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Material de Apoyo

¿POR QUÉ Y PARA QUÉ


LEER?
Aunque todos tenemos numerosas intuiciones sobre las ventajas
que la lectura puede reportar a los niños, conviene que las
repasemos pausadamente para ampliar nuestras perspectiva,
clarificar dudas y redoblar nuestro convencimiento de que
fomentando en nuestros hijos el gusto por la lectura les estamos
haciendo uno de los regalos más hermosos que podemos
ofrecerles.

Vaya aquí un surtido y vitamínico ramillete de argumentos para


convencer a los detractores de las riquezas de la lectura. Empléelo
cada uno sin fundamentalismos, con la humildad de quien se siente
tocado por la magia de la lectura, al tiempo que acepta que
otros puedan sentir otras vibraciones hacia la palabra escrita.

¿Qué aporta la lectura al lector?

1. Enriquece al niño en todos los aspectos de su persona: desde


lo intelectual a lo afectivo, lo emocional, lo íntimo, lo
onírico e incluso lo irreal.
2. La literatura es una fuente enriquecedora por el valor
artístico que en ella adquiere el lenguaje.
3. Le prepara para la lectura de aprendizaje: si el muchacho
disfruta de las fantásticas aventuras que se esconden en la
Literatura Infantil también será capaz de estudiar
con suficiente atención teoremas y teorías, ideas e
ideologías, historias y filosofías que estén en otra onda a la
de sus gustos, sus intereses y sus motivaciones.
4. Aporta un amplísimo horizonte de fantasía y sueños, una
estimulante mezcla de conjuros mágicos que permiten abrir
mil puertas y descubrir infinitos mundos.
5. Hace al lector flotar, reír, soñar, descubrir, acercarse a lo
lejano en el tiempo y en el espacio, ponerse en la piel de
otras personas, sufrir con ellas, alegrarse con sus éxitos,
emocionarse con sus descubrimientos…
6. Le ayuda a entender y en parte a solucionar sus problemas
psicológicos y afectivos (miedos, complejos, celos...). No
podemos esperar que la literatura haga milagros y retire las
piedras del camino vital de nuestros hijos, pero sí le
permitirán serenar su frustración o su pena demostrándoles
que no está solo, que lo que le ocurre es natural, que hay
otros muchos niños que pasan por sus avatares.
7. Despierta su imaginación, su fantasía y potencia su
creatividad: si le ofrecemos libros como La historia
interminable (Ende), El manual de monstruos domésticos
(Marijanovic) o El erizo de mar (Iela Mari), no sólo gozarán
sino que potenciarán los músculos de su imaginación.
8. Favorece el desarrollo de su espíritu crítico y de su capacidad
de razonar, provocando y orientando la reflexión y el cultivo
de la inteligencia.
9. Aviva su sentido estético y su capacidad de apreciar y
disfrutar de lo bello.
10 .Contribuye a su crecimiento en libertad: en la medida en
que le dejemos elegir sus lecturas y en la medida en que la
oferta que pongamos a su alcance sea plural en los enfoques,
las estéticas, las épocas, los conflictos y los caracteres y
reacciones de los personajes.
11 .Estimula las capacidades lingüísticas:

