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La mente humana y la realidad

Cuando nacemos, traemos un anillito de poder. Casi desde el principio,


empezamos a usar ese anillito. Así que cada uno de nosotros está
enganchado desde el nacimiento, y nuestros anillos de poder están unidos
con los anillos de todos los demás (inconsciente colectivo, según Carl Jung).
En otras palabras, nuestros anillos de poder están enganchados al hacer del
mundo para construir el mundo físico y el mundo de las ideas.

A todos nosotros nos han enseñado a estar de acuerdo en hacer. No tienes


idea del poder que ese acuerdo implica, es decir, toda nuestra vida cotidiana
está sujeta y regida por acuerdos, tanto individuales como colectivos.

Además, nos hablamos incesantemente a nosotros mismos (a través de un


monólogo), acerca del mundo físico o de las formas, a través de diversos
procesos cognitivos (imaginación, pensamientos, memoria, etcétera) y dichos
procesos aunados al diálogo interior mantienen y renuevan la estructura de
la realidad física y de las formas.

Se puede mencionar que, mantenemos el mundo físico con nuestro diálogo


interior y cuando dejamos de hablarnos sobre nosotros mismos y nuestro
mundo, es decir, cuando paramos todo proceso cognitivo. El mundo se
manifiesta tal como siempre es y ha sido, un milagro, un misterio y una gran
maravilla, es decir, un lugar perfecto donde la apariencia se confunde con la
realidad debido a la lucha de los opuestos o contrarios.

Por lo tanto, es importante, y necesario comprender que con nuestro diálogo


interior renovamos, encendemos de vida, sostenemos y construimos la
realidad de los objetos del mundo físico y de las formas. No solo eso, sino
que también escogemos nuestros caminos, al hablarnos a nosotros mismos
(pensamiento a priori). De ahí que repitamos las mismas elecciones, es decir,
los mismos patrones cognitivos y afectivos, las cuales se traducen en actos o
acciones diarias una y otra vez, sin darnos cuenta hasta el día de nuestra
muerte biológica. Porque continuamos repitiendo el mismo diálogo interno
una y otra vez, hasta el preciso momento de la muerte.
El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Lo anterior también se puede mencionar que se apoya en los resultados de
una amplia investigación científica en áreas tales como la hipnosis, la
percepción, la represión, la psicoterapia y los efectos de placebo y prejuicio.

Ya que en ellas es posible comprobar, por ejemplo, cómo las creencias


influyen en la percepción; cómo los seres humanos tienden a ver lo que
esperan ver, lo que están acostumbrados a ver o lo que les han sugerido
que verán; cómo tienden a no ver cosas que pudieran ser amenazadoras
para la imagen personal o que pudieran entrar en conflicto con las
creencias profundas y sólidas que han practicado durante todo un periodo
muy largo en actividades cotidianas aprovechando los mecanismos de
defensa. Y es así como una parte de la mente humana distorsiona las
percepciones que se registran en otra; cómo una parte de nosotros oculta a
otra o la engañan, etcétera.

Por esto realmente los seres humanos no conocemos hasta dónde lo que
percibimos es un producto de nosotros mismos (sentimientos y emociones) y
de nuestras expectativas (es decir, siempre estamos esperando o deseando)
culturales y sugestiones aceptadas por nosotros. Que a través del medio
ambiente y la educación como instrumentos coercitivos nos han impuesto
desde nuestra niñez quienes organizan y administran un estado.

Para explorar o examinar los hechos como son, tenemos que estar libres de
prejuicios, libres de cualquier condicionamiento, de cualquier filosofía o
creencia o miedo.

Es muy importante inquirir cómo se ha de observar, cómo se ha de mirar con


ojos limpios, cómo escuchar de manera que no haya distorsión. Hay que
comprender esto muy claramente desde el principio: es decir, no dejarnos
dominar por sentimientos o emociones en forma alguna.

Ya que cuando, los seres humanos están libres de prejuicios, de creencias, de


nuestro particular condicionamiento y conocimiento, nos sentimos libres
para examinar, entonces podemos seguir adelante, pero teniendo en mente
que estamos usando un instrumento de precisión.
El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Para ello, es necesario estar libres, no solo para examinar, sino también para
aplicar y poner a prueba en la vida práctica.

Para ilustrar lo anterior se puede mencionar una leyenda de la antigua India


titulada “la leyenda de los siete ciegos y el elefante”: En dicha leyenda cada
ciego interpreta lo que es un elefante de acuerdo a la parte del animal que
palpa; para el que toca una pata, el elefante es como una columna; para el
que toca la cola, es parecido a una soga; para el que toca la oreja, es similar a
un abanico, y así cada uno de ellos de acuerdo con sus patrones cognitivos y
afectivos va dando una descripción e interpretación de cada parte del
elefante que le corresponde tocar.

La doctrina filosófica que subyace en esta analogía sostiene que toda


proposición es verdadera sólo hasta cierto punto, de acuerdo con una
manera de hablar y en cierto aspecto.

Por ello, es importante reconocer y comprender que un guerrero, es y debe


ser consciente de ello, y se esfuerza a través de la dedicación y disciplina para
acallar y detener el diálogo interior junto con todos los procesos cognitivos.

