REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Las discretas ficciones
de Azorín
DISCURSO LEFDO EL D Í A 15 DE ENERO

DE 1 9 9 6 , EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA, POR EL

EXCMO. SR. DON M A R I O V A R G A S LLOSA

Y CONTESTACIÓN DEL

EXCMO. SR.

DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K

MADRID
I
1996

Las discretas ficciones de Azorín

POR EL EXCMO. SR. ^ l i REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Las discretas ficciones de Azorín DISCURSO LEÍDO EL D Í A 15 DE ENERO DE 1 9 9 6 . DON M A R I O V A R G A S LLOSA Y CONTESTACIÓN DEL EXCMO. 4c. ^ Ji. EN SU R E C E P C I Ó N PÚBLICA. DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K MADRID 1996 •¿'O"^ - . SR.

199Ó Depósito legal: B.Copyright © Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela Tnilock. 285-1996 Impreso en Duplex Ciudad de Asunción 26-08030 Barcelona .

DISCURSO DEL EXCMO. D O N M A R I O V A R G A S LLOSA . SR.

mß .

un estímulo constante contra el desfallecimiento que acompaña como su sombra al trabajo creativo: aquella secreta esperanza (que destraba nuestra fantasía y fortalece nuestra voluntad en los períodos difíci- les) de que lo que escribimos no sea en vano. gracias a un grupo de médicos de Barcelona aficionados a los cuentos. . Don Camilo José Cela. Y. a los tres académicos. maestros y amigos. ¿Alimentos para la miserable vanidad? Seguramente. tuve la alegría de ver publicado mi primer libro. también. por el que doy a todos y a cada uno de ustedes mi profundo agradecimiento. hace ya treinta y cinco años. Señoras y Señores Académicos. Ese largo proceso culmina esta noche con mi ingreso a esta ilustre corporación. Desde que. estoy agradecién- dole algo a España. Pre- mios literarios y distinciones académicas. una segunda na- cionalidad. que me honraron proponiendo mi admisión. Mi deuda se ha ido acrecentando desde entonces hasta alcanzar dimensiones tercermundistas. el interés de editores y críticos y el generoso aliento de los lectores. muy en especial. de que llegue al lector. Excelentísimo Señor Director. Don Pedro Laín Entralgo y Don Rafael Lapesa. Pero.

pero. cuando menos. Dada mi fenomenal incompe- tencia en la disciplina lexicográfica me temo que mi aporte resulte prescindible. Y. Y. Con todo el impudor de que soy capaz les confieso que me siento verdaderamente feliz zambullido en esta levi- ta. ahora. debo re- ferirme a un delicado problema de sillas ionesquianas.sta donde entiendo. entre la vasta colecti- vidad de académicos que a lo largo de siglos han ocupado estos sitiales. que acompañó mi alumbramiento de académico y que me ha te- nido intrigado. Pero. pero él será. más conocido como Azorín. no sin cierta desazón e irreverencia. más bien. o. La falta de una letra en el espaldar del asiento que me cobijará de ahora en adelante no me preocupó en absoluto. me propongo corresponder a la benevo- lencia de ustedes colaborando lo mejor que pueda con las tareas de la Real Academia. mejor dicho. desde luego—. fui informado que la Academia. perma- nente y bien intencionado. con una silla sin pasado y ágrafa. al que quisiera. Ha. sin pensarlo dos veces. los Reyes de España. 10 . elegí a Don José Martínez Ruiz. cuando ya garabateaba el borrador de este dis- curso. por razones que trataré de explicar en un momento. vi en ello una opor- tunidad de poder elegir como mentor. en todo caso. barajando en mi memoria la miríada de imágenes que en ella flotan relacionadas con mi asidua frecuentación del gran prosista alicantino. No sé si mi instalación en este nuevo hogar afectará mi trabajo de creación —haré cuanto esté a mi alcance para que no lo academice. protagonizando esta elegante ceremonia realzada por la presencia de Sus Majestades. y rodeado de tantas personas ilustres. fui elegido académico sin silla. privada de esa rica tradición de posaderas que orna a todas las otras de este augusto recinto.

pese a mi condición de académico todavía virtual y nonato. a quienes dedicó un efusivo ensayo en la len- gua de su tierra natal. Y. que he heredado del distinguido hombre de ciencia y escri- tor. la patología psicosomàti- ca. aquí mismo. En cambio. en la cálida tierra de Piura. sin duda. sí me atrevo a re. tan arraigada en Occidente y a la que debe tanto la cultura de Europa y la de España en particular. políglota. por el costado literario. siguiendo el itinerario que la ima- ginación de Cervantes fraguó para el Caballero de la Triste Figura. manejaba con la misma destreza que el español. ahora sí. Lo leí por primera vez cuando estaba en el último año del Colegio. que. ya ocupaba otra. pero en este dominio ya lo ha dicho todo. como Proust y Rilke. La ruta de Don Quijote {1905') es uno de los más he- 11 . su olfato de lector zahori al analizar a los grandes autores de nuestro tiempo. sin haber estrenado la que me correspondía. me propuse ir desde el principio: hacia Azorín. identificada por la letra L. voy adonde. amante de la filosofía y la literatura. Galicia. Yo no podría decir con la solvencia debida lo mucho que le debe su pro- fesión. y de la mano de su prosa menuda y morosa viajé con él.saltar su buen gusto. Y que. Donjuán Rof Carballo fue un mantenedor de esa noble tradición de los médicos huma- nistas. ensayista y merecedor de respeto y admiración por sus cuatro costados. me había mudado de silla. en especial. luego de este preámbulo. en los albores del siglo. la palabra autorizada de Don Pedro Laín Entralgo. la medicina y. Esta misteriosa mudanza me ha permitido asomarme a la obra y la persona de este científico y pensador. rama en la que se especializó. por los grandes descampados de cielo inmóvil y las aldeas intemporales de Castilla. Donjuán Rof Carballo. como dije.

