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Revista trimestral publicada por la Unesco

Vol. XXXV I (1984),

n.° 3

Redactor jefe: Peter Lengyel Redactor jefe adjunto: AH Kazancigil Maquetista: Jacques Carrasco Documentación fotográfica: Florence Bonjean

Corresponsales Bangkok: Yogesh Atal Beijing : Li Xuekun Belgrado: Balsa Spadijer Buenos Aires: Norberto Rodríguez Bustamante Canberra: Geoffrey Caldwell Colonia: Alphons Silbermann Delhi: André Béteille Estados Unidos de América: Gene M . Lyons Florencia : Francesco Margiotta Broglio Harare: Chen Chimutengwende Hong Kong: Peter Chen Londres: Cyril S . Smith Mexico: Pablo González Casanova Moscú: Marien Gapotchka Nigeria: Akinsola Akiwowo Ottawa: Paul Lamy Singapur: S . H . Alatas Tokio: Hiroshi Ohta Túnez: A . Bouhdiba

Tema s de los próximo s número s L a epistemología d e las ciencias sociales Sistema alimentario Sociología de la educación

Los pasaportes, inicialmente

destinados a los

son hoy día imprescindibles para traspasar legalmente las fronteras. En la cubierta: u n sello colocado en la frontera suiza. A la derecha: u n

pasaporte siamés de 1891.

documentos

barcos, como su nombr e lo indica,

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REVISTA INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES

™° 6 2

LAS MIGRACIONES

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Tendencias

mundiales

101

Demetrios G. Papademetriu

Las migraciones internacionales en un mundo en evolución

431

Riad Tabbarah

El futuro d e las migraciones

internacionales

449

Corrientes regionales y nacionales

Aderanti Adepoju

Las relaciones entre les migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de África

467

Gabriel Murillo Castaño

Efectos d e la emigración y del regreso sobre los países :

de origen: el caso de Colombia

481

Oleg Ianitsky y Yanna Zaionchkovskaya

L a sociología soviética y las migraciones del camp o a la ciudad

497

Adaptación de los migrantes

Altan Gökalp

Los hijos de inmigrantes en Europa Occidental:

socialización diferencial y problemática multicultural

515

Adriana Marshall

Los trabajadores inmigrados y el mercado de trabajo:

un análisis comparativo

531

Anthony H.

Richmond

Adaptación y conflictos socioculturales e n los países

'

 

receptores de inmigrantes

551

Debate abierto

Josif Zhordania

La canción folklórica georgiana: orígenes, evolución y tendencias actuales

571

430

El ámbit o d e las ciencias sociales

Vincent Koe n

Del diletantismo a la enseñanza: el caso d e los economistas franceses (1758-1910)

585

Libros recibidos

595

Publicaciones recientes de la Unesco

597

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Las migraciones internacionales

en un mund o en

evolución

Demetrios G . Papademetriu

La economía política de la migración internacional

aborde el problema d e modo má s global y

dentro d e los contextos regionales, las respues- tas unilaterales a este complejo problema internacional han seguido constituyendo la pauta dominante. Como era de esperar, tales respuestas n o han alterado sustancialmente la

ni la dirección d e las corrientes

magnitud

referidas, ni han influido favorablemente en sus causas y consecuencias.

La migración internacional ha sido un compo- nente constante del panorama social, econó- mico y político del mundo . Después de siglos de movimientos demográficos internacionales

relativamente libres, el periodo posterior a la

primera guerra mundial vio los un esfuerzo concertado cada día mayor por con- trolar la inmigración e n los países industriales avanzados. A l concluir la segunda guerra mundial, se produjeron nuevos y densos desplazamientos de población, co n fre- cuencia a través de fron- teras nacionales recién creadas. E n la misma época, surgió una nueva forma de migración inter-

nacional hasta entonces poco conocida que obe- decía a la búsqueda d e trabajo, migración presuntamente temporal, frecuentemente es- tructurada (es decir, sujeta a convenios inter- gubernamentales) pero cada vez más espontá- nea y clandestina, qu e se h a mostrado casi impermeable a las medidas d e intervención adoptadas por las sociedades receptoras. Sin embargo, a pesar de la gradual universaliza- ción del fenómeno migratorio y d e las fre- cuentes llamadas d e atención para que se

comienzos d e

E n el transcurso d e los últimos treinta años, muchas socieda- des industriales avanza-

das alcanzaron u n punto de desarrollo e n que la confluencia de una diversi- dad de fuerzas determinó una escasez crónica d e mano de obra en ciertos ámbitos. La índole estruc- tural de esta escasez era consecuencia de la combi- nación d e una serie d e factores sociales, demo- gráficos, económicos y po-

líticos entre los cuales ca- be señalar los siguientes:

Demetrios G . Papademetriu es direc- tor ejecutivo de Population Associa-

tes International, 3838 Glenbrook Rd, Fairfax, Virginia 22031. D e 1980 a 1983 ha actuado como jefe de redac- ción de la International Migration Review. Ha ejercido la docencia en la Universidad de Maryland, la Duke

University

y la Ne w School for Social

Research, donde es miembro de la Facultad de Economía Política Inter- nacional. Su último libro (preparado en colaboración con Mark J. Miller) es The unavoidable issue: US immi- tion policy in the 1980s.

El deterioro de la estructura demográfica de algunas sociedades capitalistas avanzadas que registran tasas d e natalidad mu y

bajas, co n el consiguiente envejeci- miento d e su población y la progresiva reducción de sus fuerzas laborales activas; El efecto agravante de medidas que reducen todavía más la población activa, como la disminución de la edad requerida para la jubilación, las vacaciones má s largas, las

432

semana s laborales má s cortas, los estímu- los psicológicos qu e inducen a los jóvenes en edad d e trabajar a posponer su entrada en el mercado de trabajo con el fin de ampliar sus estudios, y otros avan- ces sociales de índole semejante; La proliferación concomitante de ocupaciones altamente técnicas en el sector terciario, que exige una constante evolución de la calificación y la formación del personal, todo ello producto del alto nivel d e

desarrollo; La reestructuración y dicotdmización cre- ciente d e los mercados d e trabajo e n los sectores primario y secundario con sus propias exigencias de mano de obra califi- cada; La persistente y creciente vitalidad del sector secundario merced al concurso d e fac- tores tales como la variabilidad d e la demanda d e productos industriales, la existencia de industrias que conservan su importancia pero tienen rendimientos marginales, un mercado alcista de servi- cios privados y públicos que son arquetipi- camente usuarios intensivos de mano d e obra, una demanda persistente de fuerza de trabajo temporal y estacional y una proliferación d e puestos de trabajo que los trabajadores nativos se muestran cada vez más reacios a aceptar a causa de los bajos salarios, las malas condiciones laborales y el indeseable estatus social que llevan aparejados, y,finalmente;

La concurrencia d e las pérdidas

humanas d e

la segunda guerra mundial con la gran demanda d e mano d e obra durante el subsiguiente periodo de auge económico

y co n las poco eficaces medidas d e racio- nalización d e la fuerza d e trabajo y la

actividades

con gran densidad dé capital en algunos sectores económicos d e las sociedades industriales avanzadas. Otro grupo de estados sufrió graves escaseces de mano de obra en el contexto de una carrera hacia la industrialización financiada por el alza súbita del valor de sus recursos naturales. L a mayoría d e los estados d e este grupo eran

incompleta expansión d e las

Demetrios G. Papademetriu

miembros de la OPE P y compartían además otra característica: la d e estar mu y poco poblados.

La respuesta a es.ta escasez de mano d e obra ha sido de dos tipos: o bien la institución de convenios bilaterales con muchos d e los países de la región dotados de u n excedente de fuerza d e trabajo, a fin d e organizar la

importación controlada

(modelos predominantes en Europa y Oriente Medio y Programa Bracero estadounidense),

o bien la formulación e instrumentación d e

políticas de inmigración que, aunque restricti-

vas e n sus requisitos legales, toleran — y d e esta manera estimulan— la afluencia de una fuerza inmigrante mayormente espontánea, clandestina y por ello mismo explotable. Estos

úllimos son los modelos

Estados Unidos y e n la migración interna

latinoamericana y corresponden cada vez más

a la situación europea de facto. E n ambos

d e trabajadores

preponderantes e n los

casos los importadores

hicieron cada día má s dependientes d e una oferta constante de mano de obra extranjera mientras qu e dicha oferta iba tornándose más

y má s independiente d e las necesidades reales

de las economías receptoras. E n otras pala- bras, en realidad la mano de obra extranjera

cumplía cada- vez menos la función qu e tradicionalmente constituía su principal inte- rés: hacer las veces d e amortiguador al qu e poder acudir como solución temporal para responder a una demanda excepcionalmente importante de fuerza de trabajo. D e hecho, a medida qu e las corrientes migratorias gana- ban e n información y experiencia y las pre- siones d e la demanda d e mano d e obra calificada persistían, la índole temporal y revocable del arreglo empezó a desvirtuarse y en el vacío político resultante fue sustituida

por la

ofrecidas a los inmigrantes: conseguir la auto-

d e fuerza d e trabajo se

expansión de facto d e las oportunidades

rización d e residencia prolongada, reunir la familia y obtener una cierta movilidad profe- sional, todo lo cual equivalía prácticamente a una institucionalización de la inmigración.

E n las sociedades industriales avanzadas

se han efectuado ya numerosos estudios sobre

los efectos que sobre ellas ha tenido la inmigra-

enriquecimient o d e lo s paíse s qu e lo s acogieron . Grabado holandés de Jan Luikcn, Bibliothèque du Protestantisme, París, Lauros- Giraudon.

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Francia en el siglo xv n contribuyeron

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434

ción d e trabajadores, pero los países meno s desarrollados, cuyos ciudadanos han desem- peñado un papel decisivo en el crecimiento económico de los países escasos de man o de obra, han sido mucho más lentos en empren- der un a réevalución fundamental del fenó- meno migratorio. Esta omisión ha' tenido lugar a pesar de la creciente evidencia de que la emigración ha resultado incapaz de brindar la mayo r parte de los beneficios qu e de ella se esperaban. Muchos países con excedentes de mano de obra tomaron parte en el proceso de migración creyendo en el advenimiento de una nueva era. Envueltos e n las convulsiones que acompañan siempre a la lucha por un rápido desarrollo socioeconómico, vieron la posibilidad de emigración de sus trabajadores desempleados y subempleados como una abso- luta bendición del cielo. L o qu e los países d e origen de los trabajadores n o acertaron a prever sin embargo , fue la evolución del proceso qu e los despojaría de su man o de

obra calificada ya insuficiente, así com o d e los elementos más sanos, dinámicos y productivos de sus poblaciones; los efectos negativos de la emigración sobre la demografía y en conse- cuencia sobre la situación socioeconómica 1 y, por último, los beneficios socioeconómicos frecuentemente marginales derivados d e las

los

calificaciones 2 y las remesas de fondos d e

emigrantes. 3 Aunque la inicial coincidencia de inte- reses entre sociedades con escasez y con excedente de fuerza de trabajo haya suscita- do un entusiasmo irreflexivo —casi temera- rio— por los movimientos migratorios, tanto organizados como espontáneos, estos mismos países están empezando a ver en la migración un mero expediente que ni corrige la debili- dad subyacente de la estructura socioeconó- mic a d e las sociedades receptoras ni aporta el ímpetu necesario para transformar a los países de origen d e los trabajadores emigrantes. Po r eso, aparte de su rentabilidad para el capital privado, la principal contribución estructural del proceso de migración acaso haya sido la desaparición progresiva d e las fronteras na - cionales para la fuerza de trabajo, con su

Demetrios G. Papademetriu

consecuente transformación en un componen- te estructural de la economía política interna- cional.

Breve digresión teórica

La migración internacional es un fenómeno que desempeña u n papel central tanto en las sociedades d e origen com o en las receptoras de los movimientos migratorios. Los desplaza- mientos de la fuerza de trabajo no son un fenómeno pasajero ni se limitan a una región específica. Son má s bien un componente estructural de la economía del mundo contem- poráneo y traducen el ingreso y la integración de los países exportadores d e fuerza de tra- bajo a la economía mundial. Este punto de vista, que podríamos llamar el de la escuela

del "conflicto", considera desarrollo y subde- sarrollo com o partes d e una sola totalidad (la economía capitalista mundial) que a su vez depende de una situación de desigualdad económica planetaria y la perpetúa. L a

mayoría d e sus adeptos

originarias de la migración en el desequilibrio producido por los contactos financieros, comerciales y de otra índole entre unidades económicas desiguales, al ser absorbidos los excedentes de la unidad más debil por la más fuerte: proceso éste que lleva a la primera al estancamiento. Que el excedente sea atraído por las metrópolis nacionales o por el capital internacional resulta indiferente: el efecto sobre la tendencia a emigrar es análogo, sólo el destino varía. L a emigración es fomentada además por la penetración de los modo s de producción capitalista en la agricultura tradi- cional y su consiguiente monetarización. Este cambio desplaza mano de obra agrícola direc- tamente a través de la mecanización y menos directamente a través de la atracción a menud o irresistible de las regiones d e destino. Las causas de tales "incitaciones" a la migra- ción pueden rastrearse en los desequilibrios institucionales y sectoriales internos provoca- dos por la incorporación de un Estado al sistema capitalista mundial y la penetración de ese Estado por las instituciones políticas y

buscan las causas

Las migraciones internacionales en un mundo en evolución

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435

Éxod o provocado por la miseria del middle-west en los años treinta: una escena de

John Ford basándose en la novela de John Steinbeck Las uvas de la ira. J. Chevaiier/Edimcdia.

la película que realizó

económicas dominantes. Un a vez qu e este proceso h a comenzado , las estructuras funda- mentales del Estado periférico son "remode- ladas para qu e se ajusten a las demanda s exteriores" . y los desequilibrios estructurales, resultantes provocan la emigración. E l Estado ha desempeñado históricamente en dicho fenó- men o migratorio u n papel qu e v a desde un a tolerancia condescendiente a un a promoción! activa y deliberada d e la emigración.

Al examinar la función d e la man o d e

obra extranjera e n las sociedades industriales ( avanzadas, observamos qu e es la de un ! recurso con que responder a una oferta exce-

sus implica-

ciones (ventajas salariales para la man o d e obra y reducción d e la plusvalía para el capital). Este proceso, sin embargo , no es má s que u n aspecto del uso d e mano de obra

dente d e fuerza d e trabajo y a

po r el capital. E s aplicable tanto a

los atascos europeo s qu e resultaron d e la reactivación económica d e los años setenta

recientes po r las

que han pasado Venezuela y el Oriente Medio,

d e man o d e obra

(y, agregarán algunos, a las necesidades esta- cionales d e la agricultura del sudoeste d e los Estados Unidos). Podemos también conside-

extranjera asume

otra función considerablemente má s compleja, y com o tal má s controvertida , e n virtud d e la cual los trabajadores y a proletarizados d e la periferia (es decir, iniciados e n los modo s d e producción modernos d e régimen salarial) constituyen u n ejército d e reserva puesto a , disposición del capital para ser utilizado ¡donde y cuando a éste le convenga. E n esta ¡perspectiva, tal fuerza d e trabajo sólo pued e

; con sus carencias absolutas

extranjera

com o a las situaciones má s

rar que la fuerza d e trabajo

436

ser explotada: los salarios iniciales garantiza- dos pueden ser luego congelados por contrato durante todo el periodo de empleo; muchos derechos a servicios y beneficios sociales que-

da n sin

gráfica e industrial puede ser legalmente res-

tringida y, por último, a los trabajadores

extranjeros sólo se les

legal "especial", es decir, inferior y precario:

todos ellos rasgos comune s a los programas que atañen a la mano de obra extranjera, tanto de jure como de facto. Pero sobre todo, esta man o de obra podrá ser u n instrumento del gran capital para moderar e incluso anular las muchas ventajas salariales y cualitativas qu e las organizaciones laborales autóctonas han logrado conseguir, a veces con la ayuda del Estado, como lo atestiguan ciertas legisla- ciones laborales y sociales de carácter liberal. La fuerza principal de esta tesis reside en que sitúa la migración en el contexto de la

absorción

menos desarrollados por el sistema capitalista mundial. L a desintegración interna que este proceso implica para el Estado o la región dominados desencadena, al parecer, cierto número de fuerzas que favorecen la expulsión

a medida que la nueva división del trabajo se

traduce en conflictos de clase que desequili- bran aú n má s el sistema y compelen a los trabajadores a contemplar la migración como una alternativa viable. Los adeptos de la escuela del conflicto han aportado otra contri- bución a la comprensión de la dinámica de la migración internacional al llamar la atención sobre los defectos d e las teorías económicas clásicas co n sus modelo s basados en las nocio- nes de equilibrio y cálculo racional. D e lo antedicho se desprende que tampoco la escuela del conflicto está exenta de formula- ciones teóricas que reducen la realidad a un esquema preestablecido. D e ahí que, heurísti- camente al menos, convenga tomar conciencia d e la evolución histórica d e las relaciones entre los estados y d e las fuerzas políticas y económicas estructurales internacionales que definen y distribuyen asimétricamente las ganancias (y pérdidas) resultantes de dicho contacto.

má s suspendidos; la movilidad geo-

concede u n estatuto

gradual d e los estados y regiones

Demetrios G. Papademetriu

Sin embargo , tal planteamiento teórico disimula co n frecuencia los defectos d e este enfoque. Considerar el sistema capitalista mundial como origen preexistente de la migra- ción internacional es perder d e vista las numerosas variaciones históricas coyunturales de los movimientos migratorios internaciona-

¿cómo explican los defen-

sores del sistema mundial la emigración de

a los qu e el hambre obligó a

expatriarse a los Estados Unidos en los años 1840? ¿ O las migraciones resultantes d e la persecución política y religiosa de los últimos siglos? ¿ O las migraciones forzadas d e africa- nos a Norteamérica? Por otro lado, ¿cómo puede explicarse que países que comparten niveles análogos de integración en la eco- nomía capitalista mundial no provoquen todos una emigración de igual magnitud? Además, ver en la noción de migración internacional sólo un componente de la acumulación inter-

irlandeses

les.