Otros ejemplos se pueden encontrar en algunas de la obras de Ernest


Cassirer en donde destaca la imposibilidad real que tiene el ser humano de
alcanzar un punto arquimédico en el conocimiento humano. Para ello señala
que nunca encontraremos la sensación desnuda, ya que:

…el hombre vive en un universo simbólico y no es un universo meramente


natural… A diferencia del animal, el hombre ya no pertenece de manera inmediata
a la realidad; no puede, digamos, mirarla directamente al rostro. La realidad
circundante prístina parece sustraérsele a medida que maduran su pensamiento y
su acción simbólicos… El hombre vive a tal punto dentro de formas lingüísticas,
obras de arte, símbolos míticos o ritos religiosos, que nada puede experimentar
como no sea por intermedio de esos recursos artificiales.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Y es así como, en resumen se puede decir que toda la realidad que
aprehendemos es una realidad ya interpretada y a priori, y todo esfuerzo de
conocimiento es siempre una interpretación de otra interpretación. Debido a
ello, Cézanne solía decir: Que difícil es acercarse a la naturaleza con
ingenuidad. Sin embargo para hacerlo es necesario deponer todas nuestras
creencias y sobretodo aprender cómo detener el dialogo interior y todos los
procesos cognitivos.

Ya que la interpretación que realiza nuestra mente puede requerir cierto


tiempo, pero ordinariamente es instantánea e inconsciente, como obra del
hemisferio cerebral derecho.

Recientes estudios hacen ver que la velocidad de procesamiento de


información del sistema nervioso no consciente supera toda posible
imaginación humana: de uno a diez millones de bits por segundo.

Por esto, es fácil caer en un realismo ingenuo y pensar que nuestra


observación es pura, objetiva, y no contaminada. Pero toda observación
implica ya una interpretación, esto es, una inserción es un esquema o marco
referencial que le da sentido, lo cual no supone un obstáculo para el estudio
científico, como temía Bacon, sino que es una mediación necesaria. Sin ella,
no habría observación, ni percepción, ni las cosas u objetos físicos tendrían
significado alguno para los seres humanos.

Por ejemplo, ¿Qué podría, significar la fórmula de Albert Einstein E = mc2


(energía = masa por velocidad de la luz al cuadrado) para la mente de un
cavernícola? Debido a ello, toda observación de algo es de algo porque
preexisten unos factores estructurantes del pensamiento, es decir, una
realidad mental fundante o constituyente, un trasfondo u horizonte previo,
en los cuales se inserta, que le da un sentido.

Por ello, si ese marco referencial falta, la observación no es tal, el dato no es


dato y el hecho no es nada. Son realidades neutras o plenamente ambiguas.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Por esta misma razón, las observaciones, datos o hechos científicos carecen
de existencia propia independiente, y están siempre ligados de manera
inextricable al contexto situacional y personal del observador, realidad que
conviene tener muy presente a la hora de interpretar un hecho o un evento
determinado.

Recordemos que, la percepción humana aprehende siempre estructuras


significantes. Es decir, vemos aquello que esperamos ver o tenemos razones
para esperar que veremos. Nunca vemos todo lo que pudiéramos ver, pues
siempre hacemos una selección; y nunca somos meramente pasivos, sino
que, en cierto modo, construimos a priori el objeto que vemos.

Aristóteles señaló que lo que está dado a los ojos (es decir, lo que se percibe)
es la intención del alma. Con esto quiso decir que la intención (el intento), el
interés o deseo con que miramos las cosas u objetos del mundo físico tiene
tanto poder sobre nuestros órganos sensoriales que acomoda o transforma
estos objetos, adaptándolos perceptivamente a su perspectiva.

La intención con que examinamos, por ejemplo, una casa (si deseamos
adquirirla para vivir en ella, comprarla para revenderla, pasar en ella un fin
de semana o verla para pintar un cuadro artístico), nos lleva a ver un objeto
diferente, y aun las mismas cosas tienen un significado especial en cada caso
o situación.

Y es así como, la dinámica psicológica de nuestra actividad intelectual


presenta diferentes facetas cuyo nivel de complejidad es variable y dinámico.
Lo primero que llama nuestra atención es que el funcionamiento de nuestro
cerebro, y del sistema nervioso en general, es más supresor y eliminador que
productor. Es decir, dicho de otro modo, cada persona, en un momento
determinado, es potencialmente capaz de recordar todo lo que le haya
sucedido en el pasado, y de percibir un número casi infinito de realidades
presentes.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Esta masa de conocimiento resultaría abrumador, confusa e inútil, e incluso
podría afectar mentalmente a una persona determinada al no saber cómo
controlarla o utilizarla adecuadamente. Debido a ello, nuestra percepción
selecciona lo que es prácticamente útil y necesario. Nuestra observación
(interna e externa) de cosas y hechos está guiada por una INTENCION y un
propósito determinados. Lo que impone desde un principio a nuestra
percepción un conjunto estructurado, una estructura total que posee un
significado personal.

Este significado dependerá de nuestra formación previa, de nuestras


expectativas teóricas actuales, de nuestras actitudes, creencias, necesidades,
intereses, miedos e ideales y de la teoría (asimilada) o teorías que hayamos
leído: es decir, todo lo anterior nos llevará a interpretar, por ejemplo, ciertos
garabatos, situaciones, sombras o ruidos de una u otra forma.

Uno de los grandes obstáculos que evita el acercamiento a la realidad es la


arrogancia (la importancia personal). Mientras te sientas lo más importante
del mundo, no puedes apreciar en verdad el mundo que te rodea. Eres como
un caballo con anteojeras: únicamente te ves a ti mismo, ajeno a todo lo
demás, es decir, crees estar separado de todo cuanto existe en este planeta
tierra y en el universo.