haciéndonos creer que ese mundo era así. es tan coherente en sí misma y se complementa tan bien con las demás que el conjunto pa- rece rebasar sus límites y emanciparse. condensada como la luz en una piedra preciosa. no es preciso haber estado allá y cotejar lo vivido con las impecables páginas que simulan relatarlo. El Toboso. una obra de consumada orfebrería artística. su empecinada modestia literaria estuvo a punto de volar en pedazos pues cada una de las dieciséis crónicas que componen el libro está tan perfectamente concebida. Puerto Lápice no son ahora como figuran en el libro. Montesinos. a costa de ímprobos tra- bajos. Pero. él solo bastaría para hacer de Azorín uno de los más elegantes artesanos de nuestra lengua y el creador de un género en el que se alian la fantasía y la observación.stu- vo más cerca Azorín de esa obra maestra que siempre rehuyó escribir. el diario íntimo y el reportaje periodístico. Para saberlo. en La ruta de Don Quijote. y someter éste al escalpelo del aná- 12 . Argamasilla. he sentido la emo- ción que despiertan las más hermosas ficciones. para producir. como si proponerse algo ambicioso hubiera sido incompatible con su moral de escritor que eligió. por idiosin- crasia. la cró- nica de viaje y la crítica literaria. las aldeas y los hogares de la región en busca de huellas de Don Quijote y Sancho Panza. Nunca e. mientras recorría los paisajes. Basta hacer un esfuerzo para salir del sueño en que esa prosa nos mantiene. cuando. Aunque hubiera sido el único que escribió. los visitó Azorín.chiceros libros que he leído. a la manera de esas novelas insolentes que se le escapan de las manos a su autor. pereza o ascetismo intelectual. tampoco lo eran hace noventa años. Ruidera. Cada vez que he releído esas viñetas y estampas de La Mancha que Azorín escribió en 1905. vivir confinado en el arte menor.

y enredan y desenredan sus relaciones de maneras caprichosas. la arte- sanía. contento de es- tarlo. la economía. en tanto que en esas discretas ficciones de Azorín que son sus artículos y ensa- yos todo aquello ha sido abolido. los ca- racteres y psicologías enfrentadas de unos y otros. vuelcan todo lo que albergan de ternura y espiritualidad. Nada de eso existe en las impolutas pinturas manchegas que trazó: cada cual está en su pequeño nicho social. se diría. el bordado.Y porque en la vida real existen el de- seo. como inútil e inconve- niente. además. es idéntico a sí mismo. que leí casi al mismo tiempo. También la violencia. en el primer intento de lectura. el efecto de em- pujarme por segunda vez hacia el Quijote. Y no pudo serlo porque en la vida real todo se mueve. la pasión que enriquecen y trastornan las vi- das de hombres y mujeres. Los seres de este mundo no se quieren ni desean unos a otros pero tampoco se odian ni se hacen daño: vegetan. mejor dicho. la cocina. aunque el fuego del sol en el horizonte incendie las llanuras cada tar- de y la aspereza de los villorrios sobrevivientes y de los al- deanos contemporáneos parezcan los mismos. libro que. ha sido birlado a las leyes de la caduci- dad y la extinción. por la oceánica abundancia de pa- 13 . o. sumido en una mínima rutina que lo aisla y eterniza. y otro no menos evocador. Al margen de los clásicos {1915). en los um- brales de la adolescencia.lisis racional. envejece y pe- rece y en las recreaciones de Azorín todo está quieto.La Mancha no era. el amor. no pudo ser así. tuvieron. Este ensayo. ocupados en quehaceres menudos —la labranza. la religión. las violencias que resultan de la política. la tarea doméstica— a los que se entregan con tanto fatalismo y perseverancia que en ellos.

En sus crónicas. el que hojea de prisa los periódicos. ni tampoco aquellas reseñas que tienen como destinatario a un público enterado o bien dispuesto y que a menudo emplean fórmulas y referencias esotéricas para el profano. Azorín consagró buena parte de sus noventa y cuatro años a enriquecer la vida limitada de las gentes comunes con la vida fulgurante de las grandes creaciones literarias del pa- sado. petrificados en el panteón de la gloria. que le haga pasar gato por liebre y. rememorándolos en su entorno coti- diano y doméstico. la actualidad de su palabra. que lo excite y lo intrigue. Éste es un aspecto de la obra de Azorín que siempre deberemos agradecer. parecen demasiado remotos y egregios para satisfacer lo que el lector común es- pera legítimamente de un escribidor: que lo divierta y lo ma- ree. ésos que. espiando a esos grandes poetas o enjun- diosos tratadistas o señores de la prosa novelera en su más 14 . por unas horas.labras y giros desconocidos me había —como diría Bor- g e s — derrotado en los primeros capítulos. Él reinven- taba a los clásicos para el lector desconfiado. su labor de escritor-puente entre el público profano y los grandes autores del pasado. no hacía crítica literaria. la aventura que espera a quien abra sus páginas. Su Carea proselitista en favor de la mejor literatura me- dieval y del Siglo de Oro era serpentina. para acercar a los clásicos al hombre y la mujer «del común» (como los llamaba su admirado Mi- chel de Montaigne). mostrando a éstos la vida bullente de aquellas estatvias. lo arranque de la mediocridad del mundo real y lo traslade a las exaltantes comarcas de la ilu- sión. la de un contraban- dista. comentarios y evocaciones de los clásicos. en el sentido académico. Nadie trabajó tanto ni mejor que el maestro Azorín. en sus crónicas cotidianas.

