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Lector: RICARDO fiOjÁS

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BIBLIOTECA ARGENTINA

Volumen 4

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Domingo F. Sarmiento

BIBLIOTECA ARGENTINA

PUBLICACIÓN MENSUAL DE LOS MEJORES LIBBOS NACIONALES

Director: RICARDO ROJAS

Educación Popular

POR

D. F. SARMIENTO

BUENOS AIRES

Librería LA FACULTAD, de Juan Roldan

436—Flori»a— 436

191

DOMINGO F. SARMIENTO

Biografía. Nació en la ciudad de San Juan el 15 de

Febrero de 1811, al año siguiente de la Revolución ar-

gentina, cuyas agitaciones impresionaron su primera in-

fancia. Fué hijo de José Clemente Sarmiento y de doña

Paula Albarracín, ambos sanjuaninos, y de antiguas

familias coloniales de Cuyo. En bus Becuerdos de pro- vincia Sarmiento ha pintado el ambiente doméstico de

su

edu-

infancia, su

casa, su

pueblo,

su

familia, su

cación, y trazado una reticente silueta de su padre, y

una muy conmovida de su madre, que influyó podero-

samente en su imaginación y bu carácter. Los azares de

nuestras guerras civiles lo lanzaron a la acción, y fué montonero unitario, conspirador de la Asociación de

Mayo, periodista de oposición, emigrado, adversario pe-

riodístico de Rosas ; y, después de Caseros, diputado, se-

nador, ministro, gobernador, presidente y general. Pero

su verdadera grandeza no reside en ello, sino en la fiereza indomable de su carácter, en la abundancia de bu

sensibilidad, en el poder de su inteligencia, en la suges-

tión de su obra escrita, todo lo cual ha hecho que, con motivo de su centenario (1911) los argentinos le procla- máramos por un genio. Desde 1840 hasta 1852 residió en

Chile, primero como desterrado de Benavides, tirano de San Juan, después como adversario de Rosas, tirano de

Buenos Aires. Asistió con Urquiza a la batalla de Case-

ros, y fué después con Mitre adversario de la política del

caudillo entrerriano. Después de ser ministro argentino

pn Washington, desempeñó la presidencia de la República

(1868-1874). Como director de enseñanza, o ministro, o

legislador, o periodista, fomentó casi todos nuestros pro-

:

VI

gresos morales y materiales, desde 1853 hasta su muerte,

ocurrida el 11 de Septiembre de 1888, en la Asunción del Paraguay, a donde había ido en busca de alivio para su

vejez ya fatigada. La fecha de su muerte ee efemérides

que se rememora todos los años en las escuelas nacionales.

La biografía más extensa de Sarmiento es la publicada en 1901 por J. Guillermo Guerra, en Santiago de Chile.

y

Una sinopsis de la misma

fué hecha por A. B. S.

repartida en Buenos Aires por la Comisión Nacional del primer centenario de Sarmiento.

Bibliografía. Sarmiento ha sido el más fecundo de nuestros escritores. Sus Ohras completas, publicadas en Buenos Aires por su nieto Augusto Belín Sarmien-

to, alcanzó la respetable cantidad de 52 volúmenes. Un

índice analítico de esa publicación ha sido editado por

la Universidad de La Plata con el título de Bibliografía

de Sarmiento. Los principales libros de Sarmiento son

Facundo, traducido a varios idiomas y repetidamente

editado ; Becuerdos de provincia, Educación popular, Con- flictos y armonías de las razas en América; podrían ser in-

cluidos entre los productos de su ingenio, las ocurrencias

y gestos recogidos por el nieto en su Sarmiento Anecdóti-

co. La copiosa literatura a que Sarmiento ha dado lugar,

es tan extensa, que no podríamos mencionarla en este

lugar.

looNOORAFÍA. La efigie de Sarmiento se halla populari-

zadísima en caricaturas, fotografías, óleos, bustos, esta-

tuas y medallas. El retrato al óleo hecho del natural por

su nieta, y reproducido por Guerra en su obra, es uno de

los mejores. El que acompaña este volumen es también

una excelente fotografía. Hay una cabeza escultórica y

una medalla, ambas de Víctor de Pol sobro el natural.

