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MUJERES, CUOTAS Y CIUDADANIA EN BOLIVIA Maria Lourdes Zabala Canedo La Paz - Bolivia PRESENTACION La implementacion en Bolivia de acciones afir- mativas o discriminacién positiva hacia las mujeres es bastante reciente. Una de las acciones vinculadas con este proceso ha sido la aprobacién de la Ley de Cuotas (8 de marzo de 1997) incorporada en las reformas a la Ley Electoral debatida en nuestro pais entre 1996 y 1997, y que recoge preocupaciones y propuestas de mu- jeres que desde anos anteriores reconocian esta ne- cesidad La ausencia de mujeres en espacios de poder, no es s6lo un problema que se presenta en Bolivia. Es un pro- blema que afecta s todos los paises de la regién, donde a pesar de Ia ratificacién de la Convencién Contra toda Forma de Discriminacién hacia las Mujeres. persiste la exclusion y discriminacién de las mujeres en la toma de decisiones y el ejercicio del poder politico estatal En nuestro pais, los resultados obtenidos a partir de la aplicacién de la ley han generado debates entre mu- jeres del movimiento a favor y en contra, sin embargo, es un hecho que, tanto el proceso de negociacién como la implementacién misma de la Ley, supusieron un re mezon del sistema politico y una presencia ptiblica de las mujeres con su propuesta incidiendo fuertemente en fa poblacién y los medios de comunicacion Estos resultados fueron posibles gracias al disenio e implementacion de una estrategia de negociacién y pre sién politica, a la coincidencia de objetivos y militancia feminista 0 de género entre mujeres de partidos politicos, de diversas expresiones del movimiento de mu jeres, de organizaciones e instituciones de la sociedad civil afines al tema y a la coordinacién con la ex Sub- secretarfa de Asuntos de Género. E! Foro Politico de Mujeres que surge en La Paz du- rante el afio 1996 al calor de las mouilizaciones gene- radas a partir de la convergencia de objetivos e intereses reflejados también en mujeres de todos los de- partamentos del pais, fue a la vez el instrumento que hizo posible la aprobacién de la Ley de Cuotas. Es necesario rescatar que el Foro también surgid de una iniciativa desplegada por la ex Subsecretaria de Asuntos de Género (actual Direccién General de Asuntos de Género), en coordinacién con el entonces Comité de Enlace Nacional Post-Beijing. E! docmento que se presenta en esta oportunidad. es resultado de un trabajo desarrollado por Maria Loures Zabala, ex Diputada Nacional en Ia gestién 1993-1997, integrante del Foro Politico de Mujeres. quien por encargo de la Coordinadora de !a Mujer ha realizado una sistematizacién de esta experiencia con- tando para ello con los importantes apories de Ivonne Farah. Elizabeth Iniguez de Salinas. Raquel Romero, Diana Urioste, Monica Beltran de Gemio, Zulema Alanes e Ilse Zuleta, todas ellas también miembros del Foro Politico de Mujeres. La elaboracion y publicacién de este documento se realizd gracias a la cooperacién de UNICEF. Queremos con este documento dejar constancia de lecciones pedagégicas que inspiren futuras luchas y con- quistas del movimiento de mujeres bolivianas COORDINADORA DE LA MUJER INTRODUCCION Luego de un accidentado proceso de transicion de go- biernos dictatoriales hacia un orden de derecho, desde hace poco mas de década y media. Bolivia reclama para si el titulo de pais democratico. Su (re)-encuentro con la de- mocracia a partir de 1982 significa, en ese orden de cosas, mas que el alejamiento de gobiernos dictatoriales, el inicio de un nuevo ciclo politico/estatal en el que se instala una democracia de corte liberal. Los rasgos caracteristicos de este periodo revelan la presencia de un sistema de partidos politicos que logra po- sicionarse como actor central de la mediacién entre el Es- tado y la sociedad, desplazando a sus sustitutos de corte corporativo, encarnados tanto en el sindicalismo de la Cen- tral Obrera Boliviana (COB) como en las Fuerzas Armadas. propios del ciclo nacionalista. Como corolario se. ins- titucionalizan las reglas del juego democratico que norman los modos de asumir la titularidad del poder: elecciones y al- ternabilidad gubernamental. Desde entonces se despliega una cultura politica que favorece Ics acuerdos y los pactos que hacen posible la go- vernabilidad. quedando como caracteristica del pasado la practica del enfrentamiento y el antagonismo andmico. Ademas se desdobla el espacio publico con actores sociales cuyas identidades revelan inquietudes que hacen a zonas de conflicto e interés étnicos-culturales, regionales o de género que ya no pueden ser subsumidos o contenidos en la dinamica del movirniento sindical, como sucede en Jas dé- cadas pasadas La década de los 90's, por su parte, inicia en Bolivia un periodo de crisis o debilitamiento de la democracia en el que se constata ia necesidad de profundas reformas ins- titucionales que promuevan la modernizacién de las es- tructuras del Estado y del sistema politico, en un intento por remontar el déficit de representatividad de las ins- tituciones de la democracia. Particularmente se busca corre- gir el precoz deterioro del sistema de partidos, ampliar el ejercicio de la ciudadana y dotar a la democracia de una base social que restaure su legitimidad. No obstante, en estas profundas reformas institu- cionales y legales propias de un proceso que un autor ha identificado como de consolidacién democratica,! las mu- jeres, como es una larga tradicién, parecen estar tambi largamente ausentes. Como todas las estadisticas confi man, la democracia por la que han luchado con impor- tantes rasgos de protagonismo, no las contempla ni en su dimension genérica ni en sus exigencias ciudadanas. En este devenir de afios, el proceso electoral nacional que culmina un primero de junio de 1997, podria pasar como uno