el quehacer literario va transformando en héroes. Azorín fue. Sólo cuando la atención de aquel lector había quedado atrapada en las redes de la pintoresca anécdota o divertida circuns- tancia. Y lo hizo con entusiasmo tan contagioso y tanta belleza que muchos de sus lectores debieron sentirse. en el ám- bito de nuestra lengua. los clási- cos. desarmada intimidad hogareña. crear. completándola con formidables experiencias. de Quevedo o de Fray Luis o una novela de Cervantes y las recompensas intelec- tuales que recibe quien se atreve a enfrentarse a los laberin- tos retóricos de El Criticón o a las picardías de El diablo co- juelo. novelas. El licenciado Vidriera. Por- que escribir. le mostraba cómo sus poemas. Como Alfonso Reyes. la forma suprema de vivir. campestre o monacal. Los clásicos redivivos. en sus devotas mitologías literarias. ensayos ha- bían ensanchado la vida de su tiempo y enriquecido a su persona. y re- firiendo sus querellas. la lozanía de la tradición literaria y la vitalidad de nuestra cultura. una tarea que enaltecía el cuerpo y el espí- ritu. Lope en silueta. El supo relatar con soberbia amenidad las maravillas que encierran un poema de Góngora. inventar mundos mediante la fantasía y las palabras era. El oasis de los clásicos y tantos otros— impelidos a buscar en esos originales los tesoros que él ha- bía encontrado. como yo mismo. En las crónicas de Azorín. a esos humildes mortales. a través del periódico y la revista. Los clásicos futuros. leyendo sus glosas y recreaciones —recopiladas en esos libros deliciosos que son Al margen de los clásicos. en artículos que divertían y encandilaba^i^'ü^ 15 . Los dos luises y otros ensayos. uno de los rarísimos grandes escrito- res capaz de mostrar al gran público. miserias o fastos de una manera que los volvía siempre seductores casos de humanidad. De Granada a Castelar.

2. desde luego. por eso mismo. Voi. Pero. a menudo. críticos. les vuelve la espalda cada día más. 16 . En nues- tros días hay. que. Azorín fue siempre un conservador. p. aun en su período de juveniles y mansas simpatías anarquistas. llegó a solidarizarse con el régimen franquista.' Pero. debilidad —lamentable. una inclinación es- tética. y. incluso. y éstas. 162. pues su obra. No había en ello una convicción ideológica. porque defendió a partidos o líderes de esta tendencia.por su color y su gracia sin caer en la trivialización. sin duda— que pagaría caro. Obras Completas. En lo que concierne a la cultura. investigadores y profe- sores de primer orden. la tradición cultural debía ser preser- vada y divulgada como la más preciosa fuente de enseñan- zas para el presente y como el cimiento sobre el cual edificar el arte y la literatura de hoy. en un sentido mucho más profundo. en la etapa final de su vida. Ortega tuvo mucha razón cuando dijo de él que no era un fi- lósofo de la historia. 1983. quedó muy in- justamente exorcizada en su conjunto por buena parte de la intelectualidad como «de derechas». nuestros clásicos no han vuel- to a tener valedores como Azorín ante ese gran público no universitario. filosófico o 1. sino un sensitivo de la historia. bastante superficiales. En «Azorín: primores de lo vulgar». La verdad es que él no fue nunca un pensador ni un doctrinario y que sus ensayos políticos en verdad no lo son en un sentido cabal pues hay en ellos muchas más sensaciones e imágenes que conviccio- nes ideológicas. Madrid. También fue un conservador en términos políticos. desde entonces. Alianza Editorial/Revista de Occidente. más bien un gusto personal. J o s é Ortega y Gasset.

como esos derviches místicos que. y. a lo más. Su prosa es intemporal: en ella nada pasa. los hombres y cosas de este mundo no fueron ni serán: son. so- bre todo. de narrativa despaciosa y a punto de congelarse. como las imágenes de las fotogra- fías. girando. de arrancar a los hombres y a las cosas de la usura fatídica. girando. un estado anti. transubstanciándose con el orden natural. dan la impresión de haberse liberado de la co- rrupción y el decaimiento congénitos a lo que vive. en la que los seres y las cosas parecen ataja- dos. pues lo mismo sucede en sus artículos. El tiempo azoriniano es una sustancia quieta y visible. de la brevedad de sus frases y del estado de inanición en que suelen caer sus personajes: una manera de inmovilizar el mundo. Esca- pando al tiempo. al igual que la pura materia. gira en el sitio. los seres anima- dos de su mundo se convierten en paisaje. Esta es la significación honda del presente o pretérito perfecto del indicativo en que solía escribir sus textos. todo se que- da. alcanzando-de este modo. su estilo y artesanía— parece forjado con la inten- ción de conservar la vida y el mundo tal como son. metafisico. de pulida y elegante superficie y de 17 . arrancados a la contingencia. sobre-natural. y. Y no me refiero sólo a esa quietud esencial en que transcurren —si cabe hablar en ellos de transcurrir— sus cuentos y no- velas. Estabilizados onto- lògicamente. es justo tiablar de Azorín como de un escritor conservador. invo- can a Dios. de congelar la vida. sin pasado y sin mañana. La suya es una literatura en cámara lenta. Presencias quietas. Todo el elemento añadido —ese agregado de la invención y la sensibilidad a la experiencia del mundo en que se cifra la originalidad de un escritor— reposa en su caso en el tiempo. de sus- pender el tiempo y evitar la muerte. Pues todo en su literatura —su temàtica y.

que sólo alcanzamos a entrever. con un tiempo y un espacio prefijados. persuadirnos de que él no es sino mero reflejo. como en el verso de Quevedo. «permanece y dura». El mundo en que vivi- mos carece de esa perfección sin cesuras. El supuesto realismo de Azorín es una de las ficciones —una de las irrea- lidades— más logradas de nuestra literatura. Tampoco los periódicos en lengua española han vuel- to a hospedar a un creador que ennobleciera tanto la efíme- ra colaboración periodística. Mundo sin tiempo y también sin sexo —porque el de Azorín es uno de los más castos que haya creado la literatura en nuestra lengua— sin grandes ideas ni arrebatos emocionales. jamás lo creeríamos. como si todo lo que no formara parte del mundo físico lo ahuyentara. Si no lo supiéramos. ¿Cómo imaginar que esa prosa tan elegante y tan cuidada. que de leve y discreta parece escrita en 18 . la novela y dejó más de cien libros. más bien. de la armonía y discreción que caracterizan al suyo y está haciéndose y des- haciéndose sin cesar. el cuento. Azorín cultivó el teatro. pero cuatro quintas partes de esa dilatada producción fueron artí- culos de periódicos. pues ese descriptor pertinaz de lo exterior no se asoma nunca a ellas. un hálito suave que las envuelve. en tanto que el que él inventó. incluso. o. escritos cotidianos para cumplir una obligación. su coherencia y magia son tan grandes que consigue.insondables profundidades. a adivinar. una espiritualidad soterrada que pugna por asomar y mostrarnos que están vivas. en esas siluetas petrificadas hay sin embargo una delicadeza recón- dita que transparece y ablanda su rigidez. una proyección del mundo real. pero sensible y sutil como pocos otros. de precisión maniática y respirar simétrico. Pero. en un alarde de su maquiavélica timi- dez. el ensayo. No es así.

