En las páginas siguientes se intentará explicar la modernidad de estos dos autores. es decir. vol. la Iglesia visible era una «res carnális» contenida dentro de los límites del tiempo y el espacio. co­ mo de carácter asombrosamente moderno. por ejemplo. mientras que la otra sociedad nunca podía aspirar a mayor bien que la devoción externa. algo de inestimable valor. ella misma no era sino la mejor sociedad reali­ zable. de los primeros en tratar de catalizar a las masas para fines de acción social.70 En la sociedad civil. i. si bien la mejor sociedad no podía ser realizada por los hombres en la tierra. de todos modos. Juntos. por diversos motivos. pág. . Su misión era más elevada. en la mayoría de sus aspectos. Sobre la sociedad visible de los creyentes se alzaba la Iglesia invisible y eterna. en suma. Para empezar.nes sociales que encarnaban determinados valores. y si sus intentos no llegaban a satisfacer las normas de la mejor socie­ dad. como tales. Zwinglio y Calvino fueron tanto actores como pensadores. pág. se los considera sím­ bolos de modernidad. II . la otra se preocupaba solamente del aspecto público del hom­ bre. Pero aunque la Iglesia se situaba como la mejor sociedad en compa­ ración con el Estado. la otra. La filosofía política de Maquiavelo es descrita. su vida. Una era. pero que es común en la época moderna: todos ellos fueron líderes de movimientos de masas y. Antes de ocuparnos del pensamiento político de Maquiavelo. pero inferior. 3). hombres como Lutero. 77 Inst. En ciertos as­ pectos decisivos. y sus virtudes. no la mejor de modo absoluto. un tenue atisbo de inmortalidad. aquí sólo deseo aconsejar que no se exagere el contraste entre ellos y los reformadores. 459. de una más alta dignidad. Cuando se estudia bajo esta luz a los dirigentes de la Reforma. no estaba del todo desvinculada de lo que estos podían lograr. una sociedad nece­ saria.77 La pauta ética — el justum regimen— de una so­ ciedad debía ser buscada en Cristo. El víncu­ lo sacramental proporcionaba un tipo de unidad que el orden civil ja­ más podía lograr: «cada uno imparte a todos en común lo que ha re­ cibido del Señor». tuvo un éxito notable en cuanto a suscitar la hostilidad de sus partidarios contra toda forma de jerarquía religiosa. la condición necesaria residía en que «los hombres tuvieran posesiones peculiares y específicas». quizá permitieran lograr. pero la Iglesia era. Comparada con esta sociedad.. 76 Commentaries on Romans. para completar lo omi­ tido por él. los reformadores actuaron y hablaron más hacia el futuro que Maquiavelo o Hobbes. y en el primero de estos papeles experimen­ taron con un modo de acción del cual Maquiavelo y Hobbes descon­ fiaron. podemos compro­ bar que sus técnicas y doctrinas eran sumamente adecuadas para crear y alentar la acción popular. Una so­ ciedad aspiraba a la salvación y el arrepentimiento: era «un vray or- dre». por su parte. la mejor sociedad. la buena sociedad. se suele recurrir a Hobbes. Pero. la pura comunión de los santos. La idea del «sacerdocio de los creyentes». Una Iglesia y una sociedad civil justamente ordenadas podían guiarse por la misma doctrina que inspiraba la vida de los santos. agregue­ mos unas palabras finales acerca de los reformadores. más social.

sin embargo. Apenas si se encuentran rastros de estas ideas en Maquiavelo y H ob­ bes. Ni él ni Maquiavelo fueron influidos por la gran tentación de la teoría política moderna: de convertir la filosofía po­ lítica en una especie de ideología popular adaptada al apetito y las necesidades organizativas de los movimientos políticos de masas. reflejo de la relación directa que aquel veía entre pen­ samiento y acción. tanto él como Maquiavelo permanecieron fieles a la distinción tradicional entre las rigurosas demostraciones adecuadas para el conocimiento político y los toscos catecismos aptos para la comprensión vulgar. Perfeccio­ namiento de las artes de la conducción popular. y tendencia a esfumar el límite entre teología sistemática e ideología popular: fue como si los guardianes se hubieran arriesgado a combinar las funciones m i­ nuciosamente diferenciadas por Platón. . Maquiavelo y Hobbes fueron inequívocamente premodernos. Ténganse en cuenta. y el político. el pensador-estadista. una jerarquía indiferenciada de masa. la traduc­ ción de la Biblia a las lenguas vernáculas. Hablaban a sus pares intelectuales y enca­ minaban sus esfuerzos a influir sobre los pocos que ocupaban puestos de poder. propor­ cionó también un sentido de elevada igualdad entre los creyentes. pese al hecho de que suele considerárselos como precursores del pensamiento político moderno. que el persistente intento de simplificar las ideas religiosas hasta sus elementos esenciales básicos. además. Como lo ad­ virtió Rousseau. una rebelión cuyo éxito dependía de radicalizar a las masas que estaban descontentas con las autoridades e instituciones vigentes. . significa apelar a un público popular. para quien el público debía ser amoldado a las exigencias de la verdad. las consecuencias políticas de la Reforma como vasto movimiento de rebelión dirigido contra un orden establecido. en parte. en cambio. Esto quiere decir que ambos autores coincidían con las tra­ . El estilo y método de Maquiavelo y Hobbes demuestran.». en la era moderna. En su idea del grupo para el cual escribían. El autor moderno tiende a presuponer que el antiquísimo problema de zanjar la brecha entre teoría y práctica puede ser resuelto apelando al grupo dominante en la sociedad. por ejemplo. Si bien Hobbes. siguieron siendo empecinadamente ortodoxos en su creencia de que la filosofía política representaba una forma de cono­ cimiento tocante al bien de toda una sociedad y no preparada para atraer el intelecto común de sus miembros. Esto. sino al pú­ blico . «ya no se trata de hablar a unos pocos. todo esto tiene las caracte­ rísticas de haber sido ideado para la acción de masas. La jerarquía filosófica que Hobbes asignó al conocimiento político fue. más que en el conocimiento racional. que eran plenamente conscientes de que se estaban dirigiendo a un público sumamente selecto. A pesar de todas sus herejías.en cuanto a proporcionar un foco para el odio. asimismo. el énfasis en la fe o la creencia. para quien la verdad debía ser adaptada a las disposicio­ nes y necesidades del público. Su carencia en este aspecto es tan clarificadora por lo que nos dice acerca de este pensamiento como por lo que nos dice sobre Maquiavelo y Hobbes. Téngase en cuenta. expresó ocasionalmente la esperanza de que se pudiera re ­ ducir la filosofía política a unos cuantos teoremas sencillos.

ve en las masas «una enorme reserva de energía eléctrica» que espera ser utilizada. tenía sentido es­ perar que esos pocos escucharan algún día. . Gran parte de la teoría política moderna se ha dirigido a un público muy diferente. sino a las «masas». la filo­ sofía política deja de ser filosofía para convertirse en literatura popu­ lar. aspira a despertar al gigante dor­ mido. ha buscado. En el mismo es­ píritu de Baudelaire. medra en una mentalidad común. es que la creencia. Las ideas po­ líticas pasan a ser algo que se debe creer. antes que conocer. En estas cuestiones. Ente enfoque implica una trasformación general. Esta esperanza mantuvo viva la empresa del conocimiento político como algo que debía ser conocido. no a los Borgia ni a los Cromwell. dado que la ac­ ción política significaba acción de uno o de pocos. haciéndolo cambiar su función sustentadora por la de agente positivo. amenazadoramente moderno. no simplemente creído.diciones clásica y medieval en cuanto a sostener que. a diferencia del conocimiento. Lutero. no solo de la acción política. sino también de la filosofía política. Hobbes era irremediablemen­ te clásico.

7. Estos dos procesos — la reintroducción de conceptos políticos en el pensa­ miento religioso y el sentido de particularismo nacional— fueron re­ sumidos por Hooker. así también la Iglesia se di­ vide. pero dentro de diversos recintos tiene diversos nombres. debió ser remoldeado para adaptarlo a la disolución de la organización universal y la nacionalización de la vida religiosa. de modo similar. es decir. . según Hooker. En el siglo siguiente exhibieron un asombroso talento para ampliar las exigencias del reino de la gracia. A utonomía de la teoría política El impacto de la Reforma sobre los países de Europa occidental dio como resultado una alianza significativa (aunque no siempre promo­ vida a conciencia) entre los grupos que abogaban por la reforma re­ ligiosa y los que se proponían ampliar la independencia nacional. en cualquier situa­ ción genuinamente moral: ¿Cuál será el agente? ¿Qué clase de carác­ ter asumirá}». una cantidad de hombres que pertenecen a alguna hermandad cristiana. cuya ubicación y límites son precisos ( . ) Una Iglesia ( . En Inglaterra. los puritanos — cuyo concepto de los «dos reinos». I. John Dewey. Irónicamente. como concomitante necesario de una integración de los órdenes políticos y religiosos. bajo el dominio de los santos. . ) es una sociedad. hasta que el mismo poder político quedó. ¡Calvino emprendió la tarea de reintroducir en la teoría de la Iglesia las categorías políticas. El resurgimiento del lenguaje de la política estuvo vinculado tam­ bién con un creciente sentido de identificación nacional por parte de los apologistas protestantes. . Maquiavelo: Actividad política y economía de la violencia «Esta es la cuestión que se plantea. . El lenguaje de la teoría de la Iglesia. Hooker proporcionó al anglicanismo una filosofía que ensalzaba la mezcla de elementos políticos y religiosos y aceptaba la supremacía del rey en cuestiones eclesiásticas. en forma temporaria. . en una cantidad de sociedades distintas. ) . Así como el cuerpo principal del mar es uno solo. cada una denominada Iglesia dentro de sí ( . . Esto se vio facilitado por la creciente tendencia de los autores religiosos de la segunda mitad del siglo xvi a estudiar teorías y problemas po­ líticos. . . en definitiva. en especial. subvertía la unidad de la vida política y la religiosa— llegaron a dudar cada vez más de la distin­ ción establecida por ellos mismos. casi a fines de siglo: « .

el pensamiento político se resistiría a que­ dar despojado de imágenes y valores religiosos. sin dejar de aceptar la validez universal de las normas cristianas. en el lenguaje de la religión. 2 De República Anglortim.¡Como otras for­ mas de discurso.Pues la verdad es que Iglesia y nación son nombres que repre­ sentan cosas realmente diferentes. Form and valué in modera poetry. sobre todo. 1957. los ataques más sostenidos contra la Edad Media habían sido ex­ puestos. el precio de la persuasión era definido por un público comprometido con la religión. Sin embargo. se hubieran preguntado si el argumento de Tra- símaco estaba «tan lejos de la verdad (si se lo entendía civilmente) como lo pretendía Platón». el efecto combinado fue plantear una posibilidad que no había sido seriamente considerada en Occidente durante casi mil años. V III. . Cuando estas tendencias se sumaron al cre­ ciente vigor de las monarquías nacionales y a una conciencia nacional que surgía.1 i ’ La creciente fusión de categorías políticas y religiosas de pensamien­ to fue una acotación intelectual a la difusión del control político so­ bre las Iglesias nacionales. Alston ed. L. cualquiera que haya sido el res­ paldo dado a la reforma religiosa por impulsos económicos y naciona­ les. por 1 O f the lauis of ecclesiastical polity. como Sir Thomas Smith en el siglo xvi. tal como se presenta en la literatura: R. la diferencia. real entre los acci­ dentes representados^ por estos nombres 110 prueba que ellos residan siempre en sujetos diferentes». pero estas cosas son accidentes. lib. pág. Nueva York: Anchor. 2. cap. sino sola­ mente adoptar diferentes actitudes hacia ella. era mayor la renuen­ cia a explorar la idea de una teoría política autónoma. i(5 ). 1906. fuera inexorable en sostener que su interpretación debía ser una cues­ tión nacional. P. Cambridge: Cambridge University Press. y en tanto los hombres identificaran los imperativos categóricos últimos con la enseñanza cristiana. Esto quería decir que el teórico político no podía descartar la religión. págs. 3 Véanse los sugestivos comentarios sobre este problema. I I I .3 En la Europa occidental del siglo xv 1 . Aun cuando los hom­ bres hubieran estado dispuestos a dudar de que la ética fuera funda­ mental para la actividad política. Esto había si­ do reforzado por el hecho de que. I. La inteligibilidad de las ideas de un teórico depende de que rinda tributo a las convenciones tácitas de su época. aun cuan­ do se haya propuesto explorar sus límites exteriores. un orden político autónomo que no admitiera nada superior a él y que. Antes de que se pudie­ ra modificar las convenciones que controlaban el discurso político. 35-36. y accidentes tales que pueden y deben habitar siempre amorosamente en un solo sujeto: por consiguiente. aun cuando. i( 14). en gran medida. 10. la indiferencia y. la teoría política es significativa únicamente cuando es inteligible. fue necesario que la intensidad de las convicciones religiosas en el público fuera minada por el escepticismo.. mientras que la Europa de la Reforma podía aceptar la práctica de un orden político autónomo y discrepar primordialmente sobre quién debía controlarlo. En tanto la teoría política contuviera un elemento empecinadamente moral.2 es dudoso que la teoríar política pudiera haber evitado el contagio del pensamiento religioso. Blackmur.

la importancia práctica de las ideas políticas se vinculaba estrechamen­ te con la religión. en cambio.* como Voltaire. sin que los distrajeran interminables polémicas religiosas. no podían permitirse el ser indiferentes con respec­ to a la religión. Si lo conociera. y estuviera seguro de que no abusaría de él ( . no podían romper de modo defi­ nitivo el círculo de posibilidades trazado por el pensamiento y los pro­ blemas religiosos. erastianos convencidos.. El enfoque intelectual predominante ya no era moldeado por influencias. Voltaire. vol. . sino por su función en la . 28. París: Moland.4 El nacionalismo y el patriotismo no habían alcanzado aún la posición que les permitiera extraer de sus propios^ecursos un có­ digo de conducta cívica independiente de la religión. Casi un siglo antes de que * Se refiere a la doctrina de Tomás Erasto (1524-1583). Allí los in­ telectuales dedicaban cada vez más sus energías a la exploración de nuevos ámbitos de indagación. quien sostenía el do­ minio jde la autoridad civil en cuestiones penales y se oponía al poder punitivo de la iglesia. el lenguaje y los conceptos de la teoría política. además.religiosas. tal como se desarrollaron durante la Reforma. Aun­ que los nuevos estados europeos fueran políticamente autónomos en el sentido práctico de que eran independientes del control de institu­ ciones religiosas. Tal situación existía en Italia durante el siglo xvi. el poder de las instituciones religiosas había comenzado a retroceder. que la idea de un amo eterno que nos ve y juzga hasta nuestros pensa­ mientos más íntimos. y el fácil acceso a niveles sociales elevados y al poder que tentaban al aventurero político se sumaban para hacer de la dimensión política de la existencia algo necesario que se encon­ traba por todas partes. que las sociedades políticas occidentales confiaban en costumbres de civilidad cuyo contenido y sanciones inhibitorias. Hacía siglos. para las fechorías secretas e impunes. ) yo mis­ mo le construiría un altar». provenían del cristianismo. Todavía a fines del siglo x v iii . 1883-1885. T . o — más exac­ tamente— el poder de la Iglesia tenía importancia no como extensión de su misión espiritual. Esta conjunción de factores creaba la oportunidad para que los fenómenos políticos surgieran de modo más marcado y nítido. . págs. No sabemos quién fue el primero en enseñar al hombre esta doctrina. De modo similar. del R.actividad política interna de la península itálica.décadas de enconadas y costosas guerras religiosas. 52 vols.! Por todas estas razones. . Oeuvres completes. Moverse en un plano por completo político exigía forzosamente descartar modos de pensamiento heredados de una época anterior. en el cual las convenciones de discurso moldeadas por la Edad Media eran cuestionadas por modos de pensamiento no teoló­ gicos. temían al intento de gobernar una sociedad en la cual la ética cristiana había perdido su asidero. al mismo tiempo. la inestabilidad de la vida política en las ciudades-estados italianas. su evolución debe ser buscada.) 4 «Qué otro control puede hallarse para la codicia. ( N . en un medio no agitado por trastornos religiosos. Si la promesa de una teoría política autónoma no podía ser cumplida dentro del marco intelectual establecido por la Reforma. 132-33. aunque solo fuera porque la inquietud religiosa pre­ sentaba una de las principales amenazas a la estabilidad política. La falta de unidad nacional. en que la actividad política estaba rodeada estre­ chamente por una cosmovisión religiosa.

en los pasajes arriba citados. __ En _d pensamiento político de Maquiavelo] estas ^posibilidades laten­ tes fueron abordadas y convertidas en base del/prim er gran experi­ mento de teoría política «pura». 1891. F. Oxford: Clarendon Press. Sin embargo. vol. 1936. «Das Erwachen des historis- chen Denkens in Humanismus des Quattrocento». 1932. del siglo xv. arriba. The crisis of the early lid ia n Renaissance. «Introducción». los «predecesores» mencionados eran autores clásicos o medievales. pág. hemos utilizado la traducción de A. A. K. 2 vols. . Aquella se basaba. o publicistas más recientes. 282.: H arvard University Press. Nueva York: Columbia University Press. L. en la convicción de que los conceptos heredados por el pensamiento político habían perdido significado porque ya no se referían a fenómenos verdaderamente políticos. Durham: University of N orth Carolina Press. Born. nota 3. Mientras que el pensamiento político medieval había hecho de las instituciones ecle­ siásticas un punto focal y decisivo de sus indagaciones. entretejidas por las ideas políticas del pasado. Se discute mucho si. Maquiavelo sostenía que los gobiernos eclesiás­ ticos no eran motivo de preocupación para la nueva ciencia. al examinarlo. temo que al escribir yo también. H . Mass. 1946. El número entre paréntesis. Humanistic and political li- terature in Florence and Venice al the beginning of the Quattrocento. para poder analizar de mo­ do coherente los fenómenos políticos. 5-20. 1938. Si bien estos autores de principios del quattrocento se habían preocupado-sobre todo por aquilatar los méritos relativos de monarquías y repúblicas. H . ed. págs. 1955. XV (1 ). porque. como Dante. vol. The education of a Christian prince. «T he prince» and other works. Journal of Mó­ dem History. G ilbert. Véanse diversos puntos de vista sobre este problema en: L. Cambrid­ ge. 449-83. 6 Prince. en general.fuera escrito El príncipe. * se había desarrollado en el pensamiento político italiano una tradición viable de «realismo»'. También es pertinente. Nueva York: Hendricks House.5 el aspecto más significativo de la controversia fue la ausencia de polémica religiosa. 11. II Principe. se me considere presuntuoso. Burd. págs. pág. como mi objetivo es es­ cribir algo útil para un lector atento. Otros 5 Véase.... no ins­ piraba a Maquiavelo ninguna objeción filosófica formal._casi estrictamente políticos. H . Salvo indicación en contrario. «Y porque sé que muchos han escrito sobre este tema [el del prín­ cipe]. El manifiesto elaborado por él para ia nueva ciencia reflejó la creencia de que. en cambio. que será citada como Prince. me aparto por completo de los principios es­ tablecidos por mis antecesores.. Barón. Gilbert. respecto de los antecedentes del pensamiento de Maquiavelo. Historische Zeitschrift. creo más eficaz volver a la ver­ dad práctica del tema que depender de mis fantasías al respecto». Prin­ ceton: Princeton University Press. se refiere al párrafo del capítulo en dicha edición. «The hu- manist concept of the prince and The prince of Machiavelli». 2 vols. 147. G ilbert. A. 1955. Machiavelli’s «Prince» and its fore- runners.6 En su condena de las grandes filosofías políticas del pasado. y por evaluar la vida de acción comparada con la vita contemplativa predicada por el sabio humanista. 450. como conse­ cuencia de lo cual sus conceptos habían quedado imbuidos de imáge­ nes e ideas religiosas. que permitió a los teóricos confrontar cuestiones como las del orden y el poder en tér­ minos. 1939. era necesario liberarlos antes de las ilusiones que los envolvían.

La mayoría de los comentaristas modernos no han aducido la ruptura con los modos medievales de pensamiento como única razón para acla­ mar a Maquiavelo como primer pensador político auténticamente mo­ derno. que Maquiavelo está tan dispuesto a aconsejar a un Papa con inclinaciones políticas como a cualquier otro príncipe. la teoría política debía contribuir a una de las ten­ dencias fundamentales del Renacimiento: la proliferación de áreas in-_ dependientes de indagación.7 Aunque sería interesante examinar si Maquiavelo opinaba que el go­ bierno papal estaba más allá del alcance de la teoría política o que. omitiré hablar de ellos. cit. porque. cada una preocupada por elaborar un lenguaje explicativo ade­ cuado para un conjunto particular de fenómenos. aunque de tipos muy diferentes. por supuesto. Han aducido. E n este aspecto. política todo lo que no parecía ser estrictamente político. en cambio. En sus mordaces palabras. no sueñan en apartarse de la Iglesia. y cada una actuan­ do sin la intervención del clero. cada una resuelta a establecer su autono­ mía. lo habían estigmatizado por ser demasiado político. en cambio. G ilbert omite todo análisis de este pasaje. a la larga. . como Marsílio y Lutero. su rechazo de normas tradicio­ nales como la ley natural. nunca pierden sus Estados por no defenderlos. pues. y sus súbditos no objetan por no ser gobernados. lo importante es que sus antipatías eran fruto de una idea sumamente lúcida acerca de cuá­ les eran las cuestiones pertinentes a la teoría política.. dado que los protegen causas superiores. el lenguaje de la teología política me­ dieval pasaba a ser superfluo para las necesidades de la nueva ciencia. abordarlos sería propio de un hombre pre­ suntuoso y vanidoso». Vale la pena. ni pueden hacerlo. Al examinar este capítulo en Machiavelli’s «Prince» . con todo acierto. . tales regímenes mantienen sus . «Son estos los únicos príncipes que tienen Estados y no los defien­ den. examinar la hostilidad de Maquiavelo 7 Prince. pero. A esto nosotros hemos agregado la sugerencia de que la modernidad de Maquiavelo residió también en el intento de excluir de la teoría. súbditos y no los gobiernan. 60-61). críticos del papado.8 Si se negaba significación política al papado. . Maquiavelo. a este respecto. Solamente estos principados. y la exploración de un método pragmático de análisis concentrado casi exclusivamente en cuestiones de poder. X I (1 ). a las cuales no alcanza la mente humana. príncipes en el poder cualquiera que sea «su manera de actuar y vivir». Si bien la religión fue la más importante víctima de este principio de exclusión. tal vez creyendo posible que la liberación de Italia proviniera de un príncipe de la Iglesia. (op. sin embargo. erróneamente. presentaba una amenaza mucho más seria para la cosmovisión unificada de la Edad Media que todas las groserías anticristianas. hubo otras igualmente significativas. son seguros y felices. no merecía ni siquiera su desprecio. dado que son mantenidos y establecidos por Dios. Esta omisión lo lleva a sostener. lo acusaba de no ser lo bastante político como para justificar la atención de la teoría política. 8 El desprecio de Maquiavelo hacia el gobierno papal no debe ser interpretado. págs. como una inadvertencia respecto de la importancia del papado en la diplomacia italiana y extranjera. Este proceso.

si la nueva ciencia se desvinculaba de aquellos. ix (3 ). ii (9-10). no se la podía acusar de ser una mera ideología destinada al propósito de racionalizar estos intereses particulares. Por añadidura. Este último representaba. pierde su dominio por no ser prudente». donde Maquiavelo desdeña lla­ mar nuevo a un gobierno en particular debido a que este conserva mucho del viejo.contra los gobernantes hereditarios. The discourses on the first ten books o f Titus Livius. 2 vols.. en los siglos recientes. «un nuevo gobierno principesco tropieza con dificul­ tades». pero «los Estados hereditarios. J. 1950. I. 11 Ibid. no se había preparado adecuadamente para las contingencias políticas que aquejan a todos los regímenes. en cambio. . no requería habilidades ni conocimientos especiales. I I (2 ). tenía la posibilidad de una «doble gloria»: 9 Prince.. es­ tructuras sociales y tipos de conducción habían hecho caducar las ideas anteriores de legitimidad.1. adorme­ cido por la seguridad. ej. y su hondo desprecio de la no­ bleza. Era evidente que. ¿dónde podía hallar aliados para la tarea reformadora? Quizá podamos cla­ rificar un poco estas cuestiones examinando la actitud de Maquiavelo respecto de la nobleza y el principio del gobierno hereditario. I. que presuponía por definición una situa­ ción sin cambios. al inglés por L.El prín­ cipe nuevo. por su par­ te. a un príncipe que habiendo disfrutado de un largo reinado sufría luego un súbito revés.. Walker.9 Así. New Haven: Yale University Press. se le negaba incluso el consuelo de atribuir su caída a la fortuna. entonces. habituados a la familia de sus príncipes. 12 Ibid. passim. Un príncipe here­ ditario tenía pocas oportunidades de grandeza. son mantenidos con menos dificultades que los nuevos». Ma­ quiavelo afirmaba que su importancia para la teoría política era esca­ sa. y por ello no presentaba un verdadero de­ safío a la ciencia política. Véase también X IX (18). en la cual las lealtades y expectativas de los súbditos permanecieran más o menos constantes. trad. El monarca hereditario se exponía a sufrir una «doble humi­ llación» si «habiendo nacido príncipe. un sistema hereditario. 10 Prince. I I I (1 ). V I (2 ). los rápidos cambios de formas institucionales. era conservado o perdido estrictamente de acuerdo con el grado de habilidad del gobernante. una forma de actividad política más pura. Según dijo. X X IV (3 ).10 Un dominio recién adquirido. sino con sus sesgos políticos y socia­ les. lib. La antipatía hacia los monarcas hereditarios se vinculaba con la eva­ luación hecha por Maquiavelo de la crisis que se venía desarrollando en las ideas de autoridad y legitimidad. Intuía correctamente que.11 Esta diferencia se reflejaba asi­ mismo en las posibilidades comparativas de virtü. E l número entre paréntesis se refiere a los pá­ rrafos de Walker. ya q u ed a gloria era más posible cuando se conquistaba el poder que cuando se lo here­ daba. Había surgido un mundo político alK don­ de el principio hereditario y la mayoría de las formas de tradiciona­ lismo perdían asidero de modo creciente^ Pese a que continuaban existiendo sistemas hereditarios viables — p. en la cual los factores acciden­ tales cumplían un papel secundario. Por otro lado. Dado que la nueva ciencia era hostil a los príncipes hereditarios y a la aristocracia. en Francia— . La importancia de éste examen no se relaciona con el lenguaje y conceptos de la nueva ciencia.

prefacio (7 ). en cambio. el fluir de la actividad política. cuyo poder dependía de que honrara 3os ordenamientos existentes.16 En el hombre nuevo. 15 Ibid. 13 Ibid. X XIV ( I ) . prometiendo audazmente hacer que «un nuevo príncipe pa­ recieraviejo». la cuestión de si era un agente más se­ guro para la aplicación de la nueva ciencia quedará reservada para después de que hayamos examinado la argumentación de Maquiavelo contra la nobleza.. la nueva ciencia actuaba como gran nivelador.17 Maquiavelo creía que esta forma de descontento era el vicio particular de los nobles. 18 Ibid.podía fundar un nuevo reino y experimentar el júbilo estético de im ponerle el sello de su propia personalidad. algo inevitablemente ne­ gado al gobernante hereditario. 16 Ibid. Véase el análisis de Severtus (X IX . dicho sea de paso. El gobernante hereditario. mientras que nuestra suerte es ser tales que apenas podemos lograr unas pocas de esas cosas. Sin embargo. ’ 7 Discourses. como la llamó Burckhardt. pintó Maquiavelo un nota­ ble retrato de una figura que sería frecuente en la actividad política moderna. explica en parte el gran peso asignado por Maquiavelo a las artes militares: como expli­ có.»...14 La nueva cien­ cia reflejaba. AI servir a los nuevos hombres que se precipitaban en procura de poder.10 Esto.. Este nuevo hombre era el retoño de una época de incansa­ ble ambición. V I (2 ). passim) y los comentarios acerca de los hijos de Francesco Sforza [X IV (2 )]. de rápida trasformación de las instituciones y veloces cambios de poder entre los grupos de élite. xl (10). el arriviste político. I. En el fondo. Maquiavelo ofrecía la nueva cien­ cia del arte de gobernar como alternativa al antiguo principio de'legi­ timidad. quienes no se satisfacían con menos que la dominación total. Simbolizaba. un conocimiento de los métodos bélicos no solo era útil para quie­ nes nacían príncipes.'elevan­ do la situación comparativa de quienes enfrentaban con su capacidad el derecho nerecutario. sino que «permite que los hombres asciendan desde posiciones humildes a esa [misma] jerarquía». una era de movilidad social extrema. posición social y gloria. . el espíritu humano está siempre descontento . ya que. entonces. 14 Ibid. su fugacidad y su carácter intermina­ blemente continuo. por naturaleza. represen­ taba el principio anacrónico según el cual las situaciones fijas y los ordenamientos permanentes eran esenciales en la actividad política. estamos constituidos de modo que no hay nada que no podamos anhelar. ya no era factible.13 Desdeñando el principio hereditario. la inclinación de la nueva ciencia hacia el «nue­ vo príncipe» y contra elhereditario se basaba en la convicción de que el primero era una imagen más verdadera de la naturaleza de la acti­ vidad política. I I I . sin em­ bargo. en resumen. xi ( I ) .18 Esto. una «era de bastardos». en esta medida. . Como resultado. y «lograr que se sintiera de inmediato más seguro y firme en su reino que si hubiera envejecido en él». Dijo Maquiavelo: «Los apetitos humanos son insaciables. II . X IV ( I ) . debido a que la prolongada experiencia de libertad cívica había alentado las expectativas del ciudadano común. .