Po r ejemplo,

nacional de capital es reducir un proceso multifacético a un fenómeno simple que sólo

sirve a las necesidades y estrategias del capital

y minimizar el papel que ciertas luchas y

ciertas organizaciones laborales han desem- peñado en la génesis de algunos movimientos

migratorios. Por consiguiente, es preciso dedi- car un a mayor atención a la estructura, la distribución e n el tiempo y las consecuencias de la migración en el contexto de un análisis

de

acumulación nacional y la internacional y que aborde el fenómeno de la migración laboral como expresión de la lucha de clases sostenida por los emigrantes, el capital y la man o d e obra autóctona. Por último, no debemos per- der de vista el hecho de que la migración n o

acontece en un vacío político, sino que refleja

la interacción de los principales protagonistas

del proceso político de cada Estado. Por eso

clases qu e abarque las conexiones entre la

es

fundamental comprender esta interacción y

de

qué mod o las políticas aplicadas e n materia

de

redistribución de tierras, modelos de desa-

rrollo, población y oferta y distribución del

crédito repercuten en la decisión de emigrar. Al identificar las fuerzas qu e determinan

la decisión de emigrar, llegamos al punto en

que las posiciones d e la escuela clásica y las d e

Las

migraciones internacionales en un mundo

en evolución

Ml

la

escuela del conflicto, ligeramente modifica-

tractos para tener valor real y de modelos

esta manera , las medidas d e política general

das, podrían converger. Tal convergencia des- cansa en el reconocimiento de que, aunque el recurso a la migración pueda seguir siendo el resultado de estrategias de supervivencia de

económicos que son, por lo común, o dema- siado simples y estáticos para favorecer una comprensión profunda de la dinámica de la emigración, o tan metodológicamente sofisti-

los individuos y d e las familias, el espectro d e posibilidades qu e se les presenta está definido por factores estructurales como la posición y

cados —pero teóricamente primitivos— que arrojan resultados confusos, contradictorios y frecuentemente contrarios a la intuición.

el

grado de integración de un Estado en el

Com o consecuencia, los estudios seguirán

sistema económico mundial. Por lo tanto, deberíamos proseguir los estudios sobre las migraciones internacionales sin perder nunca

de vista la interdependencia que existe entre

careciendo definalidadprecisa y embrollarán los problemas en lugar d e clarificarlos. D e

en ellos inspiradas continuarán procediendo a

el

sistema político-económico internacional y

ciegas, atacando los síntomas y n o las causas

la

migración ni las implicaciones económicas

del fenómeno . Además , los procesos d e migra-

y

sociopolíticas d e tal interdependencia;

al

ción interna e internacional pueden resultar

mismo tiempo, deberíamos analizar de la

así a veces imposibles d e diferenciar;

la impor-

manera má s precisa los procesos y acciones

tancia del contexto social en el qu e

se inscri-

propios de cada sistema y su repercusión en la situación d e los individuos (migrantes y n o migrantes), tanto en el seno de la familia como dentro de la estructura social de la

ben los distintos movimientos migratorios puede seguir siendo deliberadamente minimi- zada para satisfacer presupuestos de orden teórico; temas delicados como la evaluación

comunidad de origen.

simultánea d e

los efectos d e la emigración

Este enfoque implica que el monopolio

de la verdad

clásicos, que ven en la emigración (y en el

regreso) u n cálculo racional, ni los marxistas

y neomarxistas que niegan toda posibilidad

significativa de libertad de elección por parte de los individuos. D e hecho, hay algo d e cierto en ambas posiciones: la migración n o se produce en un vacío económico ni en un vacío sociopolítico y la decisión de emigrar tomada por el individuo o la familia está en realidad condicionada por variables macroestructura- les. E s má s probable, sin embargo, qu e estas variables resulten más influidas por decisiones adoptadas e n los países d e origen de la man o de obra (como consecuencia del proceso polí- tico que determina el tipo de recursos que deben movilizarse y la manera en que serán movilizados para resolver los conflictos bási- cos entre capital y trabajo dentro del contexto cultural e histórico de cada Estado) que por una entidad amorfa conocida por "capital internacional".

n o lo detentan los economistas

Si no se toman en cuenta estas adverten- cias, los estudios sobre la migración seguirán atestados de modelos sociales demasiado abs-

sobre las regiones d e origen y d e destino pueden ser eludidos; puede seguir ocultán- dose la distinción entre las metas del indivi-

duo y las d e la sociedad (y

incompatibilidad entre ambas); pueden que-

dar virtualmente ignoradas las consecuencias (especialmente aquellas que son imprevistas

y n o premeditadas) de la intervención del

Estado en la inmigración y la emigración; la repercusión de la migración de retorno sobre las comunidade s natales pued e continuar siendo materia de especulación y puede prose- guir la utilización de datos incorrectos y poco fiables o el uso abusivo de aquellos de que se dispone.

la frecuente

El contexto político d e la migración

En el fondo de todos estos reparos está la conciencia de que la migración internacional engendra una red de interrelaciones suma- ment e complejas y que , aunque las políticas de laissez-faire y las acciones unilaterales hayan podido ser respuestas suficientes en el

438

pasado, ho y son incapaces de producir los efectos políticos deseados, por múltiples razones. Algunas de ellas son resultado de cambios fundamentales sobrevenidos en la magnitud y el carácter del movimiento de inmigración; otras, de cambios en la aptitud de los diferentes tipos d e gobiernos receptores para hacer frente eficazmente a la inmigra- ción, lo cual quizá no hace sino reflejar la intrínseca complejidad del fenómeno, que se inscribe en forma casi inextricable en un contexto económico, cultural, social y polí- tico.

Permítaseme exponer brevemente algu- nos de estos cambios. La actual situación de la economía mundial ha puesto nuevamente en evidencia las numerosas debilidades estructu- rales que aquejan a las economías tanto d e los países industriales avanzados como d e las naciones menos desarrolladas. Sin embargo, como sucede con cualquier sistema asimétrica- ment e estructurado, los problemas económi- cos se distribuyen tan desigualmente durante los periodos de crisis económica mundial com o las retribuciones y ganancias durante las épocas de prosperidad económica. E n perio- dos d e crisis económica prolongada, todos los países co n o sin tradición d e emigración apreciable se tornan exportadores potenciales de man o d e obra. L a mayor parte d e los vecinos del sur de los Estados Unidos serían un buen ejemplo de la primera categoría. Entre los ejemplos de la segunda habría qu e contar el incremento d e las migraciones inte- rregionales de mano de obra altamente califi- cada. Además , en los casos en que la recesión económica ha afectado de modo distinto deter- minados estados dentro de un mismo sistema regional, y donde acuerdos asociativos vigen- tes vedan toda intervención qu e impida el movimient o d e personas qu e cruzan, las fronte- ras d e los estados (como e n los países d e la Comunidad Europea o del Consejo Nórdico), podría producirse una expansión sustancial de la migración intrarregional. La migración internacional puede ser con- siderada como una transferencia internacional de recursos análoga a la , transferencia de • tecnología y capital. E n el contexto de este

Demetrios G. Papademetriu

debate, sin embargo, hay por lo menos un a diferencia primordial entre la transferencia de recursos humano s y otros: las sociedades industriales avanzadas parecen más vulnera- bles a los movimientos d e población proce- dentes de países menos desarrollados que a cualquier otra transferencia de recursos, salvo

quizá a la energía. Y como con frecuencia ocurre con la energía, los países industrializa- dos parecen hallarse cada vez más comprome- tidos con la actualidad internacional y ser al mismo tiempo cada vez menos capaces de influir e n los acontecimientos que les afectan. Esta vulnerabilidad ante los hechos que proce- den del exterior, que entre otras formas se

expresa

movimientos inmigratorios, sitúa a la inmigra- ción en un género de casos que cierto autor denomina "campo turbulento", o sea una esfera de acción política donde es la "confu-

sión", más que el orden, lo que caracteriza el debate político. Como consecuencia, el pro- blema se juzga inabordable, los valores e intereses en conflicto se tornan abrumadora-

ment e complejos, las

jan, el consenso resulta difícil d e

paliativos y las medidas provisionales suelen terminar imponiéndose sobre cualquier otra consideración. U n a d e las claves conceptuales para en- tender el lugar que ocupa la inmigración en un contexto político, económico y social glo- bal es la idea de interdependencia. E n su sentido más neutro, la interdependencia alude a la relación de "adecuación mutua" y acentúa la "reciprocidad" inherente a todo proceder entre estados protagonistas. E n sus diversas formas, la interdependencia (y la noción conexa de dependencia, que posee una mayor carga ideológica) nos remite a un mundo que se reduce y estrecha cada vez más , donde los costos y beneficios económicos se hallan distri- buidos, por lo general desigualmente, entre un amplio espectro de estados protagonistas cuyas políticas individuales tienen repercu- siones internacionales significativas. La noción de interdependencia aporta cierto orden conceptual a muchas escuelas de pensamiento que estudian el funcionamiento

en la incapacidad d e controlar los

prioridades se desdibu-

lograr y los

Las migraciones internacionales en un mundo en evolución

439

U n pasador clandestino registra los pedidos d e u n grupo d e mexicanos para cruzar

Estado s Unido s po r

25 0

dólare s po r

persona . Hanne Friedrkh-Englaendcr/Magnmum.

la frontera d e los

del sistema económico mundial y el proceso mediante el cual se han incorporado los esta-

la inmigración'a

las sociedades industrializadas y democráticas

que plantea el problema d e

dos a ese

sistema. Tambié n revela, sin embar -

con el qu e la circulación internacional de

capital internacional y a los

go, la

pobreza analítica d e teorías que atri-

capitales y tecnologías plantea a los países d e

buyen

u n valor esencial a explicaciones de la

emigración. El flujo de recursos es suma-

migración internacional exclusivamente ancla- das e n variables tales com o las motivaciones individuales, las diferencias d e salarios entre los estados protagonistas y la agrupación racio- nal d e los factores d e producción má s allá d e las fronteras nacionales. Y a se h a expuesto la

!

mente complejo y engendra situaciones de dependencia y vulnerabilidad análogas. El ejemplo d e los movimientos internacionales del capital bastaría para demostrarlo. Muchos países en desarrollo tienen respecto del capi- tal internacional un a actitud ambivalente. En -

evaluación crítica d e las distintas escuelas d e pensamiento a este respecto. Baste entonces ',

tre las cuestiones qu e son comune s a los

con destacar una vez má s que

la existencia de

 

beneficiarios d e destinatarios d e

mano

de obra extranjera se.

un sistema económico internacional jerárqui- cament e ordenado , junto co n las implicaciones políticas d e tal interpenetración, refuerza las presiones endémicas latentes que e n los países menos desarrollados inducen a la emigración. La introducción del concepto de interde-j pendencia nos permite comparar el dilema!

cuentan: el tipo, el volumen, el punto de origen y la dirección del movimiento; su repercusión a corto, medio y largo plazo so- bre las diversas subesferas d e la sociedad (como la economía, la cultura y la política) y el efecto d e difusión sobre los diversos estra- tos sociales y económicos así com o su inciden-

440

cia sobre conceptos fundamentalmente abs- tractos como "carácter nacional", "interés nacional", "soberanía" e "independencia". Re- sulta pues evidente la complejidad que pre- senta, tanto para los países d e origen como para los d e destino, u n análisis d e costos- beneficios en el que intervienen tantas varia- bles a menudo no cuantificables.

Demetrios G. Papademetriu

Unidos, por ejemplo, hayan registrado durante la primera década del siglo veinte cifras de

altas qu e las d e

la década d e 1970, y por otra parte

zamientos de población posteriores al nuevo

trazado del mapa político alfinalde la segunda guerra mundial, especialmente en Europa

Oriental y e n el

sur d e Asia, fueron por u n

inmigración ligeramente má s

los despla-

Un a

vez examinados con mayor

deteni-

breve periodo má s significativos qu e los actua-

miento los distintos componentes d e

los dos

les, calculados en quince millones de refugia-

tipos de sociedades, ciertos intereses aparente- mente recíprocos se resuelven en antagonis- mos mutuos. Por ejemplo, aunque la emigra- ción d e fuerza d e trabajo mexicana a los Estados Unidos sirve a intereses esenciales de ambos países, la disponibilidad de esta mano d e obra , po r sus efectos sobre los salarios y las condiciones laborales, puede redundar en de-

trimento d e los intereses generales d e los trabajadores norteamericanos y perjudicar a

los má s desfavorecidos d e ellos al suscitar un a carrera por el empleo exacerbada. A l mismo tiempo, la reducción indiscriminada del capi- tal human o d e Méxic o pued e afectar sus metas de desarrollo a largo plazo, y las;

violaciones d e los derechos d e

po r empresarios y funcionarios sin escrúpulos \ puede n conducir a los Estados Unidos ai apartars e d e la legalidad, e n detrimento d e su< imagen en el extranjero. Por eso, cuando consideramos los aspectos éticos y humanos 1 del problema , las similitudes entre el fenó- men o de la inmigración y otros flujos mun- diales empiezan a desvanecerse, sobre todo en lo qu e respecta a las opciones realistas y:

los mexicanos!

aceptables con qu e cuentan los países destina- tarios.

Conclusiones y recomendaciones

N o podemos dejar de observar que la magni-, tud y el carácter d e los movimientos interna- ; cionales de población han experimentado re- cientemente cambios profundos. L a migra- ción internacional, incluidos los movimientos ; de refugiados, es probablemente más impor- tante ho y qu e en ningún otro moment o d e los dos últimos siglos. E s posible qu e los Estados

dos. Sin embargo , las migraciones

transnacio-

nales recientes y actuales en busca de trabajo, de una nueva vida o de refugio ante la persecución, se encuentran ya en un nivel jamás igualado en la historia. L a polarización política dentro d e los estados, los conflictos regionales, la persecución por motivos religio-

sos y étnicos y las consecuencias qu e el malestar económico contemporáneo tiene para los países meno s desarrollados parecen indi- car qu e las presiones inmigratorias sobre los países industrializados se mantendrán en nive- les mu y elevados.

Los movimientos migratorios continua- rán presentando las dos formas clásicas —rela- ' tivamente bien controladas— de migración familiar permanente y de migración de mano de obra altamente calificada y profesional- mente capacitada. Pero otras dos grandes; variantes, las d e la residencia "temporaria" y¡ la ilegal, merece n qu e se les dedique un a atención particular ya que han modificado 1 recientemente el espectro de la migración ; internacional. Los trabajadores "invitados", "estacionales", "contratados" et "ilegales" se han propagad o e n los países democráticos industrializados en vista de su presunta flexibi- lidad y eficiencia para hacer frente a los qu e se consideraban estrangulamientos pasajeros en la oferta de mano de obra.

d e

fuerza de trabajo, el experimento realizado con la inmigración ha constituido un éxito económico coyuntural, aunque también, una fuente de crecientes dificultades desde el punto de vista social y político. Los trabajadores extranjeros permitieron mantener el impulso de la locomotora industrial d e los países receptores en momentos de grave escasez de

Para la mayoría de los importadores

Las migraciones internacionales en un mundo en evolución

441

Trabajadores inmigrantes expulsados de sus viviendas acampan en los suburbios. Robert Dcipit/Fotogram.

fuerza d e trabajo. Sin embargo , los inmi- grantes, al tener mayor conocimiento de causa

e independencia de juicio, han desafiado cada ' vez más la ortodoxia económica dominante en cuanto al papel de la mano de obra extranjera en la economía del país anfitrión. A medida! que la oferta de mano de obra va independi- :

zándose de la demanda, la fuerza de trabajo !

foránea

nativos evitan, creando así u n comienzo d e dependencia estructural respecto de dicha

se atrinchera e n empleos qu e los

, mano

inevitable liberalización d e las restricciones para permitir la reunificación de familias y con

la multiplicación d e los permisos d e residencia

los países receptores se encuen-

1 tran frente a una situación de inmigración de facto mientras se mantiene la ficción de la supuesta "temporalidad" de la presencia de trabajadores extranjeros, cuya "permanencia"

! de hecho

i frente a los cuales los países receptores n o

de problemas,

de obra extranjera.

