Está en la página 1de 42

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Las discretas ficciones
de Azorín
DISCURSO LEFDO EL D Í A 15 DE ENERO

DE 1 9 9 6 , EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA, POR EL

EXCMO. SR. DON M A R I O V A R G A S LLOSA

Y CONTESTACIÓN DEL

EXCMO. SR.

DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K

MADRID
I
1996

Las discretas ficciones de Azorín

^ Ji. ^ l i REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Las discretas ficciones de Azorín DISCURSO LEÍDO EL D Í A 15 DE ENERO DE 1 9 9 6 . 4c. POR EL EXCMO. SR. DON M A R I O V A R G A S LLOSA Y CONTESTACIÓN DEL EXCMO. EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA. DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K MADRID 1996 •¿'O"^ - . SR.

Copyright © Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela Tnilock. 285-1996 Impreso en Duplex Ciudad de Asunción 26-08030 Barcelona . 199Ó Depósito legal: B.

D O N M A R I O V A R G A S LLOSA . DISCURSO DEL EXCMO. SR.

mß .

una segunda na- cionalidad. Don Camilo José Cela. hace ya treinta y cinco años. tuve la alegría de ver publicado mi primer libro. Pero. muy en especial. ¿Alimentos para la miserable vanidad? Seguramente. maestros y amigos. Ese largo proceso culmina esta noche con mi ingreso a esta ilustre corporación. gracias a un grupo de médicos de Barcelona aficionados a los cuentos. Excelentísimo Señor Director. por el que doy a todos y a cada uno de ustedes mi profundo agradecimiento. el interés de editores y críticos y el generoso aliento de los lectores. a los tres académicos. Don Pedro Laín Entralgo y Don Rafael Lapesa. Señoras y Señores Académicos. Pre- mios literarios y distinciones académicas. Desde que. que me honraron proponiendo mi admisión. también. de que llegue al lector. Y. estoy agradecién- dole algo a España. Mi deuda se ha ido acrecentando desde entonces hasta alcanzar dimensiones tercermundistas. . un estímulo constante contra el desfallecimiento que acompaña como su sombra al trabajo creativo: aquella secreta esperanza (que destraba nuestra fantasía y fortalece nuestra voluntad en los períodos difíci- les) de que lo que escribimos no sea en vano.

10 . más bien. Ha. cuando menos. con una silla sin pasado y ágrafa. y rodeado de tantas personas ilustres. ahora. Dada mi fenomenal incompe- tencia en la disciplina lexicográfica me temo que mi aporte resulte prescindible. perma- nente y bien intencionado. o. cuando ya garabateaba el borrador de este dis- curso. me propongo corresponder a la benevo- lencia de ustedes colaborando lo mejor que pueda con las tareas de la Real Academia. Y. La falta de una letra en el espaldar del asiento que me cobijará de ahora en adelante no me preocupó en absoluto. Pero. más conocido como Azorín. privada de esa rica tradición de posaderas que orna a todas las otras de este augusto recinto. vi en ello una opor- tunidad de poder elegir como mentor. Y. fui elegido académico sin silla. mejor dicho. no sin cierta desazón e irreverencia. fui informado que la Academia.sta donde entiendo. entre la vasta colecti- vidad de académicos que a lo largo de siglos han ocupado estos sitiales. por razones que trataré de explicar en un momento. elegí a Don José Martínez Ruiz. Con todo el impudor de que soy capaz les confieso que me siento verdaderamente feliz zambullido en esta levi- ta. al que quisiera. sin pensarlo dos veces. desde luego—. No sé si mi instalación en este nuevo hogar afectará mi trabajo de creación —haré cuanto esté a mi alcance para que no lo academice. pero. barajando en mi memoria la miríada de imágenes que en ella flotan relacionadas con mi asidua frecuentación del gran prosista alicantino. debo re- ferirme a un delicado problema de sillas ionesquianas. los Reyes de España. que acompañó mi alumbramiento de académico y que me ha te- nido intrigado. pero él será. en todo caso. protagonizando esta elegante ceremonia realzada por la presencia de Sus Majestades.

Yo no podría decir con la solvencia debida lo mucho que le debe su pro- fesión.pese a mi condición de académico todavía virtual y nonato. en especial. me había mudado de silla. luego de este preámbulo. me propuse ir desde el principio: hacia Azorín. ensayista y merecedor de respeto y admiración por sus cuatro costados. Donjuán Rof Carballo. sin haber estrenado la que me correspondía. su olfato de lector zahori al analizar a los grandes autores de nuestro tiempo. voy adonde. Donjuán Rof Carballo fue un mantenedor de esa noble tradición de los médicos huma- nistas. aquí mismo. que. Y que. En cambio. manejaba con la misma destreza que el español. la palabra autorizada de Don Pedro Laín Entralgo. siguiendo el itinerario que la ima- ginación de Cervantes fraguó para el Caballero de la Triste Figura. identificada por la letra L. amante de la filosofía y la literatura. en los albores del siglo. la medicina y. rama en la que se especializó. ya ocupaba otra. pero en este dominio ya lo ha dicho todo. Lo leí por primera vez cuando estaba en el último año del Colegio. como Proust y Rilke. en la cálida tierra de Piura. sin duda. a quienes dedicó un efusivo ensayo en la len- gua de su tierra natal. por los grandes descampados de cielo inmóvil y las aldeas intemporales de Castilla. por el costado literario. sí me atrevo a re. tan arraigada en Occidente y a la que debe tanto la cultura de Europa y la de España en particular. Esta misteriosa mudanza me ha permitido asomarme a la obra y la persona de este científico y pensador. La ruta de Don Quijote {1905') es uno de los más he- 11 . la patología psicosomàti- ca. como dije. y de la mano de su prosa menuda y morosa viajé con él.saltar su buen gusto. Y. Galicia. ahora sí. políglota. que he heredado del distinguido hombre de ciencia y escri- tor.

