REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Las discretas ficciones
de Azorín
DISCURSO LEFDO EL D Í A 15 DE ENERO

DE 1 9 9 6 , EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA, POR EL

EXCMO. SR. DON M A R I O V A R G A S LLOSA

Y CONTESTACIÓN DEL

EXCMO. SR.

DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K

MADRID
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1996

Las discretas ficciones de Azorín

^ l i REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Las discretas ficciones de Azorín DISCURSO LEÍDO EL D Í A 15 DE ENERO DE 1 9 9 6 . ^ Ji. EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA. DON M A R I O V A R G A S LLOSA Y CONTESTACIÓN DEL EXCMO. DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K MADRID 1996 •¿'O"^ - . SR. SR. POR EL EXCMO. 4c.

285-1996 Impreso en Duplex Ciudad de Asunción 26-08030 Barcelona . 199Ó Depósito legal: B.Copyright © Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela Tnilock.

DISCURSO DEL EXCMO. D O N M A R I O V A R G A S LLOSA . SR.

mß .

a los tres académicos. el interés de editores y críticos y el generoso aliento de los lectores. maestros y amigos. Y. ¿Alimentos para la miserable vanidad? Seguramente. muy en especial. Excelentísimo Señor Director. hace ya treinta y cinco años. tuve la alegría de ver publicado mi primer libro. una segunda na- cionalidad. Pre- mios literarios y distinciones académicas. gracias a un grupo de médicos de Barcelona aficionados a los cuentos. Señoras y Señores Académicos. Pero. de que llegue al lector. que me honraron proponiendo mi admisión. Don Pedro Laín Entralgo y Don Rafael Lapesa. Don Camilo José Cela. Ese largo proceso culmina esta noche con mi ingreso a esta ilustre corporación. también. estoy agradecién- dole algo a España. . Desde que. por el que doy a todos y a cada uno de ustedes mi profundo agradecimiento. Mi deuda se ha ido acrecentando desde entonces hasta alcanzar dimensiones tercermundistas. un estímulo constante contra el desfallecimiento que acompaña como su sombra al trabajo creativo: aquella secreta esperanza (que destraba nuestra fantasía y fortalece nuestra voluntad en los períodos difíci- les) de que lo que escribimos no sea en vano.

cuando menos.sta donde entiendo. elegí a Don José Martínez Ruiz. cuando ya garabateaba el borrador de este dis- curso. barajando en mi memoria la miríada de imágenes que en ella flotan relacionadas con mi asidua frecuentación del gran prosista alicantino. fui informado que la Academia. más bien. ahora. pero él será. Dada mi fenomenal incompe- tencia en la disciplina lexicográfica me temo que mi aporte resulte prescindible. me propongo corresponder a la benevo- lencia de ustedes colaborando lo mejor que pueda con las tareas de la Real Academia. protagonizando esta elegante ceremonia realzada por la presencia de Sus Majestades. La falta de una letra en el espaldar del asiento que me cobijará de ahora en adelante no me preocupó en absoluto. fui elegido académico sin silla. Con todo el impudor de que soy capaz les confieso que me siento verdaderamente feliz zambullido en esta levi- ta. pero. que acompañó mi alumbramiento de académico y que me ha te- nido intrigado. Y. más conocido como Azorín. en todo caso. privada de esa rica tradición de posaderas que orna a todas las otras de este augusto recinto. No sé si mi instalación en este nuevo hogar afectará mi trabajo de creación —haré cuanto esté a mi alcance para que no lo academice. por razones que trataré de explicar en un momento. al que quisiera. Pero. los Reyes de España. mejor dicho. con una silla sin pasado y ágrafa. vi en ello una opor- tunidad de poder elegir como mentor. Y. y rodeado de tantas personas ilustres. debo re- ferirme a un delicado problema de sillas ionesquianas. perma- nente y bien intencionado. desde luego—. 10 . entre la vasta colecti- vidad de académicos que a lo largo de siglos han ocupado estos sitiales. o. no sin cierta desazón e irreverencia. Ha. sin pensarlo dos veces.

saltar su buen gusto. amante de la filosofía y la literatura. La ruta de Don Quijote {1905') es uno de los más he- 11 . en la cálida tierra de Piura. ensayista y merecedor de respeto y admiración por sus cuatro costados. Yo no podría decir con la solvencia debida lo mucho que le debe su pro- fesión. Esta misteriosa mudanza me ha permitido asomarme a la obra y la persona de este científico y pensador. ahora sí.pese a mi condición de académico todavía virtual y nonato. me había mudado de silla. sí me atrevo a re. la palabra autorizada de Don Pedro Laín Entralgo. la medicina y. sin haber estrenado la que me correspondía. políglota. su olfato de lector zahori al analizar a los grandes autores de nuestro tiempo. Y que. identificada por la letra L. ya ocupaba otra. aquí mismo. rama en la que se especializó. Lo leí por primera vez cuando estaba en el último año del Colegio. En cambio. a quienes dedicó un efusivo ensayo en la len- gua de su tierra natal. que he heredado del distinguido hombre de ciencia y escri- tor. Donjuán Rof Carballo. Donjuán Rof Carballo fue un mantenedor de esa noble tradición de los médicos huma- nistas. luego de este preámbulo. como dije. en los albores del siglo. por los grandes descampados de cielo inmóvil y las aldeas intemporales de Castilla. manejaba con la misma destreza que el español. que. pero en este dominio ya lo ha dicho todo. en especial. voy adonde. sin duda. me propuse ir desde el principio: hacia Azorín. Galicia. siguiendo el itinerario que la ima- ginación de Cervantes fraguó para el Caballero de la Triste Figura. por el costado literario. tan arraigada en Occidente y a la que debe tanto la cultura de Europa y la de España en particular. la patología psicosomàti- ca. como Proust y Rilke. Y. y de la mano de su prosa menuda y morosa viajé con él.