en particular. donde destruía e interrumpía la paz. **„ Londres: Bohn. la acción política tenía que ser em­ prendida en un «campo» limitado. Esta antipatía hacia los gentiluornini y los grandi derivaba. I I I . como los esta­ dos alemanes. que rechazaba sus obligaciones sociales y se entretenía en frecuentes incursiones armadas en la campiña circun­ dante. ya que uno exigía preferen­ cia. 21 H e utilizado la palabra «masa» aquí. Dis­ courses. No hace falta decir que esta palabra no está destinada a sugerir «una sociedad de masas» en el sentido que encierra esta frase en la sociología y ciencia política contemporáneas. Esta contradicción no era tanto lógica como política. que fue más plenamente ela­ borada por H obbes: que el tipo cualitativo de distinciones inherente a una sociedad aristocrática era menos compatible con la nueva cien­ cia que una sociedad en la cual se pudiera analizar a los hombres co­ mo entidades provistas de capacidades y perspectivas similares. A diferencia de otros campos de acción.quien consideraba justo que sus propios deseos fueran tratados en un pie de igualdad con los de los demás. sin embargo. donde regía la igualdad. como procuraremos demostrar. I. la actividad política era atormentada por el dilema entre bienes limita­ dos y ambiciones sin límites. Según el enfoque de Maquiavelo.20 La inclinación contraria a la nobleza encerraba otra consecuencia. fue acompañado por un creciente desencanto respecto del nuevo príncipe como instrumento de la nueva ciencia. cualquier insignificancia lo incita [V I.19 El ¡problema de la escasez y la ambición — que Hobbes. a fin de expresar el sentido de un cuerpo de materia cuyos elementos son en gran medida indiferen- ciados. donde Ma­ quiavelo describe al pueblo diciendo que es lento para generar movimiento. es que estos procesos no significaban de ningún modo una «democratización» de la teoría política que la convirtiera en un cuerpo de conocimiento específicamente destinado a promover los in­ 19 The hisiory of Florence. Un buen ejemplo del signifi­ cado que tiene en este ensayo aparece en La historia de Florencia. pero que una vez alerta. 20 Ibid. Aquí aparece de nuevo Maquia­ velo elaborando la actitud que iba a caracterizar la teoría política mo­ derna: la nueva ciencia era fundamentalmente hostil a las distinciones sociales y. v (285)]. y controlables en conjunto. prefacio (6-7). lv (6-8. I I . y el otro. 9). 125). uno de los índices de una sociedad corrupta era la existencia de una difundida desigualdad social y económica y de una alta burguesía parasitaria. No era posible armonizar los intereses y ambiciones de ambos grupos. de la convicción repu­ blicana de Maquiavelo en el sentido de que una condición de gran desigualdad era perjudicial para una república. ubicaría en el centro de la teoría política— condujo a su vez a la cuestión de la desigualdad. al principio aristocrático. en el siglo siguiente. en parte. y en otras partes.. pero también era fa­ vorecida por la opinión de que sociedades más simples. iii (pág. eran más susceptibles a la in­ fluencia formadora de la nueva ciencia. igualdad. Debido a su carácter. en el cual escaseaban los objetos de interés y ambición. Como más adelante señalaremos. Lo que aquí se debe destacar. 1854. el gran descubrimiento de Maquiavelo fue que una masa uniforme podía ser más fácilmente analizada en teoría y manipulada en la práctica que un cuerpo social diferenciado 21 En páginas posteriores se analizará en mayor detalle la orientación de Maquiavelo hacia la masa. lo cual. .

la me­ jor argumentación posible a favor de cada grupo interesado. iü (172-73). iv (278-81). Ambas consideraciones determinaban ciertos tipos de compromiso: nos ocuparemos ahora de estos y sus interconexiones. 22 History. proletario o patricio. *** La técnica de Maquiavelo consistía en esta­ blecer una situación en la cual se enfrentaban intereses de clase. En cambio. además. Prince. una ideología. por boca de algún portavoz partidario. En esta metáfora.23 Esto permite com­ prender por qué muchos críticos han sostenido que Maquiavelo su­ puso erróneamente que la política internacional era una simple partida de ajedrez. la versatilidad de la nueva ciencia le permitía situarse imaginariamente en cualquier po­ sición particular. analizando los problemas tal como aparecían desde esa perspectiva e indicando el curso de acción que satisfaría el interés en cuestión. podía esbozar mejor el valle situándose en las alturas. enunciando las al­ ternativas y aconsejando las mejores medidas. las montañas. Maquiavelo pasaba a comparar al escritor polí­ tico con un paisajista que podía ejecutar mejor su tela ubicándose en el valle para expresar con fidelidad las imponentes montañas. la nueva ciencia demostró ser capaz de situarse en cualquier posición.22 Cual­ quiera que fuese el partido. en la concepción de Maquiavelo. II . Pero también se podría sugerir que esto era inevi­ table. . Esto lo puso en claro Maquiavelo en la Dedicatoria de El principe. la nueva ciencia tenía como caracterís­ tica fundamental el ser separable de los intereses de cualquier partido. dada la índole versátil e imparcial de la nueva ciencia: en efecto. pa­ sando luego a exponer. aun la de los peores enemigos de Italia. con lo cual descuidó aspectos que no podían ser reducidos a dichos términos. I I I (9 ). IV. a la inversa. el valle simbolizaba al pueblo. como también hemos visto. 23 Véase el famoso análisis de los errores cometidos por Luis X II en su inva­ sión de Italia. ya que podía moverse con igual facilidad a cualquier posición y era capaz de recetar para ambos. Aquí. diag­ nosticando la situación desde ese punto de vista. u. Tal vez la prueba más dramática de la capacidad de la nueva ciencia para evitar una «sobreidentificación» con un grupo de adeptos determinado haya sido proporcionada por el análisis que llevó a cabo Maquiavelo acerca de diversos problemas de política interna­ cional. tereses del pueblo. Podríamos resumir las anteriores observaciones diciendo que. iii (128-29). era superior a uno y otro. el teórico político. viii (92-93). antes que ideológica. Esta misma cuestión fue expresada de modo levemente distinto en la Historia de Florencia. y que. I I I . la teoría política podía suministrar un 'conjunto de técnicas útiles para cualquier grupo. no todo grupo era considerado igualmente útil para la nueva ciencia. V I. como pintor. Después de alegar que la novedad ( varietá) y seriedad (gravita) de su tema podían servir para disculpar su presuntuosidad al ofrecer direc­ tivas a los príncipes. Un problema tiene varias facetas. al príncipe.n foco central. pero. la esencia del ajedrez reside en que es una Rienda aplicable a cualquier lado del tablero^ Se puede formular esto de otro modo di­ ciendo que la ubicación privilegiada buscada por Maquiavelo para la teoría política debía provenir de que la inspiraba una orientación pro­ blemática.

ik New Haven: Yale University Press. Zeitschrift fiir die Gesamte Staatswissens- chaft. «Das Machiavelli-Bild der Gegenwart». Burd. XV. 44.. op. págs. Si se descarta ese supuesto. Rossi en Modern Language Review. Dijo entonces que la situación de Italia era «más esclavizada que la de los hebreos. E. 1949. vencida. 1956. Machiavelli the scientist. 1923.-. J. T he rnyth of the State. con tan poco apasionamiento moral como el hombre de ciencia en su adhesión a los métodos objetivos. véase F. L. Der Fürst und kleinere Schriften. Véase un examen general de los usos lingüísticos de Maquiavelo en F. Véanse las objeciones a esta opinión en J. 1947. una que «llegaría a la verdad práctica ( verita effettuale) de la cuestión». 1952. 1945. H ay una reseña de las interpretaciones actuales en W . sino también el tipo de lenguaje adecuado para cada uno. vol. X -X II. A. M.36 Solo se puede considerar superfluo el último capítulo. Una evaluación amplia y crítica del volumen de W hitfield es la efectuada por M. Nueva York: Day. 1939. cit. op. pág. pág. y de que nunca evidenció turbación alguna por haberlo incluido en su precursora obra.. despojada. y del mismo autor. Studi sul linguaggio del Machiavelli. dedicado a librar de confusos ideales al pensamiento político. 283 (línea 5) en la edición de L. queda por explorar no'solo su naturaleza. El lenguaje ya no era el de una apre­ ciación realista y un consejo imparcíal. H . recurrió al lenguaje de la pasión moral. 417-24. 12-13. Studies in the Renaissance. 1954. vol. Renaudet. 1-38.23 No obstante. 481 y sigs. caps. F. Oxford: Blackwell. 108. cuando Maquiavelo intentó describir los males políticos de Italia. el cap. Como ya hemos indicado. 365. págs. es posible advertir que el realismo objetivo y el nacionalismo apasionado eran la expresión de dos tipos diferentes de compromiso por parte de Maquiavelo. G ilbert. esp. Meinecke. ed. Burd. cit. págs. más oprimida que la de los persas y más dispersa que la de los atenienses. el brusco cambio de estilo surgido en el último capítulo de El príncipe suscita ciertas dudas acerca de esta evaluación. vol. A.24 Es cierto que Maquiavelo ofrece material de sobra para este retrato. Niccolo Machiavelli. 11. Su desafiante anuncio de que se proponía abrir en el análisis político una «nueva senda». Berkeley. pág. A. sin em­ bargo. Machiavelli. E. (para una interpretación de Maquiavelo como «positivista»). 1946. 7-4/. Preiser. 26 Como muestra de la literatura referente a este problema. 142-43. parte I I . nota 19. Florencia. Algunos estudiosos serios han sostenido que dicho capítulo fue agregado con posterioridad al cuerpo principal del texto. op. págs. T he Machiavellians. Cassirer. En tal caso. 25 II Principe. Olschki. «The concept of nationalism in Machiavelli’s Prince». 119 y sigs. 59 y sigs. ha sido aceptado como núcleo central de su sistema. . 6a.Existe una persistente imagen de Maquiavelo como lúcido realista. Burnham. págs. si se presupone que combinar realismo y pasión en una teo­ ría política es una excentricidad. 38-48. Journal o f Mo­ dern History. págs. vol. También son útiles H . Whitfield. 1940. esto no elimina el hecho de que Maquiavelo escribió el capítu­ lo. págs. Machiavel. Londres: Bell. sino el de un ferviente nacio­ nalismo que culminaba en el alegato por una cruzada para unificar a Italia.. París: Gallimard. Chiappelli. 449-83. Berlín. cit. 1943. 1952. I. 24 El mejor estudio sobre Maquiavelo a partir de esta posición es el de L. The statecraft of Machiavelli. será citada en adelante como I I Principe.. Butter- field. sin orden. Cassirer. I. pág. sin una cabeza. «The humanist concept of T he prince of Machiavelli».. en cam­ bio.

como las antiguas naciones. Nueva York: Random House.lacerada e invadida . ) y la sanará de esas lla­ gas que se ulceran desde hace tanto tiempo. El elemento religioso que 27 Prince. aparentemente. El mar se ha dividido. . Se la puede ver rogando a Dios que envíe alguien a redimirla de estos crueles y bárbaros in­ sultos. Maquiavelo ofrecía luego una especie de letanía al sal­ vador político sobre quien descansaba la -esperanza de la futura re­ dención de Italia: «Y aunque. . aguardando al hombre. Véase también el estudio de K. X X V I. [ Y entonces. X XV I (2 ). f. . en la edi­ ción de la Moderri Library. de la emoción y el pensamiento religiosos. de modo implícito y. una promesa de poder y gloria sin Getsemaní: «No puedo expresar con cuánto amor sería recibido en todas las pro­ vincias que han padecido estos diluvios extranjeros. la conclusión sugerida es que la nueva teoría política no estaba contenida en sí misma. sigue sin vida. más antiguo. de L.. un impulso que Maquia­ velo no podía comunicar sino por medio del lenguaje. cuántas lágrimas! ¿Que puertas se le cerrarían? ¿Qué pueblos le negarían obediencia? ¿Qué envidia se le opondría? ¿Qué italiano se negaría a seguirlo?». con qué firme fe. el lenguaje de la religión: como el corpus Christi. Italia. recursos extraordinarios e insólitos. antes de esto. Lo demás está en vuestras manos ha­ cerlo»?8 Esta visión culmina en la promesa de la jubilosa recepción que aguar­ da al salvador-príncipe (redentore). X X V I (6). pág. P. Vincent.20 Es evidente aquí que formas anteriores de emoción y lenguaje religio­ sos han sido traspuestos y sublimados en las nuevas imágenes de lo nacional. 28 Ibid. Nueva York: Prentice-Hall. los consejos técnicos ofrecidos en los capítulos previos de El príncipe. Era «necesario» que Italia.». 29 Prince. cuánta devoción. como lo hacen. después de insistir en que basta con que el libe­ rador adopte los métodos antes propuestos. la Fortuna los desechaba. Y siguiendo. Ricci y E. sin intención consciente. . s. H a llovido maná. preparados por Dios. ¡con cuánta sed de venganza. sino que ex­ traía su impulso de la inspiración nacional. quien­ quiera pueda ser.] Tenemos ante nuestros ojos. A rhetoric of motives. págs. Una nube os ha guiado en vuestro camino. que curará sus heridas ( . R. en la corriente plena de la acción. Todo se ha unido para haceros grandes. Habiendo evocado la imagen de un cuerpo po­ lítico doliente. Burke. pues. 95 de la trad. Maquiavelo presenta su propia versión de una profecía del Antiguo Testamento. 158-66. H e modificado levemente la traducción. . Italia ha sido con­ denada a sufrir desunión para purgar los pecados anteriores de aque­ llos cuya existencia simbolizaba.27 El tema cobra vigor cuando Maquiavelo adopta. sufriera devastación y esclavitud antes de ser re­ dimida ( redenzione). ciertas personas mostraron señales de las cuales se podía inferir que Dios los había elegido para salvar a Italia. luego se vio que. 1950. Del peñasco ha brotado agua.

1955) es. 6. fundam ental law in English constitutiond hh- tory (Oxford: Clarendon Press. i (1-3). 1945) hay un buen examen de la relación entre Maquiavelo y estos autores del siglo xvn. 1772. sino que reaparecía en la idea de un principio vital inherente a las sociedades políticas. . J. vemos ideas similares a las expuestas aquí. Toland. 121-22.. Harrington.¿ I I I . págs. 62-63. 32 Adviértase el lenguaje utilizado por Harrington en el siguiente fragmento: «Formar un gobierno es crear una criatura política sobre la imagen de una cria­ tura filosófica. . 53-54. Maquiavelo prevenía de que en una república sería necesario un impacto para que los hombres volvieran a tomar conciencia de la base original de su sistema político. 160. 193-94. al que bien pue­ do llamar el principio v itd . como lo sugiere su título. la única forma de impedir la decadencia era volver a su arche o principio fundamental. págs. hasta la últim a pizca. 124. The classicd republicans (Evanstons: N orthwestern University Press. 31 Ibid. i (3-5). W orks. El principio al cual me refiero es este: que el poder supremo o soberano . págs.en los debates polí­ ticos e institucionales en la Inglaterra del siglo x v n . tan necesariamente religioso como racional».30 En el caso de cuerpos mixtos o compuestos — y es significativo que aquí Maquiavelo haya reunido las repúblicas y los grupos religiosos organizados— era posible obtener la renovación recurriendo al prin­ cipio originario. 360. 'Wormuth. S. F. . menciona el «único gran principio. Londres. sostuvo que una república que se atu­ viera a sus leyes básicas tendría asegurada la inmortalidad. un estudio sobre el pensamiento jurídico en un sentido estricto. 100. de lo contrario. A system of politics in The Oceana and other works of James Harrington.33 30 Discourses. Pueden hallarse observaciones semejantes en A. Ithaca: Cornell Univer­ sity Press. 1939. 33 El estudio de J. 406. la corrupción habría penetrado tan profundamente que el cuerpo político sería irre­ dimible. I I I . de la influencia de Maquiave­ lo. ) es.32 La idea de la ley fundamental — que tan gran papel jugó. Gough. sin embar­ go. 8. A. fue trasladado a la teoría política posterior. New Brunswick- New Jersey: Rutgers Üniversity Press. Con el tiempo. que llamó a Maquiavelo «el único po­ lítico de las épocas recientes». 1737. Én el pensamiento político de la Revolución Norte­ americana. James "Wilson. Tudson. Véan­ se ejemplos en M. 338. 499-500. . 419. The crisis of the constitution.acompañaba a la nueva teoría política 110 se limitaba únicamente al nacionalismo de Maquiavelo. Sidney. en parte. 1949. y en las poste­ riores ideas de una constitución escrita— ha preservado la idea de una fuerza vivificante cuya observancia garantizaría el mantenimiento del vigor del cuerpo político. por ejemplo. que difunde animación y vigor a través de todos los otros. E n Z. Londres. o es infundir el alma o facultades de un hombre en el cuerpo de una m ultitud ( . pues.31 Esta idea de un principio revivificador recordaba sobremanera los usos eucarísticos. lo cual se podía lograr con medidas internas o a tra­ vés del impacto de alguna fuerza exterior. Fink. Pero en las citas de las págs. en gran medida. ) El alma de un gobierno ( . Tanto parlamentarios como realistas infundieron matices religiosos a la idea de ley fundamental. The royal prerogative. D. se identificó frecuentemente el principio fundamental con el pueblo. Como resultado. La abundante literatura panfletaria del período anterior a la Guerra Civil y duran­ te esta contiene numerosos ejemplos de la tesis antedicha. ed. W . págs. Maquiavelo clasi­ ficaba una sociedad política entre esos tipos de cuerpos que solo po­ dían evitar la desintegración repitiendo cierto rito de renovación. y esto no debía ser demorado más de diez años. sobre todo entre los constitucionalistas. 1603-1649.

Esto corresponde a la doctrina política y no a la ciencia política». . en cierto sentido. Pero lo que para Maquiavelo fue apenas una posibilidad. con Maquiavelo. R. mercado económico en parte libre y en parte con­ trolado. como un tema menos atractivo para la investigación exacta. Lo significativo. En consecuencia. en la mayoría de las ciencias modernas. la anarquía internacional. en una paradoja: habiendo sugerido que Maquiavelo excluía valores básicos de la lógi- de la sociedad reside en los ciudadanos en gen eral. Selected political essays of James Wilson. pág. ) No nos interesa la justificación de los valores democráticos. xiii-xiv. . su derivación de algún fundamento metafísico o moral. no actuaba como un objetivo informador que coloreaba y penetraba todos los aspectos de su obra. New Haven: Yale University Press. G. No se trata de que estas opiniones sean malas o erróneas. un artículo de fe: el lenguaje de la pasión moral ha quedado rotulado como «subjetivo» o «emotivo». Este problema se basa. para cuya realización se prescribían determinados medios. en cambio.. Maquiavelo abría la importante posibilidad de una sepa­ ración entre el estilo de indagación política analítica y el del objetivo fundamental. como se advierte en el siguiente enunciado de teóricos políticos contemporáneos: «Nuestros propios valores son los del ciudadano en una sociedad que aspira a la libertad. 196. Power and society. Crofts. en consecuencia. Nueva York: F. Pero en las partes de sus escritos donde predomi­ naba lo analítico o lo relacionado con la tarea de consejero. Lasswell y A. Esto no significa — como tam­ poco en lo que respecta a Maquiavelo— que el investigador político moderno carezca de sentido moral o de adhesión a determinados valo­ res. no siempre se reconoce su influencia en cuanto a determinar indagaciones empíricas o analíticas. tienden a convertirse en dogmas rituales. D. se vuelve importante descubrir qué tipo de convicción o pasión se ocultaba tras este com­ promiso. Kaplan. ha pa­ sado a ser hoy. en alguna medida. . Si la preocupación respecto de los métodos analíticos parece haberse originado. una teoría del poder basada en algo así como el fondo salarial— .» . teoría libe­ ral de los derechos. Adams. 1950.34 Pero cuando las opiniones son simultáneamente relegadas a la cate­ goría de preferencias no examinadas y declaradas indemostrables se­ gún el método más respetado de validación.Hemos sugerido que en el pensamiento de Maquiavelo existía nn importante sustrato de sentimientos e imágenes religiosos. . y. poseedor cada uno de su propio vocabulario y concep­ tos. S. 34 H . sino de que se las considera inexaminables en cualquier sentido rigu­ roso. el lengua­ je de la religión quedaba excluido. Así como Maquiavelo tenía sus opiniones 110 exami­ nadas — la nación-estado. también el investi­ gador político contemporáneo tiene las suyas: democracia. De aquí que hayamos dado especial atención a la formulación de condiciones favorables para establecer y mantener una sociedad libre ( . como resultado. que se tor­ naba evidente sobre todo cuando aquel se refería al tema del resurgi­ miento nacional. págs. si bien la causa del resurgimiento nacional constituía un objetivo fundamental. A framework fo t political inquiry. es la jerarquía de los valores políti­ cos.

Gilbert. 270 (2). Nos presentaba aquí a un hombre amable y bien intencionado. infamia y des­ precio. una situación que hace inevitables tales elecciones tiene 35 Carta a Vettori. inspirada por una preocupación por el hombre en una época de corrupción política. en A. Debo hacer un voto de silencio o hablar de ese tema».ca de la indagación. que se nos ha escapado el patetismo de sus escritos. a quien los imperativos de la política obligaban a elegir entre la necesidad obje­ tiva de destruir a sus enemigos o el cumplimiento de sutilezas legales que permitirían a sus enemigos destruirlo. en A. 228 (2). Un ejemplo adecuado es su descripción de Piero Soderini. Como era un buen hombre. pág. que «no había conocido sueño ni diversión en quince años» dedicados por él al «estudio del arte del Estado». Gilbert. H. sino que se vinculaban con la sensibilidad de Maquiavelo para los elementos an­ gustiantes de la situación política misma. 9 de abril de 1513. sino que todo está sucio con toda clase de inmundicias. el gonfaloniere de Florencia. xxvii (4 ). pág. su cr't de coeur. Este sentido de dedicación era una respuesta esencialmente mo­ ral. ni las tradicio­ nes militares. en su caso. H.36 Estaba implícito en esta protesta el reconocimiento de aquella como una época profundamente politizada.33 Muchas otras expresiones atestiguan un hondo sentido de dedicación a la profesión de teórico político. 179. xviii (9 ). porque no se observan la religión ni las leyes. II . pág. El príncipe mismo fue prologado por un comentario de que dicho volumen representaba «todo lo que he aprendido en muchos años. Y la respuesta del pensador comprometido. ganancias y pérdidas. los sentimientos morales subyacentes en la nueva cien­ cia no eran inspirados solamente por motivos patrióticos. prescriben reglas para otros y esperan de ellos adora­ ción». 16 de abril de 1527. Y tanto más detestables son esos vicios [en] quienes ocupan el estra­ do del juez. y con muchas incomodidades y ries­ gos». era «amo a mi país más que a mi alma». I I I . ilustrada de manera notable en un trozo de su correspondencia: «La Fortuna ha dispuesto que. History. 36 Discourses. Prince. Prince. prefacio (5 ). 37 Carta a Vettori. «[N o se] encuentra otra cosa que desdicha extrema. decidió lo segundo. y con ello infligió grave daño a su país y a sí mis­ mo. tengo que hablar de cuestiones de Estado. manufactura de lana. Lo que tenemos. en la cual la actividad política había pasado a ser el determinante principal del futuro del hombre. . es una apasionada entrega a la profesión de teórico político. IV. ahora preguntamos si su método de indagación se apoyaba en ciertas apasionadas convicciones. ya que no puedo hablar de fabricación de seda. Tanto nos hemos habituado al retrato de Maquiavelo como irónico escribiente confidencial. II . Sin duda. iv.37 Sin embargo.

que era el proceder de los hombres ci­ vilizados. los medios legales eran insuficientes por sí solos. Constitutional reasott of State. Véase una crítica de Meinecke en C. para triunfar. El desafío consistía en reducir el área en que el hombre debía actuar como el animal.su parte de angustia. no podía ser obtenida sino por medios inmorales. I I I . Aunque esto ha sido interpretado habitualmente como una muestra típica de inmora­ lidad maquiavélica. aunque actuara impulsado por las mejores intenciones. xli (2 ). el otro. el actor de Maquiavelo no podía obrar de otro modo. mientras que recurrir a la violencia para hacerse príncipe en una república supone un mal hombre. y a quien se le ocurra emplear bien esa autoridad que ha adquirido por malos medios». Providence: Brown University Press. habiendo llegado a príncipe. 39 Dkcourses. no provenía de un escepticismo respecto de la defendibilidad de las distinciones morales. Recordemos también la famosa máxima de Ma­ quiavelo. X V III (5 ). ni tampoco un mal hombre que. que era el proceder de las bestias. 1.] El acento adecuado no está puesto en que se deban ignorar los preceptos morales cuando se encara la tarea de salvar el propio país.38 El consejo de Maquiavelo. debe adoptarse francamente la alternativa que salve la vida del propio país y proteja su libertad». Y el patetismo moral residía en una situación. Había. en consecuencia. era. porque cuando de la decisión que ha de tomarse depende por entero la seguridad del propio país. . 1959. Londres: Routledge. bondad ni crueldad. Meinecke. dejando de lado toda otra consideración. y debe ser observado por él. en el sentido de que el actor político podía verse obligado a faltar a su palabra. 1959. el hombre político. al inglés por D. Como Lutero. sino en que la actividad po­ lítica es una condición tal. por medio de la fuerza. pero astuto. dos métodos de lucha claramente distinguibles: uno. ya que respondían al hecho de que la actividad política configuraba una situa­ ción conflictiva. en una época corrupta. no se debe tener en cuenta justicia ni injusticia. Scott. cuya exposición comenzaba observando que la grandeza. en realidad. «Pero reconstituir la vida política en un estado presupone un hombre bueno. J. esté dispuesto a obrar de modo correcto. aunque con un objetivo bueno en vista. debía ser parcialmente animal para lograr sobrevivir. por medio de las leyes.39 38 Priuce. xviii (6 ). que no se puede salvar al país sino violando manda­ tos éticos. sino en que el fin imponía medios de un tipo que hacía superfluos tanto al hombre enteramente bueno como al enteramente perverso. trad. no en que el fin justificara los medios. Mientras los tiempos siguieran siendo corruptos. el argumento de un moralista. «Este consejo merece la atención de todo ciudadano que deba asesorar a su país. según la cual un príncipe. ni que sea elogiable o ignominiosa. en tales períodos. Al contrario. ser valeroso. Friedrich. En este contexto de dilemas se debe interpretar la famo­ sa doctrina inaquiaveliana de la raison d ’éíat. De aquí que sea muy difícil ha­ llar un buen hombre dispuesto a utilizar malos métodos para hacerse príncipe. M achiavellim . sino de una convicción de que los imperativos de la actividad política excluyen to­ da otra alternativa. La exposición clásica al respecto es la de F. [ Discour- ses. debe tener algo de león y algo de zorro. Ambos métodos representaban formas de combate.