Pero. Nunca e. la cró- nica de viaje y la crítica literaria. por idiosin- crasia. su empecinada modestia literaria estuvo a punto de volar en pedazos pues cada una de las dieciséis crónicas que componen el libro está tan perfectamente concebida. una obra de consumada orfebrería artística. vivir confinado en el arte menor. como si proponerse algo ambicioso hubiera sido incompatible con su moral de escritor que eligió. el diario íntimo y el reportaje periodístico. y someter éste al escalpelo del aná- 12 . los visitó Azorín. en La ruta de Don Quijote. mientras recorría los paisajes. a la manera de esas novelas insolentes que se le escapan de las manos a su autor. Para saberlo. pereza o ascetismo intelectual. cuando. Basta hacer un esfuerzo para salir del sueño en que esa prosa nos mantiene. tampoco lo eran hace noventa años. las aldeas y los hogares de la región en busca de huellas de Don Quijote y Sancho Panza. Aunque hubiera sido el único que escribió. Montesinos. Ruidera. a costa de ímprobos tra- bajos. Argamasilla. El Toboso. es tan coherente en sí misma y se complementa tan bien con las demás que el conjunto pa- rece rebasar sus límites y emanciparse.stu- vo más cerca Azorín de esa obra maestra que siempre rehuyó escribir. condensada como la luz en una piedra preciosa. para producir. haciéndonos creer que ese mundo era así. él solo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua y el creador de un género en el que se alian la fantasía y la observación. no es preciso haber estado allá y cotejar lo vivido con las impecables páginas que simulan relatarlo. Puerto Lápice no son ahora como figuran en el libro. Cada vez que he releído esas viñetas y estampas de La Mancha que Azorín escribió en 1905.chiceros libros que he leído. he sentido la emo- ción que despiertan las más hermosas ficciones.

lisis racional. Al margen de los clásicos {1915). aunque el fuego del sol en el horizonte incendie las llanuras cada tar- de y la aspereza de los villorrios sobrevivientes y de los al- deanos contemporáneos parezcan los mismos. tuvieron. la tarea doméstica— a los que se entregan con tanto fatalismo y perseverancia que en ellos. mejor dicho. envejece y pe- rece y en las recreaciones de Azorín todo está quieto. sumido en una mínima rutina que lo aisla y eterniza. el amor. el bordado. por la oceánica abundancia de pa- 13 . vuelcan todo lo que albergan de ternura y espiritualidad. contento de es- tarlo. las violencias que resultan de la política. la religión. Este ensayo. y enredan y desenredan sus relaciones de maneras caprichosas. Los seres de este mundo no se quieren ni desean unos a otros pero tampoco se odian ni se hacen daño: vegetan. en tanto que en esas discretas ficciones de Azorín que son sus artículos y ensa- yos todo aquello ha sido abolido. o. libro que. También la violencia. es idéntico a sí mismo. el efecto de em- pujarme por segunda vez hacia el Quijote. la cocina. ha sido birlado a las leyes de la caduci- dad y la extinción. se diría. Nada de eso existe en las impolutas pinturas manchegas que trazó: cada cual está en su pequeño nicho social. ocupados en quehaceres menudos —la labranza. la pasión que enriquecen y trastornan las vi- das de hombres y mujeres. en los um- brales de la adolescencia.Y porque en la vida real existen el de- seo. y otro no menos evocador. la economía. además. no pudo ser así. la arte- sanía. en el primer intento de lectura. los ca- racteres y psicologías enfrentadas de unos y otros. que leí casi al mismo tiempo. como inútil e inconve- niente.La Mancha no era. Y no pudo serlo porque en la vida real todo se mueve.

Azorín consagró buena parte de sus noventa y cuatro años a enriquecer la vida limitada de las gentes comunes con la vida fulgurante de las grandes creaciones literarias del pa- sado. Éste es un aspecto de la obra de Azorín que siempre deberemos agradecer. que le haga pasar gato por liebre y. la actualidad de su palabra. Él reinven- taba a los clásicos para el lector desconfiado. comentarios y evocaciones de los clásicos. petrificados en el panteón de la gloria. parecen demasiado remotos y egregios para satisfacer lo que el lector común es- pera legítimamente de un escribidor: que lo divierta y lo ma- ree. espiando a esos grandes poetas o enjun- diosos tratadistas o señores de la prosa novelera en su más 14 . la de un contraban- dista. que lo excite y lo intrigue. en sus crónicas cotidianas. no hacía crítica literaria. ésos que. ni tampoco aquellas reseñas que tienen como destinatario a un público enterado o bien dispuesto y que a menudo emplean fórmulas y referencias esotéricas para el profano. Su Carea proselitista en favor de la mejor literatura me- dieval y del Siglo de Oro era serpentina. para acercar a los clásicos al hombre y la mujer «del común» (como los llamaba su admirado Mi- chel de Montaigne). lo arranque de la mediocridad del mundo real y lo traslade a las exaltantes comarcas de la ilu- sión. en el sentido académico.labras y giros desconocidos me había —como diría Bor- g e s — derrotado en los primeros capítulos. Nadie trabajó tanto ni mejor que el maestro Azorín. mostrando a éstos la vida bullente de aquellas estatvias. el que hojea de prisa los periódicos. su labor de escritor-puente entre el público profano y los grandes autores del pasado. la aventura que espera a quien abra sus páginas. En sus crónicas. por unas horas. rememorándolos en su entorno coti- diano y doméstico.