El mundo que nos rodea es un misterio. Y los hombres no son mejores que
ninguna otra cosa. Si una planta es generosa con nosotros, al proporcionarlos
sus frutos como alimento. Por lo tanto, debemos darle las gracias, o quizá no
nos deje ir. De igual manera con los animales.

El realismo ingenuo sostiene que fuera de nosotros existe una realidad


totalmente hecha, acabada y plenamente externa y objetiva, y que nuestro
aparato cognoscitivo es como un espejo que la refleja dentro de sí, a la
manera de una cámara fotográfica.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
En la ciencia, el proceso de nuestro conocimiento tiene ordinariamente como
meta aprehender los universales; estos universales, una vez concebidos, se
llaman conceptos. Podríamos definir el concepto como la esencia de una
cosa en el pensamiento. Sin embargo, también podemos conocer las
realidades en su individualidad, singularidad y unicidad, las cuales sólo
formarían parte de un concepto general y perderían gran parte de su riqueza
idiosincrásica: pensemos por ejemplo, en lo mucho que desconocemos de
una persona cuando de ella sólo tenemos una serie de conceptos generales,
como el hecho de que sea italiana, extrovertida, político, católico, etc.

Según para Immanuel Kant la mente humana es un participante activo y


formativo de lo que ella conoce. La mente construye su objeto informando la
materia amorfa que le ofrecen los órganos sensoriales por medio de formas
personales o categorías como si le inyectara sus propias leyes. El intelecto es,
entonces, de por sí, un constitutivo de su mundo, y el conocimiento será una
construcción de cada individuo, grupo, comunidad o cultura.

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El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Hacerse responsable

Cuando un hombre decide hacer algo, debe ir hasta el fin, pero debe aceptar
la responsabilidad por lo que hace. Haga lo que haga, es decir, cualquiera que
sea su actividad productiva, y luego seguir adelante con sus acciones sin
tener ni remordimientos ni dudas acerca de ellas. Por ejemplo, Martin
Lutero, y el protestantismo, logró construir un parte aguas en la historia.

Algunas personas, en cambio se sienten inmortales, y las decisiones de un


inmortal pueden cancelarse o lamentarse o dudarse. En un mundo donde la
muerte es el cazador, no hay tiempo para lamentos ni dudas. Solo hay
tiempo para decisiones y acciones.

Lo anterior se da, debido a que las personas nunca se interesan por ilustrar el
espíritu. Se la pasan todo el tiempo en lamento tras lamento (excusas y
pretextos), toda la vida porque nunca se hacen responsables de las
decisiones, si se hubieran hecho responsables de alguna actividad, y bajo la
dirección de una disciplina, y un método entonces otra cosa seria.

Hacernos responsables de nuestras decisiones, significa estas dispuestos a


luchar, y si es preciso morir por ellas. Recordemos a Sócrates, Jesucristo,
Bruno, Galileo, etc. dichos mártires dieron todo incluso la vida misma, todo
para un cambio en la construcción de un nuevo mundo.

En un mundo donde la muerte es el cazador no hay decisiones grandes ni


pequeñas. Solo hay decisiones que hacemos a la vista de nuestra muerte
inevitable.

Por ejemplo, un cazador sabe que atraerá a sus trampas una y otra vez, así
que no se preocupa. Preocuparse es ponerse al alcance, sin quererlo. Y una
vez que te preocupas, te agarras a cualquier cosa por desesperación; y una
vez que te aferras, forzosamente te agotas o agotas a la cosa o la persona de
la que estas agarrado.

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El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura, sin importar que el
mundo sean cosas o plantas, o animales, o personas o poder. Un cazador
tiene trato íntimo con su mundo, y sin embargo es inaccesible para ese
mismo mundo.

Es inaccesible porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca suavemente,


se queda cuando necesita quedarse, y luego se aleja con cautela, casi sin
dejar señal o huella alguna.

Pero para ello, el cazador debe tomarse tiempo para observar los sitios
donde comen o anidan los animales, es decir, conocer todas las actividades
que realizan como cosas cotidianas, con el fin de determinar la colocación de
las trampas; luego las instala por la noche, y al día siguiente todo lo que tenía
que hacer era asustar a sus presas para que estas se dispersen y cayesen en
las trampas.

Por ello, un buen cazador conoce sobretodo una cosa: conoce las rutinas de
su presa. Eso es lo que lo hace un buen cazador.

Ser cazador es mucho más que solo atrapar animales. Un cazador digno de
serlo no captura animales porque pone trampas, ni porque conoce las rutinas
de su presa, sino porque el mismo no tiene rutinas. Esa es una ventaja. No es
de ningún modo como los animales que persigue, fijos en rutinas pesadas y
en caprichos previsibles: es libre, fluido y sobre todo imprevisible.

Para ser cazador uno tiene que romper con las rutinas, es decir, dejar de ser
previsible. Ya que todos los seres humanos nos comportamos como la presa
que perseguimos. Eso, por supuesto, nos hace ser la presa de algún otro.
Ahora bien, el propósito de un cazador, que conoce todo esto, es dejar de ser
el mismo una presa.

Pero hay ciertos animales que son imposibles de rastrear. Hay ciertas clases
de venado, por ejemplo, que un cazador con mucha técnica puede encontrar,
a lo mejor, una vez en su vida.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Un cazador, en cambio cuando se adentra en el monte, nunca se mete a
ninguna parte sin fijar sus puntos de protección; por lo tanto, se pone de
inmediato a cubierto. Deja caer su poncho al suelo, o lo cuelga de una rama,
como señuelo, y luego se esconde y espera a ver qué hace la presa.