Tiene estatua en San Juan, Rosario y otras ciudades. 8e lo prepara una en Boston. El monumento do Palermo,

en Buenos Aires, obra do Rodin, os la más discutida, y,

H pesar de sus adversarios, la mejor interpretación de

u vida.

ÍNDICE

Cap».

Pág»-

Noticia preliminar, por Ricardo Rojas

11

Introducción.— Instrucción pública

21

I. De la renta

43

II.Inspección de las escuelas

8S

III.Educación de las mujeres

119

IV.Maestros de Escuelas Normales

180

V.Salas de asilo

256

VI.Escuelas públicas

SO."»

VII.Sistema de enseñanza

342

Escuela de la patria en San Juan

364

Métodos de enseñanza

390

VIII.—Ortografía castellana

408

Conclusión

452

EDUCACIÓN POPULAR

NOTICIA PRELIMINAR

POB

Ricardo Rojas

NOTICIA PRELIMINAR

Los arg-entinos consideramos a Sarmiento como

el primer apóstol de la educación primaria en Sud América. Tiene por títulos para ese predicamien-

to, sus viajes pedagógicos por Europa y los Es-

tados Unidos, donde nació su fraternidad con

Horacio Mann, gemelo suyo en el norte. Recuér-

danse también esas Cartillas que compuso o tradujo

en Chile; sus fundaciones escolares en una y otra

vertiente de los Andes; sus trabajos en los conse- jos de educación, en los ministerios, en los parla-

mentos ; y por fin, sus reñidas batallas en la pren-

sa, cuyo fragor resuena todavía, contra el fana-

tismo, la inercia o la estolidez de sus contempo-

ráneos. Todo eso forman sus títulos más popula-

res como apóstol de la educación ; pero apenas si se

recuerda ya en el Plata o si se lee en la voluminosa

colección de sus Obras, el tratado orgánico sobre

Educación Popular, que en 1849 se publicara en

Chile por la primera vez, y que ahora reeditamos

en la Biblioteca Aiigentina con especial dedica-

toria a los maestros normales de la República.

Más de sesenta anos han corrido sobre este li-

bro, y huelga anticipar que muchas de las cues-

tiones estrictamente pedagógicas que plantea, se han convertido ya en lugares comunes de la ense-

ñanza normal, o han sido desechadas por la expe-

riencia. Si tenemos presente que hacia la mitad

del siglo anterior, cuando fué escrita esta obra,

12

NOTICIA PRELIMINAR

las aspiraciones de la ciencia en favor de la edu-

cación democrática distaban mnclio de ser una

realidad, b siquiera un ideal universahnente acep-

tado, comprenderemos mejor el significado de su

doctrina, y el quilate de audacia precursora, o de

filantropía revolucionaria, que ella significaba en

el ambiente de América. Fuera de Prusia en el

viejo mundo, y de las ciudades tradicionales en el

este y en el sud de los Estados Unidos, la escuela

laica primaria, concebida como una obligación del

pueblo y del gobierno, era todavía experimento por hacerse en casi todos los pueblos de la civili-

zación cristiana. Y en cuanto a la América del

Sud, básteme recordar que en 1849, cuando Sar-

miento publicó este libro, tres tiranías de trapo rojo pesaban sobre las tres repúblicas del Plata;

un imperio católico del más auténtico tipo lusi-

tano se levantaba sobre el Brasil; y oligarquías

militaristas o fanáticas explotaban y sublevaban, vuelta a vuelta, la ignorancia indígena de las res- tantes naciones (1). Sobre aquel ambiente de ig-

nominia, la Educación Popular se nos aparece

ahora como un clarión de sol sobre un cielo si-

niestro.

No será justo dejar aquí olvidado el nombre

de Chile, que en medio de la vergüenza continen-

tal, presentábase entonces como anhelado oasis de

pacífica y laboriosa cultura. Iban a buscar aquel

rincón transandino de Santiago, hombres como el

sabio don Andrés Bello, que hallaban esfera para

su influjo intelectual, o en el sereno ambiente de

la Facultad de Humanidades, o en la arena que re-

movían con sus briosas polémicas, de una parte

la nueva generación chilena, y de otra la reso-

(1) Se extrañará que incluya ast al Brasil de D. Pedro II, tan lamoso entonces por su cultura; pero no olvidemos que era cultura cortesana,

diplomática, militarista, y no democracia, ni vigor popular a la mane-

ra del ideal americano.

