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Editorial Andrés Bello 134 Las vacaciones de Emilia en la playa pprometian placidos dias de descanso. Paro el destino quiso que ella cono- cera a Diego -un estudiante de ar- queologia- y juntos se enfrentaran al misterioso fantasma de Quintay Sol, mar, derrumbes, gritos do ultra ‘tumba y tobos arqueoiégices llevarén, al lector a vivir, unto a los protagonis- tas, un verano lleno de emociones y peligros que mantendran Ia tension hasta la utima pagina IR DE 13,4 sa ; eves MQ, HM Jacqueline Balcells Ana Maria Giiraldes EMILIA INTRIGA EN QUINTAY Editorial Andrés Bello Las vacaciones de Emilia en Ia playa pprometian placidos cfas de descarso. Pero el destino quiso que elia cono- cera a Diego -un estuciante de ar ueclogia- y juntos se enfrentaran al misterioso fantasma de Quintay. Sol, mer, dertumibes, gites de uttro- fumba y robos arqueolégicos levarén at lector a vive junto a los protagonis os, un verano lleno de emociones y peligros que mantendrn la tension hasta la dllima pagina, oR DE 13,40 ye over "Oy ‘WM USTACION DE ROR: Cree ae | MHorlal Andrés Bi Jacqueline Balcells Ana Maria Guiraldes EMILIA INTRIGA EN QUINTAY capitulo ino EL COMPANERO DE VIAJE ¢mnibus avanzaba a tds velocidad por la eaters hac is cova, Ea ela nau siento, cabeceaba con in fio entre Sus manos tatando de mantener fos ojos abertos Ta semana anterior habia dorm Inuy poco preparind los examenes: ena dieches aon y labia paso, con muy inlenas nots, @ sa alto ano de colegio. nego de lear ces demi al terminal nt ques se tabla molesadoenmiraraqulenescransuscompaiircs devi. Pot cso se sorprend cuando, al ponerse de pe pra ajar sso Sclarejls,unmichacho hizolomismo tas ell: generalmente fen ese lugar no descenda nade El émmnibus ya orilaba cl lago Pefucas y esaban péximosa legaralenuce con Quinta. Avancé por el pasil pra econtarleal cher que se detviersy€ljoven limit. Se miraon de eojo, y Eni alean26a versa cabell respo y mubio, sia El vehiculo se eatacion6 en la berm Y los dos ovenes bajazon en silencio. Ios autos se crozaban en la career, produciendo un rude como y violento.Mientas experabar El momento para cruzat, ia se dec a interpell . ecquanmales/aN4 MAN ALS —iflacia dénde vas? Elmuchacho emitio un sonido y con el brazo most el pedregoso camino frente a ellos, a Tunquen oa Quiniay? —le voli6 a preguntarella, {astidiada por la vaguedad de la respuesta, A Quintay —fue la escueta comtestaci, Emilia pens6 que ese joven no erz muy simpético, aunque no pudo negar que tenia buena figura y unds ojos azules y vives [En ese momento se cleteni, al otro lado de la carretera, luna camioneta gris. En cuanto ei conductor se bajo, Emil «dando un salto, hizo un gesto de victoria con su dedo pula ‘elhombre deta camioneta respondi6 de iamediato con Una sonrisay sus dos manos en alt, E] muchacho miré la escena con indiferencia y apro- vechando que no venis ningin auto, atraves6 con un trotecllo atletic. Emilia lo sigui6, —Puros seist —fue lo primero que dijo la nia, antes de besar a su padre. Fla abrazby le revolvi6 el cabelio con su mano fuerte x tostada por e! sol ‘los dos se subieron a la camioneta. El muchacho ya caminaba unos metros mis adelante, con una enorme ‘mochila a la espalda. Elvehiculo paso juntoal joven levantando una nube de polvo y Emilia noré que éste la miraba de reojo. El gesto le Dast6 para decir a su papa Va a Quintay. Por qué no lo levamos? Juan Casazul frené, Emilia saco la cabeza por Ia ventinila y grit ~iTe llevamos! Bl'muchacho parecié dudar unos momentos, pero Iuego bala carga desus expla ysubisalasiento de ais ie la camioneta, —Gracias —musit6, en cuanto estuvo instalado, Juan Caszul puso una suidosa primera y la camioneta se lana hacia adelante en medio de una polvareda ‘A medida que subian Ia cuesta el paisaje se tba volviendo més y mis boscoso, Emilia, en vez.de contemplar Tas cientos de flores silvestres que se agolpaban al borde del ‘camino enrojeciendo la sombra de los eucalipus, preferia ‘mirar con disimulo al pasalero que no se inmutaba con los salto del vehiculo en cada hoyo del camino. Tienes fasalis en Quintay?—pregunt6 Juan Casizul, ‘mirandolo por el espejo setrovisor No, Seftor —fue la lacbnica respuesta Sin darse por vencido, el padre de Emilia insist: —fTrabajas por aque? No. Estudio en Santiago. Emilia se dio vuelta y apoyaindose con los dos brazos cen el respaldo dl asiento, peegunts Qué estudiay? —Arqueologia...