¿Mantener o no mantener?

Este es el dilema que enfrentan los tenedores de deuda emitida por el

gobierno de Venezuela y sus entidades soberanas y casi soberanas, incluida la empresa petrolera

nacional PDVSA. El tema ha sido calificado de “dilema moral” por The Wall Street Journal, ha puesto

a Goldman Sachs en los titulares y llevó a un profesor de Harvard a pedir a los proveedores de índices

que excluyan a Venezuela de las referencias más usadas por los inversores.

Definida en forma muy sucinta, la pregunta es si se debe mantener un bono que se negocia con un

rendimiento muy alto y ha sido el de mejor desempeño este año en los mercados emergentes, pero

cuyo riesgo de default es considerable dado que Venezuela es cada vez más un Estado en decadencia

que ya enfrenta una enorme escasez, inflación desenfrenada, pobreza en aumento, hambre e

inestabilidad política.

En cierto nivel, este es tan solo el cálculo que enfrentan los inversores en bonos de mercados

emergentes y de alto rendimiento cuando consideran las oportunidades que ofrecen emisores de

baja calificación. En tales casos hay tres tipos de estrategias para los titulares de la deuda, y no

necesariamente excluyentes entre sí:

La primera se basa en el punto de vista de que el mercado refleja un riesgo soberano de default que

es excesivo. Adoptan a menudo esta consideración quienes creen que, por ser un productor de

petróleo que necesita mantener cruciales vinculaciones internacionales, Venezuela se esforzará

todo lo necesario para realizar el pago de los intereses de la deuda de los bonos globales que ha

emitido.

La segunda consideración está relacionada con la confianza en las habilidades de negociación –es

decir, la creencia de que los tenedores de deuda podrán obtener los altos rendimientos y salir de su

inversión antes de que el default se vuelva más probable todavía.

incluidos los niños.La tercera consideración se origina en el deseo de mantener los bonos durante un default. Al señalar el “dilema moral” que enfrentan los tenedores de deuda en bonos. pasan hambre”. y con la confianza de que se logrará un buen acuerdo posterior al impago. Al comentar la compra de Goldman Sachs. en particular los ciudadanos venezolanos. Bloomberg Markets señaló que la campaña del movimiento de los “bonos de hambre” ha “ganado ímpetu súbitamente”. Como ejemplo. cuyos elementos básicos muestran lo que motiva debidamente las inversiones socialmente responsables. pero “están también muy conscientes” de que el país “está paralizado por una crisis económica tan profunda que algunos de sus ciudadanos. el argumento ya no se relaciona con la calidad del crédito y la sustentabilidad. las consideraciones no comerciales se suman a las comerciales al juzgar lo apropiado de una inversión. Y en casos extremos. y podrían conducir a los proveedores de índices a excluir . The Wall Street Journal escribió: “Muchos de los inversores venezolanos lucran con bonos de su país”. En cambio. como el país representa 5 por ciento del índice y 20 por ciento de su rendimiento. aunque crean que es remunerativa y viable. Pero estas consideraciones no captan los temas más amplios. consideremos parte de la reciente cobertura de los bonos venezolanos por parte de la prensa. argumentó que. Al abogar por excluir a Venezuela del índice de mercados emergentes. por la titularización tanto implícita como explícita. tales preocupaciones podrían llevar a los inversores a evitar cierta inversión. Ricardo Hausmann. “invertir en el EMBI+ significa que usted se alegrará cuando los analistas de Wall Street informen que Venezuela está literalmente matando de hambre a su pueblo a fin de evitar reestructurar sus bonos”. un profesor de Harvard. Aquí.

entre ellos los relacionados con los productores de carbón. aunque califiquen según criterios comerciales ampliamente aceptados (como la capitalización de mercado). cuerpos asesores y proveedores de índices para llegar a una visión común y un enfoque colectivo. lo malo y lo feo. Es a ese nivel donde debe buscarse el equilibrio entre los factores financieros y los no comerciales. sea abierto y directo con sus clientes en las actualizaciones periódicas sobre cómo está combinando usted las consideraciones financieras con las no comerciales. los planes de pensiones y retiro. Mientras tanto.un conjunto de bonos. incluso respecto de lo que esto implica para su enfoque sobre Venezuela. es poco probable que veamos suficientes progresos en el corto plazo. evite lo más posible comprar bonos cuyos rendimientos en dólares podrían usarse para desarrollar un comportamiento socialmente represivo en ese país. Cuando tal decisión se deja a gestores de cartera individuales. las fundaciones y dotaciones universitarias. lo que abre potencialmente la puerta a controversias y hasta amenazas legales –un fenómeno que se manifiesta en diferentes grados cuando se trata de temas ambientales. otros inversores institucionales y los proveedores de índices. ponga mayor presión en los grupos sectoriales. En tanto un mayor esfuerzo en este aspecto se encuentra aún pendiente. Segundo. hay tres reglas simples que los gestores de cartera de mercados emergentes podrían querer considerar: Primero. si todavía se siente impulsado a aumentar sus tenencias venezolanas después de todo esto –y necesitará razones realmente fuertes para ello–. los resultados suelen ser una mezcla de lo bueno. tabaco y armas–. Tercero. en vez de hacerlo en el nivel de los gestores de carteras. . Un enfoque más adecuado es mejorar de manera urgente la gobernanza de este tema a través de decisiones transparentes por parte de las juntas directivas de los fondos comunes de inversión.

asertivas y transparentes en estos temas. Pero en el corto plazo.En el más largo plazo. Ya es tiempo de hacer que las estructuras de gobernanza sean más receptivas. sin duda hay desviaciones. Venezuela es un ejemplo. . los dilemas resultantes no deben dejarse solo a los gestores de cartera que entonces quedan atrapados entre una definición estrecha de su responsabilidad fiduciaria y temas más amplios legítimamente importantes. Y por su importancia. es probable que la mayoría de las inversiones socialmente responsables también se traduzcan en inversiones rentables.