NOTICIA PRELIMINAR

13

liante legión de los emigrados argentinos. Nadie

ha descrito con mejor documentación aquel mo-

mento, que el chileno Lastarria en sus Recuerdos

Literarios ; y nadie ha descrito con mayor clari-

dad la labor de Sarmiento en aquel Chile de los

proscriptos, como J. Guillermo Guerra en la bio-

grafía y estudio crítico que dedicó a nuestro autor,

en trabajo premiado y editado por el Consejo de

Instrucción Pública de Chile (2). En aquel ambiente chileno de 1849 vino a luz

el voluminoso libro sobre Educación Popular que

hoy publicamos; fué en sus orígenes un infoime

oficial presentado por Sarmiento al gobierno, como

resultado de un viaje de estudio por el extranjero,

para fundamentar reformxis legales que preconiza-

ba en los sistemas y métodos de la enseñanza nacio-

nal. El prestigioso ministro don Manuel Montt,

amigo de Sarmiento, había patrocinado aquel viaje

oficial por Europa y los Estados Unidos, y cuando el enviado regresó, mandó imprimir, a expensas del

Estado, la obra que le presentara como resumen de

las observaciones y datos recogidos, y ahijó las

ideas del autor en un proyecto de ley presentado a

las Cámaras en Noviembre de aquel mismo año de

1849. Desgraciadamente las Cámaras no aceptaron

en toda su integridad el plan de reformas pedagó-

gicas que Montt propusiera. Y así este libro, mu-

chas de cuyas partes, según dije, pudieran ahora

parecemos viejas, vulgarizadas o triviales, fueron,

hace más de sesenta años, cuando apareció, mo-

tivo para que se lo juzgase temerario en el país entonces más democrático de América. Dos importantes ediciones de esta obra han pre- cedido a la nuestra : la primera, hecha a expensas del gobierno chileno (1849) y la segunda, a expen-

(2) S, Guillermo Uuerra. Sartnitnto, 3u vida y sus obras. Santiago de

Chile, 1904.

14

NOTICIA PRELIMINAH

eas del gobierno argentino (1848-1895). Lo anti- guo y raro de la primera edición, casi inencontra-

ble en el comercio de libros, y lo poco accesible

de la segunda, que integra (tomo XI) los cin-

cuenta y dos volúmenes de las Obras Completas,

hacían casi indispensable esta edición económica para familiarizar con ella a nuestros maestros de

enseñanza primaria, y divulgar la que es, no sólo

una de las obras más serenas y orgánicas de Sar-

miento, sino la matriz de donde salieron casi todas las ideas constructivas que esparció en los treinta

años sucesivos de su apostolado pedagógico.

Aborda Sarmiento en este volumen todos los pro-

blemas capitales de la enseñanza popular, ya se la

considere como parte integrante del régimen de- mocrático, ya como práctica para la transmisión elemental de los conocimientos. Los capítulos que

se refieren a la renta (I) y la inspección escola-

res (II), presentan ese aspecto que llamaré o po- lítico» de la cuestión, autorizándose en ejemplos

europeos y norteamericanos. La educación de la primera infancia y la preparación de la mujer, son estudiados igualmente en sendos capítulos (III y V), donde pululan sorprendentes antici-

paciones. Las cuestiones concretas del procedi-

miento didáctico, o sea ejercicio pedagógico por

definición, plantéanse en el capítulo IV, sobre el magisterio y las escuelas normales; en el capítu- lo VI, sobre la escuela pública, su arquitectura, su mobiliario, su higiene; en el capítulo VII, so- bre la escuela en función, es decir, aprendizaje técnicamente distribuido en asignaturas, aulas,

maestros, horarios, y los diversos métodos de ense-

ñanza. La cuestión del método llévale en el capí-

tulo siguiente, a considerar los procedimientos más

someros y lógicos en el arte de la escritura y la

lectura, instrumento previo para toda otra con-

quista de la inteligencia. Como se ve, escribe Sar-

NOTICIA PRELIMINAR

15

miento un verdadero tratado de pedagogía demo-

crática, y debo agregar que une a la complexión

orgánica de sus ideas, una transparente serenidad

de forma en el estilo.