Además,

con la

y d e trabajo,

plantea u n cúmulo

parecen mejor preparados: el problema de los inmigrantes de segunda generación, cuya posi- ción social y económica en el país de residen- cia es a menud o precaria; los problemas sociales y culturales resultantes de la heteroge- neidad racial o étnica en aumento constante y, \ por último, la politización del debate sobre la ( migración, debido a qu e los inmigrantes de- ; tienden cada vez con mayor ahínco sus dere- 1 chos económicos y sociales mientras que los; trabajadores autóctonos reaccionan ante el, alza rápida d e los costos d e infraestructura y ¡protección social y ante la evidencia de la competencia económica, evidencia incremen- tada por un malestar económico que persiste y se ahonda.

Si bien los países destinatarios parecen esforzarse esporádicamente por afrontar estai realidad (recurriendo habitualmente a distin-

gos paliativos, un a vez más) , los países

expor- \

tadores de fuerza de trabajo se muestran! incapaces d e obtener los esperados rendimien-

442

Lo s signo s exteriore s de l éxito social. Luc Pcrenom/Rush.

"inversión". Aunque hayan podido

obtenerse dividendos pasivos, como una cierta

reducción del paro y sustanciales fondos, e n ninguno d e los países

la emigración h a conseguido imprimir u n impulso apreciable al desarrollo. Esto n o significa qu e la emigración n o les haya apor-

tos d e su

remesas d e interesados

Demetrios G. Papademetriu

servicios y el desarrollo de la infraestructura turística. E n una palabra, el proceso ha alcan- zado al menos un objetivo no despreciable: h a mejorado significativamente la situación mate- rial d e las familias donde algunos miembros han emigrado.

A la luz d e este factor solamente, podría

tado

nada. Desde luego, el progreso de mu -

concluirse qu e el proceso h a respondido, por

chos

d e estos países tiene qu e haberse visto

lo meno s e n parte, a las esperanzas e n él

influido po r las cuantiosas transferencias d e

depositadas. Cuand o se consideran todos los

dinero qu e caracterizan al fenómeno de la

aspectos d e

la migración, sin embargo, n o se

migración: más d e

marcos enviados a partir de 1960 desde la República Federal de Alemania solamente. Pero tales transferencias no han desempeñado un papel significativo y mensurable en el desarrollo general d e estos países, aunque evidentemente hayan jugado un papel de primer orden e n su mecanización agrícola. También hay que atribuirles mejoras no menos notables, como el auge del sector de la vivien- da, la proliferación d e pequeñas empresas d e

ochenta mil millones d e

puede meno s que señalar las mucha s oportuni-

dades perdidas y tratar de proponer medios

por los cuales las

man o de obra podrían aumentar los beneficios que les brinda la migración. Lo s intereses económicos d e estos países requerirían en

primer lugar

de los países receptores. Los datos relativos a Europa indican que si bien la estructura de los intercambios comerciales entre países emi- sores y países receptores cambia significativa-

u n mejor acceso a los mercados

sociedades exportadoras d e

Las migraciones internacionales en un mundo

en evolución

443

mente en el transcurso del proceso de migra-

ción, n o ha y correlación

entre tal evolución y

con argelinos, españoles y portugueses y los Países Bajos ofrecen programas análogos a los

el grado de penetración del mercado de tra-;

naturales d e todos los países qu e le

suminis-

bajo del país receptor po r los trabajadores del

tran mano d e obra. Los problemas,

empero,

país emisor. Una mirada al cuadro de inver- siones corrobora este punto. Por ejemplo, en 1976 la inversión total alemana en Turquía fue de unos mil millones de dólares, cantidad aproximadamente igual a la de Francia, país donde se encuentran muy pocos trabajadores

han sido muchos, y hasta cierto punto previsi-

bles. Lo s fondos destinados a esta empresa han sido insignificantes, al igual que el número; total de participantes en el transcurso del' último decenio; muchos "egresados" d e tales 1 programas se niegan lisa y llanamente a regre-

turcos. E l análisis

d e las cifras globales tam-

sar a sus países natales, y la financiación

poco nos permite establecer una correspon- dencia sistemática. Por ejemplo, entre 1952 y 1972, alrededor del 12 % de la inversión

insuficiente h a hecho que sean mu y pocos los proyectos qu e pudieron llevarse a cabo en forma efectiva. Además , las instituciones d e

directa total d e los países d e Europa Occiden- tal e n el extranjero fue a los países d e emigración. Además, esta inversión n o ha sido particularmente rentable. E n el periodo

los países d e emigración ha n realizado pocos esfuerzos d e buena fe para respaldar las inversiones generadoras de empleo efectuadas por los emigrantes. Cuand o la ayuda se h a

1965-1969, deparó sólo

el 1,4 % del

total d e

materializado, ha sido generalmente la excep-

beneficios obtenidos de inversiones extranje-

ción

plos

más qu e la regla. Los numerosos ejem-

ras. Por último, et volumen de la inversión

qu e figuran e n las investigaciones refe-

exterior efectuada por países que son esencial- mente receptores de emigrados, como la Re- pública Federal de Alemania en Grecia o

rentes a dicha asistencia son más bien iniciati- vas aisladas qu e partes integrantes de una estrategia global de desarrollo.

Turquía, n o ha evolucionado significativa- mente e n las dos últimas décadas. E n otras palabras, n o puede demostrarse que la rela-

Otros dos ámbitos clave en qu e la inter- vención pública puede aú n permitir a las sociedades d e emigrantes gozar de algunos d e

ción establecida por el fenómeno de migra-

los prometidos beneficios d e la emigración son

la utilización d e los envíos

pecuniarios y la

ción haya ejercido una influencia sensible sobre la inversión ni sobre la política comer- cial d e las sociedades receptoras.

Otro ámbito qu e se presta a la acción conjunta de países emisores y países recep- tores de fuerza de trabajo es quizá la institu- cionalización de una mayor participación de los países receptores e n el apoyo a iniciativas industriales tomadas po r los trabajadores ex- tranjeros en sus países de origen. Esta orienta- ción dejaría sin objeto las cuestiones qu e plantea la asistencia al desarrollo a la vez que ayudaría a los países exportadores de man o d e obra, a crear empleos y a remediar sus caren- cias en materia de técnica y de gestión. E n este sentido existen ya en Europa varios programas piloto. L a República Fede- ral d e Alemania , po r ejemplo, h a puesto e n marcha programas de esta clase con Turquía, Yugoslavia y Grecia; Francia ha ensayado diversos programas de formación profesional

migración d e retorno. Lo s giros d e dinero estimulan la demanda global, que a menudo no puede ser satisfecha por la oferta domés- tica. Esto se traduce en graves presiones inflacionistas y e n u n deterioro d e las balanzas d e pagos debido a las importaciones d e bienes de consumo no perecederos. Cuando, ade- más , los mercados nacionales d e capital n o logran ofrecer los incentivos necesarios para atraer los fondos transferidos hacia los sec- tores productivos, cuando el sector público no puede garantizar una distribución sistemá- tica de incentivos como son la disminución d e impuestos y los créditos tributarios, los tipos de cambio preferenciales y una tasa d e amorti- zación acelerada, es concebible qu e estas incapacidades de la gestión pública y privada atenten contra la mejor utilización d e las remesas d e fondos d e los emigrados. D e hecho, la alternativa más frecuentemente utili-

444

izada —la inversión e n el sector de la

construc-

ción— no es una inversión de última instancia,

sin más . Po r regla general,

siendo el sector más activamente apoyado por los gobiernos d e los países d e emigración que , para garantizar la paz social, le han brindado los incentivos y las concesiones qu e ha n sido incapaces d e ofrecer a los demá s sectores d e sus economías.

h a sido y sigue

Demetrios G. Papademetriu

dores puede tener el beneficio adicional de estimular la partida de algunos trabajadores emigrados muchos años atrás, o sea aquellos que probablemente han obtenido derechos de residencia, compiten con los trabajadores au- tóctonos en el mercado de trabajo y, debido ai la reunificación d e las familias, constituyen; una carga mayo r para la infraestructura y los servicios sociales d e las países receptores.

 

No debe concluirse por ello que estos

 

En resumidas cuentas, es evidente que el

fallos pretéritos excluyen toda posibilidad d e intervención pública. A medida que los países de emigración adquieran una mejor compren-

problema d e la migración resulta tan com- plejo qu e a menud o los análisis se tornan subjetivos y las "conclusiones" tendenciosas.

sión d e las fuerzas que influyen en

el proceso

Los problemas surgen de dificultades tales

d e su desarrollo, multiplicarán las

iniciativas

como la frecuente incompatibilidad entre las

encaminada s a integrar e n la economí a y .la

 

aspiraciones d e los individuos y los objetivos;

sociedad las remesas d e fondos y los emi - grantes que hayan regresado. Pero lo que también se necesita es u n mejor entendi- miento del lugar qu e ocupa cada país en un ;

de la colectividad; la confusión entre las, ventajas y las obligaciones a corto y a largo plazo; la yuxtaposición de beneficios económi- cos, que son por lo común tangibles e inmedia-

 

mund o cada vez má s interdependiente y de las

 

tos, y d e los costos sociales y

políticos, qu e

son mucho menos discernibles y aparecen en

responsabilidades que la migración impone a] los protagonistas nacionales situados en ambos

!

es virtualmente imposible resolver el pro-

el futuro; la incapacidad de entender el contex-

cil establecer relaciones d e causa-efecto , y así

extremos del movimiento migratorio. Dada, esta correlación de responsabilidades mutuas,:

blema d e la migración d e manera unilateral.

to social y político de los movimientos migrato- rios y la escasez de datos longitudinales fidedignos. E n consecuencia, resulta muy difí-

distinguir el análisis d e las causas del d e los

:

La validez de este aserto puede ilustrarse con casos concretos tomados d e diferentes

 

contextos. Po r ejemplo, si bien los receptores j pueden regular con relativa impunidad la:

fenómenos. Po r esta razón, seguimos siendo! totalmente incapaces n o sólo d e predecir los

i movimientos migratorios y sus efectos, sino

entrada de trabajadores, n o han conseguido:

en cambi o influir significativamente sobre el¡ movimiento d e retorno d e los emigrantes. Si, por otra parte, comprendieran que la migra-

ción d e

decisiones "n o económicas" e n las qu e domi-i nan razones de índole social y familiar, es mu y probable qu e un a acción conjunta con los 1 países d e origen destinada a facilitar las inver- siones y las actividades generadoras d e .em- pleo resultaría sumanente rentable. La partid- 1 pación e n tales iniciativas puede ser fructuosa, ¡

i porque toma en cuenta una verdad frecuente-! mente olvidada: que la comunidad natal suele! ser siempre el punto de referencia primordial y el determinante básico del comportamiento del migrante. Además, este tipo de coopera- ción co n los países d e origen d e los trabaja-.

retorno obedece con frecuencia a 1

i también d e investigar las conexiones

qu e

existen entre emigración, retorno d e los emi-

I grados y desarrollo d e los países d e origen d e los trabajadores.

En vista, pues, de estas realidades, es

esencial comprende r qu e las

pautas que sigue j

la migración contemporánea no son únicas en

la

cerán e n el futuro inmediato ; qu e

mientos migratorios plantean a las sociedades tanto emisoras como receptoras problemas

i que afectan profundamente la vida sociocultu-

'ral, económica y política n o sólo de naciones

¡sino d e regiones enteras y, po r último, que las

y unilaterales deben |

| medidas provisionales

¡dejar paso a iniciativas globales cuyos compo-

historia y que probablemente n o desapare-

los movi-

jnentes, al reforzarse

entre sí, obren d e con-¡

¡cierto para abordar las múltiples dimensiones

Las

migraciones internacionales en un mundo en evolución

445

del

problema teniendo e n cuenta los intereses

de las víctimas, frecuentemente olvidadas, d e la situación actual: los ciudadanos desfavoreci-

aquellos individuos qu e se hallen bajo la jurisdicción d e u n Estado. Com o bien dice Powers: "Cualquier otro proceder n o hará

dos d e los países receptores y todos los trabajadores —cualquiera sea su situación legal— que hayan contribuido al bienestar económico de un país. Por último, n o debemo s perder de vista

que el fenómeno de la migración involucra a

respecto a ellos, n o

seres humanos. Co n

pued e haber má s qu e un a sola política: la¡ institucionalización y garantía d e los derechos ' humanos, económicos y sociales de todos

sino devolver a Europa y a los Estados Unidos

d e

trabajo] a los días en

era más qu e man o de obra y el dinero el único

beneficio qu e contaba. Com o es de suponer, no es éste el epitafio qu e queremos que la historia ponga sobre nuestro tiempo".

qu e la carne human a n o

[y

a

todos

los

importadores d e

fuerza

Traducido

del inglés

Notas

1. N o se trata solamente de los

cambios acontecidos en la ' composición demográfica de regiones enteras o de la ' reducción de la población de muchas aldeas. Cabe señalar asimismo la alteración d e los perfiles demográficos regionales que registran una marcada asimetría en los grupos de sexo y de edad como consecuencia de los coeficientes d e alta dependencia inducidos por la emigración. Más importante es, sin embargo , el hecho d e qu e tales cambios tienen

[implicaciones significativas —aunque no necesariamente siempre negativas— para la

organización social y las relaciones de poder en la vida de; los pueblos y las pequeñas ciudades. Dado que numerosos emigrantes optan por regresar a las comunidades rurales o a las pequeñas ciudades d e las qu e son oriundos (con ! independencia de si partieron directamente desde allí o si ¡ permanecieron un tiempo en una ciudad más grande), debemos estudiar las conexiones

existen entre los envíos d e

dinero y los regresos efectivos, ¡por una parte, y los cambios

que

sobrevenidos en la estructura social y política de estas comunidades, por la otra.

Aunque el efecto d e los regresos individuales sobre dichas relaciones ha sido correctamente descrito en las publicaciones referentes a este tema, un movimiento de retorno regular y significativo aumentará probablemente las posibilidades de evolución, al crear una atmósfera primero de confrontación y luego de transformación, a medida que la modernidad vaya mezclándose con la tradición. Y si bien mu y pocos estudios suscriben esta visión —un tanto optimista, según generalmente se admite— quizás se deba a la escasez de estudios antropológicos que t

446

centren su atención en los

efectos d e la migración d e

retorno permanente (más que los d e la emigración) sobre las

comunidades. Esta laguna, a su vez, puede atribuirse al carácter bastante reciente d e los

movimientos d e retorno

importantes. En cualquier caso,

para que un movimiento de retorno se convierta en agente de cambio, el retorno debe ser

voluntario, estar dirigido a la

comunidad d e origen e

inscribirse en una corriente d e retorno regular. Además , los emigrados tendrán que haber mantenido, por intermedio de una familia activa, u n interés

por los asuntos d e la comunidad, reforzado por visitas periódicas. Finalmente, y una vez establecida una tradición d e retorno (donde antes sólo existía

emigración) los arquitectos transición e n las relaciones

sociales y d e poder deben poder demostrar su éxito financiero en tierras extranjeras y manifestar un sentido d e la responsabilidad financiera a su regreso.

la d e d e la

2. Esta idea se está convirtiendo

en un componente empíricamente incontrovertible del debate sobre migración internacional. La cuestión de la adquisición y perfeccionamiento de calificaciones profesionales form a parte, sin duda alguna, d e la mitología de la migración. Aunque no puede negarse que los trabajadores emigrantes ganan experiencia por contacto directo con la disciplina y el ritmo d e la vida industrial, las "calificaciones" referidas sólo son u n subproducto pasivo de dicha vida industrial y, en mucho s casos, los inmigrantes ya han tenido una experiencia semejante antes de emigrar. N o obstante, el mencionado "beneficio" puede resultar más importante para los emigrantes procedentes de países considerablemente menos desarrollados qu e la mayoría de

los del litoral mediterráneo y donde, presumiblemente, la industrialización y la proletarización de la fuerza de trabajo son sólo un fenómeno

marginal. Por lo que respecta al :

perfeccionamiento d e las competencias profesionales o a la adquisición de nuevas habilidades técnicas, el mito se enfrenta con una realidad

ingrata en varios niveles. Lo s

mercado s d e trabajo d e

los

países receptores por lo

común

no necesitan trabajadores especializados. L o qu e les hace falta son obreros capaces de realizar tareas repetitivas en el más bajo nivel de una jerarquía del empleo sumanente compleja. As í pues, a los empresarios n o les interesa ofrecer a los trabajadores extranjeros oportunidades de perfeccionar sus calificaciones profesionales, y menos aún una capacitación técnica formal. Además , au n cuand o tal formación se dispensara con mayor liberalidad, muchos trabajadores extranjeros la eludirían a meno s qu e se les

ofreciera con paga completa y durante la jornada de trabajo. La variable determinante está, aquí, en los objetivos del migrante. Si ha emigrado, no ha sido para ampliar sus competencias profesionales, sino para mejorar su posición económica al regresar. L a recompensa diferida (invirtiendo en su futuro personal en la sociedad receptora, mediante la participación en cursos de capacitación técnica) suele verse como una postergación del logro de sus objetivos básicos. Así, si trabaja de noche, lo más probable es qu e él mismo elija hacerlo en horas extraordinarias. Además, la inversión en su propio capital humano mediante la capacitación presupone que aspira a trabajar en empleos industriales al regresar a su país.