a esos humildes mortales. y re- firiendo sus querellas. El oasis de los clásicos y tantos otros— impelidos a buscar en esos originales los tesoros que él ha- bía encontrado. en el ám- bito de nuestra lengua. novelas. crear. ensayos ha- bían ensanchado la vida de su tiempo y enriquecido a su persona. Los clásicos futuros. El licenciado Vidriera. completándola con formidables experiencias. Sólo cuando la atención de aquel lector había quedado atrapada en las redes de la pintoresca anécdota o divertida circuns- tancia. le mostraba cómo sus poemas. desarmada intimidad hogareña. leyendo sus glosas y recreaciones —recopiladas en esos libros deliciosos que son Al margen de los clásicos. Los clásicos redivivos. los clási- cos. una tarea que enaltecía el cuerpo y el espí- ritu. uno de los rarísimos grandes escrito- res capaz de mostrar al gran público. inventar mundos mediante la fantasía y las palabras era. la forma suprema de vivir. el quehacer literario va transformando en héroes. Como Alfonso Reyes. Y lo hizo con entusiasmo tan contagioso y tanta belleza que muchos de sus lectores debieron sentirse. la lozanía de la tradición literaria y la vitalidad de nuestra cultura. Por- que escribir. En las crónicas de Azorín. El supo relatar con soberbia amenidad las maravillas que encierran un poema de Góngora. en sus devotas mitologías literarias. campestre o monacal. Azorín fue. miserias o fastos de una manera que los volvía siempre seductores casos de humanidad. De Granada a Castelar. a través del periódico y la revista. de Quevedo o de Fray Luis o una novela de Cervantes y las recompensas intelec- tuales que recibe quien se atreve a enfrentarse a los laberin- tos retóricos de El Criticón o a las picardías de El diablo co- juelo. Lope en silueta. en artículos que divertían y encandilaba^i^'ü^ 15 . Los dos luises y otros ensayos. como yo mismo.

en un sentido mucho más profundo. En lo que concierne a la cultura. desde luego. críticos.por su color y su gracia sin caer en la trivialización. 1983. También fue un conservador en términos políticos. por eso mismo. 2. nuestros clásicos no han vuel- to a tener valedores como Azorín ante ese gran público no universitario. Obras Completas. Ortega tuvo mucha razón cuando dijo de él que no era un fi- lósofo de la historia. La verdad es que él no fue nunca un pensador ni un doctrinario y que sus ensayos políticos en verdad no lo son en un sentido cabal pues hay en ellos muchas más sensaciones e imágenes que conviccio- nes ideológicas. una inclinación es- tética. 162. En «Azorín: primores de lo vulgar». sin duda— que pagaría caro. En nues- tros días hay. incluso. y éstas. porque defendió a partidos o líderes de esta tendencia. pues su obra. J o s é Ortega y Gasset. bastante superficiales.' Pero. que. más bien un gusto personal. les vuelve la espalda cada día más. Pero. No había en ello una convicción ideológica. filosófico o 1. 16 . llegó a solidarizarse con el régimen franquista. y. la tradición cultural debía ser preser- vada y divulgada como la más preciosa fuente de enseñan- zas para el presente y como el cimiento sobre el cual edificar el arte y la literatura de hoy. sino un sensitivo de la historia. debilidad —lamentable. Madrid. Alianza Editorial/Revista de Occidente. en la etapa final de su vida. p. Voi. Azorín fue siempre un conservador. desde entonces. quedó muy in- justamente exorcizada en su conjunto por buena parte de la intelectualidad como «de derechas». a menudo. aun en su período de juveniles y mansas simpatías anarquistas. investigadores y profe- sores de primer orden.

al igual que la pura materia. Su prosa es intemporal: en ella nada pasa. Y no me refiero sólo a esa quietud esencial en que transcurren —si cabe hablar en ellos de transcurrir— sus cuentos y no- velas. como las imágenes de las fotogra- fías. sin pasado y sin mañana. de narrativa despaciosa y a punto de congelarse. y. todo se que- da. Presencias quietas. de la brevedad de sus frases y del estado de inanición en que suelen caer sus personajes: una manera de inmovilizar el mundo. de congelar la vida. como esos derviches místicos que. girando. Pues todo en su literatura —su temàtica y. invo- can a Dios. dan la impresión de haberse liberado de la co- rrupción y el decaimiento congénitos a lo que vive. Todo el elemento añadido —ese agregado de la invención y la sensibilidad a la experiencia del mundo en que se cifra la originalidad de un escritor— reposa en su caso en el tiempo. un estado anti. arrancados a la contingencia. Esca- pando al tiempo. los hombres y cosas de este mundo no fueron ni serán: son. girando. a lo más. los seres anima- dos de su mundo se convierten en paisaje. Estabilizados onto- lògicamente. pues lo mismo sucede en sus artículos. su estilo y artesanía— parece forjado con la inten- ción de conservar la vida y el mundo tal como son. de pulida y elegante superficie y de 17 . alcanzando-de este modo. transubstanciándose con el orden natural. La suya es una literatura en cámara lenta. de sus- pender el tiempo y evitar la muerte. El tiempo azoriniano es una sustancia quieta y visible. so- bre todo. en la que los seres y las cosas parecen ataja- dos. es justo tiablar de Azorín como de un escritor conservador. sobre-natural. y. de arrancar a los hombres y a las cosas de la usura fatídica. Esta es la significación honda del presente o pretérito perfecto del indicativo en que solía escribir sus textos. metafisico. gira en el sitio.

que de leve y discreta parece escrita en 18 . un hálito suave que las envuelve. como en el verso de Quevedo. el cuento. escritos cotidianos para cumplir una obligación. de precisión maniática y respirar simétrico. más bien. incluso. en tanto que el que él inventó. una proyección del mundo real. persuadirnos de que él no es sino mero reflejo. No es así. El mundo en que vivi- mos carece de esa perfección sin cesuras. como si todo lo que no formara parte del mundo físico lo ahuyentara. que sólo alcanzamos a entrever. una espiritualidad soterrada que pugna por asomar y mostrarnos que están vivas. ¿Cómo imaginar que esa prosa tan elegante y tan cuidada. en esas siluetas petrificadas hay sin embargo una delicadeza recón- dita que transparece y ablanda su rigidez. pero cuatro quintas partes de esa dilatada producción fueron artí- culos de periódicos. o.insondables profundidades. a adivinar. Pero. el ensayo. Mundo sin tiempo y también sin sexo —porque el de Azorín es uno de los más castos que haya creado la literatura en nuestra lengua— sin grandes ideas ni arrebatos emocionales. la novela y dejó más de cien libros. pues ese descriptor pertinaz de lo exterior no se asoma nunca a ellas. con un tiempo y un espacio prefijados. Azorín cultivó el teatro. pero sensible y sutil como pocos otros. Tampoco los periódicos en lengua española han vuel- to a hospedar a un creador que ennobleciera tanto la efíme- ra colaboración periodística. «permanece y dura». en un alarde de su maquiavélica timi- dez. El supuesto realismo de Azorín es una de las ficciones —una de las irrea- lidades— más logradas de nuestra literatura. de la armonía y discreción que caracterizan al suyo y está haciéndose y des- haciéndose sin cesar. jamás lo creeríamos. su coherencia y magia son tan grandes que consigue. Si no lo supiéramos.