passim.44 Y si bien autores anteriores habían advertido contra los efectos moralmente corruptores del ejer­ cicio del poder. así como en su concepción de la ética política. s. y tan ligados se hallan entre sí. XV. pero ensombrecida por la sensata com­ prensión de que el mal estaba ínsito en la naturaleza misma de la creatividad política. 285 (linea 3). Pero aquí se podría señalar. 41 II Príncipe.41 «De modo que esta es. obtenga el otro». Prince. una de las cosas en que el mal se relaciona tan estrechamente con el bien. . X V III. pág.43 Era imperativo. a las cuales nos referiremos más adelante. que la nueva ciencia fuera el conocimiento de un tipo especial de bien. Gilbert. porque nadie había creído que la perversidad fuera el precio exigido para sobrevivir. el perfil del nuevo conocimiento político tenía su ambiva­ lencia de luces y sombras: una gran exuberancia ante las posibilidades de acción política creativa. Maquiavelo escribió cierta vez a Guicciardini: «Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno. 44 Prince. 42 Discourses. que la angustia moral lo condujo también a redefinir el tipo de conoci­ miento significativo para la actividad política. y de que la naturaleza peculiar de la acción política residía en que no se la podía disociar de malas conse­ cuencias: le condizioni umane che non le concentono. Nadie había sostenido con anterioridad quef fuera función del conocimiento político instruir a los gobernantes en las técnicas del mal. XV. pág. 43 Carta a Guicciardini. f„ pág. 44. H . que observaba la actividad política desde esa perspectiva. para poder evitarlo». De este modo. xsxvii (3 ). 40 Citado en A. precisamente. 17 de mayo de 1521. firmara así su carta a Guicciardini: «Niccoló Machia- velli. istorico. por lo tanto. había sostenido que es­ tos males fueran inherentes a la naturaleza de la acción política.42 En este espíritu. además. la nueva ciencia se basaba en las premisas de que la cantidad de mal en el mundo per­ manecía más o menos constante.Era justo que Maquiavelo. significativo pata la condición política. comico e trágico». salvo San Agustín. en Letiere di Niccolb Mackiavelli. I I I . Este sentido de los dilemas morales de la actividad política influyó de modo directo en la teoría de la violencia elaborada por Maquiave­ lo. pero también de un tipo especial de mal. encaminados a la cons­ tante eliminación del mal en la sociedad política. Milán: Bompiani. ninguno. que puede ocurrir con facilidad que quien crea obtener uno. Mientras que las tradi­ ciones clásica y medieval habían enfocado al conocimiento político como un conjunto de remedios prescritivos. 144.

el estigma de la violencia. V I. . sino igualmente producto de ciertas omisiones sig­ nificativas. ) todo fue derribado como por un súbito huracán. 40 y sigs. Para Agustín. vol. Guicciardini. ducados y reinos. cit.. De Civitate Dei. significados y sentimientos está siendo total o parcialmente reemplazado. 46 San Agustín. Butterfield. sino modificando también los métodos de gobierno y de guerra ( .46 Un cambio de tal magnitud era indicio de que los antiguos principios unificadores ya no hacían comprensibles los fenómenos políticos. . los lazos que unían a los gobernantes de Italia quedaron rotos. al afincarse en los rasgos positivos de la «nueva ruta». pág. no solo derrocando el poder gobernante. pero sostuvo que los fines de grandeza nacional legi­ timaban los actos de Rómulo: los crímenes cometidos por actores políticos correspondían al juicio de la historia y no de la moralidad. esta llevaba consigo. op.. se sugiere aquí que este enfoque. I. Burnham. ha oscurecido algunos elementos nove­ dosos del punto de vista de Maquiavelo. Basta un ejemplo como el del contraste entre la forma en que Agustín y Maquiavelo abordan la leyenda de Rómulo. . desde el prin­ cipio hasta el fin. & 6. para indicar la distancia entre una y otra épo­ ca. pág.. La sustitución de un principio notacional por otro anuncia que todo un sistema de símbolos. ni presentaban la acción política como posible. quien se sintió obligado a describir la condición política mediante símiles tomados de la salvaje y violenta naturaleza: «Los efectos de la invasión francesa cubrieron Italia como un incen­ dio o como una peste. cada estado se atemorizó y comenzó a pensar sola­ mente en su propia seguridad. olvidando que el fuego en la casa de 45 J.43 Sin discutir la importancia de este problema. 92-93. I. expresaban un nuevo princi­ pio de notación que establecía la identidad y novedad del pensamien­ to de Maquiavelo. La posición de Maquiavelo está en Priítce. tomadas en conjunto.III. cit. Basta comparar los ordenados sistemas de la teoría política medieval con el tipo de lenguaje empleado por el contemporáneo de Maquiavelo. y la crítica de este últim o por W alker en su edición de los Discourses. op. en su caso. Señalaba asimismo la di­ solución de las estructuras conceptuales que enmarcaban la «natura­ leza política». sobre todo en cuanto se refirió a los factores causales que producen hechos. págs. La naturaleza de la actividad política y las categorías de la nueva ciencia La mayoría de los comentaristas. y la exploración de nuevas formas de significado.. extinguido su interés por el bienestar general. no era simplemente el resultado de ciertos elementos positivos y afirma­ tivos de su teoría. H . Al mirar a su alrededor y ver destrozados ciudades. y Discourses. 69 y sigs. Maquiavelo no ignoraba esta acusación. Estas. al tratar de situar la modernidad del pensamiento del autor florentino. han tenido en cuenta principalmen­ te su método de análisis. La novedad. ix. 14-15. las viles acciones cometidas por Rómulo al estable­ cer los cimientos del poder romano constituían una versión política del drama del pecado original: cualesquiera que fuesen los testimonios de la grandeza imperial romana.

23. 8-9. ed. esp. M. 110) una evaluación de los elementos irracionales. El concepto de Fortuna y su trasfondo histórico es examinado por V. El destino de los estados no era decidi­ do por sutiles negociaciones ni por la habilidad de los diplomáticos. sino por campañas militares y por el puño del soldado».un vecino podía extenderse con facilidad. Journal o f Modern History. 299-301). lvi passim. cosa que no somos». V IH . des­ cifrables por medio de augurios. lvi (3 ). I I . un universo político en cuyo centro mismo ha­ bitaba la magia. en lugar de en meses. 1944. los sitios de las ciudades eran muy breves y concluían con el triunfo en días y horas. su busque-. J. I. Princeton: Princeton Univer- sity Press. History. la crea­ tividad de un Platón o de un Agustín había tomado la forma de cir­ cunscribir un gran desorden. 49 Discourses. Sería superfluo documentar el tumulto de la actividad política ita­ liana que dio sustancia al sentimiento de que la naturaleza política 47 Reimpreso de F. Discourses. y la significación de su. Cioffari. I. 1953. un reino era devastado y conquistado con más celeridad que antes un pequeño po­ blado. vol. Milán. en suma. xxxii (6 ). pero desespera de integrar los fenómenos políticos en un universo descristianizado. G ilbert. Igual experimento respecto del orden realizaron los autores italianos del siglo xvi. «La causa de tales hechos debería ser examinada y explicada. de Ca- pariis. 1951. arruinándolo a él también. «The function of fortune in . De sus escritos surgía el cuadro de una naturaleza política en ebullición. las batallas pasaron a ser despiadadas y sangrientas.. El pensamiento se ha emancipado de la antigua cosmología. vii (págs.49 Cuando la explicación racional confiesa sus deficiencias y se extravía en la magia. Makers o f modern strategy. y hechizada por la imprevisible For- tuna.47 Destruido el antiguo enfoque de la naturaleza política como un m i­ crocosmos que presentaba los mismos principios estructurales de or­ den vigentes en la creación en su conjunto. ed. págs. en E. V I. R raft presenta (en «T ruth and poetry in Machia­ velli». no indica atavismo: señala más bien un fenómeno pos­ cristiano. intento reside en que fue emprendido sin ayuda de los postes indicadores utilizados durante los siglos anteriores. es igual­ mente im portante señalar que la respuesta de Maquiavelo y Guicciar­ dini al desorden de la actividad política contenía importantes elemen­ tos no racionales. X X V I (2 ). Earle. págs. V. La tarea de reconstrucción había sido encarada también por teóricos políticos del pasado. Las guerras se volvieron entonces rápidas y violentas. con signos ocultos y misteriosos portentos. pág. pág. 109-21. Para Guicciardini. da de leyes unificadoras que explicaran los fenómenos políticos sobre la base de atenerse estrictamente a los hechos. 48 Prince. Nos han familiarizado con esto innumerables co-! mentaristas que destacaron el racionalismo de la empresa. 431. 401-02). Opere. vii (págs. hombres como Maquia­ velo y Guicciardini.. la naturaleza política apa­ recía como desordenada y semianárquica. «Machiavelli: The renaissance of the art of war». Sin embargo. por alguien versado en cosas naturales y sobrenaturales. en mi opinión.iS Era.

». somos herederos de Maquiavelo. I. El desarrollo de una metafísica política como parte de una filosofía política deriva de la confrontación de fenómenos políticos hecha por el teórico: ¿De qué naturaleza son los fenómenos políticos? ¿Cómo se los debe comprender? ¿Cuáles son los límites de la comprensión y del control humano? Una pregunta sugerida por Platón permite comprender mejor el enfoque de Maquiavelo en torno de esta cues­ tión. págs. .00 Es posible que poseer una metafísica política sin filosofía nos parezca inicíalmente paradójico o trivial. marzo de 1947. Mesnard. Esto no podía llegar sino mediante la formu­ lación de un nuevo lenguaje de la política y un nuevo principio no- tacional que ligara entre sí las categorías de análisis. lo que se necesitaba desesperadamente eran nuevas catego­ rías de inteligibilidad. Bocaccio and Machiaveüi».había perdido su coherencia: esto había sido el tema constante de poetas. al descartar la filosofía. sin gran insulto a mi inteligencia— oír que se atribuye como principal perfección y nobleza de los cuerpos natura­ les e integrales del universo el ser invariables. n? 1. . pero aquel. ni siquiera presuponerla. Todo intento de los comentaristas posteriores para proporcionarle una pro­ ducirá inevitablemente un cuadro artificial de su pensamiento. como lo había sido para Dante. L ’essor de la pkilosophie au X \ ?Ie siecle. Una y otro pre­ suponían una nueva metafísica política. sin gran asombro — podría decir. quedó libre para crear algo nuevo: una filosofía verdaderamente «política». 1951. centrada únicamente en las cuestiones políticas y que tuviera como solo propósito explorar la gama de fenómenos significativos para estas. En Maquiavelo. según él. 50 Véase un ejemplo en el excelente estudio sobre Maquiavelo en P. Italica. Nótese también el clásico enunciado de este prin­ cipio por Galileo: «No puedo. vol.. la Fortuna deja de ser un instrum ento de la Voluntad Divina. 24. págs. ya que era inherente a su «nueva ruta» hacia el conoci­ miento político la afirmación de que era posible decir algo coherente sobre la política sin construir una filosofía. y a impacientarse cuando lo tienen. inalterables. vi (9 ). un mundo que no posea casi nada parecido a una base firme para el conocimiento? Según lo vio Maquiavelo. historiadores y escritores políticos. el mundo en que actuaba el actor político y prescribía el teórico era uno en el cual «todos los asuntos humanos se hallan siempre en estado fluido y no pueden detenerse. 51 Discourses. En este aspecto. lo cual nos alienta a esperar que las afir­ maciones políticas no tengan un respaldo filosófico sistemático. de nuestra familiaridad con el pensamiento político moderno o contemporáneo. París: Vrin. Uno de los aspectos significativos de la metafísica política de Maquia­ velo fue el no estar relacionada con una filosofía sistemática. 17-85. etc. pues de lo contrario habrá mejora o declina­ ción .51 La acción política tenía lugar en un mundo sin base Dante. inmutables. en gran medida. En términos de teoría política. 1-13. pero estas reacciones son resultado. simboliza los factores incon­ trolables. . su concepción de la naturaleza política: ¿Cuáles serían las con­ secuencias para el pensamiento y la acción políticos si la condición del hombre fuera la de residente permanente de la Caverna? ¿Cuá­ les serían las consecuencias si toda la existencia de un hombre fuera definida por un mundo de fugaces impresiones sensoriales y flu­ jo fenoménico.

xxxi ( I ) . etc. Por mi parte. pág. La forma en que Maquiavelo se refiere a las ilusiones es tan reveladora del nuevo es­ píritu de la teoría política que merece que la examinemos con más detenimiento. de reputación. Véanse también las interesantes observacio­ nes acerca del tipo de ilusiones a las cuales son especialmente susceptibles los emigrados en I I . que en ella tie­ nen lugar de modo incesante». ya sea apariencia de poder. al inglés por S. xxxi ( I ) . que luego es tratado como si fuera una base real para la acción. traducción m ía). Berkeley: U ni­ versity of California Press. sin la presencia reconfortante de alguna pauta de realidad subyacente a la cual pudieran ajustarse los hombres. acaban atrapados por su propio enfoque de la realidad. 52 Discourses. Discourses. en la actividad política. el deseo de victoria ciega a los hombres a tal punto que no ven sino lo que parece favorable a sus fines» ( I I I . en verdad. Y como sí no bastara con ser engañado por sus pasiones. Sin embarao mientras que Platón había procurado evadirse al mundo claro de las esencias. cambios. XV ( I ) . de gran riqueza. Señaló Maquiavelo que a los hombres les resulta difícil aceptar un mundo de devenir. El resultado de ello había sido previsto por Platón: en un mundo de fenómenos fugaces. Acerca de las ilusiones creadas sobre la esperanza de que una situación pasajera sea permanente. I. pocos pueden comprender». etc. I I . II.^ En términos de comportamiento humano. 1953. Es que — según la crítica observación de Maquiavelo— . anhelan elementos constantes. Discourses. Esto los conduce a crear un mundo ilusorio. I I . en cambio. 58. tenía que aplicar sus talentos intelectuales a urdir ideales utópicos. V. Aun cuando los hombres puedan tratar de ser más «realistas» y negarse a actuar sobre otra base que aquello que pueden realmente ver. 178-80). Prince. un ejército poderoso o una promesa verbal. El hombre era.permanente para la acción. simple en demasía. xxvii. 231-32). 53 11 Principe. iv (págs.03 Nada hay. Aun aquellos que se esfuerzan desesperadamente por evitar las otras fuentes de ilusión. engendrabie. I I I . esperanzas o temores ex­ cesivos. xxiv ( I ) . xlviii. homo faber opinionum fdsarum . un elaborador de fantasías e ilusiones que ocultaban la verdadera índole de los hechos. Los hom­ bres preferían la seguridad de un falso mundo conocido a las ansie­ dades de un mundo «real». esto tomó a menudo la forma de apegarse a ciertos hábitos pese a haber sido dejados muy atrás por el ritmo de los acontecimientos. generaciones. Drake. en el cual se debía emprender nueva-' mente la penosa tarea del reajuste. xxii ( I ) . II. Dialogue concerning the two chief ivorld Sys­ tems . la nueva ciencia elegía quedarse para analizar con más mi­ nuciosidad la naturaleza de las ilusiones políticas.. considero a la tierra muy noble y admirable precisa­ mente por las diversas alteraciones. 306 (líneas 9-11). véase History. xxiii (5 ). o de la cual pudieran extraer reglas de conducta sólidas. el actor político sería extraviado por ilusiones. pág. trad.Ptolemaic and Corpernicatt. si bien «todos están equipa­ dos para ver. tan engañoso como la mera apariencia. En el extremo opuesto al mundo conservador presupuesto por la costumbre se situaban las formas de ilusión surgidas de la tendencia del hombre a proyectar un mundo distorsionado por sus propias ambiciones. . se llama gran imperfección a ser alterable. pueden llegar a fra- mientras que. no verificados por la experiencia. mutable. y procuran basar sus juicios estrictamente en el examen de las consecuencias. X V III. iv (págs. «Con frecuencia.

320). la fortaleza dramatizaba la falsa esperanza de que en un mundo inquieto pudieran existir puntos fijos.58 El predominio de las ilusiones no condujo a Maquiavelo a una cru­ zada por una ciencia capaz de disiparlas. había una inestabilidad derivada del encuentro de las ambiciones humanas. distorsiones como las que eran producto de prejuicios. 56 Ibid. ii (pág. y se deja tentar a cometer actos crueles y extremos. II. Cuando los actores se dedicaban todos a crear falsos mundos. Prince. xxxi (4 ).57 La otra función. el gobernante llega a creerse él mismo invencible. etc. una demos­ tración engañosa de fuerza o debilidad.casar: las consecuencias pueden_ser tan engañosas. 55 Discourses. xxiii. como cualquier otro fenómeno. la lucha por privilegios competitivos tomaba la forma de lu­ cha de facciones. desenmascarar las ilusiones que interferían con los fines adecuados de la acción política. sino solo mitigadas. II .58 El análisis que Maquiavelo hace de las ilusiones nos permite ver que la naturaleza de la nueva ciencia era la de un cuerpo de conocimiento adaptado a un mundo de movimiento. en toda la península. Engañado por el impresionante exterior de su fortaleza.. al mismo tiempo. Pero este símbolo encierra otra lección. ii (pág. Con toda su aparente solidez. H istory. xxvii ( I ) . el conocimiento político permitiría a los hombres atravesar la masa de distorsiones que impedían evaluar con exactitud situaciones particulares. En su función desenmascaradora.. i (pág. x-xi. V III. xxiv. una base inmutable de seguridad política y militar. I I I . En segundo lugar. xxv. el éxito dependía no solo de la capacidad de distinguir el mundo real del falso.. en las propias deficiencias del hombre.55 Este ejemplo da asidero a uno de los principios de la nueva ciencia: el vicio. V III. xxx. sino también de evitar la trampa de los engaños propios. IV . XX. papas y gobernantes extranjeros. V I. I I I . la caprichosa Fortuna amenazaba constantemente los cálculos mejor tramados por el arte. y extraviar tanto. otras causas no podían ser erradicadas. Además. ambición y errores habituales acerca del poder del dinero o el papel que jugaba la mera cantidad en las campañas militares. IV . algunas de las cuales podían ser remediadas por el conocimiento. suele ser el resultado de la ilu­ sión. De tal modo. fintas. en parte. en el plano 54 History.54 El símbolo de las ilusiones del hombre era la fortaleza armada. en sentido político. y. 57 Ibid. falsas esperanzas.— era posible ^ re a r un mundo falso que el oponente aceptaría como reaJ^Pero este arte tiene sus peligros. mientras que el movimiento incesante de los acontecimien­ tos se originaba. En el nivel de la ciudad. producto de la perspicacia. iv (passim). la de instruir en el sutil arte de crear ilusiones. falsa información. la ilusión de seguridad suelta los resortes psicológicos de la ambición y la domi­ nación. en cambio. adquisitividad. En primer lu­ gar. enseñar al actor político a crear y explotar las ilusiones útiles para dichos fines.. 282). La nueva ciencia se propo­ nía. y no destinado a paralizarlo. Mediante diversas técnicas — lisonjas. la virtud. II . . apuntaba a inducir a los propios enemigos a cometer costosos errores basados en evaluaciones y cálculos falsos. era la disputa por el predomi­ nio entre príncipes. 164). 58 Ibid. iv (pág. 308).

la tradicional clasificación séxtuple de tipos de gobierno tenía menos significa­ ción para el especialista en ciencias políticas que la facilidad con que un tipo se trasformaba en el opuesto. . op. II I . 213-14). 62 Ibid. A veces seguía el antiguo método clásico de comparar la sociedad política con un cuerpo orgánico. entonces. . la nueva ciencia trataba los antiguos valores de pax. Discourses.. xliv. y que requería. I I . en consecuen­ cia. xvii (2). vii (pág. G ilbert. 63 Ibid.63 Maquiavelo re­ currió asimismo al método medieval de aducir que una sociedad polí­ tica se asemejaba a un cuerpo orgánico. De modo similar. la fugacidad de los aconte­ cimientos hacía difícil establecer distinciones sutiles. Las compulsio­ nes del mundo eran necesarias con más frecuencia que lógicas. ii (págs. 64 Discourses. pág. 226). en consecuencia. que el bien solía producir mal. los gobernantes rivales no cesaban de sondear mutua­ mente sus fuerzas. y «la necesidad conduce a hacer muchas cosas que la razón no recomien­ da». I I I . ii (13). con sus connotaciones de un mundo político estable. un sistema político inmóvil. . como antes. ordo y concordia no como fines. lvii.internacional. I. vii (pág. I. I. sino una serie de palimpsestos. de­ sorden. xiv (2 ). i (50). History. cit. El resultado fue. I. I. como tal.60 Hubo.. 61 H istory. I I . anarquía. una cabeza dirigente que coordinara los movimientos de sus miembros. 202-03). y 59 Discourses. V. tratando de aprovechar cualquier manifestación de debilidad.. 304). en cambio. iv (pág. Una sociedad política era un cuerpo dotado de una masa que puede expandirse y una cantidad fija de energía. iv (5 ). tan desacorde con el rumbo de su pensamiento. V. porque ya no representaban problemas significativos. vi (9 ). H . i (págs.61 Además. no parecía tener mucho sentido seguir buscando. 60 Discourses. I. y al conocimiento político con una ciencia médica que recetaba purgas periódicas para librar al cuerpo de sus malestares. Esto se debía a que existía dentro de un universo político de cuerpos similares en constante movimiento. véase A. para acercarse a cues­ tiones de poder o de la capacidad de ejercer dominio mediante el control de un complejo inestable de fuerzas en movimiento. sino que se esfuerza por expresarse mediante la antigua terminología.. la cultura. ¿qué ocurría. Machiavelli’s «Prince» . sino como ironías: la naturaleza de la con­ dición política era tal. V. History. En un mundo vibrante de cambio. aunque sin garantía de que el lapso asignado se cumpliera. xlvi (2 ). exis­ tía durante un tiempo determinado. H istory. con la tradicional idea clá- sico-medieval de un cuerpo político orgánico? Comprobamos que Maquiavelo no descarta esta idea. 149). V I. asimismo. II . 27 y sigs. el orden. Este principio se reflejó también en la opinión de Maquiavelo de que toda forma de gobierno era defectuosa.04 En otros momentos.09 Crear una teoría política para un mundo de movimientos aleatorios — tarea nunca emprendida seriamente con anterioridad— significaba renunciar a ciertos tipos de indagaciones. ii (4 ). no un cuadro nítidamente definido. A este respecto. surgía una concepción de cuerpos políticos que se podía traducir con facilidad al lenguaje de la física.62 Pero si la sociedad política debía ser abordada como un complejo de fuerzas caprichosas. un marcado aleja­ miento de las cuestiones en torno de la autoridad legítima.

202). De esto. en cualquier época. V. I I I . después de la caída de esta. una respuesta distinta para la misma búsqueda 65 Discourses. I I (prefacio). pero estable­ cía al mismo tiempo límites inteligibles. hasta incluir todo acto de grandeza. si bien describía el movimiento y el cambio. Maquiavelo extrajo la conclusión de que el ejemplo de la Roma republicana proporcionaba a épocas posteriores un modelo atemporal sobre el cual basar la acción política y las instituciones. y adoptar esto como un principio unificador básico: «Las vicisitudes a que están sujetos los imperios los hacen pasar del orden a la confusión. 66 History. La fricción resultante hacía que algunos cuerpos perdieran su fuente vital de movimiento. en cuanto su significado residía en el proceso in­ cesante de deterioro y renovación. en partes variables. la virtu se concentraba en Roma.03 Dado este complejo universo político. a su vez. y esta cualidad de dominio podía am­ pliarse. no se des­ prendía que la constancia fuera más «real» que el cambio. sin po­ der hundirse más. Esto significaba. La naturaleza de los asuntos mundanos les impide seguir un curso parejo. no tarda en iniciarse la declinación. el primer problema consistía en elaborar un lenguaje explicativo que describiera con fidelidad el movimiento dinámico de los acontecimientos. se ha­ bía difundido. i. es inevitable que vuelvan a ascender. . Maquiavelo halló tal forma de explicación en la historia. de hecho. cuando han llegado a su mayor perfección. entre diversas naciones. directivas. Las vicisitudes de la historia dependían de que el bien y el mal fueran cantidades constan­ tes. El elemento de trascendencia residía en la probada habilidad de los romanos para dominar los acontecimientos. En otras pa­ labras. y con ella su identidad distintiva. no tardando en ser absorbidos en ías órbitas de otros cuerpos. empero. sin embargo.que chocaban constantemente unos con otros. la historia captaba el fluir de los acontecimientos. se alejaba nítidamente de la idea cristiana del tiempo como una dimensión acumulativa guiada por la providencia hacia una realización culminante. y desde el mal vuelven otra vez al bien».06 La idea de tiempo. también presuponía ciertos factores constantes que actuaban a través del tiempo. ya que la virtud del lenguaje de la historia residía en que. cuando los abruma el de­ sorden y se hallan reducidos al más bajo estado de depresión. Si la historia podía proporcionar un cuerpo estable de conocimiento que trascendiera el fluir de los acontecimientos. así se hunden gradualmente en el mal desde el bien. había entonces es­ peranza de reducir las íncertidumbres de la condición política. proporcionando. En épocas antiguas. De modo similar.07 De esta creencia en que la historia contenía períodos cualitativamente supe­ riores. que variaban solamente en su distribución. 67 Discourses. H e modificado levemente la traducción. En verdad. i (pág. para luego volver de nuevo a una condición de orden. la gran innovación de Maquiavelo fue insistir en la realidad del mo­ vimiento y el cambio.

08 Si bien esto no implicaba que la acción política debie­ ra imitar servilmente el pasado o negarse a modificar antiguos pre­ ceptos a la luz de las circunstancias. algo que podía enseñarle qué hacer en circunstancias adecuadas. basaba su certeza en los ejemplos eter­ nos de grandeza conservados en la historia. un hombre prudente debe seguir siempre los pasos de los grandes hom­ bres. por un lado. «es imposible eliminar un inconveniente sin que surja otro» y donde «nunca se encuentra una cuestión definida e incuestionable». el «nuevo camino. la me­ dicina y el derecho. un conjunto de modelos verificados no tanto por la experiencia como por sus consecuencias históricamente demostradas. Prince. significaba. Aunque Maquiavelo no creía que la acción política pudiera ser reducida meramente a se­ guir los ejemplos de los antiguos.. la acción política implicaba manipular una masa de componentes cambiantes que no podían ser reducidos a una forma permanente durante ningún período fijo. X X I (7 ).& Maquiavelo desarrolló este punto a través de una prolongada comparación entre el estado actual del arte. vi (6 ).que motivara a los filósofos griegos y los teólogos cristianos. a fin de que su éxito. en su movimiento. en cada época. La creencia de que los ejemplos históricos contenían conocimiento políticamente significativo también tenía importantes consecuencias para quienes tomaban parte en la acción política. I. .69 El carácter exterior del conocimiento político se relacionaba con el concepto de Maquiavelo de actividad política.'0 La 68 Ibid. e imitar a quienes se han destacado especialmente. pueda al menos parecerse a él». Jin lugar de la razón y la fe atemporales. una forma de co­ nocimiento que él realmente conociera como el filósofo de Platón conocía la realidad. el sol. 69 «. si no iguala al de estos. Se sugería ahora que la sabiduría política constituía un cuerpo de cono­ cimiento exterior al actor político. donde. 70 Discourses. I. En los primeros campos se había logrado sistematizar la experiencia destilada del pasado. según la cual quienes toma­ ban parte en la actividad política debían poseer sabiduría política. sí. En el prólogo ai primer libro de Los discursos. que existía un cuerpo eterno de ejemplos. . sostener que los modelos anteriores de grandeza no eran significativos para el presente. pero en la política «no se encuen­ tra príncipe ni república que busque ejemplos en la antigüedad». no obstante. Prince. por el otro. No era. la teoría de la imitación sugería una ruptura radical con la idea. era solo un conjunto de preceptos aprendidos por él. todavía no transitado por ningún otro». no tenía paralelo. El de la actividad política era un mundo ambiguo. y la pobreza del conocimiento polí­ tico. sin embargo. orden y potencia. V I ( I ) . diferentes de lo que antes eran». los elementos y el hombre se ‘h ubieran Vuelto. prefacio (3 ). equi­ valía a aducir que cada situación. más antigua. Era «como si el cielo.. si los hombres llegaban a comprender que^Ja historia antigua contenía lecciones prácticas/P re­ suponer que estas no podían ser imitadas. La discrepancia entre el conocimiento político y otras formas de cono­ cimiento podía ser superada. Salvo en las pocas oca­ siones en que la suerte ofrecía la oportunidad y la «materia» para la tarea auténticamente creativa de fundar un nuevo sistema.