Demetrios G. Papademetriu

Esta hipótesis tampoco se ve corroborada por ningún género de pruebas o datos disponibles. Finalmente, aun e n los pocos casos en qu e se adquieren conocimientos técnicos, es probable qu e ocurra una d e las tres situaciones siguientes:

a) el trabajador, con harta

frecuencia, vacila en volver a su tierra debido a la mejor integración económica de que goza en la sociedad "anfitriona", sobre todo desde el momento en que, paradójicamente, es objeto de tentativas de integración concertadas por parte de esta sociedad; b) si vuelve, se mostrará renuente a enrolarse en el trabajo industrial. Cabe señalar que si un trabajador o trabajadora ha adquirido nuevas y sustanciales calificaciones y ocupa un puesto de responsabilidad en el extranjero, es probable que lleve ya mucho tiempo como emigrante y haya mejorado netamente su situación material.

Si tal es el caso , se resistirá a

trabajar en el país natal en condiciones laborales y salariales significativamente inferiores a las qu e está acostumbrado; c) por último, aun cuand o las situaciones a) y

b) n o se presentaran, las

competencias técnicas adquiridas por el migrante son a menudo inaplicables en el país de origen, qu e probablemente no tendrá el nivel de avance

tecnológico capaz d e emplear

tales calificaciones. A esta argumentación hemos de añadir la frecuente resistencia d e los empresarios industriales del país natal a ofrecer puestos de responsabilidad a los qu e regresan d e la emigración por temor a que hayan sido "contaminados" por ideas sindicalistas durante su estancia en el extranjero.

3. La cuestión de la utilización del dinero enviado po r los emigrantes también es objeto de

Las migraciones internacionales en un mundo

en evolución

, controversias. La disputa no gira en torno al importante papel que desempeña ese dinero en la situación de la balanza de pagos

de los países d e origen

trabajadores. La dificultad comienza cuando examinamos si esos fondos son colocados en explotaciones productivas y el

i impacto socioeconómico general

d e los

de tales inversiones sobre las sociedades de emigración. Las investigaciones realizadas en diversas regiones acerca del

empleo real y efectivo d e fondos remitidos por los

los

j pequeños establecimientos comerciales, garajes, o compra de autobuses y taxis). El problema está aquí en que la mayoría de dichas actividades son ejemplos prototípicos del

; conflicto entre los objetivos de los individuos y las metas de la sociedad. Los emigrantes

utilizan sus ganancias de manera esencialmente consecuente con

los fines qu e les indujeron a la

emigración. Sin embargo , tal

comportamiento tiene consecuencias no previstas y a menudo graves, por ejemplo:

447

\ desenfreno en el mercado

; limitado es causa indudable de una inflación inducida por la demanda generalizada, y poco a ,poco, de inflación de costes en toda la estructura económica del

i país; c) la creciente presión en

i favor d e las importaciones d e

¡productos de lujo para satisfacer ¡el apetito consumist a d e las familias d e los emigrantes po r ¡servicios y productos refinados ¡suele suscitar un ¡comportamiento análogo en las ¡familias donde no hay ¡emigrantes, tras haber visto

emigrantes muestran que la

a)

las inversiones e n

viviendas

¡éstas fomentadas sus

inversión en vivienda y en ,

trastornan el mercado de bienes

¡aspiraciones consumistas en

compra de tierras

absorbe > entre

inmobiliarios y crean serias

ivirtud del efecto d e

i

dos tercios y tres cuartos del total de fondos remitidos. El resto suele dedicarse a la compra de bienes de consumo, la liquidación de deudas y otros

presiones inflacionistas en el sector de la construcción (aunque la referida actividad genera, efectivamente, numerosas oportunidades de

demostración del dinero recibido del exterior por las primeras y d) por último, una secuela inevitable de estos cambios en los hábitos de

gastos en relación con la familia.! i Sólo una pequeña fracción de ese total se canaliza hacia

empleo en los países d e emigración y tiene provechosos efectos multiplicadores, su

¡

consumo es la inflación del valor económico y psicológico de los productos foráneos (y el

inversiones productivas, la

carácter intermitente hace que

:

concomitante desprecio hacia

mayor parte hacia la compra de

brinda escasas ventajas

|

los bienes nacionales) así com o

enseres agrícolas y la

económicas duraderas); b) la

l

la utilización cada vez mayor de

financiación de actividades del

propensión a comprar bienes de

las

reservas d e divisas para

sector de servicios (apertura de

consumo con relativo

¡

importar dichos productos.

El futuro d e las migracione s internacionale s

Riad Tabbarah

decir hasta comienzos del siglo veintiuno— y

que n o exced e los límites d e la esperanza d e vida de personas de m i edad y condición socioeconómica. Aunque no haré ninguna proyección matemática en torno al volumen

sí vo y a

d e las migraciones internacionales,

intentar contestar a tres preguntas concretas:

e n primer lugar, ¿van a continuar las migra- ciones internacionales? Partiendo del supuesto

d e qu e sí, intentaré responder a la segunda:

Introducción

Se cuenta que, cuando, u n importante país africano pasó a ser independiente hace algu-

nos años , su presidente solicitó los servicios d e u n asesor d e las Nacione s Unida s experto en planificación económica, cosa que por aquel entonces estaba mu y de moda. Cuando llegó este asesor, el presidente lo recibió personalmente y al expli- carle cuál había de ser su

cometido

elaborara

plan económico a desa- rrollar en cincuenta años. El asesor intentó explicar al presidente que podía establecer un plan de de- sarrollo de cinco, de diez y hasta de quince años si viniere el caso, pero n o un plan para cincuenta años. "Pero, si m e per- mite, ¿por qué insiste tan- to Vuestra Excelencia en

en qu e país u n

¿cuáles serán sus pautas principales? Por último,

una vez contestada la se- gunda pregunta, resulta fácil responder a la ter- cera: ¿cuáles serán los principales problemas vinculados a las migracio- nes internacionales con que habrán de enfren- tarse los políticos y los especialistas e n las dos próximas décadas?

insistió

para su

El autor es representante residente del Programa d e las Naciones Unida s para el Desarrollo en Túnez. Las ideas expresadas en este artículo, empero, no reflejan necesariamente las del PNUD .

tener un plan para cincuenta años?", inquirió el asesor. A lo que el presidente repuso:

"Pues porque conociendo la exactitud de la planificación económica, quiero asegurarme

qu e cuando llegue el moment o del balance,

no estaré yo en este mundo".

Menos precavido que el presidente afri- cano, he escogido para m i presente ejercicio un marco temporal que oscila aproximada- ment e entre los quince y veinte años —es

de

¿Proseguirán

migraciones internacionales?

las

Tanto si dan positiva com o

cen convenir en que el "potencial" de migra-

ciones internacionales es sumamente elevado y va en aumento. Zolberg afirma que la población migrante actualmente en el mundo sería cuantitativa y cualitativamente "mu y

a esta pregunta un a respuesta negativa, los especialistas pare-

450

distinta si todos los países d e la

ran a los individuos tomar libremente la

decisión de quedarse, irse o regresar, y

si abrieran sus fronteras a

desearan entrar" [Zolberg, 1982, p. 15]. Conde [1982, p. 66] sostiene que mientras exista discrepancia entre los niveles econó-

micos d e las naciones, será difícil detener los movimientos migratorios. Incluso Davis [1947

y 1981], que desde hace algún tiempo viene

pronosticando la virtual conclusión d e las migraciones internacionales, admite que "nunca se había dado antes en la historia humana un potencial tan enorme de despla- zamientos d e las poblaciones entre los

Evidentemente, si las migraciones

obedecieran al libre juego del mercado", añade, "sería de esperar una afluencia multitu- dinaria d e habitantes d e los países menos

desarrollados a los

1981, p. 419-421]. En realidad, Davis intenta medir este potencial. Su nivel mínimo es la corriente migratoria apenas suficiente para compensar los índices de crecimiento demográfico de los diversos grupos de países (países con exce-

dente de capital, industrializados, de renta media, de planificación centralizada y de renta baja), mientras que el nivel máximo equivale

al flujo migratorio necesario para dar a los

países pobres un crecimiento demográfico cero. Sobre esta base calcula que en 1980 el potencial mínimo de migraciones internacio- nales netas fue de unos 14 millones de perso- nas y el máximo de cerca de 31 millones. Más aún, "a medida que pase el tiempo, el poten-

cial d e migraciones irá e n progresión" [Davis, 1981, p. 422-423]. L a evaluación de Davis es obviamente muy aproximativa; Conde [1982, p. 66] por su parte, adopta un método de

en el volume n d e las corrientes

de migración internacional necesarias para igualar, al cabo de cierto tiempo, la renta real de los diversos países y para mantener poste- riormente este equilibrio; pero este tipo de cálculo es infinitamente más complejo y entra- ña varios supuestos metodológicos distintos. En cualquier caso, probablemente conduciría

cálculo basado

países

qu e

tierra permitie-

todos

los

má s desarrollados" [Davis,

a una estimación mucho más alta del potencial

Riad Tabbarah

de migraciones internacionales. Además, si bien la igualdad internacional de rentas reales podría reducir considerablemente las migra- ciones internacionales, probablemente n o las eliminaría completamente ni las tornaría insig- nificantes, ya que el mantenimiento de seme- jante equilibrio económico requeriría cierto movimiento migratorio continuo. Por otra parte, también es de prever que se produzcan corrientes migratorias por razones no econó- micas que pueden ir desde el éxodo por disturbios políticos a la pura preferencia perso- nal. L o único que puede decirse a este res- pecto es que "desde cualquier punto de vista, el potencial de la migración internacional es hoy día enorme" [Davis, 1981, p . 424]. Frente a este enorme potencial, los go - biernos no cesan de tomar medidas que cam- bian constantemente con el objeto de regular tanto la emigración como la inmigración. Com o se h a dich o recientemente , "la eco - nomía internacional es interdependiente. L a política internacional, en cambio, reviste una forma sumamente incoherente. Deposita la

autoridad suprema en ranos" [Lewis, 1983, p.

este proceso dialéctico el que determina la amplitud y la configuración d e las migraciones internacionales. El desacuerdo con respecto a la importan- cia del volume n futuro d e las migraciones internacionales proviene de diferencias tocan- tes a dos evaluaciones distintas: hasta qu é punto serán restrictivas las políticas de inmi- gración y en qué medida serán eficaces para reducir los movimientos migratorios interna- cionales. Los pronósticos efectuados en el pasado sobre la virtual desaparición de tales movimientos se basaban en el supuesto de que los principales países de inmigración perma-

nente (Estados Unidos, Canadá y Australia) estaban introduciendo políticas restrictivas que se tornarían cada vez má s estrictas. Estas predicciones resultaron erróneas por varias razones: en primer lugar, tras la adopción de dichas políticas e n la década d e 1920 , las sucesivas revisiones apuntaron principalmente

a seleccionar los inmigrantes y

número [Tabbarah, 1977, p. 302-303; Davis,

los estados sobe- 99]. E s precisamente

n o a reducir su

El futuro de las migraciones

internacionales

451

Escena clásica: inmigrantes en Ellis Island, Nueva York, con la Estatua de la Libertad en segundo plano.

H.

Roger Viollet.

57; Hawkins, 1982]. E n realidad,.el

volumen de la "inmigración permanente" legal en los referidos países h a venido creciendo regularmente a lo largo d e las tres últimas décadas, pasando de unas 450.000 personas

d e 1950 , a una s 650.00 0 e n la d e

1960 y a casi 700.000 en la de 1970. El aumento real ha sido aún mayor, ya que,

como se verá, el volumen de la inmigración ilegal a dichos países (especialmente los Esta- dos Unidos) también se elevó durante el

segundo lugar, a

mencionado periodo. E n

partir de 1960 afluyó a los países de Europa Occidental una considerable e imprevisible corriente migratoria internacional, con lo que

dicha parte del continente, que era tradicional-

ment e una

fue

zona de emigración, pasó a ser una

importante área receptora. E s cierto que

básicamente una inmigración "temporal" de mano de obra pero, como es inevitable en casos semejantes, una parte de los inmigrantes terminó por establecerse de manera perma-

1947, p.

ial

añ o e n la

nente [Kritz, 1983, p. 2]. E n tercer lugar, una corriente más imprevisible todavía cobró nota- bles proporciones, más o menos en la misma época, en dirección a los países ricos en petróleo, especialmente los del Golfo Pérsico, que atrajeron a millones de trabajadores, inicialmente de los países vecinos, pero luego

de países tan distantes

gladesh, la República de Corea y Filipinas. Por último, la inestabilidad y los trastornos políticos que caracterizaron el periodo poste- rior a la segunda guerra mundial, impulsaron a millones de refugiados a cruzar las fronteras internacionales.

Las políticas restrictivas, destinadas ya sea a la emigración o a la inmigración, redu-

com o Sri Lanka , Ban - ;

cen considerablemente las corrientes migrato- | rías. E n realidad, dado el enorme potencial

i d e las migraciones internacionales, "lo qu e sorprende n o es la magnitud de las migracio- nes sino su escaso volumen". [Davis, 1981,

las políticas adoptadas

! p . 419] . N o obstante,

452

en este camp o en los últimos años n o elimina- ron las migraciones ni siquiera cuando era éste su propósito deliberado. Las políticas de restricción de la emigración en algunos países del mundo árabe (por ejemplo, Siria, Soma- lia, Sudán), han provocado un fenómeno poco estudiado de emigración ilegal que, según parece, ha llegado a alcanzar "proporciones

críticas" en la región [Dib, 1983,

medidas tomadas para restringir la inmigra- ción, por otra parte, también han modificado profundamente las corrientes migratorias in- ternacionales. Así, las nuevas políticas adopta- das po r los Estados Unidos y el Canad á mediada la década d e los años sesenta, cuando se apartaron del sistema de cupos étnicos para

favorecer la entrada de inmigrantes altamente calificados, se tradujeron no sólo en un súbito

y considerable aumento del "éxodo de profe-

sionales" d e los países meno s desarrollados [Tabbarah, 1977, p. 304] sino, particularmente en los Estados Unidos, también en una progre- sión correspondiente de la inmigración ilegal de man o de obra no calificada y semicalificada procedente sobre todo de México y otros países vecinos. E n consecuencia, el número total d e inmigrantes e n los Estados Unidos aumentó en vez de disminuir.

Está claro pues que, desde la década de 1920 por lo menos , las políticas d e inmigra- ción d e los países d e inmigración permanente no se han tornado más restrictivas y que, en cambio , otros países (especialmente los d e Europ a Occidental y los del Golfo Pérsico) han abierto sus puertas a la inmigración. Allí dond e las políticas d e migración ha n sido

realmente restrictivas, han dado origen a la inmigración ilegal. E n consecuencia, si toma-

m o s e n cuenta las lecciones del pasado , hemo s

d e concluir co n Cond e [1982, p . 88] "qu e las migraciones internacionales van a continuar".'

E n realidad, todos los intercambios entre los

países (capital, comercio, turismo, etc.) van en aumento. El volumen del comercio interna- cional, por ejemplo, h a crecido durante los últimos cuarenta años en la proporción de 1,5 veces el crecimiento del PN B mundial. Conviene observar, empero, que esta propor- ción está recuperando actualmente los niveles

p . 12].

Las

Riad Tabbarah

de 1914, es decir, de antes del deterioro

provocado por dos guerras mundiales y la Gran Depresión [Streeten, 1983, p . 2], pero

la proporción del

comercio internacional con relación al PNB seguirá aumentando significativamente de aquí al año 2000 [Bogomolov, 1983, p . 3]. Puede concluirse asimismo que, como en el pasado reciente, la naturaleza y las pautas d e las migraciones internacionales continuarán cambiando e n respuesta a las nuevas legisla- ciones y a la transformación d e las realidades económicas y políticas. Volveremos a tratar estas conclusiones en la sección siguiente.

los economistas prevén qu e

Pautas d e las migraciones

internacionales en el futuro

E n el empeñ o d e predecir las características

de las futuras migraciones internacionales ha y que empezar por reconocer que, como en el pasado, es probable que se desarrollen pautas enteramente nuevas. Pueden producirse nue- vos movimientos de población con motivo del descubrimiento en nuevos lugares de recursos ya conocidos (por ejemplo, petróleo en la región del Ma r del Norte y, má s reciente- mente, en Irlanda) o de recursos totalmente nuevos. El pasado reciente está lleno de ejemplos d e está índole, desde la fiebre del oro a la fiebre del petróleo. El problema

estriba, sin embargo , en qu e es

prever lo imprevisible y permanecer dentro de

los límites d e la ciencia,

que se definan estos límites. Por esta razón, aun teniendo en cuenta estas posibilidades, resulta má s prudente basar las predicciones sobre las migraciones internacionales a medio plazo e n un a investigación d e las tendencias incipientes qu e se advierten e n las actuales corrientes migratorias. Al parecer, no se han introducido gran- des cambios e n las políticas qu e afectan a la inmigración permanente. El único gran país de inmigración permanente donde se está pro- duciendo actualmente un importante debate legislativo sobre el tema es los Estados

imposible

po r mu y ampliamente

El futuro de las migraciones

: Inmigrantes clandestinos

internacionales

453

forman fila en los suburbios de París para regularizar su situación. Zachmann/Rush.