Soberbio ejemplo de ello son las crónicas que escribió sobre las sesiones de las Cortes. Su caso prueba que el cuarto de corcho no es indispensable al artista. ficticios. Cada cró- nica es un dechado de sabiduría narrativa. aunque parezca men- tira. cuajó en el fragor del periodismo. la profesión que parece inventada para devastar el estilo y sofocarlo en el fárrago.^ No hay en ese volumen una página que no sea un prodigio de ingenio e ironía. Porque. Desplazando la pers- pectiva de los grandes asuntos debatidos en las Cortes a los menudos detalles insignificantes. en una farsa gentil a la que el lector asiste con indulgencia y buen humor. Azorín lo fue —a más no poder— borroneando sus cuartillas en el trajín incesante de la calle. una profunda mudanza de la vida y el mun- do reales en otros.puntas de pie. Azorín convierte las sesio- nes en un espectáculo teatral inusitado. Casa Editorial Calleja. lleno de sorpresas y de gracia. de estupidez y de ternura. el estereotipo y el clisé? Es uno de los milagros de Azorín: haber creado uno de los más singulares estilos litera- rios escribiendo al servicio de la actualidad. que al genio literario le son indiferentes los temas y los géneros y. Madrid. Azorín. una fabulación. en- tre 1904 y 1916. la invención se volcaba enteramente en lo que parecía la descripción de la realidad física y social de su tiempo y era. 19 . reunidas en su libro Parlamentarismo espa- ñol (1904-1916). en verdad. en él. incluso las ideas. Su caso prueba. sin embargo. 1916. con repeticiones y precisiones efectistas que dejan imágenes muy vividas en 2. Las de Azorín son muchas veces con- vencionales o prestadas y. Parlamentarismo eípíjw/(1904-1916). ello no priva a su obra de misterio ni originalidad. también.

respecto a ciertas personalidades. Madrid. «Los escépticos». 169.. que ha sustituido el mundo real de la historia por el ficticio de la literatura. El «fondo» es feroz —una sangrienta crítica del régimen parlamentario—. esas aldeas fuera del tiempo y de la historia de la estepa castellana o la vega ali- cantina o el París de los años de la Primera Guerra Mundial o los nimios o aguerridos debates políticos de fines del siglo pasado y principios del nuestro. Editorial Taurus. 2 0 . sino lo esencial y característico». salientes. Si en la vida real se dan estos malabares existenciales como excepciones. En uno de sus ensayos. y que. ley sin excepciones. pero lo demás. la menuda e insignificante materia de todos los días puede llegar a ser.la memoria. Su hazaña de escritor consistió. tamizado como está por la socarronería juguetona de una prosa que ha irrealizado la realidad. en haber engalado con las prendas de lo heroi- co. sin embargo. Incluido en Sin perder los estribos. en la realidad azoriniana ellos son rasgo uni- versal. no lo desdeñable y subalterno. Ahora que podemos leer la obra de Azorín sin tener a mano lo que fingía ser su modelo. lo sorprendente y lo dramático a esa dimensión medio- cre y monótona de las gentes.. p. el tono. están dotadas de una poderosa vida que se nos impone por el poder de persuasión de la 3. son los que dan la nota. 1958. lo cotidiano desdeñable. gracias a la pureza de su prosa y a la microscópica agudeza de su visión.^ Azorín es- cribió que «en toda vida los rasgos capitales. advertimos que esas imáge- nes tienen más diferencias que semejanzas con la realidad objetiva. pero apenas se advierte. «lo cotidiano desdeñable» de sus vidas.

dejando en la memoria del lector apenas murmullos de palabras. con lo que probablemente la inmunizó contra toda clase de lectores. audaces pero fallidos. las novelas de Azo- rín merecen un lugar en la historia de las vanguardias euro- peas.palabra y el orden narrativo. sin movimiento. Algunos títulos de sus novelas se prestan a malenten- didos. por la fantasía y la técnica que les dan el ser. Azorín fue un creador más audaz y complejo cuando escribía artículos o pequeños ensayos que cuando hacía no- velas. Y. titulándola Pueblo (1930). no se trata en modo alguno de lo que sugieren los treme- bundos rótulos de su portada: un libro empedrado de bue- 2 1 . como si no fuera bastante. aunque a menudo decep- cionante. cincuenta años después. Las que escribió fueron experimentos. Don Juan o Salvadora de Olbena— un mundo objetal. surgiría en Francia. ambiciosa introspec- ción lírica y cajón de sastre del joven escritor a cuyos mate- riales dispares aglutina la seguridad y condensación del esti- lo. Ocurre con una de las mejores que escribió. sin psicología y casi sin anécdota. presentes o futuros. Sin embar- go. Aunque exigen del lector una cierta curiosidad perversa por los misterios del tedio y de la abulia. incluso La voluntad (1902). por la inmovilidad e inercia que aqueja a esos ejer- cicios de estilo en los que se disuelven los borrosos perfiles de los protagonistas y sus mínimas peripecias. empeñado en describir —como lo había hecho Azorín en Doña Inés. Fue un empeño osado. pues fueron anticipaciones de toda una corriente na- rrativa que fue un monumento al bostezo. pero casi nadie pudo saberlo porque Azorín se encargó de desorientar de entrada a su público potencial. la subtituló «Novela de los que trabajan y sufren». sin duda. aquel «nouveau román» que.