los visitó Azorín. Ruidera. para producir. he sentido la emo- ción que despiertan las más hermosas ficciones. una obra de consumada orfebrería artística.stu- vo más cerca Azorín de esa obra maestra que siempre rehuyó escribir. por idiosin- crasia. la cró- nica de viaje y la crítica literaria. tampoco lo eran hace noventa años. El Toboso. Argamasilla. no es preciso haber estado allá y cotejar lo vivido con las impecables páginas que simulan relatarlo. Para saberlo. a la manera de esas novelas insolentes que se le escapan de las manos a su autor. vivir confinado en el arte menor. como si proponerse algo ambicioso hubiera sido incompatible con su moral de escritor que eligió. Basta hacer un esfuerzo para salir del sueño en que esa prosa nos mantiene. mientras recorría los paisajes. Montesinos. el diario íntimo y el reportaje periodístico. cuando. su empecinada modestia literaria estuvo a punto de volar en pedazos pues cada una de las dieciséis crónicas que componen el libro está tan perfectamente concebida. Aunque hubiera sido el único que escribió. a costa de ímprobos tra- bajos. Cada vez que he releído esas viñetas y estampas de La Mancha que Azorín escribió en 1905. las aldeas y los hogares de la región en busca de huellas de Don Quijote y Sancho Panza. Nunca e. y someter éste al escalpelo del aná- 12 . en La ruta de Don Quijote. él solo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua y el creador de un género en el que se alian la fantasía y la observación. Pero. condensada como la luz en una piedra preciosa. Puerto Lápice no son ahora como figuran en el libro. pereza o ascetismo intelectual.chiceros libros que he leído. es tan coherente en sí misma y se complementa tan bien con las demás que el conjunto pa- rece rebasar sus límites y emanciparse. haciéndonos creer que ese mundo era así.

ocupados en quehaceres menudos —la labranza. sumido en una mínima rutina que lo aisla y eterniza. tuvieron. por la oceánica abundancia de pa- 13 . Este ensayo. También la violencia. además. se diría. la tarea doméstica— a los que se entregan con tanto fatalismo y perseverancia que en ellos. Al margen de los clásicos {1915). Nada de eso existe en las impolutas pinturas manchegas que trazó: cada cual está en su pequeño nicho social. aunque el fuego del sol en el horizonte incendie las llanuras cada tar- de y la aspereza de los villorrios sobrevivientes y de los al- deanos contemporáneos parezcan los mismos. ha sido birlado a las leyes de la caduci- dad y la extinción. vuelcan todo lo que albergan de ternura y espiritualidad. contento de es- tarlo. el efecto de em- pujarme por segunda vez hacia el Quijote. que leí casi al mismo tiempo. las violencias que resultan de la política. como inútil e inconve- niente. el bordado. la religión. envejece y pe- rece y en las recreaciones de Azorín todo está quieto. la cocina. es idéntico a sí mismo. y otro no menos evocador.lisis racional. en tanto que en esas discretas ficciones de Azorín que son sus artículos y ensa- yos todo aquello ha sido abolido. en el primer intento de lectura. o. los ca- racteres y psicologías enfrentadas de unos y otros. Y no pudo serlo porque en la vida real todo se mueve. libro que. Los seres de este mundo no se quieren ni desean unos a otros pero tampoco se odian ni se hacen daño: vegetan. mejor dicho. no pudo ser así. la pasión que enriquecen y trastornan las vi- das de hombres y mujeres. la arte- sanía. la economía. el amor. en los um- brales de la adolescencia. y enredan y desenredan sus relaciones de maneras caprichosas.La Mancha no era.Y porque en la vida real existen el de- seo.

en el sentido académico. la aventura que espera a quien abra sus páginas. no hacía crítica literaria. petrificados en el panteón de la gloria. lo arranque de la mediocridad del mundo real y lo traslade a las exaltantes comarcas de la ilu- sión. ésos que. Nadie trabajó tanto ni mejor que el maestro Azorín. Azorín consagró buena parte de sus noventa y cuatro años a enriquecer la vida limitada de las gentes comunes con la vida fulgurante de las grandes creaciones literarias del pa- sado. la actualidad de su palabra. para acercar a los clásicos al hombre y la mujer «del común» (como los llamaba su admirado Mi- chel de Montaigne).labras y giros desconocidos me había —como diría Bor- g e s — derrotado en los primeros capítulos. su labor de escritor-puente entre el público profano y los grandes autores del pasado. rememorándolos en su entorno coti- diano y doméstico. Éste es un aspecto de la obra de Azorín que siempre deberemos agradecer. la de un contraban- dista. por unas horas. que le haga pasar gato por liebre y. En sus crónicas. espiando a esos grandes poetas o enjun- diosos tratadistas o señores de la prosa novelera en su más 14 . comentarios y evocaciones de los clásicos. mostrando a éstos la vida bullente de aquellas estatvias. Su Carea proselitista en favor de la mejor literatura me- dieval y del Siglo de Oro era serpentina. Él reinven- taba a los clásicos para el lector desconfiado. el que hojea de prisa los periódicos. ni tampoco aquellas reseñas que tienen como destinatario a un público enterado o bien dispuesto y que a menudo emplean fórmulas y referencias esotéricas para el profano. en sus crónicas cotidianas. que lo excite y lo intrigue. parecen demasiado remotos y egregios para satisfacer lo que el lector común es- pera legítimamente de un escribidor: que lo divierta y lo ma- ree.

