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= ‘> F oe oon uu | tn | Puba 79 : ees EL BARCO # EL vampiro vegetariano Carlo Frabetti Si Pelusa 7 9 Primera edscion: febrero 2001 Cuarta edicion: octubre 2007 Direcci6n editorial: Flsa Aguiar Hustraciones: Miguel Navia Fotografia del autor: Gloria Rodriguez © Carlo Fraberti, 2001, 2005 © Ediciones SM, 2001, 2005 Impresores, 15 Urbanizacién Prado del Espino 28660 Boaditla del Monte (Madrid) www.grupo-sm.com, ATENCION AL CLIENTE. Tel: 902 12 13 23 Fax: 902 24 12 22 e-mail: clientes@grupo-sm.com ISBN: 978-84-348-4064-5 Depésito legal: M-41.785-2007 Impreso en Espatia / Printed in Spain Gohegraf Industrias Graficas, SL - 28977 Casarrubuclos (Madrid) Queda probibida, salvo excepcion prevista en la Ley, cualquier forma de repre duccidn, distribucion, comunicacién pablica y transformacion de esta obra sin contar con la autorizacion de los titulares de su propiedad intclecteral. La frac can de los derechos de difusidn de la obra puede ser constitutiva de delire contra Ta propiedad aneteccual (arts, 270 y 9x, del Gédigo Penal), EL Centro Expat de Derechos Reprogeaficos vela por ef respeto de Tos citados devechos A mi madre, que conserva la juventud sin necesidad de morder a nadie asa 7 9 1 —jFsso es un insulto, un atropello! —gritd Tomas-. jNo puedes cuidar de mi, tenemos la misma edad! —Soy mayor que ta -replicé Lucia tran- quilamente. —jSolo tienes tres meses mas que yo! -pro- testé el nif. —Pero he aprendido mucho en esos tres meses -dijo ella con una sonrisa de suficien- cia~. Ademas, las chicas maduramos antes. Los padres de Tomas habian decidido acudir a una cena a Ultima hora y no habian encon- trado ninguna canguro disponible, de modo que le habian pedido a Lucia, su vecina y ami- Ba, que se quedara con él para que no hiciera ningun desastre (la dltima vez que lo habian dejado solo, el angelito habia estado a punto de prenderle fuego a la casa con su juego de quimica), Peliba 7 op Tomas acababa de cumplir los dicz anos y se creia todo un hombre, y consideraba una humillacién insoportable que lo hubieran de- jado al cuidado de Lucia. —jAh, si? Pues yo soy mas grande y mas fuerte que tu -dijo el nino con tono amena- zador-, asi que no puedes impedirme que haga lo que me dé la gana. —No eres mas grande, sino solo mas gordo -replicé Lucia-. Y no necesito la fuerza para controlarte. Tengo el teléfono de la casa en la que estan cenando tus padres, y me han di- cho que los Hame si te portas mal. —Ta no harias eso, no te convertirias en una vulgar chivata... —No, si no me obligas. Tomas estuvo a punto de tirarse al suelo y empezar a gritar y a patalear; pero se daba cuenta de que eso era propio de un nino pe- quefio y, aunque estaba furioso, su miedo al ridiculo era mayor que sus ganas de desaho. garse. De modo que se contuvo y dijo: —Esta bien, puesto que tienes que cuidar de mi, cuéntame un cuento. {No quieres ver la tele? -pregunto Lucia asombrada, pues Tomas era un teleadicto fu- ribundo-. Tienes permiso hasta las once. ~Todo lo que dan esta noche es una plasta. Prefiero que mi canguro me cuente un cuento -dijo él con tono burlén. —Esta bien, te contaré un cuento. Lucia se senté en el sofa de Ia sala de estar, frente al televisor apagado, y Tomas se repan- tig en un sillén. Estoy listo. Empieza a contar, esclava. —Erase una vez una princesa... —jUna princesa! -la interrumpié el nifo-. jNo pretenderas contarme una cursilada de cuento con princesas, hadas y esas tonterias! — Como puedes decir que es una cursilada si atin no sabes de qué va, botarate? —a Lucia le gustaba usar insultos antiguos, de los que le oia a su abuela, aunque no sabia muy bien lo que significaban. —Pues claro que sé de qué va -replicé To- mas~. Va de princesas, y no voy a permitir que me cuentes un cuento para nifias. Quiero uno de terror. ~-De acuerdo. Te contaré uno en el que ca eres el protagonista. 