Un cazador no solo debe conocer los hábitos de su presa; también debe


saber que en esta tierra, es decir, en el planeta tierra hay poderes que guían
a los hombres, a los animales. Todo organismo vivo lo sabe.

Todos los seres humanos, como cualquier hombre merecemos todo lo que es
la suerte de los hombres, es decir: la alegría, dolor, tristeza y la lucha, y la
naturaleza de nuestros actos carecían de importancia siempre y cuando
actuáramos como guerreros.

En toda la vida de un ser humano, no existe otra tarea más digna de


emprenderse que purificar el espíritu, es decir, se debe buscar la perfección
del espíritu del guerrero ya que es la única tarea digna de nuestra hombría.

Por ello, se puede decir que, lo más difícil en este mundo es adoptar el ánimo
de un guerrero. De nada sirve estar triste y quejarse, o sentirse justificado de
hacerlo, creyendo que alguien nos está siempre haciendo algo. Nadie le está
haciendo nada a nadie, mucho menos a un guerrero.

Así que, por mucho que el ser humano se compadezca de sí mismo, tiene que
cambiar para darse cuenta de las hermosas cosas que suceden en este
planeta tierra. Y solo así podrá apreciar y disfrutar las maravillas.

Una de las grandes desgracias que aquejan al ser humano, es que ninguno de
nosotros tiene tiempo suficiente para llevar a cabo o en plenitud el gran
proyecto o planes de nuestra vida, y la continuidad no tiene sentido en este
mundo pavoroso y de misterio.

La continuidad solo nos hace tímidos. Los actos no pueden de ninguna


manera tener el gusto, el poder, la fuerza irresistible de los actos realizados
por un hombre que sabe que está librando su última batalla sobre la tierra.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Debemos de ponerle atención al lazo que nos une con la muerte, sin
remordimiento ni tristeza ni preocupación. Debemos de poner atención en el
hecho de que no tenemos tiempo, y dejar que nuestros actos fluyan de
acuerdo con eso.

Que cada uno de nuestros actos sea la última batalla sobre la tierra. Solo bajo
tales condiciones tendrán nuestros actos el poder que les corresponde. De
otro modo serán, mientras vivamos, los actos de un ser humano tímido.

Pero si el ser humano, está consciente de que va a morir no hay tiempo para
la timidez, sencillamente porque la timidez te hace agarrarte de algo que solo
existe en tus pensamientos. Te apacigua mientras está en calma, pero luego
el mundo de pavor y misterio abre la boca para ti, y entonces te das cuenta
de que tus caminos seguros nada tenían de seguro. La timidez nos impide
examinar y aprovechar nuestras capacidades y habilidades como hombres
excepcionales y maravillosos que somos.

La mayoría de la gente pasa de un acto a otro, sin luchar ni pensar. Un


cazador, al contrario, evalúa cada acto, y como tiene un conocimiento intimo
de su muerte, procede con juicio, como si cada acto fuera su última batalla.

Solo una persona que carece de la capacidad de discernir dejaría de notar la


ventaja que un cazador tiene sobre sus semejantes. Un cazador da a su
última batalla el respeto que merece. Es natural que su último acto sobre la
tierra sea lo mejor de sí mismo. Así es placentero. Le quita el filo al temor.

Lo que determina el modo en que uno hace cualquier cosa es el poder


personal. Un hombre no es más que la suma de su poder personal, y esa
suma determina como vive y como muere.

El poder personal es un sentimiento. Algo como un estado de ánimo. El poder


personal es algo que uno adquiere sin importar su propio origen
socioeconómico, raza o lugar geográfico.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Un hombre de conocimiento (un guerrero) es alguien que ha seguido de
verdad las penurias del aprendizaje. Un hombre que, sin apurarse ni
desfallecer, ha llegado lo más lejos que puede en desentrañar los secretos y
los misterios del poder personal. Y solo se preocupa por como almacenar ese
poder personal y utilizarlo adecuadamente.

Para ello, tienen que pasarte cosas muy drásticas (dolor y sufrimiento) para
que permitas a tu cuerpo aprovechar lo que has aprendido.

Recordemos que somos hombres de este mundo. Y allá afuera, en ese


mundo, esta nuestro campo de caza. No hay manera de escapar al hacer de
nuestro mundo; por eso, lo que hace un guerrero (un hombre de
conocimiento) es convertir ese mundo en su campo de caza. Como cazador,
el guerrero sabe que el mundo está hecho para usarse. De modo que lo usa
con delicadeza, y respeto hasta lo último.

Un guerrero es como un pirata no tiene escrúpulos en tomar y usar cualquier


cosa que desee, sólo que el guerrero no se aflige ni se ofende cuando lo usan
y toman a él también. Es decir, en él no hay dudas o remordimientos.

RUIZ, LIMON RAMON

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El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Hoy en día, aun se puede apreciar que, la educación formal, la ciencia, la
religión organizada, la propaganda y la política han fracasado. Ellas no nos
han traído paz, aun cuando el hombre ha progresado tecnológicamente en
forma increíble. Éste, sin embargo, continúa tal como ha sido por muchos
años: pendenciero, codicioso, envidioso y agobiado por grandes sufrimientos.

Por lo tanto, para examinar qué haremos, en un mundo tan perturbado, tan
brutal, tan completamente infeliz, tenemos que examinar no sólo que es el
vivir, pero antes de ello, es importante conocernos a nosotros mismos.

Tenemos que comprender la totalidad de la existencia, no simplemente una


parte de ella, no importa lo tediosa, lo agonizante, lo brutal que esa parte
sea, tenemos que ver el cuadro total. Tenemos que comprender el fenómeno
de la existencia como un todo.

