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Biblioteca del Pensamiento Económico

MazaD. F. Maza Zavala. LaZavalaeconomía de Venezuela

contemporánea y sus proyecciones

Suplemento de la Revista BCV • Vol. XXIV. N° 2. Caracas, julio-diciembre 2010

Revista BCV

Biblioteca del Pensamiento Económico

D.F. Maza Zavala. La economía de Venezuela

contemporánea y sus proyecciones ISSN: 0005-4720

1. D.F. Maza Zavala

© Banco Central de Venezuela, 2010 Esta publicación es un suplemento de la Revista BCV, vol. XXIV, n° 2, julio-diciembre 2010 Hecho el depósito de Ley Depósito Legal: lf35220083301626 ISBN: 980-394003-1

Dirección: Banco Central de Venezuela, Edificio Sede, piso 3, Av. Urdaneta, Esquina de Las Carmelitas, Caracas 1010 Dirección postal: Apartado 2017, Carmelitas, Caracas 1010, Venezuela Teléfono: (58-212) 801 5380 Fax: (58-212) 861 0021 mmaytin@bcv.org.ve www.bcv.org.ve

RIF: G-20000110-0

Producción editorial: Departamento de Publicaciones BCV Diseño de carátula: Luis Giraldo Diseño de la tripa: Ingard Gherembeck Diagramación: Matilde Salaverría Corrección: María Enriqueta Gallegos Impresión: Editorial Ex Libris Tiraje: 1.000 ejemplares

ÍndiceÍndice

Presentación

Armando León Rojas

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La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

D.F. Maza Zavala

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Bibliografía básica de

D.F. Maza Zavala

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PresentaciónPresentación

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Presentación

ArmandoLeónLeón Rojas

Domingo Felipe Maza Zavala dedicó largos años de su tiempo al estudio deta- llado de la economía venezolana y latinoamericana, utilizando herramientas cada vez más consistentes y acabadas, además de prestar especial atención al estado del instrumental teórico de la ciencia económica. Su dedicación a la actividad académica le facilitó la actualización a través de las discusiones de último momento, en especial las referidas al análisis y comprensión de la eco- nomía venezolana.

Su tesis doctoral sobre “Los problemas de la economía exterior de Venezuela” 1 recoge un detenido estudio sobre la conformación histórica y las insuficiencias del sector externo de Venezuela, pero cabe destacar el alcance teórico de la primera parte de esta investigación, que aborda de forma exhaustiva los factores estructurales y, en especial, los externos, que inciden sobre el desarrollo eco - nómico. En esa disertación dibuja elementos básicos de la economía política del desarrollo y trabaja a fondo el estado de la teoría económica referida al desarrollo. Sus contribuciones a este tema serán ampliadas en posteriores trabajos y, a su vez, enriquecidas con largos debates en foros públicos y académicos en el exterior y el país.

La elaboración sobre la teoría de la dependencia y la insuficiencia estructural se amplió en posteriores trabajos. Mención especial merece Venezuela, una economía dependendiente 2 , que fue revisada y actualizada en sucesivas ediciones en virtud de que “Esos mismos procesos, por su mayor complejidad y proyección,

1 Maza Zavala, D.F. Problemas de la economía exterior de Venezuela. Universidad Central de Venezuela. Caracas, Ediciones de la Biblioteca. Colección Ciencias Sociales, 1962.

2 La referida obra fue originalmente publicada en 1964, revisada y actualizada periódica- mente por el autor; la tercera edición corresponde a: Maza Zavala, D.F. Venezuela: una economía dependiente, Caracas, Universidad Santa María, 1997, tercera edición actualiza- da y aumentada.

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exigen nuevos análisis que conduzcan a una interpretación ajustada del nudo crítico actual, que frena el crecimiento y profundiza los factores de la depen- dencia y el subdesarrollo”, pero consideró que los principios básicos, ideas y proposiciones sobre las relaciones económicas internacionales y sobre Venezuela seguían vigentes y aprovechó sus elementos clave, referidos al proceso de con- formación de la moderna economía. En tal sentido, las actualizaciones se centran en los cambios sufridos en la estructura económica, factores estadísticos y avan- ces en la teoría económica, que permiten una mejor comprensión sobre la evolución de los principales componentes de la economía nacional y los factores que afectan el “proceso de expansión armónico”.

El profesor Maza sostuvo desde la década de los sesenta que los mecanismos de la dependencia se originan principalmente en las relaciones económicas internacionales. Al respecto, los avances en la ciencia económica y el instru- mental teórico le permitieron afinar sus primeros descubrimientos y corroborar la mayoría de sus tesis: Venezuela continúa comportándose como una eco- nomía dependiente, aunque la expansión interna le ha permitido mejorar de forma significativa la mayoría de sus indicadores socioeconómicos. Los me- canismos se han sofisticado e inducen esta dependencia, sostuvo por largos años y ratificó en los análisis que sobre el país presentó en la última edición del referido libro.

Una preocupación permanente en su elaboración teórica y el análisis de las principales estadísticas lo constituyó el sector petrolero y en general el sector externo de la economía nacional. Paradójico le parecía que el sector más pode- roso del país y con mayor inserción internacional constituyese un bastión y vaso comunicante de los mecanismos de la dependencia; de allí el tiempo y esfuerzo que dedicó a estudiar y proponer alternativas para el desarrollo sostenido y estratégico del sector petrolero.

En su obra Análisis macroeconómico 3 fue en extremo cuidadoso en presentar los diversos enfoques teóricos, tratando de referirlos a la realidad latinoamericana y venezolana en particular. Al respecto, afirmó: “La presentación sistemática de lo esencial de las doctrinas y teorías de escuelas y pensadores fundamentales de la Economía Política, forjadores del método de análisis macroeconómico, creadores de parte del instrumental que ahora utilizamos, es imprescindible en una obra de esta índole, a manera de bosquejo de la evolución de esta disciplina científica, que no ha dejado de enriquecerse en los últimos doscientos años…”. Esta singular obra fue objeto de una cuidadosa revisión, dando lugar a un trabajo

3 Esta obra fue permanentemente revisada, ampliada y puesta al día. La referencia correspon- de a Maza Zavala, D.F. Análisis macroeconómico, Caracas, Universidad Central de Venezue- la (UCV), Ediciones de la Biblioteca, 1985.

Presentación / Armando León Rojas

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mayor recogido en dos libros, compuesto por cinco tomos, a saber: economía real (dos tomos) y economía circulatoria (tres tomos) 4 , que le permiten trabajar de forma detallada los problemas macroeconómicos; además, aborda en extenso el tema de la política económica, en especial el caso de las naciones menos desarrolladas o emergentes y sus diferencias básicas con relación a naciones de estructuras e instituciones más sólidas.

El estudio que hoy presentamos, “La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones”, incluido en el libro Venezuela: crecimiento sin desarrollo 5 , es una excelente oportunidad para leer una obra madura del profesor Maza Zavala, donde luego de analizar los elementos fundamentales que condicionan el no desarrollo de la economía venezolana y su proceso de conformación his- tórica, presenta una elaborada disertación sobre los mecanismos de la depen- dencia originada en elementos externos e internos, y los factores que condicionan el desarrollo de la economía nacional, así como su insuficiencia para alcanzar niveles de independencia tecnológica e industrial. Realiza una síntesis de los factores básicos que conforman su contribución a la teoría de la dependencia económica; además, en la segunda parte del trabajo aplica esta metodología para caracterizar el comportamiento de la economía venezolana durante gran parte del siglo xx. En posteriores trabajos perfeccionaría su propuesta metodo- lógica y profundizaría sobre la importancia de los factores tecnológicos para comprender, explicar e incidir en la modificación de la estructura económica que permitan superar aspectos clave del no desarrollo.

Este artículo tiene la virtud de la brevedad y la profundidad académica; sintetiza algunas de sus contribuciones a la teoría económica contemporánea referida al estructuralismo y la dependencia, objeto de su preocupación y estudio. Adicio- nalmente, como fue su costumbre, presenta una detenida revisión del compor- tamiento y evolución de la economía nacional, y utiliza como base las propuestas metodológicas desarrolladas en el trabajo. Al respecto, señala: “El análisis de la estructura, por tanto, debe poner de relieve la esencialidad de las relaciones de producción existentes en la economía venezolana –caso que nos ocupa y las

4 El libro Análisis macroeconómico sirvió de base para un monumental trabajo de investiga- ción recogido en cinco tomos: Maza Zavala, D.F. Análisis macroeconómico. Economía real, tomos I y II, Caracas, Banco Central de Venezuela-Universidad Central, Ediciones de la Bi- blioteca, 2005; y Análisis macroeconómico. Economía circulatoria, tomos I, II y III, Caracas, Universidad Central de Venezuela-Banco Central de Venezuela, 2007.

5 Esta obra se construye con el aporte de varios autores. El profesor Maza Zavala continuó la línea de investigación y ampliando su trabajo. La referencia corresponde a Maza Zavala, D.F. y otros autores. Venezuela: crecimiento sin desarrollo, México, Editorial, Nuestro Tiem- po-Universidad Central de Venezuela, Colección Latinoamérica Ayer y Hoy, 1974.

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modalidades o variedades de éstos, teniendo en cuenta la persistencia, dentro del marco nacional, de formas pretéritas– en la actualización dialéctica –de producción–, asociadas de algún modo con las formas predominantes. …sólo nos limitaremos a los rasgos generales y principales de la estructura económica venezolana”. En trabajos posteriores de los años noventa e inicios del siglo xxi 6 , el profesor Maza actualizó su análisis y recurrió a un amplio arsenal estadístico, en el cual confirmó sus tesis sobre los problemas del desarrollo nacional, la debilidad externa y la persistencia de factores vinculados al sector externo que profundizan los factores que inciden sobre el no desarrollo.

Sobre la dependencia económica y sus múltiples formas de operar, señaló que éstos se expresan porque “el complejo mecanismo de la dependencia genera fuerzas de crecimiento y estancamiento, contradictoriamente, y funciona como una dualidad coyuntural (externa/interna) tanto a corto como a largo plazo”. En este estudio explica lo que denomina “fuerzas del crecimiento “y “fuerzas de estancamiento”; además, conceptualizó los mecanismos externos que inducen la dependencia y los vinculados con la industrialización. A partir de la caracte- rización de los factores estructurales y las deficiencias de la economía nacional, formula algunos posibles comportamientos de la economía venezolana en las próximas décadas. Al respecto, es interesante verificar cómo el país se desen- volvió, en lo fundamental, según las grandes tendencias delineadas en el referido estudio.

Sobre el alcance de su propuesta presentada en este trabajo, señala: “El diag- nóstico de una economía envuelve categorías estáticas y dinámicas, como el de un organismo viviente” y más adelante agrega “…lo más importante, debe de- terminarse analíticamente el tipo de relación que la economía no desarrollada sostiene con el núcleo y/o los núcleos dominantes del sistema capitalista mun- dial. De esta manera puede llegarse a descubrir y expresar las leyes del no

Este descomunal esfuerzo para explicar y comprender el desen-

volvimiento económico y social del país lo adelanta el profesor Maza Zavala en

éste y otros trabajos posteriores.

desarrollo

”.

Contrario a lo señalado por algunos analistas que han interpretado su obra, Maza Zavala nunca planteó una visión estacionaria o imposible de superar en los aspectos clave de la dependencia y el proceso de no desarrollo; al contrario, su discurso siempre apuntó a la necesidad de una transformación profunda en

6 Alrededor de diez libros, unas cincuenta conferencias y alrededor de quinientos artículos, contiene parte de sus estudios de la última década. Al respecto, ver bibliografía básica, además de las columnas semanales en los periódicos El Nacional, diario 2001, la revista Zeta, y artículos en Revista del Banco Central de Venezuela, ANCE, Nueva Economía, entre otros.

Presentación / Armando León Rojas

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la estructura económica y social para lograr un elevado nivel de desarrollo y así consolidar la independencia económica.

La contribución a la teoría de la dependencia latinoamericana es indudable, pero su condición de científico social le permitió el uso de los diversos instrumentos de análisis disponibles en la ciencia económica, sin asumir de forma dogmática la teoría económica. Durante toda su vida académica y pública mantuvo una visión crítica sobre el funcionamiento de la estructura económica internacional

y las relaciones de dominación y dependencia que éstas imponen.

En este sentido, durante la primera década del siglo xxi no cesó su esfuerzo por desentrañar los factores determinantes en la insuficiencia de la economía y sociedad venezolanas. Adicionalmente, el intercambio con hacedores de política le reafirmó su convicción sobre la persistencia de la dependencia externa y la debilidad estructural, expresada, entre otros, por la hipertrofia de un sector público profundamente deficiente y poco generador de desarrollo económico y

social. De allí la vigencia de su diagnóstico sobre el desenvolvimiento del país

y sus aportes al análisis macroeconómico contemporáneo, como se verifica a lo largo de este ensayo.

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La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

MazaD.F. Maza Zavala

Introducción

El diagnóstico de una economía envuelve categorías estáticas y dinámicas, como el de un organismo viviente. El término “diagnóstico” en el análisis económico se refiere al estudio de la organización productiva, de la estructura entendida como complejo de relaciones de producción, así como también de su modo de funcionamiento y de crecimiento. Al diagnosticar deben ponerse de manifiesto, establecerse, las características de la economía examinada, su modo de ser, de existir, de crecer y de persistir o cambiar. Sin embargo, las anormalidades, de- formaciones, distorsiones, desequilibrios y demás síntomas patológicos sólo pueden descubrirse o conocerse en relación con determinados modelos o pa- trones de normalidad y equilibrio. Las dificultades a este respecto surgen al considerar que ninguna economía histórica –es decir, existente en el pasado o en el presente– puede tomarse precisamente como modelo de normalidad, y todas las conocidas por reales, o realizadas, significan casos de una generalidad teórica establecida por virtud de la abstracción de características concretas, esenciales, que permiten reconocer cierta regularidad en la realidad económica, cierta constancia de contenido aunque varíen las formas o circunstancias con- tinentes. Esta variación formal puede a veces contraponerse, contraefectuarse, a la realidad contenida, o puede, en ocasiones, reflejar, imaginar modificaciones de aquélla, en cuyo caso se trata de una transformación, de un proceso histórico que, sin cambiar las características fundamentales, estructurales, conduce a significativas alteraciones del modelo para aproximarlo a la realidad concreta.

Contribución al libro Venezuela: crecimiento sin desarrollo Coautores: D.F. Maza Zavala, Héctor Malavé Mata, Celio Orta, Orlando Araujo, Miguel J. Bolívar, Alfredo Chacón México, D.F., Editorial Nuestro Tiempo, 1974.

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La normalidad económica, por tanto, en su acepción estructural, debe consistir en la realización histórica, en dimensiones de espacio y tiempo, de un modelo de organización productiva que se determina por abstracción, por conocimiento

esencial de lo concreto en cuanto tiene de general, de superación de lo singular

y lo particular. La realización del modelo implica el funcionamiento de ciertas

leyes, constantes dentro de la relatividad social, cuyo conjunto orgánico, con- sistente, constituye un sistema, un modo de ser, de hacer, de permanecer aun

transformándose, de expandirse y dominar; pero sujeto, no obstante, a una li- mitación trascendente, que es el surgimiento de su opuesto, de su negación, de su cambio en otro que lo sustituye y, paradójicamente, lo prosigue según el principio de la continuidad histórica, que procede mediante la discontinuidad de los modos sociales.

El planteamiento anterior no ofrece dificultades extraordinarias en los casos de

las economías desarrolladas –capitalistas o socialistas–, pero sí cuando se enfoca la realidad de las economías no desarrolladas. El problema se sofistifica al in- troducir, en la clasificación, una supuesta categoría intermedia, que algunos denominan “economías en vías de desarrollo” y otros “subdesarrolladas”. Eco- nomías en desarrollo parecen ser aquellas que evolucionan para alcanzar el desarrollo y que sólo es cuestión de persistencia y acumulación de potenciali- dades y actividades, dentro de un cuadro favorable de funcionamiento y creci- miento. La conquista de la meta deseada. Deben darse en ellas, por tanto, las características estructurales, modulares, que en cada sistema permiten, facilitan

o propician el desarrollo. Esta sencilla manera de considerar la realidad de los

países del llamado “Tercer Mundo” no responde a la gran interrogante de por qué los hoy desarrollados lo son y por qué los otros no lo son, pudiendo “serlo”, ya que, según la hipótesis, poseen una organización productiva que auspicia o propicia las fuerzas del desarrollo. La calificación de subdesarrollo, por otra parte, de aparente sentido dinámico, preferida hasta ahora por el pensamiento revolucionario, implica una nivelación subordinada al desarrollo, un yacer por debajo de éste. Sin alcanzarlo nunca; pero por ello es más esclarecedor hablar de no desarrollo, de ausencia de desarrollo, de economías situadas fuera de la ruta del desarrollo, que han estado siempre al margen de la misma. Esto último no significa, sin embargo, que estén estancadas en sus dimensiones, ni aun en todas las formas de su actividad; su marginamiento del desarrollo consiste en que ese crecimiento dimensional, de magnitudes, de índole extensiva, no

surge de sus propias potencialidades, de su fuerzas endógenas, no se reproduce ampliado dentro de su propio marco dinámico, sino que recibe sus impulsos de otras economías y asimila esos impulsos mediante mecanismos que estruc- turan u organizan en función de esa vinculación subordinante con una realidad externa impositiva. Es la imposibilidad de desarrollarse por vía acumulativa bajo las condiciones en que se realiza la actividad económica, lo que se expresa precisamente con la denominación de “no desarrollo”.

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

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Decía que el diagnóstico, en el caso de no desarrollo, es singularmente complejo,

y por ello, a pesar de los notables y persistentes esfuerzos del pensamiento

latinoamericano y de otras regiones del llamado Tercer Mundo, no se ha llegado

a madurar, con razón científica decisiva, una explicación esencial e integral del fenómeno de que se trata. Desde luego, a estas economías no se les puede evaluar de acuerdo con un patrón de normalidad, y es necesario analizarlas directamente en su propia realidad, sin descubrir o conocer sus leyes constitu-

tivas y funcionales, sus modos de existencia, de persistencia, de transformación

y crecimiento y también, naturalmente, sus factores potenciales de cambio, de ruptura, de encuadramiento en la ruta del desarrollo.

Naturalmente, el análisis de la realidad del no desarrollo no puede hacerse sin

el auxilio instrumental de los modelos de sistemas que han sido formulados mediante el estudio de la experiencia histórica. La actividad humana, social, en diversos tiempos y lugares, crea modos de organización para producir, distribuir, intercambiar, consumir, acumular y reproducir los bienes y servicios que la sociedad requiere. Estos modos de organización, que se proyectan en la escala de lo social como un todo, adoptan rasgos diferenciados en cada caso y esta diferenciación puede llegar a la deformación con respecto al modelo general. Ciertos modos de organización se establecen, simultáneamente o no, en diversos medios geográficos, con singularidades más o menos acentuadas, sin que se descubra como indispensable o condicionante, en todo caso, la intercomunica- ción o la difusión entre las sociedades que lo adoptan: v. gr., la comunidad primitiva, el esclavismo, el feudalismo. Otros modos de organización propenden

a difundirse y las sociedades respectivas tienden a intercomunicarse, como

necesidad de su crecimiento y expansión, por lo que surgen determinadas formas de relación entre ellas que hacen más complejo el modelo general: v. gr., el capitalismo. El proceso histórico mundial muestra como necesidad peculiar del capitalismo la difusión, el aumento de escala que conduce a la relación con otros medios y, en consecuencia, su propia transformación. Las relaciones pro - movidas por la difusión y expansión del capitalismo pueden ser: de indepen-

dencia, de interdependencia y de dependencia. En el primer caso, las economías (sociedades) que se relacionan se benefician mutuamente de estas relaciones, pero no tienen necesidad absoluta de ellas, pueden desenvolverse autónoma- mente. En el segundo caso, existe una vinculación relevante, condicionante del desenvolvimiento de las economías así relacionadas, de tal manera que se in- terinfluyen en grado sustancial. En el último caso de la economía subordinada, dependiente, está sujeta a la coyuntura emergente de la(s) economía(s) dominante(s) y en su interior se crean y evolucionan mecanismos ajustados a

la

relación de dependencia que llegare a constituir condicionantes internos de

la

persistencia de esa relación.