la profesión que parece inventada para devastar el estilo y sofocarlo en el fárrago. Cada cró- nica es un dechado de sabiduría narrativa. Madrid. de estupidez y de ternura. que al genio literario le son indiferentes los temas y los géneros y. ficticios. ello no priva a su obra de misterio ni originalidad. reunidas en su libro Parlamentarismo espa- ñol (1904-1916). Las de Azorín son muchas veces con- vencionales o prestadas y. Desplazando la pers- pectiva de los grandes asuntos debatidos en las Cortes a los menudos detalles insignificantes. Azorín lo fue —a más no poder— borroneando sus cuartillas en el trajín incesante de la calle. 1916. la invención se volcaba enteramente en lo que parecía la descripción de la realidad física y social de su tiempo y era. el estereotipo y el clisé? Es uno de los milagros de Azorín: haber creado uno de los más singulares estilos litera- rios escribiendo al servicio de la actualidad.puntas de pie. Parlamentarismo eípíjw/(1904-1916). Soberbio ejemplo de ello son las crónicas que escribió sobre las sesiones de las Cortes. Casa Editorial Calleja.^ No hay en ese volumen una página que no sea un prodigio de ingenio e ironía. en- tre 1904 y 1916. Azorín convierte las sesio- nes en un espectáculo teatral inusitado. Su caso prueba que el cuarto de corcho no es indispensable al artista. Su caso prueba. incluso las ideas. Azorín. 19 . una profunda mudanza de la vida y el mun- do reales en otros. Porque. lleno de sorpresas y de gracia. aunque parezca men- tira. en verdad. cuajó en el fragor del periodismo. también. sin embargo. en él. con repeticiones y precisiones efectistas que dejan imágenes muy vividas en 2. en una farsa gentil a la que el lector asiste con indulgencia y buen humor. una fabulación.

«lo cotidiano desdeñable» de sus vidas. Si en la vida real se dan estos malabares existenciales como excepciones. el tono. «Los escépticos». Ahora que podemos leer la obra de Azorín sin tener a mano lo que fingía ser su modelo. 169. ley sin excepciones.. en haber engalado con las prendas de lo heroi- co. El «fondo» es feroz —una sangrienta crítica del régimen parlamentario—.la memoria. Incluido en Sin perder los estribos. son los que dan la nota. pero lo demás. esas aldeas fuera del tiempo y de la historia de la estepa castellana o la vega ali- cantina o el París de los años de la Primera Guerra Mundial o los nimios o aguerridos debates políticos de fines del siglo pasado y principios del nuestro. la menuda e insignificante materia de todos los días puede llegar a ser. están dotadas de una poderosa vida que se nos impone por el poder de persuasión de la 3. Su hazaña de escritor consistió. y que. lo sorprendente y lo dramático a esa dimensión medio- cre y monótona de las gentes. sino lo esencial y característico». no lo desdeñable y subalterno. Madrid. Editorial Taurus. en la realidad azoriniana ellos son rasgo uni- versal. sin embargo. 1958. 2 0 . salientes. tamizado como está por la socarronería juguetona de una prosa que ha irrealizado la realidad. p. que ha sustituido el mundo real de la historia por el ficticio de la literatura. advertimos que esas imáge- nes tienen más diferencias que semejanzas con la realidad objetiva. lo cotidiano desdeñable. En uno de sus ensayos. pero apenas se advierte.^ Azorín es- cribió que «en toda vida los rasgos capitales.. respecto a ciertas personalidades. gracias a la pureza de su prosa y a la microscópica agudeza de su visión.

surgiría en Francia. audaces pero fallidos. cincuenta años después. pero casi nadie pudo saberlo porque Azorín se encargó de desorientar de entrada a su público potencial. sin movimiento. por la inmovilidad e inercia que aqueja a esos ejer- cicios de estilo en los que se disuelven los borrosos perfiles de los protagonistas y sus mínimas peripecias. con lo que probablemente la inmunizó contra toda clase de lectores. sin duda. Y. aunque a menudo decep- cionante. pues fueron anticipaciones de toda una corriente na- rrativa que fue un monumento al bostezo. incluso La voluntad (1902). Sin embar- go.palabra y el orden narrativo. sin psicología y casi sin anécdota. Azorín fue un creador más audaz y complejo cuando escribía artículos o pequeños ensayos que cuando hacía no- velas. Fue un empeño osado. Ocurre con una de las mejores que escribió. presentes o futuros. ambiciosa introspec- ción lírica y cajón de sastre del joven escritor a cuyos mate- riales dispares aglutina la seguridad y condensación del esti- lo. aquel «nouveau román» que. empeñado en describir —como lo había hecho Azorín en Doña Inés. Don Juan o Salvadora de Olbena— un mundo objetal. Algunos títulos de sus novelas se prestan a malenten- didos. Aunque exigen del lector una cierta curiosidad perversa por los misterios del tedio y de la abulia. las novelas de Azo- rín merecen un lugar en la historia de las vanguardias euro- peas. como si no fuera bastante. la subtituló «Novela de los que trabajan y sufren». dejando en la memoria del lector apenas murmullos de palabras. Las que escribió fueron experimentos. no se trata en modo alguno de lo que sugieren los treme- bundos rótulos de su portada: un libro empedrado de bue- 2 1 . por la fantasía y la técnica que les dan el ser. titulándola Pueblo (1930).