mas en la historia democratica politica del pais, de no mediar dos hechos que lo hacen substantivamente distinto: por un lado, la eleccién de los diputados/as uni- nominales y por otro, las Cuotas de participacién femenina del 30%, La primera medida intenta reconciliar a la repre- sentacién politica con sus electores, mientras que la se- gunda constituye un mecanismo de accién positiva que ge- nere condiciones mas equitativas para que las mujeres superen su marginalidad en las esferas publico-politicas. En este trabajo, buscamos reconstruir la historia de las Cuotas sancionada en el Parlamento boliviano en marzo de 1997 y aplicadas en las Elecciones Generales de junio de ese mismo aio Iniciamos el trabajo con una breve exploracién tedrica relativa al nexo entre ciudadania y demandas femeninas, porque entendemos que nuestra indagacién requiere, en una visién mas amplia sobre el tipo de politicas y legislacion que exigimos las mujeres, develar el debate conceptual sub- yacente a la propuesta de las Cuotas. 1 Una lectura sobre el tena la encontramos en el texto de Mayorga, René. "Reforma politica y problemas de la consolidacion democratica” en "Opiniones y Andlisis", La Paz, Noviembre de 1995. Luego, en los capitulos siguientes nos introducimos de lleno en el proceso que culmina con la aprobacién del sis- tema de Cuotas. Somos conscientes que este itinerario nos obliga, en primer lugar, a recurrir mas que a una narracion cronoldgica y lineal de los hechos, a identificar el contexto y los momentos en que las mujeres se plantean este ob- jetivo. En segundo lugar, hallamos necesario correlacionar este proceso con los antecedentes mds proximos que dan intelegibilidad al proceso Hablar de pasado mas inmediato, aquel que se con- funde con el hoy y que no ha desplegado todas sus con: secuencias es una tarea compleja y dificil, pues no siempre es posible guardar la distancia que una lectura positivista exigiria, entre el objeto de conocimiento y el sujeto que in- vestiga. Mas todavia cuando se es participe de los eventos que aqui se narran. Esperamos sin embargo que las paginas que se presentan a continuacién sean capaces de rescatar las voces, los esfuerzos y las motivaciones de todas quienes bregaron por lograr que las mujeres bolivianas avancen un paso més en la construccion de su ciudadania LA CIUDADANIA COMO PROBLEMA Las exploraciones tedricas relativas a la ciudadania de las mujeres 2 han puesto precisamente en evidencia las {i mitaciones de una concepcién liberal de ciudadania que se funda en la distincién irreductible de lo ptiblico y de lo pri- vado. Al privilegiar, en el derrotero de la constitucién de la ciudadania, la esfera de lo publico, donde habitan los va- rones portadores de valores generales y universales, el pen- samiento liberal deja al margen a las mujeres, seres do- meésticos relegadas al mundo privado y presuntamente carentes de los atributos que calificaban a sus homdlogos como exclusivos y excluyentes titulares de la ciudadania. El pensamiento clasico liberal asume como principio irrefutable de su teoria, la universalidad de la ciudadania en tanto condici6n extensible a todos los individuos mas alla de cualquier especificidad o diferencia. Sin embargo, y es aqui donde radica el nudo del problema, la misma nocidén que proclama la igualdad para todos y ofrece los mismos de- rechos legales y politicos con independencia de la riqueza, el status, la raza o el sexo, nace omitiendo a las mujeres y a otros colectivos sociales. La larga lucha por el sufragio fe- menino que emprenden las mujeres europeas y nor- teamericanas de principios de siglo, es un nitido testimonio de aquella fallida universalidad liberal y del ambiguo status de ciudadanfa que, bajo su manto, ostenta el mundo feme- nino. Si bien las luchas sufragistas del pasado lograron des- bloquear la restringida ciudadania que pesa sobre im- 2. En esta parte nos basames principalmente en. Castells, Carmen (comp } Perspectivas Femunistas de Teoria Politica, Barcelona, 1996, Phill Anne, Género y Teoria Democrético, México, UNAM, 1996 y Vargas, Cludadania, Lima, 1997 (ms) portantes sectores de la poblacién, entre ellas las mujeres, lo cierto es que las demandas de igualdad, al constituir un item pendiente de las promesas incumplidas de la mo- demidad, no logran, en cambio, dar cabida a los intereses de las mujeres. El principio de igual tratamiento para todos sin dis- tincién de sexo, status o raza, tiene un efecto perverso al homogeneizar a la poblacién, obviando las particularidades de los sujetos y desconociendo los obstaculos y barreras ins- taladas en la sociedad que impiden el acceso a una plena ciudadania. Es asi que aquel postulado de igualdad for- mulado en abstracto significa, a la postre, una nueva forma de perpetuar la discriminacion y exclusién de las mujeres de la ciudadania. Tal sucede porque a titulo de pensar en un ciudadano abstracto y sin diferenciacién genérica ni de otra naturaleza, éste opera legitimando un modelo de ciu- dadania que Unicamente recoge las particularidades del sexo historicamente dominante en el espacio de lo publico. Anne Phillips, recogiendo esta certidumbre. insiste en que: "lo que al principio parecia una ausencia (la de las mujeres de la ciudadania) se convierte, ante un examen mas minucioso, en una presencia no di- cha pero poderosa. Bajo el disfraz aparente de inocente neutralidad de género, la masculinidad ha definido los términos. Los teéricos politicos han Hevado a cabo su oficio en términos que de- liberadamente se abstraen de la nimiedad de la vida cotidiana, o los accidentes de género o clase, pero al hacer asi han tomado un solo sexo como standard, obligando al otro a conformarse o a ser condenado". 