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Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

Los modos de organización históricamente existentes al ser superados por otros no desaparecen enteramente, sino que, bien sea en su forma clásica, o degene- rados, o deformados, sobreviven en algunos sectores de la economía, en deter- minadas actividades y en ciertos espacios geográficos, a manera de secuela del pasado, y afectan a grupos sociales más o menos numerosos. Las antiguas formas de organización pueden relacionarse con las nuevas formas y sufrir modifica- ciones por esta circunstancia, como es el caso más frecuente e importante; o pueden permanecer aisladas, localizadas, estancadas, como es el caso de algunas comunidades primitivas americanas o africanas. La coexistencia y la convivencia de formas o modos de organización dentro del marco nacional y las relaciones habituales o eventuales que surgen entre ellas constituyen un rasgo característico de las economías no desarrolladas, con la condición de que la forma de orga- nización dominante impone un orden de esa complejidad estructural y se sirve de los modos o formas de organización inferiores, o los va asimilando dentro de su propia modalidad.

El diagnóstico del no desarrollo debe tomar en consideración, tanto la caracte- rística de difusión del modo de organización capitalista como la posibilidad concreta de coexistencia y convivencia de formas organizativas de la economía y la sociedad de índole precapitalista con el modo de organización más avanzado. Hay que examinar las alteraciones que experimenta el modelo capitalista al pe- netrar en una realidad precapitalista y asimilarla a convivir con ésta, alterándola. Por último, y lo más importante, debe determinarse analíticamente el tipo de relación que la economía no desarrollada sostiene con el núcleo y/o los núcleos dominantes del sistema capitalista mundial. De esta manera puede llegarse a descubrir y expresar las leyes del no desarrollo, no como reflejo o réplica de las leyes del desarrollo, sino como leyes diferenciadas, como leyes específicas de una realidad compleja que existe en una parte considerable del mundo.

1. Rasgos estructurales

Una compleja controversia ha tenido lugar sobre la definición y el contenido de la estructura en el campo de la economía y de la sociedad 1 . Entiendo que es- tructura económica en sentido estricto, es el patrón de relaciones que tiene entre sí los miembros de una determinada sociedad con el objeto de producir, distri- buirse, intercambiarse, asignar y aprovechar los bienes que constituyen la riqueza. Este patrón estructural está sustentado básicamente por el carácter de la pro- piedad que se ejerza sobre las fuerzas y medios productivos. La propiedad sobre

1 Cf. Aspectos teóricos del subdesarrollo, de Armando Córdova y Héctor Silva Michelena (UCV, Caracas, 1965) y Dialéctica del subdesarrollo, de Ramón Losada Aldana (UCV, Caracas, 1967), por lo que se refiere a bibliografía venezolana sobre la materia.

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

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los medios de producción –recursos naturales, bienes instrumentales, existencias de materias primas, instalaciones y edificaciones– es la que gobierna realmente

el proceso de producción y, por consiguiente, el de distribución, intercambio y

asignación de la riqueza. La fuerza de trabajo, que es una cualidad esencial del hombre, constituye una forma especial de propiedad, enajenarse permanente

o temporalmente. La enajenación permanente de la fuerza de trabajo –esclavi-

tud–, aunque subsistente en algunos lugares del mundo, pertenece al pasado. La enajenación temporal, por contratación, es una forma de aplicación o apro-

vechamiento del potencial de trabajo de primordial significación en el capitalismo. La concurrencia, en la misma persona, de la propiedad de medios de producción

y de fuerza de trabajo que se aplica en aquéllos corresponde a formas precapi- talistas de producción.

La propiedad de medios de producción representa el hecho fundamental de la forma en que la fuerza de trabajo se incorpora al proceso productivo. En el desenvolvimiento histórico de las fuerzas productivas, los medios de producción se diversifican y acumulan, cobrando mayor importancia los medios producidos que los naturales, lo que muestra la creciente potencialidad del trabajo en fun- ción del desarrollo tecnológico, demográfico y cultural. Dicho desenvolvimiento conduce a la diversificación de la propiedad de los medios de producción, en dos grandes ramas: la propiedad de recursos naturales y la de bienes producidos. Esta última tiene la particular característica de la acumulación de productos de trabajo, cuya existencia debe ser renovada y acrecentada. La propiedad de re- cursos naturales ha tenido orígenes históricos diversos y modalidades variadas:

“derecho” de conquista, colonización, despojo de comunidades primitivas, apro- piación de tierras del común (baldías y ejidas), despojo de pequeños campesinos por latifundistas (grandes terratenientes). En la América Latina de pasado colonial hispánico, la propiedad privada de tierras se formó mediante los expeditivos procedimientos mencionados, durante los siglos xvi y xviii, con las formalidades institucionales de repartimientos, mercedes de tierras, composiciones 2 , misiones religiosas, etcétera. Los recursos del subsuelo –minas, yacimientos– y los mi- nerales de superficie (mineral de hierro, de níquel, etcétera) pertenecían en propiedad a la Corona, antecedente afortunado que permitió durante la Inde- pendencia la incorporación de esos recursos al patrimonio nacional. También

el

Estado colonial entró en posesión de tierras superficiales por diversos medios

y

circunstancias: la vacancia por falta de sucesión, la expropiación, la confis-

cación y la posesión de tierras realengas o baldías. La evolución durante los siglos xix y xx ha conducido, por una parte, al enriquecimiento del patrimonio en tierras del ente público y, por la otra, a las transferencias de propiedad privada

2 Cf. La obra pía de Chuao, 1568-1825. Estudios introductorios de Eduardo Arcila y Federico Brito Figueroa (Caracas, UCV, 1968).

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Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

que resultan en una mayor concentración y la conversión de la propiedad agraria precapitalista en propiedad capitalista. Las reformas agrarias han multiplicado

y difundido, dentro de ciertos límites, la pequeña propiedad campesina.

La propiedad privada no es lo característico del capitalismo, aunque es esencial para su existencia y desarrollo. Lo que es característico es la propiedad acumu- lativa de los medios de producción producidos, que permite y exige, a la vez, la compra de fuerza de trabajo, para realizar la combinación productiva de rendimientos crecientes. Las otras formas de propiedad privada de medios de producción –la de los recursos naturales en general, la de instrumentos perso-

nales o familiares de trabajo– aunque asociadas y/o coexistentes con la propiedad acumulativa de medios de producción producidos, no son características del capitalismo. La propiedad privada de medios de producción ha existido durante largas épocas anteriores al capitalismo. Lo que es esencial para el capitalismo,

y se ha desarrollado por él y con él, es la propiedad de la fuerza de trabajo por

los trabajadores mismos, es decir, la libertad del trabajador de vender su fuerza

de trabajo temporalmente.

El análisis de la estructura, por tanto, debe poner de relieve la esencialidad de las relaciones de producción existentes en la economía venezolana –caso que nos ocupa y las modalidades o variedades de éstos, teniendo en cuenta la per- sistencia, dentro del marco nacional, de formas pretéritas– en la actualización dialéctica –de producción–, asociadas de algún modo con las formas predomi- nantes. En este ensayo, desde luego, no se puede ser exhaustivo, ni prolijo en el detalle, y sólo nos limitaremos a los rasgos generales y principales de la es- tructura económica venezolana.

Las actividades de mayor influencia en el curso de la economía venezolana actual son: la explotación de hidrocarburos y la industria. Entre ambas aportan al PTB alrededor de 38%. Si excluimos del cálculo del PTB al sector terciario no directamente vinculado a la producción de bienes materiales, aquellas dos actividades significan 70% del producto así reajustado 3 . El producto petrolero representa 17% del PTB convencional total y 31% del PTB reajustado. El producto industrial contribuye en 21% al PTB total y en 30% al PTB reajustado. Si agre- gamos a las dos actividades consideradas algunas otras vinculadas directamente con ellas, o que operan con características técnico-económicas similares, como:

la electrificación, la gasificación, el servicio de agua corriente, el transporte automotor por tierra, mar y aire, la construcción, la minería de hierro, la agri- cultura que produce en totalidad para el mercado, la pesca y la explotación forestal modernas, el almacenaje y la circulación mercantil de bienes, la signi-

3 Según cifras del Banco Central de Venezuela, a precios de 1957.

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

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ficación de este conjunto dentro del PTB convencional alcanza a 60%, aproxi- madamente (ver cuadro 1). [Cuadros del 1 al 7, al final de capítulo].

EL conjunto considerado opera según los principios del capitalismo contempo- ráneo y está en relación vinculante con el sistema capitalista mundial, de modo que forma parte de éste. La forma predominante de propiedad en este conjunto es la de medios de producción producidos, cuyo funcionamiento requiere el concurso de fuerza de trabajo comprada por la vía del salario. La acumulación tiene como fuente la capitalización real del plustrabajo y conduce a la sustitución relativa –y en algunos casos absoluta– de fuerza de trabajo viva o directa por trabajo incorporado en medios de producción. Los procedimientos de producción tienden a mecanizarse y automatizarse. El trabajador cumple su actividad en ambientes técnicos sujetos a evolución frecuentemente acelerada.

El

vínculo principal con el sistema capitalista mundial lo constituye la explotación

y

exportación de hidrocarburos. El 94% de la producción de petróleo y sus

derivados se exporta. El mercado interno sólo absorbe 6% de dicha producción. Las operaciones referidas a la exportación, procesamiento, transporte y comer- cialización de hidrocarburos se realizan enteramente según el modo capitalista más avanzado, tanto desde el punto de vista técnico como del económico. La productividad de la fuerza de trabajo en este sector es verdaderamente elevada,

aun en comparación con los indicadores mundiales capitalistas 4 . La relación capital-producto es igual a la unidad. El rendimiento del capital promedio es 31%, según cifras del sexenio 1915-70. La densidad de capital es de 31.250 bo- lívares (US$ 7.256). Las mercaderías que produce y vende ocupan una posición estratégica en la economía contemporánea, por ser imprescindibles para la alimentación continua de la gigantesca maquinaria de producción, de consumo

y de destrucción del sistema capitalista. La actividad petrolera proporciona 92% de la exportación total del país, 65% del ingreso de divisas y 62% del ingreso fiscal ordinario; sin embargo, emplea solamente 0,8% de la población econó- micamente activa.

Las vinculaciones de la actividad petrolera –controlada en su práctica totalidad por las empresas extranjeras– con la economía nacional venezolana se realizan

a través de tres vías: i) el aprovechamiento de los recursos naturales de hidro-

carburos y tierra, por la cual para a la nación –en forma de impuestos, regalías,

tasas y contribuciones– el equivalente de una participación de 54% del ingreso obtenido en operaciones por las empresas del ramo; ii) el aprovechamiento de fuerza de trabajo venezolana; iii) la adquisición de bienes y servicios en

el mercado interno, en una proporción muy baja con respecto a sus insumos

4 La relación producto-capital en la industria petrolera de Venezuela es, en promedio de varios años, de 1:4.

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no factoriales (menos de 15%), y la venta de productos de petróleo al mercado interno (6% de la producción, como ha sido indicado). La propiedad del capital es extranjera en 95% y se ejerce a través de compañías legalmente domiciliadas en Venezuela, pero, que son en realidad filiales directas de las grandes empresas norteamericanas, inglesas y holandesas que forman el cartel mundial del petróleo.

El conjunto de las otras actividades que operan según el modo capitalista destina su producción al mercado interno, con excepción de la minería de hierro. Esta última, explotada por empresas extranjeras, tiene características similares a las de la explotación de petróleo, pero su significación económica es sustancialmente inferior a la de aquélla. La producción industrial de bienes para el mercado interno ha seguido en Venezuela una ruta parecida a la experimentada en otros países latinoamericanos. Hay diferencias, sin embargo, en cuanto a los factores determinantes del proceso de sustitución de importaciones y algunas otras cir- cunstancias. En Venezuela la industrialización fue, en sus comienzos, forzada por la Segunda Guerra Mundial y luego parcialmente frenada por efecto de las concesiones arancelarias a los EUA y otros países capitalistas; a partir de 1958 el proceso de industrialización se acelera, favorecido por medidas de protección que se hicieron posibles por razón a que los EUA impusieron restricciones cuantitativas a la importación de petróleo, sin consulta y sin compensación para Venezuela, quebrantándose así la plena vigencia del tratado comercial entre los dos países; en réplica indirecta, sin darle tal carácter y con el consentimiento tácito de los EUA, se establecieron en Venezuela restricciones cuantitativas a la importación de numerosos renglones industriales y agrícolas, sometiéndose la misma al requisito de licencia previa. Pero el factor principal de índole econó- mica que impulsó la industrialización fue la existencia de un mercado interno de dimensión suficiente, en la mayoría de los casos, para hacer lucrativo el establecimiento de plantas industriales cuya producción sustituye importaciones. Este mercado interno ha sido fomentado y diversificado por el ingreso petrolero, distribuido en su mayor parte a través del gasto público; al no disponerse de una oferta elástica y diversificada de producción nacional, la demanda presionó por mayores y crecientes importaciones, las cuales fueron facilitadas por la expansión de la capacidad de pago al exterior en términos de divisas petroleras principalmente. La construcción de una red vial centrada en Caracas y de otras obras correspondientes a la llamada infraestructura material de la economía –telecomunicaciones, obras sanitarias, etcétera– contribuyó a la expansión e integración de ese mercado, que en una primera etapa fue mercado de impor- taciones directas, es decir, de mercancías enteramente fabricadas o elaboradas en el extranjero. La importación por habitante se elevó de US$ 106 en 1950 a US$ 164 en 1960, o sea, 55% mientras que el ingreso por habitante se elevó, entre los mismos años, en 49%, o que indica una elevada elasticidad de la im-

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portación en relación con el ingreso. Es probable que en los primeros años posteriores a 1958 –hasta 1964, incluso– hubiesen incidido en el impulso a la sustitución de importaciones las dificultades de balanza de pagos que entonces surgieron, y que determinaron la imposición de controles de cambio en 1960 y la devaluación del bolívar en 1964. No obstante, de manera distinta a la obser- vada en la mayoría de los países latinoamericanos que han traficado –mucho antes que Venezuela– el camino de la sustitución industrial de importaciones, la crisis de balanza de pagos no obedeció a la del sector externo tradicional, y

no fue, en ese sentido, una crisis estructural, sino una de índole coyuntural relativamente prolongada y animada por motivos políticos internos y manipu- laciones de las compañías petroleras. El sector externo fundamental de la eco- nomía venezolana –hidrocarburos y minería de hierro– ha sido de un dinamismo dilatado en el tiempo, como fuente de ingresos fiscales y de divisas, y corres- ponde a una fase enteramente contemporánea de expansión capitalista mundial; en tanto que el sector externo de otros países latinoamericanos o bien corres- ponde a una fase anterior de la expansión capitalista –caso de los productos agrícolas– o no tiene una significación primordial en el suministro primario de las economías dominantes (minerales como el cobre o el estaño). La base pe- trolera de la maquinaria capitalista de producción, consumo y destrucción se fortaleció y amplió en proporción sin precedentes durante y después de la Se- gunda Guerra Mundial y ello explica el florecimiento casi reciente del potencial de demanda interna de Venezuela, en función del cual se ha expandido el mercado del país hasta el punto de ofrecer un soporte de creciente lucratividad

a la industrialización sustitutiva de importaciones. La importación directa, en consecuencia, se mantuvo durante el último decenio, por habitante, al nivel alcanzado en 1960, o sea, US$ 164, mientras el ingreso por habitante aumentó en 50% durante el mismo lapso (cuadro 1).

La agricultura, en parte, también ha concurrido al proceso de sustitución de importaciones, creándose una capacidad de producción de materias primas y alimentos para el mercado interno que antes se importaban en totalidad o par-

cialmente. El subsector capitalista de la agricultura está vinculado estrechamente

al conjunto de actividades que opera al modo capitalista para el mercado interno;

ese subsector se ha desenvuelto como tributario de aquel conjunto y, específi- camente, de la industria, tanto para abastecer de instrumentos y equipos de producción y de insumos como para el financiamiento y colocación mercantil de su producción. El procesamiento de productos del campo constituye la ac- tividad de un apreciable grupo industrial y su movilización mercantil es objeto de otro considerable grupo de empresas de servicios.

Ese conjunto de actividades, distintas del sector externo capitalista, está vincu- lado al sistema capitalista mundial por la vía del suministro de medios de pro- ducción, de procedimientos tecnológicos, de ficciones mercantiles (“imagen” del

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producto) y experiencias de organización, gestión y mercadeo. La sustitución de importaciones directas se cumple bajo la condición indispensable de la con- tinuidad ampliada de las importaciones indirectas (como las mencionadas). La capacidad de pago al exterior de que dispone el país, originada directa e indi- rectamente en la actividad del sector externo capitalista, permite y estimula esa continuidad ampliada de la importación sustitutiva. El mercado interno, por tanto, forma parte, en lo esencial, del mercado capitalista mundial. En ese sen- tido, el llamado “crecimiento hacia dentro” de nuestra economía, es sólo una fase intensiva del crecimiento hacia fuera, de impulso exógeno, que ha carac- terizado a esta economía durante la etapa neocolonial y, con mayor fuerza y profundidad, en la fase contemporánea del neocolonialismo.

El ingreso petrolero sustenta originariamente ese conjunto de actividades orien-

tadas por la demanda interna. Esta sustentación tiene un mecanismo de acción doble: por una parte, proporciona ingresos en moneda nacional a los consumi-

dores y productores que, por la vía de la circulación múltiple, y gracias a la elasticidad del sistema monetario, se convierten en ingresos mayores; por

la otra, proporciona divisa para efectuar pagos internacionales correspondientes

al equipamiento del aparato productor y consumidor, al mantenimiento del mismo, al flujo de insumos para su procesamiento en el país y a la compensa- ción por los servicios –indispensables o ficticios– que se reciben de los centros

desarrollados mundiales. El Estado es el principal perceptor del ingreso petrolero

y constituye, a través del presupuesto público, un mecanismo poderoso de

distribución de ese ingreso –y sus derivados o inducidos– entre la población. El Estado administra el patrimonio natural petrolero minero de la nación vene- zolana y esta forma de propiedad –su ejercicio en función pública– incorpora un elemento de complicación en el cuadro estructural del país. Es evidente que la gestión fiscal –en sentido amplio– representa el dispositivo por el cual los impulsos emergentes del sector externo capitalista (vinculados a la dinámica capitalista mundial) se transmiten, modulados, al conjunto de actividades inter- nas, ya referido, y estimulan en éstas una dinámica secundaria de creciente importancia. La acción del Estado no se ha limitado –sobre todo en los últimos quince años– a la simple administración del ingreso percibido del sector externo, sino que también se ha orientado a la creación de un potencial económico propio, que incluye, además de los servicios públicos ordinarios, industrias y servicios básicos en los campos de siderurgia, petroquímica, electrificación pesada, transporte comercial, explotación de hidrocarburos, refinación de azúcar, mercadeo de productos agropecuarios, hoteles, etcétera. Los considerables re- cursos que administra el Estado y su elevada influencia en el curso de la actividad económica no significan, sin embargo, autonomía de la gestión oficial ante el sector privado, y los intereses generales o específicos de éste se imponen en una u otra forma a los posibles designios de independencia administrativa y

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política de quienes ejercen temporalmente la dirección del Estado.