454

Unidos. E n el Canadá, el Parlamento exa-

min a anualmente los niveles futuros d e la

inmigración; la última de

preveía para 1983 ningún cambio importante

en - las tendencias de inmigración

la reducción de la admisión en la categoría (relativamente exigua) de "inmigrantes selec- tos" [Canadá, 1983, p . 4- 5 y 58-59]. Pero la nueva legislación propuesta no pretende modi-

neta, pese a

estas revisiones n o

ficar los niveles actuales de inmigración legal. "El principal propósito de la legislación es reducir o contener la inmigración ilegal, pero

no restringir la admisión de nuevos inmi-

grantes y refugiados" [Kritz, 1983, p . 9]. E n la mayo r parte d e estos países, las legisla- ciones seguirán probablemente dando priori-

dad a la necesidad de mano de obra calificada así com o a la reunificación d e las familias y la concesión de asilo político. Allí donde la inmigración ilegal es excesiva, especialmente

en los Estados Unidos, seguirán haciéndose

esfuerzos por estrechar los controles, pero la eficacia de estas medidas quedará por ver,

particularmente en los periodos d e prosperi- dad económica en que aumenta la necesidad

de man o de obra n o calificada y semica-

lificada. E s probable que la emigración euro-

pea a las Américas y a Australia se mantenga

en sus bajos niveles actuales, salvo imprevis-

tos^ acontecimientos políticos. E n el pasado,

esta emigración cobró impulso cuando las

condiciones económicas de Europa empeora-

ron y decreció cuando, como en la década de

1960 y primeros años de la del setenta, reinó la prosperidad económica. Pero también fue

así

cuando , como h a señalado Brinley Tho -

mas

, los ciclos de desarrollo económico regis-

trados a cada lado del Atlántico (entre 1840

y 1914) fueron recíprocamente inversos

[Appleyard, 1977, p . 293]. L a integración

i económica del mund o h a

tales niveles que, cuando la recesión se inicia

en cualquier parte del mund o industrializado

i (particularmente en los Estados Unidos), se extiende rápidamente al resto del mismo y a

alcanzado hoy en día

los países del tercer mundo .

Predecir las pautas d e las migraciones d e mano de obra es una tarea infinitamente más ¡compleja y problemática. E n el pasado, en

Riad Tabbarah

Europa al menos, la inmigración de trabaja- dores crecía en periodos de prosperidad econó- mica y se contraía en periodos de recesión. E n cierto sentido cumplía la función de "estabili- zador del ciclo económico" [Tapinos, 1982, p. 59]. Sin embargo, como estos movimientos "temporales" han originado una inmigración "permanente", se han experimentado cada vez mayores dificultades, en periodos d e rece-

sión grave, para invertir las corrientes migrato- rias. Estas dificultades se perciben de un modo

particularmente agudo e n

occidentales, donde, con motivo de la grave recesión actual, el desempleo alcanza un pro-

medio de má s del 10 % [Bogomolov, 1983, i p. 13]. Los países europeos occidentales descu-

los países europeos

bren tambié n co n

creciente inquietud las di-

mensiones étnicas de dicho tipo de inmigra- jción, que no habían plenamente apreciado en | la formulación inicial de sus políticas, concreta- mente porque se pensó que la inmigración de mano de obra era un fenómeno temporal. L a República Federal de Alemania, por ejemplo,

nunca habría aceptado tan elevada proporción de turcos de haber sabido que una parte

considerable de esta población extranjera ter- minaría por establecerse o intentar estable- 1 cerse con carácter permanente en el país.

; E n realidad, en algunos países de la

! OCD E está iniciándose la recuperación econó-

' mica [Lewis, 1983, p . 98] y la demanda de

man o d e obr a extranjera aumentar á sin dud a alguna má s allá d e los bajos niveles actuales debidos a la recesión. Mas , po r las razones ya explicadas, la reacción d e los países europeos

necesidad de fuerza de trabajo n o habrá

de ser necesariamente análoga a la del pasado. Sostiene Zolberg que si bien continuarán importando cierta cantidad de mano de obra procedente de países periféricos, será en pro- porción mucho má s limitada y preferirán invertir más capital e n países dond e los sala- rios son bajos como alternativa a la importa- ción de fuerza de trabajo [Zolberg, 1982, : p. 47]. Pero es éste un objetivo político muy : difícil de alcanzar en sociedades democráticas, aunque sólo sea porque la inmigración es un asunto de interés público mientras que la inversión económica sigue dependiendo en

a esta

El futuro de las migraciones internacionales

amplia medida de la iniciativa privada. Ade-

principales países exporta-

dores de fuerza de trabajo (a Europa) son o bien socialistas (por ejemplo, Yugoslavia), países donde el riesgo de la inversión es elevado, o bien países qu e no ofrecen gran- des alicientes para la inversión extranjera masiva, particularmente en el sector indus-

más , mucho s d e los

trial. Por estas y otras razones, la historia Creciente (con excepción quizá del Japón) n o

! ofrece

muchos

ejemplos de exportación

de

capital como sustitutivo eficaz de la importa- ción de mano de obra.

Cabe señalar asimismo que la hostilidad inicial de la opinión pública hacia la fuerza de

las comunidades extranjeras cuand o

la recesión eleva los índices d e desempleo está

llamada a ceder ante una apreciación má s razonada y ponderad a d e las ventajas y los inconvenientes de la situación a má s largo plazo. Esta evolución ya ha comenzado. Así, el ministro francés del Interior declaró en la reunión sobre cooperación entre Francia y el Tercer Mund o celebrada recientemente en Marsella: "Si todos los trabajadores extranje-

ros se marchara n d e Francia, las obras públi- cas y las actividades d e la construcción se

produciría un colapso e n las

industrias química y del automóvil" [As-Sabah, 1983a, p . 6]. D e igual manera, un informe publicado recientemente por la Secretaría de Estado francesa encargada de asuntos de la migración (destinado a la difusión general) explica que en Francia un o de cada cuatro automóviles y uno de cada tres kilómetros de carretera son producto d e los trabajadores extranjeros. También señala el informe que, gracias a los elevados índices d e actividad d e la población extranjera, su existencia tiende a enderezar el balance de cuentas de la Seguri- dad Social, que se había desequilibrado debido al envejecimiento de la población nativa. Por último, recuerda al público que la población extranjera ha pasado en realidad a ser parte d e la sociedad francesa en la medida en que 13 millones de ciudadanos franceses tienen cuando menos un progenitor o un abuelo de nacionalidad extranjera [As-Sabah, 1983a, p . 1 y 6].

desplomarían y se

trabajo y

455

El factor demográfico desempeñará sin

dud a u n importante papel e n las futuras decisiones sobre la inmigración en Europa. L a

mayor parte d e

tales tienen en la actualidad una tasa de natalidad igual o incluso inferior a la que requiere el mantenimiento de la población y

en algunos se ha iniciado ya una disminución

efectiva d e

palmente en la República Federal de Alema- nia, pero también en Austria, Suécia y el Reino Unido). El coeficiente medio de incre- ment o natural e n los demás países d e Europa importadores d e man o d e obra, e n los próxi- mos veinte años, será probablemente desdeña- ble, y alcanzará sus niveles má s altos del 0,24% e n Francia y los Países Bajos. L a

fuerza de trabajo, no obstante, crecerá durante

los próximos veinte años, pero a

moderados: por debajo del 0,5% anual en la mayoría d e los principales países importa- dores de mano de obra (República Federal de Alemania, Suiza, Reino Unido) y el 0,7% en Francia; (este crecimiento reflejará el equili- brio positivo entre un a disminución d e los grupos d e eda d má s jóvenes y u n alza d e los de mayor edad) [OCDE , 1983, p . 65]. Consi-

derando los datos demográficos, Cond e [1982, p . 77 ] concluy ó recientemente qu e "si n o se produce u n cambio radical e n las formas y medios de producción, como la automatiza- ción total por ejemplo, se experimentará una acuciante necesidad de mano de obra, y esta necesidad sólo podrá ser satisfecha mediante la importación de fuerza de trabajo extran- jera". E s de esperar, pues, que se reanuden

las migraciones d e

trabajadores a Europ a que sobrevenga un pe-

riodo de rápido crecimiento económico, pero también qu e los países receptores ejerzan sobre ellas u n control "más estricto que en el pasado, al meno s hasta que las actuales pobla- ciones extranjeras estén más asimiladas.

los países europeos occiden-

las poblaciones autóctonas (princi-

ritmos mu y

. Occidental

siempre

E n el marc o d e la reunificación d e las familias, continuará una cierta migración a Europa Occidental también. E n realidad esto ya está aconteciendo en la actualidad a pesar de la grave recesión, y probablemente se intensificará con la recuperación económica

456

Durant e los últimos cinco años, si bien el contingente de inmigrantes de más de 25 años

asentados en Europa se ha mantenido relativa- mente estable, el número de inmigrantes de menos de 25 años ha aumentado sensible-

ment e

[OCDE , 1983, p . 20-21]. Cabe señalar,

empero, que durante.los periodos de recesión

sobrevenga

en el futuro— un a parte d e los trabajadores migrantes regresarán a sus países exporta- dores de fuerza de trabajo. Esto se aplica especialmente a los trabajadores procedentes de países no integrados en la CE E (Argelia, Marruecos, Túnez, Yugoslavia, etc.) a quienes se les pued e negar la prórroga d e los permisos d e residencia a causa del desempleo, situándolos con ello en posición ilegal. Otro tanto ocurrirá co n los trabajadores d e todas las nacionalidades qu e vuelven voluntaria- mente a sus países de origen para continuar sus carreras o para jubilarse.

—el actual o cualquier otro qu e

los principales países receptores

e n

. El otro gran polo de atracción de la mano

de obra emigrante es, naturalmente, la región del Golfo Pérsico. E n estos países, las propor- ciones de población y fuerza de trabajo extran- jeras ha n sido las má s altas del mundo . Así , en 1980, la proporción de población extran- jera total era del 23% en Arabia Saudita, el 31% en Bahrein, el 59% en Kuwait, el 73%

en Qata r y el 76% e n los Emiratos Árabes Unidos. Puesto que el índice de actividad

total d e los inmigrantes es much o má s elevado

que el d e las poblaciones nativas

(debido a la

distribución po r sexo y edad d e los inmi- grantes en la que predominan varones y adultos), la proporción de trabajadores extran- jeros en la fuerza de trabajo era má s alta todavía, alcanzando alrededor del 90 % en Qatar y e n los Emiratos Árabes Unidos. Lo s asiáticos no árabes, principalmente indios y paquistaníes, constituyen, según los países, una parte más o menos considerable de estas poblaciones foráneas [Tabbaráh, 1982, p . 36]. La presencia en su territorio, en gran número, de poblaciones étnicamente diferen- tes h a suscitado un a enorm e preocupación entre los gobiernos d e la región, especial- mente porque en algunos casos se ha manifes-

Riad Tabbaráh

tado un proceso de "aculturación inversa", con la consecuencia de una pérdida gradual de la identidad nacional árabe. Pero por otra parte se ha considerado que una afluencia muy numerosa de inmigrantes árabes podía

implicar riesgos políticos. E n consecuencia, los países d e la región están optando cada vez más por el llamado proyecto "carcelero", en virtud del cual u n contratista (por ejemplo japonés) introduce los trabajadores d e todas las categorías requeridas (por ejemplo corea- nos), los mantiene e n "enclaves" durante el tiempo de realización del proyecto y, una vez

concluido,

origen. Se estima que este método elimina tanto los riesgos políticos com o las incidencias

étnicas negativas. Sin embargo, n o solamente este método impide toda forma de transferen- cia tecnológica, sino qu e además sólo es aplicable a un a pequeñ a parte d e las activi- dades de desarrollo, principalmente la cons- trucción de infraestructura. L a edificación de un hospital puede emprenderse en el marco del mencionado método llave en mano, pero no su administración y funcionamiento. E n cualquier caso, un o d e los resultados d e esta tendencia h a sido u n rápido aumento de la proporción de asiáticos dentro de la fuerza de trabajo extranjera. Por ejemplo, en la Arabia Saudita, principal usuario de mano de obra extranjera de la región, la proporción de asiáticos en la población pasó del 8% en 1975 al 36% en 1980, y la proporción de árabes bajó del 82 al 57% durante el mismo periodo. Esto no significó, empero, que el número de árabes no sauditas haya disminuido en valores absolutos, sino únicamente que aumentó mucho menos (de 800.000 a 1.200.000) que el número de asiáticos no árabes: de 80.000 a

770.000 [Tabbaráh, 1983a, p . 97-98].

los hace regresar a su país d e

Las bajas recientes d e los precios del

petróleo y la aún más reciente reducción de la producción d e los principales países produc- tores se han traducido en una disminución considerable d e las rentas procedentes d e la exportación d e los crudos y en un a mengua

concomitante de la

de esperar por lo tanto que, en el futuro

inmediato, la demanda de mano de obra

expansión económica. E s

El futuro de las migraciones internacionales

457

Expulsión de squatters inmigrantes en Brixton, Londres. Chris steeie-Pcrkins/Magnum.

extranjera tienda a decrecer seriamente y se produzca alguna migración d e retorno. Puesto

qu e los proyectos d e construcción y d e infraes- tructura so n los má s gravement e afectados e n tales situaciones, probablemente se moderará el rápido aumento del número de proyectos

e n man o qu e se había venido observando correr d e los últimos diez años. Fuera d e

estos proyectos, los asiáticos n o árabes y los árabes (particularmente yemenitas) que traba- jan en el sector de la construcción serán con toda probabilidad los má s afectados.

Esta situación, empero, n o puede durar much o tiempo. E n primer lugar, la fuerte

reducción d e la producción petrolera d e los principales países d e la OPE P (particular- mente Arabia Saudita) probablemente consoli- dará los precios del petróleo y detendrá la

las rentas procedentes d e

la exportación de esta materia prima. E n segundo lugar, cabe prever qu e la esperada recuperación económica d e los países indus-

llave e n el

disminución d e

trializados hará subir la demand a y co n ello los precios. Est o parece ser tanto má s factible cuanto qu e ni surge u n sustituto energético del petróleo en el horizonte inmediato ni

parec e qu e estén

agotándos e las reservas

petrolíferas: segú n u n cálculo reciente, las d e

Arabia Saudita corresponden a 148 años o má s al nivel actual d e producción [As Sharq

Al Awsat, 1983]. Po r último, cuando acabe

la

guerra Iraq-Irán, si es qu e acaba algún día,

la

necesidad d e reconstrucción en ambos países, particularmente en el menos poblado, Iraq, será enorm e y exigirá grandes cantidades d e trabajadores extranjeros, lo qu e puede poner en marcha un a nueva y sustancial ola inmigra- toria e n la región.

458

Principales problemas inherentes

a las

migracione s internacionales

Las

migraciones ilegales

N o cabe la menor duda de que la inmigración

ilegal seguirá constituyendo un aspecto signi- ficativo de las migraciones internacionales

durante algún tiempo todavía. E n su propó-

sito d e estrechar los controles sobre la inmi- gración ilegal, cabe, esperar qu é los Estados Unidos intenten aprobar leyes con que sancio- nar a los empresarios qu e contraten inmi-

grantes ilegales, acción ésta qu e sin

desencadenaría un importante debate polí- tico. Las presiones contra la formulación y aplicación de semejantes medidas vendrían en gran medida de los virtuales empresarios, pero también del creciente número de ameri- canos de origen mexicano (o de otras proce- dencias latinoamericanas o caribeñas). El hecho de que la legislación legalizará inevita- blemente la situación de un número considera- ble de inmigrantes ilegales incrementará aún más el volumen de esta comunidad y por ende intensificará las presiones políticas contra todo tipo de medidas drásticas encaminadas a expulsar a los inmigrantes ilegales. Se hará cada ve z má s evidente qu e las medidas legales directas destinadas a reducir la inmigración clandestina tienen grandes limitaciones, son difíciles de hacer cumplir y probablemente han alcanzado ya su nivel óptimo de eficacia. Con el tiempo, habrá que hacer mayores esfuerzos para elaborar políticas más comple- tas qu e incorporen un a actitud má s liberal

duda

hacia la inmigración de trabajadores semica- lificados y no calificados procedentes de países periféricos, junto con una afluencia sustancial de ayuda económica e inversión de fondos de los Estados Unidos en las actividades económi - cas d e los países de origen de los inmigrantes (con medidas para reducir el riesgo cuando sea-necesario, mediante garantías del Estado

y otros arbitrios) y un serio esfuerzo por parte

: de dichos países para promover el desarrollo y

una distribución má s equitativa de la renta.

Con este objeto, podrían elaborarse acuerdos

Riad Tabbarah

bilaterales y multilaterales en que se contem- plasen detalladamente todos los aspectos de la cuestión. En Europa y Oriente Medio, la inmigra- ción ilegal asumirá probablemente un carácter

distinto. Aquí , e n vista d e las

ciones económicas qu e

países receptores en un futuro inmediato, la inmigración ilegal provendrá menos de la entrada clandestina de inmigrantes que de la permanencia de los mismos en condiciones de ilegalidad. E n todos los países, u n inmigrante necesita un permiso de residencia y/o de trabajo, y la negativa de las autoridades a renovar estos permisos (generalmente porque el inmigrante principal está en paro) coloca al

cabe prever en los

difíciles condi-

inmigrante en situación ilegal. E n Francia, una enmienda legislativa de fecha 10 de junio de 1983, faculta a los tribunales para ordenar la expulsión inmediata de un inmigrante ha-

llado en una situación ilegal como la descripta, aun cuando éste intente apelar la decisión de

los

los países del Golfo Pérsico, la expulsión en estos y otros casos semejantes se deja a la total discreción del ministro del Interior, cuya decisión es inapelable [Dib, 1982, p. 1086].