el quehacer literario va transformando en héroes. novelas. Lope en silueta. Los dos luises y otros ensayos. en sus devotas mitologías literarias. El supo relatar con soberbia amenidad las maravillas que encierran un poema de Góngora. El licenciado Vidriera. como yo mismo. Como Alfonso Reyes. Los clásicos redivivos. Azorín fue. Y lo hizo con entusiasmo tan contagioso y tanta belleza que muchos de sus lectores debieron sentirse. campestre o monacal. los clási- cos. a través del periódico y la revista. En las crónicas de Azorín. De Granada a Castelar. uno de los rarísimos grandes escrito- res capaz de mostrar al gran público. Sólo cuando la atención de aquel lector había quedado atrapada en las redes de la pintoresca anécdota o divertida circuns- tancia. en el ám- bito de nuestra lengua. en artículos que divertían y encandilaba^i^'ü^ 15 . crear. ensayos ha- bían ensanchado la vida de su tiempo y enriquecido a su persona. Por- que escribir. El oasis de los clásicos y tantos otros— impelidos a buscar en esos originales los tesoros que él ha- bía encontrado. Los clásicos futuros. y re- firiendo sus querellas. una tarea que enaltecía el cuerpo y el espí- ritu. inventar mundos mediante la fantasía y las palabras era. miserias o fastos de una manera que los volvía siempre seductores casos de humanidad. a esos humildes mortales. la forma suprema de vivir. leyendo sus glosas y recreaciones —recopiladas en esos libros deliciosos que son Al margen de los clásicos. le mostraba cómo sus poemas. la lozanía de la tradición literaria y la vitalidad de nuestra cultura. desarmada intimidad hogareña. completándola con formidables experiencias. de Quevedo o de Fray Luis o una novela de Cervantes y las recompensas intelec- tuales que recibe quien se atreve a enfrentarse a los laberin- tos retóricos de El Criticón o a las picardías de El diablo co- juelo.

que. 2. sino un sensitivo de la historia. La verdad es que él no fue nunca un pensador ni un doctrinario y que sus ensayos políticos en verdad no lo son en un sentido cabal pues hay en ellos muchas más sensaciones e imágenes que conviccio- nes ideológicas. sin duda— que pagaría caro. Ortega tuvo mucha razón cuando dijo de él que no era un fi- lósofo de la historia. y éstas. incluso.' Pero. y. quedó muy in- justamente exorcizada en su conjunto por buena parte de la intelectualidad como «de derechas». En «Azorín: primores de lo vulgar». desde luego. 16 . En nues- tros días hay. a menudo. críticos. les vuelve la espalda cada día más. bastante superficiales. en un sentido mucho más profundo. más bien un gusto personal. En lo que concierne a la cultura. filosófico o 1. desde entonces. nuestros clásicos no han vuel- to a tener valedores como Azorín ante ese gran público no universitario. No había en ello una convicción ideológica. p.por su color y su gracia sin caer en la trivialización. aun en su período de juveniles y mansas simpatías anarquistas. llegó a solidarizarse con el régimen franquista. Alianza Editorial/Revista de Occidente. Azorín fue siempre un conservador. debilidad —lamentable. Pero. Obras Completas. También fue un conservador en términos políticos. 1983. una inclinación es- tética. por eso mismo. investigadores y profe- sores de primer orden. en la etapa final de su vida. la tradición cultural debía ser preser- vada y divulgada como la más preciosa fuente de enseñan- zas para el presente y como el cimiento sobre el cual edificar el arte y la literatura de hoy. porque defendió a partidos o líderes de esta tendencia. pues su obra. Madrid. J o s é Ortega y Gasset. 162. Voi.

y. de la brevedad de sus frases y del estado de inanición en que suelen caer sus personajes: una manera de inmovilizar el mundo. y. de narrativa despaciosa y a punto de congelarse. un estado anti. Esta es la significación honda del presente o pretérito perfecto del indicativo en que solía escribir sus textos. sobre-natural. sin pasado y sin mañana. gira en el sitio. a lo más. arrancados a la contingencia. Estabilizados onto- lògicamente. girando. Su prosa es intemporal: en ella nada pasa. de arrancar a los hombres y a las cosas de la usura fatídica. de pulida y elegante superficie y de 17 . invo- can a Dios. su estilo y artesanía— parece forjado con la inten- ción de conservar la vida y el mundo tal como son. Presencias quietas. todo se que- da. so- bre todo. Pues todo en su literatura —su temàtica y. Esca- pando al tiempo. alcanzando-de este modo. El tiempo azoriniano es una sustancia quieta y visible. de sus- pender el tiempo y evitar la muerte. girando. Todo el elemento añadido —ese agregado de la invención y la sensibilidad a la experiencia del mundo en que se cifra la originalidad de un escritor— reposa en su caso en el tiempo. La suya es una literatura en cámara lenta. de congelar la vida. transubstanciándose con el orden natural. dan la impresión de haberse liberado de la co- rrupción y el decaimiento congénitos a lo que vive. metafisico. los hombres y cosas de este mundo no fueron ni serán: son. al igual que la pura materia. pues lo mismo sucede en sus artículos. como las imágenes de las fotogra- fías. es justo tiablar de Azorín como de un escritor conservador. en la que los seres y las cosas parecen ataja- dos. Y no me refiero sólo a esa quietud esencial en que transcurren —si cabe hablar en ellos de transcurrir— sus cuentos y no- velas. como esos derviches místicos que. los seres anima- dos de su mundo se convierten en paisaje.

con un tiempo y un espacio prefijados. persuadirnos de que él no es sino mero reflejo. en esas siluetas petrificadas hay sin embargo una delicadeza recón- dita que transparece y ablanda su rigidez. una espiritualidad soterrada que pugna por asomar y mostrarnos que están vivas. Tampoco los periódicos en lengua española han vuel- to a hospedar a un creador que ennobleciera tanto la efíme- ra colaboración periodística. El supuesto realismo de Azorín es una de las ficciones —una de las irrea- lidades— más logradas de nuestra literatura. «permanece y dura». incluso. El mundo en que vivi- mos carece de esa perfección sin cesuras. su coherencia y magia son tan grandes que consigue. de la armonía y discreción que caracterizan al suyo y está haciéndose y des- haciéndose sin cesar. pero cuatro quintas partes de esa dilatada producción fueron artí- culos de periódicos. escritos cotidianos para cumplir una obligación. más bien. un hálito suave que las envuelve. pero sensible y sutil como pocos otros. el cuento. Azorín cultivó el teatro. la novela y dejó más de cien libros. el ensayo. una proyección del mundo real. Pero. ¿Cómo imaginar que esa prosa tan elegante y tan cuidada. que sólo alcanzamos a entrever.insondables profundidades. en un alarde de su maquiavélica timi- dez. que de leve y discreta parece escrita en 18 . jamás lo creeríamos. de precisión maniática y respirar simétrico. pues ese descriptor pertinaz de lo exterior no se asoma nunca a ellas. a adivinar. Si no lo supiéramos. como si todo lo que no formara parte del mundo físico lo ahuyentara. en tanto que el que él inventó. como en el verso de Quevedo. Mundo sin tiempo y también sin sexo —porque el de Azorín es uno de los más castos que haya creado la literatura en nuestra lengua— sin grandes ideas ni arrebatos emocionales. o. No es así.