La descripción hecha permite señalar algunas características estructurales de la economía venezolana en la presente etapa de su evolución: i) Las variables matrices principales –explotación de recursos naturales con destino a la expor- tación y oferta de medios de producción producidos y procedimientos tecnoló- gicos– son exógenas, es decir, tienen una dinámica originada fuera del ámbito económico venezolano y sujetan a éste a determinadas restricciones coyunturales

y de crecimiento; ii) en consecuencia de lo anterior, la economía funciona como

receptora de impulsos externos, actuando como mecanismos de transmisión (dependencia) el sector externo, el sector fiscal y el sector agroindustrial inte- grado en el circuito técnico-financiero del gran capitalismo; iii) el sector externo extractivo está dominado por el capital extranjero, en su mayor parte de origen norteamericano o inglés, pero la propiedad de los recursos naturales sujetos a extracción es nacional; iv) existe un complejo capitalista semiintegrado que opera para el mercado interno principalmente; las industrias básicas y de trans- formación, la agricultura orientada al mercado bajo organización empresarial, la construcción y los servicios relacionados con la producción y la circulación mercantil; v) otras actividades –agricultura precapitalista (exportación tradicional, hacienda extensiva no empresarial, pequeña producción campesina), artesanado, pequeña industria tradicional, servicios residuales– tienen un comportamiento cuasiestático y eventualmente reciben impulsos derivados del sector capitalista ya mencionado.

La acumulación dinámica del sector capitalista interno requiere el consumo de dos determinantes: a) el flujo del ingreso petrolero dentro de la economía; b) la disponibilidad (accesibilidad efectiva) de medios de producción producidos principalmente en el exterior. Estos determinantes, como es evidente, son exó-

genos en su comportamiento y, por tanto, someten a un módulo de dependencia el proceso de acumulación dinámica real en el país. Paradójicamente, esa acu- mulación es afectada en sus dimensiones por las exacciones y tributaciones externas, relacionadas directa e indirectamente con las determinantes mencio- nadas, correspondientes al capital extranjero en sentido lato (utilidades brutas, intereses, regalías, participaciones, transferencias encubiertas, inflación impor- tada, etcétera). Por ello, la acumulación de capital carece de potencial endógeno

y su proyección es aleatoria en términos de los condicionantes referidos.

El capitalismo que se desenvuelve en Venezuela, por tanto, presenta casi todas las características históricamente observadas en los países donde se ha desarro- llado: producción masiva de mercancías, régimen salarial, de la fuerza de trabajo, dirección privada del proceso productivo y distributivo, propiedad privada de los medios de producción, predominio del capital en la combinación productiva, obtención de plusvalía como móvil primordial de la empresa, existencia de una

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reserva disponible de fuerza de trabajo, monetización de las transacciones, mercadificación de los flujos de productos, factores y servicios. Igualmente pueden ser observadas las tendencias histórico-lógicas del capitalismo: aumento de la relación capital/fuerza de trabajo, concentración y centralización del capital, ampliación relativa de los sectores secundarios y terciarios y contracción relativa del sector primario; sin embargo, para el funcionamiento de esa estructura técnico-económica se requieren los impulsos exógenos mencionados, que per- mitan el aprovechamiento continuo de poder adquisitivo externo e interno de flujos tecnológicos, de bienes instrumentales y transformables, cuya contrapartida es una participación en el excedente generado en el país a favor del capital extranjero. (El flujo tecnológico-instrumental es una forma de capitalización que puede subdividirse en: capitalización adquirida y capitalización participativa; la primera se registra en la propiedad del fondo de capital de la empresa que recibe el flujo; la última asume la forma de un gravamen en los rendimientos de la empresa). Este capitalismo, cuya fuerza fundamental, o sea, el proceso acumulativo, carece de autorrealización y se encuentra reducida por los factores externos, no logra, ni logrará bajo esas condiciones, alcanzar la fase de desarrollo que caracterizó la evolución de los países capitalistas hoy maduros.

Para esa característica de insuficiencia, de dependencia, de contingencia exógena, del tipo de capitalismo que tiene lugar en Venezuela, como en otros países la- tinoamericanos, se han propuesto distintas denominaciones: capitalismo depen- diente, periférico, subdesarrollado; neocapitalismo (capitalismo de los países nuevos, o formación capitalista en las regiones subdesarrolladas, carentes de las potencialidades históricas y lógicas del capitalismo y afectado de frustración congénita, de ausencia de autonomía, de filtraciones sustanciales de la acumu- lación, coexistente con formas precapitalistas), neocolonialismo (independencia política formal, control externo de la economía básica, tribulación forzosa al extranjero, mecanismo de abastecimiento y absorción de mercancías, imposición externa, con apoyo interno, de patrones de producción, consumo, comercio y vida en general, existencia de dispositivos implícitos de represión económica, política, cultural y social para el sostenimiento del sistema neocolonial). Pro- pongo el término subcapitalismo para definir este complejo estructural de los países dependientes e insuficientes. Este capitalismo incompleto, disminuido en su funcionamiento, características y potencialidades, es capaz, por supuesto, de extraer plusvalía, pero debe cederla parcialmente al capitalismo metropolitano, restringiéndose así las posibilidades de acumulación propias; la acumulación misma, como se ha dicho, en cuanto proceso real de asignación de medios pro- ductivos al proceso de producción, depende en buena parte –esencialmente– del suministro externo de tales medios y de su encuadramiento tecnológico; la sola monetización del excelente no asegura el proceso de acumulación real. Otros aspectos importantes del subcapitalismo son los siguientes: limitación del mer-

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cado interno por incapacidad de ampliarlo –incorporando nuevos consumido- res– o de profundizarlo (por aumento sostenido de los ingresos de los consumidores incorporados); el capitalismo metropolitano nuclear de reserva estratégicamente la producción y suministro –en venta o por cesión participa- tiva– de la tecnología capitalística y sus medios instrumentales, impidiendo así la creación de una base tecnológica propia en el país subordinado. En conse- cuencia, la reproducción capitalista ampliada está sujeta a la condición del su- ministro externo del capital real, como ha sido señalado 5 .

La vinculación de la economía subcapitalista al sistema capitalista mundial des- cansa o se fundamenta en la posibilidad de difusión del capitalismo a escala internacional; pero al establecer una avanzada capitalista en una economía precapitalista genera, en primer lugar, un sector externo periférico, primario, exportador-importador, con todas las características del capitalismo monopolista –por lo memos así fue en el caso venezolano– y por cuya existencia y desen- volvimiento se van creando las condiciones para el surgimiento de un sector interno subcapitalista, dependiente, sustitutivo de importaciones pero sujeto a importaciones indirectas, cuyo funcionamiento y expansión requieren la exis- tencia y aumento sostenido de capacidad de pago al exterior y de un sector público que le sirva de apoyo financiero, institucional y administrativo.

Este subcapitalismo carece de autosostenimiento de capacidad para su propia expansión, de dinámica interna consistente y suficiente, y por ello no llega a alcanzar las características primordiales ni la fuerza del capitalismo pleno y desarrollado 6 . El cuadro se complica más aún al considerar la existencia, al margen de los sectores que operan al modo capitalista aunque incompleto, de actividades y grupos de población, extendidos geográficamente y con cierta significación demográfica, que mantienen, con modificaciones, modos precapi- talistas de producción, distribución, asignación y consumo de la riqueza. Esas modificaciones ocurren, por lo general, al contacto cada vez más frecuente con

5 “El capitalismo no se desenvuelve, en América Latina, conforme al patrón clásico europeo. Nuestros países jamás conocen la ‘perfección’ en el funcionamiento del mercado, ni viven un proceso que los lleve de la frugalidad clásica y la libre concurrencia a la ‘economía del bienestar’ o la ‘sociedad opulenta’ que, según algunos, ha llegado a ser de los grandes países industriales de Occidente”. Alonso Aguilar Monteverde: Teoría y política del desarrollo lati- noamericano, México, UNAM, 1967, p. 98.

6 “Al reproducir tal sistema productivo y tales relaciones internacionales, el desarrollo del capitalismo dependiente va reproduciendo los factores que le impiden alcanzar una situación favorable nacional e internacionalmente y va reproduciendo el atraso, la miseria y la margi- nalización social en su interior”. Theotonio Dos Santos: La estructura de la dependencia [documento preparado para el Seminario sobre el Desarrollo e Integración de América Latina (Caracas, CEP, Facultad de Economía, UCV, marzo 1970).

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los sectores capitalistas. Esta comunicación, al comienzo eventual o esporádica, se hace habitual y conduce a la emigración de la población antes asentada en el sector precapitalista con destino al sector capitalista, por una parte, y a relaciones precarias e irregularidades de índole mercantil, por la otra. El subcapitalismo se manifiesta incapaz de absorber la fuerza de trabajo procedente del sector preca- pitalista, e incluso tampoco absorbe suficientemente la fuerza de trabajo generada dentro del propio ámbito capitalista. Surgen y permanecen, por tanto, el desem- pleo, el subempleo y el no empleo en todas sus variantes y se establecen rela- ciones de trabajo heterogéneas, algunas atípicas y otras deformadas 7 .

Pueden señalarse, en resumen, los rasgos siguientes: i) insuficiencia de la acu- mulación capitalista real; ii) tributación de la plusvalía territorial parcialmente al exterior; iii) necesidad de suministros tecnológicos e instrumentales y de insumos en vías de elaboración procedentes del exterior; iv) pericentrismo del sector externo capitalista; v) funcionamiento del sector público como mecanismo distribuidor de ingresos originados en el sector externo y como punto de apoyo financiero, institucional y administrativo del subcapitalismo interno; vi) coexis- tencia, con el subcapitalismo, de actividades y modos de vida precapitalistas modificadas por el contacto con los sectores capitalistas; vii) heterogeneidad de relaciones de trabajo y surgimiento de modalidades atípicas de estas relaciones; viii) propiedad nacional de los recursos naturales mineros y petroleros; ix) marginamiento de considerables grupos de población, en la ciudad y el campo, de las posibilidades de producción y de consumo de bienes superiores; x) in- capacidad de movilizar la totalidad de las fuerzas productivas para alcanzar el potencial máximo de riqueza e ingreso.

Este aspecto de la realidad estructural del país será tratado en dos dimensiones:

a) histórica; b) sectorial contemporánea. En cada dimensión se expondrá la antinomia dialéctica unidad-diversidad.

1.3.1. La diversidad histórica consiste en la sucesión de fases dentro de la evo- lución del no desarrollo; estas fases son: i) explotación primaria colonial (siglos xvi al xviii); ii) explotación primaria neocolonial (siglos xix-xx); iii) explotación secundaria subcapitalista (siglo xx); iv) creación de un sector público de la eco- nomía (siglo xx); v) diversificación y complementación de la exportación (nuevo

7 “…desde el punto de vista interno de la sociedad colonizada, el problema estructural más importante… es la incapacidad del sistema para desarrollar relaciones capitalistas de trabajo, capaces de absorber a toda la población actual disponible y, por el contrario, su necesidad de desarrollar relaciones de trabajo diferentes de las típicamente capitalistas”. Armando Cór- dova: El capitalismo subdesarrollado de Gunder Frank, Caracas, Editorial Nueva Izquierda, 1972, p. 38.

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crecimiento hacia fuera, siglo xx). La explotación primaria colonial corresponde

a la dominación cuasiabsoluta por una metrópoli descubridora-conquistadora

(España), en las esferas económicas, política, militar y cultural; en el seno de esta situación, sin embargo, se gestan y desarrollan fuerzas contradictorias (sur- gimiento de grupos clasistas con cierto grado de conciencia de sus intereses radicados en el país y el amanecer de un sentido de la “nacionalidad” como necesidad y posibilidad frente a la dominación metropolitana), que son estimu- ladas y apoyadas por factores exógenos (la expansión del capitalismo liberal en Europa occidental, centrado en Inglaterra y el “efecto-demostración” de la in- dependencia norteamericana), cuyos intereses requieren una modificación del estatus colonial; la economía “dinámica” descansa en la exportación (oficial y clandestina) de frutos (cacao, añil, algodón, cueros, etcétera) y su contrapartida

de importación de géneros manufacturados. La explotación primaria neocolonial difiere de la fase anterior en que transcurre en un marco de independencia política, con sentido nacional, y en la existencia de relaciones abiertas con el

mundo capitalista en expansión; la economía, durante el siglo xix y primer cuarto del siglo xx, descansa en la exportación de frutos (café, cacao, principalmente)

y se abastecen en géneros manufacturados del mercado capitalista mundial; a

partir del segundo cuarto del siglo xx la base económica se modifica sustancial- mente al incorporarse, en proporción determinante, la actividad petrolera ex- portadora bajo el control de intereses extranjeros, vinculada orgánicamente al

sistema capitalista mundial en su etapa de expansión monopolista. La explotación secundaria subcapitalista se distingue de la fase precedente por el surgimiento

y expansión de un complejo de actividades que operan al modo capitalista, cuya

producción se coloca enteramente en el mercado interno y requiere el suministro

de medios y servicios extranjeros. La creación del sector público de la economía, entendido como conjunto de capacidades productivas, financieras, comerciales

y de servicios prestados a título oneroso, bajo el control y la capacidad domi-

nante del Estado, obedece funcionalmente al surgimiento del subcapitalismo, que encuentra en dicho sector un mecanismo indispensable para su crecimiento, aunque aparentemente se presente como contradictorio en relación con el sub- capitalismo privado. La diversificación y complementación de la exportación, que en Venezuela apenas comienza, constituye la proyección necesaria del crecimiento subcapitalista, para evitar el estrangulamiento que supone la lentitud de la ampliación del mercado interno. Las fases lógico-históricas mencionadas se superponen y coexisten dinámicamente en la época actual, determinándose así una complejidad de modelos de crecimiento (explotación primaria neocolonial, explotación secundaria subcapitalista) que da lugar a un nuevo modo de ope- ración de la economía. Esa diversidad histórica, sin embargo, se resuelve en la unidad del proceso evolutivo, como continuidad histórica necesaria, como com- plejidad del no desarrollo, que ha sido la característica de este país a través de más de cuatro siglos.

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1.3.2. La diversidad estructural contemporánea, desde el punto de vista estático, consiste en la coexistencia de tres sectores funcionales de la economía: i) el sector primario extractivo exportador, que opera como una periferia del capi- talismo avanzado de los centros dominantes y, por ello, a este modo de pro - ducción puede calificársele como capitalismo avanzado neocolonial; ii) el sector subcapitalista, ya definido, con un estrato privado y uno público; iii) sector precapitalista, compuesto por la actividad agrícola tradicional exportadora (café, cacao), la de subsistencia (conuco, pequeña explotación campesina), la artesanía y los servicios tradicionales no vinculados a la producción material. La coexis- tencia intersectorial implica una función de dependencia indirecta del sector subcapitalista con respecto al capitalista neocolonial, mediante el potencial de financiamiento interno y externo que se deriva de este último. El sector preca- pitalista, aunque vinculado con el sector subcapitalista, no tiene con éste relación de dependencia; sin embargo, la expansión subcapitalista se hace, desde el punto de vista extensivo, mediante la penetración y absorción de actividades y zona del sector precapitalista. Esta diversidad de modos de producción dentro de la economía nacional constituye una expresión del proceso histórico del no desarrollo, pues esos modos económicos se han establecido y han crecido en diferentes etapas y han persistido hasta determinar, conjuntamente, una conver- gencia estructural que, más allá de la simple coexistencia, induce algunas mo- dalidades de funcionamiento en todas y cada una de las partes convergentes y en la totalidad, que, por lo mismo, ofrece características de unidad. Esta forma- ción compleja es exclusiva de los países no desarrollados, dependientes, y revela, además de los accidentes históricos de la evolución de la respectiva economía, en sus variables modos de relación con las economías dominantes, la multipli- cidad de los mecanismos de dependencia que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas del país dominado 8 .

León Trotsky, al examinar el fenómeno de aproximación o convergencia, en un país, de las distintas etapas definidas en el histórico, propone el calificativo de desarrollo combinado para identificarlo 9 , dándole la categoría de una ley derivada de la ley universal del desarrollo desigual. Estoy en desacuerdo con la denomi- nación de “desarrollo” para este proceso, porque precisamente frena el desarrollo

8 “Obligado a seguir a los países avanzados, el país atrasado no se ajusta en su desarrollo a la concatenación de las etapas sucesivas. El privilegio de los países históricamente rezagados –privilegio que existe realmente– está en poder asimilarse las cosas, o mejor dicho, en obli- garles antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias… El desarrollo de una nación históricamente atrasada hace, por fuerza, que se confundan en ella, de una manera característica, las distintas fases del proceso histórico”. León Trotsky: Historia de la Revolución Rusa, tomo I, Quimantú (Santiago de Chile, 2ª ed. esp., 1972), p. 19.

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o lo impide. Pero la observación más importante que puede hacerse en la de

que, si bien todas las etapas históricas pueden coexistir en el atraso, rezago o no desarrollo, hay una situación nueva, que no existió en el proceso histórico de desenvolvimiento de las naciones hoy adelantadas: es la heterogeneidad de

formas históricas modificadas, incluso el capitalismo contemporáneo, y la re- sultante estructural de esa heterogeneidad y de esa modificación de patrones históricos.

1.4.1. Tanto el capitalismo avanzado neocolonial, que se establece en el sector

extractivo exportador, como el subcapitalismo agroindustrial y de servicios, aunque en sus fases iniciales incorporan fuerzas de trabajo procedente del sector precapitalista, posteriormente se restringen, en términos absolutos o relativos, como empleadores de dicho factor. El impulso de la expansión capitalista, y las condiciones más favorables de subsistencia creadas por la aplicación de los nuevos recursos económicos y tecnológicos facilitados por aquella expansión, influyen en el crecimiento más acelerado de la población y en la tendencia a la concentración de ésta en los centros urbanos y en las zonas suburbanas. Así, la tasa anual de crecimiento demográfico sube de 3,2% en 1950 a 3,6% en 1970 y

la población urbana, que en 1950 significó el 49% del total, llega en 1970 a re-

presentar 72%, señalándose un ritmo de urbanización en esos veinte años del orden de 46%, mucho más alto que el promedio latinoamericano, que para ese mismo período fue 38,5%, según datos de la Cepal. La alta concentración urbana de la población parecería indicar que los sectores secundario y terciario de la economía desplazan al primario como empleadores de fuerza de trabajo. En efecto, la ocupación primaria, que en 1950 significó 47% de la ocupación total, se redujo en 1970 a 25%; mientras que la ocupación secundaria se elevó de 17

a 25% entre los años comparados y la terciaria lo hizo de 36 a 50% (ver cuadro 1).

Evidentemente, la mayor expansión de la ocupación terciaria no corresponde a una evolución normal del crecimiento económico, pues duplica la ocupación secundaria, estableciéndose una relación de 2 a 1 entre ambos sectores, lo que significa que por cada empleo generado en el sector secundario se generan dos en el terciario. Una gran parte del empleo terciario es de índole improductiva, estéril y representa sólo una manera de encubrir el desempleo estructural, por insuficiencia de desarrollo del potencial productivo, y de subsidiar, con el ex-

9 “El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que lo patentiza el destino de los países atrasados…De esta ley desigual se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la combinación de las distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas”. León Trotsky, ob. cit., p. 20 (suspensivos nuestros, subrayado original).