sillas. de eso que define la etiqueta: literatura de eva- sión. aun- que se salven en él algunas hermosas naturalezas muertas. El año anterior había intentado ya narrar de esta insólita manera sincopada. tejidos. Novelas más para ser estudiadas que gozadas. y el libro. naufragó en un maremágnum de estampas sin ilación. escaparates— exquisitamente realzados —casi hu- manizados— por la descripción. lo que les da el semblante de poe- mas en prosa. que calificó de «etope- ya». como atemorizado de su osadía. Más bien. pero. lámparas. intentó otro experimento radical: un mundo de sensa- ciones y percepciones puras. mero pretexto para poner en movimiento los sentidos y la emoción. se adelantaron varías décadas a aquellas de es- critores franceses como Alain Robbe-Grillet. a la que llamó «prenovela». tazas. protagoniza- ron en Francia ese pequeño alboroto literario que la crítica presentó como la creación de una nueva narrativa. Nathalie Sarraute y Robert Pinget entre otros. Claude Simon. El mundo de las novelas de Azorín. La verdad es que en sus páginas no alienta la menor emoción social. cayados. llaves. desistió. en vma novela que se llamaría primero Félix Vargas y luego El caballero inactual (1928). sin hechos. leve como una pluma. Muchos de estos cuadros son simples enumeraciones. sartas de fráses en las que ha sido suprimido el verbo. que. en el que las per- sonas son fuegos fatuos que se escurren y la anécdota. Poco antes. baúles. de objetos humildes —costureros. de lo contrario. a las que sí cabe (sin el menor áni- 2 2 .ñas intenciones éticas y políticas sobre la condición obrera y de denuncia de las iniquidades sociales. pasados los primeros capítu- los. en Superrealismo(1929'). sólo la emoción estética y que ellas desplie- gan un abanico de cuadros preciosistas. a fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta.

Pero. revolucionar la forma novelística. un hito literario. En sus novelas. su tacto y su preferencia por lo sedentario y lo pasivo. la fantasía o la locura. sensación o verbo. tiene un extraordinario parecido con el de aquéllos. rozó el terreno prohibido para él del erotismo— pues entendía y sentía mejor a las cosas que a las personas.mo de ofensa) llamar formalistas. Aun- que no cuajaran del todo. Él sabía describir. Azorín carecía de la ambición que impulsa esas revoluciones literarias. aunque fuera en el apaci- ble dominio de la ficción. la premonición de algo distinto. Las historias que inventaba no eran nunca lo bastante poderosas para animarlas. los detalles —la descripción de un árbol. en la metamorfosis de lo humano en objeto. como lo hicieron un Proust. Por eso fracasaba como novelista. y hasta en el efecto adormecedor de una prosa sometida a depuración tan im- placable que en ella sólo parece tener cabida lo visual. pues su ponderación. tal vez sin darse cuenta. sensato y con- tenido para provocar cataclismos. imprescindibles en esos deici- dios simbólicos que son las grandes novelas. estos intentos de Azorín de reno- var la escritura narrativa no dejan de ser innovadores. las per- sonas. de 1925. por lo conveni- do y conveniente. 23 . en su fragmentación cubista de la percepción de lo real. Era demasiado parco. no pasan de siluetas. joya minúscula en la que. de una colina o una casa— resultan siempre seductores y emocionantes. sombras. como «La pasión del pajecillo». un Joyce. Pues hay en ellos. cerraban el pa.so a los demonios del ins- tinto. entele- quias. de una visión y una técnica que hubieran podido. una Virginia Woolf o un Faul- kner. en cambio. tal vez. insinuada. no contar —aunque escribiera algunos cuentos excelentes. tropismo.

Riofrío de Ávila. sin embargo. de acuerdo a una visión. o Una hora de Es- paña—el bellísimo discurso con el que se incorporó a esta Academia— y tantos otros libros memorables. la historia. Un pueblecito. En cambio. a unos apetitos y unas fobias que eran las suyas propias y que su delicado talento de embaucador contagia- ba a la realidad de sus textos. como los reunidos en Los pueblos. que. la sutileza de la observación y la au- dacia de la estaictura se vuelven objetos merecedores de re- verencia y cariño. del que el autor sería apenas respetuoso cronista. Todo eso sugiere el aburrimiento y la impaciencia. No era tal cosa. la sociedad. en los textos que dicen ser notas de viajes. Y. En él es esencial la bre- 2 4 . Pero. los clásicos. el cuadro no es nada sugestivo: apatía. lentitud. reportajes o memorias. comenzando por sus limitaciones. que sorprende y encanta. a diferencia de lo que ocurre en las ficcio- nes de Azorín. Si uno juzga las actitudes y proclividades de Azorín separadas de la obra èn que se hicieron literatura. inanidades e insignificancias. Un artista se sirve de todo para crear. de lecturas. a unas manías. hay una re- creación de la vida tan intensa como la que operan las nove- las más logradas. minucias. desilusión. gracias a la pulcritud del estilo. hecho de menu- dencias. sus crónicas rehacían la geografía. disimulada bajo el disfraz de la fideli- dad a un mundo pre-existente. he- chizo por lo nimio. en las crónicas de i\zorín esos ingredientes crean un mundo impredecible. «Primores de lo vulgar» tituló Ortega y Gasset el ensa- yo que le dedicó. convirtiéndolos en sus atri- butos. En el contraste de ambos conceptos está perfectamente resumido el arte azoriniano. de intensa espi- ritualidad.

