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UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SANTA MARÍA

ESCUELA DE POSGRADO

MAESTRÍA EN DERECHO CONSTITUCIONAL

CURSO: MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA

CONSTITUCIONAL CURSO: MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD EN LA ENCÍCLICA LAUDATO SI

EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD EN LA ENCÍCLICA LAUDATO SI

ALUMNO:

CARLOS RENZO OLIVERA GONZALES

Arequipa Perú

2017

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SANTA MARÍA ESCUELA DE POSGRADO MAGISTERIO SOCIAL DE LA IGLESIA

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EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD EN LA ENCÍCLICA LAUDATO SI

I.

ANTECEDENTES Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y

gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Este extracto es una estrofa del Cántico de las criaturas1 que fuera compuesto por San Francisco de Asís en el primer cuarto del siglo XIII, años antes de su muerte. El cántico refleja el agradecimiento del santo por la creación, ensalzando a todas las criaturas de la Tierra

y su especial condición como obra de Dios. Así, casi ochocientos años después, este

cántico vuelve a la palestra cristiana para ser recordada por el Papa Francisco a través

de su Encíclica Laudato si’ (“Alabado seas”), la misma que fue firmada el 24 de mayo de 2015 y presentada el 18 de junio del mismo año 2 . Francisco, alerta de las complicaciones socioambientales en las que se ha sumido la Tierra, entendida como nuestra casa “(…) como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos (…)” 3 .

La casa común a la que hace referencia el Papa Francisco en su encíclica es analizada a través de diferentes flancos de observación, que bien se resumen en seis capítulos: 1. Lo que le está pasando a nuestra casa; 2. El evangelio de la creación; 3. Raíz humana de la crisis ecológica; 4. Una ecología integral; 5. Algunas líneas de orientación y acción; y, 6. Educación y espiritualidad ecológica.

Dentro de este análisis nos abocaremos, netamente, a desarrollar cómo se desenvuelve el “principio de subsidiariedad” dentro de la Encíclica, no sin antes recordar que el citado principio -que fuera descrito por el Papa Pío XI en 1931- puede ser entendido de la siguiente forma: “Como no se puede quitar a los individuos y darlo

a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así

tampoco es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden,

quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada4 .

1 Agua para la vida. Cánticos. Universidad Católica Andrés Bello. Fundación Ecológica Pampero. Hidrocapital. Caracas,

1998; p 119.

2 Centro de Formación Humana. Laudato si: Una encíclica para el diálogo abierto. Jorge Valdivia García (Coord.) Primera

edición, ITESO. Guadalajara, 2016; s/p.

3 Francisco. Carta encíclica. Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Ed. Palabra. Madrid, 2015; p. 3.

4 Sebá López, Hernando. Curso de Doctrina Social de la Iglesia. Ed. San Pablo. Primera edición. Bogotá, 2003; p. 221

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II. PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD La subsidiariedad está entre las directrices más constantes y características de la Doctrina Social de la Iglesia, presente desde la primera gran encíclica social 5 . Es imposible promover la dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva, aquellas expresiones agregativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida espontáneamente y que hacen posible su efectivo crecimiento social. Es éste el ámbito de la sociedad civil, entendida como el conjunto de las relaciones entre individuos y entre sociedades intermedias, que se realizan en forma originaria y gracias a la subjetividad creativa del ciudadano”. La red de estas relaciones forma el tejido social y constituye la base de una verdadera comunidad de personas, haciendo posible el reconocimiento de formas más elevadas de sociabilidad 6 .

De igual forma, este principio puede ser definido como “(…) una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común7 . Así pues, las actividades de las organizaciones menores no pueden ser suplantadas por las organizaciones mayores, así por ejemplo, dentro de un país, las actividades de una asociación de jóvenes, un sindicato o una municipalidad no pueden perder su identidad particular a costa de un inescrupuloso intervencionismo estatal.