La imagen que usted ha construido de él o ella, o sobre usted mismo va a ser


un estorbo para mirar. Por lo tanto, cuando mira hay distorsión, surge la
contradicción. De manera que para mirar realmente, tiene que haber
relación entre el observador y la cosa observada.

Cuando alguien tiene interés de algo, realmente lo observa muy de cerca, lo


cual significa que esta movido por un gran afecto, entonces es capaz de
observar.

Así, pues, mirar significa observar con cuidado, con afecto, de manera que
juntos veamos lo que realmente es, pero para ello, es necesario estar libres
de la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Todos los prejuicios deben de desaparecer, y estos desaparecen tan pronto


ve claramente lo que está frente a usted, porque lo que uno ve es mucho
más importante que lo que debe hacer en relación con lo que ve. Cuando se
ve con claridad, esa claridad actúa. Solo la mente caótica, confusa, que
selecciona, es la que pregunta.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Es muy importante, aprender a ver, a observar. ¿Y qué es lo que
observamos? No es únicamente el fenómeno externo, sino también el estado
interno del hombre.

De manera que sólo nos interesa averiguar si el hombre, tal como es, puede
transformarse radicalmente a sí mismo, no de acuerdo con una teoría o
filosofía en particular, sino viendo realmente lo que es. Tenemos que
observar y ver por nosotros mismos lo que realmente somos. Para ello es
necesario conocernos a nosotros mismos.

Se ha mencionado que el conocimiento de uno mismo es la más alta


sabiduría, pero pocos lo hemos logrado. No tenemos la paciencia, la
intensidad o la pasión, para averiguar lo que somos.

Tenemos que vivir libremente –no para hacer lo que nos guste, sino para vivir
felices jubilosos. Un hombre que tiene el corazón lleno de júbilo no siente
odio, ni violencia, ni acarreara la destrucción de otro. Ser libre significa que
no hay condenación, en forma alguna, de lo que vemos en nosotros mismos.
Es decir, la mayoría de nosotros condenamos o interpretamos, o justificamos;
nunca miramos sin justificar o condenar.

Para ello, es importante observar sin condenar en forma alguna. Esto no es


tan fácil, porque toda nuestra cultura, nuestra tradición consiste en
comparar, justificar o condenar los que somos.

Cuando utilizamos la lucha de los contrarios, este hecho nos impide observar
lo que realmente somos.

Recordemos que somos seres vivos, y cuando condenamos lo que vemos en


nosotros mismos, y además lo hacemos desde un recuerdo que está muerto,
que es el pasado. Por lo tanto, para comprender lo que está vivo, el pasado
tiene que desvanecerse, de manera que podamos observar tal como son las
cosas. Ya que cuando se hace uso de la memoria o la propia experiencia, eso
es el pasado. Y si estamos virando por el presente con los ojos del pasado, y
así nunca comprenderemos lo que es la cosa viva.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Cuando hayamos comprendido la violencia en nosotros mismos, puede que
entonces no sea necesario observar la externa, porque lo que somos
internamente es lo que proyectamos fuera. Esa violencia en nosotros mismos
es el resultado de la propia naturaleza, de la herencia o de la llamada
evolución de la humanidad.

Recordemos siempre, que la descripción no es la cosa descrita, la explicación


no es lo explicado.

Desde la niñez nos educan para ser violentos, competidores, brutales unos
con otros.

Toda nuestra existencia tiene sus raíces en el pasado; nuestra vida es el


pasado. Todo pensamiento –lo que examinamos diariamente- es la
respuesta del pasado, la respuesta de la memoria, del conocimiento y de la
experiencia. De modo que el pensamiento nunca es nuevo, nunca es libre.
Con este proceso de pensar es que miramos la vida diaria.

Cuando miramos como un fragmento que mira otros fragmentos, entonces


ese fragmento ha asumido autoridad, y ese fragmento causa contradicción y,
por lo tanto, conflicto. Pero si podemos mirar sin fragmento alguno,
entonces observamos la totalidad sin el observador. Nosotros somos el
conflicto y es con el conflicto que vivimos.

¿Cuál es la raíz del conflicto, es decir, cual es la causa del conflicto?

Es muy importante que comprendamos por nosotros mismos, que veamos,


mediante la propia observación, que el conflicto existirá eternamente
mientras haya división entre el observador y lo observado.

Significa que uno mismo ve muy claramente, y por lo tanto, sin selección, la
forma en que esa división entre el observador y lo observado crea malestar,
confusión y sufrimiento.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Lo cual significa que debemos estar libres del pasado. Para mirar
necesitamos gran energía, debemos tener intensidad. Sin pasión no podemos
mirar. A menos que tengamos gran pasión e intensidad, no podemos mirar la
belleza de una nube, o las maravillosas montañas que existan en algún lugar.

De la misma manera, para poder mirarse uno mismo sin el observador, se


requiere una pasión y energía tremendas. Y esa pasión, esa intensidad se
destruye cuando comenzamos a condenar, a justificar, cuando decimos: no
debo.

De manera que la primera cosa es observar sin el observador (censor); mirar


la esposa, los hijos, sin la imagen. La imagen puede que sea superficial, o
que esté escondida en lo inconsciente; por eso tenemos que observar no sólo
la imagen que hemos construido externamente, en los abismos profundos
del ser –la imagen de la raza, de la cultura, la perspectiva histórica de la
imagen que tenemos de nosotros mismos.