la compleja urdimbre de ocultamientos y revelaciones. es la reseña de un libro.vedad. El articulista evita lo central y se extravía en lo accesorio. sociales. solvencia intelectual. el mundo «vulgar» de Azorín se levanta de su vulga- ridad y adquiere brillo estético. «He intentado no decir sino cosas sencillas y directas». historia. Esto. texto incluido en Los pue- blos. gracias a estas sabias trapa- cerías. viajes. con frecuencia. deportes. los millares de pequeños textos que escribió. si es cierto. sobre co- dos los temas imaginables —política. ambigüedad y sugerencia. Cuando se alarga. un denso contexto. cine. simulacros y pis- tas falsas. escribió en el prólogo a sus Páginas escogidas. Extraño comentario: jamás se dice quién era el Presidente Magnaud ni hay una palabra sobre el contenido de su libro. Quisiera dar un solo ejemplo de la maestría con que Azorín trastroca una opinión o informe periodístico en fabu- lación artística: «Ei buen juez». ciencia. generalmente se esfuma. Tras la diafanidad del lenguaje y lo asequible de los temas hay. El volumen de marras 2 5 . que Azorín escribe urgido por el editor. demuestra una vez más el abismo que pue- de abrirse entre las intenciones y los resultados de un crea- dor. Novísimas sentencias del Presidente Magnaud. en 1917. Y. actualidades. A simple vista. una miscelánea de 1904. En cam- bio. folclore— forman parte de la buena literatura por la inquebrantable ca- lidad de su estilo y la astucia de su enfoque y construcción que convierten a muchos de ellos en modelos de esas ceñi- das y sólidas arquitecturas imaginarias que son los cuentos logrados. teatro. El mundo de Azorín es «sencillo y directo» sólo en la fachada. cambios de tono y de ritmo y juegos de tiempo de las ficciones más arriesgadas. inde- terminación.

él fue capaz de demostrar que. Buena parte de la técnica periodístico-narrativa de Azorín se basa en una es- trategia parecida. «apartándose de la ley pero con arreglo a su con- ciencia». lo que causa escándalo en la ciudad manchega. de datos significativamente escondidos al lector. «En la vida nada hay que no revista una trascendencia incalculable». lo feo bello y lo intrascendente trascendente. Es un caso sencillo y Don Alonso ya sabe en qué sentido fallará. vacíos que éste debe llenar con adivinanzas. como escritor. gracias a una buena lectura. Pero no puede soltarlo hasta que asoma el día. lo deposita junto al expediente de un pleito sobre el que debe pronunciar sentencia. juez del lugar. si no en la vida. Pero Don Alonso regresa a su casa feüz porque. nos mantiene suspensos. circun- loquios y desvíos. que era posible y eficaz narrar por omisión. en el arte lo aburrido puede ser ameno. Hemingv/ay mostró que. llena de elusiones. Esta corta historia. ho- jea el libro-que le han regalado. Éste. Pero. escribió en otra ocasión. la mejor manera de realzar un hecho en una ficción es ocultado.viajó de Barcelona hasta Ciudad Real. intuicio- nes o invenciones. era un miniaturista. Tenía predi- 2 6 . Se levanta y esa mañana dicta sentencia. sobre todo. como esos que pintan paisajes en la cabeza de un alfiler o construyen barcos con palitos de fósforos en el interior de una botella. ha hecho justicia. Antes de dormir. en sentido opuesto al que pensaba la víspera. Esto no es cierto. nos instaiye más luminosamente sobre las Novísimas sentencias del Presi- dente Magnaud que un tratado erudito. En verdad. Pero. a veces. fascinados con sus hiatos. allí estuvo ahuesán- dose en una librería hasta que fue adquirido por un tran- seúnte que lo obsequia a un tal Don Alonso.

un portalón o una vie- jecita enlutada e intemporal. entidades a las que convienen calificativos como modestos. de Carlos Castañeda: que si las personas encon- traran ese sitio mágico que en cada lugar les aguarda. La realidad azoriniana difumina las fronteras entre los objetos y los hombres: éstos son muchas veces nada más que volumen. En el mundo de Azorín seres vivos y objetos inanimados parecen haber encontrado su «sitio». como la alcuza y la escudilla que. o como la «márfega». y. haciéndoles sentir su soledad. entraña- bles. apenas con unas cuantas frases que. sólo pretendían describir una fuente.'como si sólo a través de ellos pudiera organizar- se la vida. por los seres ano- dinos y las cosas insignificantes. jergón lleno de las hojas del maíz.lección por lo desdeñado y secundario. por lo que rara vez atrae la atención o se olvida de inmediato. color y poesía. que eran invenciones. la sobriedad y la discre- ción reinan. tímidos. des- aparecería la infelicidad. nada se halla fuera del lugar que le corresponde. en los recuerdos de su libro sobre Valencia (1941). Hay pobreza. como si aquí se hubiera mate- rializado aquello que decía' el brujo de Las enseñanzas de Don Juan. pero no fealdad. Era un arquitecto literario tan sutil que podía trazar el perfil de una ciudad a través del perfume de las especias im- pregnado en sus mercados e instalar a sus lectores en el co- razón de un pueblecillo manchego. los pequeños objetos alcanzan a veces una extraordinaria dignidad. su rutina. en apariencia. color. que en esas mismas páginas se eleva a la condición de objeto emblemático. 2 7 . La limpieza y el orden. forma. crecen y se animan como personajes vivos y nobilísimos. la sordidez y la secreta grandeza de sus gentes. cálidos. En sus descripciones. lleno de música. aquéllos.

. hoteles. siempre he estado le- yendo o releyendo a Azorín. por ejemplo. aquel que. reinventado a la imagen y semejanza de ese fantaseador contemplativo. así como para el personaje que se hace pasar por el cronista Azorín. en el mundo tapizado de objetos de Azorín. y. acaso. en sus modelos y en sus conjuros— creo estar bastante lejos de él y. Creo entender las razones por las que vuelvo siempre sobre un puñado de autores. en lo que le gus- taba y disgustaba. parece tan difícil diferenciar lo vivido de lo novelado como lo era para Don Quijote: igual que a éste. en sus antípodas. en 1952. Sus libros me han acompañado en trenes. Y. de preferencia. la realidad sólo tiene sentido y vida para ellos transmutada en una ficción. la noción misma de felici- dad parece descabellada. para los caballeros que frecuentan el Ca- sino de Argamasilla. en cierto modo. es el libro. Pero. tal vez. lo cierto es que sus libros me estimulan y me 2 8 . con una admiración y un cariño que se renuevan como'las estaciones. Desde que lo descubrí.pero es difícil decir si ello los ha hecho felices. por eso. habiendo cruzado los años y las ma- nos de tantos lectores. en muchos sentidos —en su manera de ser y de ver el mundo. ómnibus. Tal vez la explicación esté en la fatídica ley de atracción de los con- trarios. Porque en este mundo mínimo. el más convocado y respetado. el más amado. modela- do y obsesionado con las creaturas de la ficción. hasta convertirse en amuletos sin los cuales no me atrevería a em- prender un viaje. Se trata de un mundo embebido de literatura. ha alcanzado una suerte de inmortali- dad: el libro de ocasión. aviones. porque. el más precioso. Pero. hasta hablar de «ficción» podría resultar im- prudente. pero mi devo- ción por Azorín me descoloca. pues.