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cedente obtenido de la producción material, una superestructura de actividades que nada o muy poco aportan a la creación de riqueza nacional. Los íntimos niveles de ingreso obtenidos por estos grupos de pseudoempleados no les permiten participar consistente ni habitualmente en el mercado, ni aun benefi- ciarse de los servicios públicos gratuitos en forma sistemática y satisfactoria, porque, en realidad, para lograr esta participación en el ingreso social no mo- netario se requiere disponer de un mínimo de ingreso monetario para adquirir

los bienes y servicios complementarios. Proliferan, por tanto, las más peregrinas

y falsas ocupaciones que constituyen una periferia socioeconómica polifacética,

un margen de subproletariado, que nunca se ha puesto en contacto productivo con el sector industrial y que probablemente nunca se pondrá en contacto con dicho sector. Este margen también puede ser observado en el área cubierta por el subcapitalismo agrario, ya que éste absorbe un cierto contingente campesino

y lo proletariza, pero al hacerlo, en razón de que se desata un proceso de des-

composición de la economía y la sociedad campesina precapitalista, se deter- minan masa flotante, periférica, de campesinos erradicados que no han logrado incorporarse al subcapitalismo y vegetan en ocupaciones parasitarias dentro del medio rural modificado de tal modo que llegan a ser marginados del campo.

Sin embargo, hay otros grupos de población urbana o suburbana, que en los primeros tiempos del crecimiento subcapitalista tuvieron un origen aluvional, de procedencia campesina, pero luego se nutren del aumento vegetativo prin- cipalmente, mucho menos integrados al área subcapitalista, en el sentido de que no disponen nunca, o sólo de modo muy esporádico o incidental, de ingresos monetarios obtenidos por la vía ocupacional, ni siguiera de ocupaciones impro- ductivas, estériles o parasitarias, pero “lícitas” dentro de la normalidad conven- cional del subcapitalismo. Están, por decirlo así, fuera del margen socioeconómico; son extramarginales; no están incorporados en la economía subcapitalista; son, no obstante, subproducto del subcapitalismo, pues sólo pueden explicarse en razón de éste. Son los no empleados, los absolutamente negados por el sistema, los que están “más allá de la frontera”.

1.4.2. La marginalidad es un fenómeno observable en todos los países latinoa- mericanos, con distintos grados de amplitud e intensidad y modalidades variables. Su interpretación ha sido hecha desde diferentes ángulos de análisis –económico,

sociológico, antropológico, político, etcétera– y por diferentes escuelas de pen- samiento social. La tesis del rezago tiene calificados adeptos en América Latina

y señala que la insuficiencia del crecimiento es responsable de la marginación

de considerables sectores de población. Otras opciones sostienen que la mar- ginalidad es una forma de incorporación en el sistema, una manera de participar del mismo y, por tanto, integrante de tal modo socioeconómico 10 . La dinámica propia del subcapitalismo genera marginalidad y extramarginalidad, como el capitalismo de los centros genera la reserva de fuerza de trabajo que le es in-

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dispensable para funcionar; pero no puede asimilarse el margen subproletarizante de los países subcapitalistas al fondo de reserva de fuerza de trabajo descubierto por Marx como mecanismo del mercado de este factor en el capitalismo 11 .

1.4.3. Hay que buscar los factores de la marginalidad y la extramarginalidad no sólo en la forma de industrialización de los países no desarrollados, sino en toda la dinámica del subcapitalismo, desde el establecimiento de un sector do- minante bajo el control extranjero hasta las nuevas vinculaciones con el capita- lismo de los centros que anudan durante los procesos de sustitución de importaciones y de fomento de exportaciones “no tradicionales”. Las antiguas relaciones de producción, precapitalistas, también generan algún grado de marginalidad; pero nunca en la forma ni con la amplitud con que lo hacen las relaciones subcapitalistas. Es este último caso se destacan corrientes de deslo- calización y relocalización de población y actividades, así como de estableci- miento de nuevos modos de vivir, que ponen en ebullición todo el contenido socioeconómico y cultural, y dan lugar a procesos aluvionales humanos de lenta

y difícil sedimentación. La aceleración del crecimiento de la población es apenas una manifestación cuantitativa general del fenómeno; aspectos más específicos

y significativos son: el proceso de falsa urbanización, el surgimiento de polos

de crecimiento agrarios e industriales, el aumento del sector infantil y juvenil de la población, la expansión del mercado de trabajo pero con abruptas disconti-

10 “Parece importante… no dejarse engañar por el equívoco concepto de marginalidad. Una cosa es la existencia de grandes poblaciones marginales que casi no participan en los bene- ficios del sistema económico ni tienen poder sobre las decisiones políticas, y otra muy dis-

tinta es la idea de que esas poblaciones marginales se desarrollen en un sistema social propio

o semicerrado. Lo primero es exacto; lo segundo doblemente falso, porque, por un lado, lo

que se llama marginalidad es una forma de participación en el sistema: recogen, sobre todo, las cargas del mismo; por el otro lado, porque no impide, sino que, por el contrario, se acompaña en forma de crecientes presiones, exitosas o no, para obtener una mayor partici- pación en el sentido positivo. Ese estar fuera y dentro simultáneamente es una de las carac- terísticas de la marginalidad. Aldo Solari: “Algunas reflexiones sobre la tesis dualista”, en Dos polémicas sobre el desarrollo de América Latina. Textos del Ilpes, Editorial Universitaria (Santiago de Chile, 1970), p. 158.

11 “La función de “reserva” que el “ejercito industrial de reserva” cumplía en el capitalismo, no puede ser más desempeñada en absoluto por la nueva mano de obra sobrante, pues mientras aquél estaba “en reserva” para ser incorporado al proceso productivo apenas fuera necesario para el incremento de la capacidad productiva del sistema, la mano de obra hoy sobrante no tiene ya ninguna posibilidad de ser de nuevo incorporada a la producción, pues

el aumento de la productividad y la producción del sistema tienden a residir ahora en medios

enteramente técnicos, Ya no es, pues, reserva, sino simplemente sobrante (destacado nuestro). Aníbal Quijano: “El proceso de marginalización y el mundo de la marginalización en Améri- ca Latina”, en mimeógrafo.

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nuidades y deformidades, que corresponden a la escasa integración de la eco- nomía subcapitalista y la ausencia de un proceso sistemático de formación de oferta de fuerza de trabajo que incluya su entrenamiento, evaluación y asigna- ción, entre otros. Se ponen en operación dos grupos de fuerzas: uno, de las que limitan la oferta de empleo; otro, de las que entorpecen la demanda de empleo. Entre las primeras hay que citar: el ritmo insuficiente e intermitente de crecimiento económico, el modo intensivo de capitalización sin función selectiva (tecnología sustitutiva de fuerza de trabajo), la concentración de la estructura industrial (pequeña proporción de las empresas medianas y pequeñas y del artesanado), la insuficiencia de la demanda efectiva por la insuficiente tasa de aumento del ingreso nacional y su regresiva distribución, la inadecuada o nula calificación de la fuerza de trabajo. Entre las fuerzas que frenan o entorpecen la demanda de empleo por parte de los trabajadores se encuentran: la falta de información sobre oportunidades, la desorganización del mercado, la imprecisión de las aptitudes, la ausencia de un mecanismo de promoción de oficios y ex- periencias –como existía en el viejo modo artesanal– y la situación aluvional en que se encuentran considerables sectores de la población marginal. Ambos grupos de fuerzas coinciden en sus efectos de generación de desempleo, no empleo y subempleo, y pueden resumirse en la enumeración de los factores siguientes: i) la ruptura de la economía agraria precapitalista y la aceleración de flujos humanos hacia las ciudades y centros de producción petrolera y minera; ii) la concentración agroindustrial subcapitalista; iii) los escasos efectos internos de la industrialización importadora; iv) la inadecuada relación entre la tasa de crecimiento económico y la de crecimiento demográfico; v) el patrón de circu- lación y consumo inherente al subcapitalismo, que exige la expansión deformada del sector terciario, sin base adecuada en la producción material interna; vi) el fracaso de la reforma agraria en alcanzar el asentamiento real y estable del campesinado desposeído; vii) la explotación de la “flor de la juventud” de la fuerza del trabajo (el desempleo y no empleo de los mayores de 40 años) 12 .

1.5.1. El subcapitalismo ha creado sus propias concentraciones y dispersiones funcionales, determinando una modificación, aun en proceso, de la ocupación demoeconómica del territorio venezolano. Una constante en la historia del país, en este aspecto, ha sido la localización de la población en su mayor parte en el eje montañoso-costero que parte de la frontera con Colombia, en el Táchira, se extiende en sentido inclinado hacia el norte, en busca del mar, y luego se ho-

12 “Desde el punto de vista de contenido de la sociedad urbana que se desarrolla ahora bajo el signo de la industrialización, un hecho decisivo es el carácter crecientemente restrictivo del mercado urbano de trabajo industrial y, por tanto, dominante. Al mismo tiempo que el aumento de población de las ciudades refuerza su atractivo, las características del proceso de industrialización dependiente suponen una estructura tal del mercado de trabajo urbano que es totalmente imposible para las crecientes promociones migratorias y para las nuevas

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rizontaliza paralelamente a éste hasta la península de Paria, en el extremo oriental. Entre el eje mencionado y el río Orinoco –que semeja un cinturón del país– se extienden los llanos, antaño casi despoblados, escenario de las ende- mias y epidemias tropicales hasta hace pocos años. Al sur, bordeada por el Orinoco, yace la inmensa región de Guayana, en su mayor parte selvática, así virgen, con grandes recursos naturales (hierro, oro, fuerza hidráulica, bosques), hasta hace pocos años casi despoblada y ahora asiento en su zona nororiental, de un complejo industrial-minero-eléctrico de considerables proyecciones. La mayoría de los habitantes –por razones climáticas, históricas o económicas– se refugió –y aún se refugia– en los valles del eje montañoso, asiento también de las actividades agrícolas precapitalistas. En la época anterior a la explotación del petróleo, la actividad económica fundamental en los llanos era la ganadería extensiva y marginalmente la agricultura de subsistencia. En Guayana tenían lugar, en esa mima época, algunas explotaciones forestales primarias y eventuales extracciones mineras.

La explotación de hidrocarburos y el subsecuente crecimiento económico de tipo subcapitalista determinaron algunas modificaciones en el esquema de ocu- pación del territorio. El eje montañoso-costero ha continuado siendo el funda- mental, en cuanto a asiento poblacional, administrativo, cultural y de servicios; además, este mismo eje se ha constituido en lugar preferido de la industria manufacturera y actividades conexas. La nueva agricultura –de organización empresarial– se ha desarrollado principalmente en la región de los llanos occi- dentales y centrales, en tanto que la rama pecuaria intensiva y relativamente moderna se ha localizado en los estados Zulia y Lara, en su mayor parte. Las antiguas poblaciones llaneras –San Carlos, Guanare, Barinas, Acarigua, Valle de la Pascua, Calabozo– que habían sufrido prolongada y acentuada en la época anterior a la Segunda Guerra Mundial, y desde la segunda mitad del siglo xx, han crecido aceleradamente y se han transformado progresivamente bajo el impulso de la nueva agricultura; de lugares de emigración, de éxodo rural, se han convertido en polos de atracción económica y humana. La actividad petro- lera ha originado dos polos demoeconómicos principales: la parte oriental del Zulia, en el occidente del país, y las mesetas orientales de Anzoátegui y Monagas. En Guayana, en su zona nordeste, con centro en la confluencia de los ríos Ori-

generaciones populares, nacidas en las mismas ciudades, incorporarse de manera estable y consistente en la estructura de roles y posiciones de la nueva sociedad urbana que emerge con la industrialización”. Aníbal Quijano: Dependencia, cambio social y urbanización en Latinoamérica, Revista Mexicana de Sociología, año XXX, vol. XXX, n° 3, julio-septiembre 1968, México, D.F.

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noco y Caroní, se está desarrollando una concentración industrial básica, meta- lúrgica, mediante el aprovechamiento de los recursos mineros e hidroeléctricos de la región, de grandes dimensiones y perspectivas; y allí está creciendo un núcleo poblacional que podía llegar a balancear, en el futuro, la concentración norte-central (Caracas, Valencia, etcétera). Una moderna infraestructura física –vialidad, obras sanitarias, electrificación, gasificación, telecomunicaciones–, centrada en la zona metropolitana, facilita una creciente movilización interna de personas y bienes; esta infraestructura, en sus elementos de vialidad y teleco- municaciones, establece igualmente una vinculación activa con el extranjero, principalmente con los países desarrollados capitalistas, indispensable para la subsistencia y expansión del subcapitalismo (ver cuadro 2, en cuanto a la dis- tribución geográfica de la población).

1.5.2. La localización estructural de la economía

El croquis estructural de la economía venezolana, en su dimensión geográfica, permite reconocer en el espacio la heterogeneidad y complejidad de aquélla. Existe un área primaria, que comprende dos tipos de actividad: a) la reproduc- tiva, compuesta por la agricultura animal y vegetal en su más amplio sentido; b) la extractiva, compuesta por la explotación de hidrocarburos y minerales. La actividad primaria reproductiva se especifica, desde el punto de vista estructural, en: agricultura vegetal precapitalista (localizada en los Andes, Falcón, Miranda, estados orientales, principalmente), con dos ramas a su vez, la de frutos de exportación (café, cacao) y la de subsistencia; agricultura vegetal subcapitalista (en Cojedes, Portuguesa, Barinas, región norcentral, Lara); ganadería extensiva tradicional (llanos del sur y de oriente) y ganadería subcapitalista (región nor- central, Lara, Zulia, Portuguesa, Barinas, Táchira, noreste de Guayana). La acti- vidad primaria extractiva, no reproductiva, tiene una rama principal, la de hidrocarburos (localizada, como se dijo en la parte oriental del Zulia y en las mesetas orientales) y la de mineral de hierro (en Guayana); esta actividad es de índole capitalista avanzada. El área secundaria subcapitalista comprende: la industria básica (metalúrgica, petroquímica), ubicada en Guayana, Carabobo y Zulia, con predominio del sector público en su propiedad y control económico; la industria manufacturera, con predominio del sector privado, localizada en la reglón norcentral; la construcción, con predominio público, concentrada en la región norcentral (43%, según el cuadro 3); el transporte automotor interno, con predominio privado, centrado en la región norcentral; el transporte externo (marítimo y aéreo), con terminales ubicados principalmente en la región nor- central, predominio extranjero privado; la electrificación, con su mayor potencial situado en Guayana, predominio público; y la gasificación, concentrada en la región norcentral con predominio público. El área terciaria, con participación precapitalista y subcapitalista, aunque extendida al todo país habitado, se con-

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centra, por su elevada proporción, en la región norcentral, gran importadora (84%, ver cuadro 4), gran mercado de consumo (66% de las ventas comerciales), gran centro distribuidor de mercancías, sede de Gobierno nacional y de los más importantes institutos educacionales y culturales, de las estaciones mayores de telecomunicaciones y de las organizaciones publicitarias. Estimativamente el 65% del ingreso nacional es percibido en la región norcentral, eminentemente subcapitalista, para una población que representa 39% de la totalidad nacional. El subcapitalismo genera concentración y dispersión, al mismo tiempo, en lo económico, demográfico, espacial y cultural, conformándose una modalidad que se ha dado en llamar “polos de desarrollo”, que desencadenan fuerzas centrípetas y centrífugas.

1.6.1. Los rasgos estructurales de la economía venezolana que se han analizado

en los párrafos precedentes dan fundamento a la caracterización de la misma como no desarrollada, expresión que preferimos a la de subdesarrollada, ge- neralmente aplicada a situaciones como ésta. El no desarrollo es compatible con el crecimiento económico, fenómeno indicativo de la expansión coyuntural de largo plazo de esta economías, ilustrado con referencias a las tasas de aumento del producto, del ingreso, de los componentes del gasto, de la disponibilidad bruta de capital, del volumen de empleo, de los niveles de productividad y otras variables significativas de la actividad económica. Incluso puede considerarse –con base en observaciones de la realidad– que el crecimiento induce modifi- caciones cualitativas del cuadro socioeconómico y las relaciones estructurales se tornan más complejas o sofisticadas. Sin embargo, el crecimiento, bajo las condiciones expuestas, no conduce al desarrollo, entendido éste como el reem- plazo permanente de una dinámica externa o exógena determinante o dominante por una dinámica interna o endógena determinante y autónoma, en la evolución de la economía. Así, pues, el crecimiento es inducido desde el exterior y refor- zado dependientemente en el interior; pero su continuidad en el período largo es contingencial, no autónoma y condicionada a la función de dependencia. El desarrollo, de modo distinto, es inducido desde el interior, por las propias fuerzas de la economía, y su continuidad es histórica, en el sentido de necesidad y posibilidad, autónoma e irreversible. El crecimiento sin desarrollo, es decir, el no desarrollo, tiene la virtud paradójica de acumular y agudizar los problemas socioeconómicos que terminarán por provocar las condiciones objetivamente indispensables para la ruptura estructural del no desarrollo.

1.6.2. La estructura de no desarrollo genera forzosa e ineludiblemente los fenó-

menos siguientes: i) la sustracción por el extranjero, de parte considerable del excedente económico territorial; ii) la ausencia de un mecanismo de autogene-

ración de capital en su acepción productiva; iii) la frustración de buena parte de la potencialidad productiva acumulada; iv) la incoherencia de la trama pro-

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ductiva interna que, junto con las discontinuidades técnico-económico-sociales –o sea, los abruptos desniveles entre las fuerzas productivas sectoriales y sub- sectoriales, la enorme irregularidad de los intervalos de ingreso, la ausencia de eslabones o de gradación entre los estatus socioeconómicos– constituye el fe- nómeno de la no integración de la economía y la sociedad en este país; v) las deseconomías de la heterogeneidad, la marginalidad, la extramarginalidad y la dispersión, como han sido definidas anteriormente. Estos fenómenos, en su conjunto, significan un freno a las potencialidades de desarrollo y actuán per- sistentemente en ese sentido de anulación o minimización de los impulsos desarrollantes, condenados, por tanto, al estado de latencia o subyacencia.

2. Dinámica dependiente

El movimiento general de la economía venezolana puede ser explicado por la función de dependencia. Esta condicionante de la dinámica económica ha su- frido modificaciones más o menos considerables en el proceso histórico; pero se mantiene esencialmente en su carácter de vinculante entre los elementos

significativos, tanto si, en un análisis parcial, se incluyen únicamente las variables externas –relaciones con el “resto del mundo”– como si se enfocara atención a las variables internas (magnitudes “nacionales” de la economía, tales como: el ingreso, el gasto, la inversión, el ahorro, el consumo, el empleo, la producción sectorial o global, etcétera). Las modificaciones ocurridas han podido obedecer

o bien a la dinámica internacional o bien a las contingencias localizadas en el propio país; sin embargo, ambos fenómenos, en su incidencia interna, tienen relación en el sentido de que los sucesos nacionalmente registrados de algún modo se refieren causalmente a las contingencias externas.

La función de dependencia no es simple. En una primera etapa de la evolución de los esfuerzos teóricos por establecerla, se dio relevancia determinativa úni- camente a la condición de periferia de los países dependientes con respecto a

los países capitalistas desarrollados y dominantes; esta condición se instrumenta mediante el comercio exterior y la inversión extranjera 13 . En un análisis más comprensivo se tomó como fenómeno causal trascendente la expansión mundial del capitalismo, que da origen a un doble proceso dialécticamente integrado:

el desarrollo de los países centrales del sistema y el no desarrollo de los domi-

nados 14 . En su estado actual, el diseño teórico de la función de dependencia, incorpora, como elemento correspondiente a la expansión capitalista, un me- canismo –o complejo de mecanismos– interno que no sólo refleja la coyuntura internacional del sistema, sino que también genera fuerzas motrices de orden secundario y hasta terciario, de manera que no existe una relación puramente

impositiva centro-periférica, sino una integración estructural en intereses de

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clase que se proyectan mundialmente. El complejo mecanismo de la dependencia genera fuerzas de crecimiento y de estancamiento, contradictoriamente, y fun- ciona como una dualidad coyuntural (externa-interna) tanto en el corto como en el largo plazo. En los párrafos siguientes se expondrán las diversas modali- dades de este funcionamiento.