He ahí dos circunstancias que toman particu-

larmente digna de consideración esta obra, dentro

de la compleja y abundante bibliografía de su

autor.

Sabido es que la forma literaria de Sar-

miento ha llegado a ser proverbial, o en la manera

sentimental y romántica de Facundo y los Recuer-

dos de Provincia, o en la manera crespa y desor-

denada de Las Carpas (tomo XLVII) o de las

Ciento y una (XY), sus polémicas periodísticas.

Pero en este volumen de Educación Popular se

nos muestra Sarmiento como «escritor didáctico»

en el doble sentido de que considera una cuestión

pedagógica, organizada en plan sistemático de «tra- tado magistral» (para emplear una antigua expre-

sión retórica) y que la expone en prosa diáfana,

cuya belleza finca únicamente en la justeza y cla-

ridad del vocablo, o en la serenidad objetiva con

que presenta las ideas.

Los estudiosos hallarán en las páginas de este

libro numerosos motivos de meditación, ya sea so-

bre la formación autodidáctica de Sarmiento o so-

bre los temas de permanente actualidad para la cultura democrática, planteados en ellas. Adviér- tase, ante todo, que aquí formula de manera cohe-

rente (y lo hace aquí por la primera vez) todo su

programa de civilización. La obligación de la es-

cuela, para los padres y para el estado; la defensa

de la raza en el niño y en la mujer; las rentas es-

colares y los métodos más sencillos; las escuelas

normales y la reforma de la ortografíatodo eso

está considerado en Educación Popular como par-

tes integrantes de un programa o de un sistema.

Si antes de 1849 pudo tocar estas cuestiones, hízolo

incidentalmente, por dilentantismo periodístico,

16

NOTICIA PRELIMINAR

en páginas efímeras reunidas después en los pri-

meros tomos de las Obras Completan. Pero en 1849 las expone con madurez, con reposo, con or-

den, con autoridad. Aquí está comprendida la vi-

sión prospectiva del constructor. Esto es lo que ha

visto en Prusia o en Versalles ; lo que lia oído en

Madrid, o aprendido en Boston y Nueva York. En

la mayoría de estas páginas se descubre la proce-

dencia de sus ideas; se podría inferir dónde le fué

dicho o sugerido lo que afirma, pero toda esa varia

contribución, fúndela nuestro autor, como lingo-

tes de variado metal, en la fragua creadora de su

talento.

Después de 1849, Sarmiento insistió constan-

temente sobre las ideas cardinales de este libro.

CJomo prueba somera de esa aserción, recomiendo

ver en mi Bibliografía de Sarmiento (3), el ín-

dice analítico de lo contenido en los tomos de las Obras Completas, que se titulan Ortografía

e Instrucción pública (IV), Educación Común

(XII), Ideas Pedagógicas (XXVIII), Las Es- cuelas, base de la prosperidad y de la república

en los Estados Unidos (XXX), lnform,es sobre

Educación (XLIV), etc.,todo ello para mencio- nar su labor dispersa de orador y de periodista,

a la manera de lo que se ha reunido con los títulos

de Educar al Soberano (XLVII) y La Escuela illtrapaulpeana (XLVIII), donde también insiste,

cuarenta años después, sobre sus temas de 1849. Pero esa predicación, que se extiende a varios mi-

llares de páginas dispersas, no son sino la redun-

dancia necesaria a todo apostolado, sobre todo

cuando la voz reveladora ha de clamar eu el de-

sierto. Repetirse es a veces caracterizarse, y, desde

luego, medio excelente de hacerse oir. Sarmiento,

(5)

Edición íli- la IJniversiiliiii ili' I. a Plata (Centenario de Sarmien-

to), 1911.