3 De hecho, esta reflexién plantea la actualizacién de una vieja tension entre el principio de la igualdad y el de- recho a la diferencia, entre la universalidad (lo publico) y particularidad (lo privado). Hay varios problemas en re: lacién a esta cuestién. ;Cdmo sortear la ideologia igua- litarista que promueve la equiparacién de las mujeres a los hombres, sin caer en un reduccionismo masculino? ; Como evitar que la propuesta de igualdad no se constituya en una 3. Phillips. Anne. op Cit p 16 via de asimilacion al modelo hegeménice masculino, sa- crificando la especificidad de la identidad femenina? ;Qué hacer para evitar que el igual trato a hombres y mujeres no termine significando que las mujeres sean asumidas como hombres? O, por el otro lado, ,cémo evitar que cuando hombres y mujeres son asumidos como diferentes. no ter- mine la imagen del varén erigiéndose como estereotipo hu- mano respecto del cual la mujer es una desviacién? ¢COmo compatibilizar el valor universal de la ciudadania con una experiencia de vida sexualmente diferenciada? El problema radica en la incapacidad de la teoria clasica liberal para trascender el modelo masculino que, a titulo de una ciudadania abstracta, reafirma su presencia, en desmedro de la visibilidad femenina. Por lo tanto, una nue- va forma de encarar la ciudadania pasa por poner, ini- cialmente, en evidencia su supuesta neutralidad y, pos- teriormente, abandonar la busqueda de una abstrac: para admitir que hay hombres y mujeres y a partir de esta constatacién construir una concepcién de “ciudadania dife- yenciada” que permita dar relevancia y significado a las es- pecificidades que las mujeres portan en sus vidas cotidianas y que el liberalismo sabe declararlas politicamente irre- levantes. Apelando a Chantal Mouffe, coincidimos en que: "Hoy, ya no es posible aceptar una concepcién de la ciudadania de tipo liberal, esto es, que implique una esfera de lo piublico basada en un uni- versalismo abstracto, dado que ella reenvia las diferencias 0 particularidades a la esfera de lo pri- vado” 4 Esta perspectiva tedrica que enfatiza la diferencia sexual como principio que organiza la sociedad dividiendo genéricamente el Ambito publico y privado, tiene la virtud de reconocer y visibilizar la experiencia de las mujeres elimi- nada de la definicién y construccién de la ciudadania y del ambito puiblico, por una vieja adscripcion patriarcal que re- cluye lo femenino a la esfera de lo privado, lo particular y lo no generalizable. Este cambio de éptica permite asi mismo. reconceptualizar la democracia y ampliar la esfera de jo politico a ptiblicos heterogéneos portadores de diversos in- 4, Moutle, Chantal. "Ciudadania Democrética y Comunidad Politica’. en: Emesta Lacleu y Chanial Moulle Lo Democracie de Fin de Siglo. Asuncion, CDE, p 1992 tereses; antes que continuar concibiéndolos como una co- extension de las actividades y necesidades asociadas a los varones. Sin embargo de sus ventajas, esta propuesta también conduce a callejones sin salida. Una ciudadania pensada desde la diferencia que tiene la capacidad de articular la plu- ralidad de identidades y promover una democracia mas plu- ral, se enfrenta a su vez a sus propios riesgos, al enfatizar uno de los potos de una contradiccién casi insoluble. En este sentido, las posturas que despliegan una visidn critica a esta posicién, advierten sobre el peligro de promover un modelo de ciudadania “de enclave" que termine aislando a las mujeres en sus propios territorios y fomentando una suerte de cooperativismo y esencialismo tan improductivo como incapaz de interactuar con otros actores sociales. Otras aproximaciones al tema subrayan que poner siempre por delante la diferencia, lleva a recrear el dilema de los grupos subordinados a los que refiere Marta Lamas, cuando sefala que “ignorar la diferencia lleva a una falsa neu- tralidad, pero centrarse en ella acentda el estigma de la diferencia"’§ Mas alld de tornar partido por una u otra perspectiva, al punto que ambas se tornen excluyentes, el reto parece radicar en la posibilidad de construir una nueva concepcién de ciudadania y democracia en la que la diferencia sexual sea ampliamente reconocida, pero al mismo tiempo, de lugar a afirmar el principio de igualdad, no ya como un ins- trumento de dominio sino como una base para participar y construir un nuevo orden democratico. En suma, se trata de evitar caer en la tentacion liberal de reeditar una falsa homogeneidad entre ciudadanos y ciudadanas, sin re- nunciar a la igualdad. Principio que debe ser entendido como un escenario de despliegue democratico que permita a hombres y mujeres, prescindiendo de su sexo, decidir y participar qua iguales en las diversas esferas de la vida so- cial, politica, cultural y econémica de un pais. La tarea de reinventar una nocion de ciudadania abar- cadora y comprensiva que logre reconciliar ambas_ pers- pectivas, supone, por un lado, tomar en cuenta las pode- 5. Lamas, Martha "Democracia e Igualdad Politica y Diferencia Sexucl”, Disensos N°. 35, s.p.i rosas afiliaciones que marcan la vida y las expectativas de los individuos y que derivan en identidades diversas, y por otro, asumir que centrarse exclusivamente en identidades particulares, de mujeres o de hombres, u otras categorias especificas, tiende a menoscabar la democracia y empo- brecer la concepcién de ciudadania. Asi lo entiende una vision desde el feminismo, cuando sostiene que: “uno de los principales problemas a Ia hora de de- sarrollar una perspectiva feminista de la de- mocracia es cémo resistir las presiones tendientes a subsumir a las mujeres bajo el genérico "hom bre", supuestamente neutral, sin por ello capitular a la estrechez de los simples intereses 0 ne- cesidades de grupo. O, por decirlo en otros tér- minos, écémo conservar una perspectiva de seres humanos que trabajan conjunta y demo- craticamente para lograr sus anhelos comunes, sin caer, al mismo tiempo, en la complacencia que ignora Ia existencia de desigualdades sis- tematicas entre grupos?"