Durante los últimos cincuenta años el modelo de crecimiento de la economía venezolana ha pasado de un diseño simple, elemental, a uno complejo, múltiple. La variable primordial ha sido y es el ingreso originado en el sector externo, básicamente petróleo. El impacto inicial fue en las primeras décadas del siglo, una entrada de capital por la vía de las grandes compañías petroleras norte- americanas, inglesas y holandesas, para crear un potencial de exportación pri- maria que luego tomó impulso de sus propios rendimientos. Estimativamente antes de la promulgación de la Ley de Hidrocarburos, en 1943, aquellas com- pañías liquidaban cada dos años en concepto de beneficios transferibles el equivalente del capital neto invertido. En la fase de estructuración del potencial petrolero –aproximadamente, entre 1917 y 1930– la mayor parte de los beneficios, si no la totalidad, era reinvertida en el propio negocio, cumpliéndose así un proceso de acumulación intensiva y sostenida en el sector externo. Ya para 1940 la inversión norteamericana en petróleo, en Venezuela, alcanzaba a US$ 326 millones 15 , por lo que se puede estimar que la inversión extranjera total en petróleo, en este país, sobrepasa los US$ 400 millones. El potencial de exportación originó dos ver- tientes principales de ingresos para la economía venezolana: i) las remuneraciones al trabajo de nacionales, ii) las contribuciones e impuestos fiscales. Ambos flujos des ingresos, con su contrapartida en divisas, constituyen lo que se ha dado en llamar el “valor retornado de la exportación de hidrocarburos”, que probable- mente significó, antes de 1943, ni aun el 30% del valor de mercado de la expor- tación. Con todo, ese ingreso motiva una expansión monetaria interna que, en la parte de las remuneraciones del trabajo, se aplicó directamente a demanda de bienes y servicios y en la correspondiente al fisco se convirtió en ingreso privado a través del gasto público, alimentándose así, indirectamente, una de- manda adicional de bienes y servicios. La expansión de la demanda determinó, frente a la insuficiencia e inelasticidad de la producción interna, un aumento de

13 Cf. Raúl Prebisch: Problemas teóricos y prácticos del crecimiento económico, Naciones Unidas, ECV 12/221, 1952.

14 Cf. André Gunder Frank: Latin America: Underdevelopment or revolution, New York, Mon- thly Review Press, 1970; Antonio Barros de Castro: “Una tentativa de interpretación del modelo histórico latinoamericano”, Revista Brasileira de Economía, marzo 1967; Oswaldo Sunkel: “Política nacional de desarrollo y dependencia externa”, Estudios Internacionales, vol. I, n° 1, abril 1967, Santiago de Chile

15 Hernán Rodríguez Cortés: Las inversiones extranjeras en Hispanoamérica, ECH.

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la importación y su diversificación cualitativa, la cual se hizo posible en razón de la capacidad de gasto externo acrecentada por la afluencia de divisas petro- leras. Así, el valor FOB de la importación se elevó de Bs. 93 millones en 1913 a Bs. 495 millones en 1926. Por habitante la importación ascendió de Bs. 35,18 en 1913 a Bs. 52,04 en 1926 y a Bs. 310,02 en 1950 16 . Sin embargo, una parte de esa demanda ampliada pudo satisfacerse con la producción interna merced a una expansión de la agricultura 17 . Las reservas monetarias suben de Bs. 36 millones en 1917 a Bs. 125 millones en 1929, lo que señala un excedente de las disponi- bilidades de divisas con respecto a la demanda. El hecho de que una parte sustancial de la oferta real en el mercado interno debió proceder de la impor- tación durante la primera fase del crecimiento impulsado por la actividad pe- trolera, fue no sólo posible sino también forzoso en virtud del mecanismo bilateral de dependencia neocolonial –inversión por parte del país (o los países) dominante para establecer un potencial de extracción de materias primas /compra de la exportación primaria por el país (o países) dominante/ venta de manufacturas y servicios al país comprador primario por parte del país capitalista dominante– que se impuso esencialmente, no obstante el formal y aparente multilaterismo de las transacciones internacionales supuesto por la disponibilidad de divisas convertibles y la apertura mundial del mercado.

El aumento de la capacidad para importar y de la importación, en función del ingreso externo, permitió la ampliación del mercado, así como su diversificación cualitativa. Nuevos productos antes no conocidos o no disfrutados por un sector apreciable de la población, se hacen presentes en el mercado venezolano y contribuyen a crear nuevos hábitos de consumo, asimilados a los prevalecientes en los centros dominantes capitalistas. Desde luego, la introducción de las nuevas corrientes de ingreso en la economía, dados el régimen político imperante y la estructura de clases, se hace según un módulo regresivo y, por tanto, los niveles relativos de vida entre los distintos grupos socioeconómicos se hacen mucho más distanciados entre sí. Más aún: considerables sectores de la población –principalmente en zonas rurales– permanecen al nivel mínimo de subsistencia, sin posibilidad del surgimiento dentro del cuadro estructural imperante. La di- versificación cualitativa del consumo –en relación con los crecientes niveles de ingreso en beneficio de minorías sociales– sólo puede efectuarse, en esa etapa del crecimiento lineal extensivo, mediante la importación, dada la escasa dife- renciación del esquema de producción interna. La introducción de nuevas mercancías a la corriente de mercado, la diversificación del consumo de mino-

16 D.F. Maza Zavala. Venezuela, una economía dependiente, p. 34, Caracas, UCV, 1964.

17 Armando Córdova y Héctor Silva Michelena: Aspectos teóricos del subdesarrollo, Caracas, UCV, 1964.

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rías, sin la introducción previa o simultánea de procesos productivos innova- dores, es posible en un país sin desarrollo económico, merced al disfrute de un riesgo correspondiente a la extracción de materiales naturales no renovables como el petróleo, el gas y los minerales 18 . Se realizó también, simultáneamente, un proceso de ampliación simple de mercado tradicional, de productos cono- cidos y habituales de origen campesino, artesanal y de la industria incipiente de la época.

La expansión sostenida de la actividad petrolera en la época posterior a la Se- gunda Guerra Mundial (1945-57) no sólo permitió la consolidación del mercado interno en las condiciones y con las características ya señaladas, sino que tam- bién facilitó la iniciación de nuevas industrias manufactureras y la modernización de las existencias. Este crecimiento fue propiciado, además, por las restricciones de la importación durante los años más difíciles del conflicto bélico, años en los cuales, por otra parte, el ingreso petrolero acusa un nuevo impulso expansivo (1942-1945) que fortalece el poder adquisitivo de algunos sectores de la pobla- ción 19 . El Gobierno contribuye a la modernización del mercado y a su ampliación, mediante la construcción de obras públicas que, por un lado, crean fuentes, aunque transitorias y espasmódicas, de empleo, y por el otro van formando elementos de lo que se ha dado en llamar “infraestructura material” o física (vialidad, saneamiento, telecomunicaciones, instalaciones administrativas, etcé- tera). La construcción de carreteras y obras sanitarias en diversos lugares del país promueve la incorporación de campesinos a nuevas actividades y facilita la movilidad humana y económica campo-ciudad. La producción agropecuaria puede concurrir con mayor frecuencia y cantidad al mercado y mercancías antes exclusivamente “urbanas” se introducen a localidades rurales. Las obras públicas de acelerada ejecución, sobre todo durante los años cincuenta, proporcionan un mercado para la rama industrial de materiales de construcción e indirecta- mente para otras ramas industriales y servicios. Los beneficios obtenidos por los empresarios de la construcción en las obras públicas –y el enriquecimiento ilícito de funcionarios y servidores del régimen durante la década 1945-1957– fueron invertidos en buena parte en la construcción privada de viviendas, locales comerciales, oficinas y facilidades recreacionales. De este modo, la construcción (pública y privada) se convierte en un factor de expansión económica, pero sujeto, desde luego, a la coyuntura del gasto público y mediante éste, a la co- yuntura del sector externo, que continúa siendo la fuerza principal o primaria

18 Celso Furtado: “El modelo brasileño”, El Trimestre Económico, vol. XI (3), julio-septiembre de 1973, nº 159, México, D.F.

19 Orlando Araujo: “Caracterización histórica de la industrialización en Venezuela”. Revista Economía y Ciencias Sociales, año VII, nº 1, Caracas, 1965.

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del crecimiento modernizante, sin desarrollo.

Los mayores niveles de ingreso, combinados con una dinámica distributiva de acentuada regresión, y con un acelerado crecimiento demográfico concentrado en gran parte en zonas urbanas y suburbanas, crean las bases para una inten- sificación y extensión del proceso llamado de “sustitución de importaciones”. Varias circunstancias concurren, a partir de 1958, a la determinación de este proceso a ritmo acelerado: i) el establecimiento de restricciones a la importación de petróleo en los EUA sin ofrecimiento de compensación conforme a lo esti- pulado en el tratado comercial entre ese país y Venezuela; ii) en consecuencia de lo anterior, y como alternativa de hecho en lugar de la denuncia del tratado, la utilización extensiva, por parte del Estado venezolano, de los instrumentos cuantitativos de rejutación de la importación en beneficio de la producción interna; iii) las dificultades de la balanza de pagos que se prolongaron de 1959

a 1964, bajo la forma, de una parte, de menores ingresos de divisas petroleras;

disminuyeron de US$ 1.538 millones en 1959 a US$ 1.495 y el movimiento de capitalismo monetario, por la otra, registró saldos pasivos variables de US$ 312 millones en 1.959 a US$ 240 millones en 1963, convirtiéndose a saldos activos en 1964 y años sucesivos, con algunas excepciones; iv) en consecuencia de lo anterior, se implantó temporalmente un control de cambio (1960-1964) y en 1964 fue devaluado el bolívar en una proporción de 3,5%, aproximadamente. Sin embargo, dos condiciones han sido indispensables para el cumplimiento del proceso sustitutivo de importaciones en la forma como ha ocurrido: a) la per- sistencia, aunque fluctuante, de una capacidad de pago al exterior de suficiente magnitud en relación con las necesidades del país; b) la existencia y ampliación

de un mercado interno cautivo, protegido, en parte sustancial inelástico al precio

y muy elástico al ingreso. La primera condición permite a las actividades susti-

tutivas de importaciones obtener los suministros extranjeros que son indispen- sables para su establecimiento y operación, incluidos los servicios tecnológicos

y los relacionados con la “imagen” del producto (concesión de derechos de

marca, de denominación comercial, patentes publicitarias, modelos de mercadeo, etcétera). La existencia de un mercado interno de una dimensión suficiente, en el límite inferior, para sustentar lucrativamente una empresa de sustitución de importación está ligada a la anterior, por el vínculo del origen del ingreso básico (en divisa y bolívares) que es la exportación de hidrocarburos. Las circunstancias enumeradas anteriormente han servido como estimulantes del proceso sustitutivo de importaciones, pero no como determinantes del mismo.

La sustitución de importaciones constituye un factor de considerable influencia

en la creación de ingreso y empleo y, por tanto, es una variable significativa de

la coyuntura económica venezolana del último decenio. No debe interpretarse la

afirmación precedente en el sentido de que tal proceso, en la forma como se

ha desenvuelto, sea el más eficaz e indicado para el desarrollo económico,

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puesto que no lo es. Es innegable que la producción sustitutiva, por lo general, proporciona más empleo que los servicios de “importación; es innegable también que por virtud de esa nueva actividad se ha estado formando un nuevo sector del proletariado, que contribuye a la determinación de la clase obrera venezolana

y en tal sentido representa una nueva etapa de la evolución social. Como fuente

del producto territorial la industria manufacturera ha llegado a significar, en términos cuantitativos, tanto la explotación de petróleo y sus derivados (19%). Sin embargo, como variable motriz del crecimiento económico aquella actividad está subordinada enteramente al sector externo, para su abastecimiento de in- sumos y equipos y, subsidiariamente, para el sostenimiento y la expansión del mercado por la vía del ingreso creado en dicho sector exportador fundamental. La condición esencial de dependencia encuadra este modo de funcionamiento

y de crecimiento.

Un subsector de la industria, que insume productos agropecuarios del país principalmente, debe ser considerado de un modo diferente al que se ha venido utilizando para el conjunto industrial sustitutivo de importaciones. Este subsector diferencial es, directa e indirectamente, un mayor creador de empleo e ingreso externos casi totalmente. Por lo general, este subsector produce bienes de con- sumo para grupos de población: alimentos, vestido y tiene característica de menor inestabilidad que la del otro grupo. Parece configurarse la coexistencia de dos mercados, con zonas indecisas entre ellos: i) el de artículos de consumo masivo (alimentos, textiles, calzados, medicamentos de uso común, todo ello no sofisticado o con un grado bajo de sofisticación) del cual participan mayo- ritariamente los sectores de bajos ingresos, aunque también concurren los de ingresos medios y elevados; ii) el de artículos de consumo restringido, sofisti- cado, diversificado en grado alto, para la minoría opulenta entre los dos mer- cados; sería más adecuado considerar la existencia de un solo mercado, con varios sectores o estratos, diferenciados por los niveles relativos de ingreso fundamentalmente. Habrá estratos más amplios y estables del mercado, con un crecimiento vegetativo, y estratos más restringidos y hasta de acceso difícil para nuevos participantes consumidores, con un crecimiento dinámico pero más comprometido que el anterior. En los estratos más restringidos, la pequeñez de la población compradora se compensa parcialmente con la concentración del ingreso y su ritmo acelerado; no obstante, las economías de escala constituyen un obstáculo importante para el crecimiento industrial en estas zonas.

La agricultura ha contribuido a la sustitución de importaciones de manera par- ticularmente notable, en el rango de las materias primas y los alimentos básicos. El empleo generado en el sector agrícola durante el proceso de modernización, teniendo en cuenta los efectos multiplicadores en actividades conexas pero localizadas en el área de influencia del crecimiento agrícola, ha sido estimati- vamente superior al empleo generado por la industrialización sustitutiva, no

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en términos absolutos, pero sí en una relación indicativa sobre la base de unidad de producto. Lamentablemente no hay estudios sobre estos aspectos significa- tivos de la contribución del proceso sustitutivo de importaciones a nivel sectorial. La más baja productividad de la agricultura que en la industria y el más bajo grado de mecanización en aquélla, permiten suponer razonablemente que la absorción de empleo por unidad de producto creado es mayor en la actividad agrícola, aunque el ingreso creado por persona ocupada en ésta sea inferior al ingreso industrial.

El vínculo más importante entre el sector externo extractivo –petróleo, gas, mineral de hierro– y el sector interno dinámico (industria sustitutiva de impor- taciones, construcción, agricultura modernizada, electrificación, servicios depen- dientes de las actividades modernas) es el gasto público financiado con el ingreso obtenido de aquel sector. La historia fiscal de los últimos veinticinco años muestra que el gasto público ha seguido una trayectoria ajustada, en su inclinación, a la del ingreso fiscal originado en el sector externo, esto no es extraño, ya que al- rededor de 70% del ingreso público ordinario consiste en la participación fiscal en el producto de dicho sector. Si se considera, además, que el 30% restante del ingreso público ordinario, aunque efectivamente procede del sector interno, está sujeto, en última instancia, a la coyuntura exterior, por la propia vía de la apli- cación del gasto público y sus repercusiones en la actividad interior, se com- prenderá la razón por la cual aquel gasto es, a su vez, una variable dependiente del sector externo.

En resumen, las fuerzas de crecimiento emergen, primariamente, de la coyuntura

externa, básicamente la de la actividad petrolera, y se transmiten, modificadas,

a través del gasto público a la economía interior, la cual, a su vez genera y

transforma fuerzas secundarias, y hasta terciarias de crecimiento radicadas en

el proceso agroindustrial de sustitución de importaciones, en la construcción y

en los servicios vinculados a las actividades modernizantes. Este mecanismo de crecimiento, por tanto, se ha complicado en virtud del surgimiento y la expansión del sector secundario y la modernización de algunas actividades de los otros sectores; pero continúa descansado, necesariamente, en la dinámica del valor retornado de la exportación de hidrocarburos, que es la variable estratégica fundamental de esta economía.

Existe un límite forzoso –cronológicamente impreciso, desde luego– a la expan- sión del ingreso generado por el sector externo. Ello significa que en el largo plazo –en una perspectiva que es cada vez más cercana– la base sustantiva de la economía actual, proyectada sin cambio estructural, será incapaz de mante- nerla en funcionamiento progresivo y entrará en decadencia. Coyunturalmente, sin embargo, se alternan períodos de recesión y de reactivación, que obedecen en primer lugar a la evolución de los precios fiscales 20 del petróleo y sus deri-

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vados, en segundo lugar al parámetro semiestático de la participación fiscal en el producto petrolero y en tercer lugar a las variaciones cuantitativas fiscales de la producción de petróleo. Hubo un período de expansión entre 1943 y 1948, luego uno de recesión entre 1945 y 1951, de nuevo una expansión entre 1952 y 1957, seguido por uno de recesión entre 1958 y 1969 –el más prolongado de la época observada– y uno de expansión a partir de 1970 y que perdura en el presente, con la característica singular, al parecer, de que, además de su extraor- dinaria intensidad, promete prolongarse durante la década entera de los setenta. Quizás se tome como paradójico que en este análisis de las fuerzas de estanca- miento se exponga la probabilidad de un auge coyuntural prolongado del ingreso petrolero; pero debe entenderse que se está examinando un mecanismo de largo alcance, sujeto a agotamiento histórico, y que precisamente este agotamiento puede aproximarse por la vía de una aceleración temporal del ingreso petrolero.

La incapacidad del Estado parece reducir en lo posible la vulnerabilidad fiscal a las contingencias externas, ensanchando y profundizando las fuentes internas de ingreso público; hace que el ritmo del gasto público dependa cada vez más estrechamente del ritmo de ingreso petrolero. El gasto público expansivo crea expectativas crecientes de satisfacción de necesidades sociales –educación, salud, asistencia, empleo– que resultan parcialmente frustradas y se hacen acumulativas en su grado de insatisfacción y de incidencia desequilibrante del mecanismo socioeconómico en funcionamiento. Ello teóricamente podría corregirse mediante una acción profunda y enérgica de reforma tributaria y de reasignación del gasto, pero la gestión oficial está vinculada indisolublemente al modo de funciona- miento del mecanismo diseñado, que exige un subsidio directo y uno virtual al sector interno privado; directo mediante exoneraciones fiscales, subsidios pro- piamente tales y créditos que no se redimen; indirecto o virtual mediante la escasa presión tributaria sobre el ingreso de capital, por lo que la dinámica fiscal, en su doble sentido de ingreso y gasto, contradictoriamente se convierte en una fuerza de estancamiento.

La sustitución de importaciones está sujeta igualmente al agotamiento en su carácter de fuerza expansiva de la economía. La gama lucrativa fácil de sustitu- ción se torna escasa en la medida en que el proceso avanza. La industrialización, en un mercado estratificado por la alta dispersión de los tipos de ingreso, como

20 “Precios fiscales del petróleo” pueden dominarse aquellos declarados por las compañías petroleras a efectos de determinación de la renta imponible en Venezuela, así como también los de liquidación de la regalías (1/6, aproximadamente, de la producción de petróleo crudo), los de “referencia” previstos en la Ley de Impuesto sobre la Renta de 1966 y los fijados por resolución gubernamental ejecutiva, según la Ley de Impuesto sobre la Renta de 1970.