De tal modo. H . I.. prefacio (7 ). elegir el tipo de acción adecuado para una situación dada era poseer una inteligencia sensible y selectiva que permitía evaluar simultáneamente diversos factores. tales como un ejército disciplinado. su objetivo era el dominio político. Es útil a este respecto J. xxxiii (2-3. I. G ilbert de Prince. que ha sido •traducida en la edición de A. esta estrategia equivalía a la definición de Maquiavelo del poder político: poseer poder era ser capaz de controlar y manipular las acciones de otros. xxiii (1-3. el actor político necesitaba un temperamento que le permitiera llevar a cabo su acción sin tener certeza alguna de poder realizar lo que intentara: «Ningún estado debe creerse capaz de trazar siempre planes de éxito seguro. aunque la malignidad de la época o de la suerte no le haya permitido hacerlo por sí mismo»— . 72 Prince. en la facultad de advertir la naturaleza de las desventajas y elegir como buena la menos desagradable». II . Cuando triunfaba. acción política. los fenómenos políticos existían para ser dominados y controlados. 8. H . por consiguiente. 1-28. Italian Studies. págs. debe prever que los trazará solo dudosos. por con­ siguiente. op. no tenían valor intrínseco. La acción política no podía ser. Discourses. La condición política exigía gran resolución y decisión. cit. así como el don de proyectar con la imaginación las consecuencias posibles. pág. . 1953. vol. situarse «sobre» los acontecimientos siguiendo la doble estrategia de crear instrumentos de acción seguros.71 La nueva ciencia estaba destinada a ser la base de una nueva ética política.. una fusión de la personalidad del actor con sus materiales. op. no la escultura política. ya que a me­ nudo eran necesarias acciones extremas y violentas. y hacer que otros actores políticos dependieran de la propia voluntad.72 También hacía falta coraje para enfrentar los desastres inesperados que traía la For­ tuna. 19. porque el curso de los acontecimientos humanos enseña que el hombre nunca intenta evitar una desventaja sin caer en otra. a su vez. J. como han sugerido algunos comentaristas. Butterfield. Whitfield.7S presuponía una moralidad 71 Véase H . cit.73 Por sobre todo. «Machiavelli and Castraccio». Así. y hacer con ello que los acontecimientos se adaptaran a los propios deseos. Pero Maquiavelo no entendía por dominio la mera eficiencia técnica. vol. Representaban una máscara que él debía usar en su papel de figura pública. 6). 74 Prince. El dominio significaba. X X I (7 ).74 El aspecto significativo de las cualidades morales necesarias para el actor político de Maquiavelo residía en su carácter fundamentalmen­ te público o exterior. conocer la forma de los acontecimientos era estar en condicio­ nes de ejercitar la prudencia o la previsión. I. no arquitectónica. 6 ). mien­ tras que la nueva ciencia era producto del compromiso moral del teó­ rico — «es deber de un buen hombre indicar a los demás lo que está bien hecho. 73 Los pasajes clásicos figuran en The life of Castruccio of Lucca. 108 y sigs. Walker. La prudencia consiste. era esencialmente manipulativa y . I I I (7-8). entonces. pág. 75 Discourses.

aunque todas las cosas son objeto de deseo. los hombres están descontentos con lo que poseen y su estado actual les proporciona poca satisfacción. Esto se debe a que la naturaleza ha constituido a los hombres de modo tal que. De aquí surgen las vicisitudes de su suerte.76 Mentes que no conocían descanso. el producto final de siglos de crítica estoica y cristiana. 9). expresado ahora en el lenguaje del realismo.77 Esto fue expresado adecuadamente en la atención dedi­ cada por la nueva ciencia de Maquiavelo a instruir al novus homo tanto en el arte de obtener poder como en el de recobrarlo. no es posible lograrlas todas. I.78 Se expresaba de otra manera en el desdén de Maquiavelo hacia los go­ 76 Ibid. por más alto que hayan lle­ gado. como algunos desean tener más y otros temen perder lo ya adquirido. I. La impresión re­ gistrada en el pensamiento de Maquiavelo era esta: «Los autores antiguos opinaban que los hombres son propensos a fastidiarse con la adversidad y hartarse con la prosperidad. porque la política en sí entrañaba un valor sólo necesario y no definitivo. 78 Discourses. vi (7. Espacio político y acción política La concepción de Maquiavelo del espacio político estaba marcada por­ uña época en la cual habían cedido los ordenamientos anteriores de control. lo cual produce la ruina de una provincia y la exaltación de su rival». . pasiones ambas que provocan los mismos efectos. V I (4 ). cuando no era hostigado por la ambición.. xxxvii ( I ) . y tan po­ deroso es el dominio que ejerce la ambición sobre el corazón huma­ no. Es que. una especie inquieta de hombre político que. IV. Era. era impulsado por puro hastío: todos estos factores conspiraban para reducir el espacio político. esto engen­ dra enemistades y guerras. para crear un mundo denso y superpoblado. I I . de manera que el deseo siempre excede el poder de logro. La exteriorización de la virtud no era más que el símbolo de la alienación del hombre con respecto a su mundo político. lo hacen por pura ambición. irónicamente. y la resultante liberación de energías amenazaba con impo­ sibilitar el establecimiento del orden. 77 Frince. borrando hábitos de comportamiento que habían sido inmutables y dejando el espacio político expuesto a las líneas convergentes de las ambiciones humanas. como resultado. passim-. ya que. ambiciones ilimitadas. que aquellos nunca renuncian a ella. cuando los hombres no tienen necesidad de pelear. orgullo in­ saciable.puramente política en quienes debían practicar sus dictados. La estructura medieval se había disuelto desde hacía mucho. Un terreno donde eran pocas las zonas abiertas para moverse sin restricciones dejaba a los políticamente am­ biciosos una sola alternativa: desalojar a quienes ya ocupaban zonas específicas.

83 Discourses. había límites para lo que la nueva ciencia podía hacer ante una situación de superpoblación. ya reducida a un nú­ mero relativamente bajo y humillada por la adversidad.81 Había también otras técnicas para reducir la amenaza planteada por las energías demoníacas: se podía sublimar energías en ocupaciones económicas y en las artes. II . la naturaleza proporcionaba una catarsis en forma de inun­ daciones. 82 Ibid. costumbres y hábitos. El caso de la república «normalmente» tranquila ofrece un estudio que ilustra las técnicas para reorientar las energías humanas. « .79 El nue­ vo gobernante tenía que reordenar el espacio político redistribuyendo leyes. 46-47). «nada es más difícil de planear. .80 En una escala menos heroica. cuando las presiones dentro del espacio político se volvían demasiado intensas. xvi. así como una redistribución general 79 Prince.82 Sin embargo. El dile­ ma que se plantea en estos estados es el siguiente: una condición pacífica frustra las ambiciones y talentos de grandes hombres mien­ tras. V I (4 ). alienta a los hombres pequeños a desafiar a los grandes. Las acciones entre estados suscitaban dificultades del mismo orden.. Afortunadamente. desarraigando antiguos hábitos y redefiniendo los carriles legí­ timos para la ambición.biernos hereditarios. el mundo debe ser purgado ( . . I I I . los gobernan­ tes hereditarios tenían menos motivo y necesidad de ofender a sus súbditos. pestes y hambrunas. y cuando la doblez y la malig­ nidad del hombre han ido tan lejos como pueden llegar. la política adecuada consistía en mantener pobre a la ciudadanía y poner al estado en pie de guerra permanente. Estos últimos se ven incitados a provocar disturbios en la esperanza de que una crisis cree demanda para sus talentos ociosos.. En cambio. que no se planteaba el problema de las energías ilimitadas. bastaba con que respetaran las expectativas existentes. .83 El problema del espacio llevó también a Maquiavelo a examinar su relación con el expansionismo y el crecimiento. History. II . El aumento del poder de una nación anunciaba una pérdida para otra. i (págs. 80 Ibid. pueda adop­ tar una forma de vida más adecuada y crecer mejor». Estos sistemas parecían anacrónicos porque el espacio político había quedado tan bien articulado por medio de antiguas leyes. Discourses. . I I I . I I I (4-7). 81 Ibid. ya que regía la mis­ ma ley de ventaja comparativa. xvi (3 ). Como lo señaló Maquiavelo. se las podía redistribuir instalando nuevas colonias. asegurando así una constante necesidad de los servicios de los grandes. la misma tarea se planteaba ante los sistemas políticos donde la corrupción no se hallaba tan afincada. Cuando cada provincia está repleta de habitantes que no pueden obtener un medio de vida ni trasladarse a otra parte. por otro lado.. X X I (8 ). ) de modo que la humanidad. ya que todos los sitios están ocupados y completos. . v (4 ). de éxito más improbable ni manejo más peligroso» que la creación de un nuevo sistema. Según el consejo de Maquiavelo.

no era expan­ dirse o permanecer estacionaria. Es que la nueva ciencia no actuaba sobre el organis­ mo estático de la teoría clásica medieval. Maquiavelo se negó la evasión de legislar para una nueva colonia. 52-53).. a menos que esté en conjunción con el poder». no agotadas en guerras contra el extranjero. el im­ pulso estético debía satisfacerse en la calculadora manipulación de los factores políticos. iii (2-3_)]- Los métodos de expansión para una república fueron examinados en ibid. I. también era verdad que el conflic­ to y la agresividad entre estados podía tener •— como el saludable con­ flicto entre facciones internas— un efecto beneficioso. Solo una situación política de profunda corrupción justificaba tratar a la sociedad como una arcilla destinada a que la moldeara el poder absoluto de un ar­ tista político. I I . II . ha sido y continúa siendo una de las persistentes inquietudes del teórico po­ 84 Prince. A diferencia de Platón. en cambio. . sino. vi (7).87 pero eran todavía menos los que habrían aceptado declarar que el poder era el atributo distintivo del Estado. vi (9 ). i (8 ). en parte. a menos que también se expandiera. incluso para una república pacífica. ° Un mundo en el cual los estados se hallaban en constante movimiento negaba la posibilidad de que una república sobreviviera. 87 Ibid. cuerpos que consu­ mían a sus rivales.. por último. En verdad. no podía seguir sino en cierta medida el impulso estético de la teoría política clásica. sobre cuerpos volátiles en movimiento. este imperativo desapareciera. 86 Discourses. la elección. ii (págs. Todos estos factores en conjunto daban forma al centro focal de la nueva ciencia: esta debía concentrarse en las acciones políticas que tenían lugar en condiciones de superpoblación. por algún milagro. En un momento Maquiavelo utilizó la metáfora de un árbol que necesita un tronco lo bastante grande como para sostener varias ramas [Discourses. Discourses. Y como la nueva ciencia se asignaba la tarea de escribir sobre una tabula muy estropeada. Pero si la inestabilidad inter­ nacional no era más que la extensión de las presiones que desarticu­ laban la actividad política interna. ii (13). I I . la república sufriría el desborde de las energías insatis­ fechas. en sociedades donde no rigiera esta condición. I I . History. corpus vorans. También fue pertinente su crítica a Esparta por no haber logrado adaptarse a las exigencias del imperialismo {ibid. I.84 La necesidad de Lebensraum era dictada en parte por la urgencia de en­ cauzar las energías impulsoras que asediaban la actividad política interna. 85 Ibid.86 V. sino hasta dónde expandirse.a través de todo el sistema de estados.. aunque. I. por la de mantener la virtu cívica de los ciudadanos. un corpas immobile. En primer lugar. II . habían sido pocos los teóricos políticos dis­ puestos a cuestionar la formulación elemental de que «la seguridad es imposible para el hombre. iv. por la de proteger al estado contra rivales agresivos y. I. La economía de la violencia Antes de Maquiavelo.. iii ( 3 ) ] .

Con Maquiavelo. pero si se la acepta con demasiada naturali­ dad. de «autoridad». «proceso político» y «quién obtiene qué. me­ diante una acción resuelta. esencial del poder es la violencia. puede llevar a descuidar el hecho primordial de que el núcleo. Era producto también de una convicción acerca de la estabilidad inherente al mun­ do político. Es cierro que el impacto psicológico del poder se suaviza y despersonaíiza si se lo presenta como agente de un bien objetivo. Tampoco es fácil ver en qué sentido el teórico político moderno ha aclarado este problema mediante los conceptos focales de «elaboración de decisiones».lítico occidental elaborar ingeniosos velos de eufemismo con los cuales ocultar el hecho desagradable de la violencia. Todo lo que se puede decir con seguridad es que los eufemismos que sustituyen al poder y la violencia no han sido disipados por el positivismo. en parte. que ridiculizaba todo inten­ to verbal de traducir el poder en simple dirección o supervisión de los asuntos de la sociedacL^a función del actor político era. que podía ser combatida. También es cierto que hay numerosas y sutiles formas de coacción que se van trasformando a medida que se alejan del extremo de la violencia. la difusión del conocimiento o de la fe. una vez puestos en movimiento los asuntos por los carriles prescritos. una vez que la educación adecuada. inevita­ blemente. una vez tomado el poder. disminuiría gradualmente la necesidad de aplicar la fuerza de modo sistemático. Esta conclusión era sus­ tentada. porque el interés por el poder había surgido primordialmente en relación con el establecimiento o la re­ forma de un sistema político. cuándo y cómo». en gran medida. Sin embargo. se veía obligado a . y el Estado fue directamente encarado como una suma de poder.Sin embargo.'!Que la aplicación de la violencia sea con­ siderada anormal representa"üna significativa adquisición de la tradi­ ción política occidental. Los teóricos clásicos y medievales han hablado mucho y con elocuencia de sus efectos embrutecedores y corruptores en quienes han debido ejercerlo. aplicar violencia^ Esto era definido con suma nitidez en el caso del gobernante que. No se puede acusar a los autores anteriores a Maquiavelo de haber ignorado el poder. y que ejercer el poder suele ser aplicar violencia sobre la persona o posesiones de alguien. Se presupuso que. pocas veces encararon el problema del efecto acumulativo producido en la sociedad por la aplicación cons­ tante de la coaccion y el empleo frecuente de la violencia. en tono demasiado sonoro. «justicia» y «ley». A veces ha hablado. por cierto escepticismo acerca de lo que Yeats lla­ mó una vez «la profana perfección de la humanidad». fueron descartados los eufemismos. de igual importancia para convertir al poder y la violencia en cuestiones urgentes era la natu­ raleza del contexto en el cual se ejercía el poder: la condición fuer­ temente estructurada del espacio político. como si estas expresiones honoríficas pudieran por sí solas trasformar la coacción en simple restricción. el mejo­ ramiento de la moralidad social y todas las demás presiones derivadas de un medio correctamente ordenado hubieran comenzado a actuar.5 Esta eva­ sión tuvo lugar. cuyo perfil era el de la violencia. aunque solo parcialmente. . Maquiavelo opinaba que los elementos vitales de la ac­ tividad política no podían ser controlados ni orientados sin aplicar la fuerza y al menos la amenaza de violencia.

Tenía que actuar condicionado por intereses creados y expectativas. imperialismo y colonialismo.00 El control de la vio­ lencia dependía de que la nueva ciencia pudiera administrar la dosis ‘ precisa adecuada para situaciones específicas. Uno de los objetivos fundamentales deí A rte de la. también había sociedades que se habían corrompido hasta ser irredimibles. En estas de nada valía el poder. Solo a esta última lla­ ma verdaderamente gloriosa Maquiavelo. xxii (4 ). Sin embargo. disciplina y organización. La verdadera prueba de que la violencia había sido utilizada correctamente la daba el hecho de que las crueldades aumentaran o disminuyeran con el tiempo. si bien la acción m ilitar seguía siendo un hecho inevitable de la condición política. 90 Discourses. X IX . xxvi (1). porque el ejercicio indiscriminado de la fuerza y el constante reavivamiento del temor podían provocar el mayor de todos los peligros para cualquier gobierno: ese tipo de di­ fundida apresión y odio que empujaba a los hombres a la desespera­ ción. como en el caso de Marco. aunque po­ día ser iniciada por capricho. I. xlv (3-4). era posible redu­ cir su costo con una adecuada atención a la estrategia. I. se podía manejar a los hombres recurriendo a sus temores. destinado a restaurar la conciencia cívica de la ciudadanía. un ejército inseguro era un instrumento de violencia ineficaz. la violencia representaba el único medio de impedir la decadencia. guerra A era demostrar que. . ix (2 ). no podía evitar que su acción causara perjuicios a alguien. I. poique multipli- 88 Discourses. ambiciones y esperanzas. «Porque quien merece reproche es el hombre que emplea la violencia para estropear las cosas. X V II (1). xvi (2 ). El príncipe y Los discursos continuaban el mismo tema de la economía con consejos como estos: un príncipe debe tener mi­ nuciosamente en cuenta sus recursos porque una guerra. E n Prince.91 En otras situaciones. privi­ legios y derechos.92 Esta preocupación de Maquiavelo por la economía se manifestaba asi­ mismo en su examen de las formas exteriores de violencia: guerra. pero severo.89 Aun cuando el actor político no se veía ante la tarea de crear una tabula rasa. vi (3-4). con la nece­ saria para m antener un Estado. lo que se ha denominado la obsesión por el poder de Maquiavelo es más bien su convicción de que el «nuevo camino» no podía efectuar contribución mayor q\ie crear una economía de la violencia. se trazaba un significativo contraste entre el grado y tipo de violencia necesaria para establecer un nuevo Estado. y 110 quien la utiliza para corregirlas». Discourses. una ciencia de la aplicación con­ trolada de la fuerza.88 «Más que todos los de­ más príncipes. utilizando la amenaza en lugar de la coacción efectiva. Si esta es la naturaleza de la acción política. tal como lo ejemplificaba Severto. I. podía disminuir la necesidad de acciones extremas. no era tan fácil de concluir. 89 Prince. 91 Ibid. Tal ciencia tendría por tarea proteger el límite ■ que separaba la creatividad política de la destrucción.. Discourses. En las sociedades co­ rruptas. I I I . «organizar todo de nuevo en ese Estado». I I I . todos los cuales exigían acceso preferencia! a una cantidad limitada de bienes. 92 Prince. el nuevo no puede evitar que lo llamen cruel». un tratamiento de shock breve. V III (7 ). por ejemplo. Pero toda aplicación debía ser meditada juiciosamente.

que se podía estructurar la política interna de la sociedad mediante diversos métodos encaminados a minimizar la necesidad de actos ex­ tremos de represión. touies les letires.93 Respecto del imperialismo.era manejado con eficacia. las instituciones polí­ ticas y los hábitos de civilidad residía en que. como la ley y los procedimientos institucionales. ix (3 ). se podía minimizar las consecuencias destructivas. más débil 93 Discourses. I. Una razón de la popularidad del sistema republicano consistía en que era mantenido por la fuerza del populacho. dejaba al campo internacional más expuesto que el interno a los conflictos de intereses y las presiones de la ambición.95 La necesidad era el enemigo de la violencia calculada. V I.reducía la magnitud de la violencia dirigida hacia la sociedad en su conjunto. el príncipe debería recurrir a sus propias reservas de violencia. cuando un príncipe veía debilitada su po­ sición aun habiendo salido victorioso. I I . xxxii. I .1955. 2 vols. Barincou. pero pro­ longarla lo era igualmente. tanto para los conquistadores como para los conquistados.. «Cuanto mayor es su crueldad. Aunque se pudiera controlar los efectos de la violencia. 96 Véase el borrador de Maquiavelo reproducido enMacbiavel. . Si bien la economía de la violencia examinada por Maquiavelo abar­ caba acciones tanto internas como externas. pág.. I I .90 Creía. La importancia de la ley.94 Las guerras destructivas impuestas por necesidades tales como hambre. por otro lado. y reducir toda la transacción a un simple cambio de poder. al regularizar la (con­ ducta humana. vol. II . I I I . evitar una guerra necesaria era costoso.caba la devastación sin obtener ninguna de las compensaciones que otorga la victoria.9' Cultivar el apoyo del pueblo corres­ pondía a los intereses del principe por la economía de fuerza resul­ tan te cuando aquel experimentaba una sensación de participación co­ mún en el orden político. Si el imperialismo. Maquiavelo aludía al ejemplo de Roma por el im portante motivo de que la política imperial romana había procurado preservar la riqueza de las poblaciones sometidas y sus instituciones nativas. Hislary.. Maquiavelo advirtió con suma claridad que la ausencia de disposicio­ nes arbitrales. con el resultado eventual de «medidas anormales» de represión. limitando así el costo que podía provocar la devastación. 97 Discourses. ed. 95 Ibid. adecuadamente explo­ tada.. E. xxi. era porque había sobreestima­ do sus recursos de poder. La más importante intuición de Maquiavelo en torno del problema de la actividad política del poder interno apareció cuando comenzó a explorar las implicaciones de un sistema político basado en el apoyo activo de sus miembros. 94 Discourses. vii. París: Gaüímard. x. el recurso a ella no disminuiría. y no por la fuerza sobre el populacho. Sin esto.. Comprendió que el consentimiento popular representaba una forma de poder social que. 6a. i. 311. peste o superpoblación contrastaban con el úso controlado de la violencia por parte de Roma. vi. xxxii. ed. ayudaban a reducir la cantidad de casos en que se debía aplicar la fuerza y el temor. este nunca abrigó seria­ m ente la idea de que fuera posible reducir de modo apreciable la in­ cidencia de la fuerza en la política internacional.

101 No había. Sería totalmente erróneo. Este exhibe un ejemplo auténtico del intelectual político irresponsable. sin embargo. los que se habían destacado en cualquiera de las artes. 120-22. 2. ed. y aunque podemos cuestionar su serie­ dad en cuanto a esperar que el actor político sea influido por el temor al juicio de la historia. la ambición ni motivos de mezquina venganza. que utilizaba. su hagiología. estas consideraciones atestiguan. xx (4 ). 1946. en orden de excelencia. le resulta difícil ser tolerante a este respecto. reinos. que habían des­ truido religiones. que ha presenciado la eficiencia sin paralelo desplegada por los regímenes totalitarios en el empleo del terror y la coacción. encendido por ideas románticas de heroísmo. 99 Ibid. I I I . Lo que esperaba promover mediante su econo­ mía de violencia era el empleo «puro» del poder. 168. tenía asegurada fama eterna. venían luego. . Georges Sorel. que barría con los ordenamientos establecidos de la sociedad y «nada de. la seriedad moral de la nue­ va ciencia. repúblicas. v (2 )]. podía ser utilizada para reducir el alto costo en violencia que implicaban las reformas profundas. habiendo recibido un Estado seguro y libre. sino que advertía con claridad los peligros derivados de confiar su uso a los moralmente obtusos. las letras y la virtud misma. Surgía. estaban condenados a eterna in­ famia [ibid. jaba intacto». sin pensar en el precio.& París.100 Un con­ traste más significativo con Maquiavelo sería el gran teórico moderno de la violencia. A un siglo como el nuestro. 100 Ibid. predicando el uso de la violencia para fines deliberada y orgullosamente presentados bajo el vago perfil del «mito» irracional... en cambio. Se nos explica que el buen príncipe. 173-74. x (1. II . los generales. el poder para restaurar la salud de la comunidad. I. XII. 6 ). 202. 101 Réflexions sur la violence. lo desperdiciaba estú­ pidamente [ibid. Además. viii (2 ). Pero había también una lista paralela de los nihilistas.. la lacónica observación de que era preferible ser un ciudadano privado a emprender una carrera que 98 Ibid. lejos de limitar su ini­ ciativa. Aunque es posible que el intento de Maquiavelo de crear un mito políti­ co-teológico no parezca muy convincente. por último. 273.. a quienes habían establecido reinos o repú­ blicas.98 La aprobación pública. xvi (5 ).03 Al evaluar la economía de violencia de Maquiavelo. sí. I. es fácil criticarla como producto de la admiración de un técnico por los recursos efi­ caces. no mancillado por el orgullo. Esta preocupación resalta con suma claridad1 en el notable fragmento donde describió el destino que acecha a quienes profa-j nan los medios de violencia. En una revolución por consenso (icommune consenso) no era necesario perjudicar más que a unos pocos. págs. I. su jerarquía de santos integrada por quienes han utilizado creativamente el poder. hombres de letras y. la siguiente. enemigos del futuro. quienes destruían o mutilaban sus principados. cegado por una visión de viriles bárbaros proletarios que revitalizarían al decadente Occidente.. La primera categoría correspondía a los fun­ dadores de religiones. la actividad política tiene.se hace su régimen». x (9-10)]. sugerencia alguna de infantil deleite cuando Maquiavelo preveía la bárbara y salvaje destructividad del nuevo príncipe. y la razón fundamental de esto no es solo que Ma­ quiavelo consideraba la economía de violencia como medio para re­ ducir la magnitud del sufrimiento en la condición política. como la religión. en cambio.. vii (2). Correspondía una condena especial al gobernante inepto que. I I I . 10a. ver en Maquiavelo al filósofo del himmlerismo.

consciente de la limitada eficacia de la fuerza y dedicado a explicar cómo utilizar su técnica con más eficiencia. el hombre político debía ser un actor. 1958.103 Se desem­ peñaba en un universo acallado en el silencio moral: no había signifi­ cados prefigurados. para sugerir que. 205. Estos matices formaban parte del nuevo escenario en que tenía lugar la acción política. la conjunción de factores políticos sigue una pauta 102 Discourses. si había creatividad. el retrato de un hombre político moderno. Empeñarse en la acción política significaba renunciar a las múltiples. págs. Tenemos. ¿k París: Gallimard. ya que no aborda una sola situación política.entrañaba ruina para otros hombres. . si vemos al príncipe como una especie de actor. 104 Discourses. que representa muchos papeles y usa muchas máscaras. xxvi (3 ). a afirmar su existencia como ser totalmente politizado. 8a. en cambio. el príncipe de Maquiavelo aparece como el ego heroico encarnado. Humanisrne et terreur. trazado con dramática intensidad. sino varias. II . compelía al hombre político a actuar. Adoptando una frase de Merleau-Ponty. también había angustia. Podría agregarse que Merleau-Ponty aportó u n análisis muy sugestivo de Maquiavelo desde un enfoque existencialista: «Machiavélisme et humanisrne». Tbougbts on Machiavelli.102 Esto sugiere que un teórico como Maquiavelo. Su vocación. dímensionesldé la vida para concentrarse exclusivamente en la dimensión única de la actividad política. tam­ bién había soledad e incertidumbre. teleología implícita — «parece como sí el mundo se hubiera vuelto afeminado y el cielo fuera impotente»— 104 iú el telón de fondo tranquilizador de un cosmos político gobernado por un monarca divino y que ofrecía una pauta a los gobernantes terrena­ les. si había heroísmo. I. 1947.. Las circuns­ tancias cambian. regocijado por los desafíos del com­ bate político. 297-308. YI. ii (7 ). Strauss. esto nos permitirá percibir mejor que Maquiavelo nos ha dado algo más que el retrato unidimen­ sional de una figura ávida de poder. Merleau-Ponty. 103 M. el actor de Maquiavelo era «Vexpression d ’un monde disloqué». Milán. Véase un enunciado reciente de la opinión tradicional de que Maquiavelo era un «maestro del mal» y profundamente anticristiano en L. Etica política y ética privada En la mayoría de los comentarios. en Utnanesimo e scienza política. Por la índole de su situación. sin embargo. era mucho más sensible a los dilemas morales de la actividad política y estaba mucho más entregado a la preservación del hombre que aque­ llos teóricos que. ed. 1951.£k Glen- coe: Free Press. desembarazado de escrúpulos morales y totalmente falto de todo sentido trágico de la fugacidad de su propia misión. pág. En las páginas anteriores hemos empleado deliberadamente el término «ac­ tor político» en lugar de «príncipe» o «gobernante». saturados por la indignación moral y ansiosos de re­ generación heroica. predican la purificación por la sagrada llama de la violencia.