de estupidez y de ternura. en él. en una farsa gentil a la que el lector asiste con indulgencia y buen humor. Casa Editorial Calleja. Las de Azorín son muchas veces con- vencionales o prestadas y. Su caso prueba que el cuarto de corcho no es indispensable al artista. también. Azorín. lleno de sorpresas y de gracia. Desplazando la pers- pectiva de los grandes asuntos debatidos en las Cortes a los menudos detalles insignificantes.puntas de pie. una fabulación. aunque parezca men- tira. 19 . Madrid. Soberbio ejemplo de ello son las crónicas que escribió sobre las sesiones de las Cortes. la profesión que parece inventada para devastar el estilo y sofocarlo en el fárrago.^ No hay en ese volumen una página que no sea un prodigio de ingenio e ironía. que al genio literario le son indiferentes los temas y los géneros y. en verdad. Azorín lo fue —a más no poder— borroneando sus cuartillas en el trajín incesante de la calle. Su caso prueba. reunidas en su libro Parlamentarismo espa- ñol (1904-1916). con repeticiones y precisiones efectistas que dejan imágenes muy vividas en 2. una profunda mudanza de la vida y el mun- do reales en otros. ficticios. Porque. Azorín convierte las sesio- nes en un espectáculo teatral inusitado. cuajó en el fragor del periodismo. el estereotipo y el clisé? Es uno de los milagros de Azorín: haber creado uno de los más singulares estilos litera- rios escribiendo al servicio de la actualidad. 1916. Parlamentarismo eípíjw/(1904-1916). incluso las ideas. la invención se volcaba enteramente en lo que parecía la descripción de la realidad física y social de su tiempo y era. en- tre 1904 y 1916. Cada cró- nica es un dechado de sabiduría narrativa. ello no priva a su obra de misterio ni originalidad. sin embargo.

advertimos que esas imáge- nes tienen más diferencias que semejanzas con la realidad objetiva. «Los escépticos». Si en la vida real se dan estos malabares existenciales como excepciones. «lo cotidiano desdeñable» de sus vidas. Incluido en Sin perder los estribos. sino lo esencial y característico».. 2 0 . el tono. sin embargo.^ Azorín es- cribió que «en toda vida los rasgos capitales. p. salientes. y que. en la realidad azoriniana ellos son rasgo uni- versal. la menuda e insignificante materia de todos los días puede llegar a ser. en haber engalado con las prendas de lo heroi- co.la memoria. Ahora que podemos leer la obra de Azorín sin tener a mano lo que fingía ser su modelo. están dotadas de una poderosa vida que se nos impone por el poder de persuasión de la 3. Su hazaña de escritor consistió. esas aldeas fuera del tiempo y de la historia de la estepa castellana o la vega ali- cantina o el París de los años de la Primera Guerra Mundial o los nimios o aguerridos debates políticos de fines del siglo pasado y principios del nuestro. que ha sustituido el mundo real de la historia por el ficticio de la literatura. 1958. son los que dan la nota.. pero lo demás. El «fondo» es feroz —una sangrienta crítica del régimen parlamentario—. lo sorprendente y lo dramático a esa dimensión medio- cre y monótona de las gentes. En uno de sus ensayos. pero apenas se advierte. gracias a la pureza de su prosa y a la microscópica agudeza de su visión. Editorial Taurus. no lo desdeñable y subalterno. 169. Madrid. ley sin excepciones. respecto a ciertas personalidades. tamizado como está por la socarronería juguetona de una prosa que ha irrealizado la realidad. lo cotidiano desdeñable.

no se trata en modo alguno de lo que sugieren los treme- bundos rótulos de su portada: un libro empedrado de bue- 2 1 . aunque a menudo decep- cionante. Sin embar- go. por la fantasía y la técnica que les dan el ser. titulándola Pueblo (1930). Y. Aunque exigen del lector una cierta curiosidad perversa por los misterios del tedio y de la abulia. la subtituló «Novela de los que trabajan y sufren». cincuenta años después.palabra y el orden narrativo. ambiciosa introspec- ción lírica y cajón de sastre del joven escritor a cuyos mate- riales dispares aglutina la seguridad y condensación del esti- lo. pues fueron anticipaciones de toda una corriente na- rrativa que fue un monumento al bostezo. Algunos títulos de sus novelas se prestan a malenten- didos. incluso La voluntad (1902). aquel «nouveau román» que. presentes o futuros. audaces pero fallidos. Fue un empeño osado. empeñado en describir —como lo había hecho Azorín en Doña Inés. pero casi nadie pudo saberlo porque Azorín se encargó de desorientar de entrada a su público potencial. sin duda. Ocurre con una de las mejores que escribió. por la inmovilidad e inercia que aqueja a esos ejer- cicios de estilo en los que se disuelven los borrosos perfiles de los protagonistas y sus mínimas peripecias. dejando en la memoria del lector apenas murmullos de palabras. Azorín fue un creador más audaz y complejo cuando escribía artículos o pequeños ensayos que cuando hacía no- velas. sin movimiento. surgiría en Francia. Don Juan o Salvadora de Olbena— un mundo objetal. como si no fuera bastante. con lo que probablemente la inmunizó contra toda clase de lectores. sin psicología y casi sin anécdota. Las que escribió fueron experimentos. las novelas de Azo- rín merecen un lugar en la historia de las vanguardias euro- peas.