® A partir de ailé, se pueden identificar diversas aproxi- maciones y reflexiones tedricas en este intento de rein- ventar una ciudadania no excluyente, Hay quienes ensayan una propuesta de “ciudadania social” que asume la exis- tencia de diversas identidades, intereses y subjetividades, producto de una miltiple insercién en las relaciones so- ciales, pero que reconoce al mismo tiempo, que estas es- pecificidades que cruzan la vida de tos sujetos y determinan diferentes posicionamientos, no se agotan en una inica identidad, ni ésta es fija y permanente en el tiempo. Ello significa no otra cosa que las mujeres, como colectivo, de- sarrollan junto a su especificidad de género otras iden- tidades, producto de su practica social, que orientan su accion apelando a otros intereses y subjetividades En esta perspectiva, se asume pertinentemente que: “todo el falso dilema de !a igualdad versus la di- ferencia se derrumba desde ei punto en que ya no tenemos una entidad homogénea "mujer" en: frentada a otra unidad homogénea "varén", sino 6. Philipps, Anne, op. cit. pdg 95 una multiplicidad de relaciones sociales en las cuales la diferencia sexual esta construida siem pre de muy diversos modos... Una vez que las identidades son puestqs en cuestién, la pregunta sobre si tenemos que ser idénticas a los hombres para ser reconocidas como iguales o la de si tie- nen que afirmar su diferencia al costo de !a iqual- dad, aparece sin sentido"? Este dilema de la igualdad / la diferencia, presente en los debates contemporaneos y cuyos desemboques tedricos reconocen sus matices, nos remite ciertamente a un nticleo duro que versa sobre la construccién de la democracia y su capacidad de articular la heterogeneidad social, las iden- tidades e intereses diversos que definen la vida de las mu- jeres y de otras categorias sociales. Chantal Mouffe, recoge esta preocupacién en su pro- puesta de una "radicalizacién de la democracia", apelando a la necesidad de articular las diversas identidades e intereses de los sujetos sociales, especificando que: "el tipo de ciudadania adecuada para la ar- ticulacién de esas demandas tiene que ser de na- turaleza pluralista, para asf permitir el re- conocimiento de las diferencias; no puede ser una idea universal, abstracta de ciudadania”.8 Mouffe, en este horizonte sugiere identificar un con- junto de “reclamos por derechos especificos para comu- nidades particulares"; esto es la posibilidad de identificar derechos no necesariamente universalizables, sino que pue- dan asentarse en el reconocimiento y afirmacion de las dife- rencias. Es en este itinerario, el de la afirmacién politica de derechos especiales o particulares, que se puede entender y valorar la participacion politica de las mujeres, asi como de otros sujetos sociales. No como una visién simplista desde donde reivindicar presencia femenina expresada en ma- yores 0 menores porcentajes, sino como una forma de posibilitar la expresion de nuevas identidades, derechos, de- mandas e intereses. 7. Gitado en Vargas. op. cit. 1997 8. Para un desarrollo sobre el tema de la ciudadania politica y la articulacién de derechos particulares en el marco de un proyecto democratico radical, ver Mouffe, Chantal, op. cit. 10 AL ENCUENTRO CON LA CIUDADANIA En Bolivia, la participacién politica electoral de la mu jer data recién de mediados del presente siglo. La medida se inscribe en el marco de la Revolucion Nacional de 1952 y tiene como antecedente mas lejano, la historia de las lu- chas de las mujeres desde principios de siglo por conquistar la ciudadania. En este plano, el hito mas importante lo constituye 1947 cuando muy pocas mujeres, las que per- tenecen al privilegiado y escaso mundo de las que saben leer y escribir, tienen su primera experiencia en la cons- titucién del poder publico, accediendo sdlo al derecho a voto en los comicios municipales.? De tal suerte, es la eclosion de 1952, con el voto uni- versal, la que abre formalmente las compuertas de la ciu- dadania politica a las mujeres, independientemente de su condicién social, étnica 0 econémica, aunque quedan im- pasibles y sin poder conmover todas las barreras que re- cortan desde antafo su capacidad ciudadana. En el fondo, la gesta revolucionaria instaura un estilo politico-cultural donde no reconoce a las mujeres como potenciales por- tadoras de la titularidad del poder, mientras que sdlo su ap- titud para servir como masa electora se hace constitu- cionalmente manifiesta. De tal manera, parece natural que cuando la (re)conquista de la democracia y su lenta consolidacién (1982-1998) sacude al pais, se haga patente esta per- sistente como antigua omisién de las mujeres de los lugares de poder piiblico. Tal es asi, que aun cuando la Cons- titucién Politica del Estado aprobada en julio de 1961 y. 9. En la Constitucién Politica del Estado de 1945 se reconoce el derecho de las mujeres de elegir y ser elegidas al igual que los varones, pero anicamente para la formacién de los Gobiernos Municipals. 