los escritores clási­ cos y medievales tendían a desconfiar de la «prudencia». a la cual po­ cas veces clasificaban entre ¡as virtudes supremas. 58. humanitarismo y religión. véase Santo Tomás: «La justicia es un hábito ( habitus) por el cual un hombre otorga a cada uno lo debido con voluntad perpetua y constante». Ila e . Burd.105 El carácter azogado del actor político de Maquiavelo contrasta vividamente con la concepción clásica y medieval del carácter del buen gobernante. además. toutes les lettres. art. 327. I I . el conocimiento político era algo que permitía a los hombres establecer situaciones estables. 1). señalar que. cuando 105 Prince. Discourses. X V III (5 ). Q.108 La segunda preo­ cupación de Maquiavelo fue.110 Había. más válido. 108 Prince. sin embargo. 1. X V III (5 ). ix. Maquiavelo no se basaba ■ — como se ha supuesto a menudo— en el cinismo ni la amoralidad. de una forma de prudencia específicamente política: «et ideo regí ad quem per- tinet regere civitatem regnum. fuera una predisposición habitual al bien. por parte de Santo Tomás. quien actuaba de modo uni­ forme no lograba sino proporcionar a sus adversarios un conocimiento anticipado de su probable reacción ante una situación dada. pág. carta a Soderini (¿1513?). pág. Ila e . le preocupaba. 1337a. Tampoco es del todo correcto el aserto. por ejemplo. II . En estas circunstan­ cias. pun­ tos fijos dentro de los cuales se hacía posible un comportamiento éti­ co. pero la rigidez de comportamiento no se adecuaba a las veleidades de un mundo ilógico. A. E t propter hoc "regnativa” ponitur species prudentiae» ( ibid. I I . 110 Prince. «una nación y un pueblo son gobernados de otro modo que un individuo privado».109 Adoptar las reglas de la morali­ dad aceptada era ligar la conducta propia a un conjunto de hábitos permanentes. En su crítica de la teoría moral tradicional. cuando un gobierno actuaba dentro de un medio estable y seguro. subrayaban la importancia de preparar el ca­ rácter de los hombres de modo que la virtud. en Machiavel. 107 Una im portante excepción es la admisión. buena fe. prudentia competit seciindum specidem et per- fectissimam sui rationem. XV (2 ). X V III (3). otra dificultad: la de tener que actuar en un mundo en el cual los demás actores no se atenían al mismo código.. art. debía atenerse a las virtudes aceptadas. Así. 109 Citado en 11 Principe p o r L. X V (2). Además.107 La prudencia im­ plicaba un carácter que reaccionaba con demasiada volubilidad al cam­ bio de las condiciones. en primer lugar.. 290 y sigs. Para los autores anteriores. En cambio. 111 Ibid. I I I . I I . el actor político eficaz no puede permitirse poseer un carácter continuo y uniforme. Q.111 Es cierto que se planteaba una situación similar en las relaciones privadas. Politics. debido a que casi todas las situaciones políticas eran inestables y propensas a cam­ biar constantemente. 58.106 Por esta razón. la ética pública y la privada eran idénticas. XV (1 ). vol. Stttnma Theologiae. honestidad. 106 Aristóteles. debe redescubrir constante­ mente su identidad en el papel que le asignan los momentos cambian-' tes. indicar las situaciones en que la acción política debía adaptarse a los cánones habitualmente aplicados a la conducta priva­ da. *** 13326. Tendiendo a este fin. .variable. en consecuencia. según el cual su propósito fue divorciar las normas de comportamiento político de las que gobernaban las relaciones privadas. tales como compasión.

que tenga una mente capaz de volverse en cualquier dirección que impongan los vientos de la Fortune y las variaciones de los asuntos. xii (1). se debería enfocar la aten­ ción en el doble papel que así se crea para el actor político.112 La actividad política planteaba disyuntivas para las cuales la moral común era inadecuada. pero los casos eran diferentes. en lugar de reprender a Maquiavelo por se­ ñalar las limitaciones de la ética privada. cuan­ do puede acatarlo. 113 Prince. En primer lugar. (5). Es necesario. caridad. los escrúpulos del gobernante podían perjudicar a toda una sociedad. pueda cambiar a lo contrario. digno de con­ fianza. su­ fría el individuo por ser un hombre moral en una sociedad inmoral. II . contrario a la humanidad. acompañada por el nuevo conocimiento. no puede acatar todo aquello por lo cual se considera buenos a los hombres. «Los hombres son tan necios. por sí sola. mientras que. pero son útiles si aparenta poseerlas. en el otro. el gobernante debía ser un «há­ bil simulador y talsario». honesto y religioso. en especial un nue­ vo príncipe. a actuar de modo contrario a la fe. cuando las circunstancias lo imponen. en consecuencia. ¿Constituía la moralidad un conjunto de restricciones. pero esto 110 quería decir que no hubiera co­ nexión entre la acción política y los dictados morales tradicionales. contrario a la ca­ ridad. sin embargo. Cada forma de ética es. que merecen ser reproducidas en su totalidad: «Me aventuraré incluso a decir que [las virtudes] perjudican a un príncipe que las posee y acata siempre. De no 112 Discourses.) que no se aparte de lo moralmente correcto. que quien así los engañe ha­ llará siempre quienes se dejen engañar^113 La cuestión fundamental.¡Como actor político.. y hacerlo con destreza. humanitario.114 Este párrafo sugiere que. y tan sujetos a las necesidades del momento. contrario a la religión. entra en juego una ética específicamente política. o un simple dato para actuar con éxito? Las propias palabras de Maquia­ velo son tan decisivas. no obstante. pero que sepa adoptar lo malo cuando se ve obli­ gado a ello». la mente preparada de modo que. . debía «aparentar» que poseía las virtudes de buena fe. cuando es necesario no practicar estas virtudes. si quiere conser­ var su gobierno. y serio en verdad. 114 Ibid. . Debe comprenderse que un príncipe. porque lo eran las responsabilidades: en uno. humanidad y religión. X V III (3). pero tener. porque suele verse obligado. . era si Maquiavelo consideraba que la moralidad no era más que un factor útil en la manipulación política. y (. insuficiente. a quien se obliga a desempeñarse en una atmósfera de tensiones donde los va­ lores morales aceptados limitan su comportamiento en circunstancias normales. Quiero decir que debe parecer compasivo.otros hombres no acataban los mismos usos morales. Esto formaba parte de su dominio del arte de las ilusiones. era difícil gobernar una sociedad y obtener apoyo si todas las acciones del gobernante violaban los usos morales venerados por la sociedad .

la virtud clásica de liberalidad. Las ideas éticas tradicionales operaban sobre la premisa de que un comportamiento etico tendría como resultado crear un estado de cosas deseable. No obstante. sino rentas públicas. que prescribía que los actos de generosidad fueran efectuados de manera moderada. con todas sus consecuencias destructivas. Por otro lado. 1120 a 10-12) distinguía entre li­ beralidad y magnificencia. i (págs. aun así corregida. que el actor político se veía obligado a violar la ley moral para prote­ ger su. 116 Ibid. o más deseable. Para Maquiavelo. implicaba. no podía compensar el hecho de que aquel estaba obligado a desenvolverse par­ cialmente fuera del ámbito de lo que suele considerarse bueno. honestamente o de buena fe produciría situacio­ nes caracterizadas por la honestidad y la buena fe. XV. E n su explica­ ción contraponía la magnificencia a la tacañería. de parte del estadista. En general. XV-XVI. de una perfección moral que beneficia­ ría.116 Tómese.115 Surgía así. sino una figura pública cuyas acciones. por ejemplo.a la comunidad por su misma índole moral. serán ruinosas ( .ser restringidos por la presión inhibitoria de la moral común. XV (3 ). en virtud política. se trasfor- maba. pero la nueva ciencia. V. siendo esta última una virtud política. en cambio. fomentarían sin duda el resentimiento popular. el problema se agudizaba. Maquiavelo rompió con la teoría clásica. los actos normalmente malos justificados por la ética política fomentarían la ambición ilimitada. de hecho. las consecuencias destruirían el orden y el poder que hacían posible la moral privada. la liberalidad se traducía en impuestos que. Ma­ quiavelo rechazó esta idea de que los actos éticos se traducían literal­ mente en situaciones éticas. Había otra razón más por la cual la actividad política no podía satis­ facer la aspiración de realización moral.. sino como ostentación vulgar. pa­ ra ser significativas. semejante consejo sería absurdo: no era un donante privado. por ejemplo. que actuar. sociedad. el actor político no gastaba sus recursos privados.11T Tómese también el caso del gober­ 115 Ibid. ya que proporcionaba al súbdito una parte mayor de su propiedad. definiendo a esta última no como mezquindad. en consecuencia. Aristóteles (E thics. pero si se las pone en práctica. 117 Prince. ) otras parecen vicios. se clasificara como virtud política. en liberalidad. Esto significa que. «Algunas cosas parecen virtuosas. requerían un alarde bien publicitado e incluso una ostentación vulgar. porque la disyuntiva ya no implicaba la bús­ queda. sustituyéndola por una idea de la ironía de la condición política. si se aplicaba la moralidad común a situaciones para las cuales no había sido planeada. que abordaba los problemas de la acción política preguntando cómo po­ dían los hombres desarrollar sus potencialidades morales durante una vida dedicada a la función política. pero.. History. a su vez. Lo angustioso de la situación del actor político era que este debía decidir qué forma de ética regiría. redundarán en estabilidad y bienestar para el príncipe». en la condición política.fi. y este en bien. . En la escena política. puestas en práctica. . De todos modos. mediante la cual el bien se trasmutaba en mal. Para el actor político de Maquiavelo. era dudoso que la liberalidad. sin embargo. si bien podía facilitar su elección. . una especie de alqui­ mia. El vicio de la tacañería se convertía. 202-03). de hecho.

118 La preocupación de Maquiavelo por las deficiencias de la ética tradi­ cional y su búsqueda de una ética política adecuada derivaban de una profunda creencia en las discontinuidades de la existencia humana. que se negara a creer que los hombres son. que era concebida. y que solo era posible abordar si este los trataba como estrictamente políticos. xxviii (3). un gobernante que aplicara una crueldad racional en el momento adecuado sería más verdadera­ mente humanitario. Utilizada en forma económica.119 Igualmente importante era la existencia de discontinui­ dades entre las formas de existencia en un momento determinado. ya que la primera solo perjudicaba a pocos. siendo contenidos los demás por el temor. mientras que la segunda engendraba desórdenes que dañaban a una universalitá intera. no como un continuo que fluía suavemente. a su vez. no tardaría en verse obligado a adoptar medidas cada vez más severas y crueles para conservar el poder. excluyendo del alcance de su atención a todo lo demás. I I . xii (6 ). en su ma­ yoría. La crueldad podía ser útil para lograr determinados fines. debido a las contradicciones de la actividad política.. I I . De que la actividad política requiera otra ética que la vida privada no se desprende — como afirma un autor moderno— que «los impe­ l í s Prince. en un universo fragmentado. parecían de­ senvolverse de acuerdo con lógicas especiales propias. viciosos y dispuestos a engañar en cualquier ocasión. sino como un proceso que irrumpía con destructor frenesí. prefacio (3 ). así. 119 Discourses. arte. III. Con ese término no se refería a una forma de deterninism o. nante confiado. sino que no se podía impor­ tar estos criterios del «mundo externo». Re­ ligión. No obstante. era me­ nester contar con criterios significativos para ordenar la existencia. esto no significaba que la actividad política debiera ser conducida sin criterios éticos. iií (3). xii (1). la crueldad era más misericordiosa que la clemencia. 120 Ibid. Esto se expresaba en su frecuente empleo de la palabra necessita al describir situaciones . actividad económica. Por otra parte. al mundo particular de la actividad política. VIII (3).121 E li términos de ética. vida privada y pública. aniquilando las adquisiciones y el recuerdo del pasado y condenando al hombre a un perpetuo esfuerzo de rescate. pero no podía aportar verda­ dera gloria.120 El hombre moraba.políticas. II. 121 Ibid. La significatividad. v. y su singular angustia provenía de estar condenado a vivir en varios mundos ajenos al mismo tiempo Si la exis­ tencia política debía ser vivida en un mundo que fuese suyo. Esto se expresaba en su enfoque de la historia. sino a un conjunto de factores que planteaban un desafío a la creati­ vidad política del hombre. El no haber advertido esto condujo a muchos críticos modernos de Maquiavelo a falsos dilemas. como la seguridad. la justificación de medidas crueles no estaba encamina­ da a sugerir que cualquier método para conservar el poder fuera igual a cualquier otro en valor moral. . es decir.s I. i (7-9). 110 vinculadas por ningún principio heterónomo superior. era concebida por Maquiavelo en tér­ minos de las condiciones a las cuales correspondían los criterios. II . Si un go­ bernante de este tipo gobernara de acuerdo con la virtud de la cle­ mencia. v.

Sabine. concepción de la actividad política personal. en general. o bien que se podía estudiar ciertos sustitutos. Para sacar a luz las consecuencias de estaj^áosjjro- posiciones. J.rativos morales no tienen valor absoluto». debemos antes examinar su referencia común: §} puebla* Con esto esperamos demostrar que. págs.. al evaluar la diferencia entre los dos. tanto más obliga­ torio era establecer criterios para la acción y elaborar medios adecua­ dos para aplicarlos. 337-38. 35 y sigs. VII. 347. que en ambas obras se sostenía de modo persistente la misma concepción de la acción política y la misma clase de consejos. P. Si en L o s discursos desaparece. En resumen. 123 G. H . los argumentos favorables a esta inter­ pretación. la aHerSícm entre E l príncipe y Los discursos consiste en una mayor apreciación. También se admite. «Politik und Moral im Altertum». Nene Jabrbiicker fü r das Klassische M tertum . cit-. La mayoría de los es­ tudiosos. rev. 1918. ya que los verdaderos interrogantes son: ¿qué moral? y ¿qué se entiende por «absoluto»? Todo el sentido de la argumentación de Maquiavelo consistía en afirmar que. A history of political tbeory. Mesnard. 1950. sin duda. . Geschichte und deutsche Litteratur und fü r Padagogik. han adoptado la po­ sición de que el absolutismo monárquico recomendado en El príncipe sólo fue proyectado como un remedio desesperado para una condición política extremadamente corrupta. D e modo similar. Nestle. Nueva York: H olt. 2? ed. pág. ed. el rechazo de la heteronomia no tie­ ne por qué entrañar un rechazo de la moralidad en la actividad política. precisamente por la naturaleza inevitablemente autónoma de la actividad política. 225. Alien. en gran medida. Es bien sabido que el enfoque de Maquiavelo en Los discursos era el de un republicano convencido.. ni el rechazo de absolutos éticos determina la imposibilidad de crite­ rios éticos. A history of political thought in the s i x t e e n t b century. Descubrimiento de la masa La idea del actor político fue desarrollada primordialmente en E l príncipe. 1941. 465. op. pág. Londres: Methuen. debe haber creído que bajo un go­ bierno popular este élan no era necesario. por parte de Maquiavelo. con el resultado de que la figura heroica del príncipe eclipsaba toda sugerencia de que la actividad po­ lítica pudiera ser conducida a través de instituciones impersonales. el héroe po­ lítico^ Maquiavelo debe haber razonado que los tipos de acción que solo el príncipe podía llevar a cabo eran ahora innecesarios o podían ser confiados al pueblo. pág.123 Aunque abundan. si en la obra anterior M a­ quiavelo buscó la dinámica de la acción política en el deseo de gloria personal y la virtu del príncipe. opino que un enfoque algo diferente permite aprender m u­ cho más. porque en esta obra Maquiavelo se propuso describir cómo un solo individuo de talentos superiores podía llevar jjc a b o J a rege- neraciónliacionairToda^la obra estaba dominada por una. de las capacidades políticas de las masas.122 Esto es plantear mal la cuestión. a 122 W. W . en grado importante.

Se sugerirá asimismo que Maquiavelo. debemos consultar el ca­ pítulo noveno de E l príncipe. debido al mutuo antagonismo entre ellos. El primero en sugerir este enfoque fue J.de la masa como una materia maleable. I. es necesario revisar la tesis de Burckhardt. la credulidad de la moltitudine era precondición necesaria para el arte de ilusiones practicado por el actor político: «la muchedumbre siem­ pre es atrapada por las apariencias y por el resultado de los aconteci­ mientos. . The Renaissance in historical thought. X V III (6 ). Todo el problema presentado por el análisis de Burckhardt es exa­ minado a fondo por W . 127 Prince. al crear orden y eliminar la corrupción. J. lista paraTresponder a la forma que le diera la mano del héroe artista:' «ed in Italia non manca materia da introdurvi ogni forma». re­ presentaba en el fondo una yuxtaposición de deseos o pasiones com­ patibles. i (pág.. donde se examina el problema de una monarquía basada. xvi. Teniendo en cuenta la insistencia de Maquiavelo en la «necesidad» y su devaluación de la función del príncipe en los Discursos. Bos­ ton: H oughton Mifflin. 1948. xii (8). El héroe podía obtener gloria y lograr su virtü en el ejercicio de un dominio absoluto que. De todas las formas de monarquía. salvo los turcos y los sultanes. pág. op. Ferguson. y la fun­ ción del príncipe. En El príncipe se hizo evidente que Maquiavelo había comenzado a intuir la creciente significación de las masas.129 Maquiavelo aconsejaba al príncipe que bus­ 124 Prince. trad.128 La comprensión de Maquiavelo de la manipulabiÚdad de las masas cobra significado adicional si recordamos su consejo de que el prín­ cipe debe «satisfacer» los deseos del pueblo. satisfaría el deseo de seguridad de las masas. no hay sitio para los pocos». Discourses. IX (2 ). X X V I.en el consenso. al inglés por S. ya que el pueblo es más poderoso». e a E l. 126 Prince. cuando los muchos tienen espacio suficiente. C. I. príncipe dominaba la idea. 16-19.12’ Para comprender por qué Maquiavelo creyó que las masas eran material no solo dócil.12¡> Más aún. Viena: Phaidon Press. evidenció una comprensión de la naturaleza de la masa política mayor que la de cualquier pensador anterior al siglo x ix . IX (1 ). «Ahora es más necesario para los príncipes. en el curso de este proceso. Friedrich. y la muchedumbre es todo lo que hay en el mundo. págs. La yuxtaposición del hé­ roe político y las masas.128 Se indicaba que un sistema de este tipo podía alzarse sobre una de dos bases: el pueblo o la aristo­ cracia. Véase una expresión más reciente del mismo punto de vista en C. pero no podía hallar apoyo en ambos grupos. sobre todo porque permitía conservar el poder sin «maldad u otra violencia intolerable» tan ne­ cesarias para el aventurero político. Discourses. 129 Discourses. 125 II Principe. I. 369 (líneas 5-6). 108). X IX (18). Middlemore. XÍXVI. xvi 128 Prince.. 188 y sig. History. lo cual corresponden mayores dudas sobre la utilidad de los héroes políticos. y de que el factor del pue­ blo tendría que ser tomado en cuenta en los cálculos futuros. parte I. que era el tema central de El príncipe. K. esta era la preferida por Maquiavelo. I I I . cit. G . satisfacer al pueblo que a los soldados. pág. la de un artista político. sino adecuado para el arte político del príncipe. Muchos comentaristas han atri­ buido a Maquiavelo la opinión de que el Estado era una obra de arte. Burckhardt en su gran obra The civilization of the Rena'tssance in Italy.124 Si bien esto era un indicio im portante de que Maquiavelo había comprendido que la base de la actividad política se ampliaba.

237 (línea 20) y pág. ningún ordenamiento podía contenerlos por mucho tiempo. más heroicas.131 De este modo. 133 Ibid. I. que estableciera un principato chile. sino solo una «afortunada astucia» ( un’astuzia fortunata) . «que impusiera obediencia hasta que el material se volviera bueno». ya que indicaba cierta intranqui­ lidad de Maquiavelo respecto del héroe político. no. El pueblo. IX (2 ). I.. las am­ biciones de la nobleza. en una sociedad muy corrupta. 238 (línea 1). En El príncipe y Los discursos. el mejor material político se halla­ ba en quienes tienen posesiones y quieren conservarlas.133 La compatibilidad entre la nueva ciencia y las cualidades políticas de las masas tenía importancia decisiva. Esta elección era dictada por la creencia de que el pueblo representaba una materia más adecuada.cara la aprobación del pueblo.132 Maquiavelo considero que las masas eran las bases de poder más seguras porque sus exigencias eran mínimas y po­ dían ser satisfechas sin poner en peligro el poder del gobernante. que no sería necesario el orden de talentos heroicos requeridos en un estado co­ rrupto. el problema del espacio po­ lítico podía ser manejado con bastante facilidad. En cambio. y porque. La elección entre el héroe político y las masas fue planteada franca­ mente por Maquiavelo en Los discursos.. opim ido» 130 Como el pueblo deseaba primordialmente seguridad para sus esposas y propiedades. xvii (4 ). también podían ser políticamente destructivas. no en el sentido de ser más virtuoso. como «poseedoras». «sin per­ judicar a otros».. Siendo así. por ello. como consecuencia lógica. I. lviii. sino en el de ser más gobernable. 134 Ibid. v (3 ). de esto parecería desprenderse. como lo expresó Maquiavelo. IX . aquel sostuvo de modo consecuente la posición de que. ya que «no pide más que. 132 Discourses. haciendo asi innecesaria la brutalidad y la crueldad. 135 II Principe. . I. por su parte. era «fácil» (facile) de gobernar. La pasión de los aristócratas por gober­ nar era una insaciable ambición de dominar a otros grupos. IX (4 ). 136 Discourses. ser. aquel sería para la nueva ciencia un instrumento dudoso. IX (3 ). pág. el instrumento escogido para la regenera­ ción debía ser un gobernante único. lvii (2 ). menos seguro que el pueblo. X V II (4 ). si bien las energías demoníacas del héroe podían ser creativas. 131 Ibid. a dosis controladas de temor y vio­ lencia. v (6-7). a la caricia alternada del amor y la esperanza. o.136 Maquiavelo inició su 130 Prince. no podían concretarse sin desar­ ticular el espacio político. al encarar la habitual afirma­ ción de que no se podía erigir ningún sistema político duradero sobre un cimiento tan inestable como el pueblo.134 Pero el «principado cívico» antes mencionado no estaba destinado a una condición corrupta. En palabras de Maquiavelo el gobernante de un principado cívico no necesitaba poseer «pura capacidad o pura suerte» (o tutta virtü o tutta fortuna). las atormentaban temores e insegurida­ des y esto las hacía más fáciles de manipular. Respondían mejor a las prescripciones de la nueva ciencia. I.13S Este énfasis sobre la «astucia» indica que Maquiavelo había llegado a advertir que. no en quienes quieren obtener más.

y era capaz de generar su propio impulso? Como dijo Maquiavelo: «Por lo tanto. ¿Cómo lograrlo? ¿Acaso los mismos dilemas de bienes limitados. La virtud del pueblo provenía de someterse a la ley. xxxiii (6). i (pág. History. basados en la decadencia de Florencia después de su muerte en History. se hiciera superfluo. Maquiavelo se vio llevado a examinar con más atención que cualquiera de sus predecesores la naturaleza y dinámica de la política del interés y llevó más lejos que cualquier otro escritor desde Aristótelegfla superioridad de la política del acuerdo. I. sin embargo. (5. En Los discursos. en la etapa en que era factible un sistema republicano. i (pág. ambos eran igualmente destructivos. Un. A este respecto. ahora hacía falta una forma de virtü que respaldara instituciones. 92 (párr. después de morir aquel». I. tomaba necesariamente la forma de una destrucción creativa de leyes e instituciones. G ilbert de The Prince. 8 ). La verdadera prueba con­ sistía. en comparar a los dos cuando estaban some­ tidos a la ley. la virtú del príncipe.139 Si se debía descartar la virtü principesca. am­ biciones ilimitadas y espacio político insuficiente no reaparecerían para atormentar a un sistema político basado en la satisfacción de intere­ ses? Al tratar de resolver estas cuestiones. sino que lo ordene de modo que pueda seguir existiendo. V II. en cambio. ii (pág. 31). xi (6 ). y reverente ante la autoridad de la ley. 139 Discourse on reforming the government of Florence en la edición de A. . Por supuesto. la virtu heroica re­ sultaba anacrónica. Y sí la ac­ tividad política heroica debía ceder el paso a otra orientada hacia la ¡¿nasa. 315). sobre la política de la im posición/El elemento verdade­ 137 Ibid. protegiendo sus posesiones y eliminando las desigualdades peligrosas en la sociedad. prudente. el príncipe reapare­ ce de un modo algo así como sublimado en la institución de la dictadura tem­ poraria que Maquiavelo adoptó de la república romana. 138 Discourses. Véanse los comentarios críticos sobre Cosme di Me­ d id . Los criterios para juzgar su acciones serían estos: ¿Sobrevivía el estado a la m uerte del fundador. pueblo habituado a vivir bajo la ley no tarda en exhibir las virtudes políticas que se le han im­ preso: se vuelve estable. por ello sostuvo que no se podía elegir entre un príncipe desenfrenado y un pueblo sin control legal. V II. la seguridad de una república o de un reino no depen- jde d_e_que su gobernante lo gobierne con prudencia^enjdda. Maquiavelo se mostró muy impresio­ nado por los impulsos nihilistas del príncipe. J?or _ello. 157). El veredicto era favorable al pueblo. en lugar de crearlas.137 La transición a un nuevo tipo de virtu entrañaba redefinición de la virtü principesca: el verdadero príncipe sería aquel que. el problema era atraer las masas en apoyo del orden político satisfaciendo las necesidades materiales del pueblo. pág.138 Esto fue expresado de modo más sucinto en el consejo de Maquiavelo al papa León X acerca de la reforma del gobierno de Flo­ rencia. la idea de un prín­ cipe legibus solitos había sido la principal esperanza de El príncipe. agradecido. H . refutación con una interesante evasiva: no podemos decidir entre los méritos relativos de un príncipe o de un pueblo si se considera a am­ bos en una situación ajena a la ley. Véase Discourses. pero el detalle sig­ nificativo residía en sus fundamentos. IV . debía organizárselo de modo «que se administre solo». xxxiv. 318). en el acto de realizar su virtü. por consiguiente.