sólo la emoción estética y que ellas desplie- gan un abanico de cuadros preciosistas. lámparas. escaparates— exquisitamente realzados —casi hu- manizados— por la descripción. se adelantaron varías décadas a aquellas de es- critores franceses como Alain Robbe-Grillet. intentó otro experimento radical: un mundo de sensa- ciones y percepciones puras. aun- que se salven en él algunas hermosas naturalezas muertas. cayados. Claude Simon. pero. en vma novela que se llamaría primero Félix Vargas y luego El caballero inactual (1928). que. y el libro. sin hechos. sartas de fráses en las que ha sido suprimido el verbo. baúles. Más bien. pasados los primeros capítu- los. a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. El año anterior había intentado ya narrar de esta insólita manera sincopada. de eso que define la etiqueta: literatura de eva- sión. Novelas más para ser estudiadas que gozadas. El mundo de las novelas de Azorín. lo que les da el semblante de poe- mas en prosa. protagoniza- ron en Francia ese pequeño alboroto literario que la crítica presentó como la creación de una nueva narrativa. a la que llamó «prenovela». sillas. a las que sí cabe (sin el menor áni- 2 2 . tejidos. en Superrealismo(1929'). Nathalie Sarraute y Robert Pinget entre otros. llaves. que calificó de «etope- ya».ñas intenciones éticas y políticas sobre la condición obrera y de denuncia de las iniquidades sociales. naufragó en un maremágnum de estampas sin ilación. en el que las per- sonas son fuegos fatuos que se escurren y la anécdota. de lo contrario. desistió. mero pretexto para poner en movimiento los sentidos y la emoción. La verdad es que en sus páginas no alienta la menor emoción social. tazas. de objetos humildes —costureros. como atemorizado de su osadía. leve como una pluma. Muchos de estos cuadros son simples enumeraciones. Poco antes.

un hito literario. tal vez sin darse cuenta. un Joyce. joya minúscula en la que. Azorín carecía de la ambición que impulsa esas revoluciones literarias. la premonición de algo distinto. Él sabía describir. de una visión y una técnica que hubieran podido. sensato y con- tenido para provocar cataclismos. en su fragmentación cubista de la percepción de lo real. Era demasiado parco. sensación o verbo.so a los demonios del ins- tinto. las per- sonas. sombras. los detalles —la descripción de un árbol.mo de ofensa) llamar formalistas. no pasan de siluetas. por lo conveni- do y conveniente. como «La pasión del pajecillo». Pero. rozó el terreno prohibido para él del erotismo— pues entendía y sentía mejor a las cosas que a las personas. Por eso fracasaba como novelista. 23 . y hasta en el efecto adormecedor de una prosa sometida a depuración tan im- placable que en ella sólo parece tener cabida lo visual. imprescindibles en esos deici- dios simbólicos que son las grandes novelas. una Virginia Woolf o un Faul- kner. la fantasía o la locura. Pues hay en ellos. entele- quias. aunque fuera en el apaci- ble dominio de la ficción. En sus novelas. en cambio. tropismo. como lo hicieron un Proust. en la metamorfosis de lo humano en objeto. estos intentos de Azorín de reno- var la escritura narrativa no dejan de ser innovadores. no contar —aunque escribiera algunos cuentos excelentes. pues su ponderación. Aun- que no cuajaran del todo. su tacto y su preferencia por lo sedentario y lo pasivo. Las historias que inventaba no eran nunca lo bastante poderosas para animarlas. revolucionar la forma novelística. cerraban el pa. de 1925. de una colina o una casa— resultan siempre seductores y emocionantes. tiene un extraordinario parecido con el de aquéllos. tal vez. insinuada.

Si uno juzga las actitudes y proclividades de Azorín separadas de la obra èn que se hicieron literatura. a unas manías. la historia. del que el autor sería apenas respetuoso cronista. comenzando por sus limitaciones. los clásicos. lentitud. Pero. minucias. No era tal cosa. como los reunidos en Los pueblos. en los textos que dicen ser notas de viajes. de intensa espi- ritualidad. la sociedad. o Una hora de Es- paña—el bellísimo discurso con el que se incorporó a esta Academia— y tantos otros libros memorables. sus crónicas rehacían la geografía. sin embargo. a diferencia de lo que ocurre en las ficcio- nes de Azorín. en las crónicas de i\zorín esos ingredientes crean un mundo impredecible. disimulada bajo el disfraz de la fideli- dad a un mundo pre-existente. el cuadro no es nada sugestivo: apatía. Y. que. la sutileza de la observación y la au- dacia de la estaictura se vuelven objetos merecedores de re- verencia y cariño. En el contraste de ambos conceptos está perfectamente resumido el arte azoriniano. hay una re- creación de la vida tan intensa como la que operan las nove- las más logradas. a unos apetitos y unas fobias que eran las suyas propias y que su delicado talento de embaucador contagia- ba a la realidad de sus textos. En él es esencial la bre- 2 4 . En cambio. Todo eso sugiere el aburrimiento y la impaciencia. Un artista se sirve de todo para crear. que sorprende y encanta. Un pueblecito. he- chizo por lo nimio. «Primores de lo vulgar» tituló Ortega y Gasset el ensa- yo que le dedicó. desilusión. de acuerdo a una visión. de lecturas. hecho de menu- dencias. convirtiéndolos en sus atri- butos. gracias a la pulcritud del estilo. reportajes o memorias. Riofrío de Ávila. inanidades e insignificancias.

