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Maria Silva Ossa es una de las escritoras de RRC OU eel PPO Ree ee cee Crea a Peete ee eC ue Cee Cu coe ec ee Sen nse eu es abuelo Jose Santos Ossa, el famoso explora- Reece eC LCR) PC cue Pen ee eke pee ee ee ee eu naa eer oc FO ey eee CE eek nar ed otros cuentos (1993) y Cuentos de hadas y eet tee Ne eee ecu a Peete oe an ten. Tanto lo desea, que se pone a dibujar perros en su computador. De pronto, desde en uta cu cce ré en una serie de aventuras. Este y otros ee ae ue Le Entre ellos, el de un nifio llamado Nadie, al OS eure mS eee em Ree ee aoe) Pe en ean Cc El perro virtual y otros cuentos Maria Silva Ossa EL PERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS MARIA SILVA OSSA ILUSTRACIONES DE CARMEN CARDEMIL @ Delfin de Color LSBIN: 978-956-12-1854-3, ‘6 ediciém: abel de 2012. Obras Fecogidas LSB.N. 978-956-12-1853-6. ‘P edicion: abril de 2012. Diveccisn editorial: José Manuel Zabsrt Direccién de arte: Suan Manuel Neira, Direcciin de produccisn: Franco Giordano, (© 2007 por Maria Silva Ossa. Inseripcién N° 160.680. Santiago de Chile Derechos exclusivos de edicin reservados por Empresa Editora Zig-Zag, S.A. Buitado por Empresa Editora Zig-Zag, $.A. ‘Los Conquistadores 1700, Piso 10. Providencia, Teléfono 8107400, Fax 8107455. E-mail: zigzag@zigzag.cl Santiago de Chile. El presente libro no puede ser repraducido nien todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por aingiin medio mecénico, ni clectrénico, de grabecién, CD-Rom, fotocopig, ‘microfilmacién u otra forma de reproduction, sin la antorizacion escite de su editor Impreso en R y R limpresores. ‘Curifanca 771. Sen Miguel Santiago de Chile. INDICE PALABRAS PRELIMINARES EL PERRO VIRTUAL, . UN NINO LLAMADO NADIE EL PASTOR Y SUS PERROS LAS BRUJAS DEL GATO. EL BRANCA, 25 45 59 73 EL PERRO VIRTUAL Ani me gustarfa tener un perro! Si jme gus- tarfa! En esta casa nunca han tenido un perro, y en la casa de mis amigos siempre hay perros. En todas las casas hay perros y aqui no hay ninguno... —jMatias, ven a comer! ;Acuérdate que mafana tienes que levantarte temprano para ir al colegio! (Si, mama! Pero, estaba pensando... —3En qué pensabas? —Pensaba en que deberfamos tener un perro... ~;Un perro? [Estds loco! ;Cémo se te ocurre pensar en eso, cuando ti sabes muy bien que en esta casa no se admiten perros! Por eso yo pensaba que si admitiéramos uno, nada més que uno, todo seria mds alegre en esta casa, ul RIA SILVA O85 “a cit crees que fa alegria solo la producen los perros? La alegria se produce en ti al saber que te queremos; jy también se produce en tus amigos cuando juegas y conversas con ellos! _Si, si sé esos pero un perro puede ser mi més grande amigo del alma. Yo Je hablasia de mis cosas y di, al mirarme con sus ojos fijos, comprenderia lo que yo le digo. Y quizds me contestara jguau! Martin zestds sofiando? —;Sofiando? ;Ojald mi suefo fuera realidad! ‘Apenas apagé la luz de su limpara y bien acostado en su cama, Martin se dijo: _Podria conseguitme un perro puertas afuera, Ser duesio de un perro de la calles de un perro que me esperara al otro lado de la puerta y me acompafiaraa todas partes. Pero, gdénde dormiria? jNo creo que un perro gue me acompafie en mis salidas duerma luego en el rincén de algiin edificio! ;No! Yo necesito un perro propio. Un perro que duerma ami lado y me cuide, sobre todo cuando me vienen las pesadillas. jAlgo tendré que hacer! Al ouro dia, al volver del colegio, se senté ante el computador y comenzé a teclear. Sin darse cuenta, EL PERRU VIRTUAL Y OTROS CUENTOS formé con rayas varias figuras. Entonces se le ocurtié dibujar un perro. Martin no era bueno para el dibujo, a pesar de dllo hizo en la pantalla fa figura de un perros pero los ojos de éste le quedaron pegados a la nariz y una pata més corta que las otras. El perro lo mir6, abrié el hocico, mas de su hocico no salié ningtin sonido. Martin exclamé: —jHola perro! ;Queé te parece si vivieras conmigo...? El perro lo quedé mirando... luego sacé su lengua y Jamié los ojos de Matias, porque los tenfa muy cerca de su hocico. En ese momento Martin escuché que alguien se acercaba por la galeria. Apagé el computador yabandoné répidamente su piera. Era su padre, que habia salido més temprano de Ja oficina; entonces, al verlo, tuyo una ocurrencia: —Papé, spodemos ir al lago? Alli nos bafiarfamos... {Me encanta el lago, papa! -Si, hijo, si... Aunque tendrfamos que comunicér- selo a tu mama. A ella no le agrada estar mucho rato al sol, piensa que se le arrugaria la nari Dany! {Te gustaria acompafiarnos al lago? {Fl MARIA SILVA 0554, dia est4 muy caluroso! jEl agua debe estar exquisita! ~;Segutamente! Pero hoy es imposible que los acompafie. Quedé de juntarme con Isabel. Vamos a vitrinear, porque, te diré, jno tengo qué ponerme para este verano! Martin entré en su picza a buscar el pantalén de bafio y mird de reojo el computador. Fste atin estaba funcionando y el perro que él habia dibujado se movia para todos lados, hasta que de pronto dio un salto, salié de la pantalla y se echd en el suelo. Era un perro pequefo, Parecfa un animalito de un mes. Su pelaje café claro era hermoso y sus orejas oscuras, caidas a ambos lados de la cabeza, lo convertian en un mastin en miniatura, aunque sus ojos los tuviera cerca del hocico. Martin no podfa creer lo que estaba viendo... No! ;No era posible que él hubiese creado un perro chiquito que moviese su colita delgada! Peto, iyo lo dibujé y ahora tiene vida...! Lo tomé en sus brazos y Io guardé en su mochila, luego apagé bien apagado el computador y cerré la puerta de su cuarto. ‘A grandes zancadas bajé la escalera y junto a su padre se subié a un bus, el cual los dejaria cerca del lago. MARIA SILVS 085A, Era un hermoso lago, cercado de érboles inclinados, como si desearan beberse el agua. De vez en cuando pasaban veleros con velas infladas y uno que otto barquichuclo enhebraba el batir de las olas. Martin colocé su mochila contra un drbol y se sumergié en el agua al lado de su padre. Nadaron de una a otra orilla, nadaron y nadaron. De pronto Martin se dio cuenta de que alguien los miraba. Era su perro, que abria el hocico para emitir sonidos, pero no podia ladrar. El nifio lo cogié con el deseo de meterlo en el agua, pero el perro dio un brinco y se puso a cortet cojeando por entre las personas que tomaban sol