Había separación entre la nueva y la antigua nobleza. Maquiavelo ayudó a poner en marcha la redefinición de la asociación política. el flujo relativamente irrestricto de fuerzas polí­ ticas había producido' disposiciones que eran mejores por ser más glo­ bales y abarcar los intereses fundamentales de la sociedad. 141 Discourses. 190). vii (1 ). IV . 3). contribuyen a la pros­ peridad de las repúblicas». 142 Discourse on re fo rm in g . 79 (parr. II . xlvi. V III.. vi (pág. «Cuando ¡as acompañan facciones y partidos. I I I . pág. vi. Discourses. 60-61).144 Por aña­ didura. I I I . I. V II. . 127-28). . de todos mo­ dos. xxv (1 ). viii. págs. Discourse on reform ing. iv (pág. estas tres clases contenían divisiones internas. 144). El gran ejemplo de fricciones saludables fue proporcionado por el.. fragmen­ tados a su vez en guildas v compañías organizadas. La demanda de tratamiento pte- ferencial por parte de intereses o coaliciones de intereses organizados se distinguía de las divisiones naturales e inevitables en una sociedad. 85-86 (párrs. La fricción originada por las luchas de facciones era prueba de vitalidad en un sistema. iii (págs. 80 (párr. partiendo de la legitimidad de los conflictos de interés.143 Maquiavelo sostuvo que. i (paSs- 306-07). I I I . I. pero si se las mantiene sin ellos. 133).ramente nuevo del enfoque de Maquiavelo era que no solo hacia del problema del interés el centro de la teoría política. 143 Ibid. I I . I. iii (págs. cit. uno de los aspectos más interesantes del análisis de Maquiavelo fue el haber advertido la complejidad de los intereses. I I . Al avanzar en esta dirección. 26-27). 1).140 Para el estudioso contemporáneo de la política. op. History. . En otras palabras. págs. I. Como lo indicó Maquiavelo. ya que. . xxv (1). iv (2-6). . V I. 306).íio El fin de la_. ii (18). terminaría dudando de que semejante asociación pudiera permitirse buscar soluciones definitivas en el manejo de los conflictos. 16. 145 Discourses. en con­ secuencia. vi (pág. una redefi­ nición que. cuando Roma enfrentaba amena­ zas externas. 144 Discourse on reforming. Discourses. [las divisiones] son perjudiciales... no se la podía sujetar a una perfecta unidad de objetivos. op. en el cual las contiendas entre patricios y plebe habían originado mejores leyes y mayores libertades.142 Estos diversos intereses cobraban especial significación política en cuanto unían ener­ gías fórmando partidos o facciones. . i (pág. I. los intereses opuestos dejaban inmediatamente _de lado sus disputas privadas para unirse en defensa de la patria. lv (9 ). pág. las facciones no debían ser eliminadas. . I. I. sino reguladas.argumentación de Maquiavelo era remoldear la idea de unidad política de acuerdo con la nueva descripción de la sociedad política 140 H istory. el ejemplo romano demostraba también que las ocasionales inestabilidades de la rivalidad de las facciones no destruían necesaria­ mente el poder del sistema. . 306). History.141 la existencia de la clase inferior creaba dificultades adicionales. 19). Si bien los conflictos fundamentales sur­ gían entre el pueblo y la nobleza. . A rte­ sanos y mercaderes constituían asimismo intereses distintos. 89-90 (párrs.sistema constitucional romano. I. i (pág. v. sino que procura­ ba acompañarlo con una teoría que indicaba tanto los efectos saluda­ bles de los conflictos socioeconómicos como las técnicas que permiti­ rían resolverlos. cit. una república presuponía subdivisiones.

fin el mejor de los casos. sin embargo. si la unidad suponía conflicto de inte­ reses. cualesquie­ ra que sean su riqueza. Roma ofrecía el modelo: . sino que presuponía los efectos discordantes de ios grupos de intereses. como diagrama de fuerzas impulsadas por intereses. se podía contar con que el deseo del príncipe de obtener gloria y conservar el poder pro­ porcionaran la fuerza impulsora necesaria para la expansión. En una república. Maquia­ velo se refirió. Bajo una monarquía absoluta. a lo que quizás haj^a llegado a'sér el susti­ tuto más eficaz de la igualdad: el sentimiento nacional. si la_ sociedad política era de tal naturaleza que su unidad no excluía. Un sistema que pro­ fese la igualdad necesita sobremanera un «mito» oscurecedor. En términos de política manipulativa. sin embargo. a su vez. Puede parecer paradójico. una lealtad nacional .común que se pudiera suscitar para poner límites a las disputas o im­ poner sacrificios a los menos favorecidos por la tabla de prioridades públicas. la dinámica del imperialismo se vinculaba estrechamente con las luchas de intereses derivadas de las ambiciones y aspiraciones de clase. y afir­ maba al mismo tiempo que un sistema político no podía sobrevivir si no se satisfacían los intereses predominantes. Ya hemos señalado la insistencia de Maquiavelo en que la expansión externa era esencial para la vida del cuerpo político. una con­ secuencia mucho más ominosa. prioridad no es igualdad. ya que la respuesta natural de los encargados de formular decisiones políticas consiste en establecer una tabla de prioridades de acuerdo con el poder e influencia relativos de las fuer­ zas rivales. No obstante. buscando alguna fuente sustitutiva de lealtad emocional. la unidad era el resultado de satisfacer intereses en conflicto. sino en su semejanza superficial con el principio de igualdad: todos los hombres. que en una situación política de bienes limitados y relativos el apaciguamiento de los grupos poderosos trasgrede el principio de igual­ dad. A este res­ pecto. que la pri­ mera teoría política verdaderamente m odernaAaya unido el ^realis­ mo» de la política de intereses con el «idealismo» nacionalista Los elementos vitales del conflicto encerraban. Un sistema político sólo puede adaptar la idea de igualdad a la del libre juego de intereses. un significado muy limitado. este dilema nunca ha sido resuelto dentro de la teoría del interés en la actividad política. jerarquía y linaje. Se puede resumir lo antedicho expresando que. pero no es incidental. surgía de la coexistencia de dos principios contra­ dictorios un dilema adicional: sostenía Maquiavelo que el orden po­ lítico debía asegurar la igualdad de trato de sus integrantes. la admisión de conflicto exigía. El ímpetu hacia el imperialismo debía provenir ahora de la extensión de las presiones internas de poder. Aunque no abordó sistemáticamente este problema. social y política tiene. la utilidad del sentimiento nacional reside no solo en la intensidad emocional que engendra. y las cantidades desiguales de poder e in­ fluencia resultantes de la lucha competitiva por privilegios. sin embar­ go. sin embargo. En efecto. una lealtad generalizada que oculte el hecho de que la igualdad económica. nacional representa una clase de bien inagotable. Una vez más. La identidad. Es evidente. y nadie puede pretender ni probar que la posee en mayor grado que los demás. comparten la característica común de una identidad nacional específica.

. I. . 133M 34¿. . op. 147 Discourses. ii (2). II . siempre. 149 Politics. cuando la tira­ nía reemplaza al autogobierno. sino" el de la comunidad ( . de modo que. ) La razón [por la cual Atenas y Roma alcanzaron grandeza des­ pués de expulsar a sus reyes] es fácil de comprender. a menos que hayan sido independientes ( . pues lo que este hace en su propio interés suele perjudicar a la ciudad. . tan enérgico y diestro en la guerra que amplía sus dominios. .. Lo que había que demostrar era que un gobierno popular podía generar más poder que' una monarquía. . En consecuencia. cit. Lo que hizo Maquiavelo fue liberar la dinámica de las facciones de sus v iC’j'r ciones con la tiranía. Muestra la experiencia que las ciudades nunca han acrecentado su dominio ni su riqueza. Mientras que Tomás de Aquino.140 Para demostrar la superioridad del imperialismo popular sobre el im­ perialismo monárquico.. . ) Unicamente en las repúblicas se contempla adecuadamente el bien común ( . .ses v fuerzaa-jie n so • de la_comunidad»14g* T O m !f^ a u e JSjistótefes h ^iía prérenido que la aHqúísición de un imperio socavaría el bien común de la comunidad. había declarado que e lb ie n xoraán era de naturaleza cualitativa­ mente diferente a la del mdivmuo. . Mostró. . soló faltaba conectar la dinámica imperialista de! gobierno popular con la política del interés. porque lo que hace grandes a las ciudades no es el bienestar de los individuos. Maquiavelo interpretó que estai idea representaba una preponderancia_deJntere. . . 148 Ibid. Si el gobierno de Roma hubiera sido tal que hubiese traído ma­ yor tranquilidad. habían iden-'t1 cado la actividad política faccional como un elemento importante del poder del tirano.« . vi (5 ). por ejem­ plo.». lo que sucede es que declina. porque utilizaba los beneficios de las conquistas en interés de un mayor número. y alinearlas con el republicanismo. Y si el destino determina la aparición de un tirano eficaz. ii (2-3). . sobre todo. 146 Ibid. el menor de los males ( . Machiavelli’s «Prince» .. . ) y por mucho que puedan perder por este motivo esta o aquella persona privada. . véase A. son tantos los que se benefician con ello que se puede concretar el bien común a pesar de aquellos que se perjudican a consecuencia de ello. se habría originado este inconveniente: que habría sido más débil. »Ocurre lo contrario cuando hay príncipe.. «. como Egidio Romano. . Roma habría eliminado también las causas de expansión». ) es que deje de progresar y de crecer en poder y riqueza: con suma frecuencia. V II. II. págs. H . mejor dicho. que la masa no era solo dócil materia.149 Maquiavelo convirtió el imperialismo en una extensión natural de di­ cho bien.147 En estos pasajes se evidencia cuánto se alejó Maquiavelo del pensa­ miento clásico y medieval. y lo que se hace en in­ terés de la ciudad lo perjudica a él. 163-64. por haber cortado la fuente de aprovisionamiento [los conflictos facciónales] que le permitieran adquirir la grandeza alcan­ zada. Autores medievales. tratando de eliminar las causas de los tumultos. G ilbert. la nación no recibirá de ello bene­ ficio alguno . .

Pero.130 VIII. cuando la atraía el interés... cit. 152 Ibid. S. al permitir que se expresaran diversas ambiciones e in­ tereses y se desahogaran los «humores cambiantes» de la sociedad. como ya lo hemos se­ ñalado. La actividad política y las almas Para refrenar los excesos del conflicto de facciones. la influencia del grupo de adeptos quedaría institucionalizada. y que recibió su expresión clásica en la décima carta de los Yederalist papers de James Madison. establecer ordenamientos institu­ cionales que. sin embargo.132 Tanto impresionaron a Ma­ quiavelo las posibilidades de las instituciones públicas para atraer grandes talentos. pág. 52. Esto pasó a ser un principio que los republicanos ingle­ ses del siglo siguiente adoptaron con celeridad. ) Es tan bella como las tiendas de Kedar y terrible como un ejército con estandartes». por ejemplo. Iii. . Maquiavelo con­ fiaba en dos recursos. tradición que fue continuada por Harrington. que llegó a creer que un sis­ tema de elecciones libres podía superar la mortalidad de la grandeza individual asegurando una continua provisión de talentos nuevos: de tal modo. Como lo anunció H a­ rrington en su discurso acerca de la república de Oceana: «Oceana es como la rosa de Sarón y el lirio del valle ( . crearían también fuerzas que se contrarrestasen. op. Es un pasaje donde Adimanto expone los requi­ sitos que una teoría de la justicia debe satisfacer: 150 Citado en Z. 153 Ibid.151 La fuerza de la ambición. una redistribución significativa del énfasis en la teoría política implica omisión. I. Fink. xxviii. 151 Discourses. I. Locke. . alentando a los ambiciosos a procurar el apoyo público.de la gran tradición de la política dé intereses. se podía extender la virtud hasta el infinito. E n pocas palabras. I. pero domesticándolos. y que esta energía. Lo delicado era. Hume y Bentham. en lugar de privados. ¿Qué había sido excluido por la teoría del interés? Para aclararlo. podía ser convertida en un poder mayor que él de cualquier otro sistema. podía ser empleada en beneficio de una repú­ blica si los ordenamientos políticos contenían carriles establecidos para la búsqueda de poder: el juego abierto de la ambición no solo obviaba los peligros de las conspiraciones ocultas. El prim ero consistía en disposiciones institu­ cionales y era como un síntoma de su premisa de que las actividades de las facciones eran de índole similar a la acción de las fuerzas en física. xx (2) . Esto fue lo que hizo de Maquiavelo uno de los precursores y fundadores . sino que.153 El descubrimiento de sustitutos institucionales para el príncipe era el complemento lógico para la importancia asignada por Maquiaveló a ja satisfacción de intereses. I I I . se creaba una fuerza sutil que ayudaba a encauzar las acciones políticas hacia fines públi­ cos.sino también energía dinámica.. podemos reproducir un pasaje de La República =?* de Platón que simbolizaba las actitudes tanto clásica como medieval ante el ejercicio del poder. vii (1 ).

consi­ deres únicamente cómo beneficia la justicia en sí a un hombre que la tiene en él. y cómo lo daña la injusticia. del otro «efectos intrínsecos». vol. 155 Discourses. La creciente alienación entre la bona interiora y el tipo de bienes a que aspiraba la acción política puede ser rastreada también si pasamos al segundo recurso propuesto por Maquiavelo para controlar los efec­ tos de las facciones. xxxv-xxxvii. de lo contrario.Ui Lo significativo de este pasaje reside en el contraste de enfoques para la acción política: de un lado «recompensas y reputación» y «efectos exteriores». xxxi (5 ). a su vez. no puede haber buenas leyes ni cosa alguna que sea buena». «La segu­ ridad de todo Estado se basa en una buena disciplina militar. sea visto o no por dioses ti hombres». como a los romanos. armoniza muy bien con su énfasis en la protección de los intereses. Esto. Este artículo se refiere esencialmente a la teoría política de Maquiavelo. «se comprobará que siempre y en todas las circunstancias estarán de acuerdo. donde esta no existe. materiales. En su mejor estado. La creencia de que la actividad política se vinculaba con lo exterior. al inglés por Cornford). .157 Aunque en esto las 154 Republic. que respaldaban la creencia de que la acti­ vidad política nada tenía que ver con el estado interno del hombre. debes poner en claro qué bien o qué daño hace una y otra a su poseedor ( . y que mantendrán su dignidad de igual manera». Podría tolerar que otros se explayaran en esos efectos exteriores ( . Singleton. 1953. ) pero tú [no] ( . ofrecía un interesante paralelo con la doctrina luterana de «libertad cristiana» y la idea general pro­ testante de «conciencia». y si entonces se ponía a prueba su vir­ tud. y que la promoción de la vida interior del hombre no cófrespondía. Cuando se aplica estas dis­ tinciones al pensamiento de Maquiavelo. 169-89. I I I . al ensalzar la justicia. I I I . xxxi (7 ). págs. y tengo una gran deuda con él. era absurdo.al^. .. el mayor énfasis se asignaba a la organización militar. . se hace obvio que l. recurso cuyo centro era el intento de crear una virtud cívica que sirviera para disciplinar y refrenar los deseos y am­ biciones de las masas. I I I .. en virtud del efecto intrínseco que cada una tiene en su poseedor. «The perspective of art».«No debes contentarte con probar que la justicia es superior a la in­ justicia.155 Si se exponía a todos los ciudadanos a los rigores de la vida militar. un ejército se asemejaba a una comunidad estrechamente unificada. institu­ ciones. A este respecto. ) Por ello quiero que. Véase una expresión moderna de las cualidades comu- . 366-67 (trad. S. 156 Ibid.a_activi- dad política se ha vuelto exterior a sus participantes. Kenyon Review. que pasaba a asumir una función análoga a la de la educación en el sistema de Platón. 157 Ibid. sino explicar có­ mo es buena una y mala la otra.156 El valor de la experiencia militar residía en el contraste que ofrecía al forcejeo legitimado en procura de lugar y preferencia en la sociedad civil. . 15.ámbito de lo político. . la educación y el sistema religioso. la cual fomentaba entre sus miembros una cálida intimidad que les permitía actuar como uno solo y aceptar el autosacrificio que. Los medios para estos serían las leyes. Véase el estimulante examen de C. sin tener en cuenta recom­ pensas ni reputación. ) No debes contentarte con solo probar que la justicia es superior a la injusticia. .¿% II .

enseñaba.139 Pe­ ro si el sentido del mal de Maquiavelo y. también le niegan toda rela­ ción con las escuelas liberales y colectivistas de ciencia social de fines del siglo x v m y el xix. iii (1). y de que su mayor preocupación era evitar el in­ fierno—. no era el núcleo de la acción política. Se puede enunciar esto en for­ ma más contundente diciendo que la nueva ciencia no estaba conce­ bida como medio de perfectibilidad humana. en suma. Esto se evidenciaba. su sentido del pecado. tenían un objetivo fundamentalmente distinto: no iluminar el alma. 4. y ayudar a inculcar el valor militar. nales de la existencia militar en el documento de J. Como más tarde Hobbes. sino disciplinar esas mismas pasiones cuya existencia el actor político hábil presuponía. I. humildad y ultramundanidad. si bien podía ser una finalidad adecuada para el hombre. Sartre sobre la Resisten­ cia Francesa. Quedó reservado a hombres como Rousseau. pero que ahora enseñaba las virtudes erró­ neas de abnegación. Una autén­ tica religión cívica debía fomentar el temor y respeto adecuados a la autoridad. La tradición iniciada por Maquiavelo. P. fue con­ tinuada por Hobbes. Saint-Simon y Comte dotar a la teoría política de la idea de inocencia. compartían una cualidad común: ca­ da uno se encaminaba a modificar únicamente el comportamiento ex­ terior de los ciudadanos.instituciones militares podían ser análogas al sistema educativo pla­ tónico. El aserto de que «todos los hombres son perversos y desahogan la malignidad que hay en sus espíritus siempre que se ofrece la oportunidad» nunca fue sostenido por la ciencia política griega ni cuestionado por la doctrina cristiana. sobre todo. Les Lettres Francaises. II.confirma que era una ciencia poscristiana y no inspirada di­ rectamente por modelos clásicos. 9 de septiembre de 1944.13S La concepción maquiavélica de la virtud cívica marcó una importan­ te etapa en el desarrollo del moderno pensamiento y práctica políticos. fue una tradición singularmente libre de ilusiones respecto de la condición política del hombre. Esta vena pesimista — originada en la conciencia de que el nuevo conocimiento debía estar al com ente del mal. 158 Discourses. se daría por sentado de manera creciente que el cultivo de las almas y perso­ nalidades. pág. lo sitúan aparte de los griegos.. París. vol. y que era su oficio alentar. . Aunque estos métodos variaban. las virtudes relacionadas con los bienes interiores del alma. ii (6-7K 159 Ibid. «La répnblique du silence». Locke y Hume. si se quiere. I. en el examen de Maquiavelo de la religión. ya que simbolizó el fin de la antigua alianza entre el arte de gobernar el Estado y el arte de gobernar las almas^ De allí en adelante. Maquiavelo sostuvo que el cristianismo original había sido completamente acep­ table como religión cívica.

en cuanto a reglas que controlaran la inevitable lucha entre grupos e individuos rivales? No bastaba con afirmar. si los intereses expresaban lo particular de un individuo o grupo. En efecto. o que cuando no se ios podía sa­ tisfacer las partes debían aceptar una transacción. Procuró re- modelar los conceptos de la teoría política con el objeto de permitirles captar mejor la realidad de individuos. ¿cómo era posible establecer un conjunto de restricciones cuyo acata­ miento correspondiera al interés de todos? En otras palabras: ¿La búsqueda del interés no presuponía lo más difícil de lograr en una so­ . I. si la identi­ dad de individuos. sino por el énfasis que pone en ella— Maquiavelo omitió proporcionar un análisis adecuado de los supuestos necesarios de la política de interés.8. como Maquiavelo. en la búsqueda de diferentes intereses se hallaba latente el conflicto y. alguna idea de un consenso unificador que permitiera en­ frentar la naturaleza de la nueva actividad política. o que cuando esta era vana. grupos y estados que se esfor­ zaban por obtener ventajas dentro de un espacio determinado. Keats. en definitiva. grupos y clases derivaba de sus diferentes intereses. y establecer el interés como punto de partida para la ma­ yor parte de las teorizaciones posteriores. que el problema de la activi­ dad política era satisfacer intereses. la anarquía. "oportunidad”». «Se dice que los chinos tienen una forma de escribir la palabra “crisis” con dos caracteres: uno significa “peligro1’. Las prescripciones de Maquia­ velo carecían lastimosamente de un elemento vital: algún principio totalizador. Hobbes: La sociedad política como sistema de reglas «La filosofía inmoviliza las alas del ángel. vacía el aire hechizado . . Además. se debía utilizar la coacción. Aunque había logrado sa­ car a luz esta nueva dimensión de la vida política — «nueva» no por recién descubierta. Resurgimiento de la creatividad política Maquiavelo orientó su teoría política hacia el orden de problemas creado por los elementos vitales y las energías humanas que habían irrumpido a través del sistema medieval de restricciones. dominada por los intereses. domina todos los miste­ rios con la regla y la línea. .». ¿Qué presuponía la búsqueda del interés en cuanto a ordenamientos sociales y políticos. Un re­ sultado del replanteo maquiavélico de la teoría política fue llamar la atención hacia el elemento dinámico de la búsqueda sin inhibiciones del interés. Louis W irth. el otro.

294.. por sí sola. 2 J. Al situar la asociación religiosa sobre una base individualista. Smoke in the temple (1646). aunque no la unidad»? 1 D e la introducción de T. 182. como aparece en A. habiendo antes alentado su individualismo. Las bastardillas son nuestras. Saltmarsh.. co­ lectividad a través de las épocas. Bautistas y Separatistas sostenían la idea de que la Iglesia tenía el carácter de una asociación voluntarla. que basaba la autoridad eclesiástica en el libre consentimiento de los miembros individuales. ninguna sensación de continuidad de una. antes que en un depósito entero y único. la correcta distribución del poder respec­ tivo ( . pero no hay reflejo alguno de un conjunto ordenado de relacio­ nes entre hombres del mismo agrupamiento social. . Esta creencia se expresó popularmente en la idea del convenio. -». y alcanzar la unión. Pese a su profunda comprensión del conflicto. tal como aparece en ibid. El problema apremiante que enfrentaron Lutero. los sectarios se hallaron ante el problema de que incluso una Iglesia debía acomodar diversos tipos de intereses. Nye al libro de J. Zwingli y Calvino fue conducir al hombre protestante de vuelta a una conciencia comunita­ ria. ) puede residir en una debida y proporcionada asignación y dispersión (aunque no en igual medida ni grado) entre diversas ma­ nos. . S. aunque pensemos de manera diversa. la crisis en la comunidad puede ser documentada por las teorías religiosas de fines del siglo x v i y principios del x v i i . los príncipes se acometen y defien­ den. Cotton. encargado a cualquier hombre por sí solo . Turitanism and liberty.1 La admisión de diferentes intereses disolvía inevitablemente la con­ cepción anterior de la Iglesia. y que podemos ser amigos aunque no seamos her­ manos. Buscadores (Seekers).. 304-05. «Pensad que podemos ser uno en un solo Cristo. Goodwin y P. . Maquiavelo nunca logró explicar de qué modo la virtu cí­ vica. La más vivida expre­ sión de estas dificultades se presentaría entre las diversas sectas sur­ gidas durante los intentos revolucionarios de Inglaterra en el siglo xvn. que le entendía como el grupo colectivo más cerrado posible. Como ejemplo de estas protestas véase ibid. Los actores políticos de Maquiavelo adoptan decisiones. ningún sentido de lealtades compartidas. podía desarrollar una conciencia de comunidad que pudiera soportar el desorden y la destructividad inherentes a la acti­ vidad política de las facciones. Grupos como los Brownistas. Woodhouse. ed. Como lo expresó un influyente autor: «En ese sistema político o gobierno mediante el cual quiso Cristo te­ ner ordenadas sus Iglesias. es significativo que sus críticos hayan advertido que el argumento central partía del interés. págs. pág. de acuerdo con las varias preocupaciones e intereses que pueda tener cada categoría en su Iglesia. faltaba en la teoría política de Maquiavelo. pág. Lejos de ser una peculiaridad del estado molecular de la actividad po­ lítica italiana. arde el conflicto entre los grupos. Si bien esta opinión sobre la Iglesia no fue indiscutida.ciedad de particulares: el sentido de vida común? Este sentido J e j i d a común era lo que con -más evidencia. P. The keys of the kingdom of heaven (1644). .

Sir W. Nueva York: Appleton-Cenmry-Crofts. pág. Ep. del punto de partida natural para la indagación política. en M ilton’s prose. podía ser puesto «bajo la más clara luz» si se examinaba en primer término la idea de ju sti­ cia.. Hacía más de cien años que se acumulaban.. harían que todo el mundo los temiera y obede­ ciera». (4-5). M. es decir. se precipitan sobre cuanto ansian. cobró nueva vida bajo el estímulo combinado ofrecido por ideas de construcción de la Iglesia y de construcción del Estado que siguieron a los trastornos políticos y religiosos del siglo xvi.estudio de la ciencia política. Ded. a su vez. neutrales e interiormente divididas?». vol. 73. la sociedad política tenía que crear ahora una forma de asociación para gobernar a hombres que «desde su naci­ miento mismo. dentro de la sociedad In­ glesa. la ciencia no era como un círculo que nos permitiera comenzar en cualquier pun­ to. pág. en adelante. una comunidad? ¿Acaso las sociedades políticas debían satis­ facerse — como dijo Miltón en su protesta— con «la unión forzada y externa de mentes frías. Así como la organización eclesiás­ tica se había visto obligada a tener en cuenta el individualismo de las conciencias sensibles. . P. ofrece una prueba no­ table de que los hombres ya no sentían que la comunidad representara una unidad natural. Según observó aquel. El objeto de. hecha por Hobbes. 1949. D e Cive or The Citizen. 1839.3 El h e­ cho de que esta había pasado a ser la cuestión fundamental estaba im­ plícito en la demostración. 1925. que permanecía latente casi desde el período clásico. ed. Londres: Oxford Uníver- sity Press. ed. y de modo natural. una vez que la Iglesia cesara de ser una estrecha unidad? T ra­ ducida en términos políticos. Londres. la edición de Molesworth será citada como E W . que solo el genio de los Tudor logró conte- 3 Aeropagitica. la cuestión fundamental plan­ teada era: ¿En qué términos podía seguir desenvolviéndose la reli­ gión. sin embargo. Las 'guerras civiles y la revolución que llevaron la anarquía a la Inglaterra del siglo x v n despertaron en Hobbes un sentido de la oportunidad similar al expresado por los hombres del siglo xv i al observar el caótico fluir de su propia época. W . 11 vols. suscitaba el gran desafío que in­ quietó al pensamiento político de los siglos xvn y x viii: si una comu­ nidad no era producto de la naturaleza. V II. ¿podía ser construida por me­ dio del arte humanó? La afirmación de Hobbes en el sentido de que «por arte es creado ese gran Leviatán».4 El simple hecho de que surgieran interrogantes de esta índole tanto en el pensamiento político como en el religioso. y que si pudieran.. Wallace. La idea de creatividad política. la disyuntiva era: ¿Sobre qué base era posible conducir la práctica del gobierno cuando la sociedad ya no fuera. no se encaminaba a hallar un principio ético general capaz de unir a los miembros de la socie­ dad. la edición de Lamprecht será men­ cionada como Cive. ed. por qué «cualquier hombre puede decir que algo es suyo y no de otro hombre». Molesworth. no era más que una forma concisa de decir lo que otros habían dicho y tomado como base para la acción desde hacía casi un siglo. sino a buscar los fundamentos racionales del interés privado o la particularidad. S. La búsqueda de justicia. Lamprecht. Esto. 4 The English works of Tbomas Hobbes.. enormes presiones. 312.Como lo indica esta última observación.

y también de la oportunidad. Las afirmaciones de la ciencia. Todos eran platónicos en el espíritu de la premisa que adopta- 5 A. Tras el inquieto interludio de Jaime I. La Inglaterra del siglo x v n se convirtió en una especie de laboratorio para experimentos políticos. 380-81. op. 234. que este se dispuso audaz­ mente a aplicar al mundo político la misma premisa. 6 Ibid. al estallar el entusiasmo reprimido de los sectarios. donde el rey. las exigencias de cambio político.. Strafford trabajó sin descanso para eliminar los vestigios del pasado y trasformar la monarquía en un instrumento de gobierno eficaz. aunque Maquiavelo. Así. Lutero y Calvino rogaran a dioses diferen­ tes. pero esto no le impedía expresar una visión de la herencia del hombre que se elevaba por sobre la de los escritores del siglo xvi. . el retorno de Cristo introduciría una era en la cual los hombres «trabajarían en justicia y echarían los cimientos para hacer de la tierra un tesoro co­ mún para todos». Provisto del método correcto. «El mundo en su estado actual está retorciéndose y desapareciendo como el pergamino en el fuego». Había una con­ gruencia potencial entre los fenómenos de la actividad política y los conceptos de la mente humana. los cuatro coincidían en su respuesta al caos: este era material para la creatividad. Antes del diluvio. Mientras que la doctrina de Maquiavelo había contenido solo algunas notables anticipaciones de los modos venide­ ros de pensamiento científico. lo cual le permitió combinar su moder­ nidad con un culto de la antigüedad. convirtiéndola en un agente más vigoroso de la creencia y un respaldo más firme del trono. Hobbes se situó. y Hobbes a ninguno. «Las naciones se convertirán en naciones de Cristo. Laúd se había esforzado por reformar la Iglesia establecida. social. Esta sería la filosofía política en una era de revolución tanto intelectual como política y religiosa. pág. ni Dios inescrutable para recordar al hom­ bre que era un extraño favorecido en un mundo no creado por él.3 En algunas partes los hombres creían que Inglaterra y el mundo se encontraban al borde de la rege­ neración. con tal de que estos conceptos se ba­ saran en el método correcto. y no un motivo para la resigna­ ción. las visiones se volvieron más frenéticas y más apocalípticas. S. exponiendo la sabiduría de los antiguos como blancos para el sarcasmo.. Fue una era de audaces planes y perspectivas inquietantes. P. y el go­ bierno estará en manos de los Santos». entre el presente y el pasado. Du­ rante la década de 1640. parecían tan inne­ gables para una mente como la de Hobbes. págs. religioso y económico empezaron a desarticular el an­ tiguo orden. el parlamen­ to y el ejército se disputaban la supremacía. No había caprichosa fortuna que atormen­ tara el progreso humano.6 Hobbes revestía el entusiasmo de la época con el lenguaje científico y matemático.ner. el hombre pódíá construir un orden político tan atemporal como un teorema euclideano. cit. Según otros. en medio de una revolución científica que parecía cortar la continuidad. y mientras que Lutero y Calvino quizá bordearon la Edad Media para recobrar la sabiduría de Agus­ tín y la sencillez de las enseñanzas apostólicas. 379. Woodhouse. 390. en el sentido de que los misteriosos fenómenos del universo estaban abier­ tos y eran accesibles para los métodos matemáticos.

el sinónimo político de no ser. pero excitantes. que In historia se repitiese. era la fuente de ansiedad que ensombrecía sus esperanzas y hacía que sus dogmas se esfumaran en interrogantes. la condición hu­ mana presentaba posibilidades latentes. y la estabilidad en una frágil adquisición.'de creatividad tenía. tan grande fue la devastación. El fermento religioso. y producía el distanciamiento irónico de otros como Montaigne. pero la idea de estado de naturaleza comunicaba a los hombres del siglo x v n un significado vivido y nada ficticio. y esto a pesar del oscuro enfoque de cada uno respecto de la naturaleza humana. el orden ha sido el equivalente de ser. que arrastraron toda la sociedad al borde de la nada. con la inclinación al devenir gradual y al arreglo modesto. sin embargo. Quedó reservado a Tom Paine. Calvino y H ob­ bes fue acompañado también por cierta impaciencia en cuanto a los modos tradicionales de conocimiento y las prácticas aceptadas en sus respectivos campos. había convertido el desorden en una posibilidad constante. con el respeto acordado a la práctica acostumbrada y la opinión común. . La sociedad era continua­ mente amenazada por una reversión a la «naturaleza política». Lutero. y tan enconadas las enemistades.ban acerca de la plasticidad de los ordenamientos humanos y la efica­ cia de la voluntad humana. los reformadores protestantes y Hobbes. junto con los socialistas utópicos y Comte. otro aspecto: el temor. unir la creatividad con una teoría de la inocencia del hombre. Esta idea ofreció a los críticos posteriores un modo conveniente de lograr fáciles victorias filosóficas sobre escritores como Hobbes y Locke. la actividad política inglesa fue conducida sobre la premi­ sa implícita de que no debía permitirse. que invitaban a los hombres a dominarlas. para Maquiavelo. Éste había sido una reacción natural a las condiciones del siglo xvi. En la ontolo- gía del pensamiento político. la condición de la nada política. El sueño. bajo ningún concepto. combinado con los esfuerzos de centralización nacional. como Sir Thomas More. había sido la brusquedad con que Inglaterra fue lan­ zada a la guerra y la revolución. el desorden suscitaba el impulso a construir sociedades. La Inglaterra de Hobbes había experimentado una revolución política y un conflicto religioso de tal intensidad. y aún más. Tarudramática. Mientras que la extinción del mundo medieval entristecía a algunos. Ya_ fuera en forma política o religiosa. Esta experiencia de vacío político inspiró una de las más importantes concepciones del pensamiento político de los siglos x v n y x v iii : la del «estado de naturaleza». No era sorprendente que hombres tan distintos como Lutero y Bodin hubie­ ran expresado igual advertencia: la de que la diferencia entre anarquía y orden residía solo en una vigorosa autoridad coactiva. El activismo tan característico de Maquiavelo. o quizás incluso a causa de él. Establecía un contraste dramá­ tico con su profunda creencia en las posibilidades de construcción política. Las ‘épocas de crisis son evidentemente incompa­ tibles con la suavizada sabiduría de Aristóteles. la anarquía. que durante los tres siglos subsiguientes.