La verdad es que en sus páginas no alienta la menor emoción social. sin hechos. de eso que define la etiqueta: literatura de eva- sión. Poco antes. a las que sí cabe (sin el menor áni- 2 2 . pero. mero pretexto para poner en movimiento los sentidos y la emoción. El mundo de las novelas de Azorín. en Superrealismo(1929').ñas intenciones éticas y políticas sobre la condición obrera y de denuncia de las iniquidades sociales. se adelantaron varías décadas a aquellas de es- critores franceses como Alain Robbe-Grillet. desistió. llaves. Muchos de estos cuadros son simples enumeraciones. a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. en el que las per- sonas son fuegos fatuos que se escurren y la anécdota. naufragó en un maremágnum de estampas sin ilación. Claude Simon. intentó otro experimento radical: un mundo de sensa- ciones y percepciones puras. en vma novela que se llamaría primero Félix Vargas y luego El caballero inactual (1928). sillas. Nathalie Sarraute y Robert Pinget entre otros. de lo contrario. protagoniza- ron en Francia ese pequeño alboroto literario que la crítica presentó como la creación de una nueva narrativa. Más bien. y el libro. a la que llamó «prenovela». sólo la emoción estética y que ellas desplie- gan un abanico de cuadros preciosistas. pasados los primeros capítu- los. de objetos humildes —costureros. El año anterior había intentado ya narrar de esta insólita manera sincopada. que. escaparates— exquisitamente realzados —casi hu- manizados— por la descripción. que calificó de «etope- ya». leve como una pluma. aun- que se salven en él algunas hermosas naturalezas muertas. cayados. lo que les da el semblante de poe- mas en prosa. sartas de fráses en las que ha sido suprimido el verbo. lámparas. tazas. tejidos. como atemorizado de su osadía. Novelas más para ser estudiadas que gozadas. baúles.

un Joyce. de una colina o una casa— resultan siempre seductores y emocionantes. las per- sonas. tal vez sin darse cuenta. joya minúscula en la que. entele- quias. pues su ponderación. en su fragmentación cubista de la percepción de lo real. sensación o verbo. aunque fuera en el apaci- ble dominio de la ficción. y hasta en el efecto adormecedor de una prosa sometida a depuración tan im- placable que en ella sólo parece tener cabida lo visual. un hito literario. En sus novelas. Por eso fracasaba como novelista. tal vez. Aun- que no cuajaran del todo. Era demasiado parco. 23 . Azorín carecía de la ambición que impulsa esas revoluciones literarias. una Virginia Woolf o un Faul- kner. Las historias que inventaba no eran nunca lo bastante poderosas para animarlas. de una visión y una técnica que hubieran podido. insinuada. en la metamorfosis de lo humano en objeto. de 1925. como «La pasión del pajecillo». Pero. rozó el terreno prohibido para él del erotismo— pues entendía y sentía mejor a las cosas que a las personas. la fantasía o la locura. tiene un extraordinario parecido con el de aquéllos. en cambio. sensato y con- tenido para provocar cataclismos. cerraban el pa.mo de ofensa) llamar formalistas. no pasan de siluetas. como lo hicieron un Proust. la premonición de algo distinto. su tacto y su preferencia por lo sedentario y lo pasivo. imprescindibles en esos deici- dios simbólicos que son las grandes novelas.so a los demonios del ins- tinto. revolucionar la forma novelística. Él sabía describir. estos intentos de Azorín de reno- var la escritura narrativa no dejan de ser innovadores. por lo conveni- do y conveniente. sombras. no contar —aunque escribiera algunos cuentos excelentes. los detalles —la descripción de un árbol. Pues hay en ellos. tropismo.

Un pueblecito. No era tal cosa. Un artista se sirve de todo para crear. de intensa espi- ritualidad. hecho de menu- dencias. en los textos que dicen ser notas de viajes. hay una re- creación de la vida tan intensa como la que operan las nove- las más logradas. en las crónicas de i\zorín esos ingredientes crean un mundo impredecible. inanidades e insignificancias. a unas manías. reportajes o memorias. minucias. gracias a la pulcritud del estilo. los clásicos. En cambio. En el contraste de ambos conceptos está perfectamente resumido el arte azoriniano. sin embargo. o Una hora de Es- paña—el bellísimo discurso con el que se incorporó a esta Academia— y tantos otros libros memorables. el cuadro no es nada sugestivo: apatía. lentitud. «Primores de lo vulgar» tituló Ortega y Gasset el ensa- yo que le dedicó. sus crónicas rehacían la geografía. comenzando por sus limitaciones. Pero. Si uno juzga las actitudes y proclividades de Azorín separadas de la obra èn que se hicieron literatura. Todo eso sugiere el aburrimiento y la impaciencia. Riofrío de Ávila. la sutileza de la observación y la au- dacia de la estaictura se vuelven objetos merecedores de re- verencia y cariño. desilusión. disimulada bajo el disfraz de la fideli- dad a un mundo pre-existente. que. he- chizo por lo nimio. Y. a diferencia de lo que ocurre en las ficcio- nes de Azorín. la historia. En él es esencial la bre- 2 4 . como los reunidos en Los pueblos. que sorprende y encanta. de lecturas. la sociedad. del que el autor sería apenas respetuoso cronista. a unos apetitos y unas fobias que eran las suyas propias y que su delicado talento de embaucador contagia- ba a la realidad de sus textos. de acuerdo a una visión. convirtiéndolos en sus atri- butos.