11 desafian al Estado como unico referente de Poder. De tal manera, que una vez restablecida por el feminismo la vin- culacién entre estos dos espacios ptiblico y privado, que en su tradicién griega y mas antigua convivian como dos es- feras auténomas, lo privado logra trascender su caracter ahistorico y atemporal y visibilizar relaciones de poder ge- néricas que se extienden y permean al conjunto de la so- ciedad. Es asi que la politica, descubre para si aquel espacio privado, el de los micro poderes, de la cotidianidad y de los intercambios (inter) personales donde se tejen y develan re- laciones asimétricas y perpettian la discriminacién de la mujer El lema de lo “personal es politico”, que se difunde profusamente en esos afios, expresard muy bien este nuevo énfasis, que tuvo la virtud de dislocar la nocién de poder an- clada en el Estado para reencontrarla en la vida cotidiana, validando con ello nuevos 4mbitos para el quehacer y trans- formacién politica. Si bien este nexo entre lo publico y pri- vado que el movimiento supo recuperar, permite pensar la democracia boliviana a partir de nuevos conflictos (ras alla de los de clase, etnia u otros) y exponer a la mirada ptiblica nuevas actoras con demandas y necesidades particulares, lo cierto es que este aporte resulta insuficiente. Traducir las re- laciones de desigualdad recientemente descubiertas en de- mandas al sistema politico, en temas de agenda ptblica do los partidos o permear las politicas ptiblicas con estas exi- gencias, resultaba, en ese momento, aun lejana. Por ello no debe llamarnos la atencién que en las es- trategias del movimiento desplegadas en estos afios en Bo- livia estuvieran relativamente ausentes salvo, algunas excep- ciones, la necesidad de interactuar y desarrollar relaciones més fluidas con el sistema politico y a depositar en él, como interlocutor, los intereses de equidad de las mujeres bo- livianas. Y es que el sistema democratico y su formalidad institucional aparecen para el movimiento de mujeres como un telén de fondo, sobre el que es posible actuar solo para recordarle su incapacidad para recoger las voces de las mu- jeres y desarrollar una abundante critica sobre su ejercicio patriarcal del poder, anclado en el dominio y el silencio de los otras/os. Despejando cualquier lectura linea! de lo anterior, en rigor, no es que ja democracia como valor y aspiracién es- 14 tuviera ausente de su horizonte referencial; al fin y al cabo muchas mujeres feministas como militantes de la izquierda, formaron parte en los 70s del impulso antidictatorial de la época y participaron activamente a principios de los 80s en las luchas por instaurar un orden de justicia y de dere- cho. El hecho esté en cémo se concibe la democracia. Visto desde esta perspectiva, la democracia solo pa rece adquirir sentido cuando puede concebiyse como un ejercicio desde abajo, desde las bases, como un despliegue que trasciende las fronteras publicas e invade los recodos donde se ocultan los nudos de la subordinacién de las mu- jeres, pero también de otros sectores sociales. En suma, como una democracia participativa mas que representativa que avanza mas alla de los limites de su propia formalidad. Cabe ademas insistir, en los resabios de una cultura del en- frentamiento, del todo o nada que se inspira en las matrices ideoldgicas de la izquierda y de las cuales son tributarias muchas mujeres del movimiento, que logran inhibir sus po- tencialidades para negociar y afirmar sus demandas en un escenario politico donde se dirimen o buscan resolver las rencias. Finalmente, explica la dindmica autocentrada y de- fensiva que acentiia la débil interlocucion del movimiento con el Estado la urgencia de cuidar autonomias y preservar tervitorios propios, el convencimiento de fortalecer com- plicidades entre y de mujeres para enfrentar los pocleres pa- triarcales y jerrquicos. Como hemos adelantado, este imaginario no pudo mantenerse intacto por mucho tiempo. A principios de los 90s. coincidente con un periodo de afianzamiento de la de- mocracia y cambios y transformaciones institucionales en el pais. se produce en el movimiento de mujeres un notorio proceso de transicién e inflexién.'2 Este ingresa a dialogar con el espacio puiblico/politico, desafiando su pasado y 12, En el Segundo Encuentro Feminista se puede percibir como en el discurso de las mujeres se va instalando una nueva Yoglea que mira al ejercicio del poder. mo una exigencia, En el se afirma aunque todavia timidamente, la necesidad de trascender "esos micro poderes a! espacio de! macro poder, al espacio de las posiciones. oi espacio donde es posible decidir cosas para nesotras y también pars el conyunto de la sociedad. Eso supone a nivel de fa politica, por ejemplo tener presencia, acceder y democratizar (..) ef acceso al poder piiblico y tener presencia en el mundo piblico (...) en las instancias donde se deciden politices concretas y ahi plontear 15 ejercitando su capacidad de negociacién e interpelacién con el sistema democratico. A partir de alla, el movimiento de mujeres en sus expresiones individuales en ejercicio de la gestion estatal, insistira en la necesidad de nutrir, con prio- ridades de la agenda del movimiento, el contenido de las politicas publicas.13 Se interpelard, asimismo a la de- mocracia, interrogandola sobre su incumplida promesa de igualdad politica. En esto, el punto de partida mas obvio, no es solo la reiterada constatacién de la deficitaria repre- sentacién de las mujeres en los organismos de poder, sino el desafio por estrechar las brechas de aquel desequilibrio con mecanismos y estrategias que ensanchen la par- ticipacion politica de las mujeres. El resultado de esta nueva sensibilidad que deja atras la mera critica y denuncia, per- mite pasar al movimiento, a un escenario de propuestas y acciones, de protagonismo en el disefio de un orden de- mocratico que pretende ser abarcador tanto en la diferencia como en la igualdad. nuestros posiciones y nuestras propuestas" (Memoria, 1991: 68) Si bien se introduce el tena, no surge de este Encuentro todavia una estrategia clara que alirme esta “voluntad de poder" Por cierto, una vez que asuimimos al movimiento como un colectivo heterageneo, diverso, contradictorio de actoras y subjelividades, no es posible hablar de una visién unica y monolitica al respecto. sin embargo, lo que aqui tratamos de rescatar son las sensibilidades ms explicitas y evidentes ve influyen en el movimiento. 