folclore— forman parte de la buena literatura por la inquebrantable ca- lidad de su estilo y la astucia de su enfoque y construcción que convierten a muchos de ellos en modelos de esas ceñi- das y sólidas arquitecturas imaginarias que son los cuentos logrados. el mundo «vulgar» de Azorín se levanta de su vulga- ridad y adquiere brillo estético. viajes. A simple vista. es la reseña de un libro. una miscelánea de 1904. cambios de tono y de ritmo y juegos de tiempo de las ficciones más arriesgadas. la compleja urdimbre de ocultamientos y revelaciones. texto incluido en Los pue- blos. los millares de pequeños textos que escribió. sobre co- dos los temas imaginables —política. El articulista evita lo central y se extravía en lo accesorio. historia. inde- terminación. Extraño comentario: jamás se dice quién era el Presidente Magnaud ni hay una palabra sobre el contenido de su libro. simulacros y pis- tas falsas. «He intentado no decir sino cosas sencillas y directas». escribió en el prólogo a sus Páginas escogidas. ambigüedad y sugerencia.vedad. si es cierto. Y. que Azorín escribe urgido por el editor. En cam- bio. Cuando se alarga. con frecuencia. deportes. demuestra una vez más el abismo que pue- de abrirse entre las intenciones y los resultados de un crea- dor. Tras la diafanidad del lenguaje y lo asequible de los temas hay. Esto. solvencia intelectual. ciencia. generalmente se esfuma. actualidades. Quisiera dar un solo ejemplo de la maestría con que Azorín trastroca una opinión o informe periodístico en fabu- lación artística: «Ei buen juez». gracias a estas sabias trapa- cerías. cine. Novísimas sentencias del Presidente Magnaud. El volumen de marras 2 5 . El mundo de Azorín es «sencillo y directo» sólo en la fachada. teatro. en 1917. sociales. un denso contexto.

viajó de Barcelona hasta Ciudad Real. como escritor. intuicio- nes o invenciones. En verdad. Hemingv/ay mostró que. Antes de dormir. Tenía predi- 2 6 . era un miniaturista. «apartándose de la ley pero con arreglo a su con- ciencia». circun- loquios y desvíos. sobre todo. vacíos que éste debe llenar con adivinanzas. a veces. lo feo bello y lo intrascendente trascendente. si no en la vida. que era posible y eficaz narrar por omisión. como esos que pintan paisajes en la cabeza de un alfiler o construyen barcos con palitos de fósforos en el interior de una botella. la mejor manera de realzar un hecho en una ficción es ocultado. nos mantiene suspensos. Pero. de datos significativamente escondidos al lector. nos instaiye más luminosamente sobre las Novísimas sentencias del Presi- dente Magnaud que un tratado erudito. ha hecho justicia. Pero. escribió en otra ocasión. fascinados con sus hiatos. Es un caso sencillo y Don Alonso ya sabe en qué sentido fallará. juez del lugar. «En la vida nada hay que no revista una trascendencia incalculable». Pero Don Alonso regresa a su casa feüz porque. allí estuvo ahuesán- dose en una librería hasta que fue adquirido por un tran- seúnte que lo obsequia a un tal Don Alonso. llena de elusiones. Buena parte de la técnica periodístico-narrativa de Azorín se basa en una es- trategia parecida. Éste. lo que causa escándalo en la ciudad manchega. Se levanta y esa mañana dicta sentencia. Esto no es cierto. en sentido opuesto al que pensaba la víspera. él fue capaz de demostrar que. Pero no puede soltarlo hasta que asoma el día. gracias a una buena lectura. lo deposita junto al expediente de un pleito sobre el que debe pronunciar sentencia. en el arte lo aburrido puede ser ameno. Esta corta historia. ho- jea el libro-que le han regalado.

En sus descripciones. lleno de música. como la alcuza y la escudilla que. color y poesía. la sobriedad y la discre- ción reinan. o como la «márfega». crecen y se animan como personajes vivos y nobilísimos. Hay pobreza. de Carlos Castañeda: que si las personas encon- traran ese sitio mágico que en cada lugar les aguarda.lección por lo desdeñado y secundario.'como si sólo a través de ellos pudiera organizar- se la vida. entraña- bles. cálidos. La limpieza y el orden. entidades a las que convienen calificativos como modestos. en los recuerdos de su libro sobre Valencia (1941). color. tímidos. En el mundo de Azorín seres vivos y objetos inanimados parecen haber encontrado su «sitio». forma. los pequeños objetos alcanzan a veces una extraordinaria dignidad. que en esas mismas páginas se eleva a la condición de objeto emblemático. La realidad azoriniana difumina las fronteras entre los objetos y los hombres: éstos son muchas veces nada más que volumen. 2 7 . en apariencia. jergón lleno de las hojas del maíz. haciéndoles sentir su soledad. apenas con unas cuantas frases que. por lo que rara vez atrae la atención o se olvida de inmediato. que eran invenciones. la sordidez y la secreta grandeza de sus gentes. un portalón o una vie- jecita enlutada e intemporal. como si aquí se hubiera mate- rializado aquello que decía' el brujo de Las enseñanzas de Don Juan. nada se halla fuera del lugar que le corresponde. y. su rutina. des- aparecería la infelicidad. aquéllos. por los seres ano- dinos y las cosas insignificantes. pero no fealdad. sólo pretendían describir una fuente. Era un arquitecto literario tan sutil que podía trazar el perfil de una ciudad a través del perfume de las especias im- pregnado en sus mercados e instalar a sus lectores en el co- razón de un pueblecillo manchego.

. la realidad sólo tiene sentido y vida para ellos transmutada en una ficción. Sus libros me han acompañado en trenes. lo cierto es que sus libros me estimulan y me 2 8 . modela- do y obsesionado con las creaturas de la ficción. ómnibus. acaso. así como para el personaje que se hace pasar por el cronista Azorín. siempre he estado le- yendo o releyendo a Azorín. habiendo cruzado los años y las ma- nos de tantos lectores. por eso. aquel que. la noción misma de felici- dad parece descabellada. tal vez. el más convocado y respetado. hasta hablar de «ficción» podría resultar im- prudente. en cierto modo. Se trata de un mundo embebido de literatura. hasta convertirse en amuletos sin los cuales no me atrevería a em- prender un viaje. ha alcanzado una suerte de inmortali- dad: el libro de ocasión.pero es difícil decir si ello los ha hecho felices. Porque en este mundo mínimo. Pero. en muchos sentidos —en su manera de ser y de ver el mundo. por ejemplo. Y. aviones. el más amado. reinventado a la imagen y semejanza de ese fantaseador contemplativo. en sus modelos y en sus conjuros— creo estar bastante lejos de él y. para los caballeros que frecuentan el Ca- sino de Argamasilla. en sus antípodas. en el mundo tapizado de objetos de Azorín. en lo que le gus- taba y disgustaba. Tal vez la explicación esté en la fatídica ley de atracción de los con- trarios. pero mi devo- ción por Azorín me descoloca. pues. en 1952. parece tan difícil diferenciar lo vivido de lo novelado como lo era para Don Quijote: igual que a éste. Creo entender las razones por las que vuelvo siempre sobre un puñado de autores. es el libro. y. porque. de preferencia. Desde que lo descubrí. Pero. el más precioso. hoteles. con una admiración y un cariño que se renuevan como'las estaciones.