Debemos de observar, pues, no solo en el nivel consciente, sino también en


el nivel oculto, en los lugares más recónditos de nuestra propia mente.

Parte de nuestro trabajo consiste en averiguar cómo mirar lo inconsciente,


pero no a través de sueños, ni por medio de la intuición, porque su intuición
puede ser su anhelo, su deseo, su esperanza oculta.

Tenemos que darnos cuenta no solo de las cosas externas, sino también del
movimiento interno de la vida, del movimiento interno de los deseos,
motivos ansiedades, temores, sufrimientos.

Desde luego, darnos cuenta sin elección es darnos cuenta del color de la ropa
que alguien usa, sin decir me gusta, o no me gusta, sino simplemente
observar; mientras estamos sentados en algún lugar debemos de observar el
movimiento de nuestro propio sentimiento, sin condenar, sin justificar, sin
elegir.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Cuando miramos de ese modo vemos que no existe el observador. Ya que el
observador es el censor, que depende del pasado, y cuando el pasado mira,
es inevitable que separe, condene o justifique un hecho o una acción
determinada.

Los seres humanos vivimos en el pasado, porque el pasado siempre está


dirigiendo y moldeando, los recuerdos del pasado lo obligan a actuar de
esta o de aquella manera.

Por lo tanto, vivir en el pasado es estar libre del tiempo; y cuando usted dice
si, está introduciendo el tiempo. Y el tiempo constituye el más grande
sufrimiento.

Nuestro problema es no dividir, sino ver la totalidad, no ver un fragmento en


particular como lo consciente o como lo inconsciente. El ver la totalidad es
una de las cosas más difíciles de hacer, mientras que ver un fragmento es
bastante fácil. Para ver algo como un todo, lo cual significa verlo
cuerdamente, sanamente, completamente, no podemos mirar desde un
centro – el centro se manifiesta como el yo, el tu, el ellos, el nosotros.

A menos que la mente (la psiquis humana) este absolutamente libre del
temor, toda clase de acción engendra más perjuicio, mas desdicha, más
confusión.

Para aprender tiene que haber libertad, un gran interés, y tiene que haber
intensidad, pasión y urgencia. No puede aprender si les falta pasión o
energía para investigar. Si existe cualquier clase de prejuicio, cualquier
predisposición de agrado o desagrado, de condenación, no es posible
aprender, porque entonces uno meramente distorsiona lo que observa.

A menos que la mente esté absolutamente libre del temor, toda acción
genera más perjuicio, más desdicha, más confusión.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Temores físicos y psicológicos

Existen diversas formas de temores psicológicos –miedo a la muerte, miedo a


la sociedad, miedo a no ser respetable, miedo a lo que gente pueda decir,
miedo a la oscuridad, etcétera.

Todos nosotros funcionamos desde un centro de miedo, ansiedad, codicia,


placer, desesperación, esperanza, dependencia, ambición, comparación –
desde ese centro pensamos y actuamos.

Nuestros dioses, nuestras iglesias, nuestra moral se basan en el miedo, y para


comprender eso tenemos que comprender cómo surge ese miedo. Hemos
hecho algo en el pasado y no queremos que otro lo descubra. Esa es una
forma de temor. De manera que tenemos miedo del pasado y del futuro.

El miedo surge cuando el pensamiento (recuerdo, memoria) mira atrás a las


cosas que han ocurrido en el pasado, o a los acontecimientos que puede que
ocurran en el futuro. El pensamiento es responsable de esto.

Los seres humanos, estamos llenos de creencias, supersticiones, todo ello


porque estamos llenos de temor, y todo es producto del pensamiento y de la
imaginación. El pensamiento es el que crea y sostiene el miedo del ayer y
del mañana, y el pensamiento alienta también el placer.

El pensamiento es obviamente la respuesta de la memoria, si no tuviéramos


memoria no habría pensamiento. De manera que el pensamiento no sólo
engendra y sostiene el miedo, el placer y el dolor, sino que el pensamiento es
también necesario para funcionar y actuar eficientemente.

El proceso total del presente nunca es libre porque tiene sus raíces en el
pasado, el pensamiento nunca es nuevo. No hay libertad en la selección
porque el pensamiento está funcionando cuando seleccionamos. El
pensamiento tiene que ser utilizado eficientemente, objetivamente, sin
sentimiento o emoción alguna.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Desde la niñez se nos educa para ser católicos, protestantes, americanos, o lo
que sea. Somos el resultado de propaganda repetida y nosotros
continuamos repitiéndola. Somos seres humanos de segunda mano.

Para comprender todo esto, uno tiene que observarse a sí mismo. Uno es el
resultado del mundo; uno es un ser humano que forma parte de otros seres
humanos, quienes tienen los mismos problemas, es decir problemas
humanos.

Únicamente entonces podrá uno vivir como un ser humano total, sin jamás
hacer daño alguno.

Al comprender el problema del temor en su totalidad, no sustentamos


creencia alguna, se la que sea. Entonces la mente humana es feliz y funciona
son distorsión y, por lo tanto, hay gran júbilo, y de ello nace el éxtasis.

Recordemos que la naturaleza de la mente humana, es estar llena de deseos,


llena de pensamientos que generan sentimientos y emociones.

Uno tiene que comprender y aceptar que la mente humana parlotea, porque
la mente pasa de una cosa a otra continuamente, es decir, nunca cesa o para
de estar procesando pensamientos.

Tenemos muchas experiencias todo el tiempo. Cada experiencia deja una


huella; esas huellas se van fortaleciendo día tras día y se convierten en la
imagen. Tan pronto alguien nos insulta, ya hemos formado una imagen del
otro. O si alguien nos adula, otra vez se forma una imagen.