13. Un hecho que puede ilustrar esta experiencia inicial, es la presencia de mujeres con importante trayectoria en el movimiento que ingresan en el Estado, para impulsar desde alli politicas de equidad de género. La creacién del Organismo Nacional del Menor, Mujer y Familia (ONAMEA) (Dic. 1992}, la elaboracion de Propuestas de Politicas Sectoriales para la Participacion de la Mujer en el Desarrollo (Coordinadora de la Mujer) (Marzo, 1992), entre ‘otras, son la expresién mas nitida de aquello, Posteriormente, a partir de la Ley de Reforma del Poder Ejecutivo (1993) y como parte de la Secretaria Nacional de Asuntos Etnicos, de Género y Generacionales, se crea la Subsecretaria de Asuntos de Género (SAG) (1993) como una instancia normativa de politicas para institucionalizar la perspectiva de género; recluta en su seno personal especializado, que leyos de provenir del o los partidos gobernantes, son mtegrantes y activas militantes del movimiento de mujeres, con amplia experiencia en ONGs 16 REFORMAS Y MODERNIZACION DEL ESTADO EN BOLIVIA: iY LAS MUJERES? Inicialmente, es preciso sefalar que el disefio de las re- formas institucionales y legales, implementadas a partir de 1993 en el pais, que un autor identifica como propias de un proceso de consolidacién democratica,!4 no contempla en las lineas estratégicas de sus propuestas la equidad de geénero, tal como lo hace cuando recoge las demandas ét- nico-cultural en las reformas a la Constitucién Politica del Estado de agosto de 1994. Como es una larga tradicion del pensamiento y practica politica y constitucionalista bo- liviana, el debate sobre la institucionalizacion de la de- mocracia transcurre en el pais como si las mujeres, pro- tagonistas activas de los procesos econdmicos, sociales y politicos no existieran, o en su defecto, cuando en ellas se repara es para recordarles su lugar y ratificar sus roles y es- pacios tradicionales Subsumidas en un imaginario genérico masculino, o mejor, invisibilizadas por una vision pretendidamente neu- tra y universalizadora del cual es tributario el sistema de- mocratico liberal cuya tradicién prescinde de todo el uni- verso de diferencias y desigualdades sociales, econdmicas, étnicas o de género: los intereses y necesidades de las mu- jeres carecen de relevancia para recuperarse en el diserio de las prioridades de refundacién y modernizacion del Es- taco boliviano Frente a esta omisién, por lo demas predecible, por supuesto que el desencanto no tiene lugar y aquel escenario se presenta para las mujeres como el mas apropiado para emprender las tareas de reconceptualizacién de la de- 14. Una lectura sobre el tema la encontramos en el texto de Mayorga, René. “Reforma poltica y problemas de la consohdacion democratica’ en Opiniones y Anahsis Nov. 1995. La Paz 17 mocracia y la politica, Es asi que entre una parcela del Es- tado representado por la SAG, expresiones del movimiento de mujeres, parlamentarias y mujeres militantes de partidos politicos, se cristaliza una nueva voluntad de poder para restituir en las reformas las voces y aspiraciones de la otra mitad de la poblacién En sintonia con otros actores/as sociales se despliegan en este periodo miltiples acciones orientadas a permear con sus demandas de equidad la agenda politica nacional. Las reformas juridico legales elaboradas en el marco de una nueva lectura del Estado versus la sociedad, se presentan como los horizontes mas inmediatos para desafiar un orden construido sin las mujeres. El lenguaje y su aparente neu- tralidad es un buen punto de partida. Refleja en realidad una asimetria entre los sexos que se da en la sociedad, la politica, y la economia y que luego se traduce en el mundo de las palabras. Asumiendo esta conviccién, se introducen por primera vez en los proyectos de Ley, la defensa del ge- nérico femenino, tratando de superar una visién an- drocéntrica que hace del hombre el paradigma de lo hu- mano y el sujeto simbdlico de los derechos de ciudadania. La Constituci6n Politica del Estado (1995) es un buen ejem- plo de ello Por su parte, la Ley de Participacién Popular y la Re- forma Educativa tributarias de aquellas reformas lingitisticas se constituyen a su vez en escenarios privilegiados desde donde se conquistan y plasman principios de igualdad entre hombres y mujeres. La redistribucion del poder y la pro- mocion de una ciudadania mas plena que hace explicita la ley de Participacién Popular, no puede excluir de su dmbito la referencia a la otra mitad de la poblacién. Asimismo “La Reforma Educativa”, que en su for- mulacion tiene el acierto de reconocer la heterogeneidad cultural y bilingiie del pais, no logra traducir en el texto, sino es a través de la actitud critica y vigilante de la Sub- secretaria de Asuntos de Género (SAG) y mujeres del Par- lamento, la realidad sexista y discriminatoria del contenido de la educacién en Bolivia. Por su parte, la Ley Contra la Violencia Intrafamiliar o Doméstica, que plasma un es- tado de dnimo de las mujeres de la sociedad civil, que reco- ge el bagaje de arios de trabajo de mujeres feministas y que se fundamenta en el compromiso que adquiere el Estado 18 Boliviano al promulgar (Octubre 1994) como Ley de la Republica la Convencién Interamericana para Prevenir Sancionar y Eliminar la Violencia contra la Mujer; es im: pulsada en esta coyuntura como una accién auténoma de mujeres que desde la sociedad civil, la institucionalidad del Estado y mas alla de la inteligencia politica encargada del disefio de las reformas, la imponen como un tema in- soslayable de la agenda publica, insistiendo en la necesidad de recuperar para la democracia los derechos humanos de las mujeres largamente conculcados e invisibilizados Si bien e! repertorio de acciones estatales que se des- pliega en este periodo en el pais en la biisqueda de equidad de género, es vasto y casi inédito y sin duda trasciende el