tendidas en la hierba. Martin partié tras él. El animalito se introdujo por tuna vieja calle. Los edificios de ambos lados tenian en el primer piso pequefias tiendas. El nifio se met: en un pasillo oscuro y lleno de polvo, que lo condujo hasta unas habitaciones atestadas de vitrinas y estan- terfas repletas de juguetes y de libros empolvados, que le causaron miedo. ~;Quién vivird aqui? —se pregunté. ‘A su pesar siguié caminando. El miedo lo hacia 16 EL PERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS temblar, Tavo que sujetarse a las paredes para no caerse y colocar sus pies desnudos con gran cuidado sobie las tablas flojas que cubrian el suelo. iA qué venia? ;Qué era lo que buscaba? Buscaba a su perro, Pretendia encontrar lo que habia animado su mente y sus sentidos. Buscaba lo que siempre habia anhelado tener. De pronto se encontré ante un gnomo gigante vestido a la antigua, con un gorro de punta roja y pantalones cortos que dejaban ver sus enormes pies metidos en zapatos de charol negro con hebillas chis- peantes. Sus brazos extendidos le impidieron avanzar. —Déjeme seguir! “le suplicé Martin ;Quicro en- contrar a mi perro que se escapé! Lo vi entrar a este pasadizo y no lo hallo... Digame, por favor, si ha visto aun perro chico que mucve la cola para todos lados. El gnomo lo mité sonriendo. —{Vienes en busca de un perro? ~dijo-. A los perros no les agrada que fos que no son pertos los obliguen a hacer cosas que les caen mal, como comer lechugas, por ejemplo, o tirarse al lago sin saber nadar. -Yo no he obligado a mi perro a hacer esas cosas. No lo he obligado a nada, él es el que me obliga a MARIS SILVA O8SA, seguirlo, pues yo lo quiero encontrar; des el que se perdid por estos pasajes oscuros... _Espera, espera nifio —le contesté el gnomo-. ;Ya no habré mds oscuridad! —Apreté entonces un botén ena pared y el espacio se iluminé oon luces de varios colores, que hicieron sonretr alos mufiecos y a las pequefias hadas bailar al compas de una misica suave. “Martin se detuvo y empez6 a remover los juguetes que llenaban varios canastos de mimbre. Con impa- iencia Jos cogia y los tiraba al suelo. El gnomo pas al lado del niio, le dio un golpecito en la cabera y se alejé. Martin entré en otra sala, donde cientos de osos, jirafas, gatos de trapo, dragones con rostros demons- truos se le tiraron encima y casi lo ahogaron. El niio se arrancé por una puerta derruida y se encontré en la calle al lado de su padre. “Hijo ;dénde te metiste? ‘Te segul y de repente desapareciste. {Qué es esto, Martin? Qué te estd pasando, hijo? {Te encuentro raro!;Es peligroso cruzar las calles sin mirar los seméforos...! Qué te sucede, Martin! Aqui esta tu mochila. Ponte la polera y los pantalones... EL PERRO VIRTUAL ¥ QTROS CLIENTOS -No me sucede nada, papa. Corri porque sentia frio y ademés... ;Papa, mira esa vitrina! Alli hay un libro que esté leno de perros. De perros? Si. Tiene cuentos en donde salen perros. Con estupor, el nifio veta que en el libro, a todo color, aparecia su amado perto, y que éste lo miraba con su hocico abierto, como queriéndole decir algo. —Pap4, cémprame ese libro! ~Bueno, Martin, ya que he observado que te gustan mucho los perros. Si. jAptirate, papé! {No se vaya a ir..! —2Quién se vaca ir? —El perro, papa. Como se te ocurre que eso vaa pasar! Los dibujos no tienen vida propia. ;Tranquilizate, Martin! Bueno, papé. ;Pero cémpralo luego! El padre de Martin compré el libro y se lo entregé al nifio, quien lo apreté con fuerza sobre su pecho. Esta calle es muy rara, pap; los juguetes aqui tienen vida. Vida igual a la tuya y a la mia. Yo creo que les gusta que las personas los miren y sc los lleven a sus casas. MARIA SILVA O8SA, —Puede set, hijo. Puede ser. Cuando llegaron a su hogar, la mamé de Martin 16 al verlos: —jVienen con facha de pordioseros! Traen los pantalones embarrados y las poleras puestas al revés. sQué les ha pasado? Ya es hora de comer, tengo lista la mesa, pero por favor vayan a lavarse y a cambiarse ropa para que me cuenten sus aventuras. Martin subié a su dormitorio y dejé el libro sobre la cama. Luego se lavé la cara y las manos y se puso una polera limpia. El padre hizo otro tanto, y, como personas limpias y educadas, se sentaron a la mesa y comenzaron a contarle a la madte las maravillas del Iago, las lanchas que provocaban olas y el aire perfumado que envolvia a los arboles. El pap de Martin hablé tanto que les dio suefio y muy contentos se fueron a dormir. Martin entré a su pieza y casi se desmayé: sobre su mesa, y bajo ella, habia perros de todos los tamafos y colores, grandes y chicos. Su quetido perrito estaba acurrucado sobre su almohada. —aDe dénde salieron estos perros? ;Por dénde entraron a la casa? -se pregunté el nifio, y miré el 20 MARIA SILVA OSS libro que le habia comprado su padre en la tienda de fa calle vieja. Llegé a la conclusién que de alli habian salido; los perros eran las ilustraciones de los cuentos. En ese momento sintié los pasos de su madre que se acercaba al dormitorio. ~Dios mio ;qué haré? ;Mi mamé me va a castigar cuando vea la pieza Lena de perros! La madre abrié la puerta y todos los animales des- aparecieron, todos, absolutamente todos se refugiaron en el libro de cuentos, mientras su perrito amado se escondia tras la pantalla del computador. “Buenas noches, Martin! ~dijo la madre, dén- dole un beso. jQue duermas bien y tengas suefios entretenidos! _S{, mamé. jYo siempre suefio maravillas! ‘Apenas se hubo ido la madre, los perros del libro de cuentos empevaron a ladrar y se arrojaron sobre el computador, rompiéndolo en mil pedazos. Luego se acomodaron en el libro. Martin comprendié enton- ces lo que habia pasado: su perrito habia intentado esconderse en el libro, y como el libro no necesitaba is perros, los animales pretendieron matarlo porque no permitian ilustraciones extrafias. 