Ahora bien, no debe confundirse la intervención necesaria que realiza el Estado con una enervación de la identidad de la organización menor que es intervenida. La intervención que realiza el Estado es “extensiva solo mientras perduren las circunstancias que motivaron [su] intervención8 . El apoyo estatal a organizaciones menores no puede desnaturalizarse en un “intervencionismo”, que en la mayoría de veces malacostumbra la acción, vitalidad e identidad de las organizaciones menores, degenerando la conciencia participativa de los miembros de este tipo de organizaciones, restando capacidades y, casi siempre, degenerando todas estas situaciones en la anulación de la identidad propia de estas organizaciones 9 .

5 León XIII. Carta encíclica. Rerum Novarum. Acta Leonis XIII, 1892.

6 Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del

Vaticano, 2004; s/p.

7 Gay Bochaca, José. Curso Básico de Ética Cristina. Ediciones RIALP. Madrid 1998; p. 102.

8 Ídem; p. 103.

9 El principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque

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Así, de manera lamentable, en nuestro país, por citar un ejemplo, los programas sociales han perdido el carácter de “temporalidad”, pasando a ser intervenciones permanentes por parte del Estado; ya lo comentó, en su oportunidad, el Papa Juan Pablo II: “No serían respetadas estas libertades (de los ciudadanos), ni en la letra ni en el espíritu, si prevaleciese la tendencia a atribuir al Estado y a las otras expresiones territoriales del poder público una función centralizadora y exclusivista de organización y gestión directa de los servicios, o de rígidos controles, que acabaría por desnaturalizar su legítima función propia de promoción, de impulso, de integración y también -si es necesario- de suplencia de las iniciativas de las libres instituciones sociales, según el principio de subsidiariedad10 .

III. LA CASA COMÚN Y EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD En la Encíclica que nos ocupa, el Papa Francisco hace hincapié del principio de subsidiariedad a través del principio del bien común 11 , así precisa: El bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral. También reclama el bienestar social y el desarrollo de los diversos grupos intermedios, aplicando el principio de la subsidiariedad 12 . Entre ellos destaca especialmente la familia, como la célula básica de la sociedad. Finalmente, el bien común requiere la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia. Toda la sociedad -y en ella, de manera especial el Estado-tiene la obligación de defender y promover el bien común13 .

En ese sentido, y de manera más precisa, se aborda en el Capítulo 5 (Algunas líneas de orientación y acción), el tema del principio de subsidiariedad y su directa relación con los problemas políticos y socioambientales, de esta forma, se expresa que: ¿Qué ocurre con la política? Recordemos el principio de subsidiariedad 14 , que otorga libertad para el desarrollo de las capacidades presentes en todos los niveles, pero al mismo

toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad. La experiencia constata que la negación de la subsidiaridad, o su limitación en nombre de una pretendida democratización o igualdad de todos en la sociedad, limita y a veces también anula, el espíritu de libertad y de iniciativa. Vid. Juan Pablo II. Discurso a los juristas católicos italianos. 25-XI-1978.

10 Juan Pablo II. Discurso a los juristas católicos italianos. 25-XI-1978.

11 El Papa Juan XXIII definió el bien común como “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. Este bien es común porque solo juntos como comunidad, y no simplemente como individuos aislados, es posible que disfrutemos, alcancemos y propaguemos este bien. Todas las personas están obligadas a trabajar en pos de hacer que el bien común sea una realidad cada vez más importante. En: http://www.catholiceducation.org/es/religion-y-filosofia/justicia-

social/siete-principios-de-la-doctrina-social-de-la-iglesia-catolica.html.
12

13 Francisco. Carta encíclica. Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Ed. Palabra. Madrid, 2015; p. 121.
14

El subrayado es nuestro.

El subrayado es nuestro.

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tiempo exige más responsabilidad por el bien común a quien tiene más poder. Es verdad que hoy algunos sectores económicos ejercen más poder que los mismos Estados. Pero no se puede justificar una economía sin política, que sería incapaz de propiciar otra lógica que rija los diversos aspectos de la crisis actual. La lógica que no permite prever una preocupación sincera por el ambiente es la misma que vuelve imprevisible una preocupación por integrar a los más frágiles, porque “en el vigente modelo “exitista” y “privatista” no parece tener sentido invertir para que los lentos, débiles o menos dotados puedan abrirse camino en la vida15 .