Tenemos que preguntar lo siguiente: ¿Cómo son construidas esas imágenes,


y cómo son creadas, por qué deben existir y lo que significa vivir sin esas
imágenes?

Que sería la vida humana en la que no haya imágenes, formulas,


representaciones que significaría vivir sin ellas. Para que una imagen cese,
tenemos que comprender primero cómo se forma, es decir, sino
reaccionamos emocionalmente, entonces no se forma imagen alguna.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Si cambias las ideas (patrones cognitivos y afectivos), cambias los estados
emocionales (es decir, las siguientes emociones: histeria, enojo, ira,
depresión, tristeza, ansiedad, preocupación, autoconcepto, etcétera.
producen un estado emocional que se manifiesta en cargas psíquicas o
emocionales), y existe mayor probabilidad de construir y transformar la
realidad inmediata y circundante, y así se logra comprender la felicidad y la
alegría.

Lo que cada uno de los seres humanos pensamos y sentimos es lo más


importante. Por lo tanto, a cada instante se producen, construyen y proveen
pensamientos y sentimientos importantes.

Si somos el resultado de nuestros pensamientos y sentimientos (procesos


cognitivos y afectivos), entonces se puede mencionar que los pensamientos y
sentimientos (procesos cognitivos y afectivos) guían nuestra forma de ser y
nuestro destino (personalidad, carácter, comportamiento, conducta,
etcétera) manifestados a través de decisiones y acciones cotidianas.

¿Qué tipos de pensamientos y sentimientos (procesos cognitivos y afectivos)


son importantes para construir y generar diariamente la realidad cotidiana
que nos permita comprender y aceptar la felicidad y la alegría que la
existencia proporciona?

Todas las cosas o eventos que se manifiestan las atraemos por nosotros
mismos, a través de nuestros pensamientos y sentimientos (procesos
cognitivos y afectivos positivos o negativos), por ello es importante reconocer

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
que los pensamiento y sentimientos se transforman y se manifiestan en
hechos cotidianos, es decir, en cosas o sucesos diarios.

Cuando estas imaginando algo, estas activando los deseos o intenciones a


través de pensamientos (procesos cognitivos) y estos atraen y construyen
una determinada realidad.

Por ello, cuando enfocas o intencionas algo con gran intensidad y además lo
visualizas como si ya existiera, entonces esa gran pasión y entrega hacen que
las cosas o eventos se materialicen y suceden con mayor rapidez.

Por ello, es muy importante que con aquello que deseas intensamente seas
muy prudente. Ya que todas las cosas que imaginas como deseos, anhelos y
necesidades en cualquier momento determinado pueden manifestarse o
construirse.

¿Cómo puede la vida emocional y cognitiva influir en las acciones y


actividades cotidianas de una persona?

¿De qué manera influyen los pensamientos y sentimientos de una persona en


la construcción de la realidad cotidiana e inmediata?

El origen de todos los problemas del ser humano son las cargas emocionales,
los pensamientos habituales, ES DECIR la historia personal.

El miedo siempre existe en relación con algo, es decir, no existe por sí mismo.

Hay temor de lo que ocurrió (experiencia) ayer en relación con la posibilidad


de que se repita mañana.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
Si alguien tuvo dolor; existe el recuerdo (sensación) de ello y no quiere que se
repita mañana.

El pensar en el dolor de ayer, pensamiento que encierra el miedo de volver a


sentir dolor mañana.

De manera que es el pensamiento (procesos cognitivos: memoria,


imaginación, percepción, etcétera) el que genera y construye el miedo y los
sentimientos o emociones en una persona.

El pensamiento engendra el temor (sentimiento de miedo), el pensamiento


cultiva también el placer.

La idea, la imagen son representaciones o medios que permiten guardar


recuerdos o experiencias.

¿Cuál es la función del pensamiento?

¿Cómo se forma el pensamiento, es decir, cuál es la estructura del


pensamiento?

La memoria mediante el pensamiento (DIALOGO INTERIOR) alimenta el


miedo, el temor y todas las actividades cotidianas (sentimientos y
emociones).

La memoria es el almacén de todos los objetos y de todas las experiencias


que ha pasado a través de los órganos sensoriales (mediador) en un sujeto.

¿De qué manera influyen los órganos sensoriales en la decodificación y


construcción de la realidad?

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
¿De qué depende la percepción en la descripción de la realidad?

¿De qué manera influyen las emociones y sentimientos en la construcción y


generación de la realidad inmediata en una persona?

¿Por qué y para qué el censor o analizador, juzga, evalúa, condena y justifica?

En el momento en que nombramos (conceptos) algo, lo dividimos, lo


fragmentamos.

Para observar el miedo tiene que prestarle atención y cuando está en


atención no condena, no juzga, ni evalúa, sino que sencillamente observa.

La fuente de la violencia es el “yo”, el ego, el yo mismo.

La violencia es una forma de energía, es energía utilizada de tal manera que


se convierte en agresión o ira.

Siempre estamos traduciendo la realidad inmediata presente en términos del


pasado.

Tenemos la imagen de uno mismo o como algo que consideramos deseable,


que vale la pena; y usted esta insultando esa imagen.

Esa imagen, que es lo viejo, es la que responde.

¿De dónde proviene La frustración y la amargura en una persona?

Toda nuestra vida está condicionada y construida a partir todas las


experiencias, sentimientos, emociones y pensamientos pasados.