>>OTICIA PBELIMINAE

17

apóstol de la cultura democrática, no hizo sino re-

petir como publicista y tribuno, durante casi me-

dio siglo, los temas esenciales de la Educación

PopuLAB. Conviene leerle en toda su obra, para co-

nocer las peripecias dramáticas de esa predica-

ción, y percibir el tono ocasional de la palabra

militante; pero la palabra doctrinaria, tuvo aquí

su expresión definitiva. Este fué el mensaje del

civilizador a la barbarie nativa.

No necesito agregar que la dirección de la Bi-

blioteca Argentina ha observado en la reproduc-

ción de este volumen, las mismas normas de auste-

ridad bibliográfica seguidas en los volúmenes an-

teriores. Se ha tenido a la vista, para la corrección de pruebas, la edición chilena de 1849, o sea la

príncipe de esta obra (4). Su título primitivo decía:

De la Educación Popular, del cual nos hemos per-

mitido suprimir la preposición y el artículo, sim- plificándolo de acuerdo con una tendencia popu- lar (5). Hemos suprimido también, por ser aquí

inoficiosos, los antecedentes oficiales de esta obra,

que acompañaron su edición chilena de 1849 (6).

Nuestro propósito era divulgar la doctrina de su autor, tal como él la concibiera, y la hemos dado

íntegramente, desde el primer párrafo, que abre el libro con una hermosa verdad, hasta el último, que

la cierra con otra igualmente hermosa. «La ins- trucción pública dice al comenzar, que tiene

por objeto preparar el uso de la inteligencia indi-

vidual, por el conocimiento aunque rudimental

de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón, es una institución puramente moderna, na-

Puede verse un ejemplar en el Museo Mitre. (Catálogo n.° 18, 1, 4.)

(5) Es Ja tendencia que ha substituido los primitivos nombres máí

extensos por los de: Quijote, Facundo, Julieta y Romeo.

(6) La noticia contenida en dichos antecedentes está dada en este

prólogo. Las notas referidas, por otra parte, no formaban parte de la «obra» sino de la «edición». Los estudiosos pueden verlos en las Obras

completas (tomo XI).

(4)

18

NOTICIA PRELIMINAR

cida de las disensioutís del cristianismo y conver-

tida en derecho por el e^íritu democrático de la

asociación actual». Y como la educación del hom- bre no ha de reducirse al aprendizaje oficial den- tro de las aulas, clausura Sarmiento su doctrina

con esta otra verdad: «

hasta

que dotada su inte-

ligencia (la del hombre) de la capacidad de dis-

currir con acierto, y sus manos de un arte para producir riqueza, llegue a la edad adulta, al des-

empeño de los deberes que la sociedad le impone,

y por las lecturas (7), los diarios, la vida pública,

los espectáculos y el contacto con los otros hom-

bres, termine solo con la vida este continuo apren-

dizaje que constituye la esencia del hombre ci-

vilizado; porque sólo los pueblos bárbaros quedan

al salir del hogar doméstico, irrevocablemente edu-

cados en costuvibres, ideas, moral y aspiraciones j>.

Ya se comprenderá, en leyéndole, por qué este li- bro incluido en nuestra Biblioteca significa un modo de realizar prácticamente con su propia obra,

la doctrina del maestro El carácter de esta Noticia preliminar no me

permite discutir aquí las diversas ideas que este

libro plantea. Solamente las cuestiones sobre »Sa- las de asilo o sobre Reformas de la ortografía re- querirían un extenso comentario. Baste para el

lector novel la prevención de que los libros deben

utilizarse principalmente como excitantes de la

propia meditación, y no como revelación absoluta

de la verdad. En cuanto al lector sabio, le roga-

mos que no olvide al juzgarlo, la época y circuns-

tancias en que sus páginas fueron escritas, y enton- ces verá que si algunas verdades le parecen viejas,

es porque Sarmiento se apresuró a difundirlas an-

tee de que él naciese, y que si algunas afirmacio- nes le parecen equivocadas, en cambio queda den-

(7) El subrayado et de Strmicnto.

NOTICIA PRELIMINAR

19

tro de ellas, vibrante y eterno, su ideal filantró- pico y su fe en la vida, que son para las verdades morideras, como la savia de la tierra fecunda,

allá en el árbol deshojado pero ya germinante de nuevos brotes, en esa oculta palingenesia de los

bosques, donde el otoño es la verdad y la prima-

vera el ansia de alcanzarla.