estricto ambito juridico y legislativo para inscribirse en otras dinamicas y estrategias complementarias y mas abarcado- ras}5, e| Parlamento continua jugando un rol central en la traduccién de las demandas de las mujeres. Se constituye una vez mas en el escenario privilegiado desde donde las mujeres bolivianas intentan introducir mecanismos legales que permitan crear condiciones para potenciar y promover su participacién politica en la formacion de los poderes ptiblicos y de representacién Desde esta perspectiva. el tema de la escasa presencia femenina en la institucionalidad del poder se instala como un otro item que se actualiza y se abre lentamente paso en las reformas que tienen lugar en el Sistema Politico y Elec- toral. gracias a una conjuncién de energias que provienen de organizaciones femeninas de la sociedad civil y la vo- luntad y coordinacion de mujeres del Estado. Como es una larga y renovada constatacidn, a pesar de la contribucién de las mujeres a la reconquista de la de: mocracia, el sistema politico permanece inexpresivo ante lo que constituye enfrentar los rasgos y practicas patriarcales 15. Un actor de indudable relevancia en este proceso, constiluye la Sub-Secretaria de Asuntos de Género (SAG), desde donde se han conjugado una serie de iniciativas, planes, programas y actividades en diferentes Ambitos de la problematica de la mujer (Violencia, salud. participacién investigacion, educacién, comunicacidn). Estas estrategias tienen como eje fundamental a la SAG y sus politicas publicas y un movimiento de mujeres que potencia su accion desde la sociedad civil alimentada y enriquecida por et proceso de movilizacion que se despliega en torno a Beijing 98° 19 que marcan la composicién y los “asuntos” del poder. Por ello mismo, el tema de la desigualdad sexual en los ci- mientos de la representacion se reelabora en la agenda de las mujeres y emerge como.un filén desde donde reivindicar ciudadania para esta mitad de la poblacién El primer reto en esta direccién consiste en establecer la equivalencia entre democracia y representacion y entre democracia e igualdad de oportunidades. Olvidar esta vin- culacién equivale a tolerar y perpetuar la exclusion y mar- ginacion de importantes sectores de la poblacién que se ven privados de influir en decisiones que afectan al con- junto de la sociedad. Por otro lado, la relevancia de este he- cho se mide cuando se trata de reconocer que en mas de una década y media de democracia, el pais no logra supe- rar el déficit de representacién femenina en los niveles de decision politica nacional y regional. Una manifiesta expresion de esta brecha se puede ve- rificar tanto en el Poder Legislativo como en el Gobierno Municipal, lugares desde donde, al acceder por sufragio se representa al pueblo y se gestan importantes decisiones politicas, legislativas o administrativas; y ello solo para to- mar dos instituciones relevantes del sistema politico de- mocratico. Si desagregamos por sexo la composicion de cada Camara, Senadores y Diputados!6, y establecemos una relaci6n entre la diferentes Legislaturas observamos las enormes brechas genéricas que se abren en estos espacios. Para la gestion correspondiente a 1982-1985, la_pro- porcién de mujeres titulares en el Senado alcanza un 7.4% y en Diputados un 3.1%, dos y cuatro mujeres res- pectivamente. Para la siguiente Legislatura 1985-1989, no existe representacién femenina en et Senado y en la Camara Baja se repite el mismo porcentaje 3.1. El peso porcentual se modifica en el periodo 1989-1993, cuando el Senado acoge un 3.7% de mujeres (una sola mujer) y en la Camara de Diputados se registra el nivel mas alto de re- presentacion femenina, 10.8% lo que se traduce en 14 mu: jeres. En 1993-1996 se ratifican las tendencias y la 16. El Poder Legislatiwo esta conformado por la Camara de Senadores compuesta de 27 legisladores y la Camara de Diputados por 130 miembros. elegidos por una parte por lista cerrada junto con los candidatos a Presidente y Vice-presidente y ora por volo directo correspondiente a su cireunscripcion 20 Camara Alta replica su porcentaje de afos anteriores 3.7% y disminuye en Diputados alcanzando un 7.7%, esto es solo 11 parlamentarias. !7 En el ambito local se verifica similar situacion aunque se observa una proporcién mayor de mujeres en estos es- pacios de poder. Tomando en cuenta las gestion municipal de 1993 '8 se advierte un porcentaje de concejalas que al- canza como promedio un 12%, Luego de la promulgacion de la Ley de Participacion Popular (1993) y a pesar del principio de igualdad que ésta incorpora para democratizar el poder local. en los comicios municipales que se llevan a cabo en 1995 este porcentaje se reduce a un 8.49419. Asi mismo, en esta gestidn se cuenta con apenas 12 alcaldesas, to que equivale a un 3.8% de un universo de 314 mu- nicipios. 2° Si bien, estas brechas de participacién en el sistema politico nacional y local, no descubren ningtin elemento de sorpresa y solo confirman lo que el sentido comim permite observar, no por ello este deprimente panorama, deja de llamar la atencién. Mas de tres lustros de practica de- mocratica, cuatro cambios de gobiernos consiitucionales en el pais y el techo de participacién femenina en. el ejercicio del poder no logra sobrepasar corno promedio el 10%. Esta persistencia en las cifras que hace directa referencia a \a composicion de las asambleas electas, no es un hecho in- trascendente y menos todavia accidental La subrepresentacién de las mujeres en las esferas ins- titucionales del poder constituye a pesar de todo un tema 17. Datos extractados del Informe sobre el Avance de las Mujeres en Bolvia Comité Nacional Preparatorio de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer Ministerio de Relaciones Extenores y Cullo y Ministerio de Desartollo Humano. La Paz, Bolivia. 