• Enriquece el vocabulario y el uso de las estructuras del


idioma y, en consecuencia, desarrolla la capacidad de
expresión, tanto oral como escrita.
• Perfecciona el conocimiento ortográfico: al ver la forma
correcta de escribir cada palabra, su cerebro,
inconscientemente, se impregna de información que luego le
permitirá ser más certero al escribir.
• Se familiariza, poco a poco, con las estructuras propias de los
diferentes géneros y estilos literarios. Por ejemplo, siempre
que una lectura comience por «erase una vez…» sabrá que
está abriendo el tarro de las esencias de un hermoso cuento
y se situará ante él con una predisposición muy diferente a la
que le invitará un texto estructurado en líneas cortas
(versos), porque adivinará que está introduciéndose en un
poema.
12 .A través de la narración o lectura en voz alta, se potencia la
capacidad de escucha, que amplía la atención y es tan
importante en toda comunicación.
13 .Las lecturas compartidas estrechan los lazos afectivos y
favorecen la expresión espontánea de los sentimientos y las
emociones.
14 .Los cuentos nos enseñan sobre la condición humana:
descubrimos el valor de la generosidad, la justicia, la
esperanza. Pero también el odio, la ruindad, la violencia, la
injusticia. Por eso debemos ofrecer libros con personajes
bien perfilados, con caracteres coherentes, con
comportamientos y personalidades variadas, no sólo «buena
gente», porque en la vida real el niño encontrará de todo y la
literatura puede ayudarle a relacionarse.
15 .El niño amplía su mundo interior, adquiere conocimientos de
todo tipo (no sólo intelectuales, también morales y
afectivos). Si los libros a los que se va asomando son
atractivos y satisfacen sus deseos íntimos (sean estos
recreativos, cognitivos o sociales), se favorecerá su gusto por
conocer, descubrir y profundizar en la lectura para obtener
nuevas prebendas.
16 .El libro acerca al niño el mundo de los adultos, le muestra
sus estructuras, sus convencionalismos, sus valores y
contravalores, sus hipocresías e incoherencias, y le sirve
como estímulo para crecer en lo íntimo, en lo afectivo y en
lo intelectual.
17 . Se desarrolla la memoria, porque el lenguaje artístico
despierta, una y otra vez, las imágenes que se van
atesorando en la memoria y que producen un deleite al
espíritu.
18 . Afianza el proceso de madurez a través del desarrollo de la
autonomía intelectual del niño, por lo que se convierten en
garantía de la libertad personal del lector que puede
manejar la historia a su antojo y en función de sus
necesidades intelectuales y afectivas.
19 .El libro es un fabuloso instrumento para una permanente
formación intelectual, moral, afectiva y estética del niño.
20 .Aumenta la lógica, al presentar sucesión de ideas,
encadenadas con coherencia tanto en lo temporal, en lo
espacial y lo narrativo.
21 .Facilita la comunicación: cuando el libro toca al niño,
cuando se acomoda en su interior dejando un poso de
efectividad (intelectual o afectiva), corre a compartirlo con
un ser querido.
22 .Posibilita la desinhibición: muchos niños tienen problemas
relacionales que se traducen en inseguridad, dependencia
del adulto, incomunicación y, en casos extremos,
agresividad. La lectura les puede ayudar a desinhibirse, al
menos interiormente y eso les permitirá liberar parte de su
frustración.
23 .Ayuda a descubrir los propios sentimientos: en ocasiones el
niño no termina de identificar o aceptar sus sentimientos;
sabe que le está pasando algo, que en su interior crece el
desasosiego o la euforia y se siente confuso porque son
emociones novedosas. Incluso puede suceder que el niño
haya recibido una educación excesivamente restrictiva y
punitiva y eso le mueva a «satanizar» esos sentimientos
emergentes. La lectura le puede ayudar a entenderse y a
aceptar lo que hierve en su interior.
24 .Acentúa el gusto por estar solo: aunque defendemos las
lecturas compartidas como intercambio de nutrición
afectiva, reconocemos que la peculiaridad intrínseca de la
lectura es su condición de solitaria. Lo natural es leer a solas
con uno mismo, buscando la postura, la ubicación, la
disposición emocional, intelectual y física deseada, huyendo
de todo aquello que turbe nuestro recogimiento interior y
que vaya a impedir nuestro disfrute absoluto. Si el niño logra
abstraerse del mundo que le rodea con un libro en las manos
es porque está navegando a miles de leguas de aquí, porque
el libro ha logrado ayudarle a trascender el espacio y el
tiempo.
25 .Fomenta el ocio creativo y constructivo: uno de los dramas
de nuestras sociedades urbanas es que los niños y jóvenes
cada vez encuentran menos espacios para desarrollar su ocio.
El empeño de los padres en que aprendan de todo (kárate,
inglés, informática, ballet, danzas orientales, piano…) y la
vergonzosa presión de los deberes escolares incitan al niño a
amuermarse y ralentizar sus actividades libres en busca de
un poco de sosiego. Los libros pueden abrir una ventana por
la que penetre algo de creatividad y que despierte nuevos
intereses y aficiones.
Si queremos que a un niño le guste la lectura
no debemos…

• Olvidar lo que el niño sabe cuando le enseñamos a leer.


• Enseñar a leer desdeñando la comprensión.
• Obligar a leer sin dar tiempo para la lectura libre.
• Poner el acento en el descifrado y no en el razonamiento.
• El mercantilismo lector: hacer siempre algo después de leer
(trabajo, resumen, ficha...).
• Enfrentar lectura y TV, videojuegos y ordenadores.
• Demonizar los cómics.
• Considerar al lector un sujeto pasivo que lee lo que le dice el
maestro y como éste le obliga a hacerlo.
• Leer en voz alta sin haber dominado y comprendido
previamente el texto.
• Obligar a leer a todos al mismo ritmo, con la misma
entonación y con igual velocidad.
• Fundamentalismo lector: leer os hará más libres, mejores
personas, soñar, vivir aventuras fantásticas...
• Hipocresía adulta: ¿por qué no nos ven leer?
• Utilizar materiales de lectura anodinos y complejos.
• Desatender el derecho del niño a que le cuenten y le lean.
• Olvidar que la narración oral lleva a la pasión lectora.
• Privar al niño de la posibilidad de crear y contar sus propias
historias y poemas.
• Igualar los estómagos lectores («el bebé no come fabada»).
• Olvidar que el niño es único e irrepetible.
• Imponer nuestros gustos lectores.
• Ahogar imaginación infantil con textos e ilustraciones planas
• Transformar el libro en elemento de tortura.