Maquiavelo y Calvino. la ocasión para que el pensamiento áBandónara las posturas de crítica selectiva o aceptación global dictadas por las épocas de normalidad. de Maquiavelo y la desorganización política de la Italia renacentista. La naturaleza política. sino tam­ bién verdad». Este fue el caso de Platón en el mundo griego del siglo v a. Hobbes contri­ buyó a magnificar una ansiedad que Maquiavelo introdujo por prime­ ra vez en la filosofía política. «Si los filósofos moralistas hubieran cumplido su deber con igual acierto. de prescri­ bir las pautas para una reconstrucción general. debía ser reordenada mediante una filosofía política que estuviera libre de influencias aristotélicas y escolásticas. y rémol- deada siguiendo los lineamientos de los modelos del pensamiento matemático y científico. Hobbes creía que. Todos estos períodos de crisis han aparecido como otras tantas posi­ bilidades de volver a establecer las bases tambaleantes de la acción y los modos aceptados de pensar y sentir. de Lutero y Calvino y los acontecimientos de la Reforma. los beneficios del conocimiento político válido eran ahora accesibles. Así como antes lo habían creído Platón. y por último. La necesidad de establecer un te­ rreno de significados inteligibles entre los fenómenos políticos se vuelve aguda cuando los ordenamientos sociales y políticos tradicio­ nales parecen disolverse en una especie de condición primitiva. C. más audaz. la filosofía . Estos no eran sino las imá­ genes de la oportunidad política. sostenida por Platón. en conse­ cuencia. por primera vez.. de Agustín y el telón de fondo del saqueo de Roma y la crisis en el pensamiento clásico. Esta ansiedad surgía de una preocupación por el «atraso» de la filosofía política. para asumir en cambio la actitud.política podía realmente traer tanto la verdad como la paz. Hobbes suponía que las irregularidades imperantes en los fenómenos políticos solo podían ser puestas en orden mediante la acción informada por el conocimiento. Esta creencia de que la teoría política cumple mejor su función ordenadora cuando la exis­ tencia humana queda reducida a una tabula rasa había estado implí­ cita en la idea de una «nueva colonia». Reflejaba una era de tumulto político y religioso. en la cual se disolvía el mecanismo constitucional y eclesiástico de los Tudor y los hombres disputaban ásperamente respecto de la forma que debía adoptar el nuevo orden. Al poner sus esperanzas en una alianza con la ciencia. y su búsqueda del joven tirano impresionable. Crisis había significado opor­ tunidad. Agustín. Debido a los re­ volucionarios adelantos de la ciencia. El concepto de estado de naturaleza descrito por Hobbes exhibía el mismo modelo de crisis y oportunidad. En una era en que los hombres reclamaban «no solo paz.Hemos señalado en páginas anteriores que el concepto de «naturaleza política» se había delineado con mayor nitidez durante los períodos de grandes cambios y trastornos. quién sabe cuánto podría haber agregado el empeño humano al logro de esa felicidad que es compatible con la . como lo eran el «nuevo príncipe* y el «nuevo principado» de Maquiavelo. y que se prolonga en la ciencia política moderna.

vol. es natural indagar las razones de su es­ pectacular adelanto. ed. podía construir una nueva «realidad». Hondamente impresionado por las dramáticas potencialidades de este procedimiento. el hom­ bre de Hobbes anunciaba su independencia respecto de significados preexistentes y proclamaba su propio derecho a recrear el significado. mencionada en adelante como Law . The elements of law.. es d ec ir/u n acto imaginativo de destrucción. Oakeshott.3— no era «más que reconocer lo que nosotros hacemos». I. xviii. negándose a seguir el camino de construir lenta­ mente sobre logros anteriores. 91.8 Eliminando imaginariamente al mundo. pág. a hacer de la destrucción creativa el punto de partida del método filosófico. Ded. Para aquellos a quienes des­ lumbra la ciencia moderna. sino como una construcción «arbitraria» de la mente humana. ed. Ep. E W . sin re­ currir a ninguna autoridad sobrehumana ni confiar en facultades irra­ cionales y no sensoriales. Tonnies.. Hobbes describía el desarrollo sin precedentes de la «ciencia» como un drama intelectual de destrucción creativa. medíante el cual el hombre creaba inteligibilidad en medio de los fenómenos de la naturaleza. 8 É W . véase también Leviathan. que tuvo consecuencias fatales para la filosofía política. La «ciencia» — para utilizar este término general de Hobbes— ha­ bía progresado con tanta rapidez porque los hombres de ciencia tuvie­ ron la audacia suficiente para romper con los modos tradicionales de pensar e indagar. de preservar celosamente el cuerpo fundamental de conocimientos y modificarlo solo cuando fuera nece­ sario. y el hombre se convertía en creador de su propia racionalidad: conocer una «verdad» — p.9 Una formulación vá­ lida o una demostración lógica consistían en determinado ordena­ 7 O ve. 4. la suma 2 -j. A M. y si el hombre de ciencia le acordará el sello de respetabilidad. Cambridge: Cambridge U ni­ versity Press. págs. el hombre había creado un cosmos racional­ mente inteligible sin misterio ni cualidades ocultas. 9 O ve. Lo asombroso de este intento es que se basaba en una concepción de la verdad. vol. 220). Mediante el solo intelecto. Con los recursos que le ofrecían sus propios recuerdos y los «fantas­ mas» depositados por la experiencia sensorial. Hobbes se dedicó entonces a modificarlo para los usos de la filosofía. Por medio del ordenamiento racional de nombres. . Los hombres ha­ bían mirado el universo de modo radicalmente nuevo. pág. xiii. Este fue el rumbo seguido por Hobbes.. El_verdadero filo­ sofar comenzaba con lo que Hobbes denominaba «privación».. 3-4. el mundo cobraba sig­ nificado inteligible.vida humana». 7-9. I.7 La creencia de que el valor de la filosofía política podía ser medido por las adquisiciones en ciencia y matemática ha llegado a ser la carga peculiar del pensamiento político moderno. Esto se advierte en la forma en que el especialista contemporáneo en ciencia política invierte gran parte de su energía en preguntarse an­ siosamente si sus métodos son científicos. 3. I. 1928. xxx (pág. no como un fiel informe acerca de la «realidad» externa. un «fingir que el mundo ha sido aniquilado». ej. despojándose de preconceptos y eliminando de sus categorías los vestigios de teleo­ logía griega y cosmología cristiana. F.

ej. por consenso de los hombres. llega a ser un signo». Incluso la religión dependía del ingenio del hombre. sino que este. Es verdad (p. no conocemos la construcción. aparentemente. vol. 12 Clve. en un acto de imposición «arbitraria». ya que las líneas y figuras sobre las cuales razonamos son trazadas y descritas por noso­ tros mismos. Como de los cuerpos naturales. de la «naturaleza» del físico: el universo de la ciencia no era creado por el hombre. El hombre descrito por Hobbes surgía como Gran Artífice. En último análisis. 387-89. vol. por con­ siguiente. en cambio. las palabras que el físico empleaba debían ser gobernada^ 10 E W . no reside allí demostración de qué son las causas que buscamos. signos que significaban honor porque los hombres así los consideraban. Este universo no solo era anterior al lenguaje. 25-26). 16-17. v (págs. El conoci­ miento que una auténtica filosofía política permitía alcanzar era com­ parable. . y la filosofía civil es demostrable porque nosotros mis­ mos hacemos la nación. superiores a las verdades contingentes de la física: «La geometría es. vol. y ni siquiera el carácter aparentemente objetivo de la razón podía eludir su dependencia respecto del origen de las palabras. XV. a las verdades de la geometría. o en recibirlos por imposición de otros. así. no podía alterarlo. I. sino derivado de un acto de voluntad humana: «Las primeras verdades fueron hechas arbitrariamente por los prime­ ros en imponer nombres a las cosas. arquitecto del tiempo y el espacio. 184. La 'razón consistía en «calcular — esto es. sino que la buscamos a partir de efec­ tos. en cuanto a certeza. y pari passu.12 Las esperanzas de adelanto para el conocimiento humano — igualadas por Hobbes a la demostración lógica y al uso inequívoco de nom­ bres— se intensificaban en el caso de la filosofía política. «Es un signo verdadero el que. en aspectos decisivos. sino solamente de lo que pueden ser». el significado asignado a estas pa­ labras no era inherente a ellas.11 La cuestión fundamental es.10 El significado arraigaba. que sólo creaba el lenguaje respectivo. sumar y restar— las consecuencias de los nombres generales que han sido acordados para indicar y ex­ presar nuestros pensamientos».miento de palabras.13 Esto apuntaba a la interesante sugerencia de que la «naturaleza» en­ carada por el filósofo político difería. 36. sin embargo. creador de la ciencia. pág. en la práctica. demostrable. la matemática y la filosofía. por consiguiente. 13 E W . al pensamiento y al hombre mismo. pero esto se debe a que los hombres decidieron imponer estos nombres a la misma cosa». que para Hobbes «arbitrario» v creativo eran sinónimos. los valores y la verdad misma. pág. sin embargo. V II.) que el hombre es un ser viviente. en cuanto los «signos» mediante los cuales se honraba a Dios eran. 11 Leviathan. págs. I.

10-11. ya que. La abolición del estado de naturaleza sería un acto de tipo divino. prefacio al lector. un Levia- tán artificial «compuesto por los poderes de la mayoría de los hom­ bres». una «creación por el ingenio humano. 1. Law. como disueltos .». son observados por nosotros en ellas.15 Las potencialidades del conocimiento político debían desplegarse en la construcción de aquel. el conocimiento político era una forma de conocimiento conscientemente encaminada a sobreponerse a k «naturaleza política». situados en las cosas mismas por el Autor de la Naturaleza. . 388.». no se puede conocer bien la materia. pero sí que] se los considere así. i«Los principios ( . . uniéndola con una versión secularizada del Dios agustiniano. Los pactos y contratos mediante los cuales fueron hechas. . dispuestos de tal modo que «el uso de todos sus poderes» de­ pendiera de una sola voluntad soberana. en una era de guerra civil y revolución. «Introducción» (pág. también para examinar de modo más minucioso los derechos de los estados y debe­ res de los súbditos es necesario [no digo desarmarlos. 56).. aspecto y movimiento de las ruedas. 5 ).16 14 Ibid. se asemejan a ese fíat.14 EJ caso de la actividad política era muy diferente. a partir de la nada». el acco de aniquilación con el cual comenzaba la filosofía política tenía. pero rara vez hallaban. cuando se obliga a los hombres a obrar pacífica­ mente después de haberse agredido con violencia. sino como los que. y no estos por las palabras. x (pág. I i . reu­ nidas y unidas las partes de este cuerpo político. « . a crear situaciones desconocidas para la natu­ raleza: por ejemplo. ) de que depende el siguiente examen no son como los que nosotros mismos elaboramos y pronunciamos en tér­ minos generales. mayor li­ bertad en cuanto a adjudicar nombres y asignar significados. Y lo que hacía del modelo científico y matemático una excitante posibilidad eran las condiciones tumultuosas vigentes en Inglaterra en el siglo xv n . como definiciones. una base que estaba implícita en la realidad: «Así como en un reloj. Aquí la filosofía política de Hobbes incorporaba la idea clásica de creatividad política. Mientras que la filo­ sofía estaba limitada a un acto imaginativo de «privación». Como lo señaló H ob­ bes al referirse a la «física». 16 Leviathan. . 15 Cive. I. como in­ sistió repetidamente Hobbes. i. u otra maquinaria pequeña similar. vol. o al “hagamos al hombre” . pág. . . .por los fenómenos. que parecían ofrecer una oportunidad celestial que los filósofos políticos solían desear. «el más grande poder humano». . . La «naturaleza» de la actividad política permitía. salvo que se lo desarme y se lo estudie por partes. págs. pronunciado por Dios durante la creación». entonces.

. el de mover cuerpos pesados. pág. sin em­ bargo. etcétera .17 En función de estos criterios. ) Ocurre que los mayores bienes de la humanidad son las artes: el de medir la ma­ teria y el movimiento. si los hombres tuvieran el uso de razón que pretenden. Paine y Jefferson en Es­ tados Unidos y los escritores revolucionarios franceses fueron fieles ecos de Hobbes. el de construir instrumentos para todo uso. Esto no era sino aceptar la afirmación de Hobbes. El «fin del conocimiento es el poder» y «la meta de toda reflexión es cumplir alguna acción» que promoviera «el bien de la vida humana». los aspectos de las es­ trellas y las partes del tiempo. p'ág. se comprenderá mejor si computamos los principales bienes de que es capaz la humanidad ( . . í . el de la arqui­ tectura. Hobbes parecía prometer que una filosofía correc­ tamente basada podía acarrear beneficios hasta entonces desconocidos: «Es cierto que nada hecho por mortales puede ser inmortal. en consecuencia.Cuando se comprende al contrato social como la más alta expresión de creatividad política.. el de la geografía. es más fácil evaluar el enorme influjo que tuvo sobre los escritores de los siglos x v ii y x v m . el de la navegación. podremos captar mejor el entusiasmo que suscitó. . 8. La promesa de la filosofía política Como Bacon. esta diferencia. Después de señalar que estas artes eran desconocidas en muchas par­ tes del mundo. sobre todo de la filosofía natural y la geometría. Hobbes concluía: «¿Qué determina. la filosofía había servido bien a la humanidad. en quien se inspiró. no la filosofía como la practicaron Aris­ tóteles y los escolásticos. pues. III. ». sino la filosofía redefinida de modo de in­ cluir la matemática y la ciencia: «Pero lo que es la utilidad de la filosofía. vol.18 De modo similar. 18 Ibid. A este respecto. al insistir en que cada generación se considerara con derecho a recrear la sociedad como le pareciera adecuado. sus na- 17 E W . el de calcular los movimientos celestes. según la cual el hombre po­ día convertirse en el creador de significados para el universo político. Hobbes no creía que la ciencia o la filosofía fueran justificables por sí mismas. . . Si recordamos que el contrato fue posibili­ tado en primer lugar por un acto previo de emancipación imaginaria que abolió tanto el presente como el pasado. El elemento de acuerdo voluntario ha sido tomado con demasiada frecuencia como el signifi­ cado total del contrato. sino la filosofía? La filosofía es. ni por la mera «gloria y triunfo interior de la mente» derivada de superar «alguna cuestión difícil y dudosa». 7. la causa de todos estos beneficios».

.20 Agregaba luego cuidadosamente que. pág. ayudar a los hombres a resolver toda la gama de cuestio­ nes comúnmente consideradas «políticas». En sus Elementos de filosofía. con la percepción sensorial ni la expe­ riencia. de no perecer por enferme­ dades internas». vol. xxix (pág. deján­ donos la tarea de abordar las bases primarias o premisas iniciales del orden político. y el pensamiento de la m enté expresado por esta es ese conocimiento condicional. se llama conclusión al final de la última suma. sin embargo.19 Esto tenía el tono auténtico de la anterior tradición del filosofar. 209). La filosofía no se relacionaba. resultó ser al fin mucho menos. 3. podía cumplir sus promesas. ya que «no eran obtenidos mediante raciocinio».22 19 Leviathan. así como un medio temporal muy cercano a la eterni­ dad. tal como la definió Hobbes. «no son filoso­ fía». si bien «el Sentido y la Memoria de las cosas» podían ser considerados conocimiento. La cuestión fundamental es.dones estarían aseguradas. 1. o conocimiento de la consecuencia de palabras. tales como una constitución «eterna». o la estructura que Hobbes le dio sólo le permitía solucionar ciertos problemas limitados? En es­ tas páginas procuraré demostrar que en el pensamiento de Hobbes hubo un enorme anticlímax.21 Esta definición de la filosofía o «ciencia» fue resumida posteriormente en el Leviatán *** en los tér­ minos siguientes: «. sí la filosofía política. al cual suele denominar­ se CIENCIA». que atribuye al teórico político eí poder esemplástico de remoldear toda una sociedad. Esta disparidad entre promesa y rea­ lización derivó de algunas confusiones en que incurrió Hobbes entre filosofía y ciencia y entre geometría y ciencia. I. . La explicación de esta rareza se halla en dos aspectos interrelaciona- dos del sistema de Hobbes: la definición de la filosofía y el análisis de la experiencia. vii (pág. 20 E W . me­ diante un verdadero raciocinio. . de las causas u orígenes posibles conociendo primero sus efectos». 40). cuyo efecto neto fue reducir las pretensiones arquitectónicas de la teoría política. 21 Lew. 22 Leviathan. entonces. y de estas a su vez en silogis­ mos. a partir del conocimiento que antes tenemos de sus causas u origen: Y también. . ¿Podía en verdad. por lo menos. el conocimiento de los efectos o apariencias que adquirimos. vi. . Hobbes definió la filosofía como « . I. salvo la experiencia que «tienen los hombres del uso adecua­ do de los nombres en el lenguaje». que lo que aparecía como una grandiosa promesa de ciertos beneficios. Cuando la palabra escrita es traducida a lenguaje hablado y co­ mienza con la definición de palabras y continúa con la conexión de las mismas en afirmaciones <paerales.

ed. 29-30). que el tipo de «verdad» buscada por la filosofía consistía en verdades acerca del lenguaje. 24 Ibid.. el incremento de la ciencia. y no en proporcionarnos informes sobre la verdadera naturaleza de Ja «realidad». con el valor de las formulaciones lógicas. La geometría. que es la única ciencia que hasta ahora quiso Dios conferir a la humanidad. Londres. . y el beneficio de la humanidad. vol. Moiesworth. I. iv (pág. el fin». 27 Opera Latina. suscitaba el problema de la naturaleza de la «verdad» accesible a una filosofía basada en la demostración racional y la definición inequívoca. 5 vols. la ciencia se relaciona primordial- mente con un método de experimentación que procura verificar em­ píricamente sus hipótesis. es decir. sin embargo. V. según el sucinto enunciado de Hobbes. iv (pág.Hobbes nos ofrece así una concepción notablemente moderna de la filosofía como relacionada con la «verdad» lingüística. 26 Late. Considerarnos que el método científico no es cuestión de lógica y definición como lo es un teorema euclideano. el primer paso es indicar la explicación del adelanto de la matemática dada por Hobbes. Expresado en sus términos más simples. debemos tratar de comprender por qué Hob­ bes se entusiasmó tanto a este respecto. Salvo por la elemental importancia de pensar con claridad en cualquier empresa sistemática.28 De esto se desprendía que la tarea del razonamiento filosófico no era descubrir la verdadera «naturaleza de las cosas».25 Se consideraba así a la verdad como una propiedad atingente a las entidades lingüísticas. 21). 25 Ibid. H ob­ bes evitó cuidadosamente identificar la filosofía con el ordenamiento sistemático de impresiones sensoriales o experiencia. que sitúan al principio de su cómputo». quien declaró: «En geometría. 1845. Es evidente que esta definición de la filosofía encerraba posibilidades más modestas de impulsar el bienestar y la felicidad humanos. no pretende poner a prueba sus formulaciones recurriendo 23 Ibid. o.27 La primera reacción de un lector moderno a la argumentación de H ob­ bes sería señalar que se basa en una grave confusión de los métodos de la ciencia con los de la matemática.23 Este énfasis en definiciones y claridad lingüística fue repetidamente introducido por Hobbes como explicación del éxito del matemático y el hombre de ciencia. Para poner en claro estos problemas. v‘ 10. pero antes despojadas y purgadas de ambigüedad por definiciones exactas. no de las cosas». esto significaba que la filosofía debía concentrarse en los re­ querimientos de claridad de pensamiento. pág. los hombres comienzan estableciendo las significaciones de sus palabras. la razón es el paso-. 21).2i Esto. la geometría y la ciencia. «Verdadero y falso con atributos del habla. v (págs. y por qué creyó que la con­ centración de la atención en el lenguaje era un requerimiento común a la filosofía. en cambio.. Sir W. sino ofrecer­ nos conclusiones «sobre el nombre de las cosas». el camino. 257. a lo cual llaman definiciones. «verdad y formulación verdadera es todo uno». y fue el sólido fundamento de sus esperanzas para la humanidad en general: «la luz de las mentes humanas son las palabras de fácil comprensión... que Hobbes utilizó como modelo. concluyó. en las reglas del discurso. sin embargo..

Debe limitarse. Ayer.2S Aunque es posible que esto represente una posición algo extrema. de hecho. En su con­ cepción de la filosofía política reaparece la geometría como modelo: «La habilidad de construir y mantener naciones consiste en ciertas reglas. y el aumento de experiencia. págs.a la experiencia. el comienzo del nuevo conocimiento. representada_por . truth and logic. 51. por consiguiente. y aunque Hobbes habría ne­ gado. Para lograrlo. . sino al uso consecuente de definiciones fijas. los pobres hombres. Hobbes tenía que eliminar las pretensiones rivales de conocimiento político. Brown. no cabe duda de que estuvo mucho más cerca de aceptar que la preocupación de la fi­ losofía era la verdad lingüística antes que la verdad empírica. En palabras de un con­ temporáneo. 53-64.%> Nueva York: Dover. .. vol. vol. 1956. aunque proclamara que «en cuanto todo conocimiento comienza a partir de la experiencia.».20 Sin embargo. 1946. Hobbes. a la geometría que a la ciencia. 30 Law. 18. igual que la aritmética y la geometría. seguramente. Language. Philosophy.Maquiavelo. a tareas de clarificación y análisis . Krook. Pero llegó a esta posición basándose. Political Stu- d'tes. «A note on professor O akeshott’s introduction to the Leviathan». R. ix. el comienzo del aumento del conoci­ miento». entre una lógica del discurso y una lógica del descubrimiento.31 Este aserto se basaba en el supuesto de que reducir el arte político a determinadas reglas infalibles era no solo posible. Más específicamente. la nueva experien­ cia es también. 1953.30 nunca consideró que este tipo de conocimiento propor­ cionara cierta base para mejorar la condición del hombre. I. como jugar al tenis: qué reglas. es importante porque la filosofía ha llegado a acercarse mucho más. Maquiavelo se había acercado peligrosamente a decir que la 28 A. y la acción polmcT sería de éxito más seguro si imitaba los métodos de héroes antiguos. en la idea equivo­ cada de que los métodos de la geometría y de la ciencia eran simila­ res. J. Hobbes. 21. en gran medida. he tomado elementos en abundancia de ambos. Esta distinción entre geometría y ciencia. 136). seeun la cual se podía cons­ truir generalizaciones adecuadas a partir de la experiencia. gran parte de la primera frase. . 1956. Es también útil. sino también desea­ ble. 29 Pueden hallarse excelentes análisis de estos problemas en D. a este^respecto. o los que han dispuesto de él no han tenido hasta ahora la curiosidad o el método para averiguarlo». Middlesex: Penguin. 3-22. tenía que combatir la posición. 1. Sobre ciertas cuestiones. pág. no hay observación empírica que pueda probar o desmentir -una formulación geométrica. reproducido con autorización de Dover Publications. M. Por lo tanto. en su método. el filósofo «no debe tratar de formular verdades especu­ lativas. y no en la mera prác­ tica. «Tilomas H obbes’s doctrine of meaning and truth». Es verdad que en ciertos pasajes asignó un mayor lugar al cono­ cimiento basado en la experiencia e incluso conjeturó la importante distinción entre los métodos de la ciencia y los de la lógica filosófi­ ca. x x (pág. págs. Peters. 31 Leviathan. buscar primero principios ni hacer juicios a p rio ri sobre la validez de nuestras creencias empíricas. ÍI . cap. o no dispo­ nen de tiempo. el examen crítico de la interpretación de Oakeshott efectuada por J.