me gustaría que supiera que aproveché esta solemne ocasión de mi ingreso a la Real Academia para. nada más entrar en esta casa que fue también suya. aquí en Madrid. cuando era ya un viejecillo mudo. y que. uno de ésos cuya aprobación quisiéramos desesperada- mente alcanzar para todo lo que escribimos. translúcido y a é r e o — que formo parte de su círculo privado. 2 9 .emocionan siempre. pero si está en alguria parte. y a considerarlo un grande ami- go. he llegado a sentir —a pesar de que sólo lo vi una vez. de tanto asomarme a través de ellos a lo que hizo y lo que fue. rendirle un homenaje. No sé dónde estará ahora. en 1958.

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SR. 1 . CONTESTACIÓN DEL EXCMO. DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K ' TI V® <7 V.

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Os deseo. que entréis con buen pie en esta atalaya desde la que se vela por la correcta salud y opima cosecha humana y literaria de la gloriosa lengua española. Sr. es un grado. De pasada y como en un aparte teatral os recuerdo. Don Mario Vargas Llosa. suceso que. A. Señores acadérhicos. deberíamos señalar con piedra blanca y disparando cohetes de alegría. señor novicio. Entra hoy en nuestra casa un escritor. español del Perú. que fuisteis presentado por los tres más antiguos individuos de número de la Academia y la antigüedad. Excmo. acaba de ha- blarnos de Azorín con muy medidas y sagaces palabras. Señores académicos. Mario Vargas Llosa. quizá por no agobiadoramente sólito. tan zarandeada por tirios y troya- nos ante la irresponsable indiferencia de los administradores del procomún. según pienso y se dice en la milicia. don Mario— que acompañaron al alumbramiento académico que hoy culmi- na y se perfecciona. También pido a los clementes dioses que os concedan muy larga vida para que podáis sentaros tiempo y tiempo en la silla que os ha correspondido tras las iones- quianas piruetas —el adjetivo es vuestro. 3 3 .

nadie. si hago omisión del maestro Ortega. de reportaje y de emocionada ficción—. tan distinta de la cervantina ruta de Don Quijote. arte menor? Pero no juguemos con las palabras porque. en su férrea estética literaria. a lo que pienso. citado por nuestro recipiendario. allá en la caluro- sa y remota tierra de Piura. ¿por qué no decirlo?. Vargas Llosa acaba de decirnos que leyó por vez pri- mera a Azorín en su último año de colegio. de diario intimo. también con tanta y tan bella y noble complici- dad. sólo con este libro. pese a todo el accidentado y de- vorador tiempo transcurrido. siempre puede agazaparse la 34 . simpatía y. en el tiempo inmediatamente anterior a la guerra civil. cuya crónica literaria fue publicada hace ya noventa años pero sigue aún fresca y lozana. y de la honda e inteligente glosa que le dedicó el alto poeta y eximio pro- fesor Pedro Salinas en sus clases de literatura española con- temporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la enton- ces Universidad Central. quizá fuera mejor decir inmarcesible. tras cada palabra esgrimida. de crónica viajera y ensayo. crítico. Nos dice quien acaba de de- leitarnos con su discurso que el autor tratado con tanto mimo y respeto. dos testigos de aquel curso memorable. había oído comen- tar la figura y la obra del maestro de Monóvar con tanto fun- damento y brillantez como a nuestro recipiendario. al afirmar que Azorín. se propuso no salir jamás fuera de las lindes y de la estrecha celda del arte menor. Y en esta casa quedan. pero yerra. con tanta inteligencia. que en estos momentos recuerde. en uno de los más elegan- tes artesanos del español y en el creador de un proteico gé- nero literario que de todo tiene —de fantasía y de observación. don Ma- rio. se erige. ¿A qué llama usted. en su diàfano ensayo Primores de lo vulgar. por fortuna.

en las que al hablar de estos dos últimos. También contraponía el espíritu que animaba a los héroes de Baroja —Silvestre Pa- radox. hace cuarenta y U'es años. Y esta idea mía no es de ahora sino que ha cumpli- do ya casi nueve lustros. contraponía sus figuras y ensayaba a dibujar sus siluetas con todo el amor y el respeto que les profesaba y sigo profesan- do y con todo el rigor del que pude ser capaz. como esas "novelas insolentes" de las que nos habla con muy sagaz señalamiento. con los antihéroes de Azorín —^Antonio Azorín. don Bernardo Galavís. cómo se agotan los plazos de los últimos poderes terrenales. Unamuno. el arrojado. el cruel y desconsi- derado caminar del reloj y del calendario es su permanente. Aviraneta. el resignado.idea de una liebre huyendo. nuestro recipiendario. bajo el título Cuatro figuras del 98: Valle-Inclán. Azorín. ya que las recreaciones del maestro no están más quietas que el mundo que reflejan sino que son genial trasunto de su misma esencia. y en el II Curso Superior de Filología Hispá- nica que regía nuestro director don Fernando Lázaro Carre- ter. a mi juicio. pronuncié ima conferencia. Duda. de que La Mancha fuera tal como Azorín nos la pinta y en esa apreciación tampoco acierta del todo. el conspirador— que morían incendia- dos en la acción. el caballero. cura de Riofrío 35 . sufre viendo cómo se quema el tiempo. calidad y estupor. trataba entonces de señalar y repito ahora. exacta- mente los días 2ó y 27 de febrero de 1952. en la Universidad de Salamanca. Jaun de Alzate. Ba- roja y Azorín. el arbitrista. y el paso del tiempo. más fiel y mejor dibujado personaje. Zalacaín. Y usted también acaba de de- cirnos que cada uno de los dieciséis capitulillos de La ruta de Don Quijote ensaya a rebasar sus fronteras y a volar por su cuenta y a su altura. dividida en dos partes.