Una importante tendencia que debe vigi- larse cuidadosamente en el futuro inmediato

es, pues, la de la expulsión generalizada de inmigrantes ilegales. Será conveniente estable- cer una neta diferenciación entre la inmigra- ción ilegal debida a entradas clandestinas y la inmigración ilegal debida a permanencia ilegal (en realidad, algunos inmigrantes pueden inci-

amba s categorías a la vez) . La s expul-

dir e n

siones masivas por razones "políticas" no han

sido raras en los últimos tiempos [Tabbarah, 1982, p. 40]; y a éstas puede sumarse la expulsión en masa de inmigrantes en situación ilegal. Y a se han registrado casos de este último tipo en Europa y en Oriente Medio.

tribunales [Théolleyre, 1983 , p . 48]. E n

Las

migracione s de retorn o

surgirá probable-

mente d e las migraciones d e retorno que , según las previsiones, podrían cobrar mayor

Otra

serie, de

problemas

El futuro de las migraciones internacionales

459

El éxodo de profesionales: Albert Einstein a su llegada a los Estados Unidos a bordo del Westerland, el 27

d e

Octubr e d e

1933.

Keystone.

intensidad en el futuro inmediato. El primero,

1981 las remesas aportaron a Yugoslavia má s

y

acaso má s importante, es el tocante a las

de dos veces y media la cantidad d e divisas

remesas

d e fondos d e los trabajadores. Actual-

obtenidas con el turismo [Kjurciev, 1983,

mente,

para má s d e sesenta países en el

p.

3]. E n la República Árabe del Yemen, en

mundo , desde los meno s desarrollados (por

1980, las remesas ascendieron a 8 5 veces el

ejemplo, la República Árabe del Yemen) a los semidesarrollados (por ejemplo, Yugosla-

valor d e todos los productos exportados. E n algunos d e estos países las remesas permitie-

via), dichas

importancia económica significativa. Para muchos d e estos países, particularmente los

menos desarrollados, los fondos enviados po r los emigrados constituyen hoy u n componente sustancial del producto nacional bruto, ya que, en 1980, alcanzaron del 12 al 13% en Egipto, el Pakistán y Portugal, el 35% en la

República Árabe del Yeme n y el 64% en el

remesas ha n llegado a tener un a

Líbano. E l efecto d e las remesas sobre la balanza de pagos h a sido todavía más impor- tante, como puede comprenderse. Así, en

ron, ciertos años, transformar el déficit d e la balanza comercial en u n superávit. E s evi- dente, pues, qu e para muchos países menos

desarrollados la mano

la exportación má s importante [Tabbarah, 1983a, p . 4]. Las migraciones de retorno n o suelen reducir al principio las transferencias d e fondos, toda vez qu e los trabajadores qu e regresan suelen traer consigo los ahorros acumulados, pero dicha reducción se produ- cirá inevitablemente mu y poco tiempo des-

de obra h a llegado a ser

460

Riad Tabbarah

pues. Esto n o sólo creará problemas en la

balanza d e

tentes, sino qu e disminuirá las posibilidades de que esos países obtenganfinanciaciónexte- rior para sus programas de desarrollo. Para países qu e ya conocen dificultades en su balanza de pagos (por ejemplo, México) o para aquéllos cuya principal fuente de divisas son las remesas (por ejemplo, la República Árabe del Yemen, elJLíbano, etc.) una reduc- ción súbita y sustancial d e las transferencias de fondos d e los expatriados tendrá serias consecuencias económicas, que pueden reper- cutir en otros países deudores y acreedores. Esto podría ocurrir particularmente e n los países que exportan trabajadores semicalifica-

dos y no calificados,

pagos o intensificará los y a exis-

un punto al nivel del crecimiento natural en 1975, superó a éste último por un punto en 1980, o sea pasó del 3 al 5% anual en el lapso de cinco años [Tabbarah, 1981]. El retorno de los emigrados a Jordania, sin embargo, n o tenía po r causa el desempleo e n los países' receptores, sino, antes bien, la prosperidad económica de la propia Jordania, determi- nada e n mu y amplia medid a po r las remesas de fondos de estos mismos emigrados. "Si esta migración de retorno continua, inevitable- mente disminuirá aún má s y luego cesará virtualmente la afluencia de remesas, y si la mano de obra extranjera permanece en Jorda- nia, los ingresos d e dinero se trocarán e n salidas de divisas." N o puede uno menos que especular respecto a lasfluctuacioneseconómi- cas cíclicas qu e pued e desencadenar seme - jante proceso [Tabbarah, 1981]. Las migraciones de retorno debidas al desempleo e n los países receptores tienen,

obviamente,

consecuencias aún peores. Pues

los cuales, como ya se h a

dicho, serán co n toda probabilidad los má s amenazados de tener que abandonar las princi- pales áreas receptoras para regresar a su país.

El impacto demográfico de toda corriente substancial de migración de retorno será signi-

ficativo tanto e n los países importadores como ! teniendo en cuenta que, como antes explicába-

mos , las recesiones tienden ho y día a exten- derse prácticamente al mund o entero, los emigrados que regresan se arriesgan a encon- trarse en plena recesión en su patria también, incrementando así el desempleo tras haber contribuido a reducir los ingresos tan necesa- rios de divisas.

Por último, si la migración de retorno se materializa efectivamente, acelerará significa- tivamente el proceso d e envejecimiento e n los países industrializados. Este efecto provendrá de dos fuentes: la pérdida de una población relativamente joven y la reducción de la tasa bruta de natalidad. L a experiencia de Nueva Zelandia antes aludida se tradujo en una aceleración significativa del envejecimiento de

la población a pesar d e

tenían una tasa de natalidad mucho má s elevada que el resto de la población [Farmer,

depend e cada ve z

en los exportadores d e fuerza de trabajo. Como ya se ha observado, si se exceptúa la región del Golfo,, la mayoría d e los países importadores de mano de obra tienen índices de crecimiento natural próximos a cero, de suerte que su crecimiento demográfico

má s d e las migraciones

internacionales. As í pues, la inversión d e las

corrientes migratorias se traducirá en cambios repentinos y relativamente substanciales de los índices d e crecimiento demográfico. Nueva Zelandia ofrece u n ejemplo singular y reciente a este respecto: debido a una súbita inversión d e las corrientes d e migración neta, los índices d e crecimiento demográfico bajaron del 1,8% en el periodo intercensal ; 1971-1976 a ligeramente menos de cero en 1978-1979 [Farmer, 1981, p . 9]. Los países exportadores de mano de obra pueden experimentar también un fenómeno análogo, aunque en sentido contrario. Así, la j existencia de una reducida pero persistente corriente de retorno de jordanos desde 1978, sumada a la constante inmigración de n o jordanos, contribuyó al crecimiento demo- gráfico de este país, cuyo índice, inferior por

que los emigrantes n o

1981, p. 9].

Los inmigrantes de segunda generación

segunda

Los problemas qu e afectan a los inmigrantes

de

generación ocuparán probable-

El futuro de las migraciones internacionales

ment e un a parte importante e n los estudios y

las políticas vinculados a las migraciones inter- nacionales d e aquí afines d e siglo. Un a d e las principales cuestiones será la de la integración de estos inmigrantes e n la sociedad qu e los acoge. Conviene aclarar que el término "inmi- grantes de segunda generación" se refiere aquí

a los hijos d e los trabajadores inmigrantes y n o de los inmigrantes permanentes cuyo proceso de integración ya ha sido ampliamente estu- diado, particularmente po r los sociólogos d e los países d e inmigración permanente. L a situación d e los primeros es much o más ambi- gua y los procesos relacionados con su integra- ción son muy diferentes. L a razón de dicha ambigüedad es qu e e n el caso d e los trabaja- dores inmigrantes el asentamiento perma- nente se ha efectuado a partir de un movi- miento supuestamente temporal.

La

primera cuestión qu e se plantea, pues,

es con qué intensidad desean y fomentan la integración cada un a d e las tres partes intere-

sadas, . el gobierno del país de origen, el gobierno y la sociedad receptores y los inmi- grantes mismos. E n su esfuerzo por aumentar

y prolongar los envíos d e dinero, los gobier- nos d e los países d e procedencia toman

diversas medidas para preservar la identidad nacional de sus emigrantes (por ejemplo, enseñanza del idioma y actividades cultura- les). Po r otra parte, en los países receptores suele observarse una mayor resistencia a la integración d e los hijos d e los trabajadores inmigrantes, ya que estos últimos habían sido aceptados inicialmente sólo para responder a una demanda de mano de obra temporal- mente excesiva. Naturalmente, esta resisten- cia se intensifica e n periodos d e recesión. Además , la incidencia de los factores étnicos es generalmente mucho má s pronunciada en el caso d e los trabajadores inmigrantes, sobre todo porque los gobiernos receptores no toma - ron en cuenta esos aspectos al aceptarlos, precisamente por estimar que la migración de

fuerza de trabajo

Por último, muchos d e los trabajadores inmi- grantes, incluidos los d e segunda generación, sienten ellos mismos que su estancia es tempo- ral y po r end e se resisten a un a completa

era u n fenómeno temporal.

,

461

integración e n la sociedad qu e los alberga. Como consecuencia de esta situación particu-

lar, buena parte d e los trabajos publicados sobre la integración d e los inmigrantes, elabo- rados en el contexto de la inmigración defini- tiva, sólo presentan u n interés limitado y mucha s d e las políticas destinadas a acelerar la integración d e los inmigrantes permanentes no son de fácil aplicación en el contexto actual. Por lo qu e a los países del Golfo se refiere, el problema principal será sin duda el de la política que deberá aplicarse frente al enorme número de asiáticos n o árabes allí

países (los

Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Bahrein, por ejemplo), el carácter arábigo de la socie- dad se ha ido perdiendo, ya que la población

absorb e las nor -

mas, valores y costumbres de la mayoría inmigrante. Detener este proceso de "acultúra- ción inversa" sin expulsar a las grandes masa s de asiáticos n o árabes que realmente son necesarios para el funcionamiento económico de estos países será el principal reto con que habrán de enfrentarse tanto la comunidad intelectual com o los políticos y gobernantes d e la región. Cuand o las limitaciones propias del métod o basad o e n los proyectos llave e n

man o se tornen má s evidentes para los

nos, estos últimos deberán hallar otro tipo de soluciones, o bien reduciendo la demanda de fuerza de trabajo (merced a u n ritmo de crecimiento más lento, a una mayor automati- zación de la producción, etc:), o bien incorpo- rando a estas sociedades del Golfo Pérsico u n número cada vez mayor de árabes de otras regiones, particularmente en virtud de una política más liberal en la concesión de ciuda- danía. Cuand o los países del Golfo salgan del periodo de reducción de gastos en que ahora están entrando, y cuando la guerra Iraq-Irán, como es de esperar, toque a su fin, la demanda de mano de obra extranjera aumen- tará sin dud a considerablemente, pero los gobiernos deberán satisfacerla utilizando método s mu y distintos a los del pasado .

gobier-

nativa minoritaria es la qu e

asentados. E n algunos de estos

462

Otros problemas

Es evidente que cierto número de problemas relativos a las migraciones internacionales tienen importancia hoy y seguirán siendo importantes en lo qu e queda del siglo. N o cabe duda, por ejemplo, de que la represión, la inestabilidad y los conflictos políticos conti- nuarán haciendo estragos y por consiguiente no se detendrán los movimientos d e refugia- dos. Lo s problemas que acarrean estas situa- ciones apenas cambiarán, con la salvedad de que , mientras dure la actual recesión, los refugiados tropezarán probablemente con dificultades cada vez mayores para encontrar asilo. También es probable que sigan debatién- dose los problemas referentes al éxodo intelec- tual, aunque ha empezado a manifestarse una

cierta escasez este tema. N

pales países de inmigración permanente modi- fiquen mucho sus leyes de inmigración con respecto a este punto, de suerte que probable- ment e las corrientes d e man o d e obra d e alto

nivel desde países meno s desarrollados a los más desarrollados continuarán incólumes, aun- que sujetas afluctuacionessegún los ritmos d e crecimiento económico d e los países recep- tores. Cabe prever que el actual debate sobre la utilidad .y el empleo d e las remesas d e fondos continuará y se intensificará en el futuro

previsible. E s cada vez má s evidente que dichas remesas constituyen una importantí- sima transferencia d e fondos d e los países má s prósperos a los meno s desarrollados, cuyo volumen superó últimamente el valor total de la asistencia al desarrollo. En 1980, por ejem-

plo, las remesas netas d e

través de canales tanto oficiales como no

oficiales se estimaron en 50.000 millones de dólares, mientras que la ayuda al desarrollo

d e ideas e n las discusiones sobre o es d e esperar qu e los princi-

dinero efectuadas a

alcanzaba en total poco

llones [Tabbarah, 1983b]. Por esta razón el debate derivará quizá poco a poco hacia planteamientos de política general, en particu- lar las medidas a tomar para aumentar el volumen de dichas transferencias y mejorar su

más de 36.000 mi -

Riad Tabbarah

empleo al servicio del desarrollo de los países que las reciben. El debate científico sobre los principales problemas que plantean las migraciones inter- nacionales se amplía naturalmente a medida que se multiplican los trabajos referentes a este nuevo campo de investigación. En conse- cuencia, es de esperar que en adelante se

preste má s atención a las políticas relativas a

las migraciones internacionales, y medidas d e los poderes públicos

qu e las en este

terreno, que han evolucionado muy rápida- mente en la pasada década, sigan progre- sando, sobre todo en el sentido de una mayor complejidad y elaboración.

Conclusiones

El potencial d e las migraciones internacio- nales es actualmente muy grande y seguirá siéndolo mientras subsista la desigualdad de niveles d e desarrollo e n las diferentes regio- nes y países del mundo. La principal barrera contra la realización d e este potencial son las leyes y disposiciones nacionales que restrin- gen la inmigración y, en medida mucho menor, la emigración. Lo s futuros derroteros d e las migraciones internacionales van a depender, pues, del carácter más o menos restrictivo de las políticas d e los países d e inmigración potenciales y del grado de efectividad de estas políticas. A l predecir las tendencias y pautas d e las migraciones internacionales en el futuro, es importante recordar una lección del pasado:

los súbitos cambios registrados en los coefi- cientes población-recursos en diversas regio- nes, cambios debidos principalmente al descu- brimiento de recursos nuevos, siempre pue- den ocasionar alteraciones imprevisibles en las corrientes migratorias internacionales. Teniendo esto e n cuenta, y co n arreglo a las tendencias actuales, pueden pronosticarse algunas d e las principales pautas y problemas que va n a dominar el pensamiento y las políticas referentes a las migraciones interna-

cionales e n los próximos

veinte años.

En pocas palabras, se estima que, sobre

El futuro de las migraciones internacionales

463

El eterno viajero: un gitano y su oso, en Grecia. Hans w. wilvestsr/Rapho.

, todo por razones económicas, la primera

i parte de este periodo se caracterizará por una

, mayor severidad de las leyes d e inmigración

en cuanto se refiere a la fuerza de trabajo y a

1 las

migraciones ilegales (no a la migración

permanente). Como consecuencia, se modera- rán las corrientes migratorias, se intensifica- rán las migraciones de retorno y acaso tam- bién aumente la proporción de migraciones

clandestinas, con

ciones. Cuand o las condiciones económicas hayan mejorado en, los principales países receptores (y la guerra del Golfo toque a su fin), a este periodo inicial seguirá un incre- ment o d e las migraciones internacionales. L a nueva ola, no obstante, será, hasta cierto punto, cualitativamente distinta, por cuanto los gobiernos desearán precaverse contra algu- nas experiencias indeseables del pasado. E n este contexto, los principales problemas qu e

motivo d e las nuevas restric-

| plantearán las migraciones internacionales ten- drán que ver con la migración ilegal, en

ile-

gal (en contraposición a los inmigrantes con entrada ilegal); la migración de retorno y sus implicaciones económicas, sociales y demo- gráficas; los trabajadores inmigrantes de

I segunda generación y sus problemas de asenta-

! miento, integración y asimilación, así como

¡las cuestiones má s tradicionales referentes a los refugiados, al éxodo de profesionales y al bienestar de los inmigrantes. Dad o el punto alcanzado por los acontecimientos y los ade- lantos de los conocimientos en esta área,

j probablemente se hará mayor hincapié en la formulación y puesta en práctica de políticas más complejas y perfeccionadas para regular

! especial los inmigrantes con permanencia

;las migraciones internacionales.