sino en un chisporroteo. La utilidad de la filosofía moral y civil debe ser calculada. La sabi­ duría no derivaba de la experiencia. de la habilidad de asignar nombres a fenómenos y de utilizar un «método bueno y ordenado». a las limitaciones de la experiencia en cuestiones científicas. pero tal conocimiento no poseía el carácter con­ cluyente del conocimiento demostrativo. La sabiduría era un conocimiento. lo cual era otro modo de decir que representaba un conocimiento de causas que facilitaba a los hombres para reproducir los efectos deseados. «la experiencia no ofrece conclusiones universales sobre nada». iv. basado en proposiciones ana­ líticamente verdaderas.33 Pero después de distinguir las verdades «inmutables» de la filosofía política del conocimiento presuntivo que da la prudencia. la prudencia. 15-16). . vol. 29). 34 E W . La refutación de Hobbes fue significativa en cuanto este no intentó demostrar que la actividad política. por consiguiente. I. La gran finalidad de la filosofía política parecería limitarse a ciertos be­ neficios negativos: « . Leviathan. una marcada distinción entre filosofía política e historia. La historia consistía en un «registro de conocimiento de hechos» que po­ día dotar de prudencia a los hombres. vi. 33 Law. de hecho. en la ciencia. no de hechos. a su vez. 435-36).32 Y así como «demostración» equivalía a la forma más elevada de co­ nocimiento científico. no tanto por los bienes de que gozamos por conocer esas ciencias. Para demostrar la insufir ciencia de la prudencia en la actividad política recurrió. pág. ya que la prudencia no era «otra cosa que conjetura basada en la experiencia». y de pro­ m eter que la primera podía enseñar a los hombres el secreto de la «paz inmortal» y una constitución «eterna». Sus conclusiones se basaban en casos anteriores de «lo que es verosímil que llegue a ocurrir. sino de las consecuencias de estos. un estudio teórico. y «razonar acertadamente no produce otra cosa que verdad general. eterna e inmutable». sino de la «industria». I . 8. pero la filosofía política era producto de la razón. iii (págs. Explicó que la experiencia. sino por las calamidades que nos acontecen por no conocerlas». . v (pág. no en una explosión. Leviathan. podía suministrar un tipo de cono­ cimiento referente a «los efectos de las cosas que obran sobre noso­ tro s desde afuera». exigía un cono­ cimiento exacto. no podía alcanzar un nivel mayor que el de un conocimiento de tipo solo presuntivo. por su naturaleza. o a haber ocurrido ya». 10-11.34 Así. I. xlvi (págs. su valor residía en ofrecer instrucción sobre los 32 Law. toda la argumentación parece concluir. también «sapiencia o sabiduría» representaba la forma más segura de conocimiento en la filosofía política. Iguales limitaciones lógicas re­ gían para la prudencia política. en lugar de experiencia. la filosofía política no podía proporcionar a los hombres «los más grandes bienes». ."I. Por su naturaleza. es decir. sino un tema para el sentido común unido a la experiencia y versado en las lecciones de ¡a historia. Esto determinaba. acción política no era. en cambio.

xlví (pág. Chicago: University of Chicago Press. vale decir. El conocimiento filosófico había sido identificado con la vetdad lingüística y debía ser buscado mediante definiciones y significados claros. 196. o se equivocan. referentes a cómo hacerse comprender mutuamen­ te ( . pues son pocos en el mundo los que han aprendido esos deberes que unen a los hombres y los mantienen en paz. Strauss. o de haber «erigido toda su doc­ trina moral y política sobre observaciones referentes al caso extremo» de guerra civil y anarquía. . o les dan nom­ bres erróneos. eran gobernadas por los usos aceptados en matemática. Natural right and history.33 Este anticlímax en la filosofía política de Hobbes lo ha dejado ex­ puesto a algunas duras acusaciones de críticos posteriores. en cuanto matemático. de la falta de ciencia moral. . o sea definiciones de comportamiento que eran claras. la filosofía buscaba la paz. sino opinión». «El ocio es el padre de la filosofía. inequívocas y dotadas de autoridad. entonces. que de no conocer los deberes civiles. que han aprendido suficientemente las reglas de la vida civil ( . antes que el adelanto científico. de un interés por el mayor bien del hombre a una innoble preocupación por meros valores de supervivencia. las reglas po­ líticas y el lenguaje de definiciones adecuado para ellas.principios básicos de orden que sustentaban todos los restantes y más grandes aspectos de la civilización.37 «El origen ( . de la posición de sobe­ rano y súbdito. inscrita en la esencia misma de la fi­ losofía política de Hobbes. lo cual es. ) Viendo. las actividades del ciudadano en cuanto ciudadano estaban sometidas a las reglas que gobernaban la vida civil. II . ) Pero cuando los hombres no recuerdan cómo se llaman las cosas por acuerdo general. Se lo ha acusado de haber rebajado las miras de la filosofía política. sin embargo. . . La importan­ cia del lenguaje y de las reglas. págs. del rango de la ley y la moral y de la función cum­ plida por la razón en la actividad política. ) de la guerra civil es que los hombres no conocen las causas de la guerra ni de la paz. que la función restringida del pensamiento político era producto de limitaciones in­ herentes a la concepción de Hobbes de la filosofía. 1953. vííi. . recurrimos a dos pasajes claves de los escritos de Hobbes: « . de la forma adoptada por el contrato. . teñía su concepción del estado de natura­ leza. En su versión política. . y cómo se llama todo. Así como las actividades de un matemático. 13. 191. La paz era considerada como una condición en la cual los hombres seguían reglas. sino que. 35 Leviathan. por consiguiente. en cuanto a la conversación común. Conocimiento es el recuerdo del nombre o apelativo de las co­ sas. no se dice que tengan ciencia. una recordación de pactos y contratos que los hombres hacen unos con otros. o las nombran correctamente por azar. . la madre de la paz y del ocio». es decir.38 Sugerimos. y la Nación. 36 L. . 436). Como punto de partida para descubrir cómo la forma de la filosofía política era moldeada por la preocupación de la filosofía por las ver­ dades lingüísticas. El tema de estudio de la filosofía política era. 37 Law.

si cada ciudadano no se comportaba como si se sometiera a la misma definición— no habría comunicación entre los miembros de la misma sociedad. «Así como un cuerpo político es un cuerpo ficticio. porque la experiencia era. 8-10. vol. ninguna ciencia de la geometría. I. por lo tanto. prefacio. no encerraba igual significado para cada ciuda­ dano — o. mayor es el desas­ tre». vol. xxvi (pág. 362-63. 176). en cambio. 136). 39 Law. La sociedad presuponía un conjunto común de significados. 38 E W . círculos y triángulos. no habría sociedad.surgen las guerras civiles y las mayores calamidades de la humanidad. x x (pág. y necesarias para que esta siguiera existiendo. al len­ guaje derivado del conjunto de acuerdos que definían a la sociedad en términos políticos. si un «derecho» político. Cive. por lo menos. esas definicio­ nes debían basarse en una forma de conocimiento tan seguro e inmu­ table como las verdades de la geometría. entonces. como tal. a fin de crear un sistema cerrado de líneas y figuras. pero la inconstancia del significado y la proclividad del hombre a interpretarlos de acuerdo con sus propios intereses hacía imperativo estipular ciertas definiciones para toda la sociedad. en consecuencia. ya que. de la búsqueda permanente de nuevos principios y generalizaciones globales. ii. sino. V I.40 Esto eliminaba la experiencia. es decir. con coherencia propia y que se limite a sí mismo. cuestión individual. no solo por su índole tentativa. demasiado subjetiva para suministrar las premisas fundamentales de la sociedad. en de­ finitiva."4. II. págs. Se re­ fería. ni expectativas razonables. no sería posible ningún universo del discurso entre geómetras. y de modo más importante. y. De modo similar. «Si los hombres construyen sobre falsos cimientos. había reglas o proposiciones específicas para la vida política.3S La filosofía política no debía ser considerada. Si todos y cada uno de los geómetras no definieran «línea» de igual manera. Y de la misma manera que la geometría empleaba ciertas ficciones o «como si» acerca de la naturaleza de las líneas rectas. págs. como un cuerpo de conocimiento acumulativo encaminado a ayudar a los hom­ bres a encarar los problemas surgidos de un mundo en constante cam­ bio. passim. Su lógica no era la lógica del descubrimiento. un conjunto de «como si» ficticios de tipo pura­ mente lógico. y. también lo son las facultades y voluntad correspondientes». bien podemos atribuir a dicha ciencia la producción de los bienes opuestos». 40 Leviathan. cuanto más construyen. a la lógica del discurso político.39 Si el papel de las definiciones en la filosofía política era proporcionar las reglas fundamentales que apuntalaban la sociedad. también el sistema político representaba una cons­ trucción artificial. pero — y aquí Hobbes se aproximaba al quid del problema— ¿la razón de quién debía utilizarse en política? El que este haya sido un interro­ gante fundamental para Hobbes indica la turbadora incertidumbre que se había llegado a crear en torno de la razón. . Aristóteles y Tomás de Aquino nunca habrían pensado en formular tal pregunta. Así como había reglas o convenciones básicas que gobernaban los usos de los geómetras. por ejemplo. y pronto. Solo la razón podía establecer la infalibilidad necesaria en estas cuestiones.

vol. v (pág. Galileo y Harvey. y su significado sería distorsionado. Sin embargo. ) Pero la certeza no reside en la razón de un solo hombre ni en la razón de cualquier nú­ mero de hombres. ha­ bían logrado evitar la influencia mutiladora del «aristotelismo» y el escolasticismo medieval. y una vez establecida. la filosofía política se ne­ gara empecinadamente a seguirlo. ya que no explicaba el hecho de que. si se pudiera encontrar o conocer tal cosa en rerum natura. esa norma de pureza. . x. Véase también Law. EW. . págs. I I . Leviathan. los que reclaman la razón correcta ( . vi. P re­ guntaba Hobbes: ¿Por qué la razón era más «objetiva» en el primer caso? Si los significados asignados a las palabras fueran resultado de acciones humanas. y los posteriores triunfos de Copérnico. 176-77). entonces. Y coherente hasta el fin. La primera dificultad percibida por Hobbes surgía del más vasto audi­ torio del discurso político. . . cómo preservarla? La segunda pre­ gunta se vincula con el éxito logrado por la ciencia y la matemática en cuanto a evitar los escollos de la ambigüedad y de la confusión en el uso. de lo contrario. xxxví (pág. 15-18. 17. Hobbes desconfiaba de la razón individual como de la experiencia in­ dividual: «Dicen algunos que esta medida común es la razón correcta: estaría de acuerdo con ellos. ¿De dónde derivar. sin embargo. pero relacionadas: primero. Hobbes intentó explicar la mayor precisión del lenguaje mate­ mático mediante un argumento extraído de la historia. Habitualmente. II. en el mejor de los casos. xxvi (págs. como buen nomina­ lista. En contraste. . y como lo admitió Hobbes. 26). se debe aceptar también la premisa implícita de que existía una norma desea­ ble para las palabras políticas. Hobbes. 8. 12-13. cuando la matemática y sus aliados habían señalado el camino de los métodos eficaces. pero el razona­ miento de hombres particulares no producía sino desacuerdos. V I. la disyuntiva no era la razón de X contra la de Y . con sus tonterías semánticas sobre «esencias» y «espíritus». C he. xv. esta no era. rechazaba una razón hipostasiada por los mismos motivos que había rechazado una experiencia hipostasiada: existían solamente la razón individual y la experiencia individual. entonces aquellas — como señaló Hobbes con insis­ tencia— cambiarían inevitablemente. sí se acepta la acu­ sación de Hobbes en el sentido de que el lenguaje de la actividad po­ lítica estaba plagado de palabras sin sentido o mal definidas. El lenguaje de la política era más amplía- 41 Law.41 Esto condujo a una paradoja que tuvo importante influencia sobre muchos aspectos del pensamiento político de Hobbes: el razonamien­ to del geómetra había producido verdades infalibles. Leviathan. 22. como tampoco una cuenta está bien hecha porque muchos hombres la hayan aprobado de modo unánime». ) se refieren a la suya propia ( . la idea misma de dis­ torsión carecía de sentido.para ellos. El «modelo perfecto de la lógica» establecido por los antiguos geómetras. ya fuera de modo consciente o por descuido. a diferencia de los filósofos políticos. 121-22. Esto planteaba dos cuestiones distintas. 291). xiv. sino la razón contra la no-razón. habían sido po­ sibles porque los primeros. más que una explicación parcial.

el lenguaje de la actividad política era similar a la «con­ versación común». véase Leviathan. 3. 45 Su comprensión de la relación entre interés e ideas hace de Hobbes uno de los primeros precursores del estudio de la «ideología». por ejemplo. se retrasaría el avance. derivando sus significados del «uso vulgar». v (págs. Los hombres «toman como principios las opiniones que son recibidas de una manera vulgar. o el interés de hombres que dominan. . Tal como exis­ tía entonces. siendo algo que no se interpone ante la ambición. como lo probaban los notables debates en Putney y Ja invasión de literatura panfletaria. porque a los hombres no les importa. porque la política era una acti­ vidad más difundida que la geometría.43 En contraste con esto. «Pues no dudo que. si no discutida. En el caso de la matemática. I. 67-68).45 Este problems no se presentaba en la matemática ni la ciencia. « . sino preferencias personales. 43 Law. el beneficio ni la codicia de nadie». 24-25). . quemando todos los li­ bros de geometría. esa doc­ trina habría sido. 46 Ibid. Aquí el ejemplo favorito de Hobbes era la Iglesia Católica: mediante una política de­ liberada. el lenguaje de la ciencia y la matemática estaba ^restringido a un círculo más reducido de participantes. tanto con la pluma como con la espada.46 Este aspecto reaparecía en otra forma: la persistencia del mal uso por ser útil para los fines de poder de una institución. xiii. surgen ofensas. xlvii (pág. 451 y sigs. la Iglesia procuraba conservar su posición merced a la apli­ cación de un esquema de palabras y conceptos destinado a aquietar 42 Cive. disputas. en cuanto la persona interesada pudiera hacerlo». xi ( págs. cuál es la verdad. prefacio (pág. prefacio (págs. Una distinción más seria entre estos dos ámbitos del discurso residía en las consecuencias derivadas del mal empleo. 8 ). pero un vocabulario político confuso representaba algo mucho más grave: «En aquellas cosas que cada hombre debería meditar para orientar su vida. leviathan. hasta matanzas».). se lo po­ día detectar con mayor facilidad. . en tanto que la doctrina de las líneas y figuras no lo es. semejante al de un mercado. a ese respecto. por lo cual su empleo defectuoso era menos probable.mente utilizado. sucede inevitablemente que no solo de errores. producía un len­ guaje al mismo tiempo menos determinado y preciso en su significado. sino incluso de la ignorancia misma.. ya sean verdaderas o falsas». si hubiera contrariado el derecho de dominio de cualquier hombre. se vuelven «emotivas» y son utilizadas para significar no enunciados fácticos. al menos suprimida. y cuando tenía lugar. Las palabras tendían a car­ garse de los intereses y pasiones humanos. porque los intereses no intervenían en las controversias técnicas. xxxiv (págs. 44 Cive. como podría decir un fi­ lósofo moderno. 255-56). La doctrina de lo correcto y lo erróneo es perpetuamente discu­ tida.42 El carácter de la actividad política. El mejor ejemplo de esto aparece en su examen de la Iglesia católica y el escolasticismo medieval. el que fres ángulos de un triángulo equivalgan a dos ángulos de un cuadrado.44 La probabilidad de distorsión en las palabras políticas era aumentada por otra peculiaridad del discurso político. 7-8).

de significados. . En la naturaleza. se los resu­ me en una sola palabra. en un sistema de engaño deliberado. cada hombre podía utilizar libremente su razón para procurar sus propios fines. que impelía a los hombres a consentir que se creara un poder irresistible. las palabras estaban sujetas a diversos factores de distorsión. tanto como cualquier otro». exploró toda una gama de temas significativamente nuevos: la función del lenguaje político. debemos examinar su famoso concepto del estado de na­ turaleza.47 ¿Qué implicaciones se debía extraer para el lenguaje político. 13. II . a este respecto. un medio para formular la verdad pública? Para descubrir cómo intentó Hobbes dar respuesta a estas preguntas. y el lugar que le correspondía a la filosofía política en un mundo intelectual dominado por el modelo de la ciencia y la matemática. era que las palabras. los que engañan deben co­ nocer la verdadera norma. Law. La moraleja de todo esto. I. aunque se las empleara erróneamente. suscitan cuestiones tanto en tor­ no de la corrección de la creencia como de la justicia de la conducta. por supuesto. era legítimamente filosófico e implicaba la jerarquía del conocimiento. instituir una ver­ sión política de la razón objetiva. era también una condición confusa por la anarquía. viii. 442). no examinó la posible impli­ cación de que.. en la actividad política. podían ser instrumentos de poder cuando sus significados eran im­ puestos por la autoridad. sino de la voluntad y consenso de los hombres».estado de naturaleza sim­ bolizaba no solo un extremo desorden en las relaciones humanas. 56. y Hobbes. 47 lb td . el sentido de la objetividad y la verdad dentro de un contexto político. tenien­ do en cuenta estas consideraciones? Si «los nombres tienen su cons­ titución. ¿Era posible. Hobbes. El . xlvi {pág. Cuando se traduce vanidad y egoísmo del lenguaje de la moral al que corresponde al conocimiento. procurando resolver los problemas concomitantes. El estado de naturaleza constituía el caso clásico de subjetivismo. cada uno era el juez definitivo de lo que constituía la racionalidad. subjetividad. «cada hombre cree saber. vol. En moral y filosofía política. que Hobbes no dejó de percibir. pág. 48 E W . pero tiene igual importancia por la forma en que aclara el enfoque de Hobbes del problema del conocimiento político.48 la cuestión política se resume en: ¿el consenso de quiénes? ¿De qué hombres? Mientras que en la ciencia la respuesta era inmediata.las dudas de los hombres y suscitar la obediencia hada quienes prote­ gían los misterios. entonces. no a partir de las especies de las cosas. Este concepto ha sido tratado por la mayoría de los comen­ taristas en términos de los orígenes del poder soberano. El problema planteado envolvía algo más que las disyuntivas morales derivadas de la vanidad del hombre o su deseo de preeminencia. y care­ cían del control interno de un grupo empeñado en el orden semántico. como hemos visto.

amén de sus rivalidades internas. ) Mientras hagan esto. así denominados porque se dedicaban a cultivar tierras comunes en son de protesta contra la propiedad privada. . iii. 31. Perseguidos por Cromwell. T. . . estadista inglés que combatió a Carlos I defendiendo las facultades del Parlamento. los Excavadores * y los hombres de la Quinta Monarquía. y no simplemente como la ausencia de un poder soberano. en las cuestiones religiosas. Fomentando la discordia y el fanatismo. miden el bien y el mal con diversa vara». debido a la diversidad de los ape­ titos del momento.) . Estas mismas tenden­ cias habían tomado un giro político en grupos como los Niveladores. un estado de naturaleza que no era sino el preludio de un estado de na­ turaleza total que penetraría toda la sociedad. abogaban por la nivelación de todas las categorías sociales y la crea­ ción de u n gobierno más democrático. Toda la multitud de sectas en disputa na­ cidas durante esa época. Bien y mal son nombres que se aplican a las cosas para señalar la inclinación o aversión hacia ellas por parte de quienes se los dieron. tan necesaria para la paz política. lo podemos advertir en las cosas que captamos mediante los sentidos ( . y en tal sentido nos permite ver qué pre­ caria era. tenían el vi­ cio de proclamar como verdad lo que sólo era «conocimiento privado del bien y el mal. Hobbes opi­ naba que estos grupos. estas opi­ niones diversas habían destrozado la unidad exterior de creencia. cuya aceptación es la ruina de todo gobierno».. sobre el juicio privado. costumbres. . Representaba la culminación de un constante aumento del desacuerdo en cuanto a los significados comunes y fundamentales. las sectas habían creado. u n instrumento de labranza. (N. T . se habían alimentado de doctrinas. la conciencia privada y el sacerdocio de todos los creyentes. . y utilizaban para ello el digger.60 Una forma política más estricta de subjetividad era la tipificada por la crítica del representante parlamentario a un acto de su soberano. ** Alude a John Hampden (1594-1643). ya que. y que fluctuaban desde la sobriedad presbi­ teriana hasta el éxtasis milenarista. y qué profunda la marca de las condiciones contemporá­ neas sobre su pensamiento.49 La descripción del estado de naturaleza como un estado de subjetivi­ dad. sin embargo. xii. Es por ello que pasan tanto tiempo en estado de guerra. desaparecie­ ron en 1649 y algunos de sus miembros pasaron a integrar el grupo de los Excavadores (Diggers). Para Hobbes. (N. la distinción entre estado de naturaleza y so­ ciedad civil. ) otro menosprecia ( . o por la protesta del Hampden ** local en el sentido de que nó' existía 49 Cive. del R. del R. para Hobbes. surgidas durante la Reforma. es inevitable que haya discordia y lucha. . indica la creencia de Hobbes de que la disolución de la soberanía era más un efecto que una causa del colapso social. El lenguaje de la actividad política: el problema del grupo de adeptos «. 6. Toda Inglaterra pare­ cía brillar con luces interiores. donde lo que uno elogia ( . ) pero mucho más en las que corresponden a las acciones comunes de la vida.IV. opiniones. . de hecho. * Los Niveladores ( Levellers) fueron una secta que surgió alrededor de 1647 en Inglaterra. Pero las inclinaciones de los hombres son diversas de acuerdo con sus diversas constituciones. .) 50 Ibid.

La trasformación del estado de naturaleza en una sociedad civil marcaba un cambio de condición. sin embargo. etc. 1. todas las pretensiones rivales a la razón. el acto contractual. eran creaciones humanas. uno de los factores más importantes para establecer y mantener la identi­ dad de una sociedad política era un lenguaje político común. autoridad. es decir. ¿cómo era posible ponerse de acuerdo sobre un significado claro e inequívoco de la razón? En opi­ nión de Hobbes. todas estas tendencias. un mundo en el que la razón era utilizada como instrumento destructivo para atacar las instituciones y creencias establecidas. un lenguaje político representaba una adquisición precaria. a la razón dominada por el deseo de cada uno de buscar «aquello que es bueno para él».. Cuando se im­ pedía que esta autoridad impusiera definiciones. eran meros recursos a la «razón privada». por ejemplo. «justicia». «Es un signo verdadero el que se convierte en signo por consenso de los hombres ( . ii. comunicaban un significado que se les había asignado. tan abun­ dantes en esa época. representaba algo más que un método para establecer la paz. las del vocabulario de la actividad política no poseían significación. «propiedad».emergencia que justificara la exacción real de un impuesto sin prece­ dentes. contribuciones de Hobbes a la teoría política: haber advertido que un orden político implicaba no solo po­ der. Según Hobbes.intrínseca. Dentro de este contexto. Pese a toda su importancia. en sus expresiones tan to política como religiosa. era un sistema sensible de comuni­ caciones que dependía de un sistema de signos verbales. . la sociedad queda­ ba reducida a una condición en que cada miembro era libre de asignar a las palabras el significado que quisiera. ley e instituciones. por el que cada hombre entregaba su derecho natural al soberano. actos y gestos. el significado preciso de un derecho y castigar a quienes se negaran a aceptar la aserción. por consiguiente. en el cuál el «raciocinio peculiar y verdadero de cada hombre» era reem­ plazado por la «razón de lo supremo». Como toda palabra. ) es honorable aquello que por consenso de los hom­ 51 Ibid. «libertad». que encerraban un significado generalmente aceptado. «Derecho». no podía ser to­ lerada. Este ataque al juicio político era inspirado por una de las más origi­ nales.. se resumían así: En. aunque menos famosas. de declarar. . porque originaba una confusión de significados que destruía el cuerpo político como un todo en comunicación. el lenguaje de la actividad política difería en el aspecto decisivo de que el carácter común de los significados dependía de un poder gobernante capaz de imponerlos.31 A la vez. la afirmación elevaba la razón y la experiencia privadas por sobre los juicios establecidos de los portavoces de la so­ ciedad. . era el medio para crear un universo político de significado inequívoco. el argumento con- vencionalista de que las palabras llegan a significar lo que significan mediante una especie de consensus mundi reaparecía en el contrato que expresaba la intención de los hombres de establecer una sociedad civil y renunciar a sus poderes naturales en favor del soberano. Por ello. La razón privada. Si bien estas ca­ racterísticas regían para todas las palabras. "En cada caso.

54 Leviathan. es decir. pág.a4 En lugar de la irreparable confusión de las normas privadas. xxvi (págs 172-73). y qué debe y qué no debe hacer .».sus causas y utilidad con respecto a la nación». tam­ bién corresponde al juicio del mismo poder soberano. ix. 16. los hombres habían sustituido la incertidumbre del código de naturaleza por un conjunto de «reglas comunes para todos los hombres». . cit.. del mismo modo exacto en que habían concordado en permitir que el soberano representara su consenso en todas las demás cuestiones.33 Por medio del acto de sumisión. a autorizar a algún agente para que actuara en nombre del pueblo. era lo general. entonces. qué es bueno y qué malo. Cive. Cive. vol. Sobre el escepticismo y nominalismo de Hobbes. resultado de la va­ riable «índole. I I . iii. En lo antedicho se advierte con facilidad cómo la redefinición de la razón poli dea había llegado a relacionar la razón. bres. un dispensador soberano de significados comunes. II. 7. las distinciones entre «mío» y «tuyo». Como esto no garantizaba que el juicio dei soberano no pudiera ser caprichoso. 220. Consintiendo en el contrato. ) acerca de rneum y tuutn. . op. común y aplicable en virtud de originarse en una autoridad públicamente reconocida. La verdad política no era una cualidad intrínseca. . 31. los diversos individuos concordaban en aceptar las definiciones 'públicas del soberano. lo objetivo. en virtud de la base representativa y consensual del órgano político autorizado para pronunciar las definiciones o reglas. Law. v (pág. en resumen. predisposición e interés» de los hombres. ma­ laconsejado e informado deficientemente. que los hombres utilizan midiéndolos según sus propios juicios. Mediante las reglas ex­ puestas en la ley civil. correcto y erróneo. 24-25). vi. . iv (págs. ahora todas las acciones podían «ser consideradas buenas o malas-por. no con la verdad ai con la validez intrínseca. y establecería. Los significados se hacían «públicos».52 Por el elemento de consenso popular en la elaboración de significados se limitaba. 10.. véase la introducción de Oakeshott a su edición de Leviathan. 17. exponer y dar a conocer la medida común por la cual cada hombre debe conocer qué es suyo y qué de otro. significaba sacrificar todas 52 Ibid. se convierte en un signo de honor». habían erigido un Gran Definidor. en su expresión política. una «razón pública». i.55 Así respondía Hobbes a la pregunta de cuál era la norma de racionalidad en la actividad política: lo racional. un mundo moral «objetivo» en la actividad política. «[Dado que] toda violencia deriva de controversias ( . Krook. el soberano adjudicaría el significado de dere­ chos y deberes. Al dotar al soberano de un poder legislativo absoluto. 26 ). véase también D. por orden de la ciudad. bueno y malo y otros conceptos. xv. 55 EW . V I. 53 Leviathan. el soberano aparecía como el agente público encargado de terminar con las «significaciones inconstantes» de las palabras. sino una función de las exigencias de paz y orden. . sino con la certidumbre. En razón de esta función.

57 Leviathan.07 En su última publicación política importante. pero que en política se debería haber actuado sobre la base de «reglas infalibles y la ver­ dadera ciencia de la equidad y la justicia».58 Pero si la experiencia común no era suficiente. vol. co­ mo tampoco pintar un cuadro en pequeño. . viii (pág. por el otro. La au­ diencia más vasta presupuesta por la primera imponía sacrificar en par­ te la precisión y la coherencia en aras de la aceptación común. si la elevación de la política a ciencia signi­ ficaba que también la filosofía política tendría que dejar atrás la com­ prensión común y abandonar gran parte del vocabulario común. Si bien la creación de un poder soberano podía asegurar cer­ teza de significado en el mundo político. había rechazado no solo el vocabulario común de la vida cotidiana. y el lenguaje como una for­ ma de comunicación que serviría a la finalidad de la cohesión social. y si bien podía simbolizar el consenso de los hombres para ciertos usos determinados. «gobernar bien una familia y un reino no son grados diferentes de prudencia. a diferencia del discurso político. por un lado. y si en comparación con la geometría « k política es la más difícil de estudiar de las dos». se debía observar una importante dis­ tinción entre comunicación «civil» y «filosófica» o científica. Como más tarde indicó Locke. ¿qué garantía podía 56 Essay concerning human understanding. Desde esta perspectiva. un profundo irracionalismo impregnaba la sociedad de Hobbes. de los cuales uno era un tipo sustituto realmente operativo en la práctica. La cuestión deci­ siva pasó a ser. El objeti­ vo del lenguaje «civil» abarcaba tanto la unidad social como la pro­ moción de la comprensión: el lenguaje era «el gran instrumento y vínculo común de la sociedad». pág. 251. se subrayaba esta distinción entre conocimiento político y experiencia cotidiana. V I.?* I I I . introduciendo en su lugar los cri­ terios de definición y puesta en práctica. 1. ya que el soberano podía asignar a los significados públicos el contenido que deseara. 45). . o en grande. sino diversos tipos de ocupación. 110 por esto instituiría un lenguaje y un conjunto de definiciones acordes con los métodos de la filosofía política.56 Este dilema planteado a Hobbes se debía en parte a que este no advirtió lo que otros apóstoles de la política «científica» no han visto aún: que una de las razones funda­ mentales del progreso insuperado