EiCABDo Hojas

INTRODUCCIÓN

INSTRUCCIÓN PUBLICA

El lento progresa de las sociedades humanas ha

creado en estos últimos tiempos una institución

desconocida a los siglos pasados. La instrucción pública, que tiene por objeto preparar las nuevas

generaciones en masa para el uso de la inteli- gencia individual, por el conocimiento aunque

rudimental de las ciencias y hechos necesarios

para formar la razón, es una institución pura- mente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espí-

ritu democrático de la asociación actual. Hasta

ahora dos siglos había educación para las cla-

ses gobernantes, para el sacerdocio, para la aris-

tocracia; pero el pueblo, la plebe no formaba,

propiamente hablando, parte activa de las nacio-

nes. Tan absurdo habría parecido entonces sos-

tener que todos los hombres debían ser igualmen-

te educados, como lo habría sido dos mil años an- tes negar el derecho de hacer esclavos a los ven-

cidos, derecho sobre cuya práctica estribaba la existencia de las sociedades libres. No es mi áni-

mo hacer aquí la historia de la serie de aconteci-

mientos y do conquistas que han traído a los pue-

blos cristianos al punto a que han llegado hoy.

Será esto quizá el asunto de un trabajo especial. Por ahora bástenos el hecho de que cada progreso

en las instituciones ha tendido a este objeto pri- mordial, y que la libertad adquirida en unos paí-

22

D. F. SARMIENTO

ses, el despotismo mismo en otros para hacer per-

donar su irregularidad, han contribuido poderosa-

mente a preparar a las naciones en masa, para el

uso de los derechos que hoy no pertenecen ya a tal

o cual clase de la sociedad, sino simplemente a

la condición de hombre. Hay más todavía: los derechos políticos, esto es, la acción individual

aplicada al gobierno de la sociedad, se han anti- cipado a la preparación intelectual que el uso de

tales derechos suponen. Nada habría parecido más

conforme a razón que preguntar al que va a ex-

presar su voluntad en la dirección de los negocios públicos, si esa voluntad estaba suficientemente

preparada y dirigida por una inteligencia culti-

vada y por la adquisición de todos los hechos que autorizan a prejuzgar sobre el bien o el mal pú-

blico que puede producir la línea de conducta que haya de adoptarse. Pero los acontecimientos his-

tóricos se han. anticipado, se puede decir; y la ley

no se atreve ya a poner por condición el uso del

derecho que pertenece al hombre, pqr nada más

que ser persona racional y libre, la capacidad en que se halla de ejercerlo prudentemente.

Hasta no hace un año, podría decirse que exis-

tían entre los pueblos civilizados dos derechos ci-

viles distintos: uno que se refería a la propiedad,

otro a la persona ; aquélla como garante de la in-

teligencia de la otra. Esta diferencia, sin embar-

go, va a desaparecer con la última revolución de

Europa, que dará por resultado final en la prác-

tica, como ha dado ya en principio, el derecho de

todos los hombres a ser reputados suficientemente

inteligentes para la gestión de los negocios pií-

blicos por el ejercicio del derecho electoral, co-

metido a todos los varones adultos de una socie- dad, sin distinción de clase, condición ni edu-

cación.

Y esta igualdad de derechos acordada a todos

los hombres, aun en los países que se rigen po»*

.sistemas tutelares, es en las repúblicas un hecho

que sirve de base a la organización social , cuales-

quiera que sean las mcxUficíiciones que sufra acci-

EDUCACIÓN POPULAB

23

dentalmente por los antecedentes nacionales u

otras causas. De este principio imprescriptible

hoy nace la obligación de todo gobierno a proveer

de educación a las generaciones venideras, ya que

no puede compeler a todos los individuos de la

presente a recibir la preparación intelectual que

supone el ejercicio de los derechos que le están

atribuidos. La condición social de jos hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas de

la voluntad. Un padre pobre no puede ser respon-

sable de la educación de sus hijos; pero la socie-

dad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de