cambios de tono y de ritmo y juegos de tiempo de las ficciones más arriesgadas. viajes. A simple vista. actualidades. En cam- bio. cine. historia. teatro. la compleja urdimbre de ocultamientos y revelaciones. El volumen de marras 2 5 . el mundo «vulgar» de Azorín se levanta de su vulga- ridad y adquiere brillo estético. El articulista evita lo central y se extravía en lo accesorio. Quisiera dar un solo ejemplo de la maestría con que Azorín trastroca una opinión o informe periodístico en fabu- lación artística: «Ei buen juez». Tras la diafanidad del lenguaje y lo asequible de los temas hay. es la reseña de un libro. Novísimas sentencias del Presidente Magnaud. que Azorín escribe urgido por el editor. en 1917. sobre co- dos los temas imaginables —política. El mundo de Azorín es «sencillo y directo» sólo en la fachada. inde- terminación. una miscelánea de 1904. solvencia intelectual. Cuando se alarga. generalmente se esfuma. Y.vedad. gracias a estas sabias trapa- cerías. Extraño comentario: jamás se dice quién era el Presidente Magnaud ni hay una palabra sobre el contenido de su libro. deportes. Esto. simulacros y pis- tas falsas. sociales. si es cierto. un denso contexto. ciencia. «He intentado no decir sino cosas sencillas y directas». escribió en el prólogo a sus Páginas escogidas. ambigüedad y sugerencia. con frecuencia. folclore— forman parte de la buena literatura por la inquebrantable ca- lidad de su estilo y la astucia de su enfoque y construcción que convierten a muchos de ellos en modelos de esas ceñi- das y sólidas arquitecturas imaginarias que son los cuentos logrados. texto incluido en Los pue- blos. los millares de pequeños textos que escribió. demuestra una vez más el abismo que pue- de abrirse entre las intenciones y los resultados de un crea- dor.

lo feo bello y lo intrascendente trascendente. Pero. vacíos que éste debe llenar con adivinanzas. En verdad. él fue capaz de demostrar que. como esos que pintan paisajes en la cabeza de un alfiler o construyen barcos con palitos de fósforos en el interior de una botella. intuicio- nes o invenciones. Se levanta y esa mañana dicta sentencia. Esto no es cierto. Esta corta historia. fascinados con sus hiatos. allí estuvo ahuesán- dose en una librería hasta que fue adquirido por un tran- seúnte que lo obsequia a un tal Don Alonso. juez del lugar. Hemingv/ay mostró que. escribió en otra ocasión. Es un caso sencillo y Don Alonso ya sabe en qué sentido fallará. a veces. Éste. gracias a una buena lectura. en el arte lo aburrido puede ser ameno.viajó de Barcelona hasta Ciudad Real. Pero Don Alonso regresa a su casa feüz porque. circun- loquios y desvíos. que era posible y eficaz narrar por omisión. Pero no puede soltarlo hasta que asoma el día. «apartándose de la ley pero con arreglo a su con- ciencia». en sentido opuesto al que pensaba la víspera. lo deposita junto al expediente de un pleito sobre el que debe pronunciar sentencia. ha hecho justicia. sobre todo. nos mantiene suspensos. llena de elusiones. lo que causa escándalo en la ciudad manchega. Buena parte de la técnica periodístico-narrativa de Azorín se basa en una es- trategia parecida. nos instaiye más luminosamente sobre las Novísimas sentencias del Presi- dente Magnaud que un tratado erudito. Tenía predi- 2 6 . Antes de dormir. como escritor. la mejor manera de realzar un hecho en una ficción es ocultado. de datos significativamente escondidos al lector. Pero. si no en la vida. era un miniaturista. ho- jea el libro-que le han regalado. «En la vida nada hay que no revista una trascendencia incalculable».

En el mundo de Azorín seres vivos y objetos inanimados parecen haber encontrado su «sitio». Era un arquitecto literario tan sutil que podía trazar el perfil de una ciudad a través del perfume de las especias im- pregnado en sus mercados e instalar a sus lectores en el co- razón de un pueblecillo manchego. su rutina. como si aquí se hubiera mate- rializado aquello que decía' el brujo de Las enseñanzas de Don Juan. y. color. que en esas mismas páginas se eleva a la condición de objeto emblemático. Hay pobreza. por los seres ano- dinos y las cosas insignificantes. forma. pero no fealdad. des- aparecería la infelicidad. la sobriedad y la discre- ción reinan. La realidad azoriniana difumina las fronteras entre los objetos y los hombres: éstos son muchas veces nada más que volumen. apenas con unas cuantas frases que. en los recuerdos de su libro sobre Valencia (1941). tímidos. cálidos. de Carlos Castañeda: que si las personas encon- traran ese sitio mágico que en cada lugar les aguarda. crecen y se animan como personajes vivos y nobilísimos. La limpieza y el orden. color y poesía. entraña- bles. entidades a las que convienen calificativos como modestos. un portalón o una vie- jecita enlutada e intemporal. 2 7 . la sordidez y la secreta grandeza de sus gentes. nada se halla fuera del lugar que le corresponde. En sus descripciones.'como si sólo a través de ellos pudiera organizar- se la vida. los pequeños objetos alcanzan a veces una extraordinaria dignidad. o como la «márfega». en apariencia. por lo que rara vez atrae la atención o se olvida de inmediato. que eran invenciones. como la alcuza y la escudilla que. haciéndoles sentir su soledad.lección por lo desdeñado y secundario. aquéllos. jergón lleno de las hojas del maíz. lleno de música. sólo pretendían describir una fuente.

parece tan difícil diferenciar lo vivido de lo novelado como lo era para Don Quijote: igual que a éste. en muchos sentidos —en su manera de ser y de ver el mundo. siempre he estado le- yendo o releyendo a Azorín. aviones. y.pero es difícil decir si ello los ha hecho felices. ómnibus. Pero. Se trata de un mundo embebido de literatura. Porque en este mundo mínimo. porque. la noción misma de felici- dad parece descabellada. ha alcanzado una suerte de inmortali- dad: el libro de ocasión. en cierto modo. es el libro. acaso. aquel que. pues. Pero. Tal vez la explicación esté en la fatídica ley de atracción de los con- trarios. en sus modelos y en sus conjuros— creo estar bastante lejos de él y.. en sus antípodas. hasta convertirse en amuletos sin los cuales no me atrevería a em- prender un viaje. en el mundo tapizado de objetos de Azorín. Creo entender las razones por las que vuelvo siempre sobre un puñado de autores. así como para el personaje que se hace pasar por el cronista Azorín. con una admiración y un cariño que se renuevan como'las estaciones. modela- do y obsesionado con las creaturas de la ficción. en lo que le gus- taba y disgustaba. reinventado a la imagen y semejanza de ese fantaseador contemplativo. el más convocado y respetado. de preferencia. Desde que lo descubrí. lo cierto es que sus libros me estimulan y me 2 8 . habiendo cruzado los años y las ma- nos de tantos lectores. el más amado. hoteles. por eso. el más precioso. en 1952. tal vez. hasta hablar de «ficción» podría resultar im- prudente. pero mi devo- ción por Azorín me descoloca. Sus libros me han acompañado en trenes. la realidad sólo tiene sentido y vida para ellos transmutada en una ficción. Y. para los caballeros que frecuentan el Ca- sino de Argamasilla. por ejemplo.