! El interés de los gobiernos y del público por las migraciones internacionales h a aumen -

464

tado considerablemente e n los últimos años. Los investigadores han tardado en responder,

aunqu e es verdad qu e e n los últimos años se han multiplicado los trabajos dedicados a las migraciones internacionales. Lo s donantes, empero, ha n permanecido en gran medida

insensibles a

sentir en este campo, cada día más importante y complejo. U n a d e las principales dificultades co n qu e tropiezan los estudiosos d e las migra- ciones internacionales es la relativa escasez d e datos disponibles. Los donantes han sido mu y generosos al subvencionar encuestas sobre la fecundidad, pero n o cuando se trataba de estudios empíricos sobre las migraciones inter- nacionales. E n la región árabe, por ejemplo, dond e las migraciones internacionales ocu- pan u n lugar preponderante e n las cuestiones relativas a la población qu e preocupan tanto al público com o a los gobiernos, e n los últimos diez años se ha n llevado a cabo u n sinfín d e estudios estadísticos sobre la fecundi- dad, pero se h a realizado apenas un a sola encuesta importante sobre las migraciones internacionales [Tabbarah y otros, 1978].

las necesidades qu e se dejan

Riad Tabbarah

Como consecuencia, nuestro saber empírico sigue siendo limitado, lo qu e da lugar a innecesarias controversias. Ha llegado la hora, a m i juicio, de dedicar un esfuerzo internacional de auténtica envergadura a la tarea de recoger y analizar datos sobre las migraciones internacionales. Como punto de referencia, sería especial- mente oportuno iniciar una encuesta mundial sobre las migraciones internacionales, d e

igual naturaleza, pero probablemente mucho menos costosa, que la Encuesta Mundial sobre la Fecundidad, cuyas actividades están ya concluyendo . E l principal objetivo d e tal encuesta n o sería determinar los contingentes de inmigrantes d e los diversos países (el conocimiento d e estos datos n o es necesario por ahora), sino proporcionar un a visión d e los efectos d e la migración sobre las familias de los migrantes, sobre los cambios sociales

el desa-

en las comunidade s afectadas y sobre

rrollo económico d e los países qu e envían

migrantes y los que los reciben.

Traducido del inglés

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Nota: Las actas del VII Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencias Económicas, preparadas bajo la dirección de : Douglas Hague, serán publicadas en 1985 por Macmillan Press, Londres y i Basingstoke, (Reino Unido).

Las relacione s entre las migraciones internas

y las

migracione s

internacionales: el caso de África

Aderanti Adepoju

Introducción

nales y las conexiones entre ellas, sus causas y

los

problemas qu e plantean a los gobiernos.

D e

especial interés en el contexto africano son

La causa má s importante d e los movimientos espontáneos de población, registrados en

los últimos años entre las naciones y dentro d e ellas, radica en la creciente disparidad de niveles de desarrollo qu e existe entre los estados. Sus causas y sus consecuencias tie- nen dimensiones económicas, políticas, socia- les y demográficas [Hei- sel, 1982]. L a migración,

por su naturaleza misma, involucra cuando menos tres actores fundamenta- les: el emigrante, una re- gión o país de origen y una región o país de des-

los efectos d e la demarcación d e fronteras

nacionales, la aparición, desde comienzos de la década de 1960, de estados nacionales

independientes, y sobre todo la promulgación de disposiciones y normas que rigen la inmigra- ción. Estas regulaciones han introducido una sutil distinción entre migraciones internas y migraciones internaciona- les —formas amba s d e lo

que otrora fuera libre des- plazamiento a través de

extensas áreas de África— y, e n el caso d e las mi -

graciones internaciona- les, una diferenciación en- tre inmigrantes legales e ilegales. A continuación analizamos estas relacio- nes en el marc o d e las causas qu e originan los movimientos de población

y d e las respuestas d e los gobiernos a los mismos.

Aderanti Adepoju es profesor y jefe del Departamento de Demografía y Estadísticas Sociales de la Universi- dad de Ife, Ile-Ife, Nigeria. Ha reali-

zado investigaciones y publicado libros

artículos sobre las migraciones en

y

Nigeria y en otras regiones de África.

tino. Mientras qu e las migraciones internas, en ¡principio, suponen movi- miento s d e individuos li- bres de restricciones jurí- dicas dentro de un territo- rio geográficamente defi- nido, un migrante inter- nacional se ve invariablemente confrontado con una serie de normas y disposiciones, a veces complejas, primero al salir del país de origen, y luego al entrar, residir, y eventual- mente salir del país receptor.

e n

vías de desarrollo, la evolución histórica y las fases de desarrollo político para comprender

las migraciones en general, la distinción entre migraciones internas y migraciones internacio-

Las migraciones en África:

breve panoram a

histórico

E n África, como e n todas las regiones

El fenómeno de. la migración en África se

entiende mejor en el contexto de la evolución

africanas.

Los efectos de la colonización y la descoloniza- ción sobre la economía, e indirectamente

política e histórica d e las sociedades

468

sobre las migraciones, so n particularmente perceptibles cuando se examinan en el con- texto d e las tres eras históricas: precolonial,

colonial y postcolonial. E n la era precolonial, los movimientos d e población e n África se vinculaban sobre todo co n las condiciones ecológicas y sociopolíticas predominantes, especialmente las sanguinarias guerras triba-

les, los desastres naturales

tierras cultivables o aptas para la coloniza-

ción. Eran, pues, movimientos desprovistos de estructura, colectivos y sin distinciones demográficas específicas [ECA, 1981; Ade- poju, 1979].

El régimen colonial abrió el camino para la pa z y la estabilidad política; los movimien- tos migratorios relacionados con las guerras tribales cesaron o se redujeron, pero desde entonces han reaparecido co n pautas dife- rentes, en forma d e éxodos d e refugiados cuando naciones independientes entablan guerras, como e n el caso del conflicto entre Etiopía y Somalia, de las luchas intestinas del Chad , Angola , Ugand a y Nigeria y las guerras de liberación en África occidental, central y meridional. Los desastres naturales persisten:

la sequía d e la región del Sahel, en África occidental y parte d e la oriental, obligó a miles de personas a abandonar sus hogares,

sin excluir a mujeres y niños. La

tierras nuevas o fértiles aún continúa y el número d e pobres sin tierras propias h a aumentado considerablemente, sobre todo en África oriental. La introducción de incentivos y de diver- sas medidas coercitivas durante la era colonial respondía má s qu e nada al propósito d e satisfacer las crecientes demandas d e man o de obra e n las minas y las plantaciones. E n África occidental, la administración colonial francesa recurría a distintas formas de recluta- miento forzoso d e mano d e obra (en Alto Volta y Malí, por ejemplo). En África orien- tal y meridional, e n cambio , la coerción fu e sustituida por una serie de vigorosas medidas económicas para inducir a una mano de obra de la calidad y en la cantidad requeridas a trabajar en minas y plantaciones. En Sudáfrica, en particular, desde 1963,

y la búsqueda d e

búsqueda d e

Aderanti Adepoju

se h a impedido que las familias d e

dores vivan con ellos en los sitios de trabajo, lo cual, sumad o a los bajos salarios y las malas condiciones d e trabajo, motivó inicialmente una rápida rotación de la mano de obra. E n realidad, las condiciones qu e favorecían tal situación tenían por objeto mantener bajos salarios apenas suficientes para subsistir. Ade- más, cuando las arduas tareas reducían la productividad de los trabajadores —a quienes

se contrataba

dos años— los agobiados y exhaustos jornale-

ros

incluso aumentar la productividad. Ahí radica, en el contexto africano, la pauta de la migración temporal prefijada que trae consigo la migración internacional: los

trabajadores va n y vienen entre su hogar y las

mediocridad d e

la ganancia y la insuficiencia de los servicios

sociales. E n algunos casos, prefieren volver definitivamente a sus regiones de origen antes

que continuar

donde las condiciones d e trabajo

mente deshumanizadoras. E n este

es un error explicar el carácter temporal d e las

migraciones e n África oriental y meridional en términos d e necesidades preestablecidas.

Los factores subyacentes deben buscarse en la organización d e las tareas, en las condiciones de vida y d e trabajo que normalmente n o permiten un a existencia decorosa. Así, cuando las condiciones d e trabajo mejoran, los trabajadores se tornan má s estables e "interesados por su cometido", y en realidad atraen a otros trabajadores, como sucedió en Zambia, la República Unida del Camerún (en las plantaciones d e la antigua Guinea Española) y Nigeria. Cuando llegó la indepen- dencia, estas migraciones se institucionaliza- ron, pero para entonces ya se habían elimi- nado en África occidental y oriental varias prácticas restrictivas referentes a la reunión

de las familias y a los sistemas d e

minas, desilusionados por la

los trabaja-

por periodos n o superiores a

eran reemplazados a fin d e mantener e

e n las minas y plantaciones

so n real- contexto,

residencia y

contratación laboral. No obstante, dichas prác- ticas siguen aplicándose, acaso más rigurosa- mente aún, en Sudáfrica.

En la actualidad, una serie de presiones externas impuestas a las estrategias de desa-

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Desplazamientos internos: caravana dedicada al transporte d e la sal e n la provincia d e Tigré, e n Etiopía.

Georg Gerster/Rapho.

470

rrollo interno en África afectan invariable-

ment e

das a la población local, especialmente en zonas rurales. La s políticas d e las grandes sociedades internacionales con respecto a la inversión qu e afianza las estrategias d e desa- rrollo nacional ejercen un impacto considera- ble sobre la organización política, social y económica interna de cada país, especial- ment e en lo que se refiere a la ubicación y los

la estructura d e las posibilidades ofreci-

tipos de oportunidades de empleo, ingresos y condiciones de vida, lo que a su vez ha influido sobre la migración, tanto interna como internacional, en África.

La migración: causas y relaciones

En el creciente número de publicaciones rela- tivas a las migraciones, tanto internas como internacionales, tiende a prevalecer la idea de que las consideraciones económicas son d e primordial importancia en la decisión de emi- grar, que responde en última instancia al deseo d e los interesados d e mejorar su situa- ción económica. Si tal es el caso, entonces la migración podrá concebirse como una reac- ción —a veces exagerada— a incentivos econó- micos que en gran medida surgen de desequili- brios económicos intersectoriales e intrasecto- riales, así como entre países y Estos postulados plantean dos cuestio- nes: ¿qué factores determinan —y en realidad acentúan— tales desequilibrios estructurales entre los países y dentro d e los mismos y qué relación guardan estos últimos con la migra- ción? [Adepoju, 1979]. L a segunda de estas preguntas plantea el problema no sólo de la función que desempeñan las redes d e informa- \ ción en lo que atañe a la gama de oportuni- dades disponibles, sino también de la facilidad de la migración a pesar d e los obstáculos y las • barreras, las restricciones y las normas qu e rigen la migración dentro y a través de las. fronteras nacionales. Aquí conviene estable- cer un a sutil distinción entre las migraciones internas y las migraciones internacionales. S e supone que un migrante internacional en

Aderanti Adepoju

situación regular se atiene a una serie de requisitos que rigen la entrada y la residencia en otro país. Sólo algunos países africanos , disponen de leyes estructuradas en materia de inmigración, y menos aún hacen cumplir con

rigor dichas leyes, con la notable excepción de

la República de Sudáfrica. D e todos modos,

estas disposiciones son generalmente burladas por los migrantes, en forma deliberada o por pura ignorancia de su existencia [Conde, 1979; Adepoju, 1983].

La migración interna sobreviene en gran

' parte como respuesta a desequilibrios entre las distintas regiones d e un país, y su dirección dominante está determinada por la implanta- ción de los proyectos generadores de empleo. Así, cuando la inversión tanto pública como privada se concentra en la ciudad más impor- tante (a menudo la capital), como sucede en

la mayoría d e los

corriente migratoria se dirigirá sin duda hacia esa ciudad. N o obstante, si las plantaciones, minas y otras empresas se hallan en áreas rurales y ofrecen má s fácilmente oportuni- dades de empleo y de otra índole, es natural

que se produzca una sustancial corriente migratoria intra-rural, como sucede en la República Unida del Camerún, Kenya, etc. De modo semejante, la migración interna- cional significa, en muy amplia medida, que existen desigualdades e n el desarrollo, las oportunidades d e empleo, y especialmente las condiciones d e vida y de ingresos entre los

países, sobre todo entre los países desarrolla- dos y las naciones en vías d e desarrollo. E n ausencia de restricciones rigurosas a la entrada en un país, y cuando la difusión de información sobre la gama de oportunidades que se ofrecen en diferentes lugares es rápida

y eficaz, la migración suele ^responder (con

presteza) a tan positivas — y con frecuencia exageradas— señales. N o obstante, como las migraciones internacionales (acaso en mayor

medida qu e las migraciones internas)

consecuencias políticas, socioeconómicas y demográficas tanto para los países de partida como para los de llegada, se han establecido y se aplican una serie de disposiciones legales para seleccionar y, cuando necesario, restrin-

países africanos, la principal

tienen

Las relaciones entre las migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de África

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Movimiento migratorio

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tradicional: bushmen

en Botswana, J. H .

Jamain/ALlas.

gir, la afluencia masiva d e inmigrantes a los países de destino. E s evidente pue s qu e las migraciones, tanto internas como internacionales (volunta- rias), en general provienen del mismo con- junto d e causas fundamentales: sin embargo ,

•las limitaciones impuestas a las migraciones; internacionales son má s severas, o se hacen cumplir má s expeditivamente. Esto en reali- dad explica, por ejemplo, que el volumen de las migraciones internas sea, según Zachariah

las migra-

ciones internacionales en África occidental. La relación entre ambas formas de migración

y los factores qu e sobre ellas influyen también implican —siempre en el contexto de África occidental— que:

y Cond e [1981], el doble qu e el d e

En general, la migración interna es una prolonga- ción de la migración externa. L a dirección es má s o meno s la misma : desd e las zonas inte- riores d e u n país hacia las áreas costeras. Existe

una relación general negativa entre emigración y migración interna y una relación positiva entre inmigración y migración interna. El índice de

migración interna era bajo en el Alto Volta y el

Tog o donde los índices

eran elevados; era alto, en cambio, en Ghana, la Costa de Marfil y el Senegal, donde el índice de emigración de nativos era realmente bajo.

[ Así] áreas con un índice de migración interna elevado tenían un índice de inmigración alto [Zachariah y Conde, 1981].

d e

emigración definitiva,

Teóricamente, la migración internacional y la migración interna son complementarias y pue- den realmente suplirse una a otra. E n primer lugar, como hemos visto, ambas provienen de un conjunto de factores sociales y económicos interdependientes pero tienen qu e ver princi- palmente con la búsqueda de u n mayor bienes- tar po r parte d e los migrantes salvo, natural- mente, en el caso de quienes se desplazan por causa de desastres naturales (sequía, ham- bruna) o d e los qu e huye n d e la guerra o la

Al\

472

opresión, política (refugiados), excepto los llamados refugiados "económicos". Desde la perspectiva d e los gobiernos, el desarrollo

normalmente tiene el efecto inicial d e estimu- lar la migración —tanto interna com o interna- cional— a corto plazo. A más largo plazo, en cambio, u n instrumento-viable para refrenar o prevenir una importante emigración eventual hacia los países ricos o para inducir a los emigrantes a regresar a casa es el desarrollo sostenido e n los países exportadores d e man o de obra. Esta estrategia se basa en la noción

de

qu e la emigración se debe en gran parte a

la

incapacidad d e los migrantes d e satisfacer

sus aspiraciones e n el marc o d e las posibili- dades qu e le ofrece su localidad o su país. L a pregunta qu e interesa a los gobiernos es la siguiente: ¿Cóm o estructurar el desarrollo para ofrecer soluciones alternativas locales a

la migración internacional? Esta cuestión es

especialmente crítica e n países como Bots- wana, Lesotho y Swazilandia, qu e dependen fuertemente d e la exportación d e fuerza de trabajo a la minas d e Sudáfrica. U n ejemplo obvio e n África occidental es el Alto Volta, país también tradicionalmente exportador de man o d e obra. (Má s adelante examinamos más detalladamente este aspecto.)

Las razones que se asocian co n las migra- ciones internacionales n o son exclusivamente económicas. Com o señala Speare [1974], "en las migraciones internacionales, los factores políticos son con frecuencia más importantes

que los económicos". La s exigencias formula- das po r ciertos estados d e qu e se reajustaran las fronteras arbitrariamente trazadas po r la administración colonial y qu e dividen grupos étnicos y económicos homogéneos, "a fin de acomodarlas a las realidades socioculturales de los países afectados y reagrupar las pobla- ciones d e grupos étnicos arbitrariamente asi- gnado s a diferentes países", los han conducido

a la guerra [Adepoju, 1982]. U n ejemplo

manifiesto es el caso d e Somalia y Etiopía, o , en forma más atenuada, el del conflicto entre Nigeria y la República Unida del Camerún. Consecuencia d e ello es, e n todos los casos, la existencia d e centenares d e refugiados y perso- nas desplazadas.