22 ELFERRO VIRTUAL ¥ OTKOS CUENTOS Martin se acosté con su mascota y besindola se quedé dormido. Al despettarse, por la mafiana, sintié que algo se movia. Eché para atrés la ropa de camay encontré a su amigo que lo miraba con los ojos medio cerrados y.que abriendo su pequeito hocico le decia ;guau! EI nifo lo colocé nuevamente dentro de su mo- chila y bajé a la cocina a tomar desayuno junto asus padres. Peto el pertito, de un salto, se encaramé en Ja mesa y se lamid los ojos con la lengua. Alver la escena la madre se puso a gritar. El padre, en cambio, tomndolo cuidadosamente en brazos, le dijo al nit Martin jeste es tu secreto? Si, papas este es mi secteto. Yo lo dibujé en la pantalla del computador y con mi pensamiento le di vida. Ay; hijito! -suspiré la madre. ;Déjalo, hijo! {Deja que él viva con nosotros! Ti lo dibujaste y tu imaginacién le dio vida. Seguramente tiene tus mismos instintos, tu mismo espiritu. ;Tendrés que ensefiarle a ser perro de verdad para que viva feliz entre nosotros! UN NINO LLAMADO NADIE 25 L calle angosta y larga, era mds larga y angosca que otras calles angostas y largas. Los edificios que estaban a ambos lados parecian flechas disparadas hacia el cielo, con unas ventanillas, de vidrios de colores tras los que se vefa una figura de rostro flaco y arrugado, y otra gorda y suave llena de sonrisas contagiosas. Una profesora de mofo a la vista y cincur6n col- gando, llevaba a sus alumnos pequefios para que, caminando por esa calle, aprendieran quienes eran los que construyeron la ciudad y quienes eran los que Ia destruyeron. Algunos nifios preferfan a los que la destruyeron y otros a los que la construyeron. Magi SILVA 085A, Habfa profesoras que ponian énfasis en una u otra cosa; pero las mas disimulaban sus ideas y contaban la historia de corrido, como si fuera la verdad. Cada dia, a las diez de la mafiana, los nifios reco- rrian la calle angosta y larga. Cada dia, sin saltarse un solo dfa, iban callados y en fila, oyendo lo que ya se sabian de memoria, Pero un dia, un nifto muy chico y flaco, falté a clases. Ninguno lo noté porque era tan chico y fla- co, que el espacio de la fila entre nifio y nifio quedé como si estuviera en ella. La profesora contuvo el aliento al darse cuenta de que faltaba un nifio. Al contarlos, en lugar de 26 contd 25. ~iNo puede ser! ;Nifios, esperen... Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... jAy! {Qué trabajo! ~{Yo la puedo ayudar, sefiorita! le dijo un nifio-. Soy el cuarto. =;Cémo vas a ser el cuarto si estés en el décimo lugar? —Soy el cuarto porque tengo tres hermanos mayores, y por eso soy el cuarto. ‘Los demas nifios rieron, y empezaron a decir: 28 EL PERRO VIRIVAL Y OTROS CUENTOS ~Yo soy el primero. Yo soy el quinto. Yo soy el nico, 0 sea, no tengo mimero, ~jA vet! Silencio, nifios! ;Voy a consultar mi libreta personal! De un bolso gigante que colgaba de su hombro derecho, sacé una libreta inmensa, y sentandose en un peldafio de la escalera de un edificio fue dando vuelta las paginas hasta que encontré el niimero 26. Ah! es el nifio que vive en el limite del campo y la ciudad. Esta tarde iré a ver a su madce pata preguntarle por qué no mandé a su hijo al colegio. * La sefora Flor estaba regando las macetas de su patio ubicado entre el campo ya calle larga y angosta, que separaba los recuerdos de las realidades. Regaba todo lo verde y hasta reg6 su vestido mien- tras pensaba en su marido que llegaba tarde a la casa, porque trabajaba sudando de jornalero, y el pan que se lo comian de un bocado. ‘Al mitar hacia la calle angosta y larga, vio venir a la profesora, que bajo su falda corva movia ligero sus piernas. rect 29 ARIA SILVA 0854 Alllegara la casa atravesé el corredor, pero resbalando sobre unos huesos de guindas que se movian con el viento, se cayé sentada sobre las baldosas del suelo. —Sefora, vengo por su hijo. Su hijo tiene el ntimero, 26 en la lista de alumnos y no me explico por qué ha faltado. ;Esto me trastorna! ;Esto me confunde! Y ademés, sefiora gquién ha dejado tirado esos huesos de guindas en el suelo de su casa? —;Quién? —respondié a sefiora Flor-. ;Quién? Pues Nadie. —;Nadie? Entonces, si nadie ha titado esos cuescos al suelo, digame gpor qué estan en el suelo? Esto me preocupa, porque es un mal ejemplo para el nifio. —Sefiorita, yo no miento; cuando Nadie come, Nadie tira los huesos de guindas al suelo, y como Nadie se sube al guindo, no le puedo decir a Nadie que los recoja. ~Scfiora, su hijo ha faltado al colegio. :Puede de- cirme dénde estd en este momento? —Seforita, ,qué le parece si entramos en la casa y conversamos tranquilas tomandonos una tacita de t€2 ~Sefiora, me parece que su casa esti embrujada. Si aqui nadie hace nada gquién le prepara a usted el cé? MARIA SILVA OSSA El té lo preparo yo. No permito que Nadie se meta en la cocina, y menos que alguien que no sea yo tome la sartén por el mango. Bueno, sefiora, entremos si usted insiste... En ese momento llegé el pequefifn muy agitado. —En dénde has estado, hijo? —Pues fui a la calle larga y angosta, pero mis amigos se fueron. -2¥ a dénde se fueron tus amigos? A sus casas. Entonces miré los vidrios de colores, y los volvi a mirar por mucho rato. La profesora se atoré con el té, y al ponerse de pie Jo derramé en la alfombra. Con su pafiuelo se puso a limpiar la mancha, =Perdone, sefiora, pero me patece increible que un alumno m(o no me salude al entrar! —Sefiorita, me da gusto verla -balbuced el chico. —Mira, nitio, si tu madre cree que fuiste al colegio, gpor qué no fuiste? =Yo salf pata el colegio, pasé por la calle angosta y larga y me puse a mirar los vidrios de colores. Me quedé mirdndolos, porque pensé: Si la ciudad la EL PERRO VIRTUAL ¥ OTROS CUENTOS construyé alguien, y otro la destruyé, zquién entonces la volvié a construir? La sefiorita profesora se atoré de nuevo, pero su- jeeé la taza de té para que no se derramara otra ver, y mirando fijo al nifio, le respondié: ~Si no faltas més al colegio sabras quienes son los que la reconstruyeron. —Sefiorita, por favor, digame, digame gquién fue? Porque en la noche suefio que viene Batman y cons- truye la ciudad poniendo ladrillos sobre ladrillos, pero después llegan volando los murciélagos y con sus alas asquerosas botan todo lo que hizo Batman. Entonces despierto, y mi mam me besa y me dice: “No te aflijas, porque solamente Nadie sabré estas cosas”. ~Bueno, sefiora, si usted trata a su hijo como a una guagua, no crecerd nunca, Le cuego que mafiana vaya usted a dejar a su hijo al colegio para que no se quede el dia entero mirando los vitrales de la calle angosta y larga. Pero antes limpie el corredor de esos huesos de guindas. -Nadie barreré el patio, sefiorita, no tenga usted cuidado, —Usted, sefiora, hecha a la broma todo lo que le digo. Eso me apena. Mi alumno ntimero veintiséis MARIA SILVA O5SA, sabré muy pronto quign construyé