Vargas Llosa. acierta en la diana misma de los propósitos literarios de Azorín. Azorín —tras de lo que se habla cabe suponerlo— esconde una maquinista quietista y casi virtuosa entre los pliegues y los surcos del cerebro.de Ávila. en la contemplación. y el último que le tocó vivir fue el del general Franco. que viven y mueren cuidán- dose en sus últimos pulsos. y se- ñala que nadie trabajó con más ahínco que el maestro Azorín para acercar a los clásicos al hombre "del común". refleja el mundo en tomo a través de unos personajes introvertidos. piadosamente. querer encontrar connotaciones políticas. es cierto. quien sin proponérselo siquiera. Baro- ja —^y termino con lo que entonces dije—viene de Nietzsche y de Sorel. que fue un conservador. pero no más que por el sendero de la inexplicable adoración que sentía por el poder constituido. y menos aún ideológicas. sea el que fuere. el resignado. Y cuando comenta el libro Al margen de los clásicos resalta el papel de Azorín como es- critor puente entre los grandes autores pretéritos y el actual lector ignaro. por el otro camino. el resignado— que agoni- zaban helándose en la inacción. al hablarnos de que los personajes de Azorín ni se desean ni se odian sino que vegetan y se entre- gan a sus menudas labores con tanto fatalismo como perse- verancia y tanta ternura como espiritualidad. y no es gratuito su recuerdo de Montaigne. y Azorín. llega desde los piadosos limbos de Orígenes y de Molinos. entre Azorín y los sucesivos gobernantes españoles que le tocó 3 6 . Baroja —de lo dicho se desprende— guarda un petardo anarquista en la cabeza. d o n j u á n . al que él llama. Quisiera pasar como sobre ascuas por encima del pensamiento de Vargas Llosa acerca de las convicciones po- líticas de Azorín. profano.

con eficacia y hondura. con arreglo a un tiempo o a otro. Según sea más o menos lenta o más o menos rápida. esas son las condiciones esenciales del estilo. Vargas Llosa acierta una vez más cuando descubre que en la obra de Azorín se prueba que al genio li- terario le son indiferentes los temas e incluso las ideas. en el que titula La elimina- ción. como querer briscarle 'os cinco pies al gato. que no está tan lejos como supone de la de Azorín ya que por encima de la mera palabra y la efímera y siempre repeti- da circunstancia. en el capítulo II de su libro Valencia. Porque de la eliminación depende el tiempo propia a la prosa. Abdicaría de mis convicciones más hondas si a la pos- tre de esta sucinta bienvenida al nuevo académico también postergase. y que en su prosa ha idealizado la realidad y ha suplido el mundo real de la historia por el mundo ficticio de la literatura. Fluidez y rapidez. por encima de las contradicciones que preceptúan las aula y academias: pureza y propiedad. Y un estilo es bueno o malo según discurra la prosa.padecer en su larga vida. la consideración de la materia prima para ensalzar la estimación del escolio. es tanto. nos habla con muy honda perspicacia del estilo litera- rio.» Estos ingredientes también se cuecen. «Entre todo el laberinto del estilo —nos dice— se levanta el vocablo eliminación. Y poco más me quedaría ya por decir sobre Las dis- cretas ficciones de Azorín y el gozoso evento que aquí nos reúne esta tarde: la entrada en la Academia de un escritor. las devociones comunes y los idénticos y más arriesga- dos afanes humanos y literarios. sobrevuelan en todo momento y por fortu- na. que a todos ha de honrarnos con su presencia y aleccionamos con su sabiduría. al referirme a él. Don Mario 3 7 . Azorín. Mario Vargas Llosa. en la olla literaria de Vargas Llosa.

pues. Asesinato que. glo- sador de sus clásicos y de algunos de sus propios coetáneos. produce vida. Estamos sobre todo ante un poeta en el sentido eti- mológico de la palab'ra. y re- conforta y regocija a sus lectores. el pla- cer de contar que Mario Vargas Llosa tanto admiraba en Martorell es lo que todas sus novelas. como ya lo había hecho cumplida- mente con Flaubert. y con la que he de concluir. la raíz de su vocación es un sentimiento de insatis- facción contra la vida. ante un hombre que con su imagina- ción. paradójicamente. una forma sutil de deicidio. enriquece o trasciende la realidad común.Vargas Llosa nos acaba de demostrar su capacidad para ilu- minar la obra creativa de otro escritor y académico. La pasión narrativa. lector él mismo impenitente. con J o s é María Arguedas o con clásicos de nuestras lenguas como Amadis de Caula o Tirant lo Blanc. que es el de crear mundos. con voz propia. Para don Mario. y cada novela representa un asesinato simbólico de la realidad. Vargas Llosa. como una especie de divinidad escribidora. don José Martínez Ruiz. Azorín. nos transmiten junto a otra virtud creativa no menos apreciable que las mencionadas. crear una realidad verbal que remeda. desde La ciudad y los perros o La casa verde hasta Elogio de la madrastra o Litu- ma en los Andes. incorporando a través de él la tradición que va desde los romances medieva- 3 8 . para él escribir novelas es un acto de rebelión con. alcanza a crear otros mundos para corregir las limitaciones del que le ha tocado vivir. con García Márquez. En cierto modo. cuando enfrenta el sumo y último reto literario.s- tante. con su arte y con su lengua es capaz de conseguir lo que pocos mortales alcanzan. Y para ello juega con el lenguaje. se transmuta en escritor original.

Señor don Mario Vargas Llosa.les a la renovación del gran realismo del pasado siglo. pero asimilando igualmente formas. 3 9 . géneros y registros caracte- rísticos de la cultura popular contemporánea. sed bienvenido a esta casa.

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Este libro se terminó de imprimir en DUPLEX Ciudad de Asunción. 26 (Barcelona) el día 5 de.enero de 1996 .

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