9 Pewa 79 —4Yo? Si, 0... Imaginate que te has quedado solo en ch mundo: cres ef tinico ser hamano sobre el planeta... —Oye, eso me gusta. Podria hacer lo que quisiera y todo seria mio... ~Si. Eres el Gnico ser humano del mundo y estas en tu habicacién a punto de irte a la cama. Y de pronto Haman a la puerta. pregunté Tomas visiblemente ner vioso. --Ya es' ~~ ~Como que ya esta’ —Ya se ha terminado, Es un cuento corto. ~-~Corto? jQuerras decir cortisimo, super cortisimo! No pasa nada, y no da ningin mie- do ~protest6 él. as seguro de que no da ningtin mie- do? -replicé Lucta mirandolo fijamente -. Es tas solo en el mundo, no hay ninguna otra persona en todo el planeta. Y de pronto algiien Hama a la puerta. St que da miedo reconacio “Poms des pues de pensar un rato en el asunto . Menos mal que es una situacion imposible. 10 Val como ce la he contado, si. -reconocio Lucia. Pero estar solo en casa es parecido a estar solo cn cl mundo... Imaginate que no es- tuviera yo, que ahora mismo estuvieras solo en casa... Sabes que estas solo, has echado el ce- rrojo y ni siquicra tus padres pueden entrar si no les abres... Te vas a tu habitacion tan tran- quilo, y de pronto Haman a la puerta... Qué tonteria, son mis padres que han vuelto antes de lo previsto. ~-Llaman a la puerta de tu habitacién ~pre- ciso ella con voz insinuante. ~jAaaaah! ~grito Tomas-. gPor qué me asustas? Se supone que eres mi canguro. — éNo querias un cuento de terror? —Si -tuvo que admitir él-, pero no te he dicho que fuera de esos en los que tu eres el protagonista. Pues es una histima que no te gusten, por- que te iba a contar orro, jCuentamelo! ¢No acabas de decir «jue no los quicres de esos de cu eres cl protligonista- ? Da tual, cucntamelo. -No, que luego te queyas de que le asusto. 11 DPelubsa 7 go —-No me quejaré -le asegur6é Tomas. -—Esta bien... Pero antes dime una cosa: jta crees en los fantasmas? —Claro que no -contesté él-. Lo de los fan- tasmas es una tonteria para asustar a los nifos pequefios. Vale... Pues vas por un callején oscuro y de pronto te cruzas con un sefior, y el sefior te pregunta: <;Crees en los fantasmas?>, y ca le contestas: «No», y entonces el sefior te dice: «Pues yo si», y desaparece. —Qué chorrada -comenté Tomas-~. Este si que no da miedo. —— No? Piénsalo bien: el sefior desaparece, se vuelve invisible de pronto, pero sigue a tu lado, solo que ahora ya no puedes verlo, estds a su merced... —jAaaaah! —volvi6 a gritar él mirando ner- viosamente a derecha < izquierda, pero esta vez no podia quejarse, puesto que se lo habia bus- cado. —-¢Por qué te asustas, si es una chorrada? ~dijo Lucia con una maliciosa sonrisa. --No estoy asustado -replicé Tomas-, para nada. Grito por gritar, igual que cuando uno se rie después de un chiste: es lo que toca. 12 —jEn qué sefor has pensado mientras te contaba el cuento? ~pregunto ella tras una pausa. —En uno cualquiera, épor qué? —~No le has visto la cara? ~No tenia cara. -~jTe has imaginado a un hombre sin cara? Eso da atin mas miedo. —No es que me lo haya imaginado sin cara ~explico él-. Cuando te imaginas a una per- sona cualquiera, es como un bulto, sobre todo si te lo imaginas de noche y en un callejon oscuro. ——Eso es porque tienes poca imaginacion. La tienes atrofiada de canto ver la tele. Yo, cuando me imagino a una persona, veo perfectamente su cara -dijo Lucia. — Ah, si, listilla? ZY qué cara le veias ca al hombre del cuento mientras me lo estabas contando? —La del sefor Lucarda -contest6é Lucia sin titubear. —jAaaaah! -grito Tomas por tercera vez-. {Qué mala idea tienes! j|Ahora que habia con- seguido olvidarme de él! 13 Pela 7 9g EI senor Lucarda era el nuevo vecino de la planta baja. Alto, delgado, de unos cuarenta anos, vivia solo, siempre vestia de negro y nun- ca hablaba con nadie. Sus ojos oscuros y_pe- netrantes parecian escrutar los pensamiencos de la gente, y Tomas estaba convencido de que era un asesino de nifios. -~jSeras miedica! -se burlé ella~. ;Como puedes tenerle miedo al pobre sefior Lucarda? ~-¢Pobre, has