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PACTO DE TRANSPARENCIA EN LA JUSTICIA Y CERO TOLERANCIA CON LA CORRUPCIÓN.

La paz y el progreso social de Colombia requieren la garantía de una debida y pronta administración de justicia. Gracias a los jueces los conflictos entre los particulares y entre ellos y el Estado se resuelven en función de la ley y de los acuerdos celebrados de buena fé entre ciudadanos. La supremacía de la ley expedida por los representantes del pueblo en función del bien común, debe proporcionar la solución a las diferencias de una sociedad y evitar que las personas tomen la justicia por su propia mano.

Para obtener el progreso social y el desarrollo que necesita Colombia, se requiere de la fuerza, el empeño y la confianza de todos los ciudadanos. La confianza ciudadana en sus instituciones y hasta en el país se ve menguada cuando las instituciones y las ramas del poder no satisfacen las expectativas y cuando se ven inmiscuidas en escándalos por falta de transparencia y franca corrupción. La apatía del ciudadano y la poca credibilidad en el Estado, son una consecuencia de la ineficacia y especialmente de las prácticas corruptas que se nos informan a diario.

La corrupción ha irrumpido en todos los estamentos de la sociedad y del Estado. Colombia está inmersa en una gran corrupción. Los grandes escándalos de corrupción pública y privada que todos los días conocemos generan desánimo entre los ciudadanos y lamentablemente la administración de justicia no ha sido ajena a ellos. En los años recientes, la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado, la Fiscalía General de la Nación, los tribunales superiores de distrito judicial y los despachos de jueces han dado de qué hablar por escándalos de diferente magnitud y un común denominador: los corruptos han penetrado a las instituciones . La corrupción en la justicia está en todos los niveles de la rama y si bien es cierto que muchos de los diagnósticos son aún superficiales, también es cierto que este cáncer puede hacer metástasis y llevarse de por medio la sostenibilidad del sistema.

Los aspectos públicos y privados de la corrupción hacen evidente que si bien, se requiere la expedición de algunas normas jurídicas, el problema está más atrás en la cadena; viene desde la raíz y por ello es necesario adoptar medidas para recobrar los principios, la moral y la ética en la sociedad colombiana. Recuperar el valor de la

familia, el mérito, el trabajo honesto y el esfuerzo. Educar en el civismo y el respeto a la ley y a la dignidad de los demás. Infundir un gran sentido del servicio y los valores superiores en el ejercicio de la función pública y recordar a abogados y jueces que el estado de Derecho necesita una justicia impoluta que dé garantías a todos porque es de la esencia de ese servicio público el desempeño eficaz y con rectitud a toda prueba.

Durante los últimos siete años fuimos varios los que insistímos en la necesidad urgente de adelantar la reforma a fondo de la justicia e inclusive la planteamos como el complemento indispensable sin el cual difícilmente tendrían legitimidad, credibilidad y sostenibilidad los esfuerzos de paz del Gobierno Nacional.

Colombia debe dar señales inequívocas de que se acabó la Tolerancia con la Corrupción, la impunidad y la ineficacia en la administración de Justicia. Nuestra sociedad debe dar un giro urgente e intervenir a fondo en la educación en valores y en adoptar códigos de transparencia y buenas prácticas que prevengan y eviten la corrupción , pero en especial debe fortalecer las capacidades institucionales para evitar la tolerancia con la captura del Estado por parte de corruptos que llegan a la función pública sin una real vocación de servicio y muchas veces sin tener siquiera los conocimientos necesarios para el adecuado cumplimiento de esa función porque su objetivo es otro: se trata de lograr poder que genere rentas y burocracia en beneficio de unos pocos con los recursos del erario nacional .

Es menester otorgarle a la justicia el lugar preponderante que demanda en la sociedad. El lamentable estado en el que se encuentra , requiere que se le dé un lugar prioritario en la agenda nacional para lograr que cumpla su papel en la consecución del desarrollo económico, la paz y la convivencia, sin caer en el simplismo de que las reformas coyunturales o cambios meramente cosméticos constituyen la solución. La justicia debe ser prioridad estratégica para los próximos presidentes y gobiernos, así como para todos los actores de la sociedad.

Por ello, convocamos a la magistratura, a la sociedad civil, estudiantes, universidades, facultades de derecho, agremiaciones, fundaciones, industriales, políticos, líderes sociales y de movimientos ciudadanos, a hacer parte de un gran pacto que al márgen de las diferencias políticas, garantice que el Estado trabajará en la reforma integral a la Justicia para devolverle la majestad y la confianza perdidas. Este pacto debe comprometer a las instituciones y personas que lo suscriban para garantizar su pleno desarrollo, asignación de recursos y adopción de instrumentos de transparencia y

eficiencia de la justicia colombiana independientemente de los Presidentes y Congresos elegidos en los próximos 10 años.