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ha sido señalado, depende cada vez más de la sofisticación del consumo de la minoría privilegiada, pero la dimensión de ese estrato de la demanda forzosa-

mente opone un límite a la diversificación y el crecimiento industrial se debilita

y depende más estrechamente del ritmo, más acelerado del ingreso y de una

difícil incorporación de nuevos consumidores a los estratos escogidos del mer-

cado. La experiencia latinoamericana del proceso de sustitución de importaciones permite estimar el período de agotamiento de este modelo en un término com- prendido entre 20 y 30 años. Si se toma como punto de partida en Venezuela el año 1958 –aunque existen antecedentes apreciables de esta forma de indus- trialización en la época comprendida entre 1940 y 1957– puede sugerirse que

el agotamiento se impondrá alrededor de 1980.

Por otra parte, la forma de industrialización limita las posibilidades de absorción de fuerza de trabajo en este sector, por lo que los nuevos contingentes de po- blación activa que no encuentran ocupación en la industria –aproximadamente 16% del incremento de la oferta de fuerza de trabajo encuentra demanda en dicha actividad– ni en la agricultura, tienen que orientarse a la construcción y los servicios. La construcción depende del gasto público y, por tanto, de la co - yuntura petrolera, de tal manera que su actividad, como factor de empleo e ingreso, corre paralela a aquellas variables. Los servicios no vinculados a la producción pueden ser sostenidos y ampliados merced al excedente obtenido en los sectores primario y secundario, por lo que el estancamiento de éstos determinaría el del terciario. La marginalidad y la extramarginalidad, dado el proceso de urbanización acelerada y de crecimiento de la población a una tasa de 3,5% interanual, van extendiéndose a sectores más amplios de la colectividad

y contribuyen a profundizar las causas de desequilibrio del mecanismo de cre- cimiento y funcionamiento que se ha diseñado.

En párrafos anteriores, al examinar el modelo de funcionamiento y de creci- miento, sin desarrollo, de la economía venezolana, se dejó establecido que

operan fuerzas externas (emergentes del “resto del mundo”, y precisamente de los centros dominantes capitalistas) e internas (emergentes del comportamiento de los sectores dinámicos de la economía que produce bienes y servicios para

el

mercado interior) para determinar, conjuntamente la orientación o dirección

y

la tasa de variación del producto y el ingreso del país. Algunas fluctuaciones

económicas –por ejemplo, las registradas entre 1958 y 1964– estuvieron relacio- nadas evidentemente con el cambio de gobierno ocurrido en 1958, hecho que generó un conjunto de circunstancias incidentes en el curso de importantes variables económicas; los ingresos y egresos de divisas, los gastos y los ingresos fiscales, la circulación monetaria, la inversión privada, las importaciones, etcétera. Desde luego, la decisión gubernamental de aumento del Impuesto sobre la Renta

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al sector externo, tomada en diciembre de 1958 con efecto en los resultados del mismo ejercicio, provocó inmediata y objetivamente una reacción del sector afectado –compañías petroleras anglonorteamericanas, principalmente–, lo que se manifestó concretamente en una manipulación depresiva de las cotizaciones de los hidrocarburos y de la inversión bruta en la propia actividad, con efectos negativos en el ingreso fiscal y de divisas y evasión de capitales de otros sectores. En otras circunstancias –la modificación favorable del cuadro petrolero mundial desde 1970, en beneficio de la posición de los países exportadores de petróleo–, la coyuntura externa fue reforzada en sus efectos positivos sobre la economía fiscal, la capacidad para importar y la liquidez monetaria, por la acción del poder público nacional –Legislativo y Ejecutivo–, al tomar medidas impositivas para fortalecer el valor retornado de la exportación petrolera correspondiente al fisco, principalmente la fijación de los precios o valores de exportación de hidrocar- buros por el Gobierno, a los fines de calcular el Impuesto sobre la Renta. Esta dualidad de fuerzas ha ocasionado, por su combinación, una expansión consi- derable de las variables fiscales, cambiarias, monetarias y financieras durante los últimos tres años.

Es posible, en el corto plazo, que el sector público, deliberadamente, ponga en movimiento fuerzas antidepresivas para contrarrestar o suavizar presiones ex- ternas de contracción económica, utilizando para ello el crédito público y las reservas del tesoro, teniendo como margen externo de operación las reservas monetarias internacionales. La existencia de una capacidad parcialmente ociosa en la industria manufacturera y de la construcción permite fluctuaciones relati- vamente amplias de la producción, sin necesidad de equipamiento adicional, aunque sí de importación de materias primas y bienes intermedios. Sin embargo, la posibilidad de una acción anticoyuntural del sector público está limitada al corto plazo, ya que en un término temporal mayor se impone las restricciones originadas en el sector externo. La dualidad coyuntural, por tanto, es más apa- rente que real, ya que el factor dominante sigue siendo, en todo caso, la relación vinculante con el capitalismo internacional.

La característica pronunciada del crecimiento económico venezolano es su de- pendencia esencial del financiamiento suministrado por el sector externo. Aunque el producto petrolero represente menos de una quinta parte del PTB, su nece- sidad es básica para la totalidad económica. A través de más de medio siglo la economía, si bien modificándose subsidiariamente en su composición y moder- nizándose en cuanto a la tecnología de producción y los hábitos de consumo, no ha logrado reducir su estado de necesidad con respecto al ingreso petrolero. Ha aumentado, seguramente, la potencialidad de aplicación de ese ingreso a los fines de inversión y mejoramiento social, creándose empleos adicionales a los directamente proporcionados por el sector externo, agregando valor a los bienes de importación y estableciéndose amplias avanzadas de modernización

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capitalista del campo. Todo ello puede ser expresado en la terminología keyne- siana, ya convencional, diciendo que el efecto multiplicador del valor retornado de la exportación de hidrocarburos ha tendido a aumentar en la medida de la sustitución del gasto en el exterior por el gasto en bienes y servicios del país. Pero ese efecto multiplicador, ese mecanismo interno de transmisión ampliada de los impulsos emergentes de una fuente dinámica autónoma, no operaría, por lo menos con la fuerza indispensable para provocar movimientos significativos

de la economía, sin el impulso primario petrolero, sin la afluencia de ese ingreso externo que, por una parte, asegura una corriente interna de ingreso y gasto,

y, por la otra, un poder de compra en el exterior que es necesario para mantener

en funcionamiento la maquinaria productiva instalada.

Ahora bien, ese ingreso externo primario, ese motor del crecimiento, además de su índole forzosamente exhaustible por agotamiento de su fuente generadora que es la explotación de un recurso natural limitado e irrenovable, está sujeto,

como lo prueba la evidencia histórica, a contingencias diversas, a inestabilidad,

a fluctuaciones de diferente amplitud; de tal manera que, en ausencia de efi-

caces estabilizadores internos, el crecimiento que es impulsado primariamente por ese flujo de fondos externos tiene un carácter inestable, oscilatorio, fluc- tuante, en períodos breves y medianos, y de aleatoriedad e inseguridad casi absoluta en el período largo.

Los estabilizadores internos dependen esencialmente de la política fiscal. No existe una autonomía efectiva del sistema monetario venezolano, ya que las fuentes dominantes de la oferta de dinero –el ingreso externo y el ingreso pú- blico– toman su fuerza de la coyuntura internacional, directa o indirectamente; por otra parte, la tasa de interés, dentro de límites operativos, no tienen relevancia como reguladora de la demanda de dinero, la cual obedece primordialmente a necesidades transaccionales incluidas las de financiamiento de capital circulante de las empresas de producción –determinadas por la dinámica del ingreso, una vez más referida a los factores coyunturales externos. La política fiscal, históri- camente, ha consistido en un ajuste pragmático del gasto a la magnitud de los recursos disponibles y gestionables –crédito público, manejo del parámetro de los precios fiscales de las exportaciones de hidrocarburos y mineral de hierro–, con una moderada tendencia en los últimos años al déficit; pero las posibilidades de ejercitar una acción fiscal estabilizadora en el mediano plazo –estabilizadora del crecimiento sin desarrollo como proceso coyuntural– son escasas, no sólo por la índole aleatoria del ingreso fiscal fundamental, sino también por las pre- siones a que es sometido el agente de gasto público –es decir, el Gobierno– para una expansión incontrolada del gasto corriente y en inversión estéril, que acre- cienta el patrimonio pero no la capacidad productiva.

El llamado “crecimiento hacia fuera”, por la vía de la exportación primaria, ha

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sido inestable, aun considerando períodos prolongados. En Venezuela tuvimos, en los últimos años, una fase de expansión externa (1951-1957) y una de con- tracción (1985-1969) provocadas por la dinámica coyuntura vinculada al comercio de hidrocarburos, y manifestada concretamente en las fuertes oscilaciones de los valores de las variables significativas: volumen de producción petrolera, precios fiscales del petróleo, inversiones en el sector primario exportador, in- gresos de divisas y fiscales, etcétera. En 1970 comenzó una fase de recuperación, aún activa, que puede proyectarse a los próximos cinco o siete años, con efectos probables en una aceleración coyuntural del crecimiento económico.

El “crecimiento hacia adentro”, por la vía de la sustitución de importaciones, que en gran parte es sólo modificación vertical del esquema de la importación, aunque aparentemente signifique un proceso de estabilización interna del cre- cimiento al introducir nuevos mecanismos de creación de ingreso y empleo y diversificar los elementos del complejo productivo, en realidad se torna en un vínculo más sensible a las fluctuaciones externas; al fortalecer la necesidad de importaciones “productivas” (equipos, insumos, servicios tecnológicos, etcétera) y disminuir, por tanto, el margen operativo de la política comercial) en la medida [en] que la gama sustitutiva, al nivel de mercado interno, se estrecha, la expan- sión económica va a depender más del gasto público y la construcción como medios de estímulo de demanda que de la propia potencialidad del proceso sustitutivo.

3. Industrialización colonizante

3.1. El proceso de sustitución de importaciones en Venezuela, por la vía de la industrialización, es un buen ejemplo de la ley de la continuidad del no desarrollo bajo la condición de dependencia que impone la expansión mundial del capi- talismo en su fase de transnacionalización monopolista. Ese proceso industria- lista, en lugar de contribuir al relajamiento de los vínculos de dependencia con respecto a los centros motrices del capitalismo y de crear bases internas de sustentación económica, acentúa y torna más rígidos esos vínculos. Así, la eco- nomía en vez de orientarse hacia sí misma y encontrar fuerzas de crecimiento en su propia dinámica endogénica, al sustituir simplemente importaciones se constituye en una avanzada del capitalismo, dominante transnacional, compli- cándose más aún el problema del desarrollo nacional, independiente y autosos- tenido. En verdad, la industrialización sustitutiva de importaciones no se origina –como frecuentemente se afirma– en el agotamiento de la economía primaria exportadora, sino en el crecimiento del mercado interno hasta alcanzar un límite –frontera o umbral de sustitución– que permite el establecimiento de algunas capacidades industriales para suplir la demanda interna hasta ese momento atendida con importaciones. (Sobre la naturaleza y orientación de esa demanda

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–patrón de consumo– se tratará en el párrafo siguiente.) Sin embargo, la indus- trialización sustitutiva no podría sostenerse sin el apoyo primordial del sector externo en su carácter de generador de poder de compra internacional, de modo que el nuevo sector industrial no sólo coexiste con el sector exportador primario, sino que se subordina a éste, que lo provee de divisas y de capital inicial de potencial de demanda. Ello no excluye la circunstancia histórica de que el im- pulso a la sustitución de importaciones se hizo efectivo durante la fase coyuntural de declinación de la economía primaria exportadora, correspondiente a la trans- formación del capitalismo internacional de comercial financiero en inversionistas directo o indirecto en nuevos campos de actividad (sectores secundario y ter- ciario). Para Venezuela, singularmente, el deterioro sustancial de la economía primaria exportadora renovable –agrícola– no tuvo como alternativa inmediata un proceso de industrialización, sino el establecimiento y expansión de una nueva economía primaria exportadora de base extractiva –hidrocarburos– en- teramente bajo el dominio del capital extranjero con bases internas de sosteni- miento en las clases tradicionalmente dominantes. El potencial de importación creado por la nueva economía primaria amplió y aceleró el proceso de formación

y diversificación del mercado interior, imprescindible para el surgimiento de la

industrialización sustitutiva. En el caso de otras economías latinoamericanas, el mercado necesario fue fomentado por la dinámica de la exportación tradicional

que entró en decadencia cuando la nueva exportación primaria –petrolera– estaba iniciando su ruta expansiva.

Si la estructura económica determinada por la explotación de hidrocarburos con

destino al mercado capitalista mundial aseguraba una distribución del ingreso favorable a la participación de las grandes masas de población, la demanda correspondiente tendría una composición abierta a las necesidades generales de consumo –considerando que ciertos renglones son de consumo restringido sólo en razón de los niveles de ingreso–, y la expansión del ingreso ocasionaría una evolución progresiva de la demanda por la cual se incorporarían sucesivamente bienes y servicios de orden superior en la escala de la urgencia. Ello significa que las industrias favorecidas serían aquellas de menor diferenciación sofisticada –procesadoras de alimentos, de prendas de vestir, de calzado, medicamentos básicos, medios de enseñanzas, materiales de construcción, etcétera– y de mayor integración dentro de la economía interior. La tecnología de producción no tendría que ser muy capitalista y ello permitiría la ampliación horizontal de los márgenes de empleo, fortaleciéndose de este modo la participación salarial en el ingreso internamente generado y, por ende, la demanda de masas. La mayor incidencia de los patrones de consumo transmitidos desde los centros dominantes capitalistas, se dejaría sentir en una etapa avanzada del proceso industrial, que exige una diversificación crecientemente sofisticada de los objetos y modos de consumo, para lo cual se facilita una diversificación del esquema productivo y

el uso de tecnologías más complejas. La sustitución de importaciones procedería

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sobre una base industrial menos débil y estrecha, y su gama –en los rangos de los bienes industriales de consumo durable de los intermedios y de capital– lle- garía a comprender también los bienes de mercado amplio y abierto, en el umbral de la exportabilidad.

En realidad, la estructura económica cimentada en la explotación extranjera del recurso natural petrolífero no propicia una distribución ampliamente social del

ingreso, sino una distribución beneficiosa a las clases dominantes internas –ade- más de la participación sustancial del capital extranjero–, con escasa difusión a las clases mayoritarias del país, como lo muestran las estimaciones hechas en varias oportunidades por investigadores sociables 21 . La elevada concentración del ingreso genera un módulo de consumo que implica el conocimiento –directo

o indirecto– del patrón de consumo prevaleciente en los centros capitalistas

mundiales. Es éstos, por la menor concentración del ingreso y los más altos

niveles del mismo, el consumo superior –de objetos y servicios más diversificados

y sofisticados– está mucho más extendido socialmente que en los países no

desarrollados y la tecnología industrial predominante está orientada por esa composición de la demanda y por su consideración, magnitud, de tal modo que se hace cada vez más capitalista. Para las clases dominantes de los países no desarrollados –principales usufructuarias del valor retornado de la explotación primaria exportadora– la oportunidad de satisfacer sus necesidades diferentes de la simple subsistencia consiste en la importación, por lo que el esquema de ésta, en una fase inicialmente expansiva, corresponde al patrón de consumo de las clases dominantes, minorías sociales, imitado y traslado de los centros capi- talistas mundiales 22 . El mercado interno así fomentado tiene que ser, forzosamente, un mercado restringido, de lento crecimiento vegetativo y requerido continua- mente de estimulantes novedosos, bajo la forma de nuevos bienes, o nuevas variedades de bienes conocidos, o nuevas formas de uso, o incorporación de aditamentos a objetos de consumo habituales, en suma, las llamadas “innovacio- nes” en la tecnología subsidiaria de consumo y en los procedimientos de mercadeo intensivo. Desde luego, la incorporación de nuevos sectores sociales a los bene- ficios de la distribución –aun como sectores menores privilegiados, pero numé- ricamente más amplios– permite la difusión limitada del patrón de consumo sofisticado, dependiente, y tienen lugar, en cierto momento, ventajas de escala que permiten la sustitución de importaciones de mayor consumo. En una fase más avanzada, la necesidad de aprovechar las economías de una escala creciente de producción y mercadeo –conjuntamente con la aplicación financiera de parte del excedente económico de programas de impulso a las ventas– determina la

21 Cf. “Empleo, desempleo, marginalidad y distribución del ingreso en América Latina”, por Armando Córdoba, en mimeógrafo: Carl S. Shoup (y otros). The fiscal system of Venezuela (A report), Baltimore, USA, The John Hopkins Press, 1959.

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incorporación inconsistente de sectores marginales de la población a la demanda de los bienes “superiores”, proporcionándose por esta vía algún auxilio a la ex- pansión industrial. Éste es, a grandes rasgos, la trayectoria típica de la “sociedad de consumo” de los países no desarrollados de explotación primaria.

La pauta de producción y la de demanda son interdependientes. Si se tratara de una industrialización como la ocurrida en los viejos países capitalistas, el factor autónomo generador de demanda sería el proceso de industrialización, pero en los países no desarrollados que inician la industrialización bajo el signo de la dependencia, con Venezuela, ocurre a la inversa: la demanda tiene un compor- tamiento autónomo frente a la industrialización sustitutiva, es decir, los factores que conforman la pauta de demanda se generan fuera del marco de industria- lización colonizante y ésta sigue la pauta de aquélla. La importación de bienes de consumo funciona como un mecanismo inductor en la economía exportadora primaria importadora industrial: sirve a la reproducción, deformada y deformante desde luego, de las relaciones económicas de producción, circulación y con- sumo de la economía dominante. Las mercancías importadas representan el estado de la tecnología capitalista dominante en el sector desarrollado del sistema

y también el estado inducido de las apetencias de la “sociedad de consumo”

correspondiente a la etapa en que se desenvuelve el sistema. Al introducirse en

el

país dominado inducen una imagen alienada y alicuante de las posibilidades

y

necesidades de producción y consumo, y así como surge un patrón de de-

manda imitativo y restringido por el módulo distributivo del ingreso, también se impone un patrón de producción imitativo, trasplantado forzosamente de un medio donde el desarrollo de las fuerzas productivas es avanzado en alto grado

a uno donde ese desarrollo no tiene fuentes propias de impulso, sino mecanismo de reflexión.

El patrón industrial sustitutivo, por tanto, no se establece a escala de necesidad en el país importador, sino a escala tecnológica y estructuralmente determinada fuera de la realidad nacional. La distorsión provocada por este establecimiento en el uso de los recursos y factores productivos, en los esquemas de costos y de reproducción del aparato industrial es verdaderamente grave y significa un desequilibrio estructural del crecimiento. El dispendio de capital y tecnología sofisticada es sólo superado por el desperdicio que implica la escasa utilización de fuerza de trabajo y el aprovechamiento casi nulo de los recursos naturales. La consecuencia es muy conocida: capacidad instalada en la industria que par- cialmente no se usa y desempleo marginalizante; además, elevados costos medios, por tanto, altos precios de los productos, y restricción del mercado por esta

22 Cf. Aníbal Pinto. Introducción a la obra El pensamiento de Cepal, Santiago de Chile, Edi- torial Universitaria,

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causa, entre otras.