Aderaníi Adepoju

Tipología d e las migracione s

El aspecto temporal d e las migraciones tiene

dos dimensiones, qu e so n la distancia reco-

rrida y la duración de la residencia en el punto

de destino. Segú n una tipología d e las migra-

ciones esbozada anteriormente por el autor del presente artículo (cuadro 1), esencial-

ment e co n respecto a las migraciones inter-

pueden clasificarse en función d e la

dirección, el tipo de desplazamiento, la distan-

cia y la duración d e la residencia. L a mism a tipología, con algunas modificaciones, puede extenderse a las migraciones internacionales. Por ejemplo, la dirección es un factor esencial para ambas formas de migración, al igual qu e

nas, éstas

la dimensión temporal. L a factor distancia depende , sin

extensión del país que se considere. E s lo que ,

se desprende d e un estudio d e la Organización

de las Nacione s Unida s [1982], e n el qu e se

indica brevemente que

pertinencia del embargo , d e la

Debido a la extensión relativamente pequeña de los estados africanos, comparada con la d e otras regiones en desarrollo, ciertos tipos de inmigra- ción que en otros puntos del globo entrarían en

la categoría de movimientos internos, en África

son transnacionales.

Así, el desplazamiento entre Lagos y Maidu- guri, en Nigeria, a través de unos 1700 km , se

clasifica com o migración interna según el criterio espacial d e distancia, mientras que u n

traslada de Idiroko en Nige-

ria, a Ifoyin en la República de Benin —distan- cia d e uno s 1 0 km — es y a u n migrante internacional; otro tanto ocurre co n los traba- jadores d e zonas fronterizas, qu e residen con

sus familias a un lad o d e una frontera nacional

individuo qu e se

y se dirigen diariamente a sus tierras de

cultivo situadas al otro lado d e

como sucede entre Kenya y Uganda, Ghana y

el Togo o Nigeria y Benin. Com o nos recuer-

dan Kumepo r y Look y [1974], y los ejemplos podrían multiplicarse,

la misma,

la distancia

natales

Ghana n o suele ser grande,

togoleses y

entre la mayo r parte d e las ciudades

sus residencias en y en la mayoría d e

d e los

Las relaciones entre las migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de Africa

47 3

los

casos es má s corta qu e la qu e media entre

factor distancia permite a

la mayo r parte d e los

los

hogares d e los ghaneses d e regiones como . togoleses residentes e n Ghan a hacer frecuentes

Ashanti, Brong-Ahafo y la región septentrional.

visitas a sus casas mientras mantienen en dicho

y la capital Accra donde tienen su residencia. El

país un a residencia

semipermanente.

 

CUADR O

1. Tipología práctica de la migración en África.

Clasificación

por fronteras nacionales

internas

Dirección

Tipo

Distancia recorrida entre origen y destino

Dimensión temporal (duración de residencia en destino)

 

Corta

Media

Larga

Corto plazo

Medio

Largo plazo

Permanente

 

(estacional)

plazo

Rural-rural

Ocupación

Desplaza-

Desplaza-

Desplaza-

mientos

Residencia

dos años

Residencia

diez años

Residencia

Residencia

de nuevas .

mientos

mientos

de menos de

de dos a

de más de

de más de

tierras en

correspon-

correspon-

más allá de

diez años:

veinte años:

la migra-

dientes a la

dientes a la

la región,

puede con-

puede consi-

ción de

dimensión

dimensión

estado o

siderarse

derarse per-

retorno

dela unidad

de ciertas localidades

provincia

largo plazo

manente

;Rural-

Migración

administra-

dentro de

urbana

en una sola

tiva más

una region,

etapa

pequeña

estado o

Urbana-

Migración

provincia

urbana

en una sola etapa

'• Urbana-

Migración

rural

de retorno

Los países del Sahel (Senegal, Mauritania,

tran

en Djibuti,

Kenya ,

Etiopía

y , natural-

Malí, Alto Volta, Níger

y el Chad) son mu y

mente

en Somalia. Com o

ya lo

h e señalado

i pobres y la mayor parte

d e su población está ;

[1979],

!

compuesta por nómadas, seminómadas y labradores sedentarios [Marnham, 1979]. Entre los nómadas , los má s numerosos , dedi- cados al pastoreo, son los fulani (también conocidos por peulh) qu e viven en Níger, Malí, el Alto Volta, Nigeria y el Senegal. L a

tierra natal d e algunas tribus nómada s h a sido

del

territorio d e Teda , repartido entre el Cha d y

las

fronteras

para la

arbitraria-

mente constituyen u n serio obstáculo

libre circulación d e los nómadas . D e todos

las

modos , los nómada s cruzan co n frecuencia

dividida por fronteras,

:1a

Jamahiriy a

Árab e

coloniales

com o

Libia.

es

el

caso

E n realidad,

impuestas

1 las migraciones a través d e fronteras nacionales, especialmente en África occidental, eran fre- cuentes antes de la independencia política y de la aparición d e fronteras territoriales bien defini- das; po r lo demás , la consolidación d e las mismas ha tenido u n efecto mínimo, ya qu e la mayoría d e los migrantes se desplazan con absoluta libertad , sin preocuparse po r las "fron- teras artificiales".

Esto

población qu e se desplazan dentro

nente n o son "enteramente internacionales en

del conti-

de

significa

qu e mucho s

movimientos

fronteras

entre

Kenya ,

Etiopía

y

Somalia \

'• el sentido tradicional d e la palabra"

[Apple-

durante

el periodo en que buscan agua. E n !

yard, 1981].

realidad, nómada s de etnia somalí se encuen-

Volviendo a la situación d e África

occi-

474

dental, los trabajadores migrantes estacio- nales y temporeros qu e cruzan las fronteras consideran qu e sus movimientos "son un a simple prolongación , allende las fronteras d e los estados, d e sus desplazamientos internos y de la migración entre distintas áreas rurales" [OIT, 1975]. A decir verdad, en la mayoría de

los casos es difícil establecer cuándo cruza realmente u n viajero fronteras internaciona- les. L a mezcla d e pueblos, los llamados gru- pos étnicos, es a veces sumamente fascinante:

los mend i viven e n Liberia y Sierra Leona , com o también los vais y los kroos; los yorubas se encuentran en Nigeria y Benin, como los ewes e n Togo y Ghana. Appleyard [1981] observa qu e "probablemente existe sólo un a diferencia sutil entre ciertos tipos de migra- ción clandestina y de trabajadores (especial- mente e n el continente africano), y por eso cualquier intento d e ser rigurosos e n las definiciones, aunque encomiable, n o puede emprenderse con optimismo". N o obstante, este autor recomienda qu e "se contemple

la imperiosa necesidad d e

elaborar

también

una nueva tipología y clasificación".

Otro ámbito d e interés es el d e las migraciones en cadena y en grupos, que, e n África, pueden ser tanto internas com o inter- nacionales. A diferencia del caso d e las migra- ciones "voluntarias", que responden principal-

ment e a factores económicos, las migraciones masivas, dentro y fuera d e las fronteras nacio-

nales e n África,

n o están vinculadas a conside-

Aderanti Adepoju

Las migraciones colectivas d e comunidades homogénea s n o se limitan a las migraciones

internas, sino que han sido también muy impor- tantes en el caso d e los movimientos internacio- nales. E l ejemplo má s conocido es el d e los nigerianos que han emigrado a Ghana, el Togo y

la República d e Benin. Grupos d e yorubas

, proceden d e las mismas localidades d e Nigeria y emigran a destinos específicos. Estos emigrantes por lo común proceden del mismo pueblo o

ciudad, y con frecuencia emigran en grupos o en cadena desde el área natal hasta los puntos d e destino.

A falta d e cauces oficiales d e asistencia, los

migrantes africanos confían e n la red d e relaciones sociales —amigos, parientes, paisa- nos— qu e les da n el aviso d e partida, les

proporcionan alojamiento a la llegada y los ayudan a obtener un empleo.

Conde

[1983]

documenta

u n ejemplo

esclarecedor d e esta característica d e los inmi- grantes "ilegales" procedentes d e Malí, el Senegal y Mauritania y residentes en Francia. Dice:

La solidaridad de clan es de una eficacia plena:

hermanos, tíos y primos alojan a sus hermanos,

primos y sobrinos, etcétera. [

gues se encuentran comunidades diversas. [ ]' Cada comunidad tiende a reagruparse. L o que más distingue a la comunidad negra, especial- mente a los soninkes y toucouleurs, es qu e se

reagrupan por poblados d e origen. [

inmigrante conserva su posición y rango luga-

reño. [

]

E n los alber-

]

Cada

]

Se presta ayuda a quienes la necesi-

 

tan, merced a un fondo comunitario: por ejem-

raciones económicas, sino más bien a factores

políticos y religiosos, y a veces a catástrofes

naturales.

plo,

están.en paro.

a los qu e n o han encontrado aún empleo o

tudinarios

Ademá s d e los movimientos multi- d e refugiados (víctimas de guerras

La observación anterior, y otras semejantes,

y disturbios civiles), expulsados (migrantes en

indican que los migrantes africanos —internos

situación irregular) o peregrinos que son casos

e

internacionales— conservan un prototipo d e

particulares, también se dan casos de migra-

la

estructura sociocultural d e la comunidad

ciones colectivas tanto internas como interna-

natal y consideran su lugar temporal de resi-

cionales. U n ejemplo d e las primeras e s el d e

dencia com o una extensión o prolongación d e

los arrendatarios d e tierras d e

cultivo d e

la comunidad

d e origen. L a observación d e

Nigeria meridional. También se han regis-

Zachariah y Conde [1981] según la cual la

trado migraciones espontáneas de grupos e n

emigración es simplemente una ampliación de

Ghana, Etiopía, Kenya y Zambia, consecuen- cia d e planes d e colonización y asentamiento.

la

puede , si no s atenemo s a las puntualizaciones

migración interna dentro del continente

Com o

ya el autor de este artículo [1983]

de Conde, ser extrapolada a la situación

observaba:

exterior a la región africana.

Las relaciones entre las migraciones internas y las migraciones internacionales: el caso de Africa

 

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475

E n la frontera entre Nigeria y Benin. Stuart Franklin/Sygma.

Definición d e un a política: las migraciones internas como alternativa d e las migraciones internacionales

En África, la migración rural es una alterna-

tiva al éxodo rural, dadas las características n o sólo d e los migrantes (que son predominante-

ment e

calificación profesional, de edad adulta media), sino también de la economía rural. L a diversidad ecológica, la evolución cíclica de la demanda de mano de obra en la región, la disparidad d e los recursos locales y la localiza- ción d e los proyectos agrícolas, especialmente en el Camerún, Kenya y Tanzania,, consti- tuyen los principales factores de atracción d e los migrantes hacia el sector rural. E n África occidental, asimismo, la mayoría d e los migrantes se desplazan de. una zona rural a

personas sin instrucción general ni

otra [OIT, 1975]. Esta observación también es aplicable a Kenya, donde, según Livingstone [1981], la principal corriente migratoria es, en efecto, de tipo intrarural, al igual que el 60% de las migraciones internas en Ghana , según indica el censo de 1970. Así como la migración rural-rural sirve de alternativa viable a la migración rural-urbana para una gran proporción de migrantes africa- nos, así también la migración internacional se dirige e n gran parte hacia áreas rurales de los puntos d e destino. El caso d e los trabajadores migrantes fronterizos es el má s claro: éstos cruzan las fronteras nacionales regularmente para trabajar e n las zonas rurales del país vecino. E n Zambia, por ejemplo, el 60% de los inmigrantes africanos residían e n las zonas

rurales e n 1963. Lo s qu e se dirigían a las zonas urbanas (32%) eran principalmente obreros calificados [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974].

E n 1960, do s tercios (el 67% ) d e los extranje-

476

ros residentes en Ghana vivían en áreas rura- les; este porcentaje descendió ligeramente a 65% en 1970 [Zachariah y Condé, 1981]. Esta pauta también se aplica a los refugia- dos. E n África, son en su mayoría de origen rural y casi todos ellos viven en áreas rurales

de los países de asilo, bien en colonias rurales organizadas —como en el Sudán, Tanzania y Somalia— o bien mezclados con la población local, como sucede en Somalia. E n realidad, se calcula qu e alrededor del 60 % d e los refugiados africanos viven fuera d e las colo-

nias y campamento s organizados,

poblaciones locales [Adepoju, 1982 y referen-

cias citadas alfinalde este artículo]. Esta conclusión n o es totalmente válida:

hay algunas excepciones. El Sudán —donde se calcula qu e u n 50 % d e los refugiados se h a asentado en áreas urbanas— tiene fama de contar con la población refugiada urbana más

numeros a d e

giados africanos, especialmente en el Sudán, Djibuti y Tanzania, se unen a los migrantes internos en sus desplazamientos hacia áreas

urbanas o rurales y compiten con ellos por los puestos de trabajo y otras oportunidades disponibles. Campbell [1981] indicaba tam- bién que en Liberia el 5 % de la población mayor de diez años, en 1974, eran inmigrantes

de los cuales el 64 %

E n un a palabra, los inmigrantes, inclui- dos los "refugiados", compiten e n África por los escasos empleos asalariados disponibles, tanto e n los sectores urbanos como e n los rurales; algunos d e ellos cubren las vacantes dejadas por los nativos qu e ha n emigrado a su vez al extranjero. Además , los migrantes internos d e origen .rural compiten e n las ciudades por puestos de trabajo anterior- mente ocupados por nativos que emigraron al

extranjero en busca de mejores oportunidades económicas y de otra índole. E n la República Unida del Camerún, por ejemplo, donde últimamente las migraciones d e tipo rural- rural tienden a dirigirse hacia las ciudades (en gran medida debido a los bajos salarios que se

paga n e n las

gran a centros urbanos y están siendo reempla- zados por inmigrantes nigerianos que poste-

co n las

África. Po r lo general, los refu-

vivía e n las áreas urbanas.

plantaciones) los jornaleros emi -

Aderanti Adepoju

riormente emprenden actividades de tipo co-

mercial e n las ciudades y algunas veces e n las mismas áreas rurales [Gwan, 1976; Adepoju, 1983]. Conde [1979] también da un ejemplo esclarecedor d e esta mism a pauta tal com o se manifiesta e n Argelia y Túne z (donde los mi - grantes rurales ocupan puestos de trabajo deja- dos vacantes por emigrantes de origen urbano que se habían trasladado anteriormente a Francia) y e n África occidental, donde los migrantes rurales del Alto Volta y Malí toman

el

Una serie de factores económicos y políti- cos influyen en la estructura de oportunidades de un país, e indirectamente en el ritmo y la dirección d e las migraciones, tanto internas como internacionales. Cuando la economía de un país se revitaliza y las oportunidades d e empleo mejoran considerablemente, los nati- vos emigrados a otros países pueden sentirse incitados a volver, como en el caso de Italia y Grecia. El corolario lógico —es decir: que el deterioro de la situación económica convierte a

países importadores de mano de obra en ex- portadores d e la misma — se ejemplifica e n si- tuaciones como la de Ghana que, hasta 1970, era un o d e los principales países de inmigra- ción de África occidental. Sus cultivos de cacao

y sus minas de diamantes atraían inmigrantes

del Togo, Nigeria, el Alto Volta y Malí. Ade - más , las migraciones internas eran mu y impor- tantes [Zachariah y Condé, 1981]. Pero el deterioro de la situación económica y política forzó a emigrar a una proporción muy aprecia- ble de la población adulta, incluidos los migran- tes interregionales qu e se dirigieron especial- mente a Nigeria y fuera del continente afri-, cano. Hoy día, Ghana es un país de emigración de mano de obra, tanto calificada como no , calificada, situación con escasas probabilidades de invertirse durante la próxima década.

En Zambia, por ejemplo, se importaba, con elevado costo, la mano de obra calificada, europeos y africanos indistintamente, para dirigir y hace r funcionar las industrias y las minas de cobre del país. L a proporción de inmigrantes en la fuerza dé trabajo llegó al máximo alrededor de 1960: en el periodo 1960-1964, constituían el 24% de la mano de

lugar d e los emigrantes a Gabón .

Emigrados ghaneses se embarcan para regresar a su país, tras haber sido expulsados de Nigeria, en enero

d e

1983 . Stuart Franklin/Sygma.

478

obra total [Ohadike y Tesfaghiorghis, 1974], porcentaje que descendió al 19,9 en 1966. Desde la independencia, proclamada en 1964, el gobierno de Zambia actuó rápidamente para fomentar la "indigenización" d e los pues- tos d e trabajo e n todo- el país. Ohadik e y Tesfaghiorghis [1974] observaron que :

L

a

independencia política e n Zambi a y e n

los

vecinos países d e origen

d e los inmigrantes

h a

introducido limitaciones económicas y legales que afectan el intercambio de migrantes entre estos países. En Zambia, la concesión de visados

y permisos de trabajo está reglamentada, mien-

tras qu e e n

los países d e origen la independencia

Aderanti Adepojii

poco después de la independencia. También

Zimbabw e suprim o eficazmente el suministro

d e obr a emigrante a las mina s d e

mand ó cerrar todas las oficinas d e

' contratación d e man o d e obra qu e había en el país. Co n anterioridad, en 1974, a raíz de la catástrofe aérea de Francistown en la qu e perdieron la vida 82 migrantes contratados, el gobierno d e Malawi prohibió dicha contrata-

ción pero permitió a los qu e y a estaban e n Sudáfrica qu e cumplieran sus contratos [Elkan, 1978]. Los gobiernos de Botswana, Lesotho y Swazilandia están cada vez má s preocupados

d e man o Sudáfrica

y

política ha traído consigo oportunidades econó- micas alternativas y concurrentes que tienen un a incidencia negativa en la emigración a Zambia.