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
El origen de todos los problemas del ser humano son las cargas emocionales,
los pensamientos habituales, ES DECIR la historia personal.

PELICULAS

1. EN BUSCA DE LA FELICIDAD
2. EL ILUSIONISTA
3. MENTE INDOMABLE
4. MENTE BRILLANTE
5. EL ÚLTIMO EMPERADOR
6. SIETE AÑOS EN EL TIBET
7. LA TERMINAL
8. PATCH ADAMS
9. EL VIDENTE
10.A PRUEBA DE FUEGO
11.CICATRICES
12.GLADIADOR
13.EL PIANISTA
14.MÁS ALLA DE LA SIGUIENTE MONTAÑA
15.QUE REALMENTE SABES DE LA REALIDAD
16.EL GRAN SECRETO
17.MARTIN LUTERO
18.NOSTRADAMUS
19.HOMBRES DE HONOR
20.CONVERSACIONES SON DIOS
21.EL CAMINO DEL GUERRERO
22.EVITA PERON
23.TITAN
24.LA FAMILIA DEL FUTURO
25.ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS
26.EL CONDE DE MONTECRISTO
27.ROCKY BALBOA
28.HITCH
29.EL PRINCIPITO
30.EL VUELO DEL AVE FENIX
31.EL JARDINERO FIEL
32.LAS MANIAS DE LA MENTE
El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
33.LOS ULTIMOS SOLDADOS
34.LOS CAMPEONES
35.PERL HARBOR
36.LOS JOGIES DEL TIBET
37.EL BUDISMO
38.KPAX
39.EL CIRCO DE LA MARIPOSA (CORTO METRAJE)
40.CRIMEN Y CASTIGO (DOSTOSKY)
41.LOCOS DE IRA. NICHOLSON AND SANDLER.
42.LA TEMPESTAD.
43.TODO POR AMOR.
44.LAS CINCUENTA CITAS.
45.EL HOMBRE BICENTENARIO.
46.EL ÚLTIMO SAMURAI.
47.CRUZADA.
48.LO QUE EL SEÑOR PUEDE CAMBIAR.
49.LAGRIMAS DE SOL.
50.VOCES INOCENTES.

FUENTES BIBLIOGRAFICAS
1. SHIDARTA GAUTAMA, HERMAN HERSSE
2. EL LOBO ESTEPARIO.
3. EL LOCO: LÁGRIMAS Y SONRISAS. JALIL GIBRAN
4. EL PROFETA. JALIL GIBRAN
5. EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA
6. EL ALQUIMISTA
7. CONFESIONES DE UN PEREGRINO
8. BRIDA
9. EL GUERRERO DE LA LUZ
10.EL MUNDO DE SOFIA
11.EL MONJE QUE VENDIO SU FERRARI
12.TUS ZONAS ERRONEAS
13.EL CIELO NO ES EL LÍMITE
14.EL LIBRO DE LOS SECRETOS. DEEPAK CHOPRA
15.YO SOY LA PUERTA. OSHO
16.EL REBELDE
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conocimiento para ello.
FUENTES BIBLIOGRAFICAS

17.LOS MISTERIOS DE LA VIDA


18.PEPITAS DE ORO
19.QUE ES LA EDUCACION. KRISNAMURTI
20.A LOS PIES DEL MAESTRO.
21.PRINCIPIOS DEL APRENDER.
22.LA EDUCACION Y EL SIGNIFICADO DE LA VIDA.
23.LA CONQUISTA DE LA FELICIDAD. BELTRAN RUSSEL
24.UNA REALIDAD APARTE
25.LA RUEDA DEL TIEMPO
26.LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
27.EL SEGUNDO ANILLO DE PODER
28.EL DON DEL AGUILA
29.VIAJE A IXTLAN
30.EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO. CARLOS CASTANEDA
31.DONDE CRUZAN LOS BRUJOS. TAISHA
32.EL RETORNO DE LOS BRUJOS.
33.EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES. FULCANELLI
34.LOS CUATRO ACUERDOS.
35.EL MAESTRO AL MINUTO. JHONSON SPENCER
36.EL BUSCADOR. MIGUEL ANGEL TENORIO.
37.EL HOMBRE Y SUS SIMBOLOS. CARL GUSTAV JUNG
38.LA NUEVA ATLANTIDA. FRANCIS BACON.
39.MEDITACIONES. DISCURSO DEL METODO. RENE DESCARTES.
40.COMPORTAMIENTO HUMANO. MIGUEL MARTINEZ
41.LECCIONES PRELIMINARES DE FILOSOFIA. GARCIA MORENTE MANUEL

El analizador es el censor, la entidad que se arroga la autoridad para analizar porque supone tener
conocimiento para ello.
PALABRAS CLAVE

PATRONES COGNITIVOS Y AFECTIVOS, ESTADO EMOCIONAL, CARGA


EMOCIONAL, PENSAMIENTO, IDEA, IMÁGENES, SIMBOLOS, SIGNOS,
SENTIMIENTO, EMOCION, FELICIDAD, MOTIVACION, PENSAMIENTO
HABITUAL, HISTORIA PERSONAL, AUTOESTIMA, AUTOIMAGEN,
PERSONALIDAD, CARÁCTER, CONDUCTA, RECAPITULACION,
AUTOCOMPASION, MIEDO, TEMOR, RECUERDO, DOLOR, PLACER, DIALOGO
INTERIOR, IMPORTANCIA PERSONAL.

RUIZ LIMON, RAMON

www.slideshare.net/Euler/slideshows

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conocimiento para ello.