Durante el período 1958-71, que generalmente se considera como el de “despe- gue” y aceleración del proceso industrial sustitutivo, la composición de la industria manufacturera en Venezuela permaneció prácticamente sin cambio (véase el cuadro 5). La proporción de la rama “tradicional” se mantuvo en 58,5% (aunque la especificación dentro de la rama sufrió algunas modificaciones: por ejemplo, subió la proporción de la industria alimenticia y bajó la de los restantes rubros, excepto “pieles, cueros y derivados”), la de las industrias intermedias varió de 22,2% a 21,5%, la metalmecánica se amplió de 12,4% a 17,1% y el grupo residual bajó de 6,8% a 2,9%. Como puede observarse, la industria es predominantemente de bienes de consumo y no se ha avanzado significativamente, en términos relativos, en la industrialización intermedia, de insumos “dinámicos”. Las modi- ficaciones correspondientes en la composición de las importaciones pueden apreciarse en el cuadro 6, en el cual se incluyen los antecedentes de 1940 y 1950. En el más largo plazo (1940-1971) la proporción de bienes de consumo bajó de 65,7% a 26,4%, mientras que la de bienes en proceso subió de 18,9% a 37,8% y la de bienes de capital de 15,4% a 35,8%. En el lapso 1958-1971 los cambios son menos acentuados, con un ascenso moderado de la participación de los bienes en proceso y una práctica permanencia de la de bienes capitali- zables. Así, pues, la transformación del esquema industrial ha sido lenta, mientras que la importación se ha “verticalizado” en su composición, mostrando que el proceso sustitutivo se ha venido efectuando mayormente al nivel de bienes de consumo. Es impresionante, sin embargo, la evolución específica de la impor- tación de materiales de construcción, cuya participación se redujo de 364% en 1950 a 3,5% en 1971, mientras que la actividad constructora se ha ampliado sustancialmente, lo que indica una mayor localización interna de esa actividad, que es uno de los motores subsidiarios de la economía dependiente.

La característica de cautividad del mercado interno –rasgo de economía neoco- lonial– se hace más compleja durante el proceso de industrialización sustitutiva:

en la etapa de crecimiento en función de la capacidad importadora directamente aplicada al aprovisionamiento en bienes de consumo de producción enteramente extranjera y de cierto insumos –materiales de construcción, principalmente– para actividades relacionadas con la creación de una infraestructura exigida por la integración neocolonial del mercado, la cautividad consistía en la absoluta ne- cesidad de importaciones para satisfacer los requerimientos emergentes de la expansión del ingreso originado en el sector exportador; en la etapa de susti- tución de importaciones, el mercado interno se hace cautivo de la importación tecnológica (equipos, insumos, servicios) procedente de unos pocos centros dominantes (principalmente de EUA) y al mismo tiempo de las condiciones de oferta interna impuestas por el régimen proteccionista y la propia dimensión escasa de la demanda. Las tendencias de concentración y de monopolización

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son favorecidas por aquellas condiciones y ello acentúa la cautividad tecnológica del proceso industrialista, no ya únicamente del “resto del mundo capitalista”, sino concretamente del país o del grupo de países de origen de las empresas dominantes del mercado interno (por lo general, aunque las empresas sean mixtas o con alta participación de capital venezolano, funcionan como subsi- diarias de poderosas organizaciones transnacionales que manipulan el suministro tecnológico, especialmente para sustituir importaciones de productos finales).

Dentro de la lógica de funcionamiento del subcapitalismo, el desperdicio, el despilfarro y la inutilización de recursos desempeñan sus papeles a cabalidad. Puesto que se trata de un modo que frena la acumulación de capital real y le impide alcanzar los niveles de optimización del ritmo de potencialidad repro- ductiva requerido para crear bases internas de sostenimiento, la economía de capital es contraindicada, y en su lugar se trata de ensanchar las vertientes es- tériles de capitalización. De este modo, la instalación de capacidad fija industrial se hace excesiva con respecto a las posibilidades de demanda, lo que se explica por la racionalidad de una combinación productora que persigue, no la máxima productividad social, sino la del beneficio medio del empresario en un mercado cautivo, dejando al margen la posibilidad de incorporación masiva de fuerza de trabajo, la cual, por ello, resulta redundante 23 . La “plétora de capital” correspon- diente a la concentración del ingreso externo y del ingreso derivado interno, encuentra una salida en el desperdicio de capital no sólo en la industria, sino también en la agricultura subcapitalista, en la construcción, en los servicios y aun en la infraestructura socioeconómica. (Desde luego, el desperdicio funda- mental está localizado en el sector primario extractivo, que explota desmedida- mente un recurso agotable, sólo en obediencia a un afán de ganancias, sin una política de conservación nacional que tienda a la óptima economía proyectada en el largo plazo y en función de desarrollo.)

El uso indiscriminado de tecnologías trasplantadas sin adaptación, por lo general conduce forzosamente a la antieconomía de recursos internos. La eficacia de la tasa de inversión, en una perspectiva macroeconómica sostenida, es realmente baja en la industria establecida en Venezuela, lo cual no excluye, desde luego, la consideración de progreso en los índices de productividad industrial durante los últimos veinte años. La obsolescencia tributaria a que son sometidos los procesos productivos industriales subcapitalistas por la dinámica tecnológica de los centros dominantes obliga al desperdicio de capital. Los procedimientos sofisticados de mercadeo, que contemplan campañas para la atracción del con- sumidor creándole necesidades superfluas y forzándolo a la renovación anticipada de equipos consuntivos, son otros medios para estimular el despilfarro, inherente al subcapitalismo como modelo de crecimiento sin desarrollo.

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4. La inversión extranjera

La inversión extranjera tradicional, en su primera fase que correspondió a la expansión liberal del capitalismo, tomó la forma de financiamiento de corto y mediano plazo de operaciones relacionadas con el comercio exterior –exporta- ción de alimentos y materias primas e importación de manufacturas–, así como también de préstamos al Gobierno para cubrir déficit de presupuesto y/o em- prender obras públicas. En la segunda fase, correspondiente a la expansión monopolista del capitalismo entre el último tercio del siglo xix y primeras décadas del xx, la inversión extranjera se hizo directamente en la extracción, explotación y aprovechamiento comercial exterior de recursos naturales, principalmente los mineros y de hidrocarburos, estableciendo en el país receptor de la inversión un enclave neoeconómico, de influencia decisiva en el curso de la economía y de la política. Las empresas así establecidas tomaron la forma de filiales o sub- sidiarias, aunque jurídicamente domiciliadas en el país huésped, de las grandes corporaciones anglonorteamericanas y holandesas, que desde un comienzo se apoderaron de la porción determinante del negocio petrolero y minero. Con la evolución de la economía dependiente hacia la etapa de la “sustitución de im- portaciones”, en virtud de la apertura de nuevas oportunidades lucrativas de negocios para el capital extranjero, éste extendió su penetración y dominio a zonas económicas –industriales, agropecuarias, de construcción y de servicios, principalmente, así como también de medios de financiamiento (banca, segu- ros)–, que operan exclusivamente, o en proporción mayoritarias, para el mercado interno. La inversión extranjera, en esta última fase, no ha tomado únicamente la forma de establecimiento directo de empresas filiales o subsidiarias, sino que también ha recurrido a diversas modalidades de lo que se puede denominar “inversión indirecta”, tales como cesión del uso de patentes de industria y co- mercio, a cambio de participación en el capital y/o en los beneficios de la em- presa, real o supuesta asistencia técnica, garantía de suministro externo de equipo de producción, de insumos y medios complementarios para la explotación, patrones publicitarios y de mercadeo y aun formas o procedimientos más sofis- ticados y sutiles, que conforman un complejo de vinculaciones con las organi- zaciones multinacionales o transnacionales de los países desarrollados capitalistas, que someten a tributación, generalmente cuantiosa y forzosa, a las empresas “mixtas”, asociadas o influidas de nuestro país. Estas diferentes formas indirectas de inversión extranjera –que no se incorpora en activos tangibles– implican una sustracción continua de recursos en divisas a la economía venezolana, que puede estimarse anualmente, según declaraciones de directivos de la Oficina de Pla- nificación del Gobierno en varias ocasiones, en 3.000 millones de bolívares, o sea, US$ 700 millones, aproximadamente, una verdadera sangría de recursos

23 Cf. Orlando Araujo: “La política de sustitución de importaciones en Venezuela”, Revista de Economía Latinoamericana, n° 35, Caracas, 1973.

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para esta economía, no obstante su bonanza de ingresos internacionales en función de la exportación de hidrocarburos.

Por tanto, cuanto se define el campo de acción, de penetración, de dominio y de sustracción de plusvalía territorial venezolana por parte del capital extranjero, hay que comprender, además de las inversiones convencionalmente calificadas como directas e indirectas –estas últimas consisten, como se sabe, en aporta- ciones financieras bajo la forma de suscripción de acciones o adquisición de obligaciones a rendimiento y plazos fijos, que no representan una proporción mayoritaria del capital de la empresa ni se refleja esta participación en la com- posición de la directiva de la misma–, las que se están señalando como “intan- gibles”, y que no significan efectivamente afluencia de recursos materiales, reales

o financieros a la economía venezolana procedentes del exterior, sino cesión

condicionada y parcial de derechos sobre el área de lo que se denomina “pro-

piedad industrial, comercial e intelectual”, y que corresponde, en alguna forma,

a lo que comúnmente se califica o acepta como “aporte tecnológico”. Se está

extendiendo y afirmando el concepto de que la tecnología, en su sentido de

transformación y desarrollo de los patrones e índices de productividad, es una forma avanzada de capital, y en consecuencia se reclama una participación de

la misma en el ingreso creado, bajo la acepción de lo que en lenguaje marxista

pudiera denominarse “plusvalía tecnológica”, y que era lo que J.A. Schumpeter

reconocía, en la época de crecimiento del capitalismo durante el siglo xix y

principios del xx , como la participación justificable del empresario dinámico, del emprendedor o pionero, pero que en el capitalismo supermonopolista con- temporáneo está sumergido en una red de funciones, operaciones, decisiones

y designios que es difícil reconocer su existencia.

Estas formas avanzadas, indirectas de segundo o tercer grado, sutiles y sofisti- cadas, de inversión extranjera, se facilitan durante el proceso de “sustitución de importaciones” que vive actualmente la economía venezolana, contribuyendo así como un factor de mucha importancia en lo que propongo denominar pro- ceso de subcapitalización o de expansión del subcapitalismo en los países de- pendientes. Estas formas persistirán y se desarrollarán más aún, según se observa ya en la fase sucesiva de la “exportación no tradicional” y en los procesos de integración horizontal que están en curso actualmente en América Latina.

En los últimos cien años Venezuela ha sido un país abierto al capital extranjero. Entre 1870 y 1910 el capital procedía de Europa, principalmente de Inglaterra, Francia, Alemania e Italia, bajo la forma de empréstitos públicos, financiamiento de la exportación agrícola e inversión en servicios públicos. El endeudamiento gubernamental con los capitalistas europeos sirvió de pretexto al bloqueo ar- mado de nuestros puertos a principios del siglo actual por las poderosas escua- dras combinadas de los cuatro países citados. Intervino Estados Unidos para

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dejar a salvo la “soberanía venezolana” bajo el imperio de la Doctrina Monroe:

“América para los americanos”. Después de 1910 el capital norteamericano ocupó puesto importante en Venezuela, específicamente en el negocio petrolero, hasta convertirse en el primero entre los inversionistas extranjeros en el país. El pe- ríodo que media entre 1917 y 1943 se caracterizó por el crecimiento silvestre, realengo, de los beneficios del capital extranjero en petróleo. Durante ese período, en promedio, probablemente cada año las compañías extranjeras –norteamericanas, inglesas y holandesas– recuperaban enteramente su inversión, es decir, la utilidad era de 100%. En 1943 fue promulgada la Ley de Hidrocar- buros y casi simultáneamente la Ley de Impuesto sobre la Renta, instrumentos que permitieron un beneficio más considerable para la nación venezolana, y cuyas posteriores modificaciones contribuyeron a realzar la participación nacional en los proventos fabulosos del petróleo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el negocio petrolero en Venezuela adquiere niveles increíbles por lo cuantiosos. En 1951 se agregó un nuevo campo generoso para el capital extranjero: la minería de hierro. También ese capital penetra significativamente en actividades tales como: la industria manufacturera, el comercio, la construcción, los servicios, y se fortalece su participación en la banca, las empresas de seguros y las finan- cieras. En 1958, cuando la cae la dictadura perezjimenista, la inversión extranjera extendía sus dominios prácticamente a todas las actividades del país. A partir de 1959 se suceden los gobiernos de la democracia representativa. En los doce años transcurridos entre 1959 y 1971, la inversión extranjera gozó de condiciones excepcionalmente favorables para su expansión y dominación. Las cifras y los hechos que se exponen en seguida, fundamentan esa afirmación.

En el período 1960-71 –doce años comprendidos– la inversión extranjera hizo sufrir al país una descapitalización de 8.748 millones de dólares, a un pro- medio anual de US$ 729 millones, como se puede apreciar en el cuadro 4.2.1. Durante ese período, las entradas de fondos de inversión extranjera por di- versos conceptos alcanzaron a US$ 3.818 millones, en tanto que la salida totalizó US$ 12.566 millones, por lo que el balance fue negativo para Vene- zuela en la cantidad ya señalada, o sea, US$ 8.748 millones. Esta cantidad dejó de contribuir a la acumulación nacional de capital, dejó de nutrir los medios internos del crecimiento económico. Ello significa que nuestra eco- nomía financió al capital extranjero en esa suma, aunque en realidad el monto del financiamiento ha debido ser mayor, pues con seguridad no se contabi- lizan las pérdidas sufridas por el país a causa del deterioro de los precios del petróleo –estimadas en US$ 5.000 millones durante la década 1961-1970– ni por sobrecarga de las partidas de “depreciación, amortización y agotamiento” en el sector petrolero-minero, ni por sobrestimación de costos pagados o supuestamente pagados en el extranjero, etcétera.

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Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

Cuadro 4.2.1. Balanza internacional de la inversión extranjera en Venezuela Período 1960-71 (Cifras acumuladas en millones de US dólares)

I ENTRADAS

3.818

1. Inversión directa

2.332

2. Inversión financiera

1.171

3. Ingresos por rendimiento de inversión en el exterior

315

II SALIDAS

12.566

1. Inversión directa

3.090

2. Inversión financiera

1.626

3. Egresos por rendimiento de la inversión extranjera

7.850

BALANCE

8.748

Fuente: Banco Central de Venezuela, Informe Económico, varios años.

Mientras en el sector petrolero-minero se registra una desinversión neta –para petróleo, calculada en Bs. 3.410 millones– durante el lapso en consideración –no obstante lo cual el índice de ganancias netas del sector fluctúa entre márgenes sustanciales–, nuevos campos de operación se abren generosamente a la inver- sión extranjera: en la industria manufacturera esta inversión sube de Bs. 1.077 millones en 1960 a Bs. 2.793 millones en 1970, y pasa a significar 25% de la inversión extranjera total en el país; en el comercio, la inversión de no residentes se eleva de Bs. 423 millones a Bs. 1.245 millones entre los años de referencia, y su peso relativo se eleva de 3,6% a 11,2%; en los servicios no financieros la inversión extranjera aumenta de Bs. 69 millones a Bs. 244 millones y en los servicios financieros –banca, seguros, financiadoras, etcétera– se eleva de Bs. 379 millones a Bs. 898 millones. La inversión extranjera neta global desciende de Bs. 11.776 millones en 1960 a Bs. 11.259 millones en 1970, en cuyo movimiento se acusa la desinversión ocurrida en la actividad petrolera; sin embargo, el do- minio de dicha inversión se extiende y diversifica, logrando una transformación importante en su composición, en el sentido de que se amplían las participa- ciones en actividades dinámicas que sirven al mercado interno (industria ma- nufacturera, comercio, servicios, finanzas), sin dejar de ejercer dominio efectivo sobre las actividades primarias exportadoras, agregando, por tanto, nuevas fuentes de beneficios supranormales a las ya existentes, y capturando esencial- mente los controles de decisión de las nuevas zonas de expansión de la economía (véase al respecto el cuadro 4.2.2).

La participación de los Estados Unidos en la inversión extranjera total en Vene- zuela aumenta durante el período en observación. Aunque no dispongo de cifras comparables del año 1970, me permito utilizar las de 1968 como representativas de la situación más reciente. En 1960 las inversiones privadas de propiedad de

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

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residentes en EUA, ubicadas en Venezuela, representaba 68% del total de la inversión privada bruta extranjera en este país; en 1968 ese índice subió a 71,4%, mientras descendían los correspondientes a Holanda e Inglaterra; estos dos últimos países poseían en 1960 el 28,4% de la inversión considerada, y en 1970 su participación bajó a 22,6% (véase el cuadro 4.2.3). El aumento de la partici- pación norteamericana se realiza en todos los sectores importantes de la eco- nomía, lo que indica que el dominio del capital extranjero en ésta se ejerce principalmente por el capital norteamericano.

Cuadro 4.2.2 Inversiones extranjeras netas en Venezuela (Valores acumulados en millones de Bs.)

Sectores

Año1960

%

Año1970

%

Petróleo

9.130

77,9

5.340

47,5

Minería

633

5,4

664

6,0

Subtotal

9.763

83,3

6.004

53,5

Industria

1.077

9,1

2.793

24,9

Construcción

65

0,6

70

0,6

Subtotal

1.142

9,7

2.863

25,5

Comercio

423

3,6

1.245

11,2

Servicios no financieros

69

0,6

244

2,2

Servicios financieros

379

2,8

898

7,6

Subtotal

871

7,0

2.387

21,0

TOTAL

11. 776

100,0

11.259

100,0

Fuente: Banco Central de Venezuela, Informe Económico, varios años.

 

Cuadro 4.2.3 Inversiones extranjeras brutas en Venezuela por países (Valores acumulados en millones de Bs.)

 

País

Año1960

%

Año1970

%

62

Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

Estados Unidos

14.634

67,9

18.888

71,4

Holanda

3.898

18,1

3.532

13,3

Inglaterra

2.218

10,3

2.480

9,3

Otros

780

3,7

1.557

6,0

Total

21.530

100,0

26.457

100,0

Fuente: Banco Central de Venezuela, Informe Económico, varios años.

En la industria manufacturera, el capital extranjero, principalmente norteameri- cano, ha avasallado las ramas siguientes: química, ensamblaje de vehículos, alimentos, bebidas, textiles, caucho y sus derivados, cosméticos, laboratorios farmacológicos, metalmecánica, envases y enlatados, etcétera. En el comercio las ramas preferidas por ese capital son: vehículos y maquinarias, artefactos eléctricos, productos químicos, tiendas por departamentos, importación. En la banca el capital extranjero domina nueve institutos. Existen también importantes intereses extranjeros en seguros y sociedades financieras.

En América Latina, el país donde son mayores las inversiones extranjeras es Venezuela. En 1967, de un total de inversión norteamericana en la región mon- tante a US$ 10.213 millones, estaban localizados en Venezuela US$ 2.553 millones, es decir, 25%, más que en Brasil, Argentina y México, individualmente considerados.

Las utilidades obtenidas por el capital extranjero en Venezuela pueden califi- carse, sin exageración, como fabulosas. En 1960 –un año “malo” para las com- pañías petroleras– las utilidades obtenidas en el negocio petrolero en Venezuela, libres de impuestos, montaron a Bs. 1.257 millones, 14% del capital invertido; en 1970 las utilidades petroleras ascendieron a Bs. 1.665 millones, 24% del capital; así a pesar de una descapitalización de más de 3.400 millones en el lapso considerado, las ganancias absolutas y relativas aumentan, es decir, la tasa de explotación del país por parte de las compañías extranjeras de petróleo se hace mayor. En minería de hierro las utilidades extranjeras netas oscilan entre Bs. 162 millones y Bs. 170 millones, con una tasa de beneficio de 26%. En la industria manufacturera la tasa de beneficio sube de 11% a 14% entre 1960 y 1979, en la construcción aumenta de 6% a 12%, en el comercio de 6% a 10%, en los servicios no financieros de 16% a 24% y en los servicios finan- cieros de 7% a 14% (véase el cuadro 4.2.4).