me gustaría que supiera que aproveché esta solemne ocasión de mi ingreso a la Real Academia para. y a considerarlo un grande ami- go. en 1958. he llegado a sentir —a pesar de que sólo lo vi una vez. pero si está en alguria parte. cuando era ya un viejecillo mudo. rendirle un homenaje. translúcido y a é r e o — que formo parte de su círculo privado. nada más entrar en esta casa que fue también suya.emocionan siempre. aquí en Madrid. de tanto asomarme a través de ellos a lo que hizo y lo que fue. uno de ésos cuya aprobación quisiéramos desesperada- mente alcanzar para todo lo que escribimos. 2 9 . y que. No sé dónde estará ahora.

.

CONTESTACIÓN DEL EXCMO. SR. 1 . DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K ' TI V® <7 V.

.

Sr. tan zarandeada por tirios y troya- nos ante la irresponsable indiferencia de los administradores del procomún. Mario Vargas Llosa. que fuisteis presentado por los tres más antiguos individuos de número de la Academia y la antigüedad. Señores académicos. Entra hoy en nuestra casa un escritor. De pasada y como en un aparte teatral os recuerdo. A. Señores acadérhicos. es un grado. don Mario— que acompañaron al alumbramiento académico que hoy culmi- na y se perfecciona. español del Perú. según pienso y se dice en la milicia. deberíamos señalar con piedra blanca y disparando cohetes de alegría. que entréis con buen pie en esta atalaya desde la que se vela por la correcta salud y opima cosecha humana y literaria de la gloriosa lengua española. acaba de ha- blarnos de Azorín con muy medidas y sagaces palabras. 3 3 . suceso que. quizá por no agobiadoramente sólito. Don Mario Vargas Llosa. señor novicio. Os deseo. Excmo. También pido a los clementes dioses que os concedan muy larga vida para que podáis sentaros tiempo y tiempo en la silla que os ha correspondido tras las iones- quianas piruetas —el adjetivo es vuestro.

¿A qué llama usted. a lo que pienso. cuya crónica literaria fue publicada hace ya noventa años pero sigue aún fresca y lozana. se erige. Vargas Llosa acaba de decirnos que leyó por vez pri- mera a Azorín en su último año de colegio.nadie. citado por nuestro recipiendario. que en estos momentos recuerde. al afirmar que Azorín. allá en la caluro- sa y remota tierra de Piura. de reportaje y de emocionada ficción—. había oído comen- tar la figura y la obra del maestro de Monóvar con tanto fun- damento y brillantez como a nuestro recipiendario. también con tanta y tan bella y noble complici- dad. de crónica viajera y ensayo. arte menor? Pero no juguemos con las palabras porque. con tanta inteligencia. pese a todo el accidentado y de- vorador tiempo transcurrido. tras cada palabra esgrimida. pero yerra. sólo con este libro. siempre puede agazaparse la 34 . Y en esta casa quedan. Nos dice quien acaba de de- leitarnos con su discurso que el autor tratado con tanto mimo y respeto. se propuso no salir jamás fuera de las lindes y de la estrecha celda del arte menor. dos testigos de aquel curso memorable. simpatía y. ¿por qué no decirlo?. en su férrea estética literaria. si hago omisión del maestro Ortega. crítico. quizá fuera mejor decir inmarcesible. en uno de los más elegan- tes artesanos del español y en el creador de un proteico gé- nero literario que de todo tiene —de fantasía y de observación. don Ma- rio. y de la honda e inteligente glosa que le dedicó el alto poeta y eximio pro- fesor Pedro Salinas en sus clases de literatura española con- temporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la enton- ces Universidad Central. de diario intimo. en el tiempo inmediatamente anterior a la guerra civil. en su diàfano ensayo Primores de lo vulgar. tan distinta de la cervantina ruta de Don Quijote. por fortuna.

cura de Riofrío 35 . pronuncié ima conferencia. el resignado. y el paso del tiempo. hace cuarenta y U'es años. el arrojado. Y esta idea mía no es de ahora sino que ha cumpli- do ya casi nueve lustros. Unamuno. el cruel y desconsi- derado caminar del reloj y del calendario es su permanente. Azorín. Ba- roja y Azorín. el caballero. Duda. Y usted también acaba de de- cirnos que cada uno de los dieciséis capitulillos de La ruta de Don Quijote ensaya a rebasar sus fronteras y a volar por su cuenta y a su altura. dividida en dos partes. calidad y estupor. de que La Mancha fuera tal como Azorín nos la pinta y en esa apreciación tampoco acierta del todo. exacta- mente los días 2ó y 27 de febrero de 1952.idea de una liebre huyendo. el arbitrista. a mi juicio. sufre viendo cómo se quema el tiempo. cómo se agotan los plazos de los últimos poderes terrenales. ya que las recreaciones del maestro no están más quietas que el mundo que reflejan sino que son genial trasunto de su misma esencia. Jaun de Alzate. con los antihéroes de Azorín —^Antonio Azorín. el conspirador— que morían incendia- dos en la acción. en las que al hablar de estos dos últimos. como esas "novelas insolentes" de las que nos habla con muy sagaz señalamiento. trataba entonces de señalar y repito ahora. nuestro recipiendario. y en el II Curso Superior de Filología Hispá- nica que regía nuestro director don Fernando Lázaro Carre- ter. don Bernardo Galavís. más fiel y mejor dibujado personaje. en la Universidad de Salamanca. Zalacaín. contraponía sus figuras y ensayaba a dibujar sus siluetas con todo el amor y el respeto que les profesaba y sigo profesan- do y con todo el rigor del que pude ser capaz. bajo el título Cuatro figuras del 98: Valle-Inclán. También contraponía el espíritu que animaba a los héroes de Baroja —Silvestre Pa- radox. Aviraneta.