he llegado a sentir —a pesar de que sólo lo vi una vez. nada más entrar en esta casa que fue también suya. 2 9 . cuando era ya un viejecillo mudo. pero si está en alguria parte. aquí en Madrid. No sé dónde estará ahora. translúcido y a é r e o — que formo parte de su círculo privado.emocionan siempre. uno de ésos cuya aprobación quisiéramos desesperada- mente alcanzar para todo lo que escribimos. rendirle un homenaje. de tanto asomarme a través de ellos a lo que hizo y lo que fue. me gustaría que supiera que aproveché esta solemne ocasión de mi ingreso a la Real Academia para. en 1958. y que. y a considerarlo un grande ami- go.

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DON C A M I L O J O S É C E L A T R U L O C K ' TI V® <7 V. 1 . SR. CONTESTACIÓN DEL EXCMO.

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Señores académicos. quizá por no agobiadoramente sólito. tan zarandeada por tirios y troya- nos ante la irresponsable indiferencia de los administradores del procomún. que fuisteis presentado por los tres más antiguos individuos de número de la Academia y la antigüedad. según pienso y se dice en la milicia. que entréis con buen pie en esta atalaya desde la que se vela por la correcta salud y opima cosecha humana y literaria de la gloriosa lengua española. español del Perú. acaba de ha- blarnos de Azorín con muy medidas y sagaces palabras. Os deseo. Señores acadérhicos. De pasada y como en un aparte teatral os recuerdo. señor novicio. Don Mario Vargas Llosa. deberíamos señalar con piedra blanca y disparando cohetes de alegría. Mario Vargas Llosa. También pido a los clementes dioses que os concedan muy larga vida para que podáis sentaros tiempo y tiempo en la silla que os ha correspondido tras las iones- quianas piruetas —el adjetivo es vuestro. Excmo. Entra hoy en nuestra casa un escritor. es un grado. A. Sr. don Mario— que acompañaron al alumbramiento académico que hoy culmi- na y se perfecciona. 3 3 . suceso que.

citado por nuestro recipiendario. ¿por qué no decirlo?.nadie. don Ma- rio. Vargas Llosa acaba de decirnos que leyó por vez pri- mera a Azorín en su último año de colegio. y de la honda e inteligente glosa que le dedicó el alto poeta y eximio pro- fesor Pedro Salinas en sus clases de literatura española con- temporánea en la Facultad de Filosofía y Letras de la enton- ces Universidad Central. tan distinta de la cervantina ruta de Don Quijote. pese a todo el accidentado y de- vorador tiempo transcurrido. también con tanta y tan bella y noble complici- dad. en uno de los más elegan- tes artesanos del español y en el creador de un proteico gé- nero literario que de todo tiene —de fantasía y de observación. Y en esta casa quedan. en su diàfano ensayo Primores de lo vulgar. quizá fuera mejor decir inmarcesible. tras cada palabra esgrimida. si hago omisión del maestro Ortega. simpatía y. se erige. pero yerra. por fortuna. de diario intimo. cuya crónica literaria fue publicada hace ya noventa años pero sigue aún fresca y lozana. al afirmar que Azorín. en el tiempo inmediatamente anterior a la guerra civil. Nos dice quien acaba de de- leitarnos con su discurso que el autor tratado con tanto mimo y respeto. arte menor? Pero no juguemos con las palabras porque. crítico. ¿A qué llama usted. había oído comen- tar la figura y la obra del maestro de Monóvar con tanto fun- damento y brillantez como a nuestro recipiendario. que en estos momentos recuerde. se propuso no salir jamás fuera de las lindes y de la estrecha celda del arte menor. allá en la caluro- sa y remota tierra de Piura. de crónica viajera y ensayo. a lo que pienso. dos testigos de aquel curso memorable. sólo con este libro. en su férrea estética literaria. con tanta inteligencia. de reportaje y de emocionada ficción—. siempre puede agazaparse la 34 .

También contraponía el espíritu que animaba a los héroes de Baroja —Silvestre Pa- radox. pronuncié ima conferencia. ya que las recreaciones del maestro no están más quietas que el mundo que reflejan sino que son genial trasunto de su misma esencia.idea de una liebre huyendo. exacta- mente los días 2ó y 27 de febrero de 1952. don Bernardo Galavís. en las que al hablar de estos dos últimos. el cruel y desconsi- derado caminar del reloj y del calendario es su permanente. el arbitrista. cura de Riofrío 35 . trataba entonces de señalar y repito ahora. y en el II Curso Superior de Filología Hispá- nica que regía nuestro director don Fernando Lázaro Carre- ter. como esas "novelas insolentes" de las que nos habla con muy sagaz señalamiento. nuestro recipiendario. a mi juicio. Ba- roja y Azorín. y el paso del tiempo. dividida en dos partes. más fiel y mejor dibujado personaje. hace cuarenta y U'es años. Azorín. de que La Mancha fuera tal como Azorín nos la pinta y en esa apreciación tampoco acierta del todo. Duda. en la Universidad de Salamanca. el conspirador— que morían incendia- dos en la acción. Jaun de Alzate. el caballero. Aviraneta. calidad y estupor. cómo se agotan los plazos de los últimos poderes terrenales. Y esta idea mía no es de ahora sino que ha cumpli- do ya casi nueve lustros. Y usted también acaba de de- cirnos que cada uno de los dieciséis capitulillos de La ruta de Don Quijote ensaya a rebasar sus fronteras y a volar por su cuenta y a su altura. el resignado. Unamuno. con los antihéroes de Azorín —^Antonio Azorín. bajo el título Cuatro figuras del 98: Valle-Inclán. el arrojado. Zalacaín. sufre viendo cómo se quema el tiempo. contraponía sus figuras y ensayaba a dibujar sus siluetas con todo el amor y el respeto que les profesaba y sigo profesan- do y con todo el rigor del que pude ser capaz.