—tha a deci algo ms, pero frend su Jimpulso y se quedd callado. Emilia, aburrida de tanta parquedd, se volvio hacia adelante y perdi su vist en los inmensos bosques de pinos ‘que se ergian como gigantes negtos, ~;Cudl es tw nombre? —pregunt6 Juan Casizul, sin imporarc as pocas nas de conversa que parca enerel smuchacho, Diego. Como estucias arqueologia, Diego, quizts te interese saber que se esti comenzando a constuir un gran complejo turisico en Quinny, y que al nice ls paimera excvaciones se encontraron restos indigenas y también varias objtos de oro. Diego se incorpor® en el asiento como un reson y exclamé: si sabia! En la universidad solo se babla de eso. Un profesormio visi especialmente a trabajaraqui, Yes poreso ‘que me interes Quinsay, Se supone que los huesos perte- fnecen « hombres de tna civlizacion preincaiea —termind ccatusiasmado. Zn que curso estis? —pregunt6 el padre, n primero. NY dnd te piensa alojr? Emilia otra vez se habia chdo vuelta para mirirlo—. Porque ahora no permiten acampar en la playa grande, Ta pregunta quedo sin respuesta porque en esos momentos apared, bajo los ojos de Tos vajeros, lz exten playa blanca, coronada por el gran farellon’ del cerro Curauma El dia estaba claro y el sol hacta brillar as aguas Timpias del ocean Pacifico. No me imaginaba que la costa era tan alta! mur smur6 por lo bajo Diego, que al dejrse el tema de arqueo- Togia habia vuek a su mutismo, “—Espérate a vera bllenera abansooada! Los pescado: resdicen que asta hay faniasmas!—exclamo mia, entusiata, Este lugar es un paraiso de trinquilidad y belleza, hijo —acots juan Casazul. ¥ Iiego agreg con un tone dlecaido—: Claro que todo va a cambiar cuando se Ilene de turistas, de campos de gol y de hoteles cinco es Diego no respondi6. Sus ojos parecian estar sumidosen el mar, o por lo menos es0 fue Io. que pense Emilia, H vehiculo comenz6 su descenso hacia el poblado. Y tan sélo en unos minutos llegaron a la capilla le madera pinta color rosa, que se erguia junto a la plazoleta de casos drboles, Unos nines salieron corriendo de un alma én y saliadaron con Ss manos 2 los pasajeros “Don Juan, vimos al Simbad por abi! Perro callejero! —exclamé Juan Casazul, haciéndose el enojado. —Agui me bajo. A lo mejor abt puedo averiguar de algGn ugar donde alojar—dijo Diego, sefalando elalmacén, a Donta Un cartel de madera, al lado de la entrada con letras negras Diego tetmin6 de acomodlar sus bistulos en la espalda y se despidis con vn atento “muchas gracias’ E Vehiculo se puso en marcha. Al fin comienza el ociol —suspir6 la muchacha, cerrandlo los ojos y respirando con fuer23 el olor sano, ‘Pero no era precisamente ocio lo que vivtia Emilia, Las vacaciones nls agitadas de toda su corta vida empezaban para ella Capitulo Dos 108 HUESPEDES DE LA PENSION ZULEMITA ‘La manana amanecio soleada y brillant inila sao de su casa tratando de conte- nner la alegsia de Simbad que parecia un [edn saltando a su lado. Los ladridos eran tanestidentes, que lavecinadelosCasazul, tuna senor de pelo bailante y blanco, asomé su cabeza por sobre a empalizada bien de flores de su casa 1: Qué bueno verla, Emilia! Por fa alegria del perro supe que usted estaba aqui. Peo mis gatas son los que estan pasando susto con tanto ladrido, Hola, dofia Nenita! —salud6 Emilia, cantarina. 1 joven bajo al tote las escaleras que conductan a fa cle. Varios metros mas abajo Simbad se habia detenido a ler seis perritos blancos y lanudos que ladraban como fenajenados tras la reja de una casa de madera, —iTranquitos, ranquilos! —se escuché la voz de un hombre delgado y de ojos picaros, que salioa enterarse del porgué de la batabols. —Hlofa, Gemma! —saludé Fails 2 su amigo pescado. ola! Que tal? —contest6 el hombre, tratando de contenor& los perritos que le rsgusaban los wbilos “TrQue se cuenta de nuevo? —apate de los fantasmas del cero Curauma, no hay ninguna novedad —respondio German, iéndose 7 Serdnos ftasmas de aballenera que se cambiaron de casa —rio también Ema. parece que son attos —siguié German, cogiendo a uno de ss pers en brazos-—, porque estos mcten bulla y provocan deerumbes para espanter Tos que se acerca “No me dga... dijo Emilia, entre curiosa y buslona —Preginteles los pescadores alld abajo aver que le cenian —conclayé el hombre y se despidis Gon un esto amistoso, Emilia siguobojandohasta llegar la playa olvidé por completo alos fantasmas en cuanto dlvis6 a su compaaero dev ‘Dicgo estaba abstraido en la contemnplacin del bote lieno de pescados que cinco homes azrastraban pOr atena, Emilia spiro ese olor marino, comode sal yalgas, que tanta falta lehacta en lachudady se drgié dectamente hacia limuchacho. Hola, gencontiaste alojamlento? —Io saludo con simp “Si, nla pension Zulemit, al lado de los carabineros —respondié Diego, mientras Simbad olisqueaba el costado del bot. En ese momento las pescacloresseparaban los congrios dorados de los negrosy de las meriuas. parece que fue buena la pesca —coment® Ena a ‘uno, vestide de buz0, que baaba del bote un earasio leno de fibas, "No le hable al Negi, sehr, mire que todavia estt asustado —se buro un pescador que tenia 8 gon de lana imetido hasta las ces.