dicho? jPobre del que caiga en sus manos! Si te hubiera mirado a ti como me mir6 a mi el otro dia... Seguro que es uno de esos sacamantecas que hacen ungiientos ma- gicos con la grasa de los nifios. —Claro, por eso se ha fijado en ti. Con tu grasa podria hacer al menos cien tarros de un- guiento. Sin llegar a ser un nifio obeso, a Tomas le sobraban unos cuantos kilos. —Si, ti riete y veras lo que te pasa como no tomes precauciones —le advirtié él—. Menos mal que vive cn la planta baja y no puedo coincidir en el ascensor con ese chupéptero... No quiero pensar mas en eso; voy a ver si me distraigo comiendo algo. 14 —Tu madre me ha dicho que no te deje desvalijar la nevera -le recordé Lucia siguién- dolo hacia la cocina. Solo voy a comer algo, un pequefo ten- tempié -replicé Tomas. ~-Ademias, te conviene adelgazar, pues cuan- to mas gordito estés, mas se fijara en ti el se- fior Lucarda. --jAaaaah, maldita! -grité él-. [Tenias que fastidiarme el tentempié! 1s Delia 79 A la mafiana siguiente, al ir a comprar el pan, Lucia se encontr6é con Rosaura, la portera. Rosaura era una mujer grandota y sonrosa- da, extraordinariamente fuerte, de unos cin- cuenta afios. Sus principales aficiones eran la peluqueria y el cotilleo. Llevaba el pelo rizado y tefiido de rubio platino, y a Lucia le recor- daba a una actriz del cine mudo. Aunque de muda, precisamente, no tenia nada. —Hola, Lula -la saludé alegremente. Lucia y Tomas eran los Unicos nifos de la escalera, y Rosaura, al contrario que la mayoria de las porteras, era muy amable con ellos y nunca los refiia. A Lucia la Namaba Lul, y a Tomas, Tomi. Hola, Rosi -contesté la nina. — A que no sabes en qué casa estuve ayer? ~pregunté la portera con aire de misterio. 16 —En la del sefior Lucarda -contesto Lucia sin vacilar. — Como lo sabes, pequefia bruja? jAun no se lo he contado a nadie! —Me lo ha dicho él. ~-jEso no te lo crees ni ta! {Pero si no habla ni con su sombra, ni para dar los buenos dias! —Pues claro que no me lo ha dicho él ~rié la nifia~. Lo he deducido porque si hubieras estado en cualquier otra casa, no seria ninguna novedad. Elemental, querida Rosi. — A ver, ya que eres tan lista, éy qué paso? -le pregunté la portera con los brazos en jarras. —lIntent6 seducirte -contest6 Lucia muy seria. —jDemonio de nifia! -exclamé Rosaura sol- tando una carcajada-. jLo que me faltaba a mi, a mis anos! —No disimules, que aan estas de muy buen ver. —Ay, qué cosas tienes... Pues no, es todo un caballero y no se propasé para nada. Todo un caballero, si, pero mas rarito... Quiere que le haga la limpieza una vez a la semana, y me 17 Paiba 7 9p estuvo ensefiando todas Jas cosas que no tengo que tocar para nada, ni para quitarles el pol- vo... Su escritorio, su armario, un arcon muy grande... —{No sera un atatd? —jQué cosas tienes! Pero, ahora que lo dices, desde luego que cabria un fiambre dentro... En ese momento bajaba Camila, la vecina del primero izquierda. Lucia vivia en el pri- mero derecha, y el balcon de su habitacién era contiguo al del dormitorio de la bellisima Ca- mila. A veces, al anochecer, se asomaban al balcén las dos a la vez, y la hermosa joven, aunque casi nunca hablaba, siempre le dedicaba a la nifia una sonrisa encantadora. Camila tenia el cabello de un rubio dorado y unos preciosos ojos verdes, Lucia, que tenia el pelo y los ojos castafios, pensaba tefirse de rubio y ponerse lentillas verdes cuando fuera mayor, para pa- recerse a Camila. —Buenos dias ~saludé la joven luciendo su deslumbrante sonrisa. —Buenos dias, Camila —contestaron a coro Rosaura y Lucia. 