la actual ciudad. En ese momento Hlegé el padre de Nadie y saludé ala profesora: -Sefiorita, es un honor tenerla por aqui. Supongo que no vendré a decir que mi hijo ha sido expulsado hoy por distraido. Y dandole un beso a su mujer, cogié en brazos a su hijo y lo tiré hacia arriba y luego lo recibié como si fuera pelota de fiitbol. La profesora se arreglé el mofo y se apreté la cin- tura con su cinturén. —Nada de eso, seftor ~dijo-. Ahora me retiro, y les ruego que leven al nifio mafana temprano al colegio. ~Adiés, sefiorita. Maftana llegaré al colegio. ;Ojali que usted me vea en la fila, porque como soy muy chico y flaco no me cotizan! * Al dia siguiente Nadie salié de su casa de la mano de su madre. Esto fue muy temprano en la mafiana, Los péjaros cantaban felices porque habfa llegado la primavera, y miraban para todos lados buscando AL PERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS el Arbol en donde harian sus nidos. AUf la pajarita pondria sus huevos, y el pajardn los cuidaria para evitar que las aves feroces se los comieran. La sefiora Flor saltaba los charcos, y Nadie se solté de su mano, metid los zapatos en el agua y los pantalones se le ensuciaron con barto. Finalmente, y luego de atravesar la calle angosta y larga, llegaron al colegio. Nadie subié de dos trancos los escalones de madera, y tirandole un beso a su madre cruzé de un brinco la puerta de entrada y se metié en lasala sin que lo vieran. Como era tan flaco y chico, hasta su sombra era pequeria. La profesora tocé la campanilla que tenia sobre el esctitorio y ordend a los nifios que formaran fila; los pequefios adelante y los mds altos atrés, Nadie fue el primero que se puso de pie, ensuciando el suelo con sus zapatos embarrados. {Quin ha echado este barto en el piso? —pregunté la profesora, con el mofio caido hacia un lado. —Nadie —dijo una voz tan baja que apenas se oyd —Esto es espantoso! jLa brujeria est4 presente en mi sala! ~exclamé la sefiorita, trémula, Pero se repuso con esfuerzo y emper6 a cantar: MARIA SILVA SSA —jMarchen, nifios, marchen! ;Que los pasos firmes hacen crecer la energia del cuerpo y llenan de alegrfa el alma! Los nifios hicieron una filay Nadie marchaba adelante. La profesora los hizo enttar en la calle ids angosta y larga que otras calles més largas y angostas, donde los edificios se elevaban hasta las nubes. —Aqui nos detendremos, nifios. Descansemos un momento. Los alumnos se sentaron en los peldafios de una escalinata, y abriendo sus cajas de colacién empezaron a. comer pan con queso. Nadie, entretanto, se introdujo por una puerta que estaba abierta en uno de los edificios. La oscuridad era tan grande que casi se cae al subir una escalera que iba derechito hacia arriba y que luego doblaba y doblaba, como jugando al pillarse. De pronto se encontré en una sala clara y soleada, donde un sefior de rostro redondo y alegre estaba sentado en un sillén. Al ver al nido, el sefior lo cogié de un brazo y lo hizo sentarse a su lado. —:Quién eres ti, pequefio, que apareces de repente, como un rayo de huz? 36 VL PERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS ~Yo soy Nadie. —gNadie? Entonces bajaste del cielo para acompafiar mi soledad. —;Usted esté solo en esta torre tan alta? Si, estoy casi solo porque me cuida una enfermera. ‘Avveces miro a través de los vidrios de colores y me entretengo contemplando a tanto nifto que pasa en fila por la calle larga y angosta. ~zEntonces es usted al que uno ve detrés de los vidrios de colores? -Si, puede que sea yo. ~ el otro sefior flaco y arrugado...? —jAh! Ese otro es mi enemigo. Fl se asoma todos los dias por el otro ventanal y arruga el cefio porque le cargan los nifios. ~{Qué agradable es estar a su lado, sefior! Pero me gustaria ir a ver también al sefior flaco y arrugado. Y en un dos por tres, Nadie dejé al sefior bona- chén y, subiendo por la torre del lado, llegé a la sala donde el sefior arrugado tosia y tosia sentado en una mecedora, y estiraba el cuello para ver fa calle larga y angosta, y lanzaba maldiciones en contra de los nifios que desfilaban abajo. MARIA SILVA 0854 Como era un poco cegatén, el sefior arrugado no vio al nifio, pero se asombré cuando alguien abrié el ventanal y un aire puro y fresco penetrs en sus pulmones. =zQuién esté en mi pieza? -pregunté entonces, con vor ronca. -iYo, sefior arrugado! =¥ quién eres ui? ;Cémo te atreves a despertarme con ese sol que envuelve ahora mi dormitorio? Yo soy Nadie! =zMe ctees idiota? {Crees que yo creo que nadie viene a cuidarme y a preocuparse de mi? Si, sefior flaco y arrugado, yo todos los dias lo veo a usted, como a las diez de la mafiana, cuando su figura se refleja en los vidrios de colores. —jMe las vas a pagar pequefio monstruo! ;Crees que vas a manejarme asi no més? —Pues, jpilleme! —(Te pillaré, salvaje! -y el sefiorflaco y arrugado bajé cojeando las escaleras ala siga del nifio. Este se metié enel oro edificio y subié las escaleras perseguido por el seftor flaco y arrugado, hasta llegar a la habitacién del bonachén, Allf el sefior flaco y atrugado cayé al MARIA SILVA OSS, suelo, agotado. El sefior de cara sonriente se levanté de un salto, y con mucho esfuerzo logré sentar al arrugado al lado de su sillén. Nadie aplaudié feliz: Ahora uni al bien con el mal! -exclamé~. Si se quieren jserén super felices! ‘Ambos sefiores sonrieron, y dandose la mano se juraron amistad fraterna para siempre. Cada uno piensa distinto del otro —comenté el bonachén-, pero hay que respetar y escuchar los pensamientos de los otros. jh! -exclamé Nadie-. ;Pueden ustedes decirme quién construyé esta ciudad, quién la destruyé y quién la reconstruyé? ~{Yo se lo digo! —repuso el sefior flaco. No! Yo hablaré primero —replicé el bonachén. —jJa! Ja! Vamos por partes! Bueno -empezé el bonachén-, este era un pucblo donde vivia mucha gente mapuche. Ellos construye- ron su feino con chozas de troncos y techos de paja. Todo esto lo sacaron de los bosques. Los que man- daban se lamaban caciques y ensefiaban a sus hijos a guertear para defenderse de los invasores. Porque FL PERRO VIRTUAL ¥ OTROS CUENTOS sentfan que algo raro pasaba en el aire. Creian que sus antepasados los ayudaban desde arriba. Cada grupo tenfa su t6tem, con cabezas anules y cuerpos de madera, pintados de distintos tonos. El tétem era sagrado para ellos; creian descender del tétem, que representaba