1994. No se analiza on esta parte el periodo legislative en vigencta (1997-2002) por cuante merece otro tratamiento que se realiza en posteriores capitulos, al haberse aprobedo la Ley de Cuotas del 30%. 18. En estos comikios se eligen a 13 concejales en cada una de las 9 ciuclades @@pitales de Departamento con un mandato de dos afos. 19. A partir de la promulgacion de la Ley de Participacién Popular las elecciones municipales se realzan toméndose en cuenta e] mismo numero de concejales pero con 311 municipios y una gestion que se amplian de dos a cuatro atios. 20. Estrada, Cecilia, "La mujer en el ejercicio del poder y la adopcién de decisiones y Mecanismos Institucionales para la Iguaidad en Bolivia’ Consultoria pare el Comité de Enlace Post Beijing. Cochabamba 1997 21 crucial para consolidar un proyecto de democracia con- sistente con sus postulados. El principio de justicia a que re- fiere la democracia, reclama en este sentido la defensa de una mayor paridad en el ejercicio de la politica y la posi- bilidad de ampliar y cualificar la representacion desde otras identidades, intereses, experiencias y necesidades El intento mas relevante de los Ultimos afos, para ha- cer efectivo el ejercicio de los derechos politicos de las mu- jeres, de ampliar su presencia publica en los niveles de toma de decisiones y de reconceptualizar la politica sin los prejuicios de género, se inscribe en la lucha de las mujeres bolivianas por introducir en el sistema juridico, un “Sistema de Cuotas” que garantice la inclusién de un porcentaje minimo de mujeres en los niveles de representacion del sis- tema politico formal (Parlamento, Municipios, Partidos Politicos). Este mecanismo de caracter transitorio2! cons- tituye una medida de “accién positiva” inspirada en la ne- cesidad de superar o corregir situaciones de discriminacién y en hacer efectivo el cumplimiento del principio de igual- dad de derechos entre hombres y mujeres consagrado en las leyes y en la Constitucién Politica del Estado Boliviano. En la experiencia de algunos paises latinoamericanos, el sistema de Cuotas ha sido introducido en las legislaciones nacionales para normar y regular los procesos partidarios (Ley de Partidos) caso Venezuela y Colombia y/o en las Leyes o Cédigos Electorales con el claro propésito de ga- rantizar porcentajes en las listas o planchas para escafios del Parlamento. Paises como Argentina (1991) que deciden incorporar una cuota del 30% en la Ley Electoral, muestran el impacto de esta medida al evidenciar un incremento de la representacién legislativa femenina de un 6 al 27% de mu- jeres. Brasil que sanciona una “Ley de Cupos” (1996) que obliga a los partidos politicos a reservar para las mujeres militantes el 20% de sus candidaturas para puestos de elec- cién popular, provoca una masiva como inédita afluencia femenina en la historia politica de ese pais. Mas de cien mil mujeres participan en lo que constituyen las ultimas elec- ciones municipales de este siglo. 21. Dado su carécter compensatorio, su vigencia se define como transitona, esto es hasta que “se hayan alcanzodo los objetivos de igualdad de oportunidad y trato" Asi lo define el texto de le “Convencién sobre la Eliminacién de todas las Formas de Discriminacién contra la Mujer” 22 Bolivia se inscribe en e] marco de estas experiencias democratizadoras que impulsan cientos de mujeres en la region. La cuota del 30% de participacién politica feme- nina. introducida en la Ley 1704 de Reforma a la Ley Elec- toral, Aplicacién del Articulo 60 de la Constitucién Politica del Estado y sancionada e! 18 de marzo de 1997, transita por los mismos derroteros. Impulsada por una amplia alian- za de mujeres ingresa en la economia juridica del pais como la primera medida de accién positiva que busca corregir la minoritaria presencia femenina en los espacios de poder politico y desbloquear una ciudadania circunscrita al status de simples electoras. 23 IV LAS CUOTAS: UN TEMA CONTROVERTIDO La estrategia de las Cuotas para lograr la participacion politica de las mujeres en puestos de decisién, es un tema controvertido, que no sdlo en Bolivia, sino también en aquellos otros paises donde se ha aplicado, ha suscitado cuestionamientos y adhesiones que han dividido las aguas, sin importar que se trate de hombres o mujeres, politicos simples ciudadanos. En este sentido se han desplegado ar- gumentos de todo tipo para rechazarlas e impugnarlas. Nos interesa en este capitulo recoger algunas de ellas, las que estan presentes en el imaginario y sentido comun de im- portantes sectores de la poblacién, desde un punto de vista que permita verlas criticamente.22 El tema de la restriccién a la libertad es uno de los nu- dos que se introducen en el debate, por cuanto las Cuotas incorporadas en la legislacion comportan un caracter coer- Citivo que limita las opciones de los partidos politicos y los ciudadanos/as. Si bien e! derecho a la libertad esta ga- rantizada por la normatividad juridica, se puede argtiir que para que la libertad se convierta en una practica y no solo un valor en abstracto, ésta debe ser promovida no sélo con la mera retorica, sino con la explicita voluntad de sortear todos aquellos obstaculos que impiden su ejercicio. En este marco, el sentido de obligatoriedad que recoge este mecanismo puede ser tacitamente comparado con otros mandatos constitucionales. De hecho, el ordena- miento juridico boliviano electoral prescribe la obfiga- 22, Esta es una reconstruccién de opiniones no sistematizadas pero que forman parte de un imaginario colectivo que a lo largo del debate de las Cuotas aparecen en Bolivia en los comentarios de prensa, en la calle, en los politicos tanto en los debates parlamentarios como mas informalmente en corrillos y pasillos de las Camaras de Diputados y Senadores. 24