18 19 Peusa 7 Qo ~—Qué guapa estas ~afiadié la nifa con ad- miracion. Y, realmente, con el largo cabello suelto so- bre los hombros y un vaporoso vestido de al- godén blanco, Camila parecia un hada o una princesa de cuento. —Gracias, preciosa -dijo la joven acarician- do suavemente la cabeza de Lucia. ——Estébamos hablando del nuevo vecino, el sehor Lucarda -comenté la portera~-. Es tan rarito... —-{Ta crees? A mi me parece un hombre muy agradable. Tan elegante, tan reservado... -dijo Camila, y se fue gracilmente, saludando con un leve gesto de la mano mientras salia a la calle. —Lo de reservado sera porque no habla, pero hay que ver cémo mira ~replicé Rosaura, aunque la joven ya no podia oirla. —Eso dice Tomas -dijo Lucia con una ‘risita. —Pues Tomi tiene raz6n. A veces mira de una forma que da miedo, como si quisiera hip- notizarte o leerte el pensamiento. Y el otro dia lo pesqué mirando asi a Camila. Lo que pasa 20 es que ella es tan buena persona que se cree que todo el mundo es bueno. ~Me gustaria ser como clla ~suspiré Lucia. ~~ Pues alegrate, porque de mayor seras igual de guapa, pero mas espabilada -le dijo la por- tera guinandole un ojo. —-No querras decir que Camila es tonta. —-Qué va, de ronta no tiene un pelo; pero es tan ingenua y tan despistada que no se en- tera de la mitad de la movida. —Yo también seré ingenua y despistada de mayor -dijo la nifia~. Queda muy elegante. ~— gDespistada tu? -ridé la portera~. Eso si que no me lo creo. A ti no se te escapa una. De pronto se oy6 un portazo seguido de un sordo retumbar en la escalera, como si un pe- quenho hipopétamo la estuviera bajando a trompicones. Ahi llega Tomas -anuncid Lucia. Y, en efecto, a los pocos segundos aparecio cl nifio muy sonriente. Salté los dltimos cinco es- calones con cara de Tarzan y aterriz6 junto a los pies de Rosaura, “Vaya, estas animado esta manana co mento la portera, 21 Peiba 7 9p —Siempre estoy animado los sabados por la mafiana -dijo el nino. —dHas dormido bien? —pregunté Lucia con retintin-. {No has tenido pesadillas? ~—Pues no, para que te fastidies —contesto él dedicandole a Lucia una de sus muecas més horribles—. He sofiado con los angelitos. — Con los angelitos o con las Camilitas? ~dijo la nifia. A Tomas se le caia la baba cada vez que veia a Camila, y Lucia no perdia oca- sion de tomarle el pelo por ello. La portera solté una de sus ruidosas carca- jadas, y el nino las miré a las dos con expre- sién feroz. —Ya podéis reiros -dijo poniéndose rojo hasta la punta de las orejas-. De mayor me casaré con ella. Y no sé si os invitaré a la boda. —Pues tu novia acaba de salir en este mo- mento —coment6 Lucia conteniendo la risa~-. Y, por cierto, estaba guapisima, zverdad, Rosi? —Y¥ que lo digas -convino la portera—. Pa- recia la portada de una revista del coraz6n. Tomas corrié hacia Ia puerta y miré a de- recha e izquierda; pero su adorada ya no estaba a la vista. Lucia fue junto a él y le dijo: 22 -~Anda, acompafiame a comprar el pan. -~-No deberia, por meterte conmigo. ~—No te quejes, que anoche te dejé desvalijar la nevera, a pesar de las advertencias de cu madre. — {Desvalijar la nevera? |Qué morro! jSi solo me dejaste hacerme un bocata! —Si, solo un bocata, con una barra de cuar- to entera y medio pollo con mayonesa. —EI pan se pone duro si no te lo comes el mismo dia. Esta feo desperdiciar comida. —Si, si, th cébate bien cebado y veras qué contento se pone el sefor Lucarda -comenté Lucia echando a andar. —jTe tengo dicho que no me lo menciones! -exclam6 Tomas yendo tras ella. -—Esta bien; si no quieres que te lo mencio- ne, no te contaré lo que me ha dicho Rosi. —jCuéntamelo! — Me Ilevaras la bolsa del pan, como un perfecto caballero? —Eres una vil chantajista... Esté bien, esra bien, te Hevaré la bolsa. —Pues resulta que ayer Rosi estuvo en su casa, 23) SPelusa 7 9 —¢De verdad? {No te lo estas inventando? ~pregunté el nino con los ojos muy abiertos. —Te lo prometo. El sehor Lucarda quiere que Rosi le haga la limpieza una vez a la serua na, y le estuvo ensefiande la casa para decirle las cosas que no tiene que tocar. ~—Pero las sefioras de la limpieza lo tocan todo. —Normalmente, si; pero por lo visto él tiene algunas cosas que no quiere que nadie toque. — (Como qué? —Como un atatid. —jAnda ya! jEso no me lo creo ni harto de chocolate! —exclamé Tomas, aunque por la ex- presién de su cara se veia que no las tenia todas consigo. —Bueno, no es un atatid con una cruz en- cima y todo eso; pero es un cajon grande y alargado en el que cabe un cadaver. Si no te lo crees, pregintaselo a Rosi. —¢Lo ves como yo tenia raz6n? No me negarés que es todo muy sospechoso, sobre todo que le diga a Rosi que no toque ese cajon. A lo mejor no es un sacamantecas, sino un vampiro. 