en la contemplación. el resignado. es cierto. el resignado— que agoni- zaban helándose en la inacción. d o n j u á n . Vargas Llosa.de Ávila. refleja el mundo en tomo a través de unos personajes introvertidos. Azorín —tras de lo que se habla cabe suponerlo— esconde una maquinista quietista y casi virtuosa entre los pliegues y los surcos del cerebro. Quisiera pasar como sobre ascuas por encima del pensamiento de Vargas Llosa acerca de las convicciones po- líticas de Azorín. llega desde los piadosos limbos de Orígenes y de Molinos. que fue un conservador. y menos aún ideológicas. por el otro camino. entre Azorín y los sucesivos gobernantes españoles que le tocó 3 6 . que viven y mueren cuidán- dose en sus últimos pulsos. y se- ñala que nadie trabajó con más ahínco que el maestro Azorín para acercar a los clásicos al hombre "del común". al hablarnos de que los personajes de Azorín ni se desean ni se odian sino que vegetan y se entre- gan a sus menudas labores con tanto fatalismo como perse- verancia y tanta ternura como espiritualidad. quien sin proponérselo siquiera. Baro- ja —^y termino con lo que entonces dije—viene de Nietzsche y de Sorel. sea el que fuere. piadosamente. al que él llama. profano. y el último que le tocó vivir fue el del general Franco. pero no más que por el sendero de la inexplicable adoración que sentía por el poder constituido. querer encontrar connotaciones políticas. y Azorín. y no es gratuito su recuerdo de Montaigne. Y cuando comenta el libro Al margen de los clásicos resalta el papel de Azorín como es- critor puente entre los grandes autores pretéritos y el actual lector ignaro. Baroja —de lo dicho se desprende— guarda un petardo anarquista en la cabeza. acierta en la diana misma de los propósitos literarios de Azorín.

es tanto. que no está tan lejos como supone de la de Azorín ya que por encima de la mera palabra y la efímera y siempre repeti- da circunstancia. nos habla con muy honda perspicacia del estilo litera- rio. con arreglo a un tiempo o a otro. y que en su prosa ha idealizado la realidad y ha suplido el mundo real de la historia por el mundo ficticio de la literatura. Don Mario 3 7 . «Entre todo el laberinto del estilo —nos dice— se levanta el vocablo eliminación.» Estos ingredientes también se cuecen. como querer briscarle 'os cinco pies al gato. Mario Vargas Llosa. en el que titula La elimina- ción. las devociones comunes y los idénticos y más arriesga- dos afanes humanos y literarios. Azorín.padecer en su larga vida. sobrevuelan en todo momento y por fortu- na. Y poco más me quedaría ya por decir sobre Las dis- cretas ficciones de Azorín y el gozoso evento que aquí nos reúne esta tarde: la entrada en la Academia de un escritor. al referirme a él. en el capítulo II de su libro Valencia. Vargas Llosa acierta una vez más cuando descubre que en la obra de Azorín se prueba que al genio li- terario le son indiferentes los temas e incluso las ideas. Abdicaría de mis convicciones más hondas si a la pos- tre de esta sucinta bienvenida al nuevo académico también postergase. con eficacia y hondura. Fluidez y rapidez. que a todos ha de honrarnos con su presencia y aleccionamos con su sabiduría. Porque de la eliminación depende el tiempo propia a la prosa. Y un estilo es bueno o malo según discurra la prosa. por encima de las contradicciones que preceptúan las aula y academias: pureza y propiedad. Según sea más o menos lenta o más o menos rápida. en la olla literaria de Vargas Llosa. la consideración de la materia prima para ensalzar la estimación del escolio. esas son las condiciones esenciales del estilo.

el pla- cer de contar que Mario Vargas Llosa tanto admiraba en Martorell es lo que todas sus novelas. para él escribir novelas es un acto de rebelión con. don José Martínez Ruiz. alcanza a crear otros mundos para corregir las limitaciones del que le ha tocado vivir. glo- sador de sus clásicos y de algunos de sus propios coetáneos. Azorín. pues. paradójicamente. Y para ello juega con el lenguaje. Estamos sobre todo ante un poeta en el sentido eti- mológico de la palab'ra. con voz propia. Para don Mario. como una especie de divinidad escribidora.s- tante. una forma sutil de deicidio. nos transmiten junto a otra virtud creativa no menos apreciable que las mencionadas. y con la que he de concluir. desde La ciudad y los perros o La casa verde hasta Elogio de la madrastra o Litu- ma en los Andes. con J o s é María Arguedas o con clásicos de nuestras lenguas como Amadis de Caula o Tirant lo Blanc. En cierto modo. como ya lo había hecho cumplida- mente con Flaubert. enriquece o trasciende la realidad común. y re- conforta y regocija a sus lectores. cuando enfrenta el sumo y último reto literario. con su arte y con su lengua es capaz de conseguir lo que pocos mortales alcanzan. lector él mismo impenitente. se transmuta en escritor original. ante un hombre que con su imagina- ción. que es el de crear mundos. Vargas Llosa. Asesinato que. produce vida. incorporando a través de él la tradición que va desde los romances medieva- 3 8 . con García Márquez. y cada novela representa un asesinato simbólico de la realidad. La pasión narrativa. crear una realidad verbal que remeda.Vargas Llosa nos acaba de demostrar su capacidad para ilu- minar la obra creativa de otro escritor y académico. la raíz de su vocación es un sentimiento de insatis- facción contra la vida.

sed bienvenido a esta casa.les a la renovación del gran realismo del pasado siglo. Señor don Mario Vargas Llosa. 3 9 . géneros y registros caracte- rísticos de la cultura popular contemporánea. pero asimilando igualmente formas.

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26 (Barcelona) el día 5 de. Este libro se terminó de imprimir en DUPLEX Ciudad de Asunción.enero de 1996 .

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