a la naturaleza, Las mujeres trabajaban la tierra y cuidaban a los hombres y a sus hijos. Los bosques los envolvian y la felicidad los iluminaba, Pero un dia llegaron guerreros de otros continentes, destcuyeron el pueblo y se apoderaron de las indias. Y a pesar de que la lucha duré muchos afios, los indigenas fueron derrotados. Sit -exclamé el sefior grufén-, Por suerte fueron derrotados. Porque los invasores les ensefiaron a vivir en forma correcta; a tener solamente una esposa y los hijos que Dios les mandaba. -;Si ellos destruyeron el pueblo de Jos mapuches y se apoderaron de las indias, y les robaron los bos- ques, _Cuando el gato y tu hermano Gastén, que iba detrés de él, llegaron hasta e! muro de hiedra que separa el huerto del jardin, el gato, muy decidido, se encaramé en una rama y siguié caminando tran- quilamente por el aire. Si puede, zpor qué yo no? ~se dijo tu her- mano, y se lanzé tras el animal, sosteniéndose perfectamente sobre el puente que solo el gato y tu hermano vefan. Algo, al otro lado del muro, llamé la atencién del gato, que saltando como sobre un trampolin fue dando tumbos hasta caer en el hueco de un arbol muy viejo, carcomido por las polillas. Gastén salté sin dificultad tras él. ”Cayé, como te digo, casi encima del gato, y como el jardin estaba a oscuras, los ojos del gato relumbra- son igual que focos de automévil; se habria podido leer a la luz que despedian. ot MARIA SILVA 0884, "Gaston, encantado, palmoteaba, y mientras més palmadas daba en el aire, sentfa estar tocando cosas vivas. Miré al gato, y luego a sus manos, y entonces sucedié lo extraordinario: sus manos estaban Ilenas de brujas...jcomo lo oyes! llenas de brujas contantes y sonantes”. . En esta parte del relato, llamaron a la madre. Alicia se quedé sola en su pieza. Sus juguetes se inclinaron sobre ella tratando de explicarle algo. La nifia no queria escuchar nada. El relato podria no ser del todo cierto, pero algo le decia que era verdadero. Al dia siguiente, después del desayuno, Alicia salié al jardin y saltando la reja cayé a la orilla de la buerta. Miré atemorizada para todos lados. Luego caminé sigilosamente hasta dar con el arbol viejo que le des- cribiera su madre. El hueco del tronco era inolvidable. Con mucho cuidado metié la cabeza por la aber- tura, Las telas de arafia la hicieron estornudar, pero ninguna bruja visible se pegd en sus manos, a pesar de que aplaudia con todas sus fuerzas. De repente, la sombra de un gato se dibujé en ef tronco. Un escalofrfo de terror la sobrecogié. Ponién- dose de pie huyé y sin saber cémo legé a su casa. Ya en su cuarto esperé impaciente. 66 TL FERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS Era de noche. Por fin llegé la madre a contarle el final del cuento. —:¥? -pregunté Alicia, dime, :qué hizo mi her- mano con tantas brujas en sus manos? ~Eso no te lo puedo contestar, porque Gastén, por su edad, atin no sabia expresarse bien. —¢Entonces, cémo supiste lo que me has contado? —Escucha: ese gato yo se lo habia regalado a una sefiora que tiene una hija muy joven. Tu hermano jamds ha querido contar lo sucedidos dice que nunca conocié al tal animal. Pero yo sé muy bien lo que sucedi6, porque la chica aquella, de tanto mirar los ojos del gato, terminé por ver lo mismo que él vefa. Y por curiosidad habia seguido a Gastén aquella noche. “Yella cuenta que Gastén, riéndose, echaba a volar brujas, luego las apresaba y en seguida las soltaba, y que asi continué jugando hasta que, de repente, los seres diminutos meticron a tu hermano dentro del viejo tronco y nadie lo pudo encontrar hasta tres dias después”. Aquella noche Alicia sofié que el gato le prestaba sus ojos, y que ella también podia ver las cosas ocultas para los demés. or MARIA SILVA 0558 * Ala hora de la siesta, la nifia le insistié a su madre que terminara la maravillosa historia: -Y, jrodavia quedan brujas en alguna parte? le pregunté. . No, de esta clase de brujas ya no hay. Una que otra, perdida, entra por las ventanas en el verano... Te explicaré: Cuando tu hermano salié del encierro en el arbol, nadie noté algo extrafio en él; solo miraba asombrado y sus movimientos eran un poco raros. Por ejemplo, cuando pasaba de un lugar a otro, movia los brazos como si descorriera cortinas. Pero él lo hacia para disolver los grupos de brujas que revoloteaban en el aire. "Luego de un tiempo Gastén se puso palido y no comia bien. No sé si ti te acuerdas de ello. Lo llevé aun especialista. El médico le pidi6 que se hiciera varios examenes y, ;sabes qué descubrid? pues que habja almacenado una gran cantidad de virus. Al examinarlos al microscopio, se dio cuenta de que tenjan forma humana. Ta hermano habia tragado a NIARIA SILVA O5SA manos llenas manojos de brujas, que por supuesto lo estaban enfermando”. ~:Cémo se mejor mi hermano? -quiso saber Alicia—;Cuenta, por favor! ~,Cémo se mejord? Con agua y reposo, las brujas desaparecieron. Ellas son asf, estén y no estan. Alicia no aguardé a la tarde para ir donde la mujer ala que su madre le habfa regalado el gato. Salié a la calle. El camino se alargaba muy blanco. Luego de un recodo, entre drboles y flores, aparecié la casa de la duefia del gato. Alicia golpeé a la puerta con temor. ~Entre -murmuré alguien. Laniifia abrié la puerta lentamente, sin hacet ruido, La mujer estaba sentada frente al fogén. Un humo celeste le envolvia el rostro. Alicia tragé saliva para no echar a correr. Necesitaba saber si la fantdstica historia era cierta o no. ~{Vienes a visitarme? ~pregunté la mujer-, Quieres tuna sopaipilla? Les acabo de poner azticar. =No, no, gracias ~contesté Alicia. No podta expli- carle que no aceptaba sus sopaipillas porque podfan estar Henas de brujas, 70 ELPERRO VIRTUAL ¥ OTROS CENTOS, La mujer la quedé mirando preocupada. —jHas venido a verme? —insistié. ~Si, averla nada més... Y a preguntarle algo, algo sobre las brujas y mi hermano... ¥ también quisiera conocer a su gato, al verdadero gato que usted tenia hace unos afios atrds... La mujer entrecerré los ojos y sonrié. -¥a no recuerdo los afios pasados...