y no es gratuito su recuerdo de Montaigne. d o n j u á n . por el otro camino. Quisiera pasar como sobre ascuas por encima del pensamiento de Vargas Llosa acerca de las convicciones po- líticas de Azorín. al que él llama. en la contemplación.de Ávila. sea el que fuere. Baroja —de lo dicho se desprende— guarda un petardo anarquista en la cabeza. que viven y mueren cuidán- dose en sus últimos pulsos. acierta en la diana misma de los propósitos literarios de Azorín. Baro- ja —^y termino con lo que entonces dije—viene de Nietzsche y de Sorel. llega desde los piadosos limbos de Orígenes y de Molinos. Vargas Llosa. y Azorín. y el último que le tocó vivir fue el del general Franco. que fue un conservador. piadosamente. profano. el resignado. al hablarnos de que los personajes de Azorín ni se desean ni se odian sino que vegetan y se entre- gan a sus menudas labores con tanto fatalismo como perse- verancia y tanta ternura como espiritualidad. y se- ñala que nadie trabajó con más ahínco que el maestro Azorín para acercar a los clásicos al hombre "del común". y menos aún ideológicas. pero no más que por el sendero de la inexplicable adoración que sentía por el poder constituido. refleja el mundo en tomo a través de unos personajes introvertidos. el resignado— que agoni- zaban helándose en la inacción. entre Azorín y los sucesivos gobernantes españoles que le tocó 3 6 . querer encontrar connotaciones políticas. quien sin proponérselo siquiera. Y cuando comenta el libro Al margen de los clásicos resalta el papel de Azorín como es- critor puente entre los grandes autores pretéritos y el actual lector ignaro. es cierto. Azorín —tras de lo que se habla cabe suponerlo— esconde una maquinista quietista y casi virtuosa entre los pliegues y los surcos del cerebro.

esas son las condiciones esenciales del estilo.» Estos ingredientes también se cuecen. Y poco más me quedaría ya por decir sobre Las dis- cretas ficciones de Azorín y el gozoso evento que aquí nos reúne esta tarde: la entrada en la Academia de un escritor. la consideración de la materia prima para ensalzar la estimación del escolio. al referirme a él. en la olla literaria de Vargas Llosa. es tanto. Abdicaría de mis convicciones más hondas si a la pos- tre de esta sucinta bienvenida al nuevo académico también postergase. que no está tan lejos como supone de la de Azorín ya que por encima de la mera palabra y la efímera y siempre repeti- da circunstancia. con eficacia y hondura. Vargas Llosa acierta una vez más cuando descubre que en la obra de Azorín se prueba que al genio li- terario le son indiferentes los temas e incluso las ideas. «Entre todo el laberinto del estilo —nos dice— se levanta el vocablo eliminación.padecer en su larga vida. Y un estilo es bueno o malo según discurra la prosa. en el que titula La elimina- ción. las devociones comunes y los idénticos y más arriesga- dos afanes humanos y literarios. Azorín. en el capítulo II de su libro Valencia. que a todos ha de honrarnos con su presencia y aleccionamos con su sabiduría. y que en su prosa ha idealizado la realidad y ha suplido el mundo real de la historia por el mundo ficticio de la literatura. con arreglo a un tiempo o a otro. nos habla con muy honda perspicacia del estilo litera- rio. Mario Vargas Llosa. por encima de las contradicciones que preceptúan las aula y academias: pureza y propiedad. Don Mario 3 7 . Según sea más o menos lenta o más o menos rápida. Porque de la eliminación depende el tiempo propia a la prosa. sobrevuelan en todo momento y por fortu- na. Fluidez y rapidez. como querer briscarle 'os cinco pies al gato.

glo- sador de sus clásicos y de algunos de sus propios coetáneos. Estamos sobre todo ante un poeta en el sentido eti- mológico de la palab'ra. como ya lo había hecho cumplida- mente con Flaubert. produce vida. con su arte y con su lengua es capaz de conseguir lo que pocos mortales alcanzan.s- tante. para él escribir novelas es un acto de rebelión con. paradójicamente. que es el de crear mundos. lector él mismo impenitente. y con la que he de concluir. una forma sutil de deicidio. con J o s é María Arguedas o con clásicos de nuestras lenguas como Amadis de Caula o Tirant lo Blanc. como una especie de divinidad escribidora. y cada novela representa un asesinato simbólico de la realidad. alcanza a crear otros mundos para corregir las limitaciones del que le ha tocado vivir. Vargas Llosa. cuando enfrenta el sumo y último reto literario. Azorín. Asesinato que. nos transmiten junto a otra virtud creativa no menos apreciable que las mencionadas. se transmuta en escritor original. Y para ello juega con el lenguaje. con García Márquez. con voz propia. pues. don José Martínez Ruiz. el pla- cer de contar que Mario Vargas Llosa tanto admiraba en Martorell es lo que todas sus novelas. incorporando a través de él la tradición que va desde los romances medieva- 3 8 . En cierto modo. ante un hombre que con su imagina- ción. desde La ciudad y los perros o La casa verde hasta Elogio de la madrastra o Litu- ma en los Andes.Vargas Llosa nos acaba de demostrar su capacidad para ilu- minar la obra creativa de otro escritor y académico. enriquece o trasciende la realidad común. La pasión narrativa. la raíz de su vocación es un sentimiento de insatis- facción contra la vida. y re- conforta y regocija a sus lectores. crear una realidad verbal que remeda. Para don Mario.

3 9 .les a la renovación del gran realismo del pasado siglo. Señor don Mario Vargas Llosa. pero asimilando igualmente formas. sed bienvenido a esta casa. géneros y registros caracte- rísticos de la cultura popular contemporánea.

.

26 (Barcelona) el día 5 de.enero de 1996 . Este libro se terminó de imprimir en DUPLEX Ciudad de Asunción.

• .