24 ——O las dos cosas. Primero te chupa la san- gre y luego te saca las mantecas -dijo Lucia dandole un pellizco a Tomas en el michelin. —Si, ti riete, pero te advierto que los vam- piros prefieren a las chicas. a5 Dascurs de comer, Tomas Ilamé a Lucia por el balcén. El nifto vivia en el segundo derecha, y su habitacidn quedaba justo encima de la de su amiga. ~~ {Qué quieres? ~pregunté ella asomandose. ~-Velar por tu seguridad -contesté el nifio-. Sube a ver una pelicula. —Estoy leyendo -replicé la niia. ~-Es una pelicula antigua, de esas que a ti te gustan tanto. ~~¢Muda? ~Casi. Hablan muy poco, al menos en el trocito que ya he visto, ~ {Qué pelicula es? Drdcula. Y el que hace de vampire es un tal Bela Lugosi -contesté el nino leyendo el nombre en Ia caja de la cinta. -—Vale, ahora subo. 26 27 Los padres de Tomas estaban durmiendo la siesta, como solian hacer todos los sdbados, asi que los nifios disponian del salon y el televisor para ellos solos. A Lucia no le gustaban las peliculas de te- rror, pero tuvo que reconocer que aquella era muy buena. Las imagenes en blanco y negro eran impresionantes, sin necesidad de sangre ni violencia, y sugerian un ambiente misterio- so en el que todo era posible, como si de un suefio se tratara. «Es como la pesadilla de un poeta», estuvo a punto de decir la nifia, pero se corté por miedo a las burlas de Tomas, que siempre la estaba Ilamando cursi, redicha, marisabidilla, repelente y cosas por el estilo. —No me negards que se parece al sefior Lu- carda -dijo el nifio parando la pelicula en un primer plano de Bela Lugosi. El famoso actor hangaro, muy convincente en su papel de Dracula, parecia querer taladrarlos con la mi- rada. —Es verdad -admitié ella-. Sobre todo en los ojos. —Y que lo digas. Miran de la misma ma- nera. 28 Prlisa 7! 2 —El sefor Lucarda tiene la cara mas alar- gada y es mas guapo; pero, desde luego, se pa- rece a Lugosi. —lIgual es un descendiente suyo, y por eso también es vampiro. —Cémo te pasas -le reproché Lucia~. En primer lugar, el sefior Lucarda no es ningan vampiro. Y en segundo lugar, Bela Lugosi tam- poco lo era: simplemente hizo el papel de Dracula como podia haber hecho el del capi- tan Garfio. También Brad Pitt ha hecho de vampiro en una peli, y eso no quiere decir que lo sea. —Pero a ti no te importaria que te diera un mordisquito, jeh? ~bromeé Tomas. Sabia que Pict era uno de los idolos cinematograficos de Lucia. —Deja de decir tonterias y pon en marcha el video -dijo ella amagando un cachete que él esquivé rodando hacia el otro extremo del sofa. El nifio le dio al play y Dracula volvié a moverse por la pequefia pantalla, siniestro y majestuoso como un auténtico principe de las tinieblas. —Para que ce enteres, no es lo mismo -in- a9 5/7) Pe, USA sistié el nifio-. Bela Lugosi estaba tan com- penetrado con su papel de Dracula que dormia en un atatd, y cuando murié pidid que lo en- terraran con su capa de vampiro. -—¢Como lo sabes? —Me lo ha dicho mi madre, que sabe mu- cho de cine antiguo. Tomas Ilamaba -cine antiguo- a todas las peliculas anteriores a La guerra de las galaxias. —Aunque asi fuera, no creo que el sefior Lucarda sea descendiente de Bela Lugosi. — Por qué no? Se parece mucho a él, y su apellido también empieza por «Lu», y ademas suena a hungaro. --A mi me suena mds a italiano —replicod ella-. Y déjame ver la peli, plasta. ~-Si, pero fiyare bien em codo lo que dicen qué hay que hacer para librarse de los vami- piros. Podrias necesitarlo antes de lo que piensas... Lo nico nuevo que aprendieron viendo la pelicula fue que habia una planta Hamada