—dijo~. Tal vez a tu edad se puedan ver cosas que luego con los afios se van borrando, porque las preocupaciones intitiles oscurecen la mente. Por es0 los viejos usamos anteojos, deseamos ver de nuevo, pero ni con lentes de aumento volveremos a ver lo que veiamos en la nifiez. Para el corazén\ atin no se han inventado los cristales magicos. La mujer callé. Alicia no respiraba. Escuchaba extasiada. Un gato salié ronroneando de la pieza vecina y se quedé en el rincén oscuro. Sus grandes ojos fulgu- raron como focos de automévil. La mujer lo miré y asintié con la cabeza; era él, Alicia ya lo sabia: apenas se cruzaron sus miradas, ella lo reconocié. Pestafied muy ligero, y en seguida clavé sus ojos en las pupilas del animal, que la miraba insistentemente. ” MARIA SILVA OSSA La nifia noté una gran claridad y que miles de objetos nuevos se presentaban ante su vista. A la luz del sol se deslizaban criaturas pequefisimas. ¢Eran las brujas que vio su hermano? En [os ojos del gato destellé una chispita, como una especie de sonrisa. La mujer también sontefa. Loca de felicidad, Alicia eché a corter por el ca- mino hacia su casa. ;Las habfa visto, las habia visto! {Qué hermosas cran las abejas y los matapiojos, las libélulas y las mariposas! Su vista percibfa ahora hasta los minimos detalles. Atrés, en el umbral de la puerta de su casa, la mujer suspird. El gato, con el lomo arqueado, se restregé en sus picrnas. Ojalé —pensé Ja mujer-, ella nunca necesite los anteojos interiores para mirar las cosas bellas. LA BRANCA 73 Conorco los primeros dias de mi vida solo por referencias. La verdad es que llegué a la casona antigua que fue mi primera morada una noche del mes de julio. Miamo, joven estudiante de leyes, me traia abrigado dentro de su chaqueta. El frio era intenso, el miedo y el hambre me hacian gemir desconsoladamente. Mi amo, como futuro buen abogado, supo tranquilizarme por un momento. El ruido de los automéviles que pasaban a gran velocidad por la avenida ensordecia mis ofdos. Yo habfa nacido en un fundo cercano a Santiago. Mi madre era una hermosa perra afgana llegada di- rectamente de Inglaterra, y mi padre un colly de pura sangre. Fui el resultado de la unién de ambos. Dicen que soy mestizo y que por eso no podré presentarme Mania SILVA 085A, en ningiin concurso de belleza, lo que me tiene sin cuidado, pues jamds me prestaria a competir para Mister Universo. Como les decfa, mi amo llegé a la casa conmigo apretado a su pecho. Tocé el timbre y la escalera se desbordé de nifios; todos quetian agarrarme y si no es por él habria muerto alli mismo de un apretén. Luego del primer alboroto, trajeron una caja en la que pusieron el colchén de la mufieca y me taparon con una frazada de la misma. La caja la colocaron enun pasillo con muchas puertas, una de las cuales daba a la pieza de los padres de mi amo. La madre se levanté varias veces en la noche a verme porque yo gemia como un desesperado. No era para menos: unas horas antes me habfan arran- cado de entre las patas de mi madre, donde mamaba mansamente, y para calmar mi angustia me regalaron junto con un frasco de pildoras tranquilizantes. La madre de mi amo, con todo carifio, me hizo tagar una ala fuerza, y yo quedé durante varios dias en- fermo del estémago. Cuando pude sostenerme en mis cuatro patas me sacaron a conocer el barrio. Frence a la casa habfa un 76 EL PERRO VIREDIAL ¥ OTROS CUENTOS lindo parque. Alli me hice amigo de dos perros sin hogar, llamados vagos: la Rosi y el Floripondio. En ese tiempo yo no sabia nada del amor, pero ahora comprendo que ambos se amaban apasionadamente. Mis tarde supe que a Floripondio lo adopté un sefior rico y que a la Rosi, sola y desamparada, la atropellé un automévil. Pronto me acostumbré a langiietear la comida que dejaban para mis amigos algunos nifios del barrio, a pesar de que a mi nada me faltaba. Ambos, con més mundo que yo, petdonaban mi apetito desmesurado y, fuera de algtin mordizco, nada decian. ‘Asi fue pasando el tiempo. Qué orgulloso me sentia porque crecia con mayor rapidez que los nifios. Pero atin me tomaban en brazos al atravesar las calles, pues le temia a los autos. Al principio no sabfan cémo Ilamarme; todos proponian nombres distintos. Finalmente mi amo se impuso y me llamé Branca, derivado de Brancato, sobrenombre con el que sus amigos lo llamaban por carifio. En la pieza de los padres de mi amo dormia la mds pequefia de Ia familia; su cama tenia una sélida 7 MARIA SILVA OSSA, baranda para protegerla. Yo lo hacia en el pasillo, a veces con mucho frio. Al llegar la noche yo miraba ala nifia por la puerta entreabierta y sin hacer ruido me acercaba a su cuna, La pequefia, con mucho trabajo, sacaba la baranda, y entonces yo dormia placidamente a su lado. . Aquello no le agradé a su mamé. Mi persona rebosaba ya los sillones, y de la caja jni qué hablar!: hacia tiempo que ya ocupaba una alfombra vieja cerca de la puerta. Una noche la nifia no pudo retirar la baranda y entonces yo forcejié hasta introducir la cabeza por centre los barrotes de madera. Sintiéndome preso aullé como loco, desperté a toda la casa, y para acallarme me encerraron en la cocina. El recuerdo que atin conservo de mi primer hogar es de regalia y carifio. Los nifios me mimaban sobra- damente. Y en esos dias nos vefamos a menudo con Floripondio y la Rosi. ~{Qué suerte la tuya! -me decfa Floripondio~. Esto de no tener casa y andar hambriento puede conver- tirlo a uno en delincuente; ti, en cambio, disfrutas de la verdadera vida. MARIA SIMA Oss, agin dls sa devs nn ane ago! Una noche mi joven amo sostuvo una larga conversacién con sus padres y decidieron que me terminara de criar una tia que vivia en la ciudad de Constitucién, a orillas del rfo Maule..A mi nada me dijeron porque suponian que la idea no seria de mi agrado; todo mi amor eran estos nifios y mi amo. —Elclima del mare hard bien -comentaban-. Aqui ya es imposible tenerlo; apenas nos cambiemos auna casa con jardin lo traeremos con nosotros. Desde ese dia el aire me parecié enrarecido. La tristeza del ambiente me hacia gemir. No me aparté més del lado de mi amo y por las noches dormia a los pies de su cama. Aunque cerrara la puerta, yo la abria de un empujén e imponia mi presencia. Mi joven amo se despidié de mi la tarde anterior ala partida. Me regalé un hermoso collar color cho- colate y una correa de paseo. Dejé mi barrio una fria mafiana, al llegar la prima- vera, La madre de mi amo me cargé en sus brazos y calmé mi inquietud dentro del auto. 80. EL PERRO VIRTUAL ¥ OTROS CUENTOS El tren me produjo terror. Viajé en el coche de equipaje, mientras el presentimiento de aventuras desconocidas me mantenfa alerta. En cada estacién el padre de mi amo ibaa verme. Por fin me dormi y no supe del mundo hasta que con una gran sacudida, y bufando como un toro, el tren se detuvo. Cuando Hegaron a buscarme, me contemplé de paso en un espejo de la estacién; mi cuerpo era de color de miel y mi pelaje caia ondulado y suave desde mi lomo. Me di cuenta enseguida de que estaban orgullosos de ser mis duefios. Subimos a un taxi, y sin aviso llegamos a la casa que seria mi segunda morada. ‘All vivia la tia, una sefiora de mucha edad y muy enfermiza, pero de una gran ternura y humanidad. No se enojé al verme, por el contrario, ordené que me dieran de comer. Los padres de mi amo pasaron alli tres dfas. Para no extrafiarlos dormi con ellos, pero mi felicidad duré muy poco. Una mafiana dejé de verlos y durante mucho tiempo no supe mas de ellos. Mi nueva vida fue muy dura. Con Ia ta vivia la cuidadora de la casa, una seftora joven con un hijito pequefio, al que no me dejaban acercarme, Pusieron 81 MARIA SILVA O8SA mi frazada en Ja cocina y dorm( tiritando de fifo y de miedo. Nadie hacia caso a mis ladridos. Tendria que acostumbrarme a ello, me dijo mi compafiero de dormitorio, un gato gris despeinado llamado Chapiro. Recostado sobre las cenizas del brasero, sontefa displicente: =Nosotros los gatos —me dijo vivimos al calor del hogar, sin importarnos qué clase de hogar sea. Ademis, no es necesario ser sentimental como tt; al contrario, solo en el mes de agosto hay que poner el corazén sobte el tejado. Yo no atiné a responder nada. Lo tinico que deseaba era ver nuevamente a mis amos. Al principio no me dejaban salir ala calle, no fuera a perderme. La casa tenfa un largo corredor orillado pot maceteros con cardenales y helechos rojos. Al fondo, la reja del gallinero encerraba el cacarear de las gallinas. Pasado un tiempo fui acercéndome de a poco a la mampara de vidrio que daba a la calle, Hasta que un dia la curiosidad me hizo asomar la cabeza por la puerta entreabierta, saqué fuera medio cuerpo, y por tiltimo toda mi armazén hasta la cola. ST EL PERKO VIRTUAL ¥ OTROS CUENTOS En la alameda lena de pinos y con olor a mar conocé a varios perros vagos que merodeaban por los alrededores. Uno de ellos, el Lechuan, se me acereé: —Hola! -exclamé-. Desde cudndo hay pijes en el pueblo? Me senté avergonzado de mi aspecto clegante. Mi cintura se habja alargado lo mismo que mi hocico, mis ancas eran altas y Alexibles, y sobre mis patas traseras cafan guedejas rubias como bombachas musulmanas. Pero no queria ser distinto a mis amigos y en un acto de heroismo me revolqué en el barro. — Bravo, bravo! -gritaron Jos atorrantes-. ;Te has bautizado! ;Ahora perteneces por derecho propio a nuestro club! Mafiana al atardecer tenemos asamblea general frente a la carnicerfa del Pata Chueca. Yo me senti muy feliz, como sila vida volviera a cit- cular por mis huesos. Disimulé mialegria el dia entero. Esa noche aguanté el miedo y el frio, Cerré los ojos antes de que apagaran la luz de la cocina y no los abri hasta cuando vino la cocinera a hacer el desayuno. —Por fin has entrado en razén —me dijo-. Aqui tienes tu comiday me presenté un plato con restos del almuerzo del dia anterior. MARIA SILVA assA ‘Cuando oscurecié me hice el dormido en el corre- dor y, como no ladré ni gem{ ni me subj a las camas, gané la libertad de escabullitme por la puerta abierta y correr hasta encontrar la carnicera del Pata Chueca. Las calles estaban hiimedas, la gente me miraba extrafiada, divisé a lo lejos a El Lechuza con su oscura camarilla, galopé a su encuentro y nos detuvimos aun costado de la carnicerfa, junto a un muro. El olor a carne fresca me hacfa agua la boca, Nuestra conyersacién sc transformé en ladridos y mordizcos. ‘Acordamos esperar hasta el amanecer para encontrar desperdicios de pescados a la orilla del rio. Entretan- to, aguardamos a que el carnicero se descuidara para satisfacer nuestro apetito. Apenas el hombre dejé junto al muro un canasto desvencijado con toda clase de restos, nos arrojamos sobre ellos. Comimos hasta hartarnos y nos largamos para escondernos junto al muelle, bajo los maderos. Ahi pasamos la noche. Mis compafieros, acostumbrados a esta vida, durmicron sin pestafiear, no asf yo, porque el miedo alo desconocido me hacia castafetear los dientes. El rio parecia un animal leno de escamas, con su boca metida en el mar y los botes de los pescadores 84 HL PERRO VIRJAL ¥ OTROS CUENTOS se deslizaban pausadamente rumbo a las altas olas. El Lechuza, con el pelaje erizado por la tensién, nos desperto: —iYa es hora! Uno a uno pasamos a través de los fierros del muelle y llegamos a la orilla del mar. El primer bote se acercaba; yo hice mi trabajo y de un solo salto cai dentro de él. El chapotear de los remos y el ruido de las aguas ahogaron todo otro sonido. En aquel momento me avergoncé por lo que pretendia hacer: robarle pescados a aquel hombre. Entonces tuve conciencia de que también los huma- nos sufren mucho. El bote subfa y bajaba con el reborar de las olas. Y yo, en lugar de esconderme, no resisti la tentacién de lamerle la cara y las manos al pescador que con tanto trabajo, en medio del mary del fro, se afanaba para Ilevar comida a su pobre familia. =2¥ ta, de dénde saliste? ~tartamudeé el hombre. Yo ladré feliz. para demostrarle mi simpatia y me senté en la popa a contemplar la pesca. El pescador Janzé la red de modo que cubriera un amplio trecho. Los corchos y las bolas de colores la | MRA SILVA O35, hacfan flotar. Al amanecer ayudé al hombre a sacat la red Ilena de peces. Mis tatde atracamos a una ca- leta donde muchas personas aguardaban el pescado fresco. Yo me escondi entre unos barriles, no queria que alguien me reconociera, Al terminar la faena segui al pescador a su casa. Vivia en una calle angosta y muy poblada, al pie del certo Mutriin. Los nifios jugaban en la calle y yo me entusiasmé cuando los vi jme gustan tanto! Cuando terminé de poner a secar las redes sobre la empalizada, el pescador me presenté a su familia. Con ellos vivi varios dias. Atin tengo mucho que contarles sobre mi vida y no puedo detenerme en detalles, pero lo que pasé en esa casa no lo olvidaré jams. Fui libre y feliz. Una tarde llegé un policia a buscarme. Yo no queria irme con aquel hombre de gorra, que me llevé a la fuerza. La tia estaba en cama. La preocupacién por mi ausencia la tenia postrada. ~Por fin llegas, hijito! -exclamé con ternura. Su amorosa bienvenida me hizo queretla y desde ese momento me prometi portarme bien. 86 MARIA SILVA 0588, Devez en cuando iba aver a una protegida de la tia, una viejecita muy pobre apodada Rasquilla, porque todo el dia pasaba rascindose. Esa tarde traia una flor para regalarle a la tia. Esta le daba plata y ropa. Cuando me saque la herencia, sefiora, ya no pediré més! Vivia cerca del cementerio. Cuando se despidi6, yo no resist! la tentacién de seguirla. Llegamos bastante tarde a su rancho. Salieron a recibirla varios perros, entre ellos El Lechuza. Al verlo, apreté a correr por el camino del Corte, entre dos cerros. Me persiguie- ton largo rato con sus furiosos ladridos, Al doblar un recodo vi una carroza negra y grande, que estaba desenganchada. Ni corto, de un salto me escondi en su interior. Mis enemigos, desorientados, continuaron cortiendo. Parece que me dormi y que mi suefio duré la noche entera. Unos remezones me despertaron; algo trataban de meter en la carroza y no podian hacerlo porque yo se los impedia. Elsol alumbraba espléndido. Habfan enganchado la cartoza a un caballo flaco, y ya no estébamos en el camino del Corte sino que frente a una iglesia. Lo que habjan pretendide meter a empujones en 88. LEI, PLRRO VIRTUAL ¥ OTROS CUENTOS, el coche era un atatid con un muerto, Aullando me arrojé al suclo, la gente escaps dando gritos, salié el cura y me tiré agua bendita. Mojado y con la cola entre las piernas, volvi a casa. ‘Me imaginaba que la muerta era la pobre Rasquilla, y estuve triste y sin comer hasta que la vi llegar de nuevo, con una flor entre las manos. Los dias pasaron, llegé el verano y con él la sefiora Gorda que atrendaba la casa de la tfa. A fines de di- ciembte, ésta se habja trasladado con camas y petacas ala tiltima pieza del corredor, donde se acomodaba durante el verano. Pero la sefiora Gorda, apenas me vio, declaré que no arrendarfa Ja casa por ningtin motivo mientras yo permanecicra en ella, La ta la aplacé poniéndole un telegrama a mis anti- guos amos para que vinieran a buscarme cuanto antes, Asi, una noche me desperté la voz del amo padre. La senti primero en mi corazdn y luego se metié en mis orejas. Ladré lo més fuerte que pude y le demos- tré que lo habfa reconocido. Una gran felicidad nos embargé a ambos. Partimos al dia siguiente, muy de madrugada, Con- fieso que senti dejar a la tfa, pero la vida me llamaba. MARIA SILVA 085A, Ya en el tren, reconoct su olor y un miedo ya experimentado me apreto el estmago. El viaje de vuelta fue muy largo, las horas pasaron entre crujir de fierros y sonar de pitos. Cuando Ilegamos a Santiago, yo cref que me lleva- rian a casa, con los nifios, pero no fue asi; en un auto clamo padre me fue a dejar a una parcela de Mais. Esa misma tarde aparecié a verme mi amo joven con los nifios, Estébamos todos mucho mas grandes. Jugué con ellos la tarde entera y de mil maneras les demostré mi carifio. La casa de la parcela era muy bonita, pero en ella vivia otro perro muy fino, al que todos querfan mucho. All tampoco me comprendieron. No podia entrar en la casa, decian que ensuciaba las alfombras con mis patas embarradas, Fue mi tercer hogar. Varias casas més alld vivian los perros del practi- cante del pueblo; se crefan macanudos y ni siquicra me dirigieron un ladrido. ‘A mis amos los dejé de ver asi, de repente; nunca me he acostumbrado a estas ausencias repentinas, No se despidicron de mi por temor a que sufriera mas. Un dia de mucho calor, yo corria calle arriba cuando 90 EL PERRO VIRTUAL Y OTROS CUENTOS: salié a mi encuentro el perrazo del practicante, que echando espuma por el hocico se me tiré encima. El golpe me dejé aturdido. Los que vieron la escena me recogieron y llamaron a la perrera. El gran camién vino a buscarnos y comenzé mi terrible pesadilla. Yo aullaba como un loco, sin saber a dénde me lle- vaban. Atravesamos calles y plazas, hasta el final de una avenida; el camién se metid por una imponente puerta y alli se detuvo. Con una soga al cuello, como si fuera un asesino, me hicieron entrar en un galpdn bajo. Adentro estaban las jaulas de los presos. Los ladeidos eran espantosos. ‘A mi me pusieron en una jaula muy pequefia para mi cstatura, Tiritando, me senté a contemplar a mis vecinos. Cada uno contaba su historia a ladridos. Los habja finos y ordinarios. Una perrita habia sido sorprendida paseando fuera de su casa y la encerraron en el gran carro, Otro perro lloraba porque sabfa que nadie se acordaria de él. Algunos estaban enfermos de hidrofobia. ‘A éstos los sacaban por las mafianas y no volvian mas. Yo esperaba el examen que le harfan al perro que 1 MARIA SILVA O54, me mordié. Habia muerto, por lo que el resultado no iba a ser muy rapido, Bien sabia yo que si el fallo era malo, seria mi ruina, vale decit, mi muerte. No tenia hambrey solamente deseaba dormir para olvidar mi suerte, cuando un par de dfas después se abrié la puerta de mi celda y el cuidador me sacé afuera. All estaba la madre de mi amo con un hombre vestido de blanco, Ella me hablé dulcemente y me sujeté mientras el hombre me colocaba una inyeccién en el estomago. ‘Aullé de dolor y de alegria: se preocupaban de mi, no me habjan abandonado. Reconocé a la distancia a uno de los nifios que me alargaba un paquete. Fl cuidador Jo puso en mi jaula: era carne con apetitosos huesos que devoré y que hasta pude convidar a mi vecino, La escena se repitié durante cuatro dias; al quinto me soltaron. La madre del amo me vino a buscar con uno de los nifios. ‘Trafa la autorizacién del Bacterio- légico para mi salida. La felicidad me hizo correr de un lado a otro, saltando y moviendo la cola sin poder contenerme. La sefiora me sujetaba del collar como mejor podia. Ningiin taxi queria levarnos porque yo parecta potrillo. EL DERKO VIRIUALY OTROS CLENTOS Finalmente nos acepté un taxi y regresamos a la antigua casona, Los deméds nifios me rodearon abrazandome: Branca, por fin has vuelto! Un tiempo después mi amo joven se casé y me llevé con él. Hoy recorro su jardin y duermo en una cama muy confortable, Cuando mi amo tenga hijitos, cuidaré de ellos; por ahora me estoy enamorando de la perrita que vive en la casa del lado. A veces es muy fastidiosa, entonces yo me hago el leso y me pongo a dormir, Esta ha sido mi vida. Y les aseguro que no he mentido en nada. 98