Necesariamente, se debe empezar por el diseño de modificaciones normativas al aparato judicial y los códigos y procesos. Concomitante con ello, se deben definir las prácticas de Transparencia y Cero Tolerancia con la Corrupción.

El pacto por la Justicia como valor esencial de nuestra sociedad, tendrá principios orientadores y abordará como mínimo los siguientes aspectos:

Transparencia en la administración de justicia.

1. Para evitar la corrupción en la justicia se debe eliminar desde la Constitución Política toda injerencia que la política pueda hacer en la elección de los jueces

o magistrados.

2. Reforma a los mecanismos de elección de jueces y magistrados, de tal forma que se privilegien criterios de ética, idoneidad moral, experiencia y formación intelectual.

3. Garantía de que el mérito sea criterio preponderante para el acceso y asenso a la administración de justicia.

4. Fortalecimiento de la independencia y autonomía de los jueces en la administración de justicia.

5. Mecanismos concretos para eliminar el tráfico de influencias ante los jueces de la República.

6. Mecanismos de transparencia de los jueces ante los ciudadanos, tales como declaraciones públicas de bienes y de intereses.

7. Mecanismos rigurosos de declaración de conflictos de interés de los aspirantes

a jueces o magistrados.

8. Inhabilidades más estrictas para quienes se retiran de la magistratura.

9. Apertura y mayor transparencia para las reuniones de las Salas Plenas de las Altas Cortes, en especial cuando se deciden temas de trascendencia nacional.

10. Unificación de las líneas jurisprudenciales de todos los órganos y entidades que impartan justicia. Y definición de su carácter vinculante.

Plan de Modernización de la Justicia en cabeza del Estado.

11. Aumento del presupuesto de la Rama Judicial que tenga en cuenta el criterio de demanda de justicia y mejoramiento de la infraestructura tecnológica y locativa.

12. Robustecer la arquitectura institucional y el autogobierno, así como las relaciones con las demás ramas del Estado.

13. Creación del Consejo Nacional de la Administración Judicial para el gobierno de la Rama Judicial, que cuente con una Dirección Ejecutiva, verdadero órgano de gestión y administración.

14. Fortalecimiento de las capacidades administrativas para el acceso a la información de la Rama Judicial y órganos que imparten justicia.

15. Mecanismos de investigación y juzgamiento de los jueces efectivos.

16. Vigilancia y control del ejercicio del derecho y de las universidades que ofertan el programa de derecho.

17. La disciplina de los profesionales del Derecho debe estar en cabeza de colegios de abogados, se propone la colegiatura obligatoria para el ejercicio profesional.

18. Adopción plena de las tecnologías en la administración de justicia y en el desarrollo del proceso con el objeto de generar confianza en los ciudadanos.

Acceso a la justicia

19. Garantía del acceso de todos los ciudadanos a la administración de justicia pronta y eficaz. Una justicia que no resuelve los conflictos de forma pronta y oportuna no es justicia.

20. Indicadores de eficiencia, efectividad y seguimiento en la resolución de controversias entre particulares, y entre éstos y el Estado.

21. Impulsar la solución rápida de las causas contenciosas judiciales menores o comunes, que encierren un interés público o un interés privado.

La corrupción es un flagelo que se percibe tanto en los ámbitos públicos como privados y sus repercusiones van en contra de cada ciudadano y de la supervivencia misma de nuestra democracia. No puede haber corrupción menor cuando todas las acciones que desconocen la ética o la ley en el manejo de lo público y aún de lo

privado, están socavando la confianza ciudadana en el futuro de nuestra sociedad y sacrificando las reales posibilidades de progreso para nosotros, nuestros hijos y nietos.

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Ningún interés personal o político puede estar por encima de la necesidad urgente de la sociedad colombiana de recuperar la fé en la justicia como condición necesaria para la concordia, la vigencia del estado de derecho, las posibilidades de inversión y desarrollo y para la Paz Verdadera de nuestro país .

Teniendo en cuenta que varios de los que suscribimos este pacto presentaremos nuestro nombre a consideración del pueblo colombiano para las elecciones del 2018, nos comprometemos a poner nuestro conocimiento y capacidad de convocatoria al propósito de trabajar en el desarrollo del mismo antes , durante y después del debate electoral a efectos de que una vez se posesione el nuevo gobierno, ya se encuentre articulada y diseñada buena parte de la hoja de ruta de las reformas y acuerdos interinstitucionales para hacer de la justicia una realidad tangible y al acceso de todos los colombianos.

MARTA LUCIA RAMÍREZ DE RINCÓN.

Bogotá, Agosto 23, 2017.