Cuadro 4.2.4 Utilidades absolutas y tasas de beneficio neto de las inversiones privadas extranjeras en Venezuela (Valores absolutos en millones de Bs.)

Año1960

Año1970

Petróleo

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

63

Utilidades

1.257

1.663

 

Tasa de beneficios (%)

14

24

Minería

Utilidades

162

170

 

Tasa de beneficios (%)

26

26

Industria

Utilidades

118

465

 

Tasa de beneficios (%)

11

14

Construcción

Utilidades

4

11

 

Tasa de beneficios (%)

6

12

Comercio

Utilidades

27

132

 

Tasa de beneficios (%)

6

10

Servicios no financieros

Utilidades

11

95

 

Tasa de beneficios (%)

16

24

64

Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

Servicios financieros

 

Utilidades

27

87

 

Tasa de beneficios (%)

7

14

Nota: Deducido el Impuesto sobre la Renta en Venezuela. Fuente: Banco Central de Venezuela, Informe Económico, varios años.

Cuadro 4.2.5. Movimiento de la inversión extranjera en petróleo (En millones de Bs.)

 

Año

Movimiento neto

Utilidades

Tasa de beneficio (%)

de capital

1960

- 468

1.298

14

1691

- 573

1.433

16

1962

- 569

1.665

21

1963

- 475

1.650

22

1964

- 409

2.412

34

1965

- 140

2.582

39

1966

- 367

2.444

41

1967

- 356

2.352

45

1968

+ 318

2.950

46

1969

178

2.200

29

1970

- 549

1.663

24

1960-70

- 3.410

22.649

---

Fuente: Banco Central de Venezuela, Informe Económico, varios años.

El lapso 1960-1970 fue de descapitalización sistemática del sector petrolero en Venezuela dominado por el capital extranjero. En dicho lapso el movimiento neto de capital extranjero en esa actividad –balance entre nuevas inversiones y retiros por concepto de depreciación, amortización y agotamiento– fue negativo en Bs. 3.410 millones (véase el cuadro 4.2.5), mientras que la serie de las utilidades

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

65

netas acusaba niveles tendencialmente crecientes, de modo que las tasas de beneficio, libres de impuestos en Venezuela, fluctuaron entre 14% y 46% durante el período en observación. El monto acumulado de las utilidades netas en dicho tiempo fue de Bs. 22.649 millones. Las razones de esa descapitalización, según mis análisis, son principalmente las siguientes: i) no se requiere un capital cre- ciente en la actual etapa de “maduración” de la industria petrolera para sostener el ritmo de las operaciones; ii) no están interesadas las compañías extranjeras en mantener una elevada inversión neta en la medida en que se aproxima el término legal de las concesiones (1983-1984); iii) la descapitalización puede ser un medio para presionar al Gobierno y las fuerzas “vivas” a objeto de que faciliten la am- pliación y consolidación del dominio de las compañías extranjeras sobre la riqueza del subsuelo venezolano; iv) si hay incertidumbre del futuro para dichas compa- ñías, más allá de 1983, o quizás antes, no están interesadas en la conservación racional de los yacimientos y las instalaciones bajo su dominio.

Algo similar ha ocurrido en el campo de la explotación extranjera del mineral de hierro venezolano. En el lapso 1960-1970 el movimiento neto de capital extranjero en ese ramo fue de sólo Bs. 78 millones con relación positiva, mientras que las utilidades netas acumuladas montaron a Bs. 1.594 millones, fluctuando las tasas de beneficio neto entre 25% y 41%. Las compañías norteamericanas se llevan nuestros recursos naturales de hierro a pedazos por un precio vil (la regalía monta a un octavo de bolívar por tonelada), mientras que a efectos de Impuesto sobre la Renta declaran un valor de exportación de alrededor de US$ 8 la tone- lada métrica, en comparación con US$ 16 y 20 en el mercado mundial de mi- nerales comparables.

Las cifras mencionadas muestran la situación de dominio neocolonial de la economía venezolana por el capital extranjero, principalmente norteamericano. Las utilidades absolutas y las tasas de beneficios son realmente impresionantes por lo elevadas, mientras que su aprobación cuantitativa a los recursos de capital del país ha sido más bien negativa, es decir, el país ha financiado en forma neta al capital extranjero. El grueso de participación de ese capital en las actividades consideradas es en realidad mayor que el registrado en las cifras de la inversión, en virtud de su facilidad para disfrutar de los recursos internos y del aporte “intangible” en patentes, marcas, denominaciones comerciales, servicios de comercialización y similares.

Balance y perspectiva

La economía venezolana se caracteriza por el fenómeno, aparentemente para- dójico, de un crecimiento sin desarrollo. El crecimiento se define como un movimiento expansivo de las variables que expresan convencionalmente los resultados de las actividades económicas consideradas representativas, tanto en

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Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

la esfera de la producción material o real como en la de las transacciones mo- netarias y financieras. El desarrollo, en mi opinión, implica la capacidad o aptitud de una economía para crecer y transformarse por sus propios medios, en razón de su dinámica interna, sin necesidad de estímulos exteriores, ni obe- diencia a fuerzas y/o decisiones que se originen fuera de su marco estructural. De aquí que pueda haber crecimiento sin desarrollo, como en el caso venezo- lano; pero el desarrollo debe ir acompañado necesariamente, en la dinámica de largo plazo, de crecimiento.

El crecimiento económico venezolano ha sido impulsado hasta ahora por la

actividad petrolera. Las contingencias y coyunturas de esta actividad resultan, en primer lugar, de la táctica ejercida por el cartel capitalista mundial que opera en Venezuela, dominado por intereses norteamericanos, ingleses y holandeses;

y por la propia evolución del mercado internacional de hidrocarburos, en se-

gundo lugar. La acción del Estado venezolano, en su carácter de propietario del recurso natural petrolífero y de regulador legal de las operaciones de las com- pañías concesionarias extranjeras del ramo, se ha orientado preferentemente a la obtención de la “participación máxima posible” en el ingreso petrolero, en

cada etapa del proceso coyuntural de la explotación de hidrocarburos en el país. Desde luego, las decisiones del Estado venezolano, cuando no han favo- recido a las compañías petroleras en los términos requeridos o deseados por éstas, han ocasionado sus reacciones en sentido negativo, y en consecuencia

han aplicado represalias abiertas y encubiertas con los efectos desfavorables correspondientes en el ingreso fiscal venezolano, en la balanza de pagos y en

el desarrollo del potencial petrolero de Venezuela. Estas contingencias y coyun-

turas has afectado, en una u otra forma, el ritmo de crecimiento económico, sin

que la política fiscal hubiese sido capaz de aplicar correctivos compensatorios.

La evolución del mercado interno se ha apoyado, esencialmente, en la capacidad

y la posibilidad de importar bienes y servicios, sujetas a la dinámica emergente

del sector externo petrolero. En una primera etapa –1920/1939– el mercado fue abastecido en proporción bastante elevada con importaciones de bienes de consumo, y de este modo se dio salida a la presión de la demanda ejercida por grupos minoritarios de la sociedad (las clases dominantes), que absorbían una parte sustancial del ingreso petrolero nacional. En una etapa sucesiva –1940/1957– surgieron brotes industriales estimulados o forzados por la penuria de impor- taciones durante la guerra, por la política de obras públicas de los gobiernos y algunas medidas proteccionistas tomadas sin atención a un plan de industriali- zación. En la etapa que se inicia en 1958 la política de sustitución de importa-

ciones, con un proteccionismo más firme y sostenido, aunque siempre incoherente, favoreció la expansión de la industria manufacturera y del sector agropecuario moderno, los que, conjuntamente con la actividad de la construcción, la creación

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

67

de un sector público de la economía (industrias y servicios básicos, de alcance todavía incipiente) y de servicios relacionados con esos sectores y con los hábitos de consumo creados o estimulados por el efecto importador, forman lo que propongo denominar la organización subcapitalista de la economía venezolana. Estos sectores “modernos” operan fundamentalmente bajo la condición de de- pendencia externa, en un doble aspecto: i) les es indispensable la capacidad para importar bienes de producción e insumos, dada la ausencia o incidencia del esquema productor interno de tales medios; esa capacidad, por supuesto, está sujeta al ingreso petrolero (cambiario y fiscal); ii) son beneficiarios de con- cesiones de uso de patentes de fabricación y comercialización, de asistencia técnica y de garantías de suministro de los bienes indispensables para la explo- tación empresarial, todos estos medios proporcionados por firmas extranjeras –norteamericanas y europeas, principalmente– contra participación en los in- gresos de operación, y/o en el capital de la empresa y sus órganos directivos. Esta forma de producción no contribuye significativamente a la distribución más abierta y popular del ingreso, ni permite el aprovechamiento en proporción importante de los contingentes de trabajadores que se concentraron en las zonas urbanas, provenientes del campo y del propio crecimiento natural de la pobla- ción urbana; de este modo se genera un proceso de marginalización y extra- marginalización socioeconómica de considerables grupos de población. La distribución regresiva del ingreso restringe la escala operativa de producción, por la vía de la limitación de la demanda, frenándose así la utilización cabal del potencial existente y manteniéndose una situación de altos costos y precios, lo que es posible, por otra parte, en virtud de la “cautividad” del mercado domés- tico. En las capas pobres de la población el consumo no esencial es estimulado a expensas del esencial, mediante procedimientos publicitarios y de mercadeo, muy conocidos en el capitalismo contemporáneo del desperdicio y en la “socie- dad de consumo”. Por este medio también se frustran las posibilidades de acu- mulación nacional de capital real y la dependencia y el no desarrollo tienden a perpetuarse.

Hay contradicciones no antagónicas, desde luego, entre los diferentes estratos funcionales de las clases dominantes-dependientes del país: entre la burguesía directamente importadora-comercial y la indirectamente importadora-indus- trial, entre la burguesía industrial y la agraria, principalmente. Las burguesías comercial e industrial dominan los mecanismos internos de financiamiento y ejercen influencia preponderante en los mecanismos fiscales de ingreso y gasto, asegurándose una distribución de éste conveniente a sus intereses. En razón de esas contradicciones, la agricultura “moderna” en sus estratos de medianos y pequeños productores, atraviesa actualmente una crisis coyuntural acentuada, que probablemente se resolverá mediante un nuevo esquema de participación en los beneficios de la explotación subcapitalista, utilizándose

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Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

para ello, entre otros instrumentos, el sistema de precios y los mecanismos financieros públicos y privados, con efectos perjudiciales para la mayoría de la población, cuyo nivel de vida, de por sí sustancialmente insuficiente y precario, descenderá aún más por la vía del alza de los precios de los ali- mentos y otros artículos de primera necesidad.

La población crece a un ritmo elevado –3,5%– sin posibilidades suficientes ni adecuadas de empleo e ingreso dentro de la organización subcapitalista actual. Los problemas socioeconómicos de la mayoría de la población se agravan tanto cuantitativa como cualitativamente: educación, salud, vivienda, servicios colec- tivos esenciales, seguridad personal y familiar, entre otros, presentan márgenes, amplios de insatisfacción y deficiencia. Las medidas gubernamentales de orien- tación social resultan en una masificación de las necesidades, sin tener la dis- posición efectiva para atenderlas. La llamada “revolución de las expectativas crecientes”, que es una forma de expresar el efecto de demostración, está con- duciendo este país a una crisis cuya solución no será posible dentro del cuadro estructural vigente.

La llamada crisis energética mundial ha colocado al petróleo en una situación muy favorable como mercancía de exportación de los países que poseen este recurso, Venezuela entre ellos. El mercado se ha convertido en uno de vende- dores, los precios están en alza sostenida y los pronósticos coinciden en que esta coyuntura se prolongará por todo el decenio de los setenta, cuando menos. Los mayores ingresos fiscales del petróleo, que está obteniendo y obtendrá el Estado venezolano, sólo servirán, dentro de la organización subcapitalista exis- tente, para acelerar el crecimiento sin desarrollo que ha venido realizándose, con un desequilibrio más profundo entre el enriquecimiento y el bienestar de una minoría dominante y el empobrecimiento y malestar de las mayorías mar- ginadas y excluidas de los frutos de esta bonanza agotable. Según los términos y disposiciones legales, en 1983 comenzará la reversión de las concesiones de hidrocarburos y de los activos afectos a su explotación, ahora en manos de poderosas compañías extranjeras. Dependerá del régimen político que existía para esa oportunidad –o antes– y del grado de conciencia y organización com- bativa del pueblo la alternativa que se imponga: o bien la reversión será sólo un proceso que permita reformas no estructurales en las condiciones de la expansión de la explotación de petróleo, o será, para bien de Venezuela, un proceso de rescate integral y verdadero de ese potencial básico, que de medio de dependencia y crecimiento subcapitalista que ahora puede llegar a ser un recurso estratégico para la independencia económica y para el desarrollo de la economía y la sociedad de nuestros días. En este último caso, estaríamos asis- tiendo a un cambio significativo, apertura necesaria a una reestructuración completa, camino a la liberación y a la cumbre del bienestar nacional.

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

69

Mientras tanto, dentro de la organización subcapitalista, se buscan salidas al progresivo estrangulamiento económico que obedece a la escasa o nula parti- cipación de las masas de trabajadores, campesinos y consumidores en la pro- ducción, circulación y distribución de los bienes y servicios, lo que se ha dado en llamar “la estrechez del mercado interno”, con su secuela de desempleo, subempleo, no empleo, agotamiento de la gama fácil de sustitución de impor- taciones e imposibilidad de utilizar en grado óptimo el potencial productivo existente. El fomento de las “exportaciones no tradicionales” es una nueva so- fisticación del problema de la insuficiencia del crecimiento subcapitalista y una proyección de ese crecimiento “hacia fuera”; pero en ningún caso implica un cambio verdadero del esquema de industrialización que se ha venido cumpliendo. Del mismo modo, la incorporación a pactos integracionistas regionales o subre- gionales –Alalc y el Acuerdo de Cartagena– no proporcionará una salida efectiva a la cuestión de la insuficiencia estructural de la demanda y de la incapacidad para acometer etapas superiores del proceso industrial. Por último, las presiones inflacionarias, parcialmente contenidas o reprimidas hasta ahora, principalmente por la recurrencia a las importaciones, los subsidios y los “precios administrados” públicos y privados, aflorarán con cierta fuerza en el futuro inmediato, pudiendo esperarse que de una tasa de aumento interanual del nivel de precios de 3%, en promedio, como hasta ahora, se pasará a una de 5%, 6% u 8% en 1974 y 1975.

Cuadro 1 Indicadores principales de la economía venezolana

Indicadores

1950

1960

1970

PTB (millones de bolívares) 1

12.727

27.116

45.347

Ingreso nacional (millones de bolívares)

8.607

19.372

38.345

Ingresonacional por habitante (Bs.) 2

1.709

2.545

3.835

Productoagrícola comoporcentaje del PTB 1

8,0

7,3

7,4

Productoindustrial comoporcentaje del PTB 1

10,0

12,0

17,0

Productopetrolerocomoporcentaje del PTB 1

29,8

27,0

17,0

Densidad de capital 3

16.515

27.188

26.870

Intensidad de capital 4

2,08

2,04

1,66

Reservas internacionales por habitante (US$)

68

86

102

Importaciónpor habitante (US$)

106

164

163

Inversión bruta extranjera acumulada (millones de bolívares)

8.893

21.530

28.500

Tasa anual de aumento del PTB (%)

9,7

4,0

3,7

Tasa anual de inversión (%) 5

25,6

17,4

15,0

Tasa anual de crecimiento demográfico (%)

3,2

3,8

3,6

Poblacióneconómicamente activa (miles)

1.706

2.350

3.120

70

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Ocupación(miles)

1.600

2.043

2.915

Desocupación(%)

6,3

13, 1

6,6

Distribución de la población ocupada por sectores económicos (%)

 

Primario

47

38

25

 

Secundario

27

17

25

Terciario

36

45

50

 

1 A precios constantes de 1957.

2 A precios corrientes, costo de factores.

3 Relación entre capital territorial existente y población ocupada, a precios de 1957.

4 Relación entre capital territorial existente y producto territorial bruto (PTB).

 

5

Inversión bruta fija dividida entre el PTB. Fuente: Banco Central.

Cuadro 2 Población de Venezuela distribuida por regiones (Miles de habitantes)

 

Región

1971

%

1950

%

DistritoFederal y estadoMiranda

2.717

25,34

986

18,46

Central 1

1.426

13,30

870

16,29

 

Occidental 2

3.618

33,74

1.976

37,00

Llanos Centro-Sur 3

1.106

1.031

508

9,51

Oriental 4

1.392

12,98

828

15,50

Sur 5

462

4,33

172

3,24

Total

10.721

100,00

5.340

100,00

1 Estados Aragua, Carabobo y Yaracuy.

2 Estados Falcón, Lara, Zulia, Trujillo, Mérida y Táchira.

3 Estados Cojedes, Portuguesa, Barinas, Guárico y Apure.

4 Estados Anzoátegui, Monagas, Sucre y Nueva Esparta.

5 Estado Bolívar, Territorio Amazonas y Delta Amacuro. Fuente: Censos Nacionales de Población, años 1950 y 1971; Anuarios Estadístico de Venezuela, año 1971, Ministerio de Fomento.

Cuadro 3 Distribución geográfica de la construcción (Valores estimados acumulados del período 1966-1971, en millones de bolívares)

Entidades federales

Construcción

Construcción

TOTAL

%

pública

privada

DistritoFederal y estadoMiranda

4.223

3.285

7.508

35,24

D. F. Maza Zavala / La economía de Venezuela contemporánea y sus proyecciones

71

Aragua

608

16

624

2,92

Carabobo

1.099

29

1.128

5,29

Subtotal

5.930

3.330

9.260

43,45

Anzoátegui

827

40

867

4,06

Monagas

383

42

425

2,00

Sucre

550

60

610

2,86

Nueva Esparta

153

6

159

0,74

Subtotal:

1.913

148

2.061

9,66

Yaracuy

269

18

287

1,34

Lara

663

183

846

3,97

Falcón

591

22

613

2,87

Zulia

2.237

290

2.527

11,86

Subtotal:

3.760

413

4.173

20,04

Táchira

565

97

662

3,10

Mérida

356

145

501

2,35

72

Suplemento de la Revista BCV / Vol. XXIV / N° 2 / 2010

Trujillo

429

11

440

2,06

Subtotal

1.350

666

2.016

7,51

Apure, Barinas, Guárico, Cojedes, Portuguesa

2.031

106

2.137

10,03

Bolívar, Delta Amacuro y Amazonas

1.619

39

1.658

9,31

TOTAL

16.603

4.702

21.305

100,00

Fuente: Dirección General de Estadística y Banco Central de Venezuela.

 

Cuadro 4 Distribución de la importación por aduanas (Millones de bolívares)

 

Aduana

Monto

Porcentaje

Región

La Guaira

4.110

PuertoCabello

1.954

Norcentral

Subtotal:

6.064

84,18

Maracaibo

807

11,19

Occidental

Guanta-Puerto La Cruz

182

Puerto Sucre

31

Carúpano

3

Otros de Oriente

2

Suoriental

Las Piedras

104

Subtotal: