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“Entrevista a Hermes Trimegisto”

por Miguel Valls

Llego quince minutos antes a nuestra cita en un café céntrico. Todas las mesas están ocupadas. Le pido a un parroquiano si me permite ocupar la silla libre mientras espero. Él me la ofrece con un gesto afable. “Siéntese Miguel, le estaba esperando”

¿SeñorTrimegisto? ¿Cómo sabía usted que yo ?

Nada sucede por casualidad.

(El camarero trae dos cafés. Uno, exactamente a mi gusto). No querrá decirme que también puede adivinar el gordo de Navidad

Eso ya es cosa de cábalas y numerologías, y aún es usted aprendiz y no le toca. Además, no me entendería. Pero créame: el verdadero premio gordo es ser consciente del privilegio de la vida.

¿Eso vende usted a sus discípulos? ¿Algo que ya tienen?

Todas las respuestas, incluso la más importante, están bien a mano. El universo entero cabe en un solo átomo cualquiera. Pero la luz no es nada si no se abren los ojos hacia ella. El maestro indica por dónde saldrá el sol, pero abrir los párpados es cosa de cada uno. Y también el nervio óptico. Y sobre todo, qué somos capaces de hacer luego con esa luz.

¿Y por decir dónde está el Este ya le llaman el Tres Veces Grande?

No, no es por eso. Es porque se me atribuyen tres veces más cosas de las que realmente dije. Unas porque ya venían de tiempo atrás, una

herencia, un patrimonio de nuestra estirpe humana. Y otras, porque después se han encontrado aplicaciones de mis principios en parcelas que yo no desarrollé.

Como los que afirman poder abrir cajas fuertes con su poder mental

(Risas) Sí, hasta cosas como esas llegan a decir. Pero todo depende de la caja fuerte de la que estemos hablando. Si de lo que se trata es de hacer dinero fácil, en fin, no voy yo a

contradecirme, todo es mental

bien me refería a abrir la caja fuerte de nuestro corazón, para que me entienda, al tipo de pensamientos que ayudan a que toda nuestra capacidad como personas se manifieste de un modo constructivo.

No se irá a arrugar ahora.

Ya le he dicho antes que se me atribuye más de lo que dije. Yo solo pretendo encontrar maneras de hacer más felices los entornos.

¿ ?

Woody Allen ya escribió aquello de que no sólo Dios no existe, sino a ver quién encuentra un fontanero en fin de semana. Yo voy más por ahí. Lo divino está ahí como referencia, pero lo que importa es construir entornos felices aquí. O menos desdichados, como quiera usted llamarlo. Yo propugno crecer en el conocimiento del medio como fuente de todo bien, para uno mismo y, desde uno mismo fortalecido, para los demás.

Pero yo más

Explíqueme entonces cómo aplico su principio del mentalismo para que me venga el fontanero.

Para hilar fino, si lo que desea son buenos titulares, podríamos decir que todos provenimos de la Gran Explosión primigenia y que, lógicamente, desde aquel instante cero, no solo seguimos compartiendo la misma materia de aquel todo, sino también sus mismas leyes físicas. Nuestra mente, por consiguiente, es producto de esa misma física. O esa física propiamente dicha. Respecto a su fontanero, le podría decir que es culpa suya por no echar un vistazo de vez en cuando, pero lo que yo digo es que no vale la pena llevarse un berrinche porque gotee el sifón del lavabo. Tomarse las cosas por su extremo bueno también es aplicar el principio de que todo es mental. Y es mucho más saludable y más realista, ¿no cree?

Usted afirma que arriba es como abajo. Supongo que no se refiere a que sentarse en el sillón del director es igual que trabajar en las letrinas

Todos preferimos dormir entre sábanas limpias. Pero antes le decía que las leyes del universo son siempre las mismas, tanto las que conocemos como las que no, y que siendo así, cualquier realidad, por distante que sea, no puede sernos completamente ajena. Pensar así funciona. Y ayuda a reconocer y a aprovechar otros recursos de la inteligencia que no necesariamente podamos analizar desde la razón. En lo práctico, recordemos que hace solo unos miles de años los hombres vivíamos en unas condiciones de vida que hoy calificaríamos de pobreza absoluta. Pero estoy seguro de que cualquier padre de entonces podía sentirse igualmente feliz viendo a sus hermanos bien comidos y a sus hijos creciendo sanos. Desde entonces, nada ha cambiado en lo sustancial y deberíamos ser capaces de encontrar esos motivos de satisfacción verdaderos, la auténtica satisfacción de lo que no se compra con dinero. Seguro que ya se lo decía su abuela, disculpe el tópico

Entre los hippies hicieron furor sus buenas vibraciones.

Según el principio de vibración, nada está

inmóvil, todo se mueve, todo vibra. La ciencia

lo evidenció a partir del descubrimiento del

átomo y de las partículas dinámicas que forman su estructura, entre las que solo existe la nada El movimiento, la vibración, es indispensable para la materia. Lo que yo quise decir es que todo es cambiante. Si quiere, puede usted añadir que no podemos dar por cierto hoy lo que fuera cierto ayer, que lo que ahora es bueno quizá luego sea solo regular. Que lo bueno y deseable para uno puede ser fatal para otro, que nunca debemos imponer nuestro único criterio. Y que siendo así, cualquier sentencia es injusta y, en consecuencia, lo mejor es no juzgar y dedicar esas energías a aprender más. Como hacen los niños. En fin, qué quiere que le diga. Los hippies descubrieron lo contagiosos que son los estados de ánimo y lo importante que es sentir cualquier tipo de afecto, de buenas vibraciones. Y lo más importante, que una canción de Dylan, un paisaje o un gesto también son capaces de emitir esas buenas vibraciones para quien sepa sintonizarse con ellas.

Vamos, que por eso los obreros producen más si les enchufan música por la megafonía

Un obrero decente trabajará más feliz si se le trata con decencia. Las vibraciones están en

todas partes, ya le digo. Si usamos la megafonía para propagar sonrisas obtendremos más y mejor que si lo hacemos para amplificar el restallido del látigo.

Y ya que vendría a cuento, ¿no quiere que le

hable del principio del ritmo?

Era yo quien hacía las preguntas, pero si insiste

Ya ve usted. Todo va y viene. Todo tiene sus periodos de avance y retroceso. Todo se mueve como un péndulo. El movimiento hacia un lado es igual que hacia el otro. El ritmo es el equilibrio. ¿Qué le parece? ¿No le ayuda esto a comprender mejor sus estados de ánimo y los de los demás, o a administrar sus capacidades según el caso? Observe cualquier fenómeno físico. Está hecho de ondas que suben tanto cuanto bajan, incansablemente, por toda la eternidad. ¿Cree que las personas, cualquier concentración de

materia o cualquier cadena de pensamientos, podría eludir este principio?

También hace suyo el yin y el yan de los orientales. ¿De quién es realmente el copyright?

Debería contestarle que los orientales son los maestros de las imitaciones. (Risas) Pero no sería justo. Y además, en este caso, tanto da. Como le decía se me atribuyen demasiadas

cosas. El principio de polaridad es un hallazgo filosófico mucho más antiguo que yo mismo

y quizá que hasta los propios orientales

Todo es doble. Todo tiene dos polos, su par de opuestos complementarios, su yin y su yan, si

quiere. Los opuestos son idénticos en naturaleza pero diferentes en grado. Así entendido, me gusta concluir que todas las paradojas pueden reconciliarse. Un psicólogo conductista podría decirle que

la ansiedad que padece está ligada a la serenidad

que desea. Un médico hipocrático, que lo que causa el mal, también lo cura. Ya ve que mis principios son muy elásticos.

Hablando de opuestos, ¿quién manda en casa, su mujer o usted?

Todo tiene sus partes masculina y femenina, como cada uno de nosotros, como en casa y como en los planos superiores de la inteligencia. Yo digo que vale la pena analizar según el principio de los géneros, no solo porque la evidencia es bastante elocuente al respecto, sino porque nos ayuda a clasificar, a comprender, la naturaleza del entorno y de nuestras propias potencialidades. Y adecuar mejor unas a otras. La naturaleza provee dos tipos de individuos especializados en áreas diferentes y que cubren las necesidades de cada especie. Y naturalmente, como es arriba es abajo, ese esquema se reproduce de nuevo en cada uno de nosotros y en cualquier otro elemento o consecuencia de la creación.

Ahora en serio, ¿cómo supo antes que era yo?

¿Y lo de mi café

Nada es casual. Toda causa tiene su efecto y todo efecto tiene su causa. Todo sucede de acuerdo con las mismas leyes, con la Ley. Para empezar, hubiera sido difícil si usted no

?

fuera periodista o yo no aceptase entrevistas.

Y segundo, habíamos quedado aquí. Tercero,

hoy hace un día de esos que apetece un café

caliente

principio no es el valor de anticipar el número premiado, sino ser conscientes de la importancia de dirigir todos nuestros pasos, todas nuestras acciones más elementales, en

la dirección correcta. Lo que llamamos suerte

no es más que la suma de muchas pequeñas decisiones correctas. La expresión inversa, todo efecto tiene su causa, viene a significar que los buenos propósitos engendran buenos propósitos,

exactamente igual que cualquier bicho viviente. Esto es lo que yo llamo principio de correspondencia. Pero su tocayo Cervantes ya

lo expresó mucho mejor que yo en el prólogo

del Quijote: la naturaleza tiene por norma que cada cosa engendre su semejante. La primera condición para hacer una buena obra es ser un buen hombre. Eso es principio de correspondencia. Y el fin de todos mis principios juntos es conseguir buenos hombres capaces de hacer buenas obras, buenos mundos.

Y según usted ¿cuál es esa dirección correcta

a la que todos debiéramos acudir?

Camino se hace al andar, qué quiere que le diga. Y a cada cual le toca escoger el suyo

según ese Pepito Grillo particular que llamamos conciencia. Y no me extiendo sobre este tema porque no es propio de su grado y aquí vamos por partes. Lo que sí le puedo recomendar, a título personal, son cosas como libertad,

igualdad, fraternidad y tolerancia

rechazaría un mundo edificado sobre esas columnas. En serio, es una fórmula extraordinariamente comercial.

Hago un gesto al camarero. Hoy invita la casa, responde con un guiño a Trimegisto.

Pero la importancia de asumir este

Nadie

Miguel Valls