Como se aprecia, el Papa Francisco, advierte de las actuales políticas sociales, económicas y ambientales que ostentan una línea de acción desinteresada con los más frágiles, convirtiéndose estos en simples peones-máquinas de mera utilidad pragmática para con el cumplimiento de los objetivos trazados por las grandes corporaciones, que en muchos casos, rebasan la potencialidad económica de varios países, permitiendo que estos abran sus puertas a dichas corporaciones sin la adecuada mediación de los impactos que implicaría su adentramiento en un país con organizaciones menores frágiles, apartadas por el centralismo o la indiferencia de sus propios países que, en muchos casos, se encuentran sumidos en el círculo de la corrupción.

La Encíclica propone una nueva política que piense con visión amplia y que lleve a cabo un replanteo integral, incorporando un diálogo interdisciplinario que toque los diversos aspectos de dicha crisis 16 . Así, la intervención del Estado, o bien, la permisibilidad de intervención de grandes corporaciones por parte del Estado, debe encontrarse limitada al respeto del principio del bien común, siendo este, pieza fundamental para que las organizaciones menores no vean opacadas sus especiales particularidades culturales y sociales, siendo el único filtro de intervención (estatal o privado) aquel que tenga la clara premisa de apoyo desinteresado para con los más frágiles.

IV.CONCLUSIONES

- La Encíclica Laudato Sifue pensada en la protección de la “casa común” (Tierra) a través de la reorientación de políticas económicas, sociales y ambientales que permitan un adecuado cuidado de la misma, con la premisa de intervención activa de cada uno de los intervinientes.

15 Francisco. Carta encíclica. Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Ed. Palabra. Madrid, 2015; p. 150. 16 Francisco. Carta encíclica. Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Ed. Palabra. Madrid, 2015; p. 151.

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- El principio de subsidiariedad, dentro de la óptica de la Doctrina Social de la Iglesia, implica el necesario apoyo que las organizaciones menores deben recibir de manera temporal por parte de las organizaciones mayores a efectos de la consecución del bien común.

- Dentro de la Encíclica Laudato Si’, aparece el principio de subsidiariedad como mecanismo trascendental en el cuidado de nuestra “casa común”, pues a través de este principio, las intervenciones estatales o privadas se limitarían a lo estrictamente necesario, lo cual se traduciría en el respeto por la propia identidad de las organizaciones menores y el apoyo incondicionado hacia estas.

V. BIBLIOGRAFÍA

- AGUA PARA LA VIDA. Cánticos. Universidad Católica Andrés Bello. Fundación Ecológica Pampero. Hidrocapital. Caracas, 1998.

- CENTRO DE FORMACIÓN HUMANA. Laudato si: Una encíclica para el diálogo abierto.

Jorge Valdivia García (Coord.) Primera edición, ITESO. Guadalajara, 2016.

- FRANCISCO. Carta encíclica. Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Ed. Palabra. Madrid, 2015.

- GAY BOCHACA, JOSÉ. Curso Básico de Ética Cristina. Ediciones RIALP. Madrid

1998.

- JUAN PABLO II. Discurso a los juristas católicos italianos. 25-XI-1978.

- LEÓN XIII. Carta encíclica. Rerum Novarum. Acta Leonis XIII, 1892.

- PONTIFICIO CONSEJO “JUSTICIA Y PAZ. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2004.

- SEBÁ LÓPEZ, HERNANDO. Curso de Doctrina Social de la Iglesia. Ed. San Pablo.

Primera edición. Bogotá, 2003.

VI.WEBGRAFÍA

- http://www.catholiceducation.org/es/religion-y-filosofia/justicia-social/siete-principios-

de-la-doctrina-social-de-la-iglesia-catolica.html.

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